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Poniendo el camino hacia la sociedad globalizada

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«La Iglesia ha perdido su camino y está entrando de lleno en la oscuridad. Esto, hija Mía, ha sido predicho y es un signo del fin de los tiempos. Esto es cuando el último papa surgirá y el mundo se perderá bajo la guía equivocada del falso profeta» (MDM, 14 de Noviembre del 2010).

Nadie cree en los profetas de este tiempo, el tiempo del fin. Y, por no creer, todos viven en la oscuridad que ofrece la mente humana.

La Iglesia ha perdido su camino, que es el camino de la Cruz. No hay una verdad sin cruz. No se puede explicar la verdad sin que el hombre viva el sacrificio de todo lo humano.

La Iglesia está perdida en otros caminos más agradables a los hombres, más cómodos. Y, por eso, la Iglesia entra de lleno, se sumerge en la tiniebla del pecado.

El pecado es la obra del demonio, quien es «matador de hombres desde el principio» (Jn 8, 44). Satán mata. El pecado es muerte.

Ahí tienen a ISIS: la obra de Satán en el mundo. Matar hombres, aniquilarlos. Para eso viven porque en eso han sido adoctrinados por una mente satánica. ISIS es la armada del Anticristo, que batalla contra los hijos de la luz.

«Recen, Mis hijos, el Anticristo está aquí, aquellos que se llaman a sí mismos ISIS son la armada de Satán» (Hijas del Cordero – 4/8/15).

Y la Iglesia calla ante esta obra satánica. El usurpador llama al promotor del terrorismo, Mahmud Abbas, «ángel de paz», cumpliendo así las profecías:

«El Anticristo está ahora listo para revelarse y su plan es este: él esperará hasta que la guerra ruja por todas partes. Luego, él intervendrá y creará una falsa paz en el estado de Israel, juntándolos con Palestina en una improbable alianza. Todo el mundo va a elogiarlo» (MDM – 7 de agosto del 2013).

El reconocimiento del Vaticano a Palestina como Estado es el primer paso para crear una falsa paz entre el estado de Israel y Palestina. Esa falsa alianza no es para ahora. Primero tiene que venir la guerra. Y una guerra atroz, que sea global, que esté por todas partes. Guerra fruto de una crisis económica global. Crisis motivada por el resquebrajamiento total de la Iglesia Católica. Si no hay vida espiritual y moral que sostenga a los hombres, todos se enzarzan en una guerra para sobrevivir en este mundo.

El reconocimiento del vaticano a Palestina como Estado es sólo el inicio de la guerra. Guerra necesaria para que se manifieste el Anticristo.

El Anticristo, «junto con el Falso Profeta, creará una sociedad global, la cual será presentada como la mayor iniciativa humanitaria» (Ib).

Bergoglio está trabajando en eso: en allanar los pasos del Anticristo. Está buscando la manera de engendrar esa sociedad globalizada. Necesita, para eso, una iglesia globalizada. Una iglesia que apruebe el pecado, que lo obre, que se dedique a matar almas.

Por eso, no es de extrañar que ya se vean Obispos que apoyan y defiendan la homosexualidad. Es lo más normal: si obedecen a un falso papa, entonces acaban pensando como él.

Ya está a la vuelta de la esquina el “sí” del vaticano al embajador homosexual en Francia. Hay que adentrarse en la sociedad globalizada. Se necesita que la Iglesia cambie de cara: se muestre global.

La Iglesia perdió el camino: esto fue claramente anunciado en las profecías de la Salette y Fátima. Profecías en las que ya nadie cree. Y son las más importantes. ¿Rezas el Santo Rosario e ignoras lo que la Virgen anuncia al mundo? Esto es un gran pecado en muchos católicos. Y, por ese pecado, por no escuchar a la Virgen, han caído en el engaño. Toda la Jerarquía de la Iglesia ha caído en el engaño por no escuchar a la Madre.

La verdad no está en la Jerarquía sino en la Virgen María. ¡Cuánto cuesta de entender esto!

Es un signo del fin de los tiempos: nadie entiende la verdad, todos atacan a los profetas, todos metidos en la gran tiniebla de la obra de satanás en la Iglesia.

Estamos en el fin de los tiempos.

Tiene que manifestarse el último papa y el falso profeta. El último Papa es el que combate al falso papa, que es el falso profeta del Apocalipsis. Ese falso profeta es el que debe señalar al Anticristo.

El último Papa tiene que emerger, salir de donde está escondido. No es un Papa que ponen los Cardenales en un Cónclave. No es un papable. Es el Papa puesto por el Cielo para guiar a Su Iglesia hacia el Reino Glorioso.

El último Papa es el que señala el camino hacia ese Reino. Y, por lo tanto, es el que lucha contra el falso papa que construye en el mundo, junto al Anticristo, el Paraíso en la tierra: la sociedad globalizada con la iglesia ecuménica.

El último Papa aparecerá después del Gran Aviso. Y el Gran Aviso no se puede dar hasta que el Papa Benedicto XVI no salga del Vaticano y muera.

«Los días de Mi amado Vicario están ahora contados. Él tendrá que dejar el Vaticano antes de que el Gran aviso tenga lugar» (MDM – 1 de Junio 2011).

Sus días están fijados: la muerte del que retiene la manifestación del Inicuo señala el tiempo hacia el Gran Aviso. Una vez producido, entonces aparece el Anticristo, con todo su poder, y el último papa.

Ahora, todo es la preparación para la iglesia universal del falso profeta, que apoya el gobierno mundial del Anticristo.

Ahora, es necesario un falso papa, como Bergoglio, que es la llave para iniciar la iglesia ecuménica. Es el primer falso papa, el cual tiene el Espíritu del falso profeta. Es un falso profeta porque habla el lenguaje del mundo, porque enseña la doctrina del error y porque marca el camino de una falsa espiritualidad y de un falso misticismo.

Bergoglio es el que abre los caminos para el mal. Y no para cualquier mal. Es la dirección que ha de seguirse para establecer la perfección de toda maldad en el mundo.

Este perverso hombre ha hecho muchas cosas que los anteriores papas no hicieron, porque –sencillamente- no había que hacerlas, no era la Voluntad de Dios.

Pero, Bergoglio no continúa el Papado, no es un Papa. Y tampoco es un antipapa. Es un falso papa y un anticristo. Era la tuerca necesaria para empezar a levantar la iglesia que adora al anticristo.

Bergoglio representa al Anticristo, que es el hombre que perderá al mundo en un caos, para llevar a todas las almas -con él- al abismo del infierno.

Y Bergoglio lo representa haciendo el papel de bufón. Es el encargado de divertir, de hacer pasar el tiempo, de enseñar la doctrina del Anticristo. Y lo hace con gestos, con sentimientos agradables, con las obras para la masa. Obras llenas de publicidad, de modismos, de lenguajes oscuros, impregnadas del vicio de la soberbia y del orgullo.

Bergoglio es un truhan que se ocupa de dar una palabra que guste, que agrade, que haga sentir bien a la gente, que haga reír a las masas. Es un tramposo en la Iglesia. Hace trampa con la verdad: predica metiendo mentiras entre verdades.

Mientras Bergoglio hace su papel, Jesús sigue guiando a Su Iglesia con Su Papa.

«Es importante que Mis seguidores se mantengan alerta a cualquier nuevo papa que pueda presentarse, porque él no será de Dios» (MDM – 7 de junio 2011).

Los Cardenales, en Cónclave, ofrecieron a la Iglesia un nuevo papa, Bergoglio. Este hombre no es de Dios. Y hay que estar alerta a un hombre que está enseñando una nueva doctrina para una nueva iglesia.

Ellos reemplazaron «al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo» (MDM – 18 de enero del 2012).

En eso está Bergoglio: en crear una nueva iglesia. Ya ha puesto el fundamento de esa nueva iglesia: su gobierno horizontal. Eso es un cisma dentro de la Iglesia. Nadie lo llama cisma porque todos tienen a Bergoglio como verdadero papa.

¡Este es el gran error de muchos católicos!

No escuchan a los profetas, quedan engañados por el lenguaje oficial de la Jerarquía en la Iglesia. Los Cardenales han puesto a Bergoglio como papa; luego, todo el mundo a tenerlo como papa.

¡Muchos católicos no saben lo que es el discernimiento! ¡Ni siquiera saben pensar rectamente en su vida humana! Muchos ni se han preocupado de lo que es un Papa en la Iglesia. Y ahora viven en la más absoluta oscuridad mental. Es un castigo por su pecado.

En estos momentos de gran confusión, hay que seguir en la obediencia al Papa Benedicto XVI porque es el Papa verdadero hasta su muerte.

¡Esto es lo que cuesta entender! ¿Cómo obedecer a un Papa que no gobierna?

Se le obedece porque es el Papa. Y no hay otra razón. Y hasta que no muera, sigue siendo el Papa verdadero, legítimo.

Es Jesús quien gobierna Su Iglesia. No son los hombres. Jesús no es el juguete del pensamiento de los Cardenales. Es el Rey de la Iglesia, que no tiene que dar explicaciones a ningún Cardenal y a ningún Obispo sobre Su Iglesia.

Jesús sigue gobernando Su Iglesia en el Papa Benedicto XVI.

Benedicto XVI es la cabeza de la Iglesia de Cristo en la tierra: «es el último verdadero Papa en esta Tierra» (MDM – 12 de abril del 2012).

Bergoglio, el mal llamado Francisco, elegido «por miembros dentro de la Iglesia Católica», es «el falso profeta» (Ib).

Son dos cabezas, dos coronas distintas. Son dos iglesias distintas.

La Iglesia de Cristo ya no se muestra en el Vaticano ni en ninguna parroquia del mundo. Está en los corazones fieles a Cristo, que permanecen anclados en la verdad.

Y la única verdad es que Benedicto XVI es el Papa de la Iglesia Católica. No pueden haber dos cabezas.

«…habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo. Sólo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor» (MDM – 22 de julio del 2013).

Es clara la profecía. Pero, nadie la escucha. Luego, todos en el gran engaño.

Los electores de Bergoglio fueron «lobos vestidos de piel de oveja y son miembros del secreto y malvado grupo masónico, dirigido por Satán» (Ib). Pusieron al impostor.

Bergoglio es un usurpador de la Corona de Cristo. Es el que reemplaza, el que sustituye, el que gobierna en lugar del verdadero Papa. Gobierna pero sin el Primado de Jurisdicción: no tiene Autoridad divina para hacer lo que está haciendo.

¡Esto escuece a muchos! ¡Pero es la única verdad!

Bergoglio había sido descartado para ser papa, pero la secta masónica le dio una nueva opción al gobierno de la Iglesia. Lo compró. Y Bergoglio se vendió por unas cuantas monedas, como hace todo judas.

Todo el mundo, desde la Jerarquía hasta los fieles, declara que Bergoglio es verdadero Papa. Esta perversidad en la mente de muchos católicos es su condenación en vida.

Quien sigue a un falso papa va en busca de su propia condenación. Un falso papa jamás va a enseñar el camino de la salvación del alma. Luego, profesar que Bergoglio es verdadero papa es condenarse.

No se puede dirigir la vida hacia un hombre que enseña a dar culto a los hombres. La vida es para obedecer la Verdad, que es Cristo. Y ningún hombre de la Jerarquía es la verdad. Todo sacerdote u Obispo que no enseñe la Verdad, que no ofrezca la misma doctrina de Cristo, es imposible obedecerle.

Por eso, no se puede entender cómo sacerdotes –como Linus Clovis– dicen que se puede juzgar a Bergoglio en cuanto a sus acciones, pero no juzgarlo en cuanto a su oficio de papa.

¡Han caído en la trampa del demonio!

Todo aquel que juzgue las acciones de un Papa lo tiene que juzgarlo como Papa, en su oficio. No se pueden juzgar las acciones del Papa. Se tienen que discernir las acciones del Papa. Porque un Papa nunca está solo en el Papado. Tiene a sus Obispos debajo de él, que lo ayudan en todas las cosas del gobierno de la Iglesia.

Si hay algo mal en las acciones de un Papa, hay que investigar a los demás en esas acciones.

¡Esto nadie lo entiende!¡Pero esto es la base del Papado!

Si es Jesús quien pone un Papa, entonces ese Papa nunca puede llevar al error y a la herejía a la Iglesia. Es cabeza de la verdad. Es la Voz de Cristo en la Iglesia. No es la voz del demonio.

«Nunca piensen que Yo estoy culpando a los muchos Papas que se han sentado en la silla de Pedro. Su Misión ha sido siempre protegida. Muchos Papas han sido prisioneros en la Santa Sede, rodeados por grupos masónicos que no representan a Dios» (MDM – 7 de mayo del 2012).

Cincuenta años esparciendo mentiras en la Iglesia, transformando la liturgia en un culto al hombre. Imponiendo doctrinas de demonios en las cuales se enseña a pecar a las almas. Promocionando un falso ecumenismo para abrir las puertas de la Iglesia al mundo. ¿De quién es la culpa? No de los Papas, sino de los demás. Todos los Obispos que desobedecieron a todos los Papas.

«Sus obras llevaron al colapso de la Iglesia Católica. Esto no fue un accidente. Esto fue deliberadamente y astutamente trazado para destruir la fe de la Iglesia, para destruir el tributo de los católicos ordinarios, al único verdadero Dios» (Ib).

Aquel que juzga sólo las acciones de Bergoglio pero no lo juzga como falso papa, está en un absurdo: lo juzgas porque ves su herejía; pero lo obedeces como papa, lo tienes como papa verdadero. ¡Gran absurdo! ¡Gran oscuridad en la mente de muchos! Porque ya no creen en los profetas, que son los que enseñan la verdad. Y MDM es la profeta del fin de los tiempos. No hay Jerarquía en la Iglesia que pueda enseñar este tiempo a las almas. Porque toda ella ha caído en el gran engaño.

La Iglesia ha perdido el camino de la verdad, que es su camino. Es decir, la Iglesia ha perdido a Cristo. Ya no cree en Cristo, ni en Su Obra, ni en Su Iglesia. Y esto todos los pueden comprobar diariamente en tanta jerarquía que se dedica a poner una vela a Dios y otra al demonio en sus ministerios.

Jerarquía que contemporiza con todo el mundo para sacar provecho de unos y de otros, del mundo y de la Iglesia.

Jerarquía que tiene el aplauso del mundo, su alabanza, porque predica su lenguaje, el propio del error; pero que también disfruta de las glorias que muchos católicos, sin discernimiento, ofrecen a sus obras malditas que hacen en la Iglesia.

Si la Jerarquía se ha extraviado en el camino de la verdad, también los fieles andan errantes, por caminos extraños, siguiendo a esa jerarquía con la boca abierta, asombrados de la nueva espiritualidad, falsa por sus cuatro costados, que enseñan los nuevos y falsos sacerdotes y Obispos.

Hoy todo el mundo está siguiendo sus fábulas, la novedad espiritual de una iglesia sin el camino de la verdad. Se habla de Dios, de Jesús, del amor, de la fraternidad, de la tolerancia, de la misericordia…de tantas palabras vacías…

Se dicen tantas cosas para captar la atención del oyente, pero se les da un nuevo concepto. Se les mete en el lenguaje propio del error: ofrecer una verdad pero sin la sustancia de esa verdad.

Porque es necesario llegar al pensamiento único, propio de una sociedad globalizada. Esta sociedad ya no le interesa Dios como ser real: la trascendencia divina es dejada a un lado. Sólo le interesa la palabra Dios, poniendo un concepto nuevo de Dios. Un concepto que todos puedan admitir. Es un Dios para el hombre, para la mente del hombre, para su vida, para sus obras. No tiene que ser un Dios que imponga una ley, unos mandamientos, un camino de salvación. Tiene que ser un Dios abierto al pensamiento de cada hombre.

La sociedad globalizada sólo se centra en el hombre, se apoya en él, vive permaneciendo en él. Es una sociedad inmanente. No es transcendente. No es una sociedad para más allá de los límites humanos, naturales, carnales, materiales. Los hombres viven en sus conocimientos humanos, que son siempre limitados. Y sabiendo su límite, no quieren conocer más allá del límite. Por esto, esta sociedad globalizada tiene que atacar a todos los profetas verdaderos. Y sólo se queda con los falsos, que hablan el lenguaje inmanente, que es el propio del error.

El hombre que permanece en sí mismo se hace dios de sí mismo. En la sociedad globalizante se deifica al hombre.

Hay que llegar a una forma de pensar única, inmanente. Y no se llega predicando la sustancia de la verdad, sino con un lenguaje atractivo, bello, que gusta, que sea accesible para todo el mundo.

Bergoglio tiene que interpretar el papel de papa, que no le gusta nada. Él prefiere quitarse esos hábitos y ponerse un traje apropiado a la moda que impera en el mundo. Pero le han obligado a representar una obra teatral. Para esto ha nacido.

«Él está haciendo al igual que mi Santo Juan Bautista, anunciando al que ha de llegar, sólo que éste de quien habla es de la Bestia. Está escrito que arrasará a las masas, es buen orador como Hitler, y sabe lo que tiene que decir, y al pueblo le da lo que quiere oír, no lo que está bien sino lo que quiere el populacho. Amén» (Mensajes personales – Enero 2015).

Falsa obediencia, falso misticismo

blasfemia

«Os traigo a la memoria, hermanos, el Evangelio que os he predicado, que habéis recibido, en el que os mantenéis firmes…» (1 Cor 15, 1).

Bergoglio no trae a la mente de los hombres el Evangelio de Jesucristo. Su noción del Evangelio es una reforma social, una economía para las clases más pobres, una cultura del encuentro para caer bien a todo el mundo.

Bergoglio está, no sólo influenciado por la teología de la liberación, sino metido de lleno en una falsa espiritualidad y un falso misticismo, propio de la falsa iglesia que está levantando.

Bergoglio no puede comprender la Palabra de Dios, la esencia del mensaje de Cristo, no puede hacer suya las palabras del primer Papa de la Iglesia Católica:

«No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy» (Act 3, 6).

¿A qué se ha dedicado este hombre?

«Los males más graves que afligen al mundo en estos años son la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que se deja a los ancianos….Esto, en mi opinión, es el problema más urgente que la Iglesia tiene ante sí» (1 de octubre – Entrevista Scalfari)

No tengo oro ni plata: no me dedico encontrar trabajo para los jóvenes; no me dedico a dar a los ancianos un cariño que no merecen.

A los ancianos y a los jóvenes hay que darles a Jesucristo, que es poner en práctica la obra de la Redención.

Pero, Bergoglio anda en otras cosas, en su política:

«Al cumplir su misión apostólica, la Iglesia debe asumir un papel profético en defensa de los pobres y contra toda corrupción y abuso de poder…» (Visita ad limina de los Obispos de Kenia – 16 de abril).

¿Papel profético en defensa de los pobres? No existe una profecía que defienda a los pobres, tal como lo entiende Bergoglio, que es en su comunismo. No existe una profecía que lleve a la Iglesia a atacar toda corrupción y abuso de poder.

«Arrepentíos, pues, y convertíos para que sean borrados vuestros pecados» (Act 3, 19).

Este es el mensaje que San Pedro dirigió a todos los israelitas. Esta es la doctrina de los Apóstoles. Esta es la misión de toda la Iglesia. Esta es la voz profética que recorre toda profecía verdadera: el arrepentimiento del pecado, la lucha contra el pecado. Si el hombre viera su pecado, entonces no habría pobres ni corrupción ni abuso de poder. Pero, hoy día, al hombre no se le predica del pecado, sino que se le da un lenguaje lleno de tantas cosas que le impiden ver la verdad de la vida. Bergoglio no enseña el pecado, porque no cree en el dogma del pecado.

Bergoglio sólo está en su falsa espiritualidad: «entrar…en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (Bula del jubileo de la misericordia).

Son los pecadores, no los pobres, los privilegiados de la Misericordia de Dios: «no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia» (Lc 5, 32).

No he venido a llamar ni a los pobres ni a los ricos: no he venido a hacer propaganda política de la Palabra de Dios. No he venido a hablar lo políticamente correcto.

Jesús ha venido a poner un camino de penitencia a todo aquel que reconozca su pecado como una ofensa a Dios.

«Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas. El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad (cf. Evangelii gaudium 202)» (Mensaje a la séptima cumbre de la Américas en Panamá – 10 de abril 2015).

Bergoglio se predica a sí mismo, pero es incapaz de predicar el Evangelio de Jesucristo.

Como el pecado no es una ofensa a Dios, entonces: «Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas». ¿Qué es el pecado? Aquello que ofende al hombre, a su persona, a su dignidad. Automáticamente, Bergoglio se baja de la Cruz de Cristo, que es la que libera al hombre de cualquier mal, ya sea espiritual, ya humano, para presentar al mundo su falso misticismo.

«El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia»: en esta frase está ensamblada todo el falso misticismo de la falsa iglesia.

La falsa iglesia va hacia una unión entre todos los hombres, entre todas las religiones, confesiones, para un gobierno mundial. Se necesita un misticismo: solidaridad y fraternidad. Que inevitablemente es falso, porque no es la solidaridad ni la fraternidad que provienen del Evangelio de Cristo. Es la solidaridad y la fraternidad que está en la mente de los grandes masones, que son los que rigen el mundo y la falsa iglesia que se levanta en el Vaticano.

En ese falso misticismo no hay que discriminar a la gente. Por lo tanto, no hay que tener dogmas, credo, símbolos de la fe. No hay que ser indiferentes con los hombres porque tienen una manera de ver la vida, de pensarla, de obrarla. Hay que buscar la forma de unir a los hombres con este falso misticismo.

Muchos católicos no saben lo que es la vida mística. Y, por lo tanto, no saben lo que significa una falsa vida mística, un falso misticismo.

Lo místico es la unión de Cristo con cada alma. Lo místico no es lo espiritual. Cristo se une con el alma a través de la gracia: esto es una unión espiritual. Pero, Cristo también se une al alma a través del Espíritu: esto es lo místico.

A través de la gracia, el alma posee una vida divina, que es en todo espiritual, porque Dios es Espíritu.

Pero a través del Espíritu, el alma posee una vida mística, en la que el alma participa de todo lo que es Cristo.

Por la gracia se participa de la Vida de Dios. Eso es el Bautismo y todos los Sacramentos. Ser hijo de Dios es una participación de la vida divina.

Pero, por el Espíritu, el alma participa de la vida de Cristo. Por eso, la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: participa toda la Iglesia de la vida de Cristo.

La Eucaristía no sólo es una participación de la vida divina, sino del Misterio de la Encarnación. Participar en ese Misterio es vivir algo místico con el Verbo Encarnado.

Por lo tanto, quien no vive lo místico en la gracia, en los Sacramentos, tiene que vivir un falso misticismo. Ese falso misticismo es la obra del espíritu del demonio en el alma: en su mente, en su memoria, en su voluntad.

En el falso misticismo, la mente está poseída por el demonio para pensar lo que quiere el demonio. Esto es lo que se ve en Bergoglio y, no sólo en la Jerarquía que le obedece, sino en muchos fieles.

En el falso misticismo no hay manera de que la mente vea la verdad: vive una oscuridad espiritual, por su pecado de soberbia, que le impide, que le obstaculiza asentarse en la verdad. Ve la verdad de las cosas, pero siempre el alma haya una razón, una idea, para salirse de la verdad.

Esto está en todas las homilías de Bergoglio: dice una verdad y la continúa con una mentira. Esto es el falso misticismo: es la unión de la mente de la persona con el entendimiento del demonio.

El verdadero misticismo es la unión de la mente de la persona con la mente de Cristo. Por eso, dice San Pablo: «Mas nosotros tenemos la Mente de Cristo» (1 Cor 2, 16).

El espiritual juzga de todo: es decir, el que participa de la vida divina, por la gracia, puede hacer juicios espirituales sin cometer pecado. Pero nadie puede juzgar al espiritual, al que hace juicios espirituales. ¿Por qué? Porque tiene una vida mística, no sólo espiritual.

Por la vida espiritual, juzga de todo y no se equivoca. Y no se equivoca porque participa de la mente de Cristo. Y en la mente de Cristo no hay error, no hay herejía, no hay desviación de la verdad.

Muchos poseen la gracia, es decir, tienen una vida espiritual. Pero muchos, al no saber usar la gracia, no alcanzan la vida mística con Cristo. Tienen la gracia, pero siguen pensando y obrando como hombres del mundo, como hombres paganos. Eso señala una sola cosa: hay un falso misticismo. En la persona, se da una unión en la mente con el espíritu del demonio, que la lleva a pensar muchos errores y a obrarlos.

Hay tantas filosofías, tantas teologías, tantas formas de pensar en la actualidad que son impedimento para la vida mística de muchos católicos. Son el inicio y el contrafuerte de una falsa vida mística.

Para vivir con Cristo no hace falta tanta filosofía ni tanta teología. Sólo hace falta la humildad de corazón, que hace que la mente del hombre no se apoye en ninguna idea humana, por más buena y perfecta que sea para su vida. Sólo en la Mente de Cristo no está el error, sino toda la Verdad. Y es el Espíritu de la Verdad el que nos hace penetrar esa Mente Divina.

Por eso, muchos teólogos, muchos filósofos, muchos pensadores católicos ven la herejía de Bergoglio, pero lo siguen llamando Papa. No tienen vida mística: con sus teologías, con sus pensamientos impiden que el Espíritu les lleva a conocer la Mente de Cristo, ¿qué piensa Cristo de Bergoglio?  Es su pecado de soberbia, que debe incidir en toda su vida espiritual, en la manera de vivir la gracia.

La vida espiritual, es decir, la vida de la gracia, conduce, de manera necesaria, a la vida mística. Cristo no sólo te hace hijo de Dios, no sólo te da una vida divina, sino la manera de pensar esa vida divina, la manera de obrarla, de vivirla.

Quien no purifica su corazón, su mente, de tantas ideas, filosofías, teologías, errores, entonces hace un daño a su vida de la gracia y no puede penetrar la mente de Cristo, no puede vivir la vida de Cristo, no puede tener una vida mística.

Muchos, sin teología, sin filosofía, captan a la primera lo que es Bergoglio. Cuando escuchan sus homilías, en seguida dicen: no es doctrina católica. Esta persona no es Papa. Viven sencillamente su gracia y, por eso, están unidos a la Mente de Cristo, que les enseña la verdad de todas las cosas.

La gracia es siempre una inteligencia divina que sólo se puede captar en la unión con la mente de Cristo.

Quien no viva su gracia, en los Sacramentos, no tiene una vida mística, sino una falsa vida mística.

En los falsos profetas, se puede ver esa falsa vida mística: esa mente demoniaca que va dirigiendo la mente del falso profeta.

En Bergoglio, es lo que se ve en todas sus homilías, en todos sus escritos, en todos sus discursos, aun los que parecen católicos, pero nunca lo son. Un hereje nunca puede dar un discurso católico.

El demonio siempre sabe hablar a todo hombre. Siempre sabe decir la palabra que quiere oír el hombre. Por eso, Dios dice pocas palabras, pero cuando las dice las obra en el alma.

El demonio llena de palabras la mente de los hombres, para tenerlos en su juego. Esto es lo que hace, constantemente, Bergoglio. Palabras bonitas, hermosas, para terminar diciendo su herejía de siempre.

Muchos no han aprendido a discernir las palabras de Bergoglio. Son todas heréticas:

«…el hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión, que depende de su propia voluntad» (Sto. Tomás, II-II q.5 a.3).

Bergoglio niega el primer artículo de la fe: «Y yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser».

Quien no cree en el Dios católico no cree en Dios. Y si no cree en Dios, no cree en nada más: ni en Cristo, ni en la Iglesia, ni en la Cruz, ni en los Sacramentos. Sólo cree en lo que dicta su razón humana

¿Quién es Dios? Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Quien no cree en Dios como lo enseña el primer artículo de la fe, no cree en Dios. No tiene fe. Sino que tiene una opinión sobre Dios. Tiene su propio concepto de Dios: Dios es la luz, Abba, el Creador, etc…

Quien niega un artículo de fe los niega todos.

Bergoglio no habla el lenguaje de la fe, sólo puede dar su opinión sobre todos los temas de la fe, como la da cualquier hombre del mundo, cualquier pagano, cualquier cismático, cualquier hereje.

Por eso, nunca se equivoquen con Bergoglio cuando dice algo que parece católico. Sólo está dando su opinión, pero no puede enseñar la fe católica. Nunca. El pecado de herejía impide la fe. Y la herejía, en Bergoglio, es pertinaz. Dice sus herejías y continúa viviendo su vida como si nada hubiera dicho: no hay arrepentimiento. Y, por eso, Bergoglio está condenado en vida. Esto es lo que escandaliza a muchos.

El espiritual juzga de todo: como Bergoglio no hace un acto de arrepentimiento de sus herejías, sino que cada día las aumenta y las hace pública para todo el mundo, entonces va camino de condenación. Él vive como si fuera un santo, como si sus palabras fueras justas, apropiadas para todo el mundo. Como si sus obras tuvieran el sello de Dios. Bergoglio no puede ver sus pecados porque no cree en Dios. Y aquel que no cree en Dios, no puede salvarse. Vive su propia condenación en vida.

Todo el problema de Bergoglio es que está sentado en la Silla de Pedro. Por eso, se necesita algo más que un mea culpa para decir que Bergoglio se ha salvado. Bergoglio vive su propia condenación en vida, lo que él ha escogido para su vida. Y, por lo tanto, lleva a muchas almas a lo mismo: vivir condenadas en vida.

Este es el fruto del falso misticismo: vivir condenados.

El verdadero misticismo lleva a vivir la santidad de Dios. Vivir esperando el Cielo. Vivir para una felicidad que no es de este mundo. Por eso, los santos se confesaban hasta dos veces al día. Porque sabían que el pecado les impide el Cielo.

Hoy, en el falso misticismo de Bergoglio, todos se van al cielo. Es decir, todos viven su condenación ya en la tierra. Ya no se vive para convertir al otro, para salvar su alma del pecado. Se vive para comulgar con el pecado del otro. Se vive para una condenación.

Bergoglio sólo es un político que está en su negocio en la Iglesia. Por eso, buscó la unidad con Kenneth Copeland, con Palmer, que son personajes que sólo les importa el dinero, pero no la verdad del Evangelio. Copelando y Palmer predican el evangelio de la prosperidad, que es la teología de la liberación en Bergoglio, y son considerados herejes por los mismos protestantes.

Bergoglio no puede unirse con los Sprouls, Carsons, Piper y otros, que son los que siguen en todo a Calvino, a Lutero, en su herejía de la Sola Scriptura para alcanzar la justificación de la fe. Ellos preservan su doctrina protestante sin mezclarla con la idolatría y la avaricia de Palmer y de Copeland. Ellos quieren seguir el mensaje puro del Evangelio. A ellos ataca también Bergoglio. Por eso, entre los protestantes ya hay mucha división en torno a Bergoglio. Bergoglio es, para muchos de ellos, un hereje de la Sagrada Escritura, que hace sólo un comercio religioso de la Palabra de Dios.

A Bergoglio sólo le interesa la bolsa del dinero, como a Judas. Y busca a los judíos, sólo por el dinero. Y busca a los musulmanes, sólo por el dinero.

Para dar de comer a los pobres se necesita dinero. ¿Quién se lo da? Sólo vean con quién se junta Bergoglio. Y obliga a todas las diócesis a hacer lo mismo. Todo el mundo católico está buscando dinero para los malditos pobres de Bergoglio.

Ha corrido Bergoglio para implantar su gobierno horizontal, para promoverlo, para imponerlo. Los demás, como bobos, sin hacer nada en contra de ese gobierno de herejes y cismáticos. Por lo tanto, no les van a salvar las teologías  a muchos Obispos y sacerdotes con lo que viene. Su falsa obediencia a un falso papa llena su vida espiritual de un falso misticismo.

Cuanta jerarquía está ya poseída, en sus mentes, por el demonio. Y eso es lo que va a trabajar -en ellos- en lo que viene.

Van a poner una inteligencia que doblegue a todos los teólogos, a todos los canonistas, para poner un falso credo, apropiado a la falsa iglesia. Ya el primer artículo de la fe no será el Dios católico, sino el falso dios que la cabeza de cada hombre se quiera inventar. Es el dios gnóstico, propio de la masonería.

Aquel que no viva su vida de la gracia, el demonio le espera en su mente, y tendrá parte en el falso cuerpo místico del Anticristo, que es la falsa iglesia, que ya es visible en Roma y en todas las parroquias del mundo entero.

Bergoglio: el falso papa de los sodomitas, ateos, herejes, cismáticos, apóstatas de la fe

idolo

«´Hermanos´ y ´hermanas´ son palabras que el cristianismo quiere mucho» (Audiencia general, 18 de febrero del 2015).

Se cae en la herejía, no sólo diciendo el error como una verdad que hay que seguir, sino también por hacer uso inadecuado de las palabras. Esto es constante en Bergoglio. Un hombre, que no tiene  cautela y modestia en el hablar, se expresa con un lenguaje de herejía, con sabor a herejía. Hay que saber, cuando se habla, emplear los términos, las palabras adecuadas y evitar todo aquello que produzca confusión en el hablar.

Bergoglio es siempre confusión, cuando habla, cuando escribe: dice tantas cosas, en su lenguaje, que son una mentira, pero que se transmiten como una verdad, como algo cierto. Y la mente del hombre no suele captarlo al momento. Sólo los que están muy despiertos en la vida espiritual, ven la herejía en el lenguaje bello de Bergoglio. Los demás, se la tragan como si este hombre hablase una verdad.

Ante esta primera frase de Bergoglio, la gente suele tomarla como buena, como verdad. Pero la gente no ve la herejía, porque no está acostumbrada a discernir las palabras.

Para discernir el discurso de un hombre, hay que fijarse en sus palabras, en sus términos, en sus giros. Sólo así se ve la mente de ese hombre, lo que piensa, lo que está revelando.

El verdadero católico no ama la palabra ´hermano´ ni la palabra ´hermana´. No se aman palabras o ideas humanas o una filosofía o un lenguaje de la vida. El católico verdadero ama a Cristo, ama a una persona, pero no una idea de Cristo ni una idea de una persona.

En el corazón está la ley del Señor: «dentro de mi corazón está tu ley» (Sal 39, 9). Y la ley del Señor es la ley del Amor, que son dos preceptos:

«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tus fuerzas. Éste es el más grande y el primer mancamiento. El segundo, semejante a éste, es: Amarás al prójimo como a ti mismo. De estos dos preceptos penden toda la ley y los profetas» (Mt 22, 37-40).

Se ama a Dios o al prójimo en la Ley del Señor: en una regla divina, en una norma de moralidad, en una ley de la gracia.

Por tanto, nadie ama la palabra hermano: no tiene sentido amar esta palabra.

De esta manera predican los falsos sacerdotes y Obispos: predican dando ideas a la mente del hombre. Predican un lenguaje humano, que es bello: la palabra hermano el cristiano la quiere mucho. Es un lenguaje bonito, agradable, pero cargado, con sabor a herejía.

Quien ha discernido a Bergoglio, ante esta primera frase, ya sabe de qué va a ir el discurso. Y no tiene que leer más. Lo tira al cubo de la basura y no pierde el tiempo con este hombre.

Pero hay muchos católicos, que siguen atentos a las palabras y a las obras de Bergoglio, y que todavía no saben discernir lo que es Bergoglio. Todavía esperan algo de ese hombre. Son católicos ciegos, como Bergoglio. Buscan al hombre en Bergoglio; pero no la verdad en el hombre, en Bergoglio.

Quien no busca la verdad en los hombres, se queda con los hombres, con sus ideas, con sus obras, y desprecia la verdad.

En la Iglesia se ama la Verdad. Y la Verdad es una Persona Divina: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida»

La verdad no es una idea sobre Cristo o sobre el amor de Cristo. La Verdad es Cristo, una Persona Divina, Dios y Hombre verdadero. Por tanto, amar la verdad no es amar la idea de hermano, sino que es imitar con el hermano lo que hizo Cristo con los hombres.

Amar a Cristo es imitarlo: hablar sus mismas palabras y obrar sus mismas obras.

Gran parte de la Jerarquía predica la idea de Cristo y obra lo que ellos quieren. No predican el Evangelio, la Palabra de Dios; ni hacen las mismas obras de Cristo. Cogen la idea: Jesús, Cristo; cogen una frase del Evangelio y dan su interpretación: su lenguaje, su filosofía, su idea de lo que es Cristo o de lo que es esa obra.

Esto ha sido constante en toda la historia de la Iglesia. Y seguirá siempre lo mismo. Al hombre le cuesta tener la mente de Cristo y, por tanto, le cuesta hacer las mismas obras de Cristo. Es muy fácil dar una interpretación del Evangelio de turno y obrar lo que a uno le parezca que es bueno.

Hay muy pocos católicos que sepan discernir a una Jerarquía por sus palabras. Cuando llegue el Anticristo, esos católicos lo van a pasar muy mal. Si no pueden descifrar el lenguaje baboso de Bergoglio, menos van a poder descifrar el lenguaje científico y filosófico que traerá el Anticristo.

Si muchos católicos caen como moscas antes las idioteces de un Bergoglio, ¿cuántos no se van a perder por el lenguaje brillante de un Anticristo, que se las sabe todas para engañar a los más afamados teólogos de la Iglesia?

«El vínculo fraterno tiene un sitio especial en la historia del pueblo de Dios, que recibe su revelación en la vivacidad de la experiencia humana».

El vínculo fraterno recibe su revelación en la experiencia del hombre: gravísima herejía que nadie contempla. Pero que está ahí: en este lenguaje bello, pero oscuro.

El vínculo fraterno: la unidad entre hermanos. ¿Dónde se revela? En la experiencia de la vida del hombre.

¡Gran falsedad!

Lo que se revela en la experiencia humana son las obras de lo que se piensa: obras de fe, obras de impiedad. Obras de virtud, obras de pecado, de vicios.

Lo que vemos en la historia de los hombres son obras: buenas o malas.

¿Dónde está el vínculo entre hermanos? Hay que buscarlo, no en la experiencia del hombre, sino en la Revelación de Dios:

«¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano sobre sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque quien quiera que hiciere la voluntad e Mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» (Mt 12, 48- 50).

El vínculo entre hermanos es siempre una atadura espiritual, no de sangre, no de carne, no de raza humana. Ser hijos de Dios son aquellos «que creen en su Nombre, que no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios son nacidos» (Jn 1, 12-13).

Es el Espíritu de Dios el que une a los hombres como hermanos, como hijos de Dios. Y los une en la medida en que cada hombre tiene fe en la Palabra de Dios. Si el hombre  no tiene fe, es decir, si el hombre no obedece la Voluntad de Dios, no pone su mente humana en el suelo para aceptar los mandamientos de Dios, entonces el Espíritu no puede unir entre los hombres, no puede hacer un vínculo fraterno.

Para el vínculo fraterno, se necesita que los hombres obren la Voluntad del Padre. Entonces, serán uno en Cristo.

Bergoglio habla aquí de su falso ecumenismo: el de la historia, el del hombre, el que viene de la revelación de la experiencia humana. Por eso, habla una herejía oponiéndose a la Palabra de Dios. Pero los hombres, los católicos, como no saben pensar la verdad, toman este lenguaje de Bergoglio como algo bello, algo sin error, sin mentira. Y se tragan la herejía sin saberlo. Pero es una ignorancia culpable: son católicos cómodos en la vida espiritual. No luchan por la Verdad, no luchan por Cristo, sino que están sólo interesados por la obra de Bergoglio, de un hombre, en la Iglesia.

«Jesucristo llevó a su plenitud incluso esta experiencia humana de ser hermanos y hermanas, asumiéndola en el amor trinitario y potenciándola de tal modo que vaya mucho más allá de los vínculos del parentesco y pueda superar todo muro de extrañeza»: otra gravísima herejía que los hombres no ven.

Jesús coge la experiencia humana de ser hermanos y la asume en el amor trinitario: esto es anular la Encarnación, el dogma del Verbo Encarnado. Esto se llama: panenteísmo: Dios en todas las cosas. Todo en Dios. Jesús que vive en todas las experiencias humanas. Jesús que supera todo muro de extrañeza humana. Todas las experiencias de los hombres están en Dios.

Este lenguaje humano de Bergoglio está cargado de herejías: no sólo tiene el sabor de la herejía, sino que habla con la herejía.

Jesús, en Su Encarnación, asume una naturaleza humana: un alma y un cuerpo humano.

Jesús, por lo tanto, no asume ninguna experiencia humana: no asume en su amor trinitario la experiencia humana de ser hermanos y hermanas. Decir esto, como lo dice este hombre, es decir la herejía del panenteísmo: Jesús, al asumir la naturaleza humana, asume a todos los hombres, sus vidas, sus obras, sus mentes. Y, por lo tanto, Jesús está en todos los hombres. Todos en Jesús. Eso es el panenteísmo: Dios en todo; todo en Dios. Consecuencia: Jesús lleva la vida, las obras, las mentes de los hombres, sus experiencias de ser hermanos, sus vínculos fraternos, a otra dimensión: a otra potencia, en la cual no hay un muro de extrañeza, de exclusión.

Por eso, Bergoglio es el falso papa de los sodomitas. Los sodomitas no son extraños a Jesús. Jesús ha dado a esa experiencia sodomítica una potencialidad nueva.

Bergoglio, en su lenguaje rastrero, sabe muy bien lo que está diciendo: sabe la herejía que piensa y que obra en su vida.

Los católicos, muchos católicos, siguen dormidos, atentos a Bergoglio, sin discernir nada ni de su persona, ni de su mente, ni de sus obras. Les gusta el lenguaje baboso de este hombre, porque eso es lo que viven en sus vidas espirituales: una tibieza que les ciega para ver la verdad, para discernir la verdad de la mentira.

«Sabemos que cuando la relación fraterna se daña, cuando se arruina la relación entre hermanos, se abre el camino hacia experiencias dolorosas de conflicto, de traición, de odio»: este hombre comienza, ahora, a faltar contra el segundo mandamiento: coge la Palabra de Dios, coge el nombre de Dios y lo usa en vano: interpreta como le da la gana esa Palabra Divina.

Una vez que ha mostrado su herejía: el panenteísmo; tiene que exponerla.

Se rompe una relación entre hermanos, queda un dolor. Este hombre sólo se queda en el dolor: en lo sentimental. Pero no distingue el dolor.

En la vida de cada hombre se tiene la experiencia de que hay que cortar con los hombres: ya sean hermanos, parientes, amigos, desconocidos, etc… Y eso es siempre un dolor. Pero eso no es la vida.

No se vive ni para amar a un hermano ni para odiar a un hermano. Se vive para hacer la Voluntad de Dios, aunque se corten relaciones entre hermanos o entre hombres.

Como Bergoglio no puede fijarse en la Voluntad de Dios, que exige al alma cortar con un hombre por amor a Dios, aunque se produzca un dolor, entonces este hombre vive en la angustia existencia del dolor:

«Después del asesinato de Abel, Dios pregunta a Caín: «¿Dónde está Abel, tu hermano?» (Gen 4, 9a). Es una pregunta que el Señor sigue repitiendo en cada generación. Y lamentablemente, en cada generación, no cesa de repetirse también la dramática respuesta de Caín: «No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano? » (Gen 4, 9b)». Esta angustia existencial es lo propio de todos los modernistas.

Como han anulado la Justicia de Dios, el pecado, no pueden comprender las consecuencias del pecado entre los hombres. Y lanzan a la humanidad hacia la angustia vital: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Es una pregunta que el Señor sigue repitiendo en cada generación».

Dios no pregunta eso a ninguna generación. Eso se lo preguntó a Caín. Punto y final. Bergoglio coge el Nombre de Dios, es decir, Su Palabra Revelada, y la usa en vano: en su angustia vital, en su herejía del panenteísmo, anulando así la Palabra de Dios. Y, por lo tanto, enseñando una nueva y falsa doctrina: la fraternidad universal.

Cada generación de hombres vive una angustia vital: «Y lamentablemente, en cada generación, no cesa de repetirse también la dramática respuesta de Caín: «No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano?»: esto es poner el pecado como un ser filosófico y social.

El pecado ya no es la ofensa que cada hombre hace a Dios, sino la ofensa que una generación hace a los hombres. El pecado de una estructura social o de una estructura religiosa. Hay que levantar una nueva estructura de iglesia en donde se incluyan a todos los hombres, sean ateos, sodomitas, etc…

Y, claro, Bergoglio descansa en su sentimentalismo: esto es algo feo, algo que hay que quitar:

«La ruptura del vínculo entre hermanos es algo feo y malo para la humanidad. Incluso en la familia, cuántos hermanos riñen por pequeñas cosas, o por una herencia, y luego no se hablan más, no se saludan más. ¡Esto es feo! La fraternidad es algo grande, cuando se piensa que todos los hermanos vivieron en el seno de la misma mamá durante nueve meses, vienen de la carne de la mamá. Y no se puede romper la hermandad».

La unidad está en la sangre: «todos los hermanos vivieron en el seno de la misma mamá durante nueve meses, vienen de la carne de la mamá. Y no se puede romper la hermandad». Este es el grito típico de este hombre: su ecumenismo de sangre, que viene de su herejía del panenteísmo.

Porque una mujer os ha engendrado, entonces no se puede romper la hermandad.

¿Quién es mi hermano? ¿El que nace en la mujer? ¿El que está en el seno de una misma mujer? No; el que hace la Voluntad de Mi Padre, que está en los cielos, no en la tierra.

Bergoglio come tierra y eso es lo que ofrece a todas las almas: una iglesia de carne, de sangre, de mentes humanas, de obras humanas, de vidas humanas. Se quiere hacer una iglesia universal sin muros de extrañeza, sin exclusiones de ningún tipo.

¡Cuánto cuesta a los católicos ver esto en el lenguaje de Bergoglio! Siempre este hombre anda dando vueltas a su herejía panenteista. Y la dice de muchas maneras y siempre acaba en lo mismo: llorando por sus hombres. Llora por sus sodomitas, por sus ateos, por sus luteranos, por sus budistas…. Es la perversión de su mente humana, que ya no es capaz de ver la Verdad. Bergoglio no puede ver a Cristo como Verdad: lo ve como una idea que ha concebido en su mente humana.

«La fraternidad no se debe romper y cuando se rompe sucede lo que pasó con Caín y Abel»: la fraternidad hay que romperla siempre por un bien mayor y más perfecto: la ley del Señor, que obliga a romper con los hombres que no hacen Su Voluntad Divina.

Se ama al prójimo rompiendo con él cuando muestra un pecado, una herejía, un error en su vida, en sus obras, en sus palabras.

La única forma que tiene toda la Iglesia de amar a Bergoglio es rompiendo con él como Papa. Es la única manera de amarlo. Y esto es lo que muchos católicos no acaban de comprender, porque ponen el amor de Dios en un sentimiento, en una idea, en un lenguaje humano.

El amor de Dios en el alma es siempre una cruz entre los hombres, en la relación con los hombres. No se puede levantar una estructura religiosa o social sin la Cruz, sin poner diferencia, sin poner muros, sin excluir.

Por eso, hay que poner un muro de división, hay que excluir de la vida de la Iglesia a Bergoglio. Si no se hace esto, Bergoglio es la causa de que muchos se condenen dentro de la Iglesia. Y esto es una obra abominable.

Y los católicos que permiten esto, que no luchan contra el error y la herejía dentro de la Iglesia, se suman a esta obra abominable y a través de ellos se condenan muchos más.

Aquel que, después de dos años, siga viendo a Bergoglio como bueno para la Iglesia, ya está haciendo una obra abominable dentro de la Iglesia y se une a la obra de Bergoglio en la Iglesia.

Aquel que obedece a un hereje, comete el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo. Y no puede salvarse por más que comulgue y se confiese todos los días.

Bergoglio no es cualquier cosa en la Iglesia: ha sido puesto como falso papa, para que la Iglesia le dé obediencia. Esto es abominable. Y no discernir lo que es Bergoglio es caer en esta abominación.

¡Cuántos católicos y sacerdotes y Obispos ya son abominables en la Iglesia! Por obedecer a Bergoglio como Papa han caído en este pecado.

¡Cuántos católicos hay que no comprenden este punto! Creen que ser Iglesia es una asunto social o filosófico o teológico.

Y ser Iglesia es cuestión de obediencia. Si el alma obedece la Verdad, que está en Cristo y que está en la Jerarquía fiel a Cristo, entonces se salva y se santifica. Pero si el alma obedece la mentira, que no está en Cristo, pero sí en la Jerarquía infiel a Cristo, entonces se condena por la fuerza de esa obediencia.

¿Quiénes son mis hermanos? Los que obedecen la Verdad, que es la Voluntad de Mi Padre.

La verdad es una Voluntad Divina: una obra divina. El Padre revela Su Voluntad, Su Obra, en Su Hijo, en Su Palabra. Por eso, Jesús es la verdad revelada, la verdad, que está en el Padre, pero revelada, manifestada en la obra de Su Hijo. Y el Hijo la dio a conocer en la Cruz: es una Verdad Divina que lleva a todo hombre a amar la Cruz. La verdad es algo que está en la Mente de Dios y que necesita el sometimiento de la mente del hombre para poder ser obrada como Dios quiere. Y para que el hombre conozca la verdad, Dios tiene que manifestar su Mente. Por eso, dio a Su Hijo para que el hombre lo escuche y aprenda a obrar la Verdad.

Los hombres ya no quieren escuchar a Cristo. Sólo escuchan a los hombres y se quedan con el lenguaje de ellos. Prefieren las palabras baratas y blasfemas de Bergoglio a la verdad del Evangelio.

«El vínculo de fraternidad que se forma en la familia entre los hijos, si se da en un clima de educación abierto a los demás, es la gran escuela de libertad y de paz».

Esto es su frase necia: «Si la educación de un chico se la dan los católicos, los protestantes, los ortodoxos o los judíos, a mí no me interesa. A mí me interesa que lo eduquen y que le quiten el hambre. En eso tenemos que ponernos de acuerdo» (29 de julio del 2013).

El vínculo de sangre, de fraternidad, que no se puede romper, tiene que ser mantenido con una educación abierta a todos los demás, buscando ¿qué cosa? La libertad y la paz. Hay que enseñar a los hombres a ser libres. Es la idea de la masonería. Fraternidad en las familias, libertad en la educación e igualdad en la idea religiosa para obrar: el amor, la libertad y la paz.

Son los tres ejes de la masonería, que vienen de una herejía: el panenteísmo. Dios está en todas las cosas porque todas las cosas han sido creadas de la esencia de Dios. Cada hombre es una idea divina. Por eso, no se puede romper con la fraternidad de sangre. Es algo feo, para Bergoglio.

«En la familia, entre hermanos se aprende la convivencia humana, cómo se debe convivir en sociedad. Tal vez no siempre somos conscientes de ello, pero es precisamente la familia la que introduce la fraternidad en el mundo»: otra gravísima herejía que nadie ha captado.

¿Qué es la familia? Aquella en la que no se rompe la fraternidad. Ya no se llama padre, madre, hermanos, a los que hacen la Voluntad de Dios, sino a los que viven en sus mentiras, en sus errores, en sus pecados, en sus abominaciones debajo de un mismo techo. Los padres ya no tienen que corregir, castigar a sus hijos; ni los hijos tienen que dar la obediencia a sus papás. Sino que todo es fraternidad de sangre: como todos han nacido en un mismo seno, hay que vivir el sentimentalismo, que es el ecumenismo de sangre.

Consecuencia, las sociedades tienen que levantarse, tienen que construirse de la misma manera: es la familia la que introduce la fraternidad en el mundo.

Las familias católicas, ¿cómo es que no se levantan contra esta frase de Bergoglio? ¿Van a esperar al Sínodo de octubre para comprobar cómo se destruye la familia y para lamentarse de no haber visto a tiempo esta desgracia?

Bergoglio está siendo claro: está dando a conocer lo que quiere obrar. Y esto es desde siempre, desde que lo pusieron como falso papa. En el Sínodo pasado, no le dejaron. No pudo. Pero ya se siente fuerte, ya ha puesto a sus cardenales, a sus obispos, a sus sacerdotes en los sitios claves, porque quiere poner en ley lo que predica.

Y ninguna familia católica se levanta contra lo que esté predicando este hombre. Y sólo se lamenta la gente de que este hombre se está abriendo a los sodomitas y quiere cosas que la Iglesia no quiere. Pero no son capaces de llamar a Bergoglio como lo que es. Lo tienen como su papa.

Después, no os lamentéis de lo que va a suceder en Octubre.

Es claro lo que va a pasar. Bergoglio ya lo está diciendo en sus homilías, en sus discursos, en sus mensajes. ¿Cómo es que no lo veis?

Porque ya no sois católicos, como ese hombre no lo es. Y queréis a ese hombre porque queréis lo humano para la Iglesia: queréis soluciones humanas para la Iglesia.

Una familia que no busca la Verdad, la ley de Dios, que no castiga a sus hijos, que no ama a sus hijos dándoles la Voluntad de Dios, que no los educa para conquistar el cielo, sino sólo para que sean hombres en la sociedad, buenos, pero auténticos demonios, quiere una sociedad donde se refleje eso mismo: lo humano, lo natural, lo carnal, lo material, la sangre y la carne. Y, por lo tanto, se va en busca de un poder temporal globalizante, que lo abarque todo y que sea un paraíso en la tierra.

Es la gran herejía que predica este hombre:

«La bendición que Dios, en Jesucristo, derrama sobre este vínculo de fraternidad lo dilata de un modo inimaginable, haciéndolo capaz de ir más allá de toda diferencia de nación, de lengua, de cultura e incluso de religión»: gobierno mundial, iglesia universal. Más allá de toda diferencia; más allá de toda idea religiosa. Bergoglio siempre está en su idea panenteista: Dios en todas las cosas. Dios se refleja en todos los hombres, en todas las culturas, en todas las religiones…

Por eso, sigue llorando por los hombres: «Pensad lo que llega a ser la relación entre los hombres, incluso siendo muy distintos entre ellos, cuando pueden decir de otro: «Este es precisamente como un hermano, esta es precisamente como una hermana para mí». ¡Esto es hermoso!».

Para terminar diciendo su blasfemia masónica:

«La historia, por lo demás, ha mostrado suficientemente que incluso la libertad y la igualdad, sin la fraternidad, pueden llenarse de individualismo y de conformismo, incluso de interés personal».

Las tres ideas maravillosas de la masonería: libertad, igualdad y fraternidad. No se es libre sin el amor de la sangre y de la carne. Todo aquel que quiere ser libre tiene que aceptar la sangre y la carne: tiene que ver al otro, sea lo sea, como un hermano. No importa su mal, su pecado, su error, su mentira…Eso no interesa. El sodomita es tu hermano. Si tú quieres ser libre, acepta al sodomita como lo que es: es tu hermano de sangre y de carne. No lo juzgues. No rompas el vínculo de la fraternidad. Qué feo que es eso.

Si quieres ser libre en tu religión sé igual con todas las religiones. No hagas proselitismo. No busques convertir a nadie. Son tus hermanos de sangre. Es el ecumenismo de sangre.

Esto es Bergoglio. Y no es otra cosa. La gente se queda en lo superficial de Bergoglio, pero no va a su mente.

Bergoglio es tres cosas: una persona que vive en el orgullo de su vida; un hombre sin la gracia, que vive en la muerte de su pecado; un corazón cerrado al Amor de Dios, que pone, con sus obras, el odio a Dios y a todos los hombres.

Orgullo, muerte y odio: este es el ser de Bergoglio.

Y Bergoglio muestra su ser revelando su mente. Si quieren conocer lo que es este hombre, acudan a su mente: a su palabra, a su idea. No se queden en su lenguaje florido, bonito, rastrero, vulgar.

Bergoglio es el falso papa de los ateos, de los sodomitas, de los herejes, de los cismáticos, de los apóstatas de la fe. El falso papa de una falsa iglesia, que ya se está viendo por todas partes.

Y deben combatirlo como falso papa -no como Papa- y, por tanto, deben combatir su falsa iglesia, con su falso cristo, su falsa misericordia, su falsa doctrina, su falsa jerarquía.

Si no lo hacen cada uno tendrá su culpa, su pecado. Y el demonio podrá con ustedes una vez que cambie el papado.

Con Bergoglio se ha iniciado un nuevo y falso papado. Todos aquellos que están en ese falso papado, que den su obediencia a Bergoglio como Papa, estarán bajo el reino del demonio. Atados. Y no podrán salir de esa falsa iglesia. Si salen, será con una grave dolencia espiritual, que los marcará para toda su vida.

Muchos sacerdotes, Obispos, que son teólogos, no se van salvar aunque tengan una gran teología. Nadie tiene excusa por estar viendo a un hereje y no combatir con las armas del Espíritu a ese hereje. No hay excusa ante Dios. Ante los hombres, se ponen muchas excusas, pero no sirven ante la Voluntad de Dios.

La falsa iglesia con el falso cristo en el Vaticano, regida por un falso Papa

pio xii

«Algunas piensan que no están obligados por la doctrina expuesta hace pocos años en Nuestras Encíclicas, y fundamentada en las fuentes de la revelación, la cual enseña en verdad que el Cuerpo Místico de Cristo y la Iglesia Católica Romana son una sola y misma realidad» (Pío XII – «Humani generis»).

El Cuerpo Místico de Cristo es la Iglesia Católica. No es un concepto más amplio, según el cual los que están bautizados, pero no están en la Iglesia Católica, son miembros del Cuerpo Místico: «Muchos en los pueblos orientales se han apartado lamentablemente de la unidad del Cuerpo Místico de Cristo» (Pío XII – «Sempiternus Rex»). Para ser miembros del Cuerpo Místico, no sólo es necesario el bautismo, sino vivir la misma doctrina que Cristo enseñó. Vivir los dogmas, los Sacramentos, la vida de la gracia. Y esto sólo se puede hacer en la Iglesia Católica.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, pero no es el Cuerpo real o físico de Cristo: «La Iglesia, sin embargo, no es solamente un cuerpo edificado en el Espíritu: la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Y no se trata sencillamente de un modo de decir: ¡lo somos de verdad!» (Audiencia General – 22/10/2014).

¿Qué es lo que somos de verdad?

¿Un cuerpo natural? No: «en un cuerpo natural el principio de unidad traba las partes, de suerte que éstas se ven privadas de la subsistencia propia» (Pío XII – AAS 35,197). Naturalmente los hombres no son nada en la Iglesia: no se unen vidas naturales ni obras naturales. No se unen vidas sociales, ni vidas políticas. Todo esto, en la Iglesia, no tiene subsistencia propia. No hay vínculos sociales o civiles o naturales entre los miembros del Cuerpo Místico.

¿Un cuerpo físico? No: «Su Cuerpo físico, que, nacido de la Virgen Madre de Dios, está sentado ahora a la diestra del Padre» (Ib). Sólo Jesús ha nacido de Mujer, de la Virgen María, de una manera física. Los demás, hemos nacido de la Virgen de una manera espiritual. La cercanía física entre los miembros del Cuerpo Místico no hace Iglesia. La carne y la sangre no obran el ser hijos de Dios.

¿Un cuerpo moral? No: «en el cuerpo que llamamos moral el principio de unidad no es sino el fin común y la cooperación común de todos a un mismo fin por medio de la autoridad social» (Ib). La Iglesia no es para un asunto social o un gobierno social. No es para dar de comer, ni para poner escuelas, ni para levantar hospitales, ni para una cultura del encuentro. No se hace Iglesia para un bien común comunista, masónico, humanista. Se hace Iglesia para obrar el bien divino de la salvación de las almas, que sólo es posible en el cuerpo místico.

¿Un Cuerpo Místico? Sí: «en el Cuerpo místico, de que tratamos, a esta cooperación se añade otro principio interno, a saber, el Espíritu divino» (Ib)

El Cuerpo Místico es aquel que está formado por el Espíritu en cada alma. Por tanto el Cuerpo de Cristo:

  1. no es una comunidad de justos, de predestinados o de santos;
  2. no es un conjunto de almas que tienen dones y carismas;
  3. no es una institución humana dotada sólo de unas normas de disciplina y de ritos externos;
  4. no es una sociedad alimentada y formada por una caridad fraternal, comunista, masónica, social, en la que los miembros se unen con una serie de leyes, de preceptos humanos, para ayudarse, apoyarse, servirse;
  5. no es una iglesia que no pueda ser sentida ni vista, que une a muchos por algo invisible, por un espíritu que no obra la verdad;
  6. no es un quietismo por el cual sólo el Espíritu es el que obra, los demás a vivir su vida, sea la que sea, sin colaborar, sin unirse moralmente a la obra del Espíritu.

El Cuerpo Místico significa la obra del Espíritu en cada alma: «A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad…Dios ha dispuesto los miembros en el cuerpo, cada uno de ellos como ha querido» (1 Cor 12, 7.18)

Y esa obra es la que forma la Iglesia: «El Espíritu Santo vivifica y une de modo invisible a la Iglesia»: (S. Tomás, 3 q.8 a.1 a 3; véase 3 d.13 q.2 a.2 .sol. 2). Todos buscan el bien común que quiere el Espíritu. Nadie busca el bien común que quieren los hombres.

Por eso, cada alma tiene que colaborar con el Espíritu para formar la Iglesia. Y colaborar significa: quitar el pecado, expiar el pecado, crucificar la propia voluntad humana, practicar las virtudes: «no teniendo caridad, nada me aprovecha…Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza, la caridad…Esforzaos por alcanzar la caridad, aspirad a los dones espirituales» (1 Cor 13, 3c.13- 14,1)

¿Qué dice Bergoglio? «La Iglesia, sin embargo, no es solamente un cuerpo edificado en el Espíritu: la Iglesia es el cuerpo de Cristo» (Audiencia General – 22/10/2014).

  1. El Espíritu no edifica un cuerpo: no existe un cuerpo edificado en el Espíritu, sino que cada alma está edificada en el Espíritu. En cada alma se manifiesta la obra del Espíritu.

La Iglesia se edifica en un alma: en Pedro. Y Pedro sigue al Espíritu y obra lo que Él quiere, y así forma la Iglesia, el Cuerpo de Místico de Cristo. Pedro es fiel a la Gracia del Espíritu, es fiel a los dones del Espíritu, es fiel a la obra del Espíritu en la Iglesia.

La obediencia a Pedro en la Iglesia edifica la Iglesia. La obediencia de cada alma a Pedro. Cada alma tiene que poner de su parte para obedecer. Quien no obedece a Pedro, entonces no es Iglesia, no es miembro del cuerpo Místico de Cristo. Se necesita del alma la fidelidad a la Gracia; seguir al Espíritu que lleva a obedecer a Pedro.

La Iglesia no se edifica en el Espíritu, porque la Iglesia es la Obra del Espíritu en cada alma. La Iglesia está en cada alma fiel a la Gracia que ha recibido. Para ser Iglesia se necesita la fidelidad a la Gracia, la perseverancia en la Gracia, la permanencia en la Gracia.

Este punto es importantísimo para comprender lo que es el Cuerpo Místico de Cristo.

El Espíritu es el que une a las almas fieles en Cristo. Esa unión es mística: y así se forma el Cuerpo Místico.

El Espíritu no puede unir las almas infieles a la Gracia en Cristo, porque donde está el pecado, allí no está la Gracia. La Gracia es la unión divina, la vida divina. Un pecado rompe esa vida, rompe la unión del alma con Cristo.

  1. La Iglesia no es el Cuerpo de Cristo, sino que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: «el divino Redentor constituye con su Cuerpo social una sola persona mística» (Pío XII).

La Iglesia y Jesús forman una persona mística, una unión mística, un matrimonio místico: son dos en uno: «resulta como una sola persona de dos, de la Cabeza y del Cuerpo, del esposo y de la esposa…el Cuerpo en la Cabeza y la Cabeza en el Cuerpo» (S. Agustín). Todos las almas fieles a la Gracia, «todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo único, así es también Cristo» (1 Cor 12, 12).

Como dice San Roberto Bellarmino: «esta denominación del Cuerpo de Cristo no debe explicarse solamente por el hecho de que Jesucristo debe decirse que es la Cabeza de su Cuerpo místico, sino también porque sostiene a la Iglesia y en cierto modo vive en la Iglesia de tal modo que ésta misma es como otra persona de Cristo». Cristo vive en cada miembro fiel a la Gracia; Cristo habla en cada miembro que persevera en la Gracia; Cristo está en cada miembro que permanece en la Gracia: «y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en Mí» (Gal 2, 20).

Hay una unidad por la fe entre el alma y Cristo: unidad mística. Unidad moral, porque en la Iglesia todos están sometidos a una autoridad moral, espiritual, social; pero unidad en el Espíritu: se necesita la fe para poder obrar ese sometimiento, para que esa obediencia no se quede sólo en lo exterior de la virtud, del consejo evangélico, sino que se realice la obra divina de la fe en el alma.

Pero, ¿cuál es el pensamiento de Bergoglio?

«Esta es la Iglesia, es una obra maestra, la obra maestra del Espíritu, quien infunde en cada uno la vida nueva del Resucitado y nos coloca uno al lado del otro, uno al servicio y en apoyo del otro, haciendo así de todos nosotros un cuerpo, edificado en la comunión y en el amor» (Audiencia General – 22/10/2014).

Para Bergoglio:

  1. El Espíritu infunde en cada alma la vida del Resucitado: Bergoglio nada dice de la manifestación del Espíritu en cada alma. Es un conocimiento infuso que cada alma tiene, pero está negando la obra del Espíritu en cada alma. Está diciendo que con ese conocimiento infuso el alma es el que obra en la Iglesia. No sabe discernir entre conocimiento infuso y manifestación del Espíritu.
  2. coloca un miembro al lado del otro, para servirlo, para apoyarlo: Bergoglio está diciendo que el Espíritu une hombres en la Iglesia para un bien común humano, natural, material. Recalca el servicio al otro, el apoyo al otro; pero nada dice de la fidelidad que el alma tiene que tener a la manifestación del Espíritu. Nada dice de la voluntad del Espíritu en repartir sus dones: «distribuye a cada uno según quiere» (1 Cor 12, 11c)
  3. hace de todos un cuerpo que se levanta en la comunión y en el amor.

El Espíritu no une a hombres, no coloca un hombre al lado del otro hombre, no es para servir al otro, no es para apoyarlo: no hace una unión humana ni moral ni física ni espiritual.

El Espíritu se comunica a cada alma para que obre según las funciones de cada miembro en la Iglesia: «Es un cuerpo constituido de muchos miembros y anima a todos los miembros un solo Espíritu… Las funciones de los miembros están repartidas; sin embargo el Espíritu abarca todas» (S. Agustín).

El Espíritu es el principio interno y sobrenatural que perfecciona y lleva a su término la unión moral, por la cual todos colaboran al fin de la Iglesia: que es salvar almas, que es santificar las almas.

Para Bergoglio, el Cuerpo de Cristo es una comunidad de amor, social, humana, sentimental, física, jurídica y llena de un falso misticismo, de una falsa espiritualidad, en la que todos se aman, pero ninguno sabe ver su negro pecado.

«Es el gran don que recibimos el día de nuestro Bautismo. En el sacramento del Bautismo, en efecto, Cristo nos hace suyos, acogiéndonos en el corazón del misterio de la cruz, el misterio supremo de su amor por nosotros, para hacernos luego resucitar con Él, como nuevas criaturas. Esto es, así nace la Iglesia, y así la Iglesia se reconoce cuerpo de Cristo. El Bautismo constituye un verdadero renacimiento, que nos regenera en Cristo, nos hace parte de Él, y nos une íntimamente entre nosotros, como miembros del mismo cuerpo, del cual Él es la cabeza» (Audiencia General – 22/10/2014).

Bergoglio sólo se centra en el Bautismo, pero no ha comprendido la Escritura: «Porque también todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para constituir un solo cuerpo, y todos, ya judíos, ya gentiles, ya siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espíritu» (1 Cor 13, 13)

Muchos son los bautizados que no son de la Iglesia Católica. En la práctica de su vida espiritual, viven en el pecado. Por el Bautismo son miembros de la Iglesia, pero no usan la Gracia que da el Bautismo para unirse a Cristo de manera mística: el pecado les impide amar a Cristo, ser de Cristo, pertenecer al Cuerpo de Cristo. Han sido bautizados, pero no constituyen un solo cuerpo, por el estado de pecado de sus almas.

Siempre Bergoglio calla el tema del pecado. Consecuencia: da una doctrina falsa sobre el Cuerpo de Cristo. Una doctrina diluida en su mente humana, incapaz de enseñar la verdad sobre el Cuerpo de Cristo.

Quien peca no puede amar a Dios. El pecado nos arranca de Cristo. Bergoglio dice: no: «somos su cuerpo, ese cuerpo que nada ni nadie puede ya arrancar de Él» (Audiencia General – 22/10/2014). No hay pecado para Bergoglio.

Bergoglio anula la ley del pecado: por tanto, te has bautizado, entonces ya eres de Cristo para siempre. Ya eres miembro de Cristo, ya perteneces a la Iglesia Católica.

Esto es lo que él quiere decir con esa frase: «no se trata sencillamente de un modo de decir: ¡lo somos de verdad!» (Ib). Como estamos bautizados – y eso es irrompible-, entonces: «Lo que brota de ello… es una profunda comunión de amor» (Ib). Para Bergoglio, el Cuerpo de Cristo se tiene que entender como comunidad de amor, con vínculos sociales, jurídicos, pero no sobrenaturales, porque es irrompible, no se da la ley del pecado.

«Qué hermoso sería si nos acordásemos más a menudo de lo que somos, de lo que hizo con nosotros el Señor Jesús: somos su cuerpo, ese cuerpo que nada ni nadie puede ya arrancar de Él y que él recubre con toda su pasión y todo su amor, precisamente como un esposo con su esposa» (Ib).: este es su falso misticismo.

«Qué hermoso sería si nos acordásemos más a menudo… de lo que hizo el Señor»: todo es un recuerdo en la mente de este hombre. No sabe decir: «qué hermoso sería si cada alma quitar sus malditos pecados de la presencia de Dios en la Iglesia». Esto es imposible que algún día lo diga ese hombre

A Bergoglio siempre se le olvida poner la colaboración del alma para ser de Cristo, para constituir la Iglesia. Es el Espíritu el que da el Bautismo; es el Espíritu el que mantiene la gracia; es el Espíritu el que obra. Pero cada alma tiene que ser fiel a la Gracia de Cristo, fiel a ese Bautismo que ha recibido. Y eso es lo que cuesta para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

No hay pecado: «nada ni nadie puede arrancar de Él» (Ib).

Sólo hay un amor sentimental de Cristo hacia la Iglesia: «él recubre con toda su pasión y todo su amor, precisamente como un esposo con su esposa» (Ib). ¡Qué palabras más bellas y tan vacías de la verdad!

Es muy fácil predicar que nos amemos todos, que nos besemos, que nos apoyemos, que seamos solidarios, que ayudemos a los necesitados… Todo eso es política de los hombres: bellas palabras para no decir ninguna Verdad.

Lo que tiene que hacer cada miembro, para Bergoglio, es compartir el amor de Cristo en todos. Y ¿cómo se hace? «Apreciar en nuestras comunidades los dones y las cualidades de los demás, de nuestros hermanos…Apreciar las cualidades, estar cerca y participar en el sufrimiento de los últimos y de los más necesitados; expresar la propia gratitud a todos. El corazón que sabe decir gracias es un corazón bueno, es un corazón noble, es un corazón que está contento» (Ib).

Para quitar las divisiones en las comunidades: apreciar los dones, las cualidades, estar cerca, expresar gratitud…Todo el sentimentalismo vacío de este hombre. Pero no quites tu pecado…No luches contra tu pecado…No expíes tu pecado…Esto no se ve en ninguna predicación de este hombre. En ninguna. Esto es el falso misticismo, propio de este hombre.

En Bergoglio todo es amor, pero nada es pecado. Bergoglio sólo se queda en el asunto social del Cuerpo de la Iglesia: nos damos la mano, nos besamos, reímos, damos gracias, nos apoyamos unos a otros…, pero no da el principio sobrenatural interno por el cual el alma sigue, en todo, la obra del Espíritu. No es capaz de dar la unión moral y las virtudes necesarias para ser Iglesia, para ser Cuerpo de Cristo.

Da palabras babosas: «El apóstol Pablo dio a los corintios algunos consejos concretos que son válidos también para nosotros: no ser celosos, sino apreciar en nuestras comunidades los dones y la cualidades de nuestros hermanos. Los celos: «Ese se compró un coche», y yo siento celos. «Este se ganó la lotería», son también celos. «Y a este otro le está yendo bien, bien en esto», y son más celos» (Ib).

San Pablo está dando la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo. No está dando algunos consejos. Está enseñando cómo el Espíritu obra en cada alma de la Iglesia. Y esto es lo que no enseña este hombre. Sólo da su babosidad: no ser celosos, apreciar a los demás en sus dones. Esto es lo que no enseña San Pablo. Los capítulos 12 al 14 de Corintios es toda la doctrina sobre el Cuerpo de Cristo. Es una maravilla, pero este hombre se la pasa por la entrepierna. ¿A quién le importa que el otro se compre un coche o que gane la lotería? Estos ejemplos no ayudan, para nada, para ser Iglesia, para ser de Cristo, para poder comprender lo que significa ser Cuerpo de Cristo.

Bergoglio no puede continuar la obra de los Papas legítimos. No habla como ellos.

Cristo es un solo: «un solo señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas» (1 Cor 8, 6). Sin embargo, Cristo tiene muchos y diversos miembros, que son uno: «así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo» (Rom 12, 5). Y es único cuerpo es una sola realidad con Jesucristo. Los muchos miembros son uno solo: «Jesucristo todo entero es Cabeza y Cuerpo. Cabeza es el Hijo unigénito de Dios, y Cuerpo es su Iglesia, el esposo y la esposa, dos en una sola carne» (S. Agustín).

Jesucristo es la Iglesia: este es lo que somos en verdad. Si los miembros no pertenecen a Cristo por la fe, no lo imitan por la Gracia, no son fieles a la manifestación del Espíritu en ellos, esos miembros no son Cristo, no son Iglesia.

Jesucristo es Su Iglesia, no es la iglesia que se inventan los hombres, con sus vidas, con sus pensamientos, con sus obras.

En cada miembro de la Iglesia tiene que verse al mismo Jesucristo: si no se ve, entonces ese miembro no es de la Iglesia, no constituye la Iglesia.

Por eso, si en los fieles no hay vida auténtica de fe, sino que viven un protestantismo un comunismo, un masonismo, propio de la falsa espiritualidad que predica Bergoglio; si los fieles están obedeciendo, siguiendo la mente de un hombre que no sabe decir una verdad bien dicha, que le es imposible predicar lo mismo que Cristo enseño a Sus Apóstoles, entonces lo que vemos en el Vaticano no es a Jesucristo, no es la Iglesia Católica, sino una burda representación en la que cada uno hace su papel para su negocio en esa iglesia.

Si Cristo no vive en cada alma, Cristo no es Iglesia en esa alma.

Cristo no puede hacer Iglesia en una Roma apóstata de la fe, hereje por los cuatro costados y que gobierna la Iglesia con un cisma en la cabeza, con un personaje que obra el cisma en todas partes.

Cristo hace su Iglesia en los humildes de corazón, en los que trabajan para quitar sus pecados de su vista, en los que se esfuerzan por seguir las obras que el Espíritu realiza en todas partes, porque «hemos bebido del mismo Espíritu».

Es el Espíritu el que lleva a toda la Iglesia, a todo el Cuerpo Místico, a ser el mismo Cristo; que cada alma sea otro Cristo. Esa es una obra del Espíritu y sólo del Espíritu. No es una obra del alma. Los hombres no tienen que unirse para ser Iglesia, para ser Cuerpo de Cristo.

No hay unirse a Bergoglio para estar en comunión con toda la Iglesia. La Iglesia no se hace en el lenguaje de los hombres.

Jesucristo es la Iglesia: la Iglesia se hace en la manifestación del Espíritu en cada alma. Y en Bergoglio no se da la manifestación del Espíritu de Dios, sino que se da la obra del Enemigo de la Iglesia, de las almas. Es un falso profeta, al cual no es posible unirse para ser Iglesia.

Quien se una a él no pertenece a la Iglesia Católica, no se de Jesucristo, sino que es del demonio.

Bergoglio no enseña lo que es Jesucristo; luego tampoco enseña lo que es la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. No hay obediencia a la mente de Bergoglio. No hay sometimiento a los mandatos de Bergoglio en la Iglesia. No se puede obedecer a un hereje. No se puede. Aunque el mundo lo aclame, sigue siendo hereje. Aunque los católicos tibios y pervertidos hagan una fiesta de este hombre, sigue siendo hereje. Aunque la Jerarquía se someta a él, sigue siendo un hereje.

Y Cristo no es hereje. Cristo es la Verdad. Y la Iglesia de Cristo es la obra de la Verdad, no es la obra de la herejía.

Todos están contentos con una iglesia de herejía, que lleva a la apostasía de la fe. Todos cabalgan en sus lenguajes humanos, pero nadie quiere dar la fe. Nadie comunica la fe en Cristo. y, por tanto, nadie constituye la Iglesia de Cristo. Ahora mismo, en Roma, hay una falsa Iglesia con un falso Cristo. Es un falso cuerpo de Cristo: un conjunto de hombres que buscan un bien común, el de ellos, el de su comunismo, movidos por un falso amor al prójimo; un amor que no se apoya en Cristo, en las virtudes de Su Corazón Divino, sino que sólo se apoya, se refugia en los hombres, en las mentes de cada uno que forma esa falsa iglesia.

Por tanto, si quieren salvarse, sólo tienen que renunciar a todo lo que ven en Roma y en sus parroquias, porque eso no es Jesucristo, no es la Iglesia. Sólo es el camino, bien preparado, para condenar a muchos con bellas y blasfemas palabras.

Benedicto XVI es el que posee la Suprema Potestad en la Iglesia Universal

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“Cuando el peligro es grande no se puede escapar. Es, por eso, que éste definitivamente no es el momento de renunciar. Es precisamente en momentos como éste, que tenemos que resistir y superar la situación difícil. Este es mi pensamiento. Uno puede renunciar en un momento de paz, o en las que simplemente no puede hacerlo más. Pero uno no puede huir en el momento del peligro y decir: “que se ocupe otro” […] Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea que le ha confiado, entonces tiene el derecho, en determinadas circunstancias, y también el deber de dimitir”(Luz del Mundo, Libreria Editrice Vaticana, 2010, p. 53).

Las palabras del Papa Benedicto XVI son claras: no es el momento de renunciar (= «non è il momento di dimettersi»), sino que hay que resistir (= «che bisogna resistere»).

«Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea, entones tiene el derecho de… dimitir». Este pensamiento del Romano Pontífice es distinto cuando da su renuncia:

«he llegado a la certeza que mis fuerzas, por la edad avanzada, ya no son aptas»«para gobernar el barco de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor sea del cuerpo, sea del ánimo, vigor que, en los últimos meses, en mí ha disminuido en modo tal que debo reconocer mi incapacidad de administrar el ministerio a mí confiado».

El Papa, en su renuncia sólo da una razón: la disminución del vigor del cuerpo, la edad avanzada, que hace que el ánimo se sienta turbado, pesado, sin fuerzas. Pero el Papa no da una razón espiritual de su renuncia. El cuerpo puede estar débil, sin fuerzas; la cabeza puede estar no lúcida; pero no son razones para renunciar. Juan Pablo II se mantuvo hasta el final, con sus enfermedades. Y podía haber dicho: ahí os quedáis todos. Y, sin embargo, se mantuvo siendo un Papa católico hasta el final: perseveró en la gracia de su Pontificado. Fue fiel a esa gracia.

Benedicto XVI pone una excusa pobre y esconde la verdadera razón. No puede decirla. La razón espiritual debe callarla.

«No es el momento de renunciar» y, sin embargo, me han obligado a renunciar. Esto lo calla el Papa Benedicto XVI. Si el Papa hubiera sido fiel a su pensamiento: «uno no puede huir en el momento del peligro», entonces no hubiera renunciado. Quien conozca la mente de Benedicto XVI sabe muy bien que él siempre ha sido fiel a su pensamiento. El Papa Benedicto XVI tiene una cabeza bien montada: sabe lo que piensa y sabe lo que dice. No es como muchos seudo-teólogos, llenos de ambigüedades, que no saben ni lo que piensan ni lo que dicen. No es un Bergoglio que es un veleta del pensamiento del hombre: es un hombre sin ideales, sin rumbo, sin camino, sin una obra verdadera. Bergoglio es un pervertido en su juicio: no tiene cabeza, es un loco, carece de toda inteligencia espiritual y humana.

Al Papa Benedicto XVI le pusieron el arma en la sien: es un modo de hablar para decir que la Iglesia está gobernada por hombres que no pertenecen a Ella, sino que han escalado los puestos claves para dar el asalto a la Verdad.

La Verdad no puede ser vencida, pero sí ocultada de muchas maneras. Sí perseguida en muchos frentes.

El Papa Benedicto XVI sabe lo que hay en la Iglesia: en su interior. Los conoce a todos con los ojos cerrados. Pero debe callar. Si hubiera huido de Roma, entonces habría hecho la Voluntad de Dios. Pero dejó a la Iglesia en manos del lobo. Y esto es un pecado que hay que expiar.

Con la muerte del Papa Benedicto XVI se acaba el tiempo del Papado: surge el tiempo del Anticristo. Ya estamos en su inicio, pero debe morir el katejon. No sólo debe renunciar, sino morir, para que se cumplan las escrituras.

Tiene que cumplirse la profecía de Fátima, en su segunda parte: «y vimos…a un obispo vestido de blanco» que «llegado a la cima del monte… fue muerto por un grupo de soldados». La primera parte del Tercer Secreto, ya se cumplió en estos 18 meses: Dos Papas en Roma; uno de ellos bajo la influencia del demonio, poseído por Satanás..

La Iglesia vive de profecías, porque Jesús es un Profeta. Y todo sacerdote es un profeta. Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre. Eso es ser profeta: habla lo que el Padre le dice. Transmite íntegramente la Mente del Padre. El profeta no pone nada de su intelecto humano. No interpreta lo que recibe de Dios. Lo da sin más, aunque el mundo no lo comprenda.

Por eso, hoy los católicos se afanan por buscar falsos profetas que les digan que lo que pasa en la Iglesia no es nada, que todo va de maravilla, que continúen obedeciendo a Bergoglio, que tiene fama de santidad. No quieren escuchar la voz de Dios, no quieren buscar la verdad. No les interesa lo que piensa Dios de todo esto que pasa en la Iglesia, porque es más fácil acomodarse a lo que los demás piensan y deciden en la vida.

Siempre el falso profeta habla para que el otro se sienta contento, a gusto. Y, por eso, no es un profeta de calamidades, de desastres, de castigos, de muertes… Sino que es falso profeta de misericordia, de amor, de paz, de ternura, de fraternidad, que es siempre el lenguaje humano de los tontos, de los tibios, de los pervertidos en sus juicios humanos.

La Iglesia se llena de falsos profetas y de una falsa Jerarquía que limpia las babas que se le caen a Bergoglio cuando habla. Esto es la Iglesia actualmente: todos maquillando a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe. Y lo hacen cobrando. Es el negocio que ahora se han montado en el Vaticano: gente que apoye las barbaridades de ese hombre, gente que haga filosofía de la mentira de ese hombre; gente que viva como ese hombre.

¿Renunció el Papa Benedicto XVI al ministerio petrino o al ministerio episcopal?

El Romano Pontífice es el Obispo legítimo de la diócesis de Roma, es decir, que el Papa es también el Obispo de Roma. Primero es ser Papa, después es ser Obispo de Roma.

«El Obispo de la Iglesia de Roma, en quien perdura el ministerio concedido singularmente por el Señor a la persona de Pedro, el primero de los Apóstoles, y que debe transmitirse a sus sucesores, es la cabeza del Colegio de Obispos, Vicario de Cristo y Pastor aquí en la tierra de la Iglesia universal; él, por ello, en virtud de su ministerio, tiene potestad ordinaria suprema, plena, inmediata y universal sobre la Iglesia, potestad que puede siempre ejercer libremente» (canon 331).

En este canon se reconoce al Obispo de Roma como en quien está el ministerio del Sucesor de Pedro: «El Obispo de la Iglesia de Roma es… el Pastor aquí en la tierra de la Iglesia Universal». Son dos poderes distintos: un poder que se vincula al gobierno de la diócesis de Roma y otro poder que es relativo a la Iglesia Universal, como Cabeza de Ella, como Papa. Son dos poderes en un mismo sujeto: el Papa.

El Papa es Obispo. Por lo tanto, tiene el primado de honor, es decir, la potestad sobre todos los Obispos, y gobierna en la jurisdicción de Roma, con ese poder. El poder del Papa es episcopal.

Pero el Papa también es el Vicario de Cristo, que tiene el Primado de Jurisdicción, es decir, la Suprema Potestad en toda la Iglesia, para gobernar en todas las diócesis del mundo, no sólo en Roma.

Cuando Jesús da a Pedro la Potestad Suprema lo hace de manera independiente del cargo de Obispo de Roma. Este cargo lo asume San Pedro, después de recibir la Potestad Suprema, el Primado de Jurisdicción. Por tanto, es antes el Primado de Jurisdicción, el gobierno de toda la Iglesia Universal, que el gobierno de la diócesis de Roma, el ser Obispo de la Iglesia de Roma. Son, claramente, dos poderes distintos y que se pueden separar. No son absolutamente indisolubles. No existe en la Iglesia una ley canónica que imponga la indisolubilidad entre el Primado de Jurisdicción y la potestad de gobernar la diócesis de Roma. Hay que distinguir las dos potestades.

La Suprema Potestad que San Pedro transmite a sus sucesores es independiente de la potestad de ser el Obispo de Roma. Esta Suprema Potestad lleva aneja la jurisdicción sobre Roma. Jesús deja Su Vicario a la Iglesia, pero no deja un Obispo de Roma: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Sobre la persona de Pedro está levantada la Iglesia, no sobre la ciudad de Roma, no sobre el gobierno de la Iglesia de Roma.

Esta Suprema Potestad es por derecho divino, iure divino: «El Romano Pontífice, legítimamente elegido,… obtiene, por derecho divino, la plena potestad de Jurisdicción» (Canon 219 del Código de 1917). Pero el ser Obispo de la Iglesia de Roma no es por derecho divino; sino que es o bien por derecho humano-eclesiástico o bien por derecho eclesiástico-apostólico, según la naturaleza del derecho por el cual San Pedro unió de hecho el Primado con el Episcopado Romano.

¿Qué hizo el Papa Benedicto XVI?: «declaro me ministerio Episcopi Romae, Successoris Sancti Petri… renuntiare» («declaro que renuncio a mi ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro»).

Es claro el pensamiento del Papa Benedicto XVI: renuncia a ser Obispo de la Iglesia de Roma, que es también el Sucesor de Pedro; pero no renuncia a ser el Vicario de Cristo, el Pastor de la Iglesia Universal. El Papa nombra los dos poderes: Obispo de Roma y Sucesor de Pedro; pero sólo renuncia al ministerio episcopal de la diócesis de Roma.

¿Qué tenía que haber dicho Benedicto XVI para renunciar al ministerio petrino?

Tenía que haber empezado, precisamente, por ese poder: el Supremo Poder, el ministerio petrino, el papado. Porque el Papa es antes Vicario de Cristo que Obispo de Roma. Luego, para renunciar como Papa, como el que tiene la Suprema Potestad en la Iglesia Universal, tenía que haber dicho, como en la renuncia del Papa Celestino V:

«Ego Caelestinus Papa Quintus motus ex legittimis causis, idest causa humilitatis, et melioris vitae, et coscientiae illesae, debilitate corporis, defectu scientiae, et malignitate Plebis, infirmitate personae, et ut praeteritae consolationis possim reparare quietem; sponte, ac libere cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori, et do plenam, et liberam ex nunc sacro caetui Cardinalium facultatem eligendi, et providendi duntaxat Canonice universali Ecclesiae de Pastore»

«cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori»: «me retiro del Papado y, expresamente, renuncio al lugar y a la dignidad y al peso del deber y al cargo en el poder»

El Papa Benedicto XVI, para dar la Voluntad de Dios clara sobre su renuncia como Papa legítimo, tenía que haber manifestado que renunciaba al ministerio petrino, no al ministerio episcopal. Como no manifestó claramente esto, se sigue que el Papa Benedicto XVI sigue siendo el Papa legítimo. Sólo renunció a ser el Obispo de Roma, poder que está anejo a la Suprema Potestad que tiene como Vicario de Cristo, como Sucesor de San Pedro.

Si no se hace esta distinción de poderes, entonces no se puede discernir qué cosa hizo el Papa Benedicto XVI en su renuncia.

Bergoglio sólo está como Obispo de la Iglesia de Roma, pero sin el poder divino, que le viene por el Papa legítimo, que es Benedicto XVI. Por haber puesto un gobierno horizontal, automáticamente pierde ese poder divino y rige la Iglesia de Roma con un poder humano: es decir, está haciendo un cisma como Obispo de la Iglesia de Roma. Él no tiene ninguna potestad sobre la Iglesia Universal: carece del Primado de Jurisdicción que sólo permanece en el Papa Benedicto XVI.

Este Papa sólo renunció como Obispo de Roma, pero no como Vicario de Cristo.

Esta es la Verdad que nadie cuenta, porque a nadie le interesa el dogma del Papado, la ley de la Gracia, la Voluntad de Dios en Su Iglesia.

En el Vaticano se levanta la falsa iglesia con su falso cristo

zanatema

«Falsa Iglesia, verdadera Iglesia; falso Cristo, verdadero Cristo. La falsa Iglesia la constituye aquellos sacerdotes herejes, aquellos sacerdotes anatemas, aquellos sacerdotes que mutilan la Palabra de Dios, aquellos sacerdotes que se salen del contexto bíblico; aquellos sacerdotes que llevan una doble vida, una doble moral; aquellos sacerdotes que aparentan santidad frente a las demás personas, frente a sus fieles; aquellos sacerdotes con apariencia de buenos, mientras que su corazón es un cementerio mal oliente, un sepulcro putrefacto; la blancura no se mide por lo exterior, la blancura se mide es por la pureza del alma, en la limpieza del corazón. Vosotros estáis llamados a la coherencia de vida. Vosotros estáis llamados a vivir en la radicalidad del Evangelio; estáis llamados a huir de la falsa Iglesia» (María, Madre de la Iglesia – Falsa Iglesia, verdadera Iglesia Mayo 25/09 – pag. 2- Revelaciones dadas a un alma a quien Jesús le llama Agustín del Divino Corazón. Mensajero de los Sagrados Corazones Unidos y Traspasados de Jesús y de María)

La Iglesia no es el Vaticano. En el Vaticano está la falsa Iglesia. En las diócesis que se someten al Vaticano está la falsa Iglesia.

El Vaticano ya ha demostrado, en su Jerarquía, que no es y no quiere ser parte de la Iglesia Católica. Ellos han puesto una falsa cabeza, que ha levantado una falsa iglesia, con un falso cristo. Y esto es lo que ellos venden al mundo entero. Venden un hombre al que proclaman como Papa y exigen que se le obedezca porque es el Papa.

Después de 50 años, en que en el concilio Vaticano II, los teólogos modernistas pudieron introducir la doctrina colegial según la cual el Papa tiene la misma jerarquía que los obispos —primus inter pares (el primero entre muchos)—Y, por tanto, su función se limitaría a hacer de policía entre los miembros de un poder sinárquico y no ya monárquico, sin ninguna autoridad en la Iglesia, ocasionando, por ello, la igualdad de todos los Obispos en el poder de la Iglesia, la independencia de los sínodos, de las conferencias episcopales, poniéndose por encima de la Voz del Papa, de la Voz de cada Obispo. Ya los Papas, los Obispos, como personas aisladas son absolutamente impotentes en la Iglesia; la fuerza está sólo en la colegialidad. Esto lleva, por supuesto, a la desobediencia, rebeldía y división entre los Obispos. Esto es la anarquía en el poder.

Ahora -después de 50 años- , esos teólogos, ahora los que siguen a Bergoglio pretenden que todos obedezcan a un falso Papa, cuando son ellos los que nunca han obedecido a un Papa en la Iglesia. Ellos quitaron la obediencia al Papa, para ponerla en colegialidad. El mismo Bergoglio nunca se ha sometido a la obediencia a un Papa. ¿Y ahora quiere obediencia? Ahora es cuando hay que desobedecerle en todo. Esa desobediencia no es pecado, sino una virtud, un deber moral de todo católico que sepa lo que es su fe, que haya entendido lo que es Cristo y Su Iglesia.

El Papa Pablo VI, comprendiendo que había sido engañado, se derrumbó y lloró. Por este motivo convocó de urgencia, una tarde de noviembre de 1964, al cardenal Ruffini:

«Eminencia, ¡salve el Concilio! ¡salve el Concilio! Y decía gimiendo y llorando: Sono i periti che fanno il Con-cilio! … Hay que hacer frente a la prepotencia de esos empleados». (Raymond Dulac, La collégialité épiscopale au concile Vatican II, p. 156)

El Papa mandó adjuntar, en apéndice, una Nota explicativa previa que excluía la interpretación herética, salvando la doctrina católica al último momento. Pero, el mal ya se había hecho: quedó la ambigüedad de los textos conciliares. Así es como funciona el don de la infalibilidad de un Papa, que mucha gente no entiende. Las personas creen que sólo el Papa es infalible cuando enseña ex catedra. Y se equivocan. Ese don es una providencia divina particular sobre la persona del Papa para remediar lo que es el mal en la Iglesia, para no caer ni hacer caer que la Iglesia caiga en la herejía. Por eso, ningún Papa legítimo es hereje. Puede estar rodeado de muchos herejes, que hacen mucho mal a su alrededor y procuran que sus obras heréticas tengan el sello papal. Pero nunca un Papa cae en herejía, en algo que le puede sacar de la Iglesia.

El Vaticano es una muralla que nadie puede transitar sin perder la fe católica. Los que viven allí no pertenecen a la Iglesia Católica. No tienen la fe verdadera; tienen una fe inventada por su razón humana. El culto a la idea del hombre: eso es el Vaticano. Es una madriguera de lobos en donde se viven los sietes vicios capitales, en donde los tres pecados de herejía, cisma y apostasía, son el sello de sus obras. Sacerdotes y Obispos anatemas, que mutilan, que destrozan toda Verdad en la Iglesia.

La Iglesia es Cristo con todas sus almas, que fieles a la Gracia, permanecen unidas a Él, en el Espíritu. Almas que han comprendido la vida de Cristo y que la imitan sin más, dando testimonio de la única Verdad, que es Cristo.

Iglesia y Vaticano son ya dos cosas distintas. Y, por lo tanto, en la Iglesia existe una confusión total debido a muchos Cardenales y Obispos del Vaticano.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, el cual no gobierna porque ha renunciado al ministerio de Obispo de Roma, pero sigue conservando, en su persona, el Primado de Jurisdicción, la Autoridad Divina, que sólo él puede tener. Esto, mucha gente, no acaba de comprenderlo, porque no vive en Gracia en la Iglesia. Viven en su mentalidad modernista y quieren que todo el mundo se someta a esa mentalidad, que supone someterse a la mente de un hereje, como es Bergoglio. Y eso es imposible en la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. En la Iglesia se obedece a la Verdad, que es Cristo, no a los hombres que reniegan de la Verdad.

Pedro nunca fue hereje. Negó a Su Maestro, pero su pecado no llegó a la apostasía de la fe. No renegó de la Verdad. Una vez que vio su pecado, volvió a Cristo, a la Verdad. Esto es lo que no hace toda esa gentuza, que se llama a sí misma sacerdote y Obispo de la Iglesia, y que no tienen en sus mentes la Mente de Cristo. Sus mentes se han quedado en la mentira y sólo dan vueltas a esa mentira, sin posibilidad de arrepentimiento. No son un Pablo VI, que cayó en la cuenta de la mentira, y puso un remedio.

«¡Basta con la disensión dentro de la Iglesia! ¡Basta con una disgregadora interpretación del pluralismo! ¡Basta con la lesión que los mismos católicos infligen a su indispensable cohesión! ¡Basta con la desobediencia calificada de libertad!» (18-VII-1975). Pablo VI nunca fue escuchado ni perdonado por mucha gente, que se cree erudita en la Iglesia, porque sabe algo de teología. Su Pontificado fue un gran calvario, porque conoció la obra del mal en el mismo Concilio.

El falso Papa del Vaticano es Bergoglio: hereje, cismático y apóstata de la fe. Jefe de la nueva secta del Vaticano, que posee un clan abominable, un gobierno horizontal, con un poder humano, sin ninguna autoridad divina ni espiritual sobre la Iglesia Católica. Todo cuanto hace es nulo para Dios y para la Iglesia; válido para su nueva sociedad religiosa. Esto, tampoco, mucha gente lo acaba de comprender. Ven a un Bergoglio bueno en lo humano. Es lo que vende a todos. Pero no pueden ver la maldad que hay en su mente. Están oscurecidos por su misma palabra de herejía.

Son dos Papas en Roma. Son una clara división en la fe. Son un cisma que los propios Cardenales del Cónclave han abierto en el Vaticano. Hicieron renunciar al Papa legítimo, que gobernaba la Iglesia Católica, y pusieron a un Papa, falso y maldito, que sólo gobierna el Vaticano; no puede gobernar la Iglesia, porque no es Pedro, no es la piedra, la roca, que Cristo ha elegido para Su Iglesia: no tiene -ni puede tenerlo- el Espíritu de Pedro. Y esto lo sabe muy bien el mismo Bergoglio. Él sabe quién lo ha puesto ahí y para qué: lo ha puesto la secta masónica, de la que él es miembro. Y lo han colocado con el fin único de levantar una nueva estructura opuesta, en todo, a la Iglesia Católica: la iglesia de los malditos, de los que se van a condenar porque han elegido el infierno aquí en vida.

Estos 18 meses son su farsa, su gran engaño, su hipocresía elevada al cubo.

Estos 18 meses sólo han servido para vivir su infierno en la tierra, y así hacer méritos para tener un puesto, cuando muera, en la cumbre del infierno, al lado de los tres demonios-jefes de ese antro oscuro y tenebroso, en el cual Bergoglio no cree.

En estos 18 meses, él ha derribado al suelo gran parte de las estrellas de la Iglesia: sacerdotes, Obispos, que esclavizados por Roma, no han podido liberarse, a tiempo, de las ataduras de la inteligencia humana.

El Vaticano es maestro en pedir obediencia ciega a sus Obispos y sacerdotes. Pide obediencia a la idea del hombre, pero no a la Mente de Cristo. Sabe cómo maniatar a todos con sus leyes. Sabe cómo hacer callar a todos con sus ritos, que parecen sagrados, y son una clara profanación al Misterio de la Eucaristía. Sabe meter miedo a la Jerarquía si no se somete a su plan. Es fácil venderse al Vaticano por un plato de lentejas. Es lo que hacen muchos sacerdotes en sus diócesis: se venden a la mente de sus Obispos para que no les falte la comida todos lo días.

Quien todavía no haya comprendido esto, quien todavía no discierna lo que pasa en la Iglesia, es que es un católico tibio y pervertido, incapaz de ser de Cristo, inútil para salvarse.

«Lo que debemos buscar y esperar… es un Papa según nuestras necesidades… imbuido de los principios italianos y humanitarios… Que el clero camine bajo vuestro estandarte creyendo siempre que camina bajo la bandera de las Llaves Apostólicas…» (Los papeles secretos de la Alta Venta de los Carbonarios – Monseñor Delassus, La conjuration antichrétienne, III, pp. 1040-1046; Ploncard d´Assac, La Iglesia ocupada, p. 71.)

Bergoglio: el gran engaño puesto por la masonería en el Vaticano. Un falso Papa según las necesidades masónicas; un falso papa lleno de humanismo, que ha puesto al hombre en el centro del universo; un falso papa que hace caminar a la Jerarquía bajo la bandera de la masonería creyendo que sigue la bandera de Cristo.

¡El gran engaño, que muchos no han discernido!

¡El gran engaño preparado por el mismo clero de la Iglesia Católica! Por aquellos que se dicen de Cristo, pero que obran en contra de la doctrina de Cristo. Es la Jerarquía infiltrada desde hace mucho tiempo en la Iglesia, que en el Concilio Vaticano II tomó posiciones para poner un lenguaje teológico ambiguo, del cual han salido, dentro de la Iglesia, todas las herejías que actualmente se viven.

Estamos viviendo la corrupción de lo mejor en la Iglesia: una Jerarquía llamada a servir a Cristo que se ha convertido en demonios encarnados. ¡Auténticos demonios! Y no tienen otro nombre. Desde el vocero del Vaticano, el P. Lombardi, fariseo perfecto, inútil de hombre, auténtica miseria espiritual en su ministerio sacerdotal, hasta el idiota que se sienta en el Trono de Pedro, Bergoglio, un hombre sin inteligencia, un hombre pervertido en su juicio, un hombre que enseña a pecar, poniéndose por encima de la ley natural, de la ley divina y de la ley de la gracia. ¡Son todos unos demonios! ¡Son todos unos malditos! ¡Son todos unos babosos del mundo!

¡Gran engaño es Roma! ¡Gran Ramera, llena de fornicadores de la mente del demonio! ¡Gran Prostituta, que se alimenta de las lascivias de tantos Obispos y Cardenales en sus obras con el mundo!

Ya lo dijo Pablo VI, pero nadie le hizo caso: «La Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de autodemolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio… La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma» (Discurso al Seminario Lombardo, Roma – 7 de diciembre de 1968 – En Amerio, Iota unum, número 7).

Autodemolición: la misma Jerarquía de la Iglesia Católica ha ido demoliendo todo. Los enemigos de la Iglesia están dentro de Ella misma: son los mismos que hacen el teatro, cada día, de poner a Cristo en el Altar. ¡Es un teatro! ¡Es un cuento chino muchas misas de la Jerarquía!

El Cardenal Raztinger elevaba el grito de alarma: «Después del Concilio, las diferencias de confesiones entre la exégesis católica y protestante desaparecieron prácticamente… Pero el aspecto negativo de ese proceso es que, a partir de ahora, incluso en ambientes católicos, la separación entre la exégesis y el dogma es total, y la Escritura se ha convertido por sí misma en una palabra del pasado que cada cual debe esforzarse en traducir al presente, sin poder apoyarse demasiado en la base en que se aguanta. La fe se convierte entonces en una especie de filosofía de la vida que cada cual trata de extraer de la Biblia. El dogma, privado del fundamento escriturario, carece de sostén. La Biblia, que se ha separado del dogma, se convierte en un documento del pasado; ella misma pertenece al pasado» (Ratzinger, L’interprétation biblique en question, en L’essegesi cristiana oggi, Piemme, 1991).

Muchos no perdonan al Papa Benedicto xVI su teología protestante de sus inicios, cuando era un sacerdote. Muchos no han visto el cambio en su teología. Nunca un teólogo hereje puede discernir entre la verdad y la mentira. Siempre un teólogo hereje da la mentira y la proclama como verdad, que es lo que hace Kasper. Si Raztinger, como Prefecto de la Congregación, sabe lo que es lo católico, y lo sabe diferenciar de lo protestante, es que es católico, posee una fe católica, es que no puede ser hereje, sino que está en la Verdad, permanece en Ella.

«Gran parte de la teología parece haber olvidado que el sujeto que hace teología no es el estudioso individual, sino la comunidad católica en su conjunto, la Iglesia entera. De este olvido del trabajo teológico como servicio eclesial se sigue un pluralismo teológico que en realidad es, con frecuencia, puro subjetivismo, individualismo que poco tiene que ver con las bases de la tradición común» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 79).

La Jerarquía ha olvidado que la ciencia teólógica está para servir a la verdad, no para servir a los intereses de cada uno en sus ministerios sacerdotales. El sacerdote es para las almas, no es para la mente de las almas. Es lo que muchos no saben hacer : hablan con las almas como si fueran un conjunto de ideas, de razones, de proyectos humanos ; y no son capaces de ver la vida espiritual de las almas. Y, por eso, muchos sacerdotes son psiquiatras, pero no pastores de almas. Y, con eso, llegan al pecado contra el Espíritu Santo. Tienen el poder de penetrar en el santuario de cada alma para guiarla hacia la verdad. Y hacen el trabajo del mismo demonio : inculcan a las almas pensamientos errados, mentirosos, funestos, que las llevan a la clara condenación.

«En esta visión subjetiva de la teología, el dogma es considerado con frecuencia como una jaula intolerable, un atentado a la libertad del investigador. Se ha perdido de vista el hecho de que la definición dogmática es un servicio a la verdad, un don ofrecido a los creyentes por la autoridad querida por Dios. Los dogmas –ha dicho alguien- no son murallas que nos impiden ver, sino, muy al contrario, ventanas abiertas al infinito» (Informe sobre la fe, de 1984 – Señales de peligro – pag 80).

La fe católica ha desaparecido y se ha convertido en protestante. En la Iglesia Católica aparecieron lo nuevos Luteros : sacerdotes y Obispos que niegan el infierno, la virginidad de María, la existencia del purgatorio, que dan la comunión a los malcasados, que defienden los anticonceptivos como solución a los problemas del matrimonio y de la pareja, que lo niegan todo y siguen ahí, en la Iglesia, como si nada pasara. Son tenidos como santos en sus grandes pecados, en sus manifiestas herejías. Son aclamados por las multitudes como hombres que salvan el mundo, lo social, lo político. Eso es un Kasper, un Bergoglio, eso es todo su clan abominable de su gobierno horizontal.

Y del protestantismo se ha pasado, rápidamente, al comunismo: todos los teólogos de la liberación, que hacen de la iglesia su pecado: una iglesia de los pobres y para los pobres. Son los nuevos burgueses de la Iglesia. Una Jerarquía para la política, para el mundo, para el bien del hombre, pero nunca para el bien divino.

Y, en el marxismo, la idea masónica: la fraternidad universal, el diálogo de la igualdad, necesario para encontrar la unidad aun a costa de la verdad, y los derechos y libertades del hombre.

Hoy nadie lucha por la Verdad. Nunca ha sido tan débil la lucha contra los errores y abusos de toda la Jerarquía en la Iglesia. Nunca en el Vaticano se puede apreciar, como ahora, la distinción entre la verdadera y falsa Jerarquía.

Es el tiempo en que los católicos verdaderos salgan del Vaticano, salgan de sus parroquias, porque ya no es posible que la verdad venga de sujetos que no pueden buscarla por su pecado manifiesto.

El Vaticano ya no pertenece a la Iglesia Católica. Si esto no lo tienen claro, se van a tragar el Sínodo como un bien para la Iglesia.

Bergoglio auna las tres ideas: la protestante, la comunista y la masónica. Todo su hablar es esto. Y no hay una fe católica en él. No puede haberla. Es especialista en tergiversarlo todo, según lo que encuentra en su mente pervertida por su juicio loco. Y del Sínodo, convocado por este maleante, no puede salir nada para la fe católica. Nada bueno. Todo una mentira bien preparada por la masonería. Ellos no quieren salvar las almas, sino condenarlas. La Iglesia ha desaparecido en el Vaticano.

«Probablemente los jóvenes no hayan escuchado nunca hablar de la salvación del alma en las homilías de sus sacerdotes…La Iglesia desaparece cuando grupos, comunidades y personas se despreocupan de su misión principal: la salvación de las almas» (Cardenal Rouco – Conferencia dada en El Escorial sobre «La salvación del alma» – 30-VII-2004).

Un falso Papa para una falsa iglesia

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«Ellos planean reemplazar al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el Anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo. Tristemente, muchos de Mis Hijos, en su lealtad a la fe católica, seguirán ciegamente esta nueva falsa doctrina, como corderos al matadero» (MDM – 18 de enero del 2012).

¡Profecía cumplida en el dictador de mentiras, Francisco!

Con este hombre, se inicia un tiempo de decadencia en toda la Iglesia: «La Iglesia vivirá un tiempo terrible de decadencia, dentro de sus muros se implantará la falsa religión» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II).

Dentro de sus muros, dentro del Vaticano, en la misma Roma, que ha pertenecido a la Verdad, se levanta una nueva sociedad, una abominación. Ya Roma es una prostituta, que se convertirá en la Gran Babilonia: «Sobre su frente llevaba escrito un nombre: Misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra» (Ap 17, 5). Desde Roma se fornica con todo el mundo para conseguir el Nuevo Orden Mundial.

Francisco ha creado una nueva iglesia, al poner un gobierno horizontal, quitando el Vértice, que es Pedro, para dejar en el gobierno a una serie de hombres, que señalan los destinos de esa nueva iglesia, y que arrastran a todos los demás: «Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del Cielo, y los arrojó a la tierra» (Ap 12, 4)

Muchos, en la Iglesia Católica, fieles y Jerarquía, siguen ciegamente la nueva falsa doctrina de esta nueva iglesia. La falsa doctrina del gobierno horizontal en la Iglesia. Son arrastrados por la cola de la serpiente. El demonio quiere destruir la Iglesia en la cuna misma de la fe católica y en su cabeza.

Francisco fue elegido, antes del Cónclave, por la secta masónica, que está infiltrada en la Iglesia desde hace siglos. Y fue impuesto en el Cónclave a todos. Ha sido elegido canónicamente, pero no es Papa. Lo ha elegido una Jerarquía, que son lobos vestidos con piel de oveja; es decir, una Jerarquía falsa en la Iglesia, que no es capaz de pastorear al rebaño, sino que su obra es atacarlo y llevarlo a la ruina espiritual. Esta Jerarquía falsa pertenece a un secreto y malvado grupo masónico, que está dirigido por la mente del demonio, que posee al Anticristo.

«… ya ahora han aparecido muchos anticristos, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora… No os he escrito esto a vosotros como a quien no conoce la verdad, sino como a quien la conoce y sabe que ninguna mentira puede venir de la verdad» (1 Jn 2, 18-21). Es la última hora, la de la mentira, la del Anticristo. Y, en esta última hora, no hay Verdad, sólo mentira. ¿Los católicos saben que de la mentira no puede venir la verdad? No; ya no lo saben. Si lo supieran, no seguirían a Francisco, no beberían sus enseñanzas, no dirían que su doctrina es católica. Sino que le escupirían en su cara con sus mismas palabras mentirosas. Pero muchos católicos ya no saben discernir la verdad de la mentira. Juegan a dos bandos. Están con Dios y, al mismo tiempo, con el demonio.

¿No saben los católicos que quien repite las palabras de Dios, no lo hace por querer humano «sino movido por el Espíritu Santo» (cf. 2 Pe 1, 20). Y, en consecuencia, ¿no saben los católicos que un hombre, como Francisco, que liga verdad y mentira en todas sus homilías, discursos, escritos, es sólo del demonio, que nunca puede ser movido por el Espíritu Santo? ¿No saben discernir a un hombre por su palabra? Entonces, si no lo saben hacer, no son católicos, no pertenecen a la Iglesia que fundó Jesús en Pedro, sino que son de la nueva iglesia del falso Papa, llamado Francisco.

«Con la doctrina de Dios trabajarán, pero a la vez cambiarán; confundiendo a los propios católicos, ya que ¿cómo puede ser malo si se habla de Dios? Pero no ven los pequeños detalles, que van cambiando, para que cada vez se parezca menos a la Doctrina de Jesús. Desde dentro se manipula y los de fuera lo ven bien, porque –dirán- que todo eso es bueno y para ayudar a los hombres, sus hermanos; pero no verán la intención, que hay oculta detrás de todo este montaje, para destruir a Jesús y formar ese Nuevo Orden Mundial, que -según ellos- la Iglesia necesita esa reforma, y los pobres» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II). Es lo que hace este hombre: diluye la Palabra de Dios, la aligera de su contenido, de su esencia, para solo dar lo que a él le conviene y cómo al otro le gusta.

El demonio, para destruir la Iglesia, debe comenzar poniendo su cabeza, es decir, su falso Papa, que todos deben seguir.

Francisco comenzó su dictadura con un poder divino, que le venía del Papa legítimo, Benedicto XVI. Y que ya perdió cuando implantó su nuevo gobierno horizontal. ¡Ya no lo tiene! Y, por tanto, todo cuanto hace en la Iglesia es nulo para Dios. No tiene autoridad divina para hacer lo que hace. Sólo tiene su poder humano, que nace de esa nueva forma de gobernar en horizontal, apoyado en una serie de mentes humanas, que dan sus discursos políticos para el mundo.

«Sólo os digo que de un clero demasiado cultivador del racionalismo y demasiado al servicio del poder político sólo puede fatalmente venir un período muy oscuro para la Iglesia» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

Francisco se dedicó a implantar su magisterio masónico, que consiste en dos cosas:

a. Abrir la Iglesia al mundo con un gobierno horizontal;

b. Hacer que el clero se someta a este nuevo gobierno horizontal.

Este sometimiento ha sido de lo más fácil. En los seis primeros meses, Francisco lanzó su nueva idea de gobierno, y nadie se levantó para decirle que no podía ser, que iba en contra del dogma del Papado, el cual exige un gobierno vertical en la Iglesia.

Este silencio de toda la Jerarquía es sólo por su lealtad a la fe católica: hay que estar con el Papa. No hay que juzgarlo. No hay que oponerse a lo que él decida. ¡Hay que obedecer!

Esta fue la primera jugada de Satanás en la Iglesia. ¡Y todo el clero claudicó! Eso es señal de poca vida espiritual en los sacerdotes y Obispos; es decir una Jerarquía demasiado racional, humana, intelectual, entregada al juego político; con un apego a las realidades humanas, materiales, que impide ver la verdad, discernirla. Es un apego que oscurece la inteligencia, y el hombre deja de seguir la gracia, de ser fiel a Dios. No atiende a la voz de Dios en su corazón, porque está dando vueltas –en su mente- a la sabiduría humana, a la idea del hombre.

La Iglesia está fundada en el Vértice. Y eso no se puede cambiar. No se puede poner una horizontalidad. Esto es lo que dice el dogma. La Gracia no funciona en un gobierno horizontal. ¿Por qué nadie de la Jerarquía se levantó para atajar a Francisco en la idea de poner un gobierno de ayuda, horizontal, en la Iglesia? ¿Por qué nadie se dio cuenta de que Francisco estaba yendo en contra del mismo dogma del Papado – y por tanto de la misma esencia de la Iglesia-, y que no podía hacer lo que decía?

Sólo es posible una respuesta: la Jerarquía infiltrada en el Vaticano, que ha elevado a Francisco al Trono de Pedro, domina en todo el Vaticano y en todos los miembros de la Jerarquía. ¡Dominio masónico! ¡Dictadura! ¡Absolutismo! Todos están maniatados por cabecillas masónicos en la Iglesia. Todos hacen lo que unos pocos ordenan en el Vaticano. ¡Esos pocos nadie los conoce!

Es necesario que el clero calle ante lo que va a obrar Francisco. Porque «hablar quiere decir “dolor” y a veces “muerte”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 9 de diciembre – pag. 541). ¡Hay que dejarle actuar! Es su tiempo. Es para él. «Estos son los tiempos en lo que están “los pastores inútiles”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 547)

Por eso, prepararon el ambiente con todo el Cónclave. Prepararon las mentes de todo el mundo ante la renuncia del Papa legítimo:

Como un Papa ha renunciado, es bueno tener otro que continúe el gobierno, porque no se puede estar en la Iglesia con la Sede Vacante.

Este fue el pensamiento de muchos católicos y, también, de muchos teólogos, y de toda la Jerarquía. Nadie atendió a la Verdad del dogma del Papado, en el cual no se puede elegir a otro Papa mientras viva el legítimo, así haya renunciado. ¡Porque se es Papa hasta la muerte! Y menos en las circunstancias de la vida eclesial de estos tiempos: una vida corrupta entre los miembros del clero. Es preferible no elegir a nadie para gobernar, porque en la práctica, nadie quiere obedecer a un Papa.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es sólo esto: es imposible gobernar allí donde nadie quiere obedecer. ¡Nadie! ¡Es mejor irse! ¡Es mejor dedicarse a otra cosa!

Benedicto XVI se daba cuenta de la apostasía en el exterior y en el interior del Vaticano. Apostasía preparada, en secreto, para destruir al Papa. Y fue forzado a renunciar. Esa imposición al Papa, por parte de la masonería infiltrada, significa una cosa: que el fundamento de la Iglesia, que es Pedro, ha sido aplastado hasta el polvo. Ha sido hecho añicos. En otras palabras, con la renuncia del Papa Benedicto XVI, ya la Iglesia Católica no está en Roma. ¡No había que esperar a que subiera el dictador Francisco para decir esto! ¡En la misma renuncia del Papa se ve la ruina en toda la Iglesia! ¡Desastre ya anunciado por los profetas! Pero Fátima fue silenciada por Roma. ¡Convenía silenciar a Fátima! Dos hombres usando la corona de Pedro en los últimos Tiempos:

«La Iglesia ha sido infestada, desde el interior, por los enemigos de Dios. Ellos – y hay 20 de ellos, que controlan desde dentro – han creado el mayor engaño. Ellos han elegido a un hombre, que no es de Dios, mientras que el Santo Padre, al que se le ha concedido la Corona de Pedro, ha sido cuidadosamente eliminado.

Los detalles, que Yo revelaba, son, que habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo.

Solo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor. Este engaño tiene un propósito, para convertir almas a Lucifer y hay poco tiempo para tales almas, que no serán las más sabias, para ser convertidas» (MDM – 22 de julio de 2013).

Esta es la jugada maestra del demonio. Así siempre actúa el demonio. Cuando los hombres de la Iglesia no revelan las Palabras de Dios, sino que las tapan, las ocultan; entonces el demonio pone en obra eso oculto. Si la Jerarquía de la Iglesia, en su momento, cuando la Virgen se lo pidió -1960- hubiera dado en integridad el tercer secreto de Fátima, nada de lo que contemplamos hubiera pasado. Ni hubiera habido Concilio Vaticano II ni los desastres que vinieron después. Y no se hubiera llegado a este extremo. Porque, cuando Dios revela Su Palabra, entonces da el camino para que se cumpla sin pérdida de ningún alma. Y se habrían sentado dos cabezas en la Iglesia, pero ningún alma, ningún miembro de la Iglesia se hubiera pedido.

¿Y cuántas almas se han perdido, han quedado ciegas, viven en una tibieza espantosa, son pervertidos en la fe, almas que ya no sirven para nada, sólo para condenarse; que se han separado de la Iglesia para estar en otra cosa? Este engaño, este tapar la verdad, estas dos cabezas que reinan ahora en la Iglesia sólo tiene un fin: convertir las almas a Lucifer.

¡Hicieron renunciar a un Papa! Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, no hay más Papas en la Iglesia por vía ordinaria. Benedicto XVI es el último Papa verdadero.

A un Papa, que no se le puede tocar ni juzgar, lo metieron en tal presión que, una vez que renunció, los lobos pidieron obediencia al nuevo falso Papa. Esta es la jugada más abominable de todas. Todo ha sido un engaño bien montado.

¡Os cargáis a un Papa, sois rebeldes y desobedientes a él, y ahora exigís obediencia a uno que no es Papa! ¡Esta es la maldad en toda la Jerarquía de la Iglesia! Y es toda, no sólo de la Jerarquía infiltrada. Los demás, también apoyan esta obediencia. Ven los errores, pero exigen al rebaño obediencia a Francisco. ¡Esto es abominable! ¡Esto es condenar almas al infierno!

«Cuando la Iglesia – y por tal aludo ahora a la reunión de sus altos dignatarios- actuó según los dictámenes de Mi Ley y de Mi Evangelio, la Iglesia conoció tiempos brillantes de esplendor. Pero ¡ay cuando, anteponiendo los intereses de la Tierra a los del Cielo, se contaminó a Sí Misma con pasiones humanas! Tres veces ¡ay! Cuando adoró a la Bestia de la que habla Juan, o sea la Potencia política, y se dejó dominar. Entonces, necesariamente, la luz de oscureció en crepúsculos más o menos profundos, o por defecto propio de los Jefes elevados a ese trono por artimañas, o por debilidad de los mismos contra las presiones humanas» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

¡Han aplastado a Pedro en el Vaticano! ¡Han puesto a un falso Pedro para que todos lo obedezcan! Esta verdad nadie la enseña en la Iglesia. Nadie se atreve a enseñarla. Y es la única verdad. Todos callan. Todos deben callar. ¡Muchas presiones de los altos dignatarios! Cuando un Obispo carece de luz y manda una mentira, entonces la oscuridad está en todos los sacerdotes y fieles de la Iglesia. No se obedece, en la Iglesia, a la mente de los hombres, sino a la Mente de Cristo. Y todo aquel Obispo que no dé la Mente de Cristo, no hay obediencia a él. Esto lo sabe la Jerarquía, pero no lo ponen en práctica, porque están impedidos: si lo hacen, se quedan en la calle, sin dinero y sin comida.

Pedro ha caído. La Iglesia caerá. Es el tiempo de la gran tribulación, en que la Iglesia se vuelve un pequeño resto:

«En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en el Señor, el Santo de Israel. Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. Porque aunque fuera tu pueblo, Israel, como las arenas del mar, sólo un resto volverá» (Is 10, 20-21 y Rom 9, 27).

El resto es semejante a las pocas olivas que quedan después que se han recogido las demás: «así será en la tierra, en medio de los pueblos, como cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco después de la vendimia» (Is 24, 13).

Y este pequeño resto es por el sacrificio de Su Pastor, la gloria del Olivo, el Papa Benedicto XVI, que es «el Obispo vestido de blanco» que «atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio tembloroso con paso vacilante, abrumado de dolor y pena» y «llegado a la cima del monte, prosternado de rodillas al pie de la gran cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas» (Mensaje de Fátima). Profecía que debe cumplirse, una vez que el Papa Benedicto XVI huya de Roma, como lo predijo su antecesor, el Papa Pío X:

“He visto a uno de mis sucesores de igual nombre, huyendo por entre los cadáveres de sus hermanos. Se refugiará de incógnito en alguna parte, y después de un breve respiro, morirá de muerte cruel. El respeto a Dios ha desaparecido de los corazones. Se intenta borrar incluso el recuerdo de Dios. Esta perversidad no es más que el principio de los males que deben llegar antes del fin del mundo”.

«He visto a uno de mis sucesores de igual nombre» = José (Giuseppe Melchiorre) Sarto / Joseph Ratzinger. Giuseppe y Joseph. El mismo nombre: José.

Francisco, comenzó su dictadura en la Iglesia, como un antipapa: elegido por Cardenales para gobernar en sustitución del Papa legítimo. Esto es lo que significa un antipapa.

Pero, este dictador de mentiras, este pastor inútil, pronto cambió su cara y se presentó como anticristo. Su gobierno horizontal es su blasfemia contra el Espíritu Santo. Es su pecado mayor. Es la obra propia de un falso cristo que se opone a la doctrina de Cristo en su misma Iglesia. Por eso, Francisco es un anticristo: va en contra de Cristo y de Su Iglesia. No solamente comete un pecado de fragilidad; no sólo hay errores en su vida humana y sacerdotal. El sello de su vida sacerdotal es oponerse a Cristo en Su Iglesia. Vive para eso. Un anticristo nunca puede dejar de ser anticristo, nunca puede dejar de ser lo que es: abominación. Ha sido marcado por el demonio para ello. Tiene su mismo número: 666.

Francisco desconcierta las conciencias, envuelve a toda la Jerarquía y la convierte en fango: «El astuto impostor, que ha permanecido a la espera en los bastidores, pacientemente, pronto declarará su reinado sobre Mis pobres incautos siervos sagrados. El dolor que infligirá es demasiado difícil de soportar para Mí, y finalmente, su reinado culminará en la depuración final del mal desde dentro del núcleo de Mi Iglesia. Ha manipulado cuidadosamente su posición y pronto su actitud pomposa se verá rodeada por su espléndida corte. Su orgullo, arrogancia y la auto-obsesión serán al principio cuidadosamente ocultados al mundo. Para el mundo exterior, un suspiro de alivio se escuchará cuando las trompetas repliquen para anunciar su mandato como jefe de Mi Iglesia». (MDM – 8 de marzo del 2013).

Francisco ha subido al poder manipulando a la Jerarquía. Ha sabido esperar los tiempos, porque él, desde hacía mucho tiempo, sabía que iba a estar en el Trono de Pedro. Ha sabido engañar a toda la Jerarquía, a todos los Papas anteriores. Ha sabido meterse, por artimañas, en todas las estructuras del Vaticano para poner sus hombres. Porque un masón nunca está sólo en su trabajo. Lo acompañan muchos. Y obran todo en el sigilo de las conciencias, acallando las conciencias para poder obrar el mal. ¡Y cualquier mal! El más abominable como el decidir la suerte de un Papa. ¡Detrás de la renuncia del Papa Benedicto XVI estaba Jorge Mario Bergoglio!

Francisco es un orgulloso: tiene el espíritu de Lucifer; es arrogante: manda imponiendo su idea, su pensamiento, su obra a todos; está auto-obsesionado: el dinero, sus pobres, los derechos humanos, las justicias sociales. Está todo el día en esa idiotez. Es su locura, es su negocio, es su empresa.

Francisco ha puesto a su corte, a los suyos, en el gobierno de la Iglesia: todos pastores inútiles, que tienen un nombre para el mundo, pero que son abominación para Dios. Son herejes y cismáticos. Son la prueba de la destrucción de la Iglesia.

Y, por tanto, el sentido de su gobierno horizontal es para que la Iglesia –su nueva iglesia- participe en la creación de una Nueva Iglesia Mundial, una religión mundial. Éste ha sido el trabajo de este dictador desde que inició su forma de gobierno, que se ha intensificado en estos últimos seis meses, en que se ha visto su cara negra de falso Papa en la Iglesia.

¿Qué es de extraño que Simón Peres declare que le propuso a Francisco la creación de una “ONU de las religiones”? Están todos enganchados en el mismo carro. Francisco ha hecho alianza con el Anticristo. Peres, Obama, etc. son masones, unidos al ideal de la masonería. Y ellos se juntan para su negocio mundial.

Francisco está unido al Anticristo. No está solo. Quien gobierna el Vaticano, en la realidad de las cosas, es el grupo masónico. Este falso Papa colabora con el Anticristo para poner al mundo de rodillas, presentando un Papa para el hombre; un Papa que reforme, modernice la Iglesia Católica, con el solo fin de unificar a todas las religiones.

¿Cuándo los católicos van a despertar? Francisco actúa ahora sólo como falso Papa de una falsa iglesia. Y presenta su falso cristo, su falso evangelio, su falsa idea del hombre. Y a Francisco le queda poco tiempo. Su tiempo se ha cumplido: «Francisco es renovador y muy moderno, habrá cambios en la Iglesia que no serán de mi agrado y ayudará a borrar el nombre verdadero de Dios en su Iglesia que él formará. Éste dará paso al Temido, allanándole el camino, y haciendo que exista la confusión entre católicos». (Mensajes personales – noviembre 2013).

Es un falso Papa el que prepara todo para el Anticristo. Y ese falso Papa es un líder de la nueva iglesia, de la nueva religión, que está ya en el Vaticano. Ya han colocado a sus peones. Todo está preparado para ejecutar la gran maldad. Muchos católicos no ven al que lleva esa sotana blanca: no saben mirar a la cara y reconocer al lobo. Y ese amigo de los hombres, ese bueno para nada, que es Francisco, es el que los lleva al precipicio. ¡Qué ciegos están muchos católicos y toda la Jerarquía de la Iglesia! ¿No ven la verdad, no ven cómo el falso Papa los está engañando?

Francisco es maestro en dar lo que el pueblo quiere oír. Y el pueblo se hace el tonto, porque le interesa un hombre que no les señale por sus pecados, sino que les dé un beso y un abrazo.

De idiotas está llena la Iglesia. ¡Contemplen la estupidez de tanta gente y medirán el infierno que existe en la Iglesia! ¡Llena está la Iglesia de demonios encarnados! ¡Vivimos entre reptiles venenosos! Y, por eso, ya hay que tener prudencia en lo que se dice públicamente. Comienzan las persecuciones desde el Vaticano. Comienzan a derramar sangre. Comienzan a fabricar injusticias. Y la Jerarquía, que no se somete a Francisco, será la primera en gustar la maldad.

Las fábulas comienzan a aparecer en el Vaticano

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«Has de saber que en los últimos tiempos sobrevendrán tiempos difíciles, porque habrá hombres egoístas, avaros, altivos, orgullosos, maldicientes, rebeldes a los padres, ingratos, impíos, desnaturalizados, desleales, calumniadores, disolutos, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, protervos, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios, que con una apariencia de piedad están en realidad lejos de ella. Guárdate de ellos» (2 Tim 3, 1-5).

Este es el fiel retrato de los hombres de este final de los tiempos que vivimos. Y están en el mundo y dentro de la Iglesia. Están en la familia y en la Jerarquía. Son amigos y son gente que gobierna una parroquia para destruirla.

«Vi otra bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón» (Ap 13, 11).

Esta bestia es el falso Profeta, que es un falso Papa en la Iglesia, representado en los dos cuernos, y que habla como un dragón.

Este falso Papa ya ha aparecido en el Vaticano: es Francisco, el cual no es el legítimo Sucesor de Pedro, no es el Vicario de Cristo.

Tiene la apariencia religiosa de un Papa, pero su lengua, su malicia, ambigüedad y astucia son infernales. Son del dragón. Tiene el espíritu del dragón.

El dragón tiene siete cabezas y diez cuernos; es decir, es el espíritu que lucha contra todo lo divino en el mundo y en la Iglesia. Lucha contra la Mujer envuelta en el Sol. Lucha contra las siete iglesias, que son los siete candeleros de oro, los siete espíritus que mueven a las almas en la Iglesia. Y lucha con diez cuernos, para derrocar toda ley divina en la Iglesia.

Por su apariencia religiosa, este falso Papa es visto como el más sabio y confiable que los demás. Su humanidad es lo que atrae a la gente. Las almas quedan con la boca abierta antes las obras humanas, tan sencillas, de este personaje. Es el culto al hombre lo que irradia este falso Papa. Es la sed de gloria humana lo que persigue este personaje, idílico para muchos. Es querer convencer a todos que, como somos hombres, en lo humano hay un camino para encontrar una solución a todos los problemas de los hombres y de la Iglesia. Ése es el significado de su partido de fútbol para encontrar la paz en el mundo. Es su fábula. Y muchos han querido hacer una teología de un partido de fútbol para indicar la maldad de este hombre. Y no han comprendido que es una obra de un vividor. Y con esa obra ha querido llegar a los tibios y a los pervertidos del mundo y de la Iglesia. Pero esa obra lo hace un inútil para los intelectuales del mundo y de la Iglesia. Esto es lo que nadie dice, porque no saben medir lo que es Francisco: un juguete de la masonería.

«Ejerció toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella e hizo que la tierra y todos los moradores de ella adorasen a la primera bestia, cuya llaga mortal había sido curada» (vs. 12).

Este falso profeta o falso Papa no tiene la autoridad divina en la Iglesia, porque no posee el Primado de Jurisdicción, que sólo puede estar en una Cabeza, en el Papa legítimo, que es Benedicto XVI, hasta su muerte.

Pero posee una autoridad humana, la que tiene recibida de la primera bestia, que es una pantera, con pies de oso y boca de león. Es decir, tiene el poder de la masonería. Y con ese poder obra en la Iglesia lo propio del masón.

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Este falso papa fue adornado con un carisma diabólico, que imitaba el carisma de Pablo, con el cual se ha ido al mundo para lograr una cosa: abrir las puertas de la Iglesia a las sectas y a las religiones, provocando el falso ecumenismo. Y esto es una señal para el Anticristo y para aquellos que reconocen al Anticristo como el auténtico mesías esperado. A este falso Papa lo creen toda esta gente, tibia y pervertida, porque son muchos dentro de la Iglesia Católica que ya no creen en la Divinidad de Jesucristo y, por tanto, están esperando a un salvador, a un hombre que les saque las castañas del fuego: «¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que murieron los padres, todo permanece igual desde el principio de la creación» (2 Pe 3, 4)

El verdadero ecumenismo sólo se puede dar entre las Iglesias de origen apostólico, con sucesión apostólica, pero jamás con las sectas y demás religiones. «Porque todos los dioses de los pueblos son vanos ídolos» (Sal 96, 5). La unidad total la hará Dios después de la purificación universal, en el Reino de Paz, entonces «habrá un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10, 16). La unidad es imposible en la diversidad de pensamientos y de obras humanas, porque la unidad del Espíritu sólo se da en la Verdad de la Mente de Dios. Y aquel hombre que no pisotee su mente humana, no pertenece a la Iglesia de Cristo. Por eso, la iglesia que se muestra en el Vaticano no es la de Cristo, sino la de los hombres: en la que ellos dan culto a sus inteligencias humanas.

Antes que el anticristo muestre su cara al mundo, «ha de venir la apostasía» (2 Ts 2, 3b), que es el rechazo de cualquier verdad absoluta, es decir, de los dogmas que se siguen en la Iglesia. En ese rechazo, Roma se convierte en la Sede del Anticristo: «Las siete cabezas son siete montañas sobre las cuales está sentada la mujer» (Ap 17, 9). Una mujer, borracha de la sangre de los mártires, y que es llevada por la bestia de diez cuernos y siete cabezas, es decir, por la masonería. Es llevada = es gobernada.

Con el falso Papa, con Francisco, se ha iniciado la apostasía de la fe. Y el Sínodo es sólo la puerta para que todo vaya más rápido, para conseguir que el Anticristo aparezca. Ese Sínodo no lleva la línea de la gracia: es decir, no es católico. Es el Sínodo que ha promovido el falso Papa para levantar, de una vez, su nueva iglesia, que está fundada en su gobierno horizontal. A partir de ahí, puede cambiar todo lo demás en su iglesia y que producirá la abierta apostasía de la fe.

El Vaticano, es decir, Roma, camina hacia su destrucción, junto al Anticristo: «La bestia que era y ya no es, es también un octavo, que es de los siete, y camina a la perdición» (Ap 17, 11). El Anticristo es el octavo rey que gobernará Roma. Es un rey masónico, como los siete anteriores, «de los cuales cinco cayeron, el uno existe y el otro no ha llegado todavía» (v. 10).

Durante cincuenta años, la masonería ha gobernado la Iglesia, de manera oculta, no a través de un Papa. Han usado a todos los Papas legítimos, de todas las maneras imaginables, para ser reyes. Y cinco cayeron; pero uno existe. Ese uno no es el falso Papa, no es Francisco, es el que se oculta en el gobierno de Francisco, detrás de la imagen de Francisco.

Francisco es sólo un pelele de este rey masónico: un juguete que se mueve como lo quiere la masonería: «ejerce su autoridad en presencia de ella». Es decir, Francisco hace todo lo que ese rey masón le pide.

Francisco tiene su orgullo. Y ese orgullo se manifestó al principio de su falso Pontificado. El ideal de Francisco es su negocio en la Iglesia: los pobres. A la masonería no le interesan los pobres, sino el poder en la Iglesia. Y este falso Papa ha estado trabajando por este negocio, sin importarle un rábano las almas en la Iglesia. Y se ha enfrentado a la masonería que lo ha puesto ahí.

Tengan en cuenta que en el infierno no se aman, pero se juntan para hacer la maldad. Se unen en la mentira para muchas obras malas. Y Francisco ha dado a la masonería lo que ésta le ha pedido: el gobierno horizontal y abrir las puertas de la Iglesia al mundo, a las sectas, con el falso ecumenismo. Pero Francisco ha querido su tajada en este negocio. Y ha luchado por su dinero, porque no va a renunciar a ser un falso Papa sin llevarse en el bolsillo fajos de billetes, para pasar el resto de su vida tranquilamente.

Que Francisco deja el poder en el Vaticano: eso es clarísimo. Él mismo lo ha dicho. Y también lo dicen los falsos profetas. Porque la masonería tiene que inventarse la forma de que este hombre deje el poder. Como es un ídolo de las gentes, entonces ¿por qué no matarlo? Esto es lo que anuncia el falso profeta Enoch, al cual muchos siguen y lo tienen por verdadero. Y es sólo un demonio que se viste de ángel de luz: «La vida de mi Vicario corre peligro, fuerzas ocultas dentro del Vaticano están planeando atentar contra él» (2 de septiembre del 2014 – Ver texto).

Hay muchos falsos profetas y no hay que escucharlos: «No escuchéis lo que os profetizan los profetas. Os engañan. Lo que os dicen son visiones suyas, no procede de la boca del Señor» (Jer 23, 16)

Hay que quitar a Francisco: esto es lo que está planeando ahora la masonería, que ha puesto al mismo Francisco en el gobierno. Y Francisco ya ha recibido la orden de irse, pero es orgulloso hasta el final. No se cumplirá hacerlo mártir, porque ya Dios ha hablado, y porque la falsa profecía nunca se cumple ni puede cumplirse: «El plan orquestado por satanás… ya que has desbaratado el otro plan suyo es el siguiente… matar a este Innominado… al Falsario….Y ahora que he desenmascarado también este plan suyo… lo que han de hacer ya pronto lo verán y será difícil de soportar» (28 de julio del 2014 – Ver texto).

Difícil de soportar lo que viene desde el Vaticano. Francisco tiene que irse. Va a ser una sorpresa para muchos que no lo esperan. Es ya el tiempo. El demonio está que trina porque sabe que el tiempo se ha acortado. Ataca con todo su furor «por cuanto sabe que le queda poco tiempo» (Ap 12, 12)

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Las profecías tienen que cumplirse: «En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto).

Francisco ha sido elegido según los cánones, pero no según la ley de la gracia. No fue elegido en la muerte del Papa legitimo, sino en su renuncia. Se reunieron en un Cónclave, como mandan los cánones, para sacar al primer impostor. Es necesario que aparezca el hombre elegido no canónicamente, no según un Cónclave.

Francisco es el primero que tiene el espíritu del Falso Profeta, que toma el lugar, arrebata, usurpa el Trono: «cuando él se vaya, el impostor, el Falso Profeta, tomará su lugar» (26 de mayo del 2013 –ver texto). El primero de muchos destructores.

Francisco es el impostor, el Falso Profeta, pero no es el único. Nunca olviden que hay un solo Falso Profeta que señala al Anticristo, como hubo un Gran Profeta, San Juan Bautista, que señaló a Cristo. El demonio imita en todo la obra de Dios. En cualquier cosa. Y antes de San Juan Bautista, hubo muchos profetas que hablaron del Mesías, pero que no lo señalaron. Así, antes del «falso Papa que está esperando para revelarse a sí mismo al mundo» (20 de marzo del 2012 – ver texto), hay otros falsos Profetas (= falsos Papas) que hablan del anticristo, de su obra, pero no lo señalan.

Con Francisco, «el gran cisma es presenciado por todo el mundo, pero no va a ser visto como tal inmediatamente» (Ibidem). Porque Francisco tiene que cambiar algunas cosas en la Iglesia, como lo ha hecho.

Pero es necesario el falso Papa de la falsa Iglesia. Francisco se encontró con la verdadera Iglesia. Y puso su ladrillo: su gobierno horizontal. Y está construyendo la falsa iglesia. Se convirtió en un falso Papa lo que al principio era un antipapa. Se necesita al hombre que dé consistencia a la obra de Francisco, porque éste es sólo un vividor, no sabe de teología. Y tampoco le interesa. No le interesa el plan de la masonería; lo que le interesan son sus pobres, su teología de la liberación, su negocio en la Iglesia.

Francisco posee el espíritu del falso Profeta, pero no es la persona del falso Profeta, no es el falso Papa que se sienta en la falsa Iglesia y que señala al Anticristo directamente. Francisco no cree en el Anticristo. No cree en el demonio. Si no cree que Jesús es un Espíritu, entonces no cree en ningún espíritu.

«Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios». (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto es lo que iniciamos a ver en todas partes: división, cisma dentro de la misma Iglesia Católica. División entre católicos. Lucha entre católicos. Odio en la Iglesia Católica.

Las gentes, con este falso Papa, buscan pastores a su gusto, que les consientan en su pecado. Y, por eso, aparecen las fábulas: «vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones» (2 Tim 4, 3). Es la decadencia del clero, que dan a las gentes lo que éstas quieren ver y escuchar. ¡Cuántos sacerdotes ya tienen su página de fans en el Facebook! Es la gloria del mundo. Es la sed de beber en las aguas putrefactas que todos beben, porque no se aguanta la Verdad Absoluta. Y la consecuencia es clara: «y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (v. 4).

La gente hoy quiere fábulas en la Iglesia. Que le cuenten un cuento muy bonito. Pero no soportan que le digan que Francisco no es Papa y que su doctrina no es católica. Ya no escuchan la Verdad. No quieren escucharla. Y no hay manera de que la escuchen. No hay una razón que les haga ver su maldad, su mentira, porque han hecho de sus vidas de pecado un camino de santidad. Por eso, hay sacerdotes que bautizan a los hijos de los afeminados, de los transexuales, y aparecerán, dentro de poco, lo que ya casen a los homosexuales.

Es lo que dice el profeta Isaías: las doctrinas empieza a prostituirse: «¿Cómo te has prostituido, Sión, ciudad fiel, llena de justicia? Antes habitaba en Ella la Justicia, ahora el homicidio» (Is 1, 21). Se matan las almas en la Iglesia. Y lo hacen los mismos sacerdotes, Obispos. Son ellos y sólo ellos lo que derrumban la doctrina divina de la Iglesia.

«¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Los pastores no son para apacentar el rebaño? Pero vosotros coméis su grosura, os vestís de su lana, matáis lo que engorda, no apacentáis las ovejas…Y así andad perdidas Mis Ovejas por falta de Pastor, siendo presa de todas las fieras del campo. Andan errantes por montes y collados, derramadas por toda la haz de la tierra» (Ez 34, 2b. 5-6a). ¿No es esto lo que hacen sacerdotes y Obispos en este momento en la Iglesia? ¿No está el Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, dispersando el rebaño al declarar que la doctrina de Francisco, en su evangelium gaudium, es católica, da continuidad al Papado? (ver texto). ¿No es esto abominable en personas que tienen que saber más que el fiel en cuestiones de teología? ¡Que personas de la calle –y gente que no es católica- vean el comunismo de Francisco en su evangelium gaudium, y que un Prelado de la Iglesia no sea capaz de verlo, es no sólo triste sino abominable!

¿A qué se dedican los Prelados, los sacerdotes, los Obispos en la Iglesia? ¿A lavar la cara de Francisco cuando dice una herejía? ¿A quitar las babosidades que se le caen de su boca cuando habla? ¿Por qué quieren seguir guardando las formas exteriores con un hombre que no es Papa, que saben que no es Papa? ¡Porque no quieren perder el plato diario de comida en su mesa!

«Primero vendrá la purificación de mi Iglesia como os estoy diciendo. Si queréis oír una Misa Santa Católica verdadera, en que mi Divino Hijo Jesucristo, redentor del hombre, se inmole y actualice su Sacrificio en la Cruz, tendréis que tener o buscar un Sacerdote que siga la tradición y el dogma verdadero, que los habrá, pero muy pocos, y tendréis que ayudarlos y protegerlos, porque ellos estarán también perseguidos, confusos y sin recursos. Estará todo muy confuso, por esto tenéis que afianzar vuestra vida de fe» (Mensaje de un profeta (julio 2002) recordado en un Mensaje de Dios Padre a su hija María – 27 de marzo de 2013 – ver texto).

Son muy pocos los que deciden hablar claramente de lo que está pasando en la Iglesia, porque saben las consecuencias: persecución y sin recursos para nada. No es fácil vivir colgados de la Providencia Divina, en que sólo Dios da el alimento, el dinero, el trabajo. No es fácil quedarse en la calle y seguir predicando la Verdad, aunque nadie la quiera escuchar. Es más fácil hacer lo que la mayoría de la Jerarquía hace: tapar a Francisco. Hacer ver que su doctrina es católica.

«Los modernistas y apóstatas os querrán convencer con sus filosofías y falsas teologías de un ecumenismo y una religión católica falsa, y os propondrán una eucaristía sin sacrificio incruento de mi Hijo Jesucristo, que será una simple reunión o asamblea en el nombre de mi Hijo, pero no Eucaristía, aunque en la consagración se pronuncien las palabras de mi Hijo, dichas en la cena del jueves santo, vuestro Divino Redentor no bajará al cáliz, ni al pan, porque los sacerdotes modernistas no tendrán esa fe de la verdadera Iglesia Católica; No reconocerán su sacrificio en la Cruz ni la transubstanciación; dogma de fe Católica. Estad alertas, porque todo esto está sucediendo ya en algunos lugares de mi Iglesia, con ministros y obispos que aparentan ser Católicos, pero con el antipapa se separarán las ovejas de las cabras, y la cizaña del trigo» (Ibidem).

En el Vaticano, se comienza a manipular las mentes de los católicos con muchas fantasías. Antes, en el Vaticano, habitaban los teólogos rectos; ahora los teólogos cuestionan los dogmas y tradiciones: ahí tienen a un Muller, a un Kasper, a tantos otros que ya no están en la Verdad y que gobiernan la Iglesia. ¿Y que van a hacer a partir del Sínodo? Derogar los dogmas con el pretexto de que esto facilita el acercamiento ecuménico con las sectas y las otras religiones: «¿Cómo os decís: Tenemos la sabiduría, poseemos la Ley de Yavé? La convirtieron en mentira, las mentiras plumas de vuestros escribas. Han sido confundidos los sabios, avergonzados, cogidos. Arrojaron de sí la Palabra del Señor. ¿Qué sabiduría les queda?» (Jer 8, 8-9).

En el Vaticano han arrojado la Palabra de Dios al cubo de la basura. Y aparecen las nuevas doctrinas, las falsas doctrinas teológicas que tratan de desfigurar la Iglesia Católica: «La serpiente arrojó de su boca detrás de la Mujer como un río de agua, para hacer que el río la arrastrase» (Ap 12, 15).

La masonería eclesiástica, instalada desde hace años en el Vaticano, va a destruir la Iglesia desde adentro: «Y había unos veinticinco hombres, de espaldas al Santuario de Yavé y cara al oriente, que hacia el oriente se postraban. Y me dijo: ¡Hijo de Hombre, ¿has visto? ¿Será cosa ligera para la casa de Judá hacer las abominaciones que en este lugar se hacen, que han llenado la tierra de violencias para irritarme? Y hasta se llevan la zemorra (= raíz de virtud mágica que creían daban vida al que las olía) a sus narices» (Ez 8, 16-17). La destruye con abominaciones, permitiendo que se introduzcan herejías perniciosas. Han dado culto a dioses extraños que han oscurecido sus mentes con sus lujurias de la vida. Han olido perfumes lisonjeros y han quedado atrapados en ellos.

«Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero Pastor, sino un destructor» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto ya está en curso. Muchos destructores aparecen en la Iglesia para hacer su trabajo. Las almas tienen que renunciar a todo lo que hay en el Vaticano si quieren permanecer siendo Iglesia, perteneciendo a la Iglesia. No luchen por Roma ni por una Jerarquía que no sabe discernir entre la verdad y la mentira. Oren por ellos, pero luchen por la Verdad de la Iglesia que ya no está en el Vaticano ni en la Jerarquía que se acomoda al Vaticano. Está sólo en los humildes de corazón. Y esos son pocos y están escondidos de todo el mundo.

Atacar al Papa con un falso Papa es la obra cumbre de la maldad

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«– ¿De donde sabes que solamente quedan TRES papas?

Conchita respondió:

De la Santísima Virgen. En realidad me dijo que aún vendrían CUATRO papas pero que Ella no contaba uno de ellos.

Dice Aniceta:

Pero entonces, ¿por qué no tener en cuenta UNO?

Responde Conchita:

Ella no lo dijo, solo me dijo que UNO no le tenía en cuenta. Sin embargo me dijo que gobernaría la Iglesia por muy poco tiempo» (Conchita).

Tres Papas que cuentan y uno que no cuenta. Y un usurpador del Trono de Pedro.

a. Tres Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Son los que cuentan porque fueron elegidos por el Espíritu para gobernar la Iglesia y Jesús guió a Su Iglesia a través de ellos. Y no importa si sus gobiernos fueron cortos (Juan Pablo I), si le pusieron un sosía (Pablo VI), o si hicieron todo lo posible para anularlo (Juan Pablo II).

b. Un Papa que no cuenta: Benedicto XVI. Fue elegido por el Espíritu para gobernar la Iglesia, pero renunció. El Señor gobierna Su Iglesia sin Su Papa. No puede gobernar la Iglesia con Benedicto XVI. Y, por eso, no cuenta para gobernar la Iglesia. Cuenta como Papa. La Sede no está vacante porque sigue siendo el Papa elegido por Dios. El gobierno del Papa Benedicto XVI es el que está vacante. Un usurpador gobierna otra cosa, no la Iglesia Católica, su falsa iglesia. El Señor sigue guiando Su Iglesia, pero sin Su Cabeza, sin Su Vicario.

La Virgen María dijo que vendrían cuatro, pero que no contaba uno de ellos. No lo contaba para gobernar la Iglesia, pero sí para ser Papa. Gobernó la Iglesia por muy poco tiempo, pero –al renunciar- ya no cuenta su gobierno, porque ya no gobierna. Impide al Espíritu guiarlo en el gobierno de la Iglesia. Es un impedimento de su voluntad libre. Impedimento que es un grave pecado, porque produce un cisma dentro de la Iglesia. Benedicto XVI cuenta como Papa, porque –hasta que muera- sigue siendo el Papa verdadero, el legítimo, a pesar de su renuncia.

Benedicto XVI no cuenta para el Cielo para el gobierno de la Iglesia. Jesús es el que decide ahora cada cosa en Su Iglesia. Porque la Iglesia es de Cristo, no de los hombres. Y Jesús tiene que llevar Su Iglesia hacia el Plan de Su Padre. Y, por eso, la guía Él solo, sin ninguna Jerarquía. Es una forma de gobierno extraordinaria, que sólo la puede hacer Dios.

Jesús decide en cada alma lo que Su Iglesia tiene que hacer en estos momentos, sin pasar ni por la Cabeza, que sigue siendo Benedicto XVI, ni por la Jerarquía de la Iglesia. La Iglesia está en el corazón de los humildes, que viven su fe dejando sus brillantes pensamientos humanos a un lado. La Iglesia no está en ninguna de las cabezas que se creen con inteligencia para poner un camino al desastre que vive la Iglesia: «entre mis sacerdotes cuántos son los que no creen ya; sin embargo, permanecen aún en Mi Iglesia, como verdaderos lobos con piel de cordero, y pierden un ilimitado número de almas» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El espíritu de rebelión contra Dios, 1 de diciembre de 1973 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Ahora todos tienen que obedecer a Cristo, no a los lobos, no ver a Cristo en un hombre, porque la Cabeza renunció a ser Cabeza de la Iglesia; renunció a gobernarla en Cristo. Se retiró, pero no renunció a ser Papa. Sigue siendo el Papa, con la coletilla de emérito. Pero un Papa emérito sigue siendo Papa, porque el Papa, en la Iglesia Católica, no es un concepto, un término humano, sino una vocación divina, una elección de Dios sobre un alma que Él quiere para Su Iglesia.

c. Francisco: el que ha robado el Trono de Pedro para una nueva maqueta de Iglesia. Francisco es todo un montaje que el Vaticano ha hecho para dar al mundo lo que éste pide: un paraíso en la tierra. Es el gran engaño del siglo. Es mayor que el que se produjo con Pablo VI.

Tres Papas para una profecía:

i. El número 108, “Flos Florum” (“Flor de las Flores”): Pablo VI, que tiene en su escudo de armas el “lirio”, la “flor de las flores”.

ii. El número 109, “De Mediate Luna” (“De la Media Luna”): Juan Pablo I, que fue elegido en una Media Luna y falleció en la siguiente Media Luna.

iii. El número 110, “De Labore Solis” (“Sobre el eclipse del Sol”): Juan Pablo II, en cuyo Pontificado Cristo fue eclipsado por la idea humana en la Iglesia.

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Pablo VI, mártir en su Pontificado:

«J – El Papa, el Papa…es un mártir. De cierto modo podría decirse que yace por tierra, que desea morir, en la situación en que se encuentra. Lo tortura el pensamiento de lo que el dice, no sale publicado en el mundo y lo que sale publicado, es exactamente aquello que el no quería y que es publicado por sus cardenales. En todos los casos, muchos Cardenales, no todos, la siguen. El Papa tiene una inmensa dificultad en actuar. Está en una situación mucho peor que en la verdadera prisión, nosotros, nosotros nos agitamos, haciendo todo lo que podemos. Además, ya hicimos demasiado.

E – ¡Continúa! Diciendo la Verdad, en nombre (…) ¡y solo la verdad!

J – Lo privaron de su libertad… así poco puede hacer. Es por eso que hablamos de él como un reptil, solo es capaz de arrastrarse, y ya no tiene una palabra que decir, ni a la derecha, ni a la izquierda, ni al frente, ni atrás. Son los otros que lo hacen, los falsos, a los que les gustaría verlo desaparecer» (Testimonio de sacerdotes que participaron en el exorcismo del 31 de agosto de 1975 – Contra Judas Iscariote (alma condenada) – Del libro: “Confesiones del Infierno al mundo contemporáneo. Advertencia del más allá” – Editor Buonaventur Meyer).

Pablo VI cumplió su misión: «Su misión está cumplida. Así como sobre esta tierra le habéis estado muy cercanos con la oración y con vuestro amor, así ahora Él desde el Paraíso, con su poderosa ayuda de intercesión, estará cerca de vosotros para ayudaros a cumplir vuestra misión» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – En la muerte del Papa, 9 de agosto de 1975 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

A mitad de su Reinado en la Iglesia, el demonio se sentó en la Silla de Pedro para gobernarla con un impostor.

“Es ahora de conocimiento común en la ciudad de Roma, que hay una persona que ha estado haciéndose pasar por vuestro Vicario, un actor de gran talento, que a través de la cirugía ha obtenido el semblante de vuestro Vicario. Ahora es bien sabido, hijos Míos, y ahora se jugará un juego de ajedrez. Allí será obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, porque Satanás se ha establecido a Sí Mismo en medio de ellos. Obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, Satanás se ha puesto en medio de ellos. Todo lo que está podrido caerá “ (Nuestra Señora a Verónica Lueken , 14 de Agosto de 1976).

Desde 1972, las drogas neutralizantes fueron inyectados a Pablo VI, como lo confirma el testimonio de Mons. Basile Harambillet (Doctor en derecho caónico y abogado rotal). La existencia de un doble también fue demostrado por las grabaciones sonoras y fotografías de Theodore Kolberg, en sus libros: “Der Vertrug des Jahrhunderts” (“El engaño del siglo’) y “Umsturz im Vatikan?”(“Un derrocamiento en el Vaticano”).

En 1972, comenzó la tercera parte del secreto de Fátima: dos hombres usando la corona de Pedro. Uno sufre a manos de los hombres, siendo el Prisionero de los Cardenales. El otro, colocado por los hombres, es el que trae la destrucción.

“Hija Mía, te traigo una triste noticia, una que debe darse a conocer a la humanidad. Al hacer esto, hija Mía, debes proceder sin temor. Debe hacerse saber a la humanidad. Nuestro querido Vicario, el Papa Pablo VI, sufre mucho en manos de aquellos en quien él confía. Hija Mía, grítalo desde los tejados. No es capaz de llevar a cabo su misión. Ellos lo han escondido, hija Mía. Él está enfermo; él está muy enfermo. Ahora hay alguien quien gobierna en su lugar, un impostor, creado por las mentes de los agentes de satanás. Cirugía plástica, hija Mía – los mejores cirujanos fueron usados para crear a este impostor. ¡Grítalo desde los tejados! El debe ser expuesto y removido. Detrás de él, hija Mía, hay tres quienes se han entregado a satanás. Vosotros no recibís la verdad en vuestra nación ni en el mundo. Vuestro Vicario está prisionero.

“Antonio Casaroli, ¡condenaréis vuestra alma al infierno! Giovanni Benelli, ¿qué camino habéis tomado? ¡Estáis en el camino hacia el infierno y la condenación! Villot, líder del mal, apartaos de esos traidores; no sois desconocidos al Padre Eterno. Os asociáis con la sinagoga de satanás. ¿Creéis que no pagaréis por la destrucción de almas en la Casa de Mi Hijo?

“El anticristo, las fuerzas del mal, se han reunido hijos Míos, dentro de la Ciudad Eterna. Debéis hacerle saber a la humanidad que todo lo que viene de Roma viene de la oscuridad. La luz no ha pasado por allí. La apariencia en público no es de Pablo VI, es el papa impostor. Los medicamentos del mal han vuelto soso el cerebro del verdadero papa, el Papa Pablo VI. Ellos envían por sus venas, veneno para atontar su razonamiento y paralizar sus piernas. ¿A qué criatura maligna le habéis abierto las puertas de la Ciudad Eterna y habéis admitido a los agentes de Satanás? Planeáis remover al Padre Eterno de vuestro corazón y de los corazones de aquellos a quienes buscáis engañar. Esparcís el rebaño.” (Nuestra Señora, 27 de Septiembre, 1975).

En el momento que este mensaje fue dado en 1975, el Cardenal Jean Villot era el Secretario de Estado del Papa. Toda la correspondencia dirigida al Santo Padre pasaba por sus manos. El Cardenal Giovanni Benelli era el Secretario sustituto de Estado. En otras palabras, era el segundo al mando de Villot, y el tercero al mando del Papa. El Cardenal Agostino Casaroli era el Secretario del Consejo para Asuntos Públicos. Su trabajo ascendió a ser hombre de Relaciones Públicas del Vaticano, a escala internacional.

A Juan Pablo I lo liquidaron porque no cuadraba en sus planes. Era de la línea tradicional, de la disciplina de la Iglesia: «(…) cuando hablé a los cardenales en la Capilla Sixtina, aludí a la «gran disciplina de la Iglesia» que debía «mantenerse en la vida de los sacerdotes y de los fieles» (…) Esta existe sólo cuando la observancia externa es fruto de convicciones profundas y proyección libre y gozosa de una vida vivida íntimamente con Dios. Se trata –escribe el abad Chautard– de la acción de un alma, que reacciona continuamente para dominar sus malos inclinaciones y para ir adquiriendo poco a poco la costumbre de juzgar y de comportase en todas las circunstancias de la vida, según las máximas del Evangelio y los ejemplos de Jesús.» (Discurso al Clero Romano).

Por supuesto, que esto no fue el motivo de su asesinato, pero sí un impedimento para lo que el demonio quería desde la Silla de Pedro: el desastre, la destrucción de toda Verdad. Y buscaba un hombre, ya no un sosía, ya no uno que había que enmascararlo. Pero el Cónclave todavía no era de él. Así que había que elegir a otro.

“Regresaremos, hija Mía, en la historia, una corta historia, y recordaremos bien lo que ha sucedido en Roma a Juan, el Papa Juan, cuyo reinado duró 33 días. Oh, hija Mía, ahora es historia, pero está puesta en el libro que enumera los desastres para la humanidad. Él recibió el horror y el martirio al tomar de una copa. Fue una copa de champagne que le fue dada por un miembro, ahora fallecido, del clero y de la Secretaría del Estado.” – (Nuestra Señora, 21 de Mayo, 1983)

El P. Sáez escribe en su libro:

«Después de casi tres años de investigación, David Yallop escribió en su libro In God’s Name (En el Nombre de Dios, 1984), que las circunstancias precisas relacionadas al descubrimiento del cuerpo de Juan Pablo I “elocuentemente demuestran que el Vaticano practicó una campaña de desinformación.” El Vaticano dijo una mentira tras otra: “Mentiras acerca de pequeñas cosas, mentiras acerca de grandes cosas. Todas estas mentiras tenían un único propósito: disfrazar el hecho que Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I, había sido asesinado.” El Papa Luciani “recibió la hoja de una palma del martirio debido a sus convicciones.”.

Sus días de su prueba estaban todos contados por el Cielo. Elegido para sufrir por la Iglesia. Elegido para dar la sucesión al último verdadero Papa Católico .

Con Juan Pablo II, se equivocaron, pero no pudieron con él. Era el Papa de la Virgen: «Justamente, cuando Satanás se ilusionaba con la victoria, después que Dios hubo aceptado el sacrificio de Pablo VI y de Juan Pablo I. Yo he obtenido de Dios para la Iglesia el Papa preparado y formado por Mí. Él se consagró a Mi Corazón Inmaculado y me confió solemnemente la Iglesia, de la que soy Madre y Reina. En la persona y en la obra del Santo Padre, Juan Pablo II, Yo irradio Mi Gran Luz, que se hará tanto más fuerte cuanto más tinieblas lo invadan todo» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El designio del amor misericordioso, 1 de agosto de 1979 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Su muerte abrió el fin de los tiempos, porque ya el Cónclave pertenecía al demonio. Había que poner un Papa para una renuncia, no para otra sucesión de Pedro. Un Papa que no supo conservar la fe católica hasta el final. Juan Pablo II fue católico, fue Papa de los Católicos, fue fiel a la gracia que había recibido, hasta su muerte. Una muerte no querida por Dios, pero a todos los Papas hay que quitarlos de en medio desde 1972, porque la Silla es del demonio.

Benedicto xVI es un Papa verdadero, legítimo, porque viene de la muerte de Juan Pablo II, que le precede; pero que no cuenta, es inútil, porque no dio su vida por el Papado ni por la Iglesia.

Su renuncia, ya decidida por la masonería, da al demonio pleno poder sobre el Papado para poner su maqueta: Francisco y su gobierno horizontal.

El Papa Benedicto XVI está en las profecías: El número 111, “De Gloria Olivae” (De la Gloria del Olivo). Y hasta que no muera, no se puede entender su nombre. La gloria del Olivo es la Verdad; pero sólo la Verdad tiene Su Gloria en la Cruz. Y la Cruz es lo que ha rechazado Benedicto XVI. Para cumplir su profecía, es necesario que reciba una cruz y que muera en ella.

Francisco no pertenece a ninguna profecía, porque no es Papa; es una maqueta nueva de Papa, una imagen, un esbozo, una escultura de bronce que los hombres adoran.

Francisco no sirve al Dios Uno y Trino y, por eso, está creando un nuevo sacerdocio en su nueva iglesia. Un sacerdocio que sirva al pueblo, a la masa, a la idea predominante en la sociedad.

Ahora, en la Iglesia se sirve al pensamiento del hombre, a la persona humana, pero no a Cristo, ni en la idea ni en la persona. Hay un culto desfigurado a todo lo que representa la Iglesia católica, a toda Verdad, a todo Dogma. Un culto a lo humano que hay en la Iglesia; un culto que debe anular lo divino para dar sólo lo que los hombres buscan en sus vidas.

Hoy no se ama la Verdad, sino la mentira que nace de un pensamiento del hombre, que se cree libre porque es capaz de engendrar ideas en su mente. Pero esta libertad del pensamiento es falsa, porque Dios ha hecho la razón para la Verdad, y la voluntad para la libertad.

Se tiene una mente humana para descubrir la verdad de la vida; se tiene una voluntad humana para elegir lo que más convenga en esa verdad encontrada por la razón.

Pero Francisco tiene una mente humana retorcida y sólo le sirve para poner su idea, su culto, su visión de Cristo y de la Iglesia. Y es arrogante, orgulloso. Se impone porque él lo quiere, porque él lo decide. Y, a pesar de que a nadie le interesa su opinión, todos le tienen que obedecer porque se ha creído dios en la Iglesia. Francisco es el que se ha puesto por encima de la autoridad de Dios y obra la maldad a la vista de todo el mundo. Y muchos lo apoyan. Son fieles a esa maldad y le ponen caminos para que se realice en la Iglesia.

Muchos quieren entender los gestos de Francisco en clave católica para poder evaluarlos en su catolicidad, y por eso, se engañan. Porque Francisco no tiene la fe católica. Luego, sus gestos no son católicos, son para la gente del mundo, pero no para la Iglesia. No se pueden comprender los gestos de Francisco en clave católica, sino en clave no-católica. Y, solo así, se puede evaluar lo que significa para la Iglesia Católica y para el mundo.

¡Cuántos hay que se engañan en esto! Todavía muchos, viendo el acto de Francisco con Shimón Peres y con Mahmud Abbas, está pidiendo al Señor que ilumine a Francisco para no errar como Papa. Es la venda en los ojos. Es no comprender que Francisco es sólo una víbora que ataca a la Iglesia para devorarla. Que Francisco no posee el Espíritu de la Iglesia. Que está en Ella para hacer una maqueta nueva de la Iglesia y de Cristo.

Quien atienda a la Verdad de la Iglesia podrá comprender cómo durante más de 50 años no hay Verdad en la Iglesia: hay muchas mentiras, muchos errores, muchas herejías, muchos cismas. Hay un poco de todo, que nadie ha sabido combatir y discernir. Hay una mezcla de ideas, de juicios, de obras, de vidas, que sólo tienen una finalidad: destruir la Verdad.

No se puede destruir a la Iglesia de un mazazo, sino que hay que ir golpe a golpe; poco a poco, quitando acá y allá hasta conseguir el objetivo.

El fin ya se tiene, pero hay que llevarlo a la perfección. Francisco entretiene a todo el mundo, para que otro dé el golpe definitivo. En este tiempo de Francisco, se ponen los peones en toda la Iglesia. En cada Obispado, hay un profeta del demonio, uno que trabaja ya de manera directa para que todos obedezcan lo que viene de Roma.

Los que se cansan en analizar las líneas del gobierno de Francisco son gente, no sólo con una venda en sus ojos, sino aliados de Francisco, instrumentos del demonio, gente que no tiene dos dedos de frente. Que está en la Iglesia para buscar el paraíso perdido; pero que ya no busca a Cristo ni en sus vidas espirituales, ni en sus vidas sociales, ni en la vida de la Iglesia.

Es tiempo de salir de una estructura vieja, inerme, jurídica, inservible para ser Iglesia. Hay que seguir siendo la Iglesia Católica sin ninguna estructura. Es lo que pide el Señor ahora: el desierto. «Fueron dadas a la Mujer dos alas de águila grande para que volase al desierto, a su lugar, donde es alimentada por un tiempo, y dos tiempos, y medio tiempo lejos de la vista de la serpiente» (Ap. 12, 14). Con la Eucaristía y con el Santo Rosario es como se hace hoy la Iglesia. Si faltan esas dos cosas, la Iglesia no sirve para nada.

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