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Génesis 2, 07

Génesis 2, 07: lectura bíblica

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Dios forma (yatsar): da forma, modela, dispone algo en forma de cuerpo.

Dios es presentado como un alfarero, un trabajador de su propia obra.

«Así habla Yavhé: el que creó (bara) los cielos, el Dios que modeló (yatsar) la tierra, la hizo (asah) y la afirmó (kun). No la creó (bara) en vano, la esculpió (yatsar) para que fuera habitable» (Is 45, 18).

Dios crea de la nada = bara. Y sale, de sus manos, un ser dependiente de Él.

Modela ese ser creado = yatsar.

Y lo lleva a su perfección natural = asah.

Lo afirma en la verdad de su ser, le da el fin para lo que ha sido creado = kun.

Dios no es un artista vano, que hace las cosas para pasar el tiempo. Es un artista inteligente, que pone un fin divino a todo lo que crea, a todo lo que sale de sus manos.

«Como está el barro en la mano del alfarero (yatsar), así estáis vosotros en Mi Mano, casa de Israel» (Jer 18, 6).

Dios se ocupa constantemente de su obra. Es un alfarero que no descansa, que lleva a su plenitud espiritual su creación material.

No hay evolución en las cosas que Dios ha creado, porque todo lo ha hecho perfecto. Hay una involución a causa del pecado que reina en toda la creación.

Dios «… formó…al hombre polvo (aphar)….».

ha adam es la persona humana que Dios va a crear. Ya no habla de la esencia humana (adam), sino de la persona humana varón, de Adán.

Dios dispone (yatsar) el polvo (aphar) en forma de cuerpo.

El hombre es polvo:

«….polvo (aphar) eres, y al polvo volverás» (Gn 3, 19d).

Es un polvo que Dios va a modelar. Y saldrá el hombre Adán: será tomado de la tierra (adamah).

La primera acción de Dios en la creación de Adán es formar el polvo, darle forma, modelarlo. La segunda acción divina es «inhalar sobre su semblante el espíritu de vida», el aliento de vida, el alma racional.

El resultado es algo de la tierra, un ser terreno.

Son dos acciones distintas en la creación del hombre.

Toda la dificultad está en determinar los caracteres propios de la acción divina que forma el cuerpo humano. ¿Qué es el polvo? ¿Qué es la tierra?

Muchos sostienen que el cuerpo de Adán podía representar el último eslabón de una serie indefinida de organismos inferiores. Es decir, el cuerpo en el cual infundió Dios el alma racional fue un organismo del género simia, una especie animal que fue elevada a su última perfección y puesta a punto para recibir la infusión del alma mediante una acción divina.

Se apoyan en el texto hebreo que dice que Dios fabricó a Adán del barro o polvo de la tierra. Ese fabricar o modelar puede tener un sentido figurativo; y el polvo o barro puede aplicarse sin dificultad a un organismo animal.

«… a mí también, lo mismo que a ti, me hizo Dios; y del mismo barro (komer) fui yo también formado» (Job 33, 6).

Komer es el polvo afianzado en el suelo, el cemento de la calle.

«Yo… lo envié contra el pueblo objeto de mi furor, para que saquease e hiciera de él su botín, y le pisase como se pisa el polvo (komer) de las calles» (Is 10, 6)

Del mismo barro fui yo formado. Luego, ese barro no significa una especie animal. Eliú no fue formado de un animal. Eliú habla aquí de su formación en el útero materno; y en consecuencia llama barro al semen y al óvulo humano, a la concepción del esperma y del óvulo en ese vientre. Llama barro a ese cemento, a ser ultimado, afirmado en el seno de su madre.

La simple elección o designación de una especie animal, dispuesta a recibir la infusión del alma, no representa una acción divina positiva para formar el cuerpo del hombre.

Dios es el que modela el cuerpo del hombre, el que trabaja ese cuerpo concebido. Una especie animal que Dios la disponga sólo para recibir el alma racional va en contra de la verdad revelada: Dios modela… el polvo.

No tiene sentido hablar de la creación de una especie animal sólo para infundir el alma racional. En este texto, no se habla de la creación de una especie animal, sino de la creación del hombre, la fabricación del ser humano. Y son dos obras diferentes: modelar el cuerpo humano e infundir el alma racional. No se habla de crear (bara) una especie animal.

Y tampoco el polvo o barro de la tierra puede significar un organismo animal.

«… y fabricó (yatsar) Dios de la tierra (adamah) todos los animales del campo» (Gn 2, 19). La voz tierra (adamh) no puede tener el significado de organismos inferiores a los producidos, sino que tiene el significado común.

No puede leerse: fabricó Dios de los organismos inferiores todos los animales del campo.

«… produzca la tierra (erets) vivientes…» (Gn 1, 24): en la producción de los animales, la tierra misma es llamada a la participación instrumental del acto productor; y su efecto es el animal completo, es decir, el principio de vida del animal va envuelto en la materia del animal, y es producido con la misma acción con que se produce el elemento del cuerpo.

Pero esta tierra (erets) no significa la materia del polvo, del barro, no es adamah ni aphar, sino una superficie de terreno, un trozo de tierra que se convierte en productiva, en la que viven seres vivientes.

«… para que domine… sobre todas las bestias de la tierra (erets) y sobre cuantos animales se mueven sobre ella (erets)».

El mandato divino a la tierra (erets): produzca. Que del cuerpo del animal formado sobre la tierra (erets) salga su principio vital. Dios forma el cuerpo del animal y, en esa misma acción, es producido el principio vital del animal, el alma sensible, que es un alma material. Produzca ese trozo de tierra (erets) seres vivientes: que en esa parte de la tierra existan especies animales.

Pero, en el hombre, la tierra no es un instrumento para crear al ser humano: Dios modela el polvo, no manda a la tierra producir al hombre. Dios no modela la tierra. Dios, una vez ha formado al hombre, lo saca de la tierra (adamah) y lo pone en el Paraíso, en una tierra que Él ha plantado.

Dios ya ha creado la naturaleza humana, y la ha hecho imagen y semejanza suya: ha creado los dos gametos, el masculino y el femenino. El esperma y el óvulo. Ahora, los va a modelar, les va a dar forma.

El esperma y el óvulo es el polvo, el barro, que es la esencia humana. Dios une las dos cosas, da la forma, y en el ser concebido, en el semblante de esa unión entre el óvulo y el esperma, en la concepción del cuerpo, sopla el aliento de vida: el alma racional se une sustancialmente al cuerpo concebido por el esperma y el óvulo.

«El primer hombre fue de la tierra, terreno» (1 Cor 15, 47).

Adán es de la tierra: ha adam es adamah. Adán ha sido tomado de la tierra:

«… hasta que vuelvas a la tierra (adamah), pues de ella has sido tomado» (Gn 3, 19b).

Tomar de la tierra, modelar el polvo.

Tomar lo que es terreno, lo que está dentro de la tierra, en la tierra. Dar forma al polvo.

Son dos significados distintos. Los dos hacen referencia a la nada del hombre. El hombre es polvo, vuelve al polvo; el hombre es terreno, vuelve a la tierra.

La tierra y el polvo a los cuales vuelve el cuerpo humano por la muerte no es un organismo animal, que metafóricamente se llama tierra y polvo, ni tampoco pueden designar un paradero remoto a donde llega el cadáver después de una serie de transformaciones intermedias. La tierra es el término inmediato del accidente de la muerte. El cadáver se vuelve tierra, coge la forma de la tierra, se transforma en polvo.

No se puede admitir la evolución en la creación ni de los animales ni de los hombres.

Dios, al crear el esperma y el óvulo, los tiene que unir en un vientre adecuado para poder modelarlos.

¿Qué es la tierra (adamah)?

Se puede pensar que Dios creó una especie animal sólo como incubadora, para que en su vientre Dios modelara el polvo del esperma y del óvulo. En ese vientre, en esa tierra, se concibe el cuerpo humano, y el alma racional se une a ese cuerpo.

Dios no crea el cuerpo del hombre de los genes de un animal. Porque Dios modela el polvo, no modela una especie animal o los genes de esa especie animal. No se da la evolución de un animal en una especie más avanzada, porque Dios crea cada ser en su perfección natural. Ese ser nunca puede evolucionar en el ser, en la sustancia de su ser. Podrá alcanzar evoluciones accidentales, según la misión que tenga ese ser en la vida.

El polvo es lo que Dios ya ha creado: la esencia humana, a su imagen y a su semejanza. El macho y la hembra: el esperma y el óvulo.

Tiene que modelar ese polvo: tiene que unir el esperma y el óvulo. Pero no puede dar forma al cuerpo del hombre fuera de un ambiente propicio para que naturalmente se conciba ese cuerpo.

Dios no crea a Adán ya adulto y le insufla su alma. Eso no tiene sentido.

Dios crea las cosas según sus exigencias naturales, según sus procesos naturales según la perfección de su ser.

Dios tiene que poner ese esperma y ese óvulo, ese polvo, en una tierra adecuada, en el vientre de un animal. Por eso, ese polvo es de la tierra, es de ese vientre.

Ese animal sólo ha sido preparado por Dios para que actúe como vientre, como incubadora, no como madre natural del ser que va a crear. Y, por lo tanto, ese animal, ese vientre, esa tierra adecuada no hace otra cosa que dar calor a esa concepción humana.

Dios pone el polvo del esperma y del óvulo, y los modela, les da forma: los une, se concibe el cuerpo, y se infunde el alma. Y Dios va modelando ese ser humano, dentro de ese vientre animal, dentro de esa tierra, hasta que naturalmente le llega la hora de tomarlo de la tierra.

«…de la tierra has sido tomado…».

No ha producido la tierra al hombre: el hombre no pertenece a un país concreto.

El hombre ha sido sacado de un vientre animal, de una especie animal producida de la tierra, como fueron producidos los otros animales.

Dios modelael polvo dentro de una especie animal producida de la tierra.

«Dios modela… el polvo de la tierra»: modela ese ser concebido en el vientre de ese animal. Es un ser humano lo concebido porque los gametos pertenecen a la naturaleza humana. Dios los ha creado sin la participación del animal, de los genes del animal. Ese ser humano es de la tierra, es de ese animal, porque es concebido en el vientre de ese animal, dentro de ese vientre.

«El primer hombre es de la tierra, terreno» (1 Cor 15, 4a): es de un vientre animal.

Pero «el segundo hombre es del cielo» (1 Cor 15, 47b): es de un vientre divino. La Virgen María.

Dios ha creado al primer hombre con un cuerpo glorioso, un cuerpo capaz de atravesar el vientre animal en donde fue concebido, en donde fue modelado por Dios.

Cuando llega el tiempo del parto, Adán es tomado de ese vientre animal, de esa tierra, sin necesidad de que el vientre animal produzca el parto naturalmente. Es tomado porque no tiene virtud divina para salir de ese vientre. Sólo Jesús podía salir del vientre divino de Su Madre sin ser tomado, porque poseía esa virtud por ser Dios.

De esta manera, ese vientre animal no es madre de Adán. Es sólo un sitio en donde se incuba un cuerpo que no pertenece a ese animal.

Dios modela ese proceso del hombre hasta el final porque el animal ha producido lo concebido. La especie animal no concibe a Adán, sino que en su vientre es Dios quien concibe a Adán. Pero es necesario hacerlo en un ambiente apropiado a la concepción del ser humano.

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