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Bergoglio: servidor de Satanás

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«Esta es la hora de la confusión, la hora del Falso Profeta, que busca imponer a los hombres su propia doctrina inspirada por el espíritu del mal. Porque Mi Verdadero Evangelio no es doctrina de hombres, pues es de origen Divino» (Jesús a un alma escogida).

Es el tiempo de estar arraigados en la fe. Pero en esa fe divina y católica, dada por Jesús a Sus Apóstoles. En esa fe existe la claridad, la integridad, el conocimiento del bien y del mal. Sin esa fe, todo es oscuridad y confusión.

No existe otro Evangelio, sino el dado por Jesús.

Es la hora de la confusión, en la que Jesús sufre:

«Sufro terribles dolores en Mi Corazón Traspasado a causa del silencio e indiferencia de Mis sacerdotes y siervos consagrados, porque cuántos de vosotros sabéis que se está acercado la hora y no preparáis a las almas frente a los acontecimientos venideros, y por culpa de vuestro silencio y cobardía muchos se perderán».

¡Cuántos de vosotros sabéis que es ya la hora!

La Jerarquía de la Iglesia sabe lo que está pasando. Y calla. Y no prepara a las almas hacia lo que viene. No hay excusa de su pecado.

Conocen el tercer secreto de Fátima y lo siguen escondiendo, siguen callando.

El silencio culpable de la Jerarquía y de los religiosos hace pecar a toda la Iglesia, y lleva a la condenación a muchos: «por culpa de vuestro silencio y cobardía muchos se perderán».

Muchos siguen la Iglesia oficial y se perderán. No hay camino si sigues obedeciendo a la Jerarquía oficial. Búscate a un sacerdote que crea y que se oponga a Roma. Sólo así te salvarás.

Esto es duro de predicar, pero es la única verdad.

La Jerarquía no se atreve a hablar claro y deja estar la situación de la Iglesia en un veremos qué pasa en el Sínodo. Ese veremos mata almas. Se las deja en manos de ese lobo vestido de Obispo, al cual tienen la desfachatez de llamarlo “santo padre”, y es sólo el servidor de Satanás, con la misión de engañar a la Iglesia y al mundo entero.

Bergoglio ya se ha quitado la careta, y aun así muchos no ven su juego.

Muchos intelectuales ven las herejías de Bergoglio, ven su descalabro, y lo siguen llamando “papa”. No tienen vergüenza. No son capaces de llamarlo por su nombre: falso profeta, bufón del Anticristo, usurpador, falso Obispo. Están agarrados a la palabra oficial de la Jerarquía. ¿Qué dice Roma? Si Roma no habla, la cosa sigue sin resolverse. Hay que seguir esperando. Hay que nombrar a Bergoglio como papa.

¡Este es el error garrafal de muchos! Ya no son los tiempos de esperar a que Roma hable. Es la hora de la confusión. Es la hora del Falso Profeta. No busquen una verdad en Roma porque no la van a encontrar.

«Dirijo estas palabras a todos Mis fieles que habéis reconocido ya los Signos de los Tiempos, y vivís bajo mi Guía preparándoos, día a día, a los grandes acontecimientos del Fin de los Tiempos, poco visibles para la gran mayoría, aun de entre vosotros Mis sacerdotes. Si habéis decidido seguirme, estad listos para la prueba, armaos de valor y no os acobardéis, porque os señalarán y os enjuiciarán Mis mismos Pastores, como lo hicieron conmigo los Ancianos y los Maestros de la ley.  Lo hicieron primero conmigo, llamándome blasfemo, por proclamar la Verdad y defenderla. Ahora, a vosotros, os aborrecerán por denunciar la mentira y el engaño, habiendo descubierto al impostor, al que le llaman multitudes “santo padre”, a quien él mismo se dio el título de obispo de Roma, y es solamente un servidor del diablo, porque abandonó el Espíritu de la Verdad, el Espíritu Santo, para recibir el espíritu del mal, haciéndose servidor de Satanás, dejando de ser miembro de Mi Cuerpo Místico».

Es el fin de los tiempos: nadie lo cree. «…poco visibles para la gran mayoría, aun de entre vosotros Mis sacerdotes». La Jerarquía tiene un empacho de teología y no ve nada. No sabe discernir nada. Tanta teología que les va a llevar al infierno de cabeza. Carecen de auténtica vida espiritual.

San Juan escribió Su Evangelio para que creyeran que «Jesús es el Mesías» (Jn 20, 31).

Bergoglio, servidor de Satanás, enseña su doctrina para que las almas sean conducidas hacia el infierno, para que no crean en Jesús, sino en el concepto nuevo de Jesús.

Todo sacerdote de Cristo, cuando habla, cuando predica, lo hace para que las almas crean en la Palabra de Dios.

Todo servidor de Satanás, cuando habla, es para que las almas sólo crean en sí mismas, en sus vidas, en su humanidad, en lo que pueden ver y tocar, en su lenguaje humano. Son expertos en demoler el lenguaje dogmático para quedarse en su barato y blasfemo lenguaje humano, vacío de toda verdad.

Es difícil predicar para convertir a las almas hacia la Verdad. Es muy fácil hablar muchas cosas, y muy concertadas en la inteligencia, pero que no sirven para abrir el corazón de la persona a la fe en Cristo.

Es muy fácil hablar lo que el pueblo quiere escuchar. Eso lo hace la mayoría de la Jerarquía, que no quiere pringarse los dedos dando la doctrina que no cambia, la eterna, la inmutable, la que nadie quiere escuchar y vivir.

Hoy la Jerarquía no es testimonio de Cristo, de la Verdad. Son sólo eso: un conjunto de hombres veletas del pensamiento de Bergoglio. Y son ellos mismos los que producen la confusión dentro de la Iglesia.

Y hay que oponerse a ellos, sabiendo que ellos mismos van a perseguir a los verdaderos católicos: «os señalarán y os enjuiciarán mis mismos pastores».

No esperen de la Jerarquía, que sigue a Bergoglio, que se somete a su inteligencia humana, comprensión ni misericordia con ustedes. Si siguen a uno que no pertenece a la Iglesia Católica, tienen que atacar a los que están dentro de la Iglesia Católica, a los que siguen la doctrina católica, la de siempre.

Y, por seguirla, por permanecer fiel a esa verdad inmutable, deben juzgar y condenar a Bergoglio. Y esto es lo que la Jerarquía de la Iglesia no admite: que se juzgue a Bergoglio, que no se le tenga como papa.

Roma ya no habla la verdad. Hay que juzgar y condenar a Roma.

Ellos van  hacer lo mismo que hicieron con Jesús: van a llamar blasfemos a todo aquel católico que critique, que denuncie a Bergoglio como el impostor que es. Van a querer que todos se sometan al juicio de los Obispos en el Sínodo. Quien no lo haga, será excomulgado.

No hay que tener miedo de esta Jerarquía que no pertenece a la Iglesia Católica, pero que está al frente de todas las parroquias del mundo. Hay que saber enfrentarse a ellos, sin miedo. Y si ellos, en público, exigen la obediencia a la doctrina de Bergoglio, entonces en público se les escupe a la cara y se abandona esa parroquia, como lugar tomado por Satanás para levantar su iglesia.

Quien no tenga las cosas claras de lo que pasa en la Iglesia, está totalmente perdido en esta hora: es la hora de la oscuridad. No hay luz por ninguna parte. En Roma no hay conocimiento de la Verdad. En la Jerarquía no hay sabiduría divina. Entre los fieles, sólo existe la opinión de la mayoría.

Nadie se atreve a dar la cara por la verdad. Tienen miedo a los hombres: a lo que piensan, a lo que dicen. Y no saben enfrentarse a ellos.

¿Qué es la mente de Bergoglio? Una cloaca de maldad. Y punto y final. Quien vea en Bergoglio alguna sabiduría, se ha vuelto loco de remate.

No se puede comulgar con una cloaca de impurezas para constituir la Iglesia de Cristo. No se puede excusar la mente de Bergoglio sólo para tenerlo contento a él. No se pueden limpiar las babas que continuamente salen de la boca de ese maldito. Hay que batallar en contra de ese ignorante y decirle que se marche, que viva su vida como quiera, pero que deje de hacer el idiota.

Todo católico está obligado a comulgar con el Papa Benedicto XVI si quiere salvar su alma. Y aquel que no lo haga no pertenece a la Iglesia Católica, no es católico.

«Os he permitido, hasta ahora, venir al lugar de Mi Santo Sacrificio para que ofrezcáis reparación ante lo que vuestros ojos del alma ven, y se os ha sido revelado, así como el Espíritu de la Verdad os guía a hacer la ofrenda y la unión espiritual y mística con Mi Verdadera Iglesia, guiada y sostenida por Mi Verdadero Vicario Benedicto XVI, y os abstenéis de la unión con Francisco, el obispo de Roma. Llegará el día en que debéis abandonar el Lugar Santo, y Yo mismo os enviaré a un lugar reservado en donde se Me dará un Verdadero Culto, y la Verdadera Adoración, en comunión de Mis sacerdotes escogidos para esta hora, porque para entonces el lugar en donde se celebrará Mi Santo Sacrificio estará terriblemente profanado y convertido en guarida de demonios».

Cuando en la Misa se conmemora el nombre de Francisco en la liturgia, se produce una comunión espiritual de los fieles con el apóstata Bergoglio.

Para no entrar en esa unión, los fieles tienen que ir a la Misa con la intención de reparar todos los pecados que se ven en la Iglesia. El pecado de haber puesto a un hereje como papa. El pecado de someterse a la mente de ese hereje. El pecado de callarse ante las herejías de ese hereje. El pecado de mantener a ese hereje en la Silla que no le corresponde. El pecado de nombrarlo en las misas. El pecado de predicar la doctrina de ese hereje. El pecado de alabar y ensalzar la persona de ese hereje. El pecado de amenazar a los fieles que no comulguen con ese hereje.

Si se va con esta intención, todo lo que ocurra en esa misa no contamina al alma. Se está en el Calvario, en la Presencia de Jesús, que sufre y muere por sus almas, por sus sacerdotes y religiosos que callan ante el desastre que ven en la Iglesia.

No tengan miedo a las palabras de la Jerarquía: son sólo hombres, que han perdido toda autoridad divina en la Iglesia. Actúan como hombres, piensan como hombres, miran la vida de la Iglesia como lo hacen los hombres.

«No temáis a los juicios de los hombres, porque a todo el que Me sigue se le perseguirá, y serán juzgados injustamente. El Ángel del Señor estará con vosotros para proteger a Mis Mensajeros hasta que cumplan con la misión que se les ha sido encomendada, y que libremente recibieron por amor a Mí y a Mi Padre del cielo».

Jesús es la Revelación del Padre, es decir, es la Palabra del Pensamiento del Padre. Jesús descubre lo que piensa Dios; Jesús obra lo que quiere Dios; Jesús vive como vive Dios.

Jesús ya todo lo ha dicho. Y ha puesto Su Revelación en la Iglesia Católica, que Él mismo ha fundado en Pedro.

Poner es confiar a la Iglesia, a la Jerarquía unida a Pedro, todo el Pensamiento de Su Padre.

Poner es hacer que la Iglesia, Su Jerarquía, custodie y propague toda la Vida de Dios, que se manifiesta en los Sacramentos.

Cuando la Jerarquía de la Iglesia ha perdido la fe en la Iglesia, es decir, cuando ya no cree en la Iglesia que Cristo ha fundado, cuando ya no custodia ni propaga la doctrina de Cristo, entonces esa Jerarquía no pertenece a la Iglesia, porque se vuelve herética, vive en la apostasía de la fe, y obra el apartamiento de toda Autoridad Divina, de toda ley Eterna.

Dios ha confiado a la Iglesia custodiar en santidad y declarar infaliblemente la doctrina de fe y de costumbres. Si la Iglesia no hace esto, automáticamente pierde su autoridad doctrinal, que es divina. Ya la Iglesia no enseña con autoridad, con el poder divino, la verdad, lo que hay que creer; sino que se dedica a hablar de muchas cosas para no decir ninguna verdad. Se oculta la verdad divina para manifestar todo un conjunto de verdades a medias, de relativismos.

No hay que seguir ese hablar, ese lenguaje humano, porque no refleja el Poder de Dios, la Autoridad de Dios. Sólo está manifestando un poder humano, una obra humana, que no tiene nada que ver con la de Cristo. Sólo se refleja el pecado de orgullo.

Bergoglio es herejía pura:

«Me imagino ese susurro de Jesús en la Última Cena como un grito… El Bicentenario de aquel grito de Independencia de Hispanoamérica…. nacido de la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno».

Bergoglio toma en vano el nombre de Jesús para predicar su blasfemia. Y tiene que pedir perdón por las atrocidades de los colonizadores:

«… pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América».

Todo el problema de Bergoglio es que cree en lo que dice. Para el que lo lee, sólo hay una expresión: este tipo se ha vuelto loco.

¡Qué escándalo son estas palabras!

¡Qué ultrajante es este pensamiento del impostor!

¡Ofende a toda la Iglesia Católica! Y él tan contento. Y los que lo tienen como papa, felices de que muestre su odio a la Iglesia Católica

Este personaje sigue la teología de la liberación, en la cual los colonizadores trajeron de Europa un cristianismo sincrético, es decir, una síntesis entre la experiencia religiosa antigua de los griegos, romanos y bárbaros, con la tradición judeocristiana.

Para esta teología, los colonizadores no trajeron la fe auténtica, no predicaron la Verdad del Evangelio de Cristo, no enseñaron a ser Iglesia. Ellos no creen en Jesús como Dios, sino como un hombre más. Ellos no pueden creer en Jesús sin más; tienen que creer en la comunidad, es decir, en el Jesús de la historia, en el Jesús que cada comunidad, cada cultura, cada nación se inventa.

Jesús, para estos herejes, es alguien que se insertó en la historia humana y que dio sentido a los que lo seguían. Un sentido humano, un sentido contemporáneo para aquellos hombres. De esta manera, ese Jesús tiene que ser traducido de forma comprensible para las personas del tiempo presente. No se puede seguir al Jesús de los Evangelios, porque fueron escritos en una época determinada, con unas culturas, con unas creencias, con unos mitos. Cada pueblo tiene que inventar, adaptar ese Jesús del Evangelio a su vida de comunidad en particular.

Por eso, este hombre tiene que pedir perdón porque la Iglesia hizo su trabajo según la mentalidad de la época, y lo que tenía que hacer era acomodarse a las culturas que encontraba, sin enjuiciar ni condenar nada. Como no lo hizo, entonces cometieron muchos crímenes, como el de apropiarse de tierras indígenas, el de quedarse con el oro y la plata, y el de matar a los aborígenes. Por estos tres crímenes: saqueo, robo y muerte, ese hombre ha pronunciado unas palabras inadmisibles, llenas de injusticia, de oprobio y de vejámenes.

Bergoglio está en su marxismo y le duele lo que hicieron los conquistadores, porque es incapaz de ver la verdad histórica. Él sólo vive en la memoria de su pensamiento, en su fe fundante. Y, por eso, sis palabras producen un daño incalculable.

Por eso, Bergoglio presenta a un Jesús revolucionario: el grito de la Última Cena es el grito de la revolución de la independencia. Jesús pronunció ese grito de acuerdo a la mentalidad de aquella época. Hoy hay que hacerlo de otra manera.

«… digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los Pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra…».

Hoy lo que impera en el mundo es el nuevo orden mundial. Y hay que gritar ese cambio: un cambio de estructuras. Hay que dejar los Estados, los países particulares y centrarse en un gobierno mundial. Y la razón: su comunismo. Sus campesinos, sus trabajadores, sus comunidades.

Bergoglio lanza dos ideas: la masónica o el idealismo puro, el orden mundial; y la comunista, el bien común global.

Además, mete la idea protestante: su panenteísmo. Hay que cuidar la madre tierra.

En estas tres ideas se basa toda la doctrina de Bergoglio, todo su magisterio, que no tiene ninguna autoridad doctrinal, porque no custodia la Revelación de Jesucristo, la doctrina que Jesús dio a Sus Apóstoles.

La autoridad doctrinal, en la Iglesia, está apoyada en la verdad absoluta e inmutable. Quien enseñe esta Verdad automáticamente tiene el poder de Dios. Lo hace con Autoridad, con la fuerza del Espíritu. Y nunca se equivoca en lo que enseña.

Pero quien enseñe una mentira en la Iglesia, automáticamente pierde el poder divino, y lo que enseña es con su poder humano, con su pobre autoridad humana, con las fuerzas de su mente y de su voluntad. Y, por lo tanto, quiere imponer su idea, su doctrina a los demás. El mentiroso da mil vueltas para imponer a los demás su visión de la vida. El que dice la verdad deja libre siempre a los demás, enseñando el verdadero camino.

Bergoglio impone su idea en Roma y en toda la Iglesia. Para ello tiene a la masonería, que ocultamente trabaja en todas las parroquias del mundo, haciendo que toda la Jerarquía enseñe el magisterio de Bergoglio.

Por eso, ahora los sacerdotes están obligados a defender a Bergoglio, a predicar su doctrina. Una vez que Bergoglio ha vomitado su Laudato Si, que es el magisterio de un heresiarca, la persecución dentro de la Iglesia se ha establecido.

Hay que decirlo sin miedo: Bergoglio es un loco de atar. Y hay que meterlo en un manicomio.

Bergoglio es un maldito endemoniado, con un odio visceral a la Iglesia Católica. Es un ser totalmente ciego, que vive la depravación de su conciencia. Él vive su conciencia global y tiene que atacar a los de conciencia aislada:

«Es el drama de la conciencia aislada, de aquellos discípulos y discípulas que piensan que la vida de Jesús es solo para los que se creen aptos. En el fondo hay un profundo desprecio al santo Pueblo fiel de Dios».

Los de conciencia aislada, en el lenguaje baboso de este hombre, son los verdaderos católicos que disciernen que el amor de Dios es exigente. Y quien no esté preparado no puede entrar en el Reino de los Cielos.

Esto lo ha enseñado hoy en la reunión con el clero boliviano: les enseña a comulgar con su doctrina. Y la Jerarquía asintiendo con su cabeza, callada como idiotas al matadero.

Bergoglio ha elegido el mal para su vida, y eso es lo único que le interesa en la vida. Y es lo único que ofrece a los demás, a los que le quieran seguir. Por eso, tiene que atacar la verdad, la Iglesia, la ley de Dios, la Autoridad de Dios.

Digámoslo sin miedo: queremos que Bergoglio se vaya a su casa y muera allí en la más absoluta miseria, olvidado de todos.

Digámoslo sin miedo: queremos que se muera Bergoglio. Desear la muerte de alguien, por su bien espiritual, es lo mejor que se puede hacer con este personaje. Si sigue viviendo, no hay salvación para su alma. Pero si tiene un accidente y muere, quizás se pueda salvar, aunque sólo sea por temor a lo desconocido. Bergoglio no cree en Dios, sólo cree en su concepto de Dios: él vive su idealismo puro, su ateísmo radical, mezclado de comunismo y protestantismo.

Jesús es la Revelación y ha puesto esta Revelación en Su Iglesia, en Su Jerarquía. Pero la Jerarquía tiene el deber y el derecho de custodiarla en santidad y de proclamar a los cuatros vientos el magisterio infalible, la doctrina de fe. Si la Jerarquía no hace esto, lo que diga oficialmente no hay que seguirlo en la Iglesia Católica.

No hay que escuchar lo que viene de Roma. No hay obediencia a los herejes, porque no son Iglesia. Son usurpadores de la Verdad.

Este es el punto que se le atraganta a muchos católicos: lo oficial y la Revelación de Jesús.

¿Todo lo que habla la Iglesia oficial, todo cuanto sale de la boca de la Jerarquía, es para decir la verdad pese a quien pese? O, por el contrario, ¿las palabras y las obras de la Jerarquía oficial no tienen nada que ver con la Revelación que Jesús ha confiado a la Iglesia?

Cuando la Jerarquía oficial predica herejías y vive la apostasía de la fe, entonces esa Jerarquía no pertenece a la Iglesia Católica, y el católico tiene el deber y la obligación de no obedecer a esa Jerarquía, de separarse de Ella. Si no hace esto, entonces la sigue y admite muchos pecados, que le apartan de la gracia de Dios.

«Sacerdotes, despertad, no durmáis que el Enemigo ya está entre vosotros y no lo reconocéis».

Si la Jerarquía no reconoce al demonio es que vive con el demonio, come con él y se acuesta con él: hace una vida de demonios. Son demonios encarnados.

Si la Jerarquía no reconoce a Bergoglio como enemigo de Cristo y de la Iglesia Católica es que se han vuelto enemigos de la verdad y se han unido a ese viejo verde para destruir la Iglesia.

 

Bergoglio es modernista, ateo y agnóstico

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«Y nuestra oración debe ser así, trinitaria. Tantas veces: ‘¿Pero usted cree?’: ‘¡Sí! ¡Sí!’; ¿En qué cree?’; ‘¡En Dios!’; ‘¿Pero qué es Dios para usted?’; ‘¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe! Existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: son personas, no son una idea en el aire… ¡Este Dios spray non existe! ¡Existen las personas!» (ver texto)

«¡Este Dios spray non existe!»: no existe Dios como Uno. No existe la Esencia Divina. No hay un conocimiento natural de Dios. ¡Ateísmo!

«Dios no es una presencia impalpable, una esencia en la niebla que se extiende alrededor sin saber realmente lo que es» (ver texto). No es una presencia impalpable; no es una esencia extendida. ¿Ven la clara herejía?

Dios no existe como Ser Espiritual. Dios no es Espíritu. Su Esencia, que no puede verse, no puede tampoco existir. Esta es la herejía de este hombre.

Este Dios Spray, esa cierta representación profana o abstracta de la divinidad, no puede existir. No puede darse esa representación en la mente del hombre. Sólo se da un Dios personal, porque es objeto de un conocimiento religioso (= existencialismo). El conocimiento natural de Dios no se da.

Para Bergoglio, sólo existe el conocimiento religioso de Dios:

«¡Existen las personas!»: solo existe Dios como tres personas. Sólo hay que concebir a Dios como persona, pero no como esencia. ¡Modernismo!

«Dios es “Persona” concreta, es un Padre, y por lo tanto la fe en Él nace de un encuentro vivo, de una experiencia tangible» (Ib).

Y la fe nace de la experiencia con esa “Persona”. No se puede llegar a la fe a través de una realidad divina, porque no existe. Es decir, los que dice que Dios es Uno, los que creen que existe la esencia de Dios, no tienen fe, se equivocan.

Bergoglio se inventa su fe, su conocimiento religioso sobre Dios. No es una fe católica. Es su fe masónica, puramente del demonio. Que es lo que declaró en su entrevista con Eugenio Scalfari:

«Yo creo en Dios, no en un Dios católico. No existe un Dios católico. Existe Dios, y creo en Jesús, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor; pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi ser» (1 de octubre 2013).

«No existe el Dios católico»: el Dios Uno; la esencia divina. No hay un conocimiento natural ni científico de Dios.

«Existe Dios»: las personas. Sólo hay un conocimiento religioso de Dios.

Esas personas, ese conocimiento religioso, son distintas a lo que el dogma católico entiende por la Trinidad, porque Bergoglio no cree en el dogma de la Santísima Trinidad. Sólo cree en tres personas:

1. Jesús, que no es Dios, que no es un Espíritu, sino que es una persona humana, un hombre: «¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria» (ver texto);

es su maestro, su gurú, que es la encarnación de este dios, que es «persona concreta, es un padre»; es la encarnación de este conocimiento religioso sobre el Padre. El Hijo es un gurú para Bergoglio.

2. El Padre es la luz y el Creador.

3. Y el Espíritu Santo es un extra, como en las películas: «el Espíritu Santo que es el don, es ese extra que da el Padre» (ver texto)

«‘¿Pero usted cree?’: ‘¡Sí! ¡Sí!’; ¿En qué cree?’; ‘¡En Dios!’; ‘¿Pero qué es Dios para usted?’; ‘¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe!».

¿Ven la barbaridad?

Se niega el conocimiento de Dios y su existencia: no se conoce la esencia de Dios ni su existencia. Sólo se conoce a Dios como Persona, pero no como naturaleza divina. Es decir, que Dios es el invento de la mente del hombre, que para hablar en un mundo de fe, tiene que poner tres personas, pero tampoco se cree en Ellas, sino sólo en la interpretación que la mente da de Dios como persona.

Esto se llama la filosofía del existencialismo, que en la Encíclica Humani generis Pío XII describe:

«el cual no haciendo caso de las esencias inmutables ‘de las cosas, solamente se preocupa de la existencia individual de los seres; y el cual con ninguna corrección o complemento puede ser compatible con el dogma católico, bien profese el ateísmo, según es evidente, bien al menos sea contrario al valor del raciocinio metafísico».

Bergoglio no hace caso de la esencia divina: no mira a Dios como Uno en su Esencia.

Sino que sólo se fija en la existencia individual de cada persona. Y esto es negar totalmente a Dios. Esto no puede ser compatible con el dogma católico, que dice que Dios es Uno en Su Esencia y Trino en las Personas. Uno y Trino.

Bergoglio anula lo Uno y se queda con lo Trino: está redefiniendo con su mente humana, su dios, su tipo de dios, su idea de dios, su idea de la trinidad, totalmente contraria al dogma. Ese dios trino no tiene nada que ver con la Trinidad. Es sólo la mente de ese hombre que se inventa cada persona.

No sólo Bergoglio dice que no puede conocerse la esencia inmutable de Dios, sino que va más allá y dice que Dios, como Uno, no existe: «¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe!»

Kant admitía la existencia de Dios – y la admitía absolutamente-, pero no podía admitir el conocimiento de Dios. Con su razón negaba que podía alcanzar un conocimiento natural, pero sí demostrar su existencia.

¿No es esto una gran locura?

• Está negando que el conocimiento de Dios brote en el hombre naturalmente, de un modo espontáneo por la consideración de las cosas naturales. Y que, por tanto, sólo el hombre puede conocer a Dios de una manera sentimental, existencial, pragmática. Es un conocimiento religioso, pero no natural. Sólo conoce la persona, pero no su esencia: Dios no existe.

• Está negando que la existencia de Dios puede demostrarse de manera científica e intelectual: Dios no existe.

• Está negando que pueda salvarse el que sólo conozca a Dios por la luz de la razón.

• Está diciendo que los que creen en la existencia de Dios como Uno están equivocados: todo el dogma católico está errado con Bergoglio.

¿Qué dice la Sagrada Escritura?

«Porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son conocidos mediante las creaturas. De manera que son inexcusables…»: lo invisible de Dios, esa presencia impalpable, esa esencia que se extiende en la niebla, es conocido mediante la luz de la razón, por las creaturas. No hay excusa para Bergoglio (Rom 1, 20).

Y, por tanto, ¿quién es Bergoglio?

«Vanos son por naturaleza todos los hombres que carecen del conocimiento de Dios, y por los bienes que disfrutan no alcanzan a conocer al que es la fuente de ellos…» (Sab 13, 1-9).

¿Qué dice la doctrina de la Iglesia?

1. «El razonamiento puede probar con certeza la existencia de Dios y las perfecciones infinitas de El» (D 1622).

2. «El razonamiento puede probar con certeza la existencia de Dios, la espiritualidad del alma, la libertad del hombre» (D 1650).

3. el Juramento en contra de los modernistas: «Confieso que puede conocerse con certeza, y que incluso puede demostrarse también, como se conoce y se demuestra la causa por los efectos, la existencia de Dios, principio y fin de todas las cosas, mediante la luz natural de la razón a través de lo que ha sido hecho, esto es, por las obras visibles de la creación» (D 2145); el cual juramento antimodernista Pío XI lo proclamó en la Encíclica Studiorum Ducem, que interpretó de forma preclara el dogma definido solemnemente por el Concilio Vaticano I.

¿Qué dicen los Santos Padres?

«Al ver que el mundo y todo lo que hay en él se mueve necesariamente, hay que conocer a aquél por el que todo se mueve y es conservado, a saber a Dios» (Aristides – R. 110).

«Así la razón, que proviene de Dios y está inserta en todas las personas y la ley primera grabada en nuestros corazones y vinculada íntimamente a todos los hombres, nos condujo de las cosas que percibimos con la vista a Dios» (S. Gregorio Nacianceno – R 987).

«¿Cuántas veces la gente dice que cree en Dios? ¿Pero en qué tipo de Dios creen?

Frente a un ‘dios difuso´, un “dios-spray”, que está un poco en todas partes, pero que no se sabe lo que es, nosotros creemos en Dios que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu Santo. Creemos en las Personas, y cuando hablamos con Dios hablamos con Personas: o hablamos con el Padre, con el Hijo o hablamos con el Espíritu Santo. Y ésta es la fe» (ver texto)

Bergoglio dice: frente a un dios que no se sabe lo que es, tenemos tres personas. ¡Agnosticismo!

Bergoglio ha perdido la cordura, los dos dedos de frente, la lógica natural que tiene todo hombre: Dios existe. Tiene que existir un Dios, al margen que sea Trino o no. La Trinidad es un dato de la Revelación: sólo se sabe por la fe, por la verdad revelada. Pero la Unidad es un dato al alcance de toda mente humana.

Bergoglio es un loco: no tiene mente humana. No sabe pensar adecuadamente, como lo hace un niño. Es todo confusión, oscuridad, un caos en la doctrina, un galimatías.

El existencialismo es una teoría pragmática y sentimental, que es lo propio de la mente de este hombre: un llorón de sus sentimientos humanos, de la vida humana.

Bergoglio es un modernista, ateo y agnóstico. Sólo cree en el conocimiento religioso de Dios, que no procede de la fe católica, sino de su fe masónica. Es un conocimiento inventado por su mente, no sacado de la Revelación. Usa la revelación para apoyar su conocimiento.

Bergoglio sólo cree en su idea de Dios; sólo cree en su mente. Su dios es su mente, lo que su razón concibe sobre Dios. No puede llegar al conocimiento natural de la existencia de Dios y, por tanto, concibe la existencia de Dios como algo mental, ideal, pero pragmático.

Bergoglio es un existencialista: un vividor de su idea. Pone en práctica lo que concibe en su mente. No se queda en el idealismo puro. Y, por eso, no le interesa ni la filosofía ni la teología. No le interesa la moral. Sólo le interesa lo que él puede obrar con la idea que ha concebido, que ha adquirido en su mente.

Bergoglio sólo mira su mente y, por tanto, no puede escuchar la verdad fuera de su mente. No sabe escuchar al otro. No sabe obedecer ni a Dios ni a los hombres. Sólo le interesa el otro para su obra pragmática. Si ese otro le sirve, entonces lo usa, pero no es capaz de amarlo. Si no le sirve, lo combate, lo persigue, pero no lo hace él mismo, sino a través de otros.

Bergoglio, al no tener fuerza intelectual, sino sólo existencial, pragmática, no es capaz de enfrentarse a los intelectuales. Los escucha, pero no es apologeta. Se enfrenta a ellos de manera indirecta.

A Bergoglio sólo le interesa su propia vida, no la de los demás. No sabe estar en el otro. Por consiguiente, no sabe ser líder, gobernante. Quiere el mando para su provecho propio, pero no para otra cosa. Cuando ve que el poder le ayuda para su plan, entonces lo acepta. Pero cuando ve que el poder se opone a su plan, entonces o no lo acepta o renuncia a él.

Su comunismo en la Iglesia es su obra pragmática: es poner en práctica esa idea de Dios, que tiene metida en su mente. Él sólo busca lo social, el pueblo, lo cultural, el bien común, los derechos de los hombres, las justicias humanas, las políticas de todos los gobiernos. Pero los busca para su plan, no para hacer un bien a los demás. Bergoglio sólo se mira a sí mismo. Por tanto, busca en el pueblo su gloria, la alabanza, el aplauso, el reconocimiento de los demás. Está ávido de que los demás hablen bien de él. No soporta a los que hablan mal de él.

Su masonismo le ayuda a perfeccionarse en su idea de Dios. Para el masón, el concepto de Dios es una perfección que debe evolucionar. Cada hombre tiene que llegar a un grado de perfección en la idea de Dios. Bergoglio, con su fraternidad, se abre a todas las religiones y acepta todos los dioses, todos los cultos, porque cada uno de ellos es un grado de perfección. Hay que aceptar las ideas que tienen los demás sobre Dios para alcanzar su grado de perfección. Hay que tolerar a los demás en sus cultos, en sus ritos, en sus adoraciones. Hay que admitirlos como buenos, como santos, como perfectos.

Su protestantismo le lleva a la perfección de la obra del pecado. El pecado, para este hombre, es un ser social, no es un estado del alma. Es algo que nace por la convivencia entre los hombres y se queda ahí, con sus frutos, con sus obras, que otros hombres, haciendo lo correcto, quitan. Para Bergoglio, la perfección del hombre es la sociedad, la comunidad, el Estado. No existe la perfección individual, sino la de una comunidad, la de un pueblo. Su idea de la iglesia es sólo social. Y, por tanto, las leyes de esa iglesia nacen de lo social. No son leyes para el alma, para la vida de cada persona. Son leyes para un estado social, una vida comunitaria. Por tanto, el pecado no existe; sólo se dan los distintos males entre los hombres que viven en sociedad, en familia, en un trabajo, en un sindicato, etc. No le interesan las almas, la vida espiritual. Sólo le interesa el hombre como comunidad, como un ser social.

Esto es Bergoglio.

¿Cómo es que todavía le obedecen como Papa?

No tiene ningún sentido.

¿Cómo pueden esperar algo del Sínodo teniendo a un ateo y a un agnóstico dirigiendo el negocio de los negocios: su falsa iglesia?

No comprendemos a tantos católicos, que se dicen intelectuales, y que acaban sometiendo su mente a un loco. No lo comprendemos.

¿Qué es la obediencia para toda esta gente? Si es someterse a un hombre, entonces tienen que obrar ese sometimiento. Tienen que ser ateos y agnósticos como este hombre. Si no hacen esto, entonces, ¿para qué están obedeciendo a este hombre? No entendemos, tampoco, esta obediencia.

¿Lo obedecen sólo porque se sienta en la Silla de Pedro? ¡Qué absurda obediencia!

No se obedece, en la Iglesia, a aquel que no enseñe la Verdad. Si esto no lo tienen claro, entonces ¿qué hacen en la Iglesia? La Iglesia no es como el Estado, en que hay que obedecer al gobernante, así sea ateo y agnóstico. En la Iglesia no puede darse esta obediencia nunca. Los católicos no saben lo que es la Iglesia.

No entendemos que la gente pierda el tiempo esperando, ilusionándose de que Bergoglio algún día deje de decir estas herejías y se comporte como un Papa verdadero.

Si Bergoglio no es Papa, entonces el Sínodo es nulo. Saquen las consecuencias: dejen de mirar a Bergoglio. Dejen de mirar a Roma. Dejen de mirar a toda la Jerarquía de la Iglesia. Dejen de ser estúpidos en la Iglesia. Dedíquense a vivir su fe católica, escupiendo todo lo que venga de Roma.

La Iglesia remanente no tiene cabeza visible, porque es la que permanece sólo obedeciendo a Cristo, como Cabeza Invisible. Y hasta que Él no ponga Su Papa, de manera extraordinaria, sin el concurso de ningún Cónclave, no se obedece a nadie en la Iglesia. Esto es lo que cuesta entender a tantos católicos que se han hecho ignorantes con tanta teología y filosofía que les oscurece la mente humana.

Profesen su fe católica, la que Cristo enseñó a Sus Apóstoles, al margen de todo lo que venga de Roma, porque ellos ya levantan su falsa iglesia, con su falso cristo y con su falso evangelio. Y, por tanto, con su falsa jerarquía.

Estamos en los tiempos del Anticristo

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Para que un Papa hable ex cathedra no es necesario que emplee un tipo especial de documentos, se llamen bulas, encíclicas, decretos, etc., en los que con toda solemnidad defina alguna verdad revelada. Lo único que se necesita que el Papa hable como Papa y sea maestro de la Verdad, determinando con autoridad suprema algún punto referente al depósito de la fe. Aunque esta enseñanza la publique en forma de carta, breve, homilía, etc., no deja de tener el carácter de documento ex cathedra.

Aunque el Papa se dirija a un hombre, en una carta, está enseñando a toda la Iglesia. Las entrevistas que hizo Juan Pablo II y las de Benedicto XVI (incluso las que ha hecho habiendo renunciado al Papado) son documentos ex cathedra. Un Papa nunca se desliga de la Iglesia cuando habla como Papa. Por eso, un Papa no puede tener vida privada. Es para toda la Iglesia y es para todo el tiempo en que vive, hasta su muerte.

Lo único que compromete la infalibilidad de un Papa es un error doctrinal. Otro tipo de errores (modo de resolver un asunto, etc.) no van contra la infalibilidad.

Por eso, nunca un Papa puede enseñar la herejía. Nunca. Si la enseña, entonces es necesario concluir que no es Papa.

De aquí es claro que Francisco no es Papa, porque enseña la herejía. Ahí tienen sus homilías, sus declaraciones a la prensa, sus encíclicas, que claramente no son el magisterio vivo de Pedro en la Iglesia.

Y muchos se confunden en esto de la enseñanza ex cathedra. Y, por eso, siguen sin ver a Francisco como lo que es: no es Papa. Sí, como hombre también se equivoca, pero dice cosas que están bien.

Un Papa nunca se equivoca en cuestiones doctrinales. Nunca. Por eso, mandar hacer una encuesta es una equivocación doctrinal; llamar por teléfono a una mujer malcasada, es el inicio de un cisma; convocar un sínodo para destruir la familia es consagrar la Iglesia a Satanás; poner como modelo de teología la obra de un hereje y de un cismático, como es Kasper, es hacer que el mundo se ponga a los pies de Francisco.

El colapso de la Iglesia Católica no es signo de división en Ella, sino sólo da a entender que se ha perdido la fe en mucha Jerarquía. Lo que divide la Iglesia es su participación en la creación de una nueva iglesia mundial, una religión mundial, que es lo que hemos visto desde hace más de un año, cuando Francisco inicia la falsedad de su Papado.

Francisco se ha ido al mundo para hablar a todos de hacer una nueva forma de adoración a Dios. Esas son sus dos declaraciones a la prensa, y sus diálogos con los judíos, protestantes, musulmanes y jefes de gobierno.

La liquidación del Papado, poniendo su gobierno horizontal con todo el aparato económico, es claro ejemplo de división en toda la Iglesia. El gobierno de la Iglesia es, en estos momentos, una dictadura. Todos tienen que obedecer lo que viene de Roma. Y lo que viene de ahí es el comunismo y el protestantismo. Ya no es el catolicismo. Ya de Roma no viene la Verdad, sino la mentira. Y una mentira que todos pueden ver.

Los Obispos del mundo están con la soga al cuello; porque ven la herejía en el que se sienta en la Silla de Pedro, pero tienen que callar. Y el que calla otorga, hace alarde de sabiduría mundana. Y, por eso, «cuando el error no es combatido termina siendo aceptado; cuando la verdad no es defendida termina siendo oprimida» (San Félix III, Papa).

Todos van a aceptar lo que proponga Francisco en el Sínodo: una herejía; porque ahora no combaten las palabras de Francisco y de Kasper. Sólo muy contados Obispos y Cardenales, viejos por experiencia, que tienen sabiduría divina, han hablado. Los demás, la mucha Jerarquía que queda, está dividida; y muchos dando coba a Francisco.

Ya la Verdad no se defiende en la Iglesia. La gente habla y habla de tantas cosas, da sus opiniones sobre todo, comienzan a criticar a todo el mundo, a los Papas anteriores y, después, siguen besando el trasero de Francisco, lo siguen llamando Papa. Es algo sin sentido común. Algo que no entra en la cabeza, cómo esta de ciega la gente.

Si se pierde la Verdad, se pierde el alma.

El alma sólo se alimenta de la Vida Divina. Y ésta es la Obra de la Palabra de Dios. Dios obra Su Palabra en el corazón de la persona que acepta la verdad. Y obrar la Palabra Divina es vivir de manera divina en lo humano.

Cuando no se enseña la Verdad, entonces se enseña a caminar hacia el infierno del alma.

Cuando no se combate el pecado, entonces éste se hace vida en las almas.

Cuando el amor no es vencido por la mentira, entonces hace caminar al alma hacia la verdad de su vida.

La muerte de muchas almas es porque han aceptado la mentira que viene de Roma, que está en la boca de Francisco todos los días, que es la propaganda de la Jerarquía que apoya a Francisco, que es la obra de tantos fieles de la Iglesia que se han creído maestros de todo en Ella.

La Iglesia no es un juego de los hombres, sino la posesión de la Verdad en el corazón del que cree en Jesús. Quien cree en la Palabra del Verbo Encarnado, obra la Iglesia. Quien no cree, la destruye con su palabra humana.

Quien no quiera poseer la Verdad, sino que va buscando las verdades de los hombres, entonces hace de la Iglesia su propio negocio entre los hombres.

La Iglesia se ha convertido en una ONG por la falta de fe de toda su Jerarquía. No es que la Jerarquía vaya tras el dinero o el puesto en el gobierno eclesial. Eso no es el problema, porque siempre el pecado de avaricia, de orgullo, de lujuria, está en todos los hombres. El problema de la Iglesia actual es que su Jerarquía no cree en nada. Sólo cree en lo que encuentra con su razonamiento humano en todas las cosas divinas. Han abajado a Dios a su concepción humana, a su visión humana, a su ley humana.

Y este problema: no hay fe; es lo que va a producir el cisma en toda la Iglesia.

El cisma significa alejarse de la Verdad. Y esto se puede hacer de muchas maneras.

Francisco ya lo ha hecho con el Papado: se ha alejado del dogma del Papado con su gobierno horizontal. Y nadie ha captado este cisma. Nadie lo llama cisma. Porque todos han perdido la fe en el Papado. Se han dedicado, durante 50 años, a triturar al Papa reinante. Y esa desobediencia de muchos Cardenales y Obispos, es el fruto del gobierno horizontal.

Ese gobierno no sólo lo componen ocho cabezas más los secretarios y otros elementos añadidos. Ese gobierno está compuesto por la Jerarquía infiltrada en la Iglesia, que son más de la mitad de Ella. Hay más Jerarquía que se viste de lobo, que Jerarquía auténtica. Son pocos los sacerdotes, los Obispos, que tengan fe en Cristo y en Su Obra, la Iglesia.

No se puede decir que son más los verdaderos, porque entonces no se puede comprender la situación a la que ha llegado toda la Iglesia: a un colapso en la fe, en la verdad. Si nadie lucha por toda la Verdad, entonces todos se pierden en la mentira, y van caminado hacia el infierno. Y la Jerarquía que ya no enseña la verdad lanza a las almas al fuego del infierno. Todos quieren ese gobierno horizontal porque es lo que han practicado durante 50 años a espaldas del Papa reinante. Claro, nadie lo llama cisma.

Muchos fieles se están alejando de la Verdad al aceptar la mentira que viene de Francisco todos los días. Si Francisco no es Papa, entonces lo que enseña siempre aleja de la verdad. A la larga, produce el alejamiento de la verdadera doctrina y eso lleva, de forma inevitable, al cisma.

No se cae en la cuenta de que Francisco es un falso Profeta. Y todo aquel que escucha y aprende de un falso Profeta, se coloca en la mentira, en el engaño, en el error.

No se cae en la cuenta de la gravedad de lo que significa tener a un usurpador sentado en el Trono de Pedro. Como lo ven una persona amable, humilde, cariñosa, buena,.., ahí está la trampa del demonio.

Francisco es el mayor engaño de Satanás a la Iglesia. A muchos les cuesta creer que un Papa pueda ser hereje y cismático. A mucha Jerarquía no les entra en la cabeza que la figura del Anticristo y del Papa sea una misma. Se aferran a la idea de que el Vicario es luz siempre en la Iglesia, la seguridad última para saber dónde está la Verdad, porque donde está el Papa está la Iglesia. No pueden entender que no haya Papa en la Iglesia o que un Papa sea el Anticristo.

Y no lo comprenden sólo por su falta de fe, porque viven de espaldas a la Palabra de Dios, que es clara cuando se trata de la Iglesia: «y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Mt 16, 18). En estas palabras se dice que la Iglesia es perdurable y, por tanto, la dignidad de Pedro también lo es. Si la Iglesia no perdura, no llega hasta el final, sino que es vencida por el demonio, entonces también la figura de Pedro se tiene que acabar.

Si Satanás pone su Papa en la Iglesia, es claro que la Iglesia ha acabado, porque ese Papa ya no tiene la dignidad de Pedro, no es el sucesor de Pedro. Y, por tanto, esa Iglesia, que lidera, no es la de Cristo, sino la del demonio.

Si no se puede creer que Satanás puede poner su Papa en la Silla de Pedro, entonces hay que anular la Palabra de Dios. Muchos lo hacen y, por eso, siguen llamando a Francisco como Papa. No ven el engaño del demonio en la Silla de Pedro. Y, por lo tanto, no ven la falsa iglesia que Francisco está montando sobre los restos de la Iglesia Católica.

Hoy las almas no atienden a la Verdad de la Palabra, sino que están en la Iglesia buscando sus verdades, sus razonamientos, sus ideales, sus políticas, sus espiritualidades. Todos se han inventado la Fe en Cristo y las obras en la Iglesia. Nadie vive de fe auténtica en Ella.

Por eso, se está al inicio de la mayor herejía de todas. Y esa herejía hará temblar al mundo, porque el mundo vive de lo que la Iglesia ofrece. Si ésta construye la Verdad, entonces el mundo camina hacia su salvación; pero si ésta destruye la Verdad, el mundo se impone en la misma Iglesia y lo acaba todo, lo destruye todo.

Ningún masón puede declarar santos en la Iglesia

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“¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Después de ver el doble lenguaje de Francisco, y de seguir constatando que Roma ha perdido la Fe, y ya no se opone al inicuo que usurpa la Silla de Pedro, sino que lo protege, excusa su pecado, y le abre caminos para que siga destruyendo la Iglesia, como lo está haciendo; sólo queda refugiarse en el Corazón de Jesús. Lo demás, es perderse en un mundo y en una Iglesia que ya no ama a Dios, sino que da culto al demonio y al pensamiento de los hombres.

¿Cómo reconocer al Anticristo?: “Ustedes los reconocerán porque no llevará nunca la cruz, símbolo de redención. Él tendrá doce discípulos, se valdrá de todo tipo de prodigios para hacerlos caer en engaño. En las Iglesia habrá desorden” (Cuadernos 1943 – María Valtorta).

Francisco lleva una cruz, que no es el símbolo de la redención, sino el símbolo de la condenación: una paloma, que cae en picado, hacia un grupo de ovejas, donde hay una calavera, representada como “buen pastor”. Francisco es un anticristo, pero no el Anticristo. Él ha puesto a ocho cabezas para gobernar la Iglesia, que piensan lo mismo que él, que obran lo mismo que él. Ese grupo de herejía es el que inicia la falsa Iglesia, el que da cuerpo a la iglesia negra del demonio.

«Vendrá un hombre, ostentará obras de beneficencia; demostrará gran estabilidad, hará el bien y mucha gente lo amará y creerá en sus hazañas. Pero recuerden que la humildad viene de Dios y el que procede de Dios no se pavonea» (Ibidem). Francisco, desde que inició su falso pontificado, se pavonea con todo el mundo; el mundo lo aplaude, el mundo lo sigue, porque el mundo reconoce lo que hay en Francisco.

En la Iglesia, Francisco se ha puesto a recoger dinero. Las almas no le interesan para nada. Quiere llegar a la gente dándole lo que quieren escuchar. Por eso, la masa lo ama; la masa cree en sus palabras, en sus obras. La masa lucha por Francisco, pero ya no lucha por la Verdad. Creen que Francisco da la Verdad porque da dinero a los pobres, porque está metido en los asuntos del mundo, de la gente; porque se preocupa de la vida de los demás. Es el engaño de un hombre que sólo se pavonea, que sólo quiere publicidad, que busca la propaganda, como todo político. Está haciendo su campaña política en la Iglesia y nadie se ha dado cuenta.

«Vi qué nefastas iban a ser las consecuencias de esta falsa iglesia. Ví cómo aumentaba de tamaño; herejes de todo tipo venían a la Ciudad (Roma). El clero local se tornaba tibio, y vi una gran oscuridad… Entonces la visión pareció extenderse por todas partes. Comunidades católicas enteras eran oprimidas, asediadas, confinadas y privadas de su libertad. Vi muchas iglesias que eran cerradas, por todas partes grandes sufrimientos, guerras y derramamiento de sangre. Gentuza salvaje e ignorante se entregaba a acciones violentas. Pero todo ellos no duró largo tiempo” (Visiones de la Beata Catalina Emmerick – 13 de mayo 1820).

Esto es lo que viene ahora. Se inicia la falsa iglesia. Ya, durante 50 años, en Roma, las herejías han ido aumentado de tamaño. Y no han sido los Papas los culpables, sino los Obispos y sacerdotes que no han obedecido a la Cabeza Reinante. Herejes de todo tipo hay en el Vaticano. Y, por tanto, la tibieza en la vida espiritual es manifiesta, clara, es lo que los fieles ven en sus pastores: ya no viven sus sacerdocios, sino otra cosa. Y, entonces, viene un Francisco, otro hereje, que se alimenta de engaños, que vive su vida según su propia voluntad, y extiende la herejía a todo el mundo. Hace que todos la vivan, la abracen, la obren.

Esto es lo que está pasando: quien sigue a un hereje, se hace él mismo hereje. Empieza a comulgar con su mismo pensamiento humano, que es errado cien por cien. Y, claro, tiene que venir la persecución.

Y ya hay señales que empiezan, por todas partes, grandes sufrimientos por causa del pecado de la Iglesia actual. Francisco y los suyos, son los culpables de lo que viene ahora a la Iglesia y al mundo.

«Veo al Santo Padre muy angustiado. Él vive en un palacio, distinto al anterior, donde recibe sólo a un número limitado de amigos allegados a él. Temo que el Santo Padre tenga que sufrir muchas otras pruebas antes de morir. Veo que la falsa iglesia de las tinieblas está haciendo progresos, y veo la tremenda influencia que ella tiene sobre la gente. El Santo Padre y la Iglesia están verdaderamente en una aflicción tan grande que habría que estar implorando a Dios día y noche» (Visiones de la Beata Catalina Emmerick – 1º de agosto 1820).

Del Papa Benedicto XVI habla la beata. Está presentando la potestad espiritual que tiene el Papa. En la persona del Papa confluyen dos potestades distintas: una temporal (sobre la Ciudad del Vaticano) y otra espiritual (sobre el gobierno de las almas y de la Iglesia Católica).

Benedicto XVI ya no gobierna el Vaticano y, por tanto, no posee esa potestad temporal, a imagen de Cristo, que se separó de la Sinagoga de su tiempo, para poder ejercer su potestad espiritual, y así fundar Su Iglesia. Benedicto XVI está separado del Vaticano y de todas sus iniquidades, como Jesús. Pero sigue conservando su potestad espiritual porque su renuncia no significa la pérdida del Poder Divino. Él sigue siendo el Papa, pese a quien le pese. Y el Papa de toda la Iglesia Católica, el Papa elegido por Dios. En este Papa está la Verdad, se guarda la Verdad. Vive en un palacio, distinto al que ocupó siendo Papa, recibiendo sólo a pocas personas. Pero vive sufriendo por la Iglesia y le llega la hora del mayor sufrimiento: ir a la Cruz de la cual se bajó: «llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombre y mujeres de diversas clases y posiciones» (Lucía – Tercera parte del Secreto de Fátima).

Francisco es el Soberano Absoluto del Vaticano, antro de los siete vicios capitales; tiene un poder humano temporal y material, pero no tiene la potestad espiritual sobre las almas ni sobre la Iglesia Católica.

Francisco ha demostrado una actitud ecuménica exaltada, una escandalosa negligencia y libertad litúrgica, una pastoral de considerable ambigüedad, y una concepción doctrinal herética y totalmente discutible.

Francisco es un masón, un hombre que, desde 1999, es miembro honorífico del Rotary Club de Buenos Aires. Y un masón no puede nunca ser el verdadero Papa, el Papa legítimo, sino que es, a todas luces, ilegítimo; y lo que hace en la Iglesia es nulo, a los ojos de Dios. A los ojos de los hombres, tiene una validez humana, pero no espiritual.

El Rotary es de inspiración masónica, pone en práctica los ideales masónicos y tiene vínculos con la Masonería. Y, por eso, al Rotary se le conoce como Masonería blanca o Masonería sin máscara.

Francisco, desde que salió al balcón se dirigió al mundo y a la Iglesia como masón, no como Papa. Y sus palabras fueron claras: “Dado que muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica, otros no son creyentes, os imparto esta bendición, en silencio, a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero a sabiendas de que cada uno de ustedes es un hijo de Dios Que Dios los bendiga” (13 de marzo 2013). Puso el sello de la masonería en su primera actuación. No puso la palabra de Dios, no llevó a Cristo, no ofreció la Verdad, sino la mentira.

Lo que dijo está totalmente de acuerdo con lo expresado por la masonería: “la masonería enseña que ya que Dios es el Creador, todos los hombres y todas las mujeres son los hijos de Dios. Debido a esto, todos los hombres y todas las mujeres son hermanos y hermanas“ (Gran Logia de Michigan). Este es el gran principio de la fraternidad: el amor al hombre se pone por encima del amor a Dios. Porque sois hijos, sois hermanos. No se dice: porque sois amados por Dios, entonces sois hijos: «Y por ser hijos envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de Su Hijo, que grita: ¡Abbá, Padre!» (Gal 4, 6). Somos hijos en el Hijo del Padre. Somos hermanos en el Espíritu del Hijo, que es el Espíritu de Cristo. No somos hermanos por Creación de Dios. Somos hermanos porque «Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, para que recibiésemos la adopción» (Gal 4, 4b-5). La masonería niega la Redención y, por tanto, predica el amor fraterno, anulando el amor de Dios.

Francisco predica su fraternidad en la Iglesia, que se asemeja a la del universalismo antropocéntrico, de matiz iluminista, revolucionaria y atea: «el Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de la fraternidad» (Francisco en la entrevista a Scalafarri). Clamorosa inexactitud, que anula la obra de la Redención. Jesús se encarna para redimir al hombre del pecado y así hacerlo hijo de Dios por adopción. Y, por tanto, la fraternidad es sólo una mera consecuencia de la Redención, pero no es el fin de la Encarnación del Hijo de Dios. Y esto le lleva a la adoración del hombre: «sobre el altar adoramos la carne de Jesús; en ellos (en los pobres) encontramos las llagas de Jesús. Jesús está presente en la Eucaristía, aquí está la carne de Jesús; Jesús está presente ente ustedes, es la carne de Jesús: son las llagas de Jesús en estas personas» (Francisco, en Asís, a los niños discapacitados). Francisco ha perdido el camino de la Verdad y no sabe diferenciar la presencia de Cristo en la Eucaristía y la presencia de Cristo entre los pobres. Las llagas de los pobres son sólo un símbolo de las llagas de Cristo, una analogía, no real, sino sólo relativa, conceptual. Y la presencia de Cristo en la Eucaristía es real, sustancial, no es un símbolo. Y, por tanto, hay que destacar a Cristo en la Eucaristía, no las llagas de los pobres. El primer plano, para Francisco, son los pobres, no es Cristo. Señal de que Francisco da culto a los hombres, a sus obras, a sus pensamientos. Pero no es capaz de dar culto a Dios. Habla que Jesús está en la Eucaristía para llevar la mente del que lo escucha a lo que le interesa: el hombre. Este es siempre el doble lenguaje de Francisco. ¡Siempre!

En la elección de Francisco a la Silla de Pedro estuvo la masonería: él fue el candidato de los masones cardenales; puesto en una hábil maniobra del demonio para quitar al Papa reinante, y poner al que destruye el Papado con su vida de vulgaridad, con su vida social y política; con su inteligencia errada en todas las cosas de la Iglesia. Habla de muchas cosas y todo es mentira en lo que habla. Habla para darse importancia, pero nunca para enseñar la verdad. Habla para poner a otros los modelos de vida que él tiene: «En estos días, he podido leer un libro de un cardenal —el Cardenal Kasper, un gran teólogo, un buen teólogo—, sobre la misericordia. Y ese libro me ha hecho mucho bien» (Ángelus – Plaza de San Pedro -Domingo 17 de marzo de 2013). «Otra cosa: ayer, antes de dormir, pero no para dormirme, leí -releí- el trabajo del cardenal Kasper y me gustaría darle las gracias, porque me encontré con una profunda teología, un pensamiento claro en teología. Es agradable leer teología clara. Y también encontré aquello que San Ignacio nos decía, del sensus Ecclesiae, el amor a la Madre Iglesia… Me ha hecho bien y me vino una idea -discúlpeme si le hago avergonzarse Eminencia- pero la idea es que a esto se le llama “hacer teología de rodillas”. Gracias. Gracias.» (Aula del Sínodo en el Vaticano – 21 de febrero).

Al Cardenal Kasper no se le puede considerar un buen teólogo, sino merecedor de reprobación expresa, por su posición marcadamente herética y cismática con relación a varios dogmas de Fe, entre ellos la negación de la divinidad de Jesús, en su libro Jesús el Cristo, donde dice: «esta confesión Jesucristo, Hijo de Dios, es un residuo de mentalidad mítica, pasivamente aceptado» (p. 22); la negación del dogma extra Eccelsiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación), donde afirma que en Jesucristo la salvación incluye todo lo que es bueno y verdadero en las otras religiones; la negación de los milagros, de la Resurrección, de la Ascensión, de la Concepción Virginal de María y de la Infalibilidad de la Iglesia.

Esto no es profunda teología, estoy no es hacer teología de rodillas. Esto es dar culto a la mente del hombre; esto es ponerse por encima de la ley de Dios; esto es anular la Palabra de Dios y llamarla herética.

El elogio público de un teólogo herético representa una afirmación herética. Por tanto, Francisco ha caído en clara herejía al alabar a Kasper. Y sólo este elemento basta -de por sí- para considerar a Francisco excomulgado, desprovisto del cargo eclesiástico que se le ha confiado, anulando así su falso Pontificado. Esto es pública herejía de Francisco en la Iglesia. Y nadie quiere llamar a las cosas por su nombre.

El canón 194 § 1, n. 2, dice: «Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico: quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia». Francisco, poniendo como modelo de fe a un hombre hereje, se aparta públicamente de la fe católica; porque los sacerdotes y Obispos en la Iglesia deben ser padres de la fe y, por tanto, modelos de la fe. Y poner por modelos de fe en la Iglesia a los santos, que son los que han obrado y vivido la fe. Ponen como modelo para creer a uno que no cree en nada. ¡Esto es reírse de toda la Iglesia!

Todo esto es muy grave, y nadie en el Vaticano dice una palabra. Al revés, se están preparando para representar la mayor comedia de la historia: canonizar a dos beatos. Falsa canonización, porque un masón no tiene poder para hacer santos, para declarar santos. Va a ser solo una pantomima, una obra de teatro más de Francisco y todos los suyos. Y, por supuesto, para sacar tajada de eso.

Pero, ¿a quién le interesa esto? A nadie le importa la verdad. Todos contentísimos con el doble lenguaje de Francisco. Todos esperando a ver qué pasa en octubre con el sínodo de los Obispos. Todos haciendo planes para el futuro. Y nadie combate el error. Nadie se enfrenta a Francisco.

«Veo muchos eclesiásticos que han sido excomulgados y que no parecen preocuparse por ellos, y por tanto menos tener conciencia de su situación. Y, sin embargo, ellos quedan excomulgados cuando cooperan con empresas, entran en asociaciones y abrazan opiniones sobre las cuales se ha impuesto el anatema. Se puede ver cómo Dios ratifica las órdenes, las interdicciones y los decretos emanados de la Cabeza de la Iglesia, manteniéndolo vigente aun si los hombres no muestran interés por ellos, los rechazan o se burlan» (Visiones de la Beata Catalina Emmerick –1820-1821).

La beata sólo está recordando el Evangelio: «lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto destares en la tierra será desatado en los cielos» (Mt 16, 19). Francisco, Kasper y todo su gobierno horizontal están excomulgados por Dios, porque Dios no se olvida de lo que los Papas han atado en Su Iglesia. El canon 1364 dice que: «el apóstata de la fe, el herético o el cismático cae en excomunión latae sententiae»; es decir, automáticamente él mismo se pone fuera de la Iglesia sin necesidad de un acto oficial, sin necesidad de que se lo recuerden.

Cualquiera que proclame o ponga en práctica otra doctrina distinta a la de Cristo, dentro de la Iglesia Católica, es herético y de hecho queda excomulgado, aunque sea Sacerdote, Obispo, Cardenal o Papa; porque nadie se puede poner por encima de las Verdades de Fe, que son sagradas para Dios y son ley divina para el hombre.

Dios ratifica a Sus Papas, los que ellos han atado en la tierra. Y aunque nadie le importa ya eso, Dios sigue ratificando a Su Iglesia, porque su Iglesia es la Verdad. Y no hay más Verdad que lo que los diferentes Papas han obrado en la Iglesia en toda su historia. Un Papa es el que custodia la Verdad y sólo la Verdad

Lo que obra actualmente ese infeliz de Francisco es sólo su nueva iglesia, negra, del demonio. Y todo aquel que lo apoye, queda excomulgado automáticamente. Francisco sigue haciendo su comedia en la Iglesia. Y todos ríen, aplauden. Consecuencia: ya no hay tiempo. Ya se acabó el tiempo. No esperen Misericordia; sólo Justicia.

Cardenal Reinhard Marx: hereje en la nueva iglesia de Roma

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El Símbolo Atanasiano nos dice: “Y los que obraron bien irán a la vida eterna, y los que mal, al fuego eterno”(Denz., 40).

El Papa Inocencio III, dice: “La pena del pecado original es la carencia de la visión de Dios, y la del pecado actual es el tormento de la gehena eterna”(Denz., 410).

El Concilio II de Lyón declara que: “Las almas de los que mueren en pecado mortal con sólo el original descienden inmediatamente al infierno, para ser castigadas, con penas desiguales”(Denz., 464).

El Papa Benedicto XII, declara: “Definimos, además, que, según la común ordenación de Dios, las almas de los que mueren en actual pecado mortal, inmediatamente después de su muerte descienden al infierno, donde son atormentadas con las penas infernales”(Denz., 531).

El Concilio de Trento, sobre el Purgatorio: “Habiendo la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, según la doctrina de la sagrada Escritura y de la antigua tradición de los Padres, enseñado en los sagrados concilios, y últimamente en este general de Trento, que hay Purgatorio; y que las almas detenidas en él reciben alivio con los sufragios de los fieles, y en especial con el aceptable sacrificio de la misa; manda el santo Concilio a los Obispos que cuiden con suma diligencia que la sana doctrina del Purgatorio, recibida de los santos Padres y sagrados concilios, se enseñe y predique en todas partes, y se crea y conserve por los fieles cristianos”(Sesión XXV, Decreto sobre el purgatorio).

El Cardenal Reinhard Marx, Obispo de Roma, que integra el gobierno central para destruir la Iglesia, predicó, en Erding, en una conferencia sobre la Resurrección, el 9 de noviembre de 2013, que los cristianos se salvan sin infierno y sin purgatorio.

Este Cardenal va en contra de la fe en la Palabra de Dios y de la Fe católica, que enseñan que existe el infierno, al que van inmediatamente las almas de los que mueren en pecado mortal, y que existe el Purgatorio, y que van a él las almas que necesitan purgarse de sus pecados.

Esto es claro, pero este Cardenal ya ha perdido la fe, y ya lo ve todo oscuro, según su brillante pensamiento, que es el de un necio en la Fe.

Es un hombre que se dedica en la Iglesia a ganar dinero enseñando herejías a las almas. Y, después, celebra su misa para obrar su teatro en la Iglesia. Porque quien predica así, vive sin consagrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es decir, hace su teatro como Obispo en la Misas y en todo el ministerio sacerdotal.

En el pasado, a los sacerdotes herejes se les prohibía seguir ejerciendo su ministerio y se los mandaba a un monasterio retirado para buscar su conversión. Y quienes no aceptaban quedaban excluidos de la Iglesia hasta que no quitaran su herejía.

Esa costumbre ya no se tiene desde hace mucho tiempo, porque Roma ha perdido la fe.

Lo que dice este anticristo es bien simple: como Dios crea al hombre por amor, entonces todo hombre se tiene que salvar por creación, porque lo ama Dios. Es un derecho natural salvarse. Y, lo demás, es sólo las imágenes que la Iglesia ha puesto durante 20 siglos para asustar un poco a las almas, para describir lo que hay después de la muerte, que como las almas son como niños, entonces hay que tratarlos así, con fotografías del purgatorio y del infierno para que se corrijan en sus vidas. Y eso ha producido que las almas en la Iglesia vivan con un temor infundado, porque todos nos salvamos. No hay que dar en la Iglesia imágenes que perturben a las almas. Hay que darle imágenes bellas, porque, como Jesús ha Resucitado, todo es bello en la vida y en la muerte.

Y, por tanto, no existe ni el pecado, ni el infierno, ni el purgatorio, ni nada que haga sufrir después de la muerte. Con los sufrimientos de la vida es suficiente para ir al Cielo.

He aquí su herejía: “En la resurrección -dice el cardenal- Dios nos da la seguridad de que Él va a transformarnos y a llevarnos con su ayuda hasta el final, pero sin moralizar y sin un infierno de tortura, sin un encarcelamiento y sin un horno de leña. La Iglesia hizo esto con imágenes, como la del purgatorio y el infierno, el miedo a la muerte. No sólo eso, sino la Iglesia debe “arrepentirse” por este alarmismo con imágenes, que es una invención maliciosa para los católicos …y para eso tenemos que arrepentirnos”.

Negando el purgatorio y el infierno se niega la Obra de Cristo, que es la Redención. Y se intenta explicar esa Obra de otra manera, totalmente distinta a lo que enseña el Magisterio de la Iglesia.

Y, además, la Iglesia se ha equivocado en 20 siglos. Ha enseñado un error a las almas. Y tiene que arrepentirse de ese error, quitando los dogmas del infierno y del purgatorio. Así piensa el necio Cardenal. Y, como él, muchos en la Iglesia.

Por tanto, a este Cardenal hay que retirarlo de la Iglesia, porque no sirve para hacer Iglesia. Está en Roma para inventarse una nueva doctrina que sólo sus seguidores la pueden llevar a cabo, cuando destrocen todo el Magisterio de la Iglesia.

Los que quieran seguir a ese anticristo, que lo hagan y que se vayan al infierno con él. Los demás, tenemos que despreciar a este Cardenal y, por supuesto, no darle ninguna obediencia, ya que tiene un cargo en el gobierno central de Roma.

Lo que diga este cardenal, desde el gobierno central, sólo se desprecia y no se obedece, porque nadie se puede someter a un hereje. Si no quiere quitar su herejía de la Iglesia no hay obediencia.

Si no sabe ser Cardenal en la Iglesia que deje de vestirse como Obispo, que renuncie a su sacerdocio, que se vaya a su casa y se dedique a hacer otra cosa en la vida, pero que no esté dando discursitos que sólo sirven para condenar a las almas en la Iglesia.

Por supuesto, su gran amigote Francisco lo va a dejar en el cargo, porque, para eso lo ha elegido: para dar a conocer la mentira en Roma, para llevar a las almas a la total condenación, sin posibilidad de arrepentimiento. Y Francisco le da poder y dinero a este cardenal para que siga haciendo lo que hace: la obra de la mentira en la Iglesia. Ya Francisco se encarga de decir que el año de la fe ha sido magnífico en toda la Iglesia, con unos frutos enormes en los sacerdotes y Obispos, como lo demuestra este Cardenal.

Roma sólo miente ahora, sólo da la mentira cada día y no lucha por la Verdad. Ya no sabe hacerlo. Y lo triste es ver a las almas con una venda en sus ojos que nadie se las quiere quitar, porque todos tienen miedo de enfrentarse a Francisco y lo suyos en la Iglesia.

¡Asco da la Iglesia en Roma! Es lo más vil que se puede ver, hoy día, en el mundo. Ni siquiera los graves problemas que tiene el mundo actualmente superan la vileza, la diabólica enseñanza que Roma transmite cada día al mundo. Y, por eso, el castigo de Dios viene primero a Roma, porque ha abandonado la Verdad para fornicar con la mentira de los hombres y del demonio.

El gobierno masónico en la Iglesia

Y vi otra Bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los del Cordero y hablaba como Dragón” (Ap. 13, 11).

masones

Una bestia con dos cuernos que habla como dragón es el sacerdocio que no es sacerdocio, que tiene la pantalla del sacerdocio pero que es otra cosa.

Sacerdote ‘bestia’, es decir, sacerdote masón.

La bestia, en la Sagrada Escritura es el que se enfrenta a Dios. Pero se enfrenta a Dios como Cordero, es decir, como sacerdocio. Y esa bestia habla como un Dragón, es decir, habla en contra de los mandamientos y de la ley de Dios.

El dragón es aquél que vomita su sopor sobre los animales, su inmundicia sobre los demás. Y los vence en lo que vomita.

En la Iglesia se da lo que se llama la masonería eclesiástica, es decir, diáconos, sacerdotes, Obispos, Cardenales, que tienen la pantalla del sacerdocio, de la consagración al orden, que hacen todo como cualquier sacerdote, pero que no son sacerdotes.

Están en el sacerdocio con un fin: el de la masonería. Son masones que estudian todo lo del sacerdocio con el fin de instalarse en la Iglesia para destruirla.

Hacen vida de sacerdotes, se dedican a celebrar misas, a predicar, y a todo el ministerio sacerdotal, pero con el fin de alcanzar los puestos más altos en la Iglesia.

Para estos sacerdotes la vida del sacerdocio no existe. Sólo existe la pantalla, el teatro que hacen en la Iglesia. Lo que existe, para estos sacerdotes, es la vida masónica que llevan y que está oculta para todos.

La masonería triunfa porque se oculta. Ellos tienen la norma de ocultarse, de que nadie sepa sus planes, el siguiente movimiento que van a hacer. Y así pueden introducirse en todos los campos de la Iglesia y planear su estrategia sin que se conozca a la luz.

Por eso, Benedicto XVI era masón, pero nadie lo conocía. Era masón en todo. Estudió toda la teología y se ordenó como sacerdote sólo con la intención de llegar al poder.

Benedicto quería irse de la Iglesia, pero no lo dejaron. La Iglesia está manejada por el demonio desde 1972. Quien gobierna la Iglesia desde ese tiempo era la masonería, pero oculta, sin descubrirse a nadie.

Eso no quiere decir que los Papas eran malos. No. Tampoco Benedicto XVI era mal Papa. Era bueno, conducía a la Iglesia hacia la verdad, pero era masón.

La masonería, desde 1972, gobernaba la Iglesia, pero no podía actuar de forma inmediata y rápida.

Tenía que dar tiempo para que las cosas en la Iglesia cambiaran, se transformaran al gusto de ellos.

Sólo un Papa les hizo frente: Juan Pablo II. Los demás se dejaron vencer. Por eso, el Beato Juan Pablo II tiene la garantía de la Iglesia porque dio la Verdad, aunque sufrió por Ella.

Se hicieron muchas cosas para desacreditar al Papa Juan Pablo II, pero nadie pudo hacer que renunciara a su cargo, como se lo pedían de forma insistente.

Hay que contemplar a la Iglesia, desde 1972, con la perspectiva del gobierno de los masones en la Iglesia. Un gobierno oculto, que nadie veía, que nadie entendía, pero que iba dando las directrices a todos para que, en el momento clave, alguien subiera a la Silla de Pedro y comenzara lo público de la masonería en la Iglesia.

Lo público de la masonería en la Iglesia es lo que los masones quieren que se sepan, pero no es el gobierno de la masonería en la Iglesia.

Siempre el masón se esconde aunque aparezca. Esta es su estrategia.

Y, cuando el masón gobierna algo, no es la persona la que gobierna, sino la masonería, que siempre está detrás y que nadie sabe quién es.

Francisco es masón, pero no gobierna la Iglesia. Es otro quien le dicta lo que tiene que hacer.

Francisco da lo público que a la masonería le interesa que la gente conozca. Pero Francisco no da lo que realmente está sucediendo ahora en la Iglesia.

Francisco ha puesto su residencia fuera de las habitaciones privadas de los Papas en el Vaticano. Y la ha puesto para así estar en contacto con la masonería, para estar libre y poder entrar y salir sin que en Roma se den cuenta.

A Francisco hay que verle como masón, no como sacerdote. A Francisco hay que atacarle como masón, no como sacerdote. A Francisco le importa muy poco el sacerdocio. Es la pantalla para hacer todo lo demás.

El plan de la masonería es muy simple: acabar con la Iglesia. Pero se necesita personas que hagan esto sin rechistar, sin poner su idea, su verdad, porque la masonería ya tiene su fin: destruir toda verdad. Y no le interesan los medios para esto, los caminos para esto, lo que piensan los hombres para llegar a este fin.

Los masones son sólo una idea puesta a la fuerza. No es una idea que se va poniendo, quitando acá y quitando allá.

Francisco ha puesto lo que quería la masonería en él: quitar el Papado. Y lo ha hecho a la fuerza. Al mes, lo proclamó y a los seis meses lo puso sin que nadie dijera nada.

Así trabaja la masonería. Una idea que no se discute y que se pone por que sí.

Se da tiempo para los cambios en la Iglesia, propio de un nuevo gobernante, y cuando ya se ve que todo está listo, se escribe un documento para anular la Palabra de Dios sobre la Autoridad Divina en la Iglesia.

Francisco ha hecho su trabajo. Y ahora tiene que irse. Porque la masonería tiene que seguir poniendo la idea a la fuerza.

Desde 1972, la masonería ha puesto sus ideas, pero de forma oculta y ha dado tiempo para que emergieran y se consolidasen en la Iglesia.

Pero una vez que ha tomado el poder de la Iglesia, ya no le interesa el tiempo. Ahora, está a la vista de todos y, por eso, todo viene ya para la Iglesia.

Y hay mucha gente que no se espera lo que viene por estar sólo metida en su vida humana oyendo a un Dragón que sólo vomita las palabras del demonio.

Si Francisco tuviera otra misión en la Iglesia de la masonería, lo hubiera dado a conocer en el mes primero de su elección. Pero en ese mes hizo dos cosas: lavar los pies a dos mujeres y poner el gobierno horizontal.

Eso define el gobierno público de la masonería.

Eso es lo que la masonería quería dar a entender a toda la Iglesia.

Pero no se ve lo que está detrás de todo eso. Porque Francisco no es la masonería. Trabaja para ella, como trabajó Benedicto XVI, que es el ladrón de la Silla de Pedro, es el que robó la Silla de Pedro para entregársela a la masonería.

Benedicto XVI es verdadero Papa, pero inútil. Verdadero por la sucesión apostólica, pero no para ser Papa como Jesús lo quería.

Benedicto XVI no tenía que atacar a la Iglesia en la Verdad, como lo ha hecho Francisco. Sólo tenía que pasar la Silla de Pedro a otro.

Por eso, Benedicto XVI sólo pecó contra Cristo y su Espíritu, pero no pecó contra la santidad de la Iglesia.

Francisco pecó contra la santidad de la Iglesia porque ha destrozado la Verdad en la Iglesia en el Papado y eso significa dividir la Verdad, dividir la Iglesia, dividirlo todo en la Iglesia.

Pero Benedicto XVI sólo dio a la masonería lo que ésta le pidió: la Silla. Éste era el objetivo principal de su mandato en la Iglesia. y no otra cosa.

Lo demás, no era tiempo de tocarlo.

Francisco dio a la masonería lo que ésta le pidió: el Papado. Pero no lo demás.

La masonería ahora quiere a otro para seguir dividiendo la Iglesia.

Cuando la masonería hace público su gobierno, siempre va por partes, pero con decisión, firme en una cosa. Quiere hombres para destrozar una idea y sólo una.

Y esto lo tiene que hacer la masonería en la Iglesia por lo que es la Iglesia. La Iglesia vive de dogmas. Y para atacarlos hay que ir de los más fuertes a los más débiles. Hay que suprimir los que son columnas en la Iglesia, los que lo deciden todo en la Iglesia. Si se quitan éstos, los demás se caen por su propio peso.

Como ya la masonería no obra en lo oculto, no tiene que hacer el trabajo oculto de antes. Ahora obra públicamente. Eso es lo que hace Francisco: la obra pública de la masonería, lo que la masonería quiere que haga mientras esté en la Silla. Lo demás, no interesa.

Benedicto XVI hizo su trabajo, Francisco ha hecho su trabajo. Ahora tiene que irse para que venga otro a hacer el siguiente trabajo, la siguiente idea que se pone a la fuerza y que va contra una verdad en la Iglesia.

Por eso, ahora todo está en calma. Francisco dice sus herejías en cada homilía de Santa Marta. Y nadie dice nada. Todos felices de ese charlatán, que es para muchos el santo de todos los tiempos.

El gobierno horizontal, calentando silla, viendo cosas y no haciendo nada. No puede obrar hasta que no se quite el siguiente dogma en la Iglesia. Se entretienen en las cosas que les da Francisco, que es su obsesión: buscar dinero. Y no más. No hay mayor interés en la Iglesia que estar escuchando a un idiota blasfemar sus mentiras a todo el mundo y ver cómo todo el mundo cae a sus pies.

Las almas siguen ciegas en lo que está pasando en la Iglesia y no se dan cuenta de lo que viene a la Iglesia. Es un trastorno para todos, incluso para el mundo, porque muchos tendrán que dejar la iglesia que se instala en Roma y buscar la Verdad allí donde le dejen.

Y eso es una conmoción para todos. De ahí nacerá la verdad para muchos en el corazón. Porque muchos están en su paganismo en el mundo y no encuentran la verdad en la Iglesia. Y cuando vean que hombres van en busca de la verdad a otra parte que no es Roma y que no es el mundo, ahí estará la Iglesia de siempre, con sus verdades de siempre que siempre atraen a todos, así sean los más viles pecadores de todos los tiempos.

Quieren destruir la verdad, pero no pueden. La pueden perseguir, ocultar, matar cuerpos, derrumbar iglesias, pero la Verdad sólo está en el corazón que cree. Y nadie puede matar el corazón, porque es algo divino.

Las almas tienen que despertar porque queda nada. Dentro de poco, Francisco tendrá que dimitir y otro le sucederá para quitar el amor en la Iglesia.

Y, cuando se haga eso, muchas almas despertarán, pero no será suficiente. No sólo hay que despertar del sueño, hay que ponerse a luchar por el amor herido en la Iglesia, por la verdad combatida en la Iglesia, por la vida destrozada en la Iglesia.

Y entre el despertar y el ponerse a la batalla corre un tiempo que, para muchos, es perdido y no tendrán más solución que seguir en la mentira que les da Roma.

Las almas no están preparadas a lo que viene. No lo están porque la caridad de muchos se ha enfriado en la Iglesia.

Francisco es un masón

Santisima Trinidad

Los masones proclaman que se ha de suprimir la sagrada potestad del Pontífice y destruir por entero el Pontificado, instituido por derecho divino.

Esta verdad la ha obrado Francisco en la Iglesia, al ser elegido Anti-Papa y al poner en Ella la horizontalidad del gobierno.

Francisco es un masón, pero lo oculta porque no puede revelarlo a la Iglesia.

Como masón, Francisco debe dar palabra y seguridad de ciega y absoluta obediencia a sus jefes y maestros, debe estar preparado a obedecerles a la menor señal e indicación; y de no hacerlo así, no puede rehusar los más duros castigos ni la misma muerte.

Francisco se sujeta a otro, mayor que él, en el gobierno de la Iglesia. Otro que no pertenece al gobierno horizontal de las ocho cabezas. Otro que está por encima de la Jerarquía de la Iglesia, desconocida por Ella, pero entre Ella.

Los masones se ocultan, no se dan a conocer. Son camaleones, cambian según la posición en que estén o el lugar que ocupen en la Iglesia.

A Francisco se le coge en la doctrina de los masones sobre el naturalismo.

Esa doctrina tiene por eje la siguiente proposición: la naturaleza y razón humana ha de ser en todo maestra y soberana absoluta.

Es decir, el pensamiento natural del hombre, su vida racional, es lo primero. Y no sólo lo primero. Es lo absoluto. Por eso, Francisco niega la Verdad Absoluta, porque sólo existe un Absoluto: la razón humana.

Y de ese Absoluto se derivan toda clase de verdades relativas, pero ninguna absoluta.

Esto supone poner la razón humana por encima de la Mente Divina.

La Mente Divina es lo Absoluto. Y, en lo Absoluto, no caben las criaturas, la Creación, los hombres ni los ángeles y demonios. Sólo Dios está en lo Absoluto. Y, por tanto, Dios se relaciona con todo lo demás y da a todo lo demás la Verdad que Él es.

Esta Verdad es la que niegan los masones. No existe esta Verdad. Luego, las criaturas, la Creación, los hombres, los espíritus, son dioses para la Masonería. Son una Verdad Absoluta. Son como Dios, pero sin ser Dios porque no poseen la Esencia Divina. Y, entonces, los masones resuelve neste punto diciendo que el hombre da a cada cosa su nombre, su esencia. Y así ponen todas las cosas por encima de Dios, de la Esencia de Dios.

Esta herejía nace del pecado de orgullo de Lucifer al ponerse por encima de Dios.

Este mismo pecado es el de los masones. Este mismo pecado es el de Francisco en la Iglesia.

Por tanto los masones niegan toda divina revelación, es decir, la sagrada Escritura es sólo un libro más y como tal se le puede interpretar de muchas maneras.

Ellos no admiten dogma religioso ni verdad alguna que la razón humana no pueda comprender, es decir, destruyen cualquier Dogma de la Iglesia porque éstos provienen de la Sagrada Escritura y, en Ella -al haber muchas interpretaciones-, no hay claridad para la razón del hombre.

Los masones rechazan a todos los santos, a todos los Doctores de la Iglesia, a todos los Predicadores de la Iglesia, a todos los Confesores de la Iglesia, porque no existen los maestros de la verdad, sino que cada cual es maestro de su razón humana. Luego, no hay autoridad divina ni humana a quien se deba seguir.

Francisco alardea en sus homilías de dar la verdad del Evangelio y no puede dar nada, precisamente por esto: al no admitir la divina revelación, tiene que acomodar las palabras del Evangelio a su credo masón. Por eso, su lenguaje es oscuro, aburrido, pueblerino.

El credo masón es éste: hablar continuamente del entusiasmo por la civilización, y del amor hacia los más humildes: decir que su único deseo es mejorar la condición de los pueblos y comunicar a cuantos más puedan las ventajas de la sociedad civil.

El credo masón es lo que hablan los masones. Este credo nace de lo que profesan los masones, de su dogma.

Lo que profesan es esto: destruir hasta los fundamentos todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y levantar otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del naturalismo.

El masón está sólo para eso: para destruir la Iglesia y levantar una nueva iglesia con forma sólo natural, no divina. Y, para eso, hay que comunicar constantemente el amor universal hacia todos los hombres y llevar a la Iglesia a la comunión con la sociedad civil.

Y, por eso, Francisco tiene la obsesión de los pobres. Es sólo por esto. No porque le interesen los pobres. Es su credo que nace de su odio a la Iglesia.

Y para transmitir esta idea, este credo que nace de su dogma, es necesario dar un ambiente de calor, de cariño humano, de cercanía humana, para conquistar a todos los hombres.

Éste es el camino para engañar fácilmente a los sencillos e incautos y de atraer a muchos más, que es lo que hace Francisco en la Iglesia. Pero él también se va al mundo para abrir los brazos a cualesquiera y de cualquier religión, no importa que sea judío, ateos, homosexuales, budistas, masones. Hay que acoger a todo el mundo porque la Iglesia es para todos, que es su predicación favorita.

Con esto él consigue dos errores: el indiferentismo religioso y la igualdad de todos los cultos.

La Iglesia se ha vuelto indiferente a lo que habla Francisco porque él ha ido a todo el mundo para proclamar el amor. Y entonces toda la Iglesia cae en la trampa que él quiere. Hay que ver la forma de que todo el mundo entre en la Iglesia y no importa el pecado de los hombres, sino sólo sus problemas. Hay que resolver problemas sociales en la Iglesia que provienen de los divorciados, de los jóvenes, de los ancianos. Ya no hay que luchar por el pecado, porque para el masón no existe el pecado, sólo se dan desigualdades humanas, naturales.

Para el masón la educación de los jóvenes es enseñarles a ser independientes y libres, que es lo que predicó Francisco en Brasil a los jóvenes. El orgullo del joven es lo que tiene valor, porque hay que excluir toda idea religiosa en los jóvenes. Los jóvenes tienen que ser laicos. Por eso, en el gobierno horizontal se ha dado una gran importancia al papel de los laicos en la Iglesia.

El laico, para el masón, es la persona que está en el mundo sin ninguna idea o traba religiosa, para obrar en el mundo sólo lo que su voluntad humana quiere. Este laico es el que se perfila ahora en el gobierno horizontal. Contrario totalmente al laico religioso.

Por eso, Francisco predica una felicidad terrena, humana: conquistar la vida humana, el progreso, la ciencia, la técnica, para quedarse en esa felicidad que dan.

Para Francisco hay que acabar con la Iglesia, porque este es el principal dogma del masón. Una vez que se acabe con la Iglesia, se crea la nueva iglesia, con otras normas, con otras leyes, con otras iniciativas.

Ahora, en la Iglesia, se está viviendo la Gran Apostasía de la Fe, tiempo de destrucción de la Fe en la Palabra de Dios. Hay que acabar, primero, con esa Fe. Por eso, Francisco ha puesto su fe: la memoria fundante. Porque es la única manera de acabar con la Revelación, haciendo que ésta sea sólo una imagen sin vida de lo Revelado, una figura sin vida de lo Revelado, una estatua que sólo simboliza al demonio.

Por eso, lo que viene a la Iglesia no es nada bueno. Y ya no hay que fijarse en lo que predica Francisco o aquel que lo suceda, porque se va a ir a las obras sin consultar con nadie. Se obra la maldad como si fuera un dogma a seguir. Y, por más que se oponga razones, nada se va a conseguir, porque la masonería actúa de forma dictatorial, no democrática. Impone su razón, su idea, porque está por encima de cualquier razón, de cualquier verdad, de cualquier Evangelio.

Por eso, la batalla contra la masonería tiene que ser con obras, no con razones. Hay que levantarse contra Francisco, hay que obrar. Y no otra cosa, para no caer en su juego: el juego del pensamiento humano que le gusta buscar una razón para convencerse. Y, mientras la encuentra, deja de oponerse, de rechazar la mentira, acogiéndola en su corazón y viviéndola en la indiferencia de la vida, que es lo que pasa a tantas almas en la Iglesia que ven el mal que hace Francisco y siguen con sus vidas como si nada pasara.

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