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Francisco: el primero de muchos anticristos

En Roma hay dos cosas en este momento:

1. la imposición de la mentira como verdad.

2. la apertura de la Iglesia al mundo.

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Estas dos cosas sólo son el reflejo de la división en la cabeza, al colocarse una cabeza falsa, que guía a la Iglesia en estos tiempos de purificación y de gran tribulación.

Francisco, desde que empezó, no ha dejado de mentir, de engañar, de dar errores y de herejías en toda la Iglesia. Y lo ha hecho como cabeza, con un poder humano.

Y esta es la señal de que no es Papa verdadero: porque habla la mentira. Y ningún Papa, aunque sea pecador, aunque sea un demonio, cuando habla ex catedra habla la mentira, sino siempre la verdad a la Iglesia; porque el Papa tiene la misión en la Iglesia de enseñar la Verdad, de gobernar con la Verdad, de santificar en la Verdad. Eso significa el carisma de Pedro.

Y todo Papa verdadero ha hecho siempre eso en la Iglesia.

Francisco, desde el principio miente. Luego, no es Papa verdadero.

Ni tampoco un Anti-Papa, porque para ser Anti-Papa es necesario enfrentarse al Papa reinante. Y eso no lo hizo Francisco.

Tampoco es un falso Profeta, porque no tiene el Espíritu de falsa Profecía. En sus discursos, homilías, etc., no habla de las Profecías, no da Profecías, sino que inutiliza las Profecías. Es señal de que no cree en el Espíritu de la Profecía y, por tanto, no tiene el Espíritu de la falsa Profecía.

El falso Profeta cree en el Espíritu de la Profecía y, por tanto, ataca ese Espíritu con el espíritu demoniáco de la falsa profecía.

Un falso Profeta nunca niega las profecías verdaderas, sino que las combate con falsas revelaciones.

Francisco es como muchos sacerdotes y Obispos que, sencillamente, no creen en ninguna revelación privada porque ya creen que no hay más que revelar, que Dios calla, que sólo hay que guiarse por la mente del hombre en la Iglesia.

Entonces, ¿qué es Francisco? Un anticristo más que prepara el camino para el falso profeta y para el Anticristo.

Y como anticristo se opone a Cristo en todo, no sólo en una cosa, en una verdad, sino en todas las verdades.

Por eso, sus declaraciones, sus homilías, su encíclica prueban que Francisco es un anticristo, porque niega todo el Dogma, toda Verdad, toda obra divina en la Iglesia.

Francisco dice verdades pero para poner sus mentiras.

Francisco juega con el dogma, pero para indicar el camino de la maldad a los que le oyen.

Francisco usa la Iglesia para obrar las obras del demonio.

El demonio, como Francisco no cree en el Espíritu, entonces le guía sólo en su mente. Y en su mente, Francisco se inventa todo en la Iglesia. Sólo con su mente.

Para hacer esto, es necesario que la persona se haya formado en el juego del demonio durante muchos años en la mente. Y si se estudia a Francisco, desde que empezó a regirse por la mente, se verá la mentira constante en toda su vida.

Mentira que se esconde en la verdad, porque así siempre el demonio engaña a las almas: les da la verdad que quieren o que persiguen pero disfrazada con una mentira. Y así el demonio va guiando la mente del hombre hasta enseñarle lo que él quiere de ese hombre en la vida.

Es un trabajo arduo el del demonio, pero muy fructífero, porque esto lo hace el demonio para una obra grande.

Y la obra grande es poner a Francisco como jefe de la Iglesia.

Nunca el demonio pierde el tiempo con un alma. Cuando la tienta es para algo. Y cuando esa alma ya le obedece, entonces el demonio consigue lo que quiere de esa persona.

Por eso, en la vida espiritual todo consiste en anular la mente. Y esto es lo más difícil para la persona humana que vive de su razón, de sus ideas, de sus filosofías.

Aquel hombre que se apega a sus ideas, aunque sean buenas y perfectas, es siempre un juguete del demonio. Porque cualquier apego en la vida es una puerta de tentación para el demonio.

Por eso, hay que trabajar en la vida espiritual en desapegarse de toda idea humana, para comprender lo que es mirar el corazón.

Porque Dios solamente habla al corazón. El demonio a la mente.

Y hay que luchar contra infinitos pensamientos que el demonio pone para que el hombre esté continuamente mirando su mente y no haga caso del corazón.

Estamos en un mundo de hombres, que sólo miran sus razones. Y no más. Luego, estamos en un mundo regido por el demonio en muchos hombres.

Y en la Iglesia pasa lo mismo. Sacerdotes, Obispos, fieles llenos de ideas humanas, pero que no saben vivir en Gracia, siguiendo al Espíritu en sus vidas humanas.

Se dedican a hacer su oración, la que descubren en su mente, pero no saben adorar a Dios.

Se dedican a leer muchos libros sobre Jesús, sobre la Iglesia, sobre los Santos, pero no entienden la Palabra de Dios y no la obran, porque no salen de sus razones, de sus ideas sobre lo que es Jesús y Su Iglesia.

Por eso, es difícil la vida espiritual y es difícil ser Iglesia y hacer Iglesia.

Porque la Iglesia es la Obra del Espíritu. Pero si el hombre se rige por su razón, entonces no obra lo que quiere el Espíritu en la Iglesia.

Hay tantos sacerdotes soberbios porque se han cerrado al Espíritu, al negar en su corazón las hablas de Dios.

Dios, para abrir el corazón del hombre, para que el hombre le atienda en su corazón, le habla directamente. Y el hombre, si no acoge esas hablas, si las rechaza, entonces cierra su corazón a la Verdad y sólo se rige por su mente.

Hay muchas almas así que Dios no puede guiarlas hacia la verdad, porque han dado mayor importancia a su mente, a sus logros científicos, a sus filosofías en la vida, que a lo que Dios pone en el corazón.

Por eso, tenemos una Iglesia que no sirve, en realidad, para nada. Es un conjunto de hombres que hacen muchas cosas, y algunas buenas, pero que no obran la Voluntad de Dios dentro de ella.

Y, por eso, vemos lo que vemos. Y no hay que extrañarse de lo que vemos, porque esto es sólo el comienzo. Ahora viene todo el desastre para la Iglesia.

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