Lumen Mariae

Inicio » Publicaciones con la etiqueta 'falso profeta'

Archivo de la etiqueta: falso profeta

Multitudes seguirán al Falso Profeta y al Anticristo

caputnigrum

«Multitudes seguirán al falso profeta y su doctrina de demonios…» (Jesús a un alma escogida).

Multitudes siguen a un loco que bendice y mastica hojas de coca.

Y lo siguen con la boca abierta, incapaces para discernir la verdad de las mentiras que, continuamente, lanza por su boca de dragón.

Multitudes han quedado ciegas: ya no pueden ver la maldad como tal. Sólo son capaces de ver su concepto de mal. Y, apoyados en él, levantar la mayor mentira de la historia.

No se puede ser católico sin reconocer quién es Bergoglio.

No te llames católico si tienes a Bergoglio como tu papa.

No digas que perteneces a la Iglesia Católica porque obedeces a Bergoglio como tu papa.

No quieras ser un católico que defienda la tradición defendiendo a Bergoglio como tu papa. Es imposible. Es un absurdo. Es vivir en la locura de la apostasía de la fe.

«… profetiza contra Roma y todos sus seguidores apóstatas, todos los que han dejado de seguir al Verdadero Pastor, para seguir al impostor de Francisco, al lobo vestido con piel de oveja, que seduce con su astucia a  las almas y al clero infiel, que se han dejado prostituir por su tibieza y falta de fe» (Jesús a un alma escogida).

Roma es apostasía. Ya no es la Verdad, el asiento de la Verdad. Ahora, quien siga a Roma sigue la apostasía de la fe. Y cree en esa apostasía.

El verdadero Pastor de la Iglesia Católica es el Papa Benedicto XVI, al que se debe seguir, al que hay que darle la obediencia como papa, porque sigue siendo el Papa, el que representa a Cristo en la tierra, el Vicario de Cristo. Es el que tiene el Poder Divino, el Primado de Jurisdicción en la Iglesia.

Y Bergoglio, el impostor, el lobo, el que se cree papa y no lo es, no tiene Autoridad Divina para hacer lo que está haciendo en la Iglesia. No es la Voluntad de Dios destruir la Iglesia como lo está haciendo ese hombre. El poder de Dios no se usa para destruir la obra de Dios. Quien destruye la Iglesia lo hace con un poder humano.

Todo cuanto hace Bergoglio, ya sean anulaciones de matrimonios, ya publicación de bulas, decretos, constituciones, canonizaciones, etc… no tienen ningún valor ni para Dios ni para la Iglesia Católica.

Bergoglio sólo posee una autoridad humana, la que los masones le han dado para hacer lo que hace en su falso gobierno en la Iglesia. Con esa autoridad está levantando su nueva iglesia, una estructura vieja como el pecado del hombre, llena de todas las herejías de la historia, desde que el hombre es hombre.

Bergoglio es un impostor, un lobo vestido con piel de oveja: parece un Obispo bueno, justo, santo, humilde, pobre… Pero, en la realidad, es un hombre poseído por un demonio, que le mueve para destruir la Iglesia Católica. Lleva más de dos años hablando como un falso profeta, es decir, engañando a todo el mundo, no sólo a los fieles y a la Jerarquía de la Iglesia. Emplea la astucia propia de una serpiente.

Bergoglio es un lobo, que seduce con su astucia de serpiente, a las almas que son de Cristo, para llevarlas a las riberas del protestantismo, del comunismo y de la masonería. Es un lobo que depreda a esas almas, las mata espiritualmente, las incapacita para vivir de fe, una vez que las ha seducido.

Su predicación, su hablar, sólo gira alrededor de estas tres ideas, que son las ideas fabricadas por su mente. Son su locura, porque son imposibles de realizarlas en la vida. Son inútiles para salvar el alma. Son fábulas que la gente se las cree por su gran ignorancia de lo que es un papa y de lo que es la Iglesia. En esa predicación está su astucia de serpiente, está la inteligencia de Satanás.

Bergoglio no posee la fe católica: no puede decir una sola Verdad Absoluta. Para él no existe. En su cabeza humana sólo hay lugar para el relativismo. Y es un relativismo absoluto: no hay lugar para asentarse en ninguna verdad. Su cabeza sólo está regida por el cambio de ideas relativas, por el juego del lenguaje humano. Y coge aquellas ideas o conceptos que le sirven para el momento y para la circunstancia de la vida. Por eso, Bergoglio siempre habla lo que el otro quiere escuchar. Es la perversidad de su mente, que muy pocos han captado.

Bergoglio, siendo un idiota, sabe lo que está diciendo, cómo lo dice y a quién lo dice. El idiota tiene un rasgo común: su perversidad. Lo propio de la mente de Bergoglio es su perversidad: piensa un mal. Nunca va pensar un bien. Él no ve el bien del otro, sino el mal que él quiere conseguir. Es su idea perversa que la camufla en su lenguaje estúpido, pueblerino, el propio de un idiota.

La mente de Bergoglio no da ninguna inteligencia, sino sólo la experiencia de su propia vida, que es siempre perversa. Como vive para un mal, para su mal, lo manifiesta de cualquier forma. Eso no interesa. Lo que le importa a Bergoglio es expresar su perversidad.

«Os pido perdón por las actitudes y los comportamientos no cristianos, incluso inhumanos, que en la historia hemos tenido contra vosotros. En nombre del Señor Jesucristo, ¡perdonadnos!» (Webvaticana)

Esto es ejemplo de su idea perversa.

El movimiento valdense nació de un laico, Pedro Valdés, casado, que metió a sus dos hijas en una abadía, repartió sus bienes entre los pobres y se puso a mendigar por amor de Dios. Hizo un voto de pobreza, tradujo el Evangelio a la lengua vulgar, y se puso a predicarlo por las calles. Vestía humildemente, de todo estaba desprendido, pero cuando hablaba profería cantidad de errores y de impertinencias. Carecía de todo fundamento teológico.

El Concilio de Verona, en 1184, presidido por el papa Lucio III, los anatematizó, envolviendo sus herejías con los cátaros, patarinos, arnaldistas y otros herejes.

Bergoglio, como no puede seguir la Verdad Absoluta, lo que se hizo en el siglo XII queda en la historia, es del pasado. Ya el dogma ha evolucionado. Por lo tanto, ese Papa que los anatematizó tuvo una actitud y un comportamiento inhumano con los valdenses. Hay que pedir perdón. Esta es la idea perversa.

¿Pedir perdón de qué? ¿De cumplir con la Voluntad de Dios en la Iglesia? ¿De discernir entre la verdad y la mentira? ¿De anatematizar a quien se lo merecía?

Para Bergoglio, ya no existe la Justica de Dios, sino la injusticia de los hombres. El Papa Lucio III fue injusto con los humillados y pobres valdenses. Ahora, yo, Bergoglio, el idiota, juzgo al Papa Lucio III y pido perdón a los excomulgados porque a mí me parece bien.

Esto es lo que hay en la mente de ese hombre: su perversidad. Y la manifiesta con un lenguaje sin inteligencia. Dice que pide perdón por los errores, pero no quiere meterse en más. No quiere decir qué errores fueron  y porqué ya no son errores. Y la gente, tan contenta, sigue a este hombre que no habla con inteligencia, sino que habla como un idiota.

Bergoglio lanza su idea perversa: como todos somos hermanos, entonces hay que respetar la mente de los demás, aunque sea errada. Y pide perdón: éste es su imperativo categórico. Ese pedir perdón no está basado en un error que se cometió por la Iglesia Católica. Sólo se basa en la cabeza de Bergoglio, en la idea falsa que tiene Bergoglio de la fraternidad y de la misericordia.

¿Inhumano el Papa Lucio III? No. Él fue justo. Inhumano eres tú que condenas sin tener pruebas, sin basarte en la verdad de los hechos. Hablas solamente para vender tu idea perversa, no para dar inteligencia de una verdad, de un hecho histórico.

Bergoglio seduce al clero, que se ha vuelto infiel a Cristo, que ha dejado de alimentar al Rebaño con la Verdad, para comenzar la política en la Iglesia y conseguir adeptos para levantar una nueva estructura de iglesia.

«Multitudes seguirán al falso profeta y su doctrina de demonios, un gran número de  pastores lo seguirán ciegamente, quedando al servicio del Falso Profeta y del Anticristo, que ya están obrando en este mundo a la vista de todos, pero todos han sido cegados y engañados» (Jesús a un alma escogida).

Son multitudes los que siguen a Bergoglio.

Serán multitudes los que seguirán la nueva estructura de iglesia, que de mano de la misma Jerarquía, de ese clero tibio e incrédulo, se está ya levantando, construyendo sobre una gran mentira, sobre las fábulas que la mente de Bergoglio enseña en la Iglesia.

Todos los católicos que siguen a Bergoglio, que le tienen como su papa, que le obedecen como el que posee autoridad divina, han quedado ciegos para siempre. No sólo para un tiempo, sino para siempre.

«… Yo los vomito de Mi Boca a los tibios de corazón» (Jesús a un alma escogida).

La gente que sigue a Bergoglio como su papa son -todos ellos- tibios, ni fríos ni calientes, sirviendo a dos amos: a Dios y al demonio. Y no quieren dejar de servirlos porque se han creído que la mejor manera de dar culto a Dios es obrar las obras del demonio. En esta falacia caen porque han anulado el pecado. Ya no creen en él. Y, por eso, intentan solucionar todos los problemas del mundo, que son a causa del pecado, con la mente del demonio, con sus obras. Es la ceguera de muchos. No pueden penetrar en la verdad, sino sólo en la mentira, que está en el centro de sus inteligencias.

«Ahora, todos ellos han quedado confundidos, obscurecidas sus mentes y ya nada ven, y nada entienden de la Verdad» (Jesús a un alma escogida).

No hay manera de que entiendan que Bergoglio no es el papa de la Iglesia Católica. No les entra en su cabeza humana. No pueden ver la verdad y no pueden entender de la verdad. Sólo entienden de la mentira. Sólo penetran en la mentira. Sólo ponen caminos para resolver las cosas humanas de la mentira.

«Les ciega su maldad» (Sab 2, 21).

Entender la verdad significa, para estos católicos, un obstáculo que les impide conseguir el fin de lo que más aman: su vida humana.

Estas almas, que van persiguiendo las obras humanas, que quieren estar bien con todo el mundo, agradarles en todo su actuar humano, han perdido la fe. Viven en la apostasía de la fe, es decir, en el alejamiento de la doctrina de Cristo, de la Verdad Absoluta.

Con sus mentes humanas, se han fabricado una fe humana, un nuevo credo, una nueva religión, un nuevo culto a Dios, que esté más acorde a su humanidad. Acomodan todo lo divino, todo lo sagrado, todo lo celestial, a sus intereses humanos en la vida.

Si no tienen fe divina, que es el principio de la vida espiritual, entonces todo gira mirando hacia su creencia humana. Han dejado de tener un recuerdo continuo de los mandamientos de Dios, van borrando de su memoria la ley de Dios, y han caído en la ceguera de la mente.

La luz del entendimiento, la luz de la verdad, sólo se consigue a través de la doctrina y la disciplina. Es el dogma aplicando el corazón a lo que se  enseña. Es poner las palabras de Dios en el corazón:

«Las Palabras que Yo te mando estarán en tu corazón» (Dt 6, 6).

Como esto lo han dejado de hacer -no les interesa ya el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia-, entonces su corazón se cierra a la verdad y su mente queda sin esa luz divina. Queda en lo natural, en lo humano, en la superficie de la vida.

«No olvides las palabras que han visto tus ojos y no caigan de tu corazón en todos los días de tu vida» (Dt 4, 9).

Olvidarse de las palabras de Dios, de su doctrina, de su ley, es fabricar una nueva iglesia en la apostasía de la fe.

«Muchos de sus discípulos apostataron» (Jn 6, 66). En el griego original: caminaron hacia atrás, hacia lo que tenían antes de convertirse.

Muchos católicos están retrocediendo de Dios. Dejan la fe católica, ya no obedecen a los mandamientos divinos, comienzan a obrar no según como son en la Iglesia Católica (sacerdotes, religiosos, fieles), sino como ellos quieren ser.

En toda apostasía siempre hay una voluntad rebelde a lo que manda Dios. Y, por lo tanto, un amor al pecado y un odio a la verdad.

Muchos católicos son ya apóstatas, y eso significa que son inútiles para seguir construyendo la Iglesia Católica.

Sin la fe católica es imposible agradar a Cristo en la Iglesia. Si la gente ya no cree en los dogmas, entonces ya no cree en la Iglesia Católica. Si se pierde la fe, entonces nada dispone el hombre en el mundo que le sea útil para salvar su alma. Y quien no busca salvar su alma está fuera de la Iglesia Católica. Si permanece dentro recibiendo los Sacramentos, sin este deseo divino en su corazón de salvar su alma, entonces sólo vive para destruir la Iglesia con sus obras y sus pensamientos.

«Roma, la Ciudad de las siete colinas, la que me era Fiel y ahora ha dejado de serlo, porque se prostituye, y han llenado de abominaciones el Lugar Santo; han llenado el Cáliz de Oro de blasfemias y prostitución y toda clase de abominaciones, convirtiendo el lugar de la Catedra de Pedro en una guarida de lobos, una cueva de ladrones, y ya nada bueno se escucha en el lugar de la Catedra de Pedro, porque las enseñanzas y la doctrina ya no es la Mia, no está en la Verdad, sino en  la mentira y en el engaño del gran Seductor, que obra y actúa en el falso profeta, quien se sienta en la silla de Pedro».

La que me era Fiel y ahora no lo es: apostasía de la fe.

Y esa Roma infiel, en su pecado de infidelidad, es por su prostitución: fornica espiritualmente con todo el mundo.

Hay dos fornicaciones: la propia del cuerpo y la de la mente.

Quien fornica con su mente, también fornica con su cuerpo. Quien lo hace en el cuerpo, no siempre lo hace con su mente.

La fornicación de la mente significa unir la mente, las ideas propias, a otra mente, a otras ideas, a otras filosofías. Es comulgar con esas ideas extrañas a la fe católica. Es lo que muchos predican: abrir la mente. Se abre la mente a la inteligencia del mal.

Roma se está prostituyendo en la mente: la Jerarquía ha abierto sus mentes para recibir aquellas ideas que van en contra de la Verdad Absoluta.

Cuando se abre la mente a la mentira, automáticamente el corazón se cierra a la verdad.

La mente, para caminar en la verdad, tiene que recibir la luz del corazón, que es la luz de la fe, la luz divina. Es Dios quien enseña al hombre la verdad, lo que es bueno y lo que es malo.

En Roma hay una cabeza que enseña a la gente que el bien y el mal proceden de cada uno. Esto es prostituirse en la mente. Esto se llama la fornicación espiritual. Y esto lleva a meter en la Iglesia, en los Altares, en los Sagrarios, lo abominable.

Allí, en Roma, sólo hay ladrones, lobos y gente mentirosa que vive la vida de su mentira, que construye su vida apoyado sólo en las fábulas de su cabeza.

Bergoglio está enseñando una doctrina de demonios, que no es la de Cristo. Es la propia de su cabeza humana, que no sólo ha fornicado con todas las mentes del mundo, sino que ha quedado loca en sus propias ideas.

El loco es el que da vueltas a su idea constantemente. Esto es Bergoglio. No hay manera de que salga de su idea y pueda ver la verdad. Siempre vuelve a su idea. Siempre busca un pensamiento para afianzarse en su idea.

Bergoglio está en la mentira y en el engaño del gran Seductor, es decir, de Satanás. Este hombre es movido por el espíritu satánico, que es la inteligencia de Lucifer. Lucifer es el orgullo; Satanás es el camino intelectual para obrar ese orgullo.

Después del Sínodo, la obra cumbre:

«El acuerdo del judas de estos tiempos con los ancianos y los maestros de la ley, dentro del Vaticano, está ya por firmarse -acontecimiento que sacudirá fuertemente la Iglesia, provocando más Mi Ira contra su traición y prostitución- en unión con los reyes de este mundo y todos los que les siguen engañados».

El Sínodo es para dar un sí a la doctrina que Bergoglio está enseñando. Una vez que se tenga esa aprobación, viene la firma con los reyes del mundo, con los gobernantes de este mundo, para levantar un nuevo orden mundial.

Se necesita una iglesia universal que apoye ese gobierno mundial. Y esto lo harán los Cardenales, los Obispos, los canonistas que se saben toda la ley pero para hacer la trampa.

«¡Ay de  aquellos pastores que nieguen Mi Verdad, que dejen de seguirme para ir tras el Falso Profeta!».

Esta es la encrucijada de toda la Jerarquía.

Ellos conocen toda la verdad y conocen todas las herejías de Bergoglio. Y prefieren estar callados, mientras hablan los laicos. Son los laicos los que dan testimonio de la verdad en la Iglesia. La Jerarquía es un conjunto de idiotas que sólo miran por su comida y su techo en la Iglesia.

¡Ay de tantos sacerdotes y Obispos que se creen con poder para ocultar la verdad de lo que está pasando en la Iglesia!

¿Quiénes son ellos para enseñar que Bergoglio es papa de la Iglesia Católica?

Son nadie, pero se han puesto por encima de Dios sólo por seguir a Bergoglio. Están detrás de un hombre, que además es un ser sin inteligencia: es un auténtico idiota. Pero lo siguen porque ese idiota les da de comer. Tienen miedo de enfrentarse  a toda la Jerarquía. Tienen miedo de lo que piensen los hombres. No quieren oponerse a los planes de los políticos, que Bergoglio ha abierto en la Iglesia.

Roma se ha vuelto política: un negocio, una revuelta, una cumbre de personajes del mundo que quieren velar por su idea perversa.

Y, desde Roma, se da la orden para que todo el mundo haga la vista gorda y den importancia a la doctrina de Bergoglio. Y es una orden categórica, basada sólo en una falsa obediencia, en una mentira. Es una orden que trae una falsa moralidad: o estás con Bergoglio o te echamos de la Iglesia.

Y la Jerarquía debe seguir callada porque ha sido amaestrada para obedecer la mente de los hombres, no para obedecer la Mente de Cristo.

Son un juguete en las manos de Bergoglio. Por no tener vida sacerdotal auténtica, ahora están que no saben qué hacer. Ven el peligro, pero no saben moverse en ese peligro. Prefieren amoldarse a la situación, como siempre han hecho, y seguir esperando.

Y si ahora es fácil oponerse a Bergoglio, porque ese hombre no le interesa lo que digan de él, sino sólo la publicidad: que la gente hable, mal o bien, pero que hable, que publiquen sus ideas perversas, lo que lanza cada día por las nubes del internet.

Si ahora es fácil, porque no hay persecución, sólo por debajo; después del Sínodo es cuando comienza la verdadera persecución. Y será mucho más difícil salir de esa encrucijada.

«¡Ay de  aquellos que cambien Mi verdadera Doctrina por la falsa doctrina de muerte, inspirada por el mismo Satanás, que entró en el falso profeta!».

No se puede cambiar ni una sola tilde del Evangelio. Y, por lo tanto, no se puede tocar el magisterio infalible y auténtico de la Iglesia. Quien los toque, sencillamente se condena en vida.

Sólo la Palabra de Dios salva al alma. Las palabras de los hombres son las que condenan, las que llevan al alma hacia una vida de maldad, de error, de mentira.

«¡Ay de vosotros sacerdotes, que habiéndome manifestado a vosotros por distintos medios, a través de mis Mensajeros de la Verdad, y  profetas de estos tiempos, se burlan de Mí, Me flagelan en ellos,  y Me ponen a prueba, martirizándome aún más, en lugar de recibir algún consuelo y alivio de sus corazones!».

Nadie de la Jerarquía cree en los profetas. Están cerrados a las enseñanzas del Espíritu en sus sacerdocios. Se creen sabios en sus estudios teológicos. Y por más que no encuentran un camino a su pensamiento teológico, no quieren bucear en los profetas para salir de su mentalidad humana. Y basan todo su sacerdocio en una teología falsa.

Por eso, tienen que dar importancia a la ecología de Bergoglio. Es la única salida que ellos ven a todo el problema teológico del pecado original.

Toda la Jerarquía se burla de todos los profetas que enseñan con claridad que Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica. Acallan Fátima, Garabandal, San Malaquías… Y no quieren escucharlos. De nada les va a servir sus grandes estudios teológicos. No se van a salvar por ellos. Cuando acepten a los profetas, entonces tendrán la luz que ahora rechazan por su soberbia.

Ahora, son los profetas quienes indican el camino de la salvación. Ya no es la Iglesia en la Jerarquía la que guía hacia la salvación. No; ellos condenan, muestran el camino del error.

«¡Ay de vosotros que sois duros de corazón, incrédulos como Tomás, cobardes como Pedro que me negó tres veces!».

Si no veo, no creo: este es todo el lenguaje de muchos católicos. ¿Para qué tienen la razón? Como impedimento para creer. Si la Iglesia oficial no me dice que Bergoglio no es papa, yo no lo creo. Rehuso con mi inteligencia a descubrir la verdad. Mi mente me impide llamar a Bergoglio como impostor. Mi propia mente me condena, es impedimento para la salvación de mi alma.

Tienen que entender primero con su razón y ver lo que no pueden ver. Así viven muchos, y así mueren muchos. Cuando mueren, entonces ven, pero ya es tarde.

Hay mucha dureza en los corazones de los católicos, porque sólo aman la mentira y atacan la verdad.

Un corazón se vuelve duro sólo porque se cierra a la verdad. Si la mente queda abierta a toda mentira, entonces el odio entra en el corazón y se dirige sólo hacia aquellos que enarbolan la bandera de la verdad.

Quien odia la verdad absoluta no puede comprender que no se ame  la mentira.

Hay cantidad de católicos así, con esta manera de pensar. Es el concepto de falsa misericordia: como todos somos hombres y erramos, entonces hay que seguir aguantando, hay que perdonar, hay que ser pacientes, hay que dar espacio para que el que vive mal no esté molesto con nuestro pensamiento que le juzga, sino agradado en comprobar que también entendemos su estado de vida, su pensamiento, sus obras.

Quien va pensado así la vida en sociedad, acaba odiando toda la verdad. Necesariamente tiene que acoger la mentira del mentiroso y verla como un valor en la sociedad y en la Iglesia.

Niegan a Cristo muchas veces, pero ya sin arrepentimiento. Se creen superiores a Pedro porque viven en una sociedad más progresista, más moderna.

Son cobardes, pero no les interesa salir de esa cobardía porque es su fuerza para seguir en su mentira.

«El castigo profetizado contra Roma pagana, beber Ella misma el Cáliz amargo de sus abominaciones y traiciones, la Roma infiel, es también para vosotros, que sois duros de corazón y estáis llenos de tibieza e hipocresía en vuestro servicio sacerdotal».

La Roma pagana es la mujer embriagada con la sangre de los mártires de Jesús: es esa Roma que persigue a los verdaderos católicos porque no pueden aceptar a un idiota como papa.

Y quien lo rechace, también tiene que rechazar toda su absurda doctrina. Y como esta doctrina es la llave para un nuevo orden mundial, entonces resulta que desde Roma viene la persecución de sangre.

Pero «quedará desolada y desnuda, y comerán sus carnes y la quemarán al fuego» (Ap 17, 16). Y eso lo hará el mismo Anticristo, que va a aborrecer a la misma Ramera que le ha servido para engañar a multitudes.

Y este castigo de Roma es para también para las multitudes de católicos que se dejan amaestrar por el loco de Bergoglio. Van a tener lo que han creído, lo que han buscado con sus inteligencias: la maldad.

«Podréis aparentar ser sepulcros blanqueados por fuera y engañar a los fieles que Me buscan en cada uno de vosotros, Mis Amados sacerdotes, pero Yo, vuestro Dios, que todo lo sé y todo lo veo, conozco cada uno de vuestros corazones, y muchos de vosotros sois dobles, sois hipócritas, porque por fuera estáis blancos, pero por dentro estáis llenos de podredumbre».

Es lo que se vive en toda la Iglesia: un fariseísmo brutal. Todos son santos en sus grandes herejías y pecados. Nadie quiere salvar su alma. Todos quieren agradar al mundo.

Es la última hora

obisposcondenado

«Hijitos, ésta es la última hora» (1 Jn 2, 18).

Es la «novissima hora»: la hora de los combates contra el demonio. Y no hay otra: detrás de un hombre de poder, están las oscuras artes del demonio.

Es la hora en que el demonio se manifiesta a través de los hombres. No hay que pararse en los hombres, sino discernir el espíritu con que cada hombre habla y obra. Los hombres son movidos por el espíritu del demonio. No sólo son tentados. No sólo se percibe una obsesión demoníaca en ellos. Hay muchos hombres poseídos por el demonio (= el demonio posee sus mentes humanas, no sólo sus cuerpos), y que ostentan un poder: político, económico, social, religioso.

Es la «novissima hora»: es la última de este tiempo: es la lucha contra el Anticristo de este tiempo. Porque todavía falta otro Anticristo; pero ése será al final, en el fin de los fines.

¡Estamos en el fin de los tiempos!

Ahora es el Anticristo del fin de los tiempos.

Ahora es cuando se implanta el gobierno mundial y la Iglesia universal.

Los hebreos que odiaron a Cristo: que lo mataron, que lo vieron muerto en la Cruz, que fueron testigos de Su Resurrección, pero que dieron falso testimonio…:

«Decir que, viniendo los discípulos de noche, le robaron mientras nosotros dormíamos… Esta noticia se divulgó entre los judíos hasta el día de hoy» (Mt 28, 13. 15b).

… esos hebreos, esos judíos son los que gobiernan, en la actualidad, la Iglesia.

«Se está consumando la más perversa conspiración contra la Santa Iglesia. Sus enemigos traman destruir sus más sagradas tradiciones y realizar reformas tan audaces y malévolas como las de Calvino, Zwinglio y otros grandes heresiarcas, con el fingido celo de modernizar a la iglesia y ponerla a la altura de la época, pero en realidad con el oculto propósito de abrir las puertas al comunismo, acelerar el derrumbe del mundo libre y preparar la futura destrucción del cristianismo» (Prólogo a la edición italiana – Conspiración contra la Iglesia – Maurice Pinay, 1962).

Desde hace mucho tiempo entraron en el interior del Vaticano y siempre se han movido en la oscuridad, nunca a la luz.

«(…) esas fuerzas anticristianas cuentan dentro de las jerarquías de la Iglesia con una verdadera quinta columna de agentes incondicionales a la masonería, al comunismo y al poder oculto que los gobierna, pues indican que esos cardenales, arzobispos y obispos serán quienes formando una especie de ala progresista dentro del Concilio, tratarán de llevar a cabo las perversas reformas, sorprendiendo la buena fe y afán de progreso de muchos piadosos padres» (Ib).

Esos judíos, por medio de otros, han matado a Papas, los han chantajeados, los han sustituidos con sosías, han manipulado sus mentes, porque es necesario poner al Anticristo, al rey terrenal, que es también mundial, el cual tiene que oponerse al Rey del Universo, que es Cristo Jesús, y a Su Iglesia en Pedro.

Por eso, ante un Papa legítimo no hay que alabar ni juzgar ni condenar su persona. Sólo hay que discernir a los que tiene a su alrededor. Es la única manera de saber qué está pasando en la Iglesia.

El poder masónico es maestro en dar a conocer lo que los hombres quieren creer. Esconde muchas cosas y sólo muestra lo que conviene en ese momento.

Todos aquellos que juzgan a todos los Papas, desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI, sólo siguen el juego de este poder masónico. Ellos son más inteligentes que todos los católicos juntos. Siempre van un paso adelante. Y, por eso, saben jugar con todo el mundo, saben poner el entretenimiento de masas.

Bergoglio es sólo eso: puro entretenimiento. Por debajo, está la jugada maestra que no enseñan.

Bergoglio está sometido, en todo, a ese poder masónico, a esos judíos que sólo quieren el poder en el Vaticano. Bergoglio es un rey que no gobierna, pero que tiene su orgullo propio, con el cual se opone a ese poder masónico.

Los judíos son el poder; los musulmanes, los que hacen el trabajo sucio. Son los romanos del tiempo de Cristo.

Los judíos usaron a los romanos para matar a Cristo.

El holocausto judío fue obra de los mismos judíos, del poder masónico, que usaron a otros para hacer la obra. Y no dudaron en suprimir una parte del pueblo judío para hacer recaer la culpa sobre otros. Y sólo con un fin: que el mundo entero y que la Iglesia, respete, reverencie, haga honor a los judíos

La culpa de la muerte de Jesús: los romanos. Sobre ellos vino el castigo de Dios. ¿Quién movió a los romanos? Los judíos.

¿Quién mueve las matanzas en el mundo entero? Los judíos, que usan a los terroristas, a los musulmanes, a los integristas, para ese trabajo sucio.

Es la «novissima hora»: no es la hora para dormirse en los laureles, creyendo que por pertenecer a la Iglesia, ya estamos salvados.

La Iglesia que vemos en el Vaticano –y, por lo tanto, en todo el mundo- no es la Iglesia de Cristo. ¡No es la verdadera Iglesia!

¡Bergoglio está tergiversando todo –TODO- lo que Cristo ha enseñado! TODO.

¡Bergoglio precede al Anticristo!

¡Es un falso Profeta, que ama ser glorificado por el pueblo!

¡Sediento de gloria humana!

Su vanidad y su orgullo preceden al Anticristo.

¡Labran el camino!

¡Señalan el camino!

¡Abren puertas para que se instale, en la cúpula vaticana, la gran abominación!

¡Su gobierno horizontal es el cisma declarado! ¡Es la primera división!

Se divide la Verdad del Papado: muchas cabezas gobiernan. Muchas cabezas piensan. Muchos hombres hablan la confusión, la torre de babel. Se parte el pastel del gobierno.

Se descentra el gobierno de Roma: cada cual decide, en su diócesis, lo que es la Iglesia.

Son cabecillas de un hereje.

Son los nuevos dictadores, que obran el poder de la masonería: son instrumentos de ellos, de esos judíos que nunca tuvieron intención de creer en Jesús, pero sí de seguirlo para atacarlo en todo.

¡Cuántos católicos hay así! Escuchan a Cristo, Su Evangelio, siguen las enseñanzas que la Iglesia da, pero es para espiar, es para meterse en lo más íntimo de la Iglesia para desbaratarla, romperla desde dentro.

Son como el demonio: la mona de Dios. El demonio ve todo lo que hace Dios, pero para imitarlo en el mal.

¡Cuántos Obispos y sacerdotes han hecho lo mismo!

Están en la Iglesia imitando lo que los buenos y santos sacerdotes hacen, pero para el mal.

Mucha Jerarquía da la impresión de ser santa: han asumido una falsa humildad. Han aprendido los gestos, las palabras, las obras que los santos hacían en su humildad y en su pobreza.

Un claro ejemplo: Bergoglio. Este hombre se maquilla de humildad y de pobreza para conseguir un amor de los hombres. Pero no tiene ni idea de lo que es vivir ni en pobreza ni en humildad.

¡Cuántos muestran al exterior una vida aparentemente irreprensible: inmaculados, puros, honestos! ¡Qué fácil es engañar con lo exterior de la vida! ¡Cuántos católicos caen en este engaño! Porque sus vidas son lo mismo: vidas para lo social, lo exterior, ligeras, superficiales, mundanas, llenas de nada.

¡Cuántos hacen, ante los demás, grandes obras – y muy buenas obras humanas – para que la gente vea que son buenos católicos, buenos sacerdotes, que deben confiar en ellos, que saben lo que hacen en la Iglesia!

Imitan exteriormente a los grandes santos sólo con un objetivo: alcanzar la cúpula, los puestos claves en el Vaticano, en cada diócesis. Buscan el mando, la autoridad, el gobierno de la Iglesia.

Desde siempre el ansia de poder, el orgullo de mandar, de tener un cargo en la Iglesia, ha hecho que muchas almas sacerdotales hayan destruido, ladrillo por ladrillo, la Iglesia. ¡Destruido! Para eso están en la Iglesia. Para eso son sacerdotes y Obispos y Cardenales: para destruirlo todo.

La destrucción que vemos en toda la Iglesia no es de ahora: viene de muy lejos. Ha sido tan oculta que nadie se ha dado cuenta.

Sólo, en estos cincuenta años, se ha ido descubriendo la maldad oculta en muchos sacerdotes y Obispos. ¡Y sigue la destrucción! Pero ahora se suman muchos más.

Ahora, toda la masa de los tibios y de los pervertidos, que con los Papas legítimos han estado atacando a la Iglesia, pero desde fuera; tienen con Bergoglio las puertas totalmente abiertas, para entrar y saquearlo todo. Y lo hacen en nombre de los mismos católicos, de la misma iglesia católica, poniendo como estandarte a su falso papa, Bergoglio. Ellos son lo que dicen, imitando a su demonio, Bergoglio, que la Iglesia está enferma y que Bergoglio es el sano, el justo, el inmaculado, el santo, el que ama a la Iglesia.

Es la «novissima hora»: Bergoglio lleva almas al Anticristo como don: es el regalo de un falso profeta a su mesías, a su dios, a su esclavitud.

Al igual que San Juan Bautista bautizó a las almas para prepararlas a penitencia; así Bergoglio bautiza a las almas en la vanidad y en el orgullo, para condenarlas, para que se pierdan por toda la eternidad.

El problema de Bergoglio es que no señala al Anticristo, como san Juan señaló a Cristo. No puede, porque no lo conoce. Bergoglio es un falso Profeta: es decir, tiene el Espíritu del Falso Profeta, pero no es la persona del Falso Profeta.

Bergoglio hace el trabajo del falso profeta, que es levantar la falsa iglesia para el Anticristo. Hasta que esa iglesia no sea puesta en pie, no sólo en el gobierno sino también en la doctrina, el Anticristo no puede aparecer.

La persona del Falso Profeta señala la persona del Anticristo. El Falso Profeta es el Falso Papa de la falsa iglesia universal, ecuménica. Todavía falta por ver quién es el verdadero Falo Profeta de la falsa iglesia. Hay que levantar, antes, esa falsa iglesia.

Bergoglio es un falsario: un falso Papa; pero todavía la falsa iglesia no aparece, no está levantada, no está consolidada. Bergoglio es la primera piedra de esa falsa iglesia.

Él ya ha puesto la primera división: quitar la verticalidad. Ahora, la Iglesia se construye de abajo arriba: del pueblo al jefe. No de la Jerarquía al pueblo.

Es el pueblo, es la gente, es la opinión de todos lo que levanta esa iglesia. Es una fe común, es una doctrina universal, es un camino en el mundo lo que fundamenta esa falsa iglesia.

Por eso, Bergoglio se dedica a dar entrevistas, a hacer que su doctrina sea conocida por todos, a poner en el gobierno de toda la Iglesia, en cada diócesis, su gente herética y cismática, como él, porque hay que ir a la segunda división.

¡Hay que dividir, no sólo la cabeza, el poder, sino también la doctrina!

El poder masónico presentó a Bergoglio la doctrina que tenía que ser impuesta en el Sínodo extraordinario.

Y Bergoglio se echó para atrás. ¡Fue su orgullo!

Bergoglio ha creado nuevos cardenales, porque se teme lo peor: no ha sido fiel al poder masónico, que lo ha puesto ahí. Y ellos ya no confían en él: ellos no esperan que en el próximo Sínodo, Bergoglio sea fuerte e imponga la doctrina que ellos quieren.

Por eso, es necesario poner a un jefe, a otro falso papa, que divida la iglesia en la doctrina. ¡Segunda división!

Un gobierno horizontal sin una doctrina horizontal no sirve para nada: sólo para crear más confusión en todas partes.

«El falso Profeta – el que se hace pasar como el líder de Mi Iglesia – está preparado para colocarse las ropas, que no fueron hechas para él. Él profanará Mi Sagrada Eucaristía y dividirá Mi Iglesia por la mitad, y luego a la mitad otra vez» (MDM – 8 de marzo 2013).

La Iglesia es Pedro, se levanta en Pedro, en un Papa legítimo, único. Y Pedro es: poder y doctrina. Pedro es un gobierno al que hay que obedecer; y una doctrina que hay que creer.

Estar en la Iglesia, ser Iglesia es obedecer al Papa y someterse a una doctrina, para poder salvarse y santificarse. Son dos cosas. Y quien falla en una de ellas, no puede salvarse ni santificarse. El camino en la Iglesia es el Papa y Cristo; el gobierno del Papa y la doctrina de Cristo.

Nadie se salva sin la Jerarquía: sin la obediencia a una autoridad legítima, divina, puesta por Dios. Pero no se obedece la persona del Papa, sino a Cristo en ella. Es decir, se obedece la doctrina de Cristo que el Papa enseña, que es una verdad Absoluta, inmutable, eterna.

Por eso, todo Papa legítimo es la Voz de Cristo, el mismo Cristo en la tierra.

Todo falso Papa es lo contrario: la voz del demonio, del mismo demonio encarnado en él, que posee su mente humana.

Todo falso profeta, todo falso papa, todo usurpador del Papado, divide a Pedro: divide el poder y la doctrina.

Todo falso profeta, todo falso papa profana a Cristo en la Iglesia: la Eucaristía, la santa Misa, su doctrina.

Bergoglio, falso profeta, el que se hace pasar por lo que no es; se hace pasar por Papa, y no es Papa; se hace llamar Papa, y no tiene el nombre de Papa; gobierna la iglesia como Papa y no gobierna nada, ni siquiera su falsa iglesia, porque su gobierno oficial horizontal carece de una doctrina oficial horizontal.

Bergoglio profana la Eucaristía: nada más vestirse las ropas para aparentar su falso Papado, lavó los pies a los hombres, a las mujeres, a los musulmanes, a los que tienen que hacer el trabajo sucio en la Iglesia.

Bergoglio profana la Palabra de Dios: en sus predicaciones, en sus misas, dice herejías. Predica que Jesús no es Dios, no es un Espíritu, sino sólo un hombre, una persona humana.

Bergoglio, en la Iglesia, profana a Cristo en las almas: se dedica a dar de comer a los pobres, a solucionar problemas sociales, humanos, a darle al hombre el reino de este mundo: la vanidad de la vida humana, el vacío de una vida mirando y enseñando la mentira.

Con su gobierno horizontal, Bergoglio dividió la Iglesia por la mitad.

El poder dividido: partido por la mitad. El poder ya no es para una obediencia, sino para repartirlo. Y así nace la dictadura en la Iglesia: se impone una forma de gobierno, que no es la verdad ni puede dar ni hacer caminar hacia la verdad. ¡Y se impone! Es una obediencia a la mentira. Todos obedecen un gobierno horizontal: eso es la dictadura. Todos esclavos de un mentiroso.

En la Iglesia sólo se obedece a Pedro: a una verticalidad. Es la obediencia a la Verdad que enseña Pedro.

En la falsa iglesia que se levanta en el Vaticano, se obedece a la mentira que enseña el falso papa, que actúa como lo que no es: Pedro. Bergoglio es sólo la figura vacía de Pedro. No tiene el espíritu de Pedro. No es Voz de la Verdad.

El poder de la Iglesia ha sido dividido en el Papado. Lo que vemos en el Vaticano no es el Papado como Cristo lo constituyó: no es un Pedro y, bajo él, toda la Jerarquía. Es un falso Pedro y, junto a él, muchas cabezas gobernando.

Primera división de la Iglesia: se reparte el poder. Se oficializó el gobierno horizontal. Ya no existe, oficialmente, la verticalidad. Ya no hay Iglesia en el Vaticano. No está la Iglesia en Pedro. Hay una iglesia en muchas cabezas: en un falso Pedro, con cantidad de mentes humanas a su alrededor que se reparten el pastel.

Con el Sínodo próximo, la Iglesia se va dividir de nuevo, por la mitad.

Se va a oficializar la nueva doctrina: la del error, la de la herejía, la del cisma.

Hasta el momento, Bergoglio es el único que sigue su propia doctrina, al margen de la doctrina de Cristo. Pero su doctrina no es oficial en la Iglesia: no es algo que todos deban creer, asumir, obedecer, obrar.

Después del Sínodo, será distinto. Es la nueva iglesia, con una nueva doctrina: la que predica el falso Papa, Bergoglio.

Se dividirá la doctrina: la Iglesia, en la doctrina, se partirá por la mitad. Ya no será una doctrina para obedecer, para someterse a ella, sino una doctrina para interpretarla al gusto de cada cual. Una doctrina abierta a todas la mentes de los hombres, menos a los que creen en la Verdad Absoluta.

Es la doctrina del relativismo universal de la verdad: es poner lo que piensa el hombre, lo que opina el pueblo, lo que está abajo, llevarlo arriba, al gobierno, para ser puesto como ley, como norma, como evolución del dogma. Es la ley de la gradualidad que fracasó en el Sínodo extraordinario.

Bergoglio es sólo un hombre que habla para la vida del mundo, la vida que agrada a muchos hombres que son del mundo. Y en el mundo sólo reina uno: el demonio.

Bergoglio, cuando predica, conduce a las almas hacia el demonio, hacia el reino de Satanás. No puede conducirlas hacia Dios, sino hacia su propio dios: su mente humana.

Antes estas dos divisiones, ¿qué hay que hacer en la Iglesia?

Los que todavía creen que Bergoglio es oficialmente Papa, no pueden otra cosa que seguirle y obedecerle.

Porque a «un Papa hereje y que persevera en la herejía no tiene sobre la tierra un poder superior a sí; tan sólo un poder ministerial para su destitución» (Cardenal Cayetano).

No lo pueden juzgar, ni criticar, porque es su papa. Y nadie es superior al papa.

Para los que creen que Bergoglio no es Papa, entonces pueden juzgar a Bergoglio y oponerse a él en todas las cosas.

Un hereje no es oficialmente Papa: esto es lo que enseña la Iglesia en la Bula Cum ex Apostolatus Officio, del Papa Pablo IV.

Es lo que enseña San Roberto Belarmino, Cardenal y Doctor de la Iglesia, De Romano Pontifice, II, 30:

«Un papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Este es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción».

Y es lo que enseñan lo Santos.

San Francisco de Sales (siglo XVII), Doctor de la Iglesia, «The Catholic Controversy» La Controversia Católica, edición inglesa, pp. 305-306:

«Ahora, cuando él [el Papa] es explícitamente hereje, cae ipso facto de su dignidad y fuera de la Iglesia…».

Bergoglio no tiene dignidad; está fuera de la Iglesia.

Pero muchos, ahora, prefieren seguir a Cayetano y esperar que un poder ministerial, es decir, un grupo de Cardenales y de Obispos, hagan renunciar a Bergoglio como Papa. Mientras no se haga esto, los que siguen esta línea teológica, están obligados a unirse a la mente de Bergoglio: tienen que obedecerlo y seguir su doctrina de herejía.

Esto es peligrosísimo para las almas. Y esto no es lo recomendable que haya que hacer, porque esto es ir en contra de la misma doctrina de Cristo.

¿Qué hay que hacer en la Iglesia?

¡Permanecer en Cristo, que es permanecer en la Verdad, en la doctrina que Cristo ha enseñado y que no puede cambiar nunca!

Permanecer: no corran de un lado al otro para encontrar a Cristo en la Jerarquía ni en los falsos profetas. ¡No hagan eso!

La Jerarquía que obedece a un falso Papa no da a Cristo, no enseña la doctrina de Cristo, no hace caminar hacia la salvación ni hacia la santidad.

¡No estén pendientes de lo que diga o haga la Jerarquía! Porque no hay un Papa que aúne, que una en la Verdad Absoluta. Hay un falso papa que dispersa en la mentira: que une en la diversidad de ideologías.

El Clero se ha vuelto traidor a Cristo. Y la razón: quieren preservar su propio prestigio ante los hombres y ante el mundo entero. Teniendo un falso papa aclamado por el mundo entero, ¿quién no quiere participar de esa gloria humana?

El clero no es tonto: sabe lo que es Bergoglio. Y, por eso, reverencia a Bergoglio porque tergiversa la doctrina de Cristo y la echa a la basura, que es lo que toda la Jerarquía traidora, infiel a la gracia, persigue en la Iglesia.

Se obedece a un traidor porque está destruyendo el poder y la doctrina. Esta es la maldad de mucha Jerarquía. Y esta es la verdad que nadie dice.

Es la «novissima hora»: es el tiempo de la Justicia Divina. Comenzó con el Sínodo extraordinario. En el tiempo de la Justicia, sólo se obra lo que el demonio quiere. No lo que quieren los hombres. Los hombres, en la Iglesia, ya no deciden nada. Es el Espíritu el que guía a toda la Iglesia. Quien no esté en la Verdad, entonces es guiado por el demonio; quien permanezca en la Verdad, entonces encontrará a Cristo en su vida.

El mundo no necesita de una ternura, sino una cruz, una verdad, un camino de salvación.

dinero2

«Creemos… en Nuestro Único Señor Jesucristo… quien por nuestra salvación descendió y se encarnó…» (D54).

Así define el Concilio Niceno el motivo de la Encarnación del Verbo: nuestra salvación, es decir, la redención del pecado. Redimir al género humano de la obra del demonio en su naturaleza humana.

Jesús viene al mundo para redimir. Por eso, dice:

«…así como el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28).

La Encarnación es para dar la vida en rescate por muchos. Eso es redimir: morir para dar la vida a otros. Redimir no es darle un beso al otro, no es darle un cariñito, ni un abrazo. Es morir. Redimir no es hablar para contentar al otro con un lenguaje que agrade a su mente y a sus oídos. Es morir a toda lengua humana, a toda filosofía del hombre. Redimir es señalar al hombre el camino en el cual no hay pecado. Porque donde no está el pecado, allí está la salvación del alma.

«… pues el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19, 10).

La Encarnación es para buscar y salvar lo perdido. El hombre, desde que nace hasta que muere, está perdido. Y aunque esté bautizado y reciba unos sacramentos, siempre se puede perder para toda la eternidad. Nadie está salvado mientras viva en este mundo. Nadie está confirmado en gracia mientras haya un pecado en su alma. En un instante, la salvación eterna se puede perder. Es sólo cuestión de orgullo y de soberbia:

«No hay justo, ni siquiera uno; no hay uno sabio, no hay quien busque a Dios. Todos se han extraviado, todos están corrompidos; no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno» (Rom 3, 11-12).

Jesús se encarnó, Jesús nació para salvar a los pecadores. Para esto la muerte en Cruz: para que los hombres obtuvieran la gracia y la gloria.

«Cierto es, y digno de ser por todos recibido, que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero». (Gal 4, 5).

Jesús no murió en la Cruz para alimentar los estómagos de los pobres, sino para purificar los corazones de sus negros pecados.

Jesús, cuando se encarna en una naturaleza humana no asume al hombre, no asume a todos los hombres, no asume sus vidas humanas, no asume sus sufrimientos humanos, no asume sus lágrimas humanas, no asume sus obras humanas, no asume sus mentes humanas.

Jesús asume una naturaleza humana gloriosa, no las miserias de los hombres, no sus pecados. Jesús, en su naturaleza gloriosa, carga con los pecados de todos los hombres. Es su obra redentora. Carga, pero no los asume, no se une a ellos. Es su Misterio de Salvación. Y, por eso, el mundo necesita la Cruz de Cristo, no necesita ternura. Necesita clavar en la Cruz la voluntad del hombre para impedir el pecado, el mal en el mundo.

«¡Cuánta necesidad de ternura tiene el mundo de hoy!» (ver texto).

¡Cuánta estupidez en la boca de este super-necio!

Bergoglio, Obispo (falso Obispo), ministro del Señor en la Iglesia (falso ministro), ni juzga rectamente ni guarda la ley del Señor.

No es verdadero profeta del Señor:

«Clama a voz en cuello sin cesar; alza tu voz como trompeta y echa en cara a Mi Pueblo sus iniquidades, y sus pecados a la casa de Jacob» (Is 58, 1).

Bergoglio no predica nunca del pecado. Nunca. Porque no tiene el Espíritu del Señor.

¿Qué es lo que predica?

Dale un beso al mundo; abraza el mundo; baila con el mundo; únete al mundo.

Falso Profeta, que clama al mundo desde su falsa iglesia, instalada en el mismo Vaticano.

«Todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que precede del mundo» (1 Jn 2, 16).

Luego, el mundo no necesita de la ternura de Dios ni de la paciencia de Dios: todo lo que hay en él es pecado. Y el pecado no necesita una ternurita, sino una justicia, un castigo, una expiación, un dolor, un sufrimiento, un despojo, una negación.

El mundo vive en sus pecados, ¿vas a darle cariñitos?

«No hay paz, dice el Señor, para los impíos» (Is 57, 21)

Dios es paciente, pero no con el mundo. No puede; Dios es Misericordioso, pero no con el mundo. No puede.

«El mundo pasa, y también sus concupiscencias» (Ib).

¿Para qué quiere el mundo la ternura si va a pasar, si se va a terminar, si no vale para nada?

¿Para qué quiere Dios ser misericordioso con un mundo que no quiere la misericordia, porque vive en el triple pecado?

Esta es la frase bella, sentimentaloide, que gusta a todos, pero que es una clara herejía, va en contra de la Sagrada Escritura. Dios enseña que:

«el que hace la Voluntad de Dios permanece para siempre» (Ib).

Dios es tierno con el que hace Su Voluntad; Dios tiene Misericordia con el que hace Su Voluntad. Esto, Bergoglio se lo pasa por su entrepierna: le importa un comino la Voluntad de Dios porque sólo vive para su estúpido orgullo de su vida.

«Riquezas, honra y vida son premio de la humildad y del temor de Dios» (Prov 22, 4).

¿Quieres dinero en tu vida? No peques. Arrepiéntete de tus pecados. Haz la Voluntad de Dios.

¿Quieres honra en tu vida? No peques. Obra, siempre, buscando la gloria de Dios con los demás.

¿Quieres una vida feliz? No peques. Usa todas las cosas como plataforma para hacer la Voluntad de Dios.

Necia es esta pregunta:

«¿tenemos el coraje de acoger con ternura las situaciones difíciles y los problemas de quien está a nuestro lado, o bien preferimos soluciones impersonales, quizás eficaces pero sin el calor del Evangelio?» (ver texto).

¿Tenemos el coraje de decir al prójimo: no peques más para que tu problema se quite?

¿Quedan católicos en la Iglesia que no tienen miedo de hablar claro a sus semejantes, y de decirles la verdad de las cosas aunque se queden solos, aunque pierdan el amigo o el hijo?

¿O eres de esos católicos que quieren solucionar las cosas siendo buenísimos con todo el mundo, con un beso, con un abrazo, con un cariño, con una condescendencia que los condena, porque fallan a Cristo?

El pecado del otro no necesita una ternura, sino una cruz, una espada, una justicia. ¿Se la das?

El problema de la vida se quita arrepintiéndose y expiando el pecado en cada corazón. ¿Lo haces?

¡Pero qué necios los católicos que no saben discernir una frase tan sencilla de un hombre que sólo habla para conquistar sentimientos de la gente, pero no para darles la verdad de sus vidas!

¿Qué cosa ofrece Bergoglio? La fe fiducial:

«Sin embargo, lo más importante no es buscarlo, sino dejar que sea él quien me busque, quien me encuentre y me acaricie con cariño. Ésta es la pregunta que el Niño nos hace con su sola presencia: ¿permito a Dios que me quiera?»(ver texto).

¿Qué no es importante buscar a Dios?

«Buscad a Dios mientras puede ser hallado» (Is 55, 6): porque hay un tiempo en que Dios se esconde y nadie lo encuentra.

El que no busca no encuentra.

El que no se despoja de su humanidad, no encuentra la divinidad.

El que no busca la ley eterna en su naturaleza humana no encuentra la paz del corazón en su vida espiritual.

¡Qué necesario es buscar! Porque en la vida lo más fácil es vivir sin Dios, creyendo que con un amor sentimental ya Dios está contento con uno.

«Ancho es el camino del infierno, ¡cuántos van por él!». Porque no buscan en la verdad; no buscan en la crucifixión de sus voluntades humanas; no buscan en el desierto de sus vidas.

Cuando el hombre aprende a despojarse de su vida humana, entonces comienza a buscar a Dios.

Y Dios se deja encontrar de los que le buscan. De los que no le buscan, Dios se esconde:

«Me dejé hallar de los que me buscaban» (Is 65, 1).

Dios «se deja hallar de los que no le tientan, se manifiesta a los que no desconfían de Él» (Sab 1, 2).

Hay que buscar a Dios:

«Buscad a Yavé y Su Poder, buscad siempre su Rostro» (Sal 14, 4).

Sólo los necios buscan el rostro del hombre. Sólo los estúpidos de corazón predican que no es importante buscar a Dios. Sólo los idiotas de mente hacen caso a las palabras de un necio y dejan de buscar la verdad en sus vidas.

«El Santo Espíritu de la disciplina huye del engaño y se aleja de los pensamientos insensatos, y al sobrevenir la iniquidad se aleja» (Sab 1, 5).

Dios está apartado del pecado de Bergoglio en la Iglesia. Dios se aleja de toda aquella Jerarquía que obedece a Bergoglio. Quien busca a Bergoglio como Papa deja de buscar a Dios en su vida espiritual, porque busca el engaño. Y Dios huye del engaño. Dios nunca da un Papa de pensamientos insensatos. Nunca. Cuando Bergoglio usurpó el Trono de Pedro, Dios se alejó de Roma.

Dios sólo está en el corazón que le ama como un niño:

«¿Quién te amó que no haya llegado a conseguirte?» (San Agustín).

Sólo los humildes de corazón consiguen a Dios, lo encuentran, lo hallan. Porque:

«el corazón amante está habitado por lo que ama. Quien ama a Dios lo posee en sí mismo» (Sto. Tomás – El hombre cristiano).

Amar a Dios es hacer Su Santa Voluntad. No es darle besos al mundo. Es crucificar al mundo y a los hombres, para que aprendan que la salvación es un camino estrecho, donde no hay cariñitos para nadie.

«llamadle en tanto que está cerca»: porque en el pecado Dios está lejos, pero en el arrepentimiento, Dios está al lado: «Yo habito en la altura y en la santidad, pero también con el contrito y humillado» (Is 57, 15b).

Para buscar a Dios hay que dejar los caminos del pecado, hay que abandonar los pensamientos de herejía, hay que vivir haciendo la Voluntad de Dios.

«dejar que sea él quien me busque»: Dios no busca al hombre.

«quien me encuentre»: Dios no encuentra al hombre.

«y me acaricie con cariño»: Dios no acaricia con cariño al hombre.

Dios no anda detrás del hombre. Dios no persigue al hombre. Dios hace Justicia y Misericordia con los hombres.

«Oíd y no entendáis, ved y no conozcáis. Endurece el corazón de ese pueblo, tapa sus oídos, cierra sus ojos. Que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni entienda con su corazón, y no sea curado de nuevo» (Is 6, 10).

Esto es lo que ha hecho el Señor con toda la Iglesia.

Los católicos oyen a Bergoglio y no entienden que es un falso profeta. Ven sus obras y no conocen la maldad que está en ellas. Toda la Iglesia se ha endurecido en su corazón y ya no sabe amar a Dios: sólo sabe seguir un engaño, la palabra rastrera de un hombre sin piedad.

Ya los católicos no escuchan la verdad: tapan sus oídos a la verdad revelada. Sólo quieren llorar con las lágrimas de los hombres; sólo quieren vocear con las voces de los hombres; sólo quieren hablar con las palabras de los hombres.

Los católicos no ven a Dios porque no son capaces de ver al maldito que los gobierna: lo llaman bendito, santo, justo. Y lo aplauden como si fuera la figura central del Misterio de la Iglesia.

Fundamento del error es Bergoglio y ¡cuántos son los que lo ensalzan en sus parroquias, en sus capillas, en sus despachos episcopales, en sus vidas podridas en la Iglesia!

La Iglesia no tiene cura porque no quiere ser curada de la maldad, del pecado, de la mentira, del error que cada día un hombre, al que llaman Papa, pregona desde su absurdo gobierno horizontal.

¿Para qué quieres tantas cabezas en el gobierno si ninguna tiene a Dios en su corazón?

¿Para qué tanto discurso vacío de la verdad si lo que te importa es llenar tus bolsillos de dinero?

«¡Cuánta necesidad de dinero tiene el mundo de hoy!».

Cuando Bergoglio se pone sentimental es para pedir dinero en la Iglesia. Él es un maniático de la bolsa del dinero. No puede predicar una homilía sin pronunciar a sus malditos pobres en su iglesia.

«Hay verdaderamente muchas lágrimas en esta Navidad junto con las lágrimas del Niño Jesús» (ver texto): llora, Bergoglio, llora por tu humanidad.

«Que su fuerza redentora transforme las armas en arados, la destrucción en creatividad, el odio en amor y ternura» (Ib): predica, Bergoglio, predica tu teología de la liberación.

Nadie en la Iglesia se levanta para criticarte. Todos miran como bobos a un idiota de Papa. Y todos saben que es idiota. Pero todos callan, porque tú les das de comer. Y es lo único que quieren en la Iglesia. Lo demás, no les interesa.

Cristo no es importante ya en la Iglesia.

Son las lágrimas de Bergoglio lo que mueve el dinero en la Iglesia.

Bergoglio y sus estúpidas homilías eso es negocio redondo en la Iglesia.

¡Qué vergüenza de católicos!

¡Qué vergüenza de Jerarquía!

¡Qué vergüenza es Bergoglio, no sólo para la Iglesia, sino para todo el mundo!

Jesús es la delicia de los hombres cuando éstos quitan de sus vidas sus malditos pecados:

«Cuando te abstengas de profanar el sábado y de ocuparte de tus negocios el día santo, y hagas del sábado tus delicias y lo santifiques, alabando a Yavé, y Me honres, dejando tus negocios, el trabajo que te ocupa y los discursos vanos, entonces será Yavé tu delicia y te llevará tu carro a las alturas de la tierra» (Is 58, 13).

El Niño Dios no pregunta desde los brazos de Su Madre: ¿permito a Dios que me quiera?

¡Qué sentimentaloide es este personaje!

¡Qué ramalazo tiene de humanismo!

¡Cómo llora por sus hombres, por su humanidad!

¡Qué falso misticismo!

¡Qué caradura de tipo!

Jesús pregunta desde su cuna: ¿Quieres quitar tus pecados para hacer Mi Voluntad o quieres seguir pecando haciendo tu propia voluntad? ¿Es Mi Voluntad Divina tu delicia o es tu voluntad humana tu placer en tu vida de hombre?

¡Que haya católicos que todavía no se enteren de los engaños de Bergoglio es señal de que la Iglesia está muy mal! ¡Todo está podrido! ¡Todo! ¡Nada más es contemplar lo absurdo de la vida de los católicos!

¿Cómo pueden obedecer la mente de un hombre que no es capaz de darles la verdad como Dios la ha revelado? ¡Esto es lo absurdo!

¡Gente que ve la herejía de este hombre y se atreven a llamarlo Papa!

¡Qué absurdo!

¡Que miopía espiritual!

Pero, ¿dónde está la Verdad en Bergoglio?

«La vida tiene que ser vivida con bondad, con mansedumbre (Ib).

¡Que no! ¡Hombre, que no es eso! ¡Que no hay que vivir para una bondad humana ni para una humildad artificial, de sentimientos baratos!

¡Que la VIDA ES PARA UNA VERDAD!

¡Una verdad que Dios pone en el corazón de cada alma!

¡Una verdad divina!

¡Una verdad revelada!

¿Comprenden esto los católicos?

¿O qué quieren que se les predique?

¿Qué quieren escuchar? ¿Esto?

«Cuando nos damos cuenta de que Dios está enamorado de nuestra pequeñez, que él mismo se hace pequeño para propiciar el encuentro con nosotros»(ver texto).

¿Esta mentira les gusta?

¿Cuándo Dios se ha enamorado de un hombre?

¿Cuándo Dios se ha enamorado de la pequeñez de los hombres?

¿Los hombres son pequeños?

¿Los hombres son humildes?

¿Los hombres son sencillos?

¡Anda ya! ¡No te burles de los católicos! ¡Deja tu guasa a un lado!

Jesús se encarna, no para encontrarse con los hombres, sino para salvarlos de sus pecados.

¡SALVACIÓN DEL ALMA! ¡No cultura del encuentro masónico!

Jesús no viene a encontrarse con ningún hombre, con ninguna cultura, con ningún político, con ningún pensamiento del hombre.

Jesús viene a que el hombre se dedique a hacer Su Santa Voluntad.

¡Y ay de aquel hombre que decida no hacerla!

Pero a los católicos les gusta lo que predica Bergoglio:

«la humildad de Dios… es el amor con el que, aquella noche, asumió nuestra fragilidad, nuestros sufrimientos, nuestras angustias, nuestros anhelos y nuestras limitaciones»: la Navidad es el amor que asume la vida de los hombres, sus sentimientos, sus ideas, sus problemas humanos.

¡Cómo gusta esto!

Jesús no nace para esto: no nace para llorar con los hombres; no nace para caminar con los hombres, no nace para abrazar y besar las heridas de los hombres. Jesús no se encarna para esto. Jesús no pierde el tiempo con los problemas de los hombres, ni con sus lágrimas, ni con sus obras maravillosas.

¿Por qué habla así este personaje?

Es fácil. Lo dice él mismo:

«Dios, que había puesto sus esperanzas en el hombre hecho a su imagen y semejanza, aguardaba pacientemente. Dios esperaba. Esperó durante tanto tiempo, que quizás en un cierto momento hubiera tenido que renunciar. En cambio, no podía renunciar, no podía negarse a sí mismo (cf. 2 Tm 2,13)».

Este es el concepto que Bergoglio tiene de Dios. Un concepto que no pertenece a la fe católica.

«Dios, que había puesto sus esperanzas en el hombre»: Dios nunca espera en el hombre, nunca pone sus esperanzas en el hombre: es el hombre el que tiene que esperar en Dios, el que tiene que desear a Dios, el que está obligado a dejar sus deseos humanos, sus planes humanos, su mente humana, para poseer la virtud de la esperanza que sólo se da en la fe.

Quien no sabe esperar a Dios es que no sabe creer a Dios cuando habla, no sabe escucharlo en su corazón, no sabe desprenderse de sus ideas humanas sobre su vida humana para someterse a la Mente de Dios.

¡Gran error de Bergoglio!

Decir esto, que Dios pone sus esperanzas en el hombre, significa que el concepto que Bergoglio tiene de Dios pertenece al hombre: es un concepto racional, natural, humano, pero nunca espiritual ni divino; que sólo se puede obrar en lo horizontal, no en lo vertical: sólo se obra mirando al hombre, no se obra desde Dios, mirando a lo alto. Se obra para darle un gusto al hombre, una gloria al hombre, pero nunca dando gloria a Dios.

Si al hombre se le muestra un Dios que no confía en el hombre, entonces el hombre no quiere ese Dios, lo aparta de sí. Es lo que trata de enseñar este personaje.

Os doy un Dios, un concepto de Dios compasivo, tierno, abierto a las necesidades del hombre, amable con todo el mundo, que está pendiente de la vida, de los problemas, de los sentimientos y deseos de los hombres. Que te da un beso, un abrazo, un cariñito: «¿permito a Dios que me quiera?»

Y, por eso, yo soy un “papa” para el hombre, para sus vidas humanas, terrenales. Yo os comprendo porque os sigo en vuestra vida de hombres, me ocupo de vosotros. Tenéis que amarme porque os doy un dios amor, un dios tan sentimentaloide que se nos cae la baba – a todos – de idiotas como nos convertimos al pensar en este concepto de Dios.

Bergoglio trata a todos los hombres como imbéciles al enseñarles un dios que no existe en la realidad:

«Seis cosas aborrece el Señor: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente. Corazón que trama iniquidades, pies que corren presurosos al mal. Testigo falso, que difunde calumnias y enciende rencores entre hermanos» (Prov 6, 16).

¿Puede un Dios estar esperando a un hombre que obra lo que Él aborrece?

¿Puede un Dios poner la esperanza en un hombre que obra lo que Él odia?

¡Por favor!

¿Cómo los católicos se dejan engañar tan fácilmente por la palabrería barata e inútil de este sinvergüenza?

¿Por qué le siguen llamando Papa a un hombre que no sabe decir una verdad dogmática cuando habla?

¿Qué ven en la mente de este hombre para alabar su inmundicia cuando habla?

Sólo hay una respuesta: los católicos pervertidos y tibios andan detrás de Bergoglio, no por sus palabras, sino por lo que les da: todos quieren sacar tajada de su gran negocio que ha montado en el Vaticano y en todas las parroquias.

Todos quieren un trozo de pastel:

Poder: estar en ese gobierno horizontal, ser una cabeza que piense la Iglesia

Dinero: repartirse las ganancias en la nueva administración donde sólo los ricos ganan, mientras se habla de que hay que recoger dinero para los pobres

Placer: una vida de felicidad terrenal en la cual no haya que ocuparse de ningún problema mientras se bese el trasero de Bergoglio, mientras se le dé publicidad.

El mundo necesita ternuritas. Sí, sí. El mundo necesita de un sistema económico que me haga rico a mí, que soy el “papa” de los idiotas, de los que se dejan engañar por mis palabras baratas y rastreras.

Y no hay más explicación. No hay otra razón.

Nadie ama a Bergoglio, pero todos dicen que lo quieren porque les da de comer, porque es negocio redondo en la Iglesia.

Es el hombre que se quería. Ahora, todos detrás del poder. Todos detrás del dinero. Todos detrás de la fama.

Quieren a Bergoglio porque quieren participar de lo que antes no podían. Ahora, a destruir la Iglesia y hacer una empresa humana en la que todos den su opinión. Todos hagan lo que les dé la gana. Todos se digan a sí mismos: qué buenos que somos porque alimentamos estómagos de los pobres.

¿Quieren comunismo? Obedezcan a Bergoglio.

¿Quieren condenarse? Obedezcan a Bergoglio.

¿Quieren ser del mundo? Obedezcan a Bergoglio.

Cristo conoce a los suyos. Y ninguno de ellos anda besando el trasero de Bergoglio.

El tour de Bergoglio en el Sínodo

red october

«Puedo decir serenamente que – con un espíritu de colegialidad y de sinodalidad – hemos vivido verdaderamente una experiencia del «sínodo», un itinerario solidario, un «viaje juntos»» (ver texto).

«Puedo decir serenamente»: el hombre de la falsa paz. Después del mal que ha hecho en todas partes el primer documento de la “Relatio”, un mal que ya no se puede quitar, un mal que va a engendrar muchos otros males, se atreve el bufón del Vaticano –al que muchos, en su malicia, llaman Papa- a declarar la paz con sus palabras blasfemas.

Este es el lenguaje propio de un falso profeta, de un hombre que sabe medir sus palabras para decirle al que le escucha lo que quiere oír, lo que hay en su mente, lo que piensa, lo que el demonio le pone. Pero no es un hombre que hable la realidad de lo que ha pasado en el Sínodo: no habla la verdad, sino su gran mentira, que es el gran engaño para todos, y que levantó una gran ovación en el Sínodo.

La Jerarquía de la Iglesia vive en el lenguaje herético de Bergoglio. No lo sabe discernir: se quedan con la boca abierta al escuchar sus infames palabras sobre lo sucedido en el Sínodo. ¡Qué pena! ¡Cuántos sacerdotes, Cardenales, Obispos, se van a condenar a partir de ahora! ¡Por no haberse opuesto a Bergoglio en el Sínodo! ¡Por haberle aplaudido! ¡No hay excusa en quienes tienen la plenitud del sacerdocio, como son todos los Obispos! ¡No hay excusa para su blasfemia contra el Espíritu santo!

Bergoglio habla para darse gloria a sí mismo, para ponerse como el santo, el justo, el que está ahí, en medio de todos, para producir la paz en el lenguaje de los hombres: «Y, como he osado decirles al inicio, era necesario vivir todo esto con tranquilidad y paz interior también, porque el sínodo se desarrolla cum Petro et sub Petro, y la presencia del Papa es garantía para todos». ¡Qué osadía no quitar el primer pecado y repetirlo ahora! ¡Qué terrible osadía! ¡Qué gran osadía ponerse como el santo en medio de demonios, como el que sabe lo que estaba pasando, pero callaba! Y callaba para hablar ahora: para ser el pacificador, el que une, el que da a todos la paz: aquí estoy yo…todos bajo pedro… Vivan todo esto con paz interior y tranquilidad… Yo ya sabía que se iba a producir esta división y, por eso, he tenido paz interior… Mi presencia es garantía para todos.. Y la Jerarquía de la Iglesia, como boba, aplaudiendo a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe.

¿No caen en la cuenta de que la Jerarquía ha sellado su condenación eterna? ¿O esto es difícil de tragar, de entender, para ustedes? ¡Qué ciegos están todos en la Iglesia Católica! ¡Cómo saludan a un mentiroso, a uno que los ha dividido durante este Sínodo! Uno que es maestro de división. El culpable de todo lo que ha pasado en este Sínodo: Bergoglio. Y terminan aplaudiéndolo, vitoreándolo. ¿Comprenden la jugada del masón Bergoglio? ¿O todavía están como “niños de pecho” en la Iglesia?

Y esos que hablan, no saben lo que dicen: «Tantos comentadores han imaginado ver una Iglesia en litigio donde una parte esta contra la otra, dudando hasta del Espíritu Santo, el verdadero promotor y garante de la unidad y de la armonía en la Iglesia. El Espíritu Santo que a lo largo de la historia ha conducido siempre la barca, a través de sus Ministros, también cuando el mar era contrario y agitado y los Ministros infieles y pecadores».

¡Todos han contemplado, estos días, una Iglesia dividida, una iglesia que clama al cisma, que lleva al cisma! ¡Esa es la realidad! ¡No es una imaginación!¡ No es una fantasía de la mente!¡No ha sido un sueño!

«Tantos comentadores han imaginado»: ¿Cómo es que Bergoglio no se ha dado cuenta del cisma, de la clara división entre los cardenales, Obispos y sacerdotes de todo el mundo? ¿Cómo es que no ha visto a los fieles rebelarse contra él mismo porque es un hombre que ha callado cuando tenía que hablar?

¿Ahora, hablas, Bergoglio, para llevarte el triunfo que no has cosechado? Eso se llama traición a la Verdad, traición a Cristo, traición a toda la Iglesia. ¿Es que toda la Iglesia ha fantaseado con la división que se producía en el Sínodo, por culpa de mucha Jerarquía que ha abandonado la fe verdadera para seguir la fábula de la mente de los hombres? ¿Es que el documento que han sacado la primera semana no es un cisma oficial en la Iglesia? ¿No es una herejía pura que va en contra de todo el Magisterio de la Iglesia? ¿De qué mentes que han imaginado una división hablas? ¿Se ha vuelto loca toda la Iglesia? ¿Tiene que ir al psiquiatra toda la Iglesia porque se ha inventado una división, un litigio, una guerra, un cisma que no existe? Y el documento final que han sacado ¿no es, acaso, la putrefacción de este Sínodo? ¿No es la defecación mental de Bergoglio y de todo el clan masónico que le apoya?

No hemos imaginado una Iglesia en disputa: hemos palpamos –y lo seguimos palpando- con nuestras vidas, con nuestras existencias, la Iglesia dividida, el cisma claro en toda la Iglesia, porque a nadie le interesa la Verdad Revelada. Todos están viviendo sus vidas enganchados a sus lenguajes humanos. Todos aplaudiendo a un maldito.

«dudando hasta del Espíritu Santo»: Y nadie ha dudado del Espíritu Santo, sino que todos dudan de Bergoglio y de toda la Jerarquía, que ya no tienen al Espíritu Santo; y, por tanto, que ya no pueden hacer nada por la unidad en la Verdad, porque se unen a un hereje, que sólo sabe hablar para ganarse el aplauso del mundo. Por eso, esa Jerarquía, esa colegialidad, ese Sínodo, esos hombres que se creen sacerdotes y Obispos, no son garantes ni de la fe, ni de la verdad en la Iglesia. Son conductores de demonios, son guías de ciegos, son maestros en engañar a todo el mundo, porque se han engañado a sí mismos.

¿Cómo Bergoglio se atreve a decir esto?: «he visto y escuchado – con alegría y reconocimiento – discursos e intervenciones llenos de fe, de celo pastoral y doctrinal, de sabiduría, de franqueza, de coraje y parresia». ¿Dónde has visto y oído eso, Bergoglio? ¿Qué has estado soñando mientras escuchabas blasfemias en ese Sínodo? ¿En qué mundo de ideales vives que no te enteras de la verdad a tu alrededor? ¡Ven, cómo desvaría en su mente este charlatán!

Si hubiera habido esa fe, ese celo por la doctrina, esa sabiduría divina, esa valentía por decir la verdad -y sólo la verdad-, entonces no se hubiera sacado esa “Relatio” la primera semana del Sínodo, no se hubiera hecho ese gran mal a toda la Iglesia. ¿Cómo tiene la caradura de decir que ha visto y ha oído a gente llena de fe y después han sacado un documento que es pura herejía?

¡Ven, qué arte en la palabra del engaño tiene este personaje! ¡Ven, cómo se pone: en el centro, en la santidad, en la justicia! Y la culpa de lo que ha pasado en el Sínodo, la tienen los de fuera, los comentaristas, los blogs que han hablado de más. Ellos, los grandes Jerarcas, los grandes animadores de las masas, que han convertido la misa en una fiesta; ellos, los que ya no saben hablar ni de la oración ni de la penitencia, ni de la Cruz ni de las virtudes para ganar el Cielo, sino que toda su “parlanchanería” es sobre el diálogo, la tolerancia y el llenar estómagos de la gente; ellos, la gente llena de fe, de sabiduría, de parresia, que han sacado un documento para condenar almas. ¡Esto es estar loco! ¡Esto es hablar con la mente enajenada! ¡Esto es tomar por idiotas a toda la Iglesia!

Pero, ¿quién se cree que es Bergoglio para seguir engañando a toda la Iglesia con su loca palabrería humana? ¡Qué desvarío el de este hombre!

¡Esto es un falso profeta! Así habla un hombre que mira la cara del demonio todo el día para ver qué lenguaje tiene que emplear para satisfacer a todo el mundo.

Mientras los hombres han discutido en el Sínodo, él ha estado callado. Es su maestría en el lenguaje humano. Calla y que otros se mojen, que otros metan la pata. Y, al final, cuando todos han visto sus errores, él no los cuenta, no parte de esa realidad, sino que empieza a criticar a todo el mundo, menos a los propios Cardenales y Obispos que han hablado herejías en ese Sínodo, y han puesto el cisma en medio de la Iglesia. Empieza a inventarse una falsa espiritualidad, a explicarlo todo con la putrefacción que tiene su mente.

Esto es siempre un falso profeta: calla, otorgando el error en los que hablan; habla, después, para recibir los aplausos de todos, para acallar los gritos que ya se escuchaban por todas partes. Es la sed de gloria que tiene este hombre, y que en este discurso se observa desde la primera palabra.

En ese Sínodo no han estado bajo el Espíritu de Pedro, porque Bergoglio no lo tiene. No es Papa, no es Pedro, es un falso Papa, una falsa cabeza para una falsa iglesia. En ese Sínodo han estado bajo el espíritu del mundo, que es el propio del espíritu de la sinodalidad: «con un espíritu de colegialidad…vivimos… un «viaje juntos».

¿Qué ha sido el Sínodo? ¿Una obra de fe? Un viaje juntos: un pasatiempo para Bergoglio. Un entretenimiento, unas vacaciones, porque todo estaba ya preparado por él y por su clan masónico.

El Sínodo ha sido el tour de Bergoglio.

Y todo lo que expresa en este discurso son sólo palabritas humanas, lenguaje barato y blasfemo, que gusta a todo el mundo, porque dice muchas cosas y no dice ninguna verdad. Lo dice todo y no dice nada. No dice lo que tiene que decir. No se atreve a hablar de la verdad de la división, que todo el mundo ha contemplado en el Sínodo. Todo el mundo, menos Bergoglio. Él lo calla y pone su falsa espiritualidad: «Personalmente me hubiera preocupado mucho y entristecido sino hubieran estado estas tensiones y estas discusiones animadas; este movimiento de los espíritus, como lo llamaba San Ignacio si todos hubieran estado de acuerdo o taciturnos en una falsa y quietista paz».

Era necesario mover el ambiente: ése era el tour de Bergoglio. Tenía que tentar a todos poniendo dos temas a discusión: mal casados para comulgar; la bienvenida a los homosexuales. No hay que estar de acuerdo en la doctrina de la Iglesia y, por tanto, a discutir, a enzarzarse los unos con los otros, para que despierten de las añoranzas de lo tradicional. Hay que convertir las mentes de los hombres a la nueva interpretación del dogma que trae Bergoglio.

Bergoglio: el instrumento del demonio para mover los espíritus, para crear división. Él ha sido el culpable. Y él se pone como un santo, recurriendo a su falso misticismo.

En su tour, Bergoglio va recorriendo la historia del Sínodo: lo exterior de la vida: “momentos de correr rápido”, “momentos de cansancio”, “momentos de entusiasmo”, “momentos de consuelo”, “momentos de confort”….Lenguaje humano….¡Momentos, momentos, momentos!…Como la canción…Es el tiempo superior al espacio…Es su herejía favorita… Es el tiempo la medida del desarrollo del dogma. En el pasado, el dogma se entendía según ese tiempo. En el presente, en la iglesia de Bergoglio, el dogma ya no es dogma… Es el tiempo, pero lo principal es el fin al que se quiere llegar.

Bergoglio da vueltas y vueltas, endulzando la mente con expresiones bellas, cogiendo el sentimiento del hombre con afectos de un hombre que sólo mira al hombre, pero sin dar la realidad, la verdad. No puede: se la atraganta. Se inventa la realidad con su mente. Bergoglio es como Kant, como Hegel, pero en versión moderna, barata, mediocre. Y en ese lenguaje, propio de un hombre que es maestro en engañar, es sabio para emplear las palabras que hay que decir, comienza a criticar. Y los critica con su falso lenguaje místico, que es una aberración:

a. a los tradicionalistas: «el deseo de cerrarse en la escritura (la letra) y no ser sorprendido por Dios, el Dios de las sorpresas (el espíritu)»: un hombre que no ha comprendido el dogma, la Verdad Revelada y que la llama: la letra. Y a las sorpresas de Dios: lo llama el Espíritu. Esto es la mente de este sinvergüenza. Ni sabe lo que es el Evangelio, la Palabra de Dios; ni sabe lo que es el Espíritu de Dios. El Espíritu es una sorpresa, un juego de los tiempos actuales. Hay que dejar de aferrarse a lo tradicional, a la filosofía y teología de siempre, la de Santo Tomás, y hay que pensar como Kasper, con la mente arruinada de verdad que tienen ese personaje. Bergoglio no sabe lo que es un fariseo. Para este hombre, el fariseo es el tradicionalista. El que se aferra al dogma. Y no ha comprendido que el fariseo es aquel que vive en su propia mente humana, con su propia ley humana. Ejemplo vivo de un fariseo actual: Bergoglio. El fariseo no se ve fariseo, sino que ve al tradicionalista como fariseo.

«dentro de la ley, en la certeza de lo que sabemos y lo que todavía tenemos que aprender y lograr»: esto es hablar por hablar, para llenar una cuartilla de sandeces. Porque dentro de la ley no hay ninguna certeza. Es dentro de la Gracia donde se da la certeza de lo que el hombre tienen que saber. Dentro de la Gracia. Y, en Ella, siendo fiel a la Gracia, se aprende y se logra lo que el alma no sabe aún. Este «dentro de la ley», para Bergolgio, es su ley de la gradualidad. No se refiere a la ley divina, porque este hombre no cree en ella para nada. Habla de la ley. Pero ¿de qué ley? Quien sepa lo que piensa Bergolgio, enseguida le lee el pensamiento: habla de su ley masónica, que es la única que sabe seguir.

b. a los progresistas: «a nombre de una misericordia engañosa venda las heridas sin primero curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causa y las raíces». Bergoglio se distancia de mucha jerarquía que es modernista, pero que le ataca a él. Ataca su comunismo, su marxismo. Aquí este hombre está haciendo política. Hay que vendar las heridas, pero con el marxismo, no con otras ideas políticas que tienen algunos. Es el juego político de Bergoglio. Es lo que se cuece en su nuevo gobierno, que también está dividido. Muller contra Kasper. Muller, que es un progresista, pero no marxista. La causa de que no se resuelvan los problemas en la Iglesia es, para Bergoglio, que la Jerarquía no se hace marxista: se queda en un modernismo anticuado, de ideas, pero no de obras para el pueblo.

c. «La tentación de transformar la piedra en pan para romper el largo ayuno, pesado y doloroso; y también de transformar el pan en piedra , y tirarla contra los pecadores, los débiles y los enfermos, de transformarla en “fardos insoportables”». ¿Qué ha querido decir con esta frase? Sólo una cosa: estoy desvariando… No sé lo que estoy diciendo… Hablo de romper el sacrificio y eso lo llamo tentación. Y esa tentación después la tiro contra los pecadores. ¿Tiene algún sentido esto? Ninguno. Ideas que mezcla, que confunde, y que, como resultado, saca un párrafo abstracto, idealista, que nadie comprende, ni siquiera él mismo. Esto es el lenguaje del falso misticismo: tomar de aquí, de allá, y sacar una conclusión que no vale para nada. Al final, sólo queda la idea que le interesa: no vayas contra los pecadores, no cargues fardos insoportables. Esto es lo único que quiere expresar. Y lo hace con una falsa espiritualidad en su lenguaje, con una oscuridad en la lógica.

d. «La tentación de descender de la cruz, para contentar a la gente, y no permanecer, para cumplir la voluntad del Padre; de ceder al espíritu mundano en vez de purificarlo y inclinarlo al Espíritu de Dios»: aquí está la clave de su falsa espiritualidad: purificar el espíritu del mundo. El mundo es del demonio. Luego, no se puede purificar. Jesús da Su Espíritu al hombre para que viviendo en el mundo, no sea del mundo. No se puede inclinar el espíritu del mundo al Espíritu de Dios. Porque no se pueden servir a dos señores: o el alma está con Dios y, por tanto, tiene el Espíritu de Dios; o el alma está con el demonio y, por tanto, vive y obra con el espíritu del mundo, que es el propio del demonio. No se puede purificar al demonio. El infierno existe y está lleno de demonios que no pueden volver a tener el Espíritu de Dios. Esta es su gran herejía en su doctrina de la espiritualidad, que es su memoria fundante.

e. «La Tentación de descuidar el “depositum fidei”, considerándose no custodios, sino propietarios y patrones, o por otra parte, la tentación de descuidar la realidad utilizando ¡una lengua minuciosa y un lenguaje pomposo para decir tantas cosas y no decir nada!». Ven, ¿cómo es maestro en hablar de los demás, y ponerse él como el santo? ¿Ven, cómo ataca el depósito de la fe? ¿Acaso Bergoglio es custodio de ese depósito? Si fuera así, entonces ¿por qué, para Bergoglio, Dios no existe, Jesús no es un Espíritu, el pecado no es una mancha en el alma…? ¿Por qué ataca Bergoglio lo que él es? Sólo una razón: quedarse él como el santo en la Iglesia, como el que tiene la verdad, como el que sabe usar el lenguaje apropiado para dar esa verdad. ¿Todavía no han comprendido lo que es un falso profeta?

Vean su climax:

«Esta es la Iglesia, la viña del Señor, la Madre fértil y la Maestra premurosa, que no tiene miedo de aremangarse las manos para derramar el oleo y el vino sobre las heridas de los hombres (Cf. Lc 10,25-37); que no mira a la humanidad desde un castillo de vidrio para juzgar y clasificar a las personas. Esta es la Iglesia Una, Santa, Católica y compuesta de pecadores, necesitados de Su misericordia. Esta es la Iglesia, la verdadera esposa de Cristo, que busca ser fiel a su Esposo y a su doctrina. Es la Iglesia que no tiene miedo de comer y beber con las prostitutas y los publicanos (Cf. Lc 15). La Iglesia que tiene las puertas abiertas para recibir a los necesitados, los arrepentidos y ¡no sólo a los justos o aquellos que creen ser perfectos! La Iglesia que no se avergüenza del hermano caído y no finge de no verlo, al contrario, se siente comprometida y obligada a levantarlo y a animarlo a retomar el camino y lo acompaña hacia el encuentro definitivo con su Esposo, en la Jerusalén celeste».

Este es el climax de su herejía. Aquí está resumido todo su pensamiento sobre la Iglesia.

a. una iglesia humana, no cristiana, no divina: El óleo y el vino se derraman sobre las heridas de Cristo, no sobre los hombres;

b. una iglesia sin justicia, sin verdad, sin ley divina: Se mira a la humanidad para juzgarla en el Espíritu de Cristo y ponerla un camino de salvación o de condenación;

c. una iglesia del pecado y para vivir y obrar el pecado: La Iglesia Católica está compuesta de santos, no de pecadores. Los pecadores, tienen el Sacramento de la Penitencia para dejar sus pecados y ponerse en el camino de la santidad;

d. una iglesia infiel a la gracia y al Espíritu: Sólo la Iglesia puede ser fiel a Su Esposo y a Su Doctrina con el verdadero Papa legítimo, que es Benedicto XVI. La iglesia de Bergoglio es infiel a Cristo y a su Iglesia;

e. una iglesia abierta al mundo, que bebe las mismas aguas del mundo: La Iglesia Católica no come con el mundo, con las prostitutas, con los pecadores, no hace una fiesta con ellos, no comulga con las ideas de los herejes, de los cismáticos, de los apóstatas de la fe. La Iglesia Católica va en busca del pecador para salvarlo, para alimentar sus lama, para inidicarle el camino de la santidad de vida;

f. una iglesia de la masonería y del protestantismo: La Iglesia Católica no está abierta a los pecadores que no quieren quitar sus pecados; la Iglesia Católica no predica una misericordia sin justicia, sin dejar claro que hay que estar en la Presencia de Dios con el corazón arrepentido de los pecados.

g. Una iglesia comunista y marxista, donde no puede darse el bien privado: La Iglesia Católica no es un comunismo de los hombres que sólo buscan el negocio de los negocios: tener el aplauso del pueblo para así poseer sus mentes y sus vidas.

Este ha sido el tour de Bergoglio en el Sínodo, que ha dado un documento herético. Es lo mismo que sacaron la primera semana, pero han cambiado el lenguaje. Pero ahí está toda la herejía para que, en este año, se trabaje en quitar los dogmas, como así se va a hacer en la práctica. Es lo que los Obispos han dicho a la Iglesia: caminen con nosotros este año.

Si se quieren condenar, háganlo. Si se quieren salvar, salgan ya de Roma. Que cada cual elija su vida.

Roma hechizada por las palabras de un bufón

zxcv

«Muchos son los pecados de Jerusalén; por eso, fue objeto de aversión; cuantos antes la honraron la desprecian viendo su desnudez, y ella misma suspira y vuelve su rostro» (Lam 1, 8).

Jerusalén, en este primer capítulo de las Lamentaciones, es la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo (cfr. Col 1, 24), como Esposa de Cristo, a la cual Cristo amó y se entregó por Ella (cfr. Ef 5, 29). Iglesia desolada, que se sienta «como viuda», que «llora amargamente» y que le «fallaron todos sus amigos y se le volvieron enemigos» (Ib., v.1)

Somos miembros místicos del Cuerpo de Cristo, hijos espirituales de Su Esposa, que tienen que pasar por la vía dolorosa de la Pasión y de la Muerte de Cristo, que es la Cabeza de la Iglesia, para después resucitar, de manera esplendorosa, en el Reino de la Paz.

La Iglesia no es algo abstracto, no es un conjunto de hombres: son almas unidas a Cristo, por lazos místicos y espirituales, que forman una sociedad perfecta. Y hay muchas almas que se han vuelto enemigas de Cristo y de Su Iglesia. Y permanecen dentro de Ella con un rostro de amigo, pero con obras de enemigo. Hay muchas que no son Iglesia, que no pertenecen a Ella, a pesar de que tengan y reciban los Sacramentos.

La Iglesia tiene que sufrir y morir, como lo hizo Su Cabeza. Mas «las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Mt 16, 18), porque Cristo ha vencido a todo el infierno en Su Cruz. Y también la Iglesia, como Cuerpo de Cristo, debe vencer a todo el infierno, en la Cruz, abrazada a Su Cabeza.

Pero es una batalla dura que los miembros de Cristo tienen que pasar. No es un juego de niños. Es una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). Muchos perderán la fe en Cristo y en Su Iglesia. La persecución a los verdaderos católicos, a la verdadera Jerarquía, desvelará el Misterio de la Iniquidad.

Un gran cisma va a ocurrir en el interior de la Iglesia. Este cisma ya ha comenzado, de manera silenciosa, con la usurpación del Trono de Pedro y con el establecimiento de un gobierno horizontal en el Vaticano, que lleva al gobierno mundial de un solo hombre. Pero este cisma no será público hasta que no quiten la Eucaristía, el Sacrifico Perpetuo (cfr. Dn 9, 27).

Este cisma es una gran división: una iglesia modernista, liderada por un falso papa o falso Profeta; y una Iglesia remanente, que es la que defenderá la Tradición Divina, el Magisterio Auténtico de la Iglesia y la Palabra de Dios, como valores inmutables y perfectos para todos los hombres.

La iglesia modernista ya ha comenzado con Bergoglio y su grupo horizontal, que es un grupo de anticristos. Pero es el inicio. Debe todavía consolidarse en toda maldad: «Muchos de ellos, gritando y levantando sus voces, presentarán mentiras, no sólo contra las leyes establecidas por Mis Enseñanzas. Lo que realmente quiere es crear un nuevo dios. La nueva figura guiadora de Mi Iglesia, será promovida como cualquier elección de alto perfil de líderes políticos» (MDM – 14 nov. 2012).

Bergoglio fue elegido canónicamente, según las leyes canónicas, pero no según la ley de la Gracia. Su elección al Trono es nula por la Gracia; es válida según las leyes canónicas. Atendiendo a estas leyes, él gobierna como Obispo de Roma, pero sin el Primado de Jurisdicción. Es decir, sólo con un poder humano, ya que el poder divino, que le venía del Papa legítimo, queda anulado por su herejía pertinaz. No es, por tanto, Papa, sino un falso Papa.

Bergoglio ha puesto su gobierno horizontal sin colocar nuevas leyes que rijan esa estructura en horizontal. Y, por tanto, el ejercicio de su gobierno humano tiene que hacerse ocultamente, porque todavía se apoya en las leyes de la verticalidad. Y están trabajando para poner nuevas leyes y así elegir falsos papas como se hacen en el mundo. Por eso, Bergoglio no es la persona del Falso Profeta, no es el falso Papa. Es el inicio necesario para instalar al falso Papa, que es elegido a dedo por los hombres, y así se cumple la profecía de San Francisco de Asís: «En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto).

Ese hombre elegido no canónicamente es el que, en verdad, destruye la Iglesia: «Muchos autoproclamados eruditos de la iglesia pronto cuestionarán Mi Verdadera identidad y la Existencia de la Santísima Trinidad. Usarán grandiosos argumentos para cegaros a la Verdadera Palabra de Dios, y usarán todo tipo de argumentos teológicos, para demostrar que todas las religiones son iguales. Pronto van a rechazar la Verdad – la Palabra de Dios. Ellos profanarán la Palabra de Dios con complicadas y contradictorias doctrinas, y los que asisten a la iglesia en todas partes, no serán los más sabios, ya que están alimentados con tonterías. Se esconderá Mi Palabra y se le dejará acumular polvo» (MDM – 6 de septiembre 2014)

De esta manera, puede presentarse el Anticristo: «La Iglesia será desmantelada de muchas maneras ante que él, el Anticristo, sea rogado que se involucre en Ella. Él será involucrado con la decisión para lanzar una nueva religión mundial. Todos estos cambios – en donde la Iglesia hace un llamamiento público para la unificación de todas las religiones- se llevarán a cabo antes que el Anticristo tome su asiento en el Trono de Mi Hijo en la tierra» (MDM – 7 de septiembre 2014 )

Es necesario una sucesión de anticristos en la Iglesia para colocar al Falso Profeta, al Falso Papa que señale a la persona misma del Anticristo. Y así se cumple la profecía de San Malaquías: «In psecutione extrema S.R.E. sedebit» («En la última persecución se sentará una sucesión de reyes en la Iglesia»).

La Iglesia remanente tiene que ser clandestina y perseguida: vivirá en las catacumbas, sin ninguna publicidad, sin ningún apoyo de los grandes del mundo. Sostenida sólo por el Espíritu. La otra, la falsa iglesia, que presenta un falso cristo, es la que permanece pública, en la propaganda masónica y comunista, porque es el Tiempo de la Iniquidad, en el cual tiene que aparecer el hijo de Satanás, o también llamado el Maitreya, en sanscrito “ser iluminado”, el instructor del mundo, el imán madhi, el Señor de la Época, el maestro divino, el salvador de la humanidad, el mesías esperado por todas las religiones.

El nuevo orden mundial y el Vaticano aclamarán a Maitreya como el mesías esperado, el líder único religioso y con la soberanía sobre todos los hombres (cfr. Ap 17, 17)

Un hombre con una impostura religiosa; un hombre que gobernará con las 10 potencias mundiales (cfr. Dn 7, 24), que es «la gran Ramera que está sentada sobre las grandes aguas, con quien han fornicado los reyes de la tierra» (Ap 17, 2). «Las aguas que ves, sobre las cuales está sentada la gran Ramera, son los pueblos, las muchedumbres, las naciones y las lenguas» (Ap 17, 15)

Un hombre que «hablará palabras arrogantes contra Dios» (cfr. Dn 7, 25a), que «cambiará los tiempos y la Ley» (v. 25c, que se sentará en el santuario de Dios y se proclamarás dios (cfr. 2 Ts 2, 4).

Tiene que cumplirse la Sagrada Escritura: «Yo he venido en Nombre de Mi Padre y vosotros no Me recibisteis; si otro viniera usurpando Mi Nombre, le recibiríais» (Jn 5, 43).

Han usurpado el Trono de Dios, han puesto a un falso Papa, que es un payaso, y todos locos con ese hombre: negando a Cristo y su doctrina. ¿Qué pasará cuando llegue el Anticristo usurpando el Nombre de Cristo? Si los miembros de la Iglesia han quedado cegados por la palabra barata de un bufón, ¿qué se puede esperar cuando un hombre empiece a hacer milagros y diga que es el Cristo?

El Anticristo, en estos momentos, es el líder del nuevo gobierno mundial. Recorre el mundo y nadie lo conoce, porque es experto en cambiar de apariencia. Tiene que camuflarse en distintos rostros. Tiene que ser hoy una persona influyente en lo económico, político, cultural, y mañana ser un amigo íntimo de cualquier hombre.

El Anticristo necesita su Falso Profeta para poder darse a conocer. No necesita un bufón. Y hasta que no aparezca ese Falso Profeta, que es un Falso Papa en una falsa Iglesia, no se muestra el Anticristo. Hay muchos falsos profetas en todo el mundo y en la misma Iglesia, pero uno solo es la persona del Falso Profeta que señala a la misma persona del Anticristo.

Bergoglio es un falso profeta, pero no es la persona que señala al Anticristo. Él ya ha señalado a su anticristo, que es Kasper, el cual tiene el mismo espíritu del Anticristo, pero no es la persona del Anticristo.

Bergoglio ya ha señalado a la persona que le va a suceder, porque así obra todo falso profeta: habla para indicar la mente de un anticristo; habla con la mente de ese anticristo; habla para que ese anticristo obre. Un falso profeta nunca obra, sino que deja que otros hagan el trabajo de lo que él predica o dice. El falso profeta da falsos conocimientos, falsas enseñanzas, falsas doctrinas, que no son suyas, sino que las ha aprendido, ya de otro, ya del mismo demonio. Pero no persigue a nadie. Deja vivir. El que es un anticristo es el que hace daño, el que persigue a los que no obedecen su mente diabólica. El falso profeta no tiene el espíritu de un anticristo, pero sí posee su fuerza, su visión, su obra.

El Anticristo hace sus milagros en sus grupos, que tiene por todo el mundo, y tiene una oración, titulada “la gran invocación”, con la cual el alma –con sólo leerla- queda infestada, oprimida, obsesionada y poseída por muchos demonios (no la consulten si no tienen auténtica vida espiritual; no la vean sin usar sacramentales).

El Anticristo es el que tritura las mentes de los hombres con demonios que se instalan en ellas. La obra del Anticristo es la posesión de la mente del hombre. Esa posesión domina la mente y hace que el hombre peque y no se confiese, no se arrepienta de sus pecados, convirtiéndolo así en esclavo de Satanás sin que el hombre se dé cuenta: «Todo es limpio para los limpios, mas para los impuros y para los infieles, nada hay puro, porque su mente y su conciencia están contaminadas» (Tit 1, 15).

Hay muchos católicos, que ya son tibios y pervertidos, que están contaminados, porque su mente está poseída por Satanás. Y esto es una señal de que el Anticristo ya está en el mundo obrando: la perversión del juicio en mucha Jerarquía de la Iglesia y en muchos miembros de ella. Una perversión que les impide salir de su mente, de su juicio: no pueden discernir la Verdad.

Ahí tienen a un Bergoglio, con toda su cuadrilla de herejes; ahí tienen a tanta Jerarquía que dice que la doctrina de Bergoglio es católica; ahí tienen a tantos fieles que ya no saben los dogmas, las enseñanzas de la Iglesia, porque viven inmersos en el demonio: no pueden salir de sus mentes. Están poseídos, porque el mundo en que vivimos es la obra del Anticristo. Y éste sólo obra así: poseyendo la mente del hombre. Cuando la posee, el hombre obra automáticamente la idea que el demonio le pone en su cabeza. Y no puede zafarse de esa idea. Por eso, es muy peligroso leer cosas del Anticristo, escucharlo, verlo. Un falso profeta no tiene este poder. Por eso, se puede leer a Bergoglio, pero no se puede leer los escritos del Anticristo.

Este falso Cristo anuncia que viene un aviso, un “nuevo pentecostés”, en la que todo ojo le verá: es el día de su manifestación, de su declaración mundial, que se hará por todas las cadenas de televisión, por internet. Ese día, los verdaderos católicos no tienen que mirarlo ni escucharlo para no quedar atrapados. Quien lo mire, lo tendrá que seguir: recibirá un espíritu demoníaco, que le atará su mente y su voluntad, y será obligado a servirle.

Este falso mesías es un falso imitador de Cristo y, por tanto, habla en sus mensajes de muchas cosas: amor, paz, justicia, fraternidad. Pero nunca dice la Verdad. Es el lenguaje perfecto para captar el sentimiento del hombre y llevarlo a la idea que él quiere: «El mayor pecado que estáis por cometer, es honrar a un dios falso. Vestido con joyas, él será encantador, sutil y con una aparente comprensión de las Enseñanzas del Libro de Mi Padre. Vosotros caeréis bajo su hechizo. Él torcerá Mis Enseñanzas que se volverán herejía. Esta religión, una alternativa a la Verdad de Dios, es indigna. Sin embargo tendrá un aspecto exterior de encanto, amor y maravillas y engalanada con oro nuevo y piedras preciosas, que se lanzará como una nueva religión mundial en todos los altares» (MDM – 14 de noviembre de 2012).

El Anticristo emerge para establecer un solo gobierno, religión y economía mundial. Y, por tanto, él declarará estar a la cabeza de todas las iglesias y gobiernos del mundo. Es el que va a tomar posesión, próximamente, después del Gran Aviso, del Trono de Pedro, para poner su doctrina mundial.

El Anticristo no va a aparecer hasta después del Gran Aviso, porque tiene que mostrarse como salvador, en la gran confusión que la humanidad tendrá en esos momentos. Hablará de amor y ayudará a toda la humanidad ofreciendo alimentos, ropas, casa, medicinas, etc., pero con la condición de la implantación del microchip.

El Gran Aviso es un arma de doble filo: producirá muchas conversiones, pero «no se arrepintieron de las obras de sus manos» (Ap 9, 20). Muchos no renunciarán a sus vidas pasadas, sino que las continuarán, porque no han comprendido el camino de expiación, de sufrimiento, de negación de sí mismos para alcanzar la salvación.

Dios da el don de conversión, pero el hombre tiene que merecer «gracia tras gracia» (Jn 1, 16b) para ganar el cielo. Cuando el alma vive apegada a las cosas de la tierra, a lo humano, le cuesta horrores desprenderse de todo eso. Y si se añade las circunstancias tan terribles de la vida humana, ese cataclismo que va a desconcertar a todos, en que faltará comida, vestidos, medicinas,…, entonces es fácil seguir al Enemigo, vender el alma por un plato de lentejas.

«Os echarán de la sinagoga; pues llega la hora en que todo el que os quite la vida pensará prestar un servicio a Dios. Y esto lo harán porque no conocieron al Padre ni a Mí» (Jn 16, 3).

En la perversión de la mente de muchos, que se dicen católicos, ya se ve esta persecución. Los verdaderos católicos serán expulsados y excomulgados por el mismo Vaticano por defender la fe en Cristo y en Su Iglesia. Esto ya ha comenzado de manera oculta. Esto ya lo palpan algunos pocos sacerdotes que deben retirarse al monte, al desierto. La Iglesia ya no los quiere porque no siguen a Bergoglio. Y los verdaderos fieles encuentran la oposición de sus familias, amigos, gente de la Iglesia, porque no siguen a Bergoglio. Ya hay muchos que condenan a católicos que se oponen a Bergoglio. Es la obra del Anticristo: ata la mente para que no se pueda entender la verdad.

Ahora, para ser Iglesia, hay que trabajar silenciosamente y tenerlo todo en común, como en las primeras comunidades. En la Iglesia remanente el centro es el Santo sacrificio de la Misa. Si hay ese centro, si se cuida la Misa, entonces, se tiene para comer, se tienen medicinas, se tiene todo lo material.

Cuando llegue el Anticristo con su microchip, hay que tener comunidades clandestinas, en los montes, autosuficientes en servicio, alimentos, cultivos, porque el trabajo del Anticristo va a ser como en la segunda guerra mundial: militares que lo rastrean todo y aquel que no lleve el implante, a los campos de concentración, condenados a muerte.

Las persecuciones se harán por todos los medios: políticos, militares, por rastreo satelital y terrestre. La gente no prepara la iglesia remanente, porque está viviendo en la burbuja del Anticristo.

El Señor se retirará de las parroquias, capillas, modernistas, donde se celebra la Misa ya adulterada en su esencia consagratoria. Esas iglesias serán habitadas por los demonios: «el Eterno mandará sobre ella el fuego por largos días y por mucho tiempo será habitación de demonios» (Bar 4, 35).

La sede de Pedro se trasladará de Roma a Jerusalén: «El atrio exterior del templo déjalo fuera y no lo midas, porque ha sido entregado a las naciones, que hollarán la ciudad santa durante cuarenta y dos meses» (Ap 11, 2). En Roma ondeará la bandera comunista y comenzará la misión profética de los dos testigos durante el reinado del anticristo: «Mandaré a mis dos testigos para que profeticen, durante mil doscientos sesenta días, vestidos de saco» (Ap 11, 3). Y se cumplirá así la profecía de La Salette: “La Iglesia será eclipsada, el mundo estará en la consternación. Pero he ahí Enoc y Elías, llenos del espíritu de Dios; predicarán con la fuerza de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas. Harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo, y condenarán los errores diabólicos del anticristo».

Bergoglio es sólo el inicio de un gran desastre en la Iglesia. Sus últimas homilías en santa Marta son su gran decadencia, su gran vulgaridad, su gran blasfemia contra el Espíritu Santo. Es un hombre que lo mantienen, porque conviene a todos en el Vaticano.

Pero es un hombre que debe ser puesto a un lado, porque no tiene la capacidad para romper el dogma. Él sólo sabe seducir, pero no sabe usar el poder de seducción con la fuerza de la inteligencia. Eso lo sabe hacer un anticristo: uno que coge la idea y le da mil vueltas para que el otro acepte su idea. Eso es Kasper. Si Kasper sube al poder, comienzan las excomuniones. Mientras esté Bergoglio, todo es sentimentalismo barato. Todo es llorar por los hombres: darse un beso, un abrazo y llamar a todos santos en la Iglesia.

Comienza la verdadera maldad. Antes del Sínodo ya se pueden observar signos, ceremonias que indican una cosa: todos van a estar de acuerdo para poner otra cosa en la Iglesia: otro estilo de misa, de papa, de sacerdote, de obispo. Y, muchos, muchísimos, van a seguirlo porque es su plato de comida.

«Echó mano el enemigo de todos sus tesoros; vio penetrar en su santuario a las gentes de las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación. Todo su pueblo va suspirando en busca de pan; han dado cuanto tenían de precioso para mantener la vida. Mira , oh Señor, y ve cuán abatida estoy» (Lam 1, 10-11)

Las fábulas comienzan a aparecer en el Vaticano

58134507

«Has de saber que en los últimos tiempos sobrevendrán tiempos difíciles, porque habrá hombres egoístas, avaros, altivos, orgullosos, maldicientes, rebeldes a los padres, ingratos, impíos, desnaturalizados, desleales, calumniadores, disolutos, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, protervos, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios, que con una apariencia de piedad están en realidad lejos de ella. Guárdate de ellos» (2 Tim 3, 1-5).

Este es el fiel retrato de los hombres de este final de los tiempos que vivimos. Y están en el mundo y dentro de la Iglesia. Están en la familia y en la Jerarquía. Son amigos y son gente que gobierna una parroquia para destruirla.

«Vi otra bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón» (Ap 13, 11).

Esta bestia es el falso Profeta, que es un falso Papa en la Iglesia, representado en los dos cuernos, y que habla como un dragón.

Este falso Papa ya ha aparecido en el Vaticano: es Francisco, el cual no es el legítimo Sucesor de Pedro, no es el Vicario de Cristo.

Tiene la apariencia religiosa de un Papa, pero su lengua, su malicia, ambigüedad y astucia son infernales. Son del dragón. Tiene el espíritu del dragón.

El dragón tiene siete cabezas y diez cuernos; es decir, es el espíritu que lucha contra todo lo divino en el mundo y en la Iglesia. Lucha contra la Mujer envuelta en el Sol. Lucha contra las siete iglesias, que son los siete candeleros de oro, los siete espíritus que mueven a las almas en la Iglesia. Y lucha con diez cuernos, para derrocar toda ley divina en la Iglesia.

Por su apariencia religiosa, este falso Papa es visto como el más sabio y confiable que los demás. Su humanidad es lo que atrae a la gente. Las almas quedan con la boca abierta antes las obras humanas, tan sencillas, de este personaje. Es el culto al hombre lo que irradia este falso Papa. Es la sed de gloria humana lo que persigue este personaje, idílico para muchos. Es querer convencer a todos que, como somos hombres, en lo humano hay un camino para encontrar una solución a todos los problemas de los hombres y de la Iglesia. Ése es el significado de su partido de fútbol para encontrar la paz en el mundo. Es su fábula. Y muchos han querido hacer una teología de un partido de fútbol para indicar la maldad de este hombre. Y no han comprendido que es una obra de un vividor. Y con esa obra ha querido llegar a los tibios y a los pervertidos del mundo y de la Iglesia. Pero esa obra lo hace un inútil para los intelectuales del mundo y de la Iglesia. Esto es lo que nadie dice, porque no saben medir lo que es Francisco: un juguete de la masonería.

«Ejerció toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella e hizo que la tierra y todos los moradores de ella adorasen a la primera bestia, cuya llaga mortal había sido curada» (vs. 12).

Este falso profeta o falso Papa no tiene la autoridad divina en la Iglesia, porque no posee el Primado de Jurisdicción, que sólo puede estar en una Cabeza, en el Papa legítimo, que es Benedicto XVI, hasta su muerte.

Pero posee una autoridad humana, la que tiene recibida de la primera bestia, que es una pantera, con pies de oso y boca de león. Es decir, tiene el poder de la masonería. Y con ese poder obra en la Iglesia lo propio del masón.

10565029_1480357498885214_8551634951701304609_n

Este falso papa fue adornado con un carisma diabólico, que imitaba el carisma de Pablo, con el cual se ha ido al mundo para lograr una cosa: abrir las puertas de la Iglesia a las sectas y a las religiones, provocando el falso ecumenismo. Y esto es una señal para el Anticristo y para aquellos que reconocen al Anticristo como el auténtico mesías esperado. A este falso Papa lo creen toda esta gente, tibia y pervertida, porque son muchos dentro de la Iglesia Católica que ya no creen en la Divinidad de Jesucristo y, por tanto, están esperando a un salvador, a un hombre que les saque las castañas del fuego: «¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que murieron los padres, todo permanece igual desde el principio de la creación» (2 Pe 3, 4)

El verdadero ecumenismo sólo se puede dar entre las Iglesias de origen apostólico, con sucesión apostólica, pero jamás con las sectas y demás religiones. «Porque todos los dioses de los pueblos son vanos ídolos» (Sal 96, 5). La unidad total la hará Dios después de la purificación universal, en el Reino de Paz, entonces «habrá un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10, 16). La unidad es imposible en la diversidad de pensamientos y de obras humanas, porque la unidad del Espíritu sólo se da en la Verdad de la Mente de Dios. Y aquel hombre que no pisotee su mente humana, no pertenece a la Iglesia de Cristo. Por eso, la iglesia que se muestra en el Vaticano no es la de Cristo, sino la de los hombres: en la que ellos dan culto a sus inteligencias humanas.

Antes que el anticristo muestre su cara al mundo, «ha de venir la apostasía» (2 Ts 2, 3b), que es el rechazo de cualquier verdad absoluta, es decir, de los dogmas que se siguen en la Iglesia. En ese rechazo, Roma se convierte en la Sede del Anticristo: «Las siete cabezas son siete montañas sobre las cuales está sentada la mujer» (Ap 17, 9). Una mujer, borracha de la sangre de los mártires, y que es llevada por la bestia de diez cuernos y siete cabezas, es decir, por la masonería. Es llevada = es gobernada.

Con el falso Papa, con Francisco, se ha iniciado la apostasía de la fe. Y el Sínodo es sólo la puerta para que todo vaya más rápido, para conseguir que el Anticristo aparezca. Ese Sínodo no lleva la línea de la gracia: es decir, no es católico. Es el Sínodo que ha promovido el falso Papa para levantar, de una vez, su nueva iglesia, que está fundada en su gobierno horizontal. A partir de ahí, puede cambiar todo lo demás en su iglesia y que producirá la abierta apostasía de la fe.

El Vaticano, es decir, Roma, camina hacia su destrucción, junto al Anticristo: «La bestia que era y ya no es, es también un octavo, que es de los siete, y camina a la perdición» (Ap 17, 11). El Anticristo es el octavo rey que gobernará Roma. Es un rey masónico, como los siete anteriores, «de los cuales cinco cayeron, el uno existe y el otro no ha llegado todavía» (v. 10).

Durante cincuenta años, la masonería ha gobernado la Iglesia, de manera oculta, no a través de un Papa. Han usado a todos los Papas legítimos, de todas las maneras imaginables, para ser reyes. Y cinco cayeron; pero uno existe. Ese uno no es el falso Papa, no es Francisco, es el que se oculta en el gobierno de Francisco, detrás de la imagen de Francisco.

Francisco es sólo un pelele de este rey masónico: un juguete que se mueve como lo quiere la masonería: «ejerce su autoridad en presencia de ella». Es decir, Francisco hace todo lo que ese rey masón le pide.

Francisco tiene su orgullo. Y ese orgullo se manifestó al principio de su falso Pontificado. El ideal de Francisco es su negocio en la Iglesia: los pobres. A la masonería no le interesan los pobres, sino el poder en la Iglesia. Y este falso Papa ha estado trabajando por este negocio, sin importarle un rábano las almas en la Iglesia. Y se ha enfrentado a la masonería que lo ha puesto ahí.

Tengan en cuenta que en el infierno no se aman, pero se juntan para hacer la maldad. Se unen en la mentira para muchas obras malas. Y Francisco ha dado a la masonería lo que ésta le ha pedido: el gobierno horizontal y abrir las puertas de la Iglesia al mundo, a las sectas, con el falso ecumenismo. Pero Francisco ha querido su tajada en este negocio. Y ha luchado por su dinero, porque no va a renunciar a ser un falso Papa sin llevarse en el bolsillo fajos de billetes, para pasar el resto de su vida tranquilamente.

Que Francisco deja el poder en el Vaticano: eso es clarísimo. Él mismo lo ha dicho. Y también lo dicen los falsos profetas. Porque la masonería tiene que inventarse la forma de que este hombre deje el poder. Como es un ídolo de las gentes, entonces ¿por qué no matarlo? Esto es lo que anuncia el falso profeta Enoch, al cual muchos siguen y lo tienen por verdadero. Y es sólo un demonio que se viste de ángel de luz: «La vida de mi Vicario corre peligro, fuerzas ocultas dentro del Vaticano están planeando atentar contra él» (2 de septiembre del 2014 – Ver texto).

Hay muchos falsos profetas y no hay que escucharlos: «No escuchéis lo que os profetizan los profetas. Os engañan. Lo que os dicen son visiones suyas, no procede de la boca del Señor» (Jer 23, 16)

Hay que quitar a Francisco: esto es lo que está planeando ahora la masonería, que ha puesto al mismo Francisco en el gobierno. Y Francisco ya ha recibido la orden de irse, pero es orgulloso hasta el final. No se cumplirá hacerlo mártir, porque ya Dios ha hablado, y porque la falsa profecía nunca se cumple ni puede cumplirse: «El plan orquestado por satanás… ya que has desbaratado el otro plan suyo es el siguiente… matar a este Innominado… al Falsario….Y ahora que he desenmascarado también este plan suyo… lo que han de hacer ya pronto lo verán y será difícil de soportar» (28 de julio del 2014 – Ver texto).

Difícil de soportar lo que viene desde el Vaticano. Francisco tiene que irse. Va a ser una sorpresa para muchos que no lo esperan. Es ya el tiempo. El demonio está que trina porque sabe que el tiempo se ha acortado. Ataca con todo su furor «por cuanto sabe que le queda poco tiempo» (Ap 12, 12)

sanfrancisco8Profecía de Asis

Las profecías tienen que cumplirse: «En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto).

Francisco ha sido elegido según los cánones, pero no según la ley de la gracia. No fue elegido en la muerte del Papa legitimo, sino en su renuncia. Se reunieron en un Cónclave, como mandan los cánones, para sacar al primer impostor. Es necesario que aparezca el hombre elegido no canónicamente, no según un Cónclave.

Francisco es el primero que tiene el espíritu del Falso Profeta, que toma el lugar, arrebata, usurpa el Trono: «cuando él se vaya, el impostor, el Falso Profeta, tomará su lugar» (26 de mayo del 2013 –ver texto). El primero de muchos destructores.

Francisco es el impostor, el Falso Profeta, pero no es el único. Nunca olviden que hay un solo Falso Profeta que señala al Anticristo, como hubo un Gran Profeta, San Juan Bautista, que señaló a Cristo. El demonio imita en todo la obra de Dios. En cualquier cosa. Y antes de San Juan Bautista, hubo muchos profetas que hablaron del Mesías, pero que no lo señalaron. Así, antes del «falso Papa que está esperando para revelarse a sí mismo al mundo» (20 de marzo del 2012 – ver texto), hay otros falsos Profetas (= falsos Papas) que hablan del anticristo, de su obra, pero no lo señalan.

Con Francisco, «el gran cisma es presenciado por todo el mundo, pero no va a ser visto como tal inmediatamente» (Ibidem). Porque Francisco tiene que cambiar algunas cosas en la Iglesia, como lo ha hecho.

Pero es necesario el falso Papa de la falsa Iglesia. Francisco se encontró con la verdadera Iglesia. Y puso su ladrillo: su gobierno horizontal. Y está construyendo la falsa iglesia. Se convirtió en un falso Papa lo que al principio era un antipapa. Se necesita al hombre que dé consistencia a la obra de Francisco, porque éste es sólo un vividor, no sabe de teología. Y tampoco le interesa. No le interesa el plan de la masonería; lo que le interesan son sus pobres, su teología de la liberación, su negocio en la Iglesia.

Francisco posee el espíritu del falso Profeta, pero no es la persona del falso Profeta, no es el falso Papa que se sienta en la falsa Iglesia y que señala al Anticristo directamente. Francisco no cree en el Anticristo. No cree en el demonio. Si no cree que Jesús es un Espíritu, entonces no cree en ningún espíritu.

«Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios». (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto es lo que iniciamos a ver en todas partes: división, cisma dentro de la misma Iglesia Católica. División entre católicos. Lucha entre católicos. Odio en la Iglesia Católica.

Las gentes, con este falso Papa, buscan pastores a su gusto, que les consientan en su pecado. Y, por eso, aparecen las fábulas: «vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones» (2 Tim 4, 3). Es la decadencia del clero, que dan a las gentes lo que éstas quieren ver y escuchar. ¡Cuántos sacerdotes ya tienen su página de fans en el Facebook! Es la gloria del mundo. Es la sed de beber en las aguas putrefactas que todos beben, porque no se aguanta la Verdad Absoluta. Y la consecuencia es clara: «y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (v. 4).

La gente hoy quiere fábulas en la Iglesia. Que le cuenten un cuento muy bonito. Pero no soportan que le digan que Francisco no es Papa y que su doctrina no es católica. Ya no escuchan la Verdad. No quieren escucharla. Y no hay manera de que la escuchen. No hay una razón que les haga ver su maldad, su mentira, porque han hecho de sus vidas de pecado un camino de santidad. Por eso, hay sacerdotes que bautizan a los hijos de los afeminados, de los transexuales, y aparecerán, dentro de poco, lo que ya casen a los homosexuales.

Es lo que dice el profeta Isaías: las doctrinas empieza a prostituirse: «¿Cómo te has prostituido, Sión, ciudad fiel, llena de justicia? Antes habitaba en Ella la Justicia, ahora el homicidio» (Is 1, 21). Se matan las almas en la Iglesia. Y lo hacen los mismos sacerdotes, Obispos. Son ellos y sólo ellos lo que derrumban la doctrina divina de la Iglesia.

«¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Los pastores no son para apacentar el rebaño? Pero vosotros coméis su grosura, os vestís de su lana, matáis lo que engorda, no apacentáis las ovejas…Y así andad perdidas Mis Ovejas por falta de Pastor, siendo presa de todas las fieras del campo. Andan errantes por montes y collados, derramadas por toda la haz de la tierra» (Ez 34, 2b. 5-6a). ¿No es esto lo que hacen sacerdotes y Obispos en este momento en la Iglesia? ¿No está el Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, dispersando el rebaño al declarar que la doctrina de Francisco, en su evangelium gaudium, es católica, da continuidad al Papado? (ver texto). ¿No es esto abominable en personas que tienen que saber más que el fiel en cuestiones de teología? ¡Que personas de la calle –y gente que no es católica- vean el comunismo de Francisco en su evangelium gaudium, y que un Prelado de la Iglesia no sea capaz de verlo, es no sólo triste sino abominable!

¿A qué se dedican los Prelados, los sacerdotes, los Obispos en la Iglesia? ¿A lavar la cara de Francisco cuando dice una herejía? ¿A quitar las babosidades que se le caen de su boca cuando habla? ¿Por qué quieren seguir guardando las formas exteriores con un hombre que no es Papa, que saben que no es Papa? ¡Porque no quieren perder el plato diario de comida en su mesa!

«Primero vendrá la purificación de mi Iglesia como os estoy diciendo. Si queréis oír una Misa Santa Católica verdadera, en que mi Divino Hijo Jesucristo, redentor del hombre, se inmole y actualice su Sacrificio en la Cruz, tendréis que tener o buscar un Sacerdote que siga la tradición y el dogma verdadero, que los habrá, pero muy pocos, y tendréis que ayudarlos y protegerlos, porque ellos estarán también perseguidos, confusos y sin recursos. Estará todo muy confuso, por esto tenéis que afianzar vuestra vida de fe» (Mensaje de un profeta (julio 2002) recordado en un Mensaje de Dios Padre a su hija María – 27 de marzo de 2013 – ver texto).

Son muy pocos los que deciden hablar claramente de lo que está pasando en la Iglesia, porque saben las consecuencias: persecución y sin recursos para nada. No es fácil vivir colgados de la Providencia Divina, en que sólo Dios da el alimento, el dinero, el trabajo. No es fácil quedarse en la calle y seguir predicando la Verdad, aunque nadie la quiera escuchar. Es más fácil hacer lo que la mayoría de la Jerarquía hace: tapar a Francisco. Hacer ver que su doctrina es católica.

«Los modernistas y apóstatas os querrán convencer con sus filosofías y falsas teologías de un ecumenismo y una religión católica falsa, y os propondrán una eucaristía sin sacrificio incruento de mi Hijo Jesucristo, que será una simple reunión o asamblea en el nombre de mi Hijo, pero no Eucaristía, aunque en la consagración se pronuncien las palabras de mi Hijo, dichas en la cena del jueves santo, vuestro Divino Redentor no bajará al cáliz, ni al pan, porque los sacerdotes modernistas no tendrán esa fe de la verdadera Iglesia Católica; No reconocerán su sacrificio en la Cruz ni la transubstanciación; dogma de fe Católica. Estad alertas, porque todo esto está sucediendo ya en algunos lugares de mi Iglesia, con ministros y obispos que aparentan ser Católicos, pero con el antipapa se separarán las ovejas de las cabras, y la cizaña del trigo» (Ibidem).

En el Vaticano, se comienza a manipular las mentes de los católicos con muchas fantasías. Antes, en el Vaticano, habitaban los teólogos rectos; ahora los teólogos cuestionan los dogmas y tradiciones: ahí tienen a un Muller, a un Kasper, a tantos otros que ya no están en la Verdad y que gobiernan la Iglesia. ¿Y que van a hacer a partir del Sínodo? Derogar los dogmas con el pretexto de que esto facilita el acercamiento ecuménico con las sectas y las otras religiones: «¿Cómo os decís: Tenemos la sabiduría, poseemos la Ley de Yavé? La convirtieron en mentira, las mentiras plumas de vuestros escribas. Han sido confundidos los sabios, avergonzados, cogidos. Arrojaron de sí la Palabra del Señor. ¿Qué sabiduría les queda?» (Jer 8, 8-9).

En el Vaticano han arrojado la Palabra de Dios al cubo de la basura. Y aparecen las nuevas doctrinas, las falsas doctrinas teológicas que tratan de desfigurar la Iglesia Católica: «La serpiente arrojó de su boca detrás de la Mujer como un río de agua, para hacer que el río la arrastrase» (Ap 12, 15).

La masonería eclesiástica, instalada desde hace años en el Vaticano, va a destruir la Iglesia desde adentro: «Y había unos veinticinco hombres, de espaldas al Santuario de Yavé y cara al oriente, que hacia el oriente se postraban. Y me dijo: ¡Hijo de Hombre, ¿has visto? ¿Será cosa ligera para la casa de Judá hacer las abominaciones que en este lugar se hacen, que han llenado la tierra de violencias para irritarme? Y hasta se llevan la zemorra (= raíz de virtud mágica que creían daban vida al que las olía) a sus narices» (Ez 8, 16-17). La destruye con abominaciones, permitiendo que se introduzcan herejías perniciosas. Han dado culto a dioses extraños que han oscurecido sus mentes con sus lujurias de la vida. Han olido perfumes lisonjeros y han quedado atrapados en ellos.

«Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero Pastor, sino un destructor» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto ya está en curso. Muchos destructores aparecen en la Iglesia para hacer su trabajo. Las almas tienen que renunciar a todo lo que hay en el Vaticano si quieren permanecer siendo Iglesia, perteneciendo a la Iglesia. No luchen por Roma ni por una Jerarquía que no sabe discernir entre la verdad y la mentira. Oren por ellos, pero luchen por la Verdad de la Iglesia que ya no está en el Vaticano ni en la Jerarquía que se acomoda al Vaticano. Está sólo en los humildes de corazón. Y esos son pocos y están escondidos de todo el mundo.

El pecado de la Iglesia actual

subidalaalle

El pecado de la Iglesia es elegir un Papa cuando todavía el Papa está vivo.

Y este pecado no se quiere reconocer como pecado, porque los hombres se ajustan a sus leyes eclesiásticas, no al Espíritu de la Iglesia.

En esas leyes eclesiáticas se da la posibilidad de elegir un Papa en la renuncia de otro al Pontificado.

Cuando los hombres de Iglesia siguen sus preceptos y no siguen al Espíritu se vuelven fariseos y quieren ver la verdad de la Iglesia, el bien de la Iglesia, en sus preceptos, pero no en el Espíritu de la Iglesia.

Este pecado de la Jerarquía de la Iglesia es tan manifiesto que nadie lo toma como pecado, porque todos en la Iglesia siguen sus pensamientos humanos, sus razonamientos humanos, sus ideales humanos y, por eso, han hecho de la Iglesia un negocio humano, una empresa humana. Y creen que hay que hacer la Iglesia según perspectivas humanas, según circunstancias humanas, según lo que cada cual ve con su pensamiento.

Llaman a esas leyes eclesiásticas Voluntad de Dios, porque, para eso son la Jerarquía de la Iglesia. Están en el Poder y tiene derecho a decidir los destinos de la Iglesia y a mandar a la Iglesia, aunque a nadie le guste lo que se mande.

Muchos en la Jerarquía de la Iglesia usan su sacerdocio, su ministerio, su oficio eclesiástico para mandar su voluntad humana a los demás y declarar que eso que mandan es Voluntad de Dios.

Muchos en la Jerarquía de la Iglesia no saben discernir entre la Voluntad de Dios, la voluntad de los hombres y la voluntad del demonio. Y no saben hacerlo porque quieren discernir el bien de la Iglesia con su pensamiento humano, con su intelectualidad, con su teología, con su filosofía, con su psicología, con su psiquiatría. Y, de esta manera, nunca descubren la Voluntad de Dios, sino sólo la voluntad de los hombres o la voluntad del demonio.

El demonio trabaja en la mente de los hombres. Y trabaja mucho en los sacerdotes, en los Obispos, en los Cardenales, en los Papas, porque sabe que los hombres les gusta razonar la vida y, por tanto, sólo creer en lo que su razón descubre.

Dios habla al corazón del alma, no a la mente de la persona. El corazón es el sitio divino que la persona tiene para aprender la Voluntad de Dios y obrarla en su vida humana.

La Voz de Dios es la Voz del Amor en el corazón. Y esa Voz no es una idea muy bonita, no es un pensamiento positivo de la vida, no es algo que se prepara en una bandeja de plata para que los demás aplaudan lo bien que se ha pensado todo.

La Voz del Amor es una Obra Divina, porque el Pensamiento de Dios es una Obra de Dios. Para Dios, pensar es obrar. Para los hombres, pensar es sólo tener unas ideas, llegar a una ideas, buscar unas ideas acertadas sobre un asunto. Y, después, los hombres obran o no obran eso que han pensado.

Dios mueve a obrar el Amor, Su Amor Divino, que pone en el corazón de los humildes. Dios no mueve hacia algo porque el hombre haya pensado bien la cosa. Dios mueve sin más hacia la Obra que Él quiere del alma. Y, de esa manera, el alma obra el Amor, el alma hace un Bien Divino en su vida humana, el alma hace la Voluntad de Dios en la vida.

Pero el alma debe ser una persona de oración y de penitencia. Una persona que no se moleste por su vida humana, que no se preocupe por su vida humana, que no atienda a su vida humana, sino que esté siempre buscando la Presencia de Dios para poder discernir lo que viene de Dios, lo que viene de los hombres y lo que viene del demonio. Y sólo los santos saben hacer esto.

Y, por eso, cuesta entender la Voluntad de Dios. No es fácil hallarla en un mundo lleno de voluntades humanas, de razones humanas, de deseos humanos de la vida.

Por eso, ante la renuncia del Papa, la Iglesia se tenía que haber puesto en oración y penitencia, porque esa renuncia es un pecado gravísimo, que sólo con oración y penitencia se puede reparar. Y hallar, en esa oración, el Designio Divino sobre la Iglesia, la Voluntad de Dios sobre la Iglesia en esos momentos: ¿qué hacer en la Iglesia cuando un Papa renuncia a ser Papa?

Pero como la Jerarquía de la Iglesia no hizo oración y penitencia, sino que echó mano de sus preceptos eclesiáticos, por eso, lo que hizo fue otro pecado. Y llamó a ese pecado Voluntad de Dios.

Y ¡ay del que se atreva a decir que lo que hizo la Jerarquía de la Iglesia es un pecado y que no es Voluntad de Dios!, que ese hombre que se ha elegido es un falso Profeta, no es un Papa verdadero. Lo llaman hereje y cismático.

La Jerarquía de la Iglesia ha puesto su cabeza, la que ellos han elegido como hombres que son. Pero no han puesto la Voluntad de Dios, que es lo que el Cuerpo Místico pide a la Jerarquía de la Iglesia: que haga la Voluntad de Dios, no que llame al pecado Voluntad de Dios.

Esto es lo que se ha hecho, una vez más en la Iglesia. Porque esto no es nuevo. No se comprende lo que es la Obediencia al Espíritu de la Iglesia. Todos en la Iglesia, desde que fue fundada, han buscado la obediencia de los fieles a sus razonamientos humanos, a sus ideas de cómo debía ser la Iglesia, a sus preceptos eclesiásticos. Eso ha sido siempre. Y eso fue esa elección de un nuevo Papa por la falta de fe de toda la Jerarquía de la Iglesia.

Los hombres de la Iglesia han puesto su pecado en la Cabeza de la Iglesia para que todo el mundo asienta a su pecado, justifique su pecado, aplauda su pecado, siga su pecado, y así hacer de la Iglesia sólo lo que el pensamiento de ese hombre quiera.

Esto es lo que ha pasado y nadie se atreve a decir lo contrario, porque -claro- son sacerdotes, Obispos, Cardenales, que saben lo que tienen que hacer en la Iglesia. Y como nadie en la Iglesia busca la Verdad de la Iglesia, sino que todos buscan sus medias verdades, entonces tenemos lo que tenemos.

La Iglesia tiene su Papa: el que ellos han buscado, el que los hombres quieren. Pero no tiene la Voluntad de Dios. Porque Dios no ha querido ese falso Profeta para su Iglesia. Dios ha dado un Papa a su Iglesia y no elige otro Papa hasta que muera. Esa es la Fe de la Iglesia.

Por tanto, sólo se puede obedecer en estos momentos, a la persona que Dios ha puesto como Papa, que es Benedicto XVI. El problema es que Benedicto XVI no quiere ser Papa.

Este sigue siendo la Verdad de la Iglesia que todavía no se ha solucionado. La Iglesia está sin Papa, porque el Papa vive su pecado, está en su pecado. Y los hombres se han inventado un Papa que quieren que todos lo sigan, que lo imponen a toda la Iglesia como el verdadero Papa.

Y aquellos que tienen Espíritu, en seguida, ven la mentira de ese falso Profeta. Desde que fue elegido sólo se ha interesado por agradar a unos y a otros, por hacer la vida de la Iglesia una fiesta, por querer dar a la Iglesia ritos más conformes a los tiempos que vive el hombre, ritos acomodados a la vida humana, para que el hombre se encuentre contento en la Iglesia, y vea que la Iglesia es como el mundo y acepta las cosas del mundo y se hace más humana porque está con los hombres y sus problemas.

Un falso Profeta que, cuando habla, cuando se da a la improvisación, se le captan sus mentiras, sus debilidades intelectuales. ¡Cuántas cosas ha dicho que un Papa verdadero nunca las dice! ¡Cuántas medias verdades que dab a entender lo que hay en la mente de ese sacerdote, que revestido de Poder, se cree con derecho a gobernar la Iglesia con su inteligencia y con la inteligencia de los hombres! Porque eso es lo único que tiene: su inteligencia humana con la cual quiere descubrir la Verdad de la Iglesia.

Un falso Profeta que se muestra humilde en los exterior, que da a los hombres exteriores, sin vida espiritual, lo que los hombres quieren oír en sus mentes humanas. Pero que no es capaz de hablar la Verdad que está en el Espíritu Divino, porque nunca se ha guiado por ese Espíritu, sino que ha aplaudido a hombres de la Iglesia que han hecho de su sacerdocio el negocio de las cosas divinas.

Y ante ese falso Profeta, al hombre espiritual, al hombre que vive su vida espiritual, al hombre que sabe discernir espíritus, no se le puede exigir la obediencia. El que tiene espíritu tiene que enfrentarse a ese falso Profeta y seguir dando la obediencia al verdadero Papa.

Hay que luchar por quitar el pecado de la Iglesia. Y ese pecado ahora se muestra al mundo con la cara de un soberbio que quiere darse a todos como el verdadero Vicario de Cristo.

Ese falso Profeta es el hereje y el que provoca el cisma en la Iglesia, porque el Espíritu Santo marca la línea de división en Su Iglesia. La Iglesia es del Espíritu, no de ese falso Profeta, no de las leyes eclesiásticas de ese falso Profeta. Y hay que obedecer al Espíritu de la Iglesia en estos momentos. Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. Y si no se da esta obediencia, entonces los fieles se acomodan al pecado, a la mentira, a un Papa que no es verdadero Papa sino un impostor y, como tal, hay que tratarlo.

Hay que rezar mucho por este falso Profeta y no seguirlo en nada en lo que haga en la Iglesia. Hay que reconocer al verdadero Papa y pedirle al Señor que lo levante de su pecado, que él vea su pecado y lo quite. Porque una Cabeza que no quita su pecado hace de la Iglesia el pastizal del demonio.

Sólo puede haber un Papa

virgen

Sólo puede haber un Papa mientras tenga vida.

Que nadie se llame a engaño, porque la Verdad es clara.

«Tú eres Pedro y sobre esta Piedra edificaré Mi Iglesia, y las Puertas del Infierno no podrán contra Ella» (Mt 16, 18).

La Silla de Pedro es para un alma que Dios ha llamado a ese Oficio Divino.

Un alma Elegida sólo por Voluntad Divina, en la que no entra ninguna voluntad humana.

Un alma que Dios elige tomando parte la libertad de los hombres, pero que el resultado es sólo la Voluntad de Dios.

Es el Misterio de la Gracia y de la libertad del hombre. Siempre se hace lo que Dios quiere. Nunca lo que el hombre piensa o decide.

Jesús funda Su Iglesia sobre Pedro, no sobre un hombre cualquiera. Pedro es la Piedra Angular de la Iglesia. Y la Iglesia no tiene otra Roca donde apoyarse.

La Iglesia no se apoya en el pensamiento de ningún sacerdote, de ningún Obispo, de ningún Cardenal, de ningún fiel. Ni en ninguna obra que los hombres realicen en la Iglesia.

La Iglesia se apoya en Pedro. Y en Pedro está toda la inteligencia de la Iglesia y toda la obra de la Iglesia.

Este es el Poder que tiene Pedro. Un Poder que sólo Dios puede dar, no lo puede dar ningún hombre.

Por eso, con la renuncia de Benedicto XVI, el hombre ha robado el Trono de Pedro, la Silla de Pedro, pero no ha podido robar el Poder de Dios.

El Poder de Dios descansa sobre el alma que Dios ha elegido para Papa, que es el alma de Benedicto XVI. No puede estar en el alma del falso Profeta, que se sienta en la Silla de Pedro y que se llama a sí mismo Papa.

La renuncia de Bendicto XVI es un pecado del Papa en la Iglesia. Y como pecado debe ser tratado. No es que le faltaran las fuerzas, no es que lo hiciera mal en su reinado y tuviera que irse.

Benedicto XVI pecó y eso basta para producir un inmenso caos en la Iglesia. Caos espiritual, porque los hombres no saben vivir el Espíritu y, por tanto, no saben llamar a la verdad, verdad, y al pecado, pecado.

Sólo puede haber un Papa que Dios elige. Y lo elige hasta su muerte. No lo elige por un motivo humano. No lo quita porque el cuerpo esté enfermo o débil. El Papa es Papa hasta su muerte. Y esa es la Verdad que no se quiere aceptar.

Jesús no juega con Su Iglesia. Cuando pone un Papa sabe a quien pone y conoce sus debilidades y sus pecados. Y lo pone a pesar de sus debilidades y de sus pecados, porque el Papa tiene todo el Poder para regir la Iglesia, así esté enfermo, así ya no pueda más en su vida, así haya pecado.

Jesús funda su Iglesia sobre un alma que Él elige. Y le da Poder para obrar esa Obra Divina hasta el final de sus días terrenos.

Si el Papa Elegido por Dios no hace su misión para la cual ha sido elegido, eso es por el alma, que no sabe tener fe, que no sabe hacer oración, que no sabe hacer penitencia. Y, entonces, tiene miedo de los hombres que tiene a su alrededor y sigue lo que esos hombres le dicen y no hace caso de lo que el Espíritu le dice a su corazón.

Y, por eso, cae en el pecado. Pero el pecado no quita el Poder de Dios y la misión de Dios para esa alma. Porque Dios lo ha elegido para esa misión, sabiendo sus pecados y sus debilidades.

Es el Misterio de la Misericordia Divina, que ninguna mente humana es capaz de entender.

Así, en la Iglesia, ahora mismo hay un Papa: el que Dios ha elegido hasta su muerte: Benedicto XVI. Y no hay otro Papa. El que se hace llamar Papa es sólo un falso Profeta, que tampoco sabe hacer oración ni penitencia y, por tanto, no sabe ver el problema que tiene la Iglesia ahora mismo.

No sabe ver ese problema y no es capaz de pedir Luz al Espíritu para que le dé a conocer la verdad de su vida que, ahora, se mueve en una gran mentira.

Y si ha subido a la Silla de Pedro sin la Voluntad de Dios, sin el llamado de Dios, sin la misión de Dios, sin el Poder de Dios, entonces lo que haga en la Iglesia es por el poder de los hombres, por el llamado de los hombres, por la misión que los hombres quieren en la Iglesia, por la voluntad de muchos sacerdotes, Obispos, Cardenales que ya no quieren seguir la doctrina de Cristo, sino que han hecho de sus sacerdocios un instrumento del demonio.

Detrás de la elección de ese falso Profeta está la Masonería, que camuflada por el Poder Sacerdotal, hace de la Iglesia el reinado del Anticristo. Y presenta a la Iglesia la nueva manera de dar culto a Dios, a través de las enseñanzas de muchos sacerdotes que han perdido el Espíritu Sacerdotal, y ya no saben dirigir a las almas hacia las praderas espirituales, sino que dan a las almas su alimento humano, fruto de su necia inteligencia y de su orgullo de la vida.

Sólo hay una Verdad

San Agustin

Sólo hay una Verdad.

Y no pueden darse muchas verdades.

Existe la Verdad Absoluta, y existen verdades relativas, pero no existe cualquier verdad que la mente de los hombres se fabrican.

Desde la Jerarquía de la Iglesia, desde la mente de muchos sacerdotes, Obispos, Cardenales, se difunde que no existe la Verdad Absoluta.

Es lo que está enseñando el falso Profeta que se sienta ahora en el Trono de Pedro y que se hace llamar Papa.

Si no existiera la Verdad Absoluta, entonces el hombre crearía su propia verdad. Y, en cada hombre, habría una verdad distinta, que sólo pertenece a ese hombre y no a los demás.

Y con esas verdades que se inventa la mente no puede formarse una Verdad que aune a todas, porque todas son verdades y son vidas en sí mismas. Sirven para algo en la vida y eso es lo que importa en la verdad: que sirva para obrar algo.

Por tanto, si se enseña que no se da ninguna Verdad Absoluta, sino que cada cual tiene en su mente y en su vida la verdad: entonces, vienen cantidad de errores en la vida. Y ya no existe nada: ni el pecado, ni el infierno, ni la muerte, ni la enfermedad, ni la cruz, ni la oración, ni la penitencia, ni el cielo, ni el demonio, ni los ángeles, ni la iglesia, ni el espíritu, etc. Sólo se da la verdad que está en la mente de cada cual. En consecuencia, sólo se da el pensamiento humano, que decide por sí mismo la verdad y la mentira, el bien y el mal.

Sólo hay una Verdad.

La que está en Dios.

Y Dios obra esa Verdad. Y, por eso, la Creación es la Obra de la Verdad. Y la Redención es la Obra de la Verdad. Y la Iglesia es la Obra de la Verdad.

Pero esa Verdad no es una idea o un pensamiento como están en la mente de los hombres.

Los hombres poseen la idea de una verdad, pero no la Verdad.

En Dios, la Verdad es Su Vida. Y la Vida es el Amor. Y el Amor es una Obra, no es un pensamiento bello, no es una idea muy bonita y bien orquestada.

Y, para entender esa Verdad, hay que penetrar el Corazón de Dios.

No es suficiente con pensar en Dios. Todo el mundo piensa en Dios. Todo el mundo piensa en muchas cosas bonitas. Pero pocos saben tener la Verdad en sus corazones.

La Verdad, que está en Dios, se da al corazón de la persona, no se da a la mente de la persona.

Por eso, la Fe no consiste en un conocimiento de las cosas de Dios, sino en la Obra de la Verdad: obrar lo que Dios quiere en la vida.

La Verdad de la Iglesia es Una. Y no hay otras verdades, otras iglesias, otros caminos, otros Cristos, otros Papas.

Y la Verdad es una sola: y no son varias, no son cosas que suceden y que hay que conformarse con ellas o que hay que dejarlas así.

La Verdad que vive la Iglesia ahora es que no tiene en Su Cabeza un Papa que la guíe. El Papa está en su pecado y no quiere salir de su pecado. Esa es la Verdad.

Y aquel que se sienta en el Trono de Pedro es sólo un falso Profeta. No puede ser llamado Papa, no puede ser seguido como Papa, no puede ser obedecido como Papa.

Se da la obediencia al Verdadero Papa, no al falso Profeta. Pero el verdadero Papa vive en su pecado. Y no se puede obedecer al que vive en pecado.

Por tanto, la Verdad de la Iglesia, ahora mismo, es que las almas de la Iglesia no tienen una Cabeza a quien seguir. Y eso es trágico en la Iglesia. No hay una Unidad, una Verdad, un Amor, un Camino en la Iglesia, porque Su Cabeza, la verdadera, ha renunciado a ser Cabeza sin Voluntad de Dios, por el capricho de algunos sacerdotes, Obispos, cardenales y por el pecado de la misma Cabeza.

Y, entonces, se está en la Iglesia y no se sabe para qué se está, porque ya la Iglesia no es camino de la Verdad.

La Iglesia ha errado el camino. Ante la renuncia de un Papa, la Iglesia tenía que haberse puesto en oración y penitencia por ese Papa para que hubiese visto su pecado y volviera a ser Cabeza. Pero nadie en la Iglesia ha hecho esto, porque ya no existe el Amor, la Caridad en la Iglesia. El amor de muchos se ha enfriado y ya ven las cosas de la Iglesia con ojos materiales, humanos, carnales, pero no espirituales.

La Iglesia vive, en estos momentos, un desastre espiritual. Y nadie atiende a ese desastre. Todos aplauden al falso Profeta que se presenta con una humildad exterior, con palabras hermosas, llenas de calor humano, protegiendo los derechos de los más débiles, pero sin hacer caso a los problemas espirituales de las almas.

Para este falso Profeta todos somos santos y justos, todos se pueden salvar, todos merecen el cielo por sus pecados y no importa no quitar el pecado. Lo que importa es que el hombre se sienta bien consigo mismo y así, en su comodidad de vida, vaya al cielo.

Esta mentira es la que se está predicando desde la Cabeza de la Iglesia. Y todos aplauden esta mentira como si fuera la Verdad.

Y Cristo ha enseñado otras cosas. Ha enseñado el Camino para salvarse. Pero ese Camino es una Verdad Absoluta. Pero como hoy no se cree en la Verdad Absoluta, entonces la Jerarquía de la Iglesia construye un camino para las almas de la Iglesia por el cual, dicen, hay salvación para todos.

Solo hay una Verdad. Y esa Verdad no está fuera, en lo exterior de la vida, en la mente de los hombres, en la forma de vivir de cada uno. Esa Verdad la tiene Dios en su Corazón y sólo la ofrece al humilde de corazón, no a los necios que creen que con su poder intelectivo pueden salvar al mundo de tanto desastre.

Lo que se avecina a la Iglesia no es cualquier cosa: es Su Purificación y Su Gran Tribulación, por no creer en Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida.

No es cualquier camino, cualquier verdad, cualquier vida. Son algo absoluto, que sólo se puede entender en Cristo, no con la cabeza de unos cuantos idiotas que se llaman sacerdotes, Obispos, Cardenales y que se atreven a sentarse en el Trono de Pedro para que la gente los aplauda y los tome por santos.

Benedicto XVI: el último verdadero Papa

bdxvi

Juan Pablo II fue el último Papa que dio a la Iglesia la Verdad del Espíritu.

En su enseñanza al Pueblo de Dios no se ve ningún error y supo tener la fe que muchos sacerdotes, Obispos y cardenales no tuvieron.

En sus palabras se movía el Espíritu y, por eso, llenaba los corazones del Amor de Dios.

Escucharlo era penetrar en la Presencia de Dios y escuchar la Voz de Dios en el corazón.

Después de él, siguió Benedicto XVI, verdadero Papa, pero inútil en la enseñanza de la verdad.

Verdadero, porque es Elegido por Dios desde el principio. No fueron los hombres. Pero inútil porque todavía no ha cumplido su misión.

Él debe ser la Gloria Olivae, es decir, la Luz de la Verdad del Espíritu en la Iglesia. La Gloria es la Luz de Dios; y el olivo es la Verdad que nace de esa Luz.

Su pecado lo sitúa en la oscuridad. Y, en esa oscuridad, no puede ser Luz de Dios. Tiene que quitar su pecado, levantarse de su mal y reconocer el Llamado que el Señor le hizo en su Iglesia.

Él es Papa para un tiempo muy conflictivo en la Iglesia. Él debe ser Luz para ese Tiempo.

Y los Enemigos de la Iglesia harán lo que sea para impedir que Benedicto XVI se levante de su pecado y regrese a la Iglesia como verdadero Papa.

Él es el verdadero Papa. No hay otro. El que se sienta en el Trono de Pedro ahora es un falso Profeta, que abre las puertas de la Iglesia para destruirla desde la Cabeza. Y, por eso, no hay que seguir a este falso Profeta. Hay que seguir al verdadero Papa.

Pero ¿cómo seguir a un Papa que no reconoce su pecado y que no hace nada por quitar su pecado?

Este es el problema ahora de la Iglesia.

La Iglesia tiene un Papa verdadero que ha renunciado a la Elección Divina por voluntad propia, no por Voluntad Divina. Y Dios nunca obliga a nada a las almas. El libre albedrío es un don divino al alma. Y lo está ejerciendo Benedicto XVI quedándose en su pecado.

Y mientras esté en su pecado, no se puede seguir al verdadero Papa, porque de un pecador no se aprende la verdad. El pecador sólo enseña su pecado, no la verdad de la vida. Y, menos, la Verdad de la Iglesia.

Por eso, la Iglesia está en su máxima oscuridad: no tiene Luz del Espíritu, por el pecado de su Papa, de su Cabeza, del verdadero Vicario de Cristo, que es Benedicto XVI.

Y una Iglesia sin Luz del Espíritu es la Iglesia del demonio.

Este es el problema de la Iglesia ahora mismo: se presenta al mundo como la Iglesia verdadera, pero obra como la iglesia del demonio.

Esto es lo que no se medita por tantas almas que siguen a ese falso Profeta y que lo aman porque dice cosas que agradan a los sentimientos de los hombres, a sus mentes, a sus vidas, pero que no sabe lo que es la vida espiritual de la Iglesia.

Da pena ver cómo no existe en la Iglesia el discernimiento de espíritus. Todo el mundo cree entender porque dice que razona las cosas. Y, para discernir los espíritus, hay que ir al Espíritu y preguntarle sobre la verdad de lo que la mente ve a su alrededor.

Pero las almas ya no creen en la Palabra del Espíritu, sino que creen en las palabras humanas, en los razonamientos de los hombres, en las investigaciones de los hombres, en las medidas de los hombres y, por eso, se equivocan en sus juicios, porque no van a la Verdad, que sólo el Espíritu de la Verdad puede enseñar sobre la vida humana y sobre Su Iglesia.

Estamos viviendo lo que en el mundo se ve como algo normal, pero que es la realidad del mal, del pecado.

En el mundo no existe el pecado, sino los errores sociales, mentales, circunstanciales, médicos, culturales, que se dan en la vida de las personas. Y, cuando no existe el pecado, entonces todo es verdad, pero una verdad a medias, una verdad según la mente de cada uno, según su forma de pensar o de ver la vida con sus juicios, opiniones, medidas intelectuales.

Y, entonces, en el mundo todo se construye en el pecado. Nada es verdad absoluta en el mundo. Todo es relativo en el mundo. Y, por tanto, el mundo rechaza la verdad absoluta, porque vive de sus medias verdades, sus verdades interesadas, que sólo sirven para seguir viviendo en el pecado, en el error, en la mentira de la vida.

Y eso que está en el mundo, está ahora en la Iglesia. Y lo está en Su Cabeza, que es el verdadero Papa.

Benedicto XVI vive en su pecado, en su mentira, en su media verdad. Ha hecho de su pecado su vida. Y eso crucifica a Cristo y a la Iglesia, porque él es el verdadero Papa.

Si él no se levanta de su pecado, entonces la Iglesia camina hacia la plena destrucción, porque el que se sienta en el Trono de Pedro es el demonio. Y el demonio nunca da la verdad. Cuando habla, habla la mentira que tiene en su ser.

Por eso, este momento que pasa en la Iglesia es único en su historia.

Porque en la historia de la Iglesia han habido dos Papas e incluso más. Pero esa división fue sólo por la maldad de los hombres, no por el pecado del Papa.

La división de la Iglesia, hoy día, es por el pecado del verdadero Papa, que debe ser siempre la unidad de la Iglesia.

Pero si un Papa peca y no reconoce su pecado, entonces ¿dónde está la Unidad de la Iglesia? En ninguna parte. Y no se puede buscar en el falso Profeta que se sienta en el Trono de Pedro, porque él tampoco ve su pecado ni el pecado de quien es su verdadero Papa.

Si este falso Profeta viera la verdad de la Iglesia en estos momentos, entonces dejaría ese Trono y ni siquiera se hubiera subido a él.

Pero hoy en la Iglesia nadie ve nada y nadie hace nada por la Verdad que sólo el Espíritu puede dar.

Todos hacen muchas cosas por sus verdades, por las que están en la mente soberbia de muchos sacerdotes, Obispos, y cardenales. Y así nunca se va a quitar el pecado, sino que se va a seguir en el pecado y construir una iglesia que no sirve para nada.

A %d blogueros les gusta esto: