Lumen Mariae

Inicio » utopia

Archivo de la categoría: utopia

Bergoglio: un hombre que vive de utopías

xfrancisanatemaxx

«Mi Iglesia será reducida tan rápidamente como la noche se convierte en día, y aquellos en su interior no entenderán lo que les ha sucedido. Hay quienes dentro de Mi Iglesia, se colocan a sí mismos en tal posición como si fueran Yo mismo. Hacen juicios y utilizan su autoridad para provocar lo que no viene de Mí. Yo digo: ay, de tal persona, pues Yo la derribaré. Tendrá mucho que padecer bajo Mi Justicia por las mentiras y engaños que han sido propagados en contra de la Verdad y en contra de Mi Obra. Sólo cuando sea traído de rodillas él reconocerá que no soy Yo, sino Mi siervo, y tan solo un pobre siervo. Tales como ellos no traen almas a Mí: ellos Me traen nada más que vergüenza. Su fe no existe. Es como si sirvieran a otro dios, y no a Mí». (Christina Gallagher – Septiembre de 2012).

Tiempo de Justicia es el que se ha iniciado ya dentro de la Iglesia.

En este tiempo, no hay Misericordia. Es decir, no es tiempo para convertir, sino para condenar. Se convierten los que tienen que convertirse, pero es el tiempo para llevar a la condenación, porque el Anticristo ya está dentro de la Iglesia.

La primera en sufrir la Justicia es la misma Jerarquía de la Iglesia, que viven con un sentimiento de seguridad terrenal, pero que carecen de la visión sobrenatural para poder comprender que el piso que pisan es falso, que la cabeza a la cual siguen es la puerta para el alejamiento de toda verdad. Cabeza de Apostasía.

Una cabeza que dice: «Ya el libro del Génesis, al presentarnos de un modo poético las primeras pinceladas de este inmenso cuadro…» (Bergoglio – «Educar, un compromiso compartido» – Mensaje a las Comunidades Educativas, 2007). Bergolgio es una cabeza que arrastra a toda la Iglesia hacia la apostasía de la fe.

Para Bergoglio, la creación de Dios y el pecado de Adán y Eva fueron poesía; luego, todo lo demás es una fábula que hay que contar, de muchas maneras, para tener a la gente contenta.

Un hombre que vive de sueños, no de la Verdad: «Un escritor latinoamericano decía que tenemos dos ojos: uno de carne y otro de vidrio. Con el de carne miramos lo que vemos, con el de vidrio miramos lo que soñamos. Pobre una mujer o un hombre, pobre un pueblo, que clausura la posibilidad de soñar, que se cierra a las utopías. Por ello, es parte de la dignidad trascendente del hombre su apertura a la esperanza» (Ibid.).

Usted, como católico, ¿puede obedecer a un hombre que persigue utopías en su vida, que persigue vientos de doctrinas, fábulas?

La vida es una utopía: es el pensamiento de Bergoglio: «…pobre un pueblo… que se cierra a las utopías». La Iglesia, ¿es una Iglesia de utopías? ¿Persigue utopías? Muchos católicos dirán que sí, como Bergoglio.

Usted, como Jerarquía de la Iglesia, ¿puede dar su obediencia a un hombre abierto al engaño, a la ilusión, a la duda, a la falsedad…? Todo es un sueño, una utopía… nada es estable… Vive tu sueño, vive para agarrar una ilusión, un viento que viene y se va….. Sé una veleta de la vida, pero no permanezcas en algo estable, permanente, inmutable, porque no existe…. No te cierres a un dogma, sino ábrete a una utopía. ¿Captan el pensamiento de Bergoglio?

No te clausures a las utopías, sino que vive de una ilusión, de un absurdo, de un camino sin esperanza, sin posibilidad de encontrar el sentido a la vida. La esperanza, para este hombre, es la conquista de una utopía. La Iglesia, que vive de unos dogmas, está equivocada, porque se cierra a la utopía, a un mundo idealizado, inventado por cada uno en su mente.

Para Bergoglio, cada uno se inventa el bien y el mal: «Todo ser humano posee su propia visión del bien y del mal. Nuestra tarea reside en incitarlo a seguir el camino que el considere bueno (…) No dudo en repetirlo: cada uno tiene su propia concepción del bien y del mal, y cada uno debe escoger seguir el bien y combatir el mal según su propia idea. Bastaría eso para cambiar el mundo.»

¿Y ustedes pueden obedecer a un hombre abierto a la utopía? Un hombre que mira el mundo como un ideal en su mente, como una perfección que nunca se puede dar en la realidad de la vida. Eso es la utopía. Bergoglio vive en su mente idealizada y persigue un mundo, una iglesia utópica, que sólo existe en su pensamiento. Es el bien que concibe en su mente; es el mal que atrapa su mente. Pero no es la realidad de la vida; no es la verdad que enseñó Cristo sobre el bien y el mal. No es la Iglesia de Cristo.

¿Es Cristo una utopía o la verdad, la única Verdad? Si Cristo es la verdad, ¿por qué continúan mirando a un mentiroso y le siguen en la Iglesia? ¿Por qué hacen caso de lo que un engañabobos está construyendo en la Iglesia?

¿Pueden llamar Papa a uno que caza utopías en la vida, que caza vientos con su cabeza? ¿Lo pueden hacer? Hay muchos que sí lo hacen.

Para este hombre no existe la esperanza cristiana:

«Hace algunos años les decía que la esperanza no es un “consuelo espiritual”, una distracción de las tareas serias que requieren nuestra atención, sino una dinámica que nos hace libres de todo determinismo y de todo obstáculo para construir un mundo de libertad, para liberar a esta historia de las consabidas cadenas de egoísmo, inercia e injusticia en las cuales tiende a caer con tanta facilidad» (Ib).

No hay norma de moralidad, sólo existe la libertad de pensar. Y, con esa libertad, libres de toda ley moral, se construye el mundo que queremos, la iglesia que queremos, el evangelio que más nos gusta. ¡Este es el pensamiento de Bergoglio!

La esperanza cristiana es vivir para conquistar el cielo. Esto, para Bergoglio, es «una distracción de las tareas serias» de la vida. Hay que vivir, según su mente diabólica, para ser independientes en todo: ser libres de todo determinismo = no hay leyes que determinen la vida del hombre, su pensamiento y sus obras; son todas –esas leyes- un obstáculo. Hay que construir un mundo de libertad; hay que liberar al hombre de tantas cadenas que su historia le ha puesto. Bergoglio es el nuevo mesías del hombre histórico: el que salva al hombre de su historia mal contada por su mente.

Esto lo predicaba Bergoglio el día de la Pascua del 2007. Y, después, de siete años, él no ha cambiado de mentalidad. Sigue con lo mismo, dando culto al hombre en su mente, porque vive dentro de su propio pensamiento humano. No vive en Cristo; no posee la mente de Cristo. No es otro Cristo; es un demonio encarnado.

Sacerdotes, Obispos, Cardenales, que han perdido la verdad en sus mentes y se dedican a hacer el juego a este hombre, que sólo habla para conquistar un aplauso del mundo, que hace de sus homilías un juego de la poesía, un lenguaje agradable a todos, la búsqueda de un ideal utópico, pero con una idea maquiavélica en su interior.

Bergoglio está sediento de la gloria del mundo. ¿Todavía no lo han captado? Y arrastra a toda la Jerarquía para que le apoyen en este negocio. Hay que abrirse al mundo, porque este el pensamiento clave en Bergoglio.

Para Bergoglio, la verdad no consiste en abajar la mente a la doctrina de Jesús. No puede ser eso, porque todo es poesía, todo es una utopía, un mundo que hay que construir en la mente, una fábula. No está la verdad en someterse a lo que dice Jesús. La verdad consiste en fabricar una doctrina ideal, utópica, sobre Jesús.

«lo importante de la prédica es el anuncio de Jesucristo, que en teología se llama el kerygma» (El Jesuita – Entrevista al Cardenal Bergoglio – pag 89). Lo importante en la homilía, no es dar la verdad, sino dar una serie de palabras. Esto es la palabra kerygma: proclamar, anunciar, gritar unas palabras, un credo, una publicidad sobre Jesucristo.

La misma Palabra de Dios nos enseña que no hay que anunciar a Jesucristo, sino que hay que predicar el Evangelio:

«Id, pues, enseñad a todas las gentes…, enseñándoles a observar todo cuanto Yo os he mandado» (Mt 28, 19ª.20). Hay que predicar lo que Jesús enseñó a Sus Apóstoles. El Evangelio es una moral y un dogma. Es algo firme, inmutable, permanente, eterno, sin posibilidad de cambio. Es la doctrina que Jesús dió a Sus Apóstoles y que la Iglesia ha enseñado durante 20 siglos. Hay que enseñar esto. Y sólo esto. No hay que predicar a Jesús. Todo el mundo predica sobre su Jesús, sobre la idea que ellos tienen de Jesús; pero nadie predica la misma doctrina de Jesús.

No hay que enseñar que «Jesucristo es Dios, se hizo hombre para salvarnos, vivió en el mundo como cualquiera de nosotros, padeció, murió, fue sepultado. Eso es el kerygma, el anuncio de Cristo, que provoca estupor….Cada uno tiene su manera de llegar a creer. La fe es el encuentro con Jesucristo» (Ib). No hay que recitar el credo, como un papagayo, anunciando una serie de palabras, sin el concepto que les corresponde. No hay que predicar un lenguaje muy sentimental y bonito.

Hay que darle al alma la forma de creer, la manera de llegar a Jesús, de cómo convertirse, cómo el alma encuentra a Jesús. ¿De qué sirve recitar el credo? ¡De nada! Hay que creer en lo que se recita. Hay que hacer vida el credo.

¿De qué sirve predicar que Jesucristo es Dios? ¡De nada! Hay que explicarle a la gente que para llegar a este pensamiento, para creer que Jesús es Dios, tiene el alma que quitar de su pensamiento propio muchos errores, filosofías, conceptos, apegos a la vida, que le impiden creer. Si la gente no sabe lo que significa que Jesús es Dios, si no se sabe la moral y el dogma que este pensamiento trae, ¿cómo va a encontrar a Jesús? ¿cómo se va a convertir del pecado? No puede. La fe no es el encuentro con Jesucristo. Esto es muy bonito, pero un error. La fe es un don de Dios, con el cual el alma obra la Voluntad de Dios en su vida. La fe es una obra divina. No es hacer poesía sobre Jesús.

Si cada uno tiene su manera de llegar a creer, entonces cada uno tiene su punto de partida y hay que sentarse a dialogar sobre la fe de cada uno, para tomar experiencias y así ser más de Jesús:

«Después del encuentro con Jesucristo viene la reflexión, que sería el trabajo de la catequesis. La reflexión sobre Dios, Cristo y la Iglesia, de donde se deducen luego los principios, las conductas morales religiosas, que no están en contradicción con las humanas, sino que le otorgan una mayor plenitud» (Ib).

¿Ven el gran error? Después de contar una fábula sobre Jesús, después de un poco de poesía, de sentimentalismo barato sobre los tesoros de Jesús, viene el ponerse a hablar y sacar conceptos que no contradigan al hombre: «conductas morales religiosas, que no están en contradicción con las humanas». Y es muy importante que no contradigan al hombre, a su pensamiento, a su vida, a sus obras.

Lo moral está por debajo de lo humano. Primero es el hombre, después lo moral. Lo moral es la creación de la mente humana. No es algo impuesto por Dios al hombre. No es una ley divina. No es una doctrina moral y dogmática. Es sólo un concurso de los hombres, un diálogo, un consenso. Así piensa mucha Jerarquía. Así hacen sus apostolados en la Iglesia: primero el hombre, primero dar de comer, después hablamos un poco de poesía sobre Jesús; fabriquemos nuestras fábulas, nuestros mundos utópicos.

«En que no se le presta atención al kerygma y se pasa a la catequesis, preferentemente al área moral. Basta escuchar algunas homilías, que deben ser kerygmáticas con algo de catequesis, pero que terminan siendo morales, a lo sumo catequéticas. Y dentro de la moral —aunque no tanto en las homilías como en otras ocasiones— se prefiere hablar de la moral sexual, de todo lo que tenga algún vínculo con el sexo. Que si esto se puede, que si aquello no se puede. Que si se es culpable, que si no se es culpable. Y entonces, relegamos el tesoro de Jesucristo vivo, el tesoro del Espíritu Santo en nuestros corazones, el tesoro de un proyecto de vida cristiana que tiene muchas otras implicancias más allá de las cuestiones sexuales. Dejamos de lado una catequesis riquísima, con los misterios de la fe, el credo y terminamos centrándonos en si hacemos o no una marcha contra un proyecto de ley que permite el uso del preservativo» (Ib. Pag 90).

¿Entienden ahora aquello de: «No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. (…) Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. Una pastoral misionera no se obsesiona por transmitir de modo desestructurado un conjunto de doctrinas para imponerlas insistentemente» ? ¿Lo han captado? Hay que hacer poesía en las homilías y, después, dejar que la gente viva su vida como quiera. No hay que hacer una marcha contra un proyecto de ley que permita el preservativo, ni organizar una marcha pro-vida, para que anulen las leyes que permiten abortar. No hay que enfrentarse a los homosexuales, sino que hay que casarlos en la Iglesia….

Que cada uno viva su vida como le parezca, porque «No hay que pensar que el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable» (EG, §129). No pienses el dogma, no te apoyes en una verdad que no puede cambiar. Es que eso no existe. No hay nada absoluto: «no hay palabras que expresen un contenido absolutamente invariable». Cristo no es la Verdad, sino una utopía. Hay que ir en busca de esa iglesia ideal, que le gusta a todos los hombres, que pone contentos a todos los hombres. Y, por eso, él predica tan tranquilo: «Si un niño recibe su educación de los católicos, protestantes, ortodoxos o judíos, eso no me interesa. A mí lo que me interesa es que lo eduquen y le quiten el hambre.»

¿Ven lo que es este hombre? La homilías tienen que ser kerygmáticas: tienen que anunciar algo; pero no la doctrina de Jesús. No tienen que ser catequéticas. Tienen que ser sentimentales: pintar un Jesús amable, amoroso, misericordioso, que nos salva a todos, que es muy bueno con todos, que a todos perdona… Pero no hables de moral, de dogma: no toques el infierno, el pecado, el purgatorio, la lujuria… no digan que esto se puede hacer y esto no…. No te metas en eso…. No juzgues a nadie…. «¿quién soy yo para juzgar?»…Si haces eso, entonces relegas el tesoro de Jesús vivo.

¿Ven la falacia del pensamiento de este hombre? ¿Ven la forma de engañar a todos desde hace 18 meses? Todas sus homilías son así, según la estructura que tiene en su mente diabólica. Demos una fábula a la gente, toquemos un tema, pero dando vueltas a todo, sin tocar tierra, sin decir, esto es pecado, esto no se puede hacer, sino que hagamos una predicación, un kerygma para el hombre, para satisfacer las ideas del hombre, para agradar los oídos de los hombres. Porque lo que importa en la vida es dar de comer al hambriento. Lo demás, es la utopía de cada uno en su mente.

Esta es la predicación del 19 de septiembre sobre la resurrección y la última de hoy, 25 de septiembre, sobre la vanidad: un dar vueltas a las cosas, dando un poco de poesía sobre la vanidad, sobre la resurrección, para al final, no decir nada. Al final: dame dinero para mis pobres.

Es el tiempo de la Justicia. Es el tiempo en que toda la Jerarquía será despojada de su autoridad y de la seguridad que ahora tienen. Muchos de ellos se creen dioses y son, como todos, hombres sin inteligencia espiritual, pervertidos en sus juicios, incapaces de luchar por un bien divino, porque han hecho de sus vidas sacerdotales el columpio de lo humano. A pesar de tener tanta teología encima, no saben tener dos dedos de frente cuando hablan; no saben discernir a un hereje. ¿De qué les sirve tanta teología?

La Jerarquía está usando su autoridad para crear confusión en toda la Iglesia. Enseñan fábulas a la gente y, después, piden obediencia a esas fábulas.

La Jerarquía tenía que poner en guardia a toda la Iglesia sobre la falsedad de Bergoglio. Ellos tienen el poder de hacer eso. ¿Y qué han hecho con ese poder? ¿A qué se dedican en la Iglesia? A callar y a torear a Bergoglio.

A mostrar la mierda pinchada en un palo, que es la doctrina de Bergoglio, como un alimento precioso para todos. ¡A esto se dedica toda la Jerarquía! A llamar doctrina católica a una doctrina claramente herética y del demonio, que lleva necesariamente a la apostasía de la fe a toda la Iglesia.

Se dedican a cumplir las formalidades externas con un viejo verde, que acaba de ser proclamado por la televisión holandesa OUTtv la superestrella mediática del año. ¡Un maricón de mierda es Bergoglio! Esto no se atreven a decirlo la Jerarquía. Y es lo que piensan muchos.

Los cristianos que están en el mundo ven a Bergoglio como lo que es: un falso poeta. Y todavía los católicos no han despertado del sueño en que viven, de la utopía que muchos se han inventado en sus cabezas. Y lo siguen llamando Papa. Y esto es señal de la gran corrupción espiritual que se vive dentro de la Iglesia Católica. Ya nadie conoce la fe católica, la doctrina que Jesús enseñó desde el principio y que nunca ha cambiado. Porque la Verdad no admite cambios, desarrollos, invenciones nuevas. La verdad es como es, guste o no guste. Y esto es lo que muchos católicos, con sus teologías ambiguas, ya no encuentran: la verdad. Ya viven en la utopía y no saben llamar a Bergoglio como lo que es: un hereje. No lo pueden hacer. Y nunca lo harán, porque son malos como Bergoglio: viven en su maldad. Viven para romper la Verdad, a base de su inteligencia humana pervertida.

Pero, ¿qué creen que vienen ahora? Una panda de falsos profetas, de falsos pastores, que apoyan la doctrina de Bergoglio.

La Jerarquía de la Iglesia se sabe toda la filosofía y toda la teología. Sabe la Verdad y sabe dónde está esa Verdad. Pero están pervertidos en sus inteligencias: ven la verdad y dicen, prefiero mi verdad, mi interpretación, mi estilo de vida. Y son maestros en liar a las almas, que no conocen el lenguaje teológico, para presentar una mentira, una mierda pinchada en un palo, como alimento exquisito, como verdad, como dogma a seguir.

Este es el tiempo de los que «vocean pomposidades vacías… prometiéndoles libertad, cuando ellos son esclavos de la corrupción» (2 Pe 2, 18.19). Esto es Bergoglio y todo su clan abominable. Pero, en la Iglesia, hay que tener la valentía de llamar a cada uno por su nombre para ser de Cristo. Y esto es lo que muchos ya no saben hacer. Tienen respeto humano. Quieren quedar bien con todo el mundo. Quieren ser los que construyen la unidad apoyándose en la mentira, en la boca de un mentiroso.

El mensaje herético de Francisco a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

cmcscreen

“Dialogar no significa renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas” (Francisco, Comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro)

Así habla un hereje que no ha encontrado la Verdad absoluta y única en su sacerdocio y que quiere buscarla en el hablar con los hombres, en los medios de comunicación, que todos saben que son mentirosos por naturaleza, que esconden las verdades para dar a conocer lo que les interesa.

Ésta es la principal herejía de este documento totalmente contrario a la esencia del Evangelio.

En la Iglesia estamos convencidos de que nuestros dogmas son únicos y absolutos. Y, por tanto, quien quiera hablar con nosotros, no podemos rebajar nuestras verdades, nuestros dogmas. No podemos vender la Iglesia por un puñado de dinero, ni para agradar a los hombres, ni para tener a los hombres con la ilusión de que Dios los ama, ni para dar a los hombres lo que ellos quieren escuchar.

Quien quiera dialogar con los demás rebajando la doctrina de Cristo, la fe de la Iglesia, la Tradición de todos los Santos, entonces se va al infierno con sus maravillosos diálogos entre los hombres.

Muchos medios de comunicación son la antesala del infierno. Se entra en ellos para quedar atrapados de sus mentiras y de sus engaños. Y, hoy día, los medios de comunicación de la Iglesia Católica son del demonio. Y, por tanto, no hay que confiar en ninguno de ellos, porque no dan la Verdad, sino que son como muchos en el mundo: dan lo que les interesa para hacer publicidad al hereje Francisco.

Este mensaje que da este Papa negro, cuyo único objetivo en la Iglesia es demoler la Verdad, es totalmente inaceptable para la Iglesia, porque ese hereje se mueve en lo de siempre: lo más importante para él los derechos humanos: “A nivel global vemos la escandalosa distancia entre el lujo de los más ricos y la miseria de los más pobres (…)El mundo sufre numerosas formas de exclusión, marginación y pobreza; así como de conflictos en los que se mezclan causas económicas, políticas, ideológicas y también, desgraciadamente, religiosas.”

Esto es lo único que le interesa resaltar:

1. lucha de clases: ricos y pobres;

2. y multitud de problemas entre los hombres;

De la vida espiritual: cero; de la vida de la Iglesia: cero; de la vida de los Sacramentos: cero. De la doctrina de Cristo: cero.

La humanidad está dividida porque hay estas dos cosas. Para Francisco, la humanidad no está dividida por el pecado de avaricia, sino por la lucha de clases: la escandalosa distancia entre el lujo y la miseria. Así habla un político, un comunista, un marxista, un judas en la Iglesia. Siempre lo mismo con Francisco: el maldito dinero. Y de ahí no sale; de su obsesión, no sale. Y es lo que transmite en cada mensaje, en cada homilía, en cada palabra que dice: su negocio en la Iglesia: ¡cómo conseguir dinero para dar de comer a todo el mundo! Ésta es la necedad del que se sienta en la Silla de Pedro. Este es el absurdo de su programa político en la Iglesia. Su gobierno en la Iglesia es política, política y política.

Francisco es incapaz de predicar que para acabar con la lucha de clases, una sola cosa: ¡Penitencia!, ¡Penitencia! y ¡Penitencia!

San Francisco de Asís se fue al monte desnudo para hacer penitencia de su vida rica, con un padre que lo tenía todo. Porque el dinero es lo de menos en la vida. Y quitar las desigualdades entre ricos y pobres es un absurdo que nadie lo puede hacer, porque pobres siempre tendréis. Cristo no movió un dedo por dar de comer a ningún pobre. Y Francisco ha puesto en marcha su negocio en la nueva iglesia para caer en un absurdo. Y, por eso, ese absurdo le llevará a dimitir en la Iglesia.

Quien ha escalado la Silla de Pedro con engaños y con mentiras, con su pecado de orgullo, con ese mismo pecado, cae de esa Silla, porque el mentiroso no puede afianzarse en la Iglesia de Cristo: su misma mentira queda descubierta por todo el mundo, porque la Luz de Cristo ilumina a todos los hombres ya. No hay nada escondido.

Por eso, ahora comprendemos 50 años de mentiras escondidas en la Iglesia. Lo que Francisco está haciendo a las claras, es lo mismo que muchos sacerdotes y Obispos han hecho ocultamente durante 50 años, anulando el poder del Papa reinante.

Durante 50 años ha existido un gobierno horizontal oculto en la Iglesia: eran los Obispos, el consejo de los Obispos, los que gobernaban la Iglesia; rebelándose y desobedeciendo al Papa en todas las cosas, inutilizando todo su poder. El Papa, durante 50 años, ha estado maniatado en la Iglesia, prisionero en la Iglesia, porque muchos lobos vestidos de piel de oveja han querido gobernar ellos la Iglesia.

Ahora, todo sale a la luz, pero de una forma insospechable. No tenía que subir Francisco a la Silla de Pedro. No era necesario. Pero, por los pecados de todos, porque a nadie le ha importado el Papa durante 50 años, sino que todos lo han criticado y le han echado la culpa de muchas cosas que no tenía ninguna; porque la Iglesia ha juzgado a quien no tenía que juzgar, que es a su Cabeza, el Papa, entonces viene el castigo para toda la Iglesia: ahí tenéis lo que queréis: un Papa sin espíritu, un Papa hereje por los cuatro costados, un Papa comunista, un Papa marxista, un Papa amorfo en su espiritualidad, un Papa sentimentaloide, que sólo sabe predicar ternuritas a la gente, un Papa cargado de mundanidad, un Papa protestante, un Papa que no es Papa.

Porque la Iglesia no ha defendido a Su Pastor, ahora está en manos del lobo. ¡Gran castigo del Señor a Su Iglesia! Para que toda la Iglesia aprenda a respetar y a obedecer al Papa!

Ahora: ¡clámadme por un Papa recto, verdadero, que sepa dar la doctrina verdadera de Cristo! Pero hasta que el Señor no vea una oración llena de penitencia en su Iglesia, Él no manda nada.

La Iglesia la gobierna un lobo. Pero sólo gobierna su nueva iglesia. Porque es Cristo el que lleva las riendas de Su Iglesia, ya que no hay Papa. Benedicto XVI no quiere ser Papa. Las llaves de la Iglesia han pasado a Cristo. Y Cristo las retornará al Papa que Él ponga en su momento. Mientras tanto, una sola cosa: como centinelas, hay que vigilar contra los asaltos del enemigo, que es Francisco y los suyos, y no desviarse del Camino, de la Verdad y de la Vida, que es Jesús.

Hay que oponerse totalmente a Francisco, sin ninguna misericordia, porque es un hereje. No se puede comulgar con él; ni siquiera se le puede mentar en la Santa Misa; su nombre no es digno que se diga en la acción más santa de todas: la Eucaristía. No hay honor para un hereje, para un mentiroso. No hay respeto para el que no da respeto a la figura del Papa en la Iglesia. No hay obediencia a quien no obedece la Verdad única y absoluta que está en la Iglesia.

Francisco vive en su relativismo, en su pecado, por eso, repite en ese menaje herético: “Lo repito a menudo: entre una Iglesia accidentada por salir a la calle y una Iglesia enferma de autoreferencialidad, prefiero sin duda la primera.” Esto es la doctrina del protestantismo, a las claras, sin tapujos. Esto es decir que la Gracia no puede quitar el pecado y que, por lo tanto, hay que estar en la Iglesia con nuestros pecados. Esta es la mayor herejía de todas que ha dicho Francisco, porque se opone a la Justicia y a la Misericordia de Dios para con las almas.

Francisco está negando la Obra de la Redención de Cristo en cada alma. Y esto es muy grave. Su iglesia accidentada significa valorar el pecado como un bien en la persona. Como es algo que la persona no puede quitar, tiene que vivir con ello y eso la hace santa. En otras palabras, el propio hombre se da la Vida Eterna. Se dedica a resolver los problemas de los hombres, se centra en los derechos humanos y así se salva y se santifica.

Francisco niega la validez de la Obra de Cristo en la Cruz. Lo que Cristo hizo no vale para salvar. Lo que salva no es la Gracia, sino el dar dinero para resolver el problema de los pobres. Lo que salva es solucionar todos los problemas de los honres, económicos, culturales, políticos, etc…

Ya no salva la Gracia, ya no vale la Gracia, Ya la Gracia no quita el pecado: prefiero una iglesia accidentada = prefiero una iglesia llena de pecado. Francisco no prefiere una Iglesia que viva la Gracia, sino una iglesia donde no se viva la Gracia. Esto es el protestantismo. Esto es anular la Gracia; esto es anular la Cruz de Cristo; esto es anular su Obra de la Redención en cada alma; esto es anular la Misericordia de Dios; esto es anular la Justicia de Dios.

¡Es muy grave esta frase y nadie la discierne!

Para Francisco, los dogmas cierran a la Iglesia en sí misma y la hace enferma. ¡Esto es inaceptable! Y, sin embargo, ¡cuántos comulgan con esta frase de Francisco!

La Verdad es la Vida de la Iglesia; quien vive en la Verdad, vive lo divino en la Iglesia. Quien no vive la Verdad, vive lo humano y lo demoniaco en la Iglesia.

La Verdad no enferma a la Iglesia, sino que la sana y la libera de muchos errores, de muchas mentiras, de muchas ideologías que no pertenecen a la Iglesia.

Cuanto más mire la Iglesia la verdad, que es Jesús, más bella es a los ojos de todos, no sólo de Dios, sino también de los hombres.

Pero cuando más se oculta la Verdad en la Iglesia, para que la gente mire el pecado y la mentira de los hombres, entonces más enferma es la Iglesia, porque se aleja de la belleza de la Verdad, de la salud de la Verdad.

La Verdad divide en la Iglesia, es la piedra de tropiezo de muchos en la Iglesia. Francisco, continuamente, tropieza en la Roca de la Verdad. Y ese tropiezo le hace negar la Verdad. Y cuando se niega la Verdad, en el corazón sólo está el odio a la Verdad y, por tanto, al amor a la mentira.

Esto es este mensaje de Francisco para las jornadas de las comunicaciones sociales: su amor a la mentira. En este mensaje está el camino hace el infierno, hacia el Reino del demonio.

Cuando se conoce la Verdad entonces el alma conoce el Camino del Señor, que es un Camino de abnegación a todo lo humano. Y hay que seguirlo hasta el último aliento de vida.

Francisco propone el diálogo con los hombres para salvarse: “Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en la comprensión y el respeto. La cultura del encuentro requiere que estemos dispuestos no sólo a dar, sino también a recibir de los otros”.

El pecado sólo se supera con la penitencia del Calvario. En el Calvario, Cristo habló sólo con Su Padre. Y, en ese diálogo, murió por todos los hombres. Cristo no dialogó con nadie para quitar el muro del pecado, lo que dividía a Dios de los hombres: el pecado de Adán.

Cristo vino a predicar el Evangelio a las almas, no a dialogar con las almas. Todo aquel que siga a Cristo, tiene que predicar el Evangelio, no meterse a hablar con los hombres. Y los medios de comunicación tienen que dar sólo el Evangelio, no tienen que dar razones humanas y obras humanas a los hombres. Si los medios de comunicación no predican el Evangelio como es, entonces ese medio pertenece al demonio, no a Dios, no a la Iglesia.

Cristo da Su Espíritu a las almas y, por tanto, es lo que tienen que dar los que sigan a Cristo: el Espíritu. Pero, para Francisco, hay que recibir lo humano de los otros, sus ideas, sus obras, sus deseos, sus inquietudes. Hay que hacer una iglesia más humana. Es lo mas contrario al Espíritu. Cristo hace la Iglesia espiritual, del Espíritu: se da el Espíritu; se obra el Espíritu. Francisco se mueve en su cultura del encuentro, que es llevar al hombre al encuentro con el demonio en los otros hombres, porque se dialoga son discernir los espíritus, sólo porque son buenos hombres en lo exterior.

Francisco ama la mentira y, por eso, la iglesia para él es para todos: “Estamos llamados a dar testimonio de una Iglesia que sea la casa de todos.” En esta frase se ve su amor a la mentira.

Porque el Evangelio no es para todos los hombres, ya que es una piedra de tropiezo: unos la aceptan, otros no. Y si la Palabra de Dios no es para todos, entonces la Obra de esa Palabra, que es la Iglesia, no es para todos los hombres. Esto es clarísimo, menos para Francisco, porque él habla para su nueva iglesia: una iglesia en la que entran todos con sus pecados. Todos los hombres. Por tanto, una iglesia mentirosa, una iglesia mundana, una iglesia pecadora, una iglesia cismática, una iglesia herética, una iglesia del demonio. Ésta es la nueva iglesia fundada por Francisco en Roma, porque la Verdad no es para todos los hombres.

Luego, por más que se dialogue, los hombres van a seguir en sus mentiras y ahí viene la trampa: el mentiroso siempre quiere un trozo de pastel en la iglesia. ¡Cuánta gente se va a meter en la Iglesia para destrozarla viviendo sus mentiras en Ella! La trampa del diálogo. ¡Dialoga y destruirás la Iglesia!

El Evangelio del Señor está siendo alterado con la doctrina de Francisco. Mienta al Señor en sus discursos para quedar bien con todos. Y en lo que mienta, lo altera: «El buen samaritano no sólo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios. Me gusta definir este poder de la comunicación como “proximidad”». La parábola del Buen samaritano adulterada en los labios de Francisco.

¡Cómo le gusta a Francisco su herejía! : “Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios”. Su humanismo errado, oscuro, herético, necio. Equipara el ser humano al hijo de Dios. Eso es una herejía. Una cosa es tomar conciencia de que somos humanos, y otra cosa es tomar conciencia de que somos hijos de Dios. Pero Francisco dice esto porque cabalga en su herejía: como Cristo ha devuelto la armonía a la creación, entonces todos los hombres son hijos de Dios. Ésa es su herejía al negar el pecado original.

Y dice la mayor barbaridad, que es otra herejía, sobre Cristo: “Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro”. Esto, no sólo es inaceptable, sino de excomunión.

Estamos en la Iglesia para hacernos semejantes a Cristo, para imitar a Cristo, para ser otros Cristos. No estamos en la Iglesia para hacernos semejantes al otro. Esto es la excomunión. Porque esto significa una cosa: el hombre es dios. Y, por tanto, si ayudo a un hombre es porque todos somos dios. Y hay que hacer la unidad en dios. Todos los hombres tienen que unirse en ese dios interior para conseguir la paz y la felicidad en todas las cosas humanas. Doctrina de la Nueva Era. Y nadie la ve. Nadie ha discernido esa frase.

En la doctrina de Cristo, se ayuda al hombre para expiar el pecado, no para hacerle un bien humano, y menos para ser semejantes a ese hombre. El Buen Samaritano aplica la virtud de la justicia con un enemigo suyo para reparar los pecados. Y sólo así se comprende el amor de Cristo a las almas, a todos los hombres, así sean unos demonios: para reparar, para expiar el pecado.

Francisco es un hereje de los pies a la cabeza. Y no se puede seguir su doctrina. Quien la siga, se condena de forma absoluta.

Francisco está introduciendo nuevas doctrinas y esto es muy grave. ¿Qué hay que hacer? Rechazarlas de plano. Y no sólo la nueva doctrina sino al hereje. Hay que rechazar a Francisco y a cualquier sacerdote y Obispo que comulgue con las nuevas doctrinas, porque en la Iglesia seguimos a Cristo, no las opiniones de Francisco, no las herejías de Francisco, no los cismas de Francisco.

Porque no se puede negar la Verdad única y Absoluta por nadie en la Iglesia. No se puede negar la Verdad por Francisco o por cualquier sacerdote u Obispo. Porque una es la doctrina de Cristo. Y nadie la puede modernizar, ni tergiversar, ni poner cosas que no son de Cristo, que es lo que está haciendo Francisco.

Por eso, maldito Francisco: llevas a muchas almas al infierno. Maldito tu brillante pensamiento humano; maldita tu boca de demonio; maldito tus labios embusteros; maldita tu vida de pecado dentro de la Iglesia.

Jesús no ha hecho una sola familia humana

piedad07

“A través de tu sabiduría, inspira a los líderes de los gobiernos y a los empresarios, así como a todos los ciudadanos del mundo, a encontrar soluciones de caridad para finalizar la hambruna mundial y asegurar el derecho de todo ser humano al alimento” (Oración de la Campaña “Una Sola Familia Humana, Alimentos para Todos”).

Este es el negocio de Francisco en la Iglesia: pedir dinero para quitar el hambre en el mundo. Y ¿en qué basa este negocio? En una herejía: “Nos enviaste a tu Hijo a compartir su propia carne y sangre y a enseñarnos tu Ley de Amor. A través de su muerte y resurrección nos has formado en una sola familia humana” (Oración de la Campaña “Una Sola Familia Humana, Alimentos para Todos”).

Quien rece esta oración, es seguro que Dios no lo escucha, sino que lo escucha el demonio. Porque Dios no da dinero para remediar el hambre del mundo. Jesús dio de comer haciendo un milagro, no pidiendo dinero a los ricos del mundo.

“Jesucristo (…) mediante su resurrección nos constituye en humanidad nueva, en total comunión con la voluntad de Dios, con su proyecto, que comprende la plena realización de la vocación a la fraternidad” (Francisco, 8 de diciembre).

La gravedad de estas palabras ponen a Francisco como, no sólo hereje en la Iglesia, sino apóstata de la fe.

Decir una herejía es proclamar una mentira como verdad; pero ser apóstata es enseñar una mentira como verdad. Los herejes son falsos profetas, que dan sus mentiras por todas partes, para llenar el mundo de mentiras; pero un apóstata hace más que un falso profeta: enseña a obrar la mentira con el poder que tiene en la Iglesia. Esto es lo que hace Francisco, por eso, él actúa como anticristo, enseña lo opuesto a Cristo. Y lo enseña para que se obre en la Iglesia. Eso es la oración de Cáritas: han aprendido de la doctrina de Francisco.

Jesús no nos ha constituido en humanidad nueva por su Resurrección. Esto, Francisco, se lo ha sacado de la manga. Jesús da al hombre Su Gracia, pero no regenera la humanidad. Jesús da a cada hombre la oportunidad de salir de su pecado y vivir en Gracia, pero no da a cada hombre la Gracia, no quita el pecado de la humanidad entera, no hace una humanidad nueva y, mucho menos, en total comunión con la Voluntad de Dios.

Predicar esto es sencillamente negar el pecado original, negar la Obra de la Redención del hombre por Cristo y negar la Obra de la Santificación del hombre por el Espíritu.

Como Cristo ha muerto y resucitado, entonces todo el mundo es bueno y se va al cielo. Esto es, en resumen, lo que dice Francisco. Una gran barbaridad. Una gran herejía. Y esto es lo que se pone para pedir dinero: como todos somos una gran familia humana, nueva, porque Cristo lo ha hecho, entonces hay que acabar con los conflictos de los hombres pidiendo dinero a los ricos, porque, claro, son los ricos los culpables de que los pobres no tengan qué comer.

Son los líderes de los gobiernos y los empresarios de todo el mundo los culpables de que haya gente que pase hambre. Este es el argumento de Francisco. Insostenible, pero apoyado en la Iglesia por la misma Jerarquía.

Como Cristo ha “hecho de los dos pueblos uno, derribando el muro de separación, la enemistad” (Ef 2, 15), entonces, todos somos hermanos y no hay que llamar a nadie enemigo. Esta es la falsedad que propone Francisco. Él no distingue entre hijos de Dios e hijos de los hombres. Sino que mete a toda la humanidad como hija de Dios. Esto es lo inconcebible.

Cristo ha derribado el muro, porque ha quitado el pecado de Adán, que ponía al hombre enemigo de Dios. Pero Cristo no quita el pecado de cada hombre. Cada hombre, para quitar su pecado, tiene que ponerse a los pies de Cristo y recibir de Él el perdón por sus pecados y la Gracia para vivir una vida nueva: “al nombre de Jesús doble la rodilla cuanto hay en los cielos, en la tierra y en los abismos” (Flp 2, 10).

No podemos meter a todo el mundo en el bote de la salvación, como lo quiere Francisco, y llamar a todo el mundo hermanos.

Cristo ha quitado la enemistad, pero los hombres siguen siendo enemigos porque están en sus pecados, permanecen en sus pecados. ¿Es que no tenéis inteligencia?

“Os exhorto, en el Señor, a que no viváis ya como viven los gentiles, en la vanidad de sus pensamientos, obscurecida su razón, ajenos a la vida de Dios por su ignorancia y la ceguera de su corazón (…) despojaos del hombre viejo (…) vestíos del hombre nuevo” (Ef 4, 17.22.23).

Para ser de Cristo no es suficiente con que Cristo haya quitado la enemistad; es que cada hombre tiene que quitar su enemistad con Dios, tiene que despojarse de su hombre viejo de pecado, tiene que revestirse del hombre nuevo en la gracia; y así será hijo de Dios. Y sólo así habrá fraternidad entre los hijos de Dios.

Esto es lo que no enseña Francisco. Francisco enseña lo que le da dinero en su negocio en la Iglesia. Su tapadera para llenarse el bolsillo de dinero: “son muchos los que andan (…) que son enemigos de la Cruz de Cristo. El término de ésos será la perdición, su Dios es el vientre, y la confusión será la gloria de los que tienen el corazón puesto en las cosas terrenas” (Flp 3, 18-19).

Ahí tienen a Francisco que sólo habla del dinero porque su corazón sólo está puesto en el dinero. Sólo habla del hombre porque su corazón sólo sigue al hombre.

¿A quién se le ocurre pedir dinero para quitar el hambre en el mundo? Sólo a un comunista, como Francisco. Esta es la doctrina del demonio puesta en obra por Francisco en la Iglesia, apoyado por toda la Jerarquía que calla su herejía, aplaudido por tantos fieles que son como él: herejes y apóstatas de la fe.

Jesús no pidió dinero a los ricos de su tiempo, porque no hace falta sacar de la hambruna al hombre. No hace falta darle alimentos al hombre. Lo único que hace falta es hacer ver al hombre que está en pecado y que salga de su pecado. Y, cuando hace eso, entonces el hombre tiene para comer.

Jesús, para pagar los impuestos, hizo un milagro: de la boca del pez resolvió el problema. ¿Todavía no creéis en la Palabra de Dios que da todo lo necesario sin mover un dedo, sin pedir dinero a nadie, sin buscar dinero en ningún sitio? Francisco no cree y, por supuesto, la Iglesia está llena de gente que ha hecho su propia providencia pidiendo dinero a los ricos del mundo. Y ya no creen en la Providencia Divina.

Jesús no ha formado una sola familia humana con su muerte y su resurrección. Esta es la mayor estupidez de Francisco. Para el que tenga fe en la Palabra de Dios se le cae la cara de vergüenza leyendo esta frase.

“No os unáis en yunta desigual con los infieles” (2 Cor 6, 14). ¿A quién se hace caso: a Francisco o a san Pablo?

“¿Qué consorcio hay entre la justica y la iniquidad?” (v. 14). ¿Qué unión hay entre la justicia de los hijos de Dios y la iniquidad de los hijos de los hombres? ¿Dónde está la sola familia humana que ha creado Jesús si todavía hay pecado entre los hombres, si hay hombres que son demonios, si existen personas que no quieren la verdad en sus vidas?

Es que no se puede dar una sola familia humana. Es que esto es el abc de la vida espiritual. Cristo quita el pecado de Adán, que es la enemistad entre el hombre y Dios; pero Cristo no quita el pecado en cada hombre. Luego, no hay fraternidad, no hay amor entre los hombres, no hay una sola familia humana.

Luego, pedir dinero a los ricos del mundo para quitar la hambruna de la gente es sólo el negocio de Francisco en la Iglesia. ¡Un negocio muy peligroso!

Francisco, ¿quieres dinero? Dame poder en tu iglesia.

Esto es una tapadera lo de pedir dinero; el fondo es ése: hay que sujetar la iglesia en Roma con el poder del mundo, hay que meter en Roma el poder del mundo. Y así puede entrar el Anticristo. Una iglesia manejada por el mundo es la iglesia del Anticristo.

Esto es lo que no se enseña en Roma, porque se pone la careta de lo humanitario, de hacer una caridad, de ayudar a los más necesitados; porque eso es lo que vende, eso es lo que mantiene a Francisco en el poder: ser popular con la gente pobre, con la gente enferma, con la gente con problemas. Ése es su proselitismo, su ideología, su lenguaje doble y embustero en cada homilía. Y así, sin que nadie se dé cuenta, la iglesia es manejada por el poder del mundo.

Francisco habla para un pueblo que tiene sus problemas diciéndoles lo que ellos quieren escuchar: os voy a conseguir dinero para quitar vuestros problemas. Esto encanta a la gente. Y todo el mundo se pone a pedir dinero para sacar de la hambruna a la gente.
¡Gran negocio de Francisco en la Iglesia! ¡Gran negocio!

El profeta de Dios siempre habla lo que el pueblo no quiere escuchar. Y, por eso, es siempre impopular entre la gente del pueblo. Francisco es un falso profeta. Eso se ve a la legua. Eso es tan claro que todo el mundo se da cuenta de las estupideces de ese hombre. Pero, por el falso respeto humano, todavía se le llama Papa.

Así somos los hombres: tan humanos, tan sentimentales, tan afectivos, que nos cuesta decir a ese idiota: eres un maldito. Deja ya de llamarte Papa, deja ya de hacer tu teatro en la Iglesia. Deja ya de decir tus discursitos que no valen para nada.

Pero esto la gente no lo hace porque no vive buscando la verdad, sino que quiere –eso- un hombre sentado en la Silla de Pedro, porque tiene que haber un hombre. ¡A ver! Es como muchos, que van a la Iglesia los domingos porque toca ir a Misa.

Hoy no se vive de fe en la Iglesia, sino de rutinas, de compromisos, de culturas, de actos sociales, y por tanto, es igual quien esté sentado en la Silla de Pedro. Eso no interesa. Porque no se vive buscando el sentido de la vida y, por eso, se cae en la trampa de Cáritas, y se da dinero cuando Dios no quiere el dinero para quitar el hambre en el mundo. Pero, como lo dice la Iglesia, como está avalado por la palabra de uno que se llama Papa, entonces a dar dinero, a caer en el engaño.

Quien vive de fe no puede hacer comunidad entre Cristo y Belial (cf. 2 Cor 6, 15). No podemos hacer una Iglesia para servir a dos señores: al dinero y a Dios. El dinero es del demonio: que se lo quede el demonio. Cristo da la Gracia a los hombres para resolver todos sus problemas. Cristo no da dinero a nadie. Y a quien se lo pide, Cristo le da un castigo, porque pide mal, no pide en Su Nombre, la salvación de su alma.

Cristo viene a salvar las almas, no a quitar el hambre del mundo. Francisco quiere quitar el hambre del mundo. ¿Y todavía lo llaman Papa? ¿Cuándo vais a despertar del engaño?

Un sacerdote verdadero hace la oración de san Pablo: “doblo mis rodillas ante el Padre, de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra, para que, según los ricos tesoros de su Gloria, os conceda ser poderosamente fortalecidos en el hombre interior por Su Espíritu, que habite Cristo por la fe en vuestros corazones y, arraigados y fundados en la Caridad, podáis comprender, en unión con todos los santos, cuál es la anchura, la longura, la altura y la profundidad y conocer la Caridad de Cristo, que supera toda ciencia, para que seáis llenos de toda la Plenitud de Dios” (Ef 3, 14).

Que habite Cristo en vuestros corazones, no que tengáis el estómago lleno de alimento y el bolsillo repleto de dinero. Cristo es el Poderoso para dar a los hombres la felicidad que necesitan. No son los políticos ni los empresarios del mundo los que ponen ese camino para encontrar la felicidad en la vida. Se es feliz con la Gracia de Cristo. Se es infeliz con el estómago lleno.

La corrupción de lo mejor

icono

Nada ocurre sin la Voluntad de Dios en la Iglesia, porque Ella es guiada, en todo, por el Rey de Reyes. Y, por tanto, el desastre que vemos en todas partes es algo que no debería escandalizar si vemos las cosas desde Dios. Si las miramos desde el punto de vista humano, entonces no comprendemos lo que pasa.

Que un hereje, como es Francisco, se siente en la Silla de Pedro y que, a su alrededor, tenga un coro que le canta sus herejías, es lo más normal si las cosas se ven en Dios. No es normal para muchos hombres e incluso para los que profesan su fe católica. Pero la Iglesia es la Obra del Espíritu y, en Ella, debe manifestarse el hombre sin Espíritu.

Porque la Iglesia, en la tierra, la que peregrina hacia el Cielo, no es Santa en sus miembros. Es Santa en su esencia, porque la Iglesia es Cristo, es el Verbo Encarnado. Y Jesús es la Santidad Sin Ocaso, Eterna, Verdadera, sin Límites, sin Condiciones.

La Iglesia que peregrina hacia la Tierra Prometida, conquistada con la Pasión de Cristo, y gobernada con Su Ascensión, tiene, todavía, mucho que contemplar en cuanto al pecado de los hombres dentro de Ella.

El pecado del hombre no tiene que escandalizar al hombre porque éste nace en él y vive en él. Lo que al hombre debe escandalizar es la corrupción del hombre, es la transformación del hombre en otra cosa distinta a la Voluntad de Dios.

Mucho pecado ha habido en la Iglesia en toda su historia. Lo que vemos no es nuevo en la Iglesia. Pero, actualmente, hay un pecado nuevo que pocos contemplan, que pocos dan valor, que pocos lo llaman como pecado.

En la Iglesia que vemos en Roma, que no es la Iglesia de Jesús, sino otra cosa, se ve la idolatría del hombre. Este pecado es común en el mundo desde el Renacimiento. El mundo ha ido creciendo en lo humano hasta llegar a dar culto a todo lo humano: pensamientos, obras, vidas.

En la filosofía hay una corriente que idolatra la mente del hombre. El hombre todo lo crea con su mente, incluso a sí mismo.

En la vida de muchos está el mirarse sólo a sí mismos, sus obras, lo que hacen, sus trabajos, sus empresas, sus dedicaciones, como algo sagrado, divino, intangible. Como si Dios les pidiera que hicieran eso en sus vidas.

El hombre, en la actualidad, obra sólo para sí mismo, para encontrar el dios que tiene en su interior, para hacer que emerja ese dios, para sentir la energía que le conecta con todos los hombres y con el universo.

En el mundo está la idolatría del hombre. Eso es la Nueva Era. El hombre se dice a sí mismo: yo soy dios.

Este pecado, tan común en el mundo, es lo que vemos en la Iglesia. Y lo vemos en las obras de los hombres de Iglesia. No se capta en sus palabras, porque no se discierne el lenguaje que usan muchos sacerdotes y Obispos dentro de la Iglesia. Ellos usan un lenguaje divino, acorde a la Escritura, al Magisterio, a la Tradición, que parece correcto, que da la impresión de que se dicen las cosas bien, pero es sólo un lenguaje estudiado, maquillado, en que se dice lo que interesa sólo para decir la mentira escondida en ese lenguaje.

En la Iglesia, desde hace 50 años, se ha perdido el fariseísmo. Casi no se da, porque los hombres han dejado de respetar la Verdad, el dogma, a Jesús. El fariseo cumple la ley a rajatabla. Y la cumple por el respeto a esa ley, que es una verdad para él. Una verdad mal comprendida, mal interpretada por su mente, pero es una verdad, no es una mentira. San Pablo era el mayor fariseo de todos. Se ponía en la Verdad, buscaba la Verdad, aunque la entendía mal.

Pero, en la Iglesia se ha perdido el respeto a la Verdad. Ya no se busca, ya ni siquiera importa la Verdad. La gente no se preocupa por la Verdad, sino por su vida o sus pensamientos o sus obras o lo que sea que haga. Y eso que hace es la verdad para muchos.

Para San Pablo la Verdad no era su vida, sino las leyes que enseñaba Dios, lo que Dios obró a lo largo del Antiguo Testamento. Y no se salía de eso, de esa Verdad.

Pero el hombre de Iglesia, la Verdad ya no es el Evangelio, ni las leyes divinas, ni nada que en la Iglesia se haya hecho. Para los hombres de Iglesia, la verdad es su vida, su pensamiento, sus obras, sus sueños, sus ilusiones, sus conquistas en la vida. Y se mira al Evangelio o al Magisterio o a la Tradición de la Iglesia no para aprender de esa Verdad, sino para desvirtuar, para acomodar esa Verdad a la vida de cada uno, al pensamiento de cada uno, a las obras de cada uno.

San Pablo nunca hizo eso. San Pablo leía el Antigua Testamento y lo ponía en práctica, literalmente, sin añadir o quitar nada. Tal como la Palabra de Dios se expresaba eso obraba él en su vida.

Pero muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia hacen lo contrario. Leen la Sagrada Escritura y la interpretan y sacan algo para ellos, algo nuevo, pero no obran lo esa Palabra dice literalmente. De esta manera, el hombre va dejando el fariseísmo, pero va cayendo en la idolatría del mismo hombre. Es un fariseísmo perfecto, porque se sigue creyendo en Dios, pero ya no en el Dios Revelado, sino en el dios que se encuentra en la razón humana.

Este es el pecado que nadie contempla en la Iglesia pero que existe en muchos miembros. Y no es nada nuevo. Lleva cincuenta años incubándose en el Vaticano.

Roma ha sido la incubadora de la idolatría del hombre desde el Concilio Vaticano II. De eso ha nacido lo que vemos: un Francisco que tiene un lenguaje divino, pero herético.

Muchos leen a Francisco y dicen que predica conforme al Magisterio de la Iglesia, que dice las cosas que están en la sagrada Escritura, pero no ven cómo ese lenguaje es sólo un estudio, una forma de hablar bien para tapar la mentira. Cuando Francisco quiere, se deja de lenguajes y dice su mentira claramente. Pero, como es maestro de oradores, entonces sabe hacer bien su papel. Sabe hablar lo que conviene y en el momento que conviene, para engañar a las almas que le escuchan.

Francisco no es lo que parece. Parece un Papa, pero no es Papa. Parece que, a veces, habla bien, habla correctamente, y no es así. Es sólo su lenguaje estudiado, porque, en ese momento, no conviene decir herejías, no conviene escandalizar, no conviene mover críticas innecesarias. Francisco sabe bien qué decir y cómo decir las cosas, porque sólo cree en su lenguaje, no cree en la Palabra de Dios ni, por supuesto, en el Magisterio de la Iglesia. Él cita a los Papas, pero para poner su mentira, para hacer que esa mentira se apoye en lo que un Papa dijo, un Papa que todos en la Iglesia siguen. Francisco es muy astuto, por eso, nunca hay que confiar de lo que dice, aunque diga cosas muy bien concertadas, muy bien estudiadas, muy bien puestas en el papel.

Siempre a Francisco tienen que cogerle por la mentira. Siempre. Porque siempre la dice. Puede predicar hermoso y, al final pone su mentira. Y, entonces, lo que predicó no vale para nada, no sirve, es sólo su lenguaje para convencer a los que todavía no están convencidos de que él es Papa.

La idolatría del hombre es el pecado que vemos en el Vaticano. Y eso señala la corrupción de lo mejor. Una Jerarquía corrupta es unos miembros en la Iglesia que se dan culto a sí mismos. y, por tanto, ni les importa la Iglesia, ni el rebaño, ni sus dogmas, ni sus tradiciones, ni su liturgia, ni nada de nada. Sólo están en la Iglesia para ellos mismos y, por tanto, para hacer su negocio dentro de la Iglesia.

El demonio, cuando se sentó en la Silla de Pedro, junto a Pedro, en 1972, comenzó a incubar en sus miembros este pecado de idolatría. Y, por eso, la rebeldía, la desobediencia de muchos a los Papas. Y eso produjo la desunión en la Verdad y, por tanto, el alejamiento de la Iglesia de toda Verdad. Y la Iglesia se ha mantenido en un hilo, sin que se rompiera por el esfuerzo de muchos por enfrentarse a los Papas, sólo porque ha habido una Cabeza elegida por Dios hasta el Papa Benedicto XVI. Pero después de él, el hilo se rompió y ya nadie hay en la Iglesia que persiga la Verdad, que dé la Verdad, que enseñe la Verdad.

Se vive la corrupción de lo mejor, que es lo peor que le puede suceder a la Iglesia. Porque en la corrupción ya no hay vuelta atrás. Ya no se puede volver a lo de antes en la Iglesia. Ya no hay camino verdadero dentro de la Iglesia o dentro de las estructuras de la Iglesia.

El camino sigue estando ahí, porque es Cristo, pero hay que recorrerlo de otra manera, no ya mirando a Roma, sino enfrentándose a Roma, porque en Roma hay corrupción, se vive la corrupción. De Roma no viene la Verdad.

Ahora, la Verdad la dan muchas personas en el mundo, que ven lo que pasa en Roma. No están con Dios, pero no son personas corruptas. Y, por tanto, cuando dicen las cosas dicen una verdad.

Que un ateo diga que Francisco ha abolido el pecado eso da que pensar. Uno que no cree en Dios, pero ve una verdad. Y, en Roma, en el Vaticano, que deberían ver la verdad, deberían ver la mentira que Francisco está diciendo, no se vea, sino que se diga que todo está bien, que Francisco cree en el pecado, que Francisco se ajusta al Magisterio de la Iglesia, eso sólo significa una cosa: corrupción.

Cuando la persona no está corrupta, aunque sea pecador, aunque niegue a Dios, siempre ve una verdad, siempre ve las cosas como son. No se inventa la vida, la realidad de las cosas. Llama al pan, pan; y al vino, vino. Si leyendo a Francisco ve cosas marxistas, las dice, sin más. si ve que Francisco ha quitado el pecado, las dice sin más, porque, en su pecado, no hay corrupción.

Pero aquel que ve la vida desde su corrupción, ya no ve la verdad, la realidad de las cosas, sino que todo lo tapa, todo lo disimula, para seguir viviendo su vida, sin hacer caso de la verdad.

El Vaticano ya no dice la Verdad de lo que está pasando. Sólo dice lo que le interesa y lo que quiere: engrandecer la mentira, aplaudir al mentiroso, que todos caigan en la cuenta que es a él al que hay que seguir en la Iglesia.

En la corrupción sólo se sigue al hombre, no a la Verdad. Y, por tanto, sólo se miente. Y se miente de muchas maneras, para que los hombres sigan con una venda en sus ojos.

Y esto sólo lleva a una cosa: el cisma. No hay otro fin en lo que vemos en Roma. Los corruptos acaban por quitarse la careta y producen el cisma. Y, cuando esos corruptos son la Jerarquía de la Iglesia, se produce el mayor pecado en la historia de la Iglesia: negar la Verdad dentro de la Iglesia. Y esa negación es afirmar la mentira como la verdad en la Iglesia.

Este cisma que, ahora, está encubierto, ya existe en muchos. Pero como todavía se cuidan las apariencias, entonces la gente no lo ve. Pero quien tiene ojos ve el cisma que existe. Ve cómo muchos han dejado la Verdad y dan culto a la mentira en sus vidas en la Iglesia. Y eso se ve en la Misa, se ve en los apostolados de la Iglesia, se ve en muchos retiros: gente que vive idolatrando su humanismo, que dan culto a todo lo humano. Ya no a Cristo. y, por eso, tratan a Cristo de muchas maneras sacrílegas. Muchísimas, porque ya no hay respeto a la Verdad, a las leyes litúrgicas, a la leyes divinas en la Iglesia. Hoy todo es un cambalache de cosas, un trueque, en que se deja lo auténtico por lo corrupto.

Análisis de la situación del Vaticano

El rayo en el Vaticano: Aviso a los católicos de que lo que sucede en el Vaticano no es correcto. A la Curia, que tenga cuidado con lo que planean ya que no es de Dios, ni de sus leyes.

El rayo en el Vaticano: Aviso a los católicos de que lo que sucede en el Vaticano no es correcto. A la Curia, que tenga cuidado con lo que planean ya que no es de Dios, ni de sus leyes.

Todos quieren analizar lo que pasa en el Vaticano, las líneas que sigue la Jerarquía de la Iglesia, los caminos que Roma quiere andar con Francisco. Pero nadie da un análisis de lo que pasa actualmente en Roma.

En Roma, se está construyendo una nueva iglesia partiendo de la Iglesia verdadera, de la Iglesia de Cristo. Esto es lo que nadie dice y, por eso, sus análisis del Vaticano son erróneos.

Francisco ha comenzado una nueva iglesia sin Jesús y sin María. La doctrina de esa nueva iglesia no es la doctrina sana de Cristo, sino sólo el invento, la fábula de Francisco sobre el Evangelio, sobre el Magisterio y la Tradición de la Iglesia.

En esa doctrina nueva no hay ninguna verdad, todo es mentira, pero una mentira agradable, que gusta al hombre porque le dice al hombre lo que quiere escuchar.

Dicen que Francisco es revolucionario, renovador, que da un cambio, que trae una novedad, que pasa una página, que deja de lado lo antiguo. Y eso sólo significa una cosa: Dale al pueblo lo que quiere oír y te amará. Dile la Verdad, háblale de sufrimiento, y te odiarán.

Francisco es hábil, es un orador sutil, es tan buen orador que nadie advierte el engaño que sale de su boca constantemente. Nadie. Porque dice ese engaño con el sentimiento, con palabras bonitas, hermosas, bellas, que parecen que llegan al alma y lo que hacen es oscurecer la mente, apagar la luz para que el alma no vea la mentira, el engaño que se le propone.

La gente no está atenta al engaño que trae esas hermosas palabras porque mientras al pueblo se le de lo que quiere, lo que quiere escuchar, no analizan nada más ni reflexionan. No se preguntan: “¿esto por qué lo ha dicho?”; “esta frase ¿a qué viene?”;”¿será verdad esto que dice Francisco?”

Cuando la gente no se pregunta es que obedece a ciegas a una persona y no ve, no es capaz de analizar las verdaderas intenciones que se esconden tras las caretas de Francisco, de los sacerdotes y Obispos que lo defienden como el Papa al que hay que seguir.

El demonio está engañando a la Iglesia de forma deliberada, de forma muy clara para el que tiene fe, porque presenta la persona que hoy más se cree: a un Papa. Todos están atentos a ver qué dice el Papa, a ver qué obra el Papa. Todos: dentro y fuera de la Iglesia.

El demonio es muy hábil para conseguir lo que él quiere: siempre se viste de ángel de luz. Siempre. Nunca se presenta como demonio cuando quiere engañar a los que él sabe que viven la Verdad, que están en la Iglesia verdadera. El demonio sabe eso y, por eso, la combate con todo su odio, porque él sólo es mentiroso y padre de la mentira.

El mal se hace pasar siempre por Jesús, utiliza sus métodos, sus palabras, su doctrina, pero entre verdad y verdad, está la mentira escondida. Es lo que hace Francisco continuamente: da una verdad, da una mentira. Da una hermosa frase llena de una mentira que nadie atiende, porque se dice hermosamente, bellamente, al hombre le agrada la frase: “José y María vivían en Nazaret pero no vivían juntos, porque el matrimonio todavía no se había celebrado. Pero María, después de haber acogido el anuncio del Ángel, quedó encinta por obra del Espíritu Santo y cuando José se da cuenta queda desconcertado” (Francisco, 22 de noviembre). Esta frase es bella, hermosa, pero tiene muchas mentiras. Pero la gente no cae en cuenta de las mentiras, porque la frase está dicha de acuerdo a los oídos del hombre, no está dicha para decir la Verdad. Aquí Francisco dice su opinión sobre el matrimonio de José y de María. Y dice su opinión de lo que pasó por la mente de San José. Pero Francisco no dice la Verdad en esta frase. Además, no puede decirla nunca.

Este es el punto que muchos no acaban de entender de Francisco. Un verdadero Papa, aunque sea pecador, nunca miente cuando habla en la Iglesia: cuando predica, cuando está con la gente, aunque se mueva sin enseñar nada en la Iglesia, lo que habla o lo que obra es de acuerdo siempre a la sana doctrina de Cristo. Esto hace un verdadero Papa. Esto no lo puede hacer nunca Francisco porque no es un verdadero Papa.

Este es el punto que muchos no aceptan, no pueden aceptarlo, porque ya no se ve al Papa como el centro de la verdad, como el que habla la verdad, como el que enseña la verdad. Y no se ve por la misma razón que Pilatos no la vio: ¿Qué es la Verdad?

Pilatos tenía enfrente a la Verdad Encarnada, a Jesús. Y miró la Verdad y no se dio cuenta de la Verdad, no atendió a la Verdad, no se preocupó de la Verdad, sino sólo preguntó: ¿Qué es la Verdad?

Esa es la pregunta que constantemente se hace Francisco y los que le siguen. No saben lo que es la Verdad y, por eso, enseñan lo que van descubriendo con sus inteligencias humanas, con sus ciencias, con sus culturas, con sus filosofías de la vida.

Y esto mismo es lo que le pasa a mucha gente. Ven la Verdad, pero se siguen preguntando por la Verdad, porque no creen en la Verdad, sólo creen en las fabulas que los hombres van diciendo cada día, en su evolución histórica, en su progreso científico y técnico. Y, entonces, empiezan a cuestionar la Verdad del Evangelio y a interpretarlo según sus avances en la ciencia, en la filosofía, en la cultura, etc..

Así hace Francisco su nueva doctrina para su nueva iglesia. De esta manera. Y, por eso, predica bellamente, pero es toda esa belleza una herejía, la que se vive en su nueva iglesia.

A la gente le gusta vivir una espiritualidad fofa, amanerada, amorfa, que le hablen bonito, que le digan que Dios los ama, pero que después los dejen pecar en sus vidas. Esto es lo que propone Francisco en todas sus homilías. Esta doctrina, que no es la de Cristo, sino del demonio.

A la gente le cuesta decir que Francisco es un mentiroso y que su doctrina no es ortodoxa, no es la de Cristo. Cuesta muchísimo decir esta frase. Muchos callan sabiendo que Francisco dice herejías. La Iglesia calla ante tanta mentira de la Jerarquía. Y eso es señal de que eso que está en Roma no es la Iglesia de Cristo, es una nueva iglesia, donde ya no se habla la verdad, sino la mentira cada día. Y eso lo que se enseña en esa iglesia: a mentir, a decir que todo va bien, que no pasa nada, que Francisco está en la ortodoxia, como Muller ha dicho en una entrevista reciente: “Francisco no va por otro camino: sino que combina la ternura del pastor y la ortodoxia, que no es una teoría cualquiera, sino la recta doctrina expresada en la plenitud de la Revelación”. Muller besa el trasero de Francisco y, por eso, tiene que hablar así, con engaño. Le pagan para que hable, porque en la nueva iglesia de Francisco hay que defender la mentira y al mentiroso, que es Francisco.

Esto es lo que nadie se atreve a decir, lo que nadie quiere analizar cuando ve el Vaticano. Y, entonces, se hace el juego a la nueva iglesia de Francisco. No se la ataca, sino que se defiende la mentira que enseña esa nueva iglesia.

No se puede hablar de Dios, de sus obras y, a la vez, querer transformarlas a la manera de pensar, de obrar humanas. Este es el lenguaje de Francisco: habla de Dios, pero dice que hay que obrar como hombre. Jesús vino a salvar al hombre, luego hay que dar de comer al hombre. Así es el pensamiento de Francisco, así de claro, pero nadie se da cuenta de esta verdad. Todos creen que Francisco está diciendo la verdad porque habla bonito. Eso es todo. Todo consiste en hablar bonito: eso es lo que se enseña en la nueva iglesia. Hablen con palabras bellas, puestas en una bandeja de plata, hermosas para el oído del hombre y entonces serán de Dios. Y no importa que se diga la mentira. No importa la doctrina, sino las obras: den de comer a los pobres. Así se salva el hombre.

En la nueva iglesia no interesa la Verdad. No interesa. Y, por eso, los errores y las herejías en la nueva iglesia llevan al mundo a su destrucción. Lo que se está construyendo en Roma es el origen de lo que viene al mundo. Roma está construyendo un nuevo orden mundial dentro de la Iglesia verdadera, la de Cristo. Y eso producirá un cisma en Roma. El cisma ya está, pero encubierto, todavía no se han quitado las caretas la Jerarquía que sigue a la nueva iglesia.

Pero, una vez que se la quiten, entonces en el mundo se dará lo que se está cociendo dentro de la Iglesia.

El futuro de la Iglesia es muy negro, no hay escapatoria para el que duda en la fe. Hay muy pocos que crean en verdad y se mantengan firmes en todo. En la Iglesia hay división y mucha confusión. Y nadie se da cuenta de ese engaño que lleva a la Iglesia al orden mundial dentro de Ella, cambiando la doctrina de siempre.

Para que el mundo y la Iglesia sea una sola cosa, hay que fabricar una iglesia mundana, donde se viva lo que hay en el mundo. Y, entonces, se da en todas partes, el nuevo orden mundial. Y aparece el Anticristo que lo gobierna todo: iglesia y mundo.

La Jerarquía quiere cambiarlo todo porque la doctrina de Jesús no está a la moda del mundo, porque se ha vuelto vieja, achacosa, y ya no sirve para cambiar el mundo. Hay que dejarla abandonada, hay que dejarla que muera, ya no vale nada para la existencia de los hombres. La Jerarquía de la Iglesia piensa que si viviera Jesús en estos tiempos se adaptaría al mundo, a las modas, a las culturas, a los pensamientos de los hombres.

Debajo de la sonrisa de Francisco existe el desorden y la maldad, existe el pecado y la desobediencia a la ley del Señor, existe un corazón recubierto de odio y de maldad demoniaca.

Francisco miente como se bebe un vaso de agua. No le importa mentir con tal de ganar adeptos para su iglesia del demonio.

Por eso, hay que defender al Papa Benedicto XVI por encima de todo porque es, en verdad, el verdadero Papa.

El legítimo Papa, el que tiene todos los derechos y todo el poder de Dios es Benedicto XVI, Papa hasta la muerte. Francisco es sólo un hombre sin el poder de Dios, sin el derecho de Dios a ser Papa. Es sólo un farsante que se puso ahí porque le agrada la publicidad, la fama, el dinero y el poder.

El Papa Benedicto XVI volverá a ser Papa cuando salga de Roma, cuando huya de su encierro viendo con horror cómo la Iglesia se cae a pedazos en Roma. El calvario de Benedicto XVI empieza fuera de Roma. No ha comenzado todavía.

Viene aquel que no es legal, viene aquel que no es elegido canónicamente y, entonces, la oscuridad cubrirá a toda la Curia Romana. La luz se apaga y el mal cubre el orbe entero.

Francisco: ambigüedad, utopía y comunismo

guadalupe

El reinado de Francisco en Roma son tres cosas fundamentales: ambigüedad, utopía y comunismo.

Estas tres realidades son desde el principio, desde que fue elegido falsamente por lo Cardenales.

Francisco ha sido elegido lícitamente por la ley de la Iglesia, según los cánones del derecho de la Iglesia, pero de una forma inválida por la ley divina. Por tanto, no es el hombre que profetiza San Francisco que se eleva al Pontificado para llevar a muchos al error.

Ese hombre es el que sustituye a Francisco de una forma ilícita e inválida.

Francisco es el primero de muchos que pasarán por el gobierno comunista de Roma para imponer la doctrina del demonio al mundo, formando una nueva iglesia, una falsa iglesia.

Francisco, en su reinado desdichado en Roma, es un hombre que no sabe gobernar, que no tiene las ideas claras de lo que es estar en una cabeza para poner una guía a las almas en la Iglesia. Eso se ha visto desde el principio de su elección. Eso es claro para que el que tenga dos dedos de frente.

Francisco comenzó su reinado como falso profeta, es decir, engañando con la palabra a toda la Iglesia. Pero su profecía falsa no viene del espíritu, sino de su cabeza, porque él no cree ni siquiera en la existencia del demonio. Él habla del demonio y del pecado pero como entes no reales, sino que están en la imaginación o en la cabeza de muchos.

Francisco sigue los pasos de idealismo, es decir, todo es fruto de la mente del hombre. El hombre se inventa la realidad de todo lo que ve. La verdad está en la mente y eso, después, se transforma en algo real.

Pero el problema de este idealismo de Francisco es que no es como el de Kant o el de Hegel, sino que es utópico, es decir, son ideas que son imposibles de poner en la práctica, en la realidad. Kant, en su idealismo era un hombre práctico en su vida. Francisco no. Francisco vive su vida y predica una utopía, un idealismo que no siquiera él sigue, porque no puede.

No se puede decir que hay que dar de comer a mil millones de personas. Eso, no es sólo un idealismo, sino una utopía. Escandalizarse porque haya hambrientos en el mundo es de personas utópicas, que no ven el mundo en su realidad, como es, sino que lo ven en su pensamiento, en su idea. Y, por tanto, estas personas, para poner un camino a su utopía, lo hacen con una idea absurda, imaginaria, falsa, una fábula: piden dinero para ayudar a toda la humanidad.

Si todo consistiera en pedir dinero, entonces fácil es quitar el hambre en el mundo. Esto lo ven todos, menos él.

Francisco está obsesionado, no por lo pobres, sino por el dinero. Una persona inteligente pone un camino inteligente para resolver un problema económico. Pedir dinero no es camino para nadie en el mundo. Los políticos piden dinero, pero de otra forma, mediante impuestos, etc. Pero no piden dinero sin más. Piden dinero inteligentemente, es decir, con malicia, para su avaricia.

Francisco es el único que pide dinero sin más. Es su utopía, que nace de su comunismo o humanismo.

El humanismo de Francisco es sólo su comunismo, su querer poner en común todos los bienes de los hombres para resolver sus problemas humanos. Así piensa todo comunista en la mente, en la razón, en la filosofía. Después, en la práctica, es otra cosa, como la experiencia nos enseña con Rusia.

Francisco no presenta a un Jesús Redentor, con una Obra Redentora en la Iglesia. Hace mucho Francisco dejó de creer en la Divinidad de Jesús. Por tanto, sólo puede hablar de Jesús en su realidad histórica, humana, natural, carnal, pero no espiritual.

Para Francisco Jesús es una memoria del pasado, en la historia, que hay que hacerla actual, hay que modernizarla, hay que obrarla en este mundo de hoy, siguiendo las coordenadas del mundo, de los hombres. Por eso, para él la interpretación del Evangelio es según la cultura, la ciencia, la filosofía que predomine en el mundo o ente los hombres. No se puede interpretar el Evangelio según el Espíritu de Cristo.

Por eso, en un mundo con problemas económicos, Francisco acomoda el Evangelio según las necesidades materiales de este mundo. Y, por eso, pide dinero y dice que la Iglesia está para dar solución a los problemas de los hombres en sus vidas humanas.

Para Francisco, al anular la Obra de la Redención de Jesús, sólo se puede dar la obra humana de ayudar y de resolver problemas humanos.

Para él la vida no es una elección: cielo o infierno, Dios o demonio, gracia o pecado, verdad o mentira.

Para Francisco la vida consiste en que los hombres vivan bien humanamente y tenga de todo en sus vidas. Que los hombres puedan desarrollarse, crecer para lo humano, pero no para lo espiritual. Lo espiritual, para él, es un ideal, pero no una vida. Es algo que todos los hombres tienen en sus vidas: cada uno cree en su dios, vive una vida religiosa, tiene su moral o es amoral, etc. Cada uno vive en su mente una forma de adorar a Dios y de buscarle. Pero la vida, para él, no es eso. Sino que la vida es lo humano, buscar el reino del hombre en la tierra.

Francisco cae siempre en lo de todos los fariseos en el tiempo de Jesús, que esperaban a un Mesías humano para un Reino humano.

Por eso, Francisco anuncia al Anticristo, precede al Anticristo, que será un Rey humano para un reino o gobierno de hombres en el mundo.

Francisco nunca va a predicar el Reino de Dios en la tierra, porque ni siquiera cree en la Iglesia.

Por eso, Francisco, como falso profeta, tiene un lenguaje ambiguo, doble, de muchas palabras que no dicen nada, que no llevan a nada. Palabras sencillas, pero para bobos, para palurdos, para gente que no sabe nada de la vida. No son palabras sencillas que nacen de una sabiduría, de una inteligencia. Son palabras de una persona inculta, ignorante de todas las cosas, aun las más mínimas de la vida. Sólo le interesa en ese discurso ambiguo su vida humana, su bienestar en la vida humana. Por eso, tiene que predicar que Dios es amor y que ama a todos y que salva a todos. Pero nunca pone un camino para salvarse, para tener misericordia, para quitar el pecado, etc. Sólo va a lo que le interesa: hagan un bien humano y ya se salvan. Como todos los hombres somos muy buenos, Dios nos salva por nuestras obras buenas humanas.

Francisco cae en todas las herejías. No tiene una en que no caiga. Las pose todas, pero como no las fundamenta en algo filosófico o teológico, entonces la gente no cae en la cuenta de la herejía.

Sus herejías las pone en obra sin más, sin pensar, porque así vive desde hace mucho tiempo. Vive para su mentira, porque su mentira es su verdad.

Y, por eso, tiene que dar a la Iglesia un camino de mentira y de pecado, porque es lo que vive. Pero lo malo en la Iglesia no es tener a este hombre. Lo malo es que la Iglesia lo sigue, es decir, no se enfrenta a su ambigüedad, a su utopía, a su comunismo. Esto es lo preocupante para toda la Iglesia.

Si la Iglesia tuviera un poco de fe, si las almas que están en la Iglesia supieran discernir sus vidas a la luz del Evangelio, entonces la cosa sería de otra forma con Francisco. Pero todos le siguen el juego. Y eso es la ruina de la Iglesia. Quien sigue a un hereje, se hace hereje.

Ahora todo en Roma consiste en una predicación para el hombre: “la trata de personas es un crimen para la humanidad”, “hay que amar y proteger la creación”, “es necesario tener una fe religiosa en nombre de la humanidad”, etc. Todo consiste en lo opuesto a la Obra de la Redención de Jesús, que vino a salvar y a santificar. Y, por tanto, no hizo una religión para la humanidad, sino que hizo una Iglesia para cada alma.

El bien que hay que hacer al otro es sólo un bien concreto. El prójimo es una persona, no es la humanidad. Este es el fallo del humanismo de Francisco. Francisco no ve a la persona, sino a la humanidad.

Jesús sólo ve a cada alma, a cada persona en particular. Y pone a cada uno un camino para salvarse y santificarse.

A Francisco no le interesa la persona, sino la humanidad. Eso es lo propio del comunismo. Por eso, él habla de una fe para la humanidad, de un amor para la humanidad. Hay que creer en el hombre, hay que amar al hombre en general. Está cayendo en su utopía, porque es imposible amar la humanidad.

Jesús nunca amó a la humanidad, sino que ama a cada hombre en particular, y hace una Iglesia para cada hombre, para cada alma. Y nos une a todos en Su Iglesia, pero en el Espíritu, no en lo humano. En el amor del Espíritu, no en el amor de los hombres.

Francisco quiere unir a todos los hombres según su ideal, que es una cosa totalmente ambigua, sin sentido. Francisco nunca va al problema espiritual del hombre actual, sino que se esfuerza por resolverlo todo según lo humano y acudiendo a los hombres. Por eso, sólo tiene bellas palabras sobre los problemas de los hombres, pero no da una solución concreta a nada.

No da la solución de Cristo: ¿tienes hambre? Quita tu pecado. ¿Hay guerras en el mundo, drogas, armas, maltrato social, etc? Que cada uno quite su maldito pecado. Y todo se soluciona.

Pero esta solución, que es la doctrina de Cristo, que es la Vida de Cristo, no es lo que predica Francisco.

Jesús vino a cargar con los pecados de los hombres, no vino a dar de comer a nadie, no vino a solucionar los problemas de las drogas, de la mafia, etc. En la Iglesia no hay que esforzarse por dar solución a los problemas de los hombres.

En la Iglesia estamos para ser víctimas y así salvar y santificar las almas. Jesús vino a ser mártir, a dar Su Sangre por los hombres. Nuestra fe se apoya en una Sangre Divina derramada para salvar y santificar. Nuestra fe no se apoya en un vago ideal de amor hacia la humanidad, como es la que presenta Francisco.

Toda su predicación es sólo eso: “los cristianos reconocemos el rostro de Jesucristo, que se ha identificado con los más pequeños y los más necesitados.” Esta su fe ambigua, que no es la fe en la Palabra de Dios. No es una fe robusta, no es una fe viril, que no tiene miedo de dar la Verdad y de decir la Verdad a los hombres: si queréis paz, quiten sus pecados.

Francisco predica para dar gusto a todos los hombres. Cosas hermosas, pero utópicas. No se pueden realizar, de ninguna manera, porque no existe el amor a la humanidad. Sólo existe el amor concreto a cada persona. No existe el ideal del amor, existe la obra del amor. Y esa obra lleva a una muerte, a una crucifixión, aun despojo de todo lo creado, de todo lo humano.

El mundo sólo se salva con almas víctimas, no con gente que dé su dinero y que proponga planes para resolver los muchos problemas que hay en el mundo. Cuando más hablan de paz los hombres, más cerca está la guerra entre ellos.

La Iglesia, con Francisco, a la cabeza, sólo habla de la paz entre los hombres. Malísimo. La Palabra de Dios es una espada cortante, y Jesús viene a poner división, guerra entre los hombres, en las familias. Jesús no viene a hermanar a nadie. No somos hermanos porque seamos hijos de Dios, que es lo que están predicando todos ahora.

Somos hijos de Dios para ir al Cielo. Y quien no quiera ir al Cielo es un hijo del demonio. Y los hijos de Dios se enfrentan a los hijos del demonio en el mundo y en la Iglesia. Luego, no puede darse la hermandad entre los hombres nunca. Es una utopía decir que los hombres somos todos hermanos y que existe ese amor entre todos los hombres. Es una idea necia y utópica, imposible de llevarla a la práctica de cada día. Lo que hay que practicar, cada día, son las virtudes para poder amar a aquellas personas con las que nos topamos en el día. Ahí está el amor concreto y difícil de la vida: dar la Voluntad de Dios al prójimo. Eso es una batalla diaria de discernimiento espiritual.

En la vida de la Iglesia hay siempre una lucha que nunca termina: contra el demonio, contra el linaje del demonio. Y aquel que en la Iglesia no quiera luchar en contra de los hombres, es sólo un demonio más en la Iglesia, que está en la Iglesia para destruirla, porque sigue a su padre, el diablo.

Francisco es un demonio que gobierna muchos demonios como él. Es cabeza de demonios. Pero tendrá que dejar su gobierno a otro más capaz para hacer lo que el demonio quiere en la Iglesia. El demonio contenta a la Iglesia ahora con las fábulas de Francisco. Pero no se va a aquedar en las utopías de un hombre que no sabe ni siquiera lo que es el poder del demonio.

El demonio quiere destruir la Iglesia. Y no se destruye dando de comer a los pobres, sino aniquilando toda verdad, todo dogma en la Iglesia.

El camino ya lo ha puesto Francisco al anular el Papado. Esa ha sido su obra como anticristo: ha echado del centro de la Iglesia a Cristo. Es decir, quien gobierne la Iglesia ya no es el Vicario de Cristo, la Voz de Cristo, sino el vicario de Satanás, la voz de Satanás. Ahora el centro de la nueva iglesia es el demonio.

Pero no es suficiente con quitar el centro. Hay que quitar el amor de la Iglesia: que es la Eucaristía, que es el motor de toda la Iglesia. Se ha quitado la cabeza, pero no el corazón. Ahora comienzan a quitar el corazón. Y cuando se pare, cuando deje de latir, se acabó la Iglesia en Roma. Habrá que irse de esa Roma que ya es la Ramera de todo el mundo.

A %d blogueros les gusta esto: