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La falsa iglesia con el falso cristo en el Vaticano, regida por un falso Papa

pio xii

«Algunas piensan que no están obligados por la doctrina expuesta hace pocos años en Nuestras Encíclicas, y fundamentada en las fuentes de la revelación, la cual enseña en verdad que el Cuerpo Místico de Cristo y la Iglesia Católica Romana son una sola y misma realidad» (Pío XII – «Humani generis»).

El Cuerpo Místico de Cristo es la Iglesia Católica. No es un concepto más amplio, según el cual los que están bautizados, pero no están en la Iglesia Católica, son miembros del Cuerpo Místico: «Muchos en los pueblos orientales se han apartado lamentablemente de la unidad del Cuerpo Místico de Cristo» (Pío XII – «Sempiternus Rex»). Para ser miembros del Cuerpo Místico, no sólo es necesario el bautismo, sino vivir la misma doctrina que Cristo enseñó. Vivir los dogmas, los Sacramentos, la vida de la gracia. Y esto sólo se puede hacer en la Iglesia Católica.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, pero no es el Cuerpo real o físico de Cristo: «La Iglesia, sin embargo, no es solamente un cuerpo edificado en el Espíritu: la Iglesia es el cuerpo de Cristo. Y no se trata sencillamente de un modo de decir: ¡lo somos de verdad!» (Audiencia General – 22/10/2014).

¿Qué es lo que somos de verdad?

¿Un cuerpo natural? No: «en un cuerpo natural el principio de unidad traba las partes, de suerte que éstas se ven privadas de la subsistencia propia» (Pío XII – AAS 35,197). Naturalmente los hombres no son nada en la Iglesia: no se unen vidas naturales ni obras naturales. No se unen vidas sociales, ni vidas políticas. Todo esto, en la Iglesia, no tiene subsistencia propia. No hay vínculos sociales o civiles o naturales entre los miembros del Cuerpo Místico.

¿Un cuerpo físico? No: «Su Cuerpo físico, que, nacido de la Virgen Madre de Dios, está sentado ahora a la diestra del Padre» (Ib). Sólo Jesús ha nacido de Mujer, de la Virgen María, de una manera física. Los demás, hemos nacido de la Virgen de una manera espiritual. La cercanía física entre los miembros del Cuerpo Místico no hace Iglesia. La carne y la sangre no obran el ser hijos de Dios.

¿Un cuerpo moral? No: «en el cuerpo que llamamos moral el principio de unidad no es sino el fin común y la cooperación común de todos a un mismo fin por medio de la autoridad social» (Ib). La Iglesia no es para un asunto social o un gobierno social. No es para dar de comer, ni para poner escuelas, ni para levantar hospitales, ni para una cultura del encuentro. No se hace Iglesia para un bien común comunista, masónico, humanista. Se hace Iglesia para obrar el bien divino de la salvación de las almas, que sólo es posible en el cuerpo místico.

¿Un Cuerpo Místico? Sí: «en el Cuerpo místico, de que tratamos, a esta cooperación se añade otro principio interno, a saber, el Espíritu divino» (Ib)

El Cuerpo Místico es aquel que está formado por el Espíritu en cada alma. Por tanto el Cuerpo de Cristo:

  1. no es una comunidad de justos, de predestinados o de santos;
  2. no es un conjunto de almas que tienen dones y carismas;
  3. no es una institución humana dotada sólo de unas normas de disciplina y de ritos externos;
  4. no es una sociedad alimentada y formada por una caridad fraternal, comunista, masónica, social, en la que los miembros se unen con una serie de leyes, de preceptos humanos, para ayudarse, apoyarse, servirse;
  5. no es una iglesia que no pueda ser sentida ni vista, que une a muchos por algo invisible, por un espíritu que no obra la verdad;
  6. no es un quietismo por el cual sólo el Espíritu es el que obra, los demás a vivir su vida, sea la que sea, sin colaborar, sin unirse moralmente a la obra del Espíritu.

El Cuerpo Místico significa la obra del Espíritu en cada alma: «A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad…Dios ha dispuesto los miembros en el cuerpo, cada uno de ellos como ha querido» (1 Cor 12, 7.18)

Y esa obra es la que forma la Iglesia: «El Espíritu Santo vivifica y une de modo invisible a la Iglesia»: (S. Tomás, 3 q.8 a.1 a 3; véase 3 d.13 q.2 a.2 .sol. 2). Todos buscan el bien común que quiere el Espíritu. Nadie busca el bien común que quieren los hombres.

Por eso, cada alma tiene que colaborar con el Espíritu para formar la Iglesia. Y colaborar significa: quitar el pecado, expiar el pecado, crucificar la propia voluntad humana, practicar las virtudes: «no teniendo caridad, nada me aprovecha…Ahora permanecen estas tres cosas: la fe, la esperanza, la caridad…Esforzaos por alcanzar la caridad, aspirad a los dones espirituales» (1 Cor 13, 3c.13- 14,1)

¿Qué dice Bergoglio? «La Iglesia, sin embargo, no es solamente un cuerpo edificado en el Espíritu: la Iglesia es el cuerpo de Cristo» (Audiencia General – 22/10/2014).

  1. El Espíritu no edifica un cuerpo: no existe un cuerpo edificado en el Espíritu, sino que cada alma está edificada en el Espíritu. En cada alma se manifiesta la obra del Espíritu.

La Iglesia se edifica en un alma: en Pedro. Y Pedro sigue al Espíritu y obra lo que Él quiere, y así forma la Iglesia, el Cuerpo de Místico de Cristo. Pedro es fiel a la Gracia del Espíritu, es fiel a los dones del Espíritu, es fiel a la obra del Espíritu en la Iglesia.

La obediencia a Pedro en la Iglesia edifica la Iglesia. La obediencia de cada alma a Pedro. Cada alma tiene que poner de su parte para obedecer. Quien no obedece a Pedro, entonces no es Iglesia, no es miembro del cuerpo Místico de Cristo. Se necesita del alma la fidelidad a la Gracia; seguir al Espíritu que lleva a obedecer a Pedro.

La Iglesia no se edifica en el Espíritu, porque la Iglesia es la Obra del Espíritu en cada alma. La Iglesia está en cada alma fiel a la Gracia que ha recibido. Para ser Iglesia se necesita la fidelidad a la Gracia, la perseverancia en la Gracia, la permanencia en la Gracia.

Este punto es importantísimo para comprender lo que es el Cuerpo Místico de Cristo.

El Espíritu es el que une a las almas fieles en Cristo. Esa unión es mística: y así se forma el Cuerpo Místico.

El Espíritu no puede unir las almas infieles a la Gracia en Cristo, porque donde está el pecado, allí no está la Gracia. La Gracia es la unión divina, la vida divina. Un pecado rompe esa vida, rompe la unión del alma con Cristo.

  1. La Iglesia no es el Cuerpo de Cristo, sino que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: «el divino Redentor constituye con su Cuerpo social una sola persona mística» (Pío XII).

La Iglesia y Jesús forman una persona mística, una unión mística, un matrimonio místico: son dos en uno: «resulta como una sola persona de dos, de la Cabeza y del Cuerpo, del esposo y de la esposa…el Cuerpo en la Cabeza y la Cabeza en el Cuerpo» (S. Agustín). Todos las almas fieles a la Gracia, «todos los miembros del cuerpo, con ser muchos, son un cuerpo único, así es también Cristo» (1 Cor 12, 12).

Como dice San Roberto Bellarmino: «esta denominación del Cuerpo de Cristo no debe explicarse solamente por el hecho de que Jesucristo debe decirse que es la Cabeza de su Cuerpo místico, sino también porque sostiene a la Iglesia y en cierto modo vive en la Iglesia de tal modo que ésta misma es como otra persona de Cristo». Cristo vive en cada miembro fiel a la Gracia; Cristo habla en cada miembro que persevera en la Gracia; Cristo está en cada miembro que permanece en la Gracia: «y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en Mí» (Gal 2, 20).

Hay una unidad por la fe entre el alma y Cristo: unidad mística. Unidad moral, porque en la Iglesia todos están sometidos a una autoridad moral, espiritual, social; pero unidad en el Espíritu: se necesita la fe para poder obrar ese sometimiento, para que esa obediencia no se quede sólo en lo exterior de la virtud, del consejo evangélico, sino que se realice la obra divina de la fe en el alma.

Pero, ¿cuál es el pensamiento de Bergoglio?

«Esta es la Iglesia, es una obra maestra, la obra maestra del Espíritu, quien infunde en cada uno la vida nueva del Resucitado y nos coloca uno al lado del otro, uno al servicio y en apoyo del otro, haciendo así de todos nosotros un cuerpo, edificado en la comunión y en el amor» (Audiencia General – 22/10/2014).

Para Bergoglio:

  1. El Espíritu infunde en cada alma la vida del Resucitado: Bergoglio nada dice de la manifestación del Espíritu en cada alma. Es un conocimiento infuso que cada alma tiene, pero está negando la obra del Espíritu en cada alma. Está diciendo que con ese conocimiento infuso el alma es el que obra en la Iglesia. No sabe discernir entre conocimiento infuso y manifestación del Espíritu.
  2. coloca un miembro al lado del otro, para servirlo, para apoyarlo: Bergoglio está diciendo que el Espíritu une hombres en la Iglesia para un bien común humano, natural, material. Recalca el servicio al otro, el apoyo al otro; pero nada dice de la fidelidad que el alma tiene que tener a la manifestación del Espíritu. Nada dice de la voluntad del Espíritu en repartir sus dones: «distribuye a cada uno según quiere» (1 Cor 12, 11c)
  3. hace de todos un cuerpo que se levanta en la comunión y en el amor.

El Espíritu no une a hombres, no coloca un hombre al lado del otro hombre, no es para servir al otro, no es para apoyarlo: no hace una unión humana ni moral ni física ni espiritual.

El Espíritu se comunica a cada alma para que obre según las funciones de cada miembro en la Iglesia: «Es un cuerpo constituido de muchos miembros y anima a todos los miembros un solo Espíritu… Las funciones de los miembros están repartidas; sin embargo el Espíritu abarca todas» (S. Agustín).

El Espíritu es el principio interno y sobrenatural que perfecciona y lleva a su término la unión moral, por la cual todos colaboran al fin de la Iglesia: que es salvar almas, que es santificar las almas.

Para Bergoglio, el Cuerpo de Cristo es una comunidad de amor, social, humana, sentimental, física, jurídica y llena de un falso misticismo, de una falsa espiritualidad, en la que todos se aman, pero ninguno sabe ver su negro pecado.

«Es el gran don que recibimos el día de nuestro Bautismo. En el sacramento del Bautismo, en efecto, Cristo nos hace suyos, acogiéndonos en el corazón del misterio de la cruz, el misterio supremo de su amor por nosotros, para hacernos luego resucitar con Él, como nuevas criaturas. Esto es, así nace la Iglesia, y así la Iglesia se reconoce cuerpo de Cristo. El Bautismo constituye un verdadero renacimiento, que nos regenera en Cristo, nos hace parte de Él, y nos une íntimamente entre nosotros, como miembros del mismo cuerpo, del cual Él es la cabeza» (Audiencia General – 22/10/2014).

Bergoglio sólo se centra en el Bautismo, pero no ha comprendido la Escritura: «Porque también todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu, para constituir un solo cuerpo, y todos, ya judíos, ya gentiles, ya siervos, ya libres, hemos bebido del mismo Espíritu» (1 Cor 13, 13)

Muchos son los bautizados que no son de la Iglesia Católica. En la práctica de su vida espiritual, viven en el pecado. Por el Bautismo son miembros de la Iglesia, pero no usan la Gracia que da el Bautismo para unirse a Cristo de manera mística: el pecado les impide amar a Cristo, ser de Cristo, pertenecer al Cuerpo de Cristo. Han sido bautizados, pero no constituyen un solo cuerpo, por el estado de pecado de sus almas.

Siempre Bergoglio calla el tema del pecado. Consecuencia: da una doctrina falsa sobre el Cuerpo de Cristo. Una doctrina diluida en su mente humana, incapaz de enseñar la verdad sobre el Cuerpo de Cristo.

Quien peca no puede amar a Dios. El pecado nos arranca de Cristo. Bergoglio dice: no: «somos su cuerpo, ese cuerpo que nada ni nadie puede ya arrancar de Él» (Audiencia General – 22/10/2014). No hay pecado para Bergoglio.

Bergoglio anula la ley del pecado: por tanto, te has bautizado, entonces ya eres de Cristo para siempre. Ya eres miembro de Cristo, ya perteneces a la Iglesia Católica.

Esto es lo que él quiere decir con esa frase: «no se trata sencillamente de un modo de decir: ¡lo somos de verdad!» (Ib). Como estamos bautizados – y eso es irrompible-, entonces: «Lo que brota de ello… es una profunda comunión de amor» (Ib). Para Bergoglio, el Cuerpo de Cristo se tiene que entender como comunidad de amor, con vínculos sociales, jurídicos, pero no sobrenaturales, porque es irrompible, no se da la ley del pecado.

«Qué hermoso sería si nos acordásemos más a menudo de lo que somos, de lo que hizo con nosotros el Señor Jesús: somos su cuerpo, ese cuerpo que nada ni nadie puede ya arrancar de Él y que él recubre con toda su pasión y todo su amor, precisamente como un esposo con su esposa» (Ib).: este es su falso misticismo.

«Qué hermoso sería si nos acordásemos más a menudo… de lo que hizo el Señor»: todo es un recuerdo en la mente de este hombre. No sabe decir: «qué hermoso sería si cada alma quitar sus malditos pecados de la presencia de Dios en la Iglesia». Esto es imposible que algún día lo diga ese hombre

A Bergoglio siempre se le olvida poner la colaboración del alma para ser de Cristo, para constituir la Iglesia. Es el Espíritu el que da el Bautismo; es el Espíritu el que mantiene la gracia; es el Espíritu el que obra. Pero cada alma tiene que ser fiel a la Gracia de Cristo, fiel a ese Bautismo que ha recibido. Y eso es lo que cuesta para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

No hay pecado: «nada ni nadie puede arrancar de Él» (Ib).

Sólo hay un amor sentimental de Cristo hacia la Iglesia: «él recubre con toda su pasión y todo su amor, precisamente como un esposo con su esposa» (Ib). ¡Qué palabras más bellas y tan vacías de la verdad!

Es muy fácil predicar que nos amemos todos, que nos besemos, que nos apoyemos, que seamos solidarios, que ayudemos a los necesitados… Todo eso es política de los hombres: bellas palabras para no decir ninguna Verdad.

Lo que tiene que hacer cada miembro, para Bergoglio, es compartir el amor de Cristo en todos. Y ¿cómo se hace? «Apreciar en nuestras comunidades los dones y las cualidades de los demás, de nuestros hermanos…Apreciar las cualidades, estar cerca y participar en el sufrimiento de los últimos y de los más necesitados; expresar la propia gratitud a todos. El corazón que sabe decir gracias es un corazón bueno, es un corazón noble, es un corazón que está contento» (Ib).

Para quitar las divisiones en las comunidades: apreciar los dones, las cualidades, estar cerca, expresar gratitud…Todo el sentimentalismo vacío de este hombre. Pero no quites tu pecado…No luches contra tu pecado…No expíes tu pecado…Esto no se ve en ninguna predicación de este hombre. En ninguna. Esto es el falso misticismo, propio de este hombre.

En Bergoglio todo es amor, pero nada es pecado. Bergoglio sólo se queda en el asunto social del Cuerpo de la Iglesia: nos damos la mano, nos besamos, reímos, damos gracias, nos apoyamos unos a otros…, pero no da el principio sobrenatural interno por el cual el alma sigue, en todo, la obra del Espíritu. No es capaz de dar la unión moral y las virtudes necesarias para ser Iglesia, para ser Cuerpo de Cristo.

Da palabras babosas: «El apóstol Pablo dio a los corintios algunos consejos concretos que son válidos también para nosotros: no ser celosos, sino apreciar en nuestras comunidades los dones y la cualidades de nuestros hermanos. Los celos: «Ese se compró un coche», y yo siento celos. «Este se ganó la lotería», son también celos. «Y a este otro le está yendo bien, bien en esto», y son más celos» (Ib).

San Pablo está dando la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo. No está dando algunos consejos. Está enseñando cómo el Espíritu obra en cada alma de la Iglesia. Y esto es lo que no enseña este hombre. Sólo da su babosidad: no ser celosos, apreciar a los demás en sus dones. Esto es lo que no enseña San Pablo. Los capítulos 12 al 14 de Corintios es toda la doctrina sobre el Cuerpo de Cristo. Es una maravilla, pero este hombre se la pasa por la entrepierna. ¿A quién le importa que el otro se compre un coche o que gane la lotería? Estos ejemplos no ayudan, para nada, para ser Iglesia, para ser de Cristo, para poder comprender lo que significa ser Cuerpo de Cristo.

Bergoglio no puede continuar la obra de los Papas legítimos. No habla como ellos.

Cristo es un solo: «un solo señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas» (1 Cor 8, 6). Sin embargo, Cristo tiene muchos y diversos miembros, que son uno: «así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo» (Rom 12, 5). Y es único cuerpo es una sola realidad con Jesucristo. Los muchos miembros son uno solo: «Jesucristo todo entero es Cabeza y Cuerpo. Cabeza es el Hijo unigénito de Dios, y Cuerpo es su Iglesia, el esposo y la esposa, dos en una sola carne» (S. Agustín).

Jesucristo es la Iglesia: este es lo que somos en verdad. Si los miembros no pertenecen a Cristo por la fe, no lo imitan por la Gracia, no son fieles a la manifestación del Espíritu en ellos, esos miembros no son Cristo, no son Iglesia.

Jesucristo es Su Iglesia, no es la iglesia que se inventan los hombres, con sus vidas, con sus pensamientos, con sus obras.

En cada miembro de la Iglesia tiene que verse al mismo Jesucristo: si no se ve, entonces ese miembro no es de la Iglesia, no constituye la Iglesia.

Por eso, si en los fieles no hay vida auténtica de fe, sino que viven un protestantismo un comunismo, un masonismo, propio de la falsa espiritualidad que predica Bergoglio; si los fieles están obedeciendo, siguiendo la mente de un hombre que no sabe decir una verdad bien dicha, que le es imposible predicar lo mismo que Cristo enseño a Sus Apóstoles, entonces lo que vemos en el Vaticano no es a Jesucristo, no es la Iglesia Católica, sino una burda representación en la que cada uno hace su papel para su negocio en esa iglesia.

Si Cristo no vive en cada alma, Cristo no es Iglesia en esa alma.

Cristo no puede hacer Iglesia en una Roma apóstata de la fe, hereje por los cuatro costados y que gobierna la Iglesia con un cisma en la cabeza, con un personaje que obra el cisma en todas partes.

Cristo hace su Iglesia en los humildes de corazón, en los que trabajan para quitar sus pecados de su vista, en los que se esfuerzan por seguir las obras que el Espíritu realiza en todas partes, porque «hemos bebido del mismo Espíritu».

Es el Espíritu el que lleva a toda la Iglesia, a todo el Cuerpo Místico, a ser el mismo Cristo; que cada alma sea otro Cristo. Esa es una obra del Espíritu y sólo del Espíritu. No es una obra del alma. Los hombres no tienen que unirse para ser Iglesia, para ser Cuerpo de Cristo.

No hay unirse a Bergoglio para estar en comunión con toda la Iglesia. La Iglesia no se hace en el lenguaje de los hombres.

Jesucristo es la Iglesia: la Iglesia se hace en la manifestación del Espíritu en cada alma. Y en Bergoglio no se da la manifestación del Espíritu de Dios, sino que se da la obra del Enemigo de la Iglesia, de las almas. Es un falso profeta, al cual no es posible unirse para ser Iglesia.

Quien se una a él no pertenece a la Iglesia Católica, no se de Jesucristo, sino que es del demonio.

Bergoglio no enseña lo que es Jesucristo; luego tampoco enseña lo que es la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. No hay obediencia a la mente de Bergoglio. No hay sometimiento a los mandatos de Bergoglio en la Iglesia. No se puede obedecer a un hereje. No se puede. Aunque el mundo lo aclame, sigue siendo hereje. Aunque los católicos tibios y pervertidos hagan una fiesta de este hombre, sigue siendo hereje. Aunque la Jerarquía se someta a él, sigue siendo un hereje.

Y Cristo no es hereje. Cristo es la Verdad. Y la Iglesia de Cristo es la obra de la Verdad, no es la obra de la herejía.

Todos están contentos con una iglesia de herejía, que lleva a la apostasía de la fe. Todos cabalgan en sus lenguajes humanos, pero nadie quiere dar la fe. Nadie comunica la fe en Cristo. y, por tanto, nadie constituye la Iglesia de Cristo. Ahora mismo, en Roma, hay una falsa Iglesia con un falso Cristo. Es un falso cuerpo de Cristo: un conjunto de hombres que buscan un bien común, el de ellos, el de su comunismo, movidos por un falso amor al prójimo; un amor que no se apoya en Cristo, en las virtudes de Su Corazón Divino, sino que sólo se apoya, se refugia en los hombres, en las mentes de cada uno que forma esa falsa iglesia.

Por tanto, si quieren salvarse, sólo tienen que renunciar a todo lo que ven en Roma y en sus parroquias, porque eso no es Jesucristo, no es la Iglesia. Sólo es el camino, bien preparado, para condenar a muchos con bellas y blasfemas palabras.

La Iglesia ha errado el camino

caradecristo

La Iglesia ha errado el camino en la renuncia del Papa Benedicto XVI a su Pontificado.

No ha visto esa renuncia como lo que es en Dios: el pecado de la Cabeza de la Iglesia.

Y, por no saber mirar esa renuncia como pecado, la Iglesia comete el mismo pecado que su Cabeza.

Porque el Papa se une a la Iglesia en Cristo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo Místico de la Iglesia. Y Cristo da a su Cuerpo una Cabeza visible, que es el Papa, Su Vicario en la Tierra.

Y lo que haga ese Vicario como Cabeza de la Iglesia pertenece también al Cuerpo Místico de la Iglesia. Las virtudes y los pecados de la Cabeza lo son también del Cuerpo Místico.

Este es el Misterio de la Iglesia: misterio de Unidad y de Amor.

El Cuerpo Místico de la Iglesia no supo apreciar el pecado de su Cabeza, de su Papa, y, por tanto, sufre las consecuencias de ese pecado.

Porque el pecado no es sólo una cuestión de la conciencia, como pretende enseñar ese falso Profeta que se pone como Papa. El pecado del bautizado pertenece a toda la Iglesia, no sólo a la conciencia del que lo comete.

El Papa Benedicto XVI pecó contra el Espíritu Santo en la renuncia al Pontificado. Porque Dios no da derecho al Papa para renunciar al Don que se le da. El Papa no tiene ese derecho de dejar de ser Papa, porque el Llamado de Dios es único y para el alma del Papa.

Dios no juega con la Cabeza de la Iglesia. No la pone para después quitarla. Nunca la quita por una razón humana, natural, física, carnal, material.

Dios da el Poder a la Cabeza para hacer su misión en la Iglesia. Y los poderes del infierno y los poderes del mundo no pueden con un Papa, porque Dios lo asiste desde el principio hasta el fin de sus días.

Dios elige un Papa hasta su muerte. Y hasta que no muera, Dios no elige otro Papa. Esa es la Fe de la Iglesia. Esa es la Fe en Cristo. Y no hay otra Fe. Y los hombres no quieran inventarse la fe, según su manera humana de entender las cosas divinas y de la Iglesia.

El Papa es Elegido por Dios hasta su muerte, hasta el último hálito de vida. Y no retira esa Elección Divina ni por enfermedad del Papa, ni por el pecado del Papa, ni por los intereses humanos.

Dios es muy serio en la Elección del Papa. No pone a cualquiera. No da a la Iglesia el Papa que los hombres quieren. Da a la Iglesia el Papa que Su Corazón Divino quiere.

El Papa, como hombre, tiene el don de la libertad, con el cual puede renunciar a la Voluntad de Dios. Ese don, Dios no lo anula en el Papa. Dios da al Papa todo el Poder Divino para obrar su misión como Cabeza de la Iglesia. Pero ese Poder Divino no hace santo al Papa, no lo confirma en Gracia. A pesar de ese Poder Divino, el Papa tiene facultad para pecar, por su libre albedrío. Y Dios siempre respeta la libertad de sus almas si quieren elegir otro camino que el que Dios les traza.

Por tanto, el Papa Benedicto XVI ha pecado con su renuncia al Pontificado. Y ese pecado hace que Dios se retire de la Cabeza de la Iglesia. Y una Iglesia sin Cabeza es una Iglesia sin Unidad, sin Amor, sin Paz.

Por tanto, el Cuerpo Místico de la Iglesia, al contemplar el pecado de su Cabeza, el Papa, debería haber esperado y pedido al Señor la Luz para obrar en la Iglesia cuando la Cabeza renuncia a ser Cabeza del Cuerpo Místico.

Es lo que no hizo el Cuerpo Místico de la Iglesia, porque no vió en esa renuncia un pecado, sino algo propio de la vida de un hombre que está cansado de la vida que lleva y que quiere un poco de paz a su alrededor.

La Iglesia se embarcó en el juego del demonio y buscó una cabeza, cuando el Papa todavía está vivo. Este es el error en el camino.

Teniendo un Papa vivo, Dios no da otro Papa hasta que no muera. Hay que esperar a su muerte para elegir un Papa.

La Iglesia, por tanto, erró en el camino porque no tiene vida espiritual.

Ni el Papa Benedicto XVI tiene vida espiritual, ni tampoco la Jerarquía de la Iglesia tiene vida espiritual. Carecen de fe, de oración, de penitencia. Tienen miedo a la Cruz del Señor. Tienen miedo de las palabras de los hombres. Es una Iglesia que sirve al pensamiento de los hombres, pero no es capaz de servir al Corazón de Dios.

Por tanto, la Iglesia al errar el camino, eligió a uno que no es Papa, que no es elegido por Dios. Ese falso Profeta no es un Don de Dios a la Iglesia, porque todavía el Papa está vivo. Dios no da dos Papas. Es el hombre y el demonio el que busca sus cabezas, sus jefes para hacer de la Iglesia un pastizal del infierno.

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