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Ser católico no es un nombre, sino una vida de Gracia

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«Desde el Pontificado de Pío IX la Iglesia entró en una nueva fase de dolorosas pruebas. La Iglesia Militante tendrá que sufrir siempre un doble mal: exterior, por la persecución de sus enemigos; interior por la perversión de sus miembros. Desde Pío IX ese doble mal creció continuamente, debido a un asalto extraordinariamente fuerte sobre la tierra por parte de los espíritus infernales…Yo tengo más servidores que la Virgen de ustedes» (Victoria de la Inmaculada – Relatos de exorcismos, Viena, 1968, págs. 22 y ss.).

Para saber que Francisco no es Papa, sólo hay que ir a la profecía de Conchita, en Garabandal, y saber matemáticas. Muchos católicos, aparte de no tener dos dedos de frente, no saben hacer una suma con los dedos de una mano.

Muere Juan XXIIII, y quedan cuatro Papas: Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y no hay más Papas. Luego, Francisco no es Papa. Esto, tan sencillo, los grandes potentados de la Iglesia, los sacerdotes, Obispos y Cardenales, no lo ven: dicen que Francisco es un Papa legítimo. Por tanto, los profetas se equivocan y los hombres sabios del Vaticano no se equivocan, porque tienen el Espíritu. No hay que hacer caso de lo que diga una niña. Si se hace caso, entonces hay que oponerse a los Cardenales que eligieron a Francisco. Y eso significa que no se hace Iglesia. Para ser Iglesia hay que unirse a las decisiones de los hombres. Seamos hombres, pensemos como ellos piensan y aceptemos a Francisco que por algo lo han elegido unos hombres que se visten de Púrpura.

Esta soberbia, clara y manifiesta de muchos en la Iglesia, es lo que produce la oscuridad y la perversión de la inteligencia humana. Es lo que piensa el hombre, de la manera como lo interpreta el hombre; es siempre el hombre el bueno de la película. Los demás, no saben de lo que va la Iglesia.

Por eso, en el Vaticano se ha iniciado la falsa iglesia de los apóstatas: de los sabios, de los prudentes, de los justos, de los santos, de los encumbrados en la gloria del mundo. Ya en esa iglesia hay santos según el mundo, y sabios según la cultura de los hombres, y justos según las leyes de los hombres. Hay un poco de todo en esa iglesia, porque está llena de mundo, de humanidad, de sinvergüenzas que sólo aspiran a ser del mundo.

«Con la desolación está desolada toda la tierra; la impiedad está sobre un trono; vuestro santuario es profanado, y la abominación entró hasta en el lugar santo…» (San Luis María Grignion de Montfort – Tratado de la Verdadera Devoción – pág. 303).

Con la desolación de la vida de los sacerdotes, desolación espiritual, que han abusado de la Sta. Misa, haciéndola un negocio político y económico, el mundo se encuentra al borde de la locura: todos buscando hombres justos, buenos, humanos, naturales, mundanos, celebridades de un día. Y sobre el Trono de Pedro, un impostor, un falsario, un embaucador, que ha comenzado la destrucción de la Iglesia, la profana con sus herejías y disfruta viendo cómo la gente lo llama santo: el vividor, el hombre que sabe vivir y deja vivir.

«La iniquidad ha inundado la tierra, que no es sino iniquidad. ¿A qué santos rezaremos nosotros? La venganza celeste alcanzará todas las clases. Nosotros hemos abusado del sacrificio, el sacrificio cesará. Iglesia de Dios, tu gemirás; ministros del Señor, vos lloraréis por nuevas profanaciones…, sangre, se beberá sangre, sangre, se beberá…La tierra culpable será purificada por el hierro y devorará aquel que se ha sentado en la iniquidad» (Fray Calixto).

¿A qué santos los católicos van a rezar ahora? ¿Al Padre Miguel D´ Escoto, marxista, de la religión de la Pachamama, miembro que fue del gobierno sandinista y ex Presidente de la Asamblea de las Naciones Unidas, al que Francisco le ha revocado la sentencia a divinis, después de seguir comulgando con su herejía y su cisma?¿O al Cardenal Kasper, que se pone de rodillas delante del demonio para destrozar la familia a base de soluciones pastorales? ¿O al mismo Francisco, que no soporta que le llamen mundano, porque toda su ambición en la Iglesia es ser un vividor del mundo?

La iniquidad está en Roma. ¿Cuándo van a despertar, católicos borrachos del mundo, embriagados de las excelencias del hombre, que han puesto al hombre por encima de Dios? ¿Cuándo se van a enterar que tienen un falso Papa que les regala el oído para que se queden con él y no atiendan a la verdad de sus vidas? ¿Por qué confían en una Jerarquía que no habla claro a los hombres, ni al mundo, que constantemente da tinieblas en su lenguaje humano?

Jerarquía de la Iglesia: habéis abusado de la Misericordia. Tened lo que merecéis: Justicia.

«Los Centinelas se han dormido; los enemigos han forzado las barreras y han entrado en el corazón de la ciudad. Ellos han llegado hasta las ciudadelas, donde han colocado su sede. La potencia de las tinieblas ha extendido su imperio; se ha hecho una sinagoga; ella se ha erguido altares donde ha colocado los ídolos para hacerse adorar, Satán acaba de entrar en su sinagoga… He visto tambalear las columnas de la Iglesia, he visto, inclusive, caer un gran número de los cuales se tenía motivo de esperar más estabilidad… Sí, Padre, entre aquellos que debían sustentarla, se han encontrado cobardes, indignos, falsos pastores, lobos vestidos con piel de corderos, que han entrado en el rebaño para seducir las almas simples, degollar el aprisco de Jesucristo, y librar la heredad del Señor a la depredación de los ladrones, los templos y los santos altares a la profanación…» (Sor de la Nativité – Vías sobre el Anticristo).

Vemos en el Vaticano sacerdotes y Obispos dormidos en su lujuria de la vida: creen que están haciendo la Iglesia que Dios quiere y no se dan cuenta que por, su silencio, por callar ante un hereje, son culpables de lo que pasa en la Iglesia.

Culpables de obedecer a un hereje y cismático. Culpables, porque viendo lo que es Francisco, voltean el rostro a otro lado y se hacen como los que no quieren saber. Culpables porque han puesto las bases para el trono del Anticristo en Roma. Ha aparecido la sinagoga en el Vaticano: la que culminará con la aparición del Anticristo de nuestros días: el hombre para el hombre. El hombre lleno de humanidad. El hombre que sólo piensa en el hombre, que anula toda espiritualidad, toda trascendencia hacia lo divino.

Hoy la gente espera en la Jerarquía: que los Obispos hablen en el Sínodo y pongan estabilidad. Y esperan en vano, porque no han comprendido que en la Iglesia de Roma no hay Espíritu Santo. Hay sólo hombres, que piensan como los hombres y obran como ellos. No hay hijos de Dios. No hay católicos. No hay sacerdotes dignos de ofrecer el Sacrificio sin mancha con el alma limpia de pecado. Hay tanta cantidad de sacerdotes bastardos, que se dedican a cualquier cosa cuando celebran la Misa, que la iniquidad está en toda la Iglesia por culpa de la misma Jerarquía. Una Jerarquía que sólo se dedica a engañar al Rebaño con la palabrería que gusta a todo el mundo, con la boca que agrada a los insensatos, con las obras que más ayudan a ser del mundo y para el mundo. Una Jerarquía que ya no es católica, sino comunista, protestante, masónica, cristiana, judía, budista…

Ser católico es tener la plenitud de la posesión de la Verdad Revelada, es estar bajo la Autoridad Jerárquica y es caminar con los medios de santificación que Jesús ha dado a Su Iglesia.

Ser católico no se refiere sólo a la difusión de una sola Iglesia a lo largo de todo el orbe, con una multitud visible de miembros. No es lo externo que se ve: las parroquias, capillas, fieles, asociaciones, etc.

Un fiel es católico porque profesa la fe verdadera y la obra exteriormente en la Iglesia. Son dos cosas: lo interior y lo exterior. Y, por eso, un católico verdadero no puede ser ni ortodoxo, ni protestante, ni cristiano, ni masón, ni budista…. Teniendo la posesión de la Verdad Revelada, no puede seguir a quien no la posee, no puede estar en iglesias que no siguen la línea de la Gracia.

En la Iglesia Católica no se puede obedecer a Francisco porque no es católico, no cree en un Dios católico, no profesa la fe católica. Quien tiene el dogma debe rechazar a quien no lo tiene. Por eso, quien se somete a un hombre sin verdad Absoluta, como es Francisco, se hace como él: un apóstata, un hereje y un cismático.

Para ser católico hay que ser fiel a la Gracia. Este punto es el más importante de todos. Es necesario perseverar en la Gracia para ser católico. Se puede ser católico por un tiempo, porque, en ese tiempo, se vivió en Gracia. Pero se pecó y ya no se confesó el pecado, y se vive otra vida: ya no se profesa la fe verdadera, sino que van apareciendo otras cosas en esa fe hasta anular la fe católica.

Así hay muchos católicos tibios en su fe: profesan muchas cosas que no pertenecen a la fe católica, a la Verdad Revelada: ya no creen en los dogmas, ya creen en muchas cosas y no creen en nada.

Un sacerdote es católico porque se mantiene fiel a la Gracia que ha recibido hasta el final de su vida como sacerdote. Si ese sacerdote, en un momento dado de su vida, introduce elementos extraños a esa Gracia, entonces va perdiendo la línea de la Gracia, y puede llegar a deja de ser católico, aunque, en lo exterior, en apariencia, siga celebrando y administrando los Sacramentos. Hay muchos sacerdotes que se convierten en lobos en sus ministerios porque ya no siguen la línea de la Gracia en lo esencial de su vocación.

La liturgia de la Iglesia Católica todavía es católica, porque en lo esencial sigue la línea de la Gracia. Tiene muchos elementos que son protestantes, que ya no son católicos, que ya no se apoyan en la Verdad Revelada y, por eso, no hay que seguirlos, porque no pertenecen a la fe católica.

Muchas personas no saben discernir estas cosas y creen que por encontrar elementos protestantes en la liturgia, ya toda la liturgia se anula y no sirve. Y caen en el error y el fanatismo de decir que ya no se consagra o que las ordenaciones sacerdotales son inválidas, etc., porque no saben ver si en la esencia de los Sacramentos todavía se sigue la línea de la Gracia.

Un Papa es católico si persevera hasta el final de su vida en la Gracia del Papado que ha recibido. Si ha sido Papa hasta el final, en esa Gracia fue católico. Si renunció por ley canónica –no por ley de la Gracia-, entonces deja de ser un Papa católico. Se puede renunciar por ley de la Gracia y, entonces, el Papa sigue siendo católico en su renuncia.
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Para discernir si una Jerarquía es católica o no es muy simple: sólo hay que ver lo que predica y lo que obra en el Altar. Estas dos cosas. Según se predique eso será la obra en el Altar. Si la Jerarquía no es Cristo, entonces va a predicar al hombre y pondrá una abominación en el Altar.

Esto es lo que hace Francisco: da una galleta en cada celebración y, por tanto, quien asiste a sus misas comete muchos pecados porque no discierne el Cuerpo de Cristo. Adora a un pan, creyendo que es Cristo.

Esto pasa mucho en la Iglesia Católica. Y pasa más en estos tiempos de Apostasía. Y el rebaño no es capaz de discernir esto que es obligación de todo católico: este sacerdote que celebra misa: ¿qué predica? ¿cómo vive? ¿cuáles son sus obras en la Iglesia?

Hoy sólo existen católicos de nombre, universales, pero no católicos de corazón. Quieren defender a la Iglesia Católica defendiendo a sacerdotes y Obispos herejes y cismáticos. Esto es lo que se da actualmente y que todos puede ver en sus capillas, en sus parroquias. Muchas de ellas ya no son católicas. Siguen perteneciendo, en lo exterior, al Vaticano, pero se profesa una fe que no tiene nada que ver con lo católico.

Tenemos a un Papa legítimo, que ha renunciado, y ha dejado de ser católico:

«El Soberano Pontífice será desgraciado. Toda la Iglesia será desolada a causa de él. Por él, para su liberación, será necesario recurrir al Sagrado Corazón» (Madame Royer).

Él sigue siendo un Obispo católico, porque es fiel a la gracia de su sacerdocio. Pero no ha sido fiel a la gracia de su Pontificado. Y, por eso, no cuenta para la Virgen María. Tiene el Poder Divino, pero no lo ejerce. Y, por tanto, ha dejado a la Iglesia en la desolación: en manos del lobo, de sus enemigos. Y necesita mucha oración para que quede liberado de su pecado. La Cruz ha comenzado, para él, desde que renunció. Una cruz muy pesada porque lleva a toda la Iglesia en sus hombros. Y la Jerarquía no lo quiere. Y menos ahora que todo el mundo está dividido en la Iglesia a causa de las obras de Francisco. Todos vuelven sus ojos al Papa legítimo. Y eso no gusta a los sabios de la falsa iglesia del Vaticano. Eso no gusta a los sacerdotes que obedecen a Francisco. Eso no gusta a los católicos tibios e ignorantes de la Verdad en la Iglesia.

Y si el Papa Benedicto XVI no huye de Roma, lo van a matar sin más. Las cosas en la Iglesia están muy tensas para todo el mundo. Ya no se respira confianza en nadie. Los pensamientos de todos están al descubierto. No es posible engañar más a la Iglesia. Cuando el pecado llega a su culmen es que las personas se empiezan a quitar las caretas y se ve el mal como mal, no ya encubierto. Por eso, a Francisco ya, mucha gente, le huele desde lejos. Ya sabe cómo respira porque empieza a quitarse la careta. Se empieza a ver su alma negra, su cabeza negra. Porque ser payaso es para un tiempo. Se acaba ese tiempo y la gente se cansa de las payasadas. Le gente quiere ver un hombre que coja los problemas y los resuelve, no un idiota que llora todo el día por sus pobres, que sólo sabe hablar de comunismo y de protestantismo, pero que no es capaz de dar una palabra de vida a ningún alma.

No es fácil ser católico y, por tanto, no es fácil ser Iglesia Católica. Y, desde la muerte del Papa Juan Pablo II, la catolicidad ha ido despareciendo por arte de magia en la Iglesia. Y se ha llegado a lo que vemos: un Papa que no ha querido seguir adelante con su vocación y ha puesto en peligro a toda la Iglesia.
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Benedicto XVI es el último Papa. No es Pedro Romano. Pedro Romano inaugura un nuevo tiempo en la Iglesia. Benedicto XVI ha cerrado un tiempo. Entre medias, el tiempo del Anticristo, donde no habrá Papas. La Sede estará vacante. Sólo gente que gobierna una iglesia extraña, con el nombre de católica, pero llena de musulmanes, de judíos, de cristianos, de ortodoxos, de masones, etc…

«Porque toda la malicia humana se volverá contra la Iglesia Universal; y, en efecto, Ella no tendrá defensor durante veinticinco meses y más, porque durante todo aquel tiempo no habrá ni Papa, ni emperador en Roma, ni Regente en Francia» (Fray Juan de Vatiguerro).

Tienen que cumplirse las profecías con el Papa Benedicto XVI: Es el Obispo vestido de blanco, que muere en la persecución a la Iglesia Católica. Es el último Papa que debe pasar por su sacrificio: «Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: ‘algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él’ a un Obispo vestido de Blanco ‘hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre’. También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza; el Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas».

Para Roma, lo que decía la Beata María Taigi: «Oh Roma, Roma. Hijos criminales. ¿Ignoráis el bien que os hice?… Tomo nota de vuestra respuesta… Pero cuando Mi Padre Celestial dé la orden… Amada Mía: verás cómo terminará Roma… Sabe que ahora caen como la nieve las almas en el infierno… que lloren y sollocen amargamente… No se puede llamar ya a Roma la Santa… tú los ves, lo ves claramente con tus propios ojos… Viven como bestias. Los hombres… no buscan aquí abajo más que el lujo, placeres y satisfacciones… y se dejan llevar de toda clase de deseos culpables… y muchos se me quejan todavía de no poder llevar el peso de sus miserias. Pero si yo pudiera hablarte… quisiera abrirte Mi Corazón… Me vengaré… en ellos» (Mons. Sallotti, págs. 169-170).

Roma, ¿la Santa? Roma, la Ramera, la que fornica con todo el mundo. La que ya no le interesa salvar las almas sino dedicarse a vivir lo humano, lo natural, lo profano. La Roma de los apóstatas de la fe. La Roma, ejemplo vivo para quien quiera irse al infierno de cabeza. Esa Roma que es sólo una estructura de hombres, una construcción mal hecha, que será demolida con el fuego del Cielo.

Aquel que quiera ser marxista que obedezca a Francisco. Aquel que desee estar con Cristo, que escupa a Francisco y a todos los payasos que lo siguen. Y no hay más. Hay que ir saliendo de esas parroquias que no dan nada al hombre para su alma, sino que sólo son instrumentos del demonio para condenar. Y hay que irse sin derramar una lágrima, porque ningún hombre se merece un llanto humano. Si los hombres no aprenden a llorar sus malditos pecados, que sufran en sus vidas la falta de comida, de vestido, de salud. Porque estás en este mundo para salvar tu alma, no para vivir bien, sin problemas. Y aquel que no te ayude a salvar tu alma, lo escupes y sigues adelante en tu vida.

Dos banderas: o Cristo o el demonio

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“No os juntéis bajo un mismo yugo con los infieles, que os son tan desiguales. Pues, ¿qué participación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿O qué sociedad hay entre la luz y las tinieblas? ¿Y qué armonía de Cristo con Belial? ¿O qué parte del fiel con el infiel? ¿Y qué acuerdo entre el Templo de Dios y los ídolos?” (2 Cor 6, 14).

En este nuevo documento del anticristo Francisco se enseña el error en la Iglesia, se difunde como algo verdadero y se acoge entre la general apatía e indiferencia.

Esto supone que existe una falta de fe, propagada, alentada, por muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia, que viven ya para sus vidas humanas, para sus falsas creencias sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el amor. Y, por eso, los pecados se cometen y se justifican por muchos, sin un camino para el arrepentimiento, sin la lucha contra todo aquello que se oponga a la doctrina de Cristo.

Los sacramentos se obran en el pecado y se inutiliza la Gracia de Cristo en toda la Iglesia. La tibieza en toda la Iglesia está a la orden del día y se disipan los tesoros que el Señor ha puesto en manos de Ella.

Muy pocas son las almas que escuchan en sus corazones la Voz del Espíritu, porque sólo tienen mente para la voz de los hombres, para sus palabras, sus pensamientos, sus obras, sus fines en la vida.

Pocos son los hombres decididos a vivir la Verdad que da el Espíritu, porque ya no saben buscar esa Verdad al estar impregnados de tantas mentiras como los hombres se dicen unos a otros.

Para seguir el Espíritu de Cristo es necesario oponerse al espíritu del mundo, es necesario contemplar el mundo como la escuela del pecado, de la obra del demonio entre los hombres.

Si se está en el mundo para aprender a ser hombre, entonces se vive en el mundo obrando la voluntad del demonio, que se da entre todos los hombres que no viven la Gracia Divina en sus vidas, que inutilizan esa Gracia al valorar en exceso toda su humanidad.

Pocos entienden en la Iglesia lo que supone seguir a Cristo. Y muchos quieren seguir siendo hombres, sin apartar de ellos al hombre viejo, sólo con la idea de reformarse en sus pensamientos humanos, en sus obras humanas, creyendo que eso es todo para ser un hombre nuevo.

La reforma en la Iglesia no existe, porque la Iglesia es la Obra del Espíritu que no necesita cambiar nada en Ella. Lo que debe darse siempre es la conversión del hombre de su vida de pecado a la vida de la Gracia.

Es cambiar constantemente su mentalidad de hombre, para tener la Mente de Cristo, que no quiere pensamientos humanos en su Iglesia, sólo quiere el Pensamiento de Su Padre en Ella.

Y es lo que muchos no han comprendido y quieren reformar la Iglesia a base de pensamientos humanos, de filosofías humanas, de estructuras humanas, que no sirven sino para destruirlo todo en la Iglesia.

En este documento de este anticristo es lo que tenemos a la vista: sólo sirve para hacer de la Iglesia el culto al pensamiento del hombre. Y, por ello, para hacer en la Iglesia las obras del hombres que son del mundo y que viven para el mundo, llenos de su espíritu mundano, regidos en todo por el demonio, Príncipe del mundo.

Y son muchos en la Iglesia que no han captado esto, que viven como si todo marchara como siempre, con un jefe de la Iglesia que sabe lo que está haciendo y que la guía hacia la verdad y el bien.

Y no ven el desastre que viene para toda la Iglesia. No lo ven ni lo pueden ver, porque viven encerrados en su pensamiento humano, en su vida humana, en sus obras humanas dentro de la Iglesia.

La Iglesia no se hace a base de esfuerzo humano, ni a base de pensar la Iglesia con las ideas de los hombres, ni a base de obrar lo bueno humano en Ella.

En la Iglesia se hacen las obras divinas. Y quien no las haga, no hace Iglesia, sino que la destruye con sus obras humanas. Así, desde hace 50 años el edificio de la Iglesia está destruido por muchas obras de los hombres que no las quiere Dios para Su Iglesia.

Obras buenas humanas, pero sin el Espíritu de Cristo, hechas con el espíritu del mundo. Y, por tanto, obras profanas, mundanas, humanas, naturales, carnales, materiales, pero no ni santas, ni sagradas, ni divinas, ni espirituales.

El anticristo Francisco hace unión con todos los infieles del mundo y quiere unir en un mismo yugo a todos los hombres, sin distinción, sin exclusión, sin necesidad de quitar el pecado y el error en la vida de esos hombres.

Los quiere meter bajo un mismo yugo sólo porque son buenos hombres en sus pecados, en sus vidas humanas, con sus obras humanas. Y así tienen derecho natural de salvarse todos los hombres. A este planteamiento se resume todo lo que en este documento se dice sobre el falso ecumenismo, sobre el falso diálogo, sobre la falsa Iglesia de todos los hombres.

El que está en el pecado no puede participar de la Justicia de ser hijo de Dios. No puede santificarse, no puede salvarse, no puede hacer de su vida un seguimiento del Espíritu de Cristo ni, en consecuencia, no puede estar en la Iglesia siguiendo al Espíritu de la Iglesia, sino que está en Ella sólo siguiendo al espíritu del mundo. ¿Qué obras hace un pecador en la Iglesia? Las obras de su pecado. Pero no puede hacer las obras de Cristo. Nunca. Porque esas obras son sin pecado, movidas en todo por el Espíritu de Cristo. Y ese Espíritu enseña primero a quitar el pecado, a purificarse de todo, para hacer las obras que Dios quiere en la Iglesia.

Y, por eso, hay que salir en medio de los pecadores, de los infieles, de los lujuriosos, de los sin Dios, de los fornicadores de Satanás, para ser Iglesia. Quien acoge al demonio en la Iglesia rechaza a Cristo en Ella. Y esto es lo que ha hecho este anticristo, llamado por todos Papa, sin serlo, sin el llamado de Dios, sin la vocación de Dios a ser Pedro. Se puso como cabeza para destruir la Cabeza de la Iglesia: esa es su obra en medio de la Iglesia. Y todos aplaudiendo esa obra de un hereje que tiene en su corazón al demonio.

No puede haber sociedad entre la luz y las tinieblas. O el hombre está en la luz de Dios o está en la luz de las tinieblas. Pero no puede comulgar con ambas luces, tener ambas luces, seguir ambas luces, porque no se pueden seguir a dos Señores. Sólo se puede estar bajo la bandera de uno: o de Cristo o del demonio. Y sólo hay un batalla: Cristo contra el demonio. No hay más luchas en la Iglesia para ser Iglesia.

Muchos quieren estar en la Iglesia sin batallar contra el demonio. No hacen Iglesia. Porque quien está en la bandera de Cristo, bajo Cristo, que es el Rey de la Iglesia, está batallando constantemente contra el demonio en la Iglesia. Es una lucha diaria, segundo a segundo, en la que no se puede descansar, porque el amor de Cristo nos urge a hacer de la Iglesia el Sacramento de la Salvación y de la Santificación de las almas.

Y el anticristo Francisco no lucha contra el demonio en la Iglesia, sino que baila con él en medio de la Iglesia. Va siguiendo al demonio en cualquier obra que haga en la Iglesia. Y ha sacado un documento aprendido en la escuela del demonio y traducido en su pensamiento humano, que está despojado de la Verdad de la doctrina de Cristo.

Ese documento es la doctrina del demonio, es la fábula del demonio para atrapar a tantas almas que viven de cuentos chinos en la Iglesia. Se tragan cualquier idiotez que los hombres dicen con sus necias bocas humanas.

Este documento sólo sirve para construir la nueva iglesia que dará la bienvenida al Anticristo. Y sólo tiene ese fin. No posee el fin divino para hacer que las almas busquen lo divino en sus vidas y aprendan a amar a Dios y al prójimo en Espíritu y en Verdad.

No puede haber armonía entre Cristo y el demonio, entre los seguidores de Cristo y los seguidores del demonio. No hay paz, no hay alegría que trae la paz. Es imposible. Sólo hay guerra continua para conquista la Verdad y la Vida en la Iglesia.

La falsa alegría que trasluce todo este documento viene de la falsa caridad que quiere presentar este anticristo a la Iglesia.

Un falso amor para una falsa alegría. Y eso lleva consigo la destrucción de la paz en los corazones, porque se pone la alegría en la vanidad del mundo y de los hombres. La dulce alegría de los hombres que trae ajenjo al corazón. Eso lo que presenta el Inicuo Francisco, el Impío Francisco, el anticristo Francisco.

Y quien no quiera verlo así, se engaña y engaña a muchos.

No hay parte entre el fiel y el infiel. No hay comunión, no hay amor, no hay paz entre el fiel y el infiel. Sólo hay odio, división, egoísmo. Esto es lo que ha producido Francisco en medio de la Iglesia: división. La Iglesia ha quedado dividida por el odio de Francisco en Ella.

Y esa división ha traído a la Iglesia la ruptura con la doctrina de Cristo. Ya no se sigue, ya todos siguen lo que hay en sus pensamientos humanos y hacen de la Iglesia el templo de Satanás, el culto a todos los ídolos, a todos los dioses que tienen los hombres en el mundo.

Y eso conlleva una sola cosa: acoger la mentira y ponerla como la verdad, como el ladrillo para edificar la Iglesia.

Divide y vencerás: eso es el plan de Francisco. Sólo eso. Y no ha tenido luchas en la Iglesia, batallas, porque todo el mundo está dormido en su vida espiritual sin hacer nada por Cristo ni por la Iglesia.

Y, entonces, tenemos la Iglesia que nos merecemos, que queremos, que buscamos: la iglesia donde se da culto al hombre y al demonio.

Quien quiera estar en ella, que siga al demonio Francisco. Quien no quiera tiene que batallar contra ese demonio para seguir a Cristo en la Iglesia, para seguir la Verdad en la Iglesia, para tener la Vida que la Iglesia da a todos sus fieles.

Batallar en contra de Francisco y sus seguidores o morir a toda la vida espiritual y celestial. Elijan el camino. Cada uno es libre para andar un camino u otro: o Cristo o el demonio. Una de dos. O bajo Cristo o bajo el demonio. O con Cristo o con el demonio.

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