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Sacerdotes y Obispos poseídos por la mente del demonio

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«Cogió al Dragón, la serpiente antigua, que es el diablo, y Satanás, y lo encadenó por mil años» (Ap 20, 2).

El Dragón es la serpiente antigua, la que apareció en el Paraíso, enemiga de la Mujer y del linaje de la Mujer (cf. Gn 3, 15).

La serpiente no es un mito o un ser fantástico, no es el diablo en forma de serpiente, sino una verdadera serpiente:

«la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios» (Gn 3, 1).

Dios creó a la serpiente, pero el demonio la poseyó.

La serpiente es un animal, pero poseído por el diablo: «El Misterio de iniquidad está ya en acción» (2 Ts 2, 7)….en el Paraíso; y se mostrará hasta el fin del mundo en que «el diablo, que los extraviaba, será arrojado en el estanque de fuego y azufre» (Ap 20, 10).

Este Misterio del Mal vive en la Creación de Dios.

Dios crea al hombre y a la mujer para una obra en la carne. El demonio posee una carne animal para imitar la obra de Dios en la naturaleza humana.

Un animal, creado por Dios, pero poseído por el diablo. Esto supone que en el Paraíso hay un ser dominado por el pecado de Lucifer, pero que no ha recibido la sentencia de Dios.  Un ser, que siendo animal, es más astuto que el hombre, más sagaz, más inteligente.

El diablo posee un animal con una sola intención: seducir a Adán y a Eva.

El diablo se encarna en un animal: es una encarnación espiritual, no real. Es una encarnación que quiere imitar la Encarnación del Verbo, que Lucifer conocía en Dios. Es una encarnación que es una posesión.

El primer paso es tomar una bestia para anular la obra de Dios en Adán: la naturaleza humana perfecta en Dios; el segundo paso es tomar un hombre para anular la obra de Dios en el nuevo Adán, Jesús: la naturaleza espiritual y divina en el hombre. Y el tercer paso es tomar a un hombre glorioso para anular toda la obra de Dios en Cristo:

«Cuando se hubiese acabado los mil años, será satanás soltado de su prisión y saldrá a extraviar a las naciones…y reunirlos para la guerra…Subirán sobre la anchura de la tierra y cercarán el campamento de los santos y la ciudad amada» (Ap 20, 8).

Sale el diablo a extraviar a un mundo transformado: «No todos moriremos, pero todos seremos transformados» (1 Cor 15, 51). Si no se muere, no se puede ver a Dios; sino que se sigue viviendo en peregrinación. Pero se vive con un cuerpo transformado, espiritualizado, glorioso, pero no con la plenitud de gloria que se tiene en el cielo. Es el Misterio del Reino glorioso en la tierra. El Misterio de los mil años, en que nadie cree.

Tres batallas el demonio pone a Dios:

1. En la primera, en el Paraíso, el demonio conquista al hombre y crea su linaje: hombres con un cuerpo, con un alma, pero sellados por el espíritu del diablo. De Caín nació todo ese linaje maldito:

a. «andarás maldito…Cuando labres la tierra, ella no te dará más su fruto; fugitivo, errante, vivirás sobre la tierra» (Gn 4, 12): El pecado de Caín no tiene ya remedio: es una maldición que no se puede suprimir con los buenos frutos humanos. Ni siquiera el bien de la tierra será alivió para el alma de Caín. Caín es el primer hombre que no espera el perdón. No puede esperarlo, porque Caín fue engendrado para condenarse: ese fue el pecado de Adán en Eva. Este es el Misterio de la iniquidad que se puso en acto en el Paraíso. Y que pasa a todos los hombres, de generación en generación; es decir, pasa vía acto sexual. Por eso, el Anticristo viene de una generación: de un Obispo y de una mujer hebrea dada a las artes de Satanás: . «Durante este tiempo nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo» (Profecía de la Salette). El Anticristo es un hombre poseído por el diablo, con una posesión perfecta, irrompible, que lleva al alma a obrar sólo la mente del demonio. El Anticristo no puede obrar su mente humana: no es libre. Está poseído en todo por la mente de satanás para una obra del demonio.

b. «cualquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces. Y puso Yavé una señal a Caín para que no lo matara quien lo hallase» (Gn 4, 15): Caín no será víctima de la venganza humana, sino que el mismo Dios se reserva su castigo y el de su linaje. Ningún ser humano puede acabar con todos los males que el linaje del demonio produce en la Creación. Sólo Dios puede aniquilar esa raza maldita de hombres, que viven poseídos por Satanás y que combaten, día y noche, contra los hijos de Dios, que es el linaje de la Mujer.

El demonio hace su obra poseyendo un animal, una bestia. Así engaña al hombre. Así de fácil. La inteligencia del demonio es superior a la inteligencia del hombre. Su astucia es su poder: «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11, 14). Sabe presentar su conocimiento mentiroso como si fuese una verdad que debe ser seguida. Es lo que hacen los falsos profetas, los falsos apóstoles, los falsos sacerdotes y Obispos. Y es lo que hace, continuamente, el maestro del error, Bergoglio, que ocupa el lugar que nunca debería haber sido suyo. Pero toda su vida ha sido un satanás disfrazado de bondad, humildad, pobreza inmaculada. Bergoglio pertenece al linaje del Anticristo: ha nacido para combatir contra Cristo y Su Iglesia. Y lo hace revistiéndose exteriormente de Cristo, como los fariseos que buscan llamar la atención con las palabras y las obras exteriores, que siempre son conformes a los pensamientos y obras humanas.

Si a Adán y a Eva, teniendo todos los dones de la gracia, dones preternaturales, una bestia poseída por el demonio los engañó, ¿se llevan las manos a la cabeza al contemplar cómo son engañados todos los católicos por un hombre poseído por Satanás? ¿Por un Bergoglio que no tiene inteligencia, que habla con un lenguaje de pueblo, que sus discursos son sin sentido común, carente de toda verdad, sólo dichos para impresionar, para captar el sentimiento, el afecto del que escucha? Pues este hombre, que es un animal poseído por el demonio en su inteligencia, ha engañado a toda la Iglesia, a todos los católicos.

¡Qué fácil es engañar a los hombres!

¡Y muchos católicos continúan en el engaño!

¡Nadie cree en el demonio; nadie cree en el misterio del mal!

Si Satanás pudo engañar a un hombre con un animal que no tiene razón, inteligencia, entonces es más fácil engañar a los hombres con hombres que poseen una inteligencia. Porque Satanás es el maestro de la mente humana. Es el que habla a la mente. Es el que conduce al hombre a través de su mente, de sus ideas humanas.

Si Adán lo tenía todo y fue engañado por un animal, los católicos, que no tienen toda la gracia, entonces son engañados por un loco. Un loco que los hace creer que todos somos santos y justos a los ojos de Dios: «Dios quiere a todos sus hijos, estén como estén, y tú eres hijo de Dios y por eso la Iglesia te quiere y te acepta como eres».

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¡Cómo está el patio!

Ya nadie cree ni en la ley natural, ni en la ley divina ni en la ley de la gracia. Ahora todos creen en la ley de la gradualidad: Dios nos ama a todos, todos somos hermanos, todos somos hijos de Dios; cada uno va gradualmente a Dios, según la evolución de su idea humana de la vida, de la iglesia, de Dios, de Jesús, etc… Cada cultura tiene su momento: ahora estamos en la cultura del encuentro, en que hay que unir las mentes de los hombres, porque la felicidad sólo está en cada hombre, en cada mente, en cada obra del hombre. Todos aportan al bien de la humanidad su granito, su valor, su dignidad, su respeto. No hay verdades absolutas, sólo hay verdades como el hombre se las invente: el relativismo universal de toda idea humana.

2. En la segunda, en el Calvario, el demonio conquista a los hombres que no creen en Cristo Crucificado: son los nuevos anticristos que marcan la venida del Anticristo. Así como el demonio se formó un linaje humano, carnal, para su obra en la Creación; así el demonio, en la Iglesia, se forma su jerarquía, su linaje espiritual, que combate al linaje de Cristo y de María.

a. «antes ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición» (2 ts 2, 3): el Anticristo de nuestros días es posible porque hubo un Caín en el Rebaño de Cristo: el demonio poseyó el alma de Judas. Él derramó sangre inocente, como Caín; él mató al Justo, como lo hizo Caín con su hermano Abel; y él creyó que su pecado fue demasiado grande para obtener la misericordia divina, como así lo declaró Caín: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla» (Gn 4, 13). Judas «fue y se ahorcó» (Mt 27, 5) para que se cumpliese la Escritura: «Asoladas sean sus moradas y no haya quien habite sus tiendas» (Sal 69, 26), pero «sucédale otro en su ministerio» (Sal 109, 8). El pecado de Caín se sucede en el pecado de Judas; y se sigue sucediendo en toda la Jerarquía que imita el pecado de Judas. Por más que muera un Judas, siempre habrá otro. Y esto hasta el fin del mundo. Y, por eso, en la Iglesia hay que saber discernir a toda la Jerarquía: unos son de Cristo; otro son del Anticristo. Y hay que llamarlos a cada uno por su nombre, que es lo que muchos católicos no saben hacer, ni con Bergoglio, ni con la demás jerarquía que lo sigue y que le obedece.

b. «muchos se han hecho anticristos» (1 Jn 2, 18): se sabe que es la última hora sólo por una cosa: abunda una jerarquía en la Iglesia que es del demonio, que está poseída por Satanás, con la posesión más perfecta, que no es en el cuerpo, sino en la inteligencia, en la mente del hombre. Abunda: son mayoría. Han escalado los puestos más altos para conquistar toda la Iglesia, para hacer una iglesia según la entienden los hombres. Sacerdotes y Obispos tan soberbios en sus mentes que serán capaces de poner al Anticristo como jefe de la Iglesia: el Anticristo se sentará «en el templo de Dios y se proclamará dios a sí mismo» (2 Ts 2, 4). Y esto lo hará la misma Jerarquía de la Iglesia Católica, la que una vez fueron católicos, pero ya no lo son. Si van a llegar a eso, lo de poner a Bergoglio como un falso papa es sólo el camino, el inicio de esta gran abominación; es algo tan sencillo porque la maldad es más astuta que los hombres de bien.

«Cortos de días» (Sal 109, 8) es el falso pontificado de Bergoglio, pero una gran brecha ha puesto ese hombre en el interior de la Iglesia. Brecha que ya no se puede cerrar. División que sólo la palpan los que creen con sencillez. Todos los demás, a pesar de que ven el destrozo de ese hombre en el gobierno de la Iglesia, lo siguen llamando Papa, y siguen esperando algo de él (vean la solicitud que se hace a ese energúmeno): no creen en el misterio de la iniquidad. No creen en Bergoglio como falso papa, como un hombre poseído por el demonio. No ven en Bergoglio el misterio del mal; sino que lo ven como papa verdadero, y quieren hacerle una súplica filial, como si ese hombre amara la Iglesia de Cristo y a los católicos fieles a la doctrina de Cristo. ¿No ha dado ya, durante dos años, muestras palpables de su odio a Cristo y a la Iglesia?

Esta es la ceguera de toda la Iglesia: y están ciegos por su falta de fe. ¿De qué le sirven los dogmas? De nada. No creen en el dogma del Papado: no lo practican con Bergoglio. Para muchos, mientras oficialmente no pongan una ley que apruebe el pecado, siguen llamando a Bergoglio como Papa, a pesar de su manifiesta herejía. Entonces, toda esta gente ¿en qué cree? No creen en un Papa que tenga en su corazón la verdad, sino que creen en un hombre que sólo tiene en su mente su idea de la iglesia. Sólo creen en su lenguaje humano, en su visión humana de la vida, en su pensamiento de hombre. Después del Sínodo, verán su error, pero ya será tarde para muchos. Quien sigue a Bergoglio como Papa acaba pensando como él. Hay que combatir a Bergoglio y a toda la Jerarquía para seguir siendo la familia que Dios quiere. No hay que crear un ambiente favorable para decirse a sí mismos: aquí no pasa nada; en la Iglesia todos somos santos, todos aportamos un granito de arena en esta gran confusión que reina en todas partes. Este es el conformismo de muchos que no saben batallar contra el demonio, ni en sus vidas, ni en la Iglesia.

¿No vino Cristo «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3, 8)? Entonces, ¿qué hacen los católicos que no cogen las armas del Espíritu para combatir a Bergoglio y a todos los que le siguen? ¿Para qué se creen que están en la Iglesia: para firmar una solicitud y así procurar que Bergoglio no haga el daño que va a hacer?

¡Destruyan las obras del diablo en Bergoglio! ¡Eso es ser de Cristo! ¡Eso es ser Iglesia!

¡Cuántos católicos falsos, sólo de nombre, solo de boquilla!

«Que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires» (Ef 6, 12), que están en Bergoglio, en su alma y en su corazón, y que están en toda la Jerarquía.

Todo el Vaticano está infestado de demonios: «Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer» (Profecía de la Salette).

Estrellas errantes: eso son Bergoglio y todos los suyos. Hombres sin oración ni penitencia. Hombres para el mundo, para la sociedad, para el aplauso de los tibios y pervertidos.

Como no se cree en el demonio, tampoco se cree en las obras del demonio en cada alma. Tampoco se ve que Roma ha perdido ya la fe. Se está ya prostituyendo con todos los gobiernos de la tierra, para aparecer, ante todos los hombres, como la Gran Ramera. Y, como toda prostituta, se engalana de sus pecados, de sus fechorías, de sus maldades, para enriquecerse a costa de otros.

El demonio hace su obra poseyendo hombres sagrados: sacerdotes, Obispos. Y así engaña a todo hombre, a todo católico, a toda la Iglesia. Así de sencillo. Así ha penetrado en toda la Iglesia y ha escalado puestos hasta llegar a la cima, al vértice tan deseado.

3. En la tercera, el demonio irá, no sólo contra todo lo sagrado, sino contra la ciudad gloriosa, santa, la Nueva Jerusalén que baja del cielo, que «tenía la gloria de Dios» (Ap 20, 10). Pero esto nadie se lo cree porque no creen en los mil años. Nadie en la Jerarquía les va a predicar del milenio, porque no creen.

Ya nadie cree que las Escrituras han sido inspiradas por Dios. Todo el mundo quita palabras que no les gusta, frases que incomodan o interpretan la Escritura según la mente de cada cual, según la cultura, la ciencia, los avances científicos, etc… Y nadie sabe ver los Signos de los Tiempos. A nadie le interesa eso.

Nadie comprende cómo atando al demonio, puede haber un reino glorioso en la tierra si después va a ser desatado y va a extraviar a muchos hombres. ¡Este es el Misterio! No puede haber una gloria si hay un pecado, si el demonio puede seguir tentando a los hombres y conquistando almas.

Por eso, mucha Jerarquía acaba negando el Apocalipsis y se mete en una vida mundana y humana, buscando un fin en este mundo: un bien común universal, un gobierno mundial, una iglesia para todos.

Al no creer en la Palabra de Dios, tienen que negar los misterios que su mente no puede comprender ni aceptar, y pasan sus vidas condenando a las almas dentro de la Iglesia.

Y a eso sólo se dedican, a destruir la Iglesia:

El Cardenal Baldisseri ha dicho que nadie «debería estar sorprendido por los teólogos que contradicen la enseñanza de la Iglesia». Porque «los dogmas pueden evolucionar». Por lo tanto, «no habría ningún punto en celebrar un Sínodo si fuéramos simplemente a repetir lo que siempre se ha dicho». Expresó que «sólo porque una particular comprensión se haya sostenido por 2000 años, eso no quiere decir que no pueda ser cuestionada» (ver texto).

Este Cardenal claramente es un anticristo. Peor nadie se atreve a llamarlo así.

Nadie se sorprenda de que haya herejes, como Kasper, como Bergoglio, como Baldisseri, y que el vaticano no diga nada, sino que lo apruebe. Si contradices la enseñanza de la Iglesia es que vas bien en la Iglesia. ¿Para qué sirve, entonces, el magisterio infalible de la Iglesia, si se puede cambiar? ¿Para qué los dogmas si pueden evolucionar? ¿Para qué la Palabra de Dios si ya no le sirve al lenguaje de la época? ¿Para qué creer en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre?

Si los dogmas evolucionan estamos hablando de la ley de la gradualidad: se anula la ley Eterna. Se acabó la ley natural. Y, por lo tanto, hay que casar a los homosexuales. Se acabó la ley divina. En consecuencia, los malcasados pueden comulgar con toda tranquilidad de conciencia. Se acabó la ley de la gracia. ¿Por qué no las mujeres al sacerdocio, o como Obispas o que sean Papas? Se acabó la ley del Espíritu: la Iglesia no es la obra del Espíritu; los dones y carismas no pertenecen a Dios; la gracia es un ser creado por el hombre para sentirse bien en su vida humana, para tener sus conocimientos y compartirlos con todos.

Van a hacer el próximo Sínodo para empezar a destruirlo todo: no van a repetir el fracaso del pasado Sínodo. No están dispuestos a otro fracaso, a otra humillación. Ahora van a humillar a todos esos que juzgan a Kasper, a Bergoglio, y a tantos teólogos que son del demonio.

Nadie quiere la Verdad en el Vaticano: ya han puesto sus gentes en lo más alto del gobierno en la Iglesia. Todo el mundo piensa lo mismo: lo que se ha sostenido durante siglos hay que cuestionarlo. Jesús se equivocó en su enseñanza a los discípulos. Todos los Papas han errados en la Iglesia. Ningún Concilio ha dado la verdad a la Iglesia. Ahora, es el tiempo de clarificar las cosas. Ahora están en la Iglesia las superinteligencias del demonio que van a enseñar a todo el mundo sus grandes locuras. Y la mayoría de los católicos va a asentir con sus mentes a esas locuras, porque andan detrás de los hombres, pero no de Cristo.

El diablo anda suelto por todas partes, pero ya nadie cree en él. Y, por eso, se acerca el tiempo de la gran justicia. Y los primeros: la Iglesia. No queréis combatir al demonio en la Jerarquía; entonces los demonios, a través de esa jerarquía, os van a hacer la vida imposible a todos los que se dicen católicos. Y ¡ay! de quien se atreva a levantar su voz ante el linaje del demonio: quedará excomulgado, porque no besa el trasero de tantos hombres que sólo viven para agradarse a sí mismos, con sus palabras baratas y blasfemas.

Bergoglio es un anticristo, pero no es el Anticristo. Tiene, como todo anticristo, el espíritu del Falso Profeta. Pero no es el Falso Profeta. Es un gran charlatán, embaucador, que sólo vive buscando la gloria humana. Y su magisterio, no sólo está lleno de herejías manifiestas, sino que reluce en él la mente de Lucifer. Una mente rota en la inteligencia que sólo puede obrar una vida para los sentidos.

El diablo es una trinidad de personas demoníacas: Lucifer, Satanás y Belzebub. Lucifer, el que porta la luz de la maldad (= una luz rota, un conocimiento loco), representa el orgullo de la vida; Satanás, el rayo de la inteligencia, la soberbia de la mente; y Belcebub, el señor del estiércol, las obras de la lujuria.

Bergoglio es orgullo y, por lo tanto, su mente está rota: su magisterio no tiene ni pies ni cabeza: coge de aquí, de allá, e hilvana frases sólo para decir su mensaje, que es su obra: vivan como quieran. Es la obra de Belcebub. Bergoglio no tiene inteligencia para romper el dogma, pero sí es voluntad para arrastrar hacia el pecado. Vive su pecado y eso es lo que muestra a todo el mundo. Y no se le cae la cara de vergüenza. Vive convencido de que eso es la verdad. Ha llamado al pecado como un valor en la vida, como un bien para la inteligencia del hombre. Él ensalza su propio pecado; él lo justifica. Y muchos otros se encargan de aplaudirlo. Esto es siempre una persona orgullosa. Por eso, Bergoglio no sabe gobernar nada. Sus gobiernos son siempre un desastre para todo el mundo. Bergoglio sólo sabe vivir su vida. Y nada más. Los demás, que arreen: le importa nada la vida de los otros.

¡Qué pocos han sabido ver lo que es Bergoglio! Y, por eso, siguen y seguirán confundidos. Porque si a la persona orgullosa no se la encara, entonces el hombre tiene miedo de ella y termina convirtiéndose en un juego del orgulloso.

Bergoglio está jugando con toda la Iglesia. Y nadie se ha dado cuenta.

Las payasadas de Bergoglio a los jóvenes

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«La gran pregunta para todos» (ver texto):

¿Qué hace este usurpador en el Trono de Pedro?

¿A qué se dedica? ¿A entretener a las masa tibia y pervertida de los católicos?

«La gran pregunta para todos»:

¿Han caído en la cuenta que este hombre sólo está sediento de gloria humana?

¿De que sólo habla para que lo amen los hombres, para que lo idolatren?

¿Van a despertar los católicos o van a seguir llorando por este hombre?

¿No es su predicación, y su gran actuación, la conquista de la vanidad y el orgullo?

¿No conduce a los hombres a la vanidad de la vida?

¿No señala al hombre el orgullo de la vida?

«La gran pregunta para todos: ¿Por qué sufren los niños? ¿por qué sufren los niños?».

Única respuesta: porque existe el pecado como ofensa a Dios en todos los hombres.

Y no hay otra respuesta. No puede haberla.

Los niños sufren porque los niños pecan.

Los niños sufren porque los hombres pecan contra ellos.

Los niños sufren porque ni los niños ni los hombres aprenden a reparar sus malditos pecados.

Pero un comunista, es decir, aquel que busca el bien común social y que, por lo tanto, anula la propiedad privada, responde así:

«Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas»: Jesús vino a aprender de los hombres lo que es la vida. Y lo aprendió: llorando por los hombres. Y, por eso, levantó una estructura social para resolver las necesidades humanas de todo tipo.

¡Pura teología de la liberación! ¡Puro marxismo! ¡Pura herejía! ¡Pura apostasía de la fe!

Es lo que predica este hombre: un Jesús llorón, sentimental, idiota, del pueblo y para el pueblo, que se acomoda al pecado de los hombres y que vivió su vida para hacer una justicia social. Y los que le mataron hicieron con él una injusticia social. Por lo tanto, hay que bajar al pobre de la cruz, y hay que llorar por los problemas de los hombres para hacer una sola cosa:

«quiero animarles, como cristianos ciudadanos de este país, a que se entreguen con pasión y sinceridad a la gran tarea de la renovación de su sociedad y ayuden a construir un mundo mejor».

Renovar la sociedad: no conviertas tu corazón a Dios: no quites tu maldito pecado de la Presencia de Dios. Con tu mente humana, con tus ideas maravillosas, renueva la sociedad: mete el error en tu familia, en el trabajo, allí donde haya un hombre que viva su pecado: pon el orden de tu cabeza humana.

Un mundo mejor: el paraíso en la tierra.

¡Cómo engaña Bergoglio a los jóvenes! ¡Qué fácil es contarles fábulas a los jóvenes! ¡Cómo se dejan engañar los hombres por la palabra barata y blasfema de un bufón, de un PAYASO!

Este es el mensaje de este hombre llorón:

«Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar».

¡Llora que te llora!

¡Qué gran discurso!

Los hombres lloran, sufren. ¡A llorar se ha dicho!

«no sabemos llorar»: el católico verdadero que llora  por sus malditos pecados personales, no sabe llorar.

El que hace oración y penitencia por sus pecados y por los de los demás: no sabe llorar.

Aquí el único que sabe llorar es Bergoglio. ¡Pero qué hombre! ¡Demos culto a este hombre que ha entendido el misterio del mal! ¡Besémosle su trasero!

¿Por qué los niños lloran? Porque los hombres no saben llorar.

¡Toma ya!

¡Qué inteligencia! ¡Qué hombre! ¡Qué portento de tío!

¡Esta es la herejía de este hombre!

Llora por el hombre, pero no llores tus pecados! ¡No hace falta! ¡Hay muchos marginados, muchos que pasan hambre, muchos inmigrantes, y hay mucha gente rica que no sabe llorar!

¡Justicia social! ¡Derechos humanos!¡Pamplinas comunistas que predica este idiota!

«Si vos no aprendes a llorar, no sos un buen cristiano».

¡Esto es todo para ser un buen cristiano! ¡Ponte a llorar!

¡Qué desgracia de sujeto para todo el mundo!

¿Y este llorón es jefe de una iglesia? ¿Lo llaman Papa porque llora mucho?

¡Es increíble cómo están los católicos ante este sinvergüenza!

¿Cómo se hace un joven sabio?

«el Evangelio nos propone un camino sereno, tranquilo: usar los tres lenguajes, el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Y los tres lenguajes armoniosamente: lo que pensás, lo sentís y lo realizás».

Está hablando de su ley de la gradualidad: su fe masónica.

¿Cuál es el camino que propone el Evangelio para amar, para tener la sabiduría del cielo, para ser un joven sabio? LA CRUZ.

«que nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2, 2).

La sabiduría de la cruz, que no es lo que predica Bergoglio.

Bergoglio predica la sabiduría de los masones: el lenguaje: mente, corazón, manos. Y estas tres cosas en armonía: lo que piensas, si no los sientes, no lo hagas. Tú eres el rey palomo: tú te lo guisas, en tu entendimiento, en tu sentimiento de hombre, y tú te lo comes, tú lo obras.

¡Esto es el orgullo que predica Bergoglio!

¡Vanidad y orgullo!

Vanidad de la vida: tienes que estar en la vida de los demás, resolviendo sus muchos problemas, llorando con los hombres.

Orgullo de la vida: eres libre en tu pensamiento para hacer el bien que te inventas y el mal que creas en tu cabeza.

Y lo hizo repetir a todo el mundo, como un mantra:

«Pensar, sentir, hacer. En voz alta. Y todo esto armoniosamente».

Todo en la armonía de la ley de la gradualidad: según vayas evolucionando en tu pensamiento humano, entonces sentirás más finamente, llorarás más por los problema sociales, y así llegarás a realizar las obras de justicia social que este mundo requiere para ser un Paraíso en la tierra.

¡Hay que bajar al pobre de la cruz!

¡Hay que dar al hombre la felicidad de la resurrección en este mundo!

«El verdadero amor es amar y dejarme amar»: este es el invento del amor en la cabeza de Bergoglio.

¿Qué es amar?

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14, 15).

Amar es cumplir con la ley de Dios; hacer Su Voluntad; darle al otro lo que Dios quiere, en Su Ley.

Por eso, quien ama así no puede pecar. Y es amado del Padre:

«El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre» (Jn 14, 21).

Para dejarse amar por Dios, por el Padre; primero guarda los mandamientos. Si no pecas, Dios te ama; el alma se deja amar por Dios. Es así de sencillo. Lo único difícil es quitar el pecado, luchar contra el pecado.

Pero, ¿cuál es la doctrina de este sinvergüenza, que no sabe lo que es el amor?

«Es más difícil dejarse amar que amar. Por eso es tan difícil llegar al amor perfecto de Dios, porque podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él. El verdadero amor es abrirse a ese amor que está primero y que nos provoca una sorpresa. Si vos tenés sólo toda la información, estás cerrado a las sorpresas. El amor te abre a las sorpresas, el amor siempre es una sorpresa, porque supone un diálogo entre dos: entre el que ama y el que es amado. Y de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa. Dios nos sorprende. Dejémonos sorprender por Dios. Y no tengamos la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

«Es más difícil dejarse amar».

¿Por qué?

Porque tenemos «la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

Es más difícil dejarse amar por Dios porque el hombre no quita su pecado. ¡Eso es todo!

Pero Bergoglio está en la ley de la gradualidad, es decir, en el grado de la mente: «podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él».

Podemos amarlo: como amar es: pensar, sentir y obrar; entonces puedes pensar algo y así amas a Dios. Pero si piensas tanto, entonces eres una computadora. Tienes mucha información. Y eso no te sirve. Porque, ¿quién es Dios?

«de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa».

¡Ven el cinismo de este hombre!

¡Cómo engaña!

Dios es el Dios de las sorpresas: hoy te dice una cosa y mañana se sorprende con lo contrario. El Dios de las sorpresas. Dios no es perfecto, no es inmutable, es del color como tu mente se lo invente.

Con este Dios de las sorpresas, toda doctrina cambia: no hay una verdad absoluta, sino que todo es el relativismo universal de la verdad.

¡Es el Dios de las sorpresas! ¡El dios de la ley de la gradualidad! En otras palabras: el culto a la mente del hombre.

«Dios nos amó primero y nos espera con una sorpresa»: ha anulado, ha reinterpretado la Palabra de Dios:

«En esto está la caridad, no en que nosotros hayamos amado a dios, sino en que Él nos amó y envió a Su Hijo, como víctima expiatoria de nuestros pecados». (1 Jn 4, 10).

Bergoglio anula al Hijo y pone su sorpresa.

En este texto de San Juan se formula la definición de Dios como caridad y como divina misericordia. Esta es la verdadera misericordia de Dios con el hombre: darle a Su Hijo para que expíe los pecados de todos los hombres.

Pero Bergoglio está en su fiesta social, en su verbena, en su gran payasada: las sorpresas de la mente humana en su evolución hacia el grado más perfecto de pensamiento. Ese grado de perfección, da un sentimiento perfecto al hombre y, por tanto, una obra justa, redimida, que es siempre a favor del hombre, del bien común, para hacer un nuevo gobierno mundial.

¡Qué pocos saben leer el pensamiento de Bergoglio! Todos se quedan con la boca abierta con su lenguaje barato y blasfemo!

«Pensemos en san Mateo. Era un buen comerciante. Además, traicionaba a su patria porque le cobraba los impuestos a los judíos para pagárselos a los romanos. Estaba lleno de plata y cobraba los impuestos».

¡Cómo calumnia a San Mateo!

«traicionaba a su patria»: el pecado social. Era un rico que no entendía a los pobres, que no lloraba por los pobres. Y además, robaba a su patria.

¿Dónde está el pecado de avaricia, de usura? No existe. Hay que reinterpretarlo. Es lo propio del comunismo, de la teología de la liberación. ¡No robes a tu patria! ¡Y menos no cobres impuestos a los judíos para dárselos a los romanos! ¡Lucha de clases! ¡Comunismo! ¡Bergoglio comunista! ¡Bergoglio marxista!

Mateo; un hombre lleno de plata y que cobraba impuestos. ¡Qué delito social! ¡Pobres los católicos ricos que sigan, que obedezcan a Bergoglio! ¡Los va a despellejar de su riqueza! ¡Bergoglio está obsesionado por la bolsa del dinero!

¿Cómo se convierte Mateo?

«la sorpresa de ser amado lo vence y sigue a Jesús».

Nunca Mateo contempló su pecado de avaricia; nunca se arrepintió de su pecado de avaricia. ¡Fue una sorpresa! ¡Anda, mi madre!

«Esa mañana, cuando Mateo fue al trabajo y se despidió de su mujer, nunca pensó que iba volver sin el dinero y apurado para decirle a su mujer que preparara un banquete. El banquete para aquel que lo había amado primero, que lo había sorprendido con algo muy importante, más importante que toda la plata que tenía».

¿No ven la fábula que cuenta para indicar que el amor de Dios es una sorpresa?

¿En dónde está la verdad en este cuento?

¿Qué moraleja tiene este cuento?

No dice nada. Jesús le dio una sorpresa y Mateo ya no tenía dinero ni para un banquete. ¡Qué cuento más malo! ¡Qué predicación más bochornosa!

¿Y los jóvenes aplaudiendo esta predicación?

¿A qué fueron los jóvenes a ese encuentro?

¿A escuchar la verdad? No.

A IDOLATRAR A UN HOMBRE VESTIDO DEL ROPAJE EXTERIOR DE UN PAPA.

Los hombres ya no quieren escuchar la verdad: se conforman con las fábulas que los payasos, como Bergoglio, les cuentan.

«Cada uno de nosotros escuchemos en silencio esta palabra de Jesús: Sólo te falta una cosa. ¿Qué cosa me falta? Para todos los que Jesús ama tanto porque dan tanto a los demás, yo les pregunto: ¿Vos dejás que los otros te den de esa otra riqueza que no tenés?».

¡Cómo tuerce la Palabra de Dios este hombre para su negocio comunista!

¡Es el negociante de la Verdad!

¡Es el destructor de la Verdad!

¡Es el que maquilla la Verdad con las ideas maquiavélicas de su cabeza, dominada  en todo, por el demonio. Bergoglio es un hombre poseído, en su mente humana, por el demonio. ¡Es un satanás!

Satanás es el demonio de la mente. Donde está la soberbia, allí está Satanás. Donde está el orgullo, allí está Lucifer. Donde está la lujuria, allí está Belcebú.

En la boca de Bergoglio: la palabra de Satanás;

En la vida de Bergoglio: la lujuria de Belcebú;

En las obras de Bergoglio: el orgullo de Lucifer.

¿Qué le dice Jesús al joven rico?

«vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme» (Mc 10, 21).

Cuando el alma, en su pecado de avaricia, se apega demasiado a sus bienes materiales, entonces tiene que hacer penitencia, expiar su pecado dando limosnas. Y no cualquier limosna, porque está apegado al dinero, al bien material. Y para quitar ese apego, el único remedio, desprenderse de lo material. Pero con un fín: la salvación del alma. No con un fin humano: no para dar de comer al que tiene hambre; o para hacer feliz al que no tiene en lo material. Es para un fin divino: seguir a Jesús. Porque:

«¿Qué aprovecha al hombre ganar el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?» (Mt 16, 26).

¿Qué enseña este pendejo?

«Los saduceos, los doctores de la ley de la época de Jesús daban mucho al pueblo: le daban la ley, le enseñaban, pero nunca dejaron que el pueblo les diera algo. Tuvo que venir Jesús para dejarse conmover por el pueblo ¡Cuántos jóvenes, no lo digo de vos, pero cuántos jóvenes como vos que hay aquí saben dar, pero todavía no aprendieron a recibir! Sólo te falta una cosa. Hazte mendigo. Esto es lo que nos falta: aprender a mendigar de aquellos a quienes damos. Esto no es fácil de entender».

Encima dice: «esto es no es fácil de entender».

¿Cómo va a ser fácil de entender tu idea masónica si el Evangelio es claro?

¡Jesús no le dice al joven rico: hazte mendigo!

¡Dios mío!

¿Acaso están ciegos los católicos para no ver el comunismo, la teología de la liberación de este insensato?

¿Qué cosa más tiene que hablar este ignorante de la Sagrada Escritura para que los católicos abran sus ojos a la verdad!

¡Bergoglio no es Papa! ¡No habla como un Papa! ¡No es la Voz de Cristo en la Iglesia! ¡No es capaz de enseñar la verdad que Jesús enseñó al joven rico! ¡Ha cambiado la doctrina de Cristo!

¡Bergoglio dice: hazte mendigo!

Y Jesús dice:

«¡El que quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame!» (Mt 16, 24)

Pero, ¿quién se cree que es Bergoglio para cambiar el Evangelio de Cristo?

«Aprender a mendigar de aquello a quienes damos».

¿Caen en la cuenta de la gravísima herejía?

Le doy dinero a un pobre; entonces tengo que mendigar de él una idea para mi vida.

¡Esto es el panenteísmo! ¡Todos estamos en Dios! Luego, todos nos necesitamos unos a otros para formar la armonía de la creación, el orden ideal, en donde haya paz, ternura para todos y pan para los estómagos. Que haya una justicia social en donde no se vea ninguna maldad social entre los hombres. Para eso, doy al que no tiene, y recibo algo de él, para poder comprender su vida y así ayudarle en su vida.

«Aprender a recibir de la humildad de los que ayudamos. Aprender a ser evangelizados por los pobres. Las personas a quienes ayudamos, pobres, enfermos, huérfanos, tienen mucho que darnos».

Al negar el pecado como ofensa a Dios, sólo queda el pecado social. Por lo tanto, hay que resolver los problemas de los demás: ayudando; evangelizando el evangelio de la alegría.

Pero no hay que decirle al pobre, al hombre que quite su pecado, que se convierta. No existe el pecado. Sólo el pecado social. Una vez que ayudo materialmente al otro, hace falta algo más para construir una sociedad perfecta: entonces escucha lo que el otro tiene que decirte para tu vida. Tolera su vida, su error, su idea y permite que no esté en la clase social baja. Súbelo de categoría. Porque la propiedad privada es una función social: es para hacer esto.

¡Ven: qué maestro en engañar es Bergoglio!

Es la idea masónica:

«¿Me hago mendigo y pido también eso? ¿O soy suficiente y solamente voy a dar? Vos que vivís dando siempre y crees que no tenés necesidad de nada, ¿sabés que sos un pobre tipo? ¿sabés que tenés mucha pobreza y necesitás que te den? ¿Te dejás evangelizar por los pobres, por los enfermos, por aquellos que ayudás?».

La realidad es una cosa: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica, sino un falsario.

Falsea el Evangelio de Cristo; falsea el Papado de la Iglesia; falsea la vida eclesial de los fieles.

Es un lobo que se viste de Papa para condenar a muchas almas.

Hay que dejarlo que siga en su pecado, porque es libre de pecar y de condenarse.

Pero no hay que seguirlo en nada. Hay que combatirlo totalmente, poniendo en ridículo su falsa doctrina, que es sólo para aquellos que se dejan engañar por sus palabras.

La Verdad, por sí misma, se revela, se descubre. No haría falta hacer todo esto; pero los hombres siempre necesitan de una palabra de verdad. Y, por eso, se hacen estos escritos: no para convertir a nadie, sino para dar testimonio de la Verdad, duela a quien duela.

Como todos tienen miedo de hablar claro: Bergoglio no es Papa; entonces, se da testimonio de esta verdad. Y esto es ser de Cristo. Esto es construir la Iglesia. Callar, someterse a Bergoglio es destruir la Iglesia.

Sólo te hace falta una cosa: imitar a Cristo. Ser otro Cristo. Y Cristo sólo nació y vino para una cosa:

«Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la Verdad; todo el que es de la Verdad oye Mi Voz» (Jn 18, 17).

Muchos, al leer estos escritos, dirán, como Pilato: «¿Y qué es la verdad?». Y seguirán sus vidas, sin comprender que la verdad de la Iglesia está, en la actualidad, en no seguir a Bergoglio, en no tenerlo como Papa.

Quien siga esta verdad, que es absoluta, entonces sabe cómo caminar en la Iglesia en medio de lobos, que son toda esa Jerarquía que apesta, porque están obedeciendo a un hombre sin fe y sin verdad en su corazón.

Hablemos claro: Bergoglio no enseña ninguna verdad.

manocornuda

«Hablemos claro» (ver texto).

Así iniciaba su mentira este hombre al cual llaman Papa, alias Francisco.

«Creo que ambos son derechos fundamentales: la libertad religiosa y la libertad de expresión».

Está hablando según Voltaire: defiendo mi derecho a decir lo que pienso, aunque a usted no le guste o esté en contra de lo que usted piensa o dice.

Defender la libertad religiosa o defender la libertad de expresión eso es la modernidad: en la libertad, es decir, en la voluntad libre del hombre reposa todas las libertades públicas y privadas.

Se acabó la ley de Dios. El hombre es el propio fundamento de su libertad, de su pensamiento, de sus palabras, de sus obras.

¡El libre pensamiento! ¡Esta es la soberbia que corroe al mundo y a toda la Iglesia!

¿Cuáles son los derechos fundamentales del hombre?

Si el hombre no viene a este mundo por sí mismo, entonces ¿a qué tiene derecho?

Si el hombre no decide la vida, la existencia, sino que todo eso es un don de Dios, entonces ¿a qué tiene derecho?

El hombre tiene derecho a ser hombre. Eso es lo primero

El hombre tiene una mente y una voluntad humanas, que le constituyen en ser humano.

Pero el hombre no es hombre por sí mismo, sino que Dios lo ha creado. Luego, lo segundo, el derecho fundamental de todo ser humano es ir hacia Dios, vivir para Dios, obrar la Voluntad de Dios. ¡El hombre depende absolutamente de Dios!

Estos son los dos derechos fundamentales de todo ser humano.

Dios ha creado al hombre: le ha dado una naturaleza humana, con una razón, con una voluntad libre. Y Dios quiere que el hombre construya su vida para Dios. Y sólo para Dios. Y, por lo tanto, use su naturaleza humana, su mente y su voluntad humana, su libertad, para Dios, para hacer las obras que Dios quiere.

Por eso, Dios pone en la naturaleza humana, su Ley Eterna. Para que el hombre, con su libertad, tienda hacia este fin, que es el propio de su vida, que es el único en su vida.

Y si el hombre no hace esto, Dios lo castiga.

«No se puede ocultar una verdad: cada persona tiene el derecho de practicar la propia religión sin ofender». Esto no es una verdad. Esto es una mentira.

Cada persona tiene la obligación moral grave de abrazar y de ejercer la verdadera religión. No la propia religión de cada uno; la que cada uno con su mente se fabrica.

Sólo hay una religión positiva verdadera: la que se funda en la naturaleza humana y contiene dogmas, ritos y doctrina revelados por Dios. Y ésta es sola la Iglesia Católica.

Cada persona está obligada a investigar en una religión positiva si ésa es la verdadera, la auténtica. Si ésa es la que Dios ha revelado y ha dado sus leyes para que el hombre dé culto a Dios en ella. Y si no lo es, el hombre está obligado a seguir buscando la verdadera religión.

Pero ninguna persona tiene derecho a inventarse ninguna religión ni a practicarla.

La religión que no se fundamente en la naturaleza humana, es decir, en la ley natural, y que no haga depender al hombre totalmente de Dios, eso no es religión. Eso se llamará lo que el hombre quiera. Hay más de cuarenta mil sectas e iglesias distintas, con sus nombres variados. Toda son un bulo, un engaño.

La religión verdadera es para dar culto verdadero a Dios, con la mente y con la voluntad libre del hombre. El hombre se somete a unos preceptos divinos para realizar ese culto.

Hablemos claro: Bergoglio habla su idealismo.

Como el hombre es el que tiene el concepto del bien y del mal, entonces la obligación moral de buscar a Dios, de dar culto a Dios no procede de Dios, no está en su misma naturaleza humana, no está en lo que Dios revela, sino viene del mismo hombre: de su mente humana. El mismo hombre, en su idea del bien y del mal, busca a Dios, el concepto de Dios; la religión, el concepto de religión; la iglesia, el concepto de iglesia. Consecuencia: cada persona tiene derecho a estar en su religión, en su culto, en su iglesia, pero sin ofender al otro.

¡Sin ofender la libertad de pensamiento!

¡Pero puedes ofender a Dios lo que te dé la gana!

¡Este es el fariseísmo de Bergoglio y de muchos que se dicen católicos!

«Dos: no se puede ofender o hacer la guerra, matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios». Otra gran mentira, con mayúsculas.

La ley del Islam, que castiga con la muerte toda blasfemia contra Alá o su profeta, no fue inventada por los musulmanes, sino promulgada por Dios:

«Saca del campamento al blasfemo; que cuantos le han oído le pongan su mano sobre la cabeza, y que toda la asamblea le lapide. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Quienquiera que maldijere a Su Dios llevará sobre sí su iniquidad; y quien blasfemare el Nombre de Yavhé será castigado con la muerte; toda la asamblea lo lapidará. Extranjero o indígena, quien blasfemare el Nombre de Yavhé morirá» (Lev 24, 15-16).

Hoy, como queremos un Dios de ternuritas, entonces nos pasamos esta Palabra de Dios por la entrepierna. Y entonces, decimos una blasfemia: no se puede matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios.

Bergoglio ha blasfemado contra Dios. Dice que su Palabra es una mentira. Que Dios se equivocó cuando se escribió el levítico.

Dios está mandado matar al blasfemo, y lo manda a Su Pueblo, a través de Moisés.

¿Qué hicieron los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín con Jesús? Aplicaron la Sagrada Escritura: como te haces Hijo de Dios, eres un blasfemo, a la muerte.

Aquellos Sacerdotes, en su fariseísmo, creían en la Palabra de Dios: Dios manda castigar en Su Nombre. Dios manda matar en Su Nombre.

¿Qué le mandó Dios a Abraham? Matar a su hijo.

¿Qué hace San Pedro con Ananías y Safira? Obrar una Justicia Divina.

Toda la Sagrada Escritura está llena de ejemplos en los cuales Dios daba la victoria a su pueblo con las guerras.

No hay que negar la Palabra de Dios para complacer a los hombres.

No hay que negar la Palabra de Dios para callar la maldad de la ley musulmana: ellos no matan porque Dios se lo manda, sino porque el demonio se lo manda. Es una religión del demonio.

Bergoglio, en su fariseísmo, no cree en la Palabra de Dios. Siempre da una vuelta, siempre la reinterpreta a su manera, para acabar diciendo su blasfemia: «Como se comprenderá, también nosotros fuimos pecadores en esto, pero no se puede matar en nombre de Dios, esta es una aberración. Se debe hacer con libertad y sin ofender».

Anula todas las guerras santas que se describen en la Sagrada Escritura, anula todos los mandatos de Dios a almas que vivían la verdad, para decir su estupidez, una vez más.

No se puede matar en nombre de Dios…, y ¿por qué dices que el Corán es un libro de paz?

Estas son las aberraciones de este hombre. Habla sin lógica. Se contradice constantemente. Bergoglio no ataca a los musulmanes, sino a los que tienen una idea fundamentalista.

Los musulmanes tienen «el derecho de practicar la propia religión sin ofender»: los musulmanes están en la verdadera religión. Pero que no ofendan. Que quiten la idea fundamentalista. Tienen que evolucionar en su pensamiento como los católicos ya han evolucionado:

«pero pensemos en nuestra historia: ¡cuántas guerras de religión hemos tenido! Pensemos en la noche de San Bartolomé. Como se comprenderá, también nosotros fuimos pecadores en esto».

También fuimos pecadores en esto…, ahora no los somos: ahora hemos evolucionado el dogma, hemos cambiado la Sagrada Escritura; ahora son otras interpretaciones: las propias de la masonería.

Hoy el hombre está en los suyo, es decir, en la idea del masón: el horror homicida fundamentalista y el fanatismo intolerante. En esta idea, los hombres están dando vueltas para aceptar la blasfemia de Charlie Hebdo y de todos aquellos que se pasan la vida blasfemando contra Dios, apelando a su libre pensamiento, y queriendo no ver la realidad de los musulmanes. No todos son malos. En ellos, como en todas las demás religiones, hay fundamentalistas y fanatismo.

Esto es lo que enseña Bergoglio: hay que reivindicar la tolerancia, la laicidad y la libre expresión, para reaccionar ante todo terrorismo, que es un idea fundamentalista, cerrada en sí misma, obsesiva, enferma, corrupta.

Es hablar al hombre de manera psiquiátrica, no de manera espiritual: no se le dice la verdad revelada, sino la verdad que conviene, que gusta a los hombres. La verdad inventada por la cabeza del hombre.

«En cuanto a la libertad de expresión: cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común».

Tienes derecho a blasfemar: tienes derecho a decir lo que piensas si eso vale para el bien común.

Y la libertad no es una función social: no es para un bien común. La libertad es para cumplir la ley natural: para un bien privado. Y sólo así, cumpliendo lo natural, se puede cumplir, se puede hacer un bien común, un bien social.

Bergoglio habla de su comunismo, en el cual la propiedad privada, el derecho que tiene el hombre a poseer sus bienes es siempre un bien común: el hombre está obligado (no tiene libertad) a hacer un bien común, un bien para el otro. Eso es el idealismo kantiano, que tanto le gusta a Bergoglio, que le hace desembocar en su comunismo, que es la utopía del bien común, del gobierno mundial, de la iglesia para todos.

«Estás obligado a decir lo que piensas»: el hombre no tiene libertad para callar, para poner la otra mejilla, para guardar silencio, para humillarse ante los improperios de los otros. Está obligado a decir algo.

Y, entonces, tiene que ir en contra de la misma Palabra de Dios:

«si el doctor Gasbarri, que es un amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo. No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás»

¿Dónde queda:

«al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra» (Mt 5, 39)?

Esta Palabra de Dios no sirve para resolver el problema. Estas obligado a decir lo que piensas para el bien común, para construir una sociedad justa, armoniosa, redimida.

Si alguien ofende a tu mamá, entonces practica la virtud. Y si no puedes sujetar tu ira, entonces huye de aquel que te tienta en la virtud. Pero si caes en el pecado, una vez que has puesto los medios para no pecar, entonces sólo caes por debilidad, no por malicia. Arrepiéntete por tu pecado.

Pero si no practicas la virtud y te dejas llevar, entonces pecas por malicia. Es más grave tu pecado, pero si te arrepientes, hay perdón de Dios.

Esto es lo que un Papa legítimo tiene que enseñar.

¿Qué enseña Bergoglio? Su idealismo.

«El Papa Benedicto, en un discurso habló de esta mentalidad post-positivista, de la metafísica post-positivista, que llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista. Y esta es una herencia de la Ilustración. Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás».

Primero: ¿qué cosa dijo el Papa Benedicto XVI?

«En el mundo occidental domina ampliamente la opinión de que solamente la razón positivista y las formas de filosofía que de ella derivan son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo perciben precisamente en esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón un ataque a las convicciones más íntimas. Una razón que frente a lo divino es sorda y margina la religión al ámbito de las subculturas es incapaz de incluirse en el diálogo entre culturas» (ver texto).

La razón, cuando se cierra a Dios, a la Revelación de Dios, entonces genera lucha de culturas, enfrentamiento entre los hombres. Esto es lo que dice este párrafo.

¿Cuál es la interpretación de Bergoglio?

«llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista». Ha torcido el pensamiento del Papa Benedicto XVI: las religiones son una especie de subculturas. Y no tiene nada que ver con lo que dice el Papa, que habla de la relación entre fe y razón.

Bergoglio está en lo suyo:

«Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás». No juzgues. Y, entonces cae en una contradicción:

¿No dices, Bergoglio, que

«cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que pienso para apoyar el bien común»?

Entonces, tengo que decir que los musulmanes no son una religión que sirva para el bien común: ni para la familia, ni para la sociedad, ni para la iglesia, ni para nada.

Estoy obligado a decir esto: tengo «la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común». Por tanto, tengo que juzgar, tengo que hablar mal de los musulmanes, tengo que decir la verdad de los musulmanes, tengo que burlarme de sus ritos y de sus doctrinas porque son un engaño para todos.  No puedo tomarlo como algo verdadero, como algo serio, algo que dé fruto para el alma.

El mismo Bergoglio se contradice porque está en su idealismo: en su idea. Por eso, Bergoglio tiene que chocar con todo el mundo. Bergoglio no quiere que la gente se burle de los pensamientos del otro, pero sí quiere que la gente siga blasfemando contra Dios. Por defender al hombre, ataco a Dios. ¡Qué gran locura!

El mismo Bergoglio dice que es un loco:

«¿sabe usted que yo tengo un defecto? Una buena dosis de inconsciencia». Se está describiendo en lo que es: un loco de su idea humana. Un vividor de su herejía. Un hombre que obra su orgullo, cada día, en la Iglesia y que nadie le dice nada.

Y esto va a ser la ruina de muchas almas: callan ante un loco, cuando tienen la obligación de hablar clarito a las almas.

Hablemos claro: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica. Porque no dice una sola Verdad.

Esto es lo que muchos no creen ni quieren creer: tienen a ese personaje como su papa. Allá ellos. No son de la Iglesia Católica. Porque en la Iglesia Católica se sigue al que enseña la Verdad Absoluta. No se puede seguir al que enseña sus verdades relativas universales.

Hablemos claro: si sigues a Bergoglio te vas a condenar. No puedes obedecer la mente de un hereje. Es un pecado, no sólo grave, sino de blasfemia contra el Espíritu Santo. En Jesús no había ninguna herejía. En Bergoglio están todas las herejías. ¡El que lea entienda! Y si no quiere entender, nos da igual.

La raíz espiritual de las guerras entre los hombres

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El mundo de los hombres tiene su reflejo por la batalla espiritual entre ángeles y demonios. Esa lucha se inicia en la Creación, cuando Dios crea a los espíritus. Hubo una división, un cisma, que hizo que dos mundos espirituales se opongan siempre.

El misterio del pecado de Lucifer no se puede comprender desde lo humano, sino que es necesario meterse en ese mundo invisible, y entender cómo vive un espíritu y cuál es el fin de su existencia.

La vida de un espíritu y su fin son totalmente diferentes a la vida de un hombre y el fin que Dios le ha puesto.

El espíritu es para Dios, no para los hombres. Dios es Espíritu, no es carne, no es algo material. Y crea ángeles para una obra sólo espiritual. El ángel no es para una obra humana. El hombre es para algo humano. Pero el ángel sirve al hombre para que éste encuentre el sentido de su vida, no sólo humana, sino espiritual.

Cuando Dios crea al hombre, le da un espíritu. Y ese espíritu humano sólo pertenece a Dios; no es del hombre. Es un don de Dios a la naturaleza humana para que pueda entrar en el mundo espiritual. Sin el espíritu humano, el hombre sólo vive para lo humano, pero es incapaz de amar a Dios, que es Espíritu. Sólo se puede amar a Dios con Su Espíritu, en Su Espíritu, desde Su Espíritu.

El hombre es alma, cuerpo y espíritu; es decir, es un ser espiritual. No es sólo un ser racional: no sólo posee una mente, una razón, una luz natural. Posee la inteligencia del Espíritu, que es la Mente de Dios. Posee una luz espiritual.

Pero, en esta naturaleza espiritual, el hombre necesita, no sólo tener un espíritu, sino ser hijo de Dios. Dios crea a los ángeles y a los hombres, pero no son hijos de Dios. Son seres que Dios crea, con una naturaleza propia y dependientes de Dios. Para que los ángeles y los hombres sean hijos de Dios, es necesario la Gracia. La gracia es la misma vida de Dios en la criatura dependiente de Él. Esa vida divina es distinta a la vida del Espíritu. Dios es Espíritu, pero su Vida son Tres Personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La Vida Divina es la Vida del Padre, que engendra a Su Hijo en el Espíritu. Es la relación entre estas Tres Personas Divinas. Es el Amor de los Tres. Es la Obra de los Tres. Es la Vida de los Tres.

«Era la Virgen santa en el cuerpo y en el espíritu, y podía decir con especialidad: Nuestro trato es en el cielo. Santa era, repito, en el cuerpo y en el espíritu, para que nada dudes acerca de este acueducto. Sublime es en gran manera, pero no menos permanece enterísimo. Huerto cerrado es, fuente sellada, templo del Señor, sagrario del Espíritu Santo. No era virgen fatua, pues no sólo tenía su lámpara llena de aceite, sino que guardaba en su vasija la plenitud de él» (San Bernardo, En la Natividad de la Bienaventurada Virgen María -Sermón llamado «Del Acueducto» (8 de septiembre)).

Dios crea al hombre con tres cosas: alma, cuerpo y espíritu. Pero también le da la Gracia. Adán fue creado en Gracia, pero no tenía toda la Gracia. La Virgen María fue creada en Gracia, pero en toda la Gracia.

Son dos creaciones distintas en Dios. Dios creó a Adán del polvo de la tierra; pero la Virgen María fue creada del Espíritu Divino. Adán, por ser polvo, puede pecar. El polvo significa no tener toda la Gracia: creado sin la Gracia Plena. La Virgen María, creada del Espíritu, es Inmaculada: no puede pecar. Dios obró en sus padres y realizó el milagro del Espíritu: crear un ser no sólo espiritual sino divino. Ese ser es una Mujer. Ya no es el hombre Adán. Adán fue creado con la capacidad de pecar; la Virgen fue creada sin la capacidad de pecar. Es la mujer la que no puede pecar. La mujer es más importante que el hombre. El hombre, al poder pecar, no es camino. La mujer, al no poder pecar, es camino. La Virgen María es el camino para encontrar a Dios. Sin Ella, no hay salvación, no hay santidad. Sin la Mujer, el Verbo no se hubiera encarnado.

El milagro del Espíritu consiste en poner en esa creación toda la Gracia, toda la Vida de Dios, esa Vida de las Tres Personas, en donde no es posible el pecado.

Este milagro, Dios no lo hizo cuando creó a Adán: lo creó de la nada, pero no con toda la Gracia. Y este misterio divino en la creación de Adán es diferente al misterio divino en la creación de la Virgen María.

Por un hombre, Adán, vino el pecado en el mundo; por una mujer, la Virgen María, el hombre se encontró con la Verdad de su existencia humana: una vida para no pecar. La Virgen nos dio a Jesús, que es más que un hombre: es Dios y Hombre verdadero. Jesús no es un hombre como todos los demás. Jesús es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se muestra en una carne humana, pero que no es un mero hombre, no es una persona humana. Y, por tanto, Jesús no necesitaba una vida humana como la entienden los hombres. Y su misión como Hombre era sólo realizar la Obra Redentora, que el Padre quería para salvar al hombre de Lucifer.

arcangel San Miguel

Dios creó a los espíritus, pero uno de ellos, Lucifer, se rebeló. Lucifer, que es espíritu puro, es decir, no tiene materia, no es creado de la materia, pecó: eso quiere decir, que cuando Dios lo creó no puso en él toda la Gracia. Lucifer tenía la capacidad para pecar. Por eso, no se mantuvo en la verdad de su ser, sino que se rebeló contra esa verdad. Y, a partir de ahí, comienza la batalla espiritual, en el Cielo, entre los ángeles que no pecaron y los que pecaron: ángeles y demonios.

El Misterio del pecado en los ángeles no se puede comprender. Si Lucifer pecó, porque no tenía toda la Gracia, entonces los demás ángeles que se mantuvieron en la gracia ¿por qué se mantuvieron? ¿Tenían todos toda la gracia para no pecar? Si el ángel más bello en la creación espiritual de Dios fue Lucifer, y éste no tenía toda la gracia, entonces lo demás tampoco, y ¿por qué unos pecaron y otros no?

El Misterio del pecado es algo que no se resuelve en este mundo. El mal siempre va a estar ahí, de una manera u otra, porque también estuvo al principio de la Creación espiritual de Dios.

Cuando Dios crea a Adán, el demonio está presente: siempre el Mal acompaña a una acción divina. Siempre el Mal imita la misma obra de Dios. Allí donde Dios está, también está el demonio.

Adán peca por el demonio, no por sí mismo. Adán no se mantuvo en la verdad, que Dios le dio en el Paraíso, sólo por la obra del demonio en Eva. El demonio trabajó en Eva para hacer caer a Adán en el pecado. El pecado es siempre la obra de Lucifer. Lucifer, en su caída, arrastró a muchos ángeles a su obra luciferina. Quien tienta a Eva, en el Paraíso, es Satanás, no Lucifer. Lucifer es el orgullo; Satanás es la soberbia. Satanás habla a Eva: le da razones para pecar. Eso es la obra de la soberbia. La obra del orgullo es levantarse sin más, aunque no se posea una razón. El orgulloso no mira razones, verdades, ideas. El orgulloso sólo se mira a sí mismo: quiere estar arriba, elevado, porque se ama sólo a sí mismo. Y, aunque encuentre una razón para no enorgullecerse, la deja siempre a un lado; nunca hace caso del razonamiento, ni siquiera lógico.

La obra de Satanás en Adán es crear una humanidad que batalle contra la humanidad que crea Dios: es la lucha entre los hijos de Dios y los hijos de los hombres.

Adán fue el padre del pecado: en él, todo hombre peca. Es decir, todo hombre nace como un demonio, como hijo de hombre. No nace como hijo de Dios. No nace en Gracia. Adán fue creado en Gracia; los hombres, por el pecado de Adán, nacen todos en desgracia; es decir, sin la gracia. Nacen con un espíritu, pero no poseen la vida de la gracia.

Desde el pecado de Adán, la humanidad se divide en dos siempre: los hijos de Dios y los hijos de los hombres: los que están en gracia y los que viven en su pecado. Y, por eso, desde Adán, siempre hay guerras. Y no puede no haberlas. Es necesario que los hombres se maten. Es una ilusión, es una fábula, tener un mundo de paz. Sólo es posible la paz cuando no se da el pecado. Pero siempre que hay un pecado, hay una guerra.

Todas las guerras que se dan entre los hombres son porque entre ángeles y demonios hay una lucha. La lucha entre los hombres es por una lucha entre los espíritus.

La primera y segunda guerra mundial es un asunto espiritual, no humano. En lo humano, venció el comunismo en la primera guerra; en la segunda, el sionismo.

Caín mató a Abel: venció el demonio de Caín al ángel bueno en Abel. Los demonios toman posiciones en la lucha espiritual con los ángeles. Esas posiciones son en los hombres: poseen a los hombres, los obsesionan, los llevan a estados de pecado. Caín es hijo del hombre: no tiene gracia. Abel es hijo de Dios: tiene la gracia. Cuando Caín mata a Abel, Caín queda poseído de un demonio para siempre. El demonio tomó posición en los hombres. Y llevó a toda la generación de Caín a batallar contra los hijos de Dios.

En la primera guerra mundial, vence el comunismo y entonces hay una posesión demoniaca en todo el país de Rusia. Por eso, la Virgen pide la consagración de Rusia: es la única manera de quitar esa posesión. A partir de esa guerra, el comunismo se va afianzando, consolidando, siendo una fuera política, económica y humana-militar.

En la segunda guerra mundial, vence el sionismo: los judíos, el estado de Israel. Y vence, precisamente, luchando contra el fascismo, el nazismo, que es la fuerza demoniaca para anular al pueblo judío. Pero este pueblo judío es otra fuerza del demonio. Son dos fuerzas espirituales, en el mismo bando, es decir, son demonios los que luchan entre sí y mueven a los hombres a luchar, para conseguir entre los hombres un fin: poner el estado de Israel.

Ninguna de las dos guerras mundiales fue justa: es decir, nunca intervino Dios en ellas. Fueron guerras provocadas por los mismos demonios, por los mismos hijos de los hombres. Los hijos de Dios sufrieron en esas guerras. Unos actuaron matando hombres. Otros no. Sólo a Dios le compete juzgar la actuación de los hijos de Dios en esas guerras. Pero el fin de las guerras lo llevaron a cabo los hijos de los hombres, no los hijos de Dios.

Entre Caín y Abel, la guerra espiritual fue entre el demonio y el ángel bueno. Venció el demonio en esa batalla.

Pero en estas dos guerras, fueron los demonios, no los ángeles. Y no hubo vencidos entre los demonios, sino sólo entre los hombres: vencieron todos los demonios, porque consiguieron en los hombres lo que se proponían.

Cuando Dios no se mete en una guerra, entonces siempre el agresor es injusto. Y lo es de ambos lados. Y cuando ambos lados son injustos, entonces no hay que meterse a solucionar nada, porque no se lucha por una Justicia, sino por una injusticia.

Al agresor injusto sólo se le ataca en la justicia, no en la injusticia. Porque, en la injustica, el agresor no atiende a razones. Por eso, hay muy pocas guerras justas, santas, que Dios quiera. En el AT, hay ejemplos de esas guerras. En nuestros días, ninguna guerra es justa. Todas están llenas de intrigas, malas intenciones, intereses creados, etc.

Lo que hace ISIS es claramente demoniaco: son los musulmanes que se levantan contra el sionismo. Son los mismos demonios quienes provocan esta matanza. Y lo que tiene que hacer el hombre en esto es no involucrarse, sino dejar que ellos mismos acaben su pelea. En el momento en que otras naciones quieren tomar parte en esta guerra sectaria, viene todo el problema.

La idea del demonio es siempre que el hombre atienda a la obra del pecado. El demonio levanta a un grupo, ISIS, bien armado y patrocinado, con cifras de 2 billones de dólares a su disposición, que está operando en Irak y estableciéndose por toda Siria y Jordania, para un plan concebido desde antiguo. Es el inicio del plan para crear un enorme conflicto de dividir y vencer, entre los musulmanes chiitas y los sunitas. Es una guerra sectaria, entre ellos. Y, por supuesto, no para ellos, sino para involucrar a todo el mundo.

Si los hombres tuvieran fe verdadera en Dios, si vivieran en la Gracia Divina, con la oración y con la penitencia, se acaban todas las guerras. Sólo con la fuerza espiritual, los hijos de Dios vencen a los hijos de los hombres. No se vencen con armas, con planes militares.

Pero como los hombres no viven en Gracia, entonces ante lo que hace ISIS entran en el juego de los demonios.

La primera y segunda guerra mundial es un plan demoniaco en la humanidad: un plan fabricado por el mismo demonio para poner el Anticristo. Ese plan nació cuando el demonio pidió permiso a Dios para destruir la Iglesia (cf. visión de León XIII). En ese plan del demonio, está la tercera guerra mundial.

Una vez que ha conseguido poner el comunismo y el sionismo, que son las dos fuerzas claves para su gobierno mundial, tiene que crear una destrucción que atraiga la atención de todo el mundo. Para eso, coge la fuerza militar del islam, que nació para destruir toda la Cristiandad. Y esa fuerza militar la pone en contra del sionismo, sólo para captar la atención, para crear un vórtice y hacer que todo el mundo se involucre. Y, claro, en la medida que cortan cabezas de gente de todos los países, no sólo de sacerdotes, sino de civiles…, las distintas naciones se irán armando contra ISIS.

No hay que caer en el juego del demonio: ver eso como una agresión injusta que pide defenderse con las mismas armas. Es todo injusto en eso. ISIS es sólo un montaje de los Illuminati para poner el desorden que el mundo necesita para establecer el nuevo orden mundial. Sólo se para a ISIS con oración y penitencia.

Pero, he aquí el problema, el grave problema: en la Iglesia no hay una cabeza espiritual, que haga oración y penitencia por los pecados. Quien guía a la Iglesia, en la práctica, es un masón, que ha quedado engañado por el mismo juego político de los hombres, y que apoya la intervención militar contra ISIS. Un masón que proclama que todos los hombres son hermanos y que, por tanto, desconoce la realidad del islamismo. El islamismo nació para aniquilar a los hombres. Y es lo que contemplamos: están cortando cabezas. Porque ellos no ven a los hombres como hermanos, sino como enemigos.

Lo grave es que, aunque se pida oración y, aunque las almas oren y hagan penitencia, no hay una fuerza espiritual para vencer a los demonios.

Si la cabeza legítima no gobierna la Iglesia, el demonio vence en todas las partes del mundo porque no encuentra oposición, sino una aceptación de su juego. El plan del demonio es involucrar a todo el mundo en su juego, para crear un desorden mundial en todas partes, porque lo que se trata es de formar un estado global, con un gobierno global y un ejército global, que rija a toda la población mundial. Para eso se necesita un problema mundial.

ISIS es la pieza clave para dar paso a lo que bien podría ser el desencadenamiento de la Tercera Guerra Mundial: es el problema mundial para poner una solución mundial.

El demonio es muy astuto. Y estamos en el tiempo del Anticristo. Y, por tanto, tiene que verse la tercera guerra mundial. Hay que sufrir esa guerra, ese desorden en todas partes.

Cuanto más se vayan involucrando las naciones en el problema creado por ISIS, más cerca está la tercera guerra mundial. Si los hombres, de verdad tuvieran fe en Cristo, todo esto no hubiera pasado.

Si la Jerarquía de la Iglesia hubiera obedecido a la Virgen consagrando a Rusia, las cosas serían de otra manera. Pero nadie hizo caso a la Virgen cuando pidió la consagración. Nadie hizo caso cuando fue leído el tercer secreto de Fátima: la Jerarquía se metió en un Concilio que Dios no quería, que abría el campo para la desunión en toda la Jerarquía de la Iglesia.

Nadie ha hecho caso a los diversos profetas que el Señor ha puesto en estos años para que la Jerarquía viera los errores en que estaba metida. Y, de esa manera, la Jerarquía infiltrada –la masonería- se ha hecho con el poder de la Iglesia.

Y ahora tenemos una Jerarquía Apóstata de la fe, que juega con el demonio y lleva a todo el Rebaño fuera de la Iglesia que ha fundado Cristo en Pedro. Han construido un falso Cristo: el Cristo cósmico; y una falsa Iglesia: universal, donde entran todos. Y eso ya se puede percibir. Y eso está en unión con la tercera guerra mundial.

Porque hay que provocar un cataclismo social en que la gente ya no crea en los hombres espirituales: que la gente se desilusione de tantos sacerdotes, obispos, cardenales, que viven como uno de tantos; que la gente vea que ya la Iglesia Católica es como todas las demás y, por tanto, ya no es seria; que la gente entienda que cualquier espiritualidad vale para salvarse.

Como los hombres siempre están ansiosos de creer en algo, de buscar una espiritualidad, una religión, entonces ante el desastre que ven, sin una Verdad, sin una guía, sin una luz verdadera en la fe, aparece el Anticristo con su doctrina, que es la misma que la de Lucifer: el orgullo de vivir, aunque la mente esté pervertida por muchas ideas, filosofías, teologías, errores, mentiras, falsedades, engaños… No importa la idea; lo que interesa es vivir la vida en paz y, por tanto, alzarse contra el que no quiera esa doctrina luciferina.

Bergoglio ya lanzó esa idea: vive y deja vivir. Eso es Lucifer. Vive su rebelión contra Dios, independientemente de cualquier idea.

Por eso, en la Iglesia se ha iniciado la división de la Verdad, que es triturar toda la verdad para que no quede nada de ella. Y los hombres vivan de cualquier manera buscando sólo su orgullo.

Cuando no hay una norma de moralidad entre los hombres, entonces las guerras se hacen justas y santas. Es lo que quiere el demonio con ISIS: que todos vean la necesidad de entrar en batalla y parar eso.

Es todo un montaje de los hombres. Por supuesto, de esos hombres que nadie conoce, pero que mueven todos los hilos de todos los gobiernos en el mundo.

El flashmob es satánico: Brasil una profanación

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«Es evidente que muchos pecan gravemente en el baile. No contribuyas, con tu cooperación, a que otros pequen» (P. Jorge Loring).

Los católicos no pueden ser masa, sino personas que imiten a Cristo. Y lo hagan para obrar lo divino, lo santo, en la Iglesia. No se imita a Cristo para hacer obras humanas, profanas, materiales, sociales. Se imita a Cristo para hacer la obra que el Padre quiere siguiendo la Palabra de Su Hijo.

Los católicos ya no son de Cristo porque no creen en la doctrina de Cristo. Sólo creen en sus mentes, en sus ideas, en sus filosofías, en sus teologías, pero nadie cumple con la ley de Dios, nadie cree en el Dios que se Revela a Sí Mismo. Todos creen en lo que ellos entienden de esa Revelación Divina. Y, por tanto, se tiene que dar lo que vemos: algo que ya no tiene vuelta atrás.

Esto es ya irreversible. Lo que pasa en Roma, lo que ha hecho Francisco en el Vaticano. Es un monstruo de maldad que todavía los hombres no saben apreciarlo porque no tienen vida espiritual, no viven de la fe verdadera, sino que se han inventado, cada uno, su fe, su creencia, su forma de dar culto a Dios.

El flashmob es satánico: nace de la idea budista en que todo es mente, es decir, un pensamiento es una cosa y, por tanto, se convierte en un suceso, en una enfermedad, en un premio, en una felicidad, en algo para el hombre, para el mundo.

Todo está en tener pensamientos positivos, bellos, populares, agradables, para encontrar la felicidad en el mundo, para hacer feliz a los demás. Si se tienen pensamientos negativos, entonces la gente te rechaza, te mira mal. Por eso, es necesario ya no hablar del pecado, de la moral, del infierno, de la cruz…porque hay que buscar un bien común, un bien para todos, un bien para hacer un mundo que agrade a todos.

Para esta filosofía, la vida es la encarnación de una creencia, de algo que cada uno tiene en su mente, en su subconsciente. Y, por lo tanto, es necesario manifestar esa creencia y hay que saber manifestarla sin hacer daño al mundo, a los demás.

Todo está en crear un mundo bueno con pensamientos buenos, agradables. Y, por tanto, se trata de manifestar la idea de cada uno en los demás. Y hay que manifestarla de forma que los demás la acepten, no vean en ello nada malo.

Hay que hacer vibrar a los hombres con esa idea. Hay que moverlos hacia esa idea. Porque lo que importa es la idea buena: tengo fe, amo a Dios, amo al prójimo…. Y esto hacerlo que todos lo coreen, todos lo bailen, todos se sientan a gusto con esta idea.

El flashmob es el experimento de idiotización de las masas: cómo hacer que la masa diga las frases que quiero y se muevan a hacer lo que quiero. La idea es lo que importa. La intención sólo la conoce el que promueve ese flashmob. Los demás, como borregos. Y como son cosas que, aparentemente, no son malas, entonces todo el mundo a hacer el idiota.

El flashmob es una superstición, es decir, cuando se realiza con un fin de dar culto a Dios, se convierte en un modo indebido de dar la criatura culto a Dios. Es un pecado hacerlo en una celebración como la de Brasil.

Porque, para adorar a Dios, es suficiente con Su Palabra: no hay que inventarse palabras fijas, repetitivas, nemotécnicas, que sólo señalan el poder de la mente: piensas en algo bueno, dices esa idea y lo tienes al momento. Te sientes con vida, con gozo, con alegría.

El flashmob es llevar este poder mental a la masa, es enfocar la mente de muchos hacia una sola cosa: sentirse bien, agradable, haciendo idioteces.

El pensamiento no es una cosa. La idea que la razón piensa no es un ser en lo exterior, no es algo real en lo exterior. Cuando se obra esa idea, cuando se pone la voluntad para obrar esa idea, cuando la persona la ejecuta, entonces aparece la cosa. Pero la sola idea en la mente no es una cosa, no es algo real externo. Es algo real, pero que permanece en la cabeza del hombre. El hombre no tiene poder en su mente para sacar su idea de la mente y que se refleje en la realidad sin su voluntad. En esta filosofía, se enseña cómo hacerlo. Por supuesto, que esa enseñanza es la propia del demonio.

En este poder mental, ellos piensan que existe una inteligencia que cuida el cuerpo, que cuida la vida. Y, por tanto, esa mente subconsciente, ese poder mental, está trabajando sin cesar para que el hombre busque el bienestar común. Y lo que obstaculiza este trabajo son las ideas, los pensamientos negativos, es tener una vida enferma, débil… Por eso, el trabajo de hombres que ya no viven la fe verdadera, que ya no creen en la Verdad Absoluta, es ir metiendo esta doctrina del demonio en la Iglesia. Y es muy fácil introducirla predicando el comunismo y el protestantismo, que es lo que hace Francisco: dar ideas bellas a todo el mundo, para moverlos hacia esa belleza del lenguaje humano. Así trabaja siempre la masonería: imponiendo una idea que agrade a todos, que mueva a todos, que parece inofensiva, pero que trae mucho daño a la vida espiritual.

No hay un solo mandamiento de la ley de Dios que el baile no quebrante. Los rompe todos, pero las almas no saben discernir esto.

Los hombres no tienen que fijarse sólo en lo sensual del baile. La cabeza de San Juan Bautista fue el precio de una danza. La danza no fue sensual o sexual. La danza fue para matar a un hombre, para someter la inteligencia de un gobernante. Hay que mirar el baile de esta manera.

El flashmob de Brasil es para someter a la masa de los católicos a una idea bonita, agradable, pero que iba en contra de la Voluntad de Dios: hay que dar culto debido a Dios para no caer en superstición. Primer mandamiento de la ley de Dios.

Como no se cumplió este primer mandamiento, entonces se peca con el segundo: se nombra el nombre de Dios en vano: no se puede llamar a Dios en un sacrilegio, en un culto indebido. Es una injuria, porque la piedad con Dios exige una reverencia, un respeto hacia Él. Cuando se adora a Dios hay que hacerlo en Espíritu y en Verdad. No se puede traer a Dios por testigo de una oración injuriosa, sin verdad. Cantar, mover los brazos, decir unas frases bonitas eso es una oración injuriosa a Dios.

No se puede dar honor a Dios, valiéndonos de su nombre para pedir o mandar lo que deseamos se haga, con frases bonitas, con danzas, con movimientos corporales. Si se hace esto, inmediatamente, los demonios poseen a esas personas: están en el juego de sus ideas. Y, por tanto, lo que obra no santifica, sino que condena al alma y al conjunto de los que participan en esa celebración. Se convierte, no sólo en un pecado del alma, sino en un pecado social de muchas almas: un pecado de la Iglesia como Cuerpo Místico, que trae consecuencias a toda la Iglesia. Un castigo divino.
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El culto exterior que se da a Dios en esa fiesta no santifica la fiesta: va en contra del tercer mandamiento. La Misa que celebraron no santificó a nadie. No hubo ninguna devoción en esa Misa. Y, por las obras se conocen: Jesús fue administrado en vasos de papel, de cualquier manera. Luego, la gente que estaba allí, estaba no con piedad, ni con devoción, no buscaron lo sagrado, lo santo. Eran católicos tibios y pervertidos que les daba igual lo que se hiciera allí. Hacían todo según la masa, según otros les indicaban.

La Jerarquía de la Iglesia no dio muestras de amor a sus súbditos: no cuidaron sus almas, no les enseñaron cómo comulgar dignamente en esas circunstancias. No administraron la Eucaristía con el respeto, con la santidad, que merece el Señor. Y, por tanto, fallaron en el cuarto mandamiento. Y el rebaño, también falló, porque sólo está obligado a obedecer a la Jerarquía cuando manda lo que es justo, lo que no es pecado. Por tanto, había que negarse a recibir a Jesús de manos de personas no consagradas y con vasos de plástico, en donde estaba Jesús. Y tampoco se podía recibir la Eucaristía de sacerdotes con canastas profanas.

En el baile están todos los pecados y todos los demonios. Allí donde los sacerdotes matan espiritualmente al Señor, al tratarlo de manera sacrílega, se mata a las almas. No se puede asistir a una misa que no sea religiosa, donde haya claramente sacrilegios, profanaciones, supersticiones. Si se va, entonces se falla en el quinto mandamiento: el alma y el cuerpo se expone a un peligro. Y no importa que el peligro para el cuerpo sea remoto. Lo que sufre es el alma en ese lugar. Y es un peligro próximo, inmediato, para el alma, porque pierde la Gracia.

Si un alma no va con devoción a una misa, es claro que se encuentra con facilidad con cosas que van en contra del sexto y noveno mandamiento. Es claro que la mentira, el engaño, la falsedad, la hipocresía son el caldo de cultivo en esas celebraciones. Y es claro que se roba, no sólo la dignidad de la persona humana, sino su alma. Se utiliza al hombre como experimento de una estupidez: para hacerlo feliz en su vida, en ese rato de falsa oración, junto a un usurpador del Papado. Todos los mandamientos rompe el baile. Todos sin excepción.

«Los bailes modernos son peligrosos por sí mismos. Llevan en sí mismos un germen de desorden y un peligro de pecado. La Teología no los puede admitir en principio. La Teología los ha de rechazar y ha de suponer su inmoralidad mientras no se demuestre lo contrario. Los distintos matices que tienen las diversas clases de estos bailes no alteran su naturaleza. Unos serán abiertamente escandalosos. Pero todos son esencialmente peligrosos… Si admitimos que estos bailes modernos son peligrosos por sí mismos, porque encierran ocasión más o menos próxima de pecado, nuestra postura ante ellos ha de ser necesariamente prohibitiva. Y en los casos concretos, se tratará tan sólo de saber si se dan las razones y las circunstancias que la moral exige para que uno pueda ponerse en peligro de pecado…Lo más grave, a mi juicio, es que al baile moderno se le ha dado carta de naturaleza y casi de obligatoriedad en nuestra sociedad que quiere llamarse cristiana… Se impone, por lo tanto, una reacción fuerte contra este criterio erróneo tan común entre católicos. El baile moderno es un mal. Para autorizarlo se habrán de pesar las razones que justifican la permisión de un mal. En principio, una sociedad cristiana, no puede aceptarlo como un medio normal de diversión. La Teología lo condena por el desorden que lleva en sí mismo» (VICENTE ENRIQUE TARANCÓN: Las diversiones a la luz de la Teología, 2, VI. Ed.PYLSA. Mad)
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Esta ya no es nuestra Iglesia Católica, sino el invento de los modernistas que fabrican una falsa iglesia a base de marketing. Y no de otra cosa. Porque la fuerza, para ellos, está en la masa, no en el hombre, no en la idea del hombre.

La idea de un hombre no mueve al mundo. Pero la idea de la masa es lo que mueve, lo que transforma. Y hay que conseguir hombres de masa, que sepan mover a las masas incultas hacia lo que ellos quieren. Que sepan adormecerlas en cosas bonitas para que no se pregunten si eso que hacen es agradable a Dios o no. Como todo el mundo lo hace, entonces es una cosa que gusta a Dios. Como la Jerarquía lo hace, entonces es bueno y santo.

Es la trampa de la masa, que reina en el Vaticano. Ya no hay santos en Roma, sino gente masa que experimenta con la masa para que haga obras estúpidas y llenas de sin sentido. Y a eso, después lo llaman arte y demás barbaridades filosóficas y teológicas.

Sobre la fe del Papa Benedicto XVI está edificada la Iglesia

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«Respondió Satán a Yavhé: “¡Piel por piel! Cuanto el hombre tiene lo dará gustoso por su vida. Anda, pues, extiende tu mano y tócale en su hueso y en su carne, a ver si no te vuelve la espalda”. Y Yavhé dijo entonces a Satán: “Ahí le tienes; en tu mano le pongo, pero guarda su vida”» (Job 2, 5-6).

Dios nunca hace el Mal, no es vengativo, no da mal por mal; pero Dios es Justo. Y Su Justicia la obra siempre a través del demonio.

La condenación que muchas almas se merecen, no la da Dios, sino el mismo Satanás lo hace. Y la razón: porque el hombre le ha abierto las puertas de su corazón al demonio. Le ha dado su voluntad. Escucha su voz. Si los hombres, durante su vida buscan al demonio y a sus obras, entonces la vida eterna será con el demonio.

Adán siguió la mente del demonio en el Paraíso. Y eso produjo que toda la humanidad pertenezca al demonio, por la naturaleza del pecado original. Hay que comprender en qué consistió este pecado para que el demonio tenga derecho sobre todo hombre en la tierra.

Incluso, el hombre más santo, como Job, no está exento de la Justicia de Dios, es decir, de la obra de Satanás en él. Y no por su pecado, no porque ha dado su corazón al demonio, sino por el pecado de Adán, que está en Job, como en todo hombre.

Si no se comprende el pecado de Adán, no se comprende por qué Dios da a Satán el derecho de hacer daño a Job: «en tu mano lo pongo, pero guarda su vida».

El demonio puede matar la vida física de cualquier hombre y, también, su vida espiritual. El demonio tiene poder sobre todo hombre que pisa la tierra. Sólo no tuvo poder sobre la Virgen María ni sobre Jesús. Sin embargo, ambos tuvieron que sufrir los asaltos del demonio, por ser los Redentores de la humanidad.

El pecado de Adán se opone a la Voluntad de Dios, que era formar una humanidad de hijos de Dios, es decir, de hombres llenos de Espíritu Divino y de Gracia, que tuvieran el don de engendrar, vía generación, hijos de Dios. A través del sexo, de la unión entre hombre y mujer, iba a nacer un hijo de Dios.

El pecado de Adán anula este plan original y, entonces, en toda generación humana se concibe un hijo del demonio. Todo hombre engendrado por sus padres, tiene una posesión, una obra del demonio en esa concepción humana. Por eso, la importancia de bautizar a los hijos sin esperar tiempo, desde pequeñitos, no sólo para quitarles el pecado original, sino la posesión del demonio en sus almas.

La maldad de los hombres, quitando de los ritos del Bautismo, las oraciones de exorcismo, hace que permanezca esa posesión, esa obra del demonio en el alma, aunque se bautice el niño. Los cambios en la liturgia del Bautismo han sido catastróficos para las almas. Permanece la esencia del Bautismo, pero no se quita todo cuando se bautiza a un niño. Y esos niños crecen con un demonio, que viene por generación, y que estorba su vida para Dios.

Por eso, desde hace 50 años se viene observando la escalada de todo lo satánico. No se combate al demonio en las almas desde que nacen, sino que se le deja obrar libremente y eso produce que las almas vivan, sin darse cuenta, con la presencia del demonio, y se vayan acomodando a todo lo que el demonio les va poniendo en sus vidas.

Mucha ha sido la maldad en la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Y continúa siendo enorme, porque han puesto un engaño como Papa.

Resulta sorprendente leer a personas con gran inteligencia, que ven las herejías de Francisco, pero que no saben ir al demonio. De las herejías no saben decir: Francisco no es Papa; a Francisco lo ha puesto el demonio como Papa.

Esto a muchas almas, que conocen la liturgia, el derecho canónico, la teología, la filosofía, les resulta difícil de decir. Siempre encuentran una razón para excusar a Francisco, y decir que es Papa.

Es hereje, pero como todavía reza el Rosario, como todavía se confiesa, como todavía hace buenas obras…, entonces sigue siendo Papa. Sí, el Papa Benedicto XVI renunció. Fue válida su renuncia; entonces, aunque Francisco sea hereje, hay que seguir a Francisco, porque a alguien hay que obedecer en la Iglesia…

O Francisco es Papa o Francisco no es Papa. Es necesario hacer una elección. No se puede decir que Francisco no es Papa porque ha dicho estas herejías, para después decir que Francisco es Papa porque ha canonizado a Juan XXIII y Juan Pablo II.

Para muchos ser Papa es una conveniencia: para una cosa, están con el Papa; para otras, no. O se está con Francisco como Papa; o se está en contra de Francisco por ser un impostor.

El problema de muchos es su falta de discernimiento espiritual. No creen en la Palabra de Dios. Creen en toda su filosofía, teología, moral, derecho canónico, liturgia, pero no creen en Jesús. Y, por tanto, tampoco creen en la Obra de Jesús, que es la Iglesia. Y, en consecuencia, no saben ver la obra del demonio en la Iglesia. De las herejías de Francisco no saben llegar a decir: Francisco ha sido puesto por el demonio como Papa. A esto no llegan en su teología, en su filosofía, con sus cánones, con su liturgia. Siempre encuentran una razón para decir: sí, es hereje, pero hay que seguir obedeciéndole en aquello que no sea herejía.

Así piensan muchos. Y son grandes teólogos, moralistas, liturgistas. Pero no saben nada de la vida del Espíritu. No creen. No saben creer con sencillez. No saben ser niños en su inteligencia humana.

Hay muchos caminos para ver que Francisco es un impostor, es decir, es un hombre puesto por el demonio para regir la Iglesia, que es de Cristo. Francisco no ha sido puesto por Dios, sino por el demonio.

Satán subió al cielo y le preguntó al Señor por la Iglesia, y el Señor le dijo lo mismo que cuando Job: «en tus manos te la pongo». Esto sucedió hace más de cien años, el 13 de octubre de 1884, cuando el Papa León XIII tuvo la visión: «La voz gutural, la voz de Satán su orgullo, gritando al Señor: “Yo puedo destruir tu Iglesia.”-La voz del Señor: “¿Tú puedes? Pues entonces hazlo.”-Satanás: “Para ello necesito más tiempo y poder.”-Nuestro Señor: “¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto poder?”-Satanás: “De 75 a 100 años, y un poder mayor sobre quienes están puestos a tu servicio.”-Nuestro Señor: “Tienes el tiempo, tendrás el poder. Haz con ello lo que quieras”».

La Iglesia de Cristo no es el hombre. Cristo guía a Su Iglesia a través de Su Palabra. Y Su Palabra es Profética. No es la palabra de los hombres, no es la concepción humana sobre la Iglesia. Su Palabra debe permanecer intacta en cada sacerdote, en cada Obispo, en cada Papa. Por eso, el Señor no guía su Iglesia sólo a través de Su Jerarquía; no es sólo por el mandato de los hombres cómo se hace Iglesia.

La Jerarquía tiene que servir, primero a Cristo, para poder servir a las almas en la Iglesia. Si la Jerarquía no obedece a Cristo, vano es el apostolado, la obediencia, el servicio, en la Iglesia.

Muchos, en la Iglesia, obedecen estructuras, constituidas por hombres con sus ideas de todo tipo: teológicas, filosóficas, liturgistas, canónicas, etc. Pero son incapaces de obedecer la verdad, la Palabra de Cristo que nunca cambia. Y por estar en esa estructura, pierden la fe en Cristo. Y comienzan a fabricarse su fe en Cristo, su idea de seguir a Cristo en la Iglesia, su idea de lo que es un Papa, su idea de lo que es un dogma, su idea de los que es ser hereje, su idea de la vida espiritual.

Esto es la acción del demonio durante más de 50 años: que en la Iglesia brille la idea del hombre con la cual se anule toda la Verdad. El pensamiento del hombre es lo que vale ahora en la Iglesia; ya no la Fe en la Palabra. Y, por eso, los estudiosos, al contemplar a Francisco como hereje, buscan su idea para seguir diciendo: obedezcan a Francisco. El culto a la idea del hombre, que les impide ir más allá de la idea buena y perfecta. ¿Cómo seguir siendo Iglesia con un hereje como Papa? Sigamos tolerando al hereje.

Este es el grave error de muchos por su falta de fe en la Palabra. No tienen fe. Son buenísimos como teólogos, pero no viven de fe. Esta es la soberbia más fina que el demonio sabe trenzar entre los hombres de Iglesia. Por eso, nadie es capaz de levantarse contra Francisco en la Iglesia. Si lo hacen es por debajo, por los pasillos, pero todo sigue igual: siguen dado obediencia a un impostor. Y, mientras, la Iglesia sigue hundiéndose en el pecado. Y por culpa de toda la Jerarquía, que sabiendo como son las cosas, se cruzan de brazos, porque han encontrado una razón para no hacer nada, para seguir haciendo nada, para estar atentos a ver qué hace Francisco en el gobierno, esperando una cosa buena de ese hombre, un giro hacia el bien, hacia la virtud, en ese hombre.

Este es el engaño en muchos: el demonio ha engañado a toda la Iglesia con un Papa. Es la jugada magistral del demonio para destruir toda la Iglesia con la infalibilidad de un Papa. Como el Papa es infalible, entonces puede lavar los pies a las mujeres; puede poner un gobierno horizontal en la Iglesia; puede decir sus herejías con tranquilidad; puede llamar por teléfono para indicarle a esa persona que puede pecar con tranquilidad. Y nadie se mueve porque, como es el Papa…

¡Qué gran engaño es Francisco para santos y pecadores! A todos los tiene en el engaño. Y a todos les coge por su razón, por la idea humana, por el concepto humano de lo que es la Iglesia y lo que es Cristo en sus mentes humanas.

Sólo los que viven de Fe tienen las cosas claras: Francisco no es Papa; ha sido puesto por el demonio para destruir la Iglesia. Los demás, se lían con sus maravillosos pensamientos humanos sobre Cristo y sobre la Iglesia.

Si no saben discernir las obras del demonio en la Iglesia, tampoco saben discernir sus pensamientos en su propia vida espiritual, y no llegan a ver al demonio en Francisco. No pueden llegar, porque sus pensamientos tienen un límite, una condición, un camino que no es verdadero. Y, entonces, no saben luchar contra el enemigo porque no saben verlo.

Año y medio, desde que inició la purificación de la Iglesia (diciembre del 2012) y nadie ha sabido combatir la herejía en el gobierno de la Iglesia. No han sabido entender la renuncia del Papa Benedicto XVI; no han sabido ver al impostor en Francisco, y no saben cómo funciona ahora la Iglesia. Esperan en vano. Y esperan mal. Viene un gran giro en la Iglesia. Y a todos esos que son teólogos y filósofos les va a pillar desprevenidos, porque no ven al demonio guiando la Iglesia, abiertamente, sin tapujos, sin que nadie se oponga. Sólo ven al hombre.

El demonio tiene un poder mucho mayor que el que tenía con toda la Jerarquía de la Iglesia. Y puede hacer, con ese poder, lo que quiera: “Tienes el tiempo, tendrás el poder. Haz con ello lo que quieras”.

Si no saben discernir esto en los más de cien años transcurridos, entonces, ¿a qué se dedican en la Iglesia? ¿a sus teologías, a quererlo todo dulcificar con sus ideas humanas sobre la obediencia a un Papa?

Tienen que aprender a ver al demonio en la Jerarquía de la Iglesia y, entonces, llamarán a cada cosa por su nombre. A Francisco como un impostor; a su gobierno horizontal como la idea del demonio para poner sus falsos papas en la Iglesia; a las obras de los que colaboran con Francisco como destructoras de la Verdad: desde Lombardi, que es el vocero de la herejía y del cisma, hasta el último laico que trabaja en lo económico del gobierno de Francisco. A toda esa Jerarquía que se dedica a entretener a las masas en la Iglesia como Jerarquía infiltrada; a todos esos religiosos que han hecho de su vocación una obra del demonio, como agentes de satanás, en toda la Iglesia, para cazar almas y llevarlas al infierno. Pero, ¿qué se creen que ha montado el demonio en estos cien años en la Iglesia? Se ha inventado su iglesia dentro de la Iglesia Católica, porque es la única forma de destruir la Verdad: ocultarse en la Verdad; aparentar ser verdad, ser persona santa, buena, que sigue a Dios porque es Amor y Misericordia.

Muchos no saben lo que es vivir de Fe en la Iglesia. Sólo saben seguir sus brillantes pensamientos. Y ahí se quedan. Pero no saben combatir al demonio, ni en sus almas, ni en la de los demás. Y entonces la Iglesia se vuelve un remedo de satanás.

Sólo Cristo, ahora, guía a las almas en Su Iglesia. Ya no lo hace a través de Su Jerarquía. Pero esto, a muchos teólogos les resulta incomprensible, porque viven de sus ideas en la Iglesia, pero no de la sencilla Palabra de Dios: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Sobre la fe del Papa Benedicto XVI está edificada la Iglesia actualmente. Sobre esa roca. Y tienen que discernir la fe del Papa Benedicto XVI para comprender por qué Cristo guía a Su Iglesia sin Jerarquía.

La Jerarquía infiltrada en la nueva iglesia del Vaticano

Jesus Rey

El vómito que el Obispo Bregantini ofrece en su herético Via Crucis pone de manifiesto su alma ante toda la Iglesia.

Un alma sin el Don de la Verdad en sus labios, que se arrastra en su humanidad buscando la gloria de los hombres y dando a todos la ignorancia de su sacerdocio.

Un sacerdote es Pastor de almas, no un funcionario político, no un comunista, no un líder político, social.

Francisco ya es un líder político en su nueva iglesia en el Vaticano. Y los que lo siguen, se convierten en lo mismo: funcionarios del gobierno de Francisco. Gente que transmite a la Iglesia el pensamiento desviado, herético, cismático de Francisco, su líder político

El vómito de este via crucis es la señal de que, a partir de ahora, todo cambia en la Iglesia. Ahora, si no aprenden a discernir quién es la Jerarquía verdadera de la Jerarquía infiltrada, entonces se van a confundir con las palabras de todo el mundo.

Tienen que ser cuidadosos con toda la Jerarquía, porque muchos de ellos, muchos sacerdotes y Obispos, no son siempre lo que parecen ser. Muchos piensan que los sacerdotes son eso: sacerdotes. Muchos no ven lo que hay en el interior de la Jerarquía. Se quedan en lo exterior, en el ropaje, en las palabras bellas que dice la Jerarquía; y no atienden a lo interior.

Muchos sacerdotes, Obispos, que parecen buenos y santos en lo exterior, en sus palabras y en sus obras, no siguen las enseñanzas del Evangelio. Hablan de Él, pero poniendo sus palabras, sus ideas, sus opiniones, sus puntos de vista; que suelen ser los que agradan a todo el mundo, los que van con la moda social, con las inquietudes de los hombres, con las dudas que tienen los hombres.

Una Jerarquía que habla a los hombres y los deja en su vida humana no es de Cristo. Si esto no lo tienen claro, ¿para qué están en la Iglesia?

La Jerarquía de la Iglesia, la inmensa mayoría de Ella, conoce la Verdad, pero han decidido torcerla a favor de sus intereses personales, de sus necesidades en la Iglesia, de sus deseos como hombres, por su lujuria de la vida, por su ambición de poder.

Francisco conoce la Verdad, pero miente en cada homilía. Monseñor Bregantini conoce la Verdad, pero vomita su mentira sin escrúpulos en la Iglesia.

¿Qué se creen que es un sacerdote? Si el sacerdote no es otro Cristo, el mismo Cristo, entonces automáticamente, el sacerdote se convierte en un anticristo.

Esto hay que tenerlo muy claro para no escandalizarse de lo que se ve en la Iglesia desde hace 50 años.

¡Cuántos anticristos hay actualmente en la Iglesia, en el Vaticano! Sacerdotes que conocen la Verdad, pero que la ocultan, la niegan, luchan en contra de Ella de muchas maneras inimaginables para las almas comunes.

«muchos se han hecho anticristos, por lo cual conocemos que ésta es la hora postrera. De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros» (Jn 2, 18b-19a).

Ni Francisco ni todo su gobierno es de la Iglesia Católica; no son de los nuestros. Han salido de nosotros; han estudiado su carrera sacerdotal con nosotros; conocen toda la Verdad, pero se han apartado de Ella: «Si de los nuestros fueran, hubieran permanecido con nosotros» (Jn 2, 19b). Pero han hecho su nueva iglesia, con una nueva doctrina, que tiene elementos de la Verdad, pero que es sólo una pantalla para dar la mentira: «así se ha hecho manifiesto que no todos son de los nuestros» (Jn 2, 19c).

Esto es lo que la gente no discierne. Desde la elección de Francisco queda manifiesto, queda patente, queda claro, que Francisco y todo su gobierno, toda su nueva iglesia, toda su nueva doctrina, no es de la Iglesia Católica. Y aunque predique maravillas, aunque diga verdades, no es de la Iglesia Católica. No es sacerdote, no es Obispo, no es Papa. Es un don nadie.

Francisco, desde el comienzo de su negro gobierno en la Iglesia, tuerce la Verdad. Y cada día. En cada homilía, en cada discurso, en cada obra, en cada pensamiento, en cada idea.

Y su gran pecado es: conocer la Verdad, pero aplastarla con su mentira.

Y esto que hace Francisco abiertamente, con el aplauso de todos, con la ignorancia de muchos en la Iglesia, con el fariseismo de toda la Jerarquía, se ha venido haciendo ocultamente desde hace 50 años. Y ha producido que muchos en la Iglesia sean incapaces de distinguir la Verdad, que es siempre la misma, que nunca cambia, de la falsedad que toda esa Jerarquía ha predicado y enseñado.

Y, entonces, al no discernir la Verdad, se quedan con todo y, comienza la crítica a todo el mundo. Y se llega a poner a todo Papa como causante de lo que pasa en la Iglesia. Y unos buscan su Papa para que los gobierne en la Iglesia, otros se van de la Iglesia, porque ya no pueden aceptar al Papa reinante, que se ha convertido en un hereje como los demás, porque ya no quita la herejía; y otros se dedican a demoler la Iglesia disintiendo de todas las cosas, queriendo poner otras reglas, otras leyes, contrarias a la Verdad.

Al final, en este lío de opiniones, de juicios, de condenas, de desastre, nadie lucha por la Verdad en la Iglesia, sino que todos andan tras sus mentiras como verdad.

¡Qué pocos ven lo que actualmente está pasando en el Vaticano, porque no ven lo que ha pasado en la Iglesia durante 50 años! No han sabido ver a la Jerarquía infiltrada. Y, ahora, con un idiota que teje una serie de promesas a todo el mundo para arrastrar a los hombres hacia las maravillas exteriores del mundo, para conseguir un bien social, para conseguir una gloria humana, no saben oponérsele como hay que hacerlo. No saben batallar contra él. No saben luchar contra el demonio que tiene en su mente. No ven a Satanás en él. No ven el pecado que obra el demonio en él. Están esperando algo de él: a ver que nos dice en la nueva encíclica sobre el ecologismo que está preparando; a ver cuál la palabra mágica que hoy va a decir; a ver cuál va a ser hoy su herejía…

La gente, en el mundo, se acostumbra a un mal gobernante y ya no lucha en contra de él. Ya no se opone a nada de lo que dice; ya sólo esperan a ver qué dice, a ver qué obra. Esta es la táctica del demonio para dormir a la gente en la mentira, para crear más confusión, para que ya nadie atienda a la verdad, sino que estén pendientes de la mentira de turno que dice ese idiota.

Hay que saber batallar contra Francisco. Y ahora es tiempo de no hacerle ni caso. Para quien sabe lo que es Francisco, tiene que dedicarse a mirar la Verdad y a comprender cómo se hace la Iglesia en estos momentos, en que no hay una cabeza que enseña la Verdad como es.

No sigan a ninguna Jerarquía de la Iglesia si no habla claramente en contra de todo lo que hay en el Vaticano. Aquella Jerarquía que imite a Francisco, que adule a Francisco, que piense que las ideas de Francisco son de gran importancia para los tiempos que vivimos, váyanse de esa Jerarquía como si hubieran visto al mismo demonio.

Aprendan a discernir la verdadera Jerarquía de la infiltrada, de la impostora. Y, entonces, claro, se sorprenderán de la oscuridad que hay en la Iglesia en sus cabezas, en la Jerarquía.

Las almas comunes son los verdaderos creyentes de la Palabra de Dios. Ya la Jerarquía ha dejado de ser Luz para la Iglesia. La Jerarquía es tiniebla en todas las partes del mundo.

Esta es una verdad que duele decirla. Pero hay que decirla. La Jerarquía en la Iglesia es tiniebla, es oscuridad. Y ellos son los culpables de esa oscuridad, porque conocen la Verdad, pero no la quieren seguir.

La Iglesia Católica ha perdido el camino de la Verdad, el camino del Amor, el camino de la Vida, que es Cristo Crucificado. Y porque ya no mira al Crucificado ya no es capaz de dar Testimonio de la Verdad.

Sólo mira al hombre, ¿qué clase de testimonio ofrece? Política: derechos humanos, justicias sociales, bienes comunes.

La Jerarquía de la Iglesia Católica ya no salva las almas, ya no las santifica. Y esto es muy duro el decirlo. Es una Jerarquía infiltrada que sólo se dedica a su negocio en la Iglesia: su maldito dinero, su ambición de poder. Y colocan el señuelo del amor a los pobres, de la crisis económica. Y hay que buscar un nuevo orden social, un nuevo orden económico ante el mal que vemos en todo el mundo.

La Jerarquía de la Iglesia Católica calla la Verdad ante el mundo y ante la misma Iglesia. Y, por eso, han puesto como líder, en el gobierno de la Iglesia, a un falso Profeta. Y lo mantienen como falso Profeta. Toda la Jerarquía de la Iglesia sabe que Francisco es un hereje. Conocen sus herejías, sus mentiras, porque saben la Verdad. Pero les interesa que Francisco siga diciendo sus mentiras, porque para eso vive toda esa Jerarquía: para acallar la Verdad, para combatir la Verdad, para anular la Verdad en la Iglesia.

¡Y ay de aquellos sacerdotes que no despierten a tiempo! ¡Van a quedar atrapados en la mayor herejía de todas! ¡Y se van a condenar por eso! Porque viven sus sacerdocios buscando el agrado de los hombres, la complacencia del mundo, la caricia de las mentes humanas.

Francisco guía a toda la Iglesia hacia la perdición. Y eso lo sabe toda la Jerarquía. Han batallado contra el verdadero Papa hasta hacerlo sucumbir. Lo han tratado como un loco, hasta conseguir su renuncia. Y ahora lo han dejado solo para dedicarse a su hombre salvador, a su líder político, a su negocio comunista en la Iglesia.

Hoy se repite la Pasión de Cristo, su dolorosa Pasión: el abandono de todos los suyos, la traición de Judas, todo el pecado del mundo, que lo aplasta bajo un peso insoportable y mortal. Triturado por los pensamientos de muchos sacerdotes; flagelado por la lujuria de las carnes de muchos sacerdotes; coronado de espinas por la soberbia de muchos sacerdotes; clavado en la Cruz por las manos de muchos sacerdotes.

¡Qué fácil es dar la espalda a Cristo para seguir las ideas que el mundo ofrece!

¡Qué fácil es renegar del camino de la Cruz para andar los caminos de los hombres!

¡Qué fácil es con la boca decir que se ama a Cristo! ¡Qué fácil es colgarse en el pecho una cruz!

Pero nadie quiere ser otro Cristo. Nadie quiere Crucificarse con Cristo. Porque eso duele. Y lo que duele no hace feliz.

La Jerarquía infiltrada en la Iglesia, cada día, juzga a Cristo y lo condena. Sólo lo reconocen como hombre, pero niegan –en la práctica- su divinidad. Reducen a interpretaciones humanas sus Palabras divinas. Quieren explicar en términos humanos, comunistas, fascistas, liberalistas, todos sus milagros y su obra redentora, para negarlo todo, para infundir en las almas la duda, la mentira, el error, el engaño.

Aprendan a ver el trigo de la cizaña. Aprendan a separarla. Aprendan a vivir solos en su fe, porque ya la Jerarquía no les va a apoyar.

La Sinagoga de Satanás

tres espadas

«El misterio de iniquidad consiste precisamente en que el «Aparato publicitado de la Iglesia» que debía servir para llevar las almas a Jesucristo, sirve en cambio para perderlas y esclavizarlas al demonio. Aquí está el «misterio de perversidad» (P. Julio Meinvielle)

Todo ha sido montado para dar publicidad a un hereje, para hacer que en la Iglesia la Verdad quede oculta.

La autoridad en la Iglesia Católica ha dejado de ser divina y es sólo humana, con un poder humano, con unos fines para los hombres, haciendo que lo divino se eche a un lado.

¿Quién está sosteniendo las herejías de Francisco? La misma Jerarquía de la Iglesia, los mismos que tendrían que dar testimonio de la Verdad, pero que conducen a toda la Iglesia hacia el apartamiento de Dios, al alejamiento de la Verdad.

Francisco es la cabeza de los malos, de los pecadores, de los herejes, de los cismáticos, de los que se van a condenar porque aman su pecado. Él gobierna e influye en los demás para atraerlos hacia el fin de la masonería, que es el comunismo y el protestantismo dentro de la Iglesia.

El gobierno de Francisco es para que las almas pequen dentro de la Iglesia. Y, pecando, obran el comunismo y el protestantismo.

Sólo poniéndose en la Verdad, es decir, quitando el pecado se obra la Redención en la Iglesia, que es la obra de Cristo y que debe ser la obra de toda la Jerarquía Eclesiástica.

Pero, en realidad, la Jerarquía ha hecho un cisma en la Iglesia: se ha apartado de la Verdad, no totalmente, sino parcial, pero de manera oculta.

Todavía, entre la Jerarquía, hay sacerdotes que ven la Verdad, pero que no se atreven a dar testimonio íntegro de la Verdad, por el temor de quedar abandonados por la misma Jerarquía.

Hay miedo entre los sacerdotes, mucho miedo. Y muchos deciden acoger la mentira que da Francisco por miedo, por seguir a los otros, por no querer sobresalir de entre los demás. Los demás guardan silencio; ellos también.

Francisco habla sus herejías y los medios de comunicación de la Iglesia las apoya. Esto es diabólico, no sólo es cosa humana. Eso es señal del Anticristo.

El arte del demonio es dominar los medios temporales para por allí hacer perder a los hombres, el interior de las almas. El demonio no sólo domina los medios del placer, de la riqueza y del poder, sino de lo social, de lo que el hombre se enorgullece: la vida de comunicación social, la palabra del hombre en la sociedad, en el mundo.

El demonio, mentiroso, desde el principio, pone su mentira en los medios de comunicación para tener agarrado a todo el hombre en la mentira, en el engaño, en el error. Y si logra que los medios de comunicación de la Iglesia den la mentira, entonces ha ganado la partida en la Iglesia.

Una iglesia que apoya a un hereje en los medios de comunicación es la iglesia del demonio, no ya de Cristo.

La Iglesia es la Verdad y sólo tiene que dar la Verdad y, por tanto, debe combatir toda mentira. ¿Por qué no combate las mentiras de Francisco? Porque el Anticristo está detrás de Francisco y de la misma Jerarquía Eclesiástica. El Anticristo sostiene a Francisco y, por eso, le da la propaganda que necesita en toda la Iglesia y en el mundo.

Al Anticristo le conviene que un Obispo, como líder de la Iglesia, predique su misma doctrina. En el Anticristo está contenida toda la malicia humana para hacer caminar a todos los hombres al culmen de su pecado. El Anticristo sabe todos los caminos del mal para engendrar males en todas partes. Por eso, Francisco lleva un año sembrando todo tipo de males en la Iglesia. Y los demás aplaudiendo esos males.

Francisco los siembra y los obra. Y produce un desequilibrio espiritual en la Iglesia, porque la Iglesia está llamada a la perfección de la vida espiritual y, por tanto, a la plenitud de la Verdad. Y todos los Papas han aportado su grano de arena para llegar a esa plenitud.

Pero llega un hombre con la mentira en su boca y hace que la Iglesia emprenda y siga un camino de retroceso en toda la vida espiritual. Esta es la gravedad que vive toda la Iglesia.

La Iglesia ya no camina hacia la Verdad, que es Cristo, sino que vuelve la mirada atrás, como queriendo buscar algo que dejó en otro tiempo, en otras circunstancias de la vida de los hombres, como queriendo buscar un camino nuevo en el pasado.

En el Anticristo tiene que brillar la plenitud de la malicia. Y este es su tiempo en la Iglesia. La Iglesia se enfrenta al Anticristo. Por eso, es necesario salir de Roma, de una estructura que ya no sirve para ser Iglesia, para hacer Iglesia, para obrar la Verdad en la Iglesia. Es lo que muchos no acaban de comprender todavía.

La Iglesia no vive de estructuras, sino de corazones abiertos a la Palabra de Dios. La Iglesia sólo necesita de las estructuras para poder obrar la Verdad. Peo cuando, desde esas estructuras se impide esa obra, entonces hay que abandonarlas para seguir siendo Iglesia, la Iglesia que vive en cada corazón que está en Gracia.

La autoridad que rige, ahora, en la Iglesia Católica es totalmente farisea, hipócrita, saducea, legista, impía. Una autoridad que se enorgullece de su poder y que, por tanto, no ve su pecado, no lucha contra el pecado, sino que va al mundo para abrazar el pecado de todos los hombres. Esto es diabólico. Y esto lo llama San Juan: la Sinagoga de Satanás (Ap 2, 9).

La Sinagoga de Satanás es el gobierno de un grupo de fariseos, que es una minoría, pero que tiene todo el poder en sus manos. Cristo se enfrentó a ese grupo. Y, por eso, lo liquidaron. Ellos tomaron toda la tradición auténtica de los Patriarcas y de los Profetas para pervertir y dominar a todo el pueblo elegido por Dios.

Desde hace 50 años funciona, a pleno rendimiento, esa Sinagoga: un grupo de sacerdotes, de Obispos, que son una minoría, tienen todo el poder en la Iglesia. Y han hecho de la Palabra de Dios, su interpretación personal; y han hecho de la liturgia de la Iglesia, el culto al demonio; y han hecho de la Tradición, su cultura comunista y protestante en la Iglesia. Lo han rebajado todo, lo han pervertido todo y han obligado a los Papas a someterse a su inicuo pensamiento humano.

Por eso, decía el Señor de esta sinagoga: «Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la Verdad no estaba en él» (Jn 8, 32).

Ha sido esta Sinagoga de satanás quien ha puesto a Francisco como un falso Papa, como una pintura del Papado, como una caricatura del Papado, porque eso es lo que representa Francisco. Francisco se ríe del Papado. Francisco ha destrozado el Papado. ¿Por qué lo llaman Papa si no puede dar la Verdad del Vicario de Cristo? Francisco, cuando habla la mentira, habla de los suyo propio, de lo que hay en su mente humana. No puede hablar de lo que hay en el Corazón de Cristo, porque rechaza a Cristo en su mente y en su corazón. ¿Por qué lo llaman Papa?

Si el Papado no es una cuestión legal en la Iglesia. Igual que nadie puede renunciar a ser Papa, así nadie puede elegir a un Papa. El Papa lo elige el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que mantiene al Papa hasta el final de sus días, porque no quita nunca el don de ser Papa a aquel hombre que Él ha elegido.

¿Por qué siguen llamando a Francisco como Papa si Dios no lo ha elegido?

La Autoridad en la Iglesia no es como la del mundo. En el mundo, los hombres eligen sus gobernantes y ponen sus leyes para regir sus gobiernos. En la Iglesia, Dios elige Su Gobierno. Los hombres tienen que dedicarse a salvar almas. Y Dios gobierna lo demás. Por eso, Jesús puso a Pedro. Y sólo a Pedro. Los demás son los demás, es decir, no gobiernan.

Dios gobierna Su Iglesia sólo con Pedro. Por eso, aunque el Papa Benedicto XVI no haga nada como Papa verdadero, Dios sigue gobernando Su Iglesia a través de él. Dios no gobierna Su Iglesia a través de Francisco. ¿Por qué llaman a Francisco como Papa, si no es Papa? Los Cardenales eligieron a un hombre mientras el Papa verdadero vivía. Luego, ese hombre no es elegido por Dios para ser Papa. Es así de sencillo, pero la Sinagoga de Satanás no puede aceptarlo. Ellos sacan sus documentos y demuestran que fue elegido Francisco como Papa y que Benedicto XVI renunció. ¡Documentos! ¡Legislación, leyes, pensamientos de los hombres! Eso es el fariseísmo. Ya no pueden atender a la Gracia.

Se es Papa por Gracia, no por elección de los Cardenales, de los hombres. La Iglesia es una Gracia. Y en la Iglesia todo se obra en la Gracia y por medio de la Gracia.

Entonces, ¿cuándo van a dejar de llamar a Francisco con el nombre de Papa para llamarlo por su nombre: un demonio encarnado? Pero nadie se atreve a decir esto. Temor, miedo, respetos humanos, culto al pensamiento de los hombres. Y toda la Iglesia tiene miedo de una minoría, de un fariseísmo que sólo busca destruir la Iglesia, como hicieron con Jesús: destruyeron su vida humana.

Tenéis miedo al poder de unos hombres, que son nada ante Dios, y no tenéis miedo a Dios que, con Su Poder, puede hacer que todos los hombres besen, con sus bocas, la faz del infierno. Los hombres sólo matan el cuerpo, pero Dios lleva al infierno al alma. Dios quita la vida del alma y la transforma en un demonio, incapaz de poder amar ya, ni siquiera a ella misma.

Los hombres sólo velan por su vida material y, por eso, temen a los hombres. Es que esa minoría nos puede dejar sin lo material. Y, entonces, hay que callar, hay que seguir como si nada pasara. Esto es lo que les pasa a muchos sacerdotes y Obispos, que les cuesta levantarse contra Francisco, contra una minoría de hombres, fariseos, que no saben nada de la vida espiritual ni de la vida de la Iglesia.

Cristo los combatió y triunfó de ellos. Por eso, el mal que ahora hace esa Sinagoga de Satanás es muy limitado. No tienen toda la libertad de antes, porque quien gobierna la Iglesia es sólo Cristo. El pueblo elegido por Dios era gobernado por muchos hombres, por eso, por la codicia, por la avaricia, por el poder de querer ser más que los hombres, una minoría se hizo con todo el gobierno. Pero, ahora, esa minoría sólo depende del Anticristo, es manejada en todo por el Anticristo. Y el Anticristo no tiene poder sobre la Iglesia de Cristo. Por eso, es necesario salir de Roma, para no caer en las fauces del Anticristo. Y es necesario llamar a Francisco, un anticristo, porque eso es lo que es. Y quien se pone en la Verdad, entonces sabe luchar contra ese fariseísmo que es la autoridad en Roma.

Hay que combatir al gobierno horizontal que ha puesto Francisco en Roma. Hay que socavarlo. Hay que sacar a relucir los pecados, las herejías, de todos esos que componen la Sinagoga de Satanás. ¡Quien no saque los trapos sucios de esos Obispos y Cardenales, no se pone en la verdad de la Iglesia, sino que se acomoda a la mentira que esos canallas den en la Iglesia!

Son tiempos muy serios para estar adulando a unos herejes. No son tiempos como los de antes. Antes había que callar. Ahora, ya no es necesario. Ante un hereje, como Francisco, hay que decírselo en la cara para que comprenda que su vida es para el demonio, no para Cristo. Si Francisco fuera de Cristo, entonces se le tendría respeto. Pero Francisco ha anulado a Cristo en su sacerdocio. Ahí están sus obras clarísimas. ¡Por sus obras los conoceréis! El que imita a Cristo hace las mismas obras de Cristo. Y Cristo vino a salvar almas, no vino a quitar la hambruna del mundo. ¡Por sus obras los conoceréis! Quien no se dedica a salvar almas: a confesar, a quitar demonios, a predicar la Verdad, a hacer penitencia por los pecados de Su Rebaño, entonces se dedica a las empresas del mundo y a darse publicidad en todo el mundo. ¡Por sus obras los conoceréis! ¿Cuándo van a discernir lo que es imitar a Cristo?

Porque Francisco no imita a Cristo, por eso, dice todos los días sus herejías, sus mentiras, sus errores, sus engaños. Y, por eso, no se puede comulgar con él. Hay que despreciarlo, incluso como Obispo, porque un Obispo recto ve su pecado, y lo quita, y se pone a hacer penitencia por su pecado. Pero, Francisco, ¿qué es lo que ve? Sólo su grandioso pensamiento, que es su mentira hecha vida, carne, en su sacerdocio. Si él no respeta la verdad de su sacerdocio, entonces no se le puede respetar como persona consagrada, porque, con su pecado, anula lo que es ante Dios.

Francisco un maldito que lleva a las almas al infierno.

Vaticano: la sinagoga de satanás

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“He aquí que entrego parte de la sinagoga de Satanás, de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí que haré que ellos vengan y se postren delante de tus pies, y conozcan que Yo te amé. Por cuanto guardaste la Palabra de Mi Paciencia, también Yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el orbe entero, para probar a los habitantes de la tierra” (Ap. 3, 9).

El Vaticano se ha convertido en la sinagoga de Satanás, es decir, en el cuartel general de la rebeldía y de la desobediencia, comandado por Francisco y los suyos.

Francisco es la cabeza hereje, jefe de herejía, que tiene a su alrededor sólo gente hereje, como es él. Su gobierno está lleno de Cardenales, Obispos y sacerdotes que ya no viven la vida de la Iglesia, que ya no les importa la fe católica y, por tanto, nada de lo que la Iglesia ha enseñado durante 20 siglos.

Ellos tienen “por padre al diablo” (Jn 8, 44) y, en consecuencia, sólo pueden hablar la mentira, el engaño, la herejía en todas las cosas. No pueden hablar la verdad a nadie. Que nadie busque una verdad en ellos porque todo está tergiversado en lo que enseñan en la Iglesia.

Ellos mismos se apartan de la Iglesia, salen de la Iglesia por sus pecados de herejía.

Cualquiera que proclame u obre una doctrina distinta a la de Cristo, que se oponga a la verdadera fe católica, cae en herejía y en excomunión, aunque fuere un sacerdote, Obispo, Cardenal, Papa, porque las Verdades Divinas son Sagradas y, por tanto, intocables: “Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, (…) prometo, voto y juro que igualmente la he de conservar y confesar íntegra e inmaculada con la ayuda de Dios hasta el último suspiro de vida, con la mayor constancia” (Profesión tridentina de fe [De la Bula de Pío IV Iniunctum nobis, de 13 de noviembre de 1564]).

No hay salvación fuera de la Iglesia. Y aquel que cae en la herejía y se mantiene en ella, sin quitarla, se pone, automáticamente, fuera de la Iglesia, y se condena en su herejía.

Hay que conservar y confesar la fe católica, las verdades que enseña la Iglesia de forma íntegra, sin cambiarlas, sin desviarlas, sin interpretarlas. Y hasta el final de la vida, hasta la muerte si uno quiere salvarse. Y quien se aparta de la fe católica, aunque sea sólo en un dogma, en una verdad, no puede salvarse.

Francisco y los suyos están fuera de la Iglesia, no pertenecen a la Iglesia. Están en su herejía. Y, por tanto, todo el Vaticano es hereje. Roma es hereje, está llena de herejes.

Y esta es la razón divina que da el Señor al Papa para irse de Roma. Esta es la causa gravísima para dejar Roma: Roma ya no es de la Iglesia católica. La Iglesia, que está en Roma, no es la de Cristo. Luego, es una razón gravísima para irse de Roma. Es una falsa Iglesia, es un invento de los hombres.

Pero Benedicto XVI no comprendió el mensaje y obró mal. Porque el Señor quería que saliera de Roma, no que se quedase dentro, acompañando a los herejes, sin luchar contra los herejes.

Benedicto XVI no supo renunciar en la Voluntad de Dios, sino que calló la razón divina en su renuncia y pecó.

Había que salir sin renunciar para enfrentarse a Roma, con la fuerza del Espíritu.

Dios nunca quería a un Benedicto XVI como está ahora, en medio de lobos sin luchar en contra de ellos. Siempre Dios quiere que el alma luche en contra de sus enemigos: mundo, demonio, carne. Nunca la quiere quieta, sin luchar, como hace Benedicto XVI, y eso es señal de su pecado, de que no entendió la Voluntad de Dios.

No se renuncia para estar tranquilo en la vida. Se sale de Roma para seguir luchando en contra del mal. Francisco y los suyos, están condenado almas para el infierno. Y, ante eso, no se puede estar con los brazos cruzados mirando a ver qué pasa, que es lo que mucha gente hace. ¡A ver cómo se condenan las almas! Hay que pringarse las manos, hay que ser valiente para decir la Verdad en la Iglesia, para enfrentarse a los herejes que gobiernan la Iglesia para destruirla.

Francisco es un maldito que está en la Iglesia condenando a las almas. Él se condena y lleva al infierno muchas almas, porque nadie va solo al infierno, como nadie va solo al cielo.

El Señor conocía el corazón de Su Pedro, y sabía lo que iba a hacer. Por eso, Dios guía todas las cosas de Su Iglesia, hasta el último detalle. Dios no deja desamparada a Su Iglesia, porque es la Cabeza de la Iglesia.

El Señor conocía el pecado de su Pedro y le puso un camino en ese pecado: retirarse para ver lo que sucede en Roma. Retirarse de todos para comprobar que la Palabra de Dios siempre se cumple. Es lo único que se cumple. Es lo que permanece siempre.

Benedicto XVI tiene que aprender a creer como un niño en la Palabra de Dios. Tener fe sencilla; tener un alma disponible a la Voluntad de Dios; dejar que Dios muestre el camino y la forma de caminarlo.

Es lo que Benedicto XVI no aprendió y ahora lo tiene que aprender si quiere salvarse en la Iglesia.

Tiene que levantarse de su pecado y ponerse en contra del hereje Francisco con todas las consecuencias que eso trae para la Iglesia.

Hay que aprender a batallar en la Iglesia contra la mentira de los hombres que se creen santos y justos porque piensan la vida. La vida la hace el Espíritu en la Iglesia, no los hombres. La vida se da para obrar lo divino en medio de lobos, como es el mundo. Y, por eso, la Iglesia es el único lugar donde no habita Satanás, porque es la Obra de la Verdad, que es Jesús.

Pero como los hombres son aficionados a pecar y a vivir de sus pecados, entonces hacen de la Iglesia el connubio de Satanás. Y no se puede estar en un sito que pertenece al demonio, como es Roma en estos tiempos.

Hay salir de Roma, como salió el Señor hace mucho. Hay que ir al desierto y allí batallar contra Roma.

Es la hora de la batalla que muchos todavía no comprenden. Después de nueve meses, siguen en lo mismo: dando oídos a un necio que sólo se mira el trasero en su vida en Roma.

Y hay que enfrentarse a ese necio, saliendo de sus posesiones, porque no las va a dejar.

Dejará a otros que sigan dinamitando la Iglesia, como él lo hace. Pero ya no hay vuelta de hoja. Ya no se puede mirar hacia atrás.

Vienen tiempos dificilísimos para todo el que cree, porque la Iglesia va a estar, como en sus tiempos primeros, en catacumbas, en casa privadas, en silencio, sin que nadie sepa lo que se obra allá.

Es el tiempo del demonio en Roma. Y hay que olvidarse de lo que ha sido Roma. Roma ya no interesa. Lo que interesa es seguir siendo de la Iglesia y formando la Iglesia que el Señor quiere. La Iglesia fundada en la Verdad, en la Roca de la Verdad, que es Jesús.

Ese fue el mensaje que el Señor dio a Su Papa y no creyó, porque así somos todos los hombres: incrédulos. Queremos ver, entender, sintetizar, meditar, planificar, pero nunca creer como un niño en la Palabra de Dios, que nunca engaña a nadie. Son los hombres los que se engañan con sus filosofías de la vida, como hacen tantos en Roma.

No están las cosas para ver qué hace Francisco en Roma. Están las cosas para enfrentarse a Francisco fuera de Roma, que es lo que nadie sabe hacer.

Predicar, hoy día, contra Francisco, es ser expulsado de las Iglesias, de las parroquias. Eso es una verdad que quien la vive la sufre, porque ve la necedad de la gente, que se acomoda bien pronto a sus intereses humanos en la vida y no quiere sufrir por la Verdad de la Iglesia.

Por eso, los tiempos son muy graves. Y muchos que son de la sinagoga de Satanás, que es Roma, se pondrán, cuando vean su error, a los pies de Benedicto XVI, y lo ayudarán en la misión que el Señor le ponga en estos últimos tiempos.

Tiempos para batallar en contra del Vaticano, que se ha convertido en la sinagoga de Satanás, en medio del mundo que aplaude ya a Francisco por sus logros en Roma.

Nuevo Orden Mundial

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“En el Apocalipsis parece que los períodos se confunden, pero no es así. Sería mejor decir: se reflejan en los tiempos futuros con aspectos siempre más grandiosos.
Ahora estamos en el período que Yo llamo de los precursores del Anticristo.
Después vendrá el período del Anticristo que es el precursor de Satanás. Aquel será ayudado por las manifestaciones de Satanás: las dos bestias nombradas en el Apocalipsis. Será una etapa peor que la actual. El Mal crece siempre más.
Vencido el Anticristo, llegará un período de paz para dar tiempo a los hombres, golpeados por el aturdimiento de las siete plagas y por la caída de Babilonia, para refugiarse bajo mi señal. La época anticristiana surgirá a su máxima potencia en su tercera manifestación, o sea cuando tenga lugar la última venida de Satanás.
¿Habéis entendido? Es necesario creer, y no especular”
(Valtorta – 27 de agosto 1943).

Muchos precursores del Anticristo han dado el mundo y la Iglesia.

El Anticristo “es una persona muy en alto, en alto como un astro. No un astro humano que brille en un cielo humano, sino un astro de una esfera sobrenatural, el cual, cediendo al halago del Enemigo, conocerá la soberbia después de la humildad, el ateísmo después de la fe, la lujuria después de la castidad, el hambre de oro después de la evangélica pobreza, la sed de los honores, después de una vida escondida “(Valtorta – 20 de agosto 1943).

El Anticristo pertenece a la Iglesia, pero no es de la Iglesia, es de la falsa Iglesia que ha nacido en Roma.

Es un astro que viene de la oscuridad de Satanás: “Será menos pavoroso ver caer una estrella del firmamento, que ver precipitarse en los lazos de Satanás esta criatura ya elegida, la cual de su padre de elección copiará el pecado. Lucifer, por soberbia, se convirtió en el Maldito, el Oscuro. El Anticristo, por soberbia de una hora, se convertirá en el maldito y el oscuro después de haber sido un astro de mi ejército… “(Valtorta – 20 de agosto 1943).

El Anticristo “obtendrá la ayuda completa de Satanás, el cual le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra. Pero lo abrirá del todo para que salgan los instrumentos de horror, que en los milenios Satanás ha fabricado para llevar a los hombres a la total desesperación, de manera que ellos mismos invoquen como rey a Satanás, y corran en seguimiento del Anticristo, el único que podrá abrir las puertas del abismo para hacer salir al Rey del abismo, así como Cristo ha abierto las puertas del Cielo para hacer salir la gracia y el perdón, que hacen a los hombres semejantes a Dios y reyes de un Reino eterno en el cual el Rey de reyes soy Yo” (Valtorta – 20 de agosto 1943).

Estamos en el tiempo de los precursores del Anticristo, que vendrá cuando el cisma de la Iglesia esté en su cenit y en el mundo se viva la tercera guerra mundial.

En Roma tiene que desaparecer todo vestido de lo sagrado, de lo divino, de lo santo. Todo dogma debe caer, las verdades de la Tradición deben ser superadas por las mentiras de las culturas en el mundo y el Magisterio de la Iglesia debe ser cambiado por la filosofía más pavorosa que existe en la actualidad, la cual recoge en síntesis todos los errores filosóficos de todos los tiempos y los presenta en un nuevo formato, el formato de la nueva conciencia, del nuevo iluminismo, de la nueva deidad del hombre: él mismo.

El mismo hombre se ha hecho dios para sí mismo y ha puesto una base filosófica para alzarse como el bien que hay que seguir en el mundo y en la Iglesia.

Esta filosofía reúne muchas cosas de muchos pensamientos y de pensadores que viven con sus errores y mentiras como una verdad en sus vidas. Han hecho de su pensamiento el culto de su vida.

Esta filosofía está llena de tantos errores que se toman como algo en que hay que creer porque lo dice el hombre. Y, por tanto, va contra la ley divina en todas las cosas.

Esta filosofía es práctica, no es teórica. Está hecha para vivir, no para pensar. Y se hace a base de leyes inicuas, imponiendo la forma de pensar humana a los demás.

Por eso, esta filosofía la crean unos pocos hombres, pero la obran los demás en sus gobiernos, en la Iglesia, en cualquier vida humana. Está tan metida en todas las cosas que los hombres la pueden ver con sólo tener un dedo de inteligencia.

Es una filosofía descarnada de toda verdad, con sólo un planteamiento: poner en el mundo entero el Nuevo Orden Mundial, que englobe a todos los hombres con todos sus pensamientos humanos. Y, por tanto, en ella no hay ninguna verdad, sino la división infinita de la verdad.

En esa división infinita cabe cualquier pensamiento del hombre desde que es hombre. Todo lo engloba para poder formar un uno con las mentes de los hombres. Cada hombre piensa de forma diferente. Para agruparlos, sin que dejen sus razonamientos, sus filosofías, es necesario crear un orden de pensamiento, una jerarquía de ideas, que se vayan uniendo según la división entre ellas.

Cuando la verdad se divide, entonces se crea un orden. Si alguien es Papa, entonces al dividir la verdad, se crea un falso Papa y un antipapa. Y, a partir de ahí, se van sucediendo las demás divisiones de la Verdad.

Benedicto XVI es Papa, pero fue dividido, en su renuncia en dos: Francisco, como falso Papa, y él mismo, como antipapa.

Francisco, del Vértice de la Iglesia, produce una división: un falso gobierno y un antigobierno. El falso gobierno es el que obra al exterior con la autoridad de los hombres en la Iglesia. El antigobierno es el que obra de forma oculta en la Iglesia.

Los masones son los que gobiernan la Iglesia, pero de forma oculta. En lo exterior sólo se da el falso gobierno de ocho cabezas.

Nunca el gobierno de la masonería se da a conocer. Siempre trabajan en lo oculto. Por eso, la verdad en la Iglesia está oculta. No se saben los pasos que se van a dar desde el gobierno. Se dicen cosas al exterior para desviar la atención de la Iglesia. Mientras tanto, se trabaja en oculto, en documentos que, en su tiempo, el falso gobierno da a conocer.

En este negocio de la división de la Verdad, se tiene que dividir toda verdad en la Iglesia, todo dogma en la Iglesia, para hacer la iglesia que el Anticristo quiere. Porque, en estas condiciones no puede venir, ya que él se opone a todo Cristo y a toda la Iglesia.

Luego, estamos en la Iglesia, en Roma, en el tiempo de muchos precursores del Anticristo, que son también anticristos, porque son de los nuestros (cf. 1 Jn 2, 19), son sacerdotes, Obispos, que han caído en su vida espiritual y han dado la mano a Satanás en todo. No son totalmente anticristos, porque les falta el poder que tiene el Anticristo. Pero tienen suficiente poder para destruir la Iglesia desde dentro.

En esta realidad vivimos, ahora, en Roma. Y, por tanto, hay que esperar que Francisco deje el gobierno a otro. Pero este otro no viene por elección de cardenales, en cónclave, sino que se pone él mismo como cabeza. Para eso, se ha formado ese gobierno falso horizontal: para poner diversas cabezas que vayan quitando los diferentes dogmas. Ese poner es imponiendo, para que todos se sometan a ese pensamiento humano como si fuera Voluntad de Dios, por el bien de la Iglesia, como ellos dirán.

Y, por el bien de la Iglesia, por el bien del alma, es preciso salir de Roma y dejar que ellos aniquilen lo que quieran, porque ya en Roma no está la Iglesia que Jesús fundó.

La Verdad nunca puede ser destruida. La pueden ocultar, la pueden perseguir, pueden imponer sus mentiras como verdades, pero la Verdad nadie la mata. Y, por eso, hay que salir de Roma para seguir viviendo en la Verdad y obrando la Verdad, aunque seamos pocos, seamos una Iglesia remanente.

La Verdad es la Verdad. Y aquel que comience a dividirla se aparta, automáticamente, de la Verdad.

Francisco se presentó a la Iglesia como un santo. Y ahí están sus obras de demonio que todos pueden ver. Es un hereje, es una cabeza cismática en la Iglesia. Vive su cisma dentro de la Iglesia. No se salió de la Iglesia para vivir sus mentiras, sino que se quedó en Ella con el fin de destruirla.

Por eso, es más que un falso Profeta, es un anticristo, que va en contra de Cristo y de Su Iglesia. Habla como dragón, como falso profeta, pero obra como anticristo, sin tener todo el poder del Anticristo. Es un precursor del anticristo, que debe dejar su sitio a otro precursor. Y hasta que no se divida la última verdad en la Iglesia, no puede aparecer el Anticristo, que es el que trae el Nuevo Orden Mundial.

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