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Con Francisco se ha iniciado la Apostasía de la Fe en toda la Iglesia

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“El 69% dice ser «católico» sin necesidad de aceptar los dogmas de la Iglesia. El 86% de los «católicos» alemanes aprueba el uso de anticonceptivos y, en Baviera, el 69% de los divorciados vueltos a casar comulgan habitualmente de manera sacrílega” (Resultado del cuestionario en Alemania – 29 enero 2014 – Der Spiegel).

La Apostasía de la fe está en marcha en toda la Iglesia, no sólo en Alemania. Y esto sólo significa una cosa: la anulación del pecado. Cuando se da la apostasía no es posible la conversión, sino que todo lleva al culmen: a decir que ya no existe el pecado y, por tanto, vivan lo que quieran en la Iglesia.

La apostasía de la fe es un pecado contra el Espíritu Santo, del cual no hay perdón. No es posible el arrepentimiento para el que apostata de la fe: “El 96% de las personas que conviven en una relación sexual sin pasar por el altar no tienen tampoco problemas de conciencia y, además, participan sacrílega y habitualmente en los sacramentos. La moral sexual eclesiástica no significa absolutamente nada para nueve de cada diez jóvenes católicos alemanes. Las relaciones prematrimoniales y los anticonceptivos forman parte normal de su vida” (Encuesta sobre el matrimonio, la familia y la sociedad – 18 diciembre 2013 -Federación de Juventudes Católicas Alemanas).

Es normal vivir en pecado y seguir participando de los Sacramentos como si nada pasara, sin problemas de conciencia. Esto es la dureza del corazón. Y esto viene sólo de la Jerarquía de la Iglesia. Los fieles están así, viviendo en sus pecados, porque los sacerdotes y los Obispos viven también en sus pecados y predican eso a las almas.

Y eso tiene una razón: la pérdida de la fe en la Palabra de Dios. Cuando sucede esto es que no existe la fe. Y si no hay fe, no se puede vivir la Verdad, la doctrina de Cristo, que exige siempre una norma de moralidad.

La pérdida de la fe es la apostasía de la fe. Y cuando se pierde la fe ya no se recupera. Ya no es posible. El don de la fe es un tesoro que si el alma lo pierde, se condena de forma inevitable.

Llegamos al Misterio del pecado: ¿qué pecado lleva a la pérdida de la fe, a la apostasía de la fe? ¿qué pecado hace que el don de la fe se pierda para siempre y, por tanto, que ya no haya Misericordia para esa alma?

Sólo uno: amar el pecado. Cuando el alma comienza a amar su pecado y, por tanto, a no luchar contra el pecado, a verlo como algo bueno, a justificarlo, a ensalzarlo, a llevarlo como un bien para su vida, como un valor, entonces se llega al endurecimiento del corazón y se pierde la fe para siempre.

La fe significa: amar la Verdad. Todo el que tiene fe busca y encuentra la verdad como un tesoro en su vida, como algo que nadie le puede dar, que ninguna cosa en el mundo: ni el dinero, ni el trabajo, ni el placer, ni el poder, es capaz de llenar el corazón. Sólo el que ama la Verdad se siente lleno y realizado en la vida.

Pero el que va despreciando la Verdad en su vida, el que lo va relativizando todo, poniendo límites, condiciones, relaciones, a su vida, entonces empieza a acoger el error, la mentira y a no dejarla, a verla como buena, como un camino en su vida, como una verdad. Y se excusa el pecado, y se ensalza el pecado, y se aplaude y justifica hasta el infinito. Se le pone en un pedestal, como un signo en la vida, como una señal, como un norte, como un camino. Se ama el pecado porque es pecado, porque llena el pecado, porque hace vivir el pecado. Y, entonces, ya nunca se puede dejar el pecado, porque se ha convertido en la fe de esa persona, en una fe humana, natural, carnal, sentimental, material, que se opone totalmente a la fe divina, al don de la fe. Y, por eso, se exige seguir en la Iglesia, recibir los sacramentos viviendo en el pecado. Es una exigencia, es un derecho, un deber que nace en esa alma, porque lo primero en la vida es su pecado. Lo segundo, lo demás, la Eucaristía, el Matrimonio, etc.

Estamos viviendo la Gran Apostasía de la fe en toda la Iglesia. Eso significa la condenación de la mayoría de los Católicos. Ya no hablamos de la gente del mundo, de los demás cristianos. Hablamos de la Iglesia Católica, que tiene la Verdad y vive de la Verdad.

“Pero cuando viniera el Hijo del hombre, ¿os parece que hallará fe sobre la tierra?” ( Lc. 18, 8).

La señal de la Segunda Venida de Cristo es la Apostasía de la fe en toda la Iglesia. Viene a una Iglesia que ha despreciado su Misericordia, y que camina de forma inexorable hacia la condenación del infierno en muchas almas.

No es un tiempo fácil el que vivimos. Es un tiempo catastrófico en todos los sentidos.

“Por lo que hace a la Venida del nuestro señor Jesucristo…antes ha de venir la Apostasía y ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, el que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el Templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo” (Ts 2, 3-4).

La apostasía ya está ahí; sólo falta el inicuo. Ese inicuo no es Francisco. Francisco es sólo un peón del Anticristo, una pieza necesaria para poner en movimiento la apostasía de la fe. Con Francisco se ha iniciado la Apostasía en toda la Iglesia, porque él predica que hay que amar el pecado. Él no juzga al pecador. Luego, hay que acoger al pecador y a su pecado.

Y no sólo eso. Francisco habla de un amor que lleva en sí mismo la apostasía, porque pone el amor al prójimo como el centro de todo. Él está en la Iglesia para dedicarse a los hombres. Sólo para eso. No está en la Iglesia para hacer una obra divina, santa, sagrada; sino para hacer obras humanas y así contentar a todos los hombres.

Pero si sólo se dedicase a hacer obras humanas, él tendría un camino de salvación. Pero Francisco, no sólo obra lo humano, sino que obra en contra de la verdad en la Iglesia. Y eso ya no es una obra humana, sino demoniaca. Su gobierno horizontal es una obra demoniaca, no es sólo una cosa humana.

Por eso, Francisco ha metido a la Iglesia en la Apostasía y ya no hay perdón, no hay arrepentimiento, no hay una salida para salvarse. Todo el que siga la doctrina herética de Francisco se condena de forma irreversible, porque Francisco ama el pecado y así lo enseña en cada homilía, cada día, en cada palabra que dice en la Iglesia.

Francisco es un hombre sin moralidad, sin norma moral, sin ley divina. Vive en su mente humana y de ahí no sale. No puede salir. Es un hombre viejo de humanidad, cargado con todas las faltas de un hombre que no ha sabido ser espiritual, que no ha sabido vivir su sacerdocio para una verdad divina, sino que ha hecho de su sacerdocio la mentira que le ha enseñado el demonio.

Francisco no es el hombre inicuo, pero es el hombre que condena a muchas almas. En lo poco que hace en la Iglesia, con la basura intelectual de sus dos encíclicas, eso basta para condenar a muchos en la Iglesia.

Francisco es un hombre sin dios, que se viste de Obispo porque tiene que hacer la comedia del demonio. Es el bufón de la Corte: entretiene a muchos en la Iglesia. Y sólo hace eso, porque no es capaz de nada más. No tiene inteligencia para destrozar más de lo que ha hecho.

Un hombre sin dios, que se ha hecho dios para sí mismo. Sólo ve su ombligo todo el día; sólo ve su pensamiento todo el día; sólo atiende a su negocio todo el día. Un hombre que se cree justo, y es el más injusto de todos en la Iglesia, porque ha alcanzado la Silla de Pedro vendiendo su alma al demonio. Él clama al demonio todo el día, desde que se levanta hasta que se acuesta. Él ama al demonio porque es su dios, su dios interior, su energía de la vida, su felicidad para siempre.

Francisco ha hecho de su conciencia su dios. En ella encuentra el bien y el mal. Con ella, él mismo se absuelve de sus pecados. Con ella, él mismo dirige su vida. Su conciencia es su condenación porque su conciencia anula la Gracia, anula la Verdad, hace de su vida un pecado y produce, en todo lo que obra, el pecado.

Francisco es un hombre sin fe, que ha perdido el don de la fe. Sólo hay que leerlo cada día en sus homilías y se descubre su infierno. Él vive para ese infierno que tiene en su alma, que lo da su boca, que está escrito en su mente. No es un hombre que dé devoción, que mueva a la devoción, que cultive, en sus palabras, la Verdad, el sentido de lo recto, de lo justo, sino que produce turbación, confusión, asco, odio hacia su pensamiento. Es un hombre que no se deja amar, porque quiere imponerse al otro, quiere llegar al hombre de forma indirecta, con los sentimientos, pero no de frente: no dice la Verdad, sino que muestra la mentira, el engaño, para poder atrapar al alma.

Francisco no es un hombre que se desvele como es, que se desnude en su interior. Es un hombre que tiene un interior retorcido, aplicado a su orgullo, ennegrecido por sus pecados. Es un hombre complicado. Cuando habla complica la vida de los hombres, porque no es sencillo, directo, simple, verdadero. Cuando dice una Verdad es para engañar al alma, no para enseñarle la verdad. Él usa siempre la táctica del demonio: se reviste de humildad, de caridad, de santidad, para hacer caer al alma en el pecado.

No vivimos en la Iglesia un tiempo como el de antes. Es imposible. Es el tiempo de la Apostasía de la Fe. Eso significa que la Iglesia va a declarar nulo el pecado. No va a existir el pecado. Cuando suceda eso, entonces aparece el hombre inicuo, el hombre que se va a sentar en la Silla de Pedro, que ya no será la misma, sino cambiada, para dar a la Iglesia el último toque: su toque demoniaco, es decir, para destruir toda la Iglesia y, con Ella, todo el mundo.

Por eso, no son tiempos para aplaudir a Francisco, ni para seguir sus opiniones en la Iglesia. No son tiempos para acomodarse a lo que la Jerarquía diga en la Iglesia. No se puede obedecer a nadie porque estamos en plena apostasía de la fe. Sólo se puede obedecer a la Verdad y a aquella Jerarquía que no engañe con sus bellas palabras, con sus baratas palabras, con sus blasfemas palabras. ¡Y hay muy pocos sacerdotes y Obispos dignos de respeto y de obediencia!

Por eso, no es posible estar en la Iglesia cruzados de brazos mirando todo este vaivén de pecado que está por todas partes. En la Apostasía de la fe o se lucha contra el pecado o se ama el pecado. Es una fuerza demoniaca que sin vida espiritual devora a las almas.

Por eso, toda la humanidad está dividida por esta fuerza del demonio. El hombre vive roto por su pecado. Y no puede salir de él porque lo ama, ama su locura del pecado. Ama estar roto, ama estar dividido, ama la mentira de su vida. Por eso, son tiempos muy peligrosos para todos. O se lucha por la Verdad o se abraza la mentira. ¡Y cuántos hay que, siendo buenos, no ven la mentira que dice Francisco cada día! Eso es la señal de la apostasía: el pecado se va abalanzando, como una marea, hasta atrapar a todos los hombres. El pecado ahoga a todos los hombres en él mismo. Y quien no lucha contra esa marea, acaba desertando de Cristo, de la Verdad, de la Iglesia.

Por eso, cada alma, en particular, tiene que luchar por su vida, por tener la verdad en su vida, en su corazón. Y que nadie se la quite con hermosas palabras. La Verdad no es un bella frase en la mente, sino un dolor en el corazón, un sufrimiento que purifica la mente y hace libre al Espíritu para que obre la vida que da el Amor en el Dolor.

Quien deja que su fe se apague por su amor a la vida, al pecado, al placer, a sus filosofías de la vida, acaba dando culto a su mente humana, acaba viendo normal la locura que hay en su mente humana. Y hace de su vida un connubio con satanás.

Sólo el Papa Benedicto XVI es la Voz de Cristo en la Iglesia

evangelio

La Iglesia ha sido fundada sobre Pedro y, por tanto, nunca Pedro puede sentirse libre de responsabilidades porque el gobierno de la Iglesia está pendiente de sus decisiones.

Lo que decida Pedro en la Iglesia marca a la Iglesia siempre.

El Papa Benedicto XVI decidió renunciar, entonces el gobierno de la Iglesia no existe, no se puede dar, no se puede ejercer con la Autoridad de Dios. Se obra con una autoridad humana, postiza, figura de la de Dios.

La renuncia del Papa Benedicto XVI cerró la puerta a la Verdad en la Iglesia, porque sólo Pedro es la Verdad en la Iglesia. Él da la Verdad, que es Jesús, porque es la Voz de Cristo, la Voz de la Verdad. Y no hay otra Voz en la Iglesia sino el Papa Benedicto XVI, verdadero Papa hasta la muerte.

Francisco se subió al poder como antipapa y cristalizó su gobierno como anticristo. Francisco no es el Papa de la Iglesia Católica, sino la cabeza de una nueva iglesia levantada en Roma, imponiendo al Papa Benedicto XVI la renuncia a su vocación divina en la Iglesia.

Francisco se sentó en la Sede de Pedro por imposición, no por elección divina. Fue impuesto, no fue elegido. Los Cardenales, en el Cónclave votaron para elegir a un Papa, pero todo fue un engaño más de la masonería de la Iglesia.

La masonería eclesiástica impuso un antipapa para dar comienzo a la destrucción de la Iglesia Católica. Y este antipapa, llamado a ser el primero de muchas cabezas en la Iglesia, ha dado -a la Iglesia- durante diez meses lo que es.

Francisco no sólo es un antipapa, uno que va en contra del papa, sino –también- un anticristo, un hombre sin el Espíritu de Cristo, sin el Espíritu de la Iglesia, sin el Espíritu Santo. Ha dado lo más contrario al Espíritu: su humanismo.

Lo que sucede en la Iglesia es lo que hizo el Papa Benedicto XVI al renunciar: dejó abierta, de par en par, la puerta para que entre el Anticristo en Ella.

Ése fue el obstáculo removido, pero no totalmente, porque la Iglesia es Cristo y Su Vicario. Y hay que remover los dos para que el obstáculo quede, de forma plena, quitado en la Iglesia y pueda aparecer el Anticristo.

Se ha quitado el centro de la verdad y de la fe, que es el Papa, el que da la unidad a toda la Iglesia. El que conserva la sana doctrina de Cristo en la Iglesia. El que gobierna en la unidad de la Verdad.

Pero no es suficiente quitar a Pedro. Es necesario quitar a Cristo. Y la única manera de hacerlo es con anticristos, es decir, con hombres vestidos de piel de oveja (= sacerdotes, Obispos, Cardenales) que asumen el gobierno de la Iglesia, no como Papas, sino como jefes de la Iglesia, para un fin: liquidar todo el dogma en la Iglesia. Y, quitado el dogma, se quita a Cristo de la Iglesia.

Cristo es la Verdad: la única manera de destruir toda la Iglesia es destruyendo toda la verdad, todo el dogma, que no quede nada.

Pero la Verdad en la Iglesia es una unión irrompible, es decir, todas las verdades en la Iglesia, todos los dogmas, están unidos, conexos unos a otros. De tal manera, que se quita un dogma y caen todo lo demás.

Se ha quitado el dogma del Papado, luego también se ha quitado toda la Verdad, todos los dogmas. Y eso es una realidad, porque hay Cardenales del gobierno horizontal de la iglesia de Francisco que ya anulan verdades en la Iglesia. Ya no existe el infierno, ni el purgatorio, ni el sacerdocio, ni el pecado original, ni el Misterio de la Santísima Trinidad, ni la Eucaristía. Hay sacerdotes, Obispos que ya predican que no existen verdades, dogmas en la Iglesia. Y lo hacen abiertamente, sin oposición, sin que nadie de la Jerarquía se oponga a ello.

Se sube al poder de la Iglesia un antipapa, como Francisco, y anula el dogma del Papado con la aprobación de toda la Iglesia, entonces, la consecuencia es clarísima: no hay dogmas en la Iglesia en la realidad, ya no ocultamente, como desde hace 50 años.

Que nadie espere un documento que diga que ya no existen dogmas. Así no se hace el cambio en la Iglesia. Se destruye la Iglesia de Cristo en la práctica, obrando la mentira sin oposición de nadie y con el aplauso de todos. Una vez que se hace eso, viene un documento oficial dando leyes y normas para implantar esa mentira que ya todos viven.

Esto fue el juego del demonio durante 50 años en la Iglesia, pero fue de forma velada, encubierta, poco a poco, dejando caer la mentira y haciendo que todos la vivan sin más. Pero, ahora, la cosa es pública, a la vista de todo el mundo. Y lo grave es que nadie se opone a ello, todos aplauden a un hereje en la Iglesia. Todos lo llaman Santidad, cuando ha dado muestras de que es un demonio.

La situación de la Iglesia es gravísima: esta no es la Iglesia de Cristo. No puede ser eso que se han inventado en Roma la Verdad de la Iglesia. Quien tenga un poco de vida espiritual, ve la mentira en Francisco y en los que lo siguen a ciegas. No puede ver la Verdad, no puede ver a Cristo ni en Francisco ni en sus seguidores.

Es altamente perjudicial para la Iglesia lo que habla Francisco y lo que hablan todos los que lo siguen. De un hereje no se puede tener un camino en la Verdad. Un mentiroso sólo obra la mentira. Uno que sólo busca ser popular en el mundo, entonces ése es del mundo, no puede ser de la Iglesia de Cristo.

¡Qué pocos en la Iglesia viven su fe! ¡Qué pocos viven mirando a Cristo! ¡Cuántos hay que comulgan con el mundo y obran en la Iglesia lo del mundo!

El gobierno horizontal instalado en Roma es el negocio de la nueva iglesia. Un negocio redondo para el Anticristo. Son los nuevos fariseos, escribas, legistas, doctores, que se llena de frases bonitas para arruinar a la Iglesia.

Es triste comprobar cómo hay muchas almas que esperan algo del gobierno horizontal, algo bueno. ¡Pero si son todos unos herejes! ¿Cómo pueden dar y obrar la Verdad unos herejes? ¡Cuántas almas hay que no ven esto, que sólo esperan un absurdo! ¡Qué engañadas están por lo humano, por lo natural, por lo científico, por lo técnico, por lo material, de la vida! ¡Viven así, para su mundo, acomodados a todo lo humano! Por tanto, quieren una iglesia acomodada a su vida humana, que no les obligue a nada, que les divierta un poco en la vida, que les hable aquello que quieren escuchar. Y, por eso, les gusta tanto que les hablen de la misericordia de Dios y que Dios ama a todo el mundo. ¡Están encantadas con cualquiera que les hable bonito!

¡Pocos viven de fe en la Iglesia! ¡Muy pocos! Pero la culpa de esta situación, de este descalabro que vive toda la Iglesia, en todo el mundo, no sólo en Roma, es de la Jerarquía de la Iglesia: sacerdotes, Obispos, Cardenales.

La Iglesia vive mirando al mundo porque la Jerarquía lo ha hecho primero. La Jerarquía no se ha preocupado de luchar en contra del mundo, sino que se ha relajado totalmente para comulgar con el espíritu del mundo.

La Jerarquía es la que gobierna la Iglesia, es la que marca el camino a la Iglesia. Entonces, ¿hacia dónde va la Iglesia? Hacia su total destrucción. Si la Jerarquía no es santa, entonces es pecadora. Y el pecado trae la muerte, la aniquilación de toda verdad. Y quien está en la muerte no puede dar la vida a nadie. ¡Cuántos sacerdotes, Obispos, muertos espirituales, que siguen haciendo sus cosas en la Iglesia, sus ministerios, pero que no pueden dar la Vida en lo que hacen!

El sacerdote o el Obispo que apostata de la fe, no obra en la Iglesia ninguna fe, ningún sacramento, no puede dar ningún don, ninguna bendición de Dios. Porque ya no se trata de cometer un pecado mortal, que no impide dar los Sacramentos ni obrarlos. Se trata de vivir en el pecado y llamar a esa vida de pecado con el nombre de vida santa, vida que quiere Dios. Entonces, en este punto, no se da nada en la Iglesia, no se da la Vida, sino que se ofrece la muerte a las almas. Y, por eso, todo sacerdote u Obispo apóstata de la fe condena almas en la Iglesia, no puede dar el camino de la salvación ni el camino de la santificación a las almas porque tampoco lo buscan ellos.

Por eso, la situación es gravísima en la Iglesia: o se está con Cristo y, por tanto, en Su Iglesia, o se está con el Anticristo, y, por tanto, en la nueva iglesia en Roma.

Y cada alma tiene que elegir por sí misma estar en un sitio o en otro. Aquel que quiera el mundo, entonces que elija la nueva iglesia en Roma. Pero aquel que quiera la Verdad, entonces necesariamente tiene que dejar Roma, tiene que renunciar a una iglesia que no es la Verdadera.

Cristo puso Su Iglesia en Roma para siempre; por eso, la Iglesia es Romana. Pero eso no significa pertenecer a una Roma pagana, a una Roma que ha suplantado la Iglesia con una falsa iglesia. Y, por eso, hay que salir de Roma para atacar a Roma y conquistar de nuevo la plaza. Porque sólo se pertenece a la Iglesia, no a Roma.

Pero, para conquistarla de nuevo, tiene que ser por el camino del Espíritu. Y, por eso, es necesario irse al desierto y vivir allí hasta que el Espíritu marque el camino hacia Roma, hacia la Roma verdadera, no la pagana.

El problema de todos los hombres es que se quieren instalar en sus vidas humanas y ya piensan que no hay que moverse para ir al Cielo, para conquistar lo nuevo. Y la vida espiritual es una gran batalla continúa, en la que no es posible vivir en el acomodo de lo humano. Hay que estar saliendo continuamente de lo humano para ser de Cristo. Y quien no luche por salir de las medidas humanas, es imposible que sea de Cristo, que tenga la Voz de Cristo, que obre las obras de Cristo. Imposible. Sólo se es de Cristo en el despojo de todo lo humano. Y sólo se es del Anticristo en el apego a todo lo humano.

El Papa Benedicto XVI marcó el camino para la Iglesia: todos fuera de Roma. Su renuncia invita a alejarse de un lugar donde ya no está la Autoridad Divina para gobernar la Iglesia.

El Poder de Dios sólo permanece en el Papa Benedicto XVI. Por eso, Dios hace silencio en Su Iglesia, porque el verdadero Papa no habla, no gobierna, no enseña nada en la Iglesia.

Y sólo el Papa Benedicto XVI es la Voz de Cristo en la Iglesia. Y sólo hay que obedecer a esa Voz. Las demás voces son del demonio y, por tanto, hay que atacarlas, porque quien no ataque al enemigo, queda preso del enemigo.

La Iglesia tiene que salir de Roma para atacar a Roma. Los que están en Roma son los enemigos de la Iglesia, los enemigos de Cristo, los enemigos de la Verdad. Y no se puede jugar con fuego.

O se está con Cristo o se está con el Anticristo. Pero quien sirve a dos señores sólo se sirve a sí mismo en los dos. Sólo busca en los dos su propia conveniencia, su propio juego, su propio interés. Y una vida que no es vida, sino que ofrece un fruto prohibido, es la vida del demonio.

El demonio ofreció a Eva el fruto prohibido, y marcó el camino de la muerte en Eva. El demonio ha ofrecido el mismo fruto a la Jerarquía de la Iglesia y ha marcado el camino de la muerte en la Iglesia.

Y los que están en Roma ofrecen ese fruto prohibido a toda la Iglesia. Quien los siga se condena, va hacia la muerte segunda, en la que no es posible que se vuelva a la vida de nuevo.

Seguir a Cristo es seguir a su Vicario en la tierra: y sólo el Papa Benedicto XVI es el Papa verdadero hasta su muerte. Quien no lo siga se condena.

No se dan dos verdades en la Iglesia, no se dan dos Papas en la Iglesia. O hay un Papa, o hay un Papa y un antipapa. No existe en la Mente de Dios el Papa emérito. Sólo existe en la Mente Divina el Papa Verdadero.

Se acercan días tristes para todos

Jesús fue enviado por el Padre para Salvar el mundo. Fue su primera venida. Jesús hizo la Voluntad de Su Padre y ascendió al Cielo para reinar desde allí Su Iglesia.

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Y Jesús es Rey de la Iglesia unido a Su Vicario, el Papa, que es la cabeza visible de la Iglesia.

El Papa no es Rey de la Iglesia, sino Vicario del Rey, el que da las órdenes del Rey en la Iglesia. Y sólo el Papa puede dar estas órdenes, porque se las transmite directamente el Rey.

Cuando Benedicto XVI dejó de ser Vicario, cuando renunció a la Vocación Divina en la Iglesia, el Rey gobierna solo la Iglesia. No tiene un Vicario porque el Papa renunció a ser Vicario.

Y sólo el Rey elige a Su Vicario en la Tierra. Sólo él, cuando muere un Vicario, elige otro Vicario.

Pero cuando un Vicario renuncia a ser Pedro, el Rey no elige a nadie en Su Iglesia, porque es el Rey y todos deben doblar sus mentes humanas ante el Rey y no decidir nada sin el Rey.

Y los Cardenales, que se reunieron en Cónclave para elegir un Vicario, no eligieron un Vicario, sino un hombre que el Rey no quiso.

Los hombres fueron los que quisieron a ese gobernante, pero el Rey de la Iglesia no se acomoda a ninguna voluntad humana en la Iglesia, no sigue la decisión de los hombres en la Iglesia.

El Rey de la Iglesia esperó en vano que le preguntasen qué cosa había que hacer en la Iglesia cuando su Vicario renunció. Pero nadie preguntó eso al Rey, porque los Cardenales ya no tenían vida espiritual, ya no seguían al Rey en la Iglesia. Sólo seguían sus concupiscencias en la Iglesia.

Y eligieron a un hombre que sólo sabe hablar del mundo y para el cual la Iglesia es sólo una empresa del mundo. Una empresa para hacer dinero en el mundo.

Un hombre que ha dado a la Iglesia su división en el gobierno, haciendo ya imposible que el Rey gobierne Su Iglesia desde Roma. Imposible que el Rey dé su Voluntad a ocho cabezas en la Iglesia.

Ese hombre sólo le interesaba el poder en Roma. Y, para ello, en el Cónclave se puso como gobernante ante todos los Cardenales. Él ya fue elegido Papa antes del Cónclave. Fue elegido en secreto y dado a conocer al mundo en el Cónclave. Los Cardenales sólo lo tenían que elegir a él, porque ya todo estaba decidido en la Iglesia.

Dos años tardó la masonería en poner a un hombre en la Silla de Pedro, porque todo nació antes de soltar en el mundo el escándalo de los escritos secretos de Benedicto XVI. Cuando fueron soltados, ya antes todo se había preparado.

El fin era expulsar a Benedicto XVI de la Silla de Pedro. Y había que poner todos los medios para ese fin. Todos. Por eso, se obligó a Benedicto XVI a irse, con una razón nimia, sin fundamento. Y ahí fallaron todos.

Ese fue el error de la masonería: no poner una razón convincente, inteligente, sagaz, sacada de la mente del hombre para convencer al hombre.

Por eso, los intelectuales se quedaron pasmados ante la renuncia. Los espirituales conocieron el engaño. Y sólo los sentimentales cayeron en el engaño.

Muchos viven de sus sentimientos en la Iglesia. Muchos. Y su fe es sólo producto de sus sentimientos. Quieren sentir para tener fe.

Por eso, Francisco arrastra a los sentimentales, a los de falso corazón, a los de falsa inteligencia. Porque el sentimiento nubla la inteligencia y hace que el hombre se apoye en vagas ideas sobre la vida.

Muy pocos vieron el engaño. Todos cayeron en la trampa.

Este fue el fallo de la masonería: no poner una razón convincente, porque se quería al hombre, al hombre que anulara lo primero en la Iglesia: a Pedro y su gobierno vertical.

Y, por eso, también fallaron con el hombre, porque, por su bocazas, por hablar antes de tiempo, por dar sus declaraciones, que son su testamento en la Iglesia, la masonería, ahora, tiene que rectificar su plan, por el bocazas de Francisco.

Francisco, en sus declaraciones, da la doctrina más contraria a la fe católica. Y eso no se puede hacer sin quitar los dogmas de la Iglesia, sin reducir la Iglesia a ninguna verdad.

¿Qué esperaba Francisco después de sus declaraciones? ¿Que la gente lo siguiera porque predicaba sus tonterías en la Iglesia?

Muchos sentimentales se han despertado, pero no lo suficiente, porque sólo viven del sentimiento falso hacia el prójimo, como lo hace Francisco.

Y Francisco ve ahora oposición en la Iglesia porque no ha medido sus palabras con prudencia, porque ha hablado antes de tiempo. Y, por eso, ya no vale Francisco para seguir rompiendo la Iglesia.

Es necesario otra cosa en la Iglesia. No se ha escondido la doctrina que debería callarse hasta el tiempo en que la masonería dijera que se podía revelar. Los masones no descubren sus planes a nadie.

Y Francisco los ha descubierto, porque ahora nadie se traga la doctrina de Francisco en sus declaraciones. Son totalmente contrarias a la Tradición de la Iglesia, al Magisterio de la Iglesia y a la Palabra de Dios. Ahora todos ven con recelo lo que pueda decir Francisco. Ahora todos comienzan a medir a Francisco con sus inteligencias. Y eso produce un enfrentamiento real con el jefe de la Iglesia.

Por eso, se intentó decir que aquí no ha pasado nada. Pero fue eficaz. Muy eficaz.

Si Francisco hubiera seguido diciendo sus tonterías en las homilías pocos se habrían dado cuenta del engaño. Pero Francisco dijo palabras mayores en sus dos declaraciones y en su encíclica, que nadie se ha molestado en verla y en tumbarla de forma teológica y filosófica.

Y esas palabras mayores han hecho despertar en la conciencia a muchos. Pero es un despertar también ineficaz, porque no se opone a Francisco, sino que se le sigue el juego, se espera que haga algo para solucionar todo eso.

Por eso, es necesario otro plan en la Iglesia, quitar los dogmas de otra manera. Para eso hay que cambiar de cabeza porque Francisco es muy sentimental y, por tanto, muy orgulloso: sólo quiere dar de comer a los pobres en la Iglesia. Y la masonería no va por ese camino.

Al demonio le queda poco tiempo una vez que tiene la Silla de Pedro. Poco tiempo: tres años y medio para cambiarlo todo en la Iglesia y poner al Anticristo. Y no va a estar perdiendo el tiempo dando de comer a los pobres. Eso sólo lo quiere Francisco que no sabe nada de lo que la masonería.

Por eso, para la Iglesia viene ya todo. Toda su ruina en todos los aspectos. Y nadie se salva ahora. Todos van a ser tocados por lo que haga la masonería en Roma. A todos les va afectar en lo espiritual, en lo material, en lo humano, en todos los sentidos que el hombre tiene y vive.

Viene días muy tristes para todos. Se acaba la fe. Se acaba la Iglesia. Se acaba Roma.

Inicia el tiempo de la maldición en la Iglesia

“En el período de tiempo que falta hasta entonces cambiarán dos Papas” (umbe – 23 de mayo de 1971).

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Dos Papas antes del castigo, decía la Virgen en Umbe. Sólo faltaban dos Papas: Juan Pablo I y Juan Pablo II.

Pedro es Cabeza de la Iglesia por Voluntad de Dios. Y sin esa Voluntad Divina, Pedro es nada en la Iglesia.

No se es Papa por una ley eclesiástica y no se deja de ser Papa por una ley eclesiástica, porque la Iglesia se fundamenta sólo en la Ley Divina.

Las leyes de los hombres, las leyes de la Iglesia, siempre están por debajo de la Ley Divina y no deciden nada en la Iglesia.

Toda la ley eclesiástica que no se somete a la Ley Divina no hay que obedecerla en la Iglesia, porque Dios no guía su Iglesia a través de leyes humanas ni eclesiásticas. Dios guía a Su Iglesia con Su Espíritu, con la Ley de Su Espíritu, que nadie puede medir ni limitar.

Por eso, en la Iglesia se ha hecho tanto mal por querer imponer leyes eclesiásticas que estaban por encima de Dios.

A los hombres les encanta escribir libros enteros de leyes, pero, después, no saben obrar la ley divina en sus corazones.

A los hombres les gusta guiar a las almas a través de sus leyes, pero no saben guiar a las almas a través de la Ley del Espíritu.

Y muchos, ahora en esta situación de la Iglesia, se aferran sólo a la ley eclesiástica que permite renunciar a un Papa. Y no tienen ojos para más.

Y nadie deja de ser Papa porque lo diga una ley en la Iglesia. Nadie.

Y nadie elige otro Papa porque lo diga una ley en la Iglesia.

Y nadie tiene una vocación divina porque lo diga una ley en la Iglesia.

Los hombres son testarudos en su mentes humanas y si no tienen a mano una ley que les diga que eso se puede hacer o no se puede hacer, se quedan en su estúpida soberbia humana.

Nadie vive el Espíritu en la Iglesia. Nadie. Todos hacen la Iglesia según sus libros de leyes. Y no hay forma de sacarlos de ese gran error.

Y, por eso, muchos confunden la Fe en la Palabra con la fe en sus leyes humanas. Se cree antes en el pensamiento del hombre que en el Pensamiento Divino.

Esta es la soberbia que se vive en la Iglesia actualmente.

La gente cree si hay una razón, una ley que lo diga, que lo apruebe, que lo testifique.

Y así no se puede hacer Iglesia y no se es Iglesia en ningún sentido.

Es triste ver una Jerarquía repleta de leyes y que obra el pecado sin que nadie le diga nada.

Eso es lo que están haciendo Francisco y los suyos.

Y todos aplaudiendo el pecado de esos imbéciles, porque no saben discernir la Verdad en la Iglesia.

No se elige un Papa porque los Cardenales se reúnan en un Cónclave. Ni se es Papa porque los Cardenales han elegido a un hombre.

Se es Papa porque, antes, murió el Papa que reinaba. Esa es la ley divina en la Iglesia.

Si no se sigue esa ley divina, entonces el engaño en todo.

La ley divina establece a Pedro hasta la muerte. Es una vocación que termina en la muerte. Y no hay condiciones humanas a esta ley divina. No hay limitaciones humanas a esta ley divina. No hay imposiciones de los hombres a esta ley divina.

O se sigue esta ley divina o nos inventamos cada uno el Papado, que es lo que han hecho los Cardenales y Francisco: se han inventado un Papa. Y no tiene otro nombre eso que han hecho.

Ante la renuncia de Benedicto XVI no se da la Sede Vacante porque el Papa no ha muerto. Sigue sentado en la Silla de Pedro. La Sede Vacante se da cuando muere el Papa. Esta es la ley divina en la Iglesia. Seguir otra cosa es inventarse la Sede Vacante.

Dios no quiere a Francisco como Papa. Pero esto no se lo traga ni Francisco ni la Jerarquía que ha elegido a Francisco.

Esto no les entra en sus cabezas soberbias.

Esto nunca lo van a aceptar, porque han actuado según su pecado. Y a ese pecado lo han bautizado como Voluntad de Dios en la Iglesia.

El orgullo es el que guía a la Iglesia actualmente. Un hombre orgulloso que se disfraza de humildad y de caridad simplona con la gente.

Y todos felices siguiendo al mayor hereje de toda la historia de la Iglesia.

Un hombre que no cree en la Santísima Trinidad. Y con eso se dice todo.

Un hombre para el cual Dios Padre sólo es el Creador. Y, por tanto, ha creado a las almas y les ha dado el poder de ser hijos de Dios. Y todas las almas tienen el derecho natural y divino de salvarse y de irse al Cielo sólo porque el Padre las ha creado. No existe la gracia para salvarse ni el mérito para ganar el Cielo, porque no existe el pecado. Sólo existe la creación de Dios.

Esta es su herejía que constantemente predica en cada homilía: los hombres tienen derecho por creación de ir al Cielo. Todos somos buenos.

Francisco destruye el pecado y la Redención de los hombres.

En el pensamiento de Francisco no puede darse esto, porque al crear Dios el Universo todo lo hace bien. Es imposible el mal. Y hay que interpretar el mal de otra manera. Y, por eso, hay que hacer el bien y no más en la vida. Y todos los hombres hacen el bien. Luego, todos al cielo.

Y, para explicar el mal, Francisco tiene que negar el Espíritu.

Si niega esto, entonces ya no existen los ángeles ni los demonios. Ya no existe Jesús como el Verbo que se Encarna para redimir al hombre. Ya no existe el Espíritu Santo, que santifica a las almas.

Tiene que explicar a Jesús como un hombre que enseña cómo encarnar a Dios en uno mismo, cómo hacer el bien desde uno mismo, cómo ser bueno en el interior de cada uno.

Y tiene que explicar que el Espíritu es sólo una fuerza divina, una emanación divina, deificadora, iluminadora, pero no Dios. Que da fuerza al hombre para llegar a ser dios en sí mismo.

Y entonces no puede darse la Obra de la Redención, no puede darse la Obra de la Santificación y no puede darse la Iglesia. Porque el pecado es algo que se da en todos los hombres al no poseer la total perfección. Se gana la perfección en etapas de la vida.

Y, por eso, su predicación favorita es: todo el mundo dentro de la Iglesia, porque la Iglesia es para todos y hay que abrirse al mundo para que todos seamos uno, porque todos somos buenos.

Francisco lo niega todo y nadie se ha apercibido de eso. Nadie. Todos embobados con las payasadas de ese idiota en la Iglesia. Todos. No hay ni uno que desprecie a Francisco. Todos esperan algo de ese payaso.

Y así está la Iglesia. Una Iglesia embobada, aburrida de Dios, planificando cómo bailar con el mundo y con los herejes para así ser feliz en la vida.

¡Da asco cómo está toda la Iglesia!

Juan Pablo II fue el último Papa íntegro, verdadero, que luchó por dar la Verdad a la Iglesia. Y, después de él, Benedicto XVI que renunció a ser Papa. Luego, no cuenta, no sirve, no vale para nada en la Iglesia. No aporta nada a la Iglesia. Sólo la destruye con su pecado.

El Papado se acabó con Juan Pablo II, no con Benedicto XVI. Si este Papa hubiera seguido hasta el final, entonces contaría como Papa, valdría su Papado, la Iglesia sería de otra manera.

Pero este Papa hizo lo que nunca debía hacer: ir en contra de su vocación divina en la Iglesia, que es ser Papa hasta la muerte.

Y eso ha producido la destrucción de toda la Iglesia, porque la Iglesia se funda en Pedro. Si Pedro renuncia, la Iglesia desparece.

Esta verdad nadie la ha meditado, porque es muy fácil acogerse a una ley eclesiástica para decir que como el Papa ha renunciado, la Silla está vacante y entonces a elegir otro Papa.

Los hombres si no se aferran a una ley eclesiásitica se ahogan en un vaso de agua. No saben ser Iglesia y no saben hacer Iglesia.

Esta es la estupidez que la Iglesia ha hecho. Gran estupidez, que sólo sale de la soberbia de los hombres. Los hombres son unos estúpidos por ser soberbios, por regirse por sus leyes y pensamientos humanos en la Iglesia.

Pero los hombres no persiguen la Verdad porque ya se han hecho malos. Ya no quieren la Verdad en la Iglesia.

Y ahora sólo quieren que todos sigan la mentira, que es lo que ha pasado desde la renuncia de Benedicto XVI en que nadie levantó la voz para decir que ese Papa no puede renunciar y que los Cardenales no pueden elegir a otro Papa. Nadie hizo eso en la Iglesia, porque nadie quiso enfrentarse a los herejes Cardenales que eligieron otro Papa.

En la Iglesia o se tiene miedo a la Jerarquía y se calla o se desprecia a la Jerarquía y se la juzga a rabiar. Pero nadie de los que callan y juzgan se ponen en la Verdad de la Iglesia. Nadie. Y ahora a todos esos que ven que Francisco es un hereje, lo siguen dando publicidad porque siguen esperando algo de la Iglesia.

Si ya la Iglesia es un cadáver sin alma, sin vida espiritual, sin norte en el camino. Es una Iglesia que se ha cerrado a la Verdad y que fornica con la mentira de los hombres y del mundo. ¿Qué camino ofrece el mundo a la Iglesia? ¿Qué verdad tiene el mundo que falta en la Iglesia?

Es una Iglesia que sólo se compone de hijos del demonio en su interior porque no quieren quitar sus malditos pecados, y llaman a sus malditos pecados como una bendición de Dios.

Todo se acaba ya en la Iglesia. Todo. Comienza el tiempo en que la Jerarquía Eclesiástica se va a quitar sus caretas y van a presentarse como lo que son: demonios encarnados en la Iglesia.

Y muchos los seguirán, porque son como ellos: demonios encarnados.

Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres

“donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres” (Mt 24, 28).

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Cuando muera Benedicto XVI, la Silla de Pedro quedará vacante.

Y la Silla vacante es el obstáculo removido para que aparezca en el mundo el Poder del Anticristo: “Porque el Misterio de la Iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que lo detiene ahora, desparezca de en medio” (2 Ts 2, 7).

Vivo Benedicto XVI el demonio todavía no puede actuar como quiere. Pero una vez muerto, queda el campo libre.

Porque no hay otro Papa después de Benedicto XVI. Sólo queda Pedro Romano, que será elegido sólo por el Cielo para un tiempo de Gran Apostasía.

Los hombres no han comprendido el pecado de Benedicto XVI en su renuncia.

Es un pecado que produce la separación de la Iglesia, del Cuerpo Místico, de Cristo. Cristo y Su Cuerpo se separan.

Separación en lo místico, pero no en lo espiritual.

Esa separación hace que no se pueda dar más Papas. No hay más Pedros.

Benedicto XVI renunció a ser Pedro. Y, por tanto, Cristo no da otro Pedro, porque “lo que ates en la tierra queda atado en el Cielo” (Mt 16, 19).

Benedicto XVI ató con su renuncia la Elección de Dios sobre una cabeza visible. Dios ya no puede elegir un Pedro por el pecado de Benedicto XVI.

Y no puede elegirlo hasta que el mismo Benedicto XVI quite su pecado, desate a Cristo desatando en la tierra su pecado. Y eso no va a hacerlo, porque tiene que salir de Roma para enfrentarse a Roma.

La renuncia de Benedicto XVI ata al Cielo e imposibilita al Cielo dar otro Papa. E incluso si muere Benedicto XVI el Cielo no puede dar otro Papa por la vía ordinaria, como se ha hecho desde que Jesús fundó Su Iglesia.

Por eso, si muere Benedicto XVI y los Cardenales eligen un Papa, ése no viene de Dios.

Ahora en la Iglesia es un tiempo de gran confusión en todos los rincones de la Iglesia. No se salva nadie, porque nadie posee la verdad ahora en la Iglesia.

Todos quieren imponer sus verdades en la Iglesia.

Por eso, es un tiempo sólo para prepararse para una gran batalla espiritual.

Porque se acerca la hecatombe espiritual de la Iglesia, en que los cimientos de la Iglesia se moverán, pero no destruirán a la Iglesia.

Y los cimientos de la Iglesia son dos: Pedro y la Eucaristía.

El primer cimiento ya ha sido removido y ha producido que la Iglesia sea un cadáver, sin vida espiritual. Y eso produce el nacimiento de una falsa iglesia, de una imagen de la iglesia, de una estatua sin vida de la Iglesia.

El segundo cimiento es remover a Cristo, es decir, la Eucaristía. Y eso hará que Cristo sea un cadáver en la Iglesia. Una Misa sin el Cuerpo y la sangre de Cristo, unos sagrarios sólo llenos de pan, una Eucaristía a la que sólo se adora al pan. De ahí nacerá el falso Cristo, la falsa Misa, la falsa Eucaristía, es decir, una imagen sin vida de Cristo.

Y este segundo cimiento está tan próximo que sólo faltan días para ello. No hay que esperar mucho, porque el Enemigo de las almas ya controla Roma a sus anchas.

La Sede Vacante se producirá sólo en la muerte de Benedicto XVI. Antes, la Sede ha sido robada por Satanás. Robada, pero todavía con el Poder de Dios en el Papa Benedicto XVI.

Es el Poder Divino, que tiene el Papa Benedicto XVI, lo que impide que se manifieste a las claras el demonio. Una vez que muera Benedicto XVI, el Poder Divino desparece en la Iglesia y aparece el poder del demonio en todo su fulgor.

Desde hace 50 años los Papas han tenido siempre problemas en el Vaticano. Eso lo sabe todo el mundo. Pero esos problemas no han hecho que la Sede de Pedro esté vacante, porque siempre se ha elegido un Papa en la muerte de otro.

El Papa se elige entre Cardenales. No se elige entre Obispos. No es la sucesión apostólica lo que da lugar a la elección de un Papa. Es la elección de un cardenal para ser Papa. Y un cardenal puede ser cualquiera, aunque no tenga el sacramento del orden.

Aquellos que quieren anular las elecciones de los Papas por el cambio en la liturgia se equivocan. Porque la Elección para ser Papa no sigue la sucesión apostólica, sino sólo sigue la elección de un cardenal en el Cónclave.

Y esa elección de un cardenal es un acuerdo humano. Es según las reglas que los hombres pongan para elegir un Papa. En esas reglas o leyes humanas, actúa Dios para indicar Su Papa a los Cardenales reunidos en Cónclave.

Por tanto, no hay que ser Obispo o sacerdote para ser elegido Papa. Sólo hay que ser Cardenal. Y si el cardenal elegido no tuviere el sacramento del orden, entonces se le ordena en ese momento Obispo.

Hasta Benedicto XVI la Silla de Pedro es legítima en todos los Papas en la Iglesia. Ha habido antipapas en la Iglesia, pero siempre se ha seguido la línea verdadera para elegir un Papa, que es: muerto el Papa verdadero se elige otro Papa.

Benedicto XVI renunció y eso produjo un engaño en la Iglesia. Un engaño de la Jerarquía de la Iglesia a la Iglesia. Y en ese engaño estamos todavía. No hemos salido de él ni saldremos, porque ya no hay marcha atrás. No se puede.

Una vez que la misma Jerarquía ha engañado a Su Pueblo poniendo un hereje en la Silla de Pedro, eso produce la ruina inmediata en toda la Iglesia.
Ruina que hemos contemplado en esto siete meses y que seguiremos viendo en lo que queda de mes.

No son tiempos para luchar por un Papa en la Iglesia.

Es que no hay Papa ya. Benedicto XVI es sólo un Papa inútil, que no ejerce su Papado como Dios se lo pedía.

Hay que rezar por él, pero no luchar por él para que vuelva a la Silla de Pedro. Esto es sólo un engaño más del demonio.

El demonio ya tiene la Silla de pedro y no hay manera de que se la quiten. Para quitársela hay que salir de Roma y enfrentarse al demonio. No hay otra manera. Y, por lo que se ve, Benedicto XVI no va a hacer eso. No se mueve para enfrentarse a Francisco.

Y, por lo tanto, Benedicto XVI morirá y ya no habrá más Papas. Y aunque Benedicto XVI haga algo en contra de Francisco, no es suficiente.

Para combatir al demonio en Roma, hay que ponerse fuera de Roma. Y, entonces se actúa como verdadero Papa en la Iglesia. Pero si se queda en Roma y sólo dice algunas cosas en contra de Francisco, no hace nada para combatir el mal en la Iglesia. Da luz a la Iglesia, que es lo que ahora necesita la Iglesia, porque vive en la oscuridad. Pero esa luz no vence a las tinieblas que rodean a toda la Iglesia e impiden ver la Verdad en la Iglesia.

La Sede Vacante será cuando Benedicto XVI muera. Y, en esa muerte, comenzará el Anticristo a manifestar a toda la Iglesia. Ahora, sigue oculto, porque todavía no ha sido quitado el obstáculo, el poder divino que descansa sólo en Benedicto XVI. Una vez que muera el Papa, todo comienza en la Iglesia.

La blasfemia de Francisco: Jesús no es un Espíritu

“¿Pero Jesús es un espíritu? ¡Jesús no es un espíritu! Jesús es una persona, un hombre, con carne como la nuestra, pero en la gloria” (Francisco, 28 de octubre 2013).

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¿Todavía siguen sin creer que Francisco es un hereje, un cismático, un apóstata de la fe?

Jesús no es un Espíritu.

Entonces, Jesús no es Dios. Entonces, no existe la Eucaristía. Entonces, no existe el sacerdocio. Entonces, no existe la Iglesia. Entonces no existe Dios.

Eso es lo que ha dicho Francisco cuando dice: Jesús no es un Espíritu.

Si Jesús no es un Espíritu, entonces se niega que Dios es Espíritu. Y aquel que niega que Dios sea Espíritu, niega que exista el Padre, que exista el Hijo, que exista el Espíritu Santo.

Y si no se dan las Tres Personas de la Santísima Trinidad, no se da Dios: “No creo en un Dios católico”.

Para Francisco, se da un dios, el que su cabeza se invente. Eso no importa cómo definir a ese dios. Es el invento de este mentiroso que está en la Silla de Pedro. Un gran hombre, tan humilde, tan amigo de los niños, pero tan idiota como hombre, como sacerdote y como Obispo.

Como Jesús no es Espíritu, entonces, el hombre sólo se compone de alma y de cuerpo. El hombre no tiene espíritu. El hombre tiene, para Francisco, una emanación de luz, una energía de luz, que eso es lo que enseña Francisco en esta homilía.

El gran Francisco: el gran idiota sentado en la Silla de Pedro. El necio entre los necios. El que se cree sabio entre los sabios. El más ignorante de todos en la Iglesia. Ha hecho de su sacerdocio el culto al demonio y sólo adora al demonio en la Iglesia.

Esta es la consecuencia de decir: Jesús no es un Espíritu. Entonces, tampoco el demonio es un espíritu. Y, por tanto, hay que adorar al demonio como ser que todo lo sabe y que todo lo puede. El demonio es el que ha dado a Jesús el poder para hacer la Iglesia. ¿Cómo hizo Jesús Su Iglesia si no es un Espíritu? ¿De dónde sacó el poder, si Dios no existe? Es necesario concluir: de una fuerza externa al hombre, pero que no es Dios, sino el demonio, que es el dios que deben creer todos los hombres.

Si no hay Espíritu, entonces todo es una emanación, una energía. El hombre es una energía y, por tanto, el hombre se convierte en dios para sí mismo. Y el hombre, al no creer en el espíritu, cree en un ser que le da esa emanación, que es sólo el demonio.

Y, como Jesús no es Espíritu, entonces Jesús es una persona humana. Jesús no es una Persona Divina. Luego, de aquí se saca que la Virgen es sólo la madre de Jesús, pero no la Madre de Dios. Se anula todo en la Iglesia.

Hasta el momento Francisco ha negado: el dogma de la Santísima Trinidad, el dogma de la Encarnación, el dogma de la creación del hombre y el dogma de la creación de los ángeles. Y, en la práctica, Francisco ha negado todo: la Creación, la Redención, la Resurrección.

Como Jesús es una persona humana, lo que funda Jesús, Su Iglesia, es algo humano: niega el dogma de la Iglesia, que nace del dogma de la Santísima Trinidad y de la Encarnación. El Misterio de la Iglesia ya no es un misterio. La Iglesia es un negocio de los hombres.

Pero, como Jesús no es Espíritu, entonces en la Iglesia no se dan los Sacramentos, porque no hay Espíritu. Los sacramentos son cosa humana, obras humanas, y no más.

Como Jesús no es Espíritu, entonces para Francisco no existen las almas. Porque las almas son espíritu, son entes espirituales. Se niega el dogma del alma humana. El alma humana, para Francisco, es una energía divina. Y si se niega el alma, se niega al hombre entero.

Como Jesús no es Espíritu, entonces el hombre no tiene mente ni voluntad. Porque, al carecer de alma, no puede darse lo que es el alma con sus dos potencias: entendimiento y voluntad. Para Francisco, el hombre no piensa, sino que recibe el pensamiento de otro. Y el hombre no es libre, sino que otro le obliga a hacer lo que tiene que obrar en su vida. Es la doctrina de la nueva era, propia del ocultismo.

Como Jesús no es Espíritu, entonces, la eucaristía, la santa Misa es una cena, una comida, una reunión, una fiesta, unos globitos que se dan a los niños, un compartir con todos los idiotas como él, un hacerse el gracioso con todos los graciosos como él, un entretenimiento que hay que darle a la gente en la Iglesia. Por eso, Francisco es el payaso en la Iglesia: entretiene a la gente que se quiere ir al infierno riendo con sus herejías.

Y si no existe la Eucaristía ni la Santa Misa, porque no existe el Espíritu, entonces, el sacerdocio es sólo un vestido que algunos se ponen para hacer su trabajo en una iglesia que debe ser considerada como la empresa de Jesús.

¿Quieren más? Ni merece la pena seguir con la homilía. Con esto basta para demostrar la falsedad de Francisco, su herejía, su apostasía de la fe, su blasfemia.

¡Qué pena ver tantas almas que van a Roma para gritar y aplaudir a este idiota y ver que se pierden por la boca de este lobo que ya no tiene nombre en la Iglesia!

Francisco es un maldito. Y no otra cosa. Un hombre que destruye la vida de las almas y las lleva a la condenación. Eso es ser maldito a los ojos de Dios. Un hombre que devora almas y las condena en la obra que realiza en la Iglesia.

Y ¿qué dice la Jerarquía de la Iglesia ante esta blasfemia? No pasa nada. Todo está bien. Hay que entender a Francisco en el contexto que dice la frase. Hay que tener inteligencia para comprender la sabiduría de Francisco que no es para todos en la Iglesia, es sólo para un grupo reducido de sabios que lo conocen y saben que lo que dice es recto ante Dios. Para comprender a Francisco, lean la doctrina de la Nueva Era y verán que bueno y santo es Francisco para la Iglesia.

No pasa nada. Francisco no ha dicho nada. Es sólo su opinión. Es un hombre que tiene sus cosas y hay que dejarle que diga sus cosas en la Iglesia, porque como es el Papa…

¿Qué va a decir la Jerarquía de la Iglesia sobre esto? Nada. ni se van a molestar en decir algo. ¿Para que si lo tienen como un santo de Dios?

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