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Las Bestias del mar y de la tierra

usurpador

«Y vi una Bestia surgiendo del mar…» (Ap 13, 1).

Del mar: del mundo, del pecado, de la ignominia. La Bestia primera vive en la obra de su pecado. No conoce la gracia, el cielo, la vida de Dios. Vive en la blasfemia contra Dios, poniendo leyes que niegan el culto debido a solo Dios, que anulan los mandamientos de Dios.

Esta Bestia tiene diez cuernos, como la Bestia de Daniel (cfr. 7, 7g), «y sobre sus cuernos diez diademas» (Ap 13, 1b), que indican dominio y realeza: «son diez reyes» (Dn 7, 24), diez gobernantes, que pertenecen a la clase alta de ese reino. Personas con dinero, fama y con gran poder en todo el mundo, no sólo en sus países, quienes forman un reino, una estructura global.

«La Bestia con diez cuernos es la Unión Europea» (MDM, 19 feb 2012), que es «la ciudad grande, Babilonia, la ciudad poderosa» del Apocalipsis (Ap 18, 10b), «con la cual los reyes de la tierra fornicaron y se entregaron al lujo» (Ap 18, 9).

La Unión Europea «ejerce realeza sobre los reyes de la tierra» (Ap 17, 18), quiere dominarlo todo, ya que tiene el poder: el «Dragón le entregó su poder y su trono y su potestad» (Ap 13, 2d).

«El Dragón Grande Rojo, la serpiente antigua» (Ap 12, 9) es el que «persigue a la Mujer» (cfr. v.13), que es la Iglesia de Cristo, y «hace la guerra» (cfr. v. 17) contra los hijos de Dios, descendientes de la Mujer.

«El enorme Dragón Rojo es el comunismo…, el ateísmo marxista…, ha logrado conquistar la humanidad con el error del ateísmo teórico o práctico, que ya ha seducido a todas las naciones de la tierra», construyendo «una nueva civilización sin Dios, materialista, egoísta, hedonista, árida y fría, que lleva en sí los gérmenes de la corrupción y de la muerte» (P. Gobbi, 14 may 1989).

El Dragón Rojo representa una forma de vida en la apostasía de toda verdad, que los hombres obran al admitir las ideas que nacen del comunismo. Es una vida diabólica, propia de Satanás.

El Dragón Rojo se manifestó en Rusia, que es el Oso, la segunda Bestia de Daniel, que es el que se levantó «a comer mucha carne» (cf. Dn 7, 5) con la revolución llena de terror y de violencia.

El Dragón Rojo es también China, que ahora está emergiendo, revelándose al mundo, y que es la que va a orquestar todas las guerras del Anticristo.

El poder comunista no desapareció con la caída del muro de Berlín, sino que cambió de cara, se ocultó de Rusia, el Oso se hizo manso, democrático, para mostrarse ahora, en los tiempos del Anticristo, como una nueva energía, una nueva fuerza en el mundo, que viene de China. Es una fuerza de odio, de destrucción, de apostasía, de dictadura camuflada.

Este poder lo tiene recibido la Bestia de diez cuernos: es decir, el reino del Dragón Rojo se extiende al reino de la Unión Europea. China y la Unión Europea comulgan en una misma filosofía de vida, totalmente contraria a la ley de Dios. En ambas, los hombres son esclavos de unos pocos. No importa cómo vivan los hombres esa esclavitud. La libertad, que tanto esgrimen los europeos, es sólo una forma más de esclavitud al dinero, al alimento, a la salud, al placer, a las culturas, etc… En el fondo, es una idea la que gobierna todo el mundo. Una idea contraria a Dios.

Los hombres, tanto en China como en la Unión Europea, se han acostumbrado a vivir en el pecado, en el rechazo a la ley de Dios, en la idolatría a muchos dioses. Y esto es una esclavitud que proporciona al hombre un poder global: los hombres prefieren antes un plato de lentejas que cumplir con los mandamientos de Dios. Cualquier gobernante que les dé de comer, que les resuelva la salud, que trabaje para hacer de la tierra un paraíso lleno de pecado, lo siguen con los ojos cerrados.

Con este poder del Dragón Rojo, que se extiende por todo el mundo, es fácil introducir el gobierno comunista, el dominio del bien común, sin ningún derecho al bien privado, anulando así toda libertad del hombre.

«Cada nación será absorbida por otra. Lucharán entre sí por el poder. Muchas naciones comenzarán a introducir leyes, que equivalen al comunismo. Entonces vendrá un tiempo, cuando el Dragón Rojo y el Oso controlarán todo, pero muchas personas no se darán cuenta de esto, porque mucha de esta dictadura será ocultada de la mirada pública» (MDM, 30 nov 2012).

China y Rusia lo controlarán todo: «Europa será el primer blanco y después los Estados Unidos de América. El comunismo será introducido y afligirá a aquellos que se opongan al reino del Dragón Rojo» (MDM, 14 feb 2012). «Babilonia caerá y será dominada por el gran Dragón Rojo, China y sus aliados, el Oso, Rusia» (MDM, 19 feb 2012).

La Bestia con diez cuernos, la Unión Europea, es «semejante a un leopardo» (Ap, 2, 2a): obra siempre en la sombra, se esconde, se oculta, cambia de cara, con el único fin de introducirse en todas partes. Quiere estar metida en todos los países, tantos en sus gobiernos como en sus religiones.

Se mueve con «pies de oso» (Ap, 2, 2b), es decir obra con astucia, hábil para engañar: es lo propio del seductor, que emplea el halago y la mentira para hacer creer que algo falso es verdadero.

Y tiene una «boca de león» (v. 2c): está metida en todos los medios de comunicación social. Se mueve por las modas, la propaganda, las culturas, la vida placentera.

El Anticristo es, propiamente, el undécimo cuerno de este reino, el apéndice, un inmiscuido entre las naciones, que tras los diez reyes «se levantará» y «derribará a tres reyes» (Dn 7, 24b).

El Anticristo se levanta en una guerra: hay que poner al mundo de rodillas para que surja en gloria militar y cree una falsa paz. En esa guerra, derriba a tres personajes importantes para el mundo, a tres líderes que pertenecen a la Unión Europea. Los demás, se le someten. Él se levanta imponiendo su dominio, su poder global.

El Anticristo, teniendo en su mano la Unión Europea, controlándola, se presenta al mundo como una amenaza para la Unión Europea. Él es del oriente: viene con toda la fuerza militar de Rusia y China. Tiene poder para conquistar toda Europa.

El Anticristo se levanta como un flagelo mundial: crea un falso fin de la guerra, para después continuarla de otra manera.

Es una persona real, no es una estructura social de pecado, no es un conjunto de poderes o de gobiernos que dominan sobre la tierra. El Anticristo no es la Unión Europea, no es el Impero Romano o la vieja Europa. No es un conjunto de fuerzas del mal, no es la idea de un movimiento, de una ideología o cuerpo moral.

Es un hombre, es «el impío», «el anomos» (2 Ts 2, 8a), el sin ley, el que es ley para sí mismo, que sólo puede ser destruido por la boca del Señor, aniquilado por su venida en Gloria (cfr. v. 8b).

Estamos en el fin de los tiempos: es el fin del dominio del demonio sobre el hombre y toda la creación. El demonio ha puesto sus bestias sobre la tierra para esclavizar a los hombres de muchas maneras. Ahora, en este tiempo de la gran tribulación, pone a su Anticristo, que es el Adversario de Cristo, para rematar su plan diabólico, para llevarlo a su perfección en el mal.

La aparición del Anticristo es, para el creyente, su liberación: el Señor viene a renovarlo todo, a llevar, a la perfección del amor, la obra que comenzó en un principio con el hombre.

El Señor ha mostrado su Misericordia en la caída del hombre en el pecado. Y le ha puesto un camino de salvación en su pecado. Pero, siempre el hombre ha tropezado en la misma piedra, en su soberbia. Ha crecido tanto en esa soberbia, que el tiempo está maduro para un cambio en todas las cosas. Cambio producido por la Justicia de Dios, que da a cada criatura intelectual su tiempo para obrar y arrepentirse de su pecado.

El demonio, en su obra, sólo tiene que hacer una cosa: ponerse como dios en un hombre, para esclavizar a todos los hombres y aniquilar a todos los hijos de Dios. Por eso, al hombre de este tiempo, del fin de los tiempos, sólo le queda una cosa: observar la obra del Anticristo en este mundo.

Y eso significa que ya no es tiempo para planes humanos, para medir y construir un futuro más o menos cercano.

