Lumen Mariae

Inicio » Publicaciones con la etiqueta 'la ruina de la iglesia'

Archivo de la etiqueta: la ruina de la iglesia

De Gloria Olivæ (De la Gloria del Olivo)

bxvi

“Guardaos, no sea que se emboten vuestros corazones con la glotonería y la borrachera y las preocupaciones de la vida, y os sobrevenga repentino aquel día, como lazo; porque sobrevendrá sobre todos los que moran sobre la haz de la tierra. Velad en todo tiempo orando, para que logréis escapar de todas estas cosas que van a suceder, y manteneos en pie en presencia del Hijo del Hombre” (Lc 21, 34-36).

La Gloria es una Vida Divina que el hombre no puede comprender. Jesús vive con un Cuerpo de Gloria, en la Gloria de Su Padre, con la misión de llevar a la Iglesia hacia la Gloria. Jesús es el Rey de la Gloria Eterna, Inconmensurable, Inabarcable, Infinita.

El Olivo es el símbolo de la tristeza, de la derrota, del sufrimiento de Cristo antes de Su Pasión. El Olivo no es la muerte de Cristo, sino el inicio de la Pasión de Cristo, una vez dio a Sus Apóstoles Su Cuerpo y Su Sangre en la Eucaristía, el Jueves Santo.

La Gloria es el Amor de Cristo. El Olivo es el Dolor de Cristo.

La Gloria del Olivo es el Amor en el Dolor. Simboliza un amor llevado en el dolor, en el sufrimiento. Un amor, que no deja de ser amor, cuando se sufre, cuando la vida está llena de abandono y de puertas que se cierran en todas partes.

Un Papa que lleva este lema tiene que significar esto en su Pontificado. Tiene que transparentar un amor y un dolor.

El amor de ser la Cabeza de la Iglesia, elegida por Dios para guiar Su Iglesia. El dolor de renunciar a ser la Cabeza de la Iglesia, su renuncia a la Elección de Dios.

Son dos cosas diferentes en este Papa. Son dos mundos diferentes y contrarios. O se sigue el amor en la Elección Divina, o se sigue la renuncia de esa Elección. Pero no se pueden seguir las dos para ser Papa.

Acerca de la Gloria del Olivo, sobre la vida que un Papa ha hecho en la Iglesia y que ha llevado a la Iglesia a un dolor, a un sufrimiento, a un abandono, como Cristo lo sufrió en el Huerto de los Olivos, que derramó Su Sangre en ese Huerto.

Acerca de la Vocación Divina de la Iglesia, que es dada en el Amor de Dios, pero que se trasluce, que se obra en el Dolor.

Benedicto XVI fue un Papa verdadero por su elección, pero se convirtió en anti Papa por su renuncia a ser Cabeza de la Iglesia, a ser Vicario de Cristo.

Son dos cosas en el Pontificado de Benedicto XVI: su gloria: Ser Papa; y la gloria del olivo: convertirse en anti Papa.

Jesús no tuvo Gloria en el Huerto del Olivo, no brilló su Gloria en medio de los Olivos del Huerto. Jesús hizo brillar su Gloria en la Transfiguración, no en el Huerto, que inicia Su Pasión.

Por tanto, quien quiera brillar en el dolor, se pone en contra de Cristo. La Gloria del Olivo, la Gloria del sufrimiento, la Gloria del abandono: eso sólo es posible en la Resurrección, no antes. Eso sólo se da cuando se persevera en la Elección de Dios, en la Voluntad de Dios, no cuando se renuncia a esa Voluntad.

Benedicto XVI quiso brillar ante toda la Iglesia en el dolor, cuando su vida era atacada por muchos en la Iglesia. Y no supo enfrentarse a esos muchos como Papa, como Cabeza de la Iglesia, como vicario de Cristo. Y, por tanto, renunció a la lucha y renunció a ser Papa: se convirtió en un anti Papa. No en un anticristo, no en un falso Profeta. Sino en lo opuesto a su elección divina, que era para ser Pedro. Un anti pedro, una anti cabeza de la Iglesia.

Y no se puede entender este lema de otra manera. Porque para comprender el lema de un Papa hay que esperar a su muerte o a su renuncia.

Y, en esta profecía, hay Papa y anti Papas. Y el último de ellos es un anti Papa, Benedicto XVI. Lo demás de la Profecía tiene que leerse en el Tiempo que abre un antipapa en la Iglesia con su renuncia.

Desde el 11 de febrero de 2013, la Iglesia está sin Cabeza y sin Espíritu. Es decir, no hay Iglesia. Si Pedro renunció a ser Pedro en la Iglesia, la Iglesia deja de existir, porque la Iglesia está edificada sólo en Pedro.

Queda lo demás: 20 de siglos de Iglesia, pero no su Cabeza ni su Espíritu.

El Espíritu de la Iglesia queda fuera de Roma, no en Roma. Y, por tanto, sólo está en aquellos corazones leales a Cristo, a Su Espíritu, que saben discernir los Signos de los Tiempos. En los demás, no hay nada. Hay lo exterior, lo humano, lo material, de ser Iglesia y de hacer Iglesia. Pero no está ni en muchos sacerdotes, ni en muchos Obispos, ni en muchos fieles el Espíritu de la Iglesia.

El Espíritu está fuera, en otro sitio, esperando a que las almas salgan de una estructura que ya no sirve para ser Iglesia ni para hacer Iglesia.
Dios ha dado Su Tiempo al hombre para que discierna la Cabeza de la Iglesia. Y muy pocos la han discernido. Muy pocos. Todos están contentos con lo que hay en la Iglesia. Y eso es, precisamente, una señal de que todo comienza ya.

Sólo es posible vivir el amor en el dolor en la Gracia de Cristo. Pero aquel que renuncia, como Benedicto XVI, a esa gracia, no puede obrar este Misterio de Amor en la Iglesia. Y hace de su vida sólo el brillo de su humanidad, de su renuncia al Don de Dios, que es lo que vemos ahora en Benedicto XVI. Vive su vida humana en la Iglesia. Y no más. Sólo brilla su humanidad en medio de la Iglesia. Igual que brilla el demonio en Francisco en medio de la Iglesia.

Un antipapa un anticristo es lo que está en Roma. No hay Cabeza que rija la Iglesia. No puede haberla, no existe y, hasta que el Señor lo quiera, nadie manda nada en la Iglesia. Sólo Cristo es el que reina la Iglesia y la lleva a donde tiene que llevarla y por el camino que sólo Él sabe. Los hombres ya no saben nada en la Iglesia. Ya no saben caminar hacia la Verdad. Ya no saben obrar la Voluntad de Dios en la Iglesia, porque sólo queda la estructura de la Iglesia en todas partes, no sólo en Roma. Pero no queda, no está el Espíritu de la Iglesia, que debe animar a toda la Iglesia hacia la Verdad y el Amor de Cristo.

Tiempos gravísimos para todos en la Iglesia. Tiempos para una elección. Tiempos para una nueva vida. Tiempos para decidirse por la Verdad o por la mentira. Pero pocos les importa esto, porque sólo viven para sus grandes intereses en la Iglesia: el poder y el dinero. Y conducen a todos en la Iglesia hacia esos intereses. Y les importa un rábano la salvación y la santificación de las almas. Hablan cosas bellas para engañar a todos en la Iglesia.

Y Jesús, en Su Cuerpo Glorioso, en Su Amor, sigue sufriendo por su Iglesia. Jesús es el que Ama en el Dolor de ver a sus alma perdidas totalmente siguiendo las fábulas de los hombres en la Iglesia.

Abandonar un dogma es hundir la Iglesia

162661_1494147118386_2476114_n

Cuando en la Iglesia se abandona un dogma definido, entonces todos los demás dogmas se desmoronan y el Magisterio supremo y auténtico de la Iglesia es algo falible, errado, inconcluso.

Las almas no han comprendido esta verdad: la Iglesia la hace sólo el Espíritu de la Verdad, no los pensamientos de los hombres.

Jesús fundó su Iglesia en Pedro y eso es un dogma: el dogma del Papado, del gobierno vertical. Se abandona este dogma, no existe el gobierno en la Iglesia.

Jesús es célibe, es virgen, no tuvo mujer, luego el sacerdote es célibe: es un dogma en la Iglesia que los sacerdotes no pueden casarse. Está definido. Se abandona este dogma, y entonces desaparece el sacerdocio. Se tienen sacerdotes dedicados a la Iglesia y a una mujer. Eso es ridículo. Eso es no ser sacerdote.

Jesús hizo el matrimonio hasta la muerte y nadie lo puede romper. Y quien lo rompa va contra la Verdad en la Iglesia. Es un dogma que los casados que se vuelven a juntar no pueden confesarse ni recibir la Eucaristía, porque tienen un matrimonio que dura hasta la muerte. Se abandona este dogma y ya no existe el matrimonio como Sacramento.

Jesús puso su Eucaristía como alimento para el alma. Y eso supone dar a las almas lo mismo que hizo Jesús. Cuando se abandona este dogma, entonces desaparece la Eucaristía.

Jesús dio a las almas el poder para limpiar sus pecados en la confesión. Se abandona la Confesión y las almas viven en sus pecados siempre.

Muchas almas son bobas en la Iglesia.

Quieren una Iglesia según su manera de pensar, según se lo han explicado con bellas palabras y bellos razonamientos, pero no son capaces de una Iglesia en la que se ponga la Verdad como es.

Esto es lo que duele en la Iglesia hoy: las almas no quieren escuchar la Verdad y no quieren poner en la Iglesia la Verdad. Prefieren sus inútiles discursos de la Verdad.

Y esto supone hacer una Iglesia que no sirve absolutamente para nada.

Muchos quieren los sacerdotes, pero no quieren el dogma del celibato. Eso es perder el sentido común en la Iglesia.

Muchos quieren un Papa en la Iglesia, pero no la obediencia al Papa. Eso es lo más absurdo que hay.

Muchos quieren el matrimonio en la Iglesia, pero que les dejen decidir cuándo se puede anular ese matrimonio. Eso es el negocio de ahora en la Iglesia. Y de ese negocio vive la Iglesia.

Hoy día la Iglesia es un conjunto de idiotas y de estúpidos que se creen que, con su soberbia humana, con sus razonamientos brillantes, con su lenguaje lleno de frases convincentes, hacen una Iglesia feliz para todo el mundo.

Y ¿cuando aprenderán a pisotear su necio pensamiento y a tragarse sus estúpidas palabras y razones para conocer la Verdad que Jesús ha dado a su Iglesia?

2009quinario_silenciosanlucar4

Pero ¿qué se creen que es la Verdad?

¿Lo que piensa cada uno en su cabeza?

¿Lo que alcanza cada uno con su cabeza?

La Verdad es creer a Jesús. Y sólo eso.

La Verdad no es razonar sobre la vida de Jesús o investigar lo que hizo en la Iglesia.

Si se cree a Jesús entonces el alma se pone en la Verdad.

Si no se cree a Jesús, entonces el alma se pone en la mentira.

Y la Iglesia está llena de mentirosos, de gente que se cree sabia porque ha leído unos cuantos libros o porque alguien le ha explicado unas cuantas cosas sobre la Iglesia.

La Verdad se aprende escuchando al Espíritu de la Verdad.

Y eso es lo que nadie hace en la Iglesia. Todos andan escuchando los pensamientos de todos. Cuando hay que aborrecer los pensamientos de todos los hombres para ponerse en la Verdad. Y esto es lo que nadie hace en la Iglesia, porque se han acomodado a sus verdades, a sus estúpidas inteligencia sobre la Verdad.

Por eso, la Iglesia está llena de soberbios y de orgullosos. Cada uno enarbola una mentira y hace que la gente siga esa mentira.

Cada uno en la Iglesia ha hecho de su vida su orquesta para que la disfruten los demás en la Iglesia.

Cada uno en la Iglesia quiere tener la Verdad y no quiere someter su inteligencia al Espíritu de la Verdad.

Y, por eso, tenemos una Iglesia que nada en el pecado y que hace del pecado su obra principal en la Iglesia.

Es una pena ver tantas almas dormidas por el demonio que ya no luchan por la Verdad, sino por sus estúpidas verdades que la vida acomodada les trae a su orgullo.

Es lástima ver a tanta gente que se cree poderosa porque tiene una verdad en su vida, que es la mentira más grande de su vida.

Es ridículo estar en una Iglesia que ya no enseña la Verdad, sino múltiples verdades para que todos estén contentos en la Iglesia.

Una Iglesia así es mejor tirarla a la basura, porque sólo sirve para condenar a las almas.

La gente no toma en serio la Iglesia, no toma en serio las palabras del Evangelio, no toma en serio la vida de Jesús. Y, por eso, la gente destroza la Iglesia con sus razonamientos brillantes sobre la Iglesia, sobre el Evangelio y sobre la vida de Jesús.

La ruina de la Iglesia es por la soberbia de la Iglesia. Porque las almas sólo han aprendido a ser soberbias y a discutirlo todo en la Iglesia. No hay gente humilde en la Iglesia. No hay que gente que quiera aprender la Verdad, sino que todos quieren decir sus verdades y defenderlas como lo más valioso en sus vidas.

Lo único importante en la vida es la Verdad, la Verdad que trae el Espíritu, no la verdad que se encuentra en la razón.

Y si las almas no aprenden a someter su inteligencia al Espíritu, las almas se condenan por soberbias. Y no por otra cosa. Porque les gusta enfrentarse al Espíritu de la Verdad con sus inútiles razonamientos humanos. Y el que se enfrenta a Dios acaba perdiendo su alma.

Las almas creen que estar en la Iglesia es un juego, es una diversión , es una carrera, es un estudio, es un almanaque, en el que cada día hay que aprender algo.

Estar en la Iglesia significa no estar en la humanidad, en lo humano, en lo material, en lo natural de la vida.

Estar en la Iglesia significa poner la cabeza en el suelo y no levantarla hasta que Dios lo diga. No hay que pensar nada en la Iglesia. No hay que obrar nada en la Iglesia. Sólo hay que someterse a Dios en todo. Y eso es lo que nadie hace en la Iglesia.

No hay obediencia de la fe, porque ha obediencia a la razón del hombre. Es más importante lo que el hombre dice que lo que Dios dice de Su Iglesia.

La Iglesia no necesita a tantos adúlteros, fornicadores, ateos, homosexuales, lesbianas, sacerdotes corruptos, masones, desviados de la moral, Obispos que son engendros del demonio y que sólo hablan el lenguaje de Satanás.

La Iglesia necesita de corazones humildes. Y no de otra cosa. Lo demás que sigan en sus pecados y que corran a la condenación si es lo que quieren.

Pero Jesús sólo quiere pobres de espíritu, gente sencilla, que tenga dos dedos de frente, sentido común, que es el sello de la Verdad.

Tanta gente complicada en la vida porque son soberbios en sus razonamientos y todo lo quiere saber y entender para conseguir sólo su acomodo de vida humana. Por eso, dividen la verdad en miles de partes para este fin. Y así que los homosexuales se casen, que los divorciado comulguen, que los sacerdotes vivan con una mujer, que todo el mundo obre su pecado porque es lo que enseñó Jesús.

A este absurdo estamos llegando. Y esto no es ser Iglesia. Y esto no es hacer Iglesia. Esta Iglesia es para quien la quiera, pero no para el que sigue a Jesús.

Noviembre será un mes crítico para la Iglesia. Un mes revuelto. Un mes para olvidar. Y de este mes saldrá para la Iglesia su camino en la Verdad.

Si se ha abandonado la verticalidad del gobierno, entonces todos los dogmas caen por su propio peso. No hay forma de levantar la Iglesia. La Iglesia se hunde. La Iglesia se va al abismo. La Iglesia es para el infierno.

Una Iglesia sin Papa

espíritu santo

Los Pastores de la Iglesia enseñan a las almas a vivir una vida humana, material, haciendo de las cosas divinas un negocio para la Iglesia.

Los Pastores de la Iglesia han convertido a la Iglesia en una empresa más del mundo, que busca dinero y que se maneja como cualquier empresa del mundo, según los consejos y dictados de unos cuantos, que tienen el poder en la empresa.

La Iglesia, actualmente, no tiene Papa. Está sin Cabeza Visible. La cabeza que está en la Silla de Pedro no es la Cabeza Verdadera, sino un impostor, que rige a la Iglesia hacia su destrucción.

Una Iglesia, sin Cabeza Visible, es el comienzo de la aparición del Anticristo.

Porque el Anticristo tiene que aparecer cuando la Silla de Pedro esté vacía. Entonces, él se pondrá como un Cristo que viene a dar solución a los problemas, no sólo de la Iglesia, sino del mundo entero.

Se está fabricando una Iglesia que acoge el mundo. Y, en esa Iglesia, va a estar el Poder del Mundo. No va a estar el Poder Religioso, o el Poder de un Papa.

La Nueva Iglesia, que es la Falsa Iglesia, es para gobernar el mundo y la Iglesia. Para unir las dos fuerzas más poderosas que hay en el mundo: el poder de los hombres y el poder de Dios.

Para hacer esto, es necesario despojar a la Iglesia del Poder Divino, que se muestra en el Papa y en todo el depósito de la Fe, que la Iglesia custodia.

Ya se ha comenzado, con el pecado de un Papa a quitar lo más importante en la Iglesia: el Papado.

El siguiente paso es hacer que el gobierno de la Iglesia sea una cuestión de muchas cabezas. Eso ya está anunciado por ese Falso Profeta: gobernar la Iglesia pidiendo consejos a personas elegidas por el falso Profeta.

Una vez que se tenga ese gobierno democrático en la Iglesia, viene dejar la Silla de Pedro vacía, porque ya no va a servir lo que diga un Papa. El Papa va a tener que amoldarse a lo que diga una mayoría en la Iglesia.

Con el pecado de Benedicto XVI se acaba la figura del Papa en la Iglesia tal como se ha tenido por Tradición. Los hombres mismos de Iglesia, sus sacerdotes, Obispos, acaban con esa figura, porque tiene que meterse el poder del mundo en la Iglesia. No sólo ser gobernada por el poder religioso.

Por eso, los acontecimientos en la Iglesia se van a precipitar para conseguir lo que se quiere en la Iglesia, en la falsa Iglesia, en la Nueva Iglesia que los hombres quieren crear con sus estúpidas inteligencias humanas.

Esto producirá una gran persecución hacia todo lo religioso, empezando por las almas que están en la Iglesia.

Los mismos sacerdotes perseguirán a sus hermanos sacerdotes, los Obispos irán en contra de los Obispos, los fieles se opondrán a otros fieles. Porque hay que seguir o al falso Profeta o al verdadero Papa, que todavía vive y que está ahí para algo en la Iglesia.

Los hombres no saben entender los caminos de Dios con Su Iglesia. Y no saben ver hacia dónde Dios lleva Su Iglesia.

A pesar de tanto mal como hay en la Iglesia, actualmente, Dios no abandona la Nave de Su Iglesia, porque la ha fundado en el Espíritu de la Verdad. Y los hombres pueden destrozar lo exterior de la Iglesia. Pero nunca derribarán al Espíritu de la Iglesia.

Porque el Espíritu de la Iglesia es la Fuerza Divina que sólo está en Dios. No pertenece a ningún hombre ni a ningún demonio. Y ese Espíritu lo gobierna todo y lo dirige todo, porque no se mueve una hoja sin el beneplácito de Dios.

Por eso, siempre hay esperanza allí donde el Espíritu guía a las almas hacia la verdad de sus vidas.

A %d blogueros les gusta esto: