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El complot de la masonería en el Papado

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Original: Noticias del 25 de Noviembre del 2014
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«Sobre el programa, en cambio, sigo el que los cardenales pidieron durante las congregaciones generales antes del cónclave. Voy en esa dirección. El Consejo de los ocho cardenales, un organismo externo, nace de ahí. Había sido pedido para que ayudase a reformar la curia… Mis decisiones son el fruto de las reuniones precónclave. No he hecho nada yo solo» (Bergoglio en la entrevista al “Il Messaggero” – 9 de junio del 2014).

Bergoglio es sólo el juguete de la masonería: fue elevado por los Cardenales masones para poner un nuevo fundamento: el gobierno horizontal.

Y este fundamento anula el que tiene la Iglesia, y que nadie puede tocarlo:

«…yo, como sabio arquitecto, puse los cimientos, otro edifica encima. Cada uno mire cómo edifica, que cuanto al fundamento, nadie puede poner otro sino el que está puesto, que es Jesucristo» (1 Cor 3, 11).

Los Cardenales pidieron un organismo externo: una nueva estructura. Eso significa que la renuncia del Papa Benedicto XVI tiene que ver con este pedido de los Cardenales.

«Es difícil creer que el Papa Benedicto XVI libremente haya renunciado a su ministerio como sucesor de Pedro. El papa Benedicto XVI era la cabeza de la Iglesia; su entorno, sin embargo, apenas sí traducía sus enseñanzas en una forma de vida, silenciaba o bien obstruía sus iniciativas de una reforma auténtica de la Iglesia, de la liturgia y de la manera de administrar la Sagrada Comunión. En vista del gran secretismo que domina en el Vaticano, para muchos obispos era realmente imposible ayudar al papa en su deber como cabeza y jefe de la Iglesia toda». (Carta abierta de Monseñor Jan Pawel Lenga)

Ya nadie cree que el Papa Benedicto XVI renunció por disminución de fuerzas. Su entorno se lo impedía. Sus Cardenales, sus Obispos, sus sacerdotes obstaculizaban su gobierno.

Es el complot contra la Cabeza Visible de la Iglesia.

Un complot que viene de lejos. Siempre el poder es la manzana prohibida a la Jerarquía. Es la tentación para toda la Jerarquía.

La Jerarquía no gobierna la Iglesia. Es Cristo, en Su Papa, en Su Vicario, el que la gobierna.

La Jerarquía gobierna en Pedro, sujetándose a Pedro. Y es esta obediencia lo que hace saltar la soberbia de muchos prelados, de gente que se autodenomina Obispo o Cardenal, pero que no poseen el Espíritu de Cristo. Son lobos. Son claramente hombres sin Cristo y sin Iglesia.

«Mis decisiones son el fruto de las reuniones precónclave»: es claro el pensamiento de Bergoglio, falso Papa. Decisiones humanas; caminos humanos, obras humanas. Dios no cuenta para nada. Dios es sólo un concepto para estos hombres. Un concepto bello, pero sin sustancia, sin una obra real ni en los corazones ni en la vida eclesial.

Antes del cónclave existían reuniones para poner al hombre que tenía que colocar el nuevo fundamento.

Existían reuniones: gente que pedía el voto.

El Cardenal Theodore McCarrick, el 11 Octubre el 2013, durante una charla dada en la Universidad de Villanova, confesó que había sido presionado para apoyar a Bergoglio.

Un interesante y muy influyente hombre italiano le dijo: «Haz campaña por Bergoglio» (“Push Bergoglio” = “Vota, puja por Bergoglio; promueve a Bergoglio”) (m. 23.09). El verbo inglés push, que usa el Cardenal, indica coacción, presión, hacer algo sin libertad. Si se obliga a seguir a un hombre como el candidato a Papa, esa elección es nula. No hay libertad en ninguno que forman la asamblea de electores. Todo estaba amañado de antemano. Todo atado y bien atado.

En el minuto 18.50, hablando acerca de la espontaneidad de la elección de Bergoglio, deja caer que un hombre le pregunta: «Y qué hay acerca de Bergoglio? ¿Él tiene alguna oportunidad». El Cardenal contesta: «nadie está mencionando su nombre». Cosa de extrañar estas palabras, porque Bergoglio partía como favorito al quedar en el segundo en el anterior Cónclave. Y si Bergoglio no pudo ser Papa anteriormente, es un sueño no ver la oportunidad que se le presentaba. Absurdo es decir que nadie mencionaba a Bergoglio como Papa.. Pero el Cardenal trata de convencer a la gente de que crea que esa elección papal, de alguna manera, salió de la nada. Que era cosa del Espíritu Santo.

Ese hombre misterioso le dice algo escalofriante: «Él podría reformar la Iglesia… En cinco años puede hacer la Iglesia de nuevo» (m. 19.14). Los cambios en la Iglesia están planeados en cinco años. Todo nuevo, todo reformado. Ya no será la Iglesia de Cristo. Va a poner todo patas arriba. Y al Cardenal le pareció interesante cosa.

Cosa interesante es destrozar la Iglesia.

Es el mensaje que ha transmitido el Cardenal Óscar Madariaga:

«Caminamos como Iglesia hacia una renovación profunda y global…Los misioneros, los evangelizadores de los “márgenes” de la Iglesia, son los primeros en darse cuenta de lo insuficiente que son las formas de acción “tradicionales”…. Cualquier cambio en la Iglesia requiere considerar la renovación de las motivaciones que inspiran las nuevas opciones…. El papa quiere llevar la renovación de la Iglesia a un punto de no retorno. El viento que empuja la nave de la Iglesia hacia el mar abierto de su profunda y total renovación es la Misericordia» (ver texto)

Cambio profundo y global: se va hacia una nueva iglesia ecuménica, que es el apoyo del nuevo gobierno mundial. Un líder político del mundo entero sin una espiritualidad global no sirve para gobernar el mundo en su totalidad. Tiene que tener una estructura eclesial para que nadie se le oponga. Esa renovación global de la Iglesia es una auténtica dictadura. Y se pone a los pobres, a los que están en los márgenes, en las periferias de la Iglesia, como el centro de ese falso evangelio, de esa falsa iglesia.

«La pobreza está en el centro del Evangelio. No se puede entender el Evangelio sin comprender la pobreza real» (Bergoglio en la entrevista al “Il Messaggero” – 9 de junio del 2014).

La Verdad, -no la pobreza-, es la que está en el centro del Evangelio. Y para poder comprender el Evangelio hay que aceptar la Verdad, es decir, hay que poner la mente humana en el suelo, cosa que nunca hará Bergoglio ni sus matones. Él, como Madariaga, ha puesto la Misericordia por encima de la ley, de la justicia de Dios, de la verdad.

No se renueva la Iglesia con la Misericordia, sino con la verdad. Es lo que libera al alma: «Y la verdad os hará libres». No es la Misericordia la Obra Redentora de Jesús. Jesús viene a hacer una Justicia: quitar el pecado del mundo. Y eso no se quita con besitos ni cariñitos, ni con soluciones sociales a los problemas de los hombres. Eso se quita con la oración y con la penitencia, que ninguno de la Jerarquía actual hace en la Iglesia. Esto es cosa del pasado. Ahora, es necesario estar en la lógica del Espíritu: el cambio global.

En cinco años, habrá un punto de no retorno. No esperen a que las cosas se pongan mal. Vayan saliendo de las parroquias, de las capillas, de los lugares en que ya se enseñe, claramente, la herejía como verdad. Vayan saliendo.

El team Bergoglio es el juego de la masonería en la Iglesia. Han puesto al hombre.

Ese hombre es Bergoglio; pero no es el importante en este juego. Bergoglio es sólo el charlatán de turno: el que entretiene a toda la masa de gente hipócrita, que comulga todos los días y que llama a Bergoglio como Papa. Bergoglio es para ellos: para que no se den cuenta de lo que los Cardenales, el grupo de Jerarquía masónica, está realizando en toda la Iglesia. Lo hacen por debajo, mientras no tengan las leyes, los documentos necesarios para hacerlo abiertamente. Pero en cinco años, todo será patente. Y ¡ay! de aquellos que continúen dormidos cuando se quiten las caretas de verdad.

El “team Bergoglio” es un complot herético con el fin de destruir la Iglesia de Cristo.

Un complot que nació hace años, pero que tiene su cumplimiento ahora, en la persona de un hombre que no es Papa, que ha sido puesto por ellos, por la Jerarquía masónica, con el solo fin de levantar una nueva iglesia.

Los ocho miembros del complot son nombrados por Ivereigh en su libro: Jorge Mario Bergoglio, Cormac Murphy-O’Connor, Godfreid Danneels, Karl Lehman, Walter Kasper, André Armand Vingt-Trois, Santos Abril y Castelló, y Christoph Schönborn. Todos ellos Cardenales. Y uno de ellos, fue elevado a ser falso papa de la Iglesia.

El cardenal Danneels ha confirmado públicamente que apoyó la candidatura de Bergoglio durante el cónclave:

«Si el cónclave es corto, Bergoglio será elegido papa. Usted puede estar seguro de eso» (verTraducción al inglés).

Sólo se habla así porque se sabe el resultado de antemano, Todo estaba preparado.

Estas palabras fueron dichas por el Cardenal justo antes del comienzo del cónclave. Estaba hablando con Austin Ivereigh.

Según el autor del libro, el “team”, el equipo de los masones, no sólo ejerció su poder para Bergoglio en el 2013, sino que también en el 2005.

El Cardenal Murphy-O´Connor, en una entrevista en el Catholic Herald, el 12 de septiembre del 2013, confesó ser el líder del team Bergoglio:

«El Cardenal también reveló que había hablado con el futuro Papa de la Missa pro eligendo Romano Pontífice, la misa final, antes que el cónclave comenzara… Él estaba en calma. Él era consciente de que probablemente iba a ser el candidato que iba a salir. ¿Conocía que iba a ser Papa? No. Había otros candidatos. Pero yo conocía que el sería uno de los principales».

Bergoglio conocía el liderazgo del Cardenal en el “Team Bergoglio”: «Es tu culpa. ¿Qué has hecho conmigo?», le dijo al Cardenal en el Salón de Bendiciones, dos días después de la elección. (ver)

No hay Verdad en Roma. La Iglesia que ellos quieren levantar es en la mentira de la palabra humana. No quieren un Papa para la Iglesia Católica. Quieren un Papa para el mundo.

«El Papa no es la Iglesia. La Iglesia es más que el Papa» (Cardenal Marx)

Para este falso Cardenal, que gobierna con Bergoglio la Iglesia, todo debe evolucionar hacia una nueva perspectiva de Iglesia y del mundo.

Si la Iglesia es más que el Papa, entonces se pone el esfuerzo en complacer al mundo, a los hombres, pero no a Cristo.

«Un rabí me dijo: “Dice el Papa que nos va a ayudar, porque él potencia todas las religiones, no sólo la Iglesia Católica”. Así que hay un nuevo movimiento».

Bergoglio potencia todas las religiones: es la orden del team Bergoglio. Hay que abrir la Iglesia porque ya tenemos un gobierno en lo horizontal, tal como le gusta al mundo.

Se ha levantado, en el Vaticano, con el gobierno horizontal que ha impuesto Bergoglio a toda la Iglesia, una nueva estructura de iglesia, de religión. Un nuevo movimiento que abarca a todas las religiones, que fortalece a cualquier creencia, que quiere aunar a todos los hombres en un mismo pensamiento y obra.

Y, por eso, están cambiando el fundamento del Papado:

«En el consejo de los cardenales tenemos la tarea principal de crear una nueva constitución para la Curia Romana, para reformar el Banco Vaticano y discutir muchos otras cosas con el papa…Usted tiene que ver este pontificado, en esta forma, como una nueva y más amplia etapa».

Con Bergoglio no hay continuidad en el Papado: es un nuevo y falso papado. El propio que necesita la falsa iglesia. Es el team Bergoglio trabajando en el gobierno horizontal. La Iglesia la maneja la masonería, no Bergoglio. Y ellos piden obediencia a Bergoglio

Este es el punto esencial que no se discute. Todos dan obediencia a Bergoglio en la Iglesia como Papa. La Jerarquía verdadera ha quedado atrapada en ese gobierno de hombres. Ven la herejía, pero tienen que callar. Ellos son más fuertes: tienen el poder.

Para seguir siendo la Iglesia de Cristo, es obligación de los católicos no dar obediencia a Bergoglio como Papa. Eso significa: batallar contra él. Contra su doctrina, sus obras, su pensamiento, su jerarquía falsa que ha impuesto, de manera dictatorial, a todos.

Es una obligación moral: la salvación o la condenación parten de esta obediencia.

¡Qué pocos ven así, de esta manera, la Iglesia en la actualidad!

Por eso, hay que quedarse solos ante esta realidad eclesial. No hay que esperar que ellos cambien, que ellos vean su maldad. No hay que ser ilusos y creer que -con Bergoglio y todos sus matones- en la Iglesia hay un camino para la verdad.

Ya no existe ese camino. Para encontrarlo, para seguir siendo de Cristo, hay que salir de las estructuras de la Iglesia.

La Iglesia no es una estructura humana, material, carnal, social, económica, etc…

La Iglesia es un organismo vivo, es una realidad espiritual que se ve en los hombres.

En el Vaticano no se ve la Iglesia, porque no existe esa realidad espiritual en la Jerarquía que gobierna la Iglesia. Son todos unos herejes, unos apóstatas de la fe, unos cismáticos.

Y donde hay herejía no hay Iglesia.

Esta es la verdad que nadie atiende: un hereje no puede ser Papa. Luego, si lo ponen como Papa –falso Papa- la Iglesia que gobierna no es la de Cristo. Y lo que los hombres ven, en las formas exteriores, no es la Iglesia verdadera. Es otra cosa: un nuevo movimiento eclesial, que no tiene nada que ver con el fundamento que Cristo puso en Pedro.

«Francisco utiliza una imagen fuerte: “Yo prefiero una iglesia que es magullado, perjudicando y sucios, porque ha estado fuera en las calles”, en lugar de una iglesia que está muy limpio y tiene la verdad y todo lo que sea necesario».

Ni Bergoglio quiere una Iglesia apoyada en la Verdad, que tenga la verdad, ni el team Bergoglio va a dejar el gobierno de la Iglesia.

Son dos cosas distintas: Bergoglio y el team.

Unos Cardenales han puesto a un hombre, que es ya un viejo, que pronto tiene que morir. Y lo único que les interesa de ese hombre, de Bergoglio, es lo que ha hecho: poner el gobierno horizontal. Ellos pueden trabajar en lo oculto, haciendo los nuevos libros, los nuevos documentos, las nuevas leyes, para presentarlas de golpe y así imponer su doctrina, su ley de la gradualidad, su evangelio.

Mientras tanto, Bergoglio, como charlatán que es, entretiene a todo el mundo, que es lo único que sabe hacer: es el bufón del Anticristo.

Cuando no sirva este hombre, ponen a otro. Y es necesario que sea inteligente: un Kasper. Bergoglio es el sentimental del equipo. Y como buen sentimental sólo sirve para llorar por los hombres, pero tiene a toda la Iglesia enfrentada, porque no tiene prudencia cuando habla. No sabe hablar. Sólo sabe parlar lo que le viene a su estúpida mente.

Y hay que saber tratar a Bergoglio: no le den publicidad. Es lo que más le molesta. Cuando hablen de él, lo critican, lo juzgan y lo condenan. No se merece otra cosa.

Y sabiendo que quien gobierna toda la Iglesia son hombres ocultos. Ese team Bergoglio también es un juguete de otros. Ha sido puesto para hacer ruido y meter en la Iglesia lo que quería la masonería: el control total del Papado, para poder levantar su nuevo y falso papado.

Nadie puede poner otro fundamento que Cristo: la Verdad. Esa Verdad Absoluta, que ya nadie cree en Ella.

Las payasadas de Bergoglio a los jóvenes

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«La gran pregunta para todos» (ver texto):

¿Qué hace este usurpador en el Trono de Pedro?

¿A qué se dedica? ¿A entretener a las masa tibia y pervertida de los católicos?

«La gran pregunta para todos»:

¿Han caído en la cuenta que este hombre sólo está sediento de gloria humana?

¿De que sólo habla para que lo amen los hombres, para que lo idolatren?

¿Van a despertar los católicos o van a seguir llorando por este hombre?

¿No es su predicación, y su gran actuación, la conquista de la vanidad y el orgullo?

¿No conduce a los hombres a la vanidad de la vida?

¿No señala al hombre el orgullo de la vida?

«La gran pregunta para todos: ¿Por qué sufren los niños? ¿por qué sufren los niños?».

Única respuesta: porque existe el pecado como ofensa a Dios en todos los hombres.

Y no hay otra respuesta. No puede haberla.

Los niños sufren porque los niños pecan.

Los niños sufren porque los hombres pecan contra ellos.

Los niños sufren porque ni los niños ni los hombres aprenden a reparar sus malditos pecados.

Pero un comunista, es decir, aquel que busca el bien común social y que, por lo tanto, anula la propiedad privada, responde así:

«Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas»: Jesús vino a aprender de los hombres lo que es la vida. Y lo aprendió: llorando por los hombres. Y, por eso, levantó una estructura social para resolver las necesidades humanas de todo tipo.

¡Pura teología de la liberación! ¡Puro marxismo! ¡Pura herejía! ¡Pura apostasía de la fe!

Es lo que predica este hombre: un Jesús llorón, sentimental, idiota, del pueblo y para el pueblo, que se acomoda al pecado de los hombres y que vivió su vida para hacer una justicia social. Y los que le mataron hicieron con él una injusticia social. Por lo tanto, hay que bajar al pobre de la cruz, y hay que llorar por los problemas de los hombres para hacer una sola cosa:

«quiero animarles, como cristianos ciudadanos de este país, a que se entreguen con pasión y sinceridad a la gran tarea de la renovación de su sociedad y ayuden a construir un mundo mejor».

Renovar la sociedad: no conviertas tu corazón a Dios: no quites tu maldito pecado de la Presencia de Dios. Con tu mente humana, con tus ideas maravillosas, renueva la sociedad: mete el error en tu familia, en el trabajo, allí donde haya un hombre que viva su pecado: pon el orden de tu cabeza humana.

Un mundo mejor: el paraíso en la tierra.

¡Cómo engaña Bergoglio a los jóvenes! ¡Qué fácil es contarles fábulas a los jóvenes! ¡Cómo se dejan engañar los hombres por la palabra barata y blasfema de un bufón, de un PAYASO!

Este es el mensaje de este hombre llorón:

«Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar».

¡Llora que te llora!

¡Qué gran discurso!

Los hombres lloran, sufren. ¡A llorar se ha dicho!

«no sabemos llorar»: el católico verdadero que llora  por sus malditos pecados personales, no sabe llorar.

El que hace oración y penitencia por sus pecados y por los de los demás: no sabe llorar.

Aquí el único que sabe llorar es Bergoglio. ¡Pero qué hombre! ¡Demos culto a este hombre que ha entendido el misterio del mal! ¡Besémosle su trasero!

¿Por qué los niños lloran? Porque los hombres no saben llorar.

¡Toma ya!

¡Qué inteligencia! ¡Qué hombre! ¡Qué portento de tío!

¡Esta es la herejía de este hombre!

Llora por el hombre, pero no llores tus pecados! ¡No hace falta! ¡Hay muchos marginados, muchos que pasan hambre, muchos inmigrantes, y hay mucha gente rica que no sabe llorar!

¡Justicia social! ¡Derechos humanos!¡Pamplinas comunistas que predica este idiota!

«Si vos no aprendes a llorar, no sos un buen cristiano».

¡Esto es todo para ser un buen cristiano! ¡Ponte a llorar!

¡Qué desgracia de sujeto para todo el mundo!

¿Y este llorón es jefe de una iglesia? ¿Lo llaman Papa porque llora mucho?

¡Es increíble cómo están los católicos ante este sinvergüenza!

¿Cómo se hace un joven sabio?

«el Evangelio nos propone un camino sereno, tranquilo: usar los tres lenguajes, el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Y los tres lenguajes armoniosamente: lo que pensás, lo sentís y lo realizás».

Está hablando de su ley de la gradualidad: su fe masónica.

¿Cuál es el camino que propone el Evangelio para amar, para tener la sabiduría del cielo, para ser un joven sabio? LA CRUZ.

«que nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2, 2).

La sabiduría de la cruz, que no es lo que predica Bergoglio.

Bergoglio predica la sabiduría de los masones: el lenguaje: mente, corazón, manos. Y estas tres cosas en armonía: lo que piensas, si no los sientes, no lo hagas. Tú eres el rey palomo: tú te lo guisas, en tu entendimiento, en tu sentimiento de hombre, y tú te lo comes, tú lo obras.

¡Esto es el orgullo que predica Bergoglio!

¡Vanidad y orgullo!

Vanidad de la vida: tienes que estar en la vida de los demás, resolviendo sus muchos problemas, llorando con los hombres.

Orgullo de la vida: eres libre en tu pensamiento para hacer el bien que te inventas y el mal que creas en tu cabeza.

Y lo hizo repetir a todo el mundo, como un mantra:

«Pensar, sentir, hacer. En voz alta. Y todo esto armoniosamente».

Todo en la armonía de la ley de la gradualidad: según vayas evolucionando en tu pensamiento humano, entonces sentirás más finamente, llorarás más por los problema sociales, y así llegarás a realizar las obras de justicia social que este mundo requiere para ser un Paraíso en la tierra.

¡Hay que bajar al pobre de la cruz!

¡Hay que dar al hombre la felicidad de la resurrección en este mundo!

«El verdadero amor es amar y dejarme amar»: este es el invento del amor en la cabeza de Bergoglio.

¿Qué es amar?

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14, 15).

Amar es cumplir con la ley de Dios; hacer Su Voluntad; darle al otro lo que Dios quiere, en Su Ley.

Por eso, quien ama así no puede pecar. Y es amado del Padre:

«El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre» (Jn 14, 21).

Para dejarse amar por Dios, por el Padre; primero guarda los mandamientos. Si no pecas, Dios te ama; el alma se deja amar por Dios. Es así de sencillo. Lo único difícil es quitar el pecado, luchar contra el pecado.

Pero, ¿cuál es la doctrina de este sinvergüenza, que no sabe lo que es el amor?

«Es más difícil dejarse amar que amar. Por eso es tan difícil llegar al amor perfecto de Dios, porque podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él. El verdadero amor es abrirse a ese amor que está primero y que nos provoca una sorpresa. Si vos tenés sólo toda la información, estás cerrado a las sorpresas. El amor te abre a las sorpresas, el amor siempre es una sorpresa, porque supone un diálogo entre dos: entre el que ama y el que es amado. Y de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa. Dios nos sorprende. Dejémonos sorprender por Dios. Y no tengamos la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

«Es más difícil dejarse amar».

¿Por qué?

Porque tenemos «la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

Es más difícil dejarse amar por Dios porque el hombre no quita su pecado. ¡Eso es todo!

Pero Bergoglio está en la ley de la gradualidad, es decir, en el grado de la mente: «podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él».

Podemos amarlo: como amar es: pensar, sentir y obrar; entonces puedes pensar algo y así amas a Dios. Pero si piensas tanto, entonces eres una computadora. Tienes mucha información. Y eso no te sirve. Porque, ¿quién es Dios?

«de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa».

¡Ven el cinismo de este hombre!

¡Cómo engaña!

Dios es el Dios de las sorpresas: hoy te dice una cosa y mañana se sorprende con lo contrario. El Dios de las sorpresas. Dios no es perfecto, no es inmutable, es del color como tu mente se lo invente.

Con este Dios de las sorpresas, toda doctrina cambia: no hay una verdad absoluta, sino que todo es el relativismo universal de la verdad.

¡Es el Dios de las sorpresas! ¡El dios de la ley de la gradualidad! En otras palabras: el culto a la mente del hombre.

«Dios nos amó primero y nos espera con una sorpresa»: ha anulado, ha reinterpretado la Palabra de Dios:

«En esto está la caridad, no en que nosotros hayamos amado a dios, sino en que Él nos amó y envió a Su Hijo, como víctima expiatoria de nuestros pecados». (1 Jn 4, 10).

Bergoglio anula al Hijo y pone su sorpresa.

En este texto de San Juan se formula la definición de Dios como caridad y como divina misericordia. Esta es la verdadera misericordia de Dios con el hombre: darle a Su Hijo para que expíe los pecados de todos los hombres.

Pero Bergoglio está en su fiesta social, en su verbena, en su gran payasada: las sorpresas de la mente humana en su evolución hacia el grado más perfecto de pensamiento. Ese grado de perfección, da un sentimiento perfecto al hombre y, por tanto, una obra justa, redimida, que es siempre a favor del hombre, del bien común, para hacer un nuevo gobierno mundial.

¡Qué pocos saben leer el pensamiento de Bergoglio! Todos se quedan con la boca abierta con su lenguaje barato y blasfemo!

