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El inicio del orgullo

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santabrigida“Yo soy el Señor verdadero. No hay otro señor más grande que yo. No hubo señor antes de mí y no habrá alguno después de mí. Todos los señoríos vienen por mí y a través de mí. Es por esto que yo soy el Señor verdadero y por lo que nadie sino sólo Yo puede ser verdaderamente llamado Señor, ya que todos los poderes vienen de mí” (El Señor a Santa Brígida)

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El orgullo es la posesión del hombre sobre otros hombres. Es ponerse por encima de los hombres para enseñarles la mentira, -que ellos llaman verdad-, para indicarles el camino falso, -que para ellos es el verdadero-, para hacer que los hombres obren lo que quieren sólo los hombres, -y a esas obras las llaman divinas.

El orgullo se ha destapado con el inicio del gobierno horizontal. Se ha destapado, es decir, ahora se ve claramente quién es la persona orgullosa, que desobedece a la Verdad poniendo su razón como excusa y como valor ante todos.

El orgullo no es una forma de pensar. La soberbia es una forma de pensar la vida. El orgullo es una forma de vivir la vida, de obrar en la vida, porque se tiene una forma de pensarla, dada por la soberbia.

Si no se ve la soberbia, si no se atiende a la forma de pensar de alguien, tampoco se ve el orgullo, las obras de pecado que hace esa persona.

Es lo que está pasando con Francisco y con todo su séquito que ha puesto en el gobierno horizontal.

Hay una forma de pensar la vida, la Iglesia, que es la soberbia de Francisco, que es el error de su humanismo. Y, cogiendo ese error, naciendo de esa forma de pensar, viene la forma de obrar ese pensamiento, que es el orgullo.

Poner el gobierno horizontal no es una forma de pensar el gobierno, sino que es una forma de obrar el gobierno, que va en contra de la Verdad del Papado. Y se pone la razón mentirosa, para esconder la obra del orgullo, la obra del pecado: es un gobierno para ayudar al Papa.

Esta es la mentira que se dice para tranquilizar a los demás, para que el Pueblo se quede tranquilo, se quede en su dormición y no despierte ante ese pecado de poner un gobierno horizontal.

Nadie llama al gobierno horizontal de Francisco como pecado, porque todos se tragan la mentira, todos aceptan la mentira: es un gobierno de ayuda. Y nadie discierne esa mentira, porque se acoge. Y quien acoge la mentira suprime la verdad, rechaza la verdad, se opone a la verdad.

Este es el inicio del orgullo al que nadie ha atendido, sino que todos están expectantes a ver qué cosa hace Francisco para el bien de la Iglesia. ¿Pero qué cosa puede hacer de bueno uno que se ha puesto en contra de la Fe de Pedro al instalar en la Iglesia la Abominación?

Como se ve su obra como algo bueno, -y se ve porque se acoge la mentira de que es un gobierno de ayuda-, entonces se llama a ese pecado un bien. Ya no se llama pecado. Nadie atiende a eso. A nadie le interesa esa perspectiva, porque lo que interesa es que Francisco dé solución a los problemas de la Iglesia. Eso es lo que interesa. Y no importa el camino para dar solución. No importan los medios para ello. No importa cargarse el Papado. Pero, si sigue siendo Papa, si sigue vestido de Papa, si actúa como Papa. Es que no hay que esperar que Francisco diga que ya no es Papa, sino un rey. Es que nunca va a decir eso, porque le gusta el juego que ha montado en la Iglesia para fabricar su nueva iglesia.

Francisco actúa con su orgullo cuando pone el gobierno horizontal. Se ha puesto por encima de la Autoridad de Dios en la Iglesia, como hizo Lucifer. Y lo ha hecho él mismo, sin recurrir a nada ni a nadie. Y ha puesto su razón, se mentira, para contentar a todos.

Y esto lo que no se ve ni se atiende: a la vida espiritual de la Iglesia.

Todos preocupados por la vida material o humana de la Iglesia, que esa sólo es la predicación de Francisco y de tantos sacerdotes que sólo hablan de política en sus homilías, pero que no son capaces de dar lo divino a las almas porque viven para lo suyo humano. Y así hace nsu iglesia, la que ellos quieren con sus entendimientos humanos, pero no hacen la Iglesia que Dios quiere.

Ambición de poder es lo que hay ahora en la Iglesia. Tener un puesto para gobernar la Iglesia. Y un puesto en cada diócesis para hacer en cada territorio la obra del orgullo.

Por eso, el desastre que viene es mayúsculo para toda la Iglesia. Y todavía los hombres siguen dormidos en las palabras que se les dice desde el gobierno horizontal. Muy dormidos, como si todo estuviera tranquilo, como si no pasara nada, como si Dios quisiera esta nueva iglesia para todos.

Los cambios del gobierno horizontal

“A vosotros, pues, los que creéis, el honor; mas a los que no creen, la piedra que desecharon los arquitectos, ésta vino a ser la piedra angular, y piedra de tropiezo, y roca de escándalo” (1 Pe 2, 7).
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El gobierno horizontal es sólo dar la primacía a las Iglesias particulares para que obren sin estar unidas a la Iglesia Universal.

Es descentralizar la Iglesia y, por tanto, cada Obispo puede hacer en su diócesis lo que quiera.

