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Laudato Si: el vómito de Bergoglio en la Iglesia

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«El Padre es la fuente última de todo, fundamento amoroso y comunicativo de cuanto existe. El Hijo… se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María. El Espíritu…. está íntimamente presente en el corazón del universo…» (LS – n. 238).

Toda esta basura ecológica se centra en una herejía: el panenteísmo. Es decir, todo está en Dios.

Es algo más que un panteísmo. Es querer imponer la vida humana relacionada entre sí por medio de la naturaleza. El hombre ama a Dios, no directamente, sino a través de la naturaleza. El hombre ama a sus semejantes no con un amor directo, sino con el medio de la naturaleza. El hombre se ama a sí mismo porque antes ama su naturaleza. Se ama a través de otra naturaleza, no en la misma naturaleza. Todo naturaleza es parte de todo el Universo.

Este panenteísmo es el amor en todo. Todo está envuelto del amor de Dios. Todo se recubre de este amor.

Para estas personas el amor de Dios no es un ser espiritual, sino sólo material. El amor de Dios no se concibe como una Voluntad de Dios, sino como una experiencia natural, que integra a todas las criaturas.

El fundamento de todo cuanto existe es la nada: Dios ha creado todo de la nada. Dios no ha creado las cosas de sí mismo.

«La creación es del orden del amor. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado» (LS – n. 77).

La creación es un acto de la Voluntad de Dios, que pone en lo creado un fin último: dar gloria a Dios.

Ese acto de la Voluntad de Dios es distinto al Amor en Dios, al Amor en la Santísima Trinidad.

Dios no tiene necesidad de crear nada porque se ama a sí mismo, se basta a sí mismo. Luego, la creación no es del orden del amor. Es del orden de la Voluntad Divina.

Dios crea algo porque quiere, no porque ama. Lo crea en el Amor, es decir, lo crea en el Espíritu Divino. Pero el móvil de todo lo creado, el motor de la creación no es la Voluntad de Dios, no es el amor de Dios, sino lo que rige a ese ser creado: las leyes de la propia naturaleza creada.

La Creación no se mueve por el amor de Dios, sino por sus leyes naturales, que Dios ha escrito en ella.

Estas personas no distinguen entre Creador y criatura. Todo es uno. En el fondo, caen en un panteísmo. Pero van más allá de ese panteísmo.

Al poner el fundamento de todo lo creado en el amor de Dios, entonces viene el sentimentalismo, que es siempre propio de este hombre ciego por su soberbia y por su orgullo:

«… cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño» (LS – n. 77).

Dios rige a cada criatura con las leyes que ha puesto en cada una de ellas. El reino vegetal tiene unas leyes distintas al mundo animal y a las criaturas humanas.

Dios no llora por ninguna criatura: Dios no rodea con cariñitos a las criaturas. Dios no es un sentimental de lo que ha creado. Sabe muy bien lo que ha creado y sabe gobernar lo creado sin mirar, sin estar pendiente de lo creado.

Pero, para estos personajes, el fundamento de todo lo creado, no es la nada, sino Dios mismo.

El hombre es polvo y vuelve al polvo: el fundamento del hombre es ser polvo, su nada, su miseria existencial. No es el amor de Dios.

Pero, como el fundamento de todo lo creado es el Padre, el amor de Dios, entonces el hombre es parte del mundo:

«Un retorno a la naturaleza no puede ser a costa de la libertad y la responsabilidad del ser humano, que es parte del mundo con el deber de cultivar sus propias capacidades para protegerlo y desarrollar sus potencialidades» (LS – n. 78).

Estos personajes meten al hombre dentro de la naturaleza: «el hombre es parte del mundo».

Dios ha creado al hombre como cima de todo lo creado, para que domine todo lo creado, para que sea Señor de la Tierra.

La creación del hombre no es parte de la naturaleza: el hombre no viene de lo creado, de una evolución de lo creado. El hombre viene de Dios: creado de la nada; hecho a su imagen y semejanza; y puesto en la cima de todo el Universo como Señor, como el que domina todo el Universo.

Pero, toda esta gente piensa el Universo como algo creado por Dios que va evolucionando:

«Él, de algún modo, quiso limitarse a sí mismo al crear un mundo necesitado de desarrollo, donde muchas cosas que nosotros consideramos males, peligros o fuentes de sufrimiento, en realidad son parte de los dolores de parto que nos estimulan a colaborar con el Creador» (LS – n. 80).

Dios no creó un mundo perfecto en su ser, sino que se limitó a sí mismo, produciendo un mundo en evolución, necesitado de desarrollo.

Ellos se meten en la evolución de todo lo creado. Es una herejía. Y, por tanto, tienen que negar el pecado original: esas cosas que se consideran males, no son males, sino que son parte de nosotros, son parte de los dolores de parto. No han comprendido a San Pablo, porque niegan el pecado original. Malinterpretan toda la Escritura, la tergiversan.

Por eso, este hombre tiene que decir:

«Así como los distintos componentes del planeta –físicos, químicos y biológicos– están relacionados entre sí, también las especies vivas conforman una red que nunca terminamos de reconocer y comprender. Buena parte de nuestra información genética se comparte con muchos seres vivos. Por eso, los conocimientos fragmentarios y aislados pueden convertirse en una forma de ignorancia si se resisten a integrarse en una visión más amplia de la realidad» (LS – n. 138).

El reino vegetal, el mundo animal, la criatura humana están relacionadas entre sí. El adn del hombre es una mezcla de otra genética, ya sea animal, ya sea vegetal. Todo es una mezcla de genes: porque todo viene por evolución de lo creado.

Estos hombres quieren interpretar lo que ocurrió en el Paraíso como una evolución de las naturalezas creadas. Todo surge en una especie, y de esa especie se va evolucionando hasta llegar al hombre. Por eso, todos estamos relacionados unos con otros. El hombre comparte en sus genes cosas de otras especies. Y, por tanto, está llamado a buscar ese amor común, ese amor universal con todas las cosas, ese amor cósmico.

«Cuando se habla de «medio ambiente», se indica particularmente una relación, la que existe entre la naturaleza y la sociedad que la habita. Esto nos impide entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados» (LS – n. 139).

La naturaleza no es algo separado del hombre, sino incluido en el hombre. El hombre viene de un animal. Y el animal viene de un vegetal. Y el vegetal viene de la fusión del agua, de la tierra, del aire y del fuego. Hay una interpenetración: una especie penetra a la otra sustancialmente.

Hablar del medio ambiente es hablar de un sistema evolutivo en las especies. Y, por eso, todo está junto, todo están incluido en el otro. Todo está en relación íntima con las demás cosas.

Por eso, dice del Espíritu que está viviendo «íntimamente presente en el corazón del universo».

Ellos caen en este gravísimo error sólo por negar el pecado original. Por lo tanto, tienen que interpretar los males, que vienen de ese pecado, con estas fábulas de la mente: la fábula del medio ambiente, la fábula de la ecología.

Y, por eso, para solucionar los problemas hay que atender a esta interpenetración de las cosas:

«Es fundamental buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental». ( LS – n. 139)

Es el cuento del ecologismo: el problema ambiental es un problema humano, social, de todos. Porque la naturaleza vive en todos. Todos son parte de la naturaleza. Todo está en la naturaleza. Hay que descubrir las potencialidades de la naturaleza para que el hombre encuentre su sito dentro de ella. El hombre no ha sabido poner en su naturaleza humana los otros sistemas naturales, no se ha sabido encontrarse como parte integral de un todo.

El panenteísmo no se refiere al panteísmo, sino a la naturaleza. Se pone el énfasis en lo natural, no en Dios. En la idea panteísta, todo es Dios. Pero en la idea panenteísta, todo es en la naturaleza, la cual es divina porque Dios la ha creado de su ser divino, tiene una marca trinitaria en ella. Ellos van más allá de un panteísmo. En el fondo, son ateos, agnósticos. Ni creen en Dios ni conocen a Dios. Quieren explicar el misterio de la creación con su triste e inútil filosofía de la ecología.

La ecología no es una teología, sino un discurso de la mente humana para engañar con palabras bonitas a los hombres. Es un bulo muy bien presentado para que prevalezca una ideología política que aune a todos en la formación de un gobierno mundial para la total destrucción de toda la humanidad. El fin de la ecología sólo es esto: destruirlo todo porque, en estas condiciones de vida, no hay solución a nada. Y se inventan un cuento de viejas, escondiendo el verdadero propósito. Es la imposición de una idea común, global, universal.

Como todo está en Dios, todo está en la naturaleza, ¿quién es Jesús?:

«El Hijo… se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María».

Jesús es el que se unió a esta tierra, porque es parte de esta tierra: se anula la Encarnación: el Verbo se hace carne para salvar las almas del pecado. Y se pinta a un Jesús que vive su vida humana y que actúa con todo lo creado como un hombre sentimental:

«El Señor podía invitar a otros a estar atentos a la belleza que hay en el mundo porque él mismo estaba en contacto permanente con la naturaleza y le prestaba una atención llena de cariño y asombro» (LS – n. 97).

La belleza que hay en el mundo. Ya no habla de la belleza del Universo. Jesús vivía en el mundo porque ha incorporado a su persona la naturaleza:

«… todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva» (LS – n.236).

Una roca encuentra su sentido en Jesús, no en su ser creado. Su ser creado es imperfecto, está en evolución. Necesita a Jesús para encontrar su verdadero sentido. Esto es el puro panenteísmo.

Jesús ha metido en el universo un germen nuevo, un germen de transformación definitivo. Esto es una gravísima herejía, que viene porque Dios lo creado todo en evolución, en necesidad de desarrollo. Luego, Jesús, que no se encarna en María, sino que se forma en María, como si María necesitara de un hombre para engendrar a Jesús, viene para poner dentro de lo creado lo que su Padre no puso: un germen de transformación que lleve a todo lo creado, que sigue en evolución, hacia la gloria, hacia su elevación. Estos son los delirios de este hombre.

Y, por eso, dice de la Eucaristía:

«En la Eucaristía lo creado encuentra su mayor elevación. La gracia… logra una expresión asombrosa cuando Dios mismo, hecho hombre, llega a hacerse comer por su criatura. El Señor… quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. No desde arriba, sino desde adentro, para que en nuestro propio mundo pudiéramos encontrarlo a él» (LS – n. 236).

Gravísima herejía, que ya viene expresada en su Lumen fidei, pero que aquí la desarrolla. En esa falsa encíclica, la Eucaristía es una transformación, no una transubstanciación.

Dios se mete en el hombre a través de un pedazo de materia, no a través de Él Mismo: como la Eucaristía es una transformación del pan y del vino, Dios se mete en el hombre a través de la sustancia del pan y del vino. En la Eucaristía no sólo están los accidentes del pan y del vino, sino también sus sustancias. Ellos están en la herejía de la evolución. Entonces, Dios tiene que meter en el hombre lo que le falta para su perfección. Y así transforma esa sustancia y pone en ella algo divino, un germen definitivo, porque el hombre tiene que evolucionar hacia lo divino, tiene que elevarse hacia lo divino unido a toda la Creación. Y, por eso, necesita, desde adentro, esa materia transformada, evolucionada, que le relaciona con todo lo creado. ¡Gravísima herejía! ¡Los delirios de la cabeza de este hombre!

Todo el Universo material ha sido elevado en la Eucaristía. En estas fábulas andan metidos toda la Jerarquía. Porque han roto el dogma de la creación de las cosas de la nada. Todo es evolución. Y la eucaristía ayuda a esa evolución, a ese integrar al hombre en la creación. Todo es en Dios. Todo está en el Universo. Todo está relacionado en el mundo creado. No hay diferencias. Hay una mezcla de genes, de especies.

Por eso, este sujeto interpela al diálogo y a buscar en las culturas el motor de este panenteísmo.

«… la Eucaristía… es el centro vital del universo…la Eucaristía es de por sí un acto de amor cósmico…» (LS – n. 236).

Por eso, la Eucaristía tiene que darse a los malcasados, a los homosexuales, a los ateos, a todo el mundo. Porque es el centro vital, el centro de la vida de todo el universo. Hay que llegar al amor cósmico.

«Para los cristianos, creer en un solo Dios que es comunión trinitaria lleva a pensar que toda la realidad contiene en su seno una marca propiamente trinitaria…toda criatura lleva en sí una estructura propiamente trinitaria, tan real que podría ser espontáneamente contemplada…el desafío de tratar de leer la realidad en clave trinitaria» (LS – n. 239).

Todo lo creado contiene una marca trinitaria, una estructura trinitaria: está haciendo referencia a la herejía sabeliana, en la cual la trinidad se entiende como tres funciones diferentes. No son Personas Divinas, sino funcionalidades que forman una estructura.

De esta manera, todo lo creado ya no es vestigio natural de Dios: veo la belleza de una flor y el alma se eleva a contemplar la belleza de Dios. Todo lo creado no es un reflejo natural del creador, sino divino:

«Una Persona de la Trinidad se insertó en el cosmos creado, corriendo su suerte con él hasta la cruz… el misterio de Cristo opera de manera oculta en el conjunto de la realidad natural… De este modo, las criaturas de este mundo ya no se presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves…ahora están llenas de su presencia luminosa» (LS – n. 100).

Todo lo creado es un vestigio divino: tiene una marca divina, trinitaria. Es más, tiene una estructura en su ser creado lo más parecido a Dios. Gravísima herejía que contradice la Escritura: sólo el hombre ha sido creado por Dios a imagen y semejanza. Lo demás no tiene esta marca divina. Pero, ellos han anulado el dogma de la creación divina. Por eso, lo tienen que explicar todo con esta basura ideológica. Las mismas flores del campo, las aves, todo está lleno de ese germen definitivo que los catapulta hacia la vida eterna.

Y, por tanto, al ser lo creado algo divino, un modelo divino, todo está en relación y eso lleva a buscar una espiritualidad de lo global:

«….el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones… en el seno del universo podemos encontrar un sinnúmero de constantes relaciones que se entrelazan secretamente… las múltiples conexiones que existen entre las criaturas… nos lleva a descubrir una clave de nuestra propia realización… Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad» (LS – n 240).

La solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad: esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo.

Dios no ha creado las cosas para una solidaridad, para la gloria de los hombres, sino para darse Gloria a Si Mismo. Se anula la gloria que cada criatura tiene que dar, en su ser creado, a Dios, para buscar un modelo de vida en que el centro de todo sea lo creado. Se busca una armonía en la creación en donde no se dé gloria a Dios.

Si cada criatura, en su especie, necesita para vivir de la otra especie; si cada criatura, en su ser creado, no puede desarrollarse si no se une a las otras criaturas de otras especies, entonces se anula el fin para el cual Dios ha creado a cada especie. Se anula la gloria que cada criatura tiene que dar por sí misma a Dios en su ser creado. Y se va en busca de una armonía entre las criaturas, que es una abominación espectacular. Por eso, el Anticristo está en el fondo de todo este escrito. Hay que presentar al mundo un hombre que sea capaz de reunir todo lo creado en su ser para que así el hombre vea que la ecología es el fin del universo: el culto al universo. Todo va evolucionando hacia el Anticristo.

«Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban…No aparecía como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas agradables de la vida…Estaba lejos de las filosofías que despreciaban el cuerpo, la materia y las cosas de este mundo» (LS – n. 99).

Jesús vivía en armonía, no era un asceta separado del mundo, es decir, no hizo un ayuno de cuarenta días en el desierto, no huía a los montes para orar, para estar apartado de todo. Era un hombre que vivía su vida, que le gustaba todas las cosas agradables, porque no existe el pecado. Todo vale para vivir. El hombre sabe usarlo todo correctamente y nunca se equivoca. Jesús amaba su cuerpo, amaba las cosas de este mundo. Era un hombre para la vida material.

Este es el Jesús que se busca, el nuevo Mesías, el Anticristo, que interpreta el Evangelio según su loca cabeza humana:

«Cuando uno lee en el Evangelio que Jesús habla de los pájaros, y dice que « ninguno de ellos está olvidado ante Dios » (Lc 12,6), ¿será capaz de maltratarlos o de hacerles daño?» (LS – n. 221).

Sentimentalismo puro.

«La naturaleza está llena de palabras de amor, pero ¿cómo podremos escucharlas en medio del ruido constante, de la distracción permanente y ansiosa, o del culto a la apariencia?» (LS – n. 225).

La naturaleza habla, es amor, lleva a un acto de amor cósmico. Hay que escuchar a la naturaleza. Porque todo está rebosando de una fraternidad universal:

«Jesús nos recordó que tenemos a Dios como nuestro Padre común y que eso nos hace hermanos. El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal» (LS –n. 228).

Un hombre que no ha comprendido lo que es el amor a los enemigos, porque los ve como parte de su naturaleza humana, parte de su vida, parte de lo creado por Dios; los ve como hermanos. Señal de que no sabe discernir entre los hijos de Dios y los hijos de los hombres. No sabe qué es el pecado original. Y no sabe tratar al enemigo como tal. Tiene que darle un cariñito, pero es incapaz de darle la Voluntad de Dios, que es siempre una Justicia para el enemigo. Todos somos hermanos; luego todo es en la fraternidad del universo.

«… cuando el corazón está auténticamente abierto a una comunión universal, nada ni nadie está excluido de esa fraternidad… Todo está relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también» (LS – n. 92).

Tienes que abrirte a una comunión universal: gobierno mundial, iglesia universal.

Porque todos somos hermanos. Y todos vamos al cielo, incluso los seres inmateriales, los vegetales, los animales, que ya habrán alcanzado la cima de la evolución, estarán en la casa común del cielo:

«La vida eterna será un asombro compartido, donde cada criatura, luminosamente transformada, ocupará su lugar y tendrá algo para aportar a los pobres definitivamente liberados» (LS – n. 243).

Cada criatura luminosamente transformada: todo es en la evolución. Los cuerpos son transformados, no transfigurados, no revestidos de la gloria. Y una roca será transformada en otra cosa para que sea asombro compartido de todos en la casa común del cielo. ¡Cuántos delirios!. Y los pobres ya no serán pobres, habrás sido transformados en otra cosa, liberados de su pobreza.

«… todo lo bueno que hay en ella será asumido en la fiesta celestial» (LS – n. 244).

¿Cómo presenta este hombre sin nombre a la Virgen María?

«María, la madre que cuidó a Jesús, ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. Así como lloró con el corazón traspasado la muerte de Jesús, ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano… En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura» (LS – n.241).

La que llora por este mundo herido; la que comparte los sufrimientos de sus malditos pobres; la que se compadece de los malditos hombres que son esclavizados por los malditos gobernantes del mundo, que no quieren expresar con su ser ese amor cósmico.

Y dice su gran blasfemia: en María, en su cuerpo glorificado, «parte de la creación alcanzó la plenitud de su hermosura». María es parte el universo. La madre gaia. La madre tierra. Ya una parte de la Creación ha sido glorificada. Pero, hay que esperar a morirse para contemplarla.

No pierdan el tiempo con esta basura, con este vómito de Bergoglio. No dice nada nuevo. Repite lo mismo que lleva hablando estos dos años. Sólo que en este vómito se ve más claro su herejía, su cisma y su apostasía de la fe.

A los hombres les encantan estas fabulas. Y se cumple el Evangelio:

«…apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (2 Tim 4, 4).

Que nadie los engañe con la fábula del ecologismo. Este hombre niega todos los dogmas y sólo está sentado para destruir la Iglesia. Su vómito ecológico le va a llevar a abandonar esa Silla, porque ha dado un escrito sin inteligencia, que no sigue el método científico y que destruye toda la moral católica. Él se pone por encima de todo eso porque está sólo en su negocio redondo en el Vaticano: ha abierto la Iglesia al mundo, porque hay que buscar la iglesia que quiere el mundo.

«La interdependencia nos obliga a pensar en un solo mundo, en un proyecto común» (LS – n. 164).

Un consenso mundial para resolver un problema que no existe: el CO2 no es contaminante. Pero presentan la búsqueda de otras energías como solución a un problema que no es real.

Todo se quiere sostener en el Universo: que el hombre sea el dios de universo, que lo maneje todo y así no haya pobres.

«…urge la presencia de una verdadera Autoridad política mundial» (LS – n. 175): urge el Anticristo.

Lo único que hay que hacer es quitar el maldito pecado como ofensa a Dios. Si se hace esto, la creación no se rebela contra el hombre y el problema deja de existir.

Pero como se niegan las verdades absolutas, se tiene esta chorrada política del ecologismo.p;

Bergoglio es una cloaca de impurezas satánicas

sinmoral

«Esto es lo que indigna: Benedicto fue un teórico torre de marfil. Escribió libros y esperaba que ellos persuadieran mediante la razón. Pero el Papa Francisco conoce cómo vender sus ideas. Él está comprometido con el mundo de los negocios» (Charles J. Reid Jr, profesor en la Universidad de St. Tomás, Escuela de Derecho).

¡Qué gran verdad! ¡Ha resumido, en pocas palabras, lo que es Bergoglio!

La mula Francis, Bergoglio, no sabe hablar, no sabe pensar, no sabe escribir un libro exponiendo el magisterio de la Iglesia. No le interesa. Nunca le ha interesado. Ha estudiado la teología sólo con un propósito: destruir por dentro la Iglesia. Es sacerdote sólo con un fin: combatir a la Iglesia desde dentro. Combatir a Cristo en su mismo Altar, en su mismo Calvario, como hicieron tanta gente que asistía a la Pasión para blasfemar a Cristo.

Son tantas las barbaridades que dice este hombre a diario, que necesita gente a su lado para que le limpien las babas.

Este chivato del demonio está sentado en la Silla de Pedro sólo para darse gloria a sí mismo. Pero necesita la publicidad, el marketing, porque él no tiene ninguna inteligencia.

Si a este hombre le quitaran la publicidad, no hubiera estado tanto tiempo sentado en la Silla que no le corresponde.

Pero lo subieron a esa Silla con el apoyo mundial de todos los que quieren un cambio sustancial en la Iglesia.

Los que están detrás del gobierno de Bergoglio no son sólo esos Cardenales que hicieron renunciar a un Papa para poner a un pelele. Sino otros hombres, mucho más influyentes que los Cardenales, que son los que manejan el hilo de todo este desastre que se ve en el falso papado de Bergoglio.

Bergoglio sólo está realizando su gran obra de teatro, puesta con el mayor lujo de detalles desde el Vaticano, para que todos vean que ese hombre es “el papa” que va a salvar al mundo y a toda la Iglesia.

¡Están destruyendo la Iglesia por dentro y todos lo están negando! ¡No quieren darse cuenta! ¡Lo ven, pero se apuntan al mundo de los negocios que ha abierto Bergoglio en la Iglesia!

Bergoglio está destruyendo todo lo sagrado, todo lo divino, toda la vida espiritual de la Iglesia.

¡Cuántos aplauden esta destrucción!

Es lo que hace la Jerarquía de la Iglesia:

«Llevábamos año y medio padeciendo una ficción, que nace de un supuesto equivocado, el supuesto de que el Papa Francisco quiere un cambio en la doctrina, en la moral y en la pastoral de la Iglesia» (Ver video)

¿Una ficción? ¿Un supuesto equivocado?

Así comienza su charla el famoso sacerdote de las masas, que una vez puso el grito en el cielo porque veía un cisma en la Iglesia. Ahora, le han dicho que cambie su estilo de predicar. Le han obligado. Pero, esto él no lo puede decir. Ahora, ese sacerdote actúa como falso profeta. Es el castigo por obedecer la mente de Bergoglio como su papa.

Él, como sacerdote, tiene que acomodarse obligatoriamente a lo que diga su papa. Por tanto, ha quedado ciego para juzgar a ese hombre. Ve sus claras herejías, pero como tiene que obedecer por ley canónica, entonces anula la ley de la gracia, que le exige oponerse a ese hombre por su clara herejía; y sigue la ley canónica: si no me someto a este hombre, me quedo en la calle sin trabajo, me quedo sin mi negocio en la Iglesia.

Por eso, ahora predica que todo eso es una ficción.

¡Dios mío, cómo han quedado de ciegos los sacerdotes!

¡Por su falsa obediencia a un hereje!

¡Y no hay otra razón!

Este sacerdote ya no es de Cristo: sigue a Bergoglio. Sigue a un judas. Sigue a los herejes. Y, en esa charla, está defendiendo a Kasper:

«Acaba el cardenal Kasper de aclarar las cosas, con una triple negación…en una entrevista concedida…a EWTN… Kasper ha dicho: no, no no. Es decir, el papa no está a favor del cambio; el papa está a favor de que se debata el tema».

¡El pecado ha llegado a un nivel tal que ha vuelto brutos a los sacerdotes!

¡Qué animal que eres, padre Santiago Martín!

Quien quiera que debata el tema de algo que es magisterio infalible y auténtico en la Iglesia, quiere automáticamente el cambio de doctrina.

No se puede debatir lo que no se puede tocar, lo intocable. Para llegar a ese dogma ya se ha debatido mucho en la Iglesia. Que no venga, ahora, un pelele a enseñarnos lo que es la verdad en la Iglesia.

Para rematar su desfachatez, dice este falso sacerdote:

«Esta postura del Santo Padre será juzgada, en su momento, por la historia. No soy quién yo para hacer un juicio, y menos en este momento en que todo está en caliente. La historia juzgará. Pero, en todo caso, lo que no se puede es pensar que el Santo Padre está a favor de esto».

Bergoglio el mayor santo de todos los tiempos: que te juzgue la historia. Que te juzgue el tiempo. Que te juzguen otras cabezas. Ahora, yo quiero comer, quiero seguir teniendo un status social y, por eso, no soy quién para juzgar.

Este sacerdote se ha aprendido el “¿quién soy yo para juzgar?” de su maestro, de su gran papa. Señal de su obediencia a la mente de ese hombre. Ya no puede obedecer, con su mente, a la Mente de Cristo. Un sacerdote que caerá en la mayor oscuridad, como los demás, en el Sínodo. Y le será muy difícil salvarse.

Bergoglio es un hombre que no cree en Dios, que no cree en la Divinidad de Jesús, que no cree en la Maternidad de la Virgen María, que no cree en la Iglesia que Cristo ha fundado en Pedro. Un hombre que sólo cree en lo que hay en su podrida cabeza humana. Y ahí están sus obras. Durante dos años, ¿qué obras ha hecho Bergoglio para que lo tengamos como Papa de la Iglesia Católica? Ninguna. Por ninguna de las obras de ese hombre, Bergoglio merece ser llamado Papa.

No es la historia la que juzga. Es cada corazón que posee la verdad el que juzga a Bergoglio.

Esta postura de Bergoglio la tiene que juzgar toda la Iglesia: todos los Cardenales, Obispos y sacerdotes de la Iglesia, porque es una postura propia de un hereje. No es la postura de un Papa legítimo y verdadero.

Un Papa verdadero convoca un Sínodo para centrarse en el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, para dar un nuevo dogma a toda la Iglesia. No se convoca un Sínodo para destruir el dogma.

Por tanto, lo que hay que pensar es que, no sólo Bergoglio está a favor de destruir la doctrina, sino que toda la Jerarquía quiere esa destrucción. Habrá unos pocos que no la quieran. Pero, la mayoría de la Jerarquía está limpiando las babas de Bergoglio, como hace este sacerdote, porque tienen su negocio en la Iglesia: están en la Iglesia custodiando sus bienes privados. Y no quieren perderlos. Y ya no les interesa la salvación de las almas, sino hacer videos para esta demagogia, para esta política, para esta clara corrupción.

Que es lo que ahora van a hacer con el vómito de la ecología.

«Como parte del esfuerzo de la encíclica, altos funcionarios del Vaticano… van a promover una campaña por Francisco para instar a los líderes mundiales…. a promulgar nuevas leyes duras para recortar las emisiones que causan el calentamiento global…La en cíclica será acompañada por una campaña de 12 semanas,… en la que participaran algunos obispos católicos que plantearan la cuestión del cambio climático en sus sermones, homilías, entrevistas…» (ver noticia)

Los científicos de la NASA ya han respondido a Bergoglio:

«…sabemos que el CO2 es un compuesto no contaminante muy especial, incoloro, inodoro, una sustancia química diseñada por nuestro Creador, esencial  para sustentar la vida de todas las plantas, los animales y también la vida humana».

Es decir, el CO2 no es el que contamina el clima.

Y ellos dicen: «el papa arriesga su status moral y su credibilidad…» (noticia en españolnoticia en ingles)

Bergoglio no tiene moral. Bergoglio no tiene credibilidad. Pero la Iglesia va a perder todo su status moral y toda su credibilidad, porque Bergoglio se pone bajo las faldas de la ONU. Es lo único que le interesa: el mercado de negocios.

Si Bergoglio necesita alimentar a sus malditos pobres, necesita dinero. Necesita una nueva economía mundial. Obligatoriamente, se tiene que vender a la ONU. Tiene que vender sus ideas, no con un libro, con un magisterio, con una doctrina, sino con negocios financieros mundiales, que abran la puerta a una iglesia mundial y a un gobierno mundial.

Bergoglio es el destructor. Y destruye la Iglesia con sus obras, no con sus palabras.

Esta reunión que ha tenido en Roma con mil sacerdotes, en la que se ha dedicado a burlarse de toda la Iglesia, es sólo propaganda. Es para entretener a la masa, mientras se va haciendo lo otro por debajo.

Bergoglio sigue su vida sin importarle lo que piensen  los demás de él. Él sabe que le llaman hereje, pero la entrepierna la tiene muy grande y sobada,  y hace pasar por ella todos los asuntos de la Iglesia, que son asuntos espirituales.

El mismo Bergoglio, con sus palabras se degrada, se auto-degrada, porque no  quiere humillarse delante de Dios, delante de toda la Iglesia, y reconocer que está dividiendo a los católicos, que está creando el cisma con su gobierno horizontal, que está llevando a las almas a la apostasía de la fe con su falsa doctrina de la misericordia.

Bergoglio sólo está descendiendo cuando habla. Le tienen que aupar, levantar otros con la publicidad a sus ideas maquiavélicas.

¡Cuánto ha descendido Bergoglio y él mismo no se da cuenta! ¡Él mismo se ha elevado –con su soberbia y con su orgullo- a una altura tal que, cuando caiga, el impacto va a ser sonado en todo el mundo!

Bergoglio tiene el pensamiento, el corazón y el alma de un animal, de una gran bestia que tiene una profunda relación con el mal.

Bergoglio ha tomado el rostro de Satanás en demasía, en exceso, en claro atrevimiento.

¿Quién es Bergoglio? Un demonio, una serpiente, que se atreve a destruirlo todo, que pone en riesgo la vida de muchas almas en la Iglesia.

Bergoglio tienta a las almas como lo hace el demonio: constantemente tiene que dar sus ideas a las almas; tiene que hablar siempre sobre lo mismo; dando vueltas, machaconamente, como lo hace el demonio, a una idea, a un sentimiento, a un lenguaje vacío de toda verdad.

Todos pueden ver lo que es Bergoglio: una cloaca de impurezas satánicas. El pensamiento de Satanás rige a ese hombre, juega con él, y cuando habla expresa la misma mente del demonio, que muy pocos saben reconocerla, verla, discernirla.

Creen que Bergoglio es muy humilde, muy pobre, muy santo, muy justo, y que son los demás los que se equivocan, los que viven un sueño, una ficción, como dice ese anticristo, Santiago Martín. En la Iglesia, el único lúcido: Bergoglio. Los demás, se han creído una ficción, se han inventado un sueño, están luchando por algo que no va a pasar.

Todos los católicos están idiotizados. Todos.

Y he ahí al payaso para la masa de los idiotas.

¡Cómo entretiene Bergoglio a todos los católicos! ¡Qué gran bufón!

Hay que echar a Bergoglio de la Iglesia, del sacerdocio. Y hay que meterlo en un hospital para locos de atar. Esto es lo que lo que hay que hacer, pero -es claro- que nadie va a mover un dedo para quitar la abominación instalada en la Iglesia.

La Iglesia está sin camino. Salgan de todo porque ya ven cómo está la Jerarquía: atando los cabos para producir un cambio sustancial en todas partes.

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