Lumen Mariae

Inicio » Publicaciones con la etiqueta 'la Verdad'

Archivo de la etiqueta: la Verdad

La opinión de la gente no es dogma en la Iglesia

mas

«Niña Mía: haz el propósito de no contar con los hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a Mi voluntad, y dices: Hágase en mí, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según Tu Voluntad. Has de saber que estas palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un solo instante elevan al alma a las cumbres de la santidad» (Sta. Faustina Kowalska)

¿Quieren hacer la Voluntad de Dios en sus vidas? Entonces, no hagan caso ni del cónyuge, ni de los hijos, ni de los amigos, ni de los sacerdotes, ni de los Obispos, ni de nadie en el mundo. No cuenten con ningún hombre porque todos son unos mentirosos, unos fariseos, unos hipócritas, que les gustan endulzar la vida con su lenguaje humano, pero que después viven una vida lo más contraria a ese lenguaje humano.

Sólo se es santo obrando la Voluntad de Dios. ¡Y cuán difícil es entenderla, discernirla!

No están en la Iglesia para seguir las voluntades de ningún hombre. Están en la Iglesia para obrar la Voluntad de Dios, que sólo se muestra en la Verdad, que es Su Hijo.

Y Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre: es la Palabra que muestra la Mente de Su Padre. Es la Palabra que enseña a pensar como piensa Su Padre.

Cuando los hombres se den cuenta que ningún pensamiento humano puede salvar, entonces habrán alcanzado la cima de la santidad.

Pero mientras el hombre se apoye en alguna opinión o juicio humano, por más bueno y perfecto que sea para su vida, tropieza en el camino de la santidad.

¡Difícil es hacer la Voluntad de Dios en un mundo que vive inmerso en las voluntades de los hombres! ¡Muy difícil! Porque es necesario oponerse a todas esas voluntades humanas para ver la Voluntad de Dios. Hay que enfrentarse con los hombres, y eso no es la moda del mundo. El mundo vive haciendo amigos, buscando un común en la mentira, en el pecado.

¡Ningún hombre es capaz de dar, con su mente humana, la Voluntad de Dios! ¡Ninguno! Es Dios quien muestra Su Voluntad en las almas humildes que sólo saben pisotear, cada día, su querer humano.

¡Muy pocos son los humildes de corazón!¡Son tantos lo que se disfrazan del vestido de la humildad que, por eso, lo que vemos en la Iglesia es el edificio que han construido los hombres soberbios, que sólo son capaces de vivir en el techo de su mente humana, poniendo su orgullo como ídolo de todo el mundo.

«Cuando rezamos no olvidemos nuestra historia» (ver texto): esto es vivir dentro de la mente del mismo hombre. Cuando rezamos hay que ir al pasado, hay que recordar lo que se hizo, bueno y malo. Esta es la doctrina de la fe o memoria fundante, que Bergoglio ha desarrollado, ampliamente, en su “lumen fidei”, documento donde se anula la Revelación de Dios.

Para rezar, hay que confiar en la historia del hombre: «Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la carne hace su apoyo, y aleja su corazón del Señor» (Jer 17, 5). La Sagrada Escritura nos enseña otra cosa. Maldito el hombre que confía en sí mismo, en su mente, en sus recuerdos, en su historia. Por eso, ¡maldito eres, Bergoglio! Porque enseñas a pecar en tus homilías y en la Iglesia. Eres el maestro de tu vida de pecado.

«Rezar es hacer memoria ante el Dios de nuestra historia. Porque nuestra historia es la historia de su amor por cada uno de nosotros” (Ib).

«Rezar es hacer memoria»: es un acto de la mente del hombre, no de su corazón. Rezar es un pensamiento humano, no es la obra del amor divino en el corazón. Rezar es una idea del pasado. Una idea maravillosa. Y se reza:

«Ante el Dios de nuestra historia»: ¿han captado la gran herejía? ¿Saben ustedes lo que es la oración?

Es el deseo divino que nace en el corazón: «Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra es algo grande, algo sobrenatural que me dilata el alma y me une a Jesús.» (Sta. Teresita del Niño Jesús).

Para Bergoglio, orar es hacer memoria. Una idea de su mente, de su historia. Para los santos, orar es desear con el corazón. ¿Quién tiene la verdad sobre la oración: Bergoglio o la Santa? Por supuesto, la Santa.

Y ¿por qué?

Porque, para orar, el hombre tiene que desprenderse de su intelecto humano, de su mente, y quedarse a solas con Dios en su corazón. ¡A solas! Porque sólo se puede amar a Dios con el corazón, nunca con la mente. ¡Nunca! «Mis Pensamientos no son vuestros pensamientos». El alma está atenta a Dios cuando se olvida de sus propios pensamientos humanos, de su propia historia.

Si el corazón no está atento a Dios, entonces sólo está atento a lo que hay en su mente, a sus pensamientos, que van y vienen, a su historia, a su inútil recordar su historia: «Esta costumbre de hacer memoria de nuestra vida no es muy común entre nosotros. Nos olvidamos las cosas, vivimos en el momento y después olvidamos la historia. Y cada uno de nosotros tiene una historia: una historia de gracia, una historia de pecado, una historia de camino, tantas cosas…» (Ib). Esto es inútil en la oración. Esto es perjudicial en la oración. Esto no se puede hacer en la oración. Este hombre no sabe lo que es la oración porque no tiene fe en la oración. No tiene vida espiritual. Ni idea de lo que el Espíritu exige al alma en la oración. Por eso, habla caballadas. Y sólo caballadas.

Para hacer oración, el alma tiene que estar atenta a la Presencia de Dios: esto es el abc de la vida de oración. Esto se enseña en el tercer mandamiento de la ley de Dios. Si el hombre está atento a lo suyo humano, ya no está atento a la oración, a lo que Dios quiere en la oración. Si el hombre está en la presencia de otros hombres, no puede estar en la única Presencia Divina, que exige soledad y apartamiento total de todos los hombres.

Bergoglio está aquí enseñando lo que es la oración global, la oración de la creación: todos juntos, con nuestra historia, alabemos a Dios porque es bueno, es amor, es misericordioso. Es la payasada del lenguaje humano, que tanto gusta a los católicos tibios y pervertidos en la Iglesia.

«Jesús, enséñame a renunciar siempre a mí misma para agradar a mis hermanas» (Sta. Teresita): renuncia a tu historia si quieres hacer bien tu oración. Si quieres condenarte, entonces llénate la cabeza de tu historia. ¿Quieres amar al prójimo? No mires tu historia. No te detengas ni en lo bueno ni en lo malo que has hecho. No hace falta para aprender a amar. Se aprende de Dios lo que es el amor poniendo la mente en el suelo. Y así el corazón se llena del amor divino. Lo contrario, es tener en la mente cantidad de pensamientos inútiles que ensoberbecen. Bergoglio está enseñando la soberbia de la mente: rezar es hacer memoria, pensar, imaginar, recordar. Quien piensa, delante de Dios, es un soberbio. Quien no piensa, delante de Dios, es humilde de corazón y se dispone para recibir la gracia del Espíritu.

¿Ya captan la gran herejía? ¿O todavía no?

«Porque nuestra historia es la historia de su amor por cada uno de nosotros»(Ib): ven, ¡qué lenguaje más hermoso y herético!

Cuando has pecado, has sentido el amor de Dios. ¿Han captado la herejía? Cuando te has arrepentido de tu pecado, entonces has sentido la Misericordia de Dios. Pero si has permanecido en tu pecado, sólo sientes que Dios te ha abandonado. No hay amor de Dios. No hay historia del amor de Dios. Hay Justicia Divina y castigo por el pecado no arrepentido ni expiado. Esto es lo que no enseña este hombre. Él ha anulado la Justicia de Dios. Todo en Dios es Amor. Y solo amor. Es su doctrina luterana: la sola fe, la sola escritura, la sola misericordia, solo cristo, sólo mi pensamiento para ser santo.

Palabras tan bonitas y tan heréticas. Esto es siempre Bergoglio. Siempre. Nunca cambia. No puede cambiar, porque él vive condenado en vida.

¡Qué duro suenan estas palabras!

La Verdad nadie la quiere escuchar. Nadie.

Si en Bergoglio hubiera una pizca de arrepentimiento, en seguida dejaría todo y se iría a un monasterio para expiar su pecado, que es mucho. Esto es lo que todos los santos, cuando se han convertido, han hecho: han escapado al desierto. Han dejado todo y lo ha dado todo al Señor. Todo. Esto es lo que hizo San Francisco de Asís.

¿Qué hace Bergoglio? Suma, cada día, puntos para mayor infierno. Él ya vive su infierno, su condenación. Y es clara su condenación porque es claro su pecado. Las obras de su pecado, todos las pueden ver. Todos. Muy pocos la saben discernir. Muy pocos. Pero ahí están. El que tenga oídos para oír que escuche las homilías de Francisco, sus escritos, sus entrevistas. Que vea sus obras con todo el mundo. Y saque la conclusión. Es fácil sacarla, pero a muchos les da miedo. Sienten terror de decir algo en contra de Bergoglio. ¡Como es el Papa!…. ¡Y con el Papa hay que callar el juicio!…. Así piensan muchos. Así piensa la Jerarquía de la Iglesia. Están atados en su mente y no tienen la libertad del Espíritu de decir: ¡Bergoglio no es Papa! ¡No se puede obedecer! No pueden decir esto. Han quedado presos en la secta de Bergoglio, en su nueva iglesia, en su lenguaje humano, que es su nuevo evangelio. ¿Todavía no se han dado cuenta?

El falso Profeta es el que predica un nuevo y falso evangelio: nunca puede predicar el Evangelio de Cristo. Es imposible. Por eso, es falso profeta, porque sigue el espíritu que se opone al Espíritu del Evangelio: el carisma de la Palabra.

El demonio usa los carismas, que da Dios a las almas, para poner su falsa palabra. Y así nace el falso profetismo. De un mal uso del carisma divino, el demonio trabaja en la Iglesia para agarrar almas para su infierno. Es lo que hace con Bergoglio. Bergoglio se sabe el Evangelio, pero es maestro en torcerlo continuamente. Le ha enseñado el demonio a interpretarlo según su cabeza humana. Y eso que ha aprendido del demonio, durante muchos años de su vida, es lo que enseña a los católicos tibios y pervertidos. Es lo que enseña a la falsa Jerarquía que lo sigue. ¡Y nadie se da cuenta de esta gran verdad!

«La tolerancia, la comunicación, el perdón, y sobre todo de mucha oración y confianza en el Señor» (ver texto) : Esta es la enseñanza que trae al Sínodo Jeannette Toure, católica casada con un musulmán, que ha sido invitada para hablar. Sus hijos son un ejemplo de apostasía de la fe: van también a la mezquita. Les enseñan las dos religiones. Entonces, ¿para qué se ha casado con un musulmán si no puede salvarse? Sólo en la Iglesia Católica hay salvación. Si ella no imprime en sus hijos que la religión de su papá es falsa, entonces ella y sus hijos se condenan. Y lo hacen por la fuerza de un matrimonio católico, por una gracia sacramental. ¿Ven que la gracia no es sólo amor sino también justicia? Si no usas la gracia del sacramento del matrimonio como Dios quiere, esa gracia se vuelve contra los cónyuges y sus hijos, y es condenación para todos, es justicia divina.

¿Ven la barbaridad de esta mujer? Ha perdido la fe católica y no se ha casado para llevar a su esposo a la verdad, sino que se ha dejado arrastrar por la mentira de esa religión y así lo enseña a sus hijos. Esta mujer no es camino de salvación de ese hombre, sino de condenación. ¿Y qué va a enseñar esta mujer a los Padres Sinodales? Lo que ellos quieren escuchar: también fuera de la Iglesia Católica hay salvación.

¿Cuál es la enseñanza de San Pablo a los matrimonios? «Sujetaos los unos a los otro en el temor de Cristo» (Ef 5, 21). Si no hay temor de Dios, sino sólo tolerancia, comunicación y perdón, no se puede comprender un matrimonio mixto. Porque es necesario llevar al cónyuge que no cree a la fe verdadera. Y sólo se puede hacer esto no pecando, no mostrando el pecado, no obrando el pecado. Si una esposa peca contra la fe permitiendo que sus hijos acepten otra fe distinta a la católica, entonces ese matrimonio es para condenación, no para salvación. Si ya es difícil llevar un matrimonio católico como Dios quiere, una esposa, en un matrimonio mixto, sin vida espiritual, sin estar fuerte en su fe católica, se deja arrastrar del pecado de su esposo, y es ella la que pierde la fe, y enseña a sus hijos una falsa fe, un falso credo: un falso ecumenismo.

Y esta mujer, ¿qué quiere enseñar en el Sínodo? ¿Su obra de pecado? ¿Para que los demás lo justifiquen, lo aplaudan?

Ven, ¿cómo está el Sínodo? Han traído para hablar a gente que no tiene que estar en un Sínodo. Los laicos y las mujeres: calladas en la Iglesia. Porque en la Iglesia sólo enseñan la Verdad los hombres. Los demás, a callar. Y Bergoglio ha metido en su sínodo el grito del pueblo, la voz de la gente, de la chusma, porque es un comunista.

No esperen del Sínodo una verdad: es una mentira. Desde el principio mienten. Palabras mentirosas y engañosas todos los días tienen que escucharlas esa Jerarquía, que asistiendo a ese Sínodo ha pecado mortalmente. No se puede hacer reunión con un hereje para aprender su doctrina: éste es el pecado. ¡Hay que reunirse con ese hereje para cantarle las cuarenta! Y eso, los Padres Sinodales tienen miedo de hacerlo. Muchos piensan: nos hemos equivocado eligiendo a este tonto. Pero callan. Deben callar. Su vida es más importante que Cristo, que dar testimonio de la Verdad ante todo el mundo, así haya que oponerse al mismo Bergoglio en su nueva iglesia.

¿Habrá alguien de la Jerarquía que haga esto en el Sínodo? Nadie. Todos se han sometido. Y mal sometidos, porque es el momento de decir: no te obedezco, Bergoglio ¡Este es el momento! Y todos lo van a desaprovechar. Todos. Y, por tanto, el castigo a la vista. El Sínodo es sólo una pantalla de lo que hay detrás. Después del Sínodo, se irá viendo eso que ahora se oculta por los enemigos de la Iglesia.

La condenación de las almas

Todo para aquel que cree la vida debe consistir en seguir al Espíritu en su corazón. Porque es el Espíritu el que enseña el camino del hombre. No es el pensamiento del hombre el que hace el camino en la vida.

maria

Las almas no saben seguir al Espíritu porque no entienden lo que significa esto en la realidad.

Las almas suelen escuchar sus voces humanas, sus ideas humanas, sus planes humanos, pero no saben escuchar la voz de Dios en su corazón.

Y es un trabajo de toda la vida. Es un trabajo que sólo el Espíritu enseña al hombre para que vaya dejando todo aquello que impida realizar la Voluntad de Dios en la vida.

Son muchas cosas que los hombres no saben lo que hacen un muro para ver la Verdad. Por eso, decía el Señor: “No pido que los saque del mundo, sino que les preserves del Maligno” (Jn 17, 15).

Es el Maligno el que obra el pecado en todos los hombres. Y lo obra de muchas maneras, porque el hombre nace abierto al pensamiento del demonio.
Lo que hoy se enseña por todas partes: hay que abrir la mente. Eso sólo significa el culto a Satanás en el hombre.

El hombre adora al demonio en propia mente, cuando se dedica a buscar un pensamiento para impedir la verdad o para obrar una mentira.

Abrir la mente es escuchar la voz de demonio que pone ideas, razones, juicios, pensamientos, recuerdos, imágenes, ilusiones, sueños, al hombre para que el hombre siga eso como una verdad en su vida.

Y si el hombre no concibe su vida como una batalla contra su propia mente, entonces no sabe luchar ni contra el pecado ni contra el demonio ni contra los hombres. Se deja arrastrar de cualquier pensamiento bello, positivo, bueno que cualquier hombre le ofrece para vivir.

Siempre ha sido así desde que el hombre es hombre.

El hombre nace mirando su pensamiento. Y vive mirando su pensamiento y no sabe desprenderse de su pensamiento.

Y este es el camino que Jesús ha puesto a todo hombre si quiere seguirlo, si quiere servirlo, si quiere pertenecer a Su Iglesia.

Y este es el camino que la Iglesia no quiere seguir como lo vemos en toda la Jerarquía de la Iglesia instalada en Roma.

Hoy ya no se comulga con la doctrina de Cristo dentro de la Iglesia. No es posible por la apostasía de la fe que comenzó hace 50 años y que ya ha dado sus frutos, sus obras maduras, que ya las comen muchos en la Iglesia y se alimentan de esos frutos corrompidos.

Y no hay manera de volver a lo primitivo, a lo de siempre en la Iglesia, a lo que Jesús puso como Verdad en la Iglesia.

No hay manera. Porque los hombres sólo viven para sus pensamientos, para buscar un pensamiento que les guste, que les atraiga, que les endulce la vida. Pero ya no buscan la verdad de sus vidas.

Y este es el juego que hay ahora en la Iglesia.

Un juego dado por el demonio y que utiliza a todos los hombres en sus pensamientos.

Como todo está en el hombre, en sus ideas, en sus razones, en sus juicios para formar la Iglesia, entonces hagamos en la Iglesia la Iglesia de todos, en la que todos puedan opinar y presentar sus inquietudes en la vida. Y esa iglesia de todos hagamos que la mayoría presente un ideal de vida para que todos acepten eso como doctrina verdadera.

La mayoría son todos los Obispos que se unen a Francisco. Que todos los Obispos presente su carta en la Iglesia y que expongan cómo solucionar todos los problemas de la Iglesia de una forma real, concreta.

Porque ya el Papa es la voz de los Obispos. Y el Papa escucha esas voces y decide lo mejor para la Iglesia. Y como todos en la Iglesia estamos bajo el Papa, obedeciendo al Papa, entonces lo que diga el Papa eso es.

Esto es lo que hay ahora en la Iglesia. Esto es lo que significa el gobierno horizontal. No tiene otra explicación. No se puede explicar el gobierno horizontal como una ayuda al Papa. Eso ni se lo creen en Roma. Eso sólo se lo creen los bobos que siguen a Francisco.

La Iglesia es, en esto momentos, la habladuría de los hombres, es decir, lo que los hombres piensan y hablan. Y no es más que eso.

En la Iglesia se ha perdido el sentido espiritual de la vida humana. Y todo se ve desde la condición del hombre, desde la filosofía del hombre, desde la política del hombre, desde la cultura del hombre, desde el hombre.

Y no se ve de otra manera, porque para toda la Jerarquía Dios es el hombre, Dios habla a través del hombre, Dios está en cada pensamiento del hombre, Dios está en cada vida humana, Dios está en cada obra del hombre.

Así se piensa en la Iglesia. Así piensan muchos sacerdotes y Obispos. Así se predica hoy en muchas parroquias. Todo es el hombre. Jesús se encarnó y comenzó el camino del hombre.

En esta herejía es como vive la Iglesia desde hace 50 años. No es de ahora. La Iglesia obra sólo para el hombre. Ya no obra para Dios. Ya no ve a Dios en la vida de cada hombre. Sólo ve los problemas de los hombres y quiere dar solución a todos esos problemas pero olvidando la vida espiritual de cada alma.

Ya no se atiende a la doctrina de Cristo. Eso ya no interesa. Sólo se atiende a resolver problemas. Y no más.

“La invitación que deriva para toda la Iglesia es escuchar los problemas y expectativas que están viviendo hoy en día tantas familias, mostrase cerca de ellas y ofrecerles de forma creíble la misericordia de Dios y la belleza de la respuesta a su llamada” (arzobispo Bruno Forte).

Esto es lo que no se debe hacer en la Iglesia.

La Iglesia no está para escuchar los problemas y las expectativas que viven los hombres. La Iglesia sólo está para escuchar la Voz de Dios, que ya sabe los problemas de todo el mundo. Y es la Voz de Dios la que indica el camino para resolver los problemas de todo el mundo.

Pero como la Jerarquía de la Iglesia se niega a escuchar la Voz de Dios, entonces se invitan su invitación a toda la Iglesia. Se hace un sínodo para nada. Igual que se hizo un Concilio Vaticano II para nada.

A los hombres les encanta escuchar a los demás hombres. Se pasan la vida así. Y, por eso, cuando el hombre no cuida sus sentidos, el hombre peca por sus sentidos.

Para que la Iglesia camine tiene que seguir la Voz del Espíritu. No puede seguir la voz de los hombres.

Porque sigue esa voz desde hace 50 años tenemos la Iglesia que le gusta a los hombres, que apasiona a los hombres, pero que deja a Dios a un lado.

Y esta es la condenación para muchos.

Hoy día que no se habla del infierno, tenemos en Roma al mismo infierno, que ha puesto un camino en Roma para que las almas se condenen sin más.

La nueva iglesia es la iglesia de la condenación. Porque si Roma era la Iglesia de la salvación, ahora es lo contrario. No puede ser menos.

Si Roma antes salvaba, ahora Roma condena.

Si en Roma antes se encontraba a Dios, ahora en Roma se encuentra al demonio.

Esto es una verdad, que nadie quiere creer.

A muchos les asusta este lenguaje. Pero es la verdad.

Cuando el Espíritu de la Verdad indica el camino el hombre ve las mentiras que están fuera del camino. Y la Verdad ya no está en Roma, sino en otra parte. Roma ha quedado fuera del camino y es sólo una mentira más que hay que rechazar en la vida.

Y cuesta rechazar a Roma por lo que ha sido Roma durante siglos. Pero hay que rechazarla para seguir al Espíritu de la verdad que marca otro camino diferente al que maca Roma.

Los hombres les cuesta ver la Verdad en la vida. Y más en la Iglesia, porque sólo ven la Iglesia como algo social, como algo religioso, como algo que hay que tener en la vida igual que se tienen otras cosas.

A los hombres les cuesta vivir de fe, porque les es fácil vivir de sus pensamientos humanos.

Y, por eso, ante hombres como Francisco, que dan a los hombres lo que les gusta en la vida, lo que para ellos es la verdad de sus vidas, no se preguntan por la Verdad. Ya ven en lo que Francisco ofrece la verdad para sus vidas.

Así hay muchos hombres, no sólo entre los fieles, en el común de la Iglesia. Hay muchos en la Jerarquía que no buscan en sus sacerdocios la verdad de lo que es y debe ser un sacerdote en la Iglesia.

Y, por eso, caen ante Francisco. No ven su maldad. Y si la ven, callan, porque ellos mismos ya viven mal. Ellos mismos se acomodan a su vida mala y aquello que Francisco les presenta.

Este acomodarse a lo bello de la vida humana, a lo placentero de la vida humana, a conseguir sacar a adelante la vida humana es lo propio de las almas que se quieren condenar.

Así obra toda alma que no lucha por la Verdad, sino que lucha por sus verdades en la vida.

Esta es la condenación real de las almas. Muchos viven así: contentos en sus vidas humanas, pero no tienen ninguna virtud, ningún aprecio por las cosas divinas, por las cosas santas, por las cosas sagradas. Sólo aprecian lo humano, lo profano, lo natural. Y ensalzan eso en sus vidas. Y dan importancia a sólo eso en sus vidas.

La Iglesia se encuentra en estos momentos estancada en lo humano. No sabe caminar hacia lo divino. No comprende lo divino. No capta lo divino.

Por eso, hay muchas almas en la Iglesia que no son capaces de discernir nada, sino que se lo tragan todo: la verdad y la mentira. Todo lo ponen en un saco. Y todo vale.

La Iglesia es para hacer el camino hacia la verdad de la vida en cada alma. Se está en la Iglesia para que el alma encuentre ese camino en su vida.

Y es un camino para el alma. No es un camino en general, para todos. Porque el amor de Dios es para cada alma, no se da de forma general, universal. Se da a cada alma, y cada alma tiene que darlo a todo el mundo, pero como Dios lo quiere.

Porque las almas no saben vivir este amor divino en concreto en sus vidas, entonces buscan en la Iglesia un amor que no es capaz de llenarles el corazón, un amor general, un amor para todos, un amor en el que hay muchas mentiras y muchos errores.

Este es el amor que se ofrece en la nueva iglesia en Roma. Un amor abastecido por el hombre. Un amor inventado por los hombres. Un amor para solucionar los problemas de los hombres y hacer que ellos estén felices en sus vidas.

Es un amor manipulado por los hombres. Un amor adulterado por los hombres. Un amor falsificado por los hombres. Un amor que sólo da palabras para tratar de convencer a los hombres de que todo va de maravilla en la Iglesia, de que eso es lo que Dios quiere en la Iglesia.

El problema de los hombres es siempre el amor de Dios. Cuando el hombre no posee ese amor divino en su corazón, entonces hace la Iglesia del demonio siempre. Sólo el que tenga el amor de Dios en su corazón sabe obrar ese amor sin poner una mentira en la Iglesia.

La Iglesia es la obra de la gracia. Y aquel que no esté en gracia no obra la verdad en la Iglesia, sino que obra su mentira.

Dios ha dado a cada alma la gracia para obrar su amor en la Iglesia. Y si las almas no viven en gracia, por más que obren en la Iglesia no hacen nada ni para Dios, ni para el mundo ni para la Iglesia.

La gracia es el principio de la salvación en los hombres. No es la fe. Sin la gracia no se puede hacer las obras divinas en la Iglesia.

Porque por mucho que las obras de los hombres sean buenas, si no se hacen en gracia, no las mira Dios nunca en su Iglesia.

Así hay muchos que se esfuerzan en hacer cosas buenas en la Iglesia, pero no se esfuerzan en quitar su pecado que les impide la gracia.

