Lumen Mariae

Inicio » Poder de Dios

Archivo de la categoría: Poder de Dios

Bergoglio no es materialmente Papa

«¡Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración, así como hacen cuando entra el Señor!» (Bergoglio, 28 de abril del 2015, a los huéspedes de los centros de Cáritas de Roma)

Arrodillarse…así como hacen cuando entra el Señor: cuando Jesús entra en la Eucaristía, todos se ponen de rodillas para adorarlo. Y se hace esto porque Jesús es Dios. Y sólo a Dios hay que darle culto de latría, adoración.

Enseñar que cuando un pobre, un hombre, entra en la iglesia, todos tienen que hacer lo mismo que se hace cuando entra Jesús en la Eucaristía, es enseñar la idolatría, pecado gravísimo que no admite parvedad de materia.

Es preciso sufrir la muerte antes que adorar a un pobre o a un hombre en la Iglesia.

No se puede obedecer el deseo de la mente de Bergoglio sin caer en la desgracia del pecado mortal.

Es una gran injuria contra Dios, no sólo adorar a un hombre, sino enseñar a dar culto al hombre, como si fuera un dios,  y hacerlo desde la Silla de Pedro.

Los hombres ya no saben medir las palabras de Bergoglio. Continuamente, ese hombre está blasfemando contra Dios, contra Cristo y contra la Iglesia. Y lo siguen manteniendo como si no pasara nada.

¿Acaso pueden juzgar las obras injustas de Bergoglio y no ser capaces de juzgar a Bergoglio como falso papa?

Quien lo tenga por su papa no puede juzgar sus obras, sus pensamientos, sus homilías, sus charlas…. Debe callar y obedecer la mente de Bergoglio.

¡Muchos católicos – y buenos católicos- no han aprendido a obedecer en la Iglesia! ¡Por tanto, no saben lo que es un Papa en la Iglesia! ¡No saben obedecer a un Papa verdadero! ¡No saben oponerse a Bergoglio, a un falso papa!

Las ideas de un Papa son las ideas de la Mente de Cristo. Y esas ideas no cambian de un Papa a otro. Son siempre las mismas, en todas las épocas, porque la doctrina de Cristo es eterna, no es temporal.

No se obedecen, en un Papa, las ideas humanas, que todo hombre tiene. Sino que se obedece a las ideas de Cristo, que el Papa da, enseña, ofrece, interpreta con la ayuda del Espíritu Santo.

Todos han caído en el mismo juego: obediencia a la mente humana de un Papa. No han sabido nunca obedecer en la Iglesia. Ni siquiera la misma Jerarquía sabe obedecer. Ahora, es un mundo para todos desobedecer a un falso papa. Muchos quedan perplejos.

Se obedece a la Verdad. Y la Verdad no la posee la mente humana de ningún hombre, ni siquiera el Papa. La Verdad es Cristo. Hay que dejar que actúe la Persona de Cristo en el hombre sacerdote, o en el hombre Obispo, para dar la Verdad a la Iglesia.

Todos dicen: sí, Bergoglio es hereje; pero materialmente es papa.

¡Gran absurdo! ¡Gran injuria!

Porque si Bergoglio es hereje, entonces no es Papa, porque el hereje no pertenece a la Iglesia, ni material ni formalmente.

El pecado de herejía es una obra que saca espiritualmente de la Iglesia de Cristo: no se está unido a Cristo ni a Su Cuerpo Místico. Se puede estar en la Iglesia de una manera exterior. Esa exterioridad no significa pertenecer a la Iglesia visible. Un hereje es como un muro, una pared de ladrillos: se ve el muro, pero ahí no está la Iglesia.

La Iglesia visible no son las parroquias ni los hombres que nuestros ojos observan. La Iglesia visible son las almas en gracia unidas a Cristo, que trabajan en una parroquia, en una capilla, en un lugar concreto.

La Iglesia es Cristo y sus almas. Si desaparecen las estructuras exteriores, la Iglesia permanece visible en las obras de sus almas.

Materialmente, las parroquias, los lugares de culto pertenecen a la Iglesia. Los hombres, en sus pecados de herejía, pueden hacer obras materiales, pero no dan el Espíritu, la Gracia en esas obras.

Un hereje que celebre una misa, materialmente hace una obra en un lugar material. Pero no hace una obra de la Iglesia. No hace una obra espiritual, regida por el Espíritu de Cristo. Su Misa no es una misa. Su sacerdocio no es el sacerdocio de Cristo. Materialmente, se viste como sacerdote. Pero no es sacerdote porque es hereje. Ni siquiera cuando celebra la misa, esa obra material, es materialmente hecha por el sacerdote.

Porque el sacerdocio es una gracia, algo espiritual, que se coloca en el corazón del alma, que es también algo espiritual. La herejía destruye la gracia del sacerdocio: pone un obstáculo que impide que el sacerdote obre con el Espíritu de Cristo. Materialmente, el sacerdote hace una obra; pero no se produce -en él, en su alma- la obra del Espíritu de Cristo.

Por la herejía, su alma no puede unirse a Cristo para actuar como sacerdote, en la Persona de Cristo. Actúa en su propia persona humana, pero no es otro Cristo: no se revela -en él, en su alma- la Persona de Cristo. Posee el sello del Sacramento del Orden, que lo marca como sacerdote de Cristo. Pero ese sello es de índole espiritual, no material. No es un sello en su cuerpo, sino en su corazón. Un sello indeleble, que no se pierde por la muerte del cuerpo, ni por el fuego del infierno.

Ser sacerdote no es hacer obras materiales en la Iglesia. Es actuar en la Persona de Cristo: es Cristo el que obra en el hombre sacerdote. Y esa obra, un hereje, nunca puede mostrarla. Cristo no obra materialmente en un sacerdote hereje. Cristo obra materialmente en un sacerdote pecador, que no ha caído en el pecado de herejía. Cristo no se une al alma de un sacerdote hereje: no aparece la Persona de Cristo en el hombre sacerdote. El pecado de herejía impide que se manifieste, material y formalmente, la Persona de Cristo en el hombre sacerdote.

Así, un hombre –como Bergoglio- que se sienta en la Silla de Pedro y que, por su herejía, no es Papa. Materialmente, está sentado en el Trono de Pedro. Pero espiritualmente, no tiene el carisma de Pedro: en él no puede revelarse, manifestarse, ser el Vicario de Cristo en la tierra. No posee, ni formal ni materialmente, el Poder Divino. No puede hablar como Cristo, no puede comunicar la Mente de Cristo, no puede actuar como Cristo en la Iglesia. Actúa en su propia persona humana, porque no tiene el carisma de Pedro. No se le puede llamar Papa por más que materialmente haga obras en la Iglesia. El oficio de Papa no es un asunto material en la Iglesia. No es un nombre que se lleva en la Iglesia.

Es algo divino: es Cristo quien guía Su Iglesia a través de Su Papa. Es Cristo quien se manifiesta a Su Iglesia a través de Su Papa. Aquellos que dicen que Bergoglio materialmente es Papa están injuriando a Cristo en la Iglesia. Cristo no puede guiar la Iglesia a través de un Obispo hereje. No la guía ni material ni formalmente.

Cristo sigue guiando Su Iglesia en el Papa Benedicto XVI: pero ya no la guía formal, sino materialmente. Benedicto XVI ya no gobierna formalmente la Iglesia. Pero la Iglesia es guiada por Cristo, a través de Benedicto XVI, materialmente. Benedicto XVI tiene el Poder Divino, pero ya no lo puede usar: no sirve el Poder Divino, no gobierna formalmente como Papa. Ese Poder Divino –que permanece en el alma de Benedicto XVI- sirve para poner un dique material a toda la obra del Anticristo. Mientras permanezca vivo el Papa Benedicto XVI, materialmente el Anticristo no puede revelarse. Tiene que ser removido el Poder Divino en el Papa, no sólo formal, sino materialmente, para que comience todo.

Han removido formalmente el gobierno del Papa en la Iglesia, poniendo un usurpador; pero queda materialmente el Poder Divino en el Papa Benedicto XVI. Y queda materialmente, porque permanece en un hombre que todavía no ha muerto. El carisma permanece en el alma de Benedicto XVI, pero materialmente. Benedicto XVI no puede usarlo formalmente. Para usarlo tiene que enfrentarse con el usurpador. Pero, Cristo, que es la Cabeza invisible de la Iglesia, lo usa materialmente para frenar al Anticristo: mantiene vivo al Papa verdadero.

Por eso, la vida de Benedicto XVI peligra. Hay que quitarlo de en medio, y cuanto antes. El demonio tiene prisa por acabar su obra.

El carisma de ser Pedro es diferente a ser sacerdote. En el sacerdocio, es Cristo quien obra en el sacerdote, es la Persona del Verbo en el sacerdote. En Pedro, es Cristo quien guía a la Iglesia, quien obra en la Iglesia, quien enseña a la Iglesia, a través de Su Papa. Es Cristo en Su Poder Divino, es Cristo en la Obra de Su Espíritu. No es Cristo en Su Persona Divina. Por eso, la Iglesia es la Obra del Espíritu de Cristo. El sacerdocio es la Obra de Cristo como Persona Divina.

El gobierno de un Papa, en la Iglesia, es la manifestación del Espíritu en toda la Iglesia. En la obediencia al Papa, el Espíritu obra en todas las almas, para que la Iglesia siga enseñando la Verdad, sea guía en la Verdad y muestre al mundo y a los hombres el único camino de salvación, que es Cristo.

El gobierno de un Papa no es imponer sus deseos humanos a los hombres. Esto es lo que hace habitualmente Bergoglio: «¡Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración…!». Bergoglio sólo está en sus ideas humanas, en sus caprichos, en sus errores, en sus herejías. Y es lo que da a la Iglesia. Bergoglio sólo se predica a sí mismo. Sólo le interesan sus pobres, su cultura del encuentro, su diálogo, su comunismo, sus ideas protestantes, acaparar la gloria de los hombres y del mundo.

Pero, a Bergoglio, no le interesa ni Cristo ni la Iglesia. Y eso lo palpan, lo viven, todos los verdaderos católicos. Hay una persecución interna a todo lo que huela a catolicidad.

La obra de un Papa, en la Iglesia, es luchar en contra del error, de la herejía; es excomulgar a los herejes; es definir nuevos dogmas. Porque el Poder Divino, en la Iglesia, se muestra en llevar a toda la Iglesia hacia la plenitud de la Verdad. Todo Papa muestra Su Poder Divino enseñando la verdad, defendiendo la verdad, guardando el tesoro de la verdad, guiando a todos hacia la verdad plena.

En un Papa, es Cristo el que obra en Su Espíritu. Por eso, el Señor les mandó a Sus Apóstoles «esperar la promesa del Padre»: «recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra» (Act 1, 8).

Ya Pedro había sido elegido como Papa, pero no podía actuar como Papa. Tenía el Poder divino en su alma, pero de manera material. Era necesario que viniera el Espíritu para que Pedro pudiera obrar formalmente como Papa: para poder gobernar la Iglesia en el Espíritu, en la obra del Espíritu.

Un Papa gobierna siempre en la Obra del Espíritu, nunca fuera de Ella. Por eso, un Papa nunca puede equivocarse, es infalible, porque es el Espíritu quien lo mueve todo para que la Iglesia sea testigo de Cristo, sea testimonio de la Verdad que Cristo ha enseñado a Sus Apóstoles. Es el Espíritu el que recuerda esta Verdad inmutable, el que la muestra, no sólo al Papa, sino a toda la Iglesia.

Por eso, la Obra del Espíritu no se refiere a los pensamientos humanos de un Papa. Nunca se obedece a la mente humana de un Papa. Sólo se obedece a la Mente de Cristo que el Papa ofrece en la Iglesia.

Es la Obediencia a la Verdad que muchos, fieles y Jerarquía, nunca han comprendido. En estos 50 años, muchos han caído en la trampa, que ha puesto el demonio para desbaratar la obediencia a un Papa. Y ahora no saben desobedecer a un falso papa. Ahora, les cuesta esta parte. Por eso, muchos tienen a Bergoglio como materialmente Papa. Y no caen en la cuenta de que Bergoglio no ha sido elegido por Dios para que posea el Poder Divino. Dios nunca elige a un hombre hereje. Son los hombres los que ponen a sus herejes, no sólo en el sacerdocio, sino en la Silla de Pedro.

Ahora, quien tenga a Bergoglio como su papa, necesariamente tiene que dar obediencia a la mente de ese hombre. Porque Bergoglio no es capaz de dar la Mente de Cristo, la Verdad, a la Iglesia.

En los otros Papas, se podía discernir entre la mente humana del Papa y la Mente de Cristo en el Papa. Y se daba la obediencia al Papa porque se veía claro la Mente de Cristo en él.

Pero, con Bergoglio, es imposible este discernimiento: sólo se ve en él su mente humana. Bergoglio sólo vive dentro de su pensamiento humano. Pero no es capaz de dar el Pensamiento Divino en la Iglesia. Por eso, todo su magisterio no es papal. En todo su magisterio no se refleja el magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia. Es el magisterio propio de un hereje. Y es la obra propia de un cismático. Y es la vida propia de un apóstata de la fe.

Y esto es lo que muchos están apoyando, justificando, aplaudiendo: la herejía, el cisma y la apostasía. Al tener a Bergoglio como su papa, ya material ya formalmente.

Es una gran injuria contra Dios llamar a Bergoglio con el nombre de Papa. Porque es caer en el pecado de idolatría. Como Bergoglio no puede dar la Mente de Cristo, entonces se tiene que obedecer, necesariamente, su idea humana en la Iglesia. Y esto es dar culto a la mente de un hombre. Esto es buscar miles de razones para justificar el pecado de Bergoglio, para mantener en el cargo a Bergoglio. Al final, siempre son los demás los que se han equivocado porque no han comprendido lo que ha querido decir Bergoglio. Bergoglio siempre queda como el justo, como el santo. Es la idolatría en que caen muchos al tenerlo como su papa.

Ahora, tienen que enseñar, en la Iglesia, a arrodillarse ante los pobres. Es justo que se haga eso: están obedeciendo a los deseos de un hombre. Se están sometiendo a la mente de un hombre. Y ya nadie es capaz de ver que Bergoglio no puede dar la Mente de Cristo. Todos han quedado oscurecidos, en sus mentes, para no ver la Verdad. Y eso es una Justicia Divina en la Iglesia. Preferís las palabras baratas y blasfemas de un hombre que la Mente de Cristo. Entonces, quedaos con ese hombre y levantad vuestra falsa iglesia, que os va a llevar a lo más profundo del infierno.

Cristo sigue guiando a toda la Iglesia en Su Papa Benedicto XVI. La guía materialmente, manteniendo vivo a Su Papa para que los verdaderos católicos tengan tiempo de salir al desierto. Es en el desierto en donde está toda la Iglesia en Pedro, en la oración, en la penitencia, en la vida escondida. Y allí tiene que vivir y ser alimentada durante un tiempo. No es en Roma ni en la Jerarquía en donde se ve a la Iglesia.

Ya todos los Papas han cumplido su misión en la Iglesia. Una vez que muera Benedicto XVI, hay un tiempo de sede vacante, necesario para que aparezca el falso profeta y el Anticristo y hagan su obra.

Pero, la Iglesia sigue siendo la Obra del Espíritu. No es la obra de ninguna cabeza humana. Nadie dicta la fe en la Iglesia. La Jerarquía de la Iglesia no impone lo que hay que creer o lo que no hay que creer. La fe divina no es el dictado de los hombres. Es un don divino al hombre. Y sin humildad, ese don divino no puede funcionar en ningún hombre.

Por eso, lo que ahora observamos en toda la Iglesia son hombres: con sus ideas, con sus planes, con sus obras. Que es la manifestación del pecado de soberbia en los fieles y en la Jerarquía. Y, en ese pecado de soberbia, el pecado de orgullo, que se revela principalmente en quienes gobiernan la iglesia. Son ellos los que hacen lo que les da la gana en la Iglesia, poniéndose por encima de toda ley divina, de todo el magisterio de la Iglesia, quitando a su capricho lo que no les gusta o no va con su estilo de vida.

nuevareligion

«Así que entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, y postrándose a sus pies, le adoró. Pedro le levantó, diciendo: Levántate, que yo también soy hombre» (Act 10, 25).

Si no hay que arrodillarse ante el Papa para adorarlo, porque es un hombre, menos hay que hacerlo ante un pobre. La adoración es debida y conviene a solo Dios. A las demás criaturas, ni por el cargo que ejercen, ni por la posición social que tienen, ni por otra cualidad o circunstancia, se les debe la adoración. Sólo el respeto que toda persona humana merece.

Sólo hay que arrodillarse ante Cristo, ante Jesús en la Eucaristía. Y quien lo hace ya no puedo hacerlo ante un hombre. El único Hombre ante el cual todo hombre debe arrodillarse es Cristo. Porque la carne de Cristo está sólo en la Eucaristía, no en los pobres. Y aquel que ponga la carne de Cristo en los pobres, como hace Bergoglio, sólo está diciendo que no ama la Eucaristía porque no cree en Ella. Y no cree en Ella porque, para él, Jesús no es Dios, sino un hombre cualquiera.

«Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Los cristianos sólo nos arrodillamos ante Dios, ante el Santísimo Sacramento, porque sabemos y creemos que en él está presente el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su Hijo único» (Homilía, 22 de mayo del 2008, Benedicto XVI en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo)

Bergoglio cae en esta idolatría porque no cree en Dios. Es un ateo que no cree en la existencia de Dios, sino que se ha inventado, con su mente humana, su concepto de Dios. Un dios no real, no verdadero. Un dios que es el fruto de su desvarío como hombre. Su vida le lleva a ese concepto de dios. Y vive para esa mentalidad propia de un hombre que no ha sabido adorar a Dios en Espíritu y en Verdad.

Aquel que enseña a adorar a un hombre está diciendo que no adora a Dios, que no ha sabido nunca adorarlo. Bergoglio nunca se ha sometido a Dios. Siempre con la cabeza levantada ante Dios, como un orgulloso. Nunca ha sabido inclinarse, poner su cabeza en el suelo. No puede. Su soberbia se lo impide.

Bergoglio mira a un hombre, mira a un pobre, y no sabe ver su alma: no sabe buscar a Dios en el alma de ese pobre. Sólo está interesado en la vida humana, en la vida social, en la vida carnal de los hombres

Quien no ve el alma, que es algo invisible para el hombre, sólo está pendiente de los cuerpos de los hombres, de lo exterior, de una vida natural. Pero no sabe tratar con las almas. No sabe vivir con ellas. No sabe enseñarlas el camino del cielo. Sino que sólo les da una doctrina que es puro demonio. Y tiene que caer en esta abominación de enseñar a adorar a los hombres.

«Apártate, Satanás, porque está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”» (Mt 4, 10).

Esto es lo que hay que decirle a Bergoglio: Apártate, Satanás. Enseñas a adorar a los hombres. Eres un demonio encarnado. Enseñas el camino del infierno a todas las almas. Sólo a Dios se le debe adoración. Es un precepto divino positivo.

Pero, Bergoglio no entiende de preceptos: no cree en el derecho natural, por el cual a Dios se le da culto, ya interno, ya externo, ya individual, ya social, al ser el principio y el fin de todas las cosas.

