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La escalada al poder: todos bajo el cisma

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Del libro de Austin Ivereigh, titulado “El Gran Reformador: Francisco y la creación de un Papa radical”, muchos han concluido que unos Prelados Católicos han formado un “equipo”, o usando la terminología de la Universi Dominici, «un pacto, un acuerdo, una promesa u otro compromiso», en el cual se «obligan a dar o negar su voto a una persona».

Si el “team Bergoglio” existió, podría argumentarse que ellos simplemente son personas con ideas afines, que cambian puntos de vista, sin un «pacto, acuerdo, promesa».

Pero hay un testimonio –el del Cardenal McCarrick- que evidencia que había una campaña, un cabildeo, que estaba organizado, y que él estuvo de acuerdo en unirse a él.

El Cardenal McCarrick no era un Cardenal elector en el último Cónclave, sino que era un Cardenal que asistía a las Congregaciones generales, como está permitido por las leyes establecidas.

Un hombre influyente, no religioso, le presionó y le seleccionó para que hiciera propaganda de Bergoglio. Es claro su pensamiento, tal como él lo cuenta:

«…sólo antes de entrar en las conversaciones generales … un muy interesante e influyente caballero italiano me preguntó si podía verme, así que le dije que sí. Él vino a verme al seminario, en el Colegio Americano donde me alojaba. Nos sentamos; se trata de un hombre muy brillante, hombre muy influyente en Roma….;… hablamos de varias cosas; él tenía un pedido que preguntarme del pasado… en los Estados Unidos…; pero, luego dijo: “¿qué pasa con Bergoglio?”. Y me sorprendió la pregunta; le dije: “¿qué pasa con él?”. Él dijo: “¿Tiene él una oportunidad?”. Yo dije: “Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él dijo: “Él podría hacerlo, ya sabes”. Le dije: “¿Qué podría hacer?”. Él dijo: “Él podría reformar la Iglesia. Si usted le diera 5 años, él podría ponernos de nuevo en el objetivo. Él tiene 76 años, si él tuviera 5 años, el Señor, obrando a través de Bergoglio, en 5 años podría hacer que la Iglesia surgiera de nuevo”. Yo dije: “Eso es interesante”. Él dijo: “Yo sé que eres su amigo”. Le dije: “Así lo creo”. Él dijo: “Habla con él”. Dije: “Bueno, vamos a ver qué pasa… ésta es la obra de Dios“.…Mi amigo me dijo: ”Vota por Bergoglio”. Yo no lo sé».

Un «hombre italiano muy influyente», que conocía que el Cardenal McCarrick era amigo del cardenal Bergoglio. Este «hombre italiano muy influyente» se encontró con el Cardenal McCarrick con anterioridad a las Congregaciones Generales, en la cual se dan los discursos antes de que comience la votación del cónclave. Este «muy influyente hombre italiano» dijo al Cardenal McCarrick que “hablara” con el Cardenal Bergoglio. Más tarde, el Cardenal McCarrick describe este mismo hecho como un «push Bergoglio»: Puja por Bergoglio; haz campaña; vota por Bergoglio.

Así que, una persona externa, el «hombre italiano muy influyente», interfiere con la elección del Sumo Pontífice, sugiriendo al Cardenal McCarrick que «hablara» y que «votara» por el Cardenal Bergoglio. Todo esto es una violación de la Universi Dominici Gregis, en el artículo 81:

«Los Cardenales electores se abstendrán, además, de toda forma de pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier género, que los puedan obligar a dar o negar el voto a uno o a algunos. Si esto sucediera en realidad, incluso bajo juramento, decreto que tal compromiso sea nulo e inválido y que nadie esté obligado a observarlo; y desde ahora impongo la excomunión latae sententiae a los transgresores de esta prohibición. Sin embargo, no pretendo prohibir que durante la Sede vacante pueda haber intercambios de ideas sobre la elección».

Como el Cardenal MCcarrick no era elector, entonces sólo viola esta norma de manera indirecta. Una violación de un Cardenal elector es castigada con una excomunión latae sententiae. Pero aquellos que hacen un pacto, un acuerdo, un lobby, que tengan «la misma intención delictiva», que «concurran en la comisión de un delictivo», pero «que no son mencionados expresamente en la ley», como es el caso de un cardenal no elector,- como el cardenal Mccarry-, «quedan sometidos a las mismas penas, o a otras de la misma o menor gravedad» (Canon 1329 § 1 ).

El Cardenal McCarrick, muy sutilmente, admite haber aceptado las palabras de ese «hombre italiano muy influyente», y así lo predica ante los demás Cardenales:

«Entonces… tuvimos las Congregaciones Generales… hablé, durante 5 minutos y 15 segundos, como el hombre que… como el cardenal dijo… Yo dije 3 cosas. Dije, número 1… alejarse de los pobres, y en cierta medida temo que en algunas zonas del mundo, estábamos lejos de los pobres. Y eso es muy peligroso. Yo dije, espero que el nuevo, que el que sea elegido Papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tendría que tener un interés muy fuerte en América Latina, porque la mitad de la Iglesia está allí. Así que realmente ustedes tienen que empezar a pensar dónde está la gente. Me olvidé de la tercera cosa que dije, probablemente no era nada bueno, de todos modos».

Claramente, el cardenal sigue la sugerencia del «hombre influyente»: «yo espero que el nuevo, el que va a ser elegido papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tenga un interés muy fuerte en Latino América». ¿Por qué nombrar a un latinoamericano si un Papa tiene que ser para toda la Iglesia, no de un país concreto?

El pensamiento del cardenal estaba fuera de Bergoglio: «Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él no tenía en la mente la candidatura de Bergoglio. No lo veía como Papa. ¿Por qué cambia de parecer? Por la influencia de ese hombre italiano, un hombre con autoridad civil, un político, un hombre de gran influencia, que había sido requerido por los Cardenales para hacer lobby antes de las congregaciones generales. Para captar adeptos, que hablaran a favor de Bergoglio. Y así los Cardenales electores votaran por Bergoglio.

La política metida en un Cónclave. No sólo es el equipo Bergoglio. No sólo son unos Cardenales que quieren un Papa determinado. Es todo lo que hay montado y que no se ve, no se percibe con claridad.

Además, ¿cómo consiguió Ivereigh los datos para su libro? Estando con los diferentes personajes, juntando las anécdotas de todo lo que aconteció aquellos días:

«Mientras entrevistaba a mi antiguo jefe, Cardenal Cormac Murphy-O´Connor, para el libro, me he basado en una serie de notas distintas, algunas de las cuales fueron off the record (sin grabación), así como algunas anécdotas de diferentes lugares, lo cual es una práctica habitual para las reconstrucciones periodísticas de las elecciones papales. Las citas que uso del Cardenal Murphy-O´Connor son una que él ha dado en diferentes entrevistas. Cometí dos errores en la redacción de mis notas. Uno de ellos fue dar la impresión de que el grupo de los cardenales, que solicitaban la elección de Bergoglio, consiguió el acuerdo antes del cónclave, lo cual ellos no hicieron; quise significar que ellos creyeron que esta vez él no lo había de rehusar. Inmediatamente después de esta frase escribí: ”Me preguntó si él quería. Él dijo que él creía que, en este tiempo de crisis para la Iglesia ningún Cardenal podría rehusar si se lo preguntaran”. De hecho, ese cambio no tuvo lugar antes del cónclave, sino durante».

Ivereigh dice explícitamente que había un esfuerzo para solicitar el voto. Y esto va en contra de la norma 81, de la Universi Dominici Gregi.

Además, dice que «él no lo había de rehusar», refiriéndose a Bergoglio, que fue ya promovido por ese equipo en el Cónclave del 2005. Y se preguntaba «si él quería». Y la respuesta era clara: el tiempo de crisis es algo fabricado por la masonería, por ese equipo, por ese lobby, para elevar al Pontificado a un falso Papa: poner su hombre. Para levantar su iglesia.

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«Al cardenal Murphy-O’Connor le gustaría disipar cualquier malentendido surgido del libro sobre Francisco de Austen Ivereigh (informe del 23 de Noviembre). Le gustaría dejar claro que no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio, por parte suya o, hasta donde él sabe, por ningún otro cardenal para buscar su asentimiento para convertirse en un candidato para el papado.

Lo que ocurrió durante el Cónclave, que no incluyó al cardenal Murphy O’Connor porque tenía más de 80 años, está ligado por el secreto» (Maggie Doherty – Secretaria de Prensa del Cardenal Cormac – Murphy-O’Connor).

La nota de la secretaría de prensa del Cardenal Murphy-O’Connor es una negación de los hechos y una clara violación del secreto.

Dice el Papa Juan Pablo II, en la Universi Dominici Gregis, n. 59:

«En particular, está prohibido a los Cardenales electores revelar a cualquier otra persona noticia que, directa o indirectamente se refieran a las votaciones, como también lo que se ha tratado o decidido sobre la elección del Pontífice en las reuniones de los Cardenales, tanto antes como durante el tiempo de la elección. Tal obligación del secreto concierne también a los Cardenales no electores participantes en las Congregaciones generales, según la norma del n.7 de la presente Constitución».

Después de la elección de un nuevo Papa, continúa el secreto, el cual pesa sobre los Cardenales electores y sobre los no electores:

El Cardenal Murphy-O´Connor era un Cardenal no electo. Por tanto, está obligado a guardar silencio sobre lo que sucedió antes de la elección de Bergoglio. Durante la elección no pudo estar.

Luego, su negación: «no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio»; es una clara violación del secreto. En la nota no se puede ni afirmar ni negar nada. Sólo hay que decir: por la norma 58 de la Universi Dominici Gregis estoy obligado al secreto bajo pena de excomunión:

«Quienes, de algún modo, según lo previsto en el n. 46 de la presente Constitución, prestan su servicio en lo referente a la elección, y que directa o indirectamente pudieran violar el secreto ―ya se trate de palabras, escritos, señales, o cualquier otro medio― deben evitarlo absolutamente, porque de otro modo incurrirían en la pena de excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica».

La nota de prensa no puede indicar una negación de los hechos. Como la indica, se está diciendo que existieron esos hechos.

Esta nota pone en duda la validez de la elección al ser una nota de negación: se rompe el secreto impuesto al Cardenal no elector O´Connor. Se cae en excomunión.

Sólo los Cardenales electores pueden hablar de lo que ocurrió, en la elección, por «una especial y explícita facultad» (n. 60) que da el sumo Pontífice para este caso. Ni O´Connor es Cardenal electo ni Bergoglio ha dado esa facultad.

El Papa Juan Pablo II enseña en el número 82:

«Igualmente, prohíbo a los Cardenales hacer capitulaciones antes de la elección, o sea, tomar compromisos de común acuerdo, obligándose a llevarlos a cabo en el caso de que uno de ellos sea elevado al Pontificado. Estas promesas, aun cuando fueran hechas bajo juramento, las declaro también nulas e inválidas».

No se pueden tomar compromisos de común acuerdo antes de la elección para que, después, se llevan a efecto. Estas capitulaciones son nulas.

¿Qué es lo que hizo Bergoglio? Él mismo lo cuenta:

«Sobre el programa, en cambio, sigo el que los cardenales pidieron durante las congregaciones generales antes del cónclave. Voy en esa dirección. El Consejo de los ocho cardenales, un organismo externo, nace de ahí. Había sido pedido para que ayudase a reformar la curia… Mis decisiones son el fruto de las reuniones pre‐cónclave. No he hecho nada yo solo… Han sido decisiones de los cardenales. No sé si es una postura democrática, yo diría más bien sinodal, aunque la palabra para los cardenales no es apropiada». Entrevista-al-Papa-Francisco.-29.06.2014

Claramente, es inválida la elección de Bergoglio por muchos caminos.

Por supuesto, el Vaticano lo niega todo:

«Puedo declarar que los cuatro cardenales citados niegan explícitamente esta descripción de los hechos, tanto lo que afecta a la petición de un consenso previo sobre el cardenal Bergoglio como lo relacionado con una campaña para su elección». Lombardi añadió que los cardenales «desean que se sepa que están sorprendidos y contrariados por lo publicado». (ver)

Es una negación que no niega nada: se niega esa descripción, pero no pueden negar la verdad de los hechos, que se puede contar de muchas maneras, pero sin revelar los hombres que, en verdad, están detrás de todo esto.

Es una negación que también rompe el secreto que deben guardar esos Cardenales.

Y, además, son unos cínicos: «están sorprendidos y contrariados». Mayor hipocresía no puede haber en Roma.

Pero esto, ya no lo quita nadie.

Han puesto a su hombre: un hombre lleno de verborrea humana. Sólo habla para agradar a los hombres, pero no a Cristo en la Iglesia.

Ha sido puesto ahí para desmantelar toda la Iglesia. Y lo está haciendo, en la oscuridad. Entretiene a todo el mundo con su palabra engañosa y, después, su equipo, sus cardenales, sus obispos, sacerdotes, hacen el trabajo sucio, sin que nadie se dé cuenta.

Como no tienen leyes en la mano, tienen que usar su poder sacerdotal en contra de toda verdad. Y eso es el cisma declarado, con obras, -no con leyes, con una doctrina que se exija- con sus obras de pecado es como llevan a toda la Iglesia hacia la gran maldad.

No se puede estar con Bergoglio como Papa. Es una gran blasfemia. Es cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Y son muchos los que ya lo han cometido y los que lo van a cometer.

Puñal de Bergoglio a las familias numerosas

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«Pero vosotros no representáis solamente a la familia, sois, más bien, y representáis a las familias numerosas, es decir, a las más bendecidas por Dios, predilectas y estimadas por la Iglesia como preciosísimos tesoros. Pues de ellas recibe más abiertamente un triple testimonio que, a la vez que confirma ante los ojos del mundo la verdad de su doctrina y la rectitud de su práctica, redunda, por fuerza del ejemplo en gran provecho de todas las demás familias y de la misma sociedad civil. Porque donde se encuentran con frecuencia, las familias numerosas atestiguan la salud física y moral del pueblo cristiano –la fe viva en Dios y la confianza en su providencia–, la santidad fecunda y alegre del matrimonio católico» (PíoXII, 1939-1958 • Las familias numerosas, testimonio de la salud física y moral del pueblo cristiano – De la Alocución Tra le visite, a la Federación Nacional Italiana de Asociaciones de Familias Numerosas, 20 enero 1958).

En la Iglesia sólo está representada la familia numerosa. Es el estandarte de la verdad. Es lo que toda familia debe tender: tener hijos. Y tener muchos hijos.

Los muchos hijos son el tesoro precioso de la Iglesia: son la obra de la fe de la Iglesia.

Con los muchos hijos se da ante el mundo la verdad de la doctrina de Cristo: se es testimonio de la Verdad en el mundo. El mundo no quiere hijos. Dios quiere hijos. Está en su Palabra. Pero hay que tener fe en Ella.

Para traer hijos al mundo, sólo una cosa es necesaria: la fe, profunda fe:

«Para dar vida al hombre se necesita la fe en Dios. Si hoy vivimos esta gran crisis, llamada demográfica, crisis de la familia, crisis de la paternidad, crisis de la maternidad, es propiamente una consecuencia de la falta de fe en Dios. No se puede mejorar este problema sino con una profunda fe en Dios.  Se necesita una gran fe en Dios para dar la vida al hombre» .(Juan Pablo II – ver texto).

No se puede mejorar el planeta sin los muchos hijos, que vienen de la fe profunda en la Palabra de Dios.

«Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre la violencia» (Prov 10, 11).

Fuente de vida es la boca del Papa Juan Pablo II. La boca del malvado Bergoglio encubre la violencia:

«hay algunos que creen que para ser buenos católicos debemos ser como conejos». Hay que limitar los hijos: hay que matar la vida. Hay que cuidar el planeta.

¿Dónde está la verdad: en el Papa Pío XII, en el Papa Juan Pablo II o en el falso papa Bergoglio?

La verdad sólo está en el Papa verdadero y legítimo que sólo sabe enseñar la doctrina de Cristo.

La Verdad nunca está en Bergoglio. Nunca.

«Las familias numerosas, lejos de ser la “enfermedad social”, son la garantía de la salud de un pueblo, física y moral. En los hogares, donde hay siempre una cuna que llora, florecen espontáneamente las virtudes, a la par que se destierra el vicio, casi barrido por la niñez que allí se renueva como aura nueva y salutífera de primavera». (PíoXII, 1939-1958 • Las familias numerosas, testimonio de la salud física y moral del pueblo cristiano – De la Alocución Tra le visite, a la Federación Nacional Italiana de Asociaciones de Familias Numerosas, 20 enero 1958).

La familia numerosa no es una enfermedad social: no hay que medir los hijos para mantener la población.

Bergoglio habla sin Ley, sin norma de moralidad, porque ha perdido –totalmente- la fe católica. ¿Qué va a enseñar?

Que los hijos vienen de la mano de los expertos: «Yo creo que el número de tres hijos por familia, según lo que dicen los técnicos, es el número importante para mantener a la población».

«Lo que dicen los técnicos»: los que opinan los hombres: es el pueblo, es el hombre el que decide el bien y el mal. Es el hombre el que construye la iglesia. Es el hombre el que hace su matrimonio y su familia.

Ya no es Dios: «Creced y multiplicaos». Dios es la vida, pero los técnicos deciden la vida, miden la vida.

Ya no es lo que enseña la Iglesia en Sus Papas: «Las familias numerosas, lejos de ser la “enfermedad social”, son la garantía de la salud de un pueblo, física y moral».

Las familias numerosas son la garantía moral de un pueblo: no hay que tener tres hijos como máximo para cuidar el planeta. Hay que reproducirse, como conejos, porque es Voluntad de Dios. Ahí está la salvación del planeta, el cuidado de la creación: en tener muchos hijos.

«Mantener la población»: Bergoglio está en la idea masónica del nuevo orden mundial. Hay que cuidar el planeta: si hay muchos hijos, mucha población, nos cargamos el planeta. Hay que limitar los nacimientos. Vamos a medir la Voluntad de Dios. Sí, sí, los hijos son un tesoro, pero no tengas más de tres, porque «hay que ser prudentes». Como hombres técnicos en la vida sexual dicen que no más de tres, entonces la prudencia humana; pero nunca la prudencia divina. De tejas para abajo, el hombre resuelve cuántos hijos va a tener: su materia gris: su mente.

Y los hijos son una bendición de Dios: es decir, se tienen hijos como conejos porque se cree en Dios, no porque haya dinero: «Se necesita una gran fe en Dios para dar la vida al hombre».

Bergoglio es un hombre sin fe, sin ninguna fe en Dios. Sólo cree en su concepto de Dios, en su idea masónica de Dios. Pero no cree en el Dios de los católicos. Y, por eso, no enseña la doctrina de la Iglesia católica, que todos los Papas enseñan.

Hace falta fe para formar una familia y dedicarse a tener hijos para Dios. Fe. Pero como los hombres no tienen fe: se casan para algo humano; si hay dinero, entonces el hijo. Si no lo hay, entonces se recurre al juego político: es que para cuidar el planeta, es mejor tener pocos hijos. Se pone la excusa del planeta para cargarse la Voluntad de Dios sobre el matrimonio: creced y multiplicaos. Bergoglio dice: sí, creced, pero no multiplicarse más allá de tres. Hay que cuidar el planeta.

Dios no pone número. Dios no dice al hombre los hijos que tiene que tener. Es el hombre el que se dice a sí mismo, el que quiere convencerse de que hay que tener pocos hijos. Y, claro, se ampara sólo en su mente humana, no en lo que Dios revela. Y viene, por tanto, la crisis, física y moral, de todos los pueblos de la tierra.

¿Por qué el mundo está así? Porque la gente no quiere tener muchos hijos; no quiere formar familias numerosas.

Si la forman, viene el regaño de Bergoglio:

«Regañé a una mujer que se encontraba en el octavo embarazo y había tenido siete cesáreas: ‘¿Quiere dejar huérfanos a sus hijos? No hay que tentar a Dios…».

No sólo lamentable, sino satánico.

¿Este es el mensaje que un Obispo transmite a la Iglesia?

No es un mensaje para la vida, sino para la muerte, para la destrucción de la verdad en la Iglesia. La verdad del matrimonio, de la familia y de los hijos. Es un puñalada a las familias numerosas. Así habla siempre Bergoglio: haciendo daño a la Iglesia católica.

Nuestras vidas valen en tanto en cuanto haya dinero: no hay que tener los hijos que Dios quiere, que Dios da: «no hay que tentar a Dios».

Tienes siete hijos: no tengas más: «¿quieres dejar huérfanos a tus hijos?».

La idea satánica de la vida: no pongas en riesgo tu vida con otro embarazo, porque ya tienes siete hijos. No te compliques la vida con otro embarazo; es más: no compliques la vida de tus hijos porque quieras otro embarazo: no tientes a Dios buscando otro embarazo. Peca: aborta, toma pastillas, el preservativo…: «Yo conozco muchas vías lícitas, que han ayudado en esto».

Un Papa legítimo nunca dice: «yo conozco…»: nunca da su opinión en la Iglesia. ¡Nunca!

Un Papa verdadero siempre recuerda lo que la Iglesia enseña sobre la paternidad responsable.

¿Hace falta poner aquí todo lo que la Iglesia ha enseñado sobre la paternidad responsable?

Pero, a los católicos les da igual lo que es un Papa verdadero. Prefieren a este marciano, a este extraterrestre como su papa.

Bergoglio no es el Papa de la Iglesia católica, porque no enseña la Verdad de siempre. Y, por eso, habla así: como habla Satanás.

«Perdonen, pero hay algunos que creen que para ser buenos católicos debemos ser como conejos».

Perdone, Bergoglio, cállase la boca ante lo que enseña la Iglesia para ser un buen católico en el matrimonio:

«La sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas como un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres» (CIC 2373).

Perdone, Bergoglio, pero la Iglesia cree que para ser buen católico hay que formar una familia numerosa.

Familias numerosas: para ser buenos católicos hay que ser como los conejos. Debemos ser como conejos. ¿Entiende, Bergoglio? Él no entiende. Él no puede comprender esta Verdad Absoluta. Sólo está en su relativismo.

Esto es lo que enseña la Iglesia: las familias numerosas son un signo de la bendición de Dios. Allí donde hay un hijo, allí está Dios. Allí donde hay muchos hijos, allí está la providencia de Dios.

Perdone, Bergoglio, pero esto es lo único que hay que seguir. Esto es lo único que hay que enseñar en la Iglesia.

Perdone, Bergoglio, pero váyase a su pueblo a descansar y a morir como un energúmeno, entre los aplausos de su gente podrida en el alma como usted. No moleste más en la Iglesia, con su barata y blasfema idea masónica de la familia.

Perdone, Bergoglio, lo suyo es: satanismo. ¡Y sólo eso!

Un Papa legítimo enseña lo mismo que enseña la Iglesia. ¡Esa es la señal para discernir a un Papa!

Ahí tienen la prueba de que Bergoglio no es el Papa de la Iglesia católica. ¡Ahí la tienen!

Muchos les duele esta frase de este hereje. Y vomitan a Bergoglio. Pero son como los perros: como es su Papa, como el Espíritu Santo le sostiene en su ministerio, hay que seguir obedeciendo.

Muchos católicos son como los perros: se comen su propio vómito. No tienen las agallas de ponerse de pie en frente de Bergoglio y decir: tú no eres el Papa. Tú eres un farsante, un impostor, un embaucador, un idiota, un necio inteligente, que te han puesto en ese trono para destrozar la Iglesia con tu lengua viperina.

Bergoglio declara a los padres de familias numerosas como “conejos católicos”: para ser un buen padre católico no hagas hijos como los conejos. Ponte el máximo de tres. No manches la creación con muchos hijos.

¡Esto es satánico!

El concepto de paternidad responsable no se refiere a reducir el número de los hijos. No; no es esa visión reduccionista de la familia, del sexo, de la vida matrimonial.

La paternidad responsable es darle a Dios los hijos que Él quiere: esto es lo que cuesta en todo matrimonio, porque los hombres, enseguida, buscan sus acomodos en la vida para no tener más hijos.

Es decidir, en la presencia de Dios, con oración y con penitencia, los hijos que Dios quiere que se tengan en ese matrimonio. Es hacer responsable al sexo de sus actos ante Dios. Es meter en la relación sexual la Voluntad de Dios. Es buscar, en la prudencia divina – no en la humana, los hijos de Dios.

El Papa Juan Pablo II habló de esto en el jubileo de las familias del 2000.

El Papa Juan Pablo II, un Papa verdadero y legítimo, enseñó el camino para no tener miedo a la Vida.

Bergoglio recrimina a las familias numerosas por hacer caso a este Papa.

¡Esto es satanismo! Y no hay otra palabra.

¿Dónde está la Sucesión Papal de Bergoglio? ¿A qué Papa continúa? A ninguno. Porque no es el Vicario de Cristo, no es el Sucesor de Pedro.

Bergoglio ha lanzado un puñal a la familia: ha tirado con bala para hacer llegar su mensaje satánico. Bergoglio sólo habla para ser popular, para que los demás hagan propaganda a sus ideas maquiavélicas. Y así va destruyendo la Iglesia, con el aplauso, con el apoyo de TODOS LOS CATÓLICOS.

«Los que abandonan la Ley alaban al impío, los que la guardan le hacen la guerra» (Prov 28, 4).

¿Quieres ser de la Iglesia Católica? Haz la guerra a Bergoglio y a toda su corte, que son muchos entre jerarquía y fieles.

Bergoglio es el impío: guerra en la Iglesia al impío Bergoglio. ¡Guerra!

¿Dices que tanto amas a tu iglesia? ¡Demuéstralo, no con palabritas bonitas, sino con obras!; dando testimonio de la verdad, que es una:

¡Bergoglio no es Papa!

¡Guerra al impío usurpador del Papado: Bergoglio!

Los que no aman la Ley, los que obedecen a Bergoglio, son los que idolatran a Bergoglio, los que lo defienden. ¡Defienden a un hombre y no defienden al Papado, a su Iglesia! Así está la Iglesia: defendiendo a un hombre, pero no a la doctrina de Cristo. Excusando las palabras baratas de un subnormal, que no sabe lo que es Cristo ni lo que ha enseñado Cristo a la Iglesia.

¡Qué pocos luchan por la verdad de la Iglesia!

¡A nadie le interesa la Verdad!

¡Así nos va: idolatrando a un hombre y destruyendo a Cristo en Su Iglesia!

Conspiración en la cúpula de la Jerarquía: choque de poderes

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«Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza» (Jn 19, 2).

La Cabeza de Cristo fue tejida de espinas; pero su Divino Corazón fue traspasado por una lanza. La cabeza es la sede de la sabiduría humana, el corazón es el fundamento del amor divino.

El Corazón se abre, en la muerte, para dar al mundo la Vida, el Amor de Dios; pero la Cabeza sufre el tormento de las espinas para señalar la soberbia de la mente del hombre. Cristo sufre por la soberbia de los hombres, pero muere para dar Vida a los hombres.

En la Iglesia, la Cabeza es el Vicario de Cristo. Y sobre Ella ha sido puesto el sufrimiento espiritual que el pecado de soberbia de muchos, en la Jerarquía, ha traído. El Papado sufre por la soberbia del hombre. Y sufre en el Papa legítimo: Benedicto XVI. Que, a pesar de que no gobierna, sigue teniendo el Poder de Dios en su corazón.

La corona de espinas está sobre el Papado y sobre toda la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo: «hay un grito en el Cielo, en este momento, mientras la Corona de Espinas desciende para aplastar Mi Cuerpo, la Iglesia Católica, sobre la tierra» (MDM, 13 de febrero 2013).

Es la Pasión del Cuerpo Místico de Cristo. Son los tiempos de la Pasión y de la Muerte del Cuerpo Místico de Cristo.

Es el sufrimiento que los hombres dan a la Iglesia: sufrimiento, no sólo espiritual, sino también humano y material.

El Papa Benedicto XVI fue forzado a renunciar al gobierno de la Iglesia: una corona de espinas fue puesta en su cabeza.

«Me temo que estas son las mismas áreas que, por las razones usuales de poder y opresión, han traicionado y conspiraron para eliminar al Papa Ratzinger (…), empujándolo a la renuncia» (Avvenire, diario de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) –  ver traducción).

Hubo una conspiración para quitar de en medio al Papa Benedicto XVI: en otras palabras, hubo un choque de poder en la Iglesia. Y ganó el poder de la masonería eclesiástica.

En la élite de la Jerarquía se descubre la corrupción que existe en toda la Iglesia. Si las cabezas de la Iglesia no son humildes a la verdad, no obedecen a un Papa que Dios ha puesto en Su Iglesia, entonces nadie, ningún fiel en la Iglesia, obedece la verdad Revelada, nadie sigue la doctrina que Cristo enseñó a Sus Apóstoles.

Todos, en la Iglesia, buscando su doctrina, su gobierno, su dinero, su negocio, su papa, su ideal en la vida.

Toda esa Jerarquía, que ahora aplaude a Bergoglio como Papa, tejió una corona de espinas sobre el Papado. Fueron ellos: los soldados de la masonería eclesiástica. Ellos que se han metido en la Iglesia por la puerta falsa, para aparentar un falso sacerdocio, y así conseguir el objetivo: poner el papa que quiere el mundo, que es el papa que quiere la masonería.

Bergoglio es el papa que quiere el mundo, no es el Papa elegido por el Espíritu Santo. ¡Nunca Dios elige a un masón para Papa!

«La masonería eclesiástica ha alcanzado ahora el mayor nivel de poder dentro de Mi Santísima Iglesia en la Tierra» (MDM, 30 de septiembre 2013).

El mayor nivel de poder alcanzado por la masonería es el Papado: era su gran objetivo. Es el orgullo de los masones: gobernar como dioses -con un poder eterno– a los hombres.

Durante 20 siglos, los masones han intentado muchas cosas para usurpar el Trono de Dios en la tierra. Y no pudieron, porque no era el tiempo. El tiempo siempre es de Dios, nunca de los hombres. Es cuando Dios lo quiere, no cuando los hombres lo planean.

Ahora es el tiempo de la masonería.

Ahora la masonería eclesiástica ha puesto un cisma dentro de la Iglesia Católica: un gobierno horizontal. Cisma que levanta divisiones entre toda la Jerarquía y todos los fieles de la Iglesia. ¡Y claras divisiones! ¡Claras tempestades!

¡Es la guerra por el poder! ¡Todos quieren mandar, todos quieren ser maestros, todos se las dan de sabios en sus herejías, en sus vidas plagadas de paganismo!

Ese gobierno horizontal despoja a la Iglesia de la Verdad, divide la Verdad del Papado, levantando una nueva estructura religiosa sobre la mentira, – y sobre toda mentira.

Y, por lo tanto, las consecuencias para el mundo entero son claras: el mundo ya no tiene un norte ni un camino para salvarse. Ya en la Iglesia no está la Verdad, no es el faro de la Verdad, sino que en Ella se da la misma mentira que se ofrece en el mundo.

Los hombres, en el mundo, ya ven la Iglesia no como Verdad sino como una mentira más. Y, por lo tanto, ya no combaten a la Iglesia, sino que se unen a Ella para formar una unidad en la diversidad: una nueva estructura de gobierno mundial, en la cual los dos poderes, el temporal y el eterno, sean uno, sean repartidos entre los hombres.

Primero es entrar en una nueva iglesia mundial, para así poder formar el nuevo orden mundial.

Cada uno podrá buscar a Dios de la manera que quiera; cada uno podrá hacerse su ley como le dé la gana; cada uno será el creador de su propia vida humana y espiritual.

Es el negocio que ahora se persigue dentro de la Iglesia Católica: participar en la creación de una nueva estructura religiosa, que favorezca a todas las religiones, para levantar una religión mundial que no se oponga a un poder mundial.

Una nueva jerarquía, un nuevo papado, que sea el fundamento del error que se da en el mundo. Es lo que el mundo necesita: el respaldo de una iglesia, de un poder eterno, para que sus leyes temporales, que son sólo una impiedad, una abominación, tengan valor para todos los hombres, no sólo para la gente del mundo.

El fundamento de la Iglesia Católica es Pedro, el Papado. Este fundamento ha sido aniquilado, aplastado: «Muchos no tienen idea del engaño que se les está presentando. Ni ellos saben que el fundamento de Mi Iglesia, la Iglesia Católica, ha sido aplastado hasta el polvo. En su lugar, se levantará la abominación» (Ib).

El gobierno horizontal, puesto por Bergoglio, es lo que ha aplastado hasta el polvo el Papado. Y, por eso, ya no hay más Papas católicos. Ya no hay que esperar a ningún Papa católico después de la muerte de Benedicto XVI.

¡Y muchos no han caído en cuenta de este gran engaño! Porque están en la Iglesia detrás de un hombre de política, de global economía, de vida social, de acercamiento a todas las maldades que existen en el mundo.

El fundamento, la roca en la que se levanta la Iglesia, Pedro: aplastada hasta el polvo.

Como a los católicos les trae sin cuidado las profecías, las revelaciones privadas, la vida espiritual en la Iglesia, por eso, se engañan, con gran facilidad, con las palabras oficiales de la masonería eclesiástica, que gobierna actualmente en el Vaticano.

Un masón está en el timón de la Iglesia. Bergoglio no es Papa católico, es un masón. Bergoglio no es la voz de la Iglesia Católica: es un juguete de la masonería eclesiástica.

¿Cómo es que los católicos están obedeciendo la mente de un masón como Papa?

¿Cómo es que los católicos llaman a un masón con el nombre de Papa?

¡Qué gran engaño! ¡Qué fácil es engañar a los católicos!

Se les presenta a un hombre con cara de buenos amigos, que viste pobremente y que habla de la ternura de Dios. ¡Y todos caen, de una manera espantosa, en ese gran engaño! ¡Y son ellos –los propios católicos- culpables de su propia caída, de su propio engaño! ¡Se dejan engañar! ¡No viven de fe en la Iglesia sino de política!

Bergoglio está levantando la abominación: una nueva religión mundial, que apoye el nuevo gobierno mundial que, muy pronto, saldrá a la luz. Hasta que no se consiga esa nueva religión mundial, no se ve el gobierno mundial.

Por eso, ahora todos ven las herejías de Bergoglio, pero les interesa hacer mutis, callarse: están en el negocio de levantar una nueva iglesia, un nuevo credo, una nueva doctrina, un falso evangelismo.

¡Quieren ese negocio humano! ¡Y viven sólo de ese negocio humano!

¿Por qué la Jerarquía calla ante las herejías de Bergoglio? Porque Bergoglio les da de comer; porque tienen un puesto en la nueva iglesia.

En el tiempo de la masonería, cuando ésta ha conquistado el poder de la Iglesia, todo está muy bien preparado: nada es al azar. Hay unos objetivos claros que se deben cumplir. Y, por eso, todos los movimientos que se dan en el Vaticano, dentro de ese gobierno horizontal, es sólo para esto.

Tener a Bergoglio como papa es dinero para el Vaticano. ¡Y mucho dinero! Porque hay que levantar la nueva iglesia mundial. Y eso sólo se puede hacer con dinero.

Cristo levantó Su Iglesia sólo con el Espíritu Santo. No necesitaba nada más: murió como un maldito, sin ninguna popularidad. Sólo creían en Él los locos para el mundo.

Bergoglio levanta su nueva estructura religiosa a base de dinero y de fama. Por eso, habla para ganar dinero. Obra para ganar dinero. Viaja para ganar dinero.

Bergoglio no es un papa que enseñe la verdad, sino que es un hombre de negocios: me das dinero, te doy poder en mi nueva iglesia. Así funciona todo, ahora, en el Vaticano.

Bergoglio es dinero. ¡Y sólo dinero! Mueve mucho dinero en el mundo. La gente inventa productos con su nombre porque eso da dinero, eso da un puesto en el nuevo orden mundial. Bergoglio es bueno para los negocios, para salir de la crisis económica. Da de comer a muchos. Pero no sabe enseñar el camino del Cielo a nadie.

«¡Hago un llamado a Mis Cardenales, a Mis Obispos y a Mis siervos sagrados, a unir al rebaño y a permanecer leales a Mis Enseñanzas! ¡Pongan mucha atención a lo que les será pedido predicar, porque esto cambiará! Sus homilías serán diseñadas y concebidas para un mundo secular y no tendrán ninguna sustancia» (Ib).

La Jerarquía de la Iglesia ya no tiene que unirse al papa de turno, sino que tiene que unir al rebaño y permanecer en la Verdad Revelada; sabiendo que el papa de turno es falso: es un papa que pide, que obliga a difundir las obras de la mentira; que gobierna con una mentira, con unas cabezas de herejía. Eso nunca es un Papa en la Iglesia Católica.

¡Cuántos conciben al Papa como un jefe político, terrenal, humano, material!

¡Y nadie quiere ver al Papa como al hombre de Dios, que combate la mentira que los hombres del mundo obran constantemente!

¡Nadie quiere a un Papa que luche en contra del mundo y de los hombres! ¡Que luche en contra de los errores de los hombres!

¡Todos quieren a un papa tierno y misericordioso con todo el mundo! ¡Un papa besucón! ¡Un papa maricón! ¡Un papa ateo!

Por eso, Bergoglio es el papa de los idiotas en la Iglesia. ¡Y no es otra cosa!

¡Quien lo llame su papa es un idiota! ¡Un retrasado mental!

La gente cree que llamar a alguien idiota es insultarle.  El idiota no es el que habla o piensa vulgaridades, sino el que habla o piensa sin inteligencia, sin dos dedos de frente, sin lógica.

Llamar a uno idiota es decirle que es un hombre pagano, ignorante, con un bajo grado de inteligencia, que siempre está dando vueltas a su idea, sin salir de ella. ¡Un loco!

Pedro y Juan eran considerados «hombres sin letras y gente idiota» (ιδιοται)  (Act 4, 13).

En el lenguaje médico, el término idiocia significa: hombres con un estado de insuficiencia mental, intelectual (frenastenia), un retrasado mental.  Es un trastorno profundo de las facultades mentales.

Pedro y Pablo creían en un Resucitado: estaban locos para la gente del mundo. Eran ιδιοται: vivían en una idea estúpida y la defendían por encima de todo lo que la gente normal pensaba.

¿Cómo llamas a un hereje con el nombre de Papa? Ningún Papa es hereje. ¡Eres un idiota!

¿Cómo dudas de que Bergoglio sea Papa y lo sigues llamando tu papa? Si dudas, abstente de afirmar nada hasta quitar la duda. ¡No seas idiota!

Si dices que Bergoglio es Papa, entonces tienes que creer en lo que él cree, en todas sus herejías que ha declarado. Y si haces eso, entonces no eres católico y estás defendiendo en la Iglesia Católica a un hombre que no es católico, que no pertenece a la Iglesia por su manifiesta herejía. ¡Qué gran estupidez y qué gran locura!

¡Cuántos católicos hay que son unos locos, unos idiotas! ¡No tienen inteligencia! ¡Son retrasados mentales!

¡Cuántos han entrado en la Iglesia en una rifa: se ganaron el Bautismo y ahí se quedó el premio! Después, se han dedicado a una vida profana, pagana, mundana, material, humana, natural, carnal, sin importar nada lo que es la fe católica, lo que es un Papa en la Iglesia.

Bergoglio es un hombre que no convierte a nadie, no llama nadie a la conversión, a dejar el maldito pecado: sólo cosecha aplausos de gente que se llama católica, y son sólo juguetes de su propia ignorancia.

Bergoglio, cuando habla, lo hace con doble interpretación, doble lenguaje:

  • uno oculto siempre, que nunca se manifiesta, pero que es contrario a la verdad: dice medias verdades, sin apoyarse nunca en ellas;
  • y otro la suya propia modernista, progresista, inmanentista, que es siempre la que se refleja en sus escritos: sus mentiras para construir su falso cristo y su falsa iglesia.

Bergoglio reprocha a la Iglesia Católica muchas cosas, pero no es para corregir los defectos de Ella, sino para cosechar aplausos en el mundo. Pone a la Jerarquía como si fuese la última piltrafa de la humanidad, la última basura, los acusa de fariseísmo porque cumplen con los mandamientos de Dios, con los dogmas, y eleva a los grandes herejes a un puesto en la Iglesia.

Bergoglio habla de Cristo, no para enseñar su doctrina inmutable, infalible, eterna, sino para quedar bien con todo el mundo, para recibir una alabanza de extraños a la Verdad Evangélica.

La mentira es presentada como Verdad en la Iglesia porque toda la Iglesia está bajo el control del mal. No hay una cabeza, no hay un Papa, no hay una Jerarquía que diga la Verdad. Los buenos sacerdotes son echados a un lado y se les hace callar.

Muchos caen en esa mentira, muchos son engañados en la Iglesia. Y son gente de teología, que conoce la verdad, pero que por no perder el plato de lentejas, prefieren la mentira, el engaño.

Muchos, viendo la herejía, por el falso sentimentalismo a Bergoglio, porque les cae bien Bergoglio como hombre, se dejan engañar. Es el juego de la política.

Todos poniendo parches a las babas de Bergoglio todo el santo día. Esa es su única ocupación. Porque van en busca de un nuevo gobierno mundial, de una nueva sociedad, en la que Dios es cada uno, cada hombre, cada mente humana, cada obra del hombre, cada vida humana.

En la nueva iglesia de Bergoglio todos son santos en sus grandes herejías. Todos se consideran sagrados, justos, perfectos. Se llaman así mismos: maestros de su propia locura.

No te dejes engañar por aquellos que te dictan lo que tienes que creer con palabras baratas y blasfemas.

Sólo Dios es el dueño de tu mente, de tu corazón, de tu espíritu. Que ningún hombre se declare dueño de tu libertad. Muchos se esclavizan a las mentes de los hombres para tener una libertad falsa, fingida, ilusoria, que sólo sirve para condenarlos.

Bergoglio esclaviza al hombre con la mente humana; Cristo lo libera con Su Espíritu. Elige a quien quieres servir: al demonio, en la persona de Bergoglio, o a Dios, en Cristo.

Todo Papa legítimo es columna de fe y fundamento de la Iglesia: nunca es hereje.

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Todo Papa legítimo es «columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica» (Concilio de Éfeso – Sobre la primacía del Romano Pontífice – D112). Es decir, en su persona no puede existir el pecado de infidelidad, por el cual carece de la fe católica.

Aquel que no tiene fe, o que la ha perdido, se llama infiel. El infiel es el que voluntariamente se encuentra en estado de pecado y obra su pecado en contra de la verdad. El infiel no es estar en cualquier pecado, sino en aquel pecado que impide la fe, que combate la verdad dogmática.

Lo que impide la fe es someter la mente a la mentira, al error, a la duda, haciéndose el hombre enemigo del dogma, de la verdad revelada, de aquello que hay que creer para poder salvarse.

El infiel combate los dogmas que la Iglesia Católica siempre ha enseñado. Y, por eso, todo infiel es herético, produce el cisma, vive una apostasía, una renuncia de la fe verdadera.

Infiel no es el que comete un pecado de lujuria y, después, se arrepiente y se confiesa.

Infiel no es el que duda de Cristo o de la Iglesia, pero después sale de su duda para seguir creyendo.

Infiel no es el que teme enfrentarse a los hombres y dar testimonio de Cristo ante ellos, como le pasó a San Pedro en su pecado de negación, si inmediatamente resuelve su temor a los hombres en las lágrimas de su arrepentimiento.

Infiel es todo aquel que combate la verdad: combatir a Cristo y combatir a la Iglesia.

Por eso, encontramos a muchos católicos que han cometido el pecado de infidelidad y que se llaman, con la boca, católicos, sin serlo en la práctica de la vida espiritual.

La fe es una obra divina, no es un conjunto de ideas que se memorizan y que se repiten como un loro. Es una obra divina, no es un apostolado humano.

La fe es realizar una Voluntad Divina en la vida del hombre. Y, por eso, se necesita que el hombre obedezca, con su mente humana, la Verdad que Dios ha revelado.

La fe católica es obedecer a Dios. OBEDECER. Si no hay obediencia, no hay fe católica.

La fe no es natural, sino sobrenatural: el alma cree, la mente obedece a una verdad sobrenatural, no a una verdad natural, no a un escrito oficial.

Se obedece a una Verdad que Dios habla, que Dios dice, que Dios manda.

En la Iglesia Católica, desde el Papa hasta el último fiel, se tiene que dar la obediencia a esta Verdad sobrenatural. Si no hay esta obediencia, no hay Iglesia. Si el Papa no obedece la Verdad Revelada, los dogmas, no hay Iglesia. Ese Papa no es Papa legítimo, sino un falsario, un impostor.

Por eso, todo Papa  legítimo es fundamento de la Iglesia, porque todo Papa legítimo  obedece a Dios, confirma en la Verdad que Dios revela, muestra el camino para obrar la Verdad, que es siempre Cristo Crucificado.

Para obedecer a Dios –en la Iglesia- hay que crucificar el entendimiento humano. Sin esto, ningún Papa, ninguna Jerarquía es de la Iglesia de Cristo. Si el hombre no se somete, con su entendimiento humano, a la verdad revelada, al dogma, a lo que es de fe divina y católica definida, entonces el hombre no pertenece a la Iglesia porque está en su pecado de infidelidad, en el cual no puede obedecer la Verdad que Dios revela, sino que se está obedeciendo a sí mismo: a su mente, a su idea, a su plan humano, a la mentira que su mente encuentra en sí misma.

La vida de la gracia se pierde por cualquier pecado mortal: fornicarios, adúlteros, afeminados, sodomitas, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, rapaces, etc… (cf. 1 Cor 6, 9s).

Pero la fe sólo se pierde por el pecado de infidelidad: toda aquella Jerarquía de la Iglesia que por medio de dulces palabras y lisonjas seducen los corazones de los hombres para que acepten una mentira como verdad, no posee la fe católica, no son de la Iglesia Católica, no hacen Iglesia; sino que la destruyen, -tanto la fe como la Iglesia-, vestidos de lobos, con un traje que da una apariencia de santidad a los demás, de respeto, de obediencia, pero que sólo poseen un corazón sin posibilidad de amar a Dios, porque no obedecen, con sus mentes humanas, la Verdad Revelada, la Verdad de la Mente de Dios.

La herejía es un pecado de infidelidad: todo hereje ha perdido la fe católica. Todo hereje no se somete a la Mente de Cristo, sino que impone su propia mente humana a la Iglesia.

Por eso, es imposible que un Papa legítimo sea hereje. IMPOSIBLE. Porque todo Papa legítimo es columna de la fe. Y lo que derriba esa columna es la herejía, el pecado de infidelidad en la persona del Papa.

Jesús pone la Iglesia en la Roca de la Verdad: en un Papa que nunca puede cometer el pecado de herejía. NUNCA.

Muchos Papas han sido grandes pecadores, pero ninguno hereje. NINGUNO.

Esta verdad, tan sencilla, muchos católicos la desconocen. Y son culpables en su ignorancia. Tienen una ignorancia que les lleva al pecado mortal. Todo católico que no viva su fe es que, sencillamente, vive en su pecado, está en estado de pecado.

Vivir la fe católica es oponerse a toda herejía en la Iglesia. No sólo fuera de Ella, en el mundo, sino dentro de Ella. Porque es la herejía lo que destruye la Iglesia. Es la herejía lo que aniquila la vida espiritual de las almas.

No son los otros pecados, que la gente comete habitualmente, lo que impide ser de Cristo. Una prostituta puede tener más fe que mucha Jerarquía junta, que muchos católicos. Y, por eso, dice el Señor: «En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os preceden en el Reino de Dios» (Mt 21, 32). Ellos, en sus pecados, todavía creen; pero los fariseos, los que creen tener fe, los que se dicen que tienen fe, esos no la tienen, no pueden tenerla porque han rechazado, con su mente humana, la Verdad que Dios les muestra; y que no se puede cambiar jamás, no se puede interpretar como al hombre le venga en gana.

Ningún pecado mortal lleva al pecado de infidelidad: no porque una persona sea muy lujuriosa o muy ladrona o muy sodomita eso sea señal de que cometa su pecado de herejía. No; no es eso. Una prostituta que pase toda su vida en su pecado de lujuria puede salvarse y estar muy alta en el Cielo, si no comete el pecado de infidelidad.

Este pecado no se comete ni con el cuerpo ni con las manos ni con el apego a las riquezas o a las criaturas. Sino que se comete con la mente humana: el hombre decide no someterse a la Verdad. Esta decisión es su pecado de infidelidad, por el cual pierde la fe católica y ya no puede salvarse, aunque se pase la vida haciendo obras humanas maravillosas, aunque dé de comer a todos los hambrientos del mundo entero.

Donde no está la fe verdadera, allí tampoco está la caridad verdadera: «Si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha» (1 Cor 13,3).

Si el hombre no se somete, con su mente humana, a la Verdad, entonces sus obras son sin amor, sin caridad divina. Son obras de una falsa caridad, un falso amor, que viene de su falsa fe, de obedecer a una mentira.

Hubo Papas muy pecadores, pero tenían fe a pesar de sus pecados: sus mentes seguían obedeciendo la Verdad, aunque obraran sus pecados.

Hay mucha Jerarquía que sucumbe al pecado; pero se mantiene en la verdad: sus mentes se someten a la Verdad Revelada, no combaten esta Verdad, no enseñan una mentira a sus fieles. Les predican la verdad, aunque ellos vivan en sus pecados. Esta Jerarquía es digna de misericordia, porque no engaña en la Iglesia.

Pero aquella Jerarquía que engaña, que predica una mentira, que calla ante un mentiroso, esa Jerarquía no es digna de ninguna misericordia, porque está en su pecado de infidelidad: ninguna misericordia les puede salvar porque combaten la verdad de la misericordia.

«Por eso, os digo: que os será quitado el reino de Dios y será entregado a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21, 43).

Estamos en este tiempo: el tiempo del Fin.

En este tiempo, en la Iglesia no hay un Papa que sea columna de la fe ni fundamento de la Iglesia. No puede existir esa Cabeza, porque es el tiempo del Fin.

Los católicos no comprenden esto porque no tienen fe: son infieles a la Verdad que Dios revela en Su Palabra. Son fieles al lenguaje humano de los hombres, a la palabra oficial que en la Iglesia se da.

La fe no es la palabra oficial, un escrito oficial, un lenguaje humano sin verdad, unas obras apostólicas llenas de herejías, que muchos pregonan y obran.

No se puede estar en la Iglesia obedeciendo la mente de un hombre hereje, como es Bergoglio. NO SE PUEDE.

Quien se una a Bergoglio como Papa está declarando que no es católico, que no posee la fe católica, que no es de la Iglesia Católica.

En la mente de Bergoglio no se dan las Verdades sobrenaturales: en sus escritos, en su doctrina, en su magisterio no se enseña la fe católica. NO HAY LUGAR PARA ELLA. Lo que hay en la mente de Bergoglio es una clara apostasía de la fe, un claro fundamento de la mentira, una perspicaz obra en el error.

Quien se someta a la mente de Bergoglio no puede hacer comunión con la Iglesia verdadera. Donde está la herejía, donde está el pecado de infidelidad, allí no está la verdad sobrenatural, allí no está Cristo. Cristo está en el alma pecadora, pero no en el alma que comete el pecado de herejía. Cristo está en el alma que todavía tenga fe, no en el alma que decide echar a Cristo de su vida con su infidelidad a la Verdad dogmática.

Para discernir si un Papa es o no legítimo no hay que fijarse si los Cardenales lo han elegido o no. Muchos antipapas fueron elegidos por los Cardenales viviendo el Papa legítimo. No está en lo oficial que la Iglesia muestra. Ahí no está la Fe en la Iglesia de Cristo. Nadie puede creer a un Papa porque ha sido elegido por los Cardenales. NADIE.

El católico verdadero cree en el Papa porque éste es columna de la fe y fundamento de la Iglesia: es decir, en ese Papa no se da el pecado de herejía.

Si los Cardenales eligen a un hombre como Papa, y este hombre comienza a declarar herejías y a hacer obras claramente cismáticas, como es el caso de Bergoglio, entonces los católicos no tienen que esperar a que oficialmente sea declarado nulo el falso pontificado de Bergoglio. NO PUEDEN ESTAR ESPERANDO ESTO. Porque es imposible obedecer la mente de un hombre que enseña herejías. Es imposible darle obediencia, por más que oficialmente se declare a Bergoglio como Papa. Porque la fe es una verdad Revelada, no es una verdad oficial, natural, humana. La fe es obedecer la Verdad Divina; no es obedecer la mentira del hombre como una verdad, como algo impuesto que todos tienen que aceptar oficialmente. La fe no está en lo oficial, sino en la Palabra de Dios. Todo escrito oficial, toda obra oficial en la Iglesia tiene que dar testimonio de la Palabra de Dios, de la Verdad inmutable, para ser aceptada como Verdad. Sin este testimonio, es imposible seguir algo oficial que la Jerarquía imponga.

Quien vive de fe verdadera sabe que nunca Jesús pone un Pedro falso, herético. NUNCA: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Si Jesús es la Verdad, no puede poner una roca de mentira para levantar su Iglesia. Pedro es columna de fe divina, nunca de mentira humana. NUNCA. Siempre Jesús va a poner a un Papa que defienda a la Iglesia de la herejía. SIEMPRE. Nunca va a poner a un Papa que llene la Iglesia de herejías, que conduzca al Rebaño hacia la apostasía de la fe. NUNCA.

Bergoglio ya ha dicho cantidad de herejías. Y eso no es de ahora. Eso es toda su vida. Lo que hace ahora es el culmen, la perfección de su obra herética, de su vida para una maldad.

¿Qué hacen los católicos obedeciendo, sometiéndose a un hombre que no tiene la verdad en su mente?

¿A qué juegan?

¿Qué se creen que es la Iglesia de Cristo?

¿Qué se creen que es Cristo?

¿Qué creen que es Pedro en la Iglesia?

En un Papa legítimo nadie se atreve a discutir su juicio y todos le obedecen.

Pero en un falso Papa, en un impostor, –como es Bergoglio-, es necesario cuestionar todo lo que dice porque no tiene autoridad divina en la Iglesia; no se le puede dar obediencia; no hay lugar para imitar sus obras en la Iglesia.

Fiel es el Señor en sus palabras (Sal 144, 13); pero infiel es todo hombre sobre la tierra. Jesús nunca se puede apartar de la Verdad porque iría contra Sí Mismo: «Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida». Son los hombres – y sobre todo son los sacerdotes y los Obispos-, los que se apartan de Cristo, los infieles a la Verdad Revelada: los que obran la herejía.

Y en la Iglesia no se obedece a hombres, a doctrina de hombres. En la Iglesia se obedece a Cristo. Y toda aquella Jerarquía que no dé a Cristo, no hay obediencia, no hay sometimiento, aunque exteriormente, -oficialmente-, sea declarado un hombre como Papa.

La Fe no está en una declaración oficial de la Iglesia. La fe no es un lenguaje humano. La fe no es una palabra humana. La fe no es un apostolado humano.

La fe es una obra divina. Y si los hombres no obedecen, con sus cabezas humanas, la verdad divina; si la Jerarquía de la Iglesia no enseña, no guía, no señala el camino de la Verdad, entonces es que son unas ratas, unos lobos que se aprovechan de las circunstancias para realizar su negocio humano en la Iglesia.

¡Cuántos Obispos que prefieren su sillón episcopal antes de enfrentarse a Bergoglio! No quieren perder su oficio, su puesto en la Iglesia, su cargo oficial, y miran para otro lado, y dicen que todo va bien, que no hay que preocuparse. Y mienten a sus fieles. Y llevan por el camino de la maldad a su rebaño. Y sólo por apegarse a su sillón. No son capaces de dar testimonio de la Verdad ante la Iglesia porque han cometido el pecado de infidelidad: ya no poseen la fe católica. Están en el juego de Bergoglio.

Fiel es el Señor; infieles todos los demás.

«Nadie osó jamás poner sus manos sobre el que es Cabeza de los Apóstoles, y a cuyo juicio no es lícito poner resistencia: nadie jamás se levantó contra él, sino quien quiso hacerse reo de juicio» (San Bonifacio I – De la carta Manet Beatum a Rufo y demás Obispos – D 109).

Desde hace ya más de 50 años, en la Iglesia la Jerarquía ha osado poner sus manos sobre el Papa de turno. Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, quitados de en medio antes de tiempo. Se los han cargado.

Muchos, en la Iglesia, han puesto resistencia a los juicios de los Papas. Muchos se han levantado contra los Papas. Y, por tanto, son incontables los que han querido hacerse reos de juicio: se condenan en sus juicios contra los Papas.

Es cantidad la Jerarquía de la Iglesia que ha combatido a los Papas legítimos. No son sólo unos cuantos. ¡Muchísimos! Y, por eso, se ha tenido que dar lo inevitable: la renuncia de un Papa legitimo para poner un falso Papa: el falso Papa que muchos quieren.

Y a este falso Papa lo obedecen, se someten a su mente humana, e instan a que todo el mundo haga lo mismo, no por una verdad, no porque defiendan a Cristo, no porque les interese la Iglesia Católica, sino porque no son de Cristo, no son de la Iglesia. Combaten a Cristo y a la Iglesia.

Y esto es lo que a muchos católicos no les entra en la cabeza: que pueda existir una Jerarquía tan malvada dentro de la Iglesia. Y, claro, viene Bergoglio y quedan ciegos. Totalmente ciegos. Porque viven sólo de la fe oficial, de documentos oficiales. Y no recurren al Evangelio, a la Verdad, para resolver una herejía:

«Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gal 1, 8).

El Evangelio no es lo oficial en la Iglesia: no es el documento oficial que la Iglesia saca. Pedro no es lo que los cardenales eligen.

El Evangelio es la Palabra de Dios, que Cristo enseñó a sus Apóstoles y que no cambia por el transcurso del tiempo. No puede cambiar. Es siempre lo mismo. Pedro es siempre aquel que elige el Espíritu Santo en la muerte de un Papa. ¡En su muerte, no en su renuncia!

Si viene un Bergoglio que enseña un comunismo: su evangelio de la alegría; que es distinto al Evangelio de Cristo, entonces, por más que los Cardenales lo hayan elegido para Papa, sea Bergoglio anatema. Y por más que los Obispos callen y lo sigan manteniendo como Papa, sea Bergoglio y esos Obispos, anatema. No son de la Iglesia Católica. No hay que seguirlos, no hay que obedecerlos, no hay que someterse a sus mentes humanas. Y eso no es destruir la Iglesia, sino levantarla en la verdad.

Esta es la fe católica: la doctrina de Cristo no es doctrina de hombres. No es lo que los hombres explican sobre Cristo y sobre la Iglesia. Es lo que Cristo siempre ha enseñado y que la Jerarquía verdadera lo ha transmitido sin poner ni quitar nada.

Pero el problema de tantos católicos es que no saben discernir la Jerarquía verdadera de la falsa en la Iglesia Católica. Y no lo saben porque no viven de fe.

La fe es una obra divina. Hay tantos católicos que su fe es muy humana, con unas obras muy humanas, muy sentimentales, y que se creen salvos porque comulgan cada domingo en la Iglesia. No tienen la fe divina; no tienen la fe católica. Ni saben lo que es esto.

Son como muchos protestantes: creen en un Dios amor, misericordioso, que no imputa el pecado, que no castiga, que no manda al infierno. Y, claro, están contentísimos con Bergoglio: les habla lo que ellos quieren escuchar, lo que hay en sus mentes. Les hace la vida mucho más agradable a sus sentidos.

«Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servíos unos a otros por la caridad» (Gal 5, 13).

Servir a la carne es servir a la propia mente humana, al propio pensamiento de la vida, a la idea política que gusta a todo el mundo.

Muchos toman el sacerdocio para esto: para servir a sus intereses humanos dentro de la Iglesia. Dan de comer a los pobres para alcanzar una gloria humana. Esto es lo que hace Bergoglio y toda aquella Jerarquía que calla ante su herejía.

No solamente la Jerarquía falsa es la que dice herejías; también hay que contar aquellos sacerdotes y Obispos que tienen miedo de enfrentarse a Bergoglio. Tampoco son de la Iglesia Católica. Ya ha pasado el tiempo de discernir qué cosa es Bergoglio. Ahora es el tiempo de obrar: o estoy con ese impostor o estoy con Cristo, es decir, me opongo TOTALMENTE a Bergoglio como Papa.

¿Qué Jerarquía hace esto en la Iglesia? NADIE.

¿Qué web católica hace esto? NADIE.

Por eso, os será quitado el reino de Dios, porque de Dios, de Su Iglesia, de Cristo, nadie se ríe.

Es muy grave lo que está pasando en la Iglesia para estar contentos con un subnormal de Papa. O se ponen en la verdad o caminan para el infierno de la mano de un escrito oficial. Que cada uno elija. Son libres para decidir su destino final en la vida.

Sin la Eucaristía nadie se puede salvar en la Iglesia

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«En verdad, en verdad os digo que, si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis Su Sangre, no tendréis Vida en vosotros» (Jn 6, 53).

Cristo, en la Eucaristía, es la fe del alma, la vida del alma.

Quien no come a Cristo, quien no recibe la Eucaristía como alimento de su alma, no tiene la vida de Dios en él. Sólo tiene la vida de su mente humana. Sólo puede obrar lo que concibe con su pensamiento de hombre.

Uno no se salva porque crea en Dios, porque tenga argumentos para creer en un Dios bueno y misericordioso.

Los judíos no se salvan porque sean hijos de Abraham por la fe; ni los ortodoxos se salvan porque tengan unos ritos iguales a los católicos; ni los musulmanes se salvan porque creen en un solo Dios; ni los sedevacantistas se pueden salvar apelando sólo a la fe en Cristo, pero sin Misa; ni nadie se puede salvar si no adora a Cristo en el Altar y lo comulga de manera reverente, dando a Dios el culto debido.

Sin Misa no se puede entrar en el Cielo. Ya no.

En la Misa está Dios. Quien quiera buscar a Dios fuera de la Misa no lo encuentra, no lo puede encontrar.

Si no hay sacerdotes que pongan a Cristo en el Altar, no hay Cielo. Sólo hay infierno.

Con Abraham, hasta Cristo, sólo era necesaria la fe en el Mesías que tenía que venir. Pero desde Cristo, lo único que salva es la Eucaristía. La Misa es el camino de salvación y de santificación de toda alma. Y es el único camino para llegar al Padre. No puede haber otro.

El camino no es unir las tres religiones: católicos, judíos y ortodoxos en una sola.

El camino no es rezar junto a los judíos y musulmanes para una ficticia paz mundial.

El camino es Cristo. Y Cristo es la Eucaristía. Sacramento de unión y de unidad.

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La Eucaristía es una Gracia: no es un conjunto de ideas, ni de ritos, ni de normas litúrgicas.

Una Gracia que es el Mismo Cristo: Cristo se dona Él Mismo como alimento del alma: «Yo soy el pan de vida» (Jn 6, 35b). Es alimento –pan- para la vida de cada alma que lo recibe. Cristo no es una idea para el alma, sino Él Mismo que se da al alma.

Cristo es una Verdad para el alma y una Vida para su corazón.

«vosotros me habéis visto» (v. 36b): con vuestras inteligencias, vuestras teologías, vuestras obras en la Iglesia…habéis comprendido la verdad de Mi doctrina…

«pero no Me creéis» (v. 36c): no queréis someter vuestras mentes humanas a la verdad que habéis conocido. La Verdad, que he dado a conocer a Mis Apóstoles, no la creéis. No creéis en Mi Mente Divina. Sino que cogéis esa Verdad, que es inmutable, y la reinterpretáis con vuestras inteligencias humanas. Desarrolláis la Verdad que no puede cambiar nunca, que nadie puede desarrollar.

Hoy todos en la Iglesia Católica se han convertido en protestantes: no hay Papa, no hay sacerdotes, no hay Obispos, no hay monjas, no hay religiosos, no hay nada… Sólo queda la fe.

La fe, ¿en qué? En lo que cada uno tiene en su mente: la fábula que cada uno se inventa con su grandiosa cabeza humana.

Y, no sólo los sedevacantistas no pueden salvarse, sino muchos católicos que siguen a un Papa que no es Papa. También esos católicos son protestantes: quieren salvarse sin la gracia de Pedro, buscando a un hombre que no es de la Iglesia Católica. Pretenden salvarse sólo porque creen en lo que han hecho los Cardenales. Creen en los hombres, pero ya no creen en el Magisterio de la Iglesia.

Cuando ese hombre, al que unos Cardenales lo han sentado en la Silla de Pedro, ha comenzado a decir herejías por su boca, ya no creen en la Gracia, ya no creen en la Verdad, ya no creen a los profetas, sino que sólo creen en sus mentes humanas.

Se han fabricado una fe humana: es necesario obedecer a Bergoglio, aunque diga herejías. No pueden salvarse con la sola fe de su inteligencia humana. Porque la que salva es la gracia que se da mediante la fe en Cristo: el creer en la Mente de Cristo.

Quien se someta, quien obedezca a Bergoglio, no puede salvarse, porque sólo vive de su fe humana, de intelectual, pero no vive de la gracia de la Eucaristía, no vive de la gracia de Pedro.

Todos protestan de la doctrina de la Verdad. Todos. No hay ninguno que permanezca en la verdad en la Iglesia. Ninguno. Todos van, en la Iglesia, hacia sus verdades.

La Iglesia es Pedro. Quitan a Pedro, no hay Iglesia. Se pierde esa Gracia. Y si se pierde, las demás gracias se van perdiendo, anulando.

Toda la Iglesia está ahora en el Papa Benedicto XVI. Cuando se muera, ya no hay Iglesia.

La Iglesia se construye en Pedro; la Iglesia se destruye sin Pedro.

Hicieron renunciar al Papa legítimo: se crea o no se crea. Desde ese momento, la Iglesia empieza a autodestruirse. Ella misma. Ella misma se pone otro Papa, Ella misma busca una nueva doctrina: el evangelium gaudium; Ella misma hace su sínodo; Ella misma pone sus leyes. Ella misma levanta una nueva estructura, una nueva sociedad, en la que la Verdad brilla por su ausencia.

Todo es herejía en Roma. Todo.

A nadie le interesa el magisterio de la Iglesia, ni los profetas que anuncian la verdad en cada tiempo, ni las obras divinas que Dios quiere hacer en Su Iglesia. A nadie.

Todos viven de sus fábulas en el Vaticano. Todos.

A nadie la interesa salvarse.

A nadie le interesa Cristo.

A nadie le interesa la Eucaristía.

A nadie.

La Eucaristía es el mismo Dios en Persona, en la Persona de Su Hijo.

¡Es para poner la cabeza en el suelo!

¡Es para decirse a sí mismo: no soy digno de recibir a Dios en mi alma!¡No soy digno de pertenecer a la Iglesia de Cristo!

Que Dios se haga pan; que el Invisible se muestre Visible; que el Eterno se haga dueño del tiempo; que la Bondad te muestre el camino de la Verdad dentro de tu alma… Eso es para anonadarse, para humillarse, para caer con la frente en el suelo y pedir arrepentimiento de todos los pecados…

Pero esto, a nadie le interesa en la Iglesia. A nadie. Si les interesara, no estarían detrás de un hombre sin fe, como es Bergoglio. No estarían.

Bergoglio no pone a Cristo en el Altar: sólo hace una obra de teatro. Y nada más.

Pero nadie cree esto.

Tú, que comes a Cristo, que recibes la Verdad cuando comulgas, ¿y no ves la verdad de lo que es Bergoglio? ¿No ves que es un falsario? Entonces, no comulgas bien. No comulgas con fe, sino con la rutina de recibir una galleta en un acto social. Comulgas con tu mente humana. Comulgas con el invento de tu fe humana. Y te crees salvo porque sigues a un hombre que no es Papa, pero que te han dicho que es el Papa.

¿Qué hacen tantos católicos comulgando todos los días y obedeciendo la mente de un mentiroso, como es Bergoglio? ¿Qué hacen? ¿A qué se dedican en la Iglesia?

¿Para qué comulgan si sus vidas son abominación?

¿Para qué reciben a Cristo si después no obran las mismas obras de Cristo en la Iglesia?

¿Por qué quieren ser santos en la comunión si no expresan esa santidad con las obras? En la vida de cada día, aplauden, justifican, ensalzan los pecados de una Jerarquía sin Cristo en sus corazones. Eso es una abominación. Eso no es santidad de vida. Esas no son las obras de Cristo en la Iglesia.

Cristo obró la Verdad.

¿Qué hacen los católicos? Obran la mentira al dar su obediencia a un falso Papa.

No te puedes salvar comulgando todos los días y teniendo como Papa a Bergoglio. No te puedes salvar. Si no lo comprendes, poco importa. En la Iglesia estás para salvarte no para comprender las cosas, no para justificar la vida de nadie. Muchos es para lo que hacen Iglesia: para justificar la vida de Bergoglio. Para justificar sus pecados; para excusar su vida de pecado en la Iglesia.

No te puedes salvar confesando todos los días tus pecados sin confesar el pecado de obedecer a un impostor en la Iglesia, el pecado de tener a Bergoglio como tu Papa. No te puedes salvar. Y no importa que no lo veas como pecado. El pecado no es una idea de tu mente, sino una obra de tu corazón. No es como lo piensas, es como lo obras.

Obras llamando Papa a uno que no es Papa: eso es un pecado.

La Gracia no se da en partes: como estoy bautizado, al cielo. No.

Hay que vivir la gracia en cada uno de los sacramentos. Si se falla en uno solo, se falla en todos los demás.

La Gracia es para todo en la vida del alma: bautismo, confirmación, penitencia, eucaristía, matrimonio, orden y unción. Abarca toda tu vida: desde lo más pequeño, desde la rutina de tu vida, hasta lo más grande.

No te puedes inventar tu bautismo, ni tu confirmación ni ningún sacramento. No te puede fabricar la vida divina, que se da en la gracia. Tienes que vivirla. Y si no la vives en cada sacramento, por más que estés bautizado, por más que comulgues, por más que tengas un matrimonio, no te salvas, no vas al cielo.

La Gracia es para todo en la vida de la Iglesia: no puedes estar en la Iglesia bajo un hombre que no es Papa, que no tiene la gracia del Papado. No puedes estar en gracia si sigues en la Iglesia a un hombre que no tiene la gracia del Papado. Es imposible: tu salvación depende de a quién llamas Papa en la Iglesia, de a quien obedeces como Papa en la Iglesia. No te puedes salvar solo, con tu gracia del bautismo o de tu matrimonio. Te tienes que salvar con el verdadero Papa, siguiendo la gracia que el verdadero Papa da a la Iglesia.

Todo es Gracia. Nada es como el hombre lo piensa y decide y obra en la Iglesia.

Los Cardenales pusieron su pensamiento en la Iglesia: un falso Papa. Eso no sirve para ser Iglesia. No sirve.

No salva el pertenecer a la Iglesia Católica. Salva el vivir la Gracia dentro de la Iglesia Católica.

Salva el tener al Papa Benedicto XVI como único Papa, como el verdadero, como el legítimo. Lo que salva es seguir al Papa que tiene la gracia del Papado: Benedicto XVI.

Lo que condena es seguir a un hombre que no posee la gracia del Papado: Bergoglio.

Esto es lo que muchos católicos ya no hacen: no son fieles a la Gracia que reciben en cada Sacramento. No hay fidelidad a la gracia de tener un Papa. No hay fidelidad a la Verdad Divina, que es una Vida para el alma; entonces, no hay Camino Divino en sus vidas humanas.

Si el Papa es el vicario de Cristo, si es la Voz de Cristo, si es el mismo Cristo el que habla por su boca, ¿cómo es que no sabes ver al demonio en Bergoglio?

¿Qué es, para ti, ser Papa?

¿Cuál es tu invento del Papado?

Si estás comulgando todos los días y Cristo te habla la Verdad a tu corazón, todos los días, ¿cómo es que no reconoces la voz del demonio en Bergoglio?

¿La voz que recibes en tu alma cuando comulgas es la misma que escuchas de Bergoglio?

Cristo en tu alma te dice: Yo soy Espíritu.

Bergoglio, con su boca, te dice: Jesús no es Espíritu.

¿Y no te das cuenta que son dos voces distintas?

¿Todavía no caes en la cuenta?

Pero, ¿cuál es tu fe en la Iglesia? ¿De qué vives en la Iglesia? De tu mente humana, de tu lenguaje humano, de tus obras humanas.

Si Cristo ha puesto a Su Papa para hablar por Su Papa, Cristo no puede negarse a sí mismo. Luego, si un Papa no te dice lo mismo que Cristo, es que no es Papa.

Esto, tan sencillo, nadie lo ve.

Los católicos andan embobados, mirando a un lado y a otro. Y eso significa que viven una vida de abominación en sus almas y en sus corazones. Ya no pueden ver la Verdad, ya no pueden vivir el Amor.

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«El que come Mi Carne y bebe Mi Sangre está en Mí y yo en Él» (Jn 6, 54).

Cristo y el alma: una sola cosa. No puedes mentir a Dios. Te mientes a ti mismo con tu inteligencia, con tus obras, con tu vida.

Si Cristo se une a tu alma, entonces conoces la Verdad que hay en Su Iglesia. Y al instante dices: Bergoglio no es Papa. Al instante.

Pero como comulgas y Cristo no puede unirse a tu alma por tu pecado, entonces ves a Bergoglio y le besas el trasero. Esto es lo que hacen muchos católicos. Y son gente intelectual, que se saben el dogma, pero que no creen en el dogma.

Cristo, en la Eucaristía, te da una verdad para que la obras. Y si la obras, entonces tu vida se hace divina. Pero si no la obras, tu vida es sólo del hombre y del demonio.

Cristo no es una idea para pensar en ella. Cristo es una Vida que se obra en la Verdad de tu existencia humana. Y esa Vida es un Camino. Esa Vida no es un proyecto del hombre, una programación para el año.

Dios te hace caminar si tienes fe en Su Mente Divina. Si no hay esa fe, tú mismo te haces tu camino, tu vida, tu verdad, tus obras, tus pensamientos. Y acabas haciendo tu religión y tu cristo.

Es lo que vemos por todas partes en la Iglesia: gente que da culto a su mente y a sus obras humanas en la Iglesia. No puede adorar a Cristo en el Altar ni pueden escucharlo en la comunión, porque no son de Cristo, son del demonio.

La Iglesia está gobernada por un hombre que no es Papa, y la lleva hacia su autodestrucción

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«De hecho, los obispos que apoyan la idea de conceder la Sagrada Comunión a los “divorciados vueltos a casar” son los nuevos Fariseos y Escribas, porque descuidan el mandamiento de Dios, lo que contribuye al hecho de que de los cuerpos y de los corazones de estas personas  continúen “procediendo el adulterio”  (Mateo 15, 19), pues quieren exteriormente una solución  “limpia”, y  dar la impresión de ser “limpios” a los ojos de aquellos que tienen el poder (los medios de comunicación, el público en general). Pero cuando un día aparezcan de pie ante el tribunal de Cristo, sin duda, para su gran consternación oirán sus palabras: «¿Por qué declaras Mis Mandamientos y tienes Mi Alianza en tu boca? Teniendo luego en odio la disciplina, y te echas a las espaldas Mis Palabras (…) cuando tienes parte con los adúlteros (Salmo 50 16-18)». (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider) [Traducción inglesa]

Bergoglio, lobo vestido de cordero, junto a una Jerarquía traidora a la verdadera Fe, están destruyendo la Iglesia desde dentro.

Esto es lo que nadie se atreve a publicar. Y esto es lo único que importa conocer para poder evaluar lo demás que pasa en la Iglesia. Si no se parte de este hecho, entonces todo sigue igual: se ve la situación y se dice: ya en el próximo Sínodo veremos qué pasa. Continuemos la vida de la Iglesia como si nada hubiera pasado.

Bergoglio y los suyos son los nuevos fariseos y escribas, que quieren parecer santos antes los demás porque se ocupan de los problemas sociales, humanos, económicos, pero destrozan la verdad de las vidas de los hombres.

Cada alma en la Iglesia tiene que vivir la verdad a la cual ha sido llamada desde toda la eternidad. Y esa verdad es inmutable para ella, para la vida de cada hombre. Es la verdad que Dios quiere para cada hombre. Y es una verdad objetiva, que la mente humana no puede encontrar por más que piense y medite su vida. Es una verdad que revela Dios a cada alma.

La verdad de cada alma está en Cristo. Y sólo en Cristo. Y cada alma tiene que someterse a la Mente de Cristo, que significa imitar la misma Vida de Cristo: una vida para Dios, una vida en Dios, una vida con una obra divina.

Si las almas no se someten a la doctrina de Cristo, entonces están en la Iglesia con sus doctrinas, las que sacan de sus mentes humanas, y así quieren imponerlas a los demás.

Un Sínodo que fue una encrucijada para todos. Todo estaba planeado con anterioridad: «El documento preliminar (Relatio post disceptationem) fue, sin duda, un texto pre-fabricado sin ninguna referencia real a las verdaderas declaraciones de los Padres sinodales» (Ib).

O como dice el Cardenal Burke: «Todo estaba controlado y manipulado, si puedo decirlo». (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

Y ¿a quién hay que atribuirle este barullo en el Sínodo?

A Bergoglio y a su clan masónico. Sólo a ellos.

¿Cómo es posible que un texto herético sea publicado como un documento oficial católico y traducido a cinco idiomas? «Esta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un texto heterodoxo fue actualmente publicado como documento de una reunión oficial de los Obispos Católicos, bajo el liderazgo del Papa, a pesar de que el texto tenía sólo un carácter preliminar» (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider).

¿Cómo es posible?

Porque quien gobierna el vaticano actualmente son los poderes masónicos: son hombres de la masonería. Hombres ocultos. Sólo aparecen los muñecos: Bergoglio, Kasper y demás bazofia en la Iglesia. Estos son los títeres de lo que gobiernan en la Iglesia. Y estos impusieron este documento, que es una vergüenza para toda la Iglesia, es una mancha negra:

«Este documento sinodal, aunque sea preliminar, es una verdadera lástima y una indicación para evaluar el espíritu del mundo anti-cristiano que ya ha penetrado tan importantes niveles de la vida de la Iglesia. Este documento permanecerá, para las futuras generaciones y para los historiadores, una mancha negra con la cual se ha manchado el honor de la Santa Sede» (Ib).

Decir que son otros los que gobiernan la Iglesia –no Bergoglio y los suyos- nadie lo dice, nadie lo publica, pero todos lo piensan.

Que el poder masónico ha puesto a Bergoglio como falso Papa: eso es clarísimo para aquellos que no se dejan engañar por las falsas apariencias.

Bergoglio hechiza con sus apariencias externas, con sus sonrisas, con sus lisonjas, y muchos caen en ese juego maldito. Son muchos los católicos que se han vuelto auténticamente estúpidos en la vida de la Iglesia. No saben discernir cómo el demonio actúa en la Jerarquía. Desde siempre la falsa Jerarquía usa el Evangelio de Cristo y le cambia el sentido para adaptarlo a sus necesidades. Esto es lo que hace Bergoglio y los suyos todos los días desde que se levantan hasta que se acuestan. Todos los días. Y, después de 20 meses, muchos fieles católicos no se han dado cuento del juego de Bergoglio.

¿Qué hacen en la Iglesia esos católicos? Sus vidas humanas, sociales. Trabajan para sus intereses personales. Y les da igual quién gobierne la Iglesia. Les da igual.

Siempre la falsa Jerarquía se esconde con las vestiduras de la humildad, de la pobreza, de la obediencia, para llevar al Rebaño al engaño más total.

Y la Jerarquía ve este juego: «Hay afirmaciones en la Evangelii gaudium que expresan el pensamiento del Papa. Las recibimos con respeto, pero no enseñan una doctrina oficial» (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

Y toda la Jerarquía calla.

¿Cómo es posible que un hombre que se sienta en la Silla de Pedro saque un documento no católico? Ningún Papa en la Iglesia habla de manera privada cuando enseña algo. Ninguno.

¿Cómo es que a Bergoglio se le permite esto? «El propio Papa dice al principio del documento que no es magisterial, que solo ofrece indicaciones de la dirección en que llevará a la Iglesia» (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

La misma Jerarquía de la Iglesia está viendo el desastre que es Bergoglio para toda la Iglesia y lo siguen manteniendo. Y dicen un absurdo:

Si Bergoglio dice que su documento no es magisterial, es decir, no enseña nada católico en la Iglesia, ¿para qué son esas indicaciones? ¿hacia dónde quiere dirigir la Iglesia con un documento que no es católico? ¿para qué le han puesto como Papa?

La Iglesia es llevada por Bergoglio con una enseñanza no papal, no magisterial. ¿Cómo es que la Jerarquía no actúa en contra de Bergoglio y le siguen permitiendo este desastre en la Iglesia?

¿Cómo es que Burke se atreve a decir esto?: «hace falta una presentación cuidada a los fieles, explicando la naturaleza y el peso del documento».

¿Por qué queréis presentar a los fieles algo que explique una enseñanza herética? Si este documento no es católico, ¿por qué no lo dejan a un lado y ponen un documento católico?

Si Bergoglio no es Papa, ¿por qué no lo quitan y ponen a un verdadero Papa?

Porque ya no pueden hacer esto.

Es que no se atreven a decir: Bergoglio no es Papa. Bergoglio es un fraude. Bergoglio es un impostor. No se atreven. Y, por todos los medios, lo quieren salvar, quieren justificar el pecado de Bergoglio en la Iglesia. Por todos los medios. Ni siquiera los Obispos buenos son buenos. Tienen miedo a decir la Verdad como es.

Burke vio el desastre en el Sínodo: «Esos resúmenes me sorprendieron, no reflejaban bien el contenido de las discusiones, daban la impresión de que todo se estaba dirigiendo a favor de la posición expuesta por el cardenal Kasper. El verdadero shock llegó con la Relatio post disceptationem [resumen de las intervenciones de la primera semana del Sínodo]. Parecía un manifiesto para cambiar la disciplina de la Iglesia frente a las uniones irregulares».

Y sólo se atreve a decir esto: «En un momento tan crítico, en el que hay una fuerte sensación de que la Iglesia está como una nave sin timón, no importa la razón».

¿Qué no importa la razón? Por supuesto, que importa. La Iglesia está como una nave sin timón por culpa de Bergoglio y su clan masónico. Esta es la razón. Y esto es lo que calla Burke. Tiene miedo: «Tengo todo el respeto al ministerio petrino y no quiero que parezca que soy una voz contraria al Papa».

Burke no quiere ser una voz contraria a Bergoglio. Lo sigue teniendo como Papa. Éste es el verdadero problema de su fe como Obispo.

Si no te opones a un hombre que destruye la Iglesia con su enseñanza comunista, ¿para qué eres Obispo? ¿para qué estás en la Iglesia? ¿Para qué?

Todos hablan de manera general sobre lo que ha pasado en el Sínodo: «Que en el mismo seno de la Iglesia hay personas que socavan la enseñanza de Nuestro Señor se hizo evidente ante el mundo entero gracias al Internet y al trabajo de algunos periodistas católicos que no permanecieron impasibles ante lo que estaba ocurriendo con el tesoro de la fe católica» (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider). No se atreve Schneider, en toda su larga entrevista, llamar a Bergoglio con su nombre: falsario, impostor.

Y sólo da soluciones para la vida general de la Iglesia: «Tenemos que animar a los católicos ordinarios a que sean fieles al Catecismo que han recibido, a que sean fieles a las claras palabras de Cristo en el Evangelio, a que sean fieles a la fe que sus padres y antepasados les transmitieron. Tenemos que organizar grupos de estudios y conferencias sobre la doctrina perenne de la Iglesia sobre el matrimonio y la castidad, invitando especialmente a los jóvenes y a las parejas casadas. Tenemos que mostrar la auténtica belleza de una vida en castidad, la auténtica belleza del matrimonio y la familia cristianos, el gran valor de la cruz y del sacrificio en nuestras vidas. Tenemos que presentar más ejemplos de los santos y de personas ejemplares que, a pesar de que sufrían las mismas tentaciones de la carne, la misma hostilidad y burlas del mundo pagano, con la gracia de Cristo tuvieron una vida feliz en castidad, en un matrimonio cristiano y en una familia».

Todo esto está muy bien, pero el problema central sigue: la Iglesia está gobernada por un hombre que no es Papa y la lleva hacia su autodestrucción.

Este es el problema.

Y esto es lo que todo el mundo calla.

Bergoglio ha puesto bajos los pies de toda la Jerarquía una alfombra roja. Y mientras hace eso, Bergoglio usa sus falsos tonos sabios y sus falsos gestos gentiles, para que todo el mundo oiga y vea cuán santo y bueno es.

Bergoglio les da a la Jerarquía lo que ella quiere: comida y trabajo. La alfombra roja. A otros les da comunismo, marxismo, protestantismo y una vida de placeres. A cada uno le pone una alfombra roja para que lo dejen tranquilo. Porque Bergoglio sabe lo que piensa cada Obispo de él.

En la Jerarquía todos nos conocemos: sabemos quién es un hereje y quién no. Y a pesar de ese conocimiento, toda la Jerarquía es engañada. ¿Cómo? Con la alfombra roja del lenguaje humanista; con la alfombra roja de los apostolados humanistas. La alfombra roja del humanismo. Con la idea humana se seduce a mucha Jerarquía. Con la política de los hombres se lleva a la Jerarquía a donde no quieren ir. Es fácil engañar a los sacerdotes y Obispos: el juego del lenguaje humano, de la vida humana, de las obras humanas. Si besas mi trasero tienes todo en la Iglesia. Esta es la alfombra roja que pone Bergoglio a mucha Jerarquía.

Bergoglio es un demonio que se viste de santo y que conduce directamente a Satanás, a la mente del demonio y a sus obras infernales.

¿Qué se puede esperar de un hombre que da culto al hombre? ¿Qué esperan del gobierno de un hombre que quiere a todo el mundo en la Iglesia? ¿De un hombre que ya no es católico, sino global, del mundo?

«Es el ecumenismo de la sangre que se vive hoy» (31 de octubre del 2014). La carne y la sangre es lo que nos hace ser hijos de Dios.

«Ecumenismo espiritual, rezar juntos y anunciar juntos que Jesús es el Señor, y obrar juntos en ayuda de los pobres, en todas sus pobrezas. Esto se debe hacer, y no olvidar que hoy la sangre de Jesús, derramada por sus numerosos mártires cristianos en diversas partes del mundo, nos interpela y nos impulsa a la unidad. Para los perseguidores, nosotros no estamos divididos, no somos luteranos, ortodoxos, evangélicos, católicos… ¡No! ¡Somos uno! Para los perseguidores, somos cristianos. No les interesa otra cosa» (Ib).

¿Ven la clara herejía? «La sangre de Jesús es derramada por su numerosos mártires cristianos en diversas parte del mundo».

La sangre de Jesús está en todos los cristianos. ¡Mayor barbaridad no se puede predicar! ¡No se puede!

Somos uno: no somos católicos, ni luteranos, ni ortodoxos…Ya no hay verdad objetiva, ni hay pecado objetivo. Todos somos santos. Todos somos mártires. La sangre nos une. Esa Sangre de Jesús que está verdaderamente en cada cuerpo humano.

¿Captan el gnosticismo de este insensato? ¿Captan hacia dónde va la Iglesia?

Pues, esto, muchos católicos no lo captan, no lo disciernen. Ya no pueden verlo, porque se han hecho amigos de uno que les pone una alfombra roja a sus pies, para que caminen sin problemas en sus vidas humanas.

Todas las almas en la Iglesia, sean fieles, sean Jerarquía, están en un gravísimo peligro. Y nadie se los dice. Nadie. Ni Burke, ni Schneider ni ningún otro. No se atreven a decirlo, porque no son capaces de amar a las almas como Cristo las ama. No son capaces.

Si quieren seguir siendo Iglesia, no hagan caso de las aparentes bellas palabras que escoden herejías y engaños. Son las nuevas fábulas que se ven ya en todas partes.

Hoy más que nunca la Iglesia está desfigurada y corrompida, y no puede renovarse imitando al mundo:

«El Papa, justamente, habla de la necesidad de ir a las periferias. La respuesta de la gente ha sido muy calurosa. Pero no podemos ir a las periferias con las manos vacías. Vamos con la Palabra de Cristo, con los sacramentos, con la vida virtuosa del Espíritu Santo. No digo que el Papa lo haga, pero está el riesgo de interpretar mal el encuentro con la cultura. La fe no puede acomodarse a la cultura, sino llamarla a la conversión. Somos un movimiento contracultural, no popular».

Burke no se atreve a decir: Bergoglio lo hace. Se va a la periferia con su herejía, con el vacío de un corazón lleno de pecado.

No dice que Bergoglio es el culpable, sino que culpa a los demás: «está el riesgo de interpretar mal el encuentro con la cultura»

Pero, ¿quién es el culpable de que se interprete mal el encuentro con el mundo? Bergoglio, porque su enseñanza no es papal. Está como cabeza, pero no actúa como cabeza. Es un fariseo, es un sepulcro blanqueado.

Que no diga Burke: «Sufren un poco de mareo, porque para ellos parece que la nave de la Iglesia ha perdido la brújula. Hay que dejar a un lado la causa de esta desorientación, pues no hemos perdido la brújula. Tenemos la constante tradición de la Iglesia, las enseñanzas, la liturgia, la moral. El catecismo no cambia».

Hemos pedido la brújula, pero no la hemos perdido. No busquemos la causa de esta desorientación. Burke se niega a ir al centro del problema: Bergoglio. Y sale por la tangente: tenemos la tradición, la moral, etc… Burke no enseña al alma la Verdad de lo que pasa en la Iglesia, en el gobierno, en las altas esferas del poder. La esconde. Tiene miedo de hablar claro.

Hoy la Iglesia quiere renovarse imitando al mundo. Y es el mundo el que tiene que imitar a Cristo. Y esto es lo que nadie enseña.

Hoy la Iglesia quiere ser gobernada con un hombre que imita al mundo.

Hoy la Iglesia quiere ser enseñada con el magisterio de un hombre que imita al mundo.

Hoy la Iglesia quiere caminar por la senda demoníaca que traza un hombre que imita al mundo.

Nadie quiere imitar a Cristo. Nadie quiere dar testimonio de la Verdad. Nadie.

Todos, aun los buenos, enseñan un engaño: sigamos en la Iglesia obedeciendo a un hombre que tiene un magisterio no católico. Un hombre que no es Papa. Un hombre que ha sido puesto para destruir la Iglesia.

Pero, ¿a dónde váis? Si el problema de la Iglesia actual es su cabeza: ese hombre al que han puesto como Papa, y que no es Papa. Éste es el problema de toda la Iglesia. El problema no son ni los malcasados ni los homosexuales. El problema es Bergoglio.

¿Qué se hace con Bergoglio?

Esto es ahora objeto de discusión en el Vaticano. Su renuncia está al caer. Pero tienen que inventarse algo para que renuncie. Pero, aunque renuncie ese hombre, todo seguirá igual. Todo. Y peor todavía. Porque le harán renunciar por el bien de la Iglesia, por el bien de los hombres, pero no por el bien de la Verdad de la Iglesia. Será una renuncia falsa, premeditada, ya obrada con anterioridad, ya pactada.

A Bergoglio le queda poco tiempo. Y bien lo sabe él. Por eso, ahora se verán las leyes inicuas en la Iglesia, para ir quitando gente “apegada” a lo tradicional, y así poner gente infestada de todo lo demoníaco.

Bergoglio: ese hereje que gobierna en Roma

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Bergoglio es un hereje que está gobernando en Roma sin la ley de Dios: «Un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios, pero que ame también las sorpresas de Dios, porque su ley santa no es un fin en sí misma» (Misa Santa Marta – Lunes, 13 de octubre del 2014 – L’Osservatore Romano, 17/10/2014, pág 19).

Si la ley santa no es un fin en sí misma, entonces todo está regido por el azar, por las sorpresas, por el fin que cada hombre se inventa con su mente humana.

El fin de la vida humana es procurar lo que cada uno quiere: placer, felicidad, dinero, ambición de poder, etc… Nada se obra por un fin en sí mismo. No hay una causa para obrar, sino que todo es las sorpresas de Dios: el azar. Es el epicureísmo de Bergoglio.

«Yo soy Dios desde la Eternidad, y lo soy por siempre jamás. Nadie puede librar a otro de Mis Manos; lo que hago Yo ¿quién lo estorbará?» (Is 42, 13).

La Eternidad de Dios es el fundamento de todo lo temporal, de todos los días, de todos los años, de todos los siglos. Si Dios no es desde la eternidad, nada es, ni aun pudiera ser; si Dios no vive por una eternidad, nada puede durar siempre, sino que todo es temporal.  Dios tiene un fin eterno en su vida eterna. Dios obra por ese fin eterno. Y esa obra es el principio y el fin de todo hombre.

Nadie puede librarse de Dios, del orden que Dios pone al hombre, de la Ley que Dios da al hombre, de los fines que Dios pone a los hombres en sus vidas.

«Yo soy el primero y el último…y tengo las llaves de la muerte y del infierno» (Ap 1, 18). Es Dios quien decide en la vida de cada hombre, el que pone el fin a la vida de cada hombre. No es el hombre el encargado de poner fines, objetivos a su vida. Todo está en las manos de Dios. La vida de cada hombre, aunque sea un demonio, aun del mismo Lucifer, depende de Dios, del fin que Dios ha puesto a esa vida.

Nadie se puede librar de la Ley Eterna. Nadie. Nadie puede estorbar la Mente de Dios. Nadie.

La Ley divina es el dictamen de la Razón Divina, que ordena todo el universo a un fin divino: «toda la comunidad del universo está gobernada por la Razón Divina» (Sto. Tomas – I-II, q.91.a1). No es un azar, no es una sorpresa.

Si se dice que la ley de Dios no es un fin en sí misma, estamos diciendo que Dios no existe, que Dios no tiene Ley y que la ley Eterna no se puede dar.

Si la ley santa no es un fin en sí misma, Dios, cuando obra no tiene un fin en ese obrar. Dios obra sin fin, es decir, como un loco. Un Dios sin un fin en sus obras no existe.  Se está diciendo que Dios lo deja todo al azar, a las sorpresas.

La Ley Eterna es la Voluntad Divina, que quiere algo de manera necesaria y desde toda la eternidad. Y lo obra para que las criaturas funden sus vidas en guardar el orden de la Sabiduría divina, que ha sido puesto por Dios desde toda la Eternidad. Y cada cosa que existe esta ordenada a sus propios fines. Nada hay que inventarse. Nada es al azar. No hay una ausencia de casualidad. Hay una causa por la que se obra y unos efectos de esa obra.

«El fin del gobierno divino es el mismo Dios y Su Ley también se identifica con Él» (Sto. Tomas – I-II, q.91.a3). Dios y Su Ley Eterna son una misma cosa. Por consiguiente, la Ley Eterna no se ordena a otro fin que a sí misma: es un fin en sí misma.

Bergoglio, en esta clarísima herejía, se ha cargado a Dios totalmente. Vive al azar, buscando con la prudencia de la carne una vida para lo humano, una vida sin un fin sobrenatural: es todo una sorpresa. Es todo un azar. El fin del hombre ya no es Dios, ya no es la bienaventuranza divina, ya no es la santidad, sino una sorpresa en la vida.

¿Por qué obedecen a un hombre sin Dios, sin Ley, sin Verdad, sin camino en la Iglesia? ¿Por qué?

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia está tan ciega que no puede ver lo que un niño ve, lo que un alma sencilla puede contemplar?

¿Cómo es que hay tanto fiel en la Iglesia, tanto católico que ha hecho de Bergoglio un talismán en la Iglesia, un ídolo de carne y hueso, un santo lleno de herejías diarias?

Y ¿cómo resuelve este hombre lo que propone, la locura de su mente, el desvarío de su inteligencia? «es un camino, es una pedagogía que nos lleva a Jesucristo» (Misa Santa Marta –  Lunes, 13 de octubre del 2014 – L’Osservatore Romano, 17/10/2014, pág 19). Es decir, la ley divina es un camino: no es un gobierno de Dios. No es algo que Dios ha ordenado, que Dios ha promulgado. No es la revelación de la Mente de Dios. No viene de la Palabra de Dios, que es Eterna. No es necesaria la existencia de una ley divina, porque hay un camino, hay una pedagogía, hay una enseñanza que el hombre obra para llegar a Jesucristo.

Los doctores de la ley se «habían olvidado que eran un pueblo en camino» (Ib.): no era un pueblo gobernado por Dios. No; “Dios no existe” (9/10/2014). Existe mi concepto de Dios: tres personas. Pero no puede darse el Ser Absoluto de Dios. Por tanto, el pueblo iba en camino, y claro: «cuando uno está en camino, se encuentra siempre cosas nuevas, cosas que no conoce» (Ib.), cosas que el hombre, con su gran inteligencia va desarrollando, va descubriendo, va dividiendo y dividiendo la verdad.

Las cosas nuevas de Bergoglio: el dogma ya no existe, porque el dogma es ley Eterna. Y ésta no es un fin en sí mismo: no existe. ¡Cosas nuevas! Este «camino no es absoluto en sí mismo, es el camino hacia un punto: hacia la manifestación definitiva del Señor» (Ib). Nada hay absoluto en las sorpresas de Bergoglio, en sus cosas nuevas, en su enseñanza en la Iglesia.

Cristo como Camino no es absoluto en sí mismo: «Yo soy el Camino». Esta Palabra de Jesús no es absoluta. Es algo relativo, es algo que los hombres pueden interpretar como quieran en sus mentes.

No es un camino que tenga un sentido moral y que indique una regla para las acciones del hombre. No; es un camino hacia un punto: «la vida es un camino hacia la plenitud de Jesucristo» (Ib).

Ya la vida no es Jesucristo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6).

«Jesucristo es el Camino del Cielo, que está patente a nuestra vista por el ejemplo de Su Vida, y por sus Misterios. Jesús es la Verdad, que alumbra nuestro espíritu con Su Palabra. Jesús es la Vida, que alienta nuestra Voluntad para unirla con Dios por Su Gracia» (S. León Magno).

Para Bergoglio, la vida es un camino hacia Jesús. ¡Anatema sea Bergoglio!

Jesús es el Camino por sus méritos. Bergoglio dice: que los hombres vivan sus vidas y así caminen según sus propios méritos humanos. Que los hombres no se fijen en los méritos de Jesucristo, en la Gracia que Cristo ha conquistado a todo hombre para que pueda salvarse, para que pueda poner un fin divino a su vida. Que los hombres no caminen por el mismo Camino, sellado por los méritos de Jesucristo, que es Jesús. Que cada hombre haga su camino para llegar a un punto. Que ningún hombre se fije en la muerte ni en la sangre de Cristo. Que nadie vea la Cruz de Cristo, sino que todos contemplen al Resucitado, que viene en Gloria:

«”esta generación pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás”; es decir, el signo de la resurrección, de la gloria, de esa gloria escatológica hacia la que vamos de camino»(Ib.)

¿Cuál es el signo de Jonás? La Justicia Divina, el castigo: «Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez» (Jon 2, 1b). Signo claro de cruz, de penitencia de castigo, pero no de resurrección. Sino clarísimo. Y cuando Jonás fue liberado de ese pez, se puso a predicar la conversión, la penitencia. Y, por esa predicación, la gente de Nínive se puso a hacer penitencia por sus grandes pecados y «vio Dios lo que hicieron, convirtiéndose de su mal camino, y arrepintiéndose del mal que les dijo que había de hacerles, no lo hizo» (Jon 3, 10).

Bergoglio ha anulado las Sagradas Escrituras y las interpreta según su novedad, según el concepto que tiene de Dios: «muchos de sus contemporáneos estaban cerrados en sí mismos, no abiertos al Dios de las sorpresas» (Ib). No habla de la penitencia, del camino moral, de la norma de moralidad, de la ley del pecado, de la ley de la gracia, sino que sólo habla del Dios de las sorpresas, de la vida de los hombres puesta al azar. En el camino de la vida «se encuentra muchas cosas nuevas».

La novedad de caer siempre en la misma piedra, por no obedecer la Verdad, por no hacer la Voluntad de Dios, por desobedecer la ley de Dios. El hombre siempre tropieza en la misma piedra: el culto a su mente humana. Es algo que no cansa. Es novedad siempre. Siempre el hombre se inventa un camino nuevo para tropezar en lo mismo, en lo viejo, en lo de siempre.

Bergoglio se ha puesto por encima del mismo Dios: es un pecado de orgullo, como el de Lucifer. No es nada nuevo. Es lo viejo. Pero lo nuevo es su forma de caer en este pecado de orgullo. La manera de estar en la Iglesia gobernándola sin que nadie diga nada, sin que tenga oposición real. Todos le dejan, cada día, decir sus grandes barbaridades…y aquí no pasa nada… Su pecado de orgullo conlleva una oscuridad en su mente, con la cual, gobierna a muchos en la Iglesia. Bergoglio es un ciego que guía a muchos ciegos hacia la oscuridad más total.

Muchos se dejan gobernar por este maldito. Y hay que decirlo con todas las palabras: ¡Bergoglio es un maldito! Esto, para muchos, no es un lenguaje correcto. No gusta al católico de hoy esta expresión.

¿Acaso no dice la Escritura: «Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis» (Rom 12, 14)? Entonces, ¿hay que decir que Bergoglio es un bendito porque no cree en Dios, porque ha anulado la ley eterna, porque gobierna la Iglesia sin ley, sin moral? ¡Bendito seas Bergoglio porque llenas estómagos de la gente en la Iglesia! Es claro, que no se puede decir esto. Una obra buena no justifica los medios pecaminosos que se han buscado para hacerla.

Aquí no se trata, aquí no se habla de defender nuestros derechos en la Iglesia: queremos una cabeza que diga la verdad. No; no se trata de esto. Si Dios ha permitido este gran desastre en toda la Iglesia, Justo es Él. Pero esa Voluntad de Dios, que es un fin en Sí Misma, no significa tratar a Bergoglio como un santo, como un justo, como un hombre bueno, como un bendito: no hablamos de devolver un mal por otro mal. No estamos insultando a Bergoglio cuando le decimos que es un maldito; sino que estamos definiendo la esencia del alma de Bergoglio.

¿Quién es Bergoglio? Un maldito en su alma. Un alma que no conoce a Dios, que no sigue su ley, que gobierna la Iglesia con claras herejías, no es un alma bendecida por la gracia, sino maldecida por el demonio, comprada por el mismo demonio en la Iglesia.

El alma de Judas era maldita, pero el pecado de Judas no es el pecado de Bergoglio.

Judas pecó contra el Hijo del hombre y, por tanto, podía ser perdonado: «Todo el que profiere una palabra contra el Hijo del Hombre, perdonado le será» (Lc 12, 10a). Judas nunca aceptó la Palabra de Verdad que salía de la boca del mismo Jesús. Judas se opuso a la Verdad de la doctrina de Cristo. Judas nunca aceptó la Verdad que Cristo enseñó a Sus Apóstoles. Judas nunca obedeció la Mente de Su Maestro, que es la Mente de Dios. Judas nunca se sometió a esa Verdad Divina, a esos dogmas que Cristo promulgó a Sus Apóstoles. Judas traicionó a Su Maestro con un beso, por unas monedas, por una gloria humana. La Iglesia, cuando Judas pecó, todavía no había nacido. Nació en el Calvario. La traición de Judas a Jesús fue antes: fue lo que llevó a Jesús a la muerte en Cruz.

Pero el pecado de Bergoglio no es contra la Verdad, sino en contra de la obra de la Verdad, que es la obra del Espíritu en Su Iglesia. El pecado de Bergoglio es una blasfemia contra el Espíritu Santo, de la cual no hay perdón: «aquel que blasfemare contra el Espíritu santo, no le será perdonado» (v. 10b).

Jesús ha puesto en Su Iglesia una Obra del Espíritu: Pedro, la Sucesión de Pedro. Se es Papa en la Iglesia Católica porque el Espíritu lo obra. No son los hombres los que obran esa verdad.

Y se es Papa en la Iglesia en una verticalidad, en un Vértice: el gobierno vertical es la obra del Espíritu en la Iglesia, es la obra de la verdad.

¿Qué ha hecho Bergoglio? Ponerse como Papa y poner un gobierno horizontal en la Iglesia. Esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, el alma de Bergoglio está maldita: no puede ser perdonada de ese pecado.

Lo único que puede hacer Bergoglio es morir. Lo demás, es condenación. Ya viva haciendo el bien o el mal, eso ya no importa. Bergoglio vive con un alma negra, que ha elegido, por sí misma, el infierno. Bergoglio es la cabeza negra de la Iglesia. Y el mismo Jesús, que es la Cabeza Invisible de la Iglesia, tiene las llaves del infierno de Bergoglio.

«Porque la ira de Dios se manifiesta del Cielo contra toda impiedad e injusticia de aquellos hombres que detienen la verdad de Dios en injusticia» (Rom 1, 18).

Bergoglio detiene la Verdad de Dios: el Papado, el Papa en el Vértice, el gobierno vertical en la Iglesia; en injustica, en una obra injusta: su gobierno horizontal

Dios castiga a los malditos. Dios castiga la impiedad y la injusticia de Bergoglio en la Iglesia. Y la castiga, castigando a toda la Jerarquía, que está impedida para ver lo que es Bergoglio. Está oscurecida. Está embobada con el lenguaje blasfemo de este hombre.

Bergoglio está fuera de la verdad y, por tanto, lleva a toda la Iglesia fuera de la Verdad. Bergoglio no tiene ninguna fe: sólo manifiesta su fe masónica, su fe humana, su idea maquiavélica de lo que tiene que ser un gobierno en la Iglesia. Bergoglio detiene la Verdad Divina: la divide, la pisotea, la anula. Y, por tanto, hace surgir la mentira, el error, la oscuridad, el caos: la injusticia. Y un injusto no puede ser bendito.

Dios ha abandonado el corazón de Bergoglio para que siga sus deseos depravados, para que siga cometiendo obras de injustica y de impiedad en la Iglesia, en ese gobierno que tiene en Roma y que no es de Dios. Por tanto, ¡Bergoglio es un maldito! Su alma está maldita, condenada, sin posibilidad de salvarse, de ser perdonado.

¡Qué duras son estas palabras para los hombres de hoy! Para esos hombres que, después del Sínodo, han aplaudido a Bergoglio y le siguen obedeciendo en su herejía contumaz. ¡Qué duras! Todos quieren dar a Bergoglio palabras cariñosas, demostrarle su amistad como hombres, no faltarle el respeto como ser humano, a pesar de su gran herejía. Sí, es un traidor, pero es un buen traidor; sí, es un hereje, pero es una buena persona hereje. Es un buen hombre. Y eso es lo que importa: que sea un buen hombre.

Todos esos católicos no pueden comprender lo que se dice aquí. No pueden, porque están escuchando las palabras de un mentiroso, de un hombre que ha pecado contra la obra del Espíritu en la Iglesia, contra la obra de la Verdad. Ya no es el pecado contra Jesús, contra su doctrina. Es obrar en contra de la Obra del Espíritu en la Iglesia. Y eso es condenación segura. Un hombre que ha blasfemado contra el Espíritu para levantar una nueva iglesia sentado en el Trono de Dios: esto es una abominación.

Lutero se fue de la Iglesia para fundar su iglesia. Bergoglio se queda en la Iglesia para levantar una abominación, algo que no puede encontrar salvación en Dios.

Bergoglio se sienta en el Trono de Dios y dice: Dios no existe. ¿Entonces? ¿Es un buen hombre? ¿Hay que obedecerle? ¿Hay que decir: gracias, Dios mío, por este Sínodo en donde hemos visto el cisma en la Iglesia, la profunda división que hay en la Iglesia?

La obra de Lutero no es abominable, porque las personas pueden salvarse si dejan sus errores. Fue una obra en contra de Jesús, de su doctrina.

Pero en la obra de Bergoglio no hay salvación porque se va en contra de toda la Verdad. No sólo de una parte: de toda. Porque la Iglesia tiene toda la Verdad. Y, para estar en la Iglesia, para gobernarla, se necesita un gobierno vertical. Quien quiera gobernarla de manera horizontal obra una abominación: imposible salvarse para aquellas almas que den su mente, que obedezcan las obras de este gobierno horizontal. Imposible salvarse. Se obra en contra del Espíritu, de Su Obra en la Iglesia. ¿Pretendes salvarte si la Iglesia es la Obra del Espíritu, no es la obra de los hombres? ¿Todavía quieres salvarte obedeciendo a Bergoglio? No se puede. Sólo en la Iglesia Católica hay salvación. Fuera de Ella, en el gobierno de Bergoglio, no hay salvación. El gobierno horizontal no salva, sino que condena de manera absoluta. No hay misericordia para aquellos que estén en ese gobierno

¡Qué pocos católicos conocen su fe católica, su Iglesia, a Cristo en Su Iglesia! ¡Qué pocos!

Dios «dará a cada uno según sus obras…a los contumaces, rebeldes a la verdad, que obedecen a la injusticia, ira e indignación. Tribulación y angustia sobre toda alma de hombre que obra el mal…» (Rom 2, 8-9a).

En la Iglesia no se busca la unión con el Papa, sino la Verdad en el Papa

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«La situación es gravísima y no soy yo el primero en advertir que, desgraciadamente, estamos frente al peligro de un gran cisma. Exactamente lo que el Señor y su Santísima Madre nos han prevenido en apariciones reconocidas y aprobadas por la autoridad de la Iglesia» (ver texto).

Palabras sabias de un Obispo que lleva su cruz en su ministerio. Un Obispo que todavía da su obediencia a un impostor, pero que es claro en su razonamiento:

1. Situación gravísima;

2. Estamos frente a un gran cisma;

3. Ha sido la Virgen la que en sus apariciones ha revelado a la Iglesia este gran cisma en el pasado.

Estas palabras no son propias de la Jerarquía de la Iglesia, sino de un alma que cree, a pesar de ver el mal dentro de toda la Jerarquía.

La Jerarquía de la Iglesia se ha hecho masa y ya no tiene la libertad de declarar la verdad. Tiene miedo de dar testimonio de la Verdad, que es siempre Cristo, la Mente de Cristo, porque es necesario oponerse a la mente de los hombres: del Papa, de los cardenales, de los Obispos, de los sacerdotes. Y esto es difícil en la Iglesia. Muy difícil, porque toda la Jerarquía acaba cometiendo el mismo pecado de los fariseos: se apoyan en sus leyes para guiar la Iglesia, que es apoyarse en sus mentes humanas, en sus lenguajes humanos, pero no en la Verdad sencilla y clara de la Mente de Cristo. Ya no van a la ley de la gracia, sino que la tumban con todos sus legalismos y formas teológicas.

Existe este miedo. Y es sólo por una razón, que es falsa: la obediencia a un hombre. Nadie ha comprendido lo que es la Obediencia a la Jerarquía de la Iglesia. Ni siquiera los mismos jerarcas de la Iglesia.

Cristo ha puesto Su Iglesia en la persona de Pedro: no en su fe, no en su mente humana, no en sus obras humanas, no en su vida humana.

Este es el Misterio de la Iglesia: fundada en la persona de Pedro. En la persona humana de Pedro.

Jesús pone la Verdad de Su Iglesia sobre un hombre; porque Él tiene que ser Cabeza, pero desde el Cielo, no en la tierra.

Aquí en la tierra necesita a un hombre. Y Jesús elige a esa persona que va a llevar, en sus hombros, la carga de toda la Iglesia, que es una carga espiritual, nunca humana, ni natural, ni material.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia» (Mt 16,18).

1. Jesús, de forma inmediata, hace la promesa a la persona misma de Pedro, sin ningún intermediario: ni los Apóstoles, ni la Iglesia, ni los Santos, ni los Profetas: «Tú eres Pedro» (v. 18a).

2. Y esto lo da el Señor por las palabras del mismo Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (v. 16)

3. Palabras de Pedro, que no son de él, sino reveladas por Dios: «Bienaventurado eres, Simón Bar Joná… porque te lo ha revelado Mi Padre». (Mt 16, 17a)

Jesús edifica Su Iglesia en la Revelación del Padre a Pedro, porque la Iglesia es Divina. No nace de una fe humana, ni de una idea humana, ni de un sentir social o político: «no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado» (v. 17b).

La Iglesia es una Obra Divina. Y es necesario que el Padre revele esa Obra a una persona humana para poder comenzar su Iglesia en la tierra: «sino Mi Padre, que está en los Cielos» (v. 17c)

El Padre revela a Pedro, que Jesús es Su Hijo, el Mesías, el que los judíos estaban esperando. Le revela dos cosas:

a. ser el Mesías;

b. ser el Hijo del Padre.

Una cosa no lleva a la otra. Los judíos sólo esperaban al Mesías, pero no sabían que éste era el Hijo del Padre. Este último dato es por Revelación Divina al hombre. Y esto se produce aquí en el momento en que Jesús da a Pedro la promesa de la Iglesia.

Este dato sólo es conocido por Pedro, no por Sus Apóstoles. Ningún discípulo dice lo de Pedro, porque sólo el Padre se ha revelado a Pedro: «¿Quién dice los hombres que es el Hijo del Hombre?» Unos, que Juan el Bautista; otros que Elías; otro que Jeremías u otro de los profetas» (v. 13c).

La Iglesia comienza en una Revelación Divina a Pedro, que es Su Cabeza Visible.

Y comienza cuando Pedro revela que Jesús, no es sólo el Mesías, sino el mismo Dios, el Hijo del Dios vivo. Porque quien obra la Iglesia es Jesús, que no es sólo un hombre, sino que es Dios en el hombre. Las obras divinas las hace el mismo Dios.

La obra divina de la Iglesia la hace el mismo Jesús, que es Dios. No la hace un hombre. Y Jesús pone esa obra divina, Su Iglesia, sobre los hombros de una persona humana, Pedro.

Y esto significa una sola cosa: que el Papa legítimo es siempre infalible en la Iglesia.

Esto es muy importante de entender para ver que nadie en la Iglesia puede nunca poner un Papa ilegítimo. Si alguien lo pone es siempre haciendo daño al Papa legítimo (= esos son todos los antipapas, eso es Bergoglio, que para alcanzar el Trono anuló al Papa legítimo).

Jesús nunca puede poner la Iglesia en un hombre que sea falible, que lleve a la Iglesia hacia la ruina, hacia el cisma, hacia la apostasía de la fe. Nunca.

Jesús pone la Iglesia en un hombre pecador, pero no falible. Un hombre que dice la Verdad: «Tú eres el Hijo de Dios». Sobre esa Verdad Revelada por el Padre y aceptada por Pedro, Jesús levanta Su Iglesia.

Cuando Jesús elige a Pedro está diciendo que sobre él está toda la fuerza de Dios para que la Iglesia no se desvíe de su camino. Que en Pedro está toda la sabiduría divina para combatir cualquier error. Que en Pedro están todas las gracias para llevar a las almas, que forman el Cuerpo Místico de Cristo, hacia la salvación y la santidad.

Este es el don de la infalibilidad, que actúa a pesar de que Pedro sea pecador.

Jesús pone Su Iglesia sobre la persona de Pedro y le da todo lo que necesita para obrar lo que Dios quiere en Ella: «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos» (v. 19).

Por tanto, en la Iglesia la obediencia es siempre a la Verdad.

Pedro obedece la Verdad recibida del Padre y Jesús le da la gracia del Papado.

Todo fiel en la Iglesia tiene que obedecer la Verdad que todo Papa legítimo da a la Iglesia. Porque el Papa legítimo es la Voz de Cristo, el Vicario de Cristo, otro Cristo en la tierra. Y obedeciendo esa Verdad, los fieles reciben una gracia divina.

Cuando un Papa legítimo habla, siempre da la verdad. Siempre. Esto es el dogma del Papado.

Por consiguiente, estamos en la Iglesia para buscar la Verdad, no para buscar la unidad con el Papa o la Jerarquía. Sólo el que busca la Verdad encuentra la unidad, produce la unidad, la obra. Pero quien se empeña en buscar la unidad, no puede encontrar nunca la verdad.

Todos aquellos que dicen que Bergoglio es Papa se equivocan por una cosa: quieren buscar la unidad con la cabeza, pero han dejado de buscar la verdad en la cabeza. Este es el error de mucha Jerarquía y de muchos fieles en la Iglesia.

En la Iglesia no estamos para unirnos al Papa, sino para obedecer -en Él- la Verdad que le revela Jesús, que es la Cabeza de la Iglesia. Este es el sentido de la obediencia al Papa.

Se obedece al Papa legítimo porque nos da la Verdad, que es Cristo.

No se puede obedecer a un hombre que da un lenguaje humano, pero carente de la Verdad, como es Bergoglio. No se le puede obedecer, porque en la boca de Bergoglio no está la Verdad. Jesús no le revela su Mente. Y, por tanto, lo que dice ese hombre es de su cosecha: de su mente humana.

Aquella Jerarquía de la Iglesia que no dé la Mente de Cristo, no es posible hacer unión con Ella. No hay sometimiento a Ella. Es imposible unir verdad y mentira. Es imposible unir mentira con mentira. Sólo la unión se hace en la verdad: verdad con verdad.

En la Iglesia no tienen que buscar la unión con sus sacerdotes u Obispos u Cardenales. En la Iglesia tienen que buscar la verdad en sus sacerdotes, etc… Y si no me dan la Verdad, hay que decirles: ahí os quedáis: no sois otros Cristos.

Esto cuesta entenderlo a todos.

La Iglesia no es la unión de fieles: es el Cuerpo Místico de Cristo. Cada alma se une místicamente a Cristo. Y sólo es posible esa unión cuando el alma acepta de Cristo, como lo hizo San Pedro, la Verdad Revelada, el dogma.

Toda aquella Jerarquía que se sale del dogma, ya no está unida a Cristo, por más que se vistan como sacerdotes, por más que prediquen desde el púlpito, por más que digan que Bergoglio es el Papa y que sigo creyendo que la Iglesia fundada por Jesucristo sobre el cimiento de los Apóstoles es la verdadera y que los poderes del infierno no prevalecerán contra ella.

Esto es lo que la gente dice, y gente que pertenece a la Jerarquía de la Iglesia. Y dicen esto por la falsa obediencia: hay que hacer unión con el Papa. Esta es la falsa obediencia.

La obediencia en la Iglesia funciona cuando el Papa da la Verdad. Como hay que obedecer a la Verdad, entonces se hace la unión de todos en esa Verdad, que el Papa enseña. Todos unidos en el dogma. Fuera del dogma no es posible la unión, la unidad.

Pero la obediencia en la Iglesia no funciona cuando un hombre no da la verdad: “Dios no existe”, “Jesús no es un Espíritu”, ”el pecado no es una mancha en el alma”… ¿Quién puede obedecer eso? Nadie. Entonces, por lógica humana, por dos dedos de frente, hay que cuestionar las palabras de Bergoglio. Y no unirse a él, porque no da la Verdad.

Si no da la Verdad, no se puede obedecer a la mentira que dice, ni a su mente. Porque si se obedece, automáticamente, se está en pecado mortal.

En la Iglesia no se obedece a la mentira, a un hombre que da la mentira. No es posible.

En la Iglesia no se puede buscar la unidad con un hombre que da la mentira. No es posible.

Porque quien da la mentira, divide, no une. Sólo el que da la Verdad produce la unión.

Esto es lo que mucha gente no tiene claro en la Iglesia: la obediencia.

¿Qué es obedecer a Pedro? ¿Qué es obedecer a la Jerarquía?

Jesús ha puesto Su Pedro para edificar Su Iglesia: «sobre esta piedra» (v. 18b): sobre la sucesión de Pedro: «edificaré Mi Iglesia» (v. 18c). Cada Sucesor de Pedro da la verdad, que es Cristo. Ninguno da la mentira, porque la Iglesia sólo se edifica en la Verdad; en Cristo, que es la Verdad.

Cuando un Papa legítimo está sentado en la Silla de Pedro, entonces la Iglesia no puede temer nada. Porque ese Sucesor de Pedro va a dar siempre la Verdad, a pesar de todo lo demás. A pesar de toda la crisis que hemos visto en 50 años, ha habido un Papa legítimo que ha sostenido la Iglesia en la Verdad, en el dogma. Ha enseñado la Verdad, ha guiado en la Verdad, ha dado los instrumentos a las almas para que puedan salvarse y santificarse, que es la ley suprema de la Iglesia.

Por eso, no se puede cuestionar a ningún Papa legítimo, a pesar del pecado que pueda verse en algunos de ellos. A pesar de ese pecado, han sido infalibles, que es donde la Iglesia se levanta: en la infalibilidad de la Verdad Revelada a Pedro: «Tu eres el Hijo de Dios»: Tú eres la Verdad.

Pero cuando un falso Papa se sienta sobre la Silla de Pedro, entonces la Iglesia tiene que temer, porque ese falso Papa no es custodio de la verdad, no la defiende, no une en la Verdad.

¿Acaso Bergoglio une en la verdad diciendo mentiras? ¿Es posible eso? No es posible. Entonces ¿por qué le llaman Papa? ¿Para no crear división en la Iglesia? ¿Pero no se dan cuenta de que el mismo Bergoglio, con sus mentiras, ya está creando la división, el cisma? ¿Cómo es que no tienen inteligencia para ver esto tanta Jerarquía, que sólo dice esto: sigo obedeciendo a Bergoglio para no dividir más la Iglesia? Con esto la Jerarquía de la Iglesia se llena la boca. Gente sin discernimiento, que sólo está en la Iglesia para hacer unidad con un hereje.

¿Qué hacen en el Sínodo? Buscan la unidad con ese hombre, pero no buscan la Verdad.

¿Qué ha hecho ese hereje en el Sínodo? Quitar el latín.¿Quitar el latín es una verdad o una mentira en la Iglesia?

Que manda la Iglesia:

«Dado que toda la Iglesia tiene que depender de la Iglesia Romana y que los Sumos Pontífices tienen verdadera potestad episcopal, ordinaria e inmediata, no solamente sobre todas y cada una de las iglesias, sino también sobre todos y cada uno de los Pastores y fieles de todos los ritos, pueblos y lenguas, resulta como consecuencia que el instrumento de mutua comunicación debe ser universal y uniforme sobre todo entre la Santa Sede y las diferentes Iglesias del mismo rito latino.

Por lo tanto, los Romanos Pontífices cuando quieren instruir a los pueblos católicos, lo mismo que los Ministerios de la Curia Romana en la resolución de asuntos y en la redacción de decretos que afectan a toda la comunidad de los fieles, usan siempre la lengua latina, por ser ésta aceptada y grata a todos los pueblos como voz de la madre común» (Juan XXIII – Constitución Apostólica Veterum Sapientia: “Renacimiento, estudio y uso del latín” (1962)).

Juan Pablo II, Benedicto XVI siguieron lo que este Papa mandó en la Iglesia, porque ellos son los continuadores del Espíritu de Pedro, son los Sucesores legítimos de Pedro. Y nunca un Papa legítimo anula la obra de otro Papa legítimo. La concluye, la perfecciona, pero no la anula. La sigue. Sigue el latín y punto.

¿Qué ha hecho Bergoglio? ¿Ha continuado con la obra de los otros Papas? No. ¿Y por qué no? Porque no tiene el Espíritu de Pedro, no es el Sucesor de Pedro, no es el Papa de la Iglesia Católica, no puede dar la Verdad a la Iglesia. La Verdad, que es la Mente de Cristo. Da, en cambio, sus verdades, sus ideas locas a todo el mundo.

Bergoglio prepara el camino para el Anticristo: «El, el Anticristo, hablará muchos idiomas, pero ni una sola palabra de Latín provendrá de sus labios» (MDM – 9 de diciembre del 2013). Bergoglio no sabe ni una palabra del latín.

¿Y qué quieren hacer en el Sínodo, como primera cosa? ¿Qué discutieron los Obispos lo primero? ¿Cuál fue el primer punto clave que hablaron esos Obispos?

La comunicación del lenguaje humano: ya no dan la verdad, sino su lenguaje. Cómo hacer más atractiva la doctrina sin condenar a nadie.

El lenguaje humano es el cisma en la Iglesia.

“Hay que estar unidos a Bergoglio porque es el Papa”: este es el lenguaje humano que crea cisma, división en toda la Iglesia.

¿Cómo me puedo unir a un mentiroso, a un loco, a un hereje, a uno que dice que «el diablo jamás deja de tentarnos porque tiene paciencia»? (ver texto). No lo entendemos. No podemos aceptar este lenguaje.

Un Papa verdadero dice que el demonio no deja de tentarnos porque tiene malicia, porque es matador de hombres, porque su obra es destruir al hombre.

Pero un Papa legítimo nunca pone la virtud de la paciencia en el demonio. Nunca. El demonio no tiene paciencia. El demonio no es virtuoso. El demonio no espera por una virtud, sino por un vicio, por un mal, por un pecado.

Un falso Papa predica como lo hace Bergoglio, porque no tiene el don de la infalibilidad. Sólo dice lo que hay en su mente humana, que es siempre mentiroso, porque todo hombre es mentiroso por naturaleza. Nace así porque nace en el pecado original, nace en la mentira de su vida. Nace sin la Gracia, que es cómo Dios creó al hombre: lo creó naturalmente en Gracia.

¿Cómo podemos buscar la unidad con un hombre así que ha perdido el juicio, que no sabe hablar, que no indica el camino de la salvación ni de la santificación a las almas?

¡Por favor, tengan dos dedos de frente cuando se trata de obedecer a un hombre!

En la Iglesia nunca se da la obediencia a la mente del hombre: así sea Papa, sacerdote, Obispo, Cardenal. Se da la obediencia a la verdad, a la Mente de Cristo, que la Jerarquía tiene que dar.

Y, por eso, toda la Jerarquía tiene el deber y la obligación de dar la misma Mente de Cristo. Y si no trabajan en eso, si se reúnen, como es en este Sínodo, para dar sus lenguajes humanos, entonces no se hace unión con ellos. No es posible. Porque en ese lenguaje humano, no aparece la sencilla Verdad.

No puede aparecer.

No se resuelven los problemas espirituales con la ley de la gradualidad, como quieren en el Sínodo, sino con la ley de la gracia, que es lo que la Iglesia ha enseñado siempre. La ley de la gradualidad no existe en la norma de moralidad, Es un invento de la Jerarquía modernista que ha introducido ese lenguaje humano para anular la verdad de la ley moral, para anular la moralidad. Sólo hay gradualidad, no moralidad.

«Sepan que solo la Verdad es aceptable a Dios. Los intentos de apaciguarlo caerán en oídos sordos. Dios nunca aceptará mentiras. Nada, no importa cuán bien estas hayan sido disfrazadas y redactadas en un lenguaje hermoso, que promueve nuevos conceptos en el Cristianismo, y la aceptación y la tolerancia del pecado, será aceptado a los Ojos del Dios que Todo lo Ve. El nunca aceptará nuevas leyes, que minimizan los Sacramentos, trasmitidos por Mí, Jesucristo, el Salvador del Mundo» (MDM – 15 de febrero del 2013)

Sólo la Verdad es agradable a Dios, no el lenguaje humano carente de la verdad.

Sólo el que es de Cristo puede dar la Verdad. Sólo el que está unido a Cristo por la Gracia, el que es fiel a la Gracia, es el que testimonia, con sus palabras y con su vida, la Verdad.

Pero aquel que no es fiel a la Gracia, sino que es sólo fiel a su lenguaje humano: “vamos a unirnos al Papa de turno para ser Iglesia”; ése acaba en lo más profundo del infierno. Porque en la Iglesia no se busca la unión con el Papa, sino la verdad en el Papa.

«Las mentiras, que ya han comenzado, son formuladas en un lenguaje de apariencia humilde, pero disfrazan las más grandes mentiras contra la Verdadera doctrina de la Iglesia. Conózcanlas por lo que son: enviadas para engatusarlos a ustedes a cometer pecado» (MDM – 23 de junio del 2013)

Clamando en el desierto: Bergoglio no es Papa

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En el lugar santo está la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel:

«A su orden se presentarán tropas que profanarán el Santuario y la Fortaleza y harán cesar el Sacrificio Perpetuo y alzarán la Abominación Desoladora» (Dn 11, 31).

Bergoglio es el inicio de esta abominación que llevará a su perfección el Anticristo: «el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo» (1 Ts 2, 4).

Bergoglio es abominación: está sentado en el lugar santo, en la Silla de Pedro. Y no es Su Silla. La ha usurpado y ha empezado a profanarla. No le pertenece, porque Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

¿Y por qué no es el Papa? ¿No ha sido elegido por los Cardenales? ¿No renunció el anterior Papa y dejó la Sede Vacante?

Por muchos caminos, se puede demostrar que Bergoglio no es el Papa.

Pero hay uno que todos pueden ver: su obra de herejía pertinaz y su obra cismática. Todos la pueden ver, pero nadie la quiere ver.

Si Bergoglio fuera el Papa de la Iglesia Católica, entonces la gobernaría según el dogma del Papado, es decir, según un gobierno vertical: la Iglesia es una monarquía en el gobierno; una sola cabeza que reina en todos y a la que todos tienen que obedecer.

La Iglesia es Jerárquica, no es carismática, no es una democracia, no es una congregación en donde todos realizan un servicio y son responsables en conjunto sus miembros, no es un suceso en el cual todos realizan un acto de fe y así gobiernan todas las cosas.

La verticalidad en la Iglesia le viene por haber sido instituida como sociedad jerárquica: “Si alguno dijere que la Iglesia instituida por Dios es a manera de una sociedad de iguales; y que los Obispos tienen ciertamente un cargo y un ministerio, pero que no tienen propiamente una potestad de gobierno, que les competa por ordenación divina.., sea anatema” (C. Vaticano 1- Esquema I, canon 11)

“Si alguno negare que en la Iglesia ha sido constituida por ordenación divina la Jerarquía… con potestad de orden y de jurisdicción…, sea anatema”. (C. Vaticano 1 – Esquema II, canon 3:

«La fundación de la Iglesia como sociedad se ha efectuado, contrariamente al origen del Estado, no desde abajo hacia arriba, sino desde arriba hacia abajo; es decir, que Cristo… no ha confiado a la comunidad de los fieles la misión de ser Maestro, de ser Sacerdote y de ser Pastor…sino que ha transmitido y comunicado a un colegio de Apóstoles, que Él mismo ha elegido, para que con su predicación, con su ministerio sacerdotal y con la potestad social, posean el oficio de hacer entrar en la Iglesia a la multitud de fieles, iluminarlos y conducirlos a la plena maduración del seguimiento de Cristo» (Alocución de Pío XII – 2 de octubre 1945).

Se gobierna la Iglesia de arriba abajo: eso es el gobierno vertical. ¿Qué ha hecho Bergoglio? Anularlo poniendo su gobierno horizontal: ya no hay una sola cabeza que manda, sino muchas cabezas: el vértice de la Iglesia, que es Pedro, quedó anulado.

La Iglesia está levantada en Pedro, en uno solo: es el mando de uno solo. Es un mando sagrado, porque esa cabeza es una persona sagrada, que pertenece a la Jerarquía: posee una autoridad que le viene directamente de Dios, no de los hombres.

Esto a muchos católicos les da igual. No conocen cómo se gobierna la Iglesia. Y les trae sin cuidado que Bergoglio haya puesto un gobierno horizontal. No saben ver el daño que ese hombre ha hecho a la Iglesia en su vértice. Y se pierden en las ambigüedades del lenguaje de Bergoglio. No son capaces de ir a esta obra de herejía y de cisma. Son dos obras en una.

Al poner el gobierno horizontal se va en contra del mismo dogma del Papado: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia». Se va en contra de esta Verdad Revelada. Se va en contra de todo el Magisterio de la Iglesia. Se va en contra de 20 siglos de Tradición. Y todos callan esta obra de herejía, que es la principal en Bergoglio. Es para lo que fue elegido: para quitar el Vértice. Sólo para esto sirvió Bergoglio. Lo demás, es puro entretenimiento de masas. Pero como a los católicos les da igual quien esté como Papa, entonces se cae en la idolatría de un Papa que no es Papa: se cae en la franciscomanía. Y se cumple lo que decía el Padre Leonardo Castellani:
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Tantos católicos tibios y pervertidos que, por defender a Bergoglio, se vuelven una irrisión en toda la Iglesia; están haciendo un fetichismo de ese hombre. No ven que es un hereje y lo llaman santo. ¡Es la ceguera de tantos por no profesar su fe católica! No saben lo que es un Papa en la Iglesia, no investigan su persona: este hombre, mientras era Cardenal, ¿qué cosa hizo? No lo saben. Otros sí lo saben, pero lo aceptan: muchos han renegado de Bergoglio como Cardenal, pero han aceptado a Francisco como Papa. Así hay mucha gente en la Iglesia.

¿Cómo pueden aceptar a un hereje como Papa?

¿Qué dice el Magisterio de la Iglesia?

El Papa Pablo IV publicó una Bula Papal declarando solemnemente que la elección de un hereje como Papa es nula e inválida. ¿Por qué no obedecen a este Magisterio? ¿Por qué siguen teniendo a Bergoglio como Papa si es un hereje?

«Agregamos, que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía:

(i) o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto;

(ii) y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos.

(iii) Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes…

(vi) los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder…

… Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del Señor 1559, XV anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado» (Papa Pablo IV, de la Bula Cum ex Apostolatus Officio, 15 de feb. de 1559).

¿Quién era el Cardenal Bergoglio antes de ser elegido en el Cónclave? Un hereje pertinaz, un hombre que se había desviado completamente de la Fe Católica. Un apóstata de la fe. Sus obras en la Argentina lo demuestran. Y por ser elegido a Papa, creen muchos que Bergoglio ha dejado su apostasía, que tiene una iluminación especial de Dios para guiar la Iglesia en la herejía. Esto es lo que muchos creen. Ya para muchos, la herejía es una clase de verdad divina, una forma de entender el dogma; el desarrollo de la verdad Revelada se hace, para muchos, con la mentira, con los errores, con las ideas de todos los hombres.

La elección de Bergoglio es totalmente nula, inválida, ilícita. Es decir, Francisco no es Papa de la Iglesia Católica.

Sin embargo, es aceptado por todos como Papa. También por la Jerarquía. Y esto sólo tiene un nombre: maldad diabólica. Poner a Bergoglio como Papa es una obra del demonio en la Iglesia. Obra que ha hecho a través de una Jerarquía que le pertenece, una Jerarquía diabólica. No es una obra divina, ni puede serlo nunca.

Bergoglio, que no pertenece a la Iglesia Católica por su herejía pertinaz, gobierna la Iglesia con un gobierno horizontal; entonces no gobierna la Iglesia Católica, sino su nueva iglesia: no es el Papa en el Vértice de la Iglesia Católica, sino que es un hombre, un falso Papa, uno al cual lo llaman Papa, de una iglesia que se levanta en el Vaticano.

Bergoglio no gobierna la Iglesia Católica: es decir, no tiene autoridad divina en Ella porque no es Pedro. Y, por tanto, no es posible la obediencia a Bergoglio. Y es un pecado mortal someterse a su mente humana, a sus mandatos en la Iglesia. Es pecado mortal hacer publicidad de su magisterio en la Iglesia. No se puede alabar a un hereje. No se puede comulgar con un hereje. Un hereje no enseña nunca la verdad absoluta, sino sus verdades relativas.

Bergoglio, al estar en el gobierno de la Iglesia Católica con un poder humano, arrastra a todos hacia esa estructura en el gobierno: está produciendo una dictadura comunista en el gobierno. Una dictadura que se abre a una democracia: es el pueblo el que tiene el poder soberano. Es el voto de la mayoría. Es lo que opine la gente en la Iglesia. Y el Sínodo, que ya se inicia, es sólo obrar esta estructura democrática.

La obra herética de Bergoglio: poner un gobierno horizontal, que es ir en contra del dogma del Papado. Esta herejía es pertinaz: no la ha quitado. Persiste en su error, en su mentira. Y, por tanto, al persistir, al estar gobernando con esa mentira, está produciendo una obra cismática o sectaria.

Es una nueva secta lo que Bergoglio está levantando en el Vaticano: una nueva sociedad religiosa, que no es la Iglesia Católica. Esta es su obra cismática que a nadie le interesa. Nadie ve el cisma que ha levantado Bergoglio en el Vaticano. Nadie. Y todos quieren pertenecer a ese cisma, a esa nueva iglesia sectaria, que ya no posee la Verdad. Todos llaman a ese gobierno de Bergoglio como gobierno de la Iglesia Católica. ¿No ven el cisma? ¿No ven cómo toda la Jerarquía está conforme en haber quitado a Pedro de la Iglesia Católica? ¿Es que no han caído en la cuenta de lo que significa la renuncia del Papa Benedicto XVI? Es quitar el Papado. Ese es el significado de esa renuncia. El trágico significado. Y a nadie le interesa esto.

La herejía no es un conjunto de ideas, sino una obra: «Y son patentes las obras de la carne; como son: la fornicación,… idolatría,… disensiones, sectas,…, los que tales obras hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gal 5, 19.20.21c).

La herejía es la obra de la carne: el hereje obra sectariamente: divide, anula la verdad, oscurece las mentes, crea infidelidades, promueve el pecado.

Todos aquellos que, para discernir a un hereje, sólo se fijan en el lenguaje, en lo que predican o dicen, en sus escritos, no saben discernir a los herejes modernos.

El hereje moderno se sabe el dogma a la perfección, pero obra siempre en contra de ese conocimiento perfecto. Obra torcidamente, tergiversando con su mente la verdad absoluta.

El hereje moderno es experto en el lenguaje humano: da vueltas a la verdad revelada para mostrar su mentira sin que el hombre la capte. Habla un doble lenguaje: habla una verdad unida a una mentira. Y produce una confusión en todos aquellos que lo escuchan. Pero es una confusión agradable, porque sabe hablar a la mente del hombre, sabe decirle lo que, en ese momento, la persona o el grupo de personas quiere escuchar.

El hereje moderno, como se sabe el dogma, habla para los católicos, el dogma. Bergoglio predica, muchas veces, que Jesús es Dios. Y lo hace porque conviene decirlo: le está escuchando una masa de católicos, que quieren escuchar que Jesús es Dios.

Pero Bergoglio también predica que Jesús no es Dios. Y lo hace a esa masa de personas, que también son católicos, pero que quieren escuchar que Jesús no es Dios.

Y haciendo este juego del lenguaje, parece que Bergoglio no es hereje. Dice un día que Jesús no es Dios, pero al día siguiente, dice lo contrario. Entonces, muchos piensan: se arrepintió. Ya no es hereje pertinaz.

En esta ambigüedad, muchos caen, porque no saben discernir en la Iglesia la Verdad: no profesan la fe católica. Viven, como los herejes: en sus filosofías, teologías, pensamientos extraños, en sus mentes retorcidas, pervertidas. Y no hay más en ellos.

Por lo tanto, si el entendimiento humano está oscurecido y no ve la Verdad, es lógico que no puedan ver la obra de la herejía de Bergoglio.

Todos ven que Bergoglio gobierna con una horizontalidad. Y todos aplauden ese gobierno. Todos aceptan esa obra de herejía. Todos están conformes con esa obra de la carne. Nadie dice nada. Nadie ve que eso va en contra del dogma del Papado y que, por tanto, ese hombre no es Papa. Ven las ambiguedades de este hombre, pero le siguen obedeciendo, le siguen llamando Papa. Están construyendo con él su nueva iglesia.

Esto sólo significa que son muy pocos los que viven su fe católica. Son muy pocos los que saben lo que es la Iglesia, lo que es un Papa en la Iglesia y, por tanto, lo que hay que hacer cuando un Bergoglio pone un gobierno horizontal.

Y son muy pocos en la Jerarquía, no sólo en los fieles. La misma Jerarquía, que es la que tiene que hablar en contra de este hombre, calla, admite la obra herética y cismática de Bergoglio. Y, entonces, se produce otro engaño más en la Iglesia:

Como vale el gobierno horizontal para seguir siendo Iglesia, entonces ¿por qué no hacemos que la Iglesia sea, en la práctica, una democracia? Hagamos que las cuestiones se resuelvan de manera pastoral, sin tener que recurrir a Roma. Que Roma se dedique a otros asuntos, muchos más importantes para el mundo, pero demos libertad a los sacerdotes, a los Obispos, a los fieles, para que hagan y deshagan en cada diócesis. Construyamos la iglesia de abajo a arriba.

Esto es lo que se está imponiendo. Porque esto, en la práctica, se ha ido haciendo durante 50 años. Se ha hecho ocultamente. Ahora es el tiempo de oficializar la democracia. Esto es lo que viene después del Sínodo.

Es fácil poner en la Iglesia que los malcasados puedan comulgar, dar la comunión a los homosexuales, etc… Así como hicieron con la comunión en la mano, van hacer con todo esto: soluciones pastorales que se vuelven una ley maldita en la propia Iglesia.

Benedicto XVI es el que posee la Suprema Potestad en la Iglesia Universal

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“Cuando el peligro es grande no se puede escapar. Es, por eso, que éste definitivamente no es el momento de renunciar. Es precisamente en momentos como éste, que tenemos que resistir y superar la situación difícil. Este es mi pensamiento. Uno puede renunciar en un momento de paz, o en las que simplemente no puede hacerlo más. Pero uno no puede huir en el momento del peligro y decir: “que se ocupe otro” […] Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea que le ha confiado, entonces tiene el derecho, en determinadas circunstancias, y también el deber de dimitir”(Luz del Mundo, Libreria Editrice Vaticana, 2010, p. 53).

Las palabras del Papa Benedicto XVI son claras: no es el momento de renunciar (= «non è il momento di dimettersi»), sino que hay que resistir (= «che bisogna resistere»).

«Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea, entones tiene el derecho de… dimitir». Este pensamiento del Romano Pontífice es distinto cuando da su renuncia:

«he llegado a la certeza que mis fuerzas, por la edad avanzada, ya no son aptas»«para gobernar el barco de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor sea del cuerpo, sea del ánimo, vigor que, en los últimos meses, en mí ha disminuido en modo tal que debo reconocer mi incapacidad de administrar el ministerio a mí confiado».

El Papa, en su renuncia sólo da una razón: la disminución del vigor del cuerpo, la edad avanzada, que hace que el ánimo se sienta turbado, pesado, sin fuerzas. Pero el Papa no da una razón espiritual de su renuncia. El cuerpo puede estar débil, sin fuerzas; la cabeza puede estar no lúcida; pero no son razones para renunciar. Juan Pablo II se mantuvo hasta el final, con sus enfermedades. Y podía haber dicho: ahí os quedáis todos. Y, sin embargo, se mantuvo siendo un Papa católico hasta el final: perseveró en la gracia de su Pontificado. Fue fiel a esa gracia.

Benedicto XVI pone una excusa pobre y esconde la verdadera razón. No puede decirla. La razón espiritual debe callarla.

«No es el momento de renunciar» y, sin embargo, me han obligado a renunciar. Esto lo calla el Papa Benedicto XVI. Si el Papa hubiera sido fiel a su pensamiento: «uno no puede huir en el momento del peligro», entonces no hubiera renunciado. Quien conozca la mente de Benedicto XVI sabe muy bien que él siempre ha sido fiel a su pensamiento. El Papa Benedicto XVI tiene una cabeza bien montada: sabe lo que piensa y sabe lo que dice. No es como muchos seudo-teólogos, llenos de ambigüedades, que no saben ni lo que piensan ni lo que dicen. No es un Bergoglio que es un veleta del pensamiento del hombre: es un hombre sin ideales, sin rumbo, sin camino, sin una obra verdadera. Bergoglio es un pervertido en su juicio: no tiene cabeza, es un loco, carece de toda inteligencia espiritual y humana.

Al Papa Benedicto XVI le pusieron el arma en la sien: es un modo de hablar para decir que la Iglesia está gobernada por hombres que no pertenecen a Ella, sino que han escalado los puestos claves para dar el asalto a la Verdad.

La Verdad no puede ser vencida, pero sí ocultada de muchas maneras. Sí perseguida en muchos frentes.

El Papa Benedicto XVI sabe lo que hay en la Iglesia: en su interior. Los conoce a todos con los ojos cerrados. Pero debe callar. Si hubiera huido de Roma, entonces habría hecho la Voluntad de Dios. Pero dejó a la Iglesia en manos del lobo. Y esto es un pecado que hay que expiar.

Con la muerte del Papa Benedicto XVI se acaba el tiempo del Papado: surge el tiempo del Anticristo. Ya estamos en su inicio, pero debe morir el katejon. No sólo debe renunciar, sino morir, para que se cumplan las escrituras.

Tiene que cumplirse la profecía de Fátima, en su segunda parte: «y vimos…a un obispo vestido de blanco» que «llegado a la cima del monte… fue muerto por un grupo de soldados». La primera parte del Tercer Secreto, ya se cumplió en estos 18 meses: Dos Papas en Roma; uno de ellos bajo la influencia del demonio, poseído por Satanás..

La Iglesia vive de profecías, porque Jesús es un Profeta. Y todo sacerdote es un profeta. Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre. Eso es ser profeta: habla lo que el Padre le dice. Transmite íntegramente la Mente del Padre. El profeta no pone nada de su intelecto humano. No interpreta lo que recibe de Dios. Lo da sin más, aunque el mundo no lo comprenda.

Por eso, hoy los católicos se afanan por buscar falsos profetas que les digan que lo que pasa en la Iglesia no es nada, que todo va de maravilla, que continúen obedeciendo a Bergoglio, que tiene fama de santidad. No quieren escuchar la voz de Dios, no quieren buscar la verdad. No les interesa lo que piensa Dios de todo esto que pasa en la Iglesia, porque es más fácil acomodarse a lo que los demás piensan y deciden en la vida.

Siempre el falso profeta habla para que el otro se sienta contento, a gusto. Y, por eso, no es un profeta de calamidades, de desastres, de castigos, de muertes… Sino que es falso profeta de misericordia, de amor, de paz, de ternura, de fraternidad, que es siempre el lenguaje humano de los tontos, de los tibios, de los pervertidos en sus juicios humanos.

La Iglesia se llena de falsos profetas y de una falsa Jerarquía que limpia las babas que se le caen a Bergoglio cuando habla. Esto es la Iglesia actualmente: todos maquillando a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe. Y lo hacen cobrando. Es el negocio que ahora se han montado en el Vaticano: gente que apoye las barbaridades de ese hombre, gente que haga filosofía de la mentira de ese hombre; gente que viva como ese hombre.

¿Renunció el Papa Benedicto XVI al ministerio petrino o al ministerio episcopal?

El Romano Pontífice es el Obispo legítimo de la diócesis de Roma, es decir, que el Papa es también el Obispo de Roma. Primero es ser Papa, después es ser Obispo de Roma.

«El Obispo de la Iglesia de Roma, en quien perdura el ministerio concedido singularmente por el Señor a la persona de Pedro, el primero de los Apóstoles, y que debe transmitirse a sus sucesores, es la cabeza del Colegio de Obispos, Vicario de Cristo y Pastor aquí en la tierra de la Iglesia universal; él, por ello, en virtud de su ministerio, tiene potestad ordinaria suprema, plena, inmediata y universal sobre la Iglesia, potestad que puede siempre ejercer libremente» (canon 331).

En este canon se reconoce al Obispo de Roma como en quien está el ministerio del Sucesor de Pedro: «El Obispo de la Iglesia de Roma es… el Pastor aquí en la tierra de la Iglesia Universal». Son dos poderes distintos: un poder que se vincula al gobierno de la diócesis de Roma y otro poder que es relativo a la Iglesia Universal, como Cabeza de Ella, como Papa. Son dos poderes en un mismo sujeto: el Papa.

El Papa es Obispo. Por lo tanto, tiene el primado de honor, es decir, la potestad sobre todos los Obispos, y gobierna en la jurisdicción de Roma, con ese poder. El poder del Papa es episcopal.

Pero el Papa también es el Vicario de Cristo, que tiene el Primado de Jurisdicción, es decir, la Suprema Potestad en toda la Iglesia, para gobernar en todas las diócesis del mundo, no sólo en Roma.

Cuando Jesús da a Pedro la Potestad Suprema lo hace de manera independiente del cargo de Obispo de Roma. Este cargo lo asume San Pedro, después de recibir la Potestad Suprema, el Primado de Jurisdicción. Por tanto, es antes el Primado de Jurisdicción, el gobierno de toda la Iglesia Universal, que el gobierno de la diócesis de Roma, el ser Obispo de la Iglesia de Roma. Son, claramente, dos poderes distintos y que se pueden separar. No son absolutamente indisolubles. No existe en la Iglesia una ley canónica que imponga la indisolubilidad entre el Primado de Jurisdicción y la potestad de gobernar la diócesis de Roma. Hay que distinguir las dos potestades.

La Suprema Potestad que San Pedro transmite a sus sucesores es independiente de la potestad de ser el Obispo de Roma. Esta Suprema Potestad lleva aneja la jurisdicción sobre Roma. Jesús deja Su Vicario a la Iglesia, pero no deja un Obispo de Roma: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Sobre la persona de Pedro está levantada la Iglesia, no sobre la ciudad de Roma, no sobre el gobierno de la Iglesia de Roma.

Esta Suprema Potestad es por derecho divino, iure divino: «El Romano Pontífice, legítimamente elegido,… obtiene, por derecho divino, la plena potestad de Jurisdicción» (Canon 219 del Código de 1917). Pero el ser Obispo de la Iglesia de Roma no es por derecho divino; sino que es o bien por derecho humano-eclesiástico o bien por derecho eclesiástico-apostólico, según la naturaleza del derecho por el cual San Pedro unió de hecho el Primado con el Episcopado Romano.

¿Qué hizo el Papa Benedicto XVI?: «declaro me ministerio Episcopi Romae, Successoris Sancti Petri… renuntiare» («declaro que renuncio a mi ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro»).

Es claro el pensamiento del Papa Benedicto XVI: renuncia a ser Obispo de la Iglesia de Roma, que es también el Sucesor de Pedro; pero no renuncia a ser el Vicario de Cristo, el Pastor de la Iglesia Universal. El Papa nombra los dos poderes: Obispo de Roma y Sucesor de Pedro; pero sólo renuncia al ministerio episcopal de la diócesis de Roma.

¿Qué tenía que haber dicho Benedicto XVI para renunciar al ministerio petrino?

Tenía que haber empezado, precisamente, por ese poder: el Supremo Poder, el ministerio petrino, el papado. Porque el Papa es antes Vicario de Cristo que Obispo de Roma. Luego, para renunciar como Papa, como el que tiene la Suprema Potestad en la Iglesia Universal, tenía que haber dicho, como en la renuncia del Papa Celestino V:

«Ego Caelestinus Papa Quintus motus ex legittimis causis, idest causa humilitatis, et melioris vitae, et coscientiae illesae, debilitate corporis, defectu scientiae, et malignitate Plebis, infirmitate personae, et ut praeteritae consolationis possim reparare quietem; sponte, ac libere cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori, et do plenam, et liberam ex nunc sacro caetui Cardinalium facultatem eligendi, et providendi duntaxat Canonice universali Ecclesiae de Pastore»

«cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori»: «me retiro del Papado y, expresamente, renuncio al lugar y a la dignidad y al peso del deber y al cargo en el poder»

El Papa Benedicto XVI, para dar la Voluntad de Dios clara sobre su renuncia como Papa legítimo, tenía que haber manifestado que renunciaba al ministerio petrino, no al ministerio episcopal. Como no manifestó claramente esto, se sigue que el Papa Benedicto XVI sigue siendo el Papa legítimo. Sólo renunció a ser el Obispo de Roma, poder que está anejo a la Suprema Potestad que tiene como Vicario de Cristo, como Sucesor de San Pedro.

Si no se hace esta distinción de poderes, entonces no se puede discernir qué cosa hizo el Papa Benedicto XVI en su renuncia.

Bergoglio sólo está como Obispo de la Iglesia de Roma, pero sin el poder divino, que le viene por el Papa legítimo, que es Benedicto XVI. Por haber puesto un gobierno horizontal, automáticamente pierde ese poder divino y rige la Iglesia de Roma con un poder humano: es decir, está haciendo un cisma como Obispo de la Iglesia de Roma. Él no tiene ninguna potestad sobre la Iglesia Universal: carece del Primado de Jurisdicción que sólo permanece en el Papa Benedicto XVI.

Este Papa sólo renunció como Obispo de Roma, pero no como Vicario de Cristo.

Esta es la Verdad que nadie cuenta, porque a nadie le interesa el dogma del Papado, la ley de la Gracia, la Voluntad de Dios en Su Iglesia.

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