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Puñal de Bergoglio a las familias numerosas

familia

«Pero vosotros no representáis solamente a la familia, sois, más bien, y representáis a las familias numerosas, es decir, a las más bendecidas por Dios, predilectas y estimadas por la Iglesia como preciosísimos tesoros. Pues de ellas recibe más abiertamente un triple testimonio que, a la vez que confirma ante los ojos del mundo la verdad de su doctrina y la rectitud de su práctica, redunda, por fuerza del ejemplo en gran provecho de todas las demás familias y de la misma sociedad civil. Porque donde se encuentran con frecuencia, las familias numerosas atestiguan la salud física y moral del pueblo cristiano –la fe viva en Dios y la confianza en su providencia–, la santidad fecunda y alegre del matrimonio católico» (PíoXII, 1939-1958 • Las familias numerosas, testimonio de la salud física y moral del pueblo cristiano – De la Alocución Tra le visite, a la Federación Nacional Italiana de Asociaciones de Familias Numerosas, 20 enero 1958).

En la Iglesia sólo está representada la familia numerosa. Es el estandarte de la verdad. Es lo que toda familia debe tender: tener hijos. Y tener muchos hijos.

Los muchos hijos son el tesoro precioso de la Iglesia: son la obra de la fe de la Iglesia.

Con los muchos hijos se da ante el mundo la verdad de la doctrina de Cristo: se es testimonio de la Verdad en el mundo. El mundo no quiere hijos. Dios quiere hijos. Está en su Palabra. Pero hay que tener fe en Ella.

Para traer hijos al mundo, sólo una cosa es necesaria: la fe, profunda fe:

«Para dar vida al hombre se necesita la fe en Dios. Si hoy vivimos esta gran crisis, llamada demográfica, crisis de la familia, crisis de la paternidad, crisis de la maternidad, es propiamente una consecuencia de la falta de fe en Dios. No se puede mejorar este problema sino con una profunda fe en Dios.  Se necesita una gran fe en Dios para dar la vida al hombre» .(Juan Pablo II – ver texto).

No se puede mejorar el planeta sin los muchos hijos, que vienen de la fe profunda en la Palabra de Dios.

«Fuente de vida es la boca del justo, pero la boca del malvado encubre la violencia» (Prov 10, 11).

Fuente de vida es la boca del Papa Juan Pablo II. La boca del malvado Bergoglio encubre la violencia:

«hay algunos que creen que para ser buenos católicos debemos ser como conejos». Hay que limitar los hijos: hay que matar la vida. Hay que cuidar el planeta.

¿Dónde está la verdad: en el Papa Pío XII, en el Papa Juan Pablo II o en el falso papa Bergoglio?

La verdad sólo está en el Papa verdadero y legítimo que sólo sabe enseñar la doctrina de Cristo.

La Verdad nunca está en Bergoglio. Nunca.

«Las familias numerosas, lejos de ser la “enfermedad social”, son la garantía de la salud de un pueblo, física y moral. En los hogares, donde hay siempre una cuna que llora, florecen espontáneamente las virtudes, a la par que se destierra el vicio, casi barrido por la niñez que allí se renueva como aura nueva y salutífera de primavera». (PíoXII, 1939-1958 • Las familias numerosas, testimonio de la salud física y moral del pueblo cristiano – De la Alocución Tra le visite, a la Federación Nacional Italiana de Asociaciones de Familias Numerosas, 20 enero 1958).

La familia numerosa no es una enfermedad social: no hay que medir los hijos para mantener la población.

Bergoglio habla sin Ley, sin norma de moralidad, porque ha perdido –totalmente- la fe católica. ¿Qué va a enseñar?

Que los hijos vienen de la mano de los expertos: «Yo creo que el número de tres hijos por familia, según lo que dicen los técnicos, es el número importante para mantener a la población».

«Lo que dicen los técnicos»: los que opinan los hombres: es el pueblo, es el hombre el que decide el bien y el mal. Es el hombre el que construye la iglesia. Es el hombre el que hace su matrimonio y su familia.

Ya no es Dios: «Creced y multiplicaos». Dios es la vida, pero los técnicos deciden la vida, miden la vida.

Ya no es lo que enseña la Iglesia en Sus Papas: «Las familias numerosas, lejos de ser la “enfermedad social”, son la garantía de la salud de un pueblo, física y moral».

Las familias numerosas son la garantía moral de un pueblo: no hay que tener tres hijos como máximo para cuidar el planeta. Hay que reproducirse, como conejos, porque es Voluntad de Dios. Ahí está la salvación del planeta, el cuidado de la creación: en tener muchos hijos.

«Mantener la población»: Bergoglio está en la idea masónica del nuevo orden mundial. Hay que cuidar el planeta: si hay muchos hijos, mucha población, nos cargamos el planeta. Hay que limitar los nacimientos. Vamos a medir la Voluntad de Dios. Sí, sí, los hijos son un tesoro, pero no tengas más de tres, porque «hay que ser prudentes». Como hombres técnicos en la vida sexual dicen que no más de tres, entonces la prudencia humana; pero nunca la prudencia divina. De tejas para abajo, el hombre resuelve cuántos hijos va a tener: su materia gris: su mente.

Y los hijos son una bendición de Dios: es decir, se tienen hijos como conejos porque se cree en Dios, no porque haya dinero: «Se necesita una gran fe en Dios para dar la vida al hombre».

Bergoglio es un hombre sin fe, sin ninguna fe en Dios. Sólo cree en su concepto de Dios, en su idea masónica de Dios. Pero no cree en el Dios de los católicos. Y, por eso, no enseña la doctrina de la Iglesia católica, que todos los Papas enseñan.

Hace falta fe para formar una familia y dedicarse a tener hijos para Dios. Fe. Pero como los hombres no tienen fe: se casan para algo humano; si hay dinero, entonces el hijo. Si no lo hay, entonces se recurre al juego político: es que para cuidar el planeta, es mejor tener pocos hijos. Se pone la excusa del planeta para cargarse la Voluntad de Dios sobre el matrimonio: creced y multiplicaos. Bergoglio dice: sí, creced, pero no multiplicarse más allá de tres. Hay que cuidar el planeta.

Dios no pone número. Dios no dice al hombre los hijos que tiene que tener. Es el hombre el que se dice a sí mismo, el que quiere convencerse de que hay que tener pocos hijos. Y, claro, se ampara sólo en su mente humana, no en lo que Dios revela. Y viene, por tanto, la crisis, física y moral, de todos los pueblos de la tierra.

¿Por qué el mundo está así? Porque la gente no quiere tener muchos hijos; no quiere formar familias numerosas.

Si la forman, viene el regaño de Bergoglio:

«Regañé a una mujer que se encontraba en el octavo embarazo y había tenido siete cesáreas: ‘¿Quiere dejar huérfanos a sus hijos? No hay que tentar a Dios…».

No sólo lamentable, sino satánico.

¿Este es el mensaje que un Obispo transmite a la Iglesia?

No es un mensaje para la vida, sino para la muerte, para la destrucción de la verdad en la Iglesia. La verdad del matrimonio, de la familia y de los hijos. Es un puñalada a las familias numerosas. Así habla siempre Bergoglio: haciendo daño a la Iglesia católica.

Nuestras vidas valen en tanto en cuanto haya dinero: no hay que tener los hijos que Dios quiere, que Dios da: «no hay que tentar a Dios».

Tienes siete hijos: no tengas más: «¿quieres dejar huérfanos a tus hijos?».

La idea satánica de la vida: no pongas en riesgo tu vida con otro embarazo, porque ya tienes siete hijos. No te compliques la vida con otro embarazo; es más: no compliques la vida de tus hijos porque quieras otro embarazo: no tientes a Dios buscando otro embarazo. Peca: aborta, toma pastillas, el preservativo…: «Yo conozco muchas vías lícitas, que han ayudado en esto».

Un Papa legítimo nunca dice: «yo conozco…»: nunca da su opinión en la Iglesia. ¡Nunca!

Un Papa verdadero siempre recuerda lo que la Iglesia enseña sobre la paternidad responsable.

¿Hace falta poner aquí todo lo que la Iglesia ha enseñado sobre la paternidad responsable?

Pero, a los católicos les da igual lo que es un Papa verdadero. Prefieren a este marciano, a este extraterrestre como su papa.

Bergoglio no es el Papa de la Iglesia católica, porque no enseña la Verdad de siempre. Y, por eso, habla así: como habla Satanás.

«Perdonen, pero hay algunos que creen que para ser buenos católicos debemos ser como conejos».

Perdone, Bergoglio, cállase la boca ante lo que enseña la Iglesia para ser un buen católico en el matrimonio:

«La sagrada Escritura y la práctica tradicional de la Iglesia ven en las familias numerosas como un signo de la bendición divina y de la generosidad de los padres» (CIC 2373).

Perdone, Bergoglio, pero la Iglesia cree que para ser buen católico hay que formar una familia numerosa.

Familias numerosas: para ser buenos católicos hay que ser como los conejos. Debemos ser como conejos. ¿Entiende, Bergoglio? Él no entiende. Él no puede comprender esta Verdad Absoluta. Sólo está en su relativismo.

Esto es lo que enseña la Iglesia: las familias numerosas son un signo de la bendición de Dios. Allí donde hay un hijo, allí está Dios. Allí donde hay muchos hijos, allí está la providencia de Dios.

Perdone, Bergoglio, pero esto es lo único que hay que seguir. Esto es lo único que hay que enseñar en la Iglesia.

Perdone, Bergoglio, pero váyase a su pueblo a descansar y a morir como un energúmeno, entre los aplausos de su gente podrida en el alma como usted. No moleste más en la Iglesia, con su barata y blasfema idea masónica de la familia.

Perdone, Bergoglio, lo suyo es: satanismo. ¡Y sólo eso!

Un Papa legítimo enseña lo mismo que enseña la Iglesia. ¡Esa es la señal para discernir a un Papa!

Ahí tienen la prueba de que Bergoglio no es el Papa de la Iglesia católica. ¡Ahí la tienen!

Muchos les duele esta frase de este hereje. Y vomitan a Bergoglio. Pero son como los perros: como es su Papa, como el Espíritu Santo le sostiene en su ministerio, hay que seguir obedeciendo.

Muchos católicos son como los perros: se comen su propio vómito. No tienen las agallas de ponerse de pie en frente de Bergoglio y decir: tú no eres el Papa. Tú eres un farsante, un impostor, un embaucador, un idiota, un necio inteligente, que te han puesto en ese trono para destrozar la Iglesia con tu lengua viperina.

Bergoglio declara a los padres de familias numerosas como “conejos católicos”: para ser un buen padre católico no hagas hijos como los conejos. Ponte el máximo de tres. No manches la creación con muchos hijos.

¡Esto es satánico!

El concepto de paternidad responsable no se refiere a reducir el número de los hijos. No; no es esa visión reduccionista de la familia, del sexo, de la vida matrimonial.

La paternidad responsable es darle a Dios los hijos que Él quiere: esto es lo que cuesta en todo matrimonio, porque los hombres, enseguida, buscan sus acomodos en la vida para no tener más hijos.

Es decidir, en la presencia de Dios, con oración y con penitencia, los hijos que Dios quiere que se tengan en ese matrimonio. Es hacer responsable al sexo de sus actos ante Dios. Es meter en la relación sexual la Voluntad de Dios. Es buscar, en la prudencia divina – no en la humana, los hijos de Dios.

El Papa Juan Pablo II habló de esto en el jubileo de las familias del 2000.

El Papa Juan Pablo II, un Papa verdadero y legítimo, enseñó el camino para no tener miedo a la Vida.

Bergoglio recrimina a las familias numerosas por hacer caso a este Papa.

¡Esto es satanismo! Y no hay otra palabra.

¿Dónde está la Sucesión Papal de Bergoglio? ¿A qué Papa continúa? A ninguno. Porque no es el Vicario de Cristo, no es el Sucesor de Pedro.

Bergoglio ha lanzado un puñal a la familia: ha tirado con bala para hacer llegar su mensaje satánico. Bergoglio sólo habla para ser popular, para que los demás hagan propaganda a sus ideas maquiavélicas. Y así va destruyendo la Iglesia, con el aplauso, con el apoyo de TODOS LOS CATÓLICOS.

«Los que abandonan la Ley alaban al impío, los que la guardan le hacen la guerra» (Prov 28, 4).

¿Quieres ser de la Iglesia Católica? Haz la guerra a Bergoglio y a toda su corte, que son muchos entre jerarquía y fieles.

Bergoglio es el impío: guerra en la Iglesia al impío Bergoglio. ¡Guerra!

¿Dices que tanto amas a tu iglesia? ¡Demuéstralo, no con palabritas bonitas, sino con obras!; dando testimonio de la verdad, que es una:

¡Bergoglio no es Papa!

¡Guerra al impío usurpador del Papado: Bergoglio!

Los que no aman la Ley, los que obedecen a Bergoglio, son los que idolatran a Bergoglio, los que lo defienden. ¡Defienden a un hombre y no defienden al Papado, a su Iglesia! Así está la Iglesia: defendiendo a un hombre, pero no a la doctrina de Cristo. Excusando las palabras baratas de un subnormal, que no sabe lo que es Cristo ni lo que ha enseñado Cristo a la Iglesia.

¡Qué pocos luchan por la verdad de la Iglesia!

¡A nadie le interesa la Verdad!

¡Así nos va: idolatrando a un hombre y destruyendo a Cristo en Su Iglesia!

Conspiración en la cúpula de la Jerarquía: choque de poderes

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«Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza» (Jn 19, 2).

La Cabeza de Cristo fue tejida de espinas; pero su Divino Corazón fue traspasado por una lanza. La cabeza es la sede de la sabiduría humana, el corazón es el fundamento del amor divino.

El Corazón se abre, en la muerte, para dar al mundo la Vida, el Amor de Dios; pero la Cabeza sufre el tormento de las espinas para señalar la soberbia de la mente del hombre. Cristo sufre por la soberbia de los hombres, pero muere para dar Vida a los hombres.

En la Iglesia, la Cabeza es el Vicario de Cristo. Y sobre Ella ha sido puesto el sufrimiento espiritual que el pecado de soberbia de muchos, en la Jerarquía, ha traído. El Papado sufre por la soberbia del hombre. Y sufre en el Papa legítimo: Benedicto XVI. Que, a pesar de que no gobierna, sigue teniendo el Poder de Dios en su corazón.

La corona de espinas está sobre el Papado y sobre toda la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo: «hay un grito en el Cielo, en este momento, mientras la Corona de Espinas desciende para aplastar Mi Cuerpo, la Iglesia Católica, sobre la tierra» (MDM, 13 de febrero 2013).

Es la Pasión del Cuerpo Místico de Cristo. Son los tiempos de la Pasión y de la Muerte del Cuerpo Místico de Cristo.

Es el sufrimiento que los hombres dan a la Iglesia: sufrimiento, no sólo espiritual, sino también humano y material.

El Papa Benedicto XVI fue forzado a renunciar al gobierno de la Iglesia: una corona de espinas fue puesta en su cabeza.

«Me temo que estas son las mismas áreas que, por las razones usuales de poder y opresión, han traicionado y conspiraron para eliminar al Papa Ratzinger (…), empujándolo a la renuncia» (Avvenire, diario de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) –  ver traducción).

Hubo una conspiración para quitar de en medio al Papa Benedicto XVI: en otras palabras, hubo un choque de poder en la Iglesia. Y ganó el poder de la masonería eclesiástica.

En la élite de la Jerarquía se descubre la corrupción que existe en toda la Iglesia. Si las cabezas de la Iglesia no son humildes a la verdad, no obedecen a un Papa que Dios ha puesto en Su Iglesia, entonces nadie, ningún fiel en la Iglesia, obedece la verdad Revelada, nadie sigue la doctrina que Cristo enseñó a Sus Apóstoles.

Todos, en la Iglesia, buscando su doctrina, su gobierno, su dinero, su negocio, su papa, su ideal en la vida.

Toda esa Jerarquía, que ahora aplaude a Bergoglio como Papa, tejió una corona de espinas sobre el Papado. Fueron ellos: los soldados de la masonería eclesiástica. Ellos que se han metido en la Iglesia por la puerta falsa, para aparentar un falso sacerdocio, y así conseguir el objetivo: poner el papa que quiere el mundo, que es el papa que quiere la masonería.

Bergoglio es el papa que quiere el mundo, no es el Papa elegido por el Espíritu Santo. ¡Nunca Dios elige a un masón para Papa!

«La masonería eclesiástica ha alcanzado ahora el mayor nivel de poder dentro de Mi Santísima Iglesia en la Tierra» (MDM, 30 de septiembre 2013).

El mayor nivel de poder alcanzado por la masonería es el Papado: era su gran objetivo. Es el orgullo de los masones: gobernar como dioses -con un poder eterno– a los hombres.

Durante 20 siglos, los masones han intentado muchas cosas para usurpar el Trono de Dios en la tierra. Y no pudieron, porque no era el tiempo. El tiempo siempre es de Dios, nunca de los hombres. Es cuando Dios lo quiere, no cuando los hombres lo planean.

Ahora es el tiempo de la masonería.

Ahora la masonería eclesiástica ha puesto un cisma dentro de la Iglesia Católica: un gobierno horizontal. Cisma que levanta divisiones entre toda la Jerarquía y todos los fieles de la Iglesia. ¡Y claras divisiones! ¡Claras tempestades!

¡Es la guerra por el poder! ¡Todos quieren mandar, todos quieren ser maestros, todos se las dan de sabios en sus herejías, en sus vidas plagadas de paganismo!

Ese gobierno horizontal despoja a la Iglesia de la Verdad, divide la Verdad del Papado, levantando una nueva estructura religiosa sobre la mentira, – y sobre toda mentira.

Y, por lo tanto, las consecuencias para el mundo entero son claras: el mundo ya no tiene un norte ni un camino para salvarse. Ya en la Iglesia no está la Verdad, no es el faro de la Verdad, sino que en Ella se da la misma mentira que se ofrece en el mundo.

Los hombres, en el mundo, ya ven la Iglesia no como Verdad sino como una mentira más. Y, por lo tanto, ya no combaten a la Iglesia, sino que se unen a Ella para formar una unidad en la diversidad: una nueva estructura de gobierno mundial, en la cual los dos poderes, el temporal y el eterno, sean uno, sean repartidos entre los hombres.

Primero es entrar en una nueva iglesia mundial, para así poder formar el nuevo orden mundial.

Cada uno podrá buscar a Dios de la manera que quiera; cada uno podrá hacerse su ley como le dé la gana; cada uno será el creador de su propia vida humana y espiritual.

Es el negocio que ahora se persigue dentro de la Iglesia Católica: participar en la creación de una nueva estructura religiosa, que favorezca a todas las religiones, para levantar una religión mundial que no se oponga a un poder mundial.

Una nueva jerarquía, un nuevo papado, que sea el fundamento del error que se da en el mundo. Es lo que el mundo necesita: el respaldo de una iglesia, de un poder eterno, para que sus leyes temporales, que son sólo una impiedad, una abominación, tengan valor para todos los hombres, no sólo para la gente del mundo.

El fundamento de la Iglesia Católica es Pedro, el Papado. Este fundamento ha sido aniquilado, aplastado: «Muchos no tienen idea del engaño que se les está presentando. Ni ellos saben que el fundamento de Mi Iglesia, la Iglesia Católica, ha sido aplastado hasta el polvo. En su lugar, se levantará la abominación» (Ib).

El gobierno horizontal, puesto por Bergoglio, es lo que ha aplastado hasta el polvo el Papado. Y, por eso, ya no hay más Papas católicos. Ya no hay que esperar a ningún Papa católico después de la muerte de Benedicto XVI.

¡Y muchos no han caído en cuenta de este gran engaño! Porque están en la Iglesia detrás de un hombre de política, de global economía, de vida social, de acercamiento a todas las maldades que existen en el mundo.

El fundamento, la roca en la que se levanta la Iglesia, Pedro: aplastada hasta el polvo.

Como a los católicos les trae sin cuidado las profecías, las revelaciones privadas, la vida espiritual en la Iglesia, por eso, se engañan, con gran facilidad, con las palabras oficiales de la masonería eclesiástica, que gobierna actualmente en el Vaticano.

Un masón está en el timón de la Iglesia. Bergoglio no es Papa católico, es un masón. Bergoglio no es la voz de la Iglesia Católica: es un juguete de la masonería eclesiástica.

¿Cómo es que los católicos están obedeciendo la mente de un masón como Papa?

¿Cómo es que los católicos llaman a un masón con el nombre de Papa?

¡Qué gran engaño! ¡Qué fácil es engañar a los católicos!

Se les presenta a un hombre con cara de buenos amigos, que viste pobremente y que habla de la ternura de Dios. ¡Y todos caen, de una manera espantosa, en ese gran engaño! ¡Y son ellos –los propios católicos- culpables de su propia caída, de su propio engaño! ¡Se dejan engañar! ¡No viven de fe en la Iglesia sino de política!

Bergoglio está levantando la abominación: una nueva religión mundial, que apoye el nuevo gobierno mundial que, muy pronto, saldrá a la luz. Hasta que no se consiga esa nueva religión mundial, no se ve el gobierno mundial.

Por eso, ahora todos ven las herejías de Bergoglio, pero les interesa hacer mutis, callarse: están en el negocio de levantar una nueva iglesia, un nuevo credo, una nueva doctrina, un falso evangelismo.

¡Quieren ese negocio humano! ¡Y viven sólo de ese negocio humano!

¿Por qué la Jerarquía calla ante las herejías de Bergoglio? Porque Bergoglio les da de comer; porque tienen un puesto en la nueva iglesia.

En el tiempo de la masonería, cuando ésta ha conquistado el poder de la Iglesia, todo está muy bien preparado: nada es al azar. Hay unos objetivos claros que se deben cumplir. Y, por eso, todos los movimientos que se dan en el Vaticano, dentro de ese gobierno horizontal, es sólo para esto.

Tener a Bergoglio como papa es dinero para el Vaticano. ¡Y mucho dinero! Porque hay que levantar la nueva iglesia mundial. Y eso sólo se puede hacer con dinero.

Cristo levantó Su Iglesia sólo con el Espíritu Santo. No necesitaba nada más: murió como un maldito, sin ninguna popularidad. Sólo creían en Él los locos para el mundo.

Bergoglio levanta su nueva estructura religiosa a base de dinero y de fama. Por eso, habla para ganar dinero. Obra para ganar dinero. Viaja para ganar dinero.

Bergoglio no es un papa que enseñe la verdad, sino que es un hombre de negocios: me das dinero, te doy poder en mi nueva iglesia. Así funciona todo, ahora, en el Vaticano.

Bergoglio es dinero. ¡Y sólo dinero! Mueve mucho dinero en el mundo. La gente inventa productos con su nombre porque eso da dinero, eso da un puesto en el nuevo orden mundial. Bergoglio es bueno para los negocios, para salir de la crisis económica. Da de comer a muchos. Pero no sabe enseñar el camino del Cielo a nadie.

«¡Hago un llamado a Mis Cardenales, a Mis Obispos y a Mis siervos sagrados, a unir al rebaño y a permanecer leales a Mis Enseñanzas! ¡Pongan mucha atención a lo que les será pedido predicar, porque esto cambiará! Sus homilías serán diseñadas y concebidas para un mundo secular y no tendrán ninguna sustancia» (Ib).

La Jerarquía de la Iglesia ya no tiene que unirse al papa de turno, sino que tiene que unir al rebaño y permanecer en la Verdad Revelada; sabiendo que el papa de turno es falso: es un papa que pide, que obliga a difundir las obras de la mentira; que gobierna con una mentira, con unas cabezas de herejía. Eso nunca es un Papa en la Iglesia Católica.

¡Cuántos conciben al Papa como un jefe político, terrenal, humano, material!

¡Y nadie quiere ver al Papa como al hombre de Dios, que combate la mentira que los hombres del mundo obran constantemente!

¡Nadie quiere a un Papa que luche en contra del mundo y de los hombres! ¡Que luche en contra de los errores de los hombres!

¡Todos quieren a un papa tierno y misericordioso con todo el mundo! ¡Un papa besucón! ¡Un papa maricón! ¡Un papa ateo!

Por eso, Bergoglio es el papa de los idiotas en la Iglesia. ¡Y no es otra cosa!

¡Quien lo llame su papa es un idiota! ¡Un retrasado mental!

La gente cree que llamar a alguien idiota es insultarle.  El idiota no es el que habla o piensa vulgaridades, sino el que habla o piensa sin inteligencia, sin dos dedos de frente, sin lógica.

Llamar a uno idiota es decirle que es un hombre pagano, ignorante, con un bajo grado de inteligencia, que siempre está dando vueltas a su idea, sin salir de ella. ¡Un loco!

Pedro y Juan eran considerados «hombres sin letras y gente idiota» (ιδιοται)  (Act 4, 13).

En el lenguaje médico, el término idiocia significa: hombres con un estado de insuficiencia mental, intelectual (frenastenia), un retrasado mental.  Es un trastorno profundo de las facultades mentales.

Pedro y Pablo creían en un Resucitado: estaban locos para la gente del mundo. Eran ιδιοται: vivían en una idea estúpida y la defendían por encima de todo lo que la gente normal pensaba.

¿Cómo llamas a un hereje con el nombre de Papa? Ningún Papa es hereje. ¡Eres un idiota!

¿Cómo dudas de que Bergoglio sea Papa y lo sigues llamando tu papa? Si dudas, abstente de afirmar nada hasta quitar la duda. ¡No seas idiota!

Si dices que Bergoglio es Papa, entonces tienes que creer en lo que él cree, en todas sus herejías que ha declarado. Y si haces eso, entonces no eres católico y estás defendiendo en la Iglesia Católica a un hombre que no es católico, que no pertenece a la Iglesia por su manifiesta herejía. ¡Qué gran estupidez y qué gran locura!

¡Cuántos católicos hay que son unos locos, unos idiotas! ¡No tienen inteligencia! ¡Son retrasados mentales!

¡Cuántos han entrado en la Iglesia en una rifa: se ganaron el Bautismo y ahí se quedó el premio! Después, se han dedicado a una vida profana, pagana, mundana, material, humana, natural, carnal, sin importar nada lo que es la fe católica, lo que es un Papa en la Iglesia.

Bergoglio es un hombre que no convierte a nadie, no llama nadie a la conversión, a dejar el maldito pecado: sólo cosecha aplausos de gente que se llama católica, y son sólo juguetes de su propia ignorancia.

Bergoglio, cuando habla, lo hace con doble interpretación, doble lenguaje:

  • uno oculto siempre, que nunca se manifiesta, pero que es contrario a la verdad: dice medias verdades, sin apoyarse nunca en ellas;
  • y otro la suya propia modernista, progresista, inmanentista, que es siempre la que se refleja en sus escritos: sus mentiras para construir su falso cristo y su falsa iglesia.

Bergoglio reprocha a la Iglesia Católica muchas cosas, pero no es para corregir los defectos de Ella, sino para cosechar aplausos en el mundo. Pone a la Jerarquía como si fuese la última piltrafa de la humanidad, la última basura, los acusa de fariseísmo porque cumplen con los mandamientos de Dios, con los dogmas, y eleva a los grandes herejes a un puesto en la Iglesia.

Bergoglio habla de Cristo, no para enseñar su doctrina inmutable, infalible, eterna, sino para quedar bien con todo el mundo, para recibir una alabanza de extraños a la Verdad Evangélica.

La mentira es presentada como Verdad en la Iglesia porque toda la Iglesia está bajo el control del mal. No hay una cabeza, no hay un Papa, no hay una Jerarquía que diga la Verdad. Los buenos sacerdotes son echados a un lado y se les hace callar.

Muchos caen en esa mentira, muchos son engañados en la Iglesia. Y son gente de teología, que conoce la verdad, pero que por no perder el plato de lentejas, prefieren la mentira, el engaño.

Muchos, viendo la herejía, por el falso sentimentalismo a Bergoglio, porque les cae bien Bergoglio como hombre, se dejan engañar. Es el juego de la política.

Todos poniendo parches a las babas de Bergoglio todo el santo día. Esa es su única ocupación. Porque van en busca de un nuevo gobierno mundial, de una nueva sociedad, en la que Dios es cada uno, cada hombre, cada mente humana, cada obra del hombre, cada vida humana.

En la nueva iglesia de Bergoglio todos son santos en sus grandes herejías. Todos se consideran sagrados, justos, perfectos. Se llaman así mismos: maestros de su propia locura.

No te dejes engañar por aquellos que te dictan lo que tienes que creer con palabras baratas y blasfemas.

Sólo Dios es el dueño de tu mente, de tu corazón, de tu espíritu. Que ningún hombre se declare dueño de tu libertad. Muchos se esclavizan a las mentes de los hombres para tener una libertad falsa, fingida, ilusoria, que sólo sirve para condenarlos.

Bergoglio esclaviza al hombre con la mente humana; Cristo lo libera con Su Espíritu. Elige a quien quieres servir: al demonio, en la persona de Bergoglio, o a Dios, en Cristo.

Todo Papa legítimo es columna de fe y fundamento de la Iglesia: nunca es hereje.

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Todo Papa legítimo es «columna de la fe y fundamento de la Iglesia Católica» (Concilio de Éfeso – Sobre la primacía del Romano Pontífice – D112). Es decir, en su persona no puede existir el pecado de infidelidad, por el cual carece de la fe católica.

Aquel que no tiene fe, o que la ha perdido, se llama infiel. El infiel es el que voluntariamente se encuentra en estado de pecado y obra su pecado en contra de la verdad. El infiel no es estar en cualquier pecado, sino en aquel pecado que impide la fe, que combate la verdad dogmática.

Lo que impide la fe es someter la mente a la mentira, al error, a la duda, haciéndose el hombre enemigo del dogma, de la verdad revelada, de aquello que hay que creer para poder salvarse.

El infiel combate los dogmas que la Iglesia Católica siempre ha enseñado. Y, por eso, todo infiel es herético, produce el cisma, vive una apostasía, una renuncia de la fe verdadera.

Infiel no es el que comete un pecado de lujuria y, después, se arrepiente y se confiesa.

Infiel no es el que duda de Cristo o de la Iglesia, pero después sale de su duda para seguir creyendo.

Infiel no es el que teme enfrentarse a los hombres y dar testimonio de Cristo ante ellos, como le pasó a San Pedro en su pecado de negación, si inmediatamente resuelve su temor a los hombres en las lágrimas de su arrepentimiento.

Infiel es todo aquel que combate la verdad: combatir a Cristo y combatir a la Iglesia.

Por eso, encontramos a muchos católicos que han cometido el pecado de infidelidad y que se llaman, con la boca, católicos, sin serlo en la práctica de la vida espiritual.

La fe es una obra divina, no es un conjunto de ideas que se memorizan y que se repiten como un loro. Es una obra divina, no es un apostolado humano.

La fe es realizar una Voluntad Divina en la vida del hombre. Y, por eso, se necesita que el hombre obedezca, con su mente humana, la Verdad que Dios ha revelado.

La fe católica es obedecer a Dios. OBEDECER. Si no hay obediencia, no hay fe católica.

La fe no es natural, sino sobrenatural: el alma cree, la mente obedece a una verdad sobrenatural, no a una verdad natural, no a un escrito oficial.

Se obedece a una Verdad que Dios habla, que Dios dice, que Dios manda.

En la Iglesia Católica, desde el Papa hasta el último fiel, se tiene que dar la obediencia a esta Verdad sobrenatural. Si no hay esta obediencia, no hay Iglesia. Si el Papa no obedece la Verdad Revelada, los dogmas, no hay Iglesia. Ese Papa no es Papa legítimo, sino un falsario, un impostor.

Por eso, todo Papa  legítimo es fundamento de la Iglesia, porque todo Papa legítimo  obedece a Dios, confirma en la Verdad que Dios revela, muestra el camino para obrar la Verdad, que es siempre Cristo Crucificado.

Para obedecer a Dios –en la Iglesia- hay que crucificar el entendimiento humano. Sin esto, ningún Papa, ninguna Jerarquía es de la Iglesia de Cristo. Si el hombre no se somete, con su entendimiento humano, a la verdad revelada, al dogma, a lo que es de fe divina y católica definida, entonces el hombre no pertenece a la Iglesia porque está en su pecado de infidelidad, en el cual no puede obedecer la Verdad que Dios revela, sino que se está obedeciendo a sí mismo: a su mente, a su idea, a su plan humano, a la mentira que su mente encuentra en sí misma.

La vida de la gracia se pierde por cualquier pecado mortal: fornicarios, adúlteros, afeminados, sodomitas, ladrones, avaros, borrachos, maldicientes, rapaces, etc… (cf. 1 Cor 6, 9s).

Pero la fe sólo se pierde por el pecado de infidelidad: toda aquella Jerarquía de la Iglesia que por medio de dulces palabras y lisonjas seducen los corazones de los hombres para que acepten una mentira como verdad, no posee la fe católica, no son de la Iglesia Católica, no hacen Iglesia; sino que la destruyen, -tanto la fe como la Iglesia-, vestidos de lobos, con un traje que da una apariencia de santidad a los demás, de respeto, de obediencia, pero que sólo poseen un corazón sin posibilidad de amar a Dios, porque no obedecen, con sus mentes humanas, la Verdad Revelada, la Verdad de la Mente de Dios.

La herejía es un pecado de infidelidad: todo hereje ha perdido la fe católica. Todo hereje no se somete a la Mente de Cristo, sino que impone su propia mente humana a la Iglesia.

Por eso, es imposible que un Papa legítimo sea hereje. IMPOSIBLE. Porque todo Papa legítimo es columna de la fe. Y lo que derriba esa columna es la herejía, el pecado de infidelidad en la persona del Papa.

Jesús pone la Iglesia en la Roca de la Verdad: en un Papa que nunca puede cometer el pecado de herejía. NUNCA.

Muchos Papas han sido grandes pecadores, pero ninguno hereje. NINGUNO.

Esta verdad, tan sencilla, muchos católicos la desconocen. Y son culpables en su ignorancia. Tienen una ignorancia que les lleva al pecado mortal. Todo católico que no viva su fe es que, sencillamente, vive en su pecado, está en estado de pecado.

Vivir la fe católica es oponerse a toda herejía en la Iglesia. No sólo fuera de Ella, en el mundo, sino dentro de Ella. Porque es la herejía lo que destruye la Iglesia. Es la herejía lo que aniquila la vida espiritual de las almas.

No son los otros pecados, que la gente comete habitualmente, lo que impide ser de Cristo. Una prostituta puede tener más fe que mucha Jerarquía junta, que muchos católicos. Y, por eso, dice el Señor: «En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os preceden en el Reino de Dios» (Mt 21, 32). Ellos, en sus pecados, todavía creen; pero los fariseos, los que creen tener fe, los que se dicen que tienen fe, esos no la tienen, no pueden tenerla porque han rechazado, con su mente humana, la Verdad que Dios les muestra; y que no se puede cambiar jamás, no se puede interpretar como al hombre le venga en gana.

Ningún pecado mortal lleva al pecado de infidelidad: no porque una persona sea muy lujuriosa o muy ladrona o muy sodomita eso sea señal de que cometa su pecado de herejía. No; no es eso. Una prostituta que pase toda su vida en su pecado de lujuria puede salvarse y estar muy alta en el Cielo, si no comete el pecado de infidelidad.

Este pecado no se comete ni con el cuerpo ni con las manos ni con el apego a las riquezas o a las criaturas. Sino que se comete con la mente humana: el hombre decide no someterse a la Verdad. Esta decisión es su pecado de infidelidad, por el cual pierde la fe católica y ya no puede salvarse, aunque se pase la vida haciendo obras humanas maravillosas, aunque dé de comer a todos los hambrientos del mundo entero.

Donde no está la fe verdadera, allí tampoco está la caridad verdadera: «Si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha» (1 Cor 13,3).

Si el hombre no se somete, con su mente humana, a la Verdad, entonces sus obras son sin amor, sin caridad divina. Son obras de una falsa caridad, un falso amor, que viene de su falsa fe, de obedecer a una mentira.

Hubo Papas muy pecadores, pero tenían fe a pesar de sus pecados: sus mentes seguían obedeciendo la Verdad, aunque obraran sus pecados.

Hay mucha Jerarquía que sucumbe al pecado; pero se mantiene en la verdad: sus mentes se someten a la Verdad Revelada, no combaten esta Verdad, no enseñan una mentira a sus fieles. Les predican la verdad, aunque ellos vivan en sus pecados. Esta Jerarquía es digna de misericordia, porque no engaña en la Iglesia.

Pero aquella Jerarquía que engaña, que predica una mentira, que calla ante un mentiroso, esa Jerarquía no es digna de ninguna misericordia, porque está en su pecado de infidelidad: ninguna misericordia les puede salvar porque combaten la verdad de la misericordia.

«Por eso, os digo: que os será quitado el reino de Dios y será entregado a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21, 43).

Estamos en este tiempo: el tiempo del Fin.

En este tiempo, en la Iglesia no hay un Papa que sea columna de la fe ni fundamento de la Iglesia. No puede existir esa Cabeza, porque es el tiempo del Fin.

Los católicos no comprenden esto porque no tienen fe: son infieles a la Verdad que Dios revela en Su Palabra. Son fieles al lenguaje humano de los hombres, a la palabra oficial que en la Iglesia se da.

La fe no es la palabra oficial, un escrito oficial, un lenguaje humano sin verdad, unas obras apostólicas llenas de herejías, que muchos pregonan y obran.

No se puede estar en la Iglesia obedeciendo la mente de un hombre hereje, como es Bergoglio. NO SE PUEDE.

Quien se una a Bergoglio como Papa está declarando que no es católico, que no posee la fe católica, que no es de la Iglesia Católica.

En la mente de Bergoglio no se dan las Verdades sobrenaturales: en sus escritos, en su doctrina, en su magisterio no se enseña la fe católica. NO HAY LUGAR PARA ELLA. Lo que hay en la mente de Bergoglio es una clara apostasía de la fe, un claro fundamento de la mentira, una perspicaz obra en el error.

Quien se someta a la mente de Bergoglio no puede hacer comunión con la Iglesia verdadera. Donde está la herejía, donde está el pecado de infidelidad, allí no está la verdad sobrenatural, allí no está Cristo. Cristo está en el alma pecadora, pero no en el alma que comete el pecado de herejía. Cristo está en el alma que todavía tenga fe, no en el alma que decide echar a Cristo de su vida con su infidelidad a la Verdad dogmática.

Para discernir si un Papa es o no legítimo no hay que fijarse si los Cardenales lo han elegido o no. Muchos antipapas fueron elegidos por los Cardenales viviendo el Papa legítimo. No está en lo oficial que la Iglesia muestra. Ahí no está la Fe en la Iglesia de Cristo. Nadie puede creer a un Papa porque ha sido elegido por los Cardenales. NADIE.

El católico verdadero cree en el Papa porque éste es columna de la fe y fundamento de la Iglesia: es decir, en ese Papa no se da el pecado de herejía.

Si los Cardenales eligen a un hombre como Papa, y este hombre comienza a declarar herejías y a hacer obras claramente cismáticas, como es el caso de Bergoglio, entonces los católicos no tienen que esperar a que oficialmente sea declarado nulo el falso pontificado de Bergoglio. NO PUEDEN ESTAR ESPERANDO ESTO. Porque es imposible obedecer la mente de un hombre que enseña herejías. Es imposible darle obediencia, por más que oficialmente se declare a Bergoglio como Papa. Porque la fe es una verdad Revelada, no es una verdad oficial, natural, humana. La fe es obedecer la Verdad Divina; no es obedecer la mentira del hombre como una verdad, como algo impuesto que todos tienen que aceptar oficialmente. La fe no está en lo oficial, sino en la Palabra de Dios. Todo escrito oficial, toda obra oficial en la Iglesia tiene que dar testimonio de la Palabra de Dios, de la Verdad inmutable, para ser aceptada como Verdad. Sin este testimonio, es imposible seguir algo oficial que la Jerarquía imponga.

Quien vive de fe verdadera sabe que nunca Jesús pone un Pedro falso, herético. NUNCA: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Si Jesús es la Verdad, no puede poner una roca de mentira para levantar su Iglesia. Pedro es columna de fe divina, nunca de mentira humana. NUNCA. Siempre Jesús va a poner a un Papa que defienda a la Iglesia de la herejía. SIEMPRE. Nunca va a poner a un Papa que llene la Iglesia de herejías, que conduzca al Rebaño hacia la apostasía de la fe. NUNCA.

Bergoglio ya ha dicho cantidad de herejías. Y eso no es de ahora. Eso es toda su vida. Lo que hace ahora es el culmen, la perfección de su obra herética, de su vida para una maldad.

¿Qué hacen los católicos obedeciendo, sometiéndose a un hombre que no tiene la verdad en su mente?

¿A qué juegan?

¿Qué se creen que es la Iglesia de Cristo?

¿Qué se creen que es Cristo?

¿Qué creen que es Pedro en la Iglesia?

En un Papa legítimo nadie se atreve a discutir su juicio y todos le obedecen.

Pero en un falso Papa, en un impostor, –como es Bergoglio-, es necesario cuestionar todo lo que dice porque no tiene autoridad divina en la Iglesia; no se le puede dar obediencia; no hay lugar para imitar sus obras en la Iglesia.

Fiel es el Señor en sus palabras (Sal 144, 13); pero infiel es todo hombre sobre la tierra. Jesús nunca se puede apartar de la Verdad porque iría contra Sí Mismo: «Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida». Son los hombres – y sobre todo son los sacerdotes y los Obispos-, los que se apartan de Cristo, los infieles a la Verdad Revelada: los que obran la herejía.

Y en la Iglesia no se obedece a hombres, a doctrina de hombres. En la Iglesia se obedece a Cristo. Y toda aquella Jerarquía que no dé a Cristo, no hay obediencia, no hay sometimiento, aunque exteriormente, -oficialmente-, sea declarado un hombre como Papa.

La Fe no está en una declaración oficial de la Iglesia. La fe no es un lenguaje humano. La fe no es una palabra humana. La fe no es un apostolado humano.

La fe es una obra divina. Y si los hombres no obedecen, con sus cabezas humanas, la verdad divina; si la Jerarquía de la Iglesia no enseña, no guía, no señala el camino de la Verdad, entonces es que son unas ratas, unos lobos que se aprovechan de las circunstancias para realizar su negocio humano en la Iglesia.

¡Cuántos Obispos que prefieren su sillón episcopal antes de enfrentarse a Bergoglio! No quieren perder su oficio, su puesto en la Iglesia, su cargo oficial, y miran para otro lado, y dicen que todo va bien, que no hay que preocuparse. Y mienten a sus fieles. Y llevan por el camino de la maldad a su rebaño. Y sólo por apegarse a su sillón. No son capaces de dar testimonio de la Verdad ante la Iglesia porque han cometido el pecado de infidelidad: ya no poseen la fe católica. Están en el juego de Bergoglio.

Fiel es el Señor; infieles todos los demás.

«Nadie osó jamás poner sus manos sobre el que es Cabeza de los Apóstoles, y a cuyo juicio no es lícito poner resistencia: nadie jamás se levantó contra él, sino quien quiso hacerse reo de juicio» (San Bonifacio I – De la carta Manet Beatum a Rufo y demás Obispos – D 109).

Desde hace ya más de 50 años, en la Iglesia la Jerarquía ha osado poner sus manos sobre el Papa de turno. Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, quitados de en medio antes de tiempo. Se los han cargado.

Muchos, en la Iglesia, han puesto resistencia a los juicios de los Papas. Muchos se han levantado contra los Papas. Y, por tanto, son incontables los que han querido hacerse reos de juicio: se condenan en sus juicios contra los Papas.

Es cantidad la Jerarquía de la Iglesia que ha combatido a los Papas legítimos. No son sólo unos cuantos. ¡Muchísimos! Y, por eso, se ha tenido que dar lo inevitable: la renuncia de un Papa legitimo para poner un falso Papa: el falso Papa que muchos quieren.

Y a este falso Papa lo obedecen, se someten a su mente humana, e instan a que todo el mundo haga lo mismo, no por una verdad, no porque defiendan a Cristo, no porque les interese la Iglesia Católica, sino porque no son de Cristo, no son de la Iglesia. Combaten a Cristo y a la Iglesia.

Y esto es lo que a muchos católicos no les entra en la cabeza: que pueda existir una Jerarquía tan malvada dentro de la Iglesia. Y, claro, viene Bergoglio y quedan ciegos. Totalmente ciegos. Porque viven sólo de la fe oficial, de documentos oficiales. Y no recurren al Evangelio, a la Verdad, para resolver una herejía:

«Pero aunque nosotros o un ángel del cielo os anunciase otro Evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea anatema» (Gal 1, 8).

El Evangelio no es lo oficial en la Iglesia: no es el documento oficial que la Iglesia saca. Pedro no es lo que los cardenales eligen.

El Evangelio es la Palabra de Dios, que Cristo enseñó a sus Apóstoles y que no cambia por el transcurso del tiempo. No puede cambiar. Es siempre lo mismo. Pedro es siempre aquel que elige el Espíritu Santo en la muerte de un Papa. ¡En su muerte, no en su renuncia!

Si viene un Bergoglio que enseña un comunismo: su evangelio de la alegría; que es distinto al Evangelio de Cristo, entonces, por más que los Cardenales lo hayan elegido para Papa, sea Bergoglio anatema. Y por más que los Obispos callen y lo sigan manteniendo como Papa, sea Bergoglio y esos Obispos, anatema. No son de la Iglesia Católica. No hay que seguirlos, no hay que obedecerlos, no hay que someterse a sus mentes humanas. Y eso no es destruir la Iglesia, sino levantarla en la verdad.

Esta es la fe católica: la doctrina de Cristo no es doctrina de hombres. No es lo que los hombres explican sobre Cristo y sobre la Iglesia. Es lo que Cristo siempre ha enseñado y que la Jerarquía verdadera lo ha transmitido sin poner ni quitar nada.

Pero el problema de tantos católicos es que no saben discernir la Jerarquía verdadera de la falsa en la Iglesia Católica. Y no lo saben porque no viven de fe.

La fe es una obra divina. Hay tantos católicos que su fe es muy humana, con unas obras muy humanas, muy sentimentales, y que se creen salvos porque comulgan cada domingo en la Iglesia. No tienen la fe divina; no tienen la fe católica. Ni saben lo que es esto.

Son como muchos protestantes: creen en un Dios amor, misericordioso, que no imputa el pecado, que no castiga, que no manda al infierno. Y, claro, están contentísimos con Bergoglio: les habla lo que ellos quieren escuchar, lo que hay en sus mentes. Les hace la vida mucho más agradable a sus sentidos.

«Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero cuidado con tomar la libertad por pretexto para servir a la carne, antes servíos unos a otros por la caridad» (Gal 5, 13).

Servir a la carne es servir a la propia mente humana, al propio pensamiento de la vida, a la idea política que gusta a todo el mundo.

Muchos toman el sacerdocio para esto: para servir a sus intereses humanos dentro de la Iglesia. Dan de comer a los pobres para alcanzar una gloria humana. Esto es lo que hace Bergoglio y toda aquella Jerarquía que calla ante su herejía.

No solamente la Jerarquía falsa es la que dice herejías; también hay que contar aquellos sacerdotes y Obispos que tienen miedo de enfrentarse a Bergoglio. Tampoco son de la Iglesia Católica. Ya ha pasado el tiempo de discernir qué cosa es Bergoglio. Ahora es el tiempo de obrar: o estoy con ese impostor o estoy con Cristo, es decir, me opongo TOTALMENTE a Bergoglio como Papa.

¿Qué Jerarquía hace esto en la Iglesia? NADIE.

¿Qué web católica hace esto? NADIE.

Por eso, os será quitado el reino de Dios, porque de Dios, de Su Iglesia, de Cristo, nadie se ríe.

Es muy grave lo que está pasando en la Iglesia para estar contentos con un subnormal de Papa. O se ponen en la verdad o caminan para el infierno de la mano de un escrito oficial. Que cada uno elija. Son libres para decidir su destino final en la vida.

La Iglesia está gobernada por un hombre que no es Papa, y la lleva hacia su autodestrucción

pobresdespiritu

«De hecho, los obispos que apoyan la idea de conceder la Sagrada Comunión a los “divorciados vueltos a casar” son los nuevos Fariseos y Escribas, porque descuidan el mandamiento de Dios, lo que contribuye al hecho de que de los cuerpos y de los corazones de estas personas  continúen “procediendo el adulterio”  (Mateo 15, 19), pues quieren exteriormente una solución  “limpia”, y  dar la impresión de ser “limpios” a los ojos de aquellos que tienen el poder (los medios de comunicación, el público en general). Pero cuando un día aparezcan de pie ante el tribunal de Cristo, sin duda, para su gran consternación oirán sus palabras: «¿Por qué declaras Mis Mandamientos y tienes Mi Alianza en tu boca? Teniendo luego en odio la disciplina, y te echas a las espaldas Mis Palabras (…) cuando tienes parte con los adúlteros (Salmo 50 16-18)». (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider) [Traducción inglesa]

Bergoglio, lobo vestido de cordero, junto a una Jerarquía traidora a la verdadera Fe, están destruyendo la Iglesia desde dentro.

Esto es lo que nadie se atreve a publicar. Y esto es lo único que importa conocer para poder evaluar lo demás que pasa en la Iglesia. Si no se parte de este hecho, entonces todo sigue igual: se ve la situación y se dice: ya en el próximo Sínodo veremos qué pasa. Continuemos la vida de la Iglesia como si nada hubiera pasado.

Bergoglio y los suyos son los nuevos fariseos y escribas, que quieren parecer santos antes los demás porque se ocupan de los problemas sociales, humanos, económicos, pero destrozan la verdad de las vidas de los hombres.

Cada alma en la Iglesia tiene que vivir la verdad a la cual ha sido llamada desde toda la eternidad. Y esa verdad es inmutable para ella, para la vida de cada hombre. Es la verdad que Dios quiere para cada hombre. Y es una verdad objetiva, que la mente humana no puede encontrar por más que piense y medite su vida. Es una verdad que revela Dios a cada alma.

La verdad de cada alma está en Cristo. Y sólo en Cristo. Y cada alma tiene que someterse a la Mente de Cristo, que significa imitar la misma Vida de Cristo: una vida para Dios, una vida en Dios, una vida con una obra divina.

Si las almas no se someten a la doctrina de Cristo, entonces están en la Iglesia con sus doctrinas, las que sacan de sus mentes humanas, y así quieren imponerlas a los demás.

Un Sínodo que fue una encrucijada para todos. Todo estaba planeado con anterioridad: «El documento preliminar (Relatio post disceptationem) fue, sin duda, un texto pre-fabricado sin ninguna referencia real a las verdaderas declaraciones de los Padres sinodales» (Ib).

O como dice el Cardenal Burke: «Todo estaba controlado y manipulado, si puedo decirlo». (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

Y ¿a quién hay que atribuirle este barullo en el Sínodo?

A Bergoglio y a su clan masónico. Sólo a ellos.

¿Cómo es posible que un texto herético sea publicado como un documento oficial católico y traducido a cinco idiomas? «Esta es la primera vez en la historia de la Iglesia que un texto heterodoxo fue actualmente publicado como documento de una reunión oficial de los Obispos Católicos, bajo el liderazgo del Papa, a pesar de que el texto tenía sólo un carácter preliminar» (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider).

¿Cómo es posible?

Porque quien gobierna el vaticano actualmente son los poderes masónicos: son hombres de la masonería. Hombres ocultos. Sólo aparecen los muñecos: Bergoglio, Kasper y demás bazofia en la Iglesia. Estos son los títeres de lo que gobiernan en la Iglesia. Y estos impusieron este documento, que es una vergüenza para toda la Iglesia, es una mancha negra:

«Este documento sinodal, aunque sea preliminar, es una verdadera lástima y una indicación para evaluar el espíritu del mundo anti-cristiano que ya ha penetrado tan importantes niveles de la vida de la Iglesia. Este documento permanecerá, para las futuras generaciones y para los historiadores, una mancha negra con la cual se ha manchado el honor de la Santa Sede» (Ib).

Decir que son otros los que gobiernan la Iglesia –no Bergoglio y los suyos- nadie lo dice, nadie lo publica, pero todos lo piensan.

Que el poder masónico ha puesto a Bergoglio como falso Papa: eso es clarísimo para aquellos que no se dejan engañar por las falsas apariencias.

Bergoglio hechiza con sus apariencias externas, con sus sonrisas, con sus lisonjas, y muchos caen en ese juego maldito. Son muchos los católicos que se han vuelto auténticamente estúpidos en la vida de la Iglesia. No saben discernir cómo el demonio actúa en la Jerarquía. Desde siempre la falsa Jerarquía usa el Evangelio de Cristo y le cambia el sentido para adaptarlo a sus necesidades. Esto es lo que hace Bergoglio y los suyos todos los días desde que se levantan hasta que se acuestan. Todos los días. Y, después de 20 meses, muchos fieles católicos no se han dado cuento del juego de Bergoglio.

¿Qué hacen en la Iglesia esos católicos? Sus vidas humanas, sociales. Trabajan para sus intereses personales. Y les da igual quién gobierne la Iglesia. Les da igual.

Siempre la falsa Jerarquía se esconde con las vestiduras de la humildad, de la pobreza, de la obediencia, para llevar al Rebaño al engaño más total.

Y la Jerarquía ve este juego: «Hay afirmaciones en la Evangelii gaudium que expresan el pensamiento del Papa. Las recibimos con respeto, pero no enseñan una doctrina oficial» (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

Y toda la Jerarquía calla.

¿Cómo es posible que un hombre que se sienta en la Silla de Pedro saque un documento no católico? Ningún Papa en la Iglesia habla de manera privada cuando enseña algo. Ninguno.

¿Cómo es que a Bergoglio se le permite esto? «El propio Papa dice al principio del documento que no es magisterial, que solo ofrece indicaciones de la dirección en que llevará a la Iglesia» (Entrevista a Monseñor Raymond Leo Burke).

La misma Jerarquía de la Iglesia está viendo el desastre que es Bergoglio para toda la Iglesia y lo siguen manteniendo. Y dicen un absurdo:

Si Bergoglio dice que su documento no es magisterial, es decir, no enseña nada católico en la Iglesia, ¿para qué son esas indicaciones? ¿hacia dónde quiere dirigir la Iglesia con un documento que no es católico? ¿para qué le han puesto como Papa?

La Iglesia es llevada por Bergoglio con una enseñanza no papal, no magisterial. ¿Cómo es que la Jerarquía no actúa en contra de Bergoglio y le siguen permitiendo este desastre en la Iglesia?

¿Cómo es que Burke se atreve a decir esto?: «hace falta una presentación cuidada a los fieles, explicando la naturaleza y el peso del documento».

¿Por qué queréis presentar a los fieles algo que explique una enseñanza herética? Si este documento no es católico, ¿por qué no lo dejan a un lado y ponen un documento católico?

Si Bergoglio no es Papa, ¿por qué no lo quitan y ponen a un verdadero Papa?

Porque ya no pueden hacer esto.

Es que no se atreven a decir: Bergoglio no es Papa. Bergoglio es un fraude. Bergoglio es un impostor. No se atreven. Y, por todos los medios, lo quieren salvar, quieren justificar el pecado de Bergoglio en la Iglesia. Por todos los medios. Ni siquiera los Obispos buenos son buenos. Tienen miedo a decir la Verdad como es.

Burke vio el desastre en el Sínodo: «Esos resúmenes me sorprendieron, no reflejaban bien el contenido de las discusiones, daban la impresión de que todo se estaba dirigiendo a favor de la posición expuesta por el cardenal Kasper. El verdadero shock llegó con la Relatio post disceptationem [resumen de las intervenciones de la primera semana del Sínodo]. Parecía un manifiesto para cambiar la disciplina de la Iglesia frente a las uniones irregulares».

Y sólo se atreve a decir esto: «En un momento tan crítico, en el que hay una fuerte sensación de que la Iglesia está como una nave sin timón, no importa la razón».

¿Qué no importa la razón? Por supuesto, que importa. La Iglesia está como una nave sin timón por culpa de Bergoglio y su clan masónico. Esta es la razón. Y esto es lo que calla Burke. Tiene miedo: «Tengo todo el respeto al ministerio petrino y no quiero que parezca que soy una voz contraria al Papa».

Burke no quiere ser una voz contraria a Bergoglio. Lo sigue teniendo como Papa. Éste es el verdadero problema de su fe como Obispo.

Si no te opones a un hombre que destruye la Iglesia con su enseñanza comunista, ¿para qué eres Obispo? ¿para qué estás en la Iglesia? ¿Para qué?

Todos hablan de manera general sobre lo que ha pasado en el Sínodo: «Que en el mismo seno de la Iglesia hay personas que socavan la enseñanza de Nuestro Señor se hizo evidente ante el mundo entero gracias al Internet y al trabajo de algunos periodistas católicos que no permanecieron impasibles ante lo que estaba ocurriendo con el tesoro de la fe católica» (Entrevista con Monseñor Atanasio Schneider). No se atreve Schneider, en toda su larga entrevista, llamar a Bergoglio con su nombre: falsario, impostor.

Y sólo da soluciones para la vida general de la Iglesia: «Tenemos que animar a los católicos ordinarios a que sean fieles al Catecismo que han recibido, a que sean fieles a las claras palabras de Cristo en el Evangelio, a que sean fieles a la fe que sus padres y antepasados les transmitieron. Tenemos que organizar grupos de estudios y conferencias sobre la doctrina perenne de la Iglesia sobre el matrimonio y la castidad, invitando especialmente a los jóvenes y a las parejas casadas. Tenemos que mostrar la auténtica belleza de una vida en castidad, la auténtica belleza del matrimonio y la familia cristianos, el gran valor de la cruz y del sacrificio en nuestras vidas. Tenemos que presentar más ejemplos de los santos y de personas ejemplares que, a pesar de que sufrían las mismas tentaciones de la carne, la misma hostilidad y burlas del mundo pagano, con la gracia de Cristo tuvieron una vida feliz en castidad, en un matrimonio cristiano y en una familia».

Todo esto está muy bien, pero el problema central sigue: la Iglesia está gobernada por un hombre que no es Papa y la lleva hacia su autodestrucción.

Este es el problema.

Y esto es lo que todo el mundo calla.

Bergoglio ha puesto bajos los pies de toda la Jerarquía una alfombra roja. Y mientras hace eso, Bergoglio usa sus falsos tonos sabios y sus falsos gestos gentiles, para que todo el mundo oiga y vea cuán santo y bueno es.

Bergoglio les da a la Jerarquía lo que ella quiere: comida y trabajo. La alfombra roja. A otros les da comunismo, marxismo, protestantismo y una vida de placeres. A cada uno le pone una alfombra roja para que lo dejen tranquilo. Porque Bergoglio sabe lo que piensa cada Obispo de él.

En la Jerarquía todos nos conocemos: sabemos quién es un hereje y quién no. Y a pesar de ese conocimiento, toda la Jerarquía es engañada. ¿Cómo? Con la alfombra roja del lenguaje humanista; con la alfombra roja de los apostolados humanistas. La alfombra roja del humanismo. Con la idea humana se seduce a mucha Jerarquía. Con la política de los hombres se lleva a la Jerarquía a donde no quieren ir. Es fácil engañar a los sacerdotes y Obispos: el juego del lenguaje humano, de la vida humana, de las obras humanas. Si besas mi trasero tienes todo en la Iglesia. Esta es la alfombra roja que pone Bergoglio a mucha Jerarquía.

Bergoglio es un demonio que se viste de santo y que conduce directamente a Satanás, a la mente del demonio y a sus obras infernales.

¿Qué se puede esperar de un hombre que da culto al hombre? ¿Qué esperan del gobierno de un hombre que quiere a todo el mundo en la Iglesia? ¿De un hombre que ya no es católico, sino global, del mundo?

«Es el ecumenismo de la sangre que se vive hoy» (31 de octubre del 2014). La carne y la sangre es lo que nos hace ser hijos de Dios.

«Ecumenismo espiritual, rezar juntos y anunciar juntos que Jesús es el Señor, y obrar juntos en ayuda de los pobres, en todas sus pobrezas. Esto se debe hacer, y no olvidar que hoy la sangre de Jesús, derramada por sus numerosos mártires cristianos en diversas partes del mundo, nos interpela y nos impulsa a la unidad. Para los perseguidores, nosotros no estamos divididos, no somos luteranos, ortodoxos, evangélicos, católicos… ¡No! ¡Somos uno! Para los perseguidores, somos cristianos. No les interesa otra cosa» (Ib).

¿Ven la clara herejía? «La sangre de Jesús es derramada por su numerosos mártires cristianos en diversas parte del mundo».

La sangre de Jesús está en todos los cristianos. ¡Mayor barbaridad no se puede predicar! ¡No se puede!

Somos uno: no somos católicos, ni luteranos, ni ortodoxos…Ya no hay verdad objetiva, ni hay pecado objetivo. Todos somos santos. Todos somos mártires. La sangre nos une. Esa Sangre de Jesús que está verdaderamente en cada cuerpo humano.

¿Captan el gnosticismo de este insensato? ¿Captan hacia dónde va la Iglesia?

Pues, esto, muchos católicos no lo captan, no lo disciernen. Ya no pueden verlo, porque se han hecho amigos de uno que les pone una alfombra roja a sus pies, para que caminen sin problemas en sus vidas humanas.

Todas las almas en la Iglesia, sean fieles, sean Jerarquía, están en un gravísimo peligro. Y nadie se los dice. Nadie. Ni Burke, ni Schneider ni ningún otro. No se atreven a decirlo, porque no son capaces de amar a las almas como Cristo las ama. No son capaces.

Si quieren seguir siendo Iglesia, no hagan caso de las aparentes bellas palabras que escoden herejías y engaños. Son las nuevas fábulas que se ven ya en todas partes.

Hoy más que nunca la Iglesia está desfigurada y corrompida, y no puede renovarse imitando al mundo:

«El Papa, justamente, habla de la necesidad de ir a las periferias. La respuesta de la gente ha sido muy calurosa. Pero no podemos ir a las periferias con las manos vacías. Vamos con la Palabra de Cristo, con los sacramentos, con la vida virtuosa del Espíritu Santo. No digo que el Papa lo haga, pero está el riesgo de interpretar mal el encuentro con la cultura. La fe no puede acomodarse a la cultura, sino llamarla a la conversión. Somos un movimiento contracultural, no popular».

Burke no se atreve a decir: Bergoglio lo hace. Se va a la periferia con su herejía, con el vacío de un corazón lleno de pecado.

No dice que Bergoglio es el culpable, sino que culpa a los demás: «está el riesgo de interpretar mal el encuentro con la cultura»

Pero, ¿quién es el culpable de que se interprete mal el encuentro con el mundo? Bergoglio, porque su enseñanza no es papal. Está como cabeza, pero no actúa como cabeza. Es un fariseo, es un sepulcro blanqueado.

Que no diga Burke: «Sufren un poco de mareo, porque para ellos parece que la nave de la Iglesia ha perdido la brújula. Hay que dejar a un lado la causa de esta desorientación, pues no hemos perdido la brújula. Tenemos la constante tradición de la Iglesia, las enseñanzas, la liturgia, la moral. El catecismo no cambia».

Hemos pedido la brújula, pero no la hemos perdido. No busquemos la causa de esta desorientación. Burke se niega a ir al centro del problema: Bergoglio. Y sale por la tangente: tenemos la tradición, la moral, etc… Burke no enseña al alma la Verdad de lo que pasa en la Iglesia, en el gobierno, en las altas esferas del poder. La esconde. Tiene miedo de hablar claro.

Hoy la Iglesia quiere renovarse imitando al mundo. Y es el mundo el que tiene que imitar a Cristo. Y esto es lo que nadie enseña.

Hoy la Iglesia quiere ser gobernada con un hombre que imita al mundo.

Hoy la Iglesia quiere ser enseñada con el magisterio de un hombre que imita al mundo.

Hoy la Iglesia quiere caminar por la senda demoníaca que traza un hombre que imita al mundo.

Nadie quiere imitar a Cristo. Nadie quiere dar testimonio de la Verdad. Nadie.

Todos, aun los buenos, enseñan un engaño: sigamos en la Iglesia obedeciendo a un hombre que tiene un magisterio no católico. Un hombre que no es Papa. Un hombre que ha sido puesto para destruir la Iglesia.

Pero, ¿a dónde váis? Si el problema de la Iglesia actual es su cabeza: ese hombre al que han puesto como Papa, y que no es Papa. Éste es el problema de toda la Iglesia. El problema no son ni los malcasados ni los homosexuales. El problema es Bergoglio.

¿Qué se hace con Bergoglio?

Esto es ahora objeto de discusión en el Vaticano. Su renuncia está al caer. Pero tienen que inventarse algo para que renuncie. Pero, aunque renuncie ese hombre, todo seguirá igual. Todo. Y peor todavía. Porque le harán renunciar por el bien de la Iglesia, por el bien de los hombres, pero no por el bien de la Verdad de la Iglesia. Será una renuncia falsa, premeditada, ya obrada con anterioridad, ya pactada.

A Bergoglio le queda poco tiempo. Y bien lo sabe él. Por eso, ahora se verán las leyes inicuas en la Iglesia, para ir quitando gente “apegada” a lo tradicional, y así poner gente infestada de todo lo demoníaco.

Bergoglio: ese hereje que gobierna en Roma

sinmoral

Bergoglio es un hereje que está gobernando en Roma sin la ley de Dios: «Un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios, pero que ame también las sorpresas de Dios, porque su ley santa no es un fin en sí misma» (Misa Santa Marta – Lunes, 13 de octubre del 2014 – L’Osservatore Romano, 17/10/2014, pág 19).

Si la ley santa no es un fin en sí misma, entonces todo está regido por el azar, por las sorpresas, por el fin que cada hombre se inventa con su mente humana.

El fin de la vida humana es procurar lo que cada uno quiere: placer, felicidad, dinero, ambición de poder, etc… Nada se obra por un fin en sí mismo. No hay una causa para obrar, sino que todo es las sorpresas de Dios: el azar. Es el epicureísmo de Bergoglio.

«Yo soy Dios desde la Eternidad, y lo soy por siempre jamás. Nadie puede librar a otro de Mis Manos; lo que hago Yo ¿quién lo estorbará?» (Is 42, 13).

La Eternidad de Dios es el fundamento de todo lo temporal, de todos los días, de todos los años, de todos los siglos. Si Dios no es desde la eternidad, nada es, ni aun pudiera ser; si Dios no vive por una eternidad, nada puede durar siempre, sino que todo es temporal.  Dios tiene un fin eterno en su vida eterna. Dios obra por ese fin eterno. Y esa obra es el principio y el fin de todo hombre.

Nadie puede librarse de Dios, del orden que Dios pone al hombre, de la Ley que Dios da al hombre, de los fines que Dios pone a los hombres en sus vidas.

«Yo soy el primero y el último…y tengo las llaves de la muerte y del infierno» (Ap 1, 18). Es Dios quien decide en la vida de cada hombre, el que pone el fin a la vida de cada hombre. No es el hombre el encargado de poner fines, objetivos a su vida. Todo está en las manos de Dios. La vida de cada hombre, aunque sea un demonio, aun del mismo Lucifer, depende de Dios, del fin que Dios ha puesto a esa vida.

Nadie se puede librar de la Ley Eterna. Nadie. Nadie puede estorbar la Mente de Dios. Nadie.

La Ley divina es el dictamen de la Razón Divina, que ordena todo el universo a un fin divino: «toda la comunidad del universo está gobernada por la Razón Divina» (Sto. Tomas – I-II, q.91.a1). No es un azar, no es una sorpresa.

Si se dice que la ley de Dios no es un fin en sí misma, estamos diciendo que Dios no existe, que Dios no tiene Ley y que la ley Eterna no se puede dar.

Si la ley santa no es un fin en sí misma, Dios, cuando obra no tiene un fin en ese obrar. Dios obra sin fin, es decir, como un loco. Un Dios sin un fin en sus obras no existe.  Se está diciendo que Dios lo deja todo al azar, a las sorpresas.

La Ley Eterna es la Voluntad Divina, que quiere algo de manera necesaria y desde toda la eternidad. Y lo obra para que las criaturas funden sus vidas en guardar el orden de la Sabiduría divina, que ha sido puesto por Dios desde toda la Eternidad. Y cada cosa que existe esta ordenada a sus propios fines. Nada hay que inventarse. Nada es al azar. No hay una ausencia de casualidad. Hay una causa por la que se obra y unos efectos de esa obra.

«El fin del gobierno divino es el mismo Dios y Su Ley también se identifica con Él» (Sto. Tomas – I-II, q.91.a3). Dios y Su Ley Eterna son una misma cosa. Por consiguiente, la Ley Eterna no se ordena a otro fin que a sí misma: es un fin en sí misma.

Bergoglio, en esta clarísima herejía, se ha cargado a Dios totalmente. Vive al azar, buscando con la prudencia de la carne una vida para lo humano, una vida sin un fin sobrenatural: es todo una sorpresa. Es todo un azar. El fin del hombre ya no es Dios, ya no es la bienaventuranza divina, ya no es la santidad, sino una sorpresa en la vida.

¿Por qué obedecen a un hombre sin Dios, sin Ley, sin Verdad, sin camino en la Iglesia? ¿Por qué?

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia está tan ciega que no puede ver lo que un niño ve, lo que un alma sencilla puede contemplar?

¿Cómo es que hay tanto fiel en la Iglesia, tanto católico que ha hecho de Bergoglio un talismán en la Iglesia, un ídolo de carne y hueso, un santo lleno de herejías diarias?

Y ¿cómo resuelve este hombre lo que propone, la locura de su mente, el desvarío de su inteligencia? «es un camino, es una pedagogía que nos lleva a Jesucristo» (Misa Santa Marta –  Lunes, 13 de octubre del 2014 – L’Osservatore Romano, 17/10/2014, pág 19). Es decir, la ley divina es un camino: no es un gobierno de Dios. No es algo que Dios ha ordenado, que Dios ha promulgado. No es la revelación de la Mente de Dios. No viene de la Palabra de Dios, que es Eterna. No es necesaria la existencia de una ley divina, porque hay un camino, hay una pedagogía, hay una enseñanza que el hombre obra para llegar a Jesucristo.

Los doctores de la ley se «habían olvidado que eran un pueblo en camino» (Ib.): no era un pueblo gobernado por Dios. No; “Dios no existe” (9/10/2014). Existe mi concepto de Dios: tres personas. Pero no puede darse el Ser Absoluto de Dios. Por tanto, el pueblo iba en camino, y claro: «cuando uno está en camino, se encuentra siempre cosas nuevas, cosas que no conoce» (Ib.), cosas que el hombre, con su gran inteligencia va desarrollando, va descubriendo, va dividiendo y dividiendo la verdad.

Las cosas nuevas de Bergoglio: el dogma ya no existe, porque el dogma es ley Eterna. Y ésta no es un fin en sí mismo: no existe. ¡Cosas nuevas! Este «camino no es absoluto en sí mismo, es el camino hacia un punto: hacia la manifestación definitiva del Señor» (Ib). Nada hay absoluto en las sorpresas de Bergoglio, en sus cosas nuevas, en su enseñanza en la Iglesia.

Cristo como Camino no es absoluto en sí mismo: «Yo soy el Camino». Esta Palabra de Jesús no es absoluta. Es algo relativo, es algo que los hombres pueden interpretar como quieran en sus mentes.

No es un camino que tenga un sentido moral y que indique una regla para las acciones del hombre. No; es un camino hacia un punto: «la vida es un camino hacia la plenitud de Jesucristo» (Ib).

Ya la vida no es Jesucristo: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6).

«Jesucristo es el Camino del Cielo, que está patente a nuestra vista por el ejemplo de Su Vida, y por sus Misterios. Jesús es la Verdad, que alumbra nuestro espíritu con Su Palabra. Jesús es la Vida, que alienta nuestra Voluntad para unirla con Dios por Su Gracia» (S. León Magno).

Para Bergoglio, la vida es un camino hacia Jesús. ¡Anatema sea Bergoglio!

Jesús es el Camino por sus méritos. Bergoglio dice: que los hombres vivan sus vidas y así caminen según sus propios méritos humanos. Que los hombres no se fijen en los méritos de Jesucristo, en la Gracia que Cristo ha conquistado a todo hombre para que pueda salvarse, para que pueda poner un fin divino a su vida. Que los hombres no caminen por el mismo Camino, sellado por los méritos de Jesucristo, que es Jesús. Que cada hombre haga su camino para llegar a un punto. Que ningún hombre se fije en la muerte ni en la sangre de Cristo. Que nadie vea la Cruz de Cristo, sino que todos contemplen al Resucitado, que viene en Gloria:

«”esta generación pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás”; es decir, el signo de la resurrección, de la gloria, de esa gloria escatológica hacia la que vamos de camino»(Ib.)

¿Cuál es el signo de Jonás? La Justicia Divina, el castigo: «Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez» (Jon 2, 1b). Signo claro de cruz, de penitencia de castigo, pero no de resurrección. Sino clarísimo. Y cuando Jonás fue liberado de ese pez, se puso a predicar la conversión, la penitencia. Y, por esa predicación, la gente de Nínive se puso a hacer penitencia por sus grandes pecados y «vio Dios lo que hicieron, convirtiéndose de su mal camino, y arrepintiéndose del mal que les dijo que había de hacerles, no lo hizo» (Jon 3, 10).

Bergoglio ha anulado las Sagradas Escrituras y las interpreta según su novedad, según el concepto que tiene de Dios: «muchos de sus contemporáneos estaban cerrados en sí mismos, no abiertos al Dios de las sorpresas» (Ib). No habla de la penitencia, del camino moral, de la norma de moralidad, de la ley del pecado, de la ley de la gracia, sino que sólo habla del Dios de las sorpresas, de la vida de los hombres puesta al azar. En el camino de la vida «se encuentra muchas cosas nuevas».

La novedad de caer siempre en la misma piedra, por no obedecer la Verdad, por no hacer la Voluntad de Dios, por desobedecer la ley de Dios. El hombre siempre tropieza en la misma piedra: el culto a su mente humana. Es algo que no cansa. Es novedad siempre. Siempre el hombre se inventa un camino nuevo para tropezar en lo mismo, en lo viejo, en lo de siempre.

Bergoglio se ha puesto por encima del mismo Dios: es un pecado de orgullo, como el de Lucifer. No es nada nuevo. Es lo viejo. Pero lo nuevo es su forma de caer en este pecado de orgullo. La manera de estar en la Iglesia gobernándola sin que nadie diga nada, sin que tenga oposición real. Todos le dejan, cada día, decir sus grandes barbaridades…y aquí no pasa nada… Su pecado de orgullo conlleva una oscuridad en su mente, con la cual, gobierna a muchos en la Iglesia. Bergoglio es un ciego que guía a muchos ciegos hacia la oscuridad más total.

Muchos se dejan gobernar por este maldito. Y hay que decirlo con todas las palabras: ¡Bergoglio es un maldito! Esto, para muchos, no es un lenguaje correcto. No gusta al católico de hoy esta expresión.

¿Acaso no dice la Escritura: «Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis» (Rom 12, 14)? Entonces, ¿hay que decir que Bergoglio es un bendito porque no cree en Dios, porque ha anulado la ley eterna, porque gobierna la Iglesia sin ley, sin moral? ¡Bendito seas Bergoglio porque llenas estómagos de la gente en la Iglesia! Es claro, que no se puede decir esto. Una obra buena no justifica los medios pecaminosos que se han buscado para hacerla.

Aquí no se trata, aquí no se habla de defender nuestros derechos en la Iglesia: queremos una cabeza que diga la verdad. No; no se trata de esto. Si Dios ha permitido este gran desastre en toda la Iglesia, Justo es Él. Pero esa Voluntad de Dios, que es un fin en Sí Misma, no significa tratar a Bergoglio como un santo, como un justo, como un hombre bueno, como un bendito: no hablamos de devolver un mal por otro mal. No estamos insultando a Bergoglio cuando le decimos que es un maldito; sino que estamos definiendo la esencia del alma de Bergoglio.

¿Quién es Bergoglio? Un maldito en su alma. Un alma que no conoce a Dios, que no sigue su ley, que gobierna la Iglesia con claras herejías, no es un alma bendecida por la gracia, sino maldecida por el demonio, comprada por el mismo demonio en la Iglesia.

El alma de Judas era maldita, pero el pecado de Judas no es el pecado de Bergoglio.

Judas pecó contra el Hijo del hombre y, por tanto, podía ser perdonado: «Todo el que profiere una palabra contra el Hijo del Hombre, perdonado le será» (Lc 12, 10a). Judas nunca aceptó la Palabra de Verdad que salía de la boca del mismo Jesús. Judas se opuso a la Verdad de la doctrina de Cristo. Judas nunca aceptó la Verdad que Cristo enseñó a Sus Apóstoles. Judas nunca obedeció la Mente de Su Maestro, que es la Mente de Dios. Judas nunca se sometió a esa Verdad Divina, a esos dogmas que Cristo promulgó a Sus Apóstoles. Judas traicionó a Su Maestro con un beso, por unas monedas, por una gloria humana. La Iglesia, cuando Judas pecó, todavía no había nacido. Nació en el Calvario. La traición de Judas a Jesús fue antes: fue lo que llevó a Jesús a la muerte en Cruz.

Pero el pecado de Bergoglio no es contra la Verdad, sino en contra de la obra de la Verdad, que es la obra del Espíritu en Su Iglesia. El pecado de Bergoglio es una blasfemia contra el Espíritu Santo, de la cual no hay perdón: «aquel que blasfemare contra el Espíritu santo, no le será perdonado» (v. 10b).

Jesús ha puesto en Su Iglesia una Obra del Espíritu: Pedro, la Sucesión de Pedro. Se es Papa en la Iglesia Católica porque el Espíritu lo obra. No son los hombres los que obran esa verdad.

Y se es Papa en la Iglesia en una verticalidad, en un Vértice: el gobierno vertical es la obra del Espíritu en la Iglesia, es la obra de la verdad.

¿Qué ha hecho Bergoglio? Ponerse como Papa y poner un gobierno horizontal en la Iglesia. Esto es una blasfemia contra el Espíritu Santo. Y, por eso, el alma de Bergoglio está maldita: no puede ser perdonada de ese pecado.

Lo único que puede hacer Bergoglio es morir. Lo demás, es condenación. Ya viva haciendo el bien o el mal, eso ya no importa. Bergoglio vive con un alma negra, que ha elegido, por sí misma, el infierno. Bergoglio es la cabeza negra de la Iglesia. Y el mismo Jesús, que es la Cabeza Invisible de la Iglesia, tiene las llaves del infierno de Bergoglio.

«Porque la ira de Dios se manifiesta del Cielo contra toda impiedad e injusticia de aquellos hombres que detienen la verdad de Dios en injusticia» (Rom 1, 18).

Bergoglio detiene la Verdad de Dios: el Papado, el Papa en el Vértice, el gobierno vertical en la Iglesia; en injustica, en una obra injusta: su gobierno horizontal

Dios castiga a los malditos. Dios castiga la impiedad y la injusticia de Bergoglio en la Iglesia. Y la castiga, castigando a toda la Jerarquía, que está impedida para ver lo que es Bergoglio. Está oscurecida. Está embobada con el lenguaje blasfemo de este hombre.

Bergoglio está fuera de la verdad y, por tanto, lleva a toda la Iglesia fuera de la Verdad. Bergoglio no tiene ninguna fe: sólo manifiesta su fe masónica, su fe humana, su idea maquiavélica de lo que tiene que ser un gobierno en la Iglesia. Bergoglio detiene la Verdad Divina: la divide, la pisotea, la anula. Y, por tanto, hace surgir la mentira, el error, la oscuridad, el caos: la injusticia. Y un injusto no puede ser bendito.

Dios ha abandonado el corazón de Bergoglio para que siga sus deseos depravados, para que siga cometiendo obras de injustica y de impiedad en la Iglesia, en ese gobierno que tiene en Roma y que no es de Dios. Por tanto, ¡Bergoglio es un maldito! Su alma está maldita, condenada, sin posibilidad de salvarse, de ser perdonado.

¡Qué duras son estas palabras para los hombres de hoy! Para esos hombres que, después del Sínodo, han aplaudido a Bergoglio y le siguen obedeciendo en su herejía contumaz. ¡Qué duras! Todos quieren dar a Bergoglio palabras cariñosas, demostrarle su amistad como hombres, no faltarle el respeto como ser humano, a pesar de su gran herejía. Sí, es un traidor, pero es un buen traidor; sí, es un hereje, pero es una buena persona hereje. Es un buen hombre. Y eso es lo que importa: que sea un buen hombre.

Todos esos católicos no pueden comprender lo que se dice aquí. No pueden, porque están escuchando las palabras de un mentiroso, de un hombre que ha pecado contra la obra del Espíritu en la Iglesia, contra la obra de la Verdad. Ya no es el pecado contra Jesús, contra su doctrina. Es obrar en contra de la Obra del Espíritu en la Iglesia. Y eso es condenación segura. Un hombre que ha blasfemado contra el Espíritu para levantar una nueva iglesia sentado en el Trono de Dios: esto es una abominación.

Lutero se fue de la Iglesia para fundar su iglesia. Bergoglio se queda en la Iglesia para levantar una abominación, algo que no puede encontrar salvación en Dios.

Bergoglio se sienta en el Trono de Dios y dice: Dios no existe. ¿Entonces? ¿Es un buen hombre? ¿Hay que obedecerle? ¿Hay que decir: gracias, Dios mío, por este Sínodo en donde hemos visto el cisma en la Iglesia, la profunda división que hay en la Iglesia?

La obra de Lutero no es abominable, porque las personas pueden salvarse si dejan sus errores. Fue una obra en contra de Jesús, de su doctrina.

Pero en la obra de Bergoglio no hay salvación porque se va en contra de toda la Verdad. No sólo de una parte: de toda. Porque la Iglesia tiene toda la Verdad. Y, para estar en la Iglesia, para gobernarla, se necesita un gobierno vertical. Quien quiera gobernarla de manera horizontal obra una abominación: imposible salvarse para aquellas almas que den su mente, que obedezcan las obras de este gobierno horizontal. Imposible salvarse. Se obra en contra del Espíritu, de Su Obra en la Iglesia. ¿Pretendes salvarte si la Iglesia es la Obra del Espíritu, no es la obra de los hombres? ¿Todavía quieres salvarte obedeciendo a Bergoglio? No se puede. Sólo en la Iglesia Católica hay salvación. Fuera de Ella, en el gobierno de Bergoglio, no hay salvación. El gobierno horizontal no salva, sino que condena de manera absoluta. No hay misericordia para aquellos que estén en ese gobierno

¡Qué pocos católicos conocen su fe católica, su Iglesia, a Cristo en Su Iglesia! ¡Qué pocos!

Dios «dará a cada uno según sus obras…a los contumaces, rebeldes a la verdad, que obedecen a la injusticia, ira e indignación. Tribulación y angustia sobre toda alma de hombre que obra el mal…» (Rom 2, 8-9a).

En la Iglesia no se busca la unión con el Papa, sino la Verdad en el Papa

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«La situación es gravísima y no soy yo el primero en advertir que, desgraciadamente, estamos frente al peligro de un gran cisma. Exactamente lo que el Señor y su Santísima Madre nos han prevenido en apariciones reconocidas y aprobadas por la autoridad de la Iglesia» (ver texto).

Palabras sabias de un Obispo que lleva su cruz en su ministerio. Un Obispo que todavía da su obediencia a un impostor, pero que es claro en su razonamiento:

1. Situación gravísima;

2. Estamos frente a un gran cisma;

3. Ha sido la Virgen la que en sus apariciones ha revelado a la Iglesia este gran cisma en el pasado.

Estas palabras no son propias de la Jerarquía de la Iglesia, sino de un alma que cree, a pesar de ver el mal dentro de toda la Jerarquía.

La Jerarquía de la Iglesia se ha hecho masa y ya no tiene la libertad de declarar la verdad. Tiene miedo de dar testimonio de la Verdad, que es siempre Cristo, la Mente de Cristo, porque es necesario oponerse a la mente de los hombres: del Papa, de los cardenales, de los Obispos, de los sacerdotes. Y esto es difícil en la Iglesia. Muy difícil, porque toda la Jerarquía acaba cometiendo el mismo pecado de los fariseos: se apoyan en sus leyes para guiar la Iglesia, que es apoyarse en sus mentes humanas, en sus lenguajes humanos, pero no en la Verdad sencilla y clara de la Mente de Cristo. Ya no van a la ley de la gracia, sino que la tumban con todos sus legalismos y formas teológicas.

Existe este miedo. Y es sólo por una razón, que es falsa: la obediencia a un hombre. Nadie ha comprendido lo que es la Obediencia a la Jerarquía de la Iglesia. Ni siquiera los mismos jerarcas de la Iglesia.

Cristo ha puesto Su Iglesia en la persona de Pedro: no en su fe, no en su mente humana, no en sus obras humanas, no en su vida humana.

Este es el Misterio de la Iglesia: fundada en la persona de Pedro. En la persona humana de Pedro.

Jesús pone la Verdad de Su Iglesia sobre un hombre; porque Él tiene que ser Cabeza, pero desde el Cielo, no en la tierra.

Aquí en la tierra necesita a un hombre. Y Jesús elige a esa persona que va a llevar, en sus hombros, la carga de toda la Iglesia, que es una carga espiritual, nunca humana, ni natural, ni material.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia» (Mt 16,18).

1. Jesús, de forma inmediata, hace la promesa a la persona misma de Pedro, sin ningún intermediario: ni los Apóstoles, ni la Iglesia, ni los Santos, ni los Profetas: «Tú eres Pedro» (v. 18a).

2. Y esto lo da el Señor por las palabras del mismo Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (v. 16)

3. Palabras de Pedro, que no son de él, sino reveladas por Dios: «Bienaventurado eres, Simón Bar Joná… porque te lo ha revelado Mi Padre». (Mt 16, 17a)

Jesús edifica Su Iglesia en la Revelación del Padre a Pedro, porque la Iglesia es Divina. No nace de una fe humana, ni de una idea humana, ni de un sentir social o político: «no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado» (v. 17b).

La Iglesia es una Obra Divina. Y es necesario que el Padre revele esa Obra a una persona humana para poder comenzar su Iglesia en la tierra: «sino Mi Padre, que está en los Cielos» (v. 17c)

El Padre revela a Pedro, que Jesús es Su Hijo, el Mesías, el que los judíos estaban esperando. Le revela dos cosas:

a. ser el Mesías;

b. ser el Hijo del Padre.

Una cosa no lleva a la otra. Los judíos sólo esperaban al Mesías, pero no sabían que éste era el Hijo del Padre. Este último dato es por Revelación Divina al hombre. Y esto se produce aquí en el momento en que Jesús da a Pedro la promesa de la Iglesia.

Este dato sólo es conocido por Pedro, no por Sus Apóstoles. Ningún discípulo dice lo de Pedro, porque sólo el Padre se ha revelado a Pedro: «¿Quién dice los hombres que es el Hijo del Hombre?» Unos, que Juan el Bautista; otros que Elías; otro que Jeremías u otro de los profetas» (v. 13c).

La Iglesia comienza en una Revelación Divina a Pedro, que es Su Cabeza Visible.

Y comienza cuando Pedro revela que Jesús, no es sólo el Mesías, sino el mismo Dios, el Hijo del Dios vivo. Porque quien obra la Iglesia es Jesús, que no es sólo un hombre, sino que es Dios en el hombre. Las obras divinas las hace el mismo Dios.

La obra divina de la Iglesia la hace el mismo Jesús, que es Dios. No la hace un hombre. Y Jesús pone esa obra divina, Su Iglesia, sobre los hombros de una persona humana, Pedro.

Y esto significa una sola cosa: que el Papa legítimo es siempre infalible en la Iglesia.

Esto es muy importante de entender para ver que nadie en la Iglesia puede nunca poner un Papa ilegítimo. Si alguien lo pone es siempre haciendo daño al Papa legítimo (= esos son todos los antipapas, eso es Bergoglio, que para alcanzar el Trono anuló al Papa legítimo).

Jesús nunca puede poner la Iglesia en un hombre que sea falible, que lleve a la Iglesia hacia la ruina, hacia el cisma, hacia la apostasía de la fe. Nunca.

Jesús pone la Iglesia en un hombre pecador, pero no falible. Un hombre que dice la Verdad: «Tú eres el Hijo de Dios». Sobre esa Verdad Revelada por el Padre y aceptada por Pedro, Jesús levanta Su Iglesia.

Cuando Jesús elige a Pedro está diciendo que sobre él está toda la fuerza de Dios para que la Iglesia no se desvíe de su camino. Que en Pedro está toda la sabiduría divina para combatir cualquier error. Que en Pedro están todas las gracias para llevar a las almas, que forman el Cuerpo Místico de Cristo, hacia la salvación y la santidad.

Este es el don de la infalibilidad, que actúa a pesar de que Pedro sea pecador.

Jesús pone Su Iglesia sobre la persona de Pedro y le da todo lo que necesita para obrar lo que Dios quiere en Ella: «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos» (v. 19).

Por tanto, en la Iglesia la obediencia es siempre a la Verdad.

Pedro obedece la Verdad recibida del Padre y Jesús le da la gracia del Papado.

Todo fiel en la Iglesia tiene que obedecer la Verdad que todo Papa legítimo da a la Iglesia. Porque el Papa legítimo es la Voz de Cristo, el Vicario de Cristo, otro Cristo en la tierra. Y obedeciendo esa Verdad, los fieles reciben una gracia divina.

Cuando un Papa legítimo habla, siempre da la verdad. Siempre. Esto es el dogma del Papado.

Por consiguiente, estamos en la Iglesia para buscar la Verdad, no para buscar la unidad con el Papa o la Jerarquía. Sólo el que busca la Verdad encuentra la unidad, produce la unidad, la obra. Pero quien se empeña en buscar la unidad, no puede encontrar nunca la verdad.

Todos aquellos que dicen que Bergoglio es Papa se equivocan por una cosa: quieren buscar la unidad con la cabeza, pero han dejado de buscar la verdad en la cabeza. Este es el error de mucha Jerarquía y de muchos fieles en la Iglesia.

En la Iglesia no estamos para unirnos al Papa, sino para obedecer -en Él- la Verdad que le revela Jesús, que es la Cabeza de la Iglesia. Este es el sentido de la obediencia al Papa.

Se obedece al Papa legítimo porque nos da la Verdad, que es Cristo.

No se puede obedecer a un hombre que da un lenguaje humano, pero carente de la Verdad, como es Bergoglio. No se le puede obedecer, porque en la boca de Bergoglio no está la Verdad. Jesús no le revela su Mente. Y, por tanto, lo que dice ese hombre es de su cosecha: de su mente humana.

Aquella Jerarquía de la Iglesia que no dé la Mente de Cristo, no es posible hacer unión con Ella. No hay sometimiento a Ella. Es imposible unir verdad y mentira. Es imposible unir mentira con mentira. Sólo la unión se hace en la verdad: verdad con verdad.

En la Iglesia no tienen que buscar la unión con sus sacerdotes u Obispos u Cardenales. En la Iglesia tienen que buscar la verdad en sus sacerdotes, etc… Y si no me dan la Verdad, hay que decirles: ahí os quedáis: no sois otros Cristos.

Esto cuesta entenderlo a todos.

La Iglesia no es la unión de fieles: es el Cuerpo Místico de Cristo. Cada alma se une místicamente a Cristo. Y sólo es posible esa unión cuando el alma acepta de Cristo, como lo hizo San Pedro, la Verdad Revelada, el dogma.

Toda aquella Jerarquía que se sale del dogma, ya no está unida a Cristo, por más que se vistan como sacerdotes, por más que prediquen desde el púlpito, por más que digan que Bergoglio es el Papa y que sigo creyendo que la Iglesia fundada por Jesucristo sobre el cimiento de los Apóstoles es la verdadera y que los poderes del infierno no prevalecerán contra ella.

Esto es lo que la gente dice, y gente que pertenece a la Jerarquía de la Iglesia. Y dicen esto por la falsa obediencia: hay que hacer unión con el Papa. Esta es la falsa obediencia.

La obediencia en la Iglesia funciona cuando el Papa da la Verdad. Como hay que obedecer a la Verdad, entonces se hace la unión de todos en esa Verdad, que el Papa enseña. Todos unidos en el dogma. Fuera del dogma no es posible la unión, la unidad.

Pero la obediencia en la Iglesia no funciona cuando un hombre no da la verdad: “Dios no existe”, “Jesús no es un Espíritu”, ”el pecado no es una mancha en el alma”… ¿Quién puede obedecer eso? Nadie. Entonces, por lógica humana, por dos dedos de frente, hay que cuestionar las palabras de Bergoglio. Y no unirse a él, porque no da la Verdad.

Si no da la Verdad, no se puede obedecer a la mentira que dice, ni a su mente. Porque si se obedece, automáticamente, se está en pecado mortal.

En la Iglesia no se obedece a la mentira, a un hombre que da la mentira. No es posible.

En la Iglesia no se puede buscar la unidad con un hombre que da la mentira. No es posible.

Porque quien da la mentira, divide, no une. Sólo el que da la Verdad produce la unión.

Esto es lo que mucha gente no tiene claro en la Iglesia: la obediencia.

¿Qué es obedecer a Pedro? ¿Qué es obedecer a la Jerarquía?

Jesús ha puesto Su Pedro para edificar Su Iglesia: «sobre esta piedra» (v. 18b): sobre la sucesión de Pedro: «edificaré Mi Iglesia» (v. 18c). Cada Sucesor de Pedro da la verdad, que es Cristo. Ninguno da la mentira, porque la Iglesia sólo se edifica en la Verdad; en Cristo, que es la Verdad.

Cuando un Papa legítimo está sentado en la Silla de Pedro, entonces la Iglesia no puede temer nada. Porque ese Sucesor de Pedro va a dar siempre la Verdad, a pesar de todo lo demás. A pesar de toda la crisis que hemos visto en 50 años, ha habido un Papa legítimo que ha sostenido la Iglesia en la Verdad, en el dogma. Ha enseñado la Verdad, ha guiado en la Verdad, ha dado los instrumentos a las almas para que puedan salvarse y santificarse, que es la ley suprema de la Iglesia.

Por eso, no se puede cuestionar a ningún Papa legítimo, a pesar del pecado que pueda verse en algunos de ellos. A pesar de ese pecado, han sido infalibles, que es donde la Iglesia se levanta: en la infalibilidad de la Verdad Revelada a Pedro: «Tu eres el Hijo de Dios»: Tú eres la Verdad.

Pero cuando un falso Papa se sienta sobre la Silla de Pedro, entonces la Iglesia tiene que temer, porque ese falso Papa no es custodio de la verdad, no la defiende, no une en la Verdad.

¿Acaso Bergoglio une en la verdad diciendo mentiras? ¿Es posible eso? No es posible. Entonces ¿por qué le llaman Papa? ¿Para no crear división en la Iglesia? ¿Pero no se dan cuenta de que el mismo Bergoglio, con sus mentiras, ya está creando la división, el cisma? ¿Cómo es que no tienen inteligencia para ver esto tanta Jerarquía, que sólo dice esto: sigo obedeciendo a Bergoglio para no dividir más la Iglesia? Con esto la Jerarquía de la Iglesia se llena la boca. Gente sin discernimiento, que sólo está en la Iglesia para hacer unidad con un hereje.

¿Qué hacen en el Sínodo? Buscan la unidad con ese hombre, pero no buscan la Verdad.

¿Qué ha hecho ese hereje en el Sínodo? Quitar el latín.¿Quitar el latín es una verdad o una mentira en la Iglesia?

Que manda la Iglesia:

«Dado que toda la Iglesia tiene que depender de la Iglesia Romana y que los Sumos Pontífices tienen verdadera potestad episcopal, ordinaria e inmediata, no solamente sobre todas y cada una de las iglesias, sino también sobre todos y cada uno de los Pastores y fieles de todos los ritos, pueblos y lenguas, resulta como consecuencia que el instrumento de mutua comunicación debe ser universal y uniforme sobre todo entre la Santa Sede y las diferentes Iglesias del mismo rito latino.

Por lo tanto, los Romanos Pontífices cuando quieren instruir a los pueblos católicos, lo mismo que los Ministerios de la Curia Romana en la resolución de asuntos y en la redacción de decretos que afectan a toda la comunidad de los fieles, usan siempre la lengua latina, por ser ésta aceptada y grata a todos los pueblos como voz de la madre común» (Juan XXIII – Constitución Apostólica Veterum Sapientia: “Renacimiento, estudio y uso del latín” (1962)).

Juan Pablo II, Benedicto XVI siguieron lo que este Papa mandó en la Iglesia, porque ellos son los continuadores del Espíritu de Pedro, son los Sucesores legítimos de Pedro. Y nunca un Papa legítimo anula la obra de otro Papa legítimo. La concluye, la perfecciona, pero no la anula. La sigue. Sigue el latín y punto.

¿Qué ha hecho Bergoglio? ¿Ha continuado con la obra de los otros Papas? No. ¿Y por qué no? Porque no tiene el Espíritu de Pedro, no es el Sucesor de Pedro, no es el Papa de la Iglesia Católica, no puede dar la Verdad a la Iglesia. La Verdad, que es la Mente de Cristo. Da, en cambio, sus verdades, sus ideas locas a todo el mundo.

Bergoglio prepara el camino para el Anticristo: «El, el Anticristo, hablará muchos idiomas, pero ni una sola palabra de Latín provendrá de sus labios» (MDM – 9 de diciembre del 2013). Bergoglio no sabe ni una palabra del latín.

¿Y qué quieren hacer en el Sínodo, como primera cosa? ¿Qué discutieron los Obispos lo primero? ¿Cuál fue el primer punto clave que hablaron esos Obispos?

La comunicación del lenguaje humano: ya no dan la verdad, sino su lenguaje. Cómo hacer más atractiva la doctrina sin condenar a nadie.

El lenguaje humano es el cisma en la Iglesia.

“Hay que estar unidos a Bergoglio porque es el Papa”: este es el lenguaje humano que crea cisma, división en toda la Iglesia.

¿Cómo me puedo unir a un mentiroso, a un loco, a un hereje, a uno que dice que «el diablo jamás deja de tentarnos porque tiene paciencia»? (ver texto). No lo entendemos. No podemos aceptar este lenguaje.

Un Papa verdadero dice que el demonio no deja de tentarnos porque tiene malicia, porque es matador de hombres, porque su obra es destruir al hombre.

Pero un Papa legítimo nunca pone la virtud de la paciencia en el demonio. Nunca. El demonio no tiene paciencia. El demonio no es virtuoso. El demonio no espera por una virtud, sino por un vicio, por un mal, por un pecado.

Un falso Papa predica como lo hace Bergoglio, porque no tiene el don de la infalibilidad. Sólo dice lo que hay en su mente humana, que es siempre mentiroso, porque todo hombre es mentiroso por naturaleza. Nace así porque nace en el pecado original, nace en la mentira de su vida. Nace sin la Gracia, que es cómo Dios creó al hombre: lo creó naturalmente en Gracia.

¿Cómo podemos buscar la unidad con un hombre así que ha perdido el juicio, que no sabe hablar, que no indica el camino de la salvación ni de la santificación a las almas?

¡Por favor, tengan dos dedos de frente cuando se trata de obedecer a un hombre!

En la Iglesia nunca se da la obediencia a la mente del hombre: así sea Papa, sacerdote, Obispo, Cardenal. Se da la obediencia a la verdad, a la Mente de Cristo, que la Jerarquía tiene que dar.

Y, por eso, toda la Jerarquía tiene el deber y la obligación de dar la misma Mente de Cristo. Y si no trabajan en eso, si se reúnen, como es en este Sínodo, para dar sus lenguajes humanos, entonces no se hace unión con ellos. No es posible. Porque en ese lenguaje humano, no aparece la sencilla Verdad.

No puede aparecer.

No se resuelven los problemas espirituales con la ley de la gradualidad, como quieren en el Sínodo, sino con la ley de la gracia, que es lo que la Iglesia ha enseñado siempre. La ley de la gradualidad no existe en la norma de moralidad, Es un invento de la Jerarquía modernista que ha introducido ese lenguaje humano para anular la verdad de la ley moral, para anular la moralidad. Sólo hay gradualidad, no moralidad.

«Sepan que solo la Verdad es aceptable a Dios. Los intentos de apaciguarlo caerán en oídos sordos. Dios nunca aceptará mentiras. Nada, no importa cuán bien estas hayan sido disfrazadas y redactadas en un lenguaje hermoso, que promueve nuevos conceptos en el Cristianismo, y la aceptación y la tolerancia del pecado, será aceptado a los Ojos del Dios que Todo lo Ve. El nunca aceptará nuevas leyes, que minimizan los Sacramentos, trasmitidos por Mí, Jesucristo, el Salvador del Mundo» (MDM – 15 de febrero del 2013)

Sólo la Verdad es agradable a Dios, no el lenguaje humano carente de la verdad.

Sólo el que es de Cristo puede dar la Verdad. Sólo el que está unido a Cristo por la Gracia, el que es fiel a la Gracia, es el que testimonia, con sus palabras y con su vida, la Verdad.

Pero aquel que no es fiel a la Gracia, sino que es sólo fiel a su lenguaje humano: “vamos a unirnos al Papa de turno para ser Iglesia”; ése acaba en lo más profundo del infierno. Porque en la Iglesia no se busca la unión con el Papa, sino la verdad en el Papa.

«Las mentiras, que ya han comenzado, son formuladas en un lenguaje de apariencia humilde, pero disfrazan las más grandes mentiras contra la Verdadera doctrina de la Iglesia. Conózcanlas por lo que son: enviadas para engatusarlos a ustedes a cometer pecado» (MDM – 23 de junio del 2013)

Clamando en el desierto: Bergoglio no es Papa

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En el lugar santo está la abominación de la desolación, predicha por el profeta Daniel:

«A su orden se presentarán tropas que profanarán el Santuario y la Fortaleza y harán cesar el Sacrificio Perpetuo y alzarán la Abominación Desoladora» (Dn 11, 31).

Bergoglio es el inicio de esta abominación que llevará a su perfección el Anticristo: «el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición, que se opone y se alza contra todo lo que se dice Dios o es adorado, hasta sentarse en el templo de Dios y proclamarse dios a sí mismo» (1 Ts 2, 4).

Bergoglio es abominación: está sentado en el lugar santo, en la Silla de Pedro. Y no es Su Silla. La ha usurpado y ha empezado a profanarla. No le pertenece, porque Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

¿Y por qué no es el Papa? ¿No ha sido elegido por los Cardenales? ¿No renunció el anterior Papa y dejó la Sede Vacante?

Por muchos caminos, se puede demostrar que Bergoglio no es el Papa.

Pero hay uno que todos pueden ver: su obra de herejía pertinaz y su obra cismática. Todos la pueden ver, pero nadie la quiere ver.

Si Bergoglio fuera el Papa de la Iglesia Católica, entonces la gobernaría según el dogma del Papado, es decir, según un gobierno vertical: la Iglesia es una monarquía en el gobierno; una sola cabeza que reina en todos y a la que todos tienen que obedecer.

La Iglesia es Jerárquica, no es carismática, no es una democracia, no es una congregación en donde todos realizan un servicio y son responsables en conjunto sus miembros, no es un suceso en el cual todos realizan un acto de fe y así gobiernan todas las cosas.

La verticalidad en la Iglesia le viene por haber sido instituida como sociedad jerárquica: “Si alguno dijere que la Iglesia instituida por Dios es a manera de una sociedad de iguales; y que los Obispos tienen ciertamente un cargo y un ministerio, pero que no tienen propiamente una potestad de gobierno, que les competa por ordenación divina.., sea anatema” (C. Vaticano 1- Esquema I, canon 11)

“Si alguno negare que en la Iglesia ha sido constituida por ordenación divina la Jerarquía… con potestad de orden y de jurisdicción…, sea anatema”. (C. Vaticano 1 – Esquema II, canon 3:

«La fundación de la Iglesia como sociedad se ha efectuado, contrariamente al origen del Estado, no desde abajo hacia arriba, sino desde arriba hacia abajo; es decir, que Cristo… no ha confiado a la comunidad de los fieles la misión de ser Maestro, de ser Sacerdote y de ser Pastor…sino que ha transmitido y comunicado a un colegio de Apóstoles, que Él mismo ha elegido, para que con su predicación, con su ministerio sacerdotal y con la potestad social, posean el oficio de hacer entrar en la Iglesia a la multitud de fieles, iluminarlos y conducirlos a la plena maduración del seguimiento de Cristo» (Alocución de Pío XII – 2 de octubre 1945).

Se gobierna la Iglesia de arriba abajo: eso es el gobierno vertical. ¿Qué ha hecho Bergoglio? Anularlo poniendo su gobierno horizontal: ya no hay una sola cabeza que manda, sino muchas cabezas: el vértice de la Iglesia, que es Pedro, quedó anulado.

La Iglesia está levantada en Pedro, en uno solo: es el mando de uno solo. Es un mando sagrado, porque esa cabeza es una persona sagrada, que pertenece a la Jerarquía: posee una autoridad que le viene directamente de Dios, no de los hombres.

Esto a muchos católicos les da igual. No conocen cómo se gobierna la Iglesia. Y les trae sin cuidado que Bergoglio haya puesto un gobierno horizontal. No saben ver el daño que ese hombre ha hecho a la Iglesia en su vértice. Y se pierden en las ambigüedades del lenguaje de Bergoglio. No son capaces de ir a esta obra de herejía y de cisma. Son dos obras en una.

Al poner el gobierno horizontal se va en contra del mismo dogma del Papado: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia». Se va en contra de esta Verdad Revelada. Se va en contra de todo el Magisterio de la Iglesia. Se va en contra de 20 siglos de Tradición. Y todos callan esta obra de herejía, que es la principal en Bergoglio. Es para lo que fue elegido: para quitar el Vértice. Sólo para esto sirvió Bergoglio. Lo demás, es puro entretenimiento de masas. Pero como a los católicos les da igual quien esté como Papa, entonces se cae en la idolatría de un Papa que no es Papa: se cae en la franciscomanía. Y se cumple lo que decía el Padre Leonardo Castellani:
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Tantos católicos tibios y pervertidos que, por defender a Bergoglio, se vuelven una irrisión en toda la Iglesia; están haciendo un fetichismo de ese hombre. No ven que es un hereje y lo llaman santo. ¡Es la ceguera de tantos por no profesar su fe católica! No saben lo que es un Papa en la Iglesia, no investigan su persona: este hombre, mientras era Cardenal, ¿qué cosa hizo? No lo saben. Otros sí lo saben, pero lo aceptan: muchos han renegado de Bergoglio como Cardenal, pero han aceptado a Francisco como Papa. Así hay mucha gente en la Iglesia.

¿Cómo pueden aceptar a un hereje como Papa?

¿Qué dice el Magisterio de la Iglesia?

El Papa Pablo IV publicó una Bula Papal declarando solemnemente que la elección de un hereje como Papa es nula e inválida. ¿Por qué no obedecen a este Magisterio? ¿Por qué siguen teniendo a Bergoglio como Papa si es un hereje?

«Agregamos, que si en algún tiempo aconteciese que un Obispo, incluso en función de Arzobispo, o de Patriarca, o Primado; o un Cardenal, incluso en función de Legado, o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía:

(i) o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto;

(ii) y de ningún modo puede considerarse que tal asunción haya adquirido validez, por aceptación del cargo y por su consagración, o por la subsiguiente posesión o cuasi posesión de gobierno y administración, o por la misma entronización o adoración del Pontífice Romano, o por la obediencia que todos le hayan prestado, cualquiera sea el tiempo transcurrido después de los supuestos antedichos.

(iii) Tal asunción no será tenida por legítima en ninguna de sus partes…

(vi) los que así hubiesen sido promovidos y hubiesen asumido sus funciones, por esa misma razón y sin necesidad de hacer ninguna declaración ulterior, están privados de toda dignidad, lugar, honor, título, autoridad, función y poder…

… Dado en Roma, junto a San Pedro, en el año de la Encarnación del Señor 1559, XV anterior a las calendas de Marzo, año 4º de nuestro Pontificado» (Papa Pablo IV, de la Bula Cum ex Apostolatus Officio, 15 de feb. de 1559).

¿Quién era el Cardenal Bergoglio antes de ser elegido en el Cónclave? Un hereje pertinaz, un hombre que se había desviado completamente de la Fe Católica. Un apóstata de la fe. Sus obras en la Argentina lo demuestran. Y por ser elegido a Papa, creen muchos que Bergoglio ha dejado su apostasía, que tiene una iluminación especial de Dios para guiar la Iglesia en la herejía. Esto es lo que muchos creen. Ya para muchos, la herejía es una clase de verdad divina, una forma de entender el dogma; el desarrollo de la verdad Revelada se hace, para muchos, con la mentira, con los errores, con las ideas de todos los hombres.

La elección de Bergoglio es totalmente nula, inválida, ilícita. Es decir, Francisco no es Papa de la Iglesia Católica.

Sin embargo, es aceptado por todos como Papa. También por la Jerarquía. Y esto sólo tiene un nombre: maldad diabólica. Poner a Bergoglio como Papa es una obra del demonio en la Iglesia. Obra que ha hecho a través de una Jerarquía que le pertenece, una Jerarquía diabólica. No es una obra divina, ni puede serlo nunca.

Bergoglio, que no pertenece a la Iglesia Católica por su herejía pertinaz, gobierna la Iglesia con un gobierno horizontal; entonces no gobierna la Iglesia Católica, sino su nueva iglesia: no es el Papa en el Vértice de la Iglesia Católica, sino que es un hombre, un falso Papa, uno al cual lo llaman Papa, de una iglesia que se levanta en el Vaticano.

Bergoglio no gobierna la Iglesia Católica: es decir, no tiene autoridad divina en Ella porque no es Pedro. Y, por tanto, no es posible la obediencia a Bergoglio. Y es un pecado mortal someterse a su mente humana, a sus mandatos en la Iglesia. Es pecado mortal hacer publicidad de su magisterio en la Iglesia. No se puede alabar a un hereje. No se puede comulgar con un hereje. Un hereje no enseña nunca la verdad absoluta, sino sus verdades relativas.

Bergoglio, al estar en el gobierno de la Iglesia Católica con un poder humano, arrastra a todos hacia esa estructura en el gobierno: está produciendo una dictadura comunista en el gobierno. Una dictadura que se abre a una democracia: es el pueblo el que tiene el poder soberano. Es el voto de la mayoría. Es lo que opine la gente en la Iglesia. Y el Sínodo, que ya se inicia, es sólo obrar esta estructura democrática.

La obra herética de Bergoglio: poner un gobierno horizontal, que es ir en contra del dogma del Papado. Esta herejía es pertinaz: no la ha quitado. Persiste en su error, en su mentira. Y, por tanto, al persistir, al estar gobernando con esa mentira, está produciendo una obra cismática o sectaria.

Es una nueva secta lo que Bergoglio está levantando en el Vaticano: una nueva sociedad religiosa, que no es la Iglesia Católica. Esta es su obra cismática que a nadie le interesa. Nadie ve el cisma que ha levantado Bergoglio en el Vaticano. Nadie. Y todos quieren pertenecer a ese cisma, a esa nueva iglesia sectaria, que ya no posee la Verdad. Todos llaman a ese gobierno de Bergoglio como gobierno de la Iglesia Católica. ¿No ven el cisma? ¿No ven cómo toda la Jerarquía está conforme en haber quitado a Pedro de la Iglesia Católica? ¿Es que no han caído en la cuenta de lo que significa la renuncia del Papa Benedicto XVI? Es quitar el Papado. Ese es el significado de esa renuncia. El trágico significado. Y a nadie le interesa esto.

La herejía no es un conjunto de ideas, sino una obra: «Y son patentes las obras de la carne; como son: la fornicación,… idolatría,… disensiones, sectas,…, los que tales obras hacen no heredarán el Reino de Dios» (Gal 5, 19.20.21c).

La herejía es la obra de la carne: el hereje obra sectariamente: divide, anula la verdad, oscurece las mentes, crea infidelidades, promueve el pecado.

Todos aquellos que, para discernir a un hereje, sólo se fijan en el lenguaje, en lo que predican o dicen, en sus escritos, no saben discernir a los herejes modernos.

El hereje moderno se sabe el dogma a la perfección, pero obra siempre en contra de ese conocimiento perfecto. Obra torcidamente, tergiversando con su mente la verdad absoluta.

El hereje moderno es experto en el lenguaje humano: da vueltas a la verdad revelada para mostrar su mentira sin que el hombre la capte. Habla un doble lenguaje: habla una verdad unida a una mentira. Y produce una confusión en todos aquellos que lo escuchan. Pero es una confusión agradable, porque sabe hablar a la mente del hombre, sabe decirle lo que, en ese momento, la persona o el grupo de personas quiere escuchar.

El hereje moderno, como se sabe el dogma, habla para los católicos, el dogma. Bergoglio predica, muchas veces, que Jesús es Dios. Y lo hace porque conviene decirlo: le está escuchando una masa de católicos, que quieren escuchar que Jesús es Dios.

Pero Bergoglio también predica que Jesús no es Dios. Y lo hace a esa masa de personas, que también son católicos, pero que quieren escuchar que Jesús no es Dios.

Y haciendo este juego del lenguaje, parece que Bergoglio no es hereje. Dice un día que Jesús no es Dios, pero al día siguiente, dice lo contrario. Entonces, muchos piensan: se arrepintió. Ya no es hereje pertinaz.

En esta ambigüedad, muchos caen, porque no saben discernir en la Iglesia la Verdad: no profesan la fe católica. Viven, como los herejes: en sus filosofías, teologías, pensamientos extraños, en sus mentes retorcidas, pervertidas. Y no hay más en ellos.

Por lo tanto, si el entendimiento humano está oscurecido y no ve la Verdad, es lógico que no puedan ver la obra de la herejía de Bergoglio.

Todos ven que Bergoglio gobierna con una horizontalidad. Y todos aplauden ese gobierno. Todos aceptan esa obra de herejía. Todos están conformes con esa obra de la carne. Nadie dice nada. Nadie ve que eso va en contra del dogma del Papado y que, por tanto, ese hombre no es Papa. Ven las ambiguedades de este hombre, pero le siguen obedeciendo, le siguen llamando Papa. Están construyendo con él su nueva iglesia.

Esto sólo significa que son muy pocos los que viven su fe católica. Son muy pocos los que saben lo que es la Iglesia, lo que es un Papa en la Iglesia y, por tanto, lo que hay que hacer cuando un Bergoglio pone un gobierno horizontal.

Y son muy pocos en la Jerarquía, no sólo en los fieles. La misma Jerarquía, que es la que tiene que hablar en contra de este hombre, calla, admite la obra herética y cismática de Bergoglio. Y, entonces, se produce otro engaño más en la Iglesia:

Como vale el gobierno horizontal para seguir siendo Iglesia, entonces ¿por qué no hacemos que la Iglesia sea, en la práctica, una democracia? Hagamos que las cuestiones se resuelvan de manera pastoral, sin tener que recurrir a Roma. Que Roma se dedique a otros asuntos, muchos más importantes para el mundo, pero demos libertad a los sacerdotes, a los Obispos, a los fieles, para que hagan y deshagan en cada diócesis. Construyamos la iglesia de abajo a arriba.

Esto es lo que se está imponiendo. Porque esto, en la práctica, se ha ido haciendo durante 50 años. Se ha hecho ocultamente. Ahora es el tiempo de oficializar la democracia. Esto es lo que viene después del Sínodo.

Es fácil poner en la Iglesia que los malcasados puedan comulgar, dar la comunión a los homosexuales, etc… Así como hicieron con la comunión en la mano, van hacer con todo esto: soluciones pastorales que se vuelven una ley maldita en la propia Iglesia.

Benedicto XVI es el que posee la Suprema Potestad en la Iglesia Universal

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“Cuando el peligro es grande no se puede escapar. Es, por eso, que éste definitivamente no es el momento de renunciar. Es precisamente en momentos como éste, que tenemos que resistir y superar la situación difícil. Este es mi pensamiento. Uno puede renunciar en un momento de paz, o en las que simplemente no puede hacerlo más. Pero uno no puede huir en el momento del peligro y decir: “que se ocupe otro” […] Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea que le ha confiado, entonces tiene el derecho, en determinadas circunstancias, y también el deber de dimitir”(Luz del Mundo, Libreria Editrice Vaticana, 2010, p. 53).

Las palabras del Papa Benedicto XVI son claras: no es el momento de renunciar (= «non è il momento di dimettersi»), sino que hay que resistir (= «che bisogna resistere»).

«Cuando un Papa llega a la clara conciencia de no poder físicamente, mentalmente y espiritualmente para llevar a cabo la tarea, entones tiene el derecho de… dimitir». Este pensamiento del Romano Pontífice es distinto cuando da su renuncia:

«he llegado a la certeza que mis fuerzas, por la edad avanzada, ya no son aptas»«para gobernar el barco de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor sea del cuerpo, sea del ánimo, vigor que, en los últimos meses, en mí ha disminuido en modo tal que debo reconocer mi incapacidad de administrar el ministerio a mí confiado».

El Papa, en su renuncia sólo da una razón: la disminución del vigor del cuerpo, la edad avanzada, que hace que el ánimo se sienta turbado, pesado, sin fuerzas. Pero el Papa no da una razón espiritual de su renuncia. El cuerpo puede estar débil, sin fuerzas; la cabeza puede estar no lúcida; pero no son razones para renunciar. Juan Pablo II se mantuvo hasta el final, con sus enfermedades. Y podía haber dicho: ahí os quedáis todos. Y, sin embargo, se mantuvo siendo un Papa católico hasta el final: perseveró en la gracia de su Pontificado. Fue fiel a esa gracia.

Benedicto XVI pone una excusa pobre y esconde la verdadera razón. No puede decirla. La razón espiritual debe callarla.

«No es el momento de renunciar» y, sin embargo, me han obligado a renunciar. Esto lo calla el Papa Benedicto XVI. Si el Papa hubiera sido fiel a su pensamiento: «uno no puede huir en el momento del peligro», entonces no hubiera renunciado. Quien conozca la mente de Benedicto XVI sabe muy bien que él siempre ha sido fiel a su pensamiento. El Papa Benedicto XVI tiene una cabeza bien montada: sabe lo que piensa y sabe lo que dice. No es como muchos seudo-teólogos, llenos de ambigüedades, que no saben ni lo que piensan ni lo que dicen. No es un Bergoglio que es un veleta del pensamiento del hombre: es un hombre sin ideales, sin rumbo, sin camino, sin una obra verdadera. Bergoglio es un pervertido en su juicio: no tiene cabeza, es un loco, carece de toda inteligencia espiritual y humana.

Al Papa Benedicto XVI le pusieron el arma en la sien: es un modo de hablar para decir que la Iglesia está gobernada por hombres que no pertenecen a Ella, sino que han escalado los puestos claves para dar el asalto a la Verdad.

La Verdad no puede ser vencida, pero sí ocultada de muchas maneras. Sí perseguida en muchos frentes.

El Papa Benedicto XVI sabe lo que hay en la Iglesia: en su interior. Los conoce a todos con los ojos cerrados. Pero debe callar. Si hubiera huido de Roma, entonces habría hecho la Voluntad de Dios. Pero dejó a la Iglesia en manos del lobo. Y esto es un pecado que hay que expiar.

Con la muerte del Papa Benedicto XVI se acaba el tiempo del Papado: surge el tiempo del Anticristo. Ya estamos en su inicio, pero debe morir el katejon. No sólo debe renunciar, sino morir, para que se cumplan las escrituras.

Tiene que cumplirse la profecía de Fátima, en su segunda parte: «y vimos…a un obispo vestido de blanco» que «llegado a la cima del monte… fue muerto por un grupo de soldados». La primera parte del Tercer Secreto, ya se cumplió en estos 18 meses: Dos Papas en Roma; uno de ellos bajo la influencia del demonio, poseído por Satanás..

La Iglesia vive de profecías, porque Jesús es un Profeta. Y todo sacerdote es un profeta. Jesús es la Palabra del Pensamiento del Padre. Eso es ser profeta: habla lo que el Padre le dice. Transmite íntegramente la Mente del Padre. El profeta no pone nada de su intelecto humano. No interpreta lo que recibe de Dios. Lo da sin más, aunque el mundo no lo comprenda.

Por eso, hoy los católicos se afanan por buscar falsos profetas que les digan que lo que pasa en la Iglesia no es nada, que todo va de maravilla, que continúen obedeciendo a Bergoglio, que tiene fama de santidad. No quieren escuchar la voz de Dios, no quieren buscar la verdad. No les interesa lo que piensa Dios de todo esto que pasa en la Iglesia, porque es más fácil acomodarse a lo que los demás piensan y deciden en la vida.

Siempre el falso profeta habla para que el otro se sienta contento, a gusto. Y, por eso, no es un profeta de calamidades, de desastres, de castigos, de muertes… Sino que es falso profeta de misericordia, de amor, de paz, de ternura, de fraternidad, que es siempre el lenguaje humano de los tontos, de los tibios, de los pervertidos en sus juicios humanos.

La Iglesia se llena de falsos profetas y de una falsa Jerarquía que limpia las babas que se le caen a Bergoglio cuando habla. Esto es la Iglesia actualmente: todos maquillando a un hereje, a un cismático y a un apóstata de la fe. Y lo hacen cobrando. Es el negocio que ahora se han montado en el Vaticano: gente que apoye las barbaridades de ese hombre, gente que haga filosofía de la mentira de ese hombre; gente que viva como ese hombre.

¿Renunció el Papa Benedicto XVI al ministerio petrino o al ministerio episcopal?

El Romano Pontífice es el Obispo legítimo de la diócesis de Roma, es decir, que el Papa es también el Obispo de Roma. Primero es ser Papa, después es ser Obispo de Roma.

«El Obispo de la Iglesia de Roma, en quien perdura el ministerio concedido singularmente por el Señor a la persona de Pedro, el primero de los Apóstoles, y que debe transmitirse a sus sucesores, es la cabeza del Colegio de Obispos, Vicario de Cristo y Pastor aquí en la tierra de la Iglesia universal; él, por ello, en virtud de su ministerio, tiene potestad ordinaria suprema, plena, inmediata y universal sobre la Iglesia, potestad que puede siempre ejercer libremente» (canon 331).

En este canon se reconoce al Obispo de Roma como en quien está el ministerio del Sucesor de Pedro: «El Obispo de la Iglesia de Roma es… el Pastor aquí en la tierra de la Iglesia Universal». Son dos poderes distintos: un poder que se vincula al gobierno de la diócesis de Roma y otro poder que es relativo a la Iglesia Universal, como Cabeza de Ella, como Papa. Son dos poderes en un mismo sujeto: el Papa.

El Papa es Obispo. Por lo tanto, tiene el primado de honor, es decir, la potestad sobre todos los Obispos, y gobierna en la jurisdicción de Roma, con ese poder. El poder del Papa es episcopal.

Pero el Papa también es el Vicario de Cristo, que tiene el Primado de Jurisdicción, es decir, la Suprema Potestad en toda la Iglesia, para gobernar en todas las diócesis del mundo, no sólo en Roma.

Cuando Jesús da a Pedro la Potestad Suprema lo hace de manera independiente del cargo de Obispo de Roma. Este cargo lo asume San Pedro, después de recibir la Potestad Suprema, el Primado de Jurisdicción. Por tanto, es antes el Primado de Jurisdicción, el gobierno de toda la Iglesia Universal, que el gobierno de la diócesis de Roma, el ser Obispo de la Iglesia de Roma. Son, claramente, dos poderes distintos y que se pueden separar. No son absolutamente indisolubles. No existe en la Iglesia una ley canónica que imponga la indisolubilidad entre el Primado de Jurisdicción y la potestad de gobernar la diócesis de Roma. Hay que distinguir las dos potestades.

La Suprema Potestad que San Pedro transmite a sus sucesores es independiente de la potestad de ser el Obispo de Roma. Esta Suprema Potestad lleva aneja la jurisdicción sobre Roma. Jesús deja Su Vicario a la Iglesia, pero no deja un Obispo de Roma: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré Mi Iglesia». Sobre la persona de Pedro está levantada la Iglesia, no sobre la ciudad de Roma, no sobre el gobierno de la Iglesia de Roma.

Esta Suprema Potestad es por derecho divino, iure divino: «El Romano Pontífice, legítimamente elegido,… obtiene, por derecho divino, la plena potestad de Jurisdicción» (Canon 219 del Código de 1917). Pero el ser Obispo de la Iglesia de Roma no es por derecho divino; sino que es o bien por derecho humano-eclesiástico o bien por derecho eclesiástico-apostólico, según la naturaleza del derecho por el cual San Pedro unió de hecho el Primado con el Episcopado Romano.

¿Qué hizo el Papa Benedicto XVI?: «declaro me ministerio Episcopi Romae, Successoris Sancti Petri… renuntiare» («declaro que renuncio a mi ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro»).

Es claro el pensamiento del Papa Benedicto XVI: renuncia a ser Obispo de la Iglesia de Roma, que es también el Sucesor de Pedro; pero no renuncia a ser el Vicario de Cristo, el Pastor de la Iglesia Universal. El Papa nombra los dos poderes: Obispo de Roma y Sucesor de Pedro; pero sólo renuncia al ministerio episcopal de la diócesis de Roma.

¿Qué tenía que haber dicho Benedicto XVI para renunciar al ministerio petrino?

Tenía que haber empezado, precisamente, por ese poder: el Supremo Poder, el ministerio petrino, el papado. Porque el Papa es antes Vicario de Cristo que Obispo de Roma. Luego, para renunciar como Papa, como el que tiene la Suprema Potestad en la Iglesia Universal, tenía que haber dicho, como en la renuncia del Papa Celestino V:

«Ego Caelestinus Papa Quintus motus ex legittimis causis, idest causa humilitatis, et melioris vitae, et coscientiae illesae, debilitate corporis, defectu scientiae, et malignitate Plebis, infirmitate personae, et ut praeteritae consolationis possim reparare quietem; sponte, ac libere cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori, et do plenam, et liberam ex nunc sacro caetui Cardinalium facultatem eligendi, et providendi duntaxat Canonice universali Ecclesiae de Pastore»

«cedo Papatui, et expresse renuncio loco, et Dignitati, oneri, et honori»: «me retiro del Papado y, expresamente, renuncio al lugar y a la dignidad y al peso del deber y al cargo en el poder»

El Papa Benedicto XVI, para dar la Voluntad de Dios clara sobre su renuncia como Papa legítimo, tenía que haber manifestado que renunciaba al ministerio petrino, no al ministerio episcopal. Como no manifestó claramente esto, se sigue que el Papa Benedicto XVI sigue siendo el Papa legítimo. Sólo renunció a ser el Obispo de Roma, poder que está anejo a la Suprema Potestad que tiene como Vicario de Cristo, como Sucesor de San Pedro.

Si no se hace esta distinción de poderes, entonces no se puede discernir qué cosa hizo el Papa Benedicto XVI en su renuncia.

Bergoglio sólo está como Obispo de la Iglesia de Roma, pero sin el poder divino, que le viene por el Papa legítimo, que es Benedicto XVI. Por haber puesto un gobierno horizontal, automáticamente pierde ese poder divino y rige la Iglesia de Roma con un poder humano: es decir, está haciendo un cisma como Obispo de la Iglesia de Roma. Él no tiene ninguna potestad sobre la Iglesia Universal: carece del Primado de Jurisdicción que sólo permanece en el Papa Benedicto XVI.

Este Papa sólo renunció como Obispo de Roma, pero no como Vicario de Cristo.

Esta es la Verdad que nadie cuenta, porque a nadie le interesa el dogma del Papado, la ley de la Gracia, la Voluntad de Dios en Su Iglesia.

Las fábulas comienzan a aparecer en el Vaticano

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«Has de saber que en los últimos tiempos sobrevendrán tiempos difíciles, porque habrá hombres egoístas, avaros, altivos, orgullosos, maldicientes, rebeldes a los padres, ingratos, impíos, desnaturalizados, desleales, calumniadores, disolutos, inhumanos, enemigos de todo lo bueno, traidores, protervos, hinchados, amadores de los placeres más que de Dios, que con una apariencia de piedad están en realidad lejos de ella. Guárdate de ellos» (2 Tim 3, 1-5).

Este es el fiel retrato de los hombres de este final de los tiempos que vivimos. Y están en el mundo y dentro de la Iglesia. Están en la familia y en la Jerarquía. Son amigos y son gente que gobierna una parroquia para destruirla.

«Vi otra bestia que subía de la tierra, y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón» (Ap 13, 11).

Esta bestia es el falso Profeta, que es un falso Papa en la Iglesia, representado en los dos cuernos, y que habla como un dragón.

Este falso Papa ya ha aparecido en el Vaticano: es Francisco, el cual no es el legítimo Sucesor de Pedro, no es el Vicario de Cristo.

Tiene la apariencia religiosa de un Papa, pero su lengua, su malicia, ambigüedad y astucia son infernales. Son del dragón. Tiene el espíritu del dragón.

El dragón tiene siete cabezas y diez cuernos; es decir, es el espíritu que lucha contra todo lo divino en el mundo y en la Iglesia. Lucha contra la Mujer envuelta en el Sol. Lucha contra las siete iglesias, que son los siete candeleros de oro, los siete espíritus que mueven a las almas en la Iglesia. Y lucha con diez cuernos, para derrocar toda ley divina en la Iglesia.

Por su apariencia religiosa, este falso Papa es visto como el más sabio y confiable que los demás. Su humanidad es lo que atrae a la gente. Las almas quedan con la boca abierta antes las obras humanas, tan sencillas, de este personaje. Es el culto al hombre lo que irradia este falso Papa. Es la sed de gloria humana lo que persigue este personaje, idílico para muchos. Es querer convencer a todos que, como somos hombres, en lo humano hay un camino para encontrar una solución a todos los problemas de los hombres y de la Iglesia. Ése es el significado de su partido de fútbol para encontrar la paz en el mundo. Es su fábula. Y muchos han querido hacer una teología de un partido de fútbol para indicar la maldad de este hombre. Y no han comprendido que es una obra de un vividor. Y con esa obra ha querido llegar a los tibios y a los pervertidos del mundo y de la Iglesia. Pero esa obra lo hace un inútil para los intelectuales del mundo y de la Iglesia. Esto es lo que nadie dice, porque no saben medir lo que es Francisco: un juguete de la masonería.

«Ejerció toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella e hizo que la tierra y todos los moradores de ella adorasen a la primera bestia, cuya llaga mortal había sido curada» (vs. 12).

Este falso profeta o falso Papa no tiene la autoridad divina en la Iglesia, porque no posee el Primado de Jurisdicción, que sólo puede estar en una Cabeza, en el Papa legítimo, que es Benedicto XVI, hasta su muerte.

Pero posee una autoridad humana, la que tiene recibida de la primera bestia, que es una pantera, con pies de oso y boca de león. Es decir, tiene el poder de la masonería. Y con ese poder obra en la Iglesia lo propio del masón.

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Este falso papa fue adornado con un carisma diabólico, que imitaba el carisma de Pablo, con el cual se ha ido al mundo para lograr una cosa: abrir las puertas de la Iglesia a las sectas y a las religiones, provocando el falso ecumenismo. Y esto es una señal para el Anticristo y para aquellos que reconocen al Anticristo como el auténtico mesías esperado. A este falso Papa lo creen toda esta gente, tibia y pervertida, porque son muchos dentro de la Iglesia Católica que ya no creen en la Divinidad de Jesucristo y, por tanto, están esperando a un salvador, a un hombre que les saque las castañas del fuego: «¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que murieron los padres, todo permanece igual desde el principio de la creación» (2 Pe 3, 4)

El verdadero ecumenismo sólo se puede dar entre las Iglesias de origen apostólico, con sucesión apostólica, pero jamás con las sectas y demás religiones. «Porque todos los dioses de los pueblos son vanos ídolos» (Sal 96, 5). La unidad total la hará Dios después de la purificación universal, en el Reino de Paz, entonces «habrá un solo rebaño y un solo pastor» (Jn 10, 16). La unidad es imposible en la diversidad de pensamientos y de obras humanas, porque la unidad del Espíritu sólo se da en la Verdad de la Mente de Dios. Y aquel hombre que no pisotee su mente humana, no pertenece a la Iglesia de Cristo. Por eso, la iglesia que se muestra en el Vaticano no es la de Cristo, sino la de los hombres: en la que ellos dan culto a sus inteligencias humanas.

Antes que el anticristo muestre su cara al mundo, «ha de venir la apostasía» (2 Ts 2, 3b), que es el rechazo de cualquier verdad absoluta, es decir, de los dogmas que se siguen en la Iglesia. En ese rechazo, Roma se convierte en la Sede del Anticristo: «Las siete cabezas son siete montañas sobre las cuales está sentada la mujer» (Ap 17, 9). Una mujer, borracha de la sangre de los mártires, y que es llevada por la bestia de diez cuernos y siete cabezas, es decir, por la masonería. Es llevada = es gobernada.

Con el falso Papa, con Francisco, se ha iniciado la apostasía de la fe. Y el Sínodo es sólo la puerta para que todo vaya más rápido, para conseguir que el Anticristo aparezca. Ese Sínodo no lleva la línea de la gracia: es decir, no es católico. Es el Sínodo que ha promovido el falso Papa para levantar, de una vez, su nueva iglesia, que está fundada en su gobierno horizontal. A partir de ahí, puede cambiar todo lo demás en su iglesia y que producirá la abierta apostasía de la fe.

El Vaticano, es decir, Roma, camina hacia su destrucción, junto al Anticristo: «La bestia que era y ya no es, es también un octavo, que es de los siete, y camina a la perdición» (Ap 17, 11). El Anticristo es el octavo rey que gobernará Roma. Es un rey masónico, como los siete anteriores, «de los cuales cinco cayeron, el uno existe y el otro no ha llegado todavía» (v. 10).

Durante cincuenta años, la masonería ha gobernado la Iglesia, de manera oculta, no a través de un Papa. Han usado a todos los Papas legítimos, de todas las maneras imaginables, para ser reyes. Y cinco cayeron; pero uno existe. Ese uno no es el falso Papa, no es Francisco, es el que se oculta en el gobierno de Francisco, detrás de la imagen de Francisco.

Francisco es sólo un pelele de este rey masónico: un juguete que se mueve como lo quiere la masonería: «ejerce su autoridad en presencia de ella». Es decir, Francisco hace todo lo que ese rey masón le pide.

Francisco tiene su orgullo. Y ese orgullo se manifestó al principio de su falso Pontificado. El ideal de Francisco es su negocio en la Iglesia: los pobres. A la masonería no le interesan los pobres, sino el poder en la Iglesia. Y este falso Papa ha estado trabajando por este negocio, sin importarle un rábano las almas en la Iglesia. Y se ha enfrentado a la masonería que lo ha puesto ahí.

Tengan en cuenta que en el infierno no se aman, pero se juntan para hacer la maldad. Se unen en la mentira para muchas obras malas. Y Francisco ha dado a la masonería lo que ésta le ha pedido: el gobierno horizontal y abrir las puertas de la Iglesia al mundo, a las sectas, con el falso ecumenismo. Pero Francisco ha querido su tajada en este negocio. Y ha luchado por su dinero, porque no va a renunciar a ser un falso Papa sin llevarse en el bolsillo fajos de billetes, para pasar el resto de su vida tranquilamente.

Que Francisco deja el poder en el Vaticano: eso es clarísimo. Él mismo lo ha dicho. Y también lo dicen los falsos profetas. Porque la masonería tiene que inventarse la forma de que este hombre deje el poder. Como es un ídolo de las gentes, entonces ¿por qué no matarlo? Esto es lo que anuncia el falso profeta Enoch, al cual muchos siguen y lo tienen por verdadero. Y es sólo un demonio que se viste de ángel de luz: «La vida de mi Vicario corre peligro, fuerzas ocultas dentro del Vaticano están planeando atentar contra él» (2 de septiembre del 2014 – Ver texto).

Hay muchos falsos profetas y no hay que escucharlos: «No escuchéis lo que os profetizan los profetas. Os engañan. Lo que os dicen son visiones suyas, no procede de la boca del Señor» (Jer 23, 16)

Hay que quitar a Francisco: esto es lo que está planeando ahora la masonería, que ha puesto al mismo Francisco en el gobierno. Y Francisco ya ha recibido la orden de irse, pero es orgulloso hasta el final. No se cumplirá hacerlo mártir, porque ya Dios ha hablado, y porque la falsa profecía nunca se cumple ni puede cumplirse: «El plan orquestado por satanás… ya que has desbaratado el otro plan suyo es el siguiente… matar a este Innominado… al Falsario….Y ahora que he desenmascarado también este plan suyo… lo que han de hacer ya pronto lo verán y será difícil de soportar» (28 de julio del 2014 – Ver texto).

Difícil de soportar lo que viene desde el Vaticano. Francisco tiene que irse. Va a ser una sorpresa para muchos que no lo esperan. Es ya el tiempo. El demonio está que trina porque sabe que el tiempo se ha acortado. Ataca con todo su furor «por cuanto sabe que le queda poco tiempo» (Ap 12, 12)

sanfrancisco8Profecía de Asis

Las profecías tienen que cumplirse: «En el momento de esta tribulación un hombre, elegido no canónicamente, se elevará al Pontificado, y con su astucia se esforzará por llevar a muchos al error y a la muerte» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto).

Francisco ha sido elegido según los cánones, pero no según la ley de la gracia. No fue elegido en la muerte del Papa legitimo, sino en su renuncia. Se reunieron en un Cónclave, como mandan los cánones, para sacar al primer impostor. Es necesario que aparezca el hombre elegido no canónicamente, no según un Cónclave.

Francisco es el primero que tiene el espíritu del Falso Profeta, que toma el lugar, arrebata, usurpa el Trono: «cuando él se vaya, el impostor, el Falso Profeta, tomará su lugar» (26 de mayo del 2013 –ver texto). El primero de muchos destructores.

Francisco es el impostor, el Falso Profeta, pero no es el único. Nunca olviden que hay un solo Falso Profeta que señala al Anticristo, como hubo un Gran Profeta, San Juan Bautista, que señaló a Cristo. El demonio imita en todo la obra de Dios. En cualquier cosa. Y antes de San Juan Bautista, hubo muchos profetas que hablaron del Mesías, pero que no lo señalaron. Así, antes del «falso Papa que está esperando para revelarse a sí mismo al mundo» (20 de marzo del 2012 – ver texto), hay otros falsos Profetas (= falsos Papas) que hablan del anticristo, de su obra, pero no lo señalan.

Con Francisco, «el gran cisma es presenciado por todo el mundo, pero no va a ser visto como tal inmediatamente» (Ibidem). Porque Francisco tiene que cambiar algunas cosas en la Iglesia, como lo ha hecho.

Pero es necesario el falso Papa de la falsa Iglesia. Francisco se encontró con la verdadera Iglesia. Y puso su ladrillo: su gobierno horizontal. Y está construyendo la falsa iglesia. Se convirtió en un falso Papa lo que al principio era un antipapa. Se necesita al hombre que dé consistencia a la obra de Francisco, porque éste es sólo un vividor, no sabe de teología. Y tampoco le interesa. No le interesa el plan de la masonería; lo que le interesan son sus pobres, su teología de la liberación, su negocio en la Iglesia.

Francisco posee el espíritu del falso Profeta, pero no es la persona del falso Profeta, no es el falso Papa que se sienta en la falsa Iglesia y que señala al Anticristo directamente. Francisco no cree en el Anticristo. No cree en el demonio. Si no cree que Jesús es un Espíritu, entonces no cree en ningún espíritu.

«Habrá tal diversidad de opiniones y cismas entre la gente, entre los religiosos y entre el clero, que, si esos días no se acortaren, según las palabras del Evangelio, aun los escogidos serían inducidos a error, si no fuere que serán especialmente guiados, en medio de tan grande confusión, por la inmensa misericordia de Dios». (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto es lo que iniciamos a ver en todas partes: división, cisma dentro de la misma Iglesia Católica. División entre católicos. Lucha entre católicos. Odio en la Iglesia Católica.

Las gentes, con este falso Papa, buscan pastores a su gusto, que les consientan en su pecado. Y, por eso, aparecen las fábulas: «vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina; antes, deseosos de novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones» (2 Tim 4, 3). Es la decadencia del clero, que dan a las gentes lo que éstas quieren ver y escuchar. ¡Cuántos sacerdotes ya tienen su página de fans en el Facebook! Es la gloria del mundo. Es la sed de beber en las aguas putrefactas que todos beben, porque no se aguanta la Verdad Absoluta. Y la consecuencia es clara: «y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas» (v. 4).

La gente hoy quiere fábulas en la Iglesia. Que le cuenten un cuento muy bonito. Pero no soportan que le digan que Francisco no es Papa y que su doctrina no es católica. Ya no escuchan la Verdad. No quieren escucharla. Y no hay manera de que la escuchen. No hay una razón que les haga ver su maldad, su mentira, porque han hecho de sus vidas de pecado un camino de santidad. Por eso, hay sacerdotes que bautizan a los hijos de los afeminados, de los transexuales, y aparecerán, dentro de poco, lo que ya casen a los homosexuales.

Es lo que dice el profeta Isaías: las doctrinas empieza a prostituirse: «¿Cómo te has prostituido, Sión, ciudad fiel, llena de justicia? Antes habitaba en Ella la Justicia, ahora el homicidio» (Is 1, 21). Se matan las almas en la Iglesia. Y lo hacen los mismos sacerdotes, Obispos. Son ellos y sólo ellos lo que derrumban la doctrina divina de la Iglesia.

«¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Los pastores no son para apacentar el rebaño? Pero vosotros coméis su grosura, os vestís de su lana, matáis lo que engorda, no apacentáis las ovejas…Y así andad perdidas Mis Ovejas por falta de Pastor, siendo presa de todas las fieras del campo. Andan errantes por montes y collados, derramadas por toda la haz de la tierra» (Ez 34, 2b. 5-6a). ¿No es esto lo que hacen sacerdotes y Obispos en este momento en la Iglesia? ¿No está el Prelado del Opus Dei, Javier Echevarría, dispersando el rebaño al declarar que la doctrina de Francisco, en su evangelium gaudium, es católica, da continuidad al Papado? (ver texto). ¿No es esto abominable en personas que tienen que saber más que el fiel en cuestiones de teología? ¡Que personas de la calle –y gente que no es católica- vean el comunismo de Francisco en su evangelium gaudium, y que un Prelado de la Iglesia no sea capaz de verlo, es no sólo triste sino abominable!

¿A qué se dedican los Prelados, los sacerdotes, los Obispos en la Iglesia? ¿A lavar la cara de Francisco cuando dice una herejía? ¿A quitar las babosidades que se le caen de su boca cuando habla? ¿Por qué quieren seguir guardando las formas exteriores con un hombre que no es Papa, que saben que no es Papa? ¡Porque no quieren perder el plato diario de comida en su mesa!

«Primero vendrá la purificación de mi Iglesia como os estoy diciendo. Si queréis oír una Misa Santa Católica verdadera, en que mi Divino Hijo Jesucristo, redentor del hombre, se inmole y actualice su Sacrificio en la Cruz, tendréis que tener o buscar un Sacerdote que siga la tradición y el dogma verdadero, que los habrá, pero muy pocos, y tendréis que ayudarlos y protegerlos, porque ellos estarán también perseguidos, confusos y sin recursos. Estará todo muy confuso, por esto tenéis que afianzar vuestra vida de fe» (Mensaje de un profeta (julio 2002) recordado en un Mensaje de Dios Padre a su hija María – 27 de marzo de 2013 – ver texto).

Son muy pocos los que deciden hablar claramente de lo que está pasando en la Iglesia, porque saben las consecuencias: persecución y sin recursos para nada. No es fácil vivir colgados de la Providencia Divina, en que sólo Dios da el alimento, el dinero, el trabajo. No es fácil quedarse en la calle y seguir predicando la Verdad, aunque nadie la quiera escuchar. Es más fácil hacer lo que la mayoría de la Jerarquía hace: tapar a Francisco. Hacer ver que su doctrina es católica.

«Los modernistas y apóstatas os querrán convencer con sus filosofías y falsas teologías de un ecumenismo y una religión católica falsa, y os propondrán una eucaristía sin sacrificio incruento de mi Hijo Jesucristo, que será una simple reunión o asamblea en el nombre de mi Hijo, pero no Eucaristía, aunque en la consagración se pronuncien las palabras de mi Hijo, dichas en la cena del jueves santo, vuestro Divino Redentor no bajará al cáliz, ni al pan, porque los sacerdotes modernistas no tendrán esa fe de la verdadera Iglesia Católica; No reconocerán su sacrificio en la Cruz ni la transubstanciación; dogma de fe Católica. Estad alertas, porque todo esto está sucediendo ya en algunos lugares de mi Iglesia, con ministros y obispos que aparentan ser Católicos, pero con el antipapa se separarán las ovejas de las cabras, y la cizaña del trigo» (Ibidem).

En el Vaticano, se comienza a manipular las mentes de los católicos con muchas fantasías. Antes, en el Vaticano, habitaban los teólogos rectos; ahora los teólogos cuestionan los dogmas y tradiciones: ahí tienen a un Muller, a un Kasper, a tantos otros que ya no están en la Verdad y que gobiernan la Iglesia. ¿Y que van a hacer a partir del Sínodo? Derogar los dogmas con el pretexto de que esto facilita el acercamiento ecuménico con las sectas y las otras religiones: «¿Cómo os decís: Tenemos la sabiduría, poseemos la Ley de Yavé? La convirtieron en mentira, las mentiras plumas de vuestros escribas. Han sido confundidos los sabios, avergonzados, cogidos. Arrojaron de sí la Palabra del Señor. ¿Qué sabiduría les queda?» (Jer 8, 8-9).

En el Vaticano han arrojado la Palabra de Dios al cubo de la basura. Y aparecen las nuevas doctrinas, las falsas doctrinas teológicas que tratan de desfigurar la Iglesia Católica: «La serpiente arrojó de su boca detrás de la Mujer como un río de agua, para hacer que el río la arrastrase» (Ap 12, 15).

La masonería eclesiástica, instalada desde hace años en el Vaticano, va a destruir la Iglesia desde adentro: «Y había unos veinticinco hombres, de espaldas al Santuario de Yavé y cara al oriente, que hacia el oriente se postraban. Y me dijo: ¡Hijo de Hombre, ¿has visto? ¿Será cosa ligera para la casa de Judá hacer las abominaciones que en este lugar se hacen, que han llenado la tierra de violencias para irritarme? Y hasta se llevan la zemorra (= raíz de virtud mágica que creían daban vida al que las olía) a sus narices» (Ez 8, 16-17). La destruye con abominaciones, permitiendo que se introduzcan herejías perniciosas. Han dado culto a dioses extraños que han oscurecido sus mentes con sus lujurias de la vida. Han olido perfumes lisonjeros y han quedado atrapados en ellos.

«Algunos predicadores mantendrán silencio sobre la verdad, y otros la hollarán bajo sus pies y la negarán. La santidad de vida se llevará a cabo en medio de burlas, proferidas incluso por aquellos que la profesarán hacia el exterior, pues en aquellos días Nuestro Señor Jesucristo no les enviará a éstos un verdadero Pastor, sino un destructor» (Opuscoli del seráfico patriarca Francesco D´assisi – Bernardo da Fivizzano – Tip. della SS. Concezione di R. Ricci – ver texto). Esto ya está en curso. Muchos destructores aparecen en la Iglesia para hacer su trabajo. Las almas tienen que renunciar a todo lo que hay en el Vaticano si quieren permanecer siendo Iglesia, perteneciendo a la Iglesia. No luchen por Roma ni por una Jerarquía que no sabe discernir entre la verdad y la mentira. Oren por ellos, pero luchen por la Verdad de la Iglesia que ya no está en el Vaticano ni en la Jerarquía que se acomoda al Vaticano. Está sólo en los humildes de corazón. Y esos son pocos y están escondidos de todo el mundo.

La realidad de la Iglesia como ser sobrenatural

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«Es preciso que los hombres vean en nosotros ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios. Por lo demás, lo que en los dispensadores se busca es que sean fieles» (1 Cor 4, 1-2)

¿Qué es la Iglesia? Es la Jerarquía que obedece a Cristo. Eso es la Iglesia.

Aquella Jerarquía que no obedece a Cristo no pertenece a la Iglesia, aunque esté dentro de Ella, aunque trabaje en Ella. Y, por tanto, no es posible la obediencia a una Jerarquía que no se somete a la Mente de Cristo en la Iglesia; una Jerarquía que hace del Magisterio de la Iglesia un negocio y una empresa, para limpiar la cara del pecado a muchos hombres que, vestidos de talar y de púrpura, son simplemente lobos que ahuyentan el Rebaño y lo dispersan por las riberas de la humanidad sin Dios.

¿Qué es el sacerdote en la Iglesia de Cristo? Aquel que es otro Cristo, aquel que representa al mismo Cristo, el cual le hace participar de su misma Autoridad Divina.

Y, por tanto, el sacerdote no es un hombre con un papel, con una función que se basa en el consenso de la mayoría. No es un hombre para un pueblo, ni para una comunidad, ni para un colectivo, ni para una idea política. El sacerdote no hace un servicio de coordinación de ideas, de masa, de una opinión pública; sino que sirve a la Iglesia poniendo una Autoridad, que no le pertenece, que no es suya, pero a la cual representa, por ser el mismo Cristo.

Y, por tanto, el sacerdote tiene una misión sagrada en la Iglesia; no le pertenece ninguna misión social ni cultural: no es un hombre para una sociedad, no es un hombre para las redes sociales; no es un hombre para una política del mundo; no es un hombre para una empresa económica.

Es un hombre para el Reino de Dios, que es en todo espiritual, nunca humano ni material. Es el hombre que pone el camino para ese Reino, que no es de este mundo, que no puede pervivir en este mundo, bajo estas circunstancias de pecado en que vive todo hombre. Es el hombre que obra el Reino de Dios en medio de un mundo que no cree en Él. Y es una obra espiritual, no es un apostolado humano para una satisfacción humana, para dar un ejemplo a los hombres en sus vidas humanas. Un hombre contracorriente. Un hombre que se opone al hombre, que no vive la mentalidad humana, que no obra como los demás hombres: sólo obra como Cristo, sólo es otro Cristo.

El sacerdote no es un hombre de democracias ni de consensos, sino de Autoridad divina que pide y exige del pueblo la obediencia. Muchos católicos ya no obedecen a la Jerarquía, sino que sólo quieren obedecer a Cristo. No ven el sacerdocio como algo sagrado, sino como una cosa más en la Iglesia.

La Iglesia es Pedro. Y Pedro es Autoridad Divina. Y Pedro constituye una verticalidad, una jerarquía donde no hay democracia, donde no hay opiniones, juicios encontrados. Y, en esa verticalidad, sólo la obediencia es lo que edifica el organismo sobrenatural de la Iglesia. El sometimiento a la persona de Pedro es lo que hace ser Iglesia.

Pedro es todo en la Iglesia. La Jerarquía es todo en la Iglesia. No es una parte, no es un conjunto de hombres que sumados a otros, que no son la Jerarquía, hacen la Iglesia.

Este es el pensamiento de un hereje y de un cismático, al que le han puesto la etiqueta de Papa, al que muchos predican la obediencia a su mente, del que muchos dicen que su doctrina es católica:

«La Iglesia piensa…. La Iglesia somos todos. «¿De quién hablas tú?». «No, de los sacerdotes…». Ah, los sacerdotes son parte de la Iglesia, pero la Iglesia somos todos. No hay que reducirla a los sacerdotes, a los obispos, al Vaticano… Estas son partes de la Iglesia, pero la Iglesia somos todos, todos familia, todos de la madre» (ver texto).

¿Por qué los católicos siguen obedeciendo a un hombre que ha roto la Jerarquía en la Iglesia y, por tanto, está en el Vaticano construyendo su modelo de iglesia universal, su modelo de sacerdocio?

¿Por qué se da esa obediencia a un hombre que no sigue la enseñanza de la Iglesia sobra la misma Iglesia?

¿Para qué obedecen la mente de este hombre, que dice que la Iglesia somos todos y, en consecuencia, todos tienen algo que decir en la Iglesia; y la opinión de todos vale en la Iglesia?

¿No ven que se ha cargado la Jerarquía, a Pedro, la obediencia, y que ahora exige una obediencia que es imposible darla? Porque no se puede obedecer a todos en la Iglesia. Se obedece a Cristo, que es la única Verdad a la cual toda mente humana tiene que someterse, abajarse, inclinarse, oscurecerse. Se obedece a la Jerarquía, que es todo en la Iglesia.

Si la Jerarquía no obedece a Cristo, cae toda obediencia en la Iglesia. Nadie posee la Verdad, porque la Verdad no se crea, sino que se halla. Se encuentra en Cristo. Y sólo obedeciendo a Cristo, se permanece en la Verdad, se está en la verdad.

Como Francisco no obedece a Cristo, entonces hay que negarle cualquier obediencia, incluso la material. Francisco quiere crear la verdad por votación, por una unanimidad de sentimientos humanos, de acercamientos en las mentes. Eso es lo que va a ser el próximo Sínodo de los malditos, de los afeminados, de los pervertidos en la gracia divina: una votación para excusar el pecado en la Iglesia.

La Iglesia, para este hombre, ya no es la Jerarquía, ya no es Pedro, sino todos. Pedro y la Jerarquía es una parte de la Iglesia, pero no es el todo. Consecuencia: la Iglesia es un conjunto de hombres, que piensan y deciden qué hacer con la Iglesia, cómo vivir en Ella, cómo obrar en Ella.

La Iglesia no es ni una familia, ni un clan, ni un pueblo, ni un asunto social de los hombres. La Iglesia es la obra de la Verdad, que sólo la Jerarquía verdadera puede manifestar a toda la humanidad. Esa Verdad es camino y luz para todos. Y si no se obra esa Verdad, la Iglesia se oscurece y es sólo un tropiezo, un escollo, una escisión, una quiebra donde sólo se ve la ruina que el pecado hace en cada alma que pertenece a la Iglesia.

Es lo que contemplamos en la nueva iglesia que lidera Bergoglio en el Vaticano. Esa nueva iglesia no es la Iglesia Católica. Y si no saben discernir esta Verdad, entonces van a hacer como muchos ya hacen: construyen sus iglesias, sus asociaciones, sus comunidades, sus grupos, están en sus parroquias para dividir más a la Iglesia Católica. Y quieren seguir trabajando en la Iglesia Católica, obedeciendo a Francisco y a toda la Jerarquía que le obedece. ¡Es un absurdo! Quien no se opone a Francisco no pertenece a la Iglesia Católica, sino a la nueva sociedad instalada en los muros del Vaticano.

No se pertenece a la nueva iglesia, que lidera Bergoglio, sino que pertenecemos a la Iglesia Católica, cuyo Papa es Benedicto XVI hasta que se muera. Una vez que se muera, la Iglesia deja de verse en la realidad de la vida histórica de los hombres, porque ya no está Pedro. A Pedro se lo han cargado con la renuncia impuesta al Papa Benedicto XVI.

Hay una gran división ya en el Vaticano, y en cada parroquia que pertenece al Vaticano. Y esa división está promovida por la misma Jerarquía infiltrada que gobierna en el Vaticano. ¡Claro gobierno masónico!

Es la división en la cabeza hecha por Bergoglio con su gobierno horizontal. Es el cisma encubierto, que nadie quiere ver ni entender, pero que se manifiesta claramente: la Jerarquía se ha unido a un hereje y a un cismático, y le dan obediencia como si fuera el Papa legítimo. ¡Esto se llama cisma!

Los que están en el Vaticano lo llaman obediencia al “Papa” Francisco: están bajo Pedro, sometidos a Pedro. ¡Un falso Pedro! ¡Una falsa obediencia al falso Pedro! Y, por tanto, se llaman a sí mismos “Iglesia católica”. Y en la realidad de los hechos, ellos -los del Vaticano- han perdido la línea católica en el gobierno: no siguen la ley de la Gracia, al poner una horizontalidad que anula esta misma Ley.

La Gracia no puede darse allí donde hay un gobierno horizontal en la Iglesia. ¡No se puede! Porque la verticalidad es una iniciativa divina, una obra divina, un fin divino en la Iglesia.

Esta Verdad es la que no siguen en el Vaticano. Y esta Verdad, los católicos no saben meditarla en sus vidas y, por eso, siguen dando una obediencia que es una abominación en la Iglesia. Obedecen a una Jerarquía que no puede nunca dar la Voluntad de Dios en ninguna cosa de la Iglesia Católica. Esa obediencia no es una obediencia en la Gracia, sino en contra de la Gracia. Hacen un acto contra la Voluntad de Dios, que constituye un gran pecado de soberbia, de orgullo y de lujuria, que crucifica, de nuevo, a Cristo.

«Yo soy la Vid. Vosotros los sarmientos. El que permanece en Mí y Yo en él, ése da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 5).

Ser Iglesia es estar injertados en Cristo, en Su Cuerpo, que es la Vid llena de lo Divino.

Ser Iglesia no es insertarse en una familia de borregos, en una comunidad de herejes y de cismáticos, en un grupo de hombres que se ponen la etiqueta de católicos y se unen para vivir una obra de pecado, de tibieza y de perversión intelectual.

El origen de gran parte de los equívocos o de los auténticos errores que están amenazando tanto a la teología como a los fieles, es la crisis del concepto de Iglesia.

El sentido católico de la “Iglesia” se está perdiendo, o ya casi se ha perdido del todo. Y, en el Vaticano, ya no hay ese sentido católico, no hay línea católica, ni puede darse más. ¡No van a volver a la verticalidad! Ellos ya lo han decidido así.

Muchos no creen que la Iglesia es una realidad querida por Jesucristo, realidad sobrenatural, sino que es una mera construcción humana, un instrumento creado por los hombres de la Iglesia, y que se puede organizar según las circunstancias del momento.

Esta falsa creencia es la que ha originado la renuncia del Papa Benedicto XVI, para implantar un gobierno horizontal dentro de los muros del Vaticano; una estructura que no tiene nada que ver con la Iglesia fundada por Jesús en Pedro, y que contradice absolutamente la verticalidad exigida por el dogma del Papado, dañándolo. Es una nueva sociedad creada por la misma Jerarquía de la Iglesia: una abominación espiritual. Un engendro del demonio.

En esa nueva estructura, Cristo no está como Vid; ni puede estarlo. Y, por tanto, sin Cristo, esa nueva iglesia no puede hacer nada, no significa nada, no llega a ninguna parte, es nula para Dios. Sólo tiene el valor que los hombres quieran darle: es decir, es un engaño para todos. Es un poder humano para una obra sólo del hombre, con miras humanas y decisiones tomadas sólo por el hombre.

Cristo ha puesto su Iglesia en el Vértice, no en la horizontalidad de unas mentes humanas, de unas vidas y obras para dar gloria al mundo, que sólo trabajan en el pecado para reconocerse a sí mismos como santos y justos, dañando toda la vida eclesial en su raíz.

Esta concepción de Iglesia procede no sólo del protestantismo, sino de todas las teologías que, después del Concilio Vaticano II, han querido ofrecer una “iglesia libre” de Jerarquía, de sometimientos, de autoridad divina. Por eso, han quitado la Roca de la Iglesia, que es Pedro, en el Papa legítimo Benedicto XVI. Han puesto una serie de ladrillos, para levantar una fortaleza, que se va a caer con el viento de la Justicia Divina, una vez muera el Papa Benedicto XVI.

¡La han quitado! Y quien todavía no haya aprendido a discernir lo que es Francisco en la Iglesia, es que vive ciego, vive sin profesar la fe católica, vive sin dar frutos divinos en su unión con Cristo, en Su Cuerpo, y obra sólo para condenarse dentro de la misma Iglesia.

Francisco propone un concepto de Iglesia como “pueblo de Dios”. Con esta perspectiva, se abandona el Nuevo Testamento, para volver al Antiguo, y quedarse en una visión de la Iglesia que no es la real, que no tiene nada que ver con la verdadera Iglesia y, por tanto, con el verdadero pueblo.

“Pueblo de Dios” es, para la Escritura, Israel en sus relaciones de oración y de fidelidad al Señor, es decir, es una comunidad histórica de hombres (no es un movimiento sobrenatural), que buscan de alguna manera a Dios en sus vidas. Y ese conjunto de hombres, esa suma de intelectos humanos, esa contemplación de vidas y de obras humanas, es lo más contrario a la Iglesia que fundó Cristo en la persona de Pedro. Limitarse a esta expresión es anular la Iglesia, es ensombrecer la Palabra de Dios con discursos humanos, con razonamientos bien preparados, pero que son una auténtica blasfemia al Espíritu de la Iglesia.

El Nuevo Testamento ofrece el concepto de “Cuerpo de Cristo”. Y, por tanto, se es Iglesia y se entra en Ella, no porque se pertenece a una cultura, o una familia, o a una sociedad; sino porque el fiel está injertado en el Cuerpo mismo del Señor, por medio del Bautismo y de la Eucaristía.

Jesús era hebreo, pero no funda Su Iglesia porque pertenece al pueblo de la Alianza, por un imperativo histórico. Jesús funda Su Iglesia porque es la Voluntad de Su Padre: es un mandato divino, que sólo el Hijo lo puede realizar. Ningún otro hombre tiene capacidad de hacer lo mismo, que hizo Jesucristo al fundar Su Iglesia, en Su Misma Sangre.

Somos sarmientos que, para permanecer en la Vid, es necesario una unión con Cristo: unión individual, de cada alma con la Persona del Verbo. Y, en esa unión, el alma se une a los demás miembros de la Iglesia, por los méritos y las obras de la Cabeza, que es Cristo.

Y, por tanto, ¿quién puede obedecer la mente de este bastardo?:

«No estamos aislados y no somos cristianos a título individual, cada uno por su cuenta, no, nuestra identidad cristiana es pertenencia. Somos cristianos porque pertenecemos a la Iglesia» (ver texto)

Somos cristianos a título individual, porque cada alma es un sarmiento. «Y todo sarmiento que en Mí no lleve fruto, lo cortará» (Jn 15, 2). El Padre Eterno es el que decide quién es de la Iglesia de Su Hijo y quién no pertenece a Ella. No son los miembros de la Iglesia quienes deciden eso.

Para ser Iglesia hay que ser otro Cristo, hay que imitarlo en su vida, hay que hacer las mismas obras que Él hizo. Y todo aquel que pertenezca a la Iglesia, tiene la Gracia y el Espíritu de Cristo para ser un sarmiento injertado en la vid, chupando la Vida Divina y transformándose en otra cosa a su realidad humana.

Pero quien esté en la Iglesia y no viva en la Gracia, y no sea fiel a Ella, entonces el Padre lo corta: ya no está injertado en el Cuerpo de Cristo y, por tanto, ya no pertenece a la Iglesia.

Porque nuestra identidad cristiana es ser sarmiento de Cristo para dar frutos divinos. Nuestra identidad cristiana no significa pertenecer a una Iglesia, compuesta de gente pecadora, de borregos, de herejes, de hombres cismáticos, que sólo viven para sí mismos, sin discernir entre el bien y el mal, sin capacidad para quitar el pecado de sus vidas. Nuestra identidad es vivir para Cristo, no para la Iglesia. Vivir en el Cuerpo de Cristo, obrando la Gracia que esa unión con Cristo da al alma.

Esta Verdad es la que anula Francisco en sus dos documentos: lumen fidei y evangelium gaudium. Presenta un concepto de Iglesia que sugiere la política, el partidismo, la colectividad.

Porque pertenecemos a la Iglesia, como pueblo de Dios, no como Cuerpo de Cristo, entonces él dice en su herejía:

«Y la Iglesia es una realidad mucho más amplia, que se abre a toda la humanidad y que no nace en un laboratorio, la Iglesia no nació en un laboratorio, no nació improvisamente. Ha sido fundada por Jesús, pero es un pueblo con una historia larga a sus espaldas y una preparación que tiene su inicio mucho antes de Cristo mismo…el cristiano es parte de un pueblo que viene de lejos. El cristiano pertenece a un pueblo que se llama Iglesia… Pero nadie, nadie se convierte en cristiano por sí mismo» (Ibidem).

«nadie se convierte en cristiano por sí mismo»: ningún alma se injerta en el Cuerpo de Cristo para poseer la fe, sino que su fe se hace en la comunidad, en el pueblo de Dios. No hay fe particular en Cristo. Sólo existe la fe que los demás tienen de Cristo. El alma necesita beber de las fuentes de la razón humana para formar el pueblo, que es mal llamada Iglesia.

La Iglesia es una realidad más amplia, pero no es una realidad sobrenatural, divina, santa, hermosa en las virtudes, bella en la gracia, inmaculada en el Espíritu. No es capaz este hombre de hablar de manera trascendente de la Iglesia. Todo conduce a su inmanencia. Es una amplitud en la forma humana. Es más amplia en el concepto de los hombres, en su lenguaje humano. Como la Jerarquía es una parte de la Iglesia, no el todo, luego hay que meter a todos los hombres para formar la Iglesia: «se abre a toda la humanidad». Consecuencia: todos se salvan y se santifican.

La Iglesia es el Reino de Dios en la tierra y, por tanto, «¿no sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los ladrones, ni los avaros, ni los ebrios, ni los maldicientes, ni los rapaces poseerán el reino de Dios» (1 Cor 6, 9-10). La Iglesia no está abierta a toda la humanidad. Es para todos los hombres, pero no todos pueden pertenecer a Ella. No pueden ser de la Iglesia hombres que viven en su pecado y que ensalzan su pecado por encima de Dios, del bien, de la verdad. No poseen el Reino lo que aman su pecado, su vida de pecado. Poseen el Reino los que luchan contra su vida de pecado.

No pueden pertenecer a la Iglesia Católica ni Francisco ni toda la Jerarquía que se somete a Francisco: ellos están ensalzando, mostrando, justificando la blasfemia de ese hombre en el Vaticano: su gobierno horizontal. Una blasfemia contra el Espíritu Santo, quien exige la verticalidad en la Iglesia para constituirla Santa, Divina, agradable a Dios.

¿Cómo es que sacerdotes y Obispos predican que la doctrina de Francisco es católica si este hombre está levantando una nueva iglesia, fuera de la Gracia, para llenarla de pecadores y de gente malvada, que ya no mira el pecado como es, sino que lo valora como una salvación y un modo de vivir en la vida?

¿Cómo es que no se han dado cuenta -tanta Jerarquía- de la mente blasfema de este hombre, que tiene un conocimiento pervertido de la teología de la Iglesia, al cual le están tributando obediencia? ¿Cómo es posible que le sigan obedeciendo? ¿Es que ya no son otros Cristo y, por eso, su inteligencia para ver la Verdad ha sido maniatada y oscurecida en el mal? ¿Cómo entender el silencio de una Jerarquía, que sabiendo lo que es Francisco, sin embargo, le dan obediencia y ordenan al Rebaño que también le obedezca? ¿Puede haber tanta maldad entre la Jerarquía? ¿Puede haber tanta perversión en las mentes de personas cuyo sólo ideal debería ser sólo la verdad? ¿Qué ha pasado en la Iglesia para que nadie se dé cuenta del engaño que vivimos? ¿En qué se ha convertido toda la Iglesia viviendo un absurdo, un camino sin salida, un objetivo humano para alcanzar una gloria mundana y profana?

«La Iglesia no es una institución finalizada a sí misma» (Ibidem). Esto es todo en la mente de este hombre. Quien no se finaliza en sí mismo no tiene ninguna identidad. Quien no se acaba en sí mismo, es un absurdo en su misma vida. Quien no da sentido a su existencia, no puede entender lo que es su vida.

La Iglesia, para la mente de este hombre, es una realidad histórica, no sobrenatural. No acabada, no finalizada, sin un fin divino, sin unos objetivos sobrenaturales. Abierta a toda la humanidad, mirando a lo humano: es un global, es una unión de todos los hombres, con sus ideas, con sus obras, con sus vidas, con sus culturas, con sus proyectos humanos sobre la vida.

Francisco tiene una idea de una iglesia humana, con unos contenidos de la fe totalmente arbitrarios, presentando una cristología sin la referencia a lo Divino, enmarcada sólo en lo humano-natural (un Cristo sólo hombre, un Jesús que no es Espíritu, sino sólo una persona humana; un santo humano); con un Evangelio que es sólo el “proyecto-Jesús”, un proyecto de liberación-social-histórico, inmanente, sin ninguna trascendencia, sin ninguna referencia a la Voluntad del Padre, sin la Obra de la Redención, y que es, en la realidad, absolutamente atea, una obra para demonizar a la sociedad y a la Iglesia.

No se es Iglesia porque se forma un colectivo, una comunidad de gentes, una familia de hombres con una fe determinada. No se es Iglesia porque se suma simplemente sus miembros. No se es Iglesia porque se aprende una fe ni porque se tiene una memoria de una fe pasada. Se es Iglesia porque se es Cuerpo de Cristo, un Cuerpo Místico, que sólo tiene implicaciones espirituales, no humanas.

La Iglesia no es nuestra, sino de Cristo. Los hombres no podemos disponer de Ella a nuestro antojo; porque siendo Cristo el que ha construido Su Iglesia, ha puesto en Ella vínculos misteriosos y realísimos, que hacen que el aspecto humano sea accesorio y efímero.

La Iglesia es una unión en la Vida Divina; unión de las almas en lazos espirituales, que los Sacramentos generan. Es una unión en las cosas santas, divinas. Es una unión en la Gracia de Cristo. Y, por tanto, no es una unión entre hombres, entre vidas humanas. No se hace Iglesia para una política, para un ideal económico. Se hace Iglesia para una obra santa, que no pertenece a este mundo, sino que lo trasciende y lleva al alma más allá de cualquier plan humano.

Por tanto, no existe la Iglesia pobre para los pobres. Existe el servicio a los pobres «que ha de ser preferido a todo, y hay que prestarlo sin demora» (San Vicente de Paúl – Carta 2.546).

La Iglesia es de Cristo, no es de los pobres. No es un negocio comunista. La Iglesia es para que cada alma se una a Su Cabeza, que es Cristo, y produzca obras de frutos divinos, no humanos.

Jesús es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad y, por tanto, la unión con Jesús hace que el alma trascienda todo lo humano, y viva y obre para esa Persona Divina. Y Jesús no quiere de sus almas ni vidas ni obras humanas.

Jesús quiere lo divino en lo humano. Y esta es la dificultad de muchas almas dentro de la Iglesia. Porque viven para lo suyo humano, terminan haciendo de Cristo y de la Iglesia su negocio humano, su obra humana, su vida de hombres, que es una vida de masa, de borregos, de gente sin ningún discernimiento espiritual.

«Todo lo que hay en ti debe ser injertado en Él, y de Él debes recibir la Vida y ser gobernado por Él. Fuera de Él no hallarás la Vida verdadera, ya que Él es la única fuente de Vida verdadera; fuera de Él no hallarás sino muerte y destrucción. Él ha de ser el único principio de toda tu actividad y de todas tus energías; debes vivir de Él y por Él» (San Juan Eudes – Del tratado sobre el admirable Corazón de Jesús).

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