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Bergoglio: el gran déspota

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«Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre» (Mt, 19, 6).

Lo que Dios ha unido que no lo separe Bergoglio, ni ningún obispo, ni ningún sacerdote y, mucho menos, un laico.

Porque es Dios quien ha hablado, quien ha revelado su Mente. Y cualquier hombre que no se someta a la Mente de Dios no puede encontrar el camino de salvación para su alma, y vive sólo para la idea que concibe en su mente humana.

Los bautizados, los cuales se han divorciado y se han vuelto a casar por lo civil, viven en estado de pecado mortal habitual.

Este pecado les impide hacer muchas cosas en la Iglesia, porque son miembros muertos. No son miembros vivos y, por lo tanto, no tienen que estar más integrados en las parroquias o comunidades, porque la Iglesia se construye con la vida de la gracia, no con una vida de pecado.

Quien esté en pecado en la Iglesia sabe cuál es el camino para quitar su pecado: arrepentimiento,  confesión sacramental y penitencia por sus pecados.

Los divorciados vueltos a casar no pueden confesarse porque tienen un óbice: su pecado mortal habitual, que no es sólo su lujuria, sino el de estar unidos a otra persona que no es su cónyuge a los ojos de Dios.

El matrimonio es una creación de Dios, no un invento de la mente, de los caprichos de los hombres.

Quien quiera casarse tiene que elegir en Dios la persona adecuada para poder obrar la Voluntad de Dios en su vida. Ante los ojos de Dios, no vale cualquier unión, aunque sea perfecta en lo humano.

Dios creó el matrimonio, y Dios puso el camino para que ese matrimonio tuviera validez a sus ojos.

Y, por eso:

«Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio» (Mc 10, 6).

«En cuanto a los casados, les doy esta orden, que no es mía sino del Señor: que la mujer no se separe de su marido. Y si se ha separado de él, que no se vuelva a casar o que haga las paces con su marido. Y que tampoco el marido despida a su mujer» (1 Cor 7, 10-11).

Es una orden de Dios, un mandato divino.

Por lo tanto, todo Obispo y todo sacerdote tienen que enseñar este mandato de Dios a las almas.

La Jerarquía no tiene que acompañar a las personas, que viven en pecado mortal habitual, en un camino de discernimiento para ver si algún día pueden comulgar.

No es la misión de la Jerarquía ser juez de estas personas ni orientarlas hacia la comunión sacramental.

No se trata de que la jerarquía decida que los divorciados vueltos a casar están aptos para recibir los sacramentos.

La Jerarquía de la Iglesia no decide nada, sino que sólo da testimonio de la Palabra de Dios en la Iglesia.

Es misión de la Jerarquía predicar la verdad a estas personas, aconsejarlas en la verdad, para que luchen contra ese pecado mortal habitual, y ellos –no la Jerarquía- pongan el camino para erradicarlo de sus vidas.

Y hasta que ellos no se esfuercen por vivir como Dios quiere, no hay nada con ellos en la Iglesia, porque no se puede dar lo santo a los perros, a los que viven en pecado mortal habitual.

El Beato Juan Pablo II, Papa de la Misericordia, lo dejó muy claro en la Familiaris Consortio:

«La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos».

Ellos mismos son los que ponen el camino para que su forma de vida no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Ellos se esfuerzan por vivir practicando la virtud de la castidad que señala un arrepentimiento del pecado.

Si a la gente no se le enseña a practicar las virtudes cristianas, entonces la gente vive, cada uno, en el vicio que ha escogido para su vida.

Jorge Mario Bergoglio, en su falso motu proprio, con el cambio del derecho canónico, ha puesto la base legal para la obra del cisma en la Iglesia. Él ha actuado como déspota, hombre orgulloso que se pone por encima de Dios, hombre que gobierna y promulga leyes que anulan las leyes de Dios.

Bergoglio establece el adulterio como ley anulando matrimonios que, a los ojos de Dios, siguen siendo válidos.

Aquel matrimonio que, por las circunstancias propias, se separan, y se vuelven a casar con otro o con otra, ese segundo matrimonio no es válido ante Dios, sino que es un estado de adulterio habitual, en el cual la persona no se va a arrepentir de su pecado, porque ha anulado la ley de Dios.

Se ha puesto el camino, en la Iglesia, para que muchos fieles y la Jerarquía colaboren para que las leyes y mandatos de Dios sean abolidos por el mismo hombre.

Muchos van a obtener el divorcio express con esa reforma, y se van a volver a casar por la Iglesia, con el Sacramento del matrimonio. Ese segundo matrimonio, aunque los case Bergoglio, un cardenal, un obispo o un sacerdote, no lo aprueba Dios, porque no están cumpliendo su Ley. Y pecarán, y comulgarán en pecado, y se comerán y beberán su propia condenación.

La Iglesia se fundamenta en la Palabra de Dios, no en las palabras de los hombres que quieren acomodarse al gusto y a la vida del hombre y de su pecado.

La cuestión de los divorciados vueltos a casar no es un camino de discernimiento en la Iglesia ni una cuestión de foro interno entre el sacerdote y los cónyuges. Es una cuestión de cumplir con los mandamientos de la ley de Dios.

Las intenciones de Bergoglio son claras:

«El distinto parecer de los obispos forma parte de la modernidad de la Iglesia y de las distintas sociedades en las que actúa, pero el intento es común y en lo que se refiere a la admisión de los divorciados a los sacramentos confirma que ese principio ha sido aceptado por el sínodo. Éste es el resultado de fondo, las valoraciones están confiadas de hecho a los confesores, pero al final de trayectos más veloces o más lentos todos los divorciados que lo pidan serán admitidos» (“La Repubblica”, 28 de octubre).

Y no interesa que Lombardi, de nuevo, niegue la mente de Bergoglio:

«no es verosímil y no puede ser considerado como el pensamiento del Papa» (National Catholic Register, 2 de noviembre).

Es una mentira más que ni él mismo se la cree.

La mente del gran déspota es clara:

“El distinto parecer de los obispos forma parte de la modernidad y de la Iglesia y de las distintas sociedad en las que actúa”.

En otras palabras:

“lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo -¡casi!- para el obispo de otro continente; lo que se considera una violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede ser sólo confusión”.

Son sus mismas palabras, pronunciadas en su discurso de clausura del Sínodo, lo que dan la clave de la perversidad de su mente.

No entendemos a aquellos que dicen que ahora las expectativas están todas dirigidas hacia lo que dirá Bergoglio.

¿Qué expectativas tiene la Iglesia en la palabra y en las obras perversas de un hereje?

¿Cuál es el futuro de la Iglesia cuando un hereje la gobierna despóticamente?

Después de dos largos años de gobierno despótico en la Iglesia, ¿no saben cómo piensa Jorge Mario Bergoglio? ¿Todavía no conocen la profundidad de su pensamiento perverso en el mal? ¿Todavía tienen que esperar, con la boca abierta, como agua de mayo, lo que un traidor a Cristo y a Su Iglesia tiene que decir y decidir sobre la Mente de Dios?

¿Quién es Bergoglio para interpretar lo que Dios ha mandado a toda Su Iglesia?

¿Quién se cree que es ese hombre que sólo vive para proclamar su orgullo sentado en la Sede de Pedro?

Y los católicos que lo obedecen, ¿piensan salvarse y santificarse limpiando las babas, cada día, de un hereje, de un cismático y de un apóstata de la fe?

Jorge Mario Bergoglio está exponiendo la esencia de su nueva iglesia: la diversidad regional, el que los obispos locales tengan autoridad a nivel pastoral para resolver los problemas que sólo con los Sacramentos, en la ley de la gracia, se pueden resolver.

Jorge Mario Bergoglio expone una doctrina contraria a la fe católica, a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia y, además, se pone por encima, no sólo de la ley de la gracia y de la ley divina, sino de la ley natural, de las exigencias mismas de la naturaleza humana en el matrimonio.

Lo que parece normal para un obispo de un continente tiene que ser normal –no extraño, ni un escándalo-  para el obispo de otro continente.

Y la razón es sencillísima: la Iglesia es una sola en todo el mundo. Una en la Verdad Revelada. No es una en la diversidad.

Y, por lo tanto, ningún obispo puede cambiar esa Verdad. No se pueden dar cambio de verdades de uno a otro continente. Todos los Obispos y sacerdotes de la Iglesia Católica tienen que pensar igual, tienen que obedecer la Verdad Revelada. No pueden cambiar la Palabra de Dios a su antojo, según su interpretación o por las circunstancias que se viven en un tiempo o en un lugar determinado.

Lo que Dios ha enseñado y establecido es para todos los hombres, así los hombres no lo conozcan o pretendan no conocerlo. La ley Eterna es para todos.

Bergoglio dice lo contrario:

“… lo que se considera una violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra”.

Este déspota está diciendo que son las sociedades las que promulgan la ley. No es Dios quien impone su ley, quien marca el camino de la verdad. Esto significa ponerse por encima de la Autoridad Divina. Esto es crear una autoridad humana sin dependencia de la autoridad divina. Una autoridad despótica en cada diócesis.

Toda autoridad ha sido ordenada por Dios, para que tenga poder de aplicar la ley divina en sus gobiernos. La violación de un derecho en una sociedad es la violación de derecho en otra sociedad, porque el derecho proviene de Dios, no de los hombres, no de las sociedades. Y Dios ordena la autoridad humana para que ejerza el derecho divino y, por eso, son ministros de Dios para el bien, y ministros de Dios para castigo del que obra el mal.

Jorge Mario Bergoglio, al anular el derecho divino en la autoridad humana, está diciendo que las sociedades tienen que gobernarse sin ley divina, cada una como le parezca, según sus derechos humanos.

Esto es lo propio de su despotismo. Estas ideas son el fruto de su poder déspota, un poder que no se rige por el derecho divino, por la ley divina, por un gobierno divino. Su despotismo en el gobierno le viene de la herejía de la horizontalidad que ha establecido en el gobierno de la Iglesia. La Iglesia se gobierna vertical, no horizontalmente. Sólo en la verticalidad se encuentra la Autoridad Divina. En la horizontalidad, el hombre construye su propia autoridad humana, sin dependencia de la autoridad divina, que en la Iglesia se traduce por despotismo, absolutismo.

En consecuencia, el gobierno de Bergoglio no es ministro de Dios, ni para el bien ni para el mal. Y todos tienen el deber y la obligación de despreciarlo, porque se basa en una sola cosa:

“… lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede ser sólo confusión”.

Para Jorge Mario Bergoglio, es el hombre el que decide lo que es bueno y lo que es malo.

Este es el orgullo propio de Lucifer, que pone su mente por encima de la Mente Divina. Es la libertad de su razón, de su conciencia, lo que se proclama.

Cuando la razón del hombre no es libre, sino que ha sido creada por Dios para sujetarse a la Verdad que conoce. Ha sido creada para buscar la Verdad y permanecer en esa Verdad.

Nadie es libre, en su razón, para declarar una mentira como verdad. Porque la razón siempre ve la mentira como mentira, siempre llama a la mentira por su nombre.

El hombre es libre, en su voluntad, para ir en contra de lo que claramente ve su razón.

Es la voluntad de la persona, no su razón, no su conciencia, la que decide en la vida de cada hombre.

Todos estos herejes siempre están en lo mismo: la supremacía de la razón. El culto a la mente, a la idea del hombre. Su soberbia que les lleva a su orgullo. Y, por este culto, hacen el trabajo del falso profeta, que es engañar a los hombres, darles una mentira, un engaño, una falsedad para sus mentes, presentándola como verdad, para que elijan la mentira, la falsedad, en sus vidas.

Estas ideas de Jorge Mario Bergoglio significan que su nueva iglesia no es ya católica, universal, porque no se da una única enseñanza en todo el mundo, en todas las diócesis. No hay una sola verdad en la cual la persona deba fundamentar su vida. No hay una jerarquía fundamentada, anclada, en una idea inmutable, infalible.

Se divide la doctrina y, pastoralmente, se enseña cualquier cosa, según la mente del obispo o sacerdote de turno. La práctica pastoral ya no está apoyada en la verdad, ya no existe para ayudar a vivir las verdades de la fe. Es una pastoral cambiante, que anula la doctrina, y que enseña el error y la confusión en la misma práctica pastoral: se practica la mentira apoyado sólo por la razón, por la idea que alguien ha concebido en su mente, por la idea a la cual se llega fruto de una diálogo de besugos.

Es su frase:

“…las valoraciones están confiadas de hecho a los confesores”.

Los confesores sólo juzgan el pecado y al pecador. No pueden juzgar a una persona que vive en pecado mortal habitual, y que no muestra ningún arrepentimiento ni deseo de salir de su pecado.

Jorge Mario Bergoglio pone su falsa jerarquía: la que decide, caso por caso, si pueden o no recibir los sacramentos. Es una jerarquía propia de Lucifer: sin ley, sin gobierno, sin verdad. Es una jerarquía ebria en el orgullo y en el poder humano, que reciben de un déspota, para sellar las almas y entregárselas al demonio.

Si el matrimonio es indisoluble, entonces no hay manera, no hay camino, no hay una razón pastoral que enseñe que el divorciado, vuelto a casar, esté preparado para recibir los sacramentos. No existe esta razón pastoral. Si se da es porque la persona se pone por encima de la doctrina verdadera e impone su doctrina perversa a las almas. Impone dos cosas: su herejía y su cisma. Y esta imposición lleva a la obra de la apostasía de la fe.

Claramente, todo esto lleva a la pérdida de una sola fe, al desprecio de todos los Sacramentos, lo cual significa despreciar la vida de Dios en el hombre, en el actuar humano, en las sociedades humanas.

Los hombres se apartan de Dios por estar siguiendo a los hombres, a sus mentes, a sus ideas, a sus importantísimas razones.

Todo el problema de la Iglesia actual es tener a un déspota como su papa. Este es el descalabro de muchos católicos.

El problema no viene de antes, de un Concilio. El problema comienza con Jorge Mario Bergoglio. Esto es lo que muchos no han comprendido. Y empiezan a juzgar el Concilio y a todos los papas, los cuales los llaman «conciliares». Ya no los llaman católicos. Los juzgan y condenan; de esa manera, juzgan y condenan a toda la Iglesia. Y ellos quedan como los justos y santos, los que son de la Iglesia verdadera.

Muchos ponen la ruptura en el Concilio. Y se equivocan. La ruptura comienza con Jorge Mario Bergoglio, con su gobierno horizontal. Esta es la clave. Este es el cisma que trae la herejía de la horizontalidad.

El problema de la Iglesia no está en el Concilio Vaticano II. Ese Concilio trajo discordia, desunión y la pérdida de muchas almas. Pero el problema estuvo en los Obispos, no en el Concilio mismo. Obispos que fueron engañados en la búsqueda de una paz y una fraternidad, que no se puede dar entre los hombres si no viven como hijos de Dios, en estado de gracia.

Muchos Obispos han trabajado, desde ese momento, bajo las órdenes de Satanás en la Iglesia, poniendo en marcha la formación de una estructura de iglesia mundial, que no es la Iglesia Católica. Y eso lo han hecho en sus mismas diócesis, en el mismo Vaticano. Eso lo han hecho en franca rebeldía y desobediencia a todos los papas reinantes.

Jorge Mario Bergoglio no podría estar haciendo lo que hace en la Iglesia sin el consentimiento de todos esos Obispos y Cardenales que han trabajado durante años para consolidar la nueva iglesia. Son muy pocos los Obispos y sacerdotes fieles a Cristo y a la Iglesia. Ya en el tiempo del pontificado de Benedicto XVI muchísimos Cardenales católicos se opusieron abiertamente a sus enseñanzas «promoviendo formas de contra-formación y de sistemático magisterio paralelo guiados por muchos antipapas» (Monseñor Giampolo)

Con el Concilio Vaticano II se abrieron las puertas a toda clase de herejes, produciendo que la fe se contaminara en muchos corazones. E hizo que la Jerarquía viviera en un sopor, en un sueño del cual muchos no han despertado todavía.

No se puede comprometer la fe católica con los enemigos de Dios, de esa fe. Ningún católico se puede asociar con los enemigos de Dios, con aquellos hombres que viven sin ley, que gobiernan sin ley, que su única verdad es su mente humana, lo que conciben en ella.

Ningún católico se puede unir a un ateo, a un musulmán, a un judío, a cualquiera que viva en su herejía, o en su cisma, o en su vida de apostasía.

Por eso, no entendemos a los católicos que tienen a Bergoglio como su papa. ¿Cómo pueden comprometer su fe católica siguiendo y obedeciendo a un hombre que está destruyendo la fe católica?

Esto que vemos en la Iglesia es fruto del Concilio, que comenzó con buenas intenciones, pero que fue pervertido por la mente de muchos Obispos, que fueron instrumentos de Satanás, para implantar en la Iglesia una nueva norma de moralidad, la propia de la masonería.

No se puede convertir al enemigo de Dios, al pecador, bajando las normas, ocultando las leyes, pavimentando un camino lleno de ambigüedades.

La fe inamovible no puede cambiar, no se puede substituir por otra cosa. Se cambian las cosas para llevar al hombre a Dios. Pero no se cambian las cosas para quitar al hombre de Dios y entregárselo a Lucifer.

Después del Concilio, toda la Iglesia fue engañada por todos aquellos Obispos y sacerdotes, agentes de Satanás, siervos del demonio, que han sembrado en las almas las semillas de la propia destrucción de la Iglesia.

Quien está destruyendo la Iglesia, actualmente, son los Obispos, los Sacerdotes, los fieles que siguen a un déspota como su papa. No es el resultado de un Sínodo. No es el fruto de un Concilio. Es cada persona que se ha entregado al mal y que lo obra en la Iglesia.

El mal camino en la Iglesia, la apostasía de la fe, ya se inició con el Concilio. Y eso ha llevado a contemplar un mundo en el cual la humanidad se ha ido difamando a sí misma y revolcándose en toda clase de soberbias, lujurias y orgullo.

Pero, lo que hoy contemplamos es el inicio y el levantamiento de una nueva religión, que llama a gritos a una nueva sociedad, destruyendo la base de fe que está basada en la Tradición y en el conocimiento de los profetas. Destruyendo la doctrina católica. Haciendo caso omiso del magisterio infalible e inmutable de la Iglesia.

Estamos viendo una religión y una Iglesia que no es la de Cristo Jesús, que no tiene su misma  verdadera base.

¿Dónde está el fundamento de Pedro en la iglesia de Bergoglio si está gobernando  con la horizontalidad? ¿Dónde está la base de la verticalidad del papado en el falso pontificado de Bergoglio?

No está, ni puede estar, porque es una nueva iglesia, en donde se toma el Cuerpo de Cristo y se difama, ya no se da el conocimiento de su Divinidad. Ya Jesús no es el Dios que está con el hombre en la Eucaristía. Sino que es un hombre más, que camina con los hombres, y que los apoya en toda su vida de perversión y de pecado.

En esta nueva iglesia se va en busca de un gobierno sin ley, un gobierno de déspotas. Cada uno, en su diócesis, gobierna según sus luces, según sus inteligencias, según sus criterios humanos.

Y estos jerarcas déspotas se unirán a los gobiernos déspotas del mundo para levantar el nuevo orden mundial. Es en la diversidad cómo se establece la unión entre los hombres que sólo buscan destruir, atacar, perseguir, la Verdad Revelada.

El hombre que busca emplear sus propias desviaciones para promover una paz y una fraternidad que sólo existen en su mente humana, no en la realidad de la vida, trae al propio hombre la guerra, la destrucción, la aniquilación de toda verdad. No puede haber paz sin Fe, sin que el hombre se sujete, obedezca una verdad absoluta.

Muchos han tergiversado los mensajes y las declaraciones dados en el Concilio y los han acomodado a ellos mismos, interpretando todas las cosas para su propia conveniencia.

Han sido muy pocos los que ha sabido leer ese Concilio y ponerlo en el lugar teológico que corresponde. El Concilio no hace daño para aquella alma que tiene las ideas claras de lo que es su fe católica. Pero el Concilio hace un daño gravísimo a aquellas almas que no saben razonar su fe en la Iglesia.

Ya lo dijo el Papa Benedicto XVI:

«Ciertamente los resultados [del Concilio Vaticano II] parecen estar cruelmente opuestos a las expectaciones de todos… Yo estoy repitiendo lo que dije hace diez años después de la conclusión del trabajo: Es incontrovertible que este período definitivamente ha sido desfavorable para la Iglesia»  (Joseph Cardenal Ratzinger, L’Osservatore Romano, Edición en Inglés, 24 de Diciembre, 1984).

El Concilio trajo a la Iglesia los errores del humanismo y del modernismo, que se metieron en la mente y en el corazón de la Alta Jerarquía, la cual anda en el camino de la perdición y llevando consigo muchos almas.

Cardenales, Obispos y fieles llevan 50 años distorsionando la doctrina de Cristo, el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, ocultando la verdad, persiguiendo a los que viven la verdad. Son ellos, no es el Concilio. Son ellos que son movidos por un Espíritu que no es el de Cristo, sino el del Anticristo.

Y es ahora cuando a los buenos se les empieza a llamar los malos.

Es ahora cuando los malos son alabados por todo el mundo católico y son tenidos como redentores del mundo.

¿No es, acaso, eso Jorge Mario Bergoglio para muchos que se llaman católicos y para toda la gente del mundo? ¿No se ha convertido en el redentor del mundo para ellos? ¿No está, Jorge Mario Bergoglio, siendo glorificado constantemente por los hombres?

Por eso, no es fácil permanecer en el camino de la Iglesia, que es un camino angosto. Muchos renuncian a la verdad en sus ministerios para ir detrás de un déspota como su papa. Y saben que es un dictador de mentiras. Saben lo que está realmente haciendo en su gobierno de máscaras.

Lo que Jorge Mario Bergoglio está manifestando es que él se pone por encima de toda ley divina, y obra un cisma en la propia Iglesia, como jefe sentado en la Sede de Pedro. Y esto es gravísimo. Esto es la perdición de muchas almas en la Iglesia.

La Iglesia Católica no está en Jorge Mario Bergoglio, sino en el Papa Benedicto XVI. Ahí, en él, permanece la verdad de lo que es la religión católica. Y todo fiel, en la Iglesia, debe comulgar con el Papa si quiere salvarse y santificarse. Esa comunión es hasta la muerte del Papa. Una vez que el Papa muera, los fieles que permanezcan en la verdad ya no estarán obligados a obedecer a ninguna jerarquía, sino que formarán la Iglesia Remanente, la que permanece en la Verdad, esperando que el Cielo ponga su papa.

Bergoglio es el falso papa de una falsa iglesia.

¡Cómo cuesta entender esto a muchos católicos!

¡Esta verdad no es compartida por la Jerarquía! ¡Ni siquiera por las más fiel, por la más tradicional!

Eso es señal de que el gobierno despótico de Bergoglio está haciendo su trabajo en las mentes de los Cardenales, de los Obispos y de los sacerdotes.

Él está levantando su nueva jerarquía.

Y esto es abominable, porque supone que el mal está adquiriendo la perfección que necesita para instalar al Anticristo en la Iglesia y en el mundo.

Sacerdotes y Obispos poseídos por la mente del demonio

notefies

«Cogió al Dragón, la serpiente antigua, que es el diablo, y Satanás, y lo encadenó por mil años» (Ap 20, 2).

El Dragón es la serpiente antigua, la que apareció en el Paraíso, enemiga de la Mujer y del linaje de la Mujer (cf. Gn 3, 15).

La serpiente no es un mito o un ser fantástico, no es el diablo en forma de serpiente, sino una verdadera serpiente:

«la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios» (Gn 3, 1).

Dios creó a la serpiente, pero el demonio la poseyó.

La serpiente es un animal, pero poseído por el diablo: «El Misterio de iniquidad está ya en acción» (2 Ts 2, 7)….en el Paraíso; y se mostrará hasta el fin del mundo en que «el diablo, que los extraviaba, será arrojado en el estanque de fuego y azufre» (Ap 20, 10).

Este Misterio del Mal vive en la Creación de Dios.

Dios crea al hombre y a la mujer para una obra en la carne. El demonio posee una carne animal para imitar la obra de Dios en la naturaleza humana.

Un animal, creado por Dios, pero poseído por el diablo. Esto supone que en el Paraíso hay un ser dominado por el pecado de Lucifer, pero que no ha recibido la sentencia de Dios.  Un ser, que siendo animal, es más astuto que el hombre, más sagaz, más inteligente.

El diablo posee un animal con una sola intención: seducir a Adán y a Eva.

El diablo se encarna en un animal: es una encarnación espiritual, no real. Es una encarnación que quiere imitar la Encarnación del Verbo, que Lucifer conocía en Dios. Es una encarnación que es una posesión.

El primer paso es tomar una bestia para anular la obra de Dios en Adán: la naturaleza humana perfecta en Dios; el segundo paso es tomar un hombre para anular la obra de Dios en el nuevo Adán, Jesús: la naturaleza espiritual y divina en el hombre. Y el tercer paso es tomar a un hombre glorioso para anular toda la obra de Dios en Cristo:

«Cuando se hubiese acabado los mil años, será satanás soltado de su prisión y saldrá a extraviar a las naciones…y reunirlos para la guerra…Subirán sobre la anchura de la tierra y cercarán el campamento de los santos y la ciudad amada» (Ap 20, 8).

Sale el diablo a extraviar a un mundo transformado: «No todos moriremos, pero todos seremos transformados» (1 Cor 15, 51). Si no se muere, no se puede ver a Dios; sino que se sigue viviendo en peregrinación. Pero se vive con un cuerpo transformado, espiritualizado, glorioso, pero no con la plenitud de gloria que se tiene en el cielo. Es el Misterio del Reino glorioso en la tierra. El Misterio de los mil años, en que nadie cree.

Tres batallas el demonio pone a Dios:

1. En la primera, en el Paraíso, el demonio conquista al hombre y crea su linaje: hombres con un cuerpo, con un alma, pero sellados por el espíritu del diablo. De Caín nació todo ese linaje maldito:

a. «andarás maldito…Cuando labres la tierra, ella no te dará más su fruto; fugitivo, errante, vivirás sobre la tierra» (Gn 4, 12): El pecado de Caín no tiene ya remedio: es una maldición que no se puede suprimir con los buenos frutos humanos. Ni siquiera el bien de la tierra será alivió para el alma de Caín. Caín es el primer hombre que no espera el perdón. No puede esperarlo, porque Caín fue engendrado para condenarse: ese fue el pecado de Adán en Eva. Este es el Misterio de la iniquidad que se puso en acto en el Paraíso. Y que pasa a todos los hombres, de generación en generación; es decir, pasa vía acto sexual. Por eso, el Anticristo viene de una generación: de un Obispo y de una mujer hebrea dada a las artes de Satanás: . «Durante este tiempo nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo» (Profecía de la Salette). El Anticristo es un hombre poseído por el diablo, con una posesión perfecta, irrompible, que lleva al alma a obrar sólo la mente del demonio. El Anticristo no puede obrar su mente humana: no es libre. Está poseído en todo por la mente de satanás para una obra del demonio.

b. «cualquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces. Y puso Yavé una señal a Caín para que no lo matara quien lo hallase» (Gn 4, 15): Caín no será víctima de la venganza humana, sino que el mismo Dios se reserva su castigo y el de su linaje. Ningún ser humano puede acabar con todos los males que el linaje del demonio produce en la Creación. Sólo Dios puede aniquilar esa raza maldita de hombres, que viven poseídos por Satanás y que combaten, día y noche, contra los hijos de Dios, que es el linaje de la Mujer.

El demonio hace su obra poseyendo un animal, una bestia. Así engaña al hombre. Así de fácil. La inteligencia del demonio es superior a la inteligencia del hombre. Su astucia es su poder: «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11, 14). Sabe presentar su conocimiento mentiroso como si fuese una verdad que debe ser seguida. Es lo que hacen los falsos profetas, los falsos apóstoles, los falsos sacerdotes y Obispos. Y es lo que hace, continuamente, el maestro del error, Bergoglio, que ocupa el lugar que nunca debería haber sido suyo. Pero toda su vida ha sido un satanás disfrazado de bondad, humildad, pobreza inmaculada. Bergoglio pertenece al linaje del Anticristo: ha nacido para combatir contra Cristo y Su Iglesia. Y lo hace revistiéndose exteriormente de Cristo, como los fariseos que buscan llamar la atención con las palabras y las obras exteriores, que siempre son conformes a los pensamientos y obras humanas.

Si a Adán y a Eva, teniendo todos los dones de la gracia, dones preternaturales, una bestia poseída por el demonio los engañó, ¿se llevan las manos a la cabeza al contemplar cómo son engañados todos los católicos por un hombre poseído por Satanás? ¿Por un Bergoglio que no tiene inteligencia, que habla con un lenguaje de pueblo, que sus discursos son sin sentido común, carente de toda verdad, sólo dichos para impresionar, para captar el sentimiento, el afecto del que escucha? Pues este hombre, que es un animal poseído por el demonio en su inteligencia, ha engañado a toda la Iglesia, a todos los católicos.

¡Qué fácil es engañar a los hombres!

¡Y muchos católicos continúan en el engaño!

¡Nadie cree en el demonio; nadie cree en el misterio del mal!

Si Satanás pudo engañar a un hombre con un animal que no tiene razón, inteligencia, entonces es más fácil engañar a los hombres con hombres que poseen una inteligencia. Porque Satanás es el maestro de la mente humana. Es el que habla a la mente. Es el que conduce al hombre a través de su mente, de sus ideas humanas.

Si Adán lo tenía todo y fue engañado por un animal, los católicos, que no tienen toda la gracia, entonces son engañados por un loco. Un loco que los hace creer que todos somos santos y justos a los ojos de Dios: «Dios quiere a todos sus hijos, estén como estén, y tú eres hijo de Dios y por eso la Iglesia te quiere y te acepta como eres».

amabominacio

¡Cómo está el patio!

Ya nadie cree ni en la ley natural, ni en la ley divina ni en la ley de la gracia. Ahora todos creen en la ley de la gradualidad: Dios nos ama a todos, todos somos hermanos, todos somos hijos de Dios; cada uno va gradualmente a Dios, según la evolución de su idea humana de la vida, de la iglesia, de Dios, de Jesús, etc… Cada cultura tiene su momento: ahora estamos en la cultura del encuentro, en que hay que unir las mentes de los hombres, porque la felicidad sólo está en cada hombre, en cada mente, en cada obra del hombre. Todos aportan al bien de la humanidad su granito, su valor, su dignidad, su respeto. No hay verdades absolutas, sólo hay verdades como el hombre se las invente: el relativismo universal de toda idea humana.

2. En la segunda, en el Calvario, el demonio conquista a los hombres que no creen en Cristo Crucificado: son los nuevos anticristos que marcan la venida del Anticristo. Así como el demonio se formó un linaje humano, carnal, para su obra en la Creación; así el demonio, en la Iglesia, se forma su jerarquía, su linaje espiritual, que combate al linaje de Cristo y de María.

a. «antes ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición» (2 ts 2, 3): el Anticristo de nuestros días es posible porque hubo un Caín en el Rebaño de Cristo: el demonio poseyó el alma de Judas. Él derramó sangre inocente, como Caín; él mató al Justo, como lo hizo Caín con su hermano Abel; y él creyó que su pecado fue demasiado grande para obtener la misericordia divina, como así lo declaró Caín: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla» (Gn 4, 13). Judas «fue y se ahorcó» (Mt 27, 5) para que se cumpliese la Escritura: «Asoladas sean sus moradas y no haya quien habite sus tiendas» (Sal 69, 26), pero «sucédale otro en su ministerio» (Sal 109, 8). El pecado de Caín se sucede en el pecado de Judas; y se sigue sucediendo en toda la Jerarquía que imita el pecado de Judas. Por más que muera un Judas, siempre habrá otro. Y esto hasta el fin del mundo. Y, por eso, en la Iglesia hay que saber discernir a toda la Jerarquía: unos son de Cristo; otro son del Anticristo. Y hay que llamarlos a cada uno por su nombre, que es lo que muchos católicos no saben hacer, ni con Bergoglio, ni con la demás jerarquía que lo sigue y que le obedece.

b. «muchos se han hecho anticristos» (1 Jn 2, 18): se sabe que es la última hora sólo por una cosa: abunda una jerarquía en la Iglesia que es del demonio, que está poseída por Satanás, con la posesión más perfecta, que no es en el cuerpo, sino en la inteligencia, en la mente del hombre. Abunda: son mayoría. Han escalado los puestos más altos para conquistar toda la Iglesia, para hacer una iglesia según la entienden los hombres. Sacerdotes y Obispos tan soberbios en sus mentes que serán capaces de poner al Anticristo como jefe de la Iglesia: el Anticristo se sentará «en el templo de Dios y se proclamará dios a sí mismo» (2 Ts 2, 4). Y esto lo hará la misma Jerarquía de la Iglesia Católica, la que una vez fueron católicos, pero ya no lo son. Si van a llegar a eso, lo de poner a Bergoglio como un falso papa es sólo el camino, el inicio de esta gran abominación; es algo tan sencillo porque la maldad es más astuta que los hombres de bien.

«Cortos de días» (Sal 109, 8) es el falso pontificado de Bergoglio, pero una gran brecha ha puesto ese hombre en el interior de la Iglesia. Brecha que ya no se puede cerrar. División que sólo la palpan los que creen con sencillez. Todos los demás, a pesar de que ven el destrozo de ese hombre en el gobierno de la Iglesia, lo siguen llamando Papa, y siguen esperando algo de él (vean la solicitud que se hace a ese energúmeno): no creen en el misterio de la iniquidad. No creen en Bergoglio como falso papa, como un hombre poseído por el demonio. No ven en Bergoglio el misterio del mal; sino que lo ven como papa verdadero, y quieren hacerle una súplica filial, como si ese hombre amara la Iglesia de Cristo y a los católicos fieles a la doctrina de Cristo. ¿No ha dado ya, durante dos años, muestras palpables de su odio a Cristo y a la Iglesia?

Esta es la ceguera de toda la Iglesia: y están ciegos por su falta de fe. ¿De qué le sirven los dogmas? De nada. No creen en el dogma del Papado: no lo practican con Bergoglio. Para muchos, mientras oficialmente no pongan una ley que apruebe el pecado, siguen llamando a Bergoglio como Papa, a pesar de su manifiesta herejía. Entonces, toda esta gente ¿en qué cree? No creen en un Papa que tenga en su corazón la verdad, sino que creen en un hombre que sólo tiene en su mente su idea de la iglesia. Sólo creen en su lenguaje humano, en su visión humana de la vida, en su pensamiento de hombre. Después del Sínodo, verán su error, pero ya será tarde para muchos. Quien sigue a Bergoglio como Papa acaba pensando como él. Hay que combatir a Bergoglio y a toda la Jerarquía para seguir siendo la familia que Dios quiere. No hay que crear un ambiente favorable para decirse a sí mismos: aquí no pasa nada; en la Iglesia todos somos santos, todos aportamos un granito de arena en esta gran confusión que reina en todas partes. Este es el conformismo de muchos que no saben batallar contra el demonio, ni en sus vidas, ni en la Iglesia.

¿No vino Cristo «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3, 8)? Entonces, ¿qué hacen los católicos que no cogen las armas del Espíritu para combatir a Bergoglio y a todos los que le siguen? ¿Para qué se creen que están en la Iglesia: para firmar una solicitud y así procurar que Bergoglio no haga el daño que va a hacer?

¡Destruyan las obras del diablo en Bergoglio! ¡Eso es ser de Cristo! ¡Eso es ser Iglesia!

¡Cuántos católicos falsos, sólo de nombre, solo de boquilla!

«Que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires» (Ef 6, 12), que están en Bergoglio, en su alma y en su corazón, y que están en toda la Jerarquía.

Todo el Vaticano está infestado de demonios: «Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer» (Profecía de la Salette).

Estrellas errantes: eso son Bergoglio y todos los suyos. Hombres sin oración ni penitencia. Hombres para el mundo, para la sociedad, para el aplauso de los tibios y pervertidos.

Como no se cree en el demonio, tampoco se cree en las obras del demonio en cada alma. Tampoco se ve que Roma ha perdido ya la fe. Se está ya prostituyendo con todos los gobiernos de la tierra, para aparecer, ante todos los hombres, como la Gran Ramera. Y, como toda prostituta, se engalana de sus pecados, de sus fechorías, de sus maldades, para enriquecerse a costa de otros.

El demonio hace su obra poseyendo hombres sagrados: sacerdotes, Obispos. Y así engaña a todo hombre, a todo católico, a toda la Iglesia. Así de sencillo. Así ha penetrado en toda la Iglesia y ha escalado puestos hasta llegar a la cima, al vértice tan deseado.

3. En la tercera, el demonio irá, no sólo contra todo lo sagrado, sino contra la ciudad gloriosa, santa, la Nueva Jerusalén que baja del cielo, que «tenía la gloria de Dios» (Ap 20, 10). Pero esto nadie se lo cree porque no creen en los mil años. Nadie en la Jerarquía les va a predicar del milenio, porque no creen.

Ya nadie cree que las Escrituras han sido inspiradas por Dios. Todo el mundo quita palabras que no les gusta, frases que incomodan o interpretan la Escritura según la mente de cada cual, según la cultura, la ciencia, los avances científicos, etc… Y nadie sabe ver los Signos de los Tiempos. A nadie le interesa eso.

Nadie comprende cómo atando al demonio, puede haber un reino glorioso en la tierra si después va a ser desatado y va a extraviar a muchos hombres. ¡Este es el Misterio! No puede haber una gloria si hay un pecado, si el demonio puede seguir tentando a los hombres y conquistando almas.

Por eso, mucha Jerarquía acaba negando el Apocalipsis y se mete en una vida mundana y humana, buscando un fin en este mundo: un bien común universal, un gobierno mundial, una iglesia para todos.

Al no creer en la Palabra de Dios, tienen que negar los misterios que su mente no puede comprender ni aceptar, y pasan sus vidas condenando a las almas dentro de la Iglesia.

Y a eso sólo se dedican, a destruir la Iglesia:

El Cardenal Baldisseri ha dicho que nadie «debería estar sorprendido por los teólogos que contradicen la enseñanza de la Iglesia». Porque «los dogmas pueden evolucionar». Por lo tanto, «no habría ningún punto en celebrar un Sínodo si fuéramos simplemente a repetir lo que siempre se ha dicho». Expresó que «sólo porque una particular comprensión se haya sostenido por 2000 años, eso no quiere decir que no pueda ser cuestionada» (ver texto).

Este Cardenal claramente es un anticristo. Peor nadie se atreve a llamarlo así.

Nadie se sorprenda de que haya herejes, como Kasper, como Bergoglio, como Baldisseri, y que el vaticano no diga nada, sino que lo apruebe. Si contradices la enseñanza de la Iglesia es que vas bien en la Iglesia. ¿Para qué sirve, entonces, el magisterio infalible de la Iglesia, si se puede cambiar? ¿Para qué los dogmas si pueden evolucionar? ¿Para qué la Palabra de Dios si ya no le sirve al lenguaje de la época? ¿Para qué creer en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre?

Si los dogmas evolucionan estamos hablando de la ley de la gradualidad: se anula la ley Eterna. Se acabó la ley natural. Y, por lo tanto, hay que casar a los homosexuales. Se acabó la ley divina. En consecuencia, los malcasados pueden comulgar con toda tranquilidad de conciencia. Se acabó la ley de la gracia. ¿Por qué no las mujeres al sacerdocio, o como Obispas o que sean Papas? Se acabó la ley del Espíritu: la Iglesia no es la obra del Espíritu; los dones y carismas no pertenecen a Dios; la gracia es un ser creado por el hombre para sentirse bien en su vida humana, para tener sus conocimientos y compartirlos con todos.

Van a hacer el próximo Sínodo para empezar a destruirlo todo: no van a repetir el fracaso del pasado Sínodo. No están dispuestos a otro fracaso, a otra humillación. Ahora van a humillar a todos esos que juzgan a Kasper, a Bergoglio, y a tantos teólogos que son del demonio.

Nadie quiere la Verdad en el Vaticano: ya han puesto sus gentes en lo más alto del gobierno en la Iglesia. Todo el mundo piensa lo mismo: lo que se ha sostenido durante siglos hay que cuestionarlo. Jesús se equivocó en su enseñanza a los discípulos. Todos los Papas han errados en la Iglesia. Ningún Concilio ha dado la verdad a la Iglesia. Ahora, es el tiempo de clarificar las cosas. Ahora están en la Iglesia las superinteligencias del demonio que van a enseñar a todo el mundo sus grandes locuras. Y la mayoría de los católicos va a asentir con sus mentes a esas locuras, porque andan detrás de los hombres, pero no de Cristo.

El diablo anda suelto por todas partes, pero ya nadie cree en él. Y, por eso, se acerca el tiempo de la gran justicia. Y los primeros: la Iglesia. No queréis combatir al demonio en la Jerarquía; entonces los demonios, a través de esa jerarquía, os van a hacer la vida imposible a todos los que se dicen católicos. Y ¡ay! de quien se atreva a levantar su voz ante el linaje del demonio: quedará excomulgado, porque no besa el trasero de tantos hombres que sólo viven para agradarse a sí mismos, con sus palabras baratas y blasfemas.

Bergoglio es un anticristo, pero no es el Anticristo. Tiene, como todo anticristo, el espíritu del Falso Profeta. Pero no es el Falso Profeta. Es un gran charlatán, embaucador, que sólo vive buscando la gloria humana. Y su magisterio, no sólo está lleno de herejías manifiestas, sino que reluce en él la mente de Lucifer. Una mente rota en la inteligencia que sólo puede obrar una vida para los sentidos.

El diablo es una trinidad de personas demoníacas: Lucifer, Satanás y Belzebub. Lucifer, el que porta la luz de la maldad (= una luz rota, un conocimiento loco), representa el orgullo de la vida; Satanás, el rayo de la inteligencia, la soberbia de la mente; y Belcebub, el señor del estiércol, las obras de la lujuria.

Bergoglio es orgullo y, por lo tanto, su mente está rota: su magisterio no tiene ni pies ni cabeza: coge de aquí, de allá, e hilvana frases sólo para decir su mensaje, que es su obra: vivan como quieran. Es la obra de Belcebub. Bergoglio no tiene inteligencia para romper el dogma, pero sí es voluntad para arrastrar hacia el pecado. Vive su pecado y eso es lo que muestra a todo el mundo. Y no se le cae la cara de vergüenza. Vive convencido de que eso es la verdad. Ha llamado al pecado como un valor en la vida, como un bien para la inteligencia del hombre. Él ensalza su propio pecado; él lo justifica. Y muchos otros se encargan de aplaudirlo. Esto es siempre una persona orgullosa. Por eso, Bergoglio no sabe gobernar nada. Sus gobiernos son siempre un desastre para todo el mundo. Bergoglio sólo sabe vivir su vida. Y nada más. Los demás, que arreen: le importa nada la vida de los otros.

¡Qué pocos han sabido ver lo que es Bergoglio! Y, por eso, siguen y seguirán confundidos. Porque si a la persona orgullosa no se la encara, entonces el hombre tiene miedo de ella y termina convirtiéndose en un juego del orgulloso.

Bergoglio está jugando con toda la Iglesia. Y nadie se ha dado cuenta.

Satanás: maestro de la mente

cristales

Satanás presenta sus mentiras escondidas en lo que parece ser amor. El hombre busca el amor, pero no el amor verdadero, sino una figura del amor, un sentimiento del amor, una esencia malformada del amor.

Y, para esto, Satanás necesita poseer la mente del alma, de controlar la mente del alma. Y usa antiguas prácticas paganas, que son la esencia del espiritualismo del oriente.

Toda práctica que enseña a llevar el estado mental a un vacío, a un olvido, a poner la mente en blanco, para así conseguir una paz, una tranquilidad, es lo propio de la posesión demoniáca en la mente de la persona.

De esta manera, sin que la persona lo sienta, en silencio, queda poseída por Satanás. Y la razón es que Satanás es un espíritu de la mente. No es un espíritu de la voluntad, de la obra, de la libertad, de la conciencia. Satanás sólo actúa en la mente de la persona. Y, obrar en la mente, sólo necesita que la persona lo invoque con su mente.

Todas las prácticas que enseñen frases, palabras, mantras, están enseñando el culto a Satanás. Ahí empieza la adoración al diablo. El diablo no es sólo Satanás. Es su corte regia: Satanás, Lucifer y Belcebú.

Cuando el Evangelio nombre al diablo, nombra a estos tres espíritus, que forman un uno en la esencia del diablo.

Satanás se apodera de la mente y lleva a la persona de idea en idea hasta la obra que el diablo quiere.

Esa idea es algo machacona, es como un pensamiento fijo, que se hace ideal de vida, norte de vida, imán en la vida.

Por eso, hay muchos poseídos por Satanás que viven para sus pensamientos y sólo para sus pensamientos en la vida. Son hombres que se convierten en fariseos de la vida, en querer ser ejemplos para otros de un ideal humano, de un plan humano, de una conquista humana. Y viven sólo para eso, sin importar el mal que hagan, el pecado que obren, la maldad de su corazón.

Satanás esclaviza a los pensamientos del diablo. Pone en la mente del hombre sus pensamientos y, entonces, la persona termina viviendo el pensamiento del diablo. Y esta posesión es tan real como invisible. Nadie se da cuenta de que esa persona está siendo llevada por el demonio. Nadie. Porque lo que pasa en el pensamiento del hombre nadie lo ve, nadie lo entiende, nadie se da cuenta de lo que piensa el hombre. Y, por eso, esta posesión en la mente no tiene una forma externa de verse. No se da en el cuerpo, como los energúmenos del Evangelio.

yoga

Muchos hombres están hambrientos de una guía espiritual y caen en muchas prácticas paganas que invocan al diablo. Van buscando una armonía, una paz en su corazón, y se dejan arrastrar de la oscuridad del espiritismo.

Los cristales, la meditación o energía mental en la oración para sanar, el reiki, el yoga, la acupuntura, el tarot, los guías espirituales del budismo, del taoísmo, la metafísica, los sanadores espirituales, la sanación pránica, la aplicación de ceniza bendita (vibhuti) o de agua bendita, sanar con mantras, y tantas cosas más que ahí por ese mundo, son sólo iniciación para alcanzar el culto a Satanás en la mente. Y así ser llevados a esos estados mentales en que la persona es instruida por el diablo para obrar lo que él quiere en el mundo.

Muchos buscan un Maestro Ascendido para aprender la perfección humana y ponerse por encima de todos los hombres y así tener la sabiduría de la vida.
Esos Maestros Ascendidos son sólo los ángeles caídos, los demonios que, siguiendo a Lucifer en su pecado, son como él en el pecado de orgullo, que es ponerse por encima de Dios. Por eso, cada Maestro Ascendido invita al hombre a ponerse por encima de Dios y a reconocerse Dios.

Estos Maestros Ascendidos hablan de la luz divina, del conocimiento divino y son sólo la oscuridad del infierno, la maldad del infierno, la obra del infierno en el alma.

Cualquier práctica que enseñe la confianza en sí mismo, la autoestima, el control sobre los sentimientos, sobre las pasiones, sobre los pensamientos, está poniendo el camino para meterse en la escuela de estos Maestros.

Todas estas prácticas son mostradas al hombre como inofensivas, como algo que el hombre tiene que hacer en su vida para sentirse bien. Por eso, los hombres se acomodan tan fácilmente al pecado en sus vidas, porque todas esas prácticas espirituales del paganismo son sólo pecado, vida de pecado, cómo vivir en el pecado. Se presenta el pecado como un bien en la vida. Y ya no se deja el pecado porque se vive para ese pecado.

Hoy no se enseña esto desde la Iglesia. En Roma se habla del pecado y no se dice nada. Se dan voces contra el pecado y no se nombra los pecados que todo el mundo hace hoy con esas prácticas espiritistas. Y ¡cuántos van a comulgar después de una sesión de yoga! Después de despachar con el demonio, se sientan a recibir al Señor como si nada hubieran hecho.

Satanás actúa en la mente de la persona sin que ésta se dé cuenta, en silencio. Y, por eso, es tan difícil salir de esta posesión. Porque todas esas prácticas paganas son una posesión real. No es un juego en la vida. Hay que hacer exorcismos para quitar esas posesiones.

Pero como hoy los sacerdotes ya no creen en el poder que tienen en su sacerdocio, porque viven para ganar dinero y tener un poder en la Iglesia, entonces, dejan a las almas poseídas por Satanás. Nadie en la Iglesia vela por la salud de las almas. Todos velan para que el pobre tenga un dinero, el joven un trabajo, el anciano un cariño humano. Esa es la iglesia de Francisco, que no es la Iglesia de Jesús.

Francisco se la cae la baba cuando dice que en los pobres está Cristo con sus llagas y que hay que reparar esa falta material de ese pobre. Y Francisco no es capaz de hacer un exorcismo para quitar la llaga de la posesión demoniáca, porque no cree en el demonio. Cree en lo que ha leído del demonio en la Biblia. Y lo explica con sus palabras. Y nada más. No sabe hacer más. No conoce el juego del demonio en las almas ni en la Iglesia. No sabe llamar a su elección a la Silla de Pedro la elección de Satanás sobre su persona. No sabe llamar al gobierno horizontal la obra de Lucifer en la Iglesia. Y no sabe entender su vida como el augurio de Belcebú en su mente y en su voluntad humanas.

Quien no percibe la acción del demonio en su interior, tampoco ve lo que hace el demonio fuera de él, en la vida de los demás, en la Iglesia, en el mundo entero. Y se contenta con predicar sus palabras sobre el demonio. Y no más, porque no sabe hacer más que repetir lo que en su memoria está.

Francisco: seguidor de Satanás

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michelini«Los Obispos, con el Papa, son los custodios de los valores inestimables de la verdad, es decir, de aquel patrimonio formado por Mi Doctrina y Mi Palabra…¿Cómo se explica, hijo mío, la propagación del error, de la inmoralidad? ¿Cómo explicar el pulular de la herejía, cómo explicar incluso la apología de leyes contra natura, como el aborto, el derecho a la prostitución, la apología del delito?…Mira, hijo mío, las contradicciones reales y patentes de la pastoral moderna, tan es verdad que por esa necedad, las estructuras de la Iglesia están todas en vía de eliminación o cuando menos en crisis, mientras funcionan a toda vela las estructuras de Satanás que son las estructuras de la sociedad ateizada y materializada por Satanás para la divulgación de todos los males doctrinales, morales y a menudo aún físicos…¡Oh, cuánta ceguera y debilidad en Mi Iglesia!…Sobre la conciencia de muchos Pastores y sacerdotes, pesan tremendas responsabilidades…Repito una vez más que han tergiversado sustancialmente la regla de vida cristiana; la vida es prueba; la vida es lucha contra las fuerzas oscuras del infierno que la insidian; alterar esto es tergiversar el cristianismo, es malinterpretar la Redención y resquebrajarla en su esencia». (El Señor a Michelini)

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Francisco ha usado los medios de comunicación de masas para difundir sus herejías. Y quieren explicar eso diciendo que no hay que inquietarse por esas declaraciones, que no pasa nada. Que Francisco tiene su estilo de hablar, de decir sus verdades, que como no habla ex catedra, no habla enseñando una verdad a la Iglesia, no hay que fijarse en lo que dice. Todo hombre es libre de decir sus opiniones, lo que piensa de la vida y de la Iglesia donde quiera y a quien quiera.

Esto es lo que se está diciendo en los medios de comunicación católicos, que se dicen así porque dan la verdad de lo que es la Iglesia. Son medios de Satanás, pero no de la Iglesia.

Son medios de comunicación que tienen miedo de decir la Verdad y recurren a toda clase de razones para ocultar el grave pecado de Francisco en la Iglesia.

Gravísimo lo que ha hecho Francisco, que se ha opuesto a lo que es la Iglesia en la Cabeza.

Los Obispos, con el Papa, son los inestimables custodios de la Verdad de la Iglesia. Y ¿qué ha custodiado Francisco? ¿Qué ha guardado Francisco? No la Verdad de la Iglesia. No ha luchado por la Verdad de la Iglesia. Ha luchado por sus verdades, las que ha vomitado en las dos entrevistas que ha concedido a los medios de Satanás. Medios que han sido instrumentos para que el Mal siga en la Iglesia.

Francisco ha usado esos medios siguiendo a Satanás para declarar los dogmas del demonio en el mundo y en la Iglesia. Francisco no ha usado esos medios para defender la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia. Ha ido en contra de todo el Magisterio de la Iglesia. Ha ido en contra del Evangelio, y ha hecho de su boca la consigna de Satanás.

¿Pero qué se creen que son esas declaraciones para la Iglesia? Son el principio de su gran mal: que es la Apostasía de la Fe, que ha comenzado en la Cima de la Iglesia, que es la Jerarquía Eclesiástica.

Pero, ¿cómo se puede decir que sigamos en nuestra fe, sigamos en el amor fraterno en la Iglesia, sin atender a lo que ha dicho Francisco, para adular a un hombre que no sabe ni siquiera ser humilde y reconocer sus malditos pecados?

Pero ¿qué se creen los hombres de la Iglesia que es el pecado? ¿Un asunto de la conciencia de cada uno? ¿Un reconocerse que todos somos pecadores y así Dios no ama, porque somos así de pecadores?

Sobre la conciencia de muchos sacerdotes y Obispos que, ahora no se oponen a Francisco, sino que por todos los medios buscan una excusa, una razón, para alabar el comportamiento de ese engreído, que hace oídos a Satanás, pesa la Justicia de Dios, porque tienen el deber de decir la verdad a las almas, que son las ovejas de Cristo. Y no dicen la verdad porque son todos unos miedosos, unos temerosos de la verdad. Porque no saben llamar al pecado con el nombre de pecado.

Sacerdotes incrédulos por su mala vida de pecado. Porque viven en pecado y quieren que en la Iglesia se viva como ellos viven. Y, por eso, el esfuerzo que se hace ahora para admitir a los pecadores en la Iglesia sin quitar sus pecados, yendo en contra de toda la Palabra de Dios y de todo el Magisterio de la Iglesia.

¿Qué se cree Francisco que es ser Obispo? ¿Qué piensa él de cómo hay que regir una iglesia basándose en su pecado de soberbia, de orgullo y de presunción? ¿Qué es para él la vida de un alma que la quiere entregar a su maldito pecado de rebeldía contra Dios? ¿Pero quién se ha creído que es Francisco? ¿Pero qué cree Francisco que es la Iglesia?

A Francisco hay que humillarlo hasta el suelo. Hasta que comprenda su maldito pecado. Pero, ¿eso es lo que hacen los medios de comunicación con Francisco? Por supuesto, que no. Hay que contraatacar las fuerzas del demonio con todos los medios posibles a nuestro alcance. Y, por eso, hay que oponerse a Francisco con todas las fuerzas para no estar en el juego de Satanás.

El juego del Maldito es sólo este: vomitar sus mentiras y que los hombres aplaudan esas mentiras en todos los medios de comunicación y en toda la Iglesia. Es lo que se ve por todas partes.

La Iglesia vive momentos muy oscuros en su interior, porque la vida es una batalla contra los poderes del Mal. La vida no es para tener dinero o para tener trabajo o para pasárselo bien, que es lo que todo el mundo busca y es lo que Francisco predica a todos los vientos.

La vida es una batalla hasta la muerte contra el demonio. Y, por tanto, contra los hombres que siguen al demonio. Y, por tanto, contra el pecado que cada uno tiene en su corazón. Y Francisco es uno de ellos: es un seguidor de Satanás, que hace las obras de su padre, el demonio, y que las lleva a cabo por voluntad del demonio, y que vive en su pecado sin quitarlo.

Y quien no se oponga a Francisco se alía igualmente con su demonio, que es Satanás.

Las tres batallas en la Iglesia

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Recogemos un mensaje que un alma ha recibido en oración. Ese alma queda en el anonimato por deseo del Señor.

Su mensaje es para dar a la Iglesia una palabra de Misericordia en estos tiempos de gran confusión y para preparar a las almas a la batalla que viene en la Iglesia.

Para el discernimiento del mensaje, en días sucesivos se irán aclarando lo que el Señor quiere decir en Su Palabra.

La Palabra de Dios hay que acogerla con Fe, sin querer interpretarla según cada uno tiene en su mente. Sino pedir al Espíritu que dé su Luz para comprender la Profecía.

La Profecía es una enseñanza divina al alma para que se prepare espiritualmente a lo que se le dice en el corazón. Las Palabras de Dios nunca mienten, sino que dan la verdad a cada alma y le enseñan algo para su vida.

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Mensaje recibido por un alma en oración

«Jesús ha escogido a Pedro para una Vida Divina y le ha dado el Poder de esa Vida de Dios. Y con la Autoridad de Dios Pedro tiene las Llaves del Reino de los Cielos. Puede abrir y cerrar el Cielo. Puede indicar el camino del Cielo o el camino del Infierno.

Pedro tiene ese Poder de juzgar a cada hombre sobre la tierra. Porque el Poder Divino en Pedro es el mismo Poder de la Santísima Trinidad. No es un poder humano, no es un poder temporal, no es un poder para unos hombres o unas sociedades o unos asuntos humanos.

Pedro tiene toda la Autoridad de Dios para hacer de la Iglesia sólo un Resplandor de la Vida Divina, donde no se vea ninguna obra humana.

El Poder de Pedro es para obrar lo divino en lo humano, para hacer obras que nacen sólo del Corazón de Dios y, que por lo tanto, el hombre no tiene parte en esas Obras Divinas.

El Poder de Pedro es para Edificar la Iglesia del Cielo, no para hacer una comunidad de hombres que quieren amar a Dios según sus sentimientos humanos, según sus razones humanas, según sus conquistas en la vida.

Pedro es para llevar al Cielo a los hombres o para llevar al infierno a los hombres. Es una Roca de división espiritual. Si se está con Pedro, si se obedece a Pedro, entonces el hombre encuentra el camino de la salvación y de la santidad.

Pero si no se está con Pedro, si los hombres se levantan contra Pedro, entonces los hombres caminan hacia su condenación.

Jesús ha Elegido a cada alma de Su Iglesia en Pedro, no fuera de Pedro. Y cada alma tiene que rezar por Pedro y hacer que Pedro pueda volver a tomar el rumbo de la Iglesia, porque sin Pedro la Iglesia se pierde en el vacío de los pensamientos humanos que la llevan al error y a la mentira.

Pedro es el Papa Benedicto XVI, que yace en su pecado y no hay nadie que lo levante en la Iglesia. Nadie reconoce el pecado de su Cabeza. Y, por lo tanto, nadie ve su propio pecado.

Porque se es Iglesia unido a Pedro. Y si no veo lo que es Pedro, no estoy unido a él. Y Pedro, ahora, es sólo un alma que ha perdido el rumbo de su vida y el norte de la Vida Divina. Un alma que no sabe guiarse a sí misma y que tampoco sabe guiar la Iglesia.

Pedro es el Elegido por Dios para la Iglesia. Y no hay otro Elegido. Después de él, habrá otros Pedros, pero no serán los elegidos por Dios. Los hombres de la Iglesia querrán seguir la sucesión apostólica, pero el Poder se retirará en la muerte del Papa Benedicto XVI.

Su muerte es su misión en la Iglesia. Su muerte es para dar a la Iglesia el camino del Retorno a Cristo. Su muerte será el inicio de la Gran Apostasía en todo el mundo y en la Iglesia.

Grandes cosas vienen a la Iglesia con rapidez, con premura, sin descanso. Y grandes batallas se inician ahora entre las almas de Fe y las almas de vida racional. Y sólo los humildes de corazón ganarán esas batallas, porque se lucha contra el Espíritu de la Soberbia, contra el Espíritu del Orgullo y contra el Espíritu de la Lujuria.

Tres espíritus, tres batallas distintas. Tres cabezas demoniácas para tres luchas en la Iglesia.

La primera Cabeza, la de la soberbia, es la que representa el rey Francisco y sus seguidores. El rey Francisco es una cabeza negra por la soberbia. Y negra por su corazón cerrado al amor. El rey Francisco no es para la Iglesia, sino para la nueva iglesia que forma Satanás en el Reino del Amor y de la Justicia, que es la Iglesia.

La segunda Cabeza pertenece al orgullo, que vendrá precedido por un asalto al Alimento Celestial en la Iglesia. Es la que borra el Sacrificio Perpetuo para poner su Holocausto de Ignominia. Es la que hace adorarse en todas las obras de la Iglesia introduciendo su mentira y su error. Una Cabeza que da a la Iglesia la segunda división en su Vértice y que pone a la Iglesia en la cumbre de su Apostasía. Muchos perderán la Fe por seguir esa Cabeza. Muchos inclinarán su cerviz para rendir culto al demonio en esa Cabeza. Esa Cabeza está poseída por Lucifer, que quiso ponerse por encima de Dios.

La tercera Cabeza es la propia de Belcebú, el animal de las siete cabezas, el Dragón que todo lo vomita y que todo lo aniquila con su furor bestial. Esta Cabeza pondrá a la Iglesia en la cúspide de la Maldad. Será en Ella el Reino del Anticristo con todo su furor, con toda su maquinación diabólica, con todo su engaño para condenar a las almas.

La Iglesia tiene que luchar estos tres combates, que se dan por separado, pero que son para todos en la Iglesia.

Muchos en la primera batalla se perderán para el infierno. Pocos en la segunda y muy pocos en la tercera. Pero hay que perseverar hasta el tercer combate, sin descanso, sin tregua, sin vacaciones, porque ya no es posible vivir como hasta ahora, en que las profecías no se han cumplido, y todos han dado tiempo para seguir en sus vidas y no se han preparado para la batalla.

Por eso, muchos les ha pillado desprevenidos la emboscada de la primera Cabeza. Satanás ha presentado a la Iglesia la cara de la bondad, la cara del amor, la cara de la paz. Y todos han claudicado ante esa Emboscada, que nadie ha sabido ver a tiempo.

Muy pocos han estado despiertos desde el principio, desde que Mi Pedro, obligado por Lucifer, claudicó en Mi Elección. Y fue Lucifer quien eligió la primera Cabeza para su primera batalla. Su primera Cabeza prepara la Cabeza que tiene formada Lucifer. Y será Belcebú el que complete la elección con otra Emboscada, propia de su lujuria espiritual.

No queda más tiempo. El Tiempo se ha cumplido. El Tiempo ha llegado. Y sólo ahora los que perseveren en la Verdad conquistarán la Gloria. Y aquellos que den a la Verdad un descanso en la batalla, serán llevados a la condenación Eterna.

Todos estén preparados a lo que viene ahora en la Iglesia. Todos con las lámparas encendidas de la Fe, sin hacer caso a las palabras de los hombres, ni a sus obras, ni a nada que el hombre quiera imponer en la Iglesia.

La Iglesia sólo se sostiene por la Palabra del Padre, con la Fuerza del Espíritu, con el Amor del Hijo. Y los Tres velan continuamente por Su Iglesia y lo disponen todo en Su Iglesia».

Exorcismo a Satanás y a los ángeles apostáticos

pdfEXORCISMO
A SATANÁS Y A LOS ÁNGELES APOSTÁTICOS
(versión larga)

Salmo 67
Se levante Dios y se dispersen Sus enemigos: y huyan los que Lo odian de Su Faz.
Como el humo se disipa, así se disipen; como la cera se funde al fuego, así perezcan los pecadores de la Faz de Dios.
Salmo 34
Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí. Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte. Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición. Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate. Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga.
Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales.
Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
Súplica
Oh gloriosísimo Arcángel San Miguel, Príncipe de la Milicia Celestial, defiéndenos en la batalla contra los Principados y Potestades, contra los poderes mundanales de las tinieblas de este siglo, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan alto precio rescatados (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio.
Con las huestes de los ángeles buenos, pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia, y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo: Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente, el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles (Ap 12, 8-9).

He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de ángel de luz (II Cor. 11, 14), con la escolta de todos los espíritus malignos, rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el Nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, Esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh Invencible Adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su Guardián y Patrono, se gloría que eres su Defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la Suprema Felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20).
Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.
V. He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
R. Venció el León de la tribu de Judá, de la Raíz de David.
V. Que se haga tu Misericordia, Señor, sobre nosotros.
R. A los que esperamos en Ti.
V. Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
Oremos:
Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre y, suplicantes, imploramos tu Clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José, Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.
Exorcismo
Te exorcizamos todo espíritu maligno, todo poder satánico, toda incursión del infernal adversario, toda legión, toda congregación y secta diabólica, en el Nombre y Virtud de Nuestro Señor Jesu + Cristo, para que te erradiques y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas con la Preciosa Sangre del Divino Cordero +. No te atrevas más, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo+. Te lo impera Dios Altísimo+, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (II Tim. 2). Te lo impera Dios Padre+; te lo impera Dios Hijo+; te lo impera Dios Espíritu Santo+. Te lo impera Cristo, Verbo eterno de Dios hecho hombre+, quien para salvar a nuestra estirpe, perdida por tu envidia, se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que las puertas del infierno nunca prevalecerían contra Ella, Él mismo permanece con Ella todos los días hasta la consumación de los siglos (Mat. 28, 20). Te lo impera el Sacramento de la Cruz+, y la Virtud de todos los Misterios de la fe cristiana+. Te lo impera la Excelsa Madre de Dios, la Virgen María+, quien con su humildad, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción, aplastó tu orgullosa cabeza. Te lo impera la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles +. Te lo impera la Sangre de los Mártires, y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas+.
Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios + Vivo, por Dios + Verdadero, por Dios + Santo, por Dios quien de tal modo amó al mundo que entregó a su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga Vida Eterna (Jn 3): cesa de engañar a las criaturas humanas y de suministrarles el veneno de la eterna perdición: deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Vete Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Da lugar a Cristo, en quien nada has hallado a tus obras. Da lugar a la Iglesia una, santa, católica y Apostólica, la cual Cristo adquirió con Su Sangre. Humíllate bajo la potente Mano de Dios; tiembla y huye, al invocar por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante quien tiemblan los infiernos, están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; y alaban, con incesantes voces, los Querubines y Serafines, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.
V. Señor escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
V. El señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Oremos:
Dios del Cielo. Dios de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede ser otro sino Tú, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos de tu gloriosa Majestad que te dignes liberarnos potentemente de toda potestad, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales y guardarnos incólumes. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
De la insidias del diablo, libéranos, Señor.
Que tu Iglesia pueda servirte con libertad: te rogamos, óyenos.
Que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia: te rogamos, óyenos.
(Se rocía con agua bendita el lugar)

pdfEXORCISMO
A SATANÁS Y A LOS ÁNGELES APOSTÁTICOS
(versión corta)

Príncipe gloriosísimo de la Milicia Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla contra los Principados y Potestades, contra los poderes mundanales de las tinieblas de este siglo, contra las huestes espirituales de la maldad que andan en las regiones aéreas (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres; que Dios creó a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y que a gran precio compró de la tiranía del diablo (I Cor. 6, 20). A Ti te veneramos como custodio y patrón de la Santa Iglesia; a Ti Dios te confió las almas de los redimidos para llevarlas a la Suprema Felicidad. Ruega al Dios de la Paz, que humille a Satanás bajo nuestros pies, y no sea capaz de esclavizar a los hombres y dañar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones en la Presencia del Altísimo, para que se anticipen a nosotros las Misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y coge al Dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y atado lo lances al Abismo, para que no seduzca ya más a las naciones (Apoc. 20).
Exorcismo
En el Nombre de Jesucristo, Nuestro Dios y Señor, intercediendo la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, el bienaventurado Miguel Arcángel, los bienaventurados Pedro y Pablo y todos los santos, y confiados en la autoridad de nuestro sagrado ministerio (Si fuera laico, se dice: en la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia), atacamos con firmeza para repeler la peste de las incursiones diabólicas.
Salmo 67
Se levante Dios y se dispersen Sus enemigos: y huyan los que Lo odian de Su Faz. Como el humo se disipa, así se disipen; como la cera se funde al fuego, así perezcan los pecadores de la Faz de Dios.
V. He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.
R. Venció el León de la tribu de Judá, de la Raíz de David.
V. Que se haga tu Misericordia, Señor, sobre nosotros.
R. A los que esperamos en Ti.
Te exorcizamos todo espíritu maligno, todo poder satánico, toda incursión del infernal adversario, toda legión, toda congregación y secta diabólica, en el Nombre y Virtud de Nuestro Señor Jesu + Cristo, para que te erradiques y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas con la Preciosa Sangre del Divino Cordero +. No te atrevas más, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo+. Te lo impera Dios Altísimo+, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (II Tim. 2). Te lo impera Dios Padre+; te lo impera Dios Hijo+; te lo impera Dios Espíritu Santo+. Te lo impera Cristo, Verbo eterno de Dios hecho hombre+, quien para salvar a nuestra estirpe, perdida por tu envidia, se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que las puertas del infierno nunca prevalecerían contra Ella, Él mismo permanece con Ella todos los días hasta la consumación de los siglos (Mat. 28, 20). Te lo impera el Sacramento de la Cruz+, y la Virtud de todos los Misterios de la fe cristiana+. Te lo impera la Excelsa Madre de Dios, la Virgen María+, quien con su humildad, desde el primer instante de su Inmaculada Concepción, aplastó tu orgullosa cabeza. Te lo impera la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles +. Te lo impera la Sangre de los Mártires, y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas+.
Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios + Vivo, por Dios + Verdadero, por Dios + Santo, por Dios quien de tal modo amó al mundo que entregó a su Unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga Vida Eterna (Jn 3): cesa de engañar a las criaturas humanas y de suministrarles el veneno de la eterna perdición: deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Vete Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Da lugar a Cristo, en quien nada has hallado a tus obras. Da lugar a la Iglesia una, santa, católica y Apostólica, la cual Cristo adquirió con Su Sangre. Humíllate bajo la potente Mano de Dios; tiembla y huye, al invocar por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante quien tiemblan los infiernos, están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; y alaban, con incesantes voces, los Querubines y Serafines, diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.
V. Señor escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
V. El señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
Oremos. Dios del Cielo. Dios de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede ser otro sino Tú, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos de tu gloriosa Majestad que te dignes liberarnos potentemente de toda potestad, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales y guardarnos incólumes. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.
De la insidias del diablo, libéranos, Señor.
Que tu Iglesia pueda servirte con libertad: te rogamos, óyenos.
Que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia: te rogamos, óyenos.

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