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Hablemos claro: Bergoglio no enseña ninguna verdad.

manocornuda

«Hablemos claro» (ver texto).

Así iniciaba su mentira este hombre al cual llaman Papa, alias Francisco.

«Creo que ambos son derechos fundamentales: la libertad religiosa y la libertad de expresión».

Está hablando según Voltaire: defiendo mi derecho a decir lo que pienso, aunque a usted no le guste o esté en contra de lo que usted piensa o dice.

Defender la libertad religiosa o defender la libertad de expresión eso es la modernidad: en la libertad, es decir, en la voluntad libre del hombre reposa todas las libertades públicas y privadas.

Se acabó la ley de Dios. El hombre es el propio fundamento de su libertad, de su pensamiento, de sus palabras, de sus obras.

¡El libre pensamiento! ¡Esta es la soberbia que corroe al mundo y a toda la Iglesia!

¿Cuáles son los derechos fundamentales del hombre?

Si el hombre no viene a este mundo por sí mismo, entonces ¿a qué tiene derecho?

Si el hombre no decide la vida, la existencia, sino que todo eso es un don de Dios, entonces ¿a qué tiene derecho?

El hombre tiene derecho a ser hombre. Eso es lo primero

El hombre tiene una mente y una voluntad humanas, que le constituyen en ser humano.

Pero el hombre no es hombre por sí mismo, sino que Dios lo ha creado. Luego, lo segundo, el derecho fundamental de todo ser humano es ir hacia Dios, vivir para Dios, obrar la Voluntad de Dios. ¡El hombre depende absolutamente de Dios!

Estos son los dos derechos fundamentales de todo ser humano.

Dios ha creado al hombre: le ha dado una naturaleza humana, con una razón, con una voluntad libre. Y Dios quiere que el hombre construya su vida para Dios. Y sólo para Dios. Y, por lo tanto, use su naturaleza humana, su mente y su voluntad humana, su libertad, para Dios, para hacer las obras que Dios quiere.

Por eso, Dios pone en la naturaleza humana, su Ley Eterna. Para que el hombre, con su libertad, tienda hacia este fin, que es el propio de su vida, que es el único en su vida.

Y si el hombre no hace esto, Dios lo castiga.

«No se puede ocultar una verdad: cada persona tiene el derecho de practicar la propia religión sin ofender». Esto no es una verdad. Esto es una mentira.

Cada persona tiene la obligación moral grave de abrazar y de ejercer la verdadera religión. No la propia religión de cada uno; la que cada uno con su mente se fabrica.

Sólo hay una religión positiva verdadera: la que se funda en la naturaleza humana y contiene dogmas, ritos y doctrina revelados por Dios. Y ésta es sola la Iglesia Católica.

Cada persona está obligada a investigar en una religión positiva si ésa es la verdadera, la auténtica. Si ésa es la que Dios ha revelado y ha dado sus leyes para que el hombre dé culto a Dios en ella. Y si no lo es, el hombre está obligado a seguir buscando la verdadera religión.

Pero ninguna persona tiene derecho a inventarse ninguna religión ni a practicarla.

La religión que no se fundamente en la naturaleza humana, es decir, en la ley natural, y que no haga depender al hombre totalmente de Dios, eso no es religión. Eso se llamará lo que el hombre quiera. Hay más de cuarenta mil sectas e iglesias distintas, con sus nombres variados. Toda son un bulo, un engaño.

La religión verdadera es para dar culto verdadero a Dios, con la mente y con la voluntad libre del hombre. El hombre se somete a unos preceptos divinos para realizar ese culto.

Hablemos claro: Bergoglio habla su idealismo.

Como el hombre es el que tiene el concepto del bien y del mal, entonces la obligación moral de buscar a Dios, de dar culto a Dios no procede de Dios, no está en su misma naturaleza humana, no está en lo que Dios revela, sino viene del mismo hombre: de su mente humana. El mismo hombre, en su idea del bien y del mal, busca a Dios, el concepto de Dios; la religión, el concepto de religión; la iglesia, el concepto de iglesia. Consecuencia: cada persona tiene derecho a estar en su religión, en su culto, en su iglesia, pero sin ofender al otro.

¡Sin ofender la libertad de pensamiento!

¡Pero puedes ofender a Dios lo que te dé la gana!

¡Este es el fariseísmo de Bergoglio y de muchos que se dicen católicos!

«Dos: no se puede ofender o hacer la guerra, matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios». Otra gran mentira, con mayúsculas.

La ley del Islam, que castiga con la muerte toda blasfemia contra Alá o su profeta, no fue inventada por los musulmanes, sino promulgada por Dios:

«Saca del campamento al blasfemo; que cuantos le han oído le pongan su mano sobre la cabeza, y que toda la asamblea le lapide. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Quienquiera que maldijere a Su Dios llevará sobre sí su iniquidad; y quien blasfemare el Nombre de Yavhé será castigado con la muerte; toda la asamblea lo lapidará. Extranjero o indígena, quien blasfemare el Nombre de Yavhé morirá» (Lev 24, 15-16).

Hoy, como queremos un Dios de ternuritas, entonces nos pasamos esta Palabra de Dios por la entrepierna. Y entonces, decimos una blasfemia: no se puede matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios.

Bergoglio ha blasfemado contra Dios. Dice que su Palabra es una mentira. Que Dios se equivocó cuando se escribió el levítico.

Dios está mandado matar al blasfemo, y lo manda a Su Pueblo, a través de Moisés.

¿Qué hicieron los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín con Jesús? Aplicaron la Sagrada Escritura: como te haces Hijo de Dios, eres un blasfemo, a la muerte.

Aquellos Sacerdotes, en su fariseísmo, creían en la Palabra de Dios: Dios manda castigar en Su Nombre. Dios manda matar en Su Nombre.

¿Qué le mandó Dios a Abraham? Matar a su hijo.

¿Qué hace San Pedro con Ananías y Safira? Obrar una Justicia Divina.

Toda la Sagrada Escritura está llena de ejemplos en los cuales Dios daba la victoria a su pueblo con las guerras.

No hay que negar la Palabra de Dios para complacer a los hombres.

No hay que negar la Palabra de Dios para callar la maldad de la ley musulmana: ellos no matan porque Dios se lo manda, sino porque el demonio se lo manda. Es una religión del demonio.

Bergoglio, en su fariseísmo, no cree en la Palabra de Dios. Siempre da una vuelta, siempre la reinterpreta a su manera, para acabar diciendo su blasfemia: «Como se comprenderá, también nosotros fuimos pecadores en esto, pero no se puede matar en nombre de Dios, esta es una aberración. Se debe hacer con libertad y sin ofender».

Anula todas las guerras santas que se describen en la Sagrada Escritura, anula todos los mandatos de Dios a almas que vivían la verdad, para decir su estupidez, una vez más.

No se puede matar en nombre de Dios…, y ¿por qué dices que el Corán es un libro de paz?

Estas son las aberraciones de este hombre. Habla sin lógica. Se contradice constantemente. Bergoglio no ataca a los musulmanes, sino a los que tienen una idea fundamentalista.

Los musulmanes tienen «el derecho de practicar la propia religión sin ofender»: los musulmanes están en la verdadera religión. Pero que no ofendan. Que quiten la idea fundamentalista. Tienen que evolucionar en su pensamiento como los católicos ya han evolucionado:

«pero pensemos en nuestra historia: ¡cuántas guerras de religión hemos tenido! Pensemos en la noche de San Bartolomé. Como se comprenderá, también nosotros fuimos pecadores en esto».

También fuimos pecadores en esto…, ahora no los somos: ahora hemos evolucionado el dogma, hemos cambiado la Sagrada Escritura; ahora son otras interpretaciones: las propias de la masonería.

Hoy el hombre está en los suyo, es decir, en la idea del masón: el horror homicida fundamentalista y el fanatismo intolerante. En esta idea, los hombres están dando vueltas para aceptar la blasfemia de Charlie Hebdo y de todos aquellos que se pasan la vida blasfemando contra Dios, apelando a su libre pensamiento, y queriendo no ver la realidad de los musulmanes. No todos son malos. En ellos, como en todas las demás religiones, hay fundamentalistas y fanatismo.

Esto es lo que enseña Bergoglio: hay que reivindicar la tolerancia, la laicidad y la libre expresión, para reaccionar ante todo terrorismo, que es un idea fundamentalista, cerrada en sí misma, obsesiva, enferma, corrupta.

Es hablar al hombre de manera psiquiátrica, no de manera espiritual: no se le dice la verdad revelada, sino la verdad que conviene, que gusta a los hombres. La verdad inventada por la cabeza del hombre.

«En cuanto a la libertad de expresión: cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común».

Tienes derecho a blasfemar: tienes derecho a decir lo que piensas si eso vale para el bien común.

Y la libertad no es una función social: no es para un bien común. La libertad es para cumplir la ley natural: para un bien privado. Y sólo así, cumpliendo lo natural, se puede cumplir, se puede hacer un bien común, un bien social.

Bergoglio habla de su comunismo, en el cual la propiedad privada, el derecho que tiene el hombre a poseer sus bienes es siempre un bien común: el hombre está obligado (no tiene libertad) a hacer un bien común, un bien para el otro. Eso es el idealismo kantiano, que tanto le gusta a Bergoglio, que le hace desembocar en su comunismo, que es la utopía del bien común, del gobierno mundial, de la iglesia para todos.

«Estás obligado a decir lo que piensas»: el hombre no tiene libertad para callar, para poner la otra mejilla, para guardar silencio, para humillarse ante los improperios de los otros. Está obligado a decir algo.

Y, entonces, tiene que ir en contra de la misma Palabra de Dios:

«si el doctor Gasbarri, que es un amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo. No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás»

¿Dónde queda:

«al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra» (Mt 5, 39)?

Esta Palabra de Dios no sirve para resolver el problema. Estas obligado a decir lo que piensas para el bien común, para construir una sociedad justa, armoniosa, redimida.

Si alguien ofende a tu mamá, entonces practica la virtud. Y si no puedes sujetar tu ira, entonces huye de aquel que te tienta en la virtud. Pero si caes en el pecado, una vez que has puesto los medios para no pecar, entonces sólo caes por debilidad, no por malicia. Arrepiéntete por tu pecado.

Pero si no practicas la virtud y te dejas llevar, entonces pecas por malicia. Es más grave tu pecado, pero si te arrepientes, hay perdón de Dios.

Esto es lo que un Papa legítimo tiene que enseñar.

¿Qué enseña Bergoglio? Su idealismo.

«El Papa Benedicto, en un discurso habló de esta mentalidad post-positivista, de la metafísica post-positivista, que llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista. Y esta es una herencia de la Ilustración. Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás».

Primero: ¿qué cosa dijo el Papa Benedicto XVI?

«En el mundo occidental domina ampliamente la opinión de que solamente la razón positivista y las formas de filosofía que de ella derivan son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo perciben precisamente en esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón un ataque a las convicciones más íntimas. Una razón que frente a lo divino es sorda y margina la religión al ámbito de las subculturas es incapaz de incluirse en el diálogo entre culturas» (ver texto).

La razón, cuando se cierra a Dios, a la Revelación de Dios, entonces genera lucha de culturas, enfrentamiento entre los hombres. Esto es lo que dice este párrafo.

¿Cuál es la interpretación de Bergoglio?

«llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista». Ha torcido el pensamiento del Papa Benedicto XVI: las religiones son una especie de subculturas. Y no tiene nada que ver con lo que dice el Papa, que habla de la relación entre fe y razón.

Bergoglio está en lo suyo:

«Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás». No juzgues. Y, entonces cae en una contradicción:

¿No dices, Bergoglio, que

«cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que pienso para apoyar el bien común»?

Entonces, tengo que decir que los musulmanes no son una religión que sirva para el bien común: ni para la familia, ni para la sociedad, ni para la iglesia, ni para nada.

Estoy obligado a decir esto: tengo «la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común». Por tanto, tengo que juzgar, tengo que hablar mal de los musulmanes, tengo que decir la verdad de los musulmanes, tengo que burlarme de sus ritos y de sus doctrinas porque son un engaño para todos.  No puedo tomarlo como algo verdadero, como algo serio, algo que dé fruto para el alma.

El mismo Bergoglio se contradice porque está en su idealismo: en su idea. Por eso, Bergoglio tiene que chocar con todo el mundo. Bergoglio no quiere que la gente se burle de los pensamientos del otro, pero sí quiere que la gente siga blasfemando contra Dios. Por defender al hombre, ataco a Dios. ¡Qué gran locura!

El mismo Bergoglio dice que es un loco:

«¿sabe usted que yo tengo un defecto? Una buena dosis de inconsciencia». Se está describiendo en lo que es: un loco de su idea humana. Un vividor de su herejía. Un hombre que obra su orgullo, cada día, en la Iglesia y que nadie le dice nada.

Y esto va a ser la ruina de muchas almas: callan ante un loco, cuando tienen la obligación de hablar clarito a las almas.

Hablemos claro: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica. Porque no dice una sola Verdad.

Esto es lo que muchos no creen ni quieren creer: tienen a ese personaje como su papa. Allá ellos. No son de la Iglesia Católica. Porque en la Iglesia Católica se sigue al que enseña la Verdad Absoluta. No se puede seguir al que enseña sus verdades relativas universales.

Hablemos claro: si sigues a Bergoglio te vas a condenar. No puedes obedecer la mente de un hereje. Es un pecado, no sólo grave, sino de blasfemia contra el Espíritu Santo. En Jesús no había ninguna herejía. En Bergoglio están todas las herejías. ¡El que lea entienda! Y si no quiere entender, nos da igual.

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