Lumen Mariae

Inicio » Publicaciones con la etiqueta 'Iglesia Católica'

Archivo de la etiqueta: Iglesia Católica

Los engaños del Sínodo I

leon-xiii-san-juan-de-letran_thumb[2]

Primer engaño: «esto motiva la necesidad de que la Iglesia anuncie sin descanso y con profunda convicción el “Evangelio de la familia” que le ha sido confiado con la revelación del amor de Dios en Jesucristo» (v. 4): no existe el Evangelio de la familia, sino sólo el Evangelio de Jesús. Dios no ha confiado a la Iglesia ningún Evangelio de la familia, sólo le ha confiado la Palabra de Dios, que es Jesús.

Segundo engaño: «Ya el convenire in unum alrededor del Obispo de Roma es un evento de gracia, en el cual la colegialidad episcopal se manifiesta en un camino de discernimiento espiritual y pastoral» (v. 3). El sínodo no es un evento de gracia, sino de desgracia, por haber sido convocado por un falso Papa, Bergoglio. Todos hacen unidad alrededor del Obispo de Roma, que es apóstata de la fe, hereje y cismático. Conclusión: la colegialidad episcopal se halla sin la luz del Espíritu, marcando un camino en que no se puede dar ningún discernimiento espiritual ni pastoral. Nadie busca la verdad, la sola verdad, que es Cristo. Luego, nadie discierne nada, sino que abren un camino de auténtica mentira para toda la Iglesia.

Tercer engaño: «Es necesario partir de la convicción de que el hombre viene de Dios y que, por lo tanto, una reflexión capaz de proponer las grandes cuestiones sobre el significado del ser hombres, puede encontrar un terreno fértil en las expectativas más profundas de la humanidad» (v. 11). Han anulado el pecado original y el pecado personal de cada hombre. Porque si se quieren hacer las cosas bien en la Iglesia, es necesario partir del hecho de que el hombre es pecador por naturaleza, es decir, nace en pecado original, y comete el pecado en su vida de forma diaria, si no se ayuda de la gracia, de los sacramentos. Ya no se parte del hecho del pecado, sino de que el hombre viene de Dios. Por lo tanto, la reflexión que se hace es totalmente falsa, llena de mentiras y de claras herejías. El significado del ser hombre no se busca en la humanidad, sino en Dios: en el plan que Dios puso al hombre en el Paraíso. En el plan que Cristo puso al hombre en Su Iglesia. Como no se va a la Revelación Divina, sino que se la niega con bonitas palabras, con la jerga del lenguaje humano, entonces tenemos un documento que no pertenece a la Iglesia Católica.

En este Sínodo están respirando lo mismo que pasó en el Concilio Vaticano II, pero hay un agravante: no hay un Papa legítimo que sostenga esta impiedad, este cisma claro, que se da ya con este documento.

Cuarto engaño: «Es necesario aceptar a las personas con su existencia concreta, saber sostener la búsqueda, alentar el deseo de Dios y la voluntad de sentirse plenamente parte de la Iglesia, incluso de quien ha experimentado el fracaso o se encuentra en las situaciones más desesperadas» (v. 11). Es necesario dar a las personas la doctrina de Cristo, para que acepten la vida de Cristo. No hay que aceptar la vida de las personas, con sus existencias, porque todos son pecadoras. Este es el punto que anulan. Se dedican a lo social, a lo cultural, a dar un gusto a la gente. Te acepto como homosexual, pero no te obligo a vivir la doctrina de Cristo, porque es más importante ser homosexual, que ser cristiano, que ser de Cristo. Si no se les enseña a las personas a buscar la vida de la gracia, sino que se les anima a seguir en sus existencias humanas, nunca van a encontrar a Dios. ¿Cómo es posible alentar el deseo de Dios si no se les alienta en el deseo de que quiten sus pecados? ¿Ven que con gran facilidad engañan con sus lenguajes humanos? Así es todo el documento: una bazofia sacada de la mente del demonio. Hay que llevar a esas personas, a la cuales se les acepta como son, a sentirse Iglesia. Pero, ¿de qué Iglesia están hablando? De la de ellos, no de la de Cristo.

Quinto engaño: la herejía de la ley de la gradualidad. Esta ley consiste en decir que todo es por un grado en la Creación. Ya no es por Gracia:

«Desde el momento en que el orden de la creación es determinado por la orientación a Cristo, es necesario distinguir sin separar los diversos grados mediante los cuales Dios comunica a la humanidad la gracia de la alianza. En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina, se trata de leer en términos de continuidad y novedad la alianza nupcial, en el orden de la creación y en el de la redención» (v. 13)

¿En qué parte de la sagrada Escritura está la ley de la gradualidad? En ninguna parte. Este es el invento de la Jerarquía modernista que quiere explicar la historia de los hombres, desde Adán hasta nuestros días, con la graduación, la proporción, la relación.

Ellos no parten del hecho del pecado original, sino del orden de la creación. Orden que es orientado a Cristo. Ellos anulan el pecado original y sólo lo tienen como una fantasía, un cuento; pero no una realidad.

Y Dios no comunica al hombre la gracia según estos grados. ¿Captan la herejía? Como no existe el pecado original, ni ningún pecado, hay que entender los males porque el hombre no ha evolucionado en su vida. Entonces, en la medida en que va evolucionando, en la medida en que va de un grado a otro (en lo afectivo, en lo sexual, en lo humano, en lo natural, en su madurez psicológica, etc), en esa medida Dios va dando la gracia. Según avance el hombre, Dios da la gracia.

Uno que se masturba es porque no tiene una madurez psicológica o afectiva adecuada. Hay que esperar a que alcance ese grado, y entonces Dios le da la gracia. No tiene que dominar su cuerpo. No tiene que hacer ayunos ni penitencia. Tiene que seguir masturbándose hasta que alcance el grado necesario y así pasar a otro.

Esta herejía de la ley de la gradualidad viene de Kant: todo es un grado en el Universo, en la vida de los hombres. Los hombres se relacionan con todo lo demás dependiendo del grado, de la proporción, de la relación que en sus mentes hay con lo demás. Es una relación mental, no real. Es un grado mental, ideal, que en la práctica se desarrolla en mucha facetas humanas.

Es poner la vida divina de la gracia a la par de la vida humana. Como en lo humano estás en un grado inferior, entonces no avanzas en la vida divina. ¿Captan la herejía?

Hay niños de tres años en el infierno por su pecado sexual. Y eran inmaduros en todo. Pero se merecían el infierno sólo por su pecado.

Dios no enseña con la ley de la gradualidad: «En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina». Dios enseña con la ley de la gracia, que completa la ley divina, que nace en la ley natural, inscrita en todo hombre. Y esa ley natural es independiente de los grados en la vida humana o afectiva o psicológica o cultural, etc. Independiente. Las dos cosas no se pueden relacionar de la misma manera, no dependen una de la otra.

La ley natural, que es la ley eterna en el hombre, obra de manera independiente de la vida humana o natural de cada hombre. La ley natural no depende del grado de la vida humana. La ley divina no depende del grado de la vida del hombre. Y menos la ley de la gracia. Es clara la herejía de todo el Sínodo, que se han reunido sólo para esto: destruir la Iglesia con un lenguaje bello, pero totalmente herético.

Con esta ley de la gradualidad, van a decir sus herejías. Han anulado la ley de la gracia y cualquier ley en el hombre. Van a poner sus leyes, el concepto que ellos tienen de toda ley.

«Podemos distinguir tres etapas fundamentales en el plan divino sobre la familia: la familia de los orígenes, cuando Dios creador instituyó el matrimonio primordial entre Adán y Eva, como fundamento sólido de la familia: hombre y mujer los creó; la familia histórica, herida por el pecado y la familia redimida por Cristo» (v. 16).

La maldad de este texto es la siguiente: No existen tres etapas en el plan divino sobre la familia. Ellos ponen su ley de la gradualidad. Primer grado: Adán y Eva; segundo grado: el pecado en toda la historia del hombre; tercer grado: la redención de Cristo. No existen tres etapas, no existen tres grados de familia. ¿Van comprendiendo qué quieren transmitir? Se centran sólo en el hombre, pero no en la Gracia. Se centran en los problemas sociales, culturales, etc.; pero no en la vida de la gracia de las personas.

¿Qué pasó con la Gracia en el Paraíso? No lo dicen. Sólo dicen que Dios instituye un matrimonio primordial que es el fundamento de la familia. Y eso es una mentira bien dicha, con el lenguaje que a ellos les gusta. Su lenguaje humano, el propio de gente mentirosa y que engaña con su palabra humana.

Dios crea a un hombre y a una mujer y les pone a prueba. No instituye ningún matrimonio, porque al crearlos, hombre y mujer, en sus naturalezas humanas está la ley natural, que les empuja a unirse naturalmente como hombre y como mujer. Y, por eso, Adán exclama, al ver la mujer: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne»: aquí está el matrimonio entre hombre y mujer. En la ley natural. Todavía no se dice nada de la ley divina, ni de la ley de la gracia.

Está en la misma naturaleza humana, que Dios ha creado, el matrimonio. Y aunque el hombre peque, el matrimonio sigue en la naturaleza humana. ¿Ven que no puede darse la ley de la gradualidad en la familia?

Hay un solo matrimonio. Punto y final. Hay una sola familia. No tres grados, no tres etapas. No existe ni la familia histórica ni la familia redimida. No existe la familia del origen. Sólo existe el matrimonio natural, como hecho natural, como debido a la ley natural.

Ven: se están reinventando la ley de la naturaleza con la ley de la gradualidad. ¿Van viendo la herejía?

Después, en el matrimonio está la gracia en cada alma; está el pecado en cada alma. Son dos realidades diferentes: la vida divina de la gracia en cada alma, que es independiente de la vida del matrimonio, o de la vida humana o natural o carnal o afectiva o material. Independiente. Dios da una gracia al alma sin mirar su vida matrimonial. Dios no espera a la historia de los hombres, ni a sus avances, ni a sus evoluciones, ni nada de lo que piense u obre el hombre. La Gracia no está condicionada por ninguna vida del hombre, por ningún pensamiento del hombre, por ninguna vida de lástima o de peligro que tenga el hombre. Dios no tiene misericordia de los cuerpos de los hombres, sino de sus almas. Y sólo de sus almas. Un alma arrepentida de sus pecados, merece la gracia de la conversión. Pero un alma no arrepentida, aunque pase por momentos graves económicos, merece el castigo de Dios.

Adán, en el Paraíso, tenía toda la Gracia para hacer con su mujer lo que Dios le pedía. Adán en el Paraíso tenía toda la luz infusa para comprender lo que es la vida humana al detalle. No se le escapaba nada. Era el hombre perfecto, no sólo en la gracia, sino en lo humano. No necesitaba leer libros para avanzar en su conocimiento de lo humano, ni de la Creación. Todo lo sabía. Todo lo podía. No tenía que atender a la gradación de su vida humana, porque era perfecta en todo. Y, en esa perfección humana, pecó: no obró la Voluntad de Dios. Y se condenó por su pecado. Adán, desde lo más alto en su grado de humanidad, desde la perfección humana, cayó en el pecado. No tienen que ver lo humano para pecar. No se trata ni de estar arriba ni de estar abajo en la vida social o humana. No se trata de que se tengan o no se tengan problemas en la vida. Se trata de que cuando el alma quiere pecar, aunque esté en lo más alto de su vida de gracia, cae sin más al más profundo de los abismos. Y cae, no por el grado de su perfección en lo humano, sino por su malicia en la obra de su pecado: por su voluntad. Es la voluntad del hombre lo que no admite gradación. La voluntad del hombre no se mide por la ley de la gradualidad. Ningún hombre quiere porque está más alto en su vida humana o en su vida de gracia. Todo hombre quiere algo en la vida porque quiere, por la fuerza sola de su voluntad, así sea un pobre mendigo, que pasa hambre todo el día, así sea santo o pecador.

Adán comenzó otra vida con su mujer llena de imperfecciones, de maldades, de pecados, de impurezas, de miserias. Y lo hizo con su mujer, unida a ella, en matrimonio. Y es un matrimonio el mismo del Paraíso, pero en estado de pecado. El mismo matrimonio, la misma mujer, la misma familia, con más hijos, pero todo lo mismo. El mismo matrimonio que viene por la ley natural. No hay otro matrimonio. No hay otra familia.

Empezó desde la nada una nueva vida de pecado en su matrimonio. Y por más que avanzase en esa vida de pecado o en esa vida humana, Dios no le daba la gracia. Ya perdió toda la Gracia. Él tenía toda la Gracia para usar de Ella sólo en la Voluntad de Dios. ¿Iba a darle Dios, iba a retornarle la gracia sólo porque iba de grado en grado en su vida humana? Nunca. Dios no atiende a la vida de los hombres para dar una gracia. Dios sólo atiende a la vida espiritual del alma: es necesario merecer esa gracia. Y se merece con una vida de oración y de penitencia, que es lo que nadie en el Sínodo está diciendo. Todo está en la ley de la gradualidad.

Entonces, ellos se preguntan: «En consideración del principio de gradualidad en el plan salvífico divino, nos preguntamos ¿Qué posibilidades tienen los cónyuges que viven el fracaso de su matrimonio? o ¿Cómo es posible ofrecerles a ellos la ayuda de Cristo por medio del ministerio de la Iglesia?» (v. 17). Respuesta: No hay ninguna posibilidad para los cónyuges que viven un fracaso en su matrimonio. Ninguna. Sólo si se arrepienten de sus pecados, si hacen penitencia, entonces por la ley de la gracia, hay posibilidad. No se les puede ofrecer la ayuda de Cristo, porque esta ayuda es de la ley de la gracia, no de la ley de la gradualidad.

Ellos caminan en el lenguaje de la herejía. Y este lenguaje está en todo el documento. Tengan cuidado al leerlo, porque ellos saben hablar bien, escondiendo la verdad en múltiples palabras afectivas, bellas, que gustan a la gente de hoy día. Ellos van a poner su clave hermenéutica y, por eso, cogen el Concilio Vaticano II y le dan la vuelta, porque no han comprendido de lo que trata el Concilio cuando habla de que en el mundo hay elementos de santificación, de verdad, positivos.

Como no comprenden la Gracia que Cristo da en el Bautismo, entonces hacen más daño con sus interpretaciones del Concilio.

Tengan en cuenta que desde Adán hasta Jesús no hay Gracia: no existe la ley de la gracia. Desde Jesús, esa ley se da en todos los bautizados, aunque reciban el bautismo fuera de la Iglesia Católica. Por eso, hay elementos de santificación en almas que tienen el Bautismo, el mismo que la Iglesia da, pero que no pertenecen a la Iglesia, sino a otra religión.

Si esa persona, que ha recibido la gracia por ese bautismo, es fiel a esa gracia, entonces se va acercando a la verdad, que es Cristo. Necesita, esa persona, los demás sacramentos para poder subir en la vida espiritual, para avanzar en la vida de la gracia. Y, por eso, si esa persona es fiel a esa gracia, el Espíritu le llevará a la verdadera Iglesia, para que entre en Ella y pueda recibir los demás Sacramentos.

Por la ley de la gracia, esa persona, tiene la posibilidad de levantarse cuando peca, por el acto de contrición perfecta que la misma gracia da. Esa persona no necesita, en ese estado, el Sacramento de la Penitencia, que está en la Iglesia Católica. Y, por eso, puede volver a la gracia sin necesidad de ese Sacramento. No le obliga el confesar porque todavía no está en la Iglesia. Si es fiel a la gracia, entonces esa persona está en camino de santidad, pero fuera de la Iglesia. Y, por eso, existen elementos de santificación, que son los mismos que están en la Iglesia Católica. No son distintos. No es que en la Iglesia Católica falte un elemento de santificación que se da, entonces, fuera de Ella. No. La santidad que vive esa persona, es la misma que se vive en la Iglesia, pero de una manera imperfecta, por no tener los demás Sacramentos.

Ellos dicen: no. Esos elementos no son de la Iglesia Católica, sino formas nuevas que hay que acoger en la Iglesia. Mal interpretan todo el Concilio Vaticano II, no sólo en cuanto al matrimonio, sino a cuanto a las demás religiones.

Hay que saber bien leer e interpretar el Concilio a la luz de la fe, de los otros documentos de la Iglesia Católica. Si no, hacen como estos herejes: hacen un dogma de las palabras del Concilio.

«Se hace por lo tanto necesario un discernimiento espiritual, acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar, compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la amplia mirada de Cristo, cuya luz ilumina a todo hombre, la Iglesia se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas» (v. 20).

No hay que discernir nada. Porque el matrimonio civil entre dos bautizados es un pecado. Y punto. Que salgan de su pecado, para poder recibir la gracia. Los malcasados, lo mismo: que salgan de su pecado. No hay que reconocer las semillas del Verbo en ellos porque no existe. ¿Ven el lenguaje humano tan agradable a los hombres? No hay que dirigirse con respeto a aquellos que están malcasados y en un matrimonio por civil, para apreciar lo positivo y callar sus pecados. No; no es eso. Hay que dirigirse a ellos para que vean sus pecados y lo quiten de la vista de Dios, porque a Dios no le agrada el alma que peca, sino que la aborrece. Esto es lo que no enseñan en ese Sínodo del demonio.

Se está dando culto sólo al hombre en este documento. Pero no se da culto a Cristo. No es Cristo el norte del Sínodo, sino que es sólo los hombres y sus ideas maravillosas.

Continuaremos analizando lo que queda del documento.

La ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas

falsascrices

«salus animarum, suprema Ecclesiae lex»: «la ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas». Este es el principio que debe estar presente tanto en la promulgación como en la interpretación y aplicación de las leyes canónicas.

La salvación del alma está por encima de la obediencia a Bergoglio, de la obediencia a la Jerarquía que lo apoya, de lo que el Sínodo promulgue o prohíba, de lo que los hombres decidan en la nueva estructura de iglesia que se han inventado en el Vaticano. ¡Salvar el alma! ¡Es el fin de la Iglesia Católica! ¡Es el fin que tiene todo hombre en su vida terrenal!

Se está en la Iglesia para salvar el alma no para vivir una vida social, política, económica, humana, cultural, natural…. No se está en la Iglesia para obedecer la mente del hombre, sino para obedecer la Mente de Cristo. Y quien no dé esa Mente con sus normas canónicas o litúrgicas, no se le da la obediencia a esa persona, así lo llamen Papa, así sea Jerarquía en la Iglesia, así se reúnan para hablar -en un Sínodo- de lo que no tienen que hablar.

Muchos dicen: obedece a Bergoglio porque ha sido elegido por los Cardenales. Y si es hereje, que los mismos Cardenales oficialmente lo declaren hereje; pero hasta que no se dé eso, hay que someterse a ese hombre, hay que ver su elección como legítima.

Así piensan muchos en la Iglesia. Y es gente muy intelectual, que necesita apoyarse en una ley canónica, en una razón, para poder creer y actuar. Son gente que todo lo mide con su mente humana: es el racionalismo, que es una blasfemia contra el Espíritu Santo.

Muchos proclaman que la anulación de Bergoglio es como la anulación de un matrimonio: es la Jerarquía de la Iglesia la que decide eso, la que lo anuncia, la que muestra el camino. Si ellos callan, entonces todos a obedecer a Bergoglio. Y esto es un error en el entendimiento humano. ¡Un grave error!

No se pueden equiparar las dos cosas. Porque entre el matrimonio y Dios se da una autoridad que tiene las llaves del Reino y que decide si ese matrimonio es nulo o no. Pero entre un Papa y Dios no cabe autoridad. El Papa está por encima de toda autoridad, no sólo en la Iglesia, sino entre los hombres. El Papa está por encima de todo juicio humano. Y, por eso, no es posible la equiparación.

Cuando un hombre, que no es Papa, se sienta en el Trono de Pedro como Papa, ya la misma Iglesia ha puesto la ley que regula este caso, que es la Bula Cum ex Apostolatus Officio del Papa Pablo IV. Sólo hay que obedecer a esta Bula para anular a Bergoglio. Y esto lo puede hacer cada alma en la Iglesia, sin esperar algo oficial, porque la salvación del alma es antes que la obediencia a un hereje: «Si alguien os predica otro Evangelio distinto del que habéis recibido, sea anatema» (Gal 1, 8).

«vosotros extirpad el mal de entre vosotros mismos» (1 Cor 5, 13b). ¿Cómo se extirpa el mal de tener un falso Papa en la Iglesia Católica? ¿Esperando una resolución oficial de alguna Alta Jerarquía de la Iglesia? ¿Va a llegar eso, en algún momento? ¿Esperar eso es vivir una ilusión o vivir la realidad?

«no os mezcléis con ninguno que, llevando el nombre de hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con estos, ni comer» (1 Cor 5, 11b). Bergoglio es idólatra: no cree en el Dios católico. Bergoglio es ladrón: ha usurpado la Silla de Pedro. Bergoglio es avaro: obra el comunismo en su ministerio sacerdotal. Bergoglio es fornicario: fornica con la mente del demonio y pare la idea masónica en la Iglesia. Bergoglio es borracho: está sediento de la gloria del mundo. Bergoglio es maldiciente: su palabra protestante es una maldición para toda la Iglesia. Entonces, hay que concluir: con Bergoglio no hay que mezclarse; con él, ni comer: ni asistir a una misa suya. No se puede partir el pan junto a él. No se puede concelebrar con él. ¡No se puede!

¿Hay que esperar a una alta Jerarquía para poder cumplir el Evangelio, que es el Derecho Divino en la Iglesia? ¿Hay que estar obedeciendo a Bergoglio, mientras llena nuestra cabeza de inmundicia, sólo porque está sentado en la Silla que no le corresponde, y porque la Jerarquía calla? Para el que tenga dos dedos de frente, para el que tenga un poco de sentido común, las razones que dan los intelectuales para seguir acatando las órdenes de un hereje, no tienen ningún sentido.

Esto es la sencilla Palabra de Dios que, actualmente, nadie sigue en la Iglesia. No les interesa esta Palabra porque viven de su negocio.

Es todo muy sencillo. Pero nadie toma en cuenta esta verdad. Están esperando que alguien de la Iglesia lo haga para que oficialmente no haya que dar la obediencia a Bergoglio. Y este es el error. Están esperando una ley canónica, un escrito oficial de algo que ya se sabe, que ya es ley por Derecho Divino. ¡Y esperan en vano! ¡Y esperan sin fruto! ¡Y esperan con el peligro de la condenación de sus almas por estar obedeciendo a un hombre que no es Papa!

Hoy día, se niega a Dios el Derecho de poner y quitar Su Papa; de dar y recoger las Llaves del Reino; de hablar directamente con sus almas, sin intermediarios; de guiar a Su Iglesia sin una cabeza visible, sólo con Su Cabeza Invisible, que es Cristo. Se niega el Derecho Divino.

Se niega la ley Eterna y se hace caso sólo a las diferentes leyes eclesiásticas, humanas, litúrgicas, que los hombres ponen. Se quiere medir la Gracia con la cabeza del hombre, acotándola con sus leyes, normas y disciplinas. Y eso lleva a ponerse el hombre por encima de la ley de la Gracia, en la propia Iglesia de Jesucristo. Eso lleva a reescribir la Mente de Dios.

No se resuelven los problemas de la Iglesia con datos estrictamente jurídicos, porque toda ley tiene que servir al Derecho Divino, al orden pensado y querido por Dios en Su Iglesia, que es un orden espiritual, no material, no humano, porque la Iglesia es el Reino del Espíritu, no es un Estado, no es una sociedad humana. Es el Cuerpo Místico de Cristo, en que el alma es la principal en esa sociedad espiritual. No es el común, no es la comunidad de fieles los importantes en la Iglesia. No se hacen leyes para un común, para un pueblo, sino para el alma, para cada alma.

Muchos no han comprendido para qué sirve el derecho canónico. Y están en la Iglesia atados a esas leyes, a esas normas, a esas disciplinas, sin la libertad que da el Espíritu para discernirlo todo.

El fin de la Iglesia es salvar las almas. Es un fin divino. Y, por tanto, todo el derecho canónico se fundamenta, no en la sociedad: no es allí donde está la sociedad, allí hay un derecho, una ley; sino que se fundamenta en el alma: allí donde hay un alma que salvar, allí se da la ley de la gracia, allí hay una ley, que debe ser un medio –no un fin- para salvarla: hay que salvarla, hay que ponerla un camino espiritual que la lleve a salvarse y a santificarse. Y, por tanto, toda norma positiva nunca debe esclavizar a las almas para conseguir este fin divino. Si las leyes canónicas no son un medio para cumplir este fin, entonces no sirven para nada en la Iglesia. Son un tropiezo. ¡Y un claro tropiezo!

En la Iglesia, el alma no se puede esclavizar al juicio de los Cardenales que eligieron a Bergoglio en un Cónclave. No se puede decir: hasta que la misma Iglesia no diga que esa elección fue nula, hay que tenerla por válida, porque esa elección se hizo de acuerdo a las normas existentes en la Iglesia.

Este es el punto en que muchos intelectuales, mucha Jerarquía, se quedan. Han dogmatizado la ley de los hombres, la obra de los hombres: lo que hicieron esos Cardenales al elegir a Bergoglio. No son capaces de ver que esa elección fue nula, no por ley canónica, sino por ley de la gracia. No atienden al derecho que tiene Dios de decir: no os doy otro Papa. Esto, los intelectuales, no saben verlo. Y, por eso, exigen obediencia a un hombre que no es Papa por derecho divino, iure divino. Es sólo papa por derecho humano, por elección humana, según unas leyes establecidas. Pero es el papa de los hombres, no es el Papa elegido por Dios para Su Iglesia. Es un falso papa, para una falsa iglesia, para una falsa estructura externa, al cual no es posible la obediencia, porque en la Iglesia hay que guardar los principios del Derecho Divino si se quiere seguir siendo Iglesia. Esto cuesta entenderlo a los intelectuales, a los que bucean en las leyes canónicas para creer o no creer que Bergoglio es Papa.

El fundamento del derecho canónico se busca en la misma naturaleza de la Iglesia: en Pedro. La Iglesia está fundamentada en Pedro, que es la Voz de Cristo en la Iglesia, Su Vicario. Y, por tanto, la Iglesia tiene a Pedro como camino de salvación. Se quita a Pedro, inmediatamente, no hay camino de salvación en la Iglesia.

La Iglesia es Pedro, no es el conjunto de Apóstoles, de Obispos, de fieles. No es la sinodalidad lo que hace ser Iglesia. Es el Papado la esencia de la Iglesia. Es el ejercicio del Papado. Por eso, Benedicto XVI se ha convertido en un Papa inútil, no sirve a Cristo para llevar a las almas hacia la salvación: le han sido arrebatadas las Llaves del Reino de Dios. Es un Papa que ya no puede atar y desatar en la Iglesia. Es lo que Conchita dijo: es un Papa que no cuenta. Es inútil sin las Llaves del Reino.

Jesús puso Su Iglesia en Pedro, en su persona humana. Y le dio todo lo necesario para que las almas, en la obediencia a Pedro, encontraran el camino de salvación en Cristo.

Dios salva a las almas en Pedro, no fuera de Pedro. Si los hombres anulan a Pedro –como hicieron al imponer la renuncia al Papa Benedicto XVI-, Dios se retira de todos los hombres, de toda la Jerarquía eclesiástica, y éstos, se quedan sólo en la estructura externa, que han creado, se quedan con sus magníficas leyes, sin la Gracia del Papado, -que es fundamental en la Iglesia-, para guiar una nueva iglesia, que no es la Iglesia de Pedro, y que es incapaz de llevar a la salvación.

Dios es el que legisla su Iglesia, no son los hombres. Es el Derecho Divino la garantía de rectitud y de elasticidad, de justicia y de equidad, para el derecho canónico. No es el conjunto de normas canónicas ni litúrgicas. Si no se atiende a este Derecho Divino, entonces los hombres no ven el camino de lo sobrenatural, de la Gracia, en las normas jurídicas. Y hacen de lo jurídico un dogma. La Gracia está por encima de toda norma positiva. Cuando no se atiende a este punto, entonces viene la crisis que trae el positivismo jurídico. Viene el aceptar a un hombre, que no es Papa, porque así las normas de la Iglesia lo han establecido. Esto es lo que muchos están predicando.

Obedezco a Bergoglio porque ha sido elegido Papa en un Cónclave, según el derecho canónico. Esta obediencia es ponerse por encima del Derecho Divino. Este seguir lo que el Cónclave ha elegido, según sus leyes canónicas, es anular la ley de la Gracia. Se sigue el juicio de unos hombres, pero no el Juicio de Dios. Se está diciendo que los Cardenales no pueden poner a un falso Papa, sino que siempre van a poner a un Papa legítimo y, por tanto, hay que someterse a eso, hay que obedecer, guste o no guste. En el fondo, están legitimando el pecado con sus normas jurídicas. Es lo que hicieron en la elección de Bergoglio.

Todos sabían que Benedicto XVI seguía siendo Papa. Y pusieron otro Papa, yendo en contra del dogma del Papado. Pusieron un pecado para que todos obedezcan a ese pecado en la Iglesia. Legitimaron el pecado de muchos como norma en la Iglesia. Esta es la abominación que se da en la Iglesia desde hace más de 18 meses.

¿Qué fue la comunión en la mano? Lo mismo: una abominación. Legitimar el pecado de sacrilegio con una norma litúrgica, que no tiene fuerza de ley en la Iglesia, porque sólo hay que aplicarla en casos excepcionales; y muchos sacerdotes imponen a sus fieles comulgar en la mano: están mandado obrar un pecado. Y los fieles, por su ignorancia en la vida espiritual, por su falsa obediencia a la Jerarquía, hacen caso de un mandato humano, de una norma litúrgica que no obliga a nada ni a nadie. Hacen caso y lo toman como un mandato divino. Y se crean un oscurecimiento de su conciencia. Ya la conciencia no ve el mal de comulgar en la mano. Lo ve como algo que Dios quiere: y eso es una abominación. Se anula el Derecho Divino: el orden que Dios ha puesto en la Eucaristía.

Así es con Bergoglio. Lo mismo que con la comunión en la mano. La elección de Bergoglio como Papa no obliga a nada ni a nadie en la Iglesia, porque no se puede poner dos Papas en la Iglesia. No se puede ir en contra del dogma del Papado. Benedicto XVI sigue siendo Papa porque no ha renunciado al Papado, sino al ejercicio del ministerio. Es el Papa al que hay que someterse en la Iglesia para seguir siendo Iglesia, la Iglesia de Pedro, la verdadera, la católica, la que no cambia por los cambios de los tiempos, la invencible. A Bergoglio no hay que someterse en nada, porque no es Papa: es un falsario.

Pero la blasfemia de muchos consisten en esto: una vez que prueban que Benedicto XVI sigue siendo el Papa legítimo y, por tanto, Bergoglio no puede ser Papa; en vez de someterse a esta verdad, eligen la ley canónica que elevó a Bergoglio a la Silla de Pedro. Eligen el juicio humano, lo que los hombres han decidido al margen de la Voluntad de Dios, y así cometen un triple pecado: de apostasía de la fe, de herejía y de cisma.

En esta blasfemia caen muchos por su racionalismo: todo lo quieren medir con sus leyes, con sus filosofías, con sus teologías. Y no se puede medir la mente de Dios ni lo que es la Iglesia con la mente del hombre, con una ley jurídica.

La salvación del alma tiene que estar por encima de lo que se decida en el Sínodo. Ese Sínodo es el cisma oficialmente declarado: se va a legitimar el pecado.

Clamando en el desierto: Bergoglio no es Papa

capitangarfio

En el lugar santo está la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel:

«A su orden se presentarán tropas que profanarán el Santuario y la Fortaleza y harán cesar el Sacrificio Perpetuo y alzarán la Abominación Desoladora» (Dn 11, 31).

Bergoglio es el inicio de esta abominación que llevará a su perfección el Anticristo: «el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo» (1 Ts 2, 4).

Bergoglio es abominación: está sentado en el lugar santo, en la Silla de Pedro. Y no es Su Silla. La ha usurpado y ha empezado a profanarla. No le pertenece, porque Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

¿Y por qué no es el Papa? ¿No ha sido elegido por los Cardenales? ¿No renunció el anterior Papa y dejó la Sede Vacante?

Por muchos caminos, se puede demostrar que Bergoglio no es el Papa.

Pero hay uno que todos pueden ver: su obra de herejía pertinaz y su obra cismática. Todos la pueden ver, pero nadie la quiere ver.

Si Bergoglio fuera el Papa de la Iglesia Católica, entonces la gobernaría según el dogma del Papado, es decir, según un gobierno vertical: la Iglesia es una monarquía en el gobierno; una sola cabeza que reina en todos y a la que todos tienen que obedecer.

La Iglesia es Jerárquica, no es carismática, no es una democracia, no es una congregación en donde todos realizan un servicio y son responsables en conjunto sus miembros, no es un suceso en el cual todos realizan un acto de fe y así gobiernan todas las cosas.

La verticalidad en la Iglesia le viene por haber sido instituida como sociedad jerárquica: “Si alguno dijere que la Iglesia instituida por Dios es a manera de una sociedad de iguales; y que los Obispos tienen ciertamente un cargo y un ministerio, pero que no tienen propiamente una potestad de gobierno, que les competa por ordenación divina.., sea anatema” (C. Vaticano 1- Esquema I, canon 11)

“Si alguno negare que en la Iglesia ha sido constituida por ordenación divina la Jerarquía… con potestad de orden y de jurisdicción…, sea anatema”. (C. Vaticano 1 – Esquema II, canon 3:

«La fundación de la Iglesia como sociedad se ha efectuado, contrariamente al origen del Estado, no desde abajo hacia arriba, sino desde arriba hacia abajo; es decir, que Cristo… no ha confiado a la comunidad de los fieles la misión de ser Maestro, de ser Sacerdote y de ser Pastor…sino que ha transmitido y comunicado a un colegio de Apóstoles, que Él mismo ha elegido, para que con su predicación, con su ministerio sacerdotal y con la potestad social, posean el oficio de hacer entrar en la Iglesia a la multitud de fieles, iluminarlos y conducirlos a la plena maduración del seguimiento de Cristo» (Alocución de Pío XII – 2 de octubre 1945).

Se gobierna la Iglesia de arriba abajo: eso es el gobierno vertical. ¿Qué ha hecho Bergoglio? Anularlo poniendo su gobierno horizontal: ya no hay una sola cabeza que manda, sino muchas cabezas: el vértice de la Iglesia, que es Pedro, quedó anulado.

La Iglesia está levantada en Pedro, en uno solo: es el mando de uno solo. Es un mando sagrado, porque esa cabeza es una persona sagrada, que pertenece a la Jerarquía: posee una autoridad que le viene directamente de Dios, no de los hombres.

Esto a muchos católicos les da igual. No conocen cómo se gobierna la Iglesia. Y les trae sin cuidado que Bergoglio haya puesto un gobierno horizontal. No saben ver el daño que ese hombre ha hecho a la Iglesia en su vértice. Y se pierden en las ambigüedades del lenguaje de Bergoglio. No son capaces de ir a esta obra de herejía y de cisma. Son dos obras en una.

Al poner el gobierno horizontal se va en contra del mismo dogma del Papado: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia». Se va en contra de esta Verdad Revelada. Se va en contra de todo el Magisterio de la Iglesia. Se va en contra de 20 siglos de Tradición. Y todos callan esta obra de herejía, que es la principal en Bergoglio. Es para lo que fue elegido: para quitar el Vértice. Sólo para esto sirvió Bergoglio. Lo demás, es puro entretenimiento de masas. Pero como a los católicos les da igual quien esté como Papa, entonces se cae en la idolatría de un Papa que no es Papa: se cae en la franciscomanía. Y se cumple lo que decía el Padre Leonardo Castellani:
lorenzocastellani

Tantos católicos tibios y pervertidos que, por defender a Bergoglio, se vuelven una irrisión en toda la Iglesia; están haciendo un fetichismo de ese hombre. No ven que es un hereje y lo llaman santo. ¡Es la ceguera de tantos por no profesar su fe católica! No saben lo que es un Papa en la Iglesia, no investigan su persona: este hombre, mientras era Cardenal, ¿qué cosa hizo? No lo saben. Otros sí lo saben, pero lo aceptan: muchos han renegado de Bergoglio como Cardenal, pero han aceptado a Francisco como Papa. Así hay mucha gente en la Iglesia.

¿Cómo pueden aceptar a un hereje como Papa?

¿Qué dice el Magisterio de la Iglesia?

El Papa Pablo IV publicó una Bula Papal declarando solemnemente que la elección de un hereje como Papa es nula e inválida. ¿Por qué no obedecen a este Magisterio? ¿Por qué siguen teniendo a Bergoglio como Papa si es un hereje?

«Agregamos, que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía:

(i) o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto;

(ii) y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos.

(iii) Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes…

(vi) los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder…

… Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del Señor 1559, XV anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado» (Papa Pablo IV, de la Bula Cum ex Apostolatus Officio, 15 de feb. de 1559).

¿Quién era el Cardenal Bergoglio antes de ser elegido en el Cónclave? Un hereje pertinaz, un hombre que se había desviado completamente de la Fe Católica. Un apóstata de la fe. Sus obras en la Argentina lo demuestran. Y por ser elegido a Papa, creen muchos que Bergoglio ha dejado su apostasía, que tiene una iluminación especial de Dios para guiar la Iglesia en la herejía. Esto es lo que muchos creen. Ya para muchos, la herejía es una clase de verdad divina, una forma de entender el dogma; el desarrollo de la verdad Revelada se hace, para muchos, con la mentira, con los errores, con las ideas de todos los hombres.

La elección de Bergoglio es totalmente nula, inválida, ilícita. Es decir, Francisco no es Papa de la Iglesia Católica.

Sin embargo, es aceptado por todos como Papa. También por la Jerarquía. Y esto sólo tiene un nombre: maldad diabólica. Poner a Bergoglio como Papa es una obra del demonio en la Iglesia. Obra que ha hecho a través de una Jerarquía que le pertenece, una Jerarquía diabólica. No es una obra divina, ni puede serlo nunca.

Bergoglio, que no pertenece a la Iglesia Católica por su herejía pertinaz, gobierna la Iglesia con un gobierno horizontal; entonces no gobierna la Iglesia Católica, sino su nueva iglesia: no es el Papa en el Vértice de la Iglesia Católica, sino que es un hombre, un falso Papa, uno al cual lo llaman Papa, de una iglesia que se levanta en el Vaticano.

Bergoglio no gobierna la Iglesia Católica: es decir, no tiene autoridad divina en Ella porque no es Pedro. Y, por tanto, no es posible la obediencia a Bergoglio. Y es un pecado mortal someterse a su mente humana, a sus mandatos en la Iglesia. Es pecado mortal hacer publicidad de su magisterio en la Iglesia. No se puede alabar a un hereje. No se puede comulgar con un hereje. Un hereje no enseña nunca la verdad absoluta, sino sus verdades relativas.

Bergoglio, al estar en el gobierno de la Iglesia Católica con un poder humano, arrastra a todos hacia esa estructura en el gobierno: está produciendo una dictadura comunista en el gobierno. Una dictadura que se abre a una democracia: es el pueblo el que tiene el poder soberano. Es el voto de la mayoría. Es lo que opine la gente en la Iglesia. Y el Sínodo, que ya se inicia, es sólo obrar esta estructura democrática.

La obra herética de Bergoglio: poner un gobierno horizontal, que es ir en contra del dogma del Papado. Esta herejía es pertinaz: no la ha quitado. Persiste en su error, en su mentira. Y, por tanto, al persistir, al estar gobernando con esa mentira, está produciendo una obra cismática o sectaria.

Es una nueva secta lo que Bergoglio está levantando en el Vaticano: una nueva sociedad religiosa, que no es la Iglesia Católica. Esta es su obra cismática que a nadie le interesa. Nadie ve el cisma que ha levantado Bergoglio en el Vaticano. Nadie. Y todos quieren pertenecer a ese cisma, a esa nueva iglesia sectaria, que ya no posee la Verdad. Todos llaman a ese gobierno de Bergoglio como gobierno de la Iglesia Católica. ¿No ven el cisma? ¿No ven cómo toda la Jerarquía está conforme en haber quitado a Pedro de la Iglesia Católica? ¿Es que no han caído en la cuenta de lo que significa la renuncia del Papa Benedicto XVI? Es quitar el Papado. Ese es el significado de esa renuncia. El trágico significado. Y a nadie le interesa esto.

La herejía no es un conjunto de ideas, sino una obra: «Y son patentes las obras de la carne; como son: la fornicación,… idolatría,… disensiones, sectas,…, los que tales obras hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gal 5, 19.20.21c).

La herejía es la obra de la carne: el hereje obra sectariamente: divide, anula la verdad, oscurece las mentes, crea infidelidades, promueve el pecado.

Todos aquellos que, para discernir a un hereje, sólo se fijan en el lenguaje, en lo que predican o dicen, en sus escritos, no saben discernir a los herejes modernos.

El hereje moderno se sabe el dogma a la perfección, pero obra siempre en contra de ese conocimiento perfecto. Obra torcidamente, tergiversando con su mente la verdad absoluta.

El hereje moderno es experto en el lenguaje humano: da vueltas a la verdad revelada para mostrar su mentira sin que el hombre la capte. Habla un doble lenguaje: habla una verdad unida a una mentira. Y produce una confusión en todos aquellos que lo escuchan. Pero es una confusión agradable, porque sabe hablar a la mente del hombre, sabe decirle lo que, en ese momento, la persona o el grupo de personas quiere escuchar.

El hereje moderno, como se sabe el dogma, habla para los católicos, el dogma. Bergoglio predica, muchas veces, que Jesús es Dios. Y lo hace porque conviene decirlo: le está escuchando una masa de católicos, que quieren escuchar que Jesús es Dios.

Pero Bergoglio también predica que Jesús no es Dios. Y lo hace a esa masa de personas, que también son católicos, pero que quieren escuchar que Jesús no es Dios.

Y haciendo este juego del lenguaje, parece que Bergoglio no es hereje. Dice un día que Jesús no es Dios, pero al día siguiente, dice lo contrario. Entonces, muchos piensan: se arrepintió. Ya no es hereje pertinaz.

En esta ambigüedad, muchos caen, porque no saben discernir en la Iglesia la Verdad: no profesan la fe católica. Viven, como los herejes: en sus filosofías, teologías, pensamientos extraños, en sus mentes retorcidas, pervertidas. Y no hay más en ellos.

Por lo tanto, si el entendimiento humano está oscurecido y no ve la Verdad, es lógico que no puedan ver la obra de la herejía de Bergoglio.

Todos ven que Bergoglio gobierna con una horizontalidad. Y todos aplauden ese gobierno. Todos aceptan esa obra de herejía. Todos están conformes con esa obra de la carne. Nadie dice nada. Nadie ve que eso va en contra del dogma del Papado y que, por tanto, ese hombre no es Papa. Ven las ambiguedades de este hombre, pero le siguen obedeciendo, le siguen llamando Papa. Están construyendo con él su nueva iglesia.

Esto sólo significa que son muy pocos los que viven su fe católica. Son muy pocos los que saben lo que es la Iglesia, lo que es un Papa en la Iglesia y, por tanto, lo que hay que hacer cuando un Bergoglio pone un gobierno horizontal.

Y son muy pocos en la Jerarquía, no sólo en los fieles. La misma Jerarquía, que es la que tiene que hablar en contra de este hombre, calla, admite la obra herética y cismática de Bergoglio. Y, entonces, se produce otro engaño más en la Iglesia:

Como vale el gobierno horizontal para seguir siendo Iglesia, entonces ¿por qué no hacemos que la Iglesia sea, en la práctica, una democracia? Hagamos que las cuestiones se resuelvan de manera pastoral, sin tener que recurrir a Roma. Que Roma se dedique a otros asuntos, muchos más importantes para el mundo, pero demos libertad a los sacerdotes, a los Obispos, a los fieles, para que hagan y deshagan en cada diócesis. Construyamos la iglesia de abajo a arriba.

Esto es lo que se está imponiendo. Porque esto, en la práctica, se ha ido haciendo durante 50 años. Se ha hecho ocultamente. Ahora es el tiempo de oficializar la democracia. Esto es lo que viene después del Sínodo.

Es fácil poner en la Iglesia que los malcasados puedan comulgar, dar la comunión a los homosexuales, etc… Así como hicieron con la comunión en la mano, van hacer con todo esto: soluciones pastorales que se vuelven una ley maldita en la propia Iglesia.

Desvelando el misterio de la iniquidad

cuandosepasmirar

El G8 nace de la voluntad de los hombres: “es fruto de la voluntad de los Cardenales”, que antes del Cónclave expresaron tener un gobierno horizontal en la Iglesia.

Los Cardenales, en sus tertulias, ya decidieron quién sería el hombre perfecto para poner este gobierno horizontal.

Y esta es su mente: “Una decisión del Papa tomada junto con los obispos tiene la autoridad por toda la Iglesia” (Piero Marini en una entrevista concedida a La Nación de Costa Rica).

Esta inteligencia viene de esta mentira: “Los obispos son la suprema autoridad de la Iglesia junto con el Papa”.

La Suprema autoridad en la Iglesia es el Papa, no los Obispos junto con el Papa.

Primero es el Papa y debajo de Él todos los demás.

Si esto no se tiene claro, entonces no se comprende la unión de los Obispos con el Papa para formar el Papado.

Una cosa es el Papa, otra el Papado.

El Papado resulta de la obediencia de los Obispos al Papa. Sin esta Obediencia, no existe el gobierno vertical, sino que sólo se proclama el gobierno horizontal: los Obispos se igualan al Papa, están junto al Papa y así forman la suprema autoridad.

Esta se llama la herejía del gobierno horizontal: todos somos uno, no por obediencia, sino por similitud. Es igual el Papa, porque es Obispo, que los demás Obispos. La función del Papa, en el gobierno horizontal es sólo ser la Voz de los Obispos, pero no la Voz de Cristo. Una diferencia abismal con el gobierno vertical.

Este gobierno horizontal se origina en la creencia de que el Papa toma decisiones personales, privadas, y entonces se equivoca en el gobierno. Los Obispos no creen en el Papa, en la Piedra que Jesús fundó Su Iglesia. De aquí nace su pecado: su falta de fe en Pedro.

Todo pecado en la Iglesia es siempre una falta de fe. Porque no se cree en la Palabra, entonces se pone el gobierno horizontal. Y no hay otra razón.

Se pone ese gobierno horizontal por la soberbia de los Obispos, que impide la Obra de la Verdad en el Papado.

Y la soberbia de los Obispos es distinta de la soberbia de cada Obispo. Los Obispos se reúnen para conseguir este gobierno horizontal: eso se llama, en la vida espiritual, pecado de orgullo, que viene del pecado de soberbia de muchos.

Siempre el pecado de orgullo es fruto de muchos que pecan en el pecado de soberbia, como cuando Lucifer derribó una tercera parte de las estrellas del Cielo, es decir, él encabezó el pecado de orgullo de muchos ángeles en el pecado de soberbia.

Luego, en este pecado de los Cardenales para implantar el pecado de orgullo del gobierno horizontal, hay una cabeza que los mueve tanto a los Cardenales como a Francisco para este fin. No es que les viene esta idea por arte de magia. Es una cabeza que idea todo el plan para conseguir este gobierno horizontal y así suprimir el Papado en la Iglesia y poner sólo una figura del Papado, con la figura del Papa. Todo como en la Iglesia Católica, pero sin Espíritu.

Este Cabeza es la que presionó al Papa Benedicto XVI para que renunciase a la Cátedra de Pedro, a la Silla del Pescador, a las Sandalias de la Verdad.
Por esta Cabeza, que es un hombre de la masonería, que nadie conoce, pero que lo mueve todo en la Iglesia, Benedicto XVI tuvo que dejar el puesto libre para el gobierno horizontal. Esto fue sólo el motivo de su renuncia. Él se opuso al gobierno horizontal y fue presionada hasta la muerte. Y prefirió seguir viviendo, que dar su vida por la Iglesia y por Cristo.

Esta Cabeza no es cualquier cabeza, sino que es un hombre que no le importa matar, porque posee el espíritu demoniáco que se define como matador de hombres.

Y se mata por un ideal satánico, nunca por un ideal humano o espiritual. Y, por tanto, lo que se produce es un movimiento del demonio en la Iglesia para conquistar la Silla de Pedro. Es algo muy premeditado por esta Cabeza. No es algo que pasa por las circunstancias que vive Benedicto XVI. Todo se montó para conseguir la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Esta Cabeza, que está en la Iglesia, tiene un líder en el mundo. Los dos están unidos para un mismo fin, que es doble: en el mundo y en la Iglesia. El fin consiste en poner un mismo Jefe para el mundo y para la Iglesia.

Por eso, es necesario un rey en la Iglesia que se abra al mundo, a su espíritu moderno y lleva a la Iglesia hacia ese líder en el mundo.

La misión de este rey en la Iglesia no es gobernar la Iglesia, sino hacer que la Iglesia se transforme en una cosa más que hay en el mundo, una pieza más para el mundo.

Por eso, es necesario destruir los dos pilares de la Iglesia en dos golpes de estado. Hay que destruir el Papado y poner un gobierno provisional, pero que, en realidad no gobierna, y destruir la Eucaristía y poner una mesa de confraternidad, de amor entre los hombres con comida para los hombres.

Una vez conseguido estos dos objetivos, lo otro es fácil. Porque lo que impide que la Iglesia sea una pieza del mundo son estas dos verdades. Las demás, nacen de estas dos verdades fundamentales: Cristo Rey y Su Vicario en la Tierra. La Eucaristía y el Papa. Quitados los dos, ya no existe la Iglesia.

Francisco dio el golpe de estado perfecto. Y nadie se opuso. Pero falló en una cosa: habló de lo que no tenía que hablar en esas declaraciones, porque desveló el secreto de la Cabeza que lo gobierna.

Ahora esa Cabeza está obligada a cambiar de plan. El plan era ir, poco a poco, quitando cosas en la Iglesia, cosas pequeñas, hasta llegar a la grande, hasta quitar la Eucaristía. Y así, sin que nadie se hubiera opuesto, entonces se consigue todo el efecto.

Pero Francisco hizo lo que no tenía que hacer por ser un hombre vividor, que le gusta la comunicación, el estar rodeado de gente, y esas declaraciones abrieron los ojos de muchos que saben lo que ahí se está diciendo. Y Roma ha tenido que callar a mucha gente para encarrilar lo que la Cabeza quería. Pero no ha sido posible.

Hay gente que ha despertado y se ha empezado a oponer en la Iglesia. Y es necesario un cambio de estrategia por parte de la Cabeza que lo gobierna todo ahora en la Iglesia.

Y es posible que tenga que rodar la cabeza de Francisco por su imprudencia en este plan. Porque todo iba perfecto hasta sus declaraciones. Ahora se ha visto por dónde cojea Francisco y eso es un impedimento para forzar a la Iglesia a dejar dogmas. La oposición va a ser más dura, no va a ser tan fácil como el golpe de estado al Papado.

En la Iglesia se necesita un déspota como Francisco para quitar la Eucaristía. Si no es imposible. Y tiene que hacerlo como Francisco: ganarse a todos y dar el golpe.

Por eso, muy pronto veremos un gran cambio en la Iglesia. De la noche a la mañana, la Iglesia desaparecerá y se mostrará en Roma la fornicación de la Jerarquía Eclesiástica con los masones de la Ciudad del Mundo.

Mundo e Iglesia esa es la herejía de la nueva iglesia, gobernada ahora por el déspota Francisco. El Mundo, en esa nueva iglesia, es el mundo de los masones. Y la Iglesia, en esa nueva iglesia, es la misma Iglesia Católica, pero sin Espíritu, una figura de la Iglesia Católica, con todo lo que tiene la Iglesia que Jesús fundó en Pedro, pero sin el Espíritu Santo.

Por tanto, una iglesia que es un cisma en Roma. Una iglesia que imita a la Iglesia Católica, pero que ya no es la Iglesia Católica. Y ahí comenzará el gran problema para muchos. Porque ellos seguirán con lo mismo: y proclamarán santos, y declararán dogmas, y harán todo como la Iglesia Católica. Y esto supone una gran persecución hacia los que reniegan de esa nueva iglesia.

Esa nueva iglesia es la que será reconocida en Roma como la verdadera Iglesia Católica. Este es el problema. Y aquél que no quera esta iglesia, lo expulsarán y tendrá que vivir como uno más sin poder decir que son la Iglesia Católica.

He aquí el punto más conflictivo de esta lucha espiritual. Lo que ha hecho Francisco no es un juego. Lo ha hecho en Roma. No se ha ido de Roma. Por eso el peligro que se cierne sobre todos los auténticos seguidores de la Verdad.

La Verdad va a ser ocultada, perseguida, matada, para que sólo exista esa falsa iglesia católica en Roma.

Por eso, Roma se ha convertido en una Ramera. Ya no da la Verdad, ya es sólo la fornicación con Satanás. Y será el gran cisma de todos los tiempos, organizado por dos cabezas: una en la Iglesia y otra en el mundo. Dos ejes que mueven todo el mundo. Pero lo trágico es que esas dos cabezas no son cualquier cabeza: son engendros del demonio. Eso significa que tienen la inteligencia y el poder del demonio para llegar a esto. No tiene sólo poder humano, sino también poder de las tres cabezas que componen la esencia del demonio: Satanás, Lucifer y Belzebú.

Estos tres son los que organizan todo el reino del infierno y los que mueven todo el reino del mundo. Y hay que saber combatir a cada uno de ellos.

El que está ahora es Satanás. Y hay que combatirlo con la espada de la Verdad. Sin esta espada es imposible vencerlo, porque se mueve en las razones de los hombres para que ellos se queden en una razón que pone Satanás en sus mentes. Y hay que buscar esa razón para destruirla.

Por eso, hay que darse a discernir todo lo que ha dicho Francisco y sólo así se desnuda a Francisco, se ve su error y se vence a Satanás en él. Y es lo que no hacen tantas personas que hablan de Francisco pero no lo enfrentan, no le ponen la verdad delante de su cara. Y eso es hacer juego a Satanás. A Satanás sólo se le vence con la Verdad, no con medias verdades o medias mentiras. Sólo con la Verdad. Pero es necesario que cada alma se ponga en la sencilla verdad, porque si no no se consigue la victoria.

La Verdad es muy simple. Satanás es el que complica las mentes de los hombres con tantas ideas, filosofías, psicologías, que no sirven para ponerse en la Verdad.

Y este ponerse en la sencilla verdad es misión de cada alma. No esperen vencer a Satanás porque otro lo venció y consiguió desnudar a Francisco. No se batalla así en este momento de la Iglesia. Esto ha servido en los 20 siglos de iglesia. Pero ahora nadie va a dar un escrito, firmado por Roma, en que se vean las herejía de Francisco. Ahora cada lama tiene que creer en la Verdad para poder luchar contra la mentira que viene de Roma. Esta es la batalla contra Satanás. Una batalla que cada alma tiene que hacer. Y aquí sólo se dan las bases para esta batalla. Y aquí se dan las cosas claras para que las almas luchen y se enfrente al demonio en la Iglesia, no sólo en sus vidas privadas.

Ahora se batalla al demonio en la Iglesia. Es una batalla distinta, porque hay que oponerse a toda la Jerarquía que quiere una iglesia que no es la auténtica. Y si las almas no se levantan contra la mentira que dan muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia, entonces lo que se produce en ellas es un daño gravísimo que les puede costar la salvación de sus almas.

¡Cuántos se va a perder porque no saben luchar contra el demonio en la Iglesia! Están en su humanismo. Como es el Papa, como es elegido por Dios, como es tan bueno, tan caritativo, tan humano, entonces no pasa nada. Hay que seguir viviendo, porque todo está bien.

Este es el engaño del mismo Satanás en la Iglesia. Y lo siguen muchos que comulgan, confiesan y demás, pero no ven la Verdad.

Para combatir a Satanás ver la Verdad para ponerse en la Verdad. Y entonces se le vence. Quien no se pone en la Verdad, entonces sigue lo que todo el mundo dice de Francisco, se acomodan a Francisco, lo soportan porque es el Papa, pero no se enfrentan a él. Hay que enfrentarse a él. Hay que predicar en contra de él. Si no es imposible vencerlo. Es fácil acomodarse a la vida y no tener problemas con nadie. Pero es difícil ponerse en la Verdad y decirla a las claras, aunque a todos les moleste y miren mal. Sólo la Verdad es la que une en el Amor. Las medias verdades siempre producen división en la Iglesia.

Roma prepara un cisma

piedad07

“Porque Él es nuestra Paz; el que los dos hizo uno y derribó el muro interpuesto de la valla, la enemistad, anulando en su Carne la ley de los mandamientos formulados como edictos, para hacer en Sí Mismo de los dos un solo hombre nuevo, estableciendo paz, y reconciliar a entrambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la Cruz, matando en Ella la enemistad” (Ef 2, 14-16).

El Cuerpo de Cristo se une en la Verdad de la Cruz. Fuera de esta Verdad, se produce la división y el cisma en la Iglesia. La Cruz mató la enemistad en el hombre, que es el pecado que divide.

“¿Es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, en Su Muerte fuimos bautizados?” (Rom 6, 4). Los muros de la división han sido derribados por el Hijo de Dios con su Muerte y hemos sido inmersos en Ella para estar unidos a la Obra Redentora de Cristo en la Iglesia.

Inmersos en el Dolor de Cristo se hace la unión en la Verdad en la Iglesia.

El Dolor de Cristo es el fruto de cargar con el pecado de todos los hombres. Por el pecado, para quitar el pecado, Cristo Jesús murió.

“Los que morimos al pecado, ¿cómo todavía viviremos en él?” (Ef 6, 2).

Todo el problema de la Unión en la Verdad está en el pecado. Y sólo en el pecado.

El pecado divide y separa. El pecado hace de dos muchas cosas en el pensamiento y en la voluntad. El pecado hace que la Iglesia se divida en bandos de hombres regidos por distintos pensamientos. El pecado produce obras que nacen del error y de la mentira y que dividen la Iglesia.

Es el pecado el que produce la división en la Iglesia. Y es el pecado lo que no se quiere quitar en la nueva iglesia que Francisco ha fundado en Roma.

Si lo que ha hecho Francisco no se llama pecado, entonces se hace un dogma del pecado a partir del orgullo de ese hombre.

Quien vea el gobierno horizontal como un bien divino en la Iglesia sólo está dando culto al pecado en la Iglesia y ofreciendo ese pecado a toda la Iglesia.

Este es el problema al que se enfrenta toda la Iglesia y que nadie atiende, porque todos quieren formar una nueva iglesia según sus principios racionales, que nacen de su pecado.

“He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo. No cortesanos sino personas sabias y animadas por mis mismos sentimientos. Este es el inicio de esa Iglesia con una organización no vertical sino horizontal”. (Francisco en el diario “La Repubblica”, 1 de octubre)

La mitad de los que forman el gobierno horizontal son personas que están involucradas en el pecado de una manera pública, acusados de encubrir delitos de pedofilia. Estos son los sabios de la nueva iglesia, que tienen los mismos sentimientos que Francisco y que van a decidir el futuro de la nueva iglesia.

Francisco inicia su nueva iglesia con su pecado de orgullo: “He decidido como primera cosa nombrar a un grupo de ocho cardenales que constituyan mi consejo”. Esta decisión viene de su desobediencia a Cristo Jesús, que ha puesto en Su Iglesia el Papado para gobernarla. Y el Papado es verticalidad, no horizontalidad. El Papa obedece solo a Cristo Jesús, que es la Cabeza de la Iglesia. Y los demás obedecen al Papa. Este es el gobierno vertical en la Iglesia.

Francisco ha puesto su gobierno horizontal anulando la verticalidad. La Obediencia es a Uno, no a muchos. La Obediencia es a la Mente de Cristo, no a la mente de los hombres. La Obediencia es a la Obra de la Redención, no a las obras de los hombres que quieren salvar sin Cristo Jesús.

El gran problema para la Iglesia es observar este pecado de orgullo en Roma. Por este pecado de orgullo, Francisco divide la Iglesia en dos. Una división que trae un cisma encubierto.

El cisma significa separación de la doctrina de Cristo. Separación total, no parcial. Separación para hacer una nueva iglesia. Separación para vivir una nueva iglesia.

La división consiste en poner un pecado como un bien en la Iglesia para que todos lo sigan.

Este pecado que Francisco ha puesto en la Iglesia divide a la Iglesia en dos cosas:

1. Una cabeza horizontal para una doctrina horizontal, que nace del pensamiento de Francisco y de los pensamientos de las ocho cabezas. Una doctrina que se separa de la doctrina de Cristo en la Iglesia y, por tanto, del Auténtico Magisterio de la Iglesia.

2. Una cabeza vertical, que está en el Papa Benedicto XVI, con una doctrina vertical, la propia de Cristo y que sigue el Auténtico Magisterio de la Iglesia.

Esta es la división real que el pecado de Francisco ha traído a la Iglesia, porque ha fundado su nueva iglesia, en su consejo, puesto en Roma.

Y Roma es la Sede de la Iglesia Católica. Este es el grave problema de la Iglesia.

Roma hace división. Roma ya no hace unidad.

Esto trae dos consecuencias para Roma:

1. Roma se abre al mundo para hacer unidad: “El Vaticano II, inspirado por el papa Juan y por Pablo VI, decidió mirar al futuro con espíritu moderno y abrirse a la cultura moderna. Los padres conciliares sabían que abrirse a la cultura moderna significaba ecumenismo religioso y diálogo con los no creyentes. Después de entonces, se hizo muy poco en esa dirección. Yo tengo la humildad y la ambición de querer hacerlo” (Francisco en el diario “La Repubblica”, 1 de octubre). Francisco está imbuido del espíritu moderno que suprime el espíritu de Cristo: «Jesucristo, el mismo ayer y hoy y siempre» (Hb 13, 8). El espíritu moderno no es una opción para dar el espíritu de Cristo, sino una negación de la Verdad, que es Jesús. Roma se abre a la mentira para hacer unidad. ¿Qué unidad se saca de la mentira, de aquello que no puede traer unidad?

2. Roma decide dar al mundo sus verdades, ya no la Verdad, que es Jesús. Quien se abre a la cultura moderna es para tomar de esa cultura las verdades que hay en ella. Quien se abre a alguien no es para enseñar una verdad, sino para coger una verdad que no tiene. La Iglesia no necesita abrirse al mundo porque posee TODA LA VERDAD. La Iglesia necesita predicar Su Verdad al mundo. Y, para eso, no hace falta abrirse al mundo, sólo es necesario estar en el mundo sin ser del mundo: «Por ellos Yo ruego, no por el mundo…Y, desde ahora, no estoy en el mundo, y éstos quedan en el mundo…Yo les he comunicado Tu Palabra, y el mundo los aborrece, porque no son del mundo, como ni Yo soy del mundo. No pido que los saques del mundo, sino que les preserves del Maligno” (Jn 17, 9.11a.14-15). Así habla Jesucristo de Su Cuerpo Místico, que debe estar en el mundo pero sin el espíritu moderno del mundo, sin abrirse a ese espíritu.

“Para mí la Vida es Cristo” (Flp 1, 21), la vida no es seguir lo que Francisco dice desde Roma.

Francisco no da a Cristo, da su falso Cristo en su falsa Iglesia, que es sólo una imagen de la Iglesia, una memoria de la Iglesia, un recuerdo de la Iglesia.

Francisco trae a su nueva iglesia todo lo que tiene la Iglesia, pero sin el Espíritu de la Iglesia. Es sólo una estatua de la Iglesia a la que se va a dar culto dentro de poco, cuando se anuncie la supresión de la Eucaristía.

Todavía Roma tiene una Verdad: la Eucaristía. Pero esa Verdad, como el Papado, va a ser también anulada. Y, entonces, será cuando haya que dejar de mirar a Roma y seguir los pasos de Cristo en Su Iglesia, que ya no será la nueva iglesia de Francisco.

Todavía la Iglesia permanece en Roma, aunque se haya suprimido el Papado. Pero permanece, no por el papado nuevo que ha puesto Francisco, sino por la otra columna de la Iglesia, que es la Eucaristía. Derribadas estas dos columnas, la Iglesia se viene abajo, que es el inicio de la nueva iglesia de Francisco en Roma.

Todavía Francisco no ha puesto en marcha su nueva iglesia porque tiene que anular muchos dogmas, y eso no se hace de la noche a la mañana. Eso lleva tiempo.

Pero ya, para el que vive de Cristo, Roma no da la Verdad. Roma engaña a toda la Iglesia. Roma divide a toda la Iglesia. Y Roma prepara el cisma por el cual se separará totalmente de la Iglesia que Jesús fundó en Pedro.

Ecumenismo: herejía en la Iglesia

jpii

El ecumenismo es sólo una herejía más de las tantas que circulan por la Iglesia y por el mundo.

Jesús nunca habló del ecumenismo, sino de la Unidad de Su Iglesia, la unión entre Él y Su Cuerpo Místico. La unión que produce la Verdad, que es Él. Nunca Jesús habló de unir a los hombres en muchas verdades, en muchos conocimientos, en muchas prácticas religiosas, que es lo que hoy vemos en la Iglesia y que se llama sincretismo religioso, cuyo adalid es Francisco, que da la mano a cualquiera y no importa ya sus verdades o su vida. Es el deseo de unir lo imposible porque se tiene un espíritu que no es el de Cristo, sino el del Anti-Cristo.

Es diferente el espíritu de un Anti-Papa al espíritu de un Anti-Cristo. El Anti-Papa no va en contra de Cristo ni de la Iglesia, porque sólo le interesa gobernar la Iglesia. Y no otra cosa. Pero el Anti-Cristo es el que se pone en la cabeza de la Iglesia para destruir a Cristo y a Su Iglesia. Por eso, Francisco no es sólo un Anti-Papa, por haber sido elegido inválidamente, viviendo el anterior Papa, sino también es necesario llamarlo Anti-Cristo porque ha destruido el Papado, que es la columna en la Iglesia que Cristo ha fundado en Pedro.

“Por ellos Yo ruego; no por el mundo ruego, sino por aquellos que Me has encomendado, pues tuyos son… Padre Santo, guárdalos en Tu Nombre, esto que Tú Me has dado, para que sean Uno como nosotros” (Jn 17, 9)

La Unidad de la Santísima Trinidad es la Unidad de la Iglesia.

Si no se parte de aquí, entonces se busca la unidad de la Iglesia en muchas cosas y se dice:

“todas las religiones son buenas y laudable, todas nos demuestran y significan igualmente ese sentimiento de llevarnos hacia Dios”: esta opinión es falsa y engañosa, que va en contra de la unidad de la Iglesia, porque bebe del naturalismo y del ateísmo, para las cuales la unidad es la unión de todos los hombres, sin importar su credo, porque todos somos hermanos.

“es justo y un deber que todos los que invocan el nombre de Cristo se unan en un mismo amor, por lo que dice Jesús en Su Palabra: «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros»” (Jn 13, 35): unirse pero sin la verdad, sólo atendiendo a las diversas verdades que tengan cada uno. Es la reunión de todos los cristianos diciendo que todos tienen la verdad. Es lo que se llama pan-cristiano: Todos somos cristianos sin atender a la Verdad, que es Jesús. Sólo porque todos invocan el nombre de Jesús y eso produce un mismo amor entre los hombres.

Sólo una Iglesia es la Verdadera: la Revelada por Cristo, la fundada en Pedro. Las demás no son la verdadera: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia.” Aquella Iglesia que no tenga el Papado, como Cristo lo fundó, entonces ya no es la Verdadera.

“Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo” (Hb 1, 1-2): ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios. Dios habla a través de Su Palabra. Y Su Palabra es la Obra de Su Iglesia. No es la obra de las iglesias de los hombres.

Muchos niegan que la Iglesia Católica sea la verdadera porque entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, no es una alianza en el Espíritu. Para ellos, la Iglesia de Cristo debe ser invisible y, por tanto, todos pertenecen a la Iglesia Católica porque tienen el Espíritu: “Mi Reino no es de este mundo” (Jn 18, 36). A lo cual se contesta que el Reino de Dios es espiritual porque pertenece a la Obra del Espíritu, pero los hombres, que forman la Iglesia, no son Espíritu, sino son alma y cuerpo, con un espíritu que les lleva a la Verdad, que es Jesús. Tiene que existir una Iglesia visible porque el hombre se compone de una naturaleza humana visible, con un espíritu invisible. Quien niegue la visibilidad de la Iglesia tiene que negar la visibilidad de los hombres, la naturaleza humana de cada hombre. Y esto es una herejía.

Y siguiendo esta herejía, es como nace el Ecumenismo: querer unir a todos los hombres en una misma iglesia invisible, que tiene un aparato político que organiza las cosas de los hombres. Esta es la nueva iglesia que funda Francisco.

La nueva iglesia que Francisco se ha inventado, al poner la horizontalidad del gobierno, ya no es la Iglesia Verdadera. Porque la que Cristo fundó descansa sólo en Pedro, no en ocho cabezas. Por consiguiente, sólo se hace Iglesia en el Papa Benedicto XVI, no en Francisco. La de Francisco ya se ha apartado de la Iglesia verdadera. Y es una más entre tantas. El problema es que ha hecho eso en Roma, en la Silla de Pedro. Esta es la gravedad de esa nueva iglesia, que nadie ha contemplado todavía.

Y esta nueva iglesia de Francisco es sólo una función política en lo externo de la iglesia, para conseguir que todo el mundo pertenezca a la iglesia, sin importar el credo, porque la Iglesia es algo invisible, no es visible.

Roma tiene que ser algo anecdótico en la Iglesia: “La Iglesia es esto, una palabra distinta, no por casualidad, de la Santa Sede que tiene una función importante pero está al servicio de la Iglesia”. (Declaraciones de Francisco). La función importante de la Santa Sede es la cosa política, pero no es el gobierno vertical que están en el Papado. Porque la Santa Sede “es vaticano-céntrica. Ve y atiende los intereses del Vaticano, que son todavía, en gran parte, intereses temporales. Esta visión Vaticano-céntrica se traslada al mundo que le rodea. No comparto esta visión y haré todo lo que pueda para cambiarla” . Francisco ya la ha cambiado al poner el gobierno horizontal y, por tanto, ha fundado otra iglesia, la suya, una nueva en Roma, que ya no es la de Cristo. Francisco se aparta de la Iglesia que Jesús fundó en Pedro. E inventa la suya. La Iglesia de Jesús sigue en el Papa Benedicto XVI. Ya no es la nueva iglesia de Francisco. Esto es muy importante y muy grave.

La función política de la nueva iglesia está contenida en estas palabras: “en la curia puede haber cortesanos, pero en su concepción es otra cosa. Es lo que en los ejércitos se llama intendencia, gestiona los servicios que sirven a la Santa Sede”. Para Francisco el Papado es sólo una cuestión política, externa, sin fundamento en la Revelación. Y, por tanto, es necesario ese gobierno horizontal para que la Santa Sede sea otra cosa, otra forma de hacer iglesia en Roma.

Por eso, en Roma ya no está la Iglesia que Jesús fundó en Pedro. La Iglesia de Jesús permanece en Benedicto XVI, verdadero Papa. Y hay que unirse a Él para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

Quien se una a Francisco se aparta de la Iglesia de Jesús, porque él se ha apartado destruyendo el Papado. Y, aunque él hable que la Iglesia sigue siendo como antes, es sólo para engañar a las almas que, como no tienen vida espiritual, no viven de fe, se dejan influir por las palabras mentirosas de Francisco y de todos aquellos que siguen a Francisco.

Por eso, la importancia de levantarse en contra de la mentira de Francisco, que es lo que todavía no se ha hecho. Y eso es un castigo para la misma Iglesia. Y castigo divino por apartarse las almas de la Fe en la Palabra de Dios y vivir según los pensamientos de los hombres.

De aqui se deduce la persecución desde Roma a todas las almas que pertenecen a la Iglesia Católica para que formen la nueva iglesia de Francisco. Es una persecución espiritual, que ya ha comenzado en la Iglesia porque nadie se atreve a levantarse contra el nuevo gobierno horizontal. Quien diga que no le gusta Francisco, lo echan del trabajo, del sacerdocio, de todas partes.

Es la imposición del orgullo de Francisco. Es el fruto de su pecado. Y, por eso, Francisco se enorgullece de su nueva iglesia, porque ha conseguido lo que pretendía: su gobierno horizontal.

El problema para Francisco es su ineptitud para gobernar y su imprudencia en el hablar. Sus declaraciones son el signo de su imprudencia, de su soberbia, de su orgullo. Habló antes de constituir el gobierno horizontal y eso ha producido una división en el mismo gobierno horizontal, que ahora tiene que esperar a imponer lo que pretendían, por la imprudencia de ese masón. Si hubiera callado, Francisco hubiera dado un golpe de estado y, con el gobierno horizontal, habría metido otras herejías, se hubiera cargado otros dogmas. Pero ahora ve oposición, no sólo en la Iglesia, en su gobierno, porque no se sabe cómo imponer las cosas sin que se levante el griterío en la Iglesia. Por eso, se ha intentado calmar un poco la situación, desde las declaraciones, pero no se ha conseguido nada. Muchas almas han despertado, pero todavía quedan muchas dormidas. Y, en la Iglesia, si no se impone algo, entonces nada funciona. Y, para imponer una mentira, como ha sido el gobierno horizontal, hay que hacerlo como lo hizo Francisco: hay que dar tiempo a que esa noticia se vaya aceptando por todos y, después, ponerla sin más. Y, entonces, nadie dice nada.

Esta es la táctica de los políticos, porque no tienen la Verdad y no pueden imponer la mentira sin hacer un grave daño. Se va imponiendo poco a poco, y eso no produce daño. Ahora. Francisco tiene que pensar cómo introducir sus mentiras, como la supresión de la Santa Misa, el nuevo matrimonio, el nuevo bautismo, la nueva confesión, sin que nadie se le eche encima.

Por eso, lo más seguro es que lo hagan dimitir y poner a otro que produzca el golpe de estado deseado por la masonería.

Viene un tiempo de gran conflicto dentro de la misma Iglesia Católica. Ahora todos luchan por sus verdades en la Iglesia Católica, pero nadie lucha por la verdad, que es Jesús, y por la Obra de la Verdad, que es la Iglesia. Nadie atiende a la Iglesia, que está ahora sólo en el Papa Benedicto XVI. Ahí está en su pecado y no hay quien lo levante y así alce a la Iglesia a mirar, de nuevo, a la Verdad, que está dentro del Corazón de Jesús.

Aclaraciones al anatema de los bizantinos

El Patriarcado Católico Bizantino se separó de la Iglesia Católica en circunstancias graves en Ucrania. No vamos a analizar esa problemática, sino sólo a centrarnos en su declaración.

Ellos, basados en las declaraciones de Francisco sobre la homosexualidad y otras herejías contenidas en esas declaraciones, hacen su anatema.

Este anatema tiene valor espiritual, no doctrinal para la Iglesia Católica. Es decir, en la Iglesia Católica los anatemas que se pronuncian en otras iglesias, sean católicas o protestantes, sólo valen en el espíritu que se declaran, pero no tienen el poder de enseñar algo en la Iglesia Católica. Quien enseña en la Iglesia Católica es el Papa junto a los Obispos que se unen a Él.

La obligación de la Iglesia Católica es estudiar todo lo que las demás Iglesias pronuncian en contra de la Iglesia Católica y defenderse de eso que se dice en los escritos de esas Iglesias. Si la Iglesia calla lo que otras iglesias dicen en contra de la Iglesia Católica, entonces la Iglesia Católica es culpable ante todos, no sólo ante la propia Iglesia, sino ante las demás iglesias.

Por tanto, en este escrito se da el Espíritu del anatema. Y como tal es válido, porque no contiene ningún error doctrinal.

Ante la posición de Francisco sobre los homosexuales, que es una posición que ningún católico puede sostener, porque va en contra del Evangelio, los bizantinos, declaran su anatema a Francisco. Es decir, lo apartan del Cuerpo Místico de Cristo. Y hasta aquí no hay ningún error doctrinal, porque eso es lo que significa anatema: ser apartado del Cuerpo Místico de Cristo.

Ellos lo apartan con un poder espiritual, pero no divino, porque ellos están separados de la Iglesia Católica. Por tanto, su declaración no tiene la fuerza divina, porque en ellos no está el Poder Divino, que sólo está en el Papa, que es actualmente Benedicto XVI. Ellos no siguen al Papa Benedicto XVI por su error. Pero eso no significa que su anatema no tenga valor espiritual para la Iglesia Católica. Tiene valor doctrinal para ellos.

Ellos dicen de Francisco: “Ahora ocupa ilegalmente el cargo en la organización visible de la Iglesia”. Pero esto no es una verdad, porque no se funda en lo que es Francisco para la Iglesia Católica y, por tanto, esta frase hay que entenderla de la posición política de Francisco en la Iglesia. Nunca Francisco ha ocupado la Silla de Pedro válidamente, por su pecado de orgullo. Pero legalmente está en un cargo en la Iglesia Católica. Para los bizantinos es una ilegalidad. Tenían que haber dicho que es inválido su posición en la Iglesia Católica para que la frase fuera verdad.

Ellos también dicen: “Todos los obispos y sacerdotes, así como todos los creyentes católicos, están obligados a separarse interiormente del apóstata Francisco. Ellos ya no deben obedecerle a él ni la estructura encabezada por él”. Esta frase también es verdadera, porque se desprende del anatema. Si Francisco es anatema, Francisco es separado de la Iglesia y, por tanto, no es posible la unión espiritual con él, la comunión espiritual. Y, en consecuencia, no se da la obediencia a él ni a la Jerarquía que se une a él, por el anatema, por ser apóstata. El anatema produce la apostasía. El que es declarado anatema se llama apóstata de la fe, porque vive otras verdades contrarias a la fe, enseña otras verdades que no provienen de la fe, obra otras verdades que se oponen a la fe.

También dicen: “Si los obispos o sacerdotes van a conmemorar su nombre en la Divina Liturgia, dejan claro que están en unión espiritual con este apóstata”. Esta frase también es correcta, porque si no se da la obediencia a Francisco, tampoco se dice su nombre en la Santa Misa, porque la Santa Misa es una unión de Cristo y de Su Vicario con la Iglesia. Y si el Vicario de Cristo peca con el pecado de apostasía, entonces no se le puede nombrar en la Sta. Misa. Quien lo nombre, se une espiritualmente con el pecado de Francisco.

También dicen: “Los creyentes están obligados a obedecer a Dios y deben disociarse de esos traidores de Cristo y no obedecerles más”. Pero esta frase no es verdadera. Porque aunque un apóstata se siente en la Silla de Pedro, no por eso, hay que dejar la Iglesia. No hay que disociarse, porque sólo hay una Iglesia, la Católica. Y Francisco sólo ha quitado el Papado, pero no la Eucaristía. Cuando quite la Eucaristía, entonces habrá que salir de esa iglesia que no tiene la Eucaristía para seguir en la Iglesia de siempre, que está en los Pastores fieles al Evangelio y en las almas fieles al Evangelio. La Iglesia siempre permanece en un corazón humilde, que guarda la Palabra de Dios. Por tanto, espiritualmente, todavía hay que seguir en la Iglesia soportando lo que hace Francisco, pero no unidos a Francisco, que no es del agrado de Dios, sino de los hombres que lo han elegido.

Este documento tiene un valor espiritual muy importante para las almas. No un valor doctrinal, porque quien debe enseñar esta verdad que se contiene en este documento es algún Obispo de la Iglesia. Algún Obispo de la Iglesia tiene que declarar anatema a Francisco y sólo así se enseña la Verdad en la Iglesia. ¿Habrá algún Obispo que se atreva a hacer esto? Me parece que no hay nadie en estos momentos. Todos están ocupados en alabar a Francisco y en darle el culto que no merece.

Sin embargo, este documento se apoya en el Evangelio, en la verdad contenida sobre los homosexuales, y dice una verdad que se puede seguir espiritualmente por cada alma en particular, porque no enseña ninguna mentira. Y las frases que no son verdad no pertenecen al anatema, son conclusiones de esa verdad del anatema.

“No creo en un Dios Católico”

catalinadesena

Jesús es la Verdad. Y ha puesto Su Iglesia como la única verdadera, como la única infalible, que no se equivoca, que no miente.

La Iglesia es Católica por ser la Verdad, por tener toda la Verdad.

La catolicidad significa ser para todos. La Verdad es para todos. La Verdad no es para un grupo exclusivo de hombres. La Verdad no es para una comunidad de hombres. Es para todos.

Pero este para todos no significa para todos los hombres o para todo el mundo. La Verdad no es para todo el mundo, porque la Verdad no está en todo el mundo, no está en el mundo, no está en ningún hombre, no está en todos los hombres.

Jesús es la Verdad. Lo demás no es la Verdad.

“¿Quieres saber, Catalina, quién eres tú y quién soy Yo? Pues tú eres la que no eres y Yo soy el que soy” (Diálogo, cap. XVIII)

El gran pecado de la Iglesia es no reconocer esta verdad: somos nada. No tenemos la verdad, no entendemos la verdad, no llegamos a la verdad, no buscamos la verdad.

Y porque la Iglesia, en sus consagrados, se ha creído la dueña de la Verdad, entonces viene el desastre en toda la Iglesia.

Los consagrados en la Iglesia no tienen la Verdad. Sólo Jesús es el Dueño de la Verdad, no los consagrados. Los consagrados sirven a la Verdad, pero no dominan la Verdad.

Como falta esta humildad en la Iglesia, como los sacerdotes no son humildes, como los Obispos no son humildes, como los fieles no son humildes, entonces se ponen a luchar en la Iglesia por sus verdades, pero no por la Verdad.

Es lo que vemos en este momento y en la historia de la Iglesia, que es sólo el fruto de lo que es el hombre: soberbio, que se cree en posesión de la Verdad.

La Iglesia no se hace siguiendo a nadie en Ella, ni siquiera al Papa. La Iglesia se hace siguiendo al Espíritu de la Verdad, que nunca miente, que siempre da al hombre el camino de la Verdad, camino distinto a lo que el hombre busca con su entendimiento humano.

La Verdad, en la Iglesia, la Verdad de lo que ha pasado en la Iglesia desde Juan XXIII a Francisco, la tiene el Espíritu de la Verdad. Y hay que acudir a ese Espíritu para no salir de la Verdad, que es la Iglesia que Jesús ha fundado, para no interpretar lo que ha sucedido con las verdades de los hombres.

Muchos, al interpretar todo lo que ha pasado en los últimos setenta años en la Iglesia con su cabeza, yerran siempre, porque la mente humana no alcanza toda la Verdad.

Para seguir siendo Iglesia con unos Papas que han permitido tantas cosas en la Iglesia, hay que dejarse enseñar por el Espíritu de la Verdad, que es el que da la interpretación a todo eso que el hombre no comprende con su razón.

Y el problema de todos los hombres y, sobre todo, de las almas que ya tienen una vida espiritual, es creerse que ya lo saben todo en la Iglesia, y comienzan a juzgar cada cosa de la Iglesia, y se equivocan en todo su juicio.

Nadie es dueño de la Verdad, sino que todos los hombres tenemos que servir a la Verdad. Es decir, dar la Verdad como está en Jesús, como es Jesús, como la obró Jesús.

Este servicio es lo que más cuesta en la vida espiritual, porque no se sirve a Cristo con la cabeza humana, con los pensamientos humanos, con las razones humanas, con los planes humanos, con la vida humana, con las obras humanas, con la voluntad del hombre. Se sirve a Cristo despojándose del hombre viejo, que es el hombre lleno de sus pensamientos soberbios en su mente.

Como no se sigue la Verdad, entonces el hombre sigue sus verdades que encuentra en su razón. Y eso se opone a la Fe.

La Fe es seguir la Verdad. La Fe no es seguir a la razón humana, aunque dé palabras bellas, bonitos discursos, planteamientos correctos sobre la Verdad.

La Verdad es la Palabra del Hijo. No es la palabra de los hombres. La Verdad es lo que Es. Y nadie tiene derecho a decir sus palabras, a explicar esa Verdad con sus palabras humanas, a obrar esa Verdad con sus obras humanas.

Para decir la Verdad con las palabras humanas, hay que seguir el Pensamiento del Espíritu, la inteligencia que da el Espíritu al alma. Y sólo así el hombre, cuando habla, no se equivoca.

Pero quien sigue su razón, y ya no sigue al Espíritu, siempre se va a equivocar en lo que diga, porque nace de su pensamiento, no nace de la Verdad.

Este es el problema del hombre: su soberbia. Y, por su soberbia, el hombre sigue su pensamiento y no es capaz de seguir al Espíritu en lo que razona y en lo que obra en la Iglesia.

Por eso, se ven en la Iglesia tantas barbaridades de tantos sacerdotes, Obispos y fieles, porque cada uno quiere poner su verdad, la que con su entendimiento humano ha buscado y encontrado, y -claro- ya no se pone la Verdad, ya no se predica la Verdad, ya no se enseña la Verdad, ya no se obra la Verdad.

Jesús es la Verdad. Y la Iglesia de Jesús es Aquella que permanece Fiel a la Verdad. Y, entonces, esa Iglesia es Infalible, esa Iglesia es la Católica.

Francisco, al derrumbar el Papado con su gobierno horizontal, se ha cargado la Catolicidad de la Iglesia. Grave daño el de ese idiota.

En este momento, la Iglesia no es Católica, porque no existe el Papa. Existe uno vestido de Papa con un gobierno horizontal. Eso no es la Iglesia Católica, esa no es la Verdad que Jesús ha enseñado a Su Iglesia.

Quien quiera ahora encontrar la Verdad en la Iglesia, no la puede encontrar en ninguna iglesia, porque todas les falta algo para tener la Verdad. La nueva iglesia que se ha inventado Francisco no tiene el gobierno vertical, no tiene el Papado, no tiene el Poder de Dios en el vértice de la Iglesia. Y, por eso, esa nueva iglesia ya no es católica.

El problema es que Francisco permanece en la Iglesia que Jesús ha fundado y no permite poner el Papado. Y, entonces, ya no se da la Catolicidad en ninguna parte, en ninguna iglesia, porque la verdad se ha transformado para que sea de todos los hombres, para que sea de todo el mundo, para que en el mundo esté la verdad como está en la nueva iglesia de Francisco. Esta es la herejía de Francisco al decir: “No creo en un Dios católico”. Ha destrozado la Catolicidad de la Iglesia. Y esto es un gran desastre para la Vida de la Iglesia.

Francisco cree en Dios, pero no en un Dios católico. Es decir, no cree en un Dios para todos, sino que cree en un Dios que todos pueden tener, acudiendo a su pensamiento humano o a las circunstancias de su vida. Todos creen en Dios de alguna manera. Así es como Francisco cree en Dios: según su manera de ver a Dios, según su pensamiento de Dios, según su filosofía de Dios. Y, por tanto, Francisco no cree en Dios. Porque la Fe es aceptar lo que Dios Es. Y no otra cosa. Cuando se piensa sobre Dios, sólo se piensa, pero no se tiene Fe. Cuando se piensa sobre Dios apoyado en el Espíritu Divino, entonces se piensa con la Fe, se obra lo que se piensa, se ama en ese pensamiento que lo lleva el Espíritu en el alma del que cree.

Francisco no cree en Dios. Sólo dice con sus palabras que cree en Dios. Y añade: no creo en el Dios Católico.

Porque Francisco no cree en Dios, sino que cree en su pensamiento humano sobre Dios, entonces tiene que rechazar el pensamiento de Dios en la Iglesia Católica. Por eso, dice esa barbaridad.

Quien rechaza el pensamiento de Dios en la Iglesia Católica, se está oponiendo a toda la Revelación sobre Dios: se opone al Misterio de la Stma. Trinidad y al Misterio de la Esencia Divina.

Francisco, con su boca, dice que cree en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Eso es fácil decirlo con la boca. Eso es lo que ha aprendido en la Teología. Pero la Fe no está en lo que uno aprende, ni en el Catecismo, ni en la Teología.

La Fe es aceptar esa Palabra de Dios que dice al alma que hay Tres Personas en Dios y que la Esencia de Dios es una. Esto es lo que no acepta Francisco. Y, entonces, no puede creen en el Dios Católico.

Pero la razón de que no cree en el Dios Católico no es tanto un argumento filosófico, sino práctico. Como la Iglesia no se ocupa del bien material de los hombres, como no resuelve los problemas económicos de los demás, como no da trabajo al que no tiene, entonces no puede comprender el Dios Católico. Él comprende su idea de Dios. Y en esa idea, Jesús es amor y hay que amar la carne de Jesús, que son los pobres, y hay que dedicarse a los pobres porque el Padre los ama en su corazón.

Esta doctrina de Francisco es seguida en la nueva iglesia que ha creado al poner su gobierno horizontal. Y nadie ha dicho esta boca es mía. Nadie se ha opuesto a esta gran herejía, sino que lo siguen todos.

Francisco, al decir, que no cree en un Dios católico ha borrado la Catolicidad en la Iglesia, de un plumazo. Por supuesto, que él con su boca sigue diciendo que es el Papa de los Católicos. Porque con la boca se dicen muchas tonterías que todo el mundo las acoge y nadie sabe discernirlas como son.

No existe la Iglesia Católica con el gobierno horizontal. No puede darse, aunque todo el mundo use la palabra católico para su interés personal.

Porque si no se está unido al Espíritu de Cristo, entonces no se hace la Iglesia Católica, por más gobierno horizontal que haya.

Dentro de poco la Silla de Pedro estará vacía. Y eso significa que quien se siente en Ella se sienta para gobernar otra iglesia, para enseñar otras verdades distintas a Cristo, para obrar otras obras que no nacen de la Fe en Cristo. Todavía la Silla permanece intacta. Se ha empezado a quitar prerrogativas al Papado. Cuando comiencen con las esenciales al Papado, entonces la Silla de Pedro estará vacía, que es distinta a estar vacante.

La Iglesia de Jesús tiene un Papa verdadero: Benedicto XVI. La Silla de Pedro no está vacante. Se la han robado a Benedicto XVI. Y, aunque los hombres despojen a la Silla de Pedro y la dejan vacía de todo lo sagrado y divino, mientras viva Benedicto XVI, la Silla no estará vacante. Si muere, entonces habrá que elegir a otro Papa, para que la Silla sea ocupada por la Verdad.

A %d blogueros les gusta esto: