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Los engaños del Sínodo I

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Primer engaño: «esto motiva la necesidad de que la Iglesia anuncie sin descanso y con profunda convicción el “Evangelio de la familia” que le ha sido confiado con la revelación del amor de Dios en Jesucristo» (v. 4): no existe el Evangelio de la familia, sino sólo el Evangelio de Jesús. Dios no ha confiado a la Iglesia ningún Evangelio de la familia, sólo le ha confiado la Palabra de Dios, que es Jesús.

Segundo engaño: «Ya el convenire in unum alrededor del Obispo de Roma es un evento de gracia, en el cual la colegialidad episcopal se manifiesta en un camino de discernimiento espiritual y pastoral» (v. 3). El sínodo no es un evento de gracia, sino de desgracia, por haber sido convocado por un falso Papa, Bergoglio. Todos hacen unidad alrededor del Obispo de Roma, que es apóstata de la fe, hereje y cismático. Conclusión: la colegialidad episcopal se halla sin la luz del Espíritu, marcando un camino en que no se puede dar ningún discernimiento espiritual ni pastoral. Nadie busca la verdad, la sola verdad, que es Cristo. Luego, nadie discierne nada, sino que abren un camino de auténtica mentira para toda la Iglesia.

Tercer engaño: «Es necesario partir de la convicción de que el hombre viene de Dios y que, por lo tanto, una reflexión capaz de proponer las grandes cuestiones sobre el significado del ser hombres, puede encontrar un terreno fértil en las expectativas más profundas de la humanidad» (v. 11). Han anulado el pecado original y el pecado personal de cada hombre. Porque si se quieren hacer las cosas bien en la Iglesia, es necesario partir del hecho de que el hombre es pecador por naturaleza, es decir, nace en pecado original, y comete el pecado en su vida de forma diaria, si no se ayuda de la gracia, de los sacramentos. Ya no se parte del hecho del pecado, sino de que el hombre viene de Dios. Por lo tanto, la reflexión que se hace es totalmente falsa, llena de mentiras y de claras herejías. El significado del ser hombre no se busca en la humanidad, sino en Dios: en el plan que Dios puso al hombre en el Paraíso. En el plan que Cristo puso al hombre en Su Iglesia. Como no se va a la Revelación Divina, sino que se la niega con bonitas palabras, con la jerga del lenguaje humano, entonces tenemos un documento que no pertenece a la Iglesia Católica.

En este Sínodo están respirando lo mismo que pasó en el Concilio Vaticano II, pero hay un agravante: no hay un Papa legítimo que sostenga esta impiedad, este cisma claro, que se da ya con este documento.

Cuarto engaño: «Es necesario aceptar a las personas con su existencia concreta, saber sostener la búsqueda, alentar el deseo de Dios y la voluntad de sentirse plenamente parte de la Iglesia, incluso de quien ha experimentado el fracaso o se encuentra en las situaciones más desesperadas» (v. 11). Es necesario dar a las personas la doctrina de Cristo, para que acepten la vida de Cristo. No hay que aceptar la vida de las personas, con sus existencias, porque todos son pecadoras. Este es el punto que anulan. Se dedican a lo social, a lo cultural, a dar un gusto a la gente. Te acepto como homosexual, pero no te obligo a vivir la doctrina de Cristo, porque es más importante ser homosexual, que ser cristiano, que ser de Cristo. Si no se les enseña a las personas a buscar la vida de la gracia, sino que se les anima a seguir en sus existencias humanas, nunca van a encontrar a Dios. ¿Cómo es posible alentar el deseo de Dios si no se les alienta en el deseo de que quiten sus pecados? ¿Ven que con gran facilidad engañan con sus lenguajes humanos? Así es todo el documento: una bazofia sacada de la mente del demonio. Hay que llevar a esas personas, a la cuales se les acepta como son, a sentirse Iglesia. Pero, ¿de qué Iglesia están hablando? De la de ellos, no de la de Cristo.

Quinto engaño: la herejía de la ley de la gradualidad. Esta ley consiste en decir que todo es por un grado en la Creación. Ya no es por Gracia:

«Desde el momento en que el orden de la creación es determinado por la orientación a Cristo, es necesario distinguir sin separar los diversos grados mediante los cuales Dios comunica a la humanidad la gracia de la alianza. En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina, se trata de leer en términos de continuidad y novedad la alianza nupcial, en el orden de la creación y en el de la redención» (v. 13)

¿En qué parte de la sagrada Escritura está la ley de la gradualidad? En ninguna parte. Este es el invento de la Jerarquía modernista que quiere explicar la historia de los hombres, desde Adán hasta nuestros días, con la graduación, la proporción, la relación.

Ellos no parten del hecho del pecado original, sino del orden de la creación. Orden que es orientado a Cristo. Ellos anulan el pecado original y sólo lo tienen como una fantasía, un cuento; pero no una realidad.

Y Dios no comunica al hombre la gracia según estos grados. ¿Captan la herejía? Como no existe el pecado original, ni ningún pecado, hay que entender los males porque el hombre no ha evolucionado en su vida. Entonces, en la medida en que va evolucionando, en la medida en que va de un grado a otro (en lo afectivo, en lo sexual, en lo humano, en lo natural, en su madurez psicológica, etc), en esa medida Dios va dando la gracia. Según avance el hombre, Dios da la gracia.

Uno que se masturba es porque no tiene una madurez psicológica o afectiva adecuada. Hay que esperar a que alcance ese grado, y entonces Dios le da la gracia. No tiene que dominar su cuerpo. No tiene que hacer ayunos ni penitencia. Tiene que seguir masturbándose hasta que alcance el grado necesario y así pasar a otro.

Esta herejía de la ley de la gradualidad viene de Kant: todo es un grado en el Universo, en la vida de los hombres. Los hombres se relacionan con todo lo demás dependiendo del grado, de la proporción, de la relación que en sus mentes hay con lo demás. Es una relación mental, no real. Es un grado mental, ideal, que en la práctica se desarrolla en mucha facetas humanas.

Es poner la vida divina de la gracia a la par de la vida humana. Como en lo humano estás en un grado inferior, entonces no avanzas en la vida divina. ¿Captan la herejía?

Hay niños de tres años en el infierno por su pecado sexual. Y eran inmaduros en todo. Pero se merecían el infierno sólo por su pecado.

Dios no enseña con la ley de la gradualidad: «En razón de la ley de la gradualidad, propia de la pedagogía divina». Dios enseña con la ley de la gracia, que completa la ley divina, que nace en la ley natural, inscrita en todo hombre. Y esa ley natural es independiente de los grados en la vida humana o afectiva o psicológica o cultural, etc. Independiente. Las dos cosas no se pueden relacionar de la misma manera, no dependen una de la otra.

La ley natural, que es la ley eterna en el hombre, obra de manera independiente de la vida humana o natural de cada hombre. La ley natural no depende del grado de la vida humana. La ley divina no depende del grado de la vida del hombre. Y menos la ley de la gracia. Es clara la herejía de todo el Sínodo, que se han reunido sólo para esto: destruir la Iglesia con un lenguaje bello, pero totalmente herético.

Con esta ley de la gradualidad, van a decir sus herejías. Han anulado la ley de la gracia y cualquier ley en el hombre. Van a poner sus leyes, el concepto que ellos tienen de toda ley.

«Podemos distinguir tres etapas fundamentales en el plan divino sobre la familia: la familia de los orígenes, cuando Dios creador instituyó el matrimonio primordial entre Adán y Eva, como fundamento sólido de la familia: hombre y mujer los creó; la familia histórica, herida por el pecado y la familia redimida por Cristo» (v. 16).

La maldad de este texto es la siguiente: No existen tres etapas en el plan divino sobre la familia. Ellos ponen su ley de la gradualidad. Primer grado: Adán y Eva; segundo grado: el pecado en toda la historia del hombre; tercer grado: la redención de Cristo. No existen tres etapas, no existen tres grados de familia. ¿Van comprendiendo qué quieren transmitir? Se centran sólo en el hombre, pero no en la Gracia. Se centran en los problemas sociales, culturales, etc.; pero no en la vida de la gracia de las personas.

¿Qué pasó con la Gracia en el Paraíso? No lo dicen. Sólo dicen que Dios instituye un matrimonio primordial que es el fundamento de la familia. Y eso es una mentira bien dicha, con el lenguaje que a ellos les gusta. Su lenguaje humano, el propio de gente mentirosa y que engaña con su palabra humana.

Dios crea a un hombre y a una mujer y les pone a prueba. No instituye ningún matrimonio, porque al crearlos, hombre y mujer, en sus naturalezas humanas está la ley natural, que les empuja a unirse naturalmente como hombre y como mujer. Y, por eso, Adán exclama, al ver la mujer: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne»: aquí está el matrimonio entre hombre y mujer. En la ley natural. Todavía no se dice nada de la ley divina, ni de la ley de la gracia.