«Pensemos en san Mateo. Era un buen comerciante. Además, traicionaba a su patria porque le cobraba los impuestos a los judíos para pagárselos a los romanos. Estaba lleno de plata y cobraba los impuestos».

¡Cómo calumnia a San Mateo!

«traicionaba a su patria»: el pecado social. Era un rico que no entendía a los pobres, que no lloraba por los pobres. Y además, robaba a su patria.

¿Dónde está el pecado de avaricia, de usura? No existe. Hay que reinterpretarlo. Es lo propio del comunismo, de la teología de la liberación. ¡No robes a tu patria! ¡Y menos no cobres impuestos a los judíos para dárselos a los romanos! ¡Lucha de clases! ¡Comunismo! ¡Bergoglio comunista! ¡Bergoglio marxista!

Mateo; un hombre lleno de plata y que cobraba impuestos. ¡Qué delito social! ¡Pobres los católicos ricos que sigan, que obedezcan a Bergoglio! ¡Los va a despellejar de su riqueza! ¡Bergoglio está obsesionado por la bolsa del dinero!

¿Cómo se convierte Mateo?

«la sorpresa de ser amado lo vence y sigue a Jesús».

Nunca Mateo contempló su pecado de avaricia; nunca se arrepintió de su pecado de avaricia. ¡Fue una sorpresa! ¡Anda, mi madre!

«Esa mañana, cuando Mateo fue al trabajo y se despidió de su mujer, nunca pensó que iba volver sin el dinero y apurado para decirle a su mujer que preparara un banquete. El banquete para aquel que lo había amado primero, que lo había sorprendido con algo muy importante, más importante que toda la plata que tenía».

¿No ven la fábula que cuenta para indicar que el amor de Dios es una sorpresa?

¿En dónde está la verdad en este cuento?

¿Qué moraleja tiene este cuento?

No dice nada. Jesús le dio una sorpresa y Mateo ya no tenía dinero ni para un banquete. ¡Qué cuento más malo! ¡Qué predicación más bochornosa!

¿Y los jóvenes aplaudiendo esta predicación?

¿A qué fueron los jóvenes a ese encuentro?

¿A escuchar la verdad? No.

A IDOLATRAR A UN HOMBRE VESTIDO DEL ROPAJE EXTERIOR DE UN PAPA.

Los hombres ya no quieren escuchar la verdad: se conforman con las fábulas que los payasos, como Bergoglio, les cuentan.

«Cada uno de nosotros escuchemos en silencio esta palabra de Jesús: Sólo te falta una cosa. ¿Qué cosa me falta? Para todos los que Jesús ama tanto porque dan tanto a los demás, yo les pregunto: ¿Vos dejás que los otros te den de esa otra riqueza que no tenés?».

¡Cómo tuerce la Palabra de Dios este hombre para su negocio comunista!

¡Es el negociante de la Verdad!

¡Es el destructor de la Verdad!

¡Es el que maquilla la Verdad con las ideas maquiavélicas de su cabeza, dominada  en todo, por el demonio. Bergoglio es un hombre poseído, en su mente humana, por el demonio. ¡Es un satanás!

Satanás es el demonio de la mente. Donde está la soberbia, allí está Satanás. Donde está el orgullo, allí está Lucifer. Donde está la lujuria, allí está Belcebú.

En la boca de Bergoglio: la palabra de Satanás;

En la vida de Bergoglio: la lujuria de Belcebú;

En las obras de Bergoglio: el orgullo de Lucifer.

¿Qué le dice Jesús al joven rico?

«vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme» (Mc 10, 21).

Cuando el alma, en su pecado de avaricia, se apega demasiado a sus bienes materiales, entonces tiene que hacer penitencia, expiar su pecado dando limosnas. Y no cualquier limosna, porque está apegado al dinero, al bien material. Y para quitar ese apego, el único remedio, desprenderse de lo material. Pero con un fín: la salvación del alma. No con un fin humano: no para dar de comer al que tiene hambre; o para hacer feliz al que no tiene en lo material. Es para un fin divino: seguir a Jesús. Porque:

«¿Qué aprovecha al hombre ganar el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?» (Mt 16, 26).

¿Qué enseña este pendejo?

«Los saduceos, los doctores de la ley de la época de Jesús daban mucho al pueblo: le daban la ley, le enseñaban, pero nunca dejaron que el pueblo les diera algo. Tuvo que venir Jesús para dejarse conmover por el pueblo ¡Cuántos jóvenes, no lo digo de vos, pero cuántos jóvenes como vos que hay aquí saben dar, pero todavía no aprendieron a recibir! Sólo te falta una cosa. Hazte mendigo. Esto es lo que nos falta: aprender a mendigar de aquellos a quienes damos. Esto no es fácil de entender».

Encima dice: «esto es no es fácil de entender».

¿Cómo va a ser fácil de entender tu idea masónica si el Evangelio es claro?

¡Jesús no le dice al joven rico: hazte mendigo!

¡Dios mío!

¿Acaso están ciegos los católicos para no ver el comunismo, la teología de la liberación de este insensato?

¿Qué cosa más tiene que hablar este ignorante de la Sagrada Escritura para que los católicos abran sus ojos a la verdad!

¡Bergoglio no es Papa! ¡No habla como un Papa! ¡No es la Voz de Cristo en la Iglesia! ¡No es capaz de enseñar la verdad que Jesús enseñó al joven rico! ¡Ha cambiado la doctrina de Cristo!

¡Bergoglio dice: hazte mendigo!

Y Jesús dice:

«¡El que quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame!» (Mt 16, 24)

Pero, ¿quién se cree que es Bergoglio para cambiar el Evangelio de Cristo?

«Aprender a mendigar de aquello a quienes damos».

¿Caen en la cuenta de la gravísima herejía?

Le doy dinero a un pobre; entonces tengo que mendigar de él una idea para mi vida.

¡Esto es el panenteísmo! ¡Todos estamos en Dios! Luego, todos nos necesitamos unos a otros para formar la armonía de la creación, el orden ideal, en donde haya paz, ternura para todos y pan para los estómagos. Que haya una justicia social en donde no se vea ninguna maldad social entre los hombres. Para eso, doy al que no tiene, y recibo algo de él, para poder comprender su vida y así ayudarle en su vida.

«Aprender a recibir de la humildad de los que ayudamos. Aprender a ser evangelizados por los pobres. Las personas a quienes ayudamos, pobres, enfermos, huérfanos, tienen mucho que darnos».

Al negar el pecado como ofensa a Dios, sólo queda el pecado social. Por lo tanto, hay que resolver los problemas de los demás: ayudando; evangelizando el evangelio de la alegría.

Pero no hay que decirle al pobre, al hombre que quite su pecado, que se convierta. No existe el pecado. Sólo el pecado social. Una vez que ayudo materialmente al otro, hace falta algo más para construir una sociedad perfecta: entonces escucha lo que el otro tiene que decirte para tu vida. Tolera su vida, su error, su idea y permite que no esté en la clase social baja. Súbelo de categoría. Porque la propiedad privada es una función social: es para hacer esto.

¡Ven: qué maestro en engañar es Bergoglio!

Es la idea masónica:

«¿Me hago mendigo y pido también eso? ¿O soy suficiente y solamente voy a dar? Vos que vivís dando siempre y crees que no tenés necesidad de nada, ¿sabés que sos un pobre tipo? ¿sabés que tenés mucha pobreza y necesitás que te den? ¿Te dejás evangelizar por los pobres, por los enfermos, por aquellos que ayudás?».

La realidad es una cosa: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica, sino un falsario.

Falsea el Evangelio de Cristo; falsea el Papado de la Iglesia; falsea la vida eclesial de los fieles.

Es un lobo que se viste de Papa para condenar a muchas almas.

Hay que dejarlo que siga en su pecado, porque es libre de pecar y de condenarse.

Pero no hay que seguirlo en nada. Hay que combatirlo totalmente, poniendo en ridículo su falsa doctrina, que es sólo para aquellos que se dejan engañar por sus palabras.

La Verdad, por sí misma, se revela, se descubre. No haría falta hacer todo esto; pero los hombres siempre necesitan de una palabra de verdad. Y, por eso, se hacen estos escritos: no para convertir a nadie, sino para dar testimonio de la Verdad, duela a quien duela.

Como todos tienen miedo de hablar claro: Bergoglio no es Papa; entonces, se da testimonio de esta verdad. Y esto es ser de Cristo. Esto es construir la Iglesia. Callar, someterse a Bergoglio es destruir la Iglesia.

Sólo te hace falta una cosa: imitar a Cristo. Ser otro Cristo. Y Cristo sólo nació y vino para una cosa:

«Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la Verdad; todo el que es de la Verdad oye Mi Voz» (Jn 18, 17).

Muchos, al leer estos escritos, dirán, como Pilato: «¿Y qué es la verdad?». Y seguirán sus vidas, sin comprender que la verdad de la Iglesia está, en la actualidad, en no seguir a Bergoglio, en no tenerlo como Papa.

Quien siga esta verdad, que es absoluta, entonces sabe cómo caminar en la Iglesia en medio de lobos, que son toda esa Jerarquía que apesta, porque están obedeciendo a un hombre sin fe y sin verdad en su corazón.

Bergoglio: semejante a un sepulcro blanqueado

modernismo

«(…) hoy, Roma, tu alma se ha vuelto el reflejo de la Bestia» (Vassula, 1/12/1994, “Hoy, Roma, tu alma se ha vuelto el reflejo de la Bestia”).

El reflejo de la Bestia es el rostro de la masonería.

Cuando la masonería alcanza el poder en la Iglesia, es que alcanzó antes a la casi totalidad de sus miembros. Y eso significa que ya la Iglesia no es católica, sino una camada masónica.

La masonería vive entre los miembros sin frenos religiosos que han hecho de su fe un falso ecumenismo, una apertura sin condiciones, absoluta, a cualquier credo, culto, rito religioso; ella misma se nutre de los renegados, ateos, disidentes, estafadores, malcasados, libertinos, y todos los católicos pervertidos y tarados de la Iglesia, que la convierten en una canallería suelta.

La masonería es un producto liberal que existe con toda actividad del hombre, que quiere abarcar todas las mentes de todos los hombres, que quiere aunar -en ella- todas las obras y todas las vidas de los hombres.

No se puede ya ser sacerdote, ni Obispo, ni Cardenal, ni Papa, sin ser antes masón, si no se pertenece, de hecho o de pensamiento, a la organización masónica.

En Roma, se piensa como piensa el demonio: en el lenguaje de la mentira; en Roma, se obra como lo hace el demonio: en el pecado. En Roma se negocia como lo hace la masonería: en lo oculto de las miradas de los hombres. En Roma se gobierna con el báculo de la masonería.

No hay sabiduría divina en Roma y, por eso: «contra ti enviaré a la más bárbara de las naciones para que te sitie». Roma, ¿quieres comunismo? Tendrás comunismo. Sitiada serás por Rusia y, en la maldad, serás destruida: «Yo haré bajar a tu desierto un fuego de furor, con una nube que cubrirá tus ciudades. Así, tu época de oscuridad llegará a su fin…».

Oscuridad vive Roma desde hace más de 50 años. Oscuridad que tiene tres efectos: pecado de herejía, pecado de apostasía de la fe y pecado de cisma.

La oscuridad es la ceguera de la mente: el entendimiento humano no es capaz de ver las realidades divinas. Sólo está pendiente de lo humano. Y, por tanto, vive sin fe divina, obra sin amor divino, espera sin Dios.

Roma sólo espera en las palabras y en las obras de los hombres: ha dejado de esperar en Dios.

El Papa Benedicto XVI frenaba el cisma en la Iglesia: «aquel que frena esta Rebelión en Mi Casa»; y así Dios no destruía con Su Justicia las obras de los hombres sin fe: «Yo Me niego a destruirlos a todos; pero ¡pobre de las manos manchadas de sangre!». Una vez apartado, el camino está abierto para todo mal en toda la Iglesia. ¡Abierto! El tiempo de la Justicia ha llegado a toda la Iglesia, porque se ha vuelto herética: Roma anula las verdades reveladas, para enseñar las mentiras, que salen de las bocas de mucha gente que ya no es católica.

No eres católico porque lo digas con tu boquita, o porque reces el Rosario o comulgues y te confieses todos los días.

Eres católico porque obedeces la Verdad –y sólo la Verdad- ; ésa que nadie quiere obedecer, porque no gusta al entendimiento de los hombres.

Hoy la Jerarquía de la Iglesia se fabrica sus fábulas. Y hay que llamarlas fábulas: cuentos para no dormir. Cuentos para entretener a la masa de gente, que se dice a sí misma católica, pero que ya no es católica. Y, con esas fábulas, se llena diariamente las webs de mucha gente que se dice católica.

La implantación de la masonería en el gobierno de la Iglesia coincide con su decadencia. El Papado ha sido anulado en Bergoglio. Y de una manera absoluta al poner su gobierno horizontal, que es el sello de la decadencia del Papado. Un hombre que no gobierna, sino que deja a los demás decidir, opinar, obrar desde el gobierno.

La Iglesia está sin timón: «Hay una fuerte sensación de que la Iglesia está como una nave sin timón» (Raymond Leo Burke – ver texto). Un Cardenal ciego para la Verdad, que ha perdido el sentido común en el gobierno de la Iglesia: «Tengo todo el respeto al ministerio petrino y no quiero que parezca que soy una voz contraria al Papa». Si como Cardenal de la Iglesia Católica, obedece a un hereje, automáticamente, se hace hereje.

«El que, por obediencia, se somete al mal, está adherido a la rebelión contra Dios y no a la sumisión debida a Él» (San Bernardo).

Si el Cardenal Burke no quiere ser una voz contraria a Bergoglio, entonces es una voz que se adhiere a la rebelión contra Dios que predica Bergoglio.

El respeto al ministerio petrino no es el respeto a Bergoglio como hombre. Es el respeto a la verdad que un Papa verdadero, legítimo, proclama en la Iglesia. Bergoglio no respeta el ministerio petrino, porque no es Papa; luego, no hay que caer en la falsa obediencia y en el falso respeto a uno que sólo lo llaman Papa sin serlo.

«El hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión que depende de su propia voluntad» (Sto. Tomás de Aquino – Parte II-II-q5-a3).

En la Iglesia, la gente vive de sus opiniones, pero no obedece la Verdad: no quiere ni lo desea. La verdad se ha vuelto extraña para muchos católicos. La verdad del ministerio petrino se ha vuelto extraña para este Cardenal, que dice una verdad: no hay timón en la Iglesia; pero que obra obedeciendo al que tiene el timón en Ella: ¡esto sí que es extraño! ¡Esto sí que es un absurdo!

Y, sin embargo, esto es lo que observamos en toda la Jerarquía de la Iglesia: vive este absurdo.

Bergoglio ha negado muchos artículos de fe, muchos dogmas: «Jesús no es un Espíritu, sino una persona humana»; «No creo en un Dios católico»; «Dios no existe»; «Dios no puede hacer todas las cosas»; «el pecado no es una mancha en el alma»; «El Espíritu Santo une en la diversidad»; etc…

Bergoglio es un hombre que niega la Verdad: es un hereje;

Bergoglio es un hombre que vive sin fe, vive negando la verdad, vive en su herejía, en su idea humana de la verdad: es un apóstata de la fe;

Bergoglio es un hombre que obra en contra del Espíritu Santo en la Iglesia, obra la mentira: es un blasfemo contra el Espíritu Santo;

Bergoglio es un hombre que se ha apartado de la Cabeza de la Iglesia, Jesucristo: es un cismático.

¿Por qué siguen a Bergoglio?

¿Por qué lo llaman Papa?

¿Por qué le siguen dando obediencia?

¿Por qué siguen dudando de Bergoglio?

¿Por qué no lo atacan, no se oponen a él?

¿Por qué no quieren ser voces contrarias al falso Papa?

¿Por qué?

Porque ustedes no son católicos. Ustedes son rebeldes a la Verdad, porque se someten a un hombre cuya mente la domina el demonio. Un hombre que no ha dado su asentimiento a la verdad Revelada. Un hombre sin fe, rebelde a Dios, que vive su vida deambulando por la Iglesia con su orgullo: «reza por mí; la derecha eclesial me está despellejando. Me acusan de desacralizar el papado». (Obispo anónimo).

Esta es la soberbia pura: un hombre que no ve su pecado en la Iglesia y que acusa a los demás de los problemas de la Iglesia. Son ellos, la derecha eclesial; ellos, los políticos que no quieren la ideología masónica, ellos son los que me acusan.

Un hombre humilde calla la boca y deja que Dios salga en su defensa. Un arrogante, un orgulloso, un soberbio, como Bergoglio, él mismo se defiende: está defendiendo sus intereses en la Iglesia; lo suyo, lo que ha trabajado –durante muchos años- para conquistarlo. Y, ahora, le duele dejarlo. ¡Porque se le obliga a dejarlo!

No es que Bergoglio haya desacralizado el Papado, sino que lo ha anulado.

Y, por eso, quien tenga a Bergoglio como Papa es un rebelde a Dios.

«Quien en un solo punto rehúsa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas, realmente abdica de toda la fe, pues rehúsa someterse a Dios en cuanto que es la soberana verdad y el motivo propio de la fe» (León XIII – Satis Cognitum)

Para un católico es clara la FE: asentir a la Verdad Divina: someter el entendimiento humano a lo que Dios revela, a lo que la Iglesia, durante años, ha enseñado como Revelación de Dios.

El objeto de la fe es la verdad divina: verdad inmutable en sí misma, que nadie puede cambiar con su grandioso entendimiento humano. El dogma no se desarrolla, sino que se cree sin más. Y el que cree puede penetrar los misterios de Dios sin su cabeza humana.

Por tanto, quien asiente a la Verdad, rechaza la mentira. Tiene que rechazar, de manera absoluta, a cualquier hombre que anule la Verdad, que viva en la Iglesia obrando su mentira.

Hay que poner a un lado a Bergoglio porque ha abdicado de toda la fe. Y eso significa poner a un lado a mucha gente: Jerarquía y fieles que siguen a un hereje. Si quieres salvarte tienes que ir en contra de Bergoglio y de todo su clan en la Iglesia. Es la única manera de mantenerse en la fe católica.

«Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre» (Símbolo de San Atanasio, D 75).

Oponerse a Bergoglio significa un escándalo: «Más vale causar escándalo que esconder la verdad» (San Gregorio Magno). Muchos esconden la verdad de lo que es Bergoglio para escandalizar a todo el Rebaño, enseñando una doctrina que no se puede seguir. Otros se escandalizan porque se critica y se juzga a Bergoglio. Y otros esconden la verdad: Bergoglio no es Papa, porque no quieren perder el plato de lentejas todos los días en sus vidas. Son pocos los que causan escándalo: no sigas a Bergoglio, no es Papa. ¿Quién oye esto de la Jerarquía de la Iglesia? Nadie; porque ninguno de ellos se atreve a causar este escándalo.

Poner a un lado a Bergoglio significa llamarlo hipócrita, sabandija, demonio: te vistes de Papa y no obras como Papa. Hipócrita. No tienes ni puedes tener el Espíritu de Pedro.

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas, pues son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!» (Mt 23, 26).

¿Por qué no llaman a Bergoglio como un sepulcro blanqueado, como lo hace Jesús de los hipócritas, y continúan dorándole la píldora (de su mente humana) a un hombre que es un demonio, que posee una mente demoníaca?

Porque ustedes no son católicos.

Ustedes lloran por su humanismo como lo hace el mismo Bergoglio: «es que la derecha eclesial me está despellejando». ¡Qué bueno que Bergoglio se lamente de su triste vida en la Iglesia. ¡Qué alegría! Es señal de que lo están dejando solo, como han hecho con todos los Papas anteriores. Pero ahora lo dejan solo porque es un inútil para todo.

La Jerarquía de la Iglesia está hecha así: se sabe la teología, hablan de cosas de Dios, hacen muchas obras apostólicas humanas y acaban juzgándolo todo.

Se sabe la Verdad, pero juzga con la mentira: no juzga con el Espíritu de la Verdad, sino con su espíritu mundano, humano, materialista, natural, carnal, sentimental, el cual se ufana de conocer la verdad.

Así se enseña a un sacerdote, a un Obispo, a un Cardenal: conoce con tu mente humana y juzga todo y a todos. Tienes poder para ello. Y no pueden salir de este esquema mental. No son capaces de dejar su gran sabiduría humana, sus recursos teológicos, filosóficos, doctrinales, lingüísticos, para dejar paso al Espíritu de Cristo en ellos. Esto no se les enseña. Están cerrados a la obra del Espíritu en la Iglesia. Por tanto, están abiertos a la obra de los hombres en Ella. Así salen del seminario, y así se quedan toda su inútil vida de sacerdotes.

Mucha Jerarquía sólo se dedica en su vida de sacerdotes a medir las obras del Espíritu, la manifestación del Espíritu en las almas, con sus cabezas humanas. Ni saben lo que significa discernir en el Espíritu. Esto es chino para mucha Jerarquía. Se creen que porque han recibido el Sacramento del Orden ya se lo conocen todo en la Iglesia, ya lo pueden todo en la Iglesia.

Ellos representan a Cristo, pero la gente, las almas, el Pueblo de Dios no logra ver en ellos a Cristo. Sólo ven sus grandiosas mentes humanas, sus maravillosas ideas humanas, con las cuales se lo saben todo y lo juzgan todo.

Esta gente que se cree sabia porque pone a Cristo en el Altar; esta gente que se muestra perfecta ante el mundo para decirse a sí misma: qué bien lo hago; son gente que vive para sí misma; que simula vivir para los demás; que exterioriza un amor al prójimo falso, lleno de palabritas sentimentales, bellas, bonitas, grandiosas, para obrar el vacío de su verdad, que es la mentira que viven; gente muy ocupada en sus cosas humanas, que las valoran por encima de las cosas divinas, pero totalmente desocupadas de la Voluntad de Dios en la Iglesia. Llaman voluntad divina a lo que encuentran con sus mentes hipócritas y llenas de fariseísmo.

Esta gente cubre sus pecados con sus hábitos costosos; son maestros en estampar sobre sus rostros una sonrisa engañosa e irónica.

Gente que habla de Dios y son sólo palabras huecas, que se las lleva el viento; gente que va a la Iglesia para celebrar una misa y es sólo su gran obra de teatro cada día; gente que se reviste de humildad, de pobreza, de respeto al ser humano, pero que después son una clara demagogia entre los hombres: quieren ser justos con todos, quieren amar la justicia y la paz, y son sólo constructores de la guerra, iniciadores de cualquier mal en el mundo.

Bergoglio es esta gente: es un sepulcro blanqueado.

Kasper, Muller, Pell…y todos esos herejes son esta gente: son sepulcros blanqueados.

Mucha gente habla sobre lo que ha pasado en el Sínodo y no ven el juego sucio de toda esa Jerarquía herética y cismática. Un Muller es hereje: ¿por qué lo ponen como si hubiera hecho algo por la Iglesia en el Sínodo? ¿Por qué lo elogian? No ha hecho nada por la Iglesia, sino por sus intereses personales.

En la Iglesia hay pecadores, pero no herejes. El que cae en la herejía: el que niega un solo dogma de fe no pertenece a la Iglesia. No hace falta negar todos los dogmas. Uno sólo hace a la persona hereje, lo saca de la Iglesia. Y lo que obra es para él mismo, no para la Iglesia.

El Cardenal Pell niega el pecado original, ¿por qué lo quieren destacar en el Sínodo si es un hereje?

¿Hay que agradecerles a estos herejes el que en el Sínodo la cosa no hubiera ido a más? No. Bergoglio y los suyos fracasaron en el Sínodo no por la lucha de los Cardenales, sino por la oración del verdadero Papa Benedicto XVI. Un hereje no puede luchar por la Iglesia, por los intereses de Dios en la Iglesia. Sólo lucha por sus intereses personales. Sólo el Papa legítimo es el que sabe luchar por la Iglesia, porque es su Iglesia. Los demás, ya buenos o malos, que asistieron al Sínodo, ninguno de ellos luchó por la verdad de la Iglesia. ¡Ninguno!

El Sínodo fue una trampa para todos. Y todos cayeron: incluido Bergoglio, ese gran idiota al que todos intentan sacar las castañas del fuego, justificándole su gran pecado.

¿Cómo es todavía que no reconocen el pensamiento de Bergoglio?

¿Se los tiene que descubrir un masón?

«Nuestros caminos son paralelos: de hecho pensamos como usted en relación con todos los problemas que aquejan a la sociedad contemporánea; como usted, que anhelamos un mundo de paz con el respeto a cada ser humano, sin distinción de ningún tipo; y absoluto respeto a todas las religiones». (ver texto)

El Gran Maestro de la Gran Logia de Italia, después de 6 meses, el 9 de septiembre del 2013, midió la cabeza de Bergoglio y estuvo de acuerdo con ella.

Los católicos, después de 6 meses, seguían embobados con las palabras baratas y blasfemas de un hombre sin fe.

Bergoglio un hombre para la sociedad masónica, pero no para Dios: «Apelo a usted, Santidad, un hombre de cualidades humanas extraordinarias, para poner fin a esta injusticia que durante siglos ha penalizado a millones de masones de todo el mundo» (Ib).

Los masones quieren a Bergoglio para anular la Iglesia. Es una injusticia lo que la Iglesia ha hecho con ellos. Este Gran Maestre cae en el pecado de siempre:

«Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir, o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de estas sentencias, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo» (Leon XIII – Encíclica Humanum Genus, párrafo 5). Lleno de ira ataca a la Iglesia apelando a un hombre que no es Papa, pero que obra como Papa. Esta es la gran jugada de los masones.

Bergoglio es un hombre para resolver los problemas de la masa de la gente, para buscar el orden mundial que quiere la masonería; pero Bergoglio no es un hombre para resolver los problemas de las almas, de cada alma. No es un hombre para la Iglesia, es un hombre para la vida de los hombres. Y, por tanto, es un hombre que destruye las almas, sus vidas espirituales: las lleva por el camino de la perdición eterna.

Bergoglio es un hombre que busca un mundo de paz, que es una utopía, porque lo busca en el respeto al hombre, en el absoluto respeto a todas las religiones; pero se olvida del respeto a Dios, a la mente de Dios, al Creador.

Bergoglio vive la herejía del humanismo, que es la propia de la masonería.

Por esta herejía, este Gran Maestro no duda en decir esto:

«Me gustaría decirle a usted, Santidad, que no somos una organización adversa a la Iglesia Católica, dignamente representada por usted, sino más bien al contrario».

Enseñanza lo más contraria a lo que la Iglesia enseña en Su Magisterio infalible:

«esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las más graves penas que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad» (Leon XIII – Encíclica Humanum Genus, párrafo 5).

Bergoglio nunca ha obedecido a los Papas y, por eso, se inscribió en esa sociedad masónica. Y sólo por eso, Bergoglio no es de la Iglesia Católica. Sólo por esto. No es nada en la Iglesia Católica: no es ni Obispo ni Papa. ¿Todavía no comprenden este punto?

¿No saben que la masonería es intrínsecamente mala?

«Los frutos de la masonería son frutos venenosos y llenos de amargura. Porque de los certísimos indicios que antes hemos mencionado, brota el último y principal de los intentos masónicos; a saber: la destrucción radical de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y la creación, a su arbitrio, de otro orden nuevo con fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo» (Ib, párraf. 8).

El naturalismo es poner la naturaleza humana y la razón natural como maestras y sobernas absolutas: hacer del hombre un dios. Y esto es intrínsecamente perverso, porque es anular toda ley natural, divina, de la gracia y del Espíritu. Es poner los hombres sus leyes: la ley de la gradualidad.

La masonería nunca ha rectificado en lo más mínimo sus doctrinas malévolas, sino todo lo contrario, las ha reforzado y crece en insidia y en maldad, aprovechando el ambiente que ella misma fomenta y que tanto hoy les favorece.

La masonería ha puesto a su hombre en la Silla de Pedro: esto lo aprovechan los masones, como este Gran Maestro. Y esto lo fomentan lo masones. Por eso, el Sínodo; una encrucijada masónica para todo el mundo.

¿Todavía no reconocen lo que es Bergoglio para un masón?

¿En qué mundo de ilusiones viven ustedes en la Iglesia?

¿Qué esperan ustedes de Bergoglio si es un masón en la Iglesia?

¿Es que no saben que la Iglesia se va a convertir en esto?:

«Transformar nuestros “templos” en Templos de la Paz, casas de encuentro, lugares de testimonio de los sentimientos más elevados de solidaridad y de fraternidad; y un admirable ejemplo de excepcional abnegación para usted: con ciertas y probadas virtudes religiosas, espirituales y culturales, practicadas por la fe Católica, Apostólica y Romana y  (por medio de nuestro bautismo) por todos nosotros» (ver texto).

Los caminos de la masonería y de Roma son iguales. Lo que hay en el Vaticano son sepulcros blanqueados. Y hay que salir de ellos, de tantas parroquias porque ya se enseña a seguir a un hereje y a obedecer sus escritos, sus palabras, sus ideas maravillosas.

Ya la Iglesia no es católica porque sus miembros no son católicos: son sepulcros blanqueados. Se blanquean sus vidas de pecado para que queden preciosas para los demás, para que todos imiten el pecado de su prójimo. Para que todos justifiquen el pecado de su prójimo. Para que nadie juzgue al otro, sino que todos se acomoden a la vida fácil: a besar el trasero de toda la Jerarquía herética.

Roma: sede del Anticristo

abomina

«… hizo Yavhé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de Yavhé, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y toda la hoya, y cuantos hombres habían en ellas y hasta las plantas de la tierra» (Gn 19, 24).

Abominación es Roma. Abominación es la cabeza de Roma: Bergoglio. Abominación es toda la Jerarquía que se somete a Bergoglio.

Este hombre es un dictador de su mentira. Y, por tanto, es un hombre que sabe que está en esa posición, en ese liderazgo, para imponer su mentira a toda la Iglesia.

Este hombre es vulgar en su palabra, pero es idiota en su pensamiento; en otras palabras: es un hombre que vive dando vueltas a su idea maquiavélica, y que la transmite en un lenguaje vulgar, plebeyo, que gusta a todo el mundo por su sentimiento barato y blasfemo.

Decir idiota a alguien no es decirle tonto: Bergoglio sabe muy bien lo que dice y lo que hace. El idiota es aquel que está privado del conocimiento de la verdad y, por tanto, tiene que obrar siempre la mentira. Y si se está en la cabeza de un gobierno, eso significa una cosa: dictadura. Bergoglio es un dictador. Todos tienen que hacer lo que dice esa mente, aunque las leyes digan otra cosa.

¿Qué es, si no, la aclaración del Obispado sobre el matrimonio (ver texto) trasns celebrado en la iglesia de Santiago del Estero, en Argentina? Esta aclaración es una clara hipocresía, una fariseísmo de una Jerarquía que no pertenece a Cristo, sino que lo combate.

La ley de la Iglesia es muy clara. Se la han pasado por el arco del triunfo y se han sometido a Bergoglio. Obedecen la mente de ese hombre, poniéndose en contra de la mente de Cristo.

Aquellos que piden que Roma suspenda a este sacerdote y al Obispo por hacer este casamiento, no saben de lo que están hablando. Porque este casamiento se ha hecho con la “bendición” de Roma. Ningún Obispo hace nada en la Iglesia sin Roma. Ningún sacerdote hace nada en su parroquia, sin su Obispo.

Bergoglio: dictador de mentiras, de maldades, de abominaciones. Y todos le besan el trasero. ¡Todos! ¿Todavía no tienen inteligencia?

¡Tienen que despertar si quieren seguir en la verdadera Iglesia: la que Cristo fundó en Pedro!

Tienen que aprender a discernir la falsa de la verdadera Jerarquía. Y llamar a cada una por su nombre. Y poner a cada uno en su lugar.

Es tiempo de cuestionar a toda la Jerarquía. ¡A toda! Ya no es tiempo de obedecer a nadie en la Iglesia. Porque eso que vemos en Roma no es la Iglesia de Cristo, no es la Iglesia Católica. Es un invento de unos hombres que, desde hace mucho tiempo, están en la Iglesia para lo que vemos: destruirla desde dentro.

No pueden asistir a misas donde sacerdotes u Obispos, casen a personas transexuales, bauticen a hijos de homosexuales, se den predicaciones claramente comunistas, protestantes, masónicas. ¡No pueden! ¡Allí donde se obra una abominación, como es casar a personas trans, después, no se puede poner a Cristo en el Altar! ¡O se está con Cristo o contra Cristo! O se tienen las ideas claras de lo que Cristo exige a un sacerdote en Su Iglesia, o se levanta una nueva y falsa iglesia con un nuevo y falso Cristo!

¡Tienen que despertar!

Dios ha dado Sus Leyes a los hombres. Y si los hombres desprecian esas leyes, sencillamente esos hombres no son hijos de Dios, sino del demonio. No son hijos de la Iglesia. No pertenecen a la Iglesia Católica.

A ese sacerdote, que casó a esta pareja, tienen que llamarlo por su nombre: sacerdote apóstata de la fe, hereje, cismático. Sacerdote que pertenece a la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Sacerdote de la masonería, instrumento de la obra masónica en la Iglesia. Y, por tanto, tienen que apartarse de ese sacerdote y del Obispo que lo mantiene en su ministerio; y, por supuesto, de Bergoglio, que es el que está detrás de todo esto.

Muchos no han comprendido lo que es la herejía. Creen que hace falta un sistema filosófico o teológico para expresar una herejía.

Bergoglio las dice cada día. No hay día que no diga su herejía. Pero nadie se da cuenta. Su famosa frase: no soy quién para juzgar; es una herejía.

La herejía es oponerse a la Verdad. Y la Verdad es la Palabra de Dios: «No te ayuntarás con hombre como con mujer; es una abominación» (Lev 18, 22).

Dios enseña al hombre a juzgar al homosexual. Todo homosexual es una abominación. Luego, cada hombre tiene el deber y la obligación de juzgar. Cada hombre es quién para juzgar porque el poder se lo da Dios en Su Enseñanza, en Su Palabra, en Sus Leyes.

Por tanto, todo aquel que diga que no es quién para juzgar a un homosexual se opone directamente a Dios, a la verdad. Está enseñando su mente humana, su idea. Y la pone por encima de la idea de Dios, de lo que enseña Dios. Y si eso que dice no lo retira, sino que lo mantiene y lo pone por obra, entonces ese hombre cae en la herejía automáticamente. Es pertinaz en su mentira.

Las obras del Bergoglio ahí están. Este casamiento es su obra, porque viene de su herejía. Este casamiento es la obra de su herejía. Es lo que se llama apostasía de la fe. Ser apóstata de la fe es obrar la herejía. Y ser hereje es ser, al mismo tiempo, cismático.

Son tres pecados que están unidos. No se pueden separar. Uno está en la mente: la herejía. Y quien piensa la herejía, la obra. Y, por eso, cae en la apostasía de la fe: vive para obrar la maldad. Y quien obra la herejía, quien es apóstata, comienza a levantar una nueva vida, un nuevo camino, una nueva iglesia: el cisma.

El hereje está «enteramente pervertido y peca, condenado por su propio juicio» (Tit 3, 11). Bergolgio se condena a sí mismo con su propia sentencia: no soy quién para juzgar. Y, por tanto, sus obras son siempre de pecado y de abominación. Nunca son obras de verdad. Nunca. Su juicio lo tiene pervertido. Esto es lo que significa la palabra idiota, en griego: el hombre privado de verdadero conocimiento: el pervertido en su juicio.

Y una persona pervertida, idiota, es mala por los cuatro costados. Y, aunque su palabra sea vulgar, aunque ponga una sonrisa a todo el mundo, aunque se quiera mostrar con el vestido de la humildad y de la pobreza, hay que apartarse de estas personas, como si fueran el mismo demonio: «Al hombre herético, tras la primera y la segunda amonestación, evítalo» (Tit 3, 10)

Esto es lo que muchos católicos, que todavía dudan de si Bergoglio es o no es Papa, no hacen. Algunos todavía se preguntan si Bergoglio se ha puesto o no al margen de la Iglesia. Después de 18 meses de ver las obras de este hombre, ¿todavía no ven nada, no lo evitan, no huyen de él, están esperando todavía algún milagro en el Sínodo?. ¡Esto es de locos!

Para quien ya ha captado lo que es Roma, el Sínodo sólo es un grupo de hombres que van como corderos al matadero. No es más que eso.

“Vuestra palabra homosexualidad se puede explicar por la historia de Sodoma y Gomorra. Leed en vuestras Biblias o consultad a vuestro clero. Buscad, hijos Míos, un clero humilde y piadoso. Muchos han perdido la fe. Muchos han vendido sus almas por llegar a los altos cargos. Y esto hijos Míos, yo digo, de todas las denominaciones!” (Verónica de la cruz).

¿Por qué este sacerdote ha casado a esta pareja de homosexuales? Porque está en ese ministerio para hacer su negocio, su empresa en la Iglesia. Ha vendido su alma al demonio, para tener un puesto, una posición social y política, dentro de la nueva iglesia que se levanta en Roma.

Si este sacerdote se hubiera opuesto al pensamiento de Bergoglio, lo tendríamos en la calle mendigando comida y un vestido. Pero, como quiere seguir teniendo un plato de comida todos los días en su mesa, entonces decide limpiar las babas de Bergoglio y oponerse a Cristo en Su Misma Iglesia y con la vocación que el mismo Cristo le dio: usa los dones de Dios para hacer una obra del demonio. Esto tiene el nombre de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Y esto señala otra cosa: la aparición del Anticristo. Cuando la Jerarquía de la Iglesia se convierte en anticristo, como este sacerdote, automáticamente los tiempos se aclaran y se precipitan para que aparezca el Malvado, el otro dictador que tiene que ponerse en el mundo.

Hay dos dictadores en este tiempo del Anticristo: uno en la falsa iglesia: un falso Papa. Y otro en el mundo: el Anticristo. Y esos dos dictadores son los que manejan todos los gobiernos del mundo y todas las iglesias, incluida la que está en Roma.

“Debéis seguir haciendo una vigilia de oración por el clero del mundo. La oscuridad ha descendido a la iglesia de Mi Hijo. ¡Sea lo que sobrevenga a todos vosotros por el caos que está llegando rápido a vuestro país y a otras naciones del mundo! Pronto habrá un déspota en el mundo. Lo llamo número dos. Pero muchos lo han nombrado, y en el libro de la vida se refiere como el Anticristo.

Sí, hijos Míos, vosotros lo reconoceréis por sus hechos. Muchos venderán sus almas a él para conseguir altos cargos, pero todo lo que está podrido caerá. No importa las batallas que haya que librar por mantener la luz en vuestro país y en el mundo. Vosotros seguiréis adelante como soldados de la luz, llevando vuestra bandera de la fe y la verdad frente a la adversidad» (Ib).

Hay que ser soldados de Cristo para poder oponerse a los soldados del Anticristo. Tienen que oponerse, con valentía, a toda esa Jerarquía pervertida si quieren ser de Cristo. Y no tienen que tener miedo de esa Jerarquía, porque son sólo hombres, que se visten de ropas bonitas, pero que no son lo que parecen: no son sacerdotes, no son Obispos, no son Cardenales.

Tienen que tener el valor de despreciarlos en sus caras. De decirles la verdad como es, porque no merecen el respeto que un sacerdote de Cristo se merece. No tienen el espíritu de Cristo, sino del anticristo. Y, por tanto, no hay obediencia a ellos.

Esto es lo que mucha gente no comprende. Se sigue obedeciendo a una Jerarquía que cae en el pecado, que es débil en el pecado. Pero no se obedece a una Jerarquía que comete los tres pecados que le apartan de la Iglesia: herejía, cisma y apostasía de le fe.

Un sacerdote puede ser mujeriego, pero después sigue predicando la verdad. Hay obediencia a él, a pesar de su pecado de lujuria. Porque ese pecado de lujuria no se opone a la doctrina de Cristo de manera directa.

Pero un sacerdote que, por sus obras, se opone a la doctrina de Cristo, como es este sacerdote que casó a esta pareja, aunque su homilía sea maravillosa, aunque diga palabras que parecen verdaderas, cae toda obediencia. Porque la fe está en las obras. Si se tiene fe en Cristo, se obran las mismas obras de Cristo. Si no se tiene fe en Cristo, se hacen las obras del demonio, que son contrarias a las obras de Cristo. Y Cristo nunca casó a parejas homosexuales. ¡Nunca! Este sacerdote lo ha hecho. Conclusión: no hay obediencia a esta Jerarquía. Hay que combatirla, no sólo resistirla. Porque es la propia del demonio. Son los soldados del Anticristo.

“¿Qué podéis esperar para vuestro país, que permite que florezca la homosexualidad, y se vuelva una forma de vida ahora por parte de sus líderes bajo la bandera de la verdad? ¿Y la fidelidad? A su dios; ellos han tirado la bandera y están yendo en la dirección de Satanás.

“Ahora las leyes se están haciendo para proteger los que ofenden a Dios, los homosexuales. La humanidad llevará el estandarte por delante. Habrá muchas tribulaciones para la humanidad antes de que vuelva Mi Hijo para reuniros Él mismo. En su momento muchos serán quitados de la tierra. Pero habrá una tribulación antes de ese momento» (Ib).

La nueva y falsa iglesia, que se ve en Roma, está protegiendo a los que ofenden a Dios. Y van a sacar las leyes correspondientes para eso. Y ya no van a tardar. Ya no será como han hecho ahora: un fariseísmo. Ahora se van a apoyar en sus mismas leyes, que serán una gran blasfemia a Dios.

La homosexualidad es una forma de vida en la nueva iglesia. ¿No es esto lo que predicó ese sacerdote?

“Estamos reunidos celebrando el amor de Dios en nuestras vidas, un amor que estaba desde el origen de nuestra existencia, y que los ha sostenido en momentos de dificultades, de alegría, de esfuerzo cotidiano por hacer que la opción de vida que han tomado sea respetada por todos, sea el que los acompañe por el resto de sus vidas”.

Esta opción de vida es respetada por ellos, por la Jerarquía del demonio. Y tiene que ser aborrecida por los soldados de Cristo, por la verdadera Jerarquía. Si no hacen esto, entonces ustedes pertenecen a esa nueva iglesia en Roma. Si no se separan de Roma, totalmente, van a perecer en la Justicia que viene ya a toda la Iglesia. Primero a la Iglesia, después al mundo entero.

Hay que salir de Roma pagana. Roma inmunda. Roma abominable. Y hay que salir ya. No esperen a después del Sínodo. Ya Roma no es el asiento de la Verdad, sino la sede del Anticristo.

Ningún masón puede declarar santos en la Iglesia

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“¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Después de ver el doble lenguaje de Francisco, y de seguir constatando que Roma ha perdido la Fe, y ya no se opone al inicuo que usurpa la Silla de Pedro, sino que lo protege, excusa su pecado, y le abre caminos para que siga destruyendo la Iglesia, como lo está haciendo; sólo queda refugiarse en el Corazón de Jesús. Lo demás, es perderse en un mundo y en una Iglesia que ya no ama a Dios, sino que da culto al demonio y al pensamiento de los hombres.

¿Cómo reconocer al Anticristo?: “Ustedes los reconocerán porque no llevará nunca la cruz, símbolo de redención. Él tendrá doce discípulos, se valdrá de todo tipo de prodigios para hacerlos caer en engaño. En las Iglesia habrá desorden” (Cuadernos 1943 – María Valtorta).

Francisco lleva una cruz, que no es el símbolo de la redención, sino el símbolo de la condenación: una paloma, que cae en picado, hacia un grupo de ovejas, donde hay una calavera, representada como “buen pastor”. Francisco es un anticristo, pero no el Anticristo. Él ha puesto a ocho cabezas para gobernar la Iglesia, que piensan lo mismo que él, que obran lo mismo que él. Ese grupo de herejía es el que inicia la falsa Iglesia, el que da cuerpo a la iglesia negra del demonio.

«Vendrá un hombre, ostentará obras de beneficencia; demostrará gran estabilidad, hará el bien y mucha gente lo amará y creerá en sus hazañas. Pero recuerden que la humildad viene de Dios y el que procede de Dios no se pavonea» (Ibidem). Francisco, desde que inició su falso pontificado, se pavonea con todo el mundo; el mundo lo aplaude, el mundo lo sigue, porque el mundo reconoce lo que hay en Francisco.

En la Iglesia, Francisco se ha puesto a recoger dinero. Las almas no le interesan para nada. Quiere llegar a la gente dándole lo que quieren escuchar. Por eso, la masa lo ama; la masa cree en sus palabras, en sus obras. La masa lucha por Francisco, pero ya no lucha por la Verdad. Creen que Francisco da la Verdad porque da dinero a los pobres, porque está metido en los asuntos del mundo, de la gente; porque se preocupa de la vida de los demás. Es el engaño de un hombre que sólo se pavonea, que sólo quiere publicidad, que busca la propaganda, como todo político. Está haciendo su campaña política en la Iglesia y nadie se ha dado cuenta.

«Vi qué nefastas iban a ser las consecuencias de esta falsa iglesia. Ví cómo aumentaba de tamaño; herejes de todo tipo venían a la Ciudad (Roma). El clero local se tornaba tibio, y vi una gran oscuridad… Entonces la visión pareció extenderse por todas partes. Comunidades católicas enteras eran oprimidas, asediadas, confinadas y privadas de su libertad. Vi muchas iglesias que eran cerradas, por todas partes grandes sufrimientos, guerras y derramamiento de sangre. Gentuza salvaje e ignorante se entregaba a acciones violentas. Pero todo ellos no duró largo tiempo” (Visiones de la Beata Catalina Emmerick – 13 de mayo 1820).

Esto es lo que viene ahora. Se inicia la falsa iglesia. Ya, durante 50 años, en Roma, las herejías han ido aumentado de tamaño. Y no han sido los Papas los culpables, sino los Obispos y sacerdotes que no han obedecido a la Cabeza Reinante. Herejes de todo tipo hay en el Vaticano. Y, por tanto, la tibieza en la vida espiritual es manifiesta, clara, es lo que los fieles ven en sus pastores: ya no viven sus sacerdocios, sino otra cosa. Y, entonces, viene un Francisco, otro hereje, que se alimenta de engaños, que vive su vida según su propia voluntad, y extiende la herejía a todo el mundo. Hace que todos la vivan, la abracen, la obren.

Esto es lo que está pasando: quien sigue a un hereje, se hace él mismo hereje. Empieza a comulgar con su mismo pensamiento humano, que es errado cien por cien. Y, claro, tiene que venir la persecución.

Y ya hay señales que empiezan, por todas partes, grandes sufrimientos por causa del pecado de la Iglesia actual. Francisco y los suyos, son los culpables de lo que viene ahora a la Iglesia y al mundo.

«Veo al Santo Padre muy angustiado. Él vive en un palacio, distinto al anterior, donde recibe sólo a un número limitado de amigos allegados a él. Temo que el Santo Padre tenga que sufrir muchas otras pruebas antes de morir. Veo que la falsa iglesia de las tinieblas está haciendo progresos, y veo la tremenda influencia que ella tiene sobre la gente. El Santo Padre y la Iglesia están verdaderamente en una aflicción tan grande que habría que estar implorando a Dios día y noche» (Visiones de la Beata Catalina Emmerick – 1º de agosto 1820).

Del Papa Benedicto XVI habla la beata. Está presentando la potestad espiritual que tiene el Papa. En la persona del Papa confluyen dos potestades distintas: una temporal (sobre la Ciudad del Vaticano) y otra espiritual (sobre el gobierno de las almas y de la Iglesia Católica).

Benedicto XVI ya no gobierna el Vaticano y, por tanto, no posee esa potestad temporal, a imagen de Cristo, que se separó de la Sinagoga de su tiempo, para poder ejercer su potestad espiritual, y así fundar Su Iglesia. Benedicto XVI está separado del Vaticano y de todas sus iniquidades, como Jesús. Pero sigue conservando su potestad espiritual porque su renuncia no significa la pérdida del Poder Divino. Él sigue siendo el Papa, pese a quien le pese. Y el Papa de toda la Iglesia Católica, el Papa elegido por Dios. En este Papa está la Verdad, se guarda la Verdad. Vive en un palacio, distinto al que ocupó siendo Papa, recibiendo sólo a pocas personas. Pero vive sufriendo por la Iglesia y le llega la hora del mayor sufrimiento: ir a la Cruz de la cual se bajó: «llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombre y mujeres de diversas clases y posiciones» (Lucía – Tercera parte del Secreto de Fátima).

Francisco es el Soberano Absoluto del Vaticano, antro de los siete vicios capitales; tiene un poder humano temporal y material, pero no tiene la potestad espiritual sobre las almas ni sobre la Iglesia Católica.

Francisco ha demostrado una actitud ecuménica exaltada, una escandalosa negligencia y libertad litúrgica, una pastoral de considerable ambigüedad, y una concepción doctrinal herética y totalmente discutible.

Francisco es un masón, un hombre que, desde 1999, es miembro honorífico del Rotary Club de Buenos Aires. Y un masón no puede nunca ser el verdadero Papa, el Papa legítimo, sino que es, a todas luces, ilegítimo; y lo que hace en la Iglesia es nulo, a los ojos de Dios. A los ojos de los hombres, tiene una validez humana, pero no espiritual.

El Rotary es de inspiración masónica, pone en práctica los ideales masónicos y tiene vínculos con la Masonería. Y, por eso, al Rotary se le conoce como Masonería blanca o Masonería sin máscara.

Francisco, desde que salió al balcón se dirigió al mundo y a la Iglesia como masón, no como Papa. Y sus palabras fueron claras: “Dado que muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica, otros no son creyentes, os imparto esta bendición, en silencio, a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero a sabiendas de que cada uno de ustedes es un hijo de Dios Que Dios los bendiga” (13 de marzo 2013). Puso el sello de la masonería en su primera actuación. No puso la palabra de Dios, no llevó a Cristo, no ofreció la Verdad, sino la mentira.

Lo que dijo está totalmente de acuerdo con lo expresado por la masonería: “la masonería enseña que ya que Dios es el Creador, todos los hombres y todas las mujeres son los hijos de Dios. Debido a esto, todos los hombres y todas las mujeres son hermanos y hermanas“ (Gran Logia de Michigan). Este es el gran principio de la fraternidad: el amor al hombre se pone por encima del amor a Dios. Porque sois hijos, sois hermanos. No se dice: porque sois amados por Dios, entonces sois hijos: «Y por ser hijos envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de Su Hijo, que grita: ¡Abbá, Padre!» (Gal 4, 6). Somos hijos en el Hijo del Padre. Somos hermanos en el Espíritu del Hijo, que es el Espíritu de Cristo. No somos hermanos por Creación de Dios. Somos hermanos porque «Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, para que recibiésemos la adopción» (Gal 4, 4b-5). La masonería niega la Redención y, por tanto, predica el amor fraterno, anulando el amor de Dios.

Francisco predica su fraternidad en la Iglesia, que se asemeja a la del universalismo antropocéntrico, de matiz iluminista, revolucionaria y atea: «el Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de la fraternidad» (Francisco en la entrevista a Scalafarri). Clamorosa inexactitud, que anula la obra de la Redención. Jesús se encarna para redimir al hombre del pecado y así hacerlo hijo de Dios por adopción. Y, por tanto, la fraternidad es sólo una mera consecuencia de la Redención, pero no es el fin de la Encarnación del Hijo de Dios. Y esto le lleva a la adoración del hombre: «sobre el altar adoramos la carne de Jesús; en ellos (en los pobres) encontramos las llagas de Jesús. Jesús está presente en la Eucaristía, aquí está la carne de Jesús; Jesús está presente ente ustedes, es la carne de Jesús: son las llagas de Jesús en estas personas» (Francisco, en Asís, a los niños discapacitados). Francisco ha perdido el camino de la Verdad y no sabe diferenciar la presencia de Cristo en la Eucaristía y la presencia de Cristo entre los pobres. Las llagas de los pobres son sólo un símbolo de las llagas de Cristo, una analogía, no real, sino sólo relativa, conceptual. Y la presencia de Cristo en la Eucaristía es real, sustancial, no es un símbolo. Y, por tanto, hay que destacar a Cristo en la Eucaristía, no las llagas de los pobres. El primer plano, para Francisco, son los pobres, no es Cristo. Señal de que Francisco da culto a los hombres, a sus obras, a sus pensamientos. Pero no es capaz de dar culto a Dios. Habla que Jesús está en la Eucaristía para llevar la mente del que lo escucha a lo que le interesa: el hombre. Este es siempre el doble lenguaje de Francisco. ¡Siempre!

En la elección de Francisco a la Silla de Pedro estuvo la masonería: él fue el candidato de los masones cardenales; puesto en una hábil maniobra del demonio para quitar al Papa reinante, y poner al que destruye el Papado con su vida de vulgaridad, con su vida social y política; con su inteligencia errada en todas las cosas de la Iglesia. Habla de muchas cosas y todo es mentira en lo que habla. Habla para darse importancia, pero nunca para enseñar la verdad. Habla para poner a otros los modelos de vida que él tiene: «En estos días, he podido leer un libro de un cardenal —el Cardenal Kasper, un gran teólogo, un buen teólogo—, sobre la misericordia. Y ese libro me ha hecho mucho bien» (Ángelus – Plaza de San Pedro -Domingo 17 de marzo de 2013). «Otra cosa: ayer, antes de dormir, pero no para dormirme, leí -releí- el trabajo del cardenal Kasper y me gustaría darle las gracias, porque me encontré con una profunda teología, un pensamiento claro en teología. Es agradable leer teología clara. Y también encontré aquello que San Ignacio nos decía, del sensus Ecclesiae, el amor a la Madre Iglesia… Me ha hecho bien y me vino una idea -discúlpeme si le hago avergonzarse Eminencia- pero la idea es que a esto se le llama “hacer teología de rodillas”. Gracias. Gracias.» (Aula del Sínodo en el Vaticano – 21 de febrero).

Al Cardenal Kasper no se le puede considerar un buen teólogo, sino merecedor de reprobación expresa, por su posición marcadamente herética y cismática con relación a varios dogmas de Fe, entre ellos la negación de la divinidad de Jesús, en su libro Jesús el Cristo, donde dice: «esta confesión Jesucristo, Hijo de Dios, es un residuo de mentalidad mítica, pasivamente aceptado» (p. 22); la negación del dogma extra Eccelsiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación), donde afirma que en Jesucristo la salvación incluye todo lo que es bueno y verdadero en las otras religiones; la negación de los milagros, de la Resurrección, de la Ascensión, de la Concepción Virginal de María y de la Infalibilidad de la Iglesia.

Esto no es profunda teología, estoy no es hacer teología de rodillas. Esto es dar culto a la mente del hombre; esto es ponerse por encima de la ley de Dios; esto es anular la Palabra de Dios y llamarla herética.

El elogio público de un teólogo herético representa una afirmación herética. Por tanto, Francisco ha caído en clara herejía al alabar a Kasper. Y sólo este elemento basta -de por sí- para considerar a Francisco excomulgado, desprovisto del cargo eclesiástico que se le ha confiado, anulando así su falso Pontificado. Esto es pública herejía de Francisco en la Iglesia. Y nadie quiere llamar a las cosas por su nombre.

El canón 194 § 1, n. 2, dice: «Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico: quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia». Francisco, poniendo como modelo de fe a un hombre hereje, se aparta públicamente de la fe católica; porque los sacerdotes y Obispos en la Iglesia deben ser padres de la fe y, por tanto, modelos de la fe. Y poner por modelos de fe en la Iglesia a los santos, que son los que han obrado y vivido la fe. Ponen como modelo para creer a uno que no cree en nada. ¡Esto es reírse de toda la Iglesia!

Todo esto es muy grave, y nadie en el Vaticano dice una palabra. Al revés, se están preparando para representar la mayor comedia de la historia: canonizar a dos beatos. Falsa canonización, porque un masón no tiene poder para hacer santos, para declarar santos. Va a ser solo una pantomima, una obra de teatro más de Francisco y todos los suyos. Y, por supuesto, para sacar tajada de eso.

Pero, ¿a quién le interesa esto? A nadie le importa la verdad. Todos contentísimos con el doble lenguaje de Francisco. Todos esperando a ver qué pasa en octubre con el sínodo de los Obispos. Todos haciendo planes para el futuro. Y nadie combate el error. Nadie se enfrenta a Francisco.

«Veo muchos eclesiásticos que han sido excomulgados y que no parecen preocuparse por ellos, y por tanto menos tener conciencia de su situación. Y, sin embargo, ellos quedan excomulgados cuando cooperan con empresas, entran en asociaciones y abrazan opiniones sobre las cuales se ha impuesto el anatema. Se puede ver cómo Dios ratifica las órdenes, las interdicciones y los decretos emanados de la Cabeza de la Iglesia, manteniéndolo vigente aun si los hombres no muestran interés por ellos, los rechazan o se burlan» (Visiones de la Beata Catalina Emmerick –1820-1821).

La beata sólo está recordando el Evangelio: «lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto destares en la tierra será desatado en los cielos» (Mt 16, 19). Francisco, Kasper y todo su gobierno horizontal están excomulgados por Dios, porque Dios no se olvida de lo que los Papas han atado en Su Iglesia. El canon 1364 dice que: «el apóstata de la fe, el herético o el cismático cae en excomunión latae sententiae»; es decir, automáticamente él mismo se pone fuera de la Iglesia sin necesidad de un acto oficial, sin necesidad de que se lo recuerden.

Cualquiera que proclame o ponga en práctica otra doctrina distinta a la de Cristo, dentro de la Iglesia Católica, es herético y de hecho queda excomulgado, aunque sea Sacerdote, Obispo, Cardenal o Papa; porque nadie se puede poner por encima de las Verdades de Fe, que son sagradas para Dios y son ley divina para el hombre.

Dios ratifica a Sus Papas, los que ellos han atado en la tierra. Y aunque nadie le importa ya eso, Dios sigue ratificando a Su Iglesia, porque su Iglesia es la Verdad. Y no hay más Verdad que lo que los diferentes Papas han obrado en la Iglesia en toda su historia. Un Papa es el que custodia la Verdad y sólo la Verdad

Lo que obra actualmente ese infeliz de Francisco es sólo su nueva iglesia, negra, del demonio. Y todo aquel que lo apoye, queda excomulgado automáticamente. Francisco sigue haciendo su comedia en la Iglesia. Y todos ríen, aplauden. Consecuencia: ya no hay tiempo. Ya se acabó el tiempo. No esperen Misericordia; sólo Justicia.

El gobierno masónico en la Iglesia

Y vi otra Bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los del Cordero y hablaba como Dragón” (Ap. 13, 11).

masones

Una bestia con dos cuernos que habla como dragón es el sacerdocio que no es sacerdocio, que tiene la pantalla del sacerdocio pero que es otra cosa.

Sacerdote ‘bestia’, es decir, sacerdote masón.

La bestia, en la Sagrada Escritura es el que se enfrenta a Dios. Pero se enfrenta a Dios como Cordero, es decir, como sacerdocio. Y esa bestia habla como un Dragón, es decir, habla en contra de los mandamientos y de la ley de Dios.

El dragón es aquél que vomita su sopor sobre los animales, su inmundicia sobre los demás. Y los vence en lo que vomita.

En la Iglesia se da lo que se llama la masonería eclesiástica, es decir, diáconos, sacerdotes, Obispos, Cardenales, que tienen la pantalla del sacerdocio, de la consagración al orden, que hacen todo como cualquier sacerdote, pero que no son sacerdotes.

Están en el sacerdocio con un fin: el de la masonería. Son masones que estudian todo lo del sacerdocio con el fin de instalarse en la Iglesia para destruirla.

Hacen vida de sacerdotes, se dedican a celebrar misas, a predicar, y a todo el ministerio sacerdotal, pero con el fin de alcanzar los puestos más altos en la Iglesia.

Para estos sacerdotes la vida del sacerdocio no existe. Sólo existe la pantalla, el teatro que hacen en la Iglesia. Lo que existe, para estos sacerdotes, es la vida masónica que llevan y que está oculta para todos.

La masonería triunfa porque se oculta. Ellos tienen la norma de ocultarse, de que nadie sepa sus planes, el siguiente movimiento que van a hacer. Y así pueden introducirse en todos los campos de la Iglesia y planear su estrategia sin que se conozca a la luz.

Por eso, Benedicto XVI era masón, pero nadie lo conocía. Era masón en todo. Estudió toda la teología y se ordenó como sacerdote sólo con la intención de llegar al poder.

Benedicto quería irse de la Iglesia, pero no lo dejaron. La Iglesia está manejada por el demonio desde 1972. Quien gobierna la Iglesia desde ese tiempo era la masonería, pero oculta, sin descubrirse a nadie.

Eso no quiere decir que los Papas eran malos. No. Tampoco Benedicto XVI era mal Papa. Era bueno, conducía a la Iglesia hacia la verdad, pero era masón.

La masonería, desde 1972, gobernaba la Iglesia, pero no podía actuar de forma inmediata y rápida.

Tenía que dar tiempo para que las cosas en la Iglesia cambiaran, se transformaran al gusto de ellos.

Sólo un Papa les hizo frente: Juan Pablo II. Los demás se dejaron vencer. Por eso, el Beato Juan Pablo II tiene la garantía de la Iglesia porque dio la Verdad, aunque sufrió por Ella.

Se hicieron muchas cosas para desacreditar al Papa Juan Pablo II, pero nadie pudo hacer que renunciara a su cargo, como se lo pedían de forma insistente.

Hay que contemplar a la Iglesia, desde 1972, con la perspectiva del gobierno de los masones en la Iglesia. Un gobierno oculto, que nadie veía, que nadie entendía, pero que iba dando las directrices a todos para que, en el momento clave, alguien subiera a la Silla de Pedro y comenzara lo público de la masonería en la Iglesia.

Lo público de la masonería en la Iglesia es lo que los masones quieren que se sepan, pero no es el gobierno de la masonería en la Iglesia.

Siempre el masón se esconde aunque aparezca. Esta es su estrategia.

Y, cuando el masón gobierna algo, no es la persona la que gobierna, sino la masonería, que siempre está detrás y que nadie sabe quién es.

Francisco es masón, pero no gobierna la Iglesia. Es otro quien le dicta lo que tiene que hacer.

Francisco da lo público que a la masonería le interesa que la gente conozca. Pero Francisco no da lo que realmente está sucediendo ahora en la Iglesia.

Francisco ha puesto su residencia fuera de las habitaciones privadas de los Papas en el Vaticano. Y la ha puesto para así estar en contacto con la masonería, para estar libre y poder entrar y salir sin que en Roma se den cuenta.

A Francisco hay que verle como masón, no como sacerdote. A Francisco hay que atacarle como masón, no como sacerdote. A Francisco le importa muy poco el sacerdocio. Es la pantalla para hacer todo lo demás.

El plan de la masonería es muy simple: acabar con la Iglesia. Pero se necesita personas que hagan esto sin rechistar, sin poner su idea, su verdad, porque la masonería ya tiene su fin: destruir toda verdad. Y no le interesan los medios para esto, los caminos para esto, lo que piensan los hombres para llegar a este fin.

Los masones son sólo una idea puesta a la fuerza. No es una idea que se va poniendo, quitando acá y quitando allá.

Francisco ha puesto lo que quería la masonería en él: quitar el Papado. Y lo ha hecho a la fuerza. Al mes, lo proclamó y a los seis meses lo puso sin que nadie dijera nada.

Así trabaja la masonería. Una idea que no se discute y que se pone por que sí.

Se da tiempo para los cambios en la Iglesia, propio de un nuevo gobernante, y cuando ya se ve que todo está listo, se escribe un documento para anular la Palabra de Dios sobre la Autoridad Divina en la Iglesia.

Francisco ha hecho su trabajo. Y ahora tiene que irse. Porque la masonería tiene que seguir poniendo la idea a la fuerza.

Desde 1972, la masonería ha puesto sus ideas, pero de forma oculta y ha dado tiempo para que emergieran y se consolidasen en la Iglesia.

Pero una vez que ha tomado el poder de la Iglesia, ya no le interesa el tiempo. Ahora, está a la vista de todos y, por eso, todo viene ya para la Iglesia.

Y hay mucha gente que no se espera lo que viene por estar sólo metida en su vida humana oyendo a un Dragón que sólo vomita las palabras del demonio.

Si Francisco tuviera otra misión en la Iglesia de la masonería, lo hubiera dado a conocer en el mes primero de su elección. Pero en ese mes hizo dos cosas: lavar los pies a dos mujeres y poner el gobierno horizontal.

Eso define el gobierno público de la masonería.

Eso es lo que la masonería quería dar a entender a toda la Iglesia.

Pero no se ve lo que está detrás de todo eso. Porque Francisco no es la masonería. Trabaja para ella, como trabajó Benedicto XVI, que es el ladrón de la Silla de Pedro, es el que robó la Silla de Pedro para entregársela a la masonería.

Benedicto XVI es verdadero Papa, pero inútil. Verdadero por la sucesión apostólica, pero no para ser Papa como Jesús lo quería.

Benedicto XVI no tenía que atacar a la Iglesia en la Verdad, como lo ha hecho Francisco. Sólo tenía que pasar la Silla de Pedro a otro.

Por eso, Benedicto XVI sólo pecó contra Cristo y su Espíritu, pero no pecó contra la santidad de la Iglesia.

Francisco pecó contra la santidad de la Iglesia porque ha destrozado la Verdad en la Iglesia en el Papado y eso significa dividir la Verdad, dividir la Iglesia, dividirlo todo en la Iglesia.

Pero Benedicto XVI sólo dio a la masonería lo que ésta le pidió: la Silla. Éste era el objetivo principal de su mandato en la Iglesia. y no otra cosa.

Lo demás, no era tiempo de tocarlo.

Francisco dio a la masonería lo que ésta le pidió: el Papado. Pero no lo demás.

La masonería ahora quiere a otro para seguir dividiendo la Iglesia.

Cuando la masonería hace público su gobierno, siempre va por partes, pero con decisión, firme en una cosa. Quiere hombres para destrozar una idea y sólo una.

Y esto lo tiene que hacer la masonería en la Iglesia por lo que es la Iglesia. La Iglesia vive de dogmas. Y para atacarlos hay que ir de los más fuertes a los más débiles. Hay que suprimir los que son columnas en la Iglesia, los que lo deciden todo en la Iglesia. Si se quitan éstos, los demás se caen por su propio peso.

Como ya la masonería no obra en lo oculto, no tiene que hacer el trabajo oculto de antes. Ahora obra públicamente. Eso es lo que hace Francisco: la obra pública de la masonería, lo que la masonería quiere que haga mientras esté en la Silla. Lo demás, no interesa.

Benedicto XVI hizo su trabajo, Francisco ha hecho su trabajo. Ahora tiene que irse para que venga otro a hacer el siguiente trabajo, la siguiente idea que se pone a la fuerza y que va contra una verdad en la Iglesia.

Por eso, ahora todo está en calma. Francisco dice sus herejías en cada homilía de Santa Marta. Y nadie dice nada. Todos felices de ese charlatán, que es para muchos el santo de todos los tiempos.

El gobierno horizontal, calentando silla, viendo cosas y no haciendo nada. No puede obrar hasta que no se quite el siguiente dogma en la Iglesia. Se entretienen en las cosas que les da Francisco, que es su obsesión: buscar dinero. Y no más. No hay mayor interés en la Iglesia que estar escuchando a un idiota blasfemar sus mentiras a todo el mundo y ver cómo todo el mundo cae a sus pies.

Las almas siguen ciegas en lo que está pasando en la Iglesia y no se dan cuenta de lo que viene a la Iglesia. Es un trastorno para todos, incluso para el mundo, porque muchos tendrán que dejar la iglesia que se instala en Roma y buscar la Verdad allí donde le dejen.

Y eso es una conmoción para todos. De ahí nacerá la verdad para muchos en el corazón. Porque muchos están en su paganismo en el mundo y no encuentran la verdad en la Iglesia. Y cuando vean que hombres van en busca de la verdad a otra parte que no es Roma y que no es el mundo, ahí estará la Iglesia de siempre, con sus verdades de siempre que siempre atraen a todos, así sean los más viles pecadores de todos los tiempos.

Quieren destruir la verdad, pero no pueden. La pueden perseguir, ocultar, matar cuerpos, derrumbar iglesias, pero la Verdad sólo está en el corazón que cree. Y nadie puede matar el corazón, porque es algo divino.

Las almas tienen que despertar porque queda nada. Dentro de poco, Francisco tendrá que dimitir y otro le sucederá para quitar el amor en la Iglesia.

Y, cuando se haga eso, muchas almas despertarán, pero no será suficiente. No sólo hay que despertar del sueño, hay que ponerse a luchar por el amor herido en la Iglesia, por la verdad combatida en la Iglesia, por la vida destrozada en la Iglesia.

Y entre el despertar y el ponerse a la batalla corre un tiempo que, para muchos, es perdido y no tendrán más solución que seguir en la mentira que les da Roma.

Las almas no están preparadas a lo que viene. No lo están porque la caridad de muchos se ha enfriado en la Iglesia.

Sólo puede haber un Papa

virgen

Sólo puede haber un Papa mientras tenga vida.

Que nadie se llame a engaño, porque la Verdad es clara.

“Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia, y las Puertas del Infierno no podrán contra Ella” (Mt 16, 18).

La Silla de Pedro es para un alma que Dios ha llamado a ese Oficio Divino.

Un alma Elegida sólo por Voluntad Divina, en la que no entra ninguna voluntad humana.

Un alma que Dios elige tomando parte la libertad de los hombres, pero que el resultado es sólo la Voluntad de Dios.

Es el Misterio de la Gracia y de la libertad del hombre. Siempre se hace lo que Dios quiere. Nunca lo que el hombre piensa o decide.

Jesús funda Su Iglesia sobre Pedro, no sobre un hombre cualquiera. Pedro es la Piedra Angular de la Iglesia. Y la Iglesia no tiene otra Roca donde apoyarse.

La Iglesia no se apoya en el pensamiento de ningún sacerdote, de ningún Obispo, de ningún Cardenal, de ningún fiel. Ni en ninguna obra que los hombres realicen en la Iglesia.

La Iglesia se apoya en Pedro. Y en Pedro está toda la inteligencia de la Iglesia y toda la obra de la Iglesia.

Este es el Poder que tiene Pedro. Un Poder que sólo Dios puede dar, no lo puede dar ningún hombre.

Por eso, con la renuncia de Benedicto XVI, el hombre ha robado el Trono de Pedro, la Silla de Pedro, pero no ha podido robar el Poder de Dios.

El Poder de Dios descansa sobre el alma que Dios ha elegido para Papa, que es el alma de Benedicto XVI. No puede estar en el alma del falso Profeta, que se sienta en la Silla de Pedro y que se llama a sí mismo Papa.

La renuncia de Bendicto XVI es un pecado del Papa en la Iglesia. Y como pecado debe ser tratado. No es que le faltaran las fuerzas, no es que lo hiciera mal en su reinado y tuviera que irse.

Benedicto XVI pecó y eso basta para producir un inmenso caos en la Iglesia. Caos espiritual, porque los hombres no saben vivir el Espíritu y, por tanto, no saben llamar a la verdad, verdad, y al pecado, pecado.

Sólo puede haber un Papa que Dios elige. Y lo elige hasta su muerte. No lo elige por un motivo humano. No lo quita porque el cuerpo esté enfermo o débil. El Papa es Papa hasta su muerte. Y esa es la Verdad que no se quiere aceptar.

Jesús no juega con Su Iglesia. Cuando pone un Papa sabe a quien pone y conoce sus debilidades y sus pecados. Y lo pone a pesar de sus debilidades y de sus pecados, porque el Papa tiene todo el Poder para regir la Iglesia, así esté enfermo, así ya no pueda más en su vida, así haya pecado.

Jesús funda su Iglesia sobre un alma que Él elige. Y le da Poder para obrar esa Obra Divina hasta el final de sus días terrenos.

Si el Papa Elegido por Dios no hace su misión para la cual ha sido elegido, eso es por el alma, que no sabe tener fe, que no sabe hacer oración, que no sabe hacer penitencia. Y, entonces, tiene miedo de los hombres que tiene a su alrededor y sigue lo que esos hombres le dicen y no hace caso de lo que el Espíritu le dice a su corazón.

Y, por eso, cae en el pecado. Pero el pecado no quita el Poder de Dios y la misión de Dios para esa alma. Porque Dios lo ha elegido para esa misión, sabiendo sus pecados y sus debilidades.

Es el Misterio de la Misericordia Divina, que ninguna mente humana es capaz de entender.

Así, en la Iglesia, ahora mismo hay un Papa: el que Dios ha elegido hasta su muerte: Benedicto XVI. Y no hay otro Papa. El que se hace llamar Papa es sólo un falso Profeta, que tampoco sabe hacer oración ni penitencia y, por tanto, no sabe ver el problema que tiene la Iglesia ahora mismo.

No sabe ver ese problema y no es capaz de pedir Luz al Espíritu para que le dé a conocer la verdad de su vida que, ahora, se mueve en una gran mentira.

Y si ha subido a la Silla de Pedro sin la Voluntad de Dios, sin el llamado de Dios, sin la misión de Dios, sin el Poder de Dios, entonces lo que haga en la Iglesia es por el poder de los hombres, por el llamado de los hombres, por la misión que los hombres quieren en la Iglesia, por la voluntad de muchos sacerdotes, Obispos, Cardenales que ya no quieren seguir la doctrina de Cristo, sino que han hecho de sus sacerdocios un instrumento del demonio.

Detrás de la elección de ese falso Profeta está la Masonería, que camuflada por el Poder Sacerdotal, hace de la Iglesia el reinado del Anticristo. Y presenta a la Iglesia la nueva manera de dar culto a Dios, a través de las enseñanzas de muchos sacerdotes que han perdido el Espíritu Sacerdotal, y ya no saben dirigir a las almas hacia las praderas espirituales, sino que dan a las almas su alimento humano, fruto de su necia inteligencia y de su orgullo de la vida.

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