Lumen Mariae

Inicio » obediencia

Category Archives: obediencia

En comunión espiritual con el Papa Benedicto XVI

verdaderofalso

«No tengáis miedo, adelante en comunión con Benedicto» (Jesús a un alma escogida).

Todas las almas, en la Iglesia, tienen que estar unidas a Su Cabeza.

Pero hay una Cabeza Invisible, que es Jesucristo; y una Cabeza visible, que es el Papa.

La unión del alma con Cristo es mística; la unión del alma con el Papa es espiritual.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: son las almas unidas místicamente a Cristo bajo una Cabeza espiritual, sometidas, obedeciendo a esa Cabeza.

En toda oración litúrgica, en la Sta. Misa, el alma tiene que tener dos intenciones: la de unirse a Cristo, a su obra redentora en la Cruz; y la de unirse a las intenciones del Papa, a la obra del Papa en la Iglesia.

Quien se une a Cristo, participa de Su Obra Redentora: le ayuda a salvar y santificar las almas; quien se une al Papa, participa de su Espíritu, el Espíritu de Pedro, que es el que mueve a toda la Iglesia; construye, con él, la Iglesia de Cristo.

Todos aquellos que se separan del Papa también lo hacen de Cristo. Si no se está unido espiritualmente al Papa, tampoco se está unido místicamente a Cristo.

No se puede estar en comunión mística con Cristo sin estar en comunión espiritual con el Papa. Y si se comulga espiritualmente con un falso papa no puede darse la unión mística con Cristo.

Jesús ha puesto a Benedicto XVI como Pedro en la Iglesia. Jesús construye la Iglesia sobre el Papa Benedicto XVI:

«…pues os digo, Mi Benedicto, que tú eres Pedro, y sobre ti edifico Yo Mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra Ella» (Ib).

Jesús no puede edificar Su Iglesia sobre un hereje, porque la obra de la Iglesia es una verdad revelada, divina, inmutable, dogmática. Es una verdad moral y espiritual. Los herejes, no sólo atacan la verdad sino a toda la Iglesia, a toda la obra de Cristo en Pedro.

Allí donde está Pedro está la visibilidad de la Iglesia. Pero allí donde está un falso Pedro, sólo es posible ver una secta más, no una iglesia.

«Ninguna tempestad puede conmover a la Iglesia fundada sobre la piedra, ni destruirla nunca el furor de los vientos» (San Jerónimo – In Isai); pero puede ser ocultada, perseguida, atacada, de tal manera que ya no sea visible.

La Iglesia es visible en todo el mundo porque es autoridad moral y espiritual, Al dar normas morales y espirituales para todas las almas y para todos los gobiernos, se produce la visibilidad moral de la Iglesia. Esta visibilidad es universal: se extiende a todas las naciones. La Iglesia existe y domina moral y espiritualmente en toda la tierra. Esto es lo que se llama la catolicidad. La Iglesia de Cristo es católica porque ejerce su dominio moral sobre todos los pueblos.

Muchos han anulado esta catolicidad porque sólo la relacionan con la nota de lo universal. Lo católico es lo moral, lo espiritual. No es lo global, lo universal, no es algo que todos pueden usar a su capricho.

«Pídeme, y te daré las naciones en herencia tuya, y extenderé tu dominio hasta los extremos de la tierra» (Salm 2, 8b).

La Iglesia domina todo el mundo, con una autoridad moral, porque propaga la ley de Dios entre las naciones: señala lo que es la Voluntad de Dios y la manera de obrarla.

La Iglesia no conquista tierras, no domina políticamente, no establece un reino humano ni material. La Iglesia domina corazones, almas, evangelizando, administrando los Sacramentos, haciendo observar los mandamientos divinos.

Desde hace más de dos años, Bergoglio ha dado muestras suficientes de que es un hereje consumado y manifiesto. Pero «pocos parecen percatarse de la falsedad del lobo vestido de oveja, que anda abriendo las puertas del redil para dejar extraviar a las ovejas buenas, y dejar entrar a los lobos, a los que son ovejas de otro rebaño» (Ib).

Pocos se dan cuenta de que en Roma están en comunión espiritual con un hereje. Si Roma es hereje, la Iglesia verdadera queda encarcelada, oculta, perseguida, porque eso supone alejarse de la comunión mística con Cristo. Eso es alejarse de la Iglesia Católica. Eso es presentar al mundo, a las almas, a los gobiernos, una iglesia que no ejerce su domino moral sobre todos, sino que es abiertamente inmoral. Una secta que ejerce una imposición, un imperativo moral (= una inmoralidad).

Si no se aplica la ley de Dios, si no se enseña lo que es la Voluntad de Dios, entonces el mundo recibe una doctrina no moral, herética por los cuatro costados. Es decir, se ofrece al mundo lo mismo que éste tiene. Automáticamente, esa iglesia pierde la universalidad y la catolicidad. Esa iglesia es sólo mundo, una secta más con sus ideas propias.

Pero tiene un agravante: se da esa doctrina amparada en una autoridad moral y espiritual, que es falsa. Porque el verdadero Papa, el que tiene ese dominio moral y espiritual, no gobierna la Iglesia:

«Oh, Mi Pedro, estáis encarcelado, impedido de ejercer vuestro ministerio, porque el usurpador ha tomado vuestro puesto, haciéndose pasar por uno de los Míos, pero el espíritu del mal ya entró en él, y vendió su alma al poder del mal. (ib).

Si el usurpador ha tomado el puesto del Papa, haciéndose pasar por Papa, arrogándose un poder que no tiene ni puede tener, la consecuencia es clara: ese falso papa ejerce una dictadura física entre todos los miembros de la Iglesia. Impone una inmoralidad. No sólo él se ha prostituido con todas las ideas contrarias a la verdad revelada, sino que quiere hacer que todos hagan lo mismo: quiere que todas las almas en la Iglesia, fieles y Jerarquía, se vendan y caigan en el adulterio espiritual. Se alimenten de la herejía. Y quien no siga sus pensamientos, su lenguaje bello y bien elaborado, acaba como se ha hecho con los Frailes de la Inmaculada.

Lo que se ve en Roma no es la catolicidad de la Iglesia sino la mundanidad de la iglesia: la iglesia se ha hecho mundo, como el mundo. Ha adquirido el pensamiento del mundo, que nunca puede ser moral ni espiritual.

Muchos no se han percatado que Bergoglio es una persona inmoral y totalmente mundana, nada espiritual. El poder que ejerce es necesariamente en contra de todo poder moral y espiritual, en contra de toda la doctrina católica. No ejerce un dominio moral, sino una dictadura humana: si no se está en la Iglesia pensando lo mismo que piensa ese hombre, te persiguen, te destruyen, te atacan por todos los frentes.

El dominio moral de la Iglesia nunca es una imposición a los hombres; pero toda dictadura humana esclaviza a todos los hombres a un ideal humano.

Quien obedece a Bergoglio, quien se une a él en la oración, a sus intenciones en la Santa Misa, en sus oraciones de cada mes, recibe el mismo espíritu que anima a esa alma. Bergoglio es movido por dos espíritus: el del falso profeta y el del Anticristo.

Con el primero, ese hombre habla siempre la mentira, es decir, nunca es capaz de enseñar la doctrina de Cristo ni de guiar a las almas hacia la verdad revelada. Es imposible que Bergoglio piense y hable la verdad absoluta. Continuamente, él está en sus relativismos. Y no es capaz de darse cuenta que no sabe nada, que está haciendo el mayor de los ridículos, ante el mundo y ante toda la Iglesia.

Con el segundo espíritu, ese hombre destruye toda la obra de Cristo, que es la Iglesia. Pone a sus hombres claves en todas las diócesis del mundo, para tener control de todo e ir lanzando su doctrina boca a boca, para que la gente la vaya conociendo y poniendo en práctica. Y una vez que ha sembrado su doctrina, comenzará a poner sus leyes, a cambiarlo todo, tanto en el magisterio de la Iglesia, como en toda la tradición.

Bergoglio no cree en los dogmas: ni vive de ellos ni le interesa su existencia. Los conoce como se conoce el sol y la luna: ahí están. Pero él vive lo suyo, lo que le da la gana. Y hace lo que quiere en su ministerio sacerdotal, que es falso a todas luces.

Aquel que se una espiritualmente a Bergoglio, recibe estos dos espíritus.

El sacerdote o fiel que en la Misa se una a las intenciones de Bergoglio como papa, no sólo peca, sino que es movido por estos dos espíritus.

Quien comulga espiritualmente con Bergoglio no puede comulgar con Cristo ni, por tanto, puede estar unido a toda la Iglesia.

Toda esa Jerarquía que sigue obedeciendo a Bergoglio como su papa no pertenece a la Iglesia de Cristo.

Para pertenecer a la Iglesia Católica hay que estar en comunión espiritual con el verdadero y legítimo Papa, Benedicto XVI. Y eso supone y exige tener a Bergoglio como falso papa.

No se puede decir que se está unido a lo que Benedicto XVI ha hecho en la Iglesia y también unido a lo que Bergoglio va haciendo. No se pueden servir a dos cabezas, a dos papas al mismo tiempo.  O se está con Dios o con el demonio. No se construye la Iglesia con dos cabezas. Y menos cuando las dos son totalmente opuestas en la doctrina y en la moral.

Por eso, lo que se ve, no sólo en Roma sino en todas partes del mundo, en cada diócesis, no es la Iglesia Católica. Es otra iglesia en comunión espiritual con un hereje. Una iglesia herética, llena de herejes. Porque quien obedece a un hereje, se hace hereje.

Cuesta entender esta verdad a muchos. Esos católicos, que se saben la teología, el derecho canónico, dicen que esto no es posible. Es la gran oscuridad que se cierne sobre toda la Iglesia.

La Iglesia no es como la cuentan los hombres. Es una verdad revelada: es como la cuenta Dios, como la piensa Dios, como la obra Dios.

Como nadie cree en las profecías, porque todos se han vuelto sabios de su propia cabeza humana, entonces nadie puede comprender esta verdad: Benedicto XVI es el último Vicario, el último Papa. No hay más Papas. No existe un Bergoglio como papa. Existe Bergoglio como usurpador del papado.

«… Mi Verdadero Vicario, BENEDICTO XVI, quien permanece y sostiene a la Verdadera Iglesia, sosteniéndola con su oración, con su sufrimiento, pues Él sabe que a Él se le ha concedido la palma del martirio, y es el Pilar que sostiene la Iglesia; es Pedro encarcelado, privado de predicar la Verdad y ejercer su ministerio petrino; quien todavía tiene las llaves de la Iglesia, aunque por el momento está encarcelado» (Ib).

De momento, Benedicto XVI sigue en la cárcel, pero sostenido por la oración y el sufrimiento de los verdaderos católicos, que son ciertamente muy pocos. Todos están idiotizados por las palabras baratas y blasfemas de un idiota.

Benedicto XVI «quien guiado por El Espíritu Santo supo salir, en el tiempo señalado, para guiar y sostener debidamente a la Verdadera Iglesia, Mi Santa Doctrina. Se entregó para salvar Mi Iglesia. Este gesto, de humildad y de amor de Benedicto, marcó el principio del fin».

Si la Jerarquía hubiera comprendido el gesto de Benedicto XVI, su renuncia que no es renuncia, entonces no hubieran elegido a un impostor e hubieran hecho todo lo posible por quitar a Bergoglio de la Silla de Pedro.

En estas dos cosas toda la Iglesia, toda la Jerarquía, es culpable. Nadie se opuso al Cónclave; nadie se ha opuesto a Bergoglio.

Ninguno ha movido un dedo. Ni un solo dedo. Porque son cobardes: esos Obispos, que tienen todo el poder para gobernar con la verdad en la Iglesia, temen a los hombres; no saben enfrentarse a ellos; no han aprendido a obedecer a un Papa en la Iglesia y, por eso, ahora quedan ciegos en una falsa obediencia a un idiota. Y ellos no lo ven como idiota, sino como sabio, como un portento de santidad y de justicia.

Acaban de presentar el Instrumentum Laboris del Sínodo, con novedades que refieren sobre todo al contexto antropológico-cultural, al socio-económico y al ecológico, ”ahora felizmente iluminado por la nueva encíclica Laudato sí’ (Visnews).

Lo que va a salir de ese falso Sínodo es una imposutra porque está basado en un documento construido sobre una gran mentira: el cambio alarmante del clima. Sobre esa mentira, que todos quieren, todos la buscan y aplauden, se va a liquidar todo el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia.

Quien hace comunión espiritual con un falso papa ayuda a destruir toda la Iglesia.

Quien comulga espiritualmente con Benedicto XVI construye la Iglesia y, por lo tanto, se opone radicalmente a Bergoglio como papa. Se opone con todas las consecuencias.

Bergoglio es «un falso pastor que, por falsa piedad y falsa misericordia, deja entrar a los mentirosos, a los soberbios y orgullosos, a los idólatras y homosexuales, a todos los que cometen adulterio y fornicación, viviendo sus leyes y sus antojos, y no en obediencia a Mi Ley Divina» (Ib)

Todos pueden comprobar estas palabras a diario. Y todos pueden ver cómo nadie hace nada en contra de ese hereje. Todos le dejan actuar.

¡Cuántos asisten a las falsas misas de ese hombre, llenas de hipocresía, cometiendo muchos sacrilegios! Quien asiste a una misa de ese hombre comete un pecado mortal, además de recibir los espíritus que animan a ese hombre. ¡Cuántos van a comulgar sin discernir que un hereje no puede consagrar a Cristo en las especies del pan y del vino! ¡Cometen un sacrilegio al comulgar! ¡Adoran un trozo de pan!

¡Cuántos fieles que comulgan con Bergoglio y reciben la comunión en estado de pecado mortal! Quien se une espiritualmente a un hereje cae en estado de pecado mortal. Muchos no ven este pecado porque han quedado ciegos. Y se siguen confesando, pero no confiesan este pecado. Hacen confesiones sacrílegas. La ignorancia culpable de un pecado no les excusa de ese pecado.

¡Cuánto fariseísmo aparece en toda la Iglesia! El fariseo es el que se separa de la verdad. Cuantos, por seguir a Bergoglio, se vuelven fariseos, sepulcros blanqueados. Se creen santos y justos porque se dicen a sí mismos que están en comunión con el papa; que es el Espíritu Santo el que ha elegido a Bergoglio como papa. Y quien no se una a él, entonces se va a condenar, está fuera de la Iglesia.

«¡Ay del falso profeta más le valiera no haber nacido! Porque no sólo cargará con su pecado, pondré Yo Mismo sobre sus hombros los pecados de todos los que arrastró con él al mal, y se perdieron por su causa».

Si la Iglesia católica ya no ejerce su dominio moral y espiritual sobre todas las naciones, eso significa que ningún país es ya católico. La Iglesia católica sólo es visible en una sociedad católica.

La obra de la Iglesia es formar sociedades católicas, regidas por la doctrina moral, que es la doctrina de Cristo.

Jesús no es una idea muy bonita, sino una vida divina. Y ha construido Su Iglesia para que el mundo viva como Dios quiere. Cuando las sociedades se rebelan contra la norma de la moralidad, entonces la Iglesia no puede ejercer su dominio y ya no es visible. Sus miembros se van acomodando a todo lo del mundo, a las leyes abominables que se imponen en esa sociedad. Y la Iglesia se oculta, desaparece, sólo vive en sus corazones fieles.

Por eso, ahora todos están buscando una nueva sociedad, un nuevo orden mundial, una nueva iglesia. Han perdido el norte de la moralidad, de la catolicidad. Son sólo veletas del pensamiento humano, y todos se han vuelto más brutos que los brutos.

Si no saben, con su razón, ver la mentira de la doctrina de Bergoglio, menos saben discernir sus herejías.

Si aplauden una doctrina que ha sido demostrada falsa por los científicos, que sólo se mantiene porque da de comer a muchos, por interés político y económico, entonces tampoco saben ver lo que es Bergoglio, ni saben discernir lo que está levantando en Roma. Y esperan al falso Sínodo para que todo se arregle. En esta estupidez viven muchísimos católicos, que ya no saben llamar a cada uno por su nombre.

Permanezcan en comunión espiritual con el Papa Benedicto XVI. Escupan, no sólo a Bergoglio sino a toda aquella Jerarquía que les obligue a seguir a ese traidor. Que ninguna Jerarquía les meta miedo. Sólo hay que temer a Dios. Y el temor de Dios es el principio de toda sabiduría. Aquel que no quiera quitar su pecado, entonces se pasa la vida temiendo a los hombres, y vive su vida limpiando las babas y los traseros de mucha gente que no les importa la verdad. El mundo sigue su mentira, y quiere seguirla, sabiendo que es una mentira. Y la nueva secta en Roma sigue su mentira, sabiendo que es mentira. Y desean con todo su corazón podrido llevar a la perfección esa mentira. Para eso han sacada ese documento ecológico: es el fundamento de la nueva iglesia y del nuevo orden mundial. Ahora, tienen que ir por lo más difícil: imponer las nuevas leyes, el nuevo credo, que rija esa nueva iglesia y que sea el apoyo del nuevo gobierno mundial.
 

Falsa obediencia, falso misticismo

blasfemia

«Os traigo a la memoria, hermanos, el Evangelio que os he predicado, que habéis recibido, en el que os mantenéis firmes…» (1 Cor 15, 1).

Bergoglio no trae a la mente de los hombres el Evangelio de Jesucristo. Su noción del Evangelio es una reforma social, una economía para las clases más pobres, una cultura del encuentro para caer bien a todo el mundo.

Bergoglio está, no sólo influenciado por la teología de la liberación, sino metido de lleno en una falsa espiritualidad y un falso misticismo, propio de la falsa iglesia que está levantando.

Bergoglio no puede comprender la Palabra de Dios, la esencia del mensaje de Cristo, no puede hacer suya las palabras del primer Papa de la Iglesia Católica:

«No tengo oro ni plata; lo que tengo, eso te doy» (Act 3, 6).

¿A qué se ha dedicado este hombre?

«Los males más graves que afligen al mundo en estos años son la desocupación de los jóvenes y la soledad en la que se deja a los ancianos….Esto, en mi opinión, es el problema más urgente que la Iglesia tiene ante sí» (1 de octubre – Entrevista Scalfari)

No tengo oro ni plata: no me dedico encontrar trabajo para los jóvenes; no me dedico a dar a los ancianos un cariño que no merecen.

A los ancianos y a los jóvenes hay que darles a Jesucristo, que es poner en práctica la obra de la Redención.

Pero, Bergoglio anda en otras cosas, en su política:

«Al cumplir su misión apostólica, la Iglesia debe asumir un papel profético en defensa de los pobres y contra toda corrupción y abuso de poder…» (Visita ad limina de los Obispos de Kenia – 16 de abril).

¿Papel profético en defensa de los pobres? No existe una profecía que defienda a los pobres, tal como lo entiende Bergoglio, que es en su comunismo. No existe una profecía que lleve a la Iglesia a atacar toda corrupción y abuso de poder.

«Arrepentíos, pues, y convertíos para que sean borrados vuestros pecados» (Act 3, 19).

Este es el mensaje que San Pedro dirigió a todos los israelitas. Esta es la doctrina de los Apóstoles. Esta es la misión de toda la Iglesia. Esta es la voz profética que recorre toda profecía verdadera: el arrepentimiento del pecado, la lucha contra el pecado. Si el hombre viera su pecado, entonces no habría pobres ni corrupción ni abuso de poder. Pero, hoy día, al hombre no se le predica del pecado, sino que se le da un lenguaje lleno de tantas cosas que le impiden ver la verdad de la vida. Bergoglio no enseña el pecado, porque no cree en el dogma del pecado.

Bergoglio sólo está en su falsa espiritualidad: «entrar…en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (Bula del jubileo de la misericordia).

Son los pecadores, no los pobres, los privilegiados de la Misericordia de Dios: «no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia» (Lc 5, 32).

No he venido a llamar ni a los pobres ni a los ricos: no he venido a hacer propaganda política de la Palabra de Dios. No he venido a hablar lo políticamente correcto.

Jesús ha venido a poner un camino de penitencia a todo aquel que reconozca su pecado como una ofensa a Dios.

«Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas. El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia y, mientras no se logre una distribución equitativa de la riqueza, no se resolverán los males de nuestra sociedad (cf. Evangelii gaudium 202)» (Mensaje a la séptima cumbre de la Américas en Panamá – 10 de abril 2015).

Bergoglio se predica a sí mismo, pero es incapaz de predicar el Evangelio de Jesucristo.

Como el pecado no es una ofensa a Dios, entonces: «Todavía hoy siguen habiendo injustas desigualdades, que ofenden a la dignidad de las personas». ¿Qué es el pecado? Aquello que ofende al hombre, a su persona, a su dignidad. Automáticamente, Bergoglio se baja de la Cruz de Cristo, que es la que libera al hombre de cualquier mal, ya sea espiritual, ya humano, para presentar al mundo su falso misticismo.

«El gran reto de nuestro mundo es la globalización de la solidaridad y la fraternidad en lugar de la globalización de la discriminación y la indiferencia»: en esta frase está ensamblada todo el falso misticismo de la falsa iglesia.

La falsa iglesia va hacia una unión entre todos los hombres, entre todas las religiones, confesiones, para un gobierno mundial. Se necesita un misticismo: solidaridad y fraternidad. Que inevitablemente es falso, porque no es la solidaridad ni la fraternidad que provienen del Evangelio de Cristo. Es la solidaridad y la fraternidad que está en la mente de los grandes masones, que son los que rigen el mundo y la falsa iglesia que se levanta en el Vaticano.

En ese falso misticismo no hay que discriminar a la gente. Por lo tanto, no hay que tener dogmas, credo, símbolos de la fe. No hay que ser indiferentes con los hombres porque tienen una manera de ver la vida, de pensarla, de obrarla. Hay que buscar la forma de unir a los hombres con este falso misticismo.

Muchos católicos no saben lo que es la vida mística. Y, por lo tanto, no saben lo que significa una falsa vida mística, un falso misticismo.

Lo místico es la unión de Cristo con cada alma. Lo místico no es lo espiritual. Cristo se une con el alma a través de la gracia: esto es una unión espiritual. Pero, Cristo también se une al alma a través del Espíritu: esto es lo místico.

A través de la gracia, el alma posee una vida divina, que es en todo espiritual, porque Dios es Espíritu.

Pero a través del Espíritu, el alma posee una vida mística, en la que el alma participa de todo lo que es Cristo.

Por la gracia se participa de la Vida de Dios. Eso es el Bautismo y todos los Sacramentos. Ser hijo de Dios es una participación de la vida divina.

Pero, por el Espíritu, el alma participa de la vida de Cristo. Por eso, la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo: participa toda la Iglesia de la vida de Cristo.

La Eucaristía no sólo es una participación de la vida divina, sino del Misterio de la Encarnación. Participar en ese Misterio es vivir algo místico con el Verbo Encarnado.

Por lo tanto, quien no vive lo místico en la gracia, en los Sacramentos, tiene que vivir un falso misticismo. Ese falso misticismo es la obra del espíritu del demonio en el alma: en su mente, en su memoria, en su voluntad.

En el falso misticismo, la mente está poseída por el demonio para pensar lo que quiere el demonio. Esto es lo que se ve en Bergoglio y, no sólo en la Jerarquía que le obedece, sino en muchos fieles.

En el falso misticismo no hay manera de que la mente vea la verdad: vive una oscuridad espiritual, por su pecado de soberbia, que le impide, que le obstaculiza asentarse en la verdad. Ve la verdad de las cosas, pero siempre el alma haya una razón, una idea, para salirse de la verdad.

Esto está en todas las homilías de Bergoglio: dice una verdad y la continúa con una mentira. Esto es el falso misticismo: es la unión de la mente de la persona con el entendimiento del demonio.

El verdadero misticismo es la unión de la mente de la persona con la mente de Cristo. Por eso, dice San Pablo: «Mas nosotros tenemos la Mente de Cristo» (1 Cor 2, 16).

El espiritual juzga de todo: es decir, el que participa de la vida divina, por la gracia, puede hacer juicios espirituales sin cometer pecado. Pero nadie puede juzgar al espiritual, al que hace juicios espirituales. ¿Por qué? Porque tiene una vida mística, no sólo espiritual.

Por la vida espiritual, juzga de todo y no se equivoca. Y no se equivoca porque participa de la mente de Cristo. Y en la mente de Cristo no hay error, no hay herejía, no hay desviación de la verdad.

Muchos poseen la gracia, es decir, tienen una vida espiritual. Pero muchos, al no saber usar la gracia, no alcanzan la vida mística con Cristo. Tienen la gracia, pero siguen pensando y obrando como hombres del mundo, como hombres paganos. Eso señala una sola cosa: hay un falso misticismo. En la persona, se da una unión en la mente con el espíritu del demonio, que la lleva a pensar muchos errores y a obrarlos.

Hay tantas filosofías, tantas teologías, tantas formas de pensar en la actualidad que son impedimento para la vida mística de muchos católicos. Son el inicio y el contrafuerte de una falsa vida mística.

Para vivir con Cristo no hace falta tanta filosofía ni tanta teología. Sólo hace falta la humildad de corazón, que hace que la mente del hombre no se apoye en ninguna idea humana, por más buena y perfecta que sea para su vida. Sólo en la Mente de Cristo no está el error, sino toda la Verdad. Y es el Espíritu de la Verdad el que nos hace penetrar esa Mente Divina.

Por eso, muchos teólogos, muchos filósofos, muchos pensadores católicos ven la herejía de Bergoglio, pero lo siguen llamando Papa. No tienen vida mística: con sus teologías, con sus pensamientos impiden que el Espíritu les lleva a conocer la Mente de Cristo, ¿qué piensa Cristo de Bergoglio?  Es su pecado de soberbia, que debe incidir en toda su vida espiritual, en la manera de vivir la gracia.

La vida espiritual, es decir, la vida de la gracia, conduce, de manera necesaria, a la vida mística. Cristo no sólo te hace hijo de Dios, no sólo te da una vida divina, sino la manera de pensar esa vida divina, la manera de obrarla, de vivirla.

Quien no purifica su corazón, su mente, de tantas ideas, filosofías, teologías, errores, entonces hace un daño a su vida de la gracia y no puede penetrar la mente de Cristo, no puede vivir la vida de Cristo, no puede tener una vida mística.

Muchos, sin teología, sin filosofía, captan a la primera lo que es Bergoglio. Cuando escuchan sus homilías, en seguida dicen: no es doctrina católica. Esta persona no es Papa. Viven sencillamente su gracia y, por eso, están unidos a la Mente de Cristo, que les enseña la verdad de todas las cosas.

La gracia es siempre una inteligencia divina que sólo se puede captar en la unión con la mente de Cristo.

Quien no viva su gracia, en los Sacramentos, no tiene una vida mística, sino una falsa vida mística.

En los falsos profetas, se puede ver esa falsa vida mística: esa mente demoniaca que va dirigiendo la mente del falso profeta.

En Bergoglio, es lo que se ve en todas sus homilías, en todos sus escritos, en todos sus discursos, aun los que parecen católicos, pero nunca lo son. Un hereje nunca puede dar un discurso católico.

El demonio siempre sabe hablar a todo hombre. Siempre sabe decir la palabra que quiere oír el hombre. Por eso, Dios dice pocas palabras, pero cuando las dice las obra en el alma.

El demonio llena de palabras la mente de los hombres, para tenerlos en su juego. Esto es lo que hace, constantemente, Bergoglio. Palabras bonitas, hermosas, para terminar diciendo su herejía de siempre.

Muchos no han aprendido a discernir las palabras de Bergoglio. Son todas heréticas:

«…el hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión, que depende de su propia voluntad» (Sto. Tomás, II-II q.5 a.3).

Bergoglio niega el primer artículo de la fe: «Y yo creo en Dios. No en un Dios católico, no existe un Dios católico, existe Dios. Y creo en Jesucristo, su encarnación. Jesús es mi maestro y mi pastor, pero Dios, el Padre, Abba, es la luz y el Creador. Este es mi Ser».

Quien no cree en el Dios católico no cree en Dios. Y si no cree en Dios, no cree en nada más: ni en Cristo, ni en la Iglesia, ni en la Cruz, ni en los Sacramentos. Sólo cree en lo que dicta su razón humana

¿Quién es Dios? Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Quien no cree en Dios como lo enseña el primer artículo de la fe, no cree en Dios. No tiene fe. Sino que tiene una opinión sobre Dios. Tiene su propio concepto de Dios: Dios es la luz, Abba, el Creador, etc…

Quien niega un artículo de fe los niega todos.

Bergoglio no habla el lenguaje de la fe, sólo puede dar su opinión sobre todos los temas de la fe, como la da cualquier hombre del mundo, cualquier pagano, cualquier cismático, cualquier hereje.

Por eso, nunca se equivoquen con Bergoglio cuando dice algo que parece católico. Sólo está dando su opinión, pero no puede enseñar la fe católica. Nunca. El pecado de herejía impide la fe. Y la herejía, en Bergoglio, es pertinaz. Dice sus herejías y continúa viviendo su vida como si nada hubiera dicho: no hay arrepentimiento. Y, por eso, Bergoglio está condenado en vida. Esto es lo que escandaliza a muchos.

El espiritual juzga de todo: como Bergoglio no hace un acto de arrepentimiento de sus herejías, sino que cada día las aumenta y las hace pública para todo el mundo, entonces va camino de condenación. Él vive como si fuera un santo, como si sus palabras fueras justas, apropiadas para todo el mundo. Como si sus obras tuvieran el sello de Dios. Bergoglio no puede ver sus pecados porque no cree en Dios. Y aquel que no cree en Dios, no puede salvarse. Vive su propia condenación en vida.

Todo el problema de Bergoglio es que está sentado en la Silla de Pedro. Por eso, se necesita algo más que un mea culpa para decir que Bergoglio se ha salvado. Bergoglio vive su propia condenación en vida, lo que él ha escogido para su vida. Y, por lo tanto, lleva a muchas almas a lo mismo: vivir condenadas en vida.

Este es el fruto del falso misticismo: vivir condenados.

El verdadero misticismo lleva a vivir la santidad de Dios. Vivir esperando el Cielo. Vivir para una felicidad que no es de este mundo. Por eso, los santos se confesaban hasta dos veces al día. Porque sabían que el pecado les impide el Cielo.

Hoy, en el falso misticismo de Bergoglio, todos se van al cielo. Es decir, todos viven su condenación ya en la tierra. Ya no se vive para convertir al otro, para salvar su alma del pecado. Se vive para comulgar con el pecado del otro. Se vive para una condenación.

Bergoglio sólo es un político que está en su negocio en la Iglesia. Por eso, buscó la unidad con Kenneth Copeland, con Palmer, que son personajes que sólo les importa el dinero, pero no la verdad del Evangelio. Copelando y Palmer predican el evangelio de la prosperidad, que es la teología de la liberación en Bergoglio, y son considerados herejes por los mismos protestantes.

Bergoglio no puede unirse con los Sprouls, Carsons, Piper y otros, que son los que siguen en todo a Calvino, a Lutero, en su herejía de la Sola Scriptura para alcanzar la justificación de la fe. Ellos preservan su doctrina protestante sin mezclarla con la idolatría y la avaricia de Palmer y de Copeland. Ellos quieren seguir el mensaje puro del Evangelio. A ellos ataca también Bergoglio. Por eso, entre los protestantes ya hay mucha división en torno a Bergoglio. Bergoglio es, para muchos de ellos, un hereje de la Sagrada Escritura, que hace sólo un comercio religioso de la Palabra de Dios.

A Bergoglio sólo le interesa la bolsa del dinero, como a Judas. Y busca a los judíos, sólo por el dinero. Y busca a los musulmanes, sólo por el dinero.

Para dar de comer a los pobres se necesita dinero. ¿Quién se lo da? Sólo vean con quién se junta Bergoglio. Y obliga a todas las diócesis a hacer lo mismo. Todo el mundo católico está buscando dinero para los malditos pobres de Bergoglio.

Ha corrido Bergoglio para implantar su gobierno horizontal, para promoverlo, para imponerlo. Los demás, como bobos, sin hacer nada en contra de ese gobierno de herejes y cismáticos. Por lo tanto, no les van a salvar las teologías  a muchos Obispos y sacerdotes con lo que viene. Su falsa obediencia a un falso papa llena su vida espiritual de un falso misticismo.

Cuanta jerarquía está ya poseída, en sus mentes, por el demonio. Y eso es lo que va a trabajar -en ellos- en lo que viene.

Van a poner una inteligencia que doblegue a todos los teólogos, a todos los canonistas, para poner un falso credo, apropiado a la falsa iglesia. Ya el primer artículo de la fe no será el Dios católico, sino el falso dios que la cabeza de cada hombre se quiera inventar. Es el dios gnóstico, propio de la masonería.

Aquel que no viva su vida de la gracia, el demonio le espera en su mente, y tendrá parte en el falso cuerpo místico del Anticristo, que es la falsa iglesia, que ya es visible en Roma y en todas las parroquias del mundo entero.

El Cardenal Burke no ataca a Bergoglio como papa

img-00003e

No hay, dentro de la Iglesia, nadie que se atreva a hablar claramente sobre lo que pasa en el Vaticano.

Es lo primero que se saca al leer la última entrevista del cardenal Burke.

Ante la confusión que trae Bergoglio a toda la Iglesia, ¿qué hay que hacer?

Estar en los problemas de cada uno: «Ahora les digo a los fieles que, si el método de enseñanza del papa Francisco les suscita confusión, lo importante es dirigirse al catecismo y a lo que siempre ha enseñado la Iglesia y enseñar eso; fomentarlo a nivel de parroquia empezando por la propia familia» Entrevista al Cardenal Burke

A nivel de parroquia se está exigiendo a todo el mundo, fieles y Jerarquía, la doctrina de Bergoglio, es decir, su comunismo que dimana de su Evangelii gaudium. Si se exige este magisterio, que no es papal, si se exige esa confusión, ¿cómo se va a fomentar la doctrina de siempre a nivel de parroquias? No entendemos este punto del Cardenal. Si el párroco está de acuerdo con la doctrina de Bergoglio, tiene que exigirla a sus parroquianos. Si el párroco tiene a Bergoglio como su papa, entonces tiene que hacer en su parroquia como su papa le enseñe.

Es muy oscuro este planteamiento de Burke. Y revela su falta de discernimiento en lo que pasa en la Iglesia.

Para el católico verdadero lo importante es seguir con la doctrina de siempre, con el catecismo, pero –además- sin tener a Bergoglio como Papa de la Iglesia. Este punto es el que no admite Burke. Si el católico verdadero hace esto, entonces el planteamiento del problema es otro: si lo que dice Bergoglio produce confusión, entonces, -simplemente-, hay que atacarlo defendiendo la verdad en la Iglesia.

Porque no se puede defender la verdad sin atacar la mentira, sin decir: Bergoglio no es Papa y, por lo tanto, su magisterio no pertenece a la Iglesia católica. A nivel de parroquia, hay que dejar esas parroquias en donde el párroco obligue a seguir ese magisterio y, por lo tanto, a tener a Bergoglio como Papa.

Esto es lo que no enseña Burke.

Los asuntos de cada día, a nivel local, tienen que ver con lo que pasa en el Vaticano. No se puede hacer una iglesia local sin atender al magisterio que sale del Vaticano. Por eso, si no se ataca al Vaticano como la raíz del problema en las iglesias locales, se está haciendo, en cada iglesia local, una utopía de iglesia.

¿Dónde está la Iglesia? Allí donde esté Pedro.

¿Quién gobierna la Iglesia? Un dictador de mentiras, un hereje, un maleante de su propia obra inmunda: Bergoglio.

Luego, la Iglesia no puede estar en la cabeza de Bergoglio. No la llevan los hombros de un hereje.

La Iglesia la cargan los santos, la gobiernan los santos, la guían los santos.

Bergoglio es un hereje; no es un santo. No pertenece a la Iglesia Católica. La Iglesia, ahora mismo, está sin cabeza en el gobierno. Tiene su cabeza en el Papa legítimo, que es Benedicto XVI hasta su muerte. Y la Iglesia tiene que imitar a Su Papa: tiene que refugiarse en la oración y en la penitencia. No tiene que estar mirando a Bergoglio, porque no es el Papa. No tiene que seguir a ninguna jerarquía, en las iglesias locales, que obedezcan a Bergoglio. Y esto es muy duro para el fiel católico, porque es quedarse solo en medio de los lobos.

Solo, batallando contra todo el mundo, que no quiere ni le importa la verdad de la Iglesia. A todo el mundo le interesa el gran juego diabólico que ha sido montado, con toda espectacularidad, en el Vaticano.

¡Qué gran teatro es el Vaticano! ¡En qué ramera se está convirtiendo! ¡Y qué pocos hay que entienden esto!

«No podemos desperdiciar energías frustrándonos por algo que consideramos que se nos debería dar y no se nos da».

Burke considera que Bergoglio nos debería dar la verdad. No ha comprendido la mente de un hereje. No ve las obras de ese hereje. No atiende al cisma que ese hereje ha levantado en el gobierno del Vaticano.

El verdadero católico considera que Bergoglio tiene que irse de la Iglesia Católica. Hay que echar a ese demente. Y todas las energías hay que gastarlas en esto. No hay que estar esperando de Bergoglio algo bueno para la Iglesia ni para la vida espiritual del alma, porque es imposible que un hereje dé la verdad a la Iglesia. Es imposible que un hereje enseñe la verdadera vida espiritual a un alma. Un hereje destruye la Iglesia. Es lo que está haciendo ese hombre, al que llaman papa, su desgraciado papa. Lo llaman papa y no lo pueden soportar. Y están hartos de lo que dice, de lo que obra. Lo llaman Papa y quieren unirse a su mente y no pueden: es una angustia la que les viene. Pero, a pesar de esa angustia, lo siguen llamando papa, lo siguen teniendo como papa.

¡Qué absurdo el de muchos católicos! ¡Qué absurda vida eclesial la que llevan!

¡Cuando todo es tan simple! Bergoglio no es papa, luego no hay unión con él. Hay batalla contra él.

Pero la gente ya no quiere luchar por la verdad. Ya no quiere desperdiciar energías para dar testimonio de Cristo en Su Iglesia. Ahora, hay que mirar a otro lado, hay que seguir con la vida de la iglesia local, sin atender a un hereje, sin luchar contra ese hereje, pero teniéndolo como papa. ¡Esto es un absurdo!

O estás con Bergoglio como papa y, por lo tanto, lo sigues en todo; o no estás con Bergoglio y, en consecuencia, lo trituras hasta que le salgan los colores de vergüenza en su cara.

Pero la gente no vive así en la Iglesia. Burke no hace esto. No ataca a Bergoglio.

«Algunos han querido interpretarlo como un ataque al papa Francisco, cuando no lo era ni mucho menos»: es su papa; Burke no puede atacar a su papa. Burke no lo ve como hereje. Por lo tanto, no hace nada para que se vaya del gobierno de la Iglesia. Nada.

Y son los Obispos, los Cardenales, los que tienen que moverse para echar a Bergoglio. Ellos son la cabeza de la Iglesia. Los sacerdotes y los fieles no son cabeza. No pueden hacer nada. Sólo hablar en contra de Bergoglio. Sólo exponer la mentira que ese hombre dice cada día. Pero no son la Iglesia.

La Iglesia es la Jerarquía: el Papa y los Obispos que se unen a él. Ellos son los que tienen el poder. Y todo el poder. Si ellos tienen a Bergoglio como papa, entonces el desastre que hay en la Iglesia es enorme.

La gente grita: Bergoglio es hereje; los Obispos callan. No lo atacan como hereje. No le hacen ver su pecado, como lo hizo san Pablo con san Pedro. Si lo tienen como Papa, imiten a san Pablo. Pero ni eso.

«Fue una pregunta hipotética que se me planteó, y me limité a decir: “No hay autoridad que pueda ordenarnos actuar contra la verdad, y además, cuando la verdad está en peligro tenemos que defenderla.” Eso fue lo que quise decir. Cuando me preguntaron qué pasaría si se promovía ese proyecto, dije: “Pues no tendremos más remedio que resistir. Ese es mi deber”».

Es el deber de Burke, de todos los Obispos, atacar a una autoridad que no da la verdad: atacar al hombre y a su magisterio. Este es el deber que ningún Obispo hace. Todos callados con Bergoglio. Todos. Y, claro, tiene que salirse por la tangente en las respuestas que da a los periodistas.

Si no hay autoridad que pueda ordenarnos a actuar contra la verdad, entonces quiten a Bergoglio como papa, porque él está obligando a toda la Iglesia, con el poder que tiene, a obrar contra la verdad, contra la fe, contra la misma iglesia.

¿Qué ha sido el acto de abominación de la Jerarquía de Chile? Es una imposición de esa autoridad a toda la Iglesia. Se impone una mentira avalada por el poder sacerdotal. Están yendo contra toda la doctrina de la Iglesia y contra toda ley divina. Y lo hacen sin ley, con el poder que tienen en su autoridad en la Iglesia. Están enseñando la maldad a mucha gente. Y lo han hecho porque Bergoglio lo ha hecho. Es el papa: lo imitan. Es la autoridad en la Iglesia que ordena, sólo con su obra, con el poder que tiene en la Iglesia, a actuar en contra de la verdad. No lo ordena con una ley, porque no existe. Lo ordena con la fuerza de su poder sacerdotal. ¡Esta es la gran abominación que hay en el Vaticano!

Burke se va por la tangente. Está en preguntas y en respuestas hipotéticas, cuando la realidad es bien clara y bien distitna. Pero nadie atiende a esta realidad. Todos están atentos a Bergoglio como papa, como su papa. ¡Es el absurdo que no entendemos!

¡Atentos a la enseñanza de un hereje! ¡Atentos al gobierno de un hereje! ¡Atentos a la vida de un hereje!

¡Qué gran absurdo!

Cuando lo que hay que hacer es combatir a ese hereje hasta que se vaya de la Iglesia o hasta que haga un acto de fe, renunciando a todas sus herejías.

Pero la Iglesia ya va por otros caminos: el de la gran apostasía.

Camino iniciado en el cisma que ha levantado Bergoglio con el gobierno horizontal. Gran cisma que lleva a la Gran Apostasía.

Por el poder sacerdotal se obra el pecado como un bien en la Iglesia.

Por la fuerza del poder de unos Cardenales, Bergoglio fue puesto como Papa. Esos cardenales actuaron, con su autoridad, en contra de la verdad. Y todos aceptaron esa mentira como verdad: aceptaron a Bergoglio como Papa. Nadie luchó contra esa obra demoniaca de esos Cardenales.

Esos Cardenales pusieron el cisma en el mismo Vaticano. Y todos agacharon la cabeza. Y, a pesar de que ven que ese hombre es un hereje, siguen con la cabeza agachada. A pesar de que conocen el cabildeo de los Cardenales antes del Cónclave, todos callan. Porque les interesa callar.

Ya la Iglesia no es como antes. Ya hace mucho que en la Iglesia se oculta la verdad. Nadie la quiere y todos se inventan sus verdades, sus nuevas y extravagantes verdades.

Ahora hay que tener a Bergoglio como papa, pero no seguir su magisterio: esta es la extravagante verdad que dice Burke y que está en la mente de muchos.

¿Para qué queréis a un Papa sin doctrina? ¿Para qué sirve eso? Si el Papa es la doctrina en la Iglesia. El Papa es la Verdad en la Iglesia.

¡Qué poco discernimiento hay en toda la alta Jerarquía de la Iglesia! ¡Cómo se ve que están atados por la estructura interna que tienen, que no les permite hablar con claridad!

«Creo que tanto en la propia casa como en la vida personal hay que aferrarse a la verdad de la fe como se la conoce, no quedarse callado, y dar a conocer al Santo Padre la honda preocupación que se tiene».

¿Cuál es la honda preocupación de Bergoglio, el santo Padre de Burke? ¿No ha sido claro, Bergoglio, en estos dos años de falso pontificado? ¿No ha sido claro en el Sínodo extraordinario? ¿No ve, -Burke-, que ve Bergoglio está en contra de toda la doctrina católica del matrimonio, de la familia? ¿Acaso, no sabe Burke, que Bergoglio sigue –en todo- la doctrina de Kasper? ¿No es la honda preocupación de Bergoglio dar a los malcasados la comunión? ¿No está preocupado Bergoglio por asuntos distintos al aborto, al matrimonio homosexual, al uso de los anticonceptivos? ¿No está en la agenda de Bergoglio que los sacerdotes se casen, que los homosexuales tengan derechos en la Iglesia, que las familias tengan pocos hijos, que la comunión se pueda dar a todo el mundo porque es alimento para los débiles, para los pecadores, para los demonios, no para los santos?

¿Pero en qué mundo vive Burke?

A un hombre que no le preocupa destruir la familia, ¿vamos a darle a conocer que no destruya la familia?

¡Este es el sin sentido de muchos católicos!

¡Qué desastre de Iglesia el que vemos en todas partes!

Burke no ve a Bergoglio como falso papa, pero no puede seguir su doctrina. Luego, está obedeciendo a un hombre sin verdad. Obedece la figura de ese hombre, lo que representa en la Iglesia. Y, de esa manera, está dando culto a esa figura, que está vacía de la verdad de Cristo. Está obedeciendo a un falso Cristo, a un falso mesías. No levanta la Iglesia de Cristo con la obediencia a la verdad, sino que la destruye con la obediencia a la mentira. Obedece a un falso papa.

Es católico decir: Francisco Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica

non e francisco

«La fe es obra del Espíritu Santo, es un don de Mi Corazón traspasado; ella exige que se confíen al plan salvífico del Padre, aun en los sufrimientos y en las pruebas…» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Yo bendigo a quienes escuchan Mi Palabra”, 10/05/1996, pág. 6) (PDF)

La fe no es la obra de la inteligencia humana, sino de la Mente de Dios en cada alma. Es lo que Dios piensa, planea. Es lo que Dios decide en Su Espíritu. Es como Dios lo ve, no como los hombres lo entienden. Po eso:

«Un corazón dividido no está hecho para Mí. Soy esposo celoso, reclamo enteramente para Mí el corazón del alma esposa. La santidad perfecta consiste en no querer rehusar nada al Amor». (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “Un corazón dividido no está hecho para Mí”, pág. 14).

Una Iglesia dividida, como la que observamos en el Vaticano, no es para Jesús. No puede serlo. En Ella no está Jesús.

La división provocada en el Sínodo por Bergoglio es signo manifiesto de las intenciones de ese hombre en Roma. Quien es de Cristo no divide a la Jerarquía como Bergoglio lo ha hecho –y lo lleva haciendo- desde que asumió su falso pontificado, en su falsa iglesia. Quien es de Cristo une a toda la Jerarquía en la Verdad, que es el mismo Cristo. ¡Esto es lo que no ha hecho Bergoglio en el Sínodo!

Si las almas leen la Palabra de Dios: «Mas aun cuando nosotros, o un ángel del cielo os evangelice fuera de lo que nosotros os hemos evangelizado, sea anatema» (Gal 1, 8); y, después, no son capaces de llamar a Bergoglio como anatema, es que no tienen fe: en ellas no se da la obra del Espíritu Santo, sino que se da la obra de su misma inteligencia humana.

Un Papa legítimo no puede enseñar una falsa doctrina, un falso evangelio. Y toda aquella alma en la Iglesia, sea fiel o sea Jerarquía, que no deseche toda novedad en la fe, por grande que sea la Autoridad de los que la quieran introducir, esa alma no tiene fe verdadera; esa alma no se confía plenamente en el plan que Dios ha puesto para salvarla; esa alma está dividida en su corazón y, por tanto, no pertenece al Corazón de Cristo, por más que comulgue diariamente.

Las almas que pertenecen a Jesús no son las que reciben, cada día, la comunión, sino las que se someten a toda la Verdad que Jesús ha enseñado en Su Iglesia. ¡Someterse a la Verdad es lo que no quiere la Iglesia actual, la que gobierna en el Vaticano!

Bergoglio enseña un evangelio del demonio, en el cual se ve claramente las ideas protestantes, comunistas y masónicas; y, en consecuencia, Bergoglio es anatema.

Y ser anatema quiere decir ser desechado con maldición, con execración y con horror: «Si alguno no ama al Señor sea anatema. Maran Atha» (1 Cor 16, 22).

«Maran Atha quiere decir: El Señor venga para ser su Juez, y para vengarse de él según su rigor» (S. Jerónimo).

Bergoglio no ama al Señor: sus obras en la Iglesia lo demuestran. Entonces, sea anatema: sea separado de la comunión del Cuerpo Místico de Cristo; sea juzgado por el Señor en cada alma de Su Cuerpo Místico. ¡Toda la Iglesia tiene el deber y el poder de juzgar a Bergoglio y a todo su clan masónico, porque no son de la Iglesia Católica!

Y si el alma en la Iglesia espera que la Jerarquía haga oficial este anatema de la Palabra de Dios para poder creer, para poder obrar, para poder decidir en la Iglesia, entonces esa alma no tiene la fe verdadera, no es católica.

En la Iglesia no se cree a la palabra de los hombres, sino a la Palabra de Dios que los hombres deben manifestar. Y si esos hombres, por más Autoridad que tengan en la Iglesia, por más sacerdotes, Obispos, Cardenales, Papas, que sean, no manifiestan, no revelan, la misma Palabra de Dios como es, la Verdad como es, sin ese leguaje ambiguo tan común en todos hoy día, no hay que obedecerles, no hay que estar esperando un comunicado oficial para decir públicamente: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica.

«Es menester obedecer a Dios que a los hombres» (Act 5, 29), que a las autoridades legítimas de la Iglesia; porque esas Autoridades, esa Jerarquía, ya no da la Verdad en la Iglesia, ya no hace caminar hacia la Verdad en la Iglesia, ya no es legítima, porque está siguiendo la doctrina de un hereje, de un anatematizado por la Palabra de Dios. Esa Jerarquía se anatematiza, se excluye ella misma de la Iglesia, obedeciendo a un hereje.

Si el fiel de la Iglesia lee en la Bula «Cum ex apostolatus officio», de Paulo IV: «si en algún tiempo aconteciese que un Obispo… o electo Pontífice Romano que antes de su promoción al Cardenalato o asunción al Pontificado, se hubiese desviado de la Fe Católica, o hubiese caído en herejía, o incurrido en cisma, o lo hubiese suscitado o cometido, la promoción o la asunción, incluso si ésta hubiera ocurrido con el acuerdo unánime de todos los Cardenales, es nula, inválida y sin ningún efecto…»; y, después, sigue llamando a Bergoglio como Papa, sigue diciendo a Bergoglio: gracias por habernos beatificado al Papa Pablo VI; es que, sencillamente, ese fiel no tiene la fe verdadera, no es de la Iglesia Católica, no es católico.

Porque la palabra de un Papa legítimo en la Iglesia es la Palabra del mismo Cristo, Cabeza Invisible de la Iglesia. Y si el alma no obedece lo que un Papa ha enseñado a la Iglesia sobre un falso Papa, sobre un electo Romano Pontífice que, desviado de la fe católica, falsamente gobierna la Iglesia; y está esperando que alguien en la Jerarquía diga oficialmente que los actos de Bergoglio en la Iglesia son inválidos y, por lo tanto, Pablo VI no está beatificado, es que, sencillamente, no tiene fe verdadera. Tiene, como muchos, una fe intelectual, que le impide al Espíritu Santo obrar en esa alma el don de la fe.

Ya Paulo IV ha manifestado oficialmente que Bergoglio no es Papa en la Iglesia Católica. ¿Por qué están esperando otro acto oficial de la Jerarquía? ¿No les basta ese? ¿Por qué no obedecen al Papa Paulo IV? ¿Es que sus palabras, su documento, ya no vale para este tiempo de la historia del hombre? ¿Es que han quedado anticuadas? ¿Es que ya no es el lenguaje políticamente correcto?

«…el que sea desobediente a Cristo en la tierra, que hace las veces de Cristo en el cielo, no tendrá parte en el fruto de la Sangre del Hijo de Dios» (Sta. Catalina de Sena – Carta 207, I, 435, Epistolario, di V. Mattini, Ed. Paoline, Alba 1966). La Iglesia está desobedeciendo a lo que un Papa, un Vicario de Cristo, ha enseñado en la Iglesia. No puede salvarse. No tiene parte en el fruto de la Sangre de Cristo.

A todos aquellos que critican y difaman a todos los Papas, sobre todo desde Juan XXIII: «Lo que le hacemos a él, se lo hacemos al Cristo del Cielo, sea reverencia, sea vituperio lo que hacemos». (Carta 28, I, 549). Si se llama a Juan Pablo II hereje, estamos llamando a Cristo hereje en su misma Iglesia. Y ¿piensas salvarte llamando a Cristo hereje en Su Iglesia? Y ¿pretendes salvarte llamando a Bergoglio como Vicario de Cristo? ¿Con una blasfemia a Cristo quieres ir al Cielo?

«Yo os digo que Dios lo quiere y así lo tiene mandado: que aunque los Pastores y el Cristo en la tierra fuesen demonios encarnados y no un padre bueno y benigno, nos conviene ser súbditos y obediente a él, no por sí mismos (non per loro in quanto loro), sino por obediencia a Dios, como Vicario de Cristo» (Carta 407, I, 436). Todos esos que no pueden tragar a los Papas, desde Juan XXIII hasta el mismo Benedicto XVI, no pertenecen a la Iglesia Católica. No pueden salvarse. Se es Iglesia porque se obedece a un Papa legítimo, aunque sea un demonio encarnado.

¡Qué pocos han entendido la obediencia a los Papas después del concilio Vaticano II! ¡Qué pocos! ¡Cómo está la Iglesia actualmente de dividida en su interior!

En la Iglesia no nos casamos con ningún Papa: nos casamos con Cristo. Nos unimos a Cristo, a Su Mente. Y aquella Jerarquía de la Iglesia que no dé la misma Mente de Cristo, que todos los Papas legítimos han manifestado – y eso no cambia, es inmutable, es para siempre, para todo tiempo- , no es Jerarquía de la Iglesia, no hay que seguirla, porque no lleva al alma, a la Iglesia, a vivir la fe en Cristo, a vivir la Mente de Cristo, sino que la hace esperar a un pronunciamiento de los hombres.

Así andan muchos en la Iglesia: tienen una fe colgada de la mente de los hombres: lo que diga la Jerarquía. Si la Jerarquía calla, entonces hay que seguir llamando a Bergoglio como Santo Padre, porque los hombres lo han sentado en ese Trono y le han puesto ese título de honor. ¡Y hay que respetar eso, hay que obedecer eso! ¡Formas externas de obediencia es lo que hay en muchos católicos! Pero no se da la obediencia a la Verdad porque, para eso, hay que someter la mente humana a toda la Verdad, que ningún hombre sabe dar.

Si te unes a Bergoglio haces comunión con toda la iglesia de Bergoglio; y ya te no puedes salvar. No hay salvación con un hereje. Hay salvación con un Papa legítimo, aunque sea un demonio encarnado.

La fe es la obra del Espíritu Santo en el alma; no es la obra de la mente del hombre: no hay que llamar a Bergoglio como falso Papa cuando la Jerarquía lo llame. ¡Este es el error de muchos!

La fe es un don de Dios al alma, no es un don de la mente de la Jerarquía al fiel de la Iglesia. No es cuando la Jerarquía decida, es cuando Dios dice.

Es católico decir: Francisco Bergoglio no es Papa de la Iglesia Católica.

Es católico decir: Francisco Bergoglio es anatema en la Iglesia Católica.

Es católico decir: todos los actos de Bergoglio en el gobierno de la Iglesia Católica son ilícitos e inválidos.

Esto es lo que mucha gente, muchos intelectuales, callan. Esto lo calla toda la Jerarquía de la Iglesia.

O la Iglesia se pone en la Verdad – y la Verdad nace sólo de la Mente de Dios- o la Iglesia vive su mentira; y obra la herejía y el cisma obedeciendo a un hereje y un cismático, como es Bergoglio.

Si el dogma de la Iglesia dice: un Papa gobierna la Iglesia en vertical; ¿cómo es que puedes obedecer a un hombre que gobierna la Iglesia en horizontal? ¿Cuál es tu fe si en la Iglesia sólo puede darse un gobierno vertical en Pedro?

Muchos desconocen el dogma: las implicaciones del dogma, sus exigencias, sus obligaciones.

En la Iglesia Católica todo miembro está obligado a obedecer a un Papa, porque debajo del Papa se encuentran todos. No hay nadie que se pueda poner por encima del Papa o a su misma altura. Entonces, Bergoglio ha puesto un gobierno horizontal y, por lo tanto, no puede nunca estar gobernando la Iglesia Católica. ¿Por qué lo llamas Papa si ha anulado el dogma del Papado con su gobierno horizontal?

¿Cuál es la fe de muchos en la Iglesia? Fe a las formas externas, pero no fe a la Verdad Revelada.

Desde el momento en que Bergoglio decidió poner su gobierno horizontal: se acabó la obediencia en la Iglesia. No sólo a él, que es el líder, sino a toda la Jerarquía que le obedece.

Ya Bergoglio no puede nunca continuar la obra del Papado en la Iglesia. Nunca. Porque la gobierna con la horizontalidad. Por tanto, ha puesto la piedra del cisma con ese gobierno. Y está levantando su nueva iglesia. Y no hay manera de que esa nueva iglesia sea la de Jesús: porque no tiene a Pedro en la verticalidad. Tiene a un dictador, un falso Pedro, en la horizontalidad. Luego, no es posible la obediencia y todos los actos de Bergoglio y los de la misma Jerarquía son nulos.

Consecuencia: no esperan una nota oficial del Vaticano diciendo que Bergoglio no es Papa. ¡Nunca se va dar!

«Vestíos toda la armadura de Dios» (Ef 6, 11): la armadura son las virtudes necesarias para combatir contra nuestros enemigos, y defendernos de todas sus emboscadas: la fe, la esperanza y la caridad.

Quien no vista su corazón de fe no podrá combatir contra Bergoglio y su clan masónico. No podrá. Sino que le hará el juego de los hombres, que es lo que se ve en todas partes.

«Ceñíos vuestros lomos en la Verdad» (v. 14): arma poderosa contra el padre de la mentira es la rectitud, la sinceridad en el obrar, el vivir obedeciendo a una norma de moralidad, a una ley Eterna, a un dogma, que ninguna mente humana puede cambiar. Si la existencia del hombre no cabalga, no se rodea de la pura Verdad, la Verdad Absoluta, entonces el hombre sólo vive para su mentira, y es lo que obra siempre en su vida.

Esa iglesia del Vaticano es una obra de la mentira, del engaño, del fracaso del hombre.

«Sobre todo embrazando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos encendidos del maligno» (v. 16): si estás llamando a Bergoglio como Papa, si lo estás obedeciendo, entonces, ¿cómo pretendes ganar la batalla contra el demonio en la Iglesia? Es imposible, porque un reino, en sí mismo, dividido, no podrá subsistir por mucho tiempo.

«Todo reino en sí dividido será desolado, y toda ciudad o casa en sí dividida no subsistirá» (Mt 12, 26). ¡No puede subsistir lo que ha creado Bergoglio en el Vaticano! Y aquel que obedezca esa estructura externa de iglesia no puede salvarse nunca.

¿Cómo es que sigues rezando por Bergoglio?

«Además los herejes y cismáticos están sujetos a la censura de la mayor excomulgación por la ley del Can. “De Liguribus” (23, quest. 5), y de Can. “Nulli” (5, dist. 19). Pero los sagrados cánones de la Iglesia prohíben la oración pública por los excomulgados, como se puede ver en el capítulo “A Nobis” (cap. 4, n. 2), y cap. “Sacris,De Sententia Excomunicationis”. Aunque esto no prohíbe la oración para su conversión, aun así tales oraciones no pueden tomar forma por proclamar sus nombres en la oración solemne durante el Sacrificio de la Misa» (Papa Benedicto XIV, Ex Quo Primum # 23, 1 de marzo 1756).

Un Papa está prohibiendo la oración pública por una persona que sea hereje, que haya caído en el anatema, en la excomunión. Y, por tanto, no se puede pedir por las intenciones del Papa, si ese Papa se refiere a Bergoglio. No se puede nombrar a Bergoglio en las santas Misas. Se comete un pecado de sacrilegio, porque no se da a culto verdadero al Dios en el Sacrifico de la Misa o en las oraciones litúrgicas que se hacen en la Iglesia.

Nombrar en la oración al Papa legítimo es alabar, nombrar,  a Cristo en Su Iglesia. Pero nombrar a un hereje, a un cismático, a un apóstata de la fe, es llamar a todo el infierno para que se haga presente en esa oración, en esa santa misa.

«Por esta razón, el obispo de Constantinopla, Juan, declaró solemnemente – y después todo el octavo Concilio Ecuménico hizo lo mismo – «que los nombres de los que fueron separados de la comunión con la Iglesia católica, es decir, de aquellos que no quisieron estar de acuerdo con la Sede Apostólica con todo los asuntos, no deben ser nombrados durante los sagrados misterios» (Papa Pio IX, Quartus Supra # 9, 6 de enero de 1873).

Mucha gente ora por «nuestro amado papa Francisco»: esto es una abominación en la Iglesia Católica. Oren por su conversión: para que deje lo que está haciendo y se vaya a un convento a expiar sus negros pecados. Pero no oren para que lo haga bien en la Iglesia.

Por quien hay que rezar es por el verdadero Papa, Benedicto XVI, y clamar como lo hacía Santa Catalina, para que corresponda a las llamadas de Cristo en el Cielo:

«Abre los ojos de tu Vicario en la tierra para que no te ame a Ti por sí, ni a sí mismo por sí, sino que te ame a Ti por Ti y a sí mismo por Ti; porque cuando te ama a Ti por sí, todos padecemos, ya que en él están nuestra vida y nuestra muerte, y tiene él el cuidado de recogernos a nosotros, ovejas que perecemos. Si se ama a sí mismo por Ti y a Ti por Ti, vivimos, porque del Buen Pastor recibimos ejemplo de vida» (Elevazioni, 1; Morta, 569).

La fe no es un acto racional en la Iglesia, sino que es la obra, es un acto del Espíritu santo, que sólo se puede dar en las almas humildes, en aquellas que han puesto su mente en el suelo y que son capaces de llamar a cada cosa por su nombre.

«el racionalismo ha hecho de Mi Iglesia un destierro, la ha convertido en ruinas donde las serpientes se han anidado. Mis almas sacerdotales reprimen hoy a Mis elegidos, bloquean el camino con su escepticismo, sus dudas, su hipocresía y esto Me hace sufrir» (La puerta del cielo – Catalina Rivas- “El racionalismo ha hecho de la Iglesia un desierto”, 20/07/1996, pág. 23).

En la Iglesia no se busca la unión con el Papa, sino la Verdad en el Papa

iglesiaecumenica2

«La situación es gravísima y no soy yo el primero en advertir que, desgraciadamente, estamos frente al peligro de un gran cisma. Exactamente lo que el Señor y su Santísima Madre nos han prevenido en apariciones reconocidas y aprobadas por la autoridad de la Iglesia» (ver texto).

Palabras sabias de un Obispo que lleva su cruz en su ministerio. Un Obispo que todavía da su obediencia a un impostor, pero que es claro en su razonamiento:

1. Situación gravísima;

2. Estamos frente a un gran cisma;

3. Ha sido la Virgen la que en sus apariciones ha revelado a la Iglesia este gran cisma en el pasado.

Estas palabras no son propias de la Jerarquía de la Iglesia, sino de un alma que cree, a pesar de ver el mal dentro de toda la Jerarquía.

La Jerarquía de la Iglesia se ha hecho masa y ya no tiene la libertad de declarar la verdad. Tiene miedo de dar testimonio de la Verdad, que es siempre Cristo, la Mente de Cristo, porque es necesario oponerse a la mente de los hombres: del Papa, de los cardenales, de los Obispos, de los sacerdotes. Y esto es difícil en la Iglesia. Muy difícil, porque toda la Jerarquía acaba cometiendo el mismo pecado de los fariseos: se apoyan en sus leyes para guiar la Iglesia, que es apoyarse en sus mentes humanas, en sus lenguajes humanos, pero no en la Verdad sencilla y clara de la Mente de Cristo. Ya no van a la ley de la gracia, sino que la tumban con todos sus legalismos y formas teológicas.

Existe este miedo. Y es sólo por una razón, que es falsa: la obediencia a un hombre. Nadie ha comprendido lo que es la Obediencia a la Jerarquía de la Iglesia. Ni siquiera los mismos jerarcas de la Iglesia.

Cristo ha puesto Su Iglesia en la persona de Pedro: no en su fe, no en su mente humana, no en sus obras humanas, no en su vida humana.

Este es el Misterio de la Iglesia: fundada en la persona de Pedro. En la persona humana de Pedro.

Jesús pone la Verdad de Su Iglesia sobre un hombre; porque Él tiene que ser Cabeza, pero desde el Cielo, no en la tierra.

Aquí en la tierra necesita a un hombre. Y Jesús elige a esa persona que va a llevar, en sus hombros, la carga de toda la Iglesia, que es una carga espiritual, nunca humana, ni natural, ni material.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra, edificaré Mi Iglesia» (Mt 16,18).

1. Jesús, de forma inmediata, hace la promesa a la persona misma de Pedro, sin ningún intermediario: ni los Apóstoles, ni la Iglesia, ni los Santos, ni los Profetas: «Tú eres Pedro» (v. 18a).

2. Y esto lo da el Señor por las palabras del mismo Pedro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (v. 16)

3. Palabras de Pedro, que no son de él, sino reveladas por Dios: «Bienaventurado eres, Simón Bar Joná… porque te lo ha revelado Mi Padre». (Mt 16, 17a)

Jesús edifica Su Iglesia en la Revelación del Padre a Pedro, porque la Iglesia es Divina. No nace de una fe humana, ni de una idea humana, ni de un sentir social o político: «no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado» (v. 17b).

La Iglesia es una Obra Divina. Y es necesario que el Padre revele esa Obra a una persona humana para poder comenzar su Iglesia en la tierra: «sino Mi Padre, que está en los Cielos» (v. 17c)

El Padre revela a Pedro, que Jesús es Su Hijo, el Mesías, el que los judíos estaban esperando. Le revela dos cosas:

a. ser el Mesías;

b. ser el Hijo del Padre.

Una cosa no lleva a la otra. Los judíos sólo esperaban al Mesías, pero no sabían que éste era el Hijo del Padre. Este último dato es por Revelación Divina al hombre. Y esto se produce aquí en el momento en que Jesús da a Pedro la promesa de la Iglesia.

Este dato sólo es conocido por Pedro, no por Sus Apóstoles. Ningún discípulo dice lo de Pedro, porque sólo el Padre se ha revelado a Pedro: «¿Quién dice los hombres que es el Hijo del Hombre?» Unos, que Juan el Bautista; otros que Elías; otro que Jeremías u otro de los profetas» (v. 13c).

La Iglesia comienza en una Revelación Divina a Pedro, que es Su Cabeza Visible.

Y comienza cuando Pedro revela que Jesús, no es sólo el Mesías, sino el mismo Dios, el Hijo del Dios vivo. Porque quien obra la Iglesia es Jesús, que no es sólo un hombre, sino que es Dios en el hombre. Las obras divinas las hace el mismo Dios.

La obra divina de la Iglesia la hace el mismo Jesús, que es Dios. No la hace un hombre. Y Jesús pone esa obra divina, Su Iglesia, sobre los hombros de una persona humana, Pedro.

Y esto significa una sola cosa: que el Papa legítimo es siempre infalible en la Iglesia.

Esto es muy importante de entender para ver que nadie en la Iglesia puede nunca poner un Papa ilegítimo. Si alguien lo pone es siempre haciendo daño al Papa legítimo (= esos son todos los antipapas, eso es Bergoglio, que para alcanzar el Trono anuló al Papa legítimo).

Jesús nunca puede poner la Iglesia en un hombre que sea falible, que lleve a la Iglesia hacia la ruina, hacia el cisma, hacia la apostasía de la fe. Nunca.

Jesús pone la Iglesia en un hombre pecador, pero no falible. Un hombre que dice la Verdad: «Tú eres el Hijo de Dios». Sobre esa Verdad Revelada por el Padre y aceptada por Pedro, Jesús levanta Su Iglesia.

Cuando Jesús elige a Pedro está diciendo que sobre él está toda la fuerza de Dios para que la Iglesia no se desvíe de su camino. Que en Pedro está toda la sabiduría divina para combatir cualquier error. Que en Pedro están todas las gracias para llevar a las almas, que forman el Cuerpo Místico de Cristo, hacia la salvación y la santidad.

Este es el don de la infalibilidad, que actúa a pesar de que Pedro sea pecador.

Jesús pone Su Iglesia sobre la persona de Pedro y le da todo lo que necesita para obrar lo que Dios quiere en Ella: «Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos» (v. 19).

Por tanto, en la Iglesia la obediencia es siempre a la Verdad.

Pedro obedece la Verdad recibida del Padre y Jesús le da la gracia del Papado.

Todo fiel en la Iglesia tiene que obedecer la Verdad que todo Papa legítimo da a la Iglesia. Porque el Papa legítimo es la Voz de Cristo, el Vicario de Cristo, otro Cristo en la tierra. Y obedeciendo esa Verdad, los fieles reciben una gracia divina.

Cuando un Papa legítimo habla, siempre da la verdad. Siempre. Esto es el dogma del Papado.

Por consiguiente, estamos en la Iglesia para buscar la Verdad, no para buscar la unidad con el Papa o la Jerarquía. Sólo el que busca la Verdad encuentra la unidad, produce la unidad, la obra. Pero quien se empeña en buscar la unidad, no puede encontrar nunca la verdad.

Todos aquellos que dicen que Bergoglio es Papa se equivocan por una cosa: quieren buscar la unidad con la cabeza, pero han dejado de buscar la verdad en la cabeza. Este es el error de mucha Jerarquía y de muchos fieles en la Iglesia.

En la Iglesia no estamos para unirnos al Papa, sino para obedecer -en Él- la Verdad que le revela Jesús, que es la Cabeza de la Iglesia. Este es el sentido de la obediencia al Papa.

Se obedece al Papa legítimo porque nos da la Verdad, que es Cristo.

No se puede obedecer a un hombre que da un lenguaje humano, pero carente de la Verdad, como es Bergoglio. No se le puede obedecer, porque en la boca de Bergoglio no está la Verdad. Jesús no le revela su Mente. Y, por tanto, lo que dice ese hombre es de su cosecha: de su mente humana.

Aquella Jerarquía de la Iglesia que no dé la Mente de Cristo, no es posible hacer unión con Ella. No hay sometimiento a Ella. Es imposible unir verdad y mentira. Es imposible unir mentira con mentira. Sólo la unión se hace en la verdad: verdad con verdad.

En la Iglesia no tienen que buscar la unión con sus sacerdotes u Obispos u Cardenales. En la Iglesia tienen que buscar la verdad en sus sacerdotes, etc… Y si no me dan la Verdad, hay que decirles: ahí os quedáis: no sois otros Cristos.

Esto cuesta entenderlo a todos.

La Iglesia no es la unión de fieles: es el Cuerpo Místico de Cristo. Cada alma se une místicamente a Cristo. Y sólo es posible esa unión cuando el alma acepta de Cristo, como lo hizo San Pedro, la Verdad Revelada, el dogma.

Toda aquella Jerarquía que se sale del dogma, ya no está unida a Cristo, por más que se vistan como sacerdotes, por más que prediquen desde el púlpito, por más que digan que Bergoglio es el Papa y que sigo creyendo que la Iglesia fundada por Jesucristo sobre el cimiento de los Apóstoles es la verdadera y que los poderes del infierno no prevalecerán contra ella.

Esto es lo que la gente dice, y gente que pertenece a la Jerarquía de la Iglesia. Y dicen esto por la falsa obediencia: hay que hacer unión con el Papa. Esta es la falsa obediencia.

La obediencia en la Iglesia funciona cuando el Papa da la Verdad. Como hay que obedecer a la Verdad, entonces se hace la unión de todos en esa Verdad, que el Papa enseña. Todos unidos en el dogma. Fuera del dogma no es posible la unión, la unidad.

Pero la obediencia en la Iglesia no funciona cuando un hombre no da la verdad: “Dios no existe”, “Jesús no es un Espíritu”, ”el pecado no es una mancha en el alma”… ¿Quién puede obedecer eso? Nadie. Entonces, por lógica humana, por dos dedos de frente, hay que cuestionar las palabras de Bergoglio. Y no unirse a él, porque no da la Verdad.

Si no da la Verdad, no se puede obedecer a la mentira que dice, ni a su mente. Porque si se obedece, automáticamente, se está en pecado mortal.

En la Iglesia no se obedece a la mentira, a un hombre que da la mentira. No es posible.

En la Iglesia no se puede buscar la unidad con un hombre que da la mentira. No es posible.

Porque quien da la mentira, divide, no une. Sólo el que da la Verdad produce la unión.

Esto es lo que mucha gente no tiene claro en la Iglesia: la obediencia.

¿Qué es obedecer a Pedro? ¿Qué es obedecer a la Jerarquía?

Jesús ha puesto Su Pedro para edificar Su Iglesia: «sobre esta piedra» (v. 18b): sobre la sucesión de Pedro: «edificaré Mi Iglesia» (v. 18c). Cada Sucesor de Pedro da la verdad, que es Cristo. Ninguno da la mentira, porque la Iglesia sólo se edifica en la Verdad; en Cristo, que es la Verdad.

Cuando un Papa legítimo está sentado en la Silla de Pedro, entonces la Iglesia no puede temer nada. Porque ese Sucesor de Pedro va a dar siempre la Verdad, a pesar de todo lo demás. A pesar de toda la crisis que hemos visto en 50 años, ha habido un Papa legítimo que ha sostenido la Iglesia en la Verdad, en el dogma. Ha enseñado la Verdad, ha guiado en la Verdad, ha dado los instrumentos a las almas para que puedan salvarse y santificarse, que es la ley suprema de la Iglesia.

Por eso, no se puede cuestionar a ningún Papa legítimo, a pesar del pecado que pueda verse en algunos de ellos. A pesar de ese pecado, han sido infalibles, que es donde la Iglesia se levanta: en la infalibilidad de la Verdad Revelada a Pedro: «Tu eres el Hijo de Dios»: Tú eres la Verdad.

Pero cuando un falso Papa se sienta sobre la Silla de Pedro, entonces la Iglesia tiene que temer, porque ese falso Papa no es custodio de la verdad, no la defiende, no une en la Verdad.

¿Acaso Bergoglio une en la verdad diciendo mentiras? ¿Es posible eso? No es posible. Entonces ¿por qué le llaman Papa? ¿Para no crear división en la Iglesia? ¿Pero no se dan cuenta de que el mismo Bergoglio, con sus mentiras, ya está creando la división, el cisma? ¿Cómo es que no tienen inteligencia para ver esto tanta Jerarquía, que sólo dice esto: sigo obedeciendo a Bergoglio para no dividir más la Iglesia? Con esto la Jerarquía de la Iglesia se llena la boca. Gente sin discernimiento, que sólo está en la Iglesia para hacer unidad con un hereje.

¿Qué hacen en el Sínodo? Buscan la unidad con ese hombre, pero no buscan la Verdad.

¿Qué ha hecho ese hereje en el Sínodo? Quitar el latín.¿Quitar el latín es una verdad o una mentira en la Iglesia?

Que manda la Iglesia:

«Dado que toda la Iglesia tiene que depender de la Iglesia Romana y que los Sumos Pontífices tienen verdadera potestad episcopal, ordinaria e inmediata, no solamente sobre todas y cada una de las iglesias, sino también sobre todos y cada uno de los Pastores y fieles de todos los ritos, pueblos y lenguas, resulta como consecuencia que el instrumento de mutua comunicación debe ser universal y uniforme sobre todo entre la Santa Sede y las diferentes Iglesias del mismo rito latino.

Por lo tanto, los Romanos Pontífices cuando quieren instruir a los pueblos católicos, lo mismo que los Ministerios de la Curia Romana en la resolución de asuntos y en la redacción de decretos que afectan a toda la comunidad de los fieles, usan siempre la lengua latina, por ser ésta aceptada y grata a todos los pueblos como voz de la madre común» (Juan XXIII – Constitución Apostólica Veterum Sapientia: “Renacimiento, estudio y uso del latín” (1962)).

Juan Pablo II, Benedicto XVI siguieron lo que este Papa mandó en la Iglesia, porque ellos son los continuadores del Espíritu de Pedro, son los Sucesores legítimos de Pedro. Y nunca un Papa legítimo anula la obra de otro Papa legítimo. La concluye, la perfecciona, pero no la anula. La sigue. Sigue el latín y punto.

¿Qué ha hecho Bergoglio? ¿Ha continuado con la obra de los otros Papas? No. ¿Y por qué no? Porque no tiene el Espíritu de Pedro, no es el Sucesor de Pedro, no es el Papa de la Iglesia Católica, no puede dar la Verdad a la Iglesia. La Verdad, que es la Mente de Cristo. Da, en cambio, sus verdades, sus ideas locas a todo el mundo.

Bergoglio prepara el camino para el Anticristo: «El, el Anticristo, hablará muchos idiomas, pero ni una sola palabra de Latín provendrá de sus labios» (MDM – 9 de diciembre del 2013). Bergoglio no sabe ni una palabra del latín.

¿Y qué quieren hacer en el Sínodo, como primera cosa? ¿Qué discutieron los Obispos lo primero? ¿Cuál fue el primer punto clave que hablaron esos Obispos?

La comunicación del lenguaje humano: ya no dan la verdad, sino su lenguaje. Cómo hacer más atractiva la doctrina sin condenar a nadie.

El lenguaje humano es el cisma en la Iglesia.

“Hay que estar unidos a Bergoglio porque es el Papa”: este es el lenguaje humano que crea cisma, división en toda la Iglesia.

¿Cómo me puedo unir a un mentiroso, a un loco, a un hereje, a uno que dice que «el diablo jamás deja de tentarnos porque tiene paciencia»? (ver texto). No lo entendemos. No podemos aceptar este lenguaje.

Un Papa verdadero dice que el demonio no deja de tentarnos porque tiene malicia, porque es matador de hombres, porque su obra es destruir al hombre.

Pero un Papa legítimo nunca pone la virtud de la paciencia en el demonio. Nunca. El demonio no tiene paciencia. El demonio no es virtuoso. El demonio no espera por una virtud, sino por un vicio, por un mal, por un pecado.

Un falso Papa predica como lo hace Bergoglio, porque no tiene el don de la infalibilidad. Sólo dice lo que hay en su mente humana, que es siempre mentiroso, porque todo hombre es mentiroso por naturaleza. Nace así porque nace en el pecado original, nace en la mentira de su vida. Nace sin la Gracia, que es cómo Dios creó al hombre: lo creó naturalmente en Gracia.

¿Cómo podemos buscar la unidad con un hombre así que ha perdido el juicio, que no sabe hablar, que no indica el camino de la salvación ni de la santificación a las almas?

¡Por favor, tengan dos dedos de frente cuando se trata de obedecer a un hombre!

En la Iglesia nunca se da la obediencia a la mente del hombre: así sea Papa, sacerdote, Obispo, Cardenal. Se da la obediencia a la verdad, a la Mente de Cristo, que la Jerarquía tiene que dar.

Y, por eso, toda la Jerarquía tiene el deber y la obligación de dar la misma Mente de Cristo. Y si no trabajan en eso, si se reúnen, como es en este Sínodo, para dar sus lenguajes humanos, entonces no se hace unión con ellos. No es posible. Porque en ese lenguaje humano, no aparece la sencilla Verdad.

No puede aparecer.

No se resuelven los problemas espirituales con la ley de la gradualidad, como quieren en el Sínodo, sino con la ley de la gracia, que es lo que la Iglesia ha enseñado siempre. La ley de la gradualidad no existe en la norma de moralidad, Es un invento de la Jerarquía modernista que ha introducido ese lenguaje humano para anular la verdad de la ley moral, para anular la moralidad. Sólo hay gradualidad, no moralidad.

«Sepan que solo la Verdad es aceptable a Dios. Los intentos de apaciguarlo caerán en oídos sordos. Dios nunca aceptará mentiras. Nada, no importa cuán bien estas hayan sido disfrazadas y redactadas en un lenguaje hermoso, que promueve nuevos conceptos en el Cristianismo, y la aceptación y la tolerancia del pecado, será aceptado a los Ojos del Dios que Todo lo Ve. El nunca aceptará nuevas leyes, que minimizan los Sacramentos, trasmitidos por Mí, Jesucristo, el Salvador del Mundo» (MDM – 15 de febrero del 2013)

Sólo la Verdad es agradable a Dios, no el lenguaje humano carente de la verdad.

Sólo el que es de Cristo puede dar la Verdad. Sólo el que está unido a Cristo por la Gracia, el que es fiel a la Gracia, es el que testimonia, con sus palabras y con su vida, la Verdad.

Pero aquel que no es fiel a la Gracia, sino que es sólo fiel a su lenguaje humano: “vamos a unirnos al Papa de turno para ser Iglesia”; ése acaba en lo más profundo del infierno. Porque en la Iglesia no se busca la unión con el Papa, sino la verdad en el Papa.

«Las mentiras, que ya han comenzado, son formuladas en un lenguaje de apariencia humilde, pero disfrazan las más grandes mentiras contra la Verdadera doctrina de la Iglesia. Conózcanlas por lo que son: enviadas para engatusarlos a ustedes a cometer pecado» (MDM – 23 de junio del 2013)

Sin la obediencia a un Papa, todo está maldito en la Iglesia

iglesia2

«Yo os digo que Dios lo quiere y así lo tiene mandado: que aunque los Pastores y el Cristo en la tierra fuesen demonios encarnados y no un padre bueno y benigno, nos conviene ser súbditos y obedientes a él, no por sí mismos (no por ellos en cuanto ellos), sino por obediencia a Dios, como Vicario de Cristo» (Sta. Catalina de Sena – Carta 407, I, 436).

Un Papa legítimo tiene el Poder de Dios para guiar la Iglesia. Y su pecado no anula este Poder Divino. Y aunque sea un demonio encarnado, sigue teniendo la Autoridad en la Iglesia; y, por tanto, hay que obedecer, hay que someterse a Su Pontificado en la Iglesia. Y hay que dar obediencia por ser el Vicario de Cristo, no porque sea un hombre que tiene un pecado o porque sea santo.

A todos aquellos que critican a todos los Papas: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI, y no los obedecen, están fuera de la Iglesia Católica. Se obedece a un Papa porque tiene la Autoridad de Dios, por obediencia a Dios que ha puesto -en ese hombre- Su Poder, Su Autoridad Divina. No se obedece a un Papa porque se sienta en la Silla de Pedro. Sentarse en el Trono de Dios no es un honor sino un Poder Divino, una Gracia que trae consigo, para toda la Iglesia, la bendición de Dios.

Por lo tanto, no se puede obedecer a un hombre, que se llame Papa y no tenga esa Autoridad Divina, como es Francisco. Francisco es una maldición para toda la Iglesia. Obedecerle es condenarse. Sólo se obedece a quien posee la Autoridad Divina, al que tiene el Primado de Jurisdicción en la Iglesia: Benedicto XVI, y todos los Papas anteriores a él.

El Primado de Jurisdicción pasa a todos los sucesores por la muerte del Papa, no por su renuncia, porque es una gracia lo que tiene el sucesor de Pedro, no es un título humano. Y aunque el Papa legítimo sea un demonio encarnado, hay que obedecerle. Para ser Iglesia hay que ser del Papa, hay que estar con el Papa, hay que obedecer al Papa. Y, por eso, para ser Iglesia, con un hombre que no es Papa, que ha usurpado el Papado, hay que ir en contra de él, en contra de toda la Jerarquía que lo apoye, que le obedezca, hay que escupirle continuamente en la cara y recordarle su negro pecado. No se puede ser Iglesia con un falso Papa, con un antipapa, como lo es ese señor que han puesto los Cardenales en Roma y que lo llaman Papa sin serlo. La Iglesia no está en Francisco: ni en lo que dice, ni en lo que obra, ni en lo que declara, ni en nada de lo que gobierna. La Iglesia está en el Papa Benedicto XVI porque en él está el poder de Dios. Esta Verdad nadie en Roma la sigue ni le interesa. Y la Jerarquía de la Iglesia anda con una venda en los ojos, porque se han olvidado de lo que es un Papa en la Iglesia. A ellos también les da igual quién esté sentado en la Silla de Pedro.

La dificultad para muchos con los Papas es ver una doctrina, desde el Concilio Vaticano II, que no es la de la fe católica. Una doctrina que crea confusión en las almas. Y, entonces, llaman herejes a todo el mundo. Y lo anulan todo: los Sacramentos, el Papado y la Iglesia. Y no han comprendido lo que es la Autoridad de Dios en la Iglesia. La dificultad en la Iglesia, para muchos, es la obediencia al Papa. Nadie ha sabido obedecer a los Papas reinantes desde Juan XXIII y se han descarrilado con la doctrina. Y, por eso, nadie sabe oponerse a un antipapa, a un falso papa, como es Francisco. No han sabido discernir lo que es un Papa: quedan ciegos para ver a un antipapa, para reconocerlo como lo que es: un destructor, un traidor, un usurpador.

Si hubieran obedecido a los Papas, a pesar de la doctrina que se sacaba, entonces hubieran comprendido esa doctrina y habrían cogido lo que sirve y desechado lo que no sirve: «Carísimos, no creáis a cualquier espíritu, sino examinad los espíritus si son de Dios» (1 Jn 4, 1). Si no hay obediencia a un Papa, la Jerarquía, los fieles no son capaces de discernir los documentos que la Iglesia saca. Y tampoco saben discernir a los verdaderos sacerdotes, fieles, de los falsos. Y esa ceguera les impide juzgar rectamente lo que viene del Papa legítimo, que es siempre verdadero, porque tiene el Poder de Dios, es infalible en su juicio, y lo que viene de los Obispos, Cardenales, que ocultamente desobedecen al Papa y sacan documentos que parecen del Magisterio de la Iglesia, pero que no lo son. «Probadlo todo y quedaos con lo bueno. Absteneos hasta de la apariencia del mal» (1 Ts 5, 21-22).

Este es el punto que más cuesta entender: ¿cómo con un Papa legítimo se puede dar una doctrina que, sin ser herética, conduce a muchos a la herejía y al cisma dentro de la Iglesia? Y la respuesta está en dos cosas: en el Poder de Dios, que guía a Su Iglesia, sin equivocarse con un Papa, y la libertad de los hombres, que desobedecen, que no quieren depender de ese Poder Divino, dado a un hombre, y que hacen lo que sea para meter en la Iglesia otra doctrina.

Es siempre el misterio de la Gracia y de la Libertad. Y, en este Misterio, hay que juzgar todo lo que ha pasado con el Concilio Vaticano II, para no equivocarse en el juicio contra los Papas. Porque todo el mundo critica a los Papas, pero nadie critica a los Obispos, a la Jerarquía maldita, infiltrada en la Iglesia, que no quiere someterse al Poder que tiene el Papa, sino que obra en la Iglesia con otro poder, el humano, el terrenal, el masónico.

Por eso, ahora, todos siguen a un idiota y lo llaman Papa y le obedecen. Es el castigo, porque han estado en la Iglesia sin discernir nada, es decir, sin vida espiritual. Y a muchos, dentro de la Jerarquía, les cuesta decir que Francisco no es Papa. Siguen ciegos, porque no tienen ninguna fe.

Leer los documentos del Concilio Vaticano II no daña si se tiene vida espiritual. Si no se tiene, entonces es un gran daño para el alma y para toda la Iglesia. Y para tener vida espiritual, hay que comenzar por obedecer al Papa en la Iglesia. Si no hay obediencia, no hay vida espiritual. Muchos se han ido de la Iglesia, durante los años siguientes al Concilio, no por el Concilio, sino por desobediencia al Papa. Por rebeldía. Porque no querían poner su libertad a los pies del Papa.

Hasta el Papa Benedicto XVI, era necesario obedecer en la Iglesia, aunque las doctrinas y las liturgias no fueran claras. Y era necesario obedecer porque había un Papa legítimo, con una Autoridad Divina. Y, aunque el Papa o la Jerarquía fueran unos demonios encarnados, había que dar la obediencia. En Ella, el Señor mostraba el camino para no equivocarse en la Iglesia, y para discernir los diversos escritos que se sacaban.

Pero si hay desobediencia a un Papa legítimo, hay desobediencia al mismo Dios. Y, por tanto, lo que se obra en la Iglesia es nulo. Todos aquellos que han desobedecido a los Papas y siguen en la Iglesia, lo que obran no vale para nada. Porque el valor divino de las obras en la Iglesia lo da la obediencia al Papa. Sin está, cualquier apostolado en la Iglesia, esta maldito desde el principio.

Por eso, con un falso Papa, cae cualquier obediencia. No hay autoridad divina, no hay apostolados, no hay nada. Todo es nulo. Todo está maldito.

«¿A quién dejó las llaves de esta Sangre? Al glorioso apóstol Pedro y a todos los que le sucedieron y le sucederán hasta el día del juicio, que tienen y tendrán la misma autoridad que tuvo Pedro. Ningún pecado en que puedan caer disminuye esta autoridad ni quita nada a la perfección de la Sangre ni a ningún otro sacramento. Porque ya te dije que este Sol no se manchaba con ninguna inmundicia, ni pierde su luz por las tinieblas de pecado mortal que haya cometido el que lo administra o el que lo recibe, porque su culpa en nada puede dañar a los sacramentos de la santa Iglesia ni disminuir su poder. En ellos, sí, disminuye la gracia y aumenta la culpa en quien indignamente lo administra o lo recibe. Así, pues, el Cristo en la tierra tiene las llaves de la Sangre para darte a entender cómo los seglares deben respetar a mis ministros, buenos o malos, y cómo me hiere toda falta de reverencia contra ellos» (Sta. Catalina de Sena – Diálogo, cap. CXV).

La culpa, el pecado de la Jerarquía no daña los Sacramentos de la Iglesia. Lo que daña a la Iglesia es la falta de fe de la Jerarquía. Y si no hay fe no hay Sacramentos y no hay Iglesia.

Por más que se hayan cambiado los textos en la liturgia de los Sacramentos, desde el Concilio Vaticano II, no se ha tocado la fe en Ellos; y, por lo tanto, se sigue consagrando válidamente. Pero, en el momento, en que los hombres cambien la sustancia de los Sacramentos, es decir, escriban unos nuevos, que ya no vienen de la Palabra de Dios, sino de las palabras del hombre, entonces no habrán Sacramentos ni Iglesia.

Mientras haya un solo sacerdote que consagre con fe a Cristo en el Altar, allí estará toda la Iglesia. El Anticristo tiene que matar a todos los sacerdotes para que la Iglesia desparezca totalmente. Y ese va a ser su objetivo cuando aparezca. Y, por eso, tiene que venir el castigo de los tres días de tinieblas para impedir esta obra del demonio.

Hay que respetar a todos los Papas legítimos; pero no se puede respetar a quien no es Papa, al usurpador del Papado, que es Francisco, ni a aquellos que le obedecen, que lo siguen. Hay que obedecer al Papa legítimo porque es el que tiene la Autoridad de Dios: Benedicto XVI. No se puede obedecer a un hombre que no tiene esa Autoridad, del cual no procede el orden clerical: la Jerarquía de la Iglesia no viene de Francisco, sino de Benedicto XVI. El Papa legítimo tiene todo el Poder en el Vértice de la Iglesia. Y ese Poder de Dios lo transmite a todo el clero: a los sacerdotes, Obispos, Cardenales. Si no se tiene ese Poder de Dios, no hay clero, no hay Jerarquía.

El gobierno de la Iglesia es una pirámide, no es algo horizontal: no es un conjunto de hombres que gobiernan. Es Pedro, el sucesor de Pedro, el que gobierna toda la Iglesia. Y, por tanto, el pecado del sucesor de Pedro, no inutiliza el Poder de Dios en la Jerarquía. Y hay que seguir obedeciendo al sucesor de Pedro y a toda la Jerarquía.

Con un usurpador del Papado, como Francisco, con una Jerarquía que se somete a ese usurpador, cae toda obediencia y todo respeto a la Jerarquía.

Francisco ha cambiado el gobierno de la Iglesia y, por tanto, ha anulado el dogma del Papado. Y, por eso, después de la muerte del Papa Benedicto XVI, no hay más Papas.

El acto de elegir a un Papa, por los Cardenales, estando el anterior vivo anula el Papado. El acto de poner un gobierno horizontal en la Iglesia, anula la Jerarquía de toda la Iglesia. El acto de abrirse al mundo, acogiendo a todas las demás confesiones religiosas para hacer una oración a Dios en el mismo Vaticano, anula la Palabra de Dios, el Evangelio y, por tanto, la Iglesia.

No se está en la Iglesia para invitar a los judíos o a los musulmanes a rezar, cada uno con sus ritos, y a sus dioses. Se está en la Iglesia para poner un camino de salvación a los hombres, que están en otras religiones, y que dan culto a otros dioses. Hacer lo que hizo Francisco, no sólo es el marketing del Vaticano, sino una abominación en toda la Iglesia: es darle la espalda a Cristo, que ha puesto su doctrina, su moral, en el Evangelio, y que ha dado a Su Iglesia la llave de la salvación de los hombres.

A Francisco no sólo no hay que obedecerle porque no tenga Autoridad Divina, sino porque tiene una doctrina totalmente contraria a Cristo y a la Iglesia. Eso todos los pueden ver con sus propios ojos. Nada más que hay que leer sus infamantes discursos, escritos, declaraciones, homilías, que cada día hace en la Iglesia.

El problema de muchos hombres es que ya no saben leer a un hereje. Si no han sabido leer a un Papa legítimo, menos a un antipapa herético. Porque ya no les importa la doctrina, sino que están en la Iglesia para amar a Jesús y servirlo de alguna forma. Están en la Iglesia por un motivo humano, pero no por un motivo religioso, espiritual, divino. Y, por tanto, están en la Iglesia para quedar bien con todos los hombres, para gustar a todos los hombres, para hablar con todos los hombres. Pero no están en la Iglesia para amar la Cruz de Cristo, ni para odiar el pecado ni para hacer penitencia por los muchos pecados de los hombres. No quieren ni salvarse ni santificarse. Sólo quieren ser del mundo y del pensamiento de todos los hombres. Y llaman santos a los pecadores, como Francisco, y se llaman santos a sí mismo porque aman a Jesús.

Al Papa Benedicto XVI, en su destierro, hay que decirle las mismas palabras que dijo Sta. Catalina de Sena al Papa: «¡Animo! y a dar la vida por Cristo, ¿o es que no tenemos sólo un cuerpo? ¿Por qué no dar la vida mil veces, si hiciera falta, en honor de Dios y salvación de sus criaturas? Eso es lo que Él hizo: y Vos, Vicario suyo, debéis hacer su oficio. Esta es la costumbre, que, si está el vicario, siga los pasos y las maneras de su señor» (Carta 218, l, 64).

El Papa Benedicto XVI, Vicario de Cristo, tiene que hacer el oficio de Cristo: dar la vida en honor de Dios y para salvar a las almas. Hay que seguir las huellas ensangrentadas de Cristo, que conducen al Calvario. Hay que morir con Cristo en la Cruz para que la Iglesia se transforme en un Cuerpo Glorioso.

Por eso, al Papa Benedicto XVI hay que ayudarle para que salga de donde está, porque lo tienen esclavo, lo tienen vigilado, lo usan para sus fines diabólicos en el Vaticano. La gente está despertando y viendo el horror que hay en Roma, y pone sus ojos en el Papa legítimo. Y eso no gusta en la Roma maldita. Eso, en la mente de mucha Jerarquía, que se cree dios en la Iglesia, les sienta como una patada en el vientre.

«Abre los ojos de tu Vicario en la tierra para que no te ame a Ti por sí, ni a sí mismo por sí, sino que te ame a Ti por Ti y a sí mismo por Ti: porque cuando te ama a Ti por sí, todos padecemos, ya que en él están nuestra vida y nuestra muerte y tiene él el cuidado de recogernos a nosotros, ovejas que perecemos. Si se ama a sí mismo por Ti y a Ti por Ti, vivimos, porque del Buen Pastor recibimos ejemplo de vida» (Elevazioní, 1; Morta, 569).

Un Papa tiene que amar a Cristo por Cristo, no por él, no por su humanidad, ni por su sacerdocio, ni por su rebaño, ni por la Iglesia, ni por los hombres del mundo. La Iglesia sufre cuando un Papa ama a Dios por él mismo, cuando se busca a sí mismo o busca algo humano, material, natural, carnal. Pero la Iglesia vive, se santifica, cuando el Papa da testimonio de Cristo enfrentándose a todos los hombres, a todos los pensamientos humanos, a todas las obras del mundo, a todos los gobiernos, a todas las iglesias. Porque no se puede amar a Cristo por Cristo si no se odia todo lo demás.

Para tener la Mente de Cristo hay que pisotear las mentes de los hombres, los sentimientos de los hombres, sus proyectos en la vida, porque Cristo tiene el Pensamiento de Su Padre, la Obra de Su Voluntad: es la Palabra del Pensamiento Eterno del Padre que se encarna para la Obra de la Redención. Y quien quiera ser otro Cristo, quien quiera imitar las obras de Cristo en la Iglesia, tiene que tener el mismo Pensamiento del Padre. Por eso, es difícil ser sacerdote, Obispo. Es muy difícil ser Papa en la Iglesia. Porque a los hombres nos gusta ser hombres: pensar como hombres, obrar como hombres, vivir como hombres.

Por eso, un idiota como Francisco no merece obediencia como Obispo ni respeto como sacerdote. No lucha para amar a Cristo por Cristo, sino que toda su lucha es agradar a los hombres, darles un consuelo, decirles las palabras, el lenguaje humano, que cada hombre quiere escuchar. Toda su vida es buscar la gloria del mundo. Vive para recibir el aplauso de los hombres. Vive para hacer lo que le da la gana en la vida. Vive para condenar almas en el mundo y en la Iglesia.

«Si es tu voluntad, tritura mis huesos y mis tuétanos por tu Vicario en la tierra, único Esposo de tu Esposa, por el cual te ruego de dignes escucharme: que este tu Vicario considere tu voluntad, la ame y la cumpla para que no perezcamos. Dale un corazón nuevo, que crezca continuamente en gracia, fuerte para levantar el pendón de la Santísima Cruz, a fin de que los infieles puedan participar, como nosotros, del fruto de la pasión, la sangre de tu unigénito Hijo, Cordero inmaculado» (Ibídem).

Esta es la oración que hay que hacer por el Papa Benedicto XVI: penitencia por su vida, para que, en el final de su Pontificado, pueda hacer lo que el Señor le pida en estos momentos de gran crisis en la Iglesia. Él tiene que llevar la Gloria del Olivo, el pendón de la santísima Cruz, para indicar el camino de la Iglesia: el Calvario.

El camino de la Iglesia no se encuentra siguiendo a Francisco ni a la Jerarquía que lo apoya y obedece. El camino de la Iglesia es Cristo. Y Su Vicario debe predicar a Cristo, y a éste Crucificado. Una Iglesia sin Cruz es una Iglesia sin Cristo. Una Iglesia sin Papa es una Iglesia que se esparce por el mundo y se pierde en las fauces de los lobos.

Benedicto XVI es el olivo; y su gloria, la cruz. Tiene que sufrir y morir en la Cruz, como Su Maestro. Y en la Cruz de la Cabeza Visible está el camino del Cuerpo Místico de Cristo. La Iglesia tiene que morir, sufriendo en la Cruz, como va a morir el Papa Benedicto XVI en su Cruz.

Toda la Iglesia está llamada a morir como Cuerpo Místico; a morir como Su Maestro, Cristo. Y a morir con su Maestro, abrazada a sus llagas, para que resucite gloriosa.

«Perdonadme, perdonadme -le escribe a Gregorio XI-. El gran amor que tengo a vuestra salvación y el gran dolor cuando veo lo contrario, eso es que me hace hablar… Proceded de manera que no tenga que apelar de vos a Cristo Crucificado, que a otro no puedo apelar, pues no hay mayor que vos sobre la tierra, Permaneced en la santa y dulce caridad de Dios. Humildemente pido vuestra bendición, dulce Jesús, Jesús amor» (Carta 255, l, 93)

Para ser de la Iglesia Católica hay que desobedecer la mente de Francisco

León XIII PP

León XIII PP

«Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, Esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo; han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más sagrado. Allí donde ha sido establecida la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad para luz de las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación y de su impiedad, para que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey» (Exorcismo contra Satanás y los Ángeles Apostáticos, mandado por León XIII PP, editado el ASS 23 [1890-1891], pag. 743 ).

A Francisco le preguntan: «¿Cómo le gustaría que le recordara la historia?»

Y él contesta: «No lo he pensado, pero me gusta cuando uno recuerda a alguien y dice: “Era un buen tipo, hizo lo que pudo, no fue tan malo”. Con eso me conformo» (Ver entrevista).

En la actualidad, los hombres se han olvidado de una verdad: tener una vida buena y honesta, ser un buen tipo, hacer lo que uno puede, no significa que sus ideas sean correctas. Francisco es un hereje y un cismático, aunque sea una buena persona para los hombres, para el mundo, para la gente que lo adora.

Francisco, al no poseer la fe católica, es peor que un protestante. Los protestantes están en el error, pero algunos de ellos son mejores que muchos católicos, porque viven su error sin atacar a la Iglesia Católica.

Pero Francisco, vive su error dentro de la Iglesia Católica, gobernándola y, lo que es peor, creyéndose justo y bueno en lo que hace. Por eso, tiene mayor pecado que un protestante.

En la Iglesia Católica no todos los católicos son santos, dan ejemplo de virtud, de amor a Cristo. Hay de todo. Y hay muchos lobos, mucha gente que se hace pasar por santa y que, sin embargo, no cree en nada, sino sólo en lo que hay en su cabeza humana.

Este es el caso de Francisco: es el modelo de tanta gente inculta e ignorante de la fe católica, de su Iglesia, del amor a Cristo.

Leer la última barbaridad de Francisco en una entrevista no es noticia para los que ya saben cómo piensa ese hombre. En esa entrevista no dice nada nuevo, sino que repite su herejía y su cisma.

No pierdan el tiempo leyendo la basura de la mente de Francisco. No enseña ninguna verdad. Y tampoco habla para enseñar, sino para darse importancia, en estos momentos, en que todo parece patas arriba en su gobierno.

A Francisco nadie lo ama: ni los buenos ni los malos. Los buenos, porque ven su jugada, pero poco pueden hacer por la estructura a que están sometidos. Los malos se preguntan cuándo Francisco va a romper los dogmas, y no entienden que Francisco no puede hacer nada en estas condiciones. Si no saca su nueva ley de gobierno, sino que mantiene lo de siempre, él está atado en su palabra. Es un mentiroso, también, para los malos. Y, por eso, es un mal gobernante.

Como es un sentimental, como sólo busca la gloria del mundo, que otros hablen de él, que la gente se entretenga con sus dichos, no cayó en la cuenta de que en la Iglesia o se sigue la Verdad o se impone la mentira. La gente que, en verdad cree, le trae sin cuidado el sentimentalismo de Francisco. Quiere salvar su alma y, lo demás, las fábulas de los pobres y de los ricos, que las lean otros.

Francisco, si quiere dar la comunión a los malcasados, tiene que hacer un complot, una conspiración: tiene que obligar a dar esa comunión. De otra manera, no puede hacer nada. Y es lo que se va a realizar: la fuerza bruta, como así se ha hecho con los Papas. Pero, ahora, hay que hacerlo de otra manera, porque ya no es un Papa, sino muchos Obispos, que saben cómo son las cosas en la Jerarquía.

Poca gente comprende la vida interior de la Jerarquía en la Iglesia. Todos nos conocemos cuando hablamos. Y se capta enseguida quién está en la mentira y quién en la verdad.

Por eso, mucha Jerarquía se calla la boca, en estos momentos, por muchos motivos, pero el principal: saben qué les pasa si hablan de más.

Para hablar abiertamente, hay que estar no ligados a la estructura, a esa armazón de leyes humanas, jurídicas, que ya no sirven en la Iglesia por ser un impedimento a la obediencia de la Verdad.

La Jerarquía está obedeciendo una estructura de leyes, códigos, pensamientos humanos, que ponen los hombres y que son imposiciones. Se impone un pensamiento humano no verdadero, pero dado como la verdad. Y todos saben ese juego. Y saben que si no obedecen a ese pensamiento humano, las consecuencias son funestas en lo humano: es decir, hay que buscarse la vida para tener un techo, una comida, etc.

Esa estructura es válida cuando existe una Cabeza en la Iglesia, un Vicario de Cristo elegido por Dios, como han sido los Papas hasta Benedicto XVI, que es el último. Después del Papa Benedicto XVI, ya no hay más Papas. Lo que hay es lo que vemos: una usurpación del Trono de Pedro: «ellos han erigido el trono de la abominación y de su impiedad, para que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey».

Estas palabras de León XIII son proféticas: se han cumplido en Francisco y en toda la Jerarquía que lo apoya. Estamos viviendo el tiempo de la Abominación de la Desolación que dice el profeta Daniel. Estamos inmersos en toda impiedad, donde la ley divina, la ley natural y toda la doctrina de Cristo desaparece, de una manera magistral, por los enemigos de la Iglesia.

Muchos no han comprendido el juego de Francisco y de la Jerarquía que lo apoya. Ellos están persuadiendo, a través de la estructura, de que hay que seguir obedeciendo a Roma, a pesar de lo que se ve, a pesar de lo que es evidente. Y, por eso, aparecen testimonios de sacerdotes que dicen una cosa en contra de Francisco y, después, dicen algo a favor. Están obligados a callar la terrible verdad: Francisco es un hereje, un cismático. Esto lo ven con su propio pensamiento humano. Esto lo sabe cada sacerdote que sepa lo que es la Iglesia y el sacerdocio de Cristo. Y están obligados a apoyar, por la estructura, por la obediencia interna, lo que piensa, lo que obra Francisco.

Por eso, ahora nadie de la Jerarquía se levanta contra Francisco. No pueden. Porque si lo hacen abiertamente, de patitas a la calle. Se quedan sin nada. Sólo el que está libre de esa Jerarquía puede combatir la mentira de Francisco y al mentiroso.

La Jerarquía de la Iglesia siempre ha actuado así. Se la controla a través de la estructura interna: Obispos-sacerdotes-religiosos. Esta obediencia es legítima si existe una Cabeza, un Papa legítimo. Pero esta obediencia cae cuando el Papa no es legítimo.

Por eso, ahora ninguna Jerarquía de la Iglesia tiene excusa por la estructura. Cuando aparecieron los problemas con el concilio Vaticano II y los diferentes Papas, había que callar, había que aguantar, porque sólo la salvación está dentro de la Iglesia Católica, y aunque se equivoquen los que mandan, aunque hagan maldades, como lo hicieron con todos los Papas, hay que aguantar, en la Iglesia y en la estructura interna que tiene la Jerarquía. Muchos no han sabido obedecer a un Papa por desobedientes en la vida espiritual. Y han terminado saliéndose de la Iglesia; y, hoy día, son peores que Francisco: no dejan nada en pie. Todo lo critican, todo lo juzgan, se han hecho dueños de la Verdad en la Iglesia.

Cogen a Juan Pablo II y lo destrozan totalmente. Cogen a Benedicto XVI y no hay manera de salvarlo. Cogen a todos los santos y sólo hay lo que ellos quieren, lo que ellos juzgan. Y, como desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI nadie ha combatido la herejía, entonces todos los santos proclamados son una mentira. Ya se está diciendo por ahí que Santa Faustina es un engaño y que otros santos son de la misma manera. Es la corrupción a la que han llegado muchos en la Iglesia por no saber obedecer a un Papa legítimo.

Y, ahora, que hay un usurpador del Trono, le obedecen, le respetan, quieren volver a la Iglesia. Mayor estupidez no puede haber. Eso sólo significa que se fueron de la Iglesia, no porque las cosas estaban feas en la doctrina, sino por soberbia y por orgullo: por clara desobediencia al Papa y a su Magisterio.

Es tiempo en la Iglesia de dejar la obediencia interna a los pensamientos de los hombres. Es tiempo de dejar de obedecer a los Obispos, para ser libres para Cristo. «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Act 5, 29b). La Jerarquía eclesiástica está prisionera de una estructura legal, jurídica, que les impide guiar a las almas hacia la Verdad. Y la Verdad está en decir: no sigáis a Francisco, porque es un lobo vestido de piel de oveja. Muchos sacerdotes se acobardan a la hora de predicar la Verdad en los púlpitos. Y dan un caramelo a la gente, para callar lo que saben.

Esta prisión es de toda la Jerarquía, no sólo de unos pocos. Sólo los que apoyan las herejías de Francisco se sienten libres en esa estructura, la quieren, porque va con su mismo pensamiento humano, con sus mismos ideales de la vida. Pero los demás, sufren. Y tienen que estar dando una de cal y otra de arena, porque así son obligados por la estructura, que ya se ha convertido en una falsa obediencia, en un falso respeto a la persona de Francisco y de todos los Obispos que lo apoyan.

Es necesario salir de esta estructura para seguir siendo la Iglesia Católica. Es lo que muchos no han comprendido. No hay que salir de la Iglesia, sino de unas normas, de unas leyes, de unos pensamientos humanos, de una liturgia, de unas reglas, que ya no sirven en la Iglesia para ser la Iglesia Católica. La Iglesia se ha vuelto más legalista que los fariseos del tiempo de Jesús.

Es necesario guardar la Verdad Absoluta, todos los dogmas, toda la enseñanza auténtica de la Iglesia, si se quiere permanecer dentro de la Iglesia Católica. Y, para guardar esa Verdad, a Cristo que es el mismo ayer, hoy y siempre, hay que dejar la estructura. Un armazón ya viejo e inservible, que sólo da de comer, sólo da un techo, un dinero, pero no la Verdad del sacerdocio.

La Verdad de un sacerdote es ser otro Cristo, no es ser lo que los hombres legislan sobre el sacerdocio, lo que los hombres piensan que es mejor para la Iglesia en estos tiempos tan terribles. Muchos Obispos viven en la Iglesia sólo atendiendo a los asuntos legales de los sacerdotes y no permiten que ellos prediquen cosas o hagan obras que no vayan con la cultura del momento de la gente, con el pensamiento de la gente, con la movida del mundo. Es más importante en la Iglesia lo jurídico que lo espiritual. Y, por eso, hay muchos Obispos que son arrogantes, que son fantasmas, que son fascistas en su manera de gobernar el sacerdocio: imponen su idea humana como verdad evangélica. Y si hasta ahora era conveniente callar y obedecer un pensamiento del hombre, sabiendo que no venía de Dios -porque había un Papa que guardaba la doctrina de Cristo; ya no es hora de eso, porque hay un maldito sentado en la Silla de Pedro, uno que no tiene ni idea de lo que es la Verdad en la Iglesia. A los que siguen la Verdad Absoluta los llama ese hombre fundamentalistas.

Hay una razón gravísima para para no obedecer la mente de ningún hombre, de ninguna Jerarquía de la Iglesia, en estos momentos: salvar el alma. Si se obedece a la Jerarquía, si se obedece a una estructura, el alma se pierde, porque la cabeza no está con Cristo, sino con el demonio. Y esta razón es suficiente para que los sacerdotes no obedezcan a los Obispos, ni éstos a Francisco. Y los fieles no tienen que obedecer el montaje de Francisco: el montaje de un nuevo Papado, de un nuevo gobierno en la Iglesia. El Papa que no da la verticalidad en la Iglesia NO ES PAPA, no tiene el Espíritu de Pedro en el gobierno de la Iglesia. Francisco sólo da en su gobierno lo que encuentra en su estúpida cabeza humana. Y no puede salir de ella: se ha vuelto un idiota de su pensamiento humano. Es uno que da vueltas y vueltas a su idea humana de Cristo y de la Iglesia. Por eso, el magisterio de Francisco no es Papal, no pertenece a ningún Papa. Sólo pertenece a la mente de Francisco, que bebe de toda la doctrina protestante y masónica.

Pero muchos se acomodan a la estructura, a ese pensamiento humano y no ven la gravedad de los acontecimientos en la Iglesia. No ven hasta dónde les va a llevar esa falsa obediencia. Van a tener que salir corriendo de esa estructura y refugiarse en casas, cuando ya la cosa se vuelva muy peligrosa. Y va a ser peor para ellos y para todos.

Nadie que tenga dos dedos de frente puede seguir a Francisco ni a la Jerarquía que lo apoya. Para ser de la Iglesia Católica hay que desobedecer la mente de Francisco, hay que combatirla, hay que desprestigiarla completamente.

Quien quiera agradar a Francisco, que sólo siga su idea loca y, entonces, tendrá en la Iglesia un dinero asegurado, una vida feliz en lo material y en lo social, pero no será de la Iglesia Católica.

Es hora de ir conociendo quién es de Cristo y quién no; pero no por la vestimenta o por las palabras, sino por las obras. Los que obran siguiendo a Francisco; los que obran oponiéndose a Francisco (sin oponerse a los demás Papas). De estos últimos, hay poquísimos.

A %d blogueros les gusta esto: