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Fátima

El mensaje de Fátima no ha sido dado a la Iglesia como la Virgen lo dió a los pastorcillos de Fátima.

Los hombres de la Iglesia han tenido miedo de las palabras de la Virgen y han silenciado aquello que no les gusta y que atañe a la vida de la Iglesia.

La Virgen habla fuerte contra los sacerdotes y Obispos de la Iglesia, porque, a partir de ellos, viene el desastre de la Iglesia.

La culpa de los males de la Iglesia es por los sacerdotes y Obispos que no llevan la vida a la cual han sido llamados.

Se han convertido en políticos, empresarios, gente vividora, pero no son hijos de Dios, no son Pastores de la Iglesia.

Y, por eso, no saben escuchar las Palabras que Dios, constantemente, da a Su Iglesia para que salga del mal camino y se convierta al Señor.

Esas palabras silenciadas se refieren a lo que ya todos saben: Satanás se ha metido en el Vértice de la Iglesia. El Anticristo está introducido en los Obispos.

Palabras muy duras para unos Pastores que se creen sabios porque tienen estudios teológicos. Y se creen con poder porque están a cargo de los fieles de la Iglesia.

Si el demonio está ya dentro de la Jerarquía de la Iglesia, entonces, ¿cómo estará el Cuerpo Místico de Cristo, tantas almas que no saben ver las realidades espirituales y no tienen vida espiritual en la Iglesia?

El desastre de la Iglesia es tan obvio que ya no es necesario leer las profecías. Ya se ve con los propios ojos. Ya se palpa en el ambiente. Ya la vida ha cambiado para toda la Iglesia.

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SECRETO DE FATIMA – Consta de tres cosas distintas

La visión del infierno

Nuestra Señora nos mostró un grande mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra.

Sumergidos en ese fuego estaban los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana.

Llevados por las llamas, que de ellos mismos salían juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caían hacia todos los lados igual que las pavesas en los grandes incendios sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de espanto.

Los demonios se distinguían por formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

Esta visión duró sólo un momento. Y gracias a que la Santísima Virgen en la primera aparición nos había prevenido con la promesa de llevarnos al cielo, porque si no yo creo que habríamos muerto de susto y pavor.

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La devoción al Inmaculado Corazón, la consagración de Rusia y el triunfo del Inmaculado Corazón

En seguida levantamos los ojos a Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

«Visteis el infierno donde van las almas de los pobres pecadores.

Para salvarlos Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.

Si hicieren lo que Yo os digo se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra va a acabar.

Pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor.

Cuando veáis una noche alumbrada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, el hambre y las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

Para impedirlo vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si atendieren a mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, ella esparcirá sus errores por el mundo promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia.

Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá mucho que sufrir, varias naciones serán aniquiladas.

(Aquí la tercera parte)

Esto va al final del mensaje: (Por fin mi Corazón Inmaculado triunfará.

El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz».)

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La purificación de la Iglesia y el castigo a la humanidad

Después hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora, un poco más en lo alto, a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!

Y vimos en una inmensa luz, que es Dios, algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él, a un Obispo vestido de Blanco, hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre.

También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella , atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombre y mujeres de diversas clases y posisciones.

Bajo los dos brazos de la Cruz había dos Ángeles cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los Mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios.

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Por fin mi Corazón Inmaculado triunfará.

El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz».

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