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Sede usurpada

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Estamos viviendo la época en que la Sede de Pedro ha sido usurpada.

Tiempo profetizado en los antiguos y modernos profetas.

Tiempo oscuro para la Iglesia.

Tiempo de decadencia, no sólo en la vida espiritual, sino también en la vida eclesial.

Tiempo para marcar un límite, una sucesión de hombres que tienen la misión demoniaca de levantar una iglesia que combata la Iglesia en Pedro.

Desde hace cincuenta años, el gobierno vertical de la Iglesia ha sido prisionero de la mentalidad de los hombres.

Sólo el Romano Pontífice tiene todo el Poder en la Iglesia y, por lo tanto, todos los Pastores y, cada uno de ellos, se hallan sometidos al Romano Pontífice. Es decir, ningún Obispo está llamado por Dios para gobernar la Iglesia, y ninguno de ellos está dotado de igual potestad que el Romano Pontífice.

Sólo ha sido llamado por Dios para gobernar la Iglesia el Papa legítimo. Y los demás Obispos reciben del Papa el Poder Divino para gobernar, si se someten a Él, si le obedecen. Esto es lo que se llama el gobierno vertical en la Iglesia, que supone una jerarquía, no sólo de hombres, sino de ideas.

Sólo con la verdad absoluta se gobierna la Iglesia. Y toda idea que se someta a la Verdad Absoluta, vale en la Iglesia. Está en una jerarquía. Pero aquella idea que no venga de la Verdad Absoluta, hay que despreciarla en la Iglesia, si no se quiere caer en la herejía y en la excomunión.

Desde hace cincuenta años, se ve en el gobierno de la Iglesia una horizontalidad, añadida por los hombres: los Obispos quieren decidir el destino de la Iglesia, cada uno en sus diócesis. Por eso, ha sido tan difícil para los Papas gobernar, con la Voluntad de Dios, verticalmente la Iglesia. Los Obispos se han negado a lo que el Romano Pontífice expresaba. Y ellos han sabido hacer muy bien este juego, para no ser pillados en desobediencia y en rebeldía al Papa reinante.

Ellos han sabido cargar con todas las culpas al Papa. Ellos han quedado como buenos, como santos, como justos, como los que no han roto un plato.

Y son muchos los Obispos que han guardado las formas exteriores con el Papa reinante, para después seguir en su vida personal en la Iglesia, haciendo lo que ellos querían en el gobierno de la Iglesia. Obrando, de hecho, una horizontalidad que combate la verticalidad del Papado.

El gobierno horizontal en la Iglesia es una herejía, porque Cristo no quiso que Su Iglesia fuera administrada a modo de democracia, de república, de socialismo, de comunismo… Cristo nunca quiso un gobierno de hombres, de muchas cabezas. Siempre quiso el gobierno de un solo hombre, de una sola cabeza.

El ministerio petrino no tiene nada que ver con los gobiernos humanos: es esencialmente distinto a cualquier presidencia, a cualquier monarquía de tipo político, que existan en las sociedades humanas.

El Romano Pontífice no tiene un poder para aconsejar y advertir a los demás sobre cómo dirigir la Iglesia, cómo encaminarla en este mundo. No es un hombre más que se reúne con otros hombres y da su opinión en el gobierno de la Iglesia.

El Papa tiene el poder de mandar, de defender y de juzgar, no sólo en la Iglesia, sino en el mundo entero. Su Poder de Jurisdicción lo abarca todo, incluso los gobiernos del mundo. Porque es imposible que una sociedad humana, verdadera y perfecta, no esté gobernada por un poder supremo espiritual. Allí donde está la verdad entre los hombres, está Dios con los hombres. Pero toda sociedad humana que se ordene a la mentira, allí reside un poder supremo para aplicar una Justicia de Dios. Por eso, es el Papa el que juzga a todos los pueblos de la tierra.

Lo que dice el Papa eso es la Voluntad de Dios en la Iglesia y en el mundo, eso es lo que hay que obrar en la Iglesia y en el mundo.

Esta verdad es la que desconocen muchos fieles en la Iglesia. Y, por eso, no saben explicar todo lo que ha pasado en la Iglesia durante más de cincuenta años.

Ha habido un Papa legítimo, con el Primado de Jurisdicción, pero trabado en su gobierno vertical por el Episcopado, que ha querido imponer los distintos Sínodos para manifestar ideas que no pertenecen al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Desde hace cincuenta años se ha querido imponer un magisterio espiritual como si fuera dogmático. Y, por eso, hay tanta confusión en torno al Concilio Vaticano II. Las reformas litúrgicas no tienen nada que ver con el Concilio Vaticano II, sino sólo con la rebeldía del Episcopado, que dogmatiza un magisterio que sólo es espiritual. Y que lo impone en su diócesis como algo que hay que seguir.

Toda la cuestión de la comunión en la mano, de las revelaciones privadas, de los cambios en la liturgia de la misa, etc… son sólo imposiciones del Episcopado en la Iglesia, que no hay que seguir en ninguna diócesis, porque ningún Obispo que no se someta al Romano Pontífice, puede gobernar con el Poder Divino su diócesis. No es posible la obediencia, ni de los fieles, ni de la Jerarquía, a Obispos que no obedecen la verdad en el Romano Pontífice. Y hay muchísimos de estos Obispos, que han guardado las formas exteriores con el Papa de turno, pero que sólo imponen su mente humana en el gobierno de su diócesis.

Hay muchos Obispos que gobiernan la Iglesia con un poder humano al desobedecer a los Papas, es decir, al no seguir el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia en Ellos. Sólo siguen lo que viene de Roma, del Vaticano. Sólo siguen lo que ven hacer en otras diócesis a otros Obispos. Pero ninguno de ellos cree en el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. Ninguno de ellos lo sigue y lo enseña a su rebaño. Ninguno de ellos cree en el Papado.

Y los laicos no saben oponerse a estos Obispos, no saben discernir a ninguna Jerarquía en la Iglesia, no saben ser Iglesia, pertenecer a la Iglesia, construir la Iglesia.

La Sede de Pedro está usurpada. Esto quiere decir, que la Iglesia está gobernada sólo por hombres, con un poder humano, con un gobierno horizontal, con la ley de la gradualidad.

Esos hombres se visten con vestiduras sagradas. Exteriormente, parecen sacerdotes, Obispos y Cardenales. Interiormente, son sólo hombres, que viven su idea humana en la Iglesia. No creen ni en Cristo ni en la Iglesia. Sólo creen en lo que hay en sus mentes humanas. Y sus obras, en la Iglesia, son sólo humanas, no divinas. Sus misas son una obra de teatro para entretener a las masas.

Desde el momento en que oficialmente Bergoglio puso su gobierno horizontal, el poder divino despareció en la Iglesia. De hecho, fue mucho antes, cuando el Papa Benedicto XVI decidió renunciar al gobierno vertical de la Iglesia. Esa intención produjo que el Cielo se cerrara a cuanto el hombre obrara en la Iglesia.

«Lo que ates en la tierra» ya no será atado en el Cielo; «y lo que desates en la tierra», no será desatado en el Cielo.

El Misterio de las llaves del Reino de los Cielos está en la persona del Papa reinante. Cuando el Papa decide renunciar al gobierno, pero no al Papado, como es el caso de Benedicto XVI, el Papa sigue poseyendo el Primado de Jurisdicción, el Poder Divino, hasta su muerte, pero no puede ejercerlo.

Sólo se puede ejercer el Poder de Dios en un gobierno vertical, en el cual todos obedecen al Papa reinante. Pero, en la renuncia del Papa Benedicto XVI, el Poder de Dios queda inútil en la persona del Papa, y nada puede quedar atado o desatado en el Cielo.

Ese Poder de Dios queda vivo en aquellos que siguen obedeciendo la verdad en la Iglesia, la verdad absoluta, sin someterse al falso papa Bergoglio. Pero, nada pueden hacer con ese Poder Divino que suponga una atadura o desatadura en el Cielo.

De igual manera, Bergoglio ni puede atar ni desatar en el Cielo. Es imposible que un hereje mande en el Cielo. Si la fe sólo se pierde por la herejía, entonces el Poder Divino sólo se pierde por obrar la herejía.

La herejía es la idea que combate a la verdad dogmática. Todo hereje conoce la verdad dogmática, pero con su pensamiento da mil vueltas a esa verdad para quedarse sólo en su idea herética. Por eso, un hereje no puede tener fe, pero sí puede conocer toda la verdad. El grado de su herejía depende del grado de conocimiento de la verdad. Cuanto más conozca la verdad, más la destruye, le da mil vueltas, para vivir sólo de las ideas que nacen de su mente humana.

No está la salvación en el conocimiento de la doctrina, sino en la obra de la fe, obra divina que supone creer en la doctrina, no sólo conocerla.

Bergoglio sólo posee un poder humano. Perdió el Poder Divino, que le venía por el Papa Benedicto XVI, por su clara herejía. Es más, nunca Bergoglio, desde que fue sacerdote, tuvo Poder Divino por su herejía y apostasía de la fe. Siempre ha obrado con un poder humano. Nunca ha creído. Siempre ha visto el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia como una obra a destruir.

El que ata o desata es siempre el Papa y los Obispos que se someten a Él. Pero si el Papa decide renunciar al gobierno vertical, nadie ata o desata en la Iglesia. Sin embargo, queda el Poder Divino vivo, aunque inútil.

Por eso, en el momento en que Benedicto XVI renuncia al gobierno vertical, en ese instante el Cielo queda cerrado. Y cuanto haga el Papa Benedicto XVI no queda registrado en el Cielo.

Si el Papa Benedicto XVI hubiera huido de Roma, gobernando la Iglesia en otro sitio, entonces el Cielo seguiría abierto, porque el Poder de Dios se seguiría obrando, ejerciendo en un gobierno vertical.

Pero Benedicto XVI dejó a un usurpador en el Trono. Y él conocía que era un usurpador. Pero tuvo que permitir ese pecado, porque allí donde los hombres desprecian el Poder del Papa, allí se inaugura la Justicia de Dios. Y el Papa reinante tuvo que obrar permitiendo el pecado de muchos Obispos, que quieren un gobierno horizontal en la Iglesia.

Desde el momento de la renuncia del Papa Benedicto XVI, la Iglesia pasa a estar en el Reino de Dios, no ya en la Jerarquía.

Jesús funda Su Iglesia en Pedro: se construye, se levanta en una Jerarquía que obedece al Papa. Y esto se ha mantenido desde hace 20 siglos. Y a pesar de todas las contrariedades de la Iglesia, siempre ha habido un Papa legítimo en Ella, que es el bastión de la Verdad, es el que garantiza la unidad de la Iglesia.

Cuando la Sede de Pedro ha sido usurpada, es decir, cuando los hombres en la Iglesia han llegado a la perfección de la maldad, iniciando una abominación con un gobierno horizontal, la Iglesia nunca puede desaparecer, pero sí queda oculta, oscurecida, maniatada, esclavizada.

Lo que Cristo ha levantado durante 20 siglos en Su Iglesia ha sido gracias a Su Pedro, al Papa reinante. Pero Cristo no puede seguir levantando Su Iglesia en un falso papa, con un gobierno horizontal en el Vaticano. No se construye la Iglesia en la herejía del gobierno horizontal, en muchas cabezas. Se construye la Iglesia en la verdad del gobierno vertical, en Pedro.

La Iglesia deja de construirse en la Jerarquía, cuando el Papa reinante, Benedicto XVI, renunció, y pasa al desierto de cada alma. La Iglesia permanece en lo que es en cada alma fiel al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. Permanece, pero no puede seguir levantándose el edificio de la Iglesia porque no está la Roca de Pedro en el gobierno.

Pedro todavía sigue vivo, pero no gobierna. Todavía tiene el Poder de Dios en su persona. Pero su Trono ha sido usurpado. El Poder de Dios queda inutilizado por la usurpación. Sólo se manifiesta oficialmente un poder humano, que viene de un gobierno horizontal. Ese poder humano usurpa el Poder Divino: obra en la Iglesia apelando a la Voluntad de Dios, pero sin la capacidad de obrar esa Voluntad Divina. Se cae necesariamente en el pecado de tomar el Nombre de Dios en vano para ejercer una tiranía en la Iglesia, desde ese gobierno.

Mientras el Trono de Pedro permanezca usurpado, la Iglesia no puede crecer más, no puede seguir construyéndose en Pedro, pero sí puede permanecer en lo que es, en lo que los Papas han enseñado y han gobernado en la Iglesia.

Por eso, la Iglesia remanente es de muy pocos. Muchos prefieren la oficialidad del Vaticano. Muchos siguen eso y no les importa lo que es la Iglesia, ni la figura del Papa legítimo en la Iglesia, ni su gobierno vertical, ni el poder divino que nace de ese gobierno vertical.

Muchos quieren la política que el gobierno horizontal de Bergoglio manifiesta en la Iglesia y en  el mundo. Muchos quieren esa nueva iglesia, que es una nueva estructura, que no se apoya en Pedro, sino en un consejo de hombres, en un gobierno horizontal., en la nueva ley de la gradualidad.

La Sede usurpada significa levantar una nueva estructura de iglesia, una nueva forma de gobernar la Iglesia, que no tiene nada que ver con lo que Jesús instituyó en Pedro.

Esto es lo que muchos ilustrísimos católicos no acaban de ver, de discernir. Y se pierden en la hermenéutica del lenguaje humano.

Si con un Papa legítimo, las almas se salvan o se condenan por la obediencia o la desobediencia a la Jerarquía, con un falso papa, las almas se condenan, de manera absoluta, si siguen a ese falso papa; pero encuentran un camino de salvación si desobedecen a ese falso papa.

El alma se salva en comunión espiritual con el Papa verdadero y legítimo, que es Benedicto XVI. El alma se condena cuando no está en comunión espiritual con el Papa.

Cuando el Papa Benedicto XVI deja el gobierno vertical y se pone en obediencia a un usurpador, entonces la salvación y condenación de las almas ya no depende de la Jerarquía.

El ministerio sacerdotal sólo tiene una misión: salvar las almas.

Cada sacerdote tiene la gracia de llevar al Cielo las almas que Dios le pone. Esas almas no se conocen en la realidad. Pueden ser de la parroquia en la que trabaja ese sacerdote o de otro lugar de la tierra. Pueden ser almas que nunca han conocido la verdad, que no pisan la Iglesia, que no saben creer con sencillez.

Dios hace depender la salvación del alma de la gracia. Sin la gracia, nadie se puede salvar. La fe es un don de Dios. Sin las gracias que vienen de la fe, es imposible llegar al Cielo. Sin la oración perseverante, el alma no tiene fuerza para salir de sus pecados, y continúa en ellos sin posibilidad de recuperarse, de caminar hacia la salvación.

En la tierra, el hombre puede pasar del estado de pecado al estado de la gracia. Puede permanecer en el estado de pecado. Y puede vivir su condenación en vida.

Con un Papa verdadero y legítimo, las almas en la Iglesia se salvan por el ministerio sacerdotal. Aunque ese alma tenga fe, crea, ore, haga penitencia, viva en gracia, etc…, siempre se va a salvar por la gracia del sacerdocio.

En la Iglesia, todas las gracias están unidas. El alma no puede tener fe en Dios si no cree en el Papa, si no obedece al Papa, si no obedece a la Jerarquía verdadera. De nada sirven las penitencias, si el alma no se somete al Papa, no cree en el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

La Iglesia es una gracia: es el Cuerpo de Cristo que se levanta en Pedro. Cualquier gracia que se reciba en la Iglesia es a través de Pedro.

Fuera de la Iglesia, el alma se salva si cree en Dios, si cumple con la ley natural y divina. Pero Dios no exige, para la salvación del alma, la ley de la gracia, que sólo se da en la Iglesia Católica.

Fuera de la Iglesia, cumplir con la ley divina lleva al alma a un estado de gracia, pero no permanente. Sin el Sacramento de la confesión, las almas caen del estado de gracia al pecado. Y ahí permanecen hasta que cumplan, de nuevo, con la ley de Dios. Ese cumplimiento, llevará al alma al conocimiento de la gracia y, por tanto, de la verdadera Iglesia. Cuando el alma conoce que necesita la Iglesia para salvarse, entonces Dios le exige algo más que cumplir con la ley de Dios para poder salvarse. Le exige la ley de la gracia. Y eso supone entrar en la Iglesia y someterse al Papa reinante.

Los sacerdotes, los Obispos y los Cardenales están en la Iglesia para salvar almas. Tienen esa gracia y deben aprender a usarla para conquistar almas para Dios.

Cuando la Jerarquía se dedica a la política, como vemos en el Vaticano, entonces esa Jerarquía sólo trabaja para el demonio, es decir, para condenar almas. Y, a pesar de todas sus obras buenas humanas, sólo condenan almas.

No se da el sacerdocio para hacer obras buenas humanas, sino para salvar almas: para hacer una obra divina, una obra redentora, la obra de Cristo por excelencia.

Cuando el Papa legítimo y verdadero, Benedicto XVI, decidió renunciar, en la Iglesia las almas quedaron libres de la Jerarquía.  Al pasar la Iglesia al Reino de Dios, automáticamente, las salvación del alma sólo queda en ella: en su oración, en su penitencia, etc… Pero no queda ligada a ninguna Jerarquía.

Este punto es muy importante de conocer.

Toda gracia en la Iglesia está ligada al Papa. Si el Papa no gobierna, porque el Trono ha sido usurpado, ninguna gracia está ligada al Papa.

Benedicto XVI sigue teniendo el Poder Divino, pero no puede atar y desatar: no puede decidir si un alma se salva o se condena.

Mientras viva, el Poder Divino sigue vivo en él. Y quien esté en comunión espiritual con Benedicto XVI recibe gracias especiales en este tiempo de usurpación. Quien no esté en comunión espiritual con él, no puede recibir esas gracias, y queda en manos del usurpador, que sólo trabaja para engañar a las almas con una doctrina de demonios.

Pero la Iglesia permanece en lo que es, sin posibilidad de crecer ni de disminuir, hasta que la usurpación no se quite.

Benedicto XVI ya no puede construir más la Iglesia: sólo puede hacer, con la gracia que tiene, que la Iglesia se mantenga en lo que es. Al no gobernar la Iglesia, ésta no se puede seguir construyendo con un gobierno horizontal. Se para de construir, queda como un edificio que no ha terminado de levantarse, que no ha llegado a su perfección en sus miembros. Sin embargo, no decae de su perfección, de lo que ha sido construido. Por la usurpación, queda oculta, maniatada, esclavizada a los hombres.

En este tiempo, en que desde Roma se ha iniciado una nueva forma de ser iglesia, conviene a los verdaderos católicos dejar de ver a Roma como se ha visto siempre. Mientras el católico siga esperando algo de Roma va a quedar atrapado en los engaños de la Jerarquía masónica que gobierna la Iglesia.

Por eso, el Sínodo que viene es sólo una trampa, como fue el pasado. Pero, esta vez, van a tener éxito.

Conviene a los católicos ir dejando parroquias que sólo hacen política en la Iglesia. Ya no están ligados a ninguna jerarquía en la Iglesia. Y tampoco hace falta la Jerarquía para darse cuenta de la abominación que hay en Roma.

Cuando muera Benedicto XVI la Sede quedará vacante, pero seguirá usurpada. Y será el momento más confuso para los católicos que no hayan discernido lo que hay en el Vaticano.

Desde la muerte de Benedicto XVI los hombres tendrán prisa por levantar su nueva iglesia universal, que tiene que estar apta para apoyar el gobierno mundial, que será regido por el Anticristo de estos días.

La Iglesia verdadera, la remanente, quedará oculta y perseguida. Oficialmente se llamarán católicos los que sigan a un falso papa. Falsos católicos que sólo buscan en sus vidas agradar a los hombres.

Ya no hay que estar viendo qué hace o no hace Bergoglio. No hay que ir a misa para estar pendiente de la homilía del sacerdote. Sólo vayan  a misa para comulgar con Cristo y con el Papa verdadero. Lo demás, no interesa de la Misa. Sólo interesa saber si ese sacerdote cree en el Misterio del Altar.

En la usurpación del Trono cae toda obediencia de los fieles a la Jerarquía. No se sometan a nadie en la Iglesia. Es Cristo el que sigue gobernando la Iglesia con Su Espíritu.

Bergoglio no es garantía ni de verdad ni de unidad: es el fundamento de la destrucción de la Iglesia. Él ha puesto la piedra que destruye la Iglesia: el gobierno horizontal.

Desprecien a ese hombre porque es el mismo Satanás. Y su obra es demoniaca por los cuatro costados. Y desprecien a toda Jerarquía que se siga sometiendo a ese hombre. La salvación de sus almas depende de ello.

En el tiempo de la usurpación del Trono, Roma se vuelve la prostituta de todas las naciones. Va a ser más importante, en el pecado, que EEUU. No sólo lo va a igualar, sino que va a dejar pequeño las maldades que en la Casa Blanca se han tejido para organizar un mundo sin Dios.

Ahora, desde Roma se tejen las más perfectas maldades para levantar, no sólo un mundo sin Dios, sino también una iglesia sin Dios. Una iglesia sólo inventada por la mente de los hombres que no puede existir en la realidad de la vida. Una vez que crean que tienen todo listo para mostrarla al mundo, el mundo caerá en el más terrible castigo, impidiendo que esa nueva iglesia y que ese nuevo gobierno mundial pueda perdurar en el tiempo.

Es el tiempo de huir de Roma. Estar en el desierto, con la Virgen María, viviendo de fe y de amor divinos. Lo demás, lo que venga de Roma hay que pásarselo por la entrepierna. Ya no se hace caso de nadie en la Iglesia. No vivan para el pensamiento de los hombres, sino sólo para Cristo.

Dos Papas en Roma: uno verdadero; otro falso.

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Dos Papas en Roma: uno, que es falso, llamado Bergoglio; otro, que es el verdadero, el Cristo en la tierra, llamado Benedicto XVI.

El que obedezca a Bergoglio no tiene parte en la obra de la Redención de Cristo; es decir, desprecia la Misericordia y tiene una espada de Justicia colgando de su cabeza. Camina hacia la condenación eterna. Vive como un demonio encarnado.

El que obedezca a Benedicto XVI, que es el Vicario de Cristo, se puede salvar porque se somete a la Cabeza que ha puesto el Espíritu Santo en la Iglesia. La salvación está en la obediencia al Papa verdadero.

El Papa es el que es enviado para conquistar las almas perdidas en el pecado. La persona y el ministerio del Papa tienen un significado salvífico: al igual que Cristo vino para librar a los hombres de la pena y muerte del pecado; así todo Papa realiza la misma función. Es el camino para que los hombres vean dónde está la única verdad, la inmutable, la que nunca pasa, y así puedan obrarla y vivirla en sus vidas humanas.

Y sólo la Verdad es la que libera al hombre del pecado. Sólo la Verdad es la que salva al hombre.

Obedecer al Papa es ser libre, no es estar esclavo del pecado, es batallar contra el demonio, es obrar lo divino en lo humano.

No obedecer al Papa es caer en las garras del demonio y vivir sometidos a todo pecado.

La fe es obediencia. Y obediencia a la verdad. Y sólo el Papa da la Verdad. Tiene esa misión: es el que defiende la verdad y la muestra como camino de salvación.

El Papa es el que une en la verdad porque es la Roca de la Verdad. Y, por eso, ningún Papa puede caer en la herejía, porque Cristo levanta Su Iglesia en la Roca de la Verdad, que es Pedro y sus sucesores legítimos.

Esta es la fe que todo católico debe profesar. Aquel que juzgue y condene a un Papa, automáticamente, sale fuera de la Iglesia.

Ningún alma puede salvarse, aunque siga toda la tradición, todo el dogma, todo el Evangelio, si no obedece al Papa reinante.

El Papa reinante es, en estos momentos, Benedicto XVI: es el que tiene el Primado de Jurisdicción, es decir, el Poder Divino en la Iglesia. Es el que tiene las llaves del Reino de los Cielos.

El Papa que reina es el que posee el Primado de Jurisdicción; el Papa que gobierna es el que ejerce ese Primado en Roma.

Benedicto XVI dejó de gobernar en Roma, pero no dejó el Primado, su reinado, las llaves. Sigue siendo el Papa, aunque no gobierne la Iglesia. Él no renunció a la Elección Divina sobre su persona; pero sí renunció al gobierno de la Iglesia.

No se puede gobernar con herejes. Hay que marcharse. Hay que dejar que los herejes pongan su hombre hereje y gobiernen la Iglesia como ellos quieren.

La Iglesia se gobierna con el Poder Divino que tiene el Papa Benedicto XVI. No se gobierna con el poder humano que le han dado a Bergoglio, el hombre de las mil caras.

Y si la Iglesia sigue a un hombre que no tiene el Poder Divino, se pierde necesariamente en la mente de ese hombre y es culpable de tres cosas: de herejía, de cisma y de apostasía de la fe.

Dos Papas: uno, con un poder humano, Bergoglio; otro, con el Poder Divino, Benedicto XVI.

Todo cuanto haga Bergoglio es nulo para Dios y para la Iglesia. Todo cuanto haga Benedicto XVI es válido para Dios y para la Iglesia.

Cada alma tiene que elegir entre los dos: no se pueden seguir a los dos, al mismo tiempo.

No se puede decir: como ya había cosas que con Benedicto XVI se estaban estudiando, lo que aprueba Bergoglio vale. Esto no se puede decir. Juan Pablo II sigue siendo Beato, aunque su proceso de canonización ya estaba listo. Como no fue canonizado por el Papa verdadero y legítimo, Benedicto XVI, no tiene validez su canonización. Un hereje no posee el Poder Divino para sellar una canonización. Así, todo lo demás, ya sean anulaciones de matrimonios u otras cosas que venían del Papa Benedicto XVI.

La Iglesia Católica descansa sólo en el Papa legítimo y verdadero: Benedicto XVI. La Iglesia sólo está en el Papa verdadero. No puede estar en un falso papa.

No se hace la Iglesia buceando en la herejía. No se es Iglesia alimentándose de herejías. No se levanta la Iglesia con el sello de un hereje.

En Roma, se está levantando otra estructura de iglesia, la cual se apoya en un gobierno horizontal, regido por la ley del hombre, la ley de la gradualidad; con una doctrina llena de fábulas, sacadas de la masonería, del marxismo y del protestantismo. Esta nueva iglesia no tiene ningún conocimiento de la verdad, ninguna sabiduría divina, sino que es un sincretismo religioso: en ella todo vale y nada tiene valor sagrado, divino, santo.

Jesús ha abierto la puerta de la vida eterna. Y dejó las llaves de esta puerta al Apóstol Pedro y a todos los que le han sucedido y le sucederán hasta el juicio final.

No se acaba el Papado con Benedicto XVI, sino que se sublima, se transforma.

El Papa Benedicto XVI es el último Papa verdadero antes del fin de los tiempos. Con él se acaba un tiempo: el tiempo en que las almas han sido redimidas.

Pero, tiene que abrirse otro tiempo: el Milenio, en donde se verá la redención de los cuerpos.

Muchos cojean en su fe: sólo ven dos venidas de Cristo. La primera, como Redentor; la segunda, como Juez. Y anulan la venida intermedia: Jesús viene como Rey de reyes y Señor de señores. Y viene para reinar mil años, aquí en una tierra totalmente renovada y purificada.

«Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; sobre ellos no tendrá poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Él por mil años» (Ap 20, 6).

Esta Verdad Revelada a muchos se les atraganta, porque tienen una mentalidad dogmática, que les impide bucear en la inteligencia del Espíritu.

Ellos suelen resolver esta Palabra de Dios en los mártires de los primeros siglos, en que ellos reinaban en la Iglesia con Cristo, y con Él regían la Iglesia. Después, vino la época oscura del Renacimiento hasta nuestros días. Y lo que se ve es ya el juicio final.

Esta interpretación es, claramente, una necedad. Pero así piensan muchos teólogos, que amarrados a su dogmatismo, se quedan ciegos para poder comprender la Mente de Dios.

Muchos católicos se vuelven fariseos cuando se habla del Milenio: empiezan a sacar sus argumentos racionales y dogmáticos, ocultando la verdad de lo que ha sido revelado.

Benedicto XVI cierra un tiempo del Papado. Y lo ha cerrado con una Cruz: un Papado que le ha llevado a vivir el desprecio de los suyos en el gobierno de la Iglesia.

Los Cardenales y Obispos han osado tocar a Cristo en la tierra: lo han juzgado y condenado; se han rebelado en contra de él, y le han hecho la vida imposible en su Papado. Para esa Jerarquía tiene que venir la mayor ruina, el mayor castigo: han despreciado la Verdad en un Papa; ahora, se quedan ciegos para siempre y sólo pueden ver la mentira en un falso papa y seguirla de forma necesaria.

Los Obispos y los sacerdotes son otros Cristos sólo si están unidos al Romano Pontífice: si le ayudan en su gobierno en la Iglesia, si siguen su pensamiento. Pero si desobedecen al Papa hasta el punto de hacerlo renunciar de su Papado, entonces esos Obispos y sacerdotes son sólo demonios encarnados. Y así tienen que ser tratados por toda la Iglesia.

No hay respeto ni reverencia a aquella Jerarquía que busca el orgullo del poder humano en la Iglesia. No se puede obedecer la mente de los hombres en la Iglesia. No hay ningún respeto ni ninguna reverencia hacia Bergoglio y sus seguidores en el gobierno de la Iglesia.

Para los verdaderos católicos, lo que diga Bergoglio entra por un oído y sale por otro. No hay que estar ya perdiendo el tiempo con Bergoglio. Porque ya es una pérdida de tiempo el luchar en contra de Bergogio. Ahora, hay que dejarlo en su herejía, en su cisma y en su apostasía de la fe. Y hay que seguir siendo Iglesia, comulgando espiritualmente con el Papa reinante, Benedicto XVI. Hay que despreciar al falso papa que gobierna la Iglesia con un falso gobierno de hombres, de cabezas humanas que sólo miran por lo suyo, por su negocio en la Iglesia.

La Iglesia hay que contemplarla desde Cristo, no a partir de las Iglesias locales, no a partir de Roma. Es Cristo el que ha forjado, en la historia de los hombres, Su propio Cuerpo, que es la Iglesia. Y es Cristo el que sigue forjando, en estos últimos tiempos, Su Cuerpo, aunque Su Papa, Benedicto XVI, no gobierne la Iglesia.

Él sigue teniendo las llaves del Reino de los Cielos: Benedicto XVI reina en toda la Iglesia Católica. Él solo tiene la capacidad de abrir y cerrar el Cielo. Nadie se puede salvar si no obedece al Papa Benedicto XVI. Nadie puede entrar en el Cielo sin pasar por la puerta, que sólo puede abrir el Papa Benedicto XVI.

Esta verdad ha sido anulada por la Jerarquía que gobierna actualmente la Iglesia.

El Episcopado nace sólo del Apóstol Pedro, no de los Apóstoles. De Pedro procede todo el orden clerical. Los Apóstoles son Apóstoles porque Pedro les da el sentido de su vocación divina. Sin la obediencia a Pedro, el Apóstol no tiene ningún sentido que exista.

La Jerarquía del Vaticano sigue la teoría de que el Episcopado deriva de los Apóstoles,  no de Pedro. Por lo tanto, siempre cabe la independencia de Pedro: no someterse a él. De esta manera, se presiona a Pedro, al Papa reinante, para que gobierne con el Episcopado, para que valorice el Sínodo de los Obispos, lo que piensan las múltiples cabezas de la Iglesia. Y así un Papa queda prisionero en su gobierno vertical, y no puede hacer nada que Dios quiera en la Iglesia. El Episcopado no se lo permite.

Así han estado los Papas durante cincuenta años. Y la presión ha sido tanta que Benedicto XVI tuvo que dejar de gobernar. Es imposible gobernar a herejes, a cismáticos y a una Jerarquía que vive la apostasía de la fe.

El Papa Benedicto XVI es Cristo en la tierra y tiene las llaves del Reino de los Cielos. Se obedece al Papa porque tiene las llaves, porque es Cristo en la tierra. No se obedece al Papa porque ejerce un gobierno en la Iglesia.

Muchos católicos caen en este error: como Benedicto XVI no está gobernando, entonces hay que darle a Bergoglio la obediencia.

Jesús levanta Su Iglesia en Pedro, no en Roma. En Roma está el gobierno de Pedro; pero en Pedro está el Poder de Dios, las llaves del Reino de los Cielos. Sin esas llaves, el gobierno en Roma es sólo un poder humano, un gobierno de hombres.

Se ama al Papa Benedicto XVI porque es Cristo en la tierra; porque a través de Él el alma entra en el Cielo.

Se odia a Bergoglio porque es un hombre pagano que deambula, como un demonio, por la tierra buscando sus adeptos; porque a través de él se entra en el infierno.

Dos Papas: uno, pecador, Benedicto XVI; otro, hereje, cismático y apóstata de la fe, Bergoglio. El hereje es un falso papa; el pecador es un verdadero papa.

Muchos católicos sólo se fijan en los defectos del Papa, en sus pecados personales. Y olvidan que se da obediencia a un Papa no por él mismo, sino al Poder Divino que tiene el Papa, a lo que representa el Papa en la Iglesia, que es a Cristo.

Ningún pecado en que caiga un Papa disminuye la Autoridad Divina que posee, ni quita nada a la perfección de la Obra Redentora de Cristo, ni puede anular los Sacramentos, en los cuales se da a las almas la vida de la gracia.

Ningún pecado mortal del Papa reinante produce la sede vacante. La renuncia al gobierno no produce la Sede Vacante.

El Papa tiene la misión de administrar la Iglesia, que son tres cosas: guiar en la Verdad, enseñar la Verdad, señalar el camino de la verdad.

Esta misión no es dañada por ningún pecado mortal o venial que la persona del Papa pueda cometer. En esa persona, disminuirá la gracia, aumentará la culpa, pero no puede perder el Poder Divino, porque este Poder no se mancha con ningún pecado de la persona del Papa.

El Poder Divino no es una cosa, una frase, un sentimiento, unas bellas palabras. Es un carisma en la persona del Papa. Y todo carisma es un Espíritu, es decir, es una inteligencia divina y una voluntad divina.

El Espíritu de Pedro, que tiene todo Papa verdadero y legítimo, está en el Papa aunque peque mortalmente. Su pecado personal no nubla la inteligencia divina que posee por el carisma, ni impide la obra de la voluntad divina.

Un Papa puede pecar mortal y venialmente; pero nunca puede cometer el pecado de herejía. Si un Papa comete ese pecado, eso quiere decir que antes de ser Papa ya era hereje. Y, además, que fue puesto en la Silla de Pedro por los hombres, no por el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo nunca puede elegir como Papa a un hombre que tenga el pecado de herejía. Eso va en contra de la misma Revelación. La Iglesia se fundamenta en la Verdad, no en la herejía. Y, por eso, Cristo no puede levantar Su Iglesia en el pecado de la herejía. Nunca.

Bergoglio era ya un hombre hereje. Y los herejes no pertenecen a la Iglesia Católica. Luego, Bergoglio no pudo haber sido elegido Papa por el Espíritu Santo. Fueron los hombres los que lo pusieron en ese cargo: lo pusieron como falso papa. Y él tomó el nombre de Obispo de Roma para organizar una nueva estructura de iglesia en Roma.

Bergoglio no es Papa. Es un falso Papa; es decir, es un hombre que usurpa el Papado para obrar su negocio en la Iglesia.

Es un hombre que levanta un falso papado, un falso gobierno, en el que muchas cabezas son las que deciden el destino de la iglesia.

Bergoglio, al no ser Papa, es sólo un hombre de ideas políticas, que pone por obra con un poder humano, el que le dieron los que lo elevaron a ese cargo. Ese poder humano es un poder masónico, que está basado sólo en una ley: la ley de la gradualidad.

Los masones gobiernan de grado en grado. Ellos tienen su propia jerarquía abominable, la cual nace del pensamiento humano. Buscan la idea más perfecta de todas las mentes. Y ésa es la que se impone a los demás. Quien quiera alcanzar el grado de esa idea perfecta, tiene que renunciar a muchas cosas para poder servir a esa idea, que sólo está en la mente del hombre, no en la realidad de las cosas. El masón vive el idealismo puro: se inventa su vida, sus obras, su dios, su religión, su salvación, sus castigos, sus normas de moralidad, sus gobiernos, etc… Construye su vida de acuerdo a su ideal mental. Construye su realidad como está en su mente, no como está en la realidad. Por eso, todo masón vive imponiendo su idea y habla lo que el otro quiere escuchar, para llevarlo siempre a su idea.

Esto es lo único que hace Bergoglio. Por eso, Bergoglio entretiene a todo el mundo y vive imponiendo su idea. Es un gran orgulloso. Y los que están a su alrededor conocen este orgullo. Bergoglio es putrefacción mental. Sólo hay que leer sus escritos para darse cuenta del sueño que vive ese hombre, del vacío en que se encuentra su vida, de la testarudez con que invoca su pensamiento para justificarse a sí mismo de que vive bien.

Bergoglio vive su vida dando vueltas a su pensamiento humano. Y no puede salir de ese rodeo. Sólo ve lo que él piensa. No puede detenerse en el pensamiento de los demás. Si lo que piensa el otro está de acuerdo a su idea, entonces acepta al otro. Pero si no está de acuerdo, entonces lo usa para una cosa y después lo tira, lo desprecia.

Bergoglio no tiene las llaves del Cielo. Bergoglio no es Cristo en la tierra. A Bergoglio no se le puede respetar porque vive en su herejía.

A los Obispos y sacerdotes que están en el pecado mortal, se les debe el respeto y la reverencia. Pero aquella Jerarquía que ha caído en la herejía, ya no hay respeto ni reverencia, porque ya no son otros Cristos. Sólo son hombres, que piensan y viven como los hombres.

Dos Papas: la división en la Iglesia y en el mundo entero.

«Así está ya sucediendo en todos los niveles, dentro de la Institución de Mi Iglesia: desde la más Altar Jerarquía, dos Papas, uno que es el Verdadero Vicario, Hijo de la Luz, defensor de la Verdad, Pastor Verdadero y legítimo de Mi Rebaño, contra el falso profeta, el hijo de las tinieblas, el engañador, el que se disfraza de luz pero es tiniebla. Es como el sepulcro blanqueado: por fuera, aparenta pureza, y por dentro, está lleno de obscuridad, la tiniebla que hay en su corazón.

En todos los niveles se está dando ya esta división, que es la separación del trigo y la cizaña, de la verdad y la mentira; entre las familias, en todas las sociedades y en todos los niveles; en creyentes y no creyentes también hay esta separación de los justos y los injustos.

Todas las órdenes religiosas, seminarios, empresas y gobiernos, están ya siguiendo la verdad o aceptando la mentira. Por sus frutos los reconocerán.

Lo mismo es en toda parroquia, y en el lugar de vuestra diócesis de esta ciudad, tierra de mártires, semillero vocacional para el sacerdocio ministerial.

Ya se nota la división entre Mis consagrados, los fieles y los infieles». (Jesús a un alma escogida).

La Verdad sólo puede estar en una cabeza, no en dos cabezas al mismo tiempo. Cristo es la Verdad, los hombres son la mentira.

En la Iglesia se sigue el pensamiento de Cristo, no se sigue el pensamiento de ningún hombre, aunque esté vestido como un Obispo. Si esa Jerarquía no da la Verdad, entonces se la desprecia y se deja a un lado.

Es Cristo el que da la interpretación de la verdad. No son los hombres los que trabajan para aclarar la Verdad. La Verdad se aclara en Ella misma, no en la bodega de un pensamiento humano.

Muchos católicos son sólo racionales, pero nada espirituales. Caen en el racionalismo: todo lo miden, todo lo calculan, y no hay manera de que se enteren de la soberbia que tienen, que muestran cuando hablan.

Muchos católicos se pierden con Bergoglio sólo por su soberbia: ven las cosas como son, pero como todo lo miden con sus cabezotas, acaban dando culto al hereje.

Tienen que rezar por la Jerarquía, que es la ciega en todo lo que acontece en la Iglesia. Ellos no ven nada. Y no les sirve su teología para salvarse, sino su amor y obediencia al Papa verdadero, Benedicto XVI.

Si ellos no lo ven como el Papa, están todos perdidos. Por eso, no pierdan el tiempo rezando por el Sínodo. Eso es sólo un teatro que se van a montar para iniciar la destrucción de la Iglesia. Recen para que la Jerarquía abra sus ojos y elija: el verdadero papa o el falso papa. Que se vean claras sus intenciones.

Mucha Jerarquía dice que está con el Papa Benedicto XVI, pero sigue obedeciendo a Bergoglio. Es un absurdo. Mucha Jerarquía se sabe el dogma y la tradición, y continúan obedeciendo a Bergoglio. Otro gran absurdo. Son tibios: ni fríos ni calientes. Hablan la vedad y obran la mentira. Y Dios a los tibios los vomita de su boca.

Que Burke no espere salvarse si no obra en contra de Bergoglio. Él sabe cómo son las cosas en la Iglesia, pero sigue teniendo a Bergoglio como papa. Es un tibio, como muchos católicos.

En comunión espiritual con el Papa Benedicto XVI

verdaderofalso

«No tengáis miedo, adelante en comunión con Benedicto» (Jesús a un alma escogida).

Todas las almas, en la Iglesia, tienen que estar unidas a Su Cabeza.

Pero hay una Cabeza Invisible, que es Jesucristo; y una Cabeza visible, que es el Papa.

La unión del alma con Cristo es mística; la unión del alma con el Papa es espiritual.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: son las almas unidas místicamente a Cristo bajo una Cabeza espiritual, sometidas, obedeciendo a esa Cabeza.

En toda oración litúrgica, en la Sta. Misa, el alma tiene que tener dos intenciones: la de unirse a Cristo, a su obra redentora en la Cruz; y la de unirse a las intenciones del Papa, a la obra del Papa en la Iglesia.

Quien se une a Cristo, participa de Su Obra Redentora: le ayuda a salvar y santificar las almas; quien se une al Papa, participa de su Espíritu, el Espíritu de Pedro, que es el que mueve a toda la Iglesia; construye, con él, la Iglesia de Cristo.

Todos aquellos que se separan del Papa también lo hacen de Cristo. Si no se está unido espiritualmente al Papa, tampoco se está unido místicamente a Cristo.

No se puede estar en comunión mística con Cristo sin estar en comunión espiritual con el Papa. Y si se comulga espiritualmente con un falso papa no puede darse la unión mística con Cristo.

Jesús ha puesto a Benedicto XVI como Pedro en la Iglesia. Jesús construye la Iglesia sobre el Papa Benedicto XVI:

«…pues os digo, Mi Benedicto, que tú eres Pedro, y sobre ti edifico Yo Mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Ib).

Jesús no puede edificar Su Iglesia sobre un hereje, porque la obra de la Iglesia es una verdad revelada, divina, inmutable, dogmática. Es una verdad moral y espiritual. Los herejes, no sólo atacan la verdad sino a toda la Iglesia, a toda la obra de Cristo en Pedro.

Allí donde está Pedro está la visibilidad de la Iglesia. Pero allí donde está un falso Pedro, sólo es posible ver una secta más, no una iglesia.

«Ninguna tempestad puede conmover a la Iglesia fundada sobre la piedra, ni destruirla nunca el furor de los vientos» (San Jerónimo – In Isai); pero puede ser ocultada, perseguida, atacada, de tal manera que ya no sea visible.

La Iglesia es visible en todo el mundo porque es autoridad moral y espiritual, Al dar normas morales y espirituales para todas las almas y para todos los gobiernos, se produce la visibilidad moral de la Iglesia. Esta visibilidad es universal: se extiende a todas las naciones. La Iglesia existe y domina moral y espiritualmente en toda la tierra. Esto es lo que se llama la catolicidad. La Iglesia de Cristo es católica porque ejerce su dominio moral sobre todos los pueblos.

Muchos han anulado esta catolicidad porque sólo la relacionan con la nota de lo universal. Lo católico es lo moral, lo espiritual. No es lo global, lo universal, no es algo que todos pueden usar a su capricho.

«Pídeme, y te daré las naciones en herencia tuya, y extenderé tu dominio hasta los extremos de la tierra» (Salm 2, 8b).

La Iglesia domina todo el mundo, con una autoridad moral, porque propaga la ley de Dios entre las naciones: señala lo que es la Voluntad de Dios y la manera de obrarla.

La Iglesia no conquista tierras, no domina políticamente, no establece un reino humano ni material. La Iglesia domina corazones, almas, evangelizando, administrando los Sacramentos, haciendo observar los mandamientos divinos.

Desde hace más de dos años, Bergoglio ha dado muestras suficientes de que es un hereje consumado y manifiesto. Pero «pocos parecen percatarse de la falsedad del lobo vestido de oveja, que anda abriendo las puertas del redil para dejar extraviar a las ovejas buenas, y dejar entrar a los lobos, a los que son ovejas de otro rebaño» (Ib).

Pocos se dan cuenta de que en Roma están en comunión espiritual con un hereje. Si Roma es hereje, la Iglesia verdadera queda encarcelada, oculta, perseguida, porque eso supone alejarse de la comunión mística con Cristo. Eso es alejarse de la Iglesia Católica. Eso es presentar al mundo, a las almas, a los gobiernos, una iglesia que no ejerce su domino moral sobre todos, sino que es abiertamente inmoral. Una secta que ejerce una imposición, un imperativo moral (= una inmoralidad).

Si no se aplica la ley de Dios, si no se enseña lo que es la Voluntad de Dios, entonces el mundo recibe una doctrina no moral, herética por los cuatro costados. Es decir, se ofrece al mundo lo mismo que éste tiene. Automáticamente, esa iglesia pierde la universalidad y la catolicidad. Esa iglesia es sólo mundo, una secta más con sus ideas propias.

Pero tiene un agravante: se da esa doctrina amparada en una autoridad moral y espiritual, que es falsa. Porque el verdadero Papa, el que tiene ese dominio moral y espiritual, no gobierna la Iglesia:

«Oh, Mi Pedro, estáis encarcelado, impedido de ejercer vuestro ministerio, porque el usurpador ha tomado vuestro puesto, haciéndose pasar por uno de los Míos, pero el espíritu del mal ya entró en él, y vendió su alma al poder del mal. (ib).

Si el usurpador ha tomado el puesto del Papa, haciéndose pasar por Papa, arrogándose un poder que no tiene ni puede tener, la consecuencia es clara: ese falso papa ejerce una dictadura física entre todos los miembros de la Iglesia. Impone una inmoralidad. No sólo él se ha prostituido con todas las ideas contrarias a la verdad revelada, sino que quiere hacer que todos hagan lo mismo: quiere que todas las almas en la Iglesia, fieles y Jerarquía, se vendan y caigan en el adulterio espiritual. Se alimenten de la herejía. Y quien no siga sus pensamientos, su lenguaje bello y bien elaborado, acaba como se ha hecho con los Frailes de la Inmaculada.

Lo que se ve en Roma no es la catolicidad de la Iglesia sino la mundanidad de la iglesia: la iglesia se ha hecho mundo, como el mundo. Ha adquirido el pensamiento del mundo, que nunca puede ser moral ni espiritual.

Muchos no se han percatado que Bergoglio es una persona inmoral y totalmente mundana, nada espiritual. El poder que ejerce es necesariamente en contra de todo poder moral y espiritual, en contra de toda la doctrina católica. No ejerce un dominio moral, sino una dictadura humana: si no se está en la Iglesia pensando lo mismo que piensa ese hombre, te persiguen, te destruyen, te atacan por todos los frentes.

El dominio moral de la Iglesia nunca es una imposición a los hombres; pero toda dictadura humana esclaviza a todos los hombres a un ideal humano.

Quien obedece a Bergoglio, quien se une a él en la oración, a sus intenciones en la Santa Misa, en sus oraciones de cada mes, recibe el mismo espíritu que anima a esa alma. Bergoglio es movido por dos espíritus: el del falso profeta y el del Anticristo.

Con el primero, ese hombre habla siempre la mentira, es decir, nunca es capaz de enseñar la doctrina de Cristo ni de guiar a las almas hacia la verdad revelada. Es imposible que Bergoglio piense y hable la verdad absoluta. Continuamente, él está en sus relativismos. Y no es capaz de darse cuenta que no sabe nada, que está haciendo el mayor de los ridículos, ante el mundo y ante toda la Iglesia.

Con el segundo espíritu, ese hombre destruye toda la obra de Cristo, que es la Iglesia. Pone a sus hombres claves en todas las diócesis del mundo, para tener control de todo e ir lanzando su doctrina boca a boca, para que la gente la vaya conociendo y poniendo en práctica. Y una vez que ha sembrado su doctrina, comenzará a poner sus leyes, a cambiarlo todo, tanto en el magisterio de la Iglesia, como en toda la tradición.

Bergoglio no cree en los dogmas: ni vive de ellos ni le interesa su existencia. Los conoce como se conoce el sol y la luna: ahí están. Pero él vive lo suyo, lo que le da la gana. Y hace lo que quiere en su ministerio sacerdotal, que es falso a todas luces.

Aquel que se una espiritualmente a Bergoglio, recibe estos dos espíritus.

El sacerdote o fiel que en la Misa se una a las intenciones de Bergoglio como papa, no sólo peca, sino que es movido por estos dos espíritus.

Quien comulga espiritualmente con Bergoglio no puede comulgar con Cristo ni, por tanto, puede estar unido a toda la Iglesia.

Toda esa Jerarquía que sigue obedeciendo a Bergoglio como su papa no pertenece a la Iglesia de Cristo.

Para pertenecer a la Iglesia Católica hay que estar en comunión espiritual con el verdadero y legítimo Papa, Benedicto XVI. Y eso supone y exige tener a Bergoglio como falso papa.

No se puede decir que se está unido a lo que Benedicto XVI ha hecho en la Iglesia y también unido a lo que Bergoglio va haciendo. No se pueden servir a dos cabezas, a dos papas al mismo tiempo.  O se está con Dios o con el demonio. No se construye la Iglesia con dos cabezas. Y menos cuando las dos son totalmente opuestas en la doctrina y en la moral.

Por eso, lo que se ve, no sólo en Roma sino en todas partes del mundo, en cada diócesis, no es la Iglesia Católica. Es otra iglesia en comunión espiritual con un hereje. Una iglesia herética, llena de herejes. Porque quien obedece a un hereje, se hace hereje.

Cuesta entender esta verdad a muchos. Esos católicos, que se saben la teología, el derecho canónico, dicen que esto no es posible. Es la gran oscuridad que se cierne sobre toda la Iglesia.

La Iglesia no es como la cuentan los hombres. Es una verdad revelada: es como la cuenta Dios, como la piensa Dios, como la obra Dios.

Como nadie cree en las profecías, porque todos se han vuelto sabios de su propia cabeza humana, entonces nadie puede comprender esta verdad: Benedicto XVI es el último Vicario, el último Papa. No hay más Papas. No existe un Bergoglio como papa. Existe Bergoglio como usurpador del papado.

«… Mi Verdadero Vicario, BENEDICTO XVI, quien permanece y sostiene a la Verdadera Iglesia, sosteniéndola con su oración, con su sufrimiento, pues Él sabe que a Él se le ha concedido la palma del martirio, y es el Pilar que sostiene la Iglesia; es Pedro encarcelado, privado de predicar la Verdad y ejercer su ministerio petrino; quien todavía tiene las llaves de la Iglesia, aunque por el momento está encarcelado» (Ib).

De momento, Benedicto XVI sigue en la cárcel, pero sostenido por la oración y el sufrimiento de los verdaderos católicos, que son ciertamente muy pocos. Todos están idiotizados por las palabras baratas y blasfemas de un idiota.

Benedicto XVI «quien guiado por El Espíritu Santo supo salir, en el tiempo señalado, para guiar y sostener debidamente a la Verdadera Iglesia, Mi Santa Doctrina. Se entregó para salvar Mi Iglesia. Este gesto, de humildad y de amor de Benedicto, marcó el principio del fin».

Si la Jerarquía hubiera comprendido el gesto de Benedicto XVI, su renuncia que no es renuncia, entonces no hubieran elegido a un impostor e hubieran hecho todo lo posible por quitar a Bergoglio de la Silla de Pedro.

En estas dos cosas toda la Iglesia, toda la Jerarquía, es culpable. Nadie se opuso al Cónclave; nadie se ha opuesto a Bergoglio.

Ninguno ha movido un dedo. Ni un solo dedo. Porque son cobardes: esos Obispos, que tienen todo el poder para gobernar con la verdad en la Iglesia, temen a los hombres; no saben enfrentarse a ellos; no han aprendido a obedecer a un Papa en la Iglesia y, por eso, ahora quedan ciegos en una falsa obediencia a un idiota. Y ellos no lo ven como idiota, sino como sabio, como un portento de santidad y de justicia.

Acaban de presentar el Instrumentum Laboris del Sínodo, con novedades que refieren sobre todo al contexto antropológico-cultural, al socio-económico y al ecológico, ”ahora felizmente iluminado por la nueva encíclica Laudato sí’ (Visnews).

Lo que va a salir de ese falso Sínodo es una imposutra porque está basado en un documento construido sobre una gran mentira: el cambio alarmante del clima. Sobre esa mentira, que todos quieren, todos la buscan y aplauden, se va a liquidar todo el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Quien hace comunión espiritual con un falso papa ayuda a destruir toda la Iglesia.

Quien comulga espiritualmente con Benedicto XVI construye la Iglesia y, por lo tanto, se opone radicalmente a Bergoglio como papa. Se opone con todas las consecuencias.

Bergoglio es «un falso pastor que, por falsa piedad y falsa misericordia, deja entrar a los mentirosos, a los soberbios y orgullosos, a los idólatras y homosexuales, a todos los que cometen adulterio y fornicación, viviendo sus leyes y sus antojos, y no en obediencia a Mi Ley Divina» (Ib)

Todos pueden comprobar estas palabras a diario. Y todos pueden ver cómo nadie hace nada en contra de ese hereje. Todos le dejan actuar.

¡Cuántos asisten a las falsas misas de ese hombre, llenas de hipocresía, cometiendo muchos sacrilegios! Quien asiste a una misa de ese hombre comete un pecado mortal, además de recibir los espíritus que animan a ese hombre. ¡Cuántos van a comulgar sin discernir que un hereje no puede consagrar a Cristo en las especies del pan y del vino! ¡Cometen un sacrilegio al comulgar! ¡Adoran un trozo de pan!

¡Cuántos fieles que comulgan con Bergoglio y reciben la comunión en estado de pecado mortal! Quien se une espiritualmente a un hereje cae en estado de pecado mortal. Muchos no ven este pecado porque han quedado ciegos. Y se siguen confesando, pero no confiesan este pecado. Hacen confesiones sacrílegas. La ignorancia culpable de un pecado no les excusa de ese pecado.

¡Cuánto fariseísmo aparece en toda la Iglesia! El fariseo es el que se separa de la verdad. Cuantos, por seguir a Bergoglio, se vuelven fariseos, sepulcros blanqueados. Se creen santos y justos porque se dicen a sí mismos que están en comunión con el papa; que es el Espíritu Santo el que ha elegido a Bergoglio como papa. Y quien no se una a él, entonces se va a condenar, está fuera de la Iglesia.

«¡Ay del falso profeta más le valiera no haber nacido! Porque no sólo cargará con su pecado, pondré Yo Mismo sobre sus hombros los pecados de todos los que arrastró con él al mal, y se perdieron por su causa».

Si la Iglesia católica ya no ejerce su dominio moral y espiritual sobre todas las naciones, eso significa que ningún país es ya católico. La Iglesia católica sólo es visible en una sociedad católica.

La obra de la Iglesia es formar sociedades católicas, regidas por la doctrina moral, que es la doctrina de Cristo.

Jesús no es una idea muy bonita, sino una vida divina. Y ha construido Su Iglesia para que el mundo viva como Dios quiere. Cuando las sociedades se rebelan contra la norma de la moralidad, entonces la Iglesia no puede ejercer su dominio y ya no es visible. Sus miembros se van acomodando a todo lo del mundo, a las leyes abominables que se imponen en esa sociedad. Y la Iglesia se oculta, desaparece, sólo vive en sus corazones fieles.

Por eso, ahora todos están buscando una nueva sociedad, un nuevo orden mundial, una nueva iglesia. Han perdido el norte de la moralidad, de la catolicidad. Son sólo veletas del pensamiento humano, y todos se han vuelto más brutos que los brutos.

Si no saben, con su razón, ver la mentira de la doctrina de Bergoglio, menos saben discernir sus herejías.

Si aplauden una doctrina que ha sido demostrada falsa por los científicos, que sólo se mantiene porque da de comer a muchos, por interés político y económico, entonces tampoco saben ver lo que es Bergoglio, ni saben discernir lo que está levantando en Roma. Y esperan al falso Sínodo para que todo se arregle. En esta estupidez viven muchísimos católicos, que ya no saben llamar a cada uno por su nombre.

Permanezcan en comunión espiritual con el Papa Benedicto XVI. Escupan, no sólo a Bergoglio sino a toda aquella Jerarquía que les obligue a seguir a ese traidor. Que ninguna Jerarquía les meta miedo. Sólo hay que temer a Dios. Y el temor de Dios es el principio de toda sabiduría. Aquel que no quiera quitar su pecado, entonces se pasa la vida temiendo a los hombres, y vive su vida limpiando las babas y los traseros de mucha gente que no les importa la verdad. El mundo sigue su mentira, y quiere seguirla, sabiendo que es una mentira. Y la nueva secta en Roma sigue su mentira, sabiendo que es mentira. Y desean con todo su corazón podrido llevar a la perfección esa mentira. Para eso han sacada ese documento ecológico: es el fundamento de la nueva iglesia y del nuevo orden mundial. Ahora, tienen que ir por lo más difícil: imponer las nuevas leyes, el nuevo credo, que rija esa nueva iglesia y que sea el apoyo del nuevo gobierno mundial.
 

Poniendo el camino hacia la sociedad globalizada

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«La Iglesia ha perdido su camino y está entrando de lleno en la oscuridad. Esto, hija Mía, ha sido predicho y es un signo del fin de los tiempos. Esto es cuando el último papa surgirá y el mundo se perderá bajo la guía equivocada del falso profeta» (MDM, 14 de Noviembre del 2010).

Nadie cree en los profetas de este tiempo, el tiempo del fin. Y, por no creer, todos viven en la oscuridad que ofrece la mente humana.

La Iglesia ha perdido su camino, que es el camino de la Cruz. No hay una verdad sin cruz. No se puede explicar la verdad sin que el hombre viva el sacrificio de todo lo humano.

La Iglesia está perdida en otros caminos más agradables a los hombres, más cómodos. Y, por eso, la Iglesia entra de lleno, se sumerge en la tiniebla del pecado.

El pecado es la obra del demonio, quien es «matador de hombres desde el principio» (Jn 8, 44). Satán mata. El pecado es muerte.

Ahí tienen a ISIS: la obra de Satán en el mundo. Matar hombres, aniquilarlos. Para eso viven porque en eso han sido adoctrinados por una mente satánica. ISIS es la armada del Anticristo, que batalla contra los hijos de la luz.

«Recen, Mis hijos, el Anticristo está aquí, aquellos que se llaman a sí mismos ISIS son la armada de Satán» (Hijas del Cordero – 4/8/15).

Y la Iglesia calla ante esta obra satánica. El usurpador llama al promotor del terrorismo, Mahmud Abbas, «ángel de paz», cumpliendo así las profecías:

«El Anticristo está ahora listo para revelarse y su plan es este: él esperará hasta que la guerra ruja por todas partes. Luego, él intervendrá y creará una falsa paz en el estado de Israel, juntándolos con Palestina en una improbable alianza. Todo el mundo va a elogiarlo» (MDM – 7 de agosto del 2013).

El reconocimiento del Vaticano a Palestina como Estado es el primer paso para crear una falsa paz entre el estado de Israel y Palestina. Esa falsa alianza no es para ahora. Primero tiene que venir la guerra. Y una guerra atroz, que sea global, que esté por todas partes. Guerra fruto de una crisis económica global. Crisis motivada por el resquebrajamiento total de la Iglesia Católica. Si no hay vida espiritual y moral que sostenga a los hombres, todos se enzarzan en una guerra para sobrevivir en este mundo.

El reconocimiento del vaticano a Palestina como Estado es sólo el inicio de la guerra. Guerra necesaria para que se manifieste el Anticristo.

El Anticristo, «junto con el Falso Profeta, creará una sociedad global, la cual será presentada como la mayor iniciativa humanitaria» (Ib).

Bergoglio está trabajando en eso: en allanar los pasos del Anticristo. Está buscando la manera de engendrar esa sociedad globalizada. Necesita, para eso, una iglesia globalizada. Una iglesia que apruebe el pecado, que lo obre, que se dedique a matar almas.

Por eso, no es de extrañar que ya se vean Obispos que apoyan y defiendan la homosexualidad. Es lo más normal: si obedecen a un falso papa, entonces acaban pensando como él.

Ya está a la vuelta de la esquina el “sí” del vaticano al embajador homosexual en Francia. Hay que adentrarse en la sociedad globalizada. Se necesita que la Iglesia cambie de cara: se muestre global.

La Iglesia perdió el camino: esto fue claramente anunciado en las profecías de la Salette y Fátima. Profecías en las que ya nadie cree. Y son las más importantes. ¿Rezas el Santo Rosario e ignoras lo que la Virgen anuncia al mundo? Esto es un gran pecado en muchos católicos. Y, por ese pecado, por no escuchar a la Virgen, han caído en el engaño. Toda la Jerarquía de la Iglesia ha caído en el engaño por no escuchar a la Madre.

La verdad no está en la Jerarquía sino en la Virgen María. ¡Cuánto cuesta de entender esto!

Es un signo del fin de los tiempos: nadie entiende la verdad, todos atacan a los profetas, todos metidos en la gran tiniebla de la obra de satanás en la Iglesia.

Estamos en el fin de los tiempos.

Tiene que manifestarse el último papa y el falso profeta. El último Papa es el que combate al falso papa, que es el falso profeta del Apocalipsis. Ese falso profeta es el que debe señalar al Anticristo.

El último Papa tiene que emerger, salir de donde está escondido. No es un Papa que ponen los Cardenales en un Cónclave. No es un papable. Es el Papa puesto por el Cielo para guiar a Su Iglesia hacia el Reino Glorioso.

El último Papa es el que señala el camino hacia ese Reino. Y, por lo tanto, es el que lucha contra el falso papa que construye en el mundo, junto al Anticristo, el Paraíso en la tierra: la sociedad globalizada con la iglesia ecuménica.

El último Papa aparecerá después del Gran Aviso. Y el Gran Aviso no se puede dar hasta que el Papa Benedicto XVI no salga del Vaticano y muera.

«Los días de Mi amado Vicario están ahora contados. Él tendrá que dejar el Vaticano antes de que el Gran aviso tenga lugar» (MDM – 1 de Junio 2011).

Sus días están fijados: la muerte del que retiene la manifestación del Inicuo señala el tiempo hacia el Gran Aviso. Una vez producido, entonces aparece el Anticristo, con todo su poder, y el último papa.

Ahora, todo es la preparación para la iglesia universal del falso profeta, que apoya el gobierno mundial del Anticristo.

Ahora, es necesario un falso papa, como Bergoglio, que es la llave para iniciar la iglesia ecuménica. Es el primer falso papa, el cual tiene el Espíritu del falso profeta. Es un falso profeta porque habla el lenguaje del mundo, porque enseña la doctrina del error y porque marca el camino de una falsa espiritualidad y de un falso misticismo.

Bergoglio es el que abre los caminos para el mal. Y no para cualquier mal. Es la dirección que ha de seguirse para establecer la perfección de toda maldad en el mundo.

Este perverso hombre ha hecho muchas cosas que los anteriores papas no hicieron, porque –sencillamente- no había que hacerlas, no era la Voluntad de Dios.

Pero, Bergoglio no continúa el Papado, no es un Papa. Y tampoco es un antipapa. Es un falso papa y un anticristo. Era la tuerca necesaria para empezar a levantar la iglesia que adora al anticristo.

Bergoglio representa al Anticristo, que es el hombre que perderá al mundo en un caos, para llevar a todas las almas -con él- al abismo del infierno.

Y Bergoglio lo representa haciendo el papel de bufón. Es el encargado de divertir, de hacer pasar el tiempo, de enseñar la doctrina del Anticristo. Y lo hace con gestos, con sentimientos agradables, con las obras para la masa. Obras llenas de publicidad, de modismos, de lenguajes oscuros, impregnadas del vicio de la soberbia y del orgullo.

Bergoglio es un truhan que se ocupa de dar una palabra que guste, que agrade, que haga sentir bien a la gente, que haga reír a las masas. Es un tramposo en la Iglesia. Hace trampa con la verdad: predica metiendo mentiras entre verdades.

Mientras Bergoglio hace su papel, Jesús sigue guiando a Su Iglesia con Su Papa.

«Es importante que Mis seguidores se mantengan alerta a cualquier nuevo papa que pueda presentarse, porque él no será de Dios» (MDM – 7 de junio 2011).

Los Cardenales, en Cónclave, ofrecieron a la Iglesia un nuevo papa, Bergoglio. Este hombre no es de Dios. Y hay que estar alerta a un hombre que está enseñando una nueva doctrina para una nueva iglesia.

Ellos reemplazaron «al Santo Vicario, el Papa Benedicto XVI, con un dictador de mentiras. Él creará una nueva iglesia en sociedad con el anticristo y su grupo, con el fin de engañar al mundo» (MDM – 18 de enero del 2012).

En eso está Bergoglio: en crear una nueva iglesia. Ya ha puesto el fundamento de esa nueva iglesia: su gobierno horizontal. Eso es un cisma dentro de la Iglesia. Nadie lo llama cisma porque todos tienen a Bergoglio como verdadero papa.

¡Este es el gran error de muchos católicos!

No escuchan a los profetas, quedan engañados por el lenguaje oficial de la Jerarquía en la Iglesia. Los Cardenales han puesto a Bergoglio como papa; luego, todo el mundo a tenerlo como papa.

¡Muchos católicos no saben lo que es el discernimiento! ¡Ni siquiera saben pensar rectamente en su vida humana! Muchos ni se han preocupado de lo que es un Papa en la Iglesia. Y ahora viven en la más absoluta oscuridad mental. Es un castigo por su pecado.

En estos momentos de gran confusión, hay que seguir en la obediencia al Papa Benedicto XVI porque es el Papa verdadero hasta su muerte.

¡Esto es lo que cuesta entender! ¿Cómo obedecer a un Papa que no gobierna?

Se le obedece porque es el Papa. Y no hay otra razón. Y hasta que no muera, sigue siendo el Papa verdadero, legítimo.

Es Jesús quien gobierna Su Iglesia. No son los hombres. Jesús no es el juguete del pensamiento de los Cardenales. Es el Rey de la Iglesia, que no tiene que dar explicaciones a ningún Cardenal y a ningún Obispo sobre Su Iglesia.

Jesús sigue gobernando Su Iglesia en el Papa Benedicto XVI.

Benedicto XVI es la cabeza de la Iglesia de Cristo en la tierra: «es el último verdadero Papa en esta Tierra» (MDM – 12 de abril del 2012).

Bergoglio, el mal llamado Francisco, elegido «por miembros dentro de la Iglesia Católica», es «el falso profeta» (Ib).

Son dos cabezas, dos coronas distintas. Son dos iglesias distintas.

La Iglesia de Cristo ya no se muestra en el Vaticano ni en ninguna parroquia del mundo. Está en los corazones fieles a Cristo, que permanecen anclados en la verdad.

Y la única verdad es que Benedicto XVI es el Papa de la Iglesia Católica. No pueden haber dos cabezas.

«…habrá dos hombres usando la Corona de Pedro en los Últimos Tiempos. Uno sufrirá por las mentiras que han sido creadas para desacreditarlo y que lo convertirán en un virtual prisionero. El otro elegido, traerá consigo la destrucción, no solo de la Iglesia Católica, sino de todas las iglesias que honran a Mi Padre y que aceptan las Enseñanzas de Mi Hijo, Jesucristo, el Salvador del Mundo. Sólo puede haber un jefe de la Iglesia en la Tierra, autorizado por Mi Hijo, que debe permanecer como el Papa hasta su muerte. Cualquier otro, que pretenda sentarse en la Silla de Pedro, es un impostor» (MDM – 22 de julio del 2013).

Es clara la profecía. Pero, nadie la escucha. Luego, todos en el gran engaño.

Los electores de Bergoglio fueron «lobos vestidos de piel de oveja y son miembros del secreto y malvado grupo masónico, dirigido por Satán» (Ib). Pusieron al impostor.

Bergoglio es un usurpador de la Corona de Cristo. Es el que reemplaza, el que sustituye, el que gobierna en lugar del verdadero Papa. Gobierna pero sin el Primado de Jurisdicción: no tiene Autoridad divina para hacer lo que está haciendo.

¡Esto escuece a muchos! ¡Pero es la única verdad!

Bergoglio había sido descartado para ser papa, pero la secta masónica le dio una nueva opción al gobierno de la Iglesia. Lo compró. Y Bergoglio se vendió por unas cuantas monedas, como hace todo judas.

Todo el mundo, desde la Jerarquía hasta los fieles, declara que Bergoglio es verdadero Papa. Esta perversidad en la mente de muchos católicos es su condenación en vida.

Quien sigue a un falso papa va en busca de su propia condenación. Un falso papa jamás va a enseñar el camino de la salvación del alma. Luego, profesar que Bergoglio es verdadero papa es condenarse.

No se puede dirigir la vida hacia un hombre que enseña a dar culto a los hombres. La vida es para obedecer la Verdad, que es Cristo. Y ningún hombre de la Jerarquía es la verdad. Todo sacerdote u Obispo que no enseñe la Verdad, que no ofrezca la misma doctrina de Cristo, es imposible obedecerle.

Por eso, no se puede entender cómo sacerdotes –como Linus Clovis– dicen que se puede juzgar a Bergoglio en cuanto a sus acciones, pero no juzgarlo en cuanto a su oficio de papa.

¡Han caído en la trampa del demonio!

Todo aquel que juzgue las acciones de un Papa lo tiene que juzgarlo como Papa, en su oficio. No se pueden juzgar las acciones del Papa. Se tienen que discernir las acciones del Papa. Porque un Papa nunca está solo en el Papado. Tiene a sus Obispos debajo de él, que lo ayudan en todas las cosas del gobierno de la Iglesia.

Si hay algo mal en las acciones de un Papa, hay que investigar a los demás en esas acciones.

¡Esto nadie lo entiende!¡Pero esto es la base del Papado!

Si es Jesús quien pone un Papa, entonces ese Papa nunca puede llevar al error y a la herejía a la Iglesia. Es cabeza de la verdad. Es la Voz de Cristo en la Iglesia. No es la voz del demonio.

«Nunca piensen que Yo estoy culpando a los muchos Papas que se han sentado en la silla de Pedro. Su Misión ha sido siempre protegida. Muchos Papas han sido prisioneros en la Santa Sede, rodeados por grupos masónicos que no representan a Dios» (MDM – 7 de mayo del 2012).

Cincuenta años esparciendo mentiras en la Iglesia, transformando la liturgia en un culto al hombre. Imponiendo doctrinas de demonios en las cuales se enseña a pecar a las almas. Promocionando un falso ecumenismo para abrir las puertas de la Iglesia al mundo. ¿De quién es la culpa? No de los Papas, sino de los demás. Todos los Obispos que desobedecieron a todos los Papas.

«Sus obras llevaron al colapso de la Iglesia Católica. Esto no fue un accidente. Esto fue deliberadamente y astutamente trazado para destruir la fe de la Iglesia, para destruir el tributo de los católicos ordinarios, al único verdadero Dios» (Ib).

Aquel que juzga sólo las acciones de Bergoglio pero no lo juzga como falso papa, está en un absurdo: lo juzgas porque ves su herejía; pero lo obedeces como papa, lo tienes como papa verdadero. ¡Gran absurdo! ¡Gran oscuridad en la mente de muchos! Porque ya no creen en los profetas, que son los que enseñan la verdad. Y MDM es la profeta del fin de los tiempos. No hay Jerarquía en la Iglesia que pueda enseñar este tiempo a las almas. Porque toda ella ha caído en el gran engaño.

La Iglesia ha perdido el camino de la verdad, que es su camino. Es decir, la Iglesia ha perdido a Cristo. Ya no cree en Cristo, ni en Su Obra, ni en Su Iglesia. Y esto todos los pueden comprobar diariamente en tanta jerarquía que se dedica a poner una vela a Dios y otra al demonio en sus ministerios.

Jerarquía que contemporiza con todo el mundo para sacar provecho de unos y de otros, del mundo y de la Iglesia.

Jerarquía que tiene el aplauso del mundo, su alabanza, porque predica su lenguaje, el propio del error; pero que también disfruta de las glorias que muchos católicos, sin discernimiento, ofrecen a sus obras malditas que hacen en la Iglesia.

Si la Jerarquía se ha extraviado en el camino de la verdad, también los fieles andan errantes, por caminos extraños, siguiendo a esa jerarquía con la boca abierta, asombrados de la nueva espiritualidad, falsa por sus cuatro costados, que enseñan los nuevos y falsos sacerdotes y Obispos.

Hoy todo el mundo está siguiendo sus fábulas, la novedad espiritual de una iglesia sin el camino de la verdad. Se habla de Dios, de Jesús, del amor, de la fraternidad, de la tolerancia, de la misericordia…de tantas palabras vacías…

Se dicen tantas cosas para captar la atención del oyente, pero se les da un nuevo concepto. Se les mete en el lenguaje propio del error: ofrecer una verdad pero sin la sustancia de esa verdad.

Porque es necesario llegar al pensamiento único, propio de una sociedad globalizada. Esta sociedad ya no le interesa Dios como ser real: la trascendencia divina es dejada a un lado. Sólo le interesa la palabra Dios, poniendo un concepto nuevo de Dios. Un concepto que todos puedan admitir. Es un Dios para el hombre, para la mente del hombre, para su vida, para sus obras. No tiene que ser un Dios que imponga una ley, unos mandamientos, un camino de salvación. Tiene que ser un Dios abierto al pensamiento de cada hombre.

La sociedad globalizada sólo se centra en el hombre, se apoya en él, vive permaneciendo en él. Es una sociedad inmanente. No es transcendente. No es una sociedad para más allá de los límites humanos, naturales, carnales, materiales. Los hombres viven en sus conocimientos humanos, que son siempre limitados. Y sabiendo su límite, no quieren conocer más allá del límite. Por esto, esta sociedad globalizada tiene que atacar a todos los profetas verdaderos. Y sólo se queda con los falsos, que hablan el lenguaje inmanente, que es el propio del error.

El hombre que permanece en sí mismo se hace dios de sí mismo. En la sociedad globalizante se deifica al hombre.

Hay que llegar a una forma de pensar única, inmanente. Y no se llega predicando la sustancia de la verdad, sino con un lenguaje atractivo, bello, que gusta, que sea accesible para todo el mundo.

Bergoglio tiene que interpretar el papel de papa, que no le gusta nada. Él prefiere quitarse esos hábitos y ponerse un traje apropiado a la moda que impera en el mundo. Pero le han obligado a representar una obra teatral. Para esto ha nacido.

«Él está haciendo al igual que mi Santo Juan Bautista, anunciando al que ha de llegar, sólo que éste de quien habla es de la Bestia. Está escrito que arrasará a las masas, es buen orador como Hitler, y sabe lo que tiene que decir, y al pueblo le da lo que quiere oír, no lo que está bien sino lo que quiere el populacho. Amén» (Mensajes personales – Enero 2015).

Linus Clovis: “El Efecto Francisco”

linuclovis

«El que no está conmigo está en contra de Mí; y el que no recoge conmigo, desparrama» (Mt 12, 30).

El Padre Linus F. Clovis es un sacerdote de la Arquidiócesis de Castries, Santa Lucía, en las Indias Occidentales. Estudió para el sacerdocio en el Angelicum de Roma y fue ordenado sacerdote en 1983 por el Beato Papa Juan Pablo II. Es líder del movimiento internacional pro-vida.

En conjunto, estas citas comprenden una transcripción casi completa de la sección media de su charla, pero algunos puntos auxiliares se han quedado fuera, y el texto se ha articulado en párrafos para acentuar aquellos argumentos de mayor énfasis.

■ «El Sínodo de la Familia, el año pasado, hizo sonar las alarmas para muchos Católicos y vimos Obispos contra Obispos y Conferencias Episcopales luchando contra otras Conferencias Episcopales, y en todo esto…, conocemos que el Cielo nos ha dado un aviso. Y, en 1973, en Akita, la profecía reveló “que la obra del demonio se infiltrará dentro de la Iglesia de tal manera que se verán Cardenales contra Cardenales, Obispos contra Obispos” y “los sacerdotes que me veneran serán perseguidos”. Por supuesto, esto es parte y parcela de nuestra experiencia».

■ «Cuando un Obispo – un Obispo Católico – puede aplaudir el pecado públicamente, esto nos pone a temblar (se está refiriendo al Cardenal Dolan). Pero esto es, esencialmente, el “Efecto Francisco”. Éste desarma a los Obispos y a los sacerdotes, especialmente después que el Santo Padre dijo: “¿Quién soy yo para juzgar?”. Yo como sacerdote, celebro Misa, predico y juzgo acerca del pecado, uno quebrantando los diez mandamientos, estaría condenado por juzgar. Sería acusado de ser “más católico que el papa”. Se acostumbra a decir –retóricamente- “¿es el Papa Católico?” Esto ya no es gracioso».

■ «La Obediencia se debe al Papa, pero el Papa debe obediencia a la Palabra de Dios y a la Tradición apostólica. Tenemos que obedecer al Papa, pero el mismo Papa tiene que obedecer a la Palabra escrita. Él debe obedecer la Tradición. Debe responder a la inspiración del Espíritu Santo. La Obediencia se debe al Papa, pero es el deber del Papa dar carácter de posibilidad a esta obediencia. El Papa tiene que facilitar nuestra obediencia a él, siendo él obediente a la Palabra de Dios. El Papa Félix III nos dijo: “un error que no se ha resistido es aprobado. Una verdad que no es defendida es suprimida”. Así que tenemos la obligación de resistir al error, y debemos hacer todo lo que podamos para promover la verdad».

■ «En otro tiempo, hemos estado preocupados por otros papas, incluso por San Juan Pablo, con las cosas que ha hecho las cuales nos han hecho sentir incómodos; no creo que… el Papa Francisco haya hecho otra cosa más que desconcertarnos. Él, literalmente, nos ha dejado en la estacada (= repentinamente nos ha restado la ayuda o el soporte, o ha hecho cosas que han sido causas de problemas para nosotros). Y así, él es la razón, las muchas razones por las cuales estamos preocupados. Nuestro Señor nos dice en el Evangelio de San Juan, capítulo 15: “Si el mundo os aborrece, sabed que Me aborreció a Mí primero que a vosotros. Si fueseis del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que Yo os escogí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que Yo os he dicho: No es el siervo mayor que su Señor. Si a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado Mi Palabra, también guardarán la vuestra”. Los papas son odiados, y yo no creo que tengamos un problema con esto per se. No nos gusta. Pero creo que será correcto decir que preferimos que nuestros papas sean odiados por el mundo que amados por el mundo. Porque si él es amado por el mundo, indica que él está hablando el lenguaje del mundo. Y sabemos que no puede haber una relación, una comunión,  entre la luz y la tiniebla. San Pablo nos habla de esto».

■ «Los enemigos tradicionales de la Iglesia – y esto se vocaliza, se articula en el Time Magazine, Rolling Stone, The Advocate, etc… – lo aprueban; él ha aparecido en sus portadas muchas veces en los últimos dos años. Me encontré con una cita de alguien que lo conocía en la Argentina. “Al parecer, le encanta ser amado por todos y complacer a todos, así que un día él puede hacer un discurso en la televisión en contra del aborto, y al día siguiente, en el mismo programa de televisión, bendecir a las feministas pro-aborto de la Plaza de Mayo; él puede dar un maravilloso discurso en contra de los masones y, unas horas más tarde, estar comiendo y bebiendo con ellos en el Club Rotario”».

■ «Así que, ¿cómo se puede tomar una decisión acerca de un hombre como éste, que es amigo de todo el mundo? Nuestro Señor nos dice: “Sin embargo” -esto está en el capítulo 12 del Evangelio de San Juan – “Sin embargo, aun muchos de los jefes creyeron en Él, [esto es en Nuestro Señor], pero por causa de los fariseos no lo confesaban, temiendo ser excluidos de la sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la Gloria de Dios”. ¿Estoy haciendo juicio? No pienso así. Estoy citando la Escritura. Cuando el dado cae, déjalo rodar».

■ «El Santo Padre ha hecho muchas cosas polémicas, y estamos preocupados de las más importantes, no de las aberraciones que surgen de ellas. Y la que más dejará huellas, supongo,  en el Juicio Final, es “¿Quién soy yo para juzgar?“. Uno de los… efectos que el Santo Padre hace es que él toma la idea preconcebida común contra los católicos, y la usa en contra de nosotros. En otras palabras, él está aceptando lo que se percibe, nuestra postura de ser, como si fuera verdad. La Iglesia no juzga a las personas. La Iglesia juzga las acciones y enseñanzas. Incluso a los herejes. Lutero no fue condenado por su vida moral personal. Fue condenado por su enseñanza. Su doctrina. Y así con todos los demás herejes. Arrio. Fue su enseñanza lo que la Iglesia juzgó. Y tiene la autoridad para juzgar. Pero cuando el Papa dice: “¿Quién soy yo para juzgar?”, él está dando la impresión de que la Iglesia juzga los individuos a causa de lo que ellos son y… lo que están haciendo en sus vidas personales. Y esto es para la confesión».

■ «La Escritura nos dice, muy claramente, en la 1 de Corintios, capítulo 5 – San Pablo está escribiendo a la Iglesia de Corinto porque han aceptado a un hombre que es culpable de inmoralidad. Y el Apóstol, escribe: “Lo que ahora os escribo es que no os mezcléis con ninguno que, llevando el nombre de hermano, sea fornicario, avaro, idólatra, maldiciente, borracho o ladrón; con éstos, ni comer; ¿pues qué a mí juzgar a los de fuera?”. ¡Ahá! “¿Qué a mí juzgar a los de fuera? ¿No es a los de dentro a quienes os toca juzgar? Dios juzgará a los de fuera; vosotros extirpad el mal de entre vosotros mismos”. Así, ¿cómo puede el Sucesor de Pedro, decir: “Quién soy yo para juzgar” sin contradecir la Escritura?».

■ «Él se queja de que hablamos mucho del aborto y la contracepción. Bien… ¿Lo hacemos? De nuevo, el Apóstol nos dice: “arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina”. Por lo tanto, tenemos la obligación de hablar de esos pecados por los que el castigo es la condenación eterna en el infierno. Nosotros estamos hablando acerca de la salvación de las almas. El Código de Derecho Canónico termina así: “el mayor bien es la salvación de las almas”. Y esto es por lo que Cristo fundó Su Iglesia: para salvar las almas».

■ «La expresión “no debemos ser como conejos” fue un insulto a todas las madres católicas. Aquellas que…han perdido sus vidas, han ofrecido sus vidas, y han dado sus vidas por sus hijos, y sobre todo, por el Evangelio».

■ «Nuestra preocupación es, por supuesto, por el Sínodo próximo y lo que parece ser la aprobación para llevar la comunión a los divorciados vueltos a casar. Esto va a ser un duro golpe a la Iglesia y a los fieles. Debido a que ya ha causado mucha confusión y malentendidos. Incluso en mi experiencia pastoral he encontrado mujeres que han dicho… una madre, su hijo divorciado, vuelto a casar, y dice: “Bueno, el Santo Padre le permite la comunión, ¿no es así? No creo que sea lo correcto, padre, pero el Papa…”. Tenemos este problema ya… Y vemos el patrón, está hecho por la Humanae Vitae… Está ahí decidido en el ambiente, y por supuesto que va a… convertirse en ley. Pueden preparar esto. Así, que realmente se necesita tener los ojos firmemente fijos en el Cielo, suplicando al Cielo, para guiar a nuestros obispos».

■ «Hay rumores de la relajación pastoral de la Humanae Vitae… no se va a contradecir, no se va a quitar, no se va a ampliar. Lo cual es mucho más mortífero. Porque hemos presentado algo que es malvado como si fuera bueno. Y estamos construyendo esta maldad en una buena base».

■ «¡Nosotros amamos al papa! Él es nuestro padre. Él es nuestro dulce Cristo en la Tierra. Hay una preocupación entre los Católicos que están confundidos y temerosos. Y nosotros -y ellos- no deseamos criticar, o todavía peor, juzgar al papa. Pero, de nuevo, estamos juzgando no a su persona, no a su cargo, sino a los resultados de sus acciones. Y no lo hacemos con indignación. Porque lo que él está haciendo es la causa de nuestra indignación.  Y esto es una amenaza a nuestra fe. Y es una amenaza a la Iglesia. Y es un peligro a la salvación de las almas».

■ «Así que, ¿podemos juzgar las acciones del papa? Sí, podemos. Tenemos, nada menos que al Apóstol de los gentiles, San Pablo, que escribe a los Gálatas. Y él dice: “Pero cuando Cefas fue a Antioquía, en su misma cara le resistí, porque se había hecho reprensible. Pues antes de venir algunos de los de Santiago, comía con los gentiles; pero en cuanto aquellos llegaron, se retraía y apartaba por miedo a los de la circuncisión. Y consintieron con él en la misma simulación. Pero cuando yo vi que no caminaban rectamente según la verdad del Evangelio, dije a Cefas delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?”. Y esto es a lo que nos enfrentamos hoy. Tenemos prominentes Cardenales que toman una postura anticatólica en cuestiones morales. Lo cual pensamos que ellos ya han resuelto su posición. Tenemos al Santo Padre que él mismo da la sensación que los apoya. Les da su bendición. ¿Y qué es lo que dijo San Pablo? ¡Bernabé! La mano derecha de san Pablo se dejó llevar de la insinceridad. Así, muchos Obispos – y por supuesto, Dios, tenemos todavía muchos buenos Obispos- cuando ellos ven esto, ellos también se dejan llevar…, y esto es por qué creo que la sugerencia se hace tan, tan importante, que deberíamos circular nuestro material a los Obispos, y a los sacerdotes – especialmente a los sacerdotes».

■ «Tenemos el ejemplo de la historia, Juan XXII, que enseñaba que los bienaventurados no veían a Dios hasta después del Juicio General. Él se opuso a los teólogos de la Universidad de Paris. A los cardenales y obispos e incluso a los reyes. Así que estos fueron… tenemos los sabios, los intelectuales, los teólogos, que sabían lo que estaba pasando y fueron capaces de oponerse al papa. Y por supuesto, tenemos los que tienen autoridad, los obispos. Y tenemos los laicos, como así también los reyes».

■ «El Código de Derecho Canónico también nos habla que tenemos el derecho de expresar nuestra opinión en el Canon 212, sección 3: “Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, -y creo que en este encuentro… estamos mostrando nuestro conocimiento, el hecho de que somos responsables de diversas organizaciones, nuestra competencia y nuestro prestigio – de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores, y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas”. Y esto es muy importante. Tenemos, en otras palabras, que continuar haciendo público esto».

■ «Ahora podemos decir… – esto ha sido escrito por… Melchor Cano, un famoso teólogo español del siglo XVI – “Aquéllos que, ciega e indiscriminadamente defienden todas y cada una de las decisiones del supremo Pontífice son los que más están haciendo por socavar la autoridad de la Santa Sede; destruyen, en lugar de fortalecer, sus cimientos. Pedro no tiene necesidad de nuestras mentiras ni de nuestra adulación”. En otras palabras, debemos estar vigilantes. Debemos ser objetivos en nuestro enfoque de la presente crisis en la Iglesia».

Ver la conferencia completa en inglés

Bergoglio no es materialmente Papa

«¡Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración, así como hacen cuando entra el Señor!» (Bergoglio, 28 de abril del 2015, a los huéspedes de los centros de Cáritas de Roma)

Arrodillarse…así como hacen cuando entra el Señor: cuando Jesús entra en la Eucaristía, todos se ponen de rodillas para adorarlo. Y se hace esto porque Jesús es Dios. Y sólo a Dios hay que darle culto de latría, adoración.

Enseñar que cuando un pobre, un hombre, entra en la iglesia, todos tienen que hacer lo mismo que se hace cuando entra Jesús en la Eucaristía, es enseñar la idolatría, pecado gravísimo que no admite parvedad de materia.

Es preciso sufrir la muerte antes que adorar a un pobre o a un hombre en la Iglesia.

No se puede obedecer el deseo de la mente de Bergoglio sin caer en la desgracia del pecado mortal.

Es una gran injuria contra Dios, no sólo adorar a un hombre, sino enseñar a dar culto al hombre, como si fuera un dios,  y hacerlo desde la Silla de Pedro.

Los hombres ya no saben medir las palabras de Bergoglio. Continuamente, ese hombre está blasfemando contra Dios, contra Cristo y contra la Iglesia. Y lo siguen manteniendo como si no pasara nada.

¿Acaso pueden juzgar las obras injustas de Bergoglio y no ser capaces de juzgar a Bergoglio como falso papa?

Quien lo tenga por su papa no puede juzgar sus obras, sus pensamientos, sus homilías, sus charlas…. Debe callar y obedecer la mente de Bergoglio.

¡Muchos católicos – y buenos católicos- no han aprendido a obedecer en la Iglesia! ¡Por tanto, no saben lo que es un Papa en la Iglesia! ¡No saben obedecer a un Papa verdadero! ¡No saben oponerse a Bergoglio, a un falso papa!

Las ideas de un Papa son las ideas de la Mente de Cristo. Y esas ideas no cambian de un Papa a otro. Son siempre las mismas, en todas las épocas, porque la doctrina de Cristo es eterna, no es temporal.

No se obedecen, en un Papa, las ideas humanas, que todo hombre tiene. Sino que se obedece a las ideas de Cristo, que el Papa da, enseña, ofrece, interpreta con la ayuda del Espíritu Santo.

Todos han caído en el mismo juego: obediencia a la mente humana de un Papa. No han sabido nunca obedecer en la Iglesia. Ni siquiera la misma Jerarquía sabe obedecer. Ahora, es un mundo para todos desobedecer a un falso papa. Muchos quedan perplejos.

Se obedece a la Verdad. Y la Verdad no la posee la mente humana de ningún hombre, ni siquiera el Papa. La Verdad es Cristo. Hay que dejar que actúe la Persona de Cristo en el hombre sacerdote, o en el hombre Obispo, para dar la Verdad a la Iglesia.

Todos dicen: sí, Bergoglio es hereje; pero materialmente es papa.

¡Gran absurdo! ¡Gran injuria!

Porque si Bergoglio es hereje, entonces no es Papa, porque el hereje no pertenece a la Iglesia, ni material ni formalmente.

El pecado de herejía es una obra que saca espiritualmente de la Iglesia de Cristo: no se está unido a Cristo ni a Su Cuerpo Místico. Se puede estar en la Iglesia de una manera exterior. Esa exterioridad no significa pertenecer a la Iglesia visible. Un hereje es como un muro, una pared de ladrillos: se ve el muro, pero ahí no está la Iglesia.

La Iglesia visible no son las parroquias ni los hombres que nuestros ojos observan. La Iglesia visible son las almas en gracia unidas a Cristo, que trabajan en una parroquia, en una capilla, en un lugar concreto.

La Iglesia es Cristo y sus almas. Si desaparecen las estructuras exteriores, la Iglesia permanece visible en las obras de sus almas.

Materialmente, las parroquias, los lugares de culto pertenecen a la Iglesia. Los hombres, en sus pecados de herejía, pueden hacer obras materiales, pero no dan el Espíritu, la Gracia en esas obras.

Un hereje que celebre una misa, materialmente hace una obra en un lugar material. Pero no hace una obra de la Iglesia. No hace una obra espiritual, regida por el Espíritu de Cristo. Su Misa no es una misa. Su sacerdocio no es el sacerdocio de Cristo. Materialmente, se viste como sacerdote. Pero no es sacerdote porque es hereje. Ni siquiera cuando celebra la misa, esa obra material, es materialmente hecha por el sacerdote.

Porque el sacerdocio es una gracia, algo espiritual, que se coloca en el corazón del alma, que es también algo espiritual. La herejía destruye la gracia del sacerdocio: pone un obstáculo que impide que el sacerdote obre con el Espíritu de Cristo. Materialmente, el sacerdote hace una obra; pero no se produce -en él, en su alma- la obra del Espíritu de Cristo.

Por la herejía, su alma no puede unirse a Cristo para actuar como sacerdote, en la Persona de Cristo. Actúa en su propia persona humana, pero no es otro Cristo: no se revela -en él, en su alma- la Persona de Cristo. Posee el sello del Sacramento del Orden, que lo marca como sacerdote de Cristo. Pero ese sello es de índole espiritual, no material. No es un sello en su cuerpo, sino en su corazón. Un sello indeleble, que no se pierde por la muerte del cuerpo, ni por el fuego del infierno.

Ser sacerdote no es hacer obras materiales en la Iglesia. Es actuar en la Persona de Cristo: es Cristo el que obra en el hombre sacerdote. Y esa obra, un hereje, nunca puede mostrarla. Cristo no obra materialmente en un sacerdote hereje. Cristo obra materialmente en un sacerdote pecador, que no ha caído en el pecado de herejía. Cristo no se une al alma de un sacerdote hereje: no aparece la Persona de Cristo en el hombre sacerdote. El pecado de herejía impide que se manifieste, material y formalmente, la Persona de Cristo en el hombre sacerdote.

Así, un hombre –como Bergoglio- que se sienta en la Silla de Pedro y que, por su herejía, no es Papa. Materialmente, está sentado en el Trono de Pedro. Pero espiritualmente, no tiene el carisma de Pedro: en él no puede revelarse, manifestarse, ser el Vicario de Cristo en la tierra. No posee, ni formal ni materialmente, el Poder Divino. No puede hablar como Cristo, no puede comunicar la Mente de Cristo, no puede actuar como Cristo en la Iglesia. Actúa en su propia persona humana, porque no tiene el carisma de Pedro. No se le puede llamar Papa por más que materialmente haga obras en la Iglesia. El oficio de Papa no es un asunto material en la Iglesia. No es un nombre que se lleva en la Iglesia.

Es algo divino: es Cristo quien guía Su Iglesia a través de Su Papa. Es Cristo quien se manifiesta a Su Iglesia a través de Su Papa. Aquellos que dicen que Bergoglio materialmente es Papa están injuriando a Cristo en la Iglesia. Cristo no puede guiar la Iglesia a través de un Obispo hereje. No la guía ni material ni formalmente.

Cristo sigue guiando Su Iglesia en el Papa Benedicto XVI: pero ya no la guía formal, sino materialmente. Benedicto XVI ya no gobierna formalmente la Iglesia. Pero la Iglesia es guiada por Cristo, a través de Benedicto XVI, materialmente. Benedicto XVI tiene el Poder Divino, pero ya no lo puede usar: no sirve el Poder Divino, no gobierna formalmente como Papa. Ese Poder Divino –que permanece en el alma de Benedicto XVI- sirve para poner un dique material a toda la obra del Anticristo. Mientras permanezca vivo el Papa Benedicto XVI, materialmente el Anticristo no puede revelarse. Tiene que ser removido el Poder Divino en el Papa, no sólo formal, sino materialmente, para que comience todo.

Han removido formalmente el gobierno del Papa en la Iglesia, poniendo un usurpador; pero queda materialmente el Poder Divino en el Papa Benedicto XVI. Y queda materialmente, porque permanece en un hombre que todavía no ha muerto. El carisma permanece en el alma de Benedicto XVI, pero materialmente. Benedicto XVI no puede usarlo formalmente. Para usarlo tiene que enfrentarse con el usurpador. Pero, Cristo, que es la Cabeza invisible de la Iglesia, lo usa materialmente para frenar al Anticristo: mantiene vivo al Papa verdadero.

Por eso, la vida de Benedicto XVI peligra. Hay que quitarlo de en medio, y cuanto antes. El demonio tiene prisa por acabar su obra.

El carisma de ser Pedro es diferente a ser sacerdote. En el sacerdocio, es Cristo quien obra en el sacerdote, es la Persona del Verbo en el sacerdote. En Pedro, es Cristo quien guía a la Iglesia, quien obra en la Iglesia, quien enseña a la Iglesia, a través de Su Papa. Es Cristo en Su Poder Divino, es Cristo en la Obra de Su Espíritu. No es Cristo en Su Persona Divina. Por eso, la Iglesia es la Obra del Espíritu de Cristo. El sacerdocio es la Obra de Cristo como Persona Divina.

El gobierno de un Papa, en la Iglesia, es la manifestación del Espíritu en toda la Iglesia. En la obediencia al Papa, el Espíritu obra en todas las almas, para que la Iglesia siga enseñando la Verdad, sea guía en la Verdad y muestre al mundo y a los hombres el único camino de salvación, que es Cristo.

El gobierno de un Papa no es imponer sus deseos humanos a los hombres. Esto es lo que hace habitualmente Bergoglio: «¡Cuánto quisiera que las comunidades parroquiales en oración, al entrar un pobre en la iglesia, se arrodillaran en veneración…!». Bergoglio sólo está en sus ideas humanas, en sus caprichos, en sus errores, en sus herejías. Y es lo que da a la Iglesia. Bergoglio sólo se predica a sí mismo. Sólo le interesan sus pobres, su cultura del encuentro, su diálogo, su comunismo, sus ideas protestantes, acaparar la gloria de los hombres y del mundo.

Pero, a Bergoglio, no le interesa ni Cristo ni la Iglesia. Y eso lo palpan, lo viven, todos los verdaderos católicos. Hay una persecución interna a todo lo que huela a catolicidad.

La obra de un Papa, en la Iglesia, es luchar en contra del error, de la herejía; es excomulgar a los herejes; es definir nuevos dogmas. Porque el Poder Divino, en la Iglesia, se muestra en llevar a toda la Iglesia hacia la plenitud de la Verdad. Todo Papa muestra Su Poder Divino enseñando la verdad, defendiendo la verdad, guardando el tesoro de la verdad, guiando a todos hacia la verdad plena.

En un Papa, es Cristo el que obra en Su Espíritu. Por eso, el Señor les mandó a Sus Apóstoles «esperar la promesa del Padre»: «recibiréis la virtud del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra» (Act 1, 8).

Ya Pedro había sido elegido como Papa, pero no podía actuar como Papa. Tenía el Poder divino en su alma, pero de manera material. Era necesario que viniera el Espíritu para que Pedro pudiera obrar formalmente como Papa: para poder gobernar la Iglesia en el Espíritu, en la obra del Espíritu.

Un Papa gobierna siempre en la Obra del Espíritu, nunca fuera de Ella. Por eso, un Papa nunca puede equivocarse, es infalible, porque es el Espíritu quien lo mueve todo para que la Iglesia sea testigo de Cristo, sea testimonio de la Verdad que Cristo ha enseñado a Sus Apóstoles. Es el Espíritu el que recuerda esta Verdad inmutable, el que la muestra, no sólo al Papa, sino a toda la Iglesia.

Por eso, la Obra del Espíritu no se refiere a los pensamientos humanos de un Papa. Nunca se obedece a la mente humana de un Papa. Sólo se obedece a la Mente de Cristo que el Papa ofrece en la Iglesia.

Es la Obediencia a la Verdad que muchos, fieles y Jerarquía, nunca han comprendido. En estos 50 años, muchos han caído en la trampa, que ha puesto el demonio para desbaratar la obediencia a un Papa. Y ahora no saben desobedecer a un falso papa. Ahora, les cuesta esta parte. Por eso, muchos tienen a Bergoglio como materialmente Papa. Y no caen en la cuenta de que Bergoglio no ha sido elegido por Dios para que posea el Poder Divino. Dios nunca elige a un hombre hereje. Son los hombres los que ponen a sus herejes, no sólo en el sacerdocio, sino en la Silla de Pedro.

Ahora, quien tenga a Bergoglio como su papa, necesariamente tiene que dar obediencia a la mente de ese hombre. Porque Bergoglio no es capaz de dar la Mente de Cristo, la Verdad, a la Iglesia.

En los otros Papas, se podía discernir entre la mente humana del Papa y la Mente de Cristo en el Papa. Y se daba la obediencia al Papa porque se veía claro la Mente de Cristo en él.

Pero, con Bergoglio, es imposible este discernimiento: sólo se ve en él su mente humana. Bergoglio sólo vive dentro de su pensamiento humano. Pero no es capaz de dar el Pensamiento Divino en la Iglesia. Por eso, todo su magisterio no es papal. En todo su magisterio no se refleja el magisterio ordinario y extraordinario de la Iglesia. Es el magisterio propio de un hereje. Y es la obra propia de un cismático. Y es la vida propia de un apóstata de la fe.

Y esto es lo que muchos están apoyando, justificando, aplaudiendo: la herejía, el cisma y la apostasía. Al tener a Bergoglio como su papa, ya material ya formalmente.

Es una gran injuria contra Dios llamar a Bergoglio con el nombre de Papa. Porque es caer en el pecado de idolatría. Como Bergoglio no puede dar la Mente de Cristo, entonces se tiene que obedecer, necesariamente, su idea humana en la Iglesia. Y esto es dar culto a la mente de un hombre. Esto es buscar miles de razones para justificar el pecado de Bergoglio, para mantener en el cargo a Bergoglio. Al final, siempre son los demás los que se han equivocado porque no han comprendido lo que ha querido decir Bergoglio. Bergoglio siempre queda como el justo, como el santo. Es la idolatría en que caen muchos al tenerlo como su papa.

Ahora, tienen que enseñar, en la Iglesia, a arrodillarse ante los pobres. Es justo que se haga eso: están obedeciendo a los deseos de un hombre. Se están sometiendo a la mente de un hombre. Y ya nadie es capaz de ver que Bergoglio no puede dar la Mente de Cristo. Todos han quedado oscurecidos, en sus mentes, para no ver la Verdad. Y eso es una Justicia Divina en la Iglesia. Preferís las palabras baratas y blasfemas de un hombre que la Mente de Cristo. Entonces, quedaos con ese hombre y levantad vuestra falsa iglesia, que os va a llevar a lo más profundo del infierno.

Cristo sigue guiando a toda la Iglesia en Su Papa Benedicto XVI. La guía materialmente, manteniendo vivo a Su Papa para que los verdaderos católicos tengan tiempo de salir al desierto. Es en el desierto en donde está toda la Iglesia en Pedro, en la oración, en la penitencia, en la vida escondida. Y allí tiene que vivir y ser alimentada durante un tiempo. No es en Roma ni en la Jerarquía en donde se ve a la Iglesia.

Ya todos los Papas han cumplido su misión en la Iglesia. Una vez que muera Benedicto XVI, hay un tiempo de sede vacante, necesario para que aparezca el falso profeta y el Anticristo y hagan su obra.

Pero, la Iglesia sigue siendo la Obra del Espíritu. No es la obra de ninguna cabeza humana. Nadie dicta la fe en la Iglesia. La Jerarquía de la Iglesia no impone lo que hay que creer o lo que no hay que creer. La fe divina no es el dictado de los hombres. Es un don divino al hombre. Y sin humildad, ese don divino no puede funcionar en ningún hombre.

Por eso, lo que ahora observamos en toda la Iglesia son hombres: con sus ideas, con sus planes, con sus obras. Que es la manifestación del pecado de soberbia en los fieles y en la Jerarquía. Y, en ese pecado de soberbia, el pecado de orgullo, que se revela principalmente en quienes gobiernan la iglesia. Son ellos los que hacen lo que les da la gana en la Iglesia, poniéndose por encima de toda ley divina, de todo el magisterio de la Iglesia, quitando a su capricho lo que no les gusta o no va con su estilo de vida.

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«Así que entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, y postrándose a sus pies, le adoró. Pedro le levantó, diciendo: Levántate, que yo también soy hombre» (Act 10, 25).

Si no hay que arrodillarse ante el Papa para adorarlo, porque es un hombre, menos hay que hacerlo ante un pobre. La adoración es debida y conviene a solo Dios. A las demás criaturas, ni por el cargo que ejercen, ni por la posición social que tienen, ni por otra cualidad o circunstancia, se les debe la adoración. Sólo el respeto que toda persona humana merece.

Sólo hay que arrodillarse ante Cristo, ante Jesús en la Eucaristía. Y quien lo hace ya no puedo hacerlo ante un hombre. El único Hombre ante el cual todo hombre debe arrodillarse es Cristo. Porque la carne de Cristo está sólo en la Eucaristía, no en los pobres. Y aquel que ponga la carne de Cristo en los pobres, como hace Bergoglio, sólo está diciendo que no ama la Eucaristía porque no cree en Ella. Y no cree en Ella porque, para él, Jesús no es Dios, sino un hombre cualquiera.

«Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Los cristianos sólo nos arrodillamos ante Dios, ante el Santísimo Sacramento, porque sabemos y creemos que en él está presente el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su Hijo único» (Homilía, 22 de mayo del 2008, Benedicto XVI en la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo)

Bergoglio cae en esta idolatría porque no cree en Dios. Es un ateo que no cree en la existencia de Dios, sino que se ha inventado, con su mente humana, su concepto de Dios. Un dios no real, no verdadero. Un dios que es el fruto de su desvarío como hombre. Su vida le lleva a ese concepto de dios. Y vive para esa mentalidad propia de un hombre que no ha sabido adorar a Dios en Espíritu y en Verdad.

Aquel que enseña a adorar a un hombre está diciendo que no adora a Dios, que no ha sabido nunca adorarlo. Bergoglio nunca se ha sometido a Dios. Siempre con la cabeza levantada ante Dios, como un orgulloso. Nunca ha sabido inclinarse, poner su cabeza en el suelo. No puede. Su soberbia se lo impide.

Bergoglio mira a un hombre, mira a un pobre, y no sabe ver su alma: no sabe buscar a Dios en el alma de ese pobre. Sólo está interesado en la vida humana, en la vida social, en la vida carnal de los hombres

Quien no ve el alma, que es algo invisible para el hombre, sólo está pendiente de los cuerpos de los hombres, de lo exterior, de una vida natural. Pero no sabe tratar con las almas. No sabe vivir con ellas. No sabe enseñarlas el camino del cielo. Sino que sólo les da una doctrina que es puro demonio. Y tiene que caer en esta abominación de enseñar a adorar a los hombres.

«Apártate, Satanás, porque está escrito: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo darás culto”» (Mt 4, 10).

Esto es lo que hay que decirle a Bergoglio: Apártate, Satanás. Enseñas a adorar a los hombres. Eres un demonio encarnado. Enseñas el camino del infierno a todas las almas. Sólo a Dios se le debe adoración. Es un precepto divino positivo.

Pero, Bergoglio no entiende de preceptos: no cree en el derecho natural, por el cual a Dios se le da culto, ya interno, ya externo, ya individual, ya social, al ser el principio y el fin de todas las cosas.

Para Bergoglio, el principio de todas las cosas es su mente humana: con ella se inventa su dios, su cristo, su iglesia, su religión, su vida. Y si su mente es el inicio de una vida de blasfemia, entonces el fin de su vida es lo que encuentra en su mente. Bergoglio vive para lo que estamos viendo en la Iglesia: para su idea masónica de la fraternidad, para su idea protestante de una iglesia llena de pecadores, y para su idea comunista de un gobierno global, en la cual poder culminar su gran negocio en la vida.

Bergoglio no cree en el derecho divino, por el cual Dios ha dado al hombre mandamientos que debe cumplir para que ame a Dios.

Sólo cree en su soberbia, sólo obra con su orgullo y sólo ama en su lujuria de la vida.

¡Pobre aquel que tenga a Bergoglio como su papa! ¡Idolatra, no sólo al hombre, sino a todo hombre! Y se dedica a hacer su negocio en la Iglesia:

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El tiempo de la gran prueba ha llegado

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Los pastorcillos de Fátima estaban jugando a hacer un muro y vieron un relámpago; según Lucía no era propiamente un relámpago, sino el reflejo de una luz que se aproximaba.

Ellos,   creyendo   que   podía   venir   una   tormenta, cogieron sus ovejas y se marcharon, y  al llegar hacia la mitad de la finca brilló otro relámpago.

La aparición de Nuestra Señora en Fátima no es una visión de los pastorcillos: ellos  están distraídos, jugando, y tienen miedo de la posible tormenta.

La distracción y el miedo es lo menos propicio para que el alma se ponga en comunicación con Dios, en oración. Los  pastorcillos no están orando,  están jugando y con miedo.

La aparición de la Virgen en Fátima es un hecho real, no imaginario. Es un acontecimiento divino en la historia del hombre.

Y ven un relámpago: una luz que viene del lado de donde nace el sol, del oriente. Esto recuerda aquello de Mt 24, 27:

«… porque la segunda venida del Hijo del Hombre será semejante al relámpago que sale del oriente (que se ve en el oriente) y brilla hasta el occidente (y en un instante llega al occidente)».

Nuestra Señora viene a Fátima como su Hijo vendrá en Su Segunda Venida gloriosa: viene en la Gloria del Hijo; viene antes que el Hijo. Fátima prepara la Segunda Venida de Cristo.

En Fátima, María  se presenta como la Aurora que precede a Cristo;  como la Estrella que guía hacia Cristo, que va delante de  los  que  quieran atender sus suplicas hasta detenerse donde está Cristo, Su Hijo.

Luego, el mensaje de Fátima va a  ser trascendental para la humanidad  y, por lo tanto, para la Iglesia. Quiere  introducir  a la  humanidad  -y a toda la Iglesia- en  un  tiempo nuevo: el del retorno glorioso de Cristo. La Segunda Venida de Cristo: su Venida en Gloria, para reinar; no para juzgar.

Esto conlleva la preparación de la humanidad y de la Iglesia  a ese tiempo. Señala un camino que la humanidad debe seguir: un camino de cruz para una gloria.

María desciende gloriosa del Cielo a esta tierra llena de pecado. Baja del cielo para ponerse en camino con nosotros, para señalar el camino: Mi Corazón Inmaculado será… el camino que te conducirá a Dios. Es María el camino hacia Cristo. Es María la que conduce a toda la Iglesia hacia Su Hijo. Son las virtudes de ese Corazón Inmaculado lo que en cada alma debe reinar para ser de Cristo: humildad, obediencia, pureza y santidad.

Baja del cielo: la presencia de María en la tierra no va a acabar con el mensaje de Fátima. No pisó la tierra de Fátima para luego dejar huérfanos a sus hijos.

Fátima es el inicio de un tiempo nuevo, de una presencia extraordinaria -y de modo continuo- de María en el mundo. Por eso, sus numerosas apariciones, después de Fátima, no pueden silenciarse,  despreciarse, obligar a no creer en ellas.

«…los últimos remedios dados al mundo son: el Santo Rosario y la devoción al Corazón Inmaculado de María. La tercera vez me dijo que “agotados los otros medios despreciados por los hombres, nos ofrece con pavor la última áncora de salvación: la Santísima Virgen en persona, sus numerosas apariciones, sus lágrimas, los mensajes de los videntes esparcidos por todas partes del mundo”; y la Virgen dijo además que, si no la escuchamos y continuamos las ofensas, no seremos más perdonados» (Carta del 22 de Mayo 1958 de Sor Lucía al P. Agustín Fuentes).

Nadie tiene derecho a impedir que los demás crean, porque «no de todos es la fe», dice San Pablo.

Impedir la fe constituye un grave pecado.  ¿Dónde está la libertad dada por Dios al hombre?

Ni tampoco se puede hablar mal de las apariciones marianas, porque si no se examinan su contenido, ¿cómo se las juzga? Y si no se creen en ellas, ¿con qué medida se examinan si la medida de lo sobrenatural está en la fe (en la sabiduría divina),  no en la razón (no en la sabiduría humana)?

Ellas tienen su significado, su importancia. Y son dadas al hombre como una muestra de Misericordia, no porque el hombre las merezca.

Dios ha agotado todos los medios que hay en Su Iglesia para que las almas se salven y se santifiquen. Y su misma Iglesia los ha despreciado, como vemos en ese hombre que han sentado en la Silla de Pedro: un hombre sin nombre, sin verdad, que no es capaz de marcar el camino de Cristo, sino que lleva a todas las almas al mismo precipicio del infierno.

Todas las apariciones están entroncadas con el mensaje de Fátima, con la misión de María de guiar a la humanidad hacia Cristo.

La Iglesia ha perdido el norte de Cristo: sólo señala al Anticristo. Es lo que todos están esperando. Es lo que han preparado durante cincuenta años. Ahora, es su consumación, la plenitud de toda maldad que se verá en Roma.

María es la que señala a Cristo en estos últimos tiempos. Ya no es la Jerarquía de la Iglesia la que pone el camino: ya no aman a Cristo porque no aman a Su Madre. No la imitan. Han perdido la devoción a Ella porque no la han obedecido. La Jerarquía, con Su Poder Divino, se ha creído más sabia y más poderosa que la Virgen María. Y, por eso, está haciendo el juego del demonio: se dedican a engañar a las almas. A darles una doctrina que no tiene nada que ver con la doctrina de Cristo.

Y la Virgen María se aparece para guiar en la Verdad a todas las almas, para enseñarles el camino de la verdad en sus vidas, para hacer que cada alma viva deseando lo divino en sus vidas humanas. Es la función que tiene todo el orden sacerdotal. Misión que han dejado de cumplir por estar negociando con el mundo.

Y la Virgen María actúa como sacerdote, sin tener el Sacramento, porque es la Madre del Sacerdote Eterno: si lo ha engendrado, sabe muy buen cuál es la misión de todo sacerdote en la tierra: ser otro Cristo, guiar hacia la verdad, que es Su Hijo.

María se presenta en Fátima como la Mujer vestida del Sol. Jesús se quiere servir de su Madre para reinar gloriosamente en el mundo. Jesús quiere venir a nosotros, de nuevo, a través de su Madre.

A través de María: es la Mediación Materna lo que constituye el mensaje principal de Fátima.

¿Qué será el triunfo del Inmaculado Corazón de María sino que la Iglesia proclame este dogma?

¿Y cómo se podrá proclamar si la Iglesia no se deja guiar por María? Es lo que conlleva este dogma: ser niños en manos de la Madre, que sabe lo que nos hace falta en cada momento.

Dios no es una teoría, una serie de ideas, una fe que no se pone en práctica. Dios está vivo y quiere en el hombre una fe viva.

La Mediación Materna de María incluye tres cosas:

que María sufre: es lo que vio Lucía: Su Corazón rodeado de espinas: es la Corredención. «…se le clavaban por todas partes. Comprendíamos que era el Inmaculado Corazón de María ultrajado por los pecados de los hombres y que pedía reparación»;

que María defiende a la humanidad de las asechanzas del demonio: es el ser Abogada: Mi Corazón será tu refugio le dirá a Lucía en la segunda aparición;

y   que   María   media   entre   Dios   y  el  hombre: «…quiero que toda mi Iglesia reconozca esa consagración (la  de  Rusia) como un triunfo del Inmaculado Corazón de María…. De no mediar la realización de este acto no habrá paz en el mundo.

Es tan grande el pecado, en que el hombre ha caído, que si no es por la Mediación de María, el hombre no sería capaz de salir de ese pecado. De cuantos castigos no se habrá librado la humanidad, en estos últimos tiempos, a causa del Inmaculado Corazón.

Ella lo puede todo ante Dios.

Pero, para que la Iglesia enseñe este dogma tiene que pasar, antes, por su Calvario. Sólo así podrá entender lo que significa la Virgen María para la humanidad y para toda la Iglesia.

Los Apóstoles no terminaron de creer en Jesús hasta que no se vieron envueltos en Su Pasión Redentora.

La Jerarquía, que ha despreciado las palabras de la Virgen María en Fátima, no va a terminar de creer en lo que es María, hasta que no se vea envuelta en la Gran Abominación que el Anticristo va a poner en la Iglesia. Ahí es cuando la Virgen triunfará en Su Iglesia: engendrará una Jerarquía, que fiel a Jesucristo, sepa luchar contra todos los errores del Anticristo y promulgue el dogma que va a poner a toda la Iglesia en el camino del Reino Glorioso.

Ahora, nadie cree en las profecías: es imposible que crean en el Apocalipsis. Es imposible ese dogma en la Iglesia. Ese dogma es para el Reino Glorioso. Ese dogma es un absurdo para la actual Jerarquía de la Iglesia: no creen en los sufrimientos de la Mujer, no creen en el Poder de la Mujer; no creen en la mediación de la Mujer.

Y la Mujer es la Virgen María y, también, todo el Cuerpo Místico de Cristo. Nadie cree ni en la Virgen ni en la Iglesia. Todos han construido su iglesia, la idea que cada uno tiene de la iglesia. Por eso, se ve tanta división, tanta oscuridad, tanta apostasía en todas partes

No se puede promulgar este dogma sin el triunfo de la Iglesia. Y, ahora, la Iglesia está metida en una podredumbre en la cual no hay salvación.

La gran crisis de la Iglesia es su falta de obediencia a Dios. Y, por eso, está donde tiene que estar: en las  manos de Su Enemigo: en las manos del mundo, de la carne y del demonio. Así vive toda la Jerarquía y todos los fieles: son mundanos, carnales y unos engendros del demonio.

Tanta gente que dice que conoce a Dios, pero no guarda sus mandamientos. ¿Cuál es su dios? ¿Cuál es su padre? El demonio.

«Vosotros tenéis por padre al diablo». ¿Y pretendéis levantar una iglesia para vuestro padre? ¿A quién queréis engañar? A todos aquellos que buscan ser engañados, que sólo tienen oídos para escuchar lo que hay en sus mentes humanas.

María, al bajar del cielo  en Fátima, nos trae la luz del Paraíso. Decía Lucía: vimos…una Señora vestida toda de blanco, su vestido –dirá Jacinta – blanco, adornado con oro, y en la cabeza un manto también blanco. Y sigue Lucía: más brillante que el sol y esparciendo luz.

Esto  nos  lleva  al  Apocalipsis:

«…una  gran  señal apareció en el cielo: una Mujer envuelta en el sol». Doce estrellas  vio Lucía en la última aparición en su túnica: «la túnica toda blanca, tenía doce estrellas de la cintura para abajo, una seguida de la otra».

Esto anuncia  una gran batalla entre María y Satanás. Y va a ser María la encargada, en estos tiempos, de dar  la luz que ilumine esta gran oscuridad con que el Maligno ha  oscurecido  a  la  humanidad  y  a  toda la Iglesia. La luz ha sido dada a través de todos los verdaderos profetas.

Es a través de la luz de María cómo la Iglesia sigue avanzando en medio de tan gran oscuridad. Y sólo gracias a esa luz profética. Toda la Jerarquía ha mentido a la Iglesia: ha envuelto a la Iglesia en una gran oscuridad, la propia del demonio. Y en la tiniebla del pecado no se puede amar a Dios. Hay que salir de la oscuridad del pecado y ponerse en la luz de la gracia

Esa luz envolvió  a  los  pastorcillos: quedábamos dentro de la luz… que Ella esparcía, decía Lucía. «En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Francisco y Jacinta parecían estar en la parte que se elevaba hacia el cielo y yo en la que se esparcía por la tierra».

«Le recuerdo, Padre, que dos hechos contribuyeron a santificar a Jacinta y Francisco: la aflicción de la Virgen y la visión del infierno»  (Carta del 22 de Mayo 1958 de Sor Lucía al P. Agustín Fuentes).

Francisco y Jacinta se fueron al Cielo porque vieron el infierno y el dolor de la Madre por los pecados de todos los hombres. Estas dos verdades son silenciadas por toda la Jerarquía.

Las almas se salvan y se santifican cuando contemplan sus pecados como lo que son: como obras que ofenden a Dios. Si la Jerarquía ya no predica del pecado y de su castigo, entonces no hay manera de que un alma se salve. El camino de salvación pasa por el reconocimiento del pecado por la misma alma.

El que se sienta en la Silla de Pedro predica que todos se van al cielo. ¡Qué gran absurdo! Para ir al cielo hay que contemplar el infierno. Contemplar nuestros pecados y ver cómo hemos ofendido a Dios. Ver el dolor del pecado en Cristo y en la Virgen María. Y esto es lo que la gente no quiere ver.

La gente sólo se dedica a ver el dolor que hay en el mundo, en los hombres. Sólo ve los efectos externos del pecado. Y se lamenta, y se compadece, y llora sin sentido.

Para que un alma se salve tiene que llorar por sus pecados; tiene que hacer suyos el sufrimiento de Cristo. Sufrir con Cristo. No tiene que sufrir con los hombres. No tiene que asociarse con los hombres para quitar los problemas de la sociedad. Tiene que asociarse con la Obra de Cristo, que es sólo una cosa: la Cruz. Esa Cruz que nadie quiere para su vida.

Ver a la Madre llorar por nuestros pecados eso es buscar la salvación. Pero ver al hombre llorar por sus problemas eso es quedarse en la condenación. No llores por ningún hombre en tu vida: no merece la pena.

Francisco y Jacinta lloraron por los dolores de la Virgen y por la visión del infierno que sus pecados merecían. Y eso sólo les salvó y les santificó.

Cuando un hombre comunista – como lo es Bergoglio- está gobernando la Iglesia con su doctrina protestante y masónica, entonces está envolviendo a toda la Iglesia en la mayor tiniebla del pecado: está condenado almas. Las está llevando por el camino ancho del infierno.

Nuestra Señora viene con su Corazón Inmaculado en su mano, «derramando por el mundo esa luz tan grande, que es Dios».

«Dios es Luz» y «en Él no hay tiniebla alguna».

En esa luz divina, Lucía vio «al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo».

Ella misma da la interpretación de este pasaje:

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«…la punta de la lanza como una llama que se desprende, toca el eje de la Tierra; y ésta se estremece: montañas, ciudades, regiones y pueblos son sepultados con sus habitantes. El mar, los ríos y las nubes salen de sus límites, desbordándose, inundando y arrastrando en un torbellino, casas y personas en un número que no se puede contar; es la purificación del mundo del pecado en el cual está inmerso. El odio, la ambición, provocan la guerra destructiva…» (“Un caminho sob o olhar de Maria”, pág. 267).

El Ángel tiene una espada en su mano izquierda: es un ángel de justicia, que tiene la misión de obrar una justicia en el mundo. La mano izquierda representa la Justicia de Dios; la mano derecha representa la Misericordia de Dios.

Por eso, ante las llamas de esa Justicia, la Virgen muestra Su Misericordia: «pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él». Dios, cuando obra Su Justicia, nunca se puede olvidar de Su Misericordia. Y, por eso, en Su Justicia, Dios no aniquila al mundo, no destruye completamente al hombre. Dios ama lo que ha creado. Pero ese Amor es Justicia y Misericordia al mismo tiempo.

Cuando el Ángel toca con la punta de su lanza el eje de la Tierra, entonces sobreviene el castigo divino. Lucía ve el castigo para toda la humanidad. El ángel castiga a los hombres y la Virgen muestra Su Misericordia, terminando el castigo y haciendo que el Ángel exclame:

«…el Ángel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!».

El Ángel usa su mano derecha: señal de que va a hablar con Misericordia. E invita a todos a la penitencia. Después del castigo, la penitencia, que es siempre un camino de misericordia. No es antes del castigo la penitencia. Porque los hombres se han apartado de la penitencia, que es despreciar la Misericordia Divina, por eso, viene el castigo, la obra de la Justicia. Y, una vez que se cumple ese castigo, el hombre recapacita sobre su vida, ve sus pecados y comienza a hacer penitencia por sus pecados. Por eso, el Ángel, después del castigo, llama a la penitencia.

Ya ese castigo primero no se puede quitar. Los hombres se han olvidado de hacer penitencia, porque ya no creen en el pecado.  Sólo creen que se van a ir al cielo, que se merecen el cielo porque son unas buenísimas personas. Es lo que enseña constantemente Bergoglio en su falsa iglesia. Es lo que enseña toda la jerarquía que ya no hace ni oración ni penitencia por el pecado.

Viene un gran castigo para todo el mundo. Un castigo en el que nadie cree. Si no creen en el pecado, no creen en el castigo. Todos se apuntan, ahora, al año de la falsa misericordia. Y es, justamente en ese año, cuando comienza el castigo.

«Y vimos…a un Obispo vestido de blanco…También a otros Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz…llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron unos tras otros los Obispos sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones».

El castigo es la Pasión del Cuerpo Místico de la Iglesia. El castigo empieza por la Iglesia. La parte que ha sido ocultada corresponde al Santo Padre: «el Santo Padre tendrá mucho que sufrir». Le han obligado a renunciar. Esto es lo que se ha ocultado. Falta esta parte para poder entender por qué el Papa, con toda la Iglesia obediente a Él, va camino del Calvario.

El Papa Benedicto XVI es el Obispo vestido de blanco, que tiene que sufrir el castigo que viene a toda la humanidad: «atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino». Tiene que ver sangre y muerte antes de morir por Cristo en la Cruz.

Y es necesario ese Calvario de toda la Iglesia, con Su Cabeza Visible, para que comience el Reino de Gloria:

«….en el tiempo, una sola fe, un solo bautismo, una sola Iglesia, Santa, Católica, Apostólica. ¡En la eternidad el Cielo!» (“Un caminho sob o olhar de Maria”, pág. 267).

En el tiempo, en la Iglesia militante, el Reino Glorioso de Cristo, en donde se da una sola fe, un solo Bautismo, una sola Iglesia. Sin ese Reino, es perder el tiempo todo ecumenismo. Es la charlatenería de muchos que creen que con hablar las cosas se solucionan.

La paz que Dios da al mundo no la da como el mundo la da: hablando, con acuerdos de paz. La paz que Dios da es siempre la obra de la gracia: cuando el hombre deja su pecado, entonces encuentra la paz.

Y el canal de la gracia, quien da la gracia al hombre es la Virgen. Reza el santo Rosario y salvarás tu alma y la de los tuyos.

«Es urgente, Padre, que nos demos cuenta de la terrible realidad. No se quiere llenar de miedo a las almas, sino que es solo una urgente invitación, porque desde que la Virgen SS. le dio gran eficacia al S. Rosario, no hay problema ni material, ni espiritual, nacional o internacional, que no se pueda resolver con el S. Rosario y con nuestros sacrificios. Rezado con amor y devoción consolará a María, enjugando tantas lágrimas de su Corazón Inmaculado» (Carta del 22 de Mayo 1958 de Sor Lucía al P. Agustín Fuentes).

«Que los siete años que nos separan del centenario de las Apariciones  puedan acelerar el triunfo previsto del Inmaculado Corazón de María, para gloria de la Santísima Trinidad» (Benedicto XVI, 2010).

No pongan su fe en el hombre o en lo que dice el hombre, sino en la Palabra de Dios que se da a través de los profetas verdaderos. Es con la pureza del corazón cómo se cree en Dios. Un corazón purificado es el que hace las obras de Dios. Un alma que vive en sus pecados sólo obra sus pecados. Es tiempo sólo de creer en Dios. No crean en ninguna Jerarquía, porque todos están detrás de los hombres. El tiempo ha llegado. El tiempo de ver el castigo y de sufrirlo. Pero, después del castigo, es el tiempo para hacer penitencia por los pecados, para así preparar la venida de Cristo al mundo. Cristo no viene a un mundo que ama el pecado. Cristo viene a un hombre que sabe llamar al pecado por su nombre y que sabe luchar contra aquel que es el que obra todo pecado en los hombres: Satanás. Cristo viene para reinar en un mundo sin pecado. Cristo no viene a un mundo dormido en la esclavitud de su ignorancia, que es su perdición. Cristo viene a por las almas que tienen las lámparas encendidas, que están prontas para ver la Voluntad de Dios y obrarla al instante. El tiempo de la gran prueba ha llegado: se separan las cabras de las ovejas. Se produce el cisma. Y sólo los humildes podrán resistir a todo lo que viene a la Iglesia y al mundo. El tiempo del Padre llega a su fin. Comienza el tiempo del Hijo.

La iglesia del mundo visible en Roma

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«Hay quien considera que puede tener una relación personal, directa, mediata con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia… ser cristiano significa pertenencia a la Iglesia. El nombre es «cristiano», el apellido es «pertenencia a la Iglesia» (25 de junio del 2015).

Muchos católicos no son capaces de ver la herejía en estas palabras del falsario, porque ya no conocen su fe católica.

«…ser cristiano significa pertenencia a la Iglesia»: esta es la gravísima herejía. Si tienes el nombre de cristiano, entonces perteneces a la Iglesia.

En otras palabras: si no estás bautizado, pero te llamas cristiano, perteneces a la Iglesia.

Si crees en tu idea de Cristo, si para ti Cristo es lo que se profesa en el budismo o en el judaísmo, o en cualquiera otra religión, entonces perteneces a la Iglesia.

Si no vives en gracia, sino en tu grandioso pecado, si no tienes los Sacramentos o una vez los recibiste, pero ya no los practicas o lo haces mal, si no obedeces al Romano Pontífice, sino que haces lo que te da la gana en tu vida, entonces eres de la Iglesia, perteneces a la Iglesia.

¿Ven o no ven la gravísima herejía?

Bergoglio está enseñando su iglesia mundial: la que es para todo el mundo. Con tal de que te llames cristiano, con tal de que te pongas el nombre de cristiano, un nombre vacío, un lenguaje humano, una palabra que todo el mundo usa para no decir nada, entonces perteneces a la iglesia que está levantando ese hombre, al cual muchos le ponen el nombre de papa.

Ahora, resulta que eres de la Iglesia porque tienes que seguir a Bergoglio. Si no sigues a Bergoglio como el gran papa del mundo, de los herejes, de los pervertidos, de los homosexuales, entonces no perteneces a la Iglesia. Tienes que tener el nombre de Bergoglio. Tienes que decirlo.

Si dices: Bergoglio no es papa. Entonces, no perteneces a la Iglesia.

Todo el mundo se apunta, ahora, al juego del lenguaje humano.

Para ser de la Iglesia hay que colocarse el nombre de cristiano.

Para estar en comunión con la Iglesia hay que colocarse el nombre de Bergoglio: hay que llamar a Bergoglio como papa. Y no importan sus claras herejías. Eso no interesa. Es el nombre el que interesa. Si no tienes el nombre de ese tipejo, si no dices el nombre de ese tipejo, si no lo llamas papa, estás condenado, has cometido el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Así piensan muchísimos católicos.

Para ser miembro de la Iglesia, es necesario poseer una perfecta unión con el Cuerpo de la Iglesia. Esto significa que la persona debe ser bautizada, y vivir su bautismo dentro de la comunión visible de hombres que profesan la misma fe divina, que comparten los mismos siete sacramentos y que están en obediencia al Romano Pontífice.

Estos son los tres requisitos externos de unión: si la Iglesia es visible, entonces sus miembros se conocen por estas tres cosas:

«Pero entre los miembros de la Iglesia sólo se han de contar de hecho los que recibieron las aguas regeneradoras del Bautismo, y, profesando la verdadera fe, no se hayan separado, miserablemente, ellos mismos, de la contextura del Cuerpo, ni hayan sido apartados de él por la legítima autoridad a causa de gravísimas culpas… Por lo cual, los que están separados entre sí por la fe o por la autoridad, no pueden vivir en este único Cuerpo, ni tampoco, por lo tanto, de este su único Espíritu» (Mystici Corporis, n. 10).

«Porque cuantos somos creyentes, teniendo… el mismo espíritu de fe, nos alumbramos con la misma luz de Cristo, nos alimentamos con el mismo manjar de Cristo y somos gobernados por la misma autoridad y magisterio de Cristo» (Mystici Corporis, n. 32).

Es claro lo que dice el Papa Pío XII: hay que estar bautizados.

Pero, además, hay que profesar la fe verdadera: la fe católica. Hay que obedecer el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. Si no se obedece este magisterio, ya no tienes la fe verdadera.

Hay muchos católicos que no saben lo que es este magisterio. No lo conocen. Para ellos, no existe el pecado, ni el infierno, ni el purgatorio, ni la penitencia, ni la cruz, ni la gracia, ni los sacramentos, etc…

Hay que tener la misma Luz de Cristo: su doctrina. Esa doctrina son dos autoridades en la Iglesia Católica: la Palabra de Dios y el magisterio auténtico e infalible.

Estas dos autoridades están por encima del Papa, de los Obispos, de los Concilios, de los Cónclaves, de cualquier miembro de la Iglesia.

Estas dos autoridades son la Luz de Cristo, que se da a todo el mundo para que pueda creer.

Pero, además, hay que vivir los Sacramentos: hay que alimentarse de la Eucaristía. Si vives en tu pecado, sin confesarlo en el Sacramento de la Penitencia, entonces no puedes recibir al Sacramento de la Eucaristía y, en consecuencia, el Bautismo y la Confirmación los metes en un saco roto: no te sirven de nada. Y, mucho menos, el Sacramento del Matrimonio o el del Orden.

Si no usas bien los Sacramentos, NO ERES IGLESIA visiblemente.

¡Cuánta gente pervertida que no discierne lo que comulga y se come su propia condenación!

Pero, además, hay que someterse a la Jerarquía: gobierno vertical en Pedro. Si no obedeces al Papa, NO ERES IGLESIA visiblemente.

Los sedevacantistas, los lefebrvistas, y tantos católicos de nombre, no se someten a un Papa. NO SON IGLESIA visiblemente.

¡Y, ahora resulta, que todos quieren ser iglesia obedeciendo a un falso papa!

¡No comprendemos cuál es la fe de muchos católicos!

¿Para qué se dicen católicos?

¿Para qué están en la Iglesia?

Para pertenecer a la Iglesia, externamente, son necesarias estas tres cosas. Pero para pertenecer a la Iglesia, internamente, sólo se necesita las tres virtudes teologales:

«Puesto que no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma, la herejía o la apostasía. Ni la vida se aleja completamente de aquellos que, aun cuando hayan perdido la caridad y la gracia divina pecando, y, por lo tanto, se hayan hecho incapaces de mérito sobrenatural, retienen, sin embargo, la fe y esperanza cristianas, e iluminados por una luz celestial son movidos por las internas inspiraciones e impulsos del Espíritu Santo a concebir en sí un saludable temor, y excitados por Dios a orar y a arrepentirse de su caída» (Mystici Corporis, n. 10).

Bergoglio cae en otra herejía: «Hay quien considera que puede tener una relación personal, directa, mediata con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia»: está negando que Cristo sea la Cabeza invisible de la Iglesia y, por lo tanto, hay almas que no son Iglesia visiblemente, pero si pertenecen a la Iglesia de manera invisible, por su unión con Cristo. Se puede tener una relación personal con Cristo porque sólo los pecados de herejía, de cisma, de apostasía de la fe, sacan de la comunión y de la mediación de Cristo, que es la Iglesia. El gravísimo problema de Bergoglio es poner la Iglesia en el pueblo, en una comunidad de personas; pero no la pone en Cristo. Y entonces tiene que caer en esta gravísima herejía: para tener comunión con Cristo, para tener una relación personal con Cristo tienes que ser de la Iglesia, tienes que estar en comunión con la Iglesia. Y, en esas palabras, deja de reconocer, está anulando que la Iglesia es Cristo. Pone la Iglesia en los hombres, como dice en su discurso: «Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. No se hacen cristianos en el laboratorio. El cristiano es parte de un pueblo que viene de lejos. El cristiano pertenece a un pueblo que se llama Iglesia y esta Iglesia lo hace
cristiano».

¿Ven la maldad de este hombre?

El cristiano es parte de Cristo, no de un pueblo que viene de lejos. Uno se hace cristiano porque cree en Cristo, no porque cree en un pueblo. Al poner la Iglesia en el pueblo, entonces tiene que cargarse a Cristo como Rey y como Cabeza de la Iglesia. Y, por eso, lo que vemos en el Vaticano es la iglesia de un hombre, de un conjunto de hombres que han anulado la verdad, que es Cristo, y la Iglesia, que es Cristo y sus almas. Sólo queda el pueblo, el mundo, la masa.

Sólo la herejía, el cisma y la apostasía de la fe impiden ser de la Iglesia. Los que no han cometido estos tres pecados, pero sí viven en sus pecados no confesados, todavía son de la Iglesia pero no externamente.

Estos son los católicos tibios, que son muchos.

Los pervertidos, a los cuales ya no se les puede llamar católicos, son los que han cometido los tres pecados que sacan de la Iglesia: herejía, cisma y apostasía de la fe. Bergoglio es un pervertido. Todo el gobierno horizontal, ese grupo de cardenales que gobierna en la actualidad la Iglesia, son pervertidos. No son Iglesia.

Cuando el alma pierde la fe, entonces ya no puede pertenecer al Cuerpo de la Iglesia. Mientras mantenga la fe, hay una esperanza de conversión, y de salir del pecado. Todavía están unidos a la Cabeza Invisible de la Iglesia, que es Cristo, aunque no participen ni en los Sacramentos ni obedezcan a la Jerarquía. Externamente, no pertenecen a la Iglesia porque no obran visiblemente ni los Sacramentos ni se ponen en obediencia a la Jerarquía. Internamente, son de la Iglesia porque todavía no han renegado totalmente de Cristo, Su Cabera Invisible.

Ahora mismo, en la actualidad, observamos muchos falsos católicos que siguen a un falso papa.

Para ser de la Iglesia, en lo externo, para que sea vea visiblemente la Iglesia, es necesario el gobierno vertical del Papa: es necesaria una cabeza visible. Como Benedicto XVI no gobierna la Iglesia, y es el Papa verdadero y legítimo, es la legítima autoridad en la Iglesia, entonces la Iglesia ya no es visible. Falta el gobierno del Papa. Falta la cabeza visible. Es gobernada solo por Su Cabeza Invisible, que es Cristo. Por este gobierno invisible, la Iglesia se hace invisible: ya no se puede ver exteriormente, en una Jerarquía, en una Cabeza visble.

Pero resulta que un grupo de cardenales está gobernando exteriormente la Iglesia, con un gobierno horizontal. Eso que se ve, esa iglesia que resulta de ese gobierno horizontal, no es la Iglesia Católica. No es la Iglesia en Pedro, en un gobierno vertical. No es la Iglesia visible de Cristo.

Luego, quien obedece a ese gobierno, quien obedece a ese falso papa, se convierte, visible, externamente, en un falso católico.

El católico verdadero obedece al Papa legítimo. El falso católico obedece a un falso papa, que es ilegítimo, inválido, por su manifiesta herejía.

El católico tiene que ponerse en la Verdad para ser católico. El católico tiene que reconocer la verdadera autoridad en la Iglesia para ser católico.

Si no te pones en la verdad, sino sabes discernir a la Jerarquía de la Iglesia, te conviertes, te transformas en un falso católico.

Es lo que vemos en todas partes desde hace dos años. Está surgiendo una falsa iglesia. Luego, tienen que aparecer, visiblemente, los falsos católicos. Son los siguen a un falso papa y están en una falsa iglesia.

Los católicos verdaderos tienen que desparecer exteriormente. Es necesario que desaparezcan porque visiblemente no hay una cabeza que los gobierne.

Un católico verdadero no puede pertenecer visiblemente a la iglesia de Bergoglio y compañía. No puede. Es un gobierno horizontal. No es el gobierno visible en Pedro.

Luego, la Iglesia de Cristo pasa a ser el Reino de Dios, pero ya no está visiblemente en la Jerarquía.

Está visiblemente en cada corazón que permanece, que es fiel a la Verdad. Pero esos corazones fieles no pueden unirse bajo una cabeza visible, bajo un papa. Entonces, no hay Iglesia visible. Pero sí hay Iglesia invisible en Cristo.

Cada alma sigue unida a Cristo, pero el Cuerpo de Cristo no tiene cabeza visible: no se puede ver exteriormente. Por eso, la Iglesia pasa a ser remanente, tiene que estar escondida. Tiene que ser perseguida. En cada corazón está la verdad que no se muestra exteriormente. Y conviene que no se muestre. Hay, en la actualidad, muchos lobos, muchos falsos profetas que destruyen la fe católica.

Por eso, ahora no es tiempo de convertir a nadie. Y quien se convierta a la Iglesia católica, que no existe visiblemente, es una falsa conversión. Se convierte a la iglesia de Bergoglio y compañía, que visiblemente es una falsa iglesia.

Los católicos verdaderos, si quieren seguir en su fe católica, tienen que salir de todas las estructuras externas de la Iglesia porque han sido tomadas por un gobierno horizontal, que ya visiblemente no hace la Iglesia en Pedro.

¡Cuánto cuesta entender estas cosas a los católicos!

La Iglesia no es un conjunto de hombres, con un pensamiento común, con unas ideas, con unas obras más o menos buenas.

La Iglesia es Cristo y sus almas. Y cada alma tiene que estar unida a Cristo. Es la vid y los sarmientos. Cristo es el tronco de la vid. Las almas se unen a esa vid para poder alimentarse de Cristo.

En la Iglesia ningún hombre se alimenta de la mente del hombre. En la Iglesia, cada alma tiene que estar unida a la Mente de Cristo, unida a la Voluntad de Dios en Cristo, unida al Espíritu de la Verdad que procede del Padre y del Hijo.

Si no hay esta unión, vana es esa iglesia.

Una iglesia de hombres es la que vemos en el Vaticano y en muchas parroquias. Y ya eso es una falsa iglesia. Salgan de ahí porque es el inicio de la gran abominación.

Hacia la destrucción del magisterio auténtico e infalible

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Francisco Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

Esta es la verdad que nadie sigue. Todos, de alguna manera, tienen a ese hombre como su papa, su jefe, su hombre que lidera su iglesia.

Desde la renuncia del Papa verdadero y legítimo, Benedicto XVI, la Iglesia está sin Cabeza visible. Sólo está manejada por una Jerarquía, que infiel a la gracia que han recibido, impone un magisterio totalmente herético y contrario al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

No hay Cabeza visible, no hay Iglesia visible.

Esto es muy importante discernirlo para no caer en tantas desviaciones como existen, hoy día, en la Iglesia.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia».

Pedro es una persona física en la Iglesia. No es una persona moral. El Papado o la Santa Sede es una persona moral.

Jesús levanta Su Iglesia sobre una persona física, no sobre una persona moral. La Iglesia no está en la Santa Sede, no está en el Vaticano, entendido como una estructura externa moral. La Iglesia está en Pedro.

Si se quita a Pedro, su gobierno vertical en la Iglesia, entonces se quita la Iglesia: la Iglesia desaparece. Pero desaparece en Pedro; no desaparece en Jesús.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: es Jesús y sus almas. Eso es la Iglesia.

La Iglesia es una Persona Divina: el Verbo Encarnado; que ha realizado una obra divina, una obra de Redención: ha salvado a las almas de las garras del demonio y las ha unido a Él. Con una unión mística y espiritual. Una unión que no se puede explicar con el lenguaje humano, porque es la Obra del Espíritu de Dios en cada alma.

Jesús ha dado Su Carisma al hombre Pedro, para que gobierne y lleve a todas sus almas hacia la Verdad del Evangelio. Y en Pedro está todo el Poder Divino para realizar esta misión divina.

Quitaron al Papa legítimo Benedicto XVI, con el fin de colocar a su hombre. A ese hombre le ponen el nombre de Papa; un falso nombre. Y ese hombre tiene la función de destruir toda la Iglesia.

Se destruye la Iglesia aniquilando su magisterio auténtico e infalible. Es la única manera de hacer desaparecer la Iglesia: se quita su doctrina.

Para hacer esto, es necesario reemplazar esa doctrina auténtica por una falsa, que parece auténtica en lo exterior de las palabras, del lenguaje humano, pero que es manifiestamente herética.

El gran triunfo de la masonería es haber estado bombardeando, durante 50 años, la doctrina  de la Iglesia atacando dos cosas principales: la vida interior (la fe) y la vida exterior (la liturgia).

Si hay crisis de fe, entonces la esperanza y el amor van desapareciendo del corazón de las almas. Las virtudes, como la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza, ya no se ejercitan, sino que dan paso a los vicios contrarios. Y aparecen la desobediencia, la impureza, la impaciencia, la impiedad y el orgullo.

Si se dan estos vicios, entonces el alma ya no siente el deseo de Dios, el hambre y la sed de buscar la Voluntad de Dios para su vida, sino que se abre al deseo del mundo, de lo material, de lo humano. Se vive para construir un mundo humano, bello, perfecto, pero en donde no está la ley de Dios, porque los hombres se han olvidado de arrepentirse de sus pecados, de expiar sus pecados y de vivir luchando contra ese pecado que favorece la apostasía de la fe: la soberbia. Si no hay humildad en las almas, éstas viven, se alimentan y desean los innumerables pensamientos que conciben en su mente, y que el demonio pone.

Sin vida interior, en la crisis de fe, está la crisis de la gracia. La Gracia es el alma del alma. Es la vida sobrenatural en el alma. Sin esa vida, sin esa imagen y semejanza de Dios en el alma, aparece en ella la ausencia de Dios. Y el alma ya no posee esa vida divina, sino que comienza a poseer una vida extraña espiritualmente: la misma vida del demonio en el alma.

O el alma está con Dios o está con el demonio. No se pueden servir a dos señores al mismo tiempo. Si no hay semejanza espiritual con Dios, la hay con el demonio.

Si el alma pierde la vida sobrenatural, entonces el alma vive en la oscuridad, en la tiniebla de la vida preternatural, que es la propia del demonio. Y se alimenta y desea esa tiniebla: desea el pecado, vive de su pecado, ama su pecado. Lo mismo que hace el demonio.

Esta crisis de fe, que es crisis de vida interior, está en toda la Iglesia: es un gran mal, que hace de la Iglesia un cadáver en putrefacción. Las almas viven en estado de pecado actual: viven muertas espiritualmente. La obra de la Redención es inútil para ellas. Esas almas vuelven, de nuevo, a crucificar a Cristo. Ya no viven para quitar sus pecados, sino que viven para obrar sus pecados.

La doctrina de la Iglesia, auténtica e infalible, sigue ahí; pero nadie la vive, nadie la pone en práctica. Todos viven otra cosa diferente a esa doctrina. No se ha cambiado la doctrina, pero las almas han dejado de conocerla y practicarla.

Y esta falta de conocimiento en las almas es porque la Jerarquía de la Iglesia, los sacerdotes y los Obispos, ya no predican, ya no enseñan ese magisterio auténtico e infalible. Predican y enseñan otras cosas, que son más agradables a las almas. El pecado, el purgatorio, el infierno, la mortificación, la humildad, etc… son temas que se olvidan para poner en la memoria otros temas más importantes y relevantes para la vida del hombre.

Si hay crisis de fe, crisis de la gracia, habrá crisis en la vida de los sacramentos. Sin los Sacramentos, las almas no pueden salvarse: éstos están ligados a la Obra de la Redención. Son los frutos de la Cruz de Cristo. En ellos está todo el misterio de la vida de la gracia en las almas.

Con los Sacramentos, el hombre se vuelve espiritual. Deja la vida humana para dedicarse a un objetivo divino que le da la gracia del Sacramento. Sin Sacramentos, la vida del hombre carece del sentido divino. Y, por lo tanto, el hombre sólo se pone un sentido: el suyo, lo humano, lo material, lo carnal, lo natural…

Con los Sacramentos, los hombres tienen todos los medios, no sólo para salvarse, sino para defenderse de todos los males. Es decir, para vivir una vida sin pecado actual, haciendo en cada instante la Voluntad de Dios.

Sin la vida sacramental, el hombre vive su vida de pecado actual y, por lo tanto, hace en cada segundo lo contrario a la Voluntad de Dios.

Todos los males que se ven en la Iglesia es sólo por esta crisis de fe en sus miembros: los hombres se sacuden de encima sus propios pecados, para no atenderlos, y así dedicarse a otra cosa dentro de la Iglesia.

Sus miembros, fieles y Jerarquía, son responsables de no saber para qué están en la Iglesia. Son responsables de todo el mal que se ve en la Iglesia.

Y si no hay vida interior, entonces ¿qué es la vida exterior? ¿En qué consiste la liturgia? En vez de manifestar la obra de Dios, en las oraciones, en los ritos, sólo manifiesta la obra de los hombres.

Se administran los Sacramentos como si fuesen cosas materiales: se perdió la “sacralidad” del Sacramento. Se ha puesto lo sagrado en el hombre, en su cultura, en su mente, en sus obras, en su vida. Si hay crisis de fe, hay crisis de lo sagrado, de lo divino, de lo celestial. Y todo se ve con ojos humanos, terrenales. Y van apareciendo leyes, disposiciones, reglas litúrgicas en donde se anula lo sagrado. Y eso produce un verdadero cisma en la Iglesia: muchas divisiones en la Iglesia vienen por la liturgia, por la práctica de la vida exterior.

Sin vida interior, ¿qué se practica en la vida litúrgica? Lo que vemos en tantas misas, en tantos grupos de oración, en tantas comunidades que ya no son católicas porque, en la práctica, no ponen en obra el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Si hay crisis de fe y crisis de liturgia, entonces aparece la crisis de la doctrina. Entonces, es cuando se comienza a cuestionar lo que no se puede poner en duda: el magisterio auténtico e infalible, que es un magisterio objetivamente cerrado. Nadie lo puede tocar; nadie lo puede cambiar. Es el propio de la Iglesia. Y es lo que define a la Iglesia.

Quien no se apoya en este magisterio, sencillamente está construyendo su iglesia, su religión, su espiritualidad, a su manera humana.

Desde hace 50 años, vemos el cisma, la división, la ruptura en toda la Iglesia.

Por eso, hay un poco de todo: los lefebvristas, que imitaron a los ortodoxos, produciendo el cisma. Se separaron del Papa, para seguir teniendo sus tradiciones, sus liturgias, su doctrina. Ellos no siguen el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia porque dijeron que el Papa era falible. Permitió muchas cosas con un Concilio, que no debería haber permitido, y por lo tanto, ya no representaba a la Iglesia en Pedro.

Los sedevacantistas, que se inventan una iglesia sin papa formalmente, con un antipapa que se sienta materialmente en la Silla de Pedro. Tienen el error de poner la Iglesia en el Papado, en la Santa Sede, pero no en Pedro. Y se olvidan de que estando la Sede Vacante, la Iglesia permanece hasta que no se elija otro Papa. Y aunque tarde en elegirse, la Iglesia continúa su curso. Porque la Sede Vacante no anula ni a Pedro ni a la Iglesia. Es un requisito para que la Iglesia siga: un Papa tiene que morir para que sea elegido otro. Mientras no haya Papa, ahí está la Iglesia. Esperando un Papa. Y mientras no haya Papa, nadie puede decidir nada en la Iglesia. Poner la sede vacante con antipapas es decir un absurdo. Es negar la sucesión de Papas. Es negar la infalibilidad del Papa. Es negar la doctrina del Papa. Ellos no caen en la cuenta que sólo se puede hablar de sede vacante permanente cuando no se puede elegir a un Papa. Entonces, en este caso, no se puede dar la Iglesia, porque no hay Pedro que la guíe como Vicario de Cristo. Ellos luchan por sus tradiciones, por sus papas, por sus liturgias, pero no saben oponerse a un falso papa. Y no lo saben reconocer como lo que es. Por eso, muchos critican a Bergoglio, pero tienen que juzgar a los demás papas también. Están haciendo la obra propia del demonio: destruir la Iglesia, destruyendo la doctrina en Pedro.

¡Cuántos tradicionalistas que destruyen la doctrina auténtica e infalible al atacar a un Papa legítimo!

¡Defienden sus tradiciones, pero no al Papa!

¡El Papa es el que da a la Iglesia el magisterio auténtico e infalible! ¡Es el que enseña este magisterio; el que lo recuerda, el que lo explica, el que lo defiende!

¿Quieres defender la Tradición en la Iglesia? ¡Defiende siempre al Papa en Ella! Porque en la Tradición hay muchas cosas que no pertenecen al magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. ¡Cuántos Santos Padres erraron en muchas cuestiones! ¡Cuántos Obispos que tienen un magisterio herético antes de ser sacerdotes! ¡Cuántos con un magisterio herético, siendo sacerdotes! Y es sólo un Papa lo que decide en la Iglesia el magisterio que nunca se puede cambiar. Santo Tomás enseña que la Virgen no es Inmaculada. No se le puede seguir en ese punto. ¡No hay que defender la Tradición, sino a un Papa en la Iglesia!

¡Quien no defiende al Papa, construye su propia iglesia, su propia vida espiritual, su propio sacerdocio! Todos son falibles en la Iglesia, menos Su Cabeza Visible. En Ella, en obediencia a Ella, todos son infalibles. Este es el carisma de Pedro.

¡Todo aquel que quite a un Papa legítimo y verdadero en la Iglesia va en contra de todo el magisterio auténtico e infalible! ¡Y su salvación está pendiente de una espada de justicia! Si no quita su pecado en contra de la autoridad del Papa, que es una autoridad divina, no puede salvarse, aunque defienda toda la Tradición de la Iglesia.

¡Muchas divisiones se han visto en la Iglesia durante 50 años! ¡Pero, ahora, vemos la mayor de todas! ¡Ahora, presenciamos la cumbre del pecado!

Y los Obispos lo saben, pero ¿por qué no intervienen?

Porque no se preocupan ya ni de la situación ni de los peligros con los que están amenazados todo el Rebaño de la Iglesia.

No viven para salvar almas: viven para su negocio en la Iglesia.

Ya no les importa la doctrina auténtica e infalible: nadie lucha para que se ponga en práctica. Todos se han acomodado a lo que ven. Y ese acomodo hace que esos Obispos se conviertan en traidores de Cristo y de Su Iglesia.

Ahora es la cumbre del pecado en la Iglesia. Y, por lo tanto, es la cumbre de la justicia divina. Es su tiempo. Es su camino.

Francisco Bergoglio ha quitado a Pedro y el Papado: las dos cosas. Él no es el Sucesor de Pedro porque, sencillamente, es un hombre de herejía; es decir, enseña un magisterio manifiestamente herético. Todos los pueden ver, leer, discernir. No hay excusa si sigues llamando a Bergoglio como papa. Tu pecado no tiene justificación, excusa, razón de existir.

Y este hombre gobierna la Iglesia con un gobierno externo a Ella: su gobierno horizontal. Esto produce, necesariamente, en toda la Iglesia, un cisma. Y es muy claro el cisma.

Los que integran ese gobierno horizontal llevan a toda la Iglesia hacia su iglesia, es decir, a implantar una nueva doctrina que anule, oficialmente,  el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia. En otras palabras, es un gobierno que quiere institucionalizar la herejía, poner un magisterio herético para que todos lo obren como si fuera un dogma, algo infalible en la Iglesia.

Ante esta cumbre del pecado, son pocos los católicos despiertos. Todos se han acomodado a Bergoglio. Lo llaman su papa y están esperando algo de ese hombre, un bien para toda la Iglesia.

Caen en un absurdo de vida.

Lo tienen como su papa, pero lo critican, lo juzgan. ¡Qué gran absurdo! Si Bergoglio es vuestro papa, entonces no le podéis criticar. Se comete un pecado grave. Muchos cometen el pecado de llamar a Bergoglio con el nombre de papa. Y todos ellos, al ver sus errores, sus oscuridades, sus dudas, sus herejías, cometen un segundo pecado de crítica contra su papa. Entonces, ¿cuál es la Iglesia a la que pertenecen esos católicos? No a la Iglesia Católica. Porque en Ésta no se puede criticar a un Papa legítimo: no se puede juzgar su doctrina, su magisterio.

Aquellos que tienen a Bergoglio como su papa tienen que someterse a su mente y a sus palabras. Tienen que aceptar como verdaderas sus herejías, su lenguaje humano, sus ideas. Y no criticarlas, no juzgarlas. Porque Bergoglio es su papa. Por tanto, Bergoglio enseña su doctrina que hay que aceptarla sin rechistar.

¡Gran absurdo es el que viven muchísimos católicos! ¡Ya no son católicos! Han perdido, no sólo la fe, sino lo que significa estar en la Iglesia Católica! ¡No son capaces de vivir el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia! ¡El cual no sólo enseña a llamar a Bergoglio con el nombre de hereje, sino que enseña a juzgar a toda aquella Jerarquía que quiera gobernar la Iglesia con la mentira de un gobierno horizontal!

Si quieres criticar a Bergoglio, entonces deja de llamarlo como tu papa. Es lo primero. Es el sentido común, que muchos católicos ya no lo tienen. Porque si no se hace eso, se comete un grave pecado, no sólo al criticarlo, sino al tenerlo como un hombre de verdad, por el cual Cristo habla a la Iglesia Su Voluntad.

Y Cristo nunca habla a través de un hereje. Decir esto; decir que Bergoglio es el Vicario de Cristo es llamar a Cristo mentiroso.

Nunca Jesús pone un Papa con un magisterio herético en Su Iglesia. Jesús no se contradice a sí mismo. Creer en Jesús es creer en una doctrina auténtica e infalible, la cual nadie la puede tocar, la puede cambiar. Ni siquiera un Papa.

Jesús pone siempre un Papa en la Verdad de la doctrina: claro, sencillo, que defiende siempre a Cristo y a Su Iglesia.

Jesús no ha puesto a Bergoglio como Papa en la Iglesia. ¡Eso ni hay que decirlo! ¡Eso se ve en las obras de ese hombre, al que muchos católicos tibios y pervertidos llaman con el nombre de papa!

Lo que dice la masa de los tibios no hace Iglesia, no es la Iglesia.

La Iglesia es la Palabra de Dios: es lo que dice Dios.

Dios nunca habla la herejía por medio de un Papa legítimo. Nunca dice una mentira a través de la Jerarquía.

Dios sólo habla la Verdad por medio de Su Jerarquía, que es fiel a la gracia que han recibido. Por eso, tienen que aprender a discernir la Jerarquía verdadera de la falsa para discernir lo que viene de Dios, la Palabra que es Verdad, de lo que viene del demonio, la palabra que siempre es mentirosa.

Han quitado a Pedro en la Iglesia. No hay Iglesia. No es visible ni en la Jerarquía ni en los fieles. Lo que es visible es la división  clara en todas partes. Y esa división no interesa a la Iglesia.

La Iglesia no es la división de pareceres; es la unidad en la verdad.

Si quieres seguir siendo Iglesia, ponte en la verdad. Y la verdad no está en tu mente humana ni en tu conciencia ni en tu estilo de vida.

La Verdad es la obra del Espíritu en la Iglesia: es la obra de un amor divino en cada alma.

Ahora, sin cabeza visible, tienes que seguir no a una Jerarquía, sino sólo al Espíritu. Porque la Iglesia ya no está en Pedro, es decir, no está en la Jerarquía. Y tampoco está en la Tradición. No está en el pasado.

Hay que mantener todas las cosas como las dejó el último papa verdadero y legítimo. Ahí debe permanecer la Iglesia, en lo que el último papa enseñó en la Iglesia. Cuando el cielo ponga a Pedro Romano, entonces habrá una autoridad divina que enseñe lo que este tiempo de un falso papa se está obrando en la Iglesia: validará o invalidará todas o parte de las obras de Bergoglio. Mientras tanto, todo cuanto hace Bergoglio es, para la Iglesia, inválido. No tienen el sello de Pedro. Sólo un Papa legítimo puede juzgar todas las obras de ese hombre, como siempre lo han hecho los Papas en los tiempos de los antipapas.

Hay que saber luchar contra Bergoglio, que es un falso papa. Y ya no es tiempo de atacar su doctrina. Cada día dice las mismas cosas, añadiendo una herejía más. Para el que sepa lo que es Bergoglio, sabe por dónde va. Sólo le queda enseñar su vómito en la Iglesia: su doctrina de la evolución, de la ecología, en la cual todos verán claramente lo que ahora no se atreven a decir, por el falso respeto humano que tienen a  ese hombre.

Es tiempo de dejar todo lo social porque viene la persecución en la Iglesia. Y viene desde arriba, desde la cabeza. Viene de sus propios miembros. Y va a ser un peligro estar con gente que es bergogliana, que aunque critican a Bergoglio lo siguen teniendo como su papa.

Muchos van a caer en el gran engaño que viene a la Iglesia. Y eso es la parte de la justicia divina.

Todos aquellos que no tengan a Bergoglio como papa, no caerán en el engaño. Pero los que sí lo tengan, -y no importa que sean lefebrvistas, o sedevacantistas, o tradicionalistas, o progresistas, o lo que sea- no van a saber discernir la mentira que la Jerarquía va a presentar a toda la Iglesia. Porque es necesario romper oficialmente lo que no se puede tocar: el magisterio auténtico e infalible. Y eso hay que hacer con la inteligencia perversa, que está en la cumbre de la perfección en el mal. Por eso, muchos sabios, muchos teólogos, mucha gente que tiene mucho conocimiento en la Iglesia, van quedar engañados. Porque tienen la verdad y la usan para obedecer a un hereje como su papa. Eso exige una justicia divina sobre ellos. La verdad es para obedecer a un hombre que sólo habla la verdad. Pero teniendo la verdad ¿la abajáis para someteros a un hombre, a su pensamiento, sólo por un interés humano? ¡No lo hacéis por el bien mayor de salvar un alma! ¡Cambiáis la verdad divina por la mente de un hombre! Es el culto al hombre, del cual se derivan muchos pecados. Y ese culto al hombre anula el culto de Dios en la Iglesia. Muchos van a quedar cegados, creyendo que siguen dando culto a Dios en la Iglesia y sólo están dando culto a la mente de un hombre. ¡Gran castigo el que viene a toda la Iglesia, principalmente a la Jerarquía!

Saben y no hacen nada. Ya no les interesan las almas en la Iglesia. Sólo velan por sus negocios en la Iglesia.

Y es un gran negocio los pobres en la Iglesia. Por eso, se tiene a Bergoglio como papa: es el negocio que da una doctrina protestante y comunista en la Iglesia.

La escalada al poder: todos bajo el cisma

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Del libro de Austin Ivereigh, titulado “El Gran Reformador: Francisco y la creación de un Papa radical”, muchos han concluido que unos Prelados Católicos han formado un “equipo”, o usando la terminología de la Universi Dominici, «un pacto, un acuerdo, una promesa u otro compromiso», en el cual se «obligan a dar o negar su voto a una persona».

Si el “team Bergoglio” existió, podría argumentarse que ellos simplemente son personas con ideas afines, que cambian puntos de vista, sin un «pacto, acuerdo, promesa».

Pero hay un testimonio –el del Cardenal McCarrick- que evidencia que había una campaña, un cabildeo, que estaba organizado, y que él estuvo de acuerdo en unirse a él.

El Cardenal McCarrick no era un Cardenal elector en el último Cónclave, sino que era un Cardenal que asistía a las Congregaciones generales, como está permitido por las leyes establecidas.

Un hombre influyente, no religioso, le presionó y le seleccionó para que hiciera propaganda de Bergoglio. Es claro su pensamiento, tal como él lo cuenta:

«…sólo antes de entrar en las conversaciones generales … un muy interesante e influyente caballero italiano me preguntó si podía verme, así que le dije que sí. Él vino a verme al seminario, en el Colegio Americano donde me alojaba. Nos sentamos; se trata de un hombre muy brillante, hombre muy influyente en Roma….;… hablamos de varias cosas; él tenía un pedido que preguntarme del pasado… en los Estados Unidos…; pero, luego dijo: “¿qué pasa con Bergoglio?”. Y me sorprendió la pregunta; le dije: “¿qué pasa con él?”. Él dijo: “¿Tiene él una oportunidad?”. Yo dije: “Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él dijo: “Él podría hacerlo, ya sabes”. Le dije: “¿Qué podría hacer?”. Él dijo: “Él podría reformar la Iglesia. Si usted le diera 5 años, él podría ponernos de nuevo en el objetivo. Él tiene 76 años, si él tuviera 5 años, el Señor, obrando a través de Bergoglio, en 5 años podría hacer que la Iglesia surgiera de nuevo”. Yo dije: “Eso es interesante”. Él dijo: “Yo sé que eres su amigo”. Le dije: “Así lo creo”. Él dijo: “Habla con él”. Dije: “Bueno, vamos a ver qué pasa… ésta es la obra de Dios“.…Mi amigo me dijo: ”Vota por Bergoglio”. Yo no lo sé».

Un «hombre italiano muy influyente», que conocía que el Cardenal McCarrick era amigo del cardenal Bergoglio. Este «hombre italiano muy influyente» se encontró con el Cardenal McCarrick con anterioridad a las Congregaciones Generales, en la cual se dan los discursos antes de que comience la votación del cónclave. Este «muy influyente hombre italiano» dijo al Cardenal McCarrick que “hablara” con el Cardenal Bergoglio. Más tarde, el Cardenal McCarrick describe este mismo hecho como un «push Bergoglio»: Puja por Bergoglio; haz campaña; vota por Bergoglio.

Así que, una persona externa, el «hombre italiano muy influyente», interfiere con la elección del Sumo Pontífice, sugiriendo al Cardenal McCarrick que «hablara» y que «votara» por el Cardenal Bergoglio. Todo esto es una violación de la Universi Dominici Gregis, en el artículo 81:

«Los Cardenales electores se abstendrán, además, de toda forma de pactos, acuerdos, promesas u otros compromisos de cualquier género, que los puedan obligar a dar o negar el voto a uno o a algunos. Si esto sucediera en realidad, incluso bajo juramento, decreto que tal compromiso sea nulo e inválido y que nadie esté obligado a observarlo; y desde ahora impongo la excomunión latae sententiae a los transgresores de esta prohibición. Sin embargo, no pretendo prohibir que durante la Sede vacante pueda haber intercambios de ideas sobre la elección».

Como el Cardenal MCcarrick no era elector, entonces sólo viola esta norma de manera indirecta. Una violación de un Cardenal elector es castigada con una excomunión latae sententiae. Pero aquellos que hacen un pacto, un acuerdo, un lobby, que tengan «la misma intención delictiva», que «concurran en la comisión de un delictivo», pero «que no son mencionados expresamente en la ley», como es el caso de un cardenal no elector,- como el cardenal Mccarry-, «quedan sometidos a las mismas penas, o a otras de la misma o menor gravedad» (Canon 1329 § 1 ).

El Cardenal McCarrick, muy sutilmente, admite haber aceptado las palabras de ese «hombre italiano muy influyente», y así lo predica ante los demás Cardenales:

«Entonces… tuvimos las Congregaciones Generales… hablé, durante 5 minutos y 15 segundos, como el hombre que… como el cardenal dijo… Yo dije 3 cosas. Dije, número 1… alejarse de los pobres, y en cierta medida temo que en algunas zonas del mundo, estábamos lejos de los pobres. Y eso es muy peligroso. Yo dije, espero que el nuevo, que el que sea elegido Papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tendría que tener un interés muy fuerte en América Latina, porque la mitad de la Iglesia está allí. Así que realmente ustedes tienen que empezar a pensar dónde está la gente. Me olvidé de la tercera cosa que dije, probablemente no era nada bueno, de todos modos».

Claramente, el cardenal sigue la sugerencia del «hombre influyente»: «yo espero que el nuevo, el que va a ser elegido papa, será alguien que, si él mismo no es un latinoamericano, al menos tenga un interés muy fuerte en Latino América». ¿Por qué nombrar a un latinoamericano si un Papa tiene que ser para toda la Iglesia, no de un país concreto?

El pensamiento del cardenal estaba fuera de Bergoglio: «Yo no lo creo porque… nadie ha mencionado su nombre, él no ha estado en la mente de nadie… no creo que nadie vote por él». Él no tenía en la mente la candidatura de Bergoglio. No lo veía como Papa. ¿Por qué cambia de parecer? Por la influencia de ese hombre italiano, un hombre con autoridad civil, un político, un hombre de gran influencia, que había sido requerido por los Cardenales para hacer lobby antes de las congregaciones generales. Para captar adeptos, que hablaran a favor de Bergoglio. Y así los Cardenales electores votaran por Bergoglio.

La política metida en un Cónclave. No sólo es el equipo Bergoglio. No sólo son unos Cardenales que quieren un Papa determinado. Es todo lo que hay montado y que no se ve, no se percibe con claridad.

Además, ¿cómo consiguió Ivereigh los datos para su libro? Estando con los diferentes personajes, juntando las anécdotas de todo lo que aconteció aquellos días:

«Mientras entrevistaba a mi antiguo jefe, Cardenal Cormac Murphy-O´Connor, para el libro, me he basado en una serie de notas distintas, algunas de las cuales fueron off the record (sin grabación), así como algunas anécdotas de diferentes lugares, lo cual es una práctica habitual para las reconstrucciones periodísticas de las elecciones papales. Las citas que uso del Cardenal Murphy-O´Connor son una que él ha dado en diferentes entrevistas. Cometí dos errores en la redacción de mis notas. Uno de ellos fue dar la impresión de que el grupo de los cardenales, que solicitaban la elección de Bergoglio, consiguió el acuerdo antes del cónclave, lo cual ellos no hicieron; quise significar que ellos creyeron que esta vez él no lo había de rehusar. Inmediatamente después de esta frase escribí: ”Me preguntó si él quería. Él dijo que él creía que, en este tiempo de crisis para la Iglesia ningún Cardenal podría rehusar si se lo preguntaran”. De hecho, ese cambio no tuvo lugar antes del cónclave, sino durante».

Ivereigh dice explícitamente que había un esfuerzo para solicitar el voto. Y esto va en contra de la norma 81, de la Universi Dominici Gregi.

Además, dice que «él no lo había de rehusar», refiriéndose a Bergoglio, que fue ya promovido por ese equipo en el Cónclave del 2005. Y se preguntaba «si él quería». Y la respuesta era clara: el tiempo de crisis es algo fabricado por la masonería, por ese equipo, por ese lobby, para elevar al Pontificado a un falso Papa: poner su hombre. Para levantar su iglesia.

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«Al cardenal Murphy-O’Connor le gustaría disipar cualquier malentendido surgido del libro sobre Francisco de Austen Ivereigh (informe del 23 de Noviembre). Le gustaría dejar claro que no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio, por parte suya o, hasta donde él sabe, por ningún otro cardenal para buscar su asentimiento para convertirse en un candidato para el papado.

Lo que ocurrió durante el Cónclave, que no incluyó al cardenal Murphy O’Connor porque tenía más de 80 años, está ligado por el secreto» (Maggie Doherty – Secretaria de Prensa del Cardenal Cormac – Murphy-O’Connor).

La nota de la secretaría de prensa del Cardenal Murphy-O’Connor es una negación de los hechos y una clara violación del secreto.

Dice el Papa Juan Pablo II, en la Universi Dominici Gregis, n. 59:

«En particular, está prohibido a los Cardenales electores revelar a cualquier otra persona noticia que, directa o indirectamente se refieran a las votaciones, como también lo que se ha tratado o decidido sobre la elección del Pontífice en las reuniones de los Cardenales, tanto antes como durante el tiempo de la elección. Tal obligación del secreto concierne también a los Cardenales no electores participantes en las Congregaciones generales, según la norma del n.7 de la presente Constitución».

Después de la elección de un nuevo Papa, continúa el secreto, el cual pesa sobre los Cardenales electores y sobre los no electores:

El Cardenal Murphy-O´Connor era un Cardenal no electo. Por tanto, está obligado a guardar silencio sobre lo que sucedió antes de la elección de Bergoglio. Durante la elección no pudo estar.

Luego, su negación: «no se hizo, en los días anteriores al cónclave, ningún acercamiento al entonces cardenal Bergoglio»; es una clara violación del secreto. En la nota no se puede ni afirmar ni negar nada. Sólo hay que decir: por la norma 58 de la Universi Dominici Gregis estoy obligado al secreto bajo pena de excomunión:

«Quienes, de algún modo, según lo previsto en el n. 46 de la presente Constitución, prestan su servicio en lo referente a la elección, y que directa o indirectamente pudieran violar el secreto ―ya se trate de palabras, escritos, señales, o cualquier otro medio― deben evitarlo absolutamente, porque de otro modo incurrirían en la pena de excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica».

La nota de prensa no puede indicar una negación de los hechos. Como la indica, se está diciendo que existieron esos hechos.

Esta nota pone en duda la validez de la elección al ser una nota de negación: se rompe el secreto impuesto al Cardenal no elector O´Connor. Se cae en excomunión.

Sólo los Cardenales electores pueden hablar de lo que ocurrió, en la elección, por «una especial y explícita facultad» (n. 60) que da el sumo Pontífice para este caso. Ni O´Connor es Cardenal electo ni Bergoglio ha dado esa facultad.

El Papa Juan Pablo II enseña en el número 82:

«Igualmente, prohíbo a los Cardenales hacer capitulaciones antes de la elección, o sea, tomar compromisos de común acuerdo, obligándose a llevarlos a cabo en el caso de que uno de ellos sea elevado al Pontificado. Estas promesas, aun cuando fueran hechas bajo juramento, las declaro también nulas e inválidas».

No se pueden tomar compromisos de común acuerdo antes de la elección para que, después, se llevan a efecto. Estas capitulaciones son nulas.

¿Qué es lo que hizo Bergoglio? Él mismo lo cuenta:

«Sobre el programa, en cambio, sigo el que los cardenales pidieron durante las congregaciones generales antes del cónclave. Voy en esa dirección. El Consejo de los ocho cardenales, un organismo externo, nace de ahí. Había sido pedido para que ayudase a reformar la curia… Mis decisiones son el fruto de las reuniones pre‐cónclave. No he hecho nada yo solo… Han sido decisiones de los cardenales. No sé si es una postura democrática, yo diría más bien sinodal, aunque la palabra para los cardenales no es apropiada». Entrevista-al-Papa-Francisco.-29.06.2014

Claramente, es inválida la elección de Bergoglio por muchos caminos.

Por supuesto, el Vaticano lo niega todo:

«Puedo declarar que los cuatro cardenales citados niegan explícitamente esta descripción de los hechos, tanto lo que afecta a la petición de un consenso previo sobre el cardenal Bergoglio como lo relacionado con una campaña para su elección». Lombardi añadió que los cardenales «desean que se sepa que están sorprendidos y contrariados por lo publicado». (ver)

Es una negación que no niega nada: se niega esa descripción, pero no pueden negar la verdad de los hechos, que se puede contar de muchas maneras, pero sin revelar los hombres que, en verdad, están detrás de todo esto.

Es una negación que también rompe el secreto que deben guardar esos Cardenales.

Y, además, son unos cínicos: «están sorprendidos y contrariados». Mayor hipocresía no puede haber en Roma.

Pero esto, ya no lo quita nadie.

Han puesto a su hombre: un hombre lleno de verborrea humana. Sólo habla para agradar a los hombres, pero no a Cristo en la Iglesia.

Ha sido puesto ahí para desmantelar toda la Iglesia. Y lo está haciendo, en la oscuridad. Entretiene a todo el mundo con su palabra engañosa y, después, su equipo, sus cardenales, sus obispos, sacerdotes, hacen el trabajo sucio, sin que nadie se dé cuenta.

Como no tienen leyes en la mano, tienen que usar su poder sacerdotal en contra de toda verdad. Y eso es el cisma declarado, con obras, -no con leyes, con una doctrina que se exija- con sus obras de pecado es como llevan a toda la Iglesia hacia la gran maldad.

No se puede estar con Bergoglio como Papa. Es una gran blasfemia. Es cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Y son muchos los que ya lo han cometido y los que lo van a cometer.

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