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Bergoglio no es materialmente Papa

«¡Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración, así como hacen cuando entra el Señor!» (Bergoglio, 28 de abril del 2015, a los huéspedes de los centros de Cáritas de Roma)

Arrodillarse…así como hacen cuando entra el Señor: cuando Jesús entra en la Eucaristía, todos se ponen de rodillas para adorarlo. Y se hace esto porque Jesús es Dios. Y sólo a Dios hay que darle culto de latría, adoración.

Enseñar que cuando un pobre, un hombre, entra en la iglesia, todos tienen que hacer lo mismo que se hace cuando entra Jesús en la Eucaristía, es enseñar la idolatría, pecado gravísimo que no admite parvedad de materia.

Es preciso sufrir la muerte antes que adorar a un pobre o a un hombre en la Iglesia.

No se puede obedecer el deseo de la mente de Bergoglio sin caer en la desgracia del pecado mortal.

Es una gran injuria contra Dios, no sólo adorar a un hombre, sino enseñar a dar culto al hombre, como si fuera un dios,  y hacerlo desde la Silla de Pedro.

Los hombres ya no saben medir las palabras de Bergoglio. Continuamente, ese hombre está blasfemando contra Dios, contra Cristo y contra la Iglesia. Y lo siguen manteniendo como si no pasara nada.

¿Acaso pueden juzgar las obras injustas de Bergoglio y no ser capaces de juzgar a Bergoglio como falso papa?

Quien lo tenga por su papa no puede juzgar sus obras, sus pensamientos, sus homilías, sus charlas…. Debe callar y obedecer la mente de Bergoglio.

¡Muchos católicos – y buenos católicos- no han aprendido a obedecer en la Iglesia! ¡Por tanto, no saben lo que es un Papa en la Iglesia! ¡No saben obedecer a un Papa verdadero! ¡No saben oponerse a Bergoglio, a un falso papa!

Las ideas de un Papa son las ideas de la Mente de Cristo. Y esas ideas no cambian de un Papa a otro. Son siempre las mismas, en todas las épocas, porque la doctrina de Cristo es eterna, no es temporal.

No se obedecen, en un Papa, las ideas humanas, que todo hombre tiene. Sino que se obedece a las ideas de Cristo, que el Papa da, enseña, ofrece, interpreta con la ayuda del Espíritu Santo.

Todos han caído en el mismo juego: obediencia a la mente humana de un Papa. No han sabido nunca obedecer en la Iglesia. Ni siquiera la misma Jerarquía sabe obedecer. Ahora, es un mundo para todos desobedecer a un falso papa. Muchos quedan perplejos.

Se obedece a la Verdad. Y la Verdad no la posee la mente humana de ningún hombre, ni siquiera el Papa. La Verdad es Cristo. Hay que dejar que actúe la Persona de Cristo en el hombre sacerdote, o en el hombre Obispo, para dar la Verdad a la Iglesia.

Todos dicen: sí, Bergoglio es hereje; pero materialmente es papa.

¡Gran absurdo! ¡Gran injuria!

Porque si Bergoglio es hereje, entonces no es Papa, porque el hereje no pertenece a la Iglesia, ni material ni formalmente.

El pecado de herejía es una obra que saca espiritualmente de la Iglesia de Cristo: no se está unido a Cristo ni a Su Cuerpo Místico. Se puede estar en la Iglesia de una manera exterior. Esa exterioridad no significa pertenecer a la Iglesia visible. Un hereje es como un muro, una pared de ladrillos: se ve el muro, pero ahí no está la Iglesia.

La Iglesia visible no son las parroquias ni los hombres que nuestros ojos observan. La Iglesia visible son las almas en gracia unidas a Cristo, que trabajan en una parroquia, en una capilla, en un lugar concreto.

La Iglesia es Cristo y sus almas. Si desaparecen las estructuras exteriores, la Iglesia permanece visible en las obras de sus almas.

Materialmente, las parroquias, los lugares de culto pertenecen a la Iglesia. Los hombres, en sus pecados de herejía, pueden hacer obras materiales, pero no dan el Espíritu, la Gracia en esas obras.

Un hereje que celebre una misa, materialmente hace una obra en un lugar material. Pero no hace una obra de la Iglesia. No hace una obra espiritual, regida por el Espíritu de Cristo. Su Misa no es una misa. Su sacerdocio no es el sacerdocio de Cristo. Materialmente, se viste como sacerdote. Pero no es sacerdote porque es hereje. Ni siquiera cuando celebra la misa, esa obra material, es materialmente hecha por el sacerdote.

Porque el sacerdocio es una gracia, algo espiritual, que se coloca en el corazón del alma, que es también algo espiritual. La herejía destruye la gracia del sacerdocio: pone un obstáculo que impide que el sacerdote obre con el Espíritu de Cristo. Materialmente, el sacerdote hace una obra; pero no se produce -en él, en su alma- la obra del Espíritu de Cristo.

Por la herejía, su alma no puede unirse a Cristo para actuar como sacerdote, en la Persona de Cristo. Actúa en su propia persona humana, pero no es otro Cristo: no se revela -en él, en su alma- la Persona de Cristo. Posee el sello del Sacramento del Orden, que lo marca como sacerdote de Cristo. Pero ese sello es de índole espiritual, no material. No es un sello en su cuerpo, sino en su corazón. Un sello indeleble, que no se pierde por la muerte del cuerpo, ni por el fuego del infierno.

Ser sacerdote no es hacer obras materiales en la Iglesia. Es actuar en la Persona de Cristo: es Cristo el que obra en el hombre sacerdote. Y esa obra, un hereje, nunca puede mostrarla. Cristo no obra materialmente en un sacerdote hereje. Cristo obra materialmente en un sacerdote pecador, que no ha caído en el pecado de herejía. Cristo no se une al alma de un sacerdote hereje: no aparece la Persona de Cristo en el hombre sacerdote. El pecado de herejía impide que se manifieste, material y formalmente, la Persona de Cristo en el hombre sacerdote.

Así, un hombre –como Bergoglio- que se sienta en la Silla de Pedro y que, por su herejía, no es Papa. Materialmente, está sentado en el Trono de Pedro. Pero espiritualmente, no tiene el carisma de Pedro: en él no puede revelarse, manifestarse, ser el Vicario de Cristo en la tierra. No posee, ni formal ni materialmente, el Poder Divino. No puede hablar como Cristo, no puede comunicar la Mente de Cristo, no puede actuar como Cristo en la Iglesia. Actúa en su propia persona humana, porque no tiene el carisma de Pedro. No se le puede llamar Papa por más que materialmente haga obras en la Iglesia. El oficio de Papa no es un asunto material en la Iglesia. No es un nombre que se lleva en la Iglesia.

Es algo divino: es Cristo quien guía Su Iglesia a través de Su Papa. Es Cristo quien se manifiesta a Su Iglesia a través de Su Papa. Aquellos que dicen que Bergoglio materialmente es Papa están injuriando a Cristo en la Iglesia. Cristo no puede guiar la Iglesia a través de un Obispo hereje. No la guía ni material ni formalmente.

Cristo sigue guiando Su Iglesia en el Papa Benedicto XVI: pero ya no la guía formal, sino materialmente. Benedicto XVI ya no gobierna formalmente la Iglesia. Pero la Iglesia es guiada por Cristo, a través de Benedicto XVI, materialmente. Benedicto XVI tiene el Poder Divino, pero ya no lo puede usar: no sirve el Poder Divino, no gobierna formalmente como Papa. Ese Poder Divino –que permanece en el alma de Benedicto XVI- sirve para poner un dique material a toda la obra del Anticristo. Mientras permanezca vivo el Papa Benedicto XVI, materialmente el Anticristo no puede revelarse. Tiene que ser removido el Poder Divino en el Papa, no sólo formal, sino materialmente, para que comience todo.

Han removido formalmente el gobierno del Papa en la Iglesia, poniendo un usurpador; pero queda materialmente el Poder Divino en el Papa Benedicto XVI. Y queda materialmente, porque permanece en un hombre que todavía no ha muerto. El carisma permanece en el alma de Benedicto XVI, pero materialmente. Benedicto XVI no puede usarlo formalmente. Para usarlo tiene que enfrentarse con el usurpador. Pero, Cristo, que es la Cabeza invisible de la Iglesia, lo usa materialmente para frenar al Anticristo: mantiene vivo al Papa verdadero.

Por eso, la vida de Benedicto XVI peligra. Hay que quitarlo de en medio, y cuanto antes. El demonio tiene prisa por acabar su obra.

El carisma de ser Pedro es diferente a ser sacerdote. En el sacerdocio, es Cristo quien obra en el sacerdote, es la Persona del Verbo en el sacerdote. En Pedro, es Cristo quien guía a la Iglesia, quien obra en la Iglesia, quien enseña a la Iglesia, a través de Su Papa. Es Cristo en Su Poder Divino, es Cristo en la Obra de Su Espíritu. No es Cristo en Su Persona Divina. Por eso, la Iglesia es la Obra del Espíritu de Cristo. El sacerdocio es la Obra de Cristo como Persona Divina.

El gobierno de un Papa, en la Iglesia, es la manifestación del Espíritu en toda la Iglesia. En la obediencia al Papa, el Espíritu obra en todas las almas, para que la Iglesia siga enseñando la Verdad, sea guía en la Verdad y muestre al mundo y a los hombres el único camino de salvación, que es Cristo.

El gobierno de un Papa no es imponer sus deseos humanos a los hombres. Esto es lo que hace habitualmente Bergoglio: «¡Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración…!». Bergoglio sólo está en sus ideas humanas, en sus caprichos, en sus errores, en sus herejías. Y es lo que da a la Iglesia. Bergoglio sólo se predica a sí mismo. Sólo le interesan sus pobres, su cultura del encuentro, su diálogo, su comunismo, sus ideas protestantes, acaparar la gloria de los hombres y del mundo.

Pero, a Bergoglio, no le interesa ni Cristo ni la Iglesia. Y eso lo palpan, lo viven, todos los verdaderos católicos. Hay una persecución interna a todo lo que huela a catolicidad.

La obra de un Papa, en la Iglesia, es luchar en contra del error, de la herejía; es excomulgar a los herejes; es definir nuevos dogmas. Porque el Poder Divino, en la Iglesia, se muestra en llevar a toda la Iglesia hacia la plenitud de la Verdad. Todo Papa muestra Su Poder Divino enseñando la verdad, defendiendo la verdad, guardando el tesoro de la verdad, guiando a todos hacia la verdad plena.

En un Papa, es Cristo el que obra en Su Espíritu. Por eso, el Señor les mandó a Sus Apóstoles «esperar la promesa del Padre»: «recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra» (Act 1, 8).

Ya Pedro había sido elegido como Papa, pero no podía actuar como Papa. Tenía el Poder divino en su alma, pero de manera material. Era necesario que viniera el Espíritu para que Pedro pudiera obrar formalmente como Papa: para poder gobernar la Iglesia en el Espíritu, en la obra del Espíritu.

Un Papa gobierna siempre en la Obra del Espíritu, nunca fuera de Ella. Por eso, un Papa nunca puede equivocarse, es infalible, porque es el Espíritu quien lo mueve todo para que la Iglesia sea testigo de Cristo, sea testimonio de la Verdad que Cristo ha enseñado a Sus Apóstoles. Es el Espíritu el que recuerda esta Verdad inmutable, el que la muestra, no sólo al Papa, sino a toda la Iglesia.

Por eso, la Obra del Espíritu no se refiere a los pensamientos humanos de un Papa. Nunca se obedece a la mente humana de un Papa. Sólo se obedece a la Mente de Cristo que el Papa ofrece en la Iglesia.

Es la Obediencia a la Verdad que muchos, fieles y Jerarquía, nunca han comprendido. En estos 50 años, muchos han caído en la trampa, que ha puesto el demonio para desbaratar la obediencia a un Papa. Y ahora no saben desobedecer a un falso papa. Ahora, les cuesta esta parte. Por eso, muchos tienen a Bergoglio como materialmente Papa. Y no caen en la cuenta de que Bergoglio no ha sido elegido por Dios para que posea el Poder Divino. Dios nunca elige a un hombre hereje. Son los hombres los que ponen a sus herejes, no sólo en el sacerdocio, sino en la Silla de Pedro.

Ahora, quien tenga a Bergoglio como su papa, necesariamente tiene que dar obediencia a la mente de ese hombre. Porque Bergoglio no es capaz de dar la Mente de Cristo, la Verdad, a la Iglesia.

En los otros Papas, se podía discernir entre la mente humana del Papa y la Mente de Cristo en el Papa. Y se daba la obediencia al Papa porque se veía claro la Mente de Cristo en él.

Pero, con Bergoglio, es imposible este discernimiento: sólo se ve en él su mente humana. Bergoglio sólo vive dentro de su pensamiento humano. Pero no es capaz de dar el Pensamiento Divino en la Iglesia. Por eso, todo su magisterio no es papal. En todo su magisterio no se refleja el magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia. Es el magisterio propio de un hereje. Y es la obra propia de un cismático. Y es la vida propia de un apóstata de la fe.

Y esto es lo que muchos están apoyando, justificando, aplaudiendo: la herejía, el cisma y la apostasía. Al tener a Bergoglio como su papa, ya material ya formalmente.

Es una gran injuria contra Dios llamar a Bergoglio con el nombre de Papa. Porque es caer en el pecado de idolatría. Como Bergoglio no puede dar la Mente de Cristo, entonces se tiene que obedecer, necesariamente, su idea humana en la Iglesia. Y esto es dar culto a la mente de un hombre. Esto es buscar miles de razones para justificar el pecado de Bergoglio, para mantener en el cargo a Bergoglio. Al final, siempre son los demás los que se han equivocado porque no han comprendido lo que ha querido decir Bergoglio. Bergoglio siempre queda como el justo, como el santo. Es la idolatría en que caen muchos al tenerlo como su papa.

Ahora, tienen que enseñar, en la Iglesia, a arrodillarse ante los pobres. Es justo que se haga eso: están obedeciendo a los deseos de un hombre. Se están sometiendo a la mente de un hombre. Y ya nadie es capaz de ver que Bergoglio no puede dar la Mente de Cristo. Todos han quedado oscurecidos, en sus mentes, para no ver la Verdad. Y eso es una Justicia Divina en la Iglesia. Preferís las palabras baratas y blasfemas de un hombre que la Mente de Cristo. Entonces, quedaos con ese hombre y levantad vuestra falsa iglesia, que os va a llevar a lo más profundo del infierno.

Cristo sigue guiando a toda la Iglesia en Su Papa Benedicto XVI. La guía materialmente, manteniendo vivo a Su Papa para que los verdaderos católicos tengan tiempo de salir al desierto. Es en el desierto en donde está toda la Iglesia en Pedro, en la oración, en la penitencia, en la vida escondida. Y allí tiene que vivir y ser alimentada durante un tiempo. No es en Roma ni en la Jerarquía en donde se ve a la Iglesia.

Ya todos los Papas han cumplido su misión en la Iglesia. Una vez que muera Benedicto XVI, hay un tiempo de sede vacante, necesario para que aparezca el falso profeta y el Anticristo y hagan su obra.

Pero, la Iglesia sigue siendo la Obra del Espíritu. No es la obra de ninguna cabeza humana. Nadie dicta la fe en la Iglesia. La Jerarquía de la Iglesia no impone lo que hay que creer o lo que no hay que creer. La fe divina no es el dictado de los hombres. Es un don divino al hombre. Y sin humildad, ese don divino no puede funcionar en ningún hombre.

Por eso, lo que ahora observamos en toda la Iglesia son hombres: con sus ideas, con sus planes, con sus obras. Que es la manifestación del pecado de soberbia en los fieles y en la Jerarquía. Y, en ese pecado de soberbia, el pecado de orgullo, que se revela principalmente en quienes gobiernan la iglesia. Son ellos los que hacen lo que les da la gana en la Iglesia, poniéndose por encima de toda ley divina, de todo el magisterio de la Iglesia, quitando a su capricho lo que no les gusta o no va con su estilo de vida.

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«Así que entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, y postrándose a sus pies, le adoró. Pedro le levantó, diciendo: Levántate, que yo también soy hombre» (Act 10, 25).

Si no hay que arrodillarse ante el Papa para adorarlo, porque es un hombre, menos hay que hacerlo ante un pobre. La adoración es debida y conviene a solo Dios. A las demás criaturas, ni por el cargo que ejercen, ni por la posición social que tienen, ni por otra cualidad o circunstancia, se les debe la adoración. Sólo el respeto que toda persona humana merece.

Sólo hay que arrodillarse ante Cristo, ante Jesús en la Eucaristía. Y quien lo hace ya no puedo hacerlo ante un hombre. El único Hombre ante el cual todo hombre debe arrodillarse es Cristo. Porque la carne de Cristo está sólo en la Eucaristía, no en los pobres. Y aquel que ponga la carne de Cristo en los pobres, como hace Bergoglio, sólo está diciendo que no ama la Eucaristía porque no cree en Ella. Y no cree en Ella porque, para él, Jesús no es Dios, sino un hombre cualquiera.

«Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Los cristianos sólo nos arrodillamos ante Dios, ante el Santísimo Sacramento, porque sabemos y creemos que en él está presente el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su Hijo único» (Homilía, 22 de mayo del 2008, Benedicto XVI en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo)

Bergoglio cae en esta idolatría porque no cree en Dios. Es un ateo que no cree en la existencia de Dios, sino que se ha inventado, con su mente humana, su concepto de Dios. Un dios no real, no verdadero. Un dios que es el fruto de su desvarío como hombre. Su vida le lleva a ese concepto de dios. Y vive para esa mentalidad propia de un hombre que no ha sabido adorar a Dios en Espíritu y en Verdad.

Aquel que enseña a adorar a un hombre está diciendo que no adora a Dios, que no ha sabido nunca adorarlo. Bergoglio nunca se ha sometido a Dios. Siempre con la cabeza levantada ante Dios, como un orgulloso. Nunca ha sabido inclinarse, poner su cabeza en el suelo. No puede. Su soberbia se lo impide.

Bergoglio mira a un hombre, mira a un pobre, y no sabe ver su alma: no sabe buscar a Dios en el alma de ese pobre. Sólo está interesado en la vida humana, en la vida social, en la vida carnal de los hombres

Quien no ve el alma, que es algo invisible para el hombre, sólo está pendiente de los cuerpos de los hombres, de lo exterior, de una vida natural. Pero no sabe tratar con las almas. No sabe vivir con ellas. No sabe enseñarlas el camino del cielo. Sino que sólo les da una doctrina que es puro demonio. Y tiene que caer en esta abominación de enseñar a adorar a los hombres.

«Apártate, Satanás, porque está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”» (Mt 4, 10).

Esto es lo que hay que decirle a Bergoglio: Apártate, Satanás. Enseñas a adorar a los hombres. Eres un demonio encarnado. Enseñas el camino del infierno a todas las almas. Sólo a Dios se le debe adoración. Es un precepto divino positivo.

Pero, Bergoglio no entiende de preceptos: no cree en el derecho natural, por el cual a Dios se le da culto, ya interno, ya externo, ya individual, ya social, al ser el principio y el fin de todas las cosas.

Para Bergoglio, el principio de todas las cosas es su mente humana: con ella se inventa su dios, su cristo, su iglesia, su religión, su vida. Y si su mente es el inicio de una vida de blasfemia, entonces el fin de su vida es lo que encuentra en su mente. Bergoglio vive para lo que estamos viendo en la Iglesia: para su idea masónica de la fraternidad, para su idea protestante de una iglesia llena de pecadores, y para su idea comunista de un gobierno global, en la cual poder culminar su gran negocio en la vida.

Bergoglio no cree en el derecho divino, por el cual Dios ha dado al hombre mandamientos que debe cumplir para que ame a Dios.

Sólo cree en su soberbia, sólo obra con su orgullo y sólo ama en su lujuria de la vida.

¡Pobre aquel que tenga a Bergoglio como su papa! ¡Idolatra, no sólo al hombre, sino a todo hombre! Y se dedica a hacer su negocio en la Iglesia:

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Quien se une a las intenciones de Bergoglio no es Iglesia

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«Ésa que están presentando no es Mi Iglesia. Quien está unido a las intenciones del Innominado no está unido a Mí, porque no se puede servir a dos patrones» (Conchiglia, 25 de marzo del 2015).

La Iglesia visible –en Roma y en todas las parroquias unidas a Roma- no es la Iglesia de Cristo.

Luego, la Iglesia gobernada por el Innominado, es decir, por el falso papa Bergoglio, no representa la fe católica, no enseña la Verdad del Evangelio, no mantiene la fidelidad a la Tradición, y no es capaz de señalar el camino de la salvación y de la santificación a todas las almas.

«Quien tiene Mi Luz en el propio corazón y en la propia mente bien ve que está alterando lo que he enseñado» (Conchiglia, 22 de septiembre del 2013).

Muchos -que se dicen católicos- tienen un corazón no purificado, que vive en el pecado, que obra el pecado, y que les imposibilita poseer la luz de Dios para conocer la verdad, siéndoles un obstáculo –su mismo corazón cerrado a la vida de la gracia- para poder entender qué pasa en la Iglesia.

El pecado es un muro que se levanta en la vida del hombre,  en el cual el alma no puede ver la realidad.

Quien se une a las intenciones de Bergoglio no está unido a Dios, sino que se ha separado de la Voluntad de Dios. Porque un Papa representa sólo la Voluntad del Padre. Cristo representa a su Padre Dios en la tierra. Cristo dio a conocer e hizo amar a su Padre Dios: «No sabéis que es necesario que me ocupe de las cosas de Mi Padre» (Lc 2, 49). Cristo sólo vino a la tierra, sólo se Encarnó para hacer la Voluntad de Su Padre.

Y todo Papa, que es el Vicario de Cristo en la tierra, tiene la misma misión de Jesucristo: llevar a toda la Iglesia hacia la Voluntad del Padre. Y, por lo tanto, enseñar a toda la Iglesia qué cosa es la Voluntad de Dios y cómo obrarla.

«Nadie viene al Padre si no es por medio de Mí»: Cristo es el Mediador entre el Padre y los hombres. Es el camino para encontrar al Padre. Y Cristo, que es Mediador, ha puesto en Pedro su mediación divina: para ir a Cristo hay que ir por el Papa; es decir, hay que obedecer, hay que someterse al Papa.

Quien se une a las intenciones del Papa, está unido a las intenciones de Cristo, que son las de Su Padre.

Pero quien se une a las intenciones de un hombre que no es papa, como es Bergoglio, automáticamente se separa de la Voluntad del Padre en la intención; y en las obras ya no sirve a Dios, sino al demonio. Y se pueden hacer obras muy buenas, pero son sólo para el demonio.

«El Innominado es astuto…astuto…astuto. Ha convocado un falso jubileo, ya que es falsa esta iglesia, como es falsa la misericordia que propone, puesto que no es Mi Misericordia» (Conchiglia, 25 de marzo del 2015).

Si Bergoglio ha puesto un gobierno horizontal, entonces está levantando una falsa iglesia, con su poder humano. Y es una falsa iglesia que remeda, que imita a la verdadera: se proclaman santos, se convocan jubileos…. Son todos ellos falsos santos y falsos jubileos…

¡Pero, qué difícil es encontrar a una Jerarquía que predique que lo que hay en Roma es una falsa iglesia!

Ni siquiera el cardenal Burke se atreve a decir esto.

Nadie se atreve a hablar en contra de Bergoglio. Es el gran pecado de toda la Jerarquía.

Todos aquellos que se unen a las intenciones de Bergoglio no están unidos a Dios. Han perdido el Poder Divino en la Iglesia.

¡Qué difícil de entender esto para los católicos!

¡Sólo hay poder divino en un gobierno vertical! Si se da -de hecho- el gobierno horizontal, automáticamente, cualquier sacerdote, cualquier Obispo, que obedezca a ese gobierno horizontal, pierde el Poder Divino. Es decir, ya no son la Jerarquía de la Iglesia Católica. Ya no representan a la Iglesia Católica. Ya no tienen poder para poner leyes, para juzgar, para mandar, para guiar en la Iglesia.

Desde hace 50 años se ha trabajado para librarse de la unidad de gobierno, dando a los Colegios Episcopales más autoridad de la que realidad poseen, colocando el poder en el pueblo de Dios, en los consejos presbiterales y pastorales, en las instituciones del sínodo, en las muchas comisiones romanas y nacionales, en los dictámenes de las distintas congregaciones religiosas…. Todo ello ha degradado la Autoridad en la Iglesia y ha sido fuente de anarquía y desorden, que es lo que se ve por todas partes.

¡Ningún católico sabe lo que es el Poder Divino en la Iglesia! ¡Ni lo que significa este Poder Divino en la Jerarquía! ¡Porque la misma Jerarquía de la Iglesia no da ejemplo de gobierno, de autoridad divina! ¡Hacen lo que quieren! ¡Gobiernan como quieren y a todos imponen sus leyes humanas y una doctrina que no son el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia!

Jesús pone Su Iglesia en Pedro. Y concede a Pedro el Primado de Jurisdicción: es decir, Pedro es el primero por derecho de autoridad en la Iglesia. En otras palabras, posee todo el Poder Divino, tiene toda la Autoridad. Y los demás participan de ese Primado por la obediencia a Él. Y sólo por la obediencia.

Si un Obispo no obedece al Papa legítimo, automáticamente, pierde el poder divino.

En Pedro hay un gobierno vertical, una monarquía. El Papa comunica su Autoridad en la medida que lo considera oportuno, ya en circunstancias ordinarias como extraordinarias.

Este Primado de Jurisdicción es distinto a la potestad ministerial. Para celebrar Misa no hace falta el Primado de Jurisdicción, sino el poder que da el Orden para poner a Cristo en el Altar. Para predicar no hace falta el Primado de Jurisdicción, sino sólo el poder que da el Sacramento del Orden para enseñar la verdad de la Palabra de Dios.

«Jesucristo puso a San Pedro como gobernante supremo de la Iglesia. En verdad hizo a San Pedro y a nadie más aquella insigne promesa: «Tu eres Pedro sobre esta piedra edificare Mi Iglesia» (San Mateo 16,18). Por estas palabras queda claro que por voluntad y por mandato de Dios la Iglesia se asienta en San Pedro, así como un edificio está asentado en sus cimientos… Por consiguiente pertenece a Pedro el sustentar la Iglesia y el defenderla unida y firme con estructura irrompible…» (León XIII Encíclica “Satis cognitum”  AAS 28, 726s).

Pedro es el gobernante supremo de la Iglesia. Eso es el Primado de Jurisdicción: la suprema autoridad en la Iglesia. Y nadie más tiene esa Autoridad: «En verdad hizo a San Pedro y a nadie más aquella insigne promesa».

Todo está asentado en Pedro. La Misa de un sacerdote o de un Obispo, para que tenga validez para toda la Iglesia, tiene que estar unida a Pedro. La predicación de un sacerdote o de un Obispo, para que valgan para toda la Iglesia, debe estar unida a Pedro. Cualquier oración, cualquier obra apostólica que se haga, para que tenga validez en la Iglesia, debe estar unida a las intenciones del Sumo Pontífice. Una Misa, o una predicación, o una obra apostólica, que no se una a las intenciones de Pedro, valdrán en cuanto misa o predicación u obra apostólica, pero no en cuanto medio para salvar y santificar las almas.

Un sacerdote sin cabeza, sin obediencia a una cabeza legítima, su misa vale si la hace según la intención de la Iglesia, pero no vale para la Iglesia. El poder ministerial se ejerce, pero no el Poder Divino. Lo que salva y santifica en la Iglesia es el poder divino, no el poder ministerial. La Misa es para la Iglesia, no para el sacerdote. El sacerdote no vive para sí mismo, sino para Cristo y sus almas, es decir, para la Iglesia. No tiene sentido una misa si no se ofrece para salvar y santificar las almas de toda la Iglesia. Y sólo es posible ese ofrecimiento si el sacerdote obedece a una cabeza legítima. Cristo actúa para realizar la obra de Su Padre. No actúa por sí mismo. Su Misa, que es Su Calvario, sólo salva almas porque es la Voluntad de Su Padre, en obediencia su Padre. El Padre quiso el Calvario, quiso esa Misa.

Un sacerdote o un Obispo que haga de la Misa un acto comunitario o que dé su obediencia a un falso papa, a una falsa cabeza, su misa no tendrá valor para salvar y santificar, porque la intención se pone en un hombre no elegido por Dios para guiar la Iglesia. La Misa valdrá por el Sacramento, por el poder ministerial, pero no construye la Iglesia, no levanta la Iglesia, no hace Iglesia. Muy al contrario, esas misas sólo sirven para destruir la verdad del Sacrificio Eucarístico y poner la mentira de la comunión social, del engendro de la unión de todas las religiones para un falso culto a Dios.

Por eso, es necesario ir saliendo de las parroquias.

«El Innominado, que es el Vicario del Anticristo, pronto dejará el lugar al Anticristo, que representará a Lucifer en la Tierra…deberán ya sea obedecer al Anticristo, o esconderse para celebrar la Santa Misa en refugios improvisados, o bien morir por mano de los servidores del Anticristo…» (Conchiglia, 25 de marzo del 2015).

La Iglesia se fundamenta en el Poder Divino, no en el poder ministerial, que da el Sacramento. Esto es muy importante entenderlo. Se es Iglesia porque se obedece al Papa, no porque se celebra una misa o se predica la Palabra de Dios o se hace una obra apostólica.

Aquellos sacerdotes u Obispos que todavía predican bien y hacen las cosas como Dios quiere en la misa, pero dan su intención al falso papa Bergoglio, tendrá que elegir muy pronto: o el Anticristo o esconderse para seguir haciendo las cosas como Dios quiere, pero no en la obediencia a un falso papa. Estos sacerdotes, todavía su misa vale, pero no sirve para salvar y santificar las almas, porque la intención no es recta, no es verdadera. Están cometiendo un gran pecado que, aunque no anula su poder ministerial, les pone en camino para perder la fe. Y si pierden la fe, entonces se anula en ellos también el poder ministerial: sólo hacen una obra de teatro en sus misas.

Todos participan del Poder Divino, que sólo lo tiene Pedro, en la obediencia a Pedro, en su sometimiento. En reconocerlo como Papa, como Vicario de Cristo, como infalible en su magisterio ordinario y extraordinario en la Iglesia.

Mientras un Papa permanezca en el gobierno vertical, todos participan de ese Poder Divino, y la Iglesia (todo el Cuerpo Místico) es guiada por el Espíritu Santo en la obediencia al Papa.

Por eso, todos los Papas, desde Pablo VI hasta Benedicto XVI, se mantuvieron en la verticalidad. Y a pesar de todos las desobediencias de los Obispos y sacerdotes, a pesar de que colocaran falsos papas, sosias, la Iglesia continuaba su curso, ayudada en todo por el Espíritu Santo.

Pedro es el que tiene el Poder Divino en la Iglesia. Y toda la Iglesia se construye en este Poder Divino. Quien no se someta a este Poder Divino, por más que luche por la tradición de la Iglesia,  por más que celebre en el rito antiguo de la misa…, no construye la Iglesia, no hace Iglesia, no es Iglesia.

¡Esto es lo que cuesta entender!

¿Para qué asisten a la misas de los sedevacantistas o lefebvrianos? Ellos no siguen a los Santos, que enseñan: «Dejo esta llave al Vicario de Cristo en la tierra, a quien todos estáis obligados a obedecer hasta la muerte, y quien está fuera de su obediencia, está en estado de condenación» (Sta. Catalina de Sena – Diálogos- Tratado de la obediencia, cap. 1, pag. 365). No salvan los Sacramentos, no salvan los ritos litúrgicos, no salva la Tradición. Sólo salva la obediencia hasta la muerte al Papa legítimo y verdadero. Quien deje esta obediencia por estar en una misa que se celebra con el rito tradicional, o por guardar la tradición, está en vía de condenarse. La Cruz es el Dolor de la Obediencia al Padre. El Sacrificio de la Cruz tiene valor sólo por la obediencia espiritual a la Voluntad de Dios: «por la desobediencia de uno solo muchos fueron los pecadores…por la obediencia de uno solo muchos será hechos justos» (Rom 5, 19).

No de todos es la fe. No todos son de la Iglesia. Sólo en la Iglesia, que permanece unida al Papa, está la salvación de las almas. Quien no esté unido a los Papas verdaderos y legítimos, no puede salvarse. No salva el poder ministerial: no salva una misa. Salva el Poder Divino. La Misa salva porque el sacerdote se une a las intenciones del Papa legítimo.

Mientras ha existido la verticalidad en el gobierno de la Iglesia, el Poder Divino ha estado presente en todos los miembros y en la Jerarquía que ha sido obediente a los Papas.

Quien se haya rebelado contra los Papas, quien proclame el sedevacantismo, quien se haya separado de la Autoridad del Papa porque no ha aceptado un Concilio…, ha perdido el poder divino en la Iglesia. Hará su Misa con su poder ministerial, el propio del Sacramento, pero esa Misa no sirve para hacer Iglesia, para unir en la Verdad, para dar frutos divinos en la Iglesia.

La gran división en toda la Iglesia ha sido en la cabeza. Por eso, el demonio la ha atacado de una manera magistral, y ahora vemos el gran cisma y la gran división en todas partes de la Iglesia.

Unos atacan a todos los Papas, otros hicieron renunciar al Papa legítimo para poner su falso papa, otros encumbran a este falso papa a una gran santidad para que todos los demás lo tengan por verdadero, y así construir la falsa iglesia que se quiere.

Desde el momento en que Bergoglio puso en funcionamiento su gobierno horizontal, el poder divino desapareció en toda la Iglesia.

Ya la Iglesia no hay quien la sustente, no hay quien la defienda unida y firme, porque se ha fundamentado todo en una estructura rompible: en un poder humano, en un conjunto de hombres que deciden lo que es bueno y lo que es malo con sus mentes, con sus obras heréticas y cismáticas.

El Poder Divino significa la potestad de mandar, de prohibir, de juzgar. Ya en la Iglesia mandan todos en sus diócesis, nadie juzga el pecado ni al pecador, y nadie prohíbe que se enseñe la mentira en la Iglesia.

El Poder Divino significa atar y desatar. Y eso ratificado por Dios. Cuando se ha perdido ese poder divino, ya nadie ata y desata de manera divina, sino que todo es oscuridad. Todos van buscando -ahora- la forma de poner leyes en que no se juzgue ni se castigue el pecado ni al pecador. Se busca una ley humana adecuada al poder humano que se representa. Se busca que sea el mismo hombre el que ratifique su mismo poder. Se busca un poder que ate a los hombres a una forma de pensar humana y que los desate de la Mente de Cristo. ¡Una Abominación!

Bergoglio no es Papa. Luego, no tiene poder divino para nada. Y aquellos que se unen a su intención, pierden todo poder divino.

El Poder Divino sólo está en el Papa: en Benedicto XVI. Quien éste unido a Él, sigue poseyendo el poder divino y su misa, o su predicación o su obra apostólica salva y santifica las almas, construye la Iglesia.

Cuando muera Benedicto XVI, no habrá poder divino y se manifestará el hombre de la iniquidad: «el ministerio de la iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea apartado» (2 Ts 2, 7).

La Jerarquía de la Iglesia no se va a salvar por su poder ministerial, ni porque saben la teología. Sólo pueden salvarse si dejan de obedecer a Bergoglio como papa y se oponen totalmente a él. Si no hacen esto, llevarán consigo a muchas almas al infierno por su falsa obediencia a un hombre sin verdad.

Un hereje nunca representa a la Iglesia Católica. Con las herejías de Bergoglio no se construye la Iglesia Católica. Con las palabras babosas de ese payaso vestido de papa no se levanta la Iglesia Católica.

Toda la Iglesia está sólo en el Papa verdadero y legítimo: Benedicto XVI. Y nadie le obedece. Nadie se une a él. Entonces, ¿qué Iglesia están haciendo? La propia del Anticristo.

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