Para Bergoglio, el principio de todas las cosas es su mente humana: con ella se inventa su dios, su cristo, su iglesia, su religión, su vida. Y si su mente es el inicio de una vida de blasfemia, entonces el fin de su vida es lo que encuentra en su mente. Bergoglio vive para lo que estamos viendo en la Iglesia: para su idea masónica de la fraternidad, para su idea protestante de una iglesia llena de pecadores, y para su idea comunista de un gobierno global, en la cual poder culminar su gran negocio en la vida.

Bergoglio no cree en el derecho divino, por el cual Dios ha dado al hombre mandamientos que debe cumplir para que ame a Dios.

Sólo cree en su soberbia, sólo obra con su orgullo y sólo ama en su lujuria de la vida.

¡Pobre aquel que tenga a Bergoglio como su papa! ¡Idolatra, no sólo al hombre, sino a todo hombre! Y se dedica a hacer su negocio en la Iglesia:

masonx

Quien se une a las intenciones de Bergoglio no es Iglesia

benepp

«Ésa que están presentando no es Mi Iglesia. Quien está unido a las intenciones del Innominado no está unido a Mí, porque no se puede servir a dos patrones» (Conchiglia, 25 de marzo del 2015).

La Iglesia visible –en Roma y en todas las parroquias unidas a Roma- no es la Iglesia de Cristo.

Luego, la Iglesia gobernada por el Innominado, es decir, por el falso papa Bergoglio, no representa la fe católica, no enseña la Verdad del Evangelio, no mantiene la fidelidad a la Tradición, y no es capaz de señalar el camino de la salvación y de la santificación a todas las almas.

«Quien tiene Mi Luz en el propio corazón y en la propia mente bien ve que está alterando lo que he enseñado» (Conchiglia, 22 de septiembre del 2013).

Muchos -que se dicen católicos- tienen un corazón no purificado, que vive en el pecado, que obra el pecado, y que les imposibilita poseer la luz de Dios para conocer la verdad, siéndoles un obstáculo –su mismo corazón cerrado a la vida de la gracia- para poder entender qué pasa en la Iglesia.

El pecado es un muro que se levanta en la vida del hombre,  en el cual el alma no puede ver la realidad.

Quien se une a las intenciones de Bergoglio no está unido a Dios, sino que se ha separado de la Voluntad de Dios. Porque un Papa representa sólo la Voluntad del Padre. Cristo representa a su Padre Dios en la tierra. Cristo dio a conocer e hizo amar a su Padre Dios: «No sabéis que es necesario que me ocupe de las cosas de Mi Padre» (Lc 2, 49). Cristo sólo vino a la tierra, sólo se Encarnó para hacer la Voluntad de Su Padre.

Y todo Papa, que es el Vicario de Cristo en la tierra, tiene la misma misión de Jesucristo: llevar a toda la Iglesia hacia la Voluntad del Padre. Y, por lo tanto, enseñar a toda la Iglesia qué cosa es la Voluntad de Dios y cómo obrarla.

«Nadie viene al Padre si no es por medio de Mí»: Cristo es el Mediador entre el Padre y los hombres. Es el camino para encontrar al Padre. Y Cristo, que es Mediador, ha puesto en Pedro su mediación divina: para ir a Cristo hay que ir por el Papa; es decir, hay que obedecer, hay que someterse al Papa.

Quien se une a las intenciones del Papa, está unido a las intenciones de Cristo, que son las de Su Padre.

Pero quien se une a las intenciones de un hombre que no es papa, como es Bergoglio, automáticamente se separa de la Voluntad del Padre en la intención; y en las obras ya no sirve a Dios, sino al demonio. Y se pueden hacer obras muy buenas, pero son sólo para el demonio.

«El Innominado es astuto…astuto…astuto. Ha convocado un falso jubileo, ya que es falsa esta iglesia, como es falsa la misericordia que propone, puesto que no es Mi Misericordia» (Conchiglia, 25 de marzo del 2015).

Si Bergoglio ha puesto un gobierno horizontal, entonces está levantando una falsa iglesia, con su poder humano. Y es una falsa iglesia que remeda, que imita a la verdadera: se proclaman santos, se convocan jubileos…. Son todos ellos falsos santos y falsos jubileos…

¡Pero, qué difícil es encontrar a una Jerarquía que predique que lo que hay en Roma es una falsa iglesia!

Ni siquiera el cardenal Burke se atreve a decir esto.

Nadie se atreve a hablar en contra de Bergoglio. Es el gran pecado de toda la Jerarquía.

Todos aquellos que se unen a las intenciones de Bergoglio no están unidos a Dios. Han perdido el Poder Divino en la Iglesia.

¡Qué difícil de entender esto para los católicos!

¡Sólo hay poder divino en un gobierno vertical! Si se da -de hecho- el gobierno horizontal, automáticamente, cualquier sacerdote, cualquier Obispo, que obedezca a ese gobierno horizontal, pierde el Poder Divino. Es decir, ya no son la Jerarquía de la Iglesia Católica. Ya no representan a la Iglesia Católica. Ya no tienen poder para poner leyes, para juzgar, para mandar, para guiar en la Iglesia.

Desde hace 50 años se ha trabajado para librarse de la unidad de gobierno, dando a los Colegios Episcopales más autoridad de la que realidad poseen, colocando el poder en el pueblo de Dios, en los consejos presbiterales y pastorales, en las instituciones del sínodo, en las muchas comisiones romanas y nacionales, en los dictámenes de las distintas congregaciones religiosas…. Todo ello ha degradado la Autoridad en la Iglesia y ha sido fuente de anarquía y desorden, que es lo que se ve por todas partes.

¡Ningún católico sabe lo que es el Poder Divino en la Iglesia! ¡Ni lo que significa este Poder Divino en la Jerarquía! ¡Porque la misma Jerarquía de la Iglesia no da ejemplo de gobierno, de autoridad divina! ¡Hacen lo que quieren! ¡Gobiernan como quieren y a todos imponen sus leyes humanas y una doctrina que no son el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia!

Jesús pone Su Iglesia en Pedro. Y concede a Pedro el Primado de Jurisdicción: es decir, Pedro es el primero por derecho de autoridad en la Iglesia. En otras palabras, posee todo el Poder Divino, tiene toda la Autoridad. Y los demás participan de ese Primado por la obediencia a Él. Y sólo por la obediencia.

Si un Obispo no obedece al Papa legítimo, automáticamente, pierde el poder divino.

En Pedro hay un gobierno vertical, una monarquía. El Papa comunica su Autoridad en la medida que lo considera oportuno, ya en circunstancias ordinarias como extraordinarias.

Este Primado de Jurisdicción es distinto a la potestad ministerial. Para celebrar Misa no hace falta el Primado de Jurisdicción, sino el poder que da el Orden para poner a Cristo en el Altar. Para predicar no hace falta el Primado de Jurisdicción, sino sólo el poder que da el Sacramento del Orden para enseñar la verdad de la Palabra de Dios.

«Jesucristo puso a San Pedro como gobernante supremo de la Iglesia. En verdad hizo a San Pedro y a nadie más aquella insigne promesa: «Tu eres Pedro sobre esta piedra edificare Mi Iglesia» (San Mateo 16,18). Por estas palabras queda claro que por voluntad y por mandato de Dios la Iglesia se asienta en San Pedro, así como un edificio está asentado en sus cimientos… Por consiguiente pertenece a Pedro el sustentar la Iglesia y el defenderla unida y firme con estructura irrompible…» (León XIII Encíclica “Satis cognitum”  AAS 28, 726s).

Pedro es el gobernante supremo de la Iglesia. Eso es el Primado de Jurisdicción: la suprema autoridad en la Iglesia. Y nadie más tiene esa Autoridad: «En verdad hizo a San Pedro y a nadie más aquella insigne promesa».

Todo está asentado en Pedro. La Misa de un sacerdote o de un Obispo, para que tenga validez para toda la Iglesia, tiene que estar unida a Pedro. La predicación de un sacerdote o de un Obispo, para que valgan para toda la Iglesia, debe estar unida a Pedro. Cualquier oración, cualquier obra apostólica que se haga, para que tenga validez en la Iglesia, debe estar unida a las intenciones del Sumo Pontífice. Una Misa, o una predicación, o una obra apostólica, que no se una a las intenciones de Pedro, valdrán en cuanto misa o predicación u obra apostólica, pero no en cuanto medio para salvar y santificar las almas.

Un sacerdote sin cabeza, sin obediencia a una cabeza legítima, su misa vale si la hace según la intención de la Iglesia, pero no vale para la Iglesia. El poder ministerial se ejerce, pero no el Poder Divino. Lo que salva y santifica en la Iglesia es el poder divino, no el poder ministerial. La Misa es para la Iglesia, no para el sacerdote. El sacerdote no vive para sí mismo, sino para Cristo y sus almas, es decir, para la Iglesia. No tiene sentido una misa si no se ofrece para salvar y santificar las almas de toda la Iglesia. Y sólo es posible ese ofrecimiento si el sacerdote obedece a una cabeza legítima. Cristo actúa para realizar la obra de Su Padre. No actúa por sí mismo. Su Misa, que es Su Calvario, sólo salva almas porque es la Voluntad de Su Padre, en obediencia su Padre. El Padre quiso el Calvario, quiso esa Misa.

Un sacerdote o un Obispo que haga de la Misa un acto comunitario o que dé su obediencia a un falso papa, a una falsa cabeza, su misa no tendrá valor para salvar y santificar, porque la intención se pone en un hombre no elegido por Dios para guiar la Iglesia. La Misa valdrá por el Sacramento, por el poder ministerial, pero no construye la Iglesia, no levanta la Iglesia, no hace Iglesia. Muy al contrario, esas misas sólo sirven para destruir la verdad del Sacrificio Eucarístico y poner la mentira de la comunión social, del engendro de la unión de todas las religiones para un falso culto a Dios.

Por eso, es necesario ir saliendo de las parroquias.

«El Innominado, que es el Vicario del Anticristo, pronto dejará el lugar al Anticristo, que representará a Lucifer en la Tierra…deberán ya sea obedecer al Anticristo, o esconderse para celebrar la Santa Misa en refugios improvisados, o bien morir por mano de los servidores del Anticristo…» (Conchiglia, 25 de marzo del 2015).

La Iglesia se fundamenta en el Poder Divino, no en el poder ministerial, que da el Sacramento. Esto es muy importante entenderlo. Se es Iglesia porque se obedece al Papa, no porque se celebra una misa o se predica la Palabra de Dios o se hace una obra apostólica.

Aquellos sacerdotes u Obispos que todavía predican bien y hacen las cosas como Dios quiere en la misa, pero dan su intención al falso papa Bergoglio, tendrá que elegir muy pronto: o el Anticristo o esconderse para seguir haciendo las cosas como Dios quiere, pero no en la obediencia a un falso papa. Estos sacerdotes, todavía su misa vale, pero no sirve para salvar y santificar las almas, porque la intención no es recta, no es verdadera. Están cometiendo un gran pecado que, aunque no anula su poder ministerial, les pone en camino para perder la fe. Y si pierden la fe, entonces se anula en ellos también el poder ministerial: sólo hacen una obra de teatro en sus misas.

Todos participan del Poder Divino, que sólo lo tiene Pedro, en la obediencia a Pedro, en su sometimiento. En reconocerlo como Papa, como Vicario de Cristo, como infalible en su magisterio ordinario y extraordinario en la Iglesia.

Mientras un Papa permanezca en el gobierno vertical, todos participan de ese Poder Divino, y la Iglesia (todo el Cuerpo Místico) es guiada por el Espíritu Santo en la obediencia al Papa.

Por eso, todos los Papas, desde Pablo VI hasta Benedicto XVI, se mantuvieron en la verticalidad. Y a pesar de todos las desobediencias de los Obispos y sacerdotes, a pesar de que colocaran falsos papas, sosias, la Iglesia continuaba su curso, ayudada en todo por el Espíritu Santo.

Pedro es el que tiene el Poder Divino en la Iglesia. Y toda la Iglesia se construye en este Poder Divino. Quien no se someta a este Poder Divino, por más que luche por la tradición de la Iglesia,  por más que celebre en el rito antiguo de la misa…, no construye la Iglesia, no hace Iglesia, no es Iglesia.

¡Esto es lo que cuesta entender!

¿Para qué asisten a la misas de los sedevacantistas o lefebvrianos? Ellos no siguen a los Santos, que enseñan: «Dejo esta llave al Vicario de Cristo en la tierra, a quien todos estáis obligados a obedecer hasta la muerte, y quien está fuera de su obediencia, está en estado de condenación» (Sta. Catalina de Sena – Diálogos- Tratado de la obediencia, cap. 1, pag. 365). No salvan los Sacramentos, no salvan los ritos litúrgicos, no salva la Tradición. Sólo salva la obediencia hasta la muerte al Papa legítimo y verdadero. Quien deje esta obediencia por estar en una misa que se celebra con el rito tradicional, o por guardar la tradición, está en vía de condenarse. La Cruz es el Dolor de la Obediencia al Padre. El Sacrificio de la Cruz tiene valor sólo por la obediencia espiritual a la Voluntad de Dios: «por la desobediencia de uno solo muchos fueron los pecadores…por la obediencia de uno solo muchos será hechos justos» (Rom 5, 19).

No de todos es la fe. No todos son de la Iglesia. Sólo en la Iglesia, que permanece unida al Papa, está la salvación de las almas. Quien no esté unido a los Papas verdaderos y legítimos, no puede salvarse. No salva el poder ministerial: no salva una misa. Salva el Poder Divino. La Misa salva porque el sacerdote se une a las intenciones del Papa legítimo.

Mientras ha existido la verticalidad en el gobierno de la Iglesia, el Poder Divino ha estado presente en todos los miembros y en la Jerarquía que ha sido obediente a los Papas.

Quien se haya rebelado contra los Papas, quien proclame el sedevacantismo, quien se haya separado de la Autoridad del Papa porque no ha aceptado un Concilio…, ha perdido el poder divino en la Iglesia. Hará su Misa con su poder ministerial, el propio del Sacramento, pero esa Misa no sirve para hacer Iglesia, para unir en la Verdad, para dar frutos divinos en la Iglesia.

La gran división en toda la Iglesia ha sido en la cabeza. Por eso, el demonio la ha atacado de una manera magistral, y ahora vemos el gran cisma y la gran división en todas partes de la Iglesia.

Unos atacan a todos los Papas, otros hicieron renunciar al Papa legítimo para poner su falso papa, otros encumbran a este falso papa a una gran santidad para que todos los demás lo tengan por verdadero, y así construir la falsa iglesia que se quiere.

Desde el momento en que Bergoglio puso en funcionamiento su gobierno horizontal, el poder divino desapareció en toda la Iglesia.

Ya la Iglesia no hay quien la sustente, no hay quien la defienda unida y firme, porque se ha fundamentado todo en una estructura rompible: en un poder humano, en un conjunto de hombres que deciden lo que es bueno y lo que es malo con sus mentes, con sus obras heréticas y cismáticas.

El Poder Divino significa la potestad de mandar, de prohibir, de juzgar. Ya en la Iglesia mandan todos en sus diócesis, nadie juzga el pecado ni al pecador, y nadie prohíbe que se enseñe la mentira en la Iglesia.

El Poder Divino significa atar y desatar. Y eso ratificado por Dios. Cuando se ha perdido ese poder divino, ya nadie ata y desata de manera divina, sino que todo es oscuridad. Todos van buscando -ahora- la forma de poner leyes en que no se juzgue ni se castigue el pecado ni al pecador. Se busca una ley humana adecuada al poder humano que se representa. Se busca que sea el mismo hombre el que ratifique su mismo poder. Se busca un poder que ate a los hombres a una forma de pensar humana y que los desate de la Mente de Cristo. ¡Una Abominación!

Bergoglio no es Papa. Luego, no tiene poder divino para nada. Y aquellos que se unen a su intención, pierden todo poder divino.

El Poder Divino sólo está en el Papa: en Benedicto XVI. Quien éste unido a Él, sigue poseyendo el poder divino y su misa, o su predicación o su obra apostólica salva y santifica las almas, construye la Iglesia.

Cuando muera Benedicto XVI, no habrá poder divino y se manifestará el hombre de la iniquidad: «el ministerio de la iniquidad está ya en acción; sólo falta que el que le retiene sea apartado» (2 Ts 2, 7).

La Jerarquía de la Iglesia no se va a salvar por su poder ministerial, ni porque saben la teología. Sólo pueden salvarse si dejan de obedecer a Bergoglio como papa y se oponen totalmente a él. Si no hacen esto, llevarán consigo a muchas almas al infierno por su falsa obediencia a un hombre sin verdad.

Un hereje nunca representa a la Iglesia Católica. Con las herejías de Bergoglio no se construye la Iglesia Católica. Con las palabras babosas de ese payaso vestido de papa no se levanta la Iglesia Católica.

Toda la Iglesia está sólo en el Papa verdadero y legítimo: Benedicto XVI. Y nadie le obedece. Nadie se une a él. Entonces, ¿qué Iglesia están haciendo? La propia del Anticristo.

Hacia la destrucción del magisterio auténtico e infalible

img-00028

Francisco Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

Esta es la verdad que nadie sigue. Todos, de alguna manera, tienen a ese hombre como su papa, su jefe, su hombre que lidera su iglesia.

Desde la renuncia del Papa verdadero y legítimo, Benedicto XVI, la Iglesia está sin Cabeza visible. Sólo está manejada por una Jerarquía, que infiel a la gracia que han recibido, impone un magisterio totalmente herético y contrario al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

No hay Cabeza visible, no hay Iglesia visible.

Esto es muy importante discernirlo para no caer en tantas desviaciones como existen, hoy día, en la Iglesia.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia».

Pedro es una persona física en la Iglesia. No es una persona moral. El Papado o la Santa Sede es una persona moral.

Jesús levanta Su Iglesia sobre una persona física, no sobre una persona moral. La Iglesia no está en la Santa Sede, no está en el Vaticano, entendido como una estructura externa moral. La Iglesia está en Pedro.

Si se quita a Pedro, su gobierno vertical en la Iglesia, entonces se quita la Iglesia: la Iglesia desaparece. Pero desaparece en Pedro; no desaparece en Jesús.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: es Jesús y sus almas. Eso es la Iglesia.

La Iglesia es una Persona Divina: el Verbo Encarnado; que ha realizado una obra divina, una obra de Redención: ha salvado a las almas de las garras del demonio y las ha unido a Él. Con una unión mística y espiritual. Una unión que no se puede explicar con el lenguaje humano, porque es la Obra del Espíritu de Dios en cada alma.

Jesús ha dado Su Carisma al hombre Pedro, para que gobierne y lleve a todas sus almas hacia la Verdad del Evangelio. Y en Pedro está todo el Poder Divino para realizar esta misión divina.

Quitaron al Papa legítimo Benedicto XVI, con el fin de colocar a su hombre. A ese hombre le ponen el nombre de Papa; un falso nombre. Y ese hombre tiene la función de destruir toda la Iglesia.

Se destruye la Iglesia aniquilando su magisterio auténtico e infalible. Es la única manera de hacer desaparecer la Iglesia: se quita su doctrina.

Para hacer esto, es necesario reemplazar esa doctrina auténtica por una falsa, que parece auténtica en lo exterior de las palabras, del lenguaje humano, pero que es manifiestamente herética.

El gran triunfo de la masonería es haber estado bombardeando, durante 50 años, la doctrina  de la Iglesia atacando dos cosas principales: la vida interior (la fe) y la vida exterior (la liturgia).

Si hay crisis de fe, entonces la esperanza y el amor van desapareciendo del corazón de las almas. Las virtudes, como la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, ya no se ejercitan, sino que dan paso a los vicios contrarios. Y aparecen la desobediencia, la impureza, la impaciencia, la impiedad y el orgullo.

Si se dan estos vicios, entonces el alma ya no siente el deseo de Dios, el hambre y la sed de buscar la Voluntad de Dios para su vida, sino que se abre al deseo del mundo, de lo material, de lo humano. Se vive para construir un mundo humano, bello, perfecto, pero en donde no está la ley de Dios, porque los hombres se han olvidado de arrepentirse de sus pecados, de expiar sus pecados y de vivir luchando contra ese pecado que favorece la apostasía de la fe: la soberbia. Si no hay humildad en las almas, éstas viven, se alimentan y desean los innumerables pensamientos que conciben en su mente, y que el demonio pone.

Sin vida interior, en la crisis de fe, está la crisis de la gracia. La Gracia es el alma del alma. Es la vida sobrenatural en el alma. Sin esa vida, sin esa imagen y semejanza de Dios en el alma, aparece en ella la ausencia de Dios. Y el alma ya no posee esa vida divina, sino que comienza a poseer una vida extraña espiritualmente: la misma vida del demonio en el alma.

O el alma está con Dios o está con el demonio. No se pueden servir a dos señores al mismo tiempo. Si no hay semejanza espiritual con Dios, la hay con el demonio.

Si el alma pierde la vida sobrenatural, entonces el alma vive en la oscuridad, en la tiniebla de la vida preternatural, que es la propia del demonio. Y se alimenta y desea esa tiniebla: desea el pecado, vive de su pecado, ama su pecado. Lo mismo que hace el demonio.

Esta crisis de fe, que es crisis de vida interior, está en toda la Iglesia: es un gran mal, que hace de la Iglesia un cadáver en putrefacción. Las almas viven en estado de pecado actual: viven muertas espiritualmente. La obra de la Redención es inútil para ellas. Esas almas vuelven, de nuevo, a crucificar a Cristo. Ya no viven para quitar sus pecados, sino que viven para obrar sus pecados.

La doctrina de la Iglesia, auténtica e infalible, sigue ahí; pero nadie la vive, nadie la pone en práctica. Todos viven otra cosa diferente a esa doctrina. No se ha cambiado la doctrina, pero las almas han dejado de conocerla y practicarla.

Y esta falta de conocimiento en las almas es porque la Jerarquía de la Iglesia, los sacerdotes y los Obispos, ya no predican, ya no enseñan ese magisterio auténtico e infalible. Predican y enseñan otras cosas, que son más agradables a las almas. El pecado, el purgatorio, el infierno, la mortificación, la humildad, etc… son temas que se olvidan para poner en la memoria otros temas más importantes y relevantes para la vida del hombre.

Si hay crisis de fe, crisis de la gracia, habrá crisis en la vida de los sacramentos. Sin los Sacramentos, las almas no pueden salvarse: éstos están ligados a la Obra de la Redención. Son los frutos de la Cruz de Cristo. En ellos está todo el misterio de la vida de la gracia en las almas.

Con los Sacramentos, el hombre se vuelve espiritual. Deja la vida humana para dedicarse a un objetivo divino que le da la gracia del Sacramento. Sin Sacramentos, la vida del hombre carece del sentido divino. Y, por lo tanto, el hombre sólo se pone un sentido: el suyo, lo humano, lo material, lo carnal, lo natural…

Con los Sacramentos, los hombres tienen todos los medios, no sólo para salvarse, sino para defenderse de todos los males. Es decir, para vivir una vida sin pecado actual, haciendo en cada instante la Voluntad de Dios.

Sin la vida sacramental, el hombre vive su vida de pecado actual y, por lo tanto, hace en cada segundo lo contrario a la Voluntad de Dios.

Todos los males que se ven en la Iglesia es sólo por esta crisis de fe en sus miembros: los hombres se sacuden de encima sus propios pecados, para no atenderlos, y así dedicarse a otra cosa dentro de la Iglesia.

Sus miembros, fieles y Jerarquía, son responsables de no saber para qué están en la Iglesia. Son responsables de todo el mal que se ve en la Iglesia.

Y si no hay vida interior, entonces ¿qué es la vida exterior? ¿En qué consiste la liturgia? En vez de manifestar la obra de Dios, en las oraciones, en los ritos, sólo manifiesta la obra de los hombres.

Se administran los Sacramentos como si fuesen cosas materiales: se perdió la “sacralidad” del Sacramento. Se ha puesto lo sagrado en el hombre, en su cultura, en su mente, en sus obras, en su vida. Si hay crisis de fe, hay crisis de lo sagrado, de lo divino, de lo celestial. Y todo se ve con ojos humanos, terrenales. Y van apareciendo leyes, disposiciones, reglas litúrgicas en donde se anula lo sagrado. Y eso produce un verdadero cisma en la Iglesia: muchas divisiones en la Iglesia vienen por la liturgia, por la práctica de la vida exterior.

Sin vida interior, ¿qué se practica en la vida litúrgica? Lo que vemos en tantas misas, en tantos grupos de oración, en tantas comunidades que ya no son católicas porque, en la práctica, no ponen en obra el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Si hay crisis de fe y crisis de liturgia, entonces aparece la crisis de la doctrina. Entonces, es cuando se comienza a cuestionar lo que no se puede poner en duda: el magisterio auténtico e infalible, que es un magisterio objetivamente cerrado. Nadie lo puede tocar; nadie lo puede cambiar. Es el propio de la Iglesia. Y es lo que define a la Iglesia.

Quien no se apoya en este magisterio, sencillamente está construyendo su iglesia, su religión, su espiritualidad, a su manera humana.

Desde hace 50 años, vemos el cisma, la división, la ruptura en toda la Iglesia.

Por eso, hay un poco de todo: los lefebvristas, que imitaron a los ortodoxos, produciendo el cisma. Se separaron del Papa, para seguir teniendo sus tradiciones, sus liturgias, su doctrina. Ellos no siguen el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia porque dijeron que el Papa era falible. Permitió muchas cosas con un Concilio, que no debería haber permitido, y por lo tanto, ya no representaba a la Iglesia en Pedro.

Los sedevacantistas, que se inventan una iglesia sin papa formalmente, con un antipapa que se sienta materialmente en la Silla de Pedro. Tienen el error de poner la Iglesia en el Papado, en la Santa Sede, pero no en Pedro. Y se olvidan de que estando la Sede Vacante, la Iglesia permanece hasta que no se elija otro Papa. Y aunque tarde en elegirse, la Iglesia continúa su curso. Porque la Sede Vacante no anula ni a Pedro ni a la Iglesia. Es un requisito para que la Iglesia siga: un Papa tiene que morir para que sea elegido otro. Mientras no haya Papa, ahí está la Iglesia. Esperando un Papa. Y mientras no haya Papa, nadie puede decidir nada en la Iglesia. Poner la sede vacante con antipapas es decir un absurdo. Es negar la sucesión de Papas. Es negar la infalibilidad del Papa. Es negar la doctrina del Papa. Ellos no caen en la cuenta que sólo se puede hablar de sede vacante permanente cuando no se puede elegir a un Papa. Entonces, en este caso, no se puede dar la Iglesia, porque no hay Pedro que la guíe como Vicario de Cristo. Ellos luchan por sus tradiciones, por sus papas, por sus liturgias, pero no saben oponerse a un falso papa. Y no lo saben reconocer como lo que es. Por eso, muchos critican a Bergoglio, pero tienen que juzgar a los demás papas también. Están haciendo la obra propia del demonio: destruir la Iglesia, destruyendo la doctrina en Pedro.

¡Cuántos tradicionalistas que destruyen la doctrina auténtica e infalible al atacar a un Papa legítimo!

¡Defienden sus tradiciones, pero no al Papa!

¡El Papa es el que da a la Iglesia el magisterio auténtico e infalible! ¡Es el que enseña este magisterio; el que lo recuerda, el que lo explica, el que lo defiende!

¿Quieres defender la Tradición en la Iglesia? ¡Defiende siempre al Papa en Ella! Porque en la Tradición hay muchas cosas que no pertenecen al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. ¡Cuántos Santos Padres erraron en muchas cuestiones! ¡Cuántos Obispos que tienen un magisterio herético antes de ser sacerdotes! ¡Cuántos con un magisterio herético, siendo sacerdotes! Y es sólo un Papa lo que decide en la Iglesia el magisterio que nunca se puede cambiar. Santo Tomás enseña que la Virgen no es Inmaculada. No se le puede seguir en ese punto. ¡No hay que defender la Tradición, sino a un Papa en la Iglesia!

¡Quien no defiende al Papa, construye su propia iglesia, su propia vida espiritual, su propio sacerdocio! Todos son falibles en la Iglesia, menos Su Cabeza Visible. En Ella, en obediencia a Ella, todos son infalibles. Este es el carisma de Pedro.

¡Todo aquel que quite a un Papa legítimo y verdadero en la Iglesia va en contra de todo el magisterio auténtico e infalible! ¡Y su salvación está pendiente de una espada de justicia! Si no quita su pecado en contra de la autoridad del Papa, que es una autoridad divina, no puede salvarse, aunque defienda toda la Tradición de la Iglesia.

¡Muchas divisiones se han visto en la Iglesia durante 50 años! ¡Pero, ahora, vemos la mayor de todas! ¡Ahora, presenciamos la cumbre del pecado!

Y los Obispos lo saben, pero ¿por qué no intervienen?

Porque no se preocupan ya ni de la situación ni de los peligros con los que están amenazados todo el Rebaño de la Iglesia.

No viven para salvar almas: viven para su negocio en la Iglesia.

Ya no les importa la doctrina auténtica e infalible: nadie lucha para que se ponga en práctica. Todos se han acomodado a lo que ven. Y ese acomodo hace que esos Obispos se conviertan en traidores de Cristo y de Su Iglesia.

Ahora es la cumbre del pecado en la Iglesia. Y, por lo tanto, es la cumbre de la justicia divina. Es su tiempo. Es su camino.

Francisco Bergoglio ha quitado a Pedro y el Papado: las dos cosas. Él no es el Sucesor de Pedro porque, sencillamente, es un hombre de herejía; es decir, enseña un magisterio manifiestamente herético. Todos los pueden ver, leer, discernir. No hay excusa si sigues llamando a Bergoglio como papa. Tu pecado no tiene justificación, excusa, razón de existir.

Y este hombre gobierna la Iglesia con un gobierno externo a Ella: su gobierno horizontal. Esto produce, necesariamente, en toda la Iglesia, un cisma. Y es muy claro el cisma.

Los que integran ese gobierno horizontal llevan a toda la Iglesia hacia su iglesia, es decir, a implantar una nueva doctrina que anule, oficialmente,  el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. En otras palabras, es un gobierno que quiere institucionalizar la herejía, poner un magisterio herético para que todos lo obren como si fuera un dogma, algo infalible en la Iglesia.

Ante esta cumbre del pecado, son pocos los católicos despiertos. Todos se han acomodado a Bergoglio. Lo llaman su papa y están esperando algo de ese hombre, un bien para toda la Iglesia.

Caen en un absurdo de vida.

Lo tienen como su papa, pero lo critican, lo juzgan. ¡Qué gran absurdo! Si Bergoglio es vuestro papa, entonces no le podéis criticar. Se comete un pecado grave. Muchos cometen el pecado de llamar a Bergoglio con el nombre de papa. Y todos ellos, al ver sus errores, sus oscuridades, sus dudas, sus herejías, cometen un segundo pecado de crítica contra su papa. Entonces, ¿cuál es la Iglesia a la que pertenecen esos católicos? No a la Iglesia Católica. Porque en Ésta no se puede criticar a un Papa legítimo: no se puede juzgar su doctrina, su magisterio.

Aquellos que tienen a Bergoglio como su papa tienen que someterse a su mente y a sus palabras. Tienen que aceptar como verdaderas sus herejías, su lenguaje humano, sus ideas. Y no criticarlas, no juzgarlas. Porque Bergoglio es su papa. Por tanto, Bergoglio enseña su doctrina que hay que aceptarla sin rechistar.

¡Gran absurdo es el que viven muchísimos católicos! ¡Ya no son católicos! Han perdido, no sólo la fe, sino lo que significa estar en la Iglesia Católica! ¡No son capaces de vivir el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia! ¡El cual no sólo enseña a llamar a Bergoglio con el nombre de hereje, sino que enseña a juzgar a toda aquella Jerarquía que quiera gobernar la Iglesia con la mentira de un gobierno horizontal!

Si quieres criticar a Bergoglio, entonces deja de llamarlo como tu papa. Es lo primero. Es el sentido común, que muchos católicos ya no lo tienen. Porque si no se hace eso, se comete un grave pecado, no sólo al criticarlo, sino al tenerlo como un hombre de verdad, por el cual Cristo habla a la Iglesia Su Voluntad.

Y Cristo nunca habla a través de un hereje. Decir esto; decir que Bergoglio es el Vicario de Cristo es llamar a Cristo mentiroso.

Nunca Jesús pone un Papa con un magisterio herético en Su Iglesia. Jesús no se contradice a sí mismo. Creer en Jesús es creer en una doctrina auténtica e infalible, la cual nadie la puede tocar, la puede cambiar. Ni siquiera un Papa.

Jesús pone siempre un Papa en la Verdad de la doctrina: claro, sencillo, que defiende siempre a Cristo y a Su Iglesia.

Jesús no ha puesto a Bergoglio como Papa en la Iglesia. ¡Eso ni hay que decirlo! ¡Eso se ve en las obras de ese hombre, al que muchos católicos tibios y pervertidos llaman con el nombre de papa!

Lo que dice la masa de los tibios no hace Iglesia, no es la Iglesia.

La Iglesia es la Palabra de Dios: es lo que dice Dios.

Dios nunca habla la herejía por medio de un Papa legítimo. Nunca dice una mentira a través de la Jerarquía.

Dios sólo habla la Verdad por medio de Su Jerarquía, que es fiel a la gracia que han recibido. Por eso, tienen que aprender a discernir la Jerarquía verdadera de la falsa para discernir lo que viene de Dios, la Palabra que es Verdad, de lo que viene del demonio, la palabra que siempre es mentirosa.

Han quitado a Pedro en la Iglesia. No hay Iglesia. No es visible ni en la Jerarquía ni en los fieles. Lo que es visible es la división  clara en todas partes. Y esa división no interesa a la Iglesia.

La Iglesia no es la división de pareceres; es la unidad en la verdad.

Si quieres seguir siendo Iglesia, ponte en la verdad. Y la verdad no está en tu mente humana ni en tu conciencia ni en tu estilo de vida.

La Verdad es la obra del Espíritu en la Iglesia: es la obra de un amor divino en cada alma.

Ahora, sin cabeza visible, tienes que seguir no a una Jerarquía, sino sólo al Espíritu. Porque la Iglesia ya no está en Pedro, es decir, no está en la Jerarquía. Y tampoco está en la Tradición. No está en el pasado.

Hay que mantener todas las cosas como las dejó el último papa verdadero y legítimo. Ahí debe permanecer la Iglesia, en lo que el último papa enseñó en la Iglesia. Cuando el cielo ponga a Pedro Romano, entonces habrá una autoridad divina que enseñe lo que este tiempo de un falso papa se está obrando en la Iglesia: validará o invalidará todas o parte de las obras de Bergoglio. Mientras tanto, todo cuanto hace Bergoglio es, para la Iglesia, inválido. No tienen el sello de Pedro. Sólo un Papa legítimo puede juzgar todas las obras de ese hombre, como siempre lo han hecho los Papas en los tiempos de los antipapas.

Hay que saber luchar contra Bergoglio, que es un falso papa. Y ya no es tiempo de atacar su doctrina. Cada día dice las mismas cosas, añadiendo una herejía más. Para el que sepa lo que es Bergoglio, sabe por dónde va. Sólo le queda enseñar su vómito en la Iglesia: su doctrina de la evolución, de la ecología, en la cual todos verán claramente lo que ahora no se atreven a decir, por el falso respeto humano que tienen a  ese hombre.

Es tiempo de dejar todo lo social porque viene la persecución en la Iglesia. Y viene desde arriba, desde la cabeza. Viene de sus propios miembros. Y va a ser un peligro estar con gente que es bergogliana, que aunque critican a Bergoglio lo siguen teniendo como su papa.

Muchos van a caer en el gran engaño que viene a la Iglesia. Y eso es la parte de la justicia divina.

Todos aquellos que no tengan a Bergoglio como papa, no caerán en el engaño. Pero los que sí lo tengan, -y no importa que sean lefebrvistas, o sedevacantistas, o tradicionalistas, o progresistas, o lo que sea- no van a saber discernir la mentira que la Jerarquía va a presentar a toda la Iglesia. Porque es necesario romper oficialmente lo que no se puede tocar: el magisterio auténtico e infalible. Y eso hay que hacer con la inteligencia perversa, que está en la cumbre de la perfección en el mal. Por eso, muchos sabios, muchos teólogos, mucha gente que tiene mucho conocimiento en la Iglesia, van quedar engañados. Porque tienen la verdad y la usan para obedecer a un hereje como su papa. Eso exige una justicia divina sobre ellos. La verdad es para obedecer a un hombre que sólo habla la verdad. Pero teniendo la verdad ¿la abajáis para someteros a un hombre, a su pensamiento, sólo por un interés humano? ¡No lo hacéis por el bien mayor de salvar un alma! ¡Cambiáis la verdad divina por la mente de un hombre! Es el culto al hombre, del cual se derivan muchos pecados. Y ese culto al hombre anula el culto de Dios en la Iglesia. Muchos van a quedar cegados, creyendo que siguen dando culto a Dios en la Iglesia y sólo están dando culto a la mente de un hombre. ¡Gran castigo el que viene a toda la Iglesia, principalmente a la Jerarquía!

Saben y no hacen nada. Ya no les interesan las almas en la Iglesia. Sólo velan por sus negocios en la Iglesia.

Y es un gran negocio los pobres en la Iglesia. Por eso, se tiene a Bergoglio como papa: es el negocio que da una doctrina protestante y comunista en la Iglesia.

La escalada al poder: todos bajo el cisma

granengaño

Del libro de Austin Ivereigh, titulado “El Gran Reformador: Francisco y la creación de un Papa radical”, muchos han concluido que unos Prelados Católicos han formado un “equipo”, o usando la terminología de la Universi Dominici, «un pacto, un acuerdo, una promesa u otro compromiso», en el cual se «obligan a dar o negar su voto a una persona».

Si el “team Bergoglio” existió, podría argumentarse que ellos simplemente son personas con ideas afines, que cambian puntos de vista, sin un «pacto, acuerdo, promesa».

Pero hay un testimonio –el del Cardenal McCarrick- que evidencia que había una campaña, un cabildeo, que estaba organizado, y que él estuvo de acuerdo en unirse a él.

El Cardenal McCarrick no era un Cardenal elector en el último Cónclave, sino que era un Cardenal que asistía a las Congregaciones generales, como está permitido por las leyes establecidas.

Un hombre influyente, no religioso, le presionó y le seleccionó para que hiciera propaganda de Bergoglio. Es claro su pensamiento, tal como él lo cuenta:

«…sólo antes de entrar en las conversaciones generales … un muy interesante e influyente caballero italiano me preguntó si podía verme, así que le dije que sí. Él vino a verme al seminario, en el Colegio Americano donde me alojaba. Nos sentamos; se trata de un hombre muy brillante, hombre muy influyente en Roma….;… hablamos de varias cosas; él tenía un pedido que preguntarme del pasado… en los Estados Unidos…; pero, luego dijo: «¿qué pasa con Bergoglio?». Y me sorprendió la pregunta; le dije: «¿qué pasa con él?». Él dijo: «¿Tiene él una oportunidad?». Yo dije: «Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él dijo: «Él podría hacerlo, ya sabes». Le dije: «¿Qué podría hacer?». Él dijo: «Él podría reformar la Iglesia. Si usted le diera 5 años, él podría ponernos de nuevo en el objetivo. Él tiene 76 años, si él tuviera 5 años, el Señor, obrando a través de Bergoglio, en 5 años podría hacer que la Iglesia surgiera de nuevo». Yo dije: «Eso es interesante». Él dijo: «Yo sé que eres su amigo». Le dije: «Así lo creo». Él dijo: «Habla con él». Dije: «Bueno, vamos a ver qué pasa… ésta es la obra de Dios«.…Mi amigo me dijo: ”Vota por Bergoglio”. Yo no lo sé».

Un «hombre italiano muy influyente», que conocía que el Cardenal McCarrick era amigo del cardenal Bergoglio. Este «hombre italiano muy influyente» se encontró con el Cardenal McCarrick con anterioridad a las Congregaciones Generales, en la cual se dan los discursos antes de que comience la votación del cónclave. Este «muy influyente hombre italiano» dijo al Cardenal McCarrick que “hablara” con el Cardenal Bergoglio. Más tarde, el Cardenal McCarrick describe este mismo hecho como un «push Bergoglio»: Puja por Bergoglio; haz campaña; vota por Bergoglio.

Así que, una persona externa, el «hombre italiano muy influyente», interfiere con la elección del Sumo Pontífice, sugiriendo al Cardenal McCarrick que «hablara» y que «votara» por el Cardenal Bergoglio. Todo esto es una violación de la Universi Dominici Gregis, en el artículo 81:

«Los Cardenales electores se abstendrán, además, de toda forma de pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier género, que los puedan obligar a dar o negar el voto a uno o a algunos. Si esto sucediera en realidad, incluso bajo juramento, decreto que tal compromiso sea nulo e inválido y que nadie esté obligado a observarlo; y desde ahora impongo la excomunión latae sententiae a los transgresores de esta prohibición. Sin embargo, no pretendo prohibir que durante la Sede vacante pueda haber intercambios de ideas sobre la elección».

Como el Cardenal MCcarrick no era elector, entonces sólo viola esta norma de manera indirecta. Una violación de un Cardenal elector es castigada con una excomunión latae sententiae. Pero aquellos que hacen un pacto, un acuerdo, un lobby, que tengan «la misma intención delictiva», que «concurran en la comisión de un delictivo», pero «que no son mencionados expresamente en la ley», como es el caso de un cardenal no elector,- como el cardenal Mccarry-, «quedan sometidos a las mismas penas, o a otras de la misma o menor gravedad» (Canon 1329 § 1 ).

El Cardenal McCarrick, muy sutilmente, admite haber aceptado las palabras de ese «hombre italiano muy influyente», y así lo predica ante los demás Cardenales:

«Entonces… tuvimos las Congregaciones Generales… hablé, durante 5 minutos y 15 segundos, como el hombre que… como el cardenal dijo… Yo dije 3 cosas. Dije, número 1… alejarse de los pobres, y en cierta medida temo que en algunas zonas del mundo, estábamos lejos de los pobres. Y eso es muy peligroso. Yo dije, espero que el nuevo, que el que sea elegido Papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tendría que tener un interés muy fuerte en América Latina, porque la mitad de la Iglesia está allí. Así que realmente ustedes tienen que empezar a pensar dónde está la gente. Me olvidé de la tercera cosa que dije, probablemente no era nada bueno, de todos modos».

Claramente, el cardenal sigue la sugerencia del «hombre influyente»: «yo espero que el nuevo, el que va a ser elegido papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tenga un interés muy fuerte en Latino América». ¿Por qué nombrar a un latinoamericano si un Papa tiene que ser para toda la Iglesia, no de un país concreto?

El pensamiento del cardenal estaba fuera de Bergoglio: «Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él no tenía en la mente la candidatura de Bergoglio. No lo veía como Papa. ¿Por qué cambia de parecer? Por la influencia de ese hombre italiano, un hombre con autoridad civil, un político, un hombre de gran influencia, que había sido requerido por los Cardenales para hacer lobby antes de las congregaciones generales. Para captar adeptos, que hablaran a favor de Bergoglio. Y así los Cardenales electores votaran por Bergoglio.

La política metida en un Cónclave. No sólo es el equipo Bergoglio. No sólo son unos Cardenales que quieren un Papa determinado. Es todo lo que hay montado y que no se ve, no se percibe con claridad.

Además, ¿cómo consiguió Ivereigh los datos para su libro? Estando con los diferentes personajes, juntando las anécdotas de todo lo que aconteció aquellos días:

«Mientras entrevistaba a mi antiguo jefe, Cardenal Cormac Murphy-O´Connor, para el libro, me he basado en una serie de notas distintas, algunas de las cuales fueron off the record (sin grabación), así como algunas anécdotas de diferentes lugares, lo cual es una práctica habitual para las reconstrucciones periodísticas de las elecciones papales. Las citas que uso del Cardenal Murphy-O´Connor son una que él ha dado en diferentes entrevistas. Cometí dos errores en la redacción de mis notas. Uno de ellos fue dar la impresión de que el grupo de los cardenales, que solicitaban la elección de Bergoglio, consiguió el acuerdo antes del cónclave, lo cual ellos no hicieron; quise significar que ellos creyeron que esta vez él no lo había de rehusar. Inmediatamente después de esta frase escribí: ”Me preguntó si él quería. Él dijo que él creía que, en este tiempo de crisis para la Iglesia ningún Cardenal podría rehusar si se lo preguntaran”. De hecho, ese cambio no tuvo lugar antes del cónclave, sino durante».

Ivereigh dice explícitamente que había un esfuerzo para solicitar el voto. Y esto va en contra de la norma 81, de la Universi Dominici Gregi.

Además, dice que «él no lo había de rehusar», refiriéndose a Bergoglio, que fue ya promovido por ese equipo en el Cónclave del 2005. Y se preguntaba «si él quería». Y la respuesta era clara: el tiempo de crisis es algo fabricado por la masonería, por ese equipo, por ese lobby, para elevar al Pontificado a un falso Papa: poner su hombre. Para levantar su iglesia.

denial2

«Al cardenal Murphy-O’Connor le gustaría disipar cualquier malentendido surgido del libro sobre Francisco de Austen Ivereigh (informe del 23 de Noviembre). Le gustaría dejar claro que no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio, por parte suya o, hasta donde él sabe, por ningún otro cardenal para buscar su asentimiento para convertirse en un candidato para el papado.

Lo que ocurrió durante el Cónclave, que no incluyó al cardenal Murphy O’Connor porque tenía más de 80 años, está ligado por el secreto» (Maggie Doherty – Secretaria de Prensa del Cardenal Cormac – Murphy-O’Connor).

La nota de la secretaría de prensa del Cardenal Murphy-O’Connor es una negación de los hechos y una clara violación del secreto.

Dice el Papa Juan Pablo II, en la Universi Dominici Gregis, n. 59:

«En particular, está prohibido a los Cardenales electores revelar a cualquier otra persona noticia que, directa o indirectamente se refieran a las votaciones, como también lo que se ha tratado o decidido sobre la elección del Pontífice en las reuniones de los Cardenales, tanto antes como durante el tiempo de la elección. Tal obligación del secreto concierne también a los Cardenales no electores participantes en las Congregaciones generales, según la norma del n.7 de la presente Constitución».

Después de la elección de un nuevo Papa, continúa el secreto, el cual pesa sobre los Cardenales electores y sobre los no electores:

El Cardenal Murphy-O´Connor era un Cardenal no electo. Por tanto, está obligado a guardar silencio sobre lo que sucedió antes de la elección de Bergoglio. Durante la elección no pudo estar.

Luego, su negación: «no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio»; es una clara violación del secreto. En la nota no se puede ni afirmar ni negar nada. Sólo hay que decir: por la norma 58 de la Universi Dominici Gregis estoy obligado al secreto bajo pena de excomunión:

«Quienes, de algún modo, según lo previsto en el n. 46 de la presente Constitución, prestan su servicio en lo referente a la elección, y que directa o indirectamente pudieran violar el secreto ―ya se trate de palabras, escritos, señales, o cualquier otro medio― deben evitarlo absolutamente, porque de otro modo incurrirían en la pena de excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica».

La nota de prensa no puede indicar una negación de los hechos. Como la indica, se está diciendo que existieron esos hechos.

Esta nota pone en duda la validez de la elección al ser una nota de negación: se rompe el secreto impuesto al Cardenal no elector O´Connor. Se cae en excomunión.

Sólo los Cardenales electores pueden hablar de lo que ocurrió, en la elección, por «una especial y explícita facultad» (n. 60) que da el sumo Pontífice para este caso. Ni O´Connor es Cardenal electo ni Bergoglio ha dado esa facultad.

El Papa Juan Pablo II enseña en el número 82:

«Igualmente, prohíbo a los Cardenales hacer capitulaciones antes de la elección, o sea, tomar compromisos de común acuerdo, obligándose a llevarlos a cabo en el caso de que uno de ellos sea elevado al Pontificado. Estas promesas, aun cuando fueran hechas bajo juramento, las declaro también nulas e inválidas».

No se pueden tomar compromisos de común acuerdo antes de la elección para que, después, se llevan a efecto. Estas capitulaciones son nulas.

¿Qué es lo que hizo Bergoglio? Él mismo lo cuenta:

«Sobre el programa, en cambio, sigo el que los cardenales pidieron durante las congregaciones generales antes del cónclave. Voy en esa dirección. El Consejo de los ocho cardenales, un organismo externo, nace de ahí. Había sido pedido para que ayudase a reformar la curia… Mis decisiones son el fruto de las reuniones pre‐cónclave. No he hecho nada yo solo… Han sido decisiones de los cardenales. No sé si es una postura democrática, yo diría más bien sinodal, aunque la palabra para los cardenales no es apropiada». Entrevista-al-Papa-Francisco.-29.06.2014

Claramente, es inválida la elección de Bergoglio por muchos caminos.

Por supuesto, el Vaticano lo niega todo:

«Puedo declarar que los cuatro cardenales citados niegan explícitamente esta descripción de los hechos, tanto lo que afecta a la petición de un consenso previo sobre el cardenal Bergoglio como lo relacionado con una campaña para su elección». Lombardi añadió que los cardenales «desean que se sepa que están sorprendidos y contrariados por lo publicado». (ver)

Es una negación que no niega nada: se niega esa descripción, pero no pueden negar la verdad de los hechos, que se puede contar de muchas maneras, pero sin revelar los hombres que, en verdad, están detrás de todo esto.

Es una negación que también rompe el secreto que deben guardar esos Cardenales.

Y, además, son unos cínicos: «están sorprendidos y contrariados». Mayor hipocresía no puede haber en Roma.

Pero esto, ya no lo quita nadie.

Han puesto a su hombre: un hombre lleno de verborrea humana. Sólo habla para agradar a los hombres, pero no a Cristo en la Iglesia.

Ha sido puesto ahí para desmantelar toda la Iglesia. Y lo está haciendo, en la oscuridad. Entretiene a todo el mundo con su palabra engañosa y, después, su equipo, sus cardenales, sus obispos, sacerdotes, hacen el trabajo sucio, sin que nadie se dé cuenta.

Como no tienen leyes en la mano, tienen que usar su poder sacerdotal en contra de toda verdad. Y eso es el cisma declarado, con obras, -no con leyes, con una doctrina que se exija- con sus obras de pecado es como llevan a toda la Iglesia hacia la gran maldad.

No se puede estar con Bergoglio como Papa. Es una gran blasfemia. Es cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Y son muchos los que ya lo han cometido y los que lo van a cometer.

Todo Papa legítimo es columna de fe y fundamento de la Iglesia: nunca es hereje.

1226_papa_francisco_che_guevara.jpg_1853027552

Todo Papa legítimo es «columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica» (Concilio de Éfeso – Sobre la primacía del Romano Pontífice – D112). Es decir, en su persona no puede existir el pecado de infidelidad, por el cual carece de la fe católica.

Aquel que no tiene fe, o que la ha perdido, se llama infiel. El infiel es el que voluntariamente se encuentra en estado de pecado y obra su pecado en contra de la verdad. El infiel no es estar en cualquier pecado, sino en aquel pecado que impide la fe, que combate la verdad dogmática.

Lo que impide la fe es someter la mente a la mentira, al error, a la duda, haciéndose el hombre enemigo del dogma, de la verdad revelada, de aquello que hay que creer para poder salvarse.

El infiel combate los dogmas que la Iglesia Católica siempre ha enseñado. Y, por eso, todo infiel es herético, produce el cisma, vive una apostasía, una renuncia de la fe verdadera.

Infiel no es el que comete un pecado de lujuria y, después, se arrepiente y se confiesa.

Infiel no es el que duda de Cristo o de la Iglesia, pero después sale de su duda para seguir creyendo.

Infiel no es el que teme enfrentarse a los hombres y dar testimonio de Cristo ante ellos, como le pasó a San Pedro en su pecado de negación, si inmediatamente resuelve su temor a los hombres en las lágrimas de su arrepentimiento.

Infiel es todo aquel que combate la verdad: combatir a Cristo y combatir a la Iglesia.

Por eso, encontramos a muchos católicos que han cometido el pecado de infidelidad y que se llaman, con la boca, católicos, sin serlo en la práctica de la vida espiritual.

La fe es una obra divina, no es un conjunto de ideas que se memorizan y que se repiten como un loro. Es una obra divina, no es un apostolado humano.

La fe es realizar una Voluntad Divina en la vida del hombre. Y, por eso, se necesita que el hombre obedezca, con su mente humana, la Verdad que Dios ha revelado.

La fe católica es obedecer a Dios. OBEDECER. Si no hay obediencia, no hay fe católica.

La fe no es natural, sino sobrenatural: el alma cree, la mente obedece a una verdad sobrenatural, no a una verdad natural, no a un escrito oficial.

Se obedece a una Verdad que Dios habla, que Dios dice, que Dios manda.

En la Iglesia Católica, desde el Papa hasta el último fiel, se tiene que dar la obediencia a esta Verdad sobrenatural. Si no hay esta obediencia, no hay Iglesia. Si el Papa no obedece la Verdad Revelada, los dogmas, no hay Iglesia. Ese Papa no es Papa legítimo, sino un falsario, un impostor.

Por eso, todo Papa  legítimo es fundamento de la Iglesia, porque todo Papa legítimo  obedece a Dios, confirma en la Verdad que Dios revela, muestra el camino para obrar la Verdad, que es siempre Cristo Crucificado.

Para obedecer a Dios –en la Iglesia- hay que crucificar el entendimiento humano. Sin esto, ningún Papa, ninguna Jerarquía es de la Iglesia de Cristo. Si el hombre no se somete, con su entendimiento humano, a la verdad revelada, al dogma, a lo que es de fe divina y católica definida, entonces el hombre no pertenece a la Iglesia porque está en su pecado de infidelidad, en el cual no puede obedecer la Verdad que Dios revela, sino que se está obedeciendo a sí mismo: a su mente, a su idea, a su plan humano, a la mentira que su mente encuentra en sí misma.

La vida de la gracia se pierde por cualquier pecado mortal: fornicarios, adúlteros, afeminados, sodomitas, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, rapaces, etc… (cf. 1 Cor 6, 9s).

Pero la fe sólo se pierde por el pecado de infidelidad: toda aquella Jerarquía de la Iglesia que por medio de dulces palabras y lisonjas seducen los corazones de los hombres para que acepten una mentira como verdad, no posee la fe católica, no son de la Iglesia Católica, no hacen Iglesia; sino que la destruyen, -tanto la fe como la Iglesia-, vestidos de lobos, con un traje que da una apariencia de santidad a los demás, de respeto, de obediencia, pero que sólo poseen un corazón sin posibilidad de amar a Dios, porque no obedecen, con sus mentes humanas, la Verdad Revelada, la Verdad de la Mente de Dios.

La herejía es un pecado de infidelidad: todo hereje ha perdido la fe católica. Todo hereje no se somete a la Mente de Cristo, sino que impone su propia mente humana a la Iglesia.

Por eso, es imposible que un Papa legítimo sea hereje. IMPOSIBLE. Porque todo Papa legítimo es columna de la fe. Y lo que derriba esa columna es la herejía, el pecado de infidelidad en la persona del Papa.

Jesús pone la Iglesia en la Roca de la Verdad: en un Papa que nunca puede cometer el pecado de herejía. NUNCA.

Muchos Papas han sido grandes pecadores, pero ninguno hereje. NINGUNO.

Esta verdad, tan sencilla, muchos católicos la desconocen. Y son culpables en su ignorancia. Tienen una ignorancia que les lleva al pecado mortal. Todo católico que no viva su fe es que, sencillamente, vive en su pecado, está en estado de pecado.

Vivir la fe católica es oponerse a toda herejía en la Iglesia. No sólo fuera de Ella, en el mundo, sino dentro de Ella. Porque es la herejía lo que destruye la Iglesia. Es la herejía lo que aniquila la vida espiritual de las almas.

No son los otros pecados, que la gente comete habitualmente, lo que impide ser de Cristo. Una prostituta puede tener más fe que mucha Jerarquía junta, que muchos católicos. Y, por eso, dice el Señor: «En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os preceden en el Reino de Dios» (Mt 21, 32). Ellos, en sus pecados, todavía creen; pero los fariseos, los que creen tener fe, los que se dicen que tienen fe, esos no la tienen, no pueden tenerla porque han rechazado, con su mente humana, la Verdad que Dios les muestra; y que no se puede cambiar jamás, no se puede interpretar como al hombre le venga en gana.

Ningún pecado mortal lleva al pecado de infidelidad: no porque una persona sea muy lujuriosa o muy ladrona o muy sodomita eso sea señal de que cometa su pecado de herejía. No; no es eso. Una prostituta que pase toda su vida en su pecado de lujuria puede salvarse y estar muy alta en el Cielo, si no comete el pecado de infidelidad.

Este pecado no se comete ni con el cuerpo ni con las manos ni con el apego a las riquezas o a las criaturas. Sino que se comete con la mente humana: el hombre decide no someterse a la Verdad. Esta decisión es su pecado de infidelidad, por el cual pierde la fe católica y ya no puede salvarse, aunque se pase la vida haciendo obras humanas maravillosas, aunque dé de comer a todos los hambrientos del mundo entero.

Donde no está la fe verdadera, allí tampoco está la caridad verdadera: «Si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha» (1 Cor 13,3).

Si el hombre no se somete, con su mente humana, a la Verdad, entonces sus obras son sin amor, sin caridad divina. Son obras de una falsa caridad, un falso amor, que viene de su falsa fe, de obedecer a una mentira.

Hubo Papas muy pecadores, pero tenían fe a pesar de sus pecados: sus mentes seguían obedeciendo la Verdad, aunque obraran sus pecados.

Hay mucha Jerarquía que sucumbe al pecado; pero se mantiene en la verdad: sus mentes se someten a la Verdad Revelada, no combaten esta Verdad, no enseñan una mentira a sus fieles. Les predican la verdad, aunque ellos vivan en sus pecados. Esta Jerarquía es digna de misericordia, porque no engaña en la Iglesia.

Pero aquella Jerarquía que engaña, que predica una mentira, que calla ante un mentiroso, esa Jerarquía no es digna de ninguna misericordia, porque está en su pecado de infidelidad: ninguna misericordia les puede salvar porque combaten la verdad de la misericordia.

«Por eso, os digo: que os será quitado el reino de Dios y será entregado a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21, 43).

Estamos en este tiempo: el tiempo del Fin.

En este tiempo, en la Iglesia no hay un Papa que sea columna de la fe ni fundamento de la Iglesia. No puede existir esa Cabeza, porque es el tiempo del Fin.

Los católicos no comprenden esto porque no tienen fe: son infieles a la Verdad que Dios revela en Su Palabra. Son fieles al lenguaje humano de los hombres, a la palabra oficial que en la Iglesia se da.

La fe no es la palabra oficial, un escrito oficial, un lenguaje humano sin verdad, unas obras apostólicas llenas de herejías, que muchos pregonan y obran.

No se puede estar en la Iglesia obedeciendo la mente de un hombre hereje, como es Bergoglio. NO SE PUEDE.

Quien se una a Bergoglio como Papa está declarando que no es católico, que no posee la fe católica, que no es de la Iglesia Católica.

En la mente de Bergoglio no se dan las Verdades sobrenaturales: en sus escritos, en su doctrina, en su magisterio no se enseña la fe católica. NO HAY LUGAR PARA ELLA. Lo que hay en la mente de Bergoglio es una clara apostasía de la fe, un claro fundamento de la mentira, una perspicaz obra en el error.

Quien se someta a la mente de Bergoglio no puede hacer comunión con la Iglesia verdadera. Donde está la herejía, donde está el pecado de infidelidad, allí no está la verdad sobrenatural, allí no está Cristo. Cristo está en el alma pecadora, pero no en el alma que comete el pecado de herejía. Cristo está en el alma que todavía tenga fe, no en el alma que decide echar a Cristo de su vida con su infidelidad a la Verdad dogmática.

Para discernir si un Papa es o no legítimo no hay que fijarse si los Cardenales lo han elegido o no. Muchos antipapas fueron elegidos por los Cardenales viviendo el Papa legítimo. No está en lo oficial que la Iglesia muestra. Ahí no está la Fe en la Iglesia de Cristo. Nadie puede creer a un Papa porque ha sido elegido por los Cardenales. NADIE.

El católico verdadero cree en el Papa porque éste es columna de la fe y fundamento de la Iglesia: es decir, en ese Papa no se da el pecado de herejía.

Si los Cardenales eligen a un hombre como Papa, y este hombre comienza a declarar herejías y a hacer obras claramente cismáticas, como es el caso de Bergoglio, entonces los católicos no tienen que esperar a que oficialmente sea declarado nulo el falso pontificado de Bergoglio. NO PUEDEN ESTAR ESPERANDO ESTO. Porque es imposible obedecer la mente de un hombre que enseña herejías. Es imposible darle obediencia, por más que oficialmente se declare a Bergoglio como Papa. Porque la fe es una verdad Revelada, no es una verdad oficial, natural, humana. La fe es obedecer la Verdad Divina; no es obedecer la mentira del hombre como una verdad, como algo impuesto que todos tienen que aceptar oficialmente. La fe no está en lo oficial, sino en la Palabra de Dios. Todo escrito oficial, toda obra oficial en la Iglesia tiene que dar testimonio de la Palabra de Dios, de la Verdad inmutable, para ser aceptada como Verdad. Sin este testimonio, es imposible seguir algo oficial que la Jerarquía imponga.

Quien vive de fe verdadera sabe que nunca Jesús pone un Pedro falso, herético. NUNCA: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Si Jesús es la Verdad, no puede poner una roca de mentira para levantar su Iglesia. Pedro es columna de fe divina, nunca de mentira humana. NUNCA. Siempre Jesús va a poner a un Papa que defienda a la Iglesia de la herejía. SIEMPRE. Nunca va a poner a un Papa que llene la Iglesia de herejías, que conduzca al Rebaño hacia la apostasía de la fe. NUNCA.

Bergoglio ya ha dicho cantidad de herejías. Y eso no es de ahora. Eso es toda su vida. Lo que hace ahora es el culmen, la perfección de su obra herética, de su vida para una maldad.

¿Qué hacen los católicos obedeciendo, sometiéndose a un hombre que no tiene la verdad en su mente?

¿A qué juegan?

¿Qué se creen que es la Iglesia de Cristo?

¿Qué se creen que es Cristo?

¿Qué creen que es Pedro en la Iglesia?

En un Papa legítimo nadie se atreve a discutir su juicio y todos le obedecen.

Pero en un falso Papa, en un impostor, –como es Bergoglio-, es necesario cuestionar todo lo que dice porque no tiene autoridad divina en la Iglesia; no se le puede dar obediencia; no hay lugar para imitar sus obras en la Iglesia.

Fiel es el Señor en sus palabras (Sal 144, 13); pero infiel es todo hombre sobre la tierra. Jesús nunca se puede apartar de la Verdad porque iría contra Sí Mismo: «Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida». Son los hombres – y sobre todo son los sacerdotes y los Obispos-, los que se apartan de Cristo, los infieles a la Verdad Revelada: los que obran la herejía.

Y en la Iglesia no se obedece a hombres, a doctrina de hombres. En la Iglesia se obedece a Cristo. Y toda aquella Jerarquía que no dé a Cristo, no hay obediencia, no hay sometimiento, aunque exteriormente, -oficialmente-, sea declarado un hombre como Papa.

La Fe no está en una declaración oficial de la Iglesia. La fe no es un lenguaje humano. La fe no es una palabra humana. La fe no es un apostolado humano.

La fe es una obra divina. Y si los hombres no obedecen, con sus cabezas humanas, la verdad divina; si la Jerarquía de la Iglesia no enseña, no guía, no señala el camino de la Verdad, entonces es que son unas ratas, unos lobos que se aprovechan de las circunstancias para realizar su negocio humano en la Iglesia.

¡Cuántos Obispos que prefieren su sillón episcopal antes de enfrentarse a Bergoglio! No quieren perder su oficio, su puesto en la Iglesia, su cargo oficial, y miran para otro lado, y dicen que todo va bien, que no hay que preocuparse. Y mienten a sus fieles. Y llevan por el camino de la maldad a su rebaño. Y sólo por apegarse a su sillón. No son capaces de dar testimonio de la Verdad ante la Iglesia porque han cometido el pecado de infidelidad: ya no poseen la fe católica. Están en el juego de Bergoglio.

Fiel es el Señor; infieles todos los demás.

«Nadie osó jamás poner sus manos sobre el que es Cabeza de los Apóstoles, y a cuyo juicio no es lícito poner resistencia: nadie jamás se levantó contra él, sino quien quiso hacerse reo de juicio» (San Bonifacio I – De la carta Manet Beatum a Rufo y demás Obispos – D 109).

Desde hace ya más de 50 años, en la Iglesia la Jerarquía ha osado poner sus manos sobre el Papa de turno. Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, quitados de en medio antes de tiempo. Se los han cargado.

Muchos, en la Iglesia, han puesto resistencia a los juicios de los Papas. Muchos se han levantado contra los Papas. Y, por tanto, son incontables los que han querido hacerse reos de juicio: se condenan en sus juicios contra los Papas.

Es cantidad la Jerarquía de la Iglesia que ha combatido a los Papas legítimos. No son sólo unos cuantos. ¡Muchísimos! Y, por eso, se ha tenido que dar lo inevitable: la renuncia de un Papa legitimo para poner un falso Papa: el falso Papa que muchos quieren.

Y a este falso Papa lo obedecen, se someten a su mente humana, e instan a que todo el mundo haga lo mismo, no por una verdad, no porque defiendan a Cristo, no porque les interese la Iglesia Católica, sino porque no son de Cristo, no son de la Iglesia. Combaten a Cristo y a la Iglesia.

Y esto es lo que a muchos católicos no les entra en la cabeza: que pueda existir una Jerarquía tan malvada dentro de la Iglesia. Y, claro, viene Bergoglio y quedan ciegos. Totalmente ciegos. Porque viven sólo de la fe oficial, de documentos oficiales. Y no recurren al Evangelio, a la Verdad, para resolver una herejía:

«Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gal 1, 8).

El Evangelio no es lo oficial en la Iglesia: no es el documento oficial que la Iglesia saca. Pedro no es lo que los cardenales eligen.

El Evangelio es la Palabra de Dios, que Cristo enseñó a sus Apóstoles y que no cambia por el transcurso del tiempo. No puede cambiar. Es siempre lo mismo. Pedro es siempre aquel que elige el Espíritu Santo en la muerte de un Papa. ¡En su muerte, no en su renuncia!

Si viene un Bergoglio que enseña un comunismo: su evangelio de la alegría; que es distinto al Evangelio de Cristo, entonces, por más que los Cardenales lo hayan elegido para Papa, sea Bergoglio anatema. Y por más que los Obispos callen y lo sigan manteniendo como Papa, sea Bergoglio y esos Obispos, anatema. No son de la Iglesia Católica. No hay que seguirlos, no hay que obedecerlos, no hay que someterse a sus mentes humanas. Y eso no es destruir la Iglesia, sino levantarla en la verdad.

Esta es la fe católica: la doctrina de Cristo no es doctrina de hombres. No es lo que los hombres explican sobre Cristo y sobre la Iglesia. Es lo que Cristo siempre ha enseñado y que la Jerarquía verdadera lo ha transmitido sin poner ni quitar nada.

Pero el problema de tantos católicos es que no saben discernir la Jerarquía verdadera de la falsa en la Iglesia Católica. Y no lo saben porque no viven de fe.

La fe es una obra divina. Hay tantos católicos que su fe es muy humana, con unas obras muy humanas, muy sentimentales, y que se creen salvos porque comulgan cada domingo en la Iglesia. No tienen la fe divina; no tienen la fe católica. Ni saben lo que es esto.

Son como muchos protestantes: creen en un Dios amor, misericordioso, que no imputa el pecado, que no castiga, que no manda al infierno. Y, claro, están contentísimos con Bergoglio: les habla lo que ellos quieren escuchar, lo que hay en sus mentes. Les hace la vida mucho más agradable a sus sentidos.

«Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servíos unos a otros por la caridad» (Gal 5, 13).

Servir a la carne es servir a la propia mente humana, al propio pensamiento de la vida, a la idea política que gusta a todo el mundo.

Muchos toman el sacerdocio para esto: para servir a sus intereses humanos dentro de la Iglesia. Dan de comer a los pobres para alcanzar una gloria humana. Esto es lo que hace Bergoglio y toda aquella Jerarquía que calla ante su herejía.

No solamente la Jerarquía falsa es la que dice herejías; también hay que contar aquellos sacerdotes y Obispos que tienen miedo de enfrentarse a Bergoglio. Tampoco son de la Iglesia Católica. Ya ha pasado el tiempo de discernir qué cosa es Bergoglio. Ahora es el tiempo de obrar: o estoy con ese impostor o estoy con Cristo, es decir, me opongo TOTALMENTE a Bergoglio como Papa.

¿Qué Jerarquía hace esto en la Iglesia? NADIE.

¿Qué web católica hace esto? NADIE.

Por eso, os será quitado el reino de Dios, porque de Dios, de Su Iglesia, de Cristo, nadie se ríe.

Es muy grave lo que está pasando en la Iglesia para estar contentos con un subnormal de Papa. O se ponen en la verdad o caminan para el infierno de la mano de un escrito oficial. Que cada uno elija. Son libres para decidir su destino final en la vida.

Bergoglio niega la Creación Divina y la Omnipotencia de Dios

santa

«La acción del hombre participa de la potencia de Dios y es capaz de construir un mundo apto a su doble vida corporal y espiritual; construir un mundo humano para todos los seres humanos y no para un grupo o una clase privilegiada» (ver texto)

Este es el orgullo de un hombre sin sabiduría divina: «construir un mundo apto a su doble vida corporal y espiritual». Bergoglio quiere construir un Paraíso en la tierra ¡Este es su fin en su gobierno en la maldita iglesia que ha levantado en el Vaticano! Para eso trabaja, para eso se levanta cada día: para recibir el aplauso de la gente que busca vivir una vida sin Dios. A toda esa gente, Bergoglio les da lo que piden. Y sólo de esa manera, consigue adeptos para su maldita iglesia.

Y quiere su comunismo: «construir un mundo humano…no para un grupo o una clase privilegiada». Es su lucha de clases, porque pone el pecado como un mal social, como un mal que producen las clases pudientes en contra de las clases pobres y miserables. Quiere un mundo para todos los hombres en igualdad de condiciones; que todos tengan de todo. Y eso es imposible, un absurdo, porque existe el pecado como ofensa a Dios. Y, por tanto, se da, tanto en los ricos, como en los pobres, la avaricia, el poder, el orgullo, la autodependencia, vivir como a uno le dé la gana sin contar con los demás. Y sean comunistas, ateos, liberales, conservadores, socialistas, adinerados, pobres…todos quieren una cosa: pecar; vivir pecando. Y, por tanto, es un absurdo un mundo para todos los hombres en que no se den diferencias. Un auténtico absurdo, que es lo que viven y predican todos los comunistas, como Bergoglio.

Después del rotundo fracaso del Sínodo, este hombre tiene que conseguir acaparar, de nuevo, a la gente que ha comenzado a distanciarse de él.

Tiene que hablar bien del Papa legítimo, Benedicto XVI. Tiene que inaugurar un busto para él, para que todos vean que él continúa la obra de Benedicto XVI. Todos miran, ahora, al Papa Benedicto XVI después del escándalo del Sínodo. Todos le buscan, porque comienzan a ver lo que es Bergoglio: uno que se aprovecha de la situación de la Iglesia para hacer su negocio en Ella, que es lo que hacen todos los dictadores en el mundo.

Pero el problema de Bergoglio es que no sabe esconder su herejía: cuando dice una verdad, al mismo tiempo, tiene que decir una mentira. No sabe callar su mente, que es propia de un demonio. Es la mente de un hombre que sólo vive para lo que hay en su inteligencia humana: y su inteligencia está rota por su gran soberbia. ¡Es una locura! Y esa rotura la revela a todo el mundo con su espíritu orgulloso: aquí estoy yo para levantar un busto al Papa verdadero, pero también para deciros que Dios no ha creado el universo de la nada.

«Cuando leemos en el Génesis el pasaje de la Creación corremos el riesgo de imaginar que Dios haya sido un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas»: esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo.

¡Qué falta de lucidez tiene este hombre cuando habla de Dios! ¡Cómo se palpa su locura!

Dios tiene poder para hacer todas las cosas: si Bergoglio niega esto, lo niega todo. ¡Está negando la Omnipotencia de Dios! En el concepto que este hombre tiene de Dios, Dios no es Omnipotente.

Dios ha creado el mundo, pero lo que combate Bergoglio es esto: el mundo comenzó a ser; entonces, ¿de dónde le viene al mundo el que después de haber recibido el ser ya no lo pierda y se convierta en lo que es?

En otras palabras: el mundo ¿depende absolutamente de Dios para que siga siendo mundo, o son los hombres los que se encargan de hacer y de conservar el mundo?

Bergoglio niega que el mundo dependa absolutamente de Dios, porque Dios «no es un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas». Este es el lenguaje propio de su herejía: es un lenguaje barato, pero que da una blasfemia: Dios no es «capaz de hacer todas las cosas» ¡Una gran blasfemia! Y muchos la aplauden. Muchos. Porque les gusta el lenguaje barato de este hombre: «corremos el riesgo de imaginar que Dios haya sido un mago». Este lenguaje barato no significa que esté exento de pecado: no; es un lenguaje barato lleno de pecado: falta al respeto a lo que es Dios. A Dios nunca se le puede relacionar con un mago. Bergoglio no sabe hablar de Dios, porque quiere poner a Dios en el lenguaje hortera de la calle: abaja a Dios al hombre. Por eso, su pecado apesta en la Iglesia: es el pecado de un orgulloso, que se cree que sabe algo de Dios, porque habla de una manera barata al pueblo.

Así que Dios creó el mundo y prescinde de él: «Él ha creado a los seres y los ha dejado desarrollar según las leyes internas que Él ha dado a cada uno, para que se desarrollaran, para que llegaran a la propia plenitud».

¡Leyes internas! ¿Qué serán esas leyes? ¿Leyes psicológicas? ¿Leyes biológicas? ¿Leyes sexuales? ¿Leyes psiquiátricas?.. ¿En dónde queda la ley natural? ¿En dónde la Ley Eterna de Dios en toda la Creación? Esto, para Bergoglio, no existe en su concepto de Dios.

Cada ser ha desarrollado una vida según unas “leyes internas”. Y así ha llegado, cada ser, a su propia plenitud. ¡Una gran blasfemia! La criatura sola, sin el concurso inmediato de Dios (porque Dios no puede hacerlo todo), llega a su plenitud. Dios no es la Vida que lo sustenta todo, sino que cada ser tiene su vida y así, en la evolución de sus leyes, llega a la perfección, a la santidad, a la plenitud de todo. ¡La ley del pecado no se da! ¡La ley de la gracia no se puede dar! ¡La ley divina nunca se va a dar con Bergoglio!

La creación de Dios, a causa de la ley del pecado, está como está: un desastre. No hay plenitud. Dios creó el Universo, creó a un ángel que se rebeló contra Él; y ese ángel metió la ley del pecado en la Ley Eterna, que rige toda la Creación. Imposible que la Creación, ni siquiera la material, llegue a su plenitud en lo material. Imposible. Porque la ley del pecado es destrucción de toda plenitud.

Los cuerpos de los hombres, por la ley del pecado original, nacen llenos de abominación. Y por más que crezcan, que se desarrollen naturalmente, como cuerpos, el hombre, al mirar su cuerpo, mira su muerte, mira una cosa que se va a morir pronto. Y se muere porque este cuerpo no es plenitud, no puede llegar a la perfección por más desarrollo en su vida carnal que tenga.

Bergoglio es anatema: se carga la ley Eterna para dar sus leyes internas, para contar la fábula de la Creación según Bergoglio.

Y ¿qué dice la Iglesia?

El Concilio Vaticano I (D 1784): «Todas las cosas que ha creado, Dios las cuida y las gobierna con su providencia…». Esto es de fe divina y católica. Esto es un dogma de fe, enseñado en el Magisterio auténtico de la Iglesia. Esto no es una opinión teológica. Dios conserva indirecta y directamente Su Creación. Bergoglio se carga este dogma con su lenguaje barato y blasfemo.

Dios tiene poder para cuidarlo todo, para gobernarlo todo con Su Providencia.

Y ¿qué dice la Sagrada Escritura?

Sab 11,25s: «Nada de lo que hiciste aborreces… Y ¿cómo habría permanecido algo si Tú no hubieses querido? ¿Cómo algo que no hubiera sido llamado por Ti se habría conservado?».

Dios conserva todas las cosas de manera directa e inmediata. Es Su Voluntad: «si Tú no hubieses querido»; «algo que no hubiera sido llamado por Ti». Dios lo conserva todo, concurre con todas las cosas con su sola Voluntad. Su Voluntad Divina es Poder. Por encima de la voluntad de los hombres, de su libertad, se encuentra el Poder de la Voluntad de Dios, que niega Bergoglio.

Sab 1,7: «Porque el Espíritu del Señor llena la tierra y El, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento de toda palabra».

Dios todo lo mantiene unido. Tiene poder para eso. Dios asiste con Su Omnipotencia a todas las cosas. Dios llena con Su Presencia y mantiene unido en el ser todas las cosas, para que no desaparezcan.

Un ser no puede vivir, no puede crecer, no puede desarrollarse –ni siquiera materialmente- sin la Omnipotencia de Dios.

Un hombre no puede pensar si Dios no le ayuda, no concurre con él. Un hombre no puede moverse, si Dios no gobierna sus movimientos. Un hombre no puede obrar si Dios no lo lleva en sus manos.

Hchs 17,24-28: «Dios, que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no… como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el aliento y todas las cosas… Pues en El vivimos, nos movemos y existimos».

El hombre vive y se mueve y existe en Dios. Y no en un sentido panteísta.  Todas las cosas han recibido de Dios, y no sólo al principio de su creación, sino que continuamente reciben de Dios, la vida, el ser, el movimiento. Es decir, que Dios conserva todas las cosas directa e inmediatamente. Todas las cosas dependen de Dios absolutamente para que puedan desarrollarse en su vida natural.

Hebr 1,2s: «En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo…, por quien también hizo los mundos: el cual, siendo resplandor de su gloria… y el que sostiene todo con su palabra poderosa»

Todo está sostenido por la Palabra Poderosa del Hijo. ¿Tiene o no tiene Poder Dios? Con su sola Palabra lo sostiene todo. No sólo lo ha creado todo. Sino que lo conserva, lo gobierna todo.

¿Qué dice Bergoglio?

«Él ha dado la autonomía a los seres humanos del universo al mismo tiempo en el que les ha asegurado su presencia continua, dando el ser a cada realidad».

¿Captan la herejía?

Dios es presencia continua, pero no el que conserva en el ser. Dios está ahí presente, viendo cómo las criaturas nacen, crecen, mueren, se desarrollan, evolucionan… Dios es un espectador de Su Creación, pero no gobierna nada. Son las criaturas las que, con su autonomía, se gobiernan a sí mismas.

Dios ha dado el ser a cada realidad, pero ha dado la autonomía a todo ser. Dios no conserva en el ser. Sólo ha creado al ser, pero con la autonomía de cada ser, ese ser ha llegado a su plenitud.

Dios está presente, pero no conserva en el ser: “así ha ido adelante la creación durante siglos y siglos, milenios y milenios hasta que se ha convertido en la que conocemos hoy, precisamente porque Dios no es un demiurgo o un mago, sino el creador que da el ser a todos los entes». Dios es, sólo, el Creador. Y nada más. No tiene poder para más. No es un mago. ¡Ésta es su gran blasfemia!

¿Qué dicen los santos?

San Agustín (R 1694): «Hay quienes dicen que solamente el mundo ha sido creado por Dios, y que todo lo demás ya lo realiza el mundo mismo, así como Dios lo ha ordenado y lo ha mandado, pero que Dios mismo no es el que lo realiza… Tenemos que creer y, si podemos, también que entender que hasta ahora Dios sigue actuando, de tal manera que, si la actuación de Dios se sustrajera a las cosas creadas por El, éstas perecerían».

San Agustín pone entre las cuerdas el pensamiento de Bergoglio. San Agustín condena a Bergoglio.

San Gregorio Magno (R 2310): «Una cosa es ser, y otra es ser principalmente; una cosa es ser pudiendo experimentar cambios y otra es ser sin posibilidad de cambio. En efecto todas estas cosas son, pero no son principalmente, porque de ninguna manera subsisten en sí mismas, y si no fueran sostenidas por la mano del que las gobierna, de ningún modo pueden existir… En efecto todas las cosas han sido creadas de la nada, y la esencia de ellas tendería de nuevo a la nada, a no ser que el autor de todas las cosas mantuviera dicha esencia con la mano de su gobierno».

Todo está en la mano del gobierno de Dios. Nada está en la mano de los gobiernos de los hombres. Nada. Nada son las criaturas sin el Creador: no pueden subsistir. Lo que hoy conocemos, esa creación que ha ido adelante es sólo por Dios, no por la Creación misma.

Bergolgio dice que, como Dios no es un mago, no es un demiurgo, entonces nada hace en Su Creación. Está anulando la dependencia de todas las cosas a Dios. Dependencia Absoluta.

¿Quién hace los milagros? El hombre: «el científico debe ser movido por la confianza que la naturaleza esconde, en sus mecanismo evolutivos, potencialidades que corresponde a la inteligencia y la libertad descubrir y actuar para llegar al desarrollo que está en el diseño del Creador».

¿Ven la gran soberbia de este hombre? ¿Captan su gran blasfemia?

¿Quién puede medir la Mente del Creador y ver lo que el Creador quiere para Su Creación? ¿Un científico? ¿Un teólogo? ¿Bergoglio?

«Mis pensamientos no son vuestro pensamientos»: lo que hay en la naturaleza de cada ser es un misterio. Y la inteligencia de los hombres, por más que quiere conocer lo que es una naturaleza no llega a su misterio. Y si no llega a ese misterio con su inteligencia humana, tampoco sabe obrar lo conveniente para dar a esa naturaleza lo que pide esa naturaleza. Dios es el gobierna cada ser que ha creado y lo lleva a la perfección de ese ser. El diseño del Creador sólo está en el Creador, no en la inteligencia ni en la libertad de cada hombre. ¡Ésta es su gravísima blasfemia! ¡Que todo esté en la libertad e inteligencia de los hombres para descubrir y actuar y así llegar a un Paraíso en la tierra!

Nadie puede entrar en la Mente de Dios para saber cuál es el diseño del Creador. Nadie puede descubrir en la naturaleza el misterio de la Creación. Nadie. Es lo que pretende este hombre.

Pero la mente de Bergoglio se centra en esto:

«cuando, en el sexto día del pasaje del Génesis, llega la creación del hombre, Dios da al ser humano otra autonomía, una autonomía diferente de la que tiene la naturaleza, que es la libertad. Es decir, le hace responsable de la creación, también para que domine la Creación, para que la desarrolle y así hasta el final de los tiempo».

Bergoglio niega que Dios concurra con todas las criaturas, física e inmediatamente, cuando obran, porque ha puesto en el hombre: la autonomía.

Bergoglio, al final de su discurso, va a decir una gravísima blasfemia:

«la acción del hombre, cuando transforma su libertad en autonomía –que no es libertad, sino autonomía– destruye la creación y el hombre toma el lugar del Creador. Y este es el pecado grave contra Dios Creador»

La libertad se transforma en autonomía. Y es ésta – la autonomía- el pecado contra Dios, al destruir la Creación.

¿Qué es la autonomía para Bergoglio? Es algo que viene de Dios: «Dios da al ser humano otra autonomía»; y que es diferente a la libertad, que es también otra autonomía:   «una autonomía diferente de la que tiene la naturaleza, que es la libertad».

Así que la naturaleza del hombre tiene dos autonomías: una, la propia del ser humano; y otra, la libertad.

Esa autonomía de la naturaleza es una ley interna: «las leyes internas que Él ha dado a cada uno».

No existen, en la naturaleza humana, dos autonomías. Sólo existe en la naturaleza humana la ley natural. Y no hay más leyes internas ni autonomías. Y esa ley natural no es una ley interna: es la ley Eterna de Dios, inscrita en la naturaleza humana. Es algo divino que mueve al hombre a la verdad de su ser humano. Es algo divino que mueve al hombre hacia la verdad de su vida. Es algo divino que produce en el hombre la verdad de su existencia humana.

Bergoglio niega todo esto y pone dos autonomías en los hombres, dos leyes internas. Todo es un invento de la cabeza de este hombre. Todo es una fábula. Y con esas dos leyes internas, quiere explicar el pecado contra Dios Creador.

¿Ya han captado la gravísima blasfemia? ¿Ya ven por dónde va Bergoglio en este discurso?

«El Big-Bang, que hoy se pone en el origen del mundo, no contradice la intervención creadora divina sino que lo exige. La evolución en la naturaleza no contrasta con la noción de Creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan».

Todo en la mente de este hombre es la lucha entre Creación y evolución. Él se decanta por la evolución, por los seres que evolucionan, suprimiendo el que Dios lleve a cabo todas las cosas

Is 26,12: «Yahvé, Tú nos pondrás a salvo, que también llevas a cabo todas nuestras obras».

Es Dios el motor de toda la Creación. No es la evolución en la naturaleza.

Sal 146,7s: «Cantad a Yahvé en acción de gracias… El que cubre de nubes los cielos, el que lluvia a la tierra prepara, el que hace germinar en los montes la hierba, y las plantas para usos del hombre».

¿Quién cubre el cielo de nubes? ¿La evolución del agua y del viento, que producen las nubes? ¿Los cambios climatológicos? No; solo Dios, que mueve al agua y las nubes en el ser de cada una para que obren lo que tienen que obrar.

¿Quién hace germinar la hierba? ¿La semilla que se siembra? ¿La tierra donde se cultiva? ¿El agua que se echa? ¿El sol que calienta? No; es Dios quien, con Su Ley Eterna, con Su Providencia, lo mueve todo, en cada ser, para que obren aquello para lo cual han sido creados.

No existe la evolución de la naturaleza. Existen los cambios en ella, los desarrollos naturales, su crecimiento, su decrecimiento. Pero cada naturaleza es siempre la misma en su esencia. No evolucionan. Sólo cambian en lo exterior de ellas.

Mac 7,22s: Les decía (la madre de los Macabeos): «Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas, ni fui yo quien os regaló el espíritu y la vida, ni tampoco organicé yo los elementos de cada uno; pues así el Creador del mundo, el que modeló al hombre en su nacimiento y proyectó el origen de todas las cosas…».

¿De dónde viene el hijo? ¿Del semen del padre?¿Del óvulo de la madre? ¿Cómo crece en el vientre de la madre? ¿Ese crecimiento es una evolución de su naturaleza o es una obra divina en la naturaleza? Ese ser nuevo, ¿se va desarrollando por sus leyes internas, o es Dios el que concurre con esa naturaleza para que llegue al orden divino que Él ha establecido en esa naturaleza?

Bergoglio se queda sólo en la evolución de la naturaleza, negando incluso que Dios haya creado el Universo: «El Big-Bang, que hoy se pone en el origen del mundo, no contradice la intervención creadora divina sino que lo exige».

El Big-Bang es exigido en la creación divina: ya Dios no crea de la nada, sino de algo: del Big-Bang.

El mundo ha sido creado solamente por Dios, sin el Big-Bang. No hace falta el Big-Bang. Es inútil. Es una leyenda de los científicos, a la cual Bergoglio es fan.

Dios crea de la nada. NADA. Este es el Misterio. Y, por tanto, no existe el Big-Bang, porque nadie conoce el Misterio de la Creación. ¿Qué pasó en ese principio? ¿Cómo fue ese principio? ¿Cómo se crea algo de la nada?

Los científicos se rompen la cabeza con esto; pero Bergoglio cuenta sus fábulas a sus oyentes, cayendo en gravísimas blasfemias y herejías.

El Concilio IV de Letrán, en contra de los Albigenses (D 428), dice: «Creemos firmemente y claramente confesamos que uno solo es el verdadero Dios, eterno…: un solo principio de todas las cosas, creador de todas las cosas visibles e invisibles, espirituales y corporales: el cual con su poder omnipotente creó de la nada simultáneamente desde el principio de los tiempos a ambas creaturas, la espiritual y la corporal, esto es a los ángeles y todo lo de este mundo…».

Sólo hay un principio en la Creación: Dios. No existe el principio del Big-Bang.

«Si alguno no confiesa que el mundo y todas las cosas, que se hallan en él, tanto espirituales como materiales, han sido creadas por Dios de la nada en cuanto a toda su substancia…: sea anatema» (D 1805).

Bergoglio es anatema, porque no confiesa que Dios ha creado todas las cosas de la nada, sino que predica que las ha creado del Big-Bang.

Por una parte, niega que Dios cree de la nada; por otra parte, dice que Dios es creador. Y, por tanto, en esta contradicción, tiene que negar la Omnipotencia de Dios, no sólo en el acto creador, sino en todo lo demás. Dios ya no conserva todas las cosas, no concurre con ellas, sino que las deja en su autonomía, en sus leyes internas. Así, Bergoglio se carga la ley Eterna. Y, al final, es el hombre el dios de la creación: el pensamiento del hombre, lo que el hombre piensa y cree.

Como ven, no hay en este discurso ninguna verdad. Ni siquiera cuando habla del Papa Benedicto XVI. Son sólo flores para captar la atención de aquellos que ya miran a Benedicto XVI como el Papa verdadero. Y esto le sienta a Bergoglio como una patada en el vientre.

Bergoglio pierde popularidad y credibilidad. Y ahora son los otros los encargados de mantener la popularidad de este hombre, diciendo cosas como estas:

Cardenal Vincent Nichols, arzobispo de Westminster:

«El impulso del Papa Francisco para hacer que la Iglesia sea más acogedora con los gays no debe ser interrumpido por la violenta reacción de los obispos conservadores. Es preciso ir más lejos».

«Estoy decepcionado porque no se usó un lenguaje más fuerte acerca de la necesidad de respetar, recibir y valorar a quienes mantienen relaciones homosexuales»

«Este retroceso no es de ninguna manera algo definitivo y espero que el Sínodo del año próximo reinstale la actitud más acogedora hacia los gays»

«El Papa Francisco rompió las normas como parte de un proceso de diálogo y discernimiento para el futuro de la Iglesia» (ver texto).

Todo es convencer a las masas para que sigan confiando en un hereje, en un cismático, en un hombre que se ha vuelto loco en su pensamiento humano. Sólo vean su gran locura en este discurso a los científicos.

Le quieren sacar las castañas del fuego en su gran derrota, que ha sido el Sínodo. Y ya no pueden.

¿Quién defiende a Bergoglio en su fracaso? La jerarquía pervertida que unida a él quiere destruirlo todo en la Iglesia. Los católicos pervertidos, que ya no pueden ver la maldad de este hombre, sino que la siguen a ciegas. La gente del mundo que quiere a un pervertido, como Bergoglio, líder de la Iglesia.

Estamos en el tiempo de la perversión de las inteligencias humanas. Y, en este tiempo, no hay ni puede haber medias tintas: o estás con unos, o con los otros. O se tiene toda la Verdad, o se poseen todas las clases de herejías.

Ustedes deciden con quiénes quieren estar: o con Cristo; y, por tanto, en la Iglesia remanente, la que no es de masas; o con el demonio; y, por tanto, con la iglesia mediática del Vaticano. Todo se hace para ganar adeptos a la causa de la masonería en Roma.

Benedicto XVI es el que posee la Suprema Potestad en la Iglesia Universal

fotos-saturno___1956-saturno-2748

«Cuando el peligro es grande no se puede escapar. Es, por eso, que éste definitivamente no es el momento de renunciar. Es precisamente en momentos como éste, que tenemos que resistir y superar la situación difícil. Este es mi pensamiento. Uno puede renunciar en un momento de paz, o en las que simplemente no puede hacerlo más. Pero uno no puede huir en el momento del peligro y decir: «que se ocupe otro» […] Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea que le ha confiado, entonces tiene el derecho, en determinadas circunstancias, y también el deber de dimitir»(Luz del Mundo, Libreria Editrice Vaticana, 2010, p. 53).

Las palabras del Papa Benedicto XVI son claras: no es el momento de renunciar (= «non è il momento di dimettersi»), sino que hay que resistir (= «che bisogna resistere»).

«Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea, entones tiene el derecho de… dimitir». Este pensamiento del Romano Pontífice es distinto cuando da su renuncia:

«he llegado a la certeza que mis fuerzas, por la edad avanzada, ya no son aptas»«para gobernar el barco de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor sea del cuerpo, sea del ánimo, vigor que, en los últimos meses, en mí ha disminuido en modo tal que debo reconocer mi incapacidad de administrar el ministerio a mí confiado».

El Papa, en su renuncia sólo da una razón: la disminución del vigor del cuerpo, la edad avanzada, que hace que el ánimo se sienta turbado, pesado, sin fuerzas. Pero el Papa no da una razón espiritual de su renuncia. El cuerpo puede estar débil, sin fuerzas; la cabeza puede estar no lúcida; pero no son razones para renunciar. Juan Pablo II se mantuvo hasta el final, con sus enfermedades. Y podía haber dicho: ahí os quedáis todos. Y, sin embargo, se mantuvo siendo un Papa católico hasta el final: perseveró en la gracia de su Pontificado. Fue fiel a esa gracia.

Benedicto XVI pone una excusa pobre y esconde la verdadera razón. No puede decirla. La razón espiritual debe callarla.

«No es el momento de renunciar» y, sin embargo, me han obligado a renunciar. Esto lo calla el Papa Benedicto XVI. Si el Papa hubiera sido fiel a su pensamiento: «uno no puede huir en el momento del peligro», entonces no hubiera renunciado. Quien conozca la mente de Benedicto XVI sabe muy bien que él siempre ha sido fiel a su pensamiento. El Papa Benedicto XVI tiene una cabeza bien montada: sabe lo que piensa y sabe lo que dice. No es como muchos seudo-teólogos, llenos de ambigüedades, que no saben ni lo que piensan ni lo que dicen. No es un Bergoglio que es un veleta del pensamiento del hombre: es un hombre sin ideales, sin rumbo, sin camino, sin una obra verdadera. Bergoglio es un pervertido en su juicio: no tiene cabeza, es un loco, carece de toda inteligencia espiritual y humana.

Al Papa Benedicto XVI le pusieron el arma en la sien: es un modo de hablar para decir que la Iglesia está gobernada por hombres que no pertenecen a Ella, sino que han escalado los puestos claves para dar el asalto a la Verdad.

La Verdad no puede ser vencida, pero sí ocultada de muchas maneras. Sí perseguida en muchos frentes.

El Papa Benedicto XVI sabe lo que hay en la Iglesia: en su interior. Los conoce a todos con los ojos cerrados. Pero debe callar. Si hubiera huido de Roma, entonces habría hecho la Voluntad de Dios. Pero dejó a la Iglesia en manos del lobo. Y esto es un pecado que hay que expiar.

Con la muerte del Papa Benedicto XVI se acaba el tiempo del Papado: surge el tiempo del Anticristo. Ya estamos en su inicio, pero debe morir el katejon. No sólo debe renunciar, sino morir, para que se cumplan las escrituras.

Tiene que cumplirse la profecía de Fátima, en su segunda parte: «y vimos…a un obispo vestido de blanco» que «llegado a la cima del monte… fue muerto por un grupo de soldados». La primera parte del Tercer Secreto, ya se cumplió en estos 18 meses: Dos Papas en Roma; uno de ellos bajo la influencia del demonio, poseído por Satanás..

La Iglesia vive de profecías, porque Jesús es un Profeta. Y todo sacerdote es un profeta. Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre. Eso es ser profeta: habla lo que el Padre le dice. Transmite íntegramente la Mente del Padre. El profeta no pone nada de su intelecto humano. No interpreta lo que recibe de Dios. Lo da sin más, aunque el mundo no lo comprenda.

Por eso, hoy los católicos se afanan por buscar falsos profetas que les digan que lo que pasa en la Iglesia no es nada, que todo va de maravilla, que continúen obedeciendo a Bergoglio, que tiene fama de santidad. No quieren escuchar la voz de Dios, no quieren buscar la verdad. No les interesa lo que piensa Dios de todo esto que pasa en la Iglesia, porque es más fácil acomodarse a lo que los demás piensan y deciden en la vida.

Siempre el falso profeta habla para que el otro se sienta contento, a gusto. Y, por eso, no es un profeta de calamidades, de desastres, de castigos, de muertes… Sino que es falso profeta de misericordia, de amor, de paz, de ternura, de fraternidad, que es siempre el lenguaje humano de los tontos, de los tibios, de los pervertidos en sus juicios humanos.

La Iglesia se llena de falsos profetas y de una falsa Jerarquía que limpia las babas que se le caen a Bergoglio cuando habla. Esto es la Iglesia actualmente: todos maquillando a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe. Y lo hacen cobrando. Es el negocio que ahora se han montado en el Vaticano: gente que apoye las barbaridades de ese hombre, gente que haga filosofía de la mentira de ese hombre; gente que viva como ese hombre.

¿Renunció el Papa Benedicto XVI al ministerio petrino o al ministerio episcopal?

El Romano Pontífice es el Obispo legítimo de la diócesis de Roma, es decir, que el Papa es también el Obispo de Roma. Primero es ser Papa, después es ser Obispo de Roma.

«El Obispo de la Iglesia de Roma, en quien perdura el ministerio concedido singularmente por el Señor a la persona de Pedro, el primero de los Apóstoles, y que debe transmitirse a sus sucesores, es la cabeza del Colegio de Obispos, Vicario de Cristo y Pastor aquí en la tierra de la Iglesia universal; él, por ello, en virtud de su ministerio, tiene potestad ordinaria suprema, plena, inmediata y universal sobre la Iglesia, potestad que puede siempre ejercer libremente» (canon 331).

En este canon se reconoce al Obispo de Roma como en quien está el ministerio del Sucesor de Pedro: «El Obispo de la Iglesia de Roma es… el Pastor aquí en la tierra de la Iglesia Universal». Son dos poderes distintos: un poder que se vincula al gobierno de la diócesis de Roma y otro poder que es relativo a la Iglesia Universal, como Cabeza de Ella, como Papa. Son dos poderes en un mismo sujeto: el Papa.

El Papa es Obispo. Por lo tanto, tiene el primado de honor, es decir, la potestad sobre todos los Obispos, y gobierna en la jurisdicción de Roma, con ese poder. El poder del Papa es episcopal.

Pero el Papa también es el Vicario de Cristo, que tiene el Primado de Jurisdicción, es decir, la Suprema Potestad en toda la Iglesia, para gobernar en todas las diócesis del mundo, no sólo en Roma.

Cuando Jesús da a Pedro la Potestad Suprema lo hace de manera independiente del cargo de Obispo de Roma. Este cargo lo asume San Pedro, después de recibir la Potestad Suprema, el Primado de Jurisdicción. Por tanto, es antes el Primado de Jurisdicción, el gobierno de toda la Iglesia Universal, que el gobierno de la diócesis de Roma, el ser Obispo de la Iglesia de Roma. Son, claramente, dos poderes distintos y que se pueden separar. No son absolutamente indisolubles. No existe en la Iglesia una ley canónica que imponga la indisolubilidad entre el Primado de Jurisdicción y la potestad de gobernar la diócesis de Roma. Hay que distinguir las dos potestades.

La Suprema Potestad que San Pedro transmite a sus sucesores es independiente de la potestad de ser el Obispo de Roma. Esta Suprema Potestad lleva aneja la jurisdicción sobre Roma. Jesús deja Su Vicario a la Iglesia, pero no deja un Obispo de Roma: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Sobre la persona de Pedro está levantada la Iglesia, no sobre la ciudad de Roma, no sobre el gobierno de la Iglesia de Roma.

Esta Suprema Potestad es por derecho divino, iure divino: «El Romano Pontífice, legítimamente elegido,… obtiene, por derecho divino, la plena potestad de Jurisdicción» (Canon 219 del Código de 1917). Pero el ser Obispo de la Iglesia de Roma no es por derecho divino; sino que es o bien por derecho humano-eclesiástico o bien por derecho eclesiástico-apostólico, según la naturaleza del derecho por el cual San Pedro unió de hecho el Primado con el Episcopado Romano.

¿Qué hizo el Papa Benedicto XVI?: «declaro me ministerio Episcopi Romae, Successoris Sancti Petri… renuntiare» («declaro que renuncio a mi ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro»).

Es claro el pensamiento del Papa Benedicto XVI: renuncia a ser Obispo de la Iglesia de Roma, que es también el Sucesor de Pedro; pero no renuncia a ser el Vicario de Cristo, el Pastor de la Iglesia Universal. El Papa nombra los dos poderes: Obispo de Roma y Sucesor de Pedro; pero sólo renuncia al ministerio episcopal de la diócesis de Roma.

¿Qué tenía que haber dicho Benedicto XVI para renunciar al ministerio petrino?

Tenía que haber empezado, precisamente, por ese poder: el Supremo Poder, el ministerio petrino, el papado. Porque el Papa es antes Vicario de Cristo que Obispo de Roma. Luego, para renunciar como Papa, como el que tiene la Suprema Potestad en la Iglesia Universal, tenía que haber dicho, como en la renuncia del Papa Celestino V:

«Ego Caelestinus Papa Quintus motus ex legittimis causis, idest causa humilitatis, et melioris vitae, et coscientiae illesae, debilitate corporis, defectu scientiae, et malignitate Plebis, infirmitate personae, et ut praeteritae consolationis possim reparare quietem; sponte, ac libere cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori, et do plenam, et liberam ex nunc sacro caetui Cardinalium facultatem eligendi, et providendi duntaxat Canonice universali Ecclesiae de Pastore»

«cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori»: «me retiro del Papado y, expresamente, renuncio al lugar y a la dignidad y al peso del deber y al cargo en el poder»

El Papa Benedicto XVI, para dar la Voluntad de Dios clara sobre su renuncia como Papa legítimo, tenía que haber manifestado que renunciaba al ministerio petrino, no al ministerio episcopal. Como no manifestó claramente esto, se sigue que el Papa Benedicto XVI sigue siendo el Papa legítimo. Sólo renunció a ser el Obispo de Roma, poder que está anejo a la Suprema Potestad que tiene como Vicario de Cristo, como Sucesor de San Pedro.

Si no se hace esta distinción de poderes, entonces no se puede discernir qué cosa hizo el Papa Benedicto XVI en su renuncia.

Bergoglio sólo está como Obispo de la Iglesia de Roma, pero sin el poder divino, que le viene por el Papa legítimo, que es Benedicto XVI. Por haber puesto un gobierno horizontal, automáticamente pierde ese poder divino y rige la Iglesia de Roma con un poder humano: es decir, está haciendo un cisma como Obispo de la Iglesia de Roma. Él no tiene ninguna potestad sobre la Iglesia Universal: carece del Primado de Jurisdicción que sólo permanece en el Papa Benedicto XVI.

Este Papa sólo renunció como Obispo de Roma, pero no como Vicario de Cristo.

Esta es la Verdad que nadie cuenta, porque a nadie le interesa el dogma del Papado, la ley de la Gracia, la Voluntad de Dios en Su Iglesia.

Francisco reina, pero no gobierna

reinanobobierna

El Papa es el sucesor de San Pedro, es decir, es el que substituye a la persona de San Pedro en toda la potestad ordinaria anexa a la función del Primado. Es decir, que posee la misma potestad suprema de jurisdicción, con la que Jesucristo mismo constituyó a San Pedro como Vicario Suyo en la tierra. En otras palabras, es la suprema cabeza visible de toda la Iglesia. Es decir, él sólo gobierna la Iglesia. Es el Vértice en el gobierno. Y, en la Iglesia, no hay más cabezas que gobiernen. No hay otros gobiernos que el Vertical.

Los Obispos son los sucesores de los Apóstoles, no de San Pedro. Son dos sucesiones distintas en la Iglesia. Los Apóstoles son aquellos doce discípulos de Jesús con los cuales el Señor instituyó el Colegio Apostólico. Y tienen la misión de enseñar, santificar y gobernar la Iglesia bajo el Papa. No son la Cabeza Visible de la Iglesia. Son cabezas en sus iglesias particulares, con todo el poder, que reciben del Papa legítimo, pero no pueden gobernarlas según sus mentes humanas, sino obedeciendo en todo a la Cabeza de la Iglesia, que es el Romano Pontífice.

Quien gobierna la Iglesia es sólo el Papa. Los demás, no gobiernan nada.

Muchos católicos desconocen el dogma del Papado y, ante Francisco, dudan, temen, lo aplauden, lo llaman Papa, lo llaman antipapa, quieren defenderlo como Papa objetando que quien no esté con el Papa en la Iglesia no es católico, quieren estar en comunión con el Papa y con el Magisterio de la Iglesia obedeciendo a uno que no es Papa, cuando, precisamente, el Magisterio y el dogma, van en contra de Francisco….

Los católicos, hoy día, no conocen su fe, la Verdad Revelada, no siguen la línea de la Gracia, sino que están en la Iglesia sin ser católicos en la práctica. Son católicos tibios, pervertidos en sus mentes.

Sólo puede haber una persona que reciba la sucesión de San Pedro. Sólo una Cabeza Visible en la Iglesia. Sólo un Papa. Y, por el contrario, son muchas las personas que pueden recibir la sucesión apostólica, por el Sacramento del Orden. Hay muchos Obispos. Sólo hay un Papa.

Esto es lo que dice el dogma del Papado. Y, por tanto, si sólo una persona puede recibir el Espíritu de San Pedro, entonces se es Papa por Gracia, no por ley canónica. La ley canónica permite renunciar al Papa. En esa ley, el Papa renuncia al gobierno de la Iglesia, pero no puede renunciar a la Gracia que ha recibido: el Espíritu de San Pedro. Y hasta que no muera el Papa, ese Espíritu permanece en él y no se da a otra persona. Porque los dones de Dios son irrevocables. La Iglesia está fundamentada sólo en Pedro. Y sólo hay un Pedro. Sólo hay un Espíritu de San Pedro. Sólo hay un sucesor de San Pedro. Sólo hay un Papa. Y hasta que no muera el Papa, sigue siendo Papa, aunque no gobierne en la práctica. Y, en el momento de morir, se produce la Sede Vacante, porque el Espíritu de San Pedro ha dejado esa alma y espera una nueva elección.

Este es el dogma del Papado: tan sencillo, pero que nadie en la práctica lo ha seguido. Y aquellos que siguen dudando si Francisco es o no es Papa, sólo tienen que ir al dogma y resolver el enigma.

Se es Papa por Gracia, no por ley canónica. Y la Gracia exige tener el don hasta la muerte. Se es Papa hasta que se muere. Igual que con el matrimonio, con el sacerdocio: hasta que la muerte separe, quite la unión, el lazo sacramental. No se deja de ser Papa porque lo digan los hombres o la ley canónica. No se es Papa porque se encierren los cardenales y digan que han elegido a un nuevo Papa. No son las leyes de los hombres lo que construye la Iglesia. Cristo funda Su Iglesia en una sola cabeza, en solo Pedro. No la funda en Sus Apóstoles. Y, Pedro, es Apóstol, por ser discípulo de Cristo. Pero sólo él recibe el carisma de ser Vicario de Cristo. Y ningún otro Apóstol tiene ese carisma. Y esto sólo porque Cristo ha hecho así Su Iglesia. Es una ley positivo divina.

mason

Por tanto, ante la renuncia del Papa Benedicto XVI, Francisco no es Papa ni antipapa. ¿Por qué? Porque Benedicto XVI sigue vivo. Luego, todavía posee el Espíritu de San Pedro, es decir, tiene el Primado de Jurisdicción, que ninguna ley canónica le puede arrebatar. No hay ley jurídica que quite al Papa legítimo el Primado de Jurisdicción, porque ha sido instituido directamente por Jesucristo mismo (cfr. D 1825), no por los hombres. La ley de sucesión es de derecho divino, no humano, por la cual, el ser Papa o el ser Apóstol ha sido instituido positivamente por Dios: Dios le ha dado al Papa o a los Apóstoles un Poder para ejercer su función. Ese Poder no viene por ley canónica, sino por ley de la Gracia. Es una ley positiva divina, no humana. Es Dios quien elige al Papa, el cual posee la sucesión de San Pedro, y a los diversos Obispos, que tienen la sucesión apostólica.

Y el Primado de Jurisdicción no puede ser arrebatado del Papa por ningún cambio jurídico, porque Pedro tiene la plenitud de la Jurisdicción en la Iglesia. Es el Primado de Jurisdicción. Por tanto, no existe el Papa emérito. No se da un Papa con el Primado de Honor. El Primado de honor sólo corresponde a los Obispos. Ninguna ley jurídica puede quitar al Papa legítimo el Primado de Jurisdicción. Y, por eso, el Papa Benedicto XVI sigue teniendo el Poder Divino en la Iglesia. Y, en consecuencia, lo que hace Francisco es nulo totalmente: no puede proclamar santos, no puede quitar o poner excomuniones, no puede celebrar Sínodos, etc…Porque no tiene el Poder Divino. Está en la Iglesia con un poder humano. Sin el Primado de Jurisdicción no hay Iglesia, no se hace la Iglesia, no se construye la Iglesia.

La Iglesia la forma Dios, no los hombres. La Iglesia la guía Dios, no los hombres. Es Dios quien enseña en la Iglesia, no los hombres.

Este dogma del Papado, muy pocos católicos lo saben. No conocen su fe. Y, claro, dudan y no saben resolver sus dudas.

Todo el problema en la Iglesia, desde siempre, ha sido este punto: el Papa y los Obispos. Es decir, los Obispos quieren gobernar la Iglesia sin el Papa. Todos los cismas de la historia, lo que ha pasado en estos cincuenta años, desde el Concilio Vaticano II, es sólo la ambición de poder que todos los hombres tienen. Y, por esa ambición, vienen las desobediencias, las rebeldías, las herejías, las apostasías de muchos sacerdotes, Obispos y Cardenales.

Quien no comprenda que la renuncia del Papa Benedicto XVI es sólo por el pecado de la ambición de poder que tienen muchos Purpurados, es que no se entiende qué hace tanto católico ignorante e iluso en la Iglesia.

Hay tanto católico que se escandaliza de que los sacerdotes, Obispos y Cardenales sientan el atractivo del poder y vivan, dentro de sus ministerios, para alcanzar un puesto, un poder en la Iglesia. Entran en las vocaciones, en los seminarios para tener poder: quieren ser obispos para gobernar como ellos quieren. Quieren ser cardenales para estar en la mira de ser Papa, para entrar en el bombo de los Papables.

Hay que abrir los ojos de una vez: la corrupción en la Jerarquía, ya hace mucho tiempo, que es clara. Corruptos en el poder de la Iglesia. Así hay que definir a mucha Jerarquía. No viven como los Apóstoles, que aprendieron la humildad antes de estar en el Poder. Viven como Judas: su negocio humano que le llevó a vender a Cristo por unas cuántas monedas. Judas era un Apóstol que mendigó dinero de los hombres, pero que era incapaz de vivir de la Providencia Divina. Se movía para estar seguro en su vida humana. Y esa seguridad económica le llevó a la ambición de poder.

Primero, en el hombre, es la conquista del dinero. Una vez que el hombre tiene lo material asegurado, comienza a conquistar otras facetas en su vida. Y, siendo un Apóstol, conociendo el Poder que iba a recibir, todo era maquinar para poseer ese Poder al margen de la verdad.

Judas no llegó a ejercer como Apóstol, porque la Iglesia comenzó en el Calvario, pero sí subió al poder, codeándose con los fariseos, los legistas, los saduceos de su tiempo que le ofrecieron un puesto a cambio de información sobre Jesús. Judas no tenía vocación para el sacerdocio. Y fue rechazado por Jesús. Pero su mente obtusa, incrédula, su obsesión humana por servir al Mesías, sin creer en Su Reino ni en Su Divinidad, le llevaron a estar en una vocación que Dios no quería, pero que le daba para no tener en contra ninguna injusticia por parte de Judas: no tienes vocación, Judas, pero persistes en tu idea humana…Entonces, tu misma idea humana, que persigues, será tu justicia, lo que te condene. No crees en Dios que te dice sigue por otro camino, entonces tu falta de fe es tu condenación. Y Dios nunca se mancha las manos de sangre.

El Señor tiene que dar una vocación a muchos Obispos que, en realidad, no la tienen. Que él sabe que son como Judas: ven la Iglesia como un reino material, humano, para sus negocios, para sus conquistas.

El Señor muestra el camino a todas las almas, pero éstas son libres para aceptar o rechazar ese camino.

Por eso, los Cardenales que se pusieron a elegir a un Papa, estando el legítimo vivo, sólo siguieron la ley canónica, pero no la ley de la Gracia. Y, por tanto, en ese Cónclave no estaba el Espíritu Santo, porque Dios no podía dar el Espíritu de San Pedro a otra persona, ya que no había muerto el Papa.

Es así de sencillo el dogma del Papado. Y, por tanto, lo que los Cardenales eligieron fue a un anticristo. No un antipapa. A un hombre, que eligieron, para poner un gobierno horizontal en la Iglesia. Esta fue la movida de los Purpurados. Lo demás, que Francisco ha hecho es entretenimiento para las masas. Había que poner muchas cabezas para regir, para mandar, para imponer, para enseñar, para guiar.

Desde el momento que Francisco pone ese gobierno, ya no hay Iglesia Católica en el Vaticano. Porque en la Iglesia Católica sólo se puede dar la Verticalidad. Se quita y se acabó la Iglesia. La Iglesia es Pedro. La Iglesia no es un conjunto de Obispos que dicen muchas cosas y que no hacen lo que dicen.

Lo que hay en el Vaticano es un nueva sociedad, una nueva iglesia, compuesta por hombres que se visten de Púrpura y que sólo tienen un poder humano. Han perdido todos los Obispos que obedecen a Francisco, que sigue ese gobierno horizontal, el Poder Divino, que les viene del Papa legítimo, Benedicto XVI. Sólo aquellos Obispos que sigue en obediencia al Papa Benedicto XVI y que, por tanto, se oponen, en la práctica, al gobierno horizontal que está en Roma, siguen poseyendo el Poder Divino.

Por tanto, Francisco reina su sociedad, su iglesia, pero no gobierna la Iglesia Católica. La arrastra hacia el comunismo, el protestantismo, hacia su nueva iglesia. Pero no tiene poder divino para nada en la Iglesia. Francisco no hace la Iglesia Católica, no la construye, sino que hace su propia iglesia y, por tanto, destruye la verdadera Iglesia.

Esto es el dogma del Papado. Y muy pocos lo conocen. Muy pocos hay que sigan la ley de la gracia. Hay muy pocos católicos en la Iglesia católica. Ya no son católicos por gracia, sino por otra cosa, de nombre, de apellido, por diversión.

Y hay que ir al mundo y ver a la gente que, en verdad, tiene fe, tiene sentido común. Hay gente en el mundo que dice verdades como puños, y no son católicos. Pero son un ejemplo para todos. Por eso que creen son perseguidos. Por la Verdad que transmiten, que testimonian porque creen como niños en el Evangelio

verdad

Sobre la fe del Papa Benedicto XVI está edificada la Iglesia

fraternidadmasonica

«Respondió Satán a Yavhé: “¡Piel por piel! Cuanto el hombre tiene lo dará gustoso por su vida. Anda, pues, extiende tu mano y tócale en su hueso y en su carne, a ver si no te vuelve la espalda”. Y Yavhé dijo entonces a Satán: “Ahí le tienes; en tu mano le pongo, pero guarda su vida”» (Job 2, 5-6).

Dios nunca hace el Mal, no es vengativo, no da mal por mal; pero Dios es Justo. Y Su Justicia la obra siempre a través del demonio.

La condenación que muchas almas se merecen, no la da Dios, sino el mismo Satanás lo hace. Y la razón: porque el hombre le ha abierto las puertas de su corazón al demonio. Le ha dado su voluntad. Escucha su voz. Si los hombres, durante su vida buscan al demonio y a sus obras, entonces la vida eterna será con el demonio.

Adán siguió la mente del demonio en el Paraíso. Y eso produjo que toda la humanidad pertenezca al demonio, por la naturaleza del pecado original. Hay que comprender en qué consistió este pecado para que el demonio tenga derecho sobre todo hombre en la tierra.

Incluso, el hombre más santo, como Job, no está exento de la Justicia de Dios, es decir, de la obra de Satanás en él. Y no por su pecado, no porque ha dado su corazón al demonio, sino por el pecado de Adán, que está en Job, como en todo hombre.

Si no se comprende el pecado de Adán, no se comprende por qué Dios da a Satán el derecho de hacer daño a Job: «en tu mano lo pongo, pero guarda su vida».

El demonio puede matar la vida física de cualquier hombre y, también, su vida espiritual. El demonio tiene poder sobre todo hombre que pisa la tierra. Sólo no tuvo poder sobre la Virgen María ni sobre Jesús. Sin embargo, ambos tuvieron que sufrir los asaltos del demonio, por ser los Redentores de la humanidad.

El pecado de Adán se opone a la Voluntad de Dios, que era formar una humanidad de hijos de Dios, es decir, de hombres llenos de Espíritu Divino y de Gracia, que tuvieran el don de engendrar, vía generación, hijos de Dios. A través del sexo, de la unión entre hombre y mujer, iba a nacer un hijo de Dios.

El pecado de Adán anula este plan original y, entonces, en toda generación humana se concibe un hijo del demonio. Todo hombre engendrado por sus padres, tiene una posesión, una obra del demonio en esa concepción humana. Por eso, la importancia de bautizar a los hijos sin esperar tiempo, desde pequeñitos, no sólo para quitarles el pecado original, sino la posesión del demonio en sus almas.

La maldad de los hombres, quitando de los ritos del Bautismo, las oraciones de exorcismo, hace que permanezca esa posesión, esa obra del demonio en el alma, aunque se bautice el niño. Los cambios en la liturgia del Bautismo han sido catastróficos para las almas. Permanece la esencia del Bautismo, pero no se quita todo cuando se bautiza a un niño. Y esos niños crecen con un demonio, que viene por generación, y que estorba su vida para Dios.

Por eso, desde hace 50 años se viene observando la escalada de todo lo satánico. No se combate al demonio en las almas desde que nacen, sino que se le deja obrar libremente y eso produce que las almas vivan, sin darse cuenta, con la presencia del demonio, y se vayan acomodando a todo lo que el demonio les va poniendo en sus vidas.

Mucha ha sido la maldad en la Jerarquía infiltrada en la Iglesia. Y continúa siendo enorme, porque han puesto un engaño como Papa.

Resulta sorprendente leer a personas con gran inteligencia, que ven las herejías de Francisco, pero que no saben ir al demonio. De las herejías no saben decir: Francisco no es Papa; a Francisco lo ha puesto el demonio como Papa.

Esto a muchas almas, que conocen la liturgia, el derecho canónico, la teología, la filosofía, les resulta difícil de decir. Siempre encuentran una razón para excusar a Francisco, y decir que es Papa.

Es hereje, pero como todavía reza el Rosario, como todavía se confiesa, como todavía hace buenas obras…, entonces sigue siendo Papa. Sí, el Papa Benedicto XVI renunció. Fue válida su renuncia; entonces, aunque Francisco sea hereje, hay que seguir a Francisco, porque a alguien hay que obedecer en la Iglesia…

O Francisco es Papa o Francisco no es Papa. Es necesario hacer una elección. No se puede decir que Francisco no es Papa porque ha dicho estas herejías, para después decir que Francisco es Papa porque ha canonizado a Juan XXIII y Juan Pablo II.

Para muchos ser Papa es una conveniencia: para una cosa, están con el Papa; para otras, no. O se está con Francisco como Papa; o se está en contra de Francisco por ser un impostor.

El problema de muchos es su falta de discernimiento espiritual. No creen en la Palabra de Dios. Creen en toda su filosofía, teología, moral, derecho canónico, liturgia, pero no creen en Jesús. Y, por tanto, tampoco creen en la Obra de Jesús, que es la Iglesia. Y, en consecuencia, no saben ver la obra del demonio en la Iglesia. De las herejías de Francisco no saben llegar a decir: Francisco ha sido puesto por el demonio como Papa. A esto no llegan en su teología, en su filosofía, con sus cánones, con su liturgia. Siempre encuentran una razón para decir: sí, es hereje, pero hay que seguir obedeciéndole en aquello que no sea herejía.

Así piensan muchos. Y son grandes teólogos, moralistas, liturgistas. Pero no saben nada de la vida del Espíritu. No creen. No saben creer con sencillez. No saben ser niños en su inteligencia humana.

Hay muchos caminos para ver que Francisco es un impostor, es decir, es un hombre puesto por el demonio para regir la Iglesia, que es de Cristo. Francisco no ha sido puesto por Dios, sino por el demonio.

Satán subió al cielo y le preguntó al Señor por la Iglesia, y el Señor le dijo lo mismo que cuando Job: «en tus manos te la pongo». Esto sucedió hace más de cien años, el 13 de octubre de 1884, cuando el Papa León XIII tuvo la visión: «La voz gutural, la voz de Satán su orgullo, gritando al Señor: “Yo puedo destruir tu Iglesia.”-La voz del Señor: “¿Tú puedes? Pues entonces hazlo.”-Satanás: “Para ello necesito más tiempo y poder.”-Nuestro Señor: “¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto poder?”-Satanás: “De 75 a 100 años, y un poder mayor sobre quienes están puestos a tu servicio.”-Nuestro Señor: “Tienes el tiempo, tendrás el poder. Haz con ello lo que quieras”».

La Iglesia de Cristo no es el hombre. Cristo guía a Su Iglesia a través de Su Palabra. Y Su Palabra es Profética. No es la palabra de los hombres, no es la concepción humana sobre la Iglesia. Su Palabra debe permanecer intacta en cada sacerdote, en cada Obispo, en cada Papa. Por eso, el Señor no guía su Iglesia sólo a través de Su Jerarquía; no es sólo por el mandato de los hombres cómo se hace Iglesia.

La Jerarquía tiene que servir, primero a Cristo, para poder servir a las almas en la Iglesia. Si la Jerarquía no obedece a Cristo, vano es el apostolado, la obediencia, el servicio, en la Iglesia.

Muchos, en la Iglesia, obedecen estructuras, constituidas por hombres con sus ideas de todo tipo: teológicas, filosóficas, liturgistas, canónicas, etc. Pero son incapaces de obedecer la verdad, la Palabra de Cristo que nunca cambia. Y por estar en esa estructura, pierden la fe en Cristo. Y comienzan a fabricarse su fe en Cristo, su idea de seguir a Cristo en la Iglesia, su idea de lo que es un Papa, su idea de lo que es un dogma, su idea de los que es ser hereje, su idea de la vida espiritual.

Esto es la acción del demonio durante más de 50 años: que en la Iglesia brille la idea del hombre con la cual se anule toda la Verdad. El pensamiento del hombre es lo que vale ahora en la Iglesia; ya no la Fe en la Palabra. Y, por eso, los estudiosos, al contemplar a Francisco como hereje, buscan su idea para seguir diciendo: obedezcan a Francisco. El culto a la idea del hombre, que les impide ir más allá de la idea buena y perfecta. ¿Cómo seguir siendo Iglesia con un hereje como Papa? Sigamos tolerando al hereje.

Este es el grave error de muchos por su falta de fe en la Palabra. No tienen fe. Son buenísimos como teólogos, pero no viven de fe. Esta es la soberbia más fina que el demonio sabe trenzar entre los hombres de Iglesia. Por eso, nadie es capaz de levantarse contra Francisco en la Iglesia. Si lo hacen es por debajo, por los pasillos, pero todo sigue igual: siguen dado obediencia a un impostor. Y, mientras, la Iglesia sigue hundiéndose en el pecado. Y por culpa de toda la Jerarquía, que sabiendo como son las cosas, se cruzan de brazos, porque han encontrado una razón para no hacer nada, para seguir haciendo nada, para estar atentos a ver qué hace Francisco en el gobierno, esperando una cosa buena de ese hombre, un giro hacia el bien, hacia la virtud, en ese hombre.

Este es el engaño en muchos: el demonio ha engañado a toda la Iglesia con un Papa. Es la jugada magistral del demonio para destruir toda la Iglesia con la infalibilidad de un Papa. Como el Papa es infalible, entonces puede lavar los pies a las mujeres; puede poner un gobierno horizontal en la Iglesia; puede decir sus herejías con tranquilidad; puede llamar por teléfono para indicarle a esa persona que puede pecar con tranquilidad. Y nadie se mueve porque, como es el Papa…

¡Qué gran engaño es Francisco para santos y pecadores! A todos los tiene en el engaño. Y a todos les coge por su razón, por la idea humana, por el concepto humano de lo que es la Iglesia y lo que es Cristo en sus mentes humanas.

Sólo los que viven de Fe tienen las cosas claras: Francisco no es Papa; ha sido puesto por el demonio para destruir la Iglesia. Los demás, se lían con sus maravillosos pensamientos humanos sobre Cristo y sobre la Iglesia.

Si no saben discernir las obras del demonio en la Iglesia, tampoco saben discernir sus pensamientos en su propia vida espiritual, y no llegan a ver al demonio en Francisco. No pueden llegar, porque sus pensamientos tienen un límite, una condición, un camino que no es verdadero. Y, entonces, no saben luchar contra el enemigo porque no saben verlo.

Año y medio, desde que inició la purificación de la Iglesia (diciembre del 2012) y nadie ha sabido combatir la herejía en el gobierno de la Iglesia. No han sabido entender la renuncia del Papa Benedicto XVI; no han sabido ver al impostor en Francisco, y no saben cómo funciona ahora la Iglesia. Esperan en vano. Y esperan mal. Viene un gran giro en la Iglesia. Y a todos esos que son teólogos y filósofos les va a pillar desprevenidos, porque no ven al demonio guiando la Iglesia, abiertamente, sin tapujos, sin que nadie se oponga. Sólo ven al hombre.

El demonio tiene un poder mucho mayor que el que tenía con toda la Jerarquía de la Iglesia. Y puede hacer, con ese poder, lo que quiera: “Tienes el tiempo, tendrás el poder. Haz con ello lo que quieras”.

Si no saben discernir esto en los más de cien años transcurridos, entonces, ¿a qué se dedican en la Iglesia? ¿a sus teologías, a quererlo todo dulcificar con sus ideas humanas sobre la obediencia a un Papa?

Tienen que aprender a ver al demonio en la Jerarquía de la Iglesia y, entonces, llamarán a cada cosa por su nombre. A Francisco como un impostor; a su gobierno horizontal como la idea del demonio para poner sus falsos papas en la Iglesia; a las obras de los que colaboran con Francisco como destructoras de la Verdad: desde Lombardi, que es el vocero de la herejía y del cisma, hasta el último laico que trabaja en lo económico del gobierno de Francisco. A toda esa Jerarquía que se dedica a entretener a las masas en la Iglesia como Jerarquía infiltrada; a todos esos religiosos que han hecho de su vocación una obra del demonio, como agentes de satanás, en toda la Iglesia, para cazar almas y llevarlas al infierno. Pero, ¿qué se creen que ha montado el demonio en estos cien años en la Iglesia? Se ha inventado su iglesia dentro de la Iglesia Católica, porque es la única forma de destruir la Verdad: ocultarse en la Verdad; aparentar ser verdad, ser persona santa, buena, que sigue a Dios porque es Amor y Misericordia.

Muchos no saben lo que es vivir de Fe en la Iglesia. Sólo saben seguir sus brillantes pensamientos. Y ahí se quedan. Pero no saben combatir al demonio, ni en sus almas, ni en la de los demás. Y entonces la Iglesia se vuelve un remedo de satanás.

Sólo Cristo, ahora, guía a las almas en Su Iglesia. Ya no lo hace a través de Su Jerarquía. Pero esto, a muchos teólogos les resulta incomprensible, porque viven de sus ideas en la Iglesia, pero no de la sencilla Palabra de Dios: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Sobre la fe del Papa Benedicto XVI está edificada la Iglesia actualmente. Sobre esa roca. Y tienen que discernir la fe del Papa Benedicto XVI para comprender por qué Cristo guía a Su Iglesia sin Jerarquía.

Las llaves del Reino de los Cielos

“A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 19).

de6

El poder de atar y desatar es diferente al poder para perdonar o retener pecados.

El poder para perdonar pecados lo tiene todo sacerdote cuando es consagrado en el Sacramento del Orden.

Ese poder viene del mismo Jesús: “El hijo del Hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra” (Mc 2, 10).

Todo Cristo, todo sacerdote, posee ese poder, un poder divino, que se ejerce en la Iglesia, no fuera de la Iglesia.

Para ejercer ese poder, el sacerdote necesita el Espíritu de la Iglesia, que se da en Pentecostés: “Como el Padre me ha enviado, así os envío. Esto dicho, sopló sobre ellos y les dice: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, le serán perdonados; a quienes se lo retengáis, les serán retenidos” (Jn 20, 21-23).

Jesús envía a sus Apóstoles a ejercer ese poder que ya tienen, pero en el Espíritu de la Iglesia, que es el Espíritu de Santidad.

Se necesita este Espíritu para obrar el poder que tiene todo sacerdote en su consagración. Y, en este Espíritu, el sacerdote juzga o condena al pecador. Y ese juicio, que es para perdonar el pecado, o esa condenación, que es para retener el pecado, es la misión de todo sacerdote en la Iglesia.

Para esto está puesto el sacerdote: para perdonar o para no perdonar el pecado.

Pero las llaves de la Iglesia son otra cosa al poder de perdonar en el sacerdote.

Las llaves de la Iglesia las tiene el Vicario de Cristo. Y, por tanto, los Obispos que se unen al Vicario en la obediencia. Si no hay obediencia, no tienen esas llaves de la Iglesia.

Con esas llaves, Pedro puede hacer muchas cosas en la Iglesia y puede impedir muchas cosas en la Iglesia.

Con esas llaves, los dogmas de la Iglesia son los dogmas en el Cielo. Es decir, Dios se atiene a lo que la Iglesia vaya promulgando como Verdad en el Cielo. Por eso, el camino para definir un dogma en la Iglesia siempre ha sido muy largo y muy trabajoso para los hombres.

Los hombres, por su cortedad en la inteligencia, no ven la Verdad y necesitan tiempo para verla, para definirla. Por eso, el dogma de la Inmaculada tardó tanto tiempo en definirse por la Iglesia. Ya estaba esa Verdad en el Cielo, pero el Cielo no se apresura a declararla hasta que la Iglesia militante no lo haga. Y eso es sólo un signo para los hombres. Para que vean que en la Iglesia está la Verdad.

Con las llaves, Pedro puede proclamar Santos. Los Santos del Cielo son distintos a los santos en la Iglesia. Hay muchos santos en el cielo que no son conocidos por la Iglesia militante. Dios espera a que la Iglesia militante los haga santos para proclamarlos desde el Cielo. Pera ya son santos en el cielo, aunque no se conozcan en la tierra.

Con las llaves se puede impedir el acceso a la Iglesia, se puede negar que una persona pertenezca a la Iglesia. Y es por sus pecados, por sus errores, por sus obras malas. Y, por tanto, la Iglesia juzga a los que están fuera de la Iglesia, a los que no se les permite entrar dentro de Ella por su mala vida. Es un juicio que hace toda la Iglesia, no sólo el Papa. Porque las llaves suponen perdonar o condenar a alguien en nombre de la Iglesia.

El Sacramento de la Penitencia es para perdonar o retener pecados, en nombre de Cristo. Las llaves del Reino de los Cielos es para perdonar o retener pecados en nombre de la Iglesia.

Al pecador sólo el sacerdote lo juzga. Pero al que está fuera la Iglesia, al que no es miembro de la Iglesia, toda la Iglesia lo juzga, porque se une a Su Vicario que lo ha juzgado.

Cuando el Papa Benedicto XVI renuncia, ya no se da este poder en las llaves. El Papa renunció no sólo a ser Pedro, sino también a las llaves de la Iglesia, del Reino de los Cielos.

Y la Iglesia se ha quedado sin este poder divino en la Cabeza, porque no existe la Cabeza. La cabeza ha renunciado a ser cabeza. Y, por tanto, ningún Obispo tiene este poder en la llaves porque no hay cabeza, no hay nadie a quien obedecer en la Cabeza.

Sólo queda en la Iglesia el poder de perdonar pecados, que lo tiene todo sacerdote que crea en Jesús, que imite a Jesús en su vida.

Y esto es muy importante en los momentos que vivimos, porque nadie desde el gobierno de la Iglesia actúa ahora con el poder de Dios, sino sólo con un poder humano.

Y, aunque se declaren santos, dogmas, etc. no se hace nada en el Cielo ni en la tierra, porque no existe la Cabeza Visible en la Iglesia. El Papa renunció a ese poder que Jesús le da en Su Iglesia y que son las llaves del Reino de los Cielos.

Por eso, no hay que hacer caso a lo que Roma diga en nada. No hay que hacer caso ni a Francisco ni a ningún Obispo de la Iglesia que se una a Francisco. No tienen ningún poder divino. Actúan con su poder humano.

Por supuesto, que ellos no lo van a admitir y seguirán haciendo todas las cosas en nombre de Dios. Pero, en la realidad, las hacen sólo en nombre de los hombres, con un poder humano que no sirve para atar o desatar en la Iglesia ni en el Cielo.

Por eso, lo que se tiene en la Iglesia ahora mismo es un gran desastre en todos los sentidos. Y viene el tiempo de que Roma quiera imponerse con las leyes de la Iglesia a todo el mundo. Es la prepotencia que se da cuando se quita al verdadero Papa y se pone a un impostor. Desaparece el poder de Dios y actúa el poder del demonio y de los hombres en la Iglesia.

Todo cuanto se hace ahora en la Iglesia, aunque sean cosas buenas para los hombres, aunque parezcan santas, como proclamar a un santo, es sólo con el poder del demonio, que quiere eso para seguir engañando a los hombres. Sólo cuando se quiten la careta dejarán de hacer todo eso.

Para que el impostor haga en la Iglesia la obra del demonio, tiene que mandar con despotismo, tiene que obligar a todos a seguirle. Y, para eso, tiene que caer ese impostor en la obra de los fariseos, que es medirlo todo con sus leyes, con sus normas, con sus pensamientos. Y aquel que no se acoja a sus leyes queda fuera de la Iglesia, o perseguido por la misma Iglesia en Roma.

Es lo que se va a haber una vez quiten la Eucaristía. Porque todo pende de esa división. Se divide el amor en la Iglesia y sólo queda el odio, los falsos amores, las falsas compasiones hacia los hombres.

A %d blogueros les gusta esto: