Virgen de Guadalupe

Corazón de Jesús

Imitación de Cristo – Libro 1

Imitación de Cristo – Libro 2 – Avisos para la dirección interior

Imitación de Cristo – Libro 4 : Del Santísimo Sacramento

Entradas

La iglesia de los maricones, comunistas y herejes


bergogliofalsareligion

«… está en curso la destrucción espiritual de la Iglesia y de las almas y harán de todo por establecer lo antes posible una Única Religión Mundial» (Conchiglia – 28 de julio del 2014).

Bergoglio ha usurpado el Trono de Pedro y representa -en el gran teatro del Vaticano- funciones públicas para entretener a las masas, y así amansarlas y hechizarlas con una doctrina en que sólo busca la gloria de sí mismo.

Bergoglio habla para atraer sobre sí mismo los méritos y las glorias que no puede tener.

Bergoglio obra para complacerse a sí mismo, dando a la masa lo que le pide, lo que le agrada, lo que le hace disfrutar de la vida.

Bergoglio es un hombre sin amor, sin fe, sin humildad. Es decir, es un hombre orgulloso, que se muestra como el salvador del mundo, que se alumbra con las luces de la herejía, del cisma y de la apostasía de la fe. Y, por eso, Bergoglio se arrodilla sólo delante  de las falsas religiones. No puede arrodillarse delante de Jesucristo porque no cree en Su Divinidad. Se arrodilla ante los herejes, en vez de atraerlos a la fe católica, porque no cree en la verdad inmutable.

La idea de la masonería es reunir a todas las religiones y crear una religión universal: la religión en la que todos los hombres están de acuerdo. Es la unión de mentes, que pasa por la unión de los cuerpos.

Para llegar al matrimonio gay es preciso llegar primero a la unión gay, unión de cuerpos. Una vez legalizado esta unión, en todas las iglesias, entonces se pasa al siguiente nivel: la unión de mentes. Las mentes de los hombres se unen en un matrimonio, con una atadura para formar la sociedad ideal, la iglesia universal.

Es necesario unir los cuerpos espirituales de las diversas religiones para formar la unión mística de la iglesia del anticristo, el matrimonio místico entre las almas y el anticristo, su cuerpo místico.

Para eso es necesario atacar la doctrina católica que impide que muchos hombres puedan entrar en esta religión universal.

Es necesario cambiar la doctrina católica, borrar de la faz de la tierra el sacrificio de Cristo en la Cruz.

Se quiere suprimir a Cristo para que los hombres sigan a los hombres, den culto a sus ideas maquiavélicas.

La Iglesia está en ruinas. Y esto no lo sabe ver la mayoría de los católicos.

marxlutero

Están levantando la Iglesia mundial de Satanás, en donde se enseña a todos los fieles a respetar y aprender de las enseñanzas heréticas de Martín Lutero:

«Después de cincuenta años de diálogo ecuménico, incluso para un cristiano católico se puede leer con respeto el texto de Lutero y aprovechar sus ideas» (Cardenal Reinhard Marx – Revista “Politik y Kultur”).

Sólo un hereje enseña a seguir a otro hereje. Sólo un hereje no ataca a otro hereje. Sólo un hereje destruye el camino que los santos han marcado para la salvación de las almas.

Así lo hizo Bergoglio cuando usurpó el Trono: puso como modelo la doctrina de un hereje, Kasper. Y está destruyendo todo lo santo que hay en la Iglesia.

Y así lo hacen los que lo siguen, los que obedecen a Bergoglio. Es la Jerarquía que no combate a los herejes, que no batalla por la vida espiritual, que no se dedica a salvar almas, sino que pone la herejía, el error, la mentira, como norte de la iglesia.

El error, en vez de la verdad, es el alimento de muchos católicos. Han dejado de amar la verdad, han dejado de buscar el sentido a su vida. Ahora son sólo veletas de las mentes de muchos sacerdotes y Obispos, que son falsos porque han perdido la fe en Cristo y en Su Iglesia.

Ahora es el tiempo de luchar por un prestigio social, político, económico, material, humano.

Ahora es el tiempo de la condenación de las almas en vida. Vivir sin arrepentirse de los pecados: esta es la iglesia que se busca, que se persigue.

Como «la unión con Cristo es el bien supremo del hombre, hay que unir a todos los cristianos, independientemente de su identidad» (ib): buscan el anhelo humano de tener una iglesia que no condene el pecado, que no divida por la libertad del pensamiento, que sepa reunir todas las ideas de los hombres bajo una bandera de fraternidad, de igualdad y de libertad.

«…la cooperación de las iglesias conduce a ser un testigo más creíble en la sociedad, por lo que su voz será mejor oída si se ponen de pie para el pueblo y denuncian las estructuras injustas de la sociedad, la política y la cooperación» (ib). No se quiere escuchar la voz de la Iglesia Católica porque no es la voz del pueblo. No lleva a una sociedad globalizada.

La Iglesia Católica es la voz de Cristo, que es la verdad que el hombre no quiere escuchar. Es la voz a la obediencia de la Palabra de Dios.

Pero se va a la formación de una iglesia sin verdad, con la mentira que al hombre le agrada escuchar, con la obediencia a la imposición de una idea global.

En esta iglesia de herejes, se declara mártir y beato a un sacerdote que fue víctima de la política, pero no mártir ni de Cristo ni de Su Iglesia.

«Esta muerte divide la historia de la Iglesia en antes y después. Antes de la muerte de Romero la Iglesia decía: estos cristianos mueren por razones políticas, no religiosas. Ahora (después de su muerte) está claro que Romero fue asesinado por cuestiones religiosas, aunque haya muerto no por defender los derechos de la Iglesia sino los derechos de los pobres». (Gustavo Gutiérrez – En el diario “Il Giorno”).

Romero no defendió los derechos de la Iglesia que son los derechos de Cristo. Defendió a los hombres, los derechos de los hombres. Hizo de su ministerio sacerdotal una política comunista, socialista, que sólo se centra en la conquista de un reino humano.

Por eso, todos alaban al rey Bergoglio. Es su hombre, es su papa. El papa del mundo, el papa de una sociedad globalizada, el papa amorfo que sólo sabe hablar las locuras que el mundo habla. En Bergoglio sólo se puede encontrar el lenguaje del mundo. Es el hombre que salva al pueblo salvadoreño. ¿Queréis un comunista como vuestro mártir? Yo os lo doy. Yo hago que se cumplan las palabras de Romero que si lo mataban su espíritu resucitaría en el pueblo.

El legado de este falso sacerdote está en que encarnó la voz del proletariado revolucionario salvadoreño. El pueblo encontró en este personaje, no un sacerdote que pusiera la esperanza en el más allá, sino un hombre con la firme convicción de luchar por hacer de la tierra un lugar tan agradable como un paraíso, para que así los hombres no tengan que aspirar a dejar esta vida para ser felices. Los hombres merecen ser felices, gozar de esta vida. Y, por eso, la clase trabajadora tiene que luchar en contra de la clase opresora rica, para transformar la sociedad en una igualdad humana, social. La misión es que desaparezca la pobreza en el mundo.

«El arzobispo Oscar Romero cayó sobre el altar víctima de la violencia que siempre combatió. Es un mártir» (Leonardo Boff – En el diario “Folha de S. Paulo” – 30-3-80).

Los hombres buscan sacerdotes y Obispos que sean ejemplo de denuncias y de lucha contra las injusticias sociales, para así construir la sociedad globalizada, en la que no exista la represión ni la clase alta de los ricos capitalistas. En este ideal irrealizable se hacen esfuerzos para mostrar a la gente la posibilidad de una religión que tome partido por el sufrimiento de los pobres, que su jerarquía termine sirviendo, no tanto a la causa de Cristo ni de la Iglesia, sino a sus propias concepciones religiosas personales.

Monseñor Romero es sólo un mártir del proletariado, una víctima de las ideas comunistas de los hombres. Pero no es un sacerdote de Cristo: es un hombre que olvidó que Jesús, que nació y vivió en la Palestina subyugada por la dominación romana, se dedicó sólo a una obra espiritual, sin contaminarse de las ideas políticas y sociales: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Monseñor Romero fue un hombre que olvidó que los Apóstoles misionaron en un mundo en que las injusticias socio-políticas eran mucho más graves que las actuales y los derechos civiles eran constantemente violados. Ellos sólo siguieron al Evangelio: «Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura». Y así conquistaron el mundo lleno de injusticias. Pusieron la Justicia de Dios en medio de un mundo sin justicia. Monseñor Romero sólo buscó el reino temporal, la promoción humana, la fama del pueblo. Y por esa gloria humana, por ser voz del pueblo, murió. No murió por cristo, murió por sus malditos pobres.

Y ahora, un maldito lo hace mártir y beato. Por supuesto, que es un falso mártir y un falso santo. Pero queda la obra de ese maldito, al que muchos llaman su papa.

«Por sus obras los conoceréis»: si no conocen por las obras que hace Bergoglio lo que es Bergoglio, es que están pervertidos en la mente como él lo está.

Si les cuesta llamar a Bergoglio por su nombre, usurpador, es que trabajan para él dentro de la Iglesia.

Después de dos largos años todavía hay católicos que dudan de Bergoglio: y hoy están con él, y mañana en contra de él. Esto sólo señala una cosa: la tibieza espiritual en que viven muchos católicos. Y a los tibios, Dios los vomita.

Radcliffem

En la iglesia de los herejes y de los comunistas se nombra a un conocido hereje, que apoya el matrimonio homosexual, como Consejero Pontifico para la justicia y la paz, a Timothy Radcliffe:

«Y podemos presumir que Dios continuará llamando tanto a homosexuales como a heterosexuales al sacerdocio porque la iglesia necesita los dones de ambos» Timothy Radcliffe – En “The Tablet”).

La cara de este maldito es, claramente, la de un maricón. Su alma, por tanto, le pertenece al demonio. Y vive para él, para hacer las obras de su padre.

«Si la feminización de la Iglesia continúa, los hombres buscarán el alimento de su espiritualidad fuera de las iglesias, en las falsas e inadecuadas religiones, con las consecuencias mayores del daño a la Iglesia y a la sociedad» (Leon Podles – The Church Impotent: The Feminization of Christianity).

Una Iglesia de maricones, de hombres homosexuales, aleja a los varones, los despide. Y daña a toda la sociedad, a todo el mundo.

La misión del hombre es engendrar vida, dominar la vida, dar a la vida el camino de la verdad.

En una iglesia y en una sociedad de homosexuales, la misión de esos hombres es anular la vida, ser dominados por todas las cosas de la vida, y presentar al mundo el camino de la mentira.

Jesús puso Su Iglesia en Obispos varones, no en Obispos maricones. La Iglesia es de hombres, no de maricones. La Iglesia necesita a los varones, hombres heterosexuales, que tienen lo que un hombre tiene que tener: el amor varonil a Dios y a las almas. El amor verdadero a su naturaleza humana, un amor en la ley natural.

Un maricón no conoce ni su alma ni a Su Creador. Un sacerdote maricón no puede cuidar las almas, no puede alejarlas de los muchos peligros que tiene la vida, porque vive en los mismos peligros, dominados por ellos.

bergogliomaricon

Bergoglio es un Obispo maricón que se rodea de maricones. Un Obispo sin ley divina, que ha echado por tierra la ley natural y que sólo vive  de lo que su mente, a diario, le va descubriendo.

La iglesia de Bergoglio es la iglesia de los maricones. Y esa no es la Iglesia de Cristo. Una iglesia que destruye la verdad, el matrimonio, la familia y toda la sociedad.

«Los intentos actuales, dentro de las casi todas denominaciones cristianas, para normalizar la homosexualidad, más que otra cosa, convence a los hombres heterosexuales de que la religión hay que mantenerla a gran distancia» (Ib).

¡Qué gran verdad!

La religión de Bergoglio: hay que mantenerla a gran distancia. En ella no hay varones, no hay hombres hechos y derechos. No hay hombres que amen la verdad, que luchen por la verdad, que sean testimonio de la verdad. Sólo hay mujercitas, que lloran por sus estúpidas vidas de coqueteo con los hombres y con el mundo.

Allí donde está el maricón, no está ni el sacerdocio ni la familia católica. Se destruye la jerarquía, el matrimonio y se tergiversa la función de la mujer en la Iglesia, en el matrimonio y en la sociedad.

«Las Iglesia católicas que cultivan una atmósfera gay (servicios especiales arquidiocesanos para gays y lesbianas, coros gays, charlas en las escuelas para la tolerancia gay) mantienen a los hombres heterosexuales lejos. El miedo de la afeminación es una de las motivaciones más fuertes en los hombres que, a veces, prefieren morir que aparecer afeminados» (Ib).

La agenda de los sodomitas es la agenda de Bergoglio. Y es lo que se está comenzando a enseñar desde los púlpitos. Ya hay Obispos a favor de las relaciones sodomitas, como este sujeto Radcliffe.

El Obispo Cordoba en Colombia, el cardenal Nichols en Londres ofreciendo misas para los grupos “soho LGBT catolicos”. El Cardenal Dolan en Nueva york aprobó los desfiles de sodomitas para representar la Iglesia para las fiestas de San Patricio.

En Suiza la mayoría de “catolicos” votaron para que se aprueben las uniones de homosexuales.

El lema de esta agenda diabólica es: aprobar las “uniones” homosexuales, pero no calificarlo como “matrimonio”. Todo esto bajo el manto de la “divina misericordia y una Iglesia pobre para los pobres”. Primero es la unión de cuerpos, de estilos de vida; después, la unión pervertida en la mente. Crear matrimonios para una perversidad de vida, para una sociedad de perversión absoluta. Y esos matrimonios, esa sociedad, avalados por una iglesia universal.

La Iglesia universal es la iglesia de los maricones, de los comunistas y de los herejes. Esta es la base para que entre todos los demás.

Se anula el pecado y, por lo tanto, la ley divina en todas las cosas; se anula la obra de la Redención y, en consecuencia, se vive buscando un paraíso en la tierra; se anula la verdad y así se comete la blasfemia contra el Espíritu Santo, que es el único que conduce al hombre a la plenitud de la verdad.

Los hombres acaban viviendo para sus ideas en la vida, para sus filosofías, para sus grandiosas teologías, para sus locas y perversas ideas. Consecuencia: los hombres se constituyen en veletas del pensamiento humano, se dan culto a sí mismos y sólo viven para darse gloria a sí mismos.

Poniendo el camino hacia la sociedad globalizada


isisv

«La Iglesia ha perdido su camino y está entrando de lleno en la oscuridad. Esto, hija Mía, ha sido predicho y es un signo del fin de los tiempos. Esto es cuando el último papa surgirá y el mundo se perderá bajo la guía equivocada del falso profeta» (MDM, 14 de Noviembre del 2010).

Nadie cree en los profetas de este tiempo, el tiempo del fin. Y, por no creer, todos viven en la oscuridad que ofrece la mente humana.

La Iglesia ha perdido su camino, que es el camino de la Cruz. No hay una verdad sin cruz. No se puede explicar la verdad sin que el hombre viva el sacrificio de todo lo humano.

La Iglesia está perdida en otros caminos más agradables a los hombres, más cómodos. Y, por eso, la Iglesia entra de lleno, se sumerge en la tiniebla del pecado.

El pecado es la obra del demonio, quien es «matador de hombres desde el principio» (Jn 8, 44). Satán mata. El pecado es muerte.

Ahí tienen a ISIS: la obra de Satán en el mundo. Matar hombres, aniquilarlos. Para eso viven porque en eso han sido adoctrinados por una mente satánica. ISIS es la armada del Anticristo, que batalla contra los hijos de la luz.

«Recen, Mis hijos, el Anticristo está aquí, aquellos que se llaman a sí mismos ISIS son la armada de Satán» (Hijas del Cordero – 4/8/15).

Y la Iglesia calla ante esta obra satánica. El usurpador llama al promotor del terrorismo, Mahmud Abbas, «ángel de paz», cumpliendo así las profecías:

«El Anticristo está ahora listo para revelarse y su plan es este: él esperará hasta que la guerra ruja por todas partes. Luego, él intervendrá y creará una falsa paz en el estado de Israel, juntándolos con Palestina en una improbable alianza. Todo el mundo va a elogiarlo» (MDM – 7 de agosto del 2013).

El reconocimiento del Vaticano a Palestina como Estado es el primer paso para crear una falsa paz entre el estado de Israel y Palestina. Esa falsa alianza no es para ahora. Primero tiene que venir la guerra. Y una guerra atroz, que sea global, que esté por todas partes. Guerra fruto de una crisis económica global. Crisis motivada por el resquebrajamiento total de la Iglesia Católica. Si no hay vida espiritual y moral que sostenga a los hombres, todos se enzarzan en una guerra para sobrevivir en este mundo.

El reconocimiento del vaticano a Palestina como Estado es sólo el inicio de la guerra. Guerra necesaria para que se manifieste el Anticristo.

El Anticristo, «junto con el Falso Profeta, creará una sociedad global, la cual será presentada como la mayor iniciativa humanitaria» (Ib).

Bergoglio está trabajando en eso: en allanar los pasos del Anticristo. Está buscando la manera de engendrar esa sociedad globalizada. Necesita, para eso, una iglesia globalizada. Una iglesia que apruebe el pecado, que lo obre, que se dedique a matar almas.

Por eso, no es de extrañar que ya se vean Obispos que apoyan y defiendan la homosexualidad. Es lo más normal: si obedecen a un falso papa, entonces acaban pensando como él.

Ya está a la vuelta de la esquina el “sí” del vaticano al embajador homosexual en Francia. Hay que adentrarse en la sociedad globalizada. Se necesita que la Iglesia cambie de cara: se muestre global.

La Iglesia perdió el camino: esto fue claramente anunciado en las profecías de la Salette y Fátima. Profecías en las que ya nadie cree. Y son las más importantes. ¿Rezas el Santo Rosario e ignoras lo que la Virgen anuncia al mundo? Esto es un gran pecado en muchos católicos. Y, por ese pecado, por no escuchar a la Virgen, han caído en el engaño. Toda la Jerarquía de la Iglesia ha caído en el engaño por no escuchar a la Madre.

La verdad no está en la Jerarquía sino en la Virgen María. ¡Cuánto cuesta de entender esto!

Es un signo del fin de los tiempos: nadie entiende la verdad, todos atacan a los profetas, todos metidos en la gran tiniebla de la obra de satanás en la Iglesia.

Estamos en el fin de los tiempos.

Tiene que manifestarse el último papa y el falso profeta. El último Papa es el que combate al falso papa, que es el falso profeta del Apocalipsis. Ese falso profeta es el que debe señalar al Anticristo.

El último Papa tiene que emerger, salir de donde está escondido. No es un Papa que ponen los Cardenales en un Cónclave. No es un papable. Es el Papa puesto por el Cielo para guiar a Su Iglesia hacia el Reino Glorioso.

El último Papa es el que señala el camino hacia ese Reino. Y, por lo tanto, es el que lucha contra el falso papa que construye en el mundo, junto al Anticristo, el Paraíso en la tierra: la sociedad globalizada con la iglesia ecuménica.

El último Papa aparecerá después del Gran Aviso. Y el Gran Aviso no se puede dar hasta que el Papa Benedicto XVI no salga del Vaticano y muera.

«Los días de Mi amado Vicario están ahora contados. Él tendrá que dejar el Vaticano antes de que el Gran aviso tenga lugar» (MDM – 1 de Junio 2011).

Sus días están fijados: la muerte del que retiene la manifestación del Inicuo señala el tiempo hacia el Gran Aviso. Una vez producido, entonces aparece el Anticristo, con todo su poder, y el último papa.

Ahora, todo es la preparación para la iglesia universal del falso profeta, que apoya el gobierno mundial del Anticristo.

Ahora, es necesario un falso papa, como Bergoglio, que es la llave para iniciar la iglesia ecuménica. Es el primer falso papa, el cual tiene el Espíritu del falso profeta. Es un falso profeta porque habla el lenguaje del mundo, porque enseña la doctrina del error y porque marca el camino de una falsa espiritualidad y de un falso misticismo.

Bergoglio es el que abre los caminos para el mal. Y no para cualquier mal. Es la dirección que ha de seguirse para establecer la perfección de toda maldad en el mundo.

Este perverso hombre ha hecho muchas cosas que los anteriores papas no hicieron, porque –sencillamente- no había que hacerlas, no era la Voluntad de Dios.

Pero, Bergoglio no continúa el Papado, no es un Papa. Y tampoco es un antipapa. Es un falso papa y un anticristo. Era la tuerca necesaria para empezar a levantar la iglesia que adora al anticristo.

Bergoglio representa al Anticristo, que es el hombre que perderá al mundo en un caos, para llevar a todas las almas -con él- al abismo del infierno.

Y Bergoglio lo representa haciendo el papel de bufón. Es el encargado de divertir, de hacer pasar el tiempo, de enseñar la doctrina del Anticristo. Y lo hace con gestos, con sentimientos agradables, con las obras para la masa. Obras llenas de publicidad, de modismos, de lenguajes oscuros, impregnadas del vicio de la soberbia y del orgullo.

Bergoglio es un truhan que se ocupa de dar una palabra que guste, que agrade, que haga sentir bien a la gente, que haga reír a las masas. Es un tramposo en la Iglesia. Hace trampa con la verdad: predica metiendo mentiras entre verdades.

Mientras Bergoglio hace su papel, Jesús sigue guiando a Su Iglesia con Su Papa.

«Es importante que Mis seguidores se mantengan alerta a cualquier nuevo papa que pueda presentarse, porque él no será de Dios» (MDM – 7 de junio 2011).

Los Cardenales, en Cónclave, ofrecieron a la Iglesia un nuevo papa, Bergoglio. Este hombre no es de Dios. Y hay que estar alerta a un hombre que está enseñando una nueva doctrina para una nueva iglesia.

Ellos reemplazaron «al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo» (MDM – 18 de enero del 2012).

En eso está Bergoglio: en crear una nueva iglesia. Ya ha puesto el fundamento de esa nueva iglesia: su gobierno horizontal. Eso es un cisma dentro de la Iglesia. Nadie lo llama cisma porque todos tienen a Bergoglio como verdadero papa.

¡Este es el gran error de muchos católicos!

No escuchan a los profetas, quedan engañados por el lenguaje oficial de la Jerarquía en la Iglesia. Los Cardenales han puesto a Bergoglio como papa; luego, todo el mundo a tenerlo como papa.

¡Muchos católicos no saben lo que es el discernimiento! ¡Ni siquiera saben pensar rectamente en su vida humana! Muchos ni se han preocupado de lo que es un Papa en la Iglesia. Y ahora viven en la más absoluta oscuridad mental. Es un castigo por su pecado.

En estos momentos de gran confusión, hay que seguir en la obediencia al Papa Benedicto XVI porque es el Papa verdadero hasta su muerte.

¡Esto es lo que cuesta entender! ¿Cómo obedecer a un Papa que no gobierna?

Se le obedece porque es el Papa. Y no hay otra razón. Y hasta que no muera, sigue siendo el Papa verdadero, legítimo.

Es Jesús quien gobierna Su Iglesia. No son los hombres. Jesús no es el juguete del pensamiento de los Cardenales. Es el Rey de la Iglesia, que no tiene que dar explicaciones a ningún Cardenal y a ningún Obispo sobre Su Iglesia.

Jesús sigue gobernando Su Iglesia en el Papa Benedicto XVI.

Benedicto XVI es la cabeza de la Iglesia de Cristo en la tierra: «es el último verdadero Papa en esta Tierra» (MDM – 12 de abril del 2012).

Bergoglio, el mal llamado Francisco, elegido «por miembros dentro de la Iglesia Católica», es «el falso profeta» (Ib).

Son dos cabezas, dos coronas distintas. Son dos iglesias distintas.

La Iglesia de Cristo ya no se muestra en el Vaticano ni en ninguna parroquia del mundo. Está en los corazones fieles a Cristo, que permanecen anclados en la verdad.

Y la única verdad es que Benedicto XVI es el Papa de la Iglesia Católica. No pueden haber dos cabezas.

«…habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo. Sólo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor» (MDM – 22 de julio del 2013).

Es clara la profecía. Pero, nadie la escucha. Luego, todos en el gran engaño.

Los electores de Bergoglio fueron «lobos vestidos de piel de oveja y son miembros del secreto y malvado grupo masónico, dirigido por Satán» (Ib). Pusieron al impostor.

Bergoglio es un usurpador de la Corona de Cristo. Es el que reemplaza, el que sustituye, el que gobierna en lugar del verdadero Papa. Gobierna pero sin el Primado de Jurisdicción: no tiene Autoridad divina para hacer lo que está haciendo.

¡Esto escuece a muchos! ¡Pero es la única verdad!

Bergoglio había sido descartado para ser papa, pero la secta masónica le dio una nueva opción al gobierno de la Iglesia. Lo compró. Y Bergoglio se vendió por unas cuantas monedas, como hace todo judas.

Todo el mundo, desde la Jerarquía hasta los fieles, declara que Bergoglio es verdadero Papa. Esta perversidad en la mente de muchos católicos es su condenación en vida.

Quien sigue a un falso papa va en busca de su propia condenación. Un falso papa jamás va a enseñar el camino de la salvación del alma. Luego, profesar que Bergoglio es verdadero papa es condenarse.

No se puede dirigir la vida hacia un hombre que enseña a dar culto a los hombres. La vida es para obedecer la Verdad, que es Cristo. Y ningún hombre de la Jerarquía es la verdad. Todo sacerdote u Obispo que no enseñe la Verdad, que no ofrezca la misma doctrina de Cristo, es imposible obedecerle.

Por eso, no se puede entender cómo sacerdotes –como Linus Clovis– dicen que se puede juzgar a Bergoglio en cuanto a sus acciones, pero no juzgarlo en cuanto a su oficio de papa.

¡Han caído en la trampa del demonio!

Todo aquel que juzgue las acciones de un Papa lo tiene que juzgarlo como Papa, en su oficio. No se pueden juzgar las acciones del Papa. Se tienen que discernir las acciones del Papa. Porque un Papa nunca está solo en el Papado. Tiene a sus Obispos debajo de él, que lo ayudan en todas las cosas del gobierno de la Iglesia.

Si hay algo mal en las acciones de un Papa, hay que investigar a los demás en esas acciones.

¡Esto nadie lo entiende!¡Pero esto es la base del Papado!

Si es Jesús quien pone un Papa, entonces ese Papa nunca puede llevar al error y a la herejía a la Iglesia. Es cabeza de la verdad. Es la Voz de Cristo en la Iglesia. No es la voz del demonio.

«Nunca piensen que Yo estoy culpando a los muchos Papas que se han sentado en la silla de Pedro. Su Misión ha sido siempre protegida. Muchos Papas han sido prisioneros en la Santa Sede, rodeados por grupos masónicos que no representan a Dios» (MDM – 7 de mayo del 2012).

Cincuenta años esparciendo mentiras en la Iglesia, transformando la liturgia en un culto al hombre. Imponiendo doctrinas de demonios en las cuales se enseña a pecar a las almas. Promocionando un falso ecumenismo para abrir las puertas de la Iglesia al mundo. ¿De quién es la culpa? No de los Papas, sino de los demás. Todos los Obispos que desobedecieron a todos los Papas.

«Sus obras llevaron al colapso de la Iglesia Católica. Esto no fue un accidente. Esto fue deliberadamente y astutamente trazado para destruir la fe de la Iglesia, para destruir el tributo de los católicos ordinarios, al único verdadero Dios» (Ib).

Aquel que juzga sólo las acciones de Bergoglio pero no lo juzga como falso papa, está en un absurdo: lo juzgas porque ves su herejía; pero lo obedeces como papa, lo tienes como papa verdadero. ¡Gran absurdo! ¡Gran oscuridad en la mente de muchos! Porque ya no creen en los profetas, que son los que enseñan la verdad. Y MDM es la profeta del fin de los tiempos. No hay Jerarquía en la Iglesia que pueda enseñar este tiempo a las almas. Porque toda ella ha caído en el gran engaño.

La Iglesia ha perdido el camino de la verdad, que es su camino. Es decir, la Iglesia ha perdido a Cristo. Ya no cree en Cristo, ni en Su Obra, ni en Su Iglesia. Y esto todos los pueden comprobar diariamente en tanta jerarquía que se dedica a poner una vela a Dios y otra al demonio en sus ministerios.

Jerarquía que contemporiza con todo el mundo para sacar provecho de unos y de otros, del mundo y de la Iglesia.

Jerarquía que tiene el aplauso del mundo, su alabanza, porque predica su lenguaje, el propio del error; pero que también disfruta de las glorias que muchos católicos, sin discernimiento, ofrecen a sus obras malditas que hacen en la Iglesia.

Si la Jerarquía se ha extraviado en el camino de la verdad, también los fieles andan errantes, por caminos extraños, siguiendo a esa jerarquía con la boca abierta, asombrados de la nueva espiritualidad, falsa por sus cuatro costados, que enseñan los nuevos y falsos sacerdotes y Obispos.

Hoy todo el mundo está siguiendo sus fábulas, la novedad espiritual de una iglesia sin el camino de la verdad. Se habla de Dios, de Jesús, del amor, de la fraternidad, de la tolerancia, de la misericordia…de tantas palabras vacías…

Se dicen tantas cosas para captar la atención del oyente, pero se les da un nuevo concepto. Se les mete en el lenguaje propio del error: ofrecer una verdad pero sin la sustancia de esa verdad.

Porque es necesario llegar al pensamiento único, propio de una sociedad globalizada. Esta sociedad ya no le interesa Dios como ser real: la trascendencia divina es dejada a un lado. Sólo le interesa la palabra Dios, poniendo un concepto nuevo de Dios. Un concepto que todos puedan admitir. Es un Dios para el hombre, para la mente del hombre, para su vida, para sus obras. No tiene que ser un Dios que imponga una ley, unos mandamientos, un camino de salvación. Tiene que ser un Dios abierto al pensamiento de cada hombre.

La sociedad globalizada sólo se centra en el hombre, se apoya en él, vive permaneciendo en él. Es una sociedad inmanente. No es transcendente. No es una sociedad para más allá de los límites humanos, naturales, carnales, materiales. Los hombres viven en sus conocimientos humanos, que son siempre limitados. Y sabiendo su límite, no quieren conocer más allá del límite. Por esto, esta sociedad globalizada tiene que atacar a todos los profetas verdaderos. Y sólo se queda con los falsos, que hablan el lenguaje inmanente, que es el propio del error.

El hombre que permanece en sí mismo se hace dios de sí mismo. En la sociedad globalizante se deifica al hombre.

Hay que llegar a una forma de pensar única, inmanente. Y no se llega predicando la sustancia de la verdad, sino con un lenguaje atractivo, bello, que gusta, que sea accesible para todo el mundo.

Bergoglio tiene que interpretar el papel de papa, que no le gusta nada. Él prefiere quitarse esos hábitos y ponerse un traje apropiado a la moda que impera en el mundo. Pero le han obligado a representar una obra teatral. Para esto ha nacido.

«Él está haciendo al igual que mi Santo Juan Bautista, anunciando al que ha de llegar, sólo que éste de quien habla es de la Bestia. Está escrito que arrasará a las masas, es buen orador como Hitler, y sabe lo que tiene que decir, y al pueblo le da lo que quiere oír, no lo que está bien sino lo que quiere el populacho. Amén» (Mensajes personales – Enero 2015).

Linus Clovis: “El Efecto Francisco”


linuclovis

«El que no está conmigo está en contra de Mí; y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mt 12, 30).

El Padre Linus F. Clovis es un sacerdote de la Arquidiócesis de Castries, Santa Lucía, en las Indias Occidentales. Estudió para el sacerdocio en el Angelicum de Roma y fue ordenado sacerdote en 1983 por el Beato Papa Juan Pablo II. Es líder del movimiento internacional pro-vida.

En conjunto, estas citas comprenden una transcripción casi completa de la sección media de su charla, pero algunos puntos auxiliares se han quedado fuera, y el texto se ha articulado en párrafos para acentuar aquellos argumentos de mayor énfasis.

■ «El Sínodo de la Familia, el año pasado, hizo sonar las alarmas para muchos Católicos y vimos Obispos contra Obispos y Conferencias Episcopales luchando contra otras Conferencias Episcopales, y en todo esto…, conocemos que el Cielo nos ha dado un aviso. Y, en 1973, en Akita, la profecía reveló “que la obra del demonio se infiltrará dentro de la Iglesia de tal manera que se verán Cardenales contra Cardenales, Obispos contra Obispos” y “los sacerdotes que me veneran serán perseguidos”. Por supuesto, esto es parte y parcela de nuestra experiencia».

■ «Cuando un Obispo – un Obispo Católico – puede aplaudir el pecado públicamente, esto nos pone a temblar (se está refiriendo al Cardenal Dolan). Pero esto es, esencialmente, el “Efecto Francisco”. Éste desarma a los Obispos y a los sacerdotes, especialmente después que el Santo Padre dijo: “¿Quién soy yo para juzgar?”. Yo como sacerdote, celebro Misa, predico y juzgo acerca del pecado, uno quebrantando los diez mandamientos, estaría condenado por juzgar. Sería acusado de ser “más católico que el papa”. Se acostumbra a decir –retóricamente- “¿es el Papa Católico?” Esto ya no es gracioso».

■ «La Obediencia se debe al Papa, pero el Papa debe obediencia a la Palabra de Dios y a la Tradición apostólica. Tenemos que obedecer al Papa, pero el mismo Papa tiene que obedecer a la Palabra escrita. Él debe obedecer la Tradición. Debe responder a la inspiración del Espíritu Santo. La Obediencia se debe al Papa, pero es el deber del Papa dar carácter de posibilidad a esta obediencia. El Papa tiene que facilitar nuestra obediencia a él, siendo él obediente a la Palabra de Dios. El Papa Félix III nos dijo: “un error que no se ha resistido es aprobado. Una verdad que no es defendida es suprimida”. Así que tenemos la obligación de resistir al error, y debemos hacer todo lo que podamos para promover la verdad».

■ «En otro tiempo, hemos estado preocupados por otros papas, incluso por San Juan Pablo, con las cosas que ha hecho las cuales nos han hecho sentir incómodos; no creo que… el Papa Francisco haya hecho otra cosa más que desconcertarnos. Él, literalmente, nos ha dejado en la estacada (= repentinamente nos ha restado la ayuda o el soporte, o ha hecho cosas que han sido causas de problemas para nosotros). Y así, él es la razón, las muchas razones por las cuales estamos preocupados. Nuestro Señor nos dice en el Evangelio de San Juan, capítulo 15: “Si el mundo os aborrece, sabed que Me aborreció a Mí primero que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que Yo os escogí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que Yo os he dicho: No es el siervo mayor que su Señor. Si a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado Mi Palabra, también guardarán la vuestra”. Los papas son odiados, y yo no creo que tengamos un problema con esto per se. No nos gusta. Pero creo que será correcto decir que preferimos que nuestros papas sean odiados por el mundo que amados por el mundo. Porque si él es amado por el mundo, indica que él está hablando el lenguaje del mundo. Y sabemos que no puede haber una relación, una comunión,  entre la luz y la tiniebla. San Pablo nos habla de esto».

■ «Los enemigos tradicionales de la Iglesia – y esto se vocaliza, se articula en el Time Magazine, Rolling Stone, The Advocate, etc… – lo aprueban; él ha aparecido en sus portadas muchas veces en los últimos dos años. Me encontré con una cita de alguien que lo conocía en la Argentina. “Al parecer, le encanta ser amado por todos y complacer a todos, así que un día él puede hacer un discurso en la televisión en contra del aborto, y al día siguiente, en el mismo programa de televisión, bendecir a las feministas pro-aborto de la Plaza de Mayo; él puede dar un maravilloso discurso en contra de los masones y, unas horas más tarde, estar comiendo y bebiendo con ellos en el Club Rotario”».

■ «Así que, ¿cómo se puede tomar una decisión acerca de un hombre como éste, que es amigo de todo el mundo? Nuestro Señor nos dice: “Sin embargo” -esto está en el capítulo 12 del Evangelio de San Juan – “Sin embargo, aun muchos de los jefes creyeron en Él, [esto es en Nuestro Señor], pero por causa de los fariseos no lo confesaban, temiendo ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la Gloria de Dios”. ¿Estoy haciendo juicio? No pienso así. Estoy citando la Escritura. Cuando el dado cae, déjalo rodar».

■ «El Santo Padre ha hecho muchas cosas polémicas, y estamos preocupados de las más importantes, no de las aberraciones que surgen de ellas. Y la que más dejará huellas, supongo,  en el Juicio Final, es “¿Quién soy yo para juzgar?“. Uno de los… efectos que el Santo Padre hace es que él toma la idea preconcebida común contra los católicos, y la usa en contra de nosotros. En otras palabras, él está aceptando lo que se percibe, nuestra postura de ser, como si fuera verdad. La Iglesia no juzga a las personas. La Iglesia juzga las acciones y enseñanzas. Incluso a los herejes. Lutero no fue condenado por su vida moral personal. Fue condenado por su enseñanza. Su doctrina. Y así con todos los demás herejes. Arrio. Fue su enseñanza lo que la Iglesia juzgó. Y tiene la autoridad para juzgar. Pero cuando el Papa dice: “¿Quién soy yo para juzgar?”, él está dando la impresión de que la Iglesia juzga los individuos a causa de lo que ellos son y… lo que están haciendo en sus vidas personales. Y esto es para la confesión».

■ «La Escritura nos dice, muy claramente, en la 1 de Corintios, capítulo 5 – San Pablo está escribiendo a la Iglesia de Corinto porque han aceptado a un hombre que es culpable de inmoralidad. Y el Apóstol, escribe: “Lo que ahora os escribo es que no os mezcléis con ninguno que, llevando el nombre de hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con éstos, ni comer; ¿pues qué a mí juzgar a los de fuera?”. ¡Ahá! “¿Qué a mí juzgar a los de fuera? ¿No es a los de dentro a quienes os toca juzgar? Dios juzgará a los de fuera; vosotros extirpad el mal de entre vosotros mismos”. Así, ¿cómo puede el Sucesor de Pedro, decir: “Quién soy yo para juzgar” sin contradecir la Escritura?».

■ «Él se queja de que hablamos mucho del aborto y la contracepción. Bien… ¿Lo hacemos? De nuevo, el Apóstol nos dice: “arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina”. Por lo tanto, tenemos la obligación de hablar de esos pecados por los que el castigo es la condenación eterna en el infierno. Nosotros estamos hablando acerca de la salvación de las almas. El Código de Derecho Canónico termina así: “el mayor bien es la salvación de las almas”. Y esto es por lo que Cristo fundó Su Iglesia: para salvar las almas».

■ «La expresión “no debemos ser como conejos” fue un insulto a todas las madres católicas. Aquellas que…han perdido sus vidas, han ofrecido sus vidas, y han dado sus vidas por sus hijos, y sobre todo, por el Evangelio».

■ «Nuestra preocupación es, por supuesto, por el Sínodo próximo y lo que parece ser la aprobación para llevar la comunión a los divorciados vueltos a casar. Esto va a ser un duro golpe a la Iglesia y a los fieles. Debido a que ya ha causado mucha confusión y malentendidos. Incluso en mi experiencia pastoral he encontrado mujeres que han dicho… una madre, su hijo divorciado, vuelto a casar, y dice: “Bueno, el Santo Padre le permite la comunión, ¿no es así? No creo que sea lo correcto, padre, pero el Papa…”. Tenemos este problema ya… Y vemos el patrón, está hecho por la Humanae Vitae… Está ahí decidido en el ambiente, y por supuesto que va a… convertirse en ley. Pueden preparar esto. Así, que realmente se necesita tener los ojos firmemente fijos en el Cielo, suplicando al Cielo, para guiar a nuestros obispos».

■ «Hay rumores de la relajación pastoral de la Humanae Vitae… no se va a contradecir, no se va a quitar, no se va a ampliar. Lo cual es mucho más mortífero. Porque hemos presentado algo que es malvado como si fuera bueno. Y estamos construyendo esta maldad en una buena base».

■ «¡Nosotros amamos al papa! Él es nuestro padre. Él es nuestro dulce Cristo en la Tierra. Hay una preocupación entre los Católicos que están confundidos y temerosos. Y nosotros -y ellos- no deseamos criticar, o todavía peor, juzgar al papa. Pero, de nuevo, estamos juzgando no a su persona, no a su cargo, sino a los resultados de sus acciones. Y no lo hacemos con indignación. Porque lo que él está haciendo es la causa de nuestra indignación.  Y esto es una amenaza a nuestra fe. Y es una amenaza a la Iglesia. Y es un peligro a la salvación de las almas».

■ «Así que, ¿podemos juzgar las acciones del papa? Sí, podemos. Tenemos, nada menos que al Apóstol de los gentiles, San Pablo, que escribe a los Gálatas. Y él dice: “Pero cuando Cefas fue a Antioquía, en su misma cara le resistí, porque se había hecho reprensible. Pues antes de venir algunos de los de Santiago, comía con los gentiles; pero en cuanto aquellos llegaron, se retraía y apartaba por miedo a los de la circuncisión. Y consintieron con él en la misma simulación. Pero cuando yo vi que no caminaban rectamente según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”. Y esto es a lo que nos enfrentamos hoy. Tenemos prominentes Cardenales que toman una postura anticatólica en cuestiones morales. Lo cual pensamos que ellos ya han resuelto su posición. Tenemos al Santo Padre que él mismo da la sensación que los apoya. Les da su bendición. ¿Y qué es lo que dijo San Pablo? ¡Bernabé! La mano derecha de san Pablo se dejó llevar de la insinceridad. Así, muchos Obispos – y por supuesto, Dios, tenemos todavía muchos buenos Obispos- cuando ellos ven esto, ellos también se dejan llevar…, y esto es por qué creo que la sugerencia se hace tan, tan importante, que deberíamos circular nuestro material a los Obispos, y a los sacerdotes – especialmente a los sacerdotes».

■ «Tenemos el ejemplo de la historia, Juan XXII, que enseñaba que los bienaventurados no veían a Dios hasta después del Juicio General. Él se opuso a los teólogos de la Universidad de Paris. A los cardenales y obispos e incluso a los reyes. Así que estos fueron… tenemos los sabios, los intelectuales, los teólogos, que sabían lo que estaba pasando y fueron capaces de oponerse al papa. Y por supuesto, tenemos los que tienen autoridad, los obispos. Y tenemos los laicos, como así también los reyes».

■ «El Código de Derecho Canónico también nos habla que tenemos el derecho de expresar nuestra opinión en el Canon 212, sección 3: “Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, -y creo que en este encuentro… estamos mostrando nuestro conocimiento, el hecho de que somos responsables de diversas organizaciones, nuestra competencia y nuestro prestigio – de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas”. Y esto es muy importante. Tenemos, en otras palabras, que continuar haciendo público esto».

■ «Ahora podemos decir… – esto ha sido escrito por… Melchor Cano, un famoso teólogo español del siglo XVI – “Aquéllos que, ciega e indiscriminadamente defienden todas y cada una de las decisiones del supremo Pontífice son los que más están haciendo por socavar la autoridad de la Santa Sede; destruyen, en lugar de fortalecer, sus cimientos. Pedro no tiene necesidad de nuestras mentiras ni de nuestra adulación”. En otras palabras, debemos estar vigilantes. Debemos ser objetivos en nuestro enfoque de la presente crisis en la Iglesia».

Ver la conferencia completa en inglés

Bergoglio: corrompiendo la mente de los niños


loboyenemigodedios3

«La religión…sobre todo nos ayuda – todas las religiones, porque todas tienen un mandamiento que es común – a amar al prójimo. Y este “amar al prójimo” nos ayuda a todos para la paz.  Nos ayuda a todo a hacer la paz, a avanzar hacia la paz» (Vaticana en italianoVISZenitRadio Vaticana).

Todas las religiones tienen un mandamiento común: amar al prójimo.

Esta es la blasfemia dicha a los niños para sembrarles, en sus mentes, la herejía y la apostasía de la fe.

El amor, entendido en el lenguaje humano, es la base del falso ecumenismo. Un amor que no apela a una verdad, que no señala una verdad, que no guía hacia la verdad.

Es el concepto de amor que cada mente humana se inventa para darle al otro una vida sin sentido, sin finalidad divina, sin camino verdadero.

Trece preguntas, trece respuestas dignas de un protestante.

Pelear es «parte de la vida…pero, al final, lo importante es hacer la paz». No es no pelear; no es quitar ese pecado. No es practicar una virtud para no pelear. Bergoglio no enseña a los niños la vida de piedad, la vida virtuosa, en donde se encuentra la gracia, el don de la paz.

Bergoglio enseña a seguir peleándose, a seguir en el vicio, pero haciendo, al final, la paz: «Sí, discutimos, pero no acabar la jornada sin hacer la paz». Discutir es muy bueno: «A veces, yo tengo razón; el otro se ha equivocado, ¿cómo voy a pedir disculpas? No pido disculpas, pero hago un gesto». No practico un acto de humildad, no me humillo, aunque sepa que llevo razón. «No pido disculpas». Estoy con la cabeza muy alta, porque tengo razón. «Pero hago un gesto» para que «la amistad continúe».

Todo es cuestión de palabras, de gestos, de lenguaje humano apropiado. Nada es practicar las diferentes virtudes para no pelear. Es la pura soberbia lo que enseña a los niños: «Yo he pelado muchas veces, también ahora, me ‘caliento’ un poco, pero trato siempre de hacer las paces. Es humano pelear».

Es de hijos de Dios no pelear. El niño que quiera ir al cielo tiene que no pelear. Y si pelea, debe confesar su pecado. Debe arrepentirse de su pecado. Tiene que expiar su pecado. Bergoglio es incapaz de enseñar esto a los niños.

De esta manera, a base de gestos «se construye la paz cada día». La paz no es el orden divino en el alma; no es el fruto de una obra meritoria que el hombre realiza para gloria de Dios. «La paz es un producto artesanal. Se construye cada día con nuestro trabajo, con nuestra vida, con nuestro amor, con nuestra proximidad, con nuestro querernos bien».

La paz es un producto del hombre, artesanal, pero no es un don de Dios. Es un imperativo categórico: trabaja, vive tu vida, ama como quieras, sé tierno con los demás, haz el bien. La paz no es un homenaje del hombre a Dios, no es una obra que se da a Dios para merecer la paz. Es un homenaje al hombre, es una obra para el hombre, que se alcanza guiado por impulsos y por sentimientos humanos: tu vida, lo que sientas, lo que desees, lo que trabajes, lo que hagas…. No hay una verdad, no hay un camino, no hay una ley que cumplir. Es buscar una paz subjetiva. Es hacer obras que tengan sólo un valor social, cultural, político, pero que no aparezca en ellas ningún valor religioso y moral.

Esto es lo que enseña Bergoglio a los niños. Bergoglio es un trabajador incansable de la vida humana, pero es incapaz de hacer una obra que suponga un mérito para salvarse. No hace obras divinas. No sabe hacerlas porque no cree en la existencia de Dios. No hay religiosidad en Bergoglio. No hay moral. Sólo hay imperativos categóricos. Y, a base de esos imperativos, va construyendo su falsa espiritualidad.

Bergoglio no puede hablar del pecado: «Aquello que quita la paz es el no querernos bien». No es el pecado lo que impide que el alma esté en paz, en la gracia que da el don de la paz. Es el sentimiento del amor: «no querernos bien».

¿Qué es el bien y el mal para Bergoglio? Lo que cada uno tiene en su mente. Es el mal que cada uno se inventa: «Lo que quita la paz es el egoísmo, la envidia, la codicia, el coger las cosas del otro». Estos son males, pero no ofensas a Dios. Son males que la gente hace, pero «estar con la gente es bello, no quita la paz». La gente no peca. Es bello estar con la gente. La gente hace cosas malas. Y eso es lo malo, no la gente. La gente es bella, es santa, es justa, es sagrada. Pero, con su mente, hace cosas malas, que quitan la paz en la sociedad, en las culturas, en las familias, en las diferentes estructuras. Basta un gesto para estar de nuevo en paz, con la gente que es bella.

Así piensa este hombre. El mal siempre es algo estructural, no personal. Algo que el hombre se encuentra en su vida y cae en ello, porque es humano pecar, pelearse, equivocarse.

Bergoglio sólo expone, con sus palabras, la teoría de la justificación de Lutero: el hombre es bello, bueno, está justificado. Pero es imposible eliminar el pecado. Los hombres son santos, pero exteriormente: hacen obras buenas, se quieren unos a otros, viven la vida sin hacer daño a los demás. Pero los hombres no son formalmente justos. Cristo ha quitado el pecado, por lo tanto, el pecado no los condena más, pero permanece en los hombres: se siguen peleando, se siguen matando, etc…Hay que quitar esos males de la sociedad, pero los hombres siguen siendo bellos.

«¿Por qué las personas poderosas no ayudan a la escuela? Se puede hacer la pregunta un poco más grande: ¿Por qué tantas personas poderosas no quieren la paz? Porque viven en las guerras». Viven en su forma de vida: la guerra que da dinero. «Se gana más con la guerra. Se gana el dinero, pero se pierde la vida, se pierde la cultura, se pierde la educación, se pierden muchas cosas. Es por eso, que no la quieren».

La gente con poder, la de la clase alta, no quiere la paz porque quiere la guerra, que trae dinero y poder. El ataque a las clases altas es lo propio de una mente comunista. Ataca el sistema: «la industria de las armas: esto es lo grave». Pero no ataca el pecado personal de cada hombre con poder. Es la industria de las armas, es esa estructura, que está manejada por poderosos que sólo quieren dinero y más poder. Buscan el dinero, pero hacen un mal a la cultura, a la educación, a la vida del planeta. Son gente poderosa que no cuida el medio ambiente porque están cuidando su industria de las armas, su complejo atómico.

Todo es un enfrentamiento de estructuras: se pierde la cultura, hay una cultura de la muerte, una cultura del descarte, porque hay una industria, una cultura del armamento. Esto es siempre Bergoglio: el político, el comunista, el que llora por su estructura del bien común. Pero no sabe poner el dedo en la llaga. No sabe explicar por qué las personas poderosas no ayudan a la escuela. No sabe explicar el origen del mal. No sabe juzgar a las personas, enfrentarse a ellas. Ataca estructuras. Ataca la industria de las armas, pero no ataca a las personas que promueven esas industrias. De esta manera, queda bien con todo el mundo. Hace un discurso propio de un político demagógico. No tanta industria de las armas, más cultura del encuentro.

Por eso, no sabe responder a la pregunta más fácil de todas: «¿por qué sufren los niños?». Y este hombre se queda perplejo, porque no ha comprendido el origen del mal. Él lo ha anulado con su mente humana: el bien y el mal es un invento de la cabeza de cada hombre. Y, por eso, en su idealismo platónico, tiene que decir: «sólo se puede alzar los ojos al cielo y esperar una respuesta que no se encuentra». Un hombre lleno de sentimentalismo barato, de emociones vacías, de engaños a la masa que lo escucha.

Una respuesta que no se encuentra: la creación gime con dolores de parto porque espera la redención de la maldición del pecado que cayó sobre ella. He ahí la respuesta. Pero, Bergoglio no cree en el Dios que revela la verdad, que manifiesta las respuestas a los hombres. Bergoglio sólo cree en el dios de su mente. Y, por lo visto, ese dios no es tan sabio como parece: no tiene respuestas a algo tan evidente.

¿Por qué sufren los niños? Por sus pecados, por los pecados de otros, por el demonio que obra en todo hombre, por el mundo que no quiere a los niños.

Es así de sencilla la respuesta. Pero es imposible, para Bergoglio, dar esta respuesta. Se queda en su perplejidad y sólo atina a una cosa: «¿Qué puedo hacer yo porque un niño no sufra o sufra menos? ¡Estar cerca de él! La sociedad debe de tener centros de salud, de curación, centros también de ayuda paliativos para que los niños no sufran».

Estar cerca de él: besarlo, abrazarlo, darle un cariñito. Y que la sociedad ponga centros para que los niños no sufran.

Y Bergoglio no ha comprendido el problema de la vida: el sufrimiento que ningún centro de salud puede quitar, que ninguna caricia humana puede aliviar.

Bergoglio no habla a las almas de los niños. No les enseña la verdad del sufrimiento, porque no cree en la Obra Redentora de Cristo. No cree en el amor que es dolor, el amor que salva en el dolor, el amor que empuja a hacer una obra que merece el cielo por el sufrimiento que acarrea. Bergoglio no está en esta espiritualidad. Él sólo está en su comunismo, en su idea del bien común, del bien de una estructura que quite el sufrimiento y el dolor de la gente. Es el absurdo que se vende desde el Vaticano: ¿cómo quitar el dolor, el sufrimiento? Con un gesto, con una sonrisa, con un gobierno mundial que elimine el dolor de la vida de los hombres y así todos contentos, todos felices.

«Dios lo perdona todo»: Dios es tan bueno, tan misericordioso, tan manga ancha. «Somos nosotros los que no sabemos perdonar». Todo somos buenos ante Dios, pero no somos buenos ante los hombres. ¡Gran paradoja! Si Dios te ha perdonado, entonces has perdonado a tu hermano que te ha hecho mal. Pero si Dios no te ha perdonado, entonces el mal continúa sin expiación, produciendo más males.

La paradoja de Bergoglio: Dios te ha perdonado. Pero, ¿de qué te ha perdonado? De que el pecado no te condene más. Confía en Dios: Dios te ha perdonado. Cuanto más confíes en Dios, más Dios te salva. Cuanto más sientas que Dios te ha perdonado, más puedes hacer lo que quieras. Todo tu problema está en tu mente: no has perdonado al otro: «no saben perdonar al otro». No has alcanzado, con tu mente, la perfección de perdonar, la idea perfecta de perdonar, el concepto sublime de lo que es perdonar.

Y, he aquí a Bergoglio, que lo enseña: «es más fácil llenar las cárceles que ayudar a avanzar a quien se ha equivocado en la vida». No hay justicia en el camino del perdón que busca Bergoglio. No hay que llenar las cárceles de gente que ha hecho el mal. ¿Quién soy yo para juzgar al otro si busca a Dios, si Dios lo ha perdonado, lo ha salvado, si confía en Dios, si siente que Dios lo ha perdonado? No llenes cárceles. «¿La vía más fácil? Vamos a la cárcel. Y no existe el perdón».

Para Bergoglio, el perdón lo tiene que dar la sociedad, la estructura, no la persona. Por eso, «el perdón, ¿qué significa? ¿Estás caído? Álzate. Te ayudo a levantarte, a reinsertarte en la sociedad».

¿Ven, qué monstruosidad?

Hay que reinsertar en la sociedad a todos los asesinos, criminales, herejes, cismáticos, etc… Por eso, es necesario hacer una sociedad que acepte a toda esta calaña. En vez de tenerlos en las cárceles, cumpliendo una justicia merecida, hay que darles un gesto, un beso, un abrazo, una ayuda que no merecen.

Si el pecado no es una ofensa a Dios, entonces la justicia desparece en todos los sentidos, incluso en la sociedad. Y se va en busca de una sociedad perfecta en la que nadie juzgue a nadie, sino que se reinserte a todos sólo por ser una sociedad, una estructura modelo, en donde ya no hay pecado: los hombres han sabido, con sus mentes, cómo se perdona. Han llegado a esa perfección, a ese grado, en el cual perdonan e insertan, de nuevo, al que ha hecho mal en la sociedad. Porque los hombres son bellos: «estar con la gente es bello, no quita la paz». Estar con un asesino es bello. Estar con un hereje es bello. Estar con Lutero en el infierno es bello. Como no sabemos perdonar, entonces no conocemos esta belleza tan singular de las personas que viven todo el día obrando sus malditos pecados.

¡Qué monstruo es Bergoglio!

«Hay que ayudar a los demás a no permanecer caído. Y este es un trabajo muy difícil, porque es fácil desechar por la sociedad a una persona que ha hecho un error y condenarlo a muerte». Las cárceles son estructuras del descarte. No sirven porque no perdonan. Ahí hay gente que la sociedad no quiere, los descarta, porque la sociedad no sabe perdonar. Se anula toda justicia y queda la estupidez de la ternura, la idolatría del perdón.

Así como debes sentir que Dios te ha perdonado, así debes hacer sentir al otro que lo has perdonado: insértalo en tu vida, aunque siga haciendo todo el daño que quiera. No importa: aprende a perdonar cada vez a que te haga un daño. Que el que hace el daño ni pida perdón, ni caiga en la cuenta que ha hecho un daño, ni que se arrepienta de su maldad. Tú perdona y sólo así el otro recapacita. Fuera el arrepentimiento del pecado, porque el pecado sólo existe en la sociedad que fabrica estructuras donde la gente tiene que hacer un mal. Vamos a inventar la fábrica de la paz: fabriquemos una sociedad en la que no haya ningún mal porque todos saben perdonar al que hace un mal.

Esto lo que vende Bergoglio todos los días desde el Vaticano.

¡Qué asco de hombre! ¡Qué mente tan inútil! ¡Qué perversidad de hombre! ¡Cuánto sinvergüenza lo apoya, lo obedece, lo llama su papa!

Un hombre que no sabe enfrentarse a la persona que no quiere hacer la paz con él. Respeta a esa persona porque «tiene dentro de sí, no digo odio, sino un sentimiento contra mí… ¡Respetar!». Bergoglio respeta las ideas de los demás, sus sentimientos, sus vidas. Está abierto a los pensamientos de los demás, pero no los combate. No es capaz de juzgarlos. Los respeta. «No condenar nunca». Es la idea propia del fariseo, del hipócrita. Sabe que el otro le hace daño, pero lo respeta, le da una sonrisa; lo mira mal, pero le sigue respetando. «Yo también puedo hacer los mismos errores que ha hecho él». Yo también puedo tener ese sentimiento de no querer la paz. Hay que ayudar al otro respetándolo, no juzgándolo. No hay que apartarse de él. No hay que olvidarlo. No le pone un camino de justicia. No le hace sufrir. Lo respeta. Esto es propio de gente comodona, que sólo vive buscando su falsa paz, pero que no es capaz de poner un camino de justicia a aquellos que no quieren la paz. Es el quietismo propio de su confianza en Dios. Yo te respeto, que Dios arregle el asunto.

«Todos somos iguales –todos- , pero cuando no se reconoce esta verdad, cuando no se reconoce esta igualdad…esa sociedad es injusta». El pensamiento propio de un masón, que respeta la maldad que otro hace, pero que no la combate, no la juzga porque «todos tenemos los mismos derechos». Tienes el derecho de no buscar la paz conmigo. Te respeto. Eres igual a mí. Y aquel que no reconozca esto, aquel que meta en la cárcel al que adultera, al que roba, al que mata, entonces es injusto. Todos somos iguales. Aquella sociedad que no considere a los hombres como iguales, con derechos, entonces no es justa. Tienes derecho a pelearte, a equivocarte, a matar. Y el otro tiene obligación de saber perdonarte. Porque «todos somos iguales».

La idea masónica de ser dioses. Cada hombre es dios para sí mismo. Y todo está en saber vivir con los demás hombres, que también son dioses para sí mismos.

Y esta es la falsa justicia que predica este hombre: «donde no existe la justicia, no hay paz». Donde no existe una sociedad en la que todos somos iguales, con los mismos derechos, entonces no hay paz.

Y esta frase «donde no existe la justicia, no hay paz», fue coreada por los niños como si fuera un mantra.

¿Qué tiene en la cabeza este hombre?

Un gran desvarío mental. Una gran locura.

«Si oso alzar la voz contra los abusos, intentan cerrarme la boca con el pretexto de que yo, simple monje, no debo juzgar a los Obispos. Pero entonces, ¡ciérrenme también los ojos, para que no vea más lo que se me prohíbe denunciar!» (San Bernardo).

No se puede uno quedar callado ante las barbaridades de este hombre, porque «no todos los Obispos son Obispos. Piensa en Pedro, pero también piensa en Judas» (San Jerónimo).

Bergoglio no es Obispo. Y mucho menos Papa. Es sólo un lobo vestido de oveja que ha abierto a los enemigos de Dios las puertas de la Iglesia. Roma caerá en la más profunda apostasía de todos los tiempos, porque los católicos no quieren defender la Iglesia de Cristo de los herejes que la gobiernan. Se dedican a reunir firmas para que el hereje no cambie la doctrina. Eso es como pedirle al jefe de ISIS que no mate más personas. Una petición absurda porque se niegan a ver lo que es Bergoglio. Han quedado ciegos para siempre.

Bergoglio es sólo tiniebla para toda la Iglesia


10377011_983036988390439_7207717665023865004_n

«Cuánto quisiera esto, que se tocara la carne de Cristo presente en los necesitados…» (Mensaje a Cáritas en Roma)

Tocar la carne de Cristo, que está presente en los necesitados: ésta es la principal herejía de Bergoglio.

«Es el misterio de la carne de Cristo: no se comprende el amor al prójimo, no se comprende el amor al hermano, si no se comprende este misterio de la Encarnación. Yo amo al hermano porque también él es Cristo, es como Cristo, es la carne de Cristo. Yo amo al pobre, a la viuda, al esclavo, a quien está en la cárcel… Pensemos en el «protocolo» a partir del cual seremos juzgados: Mateo 25. Amo a todos ellos porque estas personas que sufren son la carne de Cristo, y a nosotros que vamos por esta senda de la unidad nos hará bien tocar la carne de Cristo. Ir a las periferias, precisamente donde hay tantas necesidades, o hay —digámoslo mejor— tantos necesitados, tantos necesitados…» (Caserta, lunes 28 de julio 2014).

Bergoglio anula el culto a Dios en Jesús, para poner el culto al hombre: «yo amo al hermano porque…es la carne de Cristo»…«Amo a todos ellos… que sufren… porque… son la carne de Cristo»… «(los) que vamos por esta senda de la unidad nos hará bien tocar la carne de Cristo».

La carne de Cristo es la naturaleza humana de Cristo. Es la propia del Verbo Encarnado. Todo hombre, engendrado de mujer, tiene una carne, que es suya propia. Carne que pertenece a la naturaleza humana, pero es de cada hombre.

En el Misterio de la Encarnación, el Verbo asume una naturaleza humana, pero no asume a todo hombre.

Ésta es la herejía de Bergoglio: en ese misterio se asume a todo hombre. El hombre queda divinizado en la carne. Por eso, Bergoglio puede decir, según su herejía, la idolatría:

«Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración del mismo modo que cuando entra el Señor».(Mensaje a Cáritas en Roma)

Su herejía le lleva a la idolatría. La idolatría es el culto al hombre. Es decir, es anular el culto a Dios. Es interpretarlo de una manera humana, con un lenguaje apropiado, lleno de errores, de oscuridades, en donde sólo el amor al hombre está presente.

Es habitual en Bergoglio hablar de muchas cosas, tratar muchos temas y no centrarse en el culto a Dios, en la adoración a Dios. Su hablar siempre hace referencia a su principal herejía: tocar la carne de Cristo en los hombres.

Todo hombre, para Bergoglio, es dios, es santo, es justo, es bueno. Al igual que todo lo creado. Todo participa de Dios, pero no por la gracia, no por la Presencia Omnipotente de Dios en todo lo creado, sino porque realmente las cosas son divinas.

Es su herejía del panenteísmo, que se ve en la fraternidad:

«Como hermanos y hermanas, todas las personas están por naturaleza relacionadas con las demás, de las que se diferencian pero con las que comparten el mismo origen, naturaleza y dignidad. Gracias a ello la fraternidad crea la red de relaciones fundamentales para la construcción de la familia humana creada por Dios» (Mensaje para la Jornada mundial de la paz del 2015, 8 de diciembre del 2014).

Es la fraternidad, es esa relación entre los hombres por tener una misma naturaleza humana, por compartir el mismo origen, por tener la dignidad de persona humana, la que crea una red de comunicación, de relaciones entre los hombres.

Para Bergoglio, Dios  «creó los seres humanos y los dejó desarrollarse según las leyes internas que Él dio a cada uno, para que se desarrollase, para que llegase a la propia plenitud» (Discurso a la Academia Pontificia de Ciencias, 27 de octubre de 2014).

Bergoglio anula la Omnipotencia de Dios en el acto creador y el atributo de su Perfección, poniendo en todo lo creado un evolucionismo, que va desarrollando todas las cosas hacia su perfección, hacia su plenitud, de acuerdo a unas leyes internas. Dios no crea las cosas perfectas, sino de un modo imperfecto. No tiene ese poder para crearlo todo en su plenitud: «Cuando leemos en el Génesis el relato de la creación corremos el riesgo de imaginar que Dios haya sido un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas. Pero no es así» (Ib).

Por eso, cuando habla de la fraternidad, está hablando de una ley interna que Dios ha puesto en el hombre cuando lo ha creado. Y esa ley interna de la fraternidad lleva al hombre hacia su plenitud.

La familia humana nace de la fraternidad original. Este es su panenteísmo: la imagen y semejanza de Dios, en la creación del hombre, la tiene todo hombre, gracias a la fraternidad.

Adán y Eva crearon la primera fraternidad: «Hizo que Adán y Eva fueran padres, los cuales, cumpliendo la bendición de Dios de ser fecundos y multiplicarse, concibieron la primera fraternidad, la de Caín y Abel. Caín y Abel eran hermanos, porque vienen del mismo vientre, y por lo tanto tienen el mismo origen, naturaleza y dignidad de sus padres, creados a imagen y semejanza de Dios» (Mensaje para la Jornada mundial de la paz del 2015, 8 de diciembre del 2014).

Adán y Eva no concibieron la primera fraternidad: no pudieron concebir hijos como Dios lo quería. Los concibieron en el pecado de Adán, por la astucia de Eva, engañada por el demonio. Luego, los hijos que tienen no pueden ser fraternales. No son hermanos y hermanas como Dios los quería. Vienen de la misma carne y sangre, pero no del Espíritu.

Y «lo que nace de la carne, carne es» (Jn 3, 14). Caín y Abel son carne. No tienen el Espíritu de Dios. Luego, no pueden amarse en Dios, según el amor de Dios. Consecuencia, es necesario que uno mate al otro, porque si no hay amor de Dios, tampoco hay amor al hermano, es imposible obrar este amor.

Esta verdad es la que niega constantemente Bergoglio. Porque él se centra en su idea de la fraternidad, como ley interna que lleva a la plenitud a todo hombre. Por esa ley interna, Adán y Eva conciben hijos fraternales, hijos que son hermanos.

Y el pecado de Caín es un error al pensamiento de la fraternidad: «El asesinato de Abel por parte de Caín deja constancia trágicamente del rechazo radical de la vocación a ser hermanos» (Ib). Su pecado no es una ofensa a Dios, sino un rechazo a la vocación de ser hermanos, un rechazo a la ley interna de la fraternidad, que rige en todo hombre, la cual le lleva a su plenitud.

Esta vocación la renueva Cristo en el misterio de la Encarnación. Quien cree en Cristo, entra de nuevo en la fraternidad: «Todos los que respondieron con la fe y la vida a esta predicación de Pedro entraron en la fraternidad de la primera comunidad cristiana» (Ib). La obra de Cristo es, para Bergoglio, volver al origen de la primera fraternidad. Y, además, se hace eso por medio de un imperativo: «El ser hijo de Dios responde al imperativo de la conversión» (Ib).

Ya el ser hijo de Dios no es un don de la gracia, sino un imperativo: o te conviertes, o cambias de mentalidad, o no entras en la fraternidad.

Es un imperativo al modo de pensar humano: hay que convertirse, hay que predicar el Evangelio según los tiempos, según las culturas, según la perfección de la mente humana. De esta manera, se encuentra la perfección de la ley de la fraternidad, que Caín rechazó. No tenía alguien que le predicara, que le mostrara el evangelio de la fraternidad. Cristo viene a trae de nuevo la palabra mágica -fraternidad- que el olvidó en el Paraíso. Y la pone en su misma carne, la obra con su misma carne.

Adán y Eva concibieron el amor al prójimo, pero Caín rechazó esta vocación. Tuvo un error en la mente. Su mente no era perfecta en la ley de la fraternidad. Dios creó a Adán, pero no es un mago. No lo crea en perfección, sino con unas leyes internas que van llevando al hombre hacia su plenitud. De esa manera, Bergoglio explica el pecado de Adán y el todos los demás hombres. Hasta llegar a Cristo, que pone en el hombre el amor que ya no pasa, que es para siempre. Lo pone en la carne del hombre.

Lo tienen en cualquier homilía:

«El mandamiento de Cristo es nuevo porque Él primero lo ha realizado, le ha dado carne, y así la ley del amor está escrita una vez para siempre en el corazón del hombre…Jesús ha demostrado que el amor de Dios se obra en el amor al prójimo…Es un amor redentor, liberado del egoísmo. Un amor que dona a nuestro corazón la alegría…» (Regina Coeli, 10 de mayo del 2015

Cristo ha dado carne a su amor: lo ha materializado, lo ha puesto en el corazón del hombre. Y para siempre.

Este es el desvarío de este hombre.

«Yo pondré Mi Ley en ellos, y la escribiré en su corazón, y seré su Dios y ellos serán Mi Pueblo» (Jer 31, 33).

Jesús no da carne a su amor, sino que obra en su naturaleza humana el amor de Su Padre, el amor divino. Su mente humana tiene la idea divina, piensa lo divino. No puede apoyarse en ninguna idea humana. Su voluntad humana obra aquella idea divina, aquello que es Voluntad de Dios. La pone en acto. Y su carne humana es el instrumento para que se pueda obrar la idea divina, el Pensamiento de Su Padre.

Jesús nunca da carne a su amor. Jesús usa su carne humana para una obra divina.

En el panenteísmo de Bergoglio, la carne es algo divino. La carne misma obra lo divino, no es instrumento de lo divino. Por eso, Bergoglio tiene que caer en su idolatría, de manera necesaria.

Dios pone la Ley Eterna en la naturaleza humana: todo hombre tiene que regirse por esta Ley para ser de Dios, para adorar a Dios, para obrar el amor de Dios en su vida.

Dios pone en el corazón la gracia divina, la vida de Dios, para que el alma participe de la divinidad: sea Dios por participación, sea hijo de Dios por gracia, no por naturaleza.

El hombre ya ha perdido la imagen y semejanza de Dios, por el pecado de Adán: ya no es Dios por creación. Sólo es Dios por participación de la gracia divina.

Pero la gracia se puede perder por el pecado personal de cada hombre. Por eso, no está escrita para siempre en el corazón del hombre. Bergoglio siempre anula el pecado. Y, por tanto, pone al hombre como si fuera un dios, como si fuera un ser que nunca ha perdido la semejanza con Dios.

Dios crea al hombre a imagen y semejanza. Pero el hombre perdió las dos cosas: la imagen y la semejanza en su pecado.

Bergoglio, al poner la ley del amor escrita para siempre en el corazón, tiene que hablar de un amor redentor, liberado del egoísmo. Y, por eso, tiene que decir: el amor de Dios se obra en el amor al prójimo.

¡Gran disparate!

El amor de Dios se obra por sí mismo, en sí mismo, desde sí mismo. Nunca Dios obra en el otro, en el prójimo, desde el hombre, con el hombre.

Dios obra su Amor sin necesidad de nada ni de nadie.

Como Dios ha obrado todo por Su Amor, Dios da su Amor a todo lo creado. Pero, este dar Su Amor no es sacar lo creado de sí mismo, de lo divino. Dios lo crea todo de la nada, es decir, no existe el ser de nada.

El hombre es nada para Dios. La Creación es nada para Dios. No es algo. No pertenece a Dios. Es nada. Y de la nada, Dios saca todo lo creado.

Dios sólo se ama a Sí mismo. No ama nada fuera de Sí Mismo. Y cuando decide crear al hombre, pone en el hombre creado la capacidad para amar. Y esa capacidad es el Poder del Amor Divino, que sólo se puede obrar en la gracia y en el Espíritu.

Por eso, el amor de Dios se obra con la gracia, y así se realiza un amor al prójimo. El amor de Dios no se obra en el amor al prójimo. Se obra en la gracia, en la vida divina. La ley del amor necesita la ley de la gracia, en el corazón del hombre. Quien viva en el pecado, no puede ni amar a Dios ni amar al prójimo como a sí mismo. Hará un bien natural, un bien humano, un bien carnal, que no tiene la capacidad para salvar su alma, para poner la Voluntad de Dios en el otro. El que peca no puede amar a Dios. Sólo se ama a sí mismo en su obra de pecado.

Para Bergoglio, amor de Dios y amor al prójimo son dos cosas iguales: se confunden, se mezclan, se anulan. Es la ley de la fraternidad, que ha llegado a su plenitud con Cristo. En Cristo, amar a Dios es amar al prójimo. Es el lenguaje que él constantemente emplea para confundir a las almas que no conocen su fe. Es un imperativo moral: si amas a Dios tienes que amar al prójimo.

Nunca Bergoglio enseña el camino para amar al prójimo: que es usar la gracia divina, que es en la vida divina, en la Mente de Cristo, en los mandamientos de Dios.

Por eso, Bergoglio enseña su nueva y falsa espiritualidad:

«¡Jamás hay que negar el Bautismo a quien lo pide!» (Homilía del 26 de abril del 2015)

Una espiritualidad sin discernimiento espiritual, porque «el amor de Dios se obra en el amor al prójimo». El amor de Dios no es una Ley Eterna en la naturaleza humana. Todos los hombres son hermanos, han sido concebidos en la fraternidad. Es la ley interna de la fraternidad. Por lo tanto, en todos los hombres está la carne de Cristo. No niegues la carne de Cristo negando el bautismo a tu hermano de carne y sangre.

«En el confesonario estaréis para perdonar, no para condenar» (Ib). Es una espiritualidad amorfa, sin justicia, sin rectitud. Es un perdón que no sirve para nada porque no juzga nada, no condena nada.

El perdón al prójimo viene del amor que juzga, del amor que castiga, del amor que es recto, del que ama en la verdad de la vida.

En la espiritualidad de Bergoglio, el amor de Dios es en el amor al prójimo: está condicionado por el amor al prójimo; depende del amor al prójimo; está limitado por el amor al prójimo. Y como el prójimo es tu hermano, entonces no puedes condenarlo. Tienes que ir a la plenitud de la fraternidad, para que no seas como Caín, que rechazó la vocación – la ley interna de su naturaleza humana- que tenía escrita  en su interior.

Así, los nuevos sacerdotes, que son falsamente ordenados por Bergoglio, se hacen voz del pueblo:

«Al celebrar los sagrados ritos y elevando en los diversas horas del día la oración de alabanza y de súplica, os haréis voz del pueblo de Dios y de toda la humanidad» (Ib).

Ya no son la voz de Dios al pueblo, a toda la humanidad. Ya no enseñan la verdad divina al pueblo, sino que hablan lo que el pueblo quiere escuchar. Son los servidores del pueblo, los instrumentos del pueblo, los veletas del pensamiento de los hombres.

Es así como se va formando el cuerpo místico del Anticristo.

Primero, haciendo de la gracia un saco roto. Ya no se vive en muchas almas la gracia de cada sacramento. Sólo se viven palabras humanas, lenguaje humano, imperativos morales: jamás niegues el bautismo, no juzgues cuando confieses, conviértete…

Una vez que los hombres hacen de los Sacramentos algo –un lenguaje- que no sirve para nada, viene el cambio en la liturgia de los sacramentos. Y aparecerán los nuevos sacramentos, que son sólo burdas imitaciones de la verdad. Pronto se van a ver estos nuevos sacramentos.

Ya, de hecho, hay sacerdotes que empiezan a confesar a través del teléfono, de las redes sociales. Ya se hace una caricatura del Sacramento de la Penitencia. Ya no hay que ir en busca del sacerdote, lo que supone una penitencia, en muchos casos, sino que con un dedo, con un botón, lo encuentras al momento, y te da una falsa absolución.

Es la revolución de la estupidez.

Mucha es la Jerarquía que calla ante las palabras de Bergoglio. Y se hacen estúpidos, como lo es Bergoglio.

Y muchos son los fieles auténticamente estúpidos, que se creen todas las palabras bellas de ese bastardo de la Sagrada Escritura, que es Bergoglio.

Bergoglio es tiniebla:

«Queridos hijos, rezad con el corazón y no os apartéis de la verdad. Llegará un día en que habrá desprecio en la Casa de Dios y lo sagrado será lanzado fuera. Un Xino estará en el Trono, contrariando a muchos, pero Dios es el Señor de la Verdad. Lo que os digo ahora, no lo podéis comprender, pero un día os será revelado y todo estará claro para vosotros. El espejo: éste es el misterio. Como criaturas, confiad. Como siervos, sed fieles. Dios está controlándolo todo…» (04.04.2005 – Mensagem de Nossa Senhora, n° 2.505)

Bergoglio es el Xino. La palabra Xino hay que leerla en el espejo, delante de un espejo: Onix.

La palabra Onix viene del griego o-νυξ, que significa la noche, la tiniebla, la oscuridad, la calamidad, la desgracia.

Esto es Bergoglio: una desgracia para toda la Iglesia. Una luz que no ilumina. Una tiniebla que combate, que persigue la luz. Una piedra negra, como el ónix, que brilla por lo exterior que da, en la superficialidad de la vida, para aparentar una riqueza que no se tiene.

Bergoglio está en el trono para contrariar a muchos, para producir confusión y división en todas partes. Pero Dios es el Dueño de la Verdad. Por eso, Bergoglio sólo puede hablar sus estupideces todos los días, pero no las puede poner en ley. No puede obligar a los demás a seguir sus idioteces. Quien lo sigue es porque es idiota, como él; porque vive lo mismo que ese sujeto, piensa lo mismo, porque tiene su negocio en la Iglesia –y no quiere soltarlo- como Bergoglio.

Bergoglio es la tuerca necesaria que el demonio necesitaba para poner su camino de destrucción de la Iglesia. Ahora, vendrá el que, de verdad, rompa la autoridad papal y deje a la Iglesia en el abandono más total ante el mundo.

Salgan de lo que se cuece en el Vaticano. Queda poco tiempo para entender los signos de los tiempos. Ya son muy claros. Y hay que vivir la vida de acuerdo a esos signos, que sólo se pueden discernir en el Espíritu.

No quieran conocer el futuro viendo lo que pasa en el Vaticano, porque donde reina el demonio, allí no hay conocimiento de la verdad. Sólo está el error y la mentira, que son la base para inventarse las fábulas que todo el mundo se las traga como verdaderas, como divinas. Bergoglio es un cuenta fábulas. Y no es otra cosa. Cuenta lo que el otro quiere escuchar. Y habla a cada uno en su lenguaje. Por eso, es tan popular. Usa el lenguaje de los necios, el propio que rige en el mundo actual.

En Roma suceden muchas cosas. Pero sólo se da a conocer lo que interesa, lo que vale para la propaganda del nuevo gobierno mundial. Lo demás, lo que no interesa revelarlo, se esconde para así tener un as debajo de la manga.

Como Bergoglio no sirve, hay que cambiarlo. Pero esto no se dice al público. Sino que se da la orden de sostener las palabras heréticas de ese hombre hasta que llegue el tiempo de su renuncia. Se le hace propaganda a ese hereje porque conviene a los planes de todos. Y así como ha sido puesto en el gobierno, por el imperativo de unos pocos, así será quitado, por el imperativo de esa gentuza, que es la jerarquía masónica en Roma.

El cuerpo místico del Anticristo


«Mira con desprecio lo más alto; es Rey de todos los soberbios» (Job 41, 25).

El Anticristo es la cabeza de todos los hijos del demonio, de todos los soberbios.

Nuestro constante enemigo es el diablo. Y hay que pedir al Señor que Él nos libre de la bestia que es más fuerte e inteligente que nosotros. Jesús nos enseñó a pedir al Padre: «Líbranos del malo», es decir, de Satanás.

El demonio siempre habla la mentira, porque es mentiroso. Siempre la obra, porque no puede pensar la verdad. Es padre de la mentira: engendra la mentira en su inteligencia demoniaca. Engendra soberbia.

Y todos los que se ponen bajo su yugo, son mentirosos y obradores de la iniquidad.

Cristo ha derrotado al diablo y ha dado a las almas los instrumentos para que también lo derrote. Arrojar al demonio de la vida es signo de que ha llegado el Reino de Dios. Pero vivir con el demonio en la vida es signo de pertenecer al Reino del Anticristo.

«El Padre nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención y la remisión de los pecados» (Col 1, 13). Pero, son muchos los que viven en la Iglesia bajo el poder de las tinieblas. Y es sólo por culpa de ellos, porque no viven la gracia de los Sacramentos. Se hacen cuerpo místico del Anticristo.

El Sacramento es la acción misma de Jesucristo en el alma: es la obra de Cristo donando  la gracia que necesita el alma.

Las personas se casan, pero no dejan que el Espíritu de Cristo obre en sus matrimonios con la gracia del Sacramento; las personas reciben la Eucaristía, pero impiden que Cristo las una a su vida gloriosa; las personas se bautizan, pero no siguen al Espíritu de filiación para dejar el hombre viejo y transformarse en un hombre nuevo; las personas se confirman, pero no luchan bajo la bandera de Cristo, sino que se pasan al Enemigo con las obras de sus pecados.

En cada Sacramento obra Cristo: es una obra divina, santa, perfecta. Pero, necesita de la colaboración del alma, de su disponibilidad, de la obediencia del alma a la Voluntad de Dios.

Nadie se puede salvar sin los Sacramentos:

«Si alguno dijere que los sacramentos de la Nueva Ley no son necesarios para la salvación, sino superfluos, y que sin ellos o sin el deseo de ellos los hombres alcanzan de Dios la gracia de la justificación sólo por la fe, aunque no todos los sacramentos sean necesarios para cada uno de los hombres, sea anatema» (Conc.Tridentino en la ses. 7 cn. 4 – D 847).

No todos los sacramentos son necesarios para todos los hombres, pero nadie se puede salvar sin los sacramentos.

Los hombres necesitan los Sacramentos para salvarse. No sólo los miembros de la Iglesia Católica, sino todos los demás hombres del mundo. Esta es una verdad que el hombre ha olvidado de contemplar, de meditar, de vivirla.

Por eso, es necesario saber administrar bien los Sacramentos y tener las debidas disposiciones para recibirlos.

Los hombres se condenan, o porque los ministros administran mal los Sacramentos, o porque las almas no los reciben adecuadamente.

Bautizar a un bebé de personas homosexuales o lesbianas, es condenar al bebé. Se recibe el Sacramento del Bautismo, pero no se pone el camino para que ese bebé sea hijo de Dios.

Si la persona homosexual o lesbiana ha convertido su bautismo en una abominación, en un instrumento del demonio; si vive en su hombre viejo, dando culto a sus pecados, en contra de la ley natural, entonces ¿qué va a enseñar al bebé que bautiza? Le va a educar en su mismo pecado, en su misma abominación. ¿Para qué lo bautiza? Para condenarlo.

Nadie se puede salvar sin los Sacramentos; pero es necesario vivirlos, no poner un óbice.

La gracia se confiere al alma en virtud del sacramento, no por la disposición del que lo recibe, no por la obra del que lo administra. Pero el alma no recibe la gracia si hay un impedimento, un obstáculo, ya la conciencia de estado de pecado mortal, ya la falta de arrepentimiento interno.

León XIII (D 1963): «los sacramentos significan la gracia que realizan y realizan la gracia que significan».

Los Sacramentos confieren la gracia que significan. Es la gracia sacramental, que es distinta en cada Sacramento. Cada Sacramento significa una gracia distinta. En cada Sacramento hay un amor distinto, una vida divina distinta, una verdad que cada alma debe buscar y contemplar.

El Bautismo significa la gracia de ser hijo de Dios, de pertenecer a la familia de Dios, de ser regenerado, engendrado de nuevo, nacido de agua y del Espíritu. Con él se entra en el Reino de los Cielos, pero eso no significa estar salvado.

El bebé que se bautiza de un homosexual no está salvado. Entró en el Reino de los Cielos, pero ¿quién le va a enseñar a conquistarlo? Nadie. Va camino de condenación.

Quien no viva este Sacramento, entonces sale del Reino de los Cielos y entra en el Reino del demonio. De participar de la naturaleza divina se pasa a participar de la naturaleza del demonio. El hijo de Dios se transforma en un hijo del demonio.

Sólo hay dos bandos en el mundo: los hijos de Dios y los hijos del demonio. Y están perpetuamente enemistados:

«Pongo perpetua enemistad entre ti y la Mujer. Y entre tu descendencia y la suya. Ésta te aplastará la cabeza, mientras tú le morderás el calcañal» (Gn 3, 15).

La descendencia de los hijos de Dios, que son los que vienen de la Mujer, los que siguen el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, siempre están combatiendo a la descendencia de los hijos de Satanás, que son los que siguen el pecado de herejía, que comenzó en el Paraíso y que se ha ido trasmitiendo, de generación en generación, hasta nuestros días.

Y son los hijos de Dios los que aplastan la cabeza de la herejía de los hijos de Satanás.

Una Iglesia que no luche en contra de la herejía no pertenece al Reino de Dios. Sus miembros no son hijos de Dios, sino hijos de Satanás.

¡Cuántos católicos son hijos de Satanás! Su Bautismo no lo viven: no mueren al hombre viejo, sino viven para obrar el pecado en sus vidas. Esos católicos pertenecen al Anticristo y no pueden salvarse. Sólo por su Bautismo, por no vivirlo, se condenan.

¡Muchas personas no saben lo que son los Sacramentos!

Si no eres capaz de vivir tu Bautismo, entonces no puedes entrar en el Reino de los Cielos. Estás fuera, aunque tengas el sello del Bautismo. Estás viviendo un mundo adecuado a tu vida humana: te casas, comulgas, te confiesas,… pero eres un hombre viejo. Piensas como los hombres, obras como ellos, vives según el estilo mundano, propio de un pagano. ¿De qué te sirven los otros Sacramentos si no eres un hijo de Dios, si no piensas como Dios lo hace, si no obras con Su Voluntad?

¿Por qué, ahora, todos están buscando que se dé la comunión a los malcasados, que se case a los homosexuales…? Porque no viven Su Bautismo. Entonces, los demás Sacramentos son sólo una función social, un cumplimiento que hay que vivir en la cultura de cada uno, una vida que no tiene ningún sentido divino.

El Cuerpo místico del Anticristo comienza en las almas que no viven su Bautismo. Aquí se inicia una participación del alma en la vida del demonio. El mundo pertenece al demonio. La mente humana es trabajada constantemente por el demonio. Quien no tenga el pensamiento divino como hijo de Dios, tiene sólo el pensamiento del demonio. Se va transformando en un hijo de Satanás.

La Confirmación significa la gracia de ser soldado de Cristo, de estar bajo la bandera de Cristo. Se otorga el Espíritu Santo para ser Soldado de Cristo, para estar en el mundo sin ser del mundo, batallando para conquistar el Cielo, luchando contra el demonio que quiere sacar al alma del Reino de los Cielos. Es un Sacramento que merece otro tipo de gracias, según la pelea que cada alma realice en su vida espiritual.

Por la Confirmación, el alma lucha por permanecer en el Reino de Dios, conquistando cada día el Cielo, mereciendo, con sus obras, la salvación y la santidad de vida.

Quien no lucha contra el mundo, ni contra el demonio ni contra la carne, entonces es un soldado del Anticristo. O se está bajo la bandera de Cristo o bajo la del Anticristo. Pero, no se pueden servir a dos señores. No se puede tener dos pensamientos. No se puede vivir una doble vida. O con Dios o con el demonio. O realizando las obras de Dios o llevando a cabo las obras del demonio.

El bautizado que no viva su bautismo, tampoco puede vivir su confirmación. Es imposible. Una gracia lleva a otra gracia:

«De su plenitud, todos hemos recibido gracia tras gracia» (Jn 1, 17). La gracia del Bautismo necesita la gracia de la Confirmación. No se puede entrar en el Reino de los Cielos y no conquistar ese Reino, no luchar por ese Reino. Es un absurdo. Y en este absurdo viven muchos católicos.

Quien no vive conquistando el cielo, vive conquistando el mundo. A esto se dedican muchos hombres y muchos católicos cada día. Sólo viven deseando las cosas terrenales, buscando un paraíso perdido acá en la tierra. Viven con el sueño de un futuro feliz que no existe en la realidad de la vida. Viven para una justicia social, para un derecho humano, para un amor al hombre. Pero se olvidan de la justicia divina, del derecho divino sobre todo hombre y del amor divino que todo hombre tiene que obrar en su vida.

No luchan para quitar el pecado que ofende a Dios, sino que luchan para resolver los muchos problemas de la vida que molestan a los hombres.

No luchan en contra de la mentira ni del error, sino que se pasan la vida relamiéndose con sus ideas relativas, que son los motores de sus obras de iniquidad.

Los que no viven su confirmación son los que destruyen la Iglesia Católica desde dentro. Son los falsos católicos, soldados del Anticristo, que enarbolan la bandera de la herejía y de la apostasía de la fe. Si no se lucha en contra del demonio, se lucha en contra de Cristo. Quien no está con Cristo, está en contra de Él.

Los falsos católicos son soldados que se ponen al mando de la falsa jerarquía, la cual utiliza su poder para levantar el culto al demonio dentro de la Iglesia.

El Orden significa la gracia de ser otro Cristo, de realizar las mismas obras de Cristo, de llevar a los miembros del Cuerpo de Cristo al Cielo. Es la gracia del poder de Dios en los hombres. Poder para salvar y santificar a las almas.

La Jerarquía es la idónea para llevar a cabo los actos legítimos en el culto verdadero a Dios. Por esos actos santifican a los hombres y se da a Dios la gloria que merece.

Cuando la Jerarquía hace de su ministerio una obra humana, mundana, social, terrenal, entonces están llevando a las almas hacia la condenación. Su Poder se transforma en condenación.

Es la Jerarquía la que enseña el culto a Dios.

Por eso, es una aberración congregar a más de 80 personas con sus respectivos chiguaguas dentro de una iglesia para realizar una ceremonia a un perro:

«Esta será una ceremonia de perros. Su cuerpo no estará allí, porque él va a ser embalsamado, pero nosotros llevaremos su pequeña camita blanca, con una foto puesta debajo. Hemos pedido difundir su CD, con la canción “yo soy Miss Chiguagua”. El sacerdote tomará la palabra para contarnos la vida de Miss chiguagua. Todos están bienvenidos» (video).

El sacerdote Francisco Lallemand ofició un culto al demonio: una falsa liturgia de la palabra fúnebre por un perro. Ningún animal tiene obligación de dar culto a Dios: no tienen conocimiento ni voluntad para relacionarse con Dios. Cuando se mueren, se aniquilan. Se rezan por las almas racionales, no por las almas sensitivas, irracionales. Un perro no tiene dignidad. El sacerdote usa su poder para confirmar a esas mujeres en la idolatría a sus perros. No les enseña lo que es un perro. No les enseña a no orar por sus perros. No les enseña el verdadero culto a Dios. De esta manera, se va haciendo el cuerpo místico del Anticristo.

El sacerdote está para poner el culto a Dios, para enseñarlo, para llevar a las almas hacia la adoración a Dios.

El Cardenal Vincent Nichols celebrará una misa para los católicos homosexuales este domingo 10 de mayo en el centro de Londres. Esta Misa señala el reino del Anticristo.

No se hace una misa para dejar a los homosexuales en sus vidas de pecado. Se hace una misa para convertirlos, para indicarles el camino de la salvación.

Pero la jerarquía falsa tergiversa el culto a Dios y pone el culto al hombre, a los animales. Si no son sacerdotes que combatan, en su bautismo, contra su hombre viejo; si no son sacerdotes que luchen, en su confirmación, contra el demonio, que ataquen los errores de los hombres en el mundo, que enseñen la penitencia para expiar los pecados, entonces esos sacerdotes no pueden vivir la gracia del orden. Y se dedican a hacer estas cosas. Y son los más culpables, porque todos los demás los imitan, los siguen. El poder que tienen de Dios es instrumento para condenar las almas.

Los tres Sacramentos principales son: Bautismo, Confirmación y Orden.

Las personas viven buscando recibir la comunión, pero se olvidan de que constantemente tienen que nacer de nuevo, quitando el hombre viejo, a base de oración y de penitencia. Se olvidan de luchar contra el demonio, contra las pasiones de su naturaleza humana, contra los errores y herejías que hay en el mundo y en la Iglesia.

¿De qué sirve comulgar si después llamas a Bergoglio como tu papa?

Recibes la Eucaristía, pero no obras tu Confirmación: no luchas en contra del hereje.

Te unes a Cristo en la Eucaristía y te unes a un hereje como cabeza de la Iglesia.

¡Este es el absurdo en que viven muchos católicos!

No se pueden servir a dos señores. O estás con Cristo o estás con Bergoglio, que es el bufón del Anticristo. No puedes estar con ambos.

La Eucaristía significa la gracia del amor divino, que alimenta al alma para que pueda alcanzar la santidad propia de Dios. Es la vida y la unión con Jesucristo. Una vida divina y una unión mística con Él.

Jesucristo es la Cabeza Invisible de la Iglesia. Y quien se une a Jesús en la Eucaristía, se une a la Cabeza visible de la Iglesia, de una manera mística: está unido al Papa verdadero y legítimo. No puede unirse a un usurpador, a un hereje, como su papa. No puede llamar a un hereje como su papa. Es una aberración. Y si se somete a él, entonces cae en el mismo pecado de ese hombre: pecado de herejía, de cisma y de apostasía de la fe. Y pertenece ya a la iglesia que encabeza ese hombre, que es la iglesia del anticristo, formando el cuerpo místico del Anticristo.

Quien no discierne lo que comulga, entonces se come su propia condenación.

¿Comulgas para seguir en la obediencia a un hereje? Te comes tu propia condenación.

Si vas a seguir en la obediencia a ese hereje, entonces te conviene no comulgar, porque no se puede dar lo santo a los perros (cf. Mt 7, 6).

¡Pocos han entendido lo que significa el cuerpo místico del Anticristo! ¡Pocos saben cómo se va formando! Y lo pueden ver cada día en la obediencia que muchos dan al hereje Bergoglio.

«En Él también vosotros…fuisteis sellados con el sello del Espíritu Santo prometido…» (Ef 1, 13); «habéis sido sellados para el día de la Redención» (4, 30).

En los Sacramentos también aparece el carácter, un signo espiritual e indeleble. Por este signo se distinguen los fieles de los infieles, y a los fieles entre sí.

El Bautismo es «una señal dada por Jesucristo a los fieles, así como el Anticristo dará a sus seguidores el signo de la bestia» (San Hipólito).

Jesucristo sella a sus fieles, formando una Iglesia «distinguida por el sello insigne» (Abercio – R 187). La Iglesia verdadera es la que tiene el sello de la verdad.

Este sello permanece en el alma aunque ésta haya caído en la apostasía, aunque se haya convertido en un hereje o produzca un cisma.

El carácter dispone al alma para la gracia sacramental, pero no da la gracia, no la exige. Configura al alma que lo posee con Jesucristo, poniendo en ella una triple misión, una triple obra que el alma tiene que realizar con la gracia del Sacramento.

Así, en el carácter del Bautismo, el alma se configura en la obra de la Redención de Jesucristo. El alma tiene una disposición para morir a todo lo humano y para sufrir por Cristo.

En el carácter de la Confirmación, el alma se dispone a la batalla, al padecimiento que viene de los tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne. Por ese sello, la vida espiritual significa una lucha espiritual continua hasta la muerte para perseverar en la gracia obtenida, para merecer otro tipo de auxilios divinos en la vida.

En el carácter del Orden, el alma se configura con Cristo Sacerdote, con Su Obra en la Iglesia. Es un carácter sólo para los varones, no para las mujeres. Y los distingue de los laicos. Por este carácter, el sacerdote tiene el deber de sobresalir por encima de los demás. Es decir, tiene que vivir una vida auténticamente de Cristo, en santidad.

Tener el carácter no significa obrar la gracia. No perfecciona al alma que lo posee. Es un sello, es un grabado, un adorno en la sustancia del alma, que no puede destruirse en vida. Es un sello eterno que va a distinguir a las almas.

Tener el carácter no significa pertenecer al Cuerpo Místico de Cristo. Es necesario obrar la gracia del sacramento. Si no se obra, entonces el Anticristo sella a esas almas ya selladas por Cristo.

El carácter es el sello de pertenencia a Cristo: el alma es de Cristo, porque éste la ha comprado con Su Sangre.

Pero el sello del Anticristo consiste en arrebatar las almas a Cristo. Y esto lo hace el demonio de muchas maneras, pero sobre todo haciendo que el alma no viva la gracia del Sacramento.

Y esto es lo que se observa en todas partes en la Iglesia: católicos que usan los Sacramentos indignamente; jerarquía que los administran sin la Voluntad de Dios, sin cumplir la ley divina. Sólo encuentran la condenación para sus vidas. Y, de esa manera, van formando el cuerpo místico del Anticristo, la falsa iglesia universal, en donde el pecado es el rey de los corazones y el demonio la cabeza de las mentes soberbias.

Es Cristo Crucificado el signo de la Misericordia


blasfemamisericordia3

Todos van buscando un falso ecumenismo, que no se fundamenta en la religión natural, en la relación del hombre con Dios, sino que se va en la conquista de una nueva religión que nace sólo de la mente humana.

Es el yo del hombre, un yo orgulloso, arrogante, que quiere imperar sobre los demás hombres a base de planteamientos humanos que son la creación del mismo hombre.

Hay que inventarse una crisis económica para que aparezca el salvador del mundo con un gobierno mundial.

Hay que inventarse un cisma para que se levante la iglesia universal que apoye ese gobierno mundial.

Para esto es la falsa misericordia que se predica, sin contemplaciones, con la cara descubierta, por toda la falsa jerarquía que constituyen la falsa iglesia en Roma.

Y la maldad de muchos es que ven la clara herejía de todos esos falsos pastores, pero miran a otro lado y hacen coro al lenguaje sin verdad de Bergoglio y compañía, que no pertenecen a la Iglesia Católica. Pero, ¡cuánto cuesta decir esta verdad! Cuesta el pan, el trabajo, la fama, la dignidad sacerdotal. Y así muchos siguen excusando lo que no se puede excusar. Muchos levantan la voz diciendo que ya esto no puede seguir así, pero no dan en el clavo, no ponen la solución al problema, sino que siguen haciendo propaganda de un hereje como su papa, y de un pontificado que no existe, que no es real, que destruye la vida de la Iglesia y de las almas.

Dios no castiga. Éste es el pensamiento que la gente quiere escuchar.

La Misericordia de Dios obra cuando en el alma hay sincero arrepentimiento y lucha contra el pecado. El alma que busca no pecar más encuentra el camino, no sólo de la misericordia, sino del amor de Dios.

Pero, se ha convocado un falso jubileo en donde la palabra arrepentimiento brilla por su ausencia. Y todo es engarzar frases bonitas para presentar un dios que no existe, una iglesia que no es la iglesia de Cristo, un cristo que no es el del Evangelio.

El Buen Pastor no es el que carga, en sus hombros, con la vida de los hombres, sino el que «da su vida por las ovejas» (Jn 10, 11). Una vida que no es humana. Ofrece en sacrificio su vida humana para que el hombre viva lo divino, alcance lo divino en lo humano.

Es la Cruz el signo de la Misericordia del Padre. El Amor de Cristo, en el cual lleva a término la Obra de la Redención, no se simboliza en el Hijo que carga con sus hombres al hombre, sino en el dolor de la Cruz, en el Hijo que muere clavado en la Cruz.

Ya no presentan a Cristo Crucificado porque Dios no castiga.

Presentan un imperativo moral: «…se propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre, que pide no juzgar y no condenar, sino amar sin medida» (texto).

Toman las palabras del Evangelio: «No juzguéis y no seréis juzgados» (Lc 6, 37), para presentar una mentira bien dicha.

El amor a los enemigos, que es la enseñanza de Cristo en todo ese pasaje, consiste en un acto de perdón y de benevolencia. Jesús enseña a sufrir injusticias no a aplicar una venganza. Y, por eso, en el pecado del otro, hay que practicar la virtud de la paciencia, dando al otro un signo de compasión por su miseria. Y es una compasión de índole material, no espiritual.

Dios se reserva la venganza, la justicia: «No os toméis la justicia por vosotros mismos, amadísimos, antes dad lugar a la ira de Dios; pues está escrito: “A Mí la venganza, Yo haré Justicia”. Por lo contrario, “si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber; que haciendo así amontonáis carbones encendido sobre su cabeza”. No te dejes vencer del mal, antes vence al mal con el bien» (Rom 12, 20-21).

En la nueva iglesia de Bergoglio se enseña el imperativo categórico: no juzgues; Dios pide que no juzgues. Ama sin medida. ¿Cómo se puede amar sin medida sin juzgar si el otro es enemigo o amigo? Hay que discernir al otro y eso es un juicio espiritual, que todo hombre está obligado a hacer. Lo que Jesús enseña es a no hacer un juicio moral de la persona, que sólo está reservado a Él.

Pero, esto en la Iglesia universal de Bergoglio no se enseña, porque no existe el pecado como ofensa a Dios. Y tampoco existe la ley natural. Sólo se concibe el mal en la ley de la gradualidad.

Ellos toman la Palabra de Dios y la tergiversan. Jesús pide que se practique el perdón ante el enemigo. Se le sigue considerando enemigo, no amigo. Y la única manera de hacer justicia al hombre enemigo es practicar con él una compasión material, no espiritual: no hay que defenderse de las injusticias que ese enemigo procura, no hay que atacarlo con la misma moneda, sino que hay que ofrecer al injusto, al pecador, al que hace un mal más de lo que toma. De esta manera, se aumenta el castigo de Dios sobre él, se obra la Justicia de Dios.

Pero presentan a un Dios que no castiga, a un Dios que pide no juzgar. Y caen en su misma trampa.

Para ver al otro a un enemigo hay que juzgarlo como enemigo. Si la criatura no hace este juicio, entonces vive un sueño en su vida: vive creyendo que todos los hombres son buenos y, por lo tanto, no hay que juzgarlos.

Esto es lo que ellos ofrecen en su falsa misericordia, olvidando el orden que toda criatura tiene con Dios, la relación del hombre con Dios, que es una dependencia absoluta a Su Voluntad Divina.

Y oscurecen una verdad: Dios no puede hacer que un hombre peque. Por tanto, al que peca Dios tiene que castigarlo de alguna manera para que salga de su pecado, para que viva sin pecado. Hace falta una Justicia Divina, que castigue al pecador. Pero mostrar una falsa misericordia en donde Dios no juzga al que peca, es blasfemar contra la santidad de la Voluntad de Dios.

Dios no quiere un mundo lleno de pecado; Dios no quiere una iglesia llena de pecadores. Por eso, ha puesto los medios adecuados para que las almas vivan sin pecar. Y esos medios son el fruto de una Justicia Divina, no de un beso y un abrazo de Dios hacia el hombre.

Dios pide practicar la paciencia que perdona la ofensa, que el enemigo hace, para que triunfe, no los enemigos, sino los que sufren esa injusticia. Practicar la virtud es obrar una justicia, no una misericordia. Y, en la obra de esa justicia, se encuentra una misericordia para el hombre que peca o hace una injustica. Esa compasión material, en la que se da al otro algo material, no es cerrar los ojos a los pecados del otro, a sus males. Es seguir teniéndolo muy abiertos, porque el que ama al enemigo conoce lo que es su enemigo y no se deja engañar por él. Al enemigo hay que seguir contemplándolo como enemigo. No hay que vivir soñando que es nuestro amigo.

Pero, a la falsa jerarquía, que gobierna en el Vaticano, le gusta coger frases del Evangelio para manifestar su mentira, su error, la gran oscuridad que tienen en sus mentes. Nunca serán capaces de mostrar la verdad porque no tienen la verdad, no pueden obrarla. Son demonios encarnados. Es la falsa jerarquía, que muchos siguen porque no conocen la verdad del Evangelio, no buscan en sus vidas la verdad que la Mente de Cristo ofrece a todo hombre. Sólo viven para lo que viven: para ser del mundo y para apoyar a un hombre que no merece darle ni los buenos días.

«…el Buen Pastor que toca en profundidad la carne del hombre»: Jesús toca en profundidad  los corazones de los hombres, no sus carnes. Jesús ama los corazones, no los cuerpos de los hombres. Jesús ha sido ungido «para evangelizar a los pobres», no para abrazarlos y besarlos. No para mostrar un sentimiento vacío, inútil sobre la vida humana. Jesús no llora por ningún problema del hombre. Jesús sufre por los malditos pecados de todos los hombres. Y, por eso, murió en una Cruz para enseñar a los hombres el camino de la salvación: cómo quitar el maldito pecado de la vida. ¡Crucifica tu voluntad humana para obrar la Voluntad de Dios en tu vida!

Jesús viene para dar la verdad de la vida, no para caminar con los hombres, no para estar pendiente de la vida de ningún hombre.

Ellos muestran un Jesús humano, un político, un hombre del pueblo, de la vida social, lleno de sentimientos baratos, que se dedica a hacer justicias sociales y a predicar los derechos humanos.

Y enseñan una blasfemia, que es su abominación: «el Buen Pastor…carga sobre sí la humanidad, pero sus ojos se confunden con los del hombre. Cristo ve con el ojo de Adán y éste lo hace con el ojo de Cristo. Así, cada hombre descubre en Cristo…la propia humanidad y el fututo que lo espera…».

Palabas propias de un demente.

¡Gran locura es lo que se dice aquí!

Se niegan tantas cosas que sólo quieren presentar su dios abominable. Un dios que carga con la humanidad para mostrarse amable con todos, para mostrar una fraternidad que no existe, que es el invento de muchos. Pero, en la realidad es un dios que odia a toda la humanidad. Y, por eso, carga con ella, para aniquilarla, para destruirla, para llevarla a la condenación. Y esto es lo que ellos no enseñan: esconden, todavía, al Anticristo, pero predican su doctrina.

Es lo que ahora presentan en su lenguaje amorfo: un Jesús amoroso, tierno, idiota, sentimental, que se postra ante los hombres, que camina con ellos, que lleva al hombre a donde éste quiere ir. No es un Jesús que muestre el camino del hombre, sino que camina el mismo camino del hombre. No es un Jesús que sufra por el pecado de los hombres, sino que es un Jesús amigo de todos los hombres que posee una conciencia ancha, con la cual se acomoda a todas las vidas de los hombres para que ellos estén felices y contentos de tener un dios que los ama, pero que no les corrige sus maldades.

Por eso, es un cristo que ve con los ojos de Adán. No es un Cristo que viene a hacer la Voluntad de Su Padre. Es el Padre el que mira a toda la humanidad a través de los ojos de Su Hijo. Y el Verbo se ha encarnado para poseer nuevos ojos, para ver la vida con nuevos ojos. Es el Hombre Nuevo, totalmente diferente al hombre viejo, que simboliza Adán y toda su descendencia.

Cristo no ve la vida de los hombres con los ojos de Adán.

¡Qué gran blasfemia!

Cristo ha venido a quitar el pecado de Adán. Luego, tiene que ver la vida de una manera totalmente opuesta a como la ve Adán.

Cristo vino a sanar los ojos de Adán y a liberarlos de toda la corrupción que su pecado ha traído a toda la humanidad.

Los ojos de Adán le llevaron a la obra de su pecado. Adán no supo mirar la vida con los ojos de Dios, en la Voluntad de Dios, en el Plan que Dios quería para el hombre.

Los ojos de Cristo le llevan a obrar la Redención del pecado, que es quitar el pecado del mundo. Cristo miró la vida como la ve Su Padre y, por lo tanto, vino a hacer la Voluntad de Su Padre, que es lo que muchos no han comprendido en la Iglesia. Tienen un sacerdocio para hacer lo que les da la gana. Y, por eso, han sentado a un inútil y a un orgulloso, que lleva dos años haciendo lo que le da la gana en su gobierno maldito en Roma.

Todo hombre tiene a Cristo como Camino, como Verdad y como Vida. Ya el camino no es la obra de Adán, no es la visión de Adán sobre la vida, no es el pensamiento de Adán sobre la verdad de la vida.

Hay que dejar al hombre viejo, a Adán. Hay que dejar de mirar la vida con los ojos de Adán. Ya tenemos a Cristo, ya poseemos su Mente, ya conocemos la Voluntad de Dios. Hay que mirar la vida como Cristo la ve: en Su Padre.

Pero, ellos se inventan su dios: ese yo emergente, ese yo común, ese yo masónico, ese yo múltiple, que nace de la unión de los pensamientos humanos, porque en la mente del hombre está la ley de la gradualidad. Hay que unir mentes, hay que unir múltiples personas. Hay que unificarlo todo en una sola religión que sea una blasfemia al Espíritu Santo, que se gobierne por imperativos morales, categóricos, en donde la obligación moral se concibe sin relación a Dios, sin el orden de la verdad, en la sola libertad del pensamiento humano.

Sé libre para pensar lo que quieras de la vida; y después, impón tu pensamiento libre a los demás. Si los demás no te aceptan tus ideas de la vida, entonces los combates, pero secretamente, a escondidas, como ahora se hace contra todos los verdaderos católicos. Al exterior, ellos presentan una misericordia en la que no se juzga a nadie. Pero si no está de acedo con esa misericordia, entonces ellos te juzgan, pero no lo muestran púbicamente, porque tienen que guardar las apariencias. Ellos son los nuevos santos, los hombres buenos y justos, que con su verborrea hablan de todo y no dicen ninguna verdad. Sólo hablan para conseguir su negocio en la Iglesia.

Ahora todos buscan en la Iglesia un ecumenismo abominable, sin la relación con Dios, sin el orden debido a Dios.

¿No ha enseñado eso, miles de veces, el falso papa Bergoglio? ¿No enseñó eso cuando recibió en audiencia a la arzobispa luterana de Upsala, reconociendo en ella una figura de fe?

«…no deben ser percibidos como adversarios o competidores, sino reconocidos por lo que son: hermanos y hermanas en la fe…Los católicos y luteranos deben buscar y promover la unidad en las diócesis, parroquias y comunidades de todo el mundo» (texto).

¿Cómo una mujer puede ser Obispa? ¿Cómo una mujer Obispa puede ser hermana en la fe? Eso va en contra de la religión natural. La mujer no tiene el poder recibido de Dios para gobernar. Dios da al hombre el poder, el gobierno. Dios da a la mujer el amor, la vida.

Por lo tanto, toda mujer que se viste de Obispa es una adversaria en la fe, no se la puede reconocer como hermana en la fe. Es una abominación de mujer. Hay que atacarla. Hay que recibirla para cantarle las cuarenta, cosa que nunca va a hacer Bergoglio.

La religión natural es la que se funda únicamente en la naturaleza humana. Por tanto es una sola, ya que todos los hombres tienen la misma naturaleza humana y, por lo tanto, las mismas relaciones de dependencia para con Dios.

Toda religión verdadera debe contener como fundamento la religión natural. Cristo funda Su Iglesia en el fundamento de la religión natural. Él no funda una religión que viene de su mente humana. Cristo funda Iglesia en la que se vive totalmente la dependencia a Dios que da la naturaleza humana. Por eso, en la Iglesia de Cristo, las mujeres no gobiernan nada. No son para el sacerdocio porque naturalmente no tienen el poder.

Los luteranos que tienen Obispas ya no pertenecen a la religión natural. No se puede buscar en ellos un ecumenismo. Es un escándalo para la fe si se busca. Bergoglio es lo que busca porque ha puesto la unión de los hombres sólo en la unión de pensamientos humanos, no en la unión con la Mente de Cristo. Hay que buscar un pensamiento unificado.

La división entre los cristianos es sólo por el maldito pecado de cada uno de ellos. El falso ecumenismo oculta el pecado y la abominación para conseguir su gran negocio.

La religión natural es el conjunto de verdades, obligaciones y relaciones con Dios, que pueden deducirse de la consideración del solo hecho de la creación.

Dios crea al varón y le da poder para cultivar y guardar el Paraíso. Le da poder para poner nombres a todos los seres vivientes.

Dios crea al hombre del polvo de la tierra y le da poder sobre toda la tierra. El hombre es el señor de la tierra.

El hombre tiene el poder de dar la vida, pero no puede engendrarla. Necesita de algo más. «No es bueno que el hombre esté solo». Necesita de una ayuda adecuada para poder ejercer su poder.

Por eso, Dios crea a la mujer.

Y la crea, no del polvo de la tierra, no para un poder terrenal, no para dar nombre a las criaturas, no para ejercer un dominio sobre la creación. La mujer sólo domina por su amor, no por el poder.

Dios crea a la mujer de la costilla del varón, para que sea hueso de sus huesos, carne de su carne. Sea algo del hombre, sea dependiente de él. Siempre la mujer debe vivir bajo el poder del hombre. Nunca la mujer es para el gobierno. Es una aberración toda mujer que gobierne. No es esa la relación natural entre hombre y mujer. No es ese el orden que Dios ha puesto en la naturaleza humana.

Una mujer que gobierne no se la debe ninguna obediencia, porque la mujer no es cabeza. Allí donde una mujer gobierna cae la abominación sobre todo el país. La mujer es para la maternidad, para estar sujeta al poder que tiene el varón. Un país funciona cuando gobierna el varón. Una Iglesia funciona cuando gobierna el varón.

Pero, hoy se concibe el poder como un servicio, no como un dominio. Y, entonces, vemos a mujeres que ya no son mujeres, que ya no hacen el papel que Dios quiere en toda mujer.

Dios crea a la mujer para que el hombre pueda ejercer su poder en ella, para adherirse a ella, para ser una sola carne. Por eso, el matrimonio es un vínculo natural. Es el propio entre hombre y mujer. El matrimonio no existe en el cielo, sino que es sólo para la tierra. Es para un fin que Dios ha querido al crear al varón.

Dios crea al hombre para tener de él otros hombres. Dios no quiso crear a todos los hombres por separado, sino por generación. Que los hombres vengan de otros hombres. Para esto necesita crear a una mujer. Y que esa mujer provenga del hombre, no de la tierra. Que no sea una especie distinta al varón. Que sea como el varón, que tenga la misma naturaleza humana. Que esa mujer tenga la capacidad de engendrar la vida, de darle un hijo al varón que se une a ella. Que sea una ayuda semejante al poder que tiene el varón. La ayuda del amor que engendra, que es semejante al poder de dar la vida en el hombre.

Dios crea al varón para el poder, para el gobierno, para ser cabeza. Dios crea a la mujer, para la vida, para el amor, para dar hijos al hombre, para ayudar al poder del hombre, para engendrar con el poder del hombre.

Toda mujer que no busque un hijo en el hombre no es mujer, no sabe para lo que Dios la ha creado.

El hijo es lo propio de la religión natural: la maternidad es el orden divino en la mujer. Dios ha creado la mujer para ser madre. Por eso, es una bendición tener hijos. Es lo que Dios quiere de todo matrimonio. Es la relación correcta entre hombre y mujer. Los dos se casan para tener hijos. Ése es el sentido natural de la vida. Este es el sentido natural de la unión de los dos sexos. El pecado oscureció y anuló este sentido natural.

Después, está el sentido sobrenatural de la unión carnal, porque la religión no es sólo natural, sino también sobrenatural. La naturaleza humana se ordena a la gracia sobrenatural. Dios crea al varón en la gracia, en un ser sobrenatural. El hombre creado por Dios tiene en su naturaleza un ser divino que le capacita y le exige una vida distinta a la humana, a la natural, a la carnal.

Adán, con su pecado, perdió esta ordenación divina y, por eso, el matrimonio entre hombre y mujer debían tener excepciones en la ley positiva. Moisés tuvo que introducir el divorcio porque, entre hombre y mujer, era imposible realizar el plan de Dios. Hombre y mujer se unían para muchas cosas, pero no para dar hijos a Dios. El matrimonio, como vínculo natural, necesita de la gracia para ser obrado. Sin la gracia, es imposible dar un hijo a Dios en el matrimonio.

El pecado de Adán anuló el plan divino, y el matrimonio fue imposible vivirlo hasta que Cristo no trajo la gracia. Con el Sacramento, hay un camino para que los hijos sean de Dios, todavía no por medio de la generación, sino sólo por la gracia.

En aquella religión en donde se apoyen los diferentes métodos anticonceptivos, se va  en contra de la misma religión natural. Dios castiga todo aquello que impide la vida, engendrar la vida.

Las mujeres que se dedican a su feminismo ya no son mujeres. Naturalmente han perdido la relación con Dios y con el hombre. Buscan al hombre, no para un hijo, sino para un negocio más en la vida.

La mujer es para la maternidad, no para la esterilidad.

En aquella religión donde haya homosexuales o lesbianas no es posible el culto a Dios. Porque, en la religión natural, el hombre es para la mujer, y la mujer para el hombre. Dios no ha creado ni a los homosexuales ni a las lesbianas. Dios ha creado sólo al varón y a la mujer.

¿Qué relación con Dios tiene un homosexual que ame su pecado de homosexualidad? ¿Qué orden divino vive? ¿Qué verdad obra en su vida? Sólo se da una abominación en el culto a Dios. Un homosexual sólo se adora a sí mismo cuando pretende adorar a Dios. Adora a su dios, a su mente humana, a su pecado, a su estilo de vida. Pero no es capaz de vivir naturalmente en relación con Dios.

En aquella religión donde haya mujeres sacerdotes, es una aberración el culto a Dios. Porque, en la religión natural, el hombre es el que tiene el poder, la mujer es la que engendra la vida. El hombre es el que tiene el poder de sacrificar a Dios por los pecados de los hombres. Eso es el sacerdocio. La mujer es la que engendra la vida, la que es llamada a la virginidad y a la maternidad. El sacerdote tiene el poder para conferir la gracia; la mujer es la que da el amor en la Iglesia.

Se busca el triple ojo, que significa el ojo del Anticristo: un dios que una a todos los hombres. Una los yo múltiples en un solo pensamiento humano, que sólo se rige por la ley de la gradualidad. Una abominación. Y, para eso, es el jubileo, un año para prepararse al culto al hombre. Es necesario aprender a adorar a los hombres para poder entrar en la nueva religión y tener un medio para vivir la vida.

Aquellos que no adoren al hombre, entonces no podrán comer, no tendrán un trabajo, se les perseguirá por su fe que combate la mentira del Anticristo.

No tengan parte con la iglesia de Bergoglio. Desprecien a ese hombre y a toda la Jerarquía que le obedece, que son la mayoría. Son pocos los sacerdotes que ven la realidad de lo que pasa en la Iglesia. Los demás, se acomodan a un hereje. Terminan haciéndose herejes.

Santuario de Fátima

Fátima en directo

Jesús, en Vos confío

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 232 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: