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El tiempo de la gran prueba ha llegado

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Los pastorcillos de Fátima estaban jugando a hacer un muro y vieron un relámpago; según Lucía no era propiamente un relámpago, sino el reflejo de una luz que se aproximaba.

Ellos,   creyendo   que   podía   venir   una   tormenta, cogieron sus ovejas y se marcharon, y  al llegar hacia la mitad de la finca brilló otro relámpago.

La aparición de Nuestra Señora en Fátima no es una visión de los pastorcillos: ellos  están distraídos, jugando, y tienen miedo de la posible tormenta.

La distracción y el miedo es lo menos propicio para que el alma se ponga en comunicación con Dios, en oración. Los  pastorcillos no están orando,  están jugando y con miedo.

La aparición de la Virgen en Fátima es un hecho real, no imaginario. Es un acontecimiento divino en la historia del hombre.

Y ven un relámpago: una luz que viene del lado de donde nace el sol, del oriente. Esto recuerda aquello de Mt 24, 27:

«… porque la segunda venida del Hijo del Hombre será semejante al relámpago que sale del oriente (que se ve en el oriente) y brilla hasta el occidente (y en un instante llega al occidente)».

Nuestra Señora viene a Fátima como su Hijo vendrá en Su Segunda Venida gloriosa: viene en la Gloria del Hijo; viene antes que el Hijo. Fátima prepara la Segunda Venida de Cristo.

En Fátima, María  se presenta como la Aurora que precede a Cristo;  como la Estrella que guía hacia Cristo, que va delante de  los  que  quieran atender sus suplicas hasta detenerse donde está Cristo, Su Hijo.

Luego, el mensaje de Fátima va a  ser trascendental para la humanidad  y, por lo tanto, para la Iglesia. Quiere  introducir  a la  humanidad  -y a toda la Iglesia- en  un  tiempo nuevo: el del retorno glorioso de Cristo. La Segunda Venida de Cristo: su Venida en Gloria, para reinar; no para juzgar.

Esto conlleva la preparación de la humanidad y de la Iglesia  a ese tiempo. Señala un camino que la humanidad debe seguir: un camino de cruz para una gloria.

María desciende gloriosa del Cielo a esta tierra llena de pecado. Baja del cielo para ponerse en camino con nosotros, para señalar el camino: Mi Corazón Inmaculado será… el camino que te conducirá a Dios. Es María el camino hacia Cristo. Es María la que conduce a toda la Iglesia hacia Su Hijo. Son las virtudes de ese Corazón Inmaculado lo que en cada alma debe reinar para ser de Cristo: humildad, obediencia, pureza y santidad.

Baja del cielo: la presencia de María en la tierra no va a acabar con el mensaje de Fátima. No pisó la tierra de Fátima para luego dejar huérfanos a sus hijos.

Fátima es el inicio de un tiempo nuevo, de una presencia extraordinaria -y de modo continuo- de María en el mundo. Por eso, sus numerosas apariciones, después de Fátima, no pueden silenciarse,  despreciarse, obligar a no creer en ellas.

«…los últimos remedios dados al mundo son: el Santo Rosario y la devoción al Corazón Inmaculado de María. La tercera vez me dijo que “agotados los otros medios despreciados por los hombres, nos ofrece con pavor la última áncora de salvación: la Santísima Virgen en persona, sus numerosas apariciones, sus lágrimas, los mensajes de los videntes esparcidos por todas partes del mundo”; y la Virgen dijo además que, si no la escuchamos y continuamos las ofensas, no seremos más perdonados» (Carta del 22 de Mayo 1958 de Sor Lucía al P. Agustín Fuentes).

Nadie tiene derecho a impedir que los demás crean, porque «no de todos es la fe», dice San Pablo.

Impedir la fe constituye un grave pecado.  ¿Dónde está la libertad dada por Dios al hombre?

Ni tampoco se puede hablar mal de las apariciones marianas, porque si no se examinan su contenido, ¿cómo se las juzga? Y si no se creen en ellas, ¿con qué medida se examinan si la medida de lo sobrenatural está en la fe (en la sabiduría divina),  no en la razón (no en la sabiduría humana)?

Ellas tienen su significado, su importancia. Y son dadas al hombre como una muestra de Misericordia, no porque el hombre las merezca.

Dios ha agotado todos los medios que hay en Su Iglesia para que las almas se salven y se santifiquen. Y su misma Iglesia los ha despreciado, como vemos en ese hombre que han sentado en la Silla de Pedro: un hombre sin nombre, sin verdad, que no es capaz de marcar el camino de Cristo, sino que lleva a todas las almas al mismo precipicio del infierno.

Todas las apariciones están entroncadas con el mensaje de Fátima, con la misión de María de guiar a la humanidad hacia Cristo.

La Iglesia ha perdido el norte de Cristo: sólo señala al Anticristo. Es lo que todos están esperando. Es lo que han preparado durante cincuenta años. Ahora, es su consumación, la plenitud de toda maldad que se verá en Roma.

María es la que señala a Cristo en estos últimos tiempos. Ya no es la Jerarquía de la Iglesia la que pone el camino: ya no aman a Cristo porque no aman a Su Madre. No la imitan. Han perdido la devoción a Ella porque no la han obedecido. La Jerarquía, con Su Poder Divino, se ha creído más sabia y más poderosa que la Virgen María. Y, por eso, está haciendo el juego del demonio: se dedican a engañar a las almas. A darles una doctrina que no tiene nada que ver con la doctrina de Cristo.

Y la Virgen María se aparece para guiar en la Verdad a todas las almas, para enseñarles el camino de la verdad en sus vidas, para hacer que cada alma viva deseando lo divino en sus vidas humanas. Es la función que tiene todo el orden sacerdotal. Misión que han dejado de cumplir por estar negociando con el mundo.

Y la Virgen María actúa como sacerdote, sin tener el Sacramento, porque es la Madre del Sacerdote Eterno: si lo ha engendrado, sabe muy buen cuál es la misión de todo sacerdote en la tierra: ser otro Cristo, guiar hacia la verdad, que es Su Hijo.

María se presenta en Fátima como la Mujer vestida del Sol. Jesús se quiere servir de su Madre para reinar gloriosamente en el mundo. Jesús quiere venir a nosotros, de nuevo, a través de su Madre.

A través de María: es la Mediación Materna lo que constituye el mensaje principal de Fátima.

¿Qué será el triunfo del Inmaculado Corazón de María sino que la Iglesia proclame este dogma?

¿Y cómo se podrá proclamar si la Iglesia no se deja guiar por María? Es lo que conlleva este dogma: ser niños en manos de la Madre, que sabe lo que nos hace falta en cada momento.

Dios no es una teoría, una serie de ideas, una fe que no se pone en práctica. Dios está vivo y quiere en el hombre una fe viva.

La Mediación Materna de María incluye tres cosas:

que María sufre: es lo que vio Lucía: Su Corazón rodeado de espinas: es la Corredención. «…se le clavaban por todas partes. Comprendíamos que era el Inmaculado Corazón de María ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación»;

que María defiende a la humanidad de las asechanzas del demonio: es el ser Abogada: Mi Corazón será tu refugio le dirá a Lucía en la segunda aparición;

y   que   María   media   entre   Dios   y  el  hombre: «…quiero que toda mi Iglesia reconozca esa consagración (la  de  Rusia) como un triunfo del Inmaculado Corazón de María…. De no mediar la realización de este acto no habrá paz en el mundo.

Es tan grande el pecado, en que el hombre ha caído, que si no es por la Mediación de María, el hombre no sería capaz de salir de ese pecado. De cuantos castigos no se habrá librado la humanidad, en estos últimos tiempos, a causa del Inmaculado Corazón.

Ella lo puede todo ante Dios.

Pero, para que la Iglesia enseñe este dogma tiene que pasar, antes, por su Calvario. Sólo así podrá entender lo que significa la Virgen María para la humanidad y para toda la Iglesia.

Los Apóstoles no terminaron de creer en Jesús hasta que no se vieron envueltos en Su Pasión Redentora.

La Jerarquía, que ha despreciado las palabras de la Virgen María en Fátima, no va a terminar de creer en lo que es María, hasta que no se vea envuelta en la Gran Abominación que el Anticristo va a poner en la Iglesia. Ahí es cuando la Virgen triunfará en Su Iglesia: engendrará una Jerarquía, que fiel a Jesucristo, sepa luchar contra todos los errores del Anticristo y promulgue el dogma que va a poner a toda la Iglesia en el camino del Reino Glorioso.

Ahora, nadie cree en las profecías: es imposible que crean en el Apocalipsis. Es imposible ese dogma en la Iglesia. Ese dogma es para el Reino Glorioso. Ese dogma es un absurdo para la actual Jerarquía de la Iglesia: no creen en los sufrimientos de la Mujer, no creen en el Poder de la Mujer; no creen en la mediación de la Mujer.

Y la Mujer es la Virgen María y, también, todo el Cuerpo Místico de Cristo. Nadie cree ni en la Virgen ni en la Iglesia. Todos han construido su iglesia, la idea que cada uno tiene de la iglesia. Por eso, se ve tanta división, tanta oscuridad, tanta apostasía en todas partes

No se puede promulgar este dogma sin el triunfo de la Iglesia. Y, ahora, la Iglesia está metida en una podredumbre en la cual no hay salvación.

La gran crisis de la Iglesia es su falta de obediencia a Dios. Y, por eso, está donde tiene que estar: en las  manos de Su Enemigo: en las manos del mundo, de la carne y del demonio. Así vive toda la Jerarquía y todos los fieles: son mundanos, carnales y unos engendros del demonio.

Tanta gente que dice que conoce a Dios, pero no guarda sus mandamientos. ¿Cuál es su dios? ¿Cuál es su padre? El demonio.

«Vosotros tenéis por padre al diablo». ¿Y pretendéis levantar una iglesia para vuestro padre? ¿A quién queréis engañar? A todos aquellos que buscan ser engañados, que sólo tienen oídos para escuchar lo que hay en sus mentes humanas.

María, al bajar del cielo  en Fátima, nos trae la luz del Paraíso. Decía Lucía: vimos…una Señora vestida toda de blanco, su vestido –dirá Jacinta – blanco, adornado con oro, y en la cabeza un manto también blanco. Y sigue Lucía: más brillante que el sol y esparciendo luz.

Esto  nos  lleva  al  Apocalipsis:

«…una  gran  señal apareció en el cielo: una Mujer envuelta en el sol». Doce estrellas  vio Lucía en la última aparición en su túnica: «la túnica toda blanca, tenía doce estrellas de la cintura para abajo, una seguida de la otra».

Esto anuncia  una gran batalla entre María y Satanás. Y va a ser María la encargada, en estos tiempos, de dar  la luz que ilumine esta gran oscuridad con que el Maligno ha  oscurecido  a  la  humanidad  y  a  toda la Iglesia. La luz ha sido dada a través de todos los verdaderos profetas.

Es a través de la luz de María cómo la Iglesia sigue avanzando en medio de tan gran oscuridad. Y sólo gracias a esa luz profética. Toda la Jerarquía ha mentido a la Iglesia: ha envuelto a la Iglesia en una gran oscuridad, la propia del demonio. Y en la tiniebla del pecado no se puede amar a Dios. Hay que salir de la oscuridad del pecado y ponerse en la luz de la gracia

Esa luz envolvió  a  los  pastorcillos: quedábamos dentro de la luz… que Ella esparcía, decía Lucía. «En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Francisco y Jacinta parecían estar en la parte que se elevaba hacia el cielo y yo en la que se esparcía por la tierra».

«Le recuerdo, Padre, que dos hechos contribuyeron a santificar a Jacinta y Francisco: la aflicción de la Virgen y la visión del infierno»  (Carta del 22 de Mayo 1958 de Sor Lucía al P. Agustín Fuentes).

Francisco y Jacinta se fueron al Cielo porque vieron el infierno y el dolor de la Madre por los pecados de todos los hombres. Estas dos verdades son silenciadas por toda la Jerarquía.

Las almas se salvan y se santifican cuando contemplan sus pecados como lo que son: como obras que ofenden a Dios. Si la Jerarquía ya no predica del pecado y de su castigo, entonces no hay manera de que un alma se salve. El camino de salvación pasa por el reconocimiento del pecado por la misma alma.

El que se sienta en la Silla de Pedro predica que todos se van al cielo. ¡Qué gran absurdo! Para ir al cielo hay que contemplar el infierno. Contemplar nuestros pecados y ver cómo hemos ofendido a Dios. Ver el dolor del pecado en Cristo y en la Virgen María. Y esto es lo que la gente no quiere ver.

La gente sólo se dedica a ver el dolor que hay en el mundo, en los hombres. Sólo ve los efectos externos del pecado. Y se lamenta, y se compadece, y llora sin sentido.

Para que un alma se salve tiene que llorar por sus pecados; tiene que hacer suyos el sufrimiento de Cristo. Sufrir con Cristo. No tiene que sufrir con los hombres. No tiene que asociarse con los hombres para quitar los problemas de la sociedad. Tiene que asociarse con la Obra de Cristo, que es sólo una cosa: la Cruz. Esa Cruz que nadie quiere para su vida.

Ver a la Madre llorar por nuestros pecados eso es buscar la salvación. Pero ver al hombre llorar por sus problemas eso es quedarse en la condenación. No llores por ningún hombre en tu vida: no merece la pena.

Francisco y Jacinta lloraron por los dolores de la Virgen y por la visión del infierno que sus pecados merecían. Y eso sólo les salvó y les santificó.

Cuando un hombre comunista – como lo es Bergoglio- está gobernando la Iglesia con su doctrina protestante y masónica, entonces está envolviendo a toda la Iglesia en la mayor tiniebla del pecado: está condenado almas. Las está llevando por el camino ancho del infierno.

Nuestra Señora viene con su Corazón Inmaculado en su mano, «derramando por el mundo esa luz tan grande, que es Dios».

«Dios es Luz» y «en Él no hay tiniebla alguna».

En esa luz divina, Lucía vio «al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo».

Ella misma da la interpretación de este pasaje:

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«…la punta de la lanza como una llama que se desprende, toca el eje de la Tierra; y ésta se estremece: montañas, ciudades, regiones y pueblos son sepultados con sus habitantes. El mar, los ríos y las nubes salen de sus límites, desbordándose, inundando y arrastrando en un torbellino, casas y personas en un número que no se puede contar; es la purificación del mundo del pecado en el cual está inmerso. El odio, la ambición, provocan la guerra destructiva…» (“Un caminho sob o olhar de Maria”, pág. 267).

El Ángel tiene una espada en su mano izquierda: es un ángel de justicia, que tiene la misión de obrar una justicia en el mundo. La mano izquierda representa la Justicia de Dios; la mano derecha representa la Misericordia de Dios.

Por eso, ante las llamas de esa Justicia, la Virgen muestra Su Misericordia: «pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él». Dios, cuando obra Su Justicia, nunca se puede olvidar de Su Misericordia. Y, por eso, en Su Justicia, Dios no aniquila al mundo, no destruye completamente al hombre. Dios ama lo que ha creado. Pero ese Amor es Justicia y Misericordia al mismo tiempo.

Cuando el Ángel toca con la punta de su lanza el eje de la Tierra, entonces sobreviene el castigo divino. Lucía ve el castigo para toda la humanidad. El ángel castiga a los hombres y la Virgen muestra Su Misericordia, terminando el castigo y haciendo que el Ángel exclame:

«…el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!».

El Ángel usa su mano derecha: señal de que va a hablar con Misericordia. E invita a todos a la penitencia. Después del castigo, la penitencia, que es siempre un camino de misericordia. No es antes del castigo la penitencia. Porque los hombres se han apartado de la penitencia, que es despreciar la Misericordia Divina, por eso, viene el castigo, la obra de la Justicia. Y, una vez que se cumple ese castigo, el hombre recapacita sobre su vida, ve sus pecados y comienza a hacer penitencia por sus pecados. Por eso, el Ángel, después del castigo, llama a la penitencia.

Ya ese castigo primero no se puede quitar. Los hombres se han olvidado de hacer penitencia, porque ya no creen en el pecado.  Sólo creen que se van a ir al cielo, que se merecen el cielo porque son unas buenísimas personas. Es lo que enseña constantemente Bergoglio en su falsa iglesia. Es lo que enseña toda la jerarquía que ya no hace ni oración ni penitencia por el pecado.

Viene un gran castigo para todo el mundo. Un castigo en el que nadie cree. Si no creen en el pecado, no creen en el castigo. Todos se apuntan, ahora, al año de la falsa misericordia. Y es, justamente en ese año, cuando comienza el castigo.

«Y vimos…a un Obispo vestido de blanco…También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz…llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones».

El castigo es la Pasión del Cuerpo Místico de la Iglesia. El castigo empieza por la Iglesia. La parte que ha sido ocultada corresponde al Santo Padre: «el Santo Padre tendrá mucho que sufrir». Le han obligado a renunciar. Esto es lo que se ha ocultado. Falta esta parte para poder entender por qué el Papa, con toda la Iglesia obediente a Él, va camino del Calvario.

El Papa Benedicto XVI es el Obispo vestido de blanco, que tiene que sufrir el castigo que viene a toda la humanidad: «atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino». Tiene que ver sangre y muerte antes de morir por Cristo en la Cruz.

Y es necesario ese Calvario de toda la Iglesia, con Su Cabeza Visible, para que comience el Reino de Gloria:

«….en el tiempo, una sola fe, un solo bautismo, una sola Iglesia, Santa, Católica, Apostólica. ¡En la eternidad el Cielo!» (“Un caminho sob o olhar de Maria”, pág. 267).

En el tiempo, en la Iglesia militante, el Reino Glorioso de Cristo, en donde se da una sola fe, un solo Bautismo, una sola Iglesia. Sin ese Reino, es perder el tiempo todo ecumenismo. Es la charlatenería de muchos que creen que con hablar las cosas se solucionan.

La paz que Dios da al mundo no la da como el mundo la da: hablando, con acuerdos de paz. La paz que Dios da es siempre la obra de la gracia: cuando el hombre deja su pecado, entonces encuentra la paz.

Y el canal de la gracia, quien da la gracia al hombre es la Virgen. Reza el santo Rosario y salvarás tu alma y la de los tuyos.

«Es urgente, Padre, que nos demos cuenta de la terrible realidad. No se quiere llenar de miedo a las almas, sino que es solo una urgente invitación, porque desde que la Virgen SS. le dio gran eficacia al S. Rosario, no hay problema ni material, ni espiritual, nacional o internacional, que no se pueda resolver con el S. Rosario y con nuestros sacrificios. Rezado con amor y devoción consolará a María, enjugando tantas lágrimas de su Corazón Inmaculado» (Carta del 22 de Mayo 1958 de Sor Lucía al P. Agustín Fuentes).

«Que los siete años que nos separan del centenario de las Apariciones  puedan acelerar el triunfo previsto del Inmaculado Corazón de María, para gloria de la Santísima Trinidad» (Benedicto XVI, 2010).

No pongan su fe en el hombre o en lo que dice el hombre, sino en la Palabra de Dios que se da a través de los profetas verdaderos. Es con la pureza del corazón cómo se cree en Dios. Un corazón purificado es el que hace las obras de Dios. Un alma que vive en sus pecados sólo obra sus pecados. Es tiempo sólo de creer en Dios. No crean en ninguna Jerarquía, porque todos están detrás de los hombres. El tiempo ha llegado. El tiempo de ver el castigo y de sufrirlo. Pero, después del castigo, es el tiempo para hacer penitencia por los pecados, para así preparar la venida de Cristo al mundo. Cristo no viene a un mundo que ama el pecado. Cristo viene a un hombre que sabe llamar al pecado por su nombre y que sabe luchar contra aquel que es el que obra todo pecado en los hombres: Satanás. Cristo viene para reinar en un mundo sin pecado. Cristo no viene a un mundo dormido en la esclavitud de su ignorancia, que es su perdición. Cristo viene a por las almas que tienen las lámparas encendidas, que están prontas para ver la Voluntad de Dios y obrarla al instante. El tiempo de la gran prueba ha llegado: se separan las cabras de las ovejas. Se produce el cisma. Y sólo los humildes podrán resistir a todo lo que viene a la Iglesia y al mundo. El tiempo del Padre llega a su fin. Comienza el tiempo del Hijo.

Un falso Papa para una falsa iglesia

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«Ellos planean reemplazar al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el Anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo. Tristemente, muchos de Mis Hijos, en su lealtad a la fe católica, seguirán ciegamente esta nueva falsa doctrina, como corderos al matadero» (MDM – 18 de enero del 2012).

¡Profecía cumplida en el dictador de mentiras, Francisco!

Con este hombre, se inicia un tiempo de decadencia en toda la Iglesia: «La Iglesia vivirá un tiempo terrible de decadencia, dentro de sus muros se implantará la falsa religión» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II).

Dentro de sus muros, dentro del Vaticano, en la misma Roma, que ha pertenecido a la Verdad, se levanta una nueva sociedad, una abominación. Ya Roma es una prostituta, que se convertirá en la Gran Babilonia: «Sobre su frente llevaba escrito un nombre: Misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra» (Ap 17, 5). Desde Roma se fornica con todo el mundo para conseguir el Nuevo Orden Mundial.

Francisco ha creado una nueva iglesia, al poner un gobierno horizontal, quitando el Vértice, que es Pedro, para dejar en el gobierno a una serie de hombres, que señalan los destinos de esa nueva iglesia, y que arrastran a todos los demás: «Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del Cielo, y los arrojó a la tierra» (Ap 12, 4)

Muchos, en la Iglesia Católica, fieles y Jerarquía, siguen ciegamente la nueva falsa doctrina de esta nueva iglesia. La falsa doctrina del gobierno horizontal en la Iglesia. Son arrastrados por la cola de la serpiente. El demonio quiere destruir la Iglesia en la cuna misma de la fe católica y en su cabeza.

Francisco fue elegido, antes del Cónclave, por la secta masónica, que está infiltrada en la Iglesia desde hace siglos. Y fue impuesto en el Cónclave a todos. Ha sido elegido canónicamente, pero no es Papa. Lo ha elegido una Jerarquía, que son lobos vestidos con piel de oveja; es decir, una Jerarquía falsa en la Iglesia, que no es capaz de pastorear al rebaño, sino que su obra es atacarlo y llevarlo a la ruina espiritual. Esta Jerarquía falsa pertenece a un secreto y malvado grupo masónico, que está dirigido por la mente del demonio, que posee al Anticristo.

«… ya ahora han aparecido muchos anticristos, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora… No os he escrito esto a vosotros como a quien no conoce la verdad, sino como a quien la conoce y sabe que ninguna mentira puede venir de la verdad» (1 Jn 2, 18-21). Es la última hora, la de la mentira, la del Anticristo. Y, en esta última hora, no hay Verdad, sólo mentira. ¿Los católicos saben que de la mentira no puede venir la verdad? No; ya no lo saben. Si lo supieran, no seguirían a Francisco, no beberían sus enseñanzas, no dirían que su doctrina es católica. Sino que le escupirían en su cara con sus mismas palabras mentirosas. Pero muchos católicos ya no saben discernir la verdad de la mentira. Juegan a dos bandos. Están con Dios y, al mismo tiempo, con el demonio.

¿No saben los católicos que quien repite las palabras de Dios, no lo hace por querer humano «sino movido por el Espíritu Santo» (cf. 2 Pe 1, 20). Y, en consecuencia, ¿no saben los católicos que un hombre, como Francisco, que liga verdad y mentira en todas sus homilías, discursos, escritos, es sólo del demonio, que nunca puede ser movido por el Espíritu Santo? ¿No saben discernir a un hombre por su palabra? Entonces, si no lo saben hacer, no son católicos, no pertenecen a la Iglesia que fundó Jesús en Pedro, sino que son de la nueva iglesia del falso Papa, llamado Francisco.

«Con la doctrina de Dios trabajarán, pero a la vez cambiarán; confundiendo a los propios católicos, ya que ¿cómo puede ser malo si se habla de Dios? Pero no ven los pequeños detalles, que van cambiando, para que cada vez se parezca menos a la Doctrina de Jesús. Desde dentro se manipula y los de fuera lo ven bien, porque –dirán- que todo eso es bueno y para ayudar a los hombres, sus hermanos; pero no verán la intención, que hay oculta detrás de todo este montaje, para destruir a Jesús y formar ese Nuevo Orden Mundial, que -según ellos- la Iglesia necesita esa reforma, y los pobres» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II). Es lo que hace este hombre: diluye la Palabra de Dios, la aligera de su contenido, de su esencia, para solo dar lo que a él le conviene y cómo al otro le gusta.

El demonio, para destruir la Iglesia, debe comenzar poniendo su cabeza, es decir, su falso Papa, que todos deben seguir.

Francisco comenzó su dictadura con un poder divino, que le venía del Papa legítimo, Benedicto XVI. Y que ya perdió cuando implantó su nuevo gobierno horizontal. ¡Ya no lo tiene! Y, por tanto, todo cuanto hace en la Iglesia es nulo para Dios. No tiene autoridad divina para hacer lo que hace. Sólo tiene su poder humano, que nace de esa nueva forma de gobernar en horizontal, apoyado en una serie de mentes humanas, que dan sus discursos políticos para el mundo.

«Sólo os digo que de un clero demasiado cultivador del racionalismo y demasiado al servicio del poder político sólo puede fatalmente venir un período muy oscuro para la Iglesia» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

Francisco se dedicó a implantar su magisterio masónico, que consiste en dos cosas:

a. Abrir la Iglesia al mundo con un gobierno horizontal;

b. Hacer que el clero se someta a este nuevo gobierno horizontal.

Este sometimiento ha sido de lo más fácil. En los seis primeros meses, Francisco lanzó su nueva idea de gobierno, y nadie se levantó para decirle que no podía ser, que iba en contra del dogma del Papado, el cual exige un gobierno vertical en la Iglesia.

Este silencio de toda la Jerarquía es sólo por su lealtad a la fe católica: hay que estar con el Papa. No hay que juzgarlo. No hay que oponerse a lo que él decida. ¡Hay que obedecer!

Esta fue la primera jugada de Satanás en la Iglesia. ¡Y todo el clero claudicó! Eso es señal de poca vida espiritual en los sacerdotes y Obispos; es decir una Jerarquía demasiado racional, humana, intelectual, entregada al juego político; con un apego a las realidades humanas, materiales, que impide ver la verdad, discernirla. Es un apego que oscurece la inteligencia, y el hombre deja de seguir la gracia, de ser fiel a Dios. No atiende a la voz de Dios en su corazón, porque está dando vueltas –en su mente- a la sabiduría humana, a la idea del hombre.

La Iglesia está fundada en el Vértice. Y eso no se puede cambiar. No se puede poner una horizontalidad. Esto es lo que dice el dogma. La Gracia no funciona en un gobierno horizontal. ¿Por qué nadie de la Jerarquía se levantó para atajar a Francisco en la idea de poner un gobierno de ayuda, horizontal, en la Iglesia? ¿Por qué nadie se dio cuenta de que Francisco estaba yendo en contra del mismo dogma del Papado – y por tanto de la misma esencia de la Iglesia-, y que no podía hacer lo que decía?

Sólo es posible una respuesta: la Jerarquía infiltrada en el Vaticano, que ha elevado a Francisco al Trono de Pedro, domina en todo el Vaticano y en todos los miembros de la Jerarquía. ¡Dominio masónico! ¡Dictadura! ¡Absolutismo! Todos están maniatados por cabecillas masónicos en la Iglesia. Todos hacen lo que unos pocos ordenan en el Vaticano. ¡Esos pocos nadie los conoce!

Es necesario que el clero calle ante lo que va a obrar Francisco. Porque «hablar quiere decir “dolor” y a veces “muerte”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 9 de diciembre – pag. 541). ¡Hay que dejarle actuar! Es su tiempo. Es para él. «Estos son los tiempos en lo que están “los pastores inútiles”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 547)

Por eso, prepararon el ambiente con todo el Cónclave. Prepararon las mentes de todo el mundo ante la renuncia del Papa legítimo:

Como un Papa ha renunciado, es bueno tener otro que continúe el gobierno, porque no se puede estar en la Iglesia con la Sede Vacante.

Este fue el pensamiento de muchos católicos y, también, de muchos teólogos, y de toda la Jerarquía. Nadie atendió a la Verdad del dogma del Papado, en el cual no se puede elegir a otro Papa mientras viva el legítimo, así haya renunciado. ¡Porque se es Papa hasta la muerte! Y menos en las circunstancias de la vida eclesial de estos tiempos: una vida corrupta entre los miembros del clero. Es preferible no elegir a nadie para gobernar, porque en la práctica, nadie quiere obedecer a un Papa.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es sólo esto: es imposible gobernar allí donde nadie quiere obedecer. ¡Nadie! ¡Es mejor irse! ¡Es mejor dedicarse a otra cosa!

Benedicto XVI se daba cuenta de la apostasía en el exterior y en el interior del Vaticano. Apostasía preparada, en secreto, para destruir al Papa. Y fue forzado a renunciar. Esa imposición al Papa, por parte de la masonería infiltrada, significa una cosa: que el fundamento de la Iglesia, que es Pedro, ha sido aplastado hasta el polvo. Ha sido hecho añicos. En otras palabras, con la renuncia del Papa Benedicto XVI, ya la Iglesia Católica no está en Roma. ¡No había que esperar a que subiera el dictador Francisco para decir esto! ¡En la misma renuncia del Papa se ve la ruina en toda la Iglesia! ¡Desastre ya anunciado por los profetas! Pero Fátima fue silenciada por Roma. ¡Convenía silenciar a Fátima! Dos hombres usando la corona de Pedro en los últimos Tiempos:

«La Iglesia ha sido infestada, desde el interior, por los enemigos de Dios. Ellos – y hay 20 de ellos, que controlan desde dentro – han creado el mayor engaño. Ellos han elegido a un hombre, que no es de Dios, mientras que el Santo Padre, al que se le ha concedido la Corona de Pedro, ha sido cuidadosamente eliminado.

Los detalles, que Yo revelaba, son, que habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo.

Solo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor. Este engaño tiene un propósito, para convertir almas a Lucifer y hay poco tiempo para tales almas, que no serán las más sabias, para ser convertidas» (MDM – 22 de julio de 2013).

Esta es la jugada maestra del demonio. Así siempre actúa el demonio. Cuando los hombres de la Iglesia no revelan las Palabras de Dios, sino que las tapan, las ocultan; entonces el demonio pone en obra eso oculto. Si la Jerarquía de la Iglesia, en su momento, cuando la Virgen se lo pidió -1960- hubiera dado en integridad el tercer secreto de Fátima, nada de lo que contemplamos hubiera pasado. Ni hubiera habido Concilio Vaticano II ni los desastres que vinieron después. Y no se hubiera llegado a este extremo. Porque, cuando Dios revela Su Palabra, entonces da el camino para que se cumpla sin pérdida de ningún alma. Y se habrían sentado dos cabezas en la Iglesia, pero ningún alma, ningún miembro de la Iglesia se hubiera pedido.

¿Y cuántas almas se han perdido, han quedado ciegas, viven en una tibieza espantosa, son pervertidos en la fe, almas que ya no sirven para nada, sólo para condenarse; que se han separado de la Iglesia para estar en otra cosa? Este engaño, este tapar la verdad, estas dos cabezas que reinan ahora en la Iglesia sólo tiene un fin: convertir las almas a Lucifer.

¡Hicieron renunciar a un Papa! Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, no hay más Papas en la Iglesia por vía ordinaria. Benedicto XVI es el último Papa verdadero.

A un Papa, que no se le puede tocar ni juzgar, lo metieron en tal presión que, una vez que renunció, los lobos pidieron obediencia al nuevo falso Papa. Esta es la jugada más abominable de todas. Todo ha sido un engaño bien montado.

¡Os cargáis a un Papa, sois rebeldes y desobedientes a él, y ahora exigís obediencia a uno que no es Papa! ¡Esta es la maldad en toda la Jerarquía de la Iglesia! Y es toda, no sólo de la Jerarquía infiltrada. Los demás, también apoyan esta obediencia. Ven los errores, pero exigen al rebaño obediencia a Francisco. ¡Esto es abominable! ¡Esto es condenar almas al infierno!

«Cuando la Iglesia – y por tal aludo ahora a la reunión de sus altos dignatarios- actuó según los dictámenes de Mi Ley y de Mi Evangelio, la Iglesia conoció tiempos brillantes de esplendor. Pero ¡ay cuando, anteponiendo los intereses de la Tierra a los del Cielo, se contaminó a Sí Misma con pasiones humanas! Tres veces ¡ay! Cuando adoró a la Bestia de la que habla Juan, o sea la Potencia política, y se dejó dominar. Entonces, necesariamente, la luz de oscureció en crepúsculos más o menos profundos, o por defecto propio de los Jefes elevados a ese trono por artimañas, o por debilidad de los mismos contra las presiones humanas» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

¡Han aplastado a Pedro en el Vaticano! ¡Han puesto a un falso Pedro para que todos lo obedezcan! Esta verdad nadie la enseña en la Iglesia. Nadie se atreve a enseñarla. Y es la única verdad. Todos callan. Todos deben callar. ¡Muchas presiones de los altos dignatarios! Cuando un Obispo carece de luz y manda una mentira, entonces la oscuridad está en todos los sacerdotes y fieles de la Iglesia. No se obedece, en la Iglesia, a la mente de los hombres, sino a la Mente de Cristo. Y todo aquel Obispo que no dé la Mente de Cristo, no hay obediencia a él. Esto lo sabe la Jerarquía, pero no lo ponen en práctica, porque están impedidos: si lo hacen, se quedan en la calle, sin dinero y sin comida.

Pedro ha caído. La Iglesia caerá. Es el tiempo de la gran tribulación, en que la Iglesia se vuelve un pequeño resto:

«En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en el Señor, el Santo de Israel. Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. Porque aunque fuera tu pueblo, Israel, como las arenas del mar, sólo un resto volverá» (Is 10, 20-21 y Rom 9, 27).

El resto es semejante a las pocas olivas que quedan después que se han recogido las demás: «así será en la tierra, en medio de los pueblos, como cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco después de la vendimia» (Is 24, 13).

Y este pequeño resto es por el sacrificio de Su Pastor, la gloria del Olivo, el Papa Benedicto XVI, que es «el Obispo vestido de blanco» que «atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio tembloroso con paso vacilante, abrumado de dolor y pena» y «llegado a la cima del monte, prosternado de rodillas al pie de la gran cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas» (Mensaje de Fátima). Profecía que debe cumplirse, una vez que el Papa Benedicto XVI huya de Roma, como lo predijo su antecesor, el Papa Pío X:

“He visto a uno de mis sucesores de igual nombre, huyendo por entre los cadáveres de sus hermanos. Se refugiará de incógnito en alguna parte, y después de un breve respiro, morirá de muerte cruel. El respeto a Dios ha desaparecido de los corazones. Se intenta borrar incluso el recuerdo de Dios. Esta perversidad no es más que el principio de los males que deben llegar antes del fin del mundo”.

«He visto a uno de mis sucesores de igual nombre» = José (Giuseppe Melchiorre) Sarto / Joseph Ratzinger. Giuseppe y Joseph. El mismo nombre: José.

Francisco, comenzó su dictadura en la Iglesia, como un antipapa: elegido por Cardenales para gobernar en sustitución del Papa legítimo. Esto es lo que significa un antipapa.

Pero, este dictador de mentiras, este pastor inútil, pronto cambió su cara y se presentó como anticristo. Su gobierno horizontal es su blasfemia contra el Espíritu Santo. Es su pecado mayor. Es la obra propia de un falso cristo que se opone a la doctrina de Cristo en su misma Iglesia. Por eso, Francisco es un anticristo: va en contra de Cristo y de Su Iglesia. No solamente comete un pecado de fragilidad; no sólo hay errores en su vida humana y sacerdotal. El sello de su vida sacerdotal es oponerse a Cristo en Su Iglesia. Vive para eso. Un anticristo nunca puede dejar de ser anticristo, nunca puede dejar de ser lo que es: abominación. Ha sido marcado por el demonio para ello. Tiene su mismo número: 666.

Francisco desconcierta las conciencias, envuelve a toda la Jerarquía y la convierte en fango: «El astuto impostor, que ha permanecido a la espera en los bastidores, pacientemente, pronto declarará su reinado sobre Mis pobres incautos siervos sagrados. El dolor que infligirá es demasiado difícil de soportar para Mí, y finalmente, su reinado culminará en la depuración final del mal desde dentro del núcleo de Mi Iglesia. Ha manipulado cuidadosamente su posición y pronto su actitud pomposa se verá rodeada por su espléndida corte. Su orgullo, arrogancia y la auto-obsesión serán al principio cuidadosamente ocultados al mundo. Para el mundo exterior, un suspiro de alivio se escuchará cuando las trompetas repliquen para anunciar su mandato como jefe de Mi Iglesia». (MDM – 8 de marzo del 2013).

Francisco ha subido al poder manipulando a la Jerarquía. Ha sabido esperar los tiempos, porque él, desde hacía mucho tiempo, sabía que iba a estar en el Trono de Pedro. Ha sabido engañar a toda la Jerarquía, a todos los Papas anteriores. Ha sabido meterse, por artimañas, en todas las estructuras del Vaticano para poner sus hombres. Porque un masón nunca está sólo en su trabajo. Lo acompañan muchos. Y obran todo en el sigilo de las conciencias, acallando las conciencias para poder obrar el mal. ¡Y cualquier mal! El más abominable como el decidir la suerte de un Papa. ¡Detrás de la renuncia del Papa Benedicto XVI estaba Jorge Mario Bergoglio!

Francisco es un orgulloso: tiene el espíritu de Lucifer; es arrogante: manda imponiendo su idea, su pensamiento, su obra a todos; está auto-obsesionado: el dinero, sus pobres, los derechos humanos, las justicias sociales. Está todo el día en esa idiotez. Es su locura, es su negocio, es su empresa.

Francisco ha puesto a su corte, a los suyos, en el gobierno de la Iglesia: todos pastores inútiles, que tienen un nombre para el mundo, pero que son abominación para Dios. Son herejes y cismáticos. Son la prueba de la destrucción de la Iglesia.

Y, por tanto, el sentido de su gobierno horizontal es para que la Iglesia –su nueva iglesia- participe en la creación de una Nueva Iglesia Mundial, una religión mundial. Éste ha sido el trabajo de este dictador desde que inició su forma de gobierno, que se ha intensificado en estos últimos seis meses, en que se ha visto su cara negra de falso Papa en la Iglesia.

¿Qué es de extraño que Simón Peres declare que le propuso a Francisco la creación de una “ONU de las religiones”? Están todos enganchados en el mismo carro. Francisco ha hecho alianza con el Anticristo. Peres, Obama, etc. son masones, unidos al ideal de la masonería. Y ellos se juntan para su negocio mundial.

Francisco está unido al Anticristo. No está solo. Quien gobierna el Vaticano, en la realidad de las cosas, es el grupo masónico. Este falso Papa colabora con el Anticristo para poner al mundo de rodillas, presentando un Papa para el hombre; un Papa que reforme, modernice la Iglesia Católica, con el solo fin de unificar a todas las religiones.

¿Cuándo los católicos van a despertar? Francisco actúa ahora sólo como falso Papa de una falsa iglesia. Y presenta su falso cristo, su falso evangelio, su falsa idea del hombre. Y a Francisco le queda poco tiempo. Su tiempo se ha cumplido: «Francisco es renovador y muy moderno, habrá cambios en la Iglesia que no serán de mi agrado y ayudará a borrar el nombre verdadero de Dios en su Iglesia que él formará. Éste dará paso al Temido, allanándole el camino, y haciendo que exista la confusión entre católicos». (Mensajes personales – noviembre 2013).

Es un falso Papa el que prepara todo para el Anticristo. Y ese falso Papa es un líder de la nueva iglesia, de la nueva religión, que está ya en el Vaticano. Ya han colocado a sus peones. Todo está preparado para ejecutar la gran maldad. Muchos católicos no ven al que lleva esa sotana blanca: no saben mirar a la cara y reconocer al lobo. Y ese amigo de los hombres, ese bueno para nada, que es Francisco, es el que los lleva al precipicio. ¡Qué ciegos están muchos católicos y toda la Jerarquía de la Iglesia! ¿No ven la verdad, no ven cómo el falso Papa los está engañando?

Francisco es maestro en dar lo que el pueblo quiere oír. Y el pueblo se hace el tonto, porque le interesa un hombre que no les señale por sus pecados, sino que les dé un beso y un abrazo.

De idiotas está llena la Iglesia. ¡Contemplen la estupidez de tanta gente y medirán el infierno que existe en la Iglesia! ¡Llena está la Iglesia de demonios encarnados! ¡Vivimos entre reptiles venenosos! Y, por eso, ya hay que tener prudencia en lo que se dice públicamente. Comienzan las persecuciones desde el Vaticano. Comienzan a derramar sangre. Comienzan a fabricar injusticias. Y la Jerarquía, que no se somete a Francisco, será la primera en gustar la maldad.

El secreto de Fátima

fatima

“Mi secreto concierne a la Iglesia.

En la Iglesia se llevará a cabo la Gran Apostasía, que se difundirá por todo el mundo; el cisma se realizará en el general alejamiento del Evangelio y de la verdadera fe.

En Ella entrará el hombre de iniquidad, que se opone a Cristo, y que llevará a su interior la Abominación de la Desolación, dando así cumplimiento al horrible sacrilegio, del cual habló el Profeta Daniel” (Mt 24, 15). (Al P. Gobbi, Mi Secreto. 11 de Marzo de 1995)

La Virgen en Fátima ha sido la Precursora de Su Hijo Jesús.

Fátima revela al mundo la Segunda Venida de Jesús.

Es una Luz Divina para estos tiempos de gran oscuridad que vive la Iglesia.

Fátima es apocalíptica, es decir, es para el Fin de los Tiempos.

Fátima no es un conjunto de profecías, de mensajes, de revelaciones, como, por ejemplo, Medugorje.

Fátima es la consecuencia de lo que es la Virgen María en la Iglesia: “la Mujer Vestida de Sol” que combate contra el demonio.

La Virgen María es la Mujer de la Iglesia.

La Virgen María no es una criatura más, un ser más, un alma más. Es el Amor en la Iglesia.

Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Pero Jesús no es el Amor. Jesús es el Camino que nace del Amor. Jesús es la Verdad que da el Amor. Jesús es la Vida que ofrece el Amor.

La Virgen María es el Amor en la Iglesia. No es el Amor en la Santísima Trinidad. Sólo en la Iglesia.

Porque, en la Iglesia, la mujer tiene que ser amor, no tiene que ser Jesús, no tiene que hacer lo mismo que hizo Jesús. No se iguala al sacerdocio de Cristo. La mujer tiene que imitar a la Mujer, que es la Virgen María, en la Iglesia.

Por eso, la Virgen conservaba todas las palabras de Su Hijo en Su Corazón, que es lo que tiene que imitar toda mujer.

Toda mujer en la Iglesia tiene que llevar el estandarte del amor en su corazón. Tiene que enseñar el amor a los hombres de la Iglesia, a los sacerdotes, como lo hizo la Virgen María con los Apóstoles: les enseñó a amar a Su Hijo, les enseñó a amar a la Iglesia de Su Hijo.

Los Apóstoles, después, enseñaron ese amor a toda la Iglesia con el Poder que tenían recibido de Jesús.

Por eso, la mujer no tiene que ser sacerdote, no tiene que gobernar la Iglesia, como lo hacen los hombres. La mujer tiene que aprender el amor y dar el amor en la Iglesia.

Fátima es la señal de Dios para la Iglesia. Su mensaje es sólo para la Iglesia. No es un mensaje para el mundo ni para los hombres.

En Fátima la Virgen toca a la Jerarquía en lo más profundo de Ella. Se mete con la Jerarquía porque no sigue a Su Hijo Jesús.

En Fátima la Virgen señala la destrucción del Papado y de la Iglesia. No habla de guerras o de revoluciones. Dice que el Papa dejará de ser Papa y que la Iglesia dejará de ser Iglesia.

La Virgen de Fátima es silenciada por toda la Jerarquía, incluso por los Papas. Todos tienen miedo a esa Verdad que la Virgen enseña en su mensaje.

Todos temen esas palabras porque no las creen. Y no tienen fe porque la Jerarquía de la Iglesia no vive escuchando la Palabra de Dios en la Iglesia, sino que vive escuchando las palabras de los hombres en la Iglesia.

Por eso, la Jerarquía de la Iglesia pierde la Fe. Y la Fe completamente. Y eso significa la aniquilación del Papado y de la Iglesia.

La Virgen, en Fátima, anuncia un castigo para la Iglesia. Castigo por el pecado de la misma Jerarquía de la Iglesia. No es un castigo por el pecado de los fieles de la Iglesia.

En Fátima, el Ángel da la señal para el castigo con su espada. Ese Ángel simboliza la Justicia de Dios sobre la Iglesia. Ese Ángel es la Justicia Divina sobre la Iglesia: “hemos visto…a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo”.

El Ángel tiene en la mano izquierda una espada de fuego. La mano izquierda es la Mano de la Justicia Divina. La mano derecha es la Mano de la Misericordia Divina.

El Ángel está a lado izquierdo de la Virgen, es decir, en posición de castigo, de obrar un castigo. El lado derecho es para mostrar un amor, para dar un amor.

La Virgen eclipsa con su mano derecha el castigo del Ángel. La Virgen para el castigo del Ángel. La Virgen intercede ante Dios para que el Ángel no castigue. Ella es la Corredentora, la Mediadora, como Su hijo Jesús. En Fátima, Dios da al mundo el Dogma que la Iglesia necesita para salvarse y que la Jerarquía no quiere aprobar.

Ante la Mediación de la Madre, el Ángel cambia su obra y da al mundo la Palabra de salvación: “¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!”. La Virgen consigue de Dios un Tiempo de Misericordia para el mundo y la Iglesia.

En Fátima, la Virgen hace ver a la Jerarquía devastada por la guerra, por la muerte en el mundo: “el Santo Padre… atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino”.

El castigo de la Iglesia se da junto al castigo del mundo, al mismo tiempo. Y la razón es porque siendo la Iglesia Camino de Vida, al perder la Fe, se convierte en camino de muerte para toda la humanidad: la Gran Apostasía…se difundirá por todo el mundo”.

Y ese camino de muerte merece una Justicia Divina sobre la humanidad, no sólo sobre la Iglesia. Es decir, que la Iglesia, en vez de señalar el camino del Cielo en sus enseñanzas, en sus mandamientos, enseña lo contrario del Evangelio al mundo. Y el mundo se hace receptor de ese mensaje de la Iglesia porque ya la Iglesia ha dejado de ser Iglesia y es otra cosa: es la Gran Apostasía. La Iglesia deja de ser la Iglesia de Jesús y es algo nuevo, es para el mundo, -ya no es para Dios-, es del mundo, -ya no es de Dios-, está abocada a una vida mundana, -alejada de la Vida Divina-.

El Papa recorre un camino de muerte hacia una montaña. Ese camino lo ha producido la misma Iglesia. Es el camino del demonio que se ha aposentado en la Iglesia. Ese camino no es por la maldad del mundo. Es por el pecado de los hombres de la Iglesia.. En este punto del mensaje de Fátima se silencia el por qué ese castigo al mundo, por qué el Papa va camino hacia una montaña, donde está una Cruz, y donde es muerto en la cima de esa montaña. No se entiende esta parte del mensaje de Fátima, porque se ha silenciado lo más importante.

En Fátima no se recoge la maldad de los hombres, sino la maldad de la Jerarquía Eclesiástica. Fátima no se centra en el pecado de los hombres, sino en el pecado de la Iglesia, que es la raíz del pecado de los hombres.

En Fátima la Virgen señala el Cielo, como camino del hombre en este mundo. No señala la tierra, el mundo. Hace brillar el sol y hace que el sol se mueva hacia los hombres, inicie una andadura hacia los hombres, para recordarles el camino hacia la Verdad.

El Milagro del Sol no es un milagro cualquiera. Es la señal que da Dios a la Iglesia para que se convierta de su pecado.

Es la Señal con una rotación del sol sobre su eje. Y esa rotación hace que el sol se precipite sobre el mundo, dando su luz, su calor, su inmenso don.

Por eso, el Milagro es para convertir, para que los hombres salgan de su sueño, de su pecado, de sus miras humanas y vean un prodigio que no saben entender con sus mentes.

Ese prodigio divino despierta las conciencias y las almas para que vean la Verdad y no estén en su mentira.

Ese prodigio del sol la Virgen lo repite allí donde se aparece. Fátima sólo inicia el tiempo de la conversión en la Iglesia. Las demás apariciones completan ese tiempo de conversión, que es un tiempo de Misericordia, que da Dios a la Iglesia.

Fátima es exclusiva. No es para algo concreto, para un mensaje concreto. Fátima es para la Iglesia y sólo para la Iglesia.

Y el pecado de la Iglesia ha sido silenciar a Fátima. Y ese pecado todavía no se ha quitado. Nadie se ha atrevido a dar el mensaje de Fátima como lo dio la Virgen a Lucía. Se borró la parte que molestaba a la Jerarquía. Y quedó algo incompleto que no se puede entender sin esa parte.

Fátima anuncia la nueva iglesia que se ha inventado Francisco. Fátima anuncia los cambios que va a traer esa nueva iglesia en todo el dogma. Fátima anuncia la caída de muchos sacerdotes que van a dejar de decir la Misa, de consagrar, pero que seguirán haciendo un teatro con la misa. Fátima anuncia el desastre de la Jerarquía en cada uno de los miembros de la Alta Jerarquía, de la Curia Romana. Fátima anuncia la Verdad de la Jerarquía como Jesús la quiso desde el principio de la Iglesia, y que es rechazada en la raíz por la nueva iglesia inventada por Francisco.

El anuncio de Fátima es apocalíptico, es decir, tiene que vivirlo la Iglesia, lo quiera o no lo quiera. Lo entienda o no lo entienda, porque se trata de la Purificación de la Iglesia, de la Gran Apostasía en la Iglesia, del reinado del Anti-Cristo en la Iglesia. Y esta Verdad, que está en el Evangelio, hay que vivirla y hay que predicarla. No hay que esconderla, como hoy se hace con todo el Evangelio de Jesús.

Los hombres se han creído que el Evangelio de Jesús es un mito, una serie de historias que están ahí para entretener a la gente. Y el Evangelio es el Camino del hombre que quiere salvarse. Es el Camino de la Iglesia que busca la Verdad. Es el Camino de las almas que no se contentan en la vida con cualquier camino humano.

Sin Fátima, la Iglesia no hubiera caminado en este último siglo. Se hubiera perdido en todo lo que ha hecho el demonio, en el mundo y dentro de la Iglesia.

Fátima señala a la Iglesia la manera de combatir al demonio. Pero la Iglesia no ha hecho caso. Y, entonces, es culpable de rechazar la Palabra de la Verdad que la salva. Y ese rechazo exige una Justicia de Dios.

La nueva iglesia de Francisco es el comienzo del castigo de Dios sobre Su Iglesia, como está profetizado en Fátima. Lo que va a hacer ese energúmeno es sólo ser instrumento de la Justicia Divina, que se realiza a través del demonio. El demonio ataca a la Iglesia desde dentro y la hace esclava de su pensamiento demoniáco. Por eso, ni Francisco ni la Jerarquía Eclesiástica tienen luz de Dios para guiar la Iglesia. Tienen la luz del demonio para su iglesia nueva, para desarrollar la iglesia nueva, para lanzar al mundo al Castigo divino que se merece por los pecados de la Iglesia.

Hay que comenzar a ver la Iglesia como está en el Evangelio, no como ahora la Jerarquía va a querer presentarla.

Fátima es el anuncio de la Iglesia Gloriosa de Cristo sobre la Tierra, que para llegar a ese cumplimiento tiene que ser despojada de todo lo humano que tiene la Iglesia. Sólo así se hace gloriosa.

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