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Atacar al Papa con un falso Papa es la obra cumbre de la maldad

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«– ¿De donde sabes que solamente quedan TRES papas?

Conchita respondió:

De la Santísima Virgen. En realidad me dijo que aún vendrían CUATRO papas pero que Ella no contaba uno de ellos.

Dice Aniceta:

Pero entonces, ¿por qué no tener en cuenta UNO?

Responde Conchita:

Ella no lo dijo, solo me dijo que UNO no le tenía en cuenta. Sin embargo me dijo que gobernaría la Iglesia por muy poco tiempo» (Conchita).

Tres Papas que cuentan y uno que no cuenta. Y un usurpador del Trono de Pedro.

a. Tres Papas: Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II. Son los que cuentan porque fueron elegidos por el Espíritu para gobernar la Iglesia y Jesús guió a Su Iglesia a través de ellos. Y no importa si sus gobiernos fueron cortos (Juan Pablo I), si le pusieron un sosía (Pablo VI), o si hicieron todo lo posible para anularlo (Juan Pablo II).

b. Un Papa que no cuenta: Benedicto XVI. Fue elegido por el Espíritu para gobernar la Iglesia, pero renunció. El Señor gobierna Su Iglesia sin Su Papa. No puede gobernar la Iglesia con Benedicto XVI. Y, por eso, no cuenta para gobernar la Iglesia. Cuenta como Papa. La Sede no está vacante porque sigue siendo el Papa elegido por Dios. El gobierno del Papa Benedicto XVI es el que está vacante. Un usurpador gobierna otra cosa, no la Iglesia Católica, su falsa iglesia. El Señor sigue guiando Su Iglesia, pero sin Su Cabeza, sin Su Vicario.

La Virgen María dijo que vendrían cuatro, pero que no contaba uno de ellos. No lo contaba para gobernar la Iglesia, pero sí para ser Papa. Gobernó la Iglesia por muy poco tiempo, pero –al renunciar- ya no cuenta su gobierno, porque ya no gobierna. Impide al Espíritu guiarlo en el gobierno de la Iglesia. Es un impedimento de su voluntad libre. Impedimento que es un grave pecado, porque produce un cisma dentro de la Iglesia. Benedicto XVI cuenta como Papa, porque –hasta que muera- sigue siendo el Papa verdadero, el legítimo, a pesar de su renuncia.

Benedicto XVI no cuenta para el Cielo para el gobierno de la Iglesia. Jesús es el que decide ahora cada cosa en Su Iglesia. Porque la Iglesia es de Cristo, no de los hombres. Y Jesús tiene que llevar Su Iglesia hacia el Plan de Su Padre. Y, por eso, la guía Él solo, sin ninguna Jerarquía. Es una forma de gobierno extraordinaria, que sólo la puede hacer Dios.

Jesús decide en cada alma lo que Su Iglesia tiene que hacer en estos momentos, sin pasar ni por la Cabeza, que sigue siendo Benedicto XVI, ni por la Jerarquía de la Iglesia. La Iglesia está en el corazón de los humildes, que viven su fe dejando sus brillantes pensamientos humanos a un lado. La Iglesia no está en ninguna de las cabezas que se creen con inteligencia para poner un camino al desastre que vive la Iglesia: «entre mis sacerdotes cuántos son los que no creen ya; sin embargo, permanecen aún en Mi Iglesia, como verdaderos lobos con piel de cordero, y pierden un ilimitado número de almas» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El espíritu de rebelión contra Dios, 1 de diciembre de 1973 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Ahora todos tienen que obedecer a Cristo, no a los lobos, no ver a Cristo en un hombre, porque la Cabeza renunció a ser Cabeza de la Iglesia; renunció a gobernarla en Cristo. Se retiró, pero no renunció a ser Papa. Sigue siendo el Papa, con la coletilla de emérito. Pero un Papa emérito sigue siendo Papa, porque el Papa, en la Iglesia Católica, no es un concepto, un término humano, sino una vocación divina, una elección de Dios sobre un alma que Él quiere para Su Iglesia.

c. Francisco: el que ha robado el Trono de Pedro para una nueva maqueta de Iglesia. Francisco es todo un montaje que el Vaticano ha hecho para dar al mundo lo que éste pide: un paraíso en la tierra. Es el gran engaño del siglo. Es mayor que el que se produjo con Pablo VI.

Tres Papas para una profecía:

i. El número 108, “Flos Florum” (“Flor de las Flores”): Pablo VI, que tiene en su escudo de armas el “lirio”, la “flor de las flores”.

ii. El número 109, “De Mediate Luna” (“De la Media Luna”): Juan Pablo I, que fue elegido en una Media Luna y falleció en la siguiente Media Luna.

iii. El número 110, “De Labore Solis” (“Sobre el eclipse del Sol”): Juan Pablo II, en cuyo Pontificado Cristo fue eclipsado por la idea humana en la Iglesia.

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Pablo VI, mártir en su Pontificado:

«J – El Papa, el Papa…es un mártir. De cierto modo podría decirse que yace por tierra, que desea morir, en la situación en que se encuentra. Lo tortura el pensamiento de lo que el dice, no sale publicado en el mundo y lo que sale publicado, es exactamente aquello que el no quería y que es publicado por sus cardenales. En todos los casos, muchos Cardenales, no todos, la siguen. El Papa tiene una inmensa dificultad en actuar. Está en una situación mucho peor que en la verdadera prisión, nosotros, nosotros nos agitamos, haciendo todo lo que podemos. Además, ya hicimos demasiado.

E – ¡Continúa! Diciendo la Verdad, en nombre (…) ¡y solo la verdad!

J – Lo privaron de su libertad… así poco puede hacer. Es por eso que hablamos de él como un reptil, solo es capaz de arrastrarse, y ya no tiene una palabra que decir, ni a la derecha, ni a la izquierda, ni al frente, ni atrás. Son los otros que lo hacen, los falsos, a los que les gustaría verlo desaparecer» (Testimonio de sacerdotes que participaron en el exorcismo del 31 de agosto de 1975 – Contra Judas Iscariote (alma condenada) – Del libro: “Confesiones del Infierno al mundo contemporáneo. Advertencia del más allá” – Editor Buonaventur Meyer).

Pablo VI cumplió su misión: «Su misión está cumplida. Así como sobre esta tierra le habéis estado muy cercanos con la oración y con vuestro amor, así ahora Él desde el Paraíso, con su poderosa ayuda de intercesión, estará cerca de vosotros para ayudaros a cumplir vuestra misión» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – En la muerte del Papa, 9 de agosto de 1975 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

A mitad de su Reinado en la Iglesia, el demonio se sentó en la Silla de Pedro para gobernarla con un impostor.

“Es ahora de conocimiento común en la ciudad de Roma, que hay una persona que ha estado haciéndose pasar por vuestro Vicario, un actor de gran talento, que a través de la cirugía ha obtenido el semblante de vuestro Vicario. Ahora es bien sabido, hijos Míos, y ahora se jugará un juego de ajedrez. Allí será obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, porque Satanás se ha establecido a Sí Mismo en medio de ellos. Obispo contra obispo y cardenal contra cardenal, Satanás se ha puesto en medio de ellos. Todo lo que está podrido caerá “ (Nuestra Señora a Verónica Lueken , 14 de Agosto de 1976).

Desde 1972, las drogas neutralizantes fueron inyectados a Pablo VI, como lo confirma el testimonio de Mons. Basile Harambillet (Doctor en derecho caónico y abogado rotal). La existencia de un doble también fue demostrado por las grabaciones sonoras y fotografías de Theodore Kolberg, en sus libros: “Der Vertrug des Jahrhunderts” (“El engaño del siglo’) y “Umsturz im Vatikan?”(“Un derrocamiento en el Vaticano”).

En 1972, comenzó la tercera parte del secreto de Fátima: dos hombres usando la corona de Pedro. Uno sufre a manos de los hombres, siendo el Prisionero de los Cardenales. El otro, colocado por los hombres, es el que trae la destrucción.

“Hija Mía, te traigo una triste noticia, una que debe darse a conocer a la humanidad. Al hacer esto, hija Mía, debes proceder sin temor. Debe hacerse saber a la humanidad. Nuestro querido Vicario, el Papa Pablo VI, sufre mucho en manos de aquellos en quien él confía. Hija Mía, grítalo desde los tejados. No es capaz de llevar a cabo su misión. Ellos lo han escondido, hija Mía. Él está enfermo; él está muy enfermo. Ahora hay alguien quien gobierna en su lugar, un impostor, creado por las mentes de los agentes de satanás. Cirugía plástica, hija Mía – los mejores cirujanos fueron usados para crear a este impostor. ¡Grítalo desde los tejados! El debe ser expuesto y removido. Detrás de él, hija Mía, hay tres quienes se han entregado a satanás. Vosotros no recibís la verdad en vuestra nación ni en el mundo. Vuestro Vicario está prisionero.

“Antonio Casaroli, ¡condenaréis vuestra alma al infierno! Giovanni Benelli, ¿qué camino habéis tomado? ¡Estáis en el camino hacia el infierno y la condenación! Villot, líder del mal, apartaos de esos traidores; no sois desconocidos al Padre Eterno. Os asociáis con la sinagoga de satanás. ¿Creéis que no pagaréis por la destrucción de almas en la Casa de Mi Hijo?

“El anticristo, las fuerzas del mal, se han reunido hijos Míos, dentro de la Ciudad Eterna. Debéis hacerle saber a la humanidad que todo lo que viene de Roma viene de la oscuridad. La luz no ha pasado por allí. La apariencia en público no es de Pablo VI, es el papa impostor. Los medicamentos del mal han vuelto soso el cerebro del verdadero papa, el Papa Pablo VI. Ellos envían por sus venas, veneno para atontar su razonamiento y paralizar sus piernas. ¿A qué criatura maligna le habéis abierto las puertas de la Ciudad Eterna y habéis admitido a los agentes de Satanás? Planeáis remover al Padre Eterno de vuestro corazón y de los corazones de aquellos a quienes buscáis engañar. Esparcís el rebaño.” (Nuestra Señora, 27 de Septiembre, 1975).

En el momento que este mensaje fue dado en 1975, el Cardenal Jean Villot era el Secretario de Estado del Papa. Toda la correspondencia dirigida al Santo Padre pasaba por sus manos. El Cardenal Giovanni Benelli era el Secretario sustituto de Estado. En otras palabras, era el segundo al mando de Villot, y el tercero al mando del Papa. El Cardenal Agostino Casaroli era el Secretario del Consejo para Asuntos Públicos. Su trabajo ascendió a ser hombre de Relaciones Públicas del Vaticano, a escala internacional.

A Juan Pablo I lo liquidaron porque no cuadraba en sus planes. Era de la línea tradicional, de la disciplina de la Iglesia: «(…) cuando hablé a los cardenales en la Capilla Sixtina, aludí a la «gran disciplina de la Iglesia» que debía «mantenerse en la vida de los sacerdotes y de los fieles» (…) Esta existe sólo cuando la observancia externa es fruto de convicciones profundas y proyección libre y gozosa de una vida vivida íntimamente con Dios. Se trata –escribe el abad Chautard– de la acción de un alma, que reacciona continuamente para dominar sus malos inclinaciones y para ir adquiriendo poco a poco la costumbre de juzgar y de comportase en todas las circunstancias de la vida, según las máximas del Evangelio y los ejemplos de Jesús.» (Discurso al Clero Romano).

Por supuesto, que esto no fue el motivo de su asesinato, pero sí un impedimento para lo que el demonio quería desde la Silla de Pedro: el desastre, la destrucción de toda Verdad. Y buscaba un hombre, ya no un sosía, ya no uno que había que enmascararlo. Pero el Cónclave todavía no era de él. Así que había que elegir a otro.

“Regresaremos, hija Mía, en la historia, una corta historia, y recordaremos bien lo que ha sucedido en Roma a Juan, el Papa Juan, cuyo reinado duró 33 días. Oh, hija Mía, ahora es historia, pero está puesta en el libro que enumera los desastres para la humanidad. Él recibió el horror y el martirio al tomar de una copa. Fue una copa de champagne que le fue dada por un miembro, ahora fallecido, del clero y de la Secretaría del Estado.” – (Nuestra Señora, 21 de Mayo, 1983)

El P. Sáez escribe en su libro:

«Después de casi tres años de investigación, David Yallop escribió en su libro In God’s Name (En el Nombre de Dios, 1984), que las circunstancias precisas relacionadas al descubrimiento del cuerpo de Juan Pablo I “elocuentemente demuestran que el Vaticano practicó una campaña de desinformación.” El Vaticano dijo una mentira tras otra: “Mentiras acerca de pequeñas cosas, mentiras acerca de grandes cosas. Todas estas mentiras tenían un único propósito: disfrazar el hecho que Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I, había sido asesinado.” El Papa Luciani “recibió la hoja de una palma del martirio debido a sus convicciones.”.

Sus días de su prueba estaban todos contados por el Cielo. Elegido para sufrir por la Iglesia. Elegido para dar la sucesión al último verdadero Papa Católico .

Con Juan Pablo II, se equivocaron, pero no pudieron con él. Era el Papa de la Virgen: «Justamente, cuando Satanás se ilusionaba con la victoria, después que Dios hubo aceptado el sacrificio de Pablo VI y de Juan Pablo I. Yo he obtenido de Dios para la Iglesia el Papa preparado y formado por Mí. Él se consagró a Mi Corazón Inmaculado y me confió solemnemente la Iglesia, de la que soy Madre y Reina. En la persona y en la obra del Santo Padre, Juan Pablo II, Yo irradio Mi Gran Luz, que se hará tanto más fuerte cuanto más tinieblas lo invadan todo» (Mensaje de la Santísima Virgen María al P. Gobbi – El designio del amor misericordioso, 1 de agosto de 1979 – Del libro: «A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santísima Virgen María”).

Su muerte abrió el fin de los tiempos, porque ya el Cónclave pertenecía al demonio. Había que poner un Papa para una renuncia, no para otra sucesión de Pedro. Un Papa que no supo conservar la fe católica hasta el final. Juan Pablo II fue católico, fue Papa de los Católicos, fue fiel a la gracia que había recibido, hasta su muerte. Una muerte no querida por Dios, pero a todos los Papas hay que quitarlos de en medio desde 1972, porque la Silla es del demonio.

Benedicto xVI es un Papa verdadero, legítimo, porque viene de la muerte de Juan Pablo II, que le precede; pero que no cuenta, es inútil, porque no dio su vida por el Papado ni por la Iglesia.

Su renuncia, ya decidida por la masonería, da al demonio pleno poder sobre el Papado para poner su maqueta: Francisco y su gobierno horizontal.

El Papa Benedicto XVI está en las profecías: El número 111, “De Gloria Olivae” (De la Gloria del Olivo). Y hasta que no muera, no se puede entender su nombre. La gloria del Olivo es la Verdad; pero sólo la Verdad tiene Su Gloria en la Cruz. Y la Cruz es lo que ha rechazado Benedicto XVI. Para cumplir su profecía, es necesario que reciba una cruz y que muera en ella.

Francisco no pertenece a ninguna profecía, porque no es Papa; es una maqueta nueva de Papa, una imagen, un esbozo, una escultura de bronce que los hombres adoran.

Francisco no sirve al Dios Uno y Trino y, por eso, está creando un nuevo sacerdocio en su nueva iglesia. Un sacerdocio que sirva al pueblo, a la masa, a la idea predominante en la sociedad.

Ahora, en la Iglesia se sirve al pensamiento del hombre, a la persona humana, pero no a Cristo, ni en la idea ni en la persona. Hay un culto desfigurado a todo lo que representa la Iglesia católica, a toda Verdad, a todo Dogma. Un culto a lo humano que hay en la Iglesia; un culto que debe anular lo divino para dar sólo lo que los hombres buscan en sus vidas.

Hoy no se ama la Verdad, sino la mentira que nace de un pensamiento del hombre, que se cree libre porque es capaz de engendrar ideas en su mente. Pero esta libertad del pensamiento es falsa, porque Dios ha hecho la razón para la Verdad, y la voluntad para la libertad.

Se tiene una mente humana para descubrir la verdad de la vida; se tiene una voluntad humana para elegir lo que más convenga en esa verdad encontrada por la razón.

Pero Francisco tiene una mente humana retorcida y sólo le sirve para poner su idea, su culto, su visión de Cristo y de la Iglesia. Y es arrogante, orgulloso. Se impone porque él lo quiere, porque él lo decide. Y, a pesar de que a nadie le interesa su opinión, todos le tienen que obedecer porque se ha creído dios en la Iglesia. Francisco es el que se ha puesto por encima de la autoridad de Dios y obra la maldad a la vista de todo el mundo. Y muchos lo apoyan. Son fieles a esa maldad y le ponen caminos para que se realice en la Iglesia.

Muchos quieren entender los gestos de Francisco en clave católica para poder evaluarlos en su catolicidad, y por eso, se engañan. Porque Francisco no tiene la fe católica. Luego, sus gestos no son católicos, son para la gente del mundo, pero no para la Iglesia. No se pueden comprender los gestos de Francisco en clave católica, sino en clave no-católica. Y, solo así, se puede evaluar lo que significa para la Iglesia Católica y para el mundo.

¡Cuántos hay que se engañan en esto! Todavía muchos, viendo el acto de Francisco con Shimón Peres y con Mahmud Abbas, está pidiendo al Señor que ilumine a Francisco para no errar como Papa. Es la venda en los ojos. Es no comprender que Francisco es sólo una víbora que ataca a la Iglesia para devorarla. Que Francisco no posee el Espíritu de la Iglesia. Que está en Ella para hacer una maqueta nueva de la Iglesia y de Cristo.

Quien atienda a la Verdad de la Iglesia podrá comprender cómo durante más de 50 años no hay Verdad en la Iglesia: hay muchas mentiras, muchos errores, muchas herejías, muchos cismas. Hay un poco de todo, que nadie ha sabido combatir y discernir. Hay una mezcla de ideas, de juicios, de obras, de vidas, que sólo tienen una finalidad: destruir la Verdad.

No se puede destruir a la Iglesia de un mazazo, sino que hay que ir golpe a golpe; poco a poco, quitando acá y allá hasta conseguir el objetivo.

El fin ya se tiene, pero hay que llevarlo a la perfección. Francisco entretiene a todo el mundo, para que otro dé el golpe definitivo. En este tiempo de Francisco, se ponen los peones en toda la Iglesia. En cada Obispado, hay un profeta del demonio, uno que trabaja ya de manera directa para que todos obedezcan lo que viene de Roma.

Los que se cansan en analizar las líneas del gobierno de Francisco son gente, no sólo con una venda en sus ojos, sino aliados de Francisco, instrumentos del demonio, gente que no tiene dos dedos de frente. Que está en la Iglesia para buscar el paraíso perdido; pero que ya no busca a Cristo ni en sus vidas espirituales, ni en sus vidas sociales, ni en la vida de la Iglesia.

Es tiempo de salir de una estructura vieja, inerme, jurídica, inservible para ser Iglesia. Hay que seguir siendo la Iglesia Católica sin ninguna estructura. Es lo que pide el Señor ahora: el desierto. «Fueron dadas a la Mujer dos alas de águila grande para que volase al desierto, a su lugar, donde es alimentada por un tiempo, y dos tiempos, y medio tiempo lejos de la vista de la serpiente» (Ap. 12, 14). Con la Eucaristía y con el Santo Rosario es como se hace hoy la Iglesia. Si faltan esas dos cosas, la Iglesia no sirve para nada.

Las herejías que nunca se quitan

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“También en nosotros, los de la Iglesia, reina este estado de incertidumbre. Se creía que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia. Por el contrario, ha venido un día de nubes, de tempestad, de oscuridad, de búsqueda, de incertidumbre y se siente fatiga en dar la alegría de la fe. Predicamos el ecumenismo y nos alejamos cada vez más de los otros. Procuramos excavar abismos en vez de colmarlos.

¿Cómo ha ocurrido todo esto? Nos, os confiaremos nuestro pensamiento: ha habido un poder, un poder adverso. Digamos su nombre: el Demonio. Este misterioso ser, que está en la propia carta de San Pedro, —que estamos comentando— y al que se hace alusión tantas y cuantas veces en el Evangelio —en los labios de Cristo— vuelve la mención de este Enemigo del hombre. Creemos en algo preternatural venido al mundo precisamente para perturbar, para sofocar los frutos del Concilio ecuménico y para impedir que la Iglesia prorrumpiera en el himno de júbilo por tener de nuevo plena conciencia de sí misma”.(homilía de S.S. Paulo VI en Jun-29-1972)

El Concilio Vaticano II no pudo darse, como Dios quería, sólo por la acción del demonio.

Si no se pone la razón del desastre del Concilio Vaticano II en esta acción demoniáca, entonces no se comprende por qué los frutos del Concilio han sido para destruir toda la Tradición de la Iglesia y sus Dogmas.

A partir del Concilio Vaticano II, se vio una relajación por toda la vida de la Iglesia, se vinieron abajo siglos de tradición, de cosas que siempre habían servido y, en pocos años, se produjo una renovación que llevó al desastre que hoy contemplamos.

Por eso, no se comprende lo que dice Francisco sobre el Concilio:

“El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio. Los frutos son enormes. Basta recordar la liturgia. El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica completa. Sí, hay líneas de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible.” (Entrevista al Director de La Civiltà Cattolica)

El Papa Pablo VI es muy claro: el demonio impidió los frutos del Concilio. Francisco dice que los frutos son enormes. Y pone la eficacia de esos frutos en la relectura del Evangelio, que debe leerse a la luz de la cultura contemporánea.

He aquí la herejía de Francisco: el Evangelio tiene que leerse a la luz de la cultura contemporánea, es decir, a la luz del pensamiento de los hombres, de su ciencia, de su técnica, de sus logros humanos.

Este pensamiento de Francisco es el pensamiento de muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia. Es un pensamiento herético, es decir, va en contra de la Fe en la Palabra de Dios.

La herejía niega una verdad que debe creerse porque así Dios lo ha revelado y así lo enseña la Iglesia en su Magisterio.

La verdad que hay que creer es que el Evangelio tiene que ser leído en la Luz del Espíritu Santo y, por tanto, debe ser comprendido en esa Luz. Y el Espíritu Santo da su Luz a Sus Santos, a Sus Pastores, a Sus Doctores, que le son fieles y, por tanto, para interpretar el Evangelio, hay que acudir a ellos, no a los hombres, no a la cultura del mundo, no a los tiempos de los hombres, no a la ciencia de los hombres, no al progreso de los hombres.

Son los santos y sólo los santos los que dan la verdadera interpretación del Evangelio. Son los Papas los que dan la verdadera interpretación del Evangelio, porque los asiste -en todo- el Espíritu Santo, y no pueden equivocarse en eso. Y, aunque el Papa sea pecador, si ha sido elegido por Dios, no se equivoca en el Magisterio de la Iglesia, cuando interpreta el Evangelio, que es la Palabra de Dios.

Esta es la Verdad que Francisco no sigue, porque sigue su pensamiento humano. Y, a continuación, enseña que -por esta relectura- ha venido a la Iglesia un movimiento de renovación. Es decir, que la renovación en la Iglesia la hacen los hombres, lo que piensan los hombres, no el Espíritu Santo. Es evidente la estupidez de Francisco.

Él está como Papa para dar un Evangelio leído a la luz del mundo, no del Espíritu Santo. Por eso, en sus homilías se descubren tantos errores, fruto de esta herejía, que, por supuesto, para muchos no es herejía, sino una forma de hablar, para que todos entiendan lo que se quiere decir, para agradar a los hombres en todo.

Francisco está negando un verdad, y pone su verdad. Como está en la Silla de Pedro, todo el mundo asiente a esa herejía. Nadie la ve como herejía. Francisco no dice que hay que leer el Evangelio en los Santos, en los Doctores que tiene la Iglesia, en los Papas que ha dado la Iglesia, en la Tradición de la Iglesia. Dice que hay que leer el Evangelio en las mentes de los hombres del mundo.

Y los hombres, viendo este error, sigue aplaudiendo a Francisco. Y no saben luchar por la verdad de la Iglesia.

La Verdad de la Iglesia es sencillísima. Hasta un niño la ve sin esfuerzo. Pero los hombres son soberbios, y les gusta la ambición de poder. Les gusta hablar palabras sabias ante el mundo, ante la Iglesia. Les gusta ser tenidos por gente importante, gente que sabe lo que dice.

Francisco no está diciendo nada nuevo en eso del Concilio Vaticano II. Es lo que se enseña en la Iglesia, en los Seminarios, en tantos talleres y clases de Evangelización. Se enseña una herejía. Pero nadie dice que es herejía.

Se enseña algo que va contra la Voluntad de Dios, porque la Palabra de Dios es para el corazón humilde, no para la mente soberbia. Sólo los humildes comprenden la Palabra de Dios y la obran en sus vidas. Los demás se dedican a interpretar esa Palabra y sólo son capaces de decir que los frutos han sido enormes. Cuando la realidad de la Iglesia, en la liturgia, en la Evangelización, es muy otra, totalmente contraria a un éxito, a un triunfo. Ya lo profetizaba Pablo VI: ha venido un día de nubes para la Iglesia. Nubes que permanecen, se diga lo que se diga, se crea lo que se crea. Pero la verdad no puede ser ocultada.

Hoy, en la Iglesia, ya nadie sabe lo que es el pecado, lo que es la virtud, lo que es la fe, lo que es la verdad, lo que es el bien. Y sólo por concebir el Evangelio según los hombres, según el pensamiento de los hombres, y no asimilarlo en la Luz del Espíritu.

La herejía produce siempre división en la Iglesia. Por eso, tiene que ser combatida desde el principio. Y, como no se ha hecho, y no se va a hacer, eso da lugar a la confusión en toda la Iglesia, porque ya no se sabe dónde está la verdad, ni qué cosa es la verdad.

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