Lumen Mariae

Inicio » Publicaciones con la etiqueta 'francisco es un gran ignorante de todas las cosas'

Archivo de la etiqueta: francisco es un gran ignorante de todas las cosas

¡Abominación es Francisco en la Iglesia Católica!

0ac

«La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de una integralidad armoniosa que no reduzca la alegría, estímulo, vitalidad, y la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas» (EG – n 165). En este pensamiento está su idea masónica del amor fraterno, su idea protestante de la misericordia y su idea comunista de la salvación.

1. que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa: ¡qué gran herejía la de este señor que no tiene ni idea de lo que es el amor, la salvación, lo moral y lo religioso! ¡Qué palabras tan desatinadas y tan alucinantes! ¡Qué barbaridad la de la Jerarquía de la Iglesia que hace la pelota a la mente loca de Francisco, y no tiene agallas de levantarse y decirle a ese idiota que tenga la dignidad de renunciar al gobierno de la Iglesia!

2. No existe un amor salvífico previo a la obligación moral y religiosa: si el amor salva, el amor obliga a cumplir una norma moral y una vida religiosa. El amor salva imponiendo una ley divina, exigiendo al hombre que quite su negro pecado, poniendo al hombre un camino y, si no lo escoge, entonces lo condena.

3. Cuando Dios ama, Dios lo da todo al hombre; pero cuando el hombre renuncia al amor de Dios, Dios se cruza de brazos y deja que el hombre se condene por su propia libertad, con su voluntad para hacer el mal, con el impulso de su soberbia mente, que le ayuda a condenarse.

4. Cuando Dios tiene misericordia, entonces da al hombre una mano para que se pueda salvar; pero la misericordia no es estar salvado, no es estar justificado, no es llegar a la plenitud de la verdad. La Misericordia es un camino para que el hombre aprenda a cambiar de mentalidad y viva el Evangelio sin poner su idea humana de la vida.

5. Un amor que salva pero que no condena es el protestantismo. Un amor que salva previo a la obligación moral y religiosa es lo masónico. Un amor que salva y que todo lo perdona es el comunismo. Para el protestante, todo es Misericordia, porque el pecado es un bien con el cual se consigue la salvación. Para el masón, el hombre se salva porque él mismo hace su moral y su religión. Dios lo ama como es. Para el comunista, el pecado es un mal social y, por lo tanto, no impide salvarse, no impide recibir el amor de Dios. Se vive en la gracia, cada uno, con sus males en la vida. No existe el pecado, sino la mala estructuración del hombre en su vida. Hay que salvar las estructuras, no las almas. Los hombres ya están salvados.

6. ¡Gran desatino el de Francisco, que afirma que la predicación no debe imponer la Verdad, sino que debe apelar a la libertad!: es más importante la libertad que la Verdad, yendo en contra de la misma Palabra de Dios: «Y la Verdad os hará libres». Es la verdad Revelada la que libra. Es la Verdad Revelada la que pone al hombre en la libertad. Si el hombre no conoce la Verdad Revelada, si no se somete a esa Verdad, si no abaja su inteligencia humana a esa Verdad, entonces es esclavo de su mentira, de su mente, de su idea, de su filosofía. Si el hombre persigue la libertad, el hombre se esclaviza a su idea de la libertad y, por tanto, vive una mentira. Francisco anula la Verdad Absoluta, el dogma revelado, lo que Dios habla en Su Palabra, para dejar al hombre en sus verdades, en sus libertades, en sus vidas, en sus obras. Es una auténtica aberración de la vida: sé libre, pero no seas verdadero. Sé libre y sé una abominación para todos con tus pecados. Exalta a los cuatro vientos tus vergüenzas y recibe el aplauso de todos los idiotas que exaltan sus pecados en todo el orbe. Por eso, Francisco no juzga a nadie, si sigue este pensamiento, pero juzga al que no siga este pensamiento. Es la consecuencia de anular la Verdad Absoluta. Es el fariseísmo: apela a la libertad del pensamiento para anular la libertad del ser. Sé libre para pensar lo que quieras, pero sé esclavo de tu pecado, de tu vida moral pecaminosa. Y la libertad nace cuando el hombre deja de pecar, cuando el hombre convierte su vida para una obra de amor divino. Se es libre para hacer la Voluntad de Dios. No se es libre para pensar lo que a uno le da la gana. El que se hace dios en su mente, siempre apela a la libertad del pensamiento y combate la norma de la moralidad. No quiere cumplir con las leyes divinas, con las leyes que Dios da. Sino que él mismo se hace ley e impone su ley a los demás.

7. ¡Qué estupidez el pensamiento de Francisco! ¡Cómo se palpa que vive en sus vicios, en sus obras plebeyas, en su vida de lujuria! ¡Cómo se comprende que no tiene ni idea de lo que es la virtud teologal y moral! Para él, la predicación debe tener unos valores humanos que lleven a la alegría, a la confianza, a la vida humana. Y, por tanto, no se pueden aceptar filosofías que impongan una cruz, una renuncia, un desprendimiento de lo humano. Hay que predicar para tener contentos a la gente, para darles un gusto en sus vidas humanas, para que escuchen aquello que quieren y esperan escuchar. No se les puede predicar para atormentar las conciencias con el pecado, con el infierno, con las penitencias, etc. Hay que meter a los hombres en el gozo de la vida humana y mundana. ¡Mundo, mundo y mundo! Esto se llama pelagianismo: el esfuerzo humano para ser feliz en la vida diaria, para conseguir la paz por caminos humanos, para hablar de lo humano y exaltar al hombre por encima de Dios.

Este pensamiento de Francisco está en toda su doctrina en la nueva iglesia, que ya emerge en el Vaticano.

Es muy sencillo ver que Francisco no es Papa. Pero los hombres, desde hace mucho tiempo, han perdido el norte de la fe y ya no saben discernir los espíritus. No saben ver a un hombre en su pensamiento de hombre; no saben ponerlo en entredicho; no saben llevarlo a las cuerdas y analizar su idea, para encontrar a Dios en él o al demonio en él.

Esto, los hombres, ya no lo saben hacer. Y, por eso, siguen muchos con la venda en los ojos, viendo lo que sucede en la Iglesia como algo normal. Algo de los tiempos. Y no son capaces de discernir nada, ni siquiera han podido discernir lo que ha sucedido desde el Concilio Vaticano II.

Quien no ponga el pensamiento de Francisco entre las cuerdas, quien no lo triture y lo desprecie, entonces se vuelve como él, en su vida y en su pensamiento. Se vuelve un hombre que piensa la vida en forma protestante y comunista. Se vuelve un hombre que vive la vida en forma masónica. La idea protestante y comunista lleva a una vida masónica y, por tanto, lleva a realizar unas obras abominables para Dios y para la sociedad.

¡Abominación es Francisco en la Iglesia Católica!

Francisco te va a llevar a renunciar a tu fe católica. Francisco te va a impedir creer en Dios. Francisco te va a obligar a pensar como él piensa.

Francisco es un dictador. Y no tiene otro nombre. Y, como dictador, está haciendo la obra propia de un hombre que impone su mente a los demás. La impone con bonitas palabras, con un lenguaje que al hombre le gusta, con unas palabras que engañan a todos.

¡Qué pocos hay que han medido a Francisco como lo que es: idiota! Todos le respetan porque está sentado en una Silla. Y temen criticarlo. Es el temor al hombre, a la idea del hombre. Es el falso respeto al hombre. Es la falsa tolerancia con el hombre, con el pecado de un hombre.

Una persona inteligente, que sabe pensar la vida, enseguida ve la idiotez de ese señor. Hombres que viven en pecado, y que tienen dos dedos de frente, porque saben ver que lo que dice Francisco no tiene que decirlo un Papa. Son hombres pecadores, pero abiertos a la Verdad.

¡Y cuánta gente que se dice católica, y que no sabe ver que Francisco no puede decir lo que está diciendo! Enseguida buscan una razón para excusar el pecado de Francisco. Son hombres pecadores, que se creen santos porque están en la Iglesia Católica, pero que no saben discernir la verdad de la mentira, al pecador del santo.

¡Es triste ver la cantidad de idiotas que tiene la Iglesia Católica! ¡Gente que ya no sabe pensar su fe católica! ¡Gente que le da igual la doctrina de Cristo! ¡Gente que ha perdido la fe, la sencillez de la fe de un niño, y que sólo sabe buscar a sacerdotes que le cuenten fábulas, cuentos chinos, para estar contentos en sus vidas!

«Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta» (EG- n. 49).

1. Hay que salvar las estructuras. Si estás en una estructura que no sirve para dar de comer, entonces, sal de ella.

2. El temor de Dios se anula por el temor a los hombres. Si pecas contra Dios, no importa. Pero si no das de comer a un hambriento, por esta encerrado en tus dogmas, eso es condenable.

3. El bien humano, material, natural, está por encima del bien sobrenatural. Es decir, el hombre no tiene que vivir para salvar su alma, sino que tiene que vivir para solucionar problemas humanos.

4. Y esto supone la anulación de la sociedad como institución divina. La sociedad sólo está compuesta de hombres que solucionan problemas de hombres, pero que no viven la ley Eterna. Por eso, es necesario promulgar leyes acordes a los hombres, a sus culturas, a sus ideologías, a sus vidas humanas, políticas. Todo pecado es bien visto en la sociedad. No combatas el pecado, combate a los hombres que no ayudan a otros hombres a ser hombres.

5. Y, en consecuencia, los errores se admiten, no sólo se permiten. Los males se obran como bienes. Y lo bienes son males que hay que rechazar.

6. Esto es lo que propone Francisco en este solo pensamiento, que es su idea comunista del Estado: se vive para un bien común humano, limitado, finito. Y quien no trabaje para ese fin caduco no puede salvarse.

Tienen que aprender a dinamitar el pensamiento de Francisco si quieren salvarse, porque toda la Iglesia tiene la cara vuelta a Francisco, dando la espalda a Cristo, a la doctrina que Cristo ha enseñado, y que no puede cambiar porque un idiota se siente en la Silla de Pedro y se haga llamar Papa sin serlo.

«Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes». (EG – n. 53).

1. Para Francisco, todo es cultura. Nada es pecado. Son los males de la cultura del descarte. No son los pecados de los hombres que llevan a estos males. Los males, que se suceden en una sociedad, hacen que ciertas personas queden excluidas de esa sociedad. Son males sociales, no son pecados. Males de una cultura, que viene de un pensamiento errado de los hombres. El hombre, con su idea, descarta a otros hombres, y produce una cultura del descarte, pero no produce un pecado. Concebir la cultura del descarte es el error de Francisco. Y este error sólo procede de su negación de la sociedad cono institución divina.

2. Si la sociedad es algo humano, entonces los hombres se rigen por sus leyes, por sus normas, sus ideas, que los llevan a este tipo de cultura. El hombre, con su poder humano, descarta a los hombres. Se niega el pecado, para poner de relieve el mal del hombre. Se niega que el hombre tenga en la sociedad un fin divino, una norma moral, una ley divina. Lo que importan son las culturas, y hay que quitar aquellas culturas que no sirven, que dañan la imagen de una sociedad fraterna, humana, mundana, pagana. Sólo se hace incapié en el fin humano de la vida social, que ya no está subordinado a un bien sobrenatural. Es el pecado el que lleva a los hombres, no sólo a explotar a otros hombres, sino a dejarlos a un lado. Pero, como Francisco está en su amor fraterno, en su fin humano de la sociedad, anulando el amor de Dios, la ley divina, entonces se queja de la cultura del descarte. Y cae en una aberración:

3. lucha para que esos, que son unos desechos, vuelvan a la sociedad. Lucha por una injusticia social. Pero no lucha por un bien sobrenatural, por una justicia divina, tanto a los hombres que pecan y excluyen a otros hombres, como a los propios excluidos, que también tendrán su parte de culpa. No lucha para salvar a un alma. Lucha para que un hombre tenga parte en la sociedad humana, mundana, pagana. Francisco deja a un lado la vida del cielo, para luchar por la vida de los hombres, por los derechos de los hombres, los derechos del mundo, los derechos que no son los de Dios.

«No conviene ignorar la tremenda importancia que tiene una cultura marcada por la fe, porque esa cultura evangelizada, más allá de sus límites, tiene muchos más recursos que una mera suma de creyentes frente a los embates del secularismo actual. Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida» (EG – n. 69).

1. No existe una cultura marcada por la fe, porque el valor de la fe es diferente al valor de la cultura. El que vive la fe obra lo divino en lo humano. Pero el que no vive la fe sólo obra lo humano, o lo social, o lo económico, o lo cultural sin lo divino. ¡Cuántas culturas hay que no tienen a Dios porque los hombres no viven la fe en Cristo! No hay que meter la fe en una cultura. Hay que enseñar a cada hombre a vivir de fe, a creer en lo que Dios ha revelado. Las culturas que los hombres tienen reflejan sus vidas de fe o de ateísmo. Reflejan si creen o no creen en el verdadero Dios. Reflejan si están o no están en la verdadera Iglesia, la Católica. El problema es el hombre, no la cultura. Si el hombre no está sellado con la fe, entonces tampoco la cultura, ni la sociedad, ni la política, ni nada de lo que haga o viva el hombre. Hay que sellarse con el Sello de Dios. No hay que sellar las culturas con los pensamientos de los hombres, que es el sello del demonio.

2. Existe una sociedad religiosa, un estado religioso, una cultura religiosa, porque los hombres viven la verdadera religión, dan culto al verdadero Dios. Pero no existe una cultura, una sociedad, un país marcado por la fe. Si la fe no se pone en la verdadera religión, en la Iglesia Católica, entonces se cae en la inculturación de una fe humana en las distintas sociedades y países, que es el pensamiento de Francisco. Y, entonces, viene la abominación:

3. Para Francisco, los judíos, los musulmanes, los budistas, son personas que viven una verdadera fe. Y, por tanto, sus costumbres, sus ritos, sus culturas, sus políticas, son una verdad que hay que implantar en las demás naciones o sociedades de hombres.

4. Por eso, él se opone a esos creyentes que luchan contra el secularismo actual. Para él los creyentes verdaderos son los que tienen una cultura popular evangelizada: el pueblo con sus sabidurías populares, carnales, materiales, naturales: el pueblo está lleno de santos, de mártires, de gente sabia. Es el populismo. Ya no es la sociedad, los estados con una ley divina, con una autoridad divina. Es la sabiduría peculiar de los pueblos, de los hombres, de sus pensamientos humanos, de su lenguaje florido, lo que da la verdad a los hombres. Es el Creacionismo: hagamos una creación con un Dios que ama a todos los hombres y con un gobierno mundial en la que todos nos dediquemos a conservar lo creado, a amar lo creado, a ser buenas personas con todo el mundo.

Quien no sepa leer a Francisco se va a perder, porque hoy día nadie instruye en la Verdad. Todos hacen la pelota a los mentirosos como Francisco.

A %d blogueros les gusta esto: