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Los falsos católicos

engaño

«Resulta casi imposible para la conciencia de muchos, hoy día, el llegar a ver que tras la realidad humana se encuentra la misteriosa realidad divina. Este es, como sabemos, el concepto católico de la Iglesia» (Informe sobre la fe – Cardenal Joseph Ratzinger – Capítulo XI, Hermanos, pero separados, pág 173).

La Iglesia es un Misterio Divino, que los hombres no pueden percibir con sus mentes humanas ni con sus obras en la vida.

El Misterio de la Iglesia sólo se percibe en el Espíritu Divino, no en los caminos de los hombres, ni en sus esfuerzos humanos para hacer Iglesia. La Iglesia es únicamente la Obra del Espíritu en cada alma. Las almas necesitan apoyarse en el Espíritu para ser Iglesia.

Dos iglesias se ven en el Vaticano:

  1. la Iglesia remanente: que descansa en el Papa legítimo, Benedicto XVI; Papa hasta la muerte; Papa que no gobierna, pero que posee el Primado de Jurisdicción, el Poder Divino, por la Gracia de Su Papado.

  2. la iglesia modernista: que se levanta en el falso papa Bergoglio; falso, porque no tiene el Espíritu de Pedro, no ha sido llamado por Dios a recibir esa Gracia, la del Papado; y que enseña una doctrina falsa, que no se apoya en el Magisterio auténtico de la Iglesia ni en la Tradición.

Muchos dicen que lo que hace Bergoglio es responsabilidad de los anteriores Papas o del Concilio Vaticano II. Y, por tanto, si se critica a Bergoglio hay que criticar también a los otros Papas y al Concilio. Y se equivocan, porque Bergoglio no da continuidad al Papado, sino que es su destrucción, su aniquilación, su degeneración.

Bergoglio ha iniciado una nueva iglesia, que es lo que nunca han hecho los otros Papas. Bergoglio no es sólo apostasía, sino cisma dentro del mismo Vaticano. Y, por eso, se le puede atacar y juzgar, porque no representa a la Sede Apostólica.

Esta división está en el ambiente eclesial: existen los falsos católicos. Y, más que nunca, se perciben en esta gran división que se ve en Roma.

Dos Papas, dos iglesias, dos doctrinas, dos Jerarquías, dos fieles: uno verdadero, otro falso.

Mons. Lefebvre provocó un cisma en la Iglesia, ordenando cuatro Obispos para la FSSPX:

«Ese acto ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia –que lleva consigo un verdadero rechazo del Primado romano– constituye un acto cismático (can. 751)…» (Carta Apostólica Ecclesia Dei, 2-VII-1988, Beato Juan Pablo II).

Desde ese momento, surgieron en la Iglesia los falsos católicos: católicos que se mantenían en la Tradición, pero opuestos al Magisterio de la Iglesia, opuestos al Papa reinante:

«La raíz de este acto cismático se puede individuar en una imperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que —como enseña claramente el Concilio Vaticano II— arranca originariamente de los Apóstolos, “va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo…” (DS 3.020). Pero es sobre todo contradictoria una noción de Tradición que se oponga al Magisterio universal de la Iglesia, el cual corresponde al Obispo de Roma y al Colegio de los Obispos. Nadie pude permanecer fiel a la Tradición si rompe los lazos y vínculos con aquél a quien el mismo Cristo, en la persona del Apóstol Pedro, confió el ministerio de la unidad en su Iglesia (DS 3.060(Ib., n-3).

No se puede ser fiel a la Tradición si se rompe con el Papa: no se puede ser católico si se juzgan a todos los Papas después de Pío XII, si se juzga un Concilio como falso, como herético.

En el Papa –y sólo en el Papa-, no en la Tradición, está la unidad en la Iglesia. Fuera del Papa, sólo hay clara división.

Lefebvre y su comunidad rompieron con la unidad, rechazando la sujeción al Romano Pontífice; y comenzaron a gobernarse a sí mismos, como una nueva iglesia cismática, trabajando en todas partes y haciendo que la apostasía creciera en la Iglesia. Ellos, los lefebvristas, son en parte culpables de la apostasía de la fe en 50 años. Y mucha culpa ha tenido su obra:

«el éxito que ha tenido recientemente el movimiento promovido por mons. Lefebvre puede y debe ser, para todos los fieles, un motivo de reflexión sincera y profunda sobre su fidelidad a la Tradición de la Iglesia, propuesta auténticamente por el Magisterio eclesiástico, ordinario o extraordinario, especialmente en los Concilios Ecuménicos desde Nicea al Vaticano II. De esta meditación todos debemos sacar un nuevo y eficaz convencimiento de la necesidad de ampliar y aumentar esa fidelidad, rechazando totalmente interpretaciones erróneas y aplicaciones arbitrarias y abusivas en materia doctrinal, litúrgica y disciplinar» (Ib., n-5.a).

Muchas iglesias locales, muchos católicos no respondieron a esta exigencia apremiante del Papa: a ser fieles a la verdadera Tradición, y se pasaron al enemigo, porque ellos defienden también la Tradición.

El Concilio Vaticano II no produjo la apostasía de la fe, porque ese Concilio, en sus textos, no contiene ninguna herejía. Lo que obró esa apostasía es  renunciar muchos a la sujeción al Papa: unos, por maldad, porque son una falsa Jerarquía, lobos vestidos de corderos, que viven de sus herejías escondidas en sus ministerios; y otros, como Lefebvre y los suyos, por clara desobediencia al Papa, clara rebeldía.

Lefebvre condena a la Iglesia viva y concreta del Papa Juan Pablo II: «No se puede seguir a esa gente, es la apostasía, no creen en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo… Procedamos a la consagración [de Obispos]». (Marcel Lefebvre, une vie, Clovis 2002, 2ª ed, Bernard Tissier, pág. 578).

Lefebvre llama cismático al Papa Juan Pablo II y a la Iglesia que gobierna: «¿Un cisma?… Si es que hay un cisma, más bien está en el hecho del Vaticano en Asís y […] está en la ruptura de la Iglesia con su Magisterio tradicional. La Iglesia contra su pasado y su Tradición no es ya la Iglesia católica; y por eso para nosotros es indiferente ser excomulgados por esta Iglesia liberal, ecuménica, revolucionaria» (ib. 576).

Duras palabras de un hombre sin fe, que se creyó que él era necesario para impedir que la Iglesia se derrumbase por un precipicio de herejías y de sacrilegios:

«Pienso yo que aparentemente será un acto de ruptura con Roma, lo que será grave. Y digo que “aparentemente”, porque pienso que ante Dios es posible que mi gesto sea un gesto necesario para la historia de la Iglesia, para la continuación de la Iglesia […], del sacerdocio católico. Así pues, no digo yo que un día no lo haga, pero en unas circunstancias todavía más trágicas» (ib. 571).

La Iglesia, para salvarse, no tiene necesidad de ningún hombre, de ninguna comunidad, de ningún apostolado humano. Porque la Iglesia es la Obra del Espíritu de Dios, no es la obra de ningún hombre. No son necesarios los lefevbristas para salvar a la Iglesia de lo que presenciamos actualmente en Ella. No es necesaria la FSSPX ni ninguna de las comunidades que han surgido por esta obra cismática de Lefebvre.

Es la Iglesia la que salva a los hombres; es la Iglesia unida al Papa legítimo la que da el camino de salvación. Porque la Iglesia es Cristo, Su Cuerpo: no es un conjunto ni de hombres ni de obras humanas. Es el Espíritu de Cristo el que obra y vive en cada alma unida a Él, en la Gracia. Es la Gracia de Cristo la que salva al alma en la Iglesia. Es la Gracia del Papado, la que salva a los hombres: es ser fiel a esa gracia, ser fiel al Papa, obedecerle en todo.

Muchos falsos católicos, que asumen, de una u otra manera, este espíritu cismático de Lefebvre, se creen salvadores de la Iglesia, y son sólo instrumentos del demonio para que la apostasía de la fe siga creciendo en toda la Iglesia.

La obra cismática de Lefebvre:

  1. conduce derechamente al sedevacantismo: porque no se puede sostener que si Roma ha caído en la herejía («Roma está en las tinieblas» [Tissier 575]; «Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía» [Tissier 578]), el Papa siga siendo el Vicario de Cristo. Si hay un Papa envenenado de modernismo, si hay un Papa hereje, entonces es clara la Sede Vacante, pues no es verdadero Papa el que cae en pecado de herejía.

  2. lleva al libre examen: no hay continuidad entre el Magisterio anterior al Concilio Vaticano II y el actual. Hay enfrentamiento con todos los Papas después del Concilio, con sus discernimientos, con sus mandatos, con sus enseñanzas. Ya no es Roma la que habla, la que decide, la que muestra el camino, sino que es la propia interpretación del individuo lo que prevalece. Y, por eso, muchos católicos ya no saben obedecer a la Jerarquía, no saben ser humildes, no ven la Voluntad de Dios ni en los Obispos, ni en los sacerdotes, ni en las obras apostólicas que se hacen en la Iglesia.

Hay muchos católicos que se paran en Pío XII, y sólo ven la Tradición y el Magisterio anterior al Vaticano II. Se quedaron ahí. Lo demás, ya no sirve: lo interpretan según sus ideas humanas. Se convierten en los nuevos fariseos y saduceos de la Iglesia, que combaten al mismo Cristo, en Pedro y en su Cuerpo Místico. Combaten a los mismos católicos.

Falsos católicos es lo que vemos por todas partes. Y esos falsos católicos no saben discernir a Bergoglio. Lo tienen como un Papa material, no formal.

No existe un Papa material, que es como muchos ven a Bergoglio: está sentado en la Silla de Pedro, se viste como un Papa, obra actos propios de un Papa, pero su herejía le imposibilita ser Papa formal.

Muchos, sin caer en el sedevacantismo, tienen que hacer esta interpretación filosófica del dogma: tienen que dar un rodeo en su mente para no caer en el espíritu cismático del sedevacantismo. Y, por eso, dicen: sí, Bergoglio es Papa, pero material, no formalmente.

Y es un absurdo esta interpretación, que es libre: es una interpretación protestante de la situación de la Iglesia. No se quiere captar la realidad invisible de la Iglesia.

No ven el acto infalible del Papa Benedicto XVI en su renuncia. No disciernen este punto fundamental. No ven a Benedicto XVI como el Papa legítimo, a pesar de su renuncia. Y temen caer en la Sede Vacante.

Siendo el Papa Benedicto XVI el verdadero, es infalible cuando enseña en la Iglesia. Y su acto de renuncia al gobierno de Roma es un acto infalible: está enseñando como Papa; es la obra de su gobierno infalible en el Papado.

Benedicto XVI no falló en lo que le pedía Dios: renunciar. Sí falló en el modo de renunciar. Cometió un pecado, pero su acto de renuncia fue infalible.

En todo Papa hay que ver su infalibilidad y se impecabilidad. El Papa es infalible e impecable como Cabeza Visible de la Iglesia; pero sigue siendo pecador como hombre, que es.

La santidad del Papa, como cabeza visible de la Iglesia, es distinta de la santidad del Papa como hombre, como alma unida a Cristo en la Iglesia.

La Iglesia es en Pedro, en la Santidad ontológica de Pedro como Cabeza Visible. Pedro, como hombre, sigue siendo pecador.

Jesús, que es el Santo de los Santos, elige para Su Iglesia una Cabeza Visible Santa. Por la razón de ser Cabeza, el Papa tiene la gracia de no pecar, ni como Cabeza, ni como hombre.

La Iglesia es Santa, aunque sus miembros sean pecadores. Hay una Santidad ontológica que lleva a una santidad moral en sus miembros y, por tanto, lleva a hacer obras morales santas.

La Iglesia es Santa, no es pecadora. El Papado es Santo, de manera ontológica. Y esta santidad ontológica lleva a efecto la santidad del Papa como hombre. Esta santidad ontológica no es caer en la papolatría, sino dar al Papa, como Cabeza Visible de la Iglesia, lo que es en la Iglesia, lo que Jesús ha puesto en Pedro, en el Papado, en toda la Jerarquía.

Caer en la papolatría o franciscomanía es a un hereje, como Bergoglio, llamarlo santo. Es de un hombre hereje, pecador, cismático, proclamarlo santo, justo, por las obras exteriores humanas que hace.

Benedicto XVI, en su renuncia, hizo dos cosas:

  1. un acto infalible: enseñó que no quería gobernar más la Iglesia. Fue una enseñanza infalible. No se equivocó el Papa en esa obra. Dio la Verdad a la Iglesia;

  2. un pecado como hombre: dio su obediencia al nuevo Papa que los Cardenales iban a elegir. Este pecado, en el Papa, no se puede seguir, no se puede imitar. Es un pecado como hombre, no como Cabeza Visible.

Hay que someterse a la renuncia del Papa legítimo; pero no hay que someterse a su pecado como hombre.

Este discernimiento es muy necesario si se quiere comprender qué significa la renuncia del Papa Benedicto XVI.

Benedicto XVI se retiró del gobierno de la Iglesia porque así se lo pidió Dios. Pero fue una renuncia forzada por los hombres. No fue una renuncia libre. Y, por eso, el Papa no pudo elegir libremente lo que quería hacer en la Iglesia: no pudo huir de Roma y dedicarse a gobernar la Iglesia desde otra parte. Lo dejaron solo en el gobierno de la Iglesia. Y solo no se va a ninguna parte.

Benedicto XVI no pudo alertar a toda la Iglesia de la situación gravísima en la que estaba: hablar sería morir, ser quitado de en medio, como con todos los Papas anteriores se ha hecho.

Benedicto XVI sólo pudo retirarse al silencio y a la soledad, a un retiro monacal, que es donde permanece. Pero se retiró mal: en obediencia a un impostor.

Este pecado es sólo del Papa como hombre, pero no del Papa como Cabeza Visible de la Iglesia. Es un pecado personal que le condiciona en su retiro, en su soledad. Y, por eso, tiene que estar sometido a Bergoglio, de alguna manera.

Este pecado sólo Dios lo puede juzgar en el Papa. No le toca a la Iglesia juzgarlo. A la Iglesia sólo le toca discernir lo que ve en Roma, para poder seguir siendo Iglesia.

La Iglesia tiene que ver el magisterio infalible de Benedicto XVI en su renuncia: es decir, tiene que retirarse al desierto, tiene que vivir en silencio, en la soledad de todo lo humano. Y la razón: porque así lo enseña el Papa en su renuncia.

Un Papa legítimo siempre enseña en la Iglesia, aunque haya renunciado al gobierno de Ella.

Un Papa legítimo siempre es el que marca el camino de la salvación y de la santificación a toda la Iglesia. Benedicto XVI está enseñando a toda la Iglesia lo que tiene que hacer en estos momentos, está marcando el camino en su soledad, en su retiro monacal. Y los católicos no quieren aprender del Papa a caminar en la Iglesia. Y, por eso, se confunden: están pendientes de un impostor, de uno que no es Papa, de un falsario del Papado. Y no están pendientes de su Papa legítimo, que siempre es Voz de Cristo en la Iglesia. Siempre.

Los católicos verdaderos tienen que retirarse al desierto. No tienen que estar metidos en esta gran división, porque van a perder la fe a manos de los falsos católicos, de esos fariseos que quieren ser tradicionales pero sin 50 años de Papado, de magisterio auténtico de la Iglesia.

Hay muchos católicos que hacen caso de estos falsos católicos, y van perdiendo la fe verdadera. Si la obra de Lefebvre tuvo tanto éxito en su tiempo, la obra de Bergoglio va a tener un éxito enorme.

Sin con Lefebvre, los católicos no hicieron caso de un Papa legítimo, ahora menos van a hacer caso de Benedicto XVI en su retiro, en su renuncia. Ahora es cuando van a ser arrastrados por la corriente herética y cismática, no solo de los lefebvristas y compañía, sino de todo lo que está levantando Bergoglio en Roma.

Son pocos los católicos que han comprendido la retirada del Papa legítimo. Y, por eso, son pocos los que llaman a Bergoglio por su nombre: falso papa en una falsa iglesia.

Los falsos católicos lo llaman papa; y no comulgan con él por su herejía. ¿Cómo es que lo seguís llamando Papa? Han quedado ciegos.

Y los católicos tibios no saben quedarse ni en uno ni en otro: todo es una de cal y otra de arena. Ahora están con Bergoglio, porque ha dicho algo interesante; ahora no están, porque dice tonterías. Son tibios en su fe: no se apoyan en la verdad de un Papa, sino en la mentira de un hombre que no es Papa.

Lefebvre fue excomulgado y murió excomulgado. ¿Por qué lo llaman santo? ¿Por qué lo defienden? ¿Por qué hacen caso de su obra? Es un demonio encarnado, igual que Bergoglio. Es un demonio que ha levantado otra iglesia, que quiere tener todo lo de la Iglesia católica, quitando aquello que les lleva a su cisma.

Bergoglio quiere, dentro de los muros del Vaticano, levantar su propia iglesia y llamarla también católica, pero sin nada de su doctrina. Un catolicismo sólo en el término universal de la palabra, pero no en la sustancia de su contenido: no son católicos para una verdad, sino para un sistema global, universal, externo, donde entran todo y todos los hombres.

Bergoglio y Lefebvre son la causa de la apostasía de la fe: uno, por su clara herejía, desde siempre, en la Iglesia: es un lobo que lleva almas al infierno, con su palabrería inútil y estúpida; y el otro, es un fariseo de la tradición de la Iglesia: quiere limpiar el plato por fuera, pero su corazón está lleno de odio hacia el Papado, que es el que da la unidad en la Iglesia.

La Iglesia no está ni en Bergoglio ni en Lefebvre; no está en la FSSPX. La Iglesia sigue estando en su Papa legítimo, Benedicto XVI. Está ahora en Sede Vacante en cuanto al gobierno, pero no en cuanto al Primado de Jurisdicción: nadie gobierna la Iglesia. Sólo Cristo la rige sin la Jerarquía. Este punto, no lo saben discernir toda esa gente. Cuando muera, Benedicto XVI, es el tiempo de la destrucción de la Iglesia. Destrucción en cuanto a lo material, no a lo espiritual. Destrucción que ya se observa en muchas partes. Será el tiempo de la persecución de los verdaderos católicos: los bergoglianos y los lefebvristas perseguirán a la verdadera Iglesia, porque ellos se unirán en el odio a la verdad, para implantar su mentira.

Bergoglio representa el poder romano; los lefebvristas, el poder farisaico. Y, como en el tiempo de Jesús, se unirán para dar muerte al Cuerpo Místico de la Iglesia.

En Roma se oculta la verdad de sus intenciones

misericordia

“…judíos y gentiles, todos están bajo pecado; según está escrito que no hay quien sea justo, ni siquiera uno solo; no hay quien tenga seso, no hay quien busque a Dios; todos se extraviaron, a una se echaron a perder; no hay quien haga el bien, no hay siquiera uno” (Rm 8, 10-12).

La apertura de Roma al mundo es la negación de la Palabra de Dios, porque en el mundo todos están en contra de la Verdad: “no hay quien tenga seso”, no hay inteligencia en las mentes, en las ciencias, en las filosofías, en las leyes que los hombres escriben u obran.
Porque la Verdad sólo está en la Palabra de Dios y, quien la obra, es inteligente, hace el bien que Dios quiere en su vida humana.

Esto, tan sencillo de comprender, en la práctica ninguno de los que están en Roma lo entiende con su razón, porque han perdido la fe en la Palabra de Dios y sólo creen en el hombre, en el mundo; sólo están llenos de la sabiduría humana, que destruye toda la Verdad del Evangelio.

Un hombre, como Francisco, que alaba a judíos, a protestantes, a musulmanes y a todo el mundo, apartándose, para eso, de la Verdad, destruye, con su obra demoniaca, la Iglesia en todos sus cimientos.

Su afán por conseguir que la Iglesia ayude las diversas necesidades materiales o humanas de los hombres en el mundo, sin importar la Verdad del Evangelio, sin la práctica de las virtudes cristianas, sin la ley divina, poniendo el amor sólo en una bondad sentimental hacia el prójimo, eso hace que el amor de Dios se divida y se anule de raíz.

Dios no ama a nadie en el mundo. Dios ama al que tiene la gracia en su corazón. El amor de Dios se da en la gracia divina. Y quien esté en pecado, no tiene el amor de Dios y no puede ser amado por Dios. Dios, hacia el pecador, sólo tiene misericordia, pero no amor de la gracia.

Y la Misericordia Divina no consiste en reparar las vidas humanas de las personas: no consiste en dar de comer o en sanar enfermedades o en dar trabajo a los hombres o en otra cualquiera beneficencia que los hombres les gusta hacer en el mundo.

La Misericordia Divina consiste en poner un camino al pecador para que salga de su pecado y expíe su pecado para poder obrar en él el amor divino, que lo lleva hacia la santidad de la vida.

Quien no sale de su pecado, no puede sentir el amor de Dios. Y aquellos hombres que quieren acariciar a los hombres con amores humanos, con sentimientos humanos, para hacerles un bien humano sólo porque son hombres, anulan la Misericordia Divina con una falsa compasión hacia los hombres en su pecado.

El que está en gracia tiene que amar a sus enemigos. Sus enemigos son muchos hombres en el mundo, porque el mundo está lleno de pecadores que no quieren quitar sus pecados.

Y sólo es posible amarlos practicando con ellos la virtud de la justicia. No se puede amar al pecador sin esta virtud. Porque es necesario darle a cada hombre lo que quiere, lo que busca en la vida, su fin para el cual obra en su vida.

Y un pecador, que vive para su pecado, pone el fin del odio en su vida. Vive para odiar, pero no para amar. Vive para destruir, pero no para construir. Vive para engañar, pero no para dar la verdad.

Y amar al pecador no es darle el bien que él busca, sino el mal que él busca en la vida.

No se pueden dar los tesoros del Cielo a los cerdos, a los que viven en el pecado. La Verdad no la puede abrazar el que peca, porque está atado a su mentira y ve su mentira como su verdad.

Al pecador, hay que darle la justicia que vive en su vida descarriada. Y, en esa justicia, hay que darle el bien que Dios quiere en ese momento. Si Dios quiere que se le dé un trozo de pana, se le da. Pero nada más. Porque no se puede hacer el bien divino con el pecador, sino el mal divino en el pecador.

El bien divino es el Amor de Dios; el mal divino es la Justicia de Dios. Toda Justicia Divina trae un mal al hombre. Es un mal que Dios quiere por razón del pecado del hombre. No es un mal porque Dios haga un mal. Para Dios, es un bien Su Justicia. Pero, para el hombre, es un mal que viene de Dios.

Ese mal divino, que es la Justicia Divina para el hombre, es un bien divino en Dios. Pero esto el hombre no sabe comprenderlo. Y en esa Justicia Divina, Dios hace bienes materiales y humanos a los hombres sin merecerlo ellos por sus pecados que no quieren quitar.

Y, por eso, para amar a un enemigo, siempre hay que preguntar a Dios qué bien concreto se hace con ese enemigo. Porque el enemigo sólo vive en la Justicia Divina y, por tanto, no es merecedor, de la Gracia, del amor de benevolencia de Dios, con el cual Dios se regala sólo con los hombres que viven en Gracia, que viven en Su Amor. Pero no puede darse con aquellos hombres que sólo viven para sus pecados.

Dios quiere salvar a todos los hombres, y, para eso, pone un camino de Misericordia, pero no un camino de amor.

El camino de amor lo pone con las almas en Gracia, que viven sujetas, sometidas, fieles, perseverante a la Gracia Divina en sus corazones.

Por tanto, si no se practican las virtudes con los diferentes hombres, queda un esperpento de amor como lo predica Francisco y lo obra en Roma. Y Francisco hace esto porque no tiene fe ni en la Palabra de Dios ni en la Iglesia.

No tiene vida espiritual y, por tanto, no está en Gracia; ni se apoya para obrar en la Iglesia en la Verdad, en el Dogma, en la Tradición, en Su Magisterio. Y produce la división en el amor, que consiste en tener muchos amores según sean los hombres. A cada uno lo ama según su amor, su ideal en la vida. Y entonces se ama al judío participando de su pecado; se ama al protestante participando de su pecado. Y así con todos. Según sea el pecado de cada cual, el amor al pecado en cada uno, así hace un bien.

Eso es un esperpento de amor. Pero de esperpentos vive el mundo, porque el mundo carece de amor y de verdad.

Es triste comprobar cómo tantos sacerdotes y Obispos se mueve por la línea de Francisco en su obrar en la Iglesia. Y eso es una señal para la Iglesia de profunda división, de cisma encubierto, de que la verdad la ocultan, de que no se dice lo que se va a hacer, sino que se da a conocer otras cosas, preparando ocultamente un cisma, una división en la Iglesia.

Así es siempre cómo el demonio obra: da a conocer al alma algo que le gusta, pero no le descubre sus verdaderas intenciones.

Esto es lo que hace Francisco y el gobierno horizontal: se ha reunido, ¿para qué? ¿Para crear una comisión para la protección de menores? Por favor, para eso no hace falta un gobierno de ocho cabezas.

Dan a la gente lo que les gusta, pero han callado la verdad de esa reunión. Y la han callado porque no conviene decirla. Porque es necesario obrarla sin más, para imponer a la Iglesia la mentira.

Un gobierno no está para comisiones, sino para gobernar con la verdad. Pero, como ninguno de ese gobierno posee la verdad, entonces van a obrar la mentira.

Roma se ha abierto ya al mundo. Eso es claro, hasta un ciego se da cuenta que el ambiente a su alrededor no está puro, no está bien, no marcha en la armonía de la paz.

Hay enfrentamientos en el gobierno que se callan, porque quien no vive el amor de Dios, vive el odio. Y nadie del gobierno horizontal vive en la gracia de Dios. Todos acogen sus herejías en la vida, sus pecados. ¿Qué esperan de hombres, que viven sus pecados, sin quitarlos, y que se ponen a gobernar una Iglesia fundada en la Verdad? Quien espere algo bueno, vive de ilusiones. Sólo se puede esperar un mal disfrazado de bien. Sólo eso. Un mal que todos aplauden, como el evangelii gaudium, como las obras de Francisco y de muchos en la Iglesia.

Viene el desastre para toda la Iglesia y, todavía, hay muchos que no se lo creen.

Cardinal Óscar Andrés: anula la Verdad en la Iglesia

El Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga SDB, Arzobispo de Tegucigalpa, ha dado una conferencia titulada: “La importancia de la nueva Evangelización”, en la Universidad de Dallas, anulando el Magisterio de la Iglesia, Su Tradición y la Sagrada Escritura. Este Cardenal preside la G8, el invento de Francisco para destruir la Iglesia.

san miguel arcangel

El Cardenal expone en su conferencia que la Iglesia hoy está en aumento, hay un incremento en la fe en África, hay una gran vitalidad en la Iglesia de Asia, en Europa y en Estados Unidos la Iglesia está viva y efectiva, que no todo es escándalo y pecado.

Para hablar de la Iglesia hoy es necesario ponerse en la Verdad. Y sólo en la Verdad y no decir los disparates que este Cardenal expone en su conferencia.

La Iglesia está en bajada, en picado en la Fe. No está en aumento, como dice el Cardenal. No hay Fe en la Iglesia porque la Jerarquía Eclesiástica ya no cree en la Iglesia.

Hay que empezar por acá. Si no se comienza así, entonces todo el mundo está contento con una Iglesia que está haciendo el juego al mundo, a las potencias del mundo y que baila según los ritmos de la política económica mundial.

La Jerarquía de la Iglesia no tiene Fe ni en la Palabra de Dios ni en la Iglesia. Y, por eso, está haciendo, está construyendo un falso Cristo y una falsa Iglesia.

El Cardenal dice: “The Second Vatican Council was the main event in the Church in the 20th Century. In principle, it meant an end to the hostilities between the Church and modernism, which was condemned in the First Vatican Council.” (“El Concilio Vaticano II fue el evento principal en la Iglesia en el siglo 20. En su origen, significó el fin de los hostilidades entre la Iglesia y el modernismo que fue condenado en el Concilio Vaticano II”).

Ya comenzó mal su conferencia el Cardenal. Porque el Concilio Vaticano II no anula el Concilio Vaticano I en ninguna cosa y, además, el modernismo sigue como herejía en la Iglesia después del Concilio Vaticano II.

Para la Iglesia, es claro que el modernismo es lo más contrario al Evangelio. Y, por eso, San Pío X lo fustigó totalmente. Pero para este Cardenal es lo contrario.

Este Cardenal anula lo que hizo San Pío X y lo que el Concilio Vaticano I promulgó sobre el modernismo. Esto significa que este Cardenal no sigue el Magisterio Auténtico de la Iglesia, que lo da sólo el Papa, no los Obispos, y por tanto, está enseñando una herejía a la Iglesia.

Es decir, se está oponiendo a lo que la misma Iglesia ha enseñado sobre el modernismo. Y esto supone un acto de desobediencia a la Iglesia en este Cardenal.

Y, además, supone un acto de soberbia en él porque quiere enseñar algo nuevo, que es una mentira, como Obispo y como sacerdote, amparado sólo en la fuerza de su palabra humana. No lo ampara la Iglesia porque desobedece al Magisterio de la Iglesia dado por el Papa.

Quien escuche las enseñanzas de este Cardenal en la Iglesia se separa de la Verdad en la Iglesia, como él se ha separado ya.

Vean lo que sigue diciendo en su herejía: “On the contrary: neither the world is the realm of evil and sin –these are conclusions clearly achieved in Vatican II—nor is the Church the sole refuge of good and virtue”. (“Por el contrario, ni el mundo es el reino del demonio y del pecado –estas son las conclusiones alcanzadas en el Vaticano II- ni la Iglesia es el único refugio del bien y de la virtud”).

El cardenal ha anulado la verdad en la Palabra:

“No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno amare al mundo, no está en él la caridad del Padre; pues todo lo que hay en el mundo –la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la jactancia de los bienes terrenos – no procede del Padre, sino que procede del mundo” (1 Jn 2, 15).

Jesús habla del “príncipe de este mundo”:

“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será arrojado fuera” (Jn 12, 31).

“Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque viene el Príncipe del mundo; mas en Mí no tiene nada” (Jn 14, 30).

“…y en cuanto al juicio, porque el Príncipe de este mundo ha sido juzgado” (Jn 16, 11)

San Pablo habla del demonio como un dios: “El Dios de este mundo ha oscurecido el entendimiento a los incrédulos” (2 Co 4,4).

El libro de Job nos da la definición del demonio como rey: “Es rey de todos los orgullosos” (Job 41, 25)

San Pedro es claro en el ataque constante del demonio a las almas: “Porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5.8).

San Pablo enseña el arte del demonio: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz” (2 Corintios 11 14)

Santo Tomás explica así la expresión “príncipe de este mundo”: “Al diablo se le llama “príncipe d este mundo” en razón no de una dominación natural legítima, sino a causa de la usurpación de poder, en el sentido que los hombres carnales han despreciado a Dios para someterse al diablo. Como escribe San Pablo a los Corintios: “El Dios de este mundo ha oscurecido el entendimiento a los incrédulos (2 Co4,4)”. Es por tanto el “príncipe de este mundo” en la medida en que es jefe de los hombres carnales, los cuales, según San Agustín, están extendidos por el mundo entero”.

El Cardenal se inventa que en el Vaticano II anuló la doctrina de siempre sobre el pecado y el demonio. Esas conclusiones las saca de su soberbia y de su orgullo y eso es lo que está enseñando en su conferencia. No está escrito en las actas del Vaticano II que se haya llegado a esa conclusión.

Aquel que quiera sacar una verdad para la Iglesia de esta conferencia no la va a sacar, porque ha comenzado exponiendo sus mentiras que van contra del Evangelio, contra el Magisterio de la Iglesia, contra la enseñanza de toda la Tradición en la Iglesia.

Es un Cardenal que está en el gobierno prepotente de la Iglesia, para destruir toda la Iglesia con esta enseñanza de la mentira.

Y decir que la Iglesia no es el único refugio del bien y de la verdad es proclamar que la Iglesia Católica no es la que salva al hombre ni la que le da el camino para la santidad.

Está diciendo que la Iglesia no tiene toda la Verdad en Ella y que , por tanto, no sirve como Iglesia para comprender el bien que hay que hacer en el mundo ni la virtud que hay que practicar para hacer este bien.

Ya la Iglesia no enseña eso, sino que hay que hacer otra iglesia o buscarse otra iglesia que sea un refugio para conocer lo que es la Verdad.

¡Da pena este Cardenal!

Por su boca habla Satanás, en que él ya no cree. No puede creer porque no cree en la Palabra de Dios que le dice la verdad sobre el pecado y el demonio.

Ya se inventa lo que es el pecado y se inventa lo que es el demonio. Por eso, toda su conferencia es la doctrina del demonio que enseña en la Iglesia este Obispo, que tiene autoridad humana en la Iglesia para destruir la Tradición de la Iglesia, el Magisterio de la Iglesia y la Verdad de la Sagrada Escritura.

Pero ¿qué piensan ustedes que va a hacer el gobierno horizontal en la Iglesia?

¿Piensan que vienen tiempos florecientes para ser santos siguiendo la enseñanza del demonio en boca de tantos sacerdotes y Obispos?

A este Cardenal, como a todo el gobierno horizontal, le trae sin cuidado la santidad de la Iglesia, la Verdad en la Iglesia.

Están sólo ahí para destruir la Iglesia. Y no más.

Y duele que la Iglesia entera siga a estos sinvergüenzas sin discernir la verdad que Dios da a cada alma y que no la tiene ningún hombre en la Iglesia en estos momentos.

Comienza ya la ruina de la Iglesia. Muy pronto se verán las consecuencias del trabajo de Francisco en estos siete meses de gobierno demoniáco en la Iglesia

Roma, Ramera de la Iglesia

hayquienhapuestolavida

“la luz de la fe es una luz encarnada, que procede de la vida luminosa de Jesús”. (no. 34 – Lumen Fidei).

Esta herejía representa todo la obra de Francisco en la Iglesia.

De esta herejía se sacan varios corolarios, varias sentencias, varios apartados:

1. Francisco es un dios para sí mismo: Esta es la primera consecuencia, porque al recibir la encarnación de una luz en su mente, su espíritu se cierra a Dios y su mente se abre al demonio. Y esto hace que el alma beba de las enseñanzas del demonio en la mente. Abrir la mente al demonio es cerrar el corazón a Dios al mismo tiempo. No se puede estar con los dos. O con uno o con otro. Si se abre la mente al demonio, entonces ya no se abre a Dios el corazón. Y la persona queda como dios en sí misma, en su mente. Su mente se pone por encima de su corazón. Dios sólo habla al corazón de la persona, no a su mente. El demonio es el que habla a la mente de la persona.

2. La Iglesia es el conjunto de ideas que los hombres tienen sobre Dios: Si el hombre se hace dios para sí mismo, entonces su pensamiento es lo que vale en la Iglesia. Ya no es la Palabra de Dios, ya no son las obras que Jesús realizó en su vida humana, ya no es la Tradición de la Iglesia, ya no es el Auténtico Magisterio de la Iglesia, ya no es la doctrina de los santos Padres y Doctores de la Iglesia, ya no es la Vida de los Santos, de las Vírgenes, de los Confesores, sino que es cómo uno ve todo eso, cómo cada cual lo interpreta, como cada cual lo estudia, como cada cual le parece. Y, entonces, en la Iglesia hay un poco de todo y no hay ninguna verdad. Todo es mentira porque todo vale. Y ya no existe el pecado ni nada que se relacione con el pecado. En consecuencia, se niega a Jesús y Su Obra de la Redención en la Iglesia.

3. Las almas son sólo una encarnación del demonio: Si la fe se consigue abriendo la mente al demonio, a esa “luz que procede de la vida luminosa de Cristo”, como enseña Francisco en su encíclica, entonces en cada alma está esa luz, que no es divina, sino demoniáca; y cada alma es un engendro de Satanás. Al negar la Fe en la Palabra de Dios, y poner la fe en la luz encarnada, entonces se sigue la consecuencia lógica para el que no la quiere entender: ya no se cree en la Palabra, ya sólo se cree en la definición que Francisco hace de la fe, se cree que la fe es una luz encarnada. Eso destruye la gracia en el alma y coloca al demonio en el centro de la vida de esa alma.

4. La doctrina de Cristo desaparece para dar lugar a la doctrina de la Nueva Era: La Nueva Era predica que en el hombre hay una luz que le guía hacia su vida interior, que hace que su yo interior deje de estar aislado para que entre en una armonía, en una comunión, en una paz interior consigo mismo y con los demás. Esa luz interior es una luz en la mente de la persona, es un trabajo mental que la persona tiene que hacer para escalar su perfección en la vida. La persona va de idea en idea hasta conseguir la idea perfecta que trasluce en su vida. Y una vez que llega a esta idea perfecta, puede morir para reencarnarse en otra idea, en otra vida, y así llegar a la perfección de su ser en diferentes etapas de su vida humana. Ya no existe la doctrina de Cristo, sólo se da un camino para llegar a la unión con ese dios interior. Es lo que propone Francisco en toda su encíclica:

a.- la luz encarnada “Ilumina incluso la materia, confía en su ordenamiento, sabe que en ella se abre un camino de armonía y de comprensión cada vez más amplio.” (n. 34): esa luz encarnada también está en las cosas materiales. Luego, todo es dios, todo es divino. Y eso para poder conseguir la armonía que el yo interior necesita para vivir en un mundo que tiene muchos errores y que sólo esta luz puede solucionar al hombre en su vida.

b.- “La luz de la fe… ilumina también el camino de todos los que buscan a Dios, y constituye la aportación propia del cristianismo al diálogo con los seguidores de las diversas religiones” (n. 35): esta encarnación de la luz es para que todos nos unamos en una misma iglesia, sin importar la doctrina de Jesús. Ya no se dan los dogmas de la Verdad, sino que cada cual pone su dogma que nace de su mente y esto produce el ecumenismo espiritual entre todas las religiones del mundo.

c.- ”la luz de Dios se ha hecho camino, como estrella que guía por una senda de descubrimientos” (n. 35). La vida es descubrir cosas y no importa qué cosas sean, de dónde vienen esas cosas. No importa si esas cosas son verdaderas o falsas, son buenas o malas, son para la vida o son para la muerte. Esa luz divina en la mente, la luz de un dios, de una emanación del poder de dios es el camino para todo hombre en la tierra. Y, entonces, es bueno la reencarnación porque es un descubrimiento nuevo en la vida, una idea nueva en la vida. Es bueno aceptar las doctrina de otra religiones porque son un descubrimiento, una enseñanza para el alma, otros caminos para vivir la espiritualidad.

d.- “la luz humana no se disuelve en la inmensidad luminosa de Dios, como una estrella que desaparece al alba, sino que se hace más brillante cuanto más próxima está del fuego originario, como espejo que refleja su esplendor.” (n. 35): el hombre no tiene que buscar la humildad en su corazón para seguir a Dios. Basta seguirlo con los pensamientos que cada cual tiene en su mente. El hombre no tiene que crucificar su voluntad humana para hacer la Voluntad Divina, sólo tiene que buscar su voluntad humana y eso es la Voluntad Divina. Lo humano es el centro de la vida, ya no Dios. Vivir para lo humano es vivir para lo divino. Aceptar lo humano es aceptar lo divino. Amar lo humano es amar lo divino.

5. La separación de las almas en la Iglesia: Esto trae en la Iglesia una gran división porque la doctrina de Jesús queda oculta entre muchas cosas que son sólo una mentira, pero que se presentan como una verdad. Eso es el trabajo de Francisco en estos siete meses: presentar la mentira como un dogma en la Iglesia. Y nadie le ha dicho nada, porque él así lo ha impuesto en la Iglesia. Y todos callan, porque así él lo ha mandado. Y, por eso, la información sobre Francisco en cualquier medio de comunicación es sesgada, no es real, no es verdadera. Sólo se hace el juego a Francisco, pero no se critica a Francisco, no se juzga a Francisco, porque así son todos los masones. Esto trae la consecuencia que vemos. Muchas personas no se deciden todavía a enfrentarse a Francisco y a la Jerarquía por este silencio de toda la Iglesia. Como nadie habla en contra, entonces todo está bien. Las almas ven lo errores, pero también callan porque desde Roma se calla. Y se produce la separación en la misma Iglesia: unos con Francisco, otros en contra. Una separación que todavía no es división. Es un estar viendo a ver qué pasa. Y esto produce mucho daño a toda la Iglesia, porque quien no lucha contra la mentira que hay en la Iglesia entonces se separa de la Verdad de la Iglesia. Y este efecto se llama: dormir a las almas en la espera de algo que tiene que venir. Es un efecto satánico que inmoviliza a las almas en la mentira y no las deja batallar contra la mentira.

6. El cisma en Roma: Esto ya es un hecho, pero nadie lo ve, nadie lo quiere ver, todos se asustan ante esta verdad. Pero este cisma ya se ha producido, no con Francisco, sino con la renuncia del Papa Benedicto XVI. Es un cisma encubierto, que no aparece como cisma, sino como un cambio en la forma de entender la Iglesia, un cambio en la moral de la Iglesia, un cambio en la doctrina social de la Iglesia, un cambio en la liturgia de la Iglesia. El cambio siempre anuncia un cisma, cuando este cambio es sobre algo sustancial en la Iglesia. Y ya se ha producido ese cambio en la cabeza, con la renuncia del Papa Benedicto XVI y con el gobierno horizontal de Francisco. Ese cambio es un cisma. Pero nadie todavía lo ve, nadie todavía lo entiende, nadie quiere verlo. Todos están esperando algo más para comprender que Francisco no es lo que parece. Y, entonces, se hace el juego al mismo Francisco.

7. La aparición de la nueva iglesia en Roma: Esta nueva iglesia tiene su comienzo en la historia. Siempre en la Iglesia se ha dado otra iglesia escondida, oculta, que aparece y desaparece según los tiempos de los hombres. Es la iglesia de la masonería, es decir, de sacerdotes y de Obispos que hacen un pacto satánico para destruir a la Iglesia. Se hacen sacerdotes y Obispos sólo con este fin: la destrucción de la Iglesia, que sólo se puede hacer estando como sacerdotes y como Obispos. No se puede hacer fuera de la Iglesia o siendo un fiel en la Iglesia. Entonces, se da el hecho de que esta iglesia masónica ha crecido siempre en la Iglesia. Desde Judas, el Apóstol que vendió a Su Maestro por un dinero, hasta el último sacerdote de esa iglesia, se han dedicado sólo a destruir a la Iglesia en todos los campos, no sólo en la liturgia, sino en cada cosa que tiene de sagrado la Iglesia. Pero esta iglesia masónica no ha aparecido como tal en la historia de la Iglesia. Ha estado en Roma, pero oculta entre muchos sacerdotes y Obispos. Es ahora, cuando Francisco amaña la elección de los Cardenales en el Cónclave, cuando aparece la nueva iglesia. Y aparece en el mismo momento en que Francisco es elegido como Jefe de la nueva iglesia. Porque su elección no es a ser Papa, sino a ser Jefe que lidere esta nueva iglesia en Roma, que es la iglesia de la masonería que siempre ha estado en Roma. Y lo que tenemos en los siete meses de Francisco es sólo la nueva iglesia funcionando sin tapujos de nadie, con el aplauso de todos, de toda la Jerarquía Eclesiástica. Y, por eso, nadie se levanta porque todos quieren esta iglesia. Francisco no quiere ser Papa. Eso le molesta, pero tiene que tener ese nombre para hacer su teatro en la Iglesia. Pero él odia al Papa. Él odia a la Iglesia. Él odia a todo el mundo que se enfrente a él en la Iglesia. Él no busca dialogar con quien sabe que no le sigue en su pensamiento. Él sólo dialoga con aquellos que se doblan a su pensamiento humano. Su dogma de la luz encarnada es la consecuencia de esto.

8. La destrucción de la Eucaristía en la Iglesia: Es lo que viene ahora y de un modo trágico para todos. Y nadie lo espera, porque todos están viendo a ver por dónde sale Francisco. Lo que impide ahora marchar a la nueva iglesia, como la quiere la masonería, es sólo la Eucaristía. Se quita ésta y los demás dogmas desaparecen de forma inmediata. No se quita ésta y hay una gran división en la Iglesia. Por tanto, es necesario acabar con la Eucaristía para que esta nueva iglesia funcione. Y, para eso, hay que hacerlo de una manera brillante, que nadie diga nada y que nadie se interponga en eso. Por eso, es necesario algo para esto. No hay que esperar a que se cambien los libros litúrgicos. Eso vendrá luego. Hay que mandarlo sin más. Es decir, igual que se ha puesto el gobierno horizontal, quitando el gobierno vertical, con la sola voluntad de un hombre, que ha escrito una ley para eso, también hay que escribir una ley en la que se diga que ya la Eucaristía es una fraternidad en la Iglesia, una comunión en la Iglesia, una memoria de lo que hizo Cristo en la Iglesia. Eso basta para producir el caos en la Iglesia y se quite la Eucaristía sin que nadie se oponga. Un vez que se da ese escrito, entonces se cambian los ritos de la Misa en la Iglesia. Decir que la Eucaristía es sólo una memoria del Señor eso destruye la Eucaristía, cuando se dice en un documento oficial firmado por el Jefe de la Iglesia. Lo que diga el Jefe eso es en la Iglesia.

9. Roma, Ramera de la Iglesia: Es la última consecuencia y la más importante de todas. Ya Roma no da la Verdad, porque no se pone en la Verdad, que es Jesús. Desde la renuncia de Benedicto XVI ya no hay Verdad en Roma. Sólo hay verdades, pero no la Verdad. Roma ha sido la cumbre de la historia y el legado de la santidad. Roma ha sido el Amor de Todos y la Obra de la Verdad en el mundo. Roma ha dado a todos los hombres el camino hacia la santidad y hacia la vida de Dios en las almas. Roma ha perseguido la iniquidad desde el principio de su existencia. Y Roma ha sido la batalla donde se ha producido la victoria de muchos por su Amor a Cristo, a Su Rey, a Su Defensor, a Su Elegido en Dios, que es el Vicario de Cristo en la Tierra. Pero ya Roma no es todo eso. Roma ha perdido el Amor de Dios y se ha convertido en el amor de todos los hombres. Roma ya fornica con todos los hombres y recibe dinero de cada fornicación. Roma crece en la opulencia de la impureza de los sacerdotes y Obispos, que sólo quieren una cosa: destruir la Iglesia fundada en Pedro por Jesús. Roma se ha convertido en una Ramera, en una prostituta, en una cualquiera. Y ya no tiene otro nombre: sólo el de Ramera. Y, por tanto, quien busque a esa Ramera, se contamina de todo lo que tiene en su seno. Es decir, pierde la Fe, la Gracia Divina en el corazón, el Amor de Dios en su espíritu y la Verdad en su alma. Seguir a Roma es, desde ahora, seguir al demonio que habla por todos los sacerdotes y Obispos que se unen a la nueva iglesia, y que no son capaces de levantase ante lo que están viendo porque temen perder su sacerdocio. Y es necesario perderlo porque el sacerdocio no pertenece a la nueva iglesia, sino sólo a la Iglesia que Jesús ha fundado en Pedro. Muchos sacerdotes no ven esta realidad: en la nueva iglesia no interesa ser sacerdote. El sacerdocio es sólo un teatro, como lo obra Francisco. Si un sacerdote quiere permanecer en su sacerdocio, necesariamente tiene que salir de la nueva iglesia de Roma. Porque hay muchos sacerdotes que, por su vida espiritual vacía, no ven la Verdad de lo que pasa, después, les va a resultar más difícil la salida. Porque meterse con el demonio es esclavizarse a él. Quien no lucha contra el demonio en la Iglesia se pone de su lado en la Iglesia. Es lo que pasa a muchos sacerdotes, hoy día, por su nulidad en la vida sacerdotal. Ya no hacen oración ni penitencia, que es el alma de todo sacerdocio. Roma, ahora es la que lleva al infierno, no al Cielo. Esa es la tragedia del dogma de la luz encarnada de Francisco.

Massimo Introvigne: maestro de la ley

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“El malestar no debe ser confundido con el rechazo del Magisterio ordinario, ya esta actitud sí lleva al cisma” (Massimo Introvigne (publicado en il Foglio, 11 octubre 2013, p. 4)).

Este analista da una visión equivocada de lo que pasa en la Iglesia, porque no se pone en la Verdad.

La única Verdad que hay que seguir para entender la situación de la Iglesia actualmente es ésta: Nadie puede elegir un nuevo Papa estando vivo el anterior.

Esta Verdad, que está en el Evangelio, nadie la sigue. Y no se sigue porque no se cree en la Palabra de Dios, sino que se cree en las razones de los hombres para elegir un nuevo Papa.

Si la Iglesia no se pone en esta verdad, la Iglesia camina escuchando a mentirosos como Introvigne, que tienen el atrevimiento de decir lo siguiente: “Es posible que el Papa Francisco realice otras reformas en la Iglesia que el fiel católico deberá acoger con docilidad y sin buscar leerlas como contrarias a las enseñanzas de los pontífices precedentes sino teniéndolas en cuenta.”

Cuando el alma no está en la Verdad, entonces su boca proclama mentiras.

El malestar por las declaraciones de Francisco significa un rechazo a Francisco y no a la Iglesia. Un rechazo porque Francisco no es el Papa, es un Anti-Papa.

Si no se comienza así, entonces todo el artículo de este hombre es una solemne tontería.

La Iglesia está molesta con Francisco porque ha dicho cosas que no las dice un verdadero Papa, ni siquiera en su magisterio privado con los fieles, que es siempre falible, porque no habla en nombre de la Iglesia, públicamente, sino que lo hace en habitaciones privadas sin que a nadie le interese lo que se diga ahí.

Pero Francisco ha hablado como Jefe de la Iglesia, y eso no hay quien lo cambie buscando pretextos, razones, para acallar el malestar por la bocazas de Francisco, por las imprudencias de Francisco, por el pecado de Francisco.

Como Francisco es un Anti-Papa, entonces se le puede criticar, se le puede juzgar, se le puede condenar y eso no produce ningún cisma. Porque el cisma se produce sólo en la desobediencia al Papa. Es así que Francisco no es Papa. Luego, no hay cisma. Esto es el sentido común.

Como este analista no se pone en la Verdad, sino que sigue su verdad (=Francisco es Papa), entonces mete miedo con una verdad. Y hace un mal enorme a toda la Iglesia, porque quiere enseñar con una verdad su mentira.

Todo su artículo es el propio de una mente que no ha comprendido nada de lo que es el Papado y la obediencia al Papa en la Iglesia. Es un ignorante de la vida espiritual de la Iglesia. Está versado en la vida política de la Iglesia y, por eso, limpia las babas a Francisco, para que todo el mundo en la Iglesia haga lo que él hace: justificar el pecado gravísimo de Francisco.

Y cuando se justifica un pecado en la Iglesia, entonces el pecado es un dogma en la Iglesia y, por eso, dice que hay que acoger con docilidad cualquier cosa que Francisco quiera imponer en la Iglesia, aunque Francisco destruya los dogmas, las verdades reveladas.

Y hay gente en la Iglesia que sigue a este analista como oráculo divino, como el que da la Voluntad de Dios, como el sabio entre los sabios en la Iglesia. Así está la Iglesia: “¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!” (Lc. 11,47-54)

Massimo Introvigne es sólo un maestro de la ley que se ha quedado con la llave del saber. La llave del saber es su vasta inteligencia humana. Y en esa vasta inteligencia escudriña los conocimientos de todos los hombres y anuncia a toda la Iglesia la verdad que ha encontrado en vasta inteligencia. Y así él no entra en la Verdad ni deja entrar a los demás en la Verdad. Como él hay tantos en la Iglesia, que se han acaudalado en sus conocimientos de la verdad y lo imponen a los demás porque tienen una autoridad en la Iglesia. Necios y sólo necios de pensamiento cuyo error es su pecado de soberbia. Acarician su soberbia y demuestran su soberbia en medio del mundo para que todo el mundo la lea y la siga.

La Fe en la Iglesia no la da el sociólogo Massimo Introvigne, sino que la da la Palabra de Dios. O se cree en la Palabra de Dios que dice no elegir Papa mientras sigue vivo el anterior, o se cree a tantos en la Iglesia que quieren poner su razón para seguir en la mentira de unos Cardenales que pecaron al elegir un nuevo Papa.

Francisco es el fruto del pecado de los Cardenales que obraron en la Iglesia sin Fe en la palabra de Dios. Obraron su pecado porque tienen la fe puesta en los pensamientos de cada uno, en las filosofías de cada uno, en las políticas de cada uno. Y, de esta manera, se peca.

El pecado es, siempre, por la falta de fe. Nunca el pecado es por tener fe. Cuando el alma se aparta de la Verdad, que es Jesús, para seguir sus verdades, que son sus múltiples ideas sobre Jesús y sobre la Iglesia, entonces tenemos lo que tenemos: la glorificación del pecado en la Iglesia. El pecado ya es una cosa divina en la nueva iglesia que Francisco ha fundado con se memoria fundante. En esa nueva iglesia los que quieran estar tiene que pecar y eso les llevará al cielo.

Y, porque hay mucha gente en la Iglesia que vive buscando una razón en los hombres para tener fe, por eso, siguen dormidos en la Fe, siguen aplastados en sus pecados, viendo a la Iglesia como algo que les da un interés en la vida, pero no la Verdad de sus vidas.

El cisma lo ha provocado Francisco, no sólo con sus declaraciones, sino con su gobierno horizontal. Es él el que se ha apartado de la Obediencia de Cristo y ha puesto su orgullo en medio de la Iglesia. Y, ahora, no vengan hombres sin sentido religioso, como este sociólogo Massimo Introvigne, necio en su pensamiento, a decir que hay que obedecer a todos los cambios que haga Francisco, porque es el Papa y al Papa no se le puede criticar.

Que los que deseen esa nueva iglesia obedezcan a su dictador francisco y a su gobierno de marionetas, que son los ocho prepotentes de Roma. Pero que no manden a la Iglesia obedecer a un Anti-Cristo, porque ahí se ve su falta de fe y su negocio con Francisco.

Ahora se quiere, de muchas maneras, tapar las barbaridades que Francisco ha dicho. Pero ya no es posible.

O se está con la Iglesia o se está con la nueva iglesia de Francisco. Que cada uno elija, pero que no digan lo que hay que hacer en la Iglesia, cuando ellos ya no son Iglesia por su cisma que han provocado en la misma Iglesia. Cisma encubierto, pero cisma verdadero. Cisma en silencio, pero que lo oyen las almas que viven de la Fe en la Verdad, que es Jesús.

El que habla la Verdad nunca provoca ningún Cisma, pero el que se atreve a levantar su pecado en medio de todos como la verdad, entonces es ése el que provoca el Cisma en la Iglesia.

Quirógrafo

firma

Este documento firmado por Francisco es un acto de rebeldía ante el Papado.

Este acto viene de los Cardenales en la elección de un nuevo Papa. Es lo que los Cardenales hablaban en los pasillos antes de entrar en el Cónclave.

¿Quién son los Cardenales para decir que hace falta un órgano de gobierno que ayude al Papa en su gobierno de la Iglesia?

¿Por qué dicen eso si el gobierno de la Iglesia es sólo del Papa? ¿Con qué intención lo dicen sino para alcanzar el Poder en la Iglesia, para hacer la Iglesia que ellos quieren?

Hablaban los Cardenales en los pasillos para decir esta herejía. Esto que hacían los Cardenales refleja lo que hay en los Cardenales antes de elegir a Francisco. Es revelador cómo están los corazones de esos Obispos que tienen que ponerse en oración para decidir el destino de la Iglesia, y que sólo hablan de cómo destruir la Iglesia aconsejándose unos a otros el hombre ideal para poner este gobierno consultivo.

Francisco puso este gobierno consultivo porque fue elegido para esto. Es el hombre ideal para desbaratar el gobierno en el Papado. Ningún Papa aceptó de nadie esta herejía. Francisco la aceptó porque para él no existe el pecado. Para él sólo existe el convenio de los hombres para ver las soluciones a los problemas de la Iglesia. Hay que juntarse y ver cómo se solucionan lo que hay en la Iglesia. Hay que reunirse para hablar, como se hace en el mundo, como se hace en cualquier empresa, a puerta cerrada y allí ventilar los problemas de la Iglesia, que son problemas espirituales, no humanos, no materiales, no económicos.

Por eso, el gobierno de la Iglesia es sólo de una Cabeza, no de muchas cabezas, porque es un gobierno espiritual, no humano. Y quien decide el gobierno es el Espíritu, no los hombres.

Pero esta Verdad, ¿quién la enseña hoy? ¿Quién la pone en práctica? Nadie. No interesa, porque somos hombres, y hay muchos problemas en la Iglesia que son de los hombres, y hay que solucionarlos por los caminos de los hombres.

Este acto de rebeldía de Francisco lo pone como el primer adalid del demonio en la Jerarquía de la Iglesia. Francisco lucha por el pensamiento del demonio. No lucha en contra del pensamiento del demonio. Y, por tanto, se opone a Cristo y a la Iglesia.

El quirógrafo va en contra de toda la Iglesia. Pero las almas, los fieles de la Iglesia ¿se han dado cuenta de esta verdad? Nadie percibe el mal que viene de este gobierno consultivo. Nadie sabe lo que significa un gobierno consultivo en la Iglesia.

No es una consulta, porque -para eso- no hace falta constituir nada. Se pregunta a unos, se pregunta a otros, que es lo que siempre han hecho todos los Papas.

El gobierno consultivo es para decidir en la Iglesia, es para elegir un camino en la Iglesia. No es sólo para cuestiones económicas y administrativas. Para eso, la Iglesia ya tiene sus departamentos administrativos y económicos, que ven los problemas y consultan con el Papa sobre esos problemas.

El gobierno consultivo es para consultar la mente de los hombres y buscar la razón que conviene para la Iglesia, según las medidas de los hombres, según lo que piensan los hombres, según lo ven los hombres.

El gobierno consultivo da una razón humana, un plan humano, una filosofía humana de la Iglesia, pero nunca da la Voluntad de Dios, nunca pone en obra la Obra Divina en la Iglesia, sino las obras humanas.

Dios da Su Voluntad sólo al Papa, no a un conjunto de hombres en la Iglesia.

El gobierno consultivo sólo habla de lo que hay en la mente de cada uno, pero no dice lo que está en la Mente de Cristo, que es quien gobierna la Iglesia.

El gobierno consultivo va en contra de la Mente de Cristo. Se opone a la Mente de Cristo. Juzga la Mente de Cristo. Pone una corona de espinas en la Mente de Cristo. Flagela el Cuerpo Místico de Cristo. Crucifica a Cristo y a su Iglesia y se ríe de ellos para que bajen de la Cruz, para que las almas sigan lo que ese gobierno consultivo propone como novedad en la Iglesia, como la reforma de la Iglesia, como el bienestar de la Iglesia.

¡Cuántas almas en la Iglesia que siguen dormidas después de las declaraciones de Francisco! No se han dado cuenta de lo que tienen ante sus ojos, porque tampoco buscan la Verdad en sus vidas. Buscan ser felices, y eso es lo que ofrece Francisco a la Iglesia: felicidad, placer, amor sentimental, humano, palabras cariñosas, palabras llenas de falsedad y de engaño, que no saben descubrir porque sus mentes también viven para la mentira.

Una Iglesia que no sabe escuchar es la Iglesia del demonio. El demonio no escucha a nadie. El demonio pone su razón para seguir en su mentira.

Esto es lo que pasa en la Iglesia. Una Iglesia que no escucha la verdad, sino que pone sus argumentos para seguir en la mentira. Así hay tantas almas en la Iglesia, siguiendo lo que el demonio les pone en su entendimiento humano. Y, claro, están en la Iglesia ciegas, sordas, sin luz verdadera.

El desastre de la Iglesia ya ha comenzado. Es un desastre que pocos lo ven ahora. Un desastre que hace que la Iglesia se divida en dos. Y esa división producirá otra división. Y lo que viene a la Iglesia es la obra de la mentira, escondida en una verdad alegre, esperanzadora, llena de maldad en los corazones de muchos. Y esa obra de la mentira hará que muchos se condenen, porque no han sabido despreciar su vida humana para vivir lo que Dios ofrece al corazón.

Por eso, lo que pasa ahora ya estaba escrito en el Evangelio: es el Dragón que ataca a la Iglesia y que hace de la Iglesia su reino en la tierra. Vean el Apocalipsis y el profeta Daniel, porque eso ya está en marcha.

No puede darse la Obediencia a Francisco

san ignacio

“Sobre la Cátedra de Moisés se sentaron los escribas y fariseos. Así, pues, todas cuantas cosas os dijeren, hacedlas y guardadlas; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen y no hace. Lían cargas pesadas e insoportables, y las cargan sobre las espaldas de los hombres, mas ellos ni con el deo las quieren mover. Todas sus obras las hacen para hacerse ver de los hombres, porque ensanchan sus filacterias y agrandan las franjas de sus mantos; son amigos del primer puesto en las cenas, de los primeros asientos en las sinagogas y de ser saludados en las plazas, y ser apellidados por los hombres maestro” (Mt 23, 2 8)

Lealtad a la Fe Católica no significa sujección a los pensamientos de los hombres.

Una cosa es la Verdad, que nace del Espíritu, otra cosa es cómo se entiende esa Verdad por el hombre.

El hombre tiene que esforzarse por dejar sus juicios, sus opiniones, sus puntos de vista, sus filosofías, sus ciencias, para poder contemplar la Verdad como es en Sí.

Es difícil ver la Verdad, porque el hombre se llena de sus verdades, las que adquiere con su entendimiento.

Francisco se sentó en la Cátedra de Moisés, que es el Sacerdocio de Cristo en la Iglesia.

Se sentó para engañar al Pueblo de Dios.

Se sentó, porque muchos en la Iglesia hablan de las cosas de Dios imponiéndolas con la fuerza de su mente humana, de su filosofía humana.

Y esa imposición genera una obediencia que es una carga para los fieles.

Un hombre sin Espíritu es el que manda lo divino imponiéndolo, por la fuerza de su entendimiento, por su propio juicio, por su verdad que ha encontrado en su razonamiento.

De esto en la Iglesia hay muchos ejemplos. Superiores, Obispos, sacerdotes que, al no tener espíritu, no saben obedecer a Dios en sus cargos y, por tanto, lo que mandan no es de Dios, sino de sus cabezas, del producto de su pensar, razonar, filosofar. Y a eso, después lo llaman Voluntad de Dios, permisión de Dios, y es sólo el pecado de su soberbia que no han sabido quitar cuando ejercen su cargo de Superior, cuando actúan con un Poder recibido por Dios.

Francisco se sentó en la Silla de Pedro para mandar lo que no viene de Dios. Sus herejías son señal clara de que él no ha sido elegido para la Silla de Pedro. Ningún Papa habla así. Ninguno se esfuerza, como él, para demostrar al mundo que es una persona inteligente, que sabe lo que está haciendo en la Iglesia y que va a poner a la Iglesia en la verdad.

Francisco manda amar a los pecadores y no fijarse en su pecado. Hay que hacer lo que él dice: amar al pecador. Pero no hay que hacerlo como él lo dice.

Él lo dice haciendo que el pecador no vea su pecado, no luche contra su pecado, no le importe su pecado.

Hay que amar al pecador porque así lo manda Jesús: Amad a vuestros enemigos. Pero el pecador es un enemigo de Dios, enemigo de Cristo, enemigo de la Iglesia, enemigo del alma.

Hay que amar a los enemigos, pero hay que aprender lo que es ese amor.

Porque para amar a un enemigo, no hay que hacerlo amigo, por ser enemigo.

Se ama dando la Verdad. Se ama obrando la Verdad. Se ama diciendo la Verdad.

Se ama a un enemigo diciéndole su pecado y la forma de quitar su pecado. Y si no quiere quitarlo, entonces se le deja en su pecado, pero no puede participar de lo que es la Iglesia: “Si alguno no os recibiere ni escuchare vuestras palabras…sacudíos el polvo de vuestros pies” (Mt 10, 14).

Francisco dice que como la Iglesia es Madre, tiene que aceptar a todos los hombres, sin importar su condición de pecador. Hay que ser amigos de los enemigos de la Iglesia. Y eso no se puede aceptar de un Pastor de la Iglesia.

Por eso, hay que tomar sus palabras como son en la verdad. Pero no hay que obrarlas como él lo dice. Porque lo que él dice supone un pecado para el alma y la Iglesia.

Hay que saber obedecer al Pastor. Y, cuando el Pastor, no viene de Dios, cuando es claro su pecado, porque está mintiendo a la Iglesia, hay que saber oponerse a ese Pastor con las armas de la Verdad, del Espíritu, y saber llamar al pecado, pecado, y a la Verdad, Verdad.

Una cosa es el respeto a la Jerarquía. Otra cosa es el pecado de la Jerarquía.

Pablo corrió a la Cabeza de la Iglesia, al Papa, que era Pedro, a decirle su pecado: “Mas cuando vino Pedro a Antioquía, abiertamente me le opuse, porque era reprensible” (Gal 2, 11).

Francisco es reprensible y nadie se levanta en la Iglesia, ningún Obispo, ningún sacerdote, ningún fiel, para amonestarle por sus pecados de mentira, por su palabrería que está diciendo.

Si la Iglesia no se levanta para corregir a la Cabeza, entonces la misma Iglesia es reprensible, es pecadora, vive en la mentira, vive en el engaño.

Es lo que vemos y eso sólo tiene un nombre: la Apostasía de la Fe.

Se tiene miedo a decir la Verdad, a llamar a Francisco pecador, hereje. Y se tiene miedo porque se vive en el mismo pecado, en la misma mentira, en el mismo error que tiene Francisco.

Si no se lucha por la Verdad, entonces la Verdad es una mentira y se pone como verdad las verdades de cada cabeza humana. Y, después, se imponen en la Iglesia esas verdades como si fueran divinas.

Esto es lo que ha pasado desde el Concilio Vaticano II. Y esto es lo que pasa ahora en la Iglesia.

La lealtad a la Fe Católica no significa lealtad a un hombre revestido de sotana, que se sienta en la Silla de Pedro. Es la lealtad a la Verdad del Papado, que Francisco no demuestra. No hay que ser fieles a Francisco. Hay que ser fieles a Cristo en el Papa. Francisco demuestra que no es Papa, que no vive el Papado, que no lucha por el Papado, que no lucha por la Verdad de la Iglesia, que no sirve para Papa. Y lo demuestra con sus obras, no con sus palabras.

El deseo de estar en las redes sociales, el deseo de estar junto a los líderes del mundo, el deseo de aparecer en las entrevistas, el deseo de ser hombre y de pensar como hombre y de obrar como hombre. Esa es su obra como Papa.

No está dando la Verdad de lo que es un Papa, de lo que es la Fe de la Iglesia, de lo que debe ser un sacerdote ante el pecador y su pecado.

Entonces, hay que saber obedecerle. No hay que tener una obediencia ciega a aquel que no sabe obedecer ciegamente al Espíritu Santo. La Obediencia Ciega es una virtud para ser santos. Y, cuando el Señor la pide, sólo se obra para un fin de santidad, no para hacer de la vida un desastre del pensamiento humano.

Hoy no existe la Obediencia en la Iglesia, porque la Jerarquía no sabe obedecer al Espíritu de la Iglesia. Y, después, ejerce su tiranía sobre el pueblo, poniendo preceptos y normas que ellos no siguen.

No hay que obedecer a Francisco, porque no es el Papa Verdadero, porque lo que dice es mentira, porque transmite un espíritu de confusión, de división. Son tres señales claras por las cuales no se puede dar la Obediencia a esa Falso Pastor.

Y hay que llamarlo como es: un anti-Papa, uno que se sentó en la Silla de Pedro por conveniencias de los hombres, por intereses de los hombres, porque así los hombres lo han querido.

¿Qué es la Fe de la Iglesia?

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Muchos no comprenden lo que significa la Fe de la Iglesia.

Muchas almas están en la Iglesia sin Fe, es decir, con diversas prácticas, como ir a Misa el Domingo, dar una limosna, asistir a un retiro, hacer algunas oraciones, hacer algunos apostolados, etc., movidos sólo por algo humano, algo material, por una costumbre, por una idea social e incluso por algo demoniáco.

Y hacen muchas cosas en la Iglesia, y comulgan, y se confiesan, y se casan por la Iglesia, y son sacerdotes, etc., pero no tienen FE.

La Fe en Cristo, que es la Fe de la Iglesia, es imitar lo que hizo Cristo en su vida humana, mortal.

Cuando se hace eso, cuando no se quiere entender la razón de por qué Cristo hizo eso, sino que se hace porque Cristo lo hizo, entonces el alma vive de Fe, posee la Fe, obra la Fe.

Muchos quieren entender las obras de Cristo, pero no quieren aceptarlas como las hizo Cristo, y así se van inventando la Fe. Por ejemplo, la comunión en la mano es una práctica que el hombre ha metido en la Iglesia y que va en contra de lo que hizo Jesús con la Eucaristía.

Jesús, al instituir la Eucaristía, se la dio sólo a Sus Apóstoles, no a los fieles de la Iglesia. Y son los Apóstoles los que distribuyen la Eucaristía. Y para recibir la Eucaristía, la persona tiene que arrodillarse, porque es a Dios a quien se recibe: “…al Nombre de Jesús toda rodilla se doble de los seres celestes, y de los terrenales y de los infernales,…”(Flp “, 10). Esto es lo que enseña la Fe en Cristo, la Fe en la Palabra de Dios.

Jesús es Palabra de Dios, no es una palabra humana. Y, cuando se da la comunión, se nombra a Jesús. Y, ante el Nombre de Jesús, la persona tiene que arrodillarse y recibir de manos del sacerdote a Jesús Eucaristía.

Esta es la Verdad, esta es la Fe de siempre.

Los hombres de la Iglesia, como no viven de esta Fe, sino que se han inventado una fe, en la que se puede comulgar en la mano, porque así lo dicen los hombres de la Iglesia, porque hay un documento en donde se da permiso para hacer esto, entonces se sigue las leyes de los hombres, se sigue el pensamiento de los hombres, se sigue un documento que los hombres se han inventado y han puesto la firma del Papa, para que todos hagan caso de ese documento y no hagan caso de lo que dice la Fe de la Iglesia, la Palabra de Dios.

Este ejemplo de la comunión en la mano es claro para entender lo que pasa en la Iglesia.

Todo el mundo ve eso. Y nadie dice nada. La razón: es que el Papa lo permite, el Papa también da la comunión en la mano. Los sacerdotes los hacen. Todo el mundo lo hace. Luego, debe ser bueno hacerlo y practicarlo. ¿Qué mal hay en eso?

Para los hombres no existe ningún mal en la comunión en la mano. Pero para Dios existe el pecado de sacrilegio en la comunión en la mano.

Pero, como hoy día, no existe el pecado, no se reconoce el pecado, no se arrepienten las almas de sus pecados, sino que los valoran y luchan por sus pecados en la Iglesia, entonces la comunión en la mano es un bien para la Iglesia. Así se hace la Eucaristía más asequible a todo el mundo. La Iglesia se humaniza y vive al amor fraterno, que es lo que importa en la realidad.

No hay Fe en la Iglesia porque se vive una fe inventada por los hombres, una fe de documentos papales, sacerdotales, que vienen de los nuevos Escribas y Saduceos, que eran los que escribían las leyes de Dios en la Iglesia en tiempos de Jesús.

La gente tiene una fe de escritorio. Y lo que diga un Papa o un documento papal, eso basta para tener fe en la Iglesia.

Por eso, hay tantas prácticas en la Iglesia que son sólo doctrina de hombres, doctrina del demonio, pero que no es la doctrina de Cristo, la Vida de Cristo.

Cristo enseñó Su Palabra. Y Su Palabra es Verdad.

Y ningún pensamiento humano puede interpretar esa Verdad según sus razonamientos, ideas, proyectos humanos de la vida. Que es lo que se viene haciendo en la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.

Dar a la Iglesia la doctrina de los hombres, de cómo los Escribas y Saduceos de este tiempo, que son los teólogos, sacerdotes, Obispos, Cardenales, fieles, ven la Palabra de Dios y, por tanto, cómo la interpretan según su filosofía, que cada uno tiene en su cabeza. Y no recurren a la tradición de la Iglesia, a lo que tantos Santos y Pastores de la Iglesia han dicho sobre la Fe de la Iglesia, sobre la Escritura, sobre la verdadera Ciencia Divina.

Por eso, se da en la Iglesia lo que tenemos: una cabeza que no es Cabeza Visible de la Iglesia, que es un impostor, que se dice Santo porque es un sacerdote y hace cosas santas en su oficio.

Un hombre que busca llamar la atención de los demás hombres. Un hombre que vive para las redes sociales, pero que no vive para el Espíritu de la Verdad.

Un hombre que atrae con su palabra engañosa a las almas que quieren escuchar sólo que la vida es para lo humano, para crecer en lo humano, para tener éxito en lo humano.

Un hombre que se presenta con una humildad falsa para engañar a todos y para hacer creer que en él está el Espíritu de la Verdad. Él está como Cabeza y él sabe cómo guiar la Iglesia. Y todos deben ser enseñados por él, porque es Papa, porque Dios lo ha puesto ahí.

Un hombre que es visto como un innovador de la fe, dinámico en lo humano, que es como una bocanada de aire fresco, como una primavera para la Iglesia, y que sólo está ahí para comenzar la Ruina de la Iglesia.

Un hombre que no sabe lo que es la vida espiritual y que no sabe seguir al Espíritu de la Verdad, porque sólo sabe seguir su pensamiento humano. Es un saduceo más en la historia de la Iglesia. Uno que hace la Iglesia a base de documentos papales, pastorales, humanos. Pero que no sabe vivir el Espíritu de la Iglesia, porque no sabe combatir a los hombres en la Iglesia. No sabe combatir al demonio, que ya está presente en la Cabeza de la Iglesia. No sabe luchar contra el pecado, porque no ve su pecado.

Ese hombre todos los siguen por una razón: porque no viven la Fe de la Iglesia, la Fe en Cristo, sino que también se han construido su fe humana, la que a ellos les interesa para su vida humana. Y, por eso, buscan a un Papa que les hable de lo que ellos tienen en sus mentes humanas, que les abra el camino de lo humano para hacer de la Iglesia sólo un conjunto de hombres, un conjunto de ideas humanas, un conjunto de obras humanas. Y no quieren saber nada de la santidad de la Iglesia, de lo sagrado de la Vida de la Iglesia, del Amor Divino de la Iglesia, porque no viven para hacer la Iglesia de Cristo, sino que viven para inventarse la Iglesia de los hombres, como los hombres la pintan en su soberbio pensamiento humano.

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