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Apariciones de la Virgen María

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«Mi querida niña, que se sepa que voy a hacer una aparición más en todas las grutas Marianas, que fueron aprobadas por la Iglesia de Mi Hijo, a lo largo de los siglos. Voy a darme a conocer en sitios Sagrados, los que incluirán a Lourdes, Fátima, La Salette y Guadalupe. También voy a aparecer en Garabandal. Estas apariciones comenzarán esta primavera, ya que mi Hijo ha dado instrucciones. Voy a ser vista, por las almas elegidas, con el sol detrás de mi cabeza. Habrá doce estrellas formando un círculo y entrelazadas alrededor de la corona de espinas, – que llevó puesta mi Hijo durante Su Crucifixión- colocadas sobre mi cabeza, como una señal para que todos sigan mi ejemplo. Mi labor es guiar a todos los hijos de Dios a lo largo del Camino de la Verdad y llevarlos a mi Hijo» (Mother of Salvation – 24 de enero de 2014).

Sólo hay una Verdad: Jesucristo. Y esa Verdad debe transmitirse como Es, es decir, sin poner el hombre sus verdades, sus razones, sus culturas, sus diálogos, sus planes.

Cuando la Verdad se desprecia, entonces aparece la Apostasía de la Fe. Siempre han existido los apóstatas, los que rechazan a Cristo como Verdad. Muchos acogen a un Cristo que no es la Verdad, que es sólo el fruto de su pensamiento humano.

Las iglesias de todo el mundo están llenas de estas almas que dicen seguir a Cristo, pero sólo siguen sus pensamientos de Cristo, sus acomodados razonamientos humanos de cómo tiene que ser Cristo.

Cristianos hay muchos, pero seguidores verdaderos de Cristo muy pocos. Para seguir a Cristo es necesario dejar de seguir al hombre. Esto es lo difícil en la vida espiritual. El elemento humano combate la Verdad, que es Cristo.

Muchos niegan las apariciones de la Virgen María porque no creen en la Palabra de Dios. Creen que Dios ya no habla, que está mudo, que ha dejado al hombre la decisión de su vida, que ya lo ha revelado todo, que no hay más que revelar, que todo eso de las Apariciones son del demonio, que hay que vivir en el suelo, resolviendo los problemas que los hombres tienen, que es muy peligroso eso de los videntes, que hay mucho engaño en todas partes, etc…

Muchas cosas dicen los hombres para poner una excusa y no creer. Para seguir creyendo a su pensamiento humano. Miles de excusas que no sirven para nada, sólo para vivir en la propia oscuridad y no discernir nada en la vida.

¡Cuántas almas hay atrofiadas por sus pensamientos humanos, por sus estilos de vida humana, por sus conquistas humanas, por sus deseos humanos, por sus visiones humanas de todo lo divino!

¡Almas que no admiten lo que está pasando en la Iglesia porque creen que Dios nunca va a dejar que el hombre destruya la Iglesia con sus mentiras!

¡Y es necesario que la Iglesia sea destruida por la misma Jerarquía de la Iglesia! ¡Cuán necesario que es esto por el bien de toda la Iglesia!

Muchos no comprenden esta Verdad, que está en el Evangelio, que la predica Jesús de una forma constante: en Su Cruz.

Si el hombre mató a Cristo; entonces, también el hombre mata la Obra de Cristo, que es Su Iglesia.

Si un traidor vendió por unos dineros a Su Maestro, a Su Mesías, entonces, otro traidor vende la Iglesia por la misma razón: el maldito dinero.

Si los Apóstoles huyeron de la Cruz, y sólo quedó a sus pies, uno de ellos, el que más lo amaba; entonces, todos van a huir cuando el hombre de pecado destruya la Iglesia. Sólo quedará el que ame a Cristo por encima de todos los hombres, de todo el dolor, de cualquier sufrimiento que ese amor suponga.

Si sólo la Virgen María fue capaz de reunir al Rebaño, disperso por el pecado, de nuevo; entonces, será la misma Virgen María la que reunirá a sus elegidos para seguir el camino de la Iglesia en una vida nueva.

Muchos no leen el Evangelio como hay que leerlo: sin la mente humana, dejándose instruir por el Espíritu de la Verdad, que nunca engaña a los hombres.

Muchos tienen miedo de escuchar a Dios en sus corazones porque se han habituado a escuchar sólo sus mentes humanas. Y la Voz del Espíritu les suena rara en una mente que quiere sintetizarlo todo con su estructura mental.

Los arcanos de la inteligencia humana se han dado al hombre para que aprenda lo que es la Verdad. En la inteligencia del hombre se dan misterios que el hombre no puede descifrar. Se dan cosas desconocidas por la mente del hombre. Y eso es una señal de que el hombre tiene que someterse a otra inteligencia superior para entender esos misterios indescifrables para la razón humana.

Muchos, en sus soberbias, quieren penetrar el misterio. Y no pueden. No es posible porque es un misterio. Y al querer penetrar lo imposible producen el rompimiento del misterio, lo dividen, lo analizan, lo sintetizan y se quedan sin misterio. El hombre queda dando vueltas a su pensamiento humano, como un loco, sin caer en la cuenta de que ya no hay misterio.

El hombre cuerdo, ante el misterio se para y no quiere seguir, porque ha comprendido que no hay camino. No es posible seguir investigando, razonando.

Pero el loco soberbio queda atrapado en su locura, creyendo que ha resuelto el misterio y lo único que ha hecho ha sido liquidarlo como misterio, trocearlo en muchas partes, negarlo como una verdad absoluta. Y esa es su locura, que le lleva a vivir de eso, de esas divisiones que ha encontrado en su soberbio pensamiento.

Estamos en un mundo que ha llegado a este loco pensamiento, de creerse que conoce todos los misterios de la vida. Y en esta soberbia, en la cima de esta soberbia, se niega toda verdad absoluta. Ya no hay verdades, sino sólo un conjunto inmenso de pensamientos humanos, todos ellos verdaderos, útiles para todos los hombres. Y, por eso, se llama al mal con el nombre de bien. El pecado, la mentira, la herejía, el cisma, la apostasía son bienes para los hombres, son virtudes para los hombres, son dogmas para los hombres soberbios.

En esta ceguera viven muchos sacerdotes y Obispos, no sólo gente del mundo. La Jerarquía está llena de soberbios, que han alcanzado la cima de la soberbia. Y, por eso, niegan los dogmas, las verdades absolutas, con una tranquilidad pasmosa. Francisco y su gobierno horizontal son ejemplo claro de esta gente loca en su pensamiento, que ha roto el misterio.

Por tanto, se impone en la Iglesia la ruptura total. Cuando se niega el dogma y lo niega gente vestida de Obispo, que es lo más alto en la Iglesia, y así se predica en toda la Iglesia sin oposición de nadie, entonces es la señal de que la Iglesia se está destruyendo.

Y, por eso, son necesarios los signos en el Cielo. Por eso, la Virgen María tiene que aparecerse a sus hijos para que comprendan el camino a seguir en la Iglesia.

Una Jerarquía Eclesiástica que no guía en la Verdad, necesariamente produce que la Virgen María guíe a las almas de otra forma.

Cristo ha puesto la Jerarquía para guiar hacia la Verdad a toda Su Iglesia. Si la Jerarquía comienza a predicar herejías, mentiras, camufla la verdad con muchas mentiras, entonces la Iglesia se pierde de muchas maneras; las almas viven en muchas confusiones; nadie tiene las ideas claras en la Iglesia. Y como la Iglesia no es de los hombres, sino de Dios; entonces Dios tiene que hablar. Y lo tiene que hacer en contra de Su Misma Jerarquía.

Por eso, a la Jerarquía no le gustan las apariciones marianas porque se enseñan cosas que ellos esconden en la Iglesia a las almas.

La Jerarquía ha llegado un momento en que obra en la Iglesia como si nada malo sucediera, como si todo fuera santo, verdadero, justo, inmaculado, porque lo hacen ellos con sus pensamientos humanos.

Un Francisco que dice herejías como la palma de la mano, bien claras, para la Jerarquía significa: no pasa nada, todo va bien, todo va perfecto, hay que saber comprender lo que se dice y en las circunstancias en que se dice, etc… Es el fariseísmo perfecto: es el encontrar una excusa para seguir en la herejía, para hacer caso a un hereje. Es la razón del hombre que se mueve en su locura para agradarse a sí mismo y decirse: todo va bien. No hay que hacer caso a los que se oponen, a los que critican. Nosotros tenemos la razón; ellos están en la mentira.

Por eso, la Virgen se va a aparecer en los lugares que ya ha sido aprobados, menos en uno: Garabandal.

Garabandal inicia otra época en la Iglesia. Por eso, nunca fue aprobado. Garabandal es la escuela del Espíritu. El Espíritu movió a las niñas por toda la montaña para darles el aviso que Dios quería al mundo. El aviso del inicio de la era del Espíritu.

Garabandal trae una discontinuidad en las apariciones marianas, porque las anteriores eran estáticas: el alma recibía la Palabra de Dios en su corazón.

En Garabandal, el alma es llevada por el Espíritu, es movida de sitio, de lugar, no sólo de estado. No sólo hay un cambio en el alma, sino en su cuerpo. Eso indica que esa Aparición trae a la Iglesia una nueva era desconocida para la misma Iglesia. Por eso, no fue aprobada, por estas cosas raras que los hombres de Iglesia, con sus soberbios pensamientos humanos, nunca comprenden, porque son misterios para los hombres.

La Virgen se va a aparecer. Y ¿por qué? Porque las circunstancias de la Iglesia son gravísimas. Nada va bien. Todo es un desastre que se oculta a la Iglesia. Todo se va a dar de forma inesperada para la Iglesia: de la noche a la mañana un cambio que nadie esperaba. Un cambio para mal, pero que muchos verán bueno, en sus soberbias.

Y, en esta confusión, es necesario un camino en la Iglesia. El camino es la Virgen. Siempre es Ella la que marcha adelante, a la cabeza del Rebaño, junto a Su Hijo. Son el Rey y la Reina que guardan el Rebaño y lo llevan a pastar a los Prados del Espíritu. Ellos nunca fallan. La Jerarquía de la Iglesia siempre ha fallado a la Iglesia. Pero Ellos no pueden fallar.

Y la Virgen se va a aparecer con un Sol detrás, es decir, iluminada con los rayos de la divinidad, con la Luz del Espíritu, para traer a los hombres la Palabra del Pensamiento del Padre. Su cabeza está iluminada por estos rayos: señal de que Su Persona está metida en Dios, en los Misterios Divinos, que sólo Dios conoce. La Virgen María también los conoce por ser la Madre de Dios. Para Ella no hay Misterios ocultos, por su humildad, porque se dejó hacer de Dios en todas las cosas de su vida. Por eso, Ella lo conoce todo sin esfuerzo, sin recurrir al desgaste de la razón humana. Ella ve la Verdad. El hombre piensa la verdad y siempre se equivoca cuando piensa.

Y traerá las doce estrellas como corona, pero unidas en el dolor. Las doce estrellas representan a todas las almas que se han salvado y se van a salvar. Doce tribus de almas; doce reinos de almas; doce cielos de almas. Y esas almas están unidas en una sola cosa: la Cruz de Su Hijo; es decir, el dolor, el sufrimiento, la humillación, el dar la vida hasta la muerte.

Es un llamado de la Virgen a todas las almas que se van a salvar. Y, por eso, sólo aquellas almas van a acoger esta aparición de la Virgen. Las demás, las que no van a creer, no se salvarán. La Virgen va a ser vista por las almas elegidas. Éstas comprenderán la visión. Los demás, los que no ven, no comprenderán la visión, sino que la atacarán. Eso será señal para muchos en la Iglesia, para poner dos bandos claros.

No es una aparición para hacer que las almas crean, porque ya han sido aprobadas por la Iglesia. Es una aparición para definir un camino en la Iglesia: el camino de la Verdad, que en la Iglesia no se da porque la Jerarquía vive y predica la mentira.

Es una aparición nueva, distinta, que tiene que marcar a toda la Iglesia. Es una aparición para que todos sigan el ejemplo de la Virgen María. Y ese ejemplo es muy sencillo de ver: su humildad, su nada, su disponibilidad a la Voluntad de Dios.

La Virgen María, en su humildad, es camino hacia la Verdad. Sin la humildad nadie puede conocer la Verdad y permanecer en la Verdad.

Es necesario ser humildes para ser Iglesia. Es necesario vivir la humildad para obrar en la Iglesia. Es necesario dar a la vida el fundamento de la humildad para perseverar siempre en la Iglesia.

Sólo los soberbios salen de la Iglesia, no permanecen en la Verdad, no pueden obrar ninguna Verdad.

La semana antes del Fin


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“¿Quién es Ésta que se alza como la Aurora, Hermosa cual la luna, Espléndida como el sol, Terrible como escuadrones ordenados?” (Ct 6, 19).

Es la Virgen María, que está a la diestra del Rey, como Reina, como Oro de Ofir (cf. Salm 44, 10), para dar a cada hombre su Verdad en la vida.

Ella es la señal para todo hombre, una señal divina, que indica el camino de salvación y de santificación.

“Una gran señal apareció en el Cielo” (Ap. 12, 1), en el cielo de cada alma, en la conciencia de cada uno, en el espíritu que cada persona ha recibido de Dios.

Dios habla a cada corazón con las palabras de Su Madre, porque Su “boca es vino generoso, que se entra suavemente” (Ct 6, 10) por el paladar y suavemente llega a lo más íntimo del alma.

Dios se da a través de una Mujer que no ha puesto camino a Dios, sino que le ha ofrecido toda su vida para que Él haga el camino. Su Esclavitud es el inicio de la Obra de Dios en Ella. Su Nada es la grandeza de su Ser. Su Amor es la Lealtad de su Corazón.

La Virgen María está “vestida del Sol” (Ap 12, 1) Divino, revestida de la Gracia en su plenitud, enjoyada con los Tesoros del Cielo, para dar al Padre el Hijo de Su Amor.

Ésa fue su única misión en la tierra: dar el Hijo al Padre. Dar lo que Ella recibió: el Hijo. Devolver al Padre el Don de Su Amor: el Hijo.
Y no hizo más. Su Amor de Madre sólo es eso: engendrar al Hijo para dar el Hijo.

Y la Virgen María dio el Hijo con Su Corazón. No lo dio con su mente, con su vida, con sus planes en la vida. Lo dio ofreciendo Su Corazón al Plan de Dios, que significaba sólo una cosa: la Muerte de todo lo humano.

Por eso, la Virgen María se casó, pero no usó el matrimonio, porque tenía que estar muerta al sexo y al fruto del sexo: el placer y los hijos. La Virgen María no buscó un rato de cama para pasar el tiempo de su vida. No buscó los placeres del cuerpo, no hizo de su cuerpo de mujer el agrado de un hombre. Prefirió ser Virgen que acostarse entre las piernas de un varón.

La Virgen María no se casó para tener hijos de los hombres, sino para dar a Dios el Hijo que Él le pedía, y en la forma que Él lo quería, y para la Obra que Él planificó. Porque la Vida es para dar a Dios lo que Él pone en el corazón. Y no es para otra cosa. La Vida no es para vivirla, no es para pasar el tiempo haciendo muchas cosas, no es para mirar a los hombres y mirar a Dios; no está la vida en levantar los ojos a Dios para después bajarlos hacia los hombres.

La Virgen María siempre tuvo sus ojos hacia lo Alto, mirando la hermosura de Su Creador, extasiándose en la Grandeza de Su Mirada, obrando en la Presencia de Su Amor.

La Virgen María no perdió el tiempo hablando con los hombres, buscando a los hombres, haciendo el juego a los hombres. La Virgen María dio a los hombres un portazo y los dejó a, cada uno, en su vida, mientras Ella permanecía a los pies de Su Señor, porque eso es lo único importante en la vida.

La Virgen María es la Mujer que tiene “la luna bajo sus pies” (Ap. 12, 1), porque Ella va girando continuamente en la Presencia del Sol para dar al hombre la Voluntad de Dios.

Ella aparece y desparece, mientras el Sol siempre permanece. Aparece para dar Sus Gracias a los hombres; desaparece para que los hombres clamen su Presencia Materna de nuevo. Su Tiempo es el de Su Hijo, pero Su Obra va más allá de la de Su Hijo.

Jesús vino para Obrar una sola cosa: la Redención del hombre pecador. Y no hizo otra cosa. Por eso, todo acabó en la Cruz. No era necesario más. No había que hacer, entre los hombres, otras obras, ni vivir otras vidas, ni dedicarse a nada en lo humano.

Jesús vino para morir. Y ahí se acabó su vida. Por eso, ni se casó, ni trabajó, ni hizo nada para que los hombres crecieran en lo humano. Pudo inventarlo todo. Pero sólo se dedicó a morir. Señal de que el hombre nace para morir. Ése es el camino que nadie quiere en la Iglesia. Nadie.

Hoy se quiere salvar el mundo, salvar los pueblos, salvar las comunidades, que todos tengan dinero, salud, trabajo, etc. Jesús no vino a salvar a nadie. Jesús vino a morir. Y, muriendo, lo salva todo.

El cambio del mundo, el cambio de las sociedades, el cambio de las familias, el cambio de la vida de los hombres, comienza cuando se muer, no antes de morir. Ésa es la enseñanza de Cristo, ése es el camino de Cristo, que nadie quiere entender. Por eso, vemos lo que vemos en la Iglesia: todos quieren salvarse siendo hermanos unos con otros y haciendo muchas obras buenas. Pues, ése no es el camino de Cristo. Ése es el camino del demonio.

Cristo murió y Su Madre lo acogió entre sus brazos. Y ahí, muerto Su Hijo, comenzó la Obra de la Madre. Ella fue la que dio la fe a los Apóstoles que, por no creer en Su Hijo, se fueron todos a la desbandada. Huyeron del Rostro que los Salvaba porque no comprendieron el camino hacia la Salvación.

La Virgen María, en Su Dolor de Madre, en su sufrimiento místico al pie de la Cruz, comprendió las profundidades del Plan de Dios sobre la humanidad. El Hijo había muerto para que la Madre comenzara la Vida entre los hombres.

Mientras el Hijo estaba con vida, nadie creyó en Él: sólo la Virgen María y el discípulo amado. Los demás eran unos hombres, con mente de hombres, con vida de hombres, con obras de hombres. Nadie entendió nada de lo que predicaba Jesús.

Pero, muriendo el Hijo, comenzó la fe, porque la Virgen se la daba todo aquel que la buscaba en Nombre de Su Hijo. Ella comenzó a repartir gracias entre los hombres, porque es el Canal de todas las Gracias. Ninguna se la reserva Dios para Sí, sino que las ha puesto todas en manos de Su Madre para que las administre en Nombre de Su Hijo.

Y es por María cómo la Iglesia comenzó a funcionar. Sólo por Ella. Ella invocó al Espíritu para que se derramase sobre la Iglesia. Su oración hizo bajar al Espíritu, como lo hizo en la Encarnación.

En la Encarnación del Verbo, el Espíritu le dio al Hijo; pero en Pentecostés, el Espíritu le dio la Obra del Hijo, que es Su Iglesia. Nada se mueve en la Iglesia sin la Presencia de la Virgen. Nada se decide en la Iglesia sin el Corazón de la Virgen. Nada se obra en la Iglesia sin la Gracia de la Virgen.

Por eso, es necesario que los hombres en la Iglesia, busque a la Virgen María, como lo hicieron los Apóstoles. Ellos, en su pecado, sólo pudieron postrarse a los pies de la Madre para recibir el perdón de sus pecados. Quien no se postra ante la Virgen, no encuentra el camino para salir de su vida de pecado. Ella es la que muestra cómo está el corazón y qué hay que hacer para quitar lo que impide obrar el amor de Dios.

Hoy la Iglesia no busca a la Virgen María. Está perdida en los caminos del mundo, ofreciendo a las almas el alimento de la condenación. La Iglesia ha perdido la fe en Cristo porque se dedica a hacer muchas cosas buenas en el mundo y se olvidó de una cosa: no hacer nada. Sólo hay que morir para hacer la Voluntad de Dios en el mundo, las obras divinas en el mundo.
Sólo la muerte es la vida de los hombres. Y esto es lo que nadie entiende, porque no tienen fe, no imitan a Jesús, que no hizo nada por los hombres, no movió un dedo por el mundo. Se dedicó a morir.

Y, cuando el hombre está muerto, entonces aparece la Madre para indicar el camino de las obras divinas en la Iglesia. Pero hasta que el hombre no muera, la Virgen no aparece. Se esconde como la luna, se eclipsa, pasa desapercibida.

Nadie ha comprendido el papel de la Virgen en estos Tiempos. Y es fundamental. Sin sus señales, sin sus gracias, sin sus Palabras Maternas, es imposible comprender los caminos de la Iglesia. Ella señala el norte de la Iglesia. Ella pone a la Iglesia mirando a Su Hijo. Ella hace de la Iglesia sólo lo que el Padre quiere.

Por eso, hemos entrado en los Últimos Tiempos. En Navidad, comenzó la última semana antes del Fin. La semana en la que todo se decide para muchas almas que son de la Iglesia y que son para el infierno, porque han perdido el Espíritu de la Iglesia.

La última semana es para la Iglesia: para purificarla y renovarla como Dios quiere. Es una semana de sufrimientos, de humillaciones, de desprendimientos, de cruces, de sangre derramada, porque la Iglesia tiene que dar Testimonio de la Verdad, que es Cristo Jesús.

La Iglesia tiene que aprender lo que aprendieron los Apóstoles: no se trata de ver el mal, sino de combatirlo con la Verdad, con el Espíritu de la Verdad.

Hoy muchos ven el mal que hace Francisco y los suyos, -que son sacerdotes y Obispos comunistas en la Iglesia, que la desvían de la Verdad, – y no hacen nada, como si nada pasara, como si eso fuera lo más normal en estos tiempos. No combaten el mal que hay en la Iglesia porque tampoco combaren el mal que hay en sus vidas. Sus vidas son para el mundo, para crecer en las cosas del mundo, para salvar el mundo haciendo obras buenas. Pero sus vidas ya nos para Cristo, porque se olvidaron de morir. La penitencia ya se olvidó en muchos. Ahora, sólo hay que dar dinero a los pobres y ya se consigue el cielo.

Jesús vino para dar Testimonio de la Verdad ante los hombres. Y eso le costó la vida. Señal de que la Verdad no es para todos los hombres, sino sólo para unos pocos. Por eso, no podemos ser hermanos de los hombres. Sólo podemos ser hijos de la Verdad y darla a aquellos hombre que la quieren para sus corazones. A los demás, hay que ofrecerles el camino de la Verdad, pero no darle los tesoros del Rey que no se ofrecen a los cerdos, a los hombres que sólo viven para sus mentiras en la vida.

Hemos comenzado la semana de Daniel, en la que se da la Abominación de la Desolación. Y eso es tan grave que, por eso, los acontecimientos se precipitan ya dentro de la Iglesia. Nada es lo que parece, porque ahora trabaja el traidor en la Iglesia y nadie conoce su obra hasta que no se muestra. Sólo los que sigue a la Madre conocen los pasos y los caminos en esta semana última antes del Fin.

El babeo de Francisco sobre la Virgen María

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Las palabras de un mentiroso son siempre palabras de un hombre que se recrea en descubrir su pensamiento humano al margen de la Verdad, sin dar la doctrina sana de lo que está predicando. Eso es siempre Francisco y siempre hay que leerlo así. Nunca se puede leer a Francisco como aquel que confirma en la fe a la Iglesia. Nunca. Francisco no tiene esta intención de decir la verdad cuando predica. Francisco es un hombre corrupto que sólo le interesa llenar la Iglesia de corrupción.

“En su corazón la Virgen «sentía lo que sienten todas las mujeres en ese momento» tan especial: esas «percepciones interiores en su cuerpo y en su alma» de las cuales comprende que el hijo ya está por nacer” (Francisco, 23 de diciembre).

Hablar así de la Virgen María es negar a la Virgen María, porque la Virgen María no es como otra mujer y, por tanto, no siente lo mismo que siente otra mujer cuando da a luz.

Y si Francisco no sabe dar el conocimiento de la Virgen María en la Iglesia, tampoco sabe dar el conocimiento verdadero de Cristo en la Iglesia: “El Conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre María, será siempre la llave exacta de la comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia” (oración de consagración de Juan Pablo II al Inmaculado Corazón de la Virgen en 1984).

No estamos en la Iglesia para hacer caso de Francisco ni de los que lo siguen, que son muchos. Estamos en la Iglesia para defender la Verdad, que es Jesús. Y quien no se ponga en la Verdad, sólo está haciendo su iglesia, su religión; sólo está llenando páginas de su mentira, como hace, cada día, Francisco.

“Ni en la concepción se alejó de ti el pudor, ni en tu alumbramiento se hizo presente el dolor” (San Agustín).

La Virgen María no dio a luz a Su Hijo de la misma manera que una mujer lo hace. Jesús no traspasó la carne de la Virgen María de una manera humana, sino milagrosa. Y, por tanto, no se da el dolor. Y si no hay dolor, el conocimiento que tiene la Virgen María para saber que llega el momento del parto, no es humano, no es por lo que le dice su carne, sino divino.

El parto fue milagroso y sin dolor. Esto es el dogma que todos deben creer y que todos deben predicar, porque, hoy en la Iglesia, se reviven los errores, las herejías del pasado, en las que se pretendía que la Virgen María da a luz como toda mujer, es decir, con dolores y roturas sin perder la virginidad. Y, por tanto, la Virgen María no se comporta con el Hijo que lleva en su seno de una manera divina, sino humana. Y esto lleva a negar que lo que hay en la Virgen María sea obra del Espíritu Santo.

Si el Espíritu Santo es el que concibe el Hijo en la Virgen María, entonces el conocimiento que tiene la Madre con el Hijo es divino, no sólo humano. En su ser de mujer, siente al Hijo en su vientre, porque la Virgen es también humana, pero no siente el peso del Hijo, no siente las dificultades que toda mujer tiene durante los nueve meses en que lleva a su hijo en el vientre, porque lo que Dios concibe, la obra divina de Dios en la Virgen María no es la obra de un hombre, no lo hace Dios como lo hacen los hombres. Es una concepción virginal, sin dolor, sin placer, sin hombre, para un parto virginal, sin dolor, sin placer, sin nada de lo humano.

Y, en consecuencia, cuando llega el momento del parto, se da a la Virgen María un conocimiento divino para que busque el lugar que Dios quiere para el nacimiento de Su Hijo. Y, cuando la Virgen María llega a ese lugar, entonces cae en éxtasis y sobreviene el parto virginal, sin dolor, milagroso. Y la Virgen María, una vez sale del éxtasis, se encuentra entre sus brazos al Hijo del Padre. No hay roturas, no hay sangre, no hay nada que dé a entender que fue un parto como la toda mujer. Porque la Virgen María es divina, no sólo humana. Y hay que verla así para poder comprender sus misterios, que son los misterios de Dios en Ella.

La Virgen María no tuvo dolores en el parto por Voluntad de Dios. Y esa Voluntad Divina significa que la Virgen María se asocia a la Obra de la Redención de Su Hijo en un parto sin dolor, como su concepción fue Inmaculada, sin pecado, porque ya fue redimida por Cristo antes de la Obra de la Redención. Muchos quieren poner un error diciendo que los dolores en el nacimiento de Jesús serían una expresión maternal de su asociación a los sufrimientos salvíficos de Jesús desde su nacimiento. Esto es una desviación en la doctrina de la Iglesia.

Dios asocia a Su Madre a la Obra de la Redención de Su Hijo de una manera singular, sólo para la Virgen María, sólo en el decreto de Dios, sólo atendiendo a lo que es la Virgen María en el pensamiento divino, no humano.

Poner los dolores en el nacimiento es expresar que no se cree en el poder de Dios que hace que una criatura, como la Virgen María, sea asociada a la Obra de la Redención humana de una manera que nadie lo puede comprender. Nunca hubo un parto doloroso como una señal para decir que la Virgen María también tenía que amar gozosamente a Su Hijo en el dolor, como los santos en sus dolores místicos. No se confunda lo místico con lo divino, porque el parto virginal no es un asunto místico, sino divino en la Virgen María, porque es la misma Presencia de Dios en el seno de la Virgen María. Una Presencia física, divina, no mística. Y, por tanto, no puede darse el misticismo que muchos quieren cuando tratan este tema de forma errónea, sin ponerse en la Verdad.

“Jesús nació sin mancha de la que Él mismo se preparó sin mancha alguna… María es el orbe celestial de una nueva creación en la que el sol de justicia (Cristo) siempre brilla y así ha alejado de su alma (de María) la oscuridad de la noche del pecado” (San Proclo, patriarca de Constantinopla )

“Entró y habitó secretamente en el seno; saliendo después del seno, no rompe el sello virginal” (San Efrén).

“Ninguna partera la asistió; en su parto, ni intervino ninguna mujer oficiosa. Con sus propias manos, María lo envolvió; en sus pañales, siendo ella misma madre y partera: “y lo envolvió; en pañales y lo acostó; en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón” (Lucas, 2:7)” (San Jerónimo – Tratado contra Helvido)

Francisco babea hablando de la Virgen María: sentía lo que sentía otra mujer: Este es el babeo de Francisco. María es divina. Esto es lo que nunca va a poder decir Francisco. La Virgen María siente a su Hijo en su vientre de una manera divina, no humana, porque María no es como otra mujer. La Virgen María es totalmente diferente a cualquier mujer. Francisco odia a la Virgen María. Y si no es capaz de cuidar a la Madre, entonces está en la Iglesia para destrozar la Obra del Hijo del Padre y de la Madre.

“María, la Iglesia y nuestra alma son femeninas”: en esta frase Francisco pone la dualidad entre el hombre y la mujer, es decir, quiere confrontar el cuerpo masculino y el alma femenina. Como la Virgen concibe un hijo sin varón, entonces ese hijo tiene un alma femenina y la Iglesia, por tanto, también tiene un alma femenina. El problema de fondo es la dignidad de la mujer en la cultura actual. Pero la solución que se quiere dar a ese problema no es Evangélica, no es Revelada, sino que va contra la Palabra de Dios.

El alma de la Iglesia es el Espíritu Santo. Por tanto, decir que el alma de la Iglesia es femenina es decir una cosa bonita, pero sin sentido, sin lógica. Bello, pero mentira. Hoy día se dice que Dios es mujer. Se va contra el Ser Divino, que no es mujer ni es hombre.

La Virgen María tiene su alma creada por Dios, distinta al alma de la Iglesia. Y, cada miembro de la Iglesia, tiene su alma, que no son las almas de María ni de la Iglesia. Nuestras almas son diferentes una de otras. Pero el problema no es éste.

El alma no es masculina ni es femenina. El alma es espiritual. El cuerpo es el de un varón o de una mujer. Éste es el problema. Se quiere ver todo con el alma femenina, pero no se atiende a que el alma es espiritual. Se cae en el sentimentalismo, en el humanismo. Se niega el espíritu del alma, la esencia del alma. Éste es el problema.

Los sentimientos de una mujer o de un hombre no revelan lo que es su alma. Sólo revelan su humanidad, su vida humana, sus obras humanas, sus pensamientos humanas. Pero todo hombre y toda mujer es algo más que lo humano, que lo carnal, que lo sentimental porque tiene un alma espiritual. El alma no es su sentimiento, no es un pensamiento. La persona humana tiene conocimientos y sentimientos, pero sus alma es espiritual, no es sentimental, no vive de sentimientos.

Y, por tanto, decir que los sentimientos femeninos de María, la Iglesia y nuestras almas son lo mismo es contar una fábula. Y no más. Es hablar bonito y no decir nada. Es contar una herejía que subyace en el fondo de estas palabras.

Porque para imitar a María no hay que imitar sus sentimientos femeninos, que tiene como persona humana, sino que hay que imitar sus virtudes: su humildad, su amor a Dios, su paciencia, su pureza virginal. Hay que imitar lo divino en Ella, no mirar lo humano, no atender a lo humano.

Francisco construye una homilía sin sentido cristiano, sin dar la sana doctrina sobre la Verdad, ni de la Virgen, ni de la mujer, ni de la Iglesia, ni del hombre. ¿Cómo quiere, después, predicar sobre Cristo, si no sabe predicar sobre la Virgen María, si no sabe poner a la Virgen María en el lugar que le corresponde en la Iglesia y en el mundo?

“nuestra alma se asemeja a la Iglesia; nuestra alma se asemeja a María”: el alma no se asemeja a nada, ni siquiera de una forma análoga como lo expone Francisco. No hay analogía cuando se habla del alma. Hay analogía cuando se habla del ser.

Pero cuando se trata del alma, cada persona tiene su alma. Y no hay más. Hay que predicar de las virtudes, de los vicios y eso es dar la semejanza con Dios o con el demonio. El que practica las virtudes teologales imita a María, pero no imita su alma. Imita a los Santos, pero no imita las almas de los santos. Imita lo divino que hay en cada persona. Y eso divino es algo más que el alma espiritual. La persona tiene un espíritu, que no es su alma. La Iglesia es Espíritu. El alma de la Iglesia es el Espíritu. El alma de la Iglesia no es semejante al alma de María. Cosas bonitas que predica ese necio, pero que no dan la Verdad de la Iglesia, sólo su babeo.

A Francisco se le cae la baba de la mentira cuando predica cada día en la Iglesia.

Francisco nunca habla correctamente de las cosas espirituales. No enseña ni siquiera las bases imprescindibles de la vida espiritual. ¿Es que no ven que no puede ser llamado Papa porque no confirma en la fe de la Iglesia, no da la verdadera doctrina de Cristo? ¿Cuándo van a entender este punto fundamental en Francisco?

Francisco no habla como Papa verdadero, sino como uno que se hace llamar Papa sin serlo. Y la gente sigue babeando con ese idiota de Francisco. Y la gente sigue haciendo caso al babeo de Francisco.

El espíritu de la Navidad

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“Se aproxima el derrumbe total de la humanidad y de la Iglesia, la transformación de mi Iglesia ya está en marcha y en cuanto se aprueben esas reformas, pobres de mis hijos que ya serán pocas las iglesias que estará mi Presencia Real. Veréis como en poco tiempo se irá sustituyendo cosas sagradas por paganas, palabras santas por vulgares, hechos por signos. Se cerraran confesionarios, quitaran imágenes, faltaran flores y velas y sagrarios vacíos sin el alimento de los ángeles, de los hombres. Todo se sustituirá y aquel trono que tú vistes llevando a la bestia y los hombres cegados lo creían en tus sueños, es lo que sucederá. Ya no llevarán en hombros a Jesús sino al maligno y su falso pastor” (Mensajes personales de noviembre 2013 dados a una hermana elegida por Dios en el bº del pilar).

El espíritu de la Navidad es el Amor que se encarna: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 14).

El Amor Divino se hace carne: eso significa que Dios asume al hombre, lo hace suyo, lo eleva a su dignidad, lo transforma en hombre nuevo, hombre divino, que participa de la Divinidad, que camina junto a Dios para obrar las mismas cosas que Dios obra.

Cuando el Verbo asume la carne en la Virgen María, diviniza a la Virgen, la hace lo más semejante a Él, que es la Palabra del Padre. La Virgen es la semejanza de la Palabra del Pensamiento del Padre. La Virgen engendra la Palabra del Padre; la Virgen da a luz la Palabra del Padre. Y, por tanto, María Santísima no es como cualquier mujer de la tierra; es otra cosa, tiene qu ser mirada en Dios y sólo en Dios. No se la puede mirar como mujer, como ser humano, como una persona más con una vida y obras en lo humano.

La Virgen María es la que ofrece al hombre la Palabra de Dios. Sin Ella, no es posible tener a Dios con nosotros. Sin la Madre de Dios, los hombres no pueden conocer a Dios, no pueden buscar a Dios, no pueden encontrarlo en sus vidas humanas.

La Virgen María no es la que engendra a Jesús, sino la que ofrece al Verbo su vientre, su corazón, su alma, su espíritu, para que el Espíritu obre en Ella las maravillas del Padre.

Santa María no pone en la concepción de Jesús: “Y miró la nada de su Esclava”. Dios, para encarnarse, sólo necesita un corazón humilde, desprendido de todo, en que lo humano se anule totalmente.

Por eso, cuando el verbo se encarna en María, el Verbo lo da Todo a la Virgen, porque Ella sólo puso su nada, su bajura, su humildad, su sencillez, su abatimiento ante Dios.

Santa María es la que produce a Dios en todas las cosas de su vida humana. No hay una palabra, un gesto, una obra, una sonrisa, una turbación, que no sea divina en Ella. En Ella no se dan las angustias del hombre, las preocupaciones del hombre, las tristezas humanas, porque Ella es divina, no es humana, no es carnal, no es material, no es natural, no es profana. La Virgen María no mide la vida humana con su pensamiento humano, con sus medidas humanas, con sus limitaciones humanas. La Virgen María sólo da lo divino en toda su vida humana. No da nada humano, no ofrece nada humano, no vive nada humano, no obra nada humano.

Por eso, cuando en la Iglesia se habla mal de la Virgen María eso es señal de que esa Iglesia no es la de Cristo.

La Iglesia es la Obra de la Palabra de Dios. Y, por tanto, la Iglesia es la Hija de la Virgen María. Y eso quiere decir que todo lo que es la Iglesia viene de la Virgen María. No hay en Ella algo diferente a la Virgen María. De tal Madre, tal Hija.

La Iglesia, para amar a la Virgen María, para amar a Su Madre, tiene que engrandecer las virtudes, las gracias, los dones, los carismas, los espíritus que Dios ha dado a Su Madre.

La Iglesia tiene que elevar a la Virgen María a lo más alto, a lo más sagrado, a lo más divino, porque es la Virgen María la que ha dado a luz a la Iglesia. La Iglesia nace del seno virginal de la Virgen María. La Iglesia nace de un habitáculo Santo, Sagrado, Inmaculado, Divino. Y, por tanto, es necesario que en la Iglesia, la Virgen tenga el lugar que se merece: Santa María es la Madre de Dios, la Reina absoluta de todo y la Vencedora de Satanás. Ella es la Tesorera de todas las Gracias, que el hombre no ha querido reconocer.

Si no se le da este lugar en la Iglesia, entonces esa iglesia no es la de Cristo. Cristo está donde está Su Madre. Cristo no está donde no se echa a Su Madre. Es la Virgen María el camino hacia Jesús. No sólo señala dónde está Jesús, sino que hace caminar hace Él, lleva a cada alma al Corazón de Su Hijo.

El Corazón de la Madre y el Corazón del Hijo son una sola cosa. No son dos personas distintas con dos corazones. Son dos, pero con un solo Corazón. Lo que está en el Hijo está en la Madre. Y lo que está en la Madre está en el Hijo. Entrar en el Corazón de la Madre es penetrar el Corazón del Hijo. Poseer el Corazón del Hijo es quedar poseído del Corazón de la Madre.
Nada se puede hacer sin la Virgen María en la Iglesia. No es posible. Cualquier gracia que se pida a Jesús en la Iglesia, tiene que pasar por manos de la Madre, tiene que concederla ante la Madre. Dios no da nada a Su Iglesia sin el consentimiento de Su Madre, porque la Virgen María lo dio todo a Dios: toda su Voluntad, toda su libertad, toda su vida, todo su ser. La Virgen no se quedó con algo en Ella, no se apegó a algo en su vida, no miró su vida para un fin humano, sino que sólo dio su mirada a Dios, su voz a Dios, sus oídos a Dios, sus manos a Dios, sus pies a Dios.

Quien no ama a la Virgen María no puede amar a Dios, no puede adorar a Dios, no puede hacer la Voluntad de Dios.

Quien rebaja a la Virgen María de su Trono en la Iglesia, se sale de la Iglesia de Cristo, se sitúa fuera de la Iglesia de Cristo, hace de la Iglesia de Cristo una nueva iglesia, donde no se puede amar a la Virgen ni a Jesús.

Toda iglesia que no dé culto a la Virgen no es la Iglesia de Cristo. Toda Iglesia que no ponga a la Virgen María como Reina de todas la cosas, en el mundo y en la Iglesia, no es la Iglesia de Cristo.

La Iglesia de Cristo es la Virgen María. El sagrario donde Cristo es guardado es el seno de Su Madre. Cada sacerdote, fiel a Cristo, es hijo predilecto de la Virgen María, es el mismo Cristo, sus mismo Hijo, otro Cristo, otro Jesús. Y, cada fiel que obedece a la Iglesia de Cristo, es el Amor de la Virgen María en la Iglesia. Cada corazón debe revelar el Amor de la Madre en la Iglesia, el Amor de Su Madre, el Amor que nace del Hijo, que es dado por el Padre en el Espíritu. Todo en la Iglesia es de la Virgen María. Y nada en Ella se hace sin la Virgen.

Por eso, quien predica en contra de la Virgen María, como lo hace Francisco y los suyos, producen el caos en toda la Iglesia y en el mundo. Cuando se eche a la Virgen María de la Iglesia, Cristo se va. Antes de que quiten la Eucaristía, la Virgen María será suprimida. Todo comienza cuando el hombre toque a la Madre de Dios. Cuando se produzca eso, la Justicia del Padre cae sobre Roma y sobre el mundo, por despreciar lo más Santo, lo más Sagrado, lo más Divino que tiene la Iglesia: Su Madre, la Virgen María.

Dios es un Dios de Justicia

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“Pongo perpetua enemistad entre ti y la Mujer. Y entre tu linaje y el Suyo; Éste te aplastará la cabeza. Y tú le acecharás el calcañar” (Gn 3, 4).

Cada uno tiene lo que se merece en su vida.

El que peca tiene su pecado; el que vive en gracia tiene el amor de Dios.

El drogadicto posee su droga; el homosexual su lujuria en la carne; el que mata la maldición de Dios; el que miente es del demonio; el que habla la Verdad da la Palabra de Dios.

Desde el pecado original hay dos familias en la tierra: los hijos de Dios y los hijos del demonio.

Por tanto, hay dos pueblos: el pueblo de Dios y el pueblo del demonio. Y hay dos Iglesias: la Iglesia de Jesús y la Iglesia de satanás.

Y entre los hijos de Dios y los hijos del demonio hay un abismo que no se puede pasar: “entre vosotros y nosotros hay interpuesto un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí a vosotros, no pueden; ni pueden pasar de ahí a nosotros” (Lc, 16, 26).

Por tanto, no existe la fraternidad entre los hombres, es decir, el amor universal entre los hombres, el amor sin fronteras, porque no se da una Iglesia para todos los hombres, no se da un pueblo para todos los hombres, no se da un gobierno para todos los hombres.

Esto es lo que, insistentemente, predica Francisco: todo es para todos. Es su monismo y su sincretismo religioso.

No puede darse nunca un gobierno mundial universal en la práctica, porque en el mundo todos se rigen por su mente humana. Nadie en el mundo se rige por la mente de la otra persona.

En el mundo no existe la obediencia, sino la imposición de leyes, de pensamientos, de normas, gusten o no gusten a la gente. Y no importa que esas normas sean antimorales o antiéticas, porque el mundo pertenece al demonio y, por tanto, vive siempre en el pecado, sin ley, sin moral, sin ética, sin Dios.

Cuando los hombres quieren hacer un gobierno mundial, lo tienen que hacer a la fuerza, con guerras, con destrucciones, con dictaduras, imponiendo la mente de unos pocos a los demás.

En el mundo no se da el amor ni, por tanto, la confianza entre las personas. Sólo se da el interés, el negocio entre los hombres, las obras de los hombres que sólo buscan su propia gloria, su propia fama, su propio bienestar.

Por eso, el mundo no se preocupa de nada: ni de los pobres, ni de las guerras, ni de los problemas entre las personas, porque en el mundo sólo existe un poder que lo rige todo y que mantiene ocupados a los demás en cosas que ellos hacen y obran para su negocio en el poder del mundo.

La cabeza del mundo es el demonio. Y el demonio tiene su gente para gobernar todo el mundo a base de odio, destrucción, injusticias, etc.

Por eso, una Iglesia que va al mundo para amar a los hombres no es la Iglesia de Jesús.

Jesús murió para salvar nuestras almas y, de esa manera, nos ama; pero Jesús no murió para salvarnos de los males de este mundo, de los peligros de este mundo, de las miserias de este mundo, de las enfermedades, guerras, etc.

Jesús no vino para solucionar los problemas de los hombres. Por tanto, en la Iglesia no se está para dar de comer a nadie, ni para hacer que en el mundo surja una paz falsa hablando de los problemas para no hacer nada por ellos.

El mundo no hace nada por resolver los problemas. Esa es la experiencia desde que el hombre es hombre. El hombre vive para sí mismo; el hombre le importa un comino los demás.

Cuando la Iglesia basa su predicación para ayudar a la humanidad – a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los drogadictos, etc- es la señal de que esa Iglesia ya no es la de Jesús.

Jesús sólo predica Su Palabra, que es Salvación y Santificación para todos los hombres. Sólo hay que dar la Palabra, no hay que hacer una asociación, una cáritas, para recoger dinero con el fin de ayudar a la humanidad. Eso es siempre del demonio.

Quien pone su limosna en cáritas o en cualquier obra que predique el amor a la humanidad, el amor en general, no es de la Iglesia. No es Volunatd de Dios. Porque Jesús no hizo eso en su vida pública, en su vida humana.

Jesús amó a cada alma en particular. Y, por eso, la limosna tiene que darse en particular, a la persona en concreto, no a una organización que –dice- ayuda a los pobres.

Hay cantidad de asociaciones, de ongs, que ayudan a los pobres, pero nadie sabe a dónde va su dinero. Hoy los pobres se han convertido en el negocio de unos cuantos, tanto dentro de la Iglesia como fuera.

La gente sólo pide dinero para ayudar a salir de las necesidades humanas, materiales, etc., de los hombres que son sólo el fruto del pecado de cada hombre.

Vives en la pobreza es por tu pecado. Vives atado a la droga, al alcohol, al sexo, etc., y no puedes salir de esa vida de miseria, es sólo por tu pecado.

La solución no está en dar dinero para solucionar vidas rotas por el pecado. La solución está en ver el pecado, en arrepentirse del pecado y en luchar contra el pecado.

Esto es lo que nadie hace, porque es arduo y difícil. Y, cuando uno se mete en los líos de la vida, en el alcohol, droga, asesinatos, etc., no quiere poner este camino de cruz a su vida, porque ha vivido su placer. Y su placer le llevó a una vida rota en todos los sentidos del que sólo con la gracia de Dios se puede salir. Y como no se persigue esa gracia, entonces nunca se sale.

Y, por eso, no cabe en la cabeza la ayuda humanitaria, económica, etc. a personas que no quieren quitar su pecado y que quieren seguir pecando, es decir, viviendo su vida rota.

Al linaje del demonio no le interesa salir del pecado, lo que le interesa es tener dinero para seguir pecando. Que alguien le dé dinero para seguir en su vida cómoda de pecado.

Esta es una realidad: cada uno tiene en su vida lo que se merece, lo que ha perseguido, lo que ha buscado. Y los hombres no están obligados a ayudar a nadie que no quiere ver la verdad de su vida, que ya ha elegido su camino: la perdición, la condenación, el infierno.

Entre el linaje del demonio y el linaje de la Mujer hay sólo batalla, no fraternidad, no un abrazarse o darse un beso. Es lo que no le cabe en la cabeza a Francisco y los suyos. Por eso, predican de esa manera: una fe para la humanidad, un amor para la humanidad, una Iglesia para la humanidad, sin hacer distinción entre hombres.

Y, por eso, son corderos vestidos de piel de oveja, para conseguir su propósito: que le den dinero, que la gente se preocupe por quien no tiene que preocuparse: por los hijos del demonio.

Hay que luchar contra los hijos del demonio que son muchos, dentro y fuera de la Iglesia. No hay que dejarse atrapar por las frases bellas, por las palabras bonitas, por los sentimentalismos vacíos que tanto Pastores usan en sus predicaciones, en sus charlas en la Iglesia.

Esos Pastores se alzan con su orgullo dentro de la Iglesia para proclamar sus herejías y así hacer que la Iglesia viva de mentiras, como se hace en el mundo.

El amor al prójimo es el amor a una persona en concreto, sea amigo o enemigo. Pero nunca es un amor universal, a lo grande, a todos porque todos son hombres. Eso es un amor ciego, un amor mentiroso, un amor falso, porque no existe en la realidad. Sólo existe en la cabeza de los hombres. Es un ideal que nunca se llega a poner en práctica, porque es una utopía. Y esa utopía, ese amor a la humanidad, a conseguir un bien común, un gobierno común, una iglesia común, es el motor de la ideología del comunismo que Francisco ha desarrollado en su evangelii gaudium.

El que rige la Iglesia en Roma, actualmente, -Francisco- es sólo un comunista: un cordero, un lobo, un carnero, una pantera, vestida de oveja.

Francisco ni es Papa, ni es sacerdote, ni Obispo, ni nada. Es sólo el principio de la destrucción de la Iglesia. Es sólo eso. Lo demás, su obra de teatro en la Iglesia. Sólo hace su papel, que lo representa muy bien, porque lo ha estudiado durante muchos años. A Francisco le importa un bledo la Iglesia y los pobres. Sólo le interesa destruir la Iglesia. Pero él la quiere destruir a su manera. Y, claro, se equivoca, porque es un hombre sin inteligencia: no sabe dónde está parado.

Por eso, si no hay lucha dentro de la Iglesia contra los hijos del demonio, la Iglesia queda autodestruida por los mismos hijos de Dios que no saben luchar contra el demonio, que sólo saben pedir a Dios que les resuelva sus grandes necesidades en sus vidas humanas, pero que ya no buscan ni su salvación ni su santificación en la vida espiritual.

Por eso, la gente ha tardado en abrir sus ojos a la realidad de lo que pasa en la Iglesia. Y muchos siguen con la venda en sus ojos, porque no hay fe. Y sólo es esa la razón de la ruina que viene ya para la Iglesia: gente que no lucha por la Verdad, sino para conseguir un trabajo, un dinero y así vivir cómodos en sus vidas.

Cuando los Pastores predican al gusto de la gente eso es señal de que se perdió la fe en toda la Iglesia. Es señal de que algo grave va a pasar en la Iglesia. Es señal de que ya la gente no vive para dar culto a Dios en sus vidas, sino que persigue otros dioses que le dan lo que ellos quieren en la vida.

Cada uno tiene lo que se merece: el infierno o el cielo. Y los que se merecen el infierno, no hay para ellos Misericordia, sino Justicia.

Dios es un Dios de Justicia. Y, por eso, cae ahora sobre toda la Iglesia su Justicia, porque pocos han entendido lo que pasa en la Iglesia. Y viene un castigo grandísimo para toda la Iglesia. Y ese castigo repercutirán en todo el mundo. Porque el mundo sólo se mueve si se mueve la Iglesia. La Iglesia es el eje del mundo, porque es la Verdad. Y, cuando Dios castiga a su Iglesia, el mundo tiembla de espanto. El mundo queda paralizado.

«…los que siguen a Cristo más de cerca son aquellos que luchan por la verdad hasta la muerte» (San Agustín – Trat. evang. S.Juan 124,5).

Francisco anula la Inmaculada

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“Y la Virgen jamás se alejó de aquel amor: toda su vida, todo su ser es un «si» a aquel amor, es un si a Dios. ¡Pero ciertamente no ha sido fácil para ella! Cuando el Ángel la llama «llena de gracia» (Lc 1,28), ella permanece «muy confusa», porque en su humildad se siente nada ante Dios. El Ángel la consuela: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús» (v. 30). Este anuncio la confunde aún más, también porque todavía no se había casado con José; pero el Ángel agrega: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios»(v. 35).María escucha, obedece interiormente y responde: «Yo soy la sierva del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho»” (8 de diciembre de 2013).

El engaño de un hombre que ha provocado el cisma en la Iglesia. El engaño en sus palabras que predica en la Iglesia.

Francisco tiene un doble lenguaje: el de la Iglesia y el del mundo.

En este doble lenguaje construye todas sus homilías. Homilías que son una herejía, pero que nadie las ve, porque ya el hombre no cree en la Palabra de Dios, sino sólo en el fruto de su pensamiento humano.

“Cuando el Ángel la llama «llena de gracia» , ella permanece «muy confusa», porque en su humildad se siente nada ante Dios”.

Ésta es la interpretación de este hereje sobre la llena de gracia. Si Francisco supiera lo que significa, plenagratia o llena de gracia, entonces diría que la Virgen Maria entendió lo que el Ángel le decía en esa Palabra Divina. Lo que da Dios nunca oscurece la inteligencia del hombre. María no permanece confusa ante la luz de Dios, sino iluminada en su corazón por el amor divino dado en esa Palabra Divina.

Por consiguiente, quien conoce la Verdad y la acepta en su corazón, como hizo la Virgen María, automáticamente se pone en la humildad de su ser. Y esa humildad es la verdad para el alma. Y toda verdad es luz, es resplandor, es camino en la vida.

Por tanto, decir que por su humildad, su sentirse nada ante Dios, eso produce confusión en la Virgen María, no sólo es mentir, no sólo es engañar a las almas, sino que dice una herejía, algo en contra de la Palabra de Dios.

No se puede enseñar de la Virgen María la confusión, porque no tiene pecado original. Está llena de gracia. Conoce con perfección todas las cosas de Dios y de los hombres. No hay en Ella ni una mota de ignorancia. Sus virtudes son perfectísimas, su Gracia en el corazón está colmada de todo bien. Y, por tanto, una vez más, Francisco es hereje cuando habla en la Iglesia y enseñando una mentira a la Iglesia. No dice la Verdad sobre la Inmaculada, sino que enseña su mentira.

Sus palabras son engañosas siempre. Nunca puede Francisco decir una verdad clara. No le sale de su corazón, porque su corazón está totalmente desviado de la Verdad.

Francisco representa la cabeza cismática en la Iglesia. Una cabeza que separa a la Iglesia de la Verdad, que lleva a la Iglesia hacia la mentira, que obra en la Iglesia toda clase de engaños y mentiras.

Porque los hombres de la Iglesia siguen inclinados a los pensamientos humanos, entonces, no pueden apreciar las barbaridades continuas que Francisco lanza por esa boca de dragón que tiene.

¡Cuántos fieles, sacerdotes y Obispos hay que se tragan, como vaso de agua, las continuas herejías de Francisco!

“El Ángel la consuela: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús» . Este anuncio la confunde aún más, también porque todavía no se había casado con José”: esta herejía define a Francisco.

El Ángel no consuela a la Virgen María, sino que le explica cómo será que el Hijo de Dios vendrá a Ella. Le explica su misión en su vida: es decir, le da el don de la Maternidad Divina en esa Palabra.

Además, Francisco usa una traducción de este pasaje evangélico herética, porque la palabra que emplea el Ángel no es “Dios te ha favorecido”, sino “has hallado gracia ante Dios”; es decir, por tus méritos se obra la Maternidad Divina, no por un don o favor de Dios.

Francisco cambia todo el sentido a la Escritura, es decir, lo anula, anula la verdad de la Escritura. Por eso, cae en herejía doctrinal. No enseña la Verdad de la Palabra de Dios, sino que enseña a la Iglesia su pensamiento humano. Gravísimo para un líder de la Iglesia. Pero él se está definiendo a sí mismo en esta enseñanza que hace de la Inmaculada: como voy en contra de Cristo y de la Virgen, enseño la mentira hablando de la Virgen. Se está definiendo como anticristo, como precursor del anticristo, como falso profeta, como aquel que anuncia la mentira en la Iglesia.

Francisco, en su inicua traducción, sólo pone la palabra “Concebirás” y suprime “en tu seno”. Para enseñar la Verdad sobre la Maternidad Divina, hay que decir las cosas como están en el Evangelio. Porque la Virgen es Madre de Dios, concibe en su seno a Dios. No concibe sin más. No concibe en su pensamiento, sino en su seno.

Franciso calla “en su seno” por maldad, porque no cree en la Maternidad Divina en la Virgen. No tiene esa fe, por eso, enseña lo que le interesa destacar en este pasaje: como María fue amada por Dios, entonces Dios ama a todos los hombres. Es lo único a lo que va en esta homilía herética. Ni le interesa resaltar las virtudes de María, ni el don de la Maternidad, ni su virginidad.

“Concebirás en tu seno”: el ángel está haciendo referencia a la Virginidad de María. Porque es Virgen es Madre de Dios, concibe a Dios en su seno sin perder su Virginidad.

A Francisco no le interesa la Virginidad, sino sólo esto: “no se había casado con José”.

Esta es su nueva herejía, porque desconoce las costumbres judías de aquel tiempo, en que se daban dos momentos en el matrimonio: un primer rito, que eran los esponsales, donde ya se consideraban casados, pero sin convivir; y, un segundo rito, el día de la boda, en donde la mujer pasa a vivir a casa del esposo.

La Virgen María y San José ya estaban casados cuando se aparece el Ángel. Y, por eso, las luchas de San José al ver a su mujer embarazada. Si no hubiera matrimonio, San José no tuviera esas luchas espirituales en su alma. Pero hay un matrimonio verdadero y una prueba verdadera para San José, para que acepte la misión de Dios en su mujer. Es la mujer la que pone el camino al hombre en todo matrimonio católico. Esta es la enseñanza de este pasaje, que pocos han aprendido en sus matrimonios.Y, por supuesto, Francisco no puede enseñar nada de esto, porque no le interesa la Verdad del Evangelio, ni la Verdad de la Iglesia, ni lo que es el Sacramento del Matrimonio en la Iglesia.

“María escucha, obedece interiormente y responde: «Yo soy la sierva del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho»”: la traducción de Francisco revela su ineptitud para declarar la Verdad en esta importantísima palabra de la Virgen.

La Virgen dice: “He aquí la Esclava del Señor”, no dice: “Yo soy la sierva del Señor”.

La Virgen María se presenta ante Dios como esclava; no presenta su persona: “yo soy”; presenta su esclavitud, su corazón atado a Dios, su alma obediente a la Palabra de Dios, su ser dependiente del Ser de Dios.

“Yo soy la esclava del Señor” es poner el orgullo delante de Dios. Tú eres Dios, yo soy tu esclava. Ése es el lenguaje del orgulloso, el que quiere elevar su persona e igualarla a Dios. Así habla Francisco, con el “yo soy”. Yo soy el que mando, yo soy el que pienso, yo soy el que va a poner el gobierno horizontal,…, yo soy. Francisco es un dios para sí mismo.

La Virgen María pone su alma a los pies del Señor para que se haga en Ella Su Voluntad.

“Que se cumpla en mi lo que has dicho”: ¿qué es lo que ha dicho el ángel? La Palabra de Dios, la Palabra que revela el designio de Dios sobre María. Las palabras del ángel a María son la Revelación de Dios a María. A Ella sola. Es Dios quien le muestra a María su camino en la vida.

“Hágase en Mí según Tu Palabra”: lo que dice el Ángel no son las palabras del Ángel, no son los dichos del Ángel, sino una Revelación Divina, son las Palabras de Dios usando la boca del Ángel. Y en, estas palabras, el Señor enseña que cada alma recibe de Dios una Revelación, una Palabra, para que comprenda lo que tiene que hacer en la vida.

Dios habla a cada alma en particular y le da a conocer Su Voluntad, la Verdad que tiene que obrar en su vida.

Francisco calla todo esto, porque no le interesa para su doble lenguaje en la Iglesia. Francisco no enseña la vida espiritual a nadie en la Iglesia. A nadie. Enseña sólo lo que hay en su cabeza humana.

Y lo peligroso es que ya está utilizando en sus predicaciones una traducción que no es de la Iglesia.

Está acomodando, en esas traducciones, su mentira en la Iglesia. Ahí se ve el engaño de Francisco a toda la Iglesia.

¡Y cuantos dan esta homilía en sus webs y se quedan tan contentos, como si hubiera dicho alguna verdad en esta predicación! Es que no es posible que Francisco hable una sola verdad en la Iglesia. Ni una sola.

Y, para acabar, la guinda, lo que él quiere resaltar en esta homilía, lo único que le interesa: “El misterio de esta muchacha de Nazaret, que está en el corazón de Dios, no nos es extraño. No es Él que está arriba y nosotros aquí. No, no, estamos conectados ¡De hecho Dios posa su mirada de amor sobre cada hombre y cada mujer! Con nombre y apellido. Su mirada de amor está sobre cada uno de nosotros”.

Primero: llama a María con un nombre humano: muchacha de Nazaret. No puede llamarla ni Virgen, ni Madre de Dios, ni llena de gracia, porque la Virgen María, para Francisco, es sólo una mujerzuela, que tuvo un hijo con José, al que todos llaman hijo de Dios, porque fue bautizado por Juan Bautista. Así concibe Francisco a la Virgen María. Tuvo un hijo, antes de casarse con José y, por eso, es amada por Dios. Todos los concubinos imiten a María y a José para traer hijos al mundo.

Segundo: “No es Él que está arriba y nosotros aquí”. Todos somos dioses. Todos estamos conectados, unidos. Dios y nosotros al mismo nivel. No hay dependencia de la criatura a Dios. No existe sometimiento de la criatura a la ley divina. No hay moralidad, no hay ética. Hay una amorfía entre Dios y el hombre. Más clara la herejía no se puede dar, no se puede escribir. Y muchos, al leer esta frase, no ven la herejía. Porque, claro, como la dice en un lenguaje vulgar, asequible a todos, no usa una teología, una filosofía, es sólo que Francisco habla mucho, dice muchas cosas y ya está. Hay que entenderlo según su contexto, según la naturaleza con que habla y a quién habla. Así es todo ahora en la Iglesia. Nadie dice herejías porque todo hay que entenderlo en el contexto histórico, cultural, artístico, en que se dice.

Francisco anula en esta homilía a la Inmaculada. Y nadie lo ve, lo entiende. A nadie le preocupa cómo habla Francisco, qué enseña Francisco en la Iglesia. Todos están ahora en la Iglesia por un pedazo de poder y un fajo de billetes. Por eso, callan ante estas barbaridades de Francisco, porque no quieren perder lo que tienen.

Tercero: “De hecho Dios posa su mirada de amor sobre cada hombre y cada mujer! Con nombre y apellido”. Esta es su herejía favorita. Dios ama todo hombre. Ya está. Todos al cielo porque nos ama Dios. Se acabó. Igual que amó a María y la favoreció, así ama a todos y a todos favorece. La vida es bella, la vida es un placer. Comamos y bebamos que mañana moriremos de placer.

Así predica Francisco en la Iglesia. Y se gana los aplausos de los necios como él, que son muchos Cardenales, Obispos, sacerdotes y fieles en la Iglesia.

¿No tenéis inteligencia? ¿Creéis que Francisco va a salvar a la Iglesia? ¿Creéis que Francisco es un camino en la Iglesia? ¿Hasta cuándo vais a estar con la venda en vuestros ojos? ¿Hasta cuándo vais a seguir diciendo: que venga sobre nosotros el amor de un hombre que sólo se mira su trasero en la Iglesia?

¡Da pena cómo está la Iglesia tan ciega! ¡Guías de ciegos es lo que hay por todas partes en la Iglesia!

Mis tiempos han llegado

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“Mis tiempos han llegado. Han llegado los tiempos predichos por Mí en Fátima… Os he predicho el castigo, que va a azotar a este pobre humanidad vuelta pagana… Descenderá fuego del cielo y la humanidad será purificada y completamente renovada, para estar así pronto a recibir al Señor Jesús que volverá a vosotros en Gloria. Os he predicho también la grave crisis que va a ocurrir en la Iglesia, a causa de la Gran Apostasía entrada en Ella… Esta Mi Hija amadísima debe vivir las horas de su agonía y de su pasión dolorosa; será abandonada por muchos de sus hijos. El viento impetuoso de la persecución se abatirá sobre Ella y será vertida mucha sangre, también por parte de Mis Hijos Predilectos” (P. Gobbi – Mis tiempos han llegado – 13 de octubre de 1994).

Tiempos de castigo, de Justicia Divina sobre el mundo y sobre la Iglesia.

Tiempos ya dados al hombre por el Espíritu de Profecía y que nadie, en la Iglesia, ha hecho caso, porque los hombres no han aprendido a juzgar con el Espíritu, a discernir la Verdad en el Espíritu. Sólo saben juzgar con sus mentes racionales, con sus pensamientos humanos sobre la Iglesia, con sus ciencias teológicas y filosóficas y, por tanto, son como topos en la Iglesia: no ven ninguna Verdad. Sólo ven sus verdades racionales.

Viene fuego del cielo para todo el mundo. Y viene la persecución de la Iglesia por parte de todo el mundo. Todo el mundo persigue a la verdadera Iglesia fundada por Jesús en Pedro.

Son estos tiempos. No son para dentro de unos meses, unos años, un siglo. Son ahora, desde que Benedicto XVI renunció a ser Papa, estamos en los tiempos que predice la Virgen.

Y sigue habiendo muchos en la Iglesia que dicen que todo va viento en popa, que la fe en la Iglesia está en lo más alto, que vivamos tranquilos porque todo marcha como los hombres lo han pensado en sus grandiosas cabezas humanas.

Inútil pensamiento el del hombre. El hombre que piensa es un necio. El hombre que ama es un sabio.

Se ama siguiendo al Espíritu. Se es sabio siguiendo al Espíritu. Se es un necio siguiendo la mente de los hombres.

Y en la Iglesia tenemos cada idiota en la Jerarquía Eclesiástica porque viven para sus pensamientos humanos, no viven para el Espíritu. Y así le va a la Iglesia: se alimenta diariamente de la mentira que sale por la boca de muchos sacerdotes y Obispos, que se creen todopoderosos en la Iglesia con sus discursitos de necios hombres.

Son los Tiempos de la Virgen. No son los Tiempos de nadie en la Iglesia. No es el tiempo ni de Francisco ni del Anticristo. Es el tiempo de Dios, porque la Iglesia es guiada sólo por Dios, no por los hombres.

La Virgen quiere algo en este Tiempo del Castigo: “Decid a todos que entren en el Arca de Mi Corazón Inmaculado, para ser protegidos y salvados por Mí” (P. Gobbi – Mis tiempos han llegado – 13 de octubre de 1994).

¿Cómo vivir este tiempo de castigo en el mundo y de persecución en la Iglesia? Hay que refugiarse en el Corazón de la Virgen, como Noé se refugió en el Arca cuando el castigo del diluvio.

Y no hay otra manera de salvarse en este castigo doble: al mundo y a la Iglesia.

La Virgen es la que reúne a Sus Hijos en la Iglesia. Es la que protege la Iglesia. Es la que salva a la Iglesia.

La Virgen está en el desierto esperando a sus hijos que salgan de una iglesia que ya no es la Iglesia. Que se metan en el Arca de Su Corazón para ser preservados de todo lo que viene ahora a la Iglesia.

No hay que estar mirando a nadie de la Iglesia en este tiempo. Nadie. No interesa ningún Papa, ningún sacerdote, ningún Obispo, ningún fiel. Sólo interesa la Virgen, que se corra hacia la Virgen, que se huya de Roma para esconderse en el Corazón de la Virgen.
Y eso significa seguir el Espíritu de la Madre. Pero si las almas no saben seguir el Espíritu, entonces ¿cómo van a entrar en el Refugio de ese Corazón Inmaculado? No pueden, porque viven pensando cómo ser Iglesia y cómo hacer la Iglesia.

Es que ya no son estos tiempos para eso. Son tiempos para refugiarse en la Corazón de la Madre. Y Ella dirá quién va al martirio y quién se queda aguardado al Señor que viene en Gloria.

Ella es la que manda ahora en la Iglesia. Y, por eso, su obra en la Iglesia desde siempre. Ha sido la Virgen la que siempre se ha aparecido en la historia de la Iglesia, desde el principio, desde antes de morir. Y se sigue apareciendo ahora, en esto tiempos en que nadie cree en nada, en ninguna verdad, sino que todos creen en sus mentiras.

El mundo se ha vuelto pagano: no cree en nada. ¡Y Francisco predicando que hay que ir al mundo para aprender del mundo! ¿Dónde vas necio? ¿Qué enseñas en tu estúpida cabeza humana en la Iglesia? ¿Quién te crees que eres en tu imbecilidad de vida?

El mundo da culto al demonio. No puede adorar a Dios ni en Espíritu ni en Verdad. No sabe lo que es eso. Sólo sabe comer, dormir, divertirse y ganar dinero.

Y la Iglesia vive el desconcierto más absoluto: hay una lucha por el poder. Todos quieren mandar. Luego, nadie manda. Todos imponen sus pensamientos y nadie hace nada por la Verdad. Y, por tanto, la Iglesia se cae a pedazos por los hombres, porque los hombres se la pasan viendo a ver quién les da dinero y poder en la Iglesia. Pero nadie se ocupa de alimentar a las almas con la Palabra del Espíritu.

Hay que irse de Roma para esconderse literalmente de todo el mundo, de toda la nueva iglesia que ya se está levantando en Roma. Esconderse, porque esa basura no sirve para el alma, para salvar las almas, sino para condenarlas.

Han llegado los Tiempos en que nadie hace caso al Espíritu, porque todos viven muy ocupados dando gloria a su humanidad. Ocupadísimos. ¡Cuántos ciegos, guías de ciegos, hay en la Iglesia!

Son los Tiempos en que los hombres lo deciden todo, incluso lo que hay en cada conciencia. Hasta ahí llega la soberbia humana. Porque una vez que el hombre acoge el pecado en su vida, su conciencia desaparece y se vuelve un juguete de los hombres. Eso es el trabajo de los anticristos que están ya en la Iglesia: abrir las conciencias al máximo para que entre todo tipo de herejías en el alma y las viva como se bebe un vaso de agua. Eso ya lo hace Francisco en su propia vida. Por eso, está maldito por su propia conciencia. Su conciencia le dice que va mal, pero él sigue haciendo el mal. Ya no sabe lo que es el bien y el mal, porque él se lo inventa con su cabeza. Y quien llega a eso es señal de que perdió su conciencia, de que se traga las mentiras como si fueran verdades claras y absolutas que hay que seguir sin remedio, sin hacer caso a las voces discrepantes que surgen a su alrededor.

Son los Tiempos de la Gran Maldad, de la Gran Mentira, del Gran Odio contra Cristo y contra Su Iglesia. Todos se vuelven contra la Verdad. Todos se oponen a la Verdad. Todos ocultan la Verdad. Y quien hace eso es para acoger la Mentira, y la Mentira más Mentira de todas: la que da el demonio sentado en la Silla de Pedro. El demonio enseña a todo el mundo la mentira sin que nadie se oponga: eso es la Mentira más Mentira de todas. La Mentira Mayor, la Cumbre de la Mentira.

Y todos obedeciendo al demonio. Eso es Francisco: una falsa cabeza a la que todos dan obediencia. Se someten al demonio en sus vidas. Dan culto al demonio en sus vidas. Siguen al demonio en sus vidas.

¡Disciernan los Tiempos! ¡Disciernan los espíritus para ponerse en la Verdad! La Verdad es una obra que toda alma tiene que conquistar en su vida. Y aquel que no trabaje por la Verdad, se queda siempre en su gran mentira de la vida.

La Verdad no es un don de Dios al alma. La Fe es un don de Dios. Y quien vive de Fe busca la Verdad. Y quien no vive de Fe no busca la Verdad.
Y siempre el que busca encuentra. Y el que no busca nunca encuentra.

Y hoy las almas han dejado de perseguir la Verdad porque ya no creen en la Palabra de la Verdad. No tienen fe.

Por eso, son Tiempos gravísimos, en donde ya no hay retorno. O estás con Cristo o está con el Anticristo. Que cada uno elija dónde quiere estar.

Juan Pablo II: el Papa de la Gran Tribulación

“Este Papa es el Don más grande, que Mi Corazón Inmaculado os ha dado, para el tiempo de la Purificación y de la Gran Tribulación” (La Virgen al P. Gobbi – 13 de mayo 1995).

JuanPabloII

Juan Pablo II es el Papa de la Virgen. En él está la Luz del Corazón Inmaculado. Quien no siga el magisterio de Juan Pablo II se pone como enemigo de la Virgen y de la Iglesia.

Muchos han dividido la Iglesia con las críticas y los juicios condenatorios a Juan Pablo II. Son ellos como Francisco: enemigos de la Iglesia.

Francisco destruye la Iglesia porque es un anticristo. Pero los que juzgan a Juan Pablo II destruyen también la Iglesia porque no se someten al Magisterio de la Iglesia en Juan Pablo II. No se someten a la Voz de Cristo en Juan Pablo II.

Nadie tiene excusa cuando juzga a un Papa puesto por Dios. Nadie. Porque no se puede juzgar a un Papa. No se puede criticar a un Papa. No se puede hablar mal de un Papa.

El juicio sobre el Papa sólo le corresponde a Dios. Y a nadie más. Y, por eso, para hablar de un Papa hay que pedir primero la luz del Espíritu Santo y, después, pisotear nuestra mente humana, nuestro orgullo humano, y no hacer caso de lo que los hombre dicen del Papa. Despreciar todo lo que los demás opinan sobre el Papa. Porque en la Iglesia no hay opiniones, diálogos con nadie. En la Iglesia sólo hay fe en la Palabra de Dios. Lo demás, es el cuento de los hombres para no tener fe.

Si no se hace eso, entonces el que habla de un Papa sin discernimiento espiritual, con el solo discernimiento humano o racional, se hace enemigo de Cristo y de Su Iglesia.

Y muchos desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI se han dedicado a criticar a los Papas y, por tanto, a dividir la Iglesia con sus mentiras, que sacan de sus necios pensamientos.

Quien esté en la Iglesia criticando a un Papa es mejor que salga de la Iglesia para no caer en el fariseismo, que es el pecado de muchos.

Muchos fariseos están en la Iglesia adorando sus pensamientos humanos sobre lo que debe ser un Papa en la Iglesia. Muchos son los soberbios que ensalzan su soberbia en la Iglesia como luz en la Iglesia.

Muchos no ponen su cabeza en el suelo y no desprecian sus estúpidos razonamientos porque se creen con poder para juzgarlo todo.

Aquel que juzga a un Papa es un demonio en la Iglesia.

Aquel que quiera destruir al Papa con sus críticas y habladurías es sólo un enviado de Satanás a la Iglesia para acabar con Ella.

Nadie ha comprendido los sufrimientos de los Papas durante 50 años. Nadie. Todo el mundo ha echado mano de sus soberbios pensamientos para ir en contra del Papa por todo lo que han visto en esto 50 años. Cosas que no se pueden explicar con el pensamiento estúpido de los hombres, con su sabiduría humana. Y nadie ha captado que lo único que ha sucedido en estos 50 años en la Iglesia es la desobediencia de muchos sacerdotes y de muchos Obispos al Papa.

Y esa desobediencia ha traído al Papa un camino de amargura en su Pontificado que nadie sabe medir, que nadie sabe apreciar, porque es muy fácil criticarlo todo, pero ¡qué difícil es comerse las propios juicios contra el Papa y callar la bocaza ante lo que no es entiende!

Todos los hombres son iguales: les gusta pensar y juzgarlo todo. Y no son capaces de quitar sus juicios porque aman sus soberbios razonamientos humanos, y quieren tener la razón, aunque para ello tengan que destrozar a la Iglesia como lo han hecho.

A quien deberían criticar y tumbar en la Iglesia es a Francisco, que de Papa sólo tiene el nombre, y de sacerdote es sólo una imagen sin vida espiritual. Es un hombre que se viste túnica talar para vivir su pecado en la Iglesia, y con el aplauso de todos.

Es el primer enemigo de la Iglesia al que todos alaban y reverencian sin ningún motivo divino para ello, sin ningún motivo santo para ello, porque todo lo que predica y obra en la Iglesia es su maldito pecado.

Y cuántos le hacen el juego a Francisco ahora. Y tienen miedo de confrontarlo y de desnudarlo en medio de la Iglesia. Y no saben oponerse a aquellos que alaban a Francisco y lo tienen como Papa.

Aquí se está para decirle a Francisco que es un maldito. Y punto. Y a quien no le guste, que siga su camino.

Y aquí se está para defender a todos los Papas de la Iglesia hasta Benedicto XVI.

Y quien no quiera defenderlos, que siga su camino.

Pero aquí no se admite división en el Papado, no se admite crítica a ningún Papa, aunque haya sido un demonio en vida, como algunos lo fueron.

Un Papa puesto por Dios es el que da unidad a toda la Iglesia. Y no importa si el Papa es pecador o demonio. Porque Dios guía al Papa con un carisma especial, sólo para él y para nadie más. Y ese Carisma hace que las obras de un Papa verdadero sean las mismas obras de Cristo en la Iglesia. Y que la voz de un Papa verdadero sea la misma Voz de Cristo en la Iglesia.

Y lo demás hay que dejarlo al juicio de Dios. Nadie tiene que meterse en juzgar cosas que ve y que no entiende en un Papa.

Hay que callar la boca y bajar la cabeza, y punto y final.

Y quien no haga eso, no es Iglesia, no hace Iglesia, sino que produce división en la Iglesia.

Porque para ser Iglesia hay que someterse al Papa, que es el da la unidad. Si se critica al Papa, se rompe la unidad con la mentira y con la crítica, y se crea división en la Iglesia, la opinión en la Iglesia, el diálogo en la Iglesia, la democracia en la Iglesia.

Y eso conlleva la destrucción de toda la Iglesia, que ha sido el esfuerzo del demonio en 50 años.

Ahora tenemos una Iglesia totalmente rota por la desobediencia y por los juicios de muchos contra el Papa.

Ahora todo el mundo quiere arreglar la Iglesia con sus estúpidos razonamientos humanos, con sus críticas humanas, con su necia inteligencia humana.

Nadie quiere ponerse en la Verdad cuando se trata de un Papa. A todos les gusta criticar. Son demonios encarnados que sólo sabe hacer su trabajo: matar la fe en la Iglesia.

Vemos en la Iglesia que cada uno lucha por sus verdades, por sus soberbias, por sus orgullos en la vida. Y nadie lucha por la Verdad.

Es el resultado de 50 años. Y Francisco se ha aprovechado de los desobedientes y de los que han criticado a los Papas para acabar de destruirlo todo en la Iglesia.

Todo el mundo le hace el juego a Francisco cuando se ponen a criticar a los Papas. Todos en el mismo juego del demonio. Todos bailando con el anticristo.

Todos siguen destruyendo la Iglesia de una manera o de otra.

Y nadie quiere construirla. Nadie. A nadie la importa lo que es la Iglesia actualmente. A nadie.

Hay que llorar por la Iglesia, que nadie lo hace, porque todos se creen contentos y felices dentro de la Iglesia.

Y la Iglesia ya no existe.

Ahora sólo hay un conjunto de idiotas en Roma fabricando su iglesia. Y los demás, fuera de Roma criticando la Iglesia de siempre, a los Papas y sus magisterios. ¿Dónde está la Iglesia? En ninguna parte.

Y nadie se pone en la Verdad: enfrentar a Roma, desnudar a Francisco, liquidarlo hasta que muera, hasta que lo echen de Roma.

Todos tiene al enemigo sentado en la Silla de Pedro y todos lo adoran como si fuera un dios.

Todos ven al enemigo de la Iglesia y cada uno sigue viviendo su estúpida vida en la Iglesia.

A nadie le interesa la Iglesia. A todos les interesan sus necios razonamientos humanos sobre la Iglesia y sobre los Papas.

Estamos en el tiempo de la Purificación, y ya entrando en la Gran Apostasía de la Fe.

Y Juan Pablo II es el único que se puede seguir en este tiempo. A los demás, no.

Dios puso a este Papa para ser la luz en las tinieblas que han comenzado ya en la Iglesia. Para ser la luz después de muerto, no antes. Antes, nadie le hizo ni caso.

Ahora, deben tener todas sus encíclicas a mano, todas sus enseñanzas a mano, porque eso es lo único que queda en la Iglesia en este tiempo.

La única luz divina en la Gran Tribulación el Magisterio de Juan Pablo II. Y quien no obedezca a ese Magisterio, se llena de tiniebla y se pierde en esa densa oscuridad.

Y muchos, por sus juicios contra Juan Pablo II, han perdido ya el Espíritu de la Iglesia y no van a saber enfrentarse a lo que viene ahora en la Iglesia. Van a seguir dando coba al gobernante de turno y a seguir criticando a los Papa anteriores.

Quien no obedezca a Juan Pablo II no hace unidad en la Iglesia.

Quien lo siga criticando y siga buscando sus errores no hace unidad en la Iglesia.

Que cada uno haga lo que quiera, pero aquí no se permite nada en contra de Juan Pablo II. Es mejor que callen lo que quieran decir, porque no se les va a hacer ni caso.

Aquí se ama a Juan Pablo II y se odia a Francisco. Y es un amor a muerte y es un odio a muerte.

Porque la salvación de la Iglesia está pendida de esto: o se sigue el Magisterio Auténtico que Juan Pablo II legó a la Iglesia o se siguen todos los cambios que un impostor, como Francisco, ha empezado a introducir en el Magisterio Auténtico de la Iglesia que dio Juan Pablo II.

Francisco está en contra de Juan Pablo II. Es el primero que se enfrentó al Papa en su Pontificado. Y Francisco hace el juego que le gusta a muchos bobos en la Iglesia: ¿queréis que lo proclame santo? Pues eso haré para ganarme el aplauso de esos bobos.

Pero Dios no va a permitir que ese hereje proclame santo a nadie, porque ese hereje tiene los días contados en Roma.

Inicia el tiempo de la maldición en la Iglesia

“En el período de tiempo que falta hasta entonces cambiarán dos Papas” (umbe – 23 de mayo de 1971).

umbe

Dos Papas antes del castigo, decía la Virgen en Umbe. Sólo faltaban dos Papas: Juan Pablo I y Juan Pablo II.

Pedro es Cabeza de la Iglesia por Voluntad de Dios. Y sin esa Voluntad Divina, Pedro es nada en la Iglesia.

No se es Papa por una ley eclesiástica y no se deja de ser Papa por una ley eclesiástica, porque la Iglesia se fundamenta sólo en la Ley Divina.

Las leyes de los hombres, las leyes de la Iglesia, siempre están por debajo de la Ley Divina y no deciden nada en la Iglesia.

Toda la ley eclesiástica que no se somete a la Ley Divina no hay que obedecerla en la Iglesia, porque Dios no guía su Iglesia a través de leyes humanas ni eclesiásticas. Dios guía a Su Iglesia con Su Espíritu, con la Ley de Su Espíritu, que nadie puede medir ni limitar.

Por eso, en la Iglesia se ha hecho tanto mal por querer imponer leyes eclesiásticas que estaban por encima de Dios.

A los hombres les encanta escribir libros enteros de leyes, pero, después, no saben obrar la ley divina en sus corazones.

A los hombres les gusta guiar a las almas a través de sus leyes, pero no saben guiar a las almas a través de la Ley del Espíritu.

Y muchos, ahora en esta situación de la Iglesia, se aferran sólo a la ley eclesiástica que permite renunciar a un Papa. Y no tienen ojos para más.

Y nadie deja de ser Papa porque lo diga una ley en la Iglesia. Nadie.

Y nadie elige otro Papa porque lo diga una ley en la Iglesia.

Y nadie tiene una vocación divina porque lo diga una ley en la Iglesia.

Los hombres son testarudos en su mentes humanas y si no tienen a mano una ley que les diga que eso se puede hacer o no se puede hacer, se quedan en su estúpida soberbia humana.

Nadie vive el Espíritu en la Iglesia. Nadie. Todos hacen la Iglesia según sus libros de leyes. Y no hay forma de sacarlos de ese gran error.

Y, por eso, muchos confunden la Fe en la Palabra con la fe en sus leyes humanas. Se cree antes en el pensamiento del hombre que en el Pensamiento Divino.

Esta es la soberbia que se vive en la Iglesia actualmente.

La gente cree si hay una razón, una ley que lo diga, que lo apruebe, que lo testifique.

Y así no se puede hacer Iglesia y no se es Iglesia en ningún sentido.

Es triste ver una Jerarquía repleta de leyes y que obra el pecado sin que nadie le diga nada.

Eso es lo que están haciendo Francisco y los suyos.

Y todos aplaudiendo el pecado de esos imbéciles, porque no saben discernir la Verdad en la Iglesia.

No se elige un Papa porque los Cardenales se reúnan en un Cónclave. Ni se es Papa porque los Cardenales han elegido a un hombre.

Se es Papa porque, antes, murió el Papa que reinaba. Esa es la ley divina en la Iglesia.

Si no se sigue esa ley divina, entonces el engaño en todo.

La ley divina establece a Pedro hasta la muerte. Es una vocación que termina en la muerte. Y no hay condiciones humanas a esta ley divina. No hay limitaciones humanas a esta ley divina. No hay imposiciones de los hombres a esta ley divina.

O se sigue esta ley divina o nos inventamos cada uno el Papado, que es lo que han hecho los Cardenales y Francisco: se han inventado un Papa. Y no tiene otro nombre eso que han hecho.

Ante la renuncia de Benedicto XVI no se da la Sede Vacante porque el Papa no ha muerto. Sigue sentado en la Silla de Pedro. La Sede Vacante se da cuando muere el Papa. Esta es la ley divina en la Iglesia. Seguir otra cosa es inventarse la Sede Vacante.

Dios no quiere a Francisco como Papa. Pero esto no se lo traga ni Francisco ni la Jerarquía que ha elegido a Francisco.

Esto no les entra en sus cabezas soberbias.

Esto nunca lo van a aceptar, porque han actuado según su pecado. Y a ese pecado lo han bautizado como Voluntad de Dios en la Iglesia.

El orgullo es el que guía a la Iglesia actualmente. Un hombre orgulloso que se disfraza de humildad y de caridad simplona con la gente.

Y todos felices siguiendo al mayor hereje de toda la historia de la Iglesia.

Un hombre que no cree en la Santísima Trinidad. Y con eso se dice todo.

Un hombre para el cual Dios Padre sólo es el Creador. Y, por tanto, ha creado a las almas y les ha dado el poder de ser hijos de Dios. Y todas las almas tienen el derecho natural y divino de salvarse y de irse al Cielo sólo porque el Padre las ha creado. No existe la gracia para salvarse ni el mérito para ganar el Cielo, porque no existe el pecado. Sólo existe la creación de Dios.

Esta es su herejía que constantemente predica en cada homilía: los hombres tienen derecho por creación de ir al Cielo. Todos somos buenos.

Francisco destruye el pecado y la Redención de los hombres.

En el pensamiento de Francisco no puede darse esto, porque al crear Dios el Universo todo lo hace bien. Es imposible el mal. Y hay que interpretar el mal de otra manera. Y, por eso, hay que hacer el bien y no más en la vida. Y todos los hombres hacen el bien. Luego, todos al cielo.

Y, para explicar el mal, Francisco tiene que negar el Espíritu.

Si niega esto, entonces ya no existen los ángeles ni los demonios. Ya no existe Jesús como el Verbo que se Encarna para redimir al hombre. Ya no existe el Espíritu Santo, que santifica a las almas.

Tiene que explicar a Jesús como un hombre que enseña cómo encarnar a Dios en uno mismo, cómo hacer el bien desde uno mismo, cómo ser bueno en el interior de cada uno.

Y tiene que explicar que el Espíritu es sólo una fuerza divina, una emanación divina, deificadora, iluminadora, pero no Dios. Que da fuerza al hombre para llegar a ser dios en sí mismo.

Y entonces no puede darse la Obra de la Redención, no puede darse la Obra de la Santificación y no puede darse la Iglesia. Porque el pecado es algo que se da en todos los hombres al no poseer la total perfección. Se gana la perfección en etapas de la vida.

Y, por eso, su predicación favorita es: todo el mundo dentro de la Iglesia, porque la Iglesia es para todos y hay que abrirse al mundo para que todos seamos uno, porque todos somos buenos.

Francisco lo niega todo y nadie se ha apercibido de eso. Nadie. Todos embobados con las payasadas de ese idiota en la Iglesia. Todos. No hay ni uno que desprecie a Francisco. Todos esperan algo de ese payaso.

Y así está la Iglesia. Una Iglesia embobada, aburrida de Dios, planificando cómo bailar con el mundo y con los herejes para así ser feliz en la vida.

¡Da asco cómo está toda la Iglesia!

Juan Pablo II fue el último Papa íntegro, verdadero, que luchó por dar la Verdad a la Iglesia. Y, después de él, Benedicto XVI que renunció a ser Papa. Luego, no cuenta, no sirve, no vale para nada en la Iglesia. No aporta nada a la Iglesia. Sólo la destruye con su pecado.

El Papado se acabó con Juan Pablo II, no con Benedicto XVI. Si este Papa hubiera seguido hasta el final, entonces contaría como Papa, valdría su Papado, la Iglesia sería de otra manera.

Pero este Papa hizo lo que nunca debía hacer: ir en contra de su vocación divina en la Iglesia, que es ser Papa hasta la muerte.

Y eso ha producido la destrucción de toda la Iglesia, porque la Iglesia se funda en Pedro. Si Pedro renuncia, la Iglesia desparece.

Esta verdad nadie la ha meditado, porque es muy fácil acogerse a una ley eclesiástica para decir que como el Papa ha renunciado, la Silla está vacante y entonces a elegir otro Papa.

Los hombres si no se aferran a una ley eclesiásitica se ahogan en un vaso de agua. No saben ser Iglesia y no saben hacer Iglesia.

Esta es la estupidez que la Iglesia ha hecho. Gran estupidez, que sólo sale de la soberbia de los hombres. Los hombres son unos estúpidos por ser soberbios, por regirse por sus leyes y pensamientos humanos en la Iglesia.

Pero los hombres no persiguen la Verdad porque ya se han hecho malos. Ya no quieren la Verdad en la Iglesia.

Y ahora sólo quieren que todos sigan la mentira, que es lo que ha pasado desde la renuncia de Benedicto XVI en que nadie levantó la voz para decir que ese Papa no puede renunciar y que los Cardenales no pueden elegir a otro Papa. Nadie hizo eso en la Iglesia, porque nadie quiso enfrentarse a los herejes Cardenales que eligieron otro Papa.

En la Iglesia o se tiene miedo a la Jerarquía y se calla o se desprecia a la Jerarquía y se la juzga a rabiar. Pero nadie de los que callan y juzgan se ponen en la Verdad de la Iglesia. Nadie. Y ahora a todos esos que ven que Francisco es un hereje, lo siguen dando publicidad porque siguen esperando algo de la Iglesia.

Si ya la Iglesia es un cadáver sin alma, sin vida espiritual, sin norte en el camino. Es una Iglesia que se ha cerrado a la Verdad y que fornica con la mentira de los hombres y del mundo. ¿Qué camino ofrece el mundo a la Iglesia? ¿Qué verdad tiene el mundo que falta en la Iglesia?

Es una Iglesia que sólo se compone de hijos del demonio en su interior porque no quieren quitar sus malditos pecados, y llaman a sus malditos pecados como una bendición de Dios.

Todo se acaba ya en la Iglesia. Todo. Comienza el tiempo en que la Jerarquía Eclesiástica se va a quitar sus caretas y van a presentarse como lo que son: demonios encarnados en la Iglesia.

Y muchos los seguirán, porque son como ellos: demonios encarnados.

Francisco desprecia a la Virgen María

“Pero yo conozco a un vidente, a una vidente, que recibe cartas de la Virgen, mensajes de la Virgen. Pero, mire, ¡la Virgen es Madre! Y nos ama a todos nosotros. Pero no es un jefe de la oficina de Correos, para enviar mensajes todos los días. Estas novedades alejan del Evangelio, alejan del Espíritu Santo, alejan de la paz y de la sabiduría, de la gloria de Dios, de la belleza de Dios”. (14 de noviembre)

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La gravedad de estas palabras son claras a las almas llenas de fe en la Virgen María, pero para el que no ama a la Virgen, estas palabras son ciertas.

Son las palabras de aquel que es un insulto a la Iglesia, de aquel que ha hecho de la Iglesia el culto al demonio, de aquel que se sienta en la Silla de Pedro para que le aplaudan los hombres en la Iglesia y reciba un dinero en su cuenta de ahorros por su obra de teatro en la Iglesia.

Francisco es el que empuja a un lado la Palabra de Dios, el que echa tierra sobre la Palabra de Dios, el que proclama que sus palabras son más importantes que lo que Dios y la Virgen María tienen que decir a la Iglesia.

A Francisco no le gusta que los Profetas estén diciendo por ahí que él es un falso Papa. Ni a él ni a los teólogos romanos ni a nadie de la Jerarquía Eclesiástica. Eso les resulta intolerable porque él es el Papa, él se ha puesto como Papa, él se ha elegido a sí mismo Papa. Y quiere que todos le aplaudan y le sigan en la Iglesia como Papa.

Y es la Virgen María la que guía a la Iglesia hacia la Verdad en estos momentos en que un anticristo, llamado Francisco, rompe a la Iglesia con su mentira disfrazada.

No es Francisco el que guía a la Iglesia. Francisco gobierna su invento, el invento de su orgullo, de su sentimiento humano en la Iglesia, que es su nueva iglesia. Y a Francisco sólo le siguen los que reciben un sueldo en la Iglesia por su trabajo de destrucción de la Iglesia, como lo recibe él.

Los que creen en la Palabra de Dios desprecian estas palabras de Francisco, porque Francisco se ha hecho enemigo de la Iglesia, enemigo de Cristo y enemigo de la Virgen María.

¿Por qué Francisco habla así? Es muy sencillo. Porque para él, como para toda la Jerarquía de la Iglesia, para todos los teólogos modernos en Roma, Dios habla sólo a través del sacerdote y del Obispo. Pero Dios no habla a través de los profetas.

Así se piensa en la Iglesia de los profetas. Esto siempre ha existido en la Iglesia, por la soberbia del hombre que se cree dios en su pensamiento humano y, por tanto, no puede aceptar que Dios se dirija a las almas, porque son a ellos, los grandes en la Iglesia, los estudiosos en la Iglesia, los jefes en la Iglesia, a los que Dios sólo habla.

Este pensamiento anula la Revelación Divina: Dios ya no habla. Dios habló en su momento, pero ahora Dios habla de otra manera. Y se dice esto sólo para imponer en la Iglesia la mente del hombre, como si la mente humana tuviera la solución a todos los problemas de los hombres y de la Iglesia y pudiera poner un camino divino para ir al Cielo.

En esta herejía están muchos sacerdotes y Obispos. Muchísimos. Y, por eso, aplauden al necio de Francisco, porque así piensan ellos también, pero no lo dicen tan claro como Francisco. Ellos lo dicen en su lenguaje teológico y nadie se entera, porque los fieles no saben de teologías, de los cifrados pensamientos del hombre.

Francisco dice aquí que él conoce el pensamiento de la Virgen y, por tanto, la Virgen no habla a nadie en la Iglesia.

Él que conoce lo que piensa un homosexual para acostarse con él, también conoce lo que piensa la Virgen para prostituirse con Ella.

Porque Francisco no cree en la Virgen. Para él la Virgen es una cualquiera que se prostituyó y quedó embarazada de alguien y tuvo que recurrir a un hombre para que no la lapidaran.

Así piensa Francisco porque para él no existe el Espíritu.

Y si no existe, lo que engendra la Virgen María no es del Espíritu, sino de un hombre. El Espíritu que viene a la Virgen es una energía en un hombre, en el encuentro con un hombre en la cama, y de ahí nace ese Jesús que es el maestro que encarna a Dios.

Este es el pensamiento de Francisco que él ha dicho en sus declaraciones cuando habla de lo que es Dios, de los que es Jesús y de lo que es el Espíritu. Léanlo y verán la herejía de este hombre.

Por tanto, ¿qué se puede esperar de Francisco con la Virgen?

Nada. Francisco no ama a la Virgen. Francisco odia a la Virgen. Francisco se ríe de la Virgen. Francisco se mofa de los profetas de la Virgen.

Francisco está en la Iglesia para llamar la atención sobre su vida humana. Todos tienen que tomar nota de cómo vive ese necio en la Iglesia para imitarlo a él.

Todos tienen que mirar a Francisco como el que lo sabe todo, el que sabe interpretar la Sagrada Escritura con su solo pensamiento humano.

Un pensamiento humano que, nada más leerlo, dan ganas de vomitar, porque sólo da nauseas lo que dice y lo que escribe.

Y Francisco cree que muchos le siguen por lo que dice. No, muchos le siguen por la novedad de las cosas que hace en la Iglesia. Sólo por eso. Porque ven un cambio en lo de siempre. Pero no le siguen por el pensamiento. Es que no hay quien se trague su pensamiento. No hay quien pueda establecer una teología con su pensamiento. No hay quien haga una filosofía con ese pensamiento.

El intelectual aborrece a Francisco. El intelectual prefiere los escritos de Benedicto XVI y quema los escritos de Francisco porque no valen para nada.

Por eso, Francisco sólo sirve para divertir a la gente en la Iglesia. Es el bufón. El orgulloso payaso que cobra por hacer sus payasadas en la Iglesia. Porque nadie se sienta en esa Silla para decir herejías gratis. Nadie.

Él las dice porque está obligado a decirlas. Sólo por eso. Y le pagan por eso. Porque así funciona la Iglesia ahora: te doy dinero si das la mentira en la Iglesia, si predicas la mentira en la Iglesia. Así funciona. Y quien no quiera esto, lo echan de la Iglesia.

Francisco no está haciendo ese papel por amor al sacerdocio, por amor a la Iglesia. Quien tiene amor da la verdad en el sacerdocio y en la Iglesia. Y se deja de adular a los hombres y de buscar el aplauso de los hombres.

Pero quien no ama a la Iglesia, entonces busca en ella su negocio particular. Y hace de la Iglesia el culto a su pensamiento humano.

Francisco se va de la Iglesia con un camino hecho: ha destrozado el Papado. Esa es su obra en la Iglesia. Lo demás: su bufonería, y nada más. Lo demás, puro entretenimiento. Hay que entretener a las masas mientras se ve la forma de romper con la fe católica en todo.

Esa forma ya ha sido planificada y se va a presentar muy pronto en la Iglesia.

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