Es el tiempo del fin: todo se acaba. El pecado se acaba. La infestación diabólica se termina. El Dragón será encadenado «para mil años» (Ap 20, 2), y los hombres podrán obrar aquello que Dios quería de ellos desde el principio de la Creación: «se le dará el reino, el dominio y la majestad de todos los reinos de debajo del cielo al pueblo de los santos del Altísimo» (Dn 7, 27).

Es el tiempo de una elección: estar con Cristo o estar con el Anticristo. «Reinar con Cristo durante mil años» (Ap 20, 4) o «ser atormentado día y noche por los siglos de los siglos» (Ap 20, 10d) en el «estanque de fuego y azufre» (v. 10b). Es una elección que toda persona humana tiene que hacer.

El Anticristo se dirige a todos los hombres. Y exige la respuesta y la obediencia de ellos.

El Anticristo se levanta para esclavizar a toda la humanidad. Y Cristo lo va a combatir, montado en su «caballo blanco», para liberar al hombre de esa esclavitud. Aquel que no espere al Señor que viene en Gloria para liberarlo, queda atrapado en las garras del Anticristo.

Aquel que no crea en la Segunda Venida del Señor, la que trae la Nueva Jerusalén, la Ciudad Santa, que debe descender del Cielo como una esposa adornada para su esposo, y así formar la morada de Dios entre los hombres, no podrá comprender estos tiempos del fin. Porque parecerá el fin del mundo y, sin embargo, no es el fin del mundo. No es la Venida del Señor para juzgar. El Señor viene para reinar en Su Gloria, no para el Juicio Universal.

Muchos católicos, al no comprender lo que pasó en el Paraíso, al no entender lo que es el pecado original, tampoco entienden el Apocalipsis.

Dios va a poner un sello al abismo para que el demonio no pueda seducir ya más a las naciones (cfr. Ap. 20, 3). Y entonces pueda cumplirse las profecías del “Gran Papa” o “Pastor Angélico”, que llevará a la Iglesia a su triunfo, teniendo en el mundo al “Gran Monarca”.

El triunfo de la Iglesia terrenal es la Gloria de Dios en la tierra: que el Rey y la Reina de los Cielos, Jesús y María, reinen por un tiempo, con sus cuerpos gloriosos y divinos, en una tierra renovada. El Cielo y la tierra se unen. Esto sólo es posible antes de que el dragón, después de los mil años, sea «desatado por breve tiempo» (Ap 20, 3).

No comprender hacia dónde Dios dirige a Su Iglesia es contemplar lo que hoy vemos en toda la Jerarquía: están construyendo un reino temporal, humano, material, vestidos de talar. Se paran en las realidades temporales, sociales, humanas, y se olvidan de obrar la fe divina. Caen en el mismo pecado de los Apóstoles: ver a Jesús como un Mesías terrenal. Cuando llegó la Pasión del Señor, todos los Apóstoles huyeron, porque no creyeron en la Palabra de Dios.

La Jerarquía que no luche por el Reinado Glorioso de Cristo en la tierra, sino que luche por las injusticias sociales y reformas de los hombres, acaba construyendo, en la tierra, un paraíso lleno de pecado y de toda clase de abominaciones.

Es lo que vemos que está haciendo Bergoglio y todos los que lo siguen en su nueva iglesia, que está clamando ya por un Mesías terrenal.

«Y vi otra Bestia que subía de la tierra…» (Ap 13, 11a).

De la tierra: de la religión del hombre, de lo que el hombre ha construido sobre la tierra. Es la Bestia que vive su propia idolatría, que pone al hombre como el centro de todo, que hace que el hombre se crea dios sobre la tierra.

Tiene «dos cuernos, semejantes a los del Cordero» (v. 11b): es una estructura de carácter religioso: son sacerdotes, Obispos y Cardenales que aparentan ser religiosos, pero hablan como «un dragón» (v. 11c). Hablan sin ley, enseñando fábulas a la gente. Son comunistas y obran con el poder del Dragón Rojo: esclavizando a las almas a la vida de pecado.

Esta Bestia segunda es la masonería en la Iglesia: una Jerarquía infiltrada en la Iglesia con el sólo fin de destruirla desde dentro.

Esta Jerarquía toma su fuerza después del Concilio Vaticano II, llevando a la desobediencia a muchos miembros, especialmente en la Alta Jerarquía, que comanda en el Vaticano.

Son los Obispos las Cabezas de la Iglesia: éstas han sido contaminadas por la doctrina y el poder masónico. Ellos, desde dentro, han levantado una falsa iglesia y un falso Cristo.

El falso Cristo proviene de la falsa doctrina del ecumenismo, de la ecología y de la teología de la liberación. En estas tres vertientes, se inocula todo tipo de herejías, que se enseñan en todos los Seminarios, y que son predicadas por la mayoría de la Jerarquía.

La falsa Iglesia proviene de instalar en el Vaticano un falso papa: Bergoglio. Ellos han destruido el fundamento de la unidad de la Iglesia, que es el Papa, al poner un gobierno horizontal, gobierno de muchas cabezas. Ese gobierno produce división en toda la Iglesia. Y es el principio del cisma en la Iglesia.

Apoyados en este falso papa, ellos intentan gobernar a los católicos con un poder humano, y ofrecerles una estructura religiosa que sea fusión de todas las confesiones cristianas. De esta manera, la verdad ya no es patrimonio de la Iglesia Católica, sino que está en todas las religiones del mundo; y la vida de la gracia desaparece, como medio eficaz para la salvación de las almas, colocándose la vida de pecado, como un valor y un bien que debe ser seguido imperativamente.

Esta Bestia tiene su líder, el Falso Profeta, el cual «hace grandes prodigios» (Ap 13, 13), no verdaderos milagros, pero tampoco ficciones o prestidigitaciones. Con estos prodigios, dirigidos a los reyes del mundo, se quiere congregar a los hombres «a la batalla del Gran Día de Dios Omnipotente» (Ap 14, 14). El demonio conoce que llega el fin de su obra malvada en la creación. Por eso, todo lo mueve para los tres días de tinieblas, que es el gran día del Señor, en donde el Señor, por obra de Su Justicia, hará «perecer cuanto hay sobre la haz de la tierra…, hombres y animales…, aves del cielo y los peces del mar. Yo hará tropezar a los impíos y exterminaré a los hombres de sobre la haz de la tierra» (Sof 1, 2).

La Iglesia ya no camina pisando las huellas ensangrentadas de Cristo, Su Maestro. La Jerarquía no da testimonio de Cristo: son perros mudos que callan las herejías del usurpador. Tienen miedo de perder sus cargos eclesiásticos si se oponen en algo a la doctrina del falso papa. Ya no imitan a Cristo, sino que viven del dinero y del prestigio que les da el usurpador.

Los católicos están contemplando la era del Falso Profeta, la cual contiene multitud de falsos profetas, que hablan para el mundo y que obran su poder de cara al mundo.

Bergoglio, falso profeta, es «un impostor que se sienta en la Iglesia, en Roma» (MDM, 10 abril 2012), un hombre de pecado, «amartia» (2 Ts 2, 3c), el hombre que vive en su pecado, que ama su pecado, que lo obra, que lo justifica, lo ensalza y hace propaganda de él. Es el hijo de la perdición, «apoleias» (v. 3d), el hombre que lo destruye todo, que ataca la doctrina de Cristo, que anula la ley de la Iglesia, que lleva a las almas hacia la total perdición, completo extravío, sin posibilidad de arrepentimiento.

Muchos siguen y creen que Bergoglio ha sido enviado por Dios para gobernar Su Iglesia, porque son incapaces de creer en la Palabra de Dios:

«Nunca creyeron los reyes de la tierra, ni cuantos habitan el mundo, que entraría el Enemigo, el Adversario, por las puertas de Jerusalén» (Lam 4, 12).

No creen que el Enemigo que está destruyendo la Iglesia es el que está sentado actualmente en el Trono de Pedro, y al que todos llaman su papa.

Bergoglio entró por las puertas de la Iglesia para destruirla. Esta verdad no la creen. Pregunten a sus sacerdotes, a sus Obispos, si creen que Bergoglio es un falso papa, un falso profeta, que se pone por encima de Dios para implantar su doctrina de demonios en la Iglesia. Todos les van decir, que no. Que Bergoglio es el papa de la Iglesia Católica.

Pregunten si ellos consideran a Bergoglio como un hombre de pecado, impío, que vive en su pecado y que justifica continuamente sus obras de pecado. La respuesta que van a obtener es que Bergoglio es pecador, como todos, pero está haciendo lo posible para llevar a las almas al Reino de Dios.

Muchos no creen que el Falso Profeta y el Anticristo se tienen que sentar en el Trono de Pedro, gobernando a toda la Iglesia. Este es el escollo en que la Jerarquía se ciega al interpretar las diferentes profecías y el Apocalipsis.

Es una gracia discernir lo que es Bergoglio para Dios: un hombre que no ha sido llamado a la vocación divina del sacerdocio. Un Judas traidor que ha frustrado el designio de Dios sobre él. Un hombre que conserva su forma mental, que no puede aceptar la verdad como es, porque su mente se pone siempre a investigar, a cavilar, a oponer resistencia a la verdad conocida, para quedarse sólo en su idea ya concebida. Un hombre pervertido en su inteligencia humana, contaminada con muchas doctrinas e ideas que no son de Dios. Un hombre que ataca a la Iglesia negando todas las verdades de Fe: no deja una verdad dogmática en pie. Las destruye todas. Y lo hace bajo engaños muy sutiles, que muy pocos se dan cuenta.

Bergoglio ha entrado por las puertas de la Iglesia. Es el enemigo de Cristo, un anticristo, que salió de nosotros, pero no es de los nuestros (cf. 1 Jn 2,19). Si Bergoglio fuera de los nuestros, de la Iglesia Católica, entonces hubiera permanecido en la verdad. Pero, ahí tienen todas las obras blasfemas que ha hecho este hombre en tres años. Para sentir con la Iglesia, “sentire cum Ecclesia”, no es posible sentir con la mente de Bergoglio ni con sus obras en la Iglesia: no se pueden callar las herejías de Bergoglio si uno quiere ser Iglesia..

Bergoglio es lo contrario a lo que es Jesús: escandaliza, enseña a violar la ley de Dios, ataca al magisterio auténtico e infalible, divide a la Iglesia, a los matrimonios, a las familias, a las religiones, a las sociedades.

Estamos viviendo la Gran Apostasía en la Iglesia que culmina en el Gran Cisma: el último cisma de la Iglesia, el mayor de los cismas y divisiones, que va a causar pánico y desconcierto en toda la Jerarquía.

Es un tiempo de cambios sustanciales en toda la Creación. Es una renovación en el Espíritu. Los hombres sólo tiene que hacer una cosa: arrepentirse de sus pecados. Lo demás, no tiene ninguna importancia.

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La ciudad de Babel en el Santo Sepulcro

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«Cuando cristianos de diversas confesiones sufren juntos, unos al lado de los otros, y se prestan los unos a los otros ayuda con caridad fraterna, se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia» (Discurso de Francisco en el encuentro ecuménico en la Basílica del Santo Sepulcro).

Cuando un ortodoxo, un evangélico, un protestante, un católico, uno de cualquier secta cristiana o religión, sufren juntos, y se ayudan unos a otros, entonces se realiza el ecumenismo del sufrimiento.

Esta novedad es el cisma en la Iglesia Católica. Esto no se puede decir y quedarse tan tranquilo, como si esta predicación fuera sentida, verdadera, llena de unidad entre los hombres.

Hay que saber lo que se está diciendo, para no hablar disparates.

Jesús es el primero en desear que exista una verdadera unión entre las diversas iglesias, para que todas sea una en Él, que es la Cabeza de la Iglesia.

Cuando se dice: todos en uno, se está indicando que existe, entre muchos, una unidad. Y ésta sólo se da cuando el grupo que forma esta unidad tiene un mismo sentir, una sola alma, un solo corazón, una sola fe, un solo Bautismo y un solo Señor, Dios y Padre.

Esta sintonía espiritual debe estar en todos los miembros que forman el Cuerpo Místico. Si no está en todos, no es posible que todos sean uno, como el Padre y Jesús son uno. No es posible, cuando algo falla: si hay pensamientos discordantes, que dividen, que llevan al error, a la mentira; si los corazones no están en la Gracia, sino que permanecen cerrados al Espíritu, por el pecado; si no se siguen todos los dogmas, todas las verdades, la ley divina y la ley natural, sino que cada uno interpreta la verdad como le parece; si el sentimiento de lo divino se anula por el sentimiento de lo humano, poniendo lo humano como centro del culto divino; entonces, es claro, que Cristo no está en los miembros y ellos tampoco están en Él.

Para que se dé esa cohabitación entre el Creador y las criaturas, el hombre debe desterrar de su corazón el error y amar la verdad.

Consecuencia: por más que un católico, que sigue todas las verdades, todos los dogmas, sufra junto a un protestante, que no sigue ninguna verdad, que hace de la vida moral su propio pensamiento, su propio ideal, que da culto a su libertad por encima de la verdad; por más que se sufra juntos y se ayuden juntos, unos a otros, no existe unidad, unión, ni entre el católico con el protestante, ni entre Cristo y el protestante.

Esto, si no se tiene claro, se dice la herejía del ecumenismo del sufrimiento.

Tamaña barbaridad sólo puede venir de la boca de un hereje y de un cismático, como es Francisco, que en la mañana ha predicado su herejía del humanismo, para confirmarla, en la tarde, en el encuentro ecuménico.

Los sufrimientos humanos no nos unen a Cristo, no producen la unidad entre los cristianos y Cristo. Porque la unión entre el Padre y Jesús es la unión en la Voluntad Divina. Jesús hizo la Voluntad de su Padre, que consistía en sufrir y morir en la Cruz por todo el género humano. Para esto vino Cristo a la tierra. Y no para otra cosa.

«que todos sean uno; como tú, Padre, en Mí y Yo en ti» (Jn 17, 21). El Padre y Jesús son uno en la única Voluntad Divina. El Padre, en Jesús, es uno; Jesús, en el Padre, es uno. El Padre pone en Su Hijo, su Voluntad. Y el Hijo obra, en el Padre, su Voluntad. Sólo es posible ser uno en la Voluntad. El Hijo sufrió para hacer la Voluntad del Padre. Y no podía no sufrir, porque el Padre le mandó a la Cruz. El Hijo se mantuvo en la Voluntad de Su Padre en la Cruz, haciendo de su vida un camino a la muerte en Cruz. El Hijo vivió para morir en una Cruz. De esta manera, nunca se salió de la Voluntad de Su Padre.

Y Jesús enseña este camino al hombre: el de la Voluntad de Dios. Si los hombres no sufren para cumplir los mandamientos de Dios, las leyes divinas, las leyes naturales, entonces se salen de la Voluntad de Dios. Si los hombres no quitan de sus corazones los errores, los apegos a la vida, los proyectos que conciben para vivir bien, según sus voluntades humanas, entonces se desprenden de la Voluntad de Dios para sus vidas.

Y, por más que sufran en sus vidas humanas, por más que pasen hambre, estén enfermos, sientan el abandono de los hombres, reciban injusticias de los hombres, rechazos, si no sufren con Cristo, si no permanecen en la Gracia para dar valor a esos sufrimientos humanos; si se sufre por algo humano mientras se vive de espaldas a la ley de Dios, entonces Cristo no está en el que sufre, ni el que sufre está en Cristo.

La Voluntad de Dios no está en el sufrimiento de los hombres, no permanece en el hombre que sufre y que vive, al mismo tiempo, alejado de la verdad por sus pecados.

Ni el hombre que sufre viviendo en un estado de pecado habitual tiene en su corazón a Cristo. No puede tenerlo, porque el pecado impide la Gracia, que Cristo ha obtenido de Su Padre por ser Uno con Él, en el Calvario.

Este hombre, Francisco, dice su palabrería y la gente no sabe discernir lo que habla con su boca de dragón.

«Y habrá un solo rebaño, bajo el cayado de un solo Pastor» (Jn 10, 16). Francisco ha entrado por otra puerta en la Iglesia, saltando los muros, y camina y hace caminar a las almas por otros senderos: su humanismo. Y lleva a esas almas al precipicio de la condenación eterna.

«se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no sólo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comunión de los santos, también para toda la Iglesia».

Así que los católicos, los ortodoxos, los protestantes, los evangélicos, etc…, son todos santos. Esto es lo que está diciendo ese hombre. Como todos están unidos, porque sufren juntos, porque se ayudan unos a otros, entonces sus obras son merecedoras del Cielo, ya que irradian la santidad en los lugares que se da esa unión, y Dios, a través de sus santos, confirma, para toda la Iglesia, esa unión.

Tamaña herejía sólo puede provenir de la boca de un hombre que no sabe hablar la Verdad, con el respeto que ésta tiene, por ser Cristo la verdad de todo hombre.

Francisco pretende enseñar a Dios y corregir los designios de Dios. Esta es su soberbia manifiesta. Está diciendo que los sufrimientos de todos los hombres son sagrados, santos, y que Dios lo confirma con la comunión de los santos. Esto es un espíritu soberbio, prepotente, orgulloso y arrogante, que quiere alcanzar el Cielo con las solas fuerzas humanas. Quiere llevar al Cielo a los hombres por el camino fácil: sus sufrimientos en sus vidas los salva. No necesitan creer en otras cosas. Esos sufrimientos nos unen en la Voluntad de Dios y nos dan, no solo la salvación sino la santificación.

Gran herejía porque el cisma está abierto ya en la Iglesia Católica.

Francisco no desea estar en la Iglesia ni llevar las almas al cielo. Lo único que desea es suplantar a Dios, ponerse en su lugar y mostrar al hombre el camino de su inteligencia humana: lo que él ha vivido toda su vida, eso es lo que enseña ahora sentado en la Silla de Pedro: su herejía del humanismo, del sentimiento de la ternura; una ternura que es vicio, que no procede de la virtud de la templanza ni del don de la sabiduría divina.

Por eso, Francisco está construyendo una iglesia que es la ciudad de Babel, que emerge hoy de las cenizas, porque jamás ha habido en la Iglesia tanta soberbia, orgullo, prepotencia y arrogancia, en toda la Jerarquía. Y ése es el sello de Satanás. Y esta soberbia induce a muchos hombres, a mucha gente de Iglesia, a levantarse contra Dios y contra Su Ungido, Jesucristo, y a creerse con derecho de dejar la Tradición, los dogmas, las enseñanzas de siempre, porque valoran, por encima de todo, sus vidas humanas y sus problemas como hombres.

«Los modernistas y apóstatas se sentirán liberados de las normas, de las Tradiciones y el Dogma, y trazarán un Magisterio a su capricho y acorde con el espíritu del mundo y no con el Espíritu Santo, por ello, perderán la Línea de la Gracia y no será ya la Iglesia que comenzó el día de Pentecostés, sino que quedará en una institución solamente humana como tantas otras. Se integrarán en eso que llamáis “globalización” y en una religión única que acoge a todas las religiones, respetando a cada una, con el nombre y el pretexto de la catolicidad, esto dará apertura a que un árabe como Maitreya, pueda introducirse en la religión “católica” y exponer su doctrina de Anticristo en los templos católicos, pues en las personas ya lo están haciendo hace años. Lo que hoy os parece un imposible se hará realidad, cumpliéndose la profecía de Daniel en los versículos 30 al 36 del capítulo 11» (Pequeña alma. España. 2001).

El gran cisma en el Vaticano

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«El cisma en Mi Iglesia será llevado en diferentes etapas. La primera etapa será cuando sólo aquellos que Me conocen verdaderamente, y comprenden la Verdad de Mis Santas Escrituras, decidirán que no pueden aceptar mentiras en Mi Nombre. La segunda etapa vendrá cuando a las personas se les niegue los Santos Sacramentos, como significan en realidad. La tercera etapa será cuando Mis Iglesias hayan sido profanadas y esto será cuando Mis sagrados siervos comprendan, al fin, la Verdad contenida en el libro del Apocalipsis» (20 octubre del 2013).

Nunca la Iglesia verdadera, nunca la Jerarquía verdadera, produce el cisma en la Iglesia, porque no es posible negarse a sí mismo. La verdad es como es, la verdad no cambia, la verdad permanece siempre en aquellos corazones que la aceptan sin poner su pensamiento humano, su idea, su opinión.

La Iglesia es la Verdad en Si Misma y, por lo tanto, no puede separarse de Ella Misma. Quien se separa de la verdad, quien se aleja de la Iglesia, es que no es de la Verdad, no es de la Iglesia.

Muchos, que son de la Iglesia, se han separado de la Iglesia porque han visto muchas cosas que llevan a la herejía y a la apostasía de la fe. Y se han separado mal, porque la Cabeza de la Iglesia no producía el cisma ni la herejía.

La Cabeza de la Iglesia, aun con sus pecados, ha permanecido fiel a la Verdad, íntegra a Cristo y a Su Iglesia. Esto, muy pocos lo comprenden. ¡Muy pocos! Y, por eso, son muy pocos los que han visto lo que es Francisco y no lo han obedecido desde el principio.

Estamos en la primera etapa del cisma. Son muy pocos los que tienen Fe en Cristo, los que conocen de verdad a Cristo. Son muchos los que lo conocen de oídas. Pero no tienen vida íntima con Cristo. No son almas de verdadera oración ni de penitencia. Están en la Iglesia como todos: haciendo cosas y, en realidad, no hacen nada de provecho para sus almas.

Son muy pocas las almas que al ver a Francisco, la primera vez, hayan dicho: éste no es Papa. Éste es un falsificador, un impostor.

Y son muy pocas las que, hablando y obrando ese hombre en la Iglesia, se hayan preguntado si eso –que habla y obra- viene de Cristo, si eso lo enseña Cristo, si eso pertenece al Magisterio de la Iglesia.

Son muy pocas que al leer las declaraciones de ese hombre, al leer sus encíclicas, hayan dicho: no puedo obedecer a este hombre como Papa, porque no da la Mente de Cristo, no enseña la Verdad del Evangelio. ¡Muy pocas! Todavía hay mucha gente que da su obediencia a Francisco. Y, sobre todo, la Jerarquía, que es la más culpable, porque posee más conocimientos que todos los fieles. Pero, porque tampoco ellos tienen vida de oración y de penitencia auténtica, no saben oponerse a Francisco.

En la primera etapa del cisma, que es en la que estamos, se ve la falta de fe auténtica de muchos miembros en la Iglesia. Son todos unos analfabetos en la fe. Y viene un baboso, con una palabrería barata, y sucumben a su herética enseñanza.

El cisma es siempre producido por aquella Jerarquía que no es la verdadera, que se hace pasar por la verdadera: que ora, celebra misa, confiesa, predica, pero que todo eso es sólo una ficción, una obra de teatro; porque son gente sin fe: por tanto, ni celebran, ni dan sacramentos, ni predican. Están en la Iglesia para su negocio. Y sólo para eso. Son gente infiltrada en el sacerdocio, sin vocación para ser sacerdotes. Sólo con la vocación del demonio, con el llamado del demonio, para obrar, en la Iglesia, la ruina de Ella.

Este punto es el que, también les cuesta entender a los miembros de la Iglesia, especialmente a la Jerarquía. Por eso, han tapado el tercer secreto de Fátima, que es el que habla sobre esto. Y no creen en el Apocalipsis, y siguen esperando el fin del mundo y otras edades en la tierra.

Hay muchos, dentro de la Jerarquía que no creen en el milenio: en el reino de Cristo en la tierra; un reino glorioso. Y no creen por sus teologías: no saben explicar el pecado original y, por tanto, no comprenden el reino glorioso de Cristo en la tierra. Y quieren explicar la Segunda Venida de Cristo de muchas maneras; y, entonces, no comprenden los Signos de los Tiempos. No puede ver a Francisco como impostor, sino que lo siguen viendo como verdadero Papa.

Éste es el punto crítico en tanta Jerarquía: ellos creen que siempre habrá un Papa verdadero en la Iglesia. Que el cisma de la Iglesia no puede hacerlo la cabeza, la Jerarquía. Y, por eso, no acaban de ver la realidad de Francisco. Están ciegos, por su falta de fe; no por inteligencia. Ellos comprenden las herejías que Francisco está diciendo. Ellos las ven, porque ellos saben de qué está hablando Francisco. Pero viven con temor, con miedo a la Autoridad en la Iglesia. No saben oponerse a una Autoridad que ya no da la Verdad, que ya se sale claramente de las reglas divinas y morales. Y serán los últimos en ver, por su soberbia. Hasta que no vean la profanación de la Eucaristía no van a entender nada. Hasta que no se les niegue la celebración de la misa, no van a comprender nada. Van a seguir dando obediencia a Francisco.

Estamos en la recta final de esta primera etapa del cisma. Tiempo ha dado el Señor para discernir a un maldito. ¡Y qué pocos han discernido! ¡Qué pocos se han enfrentado a Francisco! ¡Cuántos continúan haciéndole el juego, hablando de lo que dice o no dice, y esperando algo de él!

El que es de la Verdad no puede obedecer una doctrina mentirosa, que no da ninguna Verdad, como es la doctrina que Francisco ha impulsado en estos meses: evangelio de la fraternidad, cultura del encuentro, el diálogo con los hombres. Estas son las bases de la nueva iglesia herética y cismática puesta en el Vaticano, en Roma.

Muchos no acaban de comprender que con la renuncia del Papa Benedicto XVI, el fundamento de la Iglesia, que es Pedro, que es el Papado, ha sido demolido totalmente. Y ahora se está levantando la abominación en Roma.

Esto es lo que muchos no comprenden. Ya no hay Iglesia. Ya no hay más Papas. Ya no hay más cabezas en la Iglesia. Todo ha sido tumbado por la masonería. Lo que hay es el juego de los masones, el desfile de gente para mostrar al mundo la nueva iglesia del nuevo orden mundial.

Francisco no pertenece a la Iglesia Católica. Francisco no es sacerdote. Francisco no es Obispo. Francisco es un infiltrado, que lleva viviendo su herejía toda su vida; y que la ha obrado, especialmente, como sacerdote y como Obispo. Y, ahora, en el podio de los vencedores, la sigue obrando como un falso Papa.

Esto es lo que no entra en la cabeza a muchos, incluso a gente que no es de la Iglesia. Y a mucha gente, que se salió de la Iglesia, y que por criticar a todo el Papado, tampoco ve lo que es Francisco. No saben discernir los Signos de los Tiempos. No saben nada de nada.

Francisco es sólo el inicio del cisma, pero no es todo el cisma. Hace falta algo más para tumbar la Iglesia que las babosidades de ese hombre. Esas babosidades dañan a la Iglesia, pero no obran lo que el demonio quiere. Por eso, es necesario un hombre más fuerte, que rompa los dogmas. Es necesario quitar a Francisco, porque ya ha cumplido su papel: el de ser bufón en la corte. El payaso que entretiene a las masas. Y, por ser un payaso, es un hombre sin inteligencia; que vive su herejía, pero que no sabe poner las bases intelectuales para que otros la vivan. Por eso, la masonería se encarga de quitarlo y poner a su hombre, el cual iniciará la segunda fase del cisma.

Viene el hombre temido por la Jerarquía. A Francisco no le temen, pero saben cómo son las cosas en la Iglesia. Por eso, siguen callados. Mientras haya un plato de lentejas, que las almas vivan como puedan en la Iglesia.

Viene el hombre que pone a la Jerarquía entre las cuerdas, que empieza a dar excomuniones a quien no le obedezca, porque sólo así la Iglesia funciona: con el miedo de la pena. Y aun así mucha Jerarquía callará, seguirá con los ojos vendados, dando obediencia a quien no se debe dar.

Francisco deja su falso Papado, renuncia a ello; le obligan a irse, como obligaron al Papa Benedicto XVI. Pero es más fácil ahora, porque Francisco se ha encargado de anular la figura del Papado en la Iglesia. Con su gobierno horizontal, él deja un sustituto, otro que gobierne. Es fácil crear una sucesión de hombres que gobiernen la Iglesia, cuando el gobierno de la Iglesia es eso: la sucesión de Pedro. Se quita a Pedro, y se pone otra forma de ser Pedro en la Iglesia, más acorde al pensamiento moderno, a la cultura del hombre, a la nueva fraternidad. Es cuestión de cambiar algunas normas, leyes de eso.

El fundamento de la Iglesia, que es Pedro, ya no existe en Roma. Existe lo exterior, la apariencia externa. Pero, dentro de poco, ni eso. Los hombres de la Iglesia, la Jerarquía infiltrada, la masónica, que se viste de un ropaje adecuado, pero que obra la maldad del demonio, han anulado a Pedro en la Iglesia. Esto es lo que no se quiere comprender.

La elección de Francisco por los Cardenales es sólo una ficción, una obra de teatro, algo impuesto a la Iglesia; algo que tenía que dejar el Papa Benedicto XVI, porque le obligaron a decir que la sede estaba vacante.

La renuncia del Papa Benedicto XVI es falsa, es también nula; porque no ha sido libre. Ha sido obligado a renunciar. Le han puesto una pistola en la cabeza. Y su pecado, sólo Dios lo puede juzgar. Bien podría haber dado la muerte por Cristo y por la Iglesia. Pero se bajó de la Cruz. Que sea Dios quien juzgue su pecado.

El Papa Benedicto XVI sigue siendo Pedro en la Iglesia; pero es inútil porque no puede cumplir su misión. Pero los destinos de la Iglesia sólo ahora le corresponden a Cristo, no al Papa. La forma de guiar a la Iglesia, en esta gran oscuridad, cuando no hay cabeza visible, cuando una impostura está en el gobierno de la Iglesia, ya no le pertenece al Papa, a Benedicto XVI. Ya se encarga Cristo, que es la Cabeza Invisible de la Iglesia, de guiar a toda Su Iglesia, a la Iglesia verdadera, a la Jerarquía verdadera, hacia la Verdad.

Pero Cristo sólo puede guiar a un alma cuando ésta abraza la Verdad. Cristo está esperando que las almas despierten del engaño de Francisco y se opongan a la mentira, con todas las consecuencias. Si el alma no lucha en contra del error, de la mentira, entonces Cristo no puede guiarla.

Por eso, es necesario saber batallar contra Francisco y contra todo aquel que siga a Francisco, que obedezca a Francisco. No hay que hablar de Francisco y meter en ello a los otros Papas, como muchos equivocadamente hacen. Hay que anular a Francisco de la Iglesia Católica, porque no es Iglesia, no pertenece a la Iglesia. No hay que anular a los otros Papas.

Un antipapa pertenece a la Iglesia, porque no es herético. Pero Francisco no es antipapa, es herejía, es cisma, es anticristo, es falso profeta. Francisco no es Iglesia.

Si no se sabe batallar contra Francisco, menos se sabrá luchar contra el temido, contra el que lo sucede en el gobierno. Si ahora caen por las estupideces de ese hombre, por sus palabras baratas y blasfemas; si ahora por un sentimentalismo idiota, se les cae la baba por Francisco, ¿qué van a hacer cuando el que viene les diga tantas razones bien concertadas, que parecen una verdad, y que serán sólo mentira, y se queden con la boca abierta, sin saber qué responder?

Francisco es el orgullo en la Iglesia: es decir, la vanidad, el amor propio, el deseo de popularidad, la vida social, la vida exterior, el estar con todo el mundo viviendo sus vidas. Eso es Francisco: se ama a sí mismo, y sólo se ama a sí mismo. Después, habla de amor a los pobres para ganar su salario en la Iglesia, para hacer su negocio en la Iglesia.

Pero el que viene es la soberbia en la Iglesia, se deja de sentimentalismos: es decir, es la idea triunfante, la razón que todo lo puede, que todo lo ve, la filosofía que todo lo divide, la mente que nunca descansa, que se sabe todos los caminos para obrar y conseguir lo que quiere. Un hombre cerrado a la verdad que no atiende a razones, sino que quiere que todo el mundo le obedezca por lo que dice y razona.

Si no han sabido luchar contra el hereje sentimental de Francisco, menos sabrán luchar contra el hereje intelectual de su sucesor en el gobierno.

El cisma nunca lo hace la Iglesia, sino aquel que se sale de la Iglesia, de la Verdad. Y no importa seguir dentro, en la apariencia externa, porque el cisma comienza siempre en el interior de la persona. Cuando la persona vive en su corazón el cisma, entonces lo obra exteriormente. Esto es lo que ya se ve en el Vaticano, pero nadie se da cuenta. Quien tiene ojos espirituales, ya reconoce el cisma en la Jerarquía. Y comienza a distinguir la verdadera Jerarquía de la infiltrada.

Ya no es tiempo de seguir a Francisco, a ver que dice, a ver qué hace. Ya no se lucha en contra de él como al principio. Viene el tiempo de la segunda parte del cisma. Y hay que prepararse para esa lucha de otra manera.

El show del falso cristo en la Iglesia

El P. Joan Enric Reverte, celebrando una Misa Rock en la cathedral del Tarragona, el 8 de abril del 2010

El P. Joan Enric Reverte, celebrando una Misa Rock en la cathedral del Tarragona, el 8 de abril del 2010

El show de Francisco y su gobierno es poner a la Iglesia en una cosa: el amor al mundo.

Ellos buscan la justicia social, los derechos de los hombres y el dinero para paliar el hambre del mundo.

Y eso lo presentan a toda la Iglesia en el Nombre Sagrado de Jesús, poniendo a Jesús como el camino para dar a la Iglesia el amor al mundo.

Cuando esos impostores hablan es para alejar a las almas de Jesús, de Su Palabra, de Su Evangelio, de su doctrina.

Ellos hacen una iglesia que no es el Cuerpo de Jesús, porque hablan las palabras de los hombres, que no son la Carne de Cristo.

La Palabra de Dios es la Carne de Dios. Y Su Carne es Su Cuerpo; y Su Cuerpo es Su Iglesia. Quien habla palabras humanas en la Iglesia obra su propia iglesia dentro de la Iglesia. Porque la Iglesia se construye dando la Palabra del Verbo a las almas. Y esa Palabra es la que Obra la Iglesia en cada alma.

Las palabras de los hombres son la carne de los hombres. Pero la Carne de Cristo es Espíritu. La carne de los hombres es sólo carne, que no sirve para nada, que no aprovecha en nada.

Esos impostores, que se exhiben con trajes eclesiásticos, que dicen ser de la Iglesia Católica, no adoran la Palabra de Dios, sino que hacen culto a sus pensamientos humanos y a sus palabras. Y quieren abrazar, e intentan controlar, el mundo de la política, de la economía, de la cultura, de las ciencias humanas, para poner en la Iglesia la abominación de la desolación.

Un falso cristo se ha originado -con la elección de Francisco- dentro de la Iglesia.

Un falso cristo, que se dedica a dialogar con todos los hombres del mundo; los alaba, los ensalza, los protege, les abre caminos para que se sientan acogidos. Pero ese falso cristo odia la Tradición de la Iglesia, no puede transmitir lo que nunca ha recibido de los Santos de la Iglesia, porque siempre ha dado lo que hay en su inteligencia humana.

Un verdadero Apóstol transmite el don inicial, que viene del Señor: “Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí” (1 Co 15, 3). Y ese don inicial es la Verdad, conservada en los corazones de toda la Tradición. Una Verdad que nunca pasa, que siempre es la misma, porque dice San Pablo: “Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros” (2 Tm 1, 14).

Bautizo de la niña de dos lesbianas en la Iglesia Católica. Estas dos lesbianas y el clero que aplaudió son apóstatas. No son católicos, son de la iglesia de Francisco. Y la niña no ha recibido ningún Bautismo, por la apostasía del clero, que le impide dar los Sacramentos.

Bautizo de la niña de dos lesbianas en la Iglesia Católica. Estas dos lesbianas y el clero que aplaudió son apóstatas. No son católicos, son de la iglesia de Francisco. Y la niña no ha recibido ningún Bautismo, por la apostasía del clero, que le impide dar los Sacramentos.

Francisco, el falso cristo, que no conserva, en su corazón el depósito de la fe, sino que da a toda la Iglesia lo que concibe en su negro pensamiento humano. Francisco odia a la Iglesia porque odia la Tradición de la Iglesia, la Verdad que viene por esa Tradición.

Un falso cristo, que así mismo se llama Obispo de Roma, porque se niega a llamarse Papa. ¡Nunca entendió el Papado! Pero quiso subirse a ese podio para hacer la obra del mismo Judas en la Iglesia. Judas no fue llamado por el Señor para ser Apóstol; pero su terquedad, su egoísmo, su idea humana del Mesías, le llevó a una vocación que no era la suya –vocación humana; con un llamado humano, no divino- , y se perdió en esa vocación.

Francisco no ha sido llamado a la Silla de Pedro; pero la ha buscado tantos años, que ahora se la han dado para que calle su boca. Y, por eso, se pierde sentado en ese podio. Y no ve el camino en ese podio. Le pasa como a Judas: ve su pecado, pero no se arrepiente de su pecado. Y terminará como Judas: en un charco de sangre.

Un hombre que se cree inteligente, y que sólo ha demostrado su gran ignorancia de la vida espiritual y de la vida de la Iglesia. No sabe lo que es un alma, porque no conoce su alma.

Ese falso cristo ya tiene imitadores en la Jerarquía de la Iglesia. Muchos sacerdotes son de Francisco. No porque sigan su estúpido pensamiento humano, sino porque viven lo mismo que vive ese idiota.

Desde el año 1998 se inició el falso Cristo y la falsa Iglesia, pero de manera oculta, hasta que llegara el tiempo de manifestarlo. Ese año es el año de la Bestia; el año que comienza el reinado de la Bestia en la Iglesia.

Un falso cristo que divide toda la Iglesia. Divide la Verdad de la Iglesia. Divide el Amor en la Iglesia. Divide la Vida de la Iglesia.

Cuando se divide la Verdad, se anulan todos los dogmas, todas las Verdades Absolutas. Y cae toda ley divina.

Cuando se divide el Amor, se anulan todas las obras de la Gracia, y se exaltan los apostolados de los hombres. Y cae toda santidad de vida.

Cuando se divide la Vida, el pecado se hace una virtud, un derecho, una obligación. Y cae toda Fe en Cristo y en Su Iglesia.

Francisco, desde que se sentó en la Silla de Pedro, está llevando a la Iglesia hacia las aguas del protestantismo y del comunismo: amor al pecado y amor al dinero. Amor a la vida social y amor a la vida de los hombres. Amor a la ignorancia de la Verdad y amor a la grandeza del pensamiento humano. Amores que pasan, amores que se desinflan, amores bastardos, amores que sólo dan obras humanas y consuelos materiales a la vida. Pero que son incapaces de dar la Vida del Amor Divino en las almas.
Francisco da a las almas sólo un lenguaje humano, cargado de mentiras, de errores, de enseñanzas, que gustan a los oídos de los hombres, pero que no son conocimiento para sus vidas, no son sustancia para sus almas ni vida para sus corazones.

La gente se llena de palabras huecas, baratas, inútiles, que dejan en sus corazones un gran vacío. El vacío de la muerte; el vacío del dolor; el vacío de la ignorancia. No son palabras para vivir, ni para sufrir por amor, ni para discernir la Verdad, sino para estar contentos un tiempo, ser felices con las modas y los tiempos de los hombres, y decir qué bueno es ese hombre cuando habla. Pero, después, la misma persona siente el vacío del corazón, cuando la mente se ha olvidado de esas palabras.

Francisco habla al sentimiento del hombre, pero no a su corazón. No sabe lo que es el lenguaje del corazón, porque –ése lenguaje- no se habla con palabras buscadas en la razón, sino dichas por el Espíritu. Y eso Francisco no sabe hacerlo, porque su corazón está cerrado a la enseñanza del Espíritu.

Francisco es un hombre sin Espíritu; es decir, un hombre que rodea su mente, que da vueltas a su mente, y habla con su mente en su boca.

Francisco no puede dar, con su boca, la Verdad, porque ha negado la Verdad.

Un hombre que no cree en la Verdad de la Santísima Trinidad, que no cree en la Verdad de la Divinidad de Jesús, que no cree en la Obra de la Redención, es un hombre sin Verdad. Un hombre mentiroso, que engaña con cada palabra, con cada gesto, con cada sonrisa, con cada obra que realiza en la Iglesia.

Un hombre del mundo, que ama el mundo, y que lleva a toda la Iglesia hacia el amor al mundo.

Un hombre que se inclina hacia los hombres para besarles el trasero, pero que no es capaz de arrodillarse ante Dios, porque ya no cree en Dios. Sólo cree en el concepto que su mente ha alcanzado de Dios.

Un hombre que ha puesto en el gobierno de su iglesia a sus amigos; es decir, a los que viven y obran como él: amigos que viven en el pecado y que obran el pecado a la vista de todos.

Un hombre que da culto a muchos dioses; que se sienta con los judíos para esperar –con ellos- la venida del Mesías; que platica con los masones para alcanzar el orgullo de ser mejor que todos los hombres; que ama a los musulmanes para pasar su vida colgado de la lujuria en su carne; que da voces a los protestantes y los llama hermanos del pecado, hermanos del error, hermanos de la herejía, haciendo de su alma una fortaleza del pecado; que idolatra a los pobres, produciendo en su corazón la negrura de las blasfemia al Espíritu Santo.

Un hombre que sólo dialoga con los hombres, pero que no sabe escuchar la Voz de Dios en lo más íntimo de corazón, porque ya no tiene corazón. Ya vive sin corazón. Sólo vive con el deseo de ser hombre entre los hombres.

Sacerdote católico y pastora protestante en una misa en Alemania.

Sacerdote católico y pastora protestante en una misa en Alemania.

El cisma anunciado ha tomado su lugar y se ve rápido. Sólo se puede amar a un Dios. Y esta es la fe que muchos católicos ya no tienen. Ya creen en muchos dioses, ya abrazan a muchos hombres en sus ritos satánicos, ya adoran a otros dioses en la misma Iglesia Católica.

El único camino hacia el Padre es a través de Jesús. Pero Jesús es el Único Hijo, el Unigénito, que ha engendrado el Padre. Como esto, tampoco ya se cree, entonces no es posible salvarse para muchos católicos.

Cuando Jesús sólo es una persona humana, entonces la condenación de muchos es verdadera, cierta, sin posibilidad de misericordia.

Para salvar al hombre Jesús necesita que el hombre crea en Él como Unigénito del Padre. Pero su Dios es muchos, entonces no hay salvación posible.

Francisco y los suyos buscan las campañas políticas, dentro de la Iglesia, promueven los derechos humanos en el Apostolado de la Iglesia, y ofrecen la justicia social como substituto de la Palabra de Dios. Y, entonces, Francisco y los suyos niegan a Cristo, anulan a Cristo, y se inventan un falso cristo dentro de la Iglesia. Mayor oscuridad no puede tener la Iglesia. Mayor negrura no puede verse. Mayor blasfemia no puede darse.

El nuevo cisma creado por Francisco

Francisco, dijo el 28 de octubre del año 2013:

“¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria”.

Todo sacerdote que se pregunte si Jesús es un Espíritu, y conteste que Jesús no es un espíritu, es signo que ese sacerdote ha perdido la fe en Jesús,
y la fe en la Iglesia de Jesús. Es decir, ese sacerdote es un hereje y un cismático.

Francisco ha blasfemado contra el Espíritu Santo, diciendo que Jesús no es un Espíritu. Esto es una blasfemia, es decir, un pecado contra el Espíritu Santo. Y este pecado no tiene perdón divino.

Ningún Papa verdadero puede predicar lo que Francisco predicó ese 28 de octubre. Porque un Papa verdadero guarda el depósito de la fe, en la Iglesia. Un Papa verdadero, siempre dice que Jesús es un Espíritu. Un falso Papa, un falso profeta, siempre predica lo contrario al Papa verdadero.

Francisco, es un falso Papa, porque ha dicho: Jesús no es un Espíritu. Decir esto significa decir: Jesús no es Dios.

Es lo que dice Francisco: Jesús es una persona, un hombre. Francisco niega que Jesús sea una Persona Divina. Dice que es una persona, un hombre. No dice que Jesús es el Verbo, una Persona Divina, Hombre y Dios. Francisco sólo dice que es una persona, un hombre. Pero que no es Dios. Francisco niega que Jesús sea el Verbo Encarnado. Francisco sólo dice que Jesús es una persona, un hombre. Y además, que está en la gloria. Francisco dice que Jesús es un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria. Es decir, para Francisco Jesús es un hombre santo, que está en la gloria. Pero, no es el Santo de los Santos. No es Dios.

Esta clara blasfemia, anula a Francisco como sacerdote, y como Obispo en la Iglesia.

En la Iglesia, todo aquel sacerdote que predica una herejía, está excomulgado automáticamente.

El canon 1364, del Código de derecho canónico, en su PARTE II, DE LAS PENAS PARA CADA UNO DE LOS DELITOS, en el TÍTULO I, DE LOS DELITOS CONTRA LA RELIGIÓN Y LA UNIDAD DE LA IGLESIA, en su parágrafo 1, dice:

“El apóstata de la fe, el hereje o el cismático, incurren en excomunión latae sententiae”.

Es la excomunión automática, que se produce, aunque no exista una declaración escrita de excomunión, por parte de la Iglesia, contra una persona determinada. El cometer el delito, ya implica la excomunión automática.

Decir una herejía, enseñar una herejía, predicar una herejía, como lo hizo Francisco, hace que Francisco esté fuera de la Iglesia de forma automática. No hace falta que la Iglesia se pronuncie. Su pecado de herejía, lo lleva fuera de la Iglesia.

Francisco está fuera de la Iglesia. Está excomulgado. Luego, cualquier cosa que haga dentro de la Iglesia no pertenece a la Iglesia Católica.

Consecuencia: la Iglesia está gobernada por un hombre que no es de la Iglesia Católica.

Otra consecuencia: ese hombre lleva a la Iglesia Católica, a no ser la Iglesia Católica. Lleva a las almas, fuera de la Iglesia Católica. En otras palabras: forma, dentro de la Iglesia Católica, su nueva iglesia, acorde a su herejía y su cisma.

Pero lo grave es esto: la Jerarquía se somete a un hereje, a un cismático. Esto significa una cosa: la misma Jerarquía se hace herética, produce un cisma dentro de la Iglesia. Consecuencia: esa Jerarquía, que se somete a un hereje, también cae en excomunión automática. En otras palabras: esa Jerarquía se pone fuera de la Iglesia Católica. Consecuencia: la Jerarquía que se somete a Francisco, lleva a las almas fuera de la Iglesia Católica.

Recapitulando: existe en el Vaticano un líder, llamado Francisco, que se ha inventado una nueva iglesia, y que tiene, una Jerarquía que lo apoya, en esa nueva iglesia. Francisco y esa Jerarquía, están produciendo un nuevo cisma, dentro de la Iglesia Católica. Nuevo Cisma porque se hace sin salir de Roma, sin abandonar la Iglesia.

Lutero abandonó la Iglesia Católica, para hacer su iglesia cismática.

Francisco no abandona la Iglesia Católica, sino que continúa dentro, y hace con el apoyo de la Jerarquía, su iglesia cismática.

Esta gravedad significa una cosa: la Iglesia vive, desde hace mucho tiempo, este cisma encubierto. Es decir, este cisma no es nuevo. No es algo que se produce por casualidad. Sino que es algo muy pensado por Francisco y por la Jerarquía que lo apoya.

Consecuencia: nadie, dentro de la Iglesia Católica, puede dar obediencia, ni a Francisco ni a la Jerarquía que lo apoya. Si se da obediencia, automáticamerte se sale fuera de la Iglesia, se incurre en excomunion latae sententiae. Los fieles de la Iglesia Católica no pueden seguir a Francisco, no pueden obedecer sus enseñanzas, no pueden llamarlo Papa. No pueden tratarlo, con la reverencia que todo sacerdote, tiene en la Iglesia Católica. Un sacerdote hereje, ya no es sacerdote de la Iglesia Católica, porque está fuera de la Iglesia Católica. Y sólo se es sacerdote cuando se está dentro de la Iglesia Católica. Sólo puede ejercer su sacerdocio, dentro de la Iglesia Católica, no fuera de Ella.

Por tanto, Francisco no celebra misa, no proclama santos, no puede dar ningún sacramento ni recibirlo. Consecuencia: Francisco sólo hace su obra de teatro en Roma.

Por tanto, todo aquel fiel que siga a Francisco, se coloca de forma automática, en la nueva iglesia cismática, que Francisco se ha inventado en Roma.

Recapitulando: en Roma hay una nueva iglesia, que es un nuevo cisma, que se produce dentro de la Iglesia Católica. Este nuevo cisma arruina toda la Iglesia Católica, porque nadie se opone a este nuevo cisma. Nadie avisa que existe un cisma, y que no hay que seguirlo, sino que hay que apartarse de él. Nadie pone en guardia a las almas dentro de la Iglesia. Nadie enseña la Verdad dentro de la Iglesia. Todos callan este nuevo cisma.

Consecuencia: hay que salir de Roma para no caer en excomunión latae sententiae. Y salir de Roma significa dos cosas:

1. ver el cisma, ver la herejía.

2. oponerse a la herejía, oponerse al cisma. Oponerse a la herejía hay que hacerlo de dos maneras:

1. atacar al hereje. Atacar a Francisco, y a la Jerarquía que lo apoya.

2. hacerlo fuera de Roma, no dentro. Es decir, sin pertenecer a esa nueva iglesia cismática.

Llega un momento en que se debe salir con todas las consecuencias de Roma. Es decir, no sólo de forma espiritual, sino material. En otras palabras, que esa iglesia de Roma ya no es la que da de comer, la que da dinero, la que sustenta la vida humana. Por eso, los sacerdotes, que quieran seguir siendo sacerdotes de la Iglesia Católica, tienen que abandonarlo todo. Tienen que quedarse sin casa, sin dinero, sin parroquia, sin trabajo. Ya que, lo que da Roma no pertenece a la Iglesia Católica. No es la Iglesia Católica.

Consecuencia: tiene que venir la persecución para salir de Roma de forma definitiva. En otras palabras, desde Roma se van a poner fuertes con todos. Van a obligar a obedecer a un hereje, a un cismático. Ahora, nadie obliga a nada. Pero todos apoyan al hereje y cismático Francisco. Y eso trae una división, un malestar en toda la Iglesia. Y Francisco conoce ese malestar, porque lo ha creado, de forma inteligente. Pero Francisco no sabe mandar con fuerza. Es un dictador blando. Su doctrina de la ternura, del falso corazón, de la falsa misericordia, le impide imponer su autoridad. Desde el principio de su reinado, no ha querido ser autoridad en la Iglesia. Y eso le ha hecho débil para mandar.

Consecuencia: otro le quita el poder y se impone a toda la Iglesia. Lo que hay en esa nueva iglesia, en ese nuevo cisma, es sólo la lucha por el poder. Y no hay otra cosa. Todos quieren mandar ahora en la Iglesia. Todos quieren imponer su opinión en la Iglesia.Todos quieren decidir en la Iglesia. Y eso sólo lleva a la persecución dentro de la Iglesia.

Seguir a Francisco es condenarse.

Seguir a Cristo es oponerse a Francisco, y a toda la Jerarquía que lo apoya.

Hay que elegir. Y cada uno es libre para tomar un camino u otro.

El gobierno horizontal inició el cisma en la Iglesia

La obra del demonio en la Iglesia está definida sólo por la aparición de Satanás en el mundo.

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Cuando Satanás fue soltado del infierno (“En el año 1864, Lucifer junto con un gran número de demonios serán desatados desde el infierno” – La Salette), entonces se da la obra del demonio en el mundo y en la Iglesia.

Y esa obra ha llegado a nuestros días en la Iglesia.

Roma es ya la Sede del Anticristo. Ha sido un largo camino del demonio hasta llegar a ese Trono de Pedro.

Y el demonio tenía que llegar a Pedro para forzar a la Iglesia hacia su mente diabólica.

Porque Pedro es el que da la Mente de Cristo a la Iglesia.

Si el demonio se apodera de Pedro, entonces da su mente a la Iglesia.

Este es el principal punto del cisma en Roma.

Pedro hace el cisma. El mismo Pedro, la misma cabeza de la Iglesia. Pedro en lo que representa la Cabeza Visible en la Iglesia.

La Iglesia obedece a Pedro. Esta es la jugada del demonio en la Iglesia.

Cuando el demonio se sienta en la Silla de Pedro, entonces toda la Iglesia obedece al demonio.

Y ¿cómo puede ocurrir esto? Es facilísimo cuando la Iglesia ha sido machacada durante 50 años por la doctrina de la liberación. Esa doctrina abre el camino al demonio en la Iglesia. Abre todas las puertas al demonio en la Iglesia.

Así ha sucedido. Y así se muestra la Iglesia actualmente: obra del demonio.

Pero el demonio tenía que alcanzar la Silla de Pedro. Y eso también era fácil, porque sólo tenía que poner su hombre para que le diera esa Silla.

Ya está puesto, pero todavía el demonio no tiene todo el poder en la Iglesia. Le falta algo. Le falta lo más importante: darse culto a sí mismo en la Iglesia.

Para eso necesita quitar el culto divino: la Eucaristía. Y ¿cómo la quita? Es muy fácil. Con un acto de soberbia y de orgullo.

Son dos actos diferentes para quitar la Eucaristía.

Primero: un acto de soberbia, que es un acto de inteligencia. En este acto la mente del demonio tiene que poner a un hombre en el gobierno horizontal para que, después, haga el acto de orgullo.

Francisco no sirve para esto. Sólo sirve para hacer lo que ha hecho: dar al demonio la Silla de Pedro, poniendo el gobierno horizontal.

Ahora la Iglesia es guiada sólo por el demonio desde el falso Papa, que es Francisco. No la guía Cristo, porque ya no existe Pedro, sólo existe su figura sin vida espiritual, que es lo que representa Francisco: una estatua sin vida de Pedro.

Francisco ha hecho su trabajo. Sus homilías, su encíclica, sus obras no valen para nada en la nueva iglesia en Roma. Son sólo una cortina de humo que el demonio pone para entretener a las almas mientras se produce lo que viene a continuación.

A Francisco no hay que hacerle ni caso. Y aunque diga todas las herejías, ni caso. Porque Francisco es sólo un bufón, un payaso que da de comer a los payasos como él.

Lo que importa de Francisco es su gobierno horizontal. Ese es el cisma en Roma. Ahí ha comenzado el cisma.

Ese gobierno horizontal combate a Pedro en la Iglesia. Combate la verdad que da Pedro y combate la unidad que ofrece Pedro a toda la Iglesia. Y, por tanto, el gobierno horizontal sólo puede dar la mentira y sólo puede ofrecer la división en la Iglesia.

El que intenta hacer un cisma, engaña a muchos para que vayan tras de él. Este ha sido el papel de Francisco con todos: con la Iglesia, con los ateos, con los protestante, etc. Francisco engaña a todo el mundo. Y ¿por qué? Porque tiene que llevar a la Iglesia hacia el mundo, no hacia Dios. Tiene que encandilar a la Iglesia con las cosas del mundo, con el amor a los hombres, con la esperanza de los bienes terrenos. Eso es lo que hace Francisco en la Iglesia. Y no otra cosa. Francisco no gobierna la Iglesia. Es una estatua de Pedro. Es la decadencia del Papado. Y no otra cosa. El demonio quiere su gobierno donde no entre un Papa. Por eso, se va a quitar a Francisco. Y ese va a ser el acto de soberbia del demonio.

El gobierno horizontal trae un peligro para todas las almas de la Iglesia. Un peligro que nadie ha captado. Y es un peligro espiritual que incide en cada alma, en cada corazón, en cada persona de la Iglesia.

Este peligro supone despojar al alma de la adoración a Dios. Es el trabajo de 50 años quitando la santidad de la Eucaristía. Tenemos almas que van a misa y que no adoran a Dios en la Misa.

Y esto lleva al peligro máximo: que es estar en la Iglesia adorando a Satanás. Y ¿cómo se hace eso? Muy fácil. Quitando la Eucaristía sin que nadie se dé cuenta.

Este es el pecado de orgullo que tendrá que hacer el nuevo gobernante de la Iglesia una vez quiten a Francisco.

Este peligro produce en cada alma dos cosas:

a. la apostasía de la fe

b. el cisma de la Iglesia.

Cuando se adora al demonio en la Eucaristía, entonces el alma se aleja de su fe en la Eucaristía.

Y al alejarse de la fe en la Palabra de Dios, se aleja de la Obra de la Palabra, que es la Iglesia.

Este es el gran peligro para todas las almas en la Iglesia. Porque se quiere anular la Eucaristía sin que nadie discierna eso. Y quien comulga sin discernir lo que comulga es un sacrílego: apostata de su fe y se hace cismático en la Iglesia.

El gobierno horizontal está sólo puesto para crear división en la Iglesia, para apartar a las almas de la Verdad que tiene la Iglesia. Y ese apartamiento produce separarse de la Verdadera Iglesia de Jesucristo para seguir una falsa iglesia.

Lo que viene ahora a la Iglesia es lo peor de todo. Y a muchas almas les va a pillar todavía dormidas, porque eso es la obra del bufón: dormir a las almas con sus homilías y sus obras de caridad maliciosa en la Iglesia.

Francisco hace su trabajo. Y punto. Y no va a cambiar de hacer lo que hace aunque llene a la Iglesia de sus continuas herejías que ya las dice sin oposición de nadie.

Y, por supuesto, no hay que dar coba a Francisco. Que se dedique a hacer su trabajo, que los demás nos dedicamos a anular su trabajo, a combatirlo, porque así hay que obrar con un bufón. Sólo así.

Hay que quitarle la careta, ya que él no quiere quitársela.

Hay que desnudarlo y presentarlo a la Iglesia como un idiota, porque ése es su único papel en la Iglesia.

Y hay que darle lo que él quiere: su nueva iglesia, para que se condene con ella. No hay que ofrecer el arrepentimiento de sus pecados, porque no lo quiere. Ya ha despreciado la Misericordia de Dios en sus obras que hace en medio de la Iglesia.

Y, por supuesto, hay que negarle toda obediencia y toda sumisión a él y a los que componen su maldito gobierno horizontal en la Iglesia.

No se dan honores al Maldito. Sólo se da gloria a Dios.

A los hombres hay que darles lo que piden continuamente para hacerlos callar. Que Francisco se quede con su impostura en Roma. Que le sirva para su condenación y la de muchos que le siguen.

Los que aman a Cristo tiene que trabajar por Su Iglesia y hacer en la Iglesia lo que quiere Cristo. Y Francisco es un impedimento ahora para toda la Iglesia, para que la Iglesia obre las Obras de Cristo. Muchas almas están detenidas en la Iglesia por Francisco. Y hay que robar a Francisco las almas que ha cogido. Hay que despertar a la Iglesia de su dormición, para que vea claro el camino de cristo que es siempre la Cruz.

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