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Falsa obediencia, falso misticismo

blasfemia

«Os traigo a la memoria, hermanos, el Evangelio que os he predicado, que habéis recibido, en el que os mantenéis firmes…» (1 Cor 15, 1).

Bergoglio no trae a la mente de los hombres el Evangelio de Jesucristo. Su noción del Evangelio es una reforma social, una economía para las clases más pobres, una cultura del encuentro para caer bien a todo el mundo.

Bergoglio está, no sólo influenciado por la teología de la liberación, sino metido de lleno en una falsa espiritualidad y un falso misticismo, propio de la falsa iglesia que está levantando.

Bergoglio no puede comprender la Palabra de Dios, la esencia del mensaje de Cristo, no puede hacer suya las palabras del primer Papa de la Iglesia Católica:

«No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy» (Act 3, 6).

¿A qué se ha dedicado este hombre?

«Los males más graves que afligen al mundo en estos años son la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que se deja a los ancianos….Esto, en mi opinión, es el problema más urgente que la Iglesia tiene ante sí» (1 de octubre – Entrevista Scalfari)

No tengo oro ni plata: no me dedico encontrar trabajo para los jóvenes; no me dedico a dar a los ancianos un cariño que no merecen.

A los ancianos y a los jóvenes hay que darles a Jesucristo, que es poner en práctica la obra de la Redención.

Pero, Bergoglio anda en otras cosas, en su política:

«Al cumplir su misión apostólica, la Iglesia debe asumir un papel profético en defensa de los pobres y contra toda corrupción y abuso de poder…» (Visita ad limina de los Obispos de Kenia – 16 de abril).

¿Papel profético en defensa de los pobres? No existe una profecía que defienda a los pobres, tal como lo entiende Bergoglio, que es en su comunismo. No existe una profecía que lleve a la Iglesia a atacar toda corrupción y abuso de poder.

«Arrepentíos, pues, y convertíos para que sean borrados vuestros pecados» (Act 3, 19).

Este es el mensaje que San Pedro dirigió a todos los israelitas. Esta es la doctrina de los Apóstoles. Esta es la misión de toda la Iglesia. Esta es la voz profética que recorre toda profecía verdadera: el arrepentimiento del pecado, la lucha contra el pecado. Si el hombre viera su pecado, entonces no habría pobres ni corrupción ni abuso de poder. Pero, hoy día, al hombre no se le predica del pecado, sino que se le da un lenguaje lleno de tantas cosas que le impiden ver la verdad de la vida. Bergoglio no enseña el pecado, porque no cree en el dogma del pecado.

Bergoglio sólo está en su falsa espiritualidad: «entrar…en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (Bula del jubileo de la misericordia).

Son los pecadores, no los pobres, los privilegiados de la Misericordia de Dios: «no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia» (Lc 5, 32).

No he venido a llamar ni a los pobres ni a los ricos: no he venido a hacer propaganda política de la Palabra de Dios. No he venido a hablar lo políticamente correcto.

Jesús ha venido a poner un camino de penitencia a todo aquel que reconozca su pecado como una ofensa a Dios.

«Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas. El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad (cf. Evangelii gaudium 202)» (Mensaje a la séptima cumbre de la Américas en Panamá – 10 de abril 2015).

Bergoglio se predica a sí mismo, pero es incapaz de predicar el Evangelio de Jesucristo.

Como el pecado no es una ofensa a Dios, entonces: «Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas». ¿Qué es el pecado? Aquello que ofende al hombre, a su persona, a su dignidad. Automáticamente, Bergoglio se baja de la Cruz de Cristo, que es la que libera al hombre de cualquier mal, ya sea espiritual, ya humano, para presentar al mundo su falso misticismo.

«El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia»: en esta frase está ensamblada todo el falso misticismo de la falsa iglesia.

La falsa iglesia va hacia una unión entre todos los hombres, entre todas las religiones, confesiones, para un gobierno mundial. Se necesita un misticismo: solidaridad y fraternidad. Que inevitablemente es falso, porque no es la solidaridad ni la fraternidad que provienen del Evangelio de Cristo. Es la solidaridad y la fraternidad que está en la mente de los grandes masones, que son los que rigen el mundo y la falsa iglesia que se levanta en el Vaticano.

En ese falso misticismo no hay que discriminar a la gente. Por lo tanto, no hay que tener dogmas, credo, símbolos de la fe. No hay que ser indiferentes con los hombres porque tienen una manera de ver la vida, de pensarla, de obrarla. Hay que buscar la forma de unir a los hombres con este falso misticismo.

Muchos católicos no saben lo que es la vida mística. Y, por lo tanto, no saben lo que significa una falsa vida mística, un falso misticismo.

Lo místico es la unión de Cristo con cada alma. Lo místico no es lo espiritual. Cristo se une con el alma a través de la gracia: esto es una unión espiritual. Pero, Cristo también se une al alma a través del Espíritu: esto es lo místico.

A través de la gracia, el alma posee una vida divina, que es en todo espiritual, porque Dios es Espíritu.

Pero a través del Espíritu, el alma posee una vida mística, en la que el alma participa de todo lo que es Cristo.

Por la gracia se participa de la Vida de Dios. Eso es el Bautismo y todos los Sacramentos. Ser hijo de Dios es una participación de la vida divina.

Pero, por el Espíritu, el alma participa de la vida de Cristo. Por eso, la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: participa toda la Iglesia de la vida de Cristo.

La Eucaristía no sólo es una participación de la vida divina, sino del Misterio de la Encarnación. Participar en ese Misterio es vivir algo místico con el Verbo Encarnado.

Por lo tanto, quien no vive lo místico en la gracia, en los Sacramentos, tiene que vivir un falso misticismo. Ese falso misticismo es la obra del espíritu del demonio en el alma: en su mente, en su memoria, en su voluntad.

En el falso misticismo, la mente está poseída por el demonio para pensar lo que quiere el demonio. Esto es lo que se ve en Bergoglio y, no sólo en la Jerarquía que le obedece, sino en muchos fieles.

En el falso misticismo no hay manera de que la mente vea la verdad: vive una oscuridad espiritual, por su pecado de soberbia, que le impide, que le obstaculiza asentarse en la verdad. Ve la verdad de las cosas, pero siempre el alma haya una razón, una idea, para salirse de la verdad.

Esto está en todas las homilías de Bergoglio: dice una verdad y la continúa con una mentira. Esto es el falso misticismo: es la unión de la mente de la persona con el entendimiento del demonio.

El verdadero misticismo es la unión de la mente de la persona con la mente de Cristo. Por eso, dice San Pablo: «Mas nosotros tenemos la Mente de Cristo» (1 Cor 2, 16).

El espiritual juzga de todo: es decir, el que participa de la vida divina, por la gracia, puede hacer juicios espirituales sin cometer pecado. Pero nadie puede juzgar al espiritual, al que hace juicios espirituales. ¿Por qué? Porque tiene una vida mística, no sólo espiritual.

Por la vida espiritual, juzga de todo y no se equivoca. Y no se equivoca porque participa de la mente de Cristo. Y en la mente de Cristo no hay error, no hay herejía, no hay desviación de la verdad.

Muchos poseen la gracia, es decir, tienen una vida espiritual. Pero muchos, al no saber usar la gracia, no alcanzan la vida mística con Cristo. Tienen la gracia, pero siguen pensando y obrando como hombres del mundo, como hombres paganos. Eso señala una sola cosa: hay un falso misticismo. En la persona, se da una unión en la mente con el espíritu del demonio, que la lleva a pensar muchos errores y a obrarlos.

Hay tantas filosofías, tantas teologías, tantas formas de pensar en la actualidad que son impedimento para la vida mística de muchos católicos. Son el inicio y el contrafuerte de una falsa vida mística.

Para vivir con Cristo no hace falta tanta filosofía ni tanta teología. Sólo hace falta la humildad de corazón, que hace que la mente del hombre no se apoye en ninguna idea humana, por más buena y perfecta que sea para su vida. Sólo en la Mente de Cristo no está el error, sino toda la Verdad. Y es el Espíritu de la Verdad el que nos hace penetrar esa Mente Divina.

Por eso, muchos teólogos, muchos filósofos, muchos pensadores católicos ven la herejía de Bergoglio, pero lo siguen llamando Papa. No tienen vida mística: con sus teologías, con sus pensamientos impiden que el Espíritu les lleva a conocer la Mente de Cristo, ¿qué piensa Cristo de Bergoglio?  Es su pecado de soberbia, que debe incidir en toda su vida espiritual, en la manera de vivir la gracia.

La vida espiritual, es decir, la vida de la gracia, conduce, de manera necesaria, a la vida mística. Cristo no sólo te hace hijo de Dios, no sólo te da una vida divina, sino la manera de pensar esa vida divina, la manera de obrarla, de vivirla.

Quien no purifica su corazón, su mente, de tantas ideas, filosofías, teologías, errores, entonces hace un daño a su vida de la gracia y no puede penetrar la mente de Cristo, no puede vivir la vida de Cristo, no puede tener una vida mística.

Muchos, sin teología, sin filosofía, captan a la primera lo que es Bergoglio. Cuando escuchan sus homilías, en seguida dicen: no es doctrina católica. Esta persona no es Papa. Viven sencillamente su gracia y, por eso, están unidos a la Mente de Cristo, que les enseña la verdad de todas las cosas.

La gracia es siempre una inteligencia divina que sólo se puede captar en la unión con la mente de Cristo.

Quien no viva su gracia, en los Sacramentos, no tiene una vida mística, sino una falsa vida mística.

En los falsos profetas, se puede ver esa falsa vida mística: esa mente demoniaca que va dirigiendo la mente del falso profeta.

En Bergoglio, es lo que se ve en todas sus homilías, en todos sus escritos, en todos sus discursos, aun los que parecen católicos, pero nunca lo son. Un hereje nunca puede dar un discurso católico.

El demonio siempre sabe hablar a todo hombre. Siempre sabe decir la palabra que quiere oír el hombre. Por eso, Dios dice pocas palabras, pero cuando las dice las obra en el alma.

El demonio llena de palabras la mente de los hombres, para tenerlos en su juego. Esto es lo que hace, constantemente, Bergoglio. Palabras bonitas, hermosas, para terminar diciendo su herejía de siempre.

Muchos no han aprendido a discernir las palabras de Bergoglio. Son todas heréticas:

«…el hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión, que depende de su propia voluntad» (Sto. Tomás, II-II q.5 a.3).

Bergoglio niega el primer artículo de la fe: «Y yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser».

Quien no cree en el Dios católico no cree en Dios. Y si no cree en Dios, no cree en nada más: ni en Cristo, ni en la Iglesia, ni en la Cruz, ni en los Sacramentos. Sólo cree en lo que dicta su razón humana

¿Quién es Dios? Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Quien no cree en Dios como lo enseña el primer artículo de la fe, no cree en Dios. No tiene fe. Sino que tiene una opinión sobre Dios. Tiene su propio concepto de Dios: Dios es la luz, Abba, el Creador, etc…

Quien niega un artículo de fe los niega todos.

Bergoglio no habla el lenguaje de la fe, sólo puede dar su opinión sobre todos los temas de la fe, como la da cualquier hombre del mundo, cualquier pagano, cualquier cismático, cualquier hereje.

Por eso, nunca se equivoquen con Bergoglio cuando dice algo que parece católico. Sólo está dando su opinión, pero no puede enseñar la fe católica. Nunca. El pecado de herejía impide la fe. Y la herejía, en Bergoglio, es pertinaz. Dice sus herejías y continúa viviendo su vida como si nada hubiera dicho: no hay arrepentimiento. Y, por eso, Bergoglio está condenado en vida. Esto es lo que escandaliza a muchos.

El espiritual juzga de todo: como Bergoglio no hace un acto de arrepentimiento de sus herejías, sino que cada día las aumenta y las hace pública para todo el mundo, entonces va camino de condenación. Él vive como si fuera un santo, como si sus palabras fueras justas, apropiadas para todo el mundo. Como si sus obras tuvieran el sello de Dios. Bergoglio no puede ver sus pecados porque no cree en Dios. Y aquel que no cree en Dios, no puede salvarse. Vive su propia condenación en vida.

Todo el problema de Bergoglio es que está sentado en la Silla de Pedro. Por eso, se necesita algo más que un mea culpa para decir que Bergoglio se ha salvado. Bergoglio vive su propia condenación en vida, lo que él ha escogido para su vida. Y, por lo tanto, lleva a muchas almas a lo mismo: vivir condenadas en vida.

Este es el fruto del falso misticismo: vivir condenados.

El verdadero misticismo lleva a vivir la santidad de Dios. Vivir esperando el Cielo. Vivir para una felicidad que no es de este mundo. Por eso, los santos se confesaban hasta dos veces al día. Porque sabían que el pecado les impide el Cielo.

Hoy, en el falso misticismo de Bergoglio, todos se van al cielo. Es decir, todos viven su condenación ya en la tierra. Ya no se vive para convertir al otro, para salvar su alma del pecado. Se vive para comulgar con el pecado del otro. Se vive para una condenación.

Bergoglio sólo es un político que está en su negocio en la Iglesia. Por eso, buscó la unidad con Kenneth Copeland, con Palmer, que son personajes que sólo les importa el dinero, pero no la verdad del Evangelio. Copelando y Palmer predican el evangelio de la prosperidad, que es la teología de la liberación en Bergoglio, y son considerados herejes por los mismos protestantes.

Bergoglio no puede unirse con los Sprouls, Carsons, Piper y otros, que son los que siguen en todo a Calvino, a Lutero, en su herejía de la Sola Scriptura para alcanzar la justificación de la fe. Ellos preservan su doctrina protestante sin mezclarla con la idolatría y la avaricia de Palmer y de Copeland. Ellos quieren seguir el mensaje puro del Evangelio. A ellos ataca también Bergoglio. Por eso, entre los protestantes ya hay mucha división en torno a Bergoglio. Bergoglio es, para muchos de ellos, un hereje de la Sagrada Escritura, que hace sólo un comercio religioso de la Palabra de Dios.

A Bergoglio sólo le interesa la bolsa del dinero, como a Judas. Y busca a los judíos, sólo por el dinero. Y busca a los musulmanes, sólo por el dinero.

Para dar de comer a los pobres se necesita dinero. ¿Quién se lo da? Sólo vean con quién se junta Bergoglio. Y obliga a todas las diócesis a hacer lo mismo. Todo el mundo católico está buscando dinero para los malditos pobres de Bergoglio.

Ha corrido Bergoglio para implantar su gobierno horizontal, para promoverlo, para imponerlo. Los demás, como bobos, sin hacer nada en contra de ese gobierno de herejes y cismáticos. Por lo tanto, no les van a salvar las teologías  a muchos Obispos y sacerdotes con lo que viene. Su falsa obediencia a un falso papa llena su vida espiritual de un falso misticismo.

Cuanta jerarquía está ya poseída, en sus mentes, por el demonio. Y eso es lo que va a trabajar -en ellos- en lo que viene.

Van a poner una inteligencia que doblegue a todos los teólogos, a todos los canonistas, para poner un falso credo, apropiado a la falsa iglesia. Ya el primer artículo de la fe no será el Dios católico, sino el falso dios que la cabeza de cada hombre se quiera inventar. Es el dios gnóstico, propio de la masonería.

Aquel que no viva su vida de la gracia, el demonio le espera en su mente, y tendrá parte en el falso cuerpo místico del Anticristo, que es la falsa iglesia, que ya es visible en Roma y en todas las parroquias del mundo entero.

Un falso Papa para una falsa iglesia

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«Ellos planean reemplazar al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el Anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo. Tristemente, muchos de Mis Hijos, en su lealtad a la fe católica, seguirán ciegamente esta nueva falsa doctrina, como corderos al matadero» (MDM – 18 de enero del 2012).

¡Profecía cumplida en el dictador de mentiras, Francisco!

Con este hombre, se inicia un tiempo de decadencia en toda la Iglesia: «La Iglesia vivirá un tiempo terrible de decadencia, dentro de sus muros se implantará la falsa religión» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II).

Dentro de sus muros, dentro del Vaticano, en la misma Roma, que ha pertenecido a la Verdad, se levanta una nueva sociedad, una abominación. Ya Roma es una prostituta, que se convertirá en la Gran Babilonia: «Sobre su frente llevaba escrito un nombre: Misterio: Babilonia la grande, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra» (Ap 17, 5). Desde Roma se fornica con todo el mundo para conseguir el Nuevo Orden Mundial.

Francisco ha creado una nueva iglesia, al poner un gobierno horizontal, quitando el Vértice, que es Pedro, para dejar en el gobierno a una serie de hombres, que señalan los destinos de esa nueva iglesia, y que arrastran a todos los demás: «Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del Cielo, y los arrojó a la tierra» (Ap 12, 4)

Muchos, en la Iglesia Católica, fieles y Jerarquía, siguen ciegamente la nueva falsa doctrina de esta nueva iglesia. La falsa doctrina del gobierno horizontal en la Iglesia. Son arrastrados por la cola de la serpiente. El demonio quiere destruir la Iglesia en la cuna misma de la fe católica y en su cabeza.

Francisco fue elegido, antes del Cónclave, por la secta masónica, que está infiltrada en la Iglesia desde hace siglos. Y fue impuesto en el Cónclave a todos. Ha sido elegido canónicamente, pero no es Papa. Lo ha elegido una Jerarquía, que son lobos vestidos con piel de oveja; es decir, una Jerarquía falsa en la Iglesia, que no es capaz de pastorear al rebaño, sino que su obra es atacarlo y llevarlo a la ruina espiritual. Esta Jerarquía falsa pertenece a un secreto y malvado grupo masónico, que está dirigido por la mente del demonio, que posee al Anticristo.

«… ya ahora han aparecido muchos anticristos, por lo cual nos damos cuenta que es ya la última hora… No os he escrito esto a vosotros como a quien no conoce la verdad, sino como a quien la conoce y sabe que ninguna mentira puede venir de la verdad» (1 Jn 2, 18-21). Es la última hora, la de la mentira, la del Anticristo. Y, en esta última hora, no hay Verdad, sólo mentira. ¿Los católicos saben que de la mentira no puede venir la verdad? No; ya no lo saben. Si lo supieran, no seguirían a Francisco, no beberían sus enseñanzas, no dirían que su doctrina es católica. Sino que le escupirían en su cara con sus mismas palabras mentirosas. Pero muchos católicos ya no saben discernir la verdad de la mentira. Juegan a dos bandos. Están con Dios y, al mismo tiempo, con el demonio.

¿No saben los católicos que quien repite las palabras de Dios, no lo hace por querer humano «sino movido por el Espíritu Santo» (cf. 2 Pe 1, 20). Y, en consecuencia, ¿no saben los católicos que un hombre, como Francisco, que liga verdad y mentira en todas sus homilías, discursos, escritos, es sólo del demonio, que nunca puede ser movido por el Espíritu Santo? ¿No saben discernir a un hombre por su palabra? Entonces, si no lo saben hacer, no son católicos, no pertenecen a la Iglesia que fundó Jesús en Pedro, sino que son de la nueva iglesia del falso Papa, llamado Francisco.

«Con la doctrina de Dios trabajarán, pero a la vez cambiarán; confundiendo a los propios católicos, ya que ¿cómo puede ser malo si se habla de Dios? Pero no ven los pequeños detalles, que van cambiando, para que cada vez se parezca menos a la Doctrina de Jesús. Desde dentro se manipula y los de fuera lo ven bien, porque –dirán- que todo eso es bueno y para ayudar a los hombres, sus hermanos; pero no verán la intención, que hay oculta detrás de todo este montaje, para destruir a Jesús y formar ese Nuevo Orden Mundial, que -según ellos- la Iglesia necesita esa reforma, y los pobres» (Mensajes personales – abril 2013 – Juan Pablo II). Es lo que hace este hombre: diluye la Palabra de Dios, la aligera de su contenido, de su esencia, para solo dar lo que a él le conviene y cómo al otro le gusta.

El demonio, para destruir la Iglesia, debe comenzar poniendo su cabeza, es decir, su falso Papa, que todos deben seguir.

Francisco comenzó su dictadura con un poder divino, que le venía del Papa legítimo, Benedicto XVI. Y que ya perdió cuando implantó su nuevo gobierno horizontal. ¡Ya no lo tiene! Y, por tanto, todo cuanto hace en la Iglesia es nulo para Dios. No tiene autoridad divina para hacer lo que hace. Sólo tiene su poder humano, que nace de esa nueva forma de gobernar en horizontal, apoyado en una serie de mentes humanas, que dan sus discursos políticos para el mundo.

«Sólo os digo que de un clero demasiado cultivador del racionalismo y demasiado al servicio del poder político sólo puede fatalmente venir un período muy oscuro para la Iglesia» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

Francisco se dedicó a implantar su magisterio masónico, que consiste en dos cosas:

a. Abrir la Iglesia al mundo con un gobierno horizontal;

b. Hacer que el clero se someta a este nuevo gobierno horizontal.

Este sometimiento ha sido de lo más fácil. En los seis primeros meses, Francisco lanzó su nueva idea de gobierno, y nadie se levantó para decirle que no podía ser, que iba en contra del dogma del Papado, el cual exige un gobierno vertical en la Iglesia.

Este silencio de toda la Jerarquía es sólo por su lealtad a la fe católica: hay que estar con el Papa. No hay que juzgarlo. No hay que oponerse a lo que él decida. ¡Hay que obedecer!

Esta fue la primera jugada de Satanás en la Iglesia. ¡Y todo el clero claudicó! Eso es señal de poca vida espiritual en los sacerdotes y Obispos; es decir una Jerarquía demasiado racional, humana, intelectual, entregada al juego político; con un apego a las realidades humanas, materiales, que impide ver la verdad, discernirla. Es un apego que oscurece la inteligencia, y el hombre deja de seguir la gracia, de ser fiel a Dios. No atiende a la voz de Dios en su corazón, porque está dando vueltas –en su mente- a la sabiduría humana, a la idea del hombre.

La Iglesia está fundada en el Vértice. Y eso no se puede cambiar. No se puede poner una horizontalidad. Esto es lo que dice el dogma. La Gracia no funciona en un gobierno horizontal. ¿Por qué nadie de la Jerarquía se levantó para atajar a Francisco en la idea de poner un gobierno de ayuda, horizontal, en la Iglesia? ¿Por qué nadie se dio cuenta de que Francisco estaba yendo en contra del mismo dogma del Papado – y por tanto de la misma esencia de la Iglesia-, y que no podía hacer lo que decía?

Sólo es posible una respuesta: la Jerarquía infiltrada en el Vaticano, que ha elevado a Francisco al Trono de Pedro, domina en todo el Vaticano y en todos los miembros de la Jerarquía. ¡Dominio masónico! ¡Dictadura! ¡Absolutismo! Todos están maniatados por cabecillas masónicos en la Iglesia. Todos hacen lo que unos pocos ordenan en el Vaticano. ¡Esos pocos nadie los conoce!

Es necesario que el clero calle ante lo que va a obrar Francisco. Porque «hablar quiere decir “dolor” y a veces “muerte”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 9 de diciembre – pag. 541). ¡Hay que dejarle actuar! Es su tiempo. Es para él. «Estos son los tiempos en lo que están “los pastores inútiles”» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 547)

Por eso, prepararon el ambiente con todo el Cónclave. Prepararon las mentes de todo el mundo ante la renuncia del Papa legítimo:

Como un Papa ha renunciado, es bueno tener otro que continúe el gobierno, porque no se puede estar en la Iglesia con la Sede Vacante.

Este fue el pensamiento de muchos católicos y, también, de muchos teólogos, y de toda la Jerarquía. Nadie atendió a la Verdad del dogma del Papado, en el cual no se puede elegir a otro Papa mientras viva el legítimo, así haya renunciado. ¡Porque se es Papa hasta la muerte! Y menos en las circunstancias de la vida eclesial de estos tiempos: una vida corrupta entre los miembros del clero. Es preferible no elegir a nadie para gobernar, porque en la práctica, nadie quiere obedecer a un Papa.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es sólo esto: es imposible gobernar allí donde nadie quiere obedecer. ¡Nadie! ¡Es mejor irse! ¡Es mejor dedicarse a otra cosa!

Benedicto XVI se daba cuenta de la apostasía en el exterior y en el interior del Vaticano. Apostasía preparada, en secreto, para destruir al Papa. Y fue forzado a renunciar. Esa imposición al Papa, por parte de la masonería infiltrada, significa una cosa: que el fundamento de la Iglesia, que es Pedro, ha sido aplastado hasta el polvo. Ha sido hecho añicos. En otras palabras, con la renuncia del Papa Benedicto XVI, ya la Iglesia Católica no está en Roma. ¡No había que esperar a que subiera el dictador Francisco para decir esto! ¡En la misma renuncia del Papa se ve la ruina en toda la Iglesia! ¡Desastre ya anunciado por los profetas! Pero Fátima fue silenciada por Roma. ¡Convenía silenciar a Fátima! Dos hombres usando la corona de Pedro en los últimos Tiempos:

«La Iglesia ha sido infestada, desde el interior, por los enemigos de Dios. Ellos – y hay 20 de ellos, que controlan desde dentro – han creado el mayor engaño. Ellos han elegido a un hombre, que no es de Dios, mientras que el Santo Padre, al que se le ha concedido la Corona de Pedro, ha sido cuidadosamente eliminado.

Los detalles, que Yo revelaba, son, que habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo.

Solo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor. Este engaño tiene un propósito, para convertir almas a Lucifer y hay poco tiempo para tales almas, que no serán las más sabias, para ser convertidas» (MDM – 22 de julio de 2013).

Esta es la jugada maestra del demonio. Así siempre actúa el demonio. Cuando los hombres de la Iglesia no revelan las Palabras de Dios, sino que las tapan, las ocultan; entonces el demonio pone en obra eso oculto. Si la Jerarquía de la Iglesia, en su momento, cuando la Virgen se lo pidió -1960- hubiera dado en integridad el tercer secreto de Fátima, nada de lo que contemplamos hubiera pasado. Ni hubiera habido Concilio Vaticano II ni los desastres que vinieron después. Y no se hubiera llegado a este extremo. Porque, cuando Dios revela Su Palabra, entonces da el camino para que se cumpla sin pérdida de ningún alma. Y se habrían sentado dos cabezas en la Iglesia, pero ningún alma, ningún miembro de la Iglesia se hubiera pedido.

¿Y cuántas almas se han perdido, han quedado ciegas, viven en una tibieza espantosa, son pervertidos en la fe, almas que ya no sirven para nada, sólo para condenarse; que se han separado de la Iglesia para estar en otra cosa? Este engaño, este tapar la verdad, estas dos cabezas que reinan ahora en la Iglesia sólo tiene un fin: convertir las almas a Lucifer.

¡Hicieron renunciar a un Papa! Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, no hay más Papas en la Iglesia por vía ordinaria. Benedicto XVI es el último Papa verdadero.

A un Papa, que no se le puede tocar ni juzgar, lo metieron en tal presión que, una vez que renunció, los lobos pidieron obediencia al nuevo falso Papa. Esta es la jugada más abominable de todas. Todo ha sido un engaño bien montado.

¡Os cargáis a un Papa, sois rebeldes y desobedientes a él, y ahora exigís obediencia a uno que no es Papa! ¡Esta es la maldad en toda la Jerarquía de la Iglesia! Y es toda, no sólo de la Jerarquía infiltrada. Los demás, también apoyan esta obediencia. Ven los errores, pero exigen al rebaño obediencia a Francisco. ¡Esto es abominable! ¡Esto es condenar almas al infierno!

«Cuando la Iglesia – y por tal aludo ahora a la reunión de sus altos dignatarios- actuó según los dictámenes de Mi Ley y de Mi Evangelio, la Iglesia conoció tiempos brillantes de esplendor. Pero ¡ay cuando, anteponiendo los intereses de la Tierra a los del Cielo, se contaminó a Sí Misma con pasiones humanas! Tres veces ¡ay! Cuando adoró a la Bestia de la que habla Juan, o sea la Potencia política, y se dejó dominar. Entonces, necesariamente, la luz de oscureció en crepúsculos más o menos profundos, o por defecto propio de los Jefes elevados a ese trono por artimañas, o por debilidad de los mismos contra las presiones humanas» (María Valtorta – Cuadernos 1943 – 11 de diciembre – pag. 546)

¡Han aplastado a Pedro en el Vaticano! ¡Han puesto a un falso Pedro para que todos lo obedezcan! Esta verdad nadie la enseña en la Iglesia. Nadie se atreve a enseñarla. Y es la única verdad. Todos callan. Todos deben callar. ¡Muchas presiones de los altos dignatarios! Cuando un Obispo carece de luz y manda una mentira, entonces la oscuridad está en todos los sacerdotes y fieles de la Iglesia. No se obedece, en la Iglesia, a la mente de los hombres, sino a la Mente de Cristo. Y todo aquel Obispo que no dé la Mente de Cristo, no hay obediencia a él. Esto lo sabe la Jerarquía, pero no lo ponen en práctica, porque están impedidos: si lo hacen, se quedan en la calle, sin dinero y sin comida.

Pedro ha caído. La Iglesia caerá. Es el tiempo de la gran tribulación, en que la Iglesia se vuelve un pequeño resto:

«En aquel día, el resto de Israel y los sobrevivientes de la casa de Jacob no se apoyarán ya sobre el que los hirió, sino que se apoyarán con fidelidad en el Señor, el Santo de Israel. Volverá un resto, un resto de Jacob, al Dios fuerte. Porque aunque fuera tu pueblo, Israel, como las arenas del mar, sólo un resto volverá» (Is 10, 20-21 y Rom 9, 27).

El resto es semejante a las pocas olivas que quedan después que se han recogido las demás: «así será en la tierra, en medio de los pueblos, como cuando se sacude el olivo, como cuando se hace el rebusco después de la vendimia» (Is 24, 13).

Y este pequeño resto es por el sacrificio de Su Pastor, la gloria del Olivo, el Papa Benedicto XVI, que es «el Obispo vestido de blanco» que «atravesó una gran ciudad medio en ruinas, y medio tembloroso con paso vacilante, abrumado de dolor y pena» y «llegado a la cima del monte, prosternado de rodillas al pie de la gran cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros y flechas» (Mensaje de Fátima). Profecía que debe cumplirse, una vez que el Papa Benedicto XVI huya de Roma, como lo predijo su antecesor, el Papa Pío X:

“He visto a uno de mis sucesores de igual nombre, huyendo por entre los cadáveres de sus hermanos. Se refugiará de incógnito en alguna parte, y después de un breve respiro, morirá de muerte cruel. El respeto a Dios ha desaparecido de los corazones. Se intenta borrar incluso el recuerdo de Dios. Esta perversidad no es más que el principio de los males que deben llegar antes del fin del mundo”.

«He visto a uno de mis sucesores de igual nombre» = José (Giuseppe Melchiorre) Sarto / Joseph Ratzinger. Giuseppe y Joseph. El mismo nombre: José.

Francisco, comenzó su dictadura en la Iglesia, como un antipapa: elegido por Cardenales para gobernar en sustitución del Papa legítimo. Esto es lo que significa un antipapa.

Pero, este dictador de mentiras, este pastor inútil, pronto cambió su cara y se presentó como anticristo. Su gobierno horizontal es su blasfemia contra el Espíritu Santo. Es su pecado mayor. Es la obra propia de un falso cristo que se opone a la doctrina de Cristo en su misma Iglesia. Por eso, Francisco es un anticristo: va en contra de Cristo y de Su Iglesia. No solamente comete un pecado de fragilidad; no sólo hay errores en su vida humana y sacerdotal. El sello de su vida sacerdotal es oponerse a Cristo en Su Iglesia. Vive para eso. Un anticristo nunca puede dejar de ser anticristo, nunca puede dejar de ser lo que es: abominación. Ha sido marcado por el demonio para ello. Tiene su mismo número: 666.

Francisco desconcierta las conciencias, envuelve a toda la Jerarquía y la convierte en fango: «El astuto impostor, que ha permanecido a la espera en los bastidores, pacientemente, pronto declarará su reinado sobre Mis pobres incautos siervos sagrados. El dolor que infligirá es demasiado difícil de soportar para Mí, y finalmente, su reinado culminará en la depuración final del mal desde dentro del núcleo de Mi Iglesia. Ha manipulado cuidadosamente su posición y pronto su actitud pomposa se verá rodeada por su espléndida corte. Su orgullo, arrogancia y la auto-obsesión serán al principio cuidadosamente ocultados al mundo. Para el mundo exterior, un suspiro de alivio se escuchará cuando las trompetas repliquen para anunciar su mandato como jefe de Mi Iglesia». (MDM – 8 de marzo del 2013).

Francisco ha subido al poder manipulando a la Jerarquía. Ha sabido esperar los tiempos, porque él, desde hacía mucho tiempo, sabía que iba a estar en el Trono de Pedro. Ha sabido engañar a toda la Jerarquía, a todos los Papas anteriores. Ha sabido meterse, por artimañas, en todas las estructuras del Vaticano para poner sus hombres. Porque un masón nunca está sólo en su trabajo. Lo acompañan muchos. Y obran todo en el sigilo de las conciencias, acallando las conciencias para poder obrar el mal. ¡Y cualquier mal! El más abominable como el decidir la suerte de un Papa. ¡Detrás de la renuncia del Papa Benedicto XVI estaba Jorge Mario Bergoglio!

Francisco es un orgulloso: tiene el espíritu de Lucifer; es arrogante: manda imponiendo su idea, su pensamiento, su obra a todos; está auto-obsesionado: el dinero, sus pobres, los derechos humanos, las justicias sociales. Está todo el día en esa idiotez. Es su locura, es su negocio, es su empresa.

Francisco ha puesto a su corte, a los suyos, en el gobierno de la Iglesia: todos pastores inútiles, que tienen un nombre para el mundo, pero que son abominación para Dios. Son herejes y cismáticos. Son la prueba de la destrucción de la Iglesia.

Y, por tanto, el sentido de su gobierno horizontal es para que la Iglesia –su nueva iglesia- participe en la creación de una Nueva Iglesia Mundial, una religión mundial. Éste ha sido el trabajo de este dictador desde que inició su forma de gobierno, que se ha intensificado en estos últimos seis meses, en que se ha visto su cara negra de falso Papa en la Iglesia.

¿Qué es de extraño que Simón Peres declare que le propuso a Francisco la creación de una “ONU de las religiones”? Están todos enganchados en el mismo carro. Francisco ha hecho alianza con el Anticristo. Peres, Obama, etc. son masones, unidos al ideal de la masonería. Y ellos se juntan para su negocio mundial.

Francisco está unido al Anticristo. No está solo. Quien gobierna el Vaticano, en la realidad de las cosas, es el grupo masónico. Este falso Papa colabora con el Anticristo para poner al mundo de rodillas, presentando un Papa para el hombre; un Papa que reforme, modernice la Iglesia Católica, con el solo fin de unificar a todas las religiones.

¿Cuándo los católicos van a despertar? Francisco actúa ahora sólo como falso Papa de una falsa iglesia. Y presenta su falso cristo, su falso evangelio, su falsa idea del hombre. Y a Francisco le queda poco tiempo. Su tiempo se ha cumplido: «Francisco es renovador y muy moderno, habrá cambios en la Iglesia que no serán de mi agrado y ayudará a borrar el nombre verdadero de Dios en su Iglesia que él formará. Éste dará paso al Temido, allanándole el camino, y haciendo que exista la confusión entre católicos». (Mensajes personales – noviembre 2013).

Es un falso Papa el que prepara todo para el Anticristo. Y ese falso Papa es un líder de la nueva iglesia, de la nueva religión, que está ya en el Vaticano. Ya han colocado a sus peones. Todo está preparado para ejecutar la gran maldad. Muchos católicos no ven al que lleva esa sotana blanca: no saben mirar a la cara y reconocer al lobo. Y ese amigo de los hombres, ese bueno para nada, que es Francisco, es el que los lleva al precipicio. ¡Qué ciegos están muchos católicos y toda la Jerarquía de la Iglesia! ¿No ven la verdad, no ven cómo el falso Papa los está engañando?

Francisco es maestro en dar lo que el pueblo quiere oír. Y el pueblo se hace el tonto, porque le interesa un hombre que no les señale por sus pecados, sino que les dé un beso y un abrazo.

De idiotas está llena la Iglesia. ¡Contemplen la estupidez de tanta gente y medirán el infierno que existe en la Iglesia! ¡Llena está la Iglesia de demonios encarnados! ¡Vivimos entre reptiles venenosos! Y, por eso, ya hay que tener prudencia en lo que se dice públicamente. Comienzan las persecuciones desde el Vaticano. Comienzan a derramar sangre. Comienzan a fabricar injusticias. Y la Jerarquía, que no se somete a Francisco, será la primera en gustar la maldad.

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