Esta es la lucha que muchos Obispos en la Iglesia hacen al Papado. El Papa no les deja a los Obispos hacer en la Iglesias particulares lo que ellos quieren. Y, entonces, surge en la Iglesia la lucha por el poder.

Este es todo el problema de la Iglesia: ambición de poder, que significa desobediencia de los Obispos al Papa. Y, por esa desobediencia, vinieron a la Iglesia ese relajamiento en todo después del Concilio Vaticano II, porque el Papa no quería cambios, pero sí los Obispos. Y se anuló la Misa Tradicional y tantas cosas como sucedieron. Sólo por esta ambición de poder. Y la renuncia de Benedicto XVI es sólo por esta ambición de poder de los Obispos en la Iglesia.

Y, para justificar el gobierno horizontal, se tergiversa todo: la Tradición de la Iglesia, las Escrituras y el Dogma del Papado. Y se dan interpretaciones que no son la Verdad, que ocultan la Verdad y que sólo son para imponer este gobierno horizontal como solución a todos los problemas de la Iglesia.

“Hay que gobernar la Iglesia de otra forma. ¿Cuál? Colegialidad es la palabra. Se necesita un gobierno horizontal. Hay que salir de este centralismo, que no tiene nada que ver con el centro” (Cardenal alemán Walter Kasper).

El centro para Kasper son las Iglesias particulares, es decir, cada Obispo en su diócesis, independientemente de la Autoridad del Papa. Es lo que intenta demostrar en su artículo “Acerca de la Iglesia”, en que ataca al Papa Benedicto XVI y lo condena como el culpable de todo lo que pasa en la Iglesia.

Los Obispos en la Iglesia quieren el poder para estas cosas que son, para ellos, lo principal:

Dar la comunión a los que están en unión libre, a los divorciados por la Iglesia, casados nuevamente por lo civil.

Permitir el uso de anticonceptivos a mujeres violadas o en ciertos casos de enfermedad, como el contagio por el sida.

Hacer que la Misa sea sólo una comunión, una celebración, donde la Presencia de Cristo, en su Cuerpo y su Sangre, hay que tomarla como meramente simbólica, no en la realidad. Es un simbolismo y hay que enseñar esto al pueblo. La Misa es una fiesta de la Iglesia, en los fieles, junto al sacerdote, deben pasárselo lo mejor que se pueda.

Hay que dar flexibilidad a la liturgia y al derecho canónico y, por tanto, hay que permitir en la liturgia otras oraciones, más acordes con los tiempos que se viven, oraciones budistas, ritos judíos, comuniones con otras iglesias o confesiones para rezar por la paz en el mundo. Hay que hacer que las penas en el derecho canónico se quiten y así las mujeres que abortan no estén fuera de la Iglesia, porque su pecado es un bien para el niño que han abortado: lo llevan al cielo, por su martirio de sangre.

Hay que incluir a las mujeres en la Iglesia y en el sacerdocio para quitar el machismo en la Iglesia y, por supuesto, hay que poner como optativo el celibato para los sacerdotes. Que se casen, si quieren, o que vivan en unión libre, porque eso ya no es pecado. El sexo lo ha hecho Dios para disfrutarlo, para organizar una vida feliz y cómoda, como se obra en el mundo. Hay que mirar el mundo para hacer la Iglesia. Hay que dialogar con el mundo para ser Iglesia. Hay que pensar como el mundo piensa para edificar la Iglesia.

La Iglesia es un estado político porque se dan muchas iglesias particulares con muchos problemas que hay que resolver en la práctica de cada diócesis, sin atender a lo que la Iglesia Universal, lo que la enseñanza de la Iglesia dice. Y, como estado político es necesario el gobierno horizontal, en que cada uno se rija por sus pensamientos, por sus leyes, por sus costumbres en su lugar de nacimiento o de trabajo.

Esto es lo que se está cociendo ahora en el gobierno horizontal de Francisco. Esto y sólo esto. Es dejar que los Obispos decidan lo que es la Verdad en la Iglesia. Lo que hay que seguir en la Iglesia. Los Obispos quieren renovar la Iglesia con su pensamiento humano, sólo con sus ideas políticas, porque hay un cambio en toda la sociedad, todo se está transformando, una nueva civilización está emergiendo en nuestras vidas, con nuevos tipos de familia (homosexuales, lesbianas, unión libre, divorciados por la Iglesia vueltos a casar), con una nueva economía que trae nuevos problemas, nuevos conflictos políticos, y hay que tener una Iglesia capaz de estar a la moda con el mundo y los hombres, fuerte para poder sacar al hombre hacia su felicidad, que es tener el mundo a sus pies. Y, para eso, no importa lo sagrado, lo religioso, lo santo, lo divino. Lo que importa es el hombre, es el pensamiento del hombre, es la obra del hombre.

Y aquellos que quieran oponerse a este cambio se les llama: fundamentalistas. No hay que ser fundamentalistas, es decir, no hay que agarrarse a una idea de vivir, no hay que tener miedo a los cambios culturales, políticos, económicos, y encerrarse en un estilo de vida anticuado, moralista, tradicional, ético, sino que hay que experiemtar sin miedo esos cambios porque son el futuro de los hombres, son el futuro de los hombres, son el bienestar para todos los hombres. Y la Iglesia tiene que coger el carro del progreso. Tiene que tener un Rambo que acabe con la Tradición de la Iglesia, con sus Dogmas, y ponga el camino de la felicidad al hombre. Y quien quiera oponerse a los cambios del mundo para el bien de todos los hombres es sólo un fundamentalista, que fundamenta su vida sobre una idea moral, ética, que ya no sirve para todos, sino que sólo sirve para unos pocos.

Los sacerdotes, Obispos y fieles de la Iglesia ven a la Iglesia como la que no sirve con todo su aparato de la Tradición, del Dogma, del Magisterio en todos los Santos en la Iglesia. Esa Iglesia sólo sirve para unos pocos, pero no para todos los hombres. Esta es la herejía que se vive hoy en el seno de la Iglesia y que la marca en todo su actuar de cara al mundo y a los hombres. Y, entonces, todo debe caer en la Iglesia por el bien del mundo y de los hombres, por el amor fraterno a los hombres, por los sentimientos de los hombres, alos cuales hay que apoyar y hacerlos fructificar.

Esta concepción del gobierno horizontal es la que está en la Iglesia en muchos sacerdotes, Obispos y fieles. Quieren un cambio en la Iglesia. Un cambio que supone quitar de la Iglesia lo que impida ese cambio. Y no importa que la Santa Misa se destruya. Eso no interesa. Lo que interesa es hacer una Iglesia que guste a todo el mundo, porque eso es lo que vive todo el mundo: su pensamiento humano de cómo es la vida.

La herejía del humanismo trae todo esto a la Iglesia. Y esta herejía la vive Francisco y los que están a su alrededor, construyendo un reino para el hombre, un reino para dar al hombre la conquista del mundo, un reino para hacer del hombre un trono en la tierra.

Quien no está con Pedro está en contra de Pedro y es lo que dice el Señor en su mensaje: “sin Pedro la Iglesia se pierde en el vacío de los pensamientos humanos que la llevan al error y a la mentira”.

Muchos en la Iglesia están esperando qué cosa va a traer el gobierno horizontal. Esperan y siguen dormidos en su vida humana. Pero, ¿qué se puede esperar de un mentiroso, que no vive su sacerdocio, y que engaña a las almas de la Iglesia con sus inútiles palabras y enseñanzas? ¿Cuándo van a despertar de su letargo y no esperar nada bueno de un traidor a la Verdad de Pedro? ¿Qué creen que les va a dar Francisco con su nuevo gobierno horizontal? Pues todo eso que se ha dicho arriba. ¿Queréis ver el matrimonio homosexual en la Iglesia? Viene de este gobierno horizontal. Y viene sin que nadie diga esta boca es mía.

Porque muchos son los que se van a perder en esta primera batalla espiritual contra el demonio, como lo decía el Señor en su mensaje: “Muchos en la primera batalla se perderán para el infierno”. Porque viven para sus pensamientos humanos, para sus ideales culturales, para su ciencia y sabiduría humana y, por tanto, su vida es para lo que conciben en su pensamiento, no ya para Cristo, para la Verdad, que es Jesús.

Es triste ver a una Iglesia que lucha por un ideal humano y que ha dejado de batallar por Cristo, por la bandera de Cristo, por ser soldado de Cristo. Ahora hay que luchar por el ideal del mundo, por la bandera del mundo, para alistarse en el ejercito de los hombres, conducidos por la Cabeza del demonio, que es Satanás, al que nadie ve para no ser llamado fundamentalista.

Hoy cuando se invoca al demonio como la raíz de todos los males del mundo se recibe el nombre de fundamentalista, porque se tiene miedo de enfrentar al mundo, de las modas del mundo, se ve como un peligro los nuevos cambios y, por tanto, si se quieren combatirlos como hay que hacerlo, luchando contra el demonio, los modernos sacerdotes llaman a eso fundamentalismo. Y ellos son los primeros en ser fundamentalistas, porque tienen miedo de la Verdad, que les exige luchar contra sus ideas humanas, contra su pecado, contra el Autor de todo mal, que es el Maligno, y contra la verdad de su vida, que es su oscuro corazón dado a sus placeres y a su felicidad humanas, a su humanismo radical que no saben dejar por amor a Cristo. Prefieren amar el mundo que seguir las enseñanzas de Cristo en el Calvario.

El pecado es lo que reina en la Iglesia

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“Plata y oro no tengo; mas lo que tengo, esto te doy: En el Nombre de Jesúcristo Nazareno, ponte a andar”(Hch. 3, 6).

Esta es la Obra de Pedro en la Iglesia: dar el amor divino a las almas.

¡Qué diferente a la obra del rey Francisco! Él reparte dinero a los pobres, pero no es capaz de dar el amor divino con sus palabras. No es capaz de sanar un corazón, no es capaz de liberar del demonio a un alma, aprisionada por su pecado en las redes de Satanás, no es capaz de alimentar el alma de la Palabra del Amor.

“No tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso: Jesucristo. Vengo en su nombre para alimentar la llama de amor fraterno que arde en todo corazón y deseo que llegue a todos y a cada uno mi salud. La paz de Cristo esté con vosotros” (Francisco en Brasil).

Francisco da lo que tiene en su corazón: su amor al hombre, su falso cariño de amor. Y, para eso, se vale del Nombre de Jesucristo y dice que trae lo más valioso. Y lo más valioso -para él- es dar la llama del amor fraterno para que brille en todos lados. Y Jesús es amor divino, no amor fraterno.

Quien tenga vida espiritual verá dos predicaciones totalmente opuestas. La de San Pedro, que se dejaba de palabritas bellas e iba al grano. Y, por eso, sanó a ese enfermo, porque su palabra estaba dicha con fe, no con su razón humana. Y la de Francisco, un inútil predicador de masas que sólo quiere dar sentimientos humanos a la gente, cariñitos. Y que sólo se queda ahí: en lo humano, en lo material de la vida, y que no es capaz de sanar el corazón de todas sus miserias. Sólo pide dinero para su causa en la iglesia.

Francisco predica así por su pecado. Él sabe la teología, conoce muy bien las exigencias del Evangelio, pero vive su pecado. Y, por más que se sepa la verdad, si se vive otra cosa, si se obra para otra cosa, entonces sus predicaciones son sólo eso: palabras bonitas, que llenan sentimientos humanos, pero que dejan vacío el corazón de la verdad y del amor.

El pecado es lo que reina en la Iglesia y eso impide el reinado del Corazón de Jesús en las almas.

El que peca divide la Iglesia, la parte en dos. Y una parte es para él y su pecado. Y la otra es para los demás. Y el que vive su pecado sólo atiende a su vida. No le interesa la vida de los demás, porque los demás no están en su pecado.

Lo primero en la Iglesia es batallar contra el pecado. Si no se hace esto, entonces nos dedicamos a nuestra vida humana, y nos quedamos tan contentos y nos creemos santos y justos porque no robamos ni matamos.

Un sólo pecado pequeño, voluntario, detiene las gracias de Dios sobre el alma: “…las culpas, aunque sean las mas pequeñas, pero voluntarias, frenan Mis gracias y a tales almas no las puedo colmar de Mis dones”(Jesús a Santa Faustina).

El pecado en la Iglesia reside en estas cosas pequeñas que no se atienden y, por eso, cuando vienen las cosas grandes, los grandes pecados que hace Francisco, nadie se entera de que está pecando, todos aplauden sus palabras llenas de su vida de pecado.

El hombre habla lo que vive. El hombre no habla lo que tiene en su mente humana. Cuando se habla, se saca del corazón una vida. Y eso es lo que se muestra en las obras.

Un corazón cerrado a Dios, -porque vive para su vida humana, para sus problemas humanos, para sus obras humanas-, sólo habla de lo humano, pero no es capaz de hablar de lo divino. Coge las palabras de Dios, recuerda las frases del Evangelio, pero sólo eso: es un recuerdo bonito. Pero se vive otra cosa a lo que enseña la Verdad del Evangelio. Eso es Francisco y muchos como él.

La Iglesia vive en su pecado, porque ya no atendió a sus pecados pequeños, voluntarios, que cierran el camino de las gracias, que impiden que Dios bendiga, que Dios dé soluciones a los problemas de la vida, porque es necesario amar para ver el camino de la vida.

Y como el corazón vive para su vida humana, para su egoismo, pero no vive para amar, entonces, cuando Francisco habla tan bonito a todos se les cae la baba, porque es lo que quieren escuchar: que alguien les hable de lo que viven, de lo que tienen en su corazón: el amor a lo humano, el apego a la vida humana, el amor a sus pasiones humanas.

Las almas despiertas, que ven el error, es porque no se apegan a nada de su vida humana. Por eso, tienen la luz de la lámpara de la fe encendida siempre. Y saben ver al demonio en cada obra de los hombres. Y saben contemplar cómo el demonio trabaja en cada hombre. Y saben llamar al pecado por su nombre.

Porque el pecado reina en la Iglesia, por eso, no se combate, no se lucha contra Satanás, no se hacen exorcismos en la Iglesia. Se ha olvidado la oración que un Papa dio para combatir al demonio que tiene la intención de acabar con la Iglesia. Es el olvido que trae la vida de pecado.

Cuando el pecado reina en la Iglesia sólo se vive para lo que se ve con los ojos, para lo que se entiende con la mente del hombre. Pero no se ven las realidades espirituales, que es lo que construye la Iglesia, que es lo que hacer ser Iglesia.

La nueva iglesia de Francisco es sólo una vida de pecado. Es hacer del pecado una vida, una obra, un camino en la Iglesia. Y no es otra cosa.

Cuando se construye una iglesia derribando lo santo, lo sagrado, lo inviolable, entonces se hace de esa iglesia el faro del mundo, la luz para muchas almas. Una luz oscura, que no ilumina el corazón, sólo las mentes de los hombres. Por eso, hoy se predica que hay que abrir la mente. Es la predicación favorita del demonio, porque el demonio trabaja en una mente abierta.

Pero cuando la mente se cierra a todo, entonces el hombre guarda su casa de las tentaciones, de los peligros, de todos los hombres que, con su razón, quieren dar a los demás un estilo de vida, que es un fracaso para el alma.

Porque no se sabe batallar contra el pecado de cada uno, tampoco se sabe luchar contra el demonio, que es el que obra el pecado en cada uno, y tampoco se sabe enfrentarse a los hombres que gustan oír el pecado, pero no les gusta oír la verdad de su pecado.

Hoy no se dice la Verdad del pecado de Francisco en la Iglesia porque los hombres tienen miedo de decir la Verdad. Tiene miedo de los hombres, de que los hombres hagan algo ante la proclamación de esa Verdad. Y quien calla se une al traidor. Pero quien denuncia al traidor, se une a Cristo, que es la Verdad, y que da sólo la Verdad a los corazones humildes, sencillos, que se despojan de todo su humanismo para obrar lo divino en sus vidas.

El pecado es lo que reina en la Iglesia. Y hay que partir de aquí para entender todo lo que está pasando en la Iglesia y todo lo que viene ahora para la Iglesia.

“No creo en un Dios Católico”

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Jesús es la Verdad. Y ha puesto Su Iglesia como la única verdadera, como la única infalible, que no se equivoca, que no miente.

La Iglesia es Católica por ser la Verdad, por tener toda la Verdad.

La catolicidad significa ser para todos. La Verdad es para todos. La Verdad no es para un grupo exclusivo de hombres. La Verdad no es para una comunidad de hombres. Es para todos.

Pero este para todos no significa para todos los hombres o para todo el mundo. La Verdad no es para todo el mundo, porque la Verdad no está en todo el mundo, no está en el mundo, no está en ningún hombre, no está en todos los hombres.

Jesús es la Verdad. Lo demás no es la Verdad.

“¿Quieres saber, Catalina, quién eres tú y quién soy Yo? Pues tú eres la que no eres y Yo soy el que soy” (Diálogo, cap. XVIII)

El gran pecado de la Iglesia es no reconocer esta verdad: somos nada. No tenemos la verdad, no entendemos la verdad, no llegamos a la verdad, no buscamos la verdad.

Y porque la Iglesia, en sus consagrados, se ha creído la dueña de la Verdad, entonces viene el desastre en toda la Iglesia.

Los consagrados en la Iglesia no tienen la Verdad. Sólo Jesús es el Dueño de la Verdad, no los consagrados. Los consagrados sirven a la Verdad, pero no dominan la Verdad.

Como falta esta humildad en la Iglesia, como los sacerdotes no son humildes, como los Obispos no son humildes, como los fieles no son humildes, entonces se ponen a luchar en la Iglesia por sus verdades, pero no por la Verdad.

Es lo que vemos en este momento y en la historia de la Iglesia, que es sólo el fruto de lo que es el hombre: soberbio, que se cree en posesión de la Verdad.

La Iglesia no se hace siguiendo a nadie en Ella, ni siquiera al Papa. La Iglesia se hace siguiendo al Espíritu de la Verdad, que nunca miente, que siempre da al hombre el camino de la Verdad, camino distinto a lo que el hombre busca con su entendimiento humano.

La Verdad, en la Iglesia, la Verdad de lo que ha pasado en la Iglesia desde Juan XXIII a Francisco, la tiene el Espíritu de la Verdad. Y hay que acudir a ese Espíritu para no salir de la Verdad, que es la Iglesia que Jesús ha fundado, para no interpretar lo que ha sucedido con las verdades de los hombres.

Muchos, al interpretar todo lo que ha pasado en los últimos setenta años en la Iglesia con su cabeza, yerran siempre, porque la mente humana no alcanza toda la Verdad.

Para seguir siendo Iglesia con unos Papas que han permitido tantas cosas en la Iglesia, hay que dejarse enseñar por el Espíritu de la Verdad, que es el que da la interpretación a todo eso que el hombre no comprende con su razón.

Y el problema de todos los hombres y, sobre todo, de las almas que ya tienen una vida espiritual, es creerse que ya lo saben todo en la Iglesia, y comienzan a juzgar cada cosa de la Iglesia, y se equivocan en todo su juicio.

Nadie es dueño de la Verdad, sino que todos los hombres tenemos que servir a la Verdad. Es decir, dar la Verdad como está en Jesús, como es Jesús, como la obró Jesús.

Este servicio es lo que más cuesta en la vida espiritual, porque no se sirve a Cristo con la cabeza humana, con los pensamientos humanos, con las razones humanas, con los planes humanos, con la vida humana, con las obras humanas, con la voluntad del hombre. Se sirve a Cristo despojándose del hombre viejo, que es el hombre lleno de sus pensamientos soberbios en su mente.

Como no se sigue la Verdad, entonces el hombre sigue sus verdades que encuentra en su razón. Y eso se opone a la Fe.

La Fe es seguir la Verdad. La Fe no es seguir a la razón humana, aunque dé palabras bellas, bonitos discursos, planteamientos correctos sobre la Verdad.

La Verdad es la Palabra del Hijo. No es la palabra de los hombres. La Verdad es lo que Es. Y nadie tiene derecho a decir sus palabras, a explicar esa Verdad con sus palabras humanas, a obrar esa Verdad con sus obras humanas.

Para decir la Verdad con las palabras humanas, hay que seguir el Pensamiento del Espíritu, la inteligencia que da el Espíritu al alma. Y sólo así el hombre, cuando habla, no se equivoca.

Pero quien sigue su razón, y ya no sigue al Espíritu, siempre se va a equivocar en lo que diga, porque nace de su pensamiento, no nace de la Verdad.

Este es el problema del hombre: su soberbia. Y, por su soberbia, el hombre sigue su pensamiento y no es capaz de seguir al Espíritu en lo que razona y en lo que obra en la Iglesia.

Por eso, se ven en la Iglesia tantas barbaridades de tantos sacerdotes, Obispos y fieles, porque cada uno quiere poner su verdad, la que con su entendimiento humano ha buscado y encontrado, y -claro- ya no se pone la Verdad, ya no se predica la Verdad, ya no se enseña la Verdad, ya no se obra la Verdad.

Jesús es la Verdad. Y la Iglesia de Jesús es Aquella que permanece Fiel a la Verdad. Y, entonces, esa Iglesia es Infalible, esa Iglesia es la Católica.

Francisco, al derrumbar el Papado con su gobierno horizontal, se ha cargado la Catolicidad de la Iglesia. Grave daño el de ese idiota.

En este momento, la Iglesia no es Católica, porque no existe el Papa. Existe uno vestido de Papa con un gobierno horizontal. Eso no es la Iglesia Católica, esa no es la Verdad que Jesús ha enseñado a Su Iglesia.

Quien quiera ahora encontrar la Verdad en la Iglesia, no la puede encontrar en ninguna iglesia, porque todas les falta algo para tener la Verdad. La nueva iglesia que se ha inventado Francisco no tiene el gobierno vertical, no tiene el Papado, no tiene el Poder de Dios en el vértice de la Iglesia. Y, por eso, esa nueva iglesia ya no es católica.

El problema es que Francisco permanece en la Iglesia que Jesús ha fundado y no permite poner el Papado. Y, entonces, ya no se da la Catolicidad en ninguna parte, en ninguna iglesia, porque la verdad se ha transformado para que sea de todos los hombres, para que sea de todo el mundo, para que en el mundo esté la verdad como está en la nueva iglesia de Francisco. Esta es la herejía de Francisco al decir: “No creo en un Dios católico”. Ha destrozado la Catolicidad de la Iglesia. Y esto es un gran desastre para la Vida de la Iglesia.

Francisco cree en Dios, pero no en un Dios católico. Es decir, no cree en un Dios para todos, sino que cree en un Dios que todos pueden tener, acudiendo a su pensamiento humano o a las circunstancias de su vida. Todos creen en Dios de alguna manera. Así es como Francisco cree en Dios: según su manera de ver a Dios, según su pensamiento de Dios, según su filosofía de Dios. Y, por tanto, Francisco no cree en Dios. Porque la Fe es aceptar lo que Dios Es. Y no otra cosa. Cuando se piensa sobre Dios, sólo se piensa, pero no se tiene Fe. Cuando se piensa sobre Dios apoyado en el Espíritu Divino, entonces se piensa con la Fe, se obra lo que se piensa, se ama en ese pensamiento que lo lleva el Espíritu en el alma del que cree.

Francisco no cree en Dios. Sólo dice con sus palabras que cree en Dios. Y añade: no creo en el Dios Católico.

Porque Francisco no cree en Dios, sino que cree en su pensamiento humano sobre Dios, entonces tiene que rechazar el pensamiento de Dios en la Iglesia Católica. Por eso, dice esa barbaridad.

Quien rechaza el pensamiento de Dios en la Iglesia Católica, se está oponiendo a toda la Revelación sobre Dios: se opone al Misterio de la Stma. Trinidad y al Misterio de la Esencia Divina.

Francisco, con su boca, dice que cree en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Eso es fácil decirlo con la boca. Eso es lo que ha aprendido en la Teología. Pero la Fe no está en lo que uno aprende, ni en el Catecismo, ni en la Teología.

La Fe es aceptar esa Palabra de Dios que dice al alma que hay Tres Personas en Dios y que la Esencia de Dios es una. Esto es lo que no acepta Francisco. Y, entonces, no puede creen en el Dios Católico.

Pero la razón de que no cree en el Dios Católico no es tanto un argumento filosófico, sino práctico. Como la Iglesia no se ocupa del bien material de los hombres, como no resuelve los problemas económicos de los demás, como no da trabajo al que no tiene, entonces no puede comprender el Dios Católico. Él comprende su idea de Dios. Y en esa idea, Jesús es amor y hay que amar la carne de Jesús, que son los pobres, y hay que dedicarse a los pobres porque el Padre los ama en su corazón.

Esta doctrina de Francisco es seguida en la nueva iglesia que ha creado al poner su gobierno horizontal. Y nadie ha dicho esta boca es mía. Nadie se ha opuesto a esta gran herejía, sino que lo siguen todos.

Francisco, al decir, que no cree en un Dios católico ha borrado la Catolicidad en la Iglesia, de un plumazo. Por supuesto, que él con su boca sigue diciendo que es el Papa de los Católicos. Porque con la boca se dicen muchas tonterías que todo el mundo las acoge y nadie sabe discernirlas como son.

No existe la Iglesia Católica con el gobierno horizontal. No puede darse, aunque todo el mundo use la palabra católico para su interés personal.

Porque si no se está unido al Espíritu de Cristo, entonces no se hace la Iglesia Católica, por más gobierno horizontal que haya.

Dentro de poco la Silla de Pedro estará vacía. Y eso significa que quien se siente en Ella se sienta para gobernar otra iglesia, para enseñar otras verdades distintas a Cristo, para obrar otras obras que no nacen de la Fe en Cristo. Todavía la Silla permanece intacta. Se ha empezado a quitar prerrogativas al Papado. Cuando comiencen con las esenciales al Papado, entonces la Silla de Pedro estará vacía, que es distinta a estar vacante.

La Iglesia de Jesús tiene un Papa verdadero: Benedicto XVI. La Silla de Pedro no está vacante. Se la han robado a Benedicto XVI. Y, aunque los hombres despojen a la Silla de Pedro y la dejan vacía de todo lo sagrado y divino, mientras viva Benedicto XVI, la Silla no estará vacante. Si muere, entonces habrá que elegir a otro Papa, para que la Silla sea ocupada por la Verdad.

La negación de la Verdad en la iglesia de Francisco

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Jesús es la Verdad.

Por tanto, la verdad no está en las palabras que se dicen, ni en los discursos que se presentan, ni en los argumentos que quieren explicar el Evangelio, ni en las teologías que quieren defender la verdad, ni en las obras que se hacen en la Iglesia, ni en ningún hombre de la Iglesia ni del mundo.

Para dar la Verdad, para enseñar la Verdad, para obrar la Verdad, hay que ser otro Jesús.

Y, para ser otro Jesús, es necesario tener Su Espíritu, el Espíritu de Cristo. Y tenerlo significa seguirlo en cualquier cosa que se haga en la Iglesia.

El problema de la nueva iglesia de Francisco es que niega la Verdad, porque ninguno sigue al Espíritu de Cristo.

Todos hablan de Jesús, todos dicen que creen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, todos dicen cosas hermosas sobre la Iglesia, todos celebran la Misa, todos ocupan puestos para servir a la Iglesia, pero ninguno sigue al Espíritu de Cristo.

Esa nueva iglesia inventada por Francisco está fundamentada sólo en el pensamiento de Francisco, no en Jesús.

Y muchos tienen miedo de mostrar deslealtad a la Iglesia, incluso cuando ven que Francisco altera las enseñanzas de Cristo, porque tienen miedo al pensamiento de Francisco.

No ven la Verdad, se quedan en las palabras de Francisco y sólo saben decir: es el Papa.

Y quieren pedir consejo sobre esas palabras de Francisco y leen lo que el Prefecto para la Doctrina de la Fe, Gerhard L. Müller, dice sobre esas declaraciones de Francisco, y siguen sin ver la Verdad.

Müller dice: “El Papa ha hecho un dialogo con el editor de la Reppublica, Scalfari. No tiene ningún miedo de dialogar, porque nuestra fe viene del “logos”, de la Palabra de Dios, que es también el intelecto de Dios. Y tenemos una religión que vincula el diálogo y la fe. Y por eso la Iglesia, no sólo el Papa, también los teólogos, son los primeros interlocutores de este diálogo entre los no creyentes y los creyentes.”

Esta frase es una frase bien construida, con un pensamiento lógico, con una doctrina que parece verdadera, que convence a cualquiera que la lee y, sin embargo, es una herejía.

“El Papa ha hecho un dialogo”: Se comienza mintiendo. Francisco no ha dialogado, sino que ha usado un instrumento comunista para enseñar su mentira, su idea de cómo tiene que ser la Iglesia. Francisco da su pensamiento al editor sobre un asunto de vital importancia para la vida de toda la Iglesia. Y eso no es dialogar. Porque dialogar es hablar de cosas sin importancia. Enseñar el pensamiento es adoctrinar, no dialogar. Francisco ha adoctrino en esas declaraciones, ha dado una doctrina, ha enseñado una doctrina. No ha dialogado.

Muller comienza dando una falsedad. Luego todo su discurso se centra en esta falsedad. Como Francisco dialoga, no tiene miedo de hablar con los ateos. Y dice otra herejía: “porque nuestra fe viene del logos”.

El logos es el Verbo de Dios, es decir, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Es la Palabra del Pensamiento del Padre. Y nuestra Fe no viene de la Palabra, sino de la aceptación de la Palabra. Venir y aceptar son dos cosas diferentes. Si se dice que la Fe viene de la Palabra, se está diciendo que todos los hombres tienen Fe porque leen el Evangelio de Jesús. Al leerlo surge la Fe. La Fe viene al tener un libro que habla sobre el Evangelio. La Fe viene al tener una teología que habla sobre el Evangelio. La Fe viene en cualquier documento en que se recoja el Evangelio de Jesús. La Fe viene por el solo hecho de celebrar una Misa o de rezar a Dios una oración. Esta es la fe para Muller. Esta es la fe en la nueva iglesia de Francisco. Y esta no es la Fe de la Iglesia.

“La Fe viene de la audición; y la audición, por la Palabra de Cristo”(Rom 10, 17). Hay que escuchar la Palabra para tener fe. No hay que leerla, no hay que ver signos externos, obras externas humanas, no hay que entender la Palabra para tener fe. Son dos cosas distintas lo que dice Muller y lo que dice San Pablo. Escuchar la Palabra es aceptarla. Muchos escuchan la Palabra, pero no la aceptan, porque buscan la interpretación de la Palabra. Y entonces la Fe que tienen viene de esa interpretación, no de la escucha de la Palabra.

Después de esto, Muller añade otra herejía: “que es también el intelecto de Dios”. El logos, la Palabra, no es el intelecto de Dios, no es el pensamiento de Dios. El logos, la Palabra, es el Pensamiento del Padre. Muller, como teólogo olvida la diferencia entre Dios y las Tres Personas de la Santísima Trinidad. Dios no tiene intelecto. El Padre es el que tiene intelecto. Error mayúsculo que viene de una de las cabezas más importantes que tiene la nueva iglesia de Francisco. Si así piensa esa cabeza sobre Dios, entonces las barbaridades que dice sobre la Iglesia y sobre Jesús daría para escribir un libro en contra de Muller.

Después Muller finaliza su brillante discurso con otra herejía:“Y tenemos una religión que vincula el diálogo y la fe”. La religión no está para unir la Fe y lo Profano. Muller está proclamando la unión de la Iglesia con los paganos, aceptando sus obras, sus filosofías, sus estilos de vida, sus cultos. Es lo que muestra Francisco en esas declaraciones: se une a un ateo para dialogar con él y enseñarle su doctrina y unirse a ese ateo con su doctrina.

La religión no vincula las cosas de la fe con el hablar de las cosas del mundo. Toda religión enseña su verdad al que no es de la religión. Toda iglesia hace eso, se llame como se llame y crea en lo que crea. La religión enseña algo, no dialoga, no hace una unión con los que no creen, con los que siguen otra religión. Con los que no creen se dialoga de muchas cosas, pero no de la fe. Cuando se quiere hablar de la fe con el que no cree, esa conversación ya no es un diálogo, sino una enseñanza de la fe o una apología de la fe o una defensa de la fe, pero nunca un diálogo, y menos vincular y unir la fe con el mundo.

Después Muller dice cada cosa en esa entrevista que da pena ver a un sacerdote que no tiene ninguna fe en la Iglesia y que está en la iglesia de Francisco para someterse a su pensamiento humano, para adular el pensamiento de Francisco.

En la iglesia nueva de Francisco se niega la Verdad. Y muchos tienen miedo de ser desleales a Francisco, a la Iglesia, aunque vean sus errores, aunque comprendan sus herejías, porque no ven la Verdad, sino que quieren interpretar la Verdad con su pensamiento, que es lo que se hace en la iglesia nueva de Francisco, y es lo que hace Francisco y todo su gobierno horizontal.

Ningún hombre, ningún sacerdote, ningún obispo, ni cardenal, ningún Papa tiene la autoridad para re-escribir la Palabra de Dios. Cuando se hace esto, se apartan automáticamente de la Ley de Dios y comienzan a poner sus leyes eclesiásticas, sus leyes humanas. Comienzan a interpretarlo todo según su razón. Y es la diosa razón lo que gobierna la nueva iglesia. No es el Pensamiento del Padre, no es la Palabra del Hijo, no es el Amor del Espíritu. Es lo que ese bastardo piensa sobre Dios, sobre la Iglesia, sobre los santos, sobre los dogmas, sobre el pecado, sobre el demonio, sobre el infierno, sobre los paganos, etc.

Es lo que tiene en su cabeza. Por eso, niega toda la verdad en su iglesia nueva. Hace su verdad, hace su teología, hace su evangelio, hace sus normas espirituales. Todo lo ve con su razón humana.

Y el problema es que los demás no ven la Verdad y lo siguen también. Los demás quieren comprender a Francisco. Y este es el error: cuando un sacerdote va en contra de la verdad, no hay que comprenderlo, no hay que entender por qué hace eso. Hay que apartarse de él, porque si no se hace eso, el alma se aparta de la verdad. Hay que seguir siempre a la Verdad, nunca a un hombre.

Ver la Verdad es seguir al Espíritu de Cristo. No es hablar de Cristo, no es ir a Misa o celebrar Misa, no es predicar de Cristo, no es enseñar de Cristo, no es liberar demonios, no es sanar cuerpo, no es hacer milagros.

Seguir a Cristo es ser otro Cristo. Es dejarse enseñar por el Espíritu de Cristo para ser Cristo. Ser otro Cristo no se aprende en los libros, en la Teología; no se es Cristo porque se celebre Misa, sino porque el alma se deja guiar en todo por el Espíritu de Cristo. Y cuando hace eso no obra como Francisco, no habla como Francisco, no enseña como Francisco.

Sólo la Iglesia de Dios que permanece fiel a la doctrina de Jesús, a Su Evangelio, sin interpretarlo de ninguna forma, es Infalible, tiene toda la Verdad, nunca se equivoca.

Benedicto XVI se apartó del Evangelio, cayó en su pecado. Francisco se apartó del Evangelio, cayó en su pecado. Los sacerdotes que se apartan de la Verdad, que es Jesús, se declaran en contra de la Verdad y obran sus verdades en la Iglesia, produciendo un caos en toda la Iglesia.

Jesús es la Verdad. Los sacerdotes, los Obispos son los siervos de la Verdad, no los que tienen el poder para hacer de la Verdad lo que quieren. Sin la humildad, los consagrados se pierden en el orgullo de su poder.

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