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Atacar al Papa con un falso Papa es la obra cumbre de la maldad

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«– ¿De donde sabes que solamente quedan TRES papas?

Conchita respondió:

De la Santísima Virgen. En realidad me dijo que aún vendrían CUATRO papas pero que Ella no contaba uno de ellos.

Dice Aniceta:

Pero entonces, ¿por qué no tener en cuenta UNO?

Responde Conchita:

Ella no lo dijo, solo me dijo que UNO no le tenía en cuenta. Sin embargo me dijo que gobernaría la Iglesia por muy poco tiempo» (Conchita).

Tres Papas que cuentan y uno que no cuenta. Y un usurpador del Trono de Pedro.

a. Tres Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Son los que cuentan porque fueron elegidos por el Espíritu para gobernar la Iglesia y Jesús guió a Su Iglesia a través de ellos. Y no importa si sus gobiernos fueron cortos (Juan Pablo I), si le pusieron un sosía (Pablo VI), o si hicieron todo lo posible para anularlo (Juan Pablo II).

b. Un Papa que no cuenta: Benedicto XVI. Fue elegido por el Espíritu para gobernar la Iglesia, pero renunció. El Señor gobierna Su Iglesia sin Su Papa. No puede gobernar la Iglesia con Benedicto XVI. Y, por eso, no cuenta para gobernar la Iglesia. Cuenta como Papa. La Sede no está vacante porque sigue siendo el Papa elegido por Dios. El gobierno del Papa Benedicto XVI es el que está vacante. Un usurpador gobierna otra cosa, no la Iglesia Católica, su falsa iglesia. El Señor sigue guiando Su Iglesia, pero sin Su Cabeza, sin Su Vicario.

La Virgen María dijo que vendrían cuatro, pero que no contaba uno de ellos. No lo contaba para gobernar la Iglesia, pero sí para ser Papa. Gobernó la Iglesia por muy poco tiempo, pero –al renunciar- ya no cuenta su gobierno, porque ya no gobierna. Impide al Espíritu guiarlo en el gobierno de la Iglesia. Es un impedimento de su voluntad libre. Impedimento que es un grave pecado, porque produce un cisma dentro de la Iglesia. Benedicto XVI cuenta como Papa, porque –hasta que muera- sigue siendo el Papa verdadero, el legítimo, a pesar de su renuncia.

Benedicto XVI no cuenta para el Cielo para el gobierno de la Iglesia. Jesús es el que decide ahora cada cosa en Su Iglesia. Porque la Iglesia es de Cristo, no de los hombres. Y Jesús tiene que llevar Su Iglesia hacia el Plan de Su Padre. Y, por eso, la guía Él solo, sin ninguna Jerarquía. Es una forma de gobierno extraordinaria, que sólo la puede hacer Dios.

Jesús decide en cada alma lo que Su Iglesia tiene que hacer en estos momentos, sin pasar ni por la Cabeza, que sigue siendo Benedicto XVI, ni por la Jerarquía de la Iglesia. La Iglesia está en el corazón de los humildes, que viven su fe dejando sus brillantes pensamientos humanos a un lado. La Iglesia no está en ninguna de las cabezas que se creen con inteligencia para poner un camino al desastre que vive la Iglesia: «entre mis sacerdotes cuántos son los que no creen ya; sin embargo, permanecen aún en Mi Iglesia, como verdaderos lobos con piel de cordero, y pierden un ilimitado número de almas» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El espíritu de rebelión contra Dios, 1 de diciembre de 1973 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Ahora todos tienen que obedecer a Cristo, no a los lobos, no ver a Cristo en un hombre, porque la Cabeza renunció a ser Cabeza de la Iglesia; renunció a gobernarla en Cristo. Se retiró, pero no renunció a ser Papa. Sigue siendo el Papa, con la coletilla de emérito. Pero un Papa emérito sigue siendo Papa, porque el Papa, en la Iglesia Católica, no es un concepto, un término humano, sino una vocación divina, una elección de Dios sobre un alma que Él quiere para Su Iglesia.

c. Francisco: el que ha robado el Trono de Pedro para una nueva maqueta de Iglesia. Francisco es todo un montaje que el Vaticano ha hecho para dar al mundo lo que éste pide: un paraíso en la tierra. Es el gran engaño del siglo. Es mayor que el que se produjo con Pablo VI.

Tres Papas para una profecía:

i. El número 108, “Flos Florum” (“Flor de las Flores”): Pablo VI, que tiene en su escudo de armas el “lirio”, la “flor de las flores”.

ii. El número 109, “De Mediate Luna” (“De la Media Luna”): Juan Pablo I, que fue elegido en una Media Luna y falleció en la siguiente Media Luna.

iii. El número 110, “De Labore Solis” (“Sobre el eclipse del Sol”): Juan Pablo II, en cuyo Pontificado Cristo fue eclipsado por la idea humana en la Iglesia.

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Pablo VI, mártir en su Pontificado:

«J – El Papa, el Papa…es un mártir. De cierto modo podría decirse que yace por tierra, que desea morir, en la situación en que se encuentra. Lo tortura el pensamiento de lo que el dice, no sale publicado en el mundo y lo que sale publicado, es exactamente aquello que el no quería y que es publicado por sus cardenales. En todos los casos, muchos Cardenales, no todos, la siguen. El Papa tiene una inmensa dificultad en actuar. Está en una situación mucho peor que en la verdadera prisión, nosotros, nosotros nos agitamos, haciendo todo lo que podemos. Además, ya hicimos demasiado.

E – ¡Continúa! Diciendo la Verdad, en nombre (…) ¡y solo la verdad!

J – Lo privaron de su libertad… así poco puede hacer. Es por eso que hablamos de él como un reptil, solo es capaz de arrastrarse, y ya no tiene una palabra que decir, ni a la derecha, ni a la izquierda, ni al frente, ni atrás. Son los otros que lo hacen, los falsos, a los que les gustaría verlo desaparecer» (Testimonio de sacerdotes que participaron en el exorcismo del 31 de agosto de 1975 – Contra Judas Iscariote (alma condenada) – Del libro: “Confesiones del Infierno al mundo contemporáneo. Advertencia del más allá” – Editor Buonaventur Meyer).

Pablo VI cumplió su misión: «Su misión está cumplida. Así como sobre esta tierra le habéis estado muy cercanos con la oración y con vuestro amor, así ahora Él desde el Paraíso, con su poderosa ayuda de intercesión, estará cerca de vosotros para ayudaros a cumplir vuestra misión» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – En la muerte del Papa, 9 de agosto de 1975 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

A mitad de su Reinado en la Iglesia, el demonio se sentó en la Silla de Pedro para gobernarla con un impostor.

“Es ahora de conocimiento común en la ciudad de Roma, que hay una persona que ha estado haciéndose pasar por vuestro Vicario, un actor de gran talento, que a través de la cirugía ha obtenido el semblante de vuestro Vicario. Ahora es bien sabido, hijos Míos, y ahora se jugará un juego de ajedrez. Allí será obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, porque Satanás se ha establecido a Sí Mismo en medio de ellos. Obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, Satanás se ha puesto en medio de ellos. Todo lo que está podrido caerá “ (Nuestra Señora a Verónica Lueken , 14 de Agosto de 1976).

Desde 1972, las drogas neutralizantes fueron inyectados a Pablo VI, como lo confirma el testimonio de Mons. Basile Harambillet (Doctor en derecho caónico y abogado rotal). La existencia de un doble también fue demostrado por las grabaciones sonoras y fotografías de Theodore Kolberg, en sus libros: “Der Vertrug des Jahrhunderts” (“El engaño del siglo’) y “Umsturz im Vatikan?”(“Un derrocamiento en el Vaticano”).

En 1972, comenzó la tercera parte del secreto de Fátima: dos hombres usando la corona de Pedro. Uno sufre a manos de los hombres, siendo el Prisionero de los Cardenales. El otro, colocado por los hombres, es el que trae la destrucción.

“Hija Mía, te traigo una triste noticia, una que debe darse a conocer a la humanidad. Al hacer esto, hija Mía, debes proceder sin temor. Debe hacerse saber a la humanidad. Nuestro querido Vicario, el Papa Pablo VI, sufre mucho en manos de aquellos en quien él confía. Hija Mía, grítalo desde los tejados. No es capaz de llevar a cabo su misión. Ellos lo han escondido, hija Mía. Él está enfermo; él está muy enfermo. Ahora hay alguien quien gobierna en su lugar, un impostor, creado por las mentes de los agentes de satanás. Cirugía plástica, hija Mía – los mejores cirujanos fueron usados para crear a este impostor. ¡Grítalo desde los tejados! El debe ser expuesto y removido. Detrás de él, hija Mía, hay tres quienes se han entregado a satanás. Vosotros no recibís la verdad en vuestra nación ni en el mundo. Vuestro Vicario está prisionero.

“Antonio Casaroli, ¡condenaréis vuestra alma al infierno! Giovanni Benelli, ¿qué camino habéis tomado? ¡Estáis en el camino hacia el infierno y la condenación! Villot, líder del mal, apartaos de esos traidores; no sois desconocidos al Padre Eterno. Os asociáis con la sinagoga de satanás. ¿Creéis que no pagaréis por la destrucción de almas en la Casa de Mi Hijo?

“El anticristo, las fuerzas del mal, se han reunido hijos Míos, dentro de la Ciudad Eterna. Debéis hacerle saber a la humanidad que todo lo que viene de Roma viene de la oscuridad. La luz no ha pasado por allí. La apariencia en público no es de Pablo VI, es el papa impostor. Los medicamentos del mal han vuelto soso el cerebro del verdadero papa, el Papa Pablo VI. Ellos envían por sus venas, veneno para atontar su razonamiento y paralizar sus piernas. ¿A qué criatura maligna le habéis abierto las puertas de la Ciudad Eterna y habéis admitido a los agentes de Satanás? Planeáis remover al Padre Eterno de vuestro corazón y de los corazones de aquellos a quienes buscáis engañar. Esparcís el rebaño.” (Nuestra Señora, 27 de Septiembre, 1975).

En el momento que este mensaje fue dado en 1975, el Cardenal Jean Villot era el Secretario de Estado del Papa. Toda la correspondencia dirigida al Santo Padre pasaba por sus manos. El Cardenal Giovanni Benelli era el Secretario sustituto de Estado. En otras palabras, era el segundo al mando de Villot, y el tercero al mando del Papa. El Cardenal Agostino Casaroli era el Secretario del Consejo para Asuntos Públicos. Su trabajo ascendió a ser hombre de Relaciones Públicas del Vaticano, a escala internacional.

A Juan Pablo I lo liquidaron porque no cuadraba en sus planes. Era de la línea tradicional, de la disciplina de la Iglesia: «(…) cuando hablé a los cardenales en la Capilla Sixtina, aludí a la «gran disciplina de la Iglesia» que debía «mantenerse en la vida de los sacerdotes y de los fieles» (…) Esta existe sólo cuando la observancia externa es fruto de convicciones profundas y proyección libre y gozosa de una vida vivida íntimamente con Dios. Se trata –escribe el abad Chautard– de la acción de un alma, que reacciona continuamente para dominar sus malos inclinaciones y para ir adquiriendo poco a poco la costumbre de juzgar y de comportase en todas las circunstancias de la vida, según las máximas del Evangelio y los ejemplos de Jesús.» (Discurso al Clero Romano).

Por supuesto, que esto no fue el motivo de su asesinato, pero sí un impedimento para lo que el demonio quería desde la Silla de Pedro: el desastre, la destrucción de toda Verdad. Y buscaba un hombre, ya no un sosía, ya no uno que había que enmascararlo. Pero el Cónclave todavía no era de él. Así que había que elegir a otro.

“Regresaremos, hija Mía, en la historia, una corta historia, y recordaremos bien lo que ha sucedido en Roma a Juan, el Papa Juan, cuyo reinado duró 33 días. Oh, hija Mía, ahora es historia, pero está puesta en el libro que enumera los desastres para la humanidad. Él recibió el horror y el martirio al tomar de una copa. Fue una copa de champagne que le fue dada por un miembro, ahora fallecido, del clero y de la Secretaría del Estado.” – (Nuestra Señora, 21 de Mayo, 1983)

El P. Sáez escribe en su libro:

«Después de casi tres años de investigación, David Yallop escribió en su libro In God’s Name (En el Nombre de Dios, 1984), que las circunstancias precisas relacionadas al descubrimiento del cuerpo de Juan Pablo I “elocuentemente demuestran que el Vaticano practicó una campaña de desinformación.” El Vaticano dijo una mentira tras otra: “Mentiras acerca de pequeñas cosas, mentiras acerca de grandes cosas. Todas estas mentiras tenían un único propósito: disfrazar el hecho que Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I, había sido asesinado.” El Papa Luciani “recibió la hoja de una palma del martirio debido a sus convicciones.”.

Sus días de su prueba estaban todos contados por el Cielo. Elegido para sufrir por la Iglesia. Elegido para dar la sucesión al último verdadero Papa Católico .

Con Juan Pablo II, se equivocaron, pero no pudieron con él. Era el Papa de la Virgen: «Justamente, cuando Satanás se ilusionaba con la victoria, después que Dios hubo aceptado el sacrificio de Pablo VI y de Juan Pablo I. Yo he obtenido de Dios para la Iglesia el Papa preparado y formado por Mí. Él se consagró a Mi Corazón Inmaculado y me confió solemnemente la Iglesia, de la que soy Madre y Reina. En la persona y en la obra del Santo Padre, Juan Pablo II, Yo irradio Mi Gran Luz, que se hará tanto más fuerte cuanto más tinieblas lo invadan todo» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El designio del amor misericordioso, 1 de agosto de 1979 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Su muerte abrió el fin de los tiempos, porque ya el Cónclave pertenecía al demonio. Había que poner un Papa para una renuncia, no para otra sucesión de Pedro. Un Papa que no supo conservar la fe católica hasta el final. Juan Pablo II fue católico, fue Papa de los Católicos, fue fiel a la gracia que había recibido, hasta su muerte. Una muerte no querida por Dios, pero a todos los Papas hay que quitarlos de en medio desde 1972, porque la Silla es del demonio.

Benedicto xVI es un Papa verdadero, legítimo, porque viene de la muerte de Juan Pablo II, que le precede; pero que no cuenta, es inútil, porque no dio su vida por el Papado ni por la Iglesia.

Su renuncia, ya decidida por la masonería, da al demonio pleno poder sobre el Papado para poner su maqueta: Francisco y su gobierno horizontal.

El Papa Benedicto XVI está en las profecías: El número 111, “De Gloria Olivae” (De la Gloria del Olivo). Y hasta que no muera, no se puede entender su nombre. La gloria del Olivo es la Verdad; pero sólo la Verdad tiene Su Gloria en la Cruz. Y la Cruz es lo que ha rechazado Benedicto XVI. Para cumplir su profecía, es necesario que reciba una cruz y que muera en ella.

Francisco no pertenece a ninguna profecía, porque no es Papa; es una maqueta nueva de Papa, una imagen, un esbozo, una escultura de bronce que los hombres adoran.

Francisco no sirve al Dios Uno y Trino y, por eso, está creando un nuevo sacerdocio en su nueva iglesia. Un sacerdocio que sirva al pueblo, a la masa, a la idea predominante en la sociedad.

Ahora, en la Iglesia se sirve al pensamiento del hombre, a la persona humana, pero no a Cristo, ni en la idea ni en la persona. Hay un culto desfigurado a todo lo que representa la Iglesia católica, a toda Verdad, a todo Dogma. Un culto a lo humano que hay en la Iglesia; un culto que debe anular lo divino para dar sólo lo que los hombres buscan en sus vidas.

Hoy no se ama la Verdad, sino la mentira que nace de un pensamiento del hombre, que se cree libre porque es capaz de engendrar ideas en su mente. Pero esta libertad del pensamiento es falsa, porque Dios ha hecho la razón para la Verdad, y la voluntad para la libertad.

Se tiene una mente humana para descubrir la verdad de la vida; se tiene una voluntad humana para elegir lo que más convenga en esa verdad encontrada por la razón.

Pero Francisco tiene una mente humana retorcida y sólo le sirve para poner su idea, su culto, su visión de Cristo y de la Iglesia. Y es arrogante, orgulloso. Se impone porque él lo quiere, porque él lo decide. Y, a pesar de que a nadie le interesa su opinión, todos le tienen que obedecer porque se ha creído dios en la Iglesia. Francisco es el que se ha puesto por encima de la autoridad de Dios y obra la maldad a la vista de todo el mundo. Y muchos lo apoyan. Son fieles a esa maldad y le ponen caminos para que se realice en la Iglesia.

Muchos quieren entender los gestos de Francisco en clave católica para poder evaluarlos en su catolicidad, y por eso, se engañan. Porque Francisco no tiene la fe católica. Luego, sus gestos no son católicos, son para la gente del mundo, pero no para la Iglesia. No se pueden comprender los gestos de Francisco en clave católica, sino en clave no-católica. Y, solo así, se puede evaluar lo que significa para la Iglesia Católica y para el mundo.

¡Cuántos hay que se engañan en esto! Todavía muchos, viendo el acto de Francisco con Shimón Peres y con Mahmud Abbas, está pidiendo al Señor que ilumine a Francisco para no errar como Papa. Es la venda en los ojos. Es no comprender que Francisco es sólo una víbora que ataca a la Iglesia para devorarla. Que Francisco no posee el Espíritu de la Iglesia. Que está en Ella para hacer una maqueta nueva de la Iglesia y de Cristo.

Quien atienda a la Verdad de la Iglesia podrá comprender cómo durante más de 50 años no hay Verdad en la Iglesia: hay muchas mentiras, muchos errores, muchas herejías, muchos cismas. Hay un poco de todo, que nadie ha sabido combatir y discernir. Hay una mezcla de ideas, de juicios, de obras, de vidas, que sólo tienen una finalidad: destruir la Verdad.

No se puede destruir a la Iglesia de un mazazo, sino que hay que ir golpe a golpe; poco a poco, quitando acá y allá hasta conseguir el objetivo.

El fin ya se tiene, pero hay que llevarlo a la perfección. Francisco entretiene a todo el mundo, para que otro dé el golpe definitivo. En este tiempo de Francisco, se ponen los peones en toda la Iglesia. En cada Obispado, hay un profeta del demonio, uno que trabaja ya de manera directa para que todos obedezcan lo que viene de Roma.

Los que se cansan en analizar las líneas del gobierno de Francisco son gente, no sólo con una venda en sus ojos, sino aliados de Francisco, instrumentos del demonio, gente que no tiene dos dedos de frente. Que está en la Iglesia para buscar el paraíso perdido; pero que ya no busca a Cristo ni en sus vidas espirituales, ni en sus vidas sociales, ni en la vida de la Iglesia.

Es tiempo de salir de una estructura vieja, inerme, jurídica, inservible para ser Iglesia. Hay que seguir siendo la Iglesia Católica sin ninguna estructura. Es lo que pide el Señor ahora: el desierto. «Fueron dadas a la Mujer dos alas de águila grande para que volase al desierto, a su lugar, donde es alimentada por un tiempo, y dos tiempos, y medio tiempo lejos de la vista de la serpiente» (Ap. 12, 14). Con la Eucaristía y con el Santo Rosario es como se hace hoy la Iglesia. Si faltan esas dos cosas, la Iglesia no sirve para nada.

La Sinagoga de Satanás

tres espadas

«El misterio de iniquidad consiste precisamente en que el “Aparato publicitado de la Iglesia” que debía servir para llevar las almas a Jesucristo, sirve en cambio para perderlas y esclavizarlas al demonio. Aquí está el “misterio de perversidad” (P. Julio Meinvielle)

Todo ha sido montado para dar publicidad a un hereje, para hacer que en la Iglesia la Verdad quede oculta.

La autoridad en la Iglesia Católica ha dejado de ser divina y es sólo humana, con un poder humano, con unos fines para los hombres, haciendo que lo divino se eche a un lado.

¿Quién está sosteniendo las herejías de Francisco? La misma Jerarquía de la Iglesia, los mismos que tendrían que dar testimonio de la Verdad, pero que conducen a toda la Iglesia hacia el apartamiento de Dios, al alejamiento de la Verdad.

Francisco es la cabeza de los malos, de los pecadores, de los herejes, de los cismáticos, de los que se van a condenar porque aman su pecado. Él gobierna e influye en los demás para atraerlos hacia el fin de la masonería, que es el comunismo y el protestantismo dentro de la Iglesia.

El gobierno de Francisco es para que las almas pequen dentro de la Iglesia. Y, pecando, obran el comunismo y el protestantismo.

Sólo poniéndose en la Verdad, es decir, quitando el pecado se obra la Redención en la Iglesia, que es la obra de Cristo y que debe ser la obra de toda la Jerarquía Eclesiástica.

Pero, en realidad, la Jerarquía ha hecho un cisma en la Iglesia: se ha apartado de la Verdad, no totalmente, sino parcial, pero de manera oculta.

Todavía, entre la Jerarquía, hay sacerdotes que ven la Verdad, pero que no se atreven a dar testimonio íntegro de la Verdad, por el temor de quedar abandonados por la misma Jerarquía.

Hay miedo entre los sacerdotes, mucho miedo. Y muchos deciden acoger la mentira que da Francisco por miedo, por seguir a los otros, por no querer sobresalir de entre los demás. Los demás guardan silencio; ellos también.

Francisco habla sus herejías y los medios de comunicación de la Iglesia las apoya. Esto es diabólico, no sólo es cosa humana. Eso es señal del Anticristo.

El arte del demonio es dominar los medios temporales para por allí hacer perder a los hombres, el interior de las almas. El demonio no sólo domina los medios del placer, de la riqueza y del poder, sino de lo social, de lo que el hombre se enorgullece: la vida de comunicación social, la palabra del hombre en la sociedad, en el mundo.

El demonio, mentiroso, desde el principio, pone su mentira en los medios de comunicación para tener agarrado a todo el hombre en la mentira, en el engaño, en el error. Y si logra que los medios de comunicación de la Iglesia den la mentira, entonces ha ganado la partida en la Iglesia.

Una iglesia que apoya a un hereje en los medios de comunicación es la iglesia del demonio, no ya de Cristo.

La Iglesia es la Verdad y sólo tiene que dar la Verdad y, por tanto, debe combatir toda mentira. ¿Por qué no combate las mentiras de Francisco? Porque el Anticristo está detrás de Francisco y de la misma Jerarquía Eclesiástica. El Anticristo sostiene a Francisco y, por eso, le da la propaganda que necesita en toda la Iglesia y en el mundo.

Al Anticristo le conviene que un Obispo, como líder de la Iglesia, predique su misma doctrina. En el Anticristo está contenida toda la malicia humana para hacer caminar a todos los hombres al culmen de su pecado. El Anticristo sabe todos los caminos del mal para engendrar males en todas partes. Por eso, Francisco lleva un año sembrando todo tipo de males en la Iglesia. Y los demás aplaudiendo esos males.

Francisco los siembra y los obra. Y produce un desequilibrio espiritual en la Iglesia, porque la Iglesia está llamada a la perfección de la vida espiritual y, por tanto, a la plenitud de la Verdad. Y todos los Papas han aportado su grano de arena para llegar a esa plenitud.

Pero llega un hombre con la mentira en su boca y hace que la Iglesia emprenda y siga un camino de retroceso en toda la vida espiritual. Esta es la gravedad que vive toda la Iglesia.

La Iglesia ya no camina hacia la Verdad, que es Cristo, sino que vuelve la mirada atrás, como queriendo buscar algo que dejó en otro tiempo, en otras circunstancias de la vida de los hombres, como queriendo buscar un camino nuevo en el pasado.

En el Anticristo tiene que brillar la plenitud de la malicia. Y este es su tiempo en la Iglesia. La Iglesia se enfrenta al Anticristo. Por eso, es necesario salir de Roma, de una estructura que ya no sirve para ser Iglesia, para hacer Iglesia, para obrar la Verdad en la Iglesia. Es lo que muchos no acaban de comprender todavía.

La Iglesia no vive de estructuras, sino de corazones abiertos a la Palabra de Dios. La Iglesia sólo necesita de las estructuras para poder obrar la Verdad. Peo cuando, desde esas estructuras se impide esa obra, entonces hay que abandonarlas para seguir siendo Iglesia, la Iglesia que vive en cada corazón que está en Gracia.

La autoridad que rige, ahora, en la Iglesia Católica es totalmente farisea, hipócrita, saducea, legista, impía. Una autoridad que se enorgullece de su poder y que, por tanto, no ve su pecado, no lucha contra el pecado, sino que va al mundo para abrazar el pecado de todos los hombres. Esto es diabólico. Y esto lo llama San Juan: la Sinagoga de Satanás (Ap 2, 9).

La Sinagoga de Satanás es el gobierno de un grupo de fariseos, que es una minoría, pero que tiene todo el poder en sus manos. Cristo se enfrentó a ese grupo. Y, por eso, lo liquidaron. Ellos tomaron toda la tradición auténtica de los Patriarcas y de los Profetas para pervertir y dominar a todo el pueblo elegido por Dios.

Desde hace 50 años funciona, a pleno rendimiento, esa Sinagoga: un grupo de sacerdotes, de Obispos, que son una minoría, tienen todo el poder en la Iglesia. Y han hecho de la Palabra de Dios, su interpretación personal; y han hecho de la liturgia de la Iglesia, el culto al demonio; y han hecho de la Tradición, su cultura comunista y protestante en la Iglesia. Lo han rebajado todo, lo han pervertido todo y han obligado a los Papas a someterse a su inicuo pensamiento humano.

Por eso, decía el Señor de esta sinagoga: «Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la Verdad no estaba en él» (Jn 8, 32).

Ha sido esta Sinagoga de satanás quien ha puesto a Francisco como un falso Papa, como una pintura del Papado, como una caricatura del Papado, porque eso es lo que representa Francisco. Francisco se ríe del Papado. Francisco ha destrozado el Papado. ¿Por qué lo llaman Papa si no puede dar la Verdad del Vicario de Cristo? Francisco, cuando habla la mentira, habla de los suyo propio, de lo que hay en su mente humana. No puede hablar de lo que hay en el Corazón de Cristo, porque rechaza a Cristo en su mente y en su corazón. ¿Por qué lo llaman Papa?

Si el Papado no es una cuestión legal en la Iglesia. Igual que nadie puede renunciar a ser Papa, así nadie puede elegir a un Papa. El Papa lo elige el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que mantiene al Papa hasta el final de sus días, porque no quita nunca el don de ser Papa a aquel hombre que Él ha elegido.

¿Por qué siguen llamando a Francisco como Papa si Dios no lo ha elegido?

La Autoridad en la Iglesia no es como la del mundo. En el mundo, los hombres eligen sus gobernantes y ponen sus leyes para regir sus gobiernos. En la Iglesia, Dios elige Su Gobierno. Los hombres tienen que dedicarse a salvar almas. Y Dios gobierna lo demás. Por eso, Jesús puso a Pedro. Y sólo a Pedro. Los demás son los demás, es decir, no gobiernan.

Dios gobierna Su Iglesia sólo con Pedro. Por eso, aunque el Papa Benedicto XVI no haga nada como Papa verdadero, Dios sigue gobernando Su Iglesia a través de él. Dios no gobierna Su Iglesia a través de Francisco. ¿Por qué llaman a Francisco como Papa, si no es Papa? Los Cardenales eligieron a un hombre mientras el Papa verdadero vivía. Luego, ese hombre no es elegido por Dios para ser Papa. Es así de sencillo, pero la Sinagoga de Satanás no puede aceptarlo. Ellos sacan sus documentos y demuestran que fue elegido Francisco como Papa y que Benedicto XVI renunció. ¡Documentos! ¡Legislación, leyes, pensamientos de los hombres! Eso es el fariseísmo. Ya no pueden atender a la Gracia.

Se es Papa por Gracia, no por elección de los Cardenales, de los hombres. La Iglesia es una Gracia. Y en la Iglesia todo se obra en la Gracia y por medio de la Gracia.

Entonces, ¿cuándo van a dejar de llamar a Francisco con el nombre de Papa para llamarlo por su nombre: un demonio encarnado? Pero nadie se atreve a decir esto. Temor, miedo, respetos humanos, culto al pensamiento de los hombres. Y toda la Iglesia tiene miedo de una minoría, de un fariseísmo que sólo busca destruir la Iglesia, como hicieron con Jesús: destruyeron su vida humana.

Tenéis miedo al poder de unos hombres, que son nada ante Dios, y no tenéis miedo a Dios que, con Su Poder, puede hacer que todos los hombres besen, con sus bocas, la faz del infierno. Los hombres sólo matan el cuerpo, pero Dios lleva al infierno al alma. Dios quita la vida del alma y la transforma en un demonio, incapaz de poder amar ya, ni siquiera a ella misma.

Los hombres sólo velan por su vida material y, por eso, temen a los hombres. Es que esa minoría nos puede dejar sin lo material. Y, entonces, hay que callar, hay que seguir como si nada pasara. Esto es lo que les pasa a muchos sacerdotes y Obispos, que les cuesta levantarse contra Francisco, contra una minoría de hombres, fariseos, que no saben nada de la vida espiritual ni de la vida de la Iglesia.

Cristo los combatió y triunfó de ellos. Por eso, el mal que ahora hace esa Sinagoga de Satanás es muy limitado. No tienen toda la libertad de antes, porque quien gobierna la Iglesia es sólo Cristo. El pueblo elegido por Dios era gobernado por muchos hombres, por eso, por la codicia, por la avaricia, por el poder de querer ser más que los hombres, una minoría se hizo con todo el gobierno. Pero, ahora, esa minoría sólo depende del Anticristo, es manejada en todo por el Anticristo. Y el Anticristo no tiene poder sobre la Iglesia de Cristo. Por eso, es necesario salir de Roma, para no caer en las fauces del Anticristo. Y es necesario llamar a Francisco, un anticristo, porque eso es lo que es. Y quien se pone en la Verdad, entonces sabe luchar contra ese fariseísmo que es la autoridad en Roma.

Hay que combatir al gobierno horizontal que ha puesto Francisco en Roma. Hay que socavarlo. Hay que sacar a relucir los pecados, las herejías, de todos esos que componen la Sinagoga de Satanás. ¡Quien no saque los trapos sucios de esos Obispos y Cardenales, no se pone en la verdad de la Iglesia, sino que se acomoda a la mentira que esos canallas den en la Iglesia!

Son tiempos muy serios para estar adulando a unos herejes. No son tiempos como los de antes. Antes había que callar. Ahora, ya no es necesario. Ante un hereje, como Francisco, hay que decírselo en la cara para que comprenda que su vida es para el demonio, no para Cristo. Si Francisco fuera de Cristo, entonces se le tendría respeto. Pero Francisco ha anulado a Cristo en su sacerdocio. Ahí están sus obras clarísimas. ¡Por sus obras los conoceréis! El que imita a Cristo hace las mismas obras de Cristo. Y Cristo vino a salvar almas, no vino a quitar la hambruna del mundo. ¡Por sus obras los conoceréis! Quien no se dedica a salvar almas: a confesar, a quitar demonios, a predicar la Verdad, a hacer penitencia por los pecados de Su Rebaño, entonces se dedica a las empresas del mundo y a darse publicidad en todo el mundo. ¡Por sus obras los conoceréis! ¿Cuándo van a discernir lo que es imitar a Cristo?

Porque Francisco no imita a Cristo, por eso, dice todos los días sus herejías, sus mentiras, sus errores, sus engaños. Y, por eso, no se puede comulgar con él. Hay que despreciarlo, incluso como Obispo, porque un Obispo recto ve su pecado, y lo quita, y se pone a hacer penitencia por su pecado. Pero, Francisco, ¿qué es lo que ve? Sólo su grandioso pensamiento, que es su mentira hecha vida, carne, en su sacerdocio. Si él no respeta la verdad de su sacerdocio, entonces no se le puede respetar como persona consagrada, porque, con su pecado, anula lo que es ante Dios.

Francisco un maldito que lleva a las almas al infierno.

Tiempo para el demonio en la Iglesia

17 de diciembre

“Hombre apóstata, varón inútil, anda en boca mentirosa, guiña el ojo, refriega los pies, habla con los dedos, tiene el corazón lleno de maldad y siembra siempre discordias” (Pr 6,12).

La apostasía de la fe es un pecado que aparta totalmente de Dios y, por tanto, es distinto a otro pecado.

A la fe no pertenece sólo la credibilidad del corazón, sino también la confesión pública de la fe. Es necesario decir palabras y obrar en lo exterior esa fe que está en el corazón.

Quien vive de fe obra la fe exteriormente, de manera que todos puedan verla. Pero quien no vive de fe sólo obra al exterior su vida humana, o carnal, o material, o natural.

Cuando un hombre dice herejías en forma continua y no las quita, no se arrepiente de ellas, entonces eso es señal de que ha apostatado de la fe.

Cuando un hombre obra el pecado y no se arrepiente de él, sino que permanece y vive de ese pecado, entonces es la señal de que ha apostatado de la fe.

El que apostata de la fe perdió la fe totalmente. No tiene el don de la fe. Vive otra cosa muy diferente a la fe.

El que abandona la fe puede seguir estando en la Iglesia, pero de una forma exterior, hipócrita, farisea. En su interior, no tiene el espíritu de la Iglesia, pero sí posee el espíritu contrario, que le hace obrar en contra de la Iglesia.

El hombre que apostata de la fe con su boca habla de Dios, confiesa a Dios, predica muchas cosas, pero nunca da la Verdad de lo que habla, siempre da su interpretación de todas las cosas divinas. Y, por tanto, es un hombre que se dedica a hacer su religión, su evangelio, sus mandamientos, sus reglas, sus tradiciones, que no tienen nada que con la Verdad de la Iglesia.

De esta manera, se dan en muchas almas la apostasía de la fe. No es un pecado raro, sino común, porque es un pecado que imita en todo al hombre mundano, pero en la Iglesia. Es meter el mundo en la Iglesia, es vivir el mundo dentro de la Iglesia, es sacrificar todo lo divino en aras de los humano, de lo natural.

Vivimos dentro de la misma Iglesia Católica la apostasía de la fe en muchas almas que son sacerdotes, Obispos, fieles, que han perdido totalmente la fe. No es que cometan pecados mortales o que vivan, de alguna manera, su ministerio en la Iglesia o hagan sus apostolados en la Iglesia. Es que han abandonado totalmente la fe.

No sólo pecan mortalmente, sino que exaltan sus pecados, justifican sus pecados, aplauden sus pecados, llaman a sus pecado una verdad, un bien que se debe hacer.

En el gobierno de la Iglesia Católica hay hombres que ya no tienen fe, porque mantienen sus pecados a la vista de todo el mundo, de la Iglesia. No sólo esos hombres dicen herejías, sino que obran esas herejías a la vista de todos.

El que perdió la fe nunca puede obrar en lo exterior movido por la fe, sino que obrará según su inteligencia o sentimiento humano.

La fe, cuando se pierde, hace que el hombre sólo se quede en su ambiente humano, en su vida humana, en sus obras humanas, en sus culturas, en su ciencia, en sus conquistas humanas.

Pero lo peor no es esto: lo peor es que enseñan sus herejías, sus obras, en la Iglesia como algo verdadero que hay que seguir, como una obra que hay que hacer. Esto es el daño más grave de todos.

Esto produce que en la Iglesia se forme, al mismo tiempo, otra iglesia, distinta a la verdadera y tomada por muchos como verdadera, siendo una falsificación.

Y, cuando esta falsa Iglesia comienza a crecer, a desarrollarse, a tomar cimientos, control sobre la Iglesia verdadera, entonces viene lo peor: se oscurece la Verdad, se oscurece la Iglesia verdadera y sólo queda la falsa; sólo se ve la falsa, sólo se atiende a los postulados que se predican desde la falsa iglesia.

El problema de Roma, desde que Benedicto XVI renunció, no está en lo que hemos visto en diez meses, sino en lo que no se ve, en lo que se oculta, en lo que hay detrás de cada hombre que está en el gobierno de la Iglesia.

Nadie sabe ahora, a ciencia cierta, qué pasa en la verdadera Iglesia, porque sólo se da a conocer la falsa iglesia. Francisco sólo predica la mentira, sólo gobierna con la mentira, sólo realiza obras mentirosas. Y eso es en lo que todo el mundo se fija. Pero nadie atiende a la verdadera Iglesia. Quien no está con Francisco, ¿cómo vive su fe? ¿Cómo obra en la Iglesia?
Esto es lo que nadie atiende, lo que nadie sabe, porque la Verdad ha sido oscurecida en Roma. Y se quiere, desde Roma, que todo el mundo siga la falsa iglesia, que todos estén de acuerdo con Francisco, que nadie rechiste, que nadie diga que es un hereje.

Y esta imposición de Roma, esta prepotencia de Roma, hace que se oculte la verdadera Iglesia y que nadie viva esa verdadera Iglesia, que todos se acomoden a lo que tienen, aunque no les guste, aunque se vean herejías y se obren esas herejías.

El daño más grave en la apostasía de la fe, dentro de la Iglesia, es éste: nadie atiende a la Verdad de la Iglesia, sino que todos quieren construir la Iglesia a su manera. Todos están preocupados por agradar a Francisco, pero nadie se opone a Francisco.

Durante diez meses nadie ha aprendido a luchar contra los herejes en la Iglesia. Todos se han acomodado a las circunstancias que se ha dado y prefieren decir: con estos bueyes hay que arar.

Este es el mayor error que un alma puede cometer en la vida espiritual: acomodarse al espíritu que se le ofrece desde Roma. Y, entonces, como no se discierne el Espíritu, sino que se acomoda el hombre a ese espíritu, sin preguntarse si es bueno o malo, viene la ruina más total.

Quien acepta al que ha apostatado de la fe, quien lo obedece, quien se somete a él, entonces acaba abandonando la fe y se hace apóstata como él.

Este es el gran peligro, ahora, en la Iglesia. Gobiernan apóstatas de la fe, entonces, las almas dentro de la Iglesia pierden la fe y se condenan.

Para no perder la fe hay que atacar al hereje, al apóstata de la fe. Atacarlo. No darle tregua. No preguntarse si es hereje formal o es hereje accidental. Muchos esperan una declaración de la Iglesia que llame hereje a Francisco. Esperan en vano. No va a ocurrir, porque en Roma no están en eso. Roma ya no ve el pecado de nadie, sino que exalta el pecado de todo el mundo. Roma aplaude al pecado y a su pecado, pero ya no guarda la fe, la verdad, ya no es custodia de la almas, sino perversión de ellas.

Estamos en un momento muy crítico, muy grave, que los hombres no han meditado en ninguna manera.

Ven lo que hace Francisco, pero le siguen el juego, se acomodan a lo que hay en la Iglesia. Ya no luchan por la Verdad de la Iglesia. Muy poquitos ven lo que hay y dicen lo que hay con todas las consecuencias. ¡Cuesta decir la Verdad! ¡Hay que morir para decir la Verdad! ¡Hay que desprenderse del falso respeto humano, de la falsa compasión, de las falsa fraternidad hacia el hombre, y plantar cara al hereje!

La Iglesia no es viril en la vida espiritual, sino que está afeminada. Vive de blanduras, de sentimentalismos, de vanidades, de placeres exquisitos. Pero no capta la verdad viril, la verdad que transforma la vida, la verdad que hace ser un hombre sólo para Dios, no para el mundo.

Francisco predica una espiritualidad afeminada y a todos les gusta. Así está la Iglesia, así vive la Iglesia la vida espiritual: una gran tibieza. Francisco da lo que busca el hombre. Eso se llama tibieza; al hombre le gusta sentirse débil, sentirse que alguien se fija en él, que alguien lo ama. Pero no quiere dar el amor, no quiere entregarse sin más, sino que sólo busca su propio interés en todas las cosas.

En las predicaciones de los apóstatas sólo se señala una cosa: que Dios nos ama con ternura. Y no se dice más. Todos somos pecadores, pero Dios nos ama a todos. Es siempre el mismo argumento. Nunca un apóstata va a decir que hay que luchar contra el pecado para tener el amor de Dios. Nunca. Porque ya no cree. No tiene fe. Y vive según su amaneramiento de la fe: abajó a Dios a su manera de ver la vida; hizo descender lo divino a su mente humana para fabricar su dios, su evangelio, sus reglas, sus normas, su iglesia.

Y, en esta fábrica, sólo puede haber un camino para el que quiera salvarse: oponerse en todo al que ha abandonado la fe. Quien no camine así, en una Iglesia que no es la verdadera, sino la falsa, entonces acaba perdiéndose “en nombre de dios” y haciendo la “voluntad de dios” que esa falsa iglesia impone a los demás.

El que apostata de la fe impone siempre su orgullo, su pensamiento a los demás. Y lo impone como si fuera divino. El Papa verdadero nunca obliga a nada en la Iglesia, sino que sólo señala el camino de la verdad, y a aquel que no le guste, entonces toma las medidas necesarias en el Espíritu para extirpar de la Iglesia a un hereje, para que no haga daño.

Francisco no puede ser un Papa verdadero porque deja que en la Iglesia la gente peque, viva en su pecado, y él mismo exalta su pecado en medio de todos. Por eso, el mundo lo aplaude, los gays lo aplauden.

Siempre a un Papa verdadero, el mundo lo crucifica y los homosexuales hablan mal de él. Esa es la señal de que un alma tiene a Dios: cuando el mundo la combate.

Señal de que Francisco no tiene a Dios: que el mundo lo aplaude.

Pero lo más grave es que, dentro de la Iglesia, también acogen lo que el mundo dice de Francisco. Y, cuando sucede eso, es señal de que ha iniciado la ruina de toda la Iglesia.

Nadie se levanta para destronar a Francisco: eso es gravísimo. Y, entonces, como las almas que deberían tomar partido en contra de Francisco, no lo hacen, abren el camino para que el demonio lo haga y produzca en la Iglesia la mayor división, la mayor ruina de todas.

El tiempo corre a favor del demonio. Dios se cruza de brazos y ve cómo el demonio destruye 20 siglos de Iglesia en Roma.

Vaticano: la sinagoga de satanás

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“He aquí que entrego parte de la sinagoga de Satanás, de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí que haré que ellos vengan y se postren delante de tus pies, y conozcan que Yo te amé. Por cuanto guardaste la Palabra de Mi Paciencia, también Yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el orbe entero, para probar a los habitantes de la tierra” (Ap. 3, 9).

El Vaticano se ha convertido en la sinagoga de Satanás, es decir, en el cuartel general de la rebeldía y de la desobediencia, comandado por Francisco y los suyos.

Francisco es la cabeza hereje, jefe de herejía, que tiene a su alrededor sólo gente hereje, como es él. Su gobierno está lleno de Cardenales, Obispos y sacerdotes que ya no viven la vida de la Iglesia, que ya no les importa la fe católica y, por tanto, nada de lo que la Iglesia ha enseñado durante 20 siglos.

Ellos tienen “por padre al diablo” (Jn 8, 44) y, en consecuencia, sólo pueden hablar la mentira, el engaño, la herejía en todas las cosas. No pueden hablar la verdad a nadie. Que nadie busque una verdad en ellos porque todo está tergiversado en lo que enseñan en la Iglesia.

Ellos mismos se apartan de la Iglesia, salen de la Iglesia por sus pecados de herejía.

Cualquiera que proclame u obre una doctrina distinta a la de Cristo, que se oponga a la verdadera fe católica, cae en herejía y en excomunión, aunque fuere un sacerdote, Obispo, Cardenal, Papa, porque las Verdades Divinas son Sagradas y, por tanto, intocables: “Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, (…) prometo, voto y juro que igualmente la he de conservar y confesar íntegra e inmaculada con la ayuda de Dios hasta el último suspiro de vida, con la mayor constancia” (Profesión tridentina de fe [De la Bula de Pío IV Iniunctum nobis, de 13 de noviembre de 1564]).

No hay salvación fuera de la Iglesia. Y aquel que cae en la herejía y se mantiene en ella, sin quitarla, se pone, automáticamente, fuera de la Iglesia, y se condena en su herejía.

Hay que conservar y confesar la fe católica, las verdades que enseña la Iglesia de forma íntegra, sin cambiarlas, sin desviarlas, sin interpretarlas. Y hasta el final de la vida, hasta la muerte si uno quiere salvarse. Y quien se aparta de la fe católica, aunque sea sólo en un dogma, en una verdad, no puede salvarse.

Francisco y los suyos están fuera de la Iglesia, no pertenecen a la Iglesia. Están en su herejía. Y, por tanto, todo el Vaticano es hereje. Roma es hereje, está llena de herejes.

Y esta es la razón divina que da el Señor al Papa para irse de Roma. Esta es la causa gravísima para dejar Roma: Roma ya no es de la Iglesia católica. La Iglesia, que está en Roma, no es la de Cristo. Luego, es una razón gravísima para irse de Roma. Es una falsa Iglesia, es un invento de los hombres.

Pero Benedicto XVI no comprendió el mensaje y obró mal. Porque el Señor quería que saliera de Roma, no que se quedase dentro, acompañando a los herejes, sin luchar contra los herejes.

Benedicto XVI no supo renunciar en la Voluntad de Dios, sino que calló la razón divina en su renuncia y pecó.

Había que salir sin renunciar para enfrentarse a Roma, con la fuerza del Espíritu.

Dios nunca quería a un Benedicto XVI como está ahora, en medio de lobos sin luchar en contra de ellos. Siempre Dios quiere que el alma luche en contra de sus enemigos: mundo, demonio, carne. Nunca la quiere quieta, sin luchar, como hace Benedicto XVI, y eso es señal de su pecado, de que no entendió la Voluntad de Dios.

No se renuncia para estar tranquilo en la vida. Se sale de Roma para seguir luchando en contra del mal. Francisco y los suyos, están condenado almas para el infierno. Y, ante eso, no se puede estar con los brazos cruzados mirando a ver qué pasa, que es lo que mucha gente hace. ¡A ver cómo se condenan las almas! Hay que pringarse las manos, hay que ser valiente para decir la Verdad en la Iglesia, para enfrentarse a los herejes que gobiernan la Iglesia para destruirla.

Francisco es un maldito que está en la Iglesia condenando a las almas. Él se condena y lleva al infierno muchas almas, porque nadie va solo al infierno, como nadie va solo al cielo.

El Señor conocía el corazón de Su Pedro, y sabía lo que iba a hacer. Por eso, Dios guía todas las cosas de Su Iglesia, hasta el último detalle. Dios no deja desamparada a Su Iglesia, porque es la Cabeza de la Iglesia.

El Señor conocía el pecado de su Pedro y le puso un camino en ese pecado: retirarse para ver lo que sucede en Roma. Retirarse de todos para comprobar que la Palabra de Dios siempre se cumple. Es lo único que se cumple. Es lo que permanece siempre.

Benedicto XVI tiene que aprender a creer como un niño en la Palabra de Dios. Tener fe sencilla; tener un alma disponible a la Voluntad de Dios; dejar que Dios muestre el camino y la forma de caminarlo.

Es lo que Benedicto XVI no aprendió y ahora lo tiene que aprender si quiere salvarse en la Iglesia.

Tiene que levantarse de su pecado y ponerse en contra del hereje Francisco con todas las consecuencias que eso trae para la Iglesia.

Hay que aprender a batallar en la Iglesia contra la mentira de los hombres que se creen santos y justos porque piensan la vida. La vida la hace el Espíritu en la Iglesia, no los hombres. La vida se da para obrar lo divino en medio de lobos, como es el mundo. Y, por eso, la Iglesia es el único lugar donde no habita Satanás, porque es la Obra de la Verdad, que es Jesús.

Pero como los hombres son aficionados a pecar y a vivir de sus pecados, entonces hacen de la Iglesia el connubio de Satanás. Y no se puede estar en un sito que pertenece al demonio, como es Roma en estos tiempos.

Hay salir de Roma, como salió el Señor hace mucho. Hay que ir al desierto y allí batallar contra Roma.

Es la hora de la batalla que muchos todavía no comprenden. Después de nueve meses, siguen en lo mismo: dando oídos a un necio que sólo se mira el trasero en su vida en Roma.

Y hay que enfrentarse a ese necio, saliendo de sus posesiones, porque no las va a dejar.

Dejará a otros que sigan dinamitando la Iglesia, como él lo hace. Pero ya no hay vuelta de hoja. Ya no se puede mirar hacia atrás.

Vienen tiempos dificilísimos para todo el que cree, porque la Iglesia va a estar, como en sus tiempos primeros, en catacumbas, en casa privadas, en silencio, sin que nadie sepa lo que se obra allá.

Es el tiempo del demonio en Roma. Y hay que olvidarse de lo que ha sido Roma. Roma ya no interesa. Lo que interesa es seguir siendo de la Iglesia y formando la Iglesia que el Señor quiere. La Iglesia fundada en la Verdad, en la Roca de la Verdad, que es Jesús.

Ese fue el mensaje que el Señor dio a Su Papa y no creyó, porque así somos todos los hombres: incrédulos. Queremos ver, entender, sintetizar, meditar, planificar, pero nunca creer como un niño en la Palabra de Dios, que nunca engaña a nadie. Son los hombres los que se engañan con sus filosofías de la vida, como hacen tantos en Roma.

No están las cosas para ver qué hace Francisco en Roma. Están las cosas para enfrentarse a Francisco fuera de Roma, que es lo que nadie sabe hacer.

Predicar, hoy día, contra Francisco, es ser expulsado de las Iglesias, de las parroquias. Eso es una verdad que quien la vive la sufre, porque ve la necedad de la gente, que se acomoda bien pronto a sus intereses humanos en la vida y no quiere sufrir por la Verdad de la Iglesia.

Por eso, los tiempos son muy graves. Y muchos que son de la sinagoga de Satanás, que es Roma, se pondrán, cuando vean su error, a los pies de Benedicto XVI, y lo ayudarán en la misión que el Señor le ponga en estos últimos tiempos.

Tiempos para batallar en contra del Vaticano, que se ha convertido en la sinagoga de Satanás, en medio del mundo que aplaude ya a Francisco por sus logros en Roma.

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