Lumen Mariae

Inicio » perversión

Archivo de la categoría: perversión

La demencia de Bergoglio

manicomio

«Jesús se revela así como el icono perfecto del Padre, la irradiación de su gloria» (Ángelus, 1 de marzo del 2015).

Esta es la demencia de un hombre, al que muchos insensatos lo tienen como su papa. Y es sólo un hereje consumado, que en su palabra se ve a un maestro de la mentira.

¡A cuántos engaña con su palabra barata y blasfema!

¡Cuántos están embobados con lo que dice cada día!

¡Cuántos locos tienen a este hombre como su papa!

Jesús es el Hijo Eterno del Padre. Nunca es el icono perfecto del Padre. Jesús no es un icono, una imagen, una representación de lo divino.

Jesús es Dios: cómo escuece esta verdad a muchos católicos. Ya no quieren a un Jesús que sea Dios; sino que sólo quieren al hombre, al concepto humano de Jesús, de Mesías, de Salvador.

¡Cómo juega –Bergoglio- con las palabras de la Escritura! Y nadie se da cuenta. Da vueltas a la verdad para manifestar sólo su mentira.

Jesús es «la imagen de Dios invisible» (Col 1, 15). No es la imagen, el icono, del Padre. Jesús es, no sólo la imagen de las cosas visibles, sino del Dios invisible, porque es el Hijo, el Verbo, la Palabra del Pensamiento del Padre. Y toda idea, toda palabra es una imagen de la mente, del pensamiento.

Al ser Jesús el Verbo Encarnado, la Palabra de Dios, manifiesta en toda su vida humana el Pensamiento de Dios, la Mente y la Voluntad de Su Padre: lo revela al hombre, lo da a conocer.

Pero esa Mente Divina no está en los hombres que viven en la soberbia de sus mentes humanas. La doctrina de Cristo, que es el Evangelio, queda impenetrable a la soberbia de muchos hombres:

«Que si todavía nuestro Evangelio queda velado, está velado para los infieles, que van a la perdición, cuya inteligencia cegó el dios de este mundo, para que no brille en ellos la luz del Evangelio de la Gloria de Cristo, que es Imagen de Dios» (2 Cor 4, 4).

La oscuridad de la mente del hombre es por su pecado, por su maldad. Y en ellos, en su vida humana, en sus obras humanas, no brilla, no puede brillar la luz del Evangelio de la Gloria de Cristo. No resplandece, en ellos, la Sabiduría de Dios: sus corazones han quedado cerrados a la Verdad y al Amor verdadero.

Para este hombre que no cree en Jesús como Dios, sino que sólo toma la humanidad de Jesús para hacer su gran negocio, su gran empresa en el Vaticano, la victoria sobre el mal es un don: «A la luz de este Evangelio, hemos tomado nuevamente conciencia…de la victoria sobre mal donada a quienes inician el camino de conversión».

Cristo no dona Su Victoria a nadie. Cristo da la Gracia para merecer la victoria. Lo que consiguió Cristo para toda alma es la Gracia, la Vida Divina.

Como Bergoglio niega la Gracia, entonces tiene que inventarse su protestantismo: peca fuertemente, te salvarás porque tienes el don de la victoria.

La victoria sobre el mal no es donada; sino que es merecida por cada alma. Y cada alma, que quiera salvarse, tiene que mirar al Crucificado. No tiene que mirar al hombre para encontrar un camino de liberación para sus problemas de su vida. Se mira al Crucificado para salvarse y santificarse, en un mundo que no ama la salvación ni la santificación del alma.

Así inicia este falso profeta su homilía con una clara herejía que ya a nadie le interesa. Por más que se prediquen las herejías de Bergoglio, los católicos lo siguen teniendo como su papa. Falsos católicos que quieren un papa sin la doctrina. Falsos católicos que quieren una Iglesia sin Cristo, sin la Verdad que Cristo ha ofrecido a toda alma.

Y así –Bergoglio- termina su demencial homilía:

«El camino de Jesús nos lleva siempre a la felicidad… Jesús no nos engaña, nos prometió la felicidad y nos la dará si vamos por sus caminos».

Bergoglio no sabe ni lo que dice.

Quien camina el camino de Jesús nunca encuentra la felicidad. En mis años de sacerdocio no la he encontrado. Siempre he encontrado una humillación, un desprecio, una tristeza, una maldad de los hombres.

Bergoglio es un loco que habla para sus locos: para gente como él. Se pasan su vida buscando un placer, una felicidad, un aplauso de los hombres, un consuelo humano. No quieren estar solos. No quieren sufrir. Sólo quieren vivir su vida y ser felices de cualquier manera.

Bergoglio va contra el sentido común: ningún hombre que viva esta vida es feliz. Y eso lo sabe todo hombre, sea santo, sea pecador, sea un demonio, sea un hereje, sea quien sea.

La vida es un valle de lágrimas. Y no es otra cosa. Y decir otra cosa es estar loco de remate.

Muchos, que no son católicos, que son ateos, saben que lo que está diciendo aquí Bergoglio no tiene ni pies ni cabeza.

Pero los católicos quieren encontrar un lenguaje humano para excusar la demencia del que se sienta en la Silla de Pedro. Y no tienen las agallas de declarar que Bergoglio no es Papa.

El camino de Jesús es la Cruz Redentora. Y la Cruz no es un baile, es un Dolor. Es un sufrimiento expiatorio y una muerte victimal.

No hay otro camino en la vida: sufrir para salvarse y poder salvar. SUFRIR. Para ser feliz tienes que sufrir toda la vida. En el sufrimiento está el amor de Dios. En el sufrimiento está la alegría espiritual. No hay Gloria sin pasar por la Cruz, sin vivir en la Cruz, sin obrar la Cruz.

El amor verdadero es la obra de un sufrimiento: un sufrimiento divino, espiritual y místico, que sólo los santos lo pueden comprender. Quien no lo comprenda, sólo le queda aceptar la Cruz como don de Dios al alma.

Fe en el Crucificado: es lo que nadie tiene hoy en la Iglesia.

Es Cristo el que ha muerto y ha sufrido por ti, por tus malditos pecados. Si no crees en su muerte ni en sus sufrimientos, no crees en Cristo ni en Su Iglesia. Si no te crucificas con Cristo, si no atas tu voluntad humana al madero de la cruz y no pones en tu cabeza una corona de espinas, que te impidan pensar la mentira, el error, entonces vives tu vida de católico como un auténtico demente.

¿Para qué te llamas católico si piensas y obras como la gente del mundo?

Deja la Iglesia y vive tu vida de inmundicia, en los olores de tu pecado. Pero no te llames católico.

Los santos, todos ellos, recorrieron el mismo camino: la Cruz. Ninguno fue feliz en su vida. Lean la vida de los santos. No lean a Bergoglio, porque es un hereje que lleva a las almas a la total apostasía de la fe.

Los Santos juzgan y condenan a Bergoglio:

«Que siempre seamos amigos de la Cruz, que nunca huyamos de Ella, porque quien elude la cruz huye de Jesús, y quien escapa de Jesús jamás hallará la felicidad. Jesús nunca está sin la Cruz, pero la Cruz jamás está sin Jesús» (San Pío de Pieltrecina)

Los místicos juzgan y condenan a Bergoglio:

«Por un alma hay que sufrir mucho. ¿No sabes que la Cruz y Yo somos inseparables? Si me ves a Mí verás la Cruz, y cuando encuentres mi Cruz me encontrarás a Mí. El alma que me ama, ama la Cruz, y el que ama la Cruz, me ama a Mí. Nadie poseerá la vida eterna sin amar la Cruz y abrazarla de buena voluntad por mi amor. El camino de la virtud y de la santidad se compone de abnegación y de sufrimiento; el alma que generosamente acepta y abraza la Cruz, camina guiada por la verdadera luz y sigue la senda recta y segura, sin temor de resbalar en las pendientes, porque no las hay… La Cruz es la puerta de la verdadera vida y el alma que la acepta y la ama tal cual Yo se la he dado, entrará por ella en los resplandores de la vida eterna» (Sor Josefa Menéndez)

Jesús nunca está sin la Cruz. Quien quiera un Jesús sin Cruz nunca va ser feliz, nunca llegará al Cielo.

Jesús mismo crucifica a las almas en Su Cruz. Jesús da la Cruz y no deja al alma sin la fuerza necesaria para llevarla. Jesús no te da un beso ni un abrazo. Te da un sufrimiento en la vida. Te hace sufrir.

Jesús nunca prometió la felicidad. Siempre prometió la cruz, el sufrimiento, la persecución.

«…en el mundo tendréis tribulación; pero no temáis: Yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33).

¡Vete al infierno, Bergoglio, y llévate tu doctrina de demonios contigo! Allí, en el infierno, los locos se reirán de tu locura. Aquí la gente aplaude tu locura y tú te lo crees. Eres tan necio que ni siquiera ves tu demencia. Te vas a pasar todo tu infierno viendo tu demencia y dando vueltas a tu demencia, porque eso es lo que has buscado para tu vida.

¡Qué mente tan rota la de este hombre!

Cada hombre tiene lo que se merece, lo que busca en su vida.

Todo el problema con Bergoglio es la anulación del pecado. Por tanto, tiene que anular la Cruz y poner el camino de Jesús en la felicidad.

El pecado es una obra contra la ley eterna:

«El pecado es un dicho, hecho o deseo contra la ley eterna» (S.Tomás – 1.2 q.71 a.6).

Sto. Tomás se apoya en las palabras de San Agustín para sustentar su tesis:

«Luego, el pecado es un hecho o un dicho o un deseo contra la ley eterna. La ley eterna es la razón divina o la Voluntad de Dios, que manda conservar el orden natural y prohíbe lo que lo perturba» (San Agustín – R 1605).

Y San Agustín se apoya en la Escritura:

«… del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás» (Gn 2, 17).

Dios le da a Adán una ley eterna: no comas del árbol. Ese mandamiento de Dios a Adán refleja lo que es el Árbol: el bien y el mal no pertenecen al hombre. Ningún hombre decide lo que es bueno y lo que es malo. Es Dios quien enseña el bien y el mal al hombre.

Dios prohíbe a Adán: le está enseñando lo que es el mal.

Adán rechaza esta enseñanza divina y come del árbol. Automáticamente, la muerte para él: «el día que de él comieres, morirás».

Muerte, no sólo del alma, sino espiritual. El alma se llena de pecado: se pierde la gracia. Pero el alma queda condenada por su pecado. No puede salvarse.

Y esa muerte entró en todo hombre. Todo hombre es engendrado en la muerte. Se tiene un hijo que nace condenado al infierno. Por eso, el Bautismo, que es el camino para salvar el alma.

El Bautismo no salva a las almas, sino que pone a cada alma en el camino de salvación. Y el camino es Cristo. Hay que ir detrás de sus huellas ensangrentadas para llegar a la cumbre, a la santidad de la vida, que es el sentido a la vida. Y no es fácil este camino porque hay que cumplir con la ley eterna, que es lo que rechazó Adán en su pecado.

Dios muestra a Adán la norma de la moralidad que está en la naturaleza del hombre y en todo lo creado: haz el bien, evita el mal. El bien es el bien moral, no es el bien humano o social o natural o carnal. Es un bien divino, que nace de la ley de Dios Eterna. Y el mal es el mal moral, no es un mal social o humano o natural o carnal. Es un mal que va en contra de la ley de Dios Eterna.

Dios enseña el bien moral y el mal moral. Adán rechazó esa enseñanza.

El hombre, por tanto, tiene que vivir su vida cerrando puertas, buscando la Voluntad de Dios. Porque no todo es válido.

«Todo es lícito, pero no todo conviene; todo es lícito, pero yo no me dejará dominar de nada,… no todo edifica» (1 Cor 6, 12; 10, 23).

Es lícito el sexo, pero no la fornicación: no conviene, no edifica, no hay que sujetar el cuerpo a la lujuria de la carne.

Es lícito el pensamiento del hombre, pero no la herejía: no hay que atar la mente a la perversión de la mentira, al error.

Dios enseña al hombre dónde está el bien y el mal.

Bergoglio enseña a los hombres que el bien y el mal está en la mente de cada hombre: «Cada uno tiene su idea del Bien y del Mal y tiene que escoger seguir el bien y combatir el Mal como él los concibe» (1 de octubre del 2013).

Es la misma enseñanza de la serpiente en el Paraíso: el día en que el hombre abra su mente al bien y al mal, entonces al hombre se le abren los ojos y es como Dios, conocedor del bien y del mal (cfr. Gn 3, 5).

Esto es lo que enseña Bergoglio: abre tu mente. Ábrete a la diferencia de las mentes de los hombres. Únete en la diversidad de las mentes de los hombres. Abre los ojos de tu entendimiento humano y serás como Dios, conocerás lo que es el bien y lo que es el mal. Podrás poner tu visión del bien y del mal. Y vivirás tu vida de acuerdo a tu visión.

¡Qué gran maldad la de Bergoglio! Es una serpiente en su boca. Habla como la serpiente, como el mismo demonio.

Bergoglio quiere una Iglesia llena de pecado. Y, por eso, dice: «Acogiendo a cada uno tal como es, con benevolencia y sin proselitismo, vuestras comunidades muestran que quieren ser una Iglesia de puertas abiertas, siempre en salida» (Audiencia a los Prelados de África – 2 de marzo del 2015).

Si se acoge a cada uno como es, hay que aceptar su pecado, su mal, su error, su mentira, su mente pervertida.

No se acoge al otro para llevarlo a la verdad, para convertirlo de su mentira a la verdad. Sino que se le acoge para estar con él en su mentira, para aprender de él su mentira. No hay proselitismo: no hay conversión.

Bergoglio está enseñando que no existe el dogma del pecado. No existe la verdad del pecado. Ni la verdad revelada ni la verdad dogmática. Sólo existe su verdad gradual del concepto de pecado. El pecado es sólo –para Bergoglio- una idea filosófica, pero no algo real, verdadero.

Y, por eso, este hombre, sin sentido común, sin dos dedos de frente, -un loco de atar, que se merece el manicomio-  tiene que predicar lo siguiente:

«El antídoto más eficaz contra toda forma de violencia es la educación en el descubrimiento y la aceptación de la diferencia como riqueza y fecundidad».

Esta es la gran demencia de este hombre, que se opone a la ley Eterna.

Hay que educar a la gente que descubra el pecado como un bien para su vida, como una riqueza, como una fecundidad. ¡Esto es de locos!

Hay que enseñar a la gente que acepte la diferencia del otro: su error, su mentira, su obra de maldad. Y la acepte como riqueza, como fecundidad. ¡Esto es para llevar a Bergoglio al manicomio!

El antídoto más eficaz contra toda forma de violencia es evitar la violencia; evitar al violento; castigar al que ejerce la violencia; condenar al hombre violento; ajusticiar al hombre violento.

Esto es lo que ha enseñado el Magisterio de la Iglesia durante siglos.

El gravísimo problema de Bergoglio está en la concepción del pecado. El pecado no existe para Bergoglio. Sólo se da el pecado como un ser filosófico: un pensamiento negativo.

Por lo tanto, hay que aceptar el pensamiento negativo, aceptar la diferencia para que no haya violencias.

Ésta es la tara de Bergoglio: como no puede acabar con la violencia, en la realidad de la vida, entonces tiene que acudir a su ley de la gradualidad, que no existe: el pensamiento negativo está en un grado menor al pensamiento positivo. Los hombres violentos no han llegado a lo positivo, a pensar positivamente, porque se han estancado, de alguna manera, en su negatividad. Hay que curarlos. ¿Cómo? Con cariñitos, siendo benevolentes con ellos, aceptando su error, dialogando con ellos. Y sólo así, a base de besos y abrazos, de buenas comidas con ellos, esos hombres llegarán a lo positivo.

Hay que aceptar a los hombres que matan, que hacen violencia, como son: esta es la gran locura de este hombre.

Hay que aceptarlos con benevolencia y sin proselitismo: no los saques de su violencia. No les digas que son violentos, que pecan contra la ley Eterna. No los castigues. Tienes que darles un caramelo. Tienes que mostrarles una cara bonita, una sonrisa, un gesto amable. Mientras matan a tus familiares, sonríeles. Mientras te hacen daño, diles: qué buena obra la que hacéis. Cómo me gusta que me cortéis la cabeza.

¡Esta es la gran locura del que se sienta en la Silla de Pedro!

¡Y cuántos locos lo llaman su papa!

¡Es increíble que la gente no se dé cuenta de quién es Bergoglio!

El pecado es una mancha en el alma:

«…cuando lave el Señor la inmundicia de las hijas de Sión, limpie en Jerusalén las manchas de sangre, al viento de la justicia, al viento de la devastación…» (Is 4, 4).

«…su mente y su conciencia están manchadas» (Tit 1, 15).

En todo pecado, concurren los actos del entendimiento y de la voluntad. El alma queda manchada, contaminada, sucia, inmunda, porque la mente piensa el error y la voluntad lo obra.

Un alma manchada es una mente en la mentira y una voluntad apegada a las criaturas.

Y esta mancha del alma consiste en la privación de la gracia. Si un hombre vive en el pecado, no tiene gracia para pensar la verdad ni para obrarla. No puede hacer el bien moral y no puede evitar hacer muchos males morales.

Toda mancha en el alma oscurece la luz de la razón: el hombre, ni siquiera entiende la verdad natural, la verdad racional, humana.

Y toda mancha en el alma oscurece la luz de la fe y de la gracia, que ilustra la razón humana: el hombre no es capaz ni de entender a Dios ni de hacer Su Voluntad.

Un pecado venial oscurece la mente y hace que la voluntad se apegue a la tierra, al hombre, a la carne, a lo material. Y quien obra un bien, en su pecado venial, no obra la Voluntad de Dios.

Para hacer la Voluntad de Dios, el hombre tiene que estar sin mancha de pecado en su alma. Por eso, Jesús puso la confesión: para que toda alma quite su pecado de su alma, la mancha que tiene su alma, la oscuridad de su mente, el apego de su voluntad. La confesión da al alma la luz que necesita para obrar la Voluntad de Dios.

Las almas no saben confesarse. Se confiesan de manera rutinaria. Siguen manchadas, en la oscuridad de sus mentes. Salen del confesionario y siguen pecando.

Hoy la gente quiere vivir en sus pecados veniales: son tibios en la vida espiritual. Y, por eso, llaman a Bergoglio como Papa. No ven el desastre que hay en la Iglesia. Sus almas están en la oscuridad, por sus pecados.

Para quitar la mancha del alma, cuatro cosas: oración, para el corazón; ayuno, para el cuerpo; penitencia, para el alma; sacrificio, para la vida del hombre.

Un hombre que no abre su corazón a la Verdad Revelada, su mente queda atrapada en la mentira. Muy pocos saben orar: sólo saben leer, meditar, estudiar, rezar de manera rutinaria.

Se ora para escuchar la voz de Dios. Y sólo para eso. Es Dios quien enseña el bien y el mal al hombre: lo que tiene que hacer, lo que tiene que obrar en su vida.

La gente se levanta para comer, no para orar. Después, la vida de cada día es una tibieza insoportable. Están en sus pecados veniales y hacen muchas obras que no sirven para nada. Y las manchas del alma siguen ahí: no hay verdadera oración.

Si el hombre no pone su cuerpo en el ayuno, sino que le da lo que le pide el cuerpo, es claro que va a caer en muchos pecados. Por los cinco sentidos del cuerpo entran todos los demonios. Si no se atan los cinco sentidos, la vida de muchos católicos es como la vemos: viven para obrar sus pecados y mueren en sus pecados.

Si el alma no hace penitencia interior, es decir, practicar las virtudes, luchar en contra de los muchos vicios, el hombre se queda en la soberbia de su mente y en el apego a las muchas cosas de su voluntad. Vive su vida con un fin humano, para una obra humana, con una inteligencia humana. Carece de la sabiduría de Dios, que es la Cruz.

Si el hombre no sacrifica su vida por un ideal más alto que lo que contempla con su mente humana, el hombre lucha sólo por sus intereses humanos, que pueden ser muy buenos y perfectos, pero que le distraen del fin último de su vida: ver a Dios. Hay muy pocas víctimas que Jesús pueda ofrecer a Su Padre para salvar a las almas de sus pecados. La gente vive su vida y, después quiere que todo le vaya bien en su vida.

Bergoglio, al anular el dogma del pecado, tiene que anular la obra de la redención. Y así muestra el camino del hombre para quitar el pecado:

«La suciedad del corazón no se quita como se quita una mancha: vamos a la tintorería y salimos limpios. Se quita con el obrar» (3 de marzo del 2015).

La suciedad del corazón se quita acudiendo a la tintorería de la confesión. Esto es lo primero que hay que enseñar.

El pecado es una mancha. Quítala en el lugar adecuado: el Sacramento de la confesión. Después, queda expiar ese pecado. Pero la mancha se quitó. Para no volver a mancharse, es necesario las cuatro cosas.

Pero Bergoglio sólo atiende a su humanismo: se quita con el obrar. Haz obras humanas buenas. No importa el pecado. Que tu alma viva manchada por el pecado de herejía. Eso no interesa. Haz un bien al hombre y te vas al cielo de cabeza. Esta es la enseñanza de este hombre. Y, por eso, predica que todos se van al cielo:

«…ve donde están las llagas de la humanidad, donde hay mucho dolor; y así, haciendo el bien, lavarás tu corazón. Tú serás purificado. Esta es la invitación del Señor».

Esta es la gran demencia de este subnormal.

No necesitamos a un Bergoglio. No lo queremos. No nos sujetamos a su mente humana. Nos da igual lo que piense y obre como jefe de una iglesia que no es la de Cristo.

Lo que hay en el Vaticano no es la Iglesia Católica. Es otra cosa. Y qué pocos católicos lo han entendido así.

Incluso, los muy tradicionales, siguen teniendo a ese idiota como su papa.

¿Queréis a un Papa sin doctrina?

Es imposible. Bergoglio no os va a dar lo que es un Papa. Os va a dar su idea masónica del Papado, que es la sinodalidad; la idea protestante de la Iglesia, que es vivir en el pecado; y la idea comunista de la sociedad, que es trabajar por el bien común del mundo, el orden mundial.

Si seguís aceptando a ese loco como vuestro papa, entonces estáis diciendo que queréis una iglesia sin la Cruz de Cristo, sin la doctrina de Cristo, sin la verdad de salvar y santificar el alma. Y esa no es la Iglesia en Pedro. Esa es la abominación que ya se ve en todas partes.

La Iglesia está gobernada por un hombre que no es Papa, y la lleva hacia su autodestrucción

pobresdespiritu

«De hecho, los obispos que apoyan la idea de conceder la Sagrada Comunión a los “divorciados vueltos a casar” son los nuevos Fariseos y Escribas, porque descuidan el mandamiento de Dios, lo que contribuye al hecho de que de los cuerpos y de los corazones de estas personas  continúen “procediendo el adulterio”  (Mateo 15, 19), pues quieren exteriormente una solución  “limpia”, y  dar la impresión de ser “limpios” a los ojos de aquellos que tienen el poder (los medios de comunicación, el público en general). Pero cuando un día aparezcan de pie ante el tribunal de Cristo, sin duda, para su gran consternación oirán sus palabras: «¿Por qué declaras Mis Mandamientos y tienes Mi Alianza en tu boca? Teniendo luego en odio la disciplina, y te echas a las espaldas Mis Palabras (…) cuando tienes parte con los adúlteros (Salmo 50 16-18)». (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider) [Traducción inglesa]

Bergoglio, lobo vestido de cordero, junto a una Jerarquía traidora a la verdadera Fe, están destruyendo la Iglesia desde dentro.

Esto es lo que nadie se atreve a publicar. Y esto es lo único que importa conocer para poder evaluar lo demás que pasa en la Iglesia. Si no se parte de este hecho, entonces todo sigue igual: se ve la situación y se dice: ya en el próximo Sínodo veremos qué pasa. Continuemos la vida de la Iglesia como si nada hubiera pasado.

Bergoglio y los suyos son los nuevos fariseos y escribas, que quieren parecer santos antes los demás porque se ocupan de los problemas sociales, humanos, económicos, pero destrozan la verdad de las vidas de los hombres.

Cada alma en la Iglesia tiene que vivir la verdad a la cual ha sido llamada desde toda la eternidad. Y esa verdad es inmutable para ella, para la vida de cada hombre. Es la verdad que Dios quiere para cada hombre. Y es una verdad objetiva, que la mente humana no puede encontrar por más que piense y medite su vida. Es una verdad que revela Dios a cada alma.

La verdad de cada alma está en Cristo. Y sólo en Cristo. Y cada alma tiene que someterse a la Mente de Cristo, que significa imitar la misma Vida de Cristo: una vida para Dios, una vida en Dios, una vida con una obra divina.

Si las almas no se someten a la doctrina de Cristo, entonces están en la Iglesia con sus doctrinas, las que sacan de sus mentes humanas, y así quieren imponerlas a los demás.

Un Sínodo que fue una encrucijada para todos. Todo estaba planeado con anterioridad: «El documento preliminar (Relatio post disceptationem) fue, sin duda, un texto pre-fabricado sin ninguna referencia real a las verdaderas declaraciones de los Padres sinodales» (Ib).

O como dice el Cardenal Burke: «Todo estaba controlado y manipulado, si puedo decirlo». (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

Y ¿a quién hay que atribuirle este barullo en el Sínodo?

A Bergoglio y a su clan masónico. Sólo a ellos.

¿Cómo es posible que un texto herético sea publicado como un documento oficial católico y traducido a cinco idiomas? «Esta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un texto heterodoxo fue actualmente publicado como documento de una reunión oficial de los Obispos Católicos, bajo el liderazgo del Papa, a pesar de que el texto tenía sólo un carácter preliminar» (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider).

¿Cómo es posible?

Porque quien gobierna el vaticano actualmente son los poderes masónicos: son hombres de la masonería. Hombres ocultos. Sólo aparecen los muñecos: Bergoglio, Kasper y demás bazofia en la Iglesia. Estos son los títeres de lo que gobiernan en la Iglesia. Y estos impusieron este documento, que es una vergüenza para toda la Iglesia, es una mancha negra:

«Este documento sinodal, aunque sea preliminar, es una verdadera lástima y una indicación para evaluar el espíritu del mundo anti-cristiano que ya ha penetrado tan importantes niveles de la vida de la Iglesia. Este documento permanecerá, para las futuras generaciones y para los historiadores, una mancha negra con la cual se ha manchado el honor de la Santa Sede» (Ib).

Decir que son otros los que gobiernan la Iglesia –no Bergoglio y los suyos- nadie lo dice, nadie lo publica, pero todos lo piensan.

Que el poder masónico ha puesto a Bergoglio como falso Papa: eso es clarísimo para aquellos que no se dejan engañar por las falsas apariencias.

Bergoglio hechiza con sus apariencias externas, con sus sonrisas, con sus lisonjas, y muchos caen en ese juego maldito. Son muchos los católicos que se han vuelto auténticamente estúpidos en la vida de la Iglesia. No saben discernir cómo el demonio actúa en la Jerarquía. Desde siempre la falsa Jerarquía usa el Evangelio de Cristo y le cambia el sentido para adaptarlo a sus necesidades. Esto es lo que hace Bergoglio y los suyos todos los días desde que se levantan hasta que se acuestan. Todos los días. Y, después de 20 meses, muchos fieles católicos no se han dado cuento del juego de Bergoglio.

¿Qué hacen en la Iglesia esos católicos? Sus vidas humanas, sociales. Trabajan para sus intereses personales. Y les da igual quién gobierne la Iglesia. Les da igual.

Siempre la falsa Jerarquía se esconde con las vestiduras de la humildad, de la pobreza, de la obediencia, para llevar al Rebaño al engaño más total.

Y la Jerarquía ve este juego: «Hay afirmaciones en la Evangelii gaudium que expresan el pensamiento del Papa. Las recibimos con respeto, pero no enseñan una doctrina oficial» (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

Y toda la Jerarquía calla.

¿Cómo es posible que un hombre que se sienta en la Silla de Pedro saque un documento no católico? Ningún Papa en la Iglesia habla de manera privada cuando enseña algo. Ninguno.

¿Cómo es que a Bergoglio se le permite esto? «El propio Papa dice al principio del documento que no es magisterial, que solo ofrece indicaciones de la dirección en que llevará a la Iglesia» (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

La misma Jerarquía de la Iglesia está viendo el desastre que es Bergoglio para toda la Iglesia y lo siguen manteniendo. Y dicen un absurdo:

Si Bergoglio dice que su documento no es magisterial, es decir, no enseña nada católico en la Iglesia, ¿para qué son esas indicaciones? ¿hacia dónde quiere dirigir la Iglesia con un documento que no es católico? ¿para qué le han puesto como Papa?

La Iglesia es llevada por Bergoglio con una enseñanza no papal, no magisterial. ¿Cómo es que la Jerarquía no actúa en contra de Bergoglio y le siguen permitiendo este desastre en la Iglesia?

¿Cómo es que Burke se atreve a decir esto?: «hace falta una presentación cuidada a los fieles, explicando la naturaleza y el peso del documento».

¿Por qué queréis presentar a los fieles algo que explique una enseñanza herética? Si este documento no es católico, ¿por qué no lo dejan a un lado y ponen un documento católico?

Si Bergoglio no es Papa, ¿por qué no lo quitan y ponen a un verdadero Papa?

Porque ya no pueden hacer esto.

Es que no se atreven a decir: Bergoglio no es Papa. Bergoglio es un fraude. Bergoglio es un impostor. No se atreven. Y, por todos los medios, lo quieren salvar, quieren justificar el pecado de Bergoglio en la Iglesia. Por todos los medios. Ni siquiera los Obispos buenos son buenos. Tienen miedo a decir la Verdad como es.

Burke vio el desastre en el Sínodo: «Esos resúmenes me sorprendieron, no reflejaban bien el contenido de las discusiones, daban la impresión de que todo se estaba dirigiendo a favor de la posición expuesta por el cardenal Kasper. El verdadero shock llegó con la Relatio post disceptationem [resumen de las intervenciones de la primera semana del Sínodo]. Parecía un manifiesto para cambiar la disciplina de la Iglesia frente a las uniones irregulares».

Y sólo se atreve a decir esto: «En un momento tan crítico, en el que hay una fuerte sensación de que la Iglesia está como una nave sin timón, no importa la razón».

¿Qué no importa la razón? Por supuesto, que importa. La Iglesia está como una nave sin timón por culpa de Bergoglio y su clan masónico. Esta es la razón. Y esto es lo que calla Burke. Tiene miedo: «Tengo todo el respeto al ministerio petrino y no quiero que parezca que soy una voz contraria al Papa».

Burke no quiere ser una voz contraria a Bergoglio. Lo sigue teniendo como Papa. Éste es el verdadero problema de su fe como Obispo.

Si no te opones a un hombre que destruye la Iglesia con su enseñanza comunista, ¿para qué eres Obispo? ¿para qué estás en la Iglesia? ¿Para qué?

Todos hablan de manera general sobre lo que ha pasado en el Sínodo: «Que en el mismo seno de la Iglesia hay personas que socavan la enseñanza de Nuestro Señor se hizo evidente ante el mundo entero gracias al Internet y al trabajo de algunos periodistas católicos que no permanecieron impasibles ante lo que estaba ocurriendo con el tesoro de la fe católica» (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider). No se atreve Schneider, en toda su larga entrevista, llamar a Bergoglio con su nombre: falsario, impostor.

Y sólo da soluciones para la vida general de la Iglesia: «Tenemos que animar a los católicos ordinarios a que sean fieles al Catecismo que han recibido, a que sean fieles a las claras palabras de Cristo en el Evangelio, a que sean fieles a la fe que sus padres y antepasados les transmitieron. Tenemos que organizar grupos de estudios y conferencias sobre la doctrina perenne de la Iglesia sobre el matrimonio y la castidad, invitando especialmente a los jóvenes y a las parejas casadas. Tenemos que mostrar la auténtica belleza de una vida en castidad, la auténtica belleza del matrimonio y la familia cristianos, el gran valor de la cruz y del sacrificio en nuestras vidas. Tenemos que presentar más ejemplos de los santos y de personas ejemplares que, a pesar de que sufrían las mismas tentaciones de la carne, la misma hostilidad y burlas del mundo pagano, con la gracia de Cristo tuvieron una vida feliz en castidad, en un matrimonio cristiano y en una familia».

Todo esto está muy bien, pero el problema central sigue: la Iglesia está gobernada por un hombre que no es Papa y la lleva hacia su autodestrucción.

Este es el problema.

Y esto es lo que todo el mundo calla.

Bergoglio ha puesto bajos los pies de toda la Jerarquía una alfombra roja. Y mientras hace eso, Bergoglio usa sus falsos tonos sabios y sus falsos gestos gentiles, para que todo el mundo oiga y vea cuán santo y bueno es.

Bergoglio les da a la Jerarquía lo que ella quiere: comida y trabajo. La alfombra roja. A otros les da comunismo, marxismo, protestantismo y una vida de placeres. A cada uno le pone una alfombra roja para que lo dejen tranquilo. Porque Bergoglio sabe lo que piensa cada Obispo de él.

En la Jerarquía todos nos conocemos: sabemos quién es un hereje y quién no. Y a pesar de ese conocimiento, toda la Jerarquía es engañada. ¿Cómo? Con la alfombra roja del lenguaje humanista; con la alfombra roja de los apostolados humanistas. La alfombra roja del humanismo. Con la idea humana se seduce a mucha Jerarquía. Con la política de los hombres se lleva a la Jerarquía a donde no quieren ir. Es fácil engañar a los sacerdotes y Obispos: el juego del lenguaje humano, de la vida humana, de las obras humanas. Si besas mi trasero tienes todo en la Iglesia. Esta es la alfombra roja que pone Bergoglio a mucha Jerarquía.

Bergoglio es un demonio que se viste de santo y que conduce directamente a Satanás, a la mente del demonio y a sus obras infernales.

¿Qué se puede esperar de un hombre que da culto al hombre? ¿Qué esperan del gobierno de un hombre que quiere a todo el mundo en la Iglesia? ¿De un hombre que ya no es católico, sino global, del mundo?

«Es el ecumenismo de la sangre que se vive hoy» (31 de octubre del 2014). La carne y la sangre es lo que nos hace ser hijos de Dios.

«Ecumenismo espiritual, rezar juntos y anunciar juntos que Jesús es el Señor, y obrar juntos en ayuda de los pobres, en todas sus pobrezas. Esto se debe hacer, y no olvidar que hoy la sangre de Jesús, derramada por sus numerosos mártires cristianos en diversas partes del mundo, nos interpela y nos impulsa a la unidad. Para los perseguidores, nosotros no estamos divididos, no somos luteranos, ortodoxos, evangélicos, católicos… ¡No! ¡Somos uno! Para los perseguidores, somos cristianos. No les interesa otra cosa» (Ib).

¿Ven la clara herejía? «La sangre de Jesús es derramada por su numerosos mártires cristianos en diversas parte del mundo».

La sangre de Jesús está en todos los cristianos. ¡Mayor barbaridad no se puede predicar! ¡No se puede!

Somos uno: no somos católicos, ni luteranos, ni ortodoxos…Ya no hay verdad objetiva, ni hay pecado objetivo. Todos somos santos. Todos somos mártires. La sangre nos une. Esa Sangre de Jesús que está verdaderamente en cada cuerpo humano.

¿Captan el gnosticismo de este insensato? ¿Captan hacia dónde va la Iglesia?

Pues, esto, muchos católicos no lo captan, no lo disciernen. Ya no pueden verlo, porque se han hecho amigos de uno que les pone una alfombra roja a sus pies, para que caminen sin problemas en sus vidas humanas.

Todas las almas en la Iglesia, sean fieles, sean Jerarquía, están en un gravísimo peligro. Y nadie se los dice. Nadie. Ni Burke, ni Schneider ni ningún otro. No se atreven a decirlo, porque no son capaces de amar a las almas como Cristo las ama. No son capaces.

Si quieren seguir siendo Iglesia, no hagan caso de las aparentes bellas palabras que escoden herejías y engaños. Son las nuevas fábulas que se ven ya en todas partes.

Hoy más que nunca la Iglesia está desfigurada y corrompida, y no puede renovarse imitando al mundo:

«El Papa, justamente, habla de la necesidad de ir a las periferias. La respuesta de la gente ha sido muy calurosa. Pero no podemos ir a las periferias con las manos vacías. Vamos con la Palabra de Cristo, con los sacramentos, con la vida virtuosa del Espíritu Santo. No digo que el Papa lo haga, pero está el riesgo de interpretar mal el encuentro con la cultura. La fe no puede acomodarse a la cultura, sino llamarla a la conversión. Somos un movimiento contracultural, no popular».

Burke no se atreve a decir: Bergoglio lo hace. Se va a la periferia con su herejía, con el vacío de un corazón lleno de pecado.

No dice que Bergoglio es el culpable, sino que culpa a los demás: «está el riesgo de interpretar mal el encuentro con la cultura»

Pero, ¿quién es el culpable de que se interprete mal el encuentro con el mundo? Bergoglio, porque su enseñanza no es papal. Está como cabeza, pero no actúa como cabeza. Es un fariseo, es un sepulcro blanqueado.

Que no diga Burke: «Sufren un poco de mareo, porque para ellos parece que la nave de la Iglesia ha perdido la brújula. Hay que dejar a un lado la causa de esta desorientación, pues no hemos perdido la brújula. Tenemos la constante tradición de la Iglesia, las enseñanzas, la liturgia, la moral. El catecismo no cambia».

Hemos pedido la brújula, pero no la hemos perdido. No busquemos la causa de esta desorientación. Burke se niega a ir al centro del problema: Bergoglio. Y sale por la tangente: tenemos la tradición, la moral, etc… Burke no enseña al alma la Verdad de lo que pasa en la Iglesia, en el gobierno, en las altas esferas del poder. La esconde. Tiene miedo de hablar claro.

Hoy la Iglesia quiere renovarse imitando al mundo. Y es el mundo el que tiene que imitar a Cristo. Y esto es lo que nadie enseña.

Hoy la Iglesia quiere ser gobernada con un hombre que imita al mundo.

Hoy la Iglesia quiere ser enseñada con el magisterio de un hombre que imita al mundo.

Hoy la Iglesia quiere caminar por la senda demoníaca que traza un hombre que imita al mundo.

Nadie quiere imitar a Cristo. Nadie quiere dar testimonio de la Verdad. Nadie.

Todos, aun los buenos, enseñan un engaño: sigamos en la Iglesia obedeciendo a un hombre que tiene un magisterio no católico. Un hombre que no es Papa. Un hombre que ha sido puesto para destruir la Iglesia.

Pero, ¿a dónde váis? Si el problema de la Iglesia actual es su cabeza: ese hombre al que han puesto como Papa, y que no es Papa. Éste es el problema de toda la Iglesia. El problema no son ni los malcasados ni los homosexuales. El problema es Bergoglio.

¿Qué se hace con Bergoglio?

Esto es ahora objeto de discusión en el Vaticano. Su renuncia está al caer. Pero tienen que inventarse algo para que renuncie. Pero, aunque renuncie ese hombre, todo seguirá igual. Todo. Y peor todavía. Porque le harán renunciar por el bien de la Iglesia, por el bien de los hombres, pero no por el bien de la Verdad de la Iglesia. Será una renuncia falsa, premeditada, ya obrada con anterioridad, ya pactada.

A Bergoglio le queda poco tiempo. Y bien lo sabe él. Por eso, ahora se verán las leyes inicuas en la Iglesia, para ir quitando gente “apegada” a lo tradicional, y así poner gente infestada de todo lo demoníaco.

Bergoglio: perversión y abominación

lepra1

Los males más graves que existen en el mundo son la pérdida de la fe, el alejamiento de Dios, los ataques a las leyes de la moral, la anulación de la ley natural, el compromiso con el espíritu del mundo.

Esto es lo que todo sacerdote debería predicar.

¿Cuál es el pensamiento de Bergoglio?

«Los males más graves que afligen al mundo en estos años son la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que se deja a los ancianos. Los ancianos tienen necesidad de cuidados y de compañía; los jóvenes de trabajo y de esperanza, pero no tienen ni lo uno ni lo otro, y el problema es que ya no los buscan. Han sido aplastados en el presente. Dígame usted: ¿se puede vivir aplastados en el presente?» (Observatore Romano, pag 12 – viernes, 4 de octubre de 2013 – “Entrevistas y conversaciones con los periodistas” –Libreria Editrice Vaticana -).

Los jóvenes no tienen trabajo y los ancianos están solos. Y dice: «han sido aplastados». Lenguaje comunista, de lucha de clases. Los jóvenes no buscan trabajo porque otros los aplastan. Se acabó el pecado en la mente de Bergoglio y sale a luz su filón marxista, que le hace proclamar: «Esto, en mi opinión, es el problema más urgente que la Iglesia tiene ante sí». Su iglesia, que ha levantado en el Vaticano, al poner su gobierno horizontal, sólo se ocupa de este urgentísimo problema: un problema político anticapitalista.

¿Dónde está la salvación de las almas, tanto de los jóvenes como de los ancianos? No está. En la mente de este hombre, sólo es necesario vivir para el cuerpo del hombre, pero no para su alma. El alma, para Bergoglio, no existe, porque «Dios no existe».

Si la naturaleza divina no existe, entonces tampoco existe todo lo demás. Es decir, el hombre se inventa la realidad de la vida, como hacía la mente de Kant, de Hegel y de tantos hombres sin fe.

Bergoglio es un ateo, como mucha Jerarquía en la Iglesia. No lo expresan con sus bocas, porque saben dónde están; pero lo viven cada día en sus labores en la Iglesia. Y lo viven engañando a todo el mundo con palabras llenas de lenguajes atractivos, pero que señalan su ateísmo.

No se puede esconder el pensamiento de un ateo. No se puede. Cada hombre habla lo que piensa con su razón natural. Y no hay hombre que no revele su pensamiento. Por eso, por más que se intente excusar, justificar, aprobar, defender, ensalzar el pecado de herejía de este hombre, siempre él va a manifestar lo que es.

Muchos tratan a Bergoglio como un tonto. Y lo es. Pero muchos no se dan cuenta de que Bergoglio no es sólo un tonto, sino que habla como un tonto. Habla un lenguaje no llano, sino sin inteligencia, que es peor.

Un hombre de pueblo, con su lenguaje llano, es más inteligente que Bergoglio cuando manifiesta su razón humana.

Bergoglio, cuando habla, da lo que es: su locura, su desvarío mental. No sabe razonar, no sabe meditar, no sabe sintetizar la verdad. No sabe quedarse en la verdad. Y, por eso, su pensamiento vuela de una idea a otra. No descansa en una verdad permanente, sino que está cambiando constantemente. Es un pensamiento roto, propio de los pervertidos en la inteligencia espiritual. Es tipo de pensamiento lo tienen muchos católicos en la Iglesia.

«Santidad, le digo, es un problema sobre todo político y económico, se refiere a los Estados, a los gobiernos, a los partidos, a las asociaciones sindicales». Es mucho más inteligente Scalfari en su ateísmo, tiene más sentido común, que Bergoglio.

Bergoglio siempre está en su método inductivo. Primero, da la verdad: «Cierto, tiene usted razón». Pero, en seguida, induce su mentira, lleva al que le escucha, al que le lee, hacia su idea loca: «pero se refiere también a la Iglesia es más, sobre todo a la Iglesia, porque esta situación no hiere sólo los cuerpos, sino también las almas. La Iglesia debe sentirse responsable tanto de las almas como de los cuerpos». Esto es romper la inteligencia espiritual, pervertir la verdad, ser un tarado para la vida del Espíritu.

«Sobre todo se refiere a la Iglesia porque» ésta trata de las almas, es una situación que hiere a las almas. Entonces si trata de las almas, ¿para qué preocuparse de que los jóvenes no tienen trabajo o de que los ancianos están solos? ¿Por qué esa preocupación cuando lo material viene por añadidura si el alma va en busca de lo espiritual? Si hay que preocuparse del alma, entonces hay que ver si los jóvenes y los ancianos no tienen trabajo o están solos por causa de su pecado o por causa del pecado de otros, pero no porque otros los aplastan social, humana, materialmente. Hay que ir a la raíz espiritual de los problemas; no hay que centrarse en los efectos del pecado.

Bergoglio está en su idea política, y dice una locura: «La Iglesia debe sentirse responsable tanto de las almas como de los cuerpos». Éste es su desvarío mental. «Buscad primero el Reino de Dios y lo demás por añadidura». La Iglesia es responsable de las almas, no de los cuerpos.

Si Bergoglio fuera político, entonces resolvería el problema de manera política. Y hablaría como un político. Centraría el tema, como lo hace Scalfari.

Pero Bergoglio, siendo un Obispo infiel a su ministerio, a la gracia del Sacramento, se ha vuelto loco. Y habla como un loco. Persigue como Obispo lo que sólo se puede hacer como político. Ésta es su locura. Persigue la solución de los efectos del pecado en la sociedad siendo un Obispo, pero como un político, buscando en la Iglesia un camino que no existe.

Si los jóvenes no tienen trabajo es una cuestión política, que no le incumbe a la Iglesia. La Iglesia da las normas morales para que los gobernantes pongan las leyes y den trabajo a todos. Pero la Iglesia no se mete en ver los caminos para que todos los jóvenes tengan trabajo.

Bergoglio, al no ser fiel al Espíritu de Cristo, cae en este desvarío mental, que es el propio de los que siguen la teología de la liberación: se han vuelto sacerdotes y Obispos pervertidos, tarados y degenerados de la vida espiritual. Lo peor de esta locura de Bergoglio es que se irradia a todos en la Iglesia, al estar en el gobierno, mandando cosas que no le incumben a la Iglesia. Y la Iglesia se vuelve loca, tarada, pervertida, como lo vemos en la actualidad.

El pensamiento tarado de Bergoglio es claro: «El proselitismo es una solemne tontería, no tiene sentido». Es decir, es una solemne tontería «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (Mt, 9 –10). El Evangelio no tiene sentido en la mente de Bergoglio. Sino que «hay que conocerse, escucharse y hacer crecer el conocimiento del mundo que nos rodea». Lo que tiene sentido es la palabra de los hombres.

¿Dónde queda la Mente de Cristo? En ninguna parte. No existe ni puede existir para Bergoglio. Para este hombre, que desvaría cuando habla de Cristo, de la Iglesia, sólo el mundo es el camino para vivir, para obrar, para hacer que el hombre pueda tener una dignidad en su existencia. Sólo el mundo.

Hay que dar el conocimiento del mundo: no hay que dar testimonio de la Verdad. No hay que dar al otro el conocimiento de la verdad, que es Cristo, sino que hay que dar al otro el propio conocimiento: hay que charlar, dialogar, intercambiar conocimientos; y sólo así el hombre puede vivir en la justicia y en la paz.

Es lo que hace este hombre continuamente: pasa su vida hablando con los hombres. No tiene tiempo para hablar con Dios. No sabe escuchar a Dios en el interior de su corazón, porque pasa su vida escuchando las mentes de los demás hombres: «A mí me sucede que después de un encuentro tengo ganas de tener otro, porque nacen nuevas ideas y se descuben nuevas necesidades».

Todo está en hablar con los hombres para encontrar la novedad, el camino que se debe seguir. Dios no es el que da el camino, Dios no es el que indica la verdad, sino que es el diálogo con los hombres. Ya no es la fe el objeto de la inteligencia de Bergoglio. Bergoglio no busca la fe en el diálogo con los otros hombres, sino que busca la razón, la idea que tienen los otros hombres. Bergoglio es un hombre sin fe, que sólo vive de razones, sólo se apoya en las ideas racionales. Es un intelectual, pero pervertido, sin dos dedos de frente. No hay una idea divina en su mente humana. No puede haberla. Hay que «ampliar el círculo de los pensamientos»; no hay que penetrar con el pensamiento los misterios de la fe. No puede Bergoglio llegar a esto porque sólo vive de razones, no de fe.

Y dice su desvarío mental: «El mundo está recorrido por caminos que acercan y alejan, pero lo importante es que lleven hacia el Bien». ¡Qué locura! ¿No es el mundo del demonio? ¿No dice San Juan: «Si alguno ama el mundo, no está en él la caridad del Padre» (1 Jn 2, 15)? Entonces, ningún camino en el mundo lleva hacia el Bien. Ninguno. Éstas son sus locuras cuando habla. Y nadie las ve, nadie sabe discernirlas. Y siempre las dice. Siempre.

Bergoglio tiene una mente pervertida, rota, degenerada, inculta, sin posibilidad de redimirse.

Ninguno hombre puede salvarse pesando así: «Cada uno de nosotros tiene una visión del bien y también del mal. Nosotros debemos incitarlo a proceder hacia lo que el él piensa que es el bien». Este es el mismo pensamiento del demonio en el Paraíso, que incitó a Adán y a Eva al pecado: «el día que de él comas se os abrirán los ojos y seréis como dios, conocedores del bien y del mal» (Gn 3, 5). ¿Quién no se da cuenta de que Bergoglio está haciendo el mismo papel que hacía Satanás en el Paraíso? Es el mismo: Bergoglio es una clara y permanente tentación en la Iglesia. Tienta a todos a rebelarse contra la Voluntad de Dios. Su pensamiento pervertido, dado constantemente en sus homilías, charlas, escritos, es una fuente de perversión en todas las almas que lo siguen, que le obedecen.

Por eso, Bergoglio conduce al pecado, llama a pecar, invita a pecar. Es un demonio. Y lo peor de todo es que obra sin impunidad, de una manera irresponsable, libre de cualquier pena: la Jerarquía no se atreve a decirle: no hagas eso, no prediques eso, que estás llevando a las almas al infierno. Bergoglio habla y todos callan, todos aplauden, todos se conforman con lo que dice. La Iglesia vive en el infierno, en el odio, donde todos se unen para condenarse, juzgarse, criticarse, para odiarse, para sentirse provocativos, para meditar la venganza.

Bergoglio pone la lucha del hombre en su misma mente: «Cada uno tienen su idea del bien y del mal; y debe elegir seguir el bien y combatir el mal». Cada hombre, para Bergoglio, tiene que seguir su idea del bien y tiene que combatir su idea del mal. Pensamientos positivos y pensamiento negativos. Todo está en la mente de cada hombre. El bien y el mal no es una realidad fuera del hombre, sino que cada uno se la inventa.

Esto es monstruoso, no sólo pervertido. Esto ya no es una locura, un desvarío mental: esto es la abominación de la mente.

Una mente abominable sólo se apoya en su ley, en su regla, en su idea: la que ella concibe y encuentra en sí misma.  No puede buscar, fuera de ella, la ley natural, la ley divina, la ley de la gracia, ni siquiera las leyes humanas. Todo lo concibe en su propio pensamiento. Y quien piensa así, obra así: de manera abominable. Es decir, sin ley. O con otras palabras: imponiendo su manera de pensar, sus leyes, sus reglas, a los demás. O de otra forma: gobierna para anular toda ley divina en la Iglesia, toda verdad dogmática, todo el magisterio de la Iglesia.

Esto es lo que muchos no han comprendido de Bergoglio. Y le siguen dando obediencia a una mente abominable, que tiene sus caminos para destrozarlo todo en la Iglesia.

¡Cuánta oscuridad hay en la Iglesia que no sabe oponerse a Bergoglio! Hombres oscuros que viven en la oscuridad y que llevan a los demás hacia una profunda oscuridad, que es un infierno.

Con esta mente abominable, Bergoglio comienza a presentar su falso Cristo: «El Hijo de Dios se encarnó para infundir en el alma de los hombres el sentimiento de la fraternidad. Todos hermanos y todos hijos de Dios». Esta es una clara herejía, que se opone al dogma de la Redención, que dice que Cristo se encarna para satisfacer el pecado y reparar la ofensa a Dios. Y por esta expiación, el hombre es reconciliado con Dios:

«Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, (con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no solamente eso, sino que también nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación» (Rom 5,10s).

El hijo de Dios se encarna para satisfacer, con Su Pasión, verdaderamente al Padre ofendido por el pecado original. Esta verdad es enseñada para ser creída como revelada por Dios en el Concilio Vaticano I: «Si alguno no confiesa que el mismo Dios Verbo, padeciendo y muriendo en la carne asumida, pudo satisfacer a Dios por nuestros pecados y verdadera y propiamente satisfizo y nos mereció la gracia y la gloria, sea anatema. Igualmente condenamos como doctrina herética, si algunos dijesen que el mismo Dios Verbo, por su naturaleza humana asumida, no satisfizo verdaderamente a Dios ofendido…».

Bergoglio dice lo contrario: Jesús se encarna para hermanar a los hombres, para hacerlos hijos de Dios. Anula el pecado; anula la Justicia en Dios; anula la ofensa del pecado a Dios; anula la satisfacción del pecado, su expiación, la penitencia, el arrepentimiento, la vida de mortificación, la virtud de la templanza, el dominio del cuerpo, que fue el origen del pecado original. En el cuerpo de Adán se obró el pecado; en el cuerpo de Jesús se obró la expiación del pecado.

Bergoglio propone un falso cristo para el hombre y para todo el hombre: todos somos hermanos e hijos de Dios. Está manifestando la idea de la masonería, que es abominable. Y, por esto, tiene que poner su falso amor, que nace de su idea del bien y del mal:

«El amor de cada uno de nosotros hacia todos los demás, desde los más cercanos hasta los más lejanos, es precisamente el único modo que Jesús nos ha indicado para encontrar el camino de la salvación y de las Bienaventuranzas». Si cada uno tiene, en su cabeza, una idea del bien y del mal, entonces cada uno la obra: eso es el amor, para Bergoglio. Cada uno concibe el amor como concibe el bien en su mente. Cada uno obra ese amor que ha concebido en su perversa mente. Esa obra es una abominación.

La perversión está en la mente del hombre; pero la abominación está en sus obras, en su voluntad. Bergoglio es perverso en su mente y abominable en su voluntad, en sus obras. Esta concepción del amor anula la misma gracia divina que cristo ha merecido, por Su Pasión, para todo hombre. Anula el amor divino, que sólo se puede dar a través de la Gracia.

Esta idea del amor, que Bergoglio manifiesta, hace que los hombres sólo se dediquen a hacer obras humanas, a obrar una abominación en la Iglesia: como el único camino para salvarse es la fraternidad, el bien humano, entonces hay que unirse a las demás religiones, hay que participar en sus cultos, en sus ritos, en sus adoraciones, en sus creencias. Esta idea del amor le lleva al falso ecumenismo, del cual él es portavoz en su nueva iglesia.

Con esta concepción de lo que es Jesús, tiene que fundamentar su falsa iglesia:

«Los jefes de la Iglesia a menudo han sido narcisos, adulados y mal excitados por sus cortesanos. La corte es la lepra del papado». Aquí se refleja el odio de Bergoglio hacia toda la Iglesia. Toda. En una frase mete a toda la Jerarquía y la llama narcisista, gente que busca el aplauso del mundo, gente fanática y que promueve el fanatismo entre los suyos. Y tiene una visión napoleónica de lo que es el gobierno en la Iglesia: lo llama corte.

En su nueva iglesia se da una abominación: «la Curia tiene un defecto: es Vaticano-céntrica. Ve y atiende los intereses del Vaticano, que son todavía, en gran parte, intereses temporales. Esta visión Vaticano-céntrica descuida el mundo que nos rodea. No comparto esta visión y haré lo posible por cambiarla». Aquí, en este pensamiento, está la raíz de su cisma en la Iglesia: su gobierno horizontal.

Hay que descentralizarlo todo: hay que quitar el centro, el nervio del papado: al Papa; la verticalidad, el gobierno de uno solo. Y pone una gran mentira, propia de su pensamiento perverso: los intereses del Vaticano son temporales. Esta perversión produce que en su nueva iglesia los intereses de ella sean sólo eso: temporales. Ataca al Vaticano con una mentira, para poner esa misma mentira en su nueva iglesia. Esto no sólo es perversión intelectual, sino que declara que Bergoglio tiene la misma mente del demonio. La misma. Ha sido puesto en esa Silla para destruir esa Silla. Y está trabajando para cambiar todo el Vaticano.

Y eso que llama lepra, es su misma lepra. Él ha sido Obispo y Cardenal con los Papas: Él a sí mismo de llama lepra del papado. Él mismo cae en su juego del lenguaje, en su misma mente pervertida. Es un loco. Un gran loco, porque no sabe discernir a los hombres, a la Jerarquía que está en el papado. No sabe ver quiénes son buenos y quiénes malos. Todos en el mismo rasero.

Bergoglio odia toda la Iglesia, no sólo el papado. A todos en la Iglesia. A todos. Y lo ha demostrado en este tiempo de abominable gobierno en la Iglesia. Lo ha demostrado y lo sigue demostrando.

«La Iglesia es o debe volver a ser una comunidad del pueblo de Dios y los presbíteros, los párrocos, los obispos con atención de almas, están al servicio del pueblo de Dios». La Iglesia no es el pensamiento pervertido de Bergoglio; la Iglesia no es la obra abominable de Bergoglio. La Iglesia no sirve a los hombres, sino sólo a Cristo. La Iglesia tiene que aprender a adorar a Cristo para poder servir al hombre en la verdad.

No se puede servir al pueblo teniendo en la mente un concepto abominable y perverso del bien y del mal. No se puede. No se pueden hacer obras de amor al prójimo sin la gracia en el alma. En el pecado, las obras apostólicas en la Iglesia son sólo abominación, maldición, condenación para muchos. Y es lo que ahora todo el mundo se dedica a hacer: no se atiende a la gracia, al amor de Dios en cada alma, sino que todos están atendiendo a las vidas exteriores de los hombres. Y, ¿de qué sirve ganar el mundo entero si pierdes el alma?

Esta es la abominación que se ve en toda la Iglesia: están buscando la perdición de las almas con la perversión de la inteligencia. Cambiemos el dogma y hagamos nuestras verdades como nos gusta.

Esta entrevista, que ahora es editada de nuevo por la misma Iglesia, la que antes tuvo miedo de darla a conocer, es la clave para ver el pensamiento pervertido de Bergoglio y las obras abominables que hace en la Iglesia. Pero tienen que saber leerla para no quedar atrapados en la mente demoníaca de este hombre, que es toda confusión en la Iglesia.

A %d blogueros les gusta esto: