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«Amoris Laetitia»: la nueva fábula de Bergoglio

Sobre las herejías del usurpador Bergoglio

Sobre las herejías del usurpador Bergoglio

«Recordando que el tiempo es superior al espacio…» (AL, 3):

Así comienza Bergoglio su falsa exhortación, llena de errores y de un lenguaje ambiguo propio de su modernismo.

Comienza con algo que nadie comprende, sólo los que lo siguen ciegamente: su tesis kantiana del tiempo y del espacio.

Para Bergoglio, el tiempo del pasado, el del presente y el del futuro deben unirse en un mismo espacio, en una misma situación de vida, en una comunidad eclesial. Y, por eso, hay que recoger todos los datos, todas las vivencias de los hombres, todas sus culturas, todas las maneras de ver la vida, y formar una doctrina que se pueda vivir por todos los hombres en este espacio de vida eclesial.

Y, por eso, lo primero que hace este hereje es dar un repaso a la Sagrada Escritura en donde se habla del matrimonio, de las familias, para sacar una conclusión que se ajuste a su tesis kantiana:

«En este breve recorrido podemos comprobar que la Palabra de Dios no se muestra como una secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje…» (AL, 22).

Es aquí donde quiere llegar: nada de teologías, nada de ideas abstractas, todo es la praxis.

La Palabra de Dios no enseña ni guía al hombre: «no es una secuencia de tesis abstractas»,

sino que es una praxis: «una compañera de viaje».

Dios que camina con el hombre. Es el hombre el que hace el camino. Ya no es Cristo el Camino de la Iglesia, un Camino en la Verdad Única y Absoluta.

Para Bergoglio, se viaja en el tiempo, no en el espacio. La fe es un recordar el tiempo pasado, coger esas ideas y actualizarlas al tiempo presente, para que se obren en el espacio concreto (matrimonio, familia, comunidad, parroquia, asociación, sociedad…) en que vive el hombre.

Bergoglio sólo está exponiendo su fe fundante que ya desarrolló en su otra fábula “lumen fidei”.

Y, por lo tanto, si en el tiempo pasado, los hombres entendieron la Palabra de Dios de una manera acorde a su vida humana o eclesial (a su espacio cultural, social, eclesial), ahora, en este tiempo hay que entenderla de otra manera, ya que el tiempo es superior al espacio. El tiempo es el que va cambiando, el que impone una reforma del espacio; el espacio, las familias, la Iglesia, las sociedades, son siempre las mismas, estructuras que no cambian pero sí que admiten reformas en cada tiempo.

De esta manera, Bergoglio enfrenta la Palabra de Dios, el Magisterio de la Iglesia, la teología católica con la pastoral, diciendo que el matrimonio nadie lo ha sabido explicar hasta que Él ha llegado a la Iglesia para exponer su inmoralismo universal:

«… hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales. Esta idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha hecho que el matrimonio sea más deseable y atractivo, sino todo lo contrario» (AL, 36).

El matrimonio de la Sagrada Familia es demasiado abstracto: la pureza, cumplir con los mandamientos divinos, usar la gracia del Sacramento, son construcciones artificiosas que no resuelven las situaciones concretas de las familias.

Todos los matrimonios santos, a lo largo de toda la historia eclesial, no son ejemplo para la Iglesia, porque se han construido en algo abstracto, en una doctrina inmutable que no sirve, en este tiempo actual, para los demás.

En otras palabras, para Bergoglio el matrimonio ideal es el de los cónyuges que se pelean, que son infieles a la gracia, que usan los anticonceptivos, que se divorcian, que no comulgan con una doctrina inmutable, sino cambiante…. Lo demás, es teología abstracta.

Y hay que resolverles la vida, hay que dar un espacio eclesial, social, cultural, a este “matrimonio ideal”.

El matrimonio ideal, el católico, es aquel en que los dos cónyuges están unidos a Cristo: viven y se esfuerzan por realizar la gracia del Sacramento, que han recibido en su matrimonio.

Pero esto es abstracto para la mente del usurpador. El matrimonio como lo instituyó Cristo es un insulto para la mente de Bergoglio.

Él está en su tesis kantiana: «no hemos despertado la confianza en la gracia».

La gracia, para Bergoglio, es algo inmerecido, gratis, a la cual todos pueden acceder sin ningún obstáculo. Por eso,

«Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia inmerecida, incondicional y gratuita. Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio» (AL, 297).

«Id malditos de mi Padre al fuego eterno…»: Jesús, para Bergoglio, no era consecuente con su lógica. Jesús dijo eso en un tiempo concreto, pero que ya no sirve para este tiempo actual.

No se puede hablar, ahora, de condenación para siempre, ni de infierno, ni de pecados que sacan de la comunión de la Iglesia.

No se puede seguir a San Pablo que enseña inspirado

«… que no os mezcléis con ninguno que, llevando el nombre de hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con éstos, ni comer» (1 Cor 5, 11).

Bergoglio dice: «hay que integrar a todos… No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión sino a todos, en cualquier situación que se encuentren» (AL, 297).

De estas palabras, se deduce que los Obispos no se van a reunir en un Concilio para excomulgar a Bergoglio como hereje, porque ya no existe el pecado de herejía, ni de apostasía de la fe, ni el de cisma, que saca automáticamente de la Iglesia al que lo comete.

Ahora, se trata de hacer una iglesia para todos los herejes, ateos, homosexuales, divorciados, cismáticos, etc…

Dice Bergoglio: «hay que integrar a todos».

Dice San Pablo: «no os mezcléis… Dios juzgará a los de fuera; vosotros extirpad el mal de entre vosotros mismos».

Los Obispos deben extirpar el mal de Bergoglio, pero no lo van a hacer, porque ya no creen ni en Cristo ni en la Iglesia. Ya nadie defiende la doctrina inmutable de Cristo. Ahora, todos defienden su parcela, sus intereses privados en la Iglesia.

¿Quién tiene razón? ¿Quién acierta? ¿Quién está haciendo la Iglesia de Cristo? ¿San Pablo o Bergoglio?

¿Hay obligación en conciencia de seguir la verdad revelada, la que enseña Dios a través de San Pablo, o hay que seguir el invento de un hombre que se ha creído Dios en la Iglesia?

Es claro que no se debe nada a Bergoglio: ni respeto ni obediencia. Y que, para ser de Cristo y pertenecer a la Iglesia de Cristo, hay que atacar a Bergoglio y estar en comunión con el Papa Benedicto XVI, dos cosas que muchos católicos, entre ellos los tradicionalistas, no acaban de entender.

¿Por qué hay que integrar a todos?

Es sencillo: Bergoglio nos recuerda su propia herejía.

«A partir del reconocimiento del peso de los condicionamientos concretos, podemos agregar que la conciencia de las personas debe ser mejor incorporada en la praxis de la Iglesia en algunas situaciones que no realizan objetivamente nuestra concepción del matrimonio» (AL, 303).

Gran error doctrinal, moral y pastoral: la conciencia de las personas integrada en la praxis. En otras palabras, la moral autónoma kantiana.

La práctica de la Iglesia, la norma de moralidad, no está en la conciencia de ninguna persona, sino sólo en la Ley de Dios y en el magisterio de la Iglesia. Toda persona tiene obligación de aceptar esta ley divina y de someterse a la enseñanza de la Iglesia en cuestiones morales.

Cuando la conciencia de cada uno decide la moralidad, entonces el bien y el mal sólo está en la propia persona. No hay que buscarlo ni en Dios ni en el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. Esa conciencia personal es el camino para todo, ya no es la fe la guía de la persona.

Y, por eso, este hombre continúa en su tesis kantiana:

«Los divorciados en nueva unión, por ejemplo, pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral. Existe el caso de una segunda unión consolidada en el tiempo, con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas» (AL, 298).

«Situaciones muy diferentes… consolidada por el tiempo»: el tiempo está por encima del espacio familiar. Hay nuevos hijos, hay un nuevo amor mutuo entre los cónyuges… no se puede estar pensando en la culpa del pecado. No hay que encerrar esa vida en afirmaciones rígidas, en una doctrina inmutable, en el pecado de fornicación o de adulterio….Sino que hay que dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral.

En otras palabras:

Si la gente quiere fornicar, adulterar, y ser un homosexual, que lo haga con la bendición de los pastores. Y como los pastores ya lo hacen, pues ellos también apoyados en este documento.

Los pecadores públicos se convierten en católicos que pueden participar en todo lo que hasta ahora han sido excluidos por la Iglesia. Se hace a los Obispos jueces, los cuales en animada charla con esos pecadores, disciernen la manera de que participen en todos los Sacramentos.

La unión civil estable hay que aceptarla como camino para poder recibir el Sacramento de la Eucaristía. Los homosexuales ya pueden seguir en sus vidas y pronto tendrán su matrimonio aprobado por la Iglesia. Al cura violador de niños hay que acogerlo e integrarlo en la comunidad también. Y a aquellos sacerdotes que se quieran casar, que lo hagan sin problemas.

Esta idea Bergoglio la fundamenta en su pecado de apostasía:

«… ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada « irregular » viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante» (AL, 301).

En este párrafo, Bergoglio va a falsear la doctrina de Santo Tomás de Aquino y a decir lo contrario de lo que dice.

Santo Tomás enseña que el que tiene la gracia puede experimentar dificultad en el obrar con las virtudes, ya adquiridas ya infusas. Y quien pierde la gracia por el pecado mortal, pierde también las virtudes morales infusas.

Bergoglio dice que los que viven en situación de pecado mortal, irregular, están en gracia y, por lo tanto, hay que aplicar a su situación irregular lo que dice Santo Tomás. Y, por eso,

«… un juicio negativo sobre una situación objetiva no implica un juicio sobre la imputabilidad o la culpabilidad de la persona involucrada» (AL, 302).

Es decir, no se puede juzgar a los divorciados vueltos a casar sobre su situación concreta porque cometan personalmente el pecado de adulterio o de fornicación. Ellos, según Bergoglio, están en la gracia santificante, tienen las virtudes morales infusas, y, por lo tanto,

«Es mezquino detenerse sólo a considerar si el obrar de una persona responde o no a una ley o norma general, porque eso no basta para discernir y asegurar una plena fidelidad a Dios en la existencia concreta de un ser humano» (AL, 304).

Es mezquino.

Toda la apostasía de Bergoglio está en negar el pecado mortal actual y pretender resolver una situación particular sin la gracia de Dios, apoyado sólo en el mismo pecado de la persona, como si ese pecado fuera un bien, un valor, un camino que debe seguir recorriendo esa persona, pese a que la ley de Dios o el magisterio le obligue a lo contrario.

Y, por eso,

«… un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones « irregulares », como si fueran rocas que se lanzan sobre la vida de las personas» (AL, 305).

Es repetir, con otras palabras, lo que ya dijo al principio:

La Palabra de Dios no es una secuencia de tesis abstractas, sino como una compañera de viaje.

El pastor debe acompañar, no juzgar a la persona porque incumpla una ley moral. La norma de la moralidad sólo está en la conciencia de la persona, en su mente. Y es ella, junto al pastor, la que va a decidir su vida.

«Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento, y desalentamos caminos de santificación que dan gloria a Dios» (AL, 305).

El adulterio da gloria a Dios, así como la fornicación, la homosexualidad, etc… Esta es la idea de Bergoglio, apoyándose en Santo Tomás de Aquino.

El pobre majadero flipa en colores. Bergoglio ha quedado “colocado” bajo los efectos de su propia droga kantiana. Y ha sacado un documento que es su alucinación, que revela su estado de locura permanente. Una locura diabólica.

Bergoglio, en este panfleto, se pone por encima de Dios y crucifica a Cristo y a Su Iglesia.

Pero, muchos católicos lo van a seguir y van a continuar llamando papa a un auténtico majadero.

Muy pocos tradicionalistas reconocen lo que es Bergoglio: un falso papa. Lo tienen como su papa, aunque vean sus herejías, y las resistan. Pero siguen comulgando con él, lo siguen teniendo como su papa. Y esto es monstruoso en un católico tradicionalista.

O se está con el verdadero Papa, Benedicto XVI, o se está con el falso. O se obra el magisterio de la Iglesia en lo concerniente a los herejes o se obra el nuevo magisterio que enseña Bergoglio. Pero no se pueden estar en los dos bandos. O con Cristo o contra Cristo.

Muy pocos católicos reconocen esto: la nueva iglesia que es ya visible en Roma y en las parroquias de todo el mundo. Y se rasgan las vestiduras por este panfleto, pero seguirán esperando en Bergoglio como su papa.

Seguirán esperando que Bergoglio renuncie para que venga otro y resuelva esta situación.

Ya no ven lo que significa este documento para la Iglesia. No ven lo que hay detrás de todo esto. No disciernen los Signos de los Tiempos. Y seguirán en lo de siempre, sin salir de esa falsa iglesia que hay en Roma.

No entienden que la Iglesia verdadera ya está en el desierto. Y que hay que ir al desierto, llevando la Iglesia en el corazón, sin hacer caso a lo que diga Bergoglio porque no es el Papa que guía la Iglesia Católica.

Bergoglio es un usurpador. Todo cuanto dice y obra a cabo carece de validez divina. Bergoglio no tiene el Primado de Jurisdicción, el Poder de Dios, en la Iglesia. Y, por eso, todo lo obra con un poder humano, el propio de la masonería.

Desde hace tres años, todo es inválido: sus nombramientos, sus homilías, sus escritos, sus reformas, sus proclamaciones, su falso año de la falsa misericordia, etc… No vale para nada, ni para los fieles, ni para la Jerarquía.

Ningún Obispo tiene que obedecer a Bergoglio; ningún sacerdote tiene que obedecer a Su Obispo; y los fieles no tienen que dejarse manejar, engañar, por la Jerarquía.

A Bergoglio le queda poco tiempo. Lo van a hacer renunciar. Y morirá muy pronto. Pero lo que él ha levantado, la nueva iglesia, va a seguir hasta la perfección de la maldad en el anticristo, que ya emerge.

Salgan de la nueva iglesia comandada por un loco, Bergoglio. Y estén en comunión con el único Papa de la Iglesia Católica, Benedicto XVI.

Y ya que conocen cuál es el pensamiento de Bergoglio, no estén detrás de él: no les importe lo que diga u obre ese infeliz. Porque la Iglesia ya no está en Roma, sino en cada corazón que permanece fiel a la Palabra de Dios y al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Manipulación de las mentes de los catolicos

«El Magisterio Sagrado, en lo concerniente, a fe y a costumbres, debe ser para cualquier teólogo la norma próxima y universal de la verdad, como que a este Sagrado Magisterio Nuestro Señor Jesucristo confió todo el depósito de la fe a saber la Sagrada Escritura y la tradición divina para custodiarlo y defenderlo e interpretarlo… Juntamente con estas fuentes sagradas Dios dio a su Iglesia el Magisterio vivo, a fin de iluminar y explicar incluso aquella doctrina que está contenida en el depósito de la fe solamente de un modo velado y como implícitamente. Este depósito en verdad no se lo confió el divino Redentor ni a cada uno de los cristianos ni a los teólogos mismos a fin de ser interpretado auténticamente, sino solamente al Magisterio de la Iglesia» (Encíclica «Humani generis» el mismo Pío XII –   AAS 42 (1950) 567-569).

Pío XII ensalza extraordinariamente la autenticidad y la autoridad del Magisterio de la Iglesia. Y este Magisterio es de la Iglesia, no del Papa, ni de los Obispos, ni de los teólogos, ni de los fieles. Es un Magisterio vivo. Este Magisterio es Cristo mismo dado a la Iglesia, en la Eucaristía, en los Santos, en los Profetas, para «custodiarlo y defenderlo e interpretarlo».

Siguen siendo muchos los católicos necios (= aquellos que no tienen sabiduría divina) y estúpidos (= aquellos que carecen de sabiduría humana), que llaman a Bergoglio como su papa y esperan de él un camino verdadero en la Iglesia. Están siendo manipulados.

Muchos no quieren darse por enterado que no existe el Papado en Roma. Allí sólo hay un conjunto de hombres -un gobierno cismático- que están colocando las bases para su nueva iglesia, que no tiene nada que ver con la Iglesia Católica.

El Papa de la Iglesia Católica, pese a quien pese, lo entiendan o no lo entiendan, es Benedicto XVI hasta su muerte. Él no puede gobernar la Iglesia porque su gobierno ha sido usurpado. Sin embargo, el poder divino, el Primado de Jurisdicción, permanece en él porque ha sido elegido Papa por el Espíritu Santo.

Esta verdad absoluta sigue escociendo a mucha Jerarquía en la Iglesia: no la aceptan. Y no la van a aceptar hasta que no vean correr la sangre en sus parroquias y en Roma.

A Benedicto XVI se le debe obediencia y comunión espiritual. Obediencia, porque a pesar de que su gobierno no sea visible, ha dejado -como cabeza de la Iglesia- la verdad en la Iglesia, que todos tienen que seguir. Y comunión espiritual con él: para poder tener el poder divino -que sólo puede dimanar de él- y así ejercerlo en la Iglesia.

Sin el poder divino, la Jerarquía no puede mandar, ni enseñar, ni mostrar a los fieles el camino de salvación y de santificación en la Iglesia. Y esto se comprueba cada día en las parroquias, en donde los sacerdotes están atacando todo lo que huela a católico para imponer a los fieles la mente de Bergoglio. Una Jerarquía que no habla claramente la verdad a sus fieles, los manipula de muchas maneras. No tienen el poder divino porque obedecen y comulgan con un hereje en la Iglesia. Se hacen déspotas y arrogantes con su poder humano.

Benedicto XVI fue obligado a renunciar, y debe callar ante la situación claramente desastrosa que se contempla en el Vaticano.

Bergoglio es el mayor desastre de todos para la Iglesia: un desastre sin precedentes.

Un hombre que no cree en el Magisterio auténtico de la Iglesia, que no puede dar testimonio de la Verdad, y que hace todo lo posible para destruir los fundamentos de la Iglesia Católica:

«El fundamentalismo es una enfermedad que existe en todas las religiones. Nosotros los católicos tenemos algunos (muchos), que creen que tienen la verdad absoluta y siguen adelante ensuciando a los demás con la calumnia, la difamación, y hacen daño. Esto lo digo porque es mi Iglesia. Hay que combatir el fundamentalismo religioso».

En estas palabras, Bergoglio niega a Cristo y se declara él mismo dios.

Él miente: «nosotros, los católicos». Él quiere decir: «nosotros, los masones, tenemos gente católica que creen tener la verdad absoluta…».

Bergoglio está trabajando para hacer que los católicos pierdan su fe católica, y se ajusten a los nuevos cambios, a la nueva doctrina, al nuevo credo, que él ya ha predicado y que no para de hacerle publicidad. Por eso, dice: «Esto lo digo porque es mi Iglesia». En su nueva iglesia no quiere gente que siga la verdad absoluta. No quiere maestros que enseñen la Palabra de Dios. Sólo quiere títeres de su pensamiento humano, gente que se deje manipular por sus ideas masónicas.

Dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí».

Para el verdadero católico, la Verdad Absoluta es Cristo. La Verdad Absoluta es una Persona Divina.

Bergoglio no cree en Jesús como Dios. Sólo lo ve como un hombre cualquiera. Y, por eso, a los que abrazan a Cristo como Verdad Absoluta los llama, este engendro del demonio, como fundamentalistas. Sus palabras son clarísimas. Sin embargo, habrá muchos -católicos necios y estúpidos- que buscarán lo de siempre: una razón para decir que Bergoglio no quiso decir eso, sino otra cosa.

Aquel que no comulga con Cristo, que «es Dios con nosotros», se hace él mismo dios para el hombre.

Bergoglio es el ídolo, el dios de la nueva iglesia, que están levantando en Roma y en todas las parroquias. Sus palabras babosas, su inteligencia nefasta, su ideología marxista y su pensamiento masónico son las claves de esta nueva iglesia.

Bergoglio es sólo un hombre sin verdad, es decir, un hombre lleno de todas las mentiras (= todas las herejías) que se pueden concebir con la mente humana. Él continuamente está rodeando la verdad para poder manifestar su mentira, su idea errónea, falsa, engañosa, relativista, modernista. Bergoglio se sabe el dogma, sabe lo que la Iglesia enseña, pero no la sigue. Ni la puede seguir. No es un tonto, pero sí es un idiota.

Idiota es la persona que se mete en su mente, y da vueltas a sus ideas, y es incapaz de salir de ella y de sus ideas. El idiota fabrica su propia realidad, su propio mundo, su propia iglesia, su propia religiosidad y espiritualidad.

Para estas personas la única fuente y criterio de la verdad religiosa y humana es la propia conciencia.

Bergoglio sólo predica la conciencia autónoma: «Cada uno tiene su idea del Bien y del Mal, y tiene que escoger seguir el bien y combatir el Mal como él los concibe. Bastaría con esto para mejorar el mundo».

Es decir, él sólo habla y predica su mentira, la que ha concebido en su mente. Lo que él piensa que es bueno y malo, eso es lo que impone en su gobierno en la Iglesia. Esto es hacerse dios: «Seréis como dioses, conocedores del bien y del mal». Porque el bien y el mal es lo que Dios revela al hombre, lo que Dios manda al hombre, no lo que el hombre piensa en su mente. Todo hombre tiene que salir de su mente, sometiéndose a la Mente de Dios, para poder conocer el bien y el mal.

La gente que tiene a Bergoglio como a su papa lo sigue como un dios. Es el nuevo dios, el nuevo ídolo de la gente. Por lo tanto, ellos han quedado ciegos para descubrir la verdad. No pueden ver lo que es Bergoglio. Es, para ellos, como un enamoramiento ciego, que sólo se puede romper con una violencia, con algo que saque a la persona de esa atracción fatal.

Bergoglio, al seguir su conciencia autónoma, tiene que destruir necesariamente el papado en la Iglesia. Por eso, es el gran déspota que rige a los suyos sólo con lo que concibe en su mente. En otras palabras, quien siga a Bergoglio es y quiere ser manipulado por él, se deja manipular por él. Bergoglio es un ciego que guía a otros ciegos, que manipula mentalmente a los católicos que han despreciado la verdad absoluta en la Iglesia Católica.

Bergoglio, gran modernista, menosprecia, no sólo la verdadera teología, sino el Magisterio mismo de la Iglesia. Este Magisterio es, para este hombre, impedimento del progreso humano y óbice injusto, que le frena para poder hacer sus innovaciones en la doctrina y disciplina de la Iglesia.

Por eso, desde que usurpó el gobierno de la Iglesia está atacando la doctrina de Cristo -con sus palabras babosas, con sus falsas encíclicas y escritos, con su lenguaje doble y malintencionado- y persiguiendo – principalmente, de manera oculta – a los verdaderos católicos fieles a la verdad absoluta.

Por eso, los verdaderos católicos, viendo el desastre que viene de Roma, sólo les queda una cosa: permanecer en la Verdad Absoluta. Defender a Cristo, que es defender el Magisterio autentico e infalible de la Iglesia. Y sólo así pueden seguir construyendo la Iglesia Católica en estos momentos de usurpación.

La Iglesia Católica no puede apartarse nunca de la Verdad Revelada, de la verdadera fe, porque Su Cabeza es la Verdad y rige a Su Iglesia con el Espíritu de la Verdad.

«Jesucristo ilumina a su Iglesia Universal… Viniendo de Dios como Maestro a fin de dar testimonio de la verdad (San Juan 3,2; 18,37), iluminó con su luz la primitiva Iglesia de los Apóstoles de tal forma que el Príncipe de los Apóstoles exclamó: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (San Juan 6,68); Desde el cielo estuvo tan presente en los Evangelistas que ejecutaron como miembros de Jesucristo lo que conocieron como al dictado de la Cabeza. Y también hoy es para nosotros, que estamos en este exilio de la tierra, el autor de la fe, así como será el que la lleve a término en la Patria del Cielo. Él mismo es el que infunde en los fieles la luz de la fe; Él mismo es el que enriquece por obra de su poder divino con los dones celestiales de ciencia, de entendimiento y de sabiduría a los Pastores y a los Doctores, y sobre todo a su Vicario en la tierra, a fin de que custodien con fidelidad el tesoro de la fe, lo defiendan con denuedo y lo expliquen y lo confirmen piadosa y diligentemente; por último Él mismo es el que, aunque invisible, preside y brilla vivamente en los Concilios de la Iglesia» ( Pío XII Encíclica «Mystici Corporis” – AAS 35 (1943) 216).

¿A quién iremos al contemplar este desastre en el Papado de la Iglesia obrado por Bergoglio?

¿Qué hacer cuando se vive en todas las parroquias una gran desolación?

Hay que permanecer con Cristo: en la Verdad que es Él Mismo.

Cristo es el autor de la fe y el que la lleva a su término. Hay que estar unidos a Cristo, como el sarmiento a la vid. Unidos en la verdad por la gracia divina. Y aquel que no quiera la gracia, tampoco se le puede dar la verdad ni se hace comunión con él.

Por eso, la Iglesia Católica se hace remanente: es de muy pocos. Son pocos los que se han atrevido a dar testimonio de la Verdad en este tiempo de usurpación. Son pocos los que siguen a Cristo dentro de la Iglesia y no tienen miedo de hablar claramente. Muchos, que comulgan a diario, que se confiesan cada ocho días, están siguiendo a un falso cristo, a un falso papa, y pertenecen ya a una falsa iglesia.

Lo que la mayoría de la Jerarquía y fieles están derribando en la Iglesia, por seguir manteniendo a ese impostor en la cabeza de la Iglesia, por darle una obediencia que no tiene ni puede merecer -por sus claras herejías y su gobierno cismático-, el católico fiel tiene que seguir levantando, defendiendo la fe católica, que supone atacar a Bergoglio y a toda la Jerarquía, junto con los fieles, que lo siguen de alguna manera.

Poca es la Jerarquía que enseña a atacar a Bergoglio. Y esta es la única verdad que hay que seguir en la Iglesia actualmente. Atacar al hereje. Hacer apología, que es lo que muchos han olvidado. La lucha de la Iglesia es contra todo aquel que niega la verdad absoluta. No se puede hacer amistad con un hereje.

Quien comulga con el Papa verdadero, Benedicto XVI, no comulga con el falso papa, Francisco-Bergoglio, sino que lo ataca sin ninguna clase de misericordia.

No hay misericordia, no hay compasión, para aquella alma que vive en su pecado y que ha hecho -de esa vida de pecado- su proyecto en su vida humana. Sólo hay justicia con ella. Amor que hace justicia. Amor que da a esa alma lo que ella busca en su vida.

Si Bergoglio quiere seguir viviendo en sus herejías, obrando su protestantismo, haciendo que los hombres sean formados en el espíritu masónico en la Iglesia, que continúe así, pero no hay -con él- ni obediencia ni comunión en la Iglesia. Esto es lo justo, lo recto, la verdad que hay que obrar con Bergoglio. Es la única manera de amar a ese hombre, que es enemigo público de Cristo y de toda la Iglesia Católica.

Bergoglio es un pecador público, que ha hecho de su pecado el gran negocio de su vida.

Por eso, Bergoglio tiene que ser mirado como una persona apestosa, leprosa, con la cual existe un impedimento para hacer comunidad con él, iglesia con él. Si no se contempla de esta manera a este engendro del demonio, el alma está en el juego del lenguaje, de los sentimientos, de las palabras, de las ideas, de la doctrina masónica que dimana de él y de toda la Jerarquía que lo aplaude, que lo ensalza como a su dios.

Para el verdadero católico no existe el año de la misericordia, sino el tiempo de la Justicia. Que nadie los engañe en este falso año santo. La falsa iglesia sigue haciendo sus prosélitos: atacando la verdad católica para que los fieles vivan una impostura.

La nueva iglesia de Bergoglio encarna una privación de la libertad espiritual del ser humano (sujetados al espíritu masónico), una esclavitud brutal, criminal y explotadora de la conciencia humana (sólo es bueno y malo lo que la ley humana promulga), una dependencia total a los intereses humanos de una élite oculta, una falta de fuerza de voluntad que imposibilita obrar lo que Dios quiere (cauce para hacer sólo la voluntad del hombre), y un camino al fanatismo, a la enfermedad mental, a la obsesión y posesión demoníaca, y a la absoluta idiotez en las personas.

Que nadie los engañe:

«… la hora de la gran prueba ya ha llegado… Ya está próximo el momento de la Justicia Divina y de la gran Misericordia… se prepara a escondidas un verdadero cisma que pronto podrá llegar a ser abierto y proclamado. Entonces, quedará solamente un pequeño Resto Fiel que Yo guardaré en el jardín de Mi Corazón Inmaculado… Iluminad la tierra en estos tiempos de gran oscuridad. Haced bajar sobre el mundo los rayos de luz de vuestra fe, de vuestra santidad, de vuestro amor. Habéis sido escogidos para combatir contra la fuerza de aquél que se opone a Cristo, para conseguir, al final, Mi Mayor Victoria» (P. Gobbi – La hora de la gran prueba – 15 noviembre 1990).

El gran fracaso de Bergoglio en el Sínodo

xxxxxxto

«Se llama… cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos» (Canon 751).

En la historia de la Iglesia, se han dado cismas: personas que se han apartado de la unidad de la Iglesia, que es la unidad principal.

Esa unidad de la Iglesia radica en dos cosas: en la comunión de todos los miembros de la Iglesia entre sí y en la obediencia de todos ellos al Sumo Pontífice, que es la Cabeza de la Iglesia.

Sólo hay una Cabeza en la Iglesia: Pedro y sus Sucesores.

Actualmente, esa Cabeza es el Papa Benedicto XVI.

Son muchos los que tienen a Bergoglio como Papa y, por lo tanto, no están en comunión con el Papa legítimo y verdadero. Están fuera de la Iglesia en Pedro. Están siguiendo una falsa iglesia.

«Cuánta tiniebla en los hombres, cuánta obscuridad en sus corazones y en sus mentes, que no pueden reconocer al enemigo que está sentado en la Silla de Pedro, y se hace llamar santo padre, obispo de Roma, pero en verdad es un impostor, el lobo vestido con piel de oveja que engaña, con su poder seductor, y hace que los hombres lo bendigan como pastor universal; cuando, en verdad, al rebaño que él guía es el de los hombres necios, que viven sin estar en gracia, y son engañados fácilmente por el enemigo, porque si viviesen en Mi Gracia, y con sus corazones limpios, no caerían fácilmente en las trampas del que se hace llamar santo padre» (Jesús a un alma escogida)

En estos días, estamos contemplando el gran cisma dentro de la Iglesia Católica, que es el descalabro de muchas almas que siguen a un falso papa y están en una falsa iglesia.

Una obra cismática hizo Jorge Mario Bergoglio el 28 de septiembre del año 2013: puso un gobierno horizontal, creando un «Consejo de Cardenales» para gobernar la Iglesia.

Muy pocos han llamado por su nombre, como cisma, a este Consejo de Cardenales: todos han aceptado, de alguna manera, por conveniencia, este gobierno horizontal, el cual hace trizas el fundamento de la Iglesia, que es el Papado. El Papado, en la Iglesia, es un gobierno vertical en Pedro.

Jorge Mario Bergoglio puso el fundamento para levantar su nueva iglesia, precisamente, sentado en la Silla de Pedro, usurpando el gobierno de Pedro en la Iglesia, no su poder divino.

Es un cisma que proviene de un hombre que está gobernando la Iglesia con una autoridad que no tiene, que no le ha sido dada por Dios, sino que es dada por los hombres, por aquellas personas que lo han colocado, que han conspirado durante muchos años, para que este hombre se siente en el Trono de Pedro.

Se gobierna la Iglesia con la Autoridad Divina, en un gobierno vertical.

Bergoglio gobierna la Iglesia con una autoridad humana: y esto es ponerse por encima de la Autoridad Divina, que representa y tiene el Sumo Pontífice. Esto es rechazar la sujeción al Sumo Pontífice, al Espíritu de Pedro en la Iglesia. Jorge Mario Bergoglio no se sujeta a ese Espíritu y, por eso, no es el Sucesor de Pedro; y gobierna la Iglesia con un poder humano, que es el propio de un usurpador.

Jorge Mario Bergoglio no es el Sumo Pontífice, no es el Vicario de Cristo, no es el Papa de la Iglesia Católica. Si lo fuera, no hubiera obrado en contra de sí mismo colocando un gobierno horizontal. No hubiera tocado la verticalidad del Papado. Hubiera seguido a todos los Papas en la Iglesia en el gobierno vertical. Él se ha separado de la Sucesión de Pedro: y eso es el cisma.

Jorge Mario Bergoglio al no ser Papa, al ser sólo el Obispo de Roma, está ejerciendo un ministerio episcopal, pero sin el ministerio petrino. Por lo tanto,  puede hacer lo que hizo. Y puede hablar de una descentralización del Papado y de la Iglesia.

Además, su ministerio episcopal es falso. Por su clara herejía, Jorge Mario Bergoglio no es Obispo verdadero, que conduce y guía a las almas hacia la verdad. Es un Obispo falso que no puede ejercer el Espíritu de Cristo, no puede tener la Mente de Cristo ni hacer las obras de Cristo en la Iglesia, porque lo ha rechazado, le pone un óbice con su herejía.

Benedicto XVI renunció al ministerio episcopal, pero no al ministerio petrino. Ya no puede gobernar la Iglesia, pero todavía posee, hasta su muerte, el Primado de Jurisdicción, el ministerio petrino. Por ese ministerio petrino, los fieles y toda la Jerarquía están obligados a permanecer en comunión espiritual con él si quieren estar en la Iglesia de Cristo, si quieren ser Iglesia, si no quieren perderse en la gran apostasía que se contempla en Roma y en todas las diócesis del mundo.

Ya los fieles no están obligados a prestarle obediencia porque no gobierna la Iglesia, no realiza actos de gobierno ni de magisterio, que es lo propio del Papado. Su gobierno ha quedado inútil, no sirve, no cuenta. De esta manera, se cumple lo que la Virgen dijo a Conchita sobre un papa que Ella no contaba. No cuenta su ministerio episcopal, pero sigue contando su ministerio petrino. Por lo tanto, queda la comunión espiritual con el Espíritu de Pedro, que posee el Papa Benedicto XVI. Ese Espíritu de Pedro es el Espíritu de la Iglesia, que une a todos los miembros con Su Cabeza.

Sigue siendo Pedro el que guía a la Iglesia en estos momentos. Pero sólo guía a aquellos en comunión con el Papa Benedicto XVI. A los demás, ellos mismos se pierden en la gran confusión que hay en todas partes por seguir a un falso papa, que no tiene el Espíritu de Pedro, y por estar colaborando en el levantamiento de una nueva iglesia, contraria a la Iglesia de Cristo.

Un hereje, como es Jorge Mario Bergoglio, no tiene jurisdicción en la Iglesia.

Fueron muy pocos los que no quisieron aceptar esta mentira del gobierno horizontal y se apartaron de Roma, en ese momento, por haber caído en el cisma. Un cisma que iniciaba y sólo se mostraba encubierto.

Los demás, han seguido mirando a Roma y tienen como papa a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe. Están dentro de una falsa iglesia, siguiendo como corderos llevados al matadero, a una cabeza falsa.

El Papa de la Iglesia Católica es Benedicto XVI, que es el último Papa antes del fin de los tiempos, antes de que se concluyan los tiempos del mal y aparezcan los nuevos tiempos, en donde el Papado continuará, pero con Papas puestos por el Cielo, no en una reunión de Cardenales.

El católico verdadero es el que comulga con el Papa Benedicto XVI: en Él está la Iglesia, la verdadera, la que ha fundado Cristo en Pedro. Todo aquel que comulgue con el Papa Benedicto XVI no puede caer en el cisma que Jorge Mario Bergoglio está obrando desde la Silla de Pedro.

«Las puertas del infierno» no pueden prevalecer sobre la Iglesia en Pedro, sobre los fieles que comulgan con el Papa Benedicto XVI. Sin embargo, las puertas del infierno están por encima de esa iglesia, que está levantando Jorge Mario Bergoglio, para engullirla una vez haya sido levantada en la perfección de todo mal.

«Entre el cisma y la herejía creo que hay esta diferencia: la herejía crea dogmas alterados, mientras que el cisma separa de la Iglesia» (San Jerónimo – In Tit. Super 3, 10; ML 26, 633).

Jorge Mario Bergoglio ha estado creando, desde el Consistorio de febrero del 2014, el dogma alterado de los divorciados vueltos a casar que pueden comulgar y de las parejas gays en la Iglesia.

Ha ido en contra de dos documentos claves en la Iglesia Católica: la Familiaris Consortio y la Humanae Vitae. Señal de que él no puede seguir ni a los Papas ni al Magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, que es irreformable. Señal de que no es Papa.

Jorge Mario Bergoglio puso a su anticristo, Kasper, que fue el único relator de ese Consistorio, para comenzar la reforma del magisterio de la Iglesia. Kasper fracasó, pero el mal continuó.

En el Sínodo del 2014, Jorge Mario Bergoglio, de acuerdo a su agenda programada, intentó imponer su doctrina con un documento infame. Y tuvo que cambiarla por la gran oposición de toda la Iglesia. De nuevo, fracasó. Pero el mal continúo.

En su orgullo, como un dictador, reinsertó su dogma alterado en el Instrumentum Laboris para el Sínodo del 2015. Y puso a todos sus hombres al frente de ese Sínodo, amordazando a los Padres Sinodales. Nombró a una comisión especial para escribir su relatio final. Y su dogma alterado, de nuevo, fracasó.

El gran fracaso de Bergoglio ha sido este último Sínodo. Pero, sin embargo, el mal continúa.

Bergoglio ha montado en cólera por este fracaso, diciendo que no debemos sentarnos en el trono de Moisés y juzgar a la gente, que debemos supuestamente ser caritativos y misericordiosos, negando claramente la realidad del pecado, y dando el mensaje protestante de que Jesús ama a todo el mundo y se hace cargo de todo. En su ira, ofreció su falsa misericordia en la que se anula toda justicia y en la que se ataca a toda la Iglesia Católica. Ni una palabra sobre el pecado ni sobre el arrepentimiento. Sólo se ha desahogado con su baboso modernismo, sólo le ha interesado poner en claro su herético pensamiento:

«…hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado». (24 de octubre 2015)

Lo que parece normal para un Obispo, no es tan normal para otro; lo que una sociedad o cultura entiende por violación de derecho, no es para otra…

Jorge Mario Bergoglio sigue su idealismo: todo principio general tiene que ser inculturalizado. Es decir, que no existe la ley divina, la verdad absoluta, no existen los dogmas, no existe la ley natural, no existe la ley de la gracia. Sino que todo es del cristal como los hombres, las culturas, las sociedades, las conciencias de cada uno lo miren. Esto no es nuevo en él. Siempre ha pensado así y no hay manera de que este hombre piense lo contrario. Él está en la descentralización del Papado y de la Iglesia. Pero, no sabe cómo hacerla.

Ahora, para toda la Iglesia, hay un momento de compás de espera.

El Sínodo ha fracasado porque no alcanzó los objetivos que el mal planeaba. No se dijo que los divorciados podían comulgar. No se dijo que los homosexuales se podían casar. Y esta es la ira de Jorge Mario Bergoglio y su gran fracaso. Por eso, él no puede ser el Falso Profeta. Sólo es un pobre payaso que entretiene a todo el mundo con una palabra que fracasa.

No son con palabras cómo se cambian a los hombres: es lo que lleva intentando este hombre desde que usurpó el Trono de Pedro. Se ha dedicado a hablar, a contar fábulas a todo el mundo. Y eso cansa después de dos largos años. Cansa escuchar a un hombre obsesionado con los mismos asuntos de siempre. Un hombre sin verdad, sin vida espiritual y sin vida eclesial.

Por eso, son muchos los intelectuales que también fracasan al querer estudiar lo que es Bergoglio como papa, como miembro de la Iglesia.

Este hombre no puede enseñar nada a la Iglesia: está creando sus dogmas alterados. Para eso, tiene que ir en contra de toda la fe católica. Tiene que hacer, como hacen todos los herejes, conocedores del dogma, pero que lo interpretan a su manera, que ocultan la verdad que ellos no quieren que se diga, para que sólo se manifieste su mentira.

Esto es la relatio final: un documento ambiguo. Hace aguas por todas partes, porque se oculta la verdad. Sólo se manifiestan aquellas palabras, aquel lenguaje que dice muchas cosas y no dice absolutamente nada. Todos los pueden interpretar a su gusto.

A pesar del fracaso del Sínodo, Bergoglio sigue adelante con su mal. El Sínodo sólo fue un montaje para intentar poner un rótulo de doctrina en la cual todos puedan participar, todos puedan aportar algo, menos la verdad. De esta manera, se coge a los falsos conservadores, a los que creen que la doctrina no ha cambiado, que todo sigue igual, para atrerlos a su juego. Ellos no buscaban un consenso, sino la manera de introducir su lenguaje bajo la carpa de la doctrina de siempre. No se toca la doctrina, sino que se abre la puerta para múltiples interpretaciones. Es buscar el fin democrático, el fin del pueblo, el sentido que el pueblo quiere en la vida. Es darle al hombre lo que en su pensamiento quiere encontrar.

Para toda esta gente, es lo pastoral lo que cuenta. No es la doctrina. A ellos les interesa muy poco la doctrina. Ellos quieren que la gente viva sin doctrinas absolutas, sin leyes divinas, sin normas de moralidad.

Por eso, ahora, tiene que dedicarse a descentralizar la Iglesia, a poner en cada diócesis la fuerza del cambio, que es el levantamiento de la nueva iglesia.

Ellos tienen que reformar los Sacramentos de alguna manera para que entren todos en la Iglesia. Ellos van a ir a la práctica, no a la doctrina. Con la práctica, es más fácil reformar la doctrina.

«El cisma, en un principio y en parte, puede entender como distinto a la herejía; mas no hay cisma en que no se forje la herejía, para convencerse de que se ha obrado rectamente apartándose de la Iglesia» (Ib. San Jerónimo)

No hay cisma en que no se forje, en que no se consolide la herejía.

Bergoglio no se va a dar por vencido en este fracaso del Sínodo. Bergoglio sigue forjando su herejía, sigue trabajando con su mente cerrada a la verdad: ahí están sus escritos heréticos y sus falsos motus propios que abren la puerta al divorcio en la iglesia, es decir, a la herejía. Son con los motus propios, con la pastoral, cómo cambian la Iglesia, cómo lo alteran todo.

¡Cuántas almas se van a separar de la Iglesia por esos motus propios! Van a tener una nulidad que es falsa. A los ojos de Dios, seguirán casados. Y ellos vivirán en sus pecados sin posibilidad de arrepentimiento. Esto es un claro cisma que pocos han contemplado.

Bergoglio, con sus escritos, con sus homilías, con sus enseñanzas heréticas, va apartando a las almas de la Iglesia: de la verdad, de lo que significa un Papa en la Iglesia, de lo que es la obediencia a un Papa en la Iglesia, de lo que es el magisterio infalible de la Iglesia.

Muchos, que siguen a Bergoglio, lo critican y lo juzgan. Han caído en su juego. Porque a un Papa no se le puede criticar ni juzgar. Y, por eso, muchas almas ya no saben obedecer a la verdad porque están obedeciendo la mentira que un hombre les da en la Iglesia. Ese hombre los está separando de la Iglesia, y no se dan cuenta. Y esto es el cisma.

Se forja la herejía, la obediencia a la mentira, que las almas piensen el error y lo obren. De esta manera, se va haciendo el cisma. Y, poco a poco, se van quitando las caretas, van saliendo del armario curas homosexuales que ya quieren ser de esa iglesia que está levantando Bergoglio.

Bergoglio está convencido de su herejía. Y está convencido de que debe apartarse del magisterio infalible de la Iglesia, de todos los Papas, sólo por estar forjando su herejía, sólo porque cree en su herejía. Muchos, no ven esto en Bergoglio, este convencimiento, este trabajo en forjar sus dogmas alterados. Y quedan ciegos con ese hombre.

Ahora, ellos se van dar a la tarea de la descentralización de la Iglesia. Porque, para que el Anticristo se siente en la Silla de Pedro, necesita que en todas las diócesis, en todas las parroquias, en todas las capillas católicas, se viva el pecado, se obre el pecado, y que la gente tenga el pecado como un camino en su vida.

Esto sólo puede hacerse de manera pastoral. Y el contenido de la relatio final del Sínodo es apropiado para comenzar las reformas de las liturgias de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.

Si doctrinalmente no ha quedado escrito que los divorciados vueltos a casar pueden comulgar, lo van a hacer pastoralmente. Y el cisma se irá viendo más claro, día a día. Van a dar sacramentos en los que se va a invitar a todo el mundo a participar. Y, muchos, si quieren salvarse tienen que apartarse de todo esto.

«…la Iglesia no fue pensada y hecha por hombres, sino que fue creada por medio del Espíritu; es y sigue siendo criatura del Espíritu Santo» (Eclesiología de la Lumen Gentium – Conferencia del Cardenal Ratzinger, febrero 2000).

La Iglesia de Cristo existe realmente, porque Él mismo la fundó y el Espíritu Santo la va recreando continuamente.

No es la obra de los hombres, sino del Espíritu. Y, en un mundo, en una Iglesia, en que el hombre ha perdido el sentido espiritual, lo que es la realidad y el mundo del Espíritu, sólo contemplamos una Iglesia llena de hombres, que piensan como los hombres, que obran como ellos, pero que no siguen al Espíritu de la Iglesia, que no son movidos por este Espíritu, que sólo les interesa un reino material, humano, natural, carnal. Una vida mirando sólo lo de acá. Conquistando sólo proyectos humanos.

Por eso, no contemplamos la Iglesia de Cristo ni en Roma ni en muchas parroquias. Sólo contemplamos a hombres que quiere edificar una nueva iglesia, siguiendo las enseñanzas de un hombre que sólo habla para fracasar en su palabra.

Contemplamos un cisma en la Iglesia. Y que ya se está manifestando con claridad, porque se sigue forjando la herejía. Nadie lucha en contra de ella. Todos se acomodan al lenguaje herético que de Roma viene.

Graves momentos para la Iglesia. No se ha vencido en el Sínodo porque ninguno de los Cardenales ha excomulgado a Jorge Mario Bergoglio. Se ha contenido, por un tiempo, la obra de herejía de ese usurpador.

Pero, si los hombres no se ponen en la Verdad, entonces perderán toda fuerza de contención y caerán en la abominación que ya se está levantando por todas partes.

La división está entre los miembros de la Iglesia. Ya no hay comunión en la verdad entre ellos. Y esta es la obra cismática de un hombre, que ha puesto esta guerra, esta división, este odio hacia los católicos verdaderos, que siguen el dogma y cumplen con la ley de Dios. Jorge Mario Bergoglio ha dividido la comunión de los fieles en la Iglesia. Ha dividido la verdad, la unión en la verdad. Y esto es el cisma.

La crisis de la Iglesia

PChTV – Polonia Christiana
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En este video se recogen las diferentes opiniones de la Jerarquía y de los laicos sobre la crisis de la Iglesia. Pero, en ninguna de ellas, se da la clave de esta crisis. Toda la Jerarquía ha perdido el Espíritu de la Verdad para discernir los Signos dentro de la Iglesia. Signos que se ven en el propio gobierno de la Iglesia. Muchos de entre la Jerarquía no ven esos Signos, porque no son espirituales. Ven los problemas, las situaciones, las analizan, las meditan, pero son incapaces, después, de llamar a cada cosa por su nombre. Por eso, todos hablan de la crisis, pero nadie dice dónde está el culpable actual de esta crisis. El culpable tiene un nombre: aquel que usurpa la Silla de Pedro. Y, no sólo es él el culpable, sino todos los que lo han puesto ahí, que es la Jerarquía masónica. Y, además, todos aquellos que acaban obedeciéndole como su papa. ¿Hacia dónde va la Iglesia? Al desastre más total. Y ¿por qué? Porque están obedeciendo la mente de un hereje, al tenerlo como papa. Esa comunión espiritual con Bergoglio les produce tal ceguera en su intelecto, que no son capaces de vislumbrar lo que viene, no sólo para la Iglesia sino para todo el mundo. Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia de Cristo, pero sí podrán destruir la Iglesia que el usurpador está levantando en Roma, con el aplauso general de toda la Iglesia, un aplauso filial, que connota la gran ceguera espiritual de todos los miembros de la Iglesia. Lo que se ve en el Vaticano ya no es más la Iglesia de Cristo, por más que la Jerarquía se canse de dar argumentos para seguir apostando y apoyando el gobierno de Bergoglio. Un gobierno masón que ha producido un auténtico caos en todas partes de la Iglesia. Por las obras se conoce quien gobierna en la Iglesia: un dictador de mentiras, incapaz de hablar una sola verdad a derechas, que ha sido capaz de engañar, con su palabra babosa y blasfema, a toda la Jerarquía y a medio mundo. Y esto muchos sacerdotes y Obispos se niegan reconocerlo.

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00: 05 – «No son necesarios más argumentos de prueba que estamos viviendo, realmente, en una verdadera crisis profunda, crisis interna de la Iglesia, de la fe.» (Obispo Athanasius Schneider).

00: 24 – «…estamos en un tiempo de crisis en la Iglesia, un momento crítico, en el cual tenemos que darlo todo para salvaguardar y promover la Verdad de la Fe, no sólo por nuestra propia salvación sino también por la salvación de nuestro mundo y por la generación que viene…» (Cardenal Burke).

00: 44 – Crisis.

¿Hacia dónde el Sínodo nos conduce?

00: 51 – La Iglesia Católica ha experimentado muchas veces grandes crisis en su historia. Desde hace 2000 años ha sido azotada por numerosos vendavales, pero siempre ha superado las dificultades, las conspiraciones y las traiciones.

01: 07 – Esta vez, ¿será lo mismo?

01: 25 – «Sin lugar a dudas, estamos viviendo en un tiempo de una de la más grande – si no la más grande – crisis en la historia de la Iglesia.   Una crisis que se ha hecho manifiesta en el hecho de que los Pastores de la Iglesia, de entre ellos muchos sacerdotes, prefieren obedecer al mundo en vez de a las enseñanza de Jesucristo» (Slawomir Skiba – Redactor de ´Polonia Cristiana´).

01: 46 – «Actualmente, estamos presenciando, con referencia a la confusión que rodea al Sínodo de la Familia y a las sesiones sinodales posteriores, otra emanación de la crisis, la cual prácticamente ha afligido a la Iglesia durante 50 años, la tan llamada reforma conciliar, también conocida como la obra del espíritu del concilio» (Grzegorz Kucharczyk – Historiador).

02: 17 – «Las personas de la Iglesia, que son responsables de la predicación del Evangelio, tal como lo enseñó Cristo, a tiempo y a destiempo, deberían enseñar lo que es y no es moral, en una forma clara y directa. No creo que el Espíritu del Evangelio reine en la Iglesia hoy día. Esto es porque todas esas predicaciones de la Alta Jerarquía no son fuertes. No son palabras que tengan poder. Son hermosas palabras, pero no contienen la Verdad» (Obispo Jan Pawel Lenga).

03: 03 – «Es una muy extendida siembra de doctrina relativista, que está cayendo en muchas facultades teológicas, seminarios…, en todo el mundo» (Athanasius Schneider).

03: 14 – «En las iglesias, Cristo ya no es más predicado , ya no se habla más como Cristo, ´Si, sí; no, no´. Y esto causa un silencio que se cierne alrededor del pecado, un calmante tonificante…. El pecado es lo que usted quiere que sea… Dios es misericordioso, bueno… En algunos países, Cristo no es ya más representado colgado de la Cruz, sino sólo resucitado, para no tener problemas uno mismo con el sufrimiento… Esto no es la Verdad sobre Cristo. La Verdad sobre Cristo no puede ser de una parte, sino total. Si no tenemos la totalidad de la Verdad, entonces se levantan complicaciones, las cuales estamos viendo en todos los niveles» (Jan Pawel Lenga).

04: 08 – «E, incluso, en nuestros años pasados han habido manifestaciones de algunos Obispos, que se han pronunciado públicamente contradiciendo algunos aspectos de la doctrina católica, especialmente en las cuestiones morales» (Athanasius Schneider).

04: 32 – «Actualmente, durante las Asambleas más importantes de la Iglesia, no hace mucho tiempo, por ejemplo, se discute el ´lenguaje de la liturgia´, pero incluso los Diez Mandamientos son objeto de debate» (Grzegorz Kucharczyk).

04: 49 – La experiencia histórica muestra que a lo largo de los siglos, los Cristianos fueron amenazados no sólo por los declarados enemigos de la Iglesia, sino también por muchos hombres pusilánimes en el servicio de Cristo.

05: 02 – En el Siglo XXI hemos llegado a experimentar el escándalo de su deserción de la batalla contra la palabra moderna, la cual ataca, de una manera enloquecida, todas las cosas relativas a Dios y a la moralidad católica.

05: 23 – «Esto está manifestándose a sí mismo, esta crisis, en el sentido de una situación de confusión. Desde fuera, ellos tienen las inmutables y claras enseñanzas del magisterio de la Iglesia, de los 20 siglos de Magisterio, muy claro; pero, por otra parte, hay ´fenómenos´ que contradicen estas claras enseñanzas, e incluso válidas enseñanzas de la Iglesia. El renacimiento de estos escritos en donde, de estas disputas, el Papa aceptó, en alguna manera, el espíritu de este mundo. Esto significa un nuevo renacimiento del estilo pagano, que se alcanza no de una manera doctrinal, sino en el estilo de la vida, en la cultura, en la Iglesia de Roma…, este espíritu, en alguna forma, neo pagano, en la forma de cultura» (Athanasius Schneider).

06: 50 – «Así ocurre, que nos estamos aproximando al 500 aniversario de la Reforma de Lutero, en el 2017, y parece que como parte de estas preparaciones, los Obispos germánicos nos han recordado, por sus actos, que ya llegó semejante tiempo en la historia de la Iglesia, cuando un amplio segmento de la Iglesia germana inició una revolución que, verdaderamente, sacudió el cristianismo occidental, y casi conduce a una permanente destrucción. Después de todo, en el comienzo del siglo XVII, el monje agustiniano Martín Lutero no estuvo solo. No fue solamente el influyente príncipe germano quien le respaldó, sino también muchos de los Obispos germanos. Su movimiento hubiera muerto por una muerte natural si no hubiera sido por este apoyo. En cierta manera, guardando, por supuesto, todas las proporciones adecuadas relativas a este contexto histórico en el cual nos encontramos, aquí también afrontamos con una repetición; es decir, esos hombres de la Iglesia, por la cual deberíamos luchar en este instante, se han puesto ellos mismos por encima de lo que consultamos con Roma, la Eterna Roma, que es la enseñanza inmemorial de la Iglesia, que está inmersa en la Tradición y en la Escritura» (Grzegorz Kucharczyk).

08: 21 – «Cristo es el mismo ahora como Él fue en el pasado. Él no es diferente. Pero esos, que actúan en Su Nombre, no son de Él, no son de Su Rebaño. Ellos han sido, por mucho tiempo, lobos vestidos de ovejas. Pero, algunas veces, la gente normal no ve esto. Gracias a Dios, no obstante, que los laicos hoy día son fuertes» (Jan Pawel Lenga).

08: 52 – «Relativismo doctrinal, moral y también litúrgico son hoy un gigante» (Athanasius Schneider).

08: 58 – «La Curia Romana asignó tales Obispos, que no eran Obispos según el Corazón de Cristo. La Curia había ya anteriormente reconocido a aquellos Obispos que discretamente aceptaron todas las cosas de sí mismos, o como yo refería de ellos en mi carta, ´los corderos silenciosos´ o ´perros que no ladran´. Ellos cuidaban de sí mismos. Ellos no advertían a las naciones y a las sociedades sobre lo que estaba ocurriendo y cómo confrontarlo, así como no someterse a todo» (Jan Pawel Lenga).

09: 50 – En Octubre del 2014, en el Vaticano, hubo el Sínodo de los Obispos, en el cual la materia tratada fueron cuestiones católicas. Ante el asombro de los observadores, durante las reuniones de las más Alta Jerarquía, se discutió la cuestión de la homosexualidad, y se cuestionó las enseñanzas de la Iglesia en la indisolubilidad del matrimonio.

10: 15 – « ¿No estamos tratando aquí con algo singular? Aquí estamos, viviendo en los tiempos de una casi universal y dominante crisis de la Iglesia. Pero no sólo de la Iglesia, sino también de la familia como una institución, del matrimonio. La familia y el matrimonio, la cual hace frente contra muchas amenazas. Y durante este mismo tiempo, cuando un Sínodo se ha convocado para tratar con estas cuestiones, no hablamos sobre la familia misma, sobre los peligros que la amenazan y el matrimonio, sino, por ejemplo, hablamos sobre el alejamiento de la homosexualidad» (Slawomir Skiba).

10: 45 – «Si alguien vio cuidadosamente lo que estaba sucediendo en el último Sínodo del 2014, podría observar que en una reunión de Obispos de la Iglesia Católica en Roma, se dijeron declaraciones y afirmaciones contrarias a la verdad divina. Por ejemplo, algunos de los miembros del Sínodo dijeron que tenían que evaluar positivamente las relaciones o uniones homosexuales» (Athanasius Schneider).

11: 36 – «La cuestión de la condición homosexual, de las personas que tienen estas tendencias, no pertenece al Sínodo de la familia y del matrimonio, porque no es matrimonio. Si queremos tener un Sínodo en el cual se haga revista de los sufrimientos de la gente, que tiene un desorden en la atracción hacia el mismo sexo, podemos hacerlo, pero no pertenece a un Sínodo del matrimonio y de la familia… Fue un shock para mí, y creo que para muchos de los padres sinodales también, que, de repente, el informe presentado después de la primera semana de trabajo, presentó la alegación relativa a la búsqueda de los aspectos positivos de la homosexualidad y de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. En otras palabras: en el adulterio, la fornicación y los actos homosexuales. Nos quedamos muy sorprendidos» (Cardenal Burke).

12: 43 – «No es el caso que, de repente, alguien dijera algo como esto. Todo esto maduró con el tiempo. Así que cuando ellos declararon estas cosas en el Vaticano, esto no fue una sorpresa para mí. Porque ahora fue solamente el caso del Vaticano teniendo que aceptar amablemente esto. Este proceso estaba lentamente ´agarrando a uno por la garganta´, por así decirlo, con el fin de mostrar la depravación incluso en el Vaticano» (Jan Pawel Lenga).

13: 09 – «He sido sacerdote durante cuarenta años. En el curso de mi ministerio he tenido el cuidado pastoral con las personas que tienen la atracción sexual hacia su mismo sexo, gente con atracción homosexual. La Iglesia, en mi experiencia, nunca ha sido cruel con estos individuos. Y no creo que si mira a la historia de la Iglesia, no encontrará ejemplos de persecución o de crueldad hacia las personas con tales tendencias. Pero, la Iglesia ha sido respetuosa, especialmente propicia a personas que sufren de estas tendencias, por lo que hay que decir la verdad» (Cardenal Burke).

13: 49 – «De cualquier modo, si uno cree que los homosexuales han aportado algo a la Iglesia, que no tenemos nada sino libertinaje y desenfreno, las Sagradas Escrituras establecen, de una manera muy sucinta, que esas personas no entrarán en el Cielo. Estas no son nuestras palabras, no han sido inventadas entonces, pero deberían repetirse a todos los niveles de la Jerarquía y de nuestro servicio, de que esto no se puede hacer. El paciente siempre puede recurrir al doctor para recibir tratamiento, y el doctor debe y debería ayudar incluso a aquellos que son sus enemigos. Pero esto no significa que al hombre enfermo se le permita contagiar a otros, sólo porque él mismo no desea ser curado» (Jan Pawel Lenga).

14: 44 – «Esto, ciertamente, es el rostro de un proceso el cual hemos sido testigos en los dos últimos años. Un proceso que tiene como objetivo – según lo indicado por el cardenal Kasper- para lograr un cambio de paradigma en la Iglesia, es decir, cambios radicales en relación a la familia y, especialmente, como lo indicó el Cardenal Kasper, en relación a la propia comprensión del Sexto Mandamiento de Dios. En adicción, está la cuestión de una mayor atención pastoral hacia las personas que tienen, la así llamada, tendencias homosexuales» (Grzegorz Kucharczyk).

15: 25 – «Lo que ocurrió en octubre del 2014, durante el Sínodo de los Obispos, fue el propósito de remitir cambios de la disciplina de la iglesia en cuanto al matrimonio, específicamente la disciplina con respecto a la exclusión de los sacramentos de las personas que viven en una unión irregular. Se afirmó que la Iglesia puede cambiar la disciplina, manteniendo la doctrina de que el matrimonio es irresoluble. Pero esto no es cierto. Esta herejía es la enseñanza de que los actos homosexuales no son desordenados o tiene elementos positivos» (Cardenal Burke).

16: 12 – «La posición de los Obispos polacos que fue presentada en la sesión, en el 2014, junto con el Arzobispo Stanislaw Gadecki o, en términos más generales, de la Jerarquía de la Europa Central y del Este, u Obispos africanos, nos permite esperar que no habrá una desviación efectiva realizada en el Sínodo del 2015. La desviación significa un intento de apartarse radicalmente de la Tradición, del Magisterio y Palabras de Jesucristo mismo. Sin duda, estos informes, que comenzaron a llegar desde el Vaticano, a partir de febrero del 2014, atrajeron la atención mediática porque los cardenales discutían entre sí» (Grzegorz Kucharczyk).

17: 10 – «Porque si una persona que vive con otra persona, que es una persona casada, que no es su esposo o esposa, y que está realmente unida en matrimonio con otra persona, esa persona es culpable de adulterio y no puede ser admitida a los Sacramentos. Ciertamente, la Iglesia ama a esta persona, ella es parte de la iglesia. La iglesia trata por todos los medios de ayudar a la persona, pero hasta que no sea capaz de solucionar su situación en casa no se puede admitir a los sacramentos. La iglesia siempre ha practicado esto; y cualquier intento de determinar lo contrario, es una falsedad. Y la introducción de la práctica contraria simplemente significa la negación de la enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio. Así que no podría hacer otra cosa que oponerme muy fuertemente a esta propuesta» (Cardenal Burke).

19: 19 – «La nueva pastoral es tan difícil de describir como el espíritu del concilio. Todo el mundo está hablando de ello, pero nadie sabe realmente lo que es» (Grzegorz Kucharczyk).

19: 37 – «Este nuevo enfoque pastoral es sólo una cubierta, bajo la cual se esconde el verdadero problema. Y, definitivamente, creo que no se recoge, que no es la honestidad del Cardenal Kasper y sus partidarios, escondiéndose él mismo detrás de esta cubierta» (Athanasius Schneider).

20: 00 – «Mirando a la práctica de la Iglesia en Alemania, la cual ha sido guiada por esta nueva pastoral, desde hace 30 años, conocemos que está fundamentada en la admisión de los adúlteros al Altar del Señor, sin ninguna restricción en la forma de un camino particular de penitencia, como ha sido mencionada por el Cardenal Kasper» (Grzegorz Kucharczyk).

20: 35 – «Cristo dijo: Vuestro hablar sea: Sí, sí; no, no. Ellos quieren que se reconozca, en estos días, el reconocimiento de estas relaciones sexuales y, por supuesto, que se reconozca que ellos pueden usar la sexualidad humana fuera de la validez del sacramento del matrimonio. Y esto está en contra del mandamiento divino. Pero, hoy día, se esconden ellos mismos con las expresiones de misericordia, de nuevas puertas abiertas… Esto es falso, falsedad. Y estas palabras falsas ellos la quieren divulgar. Cristo dijo: ´Pues no hay nada oculto que no haya de descubrirse, ni secreto que no haya de conocerse y salir a la luz´. Y toda esta estrategia del Cardenal Kasper y su grupo que es divulgada, es una mentira, una estrategia, la cual va en contra del Espíritu de Cristo y de Sus Apóstoles» (Athanasius Schneider).

21: 44 – «Esto es por lo que se habla de los divorciados, que ellos quieren admitir a la Sagrada Comunión, porque sienten lástima por ellos, ya que son miserables. Pero cuando la humanidad pecó, vino el diluvio. Dios tuvo misericordia de la pobre gente, pero Él sólo salvó a los que creían en Él» (Jan Pawel Lenga).

22: 27 – La Iglesia nunca cambiará la enseñanza de Cristo. Desde siglos la ha enseñado, e incluso, aunque la verdad sobre la indisolubilidad del matrimonio es difícil para mucha gente, ninguna persona tiene el derecho de cambiarla.

En efecto, su doctrina está claramente contenida en las Palabras del Señor Jesús: ¨Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre¨.

22: 47 – «El matrimonio es el fundamento básico de la sociedad y, por supuesto, el fundamento básico de la vida de la Iglesia. Desde el principio, Dios quiso que el hombre y la mujer se unieran, orientaran su vida a la procreación. Eso sería una participación en la divinidad, en en el amor que está en la Santísima Trinidad. El libro del Génesis es muy claro sobre esto. Dios dice: ¨Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, varón y hembra¨. Y así entendemos que en el matrimonio y su fruto, la familia, es el primer lugar en el que Dios es conocido, Dios es adorado y reconocido. Y donde se vive en Dios, donde se practica la vida divina de amor» (Cardenal Burke).

23: 48 – «No es verdad que el matrimonio sea sólo una cuestión sociológica. El matrimonio es, en primer lugar, una institución religiosa y teológica» (Athanasius Schneider).

24: 05 – «Tenemos un ejemplo de esto que nos llega con San Juan Bautista, que debido al testimonio sobre la verdad del matrimonio, como Dios lo creó desde el principio, fue asesinado por Herodes, que estaba viviendo en una relación adúltera con la esposa de su hermano. Si no defendemos de nuevo el matrimonio, no vamos a defender a la iglesia misma. Tenemos que estar, también, preparados, en una cultura completamente secularizada, para dar la vida en defensa de la verdad sobre el matrimonio» (Cardenal Burke).

25: 16 – «Fue Martín Lutero el primero que declaró esta afirmación: que el matrimonio es un asunto mundano («ding weltlich» – en alemán). Cosa secular. Esta es una apostasía… porque Dios creó el matrimonio… La Biblia… se puede leer en las primeras páginas de la Biblia: Dios lo creó. Es una creación de Dios. Y, por eso, incluso los gobernantes no tienen verdadera competencia sobre el matrimonio, el Estado, sólo una secundaria competencia en algunos aspectos, como lo económico, los bienes materiales o herencia, pero no la principal competencia. La primera competencia es Dios, es decir, Jesucristo y la Iglesia, la Jerarquía. Y, por supuesto, el matrimonio Cristo lo elevó a la dignidad del Sacramento» (Athanasius Schneider).

26: 34 – «Si esto significa que los Cardenales se tuvieran que oponer a los Cardenales, tendríamos que aceptar la situación con la cual nos encontramos. Ciertamente, por mi parte, no busco esta clase de conflicto. Pero, si en la defensa de la verdad de fe se da lugar a un desacuerdo con otro Cardenal, es de suma importancia para mí es la verdad de la fe, como maestro de la fe, un Pastor de las almas para defender la Verdad» (Cardenal Burke).

27: 13 – Las enseñanzas de Cristo sobre el matrimonio y la verdad cristiana sobre la homosexualidad son hechos que no son bien recibidos por mucha gente, hoy día. Desafortunadamente, de entre ellos también hay Obispos. Algunos de la Jerarquía se han atrevido a anunciar que ellos decidirán lo que han de enseñar – ellos, no Roma. Estas son las tremendas palabras que fueron dichas: “no somos una rama de Roma”.

27: 39 – «La frase que pronunció uno de los Cardenales, el Cardenal alemán Marx, que no somos una rama de Roma, preocupa a muchos católicos y nos ha puesto contra la verdadera amenaza del cisma» (Slawomir Skiba).

27: 57 – «Fue Marx, Karl Marx. Y si el actual Marx dice cosas semejantes, entonces no hay verdadera diferencia» (Jan Pawel Lenga).

28: 07 – «El Cardenal Marx, recientemente, atrajo la atención de los medios con su declaración, durante una conferencia de prensa, diciendo que nosotros no somos una rama del Vaticano. Esto fue comprendido como un atentado a ponerse por encima de cualquier posible decisión de la futura Asamblea del Sínodo de la familia, en octubre del 2015, que podría enfrentarse – como temido por el Cardenal Marx- a un rumbo desfavorable, y en donde podrían ser tomadas decisiones negativas. Supuestamente demuestra que, cualquiera que sea la decisión de Roma o del Sínodo, nosotros, la Iglesia germana seguiremos nuestro propio camino» (Grzegorz Kucharczyk).

28: 54 – «Ellos creen que Alemania, como una parte de la Iglesia Universal, es así de importante. Pero no significa eso. Es lo que ellos creen. Es una especie de fantasma, que deberíamos ahuyentarlo con el signo de la Cruz. Recomiendo, fuertemente, la conversión en lugar de tratar de dominar la Iglesia» (Jan Pawel Lenga).

29: 18 – «Fijándose en las palabras exactas alemanas, en las cuales se dice: no somos una rama de Roma, pero somos todos sarmientos de Cristo, sus ramas visibles Todos estamos injertados en Cristo. Hay un único Cristo, un único Vicario de Cristo, que es el Romano Pontífice, y hay una única Iglesia. No sé lo que estos Obispos alemanes están tratando de decir con su declaración, pero si ellos quieren decir que son independientes de la Iglesia universal, entonces ya no son más católicos. Esto no puede ser» (Cardenal Burke).

30: 22 – «Durante los dos últimos años hemos visto aún otra emanación de lo que se ha llamado el “síndrome anti-Roma” de la Iglesia germana, cuyos representantes se ponen a sí mismos como en una oposición real a Roma, comprendida como la Tradición de la Iglesia, como el Magisterio de la Iglesia, que no cambia a través de los siglos. Así que somos la Iglesia, somos la Iglesia abierta, somos la Iglesia que comprende al hombre moderno. No somos la Iglesia rigorista que rechaza las necesidades la Iglesia moderna. En pocas palabras, esto es el “síndrome anti-Roma” de la Iglesia germana. Las Iglesia en la Europa Occidental o pasivamente han visto los vigorosos esfuerzos de los Obispos alemanes, o los han ayudado» (Grzegorz Kucharczyk).

31: 12 – «Estamos viviendo ya en el tiempo del cisma, porque cuando hay sacerdotes y obispos que se oponen claramente a la verdad de Dios, y por sus declaraciones, por sus acciones, están en contra, de alguna manera ellos mismos se separan de la verdad de la Iglesia. Es decir, cuando uno se separa de la verdad de la iglesia, se encuentra en una especie de cisma» (Athanasius Schneider).

31: 51 – Los católicos de todo el mundo se están preguntando: ¿hacia dónde va nuestra Iglesia? En la situación de tan avanzada crisis de la Iglesia, ansiosamente esperamos la próxima Asamblea del Sínodo prevista para Octubre del 2015.

32: 12 – «Temo que será un compromiso carcomido, basado en el hecho de que todas las cosas serán adornadas con palabras vacías, tal como la mencionada “nueva pastoral” (Grzegorz Kucharczyk).

32: 28 – «Desafortunadamente, la futura Asamblea del Sínodo de la Familia ha creado una muy peligrosa situación. Por supuesto, la polarización se profundiza entre aquellos que defienden fuertemente la enseñanza de Jesús en el matrimonio y en la familia, y aquellos que fuertemente buscan cambiar la actual enseñanza de la Iglesia basada en el Evangelio» (Slawomir Skiba).

32: 57 – «El Papa, durante el Sínodo, mostrará de qué lado él está. Si acepta la declaración de aquellos que quieren distribuir la Sagrada Comunión a los divorciados, habría la herejía en la Iglesia; pero si no la acepta, puede haber un cisma en la Iglesia, un cisma alemán, belga y holandés» (Jan Pawel Lenga).

33: 21 – «Una situación de tal pluralismo pastoral, que depende de las Iglesia locales individuales, fundamentalmente podría asestar un golpe al Magisterio de la Iglesia y al gobierno de la Iglesia» (Slawomir Skiba).

33: 41 – «Vivimos en tiempos de crisis, en los tiempos en los que los Miembros de su Cuerpo, incluyendo el Clero, la Alta Jerarquía, se convierten en indignos, infieles, incluso en traidores. Y estas son heridas del Cuerpo Místico de Cristo: Cristo está en un continuo sufrimiento» (Athanasius Schneider).

34: 10 – «No quieras ser más sabio que Dios. Si no hablamos al mundo lo que deberíamos hablar, el mundo se atreverá a decirnos lo que ellos piensan que es lo verdadero. Hoy hay una lucha espiritual, ya sea en el lado de Cristo -no en la izquierda ni en la derecha del Vaticano-, o estamos en el lado de Cristo, o en el lado del demonio. No hay una tercera opción… La gente común está muchas veces más cerca de Cristo que los sacerdotes» (Jan Pawel Lenga).

34: 52 – «La Iglesia no es la Iglesia de los Obispos, o del Papa. La Iglesia es de Cristo. Es muy importante hacer hincapié en esto: la Iglesia es la Iglesia de Cristo. Y Cristo es la Cabeza de la Iglesia. Él es el Jefe. Y Él permanece como Jefe, incluso cuando hay tanta confusión y tal indignidad en sus representantes. Él gobierna la Iglesia porque Él es Dios. Cristo nos dijo, el Apóstol Pablo lo demostró: cuando nos damos cuenta de que algo es evidentemente falso, como estas manipulaciones, tenemos que hablar de ello: esto no es correcto en la Iglesia» (Athanasius Schneider).

35: 59 – Aunque en las actitudes de muchos Obispos es difícil ver, hoy día, el deseo de lucha por la Verdad de Cristo, otra parte de la Jerarquía, quizás un número menor, pero fuerte, todavía nos recuerda sin descanso las Palabras del Señor. También, los fieles emprenden numerosas iniciativas que nos recuerdan la imposibilidad de cambiar la enseñanza del Señor Jesús.

36: 19 – «Consciente de la apelación del Santo Padre, al comienzo de su pontificado, para hacer que los laicos sean activos en la vida de la Iglesia, les habló con estas palabras: lío, hagan lío. En este contexto del Sínodo, que comenzó el pasado otoño, hemos decidido organizar una petición, una solicitud filial al Santo Padre, por la que recabamos firmas, que se oponen, clara y definitivamente, a los intentos de alguna Jerarquía que quiere cambiar la enseñanza de la Iglesia. De esta manera, defendemos la enseñanza de Jesucristo» (Slawomir Skiba).

37: 05 – «El Papa nunca me dijo que no enseñe lo que enseña la Iglesia. Y si me lo dijera así, me hubiera opuesto» (Cardenal Burke).

37: 12 – «Junto a muchos católicos con una completa humildad filial, espero una clara posición de nuestro Santo Padre, el Papa Francisco, en este caso que preocupa a mucha gente» (Grzegorz Kucharczyk).

37: 30 – «Es nuestro deber, primera obligación ser fieles a las Palabras de Dios, a la Revelación. Y cuando observamos que la Verdad de Dios, -no es nuestra opinión-, sino que si la Verdad de Dios está amenazada por el cambio, debemos reaccionar. Tenemos que elevar la voz. De otra parte, Jesucristo nos juzgará: ¿Por qué te callaste? ¿Por qué no me confesaste enfrente de los hombres?» (Athanasius Schneider).

38: 17 – «Las diferentes ideologías nos hablan que mientras permanezcamos sentados y seamos políticamente correctos, todas las cosas estarán bien y, simplemente, todo desaparecerá. Nada pasará porque sea motivado ideológicamente» (Jan Pawel Lenga).

38: 31 – «El Concilio Vaticano II enseña que los fieles, no sólo tienen el derecho, sino el deber de presentar sus deseos a la Jerarquía de la Iglesia, especialmente en las cuestiones que pertenecen a la fe, que es importante para la Iglesia, para el beneficio de la Iglesia. Y así esta solicitud filial pide que se dé cuenta de las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Es, por eso, que me uní a la gran cantidad de obispos que firmaron una petición de los fieles. Debemos ser una sola Iglesia, una sola familia: los fieles, sacerdotes, obispos, el Papa, una sola familia. Esta solicitud filial fue firmada no sólo por los laicos, sino también por los sacerdotes, obispos y cardenales. Es un bello ejemplo de manifestación de nuestro espíritu de familia en la iglesia» (Athanasius Schneider).

39: 49 – «De acuerdo a las Palabras de Cristo que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia, la Iglesia superará esta crisis bien. Con la ayuda de Dios, con la ayuda del Fundador de la Iglesia. Aunque, ciertamente, el Calvario de la Iglesia y su Forma de la Cruz, todavía está al final de este camino la Resurrección. Conocemos eso con seguridad» (Slawomir Skiba).

40: 15 – «Así que tenemos que creer siempre en las Palabras de Cristo: las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia. Y Cristo habló a Pedro: Tú eres Pedro, tú eres la Roca, y sobre esta piedra Yo levantaré Mi Iglesia. No tú Iglesia, Pedro. Mi Iglesia» (Athanasius Schneider).

Un Sínodo falible para levantar una iglesia llena de herejías

«He manifestado tu Nombre a los que me has dado sacándolos del mundo… Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de Ti; porque Yo les he comunicado lo que Tú me comunicaste; ellos han aceptado verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me has enviado… Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como Yo no soy del mundo… Conságralos en la verdad: Tu Palabra es verdad. Como Tú me has enviado al mundo, Yo también los he enviado al mundo...» (San Juan 17,6ss.14.17s; véase San Juan 10,36).

El magisterio de la Iglesia fue instituido por Jesucristo, enviado por el Padre como Maestro auténtico de la verdad, en los Apóstoles.

Jesús eligió a Doce para enseñarles su doctrina: «ahora saben que todo lo que me has dado viene de Ti».

Jesús comunicó a los Doce una doctrina divina, celestial, espiritual y sagrada.

Y los Doce aceptaron esa doctrina: creyeron en las Palabras de Jesús. Dieron asentimiento, obedecieron con su mente, hicieron un acto de fe a la Palabra de Jesús: «han creído que Tú me has enviado».

Y los Doce fueron consagrados en la verdad: se les dio la virtud del Espíritu Santo para ser enseñados continuamente por el Espíritu de la Verdad, como lo fueron por el Maestro, y así aprendieron toda la plenitud de la doctrina de Jesucristo, para propagarla perpetuamente y con fidelidad hasta los confines de la tierra.

Muchos han combatido este Magisterio infalible de la Iglesia, que está por encima de toda razón humana, de toda ciencia y progreso del hombre, que va más allá de la conciencia del individuo, que proclama una autoridad divina en la Jerarquía de la Iglesia Católica.

El Magisterio infalible de la Iglesia es lo que la Iglesia enseña como revelado por Dios. No es, por tanto, la opinión de una escuela teológica, ni el magisterio privado de un teólogo o de un Obispo, ni los magisterios falibles que se dan en las Encíclicas o en los decretos que no están conexionados con las verdades reveladas, ya jurídicos, ya litúrgicos, ya magistrales.

Hay mucho magisterio del Romano Pontífice en el cual él habla con una autoridad que no alcanza la infalibilidad, es decir, no está expresando, no está enseñando algo revelado por Dios.

Hay muchos decretos que son publicados en virtud de la autoridad legítimamente comunicada por el Sumo Pontífice, es decir, tienen la firma del Papa, pero la doctrina, en ellos, no es segura.

Por ejemplo, el “Directorio para la aplicación de los principio y normas sobre el Ecumenismo”, publicado el 25 de marzo de 1993. Contiene este directorio instrucciones que van en contra de la doctrina de la Iglesia. Cualquiera que lo lea se da cuenta que la doctrina contenida en tal decreto no es segura. Y, por lo tanto, no se puede aceptar con el asentimiento de la mente. Se ha usado el nombre del Papa, su firma, para crear un directorio de normas, de leyes, que van en contra de la misma verdad revelada.

Desde el Concilio Vaticano II se dan en la Iglesia esta clase de documentos, que no pertenecen  a los decretos que están conexionados con las verdades reveladas y a los cuales se exige el asentimiento interno y religioso de la mente, sino que exponen unas reglas y unas leyes prácticas que anulan la doctrina de Cristo.

Y esto la Jerarquía lo sabe. Y es tal la perversidad de mucha Jerarquía que imponen estos decretos como verdaderos, como seguros, a sus fieles en las parroquias. Así sucedió con todos los decretos litúrgicos que se introdujeron en la Iglesia, después del Concilio, que tienen la firma del Papa, pero que no son doctrina segura, sino que imponen leyes, como la comunión en la mano, que van en contra del magisterio infalible de la Iglesia.

A estos decretos no se les puede obedecer porque no provienen de una autoridad sagrada. Tienen la firma del Papa legítimo, que es siempre una autoridad sagrada en la Iglesia, el cual tiene la función de velar por la salud y la seguridad en la doctrina. Pero han sido dados en contra de esa misma autoridad sagrada, por motivos que los hombres no pueden explicar.

¿Cómo un Papa legítimo permite en la Iglesia este tipo de documentos que enseñan doctrinas que van en contra de lo que Jesús ha revelado?

Es el Misterio del Mal: existe una jerarquía en la Iglesia Católica que combate la autoridad sagrada del Papa y que impone su doctrina a toda la Iglesia.

Muchos católicos se equivocan al decir que los Papas fueron los culpables. Y acaban llamando a esos Papas herejes. Y quedan ciegos para siempre porque no son humildes, no piden luz al Espíritu para discernir este problema en la Iglesia.

El ecumenismo no está en la Revelación. Sin embargo, la Jerarquía ha querido meter a toda la Iglesia en el objetivo de la búsqueda de la unidad de los cristianos. Un objetivo que no pertenece a la fe, a los artículos de la fe.

Y mucha Jerarquía ha publicado cantidad de documentos para fortalecer este objetivo.

Ellos son maestros de la ley: promulgaron un nuevo Código de Derecho Canónico, en la cual se introdujo una nueva situación disciplinar para todos los fieles en materia ecuménica. Esa situación disciplinar no existía en el antiguo Código, porque el ecumenismo no pertenece al depósito de la fe. Es doctrina de demonios. Son fábulas de la mente del hombre que se dan para engañar al mismo hombre.

Y la Jerarquía ha trabajado durante 50 años en el Ecumenismo, llegando al absurdo que vemos hoy día: ya nadie cree en la doctrina que salva. Todos están buscando un lenguaje nuevo que haga cambiar el mismo magisterio infalible de la Iglesia. Un nuevo lenguaje para una nueva teología.

Lo que vemos con estos documentos es claramente el Misterio del Mal dentro de la Iglesia. Y los Papas legítimos han estado prisioneros, de una forma o de  otra, de la Jerarquía movida por este Misterio del Mal.

Hoy se niega el Magisterio infalible de la Iglesia por la misma Jerarquía.

Por supuesto, esa Jerarquía ha dejado de ser católica y sólo hace la función de destruir la Iglesia, usurpando la verdad para poder introducir las innovaciones en la doctrina, para hacer una nueva teología, para levantar una nueva iglesia con un nuevo magisterio, no instituido por Cristo, sino por los hombres.

Esa Jerarquía, infiltrada en la Iglesia Católica, tiene un grupo numerable de aficionados a novedades, que desprecian toda teología escolástica para menospreciar el Magisterio infalible de la Iglesia.

Son muchos los falsos católicos que ven el Magisterio infalible de la Iglesia como impedimento al progreso, y como óbice de la ciencia humana. Muchos lo consideran como un freno injusto a sus pensamientos, a sus filosofías, a sus obras en la vida.

Y esto es señal de la falta de fe: ya no se cree que Jesús ha dado un Magisterio a sus Apóstoles que permanece siempre lo mismo, que nunca cambia, que es inmutable, que no tiene ningún error.

Por eso, ahora todos tienen a un hereje como su papa, como su maestro en el ministerio sacerdotal, como el que enseña y une a la Iglesia en la mentira de su palabra.

Y ahora todos enseñan una doctrina que no es segura, que va en contra de todas las verdades reveladas, y que son la base de la  nueva teología que se quiere imponer a todos en la Iglesia.

Las encíclicas de Bergoglio no son cartas de un Papa a los fieles exponiendo una doctrina segura, un magisterio ordinario, infalible. Son escritos de un  hereje que llevan a las almas a la apostasía de la fe y a la clara herejía. Son los escritos de un cismático que gobierna la Iglesia con un gobierno de hombres, de muchas cabezas, propio de un líder político

Ya los Jerarcas de la Iglesia no creen en el Magisterio de la Iglesia que enseña a excomulgar a un hereje. Ya no creen en el Evangelio que proclama que todo aquel que enseñe un evangelio distinto al de Jesucristo, sea tomado por anatema, sea apartado de la vida de la Iglesia.

Han dejado de creer, los hombres han perdido la fe en la Palabra de Dios.

El Magisterio de la Iglesia es infalible cuando se centra en los artículos de la fe, que son las verdades formalmente reveladas, y en aquellas verdades que están necesariamente conexionadas con los artículos de la fe.

Es decir, «per se pertenecen a la fe aquellas verdades, que nos ordenan directamente a la vida eterna» (Sto. Tomás).

«Esto es lo que has de predicar y enseñar» (1 Tim 4, 11): todo aquello que conduce al alma hacia su salvación y su santificación.

No se puede enseñar ni el ecumenismo, ni la ecología, ni tantas doctrinas que no llevan al alma hacia su salvación. Y los fieles están obligados, en la Iglesia, a combatir esas doctrinas si quieren salvarse.

Los Obispos han recibido de los Apóstoles esta doctrina de la fe que deben custodiar en santidad y ser expuesta con fidelidad por la Iglesia.

«¡Oh, Timoteo!, guarda el depósito a ti confiado, evitando las vanidades impías y las contradicciones de la falsa ciencia que algunos profesan, extraviándose de la fe» (1 Tim 6, 20).

Es claro que en las actuales circunstancias de la Iglesia, la mayoría de los Obispos no guarda el depósito de la fe porque se han extraviado con la falsa sabiduría humana de la ciencia y de la técnica, llenándose de errores, de mentiras, de dudas, que infestan a toda la Iglesia.

Los Apóstoles eran infalibles: hablaban en nombre de Dios, eran ayudados y fortalecidos por la asistencia divina, y su predicación estaba confirmada por milagros y profecías.

Y eran infalibles porque aceptaron «verdaderamente que vengo de Ti, y han creído que Tú me has enviado». Aceptaron y creyeron: pusieron su cabeza en el suelo y obedecieron la Palabra de Dios que Jesús les enseñaba.

Los Apóstoles, en lo concerniente a la fe y a las costumbres, eran cada uno de ellos personalmente infalibles.

«Yo estoy contigo y nadie se atreverá a hacerte mal, porque Yo tengo en esta ciudad un pueblo numeroso» (Act 18, 10).

Yo estoy contigo: significa la asistencia eficaz de Dios para realizar la misión que Dios le confió a San Pablo.

Muchos Obispos, hoy día, ya no son infalibles como lo fueron los Apóstoles. Y la razón sólo es una: ya no aceptan ni creen en Jesús. No aceptan ni creen en la doctrina de Jesús.

Creer en Jesús es creer en su doctrina.

Muchos han disociado a Jesús de su doctrina. Se quedan con un Jesús acomodado a sus intereses y pensamientos humanos. Pero no quieren saber nada de la doctrina de Jesús.

Jesús es la Palabra de Dios: es el Pensamiento vivo del Padre. Jesús es una doctrina viva. Una doctrina que no es de este mundo, que no puede caber en la mente de ningún hombre. Es la Mente de Dios lo que enseñó Jesús a Sus Apóstoles. Una mente infalible, incapaz de errar. Una mente inmutable, incapaz de ser alcanzada por ninguna novedad humana. La Mente de Dios no puede variar según los tiempos ni las culturas de los hombres. Es siempre la misma. Son los hombres los que no creen en la mente de Dios y acaban colocando su mente humana por encima de Dios.

Ser infalible no significa ser impecable. Se puede pecar y ser infalible al mismo tiempo.

La infalibilidad es la vigilancia de Dios, que dirige por sí mismo al hombre, para que éste predique sin error la Palabra de Dios. Dios preserva del error la inteligencia del hombre.

El que Dios preserve del error no significa hacer que la mente del hombre sea siempre infalible. La mente del hombre sigue estando sujeta a muchos errores, nieblas, dudas, oscuridades. Pero, cuando el hombre humilde trabaja para Dios, su mente queda preservada del error para que se obre lo que Dios quiere entre los hombres.

Dios es el que custodia su misma Palabra. Y lo hace asistiendo al hombre, desde fuera, para que propague esa misma Palabra sin error. El hombre puede perder esta asistencia del Espíritu sólo por el pecado de herejía y de apostasía de la fe.

Predicar de forma infalible lo tuvieron los Apóstoles y sus Sucesores, los Obispos.

Los Obispos son infalibles cuando, obedeciendo al Romano Pontífice, imponen a sus fieles la misma doctrina que Jesús enseñó a Sus Apóstoles.

Imponen la misma doctrina: hoy, nadie en la Iglesia quiere escuchar la verdad; nadie quiere obedecer la verdad; nadie quiere cumplir con las leyes divina y de la gracia.

La gente ya no quiere la doctrina de siempre, sino que va en busca de las fábulas. Y estas son las que quieren imponer a los demás. Las fábulas del ecumenismo, las fábulas de la ecología, las fábulas de tener unos ritos litúrgicos en donde se pueda pecar libremente.

Los Obispos, para ser infalibles, tienen que imponer la doctrina de Jesús. Como los Obispos hablan a los hombres las palabras que éstos quieren escuchar, entonces pierden la infalibilidad, la asistencia de Dios en sus ministerios.

Si los Obispos dan a sus fieles otra doctrina distinta a la de Cristo pierden la infalibilidad, es decir, predican y enseñan con error y con la herejía. Y esto conduce a la apostasía de la fe y a la herejía.

Es lo que comenzó después del Concilio Vaticano II: todo el mundo metió en la Iglesia doctrinas extrañas, un magisterio contrario al magisterio de la Iglesia. Y ese falso magisterio ha alcanzado la cabeza de la Iglesia.

El Magisterio de la Iglesia es auténtico e infalible, es vivo y tradicional, es inmutable.

«La doctrina de la Fe ha sido entregada a la Esposa de Jesucristo, para custodiarla fielmente y para que la enseñe infaliblemente» (D 1800).

No se puede enseñar infaliblemente (sin error) la verdad si no se cree en la verdad revelada. Es el acto de fe el que produce la infalibilidad, es decir, el que trae consigo la asistencia de Dios para que el hombre, cuando hable, cuando piense, no se equivoque.

Todo el problema de la crisis actual de la Iglesia es el objeto de la fe.

Los Apóstoles creyeron en la doctrina de Jesús. Y creyeron en la doctrina que el Espíritu de la Verdad les enseñó. Éste es el objeto de la fe. Es la doctrina que viene de la fe, que surge en la fe. No es la doctrina que viene de la mente de un hombre, de la palabra y del lenguaje de los hombres. Se cree en la Palabra de Dios. Se conoce la Palabra de Dios. Se interpreta correctamente esa Palabra de Dios. Y se enseña con la autoridad divina la Palabra de Dios.

Esto es lo que hicieron los Apóstoles: porque creyeron en la Palabra de Dios fueron infalibles. En la fe no hay error. En el ateísmo, en la falta de fe, en la infidelidad al don de la fe están todos los errores.

Porque creyeron en la Palabra siempre enseñaron lo mismo al rebaño. Nunca introdujeron extrañas doctrinas, leyes en contra del magisterio que Jesús y el Espíritu les enseñaron.

Ellos, con la infalibilidad, pudieron levantar la Iglesia que Cristo quería. La infalibilidad es para construir la Iglesia en la Verdad: que la inteligencia de los hombres tenga la luz de la verdad, que ellos sepan dónde está la verdad, dónde encontrarla, cómo obrarla en sus vidas.

Esta infalibilidad en la inteligencia es distinta a la impecabilidad en la voluntad.

La mente no tiene el error en ella misma: eso es ser infalible;

Y la voluntad no puede elegir el pecado: eso es ser impecable.

Ser infalibles en la inteligencia no supone ser impecables en la voluntad. Y eso es sólo debido al pecado original, en el cual el hombre quedó dividido en su misma naturaleza humana.

El hombre entiende, con su mente, el bien; pero obra, con su voluntad, el mal.

Jesús construye Su Iglesia en la infalibilidad de la inteligencia humana: preserva del error la mente del hombre para que pueda obrar, sin error, con su voluntad humana. Pero, por el pecado original, la voluntad se desvía de lo que la mente ha conocido y el hombre acaba obrando el mal con su voluntad.

Para combatir esta voluntad desviada por la concupiscencia del pecado, son necesarios los Sacramentos de la Iglesia.

Jesús da a Su Iglesia, no sólo la infalibilidad, sino la gracia, la vida divina.

Es la gracia lo que sostiene la voluntad del hombre para que pueda obrar el bien que la mente entiende. Es la gracia lo que impide pecar. Pero es necesario que el alma sea fiel a la gracia que ha recibido.

La inteligencia del hombre ya conoce la verdad sin ningún error. Pero necesita la vida divina para obrar la verdad conocida. Necesita que el hombre permanezca en la gracia, persevere en la gracia, viva en la gracia.

Muchos conocen la verdad, pero no la obran. Todos los herejes conocen la verdad, pero se dedican a obrar la mentira. No obra en la gracia, sino que obran en el pecado.

No es el conocimiento de la verdad el camino para obrar el bien. Es la gracia, la vida de Dios, no sólo el camino sino la fuerza para realizar la Voluntad de Dios.

Y la gracia da al hombre una vida moral, una norma de moralidad, una voluntad arraigada en la ley de Dios.

La infalibilidad da al hombre una inteligencia sin error.

Muchas almas caen en el pecado porque en sus mentes hay muchos errores: no se asientan en la verdad, en la doctrina de la fe, que es infalible, y necesariamente deben caer, deben obrar con sus voluntades el error, el mal. No pueden ser sostenidos por la gracia: caen en el pecado, se apartan de la vida moral.

Los errores en la mente llevan a los pecados más comunes entre los hombres: gula, lujuria, desobediencias, iras, críticas, mentiras, etc…

Pero las herejías en la mente conducen a la perversidad de la mente y a la perfección en la obra del pecado. La herejía lleva a obrar sin norma de moralidad. Hace que el hombre tenga una voluntad para obrar siempre el mal.

La Iglesia, cuando custodia la verdad y mantiene los Sacramentos en la fidelidad a la verdad, en la norma de moralidad, entonces puede crecer en la vida espiritual y alcanzar la perfección que ya posee en sí misma.

Pero si los hombres de la Iglesia, si los Obispos y los fieles, se alejan de la verdad y hacen que los Sacramentos se desvirtúen al introducir leyes o reglas que conducen al pecado, entonces vemos lo que sucede actualmente en la Iglesia: la Iglesia es destruida por los mismos que deberían custodiar lo que Jesús dio a Sus Apóstoles.

La Iglesia está podrida y corrompida porque en sus miembros está el pecado de herejía, que conlleva ser falibles en la predicación y en la enseñanza; y está la anulación de la vida divina al echar en saco roto la gracia (al no cumplir la vida moral)  que dan los sacramentos.

Sin la verdad revelada y sin la gracia divina en el alma se construye una nueva iglesia con una nueva doctrina, que da culto a un falso cristo.

Ya no sólo observamos una Iglesia que peca; sino que vemos una Iglesia que no quiere la verdad, que no cree en la verdad, que no puede escuchar la verdad, y que sólo quiere vivir para lo humano, para las grandezas de la tierra, buscando una felicidad que no existe en la tierra.

Una iglesia que prefiere unos sacramentos en donde se enseñe a la gente a pecar.

Una iglesia que se ha embarcado en un Sínodo maldito, en el que se busca legislar el pecado.

Una Iglesia falible que se prepara para un Sínodo falible, en donde se da una enseñanza llena de errores y de herejías, un Sínodo construido en la herejía. Y no va haber un Papa que contenga la herejía, como lo hizo Pablo VI en el Concilio Vaticano II.

La Jerarquía de la Iglesia ha tenido tiempo de liquidar a Bergoglio, de anatematizarlo. Pero han callado. Y quien calla, otorga la herejía del que habla. Está de acuerdo con la doctrina del rufián que gobierna la Iglesia.

Y es el Sínodo el inicio del desmantelamiento del magisterio infalible de la Iglesia. Es, por lo tanto, el inicio del levantamiento de una nueva iglesia en una nueva doctrina.

Ya esa iglesia fue levantada en una cabeza de usurpación, que puso el gobierno horizontal, el cual anula de raíz toda la Iglesia. Pero los hombres no saben ver que el fundamento de la Iglesia, que es la verticalidad de Pedro, ha sido acabado, ha sido destruido. Y donde no está Pedro, no está la Iglesia.

Y están todos pendientes de lo que no tienen que estar: de un Sínodo maldito.

Y siguen pendientes de las palabras de un hereje, que cuando habla sólo quiere dar  publicidad a su mentira. Y este es el error de muchos católicos: no han sabido combatir al hereje y sólo le dan publicidad.

El verdadero católico cuando lucha contra un hereje, lo deja un lado, una vez que lo ha combatido, y sigue su vida ignorando al hereje, despreciándole. Porque la vida eclesial es estar en comunión espiritual con el Papa verdadero, Benedicto XVI. Lo demás, que pase en la Iglesia, ya no interesa al verdadero católico.

Una vez que se conocen las verdaderas intenciones del hereje, entonces el alma tiene que prepararse para lo peor, sin estar pendiente de lo que dice o no dice ese hereje.

Muchos católicos no comprenden esto. Y continúan pendientes de nada en la Iglesia.

Es el momento de formar la Iglesia remanente, la Iglesia que calla y espera a que venga Su Señor para que repare todo el mal que existe en la Iglesia.

Ya no es tiempo de atacar al hereje: ya nadie busca la verdad en la Iglesia.  Nadie se va a convertir por más razones que se les den. Hay que sacudirse el polvo de las sandalias y seguir predicando la verdad a aquellas almas que quieren escuchar la verdad. A los demás, hay que dejarlos que hagan su obra: «Lo que has de hacer, hazlo pronto» (Jn 13, 27).

Lo que la Jerarquía, reunida con un maldito, obedeciendo la mente del usurpador, tenga que hacer, que lo haga pronto después del Sínodo.

La Jerarquía lleva años buscando la evolución del dogma, que supone inventarse una nueva teología. Que construya esta nueva teología pronto. Esto ya no importa a los verdaderos católicos. No hay quien pare este Misterio del Mal.

Al Cuerpo Místico de Cristo le espera la Cruz del Calvario: tiene que sufrir y morir como Su Cabeza. Sólo de esa manera, la Iglesia de Cristo resucita gloriosa. Sólo así comienza el nuevo milenio, en donde se alcanzará la gloria que Adán perdió para todo el linaje humano.

«Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que Tú me diste; porque son tuyos» (Jn 17, 9).

La Iglesia no es de todos, sino de los que son del Padre. Y sólo el Padre conoce a sus hijos. Y sólo el rebaño de Cristo conoce a Cristo.

Tienen que conocer quién son de Cristo y del Padre. Aquellos que no aceptan ni creen en la Palabra de la Verdad, son del demonio y hay que tratarlos como merecen.

No recen por el Sínodo, no recen por Bergoglio, no recen por la Jerarquía que ha claudicado en la doctrina de Cristo y que sólo le interesa en la Iglesia su gran negocio: dinero, sexo y poder.

Dos Papas en Roma: uno verdadero; otro falso.

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Dos Papas en Roma: uno, que es falso, llamado Bergoglio; otro, que es el verdadero, el Cristo en la tierra, llamado Benedicto XVI.

El que obedezca a Bergoglio no tiene parte en la obra de la Redención de Cristo; es decir, desprecia la Misericordia y tiene una espada de Justicia colgando de su cabeza. Camina hacia la condenación eterna. Vive como un demonio encarnado.

El que obedezca a Benedicto XVI, que es el Vicario de Cristo, se puede salvar porque se somete a la Cabeza que ha puesto el Espíritu Santo en la Iglesia. La salvación está en la obediencia al Papa verdadero.

El Papa es el que es enviado para conquistar las almas perdidas en el pecado. La persona y el ministerio del Papa tienen un significado salvífico: al igual que Cristo vino para librar a los hombres de la pena y muerte del pecado; así todo Papa realiza la misma función. Es el camino para que los hombres vean dónde está la única verdad, la inmutable, la que nunca pasa, y así puedan obrarla y vivirla en sus vidas humanas.

Y sólo la Verdad es la que libera al hombre del pecado. Sólo la Verdad es la que salva al hombre.

Obedecer al Papa es ser libre, no es estar esclavo del pecado, es batallar contra el demonio, es obrar lo divino en lo humano.

No obedecer al Papa es caer en las garras del demonio y vivir sometidos a todo pecado.

La fe es obediencia. Y obediencia a la verdad. Y sólo el Papa da la Verdad. Tiene esa misión: es el que defiende la verdad y la muestra como camino de salvación.

El Papa es el que une en la verdad porque es la Roca de la Verdad. Y, por eso, ningún Papa puede caer en la herejía, porque Cristo levanta Su Iglesia en la Roca de la Verdad, que es Pedro y sus sucesores legítimos.

Esta es la fe que todo católico debe profesar. Aquel que juzgue y condene a un Papa, automáticamente, sale fuera de la Iglesia.

Ningún alma puede salvarse, aunque siga toda la tradición, todo el dogma, todo el Evangelio, si no obedece al Papa reinante.

El Papa reinante es, en estos momentos, Benedicto XVI: es el que tiene el Primado de Jurisdicción, es decir, el Poder Divino en la Iglesia. Es el que tiene las llaves del Reino de los Cielos.

El Papa que reina es el que posee el Primado de Jurisdicción; el Papa que gobierna es el que ejerce ese Primado en Roma.

Benedicto XVI dejó de gobernar en Roma, pero no dejó el Primado, su reinado, las llaves. Sigue siendo el Papa, aunque no gobierne la Iglesia. Él no renunció a la Elección Divina sobre su persona; pero sí renunció al gobierno de la Iglesia.

No se puede gobernar con herejes. Hay que marcharse. Hay que dejar que los herejes pongan su hombre hereje y gobiernen la Iglesia como ellos quieren.

La Iglesia se gobierna con el Poder Divino que tiene el Papa Benedicto XVI. No se gobierna con el poder humano que le han dado a Bergoglio, el hombre de las mil caras.

Y si la Iglesia sigue a un hombre que no tiene el Poder Divino, se pierde necesariamente en la mente de ese hombre y es culpable de tres cosas: de herejía, de cisma y de apostasía de la fe.

Dos Papas: uno, con un poder humano, Bergoglio; otro, con el Poder Divino, Benedicto XVI.

Todo cuanto haga Bergoglio es nulo para Dios y para la Iglesia. Todo cuanto haga Benedicto XVI es válido para Dios y para la Iglesia.

Cada alma tiene que elegir entre los dos: no se pueden seguir a los dos, al mismo tiempo.

No se puede decir: como ya había cosas que con Benedicto XVI se estaban estudiando, lo que aprueba Bergoglio vale. Esto no se puede decir. Juan Pablo II sigue siendo Beato, aunque su proceso de canonización ya estaba listo. Como no fue canonizado por el Papa verdadero y legítimo, Benedicto XVI, no tiene validez su canonización. Un hereje no posee el Poder Divino para sellar una canonización. Así, todo lo demás, ya sean anulaciones de matrimonios u otras cosas que venían del Papa Benedicto XVI.

La Iglesia Católica descansa sólo en el Papa legítimo y verdadero: Benedicto XVI. La Iglesia sólo está en el Papa verdadero. No puede estar en un falso papa.

No se hace la Iglesia buceando en la herejía. No se es Iglesia alimentándose de herejías. No se levanta la Iglesia con el sello de un hereje.

En Roma, se está levantando otra estructura de iglesia, la cual se apoya en un gobierno horizontal, regido por la ley del hombre, la ley de la gradualidad; con una doctrina llena de fábulas, sacadas de la masonería, del marxismo y del protestantismo. Esta nueva iglesia no tiene ningún conocimiento de la verdad, ninguna sabiduría divina, sino que es un sincretismo religioso: en ella todo vale y nada tiene valor sagrado, divino, santo.

Jesús ha abierto la puerta de la vida eterna. Y dejó las llaves de esta puerta al Apóstol Pedro y a todos los que le han sucedido y le sucederán hasta el juicio final.

No se acaba el Papado con Benedicto XVI, sino que se sublima, se transforma.

El Papa Benedicto XVI es el último Papa verdadero antes del fin de los tiempos. Con él se acaba un tiempo: el tiempo en que las almas han sido redimidas.

Pero, tiene que abrirse otro tiempo: el Milenio, en donde se verá la redención de los cuerpos.

Muchos cojean en su fe: sólo ven dos venidas de Cristo. La primera, como Redentor; la segunda, como Juez. Y anulan la venida intermedia: Jesús viene como Rey de reyes y Señor de señores. Y viene para reinar mil años, aquí en una tierra totalmente renovada y purificada.

«Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no tendrá poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Él por mil años» (Ap 20, 6).

Esta Verdad Revelada a muchos se les atraganta, porque tienen una mentalidad dogmática, que les impide bucear en la inteligencia del Espíritu.

Ellos suelen resolver esta Palabra de Dios en los mártires de los primeros siglos, en que ellos reinaban en la Iglesia con Cristo, y con Él regían la Iglesia. Después, vino la época oscura del Renacimiento hasta nuestros días. Y lo que se ve es ya el juicio final.

Esta interpretación es, claramente, una necedad. Pero así piensan muchos teólogos, que amarrados a su dogmatismo, se quedan ciegos para poder comprender la Mente de Dios.

Muchos católicos se vuelven fariseos cuando se habla del Milenio: empiezan a sacar sus argumentos racionales y dogmáticos, ocultando la verdad de lo que ha sido revelado.

Benedicto XVI cierra un tiempo del Papado. Y lo ha cerrado con una Cruz: un Papado que le ha llevado a vivir el desprecio de los suyos en el gobierno de la Iglesia.

Los Cardenales y Obispos han osado tocar a Cristo en la tierra: lo han juzgado y condenado; se han rebelado en contra de él, y le han hecho la vida imposible en su Papado. Para esa Jerarquía tiene que venir la mayor ruina, el mayor castigo: han despreciado la Verdad en un Papa; ahora, se quedan ciegos para siempre y sólo pueden ver la mentira en un falso papa y seguirla de forma necesaria.

Los Obispos y los sacerdotes son otros Cristos sólo si están unidos al Romano Pontífice: si le ayudan en su gobierno en la Iglesia, si siguen su pensamiento. Pero si desobedecen al Papa hasta el punto de hacerlo renunciar de su Papado, entonces esos Obispos y sacerdotes son sólo demonios encarnados. Y así tienen que ser tratados por toda la Iglesia.

No hay respeto ni reverencia a aquella Jerarquía que busca el orgullo del poder humano en la Iglesia. No se puede obedecer la mente de los hombres en la Iglesia. No hay ningún respeto ni ninguna reverencia hacia Bergoglio y sus seguidores en el gobierno de la Iglesia.

Para los verdaderos católicos, lo que diga Bergoglio entra por un oído y sale por otro. No hay que estar ya perdiendo el tiempo con Bergoglio. Porque ya es una pérdida de tiempo el luchar en contra de Bergogio. Ahora, hay que dejarlo en su herejía, en su cisma y en su apostasía de la fe. Y hay que seguir siendo Iglesia, comulgando espiritualmente con el Papa reinante, Benedicto XVI. Hay que despreciar al falso papa que gobierna la Iglesia con un falso gobierno de hombres, de cabezas humanas que sólo miran por lo suyo, por su negocio en la Iglesia.

La Iglesia hay que contemplarla desde Cristo, no a partir de las Iglesias locales, no a partir de Roma. Es Cristo el que ha forjado, en la historia de los hombres, Su propio Cuerpo, que es la Iglesia. Y es Cristo el que sigue forjando, en estos últimos tiempos, Su Cuerpo, aunque Su Papa, Benedicto XVI, no gobierne la Iglesia.

Él sigue teniendo las llaves del Reino de los Cielos: Benedicto XVI reina en toda la Iglesia Católica. Él solo tiene la capacidad de abrir y cerrar el Cielo. Nadie se puede salvar si no obedece al Papa Benedicto XVI. Nadie puede entrar en el Cielo sin pasar por la puerta, que sólo puede abrir el Papa Benedicto XVI.

Esta verdad ha sido anulada por la Jerarquía que gobierna actualmente la Iglesia.

El Episcopado nace sólo del Apóstol Pedro, no de los Apóstoles. De Pedro procede todo el orden clerical. Los Apóstoles son Apóstoles porque Pedro les da el sentido de su vocación divina. Sin la obediencia a Pedro, el Apóstol no tiene ningún sentido que exista.

La Jerarquía del Vaticano sigue la teoría de que el Episcopado deriva de los Apóstoles,  no de Pedro. Por lo tanto, siempre cabe la independencia de Pedro: no someterse a él. De esta manera, se presiona a Pedro, al Papa reinante, para que gobierne con el Episcopado, para que valorice el Sínodo de los Obispos, lo que piensan las múltiples cabezas de la Iglesia. Y así un Papa queda prisionero en su gobierno vertical, y no puede hacer nada que Dios quiera en la Iglesia. El Episcopado no se lo permite.

Así han estado los Papas durante cincuenta años. Y la presión ha sido tanta que Benedicto XVI tuvo que dejar de gobernar. Es imposible gobernar a herejes, a cismáticos y a una Jerarquía que vive la apostasía de la fe.

El Papa Benedicto XVI es Cristo en la tierra y tiene las llaves del Reino de los Cielos. Se obedece al Papa porque tiene las llaves, porque es Cristo en la tierra. No se obedece al Papa porque ejerce un gobierno en la Iglesia.

Muchos católicos caen en este error: como Benedicto XVI no está gobernando, entonces hay que darle a Bergoglio la obediencia.

Jesús levanta Su Iglesia en Pedro, no en Roma. En Roma está el gobierno de Pedro; pero en Pedro está el Poder de Dios, las llaves del Reino de los Cielos. Sin esas llaves, el gobierno en Roma es sólo un poder humano, un gobierno de hombres.

Se ama al Papa Benedicto XVI porque es Cristo en la tierra; porque a través de Él el alma entra en el Cielo.

Se odia a Bergoglio porque es un hombre pagano que deambula, como un demonio, por la tierra buscando sus adeptos; porque a través de él se entra en el infierno.

Dos Papas: uno, pecador, Benedicto XVI; otro, hereje, cismático y apóstata de la fe, Bergoglio. El hereje es un falso papa; el pecador es un verdadero papa.

Muchos católicos sólo se fijan en los defectos del Papa, en sus pecados personales. Y olvidan que se da obediencia a un Papa no por él mismo, sino al Poder Divino que tiene el Papa, a lo que representa el Papa en la Iglesia, que es a Cristo.

Ningún pecado en que caiga un Papa disminuye la Autoridad Divina que posee, ni quita nada a la perfección de la Obra Redentora de Cristo, ni puede anular los Sacramentos, en los cuales se da a las almas la vida de la gracia.

Ningún pecado mortal del Papa reinante produce la sede vacante. La renuncia al gobierno no produce la Sede Vacante.

El Papa tiene la misión de administrar la Iglesia, que son tres cosas: guiar en la Verdad, enseñar la Verdad, señalar el camino de la verdad.

Esta misión no es dañada por ningún pecado mortal o venial que la persona del Papa pueda cometer. En esa persona, disminuirá la gracia, aumentará la culpa, pero no puede perder el Poder Divino, porque este Poder no se mancha con ningún pecado de la persona del Papa.

El Poder Divino no es una cosa, una frase, un sentimiento, unas bellas palabras. Es un carisma en la persona del Papa. Y todo carisma es un Espíritu, es decir, es una inteligencia divina y una voluntad divina.

El Espíritu de Pedro, que tiene todo Papa verdadero y legítimo, está en el Papa aunque peque mortalmente. Su pecado personal no nubla la inteligencia divina que posee por el carisma, ni impide la obra de la voluntad divina.

Un Papa puede pecar mortal y venialmente; pero nunca puede cometer el pecado de herejía. Si un Papa comete ese pecado, eso quiere decir que antes de ser Papa ya era hereje. Y, además, que fue puesto en la Silla de Pedro por los hombres, no por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nunca puede elegir como Papa a un hombre que tenga el pecado de herejía. Eso va en contra de la misma Revelación. La Iglesia se fundamenta en la Verdad, no en la herejía. Y, por eso, Cristo no puede levantar Su Iglesia en el pecado de la herejía. Nunca.

Bergoglio era ya un hombre hereje. Y los herejes no pertenecen a la Iglesia Católica. Luego, Bergoglio no pudo haber sido elegido Papa por el Espíritu Santo. Fueron los hombres los que lo pusieron en ese cargo: lo pusieron como falso papa. Y él tomó el nombre de Obispo de Roma para organizar una nueva estructura de iglesia en Roma.

Bergoglio no es Papa. Es un falso Papa; es decir, es un hombre que usurpa el Papado para obrar su negocio en la Iglesia.

Es un hombre que levanta un falso papado, un falso gobierno, en el que muchas cabezas son las que deciden el destino de la iglesia.

Bergoglio, al no ser Papa, es sólo un hombre de ideas políticas, que pone por obra con un poder humano, el que le dieron los que lo elevaron a ese cargo. Ese poder humano es un poder masónico, que está basado sólo en una ley: la ley de la gradualidad.

Los masones gobiernan de grado en grado. Ellos tienen su propia jerarquía abominable, la cual nace del pensamiento humano. Buscan la idea más perfecta de todas las mentes. Y ésa es la que se impone a los demás. Quien quiera alcanzar el grado de esa idea perfecta, tiene que renunciar a muchas cosas para poder servir a esa idea, que sólo está en la mente del hombre, no en la realidad de las cosas. El masón vive el idealismo puro: se inventa su vida, sus obras, su dios, su religión, su salvación, sus castigos, sus normas de moralidad, sus gobiernos, etc… Construye su vida de acuerdo a su ideal mental. Construye su realidad como está en su mente, no como está en la realidad. Por eso, todo masón vive imponiendo su idea y habla lo que el otro quiere escuchar, para llevarlo siempre a su idea.

Esto es lo único que hace Bergoglio. Por eso, Bergoglio entretiene a todo el mundo y vive imponiendo su idea. Es un gran orgulloso. Y los que están a su alrededor conocen este orgullo. Bergoglio es putrefacción mental. Sólo hay que leer sus escritos para darse cuenta del sueño que vive ese hombre, del vacío en que se encuentra su vida, de la testarudez con que invoca su pensamiento para justificarse a sí mismo de que vive bien.

Bergoglio vive su vida dando vueltas a su pensamiento humano. Y no puede salir de ese rodeo. Sólo ve lo que él piensa. No puede detenerse en el pensamiento de los demás. Si lo que piensa el otro está de acuerdo a su idea, entonces acepta al otro. Pero si no está de acuerdo, entonces lo usa para una cosa y después lo tira, lo desprecia.

Bergoglio no tiene las llaves del Cielo. Bergoglio no es Cristo en la tierra. A Bergoglio no se le puede respetar porque vive en su herejía.

A los Obispos y sacerdotes que están en el pecado mortal, se les debe el respeto y la reverencia. Pero aquella Jerarquía que ha caído en la herejía, ya no hay respeto ni reverencia, porque ya no son otros Cristos. Sólo son hombres, que piensan y viven como los hombres.

Dos Papas: la división en la Iglesia y en el mundo entero.

«Así está ya sucediendo en todos los niveles, dentro de la Institución de Mi Iglesia: desde la más Altar Jerarquía, dos Papas, uno que es el Verdadero Vicario, Hijo de la Luz, defensor de la Verdad, Pastor Verdadero y legítimo de Mi Rebaño, contra el falso profeta, el hijo de las tinieblas, el engañador, el que se disfraza de luz pero es tiniebla. Es como el sepulcro blanqueado: por fuera, aparenta pureza, y por dentro, está lleno de obscuridad, la tiniebla que hay en su corazón.

En todos los niveles se está dando ya esta división, que es la separación del trigo y la cizaña, de la verdad y la mentira; entre las familias, en todas las sociedades y en todos los niveles; en creyentes y no creyentes también hay esta separación de los justos y los injustos.

Todas las órdenes religiosas, seminarios, empresas y gobiernos, están ya siguiendo la verdad o aceptando la mentira. Por sus frutos los reconocerán.

Lo mismo es en toda parroquia, y en el lugar de vuestra diócesis de esta ciudad, tierra de mártires, semillero vocacional para el sacerdocio ministerial.

Ya se nota la división entre Mis consagrados, los fieles y los infieles». (Jesús a un alma escogida).

La Verdad sólo puede estar en una cabeza, no en dos cabezas al mismo tiempo. Cristo es la Verdad, los hombres son la mentira.

En la Iglesia se sigue el pensamiento de Cristo, no se sigue el pensamiento de ningún hombre, aunque esté vestido como un Obispo. Si esa Jerarquía no da la Verdad, entonces se la desprecia y se deja a un lado.

Es Cristo el que da la interpretación de la verdad. No son los hombres los que trabajan para aclarar la Verdad. La Verdad se aclara en Ella misma, no en la bodega de un pensamiento humano.

Muchos católicos son sólo racionales, pero nada espirituales. Caen en el racionalismo: todo lo miden, todo lo calculan, y no hay manera de que se enteren de la soberbia que tienen, que muestran cuando hablan.

Muchos católicos se pierden con Bergoglio sólo por su soberbia: ven las cosas como son, pero como todo lo miden con sus cabezotas, acaban dando culto al hereje.

Tienen que rezar por la Jerarquía, que es la ciega en todo lo que acontece en la Iglesia. Ellos no ven nada. Y no les sirve su teología para salvarse, sino su amor y obediencia al Papa verdadero, Benedicto XVI.

Si ellos no lo ven como el Papa, están todos perdidos. Por eso, no pierdan el tiempo rezando por el Sínodo. Eso es sólo un teatro que se van a montar para iniciar la destrucción de la Iglesia. Recen para que la Jerarquía abra sus ojos y elija: el verdadero papa o el falso papa. Que se vean claras sus intenciones.

Mucha Jerarquía dice que está con el Papa Benedicto XVI, pero sigue obedeciendo a Bergoglio. Es un absurdo. Mucha Jerarquía se sabe el dogma y la tradición, y continúan obedeciendo a Bergoglio. Otro gran absurdo. Son tibios: ni fríos ni calientes. Hablan la vedad y obran la mentira. Y Dios a los tibios los vomita de su boca.

Que Burke no espere salvarse si no obra en contra de Bergoglio. Él sabe cómo son las cosas en la Iglesia, pero sigue teniendo a Bergoglio como papa. Es un tibio, como muchos católicos.

Del gobierno de Bergoglio saldrá la monstruosidad del cisma

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«No hay paz sin justicia y no hay justicia sin verdad. Y la verdad es que el hombre inicuo, el vicario del anticristo está sentado en el Trono de Pedro. El Innominado no tiene ninguna autoridad ni para decir ni para hacer porque no es vicario de Jesucristo» (10 de mayo de 2015).

La verdad es que… el vicario del anticristo está sentado en el Trono de Pedro: esta verdad sólo se puede comprender en otra verdad.

«Ahora se han levantado en el mundo muchos seductores, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Este es el seductor y el Anticristo. Guardaos, no vayáis a perder lo que habéis trabajado, sino haced por recibir un galardón cumplido» (2 Jn 7-8).

Bergoglio está sentado en el Trono de Pedro con la misión de seducir, de llevar al abismo a toda la Iglesia.

¿Qué hay que hacer? Guardarse de él. Resistidlo, atacadlo, huid de su doctrina.

«Todo el que se extravía y no permanece en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios» (Ib, 9a)

Bergoglio no tiene a Dios en su corazón porque sigue una doctrina contraria a la verdad. Bergoglio no es de Dios, sino del demonio.

«El que permanece en la doctrina, ése tiene al Padre y al Hijo» (Ib, 9b).

¡Cuánta Jerarquía en la Iglesia que no permanece en la doctrina de Cristo, sino que está extraviada en doctrina de demonios! ¡No son de la Iglesia! ¡No son de Cristo!

¿Por qué Dios ha permitido que un seductor se sentara en el Trono de Pedro?

«Tocó el séptimo ángel… Entonces sonaron en el cielo fuertes voces que decían: “Ha llegado el reinado sobre el mundo de nuestro Señor y de su Cristo; y reinará por los siglos de los siglos”» (Ap 11, 15).

La Segunda Venida de Cristo está ya a las puertas. Son pocos los que creen en esto.

Bergoglio está usurpando el Trono de Pedro porque Cristo viene en gloria para reinar por mil años en un cielo nuevo y en una tierra nueva.

«…vivieron y reinaron con Cristo mil años» (Ap 20, 4): nadie cree en el milenio. Luego, nadie cree que un usurpador esté en el Trono de Pedro. Nadie atiende al peligro que viene del gobierno humano de Bergoglio.

Todos tienen ante sus narices ese peligro y nadie lo quiere ver.

Bergoglio no es papa, luego hay que echarlo de la Iglesia por su herejía y por su atrevimiento en sentarse en la Silla que no le corresponde.

Esto es lo que se debe hacer, pero esto es lo que nadie va a hacer.

Esta es la única verdad que a nadie le interesa conocer y cumplir.

El tiempo de atacar a ese hombre ya pasó. Ahora, es el tiempo de echarlo, de hacerlo renunciar. Si no se hace esto, todos -fieles y Jerarquía- van a quedar atrapados en las leyes inicuas que van a salir del Sínodo, que es la obra del Anticristo en la Iglesia.

¡Qué pocos saben lo que es Bergoglio! ¡Qué pocos han sabido atacar a Bergoglio! ¡Qué pocos ven que las almas van camino de condenación eterna!

Bergoglio está llevando a las almas hacia el infierno. Pero, a nadie le interesa esta verdad.

Y eso quiere decir que todos viven caminando hacia el infierno. Todos se creen salvos y justos, pendientes de un hombre sin verdad, que está destruyendo la Iglesia, más interesados en limpiarle las babas a ese hombre cuando habla, que en poner distancias con él, con toda la jerarquía que lo obedece y con todos los fieles tibios en su vida espiritual, que no les interesa -para nada- la verdad de lo que está sucediendo en la Iglesia.

La verdad es que el hombre sin ley –el hombre inicuo- está sentado en la Silla de Pedro. Y cuando falta la ley eterna, se hace ley el pecado. Se obliga a pecar a todo el mundo.

Cuando no se juzga ni al pecador ni al pecado, entonces se condena a todo el mundo por su pensamiento.

El que no juzga impone a los demás su idea humana. Es un tirano, un dictador de mentiras. Saca de su propia mente humana el concepto del bien y del mal. Y, con ese concepto, se hace juez de todo el mundo: se pone por encima de toda verdad, tanto divina como humana.

Jesús no fue juzgado, sino condenado en un falso juicio. Hicieron un juicio no para resolver una situación, sino para buscar una razón que condenara a un hombre.

Esto es lo que ha hecho Bergoglio con el Sínodo: allí no se van a resolver los problemas de la familia. Allí se va a buscar una razón para condenar a toda la Iglesia Católica, a todos los católicos que siguen la verdad del magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, a todas las familias que cumplen con la ley de Dios.

Quien no juzga, condena por imposición de su mismo pensamiento humano. Es el imperativo categórico-moral que está en toda la Jerarquía que gobierna en la Iglesia. Es lo que tienen en sus mentes y que, aunque sea una herejía, un error, lo tienen que poner en ley, en práctica, en una obra. Es una necesidad absoluta para ellos. No pueden escapar de esta necesidad porque son incapaces de cumplir con la ley eterna de Dios. Sólo cumplen con sus leyes, con sus pensamientos humanos hechos ley en ellos mismos. Son esclavos de sus mentes humanas.

«Y me viene a la mente decir algo que puede ser una insensatez, o quizás una herejía, no sé» (Web vaticana)

Me viene a la mente: imperativo moral. Esclavitud al pecado de soberbia.

No juzgo –antes de hablar- si ese pensamiento es bueno o malo. No sé si lo que voy a decir es una insensatez o una herejía. Y, a pesar de que tengo duda, lo digo. Y no importa que sea una insensatez o una herejía. Eso no interesa. No me interesa si lo que voy a decir es una verdad o una mentira; una locura o un error.

Lo que me importa, lo que me interesa es lo que voy a decir: atiendan a mis palabras. Céntrense en mis palabras, en mi lenguaje, en mi pensamiento. Y sigan lo que yo digo porque yo lo digo.

Me viene a la mente: es un imperativo categórico-moral. No lo puedo callar. No puedo pararme a pensar si lo que voy a decir está bien o está mal. Tengo que decir lo que me viene a la mente, aunque sea una locura, aunque sea una herejía. Es una necesidad; es una esclavitud en mi mente. Tengo que decirlo y a todo el mundo. Que todo el mundo lo oiga: lo digo yo, y eso basta para agachar la cabeza y aceptar mi palabra porque es mi palabra.

¡Esta es la audacia, la osadía, el atrevimiento de un hombre que habla sin fundamento: no sabe lo que habla! Habla con la duda. Habla sin certeza. Habla una locura. ¡Habla una herejía! ¡Y la quiere hablar! ¡Quiere escandalizar a todos! ¡Quiere enseñar la herejía a todos!

Bergoglio se declara –él mismo- hereje: «…algo que puede ser… una herejía».

«Aborrece mi alma tres suertes de gentes, cuya vida me da en rostro: pobre soberbio, rico embustero y anciano adúltero y necio» (Ecle 25, 3-4).

Bergoglio: anciano adúltero de la Palabra de Dios y necio en el conocimiento de Dios. Ha llegado a su vejez y no ha acumulado sabiduría divina en su alma. No sabe lo que es al amor de Dios. No sabe amar a los hombres. Sólo sabe perseguir su necedad de vida.

¡Bergoglio es un hombre excesivamente imprudente en el hablar, temerario, que arrastra al peligro, que conduce a las almas hacia la perdición eterna con su diaria verborrea barata y blasfema! ¡Y no le pesa en su conciencia hacer esto! ¡Duerme a pierna suelta después de mostrar a las almas -cada día- el camino para irse al infierno!

¡La desfachatez con que habla, la burla que Bergoglio hace de todos los católicos por medio de sus nefastas palabras!

El gobierno de este loco es para los católicos idiotizados. Esos católicos –falsos en su fe, tibios en su vida espiritual, caducos en la vida de la gracia- que no saben llamar a un hereje por su nombre. No saben enfrentarse a los hombres, a sus mentes, a sus obras dentro de la Iglesia.

Hay que ser idiota para tener a Bergoglio como papa.

Hay que ser idiota para obedecer la mente de Bergoglio, que es la mente de un orgulloso, de uno que habla sin autoridad. Él mismo se pone por encima de la Autoridad divina para decir su mente a los hombres. Decir una locura y una herejía, y que todo el mundo aplauda ese dicho, esté atento a esa idiotez.

Bergoglio, no sólo es un hereje manifiesto: sus herejías son claras, patentes, todos las pueden leer. Sino que es un hereje pertinaz: este hombre está anclado en su forma de pensar, en su manera de ver la vida, y la impone a los demás. Vive constantemente para comunicar a todos, para publicar -por todos los medios- su falso y perverso pensamiento.

Este hombre se desvive dando entrevistas a todo el mundo. Le gusta salir en la televisión para expresar su maldito pensamiento. Le gusta echarse flores, constantemente, para que lo tengan como humilde, como pobre, como santo, como justo en sus palabras y en sus obras.

¡Qué vergüenza es -para toda la Iglesia- este sujeto!

¡No sabemos cómo a los Cardenales, a los Obispos, a los sacerdotes, no se les cae la cara de vergüenza cuando habla este personaje!

¡No entendemos cómo no saltan de indignación, cómo no les hierve la sangre viendo cómo este personaje está destruyendo la Iglesia, y cómo lleva almas al infierno!

¡Han dejado de creer en su sacerdocio!

El sacerdocio es para salvar almas de las garras del demonio. Y ellos están dando almas a Satanás en la persona de Bergoglio.

La Jerarquía que obedece a un hereje como su papa es enemiga de Cristo y de la Iglesia. Son enemigos, a los cuales no se les puede obedecer, seguir, escuchar en la Iglesia. Ningún fiel puede obedecer a la Jerarquía que se somete a un hereje como su papa.

Bergoglio no tiene autoridad ni para decir ni para hacer porque no es vicario de Jesucristo. No es Papa. No tiene Autoridad Divina en la Iglesia. El Espíritu Santo no puede elegir a un hereje como Papa de la Iglesia.

Si Bergoglio está sentado en la Silla de Pedro, no es por el Espíritu Santo, sino por los hombres, que lo han elegido para una obra satánica en la Iglesia.

¡Qué pocos se atreven a decir esto! ¡Obra de Satanás es el gobierno de Bergoglio!

¡Cuántos están en lo políticamente correcto! Y, por eso, no han atacado a Bergoglio y no son capaces de hacerle renunciar.

Para obrar el derecho canónico es necesario primero atacar al hereje, enfrentarse cara  a cara con el hereje. Y ningún Obispo ha dicho esta boca es mía. Todos sometidos a la mente de ese hereje. Todos culpables de herejía, como Bergoglio. Porque quien obedece a un hereje, sigue necesariamente su pensamiento herético: acaba perdiendo la fe.

Es lo que se ve en todas las parroquias: sacerdotes y fieles dando culto a los hombres. Abajándose a la doctrina protestante, comunista y masónica de ese hereje. Todos han perdido el norte de la verdad. Están dejando a Cristo por un plato de lentejas. Prefieren seguir comiendo y teniendo un trabajo que hablar con la verdad en la boca.

No hay justicia sin verdad: las obras de todos los sacerdotes y fieles que tienen a Bergoglio como su papa son injustas, son una clara rebeldía a la Voluntad de Dios.

Sólo en la verdad se hace una obra justa. En la mentira, todo es una injusticia.

«Quien declara la verdad, descubre la justicia; el testigo mentiroso, la falsedad» (Prov 12, 17).

Bergoglio siempre está hablando la duda, el error, la mentira, la oscuridad. Habla y no sabe lo que habla: «Quien habla sin tino hiere como espada» (Prov 12, 18a). Las palabras de Bergoglio hacen daño a toda la Iglesia, a todas las almas. Enferman más a las almas, porque sólo «la lengua de los sabios, cura» (ib, 18b).

Todo lo que se está levantando en la Iglesia con Bergoglio es una injusticia. Todas las parroquias están llenas de obras injustas, obras sin verdad, obras sin fe. Es el inicio de la gran apostasía de la fe. Todos se alejan de la justicia de Dios porque se creen justos en sus mentiras, en sus falsedades, en sus errores. Justos porque tienen a Bergoglio como su papa.

Todos viven en el camino de la condenación eterna porque se han justificado a sí mismos con sus pensamientos humanos.

Condenarse es llamar a Bergoglio como papa, es tenerlo como papa, es obedecerlo como papa.

Muchos dicen: como los Obispos lo mantienen en el Papado, a pesar de sus herejías, como no han aplicado el derecho canónico, entonces hay que tener a Bergoglio como papa. Esto es pecar, hacer pecar y vivir en el pecado. Mantenerse en este pecado. No arrepentirse de este pecado porque no se ve como pecado.

El silencio culpable de los Obispos hace que los fieles obren un imperativo moral: hay que tener a Bergoglio como papa de la Iglesia Católica. Cuando la ley de Dios dice lo contrario: Bergoglio no es papa porque es hereje.

La Iglesia: ¿es el cumplimiento de una ley canónica o el de una ley divina? Si nadie cumple con la ley canónica eso no quiere decir que no estén sujetos a la ley divina, que no haya que cumplir con la ley divina. Todos pecan por ponerse por encima de la ley divina al no cumplir con la ley canónica. Todos pecan por cumplir con la palabra oficial en la Iglesia, palabra de hombre que no puede salvar ni santificar; que no puede justificar el mal en el gobierno de la Iglesia.

Ese silencio culpable condena a muchas almas al infierno. Un silencio culpable que obra el pecado en muchas almas, que hace pecar, que justifica a un hereje en la Iglesia.

¿Para qué son Obispos de la Iglesia? Para hacer pecar a los demás.

¡Han dejado de creer en su sacerdocio!

Mayor pecado que el de Adán es lo que se ve en toda la Jerarquía actual de la Iglesia.

La misión de Adán era sembrar su semilla para formar la humanidad que Dios quería.

La misión de todo sacerdote es sembrar la Palabra de Dios en las almas para que se puedan salvar y santificar.

Adán rehusó a esa misión y engendró una humanidad para el demonio. Pero esa humanidad todavía podía salvarse por la gracia.

Los sacerdotes y Obispos rehúsan a su misión y hacen que las almas ya no puedan salvarse por la gracia. Hacen hombres sin capacidad de salvar su alma. Porque les presentan, siembran en sus almas la palabra de la condenación. Les dan falsos sacramentos. Levantan para esas almas una iglesia maldita en sus orígenes.

Toda esa Jerarquía que obedece a un hereje está creando el cisma dentro de la Iglesia Católica. Y van a perseguir y excomulgar a todos los verdaderos católicos que no pueden obedecer a un hereje como papa.

Del gobierno de Bergoglio va a salir una monstruosidad: una iglesia modernista dirigida por un falso papa, que es el falso profeta que combatirá a la iglesia remanente, que defiende la tradición y el magisterio. Iglesia que será clandestina y perseguida.

El fruto del gobierno de Bergoglio: el gran cisma en el interior de la Iglesia.

«Yo os traje a la tierra fértil…»: a la Iglesia Católica;

«…para que comierais sus ricos frutos. Y en cuanto en Ella entrasteis contaminasteis Mi Tierra e hicisteis abominable Mi Heredad»: pocos entienden que ha sido la misma Jerarquía la que ha obrado esta abominación que vemos en el Vaticano. Ellos han hecho abominable la Iglesia en Pedro. Lo han contaminado todo. La han destrozado. La Iglesia Católica está en ruinas.

«Tampoco los sacerdotes se preguntaron: ¿Dónde está el Señor?»: ¿está Cristo en Bergoglio? ¿Tiene Bergoglio el Espíritu de Pedro? ¿El Espíritu Santo puede poner a un hereje como Papa?

La Jerarquía de la Iglesia vive sin Dios dentro de Ella: vive sin buscar la Voluntad de Dios. No les interesa ser Santos en la Iglesia. Sólo quieren que los demás los alaben y los tomen por santos y por justos en sus decisiones.

«Siendo ellos los maestros de la Ley, Me desconocieron, y los que eran pastores Me fueron infieles» (Jer 2, 7-8).

Dios les ha dado la vocación a muchos sacerdotes y Obispos, los ha traído a la Iglesia Católica, y ellos están levantando una nueva iglesia porque desconocen la riqueza espiritual de su sacerdocio. Son infieles a la gracia que han recibido en sus sacerdocios. Son sólo fieles a las mentes de los hombres, al lenguaje que todos ellos emplean para mostrar al mundo su gran soberbia y su orgullo demoledor.

Es tiempo de persecución. Cuando no se hace caso al clamor de la verdad, se persigue al que la clama para que no moleste en la obra de abominación que se ha levantado en Roma. Necesitan una iglesia en la que todos estén de acuerdo en la maldad. Los que no quieran esa maldad, tienen que desaparecer del mapa. Ya lo están haciendo a escondidas, ocultamente, sin que nadie se entere. Pero viene el tiempo de hacerlo público, porque esa maldita iglesia de los modernistas tiene que ser visible para todos, universal, mundial, tiene que apoyar el nuevo orden mundial.

No hay paz sin justicia: sólo la guerra, las persecuciones se suceden por la obra de la injusticia de la falsa iglesia en Roma. La infidelidad a la gracia trae consigo la pérdida de la paz, tanto en el mundo como en la Iglesia.

No hay vuelta atrás

vaticanocomunista

La Iglesia está dividida. Y es la Jerarquía la que ha producido esa división. Se ha dividido la verdad del Papado. Se ha dividido a Cristo.

El Papado es una gracia que, desde la muerte del Papa Juan Pablo II, nadie la ha vivido. Todos: Cardenales, Obispos y Papa han dejado caer esa gracia en un saco roto.

La Palabra de Dios no puede ser cambiada. Jesús puso Su Iglesia en Pedro. Y esto es lo que ha sido cambiado. Muchos no han comprendido este cambio, pero ahí están los frutos, las obras: la nueva y falsa iglesia en el Vaticano. Una Iglesia que no es la de Cristo, sino la de los hombres.

Una Iglesia a la que muchos siguen llamando católica, pero sólo le queda el nombre. Una palabra que se ha vuelto un negocio para muchos sacerdotes y Obispos. Ahora quieren vender lo sagrado, los templos, para levantar los nuevos templos de la nueva y perversa iglesia.

Nadie, dentro de esa iglesia batalla por la verdad. Es la iglesia para imponer la herejía a todo el mundo.

Se mata a las almas en nombre de un hombre sin verdad: Bergoglio. Haciendo propaganda de su nefasta doctrina. En el nombre de ese hombre, se destruye la Iglesia, se destruyen las vidas espirituales de muchas almas, se destruye el camino que Cristo ha puesto a las almas para su salvación y santificación.

Han puesto, al frente de esa secta diabólica, a un idiota con cara de maricón: Bergoglio.

«Llegan los tiempos oscuros para la Iglesia de Dios. La división está ya en acto en el interior de Ella. Es este Papa que pone gran freno. Imítenlo siempre en lo que hace» (Conchiglia – 5 de septiembre del 2000).

Imiten al beato Juan Pablo II. No imiten al hereje de Bergoglio.

Juan Pablo II supo frenar la división interna en el Papado. Todos querían cambiar la estructura del Papado: hacer un gobierno horizontal. Y presionaron a Juan Pablo II y no lo consiguieron. Él se mantuvo en la línea de la gracia. Usó la gracia del Papado hasta el final, hasta su muerte. Fue Papa hasta la muerte. Fue un papa católico. No echó en un saco roto esa gracia. No condescendió con los Obispos, que sólo eran amigos del poder y del dinero.

Bergoglio ha abierto la zanja para el cisma en la Iglesia Católica. Ha plantado su gobierno horizontal. Y ya está dando sus primeros frutos diabólicos.

«Ahora, estoy reconduciendo a Casa a Mi Vicario en la Tierra, el único que tenía firmemente en mano las riendas de Mi Iglesia… ¿”Quién” seguirá al mundo? A través de él he dado disposiciones. A través de él les he hecho de guía… Mi Vicario en la tierra fuerte en el carácter, fuerte en la fe, para ser luz y ejemplo a todos…» (Conchiglia – 01 de abril del 2005).

Juan Pablo II: el único que se enfrentó a la masonería. El único que tenía en mano las riendas de la Iglesia Católica. Verdadero y triunfante Papa.

A Juan Pablo II lo dejaron solo, pero gracias a su fe, a su vida espiritual, el demonio no pudo con él. La puerta de su alma quedó cerrada para la obra del demonio. Cumplió con los mandamientos de Dios y eso le llevó a la verdadera libertad del Espíritu. No se convirtió en esclavo del pecado –como muchos sacerdotes Y Obispos- y así pudo obrar la ley de la gracia, la misión que Dios le dio en la Iglesia, hasta el final de su vida. Mantuvo firme, en su mano, las riendas, el gobierno vertical en la Iglesia. Fue Pedro hasta el final de su vida. Fue Voz de Cristo en medio de los lobos infernales que le rodeaban. Los mantuvo a raya. Y tenían que callar ocultando su odio a ese Papa.

Pero quien no cumple con la ley de Dios, tampoco cumple con la ley de la gracia: falla en su ministerio sacerdotal. Falla en la gracia que ha recibido.

«…los adultos que se creen sabios creen que después de él otro papa los conducirá…No se dan cuenta lo que está a punto de ocurrir en la Iglesia» (Ib).

Todos creían que, después de Juan Pablo II, la nave de la Iglesia seguiría sin problemas. Y los soberbios se equivocaron.

Benedicto XVI es el Papa legítimo, pero la puerta de su alma la dejó abierta a la obra del demonio. De esa manera, no pudo cumplir con la ley de la gracia: no llevó la gracia del Papado hasta el final. La echó en un saco roto. No ha podido conducir la Iglesia hacia la verdad que Dios quería. Fue hecho prisionero en el Vaticano y, por su falta de fe, por su debilidad en la vida espiritual, por su pecado, fracasó en la gracia del Papado. No fue un papa católico: no se mantuvo en la línea de la gracia. Abrió la puerta del papado al falso profeta, que llama al Anticristo, que lo convoca para la destrucción de la Iglesia. Dejó la Iglesia en las propias manos del lobo.

«¿Es posible que no se hayan percatado que este Papa, del mismo modo que Pedro, ha sido hecho prisionero? Por esto, habría tenido que apartarse del Vaticano y denunciar cada tipo de crimen dentro de la Iglesia a costo de la muerte física. El riesgo es altísimo, ya que de hecho este Papa es tenido al oscuro sobre hechos, acontecimientos y decisiones concernientes al curso interno y externo de la Iglesia» (Conchiglia – 30 de junio del 2012).

Habría tenido que apartarse….

Benedicto XVI es el Papa legítimo, pero pecador. Por su pecado, no pudo apartarse del Vaticano cuando era el momento preciso. El riesgo era muy alto porque estaba implicado en la obra del pecado. El demonio lo tenía atado. No era libre para seguir al Espíritu de Pedro en la Iglesia. Por eso, no pudo mantenerse fiel a la gracia del Papado. Sucumbió a la presión de los Cardenales y de los Obispos. Y tomó el camino fácil de la renuncia. Ahora, debe callar ante la herejía y el cisma que contempla en el Vaticano.

Porque no hay vuelta atrás.

«No, no hay vuelta atrás. Siempre y cuando Francisco no sea más papa, su legado permanecerá fuerte. Por ejemplo, el papa está convencido que las cosas que ya ha escrito y dicho no pueden ser condenadas como error. Por lo tanto, en el futuro cualquiera puede repetir esas cosas sin miedo y sin ser sancionado. Y entonces la mayoría del Pueblo de Dios con su especial sentido no aceptará fácilmente volverse atrás en ciertas cosas» (texto).

Aquí tienen la mente de los malditos herejes. Victor Manuel Fernandez es un lobo vestido de Obispo. Es un maldito hereje, que habla el lenguaje propio del demonio, que tiene por jefe a otro maldito -como él- al cual adora en su pensamiento humano, y ofrece a las almas el camino de condenación.

«El papa debe tener sus razones, porque él conoce muy bien lo que está haciendo» (Ib): Bergoglio conoce que está condenando almas al infierno. Lo conoce muy bien. Bergoglio conoce que está destruyendo la Iglesia de Cristo. Esto lo conoce y lo quiere con toda su alma podrida. Bergoglio conoce que está interpretando un papel que ha sido obligado a interpretar.

Porque todo masón obra por un imperativo categórico-moral: una imposición de una mente ajena, de una ley en su mente. Y ningún masón sale de esa imposición. Por eso, Bergoglio sabe muy bien lo que está haciendo. Ha sido adoctrinado para esto. Es el juguete de los grandes masones, de sus mayores, de esos hombres ocultos que ni siquiera él conoce. Por eso, no le gusta lo que está haciendo. Bergoglio es orgulloso: es él y nadie más que él. Pero tiene que servir a otro con mayor poder que él. Y esto es lo que no soporta.

Bergoglio es un hereje pertinaz, que vive en su pensamiento herético, incapaz de ver la verdad. Incapaz de obrarla. Incapaz de arrepentirse de sus pecados.

Hereje pertinaz es aquel que defiende su manera de pensar, falsa y perversa, con obstinada animosidad, con terquedad, con persistencia, sin estar dispuesto a corregirse de sus errores, ni de arrepentirse de sus obras de pecado.

La Iglesia condena al hereje pertinaz:

«Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico…quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia» (Canon 194, n.2).

Pero nadie hace caso a este canon.

Bergoglio es hereje pertinaz: «el papa está convencido que las cosas que ya ha escrito y dicho no pueden ser condenadas como error».

Públicamente, Bergoglio ha manifestado sus herejías, que le apartan de la fe católica. Públicamente, Bergoglio sigue sosteniendo sus herejías manifiestas como verdaderas. Ahí tienen la última entrevista en la cual Bergoglio se echa flores sobre sí mismo. Un hombre que no se arrepiente de su maldad.

Y, públicamente, la Iglesia entera, la Jerarquía, apoya sus herejías. ¡Públicamente! Luego, ninguna Jerarquía tiene derecho a pedir obediencia en la Iglesia. Todos quedan fuera de la Iglesia verdadera. Porque están enseñando la herejía. Están imponiendo la mente de un hereje. Y dan a las almas el camino para obrar la herejía dentro de la Iglesia.

Nadie hace caso del derecho canónico para resolver el problema Bergoglio. Todos son culpables de este gran desastre que vive toda la Iglesia.

Bergoglio ha probado, sin lugar a duda, que es el hombre de la doblez, del engaño, de la manipulación, de los errores y manifiestas herejías, de las blasfemias contra Cristo, contra Su Iglesia y contra el Espíritu Santo. Y merece ser denunciado desde todo púlpito, en toda parroquia católica, en toda casa de familia católica.

El silencio de tantos católicos prueba que ellos viven en la obra de su pecado mortal, que les impide atacar al hereje y la herejía y, por lo tanto, les impide cumplir con sus deberes en la Iglesia: el deber de ser fiel a la gracia que Cristo les ha merecido con su muerte en Cruz. Ya no son fieles de Cristo, son sólo perros atados a la mente de un hombre sin verdad, que ladran para que su amo les eche de comer su herejía.

El silencio de tantos Obispos prueba que ellos no son irreprensibles en sus episcopados: son mujeriegos, codiciosos, desobedientes, rebeldes, amigos del dinero, hinchados de soberbia, infames, que se aman más a sí mismos que a Jesucristo. Merecen la condenación por su silencio culpable. Teniendo la plenitud del sacerdocio, teniendo toda la verdad de lo que es Bergoglio, se someten a la mentira que nace en la mente de ese infeliz, de ese condenado en vida.

Bergoglio no ve sus errores, sus herejías, su cinismo, su hipocresía, su idolatría, su cisma. No lo ve. Él sólo vive en su pensamiento humano que le indica el bien y el mal. Su manera de pensar; su falsa y perversa forma de ver a Cristo y a la Iglesia. El norte de la verdad, para Bergoglio, es él mismo. Lo que él ha escrito, lo que él dice cada día.  Es un ciego que se ilumina a sí mismo con su misma ceguera. Vive en su tiniebla y se alumbra con las oscuridad de su tiniebla.

Esto se llama perversión de la mente humana. El hombre queda pervertido, viciado con las malas doctrinas, perturbado con todas las filosofías y teologías que ha acumulado su mente sin ningún discernimiento. La mente de Bergoglio es una mente que razona sin luz, en las más oscura tiniebla. No discierne nada, porque es incapaz de ver algo.

Bergoglio no puede hacer una crítica sana de ninguna filosofía ni teología porque todo lo saca de él mismo, de su mente humana. Por eso, Bergoglio tiene por padre al demonio, que es mentiroso.

«Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio»: Bergoglio saca la mentira de su propia mente, de su dar vueltas constantemente a las ideas que tiene en su mente podrida, corrupta, inicua. Ideas que sólo están relacionadas con ellas mismas; pero nunca con la Mente de Dios. Nunca con la verdad absoluta.

Bergoglio nunca sale de su mente para comparar las ideas. Está cerrado en su soberbia. Y -como todo soberbio- sólo es capaz de ver su soberbia. No puede ver la luz de la gracia, ni la luz del Espíritu. No puede atender a la luz natural. Bergoglio es una persona sin fe, que ha perdido la fe porque ha asentado su vida en su propia mente, en sus propias luces interiores, que nunca va a dejar porque son la estela de su dios.

Si alguien le dice una idea extraña, que no tiene en su mente, la analiza con su mente y la interpreta según su mente. Si alguien hace referencia al magisterio de la Iglesia, él lo reinterpreta para acomodarlo a su manera de pensar, a su perversidad, a su falsedad de vida.

El dios de Bergoglio no es su mente, sino su forma de vida: vive para ser hombre. Vive para darse culto a sí mismo, para buscar en el otro la gloria de sí mismo. A Bergoglio sólo le interesan las alabanzas. No puede soportar las críticas. Necesita, constantemente, a su alrededor, de personajes que le limpien las babas de su boca cuando habla o escribe algo.

A Bergoglio lo maquillan cuando lanza una herejía. Y es necesario hacer eso por imposición del mismo Bergoglio. Él tiene a su gente dedicada a limpiarle las babas. Es la tarea que todo orgulloso impone a otros para cuidar su imagen en el mundo y en la Iglesia.

Bergoglio no puede acudir a Dios para ver qué es la verdad. Es como Pilatos. Conoce la verdad, sabe que está mintiendo, pero prefiere “su verdad”, que es su cosecha propia, su gran mentira. Bergoglio hace esto porque es como el demonio: «es mentiroso, padre de la mentira».

Este es el significado del falso profeta en la Escritura: el padre de la mentira, el que engendra la mentira, el que da la mentira, el que ofrece la mentira, el que obra la mentira. Y no puede dar nunca la verdad. Sólo la puede dar cuando Dios le obliga, como hace al demonio en algunos exorcismos.

Bergoglio sólo puede engendrar la mentira en las almas. Y lo hace a manera de sentimiento humano, de impulsos afectivos. Bergoglio no sabe hablar a la mente del hombre: no es lógico, no es inteligente, no sabe usar su mente para hablar con los demás, para llegar a los demás. Vive dentro de su mente. No vive para relacionar su mente con el otro. No vive para aceptar una verdad que la mente del otro tiene y que él no posea. Bergoglio sólo comparte su mente con aquel que piensa igual a él. Con los demás, se cierra, se oculta, engaña, falsea todas las cosas, manipula constantemente.

Bergoglio llega a la gente a base de sentimientos, de impulsos afectivos cuando predica. Habla, no para lanzar una idea, sino un sentimiento, un gusto, la obra de una voluntad.

A Bergoglio no le gustan los discursos. Lo que le gusta es improvisar con todo el mundo: dejarse llevar del sentimiento del momento, de la idea placentera, que es gustosa a la mente en ese momento y en esa circunstancia.

Por eso, a Bergoglio se le coge en seguida en sus herejías. Y se sabe cuándo está leyendo algo que otro ha preparado. Él mismo se delata constantemente. Por eso, nunca puede hablar el lenguaje de la fe. Nunca. Siempre va a hablar lo que le da la gana en ese momento. Su improvisación, que es una inspiración perversa. Es la sugestión que viene de la mente del demonio. El demonio le sugiere la mentira y –como Bergoglio no sabe discernir espíritus, no sabe discernir sus pensamientos humanos- el demonio le engaña con gran facilidad. Él cae en el juego del demonio. Y cae por su vida sentimental, que es lo único que vive, que es capaz de vivir. Bergoglio es un llorón de la vida humana: una “mujercita” que se acicala para gustar al hombre y al mundo.

Bergoglio vive su herejía. Su voluntad no puede adherirse a la verdad como bien propio. Constantemente, con su voluntad, inclina su entendimiento a adherirse a la mentira, al error, a la duda, a la falsedad, al engaño. Bergoglio no elige lo que en realidad enseñó Cristo, sino que elige lo que le sugiere su propio pensamiento humano. Es su inspiración perversa, malévola, inicua, diabólica. Por eso, Bergoglio constantemente está corrompiendo los dogmas, el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

«…rehúye al hereje, sabiendo que está pervertido» (Tit 3, 10-11).

El verdadero católico tiene que retirarse de la presencia de Bergoglio. Tiene que apartar de sí toda la doctrina de Bergoglio. Es un riesgo para la salvación de su alma. Es una constante tentación para caer en la propia herejía, que la mente de Bergoglio transmite cuando habla o escribe.

El hereje pertinaz sólo habla herejías, sólo obra con la herejía, sólo vive en la herejía. Bergoglio tienta a las almas constantemente. Es tentación para obrar el pecado.

Bergoglio lleva a las almas hacia su pecado de herejía pertinaz. Las almas se vuelven tercas, obstinadas, salvajes, rebeldes, desobedientes a la ley de Dios, a la Voluntad de Dios, a la enseñanza de la Iglesia. Ya no se apoyan en la Autoridad de la Iglesia para discernir la verdad de la mentira, sino que se apoyan en la mente de un hereje, de un hombre sin verdad. Se apoyan en la verborrea diaria que ese hombre transmite cada día al mundo.

Bergoglio lleva hacia el pecado contra el Espíritu Santo. Todo hereje pertinaz ha cometido ya este pecado. Por lo tanto, no puede salvarse. Y su vida sólo consiste en hacer que los demás tampoco se salven. Bergoglio, no sólo con su doctrina sino con su vida, con sus obras, impide la salvación de las almas. Se hace modelo de condenación en vida para las almas.

¡Esto es lo trágico que nadie medita!

Están fabricando el nuevo papado: «en el futuro cualquiera puede repetir esas cosas sin miedo y sin ser sancionado». El modelo de los falsos católicos: su papa hereje.

Pueblo de Dios: sé hereje como Bergoglio. Cree en los dogmas que cambian, desprecia los preceptos de la Iglesia, no te sometas al magisterio de la Iglesia, piensa como quieras, vive lo que te dé la gana. Ya no hay vuelta atrás. Ya no hay sanciones a los herejes, a los cismáticos, a los que apostatan de la fe. Al contrario, hay que santificar el error, hay que poner en los altares a los herejes, a los que crean el cisma, a los que se apartan de la verdad, a los que enarbolan la bandera del orgullo y de la soberbia.

¡Qué gran descalabro en la Iglesia gobernándola un hereje!

Evita a Bergoglio porque está pervertido: ha cambiado el orden de las cosas. Vive sin ley, vive sin verdad, vive sin camino de salvación. Un hombre sin Cristo. Un hombre sin la Cruz de Cristo. Un pelele del demonio.

Están creando los falsos católicos de la falsa iglesia, los herejes pertinaces: «Y entonces la mayoría del Pueblo de Dios con su especial sentido no aceptará fácilmente volverse atrás en ciertas cosas». Los católicos que ya no vuelven atrás: que ya no pueden arrepentirse. Los católicos que cometen el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Permanecer en el error hasta la muerte, sin volverse atrás, eso es el pecado contra el Espíritu Santo. Se está enseñando este pecado: cómo vivir condenados en vida. No vuelvas atrás. No rectifiques. No hay pena que cumplir, no hay sanción, no hay penitencia. Sigue en tu error. Sigue en tus creencias. Sigue en tu identidad. Todo el mundo se salva. Todos van al cielo.

«La sangre correrá en los pasillos del Vaticano, ya que Satanás ha seducido a muchos Purpurados Consagrados, que perteneciendo a la Masonería se ha vuelto, en ellos, fuertes» (Conchiglia – 27 de diciembre del 2005).

La idea masónica fuerte en muchos Cardenales. Por eso, han puesto a su falso papa. Es la fuerza de la masonería en ellos. Hay que quitar lo que impide que el Anticristo se manifieste: el Papa de la Iglesia Católica. Es decir, hay que poner lo que catapulta la presencia del hombre impío: el falso profeta, el falso papa que todos adoran por su estilo de vida, que está inoculado por una mente herética y cismática.

A Dios no le interesa el pobre y miserable trono humano que está en el Vaticano. Ese poder, que enarbola ese falso papa, lleva a la nada la dignidad del hombre.

El hombre es hombre porque se somete a la Verdad Absoluta, la que Dios revela, la que Dios decide para la vida de cada hombre.

Pero todo hombre que, viendo la verdad con su entendimiento humano, elige la mentira para su vida, queda atrapado en su propia locura.

Por eso, Bergoglio es un loco; y todos aquellos que le obedecen son otros locos.

La soberbia es una gran locura que muchos católicos han elegido en Bergoglio. Quien toma posición por Bergoglio como su papa, queda en la locura de su mente humana, sin poder salir de ella.

A Dios no le interesa lo que hace Bergoglio. Por eso, a los verdaderos católicos les debe traer sin cuidado todo cuanto dice ese hombre. Una vez que lo han medido como hereje pertinaz, tienen que apartarse de él y llamarlo como lo que es: un maldito hereje.

Y sabiendo que ese maldito hereje no va a dejar el cargo por su propia voluntad, sino que va a ser obligado a la renuncia por el bien de la causa de la masonería.

Quien espere que, después de Bergoglio, las cosas van a cambiar, es que no ha comprendido el teatro que se han montado en el Vaticano: «Debe darse cuenta que él está apuntando a reformar lo que es irreversible» (texto)

No hay vuelta atrás. El gobierno horizontal es irreversible. Las leyes que van a sacar del Sínodo son irreversibles. La destrucción de todo lo católico va a ser irreversible.

Es necesario destruir la Iglesia Católica. Por eso, es necesario un Falso Profeta que ponga por ley la herejía. Esto es lo que a Bergoglio le ha costado hacer. No ha podido porque es sólo un vividor de su propia mentira, pero no sabe ponerla en ley. Por eso, Bergoglio no sirve para destruir la Iglesia. Sólo sirve para entretener a las masas. Es el bufón indicado. Es el papel que mejor sabe interpretar.

Es necesario que la sangre circule en el Vaticano: hay que oponerse a los herejes. Y eso sólo se puede hacer con sangre porque nadie lo hace aplicando el derecho canónico. Si no queréis cumplir con las leyes, entonces habrá que cumplirlas con el derramamiento de la sangre.

El Papa Benedicto XVI no puede morir con la conciencia tranquila habiendo puesto la Iglesia en manos de un hereje, de un destructor, de un hombre impío. Tiene que expiar su pecado si quiere salvarse. Tiene que derramar su sangre por amor a Cristo y a la Iglesia.

Si no quiere hacer esto, entonces que se vaya del Vaticano y que ataque a ese hombre escondido de todos.

Pero hay que demostrar que el alma es de Cristo y de nadie más. Y nadie, en el Vaticano, está demostrando que ama a Cristo más que a su vida.

No es el Espíritu Santo el que ha elegido a Bergoglio como papa. Han sido los hombres los que han puesto su falso papa; y muchos católicos no quieren reconocer esta gran verdad. Y será su perdición eterna.

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La iglesia del mundo visible en Roma

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«Hay quien considera que puede tener una relación personal, directa, mediata con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia… ser cristiano significa pertenencia a la Iglesia. El nombre es «cristiano», el apellido es «pertenencia a la Iglesia» (25 de junio del 2015).

Muchos católicos no son capaces de ver la herejía en estas palabras del falsario, porque ya no conocen su fe católica.

«…ser cristiano significa pertenencia a la Iglesia»: esta es la gravísima herejía. Si tienes el nombre de cristiano, entonces perteneces a la Iglesia.

En otras palabras: si no estás bautizado, pero te llamas cristiano, perteneces a la Iglesia.

Si crees en tu idea de Cristo, si para ti Cristo es lo que se profesa en el budismo o en el judaísmo, o en cualquiera otra religión, entonces perteneces a la Iglesia.

Si no vives en gracia, sino en tu grandioso pecado, si no tienes los Sacramentos o una vez los recibiste, pero ya no los practicas o lo haces mal, si no obedeces al Romano Pontífice, sino que haces lo que te da la gana en tu vida, entonces eres de la Iglesia, perteneces a la Iglesia.

¿Ven o no ven la gravísima herejía?

Bergoglio está enseñando su iglesia mundial: la que es para todo el mundo. Con tal de que te llames cristiano, con tal de que te pongas el nombre de cristiano, un nombre vacío, un lenguaje humano, una palabra que todo el mundo usa para no decir nada, entonces perteneces a la iglesia que está levantando ese hombre, al cual muchos le ponen el nombre de papa.

Ahora, resulta que eres de la Iglesia porque tienes que seguir a Bergoglio. Si no sigues a Bergoglio como el gran papa del mundo, de los herejes, de los pervertidos, de los homosexuales, entonces no perteneces a la Iglesia. Tienes que tener el nombre de Bergoglio. Tienes que decirlo.

Si dices: Bergoglio no es papa. Entonces, no perteneces a la Iglesia.

Todo el mundo se apunta, ahora, al juego del lenguaje humano.

Para ser de la Iglesia hay que colocarse el nombre de cristiano.

Para estar en comunión con la Iglesia hay que colocarse el nombre de Bergoglio: hay que llamar a Bergoglio como papa. Y no importan sus claras herejías. Eso no interesa. Es el nombre el que interesa. Si no tienes el nombre de ese tipejo, si no dices el nombre de ese tipejo, si no lo llamas papa, estás condenado, has cometido el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Así piensan muchísimos católicos.

Para ser miembro de la Iglesia, es necesario poseer una perfecta unión con el Cuerpo de la Iglesia. Esto significa que la persona debe ser bautizada, y vivir su bautismo dentro de la comunión visible de hombres que profesan la misma fe divina, que comparten los mismos siete sacramentos y que están en obediencia al Romano Pontífice.

Estos son los tres requisitos externos de unión: si la Iglesia es visible, entonces sus miembros se conocen por estas tres cosas:

«Pero entre los miembros de la Iglesia sólo se han de contar de hecho los que recibieron las aguas regeneradoras del Bautismo, y, profesando la verdadera fe, no se hayan separado, miserablemente, ellos mismos, de la contextura del Cuerpo, ni hayan sido apartados de él por la legítima autoridad a causa de gravísimas culpas… Por lo cual, los que están separados entre sí por la fe o por la autoridad, no pueden vivir en este único Cuerpo, ni tampoco, por lo tanto, de este su único Espíritu» (Mystici Corporis, n. 10).

«Porque cuantos somos creyentes, teniendo… el mismo espíritu de fe, nos alumbramos con la misma luz de Cristo, nos alimentamos con el mismo manjar de Cristo y somos gobernados por la misma autoridad y magisterio de Cristo» (Mystici Corporis, n. 32).

Es claro lo que dice el Papa Pío XII: hay que estar bautizados.

Pero, además, hay que profesar la fe verdadera: la fe católica. Hay que obedecer el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. Si no se obedece este magisterio, ya no tienes la fe verdadera.

Hay muchos católicos que no saben lo que es este magisterio. No lo conocen. Para ellos, no existe el pecado, ni el infierno, ni el purgatorio, ni la penitencia, ni la cruz, ni la gracia, ni los sacramentos, etc…

Hay que tener la misma Luz de Cristo: su doctrina. Esa doctrina son dos autoridades en la Iglesia Católica: la Palabra de Dios y el magisterio auténtico e infalible.

Estas dos autoridades están por encima del Papa, de los Obispos, de los Concilios, de los Cónclaves, de cualquier miembro de la Iglesia.

Estas dos autoridades son la Luz de Cristo, que se da a todo el mundo para que pueda creer.

Pero, además, hay que vivir los Sacramentos: hay que alimentarse de la Eucaristía. Si vives en tu pecado, sin confesarlo en el Sacramento de la Penitencia, entonces no puedes recibir al Sacramento de la Eucaristía y, en consecuencia, el Bautismo y la Confirmación los metes en un saco roto: no te sirven de nada. Y, mucho menos, el Sacramento del Matrimonio o el del Orden.

Si no usas bien los Sacramentos, NO ERES IGLESIA visiblemente.

¡Cuánta gente pervertida que no discierne lo que comulga y se come su propia condenación!

Pero, además, hay que someterse a la Jerarquía: gobierno vertical en Pedro. Si no obedeces al Papa, NO ERES IGLESIA visiblemente.

Los sedevacantistas, los lefebrvistas, y tantos católicos de nombre, no se someten a un Papa. NO SON IGLESIA visiblemente.

¡Y, ahora resulta, que todos quieren ser iglesia obedeciendo a un falso papa!

¡No comprendemos cuál es la fe de muchos católicos!

¿Para qué se dicen católicos?

¿Para qué están en la Iglesia?

Para pertenecer a la Iglesia, externamente, son necesarias estas tres cosas. Pero para pertenecer a la Iglesia, internamente, sólo se necesita las tres virtudes teologales:

«Puesto que no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma, la herejía o la apostasía. Ni la vida se aleja completamente de aquellos que, aun cuando hayan perdido la caridad y la gracia divina pecando, y, por lo tanto, se hayan hecho incapaces de mérito sobrenatural, retienen, sin embargo, la fe y esperanza cristianas, e iluminados por una luz celestial son movidos por las internas inspiraciones e impulsos del Espíritu Santo a concebir en sí un saludable temor, y excitados por Dios a orar y a arrepentirse de su caída» (Mystici Corporis, n. 10).

Bergoglio cae en otra herejía: «Hay quien considera que puede tener una relación personal, directa, mediata con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia»: está negando que Cristo sea la Cabeza invisible de la Iglesia y, por lo tanto, hay almas que no son Iglesia visiblemente, pero si pertenecen a la Iglesia de manera invisible, por su unión con Cristo. Se puede tener una relación personal con Cristo porque sólo los pecados de herejía, de cisma, de apostasía de la fe, sacan de la comunión y de la mediación de Cristo, que es la Iglesia. El gravísimo problema de Bergoglio es poner la Iglesia en el pueblo, en una comunidad de personas; pero no la pone en Cristo. Y entonces tiene que caer en esta gravísima herejía: para tener comunión con Cristo, para tener una relación personal con Cristo tienes que ser de la Iglesia, tienes que estar en comunión con la Iglesia. Y, en esas palabras, deja de reconocer, está anulando que la Iglesia es Cristo. Pone la Iglesia en los hombres, como dice en su discurso: «Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. No se hacen cristianos en el laboratorio. El cristiano es parte de un pueblo que viene de lejos. El cristiano pertenece a un pueblo que se llama Iglesia y esta Iglesia lo hace
cristiano».

¿Ven la maldad de este hombre?

El cristiano es parte de Cristo, no de un pueblo que viene de lejos. Uno se hace cristiano porque cree en Cristo, no porque cree en un pueblo. Al poner la Iglesia en el pueblo, entonces tiene que cargarse a Cristo como Rey y como Cabeza de la Iglesia. Y, por eso, lo que vemos en el Vaticano es la iglesia de un hombre, de un conjunto de hombres que han anulado la verdad, que es Cristo, y la Iglesia, que es Cristo y sus almas. Sólo queda el pueblo, el mundo, la masa.

Sólo la herejía, el cisma y la apostasía de la fe impiden ser de la Iglesia. Los que no han cometido estos tres pecados, pero sí viven en sus pecados no confesados, todavía son de la Iglesia pero no externamente.

Estos son los católicos tibios, que son muchos.

Los pervertidos, a los cuales ya no se les puede llamar católicos, son los que han cometido los tres pecados que sacan de la Iglesia: herejía, cisma y apostasía de la fe. Bergoglio es un pervertido. Todo el gobierno horizontal, ese grupo de cardenales que gobierna en la actualidad la Iglesia, son pervertidos. No son Iglesia.

Cuando el alma pierde la fe, entonces ya no puede pertenecer al Cuerpo de la Iglesia. Mientras mantenga la fe, hay una esperanza de conversión, y de salir del pecado. Todavía están unidos a la Cabeza Invisible de la Iglesia, que es Cristo, aunque no participen ni en los Sacramentos ni obedezcan a la Jerarquía. Externamente, no pertenecen a la Iglesia porque no obran visiblemente ni los Sacramentos ni se ponen en obediencia a la Jerarquía. Internamente, son de la Iglesia porque todavía no han renegado totalmente de Cristo, Su Cabera Invisible.

Ahora mismo, en la actualidad, observamos muchos falsos católicos que siguen a un falso papa.

Para ser de la Iglesia, en lo externo, para que sea vea visiblemente la Iglesia, es necesario el gobierno vertical del Papa: es necesaria una cabeza visible. Como Benedicto XVI no gobierna la Iglesia, y es el Papa verdadero y legítimo, es la legítima autoridad en la Iglesia, entonces la Iglesia ya no es visible. Falta el gobierno del Papa. Falta la cabeza visible. Es gobernada solo por Su Cabeza Invisible, que es Cristo. Por este gobierno invisible, la Iglesia se hace invisible: ya no se puede ver exteriormente, en una Jerarquía, en una Cabeza visble.

Pero resulta que un grupo de cardenales está gobernando exteriormente la Iglesia, con un gobierno horizontal. Eso que se ve, esa iglesia que resulta de ese gobierno horizontal, no es la Iglesia Católica. No es la Iglesia en Pedro, en un gobierno vertical. No es la Iglesia visible de Cristo.

Luego, quien obedece a ese gobierno, quien obedece a ese falso papa, se convierte, visible, externamente, en un falso católico.

El católico verdadero obedece al Papa legítimo. El falso católico obedece a un falso papa, que es ilegítimo, inválido, por su manifiesta herejía.

El católico tiene que ponerse en la Verdad para ser católico. El católico tiene que reconocer la verdadera autoridad en la Iglesia para ser católico.

Si no te pones en la verdad, sino sabes discernir a la Jerarquía de la Iglesia, te conviertes, te transformas en un falso católico.

Es lo que vemos en todas partes desde hace dos años. Está surgiendo una falsa iglesia. Luego, tienen que aparecer, visiblemente, los falsos católicos. Son los siguen a un falso papa y están en una falsa iglesia.

Los católicos verdaderos tienen que desparecer exteriormente. Es necesario que desaparezcan porque visiblemente no hay una cabeza que los gobierne.

Un católico verdadero no puede pertenecer visiblemente a la iglesia de Bergoglio y compañía. No puede. Es un gobierno horizontal. No es el gobierno visible en Pedro.

Luego, la Iglesia de Cristo pasa a ser el Reino de Dios, pero ya no está visiblemente en la Jerarquía.

Está visiblemente en cada corazón que permanece, que es fiel a la Verdad. Pero esos corazones fieles no pueden unirse bajo una cabeza visible, bajo un papa. Entonces, no hay Iglesia visible. Pero sí hay Iglesia invisible en Cristo.

Cada alma sigue unida a Cristo, pero el Cuerpo de Cristo no tiene cabeza visible: no se puede ver exteriormente. Por eso, la Iglesia pasa a ser remanente, tiene que estar escondida. Tiene que ser perseguida. En cada corazón está la verdad que no se muestra exteriormente. Y conviene que no se muestre. Hay, en la actualidad, muchos lobos, muchos falsos profetas que destruyen la fe católica.

Por eso, ahora no es tiempo de convertir a nadie. Y quien se convierta a la Iglesia católica, que no existe visiblemente, es una falsa conversión. Se convierte a la iglesia de Bergoglio y compañía, que visiblemente es una falsa iglesia.

Los católicos verdaderos, si quieren seguir en su fe católica, tienen que salir de todas las estructuras externas de la Iglesia porque han sido tomadas por un gobierno horizontal, que ya visiblemente no hace la Iglesia en Pedro.

¡Cuánto cuesta entender estas cosas a los católicos!

La Iglesia no es un conjunto de hombres, con un pensamiento común, con unas ideas, con unas obras más o menos buenas.

La Iglesia es Cristo y sus almas. Y cada alma tiene que estar unida a Cristo. Es la vid y los sarmientos. Cristo es el tronco de la vid. Las almas se unen a esa vid para poder alimentarse de Cristo.

En la Iglesia ningún hombre se alimenta de la mente del hombre. En la Iglesia, cada alma tiene que estar unida a la Mente de Cristo, unida a la Voluntad de Dios en Cristo, unida al Espíritu de la Verdad que procede del Padre y del Hijo.

Si no hay esta unión, vana es esa iglesia.

Una iglesia de hombres es la que vemos en el Vaticano y en muchas parroquias. Y ya eso es una falsa iglesia. Salgan de ahí porque es el inicio de la gran abominación.

Bergoglio, en el ejercicio de su gobierno, es un hereje

lumenmariae

Se han cumplido dos años de una usurpación y de una dinamitación del Papado.

Este es el resumen claro de la obra de Bergoglio.

Muchos ven la herejía de Bergoglio, pero dicen: el Papa, en el ejercicio de su gobierno, no es hereje.

Al decir esto, incurren en una grave consideración de los hechos.

Si Bergoglio es hereje, es decir, sus errores o dudas en materia de fe no pueden encubrirse de ninguna manera; están ahí, todos lo pueden ver, leer, discernir… Entonces, por ser Bergoglio hereje, no pertenece a la Iglesia Católica, porque –como decía San Jerónimo- «los herejes fulminan la sentencia contra ellos mismos al apartarse de la Iglesia siguiendo su albedrío». O, como decía San Agustín: «… ¿para qué voy a estar diciendo que se separen de la Iglesia cuando ya lo han hecho? En efecto, son herejes; ya están fuera de la Iglesia».

Si «soy católico, no quiero ser hereje» (San Hilario).

Bergoglio es hereje. Luego, ya está fuera de la Iglesia. No puede gobernar la Iglesia.

Hay muchos que quieren ser herejes y seguir llamándose católicos.

Si se ve la manifiesta herejía de ese hombre, ¿por qué dicen que en su gobierno no hay herejía?

Aquel que viola la ley moral nunca, bajo ninguna circunstancia, puede probar, por la razón, tener razón. Lo que es inmoral nunca puede acabar siendo un gobierno correcto, una enseñanza verdadera, un camino de salvación y de santificación en la Iglesia.

¿Cuál es el ejercicio de gobierno de Bergoglio? ¿Cómo ejerce su gobierno en la Iglesia?

Lo ejerce en una estructura que no pertenece al régimen establecido por Jesucristo como esencial en la Iglesia. En una estructura que viene de una obra inmoral, de pecado.

Jesús puso a Pedro para gobernar la Iglesia; en otras palabras, puso un gobierno vertical en la Iglesia. Quien gobierna la Iglesia es una sola cabeza, un solo hombre, que no es igual entre muchos. Pedro es el principio del poder en la Iglesia. La autoridad que posee no la tiene nadie más en la Iglesia. Aquel que obedece a Pedro, posee esa autoridad, que dimana de él; pero aquel que no lo obedece, no puede poseer esa autoridad divina.

Bergoglio ha colocado un gobierno horizontal en la Iglesia: una estructura de muchas cabezas, en la que Pedro es uno entre muchos. Esas cabezas deciden el destino de la Iglesia. Ese gobierno horizontal no pertenece al régimen esencial de la Iglesia. Sino que va en contra de la propia esencia de la Iglesia. Ya la Iglesia no se levanta en una cabeza, sino en muchas. Poner un gobierno horizontal viola la ley moral, es un pecado, no sólo grave, sino una blasfemia contra el Espíritu Santo. Ese gobierno horizontal es claramente inmoral en la Iglesia. Y, en consecuencia, quien ejerce ese gobierno da la herejía en acto. El ejercicio de ese gobierno es herético. Además, los que componen ese gobierno horizontal son hombres de herejía. Por lo tanto, tampoco pertenecen a la Iglesia. Están gobernando la Iglesia desde una estructura exterior a Ella: éste es el gran pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

¿Cómo es que muchos quieren apoyarse en ese pensamiento: el papa, en el ejercicio de su gobierno, no es hereje; cuando claramente no pueden probar que su gobierno sea correcto? Su gobierno no es el que quiere Cristo en Su Iglesia. No es el correcto. Es un gobierno de herejes y de manifiesta herejía.

¿Por qué dicen eso si están diciendo un absurdo?

Lo inmoral no es el fundamento del ejercicio de ningún gobierno. De un hereje no puede salir una verdad. De un gobierno de herejes no puede salir un gobierno de verdad en la Iglesia, una norma de moralidad, una Voluntad Divina.

Muchos argumentan así: como Bergoglio no ha dicho ex cátedra, es decir, no ha impuesto una norma, una ley, una doctrina que sea contraria a la ley de Dios, al Magisterio de la Iglesia… No ha impuesto su herejía a todos como una verdad, sino que solamente dice cosas que tapan la verdad, entonces lo tenemos como Papa verdadero y lo defendemos como el Papa.

A este absurdo están llegando muchos católicos: fieles y Jerarquía.

Y se olvidan de que el Papa sólo habla ex catedra para dejar sentado una verdad, para definir una verdad ya revelada y que toda la Iglesia la siga desde ese momento. Que esa verdad revelada sea una verdad dogmática.

Si Bergoglio es un hereje, ¿piensan que tiene capacidad de definir una verdad ex cátedra, una verdad dogmática? ¿Acaso un hereje puede hablar con la verdad?

¿Ven el absurdo al que llegan muchos, incluso tradicionales, gente que sigue la doctrina católica, y que no son tradicionalistas, pero que van perdiendo la fe?

Hablar ex cátedra sólo lo puede hacer un Papa legítimo, un hombre católico. Nunca puede hablar ex cátedra un hombre hereje. Muchos esperan eso para decir: Bergoglio no es Papa. Claramente, ellos mismos, se contradicen en su argumento.

Son como los tibios que dejan la confesión para antes de morir. Mientras no llegue la muerte, siguen viviendo en sus pecados.

Hasta que Bergoglio no diga, claramente, no lo publique, no enseñe en su magisterio que haya que tener otra fe distinta a la que se sigue en la Iglesia, entonces hay que tenerlo como Papa legítimo.

Llegar a este pensamiento es negar muchas verdades en la Iglesia. Además, ser Papa no se manifiesta en hablar ex cátedra, sino en gobernar la Iglesia en la Verdad: en la verticalidad, exigiendo a todos la obediencia a sus mandatos y enseñanzas.

Y ¿por qué la Jerarquía llega a este pensamiento?

Sólo hay una razón: tienen mucho que perder. El dinero, el trabajo, la comida, una casa, una fama, una gloria entre los hombres, un prestigio social… Y no quieren perder eso. Y, entonces, tienen que buscar un argumento, que no convence a nadie, ni siquiera a ellos mismos, en que se defienda al hombre Bergoglio y a su herejía. Hay que defender la figura que Bergoglio tiene en la Iglesia: a Pedro. Falsa obediencia a la figura vacía que representa Bergoglio.

¿Vais a defender a Pedro en la persona de un hereje? ¿Vais a defender la Verdad aceptando la herejía de un hombre sólo porque se sienta en la Silla de Pedro?

¡Cuánta demencia hay en toda la Iglesia.

No se puede probar, con la razón, que un hereje tiene razón. No se puede probar, con la razón, que Bergoglio es Papa. Un hereje nunca puede ser Papa. Un hereje nunca puede gobernar en lo correcto, en la verdad, sin la herejía. El ejercicio de su gobierno es, claramente, herético.

Bergoglio está violando la ley moral. ¿Por qué lo defienden con sus palabras, con sus razones, con sus argumentos?

¿Por qué quieren buscar un lenguaje humano adecuado para callar las manifiestas herejías de Bergoglio?

¿Por qué no quieren creer la sencilla Palabra de Dios: «aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema»?

¿Ya San Pablo ha dejado de ser guía en la Iglesia?

¿Ya un católico, de a pie, no tiene derecho de proclamar que  Bergoglio y su doctrina (su evangelio de la alegría, su falsa misericordia de las lágrimas) son  anatemas en la Iglesia?

Muchos están obligando a los fieles a decir que Bergoglio es Papa. Que es la autoridad de la Iglesia la que tiene que proclamar que Bergoglio no es Papa. Y hasta que esos jerarcas no lo hagan, hay que considerar, hay que llamar, hay que obedecer a Bergoglio como Papa.

Ya no sois como niños en la fe: ya no creéis como creen los niños: sin argumentos, sin teología, sin la ciencia del hombre. Sois como Santo Tomas: si no veo, no creo. Si una autoridad, en la Iglesia, no enseña (no proclama) que Bergoglio no es Papa, entonces no creo.

Muchos se han instalado en su clara soberbia y es lo que enseñan a su rebaño. No tienen las agallas de dar testimonio de Cristo a los demás. Creen que la Iglesia es un conjunto de borregos que deben unirse para defender a un hereje como su papa.

¿Cómo ve la Iglesia a Bergoglio?

Lo ve como un mensajero de un dios que no existe: el Dios de las sorpresas. Un concepto de Dios inventado por el lenguaje de los modernistas. Un concepto para un dios que cambia según la mente de cada uno. Ya no es un Dios que permanece en la Verdad, que enseña la misma Verdad, sino que es un dios que sorprende al hombre con cosas nuevas e inesperadas. Con este dios de las sorpresas, se acaba todo dogma, toda Tradición, se anula el Evangelio y los hombres se dedican a hacer su gran negocio en la Iglesia: el falso ecumenismo. Querer integrar a todos en una nueva iglesia ecuménica, universal, en la que las mentes de todo el mundo puedan participar. Incluso los ateos pueden creer en el dios de las sorpresas. Ellos, que no creen en dios, pueden reflejarse en ese concepto porque el dios de las sorpresas no es un dios religioso, que imponga una ley, una Voluntad a seguir, sino que es un dios de la mente del hombre. Cada uno se inventa su dios en su cabeza humana, con su lenguaje humano, con su idea filosófica. Y el ateo tiene en el dios de las sorpresas su no dios: el concepto de que dios no existe.

El falso ecumenismo es sólo la unión de las mentes de todos los hombres. No se unen las religiones, ni sus ritos, ni sus liturgias. Cada uno sigue con los suyo, pero abierto a la mente del otro, aceptando sus ritos, sus liturgias, participando de ellas, y haciendo unión con ellos sólo en la mente, en un lenguaje humano nuevo, con conceptos nuevos, inventados para esa iglesia ecuménica.

Para otros, Bergoglio es su sueño: su papa evangélico, es decir, la imitación de Lutero. Bergoglio es el nuevo Lutero para muchos fieles y gran parte de la Jerarquía. El pensamiento de Bergoglio es el que siguen muchos jerarcas. Quieren llevar el evangelio a la calle, al pueblo, a las culturas, a los problemas de los hombres, pero sin cambiar a los hombres, sin hacer proselitismo, dejándoles en sus vidas, en sus pensamientos, en sus obras, porque ya no se trata de dar una ley, sino un afecto, un sentimiento a los hombres. Ya ese papa evangélico tiene que acercarse al pueblo, al hombre, pero enseñando lo evangélico, es decir, una palabra amable, una palabra nueva, tierna, que guste al hombre, que la quiera escuchar el hombre, que regale los oídos del hombre. No se quiere a un papa que sea como todos los demás: imponiendo una doctrina. Se quiere un papa de gestos: que se vista pobremente, que hable sencillamente, que obre cosas que agraden a los hombres. Se quiere la figura de un papa pero sin el Espíritu de Pedro. No importa lo que diga ese hombre. Con tal de que lo diga que guste a los hombres, eso basta. Porque hay que estar con los hombres, con sus problemas, con sus vidas. Hay que dejar vivir a los hombres en sus erradas vidas y no decirles que van mal.

Por eso, muchos gustan de Bergoglio por su populismo: es un hombre del pueblo, del mundo, para los hombres, con los hombres, que sólo está preocupado por los asuntos de los hombres. Es lo que enseñaba Lutero que el poder de Dios está en el pueblo, no en la jerarquía: «a los cristianos no se les puede imponer bajo ningún derecho ley alguna». Esto es lo que enseña Bergoglio. Lo mismo. Los teólogos tienen que tener olor a pueblo. Los sacerdotes, con olor a oveja. No hay un mandamiento para cumplir: «Pero si uno piensa que la vida moral sea solamente »hacer esto» y »no hacer aquello» no es cristiano». Amar a Jesús no es cumplir una norma de moralidad, sino que es ser amado por Dios: «La moralidad cristiana es ésta: ¿Has caído? Levántate enseguida y continúa. Este es el camino. Pero siempre con Jesús». Siempre con Jesús, pero no con la doctrina que enseña Jesús. Es un Jesús para el pueblo. Si has caído, sigue en tu pecado. Levántate de tu caída, pero sigue en tu vida. Es un problema social tu caída, pero no es un pecado en tu alma. Es un problema que te hace caer, que te hace renunciar a la vida social, que es donde tienes que estar si quieres creer. Es el pueblo el que cree. Es la masa la que decide lo que es bueno y lo que es malo. Bergoglio es el hombre del mundo, el falso papa ideal para el hombre mundano. Es una figura vacía de la verdad, pero llena de todas las mentiras. La gente quiere ser pueblo. Que el pueblo tenga el poder, el conocimiento, la ley. Que del pueblo venga las leyes para todos los hombres. Muchos ven así a Bergoglio.

Por eso, para muchos estudiosos del Vaticano, Bergoglio ha traído no una época que cambia, sino un cambio de época. No es la historia del hombre que va cambiando, sino que es el cambio de la historia. Ya no se tiene a un papa católico, sino a un hombre que no es católico, pero que se le deja actuar como papa. Es el cambio de época. Ya la Iglesia tiene que asemejarse a los hombres, a sus tiempos, a su mentalidad. La Iglesia tiene que ser para todos los hombres. Tiene que ser de la época del hombre. La época en que el hombre se vuelve dios para sí mismo. Es la visibilidad de falsa iglesia del Anticristo. Ya se ven sus cabezas, sus miembros. Ya se ve el rol que manifiestan muchos porque se creen superiores a los demás hombres. Se creen dioses y con poder, con la sabiduría para cambiar la Iglesia, para romper con sus fundamentos más esenciales y hacer una iglesia totalmente nueva: refundar la Iglesia. Es el cambio de época: se necesita una nueva iglesia. Es el cambio de iglesia. Ya no es la Iglesia que cambia algunas cosas, sin cambiar lo esencial de Ella; es la iglesia que lo cambia todo, porque es el cambio de una época: la del hombre. Es la perfección de la soberbia del hombre, que nació en el Renacimiento, pero que sólo ha llegado a su culmen a finales del siglo pasado. Bergoglio es sólo el inicio de este cambio de época: el inicio de una falsa iglesia, que será el cuerpo místico del Anticristo.

Por eso, para los ciegos de la Jerarquía, que obedecen a Bergoglio como Papa, ese hereje se mueve en la normalidad del pensamiento del hombre: si vives como pecador, sigue en la obra de tu pecado. Bergoglio no cambia eso, sino que lo deja en lo de siempre, en lo normal. Bergoglio sólo ataca la doctrina católica, pero no ataca al pecador que vive su pecado y que ensalza, en la sociedad, su negro pecado. Es un papa normal para el mundo. Es la normalidad que se pide a un papa no católico, que no posee la fe católica. Y, por tanto, Bergoglio es oportunista: sabe dar a cada hombre lo oportuno, lo que desea, lo que busca en su vida. No es inoportunista: no cierra caminos, no señala dogmatismo. Es políticamente correcto en todas las cosas.

Muchos ven a Bergoglio como el que ha sembrado una iglesia y un mundo mejores. Son los que van buscando la novedad en la Iglesia, el placer, la felicidad en todas las cosas. Les llega la frase de ese hereje: «el camino de Jesús es la felicidad». Es lo que mucha Jerarquía está sembrando en el rebaño: ya no les hablan de la Cruz de Cristo, sino de la felicidad de la vida. Es el nuevo Paraíso, que viene con el cambio de época. Y es lo que va a predicar el Anticristo: un mundo nuevo, feliz, en el que todos tienen de todo, y en donde ya no hay enfermedades. El Anticristo va a curar a muchos, va a hacer muchos milagros para que todos lo sigan, fabriquen un nuevo paraíso en la tierra. Hagamos un mundo mejor con las obras del pecado de todo el mundo. Hagamos una iglesia mejor con las herejías de todo el mundo. Esto es lo que la Jerarquía busca, lo que ellos quieren para el Rebaño.

Después de dos años, la Iglesia ha caído en la degeneración más absoluta.

Un demente, no sólo un hereje, guía a la Iglesia.

Y hay que llamarlo demente. Si eres teólogo recto y has estudiado los escritos de Bergoglio, te habrás dado cuenta de que no tienen lógica humana. Ni siquiera tienen  la lógica de un Kant, de un Hegel, en que uno puede seguir su lógica errada y llegar a algo concreto en el error. Con este hombre, no hay manera de llegar a una concreción. Es todo una demencia. Y sólo por una cosa: Bergoglio no es intelectual, sino un hombre que resume, que sintetiza el pensamiento de otros hombres intelectuales, para expresarlo a su manera, en su jerga. Por eso, Bergoglio es un auténtica demencia como hombre intelectual

Y en manos de este demente está toda la Iglesia.

¡Qué gran castigo viene para todos!

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