Es lo que vemos continuamente desde Roma en que la Jerarquía Eclesiástica sólo habla de cosas buenas que hay que hacer en la Iglesia, pero ninguno quita su pecado de en medio de la Iglesia. Ninguno. Todos se llama a sí mismo pecadores, porque eso queda buen decirlo en público, pero nadie lucha por quietar su pecado de su vida.

Y entonces se hace una Iglesia llena de gente farisea, que pone cara de humilde, cara de buenos amigos, pero que después traiciona a la Iglesia con sus obras de pecado.

Por eso, sólo se ve en la Iglesia la condenación de muchas almas. Ya la gente no busca salvarse ni santificarse en la Iglesia. Ya sólo busca su vida cómoda, la que ellos se han inventado en sus pensamientos humanos, la que otros le ofrecen en el mundo, la que se origina de la herejía del humanismo que pone al hombre como el centro de todo.

Benedicto XVI ató el Cielo con su renuncia

Los hombres no han comprendido la Verdad en la Iglesia.

guadalupeb

Muchos hombres creen que se ha de obedecer a los pensamientos de los hombres en la Iglesia. Y si un Papa decide renunciar, entonces hay que callar la boca y someterse a lo que ese Papa ha hecho.

Aquí está el error de muchos, que es también el error de la Jerarquía Eclesiástica.

Aquel que dice: nos guste o no, las decisiones del sucesor de Pedro, como la de renunciar, hemos de asumirlas, pues quedan atadas en los cielos.

Éste no sabe interpretar las Escrituras, sino que da su interpretación, que es sólo su soberbia.

En su soberbia cree que el Papa tiene derecho a ir en contra de la Vocación que ha recibido para ser Pedro. No está entendiendo el Evangelio, que es claro para los humildes, pero los soberbios se enredan en sus propias conclusiones. No saben pensar, no saben hilar correctamente sus pensamientos, porque nacen de su soberbia. Y la soberbia rompe el pensamiento. Lo ciega. Lo deja inútil para ver la Verdad.

La Jerarquía de la Iglesia piensa como muchos hipócritas en la vida, como muchos soberbios en la vida, como muchos orgullosos en la vida. Les gusta reescribir el Evangelio según su acomodado pensamiento humano.

En primer lugar, un Papa no puede renunciar porque el don de Dios es irrevocable (Rm 11, 29).

Si no se parte de aquí, entonces para qué seguir.

Si no se entiende esto tan sencillo que dice San Pablo, entonces se argumenta sin sentido, neciamente, buscando una razón para querer tener la verdad.

Y la Verdad no está en el pensamiento de nadie, ni siquiera de un Papa santo.

Nadie posee la Verdad completa, porque sólo el Espíritu de la Verdad la posee y lleva al alma a ese conocimiento sin fondo, sin límites, en donde siempre se aprende una verdad nueva y nunca se deja de aprender la Verdad. Porque la Verdad no tiene fin. Nunca se llega a conocer toda la Verdad, porque si no seríamos dioses.

Un Papa no puede decidir renunciar. No puede. Si lo hace, peca. Esta es la verdad sencilla. Y esta es la que muchos no aceptan sólo por su soberbia.

Porque los hombres son todos unos soberbios, ciegos para conocer la verdad. Es decir, sólo buscan sus verdades, que el otro les diga lo que quieren oír.

Y en la Iglesia no se está para escuchar mentiras de nadie. Y si un Papa renuncia, eso es una mentira y, por tanto, no se puede asumir una mentira en la vida. Quien la asume es un mentiroso y, después, quiere defender esa mentira a capa y espada.

Cuando un Papa renuncia no se puede asumir esa renuncia. No se puede obedecer al Papa que renuncia. No se puede aplaudir al Papa que renuncia. No se puede alabar al Papa que renuncia. No se puede someterse a la renuncia del Papa. No se puede, porque se va en contra de la Verdad, que dice: los dones son irrevocables. No se puede renunciar. No se puede ir en contra de la Palabra de Dios.

Esto es claro. Pero para muchos hombres no es nada claro, porque son soberbios hasta rabiar. Tiene la rabia de su orgullo incrustado en su mente. Y no pueden aceptar ninguna verdad. Sólo quieren aceptar sus verdades, las que les gusta oír en sus maravillosos oídos.

“Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia, y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”

Esta Palabra Divina, que muchos custodian para defender a Francisco, va en contra de Francisco y de Benedicto XVI.

Jesús eligió a Benedicto XVI como Pedro, como Vicario de Cristo. Y Benedicto XVI renunció a ser Pedro. Inmediatamente ató el Cielo. Y el Cielo no puede dar más Papas, por el pecado de Benedicto XVI.

La renuncia de Benedicto XVI son dos cosas: una atadura en el Cielo y un pecado del alma de Benedicto XVI.

Una atadura en el Cielo, porque Benedicto XVI, en su renuncia, actúa como Papa y, por tanto, en la obra que hace en la Iglesia produce una atadura en el Papado. Y una gravísima atadura, que nadie puede romper. Sólo Benedicto XVI puede romper si actúa como Papa.

Quien renuncia a ser Pedro automáticamente cierra las puertas de la Iglesia a otro Pedro: “lo que ates…queda atado”. La renuncia de Benedicto XVI es una atadura, no es una liberación de la Iglesia ni del alma de Benedicto XVI.

La Iglesia no queda libre de un Papa porque haya renunciado, ya que el don de Dios es irrevocable. Sigue siendo Papa, luego no hay liberación de la Iglesia. La Iglesia no puede elegir un nuevo Papa porque está atada en el Cielo, por la atadura hecha por la renuncia de Benedicto XVI.

Es que la renuncia de un Papa no es cualquier cosa en la Iglesia. Es algo muy grave que la Jerarquía Eclesiástica no ha meditado ni meditará, porque son todos unos soberbios y unos engreídos, que se creen los dioses de la Iglesia.

La renuncia de un Papa no es un papel escrito que Dios acepta. La Vocación que Dios da a Pedro no se firma en un papel humano. Está escrita en el Corazón de Dios en el corazón del Papa. Y nadie puede borrar esa escritura. Ningún papelito humano firmado por nadie.

Si la Iglesia no queda liberada con la renuncia de Benedicto XVI, entonces Francisco es un impostor, no un Papa.

Esto es claro para las almas humildes. Esto hace reventar a las almas soberbias. No lo pueden aceptar. No les entra en la cabeza, sólo porque son soberbios a rabiar.

La Sagrada Escritura va en contra de Benedicto XVI y de Francisco y, por tanto, de toda la Jerarquía.

Es la Verdad que nadie quiere aceptar porque se acogen a sus normas para hacer renunciar a un Pontífice. Para ellos es más importante sus reglas en la Iglesia que la Palabra de Dios. Esto es lo propio de la Iglesia de los fariseos, que tanto batalló Jesús en su tiempo y los confrontó hasta morir.

No se puede aceptar a un fariseo en la Iglesia como es Benedicto XVI, Francisco y toda la Jerarquía Eclesiástica. No se puede comulgar con ninguno de ellos. No se les puede obedecer en nada. Hay que decirles a cada uno de ellos que primero quiten su fariseísmo de la Iglesia y después pidan la obediencia. Como no van a hacer esto, entonces hay que confrontarlos como son en la realidad: unos malditos que no quieren quitar su pecado de en medio de la Iglesia.

El que peca es siempre un maldito cuando persiste en su pecado, cuando proclama su pecado, cuando justifica su pecado, cuando vive obrando su pecado.

Hay que llamar a las cosas por su nombre, que es lo que nadie hace hoy en la Iglesia. Todos se dicen pecadores, pero no hay ni uno que luche por quitar su pecado de en medio de la Iglesia.

El pecado de Benedicto XVI hace a la Iglesia un cadáver. No hay Espíritu en la Iglesia, porque no hay Pedro que la gobierne. No existe. La Iglesia está totalmente desvalida, sin protección alguna. La Verdad ya no está en Ella, porque Benedicto XVI renunció a la Verdad.

La Verdad de la Iglesia sólo la tiene el Papa. Si Pedro renuncia a ser Pedro, nadie en la Iglesia tiene la Verdad. Nadie. Por eso, ahora sólo vemos a la gente que lucha por sus verdades en la Iglesia. Pero nadie quiere luchar por la Verdad de la Iglesia.

Él único que puede resolver este dilema es Benedicto XVI. Puede desatar lo que ha atado como Papa en su renuncia. Pero no lo va a hacer. Para hacerlo, tendría que salir de Roma y enfrentarse a Francisco. Y no le van a dejar hacer eso. Eso es claro. Eso lo sabe hasta un niño.

El fariseísmo que hay hoy en la Iglesia es la peor calaña de todas. Toda la Jerarquía Eclesiástica, que está en Roma, huele a podrido. No hay uno que se salve. Roma está infestada de satánicos por todas partes. En Roma hay una secta satánica que lo dirige todo y que lo prepara todo para la hecatombe espiritual que se avecina ya.

Roma es una ramera que se prostituye con los hijos del demonio que son muchos sacerdotes y Obispos en Roma. Y esa ramera va a dar a luz al inicuo, al sin nombre, al que el Cielo no puede ver sin darle una Justicia Divina. Un hombre sin misericordia y para una obra sin misericordia en Roma y en el mundo.

Y, por tanto, aquel que quiera seguir jugando con Francisco, que siga haciéndole el juego. Pero aquel que quiera oponerse a Francisco que se oponga con todas las consecuencias, porque la batalla va a ser dura, porque hay que enfrentarse a los duros de cerviz que ya se creen los dioses de Roma. Son las nuevas deidades que Roma da a luz en nuestros días. Y muchos dan culto ya a Francisco como un superhombre.

Y este superhombre tendrá que abajarse tanto porque le va a ser quitado lo que más precia: su trono en Roma.

El gobierno masónico en la Iglesia

Y vi otra Bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los del Cordero y hablaba como Dragón” (Ap. 13, 11).

masones

Una bestia con dos cuernos que habla como dragón es el sacerdocio que no es sacerdocio, que tiene la pantalla del sacerdocio pero que es otra cosa.

Sacerdote ‘bestia’, es decir, sacerdote masón.

La bestia, en la Sagrada Escritura es el que se enfrenta a Dios. Pero se enfrenta a Dios como Cordero, es decir, como sacerdocio. Y esa bestia habla como un Dragón, es decir, habla en contra de los mandamientos y de la ley de Dios.

El dragón es aquél que vomita su sopor sobre los animales, su inmundicia sobre los demás. Y los vence en lo que vomita.

En la Iglesia se da lo que se llama la masonería eclesiástica, es decir, diáconos, sacerdotes, Obispos, Cardenales, que tienen la pantalla del sacerdocio, de la consagración al orden, que hacen todo como cualquier sacerdote, pero que no son sacerdotes.

Están en el sacerdocio con un fin: el de la masonería. Son masones que estudian todo lo del sacerdocio con el fin de instalarse en la Iglesia para destruirla.

Hacen vida de sacerdotes, se dedican a celebrar misas, a predicar, y a todo el ministerio sacerdotal, pero con el fin de alcanzar los puestos más altos en la Iglesia.

Para estos sacerdotes la vida del sacerdocio no existe. Sólo existe la pantalla, el teatro que hacen en la Iglesia. Lo que existe, para estos sacerdotes, es la vida masónica que llevan y que está oculta para todos.

La masonería triunfa porque se oculta. Ellos tienen la norma de ocultarse, de que nadie sepa sus planes, el siguiente movimiento que van a hacer. Y así pueden introducirse en todos los campos de la Iglesia y planear su estrategia sin que se conozca a la luz.

Por eso, Benedicto XVI era masón, pero nadie lo conocía. Era masón en todo. Estudió toda la teología y se ordenó como sacerdote sólo con la intención de llegar al poder.

Benedicto quería irse de la Iglesia, pero no lo dejaron. La Iglesia está manejada por el demonio desde 1972. Quien gobierna la Iglesia desde ese tiempo era la masonería, pero oculta, sin descubrirse a nadie.

Eso no quiere decir que los Papas eran malos. No. Tampoco Benedicto XVI era mal Papa. Era bueno, conducía a la Iglesia hacia la verdad, pero era masón.

La masonería, desde 1972, gobernaba la Iglesia, pero no podía actuar de forma inmediata y rápida.

Tenía que dar tiempo para que las cosas en la Iglesia cambiaran, se transformaran al gusto de ellos.

Sólo un Papa les hizo frente: Juan Pablo II. Los demás se dejaron vencer. Por eso, el Beato Juan Pablo II tiene la garantía de la Iglesia porque dio la Verdad, aunque sufrió por Ella.

Se hicieron muchas cosas para desacreditar al Papa Juan Pablo II, pero nadie pudo hacer que renunciara a su cargo, como se lo pedían de forma insistente.

Hay que contemplar a la Iglesia, desde 1972, con la perspectiva del gobierno de los masones en la Iglesia. Un gobierno oculto, que nadie veía, que nadie entendía, pero que iba dando las directrices a todos para que, en el momento clave, alguien subiera a la Silla de Pedro y comenzara lo público de la masonería en la Iglesia.

Lo público de la masonería en la Iglesia es lo que los masones quieren que se sepan, pero no es el gobierno de la masonería en la Iglesia.

Siempre el masón se esconde aunque aparezca. Esta es su estrategia.

Y, cuando el masón gobierna algo, no es la persona la que gobierna, sino la masonería, que siempre está detrás y que nadie sabe quién es.

Francisco es masón, pero no gobierna la Iglesia. Es otro quien le dicta lo que tiene que hacer.

Francisco da lo público que a la masonería le interesa que la gente conozca. Pero Francisco no da lo que realmente está sucediendo ahora en la Iglesia.

Francisco ha puesto su residencia fuera de las habitaciones privadas de los Papas en el Vaticano. Y la ha puesto para así estar en contacto con la masonería, para estar libre y poder entrar y salir sin que en Roma se den cuenta.

A Francisco hay que verle como masón, no como sacerdote. A Francisco hay que atacarle como masón, no como sacerdote. A Francisco le importa muy poco el sacerdocio. Es la pantalla para hacer todo lo demás.

El plan de la masonería es muy simple: acabar con la Iglesia. Pero se necesita personas que hagan esto sin rechistar, sin poner su idea, su verdad, porque la masonería ya tiene su fin: destruir toda verdad. Y no le interesan los medios para esto, los caminos para esto, lo que piensan los hombres para llegar a este fin.

Los masones son sólo una idea puesta a la fuerza. No es una idea que se va poniendo, quitando acá y quitando allá.

Francisco ha puesto lo que quería la masonería en él: quitar el Papado. Y lo ha hecho a la fuerza. Al mes, lo proclamó y a los seis meses lo puso sin que nadie dijera nada.

Así trabaja la masonería. Una idea que no se discute y que se pone por que sí.

Se da tiempo para los cambios en la Iglesia, propio de un nuevo gobernante, y cuando ya se ve que todo está listo, se escribe un documento para anular la Palabra de Dios sobre la Autoridad Divina en la Iglesia.

Francisco ha hecho su trabajo. Y ahora tiene que irse. Porque la masonería tiene que seguir poniendo la idea a la fuerza.

Desde 1972, la masonería ha puesto sus ideas, pero de forma oculta y ha dado tiempo para que emergieran y se consolidasen en la Iglesia.

Pero una vez que ha tomado el poder de la Iglesia, ya no le interesa el tiempo. Ahora, está a la vista de todos y, por eso, todo viene ya para la Iglesia.

Y hay mucha gente que no se espera lo que viene por estar sólo metida en su vida humana oyendo a un Dragón que sólo vomita las palabras del demonio.

Si Francisco tuviera otra misión en la Iglesia de la masonería, lo hubiera dado a conocer en el mes primero de su elección. Pero en ese mes hizo dos cosas: lavar los pies a dos mujeres y poner el gobierno horizontal.

Eso define el gobierno público de la masonería.

Eso es lo que la masonería quería dar a entender a toda la Iglesia.

Pero no se ve lo que está detrás de todo eso. Porque Francisco no es la masonería. Trabaja para ella, como trabajó Benedicto XVI, que es el ladrón de la Silla de Pedro, es el que robó la Silla de Pedro para entregársela a la masonería.

Benedicto XVI es verdadero Papa, pero inútil. Verdadero por la sucesión apostólica, pero no para ser Papa como Jesús lo quería.

Benedicto XVI no tenía que atacar a la Iglesia en la Verdad, como lo ha hecho Francisco. Sólo tenía que pasar la Silla de Pedro a otro.

Por eso, Benedicto XVI sólo pecó contra Cristo y su Espíritu, pero no pecó contra la santidad de la Iglesia.

Francisco pecó contra la santidad de la Iglesia porque ha destrozado la Verdad en la Iglesia en el Papado y eso significa dividir la Verdad, dividir la Iglesia, dividirlo todo en la Iglesia.

Pero Benedicto XVI sólo dio a la masonería lo que ésta le pidió: la Silla. Éste era el objetivo principal de su mandato en la Iglesia. y no otra cosa.

Lo demás, no era tiempo de tocarlo.

Francisco dio a la masonería lo que ésta le pidió: el Papado. Pero no lo demás.

La masonería ahora quiere a otro para seguir dividiendo la Iglesia.

Cuando la masonería hace público su gobierno, siempre va por partes, pero con decisión, firme en una cosa. Quiere hombres para destrozar una idea y sólo una.

Y esto lo tiene que hacer la masonería en la Iglesia por lo que es la Iglesia. La Iglesia vive de dogmas. Y para atacarlos hay que ir de los más fuertes a los más débiles. Hay que suprimir los que son columnas en la Iglesia, los que lo deciden todo en la Iglesia. Si se quitan éstos, los demás se caen por su propio peso.

Como ya la masonería no obra en lo oculto, no tiene que hacer el trabajo oculto de antes. Ahora obra públicamente. Eso es lo que hace Francisco: la obra pública de la masonería, lo que la masonería quiere que haga mientras esté en la Silla. Lo demás, no interesa.

Benedicto XVI hizo su trabajo, Francisco ha hecho su trabajo. Ahora tiene que irse para que venga otro a hacer el siguiente trabajo, la siguiente idea que se pone a la fuerza y que va contra una verdad en la Iglesia.

Por eso, ahora todo está en calma. Francisco dice sus herejías en cada homilía de Santa Marta. Y nadie dice nada. Todos felices de ese charlatán, que es para muchos el santo de todos los tiempos.

El gobierno horizontal, calentando silla, viendo cosas y no haciendo nada. No puede obrar hasta que no se quite el siguiente dogma en la Iglesia. Se entretienen en las cosas que les da Francisco, que es su obsesión: buscar dinero. Y no más. No hay mayor interés en la Iglesia que estar escuchando a un idiota blasfemar sus mentiras a todo el mundo y ver cómo todo el mundo cae a sus pies.

Las almas siguen ciegas en lo que está pasando en la Iglesia y no se dan cuenta de lo que viene a la Iglesia. Es un trastorno para todos, incluso para el mundo, porque muchos tendrán que dejar la iglesia que se instala en Roma y buscar la Verdad allí donde le dejen.

Y eso es una conmoción para todos. De ahí nacerá la verdad para muchos en el corazón. Porque muchos están en su paganismo en el mundo y no encuentran la verdad en la Iglesia. Y cuando vean que hombres van en busca de la verdad a otra parte que no es Roma y que no es el mundo, ahí estará la Iglesia de siempre, con sus verdades de siempre que siempre atraen a todos, así sean los más viles pecadores de todos los tiempos.

Quieren destruir la verdad, pero no pueden. La pueden perseguir, ocultar, matar cuerpos, derrumbar iglesias, pero la Verdad sólo está en el corazón que cree. Y nadie puede matar el corazón, porque es algo divino.

Las almas tienen que despertar porque queda nada. Dentro de poco, Francisco tendrá que dimitir y otro le sucederá para quitar el amor en la Iglesia.

Y, cuando se haga eso, muchas almas despertarán, pero no será suficiente. No sólo hay que despertar del sueño, hay que ponerse a luchar por el amor herido en la Iglesia, por la verdad combatida en la Iglesia, por la vida destrozada en la Iglesia.

Y entre el despertar y el ponerse a la batalla corre un tiempo que, para muchos, es perdido y no tendrán más solución que seguir en la mentira que les da Roma.

Las almas no están preparadas a lo que viene. No lo están porque la caridad de muchos se ha enfriado en la Iglesia.

Desvelando el misterio de la iniquidad

cuandosepasmirar

El G8 nace de la voluntad de los hombres: “es fruto de la voluntad de los Cardenales”, que antes del Cónclave expresaron tener un gobierno horizontal en la Iglesia.

Los Cardenales, en sus tertulias, ya decidieron quién sería el hombre perfecto para poner este gobierno horizontal.

Y esta es su mente: “Una decisión del Papa tomada junto con los obispos tiene la autoridad por toda la Iglesia” (Piero Marini en una entrevista concedida a La Nación de Costa Rica).

Esta inteligencia viene de esta mentira: “Los obispos son la suprema autoridad de la Iglesia junto con el Papa”.

La Suprema autoridad en la Iglesia es el Papa, no los Obispos junto con el Papa.

Primero es el Papa y debajo de Él todos los demás.

Si esto no se tiene claro, entonces no se comprende la unión de los Obispos con el Papa para formar el Papado.

Una cosa es el Papa, otra el Papado.

El Papado resulta de la obediencia de los Obispos al Papa. Sin esta Obediencia, no existe el gobierno vertical, sino que sólo se proclama el gobierno horizontal: los Obispos se igualan al Papa, están junto al Papa y así forman la suprema autoridad.

Esta se llama la herejía del gobierno horizontal: todos somos uno, no por obediencia, sino por similitud. Es igual el Papa, porque es Obispo, que los demás Obispos. La función del Papa, en el gobierno horizontal es sólo ser la Voz de los Obispos, pero no la Voz de Cristo. Una diferencia abismal con el gobierno vertical.

Este gobierno horizontal se origina en la creencia de que el Papa toma decisiones personales, privadas, y entonces se equivoca en el gobierno. Los Obispos no creen en el Papa, en la Piedra que Jesús fundó Su Iglesia. De aquí nace su pecado: su falta de fe en Pedro.

Todo pecado en la Iglesia es siempre una falta de fe. Porque no se cree en la Palabra, entonces se pone el gobierno horizontal. Y no hay otra razón.

Se pone ese gobierno horizontal por la soberbia de los Obispos, que impide la Obra de la Verdad en el Papado.

Y la soberbia de los Obispos es distinta de la soberbia de cada Obispo. Los Obispos se reúnen para conseguir este gobierno horizontal: eso se llama, en la vida espiritual, pecado de orgullo, que viene del pecado de soberbia de muchos.

Siempre el pecado de orgullo es fruto de muchos que pecan en el pecado de soberbia, como cuando Lucifer derribó una tercera parte de las estrellas del Cielo, es decir, él encabezó el pecado de orgullo de muchos ángeles en el pecado de soberbia.

Luego, en este pecado de los Cardenales para implantar el pecado de orgullo del gobierno horizontal, hay una cabeza que los mueve tanto a los Cardenales como a Francisco para este fin. No es que les viene esta idea por arte de magia. Es una cabeza que idea todo el plan para conseguir este gobierno horizontal y así suprimir el Papado en la Iglesia y poner sólo una figura del Papado, con la figura del Papa. Todo como en la Iglesia Católica, pero sin Espíritu.

Este Cabeza es la que presionó al Papa Benedicto XVI para que renunciase a la Cátedra de Pedro, a la Silla del Pescador, a las Sandalias de la Verdad.
Por esta Cabeza, que es un hombre de la masonería, que nadie conoce, pero que lo mueve todo en la Iglesia, Benedicto XVI tuvo que dejar el puesto libre para el gobierno horizontal. Esto fue sólo el motivo de su renuncia. Él se opuso al gobierno horizontal y fue presionada hasta la muerte. Y prefirió seguir viviendo, que dar su vida por la Iglesia y por Cristo.

Esta Cabeza no es cualquier cabeza, sino que es un hombre que no le importa matar, porque posee el espíritu demoniáco que se define como matador de hombres.

Y se mata por un ideal satánico, nunca por un ideal humano o espiritual. Y, por tanto, lo que se produce es un movimiento del demonio en la Iglesia para conquistar la Silla de Pedro. Es algo muy premeditado por esta Cabeza. No es algo que pasa por las circunstancias que vive Benedicto XVI. Todo se montó para conseguir la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Esta Cabeza, que está en la Iglesia, tiene un líder en el mundo. Los dos están unidos para un mismo fin, que es doble: en el mundo y en la Iglesia. El fin consiste en poner un mismo Jefe para el mundo y para la Iglesia.

Por eso, es necesario un rey en la Iglesia que se abra al mundo, a su espíritu moderno y lleva a la Iglesia hacia ese líder en el mundo.

La misión de este rey en la Iglesia no es gobernar la Iglesia, sino hacer que la Iglesia se transforme en una cosa más que hay en el mundo, una pieza más para el mundo.

Por eso, es necesario destruir los dos pilares de la Iglesia en dos golpes de estado. Hay que destruir el Papado y poner un gobierno provisional, pero que, en realidad no gobierna, y destruir la Eucaristía y poner una mesa de confraternidad, de amor entre los hombres con comida para los hombres.

Una vez conseguido estos dos objetivos, lo otro es fácil. Porque lo que impide que la Iglesia sea una pieza del mundo son estas dos verdades. Las demás, nacen de estas dos verdades fundamentales: Cristo Rey y Su Vicario en la Tierra. La Eucaristía y el Papa. Quitados los dos, ya no existe la Iglesia.

Francisco dio el golpe de estado perfecto. Y nadie se opuso. Pero falló en una cosa: habló de lo que no tenía que hablar en esas declaraciones, porque desveló el secreto de la Cabeza que lo gobierna.

Ahora esa Cabeza está obligada a cambiar de plan. El plan era ir, poco a poco, quitando cosas en la Iglesia, cosas pequeñas, hasta llegar a la grande, hasta quitar la Eucaristía. Y así, sin que nadie se hubiera opuesto, entonces se consigue todo el efecto.

Pero Francisco hizo lo que no tenía que hacer por ser un hombre vividor, que le gusta la comunicación, el estar rodeado de gente, y esas declaraciones abrieron los ojos de muchos que saben lo que ahí se está diciendo. Y Roma ha tenido que callar a mucha gente para encarrilar lo que la Cabeza quería. Pero no ha sido posible.

Hay gente que ha despertado y se ha empezado a oponer en la Iglesia. Y es necesario un cambio de estrategia por parte de la Cabeza que lo gobierna todo ahora en la Iglesia.

Y es posible que tenga que rodar la cabeza de Francisco por su imprudencia en este plan. Porque todo iba perfecto hasta sus declaraciones. Ahora se ha visto por dónde cojea Francisco y eso es un impedimento para forzar a la Iglesia a dejar dogmas. La oposición va a ser más dura, no va a ser tan fácil como el golpe de estado al Papado.

En la Iglesia se necesita un déspota como Francisco para quitar la Eucaristía. Si no es imposible. Y tiene que hacerlo como Francisco: ganarse a todos y dar el golpe.

Por eso, muy pronto veremos un gran cambio en la Iglesia. De la noche a la mañana, la Iglesia desaparecerá y se mostrará en Roma la fornicación de la Jerarquía Eclesiástica con los masones de la Ciudad del Mundo.

Mundo e Iglesia esa es la herejía de la nueva iglesia, gobernada ahora por el déspota Francisco. El Mundo, en esa nueva iglesia, es el mundo de los masones. Y la Iglesia, en esa nueva iglesia, es la misma Iglesia Católica, pero sin Espíritu, una figura de la Iglesia Católica, con todo lo que tiene la Iglesia que Jesús fundó en Pedro, pero sin el Espíritu Santo.

Por tanto, una iglesia que es un cisma en Roma. Una iglesia que imita a la Iglesia Católica, pero que ya no es la Iglesia Católica. Y ahí comenzará el gran problema para muchos. Porque ellos seguirán con lo mismo: y proclamarán santos, y declararán dogmas, y harán todo como la Iglesia Católica. Y esto supone una gran persecución hacia los que reniegan de esa nueva iglesia.

Esa nueva iglesia es la que será reconocida en Roma como la verdadera Iglesia Católica. Este es el problema. Y aquél que no quera esta iglesia, lo expulsarán y tendrá que vivir como uno más sin poder decir que son la Iglesia Católica.

He aquí el punto más conflictivo de esta lucha espiritual. Lo que ha hecho Francisco no es un juego. Lo ha hecho en Roma. No se ha ido de Roma. Por eso el peligro que se cierne sobre todos los auténticos seguidores de la Verdad.

La Verdad va a ser ocultada, perseguida, matada, para que sólo exista esa falsa iglesia católica en Roma.

Por eso, Roma se ha convertido en una Ramera. Ya no da la Verdad, ya es sólo la fornicación con Satanás. Y será el gran cisma de todos los tiempos, organizado por dos cabezas: una en la Iglesia y otra en el mundo. Dos ejes que mueven todo el mundo. Pero lo trágico es que esas dos cabezas no son cualquier cabeza: son engendros del demonio. Eso significa que tienen la inteligencia y el poder del demonio para llegar a esto. No tiene sólo poder humano, sino también poder de las tres cabezas que componen la esencia del demonio: Satanás, Lucifer y Belzebú.

Estos tres son los que organizan todo el reino del infierno y los que mueven todo el reino del mundo. Y hay que saber combatir a cada uno de ellos.

El que está ahora es Satanás. Y hay que combatirlo con la espada de la Verdad. Sin esta espada es imposible vencerlo, porque se mueve en las razones de los hombres para que ellos se queden en una razón que pone Satanás en sus mentes. Y hay que buscar esa razón para destruirla.

Por eso, hay que darse a discernir todo lo que ha dicho Francisco y sólo así se desnuda a Francisco, se ve su error y se vence a Satanás en él. Y es lo que no hacen tantas personas que hablan de Francisco pero no lo enfrentan, no le ponen la verdad delante de su cara. Y eso es hacer juego a Satanás. A Satanás sólo se le vence con la Verdad, no con medias verdades o medias mentiras. Sólo con la Verdad. Pero es necesario que cada alma se ponga en la sencilla verdad, porque si no no se consigue la victoria.

La Verdad es muy simple. Satanás es el que complica las mentes de los hombres con tantas ideas, filosofías, psicologías, que no sirven para ponerse en la Verdad.

Y este ponerse en la sencilla verdad es misión de cada alma. No esperen vencer a Satanás porque otro lo venció y consiguió desnudar a Francisco. No se batalla así en este momento de la Iglesia. Esto ha servido en los 20 siglos de iglesia. Pero ahora nadie va a dar un escrito, firmado por Roma, en que se vean las herejía de Francisco. Ahora cada lama tiene que creer en la Verdad para poder luchar contra la mentira que viene de Roma. Esta es la batalla contra Satanás. Una batalla que cada alma tiene que hacer. Y aquí sólo se dan las bases para esta batalla. Y aquí se dan las cosas claras para que las almas luchen y se enfrente al demonio en la Iglesia, no sólo en sus vidas privadas.

Ahora se batalla al demonio en la Iglesia. Es una batalla distinta, porque hay que oponerse a toda la Jerarquía que quiere una iglesia que no es la auténtica. Y si las almas no se levantan contra la mentira que dan muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia, entonces lo que se produce en ellas es un daño gravísimo que les puede costar la salvación de sus almas.

¡Cuántos se va a perder porque no saben luchar contra el demonio en la Iglesia! Están en su humanismo. Como es el Papa, como es elegido por Dios, como es tan bueno, tan caritativo, tan humano, entonces no pasa nada. Hay que seguir viviendo, porque todo está bien.

Este es el engaño del mismo Satanás en la Iglesia. Y lo siguen muchos que comulgan, confiesan y demás, pero no ven la Verdad.

Para combatir a Satanás ver la Verdad para ponerse en la Verdad. Y entonces se le vence. Quien no se pone en la Verdad, entonces sigue lo que todo el mundo dice de Francisco, se acomodan a Francisco, lo soportan porque es el Papa, pero no se enfrentan a él. Hay que enfrentarse a él. Hay que predicar en contra de él. Si no es imposible vencerlo. Es fácil acomodarse a la vida y no tener problemas con nadie. Pero es difícil ponerse en la Verdad y decirla a las claras, aunque a todos les moleste y miren mal. Sólo la Verdad es la que une en el Amor. Las medias verdades siempre producen división en la Iglesia.

Roma prepara un cisma

piedad07

“Porque Él es nuestra Paz; el que los dos hizo uno y derribó el muro interpuesto de la valla, la enemistad, anulando en su Carne la ley de los mandamientos formulados como edictos, para hacer en Sí Mismo de los dos un solo hombre nuevo, estableciendo paz, y reconciliar a entrambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la Cruz, matando en Ella la enemistad” (Ef 2, 14-16).

El Cuerpo de Cristo se une en la Verdad de la Cruz. Fuera de esta Verdad, se produce la división y el cisma en la Iglesia. La Cruz mató la enemistad en el hombre, que es el pecado que divide.

“¿Es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, en Su Muerte fuimos bautizados?” (Rom 6, 4). Los muros de la división han sido derribados por el Hijo de Dios con su Muerte y hemos sido inmersos en Ella para estar unidos a la Obra Redentora de Cristo en la Iglesia.

Inmersos en el Dolor de Cristo se hace la unión en la Verdad en la Iglesia.

El Dolor de Cristo es el fruto de cargar con el pecado de todos los hombres. Por el pecado, para quitar el pecado, Cristo Jesús murió.

“Los que morimos al pecado, ¿cómo todavía viviremos en él?” (Ef 6, 2).

Todo el problema de la Unión en la Verdad está en el pecado. Y sólo en el pecado.

El pecado divide y separa. El pecado hace de dos muchas cosas en el pensamiento y en la voluntad. El pecado hace que la Iglesia se divida en bandos de hombres regidos por distintos pensamientos. El pecado produce obras que nacen del error y de la mentira y que dividen la Iglesia.

Es el pecado el que produce la división en la Iglesia. Y es el pecado lo que no se quiere quitar en la nueva iglesia que Francisco ha fundado en Roma.

Si lo que ha hecho Francisco no se llama pecado, entonces se hace un dogma del pecado a partir del orgullo de ese hombre.

Quien vea el gobierno horizontal como un bien divino en la Iglesia sólo está dando culto al pecado en la Iglesia y ofreciendo ese pecado a toda la Iglesia.

Este es el problema al que se enfrenta toda la Iglesia y que nadie atiende, porque todos quieren formar una nueva iglesia según sus principios racionales, que nacen de su pecado.

“He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo. No cortesanos sino personas sabias y animadas por mis mismos sentimientos. Este es el inicio de esa Iglesia con una organización no vertical sino horizontal”. (Francisco en el diario “La Repubblica”, 1 de octubre)

La mitad de los que forman el gobierno horizontal son personas que están involucradas en el pecado de una manera pública, acusados de encubrir delitos de pedofilia. Estos son los sabios de la nueva iglesia, que tienen los mismos sentimientos que Francisco y que van a decidir el futuro de la nueva iglesia.

Francisco inicia su nueva iglesia con su pecado de orgullo: “He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo”. Esta decisión viene de su desobediencia a Cristo Jesús, que ha puesto en Su Iglesia el Papado para gobernarla. Y el Papado es verticalidad, no horizontalidad. El Papa obedece solo a Cristo Jesús, que es la Cabeza de la Iglesia. Y los demás obedecen al Papa. Este es el gobierno vertical en la Iglesia.

Francisco ha puesto su gobierno horizontal anulando la verticalidad. La Obediencia es a Uno, no a muchos. La Obediencia es a la Mente de Cristo, no a la mente de los hombres. La Obediencia es a la Obra de la Redención, no a las obras de los hombres que quieren salvar sin Cristo Jesús.

El gran problema para la Iglesia es observar este pecado de orgullo en Roma. Por este pecado de orgullo, Francisco divide la Iglesia en dos. Una división que trae un cisma encubierto.

El cisma significa separación de la doctrina de Cristo. Separación total, no parcial. Separación para hacer una nueva iglesia. Separación para vivir una nueva iglesia.

La división consiste en poner un pecado como un bien en la Iglesia para que todos lo sigan.

Este pecado que Francisco ha puesto en la Iglesia divide a la Iglesia en dos cosas:

1. Una cabeza horizontal para una doctrina horizontal, que nace del pensamiento de Francisco y de los pensamientos de las ocho cabezas. Una doctrina que se separa de la doctrina de Cristo en la Iglesia y, por tanto, del Auténtico Magisterio de la Iglesia.

2. Una cabeza vertical, que está en el Papa Benedicto XVI, con una doctrina vertical, la propia de Cristo y que sigue el Auténtico Magisterio de la Iglesia.

Esta es la división real que el pecado de Francisco ha traído a la Iglesia, porque ha fundado su nueva iglesia, en su consejo, puesto en Roma.

Y Roma es la Sede de la Iglesia Católica. Este es el grave problema de la Iglesia.

Roma hace división. Roma ya no hace unidad.

Esto trae dos consecuencias para Roma:

1. Roma se abre al mundo para hacer unidad: “El Vaticano II, inspirado por el papa Juan y por Pablo VI, decidió mirar al futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna. Los padres conciliares sabían que abrirse a la cultura moderna significaba ecumenismo religioso y diálogo con los no creyentes. Después de entonces, se hizo muy poco en esa dirección. Yo tengo la humildad y la ambición de querer hacerlo” (Francisco en el diario “La Repubblica”, 1 de octubre). Francisco está imbuido del espíritu moderno que suprime el espíritu de Cristo: «Jesucristo, el mismo ayer y hoy y siempre» (Hb 13, 8). El espíritu moderno no es una opción para dar el espíritu de Cristo, sino una negación de la Verdad, que es Jesús. Roma se abre a la mentira para hacer unidad. ¿Qué unidad se saca de la mentira, de aquello que no puede traer unidad?

2. Roma decide dar al mundo sus verdades, ya no la Verdad, que es Jesús. Quien se abre a la cultura moderna es para tomar de esa cultura las verdades que hay en ella. Quien se abre a alguien no es para enseñar una verdad, sino para coger una verdad que no tiene. La Iglesia no necesita abrirse al mundo porque posee TODA LA VERDAD. La Iglesia necesita predicar Su Verdad al mundo. Y, para eso, no hace falta abrirse al mundo, sólo es necesario estar en el mundo sin ser del mundo: «Por ellos Yo ruego, no por el mundo…Y, desde ahora, no estoy en el mundo, y éstos quedan en el mundo…Yo les he comunicado Tu Palabra, y el mundo los aborrece, porque no son del mundo, como ni Yo soy del mundo. No pido que los saques del mundo, sino que les preserves del Maligno” (Jn 17, 9.11a.14-15). Así habla Jesucristo de Su Cuerpo Místico, que debe estar en el mundo pero sin el espíritu moderno del mundo, sin abrirse a ese espíritu.

“Para mí la Vida es Cristo” (Flp 1, 21), la vida no es seguir lo que Francisco dice desde Roma.

Francisco no da a Cristo, da su falso Cristo en su falsa Iglesia, que es sólo una imagen de la Iglesia, una memoria de la Iglesia, un recuerdo de la Iglesia.

Francisco trae a su nueva iglesia todo lo que tiene la Iglesia, pero sin el Espíritu de la Iglesia. Es sólo una estatua de la Iglesia a la que se va a dar culto dentro de poco, cuando se anuncie la supresión de la Eucaristía.

Todavía Roma tiene una Verdad: la Eucaristía. Pero esa Verdad, como el Papado, va a ser también anulada. Y, entonces, será cuando haya que dejar de mirar a Roma y seguir los pasos de Cristo en Su Iglesia, que ya no será la nueva iglesia de Francisco.

Todavía la Iglesia permanece en Roma, aunque se haya suprimido el Papado. Pero permanece, no por el papado nuevo que ha puesto Francisco, sino por la otra columna de la Iglesia, que es la Eucaristía. Derribadas estas dos columnas, la Iglesia se viene abajo, que es el inicio de la nueva iglesia de Francisco en Roma.

Todavía Francisco no ha puesto en marcha su nueva iglesia porque tiene que anular muchos dogmas, y eso no se hace de la noche a la mañana. Eso lleva tiempo.

Pero ya, para el que vive de Cristo, Roma no da la Verdad. Roma engaña a toda la Iglesia. Roma divide a toda la Iglesia. Y Roma prepara el cisma por el cual se separará totalmente de la Iglesia que Jesús fundó en Pedro.

Ecumenismo: herejía en la Iglesia

jpii

El ecumenismo es sólo una herejía más de las tantas que circulan por la Iglesia y por el mundo.

Jesús nunca habló del ecumenismo, sino de la Unidad de Su Iglesia, la unión entre Él y Su Cuerpo Místico. La unión que produce la Verdad, que es Él. Nunca Jesús habló de unir a los hombres en muchas verdades, en muchos conocimientos, en muchas prácticas religiosas, que es lo que hoy vemos en la Iglesia y que se llama sincretismo religioso, cuyo adalid es Francisco, que da la mano a cualquiera y no importa ya sus verdades o su vida. Es el deseo de unir lo imposible porque se tiene un espíritu que no es el de Cristo, sino el del Anti-Cristo.

Es diferente el espíritu de un Anti-Papa al espíritu de un Anti-Cristo. El Anti-Papa no va en contra de Cristo ni de la Iglesia, porque sólo le interesa gobernar la Iglesia. Y no otra cosa. Pero el Anti-Cristo es el que se pone en la cabeza de la Iglesia para destruir a Cristo y a Su Iglesia. Por eso, Francisco no es sólo un Anti-Papa, por haber sido elegido inválidamente, viviendo el anterior Papa, sino también es necesario llamarlo Anti-Cristo porque ha destruido el Papado, que es la columna en la Iglesia que Cristo ha fundado en Pedro.

“Por ellos Yo ruego; no por el mundo ruego, sino por aquellos que Me has encomendado, pues tuyos son… Padre Santo, guárdalos en Tu Nombre, esto que Tú Me has dado, para que sean Uno como nosotros” (Jn 17, 9)

La Unidad de la Santísima Trinidad es la Unidad de la Iglesia.

Si no se parte de aquí, entonces se busca la unidad de la Iglesia en muchas cosas y se dice:

“todas las religiones son buenas y laudable, todas nos demuestran y significan igualmente ese sentimiento de llevarnos hacia Dios”: esta opinión es falsa y engañosa, que va en contra de la unidad de la Iglesia, porque bebe del naturalismo y del ateísmo, para las cuales la unidad es la unión de todos los hombres, sin importar su credo, porque todos somos hermanos.

“es justo y un deber que todos los que invocan el nombre de Cristo se unan en un mismo amor, por lo que dice Jesús en Su Palabra: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros»” (Jn 13, 35): unirse pero sin la verdad, sólo atendiendo a las diversas verdades que tengan cada uno. Es la reunión de todos los cristianos diciendo que todos tienen la verdad. Es lo que se llama pan-cristiano: Todos somos cristianos sin atender a la Verdad, que es Jesús. Sólo porque todos invocan el nombre de Jesús y eso produce un mismo amor entre los hombres.

Sólo una Iglesia es la Verdadera: la Revelada por Cristo, la fundada en Pedro. Las demás no son la verdadera: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia.” Aquella Iglesia que no tenga el Papado, como Cristo lo fundó, entonces ya no es la Verdadera.

«Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo» (Hb 1, 1-2): ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios. Dios habla a través de Su Palabra. Y Su Palabra es la Obra de Su Iglesia. No es la obra de las iglesias de los hombres.

Muchos niegan que la Iglesia Católica sea la verdadera porque entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, no es una alianza en el Espíritu. Para ellos, la Iglesia de Cristo debe ser invisible y, por tanto, todos pertenecen a la Iglesia Católica porque tienen el Espíritu: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). A lo cual se contesta que el Reino de Dios es espiritual porque pertenece a la Obra del Espíritu, pero los hombres, que forman la Iglesia, no son Espíritu, sino son alma y cuerpo, con un espíritu que les lleva a la Verdad, que es Jesús. Tiene que existir una Iglesia visible porque el hombre se compone de una naturaleza humana visible, con un espíritu invisible. Quien niegue la visibilidad de la Iglesia tiene que negar la visibilidad de los hombres, la naturaleza humana de cada hombre. Y esto es una herejía.

Y siguiendo esta herejía, es como nace el Ecumenismo: querer unir a todos los hombres en una misma iglesia invisible, que tiene un aparato político que organiza las cosas de los hombres. Esta es la nueva iglesia que funda Francisco.

La nueva iglesia que Francisco se ha inventado, al poner la horizontalidad del gobierno, ya no es la Iglesia Verdadera. Porque la que Cristo fundó descansa sólo en Pedro, no en ocho cabezas. Por consiguiente, sólo se hace Iglesia en el Papa Benedicto XVI, no en Francisco. La de Francisco ya se ha apartado de la Iglesia verdadera. Y es una más entre tantas. El problema es que ha hecho eso en Roma, en la Silla de Pedro. Esta es la gravedad de esa nueva iglesia, que nadie ha contemplado todavía.

Y esta nueva iglesia de Francisco es sólo una función política en lo externo de la iglesia, para conseguir que todo el mundo pertenezca a la iglesia, sin importar el credo, porque la Iglesia es algo invisible, no es visible.

Roma tiene que ser algo anecdótico en la Iglesia: “La Iglesia es esto, una palabra distinta, no por casualidad, de la Santa Sede que tiene una función importante pero está al servicio de la Iglesia”. (Declaraciones de Francisco). La función importante de la Santa Sede es la cosa política, pero no es el gobierno vertical que están en el Papado. Porque la Santa Sede “es vaticano-céntrica. Ve y atiende los intereses del Vaticano, que son todavía, en gran parte, intereses temporales. Esta visión Vaticano-céntrica se traslada al mundo que le rodea. No comparto esta visión y haré todo lo que pueda para cambiarla” . Francisco ya la ha cambiado al poner el gobierno horizontal y, por tanto, ha fundado otra iglesia, la suya, una nueva en Roma, que ya no es la de Cristo. Francisco se aparta de la Iglesia que Jesús fundó en Pedro. E inventa la suya. La Iglesia de Jesús sigue en el Papa Benedicto XVI. Ya no es la nueva iglesia de Francisco. Esto es muy importante y muy grave.

La función política de la nueva iglesia está contenida en estas palabras: “en la curia puede haber cortesanos, pero en su concepción es otra cosa. Es lo que en los ejércitos se llama intendencia, gestiona los servicios que sirven a la Santa Sede”. Para Francisco el Papado es sólo una cuestión política, externa, sin fundamento en la Revelación. Y, por tanto, es necesario ese gobierno horizontal para que la Santa Sede sea otra cosa, otra forma de hacer iglesia en Roma.

Por eso, en Roma ya no está la Iglesia que Jesús fundó en Pedro. La Iglesia de Jesús permanece en Benedicto XVI, verdadero Papa. Y hay que unirse a Él para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

Quien se una a Francisco se aparta de la Iglesia de Jesús, porque él se ha apartado destruyendo el Papado. Y, aunque él hable que la Iglesia sigue siendo como antes, es sólo para engañar a las almas que, como no tienen vida espiritual, no viven de fe, se dejan influir por las palabras mentirosas de Francisco y de todos aquellos que siguen a Francisco.

Por eso, la importancia de levantarse en contra de la mentira de Francisco, que es lo que todavía no se ha hecho. Y eso es un castigo para la misma Iglesia. Y castigo divino por apartarse las almas de la Fe en la Palabra de Dios y vivir según los pensamientos de los hombres.

De aqui se deduce la persecución desde Roma a todas las almas que pertenecen a la Iglesia Católica para que formen la nueva iglesia de Francisco. Es una persecución espiritual, que ya ha comenzado en la Iglesia porque nadie se atreve a levantarse contra el nuevo gobierno horizontal. Quien diga que no le gusta Francisco, lo echan del trabajo, del sacerdocio, de todas partes.

Es la imposición del orgullo de Francisco. Es el fruto de su pecado. Y, por eso, Francisco se enorgullece de su nueva iglesia, porque ha conseguido lo que pretendía: su gobierno horizontal.

El problema para Francisco es su ineptitud para gobernar y su imprudencia en el hablar. Sus declaraciones son el signo de su imprudencia, de su soberbia, de su orgullo. Habló antes de constituir el gobierno horizontal y eso ha producido una división en el mismo gobierno horizontal, que ahora tiene que esperar a imponer lo que pretendían, por la imprudencia de ese masón. Si hubiera callado, Francisco hubiera dado un golpe de estado y, con el gobierno horizontal, habría metido otras herejías, se hubiera cargado otros dogmas. Pero ahora ve oposición, no sólo en la Iglesia, en su gobierno, porque no se sabe cómo imponer las cosas sin que se levante el griterío en la Iglesia. Por eso, se ha intentado calmar un poco la situación, desde las declaraciones, pero no se ha conseguido nada. Muchas almas han despertado, pero todavía quedan muchas dormidas. Y, en la Iglesia, si no se impone algo, entonces nada funciona. Y, para imponer una mentira, como ha sido el gobierno horizontal, hay que hacerlo como lo hizo Francisco: hay que dar tiempo a que esa noticia se vaya aceptando por todos y, después, ponerla sin más. Y, entonces, nadie dice nada.

Esta es la táctica de los políticos, porque no tienen la Verdad y no pueden imponer la mentira sin hacer un grave daño. Se va imponiendo poco a poco, y eso no produce daño. Ahora. Francisco tiene que pensar cómo introducir sus mentiras, como la supresión de la Santa Misa, el nuevo matrimonio, el nuevo bautismo, la nueva confesión, sin que nadie se le eche encima.

Por eso, lo más seguro es que lo hagan dimitir y poner a otro que produzca el golpe de estado deseado por la masonería.

Viene un tiempo de gran conflicto dentro de la misma Iglesia Católica. Ahora todos luchan por sus verdades en la Iglesia Católica, pero nadie lucha por la verdad, que es Jesús, y por la Obra de la Verdad, que es la Iglesia. Nadie atiende a la Iglesia, que está ahora sólo en el Papa Benedicto XVI. Ahí está en su pecado y no hay quien lo levante y así alce a la Iglesia a mirar, de nuevo, a la Verdad, que está dentro del Corazón de Jesús.

Ver la acción del demonio en la Iglesia

san miguel arcangel

Las personas viven su forma de entender la fe, pero no viven la fe . Y, entonces, quedan ciegos en su inteligencia y luchan por su idea: «contra el Papa no se habla».

Así piensan muchos que no viven de fe, sino que han fabricado en su mente humana su estilo de fe.

Contra el Papa se habla cuando el Papa no enseña la Verdad, que es Jesús, y cuando el Papa no obra la Verdad, que es Jesús.

Porque ese es la señal que da Dios al alma para que discierna si ese Papa lo ha elegido Dios o lo han elegido los hombres: la Verdad, que me diga la Verdad.

La Fe está en cada corazón que se abre a la Palabra de Dios. La Fe no está en la Iglesia, la Fe no está en un sentimiento humano, la Fe no está en lo que cada uno piensa sobre el Papa y sobre la Iglesia, la Fe no está en lo que uno ha aprendido de sus padres, de la enseñanza en la escuela, sino que la Fe la da Dios al corazón que cree en Su Palabra, abierto a Su Palabra.

Quien niegue esto, entonces vive sin luz de la Fe, vive sólo agarrado a lo que los demás dicen de la Iglesia o dicen del Papa, pero no sabe discernir la Verdad, que es Jesús.

Hay muchas almas así, porque nadie les ha enseñado la Fe en Jesucristo.

La Fe en Jesús es algo sencillísimo. La Fe es una Vida que Dios da al corazón de cada persona. Y esa Vida es una moción divina en el alma que lleva a la persona a la Verdad. Jesús es la Verdad. Luego, la Fe lleva al alma a transformarse en el mismo Jesús.

Pero para lograr esta transformación este cambio de mentalidad, es necesario que cada alma luche en su vida por aquello que impide ponerse en la Verdad. Y las almas tienen que luchar contra sus pecados, apegos a la vida, errores en la vida y tantas cosas como hay en la vida de los hombres, que impiden esta transformación.

Por eso, la vida es una batalla espiritual contra la carne, la sangre, los hombres, los pecados de cada uno, contra el demonio que hace pecar. Si la vida no se entiende como una lucha espiritual, entonces las almas sólo se quedan en sus sentimientos, en sus pensamientos, en sus obras humanas, en sus vidas humanas y no tienen Fe.

La Fe no consiste en ir a Misa o en rezar una serie de oraciones o en hacer unos Apostolados en la Iglesia.

La Fe es creer en la Verdad. Y, para creer en la Verdad, que es Jesús, hay que dejar de creer en nuestras verdades, en nuestros sentimientos humanos, en nuestros deseo humanos, en nuestras obras humanas, en nuestra vida humana. Si no se hace eso, no convertimos todos en unos fariseos de la fe, es decir, en personas que fabrican la fe con su inteligencia humana, con sus sentimientos humanos, con sus filosofías de la vida. Y, de esta manera, ya no se sabe discernir la Verdad.

Ante un hombre que se dice Papa, se cierran de tal manera a la Verdad que acogen a ese hombre como la verdad. Y se equivocan, por su falta de fe, por estar metidos en sus pensamientos humanos.

Y cada alma tiene que acoger la Palabra de Dios. No tiene que acoger a ningún hombre. Y, ante un nuevo Papa, hay que ver primero qué es lo que dice y qué es lo que obra.

Y las palabras y las obras de Francisco demuestran que es un hombre sin Fe, sin vida religiosa, dedicado sólo a lo que él se ha inventado en la Iglesia. Un Papa verdadero nunca obra y habla como Francisco. Esta es la señal de la fe: Un Papa verdadero siempre dice la verdad, siempre enseña la verdad, siempre obra la verdad. Luego Francisco no es un Papa verdadero. Y si no es un Papa verdadero, entonces la Fe me dice que puedo levantarme en contra de él y decir todas las cosas que sean necesarias para acallar su voz en la Iglesia, que ya no es la Voz de Dios, sino la voz del demonio.

Esto hace un hombre de Fe: ante la mentira que habla un Papa, pone la Verdad, que es Jesús. Y eso supone un enfrentamiento que a nadie le gusta. Pero el Evangelio no es al gusto de cada hombre. El Evangelio es como es. Y punto. Que nadie venga a inventarse su evangelio para que todos vayan detrás de él como borregos.

Hay que creer en la Palabra de Dios. No hay que creer en las palabras de los hombres.

Muchos, cuando oyen hablar a Francisco quedan sobrecogidos y les parece que está diciendo la Verdad. Y eso es sólo el espíritu que le mueve: un espíritu de engaño que transmite el sentimiento humano, algo hermoso para el hombre, pero que no da la Verdad, que es Jesús. Francisco coge a la gente por el sentimiento, no por las palabras. Una vez cogidos en el sentimiento, asienten a esas palabras y las ven como buenas. Ya no ven el error que hay en esas palabras. Así actúa siempre el espíritu que engaña o burlón que tiene Francisco.

Si las personas dejasen ese sentimiento que les penetra a un lado, si rechazasen inmediatamente ese que les penetra y que es sólo la acción de demonio en ellos, en seguida captarían la mentira que su boca está diciendo. La Vida es una batalla contra los poderes infernales que están en los aires. ¿Qué se creen las almas que es vivir la fe, sino batallar contra el enemigo de la fe, que es el demonio?

Pero como se escucha a Francisco sin discernir lo que se escucha, sin atender al demonio que siempre obra, entonces se cae en el engaño que ese espíritu lleva a las almas que lo oyen y que no tienen vida espiritual.

El alma de fe ve la acción del demonio en la Iglesia. El alma que no cree sólo ve sentimientos humanos, pensamientos humanos, obras buenas humanas, pero no ve la Verdad de lo que oye, de lo que mira.

Esto le pasa a mucha gente y esto es señal de que no viven de fe, sino que viven de sus sentimientos humanos, de sus pensamientos humanos, de sus obras humanas. Y ahí se quedan. Y quieren que todo el mundo sea como ellos. Y buscan en la Iglesia a la gente que piense como ellos, a la gente que sienta como ellos, para resguardarse de aquellos hombres de fe que han captado lo que hay y que es deber levantarse para dar la Verdad a la Iglesia.

La gente se ha hecho muy cómoda en la Iglesia y quieren que le den todo triturado, quieren seguir su vida de felicidad humana y no tener problemas en la Iglesia. Y así no se hace la Iglesia.

Cada alma tiene que luchar por su fe. No tiene que esperar que otros le digan: Francisco es un Anti-Papa. Cada alma tiene que verlo en su interior y entonces vive su fe, vive de la Palabra de Dios, sigue en su vida la Palabra de Dios que le va guiando entre serpientes y escorpiones, y no se asusta de que en la Silla de Pedro esté un Anti-Papa. Entiende por qué tiene que estar y eso le basta para seguir al Espíritu en la Iglesia.

Pero los hombres se han acostumbrado a escuchar las palabras de los demás hombres, sean sacerdotes, Obispos, Cardenales, fieles, y ya no saben escuchar la sencilla Verdad, que es Jesús, que da Su Palabra. Su mente todo lo complica. Sus sentimientos humanos lo ciegan. Sus obras humanas son su tesoro en la vida. Y su vida humana es lo primero en su existencia.

Hay que ser mártires de la Palabra, dar testimonio de la Palabra en una Iglesia que ya no tiene Fe, que ya no busca la Fe, que ya se ha acomodado a cualquier idiota que le enseña cualquier barbaridad sobre lavVida de Cristo y de la Iglesia. Que eso es Francisco. Todas sus homilías están centradas en cómo hacer una nueva iglesia, diferente a la que Jesús fundó en Pedro.

Pero a la gente ya le importa un comino la Iglesia que Jesús fundó y sólo quiere estar en la Iglesia de cualquier manera. Y eso es señal de falta de fe, falta de vida espiritual, de poner la fe en un conjunto de conocimientos, de recuerdos, de actitudes, que no sirven para nada.

El Carisma de Pedro

Jesús Buen Pastor

Muchos no han comprendido la Verdad que encierra las palabras de Jesús: «Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia» (Mt 16, 18)

Muchos hacen de esta Palabra, su palabra humana, su recuerdo, su memoria, su interpretación, su filosofía de la vida, su política en la vida, su negocio en la vida, su pasión en la vida, su necedad en la vida.

Y en esta Palabra se encierra la Verdad de la Iglesia, la única Verdad, la Columna en la que se apoya la Iglesia: el Papado.

Amar el Papado es Amar esta Verdad, es entender esta Verdad, es enseñar esta Verdad, es obrar esta Verdad, es gobernar con esta Verdad.

Esta Verdad encierra dos verdades:

1.- El amor de Jesús sobre el Papa.

2.- El amor de la Iglesia sobre el Papa.

1.- Jesús ama a Pedro colocándole en la Roca de la Verdad, que es Él Mismo. Y esto significa que Pedro tiene Toda la Verdad. Y no sólo una parte de la Verdad, no sólo unos conocimientos de la Verdad, no sólo unas obras de la Verdad, no sólo un poder para gobernar con la Verdad. Pedro lo tiene Todo. Y, por tanto, no necesita otras verdades, otros conocimientos para levantar la Iglesia, para gobernarla, para hacer en la Iglesia obras que no nazcan de esta Verdad.

Por tanto, Pedro no necesita escuchar a nadie en la Iglesia, no necesita buscar razones en la Iglesia para gobernar, para enseñar, para obrar.

Pedro, al tener Toda la Verdad, puede enseñar, obrar y dirigir la Iglesia sólo escuchando la Voz de Jesús. Y no hace falta más.

Sólo los Papas Santos pueden hacer esto. Los demás Papas buscan por aquí y por allá lo que no es la Verdad y, de esa forma, permiten que en la Iglesia entren muchas cosas que no pertenecen a la Verdad, que son verdades que los hombres tienen en sus razones, pero que no sirven para construir la Iglesia.

Se edifica la Iglesia con la Verdad que nace del Pensamiento Divino. No se edifica la Iglesia con las verdades que cada uno tenga en su razón humana, en su filosofía humana de la vida, en sus obras humanas.

Gobernar la Iglesia es oponerse a cualquier gobierno humano en la Iglesia. Porque Gobernar la Iglesia es ir detrás del Espíritu de la Verdad, no es ir tras los pasos de los hombres inteligentes y sabios que han acaudalado en la Iglesia sus verdades, pero que no han hecho en la Iglesia ninguna obra de la Verdad por no estar con Pedro.

Muchos sacerdotes y Obispos no aman a Pedro. Y, por tanto, se desprenden de la Verdad, que está en Pedro, y hacen en la Iglesia la obra de sus verdades, que son sólo sus mentiras.

Pedro tiene Toda la Verdad. Y Pedro tiene que ser Santo en la Iglesia para poder gobernarla como Jesús quiere.

Jesús da a Pedro un Carisma para edificar la Iglesia. Un Carisma diferente a la Gracia. Ese Carisma obra de forma independiente a la Gracia. La gracia es para el corazón del hombre, para que busque la santidad de su vida, para que corra hacia el bien de su vida, que es siempre Dios. El carisma es para obrar el bien divino en la Iglesia. No es para santificar. Se santifica con la gracia, no con el carisma.

Y, por tanto, en la Iglesia se han dado Papas pecadores y demonios. Y eso no impide el Carisma. Y Jesús ha conducido a Su Iglesia con un Papa pecador, y la Iglesia sigue siendo Infalible a pesar del Papa pecador. La Iglesia nunca se equivoca porque Pedro tiene Toda la Verdad, aunque viva en el pecado y no posea la gracia santificante, que le mantiene en la escucha de Jesús. Sin la gracia santificante, Pedro no puede escuchar a Jesús y no puede gobernar la Iglesia como Jesús quiere.

Pero Jesús gobierna la Iglesia con el Carisma que le da a Pedro, no con la Santidad de Pedro. Si Pedro es Santo, mucho mejor para toda la Iglesia. Pero si Pedro no es Santo, entonces sufre toda la Iglesia, pero la Iglesia se mantiene en la Verdad.

2.- Ante la situación que se está viviendo en la Iglesia, la Iglesia tiene que amar a Pedro.

Pedro es Benedicto XVI, porque el Carisma dado por Jesús al Papa Benedicto XVI es inmutable, es decir, no cambia, no termina, no se diluye, por un pecado de Benedicto XVI, ni por un escrito que diga que ha renunciado al Papado. Dios es inmutable. No cambia porque los hombres lo digan, lo razonen, lo escriban, se vayan de la Iglesia, se retiren a un lugar apartado. Dios es Fiel a Su Amor. Son los hombres los que dejan de ser fieles al Amor que Dios les da.

La Iglesia tiene que amar a Benedicto XVI por ser el Papa que Dios ha elegido. En él está toda la Verdad, por el Carisma del Papado. Su renuncia es sólo su pecado, que va contra la gracia santificante en su corazón. Pero ese pecado no impide el Carisma que tiene del Papado. Su escrito en la que él declara su renuncia es sólo un papel que agrada a los hombres, pero que no dice nada a Dios. Dios no rige la Iglesia con papeles, sino con un Carisma dado a Pedro.

Benedicto XVI no tiene derecho a renunciar al Carisma que Jesús le ha dado, porque los Dones Dios los da y Dios los quita. Dios no pregunta si se quiere o no el Don. Dios elige a la persona para darle el Don que Él quiere. Y Dios no quita esta elección, aunque la persona rechace la Elección.

Por tanto, la Iglesia tiene que amar a Benedicto XVI. El problema está en que la Iglesia tiene como Papa a uno que es Anti-Papa. Este es el problema.

La Fe no está en la Iglesia. Para tener Fe no hay que acomodarse a cualquiera que diga que es Papa. La Fe no es que me guste o no me guste el Papa. La Fe no es un sentimiento hacia el Papa. La Fe no es una razón por la que se entiende que ése es el Papa. La Fe no es la reunión de unos Cardenales para elegir Papa. La Fe es la Palabra de Dios.

Fe en Jesús, que es la Verdad. Si no existe esta Fe, no existe la Iglesia. Porque la Iglesia es la Obra de la Fe, es decir, la Obra de la Verdad, la Obra de Jesús en medio de un mundo que no es la Verdad, en medio de hombres que siguen sus verdades, en medio de hombres que obran sus verdades.

La Iglesia es la Obra de Jesús. Y, para ser Iglesia, hay que ser Jesús, hay que obrar como Jesús, hay que enseñar como Jesús, hay que vivir como Jesús.

Y hacer eso sólo se puede realizar en el corazón que tenga Fe en Jesús.

Muchos en la Iglesia no tienen Fe en Jesús, en Su Palabra, sino que sólo tienen fe en sus razones, en sus filosofías, en sus teologías, en sus obras humanas, en sus vidas humanas, en sus sentimientos humanos, en su estúpida vida humana. Hay mucha gente así: fieles, sacerdotes, Obispos. Y para ellos la fe es todo menos lo que dice la Palabra de Dios. Y hacen una Iglesia que no es la de Jesús. Es la Iglesia que se han inventado ellos con sus verdades que nacen de sus mentes humanas, con sus obras que nacen de sus voluntades humanas, con sus vidas que nacen de sus sentimientos y caprichos humanos.

La Iglesia ha perdido la Fe en Pedro, porque sólo se ha dedicado a ver los pecados que con ese Pedro se han dado en la Iglesia. Y han dejado a Pedro solo, para seguir construyendo una Iglesia oscura, decaída en el Espíritu, regida por multitud de pensamientos humanos, de filosofías humanas, que sólo obran el destrozo de la Verdad.

La Verdad, que está en el Pensamiento Divino, no es la verdad que está en la mente del hombre: «Mis Pensamientos no son vuestro pensamientos». Y muchos en la Iglesia creen que se obra el Pensamiento de Dios a base de poner sus pensamientos humanos. Y, por eso, se alejan de la Verdad, que es Jesús.

Hoy toda la Iglesia está alejada de la Verdad porque sigue las verdades de los hombres. Y los hombres han elegido a un nuevo Papa yendo contra la Verdad, contra la Fe en la Palabra de Dios, que dice que Jesús edifica Su Iglesia sobre Pedro. Y Pedro es hasta la muerte, porque el Carisma es hasta la muerte.

Y, por tanto si se elige a otro Papa viviendo Benedicto XVI, se elige siempre un Anti-Papa. Y nadie quiere ver esta Verdad, porque no interesa verla para muchos de la Iglesia, que sólo están en la Iglesia regidos por sus pensamientos humanos, sentimientos humanos, voluntades humanas, obras humanas, y no les interesa la Verdad, sino sólo sus verdades.

Quien no lucha por la Verdad en la Iglesia lucha por sus verdades en la Iglesia. Quien no se coloca en la Verdad del Papado, entonces derriba la Verdad del Papado, que es lo que ha hecho ese masón llamado Francisco, al que muchos en la Iglesia lo llaman Papa, porque han perdido Fe en la Palabra.

Hay que luchar por la Fe en la Palabra. No hay que luchar por un masón en la Iglesia. Hay que levantarse contra ese masón y enseñar la Verdad, dónde está la Verdad en la Iglesia. Y si no se hace esto, todos jugando el juego de ese masón, un hombre sin vida religiosa, un hombre que se cree Dios y que cree que todo es Dios por la doctrina que sigue, que es el panteísmo. Un hombre que no es lo que parece: parece un sacerdote, parece un Obispo. Y no es eso. Es un camaleón, como son todos los masones, que se esconden ante todo el mundo y que dan una apariencia de santidad, de humildad, de caridad, sólo para engañar a los necios de pensamiento y a los hipócritas de corazón que no saben luchar en sus vidas por la Verdad, sino sólo por sus verdades, por sus intereses humanos, egoístas. Y llaman a esos intereses personales los intereses de Dios, como lo hace ese masón vestido de túnica talar, buscando el aplauso de los tontos como él.

La Iglesia es la Obra de Jesús en medio de los masones. Porque la masonería siempre ha estado en la Iglesia. Ahora se ha sentado en la Silla de Pedro. Pero Jesús sigue gobernando Su Iglesia con el Carisma que ha dado a Benedicto XVI: verdadero Papa, pero inútil hasta que no se levante de su pecado y haga que toda la Iglesia vuelva sus ojos a la Verdad. Hasta que no haga eso, hay que dar la Verdad a la Iglesia, pero sabiendo que nadie va a escuchar, porque la Iglesia tiene que escuchar a Benedicto XVI, a los que se unen a Él. No tiene que escuchar las palabras de nadie, las razones de nadie. La Iglesia tiene que luchar por la Verdad, que es Jesús. Y si no lucha, la Iglesia se acaba por sí misma en sus miembros.

Por eso, hay una esperanza en medio de lo que vemos: hay gente con Fe en la Palabra y, por eso, la Iglesia continúa, la Iglesia se mantiene viva, a pesar de que un masón esté sentado en la Silla de Pedro haciendo su nueva iglesia. No hay que hacerle caso a ese masón. Hay que hacerle caso a Benedicto XVI cuando se levante de su pecado.

Dos Verdades, dos Amores, dos Caminos

Cristo 03

Dos verdades hay que es necesario seguir y, si no se siguen, la Iglesia sólo vive lo que está pasando:

1.– Ningún Papa puede renunciar al Papado, a la Elección de Dios para ser Pedro en la Iglesia.

2.– No se puede elegir un nuevo Papa estando el anterior vivo

Estas dos Verdades son Dogmas en la Iglesia. Y separarse de estas dos Verdades es dejar que la mentira entre en la Iglesia con el concurso de todos, con el aplauso de todos, con la justificación de todos, con la aclamación de todos.

Si estas dos verdades no son viven, entonces tampoco se viven las demás verdades que hay en la Iglesia.

La Verdad es sencilla. Los hombres lo complican todo por su pecado de soberbia, que les lleva a buscar una razón que oculte la Verdad.

La Iglesia no vive de razones, sino de la Verdad, que es Jesús.

Jesús es la Verdad. Y no hay otra Verdad. Y quien esto no lo tenga claro, entonces se hace en la Iglesia lo que se ha hecho. Y, ahora, ¿quién arregla este desastre que vive la Iglesia?

No los que han elegido un Anti-Papa. No los que se callan ante lo que ese Anti-Papa hace en la Iglesia. No los que buscan una razón para seguir con ese Anti-Papa.

Sólo los humildes de corazón pueden arreglar este gran desastre de toda la Jerarquía de la Iglesia, porque por ellos -y sólo por ellos- por su pecado de soberbia y de orgullo- la Iglesia está así.

Cuando un Papa renuncia hay un camino en la Iglesia para resolver esa situación: pedirle al Papa que vuelva a su vocación divina. Y no hay otro camino.

Quien ponga otro camino, que es lo que se ha hecho, hace que la Iglesia se desvíe del Camino, que es Jesús, y comience el camino del demonio en la Cabeza Visible de la Iglesia.

Porque el Papa Benedicto XVI eligió este camino, entonces hace que la Iglesia se pierda en los caminos que pone el demonio desde la cabeza que él elige en un nuevo Cónclave. Y, por tanto, esa cabeza ya no tiene el Amor a la Verdad, ya no sigue el Camino de la Cruz, ya no gobierna en la Verdad del Espíritu. Y por las obras los conoceréis.

Esa cabeza pone sus verdades, que son su fornicación con el pensamiento del demonio. Esa cabeza presenta a la Iglesia el amor del demonio, que consiste en el amor universal a todos los hombres, desprovisto del Espíritu del Amor. Y ese cabeza hace caminar a la Iglesia hacia la destrucción de Ella en su totalidad. Nunca la puede llevar a la Verdad, porque se ha desposado con el demonio en la cabeza.

Pedro se desposa con Cristo y se une al Cuerpo Místico en la Verdad, que es Jesús. Y, por eso, por esa unión mística con el Verbo Encarnado, Pedro nunca se equivoca en la Iglesia. Pedro es siempre Pedro en la Iglesia aunque cometa un pecado, como lo hizo Benedicto XVI. Ese pecado no anula ser Pedro, como no anuló su Elección al Papado la negación de Pedro ante su Maestro en la Pasión, porque el Señor le confirmó, una vez que se arrepintió de su pecado: «Apacienta Mis Corderos… Pastorea Mis Ovejas» (Jn 21 , 15).

El camino que tiene la Iglesia es que Pedro vea su pecado y vuelva a la Iglesia para apacentarla como lo quiere el Señor. Y no hay otro camino para la Iglesia. Quien espera a que se muera Benedicto XVI para elegir un nuevo Papa, también se equivoca, porque es necesario antes que el Papa vuelva a ser Papa. Que sea Pedro, porque eso es lo que vive en su corazón, a pesar de su pecado.

Quien elige un nuevo Papa sin que el anterior haya muerto pone en la Iglesia -siempre- un Anti-Papa. Nunca un Papa. Pone la figura del Papa, la estatua sin vida del Papa, la forma exterior del Papado, la quimera de un hombre que se autoproclama Papa sin el Poder Divino, sin la Autoridad Divina.

Y ese falso Papa, esa reliquia del demonio, que es Francisco, lleva a la Iglesia por el camino que le pone el demonio. Nunca va a dar a la Iglesia la Verdad. Sólo le va a dar el recuerdo de la Verdad, la memoria de la Verdad, que es lo que predica Francisco en toda la Iglesia. La fe es la memoria de Cristo. Eso es su Encíclica que toda la Iglesia sigue.

Y, por tanto, si sólo da la memoria de la Vida de la Iglesia, hace de la Iglesia una figura, una estatua sin vida, una entelequia del pensamiento del hombre.

Y esa estatua sin vida predice el Apocaliósis: «diciendo a los que habitan en la tierra que hicieran una estatua a la bestia que lleva la herida de la espada y revivió» (Ap. 13, 15).

Francisco ha comenzado a construir la imagen a la Bestia, la estatua a la Bestia herida por la espada. Es la figura de la Iglesia que Francisco quiere construir para dar culto al demonio en Ella. Ya no es la Iglesia, sino su figura, su estatua, sin vida, sin Espíritu de Dios. Y, en su momento, cuando aparezca el Anticristo, hará revivir esa imagen con su espíritu diabólico (cf. Jn 13, 15).

El camino de Francisco y de los seguidores de Francisco y de los sucesores de Francisco es hacer esta imagen a la Bestia, esta figura sin vida espiritual de la Iglesia al demonio. Y no hay otro camino. Que nadie espere encontrar la Verdad en la nueva iglesia de Francisco, porque es la iglesia del demonio. Y donde está el demonio allí está la mentira, porque el demonio es padre de la mentira: «no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla, habla de su cosecha, porque es mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8, 44).

Entonces, ¿qué esperan de un Anti-Papa, como es Francisco? Sólo puede dar la mentira, que eso es lo único que saca de él mismo: su mentira. No esperen ninguna verdad, porque no hay verdad en él.

Y el único camino de la Iglesia contra un Anti-Papa es levantarse en contra de él, porque no es Pedro. Y la Iglesia sólo obedece a Pedro, no a una figura de Pedro. Por eso, no es pecado criticar al falso Papa. Es pecado callar ante la mentira que dice ese falso Papa.

Si la Iglesia no hace esto, entonces es que no ama la Verdad, no ama a Jesús. Y si no ama la Verdad, no camina hacia la Cruz de Cristo, que trae persecuciones al que dé testimonio de la Verdad: «Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la Verdad» (Jn 18, 37).

Para esto es la Iglesia: para dar testimonio de la Verdad, que es Su Cabeza Invisible. Y sólo así se hace Iglesia. Y sólo así se da la Verdad. Y sólo así se enseña la Verdad: enfrentándose a aquel que no enseña la Verdad en la Iglesia.

Toda la Iglesia ha perdido el norte de la Verdad por estar escuchando a un farsante que se ha vestido de túnica blanca para proclamar a la Iglesia sus mentiras sin que nadie levante la voz. Y esto es lo más grave que tiene la Iglesia actualmente: el odio a la Verdad que muchos proclaman con su silencio, con su indiferencia, con sus miedos, con sus dudas, con sus temores, con sus razonamiento necios.

La Verdad es sólo Una: Jesús. O se está con la Verdad o se está en contra de la Verdad. Elijan. Pero no quieran imponer sus verdades a nadie. Sólo miren la verdad y síganla, aunque los demás bramen lo que quieran. No se sirve al pensamiento de un hombre en la Iglesia. Se sirve al Pensamiento Divino en el Verbo Encarnado.

A %d blogueros les gusta esto: