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Las blasfemias de Bergoglio en su herético mensaje para la jornada de la paz

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«del deseo de una vida plena… forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer» (1 de enero del 2014).

Aquí, Bergoglio, está desarrollando la idea herética de la ecología, que nace de la concepción errada que tiene de la fe en Dios creador; una concepción desde la “horizontalidad”, no desde la verticalidad: como todos somos hijos de Dios, entonces todos somos hermanos entre sí; todos habitamos en la misma casa del Padre, en la creación, en el universo. Consecuencia: se da una gran intimidad, una gran cercanía con todas las cosas.

Es decir, que el hombre es un ser en el mundo con todas las cosas. Y, por lo tanto, el hombre se une, se casa, hace un matrimonio con todo el universo, está en relación, interactúa, dialoga con todos los seres vivientes, con todo lo que existe, aunque no sea un ser viviente. Todos se convierten en hermanos, no sólo de sangre, sino de alma, de mente, de espíritu.

Adán y Eva «concibieron la primera fraternidad, la de Caín y Abel. Caín y Abel eran hermanos, porque vienen del mismo vientre, y por lo tanto tienen el mismo origen, naturaleza y dignidad de sus padres, creados a imagen y semejanza de Dios» (8 de diciembre del 2014).

Bergoglio no puede entender el pecado de Adán y, por lo tanto, concibe lo que sucedió en el Paraíso desde la fraternidad, no desde el pecado, no desde el mal, no desde la verdad revelada: concibieron la primera fraternidad. No puede hablar de que Adán y Eva concibieron el primer hijo en pecado. Anula esta verdad para poner su mentira, su fraternidad.

El mal, para Bergoglio, va a estar en el hombre, no en la acción del demonio en el hombre. El mal no tiene una raíz espiritual en Bergoglio y, por eso, dice: «el pecado no es una mancha en el alma que tengo que quitar». No es algo que el demonio ha puesto en mí; sino algo que ha hecho el hombre y que se resuelve sólo por caminos humanos, por su falso misticismo: la fraternidad.

«El asesinato de Abel por parte de Caín deja constancia trágicamente del rechazo radical de la vocación a ser hermanos. Su historia pone en evidencia la dificultad de la tarea a la que están llamados todos los hombres, vivir unidos, preocupándose los unos de los otros» (1 de enero del 2014). El mal de Caín es un problema humano, fraternal, no espiritual. Bergoglio ha puesto la vocación a ser hermanos como la misión de todo hombre cuando nace. Ése es su mayúsculo error en su enseñanza.

Dios crea al hombre para ser hijo de Dios: le da una vocación divina. No le ofrece una fraternidad, sino la participación en el ser divino: el hombre es Dios por participación. Esta es la vocación sublime de todo hombre, que Bergoglio se carga de manera absoluta.

Y porque el hombre es hijo de Dios, por eso, el demonio le acecha para poner en la naturaleza humana su obra demoníaca, que es lo que hizo con Adán. Y, por tanto, Adán engendró a un demonio: Caín. Y el pecado de Caín es la obra del demonio en Caín: es una obra espiritual. Caín mata a Abel porque éste tiene el sello de Dios, del cual carecía Caín. No lo mata porque rechaza la vocación de hermano. Caín carecía de esta vocación.

Pero Bergoglio está a lo suyo: en su clara herejía, en su nefasta apostasía de la fe.

Por eso, dice: Caín y Abel creados a imagen y semejanza de Dios. Bergoglio no comprende que al pecar Adán, la gracia, la vida sobrenatural, la semejanza con Dios se pierde. No lo comprende porque ha anulado el concepto de pecado, como dogma, como verdad revelada.  Ni Caín ni Abel fueron engendrados en la semejanza de Dios, porque no hay gracia. Caín y Abel fueron engendrados en el pecado original. Tienen un mismo padre, pero diferente madre. Esto Bergoglio no lo puede enseñar porque no cree en el Paraíso, en las palabras reveladas, sino que las interpreta a su manera. Para él, el génesis es un cuento de hadas, no la realidad de la vida sobrenatural.

Bergoglio sólo está en su idea ecológica: la fraternidad.

El hombre existe en un universo y, por tanto, coexiste con todo lo demás, se une a todo lo demás, se relaciona con todo lo demás, con una necesidad absoluta, como algo inscrito en su ser, que está por encima, incluso de su libertad como hombre: es como un imperativo de ser del universo, de encajar en el universo, de relacionarse con todo el universo, de ser hermano de todos. Es el falso misticismo propio de Bergoglio: quiere abarcar en su mente la totalidad de las cosas, unidas entre sí de una manera mágica, cósmica, universal, fraternal.

Por eso, habla de que la vida plena necesita de un anhelo indeleble de fraternidad: es el amor al hombre puesto por encima del amor a Dios.

La plenitud de la vida sólo es posible en el anhelo infinito de Dios: si el alma no desea lo divino, de una manera indeleble, no puede amar al hombre, al prójimo, a la creación.

Pero Bergoglio dice: «Así, la conversión a Cristo, el comienzo de una vida de discipulado en Cristo, constituye un nuevo nacimiento que regenera la fraternidad como vínculo fundante de la vida familiar y base de la vida social» (8 de diciembre del 2014). Lo que funda la vida familiar y social es el amor fraterno, no el amor de Dios, no la ley eterna, no la ley natural. Por eso, habla de una conversión totalmente contraria a la que enseña san Pablo en su carta a los Corintios. Habla de que la persona se convierte para una fraternidad: regenera la fraternidad. Es su idea herética de la ecología: como todos somos hijos de Dios, entonces todos somos hermanos. Anula la conversión para ser hijo de Dios. Quien se convierte a Cristo, recibe la gracia que le regenera en un hombre nuevo: el ser hijo de Dios. Bergoglio se carga la gracia, anula el amor de Dios, y se pone por encima de toda ley natural, divina y de la gracia.

Bergoglio tuerce el concepto de hermano que san Francisco utiliza en sus obras. Para San Francisco de Asís todo hombre es hermano porque tiene una naturaleza humana. Somos hermanos porque poseemos una naturaleza humana: ése es el sentido del amor al prójimo, que enseña Jesús en Su Evangelio: ama al prójimo como a ti mismo. Se ama al otro porque cada hombre ama su naturaleza humana. Es la ley natural. Amo al otro porque amo su naturaleza humana, que es también la mía, aunque en otro cuerpo, con otra alma, guiada por otra persona.

Por ley natural, los hombres se aman a sí mismos y, por tanto, aman a todo hombre que tenga una naturaleza humana como se tiene en sí mismo. Esto, tan sencillo, lo tuerce Bergoglio.

Hay que amar al otro porque no encontramos enemigos, contrincantes: «en los que encontramos no enemigos o contrincantes». Y esto es una gran mentira. Hay que amar al otro porque es hombre, porque tiene una naturaleza humana. Pero en el otro, no se puede amar lo que nos hace enemigos: su pecado. Se ama al pecador, pero se odia su pecado, se aleja uno de su pecado, se pone un muro entre su pecado y la vida de uno.

El hombre, para amar en la verdad a sus semejantes, tiene que juzgar el pecado del otro y darle al otro lo que se merece, lo que el otro busca en su misma vida de hombre: una justicia para su pecado. Esto es lo que anula Bergoglio, por estar en su idea ecológica, que es un falso misticismo, es un panenteísmo y es la concepción masónica de la vida del hombre: la falsa tolerancia.

No se puede acoger el pecado, el error del prójimo, que es lo que quiere Bergoglio: «hermanos a los que acoger y querer». No se puede querer la herejía, el pecado, la mentira, el error de una persona. No se puede tolerar que las personas vivan sus vidas engañando con sus mentes a los demás, como hace Bergoglio. No es digno de un Obispo ser mentiroso. No hay respeto a un Obispo que miente cada día en la Iglesia. No hay obediencia a la mente de un Obispo que se ha pervertido por estar fornicando con la mente de todos los hombres, que viven en el error de sus vidas.

Esto es lo que muchos católicos todavía no han comprendido de Bergoglio: le siguen obedeciendo. Pero, ¿a qué le obedecen? ¿A su sonrisa? ¿A su cara bonita?

La obediencia en la Iglesia es a la Jerarquía que da, que enseña, que guía, en la Verdad. Bergoglio no da, ni enseña ni guía en la verdad. Entonces, ¿por qué los católicos viven un disparate en la Iglesia al someterse a un hombre que no vale para nada en la vida eclesial, que no es camino para salvar el alma ni para santificarla? ¿Por qué?

Porque los católicos, que obedecen a Bergoglio y a toda la Jerarquía que se somete a ese charlatán, son como Bergoglio: no tienen fe católica, no son de la Iglesia Católica, no sirven para ser Iglesia, para obrar en la Iglesia la verdad de la doctrina de Cristo.

«En la historia de los orígenes de la familia humana, el pecado de la separación de Dios, de la figura del padre y del hermano, se convierte en una expresión del rechazo de la comunión traduciéndose en la cultura de la esclavitud (cf. Gn 9, 25-27), con las consecuencias que ello conlleva y que se perpetúan de generación en generación: rechazo del otro, maltrato de las personas, violación de la dignidad y los derechos fundamentales, la institucionalización de la desigualdad» (8 de diciembre del 2014).

Fíjense el disparate que dice este hombre, este necio que cuando habla da la verdad de lo que es: un demonio.

Bergoglio no comprende la maldición de Noé y llama a todo eso: cultura de la esclavitud. Ha anulado la obra de expiación del pecado que esa maldición conlleva, pero que Bergoglio no puede verla, como no ve la maldición que hace Dios de la creación cuando Adán peca.

El problema del hombre actual, lo que se ha transmitido de generación en generación es esa cultura de la esclavitud. Anula el pecado en la generación del hombre. Todo hombre –para Bergoglio-  nace santo; es la vida, las circunstancias, esa tara de esa cultura de la esclavitud que arrastra la sociedad, el mal en el hombre y en el mundo.

¿Han captado el disparate? El pecado no es un dogma, no es una verdad revelada en el Paraíso, que tiene una raíz espiritual y, por lo tanto, unas consecuencia espirituales para todo hombre, que se transmite de generación en generación, sino que es un asunto humano, de culturas: es la cultura de la esclavitud. Y sobre esta base herética, totalmente contraria a la verdad que Dios ha revelado, construye su mensaje de la paz diciendo que todos somos hermanos y que nadie es esclavo.

¿Ven la estupidez de este hombre? ¿Todavía no la ven?

Así está la Iglesia: llena de estúpidos como Bergoglio.

Un hombre estúpido es el que dice esto: «El que escucha el evangelio, y responde a la llamada a la conversión, llega a ser en Jesús «hermano y hermana, y madre» (Mt 12, 50)» (Ib.).

¡Pero qué estúpido que es Bergoglio que pone la cita y da una idiotez de interpretación! ¡No seas estúpido! ¡No cites el Evangelio para después dar tu mentira! ¡Bergoglio mismo se condena en sus mismas palabras!

¿Qué dice Mt 12, 50? «He aquí mi madre y mis hermanos. Pues todo aquel que hiciere la Voluntad de mi Padre, que está en los Cielos, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre». Hay que hacer la Voluntad del Padre para ser hermano de Cristo. No hay que escuchar el Evangelio. Hay tantos hombres que escuchan la Palabra de Dios y después hacen sus propias voluntades humanas, que no pueden ser hermanos de Cristo, aunque crean en Cristo.

Hay que cumplir con la Voluntad de Dios, no hay que responder a la llamada de la conversión. Dios llama a las almas a convertirse, a salir de su vida de pecado.  Pero una vez que el hombre sale, se convierte, tiene que aprender a hacer la Voluntad de Dios. Y si no aprende eso, vuelve a su pecado.

Bergoglio nunca habla de la Voluntad de Dios. Ya lo ven cuando cita este pasaje. No declara el pasaje como es, no puede hablar de la Voluntad del Padre, porque no cree en Dios Padre. Bergoglio cree en su concepto de Dios, en su concepto de Dios creador, en su concepto de Dios Padre. Pero Bergoglio no cree en el Padre como el que engendra a Su Hijo en Su Voluntad. Esto no le entra en cabeza; él no puede entrar en el Misterio de la Santísima Trinidad porque no cree en ese dogma: «No creo en un Dios Católico». Entonces, ¿qué haces en la Iglesia Católica? ¿Para qué estás sentado en la Silla de Pedro? Para destruir la Iglesia Católica, la fe católica en las almas con su palabra barata, rastrera y blasfema, que es lo que hace cada día. Y muchos católicos, muchos teólogos ni se han enterado –todavía- de esta destrucción.

Al torcer el Evangelio de Mateo, le sale otra herejía, que es una clara blasfemia contra el Espíritu Santo:

«No se llega a ser cristiano, hijo del Padre y hermano en Cristo, por una disposición divina autoritativa, sin el concurso de la libertad personal, es decir, sin convertirse libremente a Cristo. El ser hijo de Dios responde al imperativo de la conversión: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2, 38)» (Ib.).

El imperativo de la conversión: esto es Hegel.

Eres hijo de Dios por el imperativo de la conversión. No eres hijo de Dios por gracia y por libertad. Este Misterio, el de la gracia y la libertad, queda anulado en Bergoglio.

Bergoglio no comprende la conversión del hombre: El hombre se convierte por una gracia divina, que le toca en su corazón y que le abre para responder a esa gracia. El hombre, en su libertad, responde o no responde a esa gracia. Esa gracia es un don de Dios, que el hombre no se merece. Esa gracia no es una exigencia de Dios, no es una disposición autoritativa de Dios, porque Dios no impone nada. Dios lo regala todo.

El hombre, en su libertad, responde o no a Dios, a ese regalo divino. Y responde libremente, no por imperativo. En la libertad, el hombre no está coaccionado: es libre. Nada ni nadie le impera. La conversión no le impera para convertirse, para elegir. El hombre elige sin imperativo, sin coacción. Si hay imperativo, si la conversión es un imperativo, entonces el hombre no es libre.

Es lo que está diciendo Bergoglio: se es hijo de Dios por imperativo de la conversión. Es decir, no eres libre en tu conversión. Esto es el imperativo de la razón de Hegel: el hombre hace las cosas por imperativo de su razón, con la coacción de su razón. No puede quitarse la razón para ejercer su libertad. Es una libertad impuesta por la razón, que no es libertad. Esto es una gran blasfemia contra el Espíritu Santo, porque Dios ha creado a todos los hombres libres. Y en su conversión, los hombres siguen siendo libres. No existe el imperativo de la conversión.

En este planteamiento de su falso misticismo, de su falsa fraternidad, de cargarse todo el dogma, tiene que decir otra herejía:

«Todo esto demuestra cómo la Buena Nueva de Jesucristo… también es capaz de redimir las relaciones entre los hombres, incluida aquella entre un esclavo y su amo, destacando lo que ambos tienen en común: la filiación adoptiva y el vínculo de fraternidad en Cristo. El mismo Jesús dijo a sus discípulos: «Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer» (Jn 15, 15)».

Jesús ha redimido la esclavitud, la cultura de la esclavitud, las relaciones entre un esclavo y su amo. ¡Tamaña barbaridad! ¡Necio discurso de un hombre sediento de la gloria humana! ¡Estúpida cabeza de un loco que se cree superior a todos porque se sienta, en su orgullo, en la Silla de Pedro!

El evangelio, la Buena Nueva, no redime las relaciones entre los hombres. La Palabra de Dios redime las almas de los hombres: las salva del pecado, purifica sus corazones y transforma al alma en otro Cristo. Si el alma imita a Cristo en su vida, si el alma se asimila a Cristo en su vida, si el alma se niega a sí misma en su vida, entonces salva y santifica a los demás hombres, irradia la verdad, el amor de Cristo: obra la santidad en la familia, en el matrimonio, en lo social, en el estado, en la Iglesia.

Los hombres no tienen en común ni la filiación adoptiva ni el vínculo de la fraternidad. Esta es la idea ecológica. Esto es lo principal en la ecología: como somos hijos de Dios, entonces todos somos hermanos. Este es el eje central de toda la herejía de Bergoglio. Y esta idea está en todas sus homilías y escritos. Y esta idea la va a reflejar en ese documento blasfemo que va a sacar, próximamente, sobre la ecología.

Bergoglio, en su blasfemia contra el Espíritu Santo, está construyendo una nueva iglesia, con una nueva doctrina, con un falso cristo, con un falso evangelio, con un falso magisterio. Y los católicos como imbéciles, detrás de este blasfemo. ¡No tienen vergüenza!

El grave problema de la ecología es torcer la Palabra de Dios para expresar el negocio de los hombres. Se apoyan en todos los santos, en el magisterio de la Iglesia, en la Sagrada Escritura, para poner de relieve una grave blasfemia: el hombre, el culto al hombre en la creación.

Para el ecologista no se puede hablar de esclavitud, del dominio de la naturaleza humana, que Dios revela en Su Palabra: «Procread y multiplicaos; y henchid la tierra; sometedla y dominad…» (Gn 1, 28). Este domino, esta esclavitud va en contra de la fraternidad para el que sigue la herejía del ecologismo.

Para el ecologista, el hombre no está por encima de la naturaleza, no la domina, sino que está dentro de la naturaleza: es el panenteísmo: el ser humano está en el mundo y con todas las cosas: la libertad del hombres se realiza en el interior del mundo, no sobre el mundo, no dominando al mundo, sino siendo uno con todas las cosas del mundo.  El mundo, la creación le impera al hombre para obrar con libertad.

Lo que tiene valor es la creación, no el hombre. Es el panenteísmo: Dios crea la creación de sí mismo, no de la nada. Por tanto, toda la creación es divina, sagrada. El hombre es parte de esa creación sagrada, divina, y no puede dominarla, esclavizarla. El hombre es sagrado y, por eso, Bergoglio, predica que la persona humana es sagrada. El hombre, al ser sagrado, se une a la creación, que también es sagrada. No tiene que dominarla, sino establecer relaciones para no dañarla, para no esclavizarla. En esta herejía, que es una blasfemia, del panenteísmo, cabalga toda la ecología.

Y Bergoglio pone, en su blasfemo discurso, una sarta de ejemplos que no tienen nada que ver con la esclavitud, con ninguna cultura de la esclavitud, sino con el pecado de los hombres, en los diferentes países. Para Bergoglio todo es esclavitud: las prostitutas, los emigrantes, los que trabajan de manera ilegal, etc… Pone una serie de ejemplos que sólo muestran una cosa: su comunismo:

«Hoy como ayer, en la raíz de la esclavitud se encuentra una concepción de la persona humana que admite el que pueda ser tratada como un objeto. Cuando el pecado corrompe el corazón humano, y lo aleja de su Creador y de sus semejantes, éstos ya no se ven como seres de la misma dignidad, como hermanos y hermanas en la humanidad, sino como objetos».

La raíz de la esclavitud está en el concepto de la persona humana: Hegel.Todo el problema de los hombres está en la idea, en la mente, dentro de la racionalidad. El culto a la razón del hombre, al lenguaje humano, a la palabra barata y blasfema.

Y, además, es un concepto de la persona en el que se admite el ser tratada como objeto: no existe ese concepto de la persona humana. Ni en teología ni en la filosofía ni en la metafísica. Es un invento de la mente de Bergoglio para destacar una cosa: el bien común.

La raíz de la esclavitud está en el pecado de la persona humana: no está en no ver al otro como hombre, en su dignidad humana. No; está en pecar contra el otro al tratarlo como objeto y, a pesar de que se vea su dignidad humana. No se pierde la visión de la dignidad humana al pecar. Se peca por una maldad, no porque se tenga presente o no el concepto de dignidad humana.

Bergoglio apela a su comunismo: «hermanos y hermanas en la humanidad»: el bien común. Como no buscas el bien común de ser hombre, de tener una naturaleza humana, de respetar al otro porque es una persona humana, porque tiene dignidad, entonces caes en la esclavitud.

Bergoglio niega la propiedad privada, el bien privado de la libertad de cada hombre. El hombre, en su bien privado, en su libertad, elige hacer daño al otro, tratarlo como un objeto, aunque sepa que sea hombre. Siempre la persona comunista ve el bien privado, la propiedad privada, la libertad del hombre como una función social: si quieres ser hombre tienes que hacer un bien común a todos los hombres en la sociedad, en el estado, en la iglesia. Es el comunismo que está fundamentado en el panenteísmo: hay que hacer el bien común porque el hombre, para ser hombre, para ejercer su libertad humana, tiene que estar en el mundo, dialogar con el mundo, ser del mundo, unirse a todo hombre, porque es su hermano, su sagrado hermano.

Y se podría seguir diciendo las herejías que Bergoglio expone en este mensaje para la próxima jornada de la paz, que escribió el día de la Inmaculada. Pero no merece la pena. A nadie le interesa mostrarse ante Bergoglio como enemigo. Todos están tan contentos con este subnormal, que se les cae la baba. Y Bergoglio no es nada en la Iglesia Católica. Nada. Y quien lo tenga por algo, sencillamente escribe, con letras de oro, su misma condenación.

Dejen a Bergoglio en su gran blasfemia, y dedíquense a discernir el camino de la Iglesia, que no está en Roma ni en las Parroquias. No lo tiene la Jerarquía de la Iglesia. Ellos van a salir escaldados de esa falsa iglesia en busca de los católicos verdaderos, que se han dedicado a permanecer en la Verdad, batallando contra todos los hombres, contra todos sus pensamientos y obras en la Iglesia, para seguir siendo Iglesia.

El que es de Cristo no necesita a Bergoglio como Papa. Lo que necesita es dar testimonio de la Verdad a todo aquel que se atreva a dar publicidad a las herejías de un charlatán, que sólo vive para alimentarse de la gloria, del dinero y del poder de los hombres.

Escupan la mente de Bergoglio, porque dentro de ella está toda la blasfemia del demonio para la Iglesia.

¡Ay de aquel que no se atreva a dar una patada a Bergoglio por el falso respeto y la falsa obediencia a un hombre que no se merece ni los buenos días!

¡Es una vergüenza lo que hacen muchos católicos que ven la herejía de Bergoglio y que por un falso amor al hombre lo siguen sosteniendo porque así creen que no hacen mal a la Iglesia! ¡Son ellos los que destruyen la Iglesia sosteniendo, obedeciendo a un hereje como Papa! ¡Ningún Papa es hereje ni puede serlo! ¡Cuántos católicos, y renombrados católicos, desconocen esta verdad! ¡Qué infierno van a tener por estar dando buena y mala publicidad a un hereje!

El gran pecado de la Jerarquía actual: su soberbia

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La verdad de la Iglesia sólo está en Cristo, que es el que la ha fundado. Por tanto, ningún hombre sabe construir la Iglesia.

Si no comenzamos desde este punto, entonces toda la Jerarquía de la Iglesia se inventa su iglesia, que es lo que vemos desde que Francisco se sentara en la Silla de Pedro: lo que importa es la opinión de los hombres en la Iglesia, pero no la Verdad de la Iglesia.

Es Cristo el fundador de la Iglesia. Y Cristo da Su Espíritu para que los hombres obren en la Iglesia lo que el Padre quiere. La Voluntad de Dios es la Obra de la Verdad. Quien hace lo que Dios quiere da sentido a su vida; pero quien va buscando sus propias voluntades, que son fruto de sus ideas, de sus opiniones, de sus puntos de vista, entonces su vida sólo tiene el sentido de su soberbia humana.

El problema de los hombres es siempre que no siguen al Espíritu de Cristo, sino que siguen a sus pensamientos humanos.

Éste es todo el problema durante 20 siglos de Iglesia: la soberbia humana impide hacer la Iglesia que Cristo quiere.

Y es sólo la soberbia humana, pecado que engendra otros muchos pecados y males en la Iglesia. El mal de toda la Iglesia es el pecado de soberbia de muchos sacerdotes y Obispos, que han perdido el norte de su vida espiritual y sólo se dedican a sus obras humanas en sus ministerios sacerdotales. Y eso lleva a toda la Iglesia a actuar como ellos; es decir, a construir una Iglesia humana, carnal, material, natural, pero cerrada todo bien divino y espiritual.

Si no se ataca, de forma conveniente esta soberbia, que todos los hombres tenemos, entonces hacemos de la Iglesia un lugar para nuestro fariseísmo: cada uno quiere imponer su idea de cómo hay que ser Iglesia y hacer Iglesia. Cada uno sigue su pensamiento humano, su lenguaje humano, su filosofía humana, pero nadie obra la Voluntad de Dios en la Iglesia.

La soberbia en el hombre es innata; es decir, todos nacemos con la soberbia original de Adán. Ese pecado de Adán se transmite a todo hombre y en todo tiempo. No hay hombre que no haya sido soberbio y que no haya querido imponer su idea en la vida de otros.

Sólo una Mujer nunca tuvo soberbia, porque fue engendrada sin el pecado de origen: en su concepción sin pecado original. Y sólo Dios podía hacer esto por los méritos de Su Hijo, que tenía que nacer, sin concurso de varón, en esa Mujer.

De la Virgen María nace Jesús; de la Mujer, el Hombre, que es el Nuevo Adán, un Hombre del Espíritu, porque es engendrado por el Espíritu en la Mujer.

Jesús no es un Hombre de hombre (de varón) y, por tanto, no es persona humana. Toda persona (en la naturaleza humana) es humana porque es engendrada de hombre y de mujer; es decir, tiene la misma naturaleza del hombre y de la mujer. Jesús es engendrado de Espíritu y de la Mujer; luego ya no es persona en la naturaleza humana, sino que hay que buscar su Persona en Su Naturaleza Divina.

Jesús tiene dos naturalezas; luego ya no es sólo hombre, ya no puede ser persona humana. Su naturaleza humana convive con la Naturaleza Divina.

Y, por tanto, Jesús es otra cosa: no sólo hombre, sino también Dios. Es un ser con dos naturalezas distintas, que no se confunden, pero que poseen una Jerarquía, un Orden, una Armonía en Jesús. Jesús sólo tiene la Persona Divina, que es el Verbo, engendrado por el Padre en el Espíritu. Y esa Persona Divina rige toda la naturaleza humana de Jesús.

Jesús, por tanto, no puede mirar a los hombres como éstos se miran unos a otros. Jesús no está para los hombres, no vive para los hombres, no obra como los hombres, no piensa como los hombres, no ve el mundo como lo ven los hombres.

Jesús, al ser Dios, mira lo humano con los ojos divinos. Y, por eso, puede entender todas las cosas del hombre. El hombre no se comprende a sí mismo, porque no tiene la visión de Dios. El hombre sólo comprende algunas cosas de él mismo y pocas del exterior. Y de Dios, el hombre no comprende nada o casi nada, porque Dios es Espíritu. Y el hombre sólo tiene un alma espiritual, incapaz de alcanzar el Espíritu por sí misma, si Dios no la ayuda.

Todo el problema de la Iglesia, actualmente, es contemplar a Jesús como hombre, como persona humana. Y, entonces, se tiene que negar lo que es Jesús y su doctrina en la Iglesia.

La Encarnación del Verbo es hacer de lo humano un ser divino, glorioso, distinto a todo lo humano. Por eso, Jesús viene con la Gloria del Padre; pero necesita despojarse de esa Gloria porque los hombres viven en el pecado, sin Gloria, sin vida espiritual, sin un fin divino. Y Jesús se despoja de Su Gloria y se queda pasible y mortal: puede sufrir y puede morir.

Y la Iglesia actual no comprende este despojo del Verbo Encarnado porque ha fabricado su Jesús, su visión de Jesús, del Mesías, del Reino del Mesías. Y, por eso, cae en el pecado de los fariseos, que es el pecado de los judíos de todo tiempo: esperar a un Mesías político, humano, terrestre, carnal, material, natural.

Este pecado es el de la Jerarquía de la Iglesia actual, la que está ahora en Roma gobernando una Iglesia que no le pertenece.

La Iglesia verdadera no está en Francisco ni en todo su gobierno horizontal. No existe en esa estructura que ha creado ese hombre, que se viste de Obispo, y que es sólo una caricatura de sacerdote, una figura enclenque de Papa.

Francisco no es Papa, sino un hombre, sin vida espiritual, que no sabe lo que es la vida de la Iglesia, que sólo se sienta en la Silla de Pedro para salir en el mundo, para aparecer ante el mundo como el que sabe lo que hay que hacer en la Iglesia.

Esto es la idea que ha recogido Francisco de la renuncia del Papa Benedicto XVI. El Papa verdadero se fue porque no encontraba un camino en la Iglesia. Y él sigue sin camino. Él sigue esperando algo de Francisco. Y éste su principal error, que viene de su pecado en la renuncia.

Un hombre inteligente como el Papa Benedicto XVI sabe lo que Francisco está diciendo. Y, sin embargo, calla. Es decir, comulga con los errores, con las mentiras, con las herejías, con el pecado de Francisco. Calla. Y esto es muy grave dentro de la Iglesia.

Muchos en la Iglesia han comenzado a hablar mal de Francisco y, por tanto, a actuar en consecuencia. Y ven la oposición que existe en la Iglesia cuando uno quiere ponerse en la Verdad: se comprueba que nadie quiere la Verdad. Todos están en la Iglesia para escuchar lo que ellos quieren. Y nadie está en la Iglesia para escuchar la Verdad y ponerla en práctica.

Es el pecado de soberbia, del fariseo que ya se cree santo porque cumple con unas normas o sigue unas estructuras en la Iglesia. Es el pecado de ver a Jesús como líder humano, líder político, líder para los hombres. Un líder que gusta a los hombres porque sigue, porque se adapta a las costumbres, a las culturas, a las ciencias de los hombres. Eso es sólo Francisco: un líder ideal para aquellos que hacen de su vida un cultura, una ciencia, un delirio social, un negocio, una empresa, una dedicación al bien humano.

Y el problema de todos estos hombres es que están cerrados al Espíritu. No pueden comprender lo que es la vida espiritual, lo que es la vida de la gracia, lo que es la vida divina en la Iglesia.

Dios ha dado Su Espíritu al hombre y, por eso, todo hombre nace con un alma, con un cuerpo y con un espíritu. Ese espíritu viene del Espíritu; no es una parte del Espíritu, sino un ser que se derrama en el hombre, que le hace tender hacia el Espíritu.

El espíritu humano es la capacidad que tiene el hombre para comprender la vida espiritual. Sin este espíritu humano, el hombre sólo se queda en su soberbia, que es el conocimiento que nace de su mente humana, que está en su alma.

El hombre piensa con su alma, con el entendimiento que su alma tiene. Pero el hombre, con su alma no abarca lo espiritual. Entiende cosas de la vida espiritual, de Dios, de los espíritus, pero no capta la esencia de todo eso.

Para captar lo espiritual como es, es necesario tener un espíritu; que es algo diferente al alma. El alma es espiritual, pero no es espíritu. La esencia del alma es espiritual, no es material. Y el alma, en esa esencia espiritual, se mueve hacia el espíritu, pero en un cuerpo, no en el Espíritu.

El hombre tiene deseos espirituales, ya por su alma, ya porque tiene un espíritu humano. Y cada hombre tiene que discernir sus deseos espirituales, porque muchos de ellos provienen de su naturaleza humana, no de Dios.

Cuando hablamos de la vida de la Iglesia estamos hablando de lo que quiere el Espíritu en la Iglesia, que es la Obra del Verbo Encarnado. Y, por tanto, no estamos hablando de lo que quieren los hombres, de lo que entienden los hombres, de lo que obran los hombres.

Porque la Iglesia es la Obra del Espíritu y, por eso, no es fácil hacer la Iglesia como el Espíritu quiere.

Toda la dificultad de tantos sacerdotes y Obispos sólo está en su soberbia, en la que tiene cada uno en sí mismo. Y esa soberbia les hace quedarse en su alma y cerrarse al Espíritu.

Con el espíritu humano el hombre tiene la inteligencia divina para hacer las obras divinas en la Iglesia; con el alma humana, el hombre sólo posee su inteligencia humana, que es incapaz de hacer una obra divina en la Iglesia.

Por eso, todo hombre tiene que someterse a Dios, tiene que obedecer a Dios, en Espíritu y en Verdad.

La obediencia del hombre a Dios significa el sometimiento de su alma, de su entendimiento humano, al Entendimiento Divino. Y es un sometimiento absoluto, no relativo. Todo el hombre, todas sus ideas, todo sus conceptos de la vida tienen que someterse, inclinarse hacia Dios. Si el hombre tiene una idea que no se somete a Dios, que es distinta de lo que Dios tiene en su Pensamiento Divino, entonces el hombre cae en su soberbia.

Por eso, el mundo está lleno de ideas totalmente contrarias a lo que Dios tiene en Su Pensamiento. Y de ahí se conoce que el mundo no pertenece a Dios, porque no se quiere someter a Dios en las ideas que fabrica, que se inventa, que adquiere. El mundo será siempre del demonio, porque es el constructor de la soberbia, es el que se inventa la idea soberbia, la idea que está de moda en los hombres, que siguen los hombres, que buscan los hombres.

Una Iglesia que se olvida de combatir su soberbia en muchos consagrados hace de la Iglesia una estructura que no sirve para obrar el Evangelio. Roma ya no sirve para ser Iglesia ni para obrar la Iglesia. Es una estructura vieja, formada por la soberbia de muchos sacerdotes y Obispos, que sólo están en Roma para ganar dinero y para tener un puesto en la Iglesia. Francisco ha puesto una estructura nueva en lo viejo que estaba en Roma: su gobierno horizontal. Eso produce que Roma se hunda totalmente y en poco tiempo.

Lo que ha hecho Francisco es abrir las puertas de Roma al negocio del poder, como se comprende en el mundo. Todos, ahora, van a querer sentarse en la Silla de Pedro. Eso es ya el negocio que viene del gobierno horizontal. No se puede esperar de unos hombres herejes, que ya no creen en los dogmas, como son los que componen el gobierno horizontal, una verdad en la Iglesia. Es algo absurdo, es una ilusión creer que ese gobierno va dar solución a los problemas de la Iglesia. Eso no cabe en la cabeza cuando se vive la Verdad.

Las estructuras de la Iglesia en Roma, en la actualidad, son aptas para destruir toda la Iglesia, porque ya no existe el Vértice, una Cabeza Absoluta, que es el Papa. Por tanto, en el gobierno de esa estructura que hay en Roma está la maldición de toda la Iglesia.

Ni Francisco ni el gobierno horizontal representa a la Iglesia verdadera. Lo que hay en Roma es sólo una iglesia nueva, con lo externo de los 20 siglos de Iglesia. Pero su interior está corrupto en su raíz.

El gobierno horizontal no es un bien en la Iglesia, ni siquiera algo más o menos bueno dadas las circunstancias, sino que es una maldad en su totalidad. Poner un gobierno horizontal en la Iglesia es un pecado que no tiene perdón de Dios. Éste es el punto que muchos no comprenden.

Francisco es una maldición para toda la Iglesia por haber puesto su gobierno horizontal. ¡Una maldición! Porque ese gobierno horizontal trae cualquier pecado y cualquier mal a toda la Iglesia.

Se gobierna la Iglesia estando Pedro solo, sin nadie, sin ayuda de nadie, sin colaboración de nadie. Es Cristo quien gobierna Su Iglesia, a través de Su Pedro.

Quien renuncia a ser Pedro, renuncia a la Iglesia: éste es el pecado del Papa Benedicto XVI. ¡Gravísimo pecado, que trae consecuencias desastrosas para todos en la Iglesia!

Y quien se pone como Papa sin ser llamado por Cristo a ser Pedro, atrae para la Iglesia sólo la Justicia Divina; es decir, no hay Misericordia para la Iglesia.

Si la Iglesia quiere hallar Misericordia a los ojos de Dios, tiene que enfrentarse a Francisco y a todo su gobierno horizontal. Esto es lo que muchos no acaban de comprender.

La Iglesia verdadera no es la que se ofrece en la iglesia de Roma, que dan las estructuras de Roma. Eso es sólo la nueva iglesia, la iglesia universal, la iglesia en la que todo vale, en la que está todo incluido, la que sirve para todo, porque ya no hay moralidad, ya no hay ética, ya no existe la Verdad.

La Iglesia verdadera está fuera de Roma, de sus estructuras, de esos hombres que se creen con poder y que sólo tienen una figura, una entelequia del poder del demonio. Es el demonio el que obra a través de ellos. Y sólo el demonio. Cristo no habla por bocas mentirosas, que engañan cada día, que no saben lo que es la vida de moralidad, la ley divina y la ley natural en la naturaleza humana, como es Francisco y todos los que los siguen y le aplauden sus claras herejías.

Cristo toma las bocas de los humildes, de los que son nada ante los hombres porque se pasan la vida luchando contra ellos, contra el mundo, contra el demonio, contra sus pecados.

Cuando la Iglesia se olvida de luchar contra su pecado, entonces se vuelve una maldición. Eso es el gobierno horizontal: en ese gobierno ya nadie lucha contra el pecado, sino que se lucha por conseguir una idea, una filosofía, una visión humana para anular el pecado, para decir que el pecado es un bien, un valor, un camino en la vida. Y así se inventan un lenguaje para decir que Dios perdona todo pecado y que sólo hay que buscar la manera humana de quitar males humanos para que Dios dé su perdón a todo el mundo.

Lo que hay en Roma es el fariseísmo puro: están cerrados al Espíritu. Se inventan todo en la Iglesia. ¡Todo!

La Iglesia sólo necesita de una estructura sin soberbia para que todo marche en el Espíritu. La estructura sin soberbia es muy sencilla, porque son las almas simples, dóciles, humildes, obedientes, las que la realizan.

No hay que inventarse una estructura para ser o para hacer la Iglesia. La estructura ya está puesta: en Pedro.

La Iglesia es en Pedro; la Iglesia se hace en Pedro. Si Pedro es obediente a Cristo, entonces todo funciona en la Iglesia. Pero si Pedro no obedece a Cristo, entonces nada funciona en la Iglesia.

Jesús puso a Pedro. De esa manera, edifica Su Iglesia. Su Iglesia es un organismo espiritual, sobrenatural; no es algo ni humano, ni material, ni natural, ni carnal. Necesita todo esto, pero sólo por exigencia del Espíritu, no por necesidad de origen.

Cuando Cristo funda Su Iglesia lo hace en la muerte de su humanidad. Su humanidad está muerta, no viva. Y, en la muerte de Cristo, tiene su origen la Iglesia.

La Iglesia no se funda antes de morir. Lo que hizo Jesús con Sus Apóstoles no era la Iglesia; era sólo la preparación de la Iglesia. Pero no existía la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo.

Cuando muere Jesús en la Cruz, ahí nace la Iglesia. Nace en el Espíritu, no en la humano. No en la obra humana de Jesús; no en la vida humana de Jesús; sino en su muerte, cuando su alma ha abandonado su cuerpo.

Por eso, no hay que poner las estructuras de la Iglesia en nada material, nada humano, nada carnal. Sólo hace falta un alma humilde para sostener la Iglesia, para ser Iglesia, para formar la Iglesia.

La Virgen María, en la muerte de Su Hijo, sostenía la Iglesia recién nacida. Tenía a su Hijo muerto entre sus brazos. Y lo mostraba al mundo, en el Calvario. Estaba mostrando la Iglesia a todo el mundo, a toda la humanidad.

Y toda la Iglesia, en ese momento, era la Virgen María. Su Hijo, muerto; los Apóstoles, huidos; sólo San Juan, apoyando su dolor con su amor.

Y la señal de que la Iglesia nunca va a desaparecer es porque siempre está sostenida por la Madre, por el amor de los humildes, por la vida de los humildes, por las obras de los humildes.

Para ser Iglesia no hace falta ni ser rico ni ser pobre; sólo es necesario ser humilde; es decir, tener la soberbia a los pies de la Virgen; machacar nuestra soberbia para que ningún pensamiento humano, por más bueno y perfecto que sea, se ponga por encima del Pensamiento Divino.

En la nada de lo humano, nace la Iglesia; sostenida por una Virgen, por la Mujer sin soberbia, sin pecado original.

Y, por eso, allí donde hay pecado no está la Iglesia, no se sostiene la Iglesia, no se hace Iglesia.

Cristo ya ha puesto el camino para quitar todo pecado en la Iglesia: el Sacramento de la Penitencia. Eso es suficiente para no pecar más, para expiar todo pecado, para hacer la Iglesia que Dios quiere.

Pero es necesario la fe en la Palabra de Dios y la fe en la Obra de esa Palabra, que es la Iglesia.

Jesús y Su Iglesia son dos cosas diferentes: es necesario creer en Jesús, pero también es necesario creer en Su Obra, en Su Iglesia. Sin estas dos cosas, no es posible la salvación de los hombres.

El hombre no se salva porque crea en Jesús solamente; sino que es necesario, de forma absoluta, también creer en la Obra que Jesús ha edificado en Pedro.

Lo más difícil para los hombres es creer en lo segundo, porque en la Iglesia hay muchos hombres que parecen santos, que se visten de Cristo, pero que no son otros Cristos, que viven una vida humana y pecadora dentro de la Iglesia. Y, por eso, muchos pierden la fe en la Iglesia por andar mirando a los hombres que están en la Iglesia y que no viven lo que es la Iglesia.

En la Iglesia hay que mirar a solo Cristo y entender qué Él quiere de Su Obra, para realizarla por el camino que ponga el Espíritu. Y como los hombres no hacen esto, entonces, tenemos una iglesia en Roma para el hundimiento y al condenación de las almas.

Si alguien quiere salvarse, tiene que salir, de forma necesaria, de las estructuras de Roma. En Roma no está la Iglesia verdadera. Allí sólo hay un cisma que, dentro de poco, se volverá claro para todo el mundo.

En Roma se oculta la verdad de sus intenciones

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“…judíos y gentiles, todos están bajo pecado; según está escrito que no hay quien sea justo, ni siquiera uno solo; no hay quien tenga seso, no hay quien busque a Dios; todos se extraviaron, a una se echaron a perder; no hay quien haga el bien, no hay siquiera uno” (Rm 8, 10-12).

La apertura de Roma al mundo es la negación de la Palabra de Dios, porque en el mundo todos están en contra de la Verdad: “no hay quien tenga seso”, no hay inteligencia en las mentes, en las ciencias, en las filosofías, en las leyes que los hombres escriben u obran.
Porque la Verdad sólo está en la Palabra de Dios y, quien la obra, es inteligente, hace el bien que Dios quiere en su vida humana.

Esto, tan sencillo de comprender, en la práctica ninguno de los que están en Roma lo entiende con su razón, porque han perdido la fe en la Palabra de Dios y sólo creen en el hombre, en el mundo; sólo están llenos de la sabiduría humana, que destruye toda la Verdad del Evangelio.

Un hombre, como Francisco, que alaba a judíos, a protestantes, a musulmanes y a todo el mundo, apartándose, para eso, de la Verdad, destruye, con su obra demoniaca, la Iglesia en todos sus cimientos.

Su afán por conseguir que la Iglesia ayude las diversas necesidades materiales o humanas de los hombres en el mundo, sin importar la Verdad del Evangelio, sin la práctica de las virtudes cristianas, sin la ley divina, poniendo el amor sólo en una bondad sentimental hacia el prójimo, eso hace que el amor de Dios se divida y se anule de raíz.

Dios no ama a nadie en el mundo. Dios ama al que tiene la gracia en su corazón. El amor de Dios se da en la gracia divina. Y quien esté en pecado, no tiene el amor de Dios y no puede ser amado por Dios. Dios, hacia el pecador, sólo tiene misericordia, pero no amor de la gracia.

Y la Misericordia Divina no consiste en reparar las vidas humanas de las personas: no consiste en dar de comer o en sanar enfermedades o en dar trabajo a los hombres o en otra cualquiera beneficencia que los hombres les gusta hacer en el mundo.

La Misericordia Divina consiste en poner un camino al pecador para que salga de su pecado y expíe su pecado para poder obrar en él el amor divino, que lo lleva hacia la santidad de la vida.

Quien no sale de su pecado, no puede sentir el amor de Dios. Y aquellos hombres que quieren acariciar a los hombres con amores humanos, con sentimientos humanos, para hacerles un bien humano sólo porque son hombres, anulan la Misericordia Divina con una falsa compasión hacia los hombres en su pecado.

El que está en gracia tiene que amar a sus enemigos. Sus enemigos son muchos hombres en el mundo, porque el mundo está lleno de pecadores que no quieren quitar sus pecados.

Y sólo es posible amarlos practicando con ellos la virtud de la justicia. No se puede amar al pecador sin esta virtud. Porque es necesario darle a cada hombre lo que quiere, lo que busca en la vida, su fin para el cual obra en su vida.

Y un pecador, que vive para su pecado, pone el fin del odio en su vida. Vive para odiar, pero no para amar. Vive para destruir, pero no para construir. Vive para engañar, pero no para dar la verdad.

Y amar al pecador no es darle el bien que él busca, sino el mal que él busca en la vida.

No se pueden dar los tesoros del Cielo a los cerdos, a los que viven en el pecado. La Verdad no la puede abrazar el que peca, porque está atado a su mentira y ve su mentira como su verdad.

Al pecador, hay que darle la justicia que vive en su vida descarriada. Y, en esa justicia, hay que darle el bien que Dios quiere en ese momento. Si Dios quiere que se le dé un trozo de pana, se le da. Pero nada más. Porque no se puede hacer el bien divino con el pecador, sino el mal divino en el pecador.

El bien divino es el Amor de Dios; el mal divino es la Justicia de Dios. Toda Justicia Divina trae un mal al hombre. Es un mal que Dios quiere por razón del pecado del hombre. No es un mal porque Dios haga un mal. Para Dios, es un bien Su Justicia. Pero, para el hombre, es un mal que viene de Dios.

Ese mal divino, que es la Justicia Divina para el hombre, es un bien divino en Dios. Pero esto el hombre no sabe comprenderlo. Y en esa Justicia Divina, Dios hace bienes materiales y humanos a los hombres sin merecerlo ellos por sus pecados que no quieren quitar.

Y, por eso, para amar a un enemigo, siempre hay que preguntar a Dios qué bien concreto se hace con ese enemigo. Porque el enemigo sólo vive en la Justicia Divina y, por tanto, no es merecedor, de la Gracia, del amor de benevolencia de Dios, con el cual Dios se regala sólo con los hombres que viven en Gracia, que viven en Su Amor. Pero no puede darse con aquellos hombres que sólo viven para sus pecados.

Dios quiere salvar a todos los hombres, y, para eso, pone un camino de Misericordia, pero no un camino de amor.

El camino de amor lo pone con las almas en Gracia, que viven sujetas, sometidas, fieles, perseverante a la Gracia Divina en sus corazones.

Por tanto, si no se practican las virtudes con los diferentes hombres, queda un esperpento de amor como lo predica Francisco y lo obra en Roma. Y Francisco hace esto porque no tiene fe ni en la Palabra de Dios ni en la Iglesia.

No tiene vida espiritual y, por tanto, no está en Gracia; ni se apoya para obrar en la Iglesia en la Verdad, en el Dogma, en la Tradición, en Su Magisterio. Y produce la división en el amor, que consiste en tener muchos amores según sean los hombres. A cada uno lo ama según su amor, su ideal en la vida. Y entonces se ama al judío participando de su pecado; se ama al protestante participando de su pecado. Y así con todos. Según sea el pecado de cada cual, el amor al pecado en cada uno, así hace un bien.

Eso es un esperpento de amor. Pero de esperpentos vive el mundo, porque el mundo carece de amor y de verdad.

Es triste comprobar cómo tantos sacerdotes y Obispos se mueve por la línea de Francisco en su obrar en la Iglesia. Y eso es una señal para la Iglesia de profunda división, de cisma encubierto, de que la verdad la ocultan, de que no se dice lo que se va a hacer, sino que se da a conocer otras cosas, preparando ocultamente un cisma, una división en la Iglesia.

Así es siempre cómo el demonio obra: da a conocer al alma algo que le gusta, pero no le descubre sus verdaderas intenciones.

Esto es lo que hace Francisco y el gobierno horizontal: se ha reunido, ¿para qué? ¿Para crear una comisión para la protección de menores? Por favor, para eso no hace falta un gobierno de ocho cabezas.

Dan a la gente lo que les gusta, pero han callado la verdad de esa reunión. Y la han callado porque no conviene decirla. Porque es necesario obrarla sin más, para imponer a la Iglesia la mentira.

Un gobierno no está para comisiones, sino para gobernar con la verdad. Pero, como ninguno de ese gobierno posee la verdad, entonces van a obrar la mentira.

Roma se ha abierto ya al mundo. Eso es claro, hasta un ciego se da cuenta que el ambiente a su alrededor no está puro, no está bien, no marcha en la armonía de la paz.

Hay enfrentamientos en el gobierno que se callan, porque quien no vive el amor de Dios, vive el odio. Y nadie del gobierno horizontal vive en la gracia de Dios. Todos acogen sus herejías en la vida, sus pecados. ¿Qué esperan de hombres, que viven sus pecados, sin quitarlos, y que se ponen a gobernar una Iglesia fundada en la Verdad? Quien espere algo bueno, vive de ilusiones. Sólo se puede esperar un mal disfrazado de bien. Sólo eso. Un mal que todos aplauden, como el evangelii gaudium, como las obras de Francisco y de muchos en la Iglesia.

Viene el desastre para toda la Iglesia y, todavía, hay muchos que no se lo creen.

Evangelii gaudium: las fábulas del anticristo Francisco

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“Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización” (Evangelii gaudium).

Con sólo leer estas frases, ya se entiende de qué va esta basura que da el anticristo Francisco a sus seguidores en Roma. Basura llena de fábulas, de cuentos para entretener a los hombres y dejarle un sueño en sus vidas.

Como él ha anulado el Papado, lo que escribe aquí es sólo su opinión y la de otros Obispos sobre lo que hay que hacer en la Iglesia.

Para el anticristo Francisco quien esté como Papa no da la Verdad a la Iglesia, no es Infalible, no tiene la garantía de dirigir la Iglesia hacia su fin último: “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo”. El Papa no es lo definitivo en la Iglesia. Luego, se acabó el Papa y el Papado.

Esta es su herejía. Y, como consecuencia, quien tiene la Verdad en la Iglesia son los episcopados locales. Es decir, que el anticristo Francisco otorga el poder que tiene el Papa en los Obispos de cada región. Los que deciden los destinos de la Iglesia, el colegio de los Obispos, los Obispos en cada lugar del mundo. Y, en cada lugar, habrá una Iglesia diferente a la que está en Roma. Se acabó la universalidad de la Iglesia, porque se anula la Verdad.

El católico es universal porque vive la unidad de la Verdad. El católico deja de ser universal cuando vive las diferencias de cada persona y se une a esas diferencias para formar una unidad imposible: una diversidad. Y a ese monstruo lo llaman universal.

Si quieren seguir a este anticristo, síganlo y vayan hacia el error y hacia la mentira que describe en todo este documento, lleno de fábulas, no de otra cosa. No se enseña ninguna verdad.

Aquí se ve más claro, para aquellos que no lo habían captado, que en la Iglesia en Roma se siguen a los hombres en sus pensamientos, pero no se sigue la Mente de Cristo. No siguen la Verdad del Espíritu, sino la mentira de las cabezas humanas.

Es claro en este párrafo totalmente herético. Y quien no vea su herejía es que permanece ciego por su pecado.

Francisco no es Papa y, por eso, las palabras contenidas en este documento no corresponden a un Papa sino a un anticristo.

Y estas palabras deben ser leídas como la enseñanza de un anticristo en la Iglesia. Y sólo así se puede entender este documento.

Quien quiera leer este escrito como las palabras de un Papa, se equivoca y se une al anticristo Francisco. Un Papa nunca escribiría este documento. Nunca, porque está plagado de errores y de herejías desde el principio hasta el fin.

Un anticristo nunca enseña la Verdad en la Iglesia, sino sólo la mentira.

Nada más se ve en las primeras frases de este escrito: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.”.

El anticristo Francisco no cambia, está en su obsesión: lo que pasa en el mundo es por el dinero. Punto y final. Y, entonces, para no tener una conciencia aislada, que todos pongan su dinero en manos del anticristo Francisco. Eso es todo. Y no hay más en este escrito.

El anticristo Francisco no ha caído en la cuenta de que el mundo está como está porque su Príncipe es el demonio. Y, porque él no cree en el demonio, entonces quiere solucionar los problemas a base de igualar a todos los hombres en la riqueza del mundo: esa es la doctrina marxista, que él sigue en su teología de la liberación y en su teología de los pobres, que es lo mismo, pero quitándole las frases que molestan del marxismo. Sólo un comunista habla como lo hace el anticristo Francisco en este documento.

Ni una sola vez Francisco habla de la Gracia y del valor de la Gracia, y de lo que significa estar en Gracia, que eso debe ser la alegría en la Iglesia. Y, por tanto, aquel que lucha contra el pecado, el demonio y el mundo, arregla el mundo y sus problemas. Pero esto nunca lo va a predicar el anticristo Francisco.

No van a encontrar en este documento una sola Verdad. Es que no la hay. Son solo las palabras acomodadas del Evangelio siguiendo el discurso humano que tiene el anticristo Francisco en su cabeza.

Es un documento para tirarlo a la papelera. Ni se molesten en leerlo, porque es lo mismo de siempre, con otra claridad, ahondando en su herejía favorita: su humanismo.

Es un documento lleno de palabras vacías, propias de herejes que han perdido su conciencia sobre el bien y el mal. Y que a todo lo llaman bueno, a lo que cada uno concibe en su negro intelecto.

Es un documento para los herejes, no para los que tienen fe. Los que creen en la Palabra de Dios saben que lo que en este documento se dice es basura de herejes, de apóstatas de la fe que guían a la Iglesia hacia lo que sus lujurias en la vida desean: poder y dinero en el mundo.

Nadie que lea este documento con ojos de fe puede hacerle caso ni siquiera en una palabra, en una frase, porque todas están contaminadas por las mentiras del anticristo Francisco.

Para el que ha discernido al anticristo Francisco, este documento es sólo la confirmación de su discernimiento. No otra cosa. Este documento no salva a Francisco de ser un anticristo, y de oponer en todo a Cristo y a Su Obra, la Iglesia.

En este documento el anticristo Francisco se opone en todo a la Verdad, que es Cristo. Se opone a la doctrina de Cristo. Se opone al magisterio de la Iglesia. Se opone a todos los dogmas en la Iglesia.

No pierdan el tiempo ya con el anticristo Francisco. Este su legado a los bobos que hay en Roma y a los herejes que se unen a él. Todos piensan lo mismo. Luego todos tiene el mismo plan: aniquilar la Iglesia en sus cimientos. Lo demás, son palabras huecas, vacías, hermosas para aquellos que les gusta oír lo humano, lo bello de la vida, pero totalmente asquerosas para aquellos que viven la fe católica y la fe en la Palabra de Dios.

¡Da asco este documento del anticristo Francisco! ¡Da asco su persona y da asco lo que está haciendo en Roma!

Y quien quiera poner al anticristo Francisco como un pensador moderno, se equivoca completamente.

Lean el documento y verán lo fácil que es derribar este pensamiento de Francisco, porque está hecho a base de sentimientos humanos. Quiere que todo el mundo esté contento en la vida y da sus discursitos bellos a todos para que le aplaudan a él.

El anticristo Francisco escribe este documento para recibir sólo la aprobación de los herejes en Roma. Para que los hombres le tengan en cuenta y no le dejen sin poder y sin dinero en la Iglesia.

En este documento se refleja la nulidad en la devoción que tiene este anticristo por las cosas de la Iglesia y sus Tradiciones. Habla sin espíritu, habla según lo humano, cambiando las Palabras del Evangelio, las citas de los Santos y de los diferentes Papas, según su idea humana, que es lo principal en su discurso.

Su discurso es para el hombre, para tratar los asuntos del hombre, para indicar las obras que hay que hacer en el mundo y en la Iglesia por los hombres. Pero su discurso nunca es para llevar al hombre al Cielo. Nunca. El anticristo Francisco deja al hombre en el hombre, en el mundo. Y ahí hace la Iglesia.

Cuando hace referencia a la Jerusalén Celestial es para marcar el trabajo de los hombres en cada ciudad del mundo. El anticristo Francisco es siempre lo mismo: el hombre, el mundo, las obras de los hombres, las vidas de los hombres, las ideas de los hombres, los caprichos de los hombres y no sale de ahí. No puede. Todo su discurso gira en torno al hombre.

Si habla de los laicos, es para resaltar su trabajo humano en el mundo, para dirigirles hacia el mundo y que lo llenen de obras buenas humanas.

Si trata de la predicación es para que los sacerdotes hablen para el mundo y hablen al hombre de sus problemas en el mundo y cómo solucionarlos por caminos humanos.

El anticristo Francisco habla de la mundanidad espiritual, ¡como si el mundo fuera espiritual! Y da sus herejías en ese punto sin caer en la cuenta de que él mismo es un mundano espiritual en lo que obra en la Iglesia. Es un fariseo, que eso es lo que significa para el anticristo Francisco la mundanidad espiritual. Y él mismo se señala como fariseo en su documento. Él da la razón de por qué es fariseo en este documento: su gnosticismo, que es el eje de este escrito.

Este escrito es gnóstico, es decir, está hecho de la idea religiosa que tiene un hombre sobre la Iglesia, sobre el valor de la evangelización, sobre lo que es el mundo y lo que debe ser el hombre.

En esta idea gnóstica, Dios es sólo un concepto del hombre. Por eso, habla de la memoria de la Eucaristía. La Eucaristía no es la Adoración a Dios en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo sobre el Altar, sino una memoria, un concepto gnóstico que todos tiene, todos poseen y todos puede llevar a la práctica de muchas maneras en sus vidas.

Por eso, este documento es sólo para el fuego del infierno. No tiene otro valor. Y no hay que darle otro valor. Los que quieran enfrentar al anticristo Francisco lo tienen muy claro en este documento, porque aquí este anticristo se explaya en sus herejías. Las dice de nuevo, pero con otras palabras más claras para todos.

Es hora de oponerse al anticristo Francisco con sus mismas palabras, que no son las de Cristo.

Es hora de negar a este anticristo la posibilidad de encontrar con él, en la Iglesia, un camino para la salvación y para la santidad. Con este anticristo nadie en la Iglesia se puede salvar, porque todos buscan lo humano, lo mundano, lo material, la añadidura propia de los herejes que ya no buscan el Reino de Dios.

Que nadie se engañe con este documento. Ahí tienen para combatir a Francisco como es: un anticristo. Ahí tienen para hacerle caer en la cuenta de lo estúpido que es un Obispo que ha renunciado a ser sal de los corazones porque su palabra se ha vuelto sosa, y es sólo el alimento para los bobos y para los herejes, como él.

Este documento es un conjunto de fábulas y de cuentos que sólo los que tienen una venda en sus ojos lo pueden seguir. Para los demás es una señal de que muy pronto hay que salir de Roma para no contaminarse con las herejías que ya vienen para toda la Iglesia.

En este documento se ha equivocado totalmente el anticristo Francisco: será su derrota en la Iglesia.

Sucesión de anticristos

lavidanoseda

“Mas acordaos que Satanás cumple su acción solapada en las tinieblas. Os asedia con sus enredos y sutilezas de serpiente al acecho de un tupido matorral. Y porque sabe que sois viles tanto en el mal como en el bien, aunque os vea ya muy alejados de Dios no osa aún presentarse ante vosotros cara a cara y deciros: “Aquí estoy. Sígueme”.

..Después de haber intentado destruir a Cristo con las tentaciones; a la Iglesia deparándole épocas oscuras; el Cristianismo por medio de los cismas; la sociedad civil con las sectas, ahora que está en vísperas de la manifestación preparatoria para la final, intenta destruir vuestras conciencias tras haber destruido vuestro pensamiento. Sí, es así. Lo ha destruido no como capacidad de pensar como hombres sino de pensar como hijos de Dios. El racionalismo, la ciencia que se aparta de Dios, ha destruido vuestro pensamiento de índole divina y ahora pensáis como sólo el fango puede pensar: por tierra. En las cosas que ve, vuestro ojo no advierte a Dios, no advierte su sello. Para vosotros son solamente astros, montes, piedras, aguas, hierbas, animales. Para el creyente son obras de Dios y no necesita más para sumergirse en la contemplación y la alabanza del Creador, ante los innumerables signos de su poder, que os circunda y embellecen vuestra existencia y son útiles para vuestra vida.

Ahora Satanás ataca las conciencias. Ofrece el antiguo fruto: el placer, el ávido deseo de saber, la arrogante y sacrílega esperanza de llegar a ser dioses, a fuerza de morder en la carne y en la ciencia. Y así, el placer os convierte en fieras consumidas por la lujuria, repelentes, enfermas, condenadas tanto en ésta como en la otra vida a los morbos de la carne y a la muerte del espíritu. Y así, el ávido deseo de saber os entrega al Simulador pues, al intentar imponer a dios vuestra voluntad de saber debido a la ilícita sed de conocer los misterios de Dios, hacéis de modo que satanás os atrape con sus engaños.

Me causáis piedad. Me causáis horror. Siento piedad porque sois locos. Siento horror porque queréis serlo y os marcáis la carne del alma con el signo de la Bestia y rechazáis la Verdad para acoger la Mentira” (Jesús a María Valtorta – 8 de enero de 1944).

La Iglesia está henchida de orgullo y de incredulidad y, por eso, niega el poder y la presencia del demonio en Ella.

Lucifer fue creado por Dios, pero se rebeló contra Dios y se convirtió en demonio, se puso como Adversario de Dios, como el Tentador, el Envidioso, el Astuto, el Incansable, el Simulador de Dios.

Todo cuanto hace el demonio lo obra imitando a Dios. Y nada obra sin esa imitación. No puede hacer algo de sí mismo. Sólo obra en el espejo de Dios, poniéndose como dios en todas las cosas.

Y, por eso, los Obispos y los sacerdotes niegan que exista el infierno, porque ya no creen que Dios ha creado al demonio y, por tanto, ha creado un lugar y un estado para el demonio.

El infierno existe, no es algo imaginario, no es el fruto de la mente del hombre, no es una razón para meter miedo a la gente.

El infierno es la cara del demonio, es la obra de su pensamiento demoniaco, es la vida de sus tres cabezas más importantes en ese reino.

Quien no crea en el demonio es porque se ha convertido en un demonio, su conciencia se ha pervertido.

El demonio sólo cree que es dios, pero no puede creer que se transformó, por su pecado, en demonio. Sino que, siendo Ángel de Luz en la creación, sigue siendo esa luz, pero de otra manera, en estado de demonio. Y da esa luz a los hombres presentándose como Dios.

Es lo que ha hecho el anticristo Francisco desde el principio de su reinado en la Iglesia: se ha presentado como elegido por Dios para guiar a la Iglesia. Y nadie vio al demonio en él, en esa elección y en esa subida al poder.

Aquel que niega al demonio es ya un demonio en vida, se ha convertido en un demonio en vida. Su conciencia ha mordido el misterio de Dios y se presenta ante los hombres como dios.

Quien niega al demonio, niega a Dios. Y quien niega a Dios se convierte él mismo en dios para sí mismo: con su pensamiento crea todo lo que necesita para creer en la vida, para vivir y obrar su vida.

Estamos viviendo en la Iglesia el culto a la mente del hombre, que no es capaz de salir de sí misma, porque en ella lo encuentra todo para su vida espiritual. Y se ha llegado a eso porque los hombres ya no tienen conciencia. Ya no saben lo que es ni el bien ni el mal. Sólo saben pensar su bien y su mal.

El hombre ha hecho de la vida espiritual un camino en su mente. Y, por eso, contemplamos a tantos sacerdotes y Obispos que ya no creen en ninguna verdad que la Iglesia ha enseñado durante 20 siglos. No creen porque han tergiversado el Misterio de la Iglesia, el Misterio de Cristo, el Misterio de Dios con sus inteligencias humanas. Han querido enseñar el Misterio con sus mentes y han entrado en la conquista de la mente del demonio, que supera a la mente de cualquier hombre.

La mente del demonio sólo tiene un fin: ser dios. Y lleva al hombre que le sigue a lo mismo: ser dios.

Todos se oponen a la Verdad porque encuentra en sus mentes las verdades para seguir siendo lo que son en la Iglesia. Ya esas verdades no las da Dios, no las ofrece el Espíritu de la Verdad, sino la mente de cada cual en su vida.

Quien no desprecia las verdades de su mente, nunca se va a poner en la Verdad, que es Jesús. Nunca va a obrar la Verdad, que es Jesús. Nunca va a vivir la Verdad, que es Jesús. Siempre va a rechazar la Verdad.

Esto es lo que muchos no comprenden en la Iglesia: este renunciar a la mente humana para poseer la Mente de Cristo. Este crucificar lo humano para ser divino. El hombre sólo quiere ensalzarse como hombre y ponerse por encima de Dios. Ése es su pecado en el mundo y en la Iglesia. Y no se puede comprender de otra manera cómo sacerdotes y Obispos siguen siendo lo que son si dejar sus mentiras, sus errores, sus herejías, sus apostasías de la fe. No se puede comprender que el anticristo Francisco siga sentado en la Silla de Pedro si no se acude al pecado de ser dios ante la Iglesia y ante el mundo.

El pecador humilde ve su pecado y lo quita de en medio. El pecador soberbio ve su pecado y lo ensalza, lo justifica y lo aplaude en medio del mundo y de la Iglesia.

Por eso, no es de extrañar que los Obispos en la Iglesia lo estén negando todo, toda verdad, todo dogma. Es lo más normal cuando el hombre ha hecho de su razón su dios.

Quien no cree en el demonio sólo cree en su razón. Y no tiene otra fe. Y no tiene otro dios. Y su camino en la vida es su pensamiento humano, no el Espíritu de la Verdad.

Ese fue el pecado de Lucifer: seguir su pensamiento angélico, oponiéndose al Pensamiento Divino sobre su vida de Ángel.

Dios le mostró un camino para vivir su vida y el demonio eligió otro, contrario y opuesto al de Dios.

Y ese pecado se repite siempre en los hombres: en Adán y Eva, y en la Iglesia.

Jesús ha puesto un camino al hombre en la Iglesia, camino para salvarse y santificarse, y los hombres, los sacerdotes y Obispos, eligen otro camino para sus vidas de sacerdocio, incurriendo en el mismo pecado de Lucifer.

Este será siempre el Misterio de la Gracia y de la Libertad en el hombre. El hombre, a pesar de tener la Gracia, la Vida Divina, puede escoger, con su libertad, el camino opuesto a esa Vida Divina en la Iglesia.

Nadie está salvado en la Iglesia porque se haya bautizado, o comulgue, o se confiese, o haya recibido la confirmación, porque eso no da la salvación al hombre.

Nadie se salva porque Dios lo ama. Nadie se salva porque se ore y se haga penitencia. Nadie se salva porque haya pasado toda su vida sirviendo a Dios en la Iglesia.

La salvación está sólo en la Gracia. Y el hombre se salva si es fiel a la Gracia, si persevera en la Gracia, si camina en la Gracia. Y la Gracia es sólo el movimiento de Dios en el alma. Dios mueve el corazón para que el hombre obre algo divino en su vida humana.

Y reconocer este movimiento en el corazón es de la suma importancia en la vida de toda alma. Y no saber verlo es condenarse en vida haciendo muchas cosas buenas sin la acción divina en el corazón.

Por eso, la vida espiritual no es un juego de la mente: ahora creemos en el infierno, mañana ya no creemos para creer en otra cosa.

La Verdad es siempre la misma. La Verdad es la Verdad. Y la Verdad no gusta a ningún hombre, porque siempre se opone a la mente de todo hombre, a las razones que todo hombre busca para ser feliz y vivir en paz.

Vivimos en la Iglesia con sacerdotes, con Obispos, que han despreciado la Verdad para imponer sus verdades a los demás, para acoger la Mentira y que todos vayan tras esa Mentira.

Eso es el anticristo Francisco, que ha puesto su gobierno en la Iglesia, que va en contra de la Verdad. Y eso es lo que muchos no ven: esta Verdad.

Pedro solo, sin ayuda de nadie, gobierna toda la Iglesia. Esta es la Verdad que se ha despreciado y que nadie medita y nadie la quiere en la Iglesia. Se quita esta Verdad para acoger una mentira: un gobierno de muchos en la Iglesia. Y se ha quitado sin que nadie diga nada. Eso es señal de cómo están las conciencias de muchos en la Iglesia. Conciencias pervertidas en el mal.

El anticristo Francisco ha impuesto su verdad, que sale de su pensamiento humano, pero que no está en el Pensamiento Divino. No se encuentra en Dios esa verdad, porque Dios ha fundado su Iglesia en el gobierno de uno, no de muchos. Y esta ley divina se ha despreciado en la Iglesia y se ha colocado el pensamiento de un hombre que no vive la Verdad, sino que vive sus verdades en la Iglesia, que acoge las mentiras que le pone el demonio en su mente.

Francisco es un hombre que actúa como el demonio: se opone a Dios, lucha en contra de Dios, se sube encima de Dios, se pone como dios en medio de la Iglesia.

Y nadie lo entiende así, porque la Iglesia ya no cree en el demonio y, por eso, se deja engañar fácilmente por el demonio.

Quien no cree en el demonio no puede ver su acción, no puede contemplar sus obras, no puede luchar contra él.

Por eso, subió el anticristo Francisco a la Silla de Pedro y todos le siguieron, porque no se cree en el demonio. Y se toman las palabras y las obras de los hombres como Voluntad de Dios en la Iglesia.

Y la Iglesia, cuando no discierne la Verdad, cuando se apoya en los pensamientos de los hombres, en sus obras, en sus vidas, siempre yerra, siempre cae, siempre se engaña con la Mentira.

Vivimos un tiempo de total oscuridad en la Iglesia. Roma ya ha perdido la fe y se convierte en la Sede del Anticristo. La Silla de Pedro se transforma en la Silla del demonio. Y, en consecuencia, lo que resta por contemplar en Roma es la sucesión de anticristos en esa Silla, de gente que ya no ve la Verdad, y que impone sus mentiras a la Iglesia.

Por eso, durante más de dos largos años, sólo se verá en Roma la destrucción de toda la Iglesia, que durante 20 siglos se ha mantenido para dar la Verdad a todos los hombres, y que, en poco tiempo, su cara será transformada en la cara del Anticristo.

La cara de Cristo ha desparecido de Roma y se ha colocado la careta del demonio, para dar a los hombres el pensamiento del demonio, a través de Obispos que se oponen a Cristo y Su Obra, que es la Iglesia.

Son los mismos miembros de la Iglesia los que destruyen la Iglesia, cambian su cara, lavan su cara, transforman la Iglesia en una nueva iglesia, que es una falsa Iglesia.

Por eso, no estamos viviendo lo de siempre en la Iglesia: gente que desobedece, gente que no sigue la Verdad. Ya no es tiempo de eso. Estamos viviendo la rebeldía a la Verdad entre los mismos miembros de la Iglesia. La Iglesia se rebela contra su fundador y deja de ser Iglesia, porque los suyos han perdido la conciencia del bien y del mal por querer interpretar los Misterio de Dios en la Iglesia.

Por eso, hay que salir de Roma, porque Roma ya no da la Verdad a nadie.

La blasfemia de Francisco: Jesús no es un Espíritu

“¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria” (Francisco, 28 de octubre 2013).

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¿Todavía siguen sin creer que Francisco es un hereje, un cismático, un apóstata de la fe?

Jesús no es un Espíritu.

Entonces, Jesús no es Dios. Entonces, no existe la Eucaristía. Entonces, no existe el sacerdocio. Entonces, no existe la Iglesia. Entonces no existe Dios.

Eso es lo que ha dicho Francisco cuando dice: Jesús no es un Espíritu.

Si Jesús no es un Espíritu, entonces se niega que Dios es Espíritu. Y aquel que niega que Dios sea Espíritu, niega que exista el Padre, que exista el Hijo, que exista el Espíritu Santo.

Y si no se dan las Tres Personas de la Santísima Trinidad, no se da Dios: “No creo en un Dios católico”.

Para Francisco, se da un dios, el que su cabeza se invente. Eso no importa cómo definir a ese dios. Es el invento de este mentiroso que está en la Silla de Pedro. Un gran hombre, tan humilde, tan amigo de los niños, pero tan idiota como hombre, como sacerdote y como Obispo.

Como Jesús no es Espíritu, entonces, el hombre sólo se compone de alma y de cuerpo. El hombre no tiene espíritu. El hombre tiene, para Francisco, una emanación de luz, una energía de luz, que eso es lo que enseña Francisco en esta homilía.

El gran Francisco: el gran idiota sentado en la Silla de Pedro. El necio entre los necios. El que se cree sabio entre los sabios. El más ignorante de todos en la Iglesia. Ha hecho de su sacerdocio el culto al demonio y sólo adora al demonio en la Iglesia.

Esta es la consecuencia de decir: Jesús no es un Espíritu. Entonces, tampoco el demonio es un espíritu. Y, por tanto, hay que adorar al demonio como ser que todo lo sabe y que todo lo puede. El demonio es el que ha dado a Jesús el poder para hacer la Iglesia. ¿Cómo hizo Jesús Su Iglesia si no es un Espíritu? ¿De dónde sacó el poder, si Dios no existe? Es necesario concluir: de una fuerza externa al hombre, pero que no es Dios, sino el demonio, que es el dios que deben creer todos los hombres.

Si no hay Espíritu, entonces todo es una emanación, una energía. El hombre es una energía y, por tanto, el hombre se convierte en dios para sí mismo. Y el hombre, al no creer en el espíritu, cree en un ser que le da esa emanación, que es sólo el demonio.

Y, como Jesús no es Espíritu, entonces Jesús es una persona humana. Jesús no es una Persona Divina. Luego, de aquí se saca que la Virgen es sólo la madre de Jesús, pero no la Madre de Dios. Se anula todo en la Iglesia.

Hasta el momento Francisco ha negado: el dogma de la Santísima Trinidad, el dogma de la Encarnación, el dogma de la creación del hombre y el dogma de la creación de los ángeles. Y, en la práctica, Francisco ha negado todo: la Creación, la Redención, la Resurrección.

Como Jesús es una persona humana, lo que funda Jesús, Su Iglesia, es algo humano: niega el dogma de la Iglesia, que nace del dogma de la Santísima Trinidad y de la Encarnación. El Misterio de la Iglesia ya no es un misterio. La Iglesia es un negocio de los hombres.

Pero, como Jesús no es Espíritu, entonces en la Iglesia no se dan los Sacramentos, porque no hay Espíritu. Los sacramentos son cosa humana, obras humanas, y no más.

Como Jesús no es Espíritu, entonces para Francisco no existen las almas. Porque las almas son espíritu, son entes espirituales. Se niega el dogma del alma humana. El alma humana, para Francisco, es una energía divina. Y si se niega el alma, se niega al hombre entero.

Como Jesús no es Espíritu, entonces el hombre no tiene mente ni voluntad. Porque, al carecer de alma, no puede darse lo que es el alma con sus dos potencias: entendimiento y voluntad. Para Francisco, el hombre no piensa, sino que recibe el pensamiento de otro. Y el hombre no es libre, sino que otro le obliga a hacer lo que tiene que obrar en su vida. Es la doctrina de la nueva era, propia del ocultismo.

Como Jesús no es Espíritu, entonces, la eucaristía, la santa Misa es una cena, una comida, una reunión, una fiesta, unos globitos que se dan a los niños, un compartir con todos los idiotas como él, un hacerse el gracioso con todos los graciosos como él, un entretenimiento que hay que darle a la gente en la Iglesia. Por eso, Francisco es el payaso en la Iglesia: entretiene a la gente que se quiere ir al infierno riendo con sus herejías.

Y si no existe la Eucaristía ni la Santa Misa, porque no existe el Espíritu, entonces, el sacerdocio es sólo un vestido que algunos se ponen para hacer su trabajo en una iglesia que debe ser considerada como la empresa de Jesús.

¿Quieren más? Ni merece la pena seguir con la homilía. Con esto basta para demostrar la falsedad de Francisco, su herejía, su apostasía de la fe, su blasfemia.

¡Qué pena ver tantas almas que van a Roma para gritar y aplaudir a este idiota y ver que se pierden por la boca de este lobo que ya no tiene nombre en la Iglesia!

Francisco es un maldito. Y no otra cosa. Un hombre que destruye la vida de las almas y las lleva a la condenación. Eso es ser maldito a los ojos de Dios. Un hombre que devora almas y las condena en la obra que realiza en la Iglesia.

Y ¿qué dice la Jerarquía de la Iglesia ante esta blasfemia? No pasa nada. Todo está bien. Hay que entender a Francisco en el contexto que dice la frase. Hay que tener inteligencia para comprender la sabiduría de Francisco que no es para todos en la Iglesia, es sólo para un grupo reducido de sabios que lo conocen y saben que lo que dice es recto ante Dios. Para comprender a Francisco, lean la doctrina de la Nueva Era y verán que bueno y santo es Francisco para la Iglesia.

No pasa nada. Francisco no ha dicho nada. Es sólo su opinión. Es un hombre que tiene sus cosas y hay que dejarle que diga sus cosas en la Iglesia, porque como es el Papa…

¿Qué va a decir la Jerarquía de la Iglesia sobre esto? Nada. ni se van a molestar en decir algo. ¿Para que si lo tienen como un santo de Dios?

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La perdición de las almas en la Iglesia

“Muchos cardenales, muchos obispos y muchos sacerdotes están sobre el camino hacia la perdición y se están llevando a muchas almas con ellos.” (Nuestra Señora de Garabandal, 18 de Junio, 1965)

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Esta verdad que da la Virgen María muchos no la comprenden, porque ven a la Jerarquía Eclesiástica como unos hombres que no se equivocan, que no pecan, que, por estar en un cargo de la Iglesia, necesariamente tienen que hablar las palabras de Dios.

La Virgen dice esto de sus hijos predilectos porque sabe lo que es el hombre: el hombre es un ser necio que no comprende la vida espiritual.

El hombre cree tener la verdad en sus pensamientos, en sus libros, en sus estudios, en sus obras, y, en realidad, sólo encuentra la mentira.

La Iglesia está llena de mentirosos. Esta es una verdad de siempre. Esto no es de ahora.

Pero esta verdad es ahora cuando está más clara, porque quien se sienta en la Silla de Pedro es un mentiroso, no es un Papa verdadero.

Y decir que no es un Papa verdadero es una verdad que escuece a muchos, que irrita a muchos, que quita la paz a muchos.

Pero la Verdad es la Verdad. Y no hay otra Verdad en la Iglesia que la que es Jesús.

Y Jesús es muy claro en su dogma del Papado: no se puede elegir Papa cuando el anterior sigue vivo.

Esta es la Verdad le guste o no le guste a la gente. La entienda o no la entienda. La Verdad no hay que comprenderla para que sea Verdad. La Verdad es la Verdad.

Por eso, la Verdad está por encima de toda mente humana. No pertenece a un hombre, por más listo que sea, por más inteligente que sea, por más estudios que tenga en filosofía y en teología.

La Verdad es la Verdad. ¡Y cuánto cuesta aceptar la Verdad! ¡Y qué fácil es buscar una razón para tapar la Verdad!

Es lo que continuamente se está haciendo en la Jerarquía: llevan cincuenta años especializándose en re-escribir el Evangelio de Cristo para dar sus verdades en la Iglesia.

Los Obispos de Roma se han descarriado. Y eso ha producido que el rebaño se disperse. Desde hace cincuenta años, gente descontenta con todo lo que ve en la Iglesia, se ha marchado a otra parte, porque ven un desastre en la Iglesia.

Los Obispos se han unido con toda clase de herejes y gente falsa. El libro de cabecera de cada Obispo es un teólogo protestante. No encontrarán libros de santos, de santos padres, del magisterio de la Iglesia, de la tradición de la Iglesia.

Los Obispos comenzaron con buenas intenciones en el Concilio Vaticano II, pero cayeron todos engañados por la filosofía del humanismo, que ofrecía la búsqueda de la paz y de la hermandad.

El humanismo trae el comunismo y el ateísmo, al mismo tiempo. De esto están llenos toda la Jerarquía Eclesiástica. No hay uno que se salve.

Y este congraciarse con lo humano es permitir que en la Iglesia entre toda clase de errores, sin darse cuenta. Errores que no se combaten, sino que permanece ahní porque son cosas buenas, que todos quieren en la vida. Y así el alma se va apartando del camino de la Cruz, que nadie quiere en la vida.

Satanás ofreció esta doctrina del humanismo para un fin: poner en marcha la formación del Consejo Mundial de las Iglesias, es decir, poner las bases para consolidar la iglesia del hombre, en la que todos forman parte, todos pueden entrar sin condiciones, sin límites, porque el fin es: la paz y el ser hermanos unos con otros. Hay que amarse mucho, hay que unirse en todos los pensamientos humanos porque todos son buenos.

Esa nueva iglesia nació en 1998: “El 666 enunciado 3 veces, es decir por 3, expresa el año 1998, mil novecientos noventa y ocho. En este período histórico, la masonería, ayudada por la eclesiástica, logrará su gran objetivo: construir un ídolo para ponerlo en lugar de Cristo y de Su Iglesia. Un falso Cristo y una falsa Iglesia” (P. Gobbi. El número de la bestia: 666. 7 de junio 1989).

Ese ídolo fue construido en el pensamiento de muchos Obispos que pertenecían a la Jerarquía Eclesiástica. Pero ese pensamiento no podía obrarse en esa época, porque era necesario quitar al Papa.

Y Juan Pablo II no quiso irse, a pesar de que hasta el último suspiro de su vida fue presionado para abandonar el cargo. Y Benedicto XVI fue muy débil y sucumbió ante la ferocidad de los Obispos. Y ha sido Francisco el que ha comenzado esta nueva iglesia con su gobierno horizontal, que promulgó al mes de ser elegido, pero que no hizo efectiva hasta el 28 de septiembre del año 2013.

En esta fecha comienza la nueva iglesia, que es sólo una iglesia de hombres, donde no se da el Espíritu de la Iglesia, porque no tiene la verdadera base de la Iglesia, que es el gobierno vertical en Pedro.

Muchos Obispos están ahora en el camino de la perdición. Y la gente todavía no ha despertado ante esta Verdad. No ve esta Verdad. Vive su vida como si todo estuviera bien.

Muchos Obispos fueron engañados y aceptaron un nuevo camino en la Iglesia, el que desarrolló el humanismo y el modernismo. Y ahora son los Obispos los que engañan a la Iglesia imponiendo una mentira como verdad.

La mentira del gobierno horizontal que anula el Papado de raíz. Y esta mentira la siguen todos como algo verdadero. Y quien diga lo contrario es ya un hereje, un cismático.

“La apostasía será entonces generalizada porque casi todos seguirán al falso Cristo y a la falsa Iglesia” (P. Gobbi. El número de la bestia: 666. 7 de junio 1989).

Esto es lo que estamos viendo y no otra cosa. Todo el mundo contentísimo con el lunático de Francisco.

Todos engañados por la Jerarquía de la Iglesia que eligió un Papa sin tener derecho divino, en contra de la Voluntad de Dios, y engañados por la cursilería de Francisco con su amor a los pobres.

La gente no sabe ver la Verdad porque también vive sus verdades, las que a ellos les conviene. Y, por tanto, ahora hay que reír con Francisco porque es tiempo de eso.

Todo es un engaño de Satanás. Y nadie se ha dado cuenta. Todos dicen que Dios quiere ese gobierno horizontal para la Iglesia.

Y lo que Dios permite es que el hombre y la Iglesia vayan rápidamente por el camino de su propia destrucción, porque los hombres y la Iglesia entera han hecho del pecado sus vidas, sus obras, sus pensamientos, sus caprichos.

Y, cuando se hace eso, entonces los hombres se alejan completamente de la Verdad y sólo siguen sus brillantes verdades que sus pensamientos les ofrece en sus vidas.

Entonces, ante una Jerarquía que da sus mentiras en Roma y las publica como verdaderas no es posible comprometerse con esa Jerarquía, no es posible obedecer a esa Jerarquía, no es posible estar con los brazos cruzados viendo que esa Jerarquía destroza la Verdad de la Iglesia con sus verdades de sus necios pensamientos humanos.

Roma se ha hecho enemiga de Cristo, enemiga de la Verdad, enemiga de la Cruz de Cristo. Y no es posible la unión con los enemigos de Cristo. Porque todo aquel que conoce a Cristo y niega que Él sea el Hijo de Dios, el Mesías, entonces se separa de Cristo y de Su Iglesia. Y se convierte en un anticristo.

Eso es lo que ha hecho Francisco al poner su gobierno horizontal: ha negado a Cristo, ha negado la Verdad en Jesús, la Verdad de Jesús, la Verdad que es Jesús. Ha negado la base de la Iglesia de Jesús, que es la Roca de la Verdad en Pedro. Luego, Francisco es un anticristo. Y todo aquel que se una Francisco y predique lo mismo que él, y enseñe lo mismo que él y obre lo mismo que él, es otro anticristo.

Dios los cría y ellos se juntan. Eso es lo que se va contemplando ahora en este tiempo de gobierno horizontal. Van apareciendo gente de mala calaña. Gente necia que quiere seguir esa nueva iglesia porque le interesa un puesto en esa nueva iglesia y tener el bolsillo lleno de dinero.

Abandonar un dogma es hundir la Iglesia

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Cuando en la Iglesia se abandona un dogma definido, entonces todos los demás dogmas se desmoronan y el Magisterio supremo y auténtico de la Iglesia es algo falible, errado, inconcluso.

Las almas no han comprendido esta verdad: la Iglesia la hace sólo el Espíritu de la Verdad, no los pensamientos de los hombres.

Jesús fundó su Iglesia en Pedro y eso es un dogma: el dogma del Papado, del gobierno vertical. Se abandona este dogma, no existe el gobierno en la Iglesia.

Jesús es célibe, es virgen, no tuvo mujer, luego el sacerdote es célibe: es un dogma en la Iglesia que los sacerdotes no pueden casarse. Está definido. Se abandona este dogma, y entonces desaparece el sacerdocio. Se tienen sacerdotes dedicados a la Iglesia y a una mujer. Eso es ridículo. Eso es no ser sacerdote.

Jesús hizo el matrimonio hasta la muerte y nadie lo puede romper. Y quien lo rompa va contra la Verdad en la Iglesia. Es un dogma que los casados que se vuelven a juntar no pueden confesarse ni recibir la Eucaristía, porque tienen un matrimonio que dura hasta la muerte. Se abandona este dogma y ya no existe el matrimonio como Sacramento.

Jesús puso su Eucaristía como alimento para el alma. Y eso supone dar a las almas lo mismo que hizo Jesús. Cuando se abandona este dogma, entonces desaparece la Eucaristía.

Jesús dio a las almas el poder para limpiar sus pecados en la confesión. Se abandona la Confesión y las almas viven en sus pecados siempre.

Muchas almas son bobas en la Iglesia.

Quieren una Iglesia según su manera de pensar, según se lo han explicado con bellas palabras y bellos razonamientos, pero no son capaces de una Iglesia en la que se ponga la Verdad como es.

Esto es lo que duele en la Iglesia hoy: las almas no quieren escuchar la Verdad y no quieren poner en la Iglesia la Verdad. Prefieren sus inútiles discursos de la Verdad.

Y esto supone hacer una Iglesia que no sirve absolutamente para nada.

Muchos quieren los sacerdotes, pero no quieren el dogma del celibato. Eso es perder el sentido común en la Iglesia.

Muchos quieren un Papa en la Iglesia, pero no la obediencia al Papa. Eso es lo más absurdo que hay.

Muchos quieren el matrimonio en la Iglesia, pero que les dejen decidir cuándo se puede anular ese matrimonio. Eso es el negocio de ahora en la Iglesia. Y de ese negocio vive la Iglesia.

Hoy día la Iglesia es un conjunto de idiotas y de estúpidos que se creen que, con su soberbia humana, con sus razonamientos brillantes, con su lenguaje lleno de frases convincentes, hacen una Iglesia feliz para todo el mundo.

Y ¿cuando aprenderán a pisotear su necio pensamiento y a tragarse sus estúpidas palabras y razones para conocer la Verdad que Jesús ha dado a su Iglesia?

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Pero ¿qué se creen que es la Verdad?

¿Lo que piensa cada uno en su cabeza?

¿Lo que alcanza cada uno con su cabeza?

La Verdad es creer a Jesús. Y sólo eso.

La Verdad no es razonar sobre la vida de Jesús o investigar lo que hizo en la Iglesia.

Si se cree a Jesús entonces el alma se pone en la Verdad.

Si no se cree a Jesús, entonces el alma se pone en la mentira.

Y la Iglesia está llena de mentirosos, de gente que se cree sabia porque ha leído unos cuantos libros o porque alguien le ha explicado unas cuantas cosas sobre la Iglesia.

La Verdad se aprende escuchando al Espíritu de la Verdad.

Y eso es lo que nadie hace en la Iglesia. Todos andan escuchando los pensamientos de todos. Cuando hay que aborrecer los pensamientos de todos los hombres para ponerse en la Verdad. Y esto es lo que nadie hace en la Iglesia, porque se han acomodado a sus verdades, a sus estúpidas inteligencia sobre la Verdad.

Por eso, la Iglesia está llena de soberbios y de orgullosos. Cada uno enarbola una mentira y hace que la gente siga esa mentira.

Cada uno en la Iglesia ha hecho de su vida su orquesta para que la disfruten los demás en la Iglesia.

Cada uno en la Iglesia quiere tener la Verdad y no quiere someter su inteligencia al Espíritu de la Verdad.

Y, por eso, tenemos una Iglesia que nada en el pecado y que hace del pecado su obra principal en la Iglesia.

Es una pena ver tantas almas dormidas por el demonio que ya no luchan por la Verdad, sino por sus estúpidas verdades que la vida acomodada les trae a su orgullo.

Es lástima ver a tanta gente que se cree poderosa porque tiene una verdad en su vida, que es la mentira más grande de su vida.

Es ridículo estar en una Iglesia que ya no enseña la Verdad, sino múltiples verdades para que todos estén contentos en la Iglesia.

Una Iglesia así es mejor tirarla a la basura, porque sólo sirve para condenar a las almas.

La gente no toma en serio la Iglesia, no toma en serio las palabras del Evangelio, no toma en serio la vida de Jesús. Y, por eso, la gente destroza la Iglesia con sus razonamientos brillantes sobre la Iglesia, sobre el Evangelio y sobre la vida de Jesús.

La ruina de la Iglesia es por la soberbia de la Iglesia. Porque las almas sólo han aprendido a ser soberbias y a discutirlo todo en la Iglesia. No hay gente humilde en la Iglesia. No hay que gente que quiera aprender la Verdad, sino que todos quieren decir sus verdades y defenderlas como lo más valioso en sus vidas.

Lo único importante en la vida es la Verdad, la Verdad que trae el Espíritu, no la verdad que se encuentra en la razón.

Y si las almas no aprenden a someter su inteligencia al Espíritu, las almas se condenan por soberbias. Y no por otra cosa. Porque les gusta enfrentarse al Espíritu de la Verdad con sus inútiles razonamientos humanos. Y el que se enfrenta a Dios acaba perdiendo su alma.

Las almas creen que estar en la Iglesia es un juego, es una diversión , es una carrera, es un estudio, es un almanaque, en el que cada día hay que aprender algo.

Estar en la Iglesia significa no estar en la humanidad, en lo humano, en lo material, en lo natural de la vida.

Estar en la Iglesia significa poner la cabeza en el suelo y no levantarla hasta que Dios lo diga. No hay que pensar nada en la Iglesia. No hay que obrar nada en la Iglesia. Sólo hay que someterse a Dios en todo. Y eso es lo que nadie hace en la Iglesia.

No hay obediencia de la fe, porque ha obediencia a la razón del hombre. Es más importante lo que el hombre dice que lo que Dios dice de Su Iglesia.

La Iglesia no necesita a tantos adúlteros, fornicadores, ateos, homosexuales, lesbianas, sacerdotes corruptos, masones, desviados de la moral, Obispos que son engendros del demonio y que sólo hablan el lenguaje de Satanás.

La Iglesia necesita de corazones humildes. Y no de otra cosa. Lo demás que sigan en sus pecados y que corran a la condenación si es lo que quieren.

Pero Jesús sólo quiere pobres de espíritu, gente sencilla, que tenga dos dedos de frente, sentido común, que es el sello de la Verdad.

Tanta gente complicada en la vida porque son soberbios en sus razonamientos y todo lo quiere saber y entender para conseguir sólo su acomodo de vida humana. Por eso, dividen la verdad en miles de partes para este fin. Y así que los homosexuales se casen, que los divorciado comulguen, que los sacerdotes vivan con una mujer, que todo el mundo obre su pecado porque es lo que enseñó Jesús.

A este absurdo estamos llegando. Y esto no es ser Iglesia. Y esto no es hacer Iglesia. Esta Iglesia es para quien la quiera, pero no para el que sigue a Jesús.

Noviembre será un mes crítico para la Iglesia. Un mes revuelto. Un mes para olvidar. Y de este mes saldrá para la Iglesia su camino en la Verdad.

Si se ha abandonado la verticalidad del gobierno, entonces todos los dogmas caen por su propio peso. No hay forma de levantar la Iglesia. La Iglesia se hunde. La Iglesia se va al abismo. La Iglesia es para el infierno.

Massimo Introvigne: maestro de la ley

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“El malestar no debe ser confundido con el rechazo del Magisterio ordinario, ya esta actitud sí lleva al cisma” (Massimo Introvigne (publicado en il Foglio, 11 octubre 2013, p. 4)).

Este analista da una visión equivocada de lo que pasa en la Iglesia, porque no se pone en la Verdad.

La única Verdad que hay que seguir para entender la situación de la Iglesia actualmente es ésta: Nadie puede elegir un nuevo Papa estando vivo el anterior.

Esta Verdad, que está en el Evangelio, nadie la sigue. Y no se sigue porque no se cree en la Palabra de Dios, sino que se cree en las razones de los hombres para elegir un nuevo Papa.

Si la Iglesia no se pone en esta verdad, la Iglesia camina escuchando a mentirosos como Introvigne, que tienen el atrevimiento de decir lo siguiente: “Es posible que el Papa Francisco realice otras reformas en la Iglesia que el fiel católico deberá acoger con docilidad y sin buscar leerlas como contrarias a las enseñanzas de los pontífices precedentes sino teniéndolas en cuenta.”

Cuando el alma no está en la Verdad, entonces su boca proclama mentiras.

El malestar por las declaraciones de Francisco significa un rechazo a Francisco y no a la Iglesia. Un rechazo porque Francisco no es el Papa, es un Anti-Papa.

Si no se comienza así, entonces todo el artículo de este hombre es una solemne tontería.

La Iglesia está molesta con Francisco porque ha dicho cosas que no las dice un verdadero Papa, ni siquiera en su magisterio privado con los fieles, que es siempre falible, porque no habla en nombre de la Iglesia, públicamente, sino que lo hace en habitaciones privadas sin que a nadie le interese lo que se diga ahí.

Pero Francisco ha hablado como Jefe de la Iglesia, y eso no hay quien lo cambie buscando pretextos, razones, para acallar el malestar por la bocazas de Francisco, por las imprudencias de Francisco, por el pecado de Francisco.

Como Francisco es un Anti-Papa, entonces se le puede criticar, se le puede juzgar, se le puede condenar y eso no produce ningún cisma. Porque el cisma se produce sólo en la desobediencia al Papa. Es así que Francisco no es Papa. Luego, no hay cisma. Esto es el sentido común.

Como este analista no se pone en la Verdad, sino que sigue su verdad (=Francisco es Papa), entonces mete miedo con una verdad. Y hace un mal enorme a toda la Iglesia, porque quiere enseñar con una verdad su mentira.

Todo su artículo es el propio de una mente que no ha comprendido nada de lo que es el Papado y la obediencia al Papa en la Iglesia. Es un ignorante de la vida espiritual de la Iglesia. Está versado en la vida política de la Iglesia y, por eso, limpia las babas a Francisco, para que todo el mundo en la Iglesia haga lo que él hace: justificar el pecado gravísimo de Francisco.

Y cuando se justifica un pecado en la Iglesia, entonces el pecado es un dogma en la Iglesia y, por eso, dice que hay que acoger con docilidad cualquier cosa que Francisco quiera imponer en la Iglesia, aunque Francisco destruya los dogmas, las verdades reveladas.

Y hay gente en la Iglesia que sigue a este analista como oráculo divino, como el que da la Voluntad de Dios, como el sabio entre los sabios en la Iglesia. Así está la Iglesia: “¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!” (Lc. 11,47-54)

Massimo Introvigne es sólo un maestro de la ley que se ha quedado con la llave del saber. La llave del saber es su vasta inteligencia humana. Y en esa vasta inteligencia escudriña los conocimientos de todos los hombres y anuncia a toda la Iglesia la verdad que ha encontrado en vasta inteligencia. Y así él no entra en la Verdad ni deja entrar a los demás en la Verdad. Como él hay tantos en la Iglesia, que se han acaudalado en sus conocimientos de la verdad y lo imponen a los demás porque tienen una autoridad en la Iglesia. Necios y sólo necios de pensamiento cuyo error es su pecado de soberbia. Acarician su soberbia y demuestran su soberbia en medio del mundo para que todo el mundo la lea y la siga.

La Fe en la Iglesia no la da el sociólogo Massimo Introvigne, sino que la da la Palabra de Dios. O se cree en la Palabra de Dios que dice no elegir Papa mientras sigue vivo el anterior, o se cree a tantos en la Iglesia que quieren poner su razón para seguir en la mentira de unos Cardenales que pecaron al elegir un nuevo Papa.

Francisco es el fruto del pecado de los Cardenales que obraron en la Iglesia sin Fe en la palabra de Dios. Obraron su pecado porque tienen la fe puesta en los pensamientos de cada uno, en las filosofías de cada uno, en las políticas de cada uno. Y, de esta manera, se peca.

El pecado es, siempre, por la falta de fe. Nunca el pecado es por tener fe. Cuando el alma se aparta de la Verdad, que es Jesús, para seguir sus verdades, que son sus múltiples ideas sobre Jesús y sobre la Iglesia, entonces tenemos lo que tenemos: la glorificación del pecado en la Iglesia. El pecado ya es una cosa divina en la nueva iglesia que Francisco ha fundado con se memoria fundante. En esa nueva iglesia los que quieran estar tiene que pecar y eso les llevará al cielo.

Y, porque hay mucha gente en la Iglesia que vive buscando una razón en los hombres para tener fe, por eso, siguen dormidos en la Fe, siguen aplastados en sus pecados, viendo a la Iglesia como algo que les da un interés en la vida, pero no la Verdad de sus vidas.

El cisma lo ha provocado Francisco, no sólo con sus declaraciones, sino con su gobierno horizontal. Es él el que se ha apartado de la Obediencia de Cristo y ha puesto su orgullo en medio de la Iglesia. Y, ahora, no vengan hombres sin sentido religioso, como este sociólogo Massimo Introvigne, necio en su pensamiento, a decir que hay que obedecer a todos los cambios que haga Francisco, porque es el Papa y al Papa no se le puede criticar.

Que los que deseen esa nueva iglesia obedezcan a su dictador francisco y a su gobierno de marionetas, que son los ocho prepotentes de Roma. Pero que no manden a la Iglesia obedecer a un Anti-Cristo, porque ahí se ve su falta de fe y su negocio con Francisco.

Ahora se quiere, de muchas maneras, tapar las barbaridades que Francisco ha dicho. Pero ya no es posible.

O se está con la Iglesia o se está con la nueva iglesia de Francisco. Que cada uno elija, pero que no digan lo que hay que hacer en la Iglesia, cuando ellos ya no son Iglesia por su cisma que han provocado en la misma Iglesia. Cisma encubierto, pero cisma verdadero. Cisma en silencio, pero que lo oyen las almas que viven de la Fe en la Verdad, que es Jesús.

El que habla la Verdad nunca provoca ningún Cisma, pero el que se atreve a levantar su pecado en medio de todos como la verdad, entonces es ése el que provoca el Cisma en la Iglesia.

Diosa Razón

VirgenMaria

“La fe es la luz de una memoria fundante” (n. 4 – Encíclcia Lumen Fidei).

La fe que predica Francisco sitúa al hombre en su divinización por sí mismo. Su herejía de la memoria fundante hace que el hombre se salve a sí mismo porque encuentra una memoria, un recuerdo, un pensamiento de la vida de Cristo. Y al obrarlo lo hace unido sólo a su pensamiento humano, a cómo el hombre ha comprendido en su mente la vida de Cristo.

La “oración es un recuerdo” predica Francisco, es decir, quien ora encuentra un recuerdo, pero no encuentra a Dios en su vida. Encuentra la memoria de Dios, la imagen de las cosas que ha hecho Dios, pero no el Espíritu Divino.

“Quien cree ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado” (n. 1 – Encíclcia Lumen Fidei). La fe es una luz que llega desde Cristo. Ya la fe no es Cristo que da su Luz ahora, en este momento, sino que viene del pasado, de un recuerdo, de una imagen que los Evangelios presentan.

El Espíritu Divino es una Vida, no es un recuerdo. La Fe es una Vida, y en esa Vida, la Fe da una Luz. Pero la Fe no es luz por sí misma. La Fe da la Luz de la Vida: “En él había Vida y la Vida era la Luz de los hombres” (Jn 1, 4). Francisco habla de la fe como luz, pero no de la fe como vida. Y este es su error.

Porque la Fe es Vida, antes es vivir la fe que dar la luz de la Vida, que es la obra de la fe. Primero el alma debe obrar en su corazón la vida, que es la Fe, tiene que llenar su corazón de esa Vida. Y, después, viene el dar esa Vida en la Iglesia, con las palabras, con las obras que nacen de esa Vida, que es la Fe.

Pero Francisco sólo habla de la luz de la fe como lo principal en la fe del que cree. El que tiene fe vive su fe, no ilumina a otros, no da conocimientos a otros, no da experiencias a otros, no obra nada para los demás. Primero vive la fe, después obra la fe. La fe no llega a nosotros desde Cristo Resucitado. La fe la da Cristo a cada alma en su corazón. Lo que llega a nosotros es la Fe de los santos Padres, de los santos de todos los tiempos, de los hombres que han creído en la Palabra de Dios. Y eso es lo que queda como un recuerdo vivo, pero eso no es la fe. Hay quien lee a los santos y no cree. Hay quien escucha muchas predicaciones y no cree. Porque la Fe es la Vida, es una vida divina que el alma primero tiene que vivir en su misma existencia humana. Y cuando la vive, entonces empieza a obrarla en su relación con los demás en la Iglesia.

Y la Fe, que es Vida, es siempre la misma, no cambia por los cambios de los hombres, por las ideas de los hombres, por las conquistas de los hombres. El Espíritu de Dios da al alma del que hace oración, del que tiene fe, una vida divina, no un pensamiento de las cosas de Dios y de las cosas del mundo. Una vida divina inmutable, que permanece con el paso de los tiempos, de las circunstancias de la vida, de los reveses de la vida, de las alegría de la vida.

Francisco se encierra en su pensamiento y ahí crea su fe, se inventa la fe. Y a esa nueva fe la llama Fe en la Palabra de Dios. Esta mentira de su mente se transparenta en todas sus homilías, declaraciones y obras en la Iglesia. Francisco ha construido su nueva fe en su pensamiento humano, pero no ha construido la Fe siguiendo el Pensamiento de Dios.

“La característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del hombre” (n. 1 – Encíclcia Lumen Fidei). Lo propio de la luz de la fe es dar vida al hombre, no iluminarlo, porque Dios no da un pensamiento al hombre. Francisco habla de la luz de la fe como conocimiento, no como vida: “la fe de Abrahán será siempre un acto de memoria” (n. 8 – Encíclcia Lumen Fidei). Es decir, la fe de Abrahán es un acto del conocimiento humano que recuerda una Palabra de Dios y que obra ese recuerdo con su voluntad. En este error, se da la negación de la libertad del hombre que, para obrar libremente primero tiene que pensar. Pero el hombre es libre, aunque esté lleno de pensamientos, de memorias, de recuerdos, de imágenes del pasado, de saltos del subconsciente.

La fe es una Vida que se obra sin acudir a la memoria, al acto de conocimiento que predica Francisco. La Fe, para Francisco, es primero entender y, después, obrar lo que se entiende. Y, de aquí se deduce, que la luz de la fe que él pregona es sólo una luz de su conocimiento humano, una luz natural, pero no la luz de Dios, que nace de la Vida de Dios.

Si todos los hombres tenemos la fe de Abrahán que predica Francisco, entonces todos los hombres tienen antes que pensar para creer. Y ahí está el error. La fe de Abrahán nunca es un acto de su memoria, sino una obra de su corazón. Memoria y corazón son dos cosas totalmente diferentes. La memoria es sólo una cuestión mental. El corazón es amor.

Dios da al hombre, para que crea, un amor, no un pensamiento. El hombre no tiene que pensar para obrar la fe. El hombre tiene que obrar el amor para obrar la fe. Tiene que mirar su corazón, no su mente, para encontrar la luz, el conocimiento que le salva. Francisco dice lo contrario: primero piensa, después obra. La libertad no está condicionada por el pensamiento, por el conocimiento de las cosas. Se es libre cuando se deja todo pensamiento a un lado y se sigue la moción del Espíritu en el corazón.

Esta fe “siendo memoria de una promesa, es capaz de abrir al futuro, de iluminar los pasos a lo largo del camino. De este modo, la fe, en cuanto memoria del futuro, memoria futuri, está estrechamente ligada con la esperanza”. (n. 9 – Encíclcia Lumen Fidei).

La fe, como es un acto del conocimiento de una promesa que Dios ha dado, entonces ese acto abre un futuro. Este error se llama: razón pura. El conocimiento lleva a un nuevo conocimiento. Y ese nuevo conocimiento es el futuro que hay que obrar. El conocimiento abre a otros conocimientos, que iluminan el camino. Es la luz de la razón lo que ilumina la vida del que cree. Esta es la herejía de Francisco. Y, entonces, la fe es una memoria del futuro, es decir, un conocimiento que hay que obrarlo para crear el futuro. Y esta memoria del futuro es lo que da la esperanza al hombre. Si no se obra esta memoria del futuro, el hombre carece de esperanza.

Si se pone la fe en un acto de conocimiento, también la esperanza es otro acto de conocimiento. Sólo se puede esperar en el hombre que piensa su fe. No se puede esperar en el hombre que obra con el corazón.

La Iglesia tiene que ser un conjunto de hombres pensantes, y entonces la Iglesia caminará hacia la salvación y hacia la santidad.

Su gobierno horizontal nace de su concepción de la fe como memoria fundante. La fe de la Iglesia en el futuro la tienen los ocho hombres que piensan el bien que hay que obrar en la Iglesia. Sin esos ocho hombres, la Iglesia no puede caminar en la esperanza. Esta es la enseñanza de la encíclica de Francisco. Una enseñanza que es una pura herejía.

Su error es éste: dar a la fe el lugar que le corresponde a la razón. Francisco abaja la Fe Divina a su concepción de la fe con su razón. Francisco somete lo divino a la crítica de la razón, a la exégesis de la razón, al análisis de la razón. Por eso, cae en el kantismo y en hegelianismo.

Es la razón lo primero para tener fe. Ya no es el don de Dios que obra por sí mismo en el alma, sin necesidad de hacer un acto de conocimiento.

Su error, que es su humanismo, nace de esta concepción de la fe. Para él el hombre es su conocimiento, sus ideas racionales, sus ideas lógicas, sus ideas experimentales, sus ideas acuñadas en su mismo cerebro.

El hombre, para él, es la libertad de su pensar. El hombre, cuando piensa, obra el amor. Y, entonces, hace de la vida la obra de su pensamiento.

El hombre no se somete a Dios para pensar, sino que busca en su pensamiento la idea de Dios, la forma de dar culto a Dios, la manera de servir a Cristo y a la Iglesia. Y no puede salir de su pensamiento, porque el hombre, para él, es su pensamiento.

El hombre no es el alma, no es el espíritu, no es la carne, no es el corazón. Francisco, para poner su herejía de la memoria fundante tiene que echar mano de Kant y de Hegel, que negaron la Divinidad y pusieron la excelencia del hombre sólo en su razón.

Francisco sigue a Kant en la crítica de la razón pura y sigue a Hegel en su existencialismo humano. Y tiene que concluir en una fe que sólo se desarrolla en el pensamiento. La fe es pensar sólo lo que es pensado, lo que es recordado, lo que es memorizado. Pensar no es encontrar una verdad en Dios, es sólo encontrar unas verdades cuando se piensa en Dios.

Por eso, su encíclica hace al hombre un dios en la Iglesia. Es lo que bebe su espíritu desviado de la Presencia de Dios. Un espíritu que se cae por su propio peso, que sólo está levantado en la Iglesia por el querer de los hombres, por los sentimientos de los hombres, por el pensamiento de los hombres, pero no por la Voluntad de Dios.

Francisco no dice nada nuevo a la Iglesia, porque lo que ha construido es una nueva iglesia. Y pone en ese nueva iglesia el fundamento de su fe, que es el fundamento de la diosa razón. Y cuando la razón se pone a gobernar las cosas divinas, entonces viene la dictadura del pensamiento humano.

Es lo que se va a hacer desde ahora en Roma. Ya Roma no es la que da la fe, sino la que impide la fe. Ya Roma persigue una nueva fe, porque ha dejado la Fe en la Palabra de Dios. Ahora, Roma sólo cree en las palabras de los hombres, en los pensamientos de los hombres, en las obras de los hombres. Y, por eso, da la mano a los protestantes, a los masones, a los ateos, a los judíos, a todo aquel que quiera vivir de la memoria fundante.

Desde Roma se predica la memoria fundante como columna de la nueva iglesia. Y, por eso, habrá que salir de esa nueva iglesia muy pronto, porque no es la Iglesia de Jesús. Jesús ya se ha retirado de Roma. Sólo queda Su Sacrifico que muy pocos lo celebran, porque son muchos los que ven la Eucaristía como una memoria del Señor y no como la misma Pasión de Señor que se realiza y se vive sin buscar conocimientos, recuerdos, imágenes de la Pasión. Cristo vive en el alma que da Su Palabra como es, no como la piensa, no como la recuerda, no como la entiende. Por eso, hay tan pocos sacerdotes que celebren, porque ya todo se ha convertido en la memoria fundante de la Pasión de Cristo.

Misas sin Vida, Misas que son sólo recuerdo del pasado para construir una nueva misa, una nueva liturgia, un nuevo credo basado sólo en la diosa razón.

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