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Una Iglesia sumergida en el error

Jesus Rey

La Iglesia se halla sumergida en el error, acogido y propagado por muchos, desconociendo la Verdad del Evangelio: “Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo vivir todavía en él?” (Rm 6, 2).

Las tinieblas del pecado han descendido sobre la Iglesia porque vive en el pecado. Jesús ha dado muerte al pecado con Su Muerte, pero muchos siguen viviendo según la carne y, por tanto, “no pueden agradar a Dios” (Rm 8, 8). Sólo los que “son movidos por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rm 8, 14) y, por tanto, no viven según la carne, sino que son de Cristo.

Cristo no pertenece al mundo, Cristo no da la alegría del mundo, sino al Espíritu de Dios. Cristo no vino al mundo para dejar al hombre en sus pensamientos humanos, en sus vidas humanas, en sus obras humanas, sino que vino para darle una nueva Vida, que no es de este mundo, que no se puede encontrar en este mundo, porque es un don de Dios.

Pero hay que ganarse ese don de Dios luchando contra el pecado, que impide que se manifieste el Espíritu de Dios en el hombre. Y, en consecuencia, impide la verdadera alegría en el corazón.

Hay que arrancar de sí las raíces del pecado, que son las vestiduras del hombre viejo, para poder vestirse del hombre nuevo, del Nuevo Adán, que quiere asumir toda carne y llevarla a la Gloria de Dios.

Pero si los hombres desechan la Palabra de Dios, que es el camino para salvar y santificar al hombre, entonces Cristo no puede habitar en los corazones de los hombres y sus vidas se pierden sólo en las oscuridades del mundo.

Si el mundo está pervertido por el pecado, va a alcanzar la máxima perversión por la apostasía de la Iglesia, porque un gran mal significa para el mundo que un hereje esté sentado en la Silla de Pedro.

Si en la Iglesia primitiva, los gentiles obtuvieron la salvación por el pecado de los judíos: “su reprobación es reconciliación del mundo” (Rom 11, 14), ¿qué será del mundo, del pueblo gentil, ahora que la Iglesia vuelve la espalda a Su Salvador? ¿Qué castigo no vendrá al mundo y a la Iglesia?

En la Iglesia primitiva había fe en la Palabra para transformar los corazones de los hombres sin Dios. Las almas creían sencillamente en el Evangelio y daban testimonio de la Verdad con sus vidas, con sus obras, con sus pensamientos.

Pero en la Iglesia del siglo XXI, las almas carecen de fe en la Palabra de Dios y han vuelto a lo de antes, a lo que los fariseos vivían y obraban: en las promesas de un Mesías terreno, temporal, humano. Hoy se busca en la Iglesia el Paraíso en la tierra, la felicidad en la tierra, a un Mesías, a un rey, a un hombre que dé palabras de apoyo, de confianza, de seguridad en las cosas materiales, en lo humano de la vida.

Las almas han perdido el objeto de la fe: a Cristo. Ya no miran la Vida que Cristo ofrece en cada Eucaristía, sino que andan mirando sus vidas humanas y buscando un camino para ser feliz en esas vidas de hombre.

Las almas en la Iglesia prefieren a un gobernante que les hable de forma bella, agradable, que se ocupe de los asuntos del mundo, que a un gobernante que les diga la Verdad.

No quieren escuchar la Verdad, pero sí quieren acoger la mentira como verdad. Están dispuestos a morir por la mentira de sus vidas y a enseñar esas mentiras a otros en la Iglesia. Y eso da lugar a que se extienda la apostasía como una mancha de aceite hasta que llegue a su culmen.

Cristo ha abandonado a Su Iglesia. Cristo calla ahora en Su Iglesia. No se manifiesta por su Jerarquía, que debe ser la Voz de Cristo en la Iglesia. Y eso es un castigo para toda la Iglesia. Porque la Iglesia es lo que son sus primicias: “si las primicias son santas, también la masa; si la raíz es santa, también las ramas” (Rm 11, 16).

Y la Jerarquía de la Iglesia no es santa, sino pecadora, pervertida, corrupta. Por lo tanto, también la masa, también el Cuerpo de Cristo está lleno de pecadores, de perversión y de corrupción. Y, donde reina el pecado, no reina Cristo. Donde se comulga con la mentira no puede haber unión con la Verdad. Donde se obedece al error es imposible vivir la libertad de los hijos de Dios.

Cristo calla en Su Jerarquía porque ésta mira el pecado como solución para la vida de la Iglesia en muchos. Pero Cristo no calla en las almas de la Iglesia, porque cada alma ha sido redimida por la sangre de Cristo. Y, por lo tanto, Cristo guía, ahora, a su Iglesia desde el Cielo. Él solo, sin necesidad de hablar por ninguna cabeza en Su Iglesia.

Porque quien ha jubilado al Papa Benedicto XVI también ha jubilado la Voz de Cristo en la Iglesia.

Quien haya hecho renunciar al Papa Benedicto XVI al Papado, también ha hecho renunciar la Voz de Cristo en la Iglesia.

Si no hay Cabeza en la Iglesia, Cristo calla en toda cabeza de la Iglesia. Pero no puede callar en sus almas. Por eso, ahora sólo hay que hacer caso, en la Iglesia, a los profetas de Dios. Sólo a ellos. A los demás, ni caso.

Lo que haga Francisco y los suyos: ni caso. No hay obediencia a un judas en la Iglesia. Se obedece a Cristo, no a uno que parece de Cristo en su semblante exterior, pero sus obras son las de un anticristo.

El negocio de la Iglesia es la salvación de las almas. Quien quiera poner el negocio de la Iglesia en quitar la hambruna de los pobres del mundo, ése es del anticristo. Ése es un judas. Tiene el mismo pensamiento de Judas: “¿Por qué este ungüento no se vendió en trecientos denarios y se dio a los pobres? Esto lo decía no por amor a los pobres, sino porque era ladrón” (Jn 12, 6). Francisco el ladrón del dinero, el que roba el dinero en la Iglesia.

“Pero, hombre, ¿quién me ha constituido juez o partidor entre vosotros? Mira de guardaros de toda avaricia, porque, aunque se tenga mucho no está la vida en la hacienda” (Lc 12, 14).

La vida de la Iglesia no está en pedir dinero a los ricos del mundo para quitar la hambruna de los pobres. La vida de la Iglesia está en caminar detrás de las huellas ensangrentadas de Cristo para subir al Calvario, con Él, y alcanzar la Vida Eterna.

Hoy la Jerarquía de la Iglesia no sigue a Cristo, no sube al Calvario, sino que mira, de nuevo a Cristo, para juzgarle y crucificarle en cada miembro de la Iglesia. Porque esto es lo que significa la apostasía de la fe: andar por el camino de la rebelión contra Dios, de la idolatría, de la blasfemia, de la impiedad, pervirtiendo todo en la Iglesia, anulando toda Verdad en la Iglesia, aniquilando la Vida de Cristo en la Iglesia.

Y, por tanto, persiguiendo a aquellos que siguen la doctrina de Cristo, que siguen los dogmas de siempre, que no negocian con la Verdad de la Iglesia.

No se puede negociar con los dones de Dios, con los tesoros divinos, con las gracias divinas, con los misterios de Dios, porque no pertenecen a nadie. Sólo a Dios. Los hombres son sus administradores. Pero si los hombres se pervierten, esos dones vuelven a Dios, no quedan entre los hombres. Por tanto, que nadie se engañe cuando le ofrezcan un evangelio lleno de felicidad, que dicen que es de Cristo, pero que es sólo la perversión de su mente humana.

Quien no vive a Cristo en su corazón, pierde los dones de Dios y sólo ofrece en la Iglesia lo adulterado de su pensamiento. Y lo ofrece como una mentira encubierta, maquillada de verdad.

Por eso, hay que combatir la doctrina de Francisco, porque no es la de Cristo en la Iglesia. Es la doctrina de un pervertido, de un amanerado, de uno que se ha olvidado de mirar los dones de Cristo, para observar los regalos que los hombres le hacen.

Hoy Francisco da a la Iglesia la Resurrección, pero olvidando el drama del Calvario, dejando el sufrimiento como una calamidad en la vida, pero no como camino de salvación. Muchos creen que el Nuevo Testamento es sólo alegría, diversión, la búsqueda de nuevos horizontes, porque Dios ya lo perdonó todo. No quieren oír hablar de castigos ni de profetas que anuncian tiempos difíciles.

Hoy no se quiere hablar de la muerte en la Iglesia, ni del infierno, ni del purgatorio, porque no hay que asustar a la gente, no hay que tener miedo, hay que dar el amor en la Iglesia, no hay que atemorizar con los castigos. Esto es lo que mucha gente saca de la doctrina de Francisco: todo es Misericordia. Dios todo lo perdona, Dios todo lo aguanta, Dios es bueno con todos. Y, por tanto, seamos santos con nuestros pecados en la Iglesia.

Francisco presenta un evangelio amable, cariñoso, de besos y de abrazos, de que todo va bien en todas partes, de que existe la esperanza para todos los hombres, de que todos se salvan, ninguno se va al infierno, porque lo dice Francisco, lo predica Francisco. Ha hablado el maestro de los tontos en la Iglesia: Francisco. Ha hablado el engañabobos en la Iglesia: Francisco.

Francisco habla de la necesidad de la alegría, pero no habla de la necesidad de ver el pecado para estar alegres en Dios. Francisco presenta una alegría humana, superficial, que le gusta a todos los hombres, pero que no es la alegría del Evangelio. Es la alegría de los que van bailando, corriendo al infierno.

Francisco dice que la humanidad está enferma de fraternidad y no ve que la enfermedad del hombre es el pecado. No pone el dedo en la llaga, porque sólo quiere ser hombre amable con los hombres. Sólo quiere decirles a los hombres: ¡qué bueno es la vida! ¡qué bello es vivir! Pero no le da al hombre la solución de su enfermedad: que es quitar su pecado, luchar contra su pecado, meter su vida humana en el desierto de todo lo humano para vivir a Cristo en su corazón.

Esto no lo enseña Francisco porque no lo vive. Él vive su estúpida vida. Y hace que los demás lo imiten, viviendo sus estúpidas vidas en la Iglesia, llamado a todo fraternidad, cuando habría que llamarlo todo engendro demoniaco.

Francisco quiere una Iglesia mundana, pero no quiere la santidad, que es crucifixión del mundo. Quiere aferrarse a su vida mundana, pero no puede acogerse a la Verdad de Cristo, a la vida divina que Cristo le ofrece en un camino de Cruz, de desprendimiento de todo lo humano. Él no puede comprender esto. Por eso, cuelga de su cuello una cruz con un cristo con los brazos cruzados, porque ya no hay que crucificarse, sufrir, ya que Cristo ha sufrido por todos. Ahora, a descansar en la vida: a comer, a ser felices, a ganar dinero y a morir contentos, que todos nos salvamos, que ya cristo negoció la salvación de todos los hombres y al Cielo sin sufrir más en la vida, con los sufrimientos que cada cual tenga en su vida. Esto es su mente. Esto es lo que piensan muchos en la Iglesia: esta espiritualidad cómoda, acomodada a la vida humana, que sólo pone la mira en los problemas de los hombres para vivir solucionando problemas humanos. Y eso da felicidad al hombre.

Por eso, a Francisco no le gustan los profetas. No puede con ellos, porque los Profetas ponen verde a Francisco, lo niegan como Vicario de Cristo, y le dan el nombre de falso profeta.

Pero, como Francisco se cree sabio, como él se que cree más que todos los profetas, él hace como los falsos profetas: habla en contra de la Verdad para decir sus mentiras en la Iglesia. Y así tapa a los profetas.

Francisco nunca va a escuchar a un Profeta, porque no cree en el Espíritu de Profecía. Sólo cree en su mente humana. Sólo habla en la Iglesia lo que se inventa su mente humana. Sólo sale de su boca la arrogancia de su mente humana.

Y los que los siguen, los que hacen coro a su estupidez doctrinal, son los que se niegan a reconocer la Verdad en la Iglesia, que son muchos, porque sólo quieren vivir felices en el mundo y en sus vidas.

La Iglesia ha perdido la fe en la Palabra de Dios. Por eso, lo que viene a la Iglesia no es nada bueno. Y el mismo Francisco tendrá que callar su boca ante la maldad que va a contemplar en la Iglesia, en esa iglesia que él quiere de la alegría y del bienestar.

Evangelii gaudium: la cultura del odio y del enfrentamiento

VirgenMaria

Dios no evangeliza culturas, sino personas, corazones. Dios no da Su Palabra para cambiar una cultura, una sociedad, una forma de gobierno, un mundo de hombres. Dios da Su Palabra para salvar al hombre, para santificar al hombre. Y, por tanto, no es la fe la que debe cambiar en la cultural, la que debe amoldarse a la cultura, a las ciencias, a las técnicas del hombre. Es la persona la que debe dejar su cultura para vivir la fe.

“En muchos países, la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas” (n. 62): presenta Francisco la guerra de culturas, de luchas de ideas predominantes sobre otras ideas más débiles. Francisco se centra en la raíz de la cultura para evangelizar, pero no se centra en el hombre. Le importa más la cultura que ha nacido en un país, en una sociedad, en una comunidad, que la persona. Francisco mide al hombre según su cultura, pero no mide la fe del hombre. Y, por tanto, achaca el problema en la sociedad a culturas más poderosas que otras, que imponen y deterioran la forma de ser de los hombres, su estilo de vida.

Evangelizar al hombre es sacarlo de su estilo de vivir humano, cultural, social, para darle la vida divina, que no es una forma de vida humana o natural, que no se puede ver o entender mirando la vida de los hombres. Dar la Palabra de Dios es sacar al hombre del hombre, de lo humano, de lo mundano, de lo cultural, de lo social, para que obre la Voluntad de Dios, las obras divinas.

Pero Francisco no se centra en esto, sino sólo en los hombres que viven su cultura, su sociedad, su comunidad, su unión en grupos. Y, por eso, desbarra en todo lo que dice.

“la proliferación de nuevos movimientos religiosos… es, por una parte, el resultado de una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista y, por otra parte, un aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, que sobrevive en medio de grandes dolores humanos y busca soluciones inmediatas para sus necesidades” (n. 62).

Los nuevos movimientos religiosos no es por una lucha de clases, no se da porque los hombres reaccionen contra una sociedad capitalista o porque se aprovechen de las miserias de los pobres. Existen más de 40.000 sectas en el mundo por la falta de fe de los sacerdotes y de los Obispos de la Iglesia Católica, incluyendo a Francisco como el principal agente de que existan tantos movimientos religiosos.

Cuando no se vive la fe, cada uno se inventa su fe, su religión, su iglesia, su comunidad religiosa, porque los hombres siempre están sedientos de lo espiritual. Y buscan cualquier camino espiritual que se les ofrece sin discernir nada.

Para acabar con tanto movimiento religiosos, hay que vivir de fe. Y la Iglesia ya no tiene fe para luchar contra todos esos hombres que se han inventado, cada uno, su culto a Dios.

Francisco enfrenta a hombres contra hombres. Es la cultura del odio, propia del comunismo. Hay que odiar, hay que ir en contra de todos aquellos que desechan, que inutilizan, que luchan contra las clases pobres y miserables.

Y, por supuesto, hay que ir en contra de la misma Iglesia, que tiene una clase alta dirigente, burocrática, que impide hacer el bien a los pobres: “Además, es necesario que reconozcamos que, si parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia, se debe también a la existencia de unas estructuras y a un clima poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades, o a una actitud burocrática para dar respuesta a los problemas, simples o complejos, de la vida de nuestros pueblos. En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral, así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización” (n. 62).

La culpa de los sacramentos, de muchos sacerdotes, Obispos, fieles en la Iglesia que no saben acoger a los pobres, que viven su burocracia, que no están pendientes de los problemas de los pueblos.

No se puede evangelizar con los sacramentos, con la gracia, con la Palabra de Dios a los pueblos. Hay que buscar nuevos caminos para ayudar a la gente, para hacer el bien a la gente y para que la Iglesia se una comunión de hombres que se aman porque son buenos hombres unos con otros, hacen un común entre todos, sin exclusiones, sin tuyo ni mío, con igualad en todas las cosas. La culpa es de la Iglesia que no se ocupa de la cultura de los pobres, de la sociedad de los pobres, de las comunidades de los pobres. Lucha de clases; el odio, el motor de su teología de los pobres.

“El proceso de secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito de lo privado y de lo íntimo” (n. 65): ¡qué gran mentira! Lo secular avanza porque ya no hay vida de intimidad con Dios. Y el hombre se hace del siglo, profano, mundano. Y el hombre ya no vive para lo divino, sino para sus conquistas personales, sin atender a ninguna más. Ya no tiene vida religiosa, ni de Iglesia, ni espiritual. No existe una fe reducida al ámbito de lo privado y de lo íntimo. Es imposible que se dé esta fe. Es imposible la Iglesia en lo privado. Porque lo secular anula la fe, no la reduce. La suprime totalmente. No se puede ser de Dios y del mundo. O se es del siglo o no se es del siglo. Y aquel que se seculariza, ya no pertenece a Dios, ya no tiene fe, ya no hace Iglesia, ya no es Iglesia. Está en su pecado sin querer quitar su pecado.

¡Qué maldad la de Francisco, que juega con las palabras para engañar a todo el mundo!

Quiere presentarse como el adalid de la verdad en el mundo, cuando él mismo se ha hecho del mundo, se ha hecho secular, vive sin la trascendencia a Dios, vive en su relativismo, vive sin moral, vive sin valores cristianos, vive su vida en la Iglesia, pero no vive la Vida de la Gracia ni en su sacerdocio, ni en su humanidad. Y, por eso, presenta lo que le interesa que el mundo conozca: “la Iglesia católica es una institución creíble ante la opinión pública, confiable en lo que respecta al ámbito de la solidaridad y de la preocupación por los más carenciados” (n. 65).

La Iglesia es la que lucha, se esfuerza, por los pobres. Los demás no luchan. De nuevo, lucha de clases, enfrentamiento. Como si en el mundo no hay hombres que se interesen por los pobres fuera de la Iglesia.

Si Francisco no dice por qué la Iglesia es creíble cuando ayuda a los pobres, entonces todo este discurso huele a comunismo. Francisco no apoya su discurso en verdades objetivas. No dice, sólo dice: “se vuelve necesaria una educación que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino de maduración en valores” (n. 64). Y ¿qué significa ese pensar críticamente? ¿En qué filosofía hay que apoyarse para que ese pensamiento sea verdadero? ¿A qué valores se está refiriendo? ¿Qué es madurar en los valores? ¿Cómo se madura?

Francisco no habla claro, sólo habla de forma interesada para provocar el enfrentamiento entre los hombres. Esta es su cultura de odio.

“La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales” (n. 66): la familia está destruida porque no tiene fe en la Palabra de Dios. La familia no es un grupo de hombres, es algo que Dios ha creado cuando hizo a Adán y a Eva. Formó una familia, un núcleo social entre dos realidades humanas. La familia no tiene cultura, no pertenece a la idea del hombre. La unión entre un hombre y una mujer es una unión divina, no humana. Y, por tanto, la familia tiene, en sí misma, por creación de Dios, un vínculo divino, un fin divino, aunque ese hombre y esa mujer sólo se unan carnalmente o materialmente en la vida.

No hay que ver a la familia en lo cultural de la vida. No existe. Lo cultural de la vida es un estilo de vida del hombre, independientemente de la familia o de la sociedad o de cualquier grupo humano o religioso. El hombre tiene en su cultura muchas cosas, que pueden ser de Dios, del demonio, de los hombres o que procedan de cualquier otra circunstancia en la vida. Nadie hace una vida de cultura, sino que los hombres aportan a la cultura sus pensamientos, sus obras, sus deseos, pero no se vive de eso.

La familia no está en crisis de cultura, sino en la crisis que se origina de un hombre sin fe y de una mujer sin fe, que se unen para vivir muchas cosas, pero no la vida divina de la gracia en la Iglesia.

Por eso, sobra todo cuanto francisco dice sobre la familia, porque no se centra en la raíz del problema de la familia. Y, entonces, ¿qué va a evangelizar? Nada.

“El individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares” (n. 67): lucha de clases, enfrentamiento con los hombres, cultura de odio. Hay hombres que viven para los suyo, lo privado, lo individual, y son muchos, porque es global en todo el mundo, y eso hace que no se centren en las personas y en las familias. Absurdo.

Si la familia está rota no es por culpa de nadie en el mundo. Es por culpa de cada miembro de esa familia: de ese padre, de esa madre, de esos hijos que ya no viven su fe, sino que viven buscando el mundo y queriendo las cosas del mundo.

Habla como lo hace Francisco es decir a la Iglesia entera: estáis equivocados en perseguir la fe. Tenéis que buscar caminos para darle a los hombres lo que ellos quieren: su cultura, su vida social su vida artística, su familia, etc. La crisis de la cultura en el mundo es la crisis de la Iglesia. La Iglesia está mal porque no corrige la crisis culturales de los hombres, sus estilos de vidas, sus formas de entender la vida, etc.

Ante este planteamiento sólo queda decir: pronto se acaba la Iglesia y comienza un absurdo para todos.

Dos banderas: o Cristo o el demonio

Cristo 03

“No os juntéis bajo un mismo yugo con los infieles, que os son tan desiguales. Pues, ¿qué participación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿O qué sociedad hay entre la luz y las tinieblas? ¿Y qué armonía de Cristo con Belial? ¿O qué parte del fiel con el infiel? ¿Y qué acuerdo entre el Templo de Dios y los ídolos?” (2 Cor 6, 14).

En este nuevo documento del anticristo Francisco se enseña el error en la Iglesia, se difunde como algo verdadero y se acoge entre la general apatía e indiferencia.

Esto supone que existe una falta de fe, propagada, alentada, por muchos sacerdotes y Obispos en la Iglesia, que viven ya para sus vidas humanas, para sus falsas creencias sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el amor. Y, por eso, los pecados se cometen y se justifican por muchos, sin un camino para el arrepentimiento, sin la lucha contra todo aquello que se oponga a la doctrina de Cristo.

Los sacramentos se obran en el pecado y se inutiliza la Gracia de Cristo en toda la Iglesia. La tibieza en toda la Iglesia está a la orden del día y se disipan los tesoros que el Señor ha puesto en manos de Ella.

Muy pocas son las almas que escuchan en sus corazones la Voz del Espíritu, porque sólo tienen mente para la voz de los hombres, para sus palabras, sus pensamientos, sus obras, sus fines en la vida.

Pocos son los hombres decididos a vivir la Verdad que da el Espíritu, porque ya no saben buscar esa Verdad al estar impregnados de tantas mentiras como los hombres se dicen unos a otros.

Para seguir el Espíritu de Cristo es necesario oponerse al espíritu del mundo, es necesario contemplar el mundo como la escuela del pecado, de la obra del demonio entre los hombres.

Si se está en el mundo para aprender a ser hombre, entonces se vive en el mundo obrando la voluntad del demonio, que se da entre todos los hombres que no viven la Gracia Divina en sus vidas, que inutilizan esa Gracia al valorar en exceso toda su humanidad.

Pocos entienden en la Iglesia lo que supone seguir a Cristo. Y muchos quieren seguir siendo hombres, sin apartar de ellos al hombre viejo, sólo con la idea de reformarse en sus pensamientos humanos, en sus obras humanas, creyendo que eso es todo para ser un hombre nuevo.

La reforma en la Iglesia no existe, porque la Iglesia es la Obra del Espíritu que no necesita cambiar nada en Ella. Lo que debe darse siempre es la conversión del hombre de su vida de pecado a la vida de la Gracia.

Es cambiar constantemente su mentalidad de hombre, para tener la Mente de Cristo, que no quiere pensamientos humanos en su Iglesia, sólo quiere el Pensamiento de Su Padre en Ella.

Y es lo que muchos no han comprendido y quieren reformar la Iglesia a base de pensamientos humanos, de filosofías humanas, de estructuras humanas, que no sirven sino para destruirlo todo en la Iglesia.

En este documento de este anticristo es lo que tenemos a la vista: sólo sirve para hacer de la Iglesia el culto al pensamiento del hombre. Y, por ello, para hacer en la Iglesia las obras del hombres que son del mundo y que viven para el mundo, llenos de su espíritu mundano, regidos en todo por el demonio, Príncipe del mundo.

Y son muchos en la Iglesia que no han captado esto, que viven como si todo marchara como siempre, con un jefe de la Iglesia que sabe lo que está haciendo y que la guía hacia la verdad y el bien.

Y no ven el desastre que viene para toda la Iglesia. No lo ven ni lo pueden ver, porque viven encerrados en su pensamiento humano, en su vida humana, en sus obras humanas dentro de la Iglesia.

La Iglesia no se hace a base de esfuerzo humano, ni a base de pensar la Iglesia con las ideas de los hombres, ni a base de obrar lo bueno humano en Ella.

En la Iglesia se hacen las obras divinas. Y quien no las haga, no hace Iglesia, sino que la destruye con sus obras humanas. Así, desde hace 50 años el edificio de la Iglesia está destruido por muchas obras de los hombres que no las quiere Dios para Su Iglesia.

Obras buenas humanas, pero sin el Espíritu de Cristo, hechas con el espíritu del mundo. Y, por tanto, obras profanas, mundanas, humanas, naturales, carnales, materiales, pero no ni santas, ni sagradas, ni divinas, ni espirituales.

El anticristo Francisco hace unión con todos los infieles del mundo y quiere unir en un mismo yugo a todos los hombres, sin distinción, sin exclusión, sin necesidad de quitar el pecado y el error en la vida de esos hombres.

Los quiere meter bajo un mismo yugo sólo porque son buenos hombres en sus pecados, en sus vidas humanas, con sus obras humanas. Y así tienen derecho natural de salvarse todos los hombres. A este planteamiento se resume todo lo que en este documento se dice sobre el falso ecumenismo, sobre el falso diálogo, sobre la falsa Iglesia de todos los hombres.

El que está en el pecado no puede participar de la Justicia de ser hijo de Dios. No puede santificarse, no puede salvarse, no puede hacer de su vida un seguimiento del Espíritu de Cristo ni, en consecuencia, no puede estar en la Iglesia siguiendo al Espíritu de la Iglesia, sino que está en Ella sólo siguiendo al espíritu del mundo. ¿Qué obras hace un pecador en la Iglesia? Las obras de su pecado. Pero no puede hacer las obras de Cristo. Nunca. Porque esas obras son sin pecado, movidas en todo por el Espíritu de Cristo. Y ese Espíritu enseña primero a quitar el pecado, a purificarse de todo, para hacer las obras que Dios quiere en la Iglesia.

Y, por eso, hay que salir en medio de los pecadores, de los infieles, de los lujuriosos, de los sin Dios, de los fornicadores de Satanás, para ser Iglesia. Quien acoge al demonio en la Iglesia rechaza a Cristo en Ella. Y esto es lo que ha hecho este anticristo, llamado por todos Papa, sin serlo, sin el llamado de Dios, sin la vocación de Dios a ser Pedro. Se puso como cabeza para destruir la Cabeza de la Iglesia: esa es su obra en medio de la Iglesia. Y todos aplaudiendo esa obra de un hereje que tiene en su corazón al demonio.

No puede haber sociedad entre la luz y las tinieblas. O el hombre está en la luz de Dios o está en la luz de las tinieblas. Pero no puede comulgar con ambas luces, tener ambas luces, seguir ambas luces, porque no se pueden seguir a dos Señores. Sólo se puede estar bajo la bandera de uno: o de Cristo o del demonio. Y sólo hay un batalla: Cristo contra el demonio. No hay más luchas en la Iglesia para ser Iglesia.

Muchos quieren estar en la Iglesia sin batallar contra el demonio. No hacen Iglesia. Porque quien está en la bandera de Cristo, bajo Cristo, que es el Rey de la Iglesia, está batallando constantemente contra el demonio en la Iglesia. Es una lucha diaria, segundo a segundo, en la que no se puede descansar, porque el amor de Cristo nos urge a hacer de la Iglesia el Sacramento de la Salvación y de la Santificación de las almas.

Y el anticristo Francisco no lucha contra el demonio en la Iglesia, sino que baila con él en medio de la Iglesia. Va siguiendo al demonio en cualquier obra que haga en la Iglesia. Y ha sacado un documento aprendido en la escuela del demonio y traducido en su pensamiento humano, que está despojado de la Verdad de la doctrina de Cristo.

Ese documento es la doctrina del demonio, es la fábula del demonio para atrapar a tantas almas que viven de cuentos chinos en la Iglesia. Se tragan cualquier idiotez que los hombres dicen con sus necias bocas humanas.

Este documento sólo sirve para construir la nueva iglesia que dará la bienvenida al Anticristo. Y sólo tiene ese fin. No posee el fin divino para hacer que las almas busquen lo divino en sus vidas y aprendan a amar a Dios y al prójimo en Espíritu y en Verdad.

No puede haber armonía entre Cristo y el demonio, entre los seguidores de Cristo y los seguidores del demonio. No hay paz, no hay alegría que trae la paz. Es imposible. Sólo hay guerra continua para conquista la Verdad y la Vida en la Iglesia.

La falsa alegría que trasluce todo este documento viene de la falsa caridad que quiere presentar este anticristo a la Iglesia.

Un falso amor para una falsa alegría. Y eso lleva consigo la destrucción de la paz en los corazones, porque se pone la alegría en la vanidad del mundo y de los hombres. La dulce alegría de los hombres que trae ajenjo al corazón. Eso lo que presenta el Inicuo Francisco, el Impío Francisco, el anticristo Francisco.

Y quien no quiera verlo así, se engaña y engaña a muchos.

No hay parte entre el fiel y el infiel. No hay comunión, no hay amor, no hay paz entre el fiel y el infiel. Sólo hay odio, división, egoísmo. Esto es lo que ha producido Francisco en medio de la Iglesia: división. La Iglesia ha quedado dividida por el odio de Francisco en Ella.

Y esa división ha traído a la Iglesia la ruptura con la doctrina de Cristo. Ya no se sigue, ya todos siguen lo que hay en sus pensamientos humanos y hacen de la Iglesia el templo de Satanás, el culto a todos los ídolos, a todos los dioses que tienen los hombres en el mundo.

Y eso conlleva una sola cosa: acoger la mentira y ponerla como la verdad, como el ladrillo para edificar la Iglesia.

Divide y vencerás: eso es el plan de Francisco. Sólo eso. Y no ha tenido luchas en la Iglesia, batallas, porque todo el mundo está dormido en su vida espiritual sin hacer nada por Cristo ni por la Iglesia.

Y, entonces, tenemos la Iglesia que nos merecemos, que queremos, que buscamos: la iglesia donde se da culto al hombre y al demonio.

Quien quiera estar en ella, que siga al demonio Francisco. Quien no quiera tiene que batallar contra ese demonio para seguir a Cristo en la Iglesia, para seguir la Verdad en la Iglesia, para tener la Vida que la Iglesia da a todos sus fieles.

Batallar en contra de Francisco y sus seguidores o morir a toda la vida espiritual y celestial. Elijan el camino. Cada uno es libre para andar un camino u otro: o Cristo o el demonio. Una de dos. O bajo Cristo o bajo el demonio. O con Cristo o con el demonio.

Francisco: constructor del odio

cuando el amor eselcentro

Un sacerdote nunca dice esto: “el confesor corre siempre peligro de ser o demasiado rigorista o demasiado laxo”. Porque el confesor sólo está para dar un juicio sobre el pecado que el penitente le presenta. El confesor no está para dar un consejo en la vida espiritual. En el consejo, se puede ser rigorista, laxo, cierto, injusto, malvado, categórico, audaz, etc. La esencia de la confesión es que el penitente dé su pecado, manifieste su pecado y que el confesor juzgue ese pecado.

Para juzgar sólo tiene que conocer el pecado. Nada más. Ver si ha pecado o no ha pecado. Y en ese conocimiento no entre la conciencia, porque la conciencia es sólo para ver el mal que cada uno hace, no para juzgar el mal del otro.

Francisco, de esta manera, pone su juicio sobre la confesión: no hay que juzgar, sino que hay que aconsejar lo que el penitente dice. Es decir, hay que tomar la confesión como algo propio de una charla psicológica, psiquiátrica, filosófica, como un desahogo de la persona, pero nunca para confesar el pecado.

Y entonces, Francisco concluye: “Ninguno de los dos es misericordioso, porque ninguno de los dos se hace de verdad cargo de la persona”.

En esta respuesta queda clara su ineptitud para la confesión. Él, por esta respuesta, no confiesa a nadie. Porque el confesor no tiene que mirar el problema del penitente que trae su pecado. El confesor no tiene que cargar con el problema de la persona a raíz de su pecado. El confesor sólo tiene que juzgar el pecado de la persona y, si es conveniente, le da un consejo sobre ese pecado, pero nunca sobre los problemas que ese pecado traiga a la vida de ese penitente. Porque la confesión sólo se fija en el pecado, no en los problemas que nacen de ese pecado. La dirección espiritual y el consejo espiritual están para eso, no la confesión.

Francisco no sabe nada de lo que es el sacerdocio. Eso es clarísimo. Eso hasta el más mínimo de la clase del seminario ve la necedad de Francisco cuando habla de la confesión.

Por eso, sigue diciendo su herejía: “El rigorista se lava las manos y lo remite a lo que está mandado. El laxo se lava las manos diciendo simplemente ‘esto no es pecado’ o algo semejante”

Como la confesión es para cargar con los problemas de la gente, entonces viene la conclusión de su herejía: hay que cuidar la humanidad del penitente, hay que darle un alivio al penitente, hay que caer en la cuenta de que el penitente es un hombre y, por tanto, hay que ser delicado con los hombres. No hay que juzgarlos, no hay que hablarles fuerte, con la verdad, hay que medir las palabras para no herir sensibilidades, hay que amarse unos a otros dando un poco de cariño al penitente.

Esta su herejía favorita, que es su humanismo: “A las personas hay que acompañarlas, las heridas necesitan curación”. Esto es todo para Francisco en su nueva iglesia. Esto define la sabiduría de su nueva iglesia y su nueva confesión. Por supuesto, que esto no hay quien lo siga si se llama a sí mismo sacerdote. Si quiere ser como Francisco, entonces que se dedique como él a falsificar su sacerdocio y dar a sus fieles el camino para el infierno, como hace el déspota Francisco desde Roma.

¿Cómo quieren que presentemos a Francisco después de todo esto que él ha dado en sus declaraciones? Hay que gente tan ciega que no ve las herejías que dice ese traidor porque está metida en el humanismo, como ese necio lo está. Y todo consiste en quedar bien cuando se habla de Francisco. Y todo consiste en sesgar la información cuando se habla de Francisco. Y todo está en limpiar las babas de toda la Jerarquía Eclesiástica para que nadie note los colores que a cada Obispo se le suben al rostro cuando habla el déspota Francisco.

No se puede hablar así de la Iglesia: “¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios?”

¿Cómo la estás tratando tú, traidor del Espíritu de la Iglesia? Preguntas como Maestro y enseñas tu mentira: “Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora”.

La Iglesia no es Madre ni Pastora. Jesús es el Pastor, no la Virgen, no la Iglesia. La Virgen es la Madre del Pastor, no la Pastora. La Iglesia es la Madre del Amor, no es el Amor que enseña. La Iglesia no enseña, sino que es camino donde Jesús da su Enseñanza de Amor. En la Iglesia se camina de la mano de la Virgen y de la mano de Jesús. Y, en ese camino, el alma aprende la verdad, que se la dice Jesús y que se la dice la Virgen María. el alma aprende de los dos la Verdad de su vida.

Pero la Iglesia no pastorea nada. Quien pastorea son sus Pastores: los sacerdotes y los Obispos, que tiene que estar unidos a Cristo Jesús y a Su Madre, la Virgen María, para enseñar la Verdad, que es Jesús.

Son los Pastores los que enseñan. No es la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y, por tanto, no tiene ninguna sabiduría para enseñar. Un Cuerpo no enseña. Enseña el alma del Cuerpo, que es el Espíritu de la Iglesia. Y el Espíritu de la Iglesia se da a los Pastores que sigue el Espíritu de Cristo. No se da a los pastores que siguen el espíritu del mundo, el espíritu moderno, como Francisco y muchos como él.

En la Iglesia no hay sabiduría y, por eso, decir: “el conjunto de fieles es infalible cuando cree, y manifiesta esta infalibilidad suya al creer, mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo que camina”. Es la mayor estupidez en boca de un sacerdote que no ha comprendido lo que es el ser Pastor de almas en la Iglesia.

El conjunto de fieles, que es la Iglesia, no tiene ninguna sabiduría, porque es sólo el Cuerpo Místico de Cristo. Y como Cuerpo, como conjunto de fieles, no vale para nada sin un Espíritu. Y, por tanto, la Iglesia no es Infalible como Cuerpo de Cristo. La Iglesia es infalible cuando el Cuerpo de Cristo se une a la Cabeza de la Iglesia, que es Jesús y su Vicario de Cristo.

Francisco hace alarde su necedad como sacerdote y pone la infalibilidad del conjunto de fieles en el creer, cuando sólo está en el unirse al Papa. Es la fe en el Papa lo que hace infalible al Cuerpo Místico de Cristo, porque el Papa es un Dogma Revelado por Cristo, que significa que la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo, sólo se edifica en Pedro, no fuera de Pedro, como lo ha hecho Francisco al instituir su nueva iglesia, fuera de Pedro.

Pedro, en Cristo, unido a Cristo, siguiendo el Espíritu de Cristo es Infalible, es decir, tiene toda la Verdad y no tiene necesidad de ir a buscarla fuera de la Iglesia, en el mundo, como manda Francisco.

Y el Cuerpo Místico de Cristo, cuando se une a Pedro, cuando obedece a Pedro, entonces es Infalible como Pedro lo es.

Este Misterio de la Iglesia ya no está en la nueva iglesia de Francisco. Allí no puede darse la Infalibilidad, por más que piensen las ocho cabezas junto con su rey déspota, Francisco.

Porque Toda la Verdad sólo está en el Pensamiento del Padre. Y, para tenerlo, hay que ser Papa. No hay otra manera. Sólo Dios revela a Su Papa Todo su Pensamiento. Dios no revela nada a ocho cabezas pecadoras, soberbias, orgullosas, elegidas por un masón para poner en la Iglesia su prepotencia.

Quien no tenga claro esto, es que no ha comprendido lo que es Francisco y su nuevo gobierno de sandeces en la Iglesia.

¿Cómo quieren obedecer a Francisco si él ha puesto ocho cabezas? Y en la Iglesia sólo se obedece a una cabeza, no a ocho. Y es imposible obedecer a Francisco porque dice esto:

“La consulta a los ocho cardenales, ese grupo consultivo externo, no es decisión solamente mía, sino que es fruto de la voluntad de los cardenales, tal como se expresó en las Congregaciones Generales antes del Cónclave. Y deseo que sea una consulta real, no formal”.

El G8 no proviene de la Voluntad de Dios, sino que es el “fruto de la voluntad de los cardenales”. Es sólo voluntad humana, es sólo el capricho de los hombres, el gusto que se dan los hombres para hacer su iglesia como les da la gana, sin contar con Dios. Ahí tienen la herejía que ha puesto Francisco en medio de Roma.

Jesús funda Su Iglesia en Pedro y Pedro tiene que poner en la Iglesia sólo lo que Jesús le dice.

Francisco pone el G8 en la Iglesia porque ha escuchado, no a Jesús, sino a los cardenales antes del Cónclave.

Más claro imposible. Francisco ha sido cogido en su mentira.

Porque Francisco es un anti-Papa, por eso sólo escucha en la Iglesia a los hombres. no puede escuchar la Voz de Dios, porque está cerrado a la Voluntad de Dios. Y sólo hace en la Iglesia lo que quiere el demonio, como se han visto sus obras.

El G8 es el invento de un hombre que se cree Dios y que muchos lo toman por Papa. El G8 no viene de la Voluntad de Dios, viene sólo de la voluntad del demonio.

Y todavía habrá hombres que no creen en esto que dice el mismo Francisco, porque tienen a la Iglesia como la obra de la voluntad de los hombres. Por eso, aplauden a Francisco, porque ha escuchado a los hombres en la Iglesia.

Y en la Iglesia sólo se escucha a Dios. Y quien no lo escuche, entonces no es Iglesia, no hace Iglesia y es mejor que se vaya con el lobo Francisco que le da gratis el alimento para el infierno.

Francisco edifica su nueva iglesia sobre el odio, no sobre el amor. Porque el amor nace de la sabiduría divina, no es el fruto del discurso humano.

Cuando los hombres piensan siempre dan la mentira, que nace del odio.

Cuando un santo piensa, siempre da la verdad que nace del amor.

Y el G8 no es una reunión de santos, sino de grandes pecadores. Luego, la consecuencia es clara: Francisco construye su nueva iglesia en el odio. Si la quieren, quédense en ella. Aprendan a odiarse unos a otros, porque eso es lo que trae la multitud de pensamientos, sentimientos, obras humanas. Al final, el corazón se queda vacío porque no se llenó de amor.

Quirógrafo

firma

Este documento firmado por Francisco es un acto de rebeldía ante el Papado.

Este acto viene de los Cardenales en la elección de un nuevo Papa. Es lo que los Cardenales hablaban en los pasillos antes de entrar en el Cónclave.

¿Quién son los Cardenales para decir que hace falta un órgano de gobierno que ayude al Papa en su gobierno de la Iglesia?

¿Por qué dicen eso si el gobierno de la Iglesia es sólo del Papa? ¿Con qué intención lo dicen sino para alcanzar el Poder en la Iglesia, para hacer la Iglesia que ellos quieren?

Hablaban los Cardenales en los pasillos para decir esta herejía. Esto que hacían los Cardenales refleja lo que hay en los Cardenales antes de elegir a Francisco. Es revelador cómo están los corazones de esos Obispos que tienen que ponerse en oración para decidir el destino de la Iglesia, y que sólo hablan de cómo destruir la Iglesia aconsejándose unos a otros el hombre ideal para poner este gobierno consultivo.

Francisco puso este gobierno consultivo porque fue elegido para esto. Es el hombre ideal para desbaratar el gobierno en el Papado. Ningún Papa aceptó de nadie esta herejía. Francisco la aceptó porque para él no existe el pecado. Para él sólo existe el convenio de los hombres para ver las soluciones a los problemas de la Iglesia. Hay que juntarse y ver cómo se solucionan lo que hay en la Iglesia. Hay que reunirse para hablar, como se hace en el mundo, como se hace en cualquier empresa, a puerta cerrada y allí ventilar los problemas de la Iglesia, que son problemas espirituales, no humanos, no materiales, no económicos.

Por eso, el gobierno de la Iglesia es sólo de una Cabeza, no de muchas cabezas, porque es un gobierno espiritual, no humano. Y quien decide el gobierno es el Espíritu, no los hombres.

Pero esta Verdad, ¿quién la enseña hoy? ¿Quién la pone en práctica? Nadie. No interesa, porque somos hombres, y hay muchos problemas en la Iglesia que son de los hombres, y hay que solucionarlos por los caminos de los hombres.

Este acto de rebeldía de Francisco lo pone como el primer adalid del demonio en la Jerarquía de la Iglesia. Francisco lucha por el pensamiento del demonio. No lucha en contra del pensamiento del demonio. Y, por tanto, se opone a Cristo y a la Iglesia.

El quirógrafo va en contra de toda la Iglesia. Pero las almas, los fieles de la Iglesia ¿se han dado cuenta de esta verdad? Nadie percibe el mal que viene de este gobierno consultivo. Nadie sabe lo que significa un gobierno consultivo en la Iglesia.

No es una consulta, porque -para eso- no hace falta constituir nada. Se pregunta a unos, se pregunta a otros, que es lo que siempre han hecho todos los Papas.

El gobierno consultivo es para decidir en la Iglesia, es para elegir un camino en la Iglesia. No es sólo para cuestiones económicas y administrativas. Para eso, la Iglesia ya tiene sus departamentos administrativos y económicos, que ven los problemas y consultan con el Papa sobre esos problemas.

El gobierno consultivo es para consultar la mente de los hombres y buscar la razón que conviene para la Iglesia, según las medidas de los hombres, según lo que piensan los hombres, según lo ven los hombres.

El gobierno consultivo da una razón humana, un plan humano, una filosofía humana de la Iglesia, pero nunca da la Voluntad de Dios, nunca pone en obra la Obra Divina en la Iglesia, sino las obras humanas.

Dios da Su Voluntad sólo al Papa, no a un conjunto de hombres en la Iglesia.

El gobierno consultivo sólo habla de lo que hay en la mente de cada uno, pero no dice lo que está en la Mente de Cristo, que es quien gobierna la Iglesia.

El gobierno consultivo va en contra de la Mente de Cristo. Se opone a la Mente de Cristo. Juzga la Mente de Cristo. Pone una corona de espinas en la Mente de Cristo. Flagela el Cuerpo Místico de Cristo. Crucifica a Cristo y a su Iglesia y se ríe de ellos para que bajen de la Cruz, para que las almas sigan lo que ese gobierno consultivo propone como novedad en la Iglesia, como la reforma de la Iglesia, como el bienestar de la Iglesia.

¡Cuántas almas en la Iglesia que siguen dormidas después de las declaraciones de Francisco! No se han dado cuenta de lo que tienen ante sus ojos, porque tampoco buscan la Verdad en sus vidas. Buscan ser felices, y eso es lo que ofrece Francisco a la Iglesia: felicidad, placer, amor sentimental, humano, palabras cariñosas, palabras llenas de falsedad y de engaño, que no saben descubrir porque sus mentes también viven para la mentira.

Una Iglesia que no sabe escuchar es la Iglesia del demonio. El demonio no escucha a nadie. El demonio pone su razón para seguir en su mentira.

Esto es lo que pasa en la Iglesia. Una Iglesia que no escucha la verdad, sino que pone sus argumentos para seguir en la mentira. Así hay tantas almas en la Iglesia, siguiendo lo que el demonio les pone en su entendimiento humano. Y, claro, están en la Iglesia ciegas, sordas, sin luz verdadera.

El desastre de la Iglesia ya ha comenzado. Es un desastre que pocos lo ven ahora. Un desastre que hace que la Iglesia se divida en dos. Y esa división producirá otra división. Y lo que viene a la Iglesia es la obra de la mentira, escondida en una verdad alegre, esperanzadora, llena de maldad en los corazones de muchos. Y esa obra de la mentira hará que muchos se condenen, porque no han sabido despreciar su vida humana para vivir lo que Dios ofrece al corazón.

Por eso, lo que pasa ahora ya estaba escrito en el Evangelio: es el Dragón que ataca a la Iglesia y que hace de la Iglesia su reino en la tierra. Vean el Apocalipsis y el profeta Daniel, porque eso ya está en marcha.

La mofa del gobierno consultivo

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Un Papa gobierna sin los hombres en la Iglesia.

Un Papa no necesita escuchar a los hombres para gobernar la Iglesia.

Un Papa tiene que escuchar la Voz de Dios para gobernar la Iglesia.

Esta es la Verdad del Papado. Como los hombres son hombres, entonces no saben vivir esta Verdad, y tienen que recurrir a muchas cosas, cuando todo es muy sencillo en la Iglesia.

El Vicario de Cristo es el que da la Voluntad de Cristo a la Iglesia. Y, para darla, tiene que conocerla. Y sólo Cristo conoce Su Voluntad. Su Voluntad no es el conjunto de ideas humanas, de cabezas humanas, de pensamientos humanos sobre la Iglesia.

La Voluntad de Dios sólo la sabe Dios. Y si el hombre no es humilde, nunca la va a conocer, aunque se reúna con ocho cabezas para discutir los asuntos y poner en claro los caminos en la Iglesia.

Ningún Papa ha necesitado un gobierno consultivo para dar la Voluntad de Dios en la Iglesia. Todos los Papas han preguntado a unos y otros, pero siempre han hecho oración sobre la Vida de la Iglesia y, de esa forma, han llevado a la Iglesia hacia lo que Dios quiere.

Sólo Francisco se le ha ocurrido poner un gobierno consultivo para ayudar al Papa en el gobierno. Lo hizo al mes de ser elegido. Y lo hizo porque se lo mandaron, no porque nació de él, no porque se le ocurrió.

La Iglesia está gobernada, ahora, por la masonería eclesiástica, es decir, por consagrados que viven en el Vaticano y que ejercen el poder de la Iglesia sin que nadie lo entienda, sin que se perciba de puertas a fuera. Se percibe en el interior del Vaticano, porque se manda callar a los sacerdotes y Obispos.

Francisco no gobierna la Iglesia. Sólo la preside. Sólo está ahí como un juguete de una cabeza que no se da a conocer todavía, porque no es llegado el tiempo.

Una cabeza oculta para obrar lo oculto en la Iglesia. Una cabeza que mueve todos los hilos de la Iglesia y que decide lo que hay que hacer en cada momento de la Iglesia.

Francisco es un hombre sin oración. Su oración consiste en recordar. Recuerda un salmo y lo ora. Recuerda la oración que le enseñó su mamá y la ora. Para Francisco la oración es un ejercicio mental y, por eso, no sabe lo que es la oración.

A Francisco lo eligieron los hombres y lo colocaron como jefe de la Iglesia, porque alguien tiene que estar de momento. Es un gobernante que no sirve para gobernar. Que hace mucho ruido, que se entretiene siendo hombre, que pasa su vida calculando cómo ser más hombre.

Todo el que tenga experiencia de gobierno, ve lo inútil que es Francisco en el gobierno. Si no sabe ser Pastor de almas, mucho menos del gobierno de la Iglesia, del Pastoreo de la Iglesia.

A Francisco le gusta mandar, le gusta decidir por sí mismo, imponiendo su capricho a los otros. Nada más es verlo en algunas cosas que ha hecho en la Iglesia, yendo contra la misma ordenanza de la Iglesia, por puro deseo humano, por hacerse brillar en la Iglesia, por querer que todos vean que es el Papa y, cuando habla, todos deben obedecerle.

Él tiene toda la experiencia del gobierno en los jesuitas. Y esa experiencia le marca como jefe de la Iglesia. A la legua se ve su despotismo en la Iglesia. Sólo hay que escuchar lo que dice del gobierno en la Iglesia para captar su nefasta autoridad.

Francisco no sabe gobernar porque no sabe hablar en público. Esa es la razón principal de su oscura legislatura como jefe de la Iglesia. Su discurso es un enredo. No se sabe lo que quiere hacer. Dice algo en contra de la Iglesia y después dice que es hijo de la Iglesia. No es claro. Y, por eso, no sabe gobernar. Un gobernante pone los puntos a seguir con claridad. Marca un camino. Señala una senda. Pero con Francisco, cualquier cosa se puede esperar en el gobierno. Ahora mismo, nadie sabe qué se va a hacer después de esas declaraciones. Todos a la expectativa a ver por dónde rompe Francisco.

El gobierno consultivo es una mofa para la Fe de muchos en la Iglesia. Quien haya tenido experiencia de cómo gobiernan los jesuitas en la Iglesia, tiembla ante este gobierno consultivo.

Porque ocho cabezas para resolver los problemas de la Iglesia son el comienzo de la división en la Iglesia. La Mente de Dios no la tienen esas ocho cabezas. La Mente de Dios no es la unión de ocho cabezas. La Mente de Dios no se encuentra uniendo ocho luces distintas para formar una sola. Esta es la doctrina de los jesuitas en la Iglesia para gobernar. Ellos siguen su herejía desde hace mucho tiempo. Y esa herejía la pone Francisco, que es el innovador de la Iglesia.

El gobierno consultivo es un anzuelo de los hombres para distraer de lo que pasa ahora en la Iglesia. Ahora en la Iglesia se está preparando normas en contra de la Santa Misa y del Evangelio. Hasta que no estén concluidas, el gobierno consultivo tiene que distraer con algunas cosas, tiene que caldear el ambiente para que, cuando se den estas normas, se vean como algo que Dios quiere.

El gobierno consultivo hará cosas sin importancia, pero tendrá que tomar serias resoluciones sobre temas importantes, que son los que ha tratado Francisco en sus declaraciones. Se aprobará el matrimonio homosexual, se quitarán las penas de excomunión a las mujeres que abortan, se permitirá el uso de anticonceptivos, y otras cosas para dar una nueva cara a la Iglesia.

Pero lo importante en la Iglesia no viene por el gobierno consultivo, sino por lo que se está preparando entre bastidores, en lo oculto.

Por eso, comienza ahora la mofa de Francisco con sus ocho cabezas del demonio. Se van a reír de toda la Iglesia, como el Sanedrín se mofó de Cristo. Y eso lo hará Francisco porque no ama a la Iglesia, sino que se ama a sí mismo y busca en la Iglesia sólo el aplauso de los demás.

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