Está en la misma naturaleza humana, que Dios ha creado, el matrimonio. Y aunque el hombre peque, el matrimonio sigue en la naturaleza humana. ¿Ven que no puede darse la ley de la gradualidad en la familia?

Hay un solo matrimonio. Punto y final. Hay una sola familia. No tres grados, no tres etapas. No existe ni la familia histórica ni la familia redimida. No existe la familia del origen. Sólo existe el matrimonio natural, como hecho natural, como debido a la ley natural.

Ven: se están reinventando la ley de la naturaleza con la ley de la gradualidad. ¿Van viendo la herejía?

Después, en el matrimonio está la gracia en cada alma; está el pecado en cada alma. Son dos realidades diferentes: la vida divina de la gracia en cada alma, que es independiente de la vida del matrimonio, o de la vida humana o natural o carnal o afectiva o material. Independiente. Dios da una gracia al alma sin mirar su vida matrimonial. Dios no espera a la historia de los hombres, ni a sus avances, ni a sus evoluciones, ni nada de lo que piense u obre el hombre. La Gracia no está condicionada por ninguna vida del hombre, por ningún pensamiento del hombre, por ninguna vida de lástima o de peligro que tenga el hombre. Dios no tiene misericordia de los cuerpos de los hombres, sino de sus almas. Y sólo de sus almas. Un alma arrepentida de sus pecados, merece la gracia de la conversión. Pero un alma no arrepentida, aunque pase por momentos graves económicos, merece el castigo de Dios.

Adán, en el Paraíso, tenía toda la Gracia para hacer con su mujer lo que Dios le pedía. Adán en el Paraíso tenía toda la luz infusa para comprender lo que es la vida humana al detalle. No se le escapaba nada. Era el hombre perfecto, no sólo en la gracia, sino en lo humano. No necesitaba leer libros para avanzar en su conocimiento de lo humano, ni de la Creación. Todo lo sabía. Todo lo podía. No tenía que atender a la gradación de su vida humana, porque era perfecta en todo. Y, en esa perfección humana, pecó: no obró la Voluntad de Dios. Y se condenó por su pecado. Adán, desde lo más alto en su grado de humanidad, desde la perfección humana, cayó en el pecado. No tienen que ver lo humano para pecar. No se trata ni de estar arriba ni de estar abajo en la vida social o humana. No se trata de que se tengan o no se tengan problemas en la vida. Se trata de que cuando el alma quiere pecar, aunque esté en lo más alto de su vida de gracia, cae sin más al más profundo de los abismos. Y cae, no por el grado de su perfección en lo humano, sino por su malicia en la obra de su pecado: por su voluntad. Es la voluntad del hombre lo que no admite gradación. La voluntad del hombre no se mide por la ley de la gradualidad. Ningún hombre quiere porque está más alto en su vida humana o en su vida de gracia. Todo hombre quiere algo en la vida porque quiere, por la fuerza sola de su voluntad, así sea un pobre mendigo, que pasa hambre todo el día, así sea santo o pecador.

Adán comenzó otra vida con su mujer llena de imperfecciones, de maldades, de pecados, de impurezas, de miserias. Y lo hizo con su mujer, unida a ella, en matrimonio. Y es un matrimonio el mismo del Paraíso, pero en estado de pecado. El mismo matrimonio, la misma mujer, la misma familia, con más hijos, pero todo lo mismo. El mismo matrimonio que viene por la ley natural. No hay otro matrimonio. No hay otra familia.

Empezó desde la nada una nueva vida de pecado en su matrimonio. Y por más que avanzase en esa vida de pecado o en esa vida humana, Dios no le daba la gracia. Ya perdió toda la Gracia. Él tenía toda la Gracia para usar de Ella sólo en la Voluntad de Dios. ¿Iba a darle Dios, iba a retornarle la gracia sólo porque iba de grado en grado en su vida humana? Nunca. Dios no atiende a la vida de los hombres para dar una gracia. Dios sólo atiende a la vida espiritual del alma: es necesario merecer esa gracia. Y se merece con una vida de oración y de penitencia, que es lo que nadie en el Sínodo está diciendo. Todo está en la ley de la gradualidad.

Entonces, ellos se preguntan: «En consideración del principio de gradualidad en el plan salvífico divino, nos preguntamos ¿Qué posibilidades tienen los cónyuges que viven el fracaso de su matrimonio? o ¿Cómo es posible ofrecerles a ellos la ayuda de Cristo por medio del ministerio de la Iglesia?» (v. 17). Respuesta: No hay ninguna posibilidad para los cónyuges que viven un fracaso en su matrimonio. Ninguna. Sólo si se arrepienten de sus pecados, si hacen penitencia, entonces por la ley de la gracia, hay posibilidad. No se les puede ofrecer la ayuda de Cristo, porque esta ayuda es de la ley de la gracia, no de la ley de la gradualidad.

Ellos caminan en el lenguaje de la herejía. Y este lenguaje está en todo el documento. Tengan cuidado al leerlo, porque ellos saben hablar bien, escondiendo la verdad en múltiples palabras afectivas, bellas, que gustan a la gente de hoy día. Ellos van a poner su clave hermenéutica y, por eso, cogen el Concilio Vaticano II y le dan la vuelta, porque no han comprendido de lo que trata el Concilio cuando habla de que en el mundo hay elementos de santificación, de verdad, positivos.

Como no comprenden la Gracia que Cristo da en el Bautismo, entonces hacen más daño con sus interpretaciones del Concilio.

Tengan en cuenta que desde Adán hasta Jesús no hay Gracia: no existe la ley de la gracia. Desde Jesús, esa ley se da en todos los bautizados, aunque reciban el bautismo fuera de la Iglesia Católica. Por eso, hay elementos de santificación en almas que tienen el Bautismo, el mismo que la Iglesia da, pero que no pertenecen a la Iglesia, sino a otra religión.

Si esa persona, que ha recibido la gracia por ese bautismo, es fiel a esa gracia, entonces se va acercando a la verdad, que es Cristo. Necesita, esa persona, los demás sacramentos para poder subir en la vida espiritual, para avanzar en la vida de la gracia. Y, por eso, si esa persona es fiel a esa gracia, el Espíritu le llevará a la verdadera Iglesia, para que entre en Ella y pueda recibir los demás Sacramentos.

Por la ley de la gracia, esa persona, tiene la posibilidad de levantarse cuando peca, por el acto de contrición perfecta que la misma gracia da. Esa persona no necesita, en ese estado, el Sacramento de la Penitencia, que está en la Iglesia Católica. Y, por eso, puede volver a la gracia sin necesidad de ese Sacramento. No le obliga el confesar porque todavía no está en la Iglesia. Si es fiel a la gracia, entonces esa persona está en camino de santidad, pero fuera de la Iglesia. Y, por eso, existen elementos de santificación, que son los mismos que están en la Iglesia Católica. No son distintos. No es que en la Iglesia Católica falte un elemento de santificación que se da, entonces, fuera de Ella. No. La santidad que vive esa persona, es la misma que se vive en la Iglesia, pero de una manera imperfecta, por no tener los demás Sacramentos.

Ellos dicen: no. Esos elementos no son de la Iglesia Católica, sino formas nuevas que hay que acoger en la Iglesia. Mal interpretan todo el Concilio Vaticano II, no sólo en cuanto al matrimonio, sino a cuanto a las demás religiones.

Hay que saber bien leer e interpretar el Concilio a la luz de la fe, de los otros documentos de la Iglesia Católica. Si no, hacen como estos herejes: hacen un dogma de las palabras del Concilio.

«Se hace por lo tanto necesario un discernimiento espiritual, acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar, compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la amplia mirada de Cristo, cuya luz ilumina a todo hombre, la Iglesia se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas» (v. 20).

No hay que discernir nada. Porque el matrimonio civil entre dos bautizados es un pecado. Y punto. Que salgan de su pecado, para poder recibir la gracia. Los malcasados, lo mismo: que salgan de su pecado. No hay que reconocer las semillas del Verbo en ellos porque no existe. ¿Ven el lenguaje humano tan agradable a los hombres? No hay que dirigirse con respeto a aquellos que están malcasados y en un matrimonio por civil, para apreciar lo positivo y callar sus pecados. No; no es eso. Hay que dirigirse a ellos para que vean sus pecados y lo quiten de la vista de Dios, porque a Dios no le agrada el alma que peca, sino que la aborrece. Esto es lo que no enseñan en ese Sínodo del demonio.

Se está dando culto sólo al hombre en este documento. Pero no se da culto a Cristo. No es Cristo el norte del Sínodo, sino que es sólo los hombres y sus ideas maravillosas.

Continuaremos analizando lo que queda del documento.

Bergoglio es modernista, ateo y agnóstico

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«Y nuestra oración debe ser así, trinitaria. Tantas veces: ‘¿Pero usted cree?’: ‘¡Sí! ¡Sí!’; ¿En qué cree?’; ‘¡En Dios!’; ‘¿Pero qué es Dios para usted?’; ‘¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe! Existe el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo: son personas, no son una idea en el aire… ¡Este Dios spray non existe! ¡Existen las personas!» (ver texto)

«¡Este Dios spray non existe!»: no existe Dios como Uno. No existe la Esencia Divina. No hay un conocimiento natural de Dios. ¡Ateísmo!

«Dios no es una presencia impalpable, una esencia en la niebla que se extiende alrededor sin saber realmente lo que es» (ver texto). No es una presencia impalpable; no es una esencia extendida. ¿Ven la clara herejía?

Dios no existe como Ser Espiritual. Dios no es Espíritu. Su Esencia, que no puede verse, no puede tampoco existir. Esta es la herejía de este hombre.

Este Dios Spray, esa cierta representación profana o abstracta de la divinidad, no puede existir. No puede darse esa representación en la mente del hombre. Sólo se da un Dios personal, porque es objeto de un conocimiento religioso (= existencialismo). El conocimiento natural de Dios no se da.

Para Bergoglio, sólo existe el conocimiento religioso de Dios:

«¡Existen las personas!»: solo existe Dios como tres personas. Sólo hay que concebir a Dios como persona, pero no como esencia. ¡Modernismo!

«Dios es “Persona” concreta, es un Padre, y por lo tanto la fe en Él nace de un encuentro vivo, de una experiencia tangible» (Ib).

Y la fe nace de la experiencia con esa “Persona”. No se puede llegar a la fe a través de una realidad divina, porque no existe. Es decir, los que dice que Dios es Uno, los que creen que existe la esencia de Dios, no tienen fe, se equivocan.

Bergoglio se inventa su fe, su conocimiento religioso sobre Dios. No es una fe católica. Es su fe masónica, puramente del demonio. Que es lo que declaró en su entrevista con Eugenio Scalfari:

«Yo creo en Dios, no en un Dios católico. No existe un Dios católico. Existe Dios, y creo en Jesús, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor; pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi ser» (1 de octubre 2013).

«No existe el Dios católico»: el Dios Uno; la esencia divina. No hay un conocimiento natural ni científico de Dios.

«Existe Dios»: las personas. Sólo hay un conocimiento religioso de Dios.

Esas personas, ese conocimiento religioso, son distintas a lo que el dogma católico entiende por la Trinidad, porque Bergoglio no cree en el dogma de la Santísima Trinidad. Sólo cree en tres personas:

1. Jesús, que no es Dios, que no es un Espíritu, sino que es una persona humana, un hombre: «¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria» (ver texto);

es su maestro, su gurú, que es la encarnación de este dios, que es «persona concreta, es un padre»; es la encarnación de este conocimiento religioso sobre el Padre. El Hijo es un gurú para Bergoglio.

2. El Padre es la luz y el Creador.

3. Y el Espíritu Santo es un extra, como en las películas: «el Espíritu Santo que es el don, es ese extra que da el Padre» (ver texto)

«‘¿Pero usted cree?’: ‘¡Sí! ¡Sí!’; ¿En qué cree?’; ‘¡En Dios!’; ‘¿Pero qué es Dios para usted?’; ‘¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe!».

¿Ven la barbaridad?

Se niega el conocimiento de Dios y su existencia: no se conoce la esencia de Dios ni su existencia. Sólo se conoce a Dios como Persona, pero no como naturaleza divina. Es decir, que Dios es el invento de la mente del hombre, que para hablar en un mundo de fe, tiene que poner tres personas, pero tampoco se cree en Ellas, sino sólo en la interpretación que la mente da de Dios como persona.

Esto se llama la filosofía del existencialismo, que en la Encíclica Humani generis Pío XII describe:

«el cual no haciendo caso de las esencias inmutables ‘de las cosas, solamente se preocupa de la existencia individual de los seres; y el cual con ninguna corrección o complemento puede ser compatible con el dogma católico, bien profese el ateísmo, según es evidente, bien al menos sea contrario al valor del raciocinio metafísico».

Bergoglio no hace caso de la esencia divina: no mira a Dios como Uno en su Esencia.

Sino que sólo se fija en la existencia individual de cada persona. Y esto es negar totalmente a Dios. Esto no puede ser compatible con el dogma católico, que dice que Dios es Uno en Su Esencia y Trino en las Personas. Uno y Trino.

Bergoglio anula lo Uno y se queda con lo Trino: está redefiniendo con su mente humana, su dios, su tipo de dios, su idea de dios, su idea de la trinidad, totalmente contraria al dogma. Ese dios trino no tiene nada que ver con la Trinidad. Es sólo la mente de ese hombre que se inventa cada persona.

No sólo Bergoglio dice que no puede conocerse la esencia inmutable de Dios, sino que va más allá y dice que Dios, como Uno, no existe: «¡Dios, Dios!’. Pero Dios no existe: ¡no se escandalicen! ¡Dios así no existe!»

Kant admitía la existencia de Dios – y la admitía absolutamente-, pero no podía admitir el conocimiento de Dios. Con su razón negaba que podía alcanzar un conocimiento natural, pero sí demostrar su existencia.

¿No es esto una gran locura?

• Está negando que el conocimiento de Dios brote en el hombre naturalmente, de un modo espontáneo por la consideración de las cosas naturales. Y que, por tanto, sólo el hombre puede conocer a Dios de una manera sentimental, existencial, pragmática. Es un conocimiento religioso, pero no natural. Sólo conoce la persona, pero no su esencia: Dios no existe.

• Está negando que la existencia de Dios puede demostrarse de manera científica e intelectual: Dios no existe.

• Está negando que pueda salvarse el que sólo conozca a Dios por la luz de la razón.

• Está diciendo que los que creen en la existencia de Dios como Uno están equivocados: todo el dogma católico está errado con Bergoglio.

¿Qué dice la Sagrada Escritura?

«Porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son conocidos mediante las creaturas. De manera que son inexcusables…»: lo invisible de Dios, esa presencia impalpable, esa esencia que se extiende en la niebla, es conocido mediante la luz de la razón, por las creaturas. No hay excusa para Bergoglio (Rom 1, 20).

Y, por tanto, ¿quién es Bergoglio?

«Vanos son por naturaleza todos los hombres que carecen del conocimiento de Dios, y por los bienes que disfrutan no alcanzan a conocer al que es la fuente de ellos…» (Sab 13, 1-9).

¿Qué dice la doctrina de la Iglesia?

1. «El razonamiento puede probar con certeza la existencia de Dios y las perfecciones infinitas de El» (D 1622).

2. «El razonamiento puede probar con certeza la existencia de Dios, la espiritualidad del alma, la libertad del hombre» (D 1650).

3. el Juramento en contra de los modernistas: «Confieso que puede conocerse con certeza, y que incluso puede demostrarse también, como se conoce y se demuestra la causa por los efectos, la existencia de Dios, principio y fin de todas las cosas, mediante la luz natural de la razón a través de lo que ha sido hecho, esto es, por las obras visibles de la creación» (D 2145); el cual juramento antimodernista Pío XI lo proclamó en la Encíclica Studiorum Ducem, que interpretó de forma preclara el dogma definido solemnemente por el Concilio Vaticano I.

¿Qué dicen los Santos Padres?

«Al ver que el mundo y todo lo que hay en él se mueve necesariamente, hay que conocer a aquél por el que todo se mueve y es conservado, a saber a Dios» (Aristides – R. 110).

«Así la razón, que proviene de Dios y está inserta en todas las personas y la ley primera grabada en nuestros corazones y vinculada íntimamente a todos los hombres, nos condujo de las cosas que percibimos con la vista a Dios» (S. Gregorio Nacianceno – R 987).

«¿Cuántas veces la gente dice que cree en Dios? ¿Pero en qué tipo de Dios creen?

Frente a un ‘dios difuso´, un “dios-spray”, que está un poco en todas partes, pero que no se sabe lo que es, nosotros creemos en Dios que es Padre, que es Hijo, que es Espíritu Santo. Creemos en las Personas, y cuando hablamos con Dios hablamos con Personas: o hablamos con el Padre, con el Hijo o hablamos con el Espíritu Santo. Y ésta es la fe» (ver texto)

Bergoglio dice: frente a un dios que no se sabe lo que es, tenemos tres personas. ¡Agnosticismo!

Bergoglio ha perdido la cordura, los dos dedos de frente, la lógica natural que tiene todo hombre: Dios existe. Tiene que existir un Dios, al margen que sea Trino o no. La Trinidad es un dato de la Revelación: sólo se sabe por la fe, por la verdad revelada. Pero la Unidad es un dato al alcance de toda mente humana.

Bergoglio es un loco: no tiene mente humana. No sabe pensar adecuadamente, como lo hace un niño. Es todo confusión, oscuridad, un caos en la doctrina, un galimatías.

El existencialismo es una teoría pragmática y sentimental, que es lo propio de la mente de este hombre: un llorón de sus sentimientos humanos, de la vida humana.

Bergoglio es un modernista, ateo y agnóstico. Sólo cree en el conocimiento religioso de Dios, que no procede de la fe católica, sino de su fe masónica. Es un conocimiento inventado por su mente, no sacado de la Revelación. Usa la revelación para apoyar su conocimiento.

Bergoglio sólo cree en su idea de Dios; sólo cree en su mente. Su dios es su mente, lo que su razón concibe sobre Dios. No puede llegar al conocimiento natural de la existencia de Dios y, por tanto, concibe la existencia de Dios como algo mental, ideal, pero pragmático.

Bergoglio es un existencialista: un vividor de su idea. Pone en práctica lo que concibe en su mente. No se queda en el idealismo puro. Y, por eso, no le interesa ni la filosofía ni la teología. No le interesa la moral. Sólo le interesa lo que él puede obrar con la idea que ha concebido, que ha adquirido en su mente.

Bergoglio sólo mira su mente y, por tanto, no puede escuchar la verdad fuera de su mente. No sabe escuchar al otro. No sabe obedecer ni a Dios ni a los hombres. Sólo le interesa el otro para su obra pragmática. Si ese otro le sirve, entonces lo usa, pero no es capaz de amarlo. Si no le sirve, lo combate, lo persigue, pero no lo hace él mismo, sino a través de otros.

Bergoglio, al no tener fuerza intelectual, sino sólo existencial, pragmática, no es capaz de enfrentarse a los intelectuales. Los escucha, pero no es apologeta. Se enfrenta a ellos de manera indirecta.

A Bergoglio sólo le interesa su propia vida, no la de los demás. No sabe estar en el otro. Por consiguiente, no sabe ser líder, gobernante. Quiere el mando para su provecho propio, pero no para otra cosa. Cuando ve que el poder le ayuda para su plan, entonces lo acepta. Pero cuando ve que el poder se opone a su plan, entonces o no lo acepta o renuncia a él.

Su comunismo en la Iglesia es su obra pragmática: es poner en práctica esa idea de Dios, que tiene metida en su mente. Él sólo busca lo social, el pueblo, lo cultural, el bien común, los derechos de los hombres, las justicias humanas, las políticas de todos los gobiernos. Pero los busca para su plan, no para hacer un bien a los demás. Bergoglio sólo se mira a sí mismo. Por tanto, busca en el pueblo su gloria, la alabanza, el aplauso, el reconocimiento de los demás. Está ávido de que los demás hablen bien de él. No soporta a los que hablan mal de él.

Su masonismo le ayuda a perfeccionarse en su idea de Dios. Para el masón, el concepto de Dios es una perfección que debe evolucionar. Cada hombre tiene que llegar a un grado de perfección en la idea de Dios. Bergoglio, con su fraternidad, se abre a todas las religiones y acepta todos los dioses, todos los cultos, porque cada uno de ellos es un grado de perfección. Hay que aceptar las ideas que tienen los demás sobre Dios para alcanzar su grado de perfección. Hay que tolerar a los demás en sus cultos, en sus ritos, en sus adoraciones. Hay que admitirlos como buenos, como santos, como perfectos.

Su protestantismo le lleva a la perfección de la obra del pecado. El pecado, para este hombre, es un ser social, no es un estado del alma. Es algo que nace por la convivencia entre los hombres y se queda ahí, con sus frutos, con sus obras, que otros hombres, haciendo lo correcto, quitan. Para Bergoglio, la perfección del hombre es la sociedad, la comunidad, el Estado. No existe la perfección individual, sino la de una comunidad, la de un pueblo. Su idea de la iglesia es sólo social. Y, por tanto, las leyes de esa iglesia nacen de lo social. No son leyes para el alma, para la vida de cada persona. Son leyes para un estado social, una vida comunitaria. Por tanto, el pecado no existe; sólo se dan los distintos males entre los hombres que viven en sociedad, en familia, en un trabajo, en un sindicato, etc. No le interesan las almas, la vida espiritual. Sólo le interesa el hombre como comunidad, como un ser social.

Esto es Bergoglio.

¿Cómo es que todavía le obedecen como Papa?

No tiene ningún sentido.

¿Cómo pueden esperar algo del Sínodo teniendo a un ateo y a un agnóstico dirigiendo el negocio de los negocios: su falsa iglesia?

No comprendemos a tantos católicos, que se dicen intelectuales, y que acaban sometiendo su mente a un loco. No lo comprendemos.

¿Qué es la obediencia para toda esta gente? Si es someterse a un hombre, entonces tienen que obrar ese sometimiento. Tienen que ser ateos y agnósticos como este hombre. Si no hacen esto, entonces, ¿para qué están obedeciendo a este hombre? No entendemos, tampoco, esta obediencia.

¿Lo obedecen sólo porque se sienta en la Silla de Pedro? ¡Qué absurda obediencia!

No se obedece, en la Iglesia, a aquel que no enseñe la Verdad. Si esto no lo tienen claro, entonces ¿qué hacen en la Iglesia? La Iglesia no es como el Estado, en que hay que obedecer al gobernante, así sea ateo y agnóstico. En la Iglesia no puede darse esta obediencia nunca. Los católicos no saben lo que es la Iglesia.

No entendemos que la gente pierda el tiempo esperando, ilusionándose de que Bergoglio algún día deje de decir estas herejías y se comporte como un Papa verdadero.

Si Bergoglio no es Papa, entonces el Sínodo es nulo. Saquen las consecuencias: dejen de mirar a Bergoglio. Dejen de mirar a Roma. Dejen de mirar a toda la Jerarquía de la Iglesia. Dejen de ser estúpidos en la Iglesia. Dedíquense a vivir su fe católica, escupiendo todo lo que venga de Roma.

La Iglesia remanente no tiene cabeza visible, porque es la que permanece sólo obedeciendo a Cristo, como Cabeza Invisible. Y hasta que Él no ponga Su Papa, de manera extraordinaria, sin el concurso de ningún Cónclave, no se obedece a nadie en la Iglesia. Esto es lo que cuesta entender a tantos católicos que se han hecho ignorantes con tanta teología y filosofía que les oscurece la mente humana.

Profesen su fe católica, la que Cristo enseñó a Sus Apóstoles, al margen de todo lo que venga de Roma, porque ellos ya levantan su falsa iglesia, con su falso cristo y con su falso evangelio. Y, por tanto, con su falsa jerarquía.

La condenación de las almas

Todo para aquel que cree la vida debe consistir en seguir al Espíritu en su corazón. Porque es el Espíritu el que enseña el camino del hombre. No es el pensamiento del hombre el que hace el camino en la vida.

maria

Las almas no saben seguir al Espíritu porque no entienden lo que significa esto en la realidad.

Las almas suelen escuchar sus voces humanas, sus ideas humanas, sus planes humanos, pero no saben escuchar la voz de Dios en su corazón.

Y es un trabajo de toda la vida. Es un trabajo que sólo el Espíritu enseña al hombre para que vaya dejando todo aquello que impida realizar la Voluntad de Dios en la vida.

Son muchas cosas que los hombres no saben lo que hacen un muro para ver la Verdad. Por eso, decía el Señor: “No pido que los saque del mundo, sino que les preserves del Maligno” (Jn 17, 15).

Es el Maligno el que obra el pecado en todos los hombres. Y lo obra de muchas maneras, porque el hombre nace abierto al pensamiento del demonio.
Lo que hoy se enseña por todas partes: hay que abrir la mente. Eso sólo significa el culto a Satanás en el hombre.

El hombre adora al demonio en propia mente, cuando se dedica a buscar un pensamiento para impedir la verdad o para obrar una mentira.

Abrir la mente es escuchar la voz de demonio que pone ideas, razones, juicios, pensamientos, recuerdos, imágenes, ilusiones, sueños, al hombre para que el hombre siga eso como una verdad en su vida.

Y si el hombre no concibe su vida como una batalla contra su propia mente, entonces no sabe luchar ni contra el pecado ni contra el demonio ni contra los hombres. Se deja arrastrar de cualquier pensamiento bello, positivo, bueno que cualquier hombre le ofrece para vivir.

Siempre ha sido así desde que el hombre es hombre.

El hombre nace mirando su pensamiento. Y vive mirando su pensamiento y no sabe desprenderse de su pensamiento.

Y este es el camino que Jesús ha puesto a todo hombre si quiere seguirlo, si quiere servirlo, si quiere pertenecer a Su Iglesia.

Y este es el camino que la Iglesia no quiere seguir como lo vemos en toda la Jerarquía de la Iglesia instalada en Roma.

Hoy ya no se comulga con la doctrina de Cristo dentro de la Iglesia. No es posible por la apostasía de la fe que comenzó hace 50 años y que ya ha dado sus frutos, sus obras maduras, que ya las comen muchos en la Iglesia y se alimentan de esos frutos corrompidos.

Y no hay manera de volver a lo primitivo, a lo de siempre en la Iglesia, a lo que Jesús puso como Verdad en la Iglesia.

No hay manera. Porque los hombres sólo viven para sus pensamientos, para buscar un pensamiento que les guste, que les atraiga, que les endulce la vida. Pero ya no buscan la verdad de sus vidas.

Y este es el juego que hay ahora en la Iglesia.

Un juego dado por el demonio y que utiliza a todos los hombres en sus pensamientos.

Como todo está en el hombre, en sus ideas, en sus razones, en sus juicios para formar la Iglesia, entonces hagamos en la Iglesia la Iglesia de todos, en la que todos puedan opinar y presentar sus inquietudes en la vida. Y esa iglesia de todos hagamos que la mayoría presente un ideal de vida para que todos acepten eso como doctrina verdadera.

La mayoría son todos los Obispos que se unen a Francisco. Que todos los Obispos presente su carta en la Iglesia y que expongan cómo solucionar todos los problemas de la Iglesia de una forma real, concreta.

Porque ya el Papa es la voz de los Obispos. Y el Papa escucha esas voces y decide lo mejor para la Iglesia. Y como todos en la Iglesia estamos bajo el Papa, obedeciendo al Papa, entonces lo que diga el Papa eso es.

Esto es lo que hay ahora en la Iglesia. Esto es lo que significa el gobierno horizontal. No tiene otra explicación. No se puede explicar el gobierno horizontal como una ayuda al Papa. Eso ni se lo creen en Roma. Eso sólo se lo creen los bobos que siguen a Francisco.

La Iglesia es, en esto momentos, la habladuría de los hombres, es decir, lo que los hombres piensan y hablan. Y no es más que eso.

En la Iglesia se ha perdido el sentido espiritual de la vida humana. Y todo se ve desde la condición del hombre, desde la filosofía del hombre, desde la política del hombre, desde la cultura del hombre, desde el hombre.

Y no se ve de otra manera, porque para toda la Jerarquía Dios es el hombre, Dios habla a través del hombre, Dios está en cada pensamiento del hombre, Dios está en cada vida humana, Dios está en cada obra del hombre.

Así se piensa en la Iglesia. Así piensan muchos sacerdotes y Obispos. Así se predica hoy en muchas parroquias. Todo es el hombre. Jesús se encarnó y comenzó el camino del hombre.

En esta herejía es como vive la Iglesia desde hace 50 años. No es de ahora. La Iglesia obra sólo para el hombre. Ya no obra para Dios. Ya no ve a Dios en la vida de cada hombre. Sólo ve los problemas de los hombres y quiere dar solución a todos esos problemas pero olvidando la vida espiritual de cada alma.

Ya no se atiende a la doctrina de Cristo. Eso ya no interesa. Sólo se atiende a resolver problemas. Y no más.

“La invitación que deriva para toda la Iglesia es escuchar los problemas y expectativas que están viviendo hoy en día tantas familias, mostrase cerca de ellas y ofrecerles de forma creíble la misericordia de Dios y la belleza de la respuesta a su llamada” (arzobispo Bruno Forte).

Esto es lo que no se debe hacer en la Iglesia.

La Iglesia no está para escuchar los problemas y las expectativas que viven los hombres. La Iglesia sólo está para escuchar la Voz de Dios, que ya sabe los problemas de todo el mundo. Y es la Voz de Dios la que indica el camino para resolver los problemas de todo el mundo.

Pero como la Jerarquía de la Iglesia se niega a escuchar la Voz de Dios, entonces se invitan su invitación a toda la Iglesia. Se hace un sínodo para nada. Igual que se hizo un Concilio Vaticano II para nada.

A los hombres les encanta escuchar a los demás hombres. Se pasan la vida así. Y, por eso, cuando el hombre no cuida sus sentidos, el hombre peca por sus sentidos.

Para que la Iglesia camine tiene que seguir la Voz del Espíritu. No puede seguir la voz de los hombres.

Porque sigue esa voz desde hace 50 años tenemos la Iglesia que le gusta a los hombres, que apasiona a los hombres, pero que deja a Dios a un lado.

Y esta es la condenación para muchos.

Hoy día que no se habla del infierno, tenemos en Roma al mismo infierno, que ha puesto un camino en Roma para que las almas se condenen sin más.

La nueva iglesia es la iglesia de la condenación. Porque si Roma era la Iglesia de la salvación, ahora es lo contrario. No puede ser menos.

Si Roma antes salvaba, ahora Roma condena.

Si en Roma antes se encontraba a Dios, ahora en Roma se encuentra al demonio.

Esto es una verdad, que nadie quiere creer.

A muchos les asusta este lenguaje. Pero es la verdad.

Cuando el Espíritu de la Verdad indica el camino el hombre ve las mentiras que están fuera del camino. Y la Verdad ya no está en Roma, sino en otra parte. Roma ha quedado fuera del camino y es sólo una mentira más que hay que rechazar en la vida.

Y cuesta rechazar a Roma por lo que ha sido Roma durante siglos. Pero hay que rechazarla para seguir al Espíritu de la verdad que marca otro camino diferente al que maca Roma.

Los hombres les cuesta ver la Verdad en la vida. Y más en la Iglesia, porque sólo ven la Iglesia como algo social, como algo religioso, como algo que hay que tener en la vida igual que se tienen otras cosas.

A los hombres les cuesta vivir de fe, porque les es fácil vivir de sus pensamientos humanos.

Y, por eso, ante hombres como Francisco, que dan a los hombres lo que les gusta en la vida, lo que para ellos es la verdad de sus vidas, no se preguntan por la Verdad. Ya ven en lo que Francisco ofrece la verdad para sus vidas.

Así hay muchos hombres, no sólo entre los fieles, en el común de la Iglesia. Hay muchos en la Jerarquía que no buscan en sus sacerdocios la verdad de lo que es y debe ser un sacerdote en la Iglesia.

Y, por eso, caen ante Francisco. No ven su maldad. Y si la ven, callan, porque ellos mismos ya viven mal. Ellos mismos se acomodan a su vida mala y aquello que Francisco les presenta.

Este acomodarse a lo bello de la vida humana, a lo placentero de la vida humana, a conseguir sacar a adelante la vida humana es lo propio de las almas que se quieren condenar.

Así obra toda alma que no lucha por la Verdad, sino que lucha por sus verdades en la vida.

Esta es la condenación real de las almas. Muchos viven así: contentos en sus vidas humanas, pero no tienen ninguna virtud, ningún aprecio por las cosas divinas, por las cosas santas, por las cosas sagradas. Sólo aprecian lo humano, lo profano, lo natural. Y ensalzan eso en sus vidas. Y dan importancia a sólo eso en sus vidas.

La Iglesia se encuentra en estos momentos estancada en lo humano. No sabe caminar hacia lo divino. No comprende lo divino. No capta lo divino.

Por eso, hay muchas almas en la Iglesia que no son capaces de discernir nada, sino que se lo tragan todo: la verdad y la mentira. Todo lo ponen en un saco. Y todo vale.

La Iglesia es para hacer el camino hacia la verdad de la vida en cada alma. Se está en la Iglesia para que el alma encuentre ese camino en su vida.

Y es un camino para el alma. No es un camino en general, para todos. Porque el amor de Dios es para cada alma, no se da de forma general, universal. Se da a cada alma, y cada alma tiene que darlo a todo el mundo, pero como Dios lo quiere.

Porque las almas no saben vivir este amor divino en concreto en sus vidas, entonces buscan en la Iglesia un amor que no es capaz de llenarles el corazón, un amor general, un amor para todos, un amor en el que hay muchas mentiras y muchos errores.

Este es el amor que se ofrece en la nueva iglesia en Roma. Un amor abastecido por el hombre. Un amor inventado por los hombres. Un amor para solucionar los problemas de los hombres y hacer que ellos estén felices en sus vidas.

Es un amor manipulado por los hombres. Un amor adulterado por los hombres. Un amor falsificado por los hombres. Un amor que sólo da palabras para tratar de convencer a los hombres de que todo va de maravilla en la Iglesia, de que eso es lo que Dios quiere en la Iglesia.

El problema de los hombres es siempre el amor de Dios. Cuando el hombre no posee ese amor divino en su corazón, entonces hace la Iglesia del demonio siempre. Sólo el que tenga el amor de Dios en su corazón sabe obrar ese amor sin poner una mentira en la Iglesia.

La Iglesia es la obra de la gracia. Y aquel que no esté en gracia no obra la verdad en la Iglesia, sino que obra su mentira.

Dios ha dado a cada alma la gracia para obrar su amor en la Iglesia. Y si las almas no viven en gracia, por más que obren en la Iglesia no hacen nada ni para Dios, ni para el mundo ni para la Iglesia.

La gracia es el principio de la salvación en los hombres. No es la fe. Sin la gracia no se puede hacer las obras divinas en la Iglesia.

Porque por mucho que las obras de los hombres sean buenas, si no se hacen en gracia, no las mira Dios nunca en su Iglesia.

Así hay muchos que se esfuerzan en hacer cosas buenas en la Iglesia, pero no se esfuerzan en quitar su pecado que les impide la gracia.

Es lo que vemos continuamente desde Roma en que la Jerarquía Eclesiástica sólo habla de cosas buenas que hay que hacer en la Iglesia, pero ninguno quita su pecado de en medio de la Iglesia. Ninguno. Todos se llama a sí mismo pecadores, porque eso queda buen decirlo en público, pero nadie lucha por quietar su pecado de su vida.

Y entonces se hace una Iglesia llena de gente farisea, que pone cara de humilde, cara de buenos amigos, pero que después traiciona a la Iglesia con sus obras de pecado.

Por eso, sólo se ve en la Iglesia la condenación de muchas almas. Ya la gente no busca salvarse ni santificarse en la Iglesia. Ya sólo busca su vida cómoda, la que ellos se han inventado en sus pensamientos humanos, la que otros le ofrecen en el mundo, la que se origina de la herejía del humanismo que pone al hombre como el centro de todo.

Por la boca de Francisco ya no habla Dios

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Las almas no saben vivir la Fe porque creen que la Fe se encuentra en la Iglesia o en el diario vivir de cada día. Y, por ello, descuidan las exigencias de la Fe y se dedican a sus vidas humanas para querer de Dios lo que ellos encuentran en esas vidas.

Dios nunca da un Papa para resolver asuntos del mundo, asuntos de la vida, asuntos del matrimonio, asuntos los que sean en la vida de cada uno.

Dios da un Papa para poner a las almas el camino de la salvación y de la santidad, para conquistar el Cielo, para perseguir el Reino de Dios en la tierra.

Una Iglesia que se dedica a dar de comer a los pobres no es la Iglesia de Jesús. Hay que enseñar a los pobres la vida espiritual. A salir de sus pecados, a tener oración con Dios y a ver la vida no para tener dinero, sino para salvarse y santificarse.

Una Iglesia que descuida la vida espiritual de las almas y se dedica a la vida humana de las almas no es la Iglesia de Jesús.

“Buscad primero el Reino de Dios y lo demás por añadidura”.

El Reino de Dios no es la vida humana, ser feliz en la vida humana, tener los problemas resueltos en la vida humana, tener a alguien que resuelva los problemas que nacen del pecado para seguir en el pecado, que es lo que muchos buscan cuando piden que los divorciados pasen a la comunión de la Iglesia. Como los divorciados se metieron en su lío por casarse de nuevo, -cuando Dios lo prohíbe en su Palabra-, quieren que se les resuelva ese lío dejándolos en su pecado, en su vida humana, en su dulce vida humana. Y, claro, les gusta un Francisco que les resuelve su lío, pero no les gusta un Papa que los deje en su lío de vida, que les prohíba la comunión y la confesión.

Los hombres se han acomodado a sus vidas humanas, a sus pensamientos de sus vidas humanas, a sus reflexiones en sus vidas humanas, a ver cómo se va viviendo cogiendo este pensamiento y esto otro, y así no viven la Fe. La Fe no la da un pensamiento humano. La Fe la da Dios al corazón del hombre.

La fe para Francisco es poner en el pensamiento un camino para resolver los problemas de los hombres, para quitar diferencias sociales entre los hombres, para ofrecerles a los hombres una vida digna de unas ideas que todo el mundo quiere: el amor fraterno, la compasión entre unos y otros, la felicidad mientras se va pasando la vida.

Los hombres no les gusta vivir con problemas, sino que lo quieren todo sin problemas. No quieren sufrir, quiere amarse sin sufrir. Y quieren su matrimonio, pero no quieren el matrimonio que Dios ha elegido para ellos. Quieren su sacerdocio, pero no quieren el sacerdocio que Dios ha elegido para ellos. Quieren lo suyo, su vida humana, y luchan por lo suyo, por su vida humana, pero no quieren lo de Dios, la Vida que Dios les ofrece, y, por supuesto, no luchan por lo que hay en la Mente de Dios. Ni les interesa. No va con ellos. Lo de ellos es lo que hay en sus pensamientos de la vida, en sus filosofías de la vida, en lo que dice un psiquiatra sobre sus problemas en la vida.

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Y, entonces, ven una Iglesia que empieza a abrirse a sus vidas humanas, a sus dulces pensamientos, a sus problemas de sus vidas humanas, y -tan contentos- dicen que Francisco es el mejor Papa de todos y es el que Dios nos ha dado para estos tiempos de tanta dificultad económica, política y social. Sólo ven en la Iglesia lo que les interesa ver: que alguien apruebe sus pensamientos sobre la vida. Y no quieren la Iglesia para otra cosa. No la quieren para ser santos o para salvarse. Ya buscan ellos su forma humana de salvarse.

Así piensa todo el mundo, porque todo el mundo vive para su capricho humano, para su gusto humano, para su idiotez de vida humana. Y nadie vive para las exigencias de la Fe.

Nadie se exige en su vida humana para cumplir la Palabra de Dios como está en el Evangelio, sino que todos quieren quitar alguna frase del Evangelio que les molesta. Y así se va haciendo nuestra fe, nuestro evangelio, nuestra iglesia, nuestro papa, nuestros sacerdotes, nuestros libros que nos hablan lo que queremos escuchar, que nos dicen las dulces palabras que queremos oír, que reflexionan en nuestras reflexiones para hacernos comulgar a todos en un mismo amor tan estúpido como real.

A las almas les gusta escuchar lo que hay en sus mentes humanas, lo que ellas piensan de la vida, lo que ellas persiguen en la vida. y, cuando oyen hablar del pecado, del infierno, del cielo, del purgatorio, de la cruz, de la penitencia, del demonio, entonces se espantan, porque eso no está en sus pensamientos bellos sobre la vida.

En sus pensamientos bellos está cómo conseguir más dinero, cómo ser una persona más famosa entre los hombres, cómo conquistar un puesto en la empresa, cómo hacer la vida más llevadera y sin tanto sufrimiento. Y así buscan a alguien que les resuelva sus vidas, sus quehaceres diarios, su entrega al placer y a la felicidad de la vida. ¡Cuántas nulidades hay en la Iglesia por este interés humano de salir de un matrimonio que no les gusta y entrar en otro matrimonio que sí les gusta. Y ambos no los quiere Dios, pero ellos sí lo desean por su vida de cumplidos en lo humano!. El hombre ha aprendido a destrozar los dones de Dios por su interés en la vida, a meter en saco de roto la gracia de Dios. Es antes lo que ellos piensan en la vida, lo que ellos gustan en la vida, lo que ellos quieren en la vida, que lo que Dios da.

Los hombres son todos así. Y no hay ninguno que no quiera dinero y sexo para vivir. Eso es todo entre los hombres. Y -en eso- los hombres construyen su fe, su religión, su sacerdocio, su iglesia, su evangelio.

Por eso, cuando Francisco habla tan bellamente sobre la vida fraterna, a todos se les cae la baba y no saben discernir la mentira que está diciendo, porque es lo que quieren escuchar de un Papa.

Y esta es la señal clara de que Francisco no es elegido por Dios, es un Anti-Papa, elegido por los hombres: sus palabras.

Sus palabras son las de un hombre de la calle, las de un hombre que vive su vida, las de un hombre que no se esfuerza por vivir las exigencias de la Fe.

Un hombre que habla de todas las cosas divinas, pero que no vive lo que habla. Después vive lo suyo, su ideal de vida y lucha en la Iglesia sólo por ese ideal. No lucha por la Palabra de Dios. Lucha por lo que él entiende de la Palabra de Dios, por su recuerdo, su memoria, su interpretación de la vida de Cristo.

Como él son la mayoría de los hombres. Cada hombre lucha por su ideal de su vida. y, después, va a Misa el Domingo y hace cualquier otra cosa para aparecer santo ante los demás.

Los hombres viven para sus vidas humanas, pero no viven para la Vida Divina que ofrece Jesús en Su Palabra. No son capaces de vivir esa Vida porque nadie les ha enseñado a salir de sus vidas humanas, de sus planteamientos sobre sus vidas humanas. Tienen un Francisco que les enseña a estar en todo lo humano, a enriquecerse en todo lo humano, en vivir para lo humano. Francisco les da lo que el mundo da a los suyos. Lo mismo.

Y, ante esta realidad, viene el batacazo. Cuando Francisco empieza a decir cosas raras, los hombres lo siguen aplaudiendo, como si nada hubiera dicho Francisco. Muy pocos, ante las claras herejías de Francisco en los medios de comunicación, han despertado de ese engaño. Al revés, han seguido en sus engaños, en sus vidas humanas y no han querido pringarse con la verdad. Han tenido miedo de abrir sus corazones a la verdad y han preferido no meterse en todo eso que Francisco ha levantado en la Iglesia.

Y este es el batacazo, la caída de muchos en la Iglesia: ven el pecado y callan sus bocas. Siguen como si nada, como si eso no influyera en sus vidas, como si los discursos de Francisco hubieran que interpretarlos de otra manera para no escandalizar a los que no tienen tanta inteligencia.

¡Pero si Francisco, cuando habla, se deja de teologías y va al grano!. ¿Qué quieren interpretar de algo tan claro como el agua? Por eso, se añade a la mentira otra mentira, para hacer que las almas sigan en sus vidas humanas, y sigan esperando algo de Francisco para el bien de sus vidas humanas.

Al querer lavar la cara de Francisco por sus declaraciones, viene la caída de muchos, que acogen la mentira cuando la están viendo con sus ojos, oyendo con sus oídos, y se oponen a la verdad, se alejan de la verdad, y comienza a llamar a ese mentira, que les ofrece Francisco, como la verdad.

Y, por eso, por más que se hable en contra de Francisco, nadie va a hacer nada para cambiar esta situación, porque desde Roma se tienen órdenes de seguir lo de siempre como si nada hubiera pasado. Es la masonería la que gobierna a la Iglesia. No es Francisco. Y quien no la quiera ver, está perdido con todo lo que viene de esa masonería.

Porque la masonería no es cualquier poder político. Es un poder que quita cualquierr poder para ponerse él sólo donde está. Y eso supone una criba en toda la Iglesia, un sufrimiento en toda la Iglesia, un desastre en toda la Iglesia.

Los que quieran tener alguna esperanza en Francisco, que la sepulten y vean el desastre sin esperanza, sin camino que propone la mesa redonda a toda la Iglesia. No se queden en las bellas palabras de la mesa redonda, del G8. Hay que tirarlas a la papelera y hacer como si no vinieran de la Iglesia. Porque la Iglesia es otra cosa.

La Iglesia no la hace la mesa redonda. La Iglesia ya no la hace un Papa. La Iglesia es ahora dirigida directamente por Jesucristo, que es Su Cabeza Invisible. Los demás, por debajo. Los demás, no cuentan. La Jerarquía de la Iglesia no sirve para nada. Francisco no sirve para nada. La mesa redonda no sirve para nada. Lo que hagan, aunque sea proclamar a un santo, no viene de Dios, porque Francisco no es Papa, es un Anti-Papa. Y un anti-Papa no proclama santos a nadie. Sólo los verdaderos Papas proclaman santos, porque tienen el Poder de Dios. Francisco no tiene el Poder de Dios. Lo que haga es con su poder humano, es para contentar a los demás en la Iglesia. Porque por la boca de Francisco ya no habla Dios, sino el demonio.

Dios habla a cada alma y le dice la verdad

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suns“Mi amado Papa Benedicto XVI fue perseguido y huyó, como fue predicho. Yo no he nombrado a esta persona, que dice venir en Mi Nombre. Él, el Papa Benedicto, guiará a Mis seguidores hacia la Verdad. No lo he abandonado y lo sostendré cerca de Mi Corazón y le daré el consuelo que necesita en este momento terrible. Su trono ha sido robado. Su poder no”.(13 mar 2013. Su trono ha sido robado. Su poder, no. Mensajes de Dios dados a María de la Divina Misericordia. The Warning)

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Cuando Francisco enseña que “es imposible creer cada uno por su cuenta” está enseñando que Dios no puede hablar con las almas. Y, por tanto, está negando toda revelación privada que Dios tiene en el mundo.

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia no ha creído en Fátima? Porque niega que Dios se manifieste a un alma y le hable de cosas que la Iglesia no acepta.

¿Por qué no se ha creído en Garabandal, que es la continuación de Fátima? Porque en Garabandal se dicen cosas que no están en la Revelación, tal como la entienden los hombres soberbios de la Iglesia. Y se habla de un aviso, de un castigo, de muchas cosas que la inteligencia del hombre no puede aceptar, porque no cree.

¿Por qué se ha tapado lo que la Virgen ha dicho de la Iglesia en el Escorial? Porque son cosas que asustan a la misma Jerarquía de la Iglesia, ya que van en contra de la Autoridad de la Iglesia. Como los sacerdotes en la Iglesia ya no obran en el gobierno con fe, entonces su gobierno es algo dictatorial en la Iglesia. Y la Virgen arremete contra esta dictadura en sus mensajes. Y eso no gusta a la Jerarquía de la Iglesia. A nadie le gusta que le digan sus verdades a la cara, que le descubran sus mentiras a la cara. Y eso es lo que ha hecho la Virgen. La Virgen enseña la verdad a la Iglesia. Y la enseñan porque sus sacerdotes, sus Obispos, han dejado de enseñar esa verdad en la Iglesia. Y la Virgen es más que el sacerdote en la Iglesia. La Virgen está por encima de cualquier Obispo en la Iglesia. La Virgen está por encima del Papa en la Iglesia. Y hay que escucharla primero a Ella. Y sin Ella no se puede entender lo que pasa en la Iglesia.

Las revelaciones privadas son necesarias para la salvación y la santidad de todas las almas en la Iglesia. Porque Dios sigue hablando en Su Palabra. Dios sigue enseñando en Su Palabra. Dios sigue obrando en Su Palabra. Dios no está callado, que es lo que enseña Francisco y todos los demás en su corte regia.

Dios es Palabra, Dios no es Silencio. Y, por eso, Dios habla a cada alma y le indica el camino de la salvación y de la santidad de su vida.

El problema está en que la Iglesia ha perdido la sencillez de la Fe y ha construido todo un aparato para tener fe. Y ese aparato está de más en la Iglesia, es algo que impide vivir la Fe que da Dios a las almas.

Los hombres de la Iglesia sólo persiguen sus pensamientos humanos, pero no buscan el Pensamiento de Dios. No saben penetrar la Mente de Dios y aprender a pensar con la Verdad que está en esa Mente Divina.

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Los hombres tienen que poner su inteligencia en el suelo, tienen que pisotear sus razones, sus ideas, sus juicios, sus opiniones, sus teologías, sus ciencias, para tener fe. Si no se hace esto, entonces se cae en la fe humana, en la fe inventada por cualquier pensamiento bello del hombre. Y los hombres se quedan en ese pensamiento bello y no saben ir a más. Se llenan de pensamientos, de razones y, entonces, la Iglesia es sólo una burocracia, pero no una obra divina de fe.

Y las burocracias estorban la vida de Dios, estorban las obras de Dios, impiden realizar en la Iglesia lo que Dios quiere en cada alma.

Por eso, se persigue a los Profetas de Dios, porque se ve a las almas con las razones de la mente del hombre, pero no se ve el alma como una creación divina que sólo Dios tiene derecho a guiarla hacia la Verdad.

Los hombres se creen con derecho a decidir la vida de las almas y a decir tantas cosas para apagar la fe de las almas, la fe sencilla de las almas, porque no les gusta lo que las almas dicen de ellos.

Y, por eso, a Sor Lucía se le impuso silencio para que no revelara lo que la Iglesia quería esconder en el secreto de Fátima. A los hombres no les gustó lo que la Virgen les decía en ese secreto. Y había que quitarlo de esos escritos porque dañaba a la Jerarquía de la Iglesia. Se cumple lo que Francisco dice sobre la fe: “La Iglesia… transmite a sus hijos el contenido de su memoria”. Y como en el contenido de la memoria de la Iglesia no se encuentra lo que la Virgen enseña en Fátima, por eso, se quita esa Palabra de Fe y se deja un mensaje manipulado por la Iglesia, que no da la Verdad de la Palabra Revelada.

Es necesario creer en la Palabra de Dios antes que en la palabra de los sacerdotes, de los Obispos de la Iglesia. Primero es Dios quien enseña la Verdad, porque Jesús es la Verdad. Y ningún hombre, por más que sea Papa, Obispo o sacerdote, posee toda la Verdad.

La Fe es un don de Dios, no es un don de la Iglesia. La Fe, Dios la da al corazón del hombre, para que pueda vivir el Amor de Dios en su vida. Y pueda acercarse a Dios para transformarse en hijo de Dios.

La fe no es un juego de los hombres con sus sanas doctrinas, como lo enseña Muller, que es el intelectual del gobierno horizontal: “la sana doctrina es el instrumento para llegar a la plena comunión con Dios, la vida eterna con Dios y los prójimos”. Sana doctrina es -para Muller- lo que está haciendo Francisco en la Iglesia. Sana doctrina es -para Muller- lo que los teólogos enseñan sobre la aceptación del pecado en la Iglesia, para abrir la Iglesia hacia nuevos horizontes. Pero Muller niega la sana doctrina de Benedicto XVI, la de Juan Pablo II y la de muchos Papas que se han opuesto a lo que enseña Francisco. Muller está para hacer el juego a Francisco y para que se imponga en la Iglesia las ideas de Francisco, porque Francisco no es intelectual, es sólo un charlatán. Y necesita de una cabeza pensante en su nueva iglesia.

La comunión con Dios se hace a través de la Fe, no de la sana doctrina. La sana doctrina sólo quita obstáculos que puedan impedir la obra de la fe en el alma. El alma crece por la fe, no por la sana doctrina. El alma se alimenta de la fe, no de la sana doctrina. La sana doctrina no lleva a la comunión con Dios, es sólo un instrumento para quitar errores, como puede ser otro instrumento.

No es necesaria la sana doctrina para alcanzar la unión con Dios. No es necesario leer todos los escritos de los Papas, sus encíclicas para llegar a la vida eterna, ni todos los libros de los santos para entender la verdad de la vida divina. Es sólo necesaria la fe para esta unión. Sólo lo que Dios dice al alma eso es lo que salva. No lo que los hombres dicen, en sus predicaciones, en sus entrevistas, en sus charlas, lo que salva al alma. Pero ¿qué es la palabra de los hombres sino viento que entra por un oído y sale por otro? Los hombres quieren que los demás estén atentos a sus palabras, a sus enseñanzas sobre Dios y sobre la Iglesia. Y sólo hay un Maestro de la Verdad: el Espíritu de Cristo que se da a los humildes de corazón, a los que pisotean su orgullo para impedir que su pensamiento sea conocido por los demás y así sólo brille el Pensamiento de Dios sobre la vida.

Porque se enseña que el hombre no aprende la verdad de Dios, sino de los hombres, por eso, no se comprende cómo en una revelación privada, el Señor dice que Francisco no es Papa. Eso asusta a la Jerarquía de la Iglesia. Eso perturba a las cabezas pensantes de la Iglesia. Eso no cabe en la cabeza de muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia. Y, como no saben discernir las profecías, entonces arremeten en contra de ellas, que es la consecuencia de su soberbia. Porque ellos piensan que Francisco es Papa, es elegido por Dios, entonces atacan a quien se oponga a su pensamiento humano. Y si no quieren creer en la Profecías, por lo menos que crean en los hechos. Y Francisco ha demostrado que no es Papa, que no ha sido elegido por Dios para ser Papa. Ahí están los hechos. Pero tampoco se ven los hechos, sino que se tapan las obras de Francisco, se lava la cara a Francisco y se le presenta como el inocente en todo eso que Francisco ha promovido en la Iglesia.

Cuesta decir la verdad. Cuesta decir que francisco no es Papa, porque hay que enfrentarse al pensamiento de todos los hombres. Porque la fe no es vivir de un pensamiento humano, no es seguir un pensamiento humano, no es aplaudir un pensamiento humano. No se vive de una idea humana. Se vive de la Palabra de Dios, que es una Obra en el corazón. Una Obra divina, una obra que da la Verdad que está en Dios. Y, por eso, hay que decir la Verdad: Francisco no es Papa, porque no se puede elegir a un Papa mientras esté vivo el anterior. Esta es la verdad. Y quien no acepta esta verdad, entonces acepta su mentira y defiende su mentira. Y, por eso, se batalla contra todas las profecías que niegan esta mentira de los hombres.

Tener fe en un mundo regido por los pensamientos de los hombres, por las razones de los hombres es heróico, es para santos. Hay que enfrentarse a los hombres: eso es la vida espiritual. La vida espiritual no es hacer oración y después comulgar con cualquier pensamiento de cualquier idiota sobre la fe o sobre Dios o sobre la Iglesia. La vida espiritual es alcanzar de Dios la verdad y obrarla en todo el actuar de la existencia humana. Y hay que batallar contra el demonio, contra los hombres y contra el pecado. Y si no hay esta batalla, entonces nos hacemos amigos del demonio.

María es nuestra esperanza

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María es la verdadera Madre de Dios. Ella fue escogida desde la eternidad por el Padre Celestial. Su vocación, su inefable misión le viene de Dios, no de Ella misma. Todo en María es puesto por Dios. Por no tener pecado, Ella no hizo nunca su voluntad, sino que Dios pudo obrar en Ella sin obstáculos. No hay nada en María que desagradara a Dios.

La Virgen María fue elegida para que el Padre formara un cuerpo a su Hijo. Para eso, antes formó un cuerpo a la Madre. Y, por eso, decimos que desde toda la eternidad María ha salido del divino Pensamiento del Padre. Porque desde siempre el Padre pensó que su Hijo se iba a encarnar en una Mujer. Esta Mujer debió existir en el Pensamiento del Padre desde toda la eternidad, pues su Hijo es Eterno, es engendrado eternamente por el Padre.

Por eso, el Verbo siempre ha contemplado a su Madre. Desde siempre ha visto en Ella cómo se realiza su Encarnación. Desde toda la eternidad el Hijo se ha visto en su Madre, como Hijo de su Madre. Y cuando llego el tiempo, Dios se hizo Hijo de María.

El Espíritu Santo también desde toda la eternidad ha contemplado Su Amor en su Esposa. Un Amor que la ha hecho Madre sin ninguna intervención del hombre. Él es desde siempre el Esposo divino de la Virgen María.

Por eso, María, siendo Madre de Dios, se convierte para nosotros en una esperanza. María fue Madre pobre y humilde para la primera venida del Hijo. Hoy es para nosotros una Madre gloriosa y potente, que está preparando la segunda venida de su Hijo. Su maternidad se ejerce en preparar este acontecimiento: Jesús vuelve a la tierra en Gloria. Esto significa que se está preparando el mayor triunfo de Dios: el retorno de Jesucristo en gloria.

Y esta es nuestra esperanza. No tenemos otra. Después de ver tanto mal en el mundo, no podemos estar tristes, desanimarnos, decir que Dios ha olvidado a los suyos. La Cruz es una victoria sobre el Mal. Y ese triunfo debe manifestarse con la culminación de la segunda venida gloriosa de Jesús.

san miguel arcangel

La Misión de María es la de abrirnos la puerta de una nueva era: la era en que Jesús estará con los suyos reinando gloriosamente en la tierra. Por eso, María nos va conduciendo hacia los nuevos Cielos y la nueva Tierra. Para  hacer esto, Ella debe vencer a Satanás y a toda fuerza del mal, para que Dios pueda obtener en el mundo su mayor triunfo. Por eso, el rezo del Santo Rosario es esencial para la victoria de María sobre Satanás. Es el arma que vence a Satanás. El demonio nunca podrá nada contra la Virgen, porque no pudo nada en su Concepción Inmaculada.

Nuestra esperanza es que María es nuestra Madre, Madre de toda la humanidad. Y como Madre ha seguido siempre a sus hijos en todo el curso de la historia humana. En estos últimos tiempo, María es más Madre porque sus hijos son más esclavos de los Espíritus del mal. Su maternidad refleja la Misericordia divina, que se da con el fin de salvar a los pecadores.

Satanás triunfa hoy. Ha conducido a toda la humanidad al rechazo de Dios y así la ha vuelto súbdita de su dominio maligno. Los hombres sufrimos a causa de este dominio perverso. Sufrimos a causa del demonio. Es un sufrimiento espiritual, que va a lo íntimo del corazón del hombre. un sufrimiento que no puede quitarse con medicinas, sino sólo con exorcismos, con liberaciones, atando los demonios para que no sigan haciendo el mal.

Hoy los sacerdotes se han olvidado de exorcizar, de liberar, de sanar los corazones. No ponen en práctica el Evangelio de Jesucristo. Creen que siguiendo la ciencia humana, todos se van a curar, todos se van a liberar. Han puesto los medios de salvación en las ciencias humanas, en las palabras humanas, en razonamientos humanos, pero se han olvidado de la Palabra divina, que es Jesucristo. Por eso, Satanás triunfa, porque no encuentra oposición. La oposición al Mal la deben realizar los sacerdotes. Y hay tan pocos que sepan ver lo preternatural, la acción diabólica en las almas. Hasta que los sacerdotes no se decidan a ser fieles a la Palabra de Dios, al Evangelio, haciendo lo que hizo Jesús con las almas que se encontraba a su paso, el Mal seguirá avanzando y, por tanto, los sufrimientos de nosotros, los hombres, irán aumentando.

santo rosario

Pero María es la que debe sustraernos a la escalvitud de Satanás. Y, por, eso, estamos obligados a seguir a María en esta lucha contra Satanás. Ella obtendrá el mayor triunfo sobre Satanás: «Al final Mi Corazón Inmaculado triunfará». María está luchando con sangre contra el demonio. El pecado de sus hijos la hace derramar sangre. Es una batalla a muerte, pero que tiene su triunfo sólo en la Virgen. Nuestros pecados cuestan derramar sangre a nuestra Madre. Pero Satanás será reducido por la Virgen María a la impotencia y el gran poder del mal será completamente destruido por María.

Una vez heco esto, es cuando se producirá el retorno glorioso de Cristo. Es cuando habrá unos cielos nuevos y una nueva tierra. La tierra será entonces un nuevo paraiso, en que el Amor de Dios reinará. Esta es nuestra esperanza, la que nos trae la Virgen María. Una esperanza que nos lleva por el camino de la purificación y de la gran tribulación. Por el camino de la cruz, que es siempre victoria.

Ha llegado el momento en que La Virgen María se manifestará en toda su potencia. María es la aurora que precede al gran Día del Señor.

Ella es la Voz que difunde por todas partes este anuncio profético: todos debemos prepararnos para recibir a su Hijo Jesús, que ya está retornando entre nosotros sobre las nubes del cielo, en el esplendor de su Gloria divina.

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