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Atacar al Papa con un falso Papa es la obra cumbre de la maldad

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«– ¿De donde sabes que solamente quedan TRES papas?

Conchita respondió:

De la Santísima Virgen. En realidad me dijo que aún vendrían CUATRO papas pero que Ella no contaba uno de ellos.

Dice Aniceta:

Pero entonces, ¿por qué no tener en cuenta UNO?

Responde Conchita:

Ella no lo dijo, solo me dijo que UNO no le tenía en cuenta. Sin embargo me dijo que gobernaría la Iglesia por muy poco tiempo» (Conchita).

Tres Papas que cuentan y uno que no cuenta. Y un usurpador del Trono de Pedro.

a. Tres Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Son los que cuentan porque fueron elegidos por el Espíritu para gobernar la Iglesia y Jesús guió a Su Iglesia a través de ellos. Y no importa si sus gobiernos fueron cortos (Juan Pablo I), si le pusieron un sosía (Pablo VI), o si hicieron todo lo posible para anularlo (Juan Pablo II).

b. Un Papa que no cuenta: Benedicto XVI. Fue elegido por el Espíritu para gobernar la Iglesia, pero renunció. El Señor gobierna Su Iglesia sin Su Papa. No puede gobernar la Iglesia con Benedicto XVI. Y, por eso, no cuenta para gobernar la Iglesia. Cuenta como Papa. La Sede no está vacante porque sigue siendo el Papa elegido por Dios. El gobierno del Papa Benedicto XVI es el que está vacante. Un usurpador gobierna otra cosa, no la Iglesia Católica, su falsa iglesia. El Señor sigue guiando Su Iglesia, pero sin Su Cabeza, sin Su Vicario.

La Virgen María dijo que vendrían cuatro, pero que no contaba uno de ellos. No lo contaba para gobernar la Iglesia, pero sí para ser Papa. Gobernó la Iglesia por muy poco tiempo, pero –al renunciar- ya no cuenta su gobierno, porque ya no gobierna. Impide al Espíritu guiarlo en el gobierno de la Iglesia. Es un impedimento de su voluntad libre. Impedimento que es un grave pecado, porque produce un cisma dentro de la Iglesia. Benedicto XVI cuenta como Papa, porque –hasta que muera- sigue siendo el Papa verdadero, el legítimo, a pesar de su renuncia.

Benedicto XVI no cuenta para el Cielo para el gobierno de la Iglesia. Jesús es el que decide ahora cada cosa en Su Iglesia. Porque la Iglesia es de Cristo, no de los hombres. Y Jesús tiene que llevar Su Iglesia hacia el Plan de Su Padre. Y, por eso, la guía Él solo, sin ninguna Jerarquía. Es una forma de gobierno extraordinaria, que sólo la puede hacer Dios.

Jesús decide en cada alma lo que Su Iglesia tiene que hacer en estos momentos, sin pasar ni por la Cabeza, que sigue siendo Benedicto XVI, ni por la Jerarquía de la Iglesia. La Iglesia está en el corazón de los humildes, que viven su fe dejando sus brillantes pensamientos humanos a un lado. La Iglesia no está en ninguna de las cabezas que se creen con inteligencia para poner un camino al desastre que vive la Iglesia: «entre mis sacerdotes cuántos son los que no creen ya; sin embargo, permanecen aún en Mi Iglesia, como verdaderos lobos con piel de cordero, y pierden un ilimitado número de almas» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El espíritu de rebelión contra Dios, 1 de diciembre de 1973 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Ahora todos tienen que obedecer a Cristo, no a los lobos, no ver a Cristo en un hombre, porque la Cabeza renunció a ser Cabeza de la Iglesia; renunció a gobernarla en Cristo. Se retiró, pero no renunció a ser Papa. Sigue siendo el Papa, con la coletilla de emérito. Pero un Papa emérito sigue siendo Papa, porque el Papa, en la Iglesia Católica, no es un concepto, un término humano, sino una vocación divina, una elección de Dios sobre un alma que Él quiere para Su Iglesia.

c. Francisco: el que ha robado el Trono de Pedro para una nueva maqueta de Iglesia. Francisco es todo un montaje que el Vaticano ha hecho para dar al mundo lo que éste pide: un paraíso en la tierra. Es el gran engaño del siglo. Es mayor que el que se produjo con Pablo VI.

Tres Papas para una profecía:

i. El número 108, “Flos Florum” (“Flor de las Flores”): Pablo VI, que tiene en su escudo de armas el “lirio”, la “flor de las flores”.

ii. El número 109, “De Mediate Luna” (“De la Media Luna”): Juan Pablo I, que fue elegido en una Media Luna y falleció en la siguiente Media Luna.

iii. El número 110, “De Labore Solis” (“Sobre el eclipse del Sol”): Juan Pablo II, en cuyo Pontificado Cristo fue eclipsado por la idea humana en la Iglesia.

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Pablo VI, mártir en su Pontificado:

«J – El Papa, el Papa…es un mártir. De cierto modo podría decirse que yace por tierra, que desea morir, en la situación en que se encuentra. Lo tortura el pensamiento de lo que el dice, no sale publicado en el mundo y lo que sale publicado, es exactamente aquello que el no quería y que es publicado por sus cardenales. En todos los casos, muchos Cardenales, no todos, la siguen. El Papa tiene una inmensa dificultad en actuar. Está en una situación mucho peor que en la verdadera prisión, nosotros, nosotros nos agitamos, haciendo todo lo que podemos. Además, ya hicimos demasiado.

E – ¡Continúa! Diciendo la Verdad, en nombre (…) ¡y solo la verdad!

J – Lo privaron de su libertad… así poco puede hacer. Es por eso que hablamos de él como un reptil, solo es capaz de arrastrarse, y ya no tiene una palabra que decir, ni a la derecha, ni a la izquierda, ni al frente, ni atrás. Son los otros que lo hacen, los falsos, a los que les gustaría verlo desaparecer» (Testimonio de sacerdotes que participaron en el exorcismo del 31 de agosto de 1975 – Contra Judas Iscariote (alma condenada) – Del libro: “Confesiones del Infierno al mundo contemporáneo. Advertencia del más allá” – Editor Buonaventur Meyer).

Pablo VI cumplió su misión: «Su misión está cumplida. Así como sobre esta tierra le habéis estado muy cercanos con la oración y con vuestro amor, así ahora Él desde el Paraíso, con su poderosa ayuda de intercesión, estará cerca de vosotros para ayudaros a cumplir vuestra misión» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – En la muerte del Papa, 9 de agosto de 1975 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

A mitad de su Reinado en la Iglesia, el demonio se sentó en la Silla de Pedro para gobernarla con un impostor.

“Es ahora de conocimiento común en la ciudad de Roma, que hay una persona que ha estado haciéndose pasar por vuestro Vicario, un actor de gran talento, que a través de la cirugía ha obtenido el semblante de vuestro Vicario. Ahora es bien sabido, hijos Míos, y ahora se jugará un juego de ajedrez. Allí será obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, porque Satanás se ha establecido a Sí Mismo en medio de ellos. Obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, Satanás se ha puesto en medio de ellos. Todo lo que está podrido caerá “ (Nuestra Señora a Verónica Lueken , 14 de Agosto de 1976).

Desde 1972, las drogas neutralizantes fueron inyectados a Pablo VI, como lo confirma el testimonio de Mons. Basile Harambillet (Doctor en derecho caónico y abogado rotal). La existencia de un doble también fue demostrado por las grabaciones sonoras y fotografías de Theodore Kolberg, en sus libros: “Der Vertrug des Jahrhunderts” (“El engaño del siglo’) y “Umsturz im Vatikan?”(“Un derrocamiento en el Vaticano”).

En 1972, comenzó la tercera parte del secreto de Fátima: dos hombres usando la corona de Pedro. Uno sufre a manos de los hombres, siendo el Prisionero de los Cardenales. El otro, colocado por los hombres, es el que trae la destrucción.

“Hija Mía, te traigo una triste noticia, una que debe darse a conocer a la humanidad. Al hacer esto, hija Mía, debes proceder sin temor. Debe hacerse saber a la humanidad. Nuestro querido Vicario, el Papa Pablo VI, sufre mucho en manos de aquellos en quien él confía. Hija Mía, grítalo desde los tejados. No es capaz de llevar a cabo su misión. Ellos lo han escondido, hija Mía. Él está enfermo; él está muy enfermo. Ahora hay alguien quien gobierna en su lugar, un impostor, creado por las mentes de los agentes de satanás. Cirugía plástica, hija Mía – los mejores cirujanos fueron usados para crear a este impostor. ¡Grítalo desde los tejados! El debe ser expuesto y removido. Detrás de él, hija Mía, hay tres quienes se han entregado a satanás. Vosotros no recibís la verdad en vuestra nación ni en el mundo. Vuestro Vicario está prisionero.

“Antonio Casaroli, ¡condenaréis vuestra alma al infierno! Giovanni Benelli, ¿qué camino habéis tomado? ¡Estáis en el camino hacia el infierno y la condenación! Villot, líder del mal, apartaos de esos traidores; no sois desconocidos al Padre Eterno. Os asociáis con la sinagoga de satanás. ¿Creéis que no pagaréis por la destrucción de almas en la Casa de Mi Hijo?

“El anticristo, las fuerzas del mal, se han reunido hijos Míos, dentro de la Ciudad Eterna. Debéis hacerle saber a la humanidad que todo lo que viene de Roma viene de la oscuridad. La luz no ha pasado por allí. La apariencia en público no es de Pablo VI, es el papa impostor. Los medicamentos del mal han vuelto soso el cerebro del verdadero papa, el Papa Pablo VI. Ellos envían por sus venas, veneno para atontar su razonamiento y paralizar sus piernas. ¿A qué criatura maligna le habéis abierto las puertas de la Ciudad Eterna y habéis admitido a los agentes de Satanás? Planeáis remover al Padre Eterno de vuestro corazón y de los corazones de aquellos a quienes buscáis engañar. Esparcís el rebaño.” (Nuestra Señora, 27 de Septiembre, 1975).

En el momento que este mensaje fue dado en 1975, el Cardenal Jean Villot era el Secretario de Estado del Papa. Toda la correspondencia dirigida al Santo Padre pasaba por sus manos. El Cardenal Giovanni Benelli era el Secretario sustituto de Estado. En otras palabras, era el segundo al mando de Villot, y el tercero al mando del Papa. El Cardenal Agostino Casaroli era el Secretario del Consejo para Asuntos Públicos. Su trabajo ascendió a ser hombre de Relaciones Públicas del Vaticano, a escala internacional.

A Juan Pablo I lo liquidaron porque no cuadraba en sus planes. Era de la línea tradicional, de la disciplina de la Iglesia: «(…) cuando hablé a los cardenales en la Capilla Sixtina, aludí a la «gran disciplina de la Iglesia» que debía «mantenerse en la vida de los sacerdotes y de los fieles» (…) Esta existe sólo cuando la observancia externa es fruto de convicciones profundas y proyección libre y gozosa de una vida vivida íntimamente con Dios. Se trata –escribe el abad Chautard– de la acción de un alma, que reacciona continuamente para dominar sus malos inclinaciones y para ir adquiriendo poco a poco la costumbre de juzgar y de comportase en todas las circunstancias de la vida, según las máximas del Evangelio y los ejemplos de Jesús.» (Discurso al Clero Romano).

Por supuesto, que esto no fue el motivo de su asesinato, pero sí un impedimento para lo que el demonio quería desde la Silla de Pedro: el desastre, la destrucción de toda Verdad. Y buscaba un hombre, ya no un sosía, ya no uno que había que enmascararlo. Pero el Cónclave todavía no era de él. Así que había que elegir a otro.

“Regresaremos, hija Mía, en la historia, una corta historia, y recordaremos bien lo que ha sucedido en Roma a Juan, el Papa Juan, cuyo reinado duró 33 días. Oh, hija Mía, ahora es historia, pero está puesta en el libro que enumera los desastres para la humanidad. Él recibió el horror y el martirio al tomar de una copa. Fue una copa de champagne que le fue dada por un miembro, ahora fallecido, del clero y de la Secretaría del Estado.” – (Nuestra Señora, 21 de Mayo, 1983)

El P. Sáez escribe en su libro:

«Después de casi tres años de investigación, David Yallop escribió en su libro In God’s Name (En el Nombre de Dios, 1984), que las circunstancias precisas relacionadas al descubrimiento del cuerpo de Juan Pablo I “elocuentemente demuestran que el Vaticano practicó una campaña de desinformación.” El Vaticano dijo una mentira tras otra: “Mentiras acerca de pequeñas cosas, mentiras acerca de grandes cosas. Todas estas mentiras tenían un único propósito: disfrazar el hecho que Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I, había sido asesinado.” El Papa Luciani “recibió la hoja de una palma del martirio debido a sus convicciones.”.

Sus días de su prueba estaban todos contados por el Cielo. Elegido para sufrir por la Iglesia. Elegido para dar la sucesión al último verdadero Papa Católico .

Con Juan Pablo II, se equivocaron, pero no pudieron con él. Era el Papa de la Virgen: «Justamente, cuando Satanás se ilusionaba con la victoria, después que Dios hubo aceptado el sacrificio de Pablo VI y de Juan Pablo I. Yo he obtenido de Dios para la Iglesia el Papa preparado y formado por Mí. Él se consagró a Mi Corazón Inmaculado y me confió solemnemente la Iglesia, de la que soy Madre y Reina. En la persona y en la obra del Santo Padre, Juan Pablo II, Yo irradio Mi Gran Luz, que se hará tanto más fuerte cuanto más tinieblas lo invadan todo» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El designio del amor misericordioso, 1 de agosto de 1979 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Su muerte abrió el fin de los tiempos, porque ya el Cónclave pertenecía al demonio. Había que poner un Papa para una renuncia, no para otra sucesión de Pedro. Un Papa que no supo conservar la fe católica hasta el final. Juan Pablo II fue católico, fue Papa de los Católicos, fue fiel a la gracia que había recibido, hasta su muerte. Una muerte no querida por Dios, pero a todos los Papas hay que quitarlos de en medio desde 1972, porque la Silla es del demonio.

Benedicto xVI es un Papa verdadero, legítimo, porque viene de la muerte de Juan Pablo II, que le precede; pero que no cuenta, es inútil, porque no dio su vida por el Papado ni por la Iglesia.

Su renuncia, ya decidida por la masonería, da al demonio pleno poder sobre el Papado para poner su maqueta: Francisco y su gobierno horizontal.

El Papa Benedicto XVI está en las profecías: El número 111, “De Gloria Olivae” (De la Gloria del Olivo). Y hasta que no muera, no se puede entender su nombre. La gloria del Olivo es la Verdad; pero sólo la Verdad tiene Su Gloria en la Cruz. Y la Cruz es lo que ha rechazado Benedicto XVI. Para cumplir su profecía, es necesario que reciba una cruz y que muera en ella.

Francisco no pertenece a ninguna profecía, porque no es Papa; es una maqueta nueva de Papa, una imagen, un esbozo, una escultura de bronce que los hombres adoran.

Francisco no sirve al Dios Uno y Trino y, por eso, está creando un nuevo sacerdocio en su nueva iglesia. Un sacerdocio que sirva al pueblo, a la masa, a la idea predominante en la sociedad.

Ahora, en la Iglesia se sirve al pensamiento del hombre, a la persona humana, pero no a Cristo, ni en la idea ni en la persona. Hay un culto desfigurado a todo lo que representa la Iglesia católica, a toda Verdad, a todo Dogma. Un culto a lo humano que hay en la Iglesia; un culto que debe anular lo divino para dar sólo lo que los hombres buscan en sus vidas.

Hoy no se ama la Verdad, sino la mentira que nace de un pensamiento del hombre, que se cree libre porque es capaz de engendrar ideas en su mente. Pero esta libertad del pensamiento es falsa, porque Dios ha hecho la razón para la Verdad, y la voluntad para la libertad.

Se tiene una mente humana para descubrir la verdad de la vida; se tiene una voluntad humana para elegir lo que más convenga en esa verdad encontrada por la razón.

Pero Francisco tiene una mente humana retorcida y sólo le sirve para poner su idea, su culto, su visión de Cristo y de la Iglesia. Y es arrogante, orgulloso. Se impone porque él lo quiere, porque él lo decide. Y, a pesar de que a nadie le interesa su opinión, todos le tienen que obedecer porque se ha creído dios en la Iglesia. Francisco es el que se ha puesto por encima de la autoridad de Dios y obra la maldad a la vista de todo el mundo. Y muchos lo apoyan. Son fieles a esa maldad y le ponen caminos para que se realice en la Iglesia.

Muchos quieren entender los gestos de Francisco en clave católica para poder evaluarlos en su catolicidad, y por eso, se engañan. Porque Francisco no tiene la fe católica. Luego, sus gestos no son católicos, son para la gente del mundo, pero no para la Iglesia. No se pueden comprender los gestos de Francisco en clave católica, sino en clave no-católica. Y, solo así, se puede evaluar lo que significa para la Iglesia Católica y para el mundo.

¡Cuántos hay que se engañan en esto! Todavía muchos, viendo el acto de Francisco con Shimón Peres y con Mahmud Abbas, está pidiendo al Señor que ilumine a Francisco para no errar como Papa. Es la venda en los ojos. Es no comprender que Francisco es sólo una víbora que ataca a la Iglesia para devorarla. Que Francisco no posee el Espíritu de la Iglesia. Que está en Ella para hacer una maqueta nueva de la Iglesia y de Cristo.

Quien atienda a la Verdad de la Iglesia podrá comprender cómo durante más de 50 años no hay Verdad en la Iglesia: hay muchas mentiras, muchos errores, muchas herejías, muchos cismas. Hay un poco de todo, que nadie ha sabido combatir y discernir. Hay una mezcla de ideas, de juicios, de obras, de vidas, que sólo tienen una finalidad: destruir la Verdad.

No se puede destruir a la Iglesia de un mazazo, sino que hay que ir golpe a golpe; poco a poco, quitando acá y allá hasta conseguir el objetivo.

El fin ya se tiene, pero hay que llevarlo a la perfección. Francisco entretiene a todo el mundo, para que otro dé el golpe definitivo. En este tiempo de Francisco, se ponen los peones en toda la Iglesia. En cada Obispado, hay un profeta del demonio, uno que trabaja ya de manera directa para que todos obedezcan lo que viene de Roma.

Los que se cansan en analizar las líneas del gobierno de Francisco son gente, no sólo con una venda en sus ojos, sino aliados de Francisco, instrumentos del demonio, gente que no tiene dos dedos de frente. Que está en la Iglesia para buscar el paraíso perdido; pero que ya no busca a Cristo ni en sus vidas espirituales, ni en sus vidas sociales, ni en la vida de la Iglesia.

Es tiempo de salir de una estructura vieja, inerme, jurídica, inservible para ser Iglesia. Hay que seguir siendo la Iglesia Católica sin ninguna estructura. Es lo que pide el Señor ahora: el desierto. «Fueron dadas a la Mujer dos alas de águila grande para que volase al desierto, a su lugar, donde es alimentada por un tiempo, y dos tiempos, y medio tiempo lejos de la vista de la serpiente» (Ap. 12, 14). Con la Eucaristía y con el Santo Rosario es como se hace hoy la Iglesia. Si faltan esas dos cosas, la Iglesia no sirve para nada.

La Sinagoga de Satanás

tres espadas

«El misterio de iniquidad consiste precisamente en que el “Aparato publicitado de la Iglesia” que debía servir para llevar las almas a Jesucristo, sirve en cambio para perderlas y esclavizarlas al demonio. Aquí está el “misterio de perversidad” (P. Julio Meinvielle)

Todo ha sido montado para dar publicidad a un hereje, para hacer que en la Iglesia la Verdad quede oculta.

La autoridad en la Iglesia Católica ha dejado de ser divina y es sólo humana, con un poder humano, con unos fines para los hombres, haciendo que lo divino se eche a un lado.

¿Quién está sosteniendo las herejías de Francisco? La misma Jerarquía de la Iglesia, los mismos que tendrían que dar testimonio de la Verdad, pero que conducen a toda la Iglesia hacia el apartamiento de Dios, al alejamiento de la Verdad.

Francisco es la cabeza de los malos, de los pecadores, de los herejes, de los cismáticos, de los que se van a condenar porque aman su pecado. Él gobierna e influye en los demás para atraerlos hacia el fin de la masonería, que es el comunismo y el protestantismo dentro de la Iglesia.

El gobierno de Francisco es para que las almas pequen dentro de la Iglesia. Y, pecando, obran el comunismo y el protestantismo.

Sólo poniéndose en la Verdad, es decir, quitando el pecado se obra la Redención en la Iglesia, que es la obra de Cristo y que debe ser la obra de toda la Jerarquía Eclesiástica.

Pero, en realidad, la Jerarquía ha hecho un cisma en la Iglesia: se ha apartado de la Verdad, no totalmente, sino parcial, pero de manera oculta.

Todavía, entre la Jerarquía, hay sacerdotes que ven la Verdad, pero que no se atreven a dar testimonio íntegro de la Verdad, por el temor de quedar abandonados por la misma Jerarquía.

Hay miedo entre los sacerdotes, mucho miedo. Y muchos deciden acoger la mentira que da Francisco por miedo, por seguir a los otros, por no querer sobresalir de entre los demás. Los demás guardan silencio; ellos también.

Francisco habla sus herejías y los medios de comunicación de la Iglesia las apoya. Esto es diabólico, no sólo es cosa humana. Eso es señal del Anticristo.

El arte del demonio es dominar los medios temporales para por allí hacer perder a los hombres, el interior de las almas. El demonio no sólo domina los medios del placer, de la riqueza y del poder, sino de lo social, de lo que el hombre se enorgullece: la vida de comunicación social, la palabra del hombre en la sociedad, en el mundo.

El demonio, mentiroso, desde el principio, pone su mentira en los medios de comunicación para tener agarrado a todo el hombre en la mentira, en el engaño, en el error. Y si logra que los medios de comunicación de la Iglesia den la mentira, entonces ha ganado la partida en la Iglesia.

Una iglesia que apoya a un hereje en los medios de comunicación es la iglesia del demonio, no ya de Cristo.

La Iglesia es la Verdad y sólo tiene que dar la Verdad y, por tanto, debe combatir toda mentira. ¿Por qué no combate las mentiras de Francisco? Porque el Anticristo está detrás de Francisco y de la misma Jerarquía Eclesiástica. El Anticristo sostiene a Francisco y, por eso, le da la propaganda que necesita en toda la Iglesia y en el mundo.

Al Anticristo le conviene que un Obispo, como líder de la Iglesia, predique su misma doctrina. En el Anticristo está contenida toda la malicia humana para hacer caminar a todos los hombres al culmen de su pecado. El Anticristo sabe todos los caminos del mal para engendrar males en todas partes. Por eso, Francisco lleva un año sembrando todo tipo de males en la Iglesia. Y los demás aplaudiendo esos males.

Francisco los siembra y los obra. Y produce un desequilibrio espiritual en la Iglesia, porque la Iglesia está llamada a la perfección de la vida espiritual y, por tanto, a la plenitud de la Verdad. Y todos los Papas han aportado su grano de arena para llegar a esa plenitud.

Pero llega un hombre con la mentira en su boca y hace que la Iglesia emprenda y siga un camino de retroceso en toda la vida espiritual. Esta es la gravedad que vive toda la Iglesia.

La Iglesia ya no camina hacia la Verdad, que es Cristo, sino que vuelve la mirada atrás, como queriendo buscar algo que dejó en otro tiempo, en otras circunstancias de la vida de los hombres, como queriendo buscar un camino nuevo en el pasado.

En el Anticristo tiene que brillar la plenitud de la malicia. Y este es su tiempo en la Iglesia. La Iglesia se enfrenta al Anticristo. Por eso, es necesario salir de Roma, de una estructura que ya no sirve para ser Iglesia, para hacer Iglesia, para obrar la Verdad en la Iglesia. Es lo que muchos no acaban de comprender todavía.

La Iglesia no vive de estructuras, sino de corazones abiertos a la Palabra de Dios. La Iglesia sólo necesita de las estructuras para poder obrar la Verdad. Peo cuando, desde esas estructuras se impide esa obra, entonces hay que abandonarlas para seguir siendo Iglesia, la Iglesia que vive en cada corazón que está en Gracia.

La autoridad que rige, ahora, en la Iglesia Católica es totalmente farisea, hipócrita, saducea, legista, impía. Una autoridad que se enorgullece de su poder y que, por tanto, no ve su pecado, no lucha contra el pecado, sino que va al mundo para abrazar el pecado de todos los hombres. Esto es diabólico. Y esto lo llama San Juan: la Sinagoga de Satanás (Ap 2, 9).

La Sinagoga de Satanás es el gobierno de un grupo de fariseos, que es una minoría, pero que tiene todo el poder en sus manos. Cristo se enfrentó a ese grupo. Y, por eso, lo liquidaron. Ellos tomaron toda la tradición auténtica de los Patriarcas y de los Profetas para pervertir y dominar a todo el pueblo elegido por Dios.

Desde hace 50 años funciona, a pleno rendimiento, esa Sinagoga: un grupo de sacerdotes, de Obispos, que son una minoría, tienen todo el poder en la Iglesia. Y han hecho de la Palabra de Dios, su interpretación personal; y han hecho de la liturgia de la Iglesia, el culto al demonio; y han hecho de la Tradición, su cultura comunista y protestante en la Iglesia. Lo han rebajado todo, lo han pervertido todo y han obligado a los Papas a someterse a su inicuo pensamiento humano.

Por eso, decía el Señor de esta sinagoga: «Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la Verdad no estaba en él» (Jn 8, 32).

Ha sido esta Sinagoga de satanás quien ha puesto a Francisco como un falso Papa, como una pintura del Papado, como una caricatura del Papado, porque eso es lo que representa Francisco. Francisco se ríe del Papado. Francisco ha destrozado el Papado. ¿Por qué lo llaman Papa si no puede dar la Verdad del Vicario de Cristo? Francisco, cuando habla la mentira, habla de los suyo propio, de lo que hay en su mente humana. No puede hablar de lo que hay en el Corazón de Cristo, porque rechaza a Cristo en su mente y en su corazón. ¿Por qué lo llaman Papa?

Si el Papado no es una cuestión legal en la Iglesia. Igual que nadie puede renunciar a ser Papa, así nadie puede elegir a un Papa. El Papa lo elige el Espíritu Santo. Es el Espíritu el que mantiene al Papa hasta el final de sus días, porque no quita nunca el don de ser Papa a aquel hombre que Él ha elegido.

¿Por qué siguen llamando a Francisco como Papa si Dios no lo ha elegido?

La Autoridad en la Iglesia no es como la del mundo. En el mundo, los hombres eligen sus gobernantes y ponen sus leyes para regir sus gobiernos. En la Iglesia, Dios elige Su Gobierno. Los hombres tienen que dedicarse a salvar almas. Y Dios gobierna lo demás. Por eso, Jesús puso a Pedro. Y sólo a Pedro. Los demás son los demás, es decir, no gobiernan.

Dios gobierna Su Iglesia sólo con Pedro. Por eso, aunque el Papa Benedicto XVI no haga nada como Papa verdadero, Dios sigue gobernando Su Iglesia a través de él. Dios no gobierna Su Iglesia a través de Francisco. ¿Por qué llaman a Francisco como Papa, si no es Papa? Los Cardenales eligieron a un hombre mientras el Papa verdadero vivía. Luego, ese hombre no es elegido por Dios para ser Papa. Es así de sencillo, pero la Sinagoga de Satanás no puede aceptarlo. Ellos sacan sus documentos y demuestran que fue elegido Francisco como Papa y que Benedicto XVI renunció. ¡Documentos! ¡Legislación, leyes, pensamientos de los hombres! Eso es el fariseísmo. Ya no pueden atender a la Gracia.

Se es Papa por Gracia, no por elección de los Cardenales, de los hombres. La Iglesia es una Gracia. Y en la Iglesia todo se obra en la Gracia y por medio de la Gracia.

Entonces, ¿cuándo van a dejar de llamar a Francisco con el nombre de Papa para llamarlo por su nombre: un demonio encarnado? Pero nadie se atreve a decir esto. Temor, miedo, respetos humanos, culto al pensamiento de los hombres. Y toda la Iglesia tiene miedo de una minoría, de un fariseísmo que sólo busca destruir la Iglesia, como hicieron con Jesús: destruyeron su vida humana.

Tenéis miedo al poder de unos hombres, que son nada ante Dios, y no tenéis miedo a Dios que, con Su Poder, puede hacer que todos los hombres besen, con sus bocas, la faz del infierno. Los hombres sólo matan el cuerpo, pero Dios lleva al infierno al alma. Dios quita la vida del alma y la transforma en un demonio, incapaz de poder amar ya, ni siquiera a ella misma.

Los hombres sólo velan por su vida material y, por eso, temen a los hombres. Es que esa minoría nos puede dejar sin lo material. Y, entonces, hay que callar, hay que seguir como si nada pasara. Esto es lo que les pasa a muchos sacerdotes y Obispos, que les cuesta levantarse contra Francisco, contra una minoría de hombres, fariseos, que no saben nada de la vida espiritual ni de la vida de la Iglesia.

Cristo los combatió y triunfó de ellos. Por eso, el mal que ahora hace esa Sinagoga de Satanás es muy limitado. No tienen toda la libertad de antes, porque quien gobierna la Iglesia es sólo Cristo. El pueblo elegido por Dios era gobernado por muchos hombres, por eso, por la codicia, por la avaricia, por el poder de querer ser más que los hombres, una minoría se hizo con todo el gobierno. Pero, ahora, esa minoría sólo depende del Anticristo, es manejada en todo por el Anticristo. Y el Anticristo no tiene poder sobre la Iglesia de Cristo. Por eso, es necesario salir de Roma, para no caer en las fauces del Anticristo. Y es necesario llamar a Francisco, un anticristo, porque eso es lo que es. Y quien se pone en la Verdad, entonces sabe luchar contra ese fariseísmo que es la autoridad en Roma.

Hay que combatir al gobierno horizontal que ha puesto Francisco en Roma. Hay que socavarlo. Hay que sacar a relucir los pecados, las herejías, de todos esos que componen la Sinagoga de Satanás. ¡Quien no saque los trapos sucios de esos Obispos y Cardenales, no se pone en la verdad de la Iglesia, sino que se acomoda a la mentira que esos canallas den en la Iglesia!

Son tiempos muy serios para estar adulando a unos herejes. No son tiempos como los de antes. Antes había que callar. Ahora, ya no es necesario. Ante un hereje, como Francisco, hay que decírselo en la cara para que comprenda que su vida es para el demonio, no para Cristo. Si Francisco fuera de Cristo, entonces se le tendría respeto. Pero Francisco ha anulado a Cristo en su sacerdocio. Ahí están sus obras clarísimas. ¡Por sus obras los conoceréis! El que imita a Cristo hace las mismas obras de Cristo. Y Cristo vino a salvar almas, no vino a quitar la hambruna del mundo. ¡Por sus obras los conoceréis! Quien no se dedica a salvar almas: a confesar, a quitar demonios, a predicar la Verdad, a hacer penitencia por los pecados de Su Rebaño, entonces se dedica a las empresas del mundo y a darse publicidad en todo el mundo. ¡Por sus obras los conoceréis! ¿Cuándo van a discernir lo que es imitar a Cristo?

Porque Francisco no imita a Cristo, por eso, dice todos los días sus herejías, sus mentiras, sus errores, sus engaños. Y, por eso, no se puede comulgar con él. Hay que despreciarlo, incluso como Obispo, porque un Obispo recto ve su pecado, y lo quita, y se pone a hacer penitencia por su pecado. Pero, Francisco, ¿qué es lo que ve? Sólo su grandioso pensamiento, que es su mentira hecha vida, carne, en su sacerdocio. Si él no respeta la verdad de su sacerdocio, entonces no se le puede respetar como persona consagrada, porque, con su pecado, anula lo que es ante Dios.

Francisco un maldito que lleva a las almas al infierno.

Vaticano: la sinagoga de satanás

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“He aquí que entrego parte de la sinagoga de Satanás, de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí que haré que ellos vengan y se postren delante de tus pies, y conozcan que Yo te amé. Por cuanto guardaste la Palabra de Mi Paciencia, también Yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el orbe entero, para probar a los habitantes de la tierra” (Ap. 3, 9).

El Vaticano se ha convertido en la sinagoga de Satanás, es decir, en el cuartel general de la rebeldía y de la desobediencia, comandado por Francisco y los suyos.

Francisco es la cabeza hereje, jefe de herejía, que tiene a su alrededor sólo gente hereje, como es él. Su gobierno está lleno de Cardenales, Obispos y sacerdotes que ya no viven la vida de la Iglesia, que ya no les importa la fe católica y, por tanto, nada de lo que la Iglesia ha enseñado durante 20 siglos.

Ellos tienen “por padre al diablo” (Jn 8, 44) y, en consecuencia, sólo pueden hablar la mentira, el engaño, la herejía en todas las cosas. No pueden hablar la verdad a nadie. Que nadie busque una verdad en ellos porque todo está tergiversado en lo que enseñan en la Iglesia.

Ellos mismos se apartan de la Iglesia, salen de la Iglesia por sus pecados de herejía.

Cualquiera que proclame u obre una doctrina distinta a la de Cristo, que se oponga a la verdadera fe católica, cae en herejía y en excomunión, aunque fuere un sacerdote, Obispo, Cardenal, Papa, porque las Verdades Divinas son Sagradas y, por tanto, intocables: “Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, (…) prometo, voto y juro que igualmente la he de conservar y confesar íntegra e inmaculada con la ayuda de Dios hasta el último suspiro de vida, con la mayor constancia” (Profesión tridentina de fe [De la Bula de Pío IV Iniunctum nobis, de 13 de noviembre de 1564]).

No hay salvación fuera de la Iglesia. Y aquel que cae en la herejía y se mantiene en ella, sin quitarla, se pone, automáticamente, fuera de la Iglesia, y se condena en su herejía.

Hay que conservar y confesar la fe católica, las verdades que enseña la Iglesia de forma íntegra, sin cambiarlas, sin desviarlas, sin interpretarlas. Y hasta el final de la vida, hasta la muerte si uno quiere salvarse. Y quien se aparta de la fe católica, aunque sea sólo en un dogma, en una verdad, no puede salvarse.

Francisco y los suyos están fuera de la Iglesia, no pertenecen a la Iglesia. Están en su herejía. Y, por tanto, todo el Vaticano es hereje. Roma es hereje, está llena de herejes.

Y esta es la razón divina que da el Señor al Papa para irse de Roma. Esta es la causa gravísima para dejar Roma: Roma ya no es de la Iglesia católica. La Iglesia, que está en Roma, no es la de Cristo. Luego, es una razón gravísima para irse de Roma. Es una falsa Iglesia, es un invento de los hombres.

Pero Benedicto XVI no comprendió el mensaje y obró mal. Porque el Señor quería que saliera de Roma, no que se quedase dentro, acompañando a los herejes, sin luchar contra los herejes.

Benedicto XVI no supo renunciar en la Voluntad de Dios, sino que calló la razón divina en su renuncia y pecó.

Había que salir sin renunciar para enfrentarse a Roma, con la fuerza del Espíritu.

Dios nunca quería a un Benedicto XVI como está ahora, en medio de lobos sin luchar en contra de ellos. Siempre Dios quiere que el alma luche en contra de sus enemigos: mundo, demonio, carne. Nunca la quiere quieta, sin luchar, como hace Benedicto XVI, y eso es señal de su pecado, de que no entendió la Voluntad de Dios.

No se renuncia para estar tranquilo en la vida. Se sale de Roma para seguir luchando en contra del mal. Francisco y los suyos, están condenado almas para el infierno. Y, ante eso, no se puede estar con los brazos cruzados mirando a ver qué pasa, que es lo que mucha gente hace. ¡A ver cómo se condenan las almas! Hay que pringarse las manos, hay que ser valiente para decir la Verdad en la Iglesia, para enfrentarse a los herejes que gobiernan la Iglesia para destruirla.

Francisco es un maldito que está en la Iglesia condenando a las almas. Él se condena y lleva al infierno muchas almas, porque nadie va solo al infierno, como nadie va solo al cielo.

El Señor conocía el corazón de Su Pedro, y sabía lo que iba a hacer. Por eso, Dios guía todas las cosas de Su Iglesia, hasta el último detalle. Dios no deja desamparada a Su Iglesia, porque es la Cabeza de la Iglesia.

El Señor conocía el pecado de su Pedro y le puso un camino en ese pecado: retirarse para ver lo que sucede en Roma. Retirarse de todos para comprobar que la Palabra de Dios siempre se cumple. Es lo único que se cumple. Es lo que permanece siempre.

Benedicto XVI tiene que aprender a creer como un niño en la Palabra de Dios. Tener fe sencilla; tener un alma disponible a la Voluntad de Dios; dejar que Dios muestre el camino y la forma de caminarlo.

Es lo que Benedicto XVI no aprendió y ahora lo tiene que aprender si quiere salvarse en la Iglesia.

Tiene que levantarse de su pecado y ponerse en contra del hereje Francisco con todas las consecuencias que eso trae para la Iglesia.

Hay que aprender a batallar en la Iglesia contra la mentira de los hombres que se creen santos y justos porque piensan la vida. La vida la hace el Espíritu en la Iglesia, no los hombres. La vida se da para obrar lo divino en medio de lobos, como es el mundo. Y, por eso, la Iglesia es el único lugar donde no habita Satanás, porque es la Obra de la Verdad, que es Jesús.

Pero como los hombres son aficionados a pecar y a vivir de sus pecados, entonces hacen de la Iglesia el connubio de Satanás. Y no se puede estar en un sito que pertenece al demonio, como es Roma en estos tiempos.

Hay salir de Roma, como salió el Señor hace mucho. Hay que ir al desierto y allí batallar contra Roma.

Es la hora de la batalla que muchos todavía no comprenden. Después de nueve meses, siguen en lo mismo: dando oídos a un necio que sólo se mira el trasero en su vida en Roma.

Y hay que enfrentarse a ese necio, saliendo de sus posesiones, porque no las va a dejar.

Dejará a otros que sigan dinamitando la Iglesia, como él lo hace. Pero ya no hay vuelta de hoja. Ya no se puede mirar hacia atrás.

Vienen tiempos dificilísimos para todo el que cree, porque la Iglesia va a estar, como en sus tiempos primeros, en catacumbas, en casa privadas, en silencio, sin que nadie sepa lo que se obra allá.

Es el tiempo del demonio en Roma. Y hay que olvidarse de lo que ha sido Roma. Roma ya no interesa. Lo que interesa es seguir siendo de la Iglesia y formando la Iglesia que el Señor quiere. La Iglesia fundada en la Verdad, en la Roca de la Verdad, que es Jesús.

Ese fue el mensaje que el Señor dio a Su Papa y no creyó, porque así somos todos los hombres: incrédulos. Queremos ver, entender, sintetizar, meditar, planificar, pero nunca creer como un niño en la Palabra de Dios, que nunca engaña a nadie. Son los hombres los que se engañan con sus filosofías de la vida, como hacen tantos en Roma.

No están las cosas para ver qué hace Francisco en Roma. Están las cosas para enfrentarse a Francisco fuera de Roma, que es lo que nadie sabe hacer.

Predicar, hoy día, contra Francisco, es ser expulsado de las Iglesias, de las parroquias. Eso es una verdad que quien la vive la sufre, porque ve la necedad de la gente, que se acomoda bien pronto a sus intereses humanos en la vida y no quiere sufrir por la Verdad de la Iglesia.

Por eso, los tiempos son muy graves. Y muchos que son de la sinagoga de Satanás, que es Roma, se pondrán, cuando vean su error, a los pies de Benedicto XVI, y lo ayudarán en la misión que el Señor le ponga en estos últimos tiempos.

Tiempos para batallar en contra del Vaticano, que se ha convertido en la sinagoga de Satanás, en medio del mundo que aplaude ya a Francisco por sus logros en Roma.

En Roma se oculta la verdad de sus intenciones

misericordia

“…judíos y gentiles, todos están bajo pecado; según está escrito que no hay quien sea justo, ni siquiera uno solo; no hay quien tenga seso, no hay quien busque a Dios; todos se extraviaron, a una se echaron a perder; no hay quien haga el bien, no hay siquiera uno” (Rm 8, 10-12).

La apertura de Roma al mundo es la negación de la Palabra de Dios, porque en el mundo todos están en contra de la Verdad: “no hay quien tenga seso”, no hay inteligencia en las mentes, en las ciencias, en las filosofías, en las leyes que los hombres escriben u obran.
Porque la Verdad sólo está en la Palabra de Dios y, quien la obra, es inteligente, hace el bien que Dios quiere en su vida humana.

Esto, tan sencillo de comprender, en la práctica ninguno de los que están en Roma lo entiende con su razón, porque han perdido la fe en la Palabra de Dios y sólo creen en el hombre, en el mundo; sólo están llenos de la sabiduría humana, que destruye toda la Verdad del Evangelio.

Un hombre, como Francisco, que alaba a judíos, a protestantes, a musulmanes y a todo el mundo, apartándose, para eso, de la Verdad, destruye, con su obra demoniaca, la Iglesia en todos sus cimientos.

Su afán por conseguir que la Iglesia ayude las diversas necesidades materiales o humanas de los hombres en el mundo, sin importar la Verdad del Evangelio, sin la práctica de las virtudes cristianas, sin la ley divina, poniendo el amor sólo en una bondad sentimental hacia el prójimo, eso hace que el amor de Dios se divida y se anule de raíz.

Dios no ama a nadie en el mundo. Dios ama al que tiene la gracia en su corazón. El amor de Dios se da en la gracia divina. Y quien esté en pecado, no tiene el amor de Dios y no puede ser amado por Dios. Dios, hacia el pecador, sólo tiene misericordia, pero no amor de la gracia.

Y la Misericordia Divina no consiste en reparar las vidas humanas de las personas: no consiste en dar de comer o en sanar enfermedades o en dar trabajo a los hombres o en otra cualquiera beneficencia que los hombres les gusta hacer en el mundo.

La Misericordia Divina consiste en poner un camino al pecador para que salga de su pecado y expíe su pecado para poder obrar en él el amor divino, que lo lleva hacia la santidad de la vida.

Quien no sale de su pecado, no puede sentir el amor de Dios. Y aquellos hombres que quieren acariciar a los hombres con amores humanos, con sentimientos humanos, para hacerles un bien humano sólo porque son hombres, anulan la Misericordia Divina con una falsa compasión hacia los hombres en su pecado.

El que está en gracia tiene que amar a sus enemigos. Sus enemigos son muchos hombres en el mundo, porque el mundo está lleno de pecadores que no quieren quitar sus pecados.

Y sólo es posible amarlos practicando con ellos la virtud de la justicia. No se puede amar al pecador sin esta virtud. Porque es necesario darle a cada hombre lo que quiere, lo que busca en la vida, su fin para el cual obra en su vida.

Y un pecador, que vive para su pecado, pone el fin del odio en su vida. Vive para odiar, pero no para amar. Vive para destruir, pero no para construir. Vive para engañar, pero no para dar la verdad.

Y amar al pecador no es darle el bien que él busca, sino el mal que él busca en la vida.

No se pueden dar los tesoros del Cielo a los cerdos, a los que viven en el pecado. La Verdad no la puede abrazar el que peca, porque está atado a su mentira y ve su mentira como su verdad.

Al pecador, hay que darle la justicia que vive en su vida descarriada. Y, en esa justicia, hay que darle el bien que Dios quiere en ese momento. Si Dios quiere que se le dé un trozo de pana, se le da. Pero nada más. Porque no se puede hacer el bien divino con el pecador, sino el mal divino en el pecador.

El bien divino es el Amor de Dios; el mal divino es la Justicia de Dios. Toda Justicia Divina trae un mal al hombre. Es un mal que Dios quiere por razón del pecado del hombre. No es un mal porque Dios haga un mal. Para Dios, es un bien Su Justicia. Pero, para el hombre, es un mal que viene de Dios.

Ese mal divino, que es la Justicia Divina para el hombre, es un bien divino en Dios. Pero esto el hombre no sabe comprenderlo. Y en esa Justicia Divina, Dios hace bienes materiales y humanos a los hombres sin merecerlo ellos por sus pecados que no quieren quitar.

Y, por eso, para amar a un enemigo, siempre hay que preguntar a Dios qué bien concreto se hace con ese enemigo. Porque el enemigo sólo vive en la Justicia Divina y, por tanto, no es merecedor, de la Gracia, del amor de benevolencia de Dios, con el cual Dios se regala sólo con los hombres que viven en Gracia, que viven en Su Amor. Pero no puede darse con aquellos hombres que sólo viven para sus pecados.

Dios quiere salvar a todos los hombres, y, para eso, pone un camino de Misericordia, pero no un camino de amor.

El camino de amor lo pone con las almas en Gracia, que viven sujetas, sometidas, fieles, perseverante a la Gracia Divina en sus corazones.

Por tanto, si no se practican las virtudes con los diferentes hombres, queda un esperpento de amor como lo predica Francisco y lo obra en Roma. Y Francisco hace esto porque no tiene fe ni en la Palabra de Dios ni en la Iglesia.

No tiene vida espiritual y, por tanto, no está en Gracia; ni se apoya para obrar en la Iglesia en la Verdad, en el Dogma, en la Tradición, en Su Magisterio. Y produce la división en el amor, que consiste en tener muchos amores según sean los hombres. A cada uno lo ama según su amor, su ideal en la vida. Y entonces se ama al judío participando de su pecado; se ama al protestante participando de su pecado. Y así con todos. Según sea el pecado de cada cual, el amor al pecado en cada uno, así hace un bien.

Eso es un esperpento de amor. Pero de esperpentos vive el mundo, porque el mundo carece de amor y de verdad.

Es triste comprobar cómo tantos sacerdotes y Obispos se mueve por la línea de Francisco en su obrar en la Iglesia. Y eso es una señal para la Iglesia de profunda división, de cisma encubierto, de que la verdad la ocultan, de que no se dice lo que se va a hacer, sino que se da a conocer otras cosas, preparando ocultamente un cisma, una división en la Iglesia.

Así es siempre cómo el demonio obra: da a conocer al alma algo que le gusta, pero no le descubre sus verdaderas intenciones.

Esto es lo que hace Francisco y el gobierno horizontal: se ha reunido, ¿para qué? ¿Para crear una comisión para la protección de menores? Por favor, para eso no hace falta un gobierno de ocho cabezas.

Dan a la gente lo que les gusta, pero han callado la verdad de esa reunión. Y la han callado porque no conviene decirla. Porque es necesario obrarla sin más, para imponer a la Iglesia la mentira.

Un gobierno no está para comisiones, sino para gobernar con la verdad. Pero, como ninguno de ese gobierno posee la verdad, entonces van a obrar la mentira.

Roma se ha abierto ya al mundo. Eso es claro, hasta un ciego se da cuenta que el ambiente a su alrededor no está puro, no está bien, no marcha en la armonía de la paz.

Hay enfrentamientos en el gobierno que se callan, porque quien no vive el amor de Dios, vive el odio. Y nadie del gobierno horizontal vive en la gracia de Dios. Todos acogen sus herejías en la vida, sus pecados. ¿Qué esperan de hombres, que viven sus pecados, sin quitarlos, y que se ponen a gobernar una Iglesia fundada en la Verdad? Quien espere algo bueno, vive de ilusiones. Sólo se puede esperar un mal disfrazado de bien. Sólo eso. Un mal que todos aplauden, como el evangelii gaudium, como las obras de Francisco y de muchos en la Iglesia.

Viene el desastre para toda la Iglesia y, todavía, hay muchos que no se lo creen.

Hay que llorar por la Iglesia

“Tal como en la Asunción de María, los Ángeles de Dios se movilizaron para buscar el alma del Soberano Pontífice (Juan Pablo II), el hijo Bienamado de la Santísima Virgen María. Venido a la Tierra, él era el Elegido de la Santa Madre de Dios, para conducir en esta Tierra a todas las Naciones en la Paz de Dios. Él mismo dio la propia imagen de vuestro Dios de Bondad. El Amor y el perdón iluminaron su vida que irradió sobre toda la Humanidad. Si el Padre acogió a María, en cuerpo, alma y espíritu, Él Mismo acogió en ese día de la Misericordia Divina, el alma y el espíritu de Su hijo bienamado, enteramente entregado a Dios” (Jesús a JNSR – 3 de abril de 2005).

ddeespititus

La Bendición que fue Juan Pablo II para la Iglesia pocos la han comprendido, porque se han fijado sólo en el mal que estaba la Iglesia, pero no han puesto sus ojos en el Papa Juan Pablo II.

La Iglesia nunca ha sabido amar a un Papa como conviene. Muchos en la Iglesia critican y luchan contra el Papado y no saben que ir en contra de un Papa es ir en contra de Cristo y de Su Iglesia.

Muchos salieron de Roma cuando los Papas eran verdaderos, puestos por Dios. Y muchos se va a quedar en Roma cuando en la Iglesia se anude la mentira y la soberbia en cabezas puestas por el demonio.

Pocos han comprendido los Signos de los Tiempos. Tienen miedo de ver la Verdad de los hombres y de la Iglesia.

Y la Verdad siempre la da la Palabra de Dios que nadie sigue porque todos apetecen seguir sus grandes razonamientos sobre la Iglesia.

Estamos en un mundo racionalista y naturalista, es decir, que todo lo tapa con su razón y todo lo oculta con lo natural de la vida.

Con la razón se acaba la fe en la Palabra y comienza la fe en las leyes de cada uno, en las reglas que cada uno se pone para vivir.

Con lo natural se acaba lo divino, porque es más fácil mirar el entorno humano que mirar lo que no se ve en lo humano.

Hoy a nadie le importa discernir la Verdad. Todos juzgan y todos se equivocan porque quieren juzgar las cosas divinas, las cosas espirituales según lo que hay en sus razones, en lo que descubren con sus pensamientos humanos. Y, por tanto, no saben salir de su discernimiento humano, que no sirve para nada, sólo sirve para seguir creciendo en lo humano, en lo racional, en las medidas finitas que la mente pone a todo.

Para tener fe hay que aprender a discernir en el Espíritu. Hay que dejar todo discernimiento humano. Y esto es lo que más le cuesta al hombre: dejar de pensar, dejar de buscar un pensamiento en la vida. Al hombre le cuesta pisotear su mente de hombre. El hombre se alaba en su mente. El hombre se engrandece en su mente. El hombre se eleva en su mente por encima de todas las cosas, incluso de Dios.

Es el mismo pecado que tuvo el Ángel en su caída para transformarse en demonio. Asimismo, de la misma manera, se transforma el hombre en demonio. Con su mente el hombre se hace demonio. Con sus pensamientos, que no quiere deja,r porque los valora más que su vida propia.

Dios habla al corazón del hombre, no a su mente. Pero esto los hombres nunca lo han comprendido. Porque los hombres viven encerrados en sus mentes. No saben salir de ellas. Y tampoco pueden sin una gracia divina.

Todo es Gracia en la Iglesia, pero esto tampoco lo comprenden los hombres. Porque, para los hombres, en la Iglesia todo es una ley, no una Gracia. Y, por eso, resulta tan difícil permanecer en gracia para los hombres, porque es necesario que el hombre se apoye sólo en la Gracia, no en la ley.

Es la Gracia la que salva al hombre, no son sus leyes, aunque sean las más perfectas de todas. Muchos, por seguir las leyes de la liturgia, desobedecieron al Papa y salieron de la Iglesia, cuando se cambió las liturgias. Es siempre el apego a la ley lo que hace perder la gracia.

Y los hombres siguen sin comprender este punto. En la Iglesia se sigue la gracia, no la ley de la Iglesia.

La gracia es la ley divina que Dios pone en cada alma. Y eso es lo que hay que seguir en la Iglesia para ser Iglesia y para hacer la Iglesia que Dios quiere.

Pero los hombres no lo ven así. No saben verlo así, porque su pensamiento humano lo estorba y se hace más importante que la gracia.

La gracia es la vida divina dada al corazón del hombre. Vida que no se puede medir con ningún pensamiento humano y no se puede limitar con ninguna ley eclesiástica.

Y pocos han entendido lo que es la Vida Divina que trae la Gracia. Muy pocos, porque son muchísimos los que quieren entender la Fe como una regla en la Iglesia, como una ley en la Iglesia, como un pensamiento en la Iglesia.

Y, por eso, atacan mucho todo lo que Dios hace en Su Iglesia, por estar viviendo en sus mentes humanas y queriendo descifrarlo todo con sus mentes humanas.

¡Cuántos santos han sufrido la estupidez de tantos sacerdotes, de tantos Obispos, de tantos fieles que sólo están en la Iglesia amparados en su mente humana, fijos en sus discursos humanos, poseídos por sus inteligencias humanas!

Santa Teresa de Jesús sufrió las necedades de muchos confesores que no tenían idea de la vida espiritual en el alma y que todo lo analizaban según sus teologías perfectas en sus mentes.

Santa Gema sufrió un calvario en vida porque los sacerdotes la juzgaron loca, y hasta su muerte no pudo entrar donde Dios la quería por la necedad de la Jerarquía.

Sacerdotes escribas hay muchísimos en la Iglesia. Sacerdotes fariseos hay un montón. Y sacerdotes demonios es lo que más abunda en la Iglesia.

El gran pecado de los hombres es siempre su mente humana, lo que tiene cada uno dentro de la cabeza y que no quiere soltar, que se agarra a ello como si fuera una tabla de salvación.

Por eso, lo que hay en la Iglesia , ahora mismo, son sólo demonios. Gente poseída por el demonio en muchos aspectos de la vida espiritual.

Y toda esa gente endemoniada conduce a la Iglesia hacia las aguas de la destrucción y de la condenación. Y no hay manera que de esos demonios salga algo bueno para la Iglesia. No hay forma porque la Iglesia ha perdido Su Espíritu.

El Espíritu de la Iglesia espera a que las almas salgan de Roma para indicar el camino que debe seguir la Iglesia en estos momentos.

Eso será el Aviso y el Milagro: una vuelta al Espíritu de la Iglesia que ya no está en Roma. Un volver a la sencillez de la fe que sólo será posible para aquellos que persigan la Verdad en sus vidas. Sólo la Verdad. Que no se acomoden a cualquier verdad y negocio en la vida.

Ese Espíritu habla, ahora, a cada alma en particular, porque, con la renuncia de Benedicto XVI, no hay autoridad divina en la Iglesia. Ese Papa ató el Poder Divino y no hay forma de desatarlo por nadie.

Y sólo guía la verdadera Iglesia Cristo Jesús en Su Espíritu. Y nadie más. Y es el Rey de la Iglesia el que hace el camino ahora para todas las almas que son de la Iglesia, que ya no son de Roma.

Este punto es el más difícil para todos, porque los hombres se han guiado siempre por una cabeza en la Iglesia. Y ya no hay cabeza, no hay comunidad que rija los destinos de la Iglesia.

La Jerarquía de la Iglesia ha quedado abandonada por Cristo Jesús, por la renuncia de Benedicto XVI.

Jesús no se acomoda a ningún jefe en la Iglesia. Jesús ha hecho Su Iglesia en Pedro y si Pedro renuncia a ser Pedro, Cristo Jesús no se une a ningún hombre para seguir haciendo Su Iglesia en la Tierra. Porque la potestad de guiar a la Iglesia en la Tierra sólo la tiene Pedro, y nadie más; y ningún miembro de la Jerarquía Eclesiástica, por más que se ponga en el poder de la Iglesia, tiene capacidad para dar la Voluntad de Dios en la Iglesia. Sólo Pedro tiene ese Poder. Y Pedro renunció a ese Poder.

En consecuencia, hay que llorar por la Iglesia en Roma, porque se ha quedado sola, sin Espíritu y sin cabeza que la guíe. Hay que llorar. Que es lo que nadie hace.

Pero nadie analiza la situación de la Iglesia actual de esta manera. Nadie. Porque no hay vida espiritual en los hombres. Los hombres quieren seguir siendo Iglesia a pesar de la renuncia de Benedicto XVI. Y eso ya no es posible en Dios. Es sólo posible en los hombres, pero de ahí surge la división en toda la Iglesia porque se hacen cosas sin Espíritu, cosas que son, a las claras, pecado.

Para ser Iglesia es necesario seguir al Espíritu de la Iglesia. No es suficiente seguir una ley eclesiástica, que es lo que hicieron los Cardenales en la renuncia de Benedicto XVI. No se pararon a discernir el espíritu con que Benedicto XVI había hecho su renuncia. Y, al no tener discernimiento espiritual de esa renuncia, cayeron todos en el error de elegir a un hombre sin la Voluntad de Dios, sin el Espíritu de la Iglesia. Y sólo por seguir su discernimiento humano, racional, natural, que siempre lleva al error en todo. Y, ahora, se están viendo las consecuencias nacidas de esa falsa elección de un hombre a la Silla de Pedro.

Ahora es cuando muchos despiertan, pero despiertan mal. Despiertan porque ven que la cosa no funciona, pero no entienden por qué no funciona. Siguen sin discernir en el Espíritu. Sólo ven razones, ideas, obras, sentimientos contrapuestos, divisiones entre los fieles, en la Jerarquía, pero no ven la Verdad de lo que pasa.

Esto también es el juego del demonio, que sabe cómo son todos los hombres y justifica la división en ellos haciendo que las almas se despierten de un engaño para meterlas en otro.

Así siempre actúa el demonio. Lleva a las almas de una seducción a otra seducción para hacerlas caer en el pecado que quiere.

Y, ahora, el pecado que le interesa poner al demonio en la Iglesia es otra cabeza, no elegida por los Cardenales en el cónclave, sino que salga del gobierno horizontal. Y muchos que despiertan ahora del engaño de Francisco van a caer en el siguiente engaño, porque los hombres necesitan de una cabeza que los gobierne. Y esto lo sabe muy bien el demonio. Y muchos ven que Francisco no vale para ser cabeza de nada. Y, por eso, acogerán con gusto otra cabeza.

La realidad de la Iglesia en Roma, la realidad de su gobierno horizontal es caótica. No están unidos ellos mismos en una verdad, en un fin que hay que seguir en la Iglesia. Es que no hay manera mientras Francisco esté de jefe. Porque Francisco da largas a todos, ya que sólo le interesa sus pobres en la Iglesia. Y se desvive sólo por eso. Pero se desvive mal porque quiere ir hacia los pobres sin el dogma, sin la verdad. Y, claro, eso produce tensiones en toda la Iglesia, división en toda la Iglesia. Y esto tiene que romperse de alguna manera.

Y el demonio no está para soltar su presa de la Iglesia una vez que la ha cogido en la cabeza. El demonio ahora hace su jugada maestra. Y ahí enlaza con todas las almas que no han querido discernir nada en este tiempo de seducción. Es una atadura perfecta la que va a hacer el demonio. Una atadura muy fuerte que sólo con dolor se podrá quitar. Con el dolor de renunciar a todo por amor sólo a Cristo y a Su Iglesia, que es lo que ahora nadie sabe hacer porque todos bailan con Roma.

Todos contentos por ver cómo para todo esto que se ha inventado Roma en la Iglesia. Y nadie se va a apercibir del engaño. Muy pocos, porque muy pocos son los que viven de fe en la Palabra de Dios. Todos quieren una ley para tener fe, una razón que los obligue a quedarse en Roma y a ser gobernados por una cabeza que ya no representa a Dios ni a Cristo en la Iglesia.

Cardinal Óscar Andrés: anula la Verdad en la Iglesia

El Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga SDB, Arzobispo de Tegucigalpa, ha dado una conferencia titulada: “La importancia de la nueva Evangelización”, en la Universidad de Dallas, anulando el Magisterio de la Iglesia, Su Tradición y la Sagrada Escritura. Este Cardenal preside la G8, el invento de Francisco para destruir la Iglesia.

san miguel arcangel

El Cardenal expone en su conferencia que la Iglesia hoy está en aumento, hay un incremento en la fe en África, hay una gran vitalidad en la Iglesia de Asia, en Europa y en Estados Unidos la Iglesia está viva y efectiva, que no todo es escándalo y pecado.

Para hablar de la Iglesia hoy es necesario ponerse en la Verdad. Y sólo en la Verdad y no decir los disparates que este Cardenal expone en su conferencia.

La Iglesia está en bajada, en picado en la Fe. No está en aumento, como dice el Cardenal. No hay Fe en la Iglesia porque la Jerarquía Eclesiástica ya no cree en la Iglesia.

Hay que empezar por acá. Si no se comienza así, entonces todo el mundo está contento con una Iglesia que está haciendo el juego al mundo, a las potencias del mundo y que baila según los ritmos de la política económica mundial.

La Jerarquía de la Iglesia no tiene Fe ni en la Palabra de Dios ni en la Iglesia. Y, por eso, está haciendo, está construyendo un falso Cristo y una falsa Iglesia.

El Cardenal dice: “The Second Vatican Council was the main event in the Church in the 20th Century. In principle, it meant an end to the hostilities between the Church and modernism, which was condemned in the First Vatican Council.” (“El Concilio Vaticano II fue el evento principal en la Iglesia en el siglo 20. En su origen, significó el fin de los hostilidades entre la Iglesia y el modernismo que fue condenado en el Concilio Vaticano II”).

Ya comenzó mal su conferencia el Cardenal. Porque el Concilio Vaticano II no anula el Concilio Vaticano I en ninguna cosa y, además, el modernismo sigue como herejía en la Iglesia después del Concilio Vaticano II.

Para la Iglesia, es claro que el modernismo es lo más contrario al Evangelio. Y, por eso, San Pío X lo fustigó totalmente. Pero para este Cardenal es lo contrario.

Este Cardenal anula lo que hizo San Pío X y lo que el Concilio Vaticano I promulgó sobre el modernismo. Esto significa que este Cardenal no sigue el Magisterio Auténtico de la Iglesia, que lo da sólo el Papa, no los Obispos, y por tanto, está enseñando una herejía a la Iglesia.

Es decir, se está oponiendo a lo que la misma Iglesia ha enseñado sobre el modernismo. Y esto supone un acto de desobediencia a la Iglesia en este Cardenal.

Y, además, supone un acto de soberbia en él porque quiere enseñar algo nuevo, que es una mentira, como Obispo y como sacerdote, amparado sólo en la fuerza de su palabra humana. No lo ampara la Iglesia porque desobedece al Magisterio de la Iglesia dado por el Papa.

Quien escuche las enseñanzas de este Cardenal en la Iglesia se separa de la Verdad en la Iglesia, como él se ha separado ya.

Vean lo que sigue diciendo en su herejía: “On the contrary: neither the world is the realm of evil and sin –these are conclusions clearly achieved in Vatican II—nor is the Church the sole refuge of good and virtue”. (“Por el contrario, ni el mundo es el reino del demonio y del pecado –estas son las conclusiones alcanzadas en el Vaticano II- ni la Iglesia es el único refugio del bien y de la virtud”).

El cardenal ha anulado la verdad en la Palabra:

“No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno amare al mundo, no está en él la caridad del Padre; pues todo lo que hay en el mundo –la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la jactancia de los bienes terrenos – no procede del Padre, sino que procede del mundo” (1 Jn 2, 15).

Jesús habla del “príncipe de este mundo”:

“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será arrojado fuera” (Jn 12, 31).

“Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque viene el Príncipe del mundo; mas en Mí no tiene nada” (Jn 14, 30).

“…y en cuanto al juicio, porque el Príncipe de este mundo ha sido juzgado” (Jn 16, 11)

San Pablo habla del demonio como un dios: “El Dios de este mundo ha oscurecido el entendimiento a los incrédulos” (2 Co 4,4).

El libro de Job nos da la definición del demonio como rey: “Es rey de todos los orgullosos” (Job 41, 25)

San Pedro es claro en el ataque constante del demonio a las almas: “Porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5.8).

San Pablo enseña el arte del demonio: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11 14)

Santo Tomás explica así la expresión “príncipe de este mundo”: “Al diablo se le llama “príncipe d este mundo” en razón no de una dominación natural legítima, sino a causa de la usurpación de poder, en el sentido que los hombres carnales han despreciado a Dios para someterse al diablo. Como escribe San Pablo a los Corintios: “El Dios de este mundo ha oscurecido el entendimiento a los incrédulos (2 Co4,4)”. Es por tanto el “príncipe de este mundo” en la medida en que es jefe de los hombres carnales, los cuales, según San Agustín, están extendidos por el mundo entero”.

El Cardenal se inventa que en el Vaticano II anuló la doctrina de siempre sobre el pecado y el demonio. Esas conclusiones las saca de su soberbia y de su orgullo y eso es lo que está enseñando en su conferencia. No está escrito en las actas del Vaticano II que se haya llegado a esa conclusión.

Aquel que quiera sacar una verdad para la Iglesia de esta conferencia no la va a sacar, porque ha comenzado exponiendo sus mentiras que van contra del Evangelio, contra el Magisterio de la Iglesia, contra la enseñanza de toda la Tradición en la Iglesia.

Es un Cardenal que está en el gobierno prepotente de la Iglesia, para destruir toda la Iglesia con esta enseñanza de la mentira.

Y decir que la Iglesia no es el único refugio del bien y de la verdad es proclamar que la Iglesia Católica no es la que salva al hombre ni la que le da el camino para la santidad.

Está diciendo que la Iglesia no tiene toda la Verdad en Ella y que , por tanto, no sirve como Iglesia para comprender el bien que hay que hacer en el mundo ni la virtud que hay que practicar para hacer este bien.

Ya la Iglesia no enseña eso, sino que hay que hacer otra iglesia o buscarse otra iglesia que sea un refugio para conocer lo que es la Verdad.

¡Da pena este Cardenal!

Por su boca habla Satanás, en que él ya no cree. No puede creer porque no cree en la Palabra de Dios que le dice la verdad sobre el pecado y el demonio.

Ya se inventa lo que es el pecado y se inventa lo que es el demonio. Por eso, toda su conferencia es la doctrina del demonio que enseña en la Iglesia este Obispo, que tiene autoridad humana en la Iglesia para destruir la Tradición de la Iglesia, el Magisterio de la Iglesia y la Verdad de la Sagrada Escritura.

Pero ¿qué piensan ustedes que va a hacer el gobierno horizontal en la Iglesia?

¿Piensan que vienen tiempos florecientes para ser santos siguiendo la enseñanza del demonio en boca de tantos sacerdotes y Obispos?

A este Cardenal, como a todo el gobierno horizontal, le trae sin cuidado la santidad de la Iglesia, la Verdad en la Iglesia.

Están sólo ahí para destruir la Iglesia. Y no más.

Y duele que la Iglesia entera siga a estos sinvergüenzas sin discernir la verdad que Dios da a cada alma y que no la tiene ningún hombre en la Iglesia en estos momentos.

Comienza ya la ruina de la Iglesia. Muy pronto se verán las consecuencias del trabajo de Francisco en estos siete meses de gobierno demoniáco en la Iglesia

Massimo Introvigne: maestro de la ley

catalinadesena

“El malestar no debe ser confundido con el rechazo del Magisterio ordinario, ya esta actitud sí lleva al cisma” (Massimo Introvigne (publicado en il Foglio, 11 octubre 2013, p. 4)).

Este analista da una visión equivocada de lo que pasa en la Iglesia, porque no se pone en la Verdad.

La única Verdad que hay que seguir para entender la situación de la Iglesia actualmente es ésta: Nadie puede elegir un nuevo Papa estando vivo el anterior.

Esta Verdad, que está en el Evangelio, nadie la sigue. Y no se sigue porque no se cree en la Palabra de Dios, sino que se cree en las razones de los hombres para elegir un nuevo Papa.

Si la Iglesia no se pone en esta verdad, la Iglesia camina escuchando a mentirosos como Introvigne, que tienen el atrevimiento de decir lo siguiente: “Es posible que el Papa Francisco realice otras reformas en la Iglesia que el fiel católico deberá acoger con docilidad y sin buscar leerlas como contrarias a las enseñanzas de los pontífices precedentes sino teniéndolas en cuenta.”

Cuando el alma no está en la Verdad, entonces su boca proclama mentiras.

El malestar por las declaraciones de Francisco significa un rechazo a Francisco y no a la Iglesia. Un rechazo porque Francisco no es el Papa, es un Anti-Papa.

Si no se comienza así, entonces todo el artículo de este hombre es una solemne tontería.

La Iglesia está molesta con Francisco porque ha dicho cosas que no las dice un verdadero Papa, ni siquiera en su magisterio privado con los fieles, que es siempre falible, porque no habla en nombre de la Iglesia, públicamente, sino que lo hace en habitaciones privadas sin que a nadie le interese lo que se diga ahí.

Pero Francisco ha hablado como Jefe de la Iglesia, y eso no hay quien lo cambie buscando pretextos, razones, para acallar el malestar por la bocazas de Francisco, por las imprudencias de Francisco, por el pecado de Francisco.

Como Francisco es un Anti-Papa, entonces se le puede criticar, se le puede juzgar, se le puede condenar y eso no produce ningún cisma. Porque el cisma se produce sólo en la desobediencia al Papa. Es así que Francisco no es Papa. Luego, no hay cisma. Esto es el sentido común.

Como este analista no se pone en la Verdad, sino que sigue su verdad (=Francisco es Papa), entonces mete miedo con una verdad. Y hace un mal enorme a toda la Iglesia, porque quiere enseñar con una verdad su mentira.

Todo su artículo es el propio de una mente que no ha comprendido nada de lo que es el Papado y la obediencia al Papa en la Iglesia. Es un ignorante de la vida espiritual de la Iglesia. Está versado en la vida política de la Iglesia y, por eso, limpia las babas a Francisco, para que todo el mundo en la Iglesia haga lo que él hace: justificar el pecado gravísimo de Francisco.

Y cuando se justifica un pecado en la Iglesia, entonces el pecado es un dogma en la Iglesia y, por eso, dice que hay que acoger con docilidad cualquier cosa que Francisco quiera imponer en la Iglesia, aunque Francisco destruya los dogmas, las verdades reveladas.

Y hay gente en la Iglesia que sigue a este analista como oráculo divino, como el que da la Voluntad de Dios, como el sabio entre los sabios en la Iglesia. Así está la Iglesia: “¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!” (Lc. 11,47-54)

Massimo Introvigne es sólo un maestro de la ley que se ha quedado con la llave del saber. La llave del saber es su vasta inteligencia humana. Y en esa vasta inteligencia escudriña los conocimientos de todos los hombres y anuncia a toda la Iglesia la verdad que ha encontrado en vasta inteligencia. Y así él no entra en la Verdad ni deja entrar a los demás en la Verdad. Como él hay tantos en la Iglesia, que se han acaudalado en sus conocimientos de la verdad y lo imponen a los demás porque tienen una autoridad en la Iglesia. Necios y sólo necios de pensamiento cuyo error es su pecado de soberbia. Acarician su soberbia y demuestran su soberbia en medio del mundo para que todo el mundo la lea y la siga.

La Fe en la Iglesia no la da el sociólogo Massimo Introvigne, sino que la da la Palabra de Dios. O se cree en la Palabra de Dios que dice no elegir Papa mientras sigue vivo el anterior, o se cree a tantos en la Iglesia que quieren poner su razón para seguir en la mentira de unos Cardenales que pecaron al elegir un nuevo Papa.

Francisco es el fruto del pecado de los Cardenales que obraron en la Iglesia sin Fe en la palabra de Dios. Obraron su pecado porque tienen la fe puesta en los pensamientos de cada uno, en las filosofías de cada uno, en las políticas de cada uno. Y, de esta manera, se peca.

El pecado es, siempre, por la falta de fe. Nunca el pecado es por tener fe. Cuando el alma se aparta de la Verdad, que es Jesús, para seguir sus verdades, que son sus múltiples ideas sobre Jesús y sobre la Iglesia, entonces tenemos lo que tenemos: la glorificación del pecado en la Iglesia. El pecado ya es una cosa divina en la nueva iglesia que Francisco ha fundado con se memoria fundante. En esa nueva iglesia los que quieran estar tiene que pecar y eso les llevará al cielo.

Y, porque hay mucha gente en la Iglesia que vive buscando una razón en los hombres para tener fe, por eso, siguen dormidos en la Fe, siguen aplastados en sus pecados, viendo a la Iglesia como algo que les da un interés en la vida, pero no la Verdad de sus vidas.

El cisma lo ha provocado Francisco, no sólo con sus declaraciones, sino con su gobierno horizontal. Es él el que se ha apartado de la Obediencia de Cristo y ha puesto su orgullo en medio de la Iglesia. Y, ahora, no vengan hombres sin sentido religioso, como este sociólogo Massimo Introvigne, necio en su pensamiento, a decir que hay que obedecer a todos los cambios que haga Francisco, porque es el Papa y al Papa no se le puede criticar.

Que los que deseen esa nueva iglesia obedezcan a su dictador francisco y a su gobierno de marionetas, que son los ocho prepotentes de Roma. Pero que no manden a la Iglesia obedecer a un Anti-Cristo, porque ahí se ve su falta de fe y su negocio con Francisco.

Ahora se quiere, de muchas maneras, tapar las barbaridades que Francisco ha dicho. Pero ya no es posible.

O se está con la Iglesia o se está con la nueva iglesia de Francisco. Que cada uno elija, pero que no digan lo que hay que hacer en la Iglesia, cuando ellos ya no son Iglesia por su cisma que han provocado en la misma Iglesia. Cisma encubierto, pero cisma verdadero. Cisma en silencio, pero que lo oyen las almas que viven de la Fe en la Verdad, que es Jesús.

El que habla la Verdad nunca provoca ningún Cisma, pero el que se atreve a levantar su pecado en medio de todos como la verdad, entonces es ése el que provoca el Cisma en la Iglesia.

La mofa del gobierno consultivo

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Un Papa gobierna sin los hombres en la Iglesia.

Un Papa no necesita escuchar a los hombres para gobernar la Iglesia.

Un Papa tiene que escuchar la Voz de Dios para gobernar la Iglesia.

Esta es la Verdad del Papado. Como los hombres son hombres, entonces no saben vivir esta Verdad, y tienen que recurrir a muchas cosas, cuando todo es muy sencillo en la Iglesia.

El Vicario de Cristo es el que da la Voluntad de Cristo a la Iglesia. Y, para darla, tiene que conocerla. Y sólo Cristo conoce Su Voluntad. Su Voluntad no es el conjunto de ideas humanas, de cabezas humanas, de pensamientos humanos sobre la Iglesia.

La Voluntad de Dios sólo la sabe Dios. Y si el hombre no es humilde, nunca la va a conocer, aunque se reúna con ocho cabezas para discutir los asuntos y poner en claro los caminos en la Iglesia.

Ningún Papa ha necesitado un gobierno consultivo para dar la Voluntad de Dios en la Iglesia. Todos los Papas han preguntado a unos y otros, pero siempre han hecho oración sobre la Vida de la Iglesia y, de esa forma, han llevado a la Iglesia hacia lo que Dios quiere.

Sólo Francisco se le ha ocurrido poner un gobierno consultivo para ayudar al Papa en el gobierno. Lo hizo al mes de ser elegido. Y lo hizo porque se lo mandaron, no porque nació de él, no porque se le ocurrió.

La Iglesia está gobernada, ahora, por la masonería eclesiástica, es decir, por consagrados que viven en el Vaticano y que ejercen el poder de la Iglesia sin que nadie lo entienda, sin que se perciba de puertas a fuera. Se percibe en el interior del Vaticano, porque se manda callar a los sacerdotes y Obispos.

Francisco no gobierna la Iglesia. Sólo la preside. Sólo está ahí como un juguete de una cabeza que no se da a conocer todavía, porque no es llegado el tiempo.

Una cabeza oculta para obrar lo oculto en la Iglesia. Una cabeza que mueve todos los hilos de la Iglesia y que decide lo que hay que hacer en cada momento de la Iglesia.

Francisco es un hombre sin oración. Su oración consiste en recordar. Recuerda un salmo y lo ora. Recuerda la oración que le enseñó su mamá y la ora. Para Francisco la oración es un ejercicio mental y, por eso, no sabe lo que es la oración.

A Francisco lo eligieron los hombres y lo colocaron como jefe de la Iglesia, porque alguien tiene que estar de momento. Es un gobernante que no sirve para gobernar. Que hace mucho ruido, que se entretiene siendo hombre, que pasa su vida calculando cómo ser más hombre.

Todo el que tenga experiencia de gobierno, ve lo inútil que es Francisco en el gobierno. Si no sabe ser Pastor de almas, mucho menos del gobierno de la Iglesia, del Pastoreo de la Iglesia.

A Francisco le gusta mandar, le gusta decidir por sí mismo, imponiendo su capricho a los otros. Nada más es verlo en algunas cosas que ha hecho en la Iglesia, yendo contra la misma ordenanza de la Iglesia, por puro deseo humano, por hacerse brillar en la Iglesia, por querer que todos vean que es el Papa y, cuando habla, todos deben obedecerle.

Él tiene toda la experiencia del gobierno en los jesuitas. Y esa experiencia le marca como jefe de la Iglesia. A la legua se ve su despotismo en la Iglesia. Sólo hay que escuchar lo que dice del gobierno en la Iglesia para captar su nefasta autoridad.

Francisco no sabe gobernar porque no sabe hablar en público. Esa es la razón principal de su oscura legislatura como jefe de la Iglesia. Su discurso es un enredo. No se sabe lo que quiere hacer. Dice algo en contra de la Iglesia y después dice que es hijo de la Iglesia. No es claro. Y, por eso, no sabe gobernar. Un gobernante pone los puntos a seguir con claridad. Marca un camino. Señala una senda. Pero con Francisco, cualquier cosa se puede esperar en el gobierno. Ahora mismo, nadie sabe qué se va a hacer después de esas declaraciones. Todos a la expectativa a ver por dónde rompe Francisco.

El gobierno consultivo es una mofa para la Fe de muchos en la Iglesia. Quien haya tenido experiencia de cómo gobiernan los jesuitas en la Iglesia, tiembla ante este gobierno consultivo.

Porque ocho cabezas para resolver los problemas de la Iglesia son el comienzo de la división en la Iglesia. La Mente de Dios no la tienen esas ocho cabezas. La Mente de Dios no es la unión de ocho cabezas. La Mente de Dios no se encuentra uniendo ocho luces distintas para formar una sola. Esta es la doctrina de los jesuitas en la Iglesia para gobernar. Ellos siguen su herejía desde hace mucho tiempo. Y esa herejía la pone Francisco, que es el innovador de la Iglesia.

El gobierno consultivo es un anzuelo de los hombres para distraer de lo que pasa ahora en la Iglesia. Ahora en la Iglesia se está preparando normas en contra de la Santa Misa y del Evangelio. Hasta que no estén concluidas, el gobierno consultivo tiene que distraer con algunas cosas, tiene que caldear el ambiente para que, cuando se den estas normas, se vean como algo que Dios quiere.

El gobierno consultivo hará cosas sin importancia, pero tendrá que tomar serias resoluciones sobre temas importantes, que son los que ha tratado Francisco en sus declaraciones. Se aprobará el matrimonio homosexual, se quitarán las penas de excomunión a las mujeres que abortan, se permitirá el uso de anticonceptivos, y otras cosas para dar una nueva cara a la Iglesia.

Pero lo importante en la Iglesia no viene por el gobierno consultivo, sino por lo que se está preparando entre bastidores, en lo oculto.

Por eso, comienza ahora la mofa de Francisco con sus ocho cabezas del demonio. Se van a reír de toda la Iglesia, como el Sanedrín se mofó de Cristo. Y eso lo hará Francisco porque no ama a la Iglesia, sino que se ama a sí mismo y busca en la Iglesia sólo el aplauso de los demás.

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