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En el Vaticano se levanta la falsa iglesia con su falso cristo

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«Falsa Iglesia, verdadera Iglesia; falso Cristo, verdadero Cristo. La falsa Iglesia la constituye aquellos sacerdotes herejes, aquellos sacerdotes anatemas, aquellos sacerdotes que mutilan la Palabra de Dios, aquellos sacerdotes que se salen del contexto bíblico; aquellos sacerdotes que llevan una doble vida, una doble moral; aquellos sacerdotes que aparentan santidad frente a las demás personas, frente a sus fieles; aquellos sacerdotes con apariencia de buenos, mientras que su corazón es un cementerio mal oliente, un sepulcro putrefacto; la blancura no se mide por lo exterior, la blancura se mide es por la pureza del alma, en la limpieza del corazón. Vosotros estáis llamados a la coherencia de vida. Vosotros estáis llamados a vivir en la radicalidad del Evangelio; estáis llamados a huir de la falsa Iglesia» (María, Madre de la Iglesia – Falsa Iglesia, verdadera Iglesia Mayo 25/09 – pag. 2- Revelaciones dadas a un alma a quien Jesús le llama Agustín del Divino Corazón. Mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María)

La Iglesia no es el Vaticano. En el Vaticano está la falsa Iglesia. En las diócesis que se someten al Vaticano está la falsa Iglesia.

El Vaticano ya ha demostrado, en su Jerarquía, que no es y no quiere ser parte de la Iglesia Católica. Ellos han puesto una falsa cabeza, que ha levantado una falsa iglesia, con un falso cristo. Y esto es lo que ellos venden al mundo entero. Venden un hombre al que proclaman como Papa y exigen que se le obedezca porque es el Papa.

Después de 50 años, en que en el concilio Vaticano II, los teólogos modernistas pudieron introducir la doctrina colegial según la cual el Papa tiene la misma jerarquía que los obispos —primus inter pares (el primero entre muchos)—Y, por tanto, su función se limitaría a hacer de policía entre los miembros de un poder sinárquico y no ya monárquico, sin ninguna autoridad en la Iglesia, ocasionando, por ello, la igualdad de todos los Obispos en el poder de la Iglesia, la independencia de los sínodos, de las conferencias episcopales, poniéndose por encima de la Voz del Papa, de la Voz de cada Obispo. Ya los Papas, los Obispos, como personas aisladas son absolutamente impotentes en la Iglesia; la fuerza está sólo en la colegialidad. Esto lleva, por supuesto, a la desobediencia, rebeldía y división entre los Obispos. Esto es la anarquía en el poder.

Ahora -después de 50 años- , esos teólogos, ahora los que siguen a Bergoglio pretenden que todos obedezcan a un falso Papa, cuando son ellos los que nunca han obedecido a un Papa en la Iglesia. Ellos quitaron la obediencia al Papa, para ponerla en colegialidad. El mismo Bergoglio nunca se ha sometido a la obediencia a un Papa. ¿Y ahora quiere obediencia? Ahora es cuando hay que desobedecerle en todo. Esa desobediencia no es pecado, sino una virtud, un deber moral de todo católico que sepa lo que es su fe, que haya entendido lo que es Cristo y Su Iglesia.

El Papa Pablo VI, comprendiendo que había sido engañado, se derrumbó y lloró. Por este motivo convocó de urgencia, una tarde de noviembre de 1964, al cardenal Ruffini:

«Eminencia, ¡salve el Concilio! ¡salve el Concilio! Y decía gimiendo y llorando: Sono i periti che fanno il Con-cilio! … Hay que hacer frente a la prepotencia de esos empleados». (Raymond Dulac, La collégialité épiscopale au concile Vatican II, p. 156)

El Papa mandó adjuntar, en apéndice, una Nota explicativa previa que excluía la interpretación herética, salvando la doctrina católica al último momento. Pero, el mal ya se había hecho: quedó la ambigüedad de los textos conciliares. Así es como funciona el don de la infalibilidad de un Papa, que mucha gente no entiende. Las personas creen que sólo el Papa es infalible cuando enseña ex catedra. Y se equivocan. Ese don es una providencia divina particular sobre la persona del Papa para remediar lo que es el mal en la Iglesia, para no caer ni hacer caer que la Iglesia caiga en la herejía. Por eso, ningún Papa legítimo es hereje. Puede estar rodeado de muchos herejes, que hacen mucho mal a su alrededor y procuran que sus obras heréticas tengan el sello papal. Pero nunca un Papa cae en herejía, en algo que le puede sacar de la Iglesia.

El Vaticano es una muralla que nadie puede transitar sin perder la fe católica. Los que viven allí no pertenecen a la Iglesia Católica. No tienen la fe verdadera; tienen una fe inventada por su razón humana. El culto a la idea del hombre: eso es el Vaticano. Es una madriguera de lobos en donde se viven los sietes vicios capitales, en donde los tres pecados de herejía, cisma y apostasía, son el sello de sus obras. Sacerdotes y Obispos anatemas, que mutilan, que destrozan toda Verdad en la Iglesia.

La Iglesia es Cristo con todas sus almas, que fieles a la Gracia, permanecen unidas a Él, en el Espíritu. Almas que han comprendido la vida de Cristo y que la imitan sin más, dando testimonio de la única Verdad, que es Cristo.

Iglesia y Vaticano son ya dos cosas distintas. Y, por lo tanto, en la Iglesia existe una confusión total debido a muchos Cardenales y Obispos del Vaticano.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, el cual no gobierna porque ha renunciado al ministerio de Obispo de Roma, pero sigue conservando, en su persona, el Primado de Jurisdicción, la Autoridad Divina, que sólo él puede tener. Esto, mucha gente, no acaba de comprenderlo, porque no vive en Gracia en la Iglesia. Viven en su mentalidad modernista y quieren que todo el mundo se someta a esa mentalidad, que supone someterse a la mente de un hereje, como es Bergoglio. Y eso es imposible en la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. En la Iglesia se obedece a la Verdad, que es Cristo, no a los hombres que reniegan de la Verdad.

Pedro nunca fue hereje. Negó a Su Maestro, pero su pecado no llegó a la apostasía de la fe. No renegó de la Verdad. Una vez que vio su pecado, volvió a Cristo, a la Verdad. Esto es lo que no hace toda esa gentuza, que se llama a sí misma sacerdote y Obispo de la Iglesia, y que no tienen en sus mentes la Mente de Cristo. Sus mentes se han quedado en la mentira y sólo dan vueltas a esa mentira, sin posibilidad de arrepentimiento. No son un Pablo VI, que cayó en la cuenta de la mentira, y puso un remedio.

«¡Basta con la disensión dentro de la Iglesia! ¡Basta con una disgregadora interpretación del pluralismo! ¡Basta con la lesión que los mismos católicos infligen a su indispensable cohesión! ¡Basta con la desobediencia calificada de libertad!» (18-VII-1975). Pablo VI nunca fue escuchado ni perdonado por mucha gente, que se cree erudita en la Iglesia, porque sabe algo de teología. Su Pontificado fue un gran calvario, porque conoció la obra del mal en el mismo Concilio.

El falso Papa del Vaticano es Bergoglio: hereje, cismático y apóstata de la fe. Jefe de la nueva secta del Vaticano, que posee un clan abominable, un gobierno horizontal, con un poder humano, sin ninguna autoridad divina ni espiritual sobre la Iglesia Católica. Todo cuanto hace es nulo para Dios y para la Iglesia; válido para su nueva sociedad religiosa. Esto, tampoco, mucha gente lo acaba de comprender. Ven a un Bergoglio bueno en lo humano. Es lo que vende a todos. Pero no pueden ver la maldad que hay en su mente. Están oscurecidos por su misma palabra de herejía.

Son dos Papas en Roma. Son una clara división en la fe. Son un cisma que los propios Cardenales del Cónclave han abierto en el Vaticano. Hicieron renunciar al Papa legítimo, que gobernaba la Iglesia Católica, y pusieron a un Papa, falso y maldito, que sólo gobierna el Vaticano; no puede gobernar la Iglesia, porque no es Pedro, no es la piedra, la roca, que Cristo ha elegido para Su Iglesia: no tiene -ni puede tenerlo- el Espíritu de Pedro. Y esto lo sabe muy bien el mismo Bergoglio. Él sabe quién lo ha puesto ahí y para qué: lo ha puesto la secta masónica, de la que él es miembro. Y lo han colocado con el fin único de levantar una nueva estructura opuesta, en todo, a la Iglesia Católica: la iglesia de los malditos, de los que se van a condenar porque han elegido el infierno aquí en vida.

Estos 18 meses son su farsa, su gran engaño, su hipocresía elevada al cubo.

Estos 18 meses sólo han servido para vivir su infierno en la tierra, y así hacer méritos para tener un puesto, cuando muera, en la cumbre del infierno, al lado de los tres demonios-jefes de ese antro oscuro y tenebroso, en el cual Bergoglio no cree.

En estos 18 meses, él ha derribado al suelo gran parte de las estrellas de la Iglesia: sacerdotes, Obispos, que esclavizados por Roma, no han podido liberarse, a tiempo, de las ataduras de la inteligencia humana.

El Vaticano es maestro en pedir obediencia ciega a sus Obispos y sacerdotes. Pide obediencia a la idea del hombre, pero no a la Mente de Cristo. Sabe cómo maniatar a todos con sus leyes. Sabe cómo hacer callar a todos con sus ritos, que parecen sagrados, y son una clara profanación al Misterio de la Eucaristía. Sabe meter miedo a la Jerarquía si no se somete a su plan. Es fácil venderse al Vaticano por un plato de lentejas. Es lo que hacen muchos sacerdotes en sus diócesis: se venden a la mente de sus Obispos para que no les falte la comida todos lo días.

Quien todavía no haya comprendido esto, quien todavía no discierna lo que pasa en la Iglesia, es que es un católico tibio y pervertido, incapaz de ser de Cristo, inútil para salvarse.

«Lo que debemos buscar y esperar… es un Papa según nuestras necesidades… imbuido de los principios italianos y humanitarios… Que el clero camine bajo vuestro estandarte creyendo siempre que camina bajo la bandera de las Llaves Apostólicas…» (Los papeles secretos de la Alta Venta de los Carbonarios – Monseñor Delassus, La conjuration antichrétienne, III, pp. 1040-1046; Ploncard d´Assac, La Iglesia ocupada, p. 71.)

Bergoglio: el gran engaño puesto por la masonería en el Vaticano. Un falso Papa según las necesidades masónicas; un falso papa lleno de humanismo, que ha puesto al hombre en el centro del universo; un falso papa que hace caminar a la Jerarquía bajo la bandera de la masonería creyendo que sigue la bandera de Cristo.

¡El gran engaño, que muchos no han discernido!

¡El gran engaño preparado por el mismo clero de la Iglesia Católica! Por aquellos que se dicen de Cristo, pero que obran en contra de la doctrina de Cristo. Es la Jerarquía infiltrada desde hace mucho tiempo en la Iglesia, que en el Concilio Vaticano II tomó posiciones para poner un lenguaje teológico ambiguo, del cual han salido, dentro de la Iglesia, todas las herejías que actualmente se viven.

Estamos viviendo la corrupción de lo mejor en la Iglesia: una Jerarquía llamada a servir a Cristo que se ha convertido en demonios encarnados. ¡Auténticos demonios! Y no tienen otro nombre. Desde el vocero del Vaticano, el P. Lombardi, fariseo perfecto, inútil de hombre, auténtica miseria espiritual en su ministerio sacerdotal, hasta el idiota que se sienta en el Trono de Pedro, Bergoglio, un hombre sin inteligencia, un hombre pervertido en su juicio, un hombre que enseña a pecar, poniéndose por encima de la ley natural, de la ley divina y de la ley de la gracia. ¡Son todos unos demonios! ¡Son todos unos malditos! ¡Son todos unos babosos del mundo!

¡Gran engaño es Roma! ¡Gran Ramera, llena de fornicadores de la mente del demonio! ¡Gran Prostituta, que se alimenta de las lascivias de tantos Obispos y Cardenales en sus obras con el mundo!

Ya lo dijo Pablo VI, pero nadie le hizo caso: «La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio… La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma» (Discurso al Seminario Lombardo, Roma – 7 de diciembre de 1968 – En Amerio, Iota unum, número 7).

Autodemolición: la misma Jerarquía de la Iglesia Católica ha ido demoliendo todo. Los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella misma: son los mismos que hacen el teatro, cada día, de poner a Cristo en el Altar. ¡Es un teatro! ¡Es un cuento chino muchas misas de la Jerarquía!

El Cardenal Raztinger elevaba el grito de alarma: «Después del Concilio, las diferencias de confesiones entre la exégesis católica y protestante desaparecieron prácticamente… Pero el aspecto negativo de ese proceso es que, a partir de ahora, incluso en ambientes católicos, la separación entre la exégesis y el dogma es total, y la Escritura se ha convertido por sí misma en una palabra del pasado que cada cual debe esforzarse en traducir al presente, sin poder apoyarse demasiado en la base en que se aguanta. La fe se convierte entonces en una especie de filosofía de la vida que cada cual trata de extraer de la Biblia. El dogma, privado del fundamento escriturario, carece de sostén. La Biblia, que se ha separado del dogma, se convierte en un documento del pasado; ella misma pertenece al pasado» (Ratzinger, L’interprétation biblique en question, en L’essegesi cristiana oggi, Piemme, 1991).

Muchos no perdonan al Papa Benedicto xVI su teología protestante de sus inicios, cuando era un sacerdote. Muchos no han visto el cambio en su teología. Nunca un teólogo hereje puede discernir entre la verdad y la mentira. Siempre un teólogo hereje da la mentira y la proclama como verdad, que es lo que hace Kasper. Si Raztinger, como Prefecto de la Congregación, sabe lo que es lo católico, y lo sabe diferenciar de lo protestante, es que es católico, posee una fe católica, es que no puede ser hereje, sino que está en la Verdad, permanece en Ella.

«Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la tradición común» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 79).

La Jerarquía ha olvidado que la ciencia teólógica está para servir a la verdad, no para servir a los intereses de cada uno en sus ministerios sacerdotales. El sacerdote es para las almas, no es para la mente de las almas. Es lo que muchos no saben hacer : hablan con las almas como si fueran un conjunto de ideas, de razones, de proyectos humanos ; y no son capaces de ver la vida espiritual de las almas. Y, por eso, muchos sacerdotes son psiquiatras, pero no pastores de almas. Y, con eso, llegan al pecado contra el Espíritu Santo. Tienen el poder de penetrar en el santuario de cada alma para guiarla hacia la verdad. Y hacen el trabajo del mismo demonio : inculcan a las almas pensamientos errados, mentirosos, funestos, que las llevan a la clara condenación.

«En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador. Se ha perdido de vista el hecho de que la definición dogmática es un servicio a la verdad, un don ofrecido a los creyentes por la autoridad querida por Dios. Los dogmas –ha dicho alguien- no son murallas que nos impiden ver, sino, muy al contrario, ventanas abiertas al infinito» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 80).

La fe católica ha desaparecido y se ha convertido en protestante. En la Iglesia Católica aparecieron lo nuevos Luteros : sacerdotes y Obispos que niegan el infierno, la virginidad de María, la existencia del purgatorio, que dan la comunión a los malcasados, que defienden los anticonceptivos como solución a los problemas del matrimonio y de la pareja, que lo niegan todo y siguen ahí, en la Iglesia, como si nada pasara. Son tenidos como santos en sus grandes pecados, en sus manifiestas herejías. Son aclamados por las multitudes como hombres que salvan el mundo, lo social, lo político. Eso es un Kasper, un Bergoglio, eso es todo su clan abominable de su gobierno horizontal.

Y del protestantismo se ha pasado, rápidamente, al comunismo: todos los teólogos de la liberación, que hacen de la iglesia su pecado: una iglesia de los pobres y para los pobres. Son los nuevos burgueses de la Iglesia. Una Jerarquía para la política, para el mundo, para el bien del hombre, pero nunca para el bien divino.

Y, en el marxismo, la idea masónica: la fraternidad universal, el diálogo de la igualdad, necesario para encontrar la unidad aun a costa de la verdad, y los derechos y libertades del hombre.

Hoy nadie lucha por la Verdad. Nunca ha sido tan débil la lucha contra los errores y abusos de toda la Jerarquía en la Iglesia. Nunca en el Vaticano se puede apreciar, como ahora, la distinción entre la verdadera y falsa Jerarquía.

Es el tiempo en que los católicos verdaderos salgan del Vaticano, salgan de sus parroquias, porque ya no es posible que la verdad venga de sujetos que no pueden buscarla por su pecado manifiesto.

El Vaticano ya no pertenece a la Iglesia Católica. Si esto no lo tienen claro, se van a tragar el Sínodo como un bien para la Iglesia.

Bergoglio auna las tres ideas: la protestante, la comunista y la masónica. Todo su hablar es esto. Y no hay una fe católica en él. No puede haberla. Es especialista en tergiversarlo todo, según lo que encuentra en su mente pervertida por su juicio loco. Y del Sínodo, convocado por este maleante, no puede salir nada para la fe católica. Nada bueno. Todo una mentira bien preparada por la masonería. Ellos no quieren salvar las almas, sino condenarlas. La Iglesia ha desaparecido en el Vaticano.

«Probablemente los jóvenes no hayan escuchado nunca hablar de la salvación del alma en las homilías de sus sacerdotes…La Iglesia desaparece cuando grupos, comunidades y personas se despreocupan de su misión principal: la salvación de las almas» (Cardenal Rouco – Conferencia dada en El Escorial sobre «La salvación del alma» – 30-VII-2004).

Las fábulas comienzan a aparecer en el Vaticano

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«Has de saber que en los últimos tiempos sobrevendrán tiempos difíciles, porque habrá hombres egoístas, avaros, altivos, orgullosos, maldicientes, rebeldes a los padres, ingratos, impíos, desnaturalizados, desleales, calumniadores, disolutos, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, protervos, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios, que con una apariencia de piedad están en realidad lejos de ella. Guárdate de ellos» (2 Tim 3, 1-5).

Este es el fiel retrato de los hombres de este final de los tiempos que vivimos. Y están en el mundo y dentro de la Iglesia. Están en la familia y en la Jerarquía. Son amigos y son gente que gobierna una parroquia para destruirla.

«Vi otra bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón» (Ap 13, 11).

Esta bestia es el falso Profeta, que es un falso Papa en la Iglesia, representado en los dos cuernos, y que habla como un dragón.

Este falso Papa ya ha aparecido en el Vaticano: es Francisco, el cual no es el legítimo Sucesor de Pedro, no es el Vicario de Cristo.

Tiene la apariencia religiosa de un Papa, pero su lengua, su malicia, ambigüedad y astucia son infernales. Son del dragón. Tiene el espíritu del dragón.

El dragón tiene siete cabezas y diez cuernos; es decir, es el espíritu que lucha contra todo lo divino en el mundo y en la Iglesia. Lucha contra la Mujer envuelta en el Sol. Lucha contra las siete iglesias, que son los siete candeleros de oro, los siete espíritus que mueven a las almas en la Iglesia. Y lucha con diez cuernos, para derrocar toda ley divina en la Iglesia.

Por su apariencia religiosa, este falso Papa es visto como el más sabio y confiable que los demás. Su humanidad es lo que atrae a la gente. Las almas quedan con la boca abierta antes las obras humanas, tan sencillas, de este personaje. Es el culto al hombre lo que irradia este falso Papa. Es la sed de gloria humana lo que persigue este personaje, idílico para muchos. Es querer convencer a todos que, como somos hombres, en lo humano hay un camino para encontrar una solución a todos los problemas de los hombres y de la Iglesia. Ése es el significado de su partido de fútbol para encontrar la paz en el mundo. Es su fábula. Y muchos han querido hacer una teología de un partido de fútbol para indicar la maldad de este hombre. Y no han comprendido que es una obra de un vividor. Y con esa obra ha querido llegar a los tibios y a los pervertidos del mundo y de la Iglesia. Pero esa obra lo hace un inútil para los intelectuales del mundo y de la Iglesia. Esto es lo que nadie dice, porque no saben medir lo que es Francisco: un juguete de la masonería.

«Ejerció toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella e hizo que la tierra y todos los moradores de ella adorasen a la primera bestia, cuya llaga mortal había sido curada» (vs. 12).

Este falso profeta o falso Papa no tiene la autoridad divina en la Iglesia, porque no posee el Primado de Jurisdicción, que sólo puede estar en una Cabeza, en el Papa legítimo, que es Benedicto XVI, hasta su muerte.

Pero posee una autoridad humana, la que tiene recibida de la primera bestia, que es una pantera, con pies de oso y boca de león. Es decir, tiene el poder de la masonería. Y con ese poder obra en la Iglesia lo propio del masón.

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Este falso papa fue adornado con un carisma diabólico, que imitaba el carisma de Pablo, con el cual se ha ido al mundo para lograr una cosa: abrir las puertas de la Iglesia a las sectas y a las religiones, provocando el falso ecumenismo. Y esto es una señal para el Anticristo y para aquellos que reconocen al Anticristo como el auténtico mesías esperado. A este falso Papa lo creen toda esta gente, tibia y pervertida, porque son muchos dentro de la Iglesia Católica que ya no creen en la Divinidad de Jesucristo y, por tanto, están esperando a un salvador, a un hombre que les saque las castañas del fuego: «¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que murieron los padres, todo permanece igual desde el principio de la creación» (2 Pe 3, 4)

El verdadero ecumenismo sólo se puede dar entre las Iglesias de origen apostólico, con sucesión apostólica, pero jamás con las sectas y demás religiones. «Porque todos los dioses de los pueblos son vanos ídolos» (Sal 96, 5). La unidad total la hará Dios después de la purificación universal, en el Reino de Paz, entonces «habrá un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10, 16). La unidad es imposible en la diversidad de pensamientos y de obras humanas, porque la unidad del Espíritu sólo se da en la Verdad de la Mente de Dios. Y aquel hombre que no pisotee su mente humana, no pertenece a la Iglesia de Cristo. Por eso, la iglesia que se muestra en el Vaticano no es la de Cristo, sino la de los hombres: en la que ellos dan culto a sus inteligencias humanas.

Antes que el anticristo muestre su cara al mundo, «ha de venir la apostasía» (2 Ts 2, 3b), que es el rechazo de cualquier verdad absoluta, es decir, de los dogmas que se siguen en la Iglesia. En ese rechazo, Roma se convierte en la Sede del Anticristo: «Las siete cabezas son siete montañas sobre las cuales está sentada la mujer» (Ap 17, 9). Una mujer, borracha de la sangre de los mártires, y que es llevada por la bestia de diez cuernos y siete cabezas, es decir, por la masonería. Es llevada = es gobernada.

Con el falso Papa, con Francisco, se ha iniciado la apostasía de la fe. Y el Sínodo es sólo la puerta para que todo vaya más rápido, para conseguir que el Anticristo aparezca. Ese Sínodo no lleva la línea de la gracia: es decir, no es católico. Es el Sínodo que ha promovido el falso Papa para levantar, de una vez, su nueva iglesia, que está fundada en su gobierno horizontal. A partir de ahí, puede cambiar todo lo demás en su iglesia y que producirá la abierta apostasía de la fe.

El Vaticano, es decir, Roma, camina hacia su destrucción, junto al Anticristo: «La bestia que era y ya no es, es también un octavo, que es de los siete, y camina a la perdición» (Ap 17, 11). El Anticristo es el octavo rey que gobernará Roma. Es un rey masónico, como los siete anteriores, «de los cuales cinco cayeron, el uno existe y el otro no ha llegado todavía» (v. 10).

Durante cincuenta años, la masonería ha gobernado la Iglesia, de manera oculta, no a través de un Papa. Han usado a todos los Papas legítimos, de todas las maneras imaginables, para ser reyes. Y cinco cayeron; pero uno existe. Ese uno no es el falso Papa, no es Francisco, es el que se oculta en el gobierno de Francisco, detrás de la imagen de Francisco.

Francisco es sólo un pelele de este rey masónico: un juguete que se mueve como lo quiere la masonería: «ejerce su autoridad en presencia de ella». Es decir, Francisco hace todo lo que ese rey masón le pide.

Francisco tiene su orgullo. Y ese orgullo se manifestó al principio de su falso Pontificado. El ideal de Francisco es su negocio en la Iglesia: los pobres. A la masonería no le interesan los pobres, sino el poder en la Iglesia. Y este falso Papa ha estado trabajando por este negocio, sin importarle un rábano las almas en la Iglesia. Y se ha enfrentado a la masonería que lo ha puesto ahí.

Tengan en cuenta que en el infierno no se aman, pero se juntan para hacer la maldad. Se unen en la mentira para muchas obras malas. Y Francisco ha dado a la masonería lo que ésta le ha pedido: el gobierno horizontal y abrir las puertas de la Iglesia al mundo, a las sectas, con el falso ecumenismo. Pero Francisco ha querido su tajada en este negocio. Y ha luchado por su dinero, porque no va a renunciar a ser un falso Papa sin llevarse en el bolsillo fajos de billetes, para pasar el resto de su vida tranquilamente.

Que Francisco deja el poder en el Vaticano: eso es clarísimo. Él mismo lo ha dicho. Y también lo dicen los falsos profetas. Porque la masonería tiene que inventarse la forma de que este hombre deje el poder. Como es un ídolo de las gentes, entonces ¿por qué no matarlo? Esto es lo que anuncia el falso profeta Enoch, al cual muchos siguen y lo tienen por verdadero. Y es sólo un demonio que se viste de ángel de luz: «La vida de mi Vicario corre peligro, fuerzas ocultas dentro del Vaticano están planeando atentar contra él» (2 de septiembre del 2014 – Ver texto).

Hay muchos falsos profetas y no hay que escucharlos: «No escuchéis lo que os profetizan los profetas. Os engañan. Lo que os dicen son visiones suyas, no procede de la boca del Señor» (Jer 23, 16)

Hay que quitar a Francisco: esto es lo que está planeando ahora la masonería, que ha puesto al mismo Francisco en el gobierno. Y Francisco ya ha recibido la orden de irse, pero es orgulloso hasta el final. No se cumplirá hacerlo mártir, porque ya Dios ha hablado, y porque la falsa profecía nunca se cumple ni puede cumplirse: «El plan orquestado por satanás… ya que has desbaratado el otro plan suyo es el siguiente… matar a este Innominado… al Falsario….Y ahora que he desenmascarado también este plan suyo… lo que han de hacer ya pronto lo verán y será difícil de soportar» (28 de julio del 2014 – Ver texto).

Difícil de soportar lo que viene desde el Vaticano. Francisco tiene que irse. Va a ser una sorpresa para muchos que no lo esperan. Es ya el tiempo. El demonio está que trina porque sabe que el tiempo se ha acortado. Ataca con todo su furor «por cuanto sabe que le queda poco tiempo» (Ap 12, 12)

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Las profecías tienen que cumplirse: «En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto).

Francisco ha sido elegido según los cánones, pero no según la ley de la gracia. No fue elegido en la muerte del Papa legitimo, sino en su renuncia. Se reunieron en un Cónclave, como mandan los cánones, para sacar al primer impostor. Es necesario que aparezca el hombre elegido no canónicamente, no según un Cónclave.

Francisco es el primero que tiene el espíritu del Falso Profeta, que toma el lugar, arrebata, usurpa el Trono: «cuando él se vaya, el impostor, el Falso Profeta, tomará su lugar» (26 de mayo del 2013 –ver texto). El primero de muchos destructores.

Francisco es el impostor, el Falso Profeta, pero no es el único. Nunca olviden que hay un solo Falso Profeta que señala al Anticristo, como hubo un Gran Profeta, San Juan Bautista, que señaló a Cristo. El demonio imita en todo la obra de Dios. En cualquier cosa. Y antes de San Juan Bautista, hubo muchos profetas que hablaron del Mesías, pero que no lo señalaron. Así, antes del «falso Papa que está esperando para revelarse a sí mismo al mundo» (20 de marzo del 2012 – ver texto), hay otros falsos Profetas (= falsos Papas) que hablan del anticristo, de su obra, pero no lo señalan.

Con Francisco, «el gran cisma es presenciado por todo el mundo, pero no va a ser visto como tal inmediatamente» (Ibidem). Porque Francisco tiene que cambiar algunas cosas en la Iglesia, como lo ha hecho.

Pero es necesario el falso Papa de la falsa Iglesia. Francisco se encontró con la verdadera Iglesia. Y puso su ladrillo: su gobierno horizontal. Y está construyendo la falsa iglesia. Se convirtió en un falso Papa lo que al principio era un antipapa. Se necesita al hombre que dé consistencia a la obra de Francisco, porque éste es sólo un vividor, no sabe de teología. Y tampoco le interesa. No le interesa el plan de la masonería; lo que le interesan son sus pobres, su teología de la liberación, su negocio en la Iglesia.

Francisco posee el espíritu del falso Profeta, pero no es la persona del falso Profeta, no es el falso Papa que se sienta en la falsa Iglesia y que señala al Anticristo directamente. Francisco no cree en el Anticristo. No cree en el demonio. Si no cree que Jesús es un Espíritu, entonces no cree en ningún espíritu.

«Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios». (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto es lo que iniciamos a ver en todas partes: división, cisma dentro de la misma Iglesia Católica. División entre católicos. Lucha entre católicos. Odio en la Iglesia Católica.

Las gentes, con este falso Papa, buscan pastores a su gusto, que les consientan en su pecado. Y, por eso, aparecen las fábulas: «vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones» (2 Tim 4, 3). Es la decadencia del clero, que dan a las gentes lo que éstas quieren ver y escuchar. ¡Cuántos sacerdotes ya tienen su página de fans en el Facebook! Es la gloria del mundo. Es la sed de beber en las aguas putrefactas que todos beben, porque no se aguanta la Verdad Absoluta. Y la consecuencia es clara: «y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (v. 4).

La gente hoy quiere fábulas en la Iglesia. Que le cuenten un cuento muy bonito. Pero no soportan que le digan que Francisco no es Papa y que su doctrina no es católica. Ya no escuchan la Verdad. No quieren escucharla. Y no hay manera de que la escuchen. No hay una razón que les haga ver su maldad, su mentira, porque han hecho de sus vidas de pecado un camino de santidad. Por eso, hay sacerdotes que bautizan a los hijos de los afeminados, de los transexuales, y aparecerán, dentro de poco, lo que ya casen a los homosexuales.

Es lo que dice el profeta Isaías: las doctrinas empieza a prostituirse: «¿Cómo te has prostituido, Sión, ciudad fiel, llena de justicia? Antes habitaba en Ella la Justicia, ahora el homicidio» (Is 1, 21). Se matan las almas en la Iglesia. Y lo hacen los mismos sacerdotes, Obispos. Son ellos y sólo ellos lo que derrumban la doctrina divina de la Iglesia.

«¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Los pastores no son para apacentar el rebaño? Pero vosotros coméis su grosura, os vestís de su lana, matáis lo que engorda, no apacentáis las ovejas…Y así andad perdidas Mis Ovejas por falta de Pastor, siendo presa de todas las fieras del campo. Andan errantes por montes y collados, derramadas por toda la haz de la tierra» (Ez 34, 2b. 5-6a). ¿No es esto lo que hacen sacerdotes y Obispos en este momento en la Iglesia? ¿No está el Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, dispersando el rebaño al declarar que la doctrina de Francisco, en su evangelium gaudium, es católica, da continuidad al Papado? (ver texto). ¿No es esto abominable en personas que tienen que saber más que el fiel en cuestiones de teología? ¡Que personas de la calle –y gente que no es católica- vean el comunismo de Francisco en su evangelium gaudium, y que un Prelado de la Iglesia no sea capaz de verlo, es no sólo triste sino abominable!

¿A qué se dedican los Prelados, los sacerdotes, los Obispos en la Iglesia? ¿A lavar la cara de Francisco cuando dice una herejía? ¿A quitar las babosidades que se le caen de su boca cuando habla? ¿Por qué quieren seguir guardando las formas exteriores con un hombre que no es Papa, que saben que no es Papa? ¡Porque no quieren perder el plato diario de comida en su mesa!

«Primero vendrá la purificación de mi Iglesia como os estoy diciendo. Si queréis oír una Misa Santa Católica verdadera, en que mi Divino Hijo Jesucristo, redentor del hombre, se inmole y actualice su Sacrificio en la Cruz, tendréis que tener o buscar un Sacerdote que siga la tradición y el dogma verdadero, que los habrá, pero muy pocos, y tendréis que ayudarlos y protegerlos, porque ellos estarán también perseguidos, confusos y sin recursos. Estará todo muy confuso, por esto tenéis que afianzar vuestra vida de fe» (Mensaje de un profeta (julio 2002) recordado en un Mensaje de Dios Padre a su hija María – 27 de marzo de 2013 – ver texto).

Son muy pocos los que deciden hablar claramente de lo que está pasando en la Iglesia, porque saben las consecuencias: persecución y sin recursos para nada. No es fácil vivir colgados de la Providencia Divina, en que sólo Dios da el alimento, el dinero, el trabajo. No es fácil quedarse en la calle y seguir predicando la Verdad, aunque nadie la quiera escuchar. Es más fácil hacer lo que la mayoría de la Jerarquía hace: tapar a Francisco. Hacer ver que su doctrina es católica.

«Los modernistas y apóstatas os querrán convencer con sus filosofías y falsas teologías de un ecumenismo y una religión católica falsa, y os propondrán una eucaristía sin sacrificio incruento de mi Hijo Jesucristo, que será una simple reunión o asamblea en el nombre de mi Hijo, pero no Eucaristía, aunque en la consagración se pronuncien las palabras de mi Hijo, dichas en la cena del jueves santo, vuestro Divino Redentor no bajará al cáliz, ni al pan, porque los sacerdotes modernistas no tendrán esa fe de la verdadera Iglesia Católica; No reconocerán su sacrificio en la Cruz ni la transubstanciación; dogma de fe Católica. Estad alertas, porque todo esto está sucediendo ya en algunos lugares de mi Iglesia, con ministros y obispos que aparentan ser Católicos, pero con el antipapa se separarán las ovejas de las cabras, y la cizaña del trigo» (Ibidem).

En el Vaticano, se comienza a manipular las mentes de los católicos con muchas fantasías. Antes, en el Vaticano, habitaban los teólogos rectos; ahora los teólogos cuestionan los dogmas y tradiciones: ahí tienen a un Muller, a un Kasper, a tantos otros que ya no están en la Verdad y que gobiernan la Iglesia. ¿Y que van a hacer a partir del Sínodo? Derogar los dogmas con el pretexto de que esto facilita el acercamiento ecuménico con las sectas y las otras religiones: «¿Cómo os decís: Tenemos la sabiduría, poseemos la Ley de Yavé? La convirtieron en mentira, las mentiras plumas de vuestros escribas. Han sido confundidos los sabios, avergonzados, cogidos. Arrojaron de sí la Palabra del Señor. ¿Qué sabiduría les queda?» (Jer 8, 8-9).

En el Vaticano han arrojado la Palabra de Dios al cubo de la basura. Y aparecen las nuevas doctrinas, las falsas doctrinas teológicas que tratan de desfigurar la Iglesia Católica: «La serpiente arrojó de su boca detrás de la Mujer como un río de agua, para hacer que el río la arrastrase» (Ap 12, 15).

La masonería eclesiástica, instalada desde hace años en el Vaticano, va a destruir la Iglesia desde adentro: «Y había unos veinticinco hombres, de espaldas al Santuario de Yavé y cara al oriente, que hacia el oriente se postraban. Y me dijo: ¡Hijo de Hombre, ¿has visto? ¿Será cosa ligera para la casa de Judá hacer las abominaciones que en este lugar se hacen, que han llenado la tierra de violencias para irritarme? Y hasta se llevan la zemorra (= raíz de virtud mágica que creían daban vida al que las olía) a sus narices» (Ez 8, 16-17). La destruye con abominaciones, permitiendo que se introduzcan herejías perniciosas. Han dado culto a dioses extraños que han oscurecido sus mentes con sus lujurias de la vida. Han olido perfumes lisonjeros y han quedado atrapados en ellos.

«Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero Pastor, sino un destructor» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto ya está en curso. Muchos destructores aparecen en la Iglesia para hacer su trabajo. Las almas tienen que renunciar a todo lo que hay en el Vaticano si quieren permanecer siendo Iglesia, perteneciendo a la Iglesia. No luchen por Roma ni por una Jerarquía que no sabe discernir entre la verdad y la mentira. Oren por ellos, pero luchen por la Verdad de la Iglesia que ya no está en el Vaticano ni en la Jerarquía que se acomoda al Vaticano. Está sólo en los humildes de corazón. Y esos son pocos y están escondidos de todo el mundo.

Análisis de la situación del Vaticano

El rayo en el Vaticano: Aviso a los católicos de que lo que sucede en el Vaticano no es correcto. A la Curia, que tenga cuidado con lo que planean ya que no es de Dios, ni de sus leyes.

El rayo en el Vaticano: Aviso a los católicos de que lo que sucede en el Vaticano no es correcto. A la Curia, que tenga cuidado con lo que planean ya que no es de Dios, ni de sus leyes.

Todos quieren analizar lo que pasa en el Vaticano, las líneas que sigue la Jerarquía de la Iglesia, los caminos que Roma quiere andar con Francisco. Pero nadie da un análisis de lo que pasa actualmente en Roma.

En Roma, se está construyendo una nueva iglesia partiendo de la Iglesia verdadera, de la Iglesia de Cristo. Esto es lo que nadie dice y, por eso, sus análisis del Vaticano son erróneos.

Francisco ha comenzado una nueva iglesia sin Jesús y sin María. La doctrina de esa nueva iglesia no es la doctrina sana de Cristo, sino sólo el invento, la fábula de Francisco sobre el Evangelio, sobre el Magisterio y la Tradición de la Iglesia.

En esa doctrina nueva no hay ninguna verdad, todo es mentira, pero una mentira agradable, que gusta al hombre porque le dice al hombre lo que quiere escuchar.

Dicen que Francisco es revolucionario, renovador, que da un cambio, que trae una novedad, que pasa una página, que deja de lado lo antiguo. Y eso sólo significa una cosa: Dale al pueblo lo que quiere oír y te amará. Dile la Verdad, háblale de sufrimiento, y te odiarán.

Francisco es hábil, es un orador sutil, es tan buen orador que nadie advierte el engaño que sale de su boca constantemente. Nadie. Porque dice ese engaño con el sentimiento, con palabras bonitas, hermosas, bellas, que parecen que llegan al alma y lo que hacen es oscurecer la mente, apagar la luz para que el alma no vea la mentira, el engaño que se le propone.

La gente no está atenta al engaño que trae esas hermosas palabras porque mientras al pueblo se le de lo que quiere, lo que quiere escuchar, no analizan nada más ni reflexionan. No se preguntan: “¿esto por qué lo ha dicho?”; “esta frase ¿a qué viene?”;”¿será verdad esto que dice Francisco?”

Cuando la gente no se pregunta es que obedece a ciegas a una persona y no ve, no es capaz de analizar las verdaderas intenciones que se esconden tras las caretas de Francisco, de los sacerdotes y Obispos que lo defienden como el Papa al que hay que seguir.

El demonio está engañando a la Iglesia de forma deliberada, de forma muy clara para el que tiene fe, porque presenta la persona que hoy más se cree: a un Papa. Todos están atentos a ver qué dice el Papa, a ver qué obra el Papa. Todos: dentro y fuera de la Iglesia.

El demonio es muy hábil para conseguir lo que él quiere: siempre se viste de ángel de luz. Siempre. Nunca se presenta como demonio cuando quiere engañar a los que él sabe que viven la Verdad, que están en la Iglesia verdadera. El demonio sabe eso y, por eso, la combate con todo su odio, porque él sólo es mentiroso y padre de la mentira.

El mal se hace pasar siempre por Jesús, utiliza sus métodos, sus palabras, su doctrina, pero entre verdad y verdad, está la mentira escondida. Es lo que hace Francisco continuamente: da una verdad, da una mentira. Da una hermosa frase llena de una mentira que nadie atiende, porque se dice hermosamente, bellamente, al hombre le agrada la frase: “José y María vivían en Nazaret pero no vivían juntos, porque el matrimonio todavía no se había celebrado. Pero María, después de haber acogido el anuncio del Ángel, quedó encinta por obra del Espíritu Santo y cuando José se da cuenta queda desconcertado” (Francisco, 22 de noviembre). Esta frase es bella, hermosa, pero tiene muchas mentiras. Pero la gente no cae en cuenta de las mentiras, porque la frase está dicha de acuerdo a los oídos del hombre, no está dicha para decir la Verdad. Aquí Francisco dice su opinión sobre el matrimonio de José y de María. Y dice su opinión de lo que pasó por la mente de San José. Pero Francisco no dice la Verdad en esta frase. Además, no puede decirla nunca.

Este es el punto que muchos no acaban de entender de Francisco. Un verdadero Papa, aunque sea pecador, nunca miente cuando habla en la Iglesia: cuando predica, cuando está con la gente, aunque se mueva sin enseñar nada en la Iglesia, lo que habla o lo que obra es de acuerdo siempre a la sana doctrina de Cristo. Esto hace un verdadero Papa. Esto no lo puede hacer nunca Francisco porque no es un verdadero Papa.

Este es el punto que muchos no aceptan, no pueden aceptarlo, porque ya no se ve al Papa como el centro de la verdad, como el que habla la verdad, como el que enseña la verdad. Y no se ve por la misma razón que Pilatos no la vio: ¿Qué es la Verdad?

Pilatos tenía enfrente a la Verdad Encarnada, a Jesús. Y miró la Verdad y no se dio cuenta de la Verdad, no atendió a la Verdad, no se preocupó de la Verdad, sino sólo preguntó: ¿Qué es la Verdad?

Esa es la pregunta que constantemente se hace Francisco y los que le siguen. No saben lo que es la Verdad y, por eso, enseñan lo que van descubriendo con sus inteligencias humanas, con sus ciencias, con sus culturas, con sus filosofías de la vida.

Y esto mismo es lo que le pasa a mucha gente. Ven la Verdad, pero se siguen preguntando por la Verdad, porque no creen en la Verdad, sólo creen en las fabulas que los hombres van diciendo cada día, en su evolución histórica, en su progreso científico y técnico. Y, entonces, empiezan a cuestionar la Verdad del Evangelio y a interpretarlo según sus avances en la ciencia, en la filosofía, en la cultura, etc..

Así hace Francisco su nueva doctrina para su nueva iglesia. De esta manera. Y, por eso, predica bellamente, pero es toda esa belleza una herejía, la que se vive en su nueva iglesia.

A la gente le gusta vivir una espiritualidad fofa, amanerada, amorfa, que le hablen bonito, que le digan que Dios los ama, pero que después los dejen pecar en sus vidas. Esto es lo que propone Francisco en todas sus homilías. Esta doctrina, que no es la de Cristo, sino del demonio.

A la gente le cuesta decir que Francisco es un mentiroso y que su doctrina no es ortodoxa, no es la de Cristo. Cuesta muchísimo decir esta frase. Muchos callan sabiendo que Francisco dice herejías. La Iglesia calla ante tanta mentira de la Jerarquía. Y eso es señal de que eso que está en Roma no es la Iglesia de Cristo, es una nueva iglesia, donde ya no se habla la verdad, sino la mentira cada día. Y eso lo que se enseña en esa iglesia: a mentir, a decir que todo va bien, que no pasa nada, que Francisco está en la ortodoxia, como Muller ha dicho en una entrevista reciente: “Francisco no va por otro camino: sino que combina la ternura del pastor y la ortodoxia, que no es una teoría cualquiera, sino la recta doctrina expresada en la plenitud de la Revelación”. Muller besa el trasero de Francisco y, por eso, tiene que hablar así, con engaño. Le pagan para que hable, porque en la nueva iglesia de Francisco hay que defender la mentira y al mentiroso, que es Francisco.

Esto es lo que nadie se atreve a decir, lo que nadie quiere analizar cuando ve el Vaticano. Y, entonces, se hace el juego a la nueva iglesia de Francisco. No se la ataca, sino que se defiende la mentira que enseña esa nueva iglesia.

No se puede hablar de Dios, de sus obras y, a la vez, querer transformarlas a la manera de pensar, de obrar humanas. Este es el lenguaje de Francisco: habla de Dios, pero dice que hay que obrar como hombre. Jesús vino a salvar al hombre, luego hay que dar de comer al hombre. Así es el pensamiento de Francisco, así de claro, pero nadie se da cuenta de esta verdad. Todos creen que Francisco está diciendo la verdad porque habla bonito. Eso es todo. Todo consiste en hablar bonito: eso es lo que se enseña en la nueva iglesia. Hablen con palabras bellas, puestas en una bandeja de plata, hermosas para el oído del hombre y entonces serán de Dios. Y no importa que se diga la mentira. No importa la doctrina, sino las obras: den de comer a los pobres. Así se salva el hombre.

En la nueva iglesia no interesa la Verdad. No interesa. Y, por eso, los errores y las herejías en la nueva iglesia llevan al mundo a su destrucción. Lo que se está construyendo en Roma es el origen de lo que viene al mundo. Roma está construyendo un nuevo orden mundial dentro de la Iglesia verdadera, la de Cristo. Y eso producirá un cisma en Roma. El cisma ya está, pero encubierto, todavía no se han quitado las caretas la Jerarquía que sigue a la nueva iglesia.

Pero, una vez que se la quiten, entonces en el mundo se dará lo que se está cociendo dentro de la Iglesia.

El futuro de la Iglesia es muy negro, no hay escapatoria para el que duda en la fe. Hay muy pocos que crean en verdad y se mantengan firmes en todo. En la Iglesia hay división y mucha confusión. Y nadie se da cuenta de ese engaño que lleva a la Iglesia al orden mundial dentro de Ella, cambiando la doctrina de siempre.

Para que el mundo y la Iglesia sea una sola cosa, hay que fabricar una iglesia mundana, donde se viva lo que hay en el mundo. Y, entonces, se da en todas partes, el nuevo orden mundial. Y aparece el Anticristo que lo gobierna todo: iglesia y mundo.

La Jerarquía quiere cambiarlo todo porque la doctrina de Jesús no está a la moda del mundo, porque se ha vuelto vieja, achacosa, y ya no sirve para cambiar el mundo. Hay que dejarla abandonada, hay que dejarla que muera, ya no vale nada para la existencia de los hombres. La Jerarquía de la Iglesia piensa que si viviera Jesús en estos tiempos se adaptaría al mundo, a las modas, a las culturas, a los pensamientos de los hombres.

Debajo de la sonrisa de Francisco existe el desorden y la maldad, existe el pecado y la desobediencia a la ley del Señor, existe un corazón recubierto de odio y de maldad demoniaca.

Francisco miente como se bebe un vaso de agua. No le importa mentir con tal de ganar adeptos para su iglesia del demonio.

Por eso, hay que defender al Papa Benedicto XVI por encima de todo porque es, en verdad, el verdadero Papa.

El legítimo Papa, el que tiene todos los derechos y todo el poder de Dios es Benedicto XVI, Papa hasta la muerte. Francisco es sólo un hombre sin el poder de Dios, sin el derecho de Dios a ser Papa. Es sólo un farsante que se puso ahí porque le agrada la publicidad, la fama, el dinero y el poder.

El Papa Benedicto XVI volverá a ser Papa cuando salga de Roma, cuando huya de su encierro viendo con horror cómo la Iglesia se cae a pedazos en Roma. El calvario de Benedicto XVI empieza fuera de Roma. No ha comenzado todavía.

Viene aquel que no es legal, viene aquel que no es elegido canónicamente y, entonces, la oscuridad cubrirá a toda la Curia Romana. La luz se apaga y el mal cubre el orbe entero.

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