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Infiltración en la Iglesia

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LOS MENSAJES DE NUESTRO SEÑOR A SU SECRETARIA MARY JANE EVEN.

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LAS MANERAS EN QUE LOS ESPÍRITUS DEL MAL Y SATANÁS SE HAN INFILTRADO EN MI SANTA IGLESIA CATÓLICA ROMANA

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Dictado por Nuestro Señor Jesucristo a su secretaria, la Dra. M. J. Even

IntroducciónParte IParte IIParte IIIParte IVParte VParte VIParte VIIConclusión

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Introducción 1 JUNIO 1993

Mis queridos hijos: Deseo preparar este folleto, ahora, para que sea distribuido en el próximo mes de febrero de 1994, como medio para informar e instruir a Mis Fieles, que se preguntan por qué he permitido a Satanás penetrar e influenciar Mi Santa Iglesia Católica.

Lo hago, ahora, a fin de que sea distribuido, tal como lo han hecho con todos los otros. Nada que sea distribuido por Mi secretaria, se envía sin que se le revise apropiadamente en cuanto a Fe, Moral y Verdad. Pese a que no sepan quienes realizan esto, los fieles pueden estar tranquilos al enterarse de que ese cuidadoso escrutinio se lleva a cabo en todos los niveles del clero. Además, los muchos sacerdotes que figuran en la lista de correo de este apostolado, con el debido cuidado, lo comprueban todo, y algunos de ellos hacen sus comentarios, cuando le estiman necesario, respecto a asuntos que serían entonces sometidos a otras autoridades.

Hijos míos, palabras de orden privado no requieren del apoyo público por parte de los Prelados. La mayoría de los videntes, que reciben locuciones, no someten a revisión, en su localidad, el correspondiente trabajo, y solamente unos pocos videntes sí lo hacen, en el caso de sus visiones. No obstante, baste saber que todos los mensajes dados a todos los verdaderos videntes, reciben este escrutinio a petición e insistencia Mía, pero no por parte de quienes Vds. podrían pensar. Pero no temáis, hijos Míos, confiad en Mí. Yo he seguido todas las reglas del Magisterio de la Iglesia en el asesoramiento de Mis mensajeros.

Lo que me propongo decirles, verá la luz mediante muchos videntes, en variedad de mensajes. Este es un testimonio personal que Yo, Cristo Jesús, doy sobre estos acontecimientos y circunstancias, de modo que les ayuden a saber, que Yo conozco perfectamente bien lo que ha pasado, lo que está pasando y lo que pasará a Mi Iglesia.

En muchos aspectos, resulta difícil escribir estas palabras, que vienen a demostrar los errores cometidos por Mis Hijos-Sacerdotes, a quienes el Cielo ama mucho; y al hacerlo así, Yo estoy reconociendo públicamente sus pecados y las consecuencias de estos pecados; y en esto reside la dificultad. Pero ya he pospuesto por muchos años el expresar mi opinión –abiertamente- sobre las formas en que la Iglesia ha sufrido, y sufrirá, a causa de estos pecados.

Parte I

  Para comenzar, Hijos Míos, deseo hacer énfasis en el hecho de que todas estas cosas, de las que les informaré, han venido a suceder por error humano. Un error humano, producido por el orgullo y la desobediencia, mediante falta de comprensión; un error producido, también, por una sensación de confianza mal informada y mal dirigida, por parte de quienes fueron responsables de formular y tomar las grandes decisiones durante el Concilio Vaticano II.

He visto, con asombro, los cambios, falsos y mal informados, que se han hecho desde que se publicaron las declaraciones del Magisterio de la Iglesia. Son pocos los que los han leído cuidadosamente. Son muy pocos los que, con el fin de descubrir los errores, han comparado con los documentos originales, en latín y las declaraciones o citas bíblicas.

Son tantos los que creen –de corazón- que Sacerdotes y Obispos no pueden hacer el mal, y por ende, todo lo que hacen es lo correcto. Hijos Míos, esto es un error de juicio.

Hijos, los que Vds. están experimentando, ahora, es el sufrimiento que el Cuerpo Místico de Cristo debe soportar Conmigo en la Cruz. La Cruz de Vds. es tener a su Iglesia penetrada por la maldad de Satanás y sus cohortes.

Ahora, permítanme decirles algunas de las maneras en que esto sucedió.

Parte II

  En primer lugar, durante el Vaticano II hubo un grupo radical de intrusos, adiestrados por otros grupos subversivos, para introducir cambios en la liturgia, que vinieran a menguar la Santidad de los Sacramentos Sagrados, en la Sagrada Eucaristía, en Mi Presencia Verdadera en la Sagrada Eucaristía, en Mi Madre; Su Santidad y Su Devoción; en el Santo Pontífice y en su Infalibilidad.

Con el propósito de realizar esto, ellos tuvieron que trabajar muy cuidadosamente para cambiar el lenguaje, los Ritos y la intención del lenguaje. Tenían que hacerles ver a los Obispos que esto era lo que el pueblo deseaba, pese a que nunca se le preguntó a nadie al respecto, ni nadie se enteró de lo que estaba teniendo lugar.

Ignorantes de lo que se fraguaba, y dentro de un espíritu de camaradería, de compromiso y contemporización, los Obispos estuvieron de acuerdo con amigos en quienes ellos confiaban.

Un ejemplo puede servir aquí de ayuda. Desde un largo tiempo atrás, estas personas subversivas habían decidido que para disminuir la Reverencia a la Sagrada Eucaristía, y cambiar la teología principal de la Santa Misa, de Sacrificio a comida, se sugeriría tomar la Comunión en la mano, como una forma alternativa de recibir la Sagrada Eucaristía, por razones de salud, y en los lugares en los que tomar cualquier cosa en la lengua, de manos de otra persona, no formaba parte de su cultura. Dentro del espíritu de ayudar a los misioneros en todas las partes del mundo, se aceptó el uso ocasional de la Comunión en la mano. Pero, en todas las notas, transcripciones y decretos finales del Magisterio de la Iglesia, se expresó que el uso de tal práctica debía hacerse con cautela, y que era para aquellas partes del mundo en donde se hacía necesario apoyar sus normas culturales. Dentro de la más grave desobediencia, y sin que contaran con el respaldo de los Santos Pontífices, ni de los cuatro que ejercieron la Presidencia, durante el Concilio, estos arengadores produjeron los nuevos documentos, dejando afuera todas las precauciones, condiciones y exclusiones. Además, sin contar con el acuerdo del Concilio, y sin el conocimiento de éste, ellos pusieron énfasis en la Misa como comida, al excluir frases que declaraban la Santa Misa como un Santo Sacrificio.

Hijos Míos, tal divisibilidad continuó en todos los niveles del Vaticano II, y se ha llegado hasta el día de hoy, en que los Obispos se preguntan si realmente ellos votaron en favor de estas declaraciones, cosa que, por supuesto, no habían hecho. Eso de tener tantos comités para dar el toque…, a las declaraciones finales, fue una decisión mal encaminada. Nadie, pero nadie, se ha ocupado nunca de corregir lo que ellos saben es incorrecto: aún los del Vaticano no han tomado la iniciativa para hacerlo, y cuando el Santo Pontífice trata de iniciar tales cambios, se le presiona para que no agite el agua.

Sépanlo y tómenlo como un hecho concreto, que no todo lo que ha venido del “Vaticano”, como Vds. dicen, es tan perfecto como debiera ser; y son muchos, pero muchos los que saben de esto. No obstante, todos continúan usando lo que se dijo.

No digan que el Papa se equivocó. No digan que el Magisterio de la Iglesia está equivocado. No critiquen. Digo, más bien, que como hombres, ellos han comprometido y roto la perfección de 2000 años de Tradición de la Iglesia. No todo viene del Vaticano, sino que también de interpretaciones hechas por algunos Obispos y sacerdotes, conforme ellos desean decirlas y comunicarlas a Vds.

El peor de los ejemplos es el del sacerdote que pretende usar el “espíritu del Vaticano II” para respaldar prácticas, obviamente, heréticas, y sus propios caprichos, en lo que toca a la Liturgia de la Iglesia; tales como el consagrar las hostias y el vino conjuntamente, o declarar que se ha reconsiderado el pecado, y que ahora ya no existe el pecado mortal, o declarar que todos van al Cielo porque no hay Infierno. Estos son los caprichos y las herejías apoyadas en el “ego” de algunos de Mis Hijos-Sacerdotes. Ellos realmente han perdido su Fe, ¿no es así? ¿Podéis ver vosotros que lo que he denunciado es error, es herejía?

¡Oh Hijos Míos!, la lista del mal sigue y sigue; he mencionado brevemente otros males, en otros folletos. Aquí les estoy probando -con documentos- cómo el mal ha entrado en la Iglesia. Capricho humano, falta de juicio humano, decisiones humanas tomadas en relación con cosas que, verdaderamente, son asuntos Divinos. Todo lo que concierne a Mi Iglesia y a Mi Fe son asuntos Divinos, y no hay persona, Sacerdote u Obispo que tenga derecho a cambiarlas, separadamente, de toda la Enseñanza del Magisterio de la Iglesia, incluso la Santa Infalibilidad de vuestro Santo Pontífice, el Papa Juan Pablo II. ¿No lo lamentarán Vds., cuando les sea arrebatado, y el próximo Papa sea el anti-Papa? Vds. podrán reconocerlo, inmediatamente, como tal por sus palabras y por sus acciones… ¡Sí, inmediatamente!

Parte III

  Aún hay otro grupo de perpetradores, que deseo identificar claramente. Yo los llamo feministas, cuyo deseo de penetrar en el bastión -todo masculino- de la Santa Iglesia Católica, es tan grande que han apelado a los espíritus del mal para que las ayuden.

Ellas desean que Dios sea una mujer. Ellas quieren que sean ordenadas mujeres-sacerdotisas. Desean desafiar a Dios y hacerse diosas ellas mismas. En toda la historia, nunca ha habido un tiempo en que las mujeres hayan sido tan poco femeninas, tan perversas, tan mal intencionadas, tan destructoras y, como ellas con tanta soberbia dijeron, tan influyentes.

Ellas ejercen presión, ridiculizan, atormentan, crean y dicen disparates, para conseguir que Sacerdotes y Obispos sigan sus consejos. Ellas han ascendido a posiciones que les dan más control, y de hecho controlan Diócesis enteras. A algunas mujeres se les teme por su poder. Los Obispos no habían tenido que tratar con ellas antes, y no pueden, no desean combatirlas, de modo que consienten herejías que ellas promueven, sabiendo perfectamente bien que es una herejía.

¡Yo estoy consternado! Mis Obispos, Mis Sacerdotes, Mis Cardenales, necesitan columna vertebral, y si no esto, por lo menos, un deseo de asirse a la Verdadera Fe. No obstante, muchos han perdido Su Fe, debido a estas múltiples y perturbadoras confrontaciones. Las mujeres están encantadas. Los Obispos están avergonzados. ¡Yo estoy aterrado!

Yo digo a todas esas personas: “Abandonen Mi Fe. Abran su propia Iglesia y religión, pero no se llamen a sí mismos católicos”.

A todos los que sufren, en medio de esta masa de histeria colectiva, a causa de estas confrontaciones, y que no aceptan componenda alguna, les digo que los amo entrañablemente y les ayudo a perseverar, a continuar. Deben continuar. Mi pueblo fiel necesita conocer lo que es verdad. Mi pueblo necesita que se le guíe y se le cuide, porque Mi Iglesia es su Madre. Ellos deberían poder contar con Mi Iglesia.

Parte IV

  ¿Por qué permití que esto pasara? ¿En dónde está el Espíritu Santo? Hijos Míos, Nosotros, los del Cielo, vemos con gran asombro la absoluta profanación, la desobediencia, la soberbia y el rumbo del libre albedrío, de aquellos que buscan Mi Consejo, rezan, pero actúan de la manera que ellos quieren. Nosotros les decimos. Se los hemos advertido. Los hemos aconsejado.

Esto es lo que Mi Madre declaró en el Tercer Secreto de Fátima, que Satanás entraría en Mi Iglesia. Ningún Pontífice quiso revelarlo, porque sus colegas, su Curia y sus consejeros, dijeron que la gente se rebelaría en contra de la Iglesia. Bueno, ya se rebelaron, pero esto puede ser mucho peor.

