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Imitación de Cristo – Libro 1

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Medjugorje: gracia extraordinaria para toda la Iglesia.


«Medjugorje, continuación de Fátima, con el mismo llamado a la paz, a la conversión de corazón, a la vida de Gracia» (La Virgen  a un alma escogida).

Muy pocos católicos creen en esta verdad, porque han dejado de creer en Fátima. Fátima pertenece al pasado. Ahora, es necesario construir un futuro con un lenguaje nuevo, adaptado a la moda de los hombres, a sus culturas. Por eso, muchos no creen en la Virgen María, en su obra en el mundo, en su misión divina.

Si la Virgen se aparece en tantos lugares del mundo es que está anunciando la segunda Venida de Su Hijo en Gloria.

Pero, no creen en esto. Sólo creen que esa segunda venida es para el juicio final. Si no han comprendido lo que pasó en el Paraíso, tampoco comprenden el Apocalipsis, que les habla claramente del Milenio.

Y no ven las apariciones de la Virgen como «medios para vuestra verdadera conversión y salvación» (Ib): no hay reino glorioso si el pecado reina en los corazones como señor. Hay que buscar la verdadera conversión, aquello que pone en camino de salvación al hombre entero, no sólo a su alma. Y, entonces, las apariciones son sólo impedimentos para construir el paraíso en la tierra. Están todos dando vueltas a lo que hay en sus grandes inteligencias humanas, y han quedado embrutecidos en su sabiduría:

«… hay algunos que siempre necesitan novedades en la identidad cristiana y olvidan que han sido elegidos, ungidos”, que “tienen la garantía del Espíritu” y que “buscan: ¿dónde están los videntes, qué nos dice hoy la carta que la Virgen les enviará a las cuatro de la tarde? – Por ejemplo ¿no? Y viven de esto. Esta no es identidad cristiana. La  última palabra de Dios se llama ‘Jesús’ y nada más».

Hay muchos que ponen su mente en el cubo de la basura y se pasan el día repitiendo las necedades y estupideces de Bergoglio. Necesitan esas palabras -tan vacías de verdad, tan llenas de mentira- porque viven buscando las fábulas en sus vidas.

¡Muchos viven del cuento! ¡Y Bergoglio es el mejor cuentista de la historia! En la Iglesia ya ha comenzado el negocio que traen las fábulas de Bergoglio!

La última palabra de Dios se llama la Virgen María. Y nada más y nada menos.

«¡Qué hermosa eres, Amada Mía, qué hermosa eres!… Cintillo de grana son tus labios, y tu hablar es suave… Eres toda hermosa… y no hay en ti defecto alguno…  eres jardín cercado, fuente sellada… fuente que mana a borbotones, fuente de aguas vivas» (Ct 4, 1a.3a.7.12b.15a).

La última palabra es la que es Fuente de aguas vivas, la que da las inteligencias del Espíritu a todos los hombres, la que ofrece al hombre la clave de los Misterios de Dios.

Sabiduría Divina es la Virgen María. Y un hombre se hace sabio porque acepta las palabras de la Virgen María en sus apariciones. Un hombre se vuelve un loco porque desprecia  a la que es toda hermosa, a la que no tiene pecado ninguno, a la que no cae en ningún error en su mente.

Bergoglio es sólo un idiota porque no cree en las apariciones.

Nadie tiene la garantía del Espíritu, porque todos somos siervos inútiles del Señor, que no merecen nada por haber sido elegidos. Nadie tiene el derecho de arrogarse el Espíritu del Señor porque es sólo del Señor, no de ninguna Jerarquía.

Y el Espíritu sopla donde quiere: «todo el que nace del Espíritu» (Jn 3, 8) no está sujeto, no vive de ningún pensamiento humano. El Espíritu lleva a las cosas espirituales,  a buscar la acción de Dios en los corazones humildes. Aquel que busque al hombre porque sólo está vestido de sacerdote o porque sólo cumple un oficio en la Iglesia, no es del Espíritu, no tiene el Espíritu. Dios se esconde a los grandes del mundo y de la Iglesia: a esos que dicen que tienen la garantía del Espíritu. Dios sólo hace maravillas con los que son nada: «¡Hermanos, empecemos de nuevo, porque hasta ahora no hemos hecho nada!» (San Francisco de Asís).

Que ningún insensato loco se atreva a maldecir a la Virgen María, porque la Iglesia vive de esto: de las palabras de la Virgen María. Esta es la identidad de la Iglesia Católica, le guste o no le guste al loco de Bergoglio. Lo entienda o no lo entienda.

La Iglesia ha silenciado a la Madre de Dios en Fátima: ahora, que sufra con las palabras malditas de Bergoglio. Ahí tenéis lo que habéis buscado. Habéis despreciado las palabras de sabiduría divina de la Virgen María, arrastraos -todo el maldito día- para alimentaros de las palabras babosas y blasfemas de un loco de atar, que ni siquiera tiene sabiduría humana. Es más bruto que los brutos.

¡No se juega con la Virgen María! Se la respeta y se la obedece por encima de todas las cosas. Hay que hacer caso antes a la Madre de Dios que a la Jerarquía de la Iglesia.

«Estos son tiempos difíciles para la Iglesia, en donde todo lo que os anuncié se cumple, pues muy despreciada por los hombres he sido, y hoy en día se cuestiona y se pone en juicio Mis Apariciones y Mi Santuario Mariano en Medjugorje» (La Virgen  a un alma escogida).

¡No hay más tiempo! ¡Se están cumpliendo lo anunciado en las profecías! Y, por eso, es necesario negar toda aparición mariana.

«Serán silenciados todos los videntes auténticos y mensajeros de Dios, y se escucharán los falsos profetas y falsos testigos, que hablan de parte del Enemigo y se levantan contra Dios, contradiciendo Su Ley y Sus Manifestaciones Divinas» (Ib).

Ya lo hicieron con Sor Lucía de Fátima, con las niñas de Garabandal, lo están haciendo con las videntes de Medjugorje, han suprimido Akita, se han olvidado de La Salette, se burlan de Guadalupe, en el Escorial lanzaron una ofensiva política contra todos, y ninguna Jerarquía cree en nada. Cada vez que oyen hablar de mensajes comienzan a despotricar por sus bocas.

«Ha llegado el tiempo profetizado, y de tanto dolor en Mi Corazón como Madre de la Iglesia: ROMA PERDERÁ LA FE, y será consumida en llamas para acabar con su pecado, purificándola de todas sus iniquidades e inmundicias, porque se prostituyó y profanó el Lugar que era tan Sagrado para Dios» (Ib).

Es el tiempo de que Roma pierda la fe. Ya ha llegado. Es el tiempo, profetizado en Fátima, de que en Roma habría dos papas: uno, el verdadero, al cual lo tienen prisionero; otro, un impostor, que prepara a la Iglesia para ser la prostituta del Anticristo.

Es el tiempo de los profetas: ¡ay de aquel que no siga el Espíritu de la profecía! Se va a perder en sus tradiciones, en sus liturgias, en su forma de comprender el magisterio de la Iglesia. Es la mediocridad de muchos: quieren defender la tradición obedeciendo a un falso papa. Al final, van a vomitar la tradición para quedarse con la mente de un pervertido.

Es el «tiempo de confusión para los tibios y los mediocres, pero no para los Verdaderos Hijos de Dios: nada los detendrá ni confundirán vuestros espíritus, impregnados de la Verdad de Dios, de Su Ley y su Verdadera Doctrina» (ib).

Hoy, como ayer, nadie cree en los profetas. Porque así es el hombre: ha nacido incrédulo, por el pecado original, y a pesar de haber recibido la fe, es como Santo Tomás: si no veo, no creo. Si no veo a Roma en llamas, no creo. Si no veo que en el Sínodo sacan una ley en contra de la ley de Dios, no creo. Si no veo cambios en la liturgia, no creo.

¡Es el tarugo mental que tienen tantos católicos llenos de teologías y filosofías!

Sus formas de pensamiento les conducen a la mayor ceguera de todas: no saben discernir los signos de los tiempos. No saben dar el paso en su mente: estamos viviendo el inicio de la Segunda Venida de Jesucristo.

Para que venga Cristo a reinar sobre la tierra, es necesario primero un gran castigo sobre la Iglesia y sobre el mundo. Los secretos de Medjugorje hablan sobre eso. Pero, como no son conocidos por la Jerarquía, entonces hay que silenciar Medjugorje. No pueden actuar como lo hicieron con Sor Lucía: no pueden presentar un mensaje adulterado. Hay que hacer callar a esos videntes o quitarlos de en medio.

«El Ángel del Señor, con la flecha de fuego para herir a Roma, la Ciudad Santa, sólo aguarda la voz potente del que está sentado en el Trono Divino y gobierna todo» (ib).

El castigo es inminente. Castigo de fuego. Castigo para purificar la Iglesia de tanto pecado como hay en toda la Jerarquía. Se lo merecen. ¡Muchos se merecen el infierno! ¡Viven como auténticos demonios encarnados!

Nadie cree en este castigo divino, sino que todos andan buscando cómo salvar el planeta del sobrecalentamiento global, que sólo existe en sus imaginaciones. Y así andan castigando a todo aquel que no se someta a su gran barbaridad intelectual, al gran insulto para la inteligencia humana que es Laudato Si.

Medjugorje es una gracia extraordinaria para toda la Iglesia:

«Todo el que recibe una gracia extraordinaria debe hacerla fructificar a favor de la Iglesia. Prueba de ello es que los videntes han dicho, a propósito de algunos secretos, que cuando éstos sean revelados, para muchos será ya tarde. Esto significa que la atención está puesta sobre nuestra participación en la acción divina en nosotros, incluida la que se manifiesta en Medjugorje de modo tan extraordinario». (P. Tomislav – Veinticinco años con María).

Quien no acoge la acción de Dios, que se manifiesta de modo ordinario en su vida y de modo extraordinario en Medjugorje (y en otras apariciones marianas), será tarde para él: no podrá encontrar un camino de salvación para su alma.

¡Así está de dura la vida eclesial!

¡Ya no puedes confiar en lo que dice la Iglesia oficial! ¡Roma ha perdido la fe!

¡Es el tiempo de los secretos de Medjugorje! Pero, para que sean revelados, antes hay que silenciar a Medjugorje.

Los videntes han hecho fructificar el don que han recibido. Y muchas personas, a su alrededor, también han participado de esa obra divina en los videntes. Pero, muchos otros, dentro de la Iglesia se han dedicado a no creer: a atacar y a destruir a la Madre de Dios. Y aquel que no sabe discernir dónde está la Virgen María, no puede encontrar nunca a Jesús. Y, menos, sabrá edificar la Iglesia sobre la roca de la verdad. Sólo sabe levantar una iglesia apoyada sólo en el lenguaje humano.

Si la Jerarquía, y los miembros de la Iglesia, hubieran hecho caso a la Virgen María, fuente de aguas vivas, habrían entendido todas las cosas de este tiempo del Anticristo, que es el que se opone a Cristo.

Pero, como han despreciado a la Virgen, también han despreciado a Cristo, y están demostrando su amor al Anticristo: están levantando una iglesia para el Anticristo.

«Pedid por el clero que es impostor, por los judas de estos tiempos que traicionan al Hijo, entregando y traicionando a Su Iglesia.

Dentro de la misma Iglesia se está tramando la Traición de la Misma: el beso de Judas, uno de entre los amigos íntimos del Hijo.

Porque el instante ya está con vosotros, mis hijitos, en que manipularán la Ley de Dios y sus Mandatos Divinos. El hombre malo se hará más malo, y el bueno será más bueno por la Gracia de Dios; y será más piadoso y santo, para ser luz en medio de las tinieblas, que ya van cubriendo la tierra y la Iglesia de Mi Hijo» (La Virgen  a un alma escogida).

El clero es impostor; son judas que van tras la bolsa de dinero; se presentan con una sonrisa en la boca para terminar dando una patada en el trasero a todo aquel que no se someta a las locuras de Bergoglio.

La Virgen María reveló, desde las primeras semanas de sus apariciones, el sentido espiritual profundo de su extraordinaria presencia en Medjugorje:

«Se está desarrollando un gran combate entre mi Hijo y Satanás. Lo que está en juego son las almas de los hombres» (02.08.1981).

La Virgen recuerda lo que está en las Sagradas Escrituras: Ella es la Mujer vestida de sol, que lucha contra el Dragón que se abalanza contra la Mujer que ha dado a luz a un Hijo Varón.

Están en juego las almas, no los estómagos de los pobres. Peligra la salvación  de las almas, no la salvación del planeta para conseguir un paraíso en la tierra. Muchos ya no creen en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro, sino que han puesto su esperanza en su comunismo y en su idea masónica del Universo.

Quieren hacer de Medjugorje sólo un lugar de oración, pero no de Aparición. Y Medjugorje no es un lugar de devociones piadosas, sino que es el lugar elegido por la Virgen María para un gran combate espiritual.

«Satanás está rabioso con los que ayunan y se convierten» (15.08.1983).

Luego, Satanás está contento con Bergoglio que no quiere proselitismos: quiere que todo el mundo permanezca en su pecado y dé culto a sus dioses.

En toda aparición mariana hay combate espiritual. Es la primera señal de la Presencia de Dios.

«Os invito a todos de una manera especial a la oración y a la renuncia, porque ahora como nunca antes, Satanás quiere mostrar al mundo su rostro infame con el que arrastrar al mayor número de gente posible por el camino de la muerte y del pecado. Por esto, queridos hijos, ayudad a mi Corazón Inmaculado a triunfar en un mundo de pecado»  (25.09.1991).

En Fátima, la Virgen enseñó a los niños el infierno, para salir del pecado. En Medjugorje, la Virgen sigue haciendo lo mismo: enseña a quitar el pecado.

Medjugorje renueva el mensaje de Fátima, porque ninguna Aparición de la Virgen es para dar algo nuevo que nunca se ha revelado. Sino que es para que la mirada del hombre sea capaz de percibir lo que ha sido revelado, pero que el hombre, por su gran soberbia, por su obstinado orgullo, por su clara lujuria de la vida, no ve ni puede ver, aunque tenga todos los conocimientos filosóficos y teológicos acumulados.

Toda la Jerarquía que gobierna la Iglesia vive en sus pecados, en su mundo de pecado. Y lo saben. Tienen los caminos para quitar el pecado y no los siguen. Entonces, la consecuencia es lógica: acallemos unos mensajes que hablan de la oración, del ayuno, de la renuncia para que el hombre quite sus pecados. Si no son capaces de seguir el catecismo de la Iglesia, que les enseña a luchar contra el pecado, menos son capaces de seguir las palabras de la Virgen que les enseña lo mismo.

«No dudéis en recibir el mensaje, que es mensaje del Cielo, si se os llama a la oración, a la penitencia, al ayuno y las obras de piedad. No temáis recibir con gratitud ese mensaje porque son medios para vuestra verdadera conversión y salvación» (La Virgen  a un alma escogida).

El hombre no sabe ver el mundo espiritual: no sabe convertirse al mundo de Dios. Sólo sabe vivir su mundo humano, su mundo racional, que es totalmente limitado, oscuro. Y, por eso, la Virgen se aparece para mostrárselo al hombre como es.

Muchos desprecian las apariciones porque no han comprendido el camino espiritual de la Iglesia. Se han quedado en el camino humano: lo que los hombres, la Jerarquía, dice o no dice. Y no salen de esas medidas humanas, porque tampoco saben obedecer a la Jerarquía. Siempre caen en el falso respeto y en la falsa obediencia a una Jerarquía que ha perdido la fe, que cuando habla sólo le interesa poner de relieve el temor de las revelaciones privadas para la vida eclesial.

Así son muchísimos católicos: tienen miedo de enfrentarse a una aparición de la Virgen, porque no quieren salirse de sus medidas humanas. Están tan metidos en su mente, en sus ideas, en sus malabarismos intelectuales, que ven extraño que Dios hable o que la Virgen se aparezca en algún lugar para repetir lo que ya saben.

Viven en su sueño de que ellos son mejores que muchos católicos que van buscando, aquí y allá, mensajes para su vida espiritual. Ellos, con sus dogmas, con sus tradiciones, con sus santos, acaban haciéndose unos sepulcros blanqueados.  Y sólo saben criticar a todo aquel que cree en una revelación privada. Sólo saben llenarse la boca de desprecios a la Virgen, anulando sus apariciones, para después hablar con orgullo, con palabras medidas sobre las excelencias de la Virgen.

Si la Virgen se aparece en Medjugorje, ¿quién es el hombre para negar esta verdad? ¿Quién puede comprender los designios de Dios?

«Queridos hijos, hoy, como nunca antes, os invito a la oración… Satanás es fuerte y desea destruir no sólo la vida humana, sino también la naturaleza y el planeta en el que vivís. Por esto, queridos hijos, orad para estar protegidos a través de la oración con la bendición de la paz de Dios. Dios me ha enviado a vosotros para ayudaros. Si queréis, coged el Rosario, ya sólo el Rosario puede hacer milagros en vuestra vida» (25.01.1991).

Sólo es el Rosario el que hace milagros: la oración a la Virgen María. Lo demás, no sirve para levantar este mundo lleno de pecado.

Quien sostiene a la Iglesia es el Rosario. No es la Jerarquía que obedece a un falso papa: ellos están destruyendo a la Iglesia.

Sólo los humildes de corazón saben luchar contra satanás para que las puertas del infierno no prevalezcan contra la Iglesia.

La gente humilde, con el Rosario en la mano y en el corazón, es la que edifica la Iglesia, la que levanta la Iglesia y la lleva a donde Dios la quiere.

Los demás, están perdidos en su falsa sabiduría humana. No acuden a la Fuente de aguas vivas, que es la Virgen María en todas sus apariciones.

¡Todos tienen miedo de defender las apariciones marianas! ¡Todos se apuntan al carro del relativismo!

Dios quiere realizar por medio de la Virgen María un gran plan de gracia para salvar las almas del objetivo central que tiene Satanás:

«Yo estoy con vosotros también en estos días inquietos, en los que Satanás quiere destruir todo lo que yo y mi Hijo estamos construyendo… Satanás quiere destruir todo lo que hay de santo en vosotros y en vuestro entorno. Por esto, hijitos, orad, orad, orad…» (25.09.1992).

Porque «no es nuestra lucha contra la carne y la sangre,… sino contra los espíritus que se mueven en los aires» (Ef 6, 12), que quieren destruir todo el planeta, no sólo las almas.

Y, para vencer en esa lucha, la Virgen María dictó a Jelena cómo vestirse de la armadura de Dios:

1. Renunciad a todas las pasiones y deseos desordenados. Evitad la televisión, sobretodo las transmisiones nocivas. Los deportes excesivos, el placer excesivo de la comida y las bebidas, el alcohol, el tabaco.
2. Abandonaos a Dios sin reservas.
3. Desterrad definitivamente cualquier tipo de angustia. No hay lugar para la angustia en el corazón de quien se abandona a Dios. Las dificultades subsistirán, pero servirán para el crecimiento espiritual y darán gloria a Dios.
4. Amad a vuestros adversarios. Desterrad el odio del corazón, la amargura, los juicios, los prejuicios. Orad por vuestros adversarios e invocad la bendición divina sobre ellos.
5. Ayunad a pan y agua dos veces por semana. Reuníos en grupo al menos una vez a la semana.
6. Consagrad a la oración al menos tres horas cada día, de las cuales al menos media hora por la mañana y media hora por la tarde. En este tiempo de oración están incluidos la Santa Misa y el Rosario. Reservaos momentos de oración a lo largo del día y recibid la Santa Comunión siempre que os sea posible. Orad con gran recogimiento. No miréis continuamente el reloj, más bien dejaos guiar por la gracia de Dios. No os preocupéis demasiado de las cosas de este mundo, confiando todo, en la oración, a nuestro Padre celestial. Cuando uno está demasiado preocupado, no puede rezar porque falta la serenidad interior.

Dios contribuirá a conducir a buen fin las cosas terrenas, cuando uno se esfuerza por abrirse a las cosas de Dios. Aquellos que van a la escuela o al trabajo deben rezar media hora por la mañana y media hora por la tarde y participar, si es posible, en la Eucaristía. Es necesario extender el Espíritu de oración al trabajo cotidiano, es decir, acompañar el trabajo con la oración.

7. Sed prudentes, porque el demonio tienta a todos aquellos que han decidido consagrarse a Dios y sobretodo a ellos. Les sugerirá que rezan demasiado, que ayunan demasiado; que deben ser como los otros jóvenes y buscar los placeres. ¡No deben escucharlo ni obedecerle! Deben prestar atención a la voz de la Virgen. Cuando su fe se haya consolidado, el demonio ya no conseguirá seducirlos.
8. Orad mucho por el obispo y por los responsables de la Iglesia. No menos de la mitad de sus oraciones y de sus sacrificios deben consagrarse a esta intención. (“Messagi e pedagogia di Maria a Medjugorje” de R. Laurentin – R. Lejeune)

Las reglas que la Virgen María dictó a los jóvenes del grupo, ¿no están totalmente de acuerdo con la doctrina de Cristo y con el magisterio de la Iglesia? Entonces, ¿por qué dicen que estas apariciones son falsas? ¿En qué se fundamentan?

Todo el problema es éste: han dejado de creer en la Palabra de Dios. Sólo creen en sus palabras humanas, que las hacen oficiales. Oficializan su incredulidad

«…muchos oran, pero poquísimos entran en la oración» (La Virgen a Jelena). Muchos católicos están toda su oración en el run-run de su mente humana, dando vueltas a sus ideas magníficas, creyendo que oran cuando sólo están hablando consigo mismo. Y están así sólo por una cosa, que es la primera regla del grupo: «Renunciad a todas las pasiones y deseos desordenados». No han renunciado a sus pasiones y a sus grandes apegos humanos.

Quien se entrega al pecado, no puede entrar en la oración. Sólo el que renuncia a los pecados, el que los arranca de su alma, tiene la capacidad de entrar en la Presencia de Dios.

Toda esa Jerarquía que quiere negar Medjugorje es gente que no reza, porque vive muy a gusto en sus grandísimos pecados de herejía, de apostasía de la fe y de cisma.

Medjugorje es una gracia extraordinaria para la Iglesia que la misma Iglesia ha despreciado. Gracia que no puede fructificar allí donde no hay fe.

Si Fátima abría a la Iglesia el camino hacia el Reino Glorioso de Cristo, Medjugorje lo descubre en su plenitud.

«Todo lo que se oponga a la Cruz y al sufrir con Cristo, no es de Dios, viene del príncipe de las mentiras.

Toda enseñanza contraria al Evangelio que les predicó Mi Hijo, y os dejó en herencia y por medio del testimonio de los primeros Apóstoles, que sea cambiado o manipulado, viene del Enemigo, el diablo, y debéis negaos a consentir todo error, toda herejía que contradiga la Palabra Divina. No provoquéis al Santo de Dios, para que no os veáis atribulados por ver el Juicio Divino sobre vosotros, que consentís el pecado» (La Virgen  a un alma escogida).

Combatan a toda esa jerarquía que combate las apariciones de la Madre de Dios. Ellos no son de la Virgen, aunque tengan en sus bocas el nombre de Ella. Lo toman en vano, para su gran negocio en la Iglesia.

Es tiempo para que los videntes de Medjugorje dejen de predicar que Bergolio es papa y defiendan la gracia extraordinaria que la Virgen les ha dado. Si no lo hacen, comprometen la misma aparición. Es la Cruz, la vida crucificada lo que da la fuerza para esto:

«La Cruz será un signo de esperanza y salvación para muchos, que se verán obligados y limitados a mantener viva esta devoción a Mis Apariciones, en ese lugar de Medjugorje» (La Virgen  a un alma escogida).

 

En comunión espiritual con el Papa Benedicto XVI


verdaderofalso

«No tengáis miedo, adelante en comunión con Benedicto» (Jesús a un alma escogida).

Todas las almas, en la Iglesia, tienen que estar unidas a Su Cabeza.

Pero hay una Cabeza Invisible, que es Jesucristo; y una Cabeza visible, que es el Papa.

La unión del alma con Cristo es mística; la unión del alma con el Papa es espiritual.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: son las almas unidas místicamente a Cristo bajo una Cabeza espiritual, sometidas, obedeciendo a esa Cabeza.

En toda oración litúrgica, en la Sta. Misa, el alma tiene que tener dos intenciones: la de unirse a Cristo, a su obra redentora en la Cruz; y la de unirse a las intenciones del Papa, a la obra del Papa en la Iglesia.

Quien se une a Cristo, participa de Su Obra Redentora: le ayuda a salvar y santificar las almas; quien se une al Papa, participa de su Espíritu, el Espíritu de Pedro, que es el que mueve a toda la Iglesia; construye, con él, la Iglesia de Cristo.

Todos aquellos que se separan del Papa también lo hacen de Cristo. Si no se está unido espiritualmente al Papa, tampoco se está unido místicamente a Cristo.

No se puede estar en comunión mística con Cristo sin estar en comunión espiritual con el Papa. Y si se comulga espiritualmente con un falso papa no puede darse la unión mística con Cristo.

Jesús ha puesto a Benedicto XVI como Pedro en la Iglesia. Jesús construye la Iglesia sobre el Papa Benedicto XVI:

«…pues os digo, Mi Benedicto, que tú eres Pedro, y sobre ti edifico Yo Mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Ib).

Jesús no puede edificar Su Iglesia sobre un hereje, porque la obra de la Iglesia es una verdad revelada, divina, inmutable, dogmática. Es una verdad moral y espiritual. Los herejes, no sólo atacan la verdad sino a toda la Iglesia, a toda la obra de Cristo en Pedro.

Allí donde está Pedro está la visibilidad de la Iglesia. Pero allí donde está un falso Pedro, sólo es posible ver una secta más, no una iglesia.

«Ninguna tempestad puede conmover a la Iglesia fundada sobre la piedra, ni destruirla nunca el furor de los vientos» (San Jerónimo – In Isai); pero puede ser ocultada, perseguida, atacada, de tal manera que ya no sea visible.

La Iglesia es visible en todo el mundo porque es autoridad moral y espiritual, Al dar normas morales y espirituales para todas las almas y para todos los gobiernos, se produce la visibilidad moral de la Iglesia. Esta visibilidad es universal: se extiende a todas las naciones. La Iglesia existe y domina moral y espiritualmente en toda la tierra. Esto es lo que se llama la catolicidad. La Iglesia de Cristo es católica porque ejerce su dominio moral sobre todos los pueblos.

Muchos han anulado esta catolicidad porque sólo la relacionan con la nota de lo universal. Lo católico es lo moral, lo espiritual. No es lo global, lo universal, no es algo que todos pueden usar a su capricho.

«Pídeme, y te daré las naciones en herencia tuya, y extenderé tu dominio hasta los extremos de la tierra» (Salm 2, 8b).

La Iglesia domina todo el mundo, con una autoridad moral, porque propaga la ley de Dios entre las naciones: señala lo que es la Voluntad de Dios y la manera de obrarla.

La Iglesia no conquista tierras, no domina políticamente, no establece un reino humano ni material. La Iglesia domina corazones, almas, evangelizando, administrando los Sacramentos, haciendo observar los mandamientos divinos.

Desde hace más de dos años, Bergoglio ha dado muestras suficientes de que es un hereje consumado y manifiesto. Pero «pocos parecen percatarse de la falsedad del lobo vestido de oveja, que anda abriendo las puertas del redil para dejar extraviar a las ovejas buenas, y dejar entrar a los lobos, a los que son ovejas de otro rebaño» (Ib).

Pocos se dan cuenta de que en Roma están en comunión espiritual con un hereje. Si Roma es hereje, la Iglesia verdadera queda encarcelada, oculta, perseguida, porque eso supone alejarse de la comunión mística con Cristo. Eso es alejarse de la Iglesia Católica. Eso es presentar al mundo, a las almas, a los gobiernos, una iglesia que no ejerce su domino moral sobre todos, sino que es abiertamente inmoral. Una secta que ejerce una imposición, un imperativo moral (= una inmoralidad).

Si no se aplica la ley de Dios, si no se enseña lo que es la Voluntad de Dios, entonces el mundo recibe una doctrina no moral, herética por los cuatro costados. Es decir, se ofrece al mundo lo mismo que éste tiene. Automáticamente, esa iglesia pierde la universalidad y la catolicidad. Esa iglesia es sólo mundo, una secta más con sus ideas propias.

Pero tiene un agravante: se da esa doctrina amparada en una autoridad moral y espiritual, que es falsa. Porque el verdadero Papa, el que tiene ese dominio moral y espiritual, no gobierna la Iglesia:

«Oh, Mi Pedro, estáis encarcelado, impedido de ejercer vuestro ministerio, porque el usurpador ha tomado vuestro puesto, haciéndose pasar por uno de los Míos, pero el espíritu del mal ya entró en él, y vendió su alma al poder del mal. (ib).

Si el usurpador ha tomado el puesto del Papa, haciéndose pasar por Papa, arrogándose un poder que no tiene ni puede tener, la consecuencia es clara: ese falso papa ejerce una dictadura física entre todos los miembros de la Iglesia. Impone una inmoralidad. No sólo él se ha prostituido con todas las ideas contrarias a la verdad revelada, sino que quiere hacer que todos hagan lo mismo: quiere que todas las almas en la Iglesia, fieles y Jerarquía, se vendan y caigan en el adulterio espiritual. Se alimenten de la herejía. Y quien no siga sus pensamientos, su lenguaje bello y bien elaborado, acaba como se ha hecho con los Frailes de la Inmaculada.

Lo que se ve en Roma no es la catolicidad de la Iglesia sino la mundanidad de la iglesia: la iglesia se ha hecho mundo, como el mundo. Ha adquirido el pensamiento del mundo, que nunca puede ser moral ni espiritual.

Muchos no se han percatado que Bergoglio es una persona inmoral y totalmente mundana, nada espiritual. El poder que ejerce es necesariamente en contra de todo poder moral y espiritual, en contra de toda la doctrina católica. No ejerce un dominio moral, sino una dictadura humana: si no se está en la Iglesia pensando lo mismo que piensa ese hombre, te persiguen, te destruyen, te atacan por todos los frentes.

El dominio moral de la Iglesia nunca es una imposición a los hombres; pero toda dictadura humana esclaviza a todos los hombres a un ideal humano.

Quien obedece a Bergoglio, quien se une a él en la oración, a sus intenciones en la Santa Misa, en sus oraciones de cada mes, recibe el mismo espíritu que anima a esa alma. Bergoglio es movido por dos espíritus: el del falso profeta y el del Anticristo.

Con el primero, ese hombre habla siempre la mentira, es decir, nunca es capaz de enseñar la doctrina de Cristo ni de guiar a las almas hacia la verdad revelada. Es imposible que Bergoglio piense y hable la verdad absoluta. Continuamente, él está en sus relativismos. Y no es capaz de darse cuenta que no sabe nada, que está haciendo el mayor de los ridículos, ante el mundo y ante toda la Iglesia.

Con el segundo espíritu, ese hombre destruye toda la obra de Cristo, que es la Iglesia. Pone a sus hombres claves en todas las diócesis del mundo, para tener control de todo e ir lanzando su doctrina boca a boca, para que la gente la vaya conociendo y poniendo en práctica. Y una vez que ha sembrado su doctrina, comenzará a poner sus leyes, a cambiarlo todo, tanto en el magisterio de la Iglesia, como en toda la tradición.

Bergoglio no cree en los dogmas: ni vive de ellos ni le interesa su existencia. Los conoce como se conoce el sol y la luna: ahí están. Pero él vive lo suyo, lo que le da la gana. Y hace lo que quiere en su ministerio sacerdotal, que es falso a todas luces.

Aquel que se una espiritualmente a Bergoglio, recibe estos dos espíritus.

El sacerdote o fiel que en la Misa se una a las intenciones de Bergoglio como papa, no sólo peca, sino que es movido por estos dos espíritus.

Quien comulga espiritualmente con Bergoglio no puede comulgar con Cristo ni, por tanto, puede estar unido a toda la Iglesia.

Toda esa Jerarquía que sigue obedeciendo a Bergoglio como su papa no pertenece a la Iglesia de Cristo.

Para pertenecer a la Iglesia Católica hay que estar en comunión espiritual con el verdadero y legítimo Papa, Benedicto XVI. Y eso supone y exige tener a Bergoglio como falso papa.

No se puede decir que se está unido a lo que Benedicto XVI ha hecho en la Iglesia y también unido a lo que Bergoglio va haciendo. No se pueden servir a dos cabezas, a dos papas al mismo tiempo.  O se está con Dios o con el demonio. No se construye la Iglesia con dos cabezas. Y menos cuando las dos son totalmente opuestas en la doctrina y en la moral.

Por eso, lo que se ve, no sólo en Roma sino en todas partes del mundo, en cada diócesis, no es la Iglesia Católica. Es otra iglesia en comunión espiritual con un hereje. Una iglesia herética, llena de herejes. Porque quien obedece a un hereje, se hace hereje.

Cuesta entender esta verdad a muchos. Esos católicos, que se saben la teología, el derecho canónico, dicen que esto no es posible. Es la gran oscuridad que se cierne sobre toda la Iglesia.

La Iglesia no es como la cuentan los hombres. Es una verdad revelada: es como la cuenta Dios, como la piensa Dios, como la obra Dios.

Como nadie cree en las profecías, porque todos se han vuelto sabios de su propia cabeza humana, entonces nadie puede comprender esta verdad: Benedicto XVI es el último Vicario, el último Papa. No hay más Papas. No existe un Bergoglio como papa. Existe Bergoglio como usurpador del papado.

«… Mi Verdadero Vicario, BENEDICTO XVI, quien permanece y sostiene a la Verdadera Iglesia, sosteniéndola con su oración, con su sufrimiento, pues Él sabe que a Él se le ha concedido la palma del martirio, y es el Pilar que sostiene la Iglesia; es Pedro encarcelado, privado de predicar la Verdad y ejercer su ministerio petrino; quien todavía tiene las llaves de la Iglesia, aunque por el momento está encarcelado» (Ib).

De momento, Benedicto XVI sigue en la cárcel, pero sostenido por la oración y el sufrimiento de los verdaderos católicos, que son ciertamente muy pocos. Todos están idiotizados por las palabras baratas y blasfemas de un idiota.

Benedicto XVI «quien guiado por El Espíritu Santo supo salir, en el tiempo señalado, para guiar y sostener debidamente a la Verdadera Iglesia, Mi Santa Doctrina. Se entregó para salvar Mi Iglesia. Este gesto, de humildad y de amor de Benedicto, marcó el principio del fin».

Si la Jerarquía hubiera comprendido el gesto de Benedicto XVI, su renuncia que no es renuncia, entonces no hubieran elegido a un impostor e hubieran hecho todo lo posible por quitar a Bergoglio de la Silla de Pedro.

En estas dos cosas toda la Iglesia, toda la Jerarquía, es culpable. Nadie se opuso al Cónclave; nadie se ha opuesto a Bergoglio.

Ninguno ha movido un dedo. Ni un solo dedo. Porque son cobardes: esos Obispos, que tienen todo el poder para gobernar con la verdad en la Iglesia, temen a los hombres; no saben enfrentarse a ellos; no han aprendido a obedecer a un Papa en la Iglesia y, por eso, ahora quedan ciegos en una falsa obediencia a un idiota. Y ellos no lo ven como idiota, sino como sabio, como un portento de santidad y de justicia.

Acaban de presentar el Instrumentum Laboris del Sínodo, con novedades que refieren sobre todo al contexto antropológico-cultural, al socio-económico y al ecológico, ”ahora felizmente iluminado por la nueva encíclica Laudato sí’ (Visnews).

Lo que va a salir de ese falso Sínodo es una imposutra porque está basado en un documento construido sobre una gran mentira: el cambio alarmante del clima. Sobre esa mentira, que todos quieren, todos la buscan y aplauden, se va a liquidar todo el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Quien hace comunión espiritual con un falso papa ayuda a destruir toda la Iglesia.

Quien comulga espiritualmente con Benedicto XVI construye la Iglesia y, por lo tanto, se opone radicalmente a Bergoglio como papa. Se opone con todas las consecuencias.

Bergoglio es «un falso pastor que, por falsa piedad y falsa misericordia, deja entrar a los mentirosos, a los soberbios y orgullosos, a los idólatras y homosexuales, a todos los que cometen adulterio y fornicación, viviendo sus leyes y sus antojos, y no en obediencia a Mi Ley Divina» (Ib)

Todos pueden comprobar estas palabras a diario. Y todos pueden ver cómo nadie hace nada en contra de ese hereje. Todos le dejan actuar.

¡Cuántos asisten a las falsas misas de ese hombre, llenas de hipocresía, cometiendo muchos sacrilegios! Quien asiste a una misa de ese hombre comete un pecado mortal, además de recibir los espíritus que animan a ese hombre. ¡Cuántos van a comulgar sin discernir que un hereje no puede consagrar a Cristo en las especies del pan y del vino! ¡Cometen un sacrilegio al comulgar! ¡Adoran un trozo de pan!

¡Cuántos fieles que comulgan con Bergoglio y reciben la comunión en estado de pecado mortal! Quien se une espiritualmente a un hereje cae en estado de pecado mortal. Muchos no ven este pecado porque han quedado ciegos. Y se siguen confesando, pero no confiesan este pecado. Hacen confesiones sacrílegas. La ignorancia culpable de un pecado no les excusa de ese pecado.

¡Cuánto fariseísmo aparece en toda la Iglesia! El fariseo es el que se separa de la verdad. Cuantos, por seguir a Bergoglio, se vuelven fariseos, sepulcros blanqueados. Se creen santos y justos porque se dicen a sí mismos que están en comunión con el papa; que es el Espíritu Santo el que ha elegido a Bergoglio como papa. Y quien no se una a él, entonces se va a condenar, está fuera de la Iglesia.

«¡Ay del falso profeta más le valiera no haber nacido! Porque no sólo cargará con su pecado, pondré Yo Mismo sobre sus hombros los pecados de todos los que arrastró con él al mal, y se perdieron por su causa».

Si la Iglesia católica ya no ejerce su dominio moral y espiritual sobre todas las naciones, eso significa que ningún país es ya católico. La Iglesia católica sólo es visible en una sociedad católica.

La obra de la Iglesia es formar sociedades católicas, regidas por la doctrina moral, que es la doctrina de Cristo.

Jesús no es una idea muy bonita, sino una vida divina. Y ha construido Su Iglesia para que el mundo viva como Dios quiere. Cuando las sociedades se rebelan contra la norma de la moralidad, entonces la Iglesia no puede ejercer su dominio y ya no es visible. Sus miembros se van acomodando a todo lo del mundo, a las leyes abominables que se imponen en esa sociedad. Y la Iglesia se oculta, desaparece, sólo vive en sus corazones fieles.

Por eso, ahora todos están buscando una nueva sociedad, un nuevo orden mundial, una nueva iglesia. Han perdido el norte de la moralidad, de la catolicidad. Son sólo veletas del pensamiento humano, y todos se han vuelto más brutos que los brutos.

Si no saben, con su razón, ver la mentira de la doctrina de Bergoglio, menos saben discernir sus herejías.

Si aplauden una doctrina que ha sido demostrada falsa por los científicos, que sólo se mantiene porque da de comer a muchos, por interés político y económico, entonces tampoco saben ver lo que es Bergoglio, ni saben discernir lo que está levantando en Roma. Y esperan al falso Sínodo para que todo se arregle. En esta estupidez viven muchísimos católicos, que ya no saben llamar a cada uno por su nombre.

Permanezcan en comunión espiritual con el Papa Benedicto XVI. Escupan, no sólo a Bergoglio sino a toda aquella Jerarquía que les obligue a seguir a ese traidor. Que ninguna Jerarquía les meta miedo. Sólo hay que temer a Dios. Y el temor de Dios es el principio de toda sabiduría. Aquel que no quiera quitar su pecado, entonces se pasa la vida temiendo a los hombres, y vive su vida limpiando las babas y los traseros de mucha gente que no les importa la verdad. El mundo sigue su mentira, y quiere seguirla, sabiendo que es una mentira. Y la nueva secta en Roma sigue su mentira, sabiendo que es mentira. Y desean con todo su corazón podrido llevar a la perfección esa mentira. Para eso han sacada ese documento ecológico: es el fundamento de la nueva iglesia y del nuevo orden mundial. Ahora, tienen que ir por lo más difícil: imponer las nuevas leyes, el nuevo credo, que rija esa nueva iglesia y que sea el apoyo del nuevo gobierno mundial.
 

El fundamento inconmovible de la sociedad es la propiedad privada


Cuando el hombre ha perdido la fe en Dios, busca organizar la vida de los hombres según su pensamiento humano. Vende al mundo una imposición:

«Un mundo interdependiente… significa… procurar que las soluciones se propongan desde una perspectiva global y no sólo en defensa de los intereses de algunos países» (LS – n. 164).

Un mundo interdependiente: la falta de conocimiento de la esencia de las cosas hace que se ponga la dependencia derivada sólo de la coexistencia: las cosas dependen unas de otras porque existen juntas o porque un problema nace de otro problema.

Bergoglio, al estar en su idea de la evolución, tiene que anular la esencia de cada cosa, y verlo todo como un conjunto que trae una sucesión de problemas globales. Necesariamente, esta visión le tiene que llevar siempre al error por su falta de discernimiento, que es defender los intereses públicos del mundo, dejando a un lado los intereses privados de toda sociedad. Es su comunismo movido por la idea masónica de un gobierno mundial, público, en que nada sea privado, sea de interés personal.

Todas las cosas dependen de sí mismas; cada una de su ser individual, creado. Es el principio de individuación.

La existencia de algo no supone la dependencia con otra cosa que exista. Sólo hay una dependencia absoluta de toda criatura con Dios. La esencia de cada criatura es nada, no puede subsistir por sí misma, sino que necesita absolutamente el ser de Dios para existir. Entre las criaturas, las dependencias son sólo relativas y temporales. No son esenciales, íntimas.

Dios creó al hombre para que dominara la Creación, no para que dominara a otros hombres.

El pecado original ha traído tanto mal a la Creación que los hombres sin fe pierden de vista para qué Dios los ha creado.

Dios no ha creado al hombre para que dé soluciones globales a los problemas del mundo. Dios no ha creado al hombre para que viva solucionando los problemas de su vida ni los de su vecino. No se ha creado al hombre con un problema que debe solucionarlo en su vida.

Dios ha creado al hombre para una obra divina, que el pecado original anuló. El hombre, ahora, se encuentra inmerso en las consecuencias de ese pecado y, por eso, el único sentido de su vida es salvar y santificar su alma.

Quien olvide esta verdad revelada, entonces pasa su vida queriendo salvar el planeta de tantos males que tienen sólo su origen en el pecado original, en una causa espiritual.

Las consecuencias del pecado original son globales, para todo hombre, pero no absolutas. E, incluso son universales, para todo el Universo creado: «Por ti será maldita la tierra» (Gn 3, 17e). Pero son consecuencias espirituales, no existenciales; consecuencias que no anulan la esencia de lo que es el hombre o la naturaleza.

La creación sigue su curso natural, obedeciendo a la ley que Dios ha inscrito en ella, pero cargando con las consecuencias de un pecado que va más allá de lo que el hombre puede imaginar.

El pecado original se transmite por generación: en los cuerpos de los hombres hay una consecuencia espiritual, un efecto de ese pecado. Pero la naturaleza humana, los hombres no dependen unos de otros por ese pecado: ningún hombre, por ese pecado, depende de otro hombre en su naturaleza humana. La sucesión del pecado original, su transmisión por generación, no es la sucesión de naturalezas, no es la sucesión de vidas humanas, no es su interdependencia: nadie nace a la vida para estar pendiente, para estar dependiendo de otros hombres, para estar unido a otro hombre o a la tierra.

Este es el gravísimo error en que caen los que niegan el pecado original.

«El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos» (LS – n. 48). Esto es una blasfemia a toda la obra de la Creación. La naturaleza tiene su esencia independiente del hombre. Y entre el hombre y la naturaleza habrá ciertas dependencias, ciertas relaciones, ciertas conexiones externas: el hombre necesita el agua, el sol, el alimento para vivir. Pero no son absolutas. Y, por eso, el actuar humano sobre la naturaleza no degrada ésta, porque Dios ha mandado al hombre dominarla. Todo el problema está en saber ejercer ese dominio.

En la mente de Bergoglio, naturaleza y hombre están unidos:

«…la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida» (LS – n. 16).

Bergoglio toma la idea de su fe fundante, que desarrolló en su panfleto lumen fidei, y la traslada a la relación entre el hombre y la tierra.

Así como el hombre no puede creer por sí mismo, sino que necesita de una comunidad, de una estructura social, para poder creer; así el hombre no puede vivir por sí mismo, sino que necesita una estructura apta para desarrollar su vida humana.

Por eso, habla de que el planeta es débil, habla de buscar un nuevo estilo de vida, una nueva estructura que se ponga por encima de lo que es natural, de la propia esencia de la naturaleza y del hombre.

■ El planeta no es débil porque Dios lo ha creado perfecto, no en debilidad, no limitado en su perfección;

■ los pecados de los hombres no anulan la obra perfecta de Dios; la pueden ocultar, oscurecer. Pueden construir otro mundo distinto al creado, como son las ciudades; pero nunca el hombre degrada lo natural, sino que lo transforma, ya para bien, ya para mal.

■ los pobres no están relacionados con la fragilidad del planeta, porque el hombre es débil sólo por su pecado, no por su estilo de vida material. El pecado debilita al hombre en su vida espiritual, pero no en su vida material: «Yavé puso a Caín una señal, para que nadie que lo encontrase le matara» (Gn 4, 15). Caín sigue viviendo en la debilidad de su espíritu, sin poder quitar su pecado, para seguir obrándolo con la fuerza de su naturaleza. El pecado hace fuerte al hombre, nunca débil. Fuerte para seguir pecando.

Todo el planeta que Dios ha creado sigue siendo fuerte en su ser creado, por más que el demonio y el hombre, por las obras de sus pecados, dañen el entorno ambiental. Las consecuencias materiales de un pecado espiritual nunca anulan la obra creadora de Dios.

«¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?»: la muerte, a la que ha sido conducida toda la creación por el pecado original no puede vencer al amor con que Dios ha creado todas las cosas. Las ha creado en la vida. Cada ser creado es vida, no muerte.

El hombre no es débil en su naturaleza humana: tiene todo lo necesario para vivir como hombre, para ser hombre. Pero, en la debilidad de su pecado, obra en contra de lo creado, produciendo un mal material.

Pero, Bergoglio cree en la evolución del mundo porque cree en un dios no perfecto en sus obras: «Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo» (LS – n. 80).

Tanto las naturalezas del hombre como del planeta son imperfectos en su ser y, por tanto, se necesitan unas a otras para alcanzar la perfección. Esta es la síntesis de su panenteísmo.

Por eso, Bergoglio tiene que estar convencido de que todo en el mundo está conectado, cayendo en el gravísimo error de juntarlo todo sin discernir nada: tanto hombre y naturaleza se degradan juntos como son perfectos juntos: «La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados» (LS – n. 243).

Aquí se ve su falta de conocimiento de las esencias de las cosas. En la vida eterna todo estará transfigurado, no transformado. Todo estará revestido del Espíritu. Por eso, no existirá ni el reino animal ni el vegetal, porque son incapaces del Espíritu. La vida eterna no es la vida creada. No es la vida en un Paraíso. Es la misma vida de Dios, que es Espíritu.

Dios creó al hombre, no en la vida eterna, sino en la vida de un Paraíso: con un cuerpo revestido del Espíritu, con un alma viviendo en la gracia. Y lo puso en una creación material para que realizara una obra divina: engendrar y llevar hijos a la vida eterna. Los hijos no eran para vivir en un paraíso, sino para llevarlos a una vida no material, sino espiritual y gloriosa en todo.

Este plan de Dios lo anuló el pecado original. Y, por eso, siempre los hombres están construyendo sus fábulas, buscando sus estilos de vida y no se paran a pensar para qué Dios los ha creado.

¿Qué es la naturaleza? ¿Qué es el hombre? ¿Para qué es la naturaleza? ¿Para qué es el hombre? Estas preguntas Bergoglio ni se las hace ni puede resolverlas adecuadamente en su manuscrito comunista y masónico, porque su visión de la esencia de las cosas es totalmente errada.

La vida humana como tal tiene una estructura sin la cual no es tal vida humana personal. El hombre primeramente es persona, individuo, algo intangible. Y esa persona realiza su vida en su propia naturaleza humana, no fuera de ella: su alma y su cuerpo es el centro de su vida humana. Ninguna persona vive en el centro de lo que es la esencia de un animal o del planeta. Y, finalmente, la persona vive en diversas formas histórico-sociales, en las cuales da un sentido a su propia vida humana. Se relaciona con todo lo creado, pero no depende de nada de lo creado.

«Pobres siempre tendréis»: la actitud cristiana frente a la pobreza ha sido siempre considerarla como inevitable. Y, por eso, la condición de todo hombre era ser pobre: ser hombre quería decir ser pobre. Pero, cuando los hombres empiezan a adoptar un lenguaje nuevo, otros principios no evangélicos, entonces se vive para que la miseria sea eliminada, para que la pobreza esté en vías de desaparición, y viene la imposición: la pobreza es evitable, es un pecado que los hombres vivan pobremente, hay que buscar esa vida eterna en donde los pobres sean definitivamente liberados:

«… un veinte por ciento de la población mundial consume recursos en tal medida que roba a las naciones pobres y a las futuras generaciones lo que necesitan para sobrevivir» (LS – n. 95): hay pobres porque los ricos les roban el alimento, consumen recursos que roban lo que necesitan otros.

¡Esto es inaceptable!

Esta mentalidad perversa viene de su claro comunismo, en donde se va buscando el bien común de toda la humanidad anulando el principio de la propiedad privada:

«El principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes es… una “regla de oro” y… el “primer principio de todo el ordenamiento ético-social”» (LS – n. 93).

Todos los bienes de este mundo han sido creados para el hombre y por el hombre. Pero el dueño supremo de todos ellos es Dios. Y todas las cosas Dios las ha dispuesto para el servicio de todos los hombres.

La pregunta clave es ¿de qué manera las cosas sirven a todos los hombres, están a disposición de todos los hombres? ¿Cómo los bienes materiales son poseídos por todos los hombres, son propiedad privada de todos ellos? Y la respuesta no puede darse sin considerar la diversas naturalezas de las cosas y su utilidad para los hombres.

El fundamento inconmovible de la sociedad es la propiedad privada. El hombre, en particular, posee la propiedad privada, por ley natural: es dueño de su naturaleza humana, dueño de su vida, de sus obras, de sus cosas. El hombre, estando en una sociedad, posee esa propiedad privada en la comunidad: tiene derecho a administrar y a repartirse todos los bienes en esa sociedad.

La propiedad privada tiene un carácter individual, pero también debe necesariamente cumplir una determinada función social.

Bergoglio habla de subordinación porque, en su comunismo, la propiedad privada es ilícita: los bienes materiales y la producción de esos bienes tienen que ser poseídos con propiedad pública, para un destino universal de los bienes. Nunca Bergoglio va a defender el derecho a disponer perfectamente de los bienes materiales, dentro de los límites de la ley, que tiene toda persona. Nunca defiende Bergoglio el derecho mismo de propiedad, la facultad moral de disponer todo aquello que sea útil a la vida privada de cada hombre. Siempre va a defender aquello que es útil para la vida pública, anulando lo que es la esencia de la sociedad.

Por eso, dice que la subordinación es el primer principio, anulando lo que es el fundamento inconmovible, el primer principio, de toda sociedad: la propiedad privada.

Por eso, este hombre va en busca de un paraíso, de una sociedad, de una estructura social, de un futuro que no existe, que nunca puede darse en la realidad:

«… cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos» (LS – n. 13).

Los Obispos de la Iglesia Católica primariamente deben buscar la salvación de los hombres, no estar andando tras la multiplicidad de opciones políticas que destruyen o pretenden destruir aquello que consiste el hombre y lo que es la esencia de la sociedad.

El futuro de una sociedad no se piensa mirando la crisis ambiental ni los sufrimientos de los pobres. Una sociedad se construye mirando al hombre, a su naturaleza humana, a las exigencias y a los derechos que Dios ha puesto en ella.

Quien busca un mundo mejor para todos los hombres tiene que anular necesariamente lo que es el hombre y lo que es la sociedad. La sociedad no está fundamentada en el bien común, sino en el bien privado.

La manera de que este bien privado llegue a todos los hombres no es un asunto de un gobierno mundial, público, que tenga dominio sobre la propiedad privada de todos los hombres, que ejerza una imposición sobre las vidas privadas de los hombres para encontrar una igualdad material entre ellos.

No es igualando en lo material como el hombre adquiere su dignidad. Es viviendo una vida espiritual cómo el hombre obra su dignidad en la sociedad.

Pero, Bergoglio anda tras su idea política.

Como se consume muchos recursos, se roba a los que lo necesitan; como unos viven bien con su propiedad privada eso perjudica a los que viven mal, a los que tienen problemas.

Es siempre el mismo juego: propiedad privada y bien común. Estas dos cosas se relacionan entre sí, pero no dependen una de otra. Se quiere resolver los problemas injustos en la sociedad privando al hombre de su propiedad privada. Y eso es hacer una profunda injusticia al hombre y a la propia sociedad.

Como los hombres han perdido el norte de la ley de Dios, entonces andan todos tras las imposiciones de su mente humana a los demás. Imposiciones globales, públicas, sacando leyes abominables.

El futuro del hombre y de toda sociedad está en resolver el problema del pecado, que es un asunto espiritual. Y, por eso, toda la creación, todo el medio ambiente «gime y siente dolores de parto» (Rom 8, 22), a causa del pecado original, no porque el clima se esté calentando o el CO2 mate el ambiente o haya pobres en el mundo. El mundo está mal por el maldito pecado de los hombres, no por la tecnología, no por las formas de poder que derivan de la tecnología.

No se vive buscando una tecnología que se acomode al estilo de vida del hombre, ni teniendo un poder que use la tecnología para igualar todas las clases sociales.

Se vive la vida quitando aquello que impide progresar en la vida espiritual: el pecado. Sin arrepentimiento del pecado, ni la tecnología ni el poder sirven para nada.

Este hombre, al perder el sentido espiritual de la vida humana, se mete en camisa de once varas.

«Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable» (LS – n. 30).

Bergoglio se llena la boca, como lo hace todo político que quiere vender su idea: los pobres tienen derecho inalienable al agua.

Todo este escrito es sólo una idea política que no resuelve, en la práctica, cómo dar agua a todos los pobres.

¿Quieres agua? Vete a vivir al lado de un río; construye un pozo. Ahí tienes la naturaleza creada; ahí tienes el agua que Dios ha creado para todos; ahí tienes una estructura natural que Dios ha puesto para que el hombre se acomode a ella, no para que el hombre acomode la naturaleza creada a su estilo de vida, a su idea de la vida, a su filosofía particular de lo que es una sociedad.

Bergoglio, cuando habla, nunca resuelve los problemas, sino que sólo vende su idea. Es un político más. Y un mal político, porque anda vestido de religioso.

Este mundo tiene una grave deuda moral con su Creador: tiene que alejarse del pecado; no seguir dando culto a otros dioses; no seguir buscando la ruina espiritual de tantas almas por su clara apostasía de la fe.

Si el hombre saldase esta deuda espiritual, entonces quitaría la deuda social con los demás hombres. Pero todos los hombres se llenan la boca clamando las injusticias sociales; olvidando las ofensas que se hacen a Dios. Es el fariseísmo propio de Bergoglio, que es un sepulcro blanqueado: quiere limpiar la suciedad exterior de los hombres y de las sociedades, dejando el pecado dentro de sus almas.

El derecho a la vida de toda persona, sea pobre o sea rico, está radicado en su propia naturaleza humana, no en el agua potable, no en los recursos naturales, no en la tierra que tampoco es madre. Tener agua o no tenerla no es signo de dignidad inalienable; es sólo la vida. En la vida no siempre se puede tener de todo.

Pero ser hombre o ser otra cosa es el gran problema de los hombres. Hoy, el hombre no quiere pertenecer a la naturaleza humana: el hombre quiere ser mujer, y la mujer, hombre. Y, por eso, todos andan buscando una nueva sociedad acorde a una idea humana que no existe en la realidad. Y, por eso, hay que buscar otros modos de entender la economía y el progreso, que regulen eso nuevo que quiere ser el hombre.

Cuando se despoja al hombre de la esperanza de una vida eterna, entonces se da una visión de la vida humana tan esperpéntica como la que aparece en este escrito.

Un escrito que es sólo un manifiesto comunista y masónico. Ni pertenece a la doctrina social de la Iglesia ni es magisterio de un papa. ¡Cuántos andan preguntándose si este escrito les obliga a seguirlo en conciencia! ¡No han comprendido lo que pasa en la Iglesia! Siguen llamando papa a uno que, claramente, no lo es. Siguen tomando en consideración, valorando sus palabras como una verdad que hay que tener en cuenta.

Esta es la doctrina de un heresiarca, que da su opinión sobre un tema que no existe en la realidad, que no tiene fundamento en la realidad.

Está hablando un hombre que vive su idea no real y que sólo le interesa venderla al mejor postor. Y no tiene otro fin este escrito.

Es el idealismo de un hombre, que ha inventado como real, aquello que la ciencia ha demostrado que no existe: el calentamiento alarmista del clima.

Todos los idealistas viven siempre en su sueño, en su ilusión, en la idea que conciben en su mente, y que nunca es una verdad. Y trabajan sobre esa mentira, y hacen que muchos otros configuren sus vidas alrededor de esa mentira.

«La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común» (LS – n. 164).

Nos obliga a pensar: Bergoglio siempre está en su imperativo categórico, que es el propio de todo idealista. Es un hombre no libre para pensar lo que quiera. Es un hombre con una idea fija en su cabeza, obligado por esa idea fija.

El hombre idealista no se mueve por la ley Eterna, sino sólo por la ley que su propio conocimiento va creando. Es esclavo de su idea. Está obligado a pensar su idea. El idealista va haciendo su propia ley, para que su mente siga un curso y alcance, con sus pensamientos, el fin que no tiene un fundamento real, que sólo está en su mente.

Bergoglio piensa en un solo mundo, en una sola estructura de gobierno mundial. Esto, en la ley natural y en la ley divina es imposible de realizar.

Quien siga la ley de Dios nunca puede pensar en un gobierno mundial, porque Dios manda al hombre gobernar la Creación, pero no gobernar al mismo hombre: «sometedla y dominad sobre… todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» (Gn 1, 28).

Dios nunca manda al hombre: “someted y dominad al hombre”. Sino que da al hombre la misión de multiplicarse: «Procread y multiplicaos» (Gn 1, 28). Es una vocación divina traer hijos al mundo. Es la vocación de todo hombre.

Para gobernar a los hombres, Dios pone sus leyes. Y las autoridades que los hombres ponen son siempre divinas: «no hay autoridad sino por Dios, y las que hay, por Dios han sido ordenadas» (Rom 13, 1).

El hombre tiene de Dios el poder, pero se ejerce en la sociedad que pertenece el hombre, no en el mundo entero.

Dios es autor de la sociedad. Y la primera célula social es la familia. El hombre tiene el poder en su propia familia, no en la de los otros. Nadie puede mandar en las familias del mundo entero. Cada hombre manda en su propia familia.

Y los hombres, que se reúnen en una sociedad, eligen a un hombre para que tenga el poder en esa sociedad. Ese hombre no tiene el poder para todas las sociedades del mundo. Ese hombre no puede decidir sobre la propiedad privada de nadie en particular. Tiene que gobernar según la ley de Dios, no según sus ideas humanas.

El hombre vive en su familia y en su sociedad, pero no vive en el mundo: no puede vivir en todas las sociedades. No puede estar pendiente de todos los hombres. Ni tampoco hace falta eso para vivir. Por eso, esas estructuras virtuales, esas redes sociales creadas en internet que quieren buscar una idea global para unir a todos los hombres, destruyen la misma vida de los hombres. Porque el hombre radica su existencia humana en sí mismo, en su propia naturaleza, no en la búsqueda de una estructura social que convenga a su estilo de vida.

El hombre que no conozca su naturaleza humana: para qué es su alma, para qué es su cuerpo; entonces no puede comprender para qué es una familia o una sociedad. Y va buscando, en su vida, una sociedad, una red social acomodada a su mente humana, pero no a su naturaleza humana. Y lucha por su idea en ese grupo, en esa sociedad. Pero no lucha por la verdad de la vida.

El gran peligro de las redes sociales es vivir para una ideología humana, no para la verdad de lo que es el hombre, de lo que es la sociedad, de lo que es la Iglesia.

Bergoglio, en este escrito, hace apología de una nueva raza humana, de un nuevo humanismo, centrado en un poder mundial. El poder de gobernar a todo el mundo para que la creación no se degrade por la actuación individual, irresponsable de los hombres.

Bergoglio quiere igualar a los pobres y a los ricos; pero además, quiere la supremacía de una humanidad que tenga el dominio sobre los demás hombres.

En su falsa encíclica se ven estas dos ideas: comunismo y masonismo.

No se puede gobernar con una autoridad mundial a todos los hombres porque se necesitaría conocerlos profundamente a todos. Cosa que es imposible naturalmente para el hombre.

El hombre no puede tener el poder de gobernar el mundo entero porque necesita un conocimiento total de ese mundo: un conocimiento, no de oídas, sino de todas las personas a las cuales va a gobernar. No se pueden quitar los problemas ambientales de todo el mundo sin conocer todas las causas globales y particulares de esos problemas. Sin ese conocimiento es imposible obrar un acto global de la voluntad. Es imposible que ese acto sea recto, justo, equilibrado, que no dañe a ninguna persona, que no dañe al medio ambiente.

Dios no dio al hombre un poder global sobre otros hombres.

Quien ha perdido el sentido sobrenatural de la vida humana, es decir, aquel que no vive para salvar su alma, sólo vive para hacer más complicada la existencia de todos los hombres, queriendo imponer su propio pensamiento a todos ellos:

«… es indispensable un consenso mundial» (LS – n. 164).

No es indispensable un gobierno mundial: todos los hombres pueden vivir tranquilamente sin una autoridad mundial. No les hace falta para nada.

Para vivir no hay que estar pendientes de lo que dice un grupo de hombres, de lo que opina, de lo que piensa. Porque la vocación que Dios ha dado al hombre es engendrar hijos: ya sea física, ya espiritualmente. No es vivir enganchados al pensamiento de ningún hombre.

Antes de Encarnarse el Verbo, el hombre era para un matrimonio: no había sido dada por Dios la vocación religiosa, la vocación sacerdotal. Y todos los hombres vivían para una sola vocación: el matrimonio. Ninguno vivía para solucionar los problemas de los demás. Porque el poder que Dios da al hombre no es una vocación para su vida: no se vive para ser gobernante del mundo o de un país. Se vive para una familia y una sociedad, en donde se ejerce un poder divino

Ningún hombre necesita una agricultura sostenible y diversificada, porque no se vive para comer, ni que esa mesa tenga de todo, sino para salvar el alma. No se vive pensando si mañana voy a llenar mi estómago o no; no se vive buscando un futuro cierto, seguro, porque éste no puede existir por el pecado original.

Quien quiera sostener su vida material pierde inevitablemente su alma: «… el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará» (Mt 16, 25).

Bergoglio quiere condenar, no sólo su alma, sino la de todo el mundo. Es más, quiere perder al mundo en la búsqueda de un paraíso terrenal que no existe.

No se vive «para desarrollar formas renovables y poco contaminantes de energía», porque nada de lo que Dios ha creado contamina al hombre. El hombre, trabajando la tierra, no la desgasta, ni la corrompe, sino que la transforma. Es un bien natural que se transforma siempre en otro bien para el hombre.

Lo que contamina al hombre es el pecado: «lo que sale de la boca eso es lo que al hombre le hace impuro» (Mt 15, 11). ¿Para qué buscar energías no impuras, renovables, si el corazón del hombre no está sanado, no ha sido renovado, porque vive en su pecado?

Bergoglio se mete en temas que no son de su incumbencia. Él, como Obispo, está llamado a la vida espiritual, no a juzgar a toda la sociedad:

«…mientras la humanidad del período post-industrial quizás sea recordada como una de las más irresponsables de la historia, es de esperar que la humanidad de comienzos del siglo XXI pueda ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades» (LS – n. 165).

Este hombre, que ha puesto como lema de su falso pontificado el no juzgar a nadie, es el primero en condenarlo todo: llama irresponsables a todo el mundo. Como si la vida de todos esos hombres del período post-industrial no tuvieran valor para nadie, no hubieran sido responsables en sus vidas. Y lanza esta condena sólo porque esos hombres han estado «lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales» (LS – n. 165).

Nadie en la humanidad, hasta ahora, ha asumido con generosidad sus responsabilidades mundiales: ¡qué gran descaro!

Bergoglio está reflejando su cara de dictador: él quiere una humanidad que asuma responsabilidades mundiales. Quiere una nueva raza humana, la supremacía de hombres inteligentes que den soluciones globales en el mundo. Para esto ha escrito esta basura intelectual, que proviene de una mente perversa.

Los gobernantes del mundo, esos que han perdido la fe, que gobiernan sus países en contra de la Voluntad de Dios, imponiendo leyes abominables al hombre, a la familia y a toda la sociedad, van a dar un gran peso a las ideas maquiavélicas de este hombre.

A ellos les interesa la posición que Bergoglio tiene en la Iglesia. No les interesa tanto Bergoglio, sino el poder que tiene, el poder que falsamente representa. Y van a ir a la caza de ese poder. Eso supone dar al hombre que ocupa ese poder otro puesto más adecuado a su pobre inteligencia. Bergoglio no sirve para gobernar, sino sólo para revolver el gallinero, como lo está haciendo.

El gran mal de sacar este documento ya está hecho: es el vómito que se esperaba de este hombre. Pero, ahora viene otro gran mal. Y como consecuencia de no oponerse a este hombre.

La gran estafa del sobrecalentamiento global


«Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático» (LS – n. 23).

No existe alguna prueba científica que el calentamiento global tenga un fundamento en la verdad.

Este consenso científico muy consistente es el famoso IPCC, organismo de la ONU para asuntos del clima, que se compone de un grupo muy pequeño de expertos climáticos, burócratas y políticos, creado en 1988, con la única intención de demostrar el cambio climático antropogénico. Por lo tanto, este grupo nunca ha sido neutral.

De este grupo, dice el climatólogo neozelandés, de intachable reputación, el Dr. Vincente Gray, que «el IPCC está fundamentalmente corrupto. La única “reforma” que podría sugerir sería su abolición». (ver)

Muchos científicos se han separado de este grupo por su deshonestidad. Ellos van tras una agenda predeterminada. Y lo que llaman argumentos científicos son un fraude para toda la opinión pública, un bulo, una estafa.

En el IPCC se basa Bergoglio para colar su argumento, un hombre que habla sin recurrir al método científico, al rigor científico.

«Existen formas de contaminación que afectan cotidianamente a las personas. La exposición a los contaminantes atmosféricos produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, especialmente de los más pobres, provocando millones de muertes prematuras. Se enferman, por ejemplo, a causa de la inhalación de elevados niveles de humo que procede de los combustibles que utilizan para cocinar o para calentarse. A ello se suma la contaminación que afecta a todos, debida al transporte, al humo de la industria, a los depósitos de sustancias que contribuyen a la acidificación del suelo y del agua, a los fertilizantes, insecticidas, fungicidas, controladores de malezas y agrotóxicos en general» (LS – n. 20).

Según la idea de Bergoglio, la contaminación ambiental, que viene por el cambio climático, lleva a la muerte, especialmente de sus pobres, a los cuales odia con toda su alma; pero son su gran negocio en la Iglesia.

Un grupo de científicos internacionales NIPCC ha publicado un completísimo informe, el 1 de abril del 2014, sobre el aumento de la temperatura terrestre y la salud de las personas:

«■ Temperaturas más cálidas conducen a una disminución neta de la mortalidad relacionada con la temperatura, incluyendo muertes asociadas a enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cerebrovasculares. Trabajos de investigación epidemiológica de todo el mundo confirman esta afirmación.

■ Las muertes relacionadas con el frío son mucho más numerosos que las muertes relacionadas con el calor en los Estados Unidos, Europa y casi todos los países fuera de los trópicos. Los fallecimientos por trombosis coronaria y cerebral suponen cerca de la mitad de toda la mortalidad relacionada con el frío.

■ El calentamiento global está reduciendo la incidencia de enfermedades cardiovasculares relacionados con las bajas temperaturas y el clima invernal en un grado mucho mayor de lo que aumenta la incidencia de enfermedades cardiovasculares y enfermedades asociadas con las altas temperaturas durante olas de calor en verano.

■ Un vasto conjunto de trabajos de investigación contradice robustamente la afirmación de que la malaria se extenderá e intensificará por todo el mundo como resultado del calentamiento inducido por emisiones de CO2.

■ Mientras que los factores climáticos locales determinan en gran medida la distribución geográfica de las garrapatas, la temperatura y el cambio climático no se encuentran entre los factores significativos que determinan la incidencia de las enfermedades transmitidas por eso insectos.

■ El actual aumento en el contenido de CO2 del aire no sólo lleva al aumento de la productividad de los cultivos alimentarios, también conlleva un aumento significativo de la cantidad y potencia de las muchas substancias vitales y farmacoactivas que se encuentran en los tejidos vegetales» (pdf en inglés).

El calentamiento global reduce la mortandad. El CO2 conlleva un aumento de substancias vitales: no mata, sino que da vida. No hay pérdida de biodiversidad, como falsamente proclama Bergoglio desde los números 32 al 42 de su falsa encíclica.

«A su vez, el calentamiento tiene efectos sobre el ciclo del carbono. Crea un círculo vicioso que agrava aún más la situación, y que afectará la disponibilidad de recursos imprescindibles como el agua potable, la energía y la producción agrícola de las zonas más cálidas, y provocará la extinción de parte de la biodiversidad del planeta. El derretimiento de los hielos polares y de planicies de altura amenaza con una liberación de alto riesgo de gas metano, y la descomposición de la materia orgánica congelada podría acentuar todavía más la emanación de anhídrido carbónico. A su vez, la pérdida de selvas tropicales empeora las cosas, ya que ayudan a mitigar el cambio climático. La contaminación que produce el anhídrido carbónico aumenta la acidez de los océanos y compromete la cadena alimentaria marina» (LS – n. 24).

Según la cabeza de este hombre, las emisiones de CO2, propias de las actividades humanas, son las responsables del calentamiento global, que a su vez incide en el CO2, y produce directamente condiciones adversas para la salud del hombre.

Pero, según los científicos, el CO2 no es contaminante, sino que la vida depende de ello. Son los océanos quienes regulan la cantidad de CO2 en el aire, porque son alcalinos, capaces de absorber todo el dióxido de carbono. Hay un intercambio entre los océanos y el CO2 19 veces más que el nivel que producen los hombres. El CO2 desaparece de la atmósfera, gracias a los océanos. Luego, no se pueden agotar los recursos naturales, como falsamente expone Bergoglio desde el número 27 al 31. Y, como el agua absorbe el CO2, entonces no se produce un círculo vicioso y no es posible ningún calentamiento global. Si hay calentamiento es por otras causas. El dióxido de carbono en los océanos está mejorando la producción de los arrecifes de coral, que ayudan a la vida. Y, por lo tanto, eso anula el fraude de la acidez en el mar. Los mares no se están corrompiendo ni, por lo tanto, la vida en ellos. No hay círculo vicioso. (resumen de la noticia en inglés)

Además, no se dan consecuencias directas sobre la salud humana, sólo indirectas:

«El dióxido de carbono no afecta seriamente a la salud humana hasta que el CO2 contenido en el aire alcance aproximadamente 15.000 ppm, 37 veces más grande que la actual concentración de CO2 en la atmósfera (aprox. 400 ppm). No hay razón alguna para preocuparse sobre algunas consecuencias directas adversas para la salud humana por el crecimiento del CO2 en el aire, ahora o en el futuro, ya que incluso proyecciones de los modelos extremos no indican actividades antropogénicas que elevaran la concentración de CO2 en el aire por encima de 1.000 a 2.000 ppm. Sin embargo, el IPCC afirma que el aumento de concentraciones de CO2 son causa indirecta de varias amenazas a la salud humana…» (ver)

La teoría del CO2 como asesino del clima no ha podido demostrarse experimentalmente. Al contrario, a pesar del continuo aumento en las emisiones de CO2, «no ha habido calentamiento global»  desde el año 2000 por encima de los niveles de 1998. «¿Cómo se puede obtener un promedio global cuando ni siquiera tienen un solo porcentaje local?» (ver)

Esta es la gran mentira del cambio climático.

«¿Es razonable pensar que provocamos “calentamiento global” con el CO2? ¿Y que sea un problema?

Respuesta: Razonable es, pero no es necesario. Lo que no es tan razonable es pensar que sea un problema. Y, sobre todo, es muy probable que no falte mucho tiempo para descartar lo que dicen los alarmistas, con sus dobles saltos mortales. Si no empieza el calentamiento de nuevo en los próximos cinco o diez años, y fuerte, ya no va a haber volatines que valgan. Se romperán los huesos. La gimnasia tiene sus límites». (ver)

El cambio climático es algo natural, obedece a la ley inscrita en la naturaleza. La creación va buscando su camino natural.

Que no venga Bergoglio, que es el juguete de la ONU, amenazando con las terribles consecuencias del cambio climático, advirtiendo que si no se busca un modelo económico apto y un gobierno mundial, con una autoridad mundial, entonces todos pereceremos.

«Los peores impactos probablemente recaerán en las próximas décadas sobre los países en desarrollo» (LS – n. 25); «… se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de anhídrido carbónico y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente, por ejemplo, reemplazando la utilización de combustibles fósiles y desarrollando fuentes de energía renovable» (LS – n. 26): Bergoglio es el falso profeta de calamidades. Mete miedo para conseguir lo que quiere, su comunismo:

«… el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta» (LS – n. 48). Los malos de la película son las más fuertes del planeta. Para ellos no hay deterioro ambiental. Para ellos, ni el ambiente humano ni el natural se degradan. Son los ricos los culpables de que los pobres vivan sin ser felices, sin la dignidad  a la cual tienen derecho.

Vivimos en una «cultura del descarte en la vida de las personas» (LS – n. 44), y eso no hay derecho. Hay que implantar la cultura del bien común impuesto a todo el mundo porque existe «el principio de la subordinación de la propiedad privada al destino universal de los bienes», con el cual «el derecho universal a su uso es una «regla de oro» del comportamiento social y el «primer principio de todo el ordenamiento ético-social» (LS – n. 93).

Bergoglio se ha sacado de la manga este principio. Sencillamente, no existe. Pero como él está en su idea evolucionista, en la cual el hombre viene del mono, de una especie pre-humana inferior, antepone la sociedad a la familia.

Dios crea al hombre individual, es decir, el hombre, por ley natural, tiene derecho exclusivo a la propiedad privada. Nadie se lo puede quitar. Nadie le puede obligar a darlo a otro.

Dios creó al hombre solo, no en sociedad. Y el hombre no estaba obligado por nada ni por nadie para dar su propiedad privada. Además, era dueño de toda la creación. Y, cuando Dios crea a la mujer, crea el matrimonio. Luego, la primera obligación del hombre para dar su propiedad privada a otro es a la familia. El bien común empieza por casa. Primero, los tuyos. Después, si Dios te lo pide, los demás.

No existe la regla de oro para poner los bienes al destino universal de todo el mundo. Primero, a la familia. Y si quiere el hombre, siguiendo la ley Eterna, después a la sociedad. Porque Dios no obliga al hombre a compartir nada. Tiene libertad para dar o no dar su propiedad privada.

Pero, Bergoglio, como ha anulado la ley natural, se encuentra en el imperativo categórico: hay pobres, me tienes que dar aunque no lo quieras. Me das porque yo te lo digo, yo te lo mando. Y te pongo la excusa del calentamiento global y del CO2.

«La estafa del calentamiento global es el resultado de la creencia generalizada en una nueva religión, basada en la deificación de una entidad nebulosa, “El Medio Ambiente” (la madre tierra, la madre naturaleza).

El Medio Ambiente” es una extensión del concepto de “naturaleza” que fue considerado sagrado por los románticos, pero es una deidad mucho más exigente, la cual requiere sacrificios constantes y crecientes de los seres humanos.

El ecologismo es sólo el último intento de encontrar un sustituto de la teoría de la evolución y es paradójico que puede ser tan generalizada cuando el próximo año (2009) es el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin y el 150 aniversario de la publicación de su gran obra “El origen de las especies como el resultado de la selección natural”.

Todas las creencias básicas del ambientalismo están en conflicto directo con la comprensión contemporánea de los principios del darwinismo. A pesar de este hecho, muchos científicos son partidarios de dogmas ambientalistas y algunos se preparan para reclamar que sean compatibles con el darwinismo». (La estafa del calentamiento global – Vincent Gray

Esto es, precisamente, lo que Bergoglio está proponiendo en su falsa encíclica.

Está renovando a Darwin con su evolucionismo, pero yendo más lejos: el panenteísmo. Y con esta herejía quiere fundamentar una nueva religión:

«El fin último de las demás criaturas no somos nosotros. Pero todas avanzan, junto con nosotros y a través de nosotros, hacia el término común, que es Dios, en una plenitud trascendente donde Cristo resucitado abraza e ilumina todo. Porque el ser humano, dotado de inteligencia y de amor, y atraído por la plenitud de Cristo, está llamado a reconducir todas las criaturas a su Creador» (LS – n. 83).

Está hablando de la redención de todas las criaturas, no sólo el hombre. Está diciendo que las criaturas, hoy día, por el cambio climático, están muy alejadas de Dios. Está diciendo que es deber del hombre reconducir, llevar por el camino adecuado a todas las criaturas. Es su panenteísmo que muy pocos ven en este escrito.

Bergoglio ha anulado toda ley natural en la Creación y sólo porque tiene a la Creación como su diosa. La naturaleza es algo sagrado:

«… todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado» (LS – n. 89).

«… la tierra no es un bien económico, sino don de Dios y de los antepasados que descansan en ella, un espacio sagrado con el cual necesitan interactuar para sostener su identidad y sus valores» (LS – n. 146).

El ecologismo es el último intento de poner al hombre como dios en la naturaleza. Pero, necesita -ese dios- un sacrificio humano, un nuevo fascismo:

«El siglo XXI, mientras mantiene un sistema de gobernanza propio de épocas pasadas, es escenario de un debilitamiento de poder de los Estados nacionales, sobre todo porque la dimensión económico financiera, de características transnacionales, tiende a predominar sobre la política. En este contexto, se vuelve indispensable la maduración de instituciones internacionales más fuertes y eficazmente organizadas, con autoridades designadas equitativamente por acuerdo entre los gobiernos nacionales, y dotadas de poder para sancionar» (LS – n. 175).

La política, la idea imperante, por encima de la economía: que haya gente en el poder que controle el dinero, que imponga el bien común a todos, que obligue a dar a quien no tiene, una libertad económica (es decir, una imposición categórica, ideológica) para que todos se beneficien:

«Las autoridades tienen el derecho y la responsabilidad de tomar medidas de claro y firme apoyo a los pequeños productores y a la variedad productiva. Para que haya una libertad económica de la que todos efectivamente se beneficien, a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero» (LS – n. 129).

Es su principio de subordinación, su masónica regla de oro.

Lo quieren dominar todo. Quieren esclavizar, más y más, a los hombres. Como si tener dinero fuera un pecado mortal.

El dinero, que es el invento de los hombres, es también la ruina de todos ellos. Se lo han inventado para ser dioses. Pero sólo unos pocos pueden serlo. Por eso, hay que dominar la propiedad privada, hay que subordinarla. Y no con el fin de enriquecer a los pobres. Ésta es la idea bonita con que venden su negocio.

El fin es quedarse ellos con todas las riquezas del mundo y los demás como esclavos. Y si no quieres ser esclavo, te liquidan. Por eso, ante la rebelión de los pueblos, van a poner la marca de la bestia, para quitar gente de en medio, gente que no está de acuerdo con su regla de oro.

«¿El sobrecalientamiento global y el efecto invernadero culpa del hombre y de la excesiva producción de anhídrido carbónico? Un bulo colosal.

Así el profesor emérito Antonino Zichichi, intervino en el Viest Hotel en el ámbito de un congreso organizado por el eurodiputado Sergio Berlato.

“El efecto invernadero no lo ha creado por cierto el hombre, más bien la naturaleza y debemos solo agradecer que exista, de otro modo la vida sobre nuestro planeta no podría ser, visto que las temperaturas no serían compatibles con nuestra supervivencia», ha declarado el científico, presidente del Wfs.

No existen pruebas científicas que el género humano incida sobre los fenómenos de los cuales habla el que lanza la alarma sobre los efectos terrificantes del calentamiento global. Serviría un tipo de matemáticas mucho más refinadas de aquellas que conocemos para hacer ciertas afirmaciones.”

Antes de hablar, los susodichos expertos deberían estar seguros de tener las pruebas.

¿Cómo es posible, entonces que todos los gobiernos a nivel mundial tomen cada día decisiones fundamentales, que inciden sobre la vida cotidiana de todos nosotros, basándose sobre declaraciones que no tienen ningún fundamento científico rigoroso?

La cuestión ha estado en el centro del debate sobre el tema “La posición de Europa sobre el bulo del sobrecalentamiento global”, al que también han tomado parte el periodista y escritor Riccardo Cascioli y el senador Altero Matteoli.

“Estamos gastando millares de recursos para efectuar inversiones aptas a reducir la producción de anhídrido carbónico, aunque si no es seguro de que haya necesidad de ello”, ha explicado Zichichi.

“Si fuera verdad todo eso que ambientalistas y meteorólogos se afanan a proclamar, aterrorizando los habitantes del entero planeta sobre los efectos deletéreos sobre nuestros comportamientos sobre el clima – ha añadido – yo y mis colegas del Cern de Ginebra habríamos ya cerrado los laboratorios. ¿Dónde están las pruebas científicas de tales declaraciones?”, se pregunta el científico de fama internacional, que agrega: “Antes de hablar, los susodichos expertos deberían estar seguros de demostrar la veracidad de sus afirmaciones de manera experimental, inatacable. En cambio, con los conocimientos actuales, nadie, al día de hoy es capaz de explicar con una teoría científica rigorosa tampoco cómo se forman las nubes o cómo se ha originado el desierto del Sahara”.

El motor meteorológico, según el estudioso, no ha creado ciertamente al ser humano, pero lo ha encontrado así como es. Tanto que, en los últimos 500 millones de años, la Tierra ha visto derretirse bien cuatro veces los casquetes de hielos que recubren los polos, que luego se han reformado solos, sin que el hombre influyera en algún modo en tal proceso”.

¿Con qué objeto, entonces, continuar a invertir capitales destinados a alcanzar objetivos que parecen, a la luz de tales mediciones, inalcanzables?

La alarma se ha vuelto una ideología que obliga al uso de fuentes energéticas más costosas.

“En éstos días en Europa ha sido aprobada una deliberación en materia de compraventa de los derechos sobre las emisiones de anhídrido carbónico – ha explicado Berlato – y, como otras directivas comunitarias y normativas nacionales, se trata de disposiciones destinadas a condicionar enormemente los estilos de vida de todos los ciudadanos y de las empresas. ¿Es justo que las empresas, ya en fuerte dificultad, se encuentren obligadas a afrontar costos elevados para adecuarse a tales normativas, si no existe alguna prueba científica que el sobrecalentamiento global tenga un fundamento de verdad? La alarma sobre el calentamiento global se ha convertido en una ideología política, que obliga al uso de fuentes más costosas y menos eficientes, aumentando los gastos y haciendo perder competitividad”. (ver noticia en italiano).

Bergoglio se burla de todo el mundo, hasta de los científicos. ¿Hasta cuándo van a seguirle llamando papa?

Laudato Si: el vómito de Bergoglio en la Iglesia


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«El Padre es la fuente última de todo, fundamento amoroso y comunicativo de cuanto existe. El Hijo… se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María. El Espíritu…. está íntimamente presente en el corazón del universo…» (LS – n. 238).

Toda esta basura ecológica se centra en una herejía: el panenteísmo. Es decir, todo está en Dios.

Es algo más que un panteísmo. Es querer imponer la vida humana relacionada entre sí por medio de la naturaleza. El hombre ama a Dios, no directamente, sino a través de la naturaleza. El hombre ama a sus semejantes no con un amor directo, sino con el medio de la naturaleza. El hombre se ama a sí mismo porque antes ama su naturaleza. Se ama a través de otra naturaleza, no en la misma naturaleza. Todo naturaleza es parte de todo el Universo.

Este panenteísmo es el amor en todo. Todo está envuelto del amor de Dios. Todo se recubre de este amor.

Para estas personas el amor de Dios no es un ser espiritual, sino sólo material. El amor de Dios no se concibe como una Voluntad de Dios, sino como una experiencia natural, que integra a todas las criaturas.

El fundamento de todo cuanto existe es la nada: Dios ha creado todo de la nada. Dios no ha creado las cosas de sí mismo.

«La creación es del orden del amor. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado» (LS – n. 77).

La creación es un acto de la Voluntad de Dios, que pone en lo creado un fin último: dar gloria a Dios.

Ese acto de la Voluntad de Dios es distinto al Amor en Dios, al Amor en la Santísima Trinidad.

Dios no tiene necesidad de crear nada porque se ama a sí mismo, se basta a sí mismo. Luego, la creación no es del orden del amor. Es del orden de la Voluntad Divina.

Dios crea algo porque quiere, no porque ama. Lo crea en el Amor, es decir, lo crea en el Espíritu Divino. Pero el móvil de todo lo creado, el motor de la creación no es la Voluntad de Dios, no es el amor de Dios, sino lo que rige a ese ser creado: las leyes de la propia naturaleza creada.

La Creación no se mueve por el amor de Dios, sino por sus leyes naturales, que Dios ha escrito en ella.

Estas personas no distinguen entre Creador y criatura. Todo es uno. En el fondo, caen en un panteísmo. Pero van más allá de ese panteísmo.

Al poner el fundamento de todo lo creado en el amor de Dios, entonces viene el sentimentalismo, que es siempre propio de este hombre ciego por su soberbia y por su orgullo:

«… cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño» (LS – n. 77).

Dios rige a cada criatura con las leyes que ha puesto en cada una de ellas. El reino vegetal tiene unas leyes distintas al mundo animal y a las criaturas humanas.

Dios no llora por ninguna criatura: Dios no rodea con cariñitos a las criaturas. Dios no es un sentimental de lo que ha creado. Sabe muy bien lo que ha creado y sabe gobernar lo creado sin mirar, sin estar pendiente de lo creado.

Pero, para estos personajes, el fundamento de todo lo creado, no es la nada, sino Dios mismo.

El hombre es polvo y vuelve al polvo: el fundamento del hombre es ser polvo, su nada, su miseria existencial. No es el amor de Dios.

Pero, como el fundamento de todo lo creado es el Padre, el amor de Dios, entonces el hombre es parte del mundo:

«Un retorno a la naturaleza no puede ser a costa de la libertad y la responsabilidad del ser humano, que es parte del mundo con el deber de cultivar sus propias capacidades para protegerlo y desarrollar sus potencialidades» (LS – n. 78).

Estos personajes meten al hombre dentro de la naturaleza: «el hombre es parte del mundo».

Dios ha creado al hombre como cima de todo lo creado, para que domine todo lo creado, para que sea Señor de la Tierra.

La creación del hombre no es parte de la naturaleza: el hombre no viene de lo creado, de una evolución de lo creado. El hombre viene de Dios: creado de la nada; hecho a su imagen y semejanza; y puesto en la cima de todo el Universo como Señor, como el que domina todo el Universo.

Pero, toda esta gente piensa el Universo como algo creado por Dios que va evolucionando:

«Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador» (LS – n. 80).

Dios no creó un mundo perfecto en su ser, sino que se limitó a sí mismo, produciendo un mundo en evolución, necesitado de desarrollo.

Ellos se meten en la evolución de todo lo creado. Es una herejía. Y, por tanto, tienen que negar el pecado original: esas cosas que se consideran males, no son males, sino que son parte de nosotros, son parte de los dolores de parto. No han comprendido a San Pablo, porque niegan el pecado original. Malinterpretan toda la Escritura, la tergiversan.

Por eso, este hombre tiene que decir:

«Así como los distintos componentes del planeta –físicos, químicos y biológicos– están relacionados entre sí, también las especies vivas conforman una red que nunca terminamos de reconocer y comprender. Buena parte de nuestra información genética se comparte con muchos seres vivos. Por eso, los conocimientos fragmentarios y aislados pueden convertirse en una forma de ignorancia si se resisten a integrarse en una visión más amplia de la realidad» (LS – n. 138).

El reino vegetal, el mundo animal, la criatura humana están relacionadas entre sí. El adn del hombre es una mezcla de otra genética, ya sea animal, ya sea vegetal. Todo es una mezcla de genes: porque todo viene por evolución de lo creado.

Estos hombres quieren interpretar lo que ocurrió en el Paraíso como una evolución de las naturalezas creadas. Todo surge en una especie, y de esa especie se va evolucionando hasta llegar al hombre. Por eso, todos estamos relacionados unos con otros. El hombre comparte en sus genes cosas de otras especies. Y, por tanto, está llamado a buscar ese amor común, ese amor universal con todas las cosas, ese amor cósmico.

«Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados» (LS – n. 139).

La naturaleza no es algo separado del hombre, sino incluido en el hombre. El hombre viene de un animal. Y el animal viene de un vegetal. Y el vegetal viene de la fusión del agua, de la tierra, del aire y del fuego. Hay una interpenetración: una especie penetra a la otra sustancialmente.

Hablar del medio ambiente es hablar de un sistema evolutivo en las especies. Y, por eso, todo está junto, todo están incluido en el otro. Todo está en relación íntima con las demás cosas.

Por eso, dice del Espíritu que está viviendo «íntimamente presente en el corazón del universo».

Ellos caen en este gravísimo error sólo por negar el pecado original. Por lo tanto, tienen que interpretar los males, que vienen de ese pecado, con estas fábulas de la mente: la fábula del medio ambiente, la fábula de la ecología.

Y, por eso, para solucionar los problemas hay que atender a esta interpenetración de las cosas:

«Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental». ( LS – n. 139)

Es el cuento del ecologismo: el problema ambiental es un problema humano, social, de todos. Porque la naturaleza vive en todos. Todos son parte de la naturaleza. Todo está en la naturaleza. Hay que descubrir las potencialidades de la naturaleza para que el hombre encuentre su sito dentro de ella. El hombre no ha sabido poner en su naturaleza humana los otros sistemas naturales, no se ha sabido encontrarse como parte integral de un todo.

El panenteísmo no se refiere al panteísmo, sino a la naturaleza. Se pone el énfasis en lo natural, no en Dios. En la idea panteísta, todo es Dios. Pero en la idea panenteísta, todo es en la naturaleza, la cual es divina porque Dios la ha creado de su ser divino, tiene una marca trinitaria en ella. Ellos van más allá de un panteísmo. En el fondo, son ateos, agnósticos. Ni creen en Dios ni conocen a Dios. Quieren explicar el misterio de la creación con su triste e inútil filosofía de la ecología.

La ecología no es una teología, sino un discurso de la mente humana para engañar con palabras bonitas a los hombres. Es un bulo muy bien presentado para que prevalezca una ideología política que aune a todos en la formación de un gobierno mundial para la total destrucción de toda la humanidad. El fin de la ecología sólo es esto: destruirlo todo porque, en estas condiciones de vida, no hay solución a nada. Y se inventan un cuento de viejas, escondiendo el verdadero propósito. Es la imposición de una idea común, global, universal.

Como todo está en Dios, todo está en la naturaleza, ¿quién es Jesús?:

«El Hijo… se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María».

Jesús es el que se unió a esta tierra, porque es parte de esta tierra: se anula la Encarnación: el Verbo se hace carne para salvar las almas del pecado. Y se pinta a un Jesús que vive su vida humana y que actúa con todo lo creado como un hombre sentimental:

«El Señor podía invitar a otros a estar atentos a la belleza que hay en el mundo porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y asombro» (LS – n. 97).

La belleza que hay en el mundo. Ya no habla de la belleza del Universo. Jesús vivía en el mundo porque ha incorporado a su persona la naturaleza:

«… todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva» (LS – n.236).

Una roca encuentra su sentido en Jesús, no en su ser creado. Su ser creado es imperfecto, está en evolución. Necesita a Jesús para encontrar su verdadero sentido. Esto es el puro panenteísmo.

Jesús ha metido en el universo un germen nuevo, un germen de transformación definitivo. Esto es una gravísima herejía, que viene porque Dios lo creado todo en evolución, en necesidad de desarrollo. Luego, Jesús, que no se encarna en María, sino que se forma en María, como si María necesitara de un hombre para engendrar a Jesús, viene para poner dentro de lo creado lo que su Padre no puso: un germen de transformación que lleve a todo lo creado, que sigue en evolución, hacia la gloria, hacia su elevación. Estos son los delirios de este hombre.

Y, por eso, dice de la Eucaristía:

«En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia… logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura. El Señor… quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él» (LS – n. 236).

Gravísima herejía, que ya viene expresada en su Lumen fidei, pero que aquí la desarrolla. En esa falsa encíclica, la Eucaristía es una transformación, no una transubstanciación.

Dios se mete en el hombre a través de un pedazo de materia, no a través de Él Mismo: como la Eucaristía es una transformación del pan y del vino, Dios se mete en el hombre a través de la sustancia del pan y del vino. En la Eucaristía no sólo están los accidentes del pan y del vino, sino también sus sustancias. Ellos están en la herejía de la evolución. Entonces, Dios tiene que meter en el hombre lo que le falta para su perfección. Y así transforma esa sustancia y pone en ella algo divino, un germen definitivo, porque el hombre tiene que evolucionar hacia lo divino, tiene que elevarse hacia lo divino unido a toda la Creación. Y, por eso, necesita, desde adentro, esa materia transformada, evolucionada, que le relaciona con todo lo creado. ¡Gravísima herejía! ¡Los delirios de la cabeza de este hombre!

Todo el Universo material ha sido elevado en la Eucaristía. En estas fábulas andan metidos toda la Jerarquía. Porque han roto el dogma de la creación de las cosas de la nada. Todo es evolución. Y la eucaristía ayuda a esa evolución, a ese integrar al hombre en la creación. Todo es en Dios. Todo está en el Universo. Todo está relacionado en el mundo creado. No hay diferencias. Hay una mezcla de genes, de especies.

Por eso, este sujeto interpela al diálogo y a buscar en las culturas el motor de este panenteísmo.

«… la Eucaristía… es el centro vital del universo…la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico…» (LS – n. 236).

Por eso, la Eucaristía tiene que darse a los malcasados, a los homosexuales, a los ateos, a todo el mundo. Porque es el centro vital, el centro de la vida de todo el universo. Hay que llegar al amor cósmico.

«Para los cristianos, creer en un solo Dios que es comunión trinitaria lleva a pensar que toda la realidad contiene en su seno una marca propiamente trinitaria…toda criatura lleva en sí una estructura propiamente trinitaria, tan real que podría ser espontáneamente contemplada…el desafío de tratar de leer la realidad en clave trinitaria» (LS – n. 239).

Todo lo creado contiene una marca trinitaria, una estructura trinitaria: está haciendo referencia a la herejía sabeliana, en la cual la trinidad se entiende como tres funciones diferentes. No son Personas Divinas, sino funcionalidades que forman una estructura.

De esta manera, todo lo creado ya no es vestigio natural de Dios: veo la belleza de una flor y el alma se eleva a contemplar la belleza de Dios. Todo lo creado no es un reflejo natural del creador, sino divino:

«Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz… el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural… De este modo, las criaturas de este mundo ya no se presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves…ahora están llenas de su presencia luminosa» (LS – n. 100).

Todo lo creado es un vestigio divino: tiene una marca divina, trinitaria. Es más, tiene una estructura en su ser creado lo más parecido a Dios. Gravísima herejía que contradice la Escritura: sólo el hombre ha sido creado por Dios a imagen y semejanza. Lo demás no tiene esta marca divina. Pero, ellos han anulado el dogma de la creación divina. Por eso, lo tienen que explicar todo con esta basura ideológica. Las mismas flores del campo, las aves, todo está lleno de ese germen definitivo que los catapulta hacia la vida eterna.

Y, por tanto, al ser lo creado algo divino, un modelo divino, todo está en relación y eso lleva a buscar una espiritualidad de lo global:

«….el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones… en el seno del universo podemos encontrar un sinnúmero de constantes relaciones que se entrelazan secretamente… las múltiples conexiones que existen entre las criaturas… nos lleva a descubrir una clave de nuestra propia realización… Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad» (LS – n 240).

La solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad: esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo.

Dios no ha creado las cosas para una solidaridad, para la gloria de los hombres, sino para darse Gloria a Si Mismo. Se anula la gloria que cada criatura tiene que dar, en su ser creado, a Dios, para buscar un modelo de vida en que el centro de todo sea lo creado. Se busca una armonía en la creación en donde no se dé gloria a Dios.

Si cada criatura, en su especie, necesita para vivir de la otra especie; si cada criatura, en su ser creado, no puede desarrollarse si no se une a las otras criaturas de otras especies, entonces se anula el fin para el cual Dios ha creado a cada especie. Se anula la gloria que cada criatura tiene que dar por sí misma a Dios en su ser creado. Y se va en busca de una armonía entre las criaturas, que es una abominación espectacular. Por eso, el Anticristo está en el fondo de todo este escrito. Hay que presentar al mundo un hombre que sea capaz de reunir todo lo creado en su ser para que así el hombre vea que la ecología es el fin del universo: el culto al universo. Todo va evolucionando hacia el Anticristo.

«Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban…No aparecía como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas agradables de la vida…Estaba lejos de las filosofías que despreciaban el cuerpo, la materia y las cosas de este mundo» (LS – n. 99).

Jesús vivía en armonía, no era un asceta separado del mundo, es decir, no hizo un ayuno de cuarenta días en el desierto, no huía a los montes para orar, para estar apartado de todo. Era un hombre que vivía su vida, que le gustaba todas las cosas agradables, porque no existe el pecado. Todo vale para vivir. El hombre sabe usarlo todo correctamente y nunca se equivoca. Jesús amaba su cuerpo, amaba las cosas de este mundo. Era un hombre para la vida material.

Este es el Jesús que se busca, el nuevo Mesías, el Anticristo, que interpreta el Evangelio según su loca cabeza humana:

«Cuando uno lee en el Evangelio que Jesús habla de los pájaros, y dice que « ninguno de ellos está olvidado ante Dios » (Lc 12,6), ¿será capaz de maltratarlos o de hacerles daño?» (LS – n. 221).

Sentimentalismo puro.

«La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia?» (LS – n. 225).

La naturaleza habla, es amor, lleva a un acto de amor cósmico. Hay que escuchar a la naturaleza. Porque todo está rebosando de una fraternidad universal:

«Jesús nos recordó que tenemos a Dios como nuestro Padre común y que eso nos hace hermanos. El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal» (LS –n. 228).

Un hombre que no ha comprendido lo que es el amor a los enemigos, porque los ve como parte de su naturaleza humana, parte de su vida, parte de lo creado por Dios; los ve como hermanos. Señal de que no sabe discernir entre los hijos de Dios y los hijos de los hombres. No sabe qué es el pecado original. Y no sabe tratar al enemigo como tal. Tiene que darle un cariñito, pero es incapaz de darle la Voluntad de Dios, que es siempre una Justicia para el enemigo. Todos somos hermanos; luego todo es en la fraternidad del universo.

«… cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad… Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también» (LS – n. 92).

Tienes que abrirte a una comunión universal: gobierno mundial, iglesia universal.

Porque todos somos hermanos. Y todos vamos al cielo, incluso los seres inmateriales, los vegetales, los animales, que ya habrán alcanzado la cima de la evolución, estarán en la casa común del cielo:

«La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados» (LS – n. 243).

Cada criatura luminosamente transformada: todo es en la evolución. Los cuerpos son transformados, no transfigurados, no revestidos de la gloria. Y una roca será transformada en otra cosa para que sea asombro compartido de todos en la casa común del cielo. ¡Cuántos delirios!. Y los pobres ya no serán pobres, habrás sido transformados en otra cosa, liberados de su pobreza.

«… todo lo bueno que hay en ella será asumido en la fiesta celestial» (LS – n. 244).

¿Cómo presenta este hombre sin nombre a la Virgen María?

«María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano… En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura» (LS – n.241).

La que llora por este mundo herido; la que comparte los sufrimientos de sus malditos pobres; la que se compadece de los malditos hombres que son esclavizados por los malditos gobernantes del mundo, que no quieren expresar con su ser ese amor cósmico.

Y dice su gran blasfemia: en María, en su cuerpo glorificado, «parte de la creación alcanzó la plenitud de su hermosura». María es parte el universo. La madre gaia. La madre tierra. Ya una parte de la Creación ha sido glorificada. Pero, hay que esperar a morirse para contemplarla.

No pierdan el tiempo con esta basura, con este vómito de Bergoglio. No dice nada nuevo. Repite lo mismo que lleva hablando estos dos años. Sólo que en este vómito se ve más claro su herejía, su cisma y su apostasía de la fe.

A los hombres les encantan estas fabulas. Y se cumple el Evangelio:

«…apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (2 Tim 4, 4).

Que nadie los engañe con la fábula del ecologismo. Este hombre niega todos los dogmas y sólo está sentado para destruir la Iglesia. Su vómito ecológico le va a llevar a abandonar esa Silla, porque ha dado un escrito sin inteligencia, que no sigue el método científico y que destruye toda la moral católica. Él se pone por encima de todo eso porque está sólo en su negocio redondo en el Vaticano: ha abierto la Iglesia al mundo, porque hay que buscar la iglesia que quiere el mundo.

«La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común» (LS – n. 164).

Un consenso mundial para resolver un problema que no existe: el CO2 no es contaminante. Pero presentan la búsqueda de otras energías como solución a un problema que no es real.

Todo se quiere sostener en el Universo: que el hombre sea el dios de universo, que lo maneje todo y así no haya pobres.

«…urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial» (LS – n. 175): urge el Anticristo.

Lo único que hay que hacer es quitar el maldito pecado como ofensa a Dios. Si se hace esto, la creación no se rebela contra el hombre y el problema deja de existir.

Pero como se niegan las verdades absolutas, se tiene esta chorrada política del ecologismo.p;

Bergoglio es una cloaca de impurezas satánicas


sinmoral

«Esto es lo que indigna: Benedicto fue un teórico torre de marfil. Escribió libros y esperaba que ellos persuadieran mediante la razón. Pero el Papa Francisco conoce cómo vender sus ideas. Él está comprometido con el mundo de los negocios» (Charles J. Reid Jr, profesor en la Universidad de St. Tomás, Escuela de Derecho).

¡Qué gran verdad! ¡Ha resumido, en pocas palabras, lo que es Bergoglio!

La mula Francis, Bergoglio, no sabe hablar, no sabe pensar, no sabe escribir un libro exponiendo el magisterio de la Iglesia. No le interesa. Nunca le ha interesado. Ha estudiado la teología sólo con un propósito: destruir por dentro la Iglesia. Es sacerdote sólo con un fin: combatir a la Iglesia desde dentro. Combatir a Cristo en su mismo Altar, en su mismo Calvario, como hicieron tanta gente que asistía a la Pasión para blasfemar a Cristo.

Son tantas las barbaridades que dice este hombre a diario, que necesita gente a su lado para que le limpien las babas.

Este chivato del demonio está sentado en la Silla de Pedro sólo para darse gloria a sí mismo. Pero necesita la publicidad, el marketing, porque él no tiene ninguna inteligencia.

Si a este hombre le quitaran la publicidad, no hubiera estado tanto tiempo sentado en la Silla que no le corresponde.

Pero lo subieron a esa Silla con el apoyo mundial de todos los que quieren un cambio sustancial en la Iglesia.

Los que están detrás del gobierno de Bergoglio no son sólo esos Cardenales que hicieron renunciar a un Papa para poner a un pelele. Sino otros hombres, mucho más influyentes que los Cardenales, que son los que manejan el hilo de todo este desastre que se ve en el falso papado de Bergoglio.

Bergoglio sólo está realizando su gran obra de teatro, puesta con el mayor lujo de detalles desde el Vaticano, para que todos vean que ese hombre es “el papa” que va a salvar al mundo y a toda la Iglesia.

¡Están destruyendo la Iglesia por dentro y todos lo están negando! ¡No quieren darse cuenta! ¡Lo ven, pero se apuntan al mundo de los negocios que ha abierto Bergoglio en la Iglesia!

Bergoglio está destruyendo todo lo sagrado, todo lo divino, toda la vida espiritual de la Iglesia.

¡Cuántos aplauden esta destrucción!

Es lo que hace la Jerarquía de la Iglesia:

«Llevábamos año y medio padeciendo una ficción, que nace de un supuesto equivocado, el supuesto de que el Papa Francisco quiere un cambio en la doctrina, en la moral y en la pastoral de la Iglesia» (Ver video)

¿Una ficción? ¿Un supuesto equivocado?

Así comienza su charla el famoso sacerdote de las masas, que una vez puso el grito en el cielo porque veía un cisma en la Iglesia. Ahora, le han dicho que cambie su estilo de predicar. Le han obligado. Pero, esto él no lo puede decir. Ahora, ese sacerdote actúa como falso profeta. Es el castigo por obedecer la mente de Bergoglio como su papa.

Él, como sacerdote, tiene que acomodarse obligatoriamente a lo que diga su papa. Por tanto, ha quedado ciego para juzgar a ese hombre. Ve sus claras herejías, pero como tiene que obedecer por ley canónica, entonces anula la ley de la gracia, que le exige oponerse a ese hombre por su clara herejía; y sigue la ley canónica: si no me someto a este hombre, me quedo en la calle sin trabajo, me quedo sin mi negocio en la Iglesia.

Por eso, ahora predica que todo eso es una ficción.

¡Dios mío, cómo han quedado de ciegos los sacerdotes!

¡Por su falsa obediencia a un hereje!

¡Y no hay otra razón!

Este sacerdote ya no es de Cristo: sigue a Bergoglio. Sigue a un judas. Sigue a los herejes. Y, en esa charla, está defendiendo a Kasper:

«Acaba el cardenal Kasper de aclarar las cosas, con una triple negación…en una entrevista concedida…a EWTN… Kasper ha dicho: no, no no. Es decir, el papa no está a favor del cambio; el papa está a favor de que se debata el tema».

¡El pecado ha llegado a un nivel tal que ha vuelto brutos a los sacerdotes!

¡Qué animal que eres, padre Santiago Martín!

Quien quiera que debata el tema de algo que es magisterio infalible y auténtico en la Iglesia, quiere automáticamente el cambio de doctrina.

No se puede debatir lo que no se puede tocar, lo intocable. Para llegar a ese dogma ya se ha debatido mucho en la Iglesia. Que no venga, ahora, un pelele a enseñarnos lo que es la verdad en la Iglesia.

Para rematar su desfachatez, dice este falso sacerdote:

«Esta postura del Santo Padre será juzgada, en su momento, por la historia. No soy quién yo para hacer un juicio, y menos en este momento en que todo está en caliente. La historia juzgará. Pero, en todo caso, lo que no se puede es pensar que el Santo Padre está a favor de esto».

Bergoglio el mayor santo de todos los tiempos: que te juzgue la historia. Que te juzgue el tiempo. Que te juzguen otras cabezas. Ahora, yo quiero comer, quiero seguir teniendo un status social y, por eso, no soy quién para juzgar.

Este sacerdote se ha aprendido el “¿quién soy yo para juzgar?” de su maestro, de su gran papa. Señal de su obediencia a la mente de ese hombre. Ya no puede obedecer, con su mente, a la Mente de Cristo. Un sacerdote que caerá en la mayor oscuridad, como los demás, en el Sínodo. Y le será muy difícil salvarse.

Bergoglio es un hombre que no cree en Dios, que no cree en la Divinidad de Jesús, que no cree en la Maternidad de la Virgen María, que no cree en la Iglesia que Cristo ha fundado en Pedro. Un hombre que sólo cree en lo que hay en su podrida cabeza humana. Y ahí están sus obras. Durante dos años, ¿qué obras ha hecho Bergoglio para que lo tengamos como Papa de la Iglesia Católica? Ninguna. Por ninguna de las obras de ese hombre, Bergoglio merece ser llamado Papa.

No es la historia la que juzga. Es cada corazón que posee la verdad el que juzga a Bergoglio.

Esta postura de Bergoglio la tiene que juzgar toda la Iglesia: todos los Cardenales, Obispos y sacerdotes de la Iglesia, porque es una postura propia de un hereje. No es la postura de un Papa legítimo y verdadero.

Un Papa verdadero convoca un Sínodo para centrarse en el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, para dar un nuevo dogma a toda la Iglesia. No se convoca un Sínodo para destruir el dogma.

Por tanto, lo que hay que pensar es que, no sólo Bergoglio está a favor de destruir la doctrina, sino que toda la Jerarquía quiere esa destrucción. Habrá unos pocos que no la quieran. Pero, la mayoría de la Jerarquía está limpiando las babas de Bergoglio, como hace este sacerdote, porque tienen su negocio en la Iglesia: están en la Iglesia custodiando sus bienes privados. Y no quieren perderlos. Y ya no les interesa la salvación de las almas, sino hacer videos para esta demagogia, para esta política, para esta clara corrupción.

Que es lo que ahora van a hacer con el vómito de la ecología.

«Como parte del esfuerzo de la encíclica, altos funcionarios del Vaticano… van a promover una campaña por Francisco para instar a los líderes mundiales…. a promulgar nuevas leyes duras para recortar las emisiones que causan el calentamiento global…La en cíclica será acompañada por una campaña de 12 semanas,… en la que participaran algunos obispos católicos que plantearan la cuestión del cambio climático en sus sermones, homilías, entrevistas…» (ver noticia)

Los científicos de la NASA ya han respondido a Bergoglio:

«…sabemos que el CO2 es un compuesto no contaminante muy especial, incoloro, inodoro, una sustancia química diseñada por nuestro Creador, esencial  para sustentar la vida de todas las plantas, los animales y también la vida humana».

Es decir, el CO2 no es el que contamina el clima.

Y ellos dicen: «el papa arriesga su status moral y su credibilidad…» (noticia en españolnoticia en ingles)

Bergoglio no tiene moral. Bergoglio no tiene credibilidad. Pero la Iglesia va a perder todo su status moral y toda su credibilidad, porque Bergoglio se pone bajo las faldas de la ONU. Es lo único que le interesa: el mercado de negocios.

Si Bergoglio necesita alimentar a sus malditos pobres, necesita dinero. Necesita una nueva economía mundial. Obligatoriamente, se tiene que vender a la ONU. Tiene que vender sus ideas, no con un libro, con un magisterio, con una doctrina, sino con negocios financieros mundiales, que abran la puerta a una iglesia mundial y a un gobierno mundial.

Bergoglio es el destructor. Y destruye la Iglesia con sus obras, no con sus palabras.

Esta reunión que ha tenido en Roma con mil sacerdotes, en la que se ha dedicado a burlarse de toda la Iglesia, es sólo propaganda. Es para entretener a la masa, mientras se va haciendo lo otro por debajo.

Bergoglio sigue su vida sin importarle lo que piensen  los demás de él. Él sabe que le llaman hereje, pero la entrepierna la tiene muy grande y sobada,  y hace pasar por ella todos los asuntos de la Iglesia, que son asuntos espirituales.

El mismo Bergoglio, con sus palabras se degrada, se auto-degrada, porque no  quiere humillarse delante de Dios, delante de toda la Iglesia, y reconocer que está dividiendo a los católicos, que está creando el cisma con su gobierno horizontal, que está llevando a las almas a la apostasía de la fe con su falsa doctrina de la misericordia.

Bergoglio sólo está descendiendo cuando habla. Le tienen que aupar, levantar otros con la publicidad a sus ideas maquiavélicas.

¡Cuánto ha descendido Bergoglio y él mismo no se da cuenta! ¡Él mismo se ha elevado –con su soberbia y con su orgullo- a una altura tal que, cuando caiga, el impacto va a ser sonado en todo el mundo!

Bergoglio tiene el pensamiento, el corazón y el alma de un animal, de una gran bestia que tiene una profunda relación con el mal.

Bergoglio ha tomado el rostro de Satanás en demasía, en exceso, en claro atrevimiento.

¿Quién es Bergoglio? Un demonio, una serpiente, que se atreve a destruirlo todo, que pone en riesgo la vida de muchas almas en la Iglesia.

Bergoglio tienta a las almas como lo hace el demonio: constantemente tiene que dar sus ideas a las almas; tiene que hablar siempre sobre lo mismo; dando vueltas, machaconamente, como lo hace el demonio, a una idea, a un sentimiento, a un lenguaje vacío de toda verdad.

Todos pueden ver lo que es Bergoglio: una cloaca de impurezas satánicas. El pensamiento de Satanás rige a ese hombre, juega con él, y cuando habla expresa la misma mente del demonio, que muy pocos saben reconocerla, verla, discernirla.

Creen que Bergoglio es muy humilde, muy pobre, muy santo, muy justo, y que son los demás los que se equivocan, los que viven un sueño, una ficción, como dice ese anticristo, Santiago Martín. En la Iglesia, el único lúcido: Bergoglio. Los demás, se han creído una ficción, se han inventado un sueño, están luchando por algo que no va a pasar.

Todos los católicos están idiotizados. Todos.

Y he ahí al payaso para la masa de los idiotas.

¡Cómo entretiene Bergoglio a todos los católicos! ¡Qué gran bufón!

Hay que echar a Bergoglio de la Iglesia, del sacerdocio. Y hay que meterlo en un hospital para locos de atar. Esto es lo que lo que hay que hacer, pero -es claro- que nadie va a mover un dedo para quitar la abominación instalada en la Iglesia.

La Iglesia está sin camino. Salgan de todo porque ya ven cómo está la Jerarquía: atando los cabos para producir un cambio sustancial en todas partes.

La Eucaristía es la gloria de los perfectos


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«De corazón creemos y con la boca confesamos una sola Iglesia, no de herejes, sino la Santa, Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie se salva» (Papa Inocencio III , De la Carta Eius exemplo al arzobispo de Tarragona, de 18 de diciembre de 1208, D 423).

La Iglesia Santa no es la de los herejes.

La Iglesia, que Cristo ha levantado en la roca de Pedro, no es la de los herejes.

Bergoglio está construyendo la iglesia de los herejes. Esa iglesia no es la Iglesia Santa, Romana, Católica y Apostólica. Es una secta más, regida por el heresiarca Bergoglio.

¡Cómo cuesta de entender esta verdad!

Y la gente sigue pendiente de las noticias de un hombre que no sabe hablar con la verdad en su boca, porque saca de su cosecha lo propio que él tiene: la mentira.

Con su pensamiento engendra la mentira, y eso es lo que habla cada día.

¡Cuántos necios que van en busca de la palabra mentirosa de este heresiarca!

Esos católicos, que se glorían del nombre católico, son también criminales herejes.

Porque si el católico no rechaza al hereje sea anatema:

«Si alguno no anatematiza a Arrio, Eunomio, Macedonio, Apolinar, Nestorio, Eutiques y Orígenes, juntamente con sus impíos escritos, y a todos los demás herejes, condenados por la santa Iglesia Católica y Apostólica y por los cuatro antedichos santos Concilios, y a los que han pensado o piensan como los antedichos herejes y que permanecieron hasta el fin en su impiedad, ese tal sea anatema» (II Concilio de Constantinopla, 553  – D 223, can. 11).

Bergoglio piensa como Arrio, Macedonio, Nestorio, que han sido ya condenados por la Iglesia. Bergoglio permanece en su impiedad. Y se va a morir siendo un hereje público.

Bergoglio sigue a todos esos herejes en su criminal doctrina comunista. Bergoglio es anatema. Y todo católico que obedezca a Bergoglio es también anatema.

El católico no puede vivir pensando como piensa Bergoglio y compañía. Tiene que escupir el pensamiento de Bergoglio de su vida eclesial. Tiene que rechazar TODA la doctrina de Bergoglio si quiere pertenecer a la Iglesia verdadera, a la Iglesia católica, que sólo es una y que no es de herejes. En esa unidad no entran los herejes. No pueden entrar.

Los herejes no pertenecen a la Iglesia Católica, aunque estén vestidos con la sotana, o celebren una misa o administren sacramentos.

«¿Todavía no tenéis la inteligencia de la fe?» (Mc 4, 40)

Si «Jesús no es un Espíritu» (28 de octubre del 2013), entonces «la eucaristía no es un premio para los buenos, sino la fuerza para los débiles, para los pecadores. Es el perdón y el viático que nos ayuda a andar, a caminar» (4 de junio del 2015), porque «la eucaristía es un acto de memoria… el pan y el vino se transforman en el Cuerpo y en Sangre de Cristo» (LF, n. 44); es decir, la Eucaristía es una galleta, que es la fuerza para los pecadores, alimento de su pecado y estímulo para seguir en sus malditos pecados.

Bergoglio no cree en la Divinidad de Jesús. Ni siquiera cree en Dios: es sólo un ateo más que se ha aprendido el dogma para atacarlo desde dentro de la Iglesia.

Hay que saber, a estas alturas de la historia, después de dos largos años, quién es Bergoglio y cómo hay que llamar a Bergoglio.

Y no interesa que oficialmente esté donde no tiene que estar: sentado en la silla de Pedro. Eso no interesa.

Lo que le importa al católico es llamar a cada cosa por su nombre, porque esto es lo que se aprende en la Iglesia Católica que, por ser la Verdad, puede juzgar a todo el  mundo con esa Verdad y poner nombres a todo el mundo, como Adán hizo con todos los seres de la Creación.

La Iglesia, que Cristo ha fundado, es el Nuevo Paraíso. Y el Nuevo Adán ya ha puesto nombre a los que no quieren creer:

«Serpientes, raza de víboras, ¿cómo escapáis al juicio de la gehena?» (Mt 23, 32).

Bergoglio es una serpiente. Los católicos que obedecen a Bergoglio, sean fieles o jerarquía, son otras serpientes.

Y el católico tiene que saber dominar a la serpiente si no quiere ser alcanzado por su veneno mortal.

Todos los Papas de la Iglesia han llamado a los herejes criminales:

«…todos los herejes… se hallan en la perfidia de los judíos y de los paganos» (Concilio Romana, 382 – D 81).

Todos los herejes permanecen en la deslealtad, en la traición y en el quebrantamiento de la fe católica. Son criminales: con sus ideas matan las almas de los católicos.

La Eucaristía es premio para los buenos, porque «en la Eucaristía, antes de todo uso, está el autor mismo de la santidad» (Concilio de Trento – Cap. 3. De la excelencia de la santísima Eucaristía sobre los demás sacramentos – D 876). El que Es la Santidad, el que hace la santidad en las almas, hace un Sacramento para los santos, no para los pecadores.

En la Eucaristía está el Santo de los santos que enseñó:

«Sed perfectos (τελειοι) como vuestro Padre celestial es perfecto (τελειος)» (Mt 5, 48).

El resultado (τελος), el ideal, la cima, el más alto grado en la vida espiritual es ser como el Padre Celestial.

Y «escrito está: “Sed Santos porque Yo Soy Santo”. Y si invocáis al Padre, que sin acepción de personas juzga a cada uno según su obra, vivid en el temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, sabiendo que no con cosas corruptibles, con oro y con plata, habéis sido redimidos, sino con la Preciosa sangre del Cristo, Cordero incontaminado e inmaculado» (1 Pe 1, 17-19).

«Vivid en el temor»: no pequéis; luchad contra vuestro pecado. Que el pecado es daga que abre en el alma el conocimiento de la maldad. Y quien piensa el mal, lo obra y lo vive. Se hace de la raza de los malditos, raza de víboras.

Los católicos somos una raza divina:

«… en Él vivimos, nos movemos y existimos, como algunos también de vuestros poetas lo han dicho: “Pues de él también linaje (γένος) somos”» (Act 17, 28).

El origen de los católicos es la Sangre de Cristo, que va purificando nuestros genes, nuestro adn hasta hacerlo lo más semejante a Él.

El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, don divino que Adán perdió para todo el linaje humano. Y ha sido Cristo, con su Sangre, el que ha devuelto al hombre lo perdido en el pecado original; es Cristo en la Eucaristía el que lleva al hombre al origen de su creación: a la pureza de alma y de cuerpo. ¿Cómo puede habitar el Santo de los santos en un alma y en un cuerpo manchado por el pecado, sumergido en las aguas de su impureza, de su contaminación intelectual? Jesús no vive en un homosexual, ni en un ateo, ni en un hereje, ni en ninguna alma que no quite el pecado de su vida. Jesús no alimenta a un pecador para que siga siendo pecador. Jesús es sólo alimento de los santos porque Él es el Santo.

No hay Iglesia sin la Eucaristía, porque la Iglesia es el Calvario: es Cristo sufriendo y muriendo por los pecados de cada alma.

Hoy se va hacia una iglesia sin Cristo, sin la Eucaristía. Y, por eso, se ofrece la Eucaristía a los pecadores, a los que no quieren quitar sus pecados. Es necesario formar los nuevos sacramentos: los que abren en el alma la puerta al demonio, para que éste entre sin problemas en la vida de los hombres.

Es necesario recibir dignamente al Señor en el Sacramento de la Eucaristía. Y, por eso, no se puede dar a los pecadores, a los que viven en sus pecados, porque no es un galardón para ellos, no es un honor para ellos. Sus pecados no merecen al Santo de los santos.

No se premia al que ama su pecado, al que obra su pecado. Se premia al que se esfuerza por quitar su maldito pecado de su vida.

Para recibir a Jesús Eucaristía es preciso estar limpios de pecado mortal. De otra manera, la Eucaristía se convierte en un juicio contra la misma alma: se transforma en camino de condenación.

Aquel que comulga al Señor sin el pecado mortal, recibe en su alma la gracia que le santifica, que le lleva a la santidad, a asemejarse al Padre, por medio de Su Hijo. Porque

«Nadie va al Padre, sino por Mí» (Jn 14, 6).

No quieras ser santo como el Padre Celestial si te atreves a comulgar en pecado mortal a Su Hijo en la Eucaristía.

No quieras amar al Padre si odias al Hijo recibiéndolo en tu pecado.

Somos linaje de Cristo, que es inmaculado e incontaminado.

No somos una raza de pecadores insensatos, no somos maricones dados a la lujuria de su carne, no somos herejes que dan culto a los dioses de su razón humana, no somos apóstatas de la verdad que sólo miran la estupidez de sus vidas humanas.

Somos a semejanza de Dios, en Cristo Jesús.

«No podéis beber el cáliz del Señor y el cáliz de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios» (1 Cor 10, 21).

No puedes obedecer a Bergoglio como tu papa. No puedes sentarte a la mesa de su doctrina. No puedes partir el pan acudiendo a una celebración eucarística que él presida. No puedes pertenecer a la iglesia de Bergoglio. No puedes hacer eso y después comulgar a Cristo en la Eucaristía.

¿Comulgas y después tienes a Bergoglio como tu papa?

«… no es reprensible orar en cualquier disposición en la que uno se halle y acordarse del Señor en cualquier estado, ni pedir auxilio; pero es prohibido acercarse a las cosas santas y al Santo de los santos al que no sea completamente puro en alma y cuerpo» (San Dionisio de Alejandría, el Grande – Carta al obispo Basilides).

Está prohibido comulgar en pecado mortal, porque es necesario ser puro en alma y en cuerpo. Y completamente: hay que quitar el pecado, no sólo  mortal, sino incluso el venial; y hay que ajustarse al ayuno del cuerpo antes de recibir la Eucaristía.

Eres reprensible si tienes a Bergoglio como papa, si sigues su doctrina, si la publicas como algo que hay que leer. Estás pecando. Estás comulgando con un hereje. Y eso es pecado mortal. ¿Cómo te atreves a comulgar así?

Por eso, la Iglesia está sumergida en una gran oscuridad: la del pecado mortal. Todos están bailando al son del heresiarca Bergoglio.

Todos están partiendo el pan en la mesa del heresiarca Bergoglio.

Y no hay acepción de personas: ni siquiera Burke se salva de esta quema, de este gran desastre que viene para toda la Iglesia.

La Eucaristía es el pan de ángeles, no es el pan de los pecadores.

«Pan de ángeles comió el hombre (Salm 77, 25)… los que comieron aquel pan todos murieron en el desierto; mas este alimento que recibe, este pan vivo que bajó del cielo (Jn 6, 51), da la sustancia de la vida eterna, y cualquiera que lo coma no morirá eternamente, y es el cuerpo de Cristo… todo el que lo gusta con reverencia no podrá experimentar la corrupción» (San Ambrosio – Sobre los misterios).

Si hemos sido hechos dignos del pan del cielo, que es Jesucristo, entonces también es necesario llevar una vida digna, imitando al que comemos en la Eucaristía.

Hay que gustarlo con reverencia, con la reverencia de la gracia que está en el alma sin pecado. No con la reverencia de las palabras huecas y bonitas, que son blasfemas en la boca de los que no creen en el pecado.

Cristo no vivió para un premio en su vida, sino para realizar la Voluntad de su Padre. Vivió para una Cruz, un dolor, un sacrificio.

¿Vas a darle la comunión a uno que no mueve un dedo, que no se sacrifica para quitar su maldito pecado?

¿Qué es Cristo para muchos católicos? Sólo un lenguaje bello y barato. Pero no es una vida, no es el que marca su vida humana, no es el que da sentido a su vida humana. Cristo te da la sustancia de la vida divina: te hace divino. Te hace glorioso. Cristo Eucaristía es la gloria de los perfectos, es la gloria de los que buscan la santidad de su vida humana, la corona de gloria que no se marchita.

Los herejes premian a los herejes, hacen una comida para ellos: «la eucaristía es… la fuerza para los débiles, para los pecadores».

La eucaristía es la fuerza para el alma santa, manjar del espíritu, que otorga un aumento de gracia santificante.

El que vive en su pecado mortal no puede recibir esta fuerza santa, porque o se está con Dios o se está en contra de Dios. «No se pueden servir a dos señores».

La eucaristía une íntimamente con Jesucristo. Y allí donde esté el pecado, está la división, es imposible la unión con Dios.

La comunión le sirve a un pecador para su condenación, camino que traza el demonio en su vida desde el momento de la comunión sacrílega:

«Que ninguno, pues, sea fingido, ni lleno de maldad, ni tenga el pensamiento envenenado, para que no se haga partícipe de la condenación. Porque entonces, precisamente después de recibida la oblación, el diablo entró en Judas, no habiendo menospreciado el cuerpo del Señor, sino menospreciando a Judas por su desvergüenza, para que aprendas que con más frecuencia e intensidad entra e irrumpe el diablo en los que participan indignamente de los divinos misterios, como entonces le ocurrió a Judas. Pues los honores ayudan a los que son dignos de ellos, pero a los indignos los arrojan a un suplicio mayor» (San Juan Crisóstomo – Homilía sobre la traición de Judas).

Jesús menosprecia al alma que le comulga en pecado mortal. Porque ha dado al alma el conocimiento de lo que es bueno y de lo que es malo. Y según ese conocimiento, el alma lleva la espada de la justicia colgada sobre su cabeza.

Los honores ayudan a los que son dignos: se premia con más gracia a los que reciben santamente al Santo de los santos.

Pero a los indignos los arrojan a un suplicio mayor: entra en ellos Satanás para guiarlos al fondo del infierno.

Están levantando una iglesia para los pecadores, para hacer caminar al hombre en su pecado, y que así viva sólo mirando su pecado.

Se quiere dar la comunión a los divorciados, a los homosexuales, a los adúlteros, a los herejes… ¿Qué es lo que viene para la Iglesia?

Hombres poseídos por el demonio sólo por comulgar indignamente a Cristo en la Eucaristía: «entró en él Satanás». Sus almas quedarán poseídas y se condenarán con el aplauso oficial de toda la Jerarquía. Toda la Jerarquía, esos que hoy obedecen al heresiarca Bergoglio, van a ayudar a condenarse a muchas almas dentro de la Iglesia.

Llega la hora de seguir viviendo sin mirar lo que pasa en el Vaticano. Ya Roma no es el norte de la Verdad. No hay que estar haciendo caso a las palabras de un hereje. No hay que estar en la noticia de Bergoglio.

La Iglesia es Cristo: hay que vivir mirando a Cristo, haciendo la vida que Cristo quiere para el alma.

Muchos católicos van a seguir confundidos cuando ese hereje publique sus escritos sobre la ecología. No han sabido atacar al hereje en este tiempo. Tampoco lo sabrán hacerlo a partir de ahora.

Es hora de llamar a cada cosa por su nombre. Si todavía no lo has hecho, sencillamente eres un hereje como todos los demás.

Es tiempo de separar el trigo de la cizaña. Y eso se hace con castigos, con purificaciones, con sufrimientos, con persecuciones.

Y no hay más ciego que el que no quiere ver. Por eso, la Iglesia católica está llena de ciegos que no quieren ver. No les interesa ver. Lo que les interesa es seguir manteniendo a un hereje.

Al verdadero católico sólo le interesa escupirle a la cara a ese hereje. Pocos católicos hay que hagan esto porque se han vuelto políticamente correctos. Son veletas del pensamiento humano. Y pasan sus vidas dando besos y abrazos a todos los hombres para que les vean que son buenísimas personas.

Llamen a cada cosa por su nombre y se salvarán de lo que viene a la Iglesia. Sigan llamando a las cosas como los hombres las llaman, y el diablo entrará en sus almas para poseerles hasta el final.

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