Lumen Mariae

Inicio » roma

Archivo de la categoría: roma

Sin la Eucaristía nadie se puede salvar en la Iglesia

papaconsagracion

«En verdad, en verdad os digo que, si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis Su Sangre, no tendréis Vida en vosotros» (Jn 6, 53).

Cristo, en la Eucaristía, es la fe del alma, la vida del alma.

Quien no come a Cristo, quien no recibe la Eucaristía como alimento de su alma, no tiene la vida de Dios en él. Sólo tiene la vida de su mente humana. Sólo puede obrar lo que concibe con su pensamiento de hombre.

Uno no se salva porque crea en Dios, porque tenga argumentos para creer en un Dios bueno y misericordioso.

Los judíos no se salvan porque sean hijos de Abraham por la fe; ni los ortodoxos se salvan porque tengan unos ritos iguales a los católicos; ni los musulmanes se salvan porque creen en un solo Dios; ni los sedevacantistas se pueden salvar apelando sólo a la fe en Cristo, pero sin Misa; ni nadie se puede salvar si no adora a Cristo en el Altar y lo comulga de manera reverente, dando a Dios el culto debido.

Sin Misa no se puede entrar en el Cielo. Ya no.

En la Misa está Dios. Quien quiera buscar a Dios fuera de la Misa no lo encuentra, no lo puede encontrar.

Si no hay sacerdotes que pongan a Cristo en el Altar, no hay Cielo. Sólo hay infierno.

Con Abraham, hasta Cristo, sólo era necesaria la fe en el Mesías que tenía que venir. Pero desde Cristo, lo único que salva es la Eucaristía. La Misa es el camino de salvación y de santificación de toda alma. Y es el único camino para llegar al Padre. No puede haber otro.

El camino no es unir las tres religiones: católicos, judíos y ortodoxos en una sola.

El camino no es rezar junto a los judíos y musulmanes para una ficticia paz mundial.

El camino es Cristo. Y Cristo es la Eucaristía. Sacramento de unión y de unidad.

dsc6082

La Eucaristía es una Gracia: no es un conjunto de ideas, ni de ritos, ni de normas litúrgicas.

Una Gracia que es el Mismo Cristo: Cristo se dona Él Mismo como alimento del alma: «Yo soy el pan de vida» (Jn 6, 35b). Es alimento –pan- para la vida de cada alma que lo recibe. Cristo no es una idea para el alma, sino Él Mismo que se da al alma.

Cristo es una Verdad para el alma y una Vida para su corazón.

«vosotros me habéis visto» (v. 36b): con vuestras inteligencias, vuestras teologías, vuestras obras en la Iglesia…habéis comprendido la verdad de Mi doctrina…

«pero no Me creéis» (v. 36c): no queréis someter vuestras mentes humanas a la verdad que habéis conocido. La Verdad, que he dado a conocer a Mis Apóstoles, no la creéis. No creéis en Mi Mente Divina. Sino que cogéis esa Verdad, que es inmutable, y la reinterpretáis con vuestras inteligencias humanas. Desarrolláis la Verdad que no puede cambiar nunca, que nadie puede desarrollar.

Hoy todos en la Iglesia Católica se han convertido en protestantes: no hay Papa, no hay sacerdotes, no hay Obispos, no hay monjas, no hay religiosos, no hay nada… Sólo queda la fe.

La fe, ¿en qué? En lo que cada uno tiene en su mente: la fábula que cada uno se inventa con su grandiosa cabeza humana.

Y, no sólo los sedevacantistas no pueden salvarse, sino muchos católicos que siguen a un Papa que no es Papa. También esos católicos son protestantes: quieren salvarse sin la gracia de Pedro, buscando a un hombre que no es de la Iglesia Católica. Pretenden salvarse sólo porque creen en lo que han hecho los Cardenales. Creen en los hombres, pero ya no creen en el Magisterio de la Iglesia.

Cuando ese hombre, al que unos Cardenales lo han sentado en la Silla de Pedro, ha comenzado a decir herejías por su boca, ya no creen en la Gracia, ya no creen en la Verdad, ya no creen a los profetas, sino que sólo creen en sus mentes humanas.

Se han fabricado una fe humana: es necesario obedecer a Bergoglio, aunque diga herejías. No pueden salvarse con la sola fe de su inteligencia humana. Porque la que salva es la gracia que se da mediante la fe en Cristo: el creer en la Mente de Cristo.

Quien se someta, quien obedezca a Bergoglio, no puede salvarse, porque sólo vive de su fe humana, de intelectual, pero no vive de la gracia de la Eucaristía, no vive de la gracia de Pedro.

Todos protestan de la doctrina de la Verdad. Todos. No hay ninguno que permanezca en la verdad en la Iglesia. Ninguno. Todos van, en la Iglesia, hacia sus verdades.

La Iglesia es Pedro. Quitan a Pedro, no hay Iglesia. Se pierde esa Gracia. Y si se pierde, las demás gracias se van perdiendo, anulando.

Toda la Iglesia está ahora en el Papa Benedicto XVI. Cuando se muera, ya no hay Iglesia.

La Iglesia se construye en Pedro; la Iglesia se destruye sin Pedro.

Hicieron renunciar al Papa legítimo: se crea o no se crea. Desde ese momento, la Iglesia empieza a autodestruirse. Ella misma. Ella misma se pone otro Papa, Ella misma busca una nueva doctrina: el evangelium gaudium; Ella misma hace su sínodo; Ella misma pone sus leyes. Ella misma levanta una nueva estructura, una nueva sociedad, en la que la Verdad brilla por su ausencia.

Todo es herejía en Roma. Todo.

A nadie le interesa el magisterio de la Iglesia, ni los profetas que anuncian la verdad en cada tiempo, ni las obras divinas que Dios quiere hacer en Su Iglesia. A nadie.

Todos viven de sus fábulas en el Vaticano. Todos.

A nadie la interesa salvarse.

A nadie le interesa Cristo.

A nadie le interesa la Eucaristía.

A nadie.

La Eucaristía es el mismo Dios en Persona, en la Persona de Su Hijo.

¡Es para poner la cabeza en el suelo!

¡Es para decirse a sí mismo: no soy digno de recibir a Dios en mi alma!¡No soy digno de pertenecer a la Iglesia de Cristo!

Que Dios se haga pan; que el Invisible se muestre Visible; que el Eterno se haga dueño del tiempo; que la Bondad te muestre el camino de la Verdad dentro de tu alma… Eso es para anonadarse, para humillarse, para caer con la frente en el suelo y pedir arrepentimiento de todos los pecados…

Pero esto, a nadie le interesa en la Iglesia. A nadie. Si les interesara, no estarían detrás de un hombre sin fe, como es Bergoglio. No estarían.

Bergoglio no pone a Cristo en el Altar: sólo hace una obra de teatro. Y nada más.

Pero nadie cree esto.

Tú, que comes a Cristo, que recibes la Verdad cuando comulgas, ¿y no ves la verdad de lo que es Bergoglio? ¿No ves que es un falsario? Entonces, no comulgas bien. No comulgas con fe, sino con la rutina de recibir una galleta en un acto social. Comulgas con tu mente humana. Comulgas con el invento de tu fe humana. Y te crees salvo porque sigues a un hombre que no es Papa, pero que te han dicho que es el Papa.

¿Qué hacen tantos católicos comulgando todos los días y obedeciendo la mente de un mentiroso, como es Bergoglio? ¿Qué hacen? ¿A qué se dedican en la Iglesia?

¿Para qué comulgan si sus vidas son abominación?

¿Para qué reciben a Cristo si después no obran las mismas obras de Cristo en la Iglesia?

¿Por qué quieren ser santos en la comunión si no expresan esa santidad con las obras? En la vida de cada día, aplauden, justifican, ensalzan los pecados de una Jerarquía sin Cristo en sus corazones. Eso es una abominación. Eso no es santidad de vida. Esas no son las obras de Cristo en la Iglesia.

Cristo obró la Verdad.

¿Qué hacen los católicos? Obran la mentira al dar su obediencia a un falso Papa.

No te puedes salvar comulgando todos los días y teniendo como Papa a Bergoglio. No te puedes salvar. Si no lo comprendes, poco importa. En la Iglesia estás para salvarte no para comprender las cosas, no para justificar la vida de nadie. Muchos es para lo que hacen Iglesia: para justificar la vida de Bergoglio. Para justificar sus pecados; para excusar su vida de pecado en la Iglesia.

No te puedes salvar confesando todos los días tus pecados sin confesar el pecado de obedecer a un impostor en la Iglesia, el pecado de tener a Bergoglio como tu Papa. No te puedes salvar. Y no importa que no lo veas como pecado. El pecado no es una idea de tu mente, sino una obra de tu corazón. No es como lo piensas, es como lo obras.

Obras llamando Papa a uno que no es Papa: eso es un pecado.

La Gracia no se da en partes: como estoy bautizado, al cielo. No.

Hay que vivir la gracia en cada uno de los sacramentos. Si se falla en uno solo, se falla en todos los demás.

La Gracia es para todo en la vida del alma: bautismo, confirmación, penitencia, eucaristía, matrimonio, orden y unción. Abarca toda tu vida: desde lo más pequeño, desde la rutina de tu vida, hasta lo más grande.

No te puedes inventar tu bautismo, ni tu confirmación ni ningún sacramento. No te puede fabricar la vida divina, que se da en la gracia. Tienes que vivirla. Y si no la vives en cada sacramento, por más que estés bautizado, por más que comulgues, por más que tengas un matrimonio, no te salvas, no vas al cielo.

La Gracia es para todo en la vida de la Iglesia: no puedes estar en la Iglesia bajo un hombre que no es Papa, que no tiene la gracia del Papado. No puedes estar en gracia si sigues en la Iglesia a un hombre que no tiene la gracia del Papado. Es imposible: tu salvación depende de a quién llamas Papa en la Iglesia, de a quien obedeces como Papa en la Iglesia. No te puedes salvar solo, con tu gracia del bautismo o de tu matrimonio. Te tienes que salvar con el verdadero Papa, siguiendo la gracia que el verdadero Papa da a la Iglesia.

Todo es Gracia. Nada es como el hombre lo piensa y decide y obra en la Iglesia.

Los Cardenales pusieron su pensamiento en la Iglesia: un falso Papa. Eso no sirve para ser Iglesia. No sirve.

No salva el pertenecer a la Iglesia Católica. Salva el vivir la Gracia dentro de la Iglesia Católica.

Salva el tener al Papa Benedicto XVI como único Papa, como el verdadero, como el legítimo. Lo que salva es seguir al Papa que tiene la gracia del Papado: Benedicto XVI.

Lo que condena es seguir a un hombre que no posee la gracia del Papado: Bergoglio.

Esto es lo que muchos católicos ya no hacen: no son fieles a la Gracia que reciben en cada Sacramento. No hay fidelidad a la gracia de tener un Papa. No hay fidelidad a la Verdad Divina, que es una Vida para el alma; entonces, no hay Camino Divino en sus vidas humanas.

Si el Papa es el vicario de Cristo, si es la Voz de Cristo, si es el mismo Cristo el que habla por su boca, ¿cómo es que no sabes ver al demonio en Bergoglio?

¿Qué es, para ti, ser Papa?

¿Cuál es tu invento del Papado?

Si estás comulgando todos los días y Cristo te habla la Verdad a tu corazón, todos los días, ¿cómo es que no reconoces la voz del demonio en Bergoglio?

¿La voz que recibes en tu alma cuando comulgas es la misma que escuchas de Bergoglio?

Cristo en tu alma te dice: Yo soy Espíritu.

Bergoglio, con su boca, te dice: Jesús no es Espíritu.

¿Y no te das cuenta que son dos voces distintas?

¿Todavía no caes en la cuenta?

Pero, ¿cuál es tu fe en la Iglesia? ¿De qué vives en la Iglesia? De tu mente humana, de tu lenguaje humano, de tus obras humanas.

Si Cristo ha puesto a Su Papa para hablar por Su Papa, Cristo no puede negarse a sí mismo. Luego, si un Papa no te dice lo mismo que Cristo, es que no es Papa.

Esto, tan sencillo, nadie lo ve.

Los católicos andan embobados, mirando a un lado y a otro. Y eso significa que viven una vida de abominación en sus almas y en sus corazones. Ya no pueden ver la Verdad, ya no pueden vivir el Amor.

watermarks

«El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre está en Mí y yo en Él» (Jn 6, 54).

Cristo y el alma: una sola cosa. No puedes mentir a Dios. Te mientes a ti mismo con tu inteligencia, con tus obras, con tu vida.

Si Cristo se une a tu alma, entonces conoces la Verdad que hay en Su Iglesia. Y al instante dices: Bergoglio no es Papa. Al instante.

Pero como comulgas y Cristo no puede unirse a tu alma por tu pecado, entonces ves a Bergoglio y le besas el trasero. Esto es lo que hacen muchos católicos. Y son gente intelectual, que se saben el dogma, pero que no creen en el dogma.

Cristo, en la Eucaristía, te da una verdad para que la obras. Y si la obras, entonces tu vida se hace divina. Pero si no la obras, tu vida es sólo del hombre y del demonio.

Cristo no es una idea para pensar en ella. Cristo es una Vida que se obra en la Verdad de tu existencia humana. Y esa Vida es un Camino. Esa Vida no es un proyecto del hombre, una programación para el año.

Dios te hace caminar si tienes fe en Su Mente Divina. Si no hay esa fe, tú mismo te haces tu camino, tu vida, tu verdad, tus obras, tus pensamientos. Y acabas haciendo tu religión y tu cristo.

Es lo que vemos por todas partes en la Iglesia: gente que da culto a su mente y a sus obras humanas en la Iglesia. No puede adorar a Cristo en el Altar ni pueden escucharlo en la comunión, porque no son de Cristo, son del demonio.

El Sínodo es nulo

230071_902149536479185_6236168872691653797_n

«Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierras será desatado en los cielos» (Mt 16, 19).

La Iglesia de Pedro es la Iglesia que fundó Jesús.

Como Bergoglio no es el Sucesor de Pedro, entonces la iglesia que él gobierna no es la que fundó Jesús, no es la de Pedro. En consecuencia, Bergoglio no tiene las llaves del Reino de los Cielos: lo que haga o deshaga en un Sínodo es nulo para la Iglesia Católica.

Esto es lo que muchos no acaban de comprender, porque ya no creen en el Evangelio de Jesús, sino que creen en la interpretación que ellos mismos hacen del Evangelio.

Las llaves del Reino son la potestad de Pedro sobre el Reino de los Cielos: «Y a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos… La Iglesia ostenta la imagen expresa no solo del edificio, sino también del Reino: además todo el mundo sabe que las llaves son el distintivo normal que indican el poder. Por lo cual cuando Jesús promete dar a San Pedro las llaves del Reino de los Cielos, promete que le dará potestad y derecho sobre la Iglesia» (León XIII – Encíclica “Satis cognitum” – AAS 28,726s).

La potestad suprema que tiene Pedro, es decir, el Primado de Jurisdicción, se da a entender con el símbolo de la llave. Jesucristo es el que tiene la potestad omnínoda del Reino de David: «Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David: si Él abre, nadie puede cerrar; si Él cierra, nadie puede abrir» (Ap. 3,7). Y esta potestad la ha sido entregada a Pedro con las llaves: «a ti te daré».

Esta potestad la tenían los legistas, pero usaron mal de ella y, por eso, Jesús los rechaza: «¡Ay de vosotros, los Legistas (= νομικοις: doctores de la Ley), que os habéis llevado la llave (= κλειδα) de la ciencia!…¡que cerráis (= κλειτε: cerrar con llave) a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar» (Lc 11,52; Mt. 23,13).

Esta potestad, dada al Papa Benedicto XVI, le fue arrebatada en su renuncia, para que los hombres en la Iglesia, la Jerarquía infiltrada, que se proponía poner a un falso Papa (= Bergoglio) y levantar una falsa iglesia (= la nueva ecuménica), no pudieran someter a Benedicto XVI a sus planes malvados, como lo hicieron con los otros Papas anteriores. Con los Papas anteriores, se firmaron documentos que el Papa no quería. Usaron mal las llaves del Reino con los Papas. Y para que no ocurra eso, la firma de Benedicto XVI ya no tiene ningún valor (= ellos saben que Benedicto XVI sigue siendo el Papa verdadero).

«La elite masónica ha tomado control sobre Mi Iglesia y ellos esgrimirán el más perverso engaño sobre los Católicos. Las Llaves de Roma están ahora entre Mis Manos, habiendo sido pasadas a Mí por Mi Padre. Yo dirigiré a todos Mis seguidores, para que la Verdad pueda ser sostenida y que Mi Santa Palabra permanezca intacta.

El Falso Profeta ahora se hará cargo de la Sede de Roma y Mi Palabra, así como lo fue en Mi Tiempo en la Tierra, será tratada como herejía» (MDM – 17 de febrero 2013).

Roma ha perdido el derecho del Reino de los Cielos. Ya no lo tiene. Ellos han escogido la iglesia de Satanás, en donde no hay esperanza para salvarse.

Benedicto XVI sigue teniendo el Primado de Jurisdicción, pero no las llaves del Reino de los Cielos. El Poder Divino está en su persona, por ser el Sucesor legítimo de Pedro; pero realizar ese Poder, ejecutarlo, ya no lo puede hacer. Atar y desatar lo hace, ahora, sólo Jesús, que es la Cabeza Invisible de la Iglesia, desde los Cielos.

«La expresión empleada en sentido translaticio de atar y desatar indica el derecho de dar leyes e igualmente la potestad de juzgar y de castigar. En verdad esta potestad se dice que tendrá tanta amplitud y poder, que cualesquiera decretos de la misma los ratificará Dios. Por tanto es una potestad suprema y plenamente “sui iuris”, puesto que no hay en la tierra por encima de ella ninguna potestad de grado superior, y ya que abarca a la Iglesia entera y a todo lo que le ha sido confiado a la Iglesia» (León XIII – Encíclica “Satis cognitum” – AAS 28,726s).

El Papa Benedicto XVI ya no tiene derecho de dar leyes ni de juzgar ni castigar a nadie en la Iglesia. Y, por eso, nadie en la Iglesia: ningún Cardenal, ningún Obispo, ningún sacerdote posee este derecho. ¡No están las llaves en Roma! Nadie en la Iglesia puede excomulgar a nadie, ni se puede proclamar ningún dogma nuevo, ni se puede modificar ningún Sacramento, ni se puede convocar ningún Sínodo, ni se puede proclamar santos…. ¡No hay ejercicio del Poder Divino! No está Pedro gobernando con el Primado de Jurisdicción: el Papa Benedicto XVI es el verdadero Papa, pero inútil en el gobierno.

Esto cuesta entenderlo a muchas personas, porque creen que en la Iglesia se obedece a cualquiera. Y ya lo dijo el mismo Pedro ante todos los príncipes, los ancianos, los escribas, ante el mismo Anás, sumo sacerdote, ante cuantos eran del linaje pontifical: «Juzgad por vosotros mismos si es justo ante Dios que os obedezcamos a vosotros más que a Él» (Act. 4, 19b), porque «los reyes de la tierra han conspirado y los Príncipes se han federado contra el Señor y contra Su Cristo» (Sal 2, 1). Y, por eso, «es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Act. 5, 29).

Esto es lo que la Jerarquía no ha dicho a Bergoglio y a todo su clan masónico: Habéis conspirado contra Jesús y Su Vicario en la tierra, el Papa Benedicto XVI, por tanto, «es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres». En la Iglesia no se obedece la mente de ningún hombre, así lo llamen Papa. En la Iglesia, nadie se somete al poder humano de un hombre, así lo llamen Papa. Porque la Iglesia es Cristo; los demás todos están bajo Cristo. Y, cuando los hombres han decidido quitar al Vicario de Cristo y poner un juguete del demonio como falso Papa, la Iglesia ya no está en Roma, sino en el desierto. La Iglesia ya no es la Jerarquía, sino el Reino de Dios: las almas fieles a la Verdad, que es Cristo; las almas que perseveran en esa Verdad sin cambiarla en nada. Y, por eso, se han metido en un Sínodo inválido, ilícito y nulo. Un Sínodo que va a costar a muchos su destino eterno: se van a condenar por aceptar la doctrina herética que va a salir de ese Sínodo.

Ese Sínodo no tiene potestad ni de prohibir ni de permitir nada. Esto, para los católicos tibios y pervertidos, y para la falsa Jerarquía de la Iglesia, les resulta gracioso y sin sentido. Ellos se apoyan en el poder humano de Bergoglio, pero no pueden sostener que ese poder es divino. No lo pueden probar por las obras de Bergoglio: todos ven la obra de herejía de ese hombre. Y es claro, para un católico que tenga la cabeza bien puesta sobre sus hombros, que ningún poder divino lleva a obrar una herejía en la Iglesia.

Pero muchos carecen de dos dedos de frente: no tienen el mínimo sentido común en las cuestiones espirituales de la Iglesia.

El Sínodo no puede declarar prohibido ni permitido nada; no puede obligar de ningún modo, ni absoluto, ni relativo, a cumplir una ley que salga de ese Sínodo. Porque todos se han reunido bajo las faldas de un falso Papa, de un hombre sin el Primado de Jurisdicción: son hombres, que se juntan para hablar como los hombres y para decidir lo que los hombres quieren. Y lo deciden de acuerdo a un poder humano. ¡No sopla el Espíritu Santo en el Sínodo! ¡No puede soplar! ¡El Poder de Dios está en el Cielo, no en Roma!

Si no se comprende este punto, todos esperando noticias del Sínodo. ¡Y ya se sabe lo que va a salir de ese antro del demonio!

Olor a humanidad: «tenemos que escuchar los latidos de este tiempo y percibir el ‘olor’ de los hombres de hoy, hasta quedarnos impregnados de sus alegrías y esperanzas, de sus tristezas y angustias» (ver texto).

Se han reunido para escuchar a los hombres: las necesidades de los tiempos, pero no la Voluntad de Dios sobre este tiempo que vive el hombre. Toda esta gente es experta en el lenguaje humano de los tiempos. Son tiempos conflictivos y hay que estar atentos a lo que los hombres piensan y quieren. Para eso este hombre, que es un masón disfrazado de Papa, puso en movimiento toda una encuesta para tener claro el olor de los hombres.

Bergoglio sólo tiene narices para el hombre: sólo percibe su olor. Es incapaz de percibir a Cristo: el olor de su humildad, de su pobreza, de su castidad, de su obediencia al Padre; eso nunca lo predica este hombre, ni sabe predicarlo. Sólo le interesa el hombre, la humanidad, sólo quiere el grito del pueblo: «escuchar a Dios, hasta llegar a sentir con Él el grito del pueblo; escuchar al pueblo; hasta respirar la voluntad a la cual Dios nos llama» (Ib).

¡Qué palabras más blasfemas de este hombre!: «escuchar a Dios, hasta llegar a sentir con Él el grito del pueblo». Cuando se escucha a Dios se deja de escuchar y de sentir al hombre. Para escuchar la Voz de Dios hay que hacer como Moisés: retirarse del pueblo, subir a la montaña y descalzarse, de todo lo humano, en presencia de Dios. Dios no quiere, en su presencia, el grito de ningún pueblo. Quien vaya a buscar la Voluntad de Dios con la mente llena de problemas humanos, no encuentra a Dios en su vida ni su Voluntad. Hay que colgar en la percha de entrada de la oración lo humano y quedarse ante Dios desnudo de todo.

Pero esto ¿le interesa a Bergoglio? Ni siquiera piensa en esto. ¿En qué da vueltas su cabeza? En su herejía: «escuchar al pueblo; hasta respirar la voluntad a la cual Dios nos llama». En el pueblo está la Voluntad de Dios. La soberanía está en el pueblo. Ven cómo va construyendo su nueva iglesia: de abajo arriba. Es lo que quiere el pueblo lo que hay que decidir en este Sínodo. ¿Han captado la herejía?

En otras palabras hay que consentir el pecado: «invocamos la disponibilidad de confrontarse con sinceridad, de manera abierta y fraterna, que nos lleve a hacernos cargo de la responsabilidad pastoral, de los interrogativos que este cambio de época lleva consigo» (Ib). Soluciones pastorales, puestas en un referéndum, al que todos van a votar; y eso lo firma Bergoglio, y comienza el horror en Roma. Hay que ser abiertos y fraternos para decidir el lenguaje donde vamos a meter que el pecado es un bien para la familia, para el matrimonio, para los homosexuales, para todos las cosas que nos pide este tiempo, tan magnífico, que el Señor nos ha dado para destruir su Iglesia.

Esa Iglesia que es, para Bergoglio, masón de pies a cabeza, el sueño de Dios: «La viña del Señor es su «sueño», el proyecto que Él cultiva con todo su amor, …. El «sueño» de Dios es su pueblo… Las asambleas sinodales sirven para cultivar y guardar mejor la viña del Señor, para cooperar en su sueño, su proyecto de amor por su pueblo» (ver texto).

Dios tiene un sueño, que es tan maravilloso, que nosotros los hombres tenemos que poner en la realidad de la vida. Hagamos visible el sueño de Dios, la utopía de Dios, la ilusión de Dios… Pensemos, meditemos, anulemos el magisterio de la Iglesia, ocultemos con nuestras palabras mágicas la ley natural, la ley divina, la ley de la gracia. Digamos que Dios es misericordia y que, por tanto, a Dios le importa el pecado de los hombres: busquemos un camino para anular el pecado, para mostrar ese sueño de misericordia que tiene Dios sobre el hombre. ¿Por qué no casar a los homosexuales? Es el sueño de Dios. Hay que hacerlo realidad. ¿Por qué no aprobar el preservativo? Eso ayuda a la familia, que está tan cargada por los asuntos económicos. Seamos misericordiosos con la economía, con los males sociales, con las injusticias humanas que vienen por ese uso mal del dinero. Hay que tener misericordia de los pecados de los hombres, de sus errores, de sus caídas. Para eso es el Sínodo: para cultivar el pecado, para cooperar en el sueño de Dios, que es el sueño de los hombres, el grito del pueblo.

Con estas palabras, ese hombre engaña a todo el mundo. Nunca Bergoglio va a decir que Dios sólo se fija en el alma arrepentida de su pecado para poder hacerla un bien. ¡Nunca dirá esto! Él pone su falsa misericordia, que le lleva a poner su lenguaje como el motor de todo en su nueva iglesia.

Roma ya no tiene las llaves del Reino, ya Bergoglio no es el mayordomo universal, ni puede serlo: no puede tomar decisiones. Se van a dedicar a hablar, a decirse palabras bonitas, a darse un beso y un abrazo; pero lo que va a salir de ahí es una obra demoníaca: el inicio del horror en Roma. Y todos van a estar de acuerdo, porque se va a hacer mediante referéndum, mediante el voto de la mayoría. Y la mayoría pertenece a la Jerarquía masónica, ya de hecho, ya de pensamiento.

En el Cielo ya no permanece la decisión del Sucesor de Pedro en la tierra, porque le han sido arrebatadas las llaves del Cielo. Ya nadie se puede salvar siguiendo a una cabeza visible en la Iglesia. Y esto es muy importante que se entienda.

La Iglesia es la Jerarquía, y es Ella y sólo Ella la que tiene el poder de llevar al cielo: santificar las almas. Tiene la triple potestad. Pero esta potestad sólo funciona cuando el Papa posee las llaves del Reino de los Cielos. Si no tiene esas llaves, los demás carecen de todo poder en la Iglesia.

Ahora, si quieren salvarse, tienen que seguir a la Cabeza invisible de la Iglesia, que es Jesús. Y quien no tenga profunda oración, quien no haga ayunos, penitencias y sacrificios por sus pecados, no podrán entender qué Dios quiere de su vida para este tiempo tan oscuro, y no podrá luchar contra los enemigos de la Iglesia que son ya visibles en Roma.

Toda esa Jerarquía a la que muchos siguen teniendo esperanza, ya no valen para sus almas. Son muy pocos los sacerdotes que ven la situación de la Iglesia y que ponen un camino a las almas para que salgan de una iglesia que no es la de Pedro, sino la del demonio. La iglesia de un falso pedro, con un falso evangelio, con un falso cristo. Y eso se levanta en Roma con la aprobación de la misma Jerarquía.

Mayor Justicia no puede venir a Roma: dentro de poco, los rusos ondearán la bandera en el Vaticano.

Roma: sede del Anticristo

abomina

«… hizo Yavhé llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego de Yavhé, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y toda la hoya, y cuantos hombres habían en ellas y hasta las plantas de la tierra» (Gn 19, 24).

Abominación es Roma. Abominación es la cabeza de Roma: Bergoglio. Abominación es toda la Jerarquía que se somete a Bergoglio.

Este hombre es un dictador de su mentira. Y, por tanto, es un hombre que sabe que está en esa posición, en ese liderazgo, para imponer su mentira a toda la Iglesia.

Este hombre es vulgar en su palabra, pero es idiota en su pensamiento; en otras palabras: es un hombre que vive dando vueltas a su idea maquiavélica, y que la transmite en un lenguaje vulgar, plebeyo, que gusta a todo el mundo por su sentimiento barato y blasfemo.

Decir idiota a alguien no es decirle tonto: Bergoglio sabe muy bien lo que dice y lo que hace. El idiota es aquel que está privado del conocimiento de la verdad y, por tanto, tiene que obrar siempre la mentira. Y si se está en la cabeza de un gobierno, eso significa una cosa: dictadura. Bergoglio es un dictador. Todos tienen que hacer lo que dice esa mente, aunque las leyes digan otra cosa.

¿Qué es, si no, la aclaración del Obispado sobre el matrimonio (ver texto) trasns celebrado en la iglesia de Santiago del Estero, en Argentina? Esta aclaración es una clara hipocresía, una fariseísmo de una Jerarquía que no pertenece a Cristo, sino que lo combate.

La ley de la Iglesia es muy clara. Se la han pasado por el arco del triunfo y se han sometido a Bergoglio. Obedecen la mente de ese hombre, poniéndose en contra de la mente de Cristo.

Aquellos que piden que Roma suspenda a este sacerdote y al Obispo por hacer este casamiento, no saben de lo que están hablando. Porque este casamiento se ha hecho con la “bendición” de Roma. Ningún Obispo hace nada en la Iglesia sin Roma. Ningún sacerdote hace nada en su parroquia, sin su Obispo.

Bergoglio: dictador de mentiras, de maldades, de abominaciones. Y todos le besan el trasero. ¡Todos! ¿Todavía no tienen inteligencia?

¡Tienen que despertar si quieren seguir en la verdadera Iglesia: la que Cristo fundó en Pedro!

Tienen que aprender a discernir la falsa de la verdadera Jerarquía. Y llamar a cada una por su nombre. Y poner a cada uno en su lugar.

Es tiempo de cuestionar a toda la Jerarquía. ¡A toda! Ya no es tiempo de obedecer a nadie en la Iglesia. Porque eso que vemos en Roma no es la Iglesia de Cristo, no es la Iglesia Católica. Es un invento de unos hombres que, desde hace mucho tiempo, están en la Iglesia para lo que vemos: destruirla desde dentro.

No pueden asistir a misas donde sacerdotes u Obispos, casen a personas transexuales, bauticen a hijos de homosexuales, se den predicaciones claramente comunistas, protestantes, masónicas. ¡No pueden! ¡Allí donde se obra una abominación, como es casar a personas trans, después, no se puede poner a Cristo en el Altar! ¡O se está con Cristo o contra Cristo! O se tienen las ideas claras de lo que Cristo exige a un sacerdote en Su Iglesia, o se levanta una nueva y falsa iglesia con un nuevo y falso Cristo!

¡Tienen que despertar!

Dios ha dado Sus Leyes a los hombres. Y si los hombres desprecian esas leyes, sencillamente esos hombres no son hijos de Dios, sino del demonio. No son hijos de la Iglesia. No pertenecen a la Iglesia Católica.

A ese sacerdote, que casó a esta pareja, tienen que llamarlo por su nombre: sacerdote apóstata de la fe, hereje, cismático. Sacerdote que pertenece a la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Sacerdote de la masonería, instrumento de la obra masónica en la Iglesia. Y, por tanto, tienen que apartarse de ese sacerdote y del Obispo que lo mantiene en su ministerio; y, por supuesto, de Bergoglio, que es el que está detrás de todo esto.

Muchos no han comprendido lo que es la herejía. Creen que hace falta un sistema filosófico o teológico para expresar una herejía.

Bergoglio las dice cada día. No hay día que no diga su herejía. Pero nadie se da cuenta. Su famosa frase: no soy quién para juzgar; es una herejía.

La herejía es oponerse a la Verdad. Y la Verdad es la Palabra de Dios: «No te ayuntarás con hombre como con mujer; es una abominación» (Lev 18, 22).

Dios enseña al hombre a juzgar al homosexual. Todo homosexual es una abominación. Luego, cada hombre tiene el deber y la obligación de juzgar. Cada hombre es quién para juzgar porque el poder se lo da Dios en Su Enseñanza, en Su Palabra, en Sus Leyes.

Por tanto, todo aquel que diga que no es quién para juzgar a un homosexual se opone directamente a Dios, a la verdad. Está enseñando su mente humana, su idea. Y la pone por encima de la idea de Dios, de lo que enseña Dios. Y si eso que dice no lo retira, sino que lo mantiene y lo pone por obra, entonces ese hombre cae en la herejía automáticamente. Es pertinaz en su mentira.

Las obras del Bergoglio ahí están. Este casamiento es su obra, porque viene de su herejía. Este casamiento es la obra de su herejía. Es lo que se llama apostasía de la fe. Ser apóstata de la fe es obrar la herejía. Y ser hereje es ser, al mismo tiempo, cismático.

Son tres pecados que están unidos. No se pueden separar. Uno está en la mente: la herejía. Y quien piensa la herejía, la obra. Y, por eso, cae en la apostasía de la fe: vive para obrar la maldad. Y quien obra la herejía, quien es apóstata, comienza a levantar una nueva vida, un nuevo camino, una nueva iglesia: el cisma.

El hereje está «enteramente pervertido y peca, condenado por su propio juicio» (Tit 3, 11). Bergolgio se condena a sí mismo con su propia sentencia: no soy quién para juzgar. Y, por tanto, sus obras son siempre de pecado y de abominación. Nunca son obras de verdad. Nunca. Su juicio lo tiene pervertido. Esto es lo que significa la palabra idiota, en griego: el hombre privado de verdadero conocimiento: el pervertido en su juicio.

Y una persona pervertida, idiota, es mala por los cuatro costados. Y, aunque su palabra sea vulgar, aunque ponga una sonrisa a todo el mundo, aunque se quiera mostrar con el vestido de la humildad y de la pobreza, hay que apartarse de estas personas, como si fueran el mismo demonio: «Al hombre herético, tras la primera y la segunda amonestación, evítalo» (Tit 3, 10)

Esto es lo que muchos católicos, que todavía dudan de si Bergoglio es o no es Papa, no hacen. Algunos todavía se preguntan si Bergoglio se ha puesto o no al margen de la Iglesia. Después de 18 meses de ver las obras de este hombre, ¿todavía no ven nada, no lo evitan, no huyen de él, están esperando todavía algún milagro en el Sínodo?. ¡Esto es de locos!

Para quien ya ha captado lo que es Roma, el Sínodo sólo es un grupo de hombres que van como corderos al matadero. No es más que eso.

“Vuestra palabra homosexualidad se puede explicar por la historia de Sodoma y Gomorra. Leed en vuestras Biblias o consultad a vuestro clero. Buscad, hijos Míos, un clero humilde y piadoso. Muchos han perdido la fe. Muchos han vendido sus almas por llegar a los altos cargos. Y esto hijos Míos, yo digo, de todas las denominaciones!” (Verónica de la cruz).

¿Por qué este sacerdote ha casado a esta pareja de homosexuales? Porque está en ese ministerio para hacer su negocio, su empresa en la Iglesia. Ha vendido su alma al demonio, para tener un puesto, una posición social y política, dentro de la nueva iglesia que se levanta en Roma.

Si este sacerdote se hubiera opuesto al pensamiento de Bergoglio, lo tendríamos en la calle mendigando comida y un vestido. Pero, como quiere seguir teniendo un plato de comida todos los días en su mesa, entonces decide limpiar las babas de Bergoglio y oponerse a Cristo en Su Misma Iglesia y con la vocación que el mismo Cristo le dio: usa los dones de Dios para hacer una obra del demonio. Esto tiene el nombre de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Y esto señala otra cosa: la aparición del Anticristo. Cuando la Jerarquía de la Iglesia se convierte en anticristo, como este sacerdote, automáticamente los tiempos se aclaran y se precipitan para que aparezca el Malvado, el otro dictador que tiene que ponerse en el mundo.

Hay dos dictadores en este tiempo del Anticristo: uno en la falsa iglesia: un falso Papa. Y otro en el mundo: el Anticristo. Y esos dos dictadores son los que manejan todos los gobiernos del mundo y todas las iglesias, incluida la que está en Roma.

“Debéis seguir haciendo una vigilia de oración por el clero del mundo. La oscuridad ha descendido a la iglesia de Mi Hijo. ¡Sea lo que sobrevenga a todos vosotros por el caos que está llegando rápido a vuestro país y a otras naciones del mundo! Pronto habrá un déspota en el mundo. Lo llamo número dos. Pero muchos lo han nombrado, y en el libro de la vida se refiere como el Anticristo.

Sí, hijos Míos, vosotros lo reconoceréis por sus hechos. Muchos venderán sus almas a él para conseguir altos cargos, pero todo lo que está podrido caerá. No importa las batallas que haya que librar por mantener la luz en vuestro país y en el mundo. Vosotros seguiréis adelante como soldados de la luz, llevando vuestra bandera de la fe y la verdad frente a la adversidad» (Ib).

Hay que ser soldados de Cristo para poder oponerse a los soldados del Anticristo. Tienen que oponerse, con valentía, a toda esa Jerarquía pervertida si quieren ser de Cristo. Y no tienen que tener miedo de esa Jerarquía, porque son sólo hombres, que se visten de ropas bonitas, pero que no son lo que parecen: no son sacerdotes, no son Obispos, no son Cardenales.

Tienen que tener el valor de despreciarlos en sus caras. De decirles la verdad como es, porque no merecen el respeto que un sacerdote de Cristo se merece. No tienen el espíritu de Cristo, sino del anticristo. Y, por tanto, no hay obediencia a ellos.

Esto es lo que mucha gente no comprende. Se sigue obedeciendo a una Jerarquía que cae en el pecado, que es débil en el pecado. Pero no se obedece a una Jerarquía que comete los tres pecados que le apartan de la Iglesia: herejía, cisma y apostasía de le fe.

Un sacerdote puede ser mujeriego, pero después sigue predicando la verdad. Hay obediencia a él, a pesar de su pecado de lujuria. Porque ese pecado de lujuria no se opone a la doctrina de Cristo de manera directa.

Pero un sacerdote que, por sus obras, se opone a la doctrina de Cristo, como es este sacerdote que casó a esta pareja, aunque su homilía sea maravillosa, aunque diga palabras que parecen verdaderas, cae toda obediencia. Porque la fe está en las obras. Si se tiene fe en Cristo, se obran las mismas obras de Cristo. Si no se tiene fe en Cristo, se hacen las obras del demonio, que son contrarias a las obras de Cristo. Y Cristo nunca casó a parejas homosexuales. ¡Nunca! Este sacerdote lo ha hecho. Conclusión: no hay obediencia a esta Jerarquía. Hay que combatirla, no sólo resistirla. Porque es la propia del demonio. Son los soldados del Anticristo.

“¿Qué podéis esperar para vuestro país, que permite que florezca la homosexualidad, y se vuelva una forma de vida ahora por parte de sus líderes bajo la bandera de la verdad? ¿Y la fidelidad? A su dios; ellos han tirado la bandera y están yendo en la dirección de Satanás.

“Ahora las leyes se están haciendo para proteger los que ofenden a Dios, los homosexuales. La humanidad llevará el estandarte por delante. Habrá muchas tribulaciones para la humanidad antes de que vuelva Mi Hijo para reuniros Él mismo. En su momento muchos serán quitados de la tierra. Pero habrá una tribulación antes de ese momento» (Ib).

La nueva y falsa iglesia, que se ve en Roma, está protegiendo a los que ofenden a Dios. Y van a sacar las leyes correspondientes para eso. Y ya no van a tardar. Ya no será como han hecho ahora: un fariseísmo. Ahora se van a apoyar en sus mismas leyes, que serán una gran blasfemia a Dios.

La homosexualidad es una forma de vida en la nueva iglesia. ¿No es esto lo que predicó ese sacerdote?

“Estamos reunidos celebrando el amor de Dios en nuestras vidas, un amor que estaba desde el origen de nuestra existencia, y que los ha sostenido en momentos de dificultades, de alegría, de esfuerzo cotidiano por hacer que la opción de vida que han tomado sea respetada por todos, sea el que los acompañe por el resto de sus vidas”.

Esta opción de vida es respetada por ellos, por la Jerarquía del demonio. Y tiene que ser aborrecida por los soldados de Cristo, por la verdadera Jerarquía. Si no hacen esto, entonces ustedes pertenecen a esa nueva iglesia en Roma. Si no se separan de Roma, totalmente, van a perecer en la Justicia que viene ya a toda la Iglesia. Primero a la Iglesia, después al mundo entero.

Hay que salir de Roma pagana. Roma inmunda. Roma abominable. Y hay que salir ya. No esperen a después del Sínodo. Ya Roma no es el asiento de la Verdad, sino la sede del Anticristo.

Benedicto XVI renunció al ministerio de Obispo de Roma, pero no al Primado

1507734_695471530510715_2179085076733138278_n

«con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro» (Bendedictus PP XVI – Vaticano, 10 de febrero del 2013).

¿Cuál es el verdadero sentido del “ministerio” o “diakonia”?

«Porque, ¿qué es Apolo, qué Pablo? Ministros (dialonoi) según lo que a cada uno ha dado el Señor, por cuyo ministerio habéis creido. Yo planté, Apolo regó; pero Dios ha sido el que dio el crecimiento. Ni el que planta es algo ni el que riega, en comparación con el que da el crecimiento, que es Dios. Nosotros somos los ayudantes de Dios y vosotros sois la plantación de Dios, la edificación de Dios. Los hombres no nos han de tener por otra cosa más que por ministros de cristo y dispensadores de los misterios de Dios» (1 Cor 3,5-9).

Aquí está todo el profundo sentido teológico del misterio de las potestades dadas por Cristo a Su Iglesia.

Cristo tiene todo el Poder en la Iglesia, al ser la Cabeza Invisible y viviente del Cuerpo místico. Ni el Papa, ni los Obispos, ni los sacerdotes suceden a Cristo en este Poder, porque Cristo no tiene ni puede tener sucesión en esto.

En la Iglesia, la Jerarquía es la mandataria, la colaboradora, la ayudante, el instrumento, la que participa del Poder de Cristo.

“Cristo, a quien el Padre santificó y envió al mundo (cf. In 10, 36), hizo partícipes de su consagración y de su misión a los Apóstoles y a sus sucesores los Obispos, en su Oficio ministerial, para actuar en persona de El y participar en los Cargos de Maestro, Pastor y Pontífice del mismo Salvador”. Y refiriéndose a los Sacerdotes no a los Obispos, enseña, que “los Presbíteros, aún no teniendo la cumbre del Pontificado y dependiendo de los Obispos en el ejercicio de su potestad, sin embargo, por la sagrada Ordenación y la misión que obtuvieron por medio de los Obispos, fueron promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey, de cuyo ministerio son partícipes en el Oficio del único Mediador: Muneris unici Mediatoris Christi participes sunt” “ (Conc. Vatic. II, Const. Dogmat. “Lumen gentium”, n. 28, § 1; cf n. 21, § 2; Decretum “Presbyteror. Ordinis”, n. 1)

Y, por tanto, los que tienen autoridad en la Iglesia deben considerar esa potestad como algo sagrado, que se ha de tratar con plena fidelidad a la obra Redentora de Cristo. Esa potestad es para salvar y santificar almas. No se puede emplear para otra cosa en la Iglesia. No es para algo profano, ni material, ni humano, ni político, ni económico… Y, por lo tanto, el que tiene autoridad en la Iglesia debe poseer una abnegación profunda, un desprendimiento de todas las cosas humanas, para poder dar la sola Voluntad de Dios, sin ofrecer voluntades humanas, a todo el Rebaño encomendado a su labor. Si los que componen la Jerarquía de la Iglesia no hacen oblación de sus voluntades humanas, entonces después no pueden exigir ninguna obediencia de los fieles. Ellos están urgidos de dar lo que Dios quiere: la sola Voluntad Divina. Y a ellos solos el Señor los juzgará por esto.

Benedicto XVI renunció al ministerio de Obispo de Roma, pero no renunció al Primado: «declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma».

Benedicto XVI no declara que renuncia al Primado, porque sabe bien que no puede renunciar.

Francisco declaró que fue elegido Obispo de Roma, pero no Papa: «Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma… La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo… Y ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma…. Deseo que este camino de Iglesia…sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan hermosa…. Mañana quisiera ir a rezar a la Virgen, para que proteja a toda Roma» (ver texto). Francisco no hizo mención, ni una sola vez de la Iglesia católica, de la figura del Papa. Sólo mencionó a Roma. Sólo se presentó como Obispo de Roma. Sólo dijo que en el cónclave los cardenales dieron un Obispo a Roma, pero no un Papa a la Iglesia Católica.

Esto es muy importante analizarlo y verlo, porque aquí está todo el engaño que nadie quiere ver.

La cuestión de la sucesión en el Primado es independiente del hecho del derecho del Episcopado Romano de San Pedro. San Pedro vivió en Roma y allí predicó el Evangelio; pero de esto no se sigue que San Pedro es Obispo de Roma, porque también San Pablo estuvo en Roma y predicó allí; y los Papas de Aviñón poseían el Primado, pero no se han reservado siempre para ellos el Episcopado de Aviñón. Si embargo, hay una voluntad divina, no expresa, sobre Roma: “Pues Jesucristo eligió exclusivamente a la ciudad de Roma y la consagró para sí. Aquí ordenó que se mantuviera perpetuamente la Sede de su Vicario” (León XIIII).

La pregunta es: ¿se puede separar el Primado del Episcopado Romano?

El Papa es el Obispo legítimo de la diócesis de Roma. ¿Si renuncia a ser Obispo de Roma, renuncia a ser Papa?

El Concilio Vaticano I lo dejó muy claro: “Se advierte que hay que distinguir entre el derecho, por el que Pedro tiene sucesores en general, y lo cual es de institución divina, y entre el derecho, por el que Pedro tiene sucesores en concreto en la Sede Romana, y lo cual se deriva del hecho de Pedro: Por lo cual se dice que lo primero es de derecho divino y que en cambio esto segundo más bien es por divina ordenación” (cfr. D 1824).

1. Una cosa es la ley de la sucesión perpetua en el Primado: es decir, Pedro tiene legítimos sucesores en el Primado.

2. Otra cosa es la condición de esa sucesión: es decir, quien es Papa es también Obispo de Roma. El sucesor de Pedro es solamente el Obispo de Roma.

El Sucesor de Pedro no está en la ciudad de Constantinopla, cuando los disidentes orientales, en el siglo IX, en unión con Focio, la proclamaron como segunda Roma, y a mitad del siglo XI, juntamente con Miguel Cerulario, llevaron a cabo la separación de la Iglesia Romana, y después de la conquista de Constantinopla, por los turcos, el año 1453, proclamaron la Sede Patriarcal de la Iglesia Ortodoxa Rusa como la tercera Roma; y daban a entender el año 1917 que se le otorgaba al Patriarca Ruso la jurisdicción suprema mediante el rito por el que le entregaba el báculo pastoral de San Pedro.

El Sucesor de Pedro está en la ciudad de Roma y es el Obispo de Roma.

En el falso ecumenismo reinante, se está siguiendo la doctrina de los protestantes, que dice que el gobierno de la Iglesia pertenece propia y de manera exclusiva a Jesucristo; y por tanto, la estructura Papal y los episcopados perjudican a la libre predicación de la palabra de Dios en la Iglesia. En consecuencia, hay que descentralizar el gobierno de la Iglesia, que es lo que está haciendo Francisco. Que todos sean independientes de Roma y que usen el poder que tienen según cada uno lo entienda para el bien de la Iglesia en sus diócesis. Por supuesto, que esta independencia no es absoluta, sino muy dependiente de los dictados de Roma.

Francisco no cree en la sucesión del Primado, pero sí cree en el Episcopado Romano. Él no se siente Papa, porque sabe que no puede serlo; pero se siente Obispo de Roma. Y este es el gran engaño. Y de aquí inicia el cisma, como en los orientales. Su nueva sociedad está imperada a buscar otro sitio diferente a Roma. Si él ya no vive en los Palacios de los Papas, sino en el cortijo de Santa Marta es por algo. No es por una medida de austeridad o de humildad. Es que no es el Papa, sino el Obispo de Roma. Y, como tal, ha puesto su residencia privada. Después, usa lo demás por el protocolo, para tirarse la foto adecuada con todos.

Se dan en teología tres sentencias sobre la unión de San Pedro con el Episcopado Romano:

1. Pedro, por mandato de Jesucristo, unió el Primado a la Sede Romana; en consecuencia, ni el Romano Pontífice mismo puede separar el Primado del Episcopado Romano (Cayetano, Melchor Cano, Gregorio de Valencia).

2. El Primado está unido a la Sede Romana por derecho eclesiástico; en consecuencia, el Sumo Pontífice puede separar el Primado de la Sede Romana, por justas causas (Soto, Bañez).

3. El Romano Pontífice sucede a Pedro en cuanto a la Cátedra Romana, por derecho eclesiástico; pero como Pedro mismo desempeñó, al mismo tiempo, el Primado juntamente con el Episcopado Romano, como que insertó el Primado en el Episcopado Romano, de forma que fuera una sola y la misma cosa ser Obispo de Roma y ser Primado de la Iglesia, entonces el Primado y el Episcopado Romano son absolutamente inseparables (Perronio).

Benedicto XVI ha seguido la segunda sentencia: ha separado el Primado de la Sede Romana por una causa justa, su enfermedad: «para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer el ministerio que me fue encomendado» (Bendedictus PP XVI – Vaticano, 10 de febrero del 2013)

La Sede Romana ha sido fundada por Pedro mismo, no por Jesucristo ni por voluntad expresa de Jesucristo. Jesús funda Su Iglesia en Pedro, no en Roma. Pero la unión del Primado con la Sede Romana hay que atribuirla a una dirección especialísima por parte de Dios:

“Aunque pueda decirse en algún sentido que la monarquía suprema de la Iglesia esta anexionada solamente por derecha humano a la Sede Romana, a saber porque la unión de ambas tuvo su origen en el hecho de Pedro, sin embargo no parece que pueda sustentarse la opinión de aquéllos, que afirman que la anexión de la que acabamos de hablar es de tal forma de derecho humano, que la Iglesia puede deshacer esta anexión y que una puede ser separada de la otra” (Bendicto XIV).

La unión perpetua del Primado con el Obispo de Roma exige que aquel que posee el Primado sea “de iure” el Obispo propio de la Iglesia de Roma; sin embargo no lleva consigo la obligación de residencia en Roma.

Benedicto XVI ha reclamado para sí el Primado, pero ha renunciado a ser el Obispo de Roma. Este es el punto teológico que sustenta las palabras del Papa.

Benedicto XVI ha ejercido su autoridad sobre toda la Iglesia. Y lo ha hecho porque es el Romano Pontífice, es por derecho divino el Papa, que tiene el Primado de Jurisdicción, y que no puede darlo a nadie porque sólo pertenece al Papa.

Benedicto XVI se retira de su ministerio como Obispo de Roma, pero sigue siendo el Papa, porque sólo el Romano Pontífice puede reclamar siempre para sí como propio el Primado de Jurisdicción. Nadie se lo puede quitar, nadie se lo puede reclamar. Y toda la Iglesia lo ha reconocido como el sucesor de san Pedro, como Papa legítimo.

Y aquí está el engaño: ahora la Iglesia no lo reconoce como Papa legítimo, sino como Papa emérito, sin el Primado de Jurisdicción, con un Primado de honor. Y esto es ir en contra de todo el dogma del Papado. Porque sólo el Papa legítimo tiene el Primado de Jurisdicción hasta su muerte. Y sólo en la muerte, el Papa legítimo pierde ese Primado de Jurisdicción a favor de un nuevo Sucesor de San Pedro. Nadie, en la Iglesia, puede llamar al Papa legítimo como emérito, con un primado de honor, que es lo que se ha hecho para meter a toda la Iglesia en un gran engaño.

La Jerarquía de la Iglesia realiza un ministerio, una diakonia. No son los sucesores de Cristo en el Poder; son los que participan del Poder que Cristo da a Su Iglesia.

Francisco se arroga un poder que no tiene y se cree sucesor de Cristo en ese poder humano. Y, por eso, predica lo que quiere y obra como le da la gana en la Iglesia: es su orgullo en el poder.

Y Francisco, con ese poder humano, ha fundado otra nueva sociedad como Obispo de Roma, no como Papa legítimo. Este es el punto. Y, por tanto, nadie puede seguir a Francisco. Nadie lo puede obedecer porque se ha separado de la unidad de la Iglesia en Su Cabeza: ha anulado la verticalidad para poner una horizontalidad que ya no es la Iglesia Católica.

Por eso, grandes desastres vienen para todos: primero para la Iglesia porque no quiere ver el engaño. A continuación, para todo el mundo porque el demonio ya tiene en sus garras el Poder que tanto necesitaba: el de la Iglesia.

Benedicto XVI tuvo que permitir un nuevo cónclave sabiendo que no se podía celebrar. No podía revelar la verdad de su renuncia, porque su vida peligraba y aún sigue en grave peligro. Lo que hay en Roma no es un juego, sino algo muy serio y muy peligroso para todos.

Contemplamos una Jerarquía podrida en Roma

P1080844

«Como ustedes no ven ni el cambio ni el desorden, ni la provocación dirigida al mismo Dios en Su propia Iglesia, Yo, Jesús, Dios y Sacerdote por excelencia, retiro las piedras muertas, las que aprisionan Mi Verdad muy santa ; hago caer todo lo que está podrido y que esconde Mi Santa Luz» (J.N.S.R., Témoins de la Croix, Résiac, France, 1997, tome 4, p. 375).

¿Por qué hay tantas almas en la Iglesia que no ven la verdad? Porque ya no son de la Verdad, no son de la Iglesia, no son de Cristo.

La Iglesia es la Obra del Espíritu. Es el Espíritu el que mueve a las almas a obrar. Es el Espíritu el que da al alma la Verdad que tiene que obrar. Es el Espíritu el que ofrece la Vida al alma para que pueda obrar la Verdad.

Sin la moción del Espíritu, el alma no puede salir de su vida de pecado.

Sin la Inteligencia del Espíritu, el alma no conoce la Verdad y no puede quitar la mentira en su vida.

Sin el Amor del Espíritu, el alma no puede obrar lo divino, lo santo, lo sagrado, en su vida humana.

El Espíritu: mueve, da inteligencia y ama. Mueve para una obra de verdad divina, para que el alma salga de su visión humana, natural, de la existencia, y se ponga en la realidad divina.

El hombre, que vive lo humano, no ve lo real, el mundo real, que es siempre un mundo espiritual. El hombre sólo atiende a lo que ve con sus ojos naturales; sólo comprende lo que su mente capta, sintetiza, analiza. El hombre sólo vive en un mundo exterior, de muchas formas, modos, maneras, que no son la realidad de su vida.

El hombre está inmerso en un mundo que no puede percibirlo con sus propios medios humanos. Un mundo que tiene que revelarse al hombre para que éste se dé cuenta, para que preste atención, para que comprenda el camino de su vida.

Nada que obre el hombre, ninguna cosa que pasa por su inteligencia, es por el hombre. El hombre no se da cuenta de quién le hace pensar. Sólo ve su idea en su cabeza, pero no ve quién ha puesto esa idea en su cabeza. Y el hombre se cree que ha sido él mismo el que ha tenido esa idea. Y su ignorancia es su soberbia. El soberbio sólo ve su pensamiento humano, pero no ve de dónde viene la idea a su pensamiento; no ve quién la puso ahí.

¿Cómo ustedes no ven el cambio en la Iglesia? Por su soberbia. Y ¿cuál es la acción del Señor ante la soberbia del hombre? Una Justicia: «hago caer todo lo que está podrido y que esconde Mi Santa Luz».

Estamos en la Iglesia presenciando la caída de toda una Jerarquía podrida en el pecado y que se ha caracterizado por esconder la Verdad, la luz del Espíritu en la Iglesia: «Pastores, obispos, fieles, todos luchan contra lo sobrenatural santo y adorable que Dios descubre hoy a Sus más pequeños, para todos Sus hijos que lo escuchan» (La Virgen María en : J.N.S.R., Témoins de la Croix, Résiac, France, 1997, tome 4, p. 160).

Una Iglesia que combate a Dios en Sus Profetas, y eso supone destruir la Iglesia. La Iglesia no la hacen los hombres, la Jerarquía, sino el Espíritu. Una Jerarquía que no cree en los profetas, sino que los obstaculiza de muchas maneras, destruye la misma Iglesia. Cristo habla a la Iglesia por Sus Profetas, por Su Espíritu. Y un sacerdote que no sea Profeta no es sacerdote. Una Iglesia que comete el mismo pecado del cual no hay perdón: «Mi Iglesia actual rechaza las manifestaciones de Mi Espíritu Santo; Ella Lo condena abiertamente y se condena a la vez Ella misma, pues he dicho que no blasfemen contra el Espíritu. Pero tantos, en Mi Iglesia, Me rechazan, que les envío a ustedes, los pequeños, darla nueva vida aportándola Mis Mensajes. (…) La Iglesia condena al Espíritu Santo, al cual Ella le prohíbe hablar… ¿Cómo quieres que Yo Me calle, hijita, ante tanta rebeldía contra Mí ?… ¿Cómo puedo Yo dejar Mi Iglesia ir a su perdición viviendo sin Mi Espíritu Santo? Eso no será; Yo la defenderé a pesar de todos» (Françoise, Jésus-Christ révèle aux siens ce qu’est la franc-maçonnerie, Éditions du Parvis, Suisse, 1998, pp. 53-54).

Hoy, en la realidad de una Iglesia que ha perdido su alma, el Espíritu, sólo Jesús la lleva en sus brazos. Sólo Él la guía hacia la Verdad sin apoyarse en ninguna Jerarquía, porque ya no creen en Cristo. Ya no creen en la vocación que Cristo les ha dado: ser otros Cristos. Sólo creen en sus inteligencias humanas, en sus conquistas humanas, en sus obras de hombres. Sólo creen en su humanidad podrida.

Este Misterio es el que estamos viviendo. Cuando un Papa ha renunciado a ser Papa (= y eso es blasfemar contra el Espíritu) y un hombre se ha puesto como falso Papa (= y eso es una blasfemia contra el Espíritu), a Dios no le queda más remedio que retirarse de Su Iglesia, la Iglesia concebida por el hombre en sus estructuras exteriores, humanas, naturales, materiales. Y, dejando lo exterior en manos de los hombres, Jesús guía Su Iglesia en cada corazón del que cree.

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Ustedes Me demandan pruebas; que Yo existo, que soy Viviente, que hablo otra vez hoy, que les doy las señales de Mi presencia entre ustedes…Cada uno de ustedes es la señal viviente de Mi existencia.

Ustedes son como los fariseos: delante de ellos se encontraba la Verdad y la buscaban en otra parte, en las Escrituras. Hoy, otra vez ustedes están en la búsqueda de algo sensacional y tienen ante ustedes lo Esencial. Y todo esto que ustedes ven y escuchan de Mí al mismo instante lo ponen en duda. Hombres de poca fe….

Me anuncio Yo mismo y ustedes Me echan de Mi Tierra. Yo les hablo y ustedes se hacen los sordos. Yo Me acerco a salvarlos y ustedes rehusan Mi Mano. Ustedes escogen las tinieblas; prefieren la duda, se esconden detrás de su incredulidad; ustedes dudan que Dios pueda descender de los Cielos para advertir a Sus hijos del peligro que les amenaza.

¿Cómo puede Dios, que los ama, dejarlos en ese marasmo y en la decadencia que ustedes han creado con todas sus falsas ideas, sus principios inmorales, su orgullo insensato?

El fango que les cubre, parece ya liga: mientras más se mueven más se ahogan: el mundo entero se asfixia y el hombre es su propio verdugo.

Ustedes piensan que Dios puede quedarse indiferente y que no regresará para restablecer el orden en todas cosas que Él ha creado para el bien del hombre, y que han destruido con sus manos.

Piensan ustedes que Dios ya no puede regresar sobre la Tierra donde ha vivido entre sus hermanos humanos y donde ha dado Su Vida por Sus amigos y también por Sus enemigos. Mis hermanos, Mis hijos, Yo regreso para darles la esperanza» (J.N.S.R., Témoins de la Croix, Résiac, France, 1997, tome 4, pp. 108-109).

Esta es la principal blasfemia de la Jerarquía eclesiástica: no creen que Jesús venga de nuevo. Viene, pero para juzgar en el último día. Pero no viene para instaurar su Reino Glorioso. Por eso, la Iglesia está abocada a un comunismo: a un reino material, humano. A un mesianismo, a encontrar un rey humano que sirva para dar un gusto a los hombres. Este es el sentido del nuevo orden mundial y de la reunión de todas las iglesias en una. Y esto que buscan los hombres es sólo por su soberbia: por una idea que el demonio ha puesto en los hombres. Y esa idea dirige a muchos hombres para conseguir lo que quiere el demonio.

Jesús viene para instaurar Su Reino. Esto es lo que el demonio quiere impedir a toda costa. Y, por eso, ha puesto dos divisiones en la Iglesia: una en el Papado; otra en la fe. Esas dos divisiones son la obra del demonio dentro de la Iglesia, con un falso Papa, con uno que usurpa el Papado, que está sentado en la Silla sólo para poner estas dos divisiones.

La señal de que la Iglesia se destruye es lo que pasa en Roma:

1. un hombre que no da continuidad al Papado, sino que lo rompe: «Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización» (EG – n 32).

Primero: el Papado no se puede tocar porque es un dogma de fe. La persona del Papa la ha puesto el mismo Jesucristo en Su Iglesia. No es posible la conversión del Papado. La persona del Papa tiene que tener Espíritu para ser fiel a Jesucristo, para poder comprender lo que Jesús quiere de un Papa. Francisco es un hombre sin ningún Espíritu. Y, por eso, pone su coletilla: «necesidades actuales de la evangelización». Francisco ha tocado el Papado: su gobierno horizontal. Esto significa romper el dogma del Papado. Ahora, busca unas nuevas leyes para poder obrar su nuevo y falso Papado. Ésta, su herejía, da a la Iglesia la ruptura en la Cabeza, que es la primera división. Una Iglesia, que se divide en la Cabeza, ya no es más la Iglesia de Cristo. Es la Iglesia de los hombres. Es la Iglesia podrida de la humanidad.

Segundo: Francisco habla como Obispo de Roma, es decir como persona particular, privada en la Iglesia. Por tanto, su opinión, que es herética y cismática, la Iglesia Católica no puede aceptarla. Francisco no puede hablar como el Sucesor de Pedro. ¡Y él lo sabe!. Por eso, siempre dice: Obispo de Roma. Y el Papa verdadero, si quiere ser persona pública, habla como el Vicario de Cristo. Cuando un Papa habla como Obispo de Roma no habla como Papa, sino como persona particular, privada. Ningún Papa legítimo habla en la Iglesia como Obispo de Roma. Aquí tienen una señal más de que Francisco no es el Papa verdadero, sino un usurpador del Papado.

Tercero: Un Papa legítimo escucha a todo el mundo en la Iglesia, pero sólo hace caso a Jesucristo. Sin vida espiritual, entonces Francisco hace su jugada: quiero opiniones para destruir el Papado. Y pone una excusa, que sólo se la cree él: para que el ejercicio en el ministerio se «vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle». Esto sólo se lo cree él porque la fe, para Francisco, es un acto mental, un recuerdo, un ir a la historia y ver qué hacían los Apóstoles en ese tiempo y ponerlo, pero en el tiempo actual: según las «necesidades actuales de la evangelización». Siempre, cuando Francisco habla, recurre a su lenguaje humano, a su juego, a su jerga. Como la fe es un recordar el pasado para poner un nuevo presente; entonces hagamos memoria de la Iglesia, hagamos memoria de la vida de Cristo, hagamos memoria de las necesidades de los hombres en sus culturas, y apañemos el Evangelio para darle un gusto al hombre. Este es todo el juego de Francisco cuando habla.

Cuarto: Francisco vive su mentira: «estoy llamado a vivir». ¿Qué cosa? Mi mentira, mi pecado: la «conversión del papado». Luego, como ya vivo mi pecado, cómo mi vida es la obra de mi pecado, como soy podredumbre en mi pecado, como me senté en la Silla de Pedro para tumbar a Pedro, entonces pongamos el camino para que también los demás vivan mi pecado y sean una iglesia podrida en el pecado. Y, para hacer esto, habla como Obispo; porque no puede hablar como Papa. Francisco ha puesto el camino, dentro de las estructuras de la Iglesia, para condenar almas.

Estos cuatro puntos nadie los ve, nadie los discierne cuando leen a Francisco. Y están ahí. Y, ¿por qué no se ve esta Verdad? Por la soberbia. No se quiere ver la Verdad. Todos se apoyan en el lenguaje humano de Francisco para asentir con su mente a la mentira que Francisco habla por su boca.

2. un hombre que divide la fe en Cristo y en la Iglesia: «Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo con los creyentes de las religiones no cristianas, a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes» (EG – n. 250s).

Primero: la Verdad no se discute, no se dialoga, no se piensa, sino que se cree. Si no hay humildad en la persona, no se puede aceptar la Verdad, que es siempre algo Absoluta; nunca es relativa al hombre o a su vida. Es algo que viene de Dios y que es obligatorio al hombre asentir con su mente a la Verdad que da Dios. El hombre tiene que abajarse para acoger la Verdad. Tiene que dejar a un lado sus pensamientos verdaderos, para poder entender lo que es verdadero en Dios. Por tanto, Francisco está en su juego: «Una actitud de apertura en la verdad y en el amor debe caracterizar el diálogo». Hay que abrirse a la verdad que cada uno posee en su mente humana. Éste es el juego, el lenguaje de Francisco. Francisco no puede enseñar que la Verdad la trae el Espíritu y, por tanto, hay que tener una actitud de apertura al Espíritu. Hay que abrirse al Espíritu, no a los hombres. Hay que hablar con el Espíritu, no con los hombres. Hay que hacer caso al Espíritu, no a los hombres. «La verdadera apertura implica mantenerse firme en las propias convicciones más hondas, con una identidad clara y gozosa, pero abierto a comprender las del otro y sabiendo que el diálogo realmente puede enriquecer a cada uno» (Ibidem). Su herejía es clara: sé católico, pero también sé budista, judío, protestante, etc. Francisco no dice: mantente en la Tradición y combate el error. No, no puede decir esto. Tiene que decir, con bellas palabras, pero que son una blasfemia: Sé tradicional, pero abierto a las verdades que los otros tienen y que te enriquecen, te dan una verdad que no posee tu tradicionalismo, porque es un fundamentalismo.

Segundo: Al ser la Verdad Absoluta, quien quiera ser de la Verdad tiene que dejar sus pecados, sus errores, sus ideas humanas, aunque sean las más perfectas. La Verdad es divina, no humana. Y, por tanto, quien es de la Verdad no es de los hombres. Y esto es lo que no aguanta Francisco: «a pesar de los varios obstáculos y dificultades, particularmente los fundamentalismos de ambas partes». Como a todos los hombres les gustan sus ideas, sus juicios, sus opiniones, sus dogmas, entonces es necesario crear un clima para acoger los fundamentalismos de todo el mundo. Con esto está declarando que todas las confesiones religiosas son verdaderas. Con esto está diciendo que la Iglesia Católica no tiene toda la Verdad, sino que tiene verdades que son fundamentalistas, que hacen que la gente se quede colgada en su juicio y no avance a la conversión del Papado, de la Iglesia, de la doctrina de Cristo, de sus dogmas. Y, por eso, dice su gran blasfemia: «Los no cristianos, por la gratuita iniciativa divina, y fieles a su conciencia, pueden vivir justificados mediante la gracia de Dios, y así asociados al misterio pascual de Jesucristo…» (EG – n. 254s). Este texto revela el alma de Francisco: quiere una Iglesia universal, no católica. Los no cristianos están justificados –por su conciencia- mediante la Gracia. Esta es la demencia senil de ese hombre. Es su locura. Es su gran ignorancia de la vida de la Iglesia, de lo que es la Iglesia, de lo que es la Verdad y de lo que es el pecado.

Tercero: Al negar que la Iglesia Católica posea la Verdad Absoluta y que, por tanto, las demás iglesias también valen (los no cristianos ya viven en gracia), está declarando la anulación del dogma, de todos los dogmas. Y esta es la división de la fe. Por eso, fue a Jerusalén a dar comienzo a esta división. El pensamiento que está en su bazofia de encíclica lo obró en Jerusalén. Ahí comenzó, la obra de la destrucción de la Iglesia. En la primera división, en su gobierno horizontal, comenzó la destrucción de Cristo como Cabeza. En esta segunda división, comienza la destrucción de Cristo como Cuerpo.

Estas cosas, hoy día, nadie las analiza, porque todos están viendo a Francisco como lo que no es: no es Papa. Es un usurpador del Papado. Todos los ven como Papa. Y es lo que hay que analizar en el gobierno de Francisco. Éste es el gran error. Éste es el gran engaño. Éste es el gran castigo de Dios a Su Iglesia.

«El Papa Juan Pablo II es aún católico y luchará hasta la muerte por serlo y llevar al mundo las consignas del Catolicismo… pero el que le suceda no las seguirá y dará apertura a todas las herejías que están presionando hoy a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana» (Pequeña Alma, España 2001 ). Un Papa legítimo abrió la puerta a toda la maldad con su renuncia al Papado. Esta es su blasfemia. Un gravísimo pecado como Papa verdadero. No se dejó guiar por el Espíritu para hacer lo correcto como Papa, como Sucesor de Pedro. Por eso, su renuncia no es un acto de humildad. El humilde no abre las puertas de la Iglesia a todas las herejías, sino que las cierra. Su renuncia fue un acto de gran soberbia. Puso el camino para que la Iglesia sea gobernada por un falso Papa, que es el que trae todas las herejías.

El Papa Benedicto XVI no luchó hasta la muerte por ser católico, por ser el Papa de los católicos. Y no luchó por su falta de fe en Cristo y en la Iglesia. Y esa, su debilidad en la fe, hace de Su Papado, un camino abierto al error. Un camino no seguro, que le llevó a decidir una renuncia en contra de la fe católica. Cuanto más la Iglesia necesitaba de la fortaleza de una cabeza para seguir adelante, esa cabeza se hundió y ha hecho hundirse a toda la Iglesia. Y ahora la Iglesia es manejada por el demonio en la cabeza.

Por eso, el Señor no quiere cabezas. No quiere la Jerarquía. Toda esa Jerarquía está podrida en Roma. Están haciendo lo que les da la gana en Roma: es un escaparate del demonio, de la maldad. Y más pecados se irán viendo, ahora, en toda la Jerarquía podrida. Ahora es cuando se van a quitar la careta, y cada uno podrá saber quién realmente pertenece a la Iglesia Católica y quién no. Sólo queda rezar y hacer penitencia. Lo demás, no interesa en la Iglesia, no interesa en Roma. Roma ya camina hacia su destrucción, hacia su comunismo:

«¡Oh, qué visión horrible veo! ¡Una gran revolución se desarrolla en Roma! Ellos entran al Vaticano. El Papa está completamente solo, rogando. Tienen el Papa. Lo toman con fuerza. Lo golpean hasta hacerlo caer. Lo atan. ¡Oh Dios mio! ¡Oh Dios mio! Le dan patadas. ¡Qué escena horrible! ¡Eso es terrible!… Nuestra Señora se acerca. ¡Estos hombres malos caen a tierra como cadáveres! Nuestra Señora ayuda al Papa a levantarse tomándolo por el brazo; lo cubre con Su manto y le dice: ¡No temas!»

«Astas de banderas (que enarbolan la bandera roja sobre la cúpula de San Pedro y en otros lugares), la destrucción y la seducción salieron de las logias de estos siniestros brutos. Gritan esos ateos: nunca querremos que Dios reine sobre nosotros;¡queremos que Satanás sea nuestro amo!»

«Hija mia, Roma no será salvada, porque los gobernantes italianos abandonaron la luz divina. Sólo un reducido número de gente quiere verdaderamente a la Iglesia. Pero no está lejos el día donde perecerán todos los malvados, bajo los tremendos golpes de la Divina Justicia» (profecías de la Madre Elena Aiello monja, fundadora, estigmatizada (1895/1961) – Viernes Santo de 1961).

La Jerarquía podrida acabará en manos del comunismo para su perdición eterna.

El orgullo de Francisco para legalizar el pecado

p30d_large

«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia»

Aquí, el Señor, da a Pedro – y sólo al Romano Pontífice- el Primado de honor y de jurisdicción en toda la Iglesia.

En otras palabras, por institución divina el Romano Pontífice es la Cabeza de toda la Iglesia. Él solo gobierna la Iglesia, sin necesidad de más cabezas. Así Dios lo ha decretado en Su Palabra.

Por derecho divino, todos los Obispos son iguales, tanto en razón del orden como en la jurisdicción. Todos los Obispos mandan, enseñan y santifican en la Iglesia. Pero el Señor ha puesto el Poder Divino sólo en el Romano Pontífice. Y si Pedro no delega su poder en los Obispos, éstos no pueden hacer nada en la Iglesia.

Pedro, al comunicar ese Poder a los demás Obispos, hace nacer la Jerarquía, la pirámide en la Iglesia, la verticalidad. Es una Jerarquía de jurisdicción, que imita la Jerarquía de orden. En la Jerarquía de orden están los tres grados: diacono, sacerdote, obispo. Por consiguiente, entre el Papa y los Obispos, emanan una serie de grados que, mediante el derecho eclesiástico, se van formando: arzobispos, obispos, primados, patriarcas y demás ordinarios. Pero todos ellos bajo Pedro.

Esta estructura vertical ha sido demolida por Francisco al poner ocho cabezas en el gobierno de la Iglesia. Automáticamente, Francisco queda sin Poder Divino; sólo con un poder humano, que da a los suyos poniendo otra estructura. Francisco tiene que cambiar todas las leyes eclesiásticas, porque ya no le sirven para su gobierno horizontal.

Francisco, por derecho divino, tiene el poder de jurisdicción; pero lo anula al colocar su gobierno horizontal. Y, por tanto, él se queda sólo con un poder humano en la Iglesia, haciendo una iglesia que no pertenece a Cristo, que no es la Iglesia de Cristo.

Los que sepan de derecho canónico, saben que Francisco no es Papa. Ha roto el orden en la jerarquía de jurisdicción. Se inventa su propio orden, que ya no puede ser una jerarquía, sino algo que imite a los gobiernos del mundo.

Por muchos caminos, se puede ver que Francisco no es Papa. Y es desalentador cómo la gente estudiosa, pierde el tiempo hablando de las canonizaciones y de las irregularidades que se han dado, para terminar su discurso diciendo que Francisco es Papa o tiene autoridad para hacer eso. Si comprobáis que para llevar a cabo esas canonizaciones se han dado muchas irregularidades, ¿por qué no termináis vuestro discurso con la sencilla verdad: Francisco no es Papa? ¿Por qué seguís manteniendo, a pesar de ver los errores, las herejías, las blasfemias que dice ese tipo, que Francisco es Papa?

La razón: los teólogos, los canonistas, los filósofos, tantos sacerdotes y Obispos, que se han puesto por encima del hombre, que se han colocado por encima de la Palabra de Dios, y ya no saben ni creer en la Palabra ni servir a las almas en la Iglesia con la verdad, porque buscan una idea de su mente para no creer. Todos están dando vueltas a sus ideas y tienen miedo de concluir: Francisco no es Papa. Se han inventado la obediencia a una estructura en la Iglesia. Pero ya no obedecen la Verdad en la Iglesia; no obedecen a Dios, sino a los hombres, a la idea de los hombres, a la ley que el Obispo de turno pone en su diócesis para gobernar la Iglesia. Están dando vueltas a los pensamientos de los hombres, aceptando leyes que impiden ver la verdad como es: Francisco no es Papa.

Y, claro, salen los locos de turno: quieren excomulgar a gente que viendo la Verdad -Francisco es un hereje- , la proclaman ante el mundo; pero como no gusta esa Verdad, hay que inventarse una nueva ley de excomunión. ¡No se puede excomulgar a nadie que diga la Verdad! ¡Es un absurdo! Sólo se excomulga a aquel que niega la Verdad, un dogma.

¡Es que está faltando el respeto al Papa! ¡Es que lo están criticando!

Pero, ¿decir la verdad de lo que es un hombre es faltarle al respeto? Decir que Francisco ha dicho esta herejía, ¿es mentir, es ir en contra de la fe en la Iglesia, es ir en contra de la Palabra de Dios, de un dogma, que dice que Pedro no puede equivocarse en la Iglesia?

«Sobre esta piedra, edifico Mi Iglesia»: sobre la fe de Pedro, la Iglesia es infalible, porque la fe de Pedro es infalible. El juicio a un Papa comienza cuando ese Papa es infiel a su fe. De esa manera, anula su infalibilidad.

La infidelidad de un sacerdote, de un Obispo, de un Papa, es por su falta de fe en la Palabra de Dios. Si no cree en Cristo, no puede servirlo y, entonces, hace su dictadura en la Iglesia. Cae en el error, en la mentira, en el engaño, da la oscuridad, se muestra como un ignorante en medio de la Iglesia. Son notas de que ese Papa no es Papa, no es infalible.

¡Qué sencillo es ver que Francisco es un impostor! ¡Cuántos caminos hay para contemplar esta Verdad! Y ¡cuánta es la Jerarquía que no ve nada! ¡Cuánta es la Jerarquía sin sentido común, sin dos dedos de frente!

Y esto es muy preocupante, porque es lo que está decidiendo la suerte de toda la Iglesia.

El cisma es la división de la unidad de la Iglesia Católica, la separación del Cuerpo Místico de Cristo.

El centro de esta unidad es el Romano Pontífice. El cisma es separarse de la obediencia al Papa, de la comunión con él.

Francisco es cismático porque ha usurpado el poder; pero también porque se ha separado de la unidad con el Papa. Estableciendo su gobierno horizontal, ha anulado el Papado, y ha convertido su liderazgo en un gobierno político. Y, por tanto, pone sus leyes en la Iglesia.

En el bautizo de la hija de la pareja lesbiana hay que contemplar estas cosas:

1. ¿Cuál es la condición para que se bautice lícitamente un niño? :

“868 § 1. Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere: 1.- que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces; 2.- que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres”.

2. ¿Cuál es la condición para ser padrino o madrina de un bautizo?:

“872. En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo”.

“874 § 1. Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que: 3.- sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir”.

3. Para administrar válidamente el Sacramento, la Jerarquía tiene que tener intención. Y, aunque esa Jerarquía, sea herética, cismática, excomulgada, administra válidamente, pero de manera ilícita. La potestad de orden no se pierde por el pecado. Pero esta potestad de orden no es ilimitada, sino que se obra en la Voluntad de Dios.

Es claro que ese hijo no va a ser educado en la fe por su madre, porque vive en un pecado que no quiere quitar, que impide la fe. Y es clarísimo que esa madrina no tiene una vida congruente con la fe y lo que asume en esa fe. Pero no es tan claro, el tercer punto.

Nadie se puede poner por encima de la ley divina.

El poder que las criaturas tienen sólo se puede obrar en los límites de la Voluntad de Dios, no en todos los casos.

Un matrimonio homosexual es una aberración para Dios. Bautizar un hijo de ese matrimonio supone aprobar el matrimonio o esa unión aberrante. No se puede bautizar a un hijo de una pareja de lesbianas si no hay una causa gravísima, como es la inminente muerte de ese hijo. Bautizarlo, en condiciones normales, es aprobar el pecado de esa pareja en la Iglesia, es decir que se está de acuerdo con ese pecado. Es, además, un gran escándalo en toda la Iglesia.

Quien apruebe el matrimonio homosexual o la vida en común de dos homosexuales o lesbianas se pone por encima de la ley de Dios, legaliza un pecado. Y no es cualquier pecado, sino que es un pecado denominado por Dios como abominable. Eso significa una blasfemia contra el Espíritu Santo cuando la persona decide vivir con ese pecado, sin quitarlo y de forma pública. Y hace todos los actos necesarios para que justificar ese pecado ante la Iglesia.

La Jerarquía que aprueba el matrimonio homosexual, automáticamente, se pone fuera de la Iglesia. Y, por tanto, queda nulo todo cuanto haga en la Iglesia. Su poder queda limitado por la Voluntad de Dios. Si lo usa sin discernimiento, entonces ese poder no se obra. Porque el poder que tiene la Jerarquía es divino, no humano. Lo obra Dios en la Jerarquía. No puede obrarlo la Jerarquía con la sola voluntad humana. Tiene que intervenir Dios. Los Sacramentos se realizan por Dios y por el hombre al mismo tiempo; no son obra de los hombres solamente.

Para que se obre válidamente un Sacramento, cuando la Jerarquía se pone fuera de la Iglesia por su pecado, es necesario discernir en Dios esa obra. La Jerarquía tiene que ver si Dios quiere que se dé ese Sacramento. Porque Dios tiene el poder para negar su acción en la obra del sacramento.

Este punto es el difícil de explicar a los hombres, porque se creen con poder para todo. El demonio tiene el poder que Dios le dio – a pesar de su pecado-, pero no puede usarlo en todos los casos. Siempre tiene que preguntar a Dios si le da poder para usarlo en determinadas circunstancias.

La Jerarquía, que se pone fuera de la Iglesia, está en la misma situación del demonio, por su pecado de orgullo, por querer legalizar el pecado. Y, entonces, no se puede afirmar que ese bautismo fue válidamente administrado. Tampoco se puede negar; sino que hay que discernir en Dios si Él dio poder a esa Jerarquía para obrar ese Sacramento.

Si la Jerarquía no preguntó a Dios, entonces es claro que Dios negó su poder para realizar ese Sacramento. Dios es el que tiene la sartén por el mango en los poderes que tiene la Jerarquía de la Iglesia. No son los mismos hombres. Todo tiene un límite. Los méritos de Cristo, por los cuales se realiza el Bautismo, no son dados a todas las obras de la Jerarquía. Si la Jerarquía permanece en la Verdad de la Iglesia, entonces el poder de Dios se da; pero si no permanece, si se pone fuera de la Iglesia por su pecado, es deber de esa Jerarquía preguntar a Dios cuando tiene que realizar un Sacramento. Como esto no se hizo, porque la orden vino de Francisco, entonces hay que concluir que no se dio el Sacramento del Bautismo en este caso.

Los hombres no pueden jugar con el poder que tienen en la Iglesia. La Jerarquía que es infiel a Dios, que puede conocer toda la teología, el derecho canónico, la filosofía, pero que no cree en la Palabra de Dios, entonces su poder siempre tiene un límite en la Iglesia. Y sólo Dios pone este límite, no el hombre.

Dios puede dar el poder a una Jerarquía infiel, herética, cismática, para salvar almas, por Su Misericordia. Y Dios puede negar su poder a esa Jerarquía porque así lo exige Su Justicia Divina.

La Jerarquía no es la dueña de la Iglesia ni de su potestad de orden. Si la Jerarquía no sirve a Cristo, como tiene la obligación de hacerlo, Dios no se somete en todo al pecado de esa Jerarquía, sino va usando, ya Su Misericordia, ya Su Justicia, en las obras de esa Jerarquía herética y cismática.

Hoy asistimos a una Jerarquía que se ha creído con poder para todo porque tiene un Sacramento del Orden. Y se pone por encima de los hombres, de las almas, en la Iglesia, poniendo sus leyes, sus teologías, sus filosofías, sus cánones, para justificar su pecado.

Por eso, hay tantas personas todavía ciegas por lo que es Francisco y la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Ciegas porque son engañadas por las palabras, por el lenguaje humano que emplea esa Jerarquía para tapar su pecado, para legalizar su pecado.

El bautismo de ese hijo es el comienzo claro de un cisma. Un cisma propiciado por la misma Jerarquía, por los mismos que están gobernado la Iglesia actualmente. A muchos les cuesta discernir este cisma y llamarlo por su nombre, porque están con la ilusión de que ese gobierno va a hacer algo por la Iglesia.

Y Francisco sólo se dedica a destruir la Iglesia. Y necesita legalizar el pecado de muchas maneras, pero no sabe cómo. Tiene que hacerlo con estas obras de orgullo. Porque aquí sólo se aprecia el orgullo de ese hombre, al que todos le obedecen para no quedar mal ante los hombres. Todos están tapando las herejías de Francisco. Y eso es muy grave. Esto es la división en toda la Iglesia. División que ya se palpa en muchas almas. División que va a traer más división en la unidad de la Iglesia.

Pero Dios no obedece al orgullo de Francisco; no se somete a su mente humana, sino que le muestra en todo Su Justicia. Y pronto tendrá que dejar todo lo que tiene, a lo que se ha subido, por la Justicia de Dios: todo cuanto sube tiene que bajar. Sólo los humildes, los que levanta Dios permanecen.

Si este bautizo se hubiera realizado en otra iglesia cristiana, no católica, hubiera sido válido, porque no se da el pecado de orgullo de la Jerarquía.

El Anticristo es un astro divino

enseñanzadeunmasond

Dios es Espíritu, Satanás es espíritu. Dios es Espíritu de Perfección; Satanás es espíritu de pecado, sin ninguna perfección.

El hombre tiene que alcanzar la espiritualidad; pero debe elegir uno u otro espíritu.

Los que siguen a Cristo, siguen su Espíritu, que los lleva a la perfección del Amor.

Los que siguen a Satanás matan su espíritu, hacen de su espíritu una carne y una sangre corrompida y repugnante, porque en el pecado no hay perfección, no hay belleza, no hay armonía, orden ni vida.

Sólo hay una batalla en la vida: la del Bien contra el Mal. De esta lucha se originan todos los enfrentamientos, contiendas, guerras.

Desde hace 20 siglos, la Palabra de Dios, que es Perfección, ha hablado a todos; pero han sido pocos los que la han escuchado y la han puesto en práctica. Muchos han hecho de esa Palabra su política, su negocio, su filosofía, su iglesia, su espiritualidad.

Muchos han hecho de la Perfección la cultura de sus mentes, la ciencia de sus labios, la técnica de sus lujurias. Pero pocos viven de Fe; pocos son los que aceptan la Palabra sin poner nada de su inteligencia humana.

Satanás pone su mente para formar su espiritualidad, y ofrece al hombre un camino de pecado, donde el pecado no existe.

Satanás es el que remeda al Espíritu Divino en todo: todo lo imita, todo lo obra, pero nada es perfecto en sus obras, sino sólo es abominación lo que hace.

«Será persona que estará muy en alto, en los alto como un astro. No un astro humano que brille en un cielo humano. Sino un astro de una esfera sobrenatural, el cual, cediendo al halago del Enemigo, conocerá la soberbia después de la humildad, el ateísmo después de la fe, la lujuria después de la castidad, el hambre de oro después de la evangélica pobreza, la sed de honores después de la ocultación» (María Valtorta – 20 de agosto).

Satanás produce Su Anticristo: es un Cristo que sigue al espíritu del demonio. Un Obispo, que ha dejado de ser Obispo –porque perdió el Espíritu de Cristo- y se ha transformado en un hombre, que se viste como Obispo, pero que tiene el espíritu de Satanás. Se ha transformado en una abominación.

Satanás lo imita todo: imita un sacerdocio que vive la pobreza, la obediencia, la castidad; un sacerdocio que hace actos de humildad, que predica una auténtica fe. Pero que, llegado un tiempo, todo eso se transforma, se cambia, se desvirtúa, porque no era verdadero en el corazón de la persona. Era algo estudiado; algo adquirido; pero nunca vivido.

El Anticristo no es un astro humano que brilla en el cielo humano: no es un hombre del mundo, un gobernante del mundo, un economista, un masón, un judío, un científico y menos un filósofo.

El Anticristo vivió en una esfera sobrenatural, porque es un astro del Sacerdocio, del cielo divino; un astro divino. El Anticristo pertenece a la Jerarquía de la Iglesia; sale de la Iglesia Católica, pero no es de la Iglesia porque ha perdido el Espíritu de Cristo.

Por tanto, el Anticristo es un Obispo que ataca a Cristo y a Su Iglesia. Es un hombre que se viste de Obispo, pero que no es Obispo. Tiene la careta de Obispo, que se la pone para predicar en la Iglesia las cosas de Dios; pero posee otra vida, una doble vida, en la que se quita la careta, y habla y obra como es: como un demonio.

Ese Obispo no es conocido en su vida privada. En su vida pública sólo se ve lo exterior de pertenecer a la Jerarquía: predica, celebra misa, da charlas, sacramentos, etc.

Pero lo que hace es sin el Espíritu de Cristo: son sólo cosas exteriores, apariencia externa, ritos, palabras, obras, sin Espíritu. Es sólo representar una comedia, una obra de teatro. Es algo que se ha aprendido durante muchos años y se hace con rutina. Se hace con la mente puesta en otra vida, no en la que se está representando en la Iglesia.

Pero ese Obispo tiene una vida privada que nadie conoce y nadie sabe cómo es.

«Será menos espantoso ver caer una estrella del firmamento que ver precipitar en las espirales de Satanás a esta criatura ya elegida, la cual copiará el pecado de su padre de elección. Lucifer, por soberbia, se convirtió en Maldito y el Oscuro. El Anticristo, por soberbia en esta hora, se convertirá en el Maldito y el Oscuro después de haber sido un astro de Mi Ejército» (Ibidem).

Este Obispo fue elegido por el Señor para ser Obispo; como Lucifer fue creado por Dios para ser Ángel de Luz. Este Obispo es una criatura ya elegida por Dios, con una perfección, con una vocación divina, porque tiene el Espíritu de Cristo. Pero su pecado, que es el mismo de Lucifer, lo precipitó en las espirales de Satanás. Y perdió esa perfección, esa vocación. Y se convirtió en una abominación en su vocación al sacerdocio.

Lucifer dijo: «No serviré». El Anticristo dice lo mismo. Lucifer, cuando fue creado por Dios, lo vio todo con su entendimiento angélico, pero no se sometió al Entendimiento Divino. Una vez que comprendió la Verdad que Dios le ponía a sus ojos, dijo, con su voluntad: «No me someto a esa Verdad».

El Anticristo, una vez que ha comprendido con su inteligencia humana toda la Verdad Revelada, toda la Fe que Cristo ha dado a Su Iglesia, dice: «No quiero esa Verdad Revelada; no me someto». Y, para decir, eso hay que ser un Obispo de lo alto. Un Obispo de la Alta Jerarquía, la que convive con los Papas, la que sabe de los asuntos privados de los Papas, la que sabe cómo funciona todo en el Vaticano. No es un Obispo cualquiera. Es un Obispo en el que todos han confiado porque es un astro elegido: cuando habla en público no dice ninguna herejía; es recto en todo, porque se ha aprendido muy bien la doctrina de Cristo, pero no es capaz de ponerla en práctica. Por eso, su caída es espantosa. Cae en los lazos de Satanás, que es el espíritu de la mente. Está en las espirales de las ideas humanas, dando vueltas a muchas cosas, sin centrarse en la Verdad.

«Como premio por su abjuración, que sacudirá los Cielos bajo un estremecimiento de horror y hará temblar las columnas de Mi Iglesia en el temor que suscitará su precipitar, obtendrá la ayuda completa de Satanás, quien le dará las llaves del pozo del abismo para que lo abra» (Ibidem).

El Anticristo ya está en la Iglesia Católica, pero nadie sabe decir quién es. Es uno de los Obispos. Un Cardenal, uno de gran rango, de gran posición en la Jerarquía. Pero es un Obispo que ha abjurado de su Fe en Cristo. Esa abjuración es algo secreto, que nadie conoce, pero real. Es decir, se ve, se palpa en el ambiente de la Iglesia: hizo temblar las columnas de la Iglesia. En su abjuración, la Eucaristía y la Virgen María temblaron. Estos dos dogmas, estas dos verdades, que son el sostenimiento de la fe en las almas. Un alma, para seguir a Cristo, para imitar a Cristo, sólo tiene que alimentarse de Cristo y de Su Madre: Comunión y Santo Rosario.

En la abjuración de este Obispo se produjo un hecho en contra de estas dos columnas, que hizo que la devoción a la Eucaristía y al Santo Rosario, se fuera perdiendo, diluyendo. Hace 50 años, casi se anula la Eucaristía. Señal de que en ese tiempo sucedió esa abjuración. Y la devoción a la Virgen María ha caído en picado.

Y no hay que pensar en el Anticristo como un hombre ya entrado en años. Se puede ser Cardenal sin ser Obispo. Por eso, no es fácil discernir a ese Obispo, a ese astro divino. Fue una persona con una gran inteligencia para hacer el bien, que conoce toda la verdad, pero que abjuró de Ella completamente.

Y esa persona tiene las llaves del pozo del abismo para que lo abra y salgan todos los demonios en la Iglesia.

Ese pozo ya fue abierto, pero nadie sabe quién lo abrió. Sólo pusieron a un bufón como falso Papa para ir calentando el ambiente y dar el camino al Anticristo. Un hombre sin inteligencia, que habla lo que el Anticristo quiere. Habla vulgaridades, habla para tapar la verdad, habla para confundir, habla para obrar, después, en lo oculto, con una llamada telefónica, la maldad. Un hombre que no sabe esconder su maldad, sino que la dice para buscar publicidad entre los hombres. El Anticristo se esconde y obra la maldad sin que nadie se dé cuenta. Francisco es sólo un payaso, que hace sus payasadas, pero que le llegó el turno, porque es necesario abrir ese pozo del todo.

«Pero que lo abra del todo para que salgan los instrumentos de horror que Satanás ha fabricado durante milenios para llevar a los hombres a la total desesperación, de tal modo que, por sí mismos, invoquen a Satanás como Rey y corran al séquito del Anticristo, el único que podrá abrir de par en par las puertas del Abismo para hacer salir al Rey del Abismo, así como Cristo ha abierto las puertas de los Cielos para hacer salir la gracia y el perdón, que hacen a los hombres semejantes a Dios y reyes de un Reino Eterno, en el que Yo Soy el Rey de Reyes» (Ibidem).

El Anticristo no se dedica a llenar estómagos de la gente, no se dedica a dialogar con los hombres de otras religiones, no se dedica a fraternizar con nadie. El Anticristo va contra Cristo y contra Su Iglesia; es decir, contra toda Verdad Revelada. Su misión: destruir la Iglesia completamente.

Y usa todas las herejías que Satanás ha inventado durante 20 siglos. Por eso, la Nueva Era anuncia ese instrumento de horror que Satanás ha fabricado. En la nueva Era están todos los errores, mentiras, engaños, que una mente humana puede vivir. Es una abominación, una abjuración de la Verdad.

Pero ese cúmulo de errores hay que llevarlo dentro de la Iglesia. Hay que hacer que la Iglesia dé culto a la mente de Satanás. Hay que sacar nuevos libros, nuevos reglamentos, nuevas liturgias, un nuevo evangelio; porque hasta que no se anule toda Verdad en la Iglesia, el Anticristo no se muestra, no es reconocido por nadie. Hasta que no se quite de Roma lo externo de 20 siglos, el Anticristo no aparece. El Anticristo aparece en su iglesia, no en la de Cristo. Él destruye todo lo que lleve a Cristo. No deja nada, por su abjuración.

Y tiene la misión de hacer salir al Rey del Abismo, «a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca» (2 Ts 2, 8b).

El Anticristo no es cualquier personaje del mundo. Hay muchos anticristos en el mundo y en la Iglesia, pero ninguno es el Anticristo. Nadie puede conocer a esa persona, porque se esconde detrás de una máscara. Y hoy día es muy fácil ponerse una máscara artificial, no sólo espiritual, para pasar desapercibido, para ocultarse de todos.

«Así como el Padre me ha dado a Mí todo poder, Satanás le dará a él todo poder, y especialmente el poder de seducción, para arrastrar a su séquito a los débiles y a los corrompidos por las fiebres de las ambiciones como lo está él, su jefe. Pero en su desenfrenada ambición aún encontrará demasiado escasas las ayudas sobrenaturales de Satanás y buscará otras ayudas en los enemigos de Cristo, los cuales, armados con armas cada vez más mortíferas, cuanto les podía inducir a crear su libídine hacia el Mal para sembrar desesperación en las muchedumbres, le ayudarán hasta que Dios no diga su Basta y les aniquile con el fulgor de su figura» (Ibidem).

Las hablas del Anticristo son fáciles de discernir: hablar para seducir; nunca habla para decir una verdad. Si dice una verdad, es para, a continuación, decir su mentira. Seduce con su palabra, seduce con sus obras. Sólo sabe seducir, llevar a la mentira, al engaño, porque su mente se opone a toda Verdad Revelada. Ante un dogma, siempre tiene una razón, una idea, una filosofía que anula ese dogma.

Pero no se para sólo en la seducción, sino que va al mundo para ponerlo en contra de Cristo y de Su Iglesia. Y mete en la Iglesia el mundo. Abre la Iglesia a las ideas del mundo. Rebaja lo sagrado, lo divino, lo perfecto, a una razón humana, a un concepto simbólico, a una parte de la inteligencia humana.

El Anticristo da culto a su sabiduría humana; sólo vive expectante de los descubrimientos de su ciencia; sólo hace caso de lo que su pensamiento puede entender. Es incapaz de creer, de seguir al Espíritu, porque ha perdido el conocimiento de la Verdad. Sólo puede conocer lo que su mente dice como verdad. Sólo puede obedecer lo que su mente le dice que es recto. Sólo, para él, la vida consiste en amar su inteligencia humana.

Por eso, en su mente humana llega a la total abominación de toda verdad. No puede comprender ninguna verdad. Y, por eso, no puede ser salvado. Él mismo, en su inteligencia humana, se ha salvado: ha encontrado una idea para ser salvo. Y, por eso, se convierte en un Mesías, en el Salvador de los hombres.

El Anticristo sabe jugar con todas las ideas de los hombres: siempre tiene una razón ante cualquier pensamiento humano. No es capaz de aprender de otro hombre: él lo sabe todo, lo entiende todo, lo puede todo.

Por eso, él viene haciendo cosas maravillosas, milagros que el demonio sabe hacer. Él no viene sólo predicando y dando dinero a los pobres. Él tiene un poder que ningún hombre posee. Por eso, puede llegar a todas las inteligencias humanas. Puede llegar a la mente de los hombres. Puede ver sus mentes, lo que piensan, de una forma mágica, por el poder que tiene de Satanás.

El Anticristo no es un hombre vulgar, como Francisco. Es un hombre de calidad, de inteligencia sobrehumana, que sabe medir sus palabras, que sabe hablar cuando hay que hacer, que sabe esconderse para no ser notado, que sabe destruirlo todo a su paso.

Por eso, los que promulgan el sedevacantismo desde el Beato Juan XXIII, desconocen las manipulaciones perpetradas por el Anticristo en la Iglesia, a través de la Jerarquía infiltrada, que sirve a la masonería.

Si esos Papa hubieran tenido parte con el Anticristo, entonces la Iglesia habría desaparecido hace mucho. El Anticristo atacó a cada uno de esos Papas, para impedir, de muchas maneras sus Pontificados en la Iglesia.

Si esos Papas hubiesen sido verdaderamente heréticos, es decir, excomulgados y desposeídos de su cargo, la Iglesia ya se habría disuelto por el poder del Anticristo. Y lo que impidió que se manifestase ese poder es el Papa: «sólo falta que el que lo retiene sea apartado» (2 Ts 2, 7b). Una vez, apartada la Cabeza de la Iglesia, entonces se abre todo el pozo del abismo. El Anticristo es para la última hora de los últimos tiempos. No es para estar 50 años llenos de maldades, esperando nada. El Anticristo viene a salvar ( a ser Salvador, Mesías), no viene a hacer proselitismo, a hacer propaganda, política desde la Silla de Pedro.

La Iglesia no hubiera sobrevivido 50 años con Papas herejes. Es un imposible teológico, metafísico y espiritual. Es insostenible el sedevacantismo. Y menos decir que la sucesión petrina ha sido continuada, en forma clandestina, desde la elección del Papa Juan XXIII, por el cardenal Siri. La Iglesia no la sostienen los pensamientos de los hombres, sino el Espíritu de Cristo, que es el que sabe luchar contra el Anticristo.

Ni los lefebvrianos ni los que ahora se oponen a todos los Papas, saben batallar contra el demonio, porque se han dejado seducir por él, se han dejado ganar de su juego mental, de las ideas que el demonio pone en la mente de los hombres y las hace ver como divinas. No saben ver lo que significa ser Papa en la Iglesia: el que se opone al Anticristo. Se quita el Papa, la puerta abierta a todo mal.

Es con Francisco, cuando se nota más la presencia del Anticristo en la Iglesia. Es con él, cuando el impedimento se ha quitado, aunque no del todo, porque todavía vive el Papa verdadero. Y mientras viva, sigue siendo el Papa, el Vicario de Cristo, el que se opone al Anticristo, sigue siendo la piedra que el Señor usa para combatir al Goliat de la Masonería.

Por eso, hay que rezar mucho por el Papa Benedicto XVI, porque es la piedra que ahora sostiene todo el edifico de la Iglesia.

Ningún masón puede declarar santos en la Iglesia

corsa

“¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Después de ver el doble lenguaje de Francisco, y de seguir constatando que Roma ha perdido la Fe, y ya no se opone al inicuo que usurpa la Silla de Pedro, sino que lo protege, excusa su pecado, y le abre caminos para que siga destruyendo la Iglesia, como lo está haciendo; sólo queda refugiarse en el Corazón de Jesús. Lo demás, es perderse en un mundo y en una Iglesia que ya no ama a Dios, sino que da culto al demonio y al pensamiento de los hombres.

¿Cómo reconocer al Anticristo?: “Ustedes los reconocerán porque no llevará nunca la cruz, símbolo de redención. Él tendrá doce discípulos, se valdrá de todo tipo de prodigios para hacerlos caer en engaño. En las Iglesia habrá desorden” (Cuadernos 1943 – María Valtorta).

Francisco lleva una cruz, que no es el símbolo de la redención, sino el símbolo de la condenación: una paloma, que cae en picado, hacia un grupo de ovejas, donde hay una calavera, representada como “buen pastor”. Francisco es un anticristo, pero no el Anticristo. Él ha puesto a ocho cabezas para gobernar la Iglesia, que piensan lo mismo que él, que obran lo mismo que él. Ese grupo de herejía es el que inicia la falsa Iglesia, el que da cuerpo a la iglesia negra del demonio.

«Vendrá un hombre, ostentará obras de beneficencia; demostrará gran estabilidad, hará el bien y mucha gente lo amará y creerá en sus hazañas. Pero recuerden que la humildad viene de Dios y el que procede de Dios no se pavonea» (Ibidem). Francisco, desde que inició su falso pontificado, se pavonea con todo el mundo; el mundo lo aplaude, el mundo lo sigue, porque el mundo reconoce lo que hay en Francisco.

En la Iglesia, Francisco se ha puesto a recoger dinero. Las almas no le interesan para nada. Quiere llegar a la gente dándole lo que quieren escuchar. Por eso, la masa lo ama; la masa cree en sus palabras, en sus obras. La masa lucha por Francisco, pero ya no lucha por la Verdad. Creen que Francisco da la Verdad porque da dinero a los pobres, porque está metido en los asuntos del mundo, de la gente; porque se preocupa de la vida de los demás. Es el engaño de un hombre que sólo se pavonea, que sólo quiere publicidad, que busca la propaganda, como todo político. Está haciendo su campaña política en la Iglesia y nadie se ha dado cuenta.

«Vi qué nefastas iban a ser las consecuencias de esta falsa iglesia. Ví cómo aumentaba de tamaño; herejes de todo tipo venían a la Ciudad (Roma). El clero local se tornaba tibio, y vi una gran oscuridad… Entonces la visión pareció extenderse por todas partes. Comunidades católicas enteras eran oprimidas, asediadas, confinadas y privadas de su libertad. Vi muchas iglesias que eran cerradas, por todas partes grandes sufrimientos, guerras y derramamiento de sangre. Gentuza salvaje e ignorante se entregaba a acciones violentas. Pero todo ellos no duró largo tiempo” (Visiones de la Beata Catalina Emmerick – 13 de mayo 1820).

Esto es lo que viene ahora. Se inicia la falsa iglesia. Ya, durante 50 años, en Roma, las herejías han ido aumentado de tamaño. Y no han sido los Papas los culpables, sino los Obispos y sacerdotes que no han obedecido a la Cabeza Reinante. Herejes de todo tipo hay en el Vaticano. Y, por tanto, la tibieza en la vida espiritual es manifiesta, clara, es lo que los fieles ven en sus pastores: ya no viven sus sacerdocios, sino otra cosa. Y, entonces, viene un Francisco, otro hereje, que se alimenta de engaños, que vive su vida según su propia voluntad, y extiende la herejía a todo el mundo. Hace que todos la vivan, la abracen, la obren.

Esto es lo que está pasando: quien sigue a un hereje, se hace él mismo hereje. Empieza a comulgar con su mismo pensamiento humano, que es errado cien por cien. Y, claro, tiene que venir la persecución.

Y ya hay señales que empiezan, por todas partes, grandes sufrimientos por causa del pecado de la Iglesia actual. Francisco y los suyos, son los culpables de lo que viene ahora a la Iglesia y al mundo.

«Veo al Santo Padre muy angustiado. Él vive en un palacio, distinto al anterior, donde recibe sólo a un número limitado de amigos allegados a él. Temo que el Santo Padre tenga que sufrir muchas otras pruebas antes de morir. Veo que la falsa iglesia de las tinieblas está haciendo progresos, y veo la tremenda influencia que ella tiene sobre la gente. El Santo Padre y la Iglesia están verdaderamente en una aflicción tan grande que habría que estar implorando a Dios día y noche» (Visiones de la Beata Catalina Emmerick – 1º de agosto 1820).

Del Papa Benedicto XVI habla la beata. Está presentando la potestad espiritual que tiene el Papa. En la persona del Papa confluyen dos potestades distintas: una temporal (sobre la Ciudad del Vaticano) y otra espiritual (sobre el gobierno de las almas y de la Iglesia Católica).

Benedicto XVI ya no gobierna el Vaticano y, por tanto, no posee esa potestad temporal, a imagen de Cristo, que se separó de la Sinagoga de su tiempo, para poder ejercer su potestad espiritual, y así fundar Su Iglesia. Benedicto XVI está separado del Vaticano y de todas sus iniquidades, como Jesús. Pero sigue conservando su potestad espiritual porque su renuncia no significa la pérdida del Poder Divino. Él sigue siendo el Papa, pese a quien le pese. Y el Papa de toda la Iglesia Católica, el Papa elegido por Dios. En este Papa está la Verdad, se guarda la Verdad. Vive en un palacio, distinto al que ocupó siendo Papa, recibiendo sólo a pocas personas. Pero vive sufriendo por la Iglesia y le llega la hora del mayor sufrimiento: ir a la Cruz de la cual se bajó: «llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombre y mujeres de diversas clases y posiciones» (Lucía – Tercera parte del Secreto de Fátima).

Francisco es el Soberano Absoluto del Vaticano, antro de los siete vicios capitales; tiene un poder humano temporal y material, pero no tiene la potestad espiritual sobre las almas ni sobre la Iglesia Católica.

Francisco ha demostrado una actitud ecuménica exaltada, una escandalosa negligencia y libertad litúrgica, una pastoral de considerable ambigüedad, y una concepción doctrinal herética y totalmente discutible.

Francisco es un masón, un hombre que, desde 1999, es miembro honorífico del Rotary Club de Buenos Aires. Y un masón no puede nunca ser el verdadero Papa, el Papa legítimo, sino que es, a todas luces, ilegítimo; y lo que hace en la Iglesia es nulo, a los ojos de Dios. A los ojos de los hombres, tiene una validez humana, pero no espiritual.

El Rotary es de inspiración masónica, pone en práctica los ideales masónicos y tiene vínculos con la Masonería. Y, por eso, al Rotary se le conoce como Masonería blanca o Masonería sin máscara.

Francisco, desde que salió al balcón se dirigió al mundo y a la Iglesia como masón, no como Papa. Y sus palabras fueron claras: “Dado que muchos de ustedes no pertenecen a la Iglesia Católica, otros no son creyentes, os imparto esta bendición, en silencio, a cada uno de ustedes, respetando la conciencia de cada uno, pero a sabiendas de que cada uno de ustedes es un hijo de Dios Que Dios los bendiga” (13 de marzo 2013). Puso el sello de la masonería en su primera actuación. No puso la palabra de Dios, no llevó a Cristo, no ofreció la Verdad, sino la mentira.

Lo que dijo está totalmente de acuerdo con lo expresado por la masonería: “la masonería enseña que ya que Dios es el Creador, todos los hombres y todas las mujeres son los hijos de Dios. Debido a esto, todos los hombres y todas las mujeres son hermanos y hermanas“ (Gran Logia de Michigan). Este es el gran principio de la fraternidad: el amor al hombre se pone por encima del amor a Dios. Porque sois hijos, sois hermanos. No se dice: porque sois amados por Dios, entonces sois hijos: «Y por ser hijos envió Dios a nuestros corazones el Espíritu de Su Hijo, que grita: ¡Abbá, Padre!» (Gal 4, 6). Somos hijos en el Hijo del Padre. Somos hermanos en el Espíritu del Hijo, que es el Espíritu de Cristo. No somos hermanos por Creación de Dios. Somos hermanos porque «Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, para que recibiésemos la adopción» (Gal 4, 4b-5). La masonería niega la Redención y, por tanto, predica el amor fraterno, anulando el amor de Dios.

Francisco predica su fraternidad en la Iglesia, que se asemeja a la del universalismo antropocéntrico, de matiz iluminista, revolucionaria y atea: «el Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de la fraternidad» (Francisco en la entrevista a Scalafarri). Clamorosa inexactitud, que anula la obra de la Redención. Jesús se encarna para redimir al hombre del pecado y así hacerlo hijo de Dios por adopción. Y, por tanto, la fraternidad es sólo una mera consecuencia de la Redención, pero no es el fin de la Encarnación del Hijo de Dios. Y esto le lleva a la adoración del hombre: «sobre el altar adoramos la carne de Jesús; en ellos (en los pobres) encontramos las llagas de Jesús. Jesús está presente en la Eucaristía, aquí está la carne de Jesús; Jesús está presente ente ustedes, es la carne de Jesús: son las llagas de Jesús en estas personas» (Francisco, en Asís, a los niños discapacitados). Francisco ha perdido el camino de la Verdad y no sabe diferenciar la presencia de Cristo en la Eucaristía y la presencia de Cristo entre los pobres. Las llagas de los pobres son sólo un símbolo de las llagas de Cristo, una analogía, no real, sino sólo relativa, conceptual. Y la presencia de Cristo en la Eucaristía es real, sustancial, no es un símbolo. Y, por tanto, hay que destacar a Cristo en la Eucaristía, no las llagas de los pobres. El primer plano, para Francisco, son los pobres, no es Cristo. Señal de que Francisco da culto a los hombres, a sus obras, a sus pensamientos. Pero no es capaz de dar culto a Dios. Habla que Jesús está en la Eucaristía para llevar la mente del que lo escucha a lo que le interesa: el hombre. Este es siempre el doble lenguaje de Francisco. ¡Siempre!

En la elección de Francisco a la Silla de Pedro estuvo la masonería: él fue el candidato de los masones cardenales; puesto en una hábil maniobra del demonio para quitar al Papa reinante, y poner al que destruye el Papado con su vida de vulgaridad, con su vida social y política; con su inteligencia errada en todas las cosas de la Iglesia. Habla de muchas cosas y todo es mentira en lo que habla. Habla para darse importancia, pero nunca para enseñar la verdad. Habla para poner a otros los modelos de vida que él tiene: «En estos días, he podido leer un libro de un cardenal —el Cardenal Kasper, un gran teólogo, un buen teólogo—, sobre la misericordia. Y ese libro me ha hecho mucho bien» (Ángelus – Plaza de San Pedro -Domingo 17 de marzo de 2013). «Otra cosa: ayer, antes de dormir, pero no para dormirme, leí -releí- el trabajo del cardenal Kasper y me gustaría darle las gracias, porque me encontré con una profunda teología, un pensamiento claro en teología. Es agradable leer teología clara. Y también encontré aquello que San Ignacio nos decía, del sensus Ecclesiae, el amor a la Madre Iglesia… Me ha hecho bien y me vino una idea -discúlpeme si le hago avergonzarse Eminencia- pero la idea es que a esto se le llama “hacer teología de rodillas”. Gracias. Gracias.» (Aula del Sínodo en el Vaticano – 21 de febrero).

Al Cardenal Kasper no se le puede considerar un buen teólogo, sino merecedor de reprobación expresa, por su posición marcadamente herética y cismática con relación a varios dogmas de Fe, entre ellos la negación de la divinidad de Jesús, en su libro Jesús el Cristo, donde dice: «esta confesión Jesucristo, Hijo de Dios, es un residuo de mentalidad mítica, pasivamente aceptado» (p. 22); la negación del dogma extra Eccelsiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación), donde afirma que en Jesucristo la salvación incluye todo lo que es bueno y verdadero en las otras religiones; la negación de los milagros, de la Resurrección, de la Ascensión, de la Concepción Virginal de María y de la Infalibilidad de la Iglesia.

Esto no es profunda teología, estoy no es hacer teología de rodillas. Esto es dar culto a la mente del hombre; esto es ponerse por encima de la ley de Dios; esto es anular la Palabra de Dios y llamarla herética.

El elogio público de un teólogo herético representa una afirmación herética. Por tanto, Francisco ha caído en clara herejía al alabar a Kasper. Y sólo este elemento basta -de por sí- para considerar a Francisco excomulgado, desprovisto del cargo eclesiástico que se le ha confiado, anulando así su falso Pontificado. Esto es pública herejía de Francisco en la Iglesia. Y nadie quiere llamar a las cosas por su nombre.

El canón 194 § 1, n. 2, dice: «Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico: quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia». Francisco, poniendo como modelo de fe a un hombre hereje, se aparta públicamente de la fe católica; porque los sacerdotes y Obispos en la Iglesia deben ser padres de la fe y, por tanto, modelos de la fe. Y poner por modelos de fe en la Iglesia a los santos, que son los que han obrado y vivido la fe. Ponen como modelo para creer a uno que no cree en nada. ¡Esto es reírse de toda la Iglesia!

Todo esto es muy grave, y nadie en el Vaticano dice una palabra. Al revés, se están preparando para representar la mayor comedia de la historia: canonizar a dos beatos. Falsa canonización, porque un masón no tiene poder para hacer santos, para declarar santos. Va a ser solo una pantomima, una obra de teatro más de Francisco y todos los suyos. Y, por supuesto, para sacar tajada de eso.

Pero, ¿a quién le interesa esto? A nadie le importa la verdad. Todos contentísimos con el doble lenguaje de Francisco. Todos esperando a ver qué pasa en octubre con el sínodo de los Obispos. Todos haciendo planes para el futuro. Y nadie combate el error. Nadie se enfrenta a Francisco.

«Veo muchos eclesiásticos que han sido excomulgados y que no parecen preocuparse por ellos, y por tanto menos tener conciencia de su situación. Y, sin embargo, ellos quedan excomulgados cuando cooperan con empresas, entran en asociaciones y abrazan opiniones sobre las cuales se ha impuesto el anatema. Se puede ver cómo Dios ratifica las órdenes, las interdicciones y los decretos emanados de la Cabeza de la Iglesia, manteniéndolo vigente aun si los hombres no muestran interés por ellos, los rechazan o se burlan» (Visiones de la Beata Catalina Emmerick –1820-1821).

La beata sólo está recordando el Evangelio: «lo que atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto destares en la tierra será desatado en los cielos» (Mt 16, 19). Francisco, Kasper y todo su gobierno horizontal están excomulgados por Dios, porque Dios no se olvida de lo que los Papas han atado en Su Iglesia. El canon 1364 dice que: «el apóstata de la fe, el herético o el cismático cae en excomunión latae sententiae»; es decir, automáticamente él mismo se pone fuera de la Iglesia sin necesidad de un acto oficial, sin necesidad de que se lo recuerden.

Cualquiera que proclame o ponga en práctica otra doctrina distinta a la de Cristo, dentro de la Iglesia Católica, es herético y de hecho queda excomulgado, aunque sea Sacerdote, Obispo, Cardenal o Papa; porque nadie se puede poner por encima de las Verdades de Fe, que son sagradas para Dios y son ley divina para el hombre.

Dios ratifica a Sus Papas, los que ellos han atado en la tierra. Y aunque nadie le importa ya eso, Dios sigue ratificando a Su Iglesia, porque su Iglesia es la Verdad. Y no hay más Verdad que lo que los diferentes Papas han obrado en la Iglesia en toda su historia. Un Papa es el que custodia la Verdad y sólo la Verdad

Lo que obra actualmente ese infeliz de Francisco es sólo su nueva iglesia, negra, del demonio. Y todo aquel que lo apoye, queda excomulgado automáticamente. Francisco sigue haciendo su comedia en la Iglesia. Y todos ríen, aplauden. Consecuencia: ya no hay tiempo. Ya se acabó el tiempo. No esperen Misericordia; sólo Justicia.

La Jerarquía infiltrada en la nueva iglesia del Vaticano

Jesus Rey

El vómito que el Obispo Bregantini ofrece en su herético Via Crucis pone de manifiesto su alma ante toda la Iglesia.

Un alma sin el Don de la Verdad en sus labios, que se arrastra en su humanidad buscando la gloria de los hombres y dando a todos la ignorancia de su sacerdocio.

Un sacerdote es Pastor de almas, no un funcionario político, no un comunista, no un líder político, social.

Francisco ya es un líder político en su nueva iglesia en el Vaticano. Y los que lo siguen, se convierten en lo mismo: funcionarios del gobierno de Francisco. Gente que transmite a la Iglesia el pensamiento desviado, herético, cismático de Francisco, su líder político

El vómito de este via crucis es la señal de que, a partir de ahora, todo cambia en la Iglesia. Ahora, si no aprenden a discernir quién es la Jerarquía verdadera de la Jerarquía infiltrada, entonces se van a confundir con las palabras de todo el mundo.

Tienen que ser cuidadosos con toda la Jerarquía, porque muchos de ellos, muchos sacerdotes y Obispos, no son siempre lo que parecen ser. Muchos piensan que los sacerdotes son eso: sacerdotes. Muchos no ven lo que hay en el interior de la Jerarquía. Se quedan en lo exterior, en el ropaje, en las palabras bellas que dice la Jerarquía; y no atienden a lo interior.

Muchos sacerdotes, Obispos, que parecen buenos y santos en lo exterior, en sus palabras y en sus obras, no siguen las enseñanzas del Evangelio. Hablan de Él, pero poniendo sus palabras, sus ideas, sus opiniones, sus puntos de vista; que suelen ser los que agradan a todo el mundo, los que van con la moda social, con las inquietudes de los hombres, con las dudas que tienen los hombres.

Una Jerarquía que habla a los hombres y los deja en su vida humana no es de Cristo. Si esto no lo tienen claro, ¿para qué están en la Iglesia?

La Jerarquía de la Iglesia, la inmensa mayoría de Ella, conoce la Verdad, pero han decidido torcerla a favor de sus intereses personales, de sus necesidades en la Iglesia, de sus deseos como hombres, por su lujuria de la vida, por su ambición de poder.

Francisco conoce la Verdad, pero miente en cada homilía. Monseñor Bregantini conoce la Verdad, pero vomita su mentira sin escrúpulos en la Iglesia.

¿Qué se creen que es un sacerdote? Si el sacerdote no es otro Cristo, el mismo Cristo, entonces automáticamente, el sacerdote se convierte en un anticristo.

Esto hay que tenerlo muy claro para no escandalizarse de lo que se ve en la Iglesia desde hace 50 años.

¡Cuántos anticristos hay actualmente en la Iglesia, en el Vaticano! Sacerdotes que conocen la Verdad, pero que la ocultan, la niegan, luchan en contra de Ella de muchas maneras inimaginables para las almas comunes.

«muchos se han hecho anticristos, por lo cual conocemos que ésta es la hora postrera. De nosotros han salido, pero no eran de los nuestros» (Jn 2, 18b-19a).

Ni Francisco ni todo su gobierno es de la Iglesia Católica; no son de los nuestros. Han salido de nosotros; han estudiado su carrera sacerdotal con nosotros; conocen toda la Verdad, pero se han apartado de Ella: «Si de los nuestros fueran, hubieran permanecido con nosotros» (Jn 2, 19b). Pero han hecho su nueva iglesia, con una nueva doctrina, que tiene elementos de la Verdad, pero que es sólo una pantalla para dar la mentira: «así se ha hecho manifiesto que no todos son de los nuestros» (Jn 2, 19c).

Esto es lo que la gente no discierne. Desde la elección de Francisco queda manifiesto, queda patente, queda claro, que Francisco y todo su gobierno, toda su nueva iglesia, toda su nueva doctrina, no es de la Iglesia Católica. Y aunque predique maravillas, aunque diga verdades, no es de la Iglesia Católica. No es sacerdote, no es Obispo, no es Papa. Es un don nadie.

Francisco, desde el comienzo de su negro gobierno en la Iglesia, tuerce la Verdad. Y cada día. En cada homilía, en cada discurso, en cada obra, en cada pensamiento, en cada idea.

Y su gran pecado es: conocer la Verdad, pero aplastarla con su mentira.

Y esto que hace Francisco abiertamente, con el aplauso de todos, con la ignorancia de muchos en la Iglesia, con el fariseismo de toda la Jerarquía, se ha venido haciendo ocultamente desde hace 50 años. Y ha producido que muchos en la Iglesia sean incapaces de distinguir la Verdad, que es siempre la misma, que nunca cambia, de la falsedad que toda esa Jerarquía ha predicado y enseñado.

Y, entonces, al no discernir la Verdad, se quedan con todo y, comienza la crítica a todo el mundo. Y se llega a poner a todo Papa como causante de lo que pasa en la Iglesia. Y unos buscan su Papa para que los gobierne en la Iglesia, otros se van de la Iglesia, porque ya no pueden aceptar al Papa reinante, que se ha convertido en un hereje como los demás, porque ya no quita la herejía; y otros se dedican a demoler la Iglesia disintiendo de todas las cosas, queriendo poner otras reglas, otras leyes, contrarias a la Verdad.

Al final, en este lío de opiniones, de juicios, de condenas, de desastre, nadie lucha por la Verdad en la Iglesia, sino que todos andan tras sus mentiras como verdad.

¡Qué pocos ven lo que actualmente está pasando en el Vaticano, porque no ven lo que ha pasado en la Iglesia durante 50 años! No han sabido ver a la Jerarquía infiltrada. Y, ahora, con un idiota que teje una serie de promesas a todo el mundo para arrastrar a los hombres hacia las maravillas exteriores del mundo, para conseguir un bien social, para conseguir una gloria humana, no saben oponérsele como hay que hacerlo. No saben batallar contra él. No saben luchar contra el demonio que tiene en su mente. No ven a Satanás en él. No ven el pecado que obra el demonio en él. Están esperando algo de él: a ver que nos dice en la nueva encíclica sobre el ecologismo que está preparando; a ver cuál la palabra mágica que hoy va a decir; a ver cuál va a ser hoy su herejía…

La gente, en el mundo, se acostumbra a un mal gobernante y ya no lucha en contra de él. Ya no se opone a nada de lo que dice; ya sólo esperan a ver qué dice, a ver qué obra. Esta es la táctica del demonio para dormir a la gente en la mentira, para crear más confusión, para que ya nadie atienda a la verdad, sino que estén pendientes de la mentira de turno que dice ese idiota.

Hay que saber batallar contra Francisco. Y ahora es tiempo de no hacerle ni caso. Para quien sabe lo que es Francisco, tiene que dedicarse a mirar la Verdad y a comprender cómo se hace la Iglesia en estos momentos, en que no hay una cabeza que enseña la Verdad como es.

No sigan a ninguna Jerarquía de la Iglesia si no habla claramente en contra de todo lo que hay en el Vaticano. Aquella Jerarquía que imite a Francisco, que adule a Francisco, que piense que las ideas de Francisco son de gran importancia para los tiempos que vivimos, váyanse de esa Jerarquía como si hubieran visto al mismo demonio.

Aprendan a discernir la verdadera Jerarquía de la infiltrada, de la impostora. Y, entonces, claro, se sorprenderán de la oscuridad que hay en la Iglesia en sus cabezas, en la Jerarquía.

Las almas comunes son los verdaderos creyentes de la Palabra de Dios. Ya la Jerarquía ha dejado de ser Luz para la Iglesia. La Jerarquía es tiniebla en todas las partes del mundo.

Esta es una verdad que duele decirla. Pero hay que decirla. La Jerarquía en la Iglesia es tiniebla, es oscuridad. Y ellos son los culpables de esa oscuridad, porque conocen la Verdad, pero no la quieren seguir.

La Iglesia Católica ha perdido el camino de la Verdad, el camino del Amor, el camino de la Vida, que es Cristo Crucificado. Y porque ya no mira al Crucificado ya no es capaz de dar Testimonio de la Verdad.

Sólo mira al hombre, ¿qué clase de testimonio ofrece? Política: derechos humanos, justicias sociales, bienes comunes.

La Jerarquía de la Iglesia Católica ya no salva las almas, ya no las santifica. Y esto es muy duro el decirlo. Es una Jerarquía infiltrada que sólo se dedica a su negocio en la Iglesia: su maldito dinero, su ambición de poder. Y colocan el señuelo del amor a los pobres, de la crisis económica. Y hay que buscar un nuevo orden social, un nuevo orden económico ante el mal que vemos en todo el mundo.

La Jerarquía de la Iglesia Católica calla la Verdad ante el mundo y ante la misma Iglesia. Y, por eso, han puesto como líder, en el gobierno de la Iglesia, a un falso Profeta. Y lo mantienen como falso Profeta. Toda la Jerarquía de la Iglesia sabe que Francisco es un hereje. Conocen sus herejías, sus mentiras, porque saben la Verdad. Pero les interesa que Francisco siga diciendo sus mentiras, porque para eso vive toda esa Jerarquía: para acallar la Verdad, para combatir la Verdad, para anular la Verdad en la Iglesia.

¡Y ay de aquellos sacerdotes que no despierten a tiempo! ¡Van a quedar atrapados en la mayor herejía de todas! ¡Y se van a condenar por eso! Porque viven sus sacerdocios buscando el agrado de los hombres, la complacencia del mundo, la caricia de las mentes humanas.

Francisco guía a toda la Iglesia hacia la perdición. Y eso lo sabe toda la Jerarquía. Han batallado contra el verdadero Papa hasta hacerlo sucumbir. Lo han tratado como un loco, hasta conseguir su renuncia. Y ahora lo han dejado solo para dedicarse a su hombre salvador, a su líder político, a su negocio comunista en la Iglesia.

Hoy se repite la Pasión de Cristo, su dolorosa Pasión: el abandono de todos los suyos, la traición de Judas, todo el pecado del mundo, que lo aplasta bajo un peso insoportable y mortal. Triturado por los pensamientos de muchos sacerdotes; flagelado por la lujuria de las carnes de muchos sacerdotes; coronado de espinas por la soberbia de muchos sacerdotes; clavado en la Cruz por las manos de muchos sacerdotes.

¡Qué fácil es dar la espalda a Cristo para seguir las ideas que el mundo ofrece!

¡Qué fácil es renegar del camino de la Cruz para andar los caminos de los hombres!

¡Qué fácil es con la boca decir que se ama a Cristo! ¡Qué fácil es colgarse en el pecho una cruz!

Pero nadie quiere ser otro Cristo. Nadie quiere Crucificarse con Cristo. Porque eso duele. Y lo que duele no hace feliz.

La Jerarquía infiltrada en la Iglesia, cada día, juzga a Cristo y lo condena. Sólo lo reconocen como hombre, pero niegan –en la práctica- su divinidad. Reducen a interpretaciones humanas sus Palabras divinas. Quieren explicar en términos humanos, comunistas, fascistas, liberalistas, todos sus milagros y su obra redentora, para negarlo todo, para infundir en las almas la duda, la mentira, el error, el engaño.

Aprendan a ver el trigo de la cizaña. Aprendan a separarla. Aprendan a vivir solos en su fe, porque ya la Jerarquía no les va a apoyar.

La Iglesia católica se avergüenza de tener a Francisco

virgen-del-pilar2

“¿Me avergüenzo de la carne de mi hermano, de mi hermana?”: así se preguntaba el hereje Francisco en su homilía del 7 de marzo, en Santa Marta. Y Francisco, en estas palabras, se dedica a dar culto al hombre, a las obras de los hombres, a las vidas de los hombres, a los pensamientos de los hombres.

En la Iglesia Católica nos avergonzamos de tener a Francisco como el líder de la Iglesia. ¡Es una vergüenza este hombre! ¡Es una vergüenza que la Jerarquía de la Iglesia no se levante en contra de este hombre! ¡Es una vergüenza ver cómo está destruyendo la Iglesia y todos aplaudiendo esa destrucción!

En la Iglesia Católica nos avergonzamos de la carne de Francisco. ¡Maldito sea Francisco! ¡Maldita su mente humana! ¡malditas sus palabras humanas! ¡malditas sus enseñanzas humanas en la Iglesia! ¡malditas sus obras humanas!

En la Iglesia se está para salvar almas, no para dar de comer a la gente. Francisco habla de la hipocresía, y él mismo es el primer hipócrita. Francisco pone su cara alegre, su sonrisa, da un beso a un niño, y después enseña a pecar en la Iglesia, enseña el camino de condenación en la Iglesia. ¡Mayor hipocresía no existe! Y está amparado por toda la Jerarquía de la Iglesia.

Sus homilías son panfletos comunistas. ¡Todas ellas! ¡No hay una sola Verdad del Evangelio! Tergiversa las palabras del evangelio del día y hace su negocio en la Iglesia. ¡Da asco leer las homilías de Francisco! ¡Es un vómito leer su última entrevista concedida al Corriere della Sera!

Francisco está en lo de siempre: su obsesión por el dinero; su culto al hombre, su amor a los pobres que pone por encima del amor a Cristo.

“El cristianismo es la carne misma de Cristo que se inclina sobre el que sufre sin avergonzarse”. ¡Qué estúpida frase la de Francisco! ¡Cuánta necedad en esta frase! ¡Qué llena de herejías trae este pensamiento de Francisco!

Y la gente en la Iglesia ya no sabe pensar la Verdad, sólo sabe opinar sobre lo que su mente va encontrando en la Verdad.

Cristo Jesús se inclinó sobre el pecador, no sobre el hombre que sufre. Primera necedad de Francisco: “se inclina sobre el que sufre”.

Cristo Jesús vino para cargar el pecado de los hombres. No vino para curar heridas humanas, carnales, políticas, económicas, sentimentales, de los hombres. Francisco se fija sólo en el aspecto humano del hombre, en su exterior, en su sufrimiento de la vida. Pero no habla nada del pecado del hombre, que es el origen de todos los males que tienen los hombres en la vida.

Francisco no teme a Dios y, por eso, robó el Rosario de un sacerdote muerto. Ése es el alma de Francisco: un hombre que no teme a Dios, un hombre que ama su pecado, un hombre que justifica su pecado, un hombre que ensalza su pecado, un hombre que pone su pecado como un camino en la Iglesia, como una guía en la Iglesia. Y, después, se dedica a llorar por sus pobres, a dar charlitas para que la gente dé dinero a sus pobres; para que la cuaresma sea eso: da dinero al hambriento.

¡Menudo sinvergüenza el que está sentado en la Silla de Pedro! ¡Menudo bufón, que se ríe de todo el mundo, hasta de su misma sombra!

El que sigue a Cristo tiene su mismo Espíritu, no su misma carne. Segunda necedad de Francisco: “El cristianismo es la carne misma de Cristo”. ¡Qué palabras más bellas y más heréticas de ese hombre sin temor de Dios!

El alma se transforma por amor en Cristo Jesús, pero el hombre no se transforma en la carne de Cristo Jesús. El lenguaje humano de Francisco es su herejía continua. Francisco no cuida la teología, la filosofía, la verdad cuando habla, porque no tiene ni idea ni de lo que es la filosofía ni la teología. Y cae en estas barbaridades, en estas aberraciones. Pero, ¿a quién le importa todo esto? A nadie. Si los medios de comunicación supieran discernir las palabras que dice Francisco en sus homilías, no sacarían ni una a la luz, no les darían la publicidad que están haciendo. Pero esos medios de comunicación, que son los del Vaticano, están llenos de gente que no ve la Verdad, que no ama la Verdad, que no obra la Verdad. Y dan propaganda de un mentiroso, de un hereje, de un necio, de un payaso; porque, claro, es el jefe de la Iglesia. Como es el Papa, entonces hay que aplaudirle sus herejías. ¡Maldito Vaticano! ¡No te avergüenzas de que un hereje destruya la Iglesia! ¡No te avergüenzas de tus pecados! ¡Te avergüenzas de que los hombres no ayuden a los hombres!

Ésta es la tercera estupidez de ese hombre: “se inclina sobre el que sufre sin avergonzarse”. Si no ayudas a los pobres, a la gente que tiene problemas en sus vidas, no haces ayuno, no vives la cuaresma, no eres de Cristo. Esto es todo en la homilía de ese idiota.

Y la Cuaresma es para ver nuestro pecado y para poner un camino para salir de nuestro pecado. Esto es todo en la Cuaresma.

La Cuaresma no es para estar viendo a los hombres y dedicarse a solucionar problemas humanos. La Cuaresma es para llenarse de Dios y alejar del corazón lo que impida tener Su amor en él, que es el pecado, el maldito pecado, que nadie hace caso hoy. Nadie atiende al pecado. Todos preocupados por los problemas de la vida. Y todos haciendo caso a un payaso que se viste de Papa para enseñar sus mentiras en la Iglesia.

En una frase de esta homilía ya hay tres errores gravísimos. ¿Para qué seguir leyendo esta bazofia? ¿Para qué seguir haciendo caso a Francisco? Es que ya ni merece la pena combatirlo. Hay que decirle, como Jesús le dijo a Judas: «Lo que has de hacer, hazlo pronto» (Jn 13, 17).

Francisco, tienes que entregar la Iglesia al Anticristo. ¡Quítate la careta y haz eso que tienes que hacer! ¡Deja ya de hablar babosidades y haz eso que tienes que hacer!

Llega un punto en un mentiroso en que habla la mentira sin más, porque ya se la cree. Ya cree Francisco que eso que habla es el camino para toda la Iglesia. Se cree Francisco que está enseñando la verdad en la Iglesia. Está ciego en su pecado. Y ya no razona, ya no ve la maldad, porque no existe el pecado en su mente humana. El pecado, para Francisco, es una virtud, es un bien que hay que realizar. Las mentiras que él dice continuamente es su bien en la Iglesia. Y ya Francisco no capta la separación, el cisma que producen sus mentiras.

Éste es el punto que nadie medita.

La verdad une; la mentira desune. Acoger la Verdad es oponerse a toda mentira. Acoger la mentira es oponerse a toda Verdad.

Francisco miente. Y miente cada día. No sólo da una mentira, no sólo da un error, no sólo se equivoca en algo. Francisco vive en su mentira. Éste es el punto. Y, como vive en esa mentira, sus palabras, sus obras, su vida, desunen, producen separación de forma automática.

Quien vive la verdad no puede obedecer a Francisco. ¡Eso es clarísimo! Pero esto, muchos sacerdotes y Obispos no lo tienen claro, porque están viendo a Francisco como lo que no es: un Papa. Éste es el error en mucha Jerarquía. Y sacerdotes buenos, y sacerdotes inteligentes, que saben filosofía y teología. Y saben lo que está diciendo ese hereje. Pero callan, le siguen tributando falsa obediencia, falso respeto humano. ¿Y la razón? Porque están en la misma posición que estaba el Papa Benedicto XVI: prisioneros en sus sacerdocios. Si hablan, los dejan en la calle automáticamente.

El Papa Benedicto XVI tuvo que salir del Pontificado porque lo iban a matar; corría peligro su vida. Y Dios no le pedía el martirio, pero sí huir del Vaticano sin renunciar. Pero no tuvo agallas para eso.

Y muchos sacerdotes buenos están en lo mismo. Si hablan se los deja fuera, en la cuneta. Y, claro, como tienen su negocio en la Iglesia, entonces es preferible hacer como si nada pasara. Sólo los sacerdotes y Obispos que están libres de la Jerarquía se oponen a Francisco. Y son muy pocos. Los demás, tienen miedo.

Y, entonces, viene la pregunta: ¿Para qué sois sacerdotes si tenéis miedo de un hombre y de su mentira? Si Cristo os da la Verdad, y eso basta para ser sacerdotes, ¿por qué seguís a una Jerarquía que ya no ofrece la Verdad, sino un negocio en la Iglesia, una estructura en la Iglesia para dedicarse a lo humano?

Los sacerdotes y Obispos que ahora callan, dentro de poco tendrán que rebelarse contra todo porque se les va a obligar a seguir el pensamiento de un hombre.

Las cosas se están poniendo muy difíciles para toda la Iglesia. Y llega el momento de que se va a negar la verdad en la Iglesia, y seremos perseguidos y maltratados por no pensar como ellos piensan.

A esto conduce toda la vana palabra de Francisco. Él está poniendo este camino de profunda división dentro de la Iglesia. Es el cisma que viene por Francisco por estar predicando, obrando la mentira, que es lo que desune siempre en la Iglesia.

Una Iglesia dividida es lo que vemos, lo que observamos en todas partes. Y la divide el pensamiento de un hombre que se hace llamar Papa y no lo es. Un hombre que quiere unir a los hombres en su pensamiento humano, en su idea humana, en su visión de lo que es la Iglesia y Cristo en la Iglesia. Ese pensamiento, porque no proviene de la Verdad, de la Mente de Cristo, desune, divide, crea el cisma dentro de la Iglesia, ya que es el pensamiento de un líder en la Iglesia, de uno que gobierna la Iglesia en la actualidad. Y la gobierna con el apoyo de muchos, que son también cabezas en la Iglesia. ¡Este es el desastre de toda la Iglesia!

El pensamiento de Francisco no es el pensamiento de un Papa, sino de un jefe de gobierno, que se hace llamar Papa, pero que no lo es.

Y, entonces, sacerdotes y Obispos de la Iglesia: ¿por qué obedecéis a un hombre que no habla como un Papa, que no obra como un Papa, que no da la Verdad que han dado todos los Papas hasta Benedicto XVI? ¿Por qué esa falsa obediencia que dais a un hombre que, claramente, no es Papa?

Y la respuesta: la tiene cada uno en su mente humana. Seguís vuestro concepto de lo que es un Papa, pero no seguís el concepto que Jesús tiene de ser Pedro en Su Iglesia. Y, por eso, no os atrevéis a levantaros contra Francisco. Estáis apegados a vuestra mente, que os hace vivir de forma equivocada: dais obediencia a quien no se la merece. Eso es signo de falta de fe, de debilidad en la fe, de fracaso en la fe en vuestros sacerdocios.

La fe se obra en la Verdad. Y la Verdad es que Francisco no es Papa. ¡Esta es la Verdad! ¡Guste o no guste a la Jerarquía, a Francisco, a los fieles en la Iglesia, al mundo!

Francisco no es Papa. Su mandato no corresponde a un Papa. Su magisterio no es el de un Papa. Francisco actúa como Papa porque otros lo colocaron en la Silla de Pedro. Y lo colocaron para dividir, para hacer separación en la Iglesia, no para continuar a Pedro. Francisco no defiende el deposito de la fe; defiende su propio pensamiento humano.

Francisco ha puesto las leyes de los hombres en la Iglesia: ése es su gobierno de ayuda, gobierno horizontal, gobierno lleno de herejes, como él, gente sin temor de Dios.

Francisco no ha puesto la ley de Cristo en la Iglesia, que es la norma moral, las leyes divinas, los mandamientos que deben regir la Iglesia. Y se ha hecho un falso profeta y un anticristo. Francisco lleva el camino de Judas: traiciona la Verdad por ganarse el amor al pueblo, por estar entre los hombres, por vivir como ellos, por ser de ellos. Cristo se retiraba al monte después de hacer la Voluntad de Su Padre, el trabajo que Su Padre le encomendó. Francisco se dedica a estar en las redes sociales y en llamar por teléfono a la gente para darles un cariño que ningún sacerdote tiene que dar al hombre. Porque el sacerdote no vive para el amor del pueblo, sino para el amor de Cristo, para imitar a Cristo, para obrar las obras de Cristo. Francisco es de las redes sociales, pero no es de Cristo. No desparece para estar en oración y penitencia por el Rebaño que tiene encomendado por su sacerdocio. Él quiere brillar en la sociedad, ser alguien entre el pueblo; quiere sentir que el pueblo lo sigue, lo ama, lo aplaude, lo invoca. Quiere apoyar al pueblo con su estúpido cariño humano, que le lleva a sus continua herejía, que nace de su culto a su pensamiento humano.

Con Francisco comienza la persecución en la Iglesia. Eso ya es un hecho. Quien no piense como él piensa, es perseguido. Y esto ya nadie lo para. Esto va creciendo, día a día, dentro de la Iglesia.

Por eso, llega el tiempo en que hay que salir de Roma y atacarla desde fuera, no desde dentro. Porque, desde dentro, ya no se puede.

Hay que saber luchar contra el mal. Y, cuando el mal lo tiene todo atado y bien atado, hay que salir de sus dominios para seguir batallando, de otra manera, pero con libertad, con la libertad que da la Verdad en el alma y en el corazón.

Por eso, si Benedicto XVI quiere ser libre, que huya de donde está, porque entre lobos no va a hacer nada. Antes bien, lo van matar, como han matado a los anteriores Papas, incluido Juan Pablo II.

Vivimos tiempos muy graves en la Iglesia y no hay que perderlo con las opiniones de Francisco. ¡Son una pura basura todos sus documentos en la Iglesia! No valen para nada. Valen para hacer su iglesia, su invento estrafalario que sólo sirve para condenar las almas.

Los sacerdotes si no se empeñan en mostrar el camino de la Verdad en la Iglesia, sólo trabajan para el demonio. Y hay muchos que hacen eso, por su falta de fe, por su falta de amor a Cristo, por su falta de amor a la Virgen María.

Si no se vive el sacerdocio, cada día, imitando a Cristo, sólo se vive el sacerdocio imitando lo que hay en la mente de cada uno. Eso es lo que hace ese infeliz de Francisco, que mas le valiera no haber nacido, porque va camino de la blasfemia contra el Espíritu Santo en su sacerdocio. Un hombre que no ve su pecado es un hombre que se cree dios en sí mismo. Y cree que con su razón, con sus ideas, con sus opiniones, con su estilo de vida, con su manera de ser ante los hombres, ya es modelo en la Iglesia. Y es el primer demonio que la Iglesia da en el Papado.

Porque muchos Papas han sido demonios, pecadores, malos, dados al vicio en sus Pontificados; pero ninguno como Francisco. Porque Francisco está sujetado por la Jerarquía que lo ha elegido. Pero los otros Papas no tuvieron el apoyo de toda la Jerarquía, sino que tuvieron que enfrentarse con gente santa en la Jerarquía, que supieron luchar por la Verdad en el Papado; y, por tanto, supieron hacer que el pecado de ese Papa no siguiera en la Iglesia, no fuera un camino en la Iglesia, no fuera una obra en la Iglesia, no fuera una vida en la Iglesia.

Hoy día, no existe esa Jerarquía fuerte en la Verdad, en la fe, en el amor a Cristo, y por eso, dejan hacer al mentiroso de Francisco sin oponerse a él. Son muy pocos los que se levantan contra ese hereje. Los demás, calladitos, haciéndole el juego a un idiota. Por eso, Francisco es el primer demonio amparado por la Jerarquía, guiado por la Jerarquía, para hacer el mal –y sólo el mal- en toda la Iglesia.

Los tiempos no son de esperanza, de bonanza, de felicidad; sino muy tristes. ¡Nadie cura las llagas del Corazón de Cristo por el pecado de Su Jerarquía! ¡Nadie atiende al amor que Cristo tiene en su corazón por todos los hombres! ¡Nadie ha medido lo que a Cristo le cuesta salvar un alma! ¡Nadie sabe sufrir por Cristo!

Todos lloran por sus vidas, por sus problemas, por sus angustias, por su idiotez de vida. Y a eso se dedican: a dar contento a los idiotas como ellos en la Iglesia.

¡Despierte la Jerarquía de la Iglesia porque tendrá que huir sin llevarse nada consigo al destierro! ¡Sólo con el amor a Cristo en sus corazones! ¡Sólo para seguir trabajando por la verdad de la Iglesia, pero ya no como lo quieren las cabezas de la Iglesia, sino como lo quiere Cristo!

A %d blogueros les gusta esto: