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Francisco es una maldición para toda la Iglesia

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Un verdadero Papa se ve por dos cosas:

a. Su fe en Cristo

b. Su fe en la Iglesia de Cristo.

a. Por la Fe en Cristo, ese Papa verdadero siempre dará el pensamiento de Cristo, que es la Verdad Absoluta, de la que nadie puede separarse si quiere salvarse. Lo que salva es obedecer a la Verdad, tal como es, sin inventarse otras cosas, sin limitarla, sin condicionarla.

Un Papa puede ser muy pecador, pero si es verdadero, nunca –en su pecado- negará la Verdad, la ocultará, la combatirá, claudicará ante Ella. Porque el Papa verdadero es el que une a la Iglesia en la única Verdad; es el fundamento de la unidad de la Iglesia en la Verdad. Es la base de la unidad, aunque cometa pecados. Nunca sus pecados romperán esa base, destrozarán ese fundamento, porque ha sido elegido por Cristo para dar esta unidad a toda la Iglesia, para hacer de la Iglesia Una en Cristo.

b. Por la fe en la Iglesia de Cristo, el Papa verdadero guía a toda la Iglesia hacia la salvación y la santificación de todas las almas que le pertenecen. El Papa es para la Iglesia; el Papa no es para el mundo o para unos hombres o unas culturas o una filosofía de la vida.

Se es Papa para ser Iglesia. Se es Papa para formar la Iglesia. Se es Papa para guiar a la Iglesia hacia Su Verdad, en el Espíritu de la Verdad.

El Papa habla sólo a la Iglesia palabras de Verdad. El Papa obra sólo en la Iglesia obras de Verdad. El Papa vive en la Iglesia la vida de la Verdad. Y, con su ejemplo, con su imitación de Cristo, entonces conduce a la Iglesia hacia la tierra prometida, hace que cada alma camine hacia su salvación y santificación. Y haciendo eso, la Iglesia cumple su función en la tierra.

La Iglesia es el Reino de Dios, que no puede darse completamente en la tierra, en la vida de los hombres sólo por el pecado original que Adán cometió contra Dios. Y, por eso, la Iglesia terrenal es sólo un tránsito hacia la Iglesia verdadera que sólo es posible en el Cielo. Y si el Papa no conduce a cada alma por el camino de Cristo, que es la muerte a todo lo humano, la Iglesia no puede darse como tal en la tierra. Si el Papa se dedica a asuntos humanos, naturales, materiales, sociales, políticos, económicos, etc., descuidando la vida espiritual en cada alma, entonces no se hace la Iglesia y no se es Iglesia.

Si estas dos cosas no se dan en un Papa, entonces ese Papa no es Papa, sino otra cosa. Y, por tanto, si queremos discernir lo que es Francisco, es muy fácil:

1. ¿Cómo es su fe en Cristo?

a. La Fe en Cristo viene de la Fe en la Santísima Trinidad:

“Yo creo en Dios, no en un Dios católico; no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su Encarnación. Jesús es mi maestro, mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser” (Francisco a Eugenio Scalfari, fundador del diario La Repubblica).

Claramente, Francisco no cree en la Santísima Trinidad.

Francisco cree en un Dios que no es católico; es decir, que no es el Padre, ni el Hijo ni el Espíritu Santo.

a. Es un Dios que se llama: el Padre, que es la luz, que es el Creador;

b. es un ser que se llama Jesucristo, pero que ya no es Dios, sino la Encarnación de Dios. Jesús no es la Encarnación del Verbo, sino de Dios.

c. Y es su maestro, su pastor, pero no su luz, no su creador. Ese Jesucristo no es Dios, como el Padre; es otra cosa.

d. Y, para Francisco, no existe el Espíritu Santo. Ni lo nombra. Eso sólo es un lenguaje del hombre, un concepto del hombre, que se puede interpretar de muchas maneras.

De esta concepción de Dios, se sigue que Francisco no cree en Cristo. Así de sencillo.

Jesucristo es la Encarnación de Dios para Francisco.

Niega, anula, el dogma de la Encarnación del Verbo: Jesús es la Encarnación del Verbo, el Hijo de Padre encarnado en el seno de la Virgen María. Jesús es la segunda Persona de la santísima Trinidad, que asume una carne, con la que se hace Hombre, siendo, al mismo tiempo, Dios. Esto lo niega Francisco.

Y, entonces, ya no tiene la fe católica, que es imprescindible para tener la fe en la Iglesia de Cristo. Si Francisco no cree en el Padre que engendra a Su Hijo en el Espíritu, tampoco cree en el Hijo del Padre que se encarna por obra del Espíritu en el seno de la Virgen María.

Para Francisco, Jesús es la Encarnación de Dios, no del Verbo. Ésta su herejía le conduce a negar el Misterio de la santísima Trinidad y, por consiguiente, a negar el Misterio de la Encarnación del Verbo. Negando estos dos Misterios, es imposible tener fe católica. Se tiene una fe humana, que consiste en que la mente humana piensa a Dios de una manera humana y lo busca según ese lenguaje humano, ese criterio humano, ese pensamiento humano. Y eso le conduce a dar culto a su pensamiento humano. Cree sólo en su idea de Dios, en su idea de Jesús, pero no cree ni en Dios ni en Jesús.

Si Francisco no cree en Cristo, entonces tampoco cree en la Iglesia de Cristo. Consecuencia: Francisco se inventa su cristo y su iglesia.

b. ¿Qué fe tiene Francisco?

“la luz de la fe es una luz encarnada, que procede de la vida luminosa de Jesús. Ilumina incluso la materia, confía en su ordenamiento, sabe que en ella se abre un camino de armonía y de comprensión cada vez más amplio” (Lumen Fidei – n. 34).

Para Francisco, la luz que da la fe es algo encarnado, algo que se da incluso en la materia, algo que hace participar a todos los seres creados de ese conocimiento.

Ya la fe no es un don de Dios que sólo se da al alma, no a los seres creados. Sólo para el hombre es la fe. Para Francisco la fe ilumina a la materia, ordena la materia. Está confundiendo la obra de la Creación de Dios con el don de la fe al alma. Con esto, está significando Francisco, que es la Creación el inicio de la fe en todo. Que no existe otra fe que un Dios de Bondad, que lo ha creado todo por amor y que lo salva todo por amor. Y esto trae una consecuencia monstruosa: negar el pecado y, por tanto, la obra de la Redención. Lo que vale, lo que permanece es la obra de la Creación. Francisco da una importancia a esa obra anulando la mayor obra de Dios en Cristo, que es redimir en Su Hijo a toda la humanidad. Esta obra, que es la Nueva Creación, para Francisco no tiene ninguna importancia, sino que es sólo una continuación de esa obra creadora de Dios que, para él es una luz, un conocimiento. Pero no es una luz la Redención de Cristo.

Y, además, esa luz de la fe procede de la vida luminosa de Jesús. En Jesús se da una luz que no es la de la fe. Jesús engendra una luz distinta a su vida luminosa. Y esa luz es la fe para el hombre. Ya la Fe no es la Verdad Absoluta, sino algo que viene de Jesús, algo que engendra Jesús, algo que es fruto de la vida de Jesús. Luego, el que tiene fe no debe creer en Jesús, sino en esa luz engendrada por Jesús, en eso que de Jesús viene, pero que no es la misma vida de Jesús. Ya no se cree en Jesús, ya no es imita la misma vida de Jesús, ya no se hacen las mismas obras que hizo Jesús, ya no se tiene la misma Mente de Cristo. Es otra cosa.

Cristo ya no está en la Eucaristía, porque ésta es sólo un recuerdo de la vida de Cristo: “la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final” (Lumen Fidei – n. 44).

La eucaristía ya no es Cristo, porque: “El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo” (Lumen Fidei – n. 44); ya no se transustancian, ya no se cambian las sustancias y desparecen el pan y el vino, sino que se quedan las sustancias del pan y del vino en la Eucaristía.

Por tanto, la Eucaristía es sólo un recuerdo de la muerte de Cristo en el Calvario. La Misa es un recuerdo, no es el Calvario mismo, no es lo que sucedió en el Calvario y que se da realmente en cada Misa, aunque de manera incruenta. Sólo la Misa es un trabajo mental, un acopio de fuerzas humanas para entretener a la gente y decir que ama a Dios escuchando la Misa.

Francisco niega el Misterio Eucarístico, que es negar a Cristo mismo. Y sin la Fe en la Eucaristía, queda una fe humana en la eucaristía; queda una invención de la eucaristía, del amor de Cristo. Y, por eso, Francisco predica su misericordia sin verdad, sin ley divina, sin norma de moralidad. Porque tiene que anular el pecado para centrarse sólo en la Obra de la Creación, que es lo más valioso en su fe humana., y decirle a todos los hombres que están salvados por Dios los ama mucho.

La fe es una luz encarnada. Y ¿dónde se encarna esa luz? En la mente de la persona, en la razón del hombre, en la idea del hombre.

c. ¿qué cosa es esa fe de Francisco?

“La fe (…) se presenta como luz en el sendero, que orienta nuestro camino en el tiempo. Por una parte, procede del pasado; es la luz de una memoria fundante, la memoria de la vida de Jesús, donde su amor se ha manifestado totalmente fiable, capaz de vencer a la muerte. Pero, al mismo tiempo, como Jesús ha resucitado y nos atrae más allá de la muerte, la fe es luz que viene del futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro « yo » aislado, hacia la más amplia comunión.” (Lumen Fidei – n. 4).

Así, que la Fe para Francisco, es algo que viene del pasado y es algo que viene del futuro.

1. Viene del pasado, porque Cristo ha muerto y ha vencido a la muerte con su amor;

2. y viene del futuro, porque Cristo nos atrae hacia ese futuro.

1. La fe, como es algo del pasado, es una luz de una memoria fundante. Es decir, la vida de Cristo es una memoria, un recordar, un analizar, un sintetizar, un pensar, un meditar, un analizar.

Cristo vivió su vida y la dejó como memoria, como recuerdo, como algo que el hombre tiene que cogerlo y hacerlo suyo. En otra palabras, la fe es un ejercicio de la mente del hombre, un estudio que hace el hombre sobre la vida de Cristo, sus orígenes, su cultura, su medio ambiente, sus familiares, todo aquello que ayude a descubrir lo que es Cristo.

Por tanto, en la Fe no se cree en Cristo, sino sólo se cree en una idea que el hombre tiene de Cristo, en una razón adquirida por la mente en su estudio intelectual sobre Cristo. Sólo se cree en el lenguaje humano que da una inteligencia al hombre de Cristo.
Consecuencia, quien cree en Cristo sólo cree en su mente humana, en su idea humana, en su razón humana, pero no cree en Cristo.

Y, entonces, Francisco tiene que interpretar el Evangelio a la luz de su razón humana, no en la luz del Espíritu: “El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio (…) El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica completa. (…) la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible” (Francisco al P. Antonio Spadaro, S.J.Director de La Civiltà Cattolica).

Francisco anula la Palabra de Dios, el Evangelio, porque lo lee desde la cultura del hombre, desde el tiempo del hombre, desde el conocimiento del hombre, desde la mente del hombre, desde la historia del hombre. Echa a Cristo de la Iglesia. Se inventa su evangelio de la fraternidad, su amor a los hombres porque son hombres, que Dios ha creado y salvado porque es bondadoso.

Francisco no cree en el Evangelio, que es la Verdad, la única Verdad. Francisco no somete su inteligencia humana a la Palabra del Evangelio, sino que es su inteligencia humana la que quiere descifrar los misterios de la Palabra Divina, contenidos en el Evangelio. Es su soberbia, su orgullo, ponerse por encima del Evangelio. Francisco no obedece a la Verdad, que es Cristo, sino a las verdades que ha encontrado en su razonamiento humano sobre Cristo. Francisco se obedece a sí mismo en su sacerdocio, pero no a Cristo, no a la Mente de Cristo, no a la Palabra de la Verdad, que se da en el Espíritu de la Verdad.

Y quien no cree en el Evangelio es señal de que no escucha a Dios en su corazón. Y quien no escucha a Dios no tiene fe en Dios. La fe viene por el oído, porque se tienen los oídos abiertos a la Palabra Divina y cerrados a toda palabra humana. Francisco sólo escucha su razón humana. Tiene abierta la mente a su idea humana, pero cerrado el corazón a la Palabra Divina.

Francisco es un hombre sin fe divina. Se ha inventado su fe en cristo y su fe en la iglesia.

2. Y la fe, como es algo del futuro, entonces lleva al yo hacia una comunión, una unión, una armonía, que le hace salir de su propio campo visual para que pueda comprender otro campo, otra visión, otra estructura en la vida.

Cristo resucitó y entonces da al alma un futuro, un camino nuevo. Pero, ¿Cómo se camina hacia ese futuro? ¿cómo se recibe ese algo nuevo que viene del futuro? ¿qué es esa comunión? ¿en qué consiste esa unión a la que esa fe conduce?

“La fe cristiana es, por tanto, fe en el Amor pleno, en su poder eficaz, en su capacidad de transformar el mundo e iluminar el tiempo” (Lumen Fidei – n. 15).

El yo sale de sí mismo porque cree en el Amor pleno. Y ese amor pleno “se revela como fe en su amor indefectible por nosotros, que es capaz de llegar hasta la muerte para salvarnos. En este amor, que no se ha sustraído a la muerte para manifestar cuánto me ama, es posible creer; su totalidad vence cualquier suspicacia y nos permite confiarnos plenamente en Cristo” (Lumen Fidei – n. 16).

Para Francisco hay que creer en ese amor de Cristo que ha muerto para decirnos cuánto nos ama.

Francisco da un giro, da una vuelta, para no ver el amor redentor de Cristo, y así centrarse en el amor de Dios.

Y, entonces, incurre en una grave herejía: para llegar al amor pleno, al amor divino, hay que ir a través del amor redentor de Cristo. El amor de Cristo es una cosa: Cristo sufre y muere para dar vida al hombre que está en su pecado.

Y Dios ama al hombre cuando éste ha reparado todo su pecado en la Justicia Divina.

No se puede llegar al amor pleno si unirse al amor redentor de Cristo; es decir, sin purificar el corazón, sin expiar el pecado, sin reparar en la Justicia Divina los pecados de los hombres, es imposible que Dios ame al hombre.

Por eso, Cristo permanece como Mediador entre el Padre y los hombres. Cristo hace caminar a los hombres por Su Camino de Cruz, de expiación del pecado, de purgación del alma, para que el Padre pueda unirlos en su Amor.

Francisco da un giro, no quiere ver el amor redentor de Cristo, porque lo ha anulado; y sólo se centra en el amor pleno de Dios. Y lo pone en Cristo. Ésa es su herejía. En Cristo, sólo está el Amor Redentor; en el Padre, el Amor Divino.

Cristo ama al hombre con Su Corazón, que es un Amor Redentor; y el Padre ama al hombre en Su Hijo, en el Corazón del Hijo. Y en la medida que el hombre se vaya purificando de su pecado, en la medida en que el hombre se vaya transformando en otro Cristo, imitando a Cristo en su vida, así va recibiendo el amor del Padre y se va haciendo Uno en la Santísima Trinidad. ESto lo anula Francisco en su concepción de su fe fundante, fe en una memoria, en un recuerdo inútil de la vida de Cristo, porque Cristo da Su Vida sin más, en la Gracia, sin que el hombre se ponga a estudiar su vida. Cristo es Vida, es la Vida. Cristo no es un recuerdo, no es el aprendizaje de unas palabras bien dichas. Cristo mismo se da al alma. Y le da su mismo Ser, su misma Vida, sus mismas obras. Por eso, es gravísima la herejía de este hombre. Niega al mismo Cristo en su fe fundante.

¿A qué le conduce esta fe a Francisco?

“Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos” (Francisco al P. Antonio Spadaro, S.J.Director de La Civiltà Cattolica).

Francisco busca una iglesia nueva, distinta de la de Cristo.

Una iglesia que se inventa sus caminos para trabajar por el hombre, no por Dios.

Una iglesia que reúne todo para condenar a las almas, porque Francisco no cree ni en la:

1. Santísima Trinidad

2. Encarnación del Verbo

3. Eucaristía

4. Evangelio

5. Obra de la Redención de Cristo

6. Iglesia de Cristo

Entonces, ¿qué es lo que da Francisco en la Iglesia?

Dos cosas:

1. Su comunismo

2. Su protestantismo

Y ¿Por qué Francisco da esto?

Porque es un masón; es decir, es un masón vestido de obispo.

Francisco no es un sacerdote; es un masón. Francisco no es Obispo; es un masón. Francisco no es Papa; es un masón.

Y no es masón porque haya pertenecido a un grupo masónico; sino porque su fe es masónica.

Lo que revela Francisco en sus declaraciones, en sus encíclicas, en sus homilías, en sus enseñanzas heréticas, es la doctrina de la masonería, es el ideal de la masonería, es el orden nuevo mundial, que es necesario ponerlo en Roma, no en la Iglesia de Cristo.

Francisco no pertenece a la Iglesia de Cristo. Francisco no es Papa. A Francisco no hay que obedecerle, porque no es Papa.

Y no es Papa, no porque existan unas revelaciones que dicen que es un falso Papa, sino porque él como líder de la Iglesia no hace unidad en la Verdad. No puede hacerla. Si no da la Verdad, ¿cómo quiere unir en la Verdad a la Iglesia?

Si su liderazgo en la Iglesia no está fundamentado en la Verdad Absoluta, ¿cómo quiere exigir obediencia a su mente si esta mente habla por su boca la mentira?

En la Iglesia de Cristo se obedece a Cristo en la Jerarquía, cuando la Jerarquía da la Verdad, que es Cristo; enseña la Verdad, que es Cristo; guía en la Verdad, que es Cristo; pone el camino de salvación y de santificación en la Verdad, que es Cristo.

Y si la Jerarquía de la Iglesia no da la Verdad como es, con sencillez, con claridad, sin condiciones, sin opiniones, sin puntos de vista, sin criterios humanos, entonces no es posible la Obediencia a esa Jerarquía. Porque no se obedece la mente de ningún hombre, por más Papa que sea, por más sacerdote que sea, por más Obispo que sea, por más Cardenal que sea, si esa Jerarquía no se pone en la Verdad, que es Cristo, si esa Jerarquía no es otro Cristo.

Francisco no habla como Cristo, no obra como Cristo, no vive como Cristo. Consecuencia: no hay obediencia a Francisco. Porque Francisco es el que hace el cisma dentro de la Iglesia con su mentira, con sus herejías, con sus opiniones, con sus criterios de hombre. Y obedecerle, por consiguiente, es hacer un cisma dentro de la Iglesia. Y no obedecerle es ponerse en la Verdad de la Iglesia.

Como sacerdote, lo tengo claro: no hay obediencia a Francisco ni a ningún Obispo que siga a Francisco. Porque Francisco no hace la unidad en la Verdad dentro de la Iglesia, sino que la está destruyendo con su opinión de hombre sobre el Evangelio, sobre Cristo, sobre los Sacramentos, sobre el Papado, sobre todas las cuestiones de la Iglesia.

Y aquel que destruye la Verdad en la Iglesia hay que considerarlo como enemigo, no sólo del alma, sino de la misma Iglesia. Y no hay obediencia a un enemigo. No hay respeto a un enemigo. No es posible dialogar con un enemigo. No es posible abrazar a un enemigo.

A Francisco hay que amarlo como enemigo del sacerdocio, de la Verdad, del Evangelio, de la Iglesia, de los hombres, de las almas.

Y amar a un enemigo consiste en mostrarle la Justicia Divina, no el cariño de los hombres, no la misericordia absurda de los hombres. Hay que decirle que se vaya a un monasterio a expiar sus muchos pecados y a buscar la salvación de su alma, porque peligra estando sentado en esa Silla de Pedro, que no es su silla. Francisco se la robó al Papa Benedicto XVI. Y ese robo exige una Justicia Divina que tiene que cumplir si quiere salvarse.

Para ser Iglesia hay que ponerse en la Verdad. Y aquel que tenga miedo a decir las cosas claras de lo que es Francisco, no pertenece a la Iglesia.

Aquel que siga haciendo el juego a Francisco, no pertenece a la Iglesia.

Aquellos Obispos que sigan lamiendo la humanidad de Francisco, no se les puede obedecer en la Iglesia. Porque se es cabeza para indicar el camino de la salvación al alma, al sacerdote, a la Iglesia. No se es cabeza para condenar a las almas siguiendo los bellos pensamientos de muchos hombres que ya no tienen vida sacerdotal en la Iglesia, que están en sus Obispados para tener una posición eclesiástica, económica, política, social, cultural, científica, filosófica, pero que han perdido el norte de la Verdad, la guía del Espíritu de Cristo en sus sacerdocios. Y no saben, como cabezas del sacerdocio ni guiarse así mismos en el sacerdocio. ¿Cómo van a exigir la obediencia a sus súbditos si ellos ya no obedecen a Cristo y sólo obedecen a un hereje que, sentado en la Silla de Pedro, conduce a toda la Iglesia hacia su ruina más total?

La alegría que da el Evangelio es la fuerza de la Verdad que da al alma el ser testimonio de esa Verdad en medio de demonios como hay dentro de la Jerarquía de la Iglesia. No hay que tener miedo de enfrentarse a una Jerarquía ciega en la mentira y que guía a los ciegos al infierno del alma.

El culto al pensamiento de Francisco

Primer anticristo

Seguir el pensamiento de Francisco en la Iglesia es condenarse sin remedio. Muchos esto no lo pueden comprender porque siguen al hombre, pero no siguen a Cristo en el hombre.

Francisco, como hombre, habla al hombre y le convence; pero Francisco no puede dar a Cristo, porque no habla como Cristo. Y, por tanto, Francisco, cuando habla, convence de su pecado, de que vive en su pecado, de qué él vive pecando, de que él vive de espaldas a Cristo.

Este punto es el que hace saltar chispas a muchos que se creen que lo saben todo en Roma.

Muchos hablan de cambiar, de reformar las estructuras en Roma para dar el Espíritu. Este es la gran herejía de Francisco: “El verdadero problema es la relación entre el espíritu y sus instrumentos de expresión: las estructuras y las organizaciones” (Padre Lombardi).

Son las palabras de un sacerdote que no sabe nada de lo que es el Espíritu de la Iglesia, que no sabe vivir su sacerdocio y no sabe guiar a las almas a la Verdad de la Iglesia. Como él hay mucha gente en la Iglesia, muchos sacerdotes y Obispos, que hacen su negocio en la Iglesia, para decir, después, estas barbaridades: “Hemos entrado en una situación en la que la Iglesia se ha puesto en marcha. No se presentan objetivos precisos, imágenes precisas de cómo la Iglesia deberá organizarse mañana, para llegar a esta meta. Debemos ponernos en camino, debemos convertirnos, debemos acoger las sorpresas que Dios nos da en nuestras vidas y comprender dónde nos está llamando, incluso a través de las situaciones y de las realidades en las que nos encontramos” (Padre Lombardi).

Así hablan los falsos profetas, como el sacerdote Lombardi.

Si la Iglesia no tiene un objetivo preciso, si la Iglesia no se organiza para ese objetivo, entonces no hay camino en la Iglesia. La Iglesia se ha puesto en marcha, pero ¿hacia dónde? Este es el punto. Francisco no ha puesto un objetivo preciso. Francisco no gobierna, sólo habla de que Dios nos ama mucho y que hay que caminar, hay que buscar cosas nuevas en la Iglesia.

Aquí está el modernismo de Francisco y los suyos. Cristo se ha hecho viejo para Roma: “el hecho de estar siempre en camino, tratando de encontrar cosas nuevas, que Dios pide de nosotros en nuestra situación, en nuestra vida, es algo que caracteriza profundamente, me parece, la espiritualidad y la forma de gobierno del Papa Francesco” (Padre Lombardi). ¿Lo quieren más claro”

En la Iglesia hay que tratar de encontrar cosas nuevas: esto es el modernismo, el pensamiento del modernismo. Por eso, Lombardi se somete al necio pensamiento de Francisco y se condena por eso. Por seguir ese pensamiento.

Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Luego, no hay que buscar cosas nuevas. Hay que encontrarse con Cristo en la vida. Dios no te pide que, en tu situación de vida, acojas lo nuevo que propone Francisco. No te lo pide, ni te lo va a pedir. Eso te lo piden los hombres que no tienen la Voz de Cristo en sus corazones.

Dios te pide que, en tu vida, la que sea, mires a Cristo, te pongas con la frente en el suelo y le pidas el camino para salir de tu pecado y para hacer la Voluntad de Dios cuando quites tu pecado.

En la Iglesia no hay que inventarse el camino. El camino es Cristo. Y sólo Cristo. Y hay un objetivo preciso: ser santos haciendo, cada día, desde que te levantas hasta que te acuestas, la sola Voluntad de Dios. Ése es el objetivo de siempre. Ése es el fin que Cristo ha puesto en Su Iglesia, que no es la de Francisco ni la del Padre Lombardi. Y, poniendo este objetivo, entonces se pone orden en toda la vida, y todas las cosas funcionan.

Roma, sus estructuras no funcionan porque les importa un bledo la santidad en la Iglesia, la santidad en sus sacerdotes, la santidad en sus Obispos, la santidad en sus fieles. Un bledo. Y, claro, a cambiar estructuras para ver si funciona el negocio en la Iglesia, para que dé más dinero y más fama a todos. Para que la Iglesia sea más popular y venga más gente a la Iglesia a dar su dinero.

¡Qué gran engaño hay en Roma y que se ofrece a toda la Iglesia, y por hombres que deberían caérseles la cara de vergüenza en publicar sus idioteces en medio de la Iglesia y del mundo!

¡Digan que han hecho ese gobierno horizontal para destruir la Iglesia, pero no digan mentiras para cubrir otras mentiras!

Roma no da la Verdad a la Iglesia, da palabras hermosas, pero vacías de toda Verdad, para tener contentos a los bobos, a los que siguen a los necios como Lombardi y Francisco. Dos estúpidos que sólo miran su estupidez para que todos la aplaudan.

El gran problema de la Iglesia es que no tiene Espíritu, luego eso de que “el verdadero problema es la relación entre el espíritu y sus instrumentos de expresión: las estructuras y las organizaciones” es el cuento chino de Lombardi. La palabrería de un idiota que sólo promociona idiotas en la Iglesia.

Un alma sacerdotal que habla así revela que no sabe lo que es el Espíritu. El Espíritu sólo trabaja en un corazón humilde. Ése es su instrumento de expresión: una boca humilde, unas manos humildes, unos pies humildes, un corazón humilde.

Si Roma, si sus organizaciones, si sus administraciones, si sus estructuras, no están llenas de almas humildes, entonces apaga y vámonos. Por más que quieran reformar estructuras, no reforman nada. Todo sigue igual.

Todo funciona en la Iglesia cuando hay corazones humildes, cuando los corazones cambian su soberbia y la dejan para aprender la humildad del Señor. Hay que reformar los corazones, no las estructuras de la Iglesia.

Éste es el punto que nadie contempla en Roma, en la nueva iglesia. Por eso, ésa es la señal del modernismo en Roma, de que Roma se ha abierto al mundo. Porque en el mundo se obra así: cambiando estructuras, cambiando el aparato externo para que se dé otra imagen al mundo. Pero, en el mundo, nadie cambia sus corazones. Se hacen la ilusión de que si cambia lo exterior, todo cambia, la cosa será de otra manera, la cosa funciona. Por eso, en el mundo privan las modas. Hay que estar cambiando constantemente, porque el cambio trae la meta, la felicidad, el conseguir cosas que llenen a la vida, el objetivo que no se sabe y no se tiene si no se cambia un día y otro, si no se descubren cosas nuevas. El pensamiento del hombres es lo que da lo nuevo a la Iglesia. La evolución de la mente humana, el descubrir misterios ocultos, eso es lo nuevo. Y no se dan cuenta de que la Verdad nunca pasa, siempre está ahí, no necesita de pensadores, sino de corazones humildes.

Éste es el pensamiento de Francisco. Por eso, él ni se preocupa por alimentar a las almas. No hace falta. Él da su versión histórica, actual, del Evangelio, pero no da la Palabra de Dios, la Verdad que es esa Palabra. Francisco es siempre eso: su palabra histórica, pero no la Palabra de Dios. Su Jesús histórico: ahora, ¿cuál es el camino que los hombres tienen que recorrer para parecerse a Cristo? Dar de comer a los pobres, acoger a los judíos, a los protestantes, ayudar a todo el mundo. ¡Y santas pascuas!. Ahora, lo que el mundo necesita es eso: que haya gente que se preocupe por los demás. Y no importa los demás, como todos somos hermanos, a todos nos ha creado Dios, como la Iglesia tiene que predicar la palabra tiempo y a destiempo, entonces, hagamos del amor de Dios el culto del pensamiento del hombre, el culto de la modernidad. Hay que amar a Dios, pero como el hombre lo ve con su razón, de acuerdo a sus culturas, a sus necesidades más perentorias, a sus filosofías de la vida.

Quien siga el pensamiento de Francisco no sigue la Mente de Cristo en la Iglesia. Por eso, hay un abismo entre la nueva iglesia que predica Francisco y la Iglesia de Cristo. Un abismo. No hay reconciliación, no hay unión, no hay un darse la mano. No es posible. Por eso, no hay obediencia a Francisco porque no da la Mente de Cristo en la Iglesia.

Se ha sentado en la Silla de Pedro para ganarse el aplauso de los hombres. Y no hay más. Francisco se da a sí mismo, pero Francisco no da a Cristo. No lo puede dar. Francisco sólo da palabras bonitas para que lo amen y lo tengan en un pedestal: “El Papa responde porque él interpreta efectivamente el amor de Dios Padre hacia todas sus creaturas” (Padre Lombardi). Esto es ponerle en un pedestal sin que se lo merezca, sin mérito alguno. Después de lo que ha hecho Francisco durante diez meses, lo más lógico era despedirlo de la Iglesia, decirle que se fuera a su casa, porque no sirve para nada en la Iglesia. Es un inútil. Y no es otra cosa. Está ahí porque el demonio lo ha puesto ahí. Pero la popularidad de Francisco es impuesta en la Iglesia, está manejada por hombres que quieren dar un aspecto exterior en la Iglesia de aquí no pasa nada, de que todo está bien, de que hay que seguir caminando como siempre.

Esto es lo que se percibe en las palabras del Padre Lombardi. Se ve su engaño a toda la Iglesia. Se ve un hombre corrompido totalmente en su interior, que no sabe ver la Verdad. No puede. Como muchos en la Iglesia que se han creído la absurda historia de que, como Benedicto XVI se jubiló, entonces a otra cosa, mariposa. La gente es necia sin remedio. No tiene ni un dedo de discernimiento. Se lo cree todo. Y no sabe pensar adecuadamente la vida. Viven la vida como la viven: a su manera, cogiendo de aquí y de allá, pero sin norte, sin un objetivo preciso, que es lo que se quiere en Roma, que es lo que dice Lombardi: “no se presentan objetivos precisos”.

Vivir sin un objetivo claro, vivir a lo que venga, vivir al día, a lo que traiga cada día: eso es lo más absurdo que un hombre puede hacer en su vida. Porque se está en la vida para una obra divina. Y si el hombre no pregunta a Dios cómo es esa obra, cómo se realiza, qué hay que hacer para obrarla, entonces el hombre vive mirando las modas del mundo, las ciencias de los hombres, las culturas humanas, obrando lo humano en su necia vida, pero no hace nada para dar sentido a su existencia humana. Así hay cantidad de gente en la Iglesia, que se creen que con decir que Francisco es Papa ya son Iglesia.

Hoy se defiende en la Iglesia al hereje y a sus herejías. Pero, ¿qué se creen que es el gobierno horizontal? ¿Un gobierno de virtud, de perfección en la Iglesia? ¿Acaso el ignorante de la Verdad puede guiar al alma hacia la Verdad?

El Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga anula la Jerarquía en la Iglesia, no cree que la Iglesia sea sacerdotal, sino laica. De un hombre así, ¿Qué gobierno ustedes esperan en la Iglesia? Un gobierno del pueblo, comunista, marxista, laico, mundano, profano, en que los hombres puedan ellos mismos hacer la misa, consagrar a Cristo en el altar.

El Cardenal Reinhard Marx no cree ni en el Infierno ni en el Purgatorio y, entonces, ¿hacia dónde guía la Iglesia en ese gobierno? ¿La lleva al Cielo? ¿Predica la doctrina de la Cruz para alcanzar la Verdad de la Vida? Predica su estupidez en la Iglesia. Y gobierna con su estupidez. Punto y final.

Para el Cardenal George Pell no existe el pecado original porque Adán y Eva fueron un mito. Luego, Dios no creó nada. Y, entonces, Dios no gobierna el mundo. Son los hombres los que tiene que inventarse el camino para encontrar el Paraíso en la tierra. Los hombres, con sus inteligencias, han oscurecido ese Paraíso. Entonces, llevemos a la Iglesia a eso. Y toda la Iglesia diciendo: sí, es verdad, no existe el pecado, hay que ver la manera de ser felices en esta vida.

Y ¿qué esperan del prefecto Müller que no cree en la Virginidad de María, que sigue la teología de la liberación, que niega el dogma de la transustanciación, etc? ¿Qué esperan de un individuo que no sabe la verdad en la Iglesia, que no sabe dónde está la Verdad en la Iglesia? ¿Quieren que la defienda de los enemigos de la Iglesia? Es que es imposible. Muller está para abrir la Iglesia a los enemigos de Ella. Está para destruir la Iglesia. ¿Es que no disciernen? ¿Es que no tienen inteligencia?

Roma es modernista. Persigue la vida moderna. Roma no quiere a Cristo. Roma no quiere salvarse. Roma no quiere santificarse. ¿No lo ven todavía? Roma se hace pagana y da a la Iglesia el camino del paganismo: busquemos cosas nuevas sin un objetivo preciso, claro. Caminemos sin un camino verdadero. Hay que estar siempre en camino, buscar lo novedoso: ¡paganismo!

Hay que caminar detrás de las huellas de Cristo buscando la Cruz de cada día, la muerte que da el amor al corazón que quiere encontrar el Cielo en su vida humana.

Esto es lo que no se predica en Roma. Porque si predican esto, ya no aman a Francisco. Tiene que predicar cosas bonitas que agraden a todo el mundo para que se vea qué frutos de bien, qué pedazos de conversiones trae Roma ahora. Todo el mundo se convierte escuchando la novedad de Francisco. La novedad de su amor de Dios. Este es el dogma en Roma, este es el culto que se da a Francisco en Roma. El culto al pensamiento de un hombre. En Roma idolatran a Francisco.

¡Qué pena da ver a muchos sacerdotes que son sólo los instrumentos del demonio para hacer que la Iglesia caiga en la mayor herejía de toda su historia! Tiempo al tiempo.

La Iglesia vive el paganismo

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La verdad de la Iglesia ha desaparecido en muchas almas que, con su boca, dicen que aman a Dios, pero sus obras son del demonio.

Las almas han perdido el sentido de lo sagrado y de la santidad de sus almas y de la Iglesia.

Y eso conlleva la apostasía de la fe que ya es un hecho en la Iglesia.

Esto que contemplamos en la Iglesia es el trabajo de la masonería en estos cincuenta años desde el Concilio Vaticano II.

Es llevar a la Iglesia hacia el mundo pagano sin importar las consecuencias para la vida de las almas.

Las almas han perdido, no sólo la fe en Dios, sino la fe en la Verdad. Y obran sus verdades como lo único importante en sus vidas.

Las vidas de muchos hombres son sólo el fruto de lo que hay en sus pensamientos humanos. Los hombres viven para una idea de Dios, pero no viven para la Verdad.

Los hombres buscan sus verdades al margen de Dios y hacen que Dios se rebaje a su pensamiento humano.

Ya es común oír que a Dios le agrada todo esto que pasa en la Iglesia, que Dios quiere todo esto que las almas hacen. Es corriente observar a muchos sacerdotes que ya no dicen la Misa ni siquiera con la reverencia que hay que hacerlo. La dicen como un juego, como una fiesta, como otra cosa más para pasarlo bien en la vida.

Y ¿quién tiene la culpa de todo esto?

La Jerarquía de la Iglesia. Y sólo Ella.

La Jerarquía de la Iglesia quiere esto en la Iglesia. Y no quiere otra cosa. No le interesa otra cosa. Y, por eso, ahí se ve la mano del demonio en los que están ahora en el poder de la Iglesia.

Ellos, los que gobiernan la Iglesia con su poder humano, dan a la Iglesia el camino para ser pagana. Ellos y sólo ellos.

Ellos son la ruina de toda la Iglesia.

Ellos han hecho de la Iglesia la prostituta del mundo, de los hombres, de las culturas, de las artes, de las ciencias humanas, de las filosofías humanas, de todo lo humano.

Ya Roma no es la Mujer que da la Verdad al mundo, sino la Ramera que se prostituye con todo el mundo para ganar dinero y hacer de la Iglesia el culto a Satanás.

Si un masón rige la Iglesia ahora, ¿qué culto se está dando en la Iglesia? ¿Qué creen que son esas Misas de Francisco todos los días? El óraculo del demonio y la obra de Lucifer en la Iglesia.

Una Iglesia que abre lo sagrado para implantar lo profano es la iglesia del demonio, no de Cristo.

Una Iglesia que ha hecho un hueco para poner al demonio al lado de Cristo, es la iglesia del demonio que se gloría de su orgullo y de su lujuria.

Una Iglesia que da a las almas el camino para condenarse es la iglesia encabezada por los demonios que obran la Justicia de Dios en Ella.

La Iglesia vive el paganismo y no es de ahora. Ya lleva muchos años así, con una rebeldía en toda la Iglesia porque la Jerarquía vive la rebeldía contra Dios.

Y no hay otra razón para explicar todo lo que se ve en la Iglesia: sacerdotes y Obispos que ya no reconocen a Cristo y que presentan su falso Cristo, que es Satanás, para que todos lo adoren en medio de la Iglesia.

Sacerdotes lujuriosos que han hecho del Altar el connubio de Jezabel con la serpiente. En ese connubio Jezabel parió el hijo del demonio que reinó en la esclavitud de los judíos. Y Jezabel comió la sangre de las víctimas y dió a su hijo la lujuria de sus encantos.

Esto es lo que hacen muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia: fornican con la mente de Satanás para concebir los hijos del demonio que serán los jefes de la nueva iglesia.

La Iglesia está fundada en la Verdad y sólo en la Verdad. Y esta iglesia que vemos no es la Verdad, sino que es la mentira.

Y una Iglesia mentirosa hace que sus hijos tengan que abandonarla cuando ya no encuentren ninguna verdad en Ella.

Todo esto es un signo de que pronto habrá que dejar esta iglesia, que no es la Iglesia, para seguir en la Iglesia de siempre, que estará oculta durante un tiempo para hacer que las almas vuelvan a la Verdad.

Nadie tiene derecho a dar al Evangelio su interpretación propia. Nadie tiene derecho a quitar palabras del Evangelio o a modificarlas. Nadie tiene el derecho de re-escribir el Evangelio de Jesús. Y eso es lo que se hace en la Iglesia.

Los hombres se ha arrogado el derecho de ser dios en la Iglesia. Y se han creído dioses en medio de la Iglesia. Es su palabra lo que cuenta. Es su pensamiento lo que vale. Es su discurso su sabiduría ante la Iglesia.

Muchos en la Iglesia se dejan atrapar por lo bellos pensamientos de tantos sacerdotes que conocen a fondo la Escritura, pero para el mal, para doblarla a su capricho y hacer que las almas los sigan porque ellos son más sabios que todos.

Una Iglesia que vive lo profano es una Iglesia que ha perdido el norte de la fe.

Una Iglesia que se acuesta con Satanás sólo da hijos de Satanás.

Una Iglesia que da culto a Satanás hace que los corazones de muchos se endemonien con las tres cabezas del diablo.

¡Cuántos demonios hay hoy en la Iglesia, en los sacerdotes, en los Obispos! Demonios encarnados, que viven para hacer de la Iglesia la plataforma adecuada para ir al infierno con toda la libertad y conocimiento verdadero.

No se puede excusar el paganismo de la Iglesia. No se puede justificar el paganismo de la Iglesia. No se puede aplaudir el paganismo de la Iglesia.

Quien hace eso es porque su corazón sólo vive para el demonio al perder el sentido de lo divino, de lo sagrado en sus vidas.

Una Iglesia pagana es una Iglesia pecadora en todas sus obras. Es la señal de que las almas viven su pecado y sólo su pecado. Se obra el pecado como una virtud en la Iglesia.

Una Iglesia pagana es la puerta para dar a la Iglesia el connubio de Satanás. Ese connubio consiste en atar a todas las almas a un demonio y hacer que esas almas obren sólo lo demoniáco en nombre de Cristo.

Es lo que se prepara para que venga el Anticristo. El Anticristo necesita almas endemoniadas que obren su maldad en Nombre de lo que una vez amaron en sus corazones. Es el odio al que lleva siempre el demonio a aquellos que fueron fieles al Amor de Dios, pero que lo abandonaron porque tuvieron una Jerarquía que ya vivía el odio a Cristo y ya lo enseñaba en la Iglesia.

Es muy grave todo lo que se ve en la Iglesia. Es para llorar y hacer que la Iglesia tenga por inútil todo cuanto tiene en su interior.

Nadie se crea salvo en estos momentos en la Iglesia. La Iglesia enseña a condenarse, no a salvarse. La Iglesia tiene el maestro que condena en la Iglesia: la Jerarquía Eclesiástica que se ha apartado del Espíritu de Cristo.

Ellos enseñan la condenación a partir de ahora. Ellos ya no enseñan la Verdad, sino sólo el camino para abrazar al demonio en el infierno. El abrazo del odio que nace de la fornicación de la mente con el demonio.

Vivimos unos momentos muy graves en la Iglesia y, pronto, habrá que irse de Ella. E irse sin llorar por la nueva iglesia que quedará. No hay que lamentarse por aquellos que deciden dar a sus vidas la obra del pecado y del demonio.

Que sigan pecando y se condenen si quieren. El que quiera salvarse tiene que irse a la Iglesia de siempre, porque nunca el demonio podrá con Ella.

La Iglesia vivirá escondida en muchos corazones que aman la verdad y que la obran sin condiciones, sin límites, sin razonamientos inútiles.

El que ama da siempre la verdad y obra siempre la verdad para ser luz ante los hombres. Pero quien no ama, entonces esconde la luz de la verdad para dar la oscuridad del demonio, que es lo que vemos en la Iglesia de hoy.

Francisco: pagano

PioX

«La conciliación con el espíritu del mundo no solo debilita la fe, lleva a su pérdida total.»(San Pio X)

Francisco es el pagano que abre a la Iglesia hacia las conquistas del mundo masónico.

Francisco es un líder para el mundo, no es un líder para la Iglesia. En él está el comienzo de lo que, desde siglos, la masonería ha querido en el mundo.

Para la masonería la Iglesia es sólo un conjunto de normas que no sirven para gobernar, porque suponen una obediencia a Dios. Y esa obediencia está en total oposición a su postulado: el poder despótico.

Lo principal para un masón es gobernar con despotismo, es decir, una idea y llevada a la fuerza, puesta sólo por voluntad de una persona.

Para conseguir este despotismo en la Iglesia, es necesario presentar la verdad dividida, es decir, que de ella puedan nacer muchas verdades.

Este ha sido el trabajo de muchos teólogos en estos 90 años pasados, desde que San Pío X anatematizó el modernismo.

Este Papa salvó a la Iglesia de un caos en su tiempo, pero su doctrina ha sido abolida por la misma Iglesia, porque entró en Ella Satanás durante el Pontificado de Pablo VI.

Pablo VI, buen Papa, pero débil en el gobierno, que permitió que la verdad se dividiera y produjera todos esos males que vemos en todas partes en la Iglesia Católica.

Cuando la verdad se divide, la Iglesia se resquebraja. Y si la Iglesia se parte en muchas partes, entonces el mundo y el hombre desaparecen.

Esta es la idea de la masonería.

Para hacer que el hombre desaparezca como hombre en la tierra, es necesario dividir la Verdad. Y, entonces, el hombre ya no es verdad, ya no vive una verdad, ya no obra una verdad.

Ser hombre, para el masón, es ser cualquier cosa. Por eso, un ateo es hombre verdadero, un homosexual es un hombre verdadero, un budista es un hombre verdadero, porque en ellos hay una parte de la verdad. Y esa parte es la verdad para ellos. No tienen que buscar la verdad fuera de ellos.

El ateo tiene su dios en la razón, no tiene que buscar a Dios en la Iglesia Católica. El homosexual tiene su vivir en su sexo, no tiene que buscar al sexo opuesto para dar sentido a su vida. El budista ha hecho de su razón su divinidad en sí mismo, no tiene que dar a su razón la fe en Cristo, porque cristo vive en su interior, al ser una emanación de la luz divina, de una consciencia divina que está en todo el Universo.

Cuando la verdad se divide, la verdad está en cada uno, en cada hombre, en cada cultura, en cada sociedad, en cada familia, en cada obra del mundo, pero no está en Dios.

Este ha sido el trabajo de la masonería durante siglos en el mundo. Y así ha conseguido un mundo pagano, donde hay muchas verdades y, cada uno, sigue las que les interesa para vivir y para obrar.

La masonería ha ido preparando el terreno, sin tocar a la Iglesia, porque ésta es para lo último. El cambio en la Iglesia se produce cuando en el mundo no es posible el cambio hacia la verdad, cuando ya en el mundo todos viven sus verdades y no hay otras que no sean las suyas.

Esto significa el paganismo: el hombre se apoya en ‘su verdad’, la que a él le ayuda a vivir en el mundo. Y esa ‘su verdad’, que es siempre una mentira, un error, un pecado, es un dogma para él. Sigue ese dogma y no puede quitarlo de su mente ni de su corazón.

Así se encuentran muchos hombres en el mundo. Eso es sólo el trabajo de la masonería en el mundo.

Pero la masonería ha dejado este trabajo de dividir la verdad en la Iglesia hasta el final por una razón muy sencilla.

La verdad que está en la Iglesia viene de la Autoridad de Dios, no viene de la autoridad del hombre. Es una verdad que nace en Dios y sólo en Dios.

Para los masones Dios existe, pero no como Dios, sino como un ser que ellos han creado para sus mentes humanas.

Para el masón la idea de Dios no es la idea que se tiene de Dios en la Iglesia y en la filosofía.

Dios, para el filósofo en un Ser, es un ente, es algo propio con vida propia. Y, para la Iglesia, Dios es Tres Personas en Una Esencia.

Pero para los masones, Dios no es un Ser, Dios no es Tres Personas que se Unen en una Sola Naturaleza, sino que Dios es la idea de un bien que concibe la mente para poder vivir su vida como hombre.

Todo hombre necesita de un dios, de una idea que le lleve a dios, de un movimiento racional hacia dios. Y esta idea es sólo para que el hombre se convenza de que su vida va por un camino recto.

Si el hombre tiene una idea buena en la vida, entonces camina en el bien. Si el hombre tiene una idea mala en su vida, entonces camina en el mal.

Para caminar hacia dios hay construirse la idea de dios.

Y, como en la Iglesia está Dios, pero no la idea de dios, entonces para cambiar a Dios en la Iglesia es necesario, primero, poner en el mundo la idea de dios y en la Iglesia la idea del bien en el mundo.

Para destruir a la Iglesia, hay que destruir el Dogma, la Verdad. Porque no es suficiente con negarla, como hace Francisco. Y tampoco es suficiente con obrar algunas cosas que van en contra de la Fe en Cristo, como lavar los pies a dos mujeres o reunirse con los judíos o con los luteranos y abrirles el campo para la entrada en la Iglesia, sino que hay que destruir a Dios para poner la idea de dios.

Para eso, es necesario que la Iglesia se abra al mundo, vea el mundo como un bien. Esto es lo que ha hecho Francisco desde que inició su reinado como masón en la Iglesia.

Su obsesión, que es el dinero, es su motor para conseguir que la Iglesia vaya al mundo y que esté atenta a lo que no debe de estar. Y esa obsesión, que marca a Francisco, es la clave para comprender por qué la Iglesia ha callado ante Francisco.

Los masones, para destruir a Dios en la Iglesia, primero tienen que destruir la creencia en el Evangelio, es decir, tienen que presentar otro evangelio. Sólo así la verdad se divide en la Iglesia.

Y, por eso, los divorciados pueden comulgar, los sacerdotes se pueden casar, los homosexuales pueden vivir su matrimonio en la Iglesia, la liturgia de la misa puede estar llena de todo lo que se respira en el mundo pagano, las oraciones en la Iglesia deben ser para comprender la filosofía de la vida que está en el mundo, y todo en la Iglesia tiene que cambiar hacia el mundo.

Es un paso graduado, lento, pero eficaz, porque los hombres sólo viven para lo que ven, no viven para lo invisible. Y acaban acostumbrándose a lo que ven, se conforman con todo lo que ven.

Y una Iglesia que ve cómo está el mundo de paganizado es una Iglesia que imita en su interior ese mundo pagano.

La función de la masonería está en esto: en que la Iglesia introduzca en Ella todo lo pagano porque ya no hay forma de oponerse a eso pagano.

Si la Iglesia se opone al paganismo entonces tiene que condenar a todo el mundo y ya no puede ser Sacramento de Salvación. Por eso, la Jerarquía calla ante Francisco. Y calla, no sólo por maldad, porque les interesa Francisco, sino por miedo a la masonería, miedo a lo que ha creado la masonería en el mundo que ya la Iglesia no sabe oponerse a ello.

Este es el triunfo de la masonería: primero ha tenido que trabajar en el mundo y hacerlo pagano para que no pueda salir de su paganismo, para que no exista una verdad en la cual el hombre camine fuera de su paganismo. Es el trabajo de dividir la verdad por tantos filósofos, teólogos, que hoy día, se llaman psicólogos y psiquiatras, pero que son sólo filósofos prácticos de la filosofía pagana.

Una vez que el mundo pagano está en un abismo, del cual no puede salir, hay que entrar en la Iglesia para hacer lo mismo.

Para eso se necesita una obsesión, una idea en un hombre que lleve a la Iglesia hacia el espíritu del mundo, que abra a la Iglesia a fijarse en los problemas paganos de la gente del mundo pero sin resolver el problema espiritual de esa gente.

Hay que darle al mundo lo que pide: ‘su verdad’, pero no la Verdad. La Jerarquía de la Iglesia está haciendo este trabajo de la masonería.

Pero no es suficiente con la obsesión de Francisco por el dinero, por el amor a los pobres, por resolver los problemas de todos, porque esa no es la idea de la masonería.

La masonería ha creado el mundo pagano no para resolver a nadie sus problemas sino para poner al hombre un camino para el infierno. Y no hay otra razón en la masonería.

En la idea que ellos tienen de dios, el infierno es la idea del mal que es una obra para ellos.

Dios, para la masonería es una idea, pero no una obra. Una idea que el hombre coge y se apoya en ella para vivir. Pero el hombre vive esa vida obrando el mal. Y se obra porque se divide toda verdad. Y, entonces, sólo queda el mal, el error, el pecado, el infierno. No queda otra cosa.

La vida para el masón es obrar el pecado. El pecado, para ellos no existe. Sólo existe ‘su verdad’. La vida es obrar ‘su verdad’, que es obrar su pecado en todo. Y esto es conseguir la condenación en vida de muchas almas que se dejan arrastrar por el mundo pagano.

No es suficiente con abrir a la Iglesia al mundo pagano para resolver los problemas de todos. Es necesario más, porque hay que hacer que la Iglesia sea pagana, es decir, se obre el pecado como dogma.

Para eso, es necesario el despotismo en el gobierno de la Iglesia. Despotismo que no está encarnado en Francisco y que es su lucha contra los masones que gobiernan la Iglesia.

Si Francisco fuera déspota, habría liquidado ya muchas cosas en la Iglesia. Pero sólo se ha atrevido a una: quitar el Papado.

Pero si sólo hace eso y se dedica a lo que está haciendo, entonces no hace nada. ¿Para qué quitar el Papado si no destruye lo demás?

Francisco está apoyado sólo en él, en estos momentos, pero los masones no lo apoyan. Quieren más. Quieren que se inicie la división de toda verdad en la Iglesia, como se ha hecho en el mundo. Y, entonces, es necesario hacer dimitir a Francisco.

Es lógico pensar así se conoce la filosofía de la masonería, que no se queda en las ideas, sino que es la obra de una mentira, de un pecado, de ‘su verdad’. Francisco se está quedando en ‘su idea’ de lo que es la Iglesia, pero no tiene la idea de destrucción masónica de la Iglesia. En ‘su idea’ está la destrucción de la Iglesia, pero a largo plazo. Y la masonería ha trabajado a largo plazo en el mundo, pero no lo va a hacer en la Iglesia. La Iglesia es lo último en su plan. Y tienen que hacerlo rápido, porque sino todo se les complica en la misma Iglesia.

El masón quiere ser el amo de todo el mundo poniendo en el mundo la obra del mal, la obra del pecado, dividiendo en millones de partes toda verdad.

Una vez que la masonería ha entrado en la Iglesia no va a hacer un trabajo de proselitismo, de ong, de dar bienes a los demás. Su trabajo es dividir la verdad que tiene la Iglesia para acabarla y poder gobernar todo el mundo a su antojo.

Porque si el mundo y la Iglesia son paganos, entonces todos nos condenamos y no hay forma de salvarse en el paganismo. Sólo Dios conoce el camino para que un pagano que vive en la división de toda verdad, puede encontrar una verdad que le lleve a la salvación.

Si la verdad que salva se divide, ya no ha verdad que salve.

Por eso, lo que pasa en la Iglesia es muy grave y nadie se ha dado cuenta. La Jerarquía calla y eso la hace culpable ante toda la Iglesia. Muchos acogen a la nueva iglesia que Francisco ya ha puesto en Roma diciendo que Francisco tiene un gran peso para sacar a la Iglesia hacia delante. Todo el mundo está ciego en sus verdades, porque ya la Verdad ha sido dividida en la Iglesia.

Al quitar la verticalidad del Papado, la Autoridad Divina se ha dividido. Ahora todos quieren tener el poder de Dios para gobernar la Iglesia. Ahora todos tienen el espíritu para llevar a la Iglesia hacia ‘sus verdades’. Ahora, en nombre de Cristo, se persiguen a los que todavía tienen la fe en Cristo, a los que permanecen aferrados a la doctrina de Cristo, a los que no cambian la Tradición de la Iglesia por las tradiciones del mundo pagano.

Vivimos un momento de caos en todo. Y esto va a ir a más, cada día aumentando, hasta que se haga insostenible y sea necesario seguir la Iglesia en las catacumbas, porque todo será para el mundo pagano.

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