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Los falsos Profetas

elamorers

Los falsos Profetas son aquellos que hablan las palabras de la mentira, que nacen de la mente del demonio. Y, por tanto, un falso Profeta nunca dice la Verdad, porque el demonio miente desde el principio.

Una Profecía que, al principio, era de Dios y que con el tiempo comienza a verse sus mentiras, nunca fue de Dios, sino siempre del demonio.

1. El Profeta de Dios siempre dice la Verdad; el falso profeta del demonio siempre dice la mentira. Sólo hay que discernir en el falso Profeta cuándo apareció la mentira claramente, porque siempre estuvo, pero el demonio sabe ocultarla entre muchas razones que distraen de la mentira.

2. El Profeta de Dios es claro, sencillo, no razona para convencer, sino que da la Verdad como es. El falso profeta es oscuro, complicado, y da muchas razones para convencer de su mentira encubierta.

3. El Profeta de Dios siempre habla para no dar gusto ni agrado a los hombres, y sólo así Dios da la Verdad al hombre. El falso profeta siempre habla lo que al hombre le gusta escuchar, porque al hombre le atrae la mentira y nunca quiere escuchar la Verdad.

La Verdad duele escucharla y duele decirla, pero la mentira es del agrado de todos y con ella se obtienen muchos beneficios en lo humano.

4. Por un Profeta de Dios hay muchos falsos Profetas. Se multiplican porque tienen que acallar la Verdad que da un solo Profeta.

Cada Profeta es para un tiempo en la Iglesia. No hay Profetas iguales. Cada tiempo, cada estado del alma requiere una Profecía distinta.

Y, por eso, hay que analizar a cada Profeta en su tiempo, nunca fuera de su tiempo.

Ahora, en este tiempo que la Iglesia vive, sólo hay un Profeta que diga la Verdad. Todos los demás mienten sobre Francisco y la Iglesia.

Aquel que quiera que todos los profetas sea iguales, y que digan las mismas cosas, y que agraden a todos los hombres es que no sabe discernir espíritus.

Para discernir a un Profeta, primero hay que discernir la vida de la Iglesia con ese Profeta. El hombre tiene que ver en lo humano cómo está la Iglesia, qué dice la Iglesia, qué piensa la Iglesia, cómo se comportan sus miembros en la Iglesia y en el mundo. Y, una vez que discierne eso, puede acudir al Profeta para comprender los Signos de los Tiempos.

Quien quiera entender si una profecía sobre Francisco o sobre la Iglesia es verdadera o falsa, primero tiene que ver lo que habla Francisco y lo que habla la Iglesia, lo que piensa Francisco y lo que piensa la Iglesia. Primero tiene que ver cómo vive Francisco y cómo vive la Iglesia y sus miembros en este tiempo.

El Profeta de Dios nunca va a ocultar las herejías, las mentiras, los errores, los discursos vanos de Francisco y de la Iglesia. El falso Profeta siempre va a ocultar esa verdad para decir que todo está bien con Francisco y con la Iglesia.

Siempre Dios revela al hombre los pecados de lo suyos y de Su Iglesia para que el hombre se enmiende de esos pecados, se corrija, para que vea que va por mal camino.

Siempre el demonio oculta al hombre los pecados de los sacerdotes, Obispos y de la Iglesia en general, para así presentar un mundo ideal, que va viento en popa, que no necesita convertirse, porque ya vive de cara a Dios.

Nunca los Profetas de Dios son acogidos por la Iglesia, por los sacerdotes, por los Obispos, por los fieles. Nunca. Siempre se les combate. Siempre se les tapa. Siempre se los tergiversa, se los manipula, se los destruye. Así pasó con Fátima y así pasa con todas las profecías divinas.

Los falsos Profetas son acogidos, no sólo por la Iglesia sino por el mundo entero, porque hablan a la mente del hombre, ponen caminos humanos en la vida, dan el servicio de las obras humanas. Son los que hablan al oído del hombre para obtener de él un aplauso, una alabanza, un don del hombre.

Aquel que destruya a los Profetas de Dios o vaya en contra de ellos, se opone siempre a Dios, a su Voluntad Divina, a sus obras divinas en el mundo y en la Iglesia.

Porque el Padre envió, desde siempre, a los Profetas para conducir a su pueblo hacia el Reino de Dios.

El Padre envió a Su Hijo como Sacerdote Profeta para indicar al camino de salvación a los hombres.

Y el Padre siempre envía profetas al mundo para señalar el camino de Su Hijo a los hombres.

Es necesario que hayan profetas, buenos y malos, porque los hombres no saben discernir ni el bien ni el mal.

Es Dios quien revela al hombre lo que es bueno y lo que es malo.

Dios revela el bien en sus Profetas y revela el mal en los profetas del demonio. El demonio hace la obra de la Justicia Divina. Y, por eso, es mandado por Dios para que hable la mentira a los hombres. Y así los hombres puede ver dónde está la Verdad, a dónde hay que dirigirse para encontrar la Verdad, cómo batallar contra la mentira.

El bien y el mal no es algo de los hombres, sino que pertenece al Espíritu. Y, por tanto, en la vida del Espíritu se dan los espíritus buenos y los malos. Y eso es un Misterio para todo hombre.

Ningún hombre puede comprender ni el bien ni el mal si el espíritu no se lo revela. Ninguno. Por eso, son necesarias las profecías. Y sólo así el hombre aprende a ver la Verdad, porque toda la vida del hombre se encuentra en una encrucijada, en una batalla de espíritus: Dios y el demonio que guerrean con sus ángeles y sus demonios. Y el hombre está en el centro de esa guerra espiritual. Y el hombre tiene que discernir esa batalla de ideas buenas y de ideas malas. De ideas espirituales, no racionales. Y así toda profecía, sea buena o sea mala sirve para entender esa guerra espiritual y para elegir un bando: o con Dios o con el demonio.

Y eso es lo que salva al hombre: tener discernimiento de la Verdad. Ver la Verdad en medio de la guerra que el demonio pone con sus mentiras.

Por una Verdad Divina, el demonio ataca con multitud de mentiras, porque su mente divide la Verdad en infinitas partes, para destrozar la Verdad. Y, por eso, la Verdad es simple, bella, clara, sencilla. Y la mentira todo lo contrario.

Y, en consecuencia, en la vida espiritual hay que quitar todo razonamiento humano, porque el hombre hace como el demonio: divide la Verdad y se queda con la mentira que le agrada.

Ejemplo de falsos profeta: Jesús el Buen Pastor, Mirjana, Gustavo y todos aquellos que afirman que hay que seguir a Francisco y que la Iglesia va por buen camino.

Ejemplo de profetas de Dios: Maria Divine Mercy , J.N.S.R.

Siempre los profetas de Dios son menos. Y sólo hay uno para un tiempo. Ahora mismo, el único profeta de Dios es Maria Divine Mercy. JNSR es para otro tiempo en la Iglesia, no para éste.

Ahora estamos en el centro de la destrucción de la Iglesia. y, para eso, se necesita un Profeta que hable claro sobre esa destrucción. Por eso, ese Profeta es claro, sencillo, directo, va al grano, no se anda con rodeos, con razones, no quiere dar ideas para decir que todo va bien.

Y es muy importante para el hombre no creer de principio a ningún profeta hasta que no reciba la luz del Espíritu.

Porque la Profecía sólo se discierne en el Espíritu de Profecía. No se discierne ni en el amor de Dios, ni en la gracia, ni en la mente de los hombres, sino sólo en ese Espíritu.

Porque el Espíritu de la Profecía sólo da la Mente de Dios. Y nadie comprende esa Mente si no se la explican. Por eso, sin luz divina es imposible discernir ninguna profecía.

Y aquellos que combaten a los Profetas por el mero hecho de que no les gusta o que dicen cosas que sus mente no entiende, se oponen al Espíritu de la Profecía y se hacen necios para discernir la profecía.

Quien no comprenda una profecía lo mejor es pedir a Dios discernimiento, pero nunca juzgar por sí mismo o por lo que digan los demás sobre esa profecía.

La Profecía es sólo para el profeta. Y sólo el Profeta discierne su profecía. Y, cuando esa profecía se hace pública, para todo el mundo y para toda la Iglesia, cada alma tiene que pedir luz al Señor para no equivocarse en lo que lee. Porque es muy fácil dejarse llevar por las ideas de los hombres, por sus razones, por las medidas de la inteligencia humana, que no son las medidas de la inteligencia del Espíritu.

Siempre la Profecía Divina combate a cualquier hombre. Y siempre la falsa profecía agrada a todos los hombres.

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