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Jesús sólo habla a Su Iglesia Remanente

Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

El Gran Milagro

Infiltración en la Iglesia

El Reino de la Paz

fazs

«La caridad no pasa jamás; las profecías tienen su fin, las lenguas cesarán, la ciencia se desvanecerá» (1 Cor 13, 8).

Dios siempre está hablando, pero los hombres no saben estar atentos a Su Palabra. No viven en Su Presencia. No saben buscar a Dios. Sólo saben vivir su vida humana.

El Padre engendra a Su Verbo. Y es una Obra Eterna, que el hombre ni puede entender ni sabe cómo explicarla.

La Palabra de Dios se da a los corazones de los humildes. Humildad que no significa una presencia exterior del hombre. No porque el hombre vista pobremente se tenga que considerar como una persona humilde. No porque el hombre hable suavemente, diciendo palabras bellas, agradables, haya que considerarlo como un hombre humilde.

La humildad es una virtud en el hombre. Y toda virtud es una lucha del hombre contra el vicio.

El humilde es el que lucha contra su soberbia. Y la soberbia está en la mente del hombre. Está en sus ideas, en sus filosofías, en su lenguaje humano.

Todo hombre nace soberbio y muere en la soberbia. Y, por eso, los santos caen siete veces al día. Porque el pecado de Adán fue la soberbia: la mente del hombre quedó dividida para siempre.

Por más que el hombre piense, medite, analice, sintetice, nunca va a llegar a la verdad plena. Necesita al Espíritu de la Verdad para comprender la plenitud de la Verdad, para poder penetrar en la Verdad.

Es Cristo la Verdad. Porque Cristo no tenía pecado. Fue engendrado sin pecado original y, en su vida terrena, nunca pecó. Luego, su mente humana nunca estuvo dividida. Cristo, como Hombre, conocía toda la Verdad. Cristo, como Dios, era la Verdad.

Dios es la Verdad; el hombre puede conocer toda la Verdad, pero no es la Verdad.

En la vida de todo hombre, su «conocimiento es imperfecto» (Ib., v.9), por la división de su mente. Y, por lo tanto, todo cuanto conoce el hombre es imperfecto: sus filosofías, su ciencia, su técnica, sus estudios, su teología, las profecías…Todo es imperfección.

Cuando Dios habla al hombre no puede decirle toda la verdad, porque el hombre, por la división de su mente humana, no es capaz de asimilar toda la verdad. No puede. Una cosa dividida no puede alcanzar la plenitud. El hombre tiene que morir para que pueda penetrar, con su inteligencia humana, los misterios divinos.

Adán conocía toda la Verdad. Su pecado fue inmenso. Adán fue creado en la Verdad, en toda la Verdad. Pero fue creado para una obra divina, que no aceptó, a la cual no se sometió. Su mente humana rechazó la verdad de esa Obra y produjo -en todo hombre- la división de la mente.

La mente del hombre está dividida; pero también su cuerpo está dividido de su alma. El cuerpo del hombre, unido sustancialmente con el alma, no sigue al alma. No se une al alma. Sino que busca sólo lo carnal. Es una división espiritual, no de la sustancia de la naturaleza humana.

La carne fue el otro pecado de Adán. Primero, en su mente; después, en su carne. Primero, la soberbia de la mente; después, la lujuria de la carne.

La Virgen María fue Inmaculada, no sólo en su carne, sino también en su mente. Creyó en la Palabra de Dios, atajando así la soberbia. Y engendró, en Su Cuerpo, la misma Palabra del Padre.

Adán no creyó en la Palabra, produciendo la soberbia en su mente. Y engendró, con su cuerpo, un hijo para el demonio.

Los dos pecados más comunes de los hombres son: la soberbia y la lujuria. Mente pervertida y sexo desenfrenado. Estos dos vicios definen la vida espiritual de muchos hombres. Una mente pervertida en los errores, en las mentiras, en los juicios; una carne ciega en el placer.

La carne, al no buscar la luz del alma (por la división en su espíritu), queda ciega. Al querer sólo carne, queda desamparada en lo terrenal, en lo natural, en la material. Pero la carne que busca la perversión de la mente del hombre, queda –no sólo ciega- sino que hace al hombre abominable en su ser. El pecado de un homosexual es esto: una mente pervertida y una carne que vive una abominación. El hombre rechaza la luz natural para seguir una oscuridad, que es su única luz. Y eso es abominable.

Las profecías terminan: «Voy a hablar con vosotros sólo periódicamente y a través del Remanente de ahora en adelante» (ver)

Jesús ya no habla a través de la Iglesia Jerárquica. No es la Iglesia en el Vaticano la Iglesia de Jesús. Unos herejes consumados no pertenecen a la Iglesia de Cristo. No pueden ser Iglesia. No pueden construir la Iglesia en la Palabra y en la Obra de la Verdad.

Jesús sólo habla a Su Iglesia Remanente, la que está en el Reino de Dios. La que ha pasado a los corazones de los humildes, una vez que hicieron renunciar al Papa Benedicto XVI. Quitaron el fundamento de la Iglesia, Pedro (un gobierno vertical), para poner otro fundamento, un conjunto de hombre (un gobierno horizontal). La Iglesia dejó de estar en Pedro, en la Jerarquía, para pasar a estar en cada corazón fiel a la Palabra de Dios.

La Iglesia es Cristo con sus almas fieles a Él, a Su Palabra. La Iglesia no son los hombres: no es una comunidad de hombres, con una estructura externa, que se rige con una serie de normas.

En la estructura externa del Vaticano, visible a todos, ya no se ve la Iglesia en Pedro. Se ve el inicio de la abominación de la desolación, en unos hombres que no tienen a Dios en sus corazones.

Cuando Dios deja de hablar con los hombres, a través de sus profetas, es señal de que todo se ha dicho con ese profeta.

Cada profeta tiene su misión; es para una obra que Dios quiere. Pero el profeta no está siempre hablando de lo mismo. Una vez que ha edificado, exhortado y consolado, el que profetiza calla ante los hombres.

Dios tiene mucho más que decir a los hombres; pero no lo va a decir por medio de un profeta, sino por otros.

Cuando un profeta calla, es que comienza su misión, su obra. Mientras habla, sólo da la inteligencia de la obra. Cuando calla, entonces el profeta se pone a obrar lo que ha recibido.

El que recibe la profecía tiene que estudiarla, entenderla y vivirla:

«Vosotros estáis preparados para levantar vuestra armadura para luchar por mantener viva Mi Palabra en un lugar de desolación».

La obra de Dios con este profeta es que las almas difundan Su Palabra, mantengan Su Palabra viva en medio de una Iglesia que la ha rechazado completamente.

En el tiempo en que los hombres han puesto a un falso Papa como líder de una falsa iglesia, era necesario advertir a toda la Iglesia de esta maldad. Esa maldad señala el tiempo del Apocalipsis en la persona del Anticristo.

Y es cuando se necesita la luz del Espíritu: que el Espíritu enseñe al hombre la verdad de estos tiempos.

Todos los teólogos se han estancado en la cuestión del reino milenario. No ven nada. No disciernen nada. Porque son todos unos soberbios. Quieren comprender una verdad en la división de sus mentes.

La verdad de la gloria no se comprende en la verdad del pecado. Todos los teólogos no comprenden el Reino Glorioso en la tierra si existe el pecado. Y, por eso, dan multitud de interpretaciones y acaban negando el reino del milenio. Niegan la misma Palabra de Dios, que es la Verdad. Y la niegan con la soberbia de sus mentes, de sus ideas, de sus filosofías, de sus teologías.

Es Dios quien enseña al hombre la Palabra, la interpretación de Su Misma Palabra. Pero los hombres, siempre han sido muy soberbios. Y la Iglesia, en Su Jerarquía, que tiene la plenitud del Espíritu, acaba siempre negando esa Plenitud porque se acomodan, con sus mentes humanas, con sus soberbias, a lo que comprenden, a lo que entienden en sus ridículas inteligencias humanas.

Hoy día, ninguna Jerarquía de la Iglesia cree en los profetas. Eso es un hecho. Pregunten a los tradicionalistas y verán que creen en sus profetas, pero no en los profetas. Pregunten a los lefebvrianos y verán cómo niegan a todo profeta si no está amparado por la autoridad de la Iglesia. Pregunten a cualquiera sobre los profetas y cada uno tiene su idea de lo que es la profecía. Ninguno sabe discernir los espíritus. Ninguno sabe ver la realidad de la vida eclesial en estos momentos. Están todos perdidos en lo que pasa en el Vaticano.

Por eso, la confusión es total en la Iglesia. Es la ceguera propia de la mente del hombre que, en su soberbia, ha creído tener el camino para hacer de la Iglesia una nueva cosa, más acorde con los tiempos del mundo.

«La confusión no viene de Mí. Mi Palabra es clara; Mis Enseñanzas infinita. La humanidad ha abrazado el humanismo y el ateísmo como un sustituto de Mí. He sido apartado y Mi Palabra sólo es tolerada en algunas partes, mientras que en las otras ha sido deformada para satisfacer las necesidades de los pecadores, que quieren justificar sus iniquidades» (inglésespañol).

Todos están siguiendo la soberbia: el humanismo y el ateísmo. Nadie sigue la Palabra de Dios. Nadie escucha a los profetas. La Jerarquía de la Iglesia se cree sabia sin los profetas. Se creen profetas sin acudir al Espíritu de Profecía, negándolo en todas las cosas de sus ministerios sacerdotales.

Y ponen su soberbia como la verdad a seguir: sustituyen la Palabra de Dios con las palabras, con la verborrea de su lenguaje humano, lleno de humanismo y de ateísmo.

Toda la Jerarquía da culto a su lenguaje humano, que es dar culto a la mente del hombre, a la idea del hombre. Cuando se hace esto, entonces se pone por obra el orgullo de la persona: todo se deforma para cubrir las necesidades de la vida, de las obras, de los pensamientos de gente pecadora, gente que vive sin arrepentimiento de sus pecados, justificando, a cada paso de su vida, sus malditos pecados, sus obras de iniquidad.

La Jerarquía ya no condena la herejía, ni en la Iglesia, ni en el mundo. Sino que la condona, la excusa, la perdona, la justifica. Y eso es obrar en contra de la misma Palabra de Dios, que llama anatema a todo aquel que enseñe a vivir una mentira a los hombres.

Dios juzga al hombre por la manera que él rechaza la Palabra de Dios y por las obras pecaminosas que abraza.

Dios no juzga al hombre por su lenguaje humano, por sus errores en su mente, por sus imperfecciones en el conocimiento de la verdad. Cuando el hombre conoce una verdad, que Dios ha revelado, y vive en contra de ella, la rechaza, entonces viene el juicio de Dios contra ese hombre.

La Jerarquía de la Iglesia es la que más conoce la Verdad. Y ¿cómo viven? Viven rechazando la verdad en la realidad de la vida eclesial. Viven obrando la mentira como verdad.

Hoy la gente vive adorando a un degenerado como Papa. Están rechazando, con sus obras pecaminosas, con su obediencia a un hombre sin verdad, al mismo Cristo y a la misma Iglesia.

Y Dios juzga todo eso. Dios ha dado conocimiento a todo hombre de la verdad de quien se sienta, actualmente, en la Silla de Pedro. Y muchos han rechazado esa Verdad. Y, por eso, el castigo que viene a la Iglesia es mejor ni pensar en él.

«Yo fui rechazado por muchos durante Mi Tiempo en la tierra y especialmente por aquellas almas orgullosas que guiaban Mi Rebaño en los templos. Ellos predicaban la Palabra de Dios, pero no les gustaba oír la Verdad de Mis Labios, al verdadero Mesías. Hoy hay siervos desleales a Mí, que fallan en la adhesión a la Verdad. Muchos de ellos ya no aceptan Mi Palabra Sagrada, la cual permanece como lluvia primaveral en un cristal claro. Ellos han ensuciado el agua, que vierte la fuerza del Espíritu Santo, y que las almas inocentes beberán. La verdad será distorsionada y muchos serán forzados a tragar la doctrina de la oscuridad, que resplandecerá brillantemente, como una deslumbrante estrella».

Esta es la maldad que se avecina con el poder sacerdotal. Es el cisma, obrado por la misma Jerarquía de la Iglesia, la que gobierna actualmente la Iglesia. Jerarquía apóstata de la verdad revelada y dogmática. Jerarquía que vive en la herejía de la mente. Jerarquía que obra el cisma con su poder sacerdotal.

Es la Jerarquía la que enseña la verdad. Y la impone en la Iglesia. Si el alma quiere salvarse, dentro de la Iglesia, tiene que aceptar los dogmas que enseña la Jerarquía.

Es la Jerarquía, ahora, la que enseña la mentira. E impone esa mentira, forzando a muchos a aceptar la mentira como verdad. Y esa imposición de la mentira va a brillar en todo el mundo: «resplandecerá brillantemente, como una deslumbrante estrella»

Por eso, se necesita que las almas den testimonio de la Verdad ante una Iglesia que sólo da testimonio de su mentira, de su lenguaje humano lleno de oscuridades, de maldades, de errores.

La nueva doctrina, que ya se manifiesta en las obras de gran parte de la Jerarquía que sigue a Bergoglio como su Papa, no tiene nada que ver con Cristo, con la doctrina que Cristo enseñó a Su Iglesia, en Sus Apóstoles. Y es necesario combatirla de una manera nueva.

Porque hay que enfrentarse a la misma Jerarquía, que es la que va a poner una falsa doctrina como si fuera un dogma, que todos tienen que creer, aceptar, seguir, si quieren estar en esa falsa iglesia.

Muchos no han sabido combatir a un hombre que no es Papa. Han acabado adorándole, conformándose con su lenguaje humano, con sus obras, que no sólo son humanas, sino del demonio.

Y si no han sabido combatir a un demente, a un hombre que no tiene sentido común cuando habla, menos sabrán combatir a toda esa jerarquía que lo apoya de manera incondicional. Ellos son poderosos, no sólo por el poder que tienen sobre todos en la Iglesia, sino por la inteligencia. Saben engañar a las almas, dando vueltas a la verdad. Y la gente no sabe percibir esas vueltas, porque ya no creen en la verdad. Se quedan en las vueltas del lenguaje humano. Se quedan en lo exterior de la palabra: algo bello, algo agradable que se dice, algo interesante para la mente… Pero ya no escuchan la Verdad. No puede oírla. Sus mentes han quedado atrapadas en la soberbia.

El soberbio no escucha la Verdad, sino que está atento a la mentira, al error, a la duda.

«La vida del cuerpo llega a ser vuestra cuando creéis en Mí y vuestra alma vivirá para siempre. RechazadMe antes de Mi Segunda Venida y no estaréis preparados para recibirMe. Abrazad las mentiras, a pesar de que ya conocéis la Verdad de Mi Palabra, y caeréis en la desesperación. Y ahora, Yo voy a ser crucificado una vez más; y este tiempo habrá poco duelo para Mi Cuerpo – Mi Iglesia – porque habréis desertado de Mí en el tiempo en que Yo llego en Mi Gran Día. Yo habré sido olvidado, pero el impostor va a ser idolatrado; adorado y tratado como de la realeza, mientras Yo yaceré en la cuneta y seré pisoteado».

La nueva doctrina, que está predicando el impostor, el falsario, es sólo el inicio del mal. Una doctrina para el hombre, que gusta, no sólo a la mente del hombre, sino a su vida diaria. Una doctrina popular, de la calle, que es admirada por todos los hombres pecadores, del mundo. Es una doctrina para sus vidas de pecado: que ensalza, que justifica, esas vidas de iniquidad.

La gente aplaude a Bergoglio sólo por esto: porque les da la falsedad de una vida como si fuera la verdad. Se enseña un nuevo enfoque, una nueva visión del magisterio de la Iglesia. Se reinterpreta la Palabra de Dios según el lenguaje humano de cada uno. Lo que cada hombre ve en su mente, eso tiene que ser lo que viva. Por eso, Bergoglio anima a leer la Palabra de Dios y regala Biblias. Actúa como todo protestante.

La Jerarquía no está para decir que se lea la Biblia o para regalarla, sino que está puesta por Dios para enseñar la verdadera interpretación de las Escrituras. Por supuesto que Bergoglio no hace esto. Y en sus enseñanzas, tergiversa constantemente la Palabra de Dios. La disfraza de una manera tan bella para los hombres que estos creen que está hablando justa, rectamente, con verdad.

Muchos han quedado ciegos con la palabra barata y blasfema de Bergoglio. Ciegos. Ya no pueden ver la verdad. Y ya no hay manera de que la vean.

Si el hombre no lucha contra el vicio de su soberbia, para poder alcanzar la humildad de corazón, entonces rechaza a Cristo y rechaza a la Iglesia de Cristo.

Y para esto Dios ha puesto a este profeta: para que la Verdad permanezca en los corazones humildes. Para que la Iglesia no sea destruida por la Jerarquía que ya ha perdido el norte de la Verdad.

Dios calla para que el hombre obre lo que ha escuchado de Dios.

Cuando Dios calla, entonces comienza la Obra del Espíritu en los corazones.

Si Dios calla, es que no hay que estar repitiendo la misma cosa de siempre. Hay que comenzar a obrar.

La Iglesia Remanente no es la Iglesia en el Vaticano ni en ninguna parroquia. Es la Iglesia de Cristo, que sólo puede vivir en la humildad de los corazones. Ahora, no tiene una Jerarquía que la guíe. Porque no hace falta. Hay quienes piensan que Burke está organizando la resistencia. Y no saben que la resistencia a la mentira ya está organizada por Dios en sus profetas, en sus almas fieles a la Verdad. Burke, hasta que no salga de esas estructuras infames del Vaticano, hasta que no se oponga firmemente a Bergoglio, hablando en contra de él, sin miedo a perder su oficio, su trabajo, su comida, no organiza ninguna resistencia y no es capaz de guiar a la Iglesia remanente. Se necesitan sacerdotes y Obispos que crean en los tiempos apocalípticos que vive la Iglesia. Y ninguno de ellos cree. Todos quieren seguir en la Iglesia como hasta ahora. Quieren seguir en el gobierno de la Iglesia y ver un camino de solución.

El único camino para solucionar los problemas de la Iglesia, que es una Jerarquía que ha perdido la fe en Cristo, es salir de Roma y batallar, desde fuera, a toda esa falsa Iglesia que se muestra como verdadera. Como nadie va a hacer esto, ahora, no hace falta la guía de ninguna jerarquía para la Iglesia remanente. Cuando esa Jerarquía sienta en su propia carne la maldad que, ahora, no se atreven a combatirla, entonces actuarán como verdaderos jerarcas. Ahora, todos son unos inútiles que se refugian en sus palabritas humanas, pero que no saben oponerse a Bergoglio como falso Papa. ¡Qué miedo tienen todos!

Cuando Dios vea la necesidad, según los tiempos, la jerarquía fiel a la Palabra de Dios se levantará y guiará a la Iglesia remanente. Porque la Iglesia es la Jerarquía.

Pero hasta que no salgan de las estructuras externas, que los atan a la maldad, no hay que confiar en ninguna Jerarquía.

La única Jerarquía confiable es la que se opone TOTALMENTE a Bergoglio y a sus matones. Y de estos hay muy poquitos. Estos están escondidos, porque saben cómo es el juego del Vaticano.

Cuando Dios calla, es que todo se avecina: el mal da un paso adelante y las consecuencias serán inevitables para todos.

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7 comentarios

  1. Vania dice:

    creo que no hay nada mejor que mantenernos fiel a la doctrina que nos enseno Jesus.

  2. anonima dice:

    Padre por favor aclarame bien esto, todavia estoy muy confundida, porque en el medio en que vivo no conozco un verdadero catolico, y son todos de la misa moderna, y pregunto si el verdadero catolico es el que es tradicional, sin ser sedevacantista o puede ser del novo ordo o misa moderna, donde se ven profanaciones. Encontre esta pagina, y por favor me dice si estan en la verdad, nunca antes habia sabido sobre esto del tradicionalismo y el modernismo en la iglesia, porque en el medio que vivo nadie habla sobre esto :http://traslashuellasdelcielo.blogspot.com/ donde tienen este articulo: 12 COSAS QUE LOS CATÓLICOS TRADICIONALES PUEDEN HACER HOY: Estamos en una iglesia y un mundo que es un campo de minas. La mayor parte de obispos Novus Ordo, los sacerdotes y los católicos nos han catalogado como “extremistas”, retrógrados y no “católicos” porque no nos gustan los cambios producidos tras el Vaticano II.
    También hacen todo lo posible para borrar Summorum Pontificum del Papa Benedicto, e impedir los Sacramentos según el rito tradicional en cualquier parroquia normal. Odian cualquier cosa que tenga que ver con lo que la iglesia practicó antes del Vaticano II.
    El mundo está lleno de grupos que también nos odian: musulmanes, feministas, homosexuales, gobiernos secularizados, marxistas, medios de comunicación, música, películas… todos están contra nosotros. Y es porque vivimos vidas según normas morales católicas, estamos contra el sexo homosexual, contra la convivencia antes de matrimonio, la impudicia, el asesinato de los bebés inocentes en el seno de la madre y creemos en la permanencia de los votos del matrimonio entre un hombre y una mujer.
    -El mundo está contra nosotros porque no seguimos el plan illuminati de tener una religión y gobierno mundial. Hay sólo un poder detrás de todo este mal que experimentamos todo el día. Detrás de los masones, illuminati, banqueros, Hollywood, activistas homosexuales, ateos, religiones paganas, musulmanes, protestantismo, divorcio, la pornografía, nuestro gobierno; tras todo eso está el poder demoniaco.
    ‘Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.’ Efesios 6:12
    -Aquí tienen 12 cosas que debemos hacer en este ambiente cáustico donde rezamos y vivimos:
    -Comenzar por uno mismo. Cuando todo sea dicho y hecho, también moriré. Tendré que dar personalmente razón a Dios por todo lo que he hecho y he dejado de hacer. Esto incluye las malas cosas que he hecho y las acciones buenas que no he podido hacer. También, personalmente, vivo en un campo de minas del diablo, con tentaciones constantes que me pueden conseguir un pasaporte para siempre al infierno. Antes de tratar de salvar las almas de otros o tratar de reformar la iglesia, debo tener cuidado con mi alma, palabras, rezos y acciones. Por tanto tengo que intentar pía y humildemente vivir una vida pura y hacer la Voluntad de Dios en todas las situaciones.
    -Rezar. Humildemente reconozco que no puedo salvar el mundo y que Jesús es el Salvador. Pero todavía debo ayudar a salvar almas y reformar la iglesia ofreciendo la Santa Misa, oraciones, sobre todo antes del Bendito Sacramento, y hacer todo lo que puedo. Cada Rosario Santo cuenta enormemente también. Somos los intercesores para la iglesia y la salvación del mundo.
    -Dé un buen ejemplo. En todo lo que hago doy un ejemplo bueno o malo de lo que significa para mí ser un buen católico; cómo me arrodillo y rezo, cómo trabajo, cómo juego, cómo estudio, cómo amo y saludo a la gente, cómo conduzco, cómo me alimento y cómo hablo.
    -Quiera ser perseguido. Jesús, San Juan Bautista, los Apóstoles y todos los santos fueron perseguido por miembros de la iglesia y el mundo. Jesús nos advirtió; ‘Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros’. Puede que no esté lejos el día en que los musulmanes, masones y nuestro propio gobierno comienzen a encarcelarnos y matarnos. Debemos tener ganas de ir a nuestra casa verdadera en el cielo.
    -Tenga Fe en Dios y María, Ángeles y Santos. Hacemos lo que Dios y Nuestra Señora quieren. No estamos solos. Sienten todo el dolor que sufrimos defendiendo la Verdad de nuestra fe católica de 2000 años. La iglesia pertenece a Jesús. La comenzó. Prometió que las Puertas de Infierno no prevalecerán contra Ella. Por tanto sufre junto con nosotros que nos levantamos para proteger los Sacramentos católicos, la verdad de la Santa Biblia y el Magisterio. Dios está con nosotros y nos ayuda. María está con nosotros y es nuestra ayuda. Los Ángeles luchan junto a nosotros. Los santos hacen su parte intercediendo por nosotros. Las almas santas en el calvario rezan por nosotros. No estamos solos en la santa batalla.
    -Diga la verdad. Tenga el coste que tenga, tenemos que decir la verdad católica a nuestras familias, nuestras parroquias, nuestros amigos, nuestros sacerdotes, nuestros obispos y a cada uno que nos escuche.
    -Pierda el respeto humano. Uno de los mayores enemigos para cargar la cruz y seguir los pasos de Jesús es temer lo que otros pensarán de nosotros. Pongamos nuestros ojos en lo que Jesús piensa de nosotros y no en lo que los otros piensen.
    -Miedo de lucha. Leí que el único miedo que deberíamos tener es al propio miedo. La gente y el diablo ponen el miedo en nuestros corazones para desalentarnos de hacer y decir lo que es correcto y pagar el precio por ello. Jesús dijo repetidas veces, ‘No tengáis miedo, tened Fe.”
    -Vea todo con perspectiva. Dios es mil millones de veces mayor y más poderoso que un Papa rebelde, cardenales, obispos, religioso, sacerdotes y laicado. Ahora mismo la mayor parte de nosotros todavía somos capaces de decir lo que creemos como católicos. Ahora mismo, en algunas partes del mundo somos libres de rezar e ir a la misa latina. Ahora mismo no estamos encarcelados y somos capaces de comer, descansar, tener una familia, andar, jugar y trabajar. Todo eso aún tenemos ahora mismo.
    -No se desanime. Sólo somos llamados para ser fieles y hacer lo que podamos. Por tanto vayamos paso a paso. El refrán dice “El viaje de mil kilómetros comienza con un paso”. Como dicen los comunistas, ‘no esperen controlar el mundo de un día a otro’. No, sólo trabajen despacio y todo llegará.
    -Mire, anote y comparta milagros. Pasando ‘por este valle de lágrimas’, vamos con Dios, María, los ángeles y santos. Y debido a esto habrá milagros obvios que nos acompañarán. Espere que ocurran milagros. A través de la historia de la Iglesia Católica y el martirio de los santos, muchos muchas veces Dios mostró Su apoyo por acontecimientos milagrosos. Dios seguirá haciendo milagros hoy también.
    -Apóyense los unos a los otros. Jesús envió a los Apóstoles de dos en dos. Tenemos que rezar y trabajar juntos. Tenemos que ayudarnos el uno al otro, amar el uno al otro y divertirnos el uno con el otro.
    -Es muy difícil ser un católico tradicional hoy en la iglesia y en el mundo, pero sin embargo somos muy muy bendecidos para estar así cerca del corazón de Jesús en el sufrimiento que sangra el Cuerpo Místico de Cristo, Su iglesia. Padre Peter Carota
    http://www.adelantelafe.com/12-cosas-que-los-catolicos-tradicionales-pueden-hacer-hoy/

    • josephmaryam dice:

      Los católicos no se dividen en nada: ni en tradicionalistas, ni en modernistas, ni en liberales, ni del nuevo ordo, ni del viejo ordo, etc…
      Esta es la división en toda la Iglesia por el pecado de fieles y de Jerarquía.
      Todos haciendo su iglesia, a su manera.
      Unos, buscando la tradición, pero sin el concilio vaticano ii, sin los papas y sin otras cosas que no les gusta. Otros, dejando a un lado la tradición y subiéndose al carro del modernismo. Otros, con una mezcla de todo un poco.
      La Iglesia Católica sigue la Tradición: los Santos, los Santos Padres.
      Una cosa es la Tradición: es la doctrina que vivieron los Santos en toda la historia de la Iglesia, desde que empezó hasta ahora. Doctrina vivida, que transmite la enseñanza que Cristo dio a Sus Apóstoles. Es la fe vivida, que se va transmitiendo de generación en generación.
      Otra cosa es el Magisterio de la Iglesia, que se apoya en la Tradición, en los Santos y en los Santos Padres, para enseñar la verdad dogmática: los dogmas y todo aquello que dimana de los dogmas.
      Otra cosa es la Liturgia, que es poner en práctica el Magisterio de la Iglesia.
      Y otra cosa es el Evangelio: la verdad revelada.
      La Iglesia Católica tiene su fundamento en el Evangelio: en una verdad revelada.
      Esa Revelación da lugar a un Magisterio Eclesiástico: la verdad dogmática. Es la verdad revelada pero aplicada a la vida espiritual del hombre. Lo que hay que creer para salvarse y santificarse.
      El Magisterio de la Iglesia no es la Tradición, pero está apoyada en Ella.
      Aquellos que buscan la Tradición sin el Magisterio de la Iglesia se equivocan.
      Los que combaten el Concilio Vaticano II y a todos los Papas, están negando la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Quieren una Tradición sin Magisterio. Y es un absurdo.
      Los Santos han vivido su vida espiritual; pero la Iglesia no la hacen los Santos, sino la Jerarquía: Pedro y los Obispos. El Magisterio toma de los Santos, de la Tradición, y enseña a toda la Iglesia lo que hay que seguir de ese Santo.
      Los Santos no son infalibles, pero enseñan la vida espiritual y mística.
      La Iglesia, en Pedro, es la que es infalible.
      Quien quiera llamarse tradicionalistas sin Pedro, cae en el error.
      Quien quiera un papa modernista sin la tradición, cae en el error.
      Imiten a los Santos, pero no a los tradicionalistas.
      Vayan a los santos para ser Iglesia infalible; pero no vayan a los tradicionalistas para ser católicos tradicionales.
      No existe el católico tradicional. Existe la Tradición.
      Y quien no quiera la Tradición no pertenece a la Iglesia.
      Muchos tradicionalistas no son de la Iglesia, porque se cargan a Pedro y su Magisterio.
      Luchan por la tradición, por una liturgia. Pero no son capaces de luchar por Pedro, por el Magisterio de la Iglesia, que se apoya en toda la Tradición.
      La Iglesia remanente es de muy pocos.
      Ahora la gente está muy dividida. Y cada uno hace su bando, su grupo, su portal de internet. Y a nadie le interesa la Verdad de la Iglesia. A NADIE.
      Todos se hacen privados: cada uno tira por lo suyo. Cada cual en su interés. Todos acaban destrozando la Iglesia con sus intereses personales y privados.
      Hay que ser de la Tradición, pero no tradicionalistas.
      Hay que seguir el Magisterio de la Iglesia, quitando aquello que es pecado en la liturgia, que se ha metido en estos cincuenta años sin la voluntad de los Papas; con la desobediencia de los Obispos y sacerdotes.

  3. Empera dice:

    Muchas Gracias por todo su trabajo a favor de la Verdadera Iglesia católica fiel a Jesucristo.
    El Arzobispo Fulton Sheen sobre la falsa iglesia del Falso Profeta
    La Contra-Iglesia del Anticristo
    http://gloria.tv/media/gW5xkkTDTdq

  4. ana dice:

    Gracias,gracias,gracias,de corazon padre!!!!!!!!!que solos estamos,y como nos ayuda! !!!
    Nos lo explica todo con tal claridad!!!!QUE DIOS SE LO PAGUE!!!

  5. Daline dice:

    El link del siguiente video es muy interesante, ya que plantea la posición muy bien definida de un católico que conoce el contenido de la doctrina de Cristo.
    Que Dios y la Virgen María bendigan a todos los que escriben en esta página.

    • josephmaryam dice:
      1. Un teólogo católico no puede llamar Papa a Francisco.
      2. Un teólogo católico tiene que explicar las herejías de Francisco al pueblo.
      3. Un teólogo católico no puede preguntar al falso profeta si es el falso profeta.
      4. Un teólogo católico tiene que definir lo que es el falso profeta.
      5. Un teólogo católico tiene que señalar quién es el falso profeta.
      6. Un teólogo católico tiene que juzgar y condenar a Francisco como falso profeta.

      ¿De qué les sirve conocer la doctrina de Cristo si no conocen a la Jerarquía?
      Si no saben discernir la Jerarquía, ¿para qué tanto hablar de tradición en la Iglesia?
      Si la Tradición es la Jerarquía fiel a Cristo que transmite íntegramente la doctrina de Cristo.
      Señalen qué Jerarquía no pertenece a la Iglesia por su herejía.
      No hagan videos que no sirven para nada. No dan en el clavo del problema.

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