Al no revelarlo, los espíritus del mal han tenido mucho más tiempo para introducirse en los corazones y las mentes de aquellos que son susceptibles, y que en su soberbia, les hacen caso. Si el secreto hubiese sido conocido, ciertamente que la gente hubiera alertado a los Sacerdotes y Obispos, y no se habrían permitido los cambios, aunque algunos los habrían aceptado, porque su débil Fe deseaba un camino más fácil para ir al Cielo. Bien, les aseguro a Vds., que no obstante lo que algunos Sacerdotes digan, la senda que lleva al Cielo es un largo y difícil camino, y ningún Sacerdote me va a decir a Mí, Dios, cómo juzgar a un alma. Yo juzgo con perfección.

Pueblo Mío, Yo, Cristo Jesús, vuestro Dios, clara e irrevocablemente les digo, que existe el pecado, que hay Infierno y que hay Purgatorio. Que el 80% de la gente que muere diariamente va al Infierno para siempre, por toda la eternidad. Ninguna cantidad de baile, arenga, griterío emocional, que venga de estos Sacerdotes, me hará cambiar de parecer. Ellos han creado una religión totalmente nueva, una fe totalmente nueva, que niega el valor de Mi Pasión y de Mi Muerte, y el de Mi Santa Cruz.

Parte V

  Ahora Hijos Míos, quiero que sepan que esto pudo pasar, solamente, porque el hombre permitió que las legiones malignas de Satanás entraran en sus almas, en sus corazones, en sus mentes. Solamente, el hombre puede hacer tal trabajo perpetrado por Satanás. ¿Y está el Diablo contento? ¡Oh Hijos Míos!, debieran Vds. verlo bailar declarándose vencedor. Él ha logrado abrir tales brechas, dentro de Mi Iglesia, que en la persona de Lord Maitreya, ha declarado -como suyas- ciertas Iglesias, ciertos grupos, ciertos grupos de oración. ¿Saben Vds. que él distribuye un boletín impreso en el que presenta sus conquistas? Sí, incluido hay grupos de oración, que se llaman a sí mismos Carismáticos, y que cuentan con personas carismáticas, grupos de gente que creen estar a favor Mío y Conmigo, Jesucristo. Él ha declarado como suyos sacerdotes, Iglesias y grupos enteros de feligreses. Y ellos no saben de eso, creen que están protegidos por Dios.

¡Oh, cuán ignorantes sois, queridos Hijos! ¡Muy, pero muy ingenuos! Pensáis que si os comportáis de cualquier manera, en Mi Nombre, no solamente os voy a proteger, sino que también ningún mal podrá veniros. ¿Y qué es lo que estáis haciendo que crea la atmósfera, el ambiente que llama a los espíritus malignos y no a los espíritus celestiales para que vengan a Vds.? Vosotros os habéis metido a experimentar con cosas Divinas. Estáis creando nuevas formas de religión. Estáis pidiendo a Dios que apruebe como Santos, ritos en los que se invoca lo satánico, por parte de quienes vosotros creéis que hablan en lenguas. Sois necios, gente necia porque no reconocéis el mal que os rodea. Considerad que si negáis el pecado y no os confesáis, estáis jugando en las manos de Satanás. Esto es lo que él quiere. Él no quiere que os preocupéis del pecado, porque sabe que entonces, de todos modos, pecaréis, y él habrá ganado vuestra alma para el infierno. Él está ansioso de conseguir todas las almas que pueda para que Dios no las obtenga y las agregue a Su Gloria.

Parte VI

  Os digo francamente, de manera muy directa y haciendo caso omiso de vuestra reacción, de vuestro susto. Hay demonios que van lentamente alrededor del día y de noche. Hay espíritus malignos que os tientan continuamente. Debéis reconocer, Hijos Míos, que estamos en guerra. Esto no es ningún juego. Este no es tiempo para responder con falta de Fe. Este es el tiempo de la guerra entre los Ángeles del Cielo y los espíritus del Infierno.

Ningún otro tiempo de la historia ha sido como éste, porque Satanás está cerca de ser encadenado, y las puertas del Infierno cerradas. Vosotros sois el enemigo si estáis a favor de Dios y, en contra de Satanás. Dios mismo es Vuestro “General” en la Guerra de la Guerras por vuestras almas. El peor enemigo de Satanás es Dios, y luego todos los demás que están por Dios, que lo aman, lo sirven y lo honran. Mis fieles Hijos, vosotros sois el enemigo de Satanás. Debéis comprender esto.

Por tanto, debéis manteneros alerta y practicar vuestra Fe, con Tradición y con Santidad. A toda costa, debéis evitar asistir a esta Iglesia experimental. Debéis abandonarla, porque estáis jugueteando con gente, cuyas almas pueden perderse; estáis coqueteando con gentes que desean entregar sus almas al demonio.

Ya no puedo hablar más claramente. Estoy muy turbado por la ingenuidad de Mi pueblo fiel. Ellos creen que sólo necesitan ir a una Iglesia, denominada católica, y que todo está bien. Os digo que no. Estad alerta.

Parte VII

  Hijos de la Santa Iglesia Católica Romana, durante muchos años, y en compañía de Mi Madre, os he hablado de cuan necesario es que vosotros practiquéis Mi Verdadera Fe, en santidad, y que no os dejéis persuadir de que las nuevas formas son buenas. Repito esto aquí, y continuaré haciéndolo así. Insistiré hasta la saciedad. Sépanlo.

El mal ha entrado en Mi Santa Iglesia Católica Romana, a través de los corazones y las mentes de aquellos que, por su libre voluntad, han vendido su Fe Verdadera en Dios. Y lo he permitido así, porque es tiempo de que Mi Iglesia sea purificada. Permitiré aún más, para que se aclare -completamente- quiénes son ovejas y quiénes cabras. Pero, después de algún tiempo, no permitiré que eso continúe, y sumariamente aplastaré a aquellos que se han asociado con el maligno enemigo de Dios, que es Satanás.

Conclusión

  Este folleto ha sido preparado para edificación de Vds., para su comprensión, una comprensión verdadera de Mi Santa Iglesia Católica Romana de hoy; y de cómo los espíritus del mal han penetrado en Ella. Desearía que el tercer secreto de Fátima hubiese sido revelado desde hace mucho tiempo. Por supuesto, que ya llegó la hora, como probablemente Vds. han podido conjeturar. Si mis prelados, en su orgullo, no hubiesen parado su publicación, mucho hubiera podido evitarse. Pero ahora ya no.

Pero, ¿no es que también he pedido la unión de los Obispos para que consagraran Rusia al Inmaculado Corazón de Mi Madre? ¿Se hizo esto? No; no se hizo correctamente, ni como Yo lo pedí. Mas bien, hubo un tibio intento, sin que hubiese unión, solamente una declaración del Santo Pontífice. Él sabe que no lo ha hecho correctamente. Oh, la desobediencia de Mis Prelados. Bien; ya me encargaré de esto Yo Mismo.

Queridos Hijos: habéis experimentado la Ira justificada de vuestro Dios, y si la lectura de este folleto os ha atemorizado, sois sensatos. Porque la Mano Justa de Dios está por caer sobre Mi Iglesia, tal como ya ha comenzado a caer sobre toda la humanidad.

Sabed esto, la declaración que hice, “que ningún mal entrará en Mi Iglesia (y las fuerzas del Infierno no la podrán vencer”), no quiere decir que el mal no podría hacer esto, sino más bien que en donde se encuentre un Verdadero Sacerdote, que ofrezca un Sacrificio Verdadero a por lo menos un solo miembro verdadero y fiel de la Iglesia, ahí estaré Yo y no la dejaré. Nunca abandonaré Mi Iglesia, sino que la limpiaré y la purificaré. Oh sí, esto es lo que haré.

Yo garantizo que estas son las Santas y Aterradoras palabras de Dios, Jesucristo, y que todo ha sido transcrito correctamente por Mi Secretaria, que siente Mi Ira en Mi Voz, Mi Atronadora Voz.

Mi Bendición para todos los que lean estas palabras; permaneced fieles y amad a Dios vuestro tan calumniado Salvador, Amo y Señor.

Me suscribo,

Jesucristo, Juez y Rey, Señor de Señores.

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