Lumen Mariae

Inicio » Publicaciones con la etiqueta 'destrucción de la iglesia'

Archivo de la etiqueta: destrucción de la iglesia

Con Bergoglio la Iglesia no puede subsistir, sino que camina hacia su destrucción

Leo_XIII_pabst

Todos hablan de una clara división en el Sínodo, pero nadie pone el dedo en la llaga de quién es la culpa de esta división.

El culpable: Bergoglio, falso Papa, al cual todos están sometidos. Le obedecen y no son capaces de discernir este falso Papado, que los va a llevar a todos hacia la destrucción de la Iglesia.

Toda división es una guerra civil, interna, espiritual, que trae siempre la mentira, nunca la verdad. Si los Obispos, sacerdotes están divididos entre ellos, entonces toda la Iglesia camina hacia la mentira, hacia un futuro de muerte, de desolación, de destrucción: «Todo reino dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá» (Mt 12, 25b).

Con Bergoglio la Iglesia no puede subsistir. Esto hay que predicarlo fuertemente. Y no puede subsistir porque en sí misma está dividida.

Bergoglio, al no ser el Papa legítimo, divide el Papado. Y si se divide la cabeza, toda la Iglesia está en sí misma dividida: cardenales divididos, obispos divididos, sacerdotes dividido, fieles divididos. Luego, esta Iglesia así dividida no puede subsistir, sostenerse, no puede quedar en pie. Porque esta iglesia no es la de Cristo, no es la de Pedro, que une en la Verdad. Es la de Bergoglio que divide con la mentira. Y esta iglesia tiene que caer, y de manera estrepitosa, como nunca se ha visto en la historia.

Bergoglio ha dividido la cabeza, la gracia del Papado, la verdad de un Papa. Por eso, él no es Papa, sólo es un Obispo que en Roma está gobernando su estilo de iglesia, su estructura de iglesia, su sociedad religiosa, que es ecuménica, abierta a tres cosas: idea masónica, idea protestante e idea comunista.

Cuesta entender que el mal que Bergoglio ha hecho a la Iglesia Católica viene del mismo Bergoglio. No vienen de los anteriores Papas. Esto, muchos católicos –y católicos intelectuales- no saben discernirlo. Sólo critican a todo el mundo, a todos los Papas, al Concilio…. Y ponen una razón: su falso amor a la Iglesia, que nace de su falsa idea de la verdad.

Hoy, por amor a la Iglesia, se destruye la misma Iglesia.

Nadie es fiel a la Gracia para mantener a la Iglesia en su Ser Divino. Y ser fiel a la Gracia es poseer la Verdad como Verdad. Los hombres tienen una verdad en sus mentes que no reflejan la Verdad que está en la Mente de Cristo. La Gracia es Cristo, es un ser divino, que procede del mismo Corazón de Cristo, para obrar Su Iglesia en cada alma.

Y ser fiel a la Gracia es ser fiel a la Verdad como nace de la Mente de Cristo. Ser infiel a la Gracia, es quedarse en las verdades múltiples que todo hombre adquiere con su razón. Ser fiel a la Gracia es lo que se llama humildad.

Muchos dicen: es que no sé teología, no sé las leyes canónicas, y por eso, no juzgo si Bergoglio es Papa o no. Para mí es el Papa legítimo, porque está en la Silla de Pedro, un Cónclave lo ha elegido. Y conclusión: hay que unirse a esa figura extraña, a ese Papa que dice herejías, para estar en comunión con toda la Iglesia. Esta es la barbaridad que la Jerarquía propone a toda la Iglesia.

No hay que saber teología ni filosofía ni ser un canonista para discernir que Bergoglio no es Papa. Porque el Papa no es una cuestión de la ley canónica ni es el resultado de un análisis teológico de la situación de la Iglesia. El Papa es el fruto de la fidelidad a la Gracia. Si los Cardenales no son fieles a la Gracia del Papado, entonces siempre eligen a un falso Papa como Papa de la Iglesia.

No hay que saber teología para elegir a un Papa o para discernir si ese Papa es legítimo o no. Sólo hay que tener unión con Cristo. Sólo hay que ser humildes. Sólo hay que practicar la fe, profesar la fe verdadera, obrar la fe que Cristo da al alma en Su Iglesia.

Cardenales, sin oración y sin penitencia, eligieron a un falso Papa. Unos soberbios que sólo quieren la Iglesia para destruirla desde dentro, desde su misma vestidura sacerdotal.

Muchos no saben lo que es profesar la fe: no se saben los dogmas que hay que creer para salvarse. No saben lo que es la Verdad Absoluta. No saben leer el lenguaje de los hombres de Iglesia; cuando un sacerdote les predica no saben ver lo que les está diciendo, sino que se tragan todo lo que les dice como si fuera una verdad que hay que seguir en la Iglesia. No saben oponerse a ese lenguaje humano, que en la predicación o en las charlas o en los escritos, se les da.

Y no saben hacer esto por una sola cosa: son soberbios en sus mentes. No han aprendido a ser humildes, a abajar su cabeza. No saben lo que es la humildad. Y ponen la humildad en formas exteriores: como Bergoglio es el Papa, entonces hay que ser humildes y someterse a él en la Iglesia. Hay que unirse al Papa.

La vida de la Iglesia de un alma no es su vida espiritual propia. No se vive en la Iglesia como se vive en el interior de cada alma.

En la vida interior de cada alma, sólo Dios y el alma importan. Lo demás, no tiene interés alguno. Pero en la vida eclesial, lo que importa es la Verdad de la Iglesia: no el alma, no una Jerarquía, no unos hombres, no unas ideas, no un lenguaje humano.

En la Iglesia, el valor está en la Verdad, porque la Iglesia es Cristo. Y no es otra cosa que Cristo. Y cuesta entender que la Iglesia sea sólo Cristo, porque enseguida los hombres van buscando las obras de los hombres en la Iglesia.

En la Iglesia hay que buscar a Cristo. Y sólo a Cristo. Luego, interesa tener bien claro quién es Cristo. Y como esto es lo menos claro en la Iglesia actual, entonces todo el mundo buscando a los hombres, a sus lenguajes, a sus vidas acomodadas, a sus obras apostólicas.

Cristo y su doctrina es una misma cosa: no se puede separar a Cristo de lo que Él enseñó a Sus Apóstoles; y que la Iglesia, en su largo caminar, ha transmitido, ha enseñado. No se puede separar. Porque Cristo es la Palabra del Padre, que es la Obra del Espíritu. Su Palabra es una Obra. Su enseñanza es una obra divina en la Iglesia. No se puede admitir la doctrina de Cristo y hacer una obra diferente, una obra humana, en la Iglesia.

Quien acepta el dogma lo obra sin más, y es de Cristo. Quien no lo acepta, obra en contra del dogma, y es del Anticristo.

Esta es la división que contemplamos en el Sínodo: gente que ya no acepta el dogma, pero que con el ropaje exterior se dicen sacerdotes, Obispos, Cardenales… Se visten de sacerdotes, de otros Cristos, pero hablan como el mismo demonio y, por tanto, hacen las obras, en sus ministerios sacerdotales, que son del mismo demonio.

Esto, antes en el Sínodo no se veía: quien hablaba, era comedido. Se ceñía a la doctrina de siempre, aunque pensase otra cosa; aunque después obrara lo contrario, en lo oculto.

Pero ahora, no. Ahora, hablan con un lenguaje herético, que divide la asamblea: divide el Sínodo claramente. Y, después, vestidos como sacerdotes, como otros Cristos, dan a conocer a todo el mundo, ese lenguaje nuevo, como si fuera una verdad que la Iglesia tiene que seguir.

Esto es el cisma declarado desde la cabeza de la Iglesia: Bergoglio ha querido ese Sínodo para dar a conocer la voz de la gente, el pensamiento de los hombres, para producir el cisma de manera oficial.

Muchos no acaban de ver esto, porque no ven a Bergoglio como falso Papa.

¿No tenéis la inteligencia de la Gracia para ver que un Papa nunca puede decir herejías? Y, si las dice, entonces no es Papa. ¿No enseña esto el mismo Magisterio de la Iglesia? Entonces: no sois Iglesia, porque no obedecéis el Magisterio auténtico de la Iglesia. No obedecéis la doctrina de Cristo, que es Cristo mismo.

Y si no obedecéis a Cristo, en Su Iglesia, no tenéis la inteligencia para ver que Bergoglio no es el Papa verdadero.

Muchos están en la Iglesia sólo con una actitud humana, social, externa, sin ninguna vida espiritual. Hoy día, la Jerarquía da culto a Buda para hacer su misa en la Iglesia. Y los fieles, después de escuchar la misa, se van a adorar a tantos dioses que están instalados en su vida humana.

Nadie tiene vida espiritual, ni sabe lo que es eso. Y, ante un hombre que habla claro su herejía, como es Bergoglio, están de acuerdo con él, por sólo una razón: está gobernando la Iglesia. Como es el que lleva la batuta, ahora en la Iglesia, entonces hay que llamarlo Papa, y hay que hacer unión con él para estar en comunión con todos en la Iglesia.

Todos temen decir esto: Bergoglio destruye la Iglesia.

Hablan de la división que en la Iglesia se está produciendo desde hace 50 años; división conocida por todos, pero sujetada por un Papa legítimo. Y esa división no creó un cisma dentro de la Iglesia. Creó apostasía de la fe, creó herejías que no se combatieron. Pero no llegó al cisma, porque había una cabeza que impedía ese cisma. Una cabeza elegida por Dios, que regía la Iglesia en medio de una división que el mismo Dios ha querido.

En este Misterio nadie profundiza, porque ven la Iglesia con ojos humanos; pero no tienen las agallas de ponerse las lentes divinas para mirar lo que el hombre no es capaz de ver.

Si Dios le dio el permiso a Satán de destruir la Iglesia, entonces no podemos ver la división actual sin ir a esta profecía, sin penetrar en esta profecía, sin discernirla adecuadamente:

devil_small-500px

«Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo» (Testimonio Monseñor Rinaldo Angeli, 13/10/1884; P. Domenico Pechenino – Ephemerides Liturgicae (1955) 58-59; cardenal Nasalli Rocca, Bolonia, 1946).

100 años que ya se han cumplido. 100 años que, para Dios y para Satanás, no son 100 años justos, medidos como el hombre los mide. Son 100 años espirituales, en que se da libertad al demonio de obrar lo que quiera entre los hombres del mundo y de la Iglesia.

No sólo el demonio obra en el mundo, que es lo natural, porque el mundo se halla en las manos del demonio; sino que obra también en la Iglesia.

Esto es lo que la Jerarquía de la Iglesia nunca ha entendido: este obrar del demonio en la misma Jerarquía, en el mismo Papado. Por eso, León XIII escribía en su exorcismo:

michael_1251

«Los enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado y le han dado de beber ajenjo, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales para realizar todos sus impíos designios. Allí, en el lugar sagrado donde está constituida la Sede del beatísimo Pedro y Cátedra de la Verdad para iluminar a los pueblos, allí colocaron el trono de la abominación de su impiedad, para que, con el designio inicuo de herir al Pastor, se dispersen las ovejas» (AAS 23(1890- 91), p.743)

Allí, en el trono de Pedro, está Satanás: «en el lugar sagrado… allí colocaron el trono de la abominación de su impiedad».

Esto es lo que vio León XIII: que el mismo Satanás se ponía como Papa.

Y nadie quiere profundizar en esta gran verdad.

En el trono de satanás está sentado, ahora mismo, Bergoglio, voz de satanás en la Iglesia, bufón del Anticristo, hombre poseído por la mente de su padre, el diablo. Por eso, Bergoglio es un hombre loco: está en su mente, dando vueltas a su idea de lo que debe ser la iglesia. No puede estar en la Mente de Cristo.

Sólo un Vicario de Satanás es capaz de destruir la Iglesia. No se puede destruir la Iglesia con un Vicario de Cristo, con un Papa legítimo. No se puede. En 50 años, el demonio no ha podido vencer a la Iglesia, porque tenía el katejón: el Papa legítimo. Y ese Papa legítimo es el mismo Cristo en la tierra.

Un Papa legítimo sostiene el cisma: lo impide.

Juan XXIII no destruyó la Iglesia convocando el Concilio. No la destruyó. Ninguno de los Papas que le sucedieron destruyeron la Iglesia con las obras que hicieron en Ella. Ninguno de ellos.

Sólo Bergoglio es el que destruye la Iglesia. Sólo él.

Sólo Bergoglio lanza el cisma en la Iglesia. Sólo él.

Han quitado al Papa legítimo, lo han hecho renunciar, y ahora, ¿cuál es el objetivo del Sínodo?

El objetivo de Bergoglio, del cardenal Walter Kasper, de todo el clan masónico que gobierna la Iglesia, y de la Iglesia de hoy (= de toda esa Jerarquía bergogliana, que sigue a Bergoglio; de todos esos fieles que han hecho de Bergoglio un ídolo para su ruina espiritual) es que la mayoría salga de ese Sínodo con un mandato a una pastoral más suelta, más cómoda, más liberal, independiente, sin estar sujeta a Roma, sino que cada uno decida en su diócesis lo que se va a hacer o no va a hacer, y –sobre todo- recalcando, diciendo que la doctrina no va a ser tocada.

Esta es la manipulación del Sínodo: y por eso, nadie conoce quién habla en el Sínodo, para que la gente en sus parroquias no se levanten. Y cada párroco, en el silencio, va a ir haciendo y deshaciendo en su diócesis, como le da la gana.

Este Sínodo extraordinario es sólo abrir una puerta falsa a la Iglesia: no tocamos la doctrina, pero hagan ustedes lo que quieran en sus diócesis. Saquemos un documento, con un lenguaje humano apropiado, en que no se toque el dogma, pero dejemos libertad para legitimar el pecado.

Ese lenguaje humano querido en este Sínodo: un lenguaje que trae división oficial. Si me han permitido decir en el sínodo que los homosexuales hay que acogerlos y darles la comunión, entonces hagámoslo realidad en la vida cotidiana de las diócesis.

¿En qué se han puesto de acuerdo todos los padres sinodales? En que se adelanten los procesos de nulidad del matrimonio. ¿En qué hay división? En la doctrina de Cristo. Todos divididos en la Verdad. Todos han querido la división en la Verdad. Todos exponen sus puntos de vista de cómo debe ser la pastoral hoy día. Pero nadie se ha preocupado por enseñar la Verdad de siempre, la Mente de Cristo, lo que quiere Cristo de Su Iglesia hoy día. A nadie le interesa la Verdad. A nadie le interesa Cristo. Nadie ama a Cristo. «El Amor no es Amado». El Amor es dejado a un lado por el lenguaje humano. Todos aman las bellezas de sus palabras humanas. Pero nadie ama la Palabra del Pensamiento del Padre.

¿Quién los ha dividido? Bergoglio, al convocar este Sínodo. Bergoglio, que ha dividido la cabeza, al poner al Papa legítimo como Papa emérito, divide a toda la Jerarquía: hablen lo que quieran en este Sínodo y como lo quieran. Pero eso sí, a puerta cerrada, para no escandalizar a los fieles en la Iglesia. Para que nadie entienda la jugada. Vamos a ponernos de acuerdo en el lenguaje de la Iglesia, que tiene que ser más realista, no tanto dogmático. Y todos, en sus parroquias a trabajar en este lenguaje moderno de la nueva iglesia, hasta el año que viene, en que ya quitemos los dogmas. ¿Ven el cisma ya declarado? ¿O todavía no lo ven?

Este Sínodo es ratificar lo que ya está sucediendo en toda la Iglesia, lo que durante 50 años se ha dado por los miembros de la Jerarquía, pero de manera oculta, como ha hecho Bergoglio toda su vida: declaraba una cosa a los medios, y con una llamada telefónica obraba otra.

Ya el pecado no hay que sujetarlo, no hay que permitirlo, sino aprobarlo, quererlo como un bien para toda la Iglesia.

Los anteriores Papas habían sujetado la división declarada en toda la Jerarquía.

Ahora, con una falsa cabeza es el “hágalo usted mismo” pastoral; con Bergoglio, no se sujeta la división, sino que se imprime la forma para que las almas cometan el pecado con la misma aprobación de la Jerarquía de la Iglesia.

Nadie quiere ver que el Papa León XIII está demostrando a toda la Iglesia que los Cardenales pueden elegir a un falso Papa en la Iglesia.

Un Papa ha hablado en la Iglesia, pero nadie le hace caso. Todos están pendientes de sus lenguajes humanos. Y eso es señal de que el dogma ya no es dogma en la Iglesia. Los hombres han cambiado el concepto de la misma Verdad. Ya la Verdad Absoluta es una evolución de la mente del hombre y, por eso, los dogmas hay que entenderlos según esa evolución, ese cambio.

Por eso, el tarado de Bergoglio ha dicho hoy que la ley santa no tiene fin en sí misma. Es esto: como yo concibo el concepto de Dios según mi mente, entonces yo pongo a la ley de Dios mi fin humano, social, interesado..

Así está la Iglesia: con un hombre que la lleva, a pasos agigantados, hacia su destrucción.

¿Hacia dónde va la Iglesia?

“…todo espíritu que rompe la unidad de Jesús, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual habéis oído que viene, y ahora ya está en el mundo” (1 Jn 4, 3).

san-michele-arcangelo-gargano

El espíritu del anticristo rompe la unidad que Jesús ha hecho en Su Iglesia.

La unidad en la Iglesia sólo está en Pedro. Se quita a Pedro y se rompe la Iglesia.

Todos los dogmas pueden desaparecer y no se rompe la unidad en la Iglesia. Desparece el Papado y desparece la Iglesia.

La Iglesia, como ha sido contemplada en 20 siglos ya no existe.

Existe lo exterior de la Iglesia, lo que todos ven con sus ojos humanos. Pero no existe la vida interior de la Iglesia.

Una vez que Benedicto XVI renunció a ser Pedro, la Iglesia, interiormente, no existe.

Para comprender este punto es necesario contemplar la Iglesia como el Reinado de Cristo, como el gobierno de Cristo, como la Autoridad de Cristo.

La cabeza de la Iglesia sólo es Cristo Jesús: “Le dijo Pilato: ¿Luego, tú eres Rey? Tú dices que soy Rey” (Jn 18, 37) .

Y esa Cabeza es un Rey Divino, no un rey humano, terrenal, material, carnal.

Y, por tanto, la Iglesia es un Reino espiritual, no un reino material, humano.

Cristo Jesús reina en la Iglesia: gobierna la Iglesia, decide en la Iglesia, enseña en la Iglesia, obra en la Iglesia.

Los hombres no reinan en la Iglesia, no gobiernan la Iglesia, no enseñan en la Iglesia.

Y Cristo Jesús puso una cabeza visible para darle todo lo que es Él como Rey.

Pedro es el mismo Cristo en la Tierra. Enseña, obra, gobierna lo mismo que su Rey.

Pero si Pedro renuncia a ser Pedro, entonces nadie en la Iglesia decide nada, ni gobierna nada ni enseña nada.

Desde la renuncia de Benedicto XVI, la Iglesia está vacía de la Autoridad Divina. Cristo Jesús no da su Poder a ningún hombre. Sólo a Pedro.

Como Benedicto XVI no quiso ser Pedro, entonces la Iglesia se queda sin gobierno divino, es decir, con un gobierno humano, con unas enseñanzas humanas, con unas obras humanas.

Y la maldad que surge de este gobierno humano nadie lo ha comprendido en la Iglesia.

Nadie comprende lo que significa para la Iglesia tener un hereje, como Francisco, sentado en la Silla de Pedro, sin ninguna Autoridad Divina para gobernar la Iglesia. Sólo con una autoridad humana, incapaz de poner un camino divino a la Iglesia.

¿Hacia dónde va la Iglesia? Hacia su destrucción. No va a salvaguardar los tesoros celestiales dados a Ella durante 20 siglos.

La Iglesia misma destruye todos sus tesoros. Eso significa tener a un hereje sentado en la Silla de Pedro.

Muchos quieren ver a Francisco como el que puede hacer algo bueno en la Iglesia a pesar de lo malo que ya ha hecho. Muchos todavía esperan algo de Francisco. Algo bueno. Esperan en vano.

No se le puede hacer el juego a Francisco, aunque haga o muestre cosas buenas. No se puede, porque Francisco no es un anti-Papa, sino un anticristo, el que rompe la unidad de la Iglesia.

Romper: esa es la obra de Francisco.

Romper con la Tradición, romper con los dogmas de la Iglesia, romper con el Magisterio de la Iglesia, romper con los Santos, romper con todo.

Y, para engañar a la Iglesia, se hacen cosas buenas, que a todo el mundo le gusta y que sólo se hacen para tranquilizar al Pueblo y no se inquiete por las cosas malas que ve en Francisco.

Este es el juego del demonio: lanza su mentira y, después, recoge velas, como si nada hubiera pasado. Es lo que vemos ahora.

¿Por qué todo está tan tranquilo? Porque se han recogido las velas. Y no interesa decir cosas que inquieten a la Iglesia. Por eso, Muller hace el juego del demonio. Dice que no se va a cambiar nada en cuanto al matrimonio. No hay que inquietar ahora a la Iglesia con eso. Bastante inquietud ha habido en la Iglesia con las declaraciones del santo Francisco.

Porque eso es Francisco para la Iglesia: un santo que ha tenido que marcar el camino de la Iglesia diciendo sus herejías, que son los dogmas ahora en la Iglesia.

Para la Iglesia Francisco es un gran Papa, el mejor de todos, porque Francisco recuerda los principios de la Iglesia que ésta ha olvidado en 20 siglos: atender a los pobres y necesitados, dando esperanza que Dios ama a todas las almas.

Esta es la predicación de Francisco, que no es la predicación de Jesús, que no es la tarea y origen de la Iglesia.

Pero Francisco, como es un santo tan humilde, tan caritativo, tan amable con todos, entonces lleva a la Iglesia hacia su origen: una Iglesia pobre, humilde y peregrina, atenta al pedido de cada alma.

Ante esta herejía, nadie dice nada, porque no se ve eso como una herejía. Se ve como una verdad.

Este es el problema de la Iglesia: ya no ve la Verdad. Sólo ve sus verdades, las que le interesa en estos momentos de la historia del hombre.

Porque la Jerarquía de la Iglesia vive para la historia del hombre, pero no vive para la Palabra de Dios. Y todo cuanto hace en la Iglesia es para dar tributo a la vida del hombre, pero no para dar gloria a Dios.

Como todos en la Iglesia están mirando a Francisco, que es su redentor, que es su mesías, entonces no se dan cuenta del peligro que es Francisco para toda la Iglesia.

Esta es la jugada del demonio.

Poner una cabeza que hable de amor y de paz a los hombres. Eso le gusta a todo el mundo, menos a Dios.

Y hacer que esa cabeza vaya indicando el camino para obrar la mentira en la Iglesia, como lo ha hecho Francisco en los siete meses que lleva.

Y, todos, con la baba en la boca por las palabras de Francisco, siguen ese camino sin discernir a Francisco. Porque han sido cogidos en el espíritu de Francisco, que es un espíritu que no deja ver la mentira cuando habla.

Francisco habla y nadie coge sus mentiras. Esa es la jugada del demonio. Ése es el espíritu que tiene todo anticristo: nadie ve el error, porque se muestra como una verdad.

Se da una verdad y, al mismo tiempo, se da una mentira. Así habla todo anticristo. Así habla Francisco.

Esto hace un daño gravísimo a toda la Iglesia, porque la Iglesia empieza a llenarse de esta ensalada: verdad y mentira al mismo tiempo. Y, entonces, ya la Verdad se oculta a la Iglesia. Ya hay que hacer caso de lo que dice Francisco, porque se recurre siempre a la frase más manida de todas: es el Papa.

El anticristo, cuando está sentado en la Silla de Pedro, esconde sus mentiras y da lo que la Iglesia quiere escuchar. Pero lo da mezclando la verdad con las mentiras y sin que nadie lo note.

Francisco ya lleva hablando así desde el principio de su sacerdocio. Con un lenguaje doble, engañoso, fácil de seguir por todos, pero difícil de comprender por todos.

Francisco habla y todos lo siguen, porque no dice palabras extrañas, teológicas, filosóficas. Pero nadie comprende lo que ha querido decir en eso, porque está lleno de mentiras que no son camino para la verdad nunca.

Y, aun así, aunque no se comprende, los hombres lo siguen todavía. Y ¿por qué? Por el trabajo del espíritu en cada alma que escucha a Francisco sin discernir.

Quien oye a Francisco o lo lee y no discierne lo que ese hombre está diciendo, entonces el demonio trabaja en su alma para que siga a Francisco sin discernir nada de lo que dice.

Y eso lleva a una conclusión: ¡cuántas almas en la Iglesia hay sin vida espiritual, fáciles de engañar con cualquier clase de idea sobre Dios y sobre Jesús!

Así está el patio de la Iglesia: almas que caen en la trampa del enemigo porque no tienen ninguna vida espiritual. Si, van a misa, hacen sus oraciones, sus apostolados, pero no tienen vida espiritual.

Porque la vida espiritual es seguir al Espíritu de Cristo. Y esto es lo que no se sabe hacer en la Iglesia. Todos hacen oración, penitencia y demás cosas, pero nadie sigue al Espíritu de Cristo. Y es el Espíritu el que enseña a discernir la verdad cuando un mentiroso habla en la Iglesia.

Tener sentado en la Silla de Pedro a Francisco, que es el primer anticristo de muchos que vienen ya a la Iglesia, es dejar que el demonio obre en toda la Iglesia a su gusto, sin ningún impedimento en la Iglesia.

Y, por eso, todo este teatro de Francisco y los suyos acaba en la destrucción de la Iglesia.

Eso es lo que viene ahora. Estamos ya en el inicio de la gran Apostasía de la Fe, en que muchos se van a perder porque no han comprendido lo que es la Fe, ni por tanto, han comprendido lo que es la Iglesia.

Momentos muy críticos vienen ya para la Iglesia. Momentos de lucha, pero también momentos para decidir la vida.

Porque ver a un hereje en la Silla de Pedro y ver la inanición de la Jerarquía para quitar a ese hereje, significa que muy pronto hay que decidir o seguir mirando a Roma o renunciar a Roma para seguir en la Iglesia de Jesús, que ya no está en Roma. En Roma lo que queda es lo exterior de la Iglesia, pero no su Espíritu.

Hay que renunciar a Roma y dejar que los que estén en Roma destruyan a su gusto la Iglesia, porque nadie va a defenderla en Roma. Cada uno tiene que defender su fe de Roma, de lo que Roma imponga al mundo.

Se destruye la Iglesia

destruccion de la igleisa

Dios concedió al demonio 100 años y poder para destruir la Iglesia.

Este permiso de Dios supone en la Iglesia una fuerza para repeler ese ataque del demonio (Sto. Rosario, Sta. Misa, Exorcismo de San Miguel).

Porque Dios no da permiso al demonio sin dar la fuerza a la Iglesia.

Por eso, Dios mandó al Papa León XIII que la oración a San Miguel Arcángel se rezara cada día en la Iglesia después de la Sta. Misa.

Esa oración es para repeler el ataque de los demonios en su intento de destruir la Iglesia.

Dios da un permiso al demonio para destruir la Iglesia. No le da cualquier otro permiso: no le da el permiso de dañarla de alguna manera o de causar en Ella algún estrago.

El demonio tiene poder para destruir la Iglesia.

Esta verdad no ha sido meditada en su realidad.

Porque “las puertas del infierno no podrán contra Ella” (Mt 16, 18). Entonces, ¿por qué Dios da este permiso si el demonio no puede en contra de la Iglesia, no puede destruirla?

En este permiso divino se pone de manifiesto el Misterio de Iniquidad. Misterio que obra en contra siempre de la Voluntad de Dios. Misterio que se opone siempre al Plan de Dios. Misterio que hace de la Obra de Dios una imitación demoniáca.

El demonio quiere, ante todo, ser como Dios. Y Dios formó Su Iglesia. Y, también el demonio, quiere formar su iglesia, pero haciendo de la Iglesia que Dios ha fundado, su creación demoniáca.

Siempre el demonio va en contra de Dios en sus obras: en la Creación, en la Redención, en el cumplimiento de toda Verdad que está en Dios.

Dios da este permiso porque así es el Misterio de la Iniquidad. Y no hay otra razón divina para otorgar este permiso.

El demonio nunca podrá destruir la Iglesia, pero el demonio quiere, en su Misterio, llegar a destruir la Iglesia y eso es lo que pide a Dios:

La voz gutural, la voz de satanás con su orgullo, jactándose a Nuestro Señor:

Yo puedo destruir tu Iglesia”.

La suave voz de Nuestro Señor: “¿Tu puedes? Entonces sigue adelante y hazlo”.

Satanás: “Para ello, necesito más tiempo y más poder”.

Nuestro Señor: “¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto poder?

Satanás: “75 años a 100, y un mayor poder sobre aquellos que se entregan a mi servicio”.

Nuestro Señor: “Tú tienes el tiempo, tú tendrás el poder. Has con ellos lo que quieras” (visión de León XIII, después de celebrar la Misa en el Vaticano).

Desde ese momento, ya hace más de 100 años, el demonio ha actuado en la Iglesia con el fin de destruirla.

Se ha tomado su tiempo para, poco a poco, ir consolidando su plan de destrucción.

En la Iglesia, durante estos 100 años se han visto muchas cosas que no son de Dios, sino del demonio. Y los hombres de la Iglesia se han dejado manipular por la mente del demonio y no han sabido repeler este ataque del demonio.

Porque no es cualquier tentación. No es cualquier obsesión demoniáca. No se trata de una posesión del demonio sobre las almas que pertenecen a la Iglesia.

El demonio se infiltra en la Iglesia con el fin de hacer su iglesia: transformar la Iglesia que Jesucristo ha fundado en el Papa, en Su Cabeza, en Pedro, y manifestarla al mundo como una obra demoniáca, no de Dios.

Este es el trabajo del demonio que muchos no han entendido, porque creen que la Iglesia es Santa, Inmaculada, Poderosa y que siempre Dios la sostiene en su actuar.

Y la historia de la Iglesia señala que no siempre ha sido sostenida por la mano de Dios, porque los hombres pecan en Ella. Y donde existe el pecado, Dios se retira de ese alma. Y, cuando Dios se retira, entonces el demonio actúa en la vida de ese alma y puede hacer lo que quiera en esa vida.

La vida espiritual de la Iglesia no puede ser Santa en un mundo que pertenece al demonio, cuyo Príncipe es el demonio. Los hombres de la Iglesia no están confirmados en Gracia y, por tanto, son débiles para pecar, son frágiles en todo la vida espiritual y no saben ver la acción del Mal a su alrededor.

Por eso, en la Jerarquía de la Iglesia, en estos 100 años, han habido muchos hombres que han sido del demonio, pero que han aparecido ante los demás como hombres buenos e incluso santos o justos.

Porque así es el trabajo del demonio: sin que se note exteriormente. De esta manera, puede introducirse allí donde le interesa en la Iglesia, que es la Jerarquía.

Y ha ido trabajando a la Jerarquía de la Iglesia hasta hacerla suya, hasta hacer que la Cabeza sea sólo un instrumento del demonio.

Por eso, logró el pecado en el Papa Benedicto XVI. Necesitaba ese pecado para instalarse en la Cabeza. Con ese pecado, hacía que Dios se retirara de la Cabeza y que Ésta fuera suya totalmente.

Por eso, todo aquel que se siente en el Trono de Pedro, que quiera ser Papa, después de Benedicto XVI, será un falso Profeta, asistido sólo por el demonio en el oficio de ser Papa en la Iglesia, porque ya la Cabeza es instrumento del demonio.

Y, una vez que el demonio ha conseguido ese trofeo, sólo le resta poner en esa Cabeza su cabeza demoniáca, aquella que cambiará la Faz de la Iglesia y hará de Ella la Iglesia del demonio, transformando todo lo que la Iglesia ha hecho en 20 siglos de historia.

Por eso, vienen a la Iglesia tiempos muy difíciles. Y no son como los anteriores, en que los hombres esperaban algo de cada Papa. Ahora, el demonio juega con la Cabeza, y la pone y la quita como quiere. Y la Iglesia comprueba su inestabilidad, precisamente en la Cabeza, que es la que debe dar la unidad a toda la Iglesia.

La destrucción de la Iglesia comienza con Su Cabeza. Una vez sometida la Cabeza de la Iglesia al demonio, lo demás viene sin más, por imposición de la misma Cabeza, que ya no es de Dios, pero que se muestra al exterior, al mundo, como si fuera de Dios.

Este es el Misterio de Iniquidad, que pocos meditan y pocos contemplan, porque creen que no existe el demonio, que no existe el pecado, y que todos somo ya santos y perfectos en la Iglesia y que, por tanto, no hay que oponerse a la Jerarquía de la Iglesia en su actuar.

A %d blogueros les gusta esto: