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El culto al pensamiento de Francisco

Primer anticristo

Seguir el pensamiento de Francisco en la Iglesia es condenarse sin remedio. Muchos esto no lo pueden comprender porque siguen al hombre, pero no siguen a Cristo en el hombre.

Francisco, como hombre, habla al hombre y le convence; pero Francisco no puede dar a Cristo, porque no habla como Cristo. Y, por tanto, Francisco, cuando habla, convence de su pecado, de que vive en su pecado, de qué él vive pecando, de que él vive de espaldas a Cristo.

Este punto es el que hace saltar chispas a muchos que se creen que lo saben todo en Roma.

Muchos hablan de cambiar, de reformar las estructuras en Roma para dar el Espíritu. Este es la gran herejía de Francisco: “El verdadero problema es la relación entre el espíritu y sus instrumentos de expresión: las estructuras y las organizaciones” (Padre Lombardi).

Son las palabras de un sacerdote que no sabe nada de lo que es el Espíritu de la Iglesia, que no sabe vivir su sacerdocio y no sabe guiar a las almas a la Verdad de la Iglesia. Como él hay mucha gente en la Iglesia, muchos sacerdotes y Obispos, que hacen su negocio en la Iglesia, para decir, después, estas barbaridades: “Hemos entrado en una situación en la que la Iglesia se ha puesto en marcha. No se presentan objetivos precisos, imágenes precisas de cómo la Iglesia deberá organizarse mañana, para llegar a esta meta. Debemos ponernos en camino, debemos convertirnos, debemos acoger las sorpresas que Dios nos da en nuestras vidas y comprender dónde nos está llamando, incluso a través de las situaciones y de las realidades en las que nos encontramos” (Padre Lombardi).

Así hablan los falsos profetas, como el sacerdote Lombardi.

Si la Iglesia no tiene un objetivo preciso, si la Iglesia no se organiza para ese objetivo, entonces no hay camino en la Iglesia. La Iglesia se ha puesto en marcha, pero ¿hacia dónde? Este es el punto. Francisco no ha puesto un objetivo preciso. Francisco no gobierna, sólo habla de que Dios nos ama mucho y que hay que caminar, hay que buscar cosas nuevas en la Iglesia.

Aquí está el modernismo de Francisco y los suyos. Cristo se ha hecho viejo para Roma: “el hecho de estar siempre en camino, tratando de encontrar cosas nuevas, que Dios pide de nosotros en nuestra situación, en nuestra vida, es algo que caracteriza profundamente, me parece, la espiritualidad y la forma de gobierno del Papa Francesco” (Padre Lombardi). ¿Lo quieren más claro”

En la Iglesia hay que tratar de encontrar cosas nuevas: esto es el modernismo, el pensamiento del modernismo. Por eso, Lombardi se somete al necio pensamiento de Francisco y se condena por eso. Por seguir ese pensamiento.

Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Luego, no hay que buscar cosas nuevas. Hay que encontrarse con Cristo en la vida. Dios no te pide que, en tu situación de vida, acojas lo nuevo que propone Francisco. No te lo pide, ni te lo va a pedir. Eso te lo piden los hombres que no tienen la Voz de Cristo en sus corazones.

Dios te pide que, en tu vida, la que sea, mires a Cristo, te pongas con la frente en el suelo y le pidas el camino para salir de tu pecado y para hacer la Voluntad de Dios cuando quites tu pecado.

En la Iglesia no hay que inventarse el camino. El camino es Cristo. Y sólo Cristo. Y hay un objetivo preciso: ser santos haciendo, cada día, desde que te levantas hasta que te acuestas, la sola Voluntad de Dios. Ése es el objetivo de siempre. Ése es el fin que Cristo ha puesto en Su Iglesia, que no es la de Francisco ni la del Padre Lombardi. Y, poniendo este objetivo, entonces se pone orden en toda la vida, y todas las cosas funcionan.

Roma, sus estructuras no funcionan porque les importa un bledo la santidad en la Iglesia, la santidad en sus sacerdotes, la santidad en sus Obispos, la santidad en sus fieles. Un bledo. Y, claro, a cambiar estructuras para ver si funciona el negocio en la Iglesia, para que dé más dinero y más fama a todos. Para que la Iglesia sea más popular y venga más gente a la Iglesia a dar su dinero.

¡Qué gran engaño hay en Roma y que se ofrece a toda la Iglesia, y por hombres que deberían caérseles la cara de vergüenza en publicar sus idioteces en medio de la Iglesia y del mundo!

¡Digan que han hecho ese gobierno horizontal para destruir la Iglesia, pero no digan mentiras para cubrir otras mentiras!

Roma no da la Verdad a la Iglesia, da palabras hermosas, pero vacías de toda Verdad, para tener contentos a los bobos, a los que siguen a los necios como Lombardi y Francisco. Dos estúpidos que sólo miran su estupidez para que todos la aplaudan.

El gran problema de la Iglesia es que no tiene Espíritu, luego eso de que “el verdadero problema es la relación entre el espíritu y sus instrumentos de expresión: las estructuras y las organizaciones” es el cuento chino de Lombardi. La palabrería de un idiota que sólo promociona idiotas en la Iglesia.

Un alma sacerdotal que habla así revela que no sabe lo que es el Espíritu. El Espíritu sólo trabaja en un corazón humilde. Ése es su instrumento de expresión: una boca humilde, unas manos humildes, unos pies humildes, un corazón humilde.

Si Roma, si sus organizaciones, si sus administraciones, si sus estructuras, no están llenas de almas humildes, entonces apaga y vámonos. Por más que quieran reformar estructuras, no reforman nada. Todo sigue igual.

Todo funciona en la Iglesia cuando hay corazones humildes, cuando los corazones cambian su soberbia y la dejan para aprender la humildad del Señor. Hay que reformar los corazones, no las estructuras de la Iglesia.

Éste es el punto que nadie contempla en Roma, en la nueva iglesia. Por eso, ésa es la señal del modernismo en Roma, de que Roma se ha abierto al mundo. Porque en el mundo se obra así: cambiando estructuras, cambiando el aparato externo para que se dé otra imagen al mundo. Pero, en el mundo, nadie cambia sus corazones. Se hacen la ilusión de que si cambia lo exterior, todo cambia, la cosa será de otra manera, la cosa funciona. Por eso, en el mundo privan las modas. Hay que estar cambiando constantemente, porque el cambio trae la meta, la felicidad, el conseguir cosas que llenen a la vida, el objetivo que no se sabe y no se tiene si no se cambia un día y otro, si no se descubren cosas nuevas. El pensamiento del hombres es lo que da lo nuevo a la Iglesia. La evolución de la mente humana, el descubrir misterios ocultos, eso es lo nuevo. Y no se dan cuenta de que la Verdad nunca pasa, siempre está ahí, no necesita de pensadores, sino de corazones humildes.

Éste es el pensamiento de Francisco. Por eso, él ni se preocupa por alimentar a las almas. No hace falta. Él da su versión histórica, actual, del Evangelio, pero no da la Palabra de Dios, la Verdad que es esa Palabra. Francisco es siempre eso: su palabra histórica, pero no la Palabra de Dios. Su Jesús histórico: ahora, ¿cuál es el camino que los hombres tienen que recorrer para parecerse a Cristo? Dar de comer a los pobres, acoger a los judíos, a los protestantes, ayudar a todo el mundo. ¡Y santas pascuas!. Ahora, lo que el mundo necesita es eso: que haya gente que se preocupe por los demás. Y no importa los demás, como todos somos hermanos, a todos nos ha creado Dios, como la Iglesia tiene que predicar la palabra tiempo y a destiempo, entonces, hagamos del amor de Dios el culto del pensamiento del hombre, el culto de la modernidad. Hay que amar a Dios, pero como el hombre lo ve con su razón, de acuerdo a sus culturas, a sus necesidades más perentorias, a sus filosofías de la vida.

Quien siga el pensamiento de Francisco no sigue la Mente de Cristo en la Iglesia. Por eso, hay un abismo entre la nueva iglesia que predica Francisco y la Iglesia de Cristo. Un abismo. No hay reconciliación, no hay unión, no hay un darse la mano. No es posible. Por eso, no hay obediencia a Francisco porque no da la Mente de Cristo en la Iglesia.

Se ha sentado en la Silla de Pedro para ganarse el aplauso de los hombres. Y no hay más. Francisco se da a sí mismo, pero Francisco no da a Cristo. No lo puede dar. Francisco sólo da palabras bonitas para que lo amen y lo tengan en un pedestal: “El Papa responde porque él interpreta efectivamente el amor de Dios Padre hacia todas sus creaturas” (Padre Lombardi). Esto es ponerle en un pedestal sin que se lo merezca, sin mérito alguno. Después de lo que ha hecho Francisco durante diez meses, lo más lógico era despedirlo de la Iglesia, decirle que se fuera a su casa, porque no sirve para nada en la Iglesia. Es un inútil. Y no es otra cosa. Está ahí porque el demonio lo ha puesto ahí. Pero la popularidad de Francisco es impuesta en la Iglesia, está manejada por hombres que quieren dar un aspecto exterior en la Iglesia de aquí no pasa nada, de que todo está bien, de que hay que seguir caminando como siempre.

Esto es lo que se percibe en las palabras del Padre Lombardi. Se ve su engaño a toda la Iglesia. Se ve un hombre corrompido totalmente en su interior, que no sabe ver la Verdad. No puede. Como muchos en la Iglesia que se han creído la absurda historia de que, como Benedicto XVI se jubiló, entonces a otra cosa, mariposa. La gente es necia sin remedio. No tiene ni un dedo de discernimiento. Se lo cree todo. Y no sabe pensar adecuadamente la vida. Viven la vida como la viven: a su manera, cogiendo de aquí y de allá, pero sin norte, sin un objetivo preciso, que es lo que se quiere en Roma, que es lo que dice Lombardi: “no se presentan objetivos precisos”.

Vivir sin un objetivo claro, vivir a lo que venga, vivir al día, a lo que traiga cada día: eso es lo más absurdo que un hombre puede hacer en su vida. Porque se está en la vida para una obra divina. Y si el hombre no pregunta a Dios cómo es esa obra, cómo se realiza, qué hay que hacer para obrarla, entonces el hombre vive mirando las modas del mundo, las ciencias de los hombres, las culturas humanas, obrando lo humano en su necia vida, pero no hace nada para dar sentido a su existencia humana. Así hay cantidad de gente en la Iglesia, que se creen que con decir que Francisco es Papa ya son Iglesia.

Hoy se defiende en la Iglesia al hereje y a sus herejías. Pero, ¿qué se creen que es el gobierno horizontal? ¿Un gobierno de virtud, de perfección en la Iglesia? ¿Acaso el ignorante de la Verdad puede guiar al alma hacia la Verdad?

El Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga anula la Jerarquía en la Iglesia, no cree que la Iglesia sea sacerdotal, sino laica. De un hombre así, ¿Qué gobierno ustedes esperan en la Iglesia? Un gobierno del pueblo, comunista, marxista, laico, mundano, profano, en que los hombres puedan ellos mismos hacer la misa, consagrar a Cristo en el altar.

El Cardenal Reinhard Marx no cree ni en el Infierno ni en el Purgatorio y, entonces, ¿hacia dónde guía la Iglesia en ese gobierno? ¿La lleva al Cielo? ¿Predica la doctrina de la Cruz para alcanzar la Verdad de la Vida? Predica su estupidez en la Iglesia. Y gobierna con su estupidez. Punto y final.

Para el Cardenal George Pell no existe el pecado original porque Adán y Eva fueron un mito. Luego, Dios no creó nada. Y, entonces, Dios no gobierna el mundo. Son los hombres los que tiene que inventarse el camino para encontrar el Paraíso en la tierra. Los hombres, con sus inteligencias, han oscurecido ese Paraíso. Entonces, llevemos a la Iglesia a eso. Y toda la Iglesia diciendo: sí, es verdad, no existe el pecado, hay que ver la manera de ser felices en esta vida.

Y ¿qué esperan del prefecto Müller que no cree en la Virginidad de María, que sigue la teología de la liberación, que niega el dogma de la transustanciación, etc? ¿Qué esperan de un individuo que no sabe la verdad en la Iglesia, que no sabe dónde está la Verdad en la Iglesia? ¿Quieren que la defienda de los enemigos de la Iglesia? Es que es imposible. Muller está para abrir la Iglesia a los enemigos de Ella. Está para destruir la Iglesia. ¿Es que no disciernen? ¿Es que no tienen inteligencia?

Roma es modernista. Persigue la vida moderna. Roma no quiere a Cristo. Roma no quiere salvarse. Roma no quiere santificarse. ¿No lo ven todavía? Roma se hace pagana y da a la Iglesia el camino del paganismo: busquemos cosas nuevas sin un objetivo preciso, claro. Caminemos sin un camino verdadero. Hay que estar siempre en camino, buscar lo novedoso: ¡paganismo!

Hay que caminar detrás de las huellas de Cristo buscando la Cruz de cada día, la muerte que da el amor al corazón que quiere encontrar el Cielo en su vida humana.

Esto es lo que no se predica en Roma. Porque si predican esto, ya no aman a Francisco. Tiene que predicar cosas bonitas que agraden a todo el mundo para que se vea qué frutos de bien, qué pedazos de conversiones trae Roma ahora. Todo el mundo se convierte escuchando la novedad de Francisco. La novedad de su amor de Dios. Este es el dogma en Roma, este es el culto que se da a Francisco en Roma. El culto al pensamiento de un hombre. En Roma idolatran a Francisco.

¡Qué pena da ver a muchos sacerdotes que son sólo los instrumentos del demonio para hacer que la Iglesia caiga en la mayor herejía de toda su historia! Tiempo al tiempo.

Análisis de la situación del Vaticano

El rayo en el Vaticano: Aviso a los católicos de que lo que sucede en el Vaticano no es correcto. A la Curia, que tenga cuidado con lo que planean ya que no es de Dios, ni de sus leyes.

El rayo en el Vaticano: Aviso a los católicos de que lo que sucede en el Vaticano no es correcto. A la Curia, que tenga cuidado con lo que planean ya que no es de Dios, ni de sus leyes.

Todos quieren analizar lo que pasa en el Vaticano, las líneas que sigue la Jerarquía de la Iglesia, los caminos que Roma quiere andar con Francisco. Pero nadie da un análisis de lo que pasa actualmente en Roma.

En Roma, se está construyendo una nueva iglesia partiendo de la Iglesia verdadera, de la Iglesia de Cristo. Esto es lo que nadie dice y, por eso, sus análisis del Vaticano son erróneos.

Francisco ha comenzado una nueva iglesia sin Jesús y sin María. La doctrina de esa nueva iglesia no es la doctrina sana de Cristo, sino sólo el invento, la fábula de Francisco sobre el Evangelio, sobre el Magisterio y la Tradición de la Iglesia.

En esa doctrina nueva no hay ninguna verdad, todo es mentira, pero una mentira agradable, que gusta al hombre porque le dice al hombre lo que quiere escuchar.

Dicen que Francisco es revolucionario, renovador, que da un cambio, que trae una novedad, que pasa una página, que deja de lado lo antiguo. Y eso sólo significa una cosa: Dale al pueblo lo que quiere oír y te amará. Dile la Verdad, háblale de sufrimiento, y te odiarán.

Francisco es hábil, es un orador sutil, es tan buen orador que nadie advierte el engaño que sale de su boca constantemente. Nadie. Porque dice ese engaño con el sentimiento, con palabras bonitas, hermosas, bellas, que parecen que llegan al alma y lo que hacen es oscurecer la mente, apagar la luz para que el alma no vea la mentira, el engaño que se le propone.

La gente no está atenta al engaño que trae esas hermosas palabras porque mientras al pueblo se le de lo que quiere, lo que quiere escuchar, no analizan nada más ni reflexionan. No se preguntan: “¿esto por qué lo ha dicho?”; “esta frase ¿a qué viene?”;”¿será verdad esto que dice Francisco?”

Cuando la gente no se pregunta es que obedece a ciegas a una persona y no ve, no es capaz de analizar las verdaderas intenciones que se esconden tras las caretas de Francisco, de los sacerdotes y Obispos que lo defienden como el Papa al que hay que seguir.

El demonio está engañando a la Iglesia de forma deliberada, de forma muy clara para el que tiene fe, porque presenta la persona que hoy más se cree: a un Papa. Todos están atentos a ver qué dice el Papa, a ver qué obra el Papa. Todos: dentro y fuera de la Iglesia.

El demonio es muy hábil para conseguir lo que él quiere: siempre se viste de ángel de luz. Siempre. Nunca se presenta como demonio cuando quiere engañar a los que él sabe que viven la Verdad, que están en la Iglesia verdadera. El demonio sabe eso y, por eso, la combate con todo su odio, porque él sólo es mentiroso y padre de la mentira.

El mal se hace pasar siempre por Jesús, utiliza sus métodos, sus palabras, su doctrina, pero entre verdad y verdad, está la mentira escondida. Es lo que hace Francisco continuamente: da una verdad, da una mentira. Da una hermosa frase llena de una mentira que nadie atiende, porque se dice hermosamente, bellamente, al hombre le agrada la frase: “José y María vivían en Nazaret pero no vivían juntos, porque el matrimonio todavía no se había celebrado. Pero María, después de haber acogido el anuncio del Ángel, quedó encinta por obra del Espíritu Santo y cuando José se da cuenta queda desconcertado” (Francisco, 22 de noviembre). Esta frase es bella, hermosa, pero tiene muchas mentiras. Pero la gente no cae en cuenta de las mentiras, porque la frase está dicha de acuerdo a los oídos del hombre, no está dicha para decir la Verdad. Aquí Francisco dice su opinión sobre el matrimonio de José y de María. Y dice su opinión de lo que pasó por la mente de San José. Pero Francisco no dice la Verdad en esta frase. Además, no puede decirla nunca.

Este es el punto que muchos no acaban de entender de Francisco. Un verdadero Papa, aunque sea pecador, nunca miente cuando habla en la Iglesia: cuando predica, cuando está con la gente, aunque se mueva sin enseñar nada en la Iglesia, lo que habla o lo que obra es de acuerdo siempre a la sana doctrina de Cristo. Esto hace un verdadero Papa. Esto no lo puede hacer nunca Francisco porque no es un verdadero Papa.

Este es el punto que muchos no aceptan, no pueden aceptarlo, porque ya no se ve al Papa como el centro de la verdad, como el que habla la verdad, como el que enseña la verdad. Y no se ve por la misma razón que Pilatos no la vio: ¿Qué es la Verdad?

Pilatos tenía enfrente a la Verdad Encarnada, a Jesús. Y miró la Verdad y no se dio cuenta de la Verdad, no atendió a la Verdad, no se preocupó de la Verdad, sino sólo preguntó: ¿Qué es la Verdad?

Esa es la pregunta que constantemente se hace Francisco y los que le siguen. No saben lo que es la Verdad y, por eso, enseñan lo que van descubriendo con sus inteligencias humanas, con sus ciencias, con sus culturas, con sus filosofías de la vida.

Y esto mismo es lo que le pasa a mucha gente. Ven la Verdad, pero se siguen preguntando por la Verdad, porque no creen en la Verdad, sólo creen en las fabulas que los hombres van diciendo cada día, en su evolución histórica, en su progreso científico y técnico. Y, entonces, empiezan a cuestionar la Verdad del Evangelio y a interpretarlo según sus avances en la ciencia, en la filosofía, en la cultura, etc..

Así hace Francisco su nueva doctrina para su nueva iglesia. De esta manera. Y, por eso, predica bellamente, pero es toda esa belleza una herejía, la que se vive en su nueva iglesia.

A la gente le gusta vivir una espiritualidad fofa, amanerada, amorfa, que le hablen bonito, que le digan que Dios los ama, pero que después los dejen pecar en sus vidas. Esto es lo que propone Francisco en todas sus homilías. Esta doctrina, que no es la de Cristo, sino del demonio.

A la gente le cuesta decir que Francisco es un mentiroso y que su doctrina no es ortodoxa, no es la de Cristo. Cuesta muchísimo decir esta frase. Muchos callan sabiendo que Francisco dice herejías. La Iglesia calla ante tanta mentira de la Jerarquía. Y eso es señal de que eso que está en Roma no es la Iglesia de Cristo, es una nueva iglesia, donde ya no se habla la verdad, sino la mentira cada día. Y eso lo que se enseña en esa iglesia: a mentir, a decir que todo va bien, que no pasa nada, que Francisco está en la ortodoxia, como Muller ha dicho en una entrevista reciente: “Francisco no va por otro camino: sino que combina la ternura del pastor y la ortodoxia, que no es una teoría cualquiera, sino la recta doctrina expresada en la plenitud de la Revelación”. Muller besa el trasero de Francisco y, por eso, tiene que hablar así, con engaño. Le pagan para que hable, porque en la nueva iglesia de Francisco hay que defender la mentira y al mentiroso, que es Francisco.

Esto es lo que nadie se atreve a decir, lo que nadie quiere analizar cuando ve el Vaticano. Y, entonces, se hace el juego a la nueva iglesia de Francisco. No se la ataca, sino que se defiende la mentira que enseña esa nueva iglesia.

No se puede hablar de Dios, de sus obras y, a la vez, querer transformarlas a la manera de pensar, de obrar humanas. Este es el lenguaje de Francisco: habla de Dios, pero dice que hay que obrar como hombre. Jesús vino a salvar al hombre, luego hay que dar de comer al hombre. Así es el pensamiento de Francisco, así de claro, pero nadie se da cuenta de esta verdad. Todos creen que Francisco está diciendo la verdad porque habla bonito. Eso es todo. Todo consiste en hablar bonito: eso es lo que se enseña en la nueva iglesia. Hablen con palabras bellas, puestas en una bandeja de plata, hermosas para el oído del hombre y entonces serán de Dios. Y no importa que se diga la mentira. No importa la doctrina, sino las obras: den de comer a los pobres. Así se salva el hombre.

En la nueva iglesia no interesa la Verdad. No interesa. Y, por eso, los errores y las herejías en la nueva iglesia llevan al mundo a su destrucción. Lo que se está construyendo en Roma es el origen de lo que viene al mundo. Roma está construyendo un nuevo orden mundial dentro de la Iglesia verdadera, la de Cristo. Y eso producirá un cisma en Roma. El cisma ya está, pero encubierto, todavía no se han quitado las caretas la Jerarquía que sigue a la nueva iglesia.

Pero, una vez que se la quiten, entonces en el mundo se dará lo que se está cociendo dentro de la Iglesia.

El futuro de la Iglesia es muy negro, no hay escapatoria para el que duda en la fe. Hay muy pocos que crean en verdad y se mantengan firmes en todo. En la Iglesia hay división y mucha confusión. Y nadie se da cuenta de ese engaño que lleva a la Iglesia al orden mundial dentro de Ella, cambiando la doctrina de siempre.

Para que el mundo y la Iglesia sea una sola cosa, hay que fabricar una iglesia mundana, donde se viva lo que hay en el mundo. Y, entonces, se da en todas partes, el nuevo orden mundial. Y aparece el Anticristo que lo gobierna todo: iglesia y mundo.

La Jerarquía quiere cambiarlo todo porque la doctrina de Jesús no está a la moda del mundo, porque se ha vuelto vieja, achacosa, y ya no sirve para cambiar el mundo. Hay que dejarla abandonada, hay que dejarla que muera, ya no vale nada para la existencia de los hombres. La Jerarquía de la Iglesia piensa que si viviera Jesús en estos tiempos se adaptaría al mundo, a las modas, a las culturas, a los pensamientos de los hombres.

Debajo de la sonrisa de Francisco existe el desorden y la maldad, existe el pecado y la desobediencia a la ley del Señor, existe un corazón recubierto de odio y de maldad demoniaca.

Francisco miente como se bebe un vaso de agua. No le importa mentir con tal de ganar adeptos para su iglesia del demonio.

Por eso, hay que defender al Papa Benedicto XVI por encima de todo porque es, en verdad, el verdadero Papa.

El legítimo Papa, el que tiene todos los derechos y todo el poder de Dios es Benedicto XVI, Papa hasta la muerte. Francisco es sólo un hombre sin el poder de Dios, sin el derecho de Dios a ser Papa. Es sólo un farsante que se puso ahí porque le agrada la publicidad, la fama, el dinero y el poder.

El Papa Benedicto XVI volverá a ser Papa cuando salga de Roma, cuando huya de su encierro viendo con horror cómo la Iglesia se cae a pedazos en Roma. El calvario de Benedicto XVI empieza fuera de Roma. No ha comenzado todavía.

Viene aquel que no es legal, viene aquel que no es elegido canónicamente y, entonces, la oscuridad cubrirá a toda la Curia Romana. La luz se apaga y el mal cubre el orbe entero.

Monseñor Muller: la herejía de su teología de la liberación

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4. Su teología de la condenación o teología de la liberación

“La historia del mundo es ante todo la arena total de la lucha dramática entre las fuerzas de la dialéctica de gracia y libertad de un lado y pecado y opresión del otro. Pero la historia en su núcleo más íntimo es en todo caso historia de salvación, porque Dios- como creador y redentor del mundo y del hombre – se ha colocado a sí mismo como el objetivo final del movimiento histórico y de la acción humana de liberación.
Quién, entonces, participa activamente en la liberación, está de parte del Divino Libertador. En la práctica, se trata de la participación transformante al proceso histórico hacia el objetivo trascendente e inmanente de ello. Aquellos que actúan por la liberación, ya están de parte de Dios, ya sea que tengan pleno conocimiento o menos (…).
Es posible enseñar el arraigamiento de la teología de la liberación original en la revelación bíblica y en la gran tradición teológica y doctrinal de la Iglesia. Y así también de aquello que concierne la elaboración de los propios fundamentos- que aún se pueden encontrar en una fase de desarrollo, las faltas e incongruencias emergidas en algunas tomas de posición , por el fuerte impacto mediático, de representantes individuales de la Teología de la Liberación no puede poner en discusión la validez de sus grandes adquisiciones de fondo.
En base a las exigencias de la vida eclesial y la misma teología es necesario reafirmar a la Iglesia en el Tercer Mundo, pero también la Iglesia como una iglesia universal, no puede renunciar a un ulterior desarrollo y la aplicación de la teología de la liberación.
Sólo a través de la teología de la liberación, la teología católica – – sobre el plan universal, y a nivel de vuelta trascendental en la historia – ha podido emanciparse del dilema dualístico del más acá y más allá, de la felicidad terrenal y la salvación después de la muerte; o, respectivamente de un disolver monístico de un aspecto al otro. Es un dilema, sin embargo, que el marxismo no ha generado, sólo lo expresa.
No por ultimo por estas razones la Teología de la Liberación también sería considerada como una alternativa radical a la concepción marxista del hombre y la utopía histórica como resultado de la misma. Propia la reclamación metodológica de la Teología de la Liberación – que la de empezar una práctica transformante – no es más que una reformulación del acontecimiento original de la teología: en primer lugar está la secuela de Cristo y de esto también mana la formulación de la profesión sobre quién es Jesús realmente. También puede darse que en la actual coyuntura de la opinión publica el interés por la teología de la liberación sea en bajada .Pero a la luz de los objetivos no resueltos, ella desarrolla una obra indispensable por el servicio de la Iglesia de Cristo en favor de la humanidad, un servicio transformante, sobre el plan de la reflexión y de la pastoral. La Teología de la liberación es irrenunciable, sea sobre el plan a nivel regional o sea por la comunicación teológica universal”
(Muller: “De la parte de los pobres, la teología de la liberación, la teología de la iglesia.”).

“La historia del mundo es ante todo la arena total de la lucha dramática entre las fuerzas de la dialéctica de gracia y libertad de un lado y pecado y opresión del otro”: habla como un comunista, como un marxista, pero no como un discípulo de Cristo. No existe la lucha entre la gracia y la liberta. No se da. Sólo se da el Misterio de la Gracia y el Misterio de la libertad. Libertad y gracia no luchan, sino que están juntas. Pero sólo el que vive en la gracia es libre. Quien no vive en gracia es esclavo de su pecado y, por tanto, no es libre. Tiene la liberta humana de hacer muchos actos humanos, pero no tiene la libertad del Espíritu, en que sólo es posible hacer la Voluntad de Dios.
No hay una dialéctica entre la libertad y el pecado o la gracia y el pecado. Hablar así no s lleva a Kant y a Hegel que suprimen el pecado y la libertad del hombre en su pensamiento cuando hablan de la dialéctica.

La dialéctica es sólo querer enfrentar en el pensamiento del hombre las ideas para sacar una brillante, una que le sirva al hombre para su vida. Esto es lo que hace Muller: saca su idea de la teología de los pobres enfrentando la gracia y la libertad del hombre. Por tanto, Muller abre el camino para condenar a cualquier alma con su doctrina herética e insostenible.
“porque Dios- como creador y redentor del mundo y del hombre – se ha colocado a sí mismo como el objetivo final del movimiento histórico y de la acción humana de liberación”: esto es lo más absurdo que Muller dice, porque Dios no se ha puesto como fin a la historia del hombre, a su obra humana de liberación.

El fin de la vida de los hombres es la visión de Dios. Pero eso es un fin divino para una vida divina, no para una vida humana.

Ningún hombre, en su vida humana, posee este fin divino. La historia de los hombres sólo se ve como fin humano, no como fin divino. El hombre hace historia para el hombre, no para Dios. El hombre, en su vida humana, en su historia a lo largos de todos los siglos, no busca a Dios para alcanzar un objetivo, sino que busca a Dios para encontrar algo en su vida humana. Esta es siempre la historia de todas las religiones, desde que el hombre es hombre.

Pero Jesús, al fundar Su Iglesia, pone un objetivo divino al hombre que vive una vida divina. No pone un objetivo divino al hombre que vive su vida humana. Este es el punto en que Muller hace aguas en su teología. Y cae en este gravísimo error sólo porque entiende el Reino de los Cielos, la Iglesia, como Reino humano, material, carnal, pero no espiritual.

El hombre nuevo, recreado en el Espíritu, sólo tiene un fin divino en su vida: “Buscad primero el Reino de Dios”. Pero el hombre viejo, que permanece anclado en su estructura de vida humana, material, económica, sólo se pone objetivos humanos a su vida, porque no puede vivir la vida divina que la Iglesia ofrece en Sus Sacramentos.

Muller sólo busca la añadidura en el Reino de Dios, en la Iglesia. Y, por eso, pone a Dios donde no tiene que ponerlo, porque ahí no está.

Dios pone el fin divino de Su Visión al que vive en gracia y permanece en la Gracia hasta el fin de su vida. Dios no se pone como fin de ningún hombre en la vida humana, porque, por el pecado original, el hombre perdió el derecho de salvarse, de ver a Dios, de buscar a Dios, de forma natural. Ahora tiene que buscarlo de forma sobrenatural, ayudado por la gracia Divina. y, entonces, Dios es fin divino del hombre. Sin la Gracia, no es posible ver a Dios, salvarse, tener un fin sobrenatural en la vida humana.

Muller desbarra totalmente en su planteamiento, porque no cree en la Palabra de Dios, sino sólo en su pensamiento humano de la vida humana y divina. Y, por eso, llega a una conclusión totalmente herética, fuera de lugar, cismática:

“Quién, entonces, participa activamente en la liberación, está de parte del Divino Libertador. En la práctica, se trata de la participación transformante al proceso histórico hacia el objetivo trascendente e inmanente de ello. Aquellos que actúan por la liberación, ya están de parte de Dios, ya sea que tengan pleno conocimiento o menos”.

Quien dice esto se pone fuera de la Iglesia, porque no ha comprendido la Obra de la Redención de Cristo. En esa Obra, Dios libera al alma de sus pecados, no de sus problemas económicos, sociales, humanos, culturales, etc. La liberación divina es de las garras del demonio, que ata al alma a su pecado. Cristo muere en la Cruz para saldar la deuda del pecado del hombre, que tiene por seguir los dictados del demonio. Y, por tanto, quien se asocia a la Obra de la Redención, se hace corredentor con Cristo, y puede liberar a las almas de sus pecados, y sólo de sus pecados.

Las almas que se unen a Cristo Crucificado hacen lo mismo que Él: luchan contra el demonio para desatar almas de sus garras. Las almas que están en la Iglesia siguiendo al Espíritu de Cristo sólo se preocupan de la vida espiritual de las almas, no de sus vidas humanas, de sus problemas económicos u otros en la vida. Y, por tanto, no se da una participación transformante al proceso histórico del hombre hacia Dios.

Quien lucha contra el pecado no transforma la vida humana de las personas, no hace más agradable la existencia humana. No se está en la Iglesia para sacar a nadie de la pobreza, ni para poner calles en las ciudades, ni para hacer felices a los hombres en sus vidas humanas. Se está en la Iglesia para quitar el pecado y repararlo para que así el hombre pueda caminar hacia la salvación y hacia la santidad de su vida, hacia el cielo, sin apoyarse en lo humano: “Necio, esta noche te pedirán el alma. Y lo que has acumulado, ¿para quién será?”(Lc 12, 20)

Y, por tanto, la vida humana, la historia del hombre no cambia, no se transforma, porque el mundo es del demonio, nunca es de Dios. Lo que se transforma es la vida de cada hombre en su interior. El hombre ya vive para Dios, no para el mundo, no para el hombre. Y viviendo para Dios en su interior puede dar a los demás hombres el camino espiritual para salvarse y santificarse. No se dedica a poner soluciones humanas por caminos humanos a la historia de los hombres.

“Pobres siempre tendréis”: no he venido a quitar la pobreza, a hacer la vida más agradable en lo humano, sino a dar la vida del espíritu a los hombres, a haceros pobres de espíritu.

Muller quiere transformar la vida de los hombres buscando una felicidad humana, temporal, terrenal, natural: eso es su utopía, la misma del marxismo, porque ha puesto el Reino de Dios en lo humano, en la conquista de lo humano. Y, por tanto, está negando la Obra de la Redención de Cristo en la Iglesia. Y quien niega esa Obra, niega a Cristo y a Su Iglesia.

“Es posible enseñar el arraigamiento de la teología de la liberación original en la revelación bíblica y en la gran tradición teológica y doctrinal de la Iglesia. Y así también de aquello que concierne la elaboración de los propios fundamentos- que aún se pueden encontrar en una fase de desarrollo, las faltas e incongruencias emergidas en algunas tomas de posición , por el fuerte impacto mediático, de representantes individuales de la Teología de la Liberación no puede poner en discusión la validez de sus grandes adquisiciones de fondo”.

No existe una teología de la liberación original. Sólo existe la Obra de la Redención del hombre por Cristo Jesús. Y esa Obra Redentora sólo tiene un fundamento: el pecado de los hombres. No pueden darse otros fundamentos. Porque Cristo salva del pecado, no salva de la pobreza material, de los problemas de la vida, no salva de las enfermedades, de los terremotos, etc.

Muller quiere poner en su teología de la liberación las ideas de muchos teólogos que no comulgan con la doctrina de Cristo y que ven el pecado sólo como un mal del hombre, pero no como un pecado. Es algo que el hombre se encuentra en la vida y es un mal para él y de él. Un mal que coge el hombre, porque está metido en una sociedad con problemas, y hace de esos males, sus males. Para quitarlos: resolvamos los problemas en concordia, busquemos soluciones para todos, hagamos de esos males cosa nuestra, propia, en lo humano.

Esta es la utopía que enseña Muller. Él trabaja en la elaboración de esos fundamentos. Y, por tanto, trabaja en una doctrina totalmente contraria a la de Cristo. Sólo hay que salvar la carne del hombre, no ya su espíritu. Eso es lo que constantemente predica Francisco, adalid de esta doctrina marxista en la Iglesia.

Aquí cae Muller en su utopía, que es su herejía: “Sólo a través de la teología de la liberación, la teología católica – – sobre el plan universal, y a nivel de vuelta trascendental en la historia – ha podido emanciparse del dilema dualístico del más acá y más allá, de la felicidad terrenal y la salvación después de la muerte; o, respectivamente de un disolver monístico de un aspecto al otro. Es un dilema, sin embargo, que el marxismo no ha generado, sólo lo expresa”.

Decir que sólo a través de la teología de la liberación, la teología católica se emancipa del dilema entre la felicidad humana y la salvación, del cielo y de la tierra, es caer en la más pavorosa herejía de todos los tiempos. Con estas palabras, Muller anula la teología católica, que enseña claramente que en este mundo no es posible la felicidad. Y, por tanto, no puede darse ese dilema que él predica. Como no hay felicidad acá, sólo hay una cosa: o el infierno o el cielo. O se vive para conquistar una felicidad terrena, temporal, o se vive para conquistar una felicidad eterna. Y, por tanto, o se vive para condenarse o se vive para salvarse. No hay dilema. Hay sólo una elección del hombre: o el bien o el mal. O Dios o el demonio. Eso es todo.

Quien ponga la vida de las almas en elegir algo gustoso, algo placentero, algo económico, algo humano, algo temporal por encima del fin último, que es salvarse y santificarse, anula toda verdad en el hombre.

En la Obra de la Redención sólo se da una elección: o el Cielo o el infierno. O no pecar o pecar. En la teología de los pobres, no existe esa elección. Existen multitud de elecciones conforme a los problemas que tenga el hombre en su vida humana. Gravísima herejía que, de forma implícita, niega todo: los novísimos, la gracia, el Espíritu de Cristo y de la Iglesia.

Se vive, con esta teologia, para solucionar problemas humanos, pero no se vive ni para salvar el alma ni para santificarla. Luego, se vive para condenarse.

Por eso, Muller demuestra su obsesión por esta teología de la liberación, por este pecado que ya no va a quitar, por esta herejía con la cual comulga y le hacer ser un maldito a los ojos de Dios: “Pero a la luz de los objetivos no resueltos, ella desarrolla una obra indispensable por el servicio de la Iglesia de Cristo en favor de la humanidad, un servicio transformante, sobre el plan de la reflexión y de la pastoral. La Teología de la liberación es irrenunciable, sea sobre el plan a nivel regional o sea por la comunicación teológica universal”.

Muller no puede renunciar a la teología de la liberación. Luego, Muller renuncia a la doctrina de Cristo. Muller renuncia a la Obra de la Redención de Cristo. Muller renuncia a la Iglesia. Porque la Iglesia no está para dar de comer a nadie, no está para resolver los problemas humanos de nadie. La Iglesia está para servir al alma, servir a su salvación y a su santificación. Para poner un camino al alma, no a los cuerpos. Es lo que no entiende Muller ni lo entenderá, porque se ha cargado la Iglesia con esta teología de la liberación.

Es su nueva iglesia, esta teología la pondrá, pero será un fracaso total, porque es la utopía de unos hombres que sólo miran a Dios con su forma humana de entender la vida. Y, en esa forma humana, no es posible tener fe en Dios. Cada uno se inventa su dios, su iglesia, su doctrina, sus verdades, de acuerdo a los que sus traseros le pidan. Así vive Muller, como Francisco: dándose gusto en sus vidas humanas.

La Iglesia ha hablado muy claro sobre la teología de la liberación en dos documentos: “Libertatis Nuntius” (1984) y “Libertatis Conscientia” (1986). Quien no siga esa doctrina es un hereje como Muller. ¿Quién tiene razón Muller o la Iglesia, que nunca se equivoca?

Monseñor Müller: sus herejías

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La Iglesia tiene en su seno a un Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es un hereje: niega la Inmaculada Concepción, la Eucaristía, la Divinidad de Jesucristo, la Iglesia como Cuerpo de Cristo y pone la Teología de la liberación como único valor para estar en la Iglesia. Anula la doctrina de Cristo y pone su doctrina, que es la que sigue Francisco en todo y que le lleva a pedir dinero a todo el mundo, para metérselo en su bolsillo.

En Roma se está haciendo de la Iglesia una empresa más para ganar dinero. Ese es el lema que ha sacado el hereje Francisco: “Una sola familia humana, alimentos para todos”. Francisco denuncia el escándalo mundial del hambre y está ciego del escándalo que él y sus compinches en el gobierno dan a la Iglesia llenándola de sus herejías y de su mala voluntad en la Iglesia. No se escandaliza de la falta de fe que vive la Iglesia, porque no es capaz de ver sus malditos pecados. Y, por eso, no le interesa resolver los problemas de las almas, sino que sólo quiere pedir dinero a todo el mundo para metérselo en su cuenta corriente.

Francisco y los suyos están devastando la Iglesia con sus herejías. Y todo tan contentos por eso. Todos aplaudiendo a ese maldito. Se hacen malditos como él. He aquí sus herejías:

1. Contra la Virginidad de María Santísima.

Para Müller la virginidad no tiene nada que ver con las “características fisiológicas en el proceso natural del nacimiento de Jesús (como el no-abrirse de la cerviz, la incolumidad del himen o la ausencia de dolores), mas con el influjo salvador y redentor de la gracia de Cristo por la naturaleza humana” (Müller : “Dogmática católica: estudio y práctica de la teología”).

Pone Müller la Virginidad de María sólo en los espiritual: “influjo salvador y redentor de la gracia de Cristo”, pero niega la Virginidad física de la Virgen. Y, entonces, cae en la herejía más común de los hombres sin sabiduría divina. Porque quien niegue la virginidad física de la Virgen, también tiene que negar la virginidad espiritual de Ella.

La Virginidad espiritual de la Virgen no es un influjo salvador y redentor de la gracia, sino un don de Dios a la Virgen para ser Madre de Dios. Se es Virgen para Madre. No se puede ser Madre de Dios sin la Virginidad plena: física, espiritual, moral, humana, carnal, natural. Sólo puede creer en la Virginidad de María quien tiene fe. Por eso, muchos hombres, en la historia, se han burlado de esta virginidad y lo siguen haciendo por su falta de fe.

Es un dogma revelado que la Virgen es Virgen: “Lo concebido en Ella viene del Espíritu Santo” (Mt. 1, 20). Y quien piense que la Virgen perdió su virginidad porque tuvo relaciones sexuales, o porque la perdió por masturbarse (es decir, cometió un pecado mortal), o que, simplemente no tuvo relaciones pero la perdió por causas físicas, extrínsecas, naturales, involuntariamente, entonces cae en herejía múltiple.

Porque la fe en la Virginidad de María es “un nexo que reúne entre sí los misterios” (DS 3016); es decir, quien niegue la Virginidad de María, tiene que negar Su Maternidad Divina, la Inmaculada Concpeción, la Divinidad de Jesús, la Obra de la Redención y la Iglesia. Cae en muchas herejías al negar una. Y, por tanto, el Cardenal Muller tiene a María sólo como una mujer más en la Iglesia y a Jesús como un hombre más, que nació de la unión carnal entre María y José. Tiene a María como una pecadora más en la Iglesia. Y da a María sólo una reverencia en la Iglesia, no un culto divino.

Tamaña herejía, que pone al Cardenal Muller fuera de la Iglesia. La Iglesia está clara en cuanto a la Virgen María, pero que el que tiene la misión de guardar la fe en la Iglesia, Muller, vive en la oscuridad de su pecado y está en la Iglesia para destruir los dogmas de la Iglesia, que es lo que va a hacer ahora.

Quien lo siga, cae en herejía y se pone fuera de la Iglesia, como está él. La Iglesia de Jesús, la verdadera Iglesia, no necesita de hombres herejes como Muller. Sobra el conocimiento de Muller. Es herético y lleva a muchas almas al infierno.

“Si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propiamente y según verdad por madre de Dios a la santa y siempre Virgen María, como quiera que concibió en los últimos tiempos sin semen por obra del Espíritu Santo al mismo Dios Verbo propia y verdaderamente, que antes de todos los siglos nació de Dios Padre, e incorruptiblemente le engendró, permaneciendo ella, aun después del parto, en su virginidad indisoluble, sea condenado [v. 218]” (Concilio de Letrán – Can. 3)

“[Quienes afirmaren] que la misma beatísima Virgen María no es verdadera madre de Dios, ni permaneció siempre en la integridad de la virginidad, a saber, antes del parto, en el parto y perpetuamente después del parto [sean condenados, rechazados, y anatematizados]” (De la Constitución de Paulo IV Cum quorundam, de 7 de agosto de 1555).

2. Contra el dogma de la transustanciación.

Muller escribe: “Cuerpo y sangre de Cristo no significan las partes físicas del hombre Jesús durante su vida o en su cuerpo glorificado (…)Cuerpo y sangre significan aquí por lo tanto una presencia de Cristo en la señal mediada del pan y del vino” (Muller: “La Misa, manantial de la vida cristiana”).

Müller de este modo explica la transustanciación: “La esencia del pan y del vino tiene que ser definida en un sentido antropológico. El carácter natural de estos dones [pan y vino] como frutos de la tierra y del trabajo del hombre, como productos naturales y culturales, consiste en la designación de la comida y del descanso de las personas y la comunidad humana en la señal de la comida común. El ser natural del pan y del vino es transformado por Dios en el sentido que este ser ahora demuestra y realiza la comunión salvadora”.

Muller niega la Presencia real de Jesús Vivo y Verdadero en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Eucaristía: es sólo la transformación del pan y del vino: “El ser natural del pan y del vino es transformado por Dios”, no es un cambio de sustancia. No es que la sustancia del pan y del vino desparezcan y se ponga el Cuerpo y la Sangre de Cristo, junto con Su Alma y Su Divinidad. Es cambiar eso material en algo divino, bendecido por Dios, pero permaneciendo la cosa material, el pan y el vino.

“Si alguno dijere que en el sacrosanto sacramento de la Eucaristía permanece la sustancia de pan y de vino juntamente con el cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, y negare aquella maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el cuerpo y de toda la sustancia del vino en la sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino; conversión que la Iglesia Católica aptísimamente llama transustanciación, sea anatema [cf. 877]”.(Concilio de Trento -Can. 2.). Anatema a Muller.

Muller, al negar este dogma, niega el sacerdocio y niega la Obra Redentora de Cristo. Por tanto, al perder la fe en la Eucaristía, él no consagra en las misas que celebra, él anula sus sacerdocio en la Iglesia, él no participa de la Jerarquía de la Iglesia y él se opone a toda la Iglesia. Porque la columna de la Iglesia es la Eucaristía. Quien la niegue, tiene que negar la Iglesia como Obra de Cristo. Muller hace su teatro en la Iglesia como Francisco. Tremenda cabeza de herejía la que está en Roma.

3. Los Protestantes como parte de la Iglesia

Müller afirmó: “El Bautismo es el carácter fundamental que nos une sacramentalmente en Cristo delante del mundo en una sola Iglesia visible. Nosotros como cristianos, católicos y protestantes, estamos pues ya unidos en lo que llamamos la Iglesia visible. En un sentido estrecho existen pues no muchas Iglesias, es decir, uno junto a la otra, pero existen divisiones y grietas dentro de un único pueblo y de una única casa de Dios.” (Muller: discurso en honor del obispo luterano Johannes Friedrich, el 11 de octubre de 2011).

Estas palabras de Muller se rebaten con aquellas del Papa PÍO XI: “Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas” (Encíclica “MORTALIUM ANIMOS”, n. 9 – 6 de enero de 1928)

Muller habla de la Iglesia visible, que es formada por todos los Bautizados: “El Bautismo es el carácter fundamental que nos une sacramentalmente en Cristo delante del mundo en una sola Iglesia visible”. Cae en el error más común en el mundo moderno. Poner la Iglesia en el mundo, cuando es claro que la Iglesia no pertenece al mundo: “Mi reino no es de este mundo”.

El Reino de Dios, la Iglesia, es un Reino espiritual y, por tanto, son miembros de ese Reino los que tienen el Espíritu de Cristo, no sólo el Espíritu de Hijo de Dios, de filiación divina, que da el Bautismo. La Iglesia es de Cristo, no de los hijos de Dios. Hay muchos hijos de Dios, almas que están bautizadas en sus referentes iglesias, pero que no creen en Cristo o creen a su manera, con sus herejías, como son los Protestantes.

El Bautismo es la Puerta de la Iglesia, pero no lleva a vivir lo que es la Iglesia. Porque en la Iglesia hay que aceptar otras verdades para poder ser Iglesia, y así salvarse y santificarse.

Por tanto, la Iglesia visible es aquella que cree en Cristo, no es la unión de todos los que están bautizados.

Los que ponen la Iglesia visible en el Bautismo están fundados “en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio. Cuantos sustentan esta opinión, no solo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo; de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios” (Encíclica “MORTALIUM ANIMOS”, n. 3 – 6 de enero de 1928).

Además, Muler cae en la herejía más nefasta de todas, la que hace de todos una sola cosa: “En un sentido estrecho existen pues no muchas Iglesias, es decir, uno junto a la otra, pero existen divisiones y grietas dentro de un único pueblo y de una única casa de Dios”.

Todos unidos sin quitar los errores. Uno junto al otro. Todos tienen la verdad. Todos tienen sus verdades. Todos comparten sus verdades y así se hace una unión falsa, descentralizada de la verdad. Esto es caer en la herejía del monismo: todos somos uno, pero junto al otro, sin jerarquía, sin dependencia de uno a otro, sin obediencia. Y esto lleva al sincretismo religioso: una unión de muchos siguiendo un culto amorfo, donde entra de todo.

Pero, además, Muller habla de la diferencias entre las Iglesias, las divisiones de la Iglesia, diciendo que la Iglesia está de suyo dividida en partes, es decir, un conjunto de comunidades, distintas, separadas, que coinciden en algunos puntos de doctrina, pero que discrepan en otros. Y, entonces, como la Iglesia está partida en su origen, en su naturaleza, todo consiste en buscar un cierto consenso entre todos los hombres, una norma común de fe que englobe los pensamientos de todos y, de esa manera, se produce la unión entre las partes.

En este pensamiento herético se va contra el dogma del Papado. La unión entre los hombres se da cuando se obedezca a Pedro. No hay otra manera de unir lo diverso: sólo en la obediencia a una cabeza, la que ha puesto Jesús en Su Iglesia: Su Vicario.

Como los hombres no quieren obedecer a Pedro, entonces se inventan su ecumenismo, su falso amor a los hombres y su falsa iglesia, que está partida. La Iglesia de Jesús no tiene partes, no está dividida en muchas, porque la Verdad es una sola.

Todo el problema de ser uno sólo está en la Obediencia a Pedro. No se quieren quitar las diferentes doctrinas que cada uno sigue porque no se quiere someterse a la Verdad de la Iglesia que da sólo Pedro en Ella. No quieren “abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo” (Encíclica “MORTALIUM ANIMOS”, n. 9 – 6 de enero de 1928).

Muller es nefasto en su herejía sobre la unión entre todas las Iglesias. Y ahí está en Roma para dinamitar toda la Iglesia, sacando las verdades de la Iglesia con sus razonamiento inicuos.

Las mentiras de Müller

En una entrevista el 03 de octubre de 2013 el prefecto Müller se dedicó a dar las mentiras que en la nueva iglesia en Roma son ya las verdades que todos deben seguir. Dijo otras cosas, pero lo esencial es ver su pensamiento en cuanto a lo que es la fe y la Iglesia.

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“El Papa ha hecho un dialogo con el editor de la Reppublica, Scalfari. No tiene ningún miedo de dialogar, porque nuestra fe viene del “logos”, de la Palabra de Dios, que es también el intelecto de Dios. Y tenemos una religión que vincula el diálogo y la fe. Y por eso la Iglesia, no sólo el Papa, también los teólogos, son los primeros interlocutores de este diálogo entre los no creyentes y los creyentes. Todos los hombres son creyentes, cuando uno pregunta a ateos o agnósticos ‘¿qué crees?’ , te dicen que creen en la naturaleza, en la vida, en su familia… Todos los hombres creen en alguna cosa, pues toda la Humanidad tiene su fundamento existencial en sí mismo, en una realidad que está fuera de nosotros mismos. Nosotros llamamos a esta realidad Dios, que se ha revelado como nuestro Creador”.

1. “El Papa ha hecho un dialogo con el editor de la Reppublica, Scalfari. No tiene ningún miedo de dialogar”: Francisco no ha dialogado, sino que ha expuesto sus herejías en el mundo y en la Iglesia. Hay que llamar a las cosas por su nombre. No hay que hacer un rodeo a la Verdad. La Verdad es que Francisco es un hereje y Muller le limpia las babas a ese hereje. Muller calla la Verdad, porque es soberbio. Le interesa gobernar en el puesto de Francisco. Por eso, no se enfrenta a Francisco sino que lo aplaude, como hacen muchos en la Iglesia.

2. “nuestra fe viene del “logos”, de la Palabra de Dios”: La fe no viene del logos, de la Palabra de Dios, sino del asentimiento de la mente a la Palabra de Dios. Asentir es abajar la mente, humillar la mente a la Palabra de Dios. Asentir es obedecer a la Palabra de Dios. Decir que la fe viene del logos es decir que el hombre piensa la fe, pero no obedece a Dios. el hombre dialoga con Dios, pero no se somete a Dios.

3. “que es también el intelecto de Dios”: El Verbo de Dios es sólo la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Es la Palabra del Pensamiento del Padre. Y es sólo eso. Hablar de esta manera indica a las claras la herejía de Muller: no cree que Jesús es Dios, sino sólo un pensamiento de Dios.

4. “Y por eso la Iglesia, no sólo el Papa, también los teólogos, son los primeros interlocutores de este diálogo entre los no creyentes y los creyentes”: la Iglesia no dialoga con nadie, ni el Papa dialoga con nadie, ni los teólogos dialogan con nadie. Si el Papa, los teólogos, los sacerdotes, los Obispos, los fieles, no dicen la Verdad a los que no creen, entonces es mejor que se salgan de la Iglesia. Porque se está en la Iglesia para dar la Fe en la Palabra de Dios a los que no creen. No se está en la Iglesia para una charla con los que no creen. Para charlas, ahí tiene el mundo. Váyase Muller y todos los que piensan como él al mundo a tomarse una cerveza y a dialogar con los que no creen. Que es esto lo que propone a la Iglesia. A los herejes como Muller y Francisco hay que darles duro hasta que les duela.

5. “Todos los hombres son creyentes, cuando uno pregunta a ateos o agnósticos ‘¿qué crees?’ , te dicen que creen en la naturaleza, en la vida, en su familia… Todos los hombres creen en alguna cosa”: No de todos es la fe, dice San Pablo, y, por lo tanto, los hombres que creen en algo sin tener fe sólo son soberbios, es decir, sólo creen en su sabiduría humana, que es lo que enseña aquí Muller. Eres creyente porque piensas la vida. Eso es todo para Muller en la Fe. Y, por supuesto, esa no es la Fe en la Iglesia ni en la Palabra de Dios.

6. “toda la Humanidad tiene su fundamento existencial en sí mismo”: esto es una herejía de Muller, porque la humanidad no se basa en la existencia de sí misma, no tiene la existencia en sí misma, sino que existe por Dios, porque Dios la ha puesto en la existencia. Pero, el problema de Muller, es que esa humanidad de que habla no existe. Porque es la naturaleza del hombre la que Dios pone en la existencia. No es la humanidad. La humanidad es algo abstracto, no es algo personal, es algo universal, no es algo concreto, es algo que sólo existe en la mente del hombre, pero no en la realidad. En la realidad se da un conjunto de hombres, la reunión de hombres, una familia, una sociedad, pero no una humanidad. Es claro que Muller no sabe lo que está diciendo.

7. “en una realidad que está fuera de nosotros mismos”: primero declara que la humanidad tiene su fundamento existencial en sí mismo y después dice lo contrario, que existe fuera de ella, fuera del conjunto de hombres. Y eso sólo significa una cosa: que Muller hace de esa humanidad un dios en sí mismo. Cuando declara que esa humanidad tiene su fundamento existencial en sí mismo está definiendo a esa humanidad como dios. Y cuando dice que esa realidad está fuera de esa humanidad, está diciendo que ese dios pertenece a lo de fuera del hombre, es decir al mundo. Y, que por tanto, el hombre tiene que mirar al mundo para entenderse a sí mismo.

8. “Nosotros llamamos a esta realidad Dios, que se ha revelado como nuestro Creador”: para Muller Dios es sólo el creador, pero no el Redentor ni el Santificador. Por tanto, aquí está declarando que ese dios fuera de la humanidad, ese dios que da vida a la humanidad es sólo el creador de esa humanidad, no es el redentor, el salvador, el que santifica a esa humanidad. Y es clara su doctrina gnóstica en todo este pasaje. Bebe de las fuentes de la gnosis y del ocultismo para declarar su falta de fe en la Palabra de Dios.

“La teología de la Liberación sana nunca ha sido condenada, sino ha sido un elemento legítimo de la teología católica. La teología tiene que dar una respuesta a una situación, sobre todo en América Latina, donde tantos hombres viven por debajo de la dignidad humana, no tienen nada que comer o dar a comer a sus hijos, sin una formación escolar o un trabajo. La situación es muy mala. Por eso el Santo Padre Francisco también ha dicho que la Iglesia es responsable del hombre como cuerpo, como ser social. Tenemos la DSI, desde hace tiempo, pero también esta Teología que se ha desarrollado después de la Gaudium et Spes y del Vaticano II, ha adquirido clara legitimidad. El magisterio ha denunciado unas formas o ideas que no iban con la teología católica, pero Gustavo Gutiérrez nunca cayó en esta trampa de un cierto marxismo o en la lucha de clases. Los hombres de Jesucristo deben superar las guerras sociales, las guerras con las armas, entre tribus. También en España, todos tienen que entenderse como españoles a pesar de tener una cultura en Cataluña, el País Vasco o en Castilla. Todos los países en Europa tienen diferentes culturas: esto enriquece en sí mismo. Pero es inútil dividir una nación. Creemos en Pentecostés, todos los hombres de diferentes culturas y lenguas… Como Iglesia tenemos que ser ejemplos, modelo de esta forma de vivir de los hombres juntos a pesar de las diferencias en todas las dimensiones de la vida humana. Estas diferencias son adecuadas a la voluntad de Dios, y tenemos que vivir juntos. Un cuerpo en Jesucristo. Muchos carismas del Espíritu Santo”.

1. “La teología de la Liberación sana nunca ha sido condenada, sino ha sido un elemento legítimo de la teología católica”: No existe la teología de la liberación sana porque toda la teología de la liberación está corrompida. Existe sólo el juego de palabras de los hombres que quieren presentar su teología de la liberación camuflada en la Iglesia con bellas palabras y bellas oraciones para hacer de la Iglesia el campo del marxismo. Aquí se ve cómo Muller es de la teología de la liberación, es decir, es un Obispo sin fe en la Iglesia y sin fe en la Palabra de Dios.

2. “La teología tiene que dar una respuesta a una situación, sobre todo en América Latina, donde tantos hombres viven por debajo de la dignidad humana, no tienen nada que comer o dar a comer a sus hijos, sin una formación escolar o un trabajo”: la teología no está para esto. La teología es la ciencia divina, la ciencia que penetra el Pensamiento de Dios y lo da al hombre para que haga la Voluntad de Dios. Y en el Pensamiento Divino no está dar de comer a nadie, dar unos estudios a nadie, darle un trabajo a la gente. Eso sólo lo quieren los sacerdotes y Obispos como Muller y Francisco, que hace de la Iglesia la apertura al mundo y que se dedican en la Iglesia a las cosas del mundo. Aquí se ve ese necio que no sabe nada de teología, como muy bien está demostrando en esta entrevista. No sabe lo que es la Voluntad de Dios en la Iglesia. Sólo sabe buscar su propia voluntad humana para darle a la gente lo que le pide: un trozo de pan y un poco de dinero. Estos son los Obispos que destruyen la Iglesia. Esta ralea de demonios, como son Muller y Francisco.

3. “La situación es muy mala. Por eso el Santo Padre Francisco también ha dicho que la Iglesia es responsable del hombre como cuerpo, como ser social”: Sí, la situación es muy grave desde que Adán y Eva pecaron. Alarmarse ahora porque hay problemas económicos que no se resuelve es la mayor tontería de una Iglesia que ya no sabe mirar el pecado y dar la solución a ese problema económico: quiten su usura, quieten su pecado de avaricia, quiten su lujuria. Y todo se arregla. Pero esto no se va a hacer porque Muller es otro más que no cree en el pecado, sólo cree en sus caminos humanos para dar de comer a todo el mundo. Que se quede con sus grandes planes humanos en la nueva iglesia que ha formado junto a Francisco, el hereje de todos los tiempos. Y, por supuesto, la Iglesia no es responsable del hombre como cuerpo. Eso no se lo traga ni Francisco. La Iglesia es sólo responsable de cada alma, de la vida espiritual de cada alma. La Iglesia no está para dar de comer ni dinero a nada porque no es la Voluntad de Dios. Porque Dios no ha puesto un restaurante en la Iglesia. Dios no ha hecho de Su Iglesia una empresa para dar trabajo a los hombres. A Dios no le interesa la vida social de nadie, porque tiene suficiente con su vida divina y no está mirando lo que hacen los hombres en sus inútiles vidas sociales. Pero, claro, estas cosas a Muller ni le va ni le viene, porque está en la Iglesia sólo para hacer lo que le da la gana a él. Y así destruye el culto a Dios en la Iglesia. Y da culto a los social, a lo humano, a lo natural.

4. “Tenemos la DSI, desde hace tiempo, pero también esta Teología que se ha desarrollado después de la Gaudium et Spes y del Vaticano II, ha adquirido clara legitimidad.”: Esto es lo más estúpido que Muller se le ocurre decir. Estúpido y herético, porque no cree en la teología católica, sino sólo en su teología de la liberación. Para él es legítima porque ha nacido de su soberbio pensamiento. Y, claro, no la puede abandonar para seguir las enseñanzas sociales que la Iglesia da para que se obren. Eso que enseña la Iglesia no le sirve a Muller, no es legítimo. También la Igl3sia tiene que valorar otras cosas que no pensó en el Concilio Vaticano II. Con esta afirmación, Muller está diciendo que la teología de la liberación sale de Gaudium Spes y del Vaticano II. Que es un invento más de los soberbios teólogos que hicieron el Vaticano II.

5. “El magisterio ha denunciado unas formas o ideas que no iban con la teología católica, pero Gustavo Gutiérrez nunca cayó en esta trampa de un cierto marxismo o en la lucha de clases”. : Quien haya leído a Gistavo Gutiérrez se habrá dado cuenta del marxismo que respira todos sus escritos, de la invitación que hace a las luchas de clases dentro de la Iglesia. Que Muller no diga más tonterías como esta que sólo demuestra su interés por legitimar la herejía en la Iglesia.

6. “Los hombres de Jesucristo deben superar las guerras sociales, las guerras con las armas, entre tribus. También en España, todos tienen que entenderse como españoles a pesar de tener una cultura en Cataluña, el País Vasco o en Castilla. Todos los países en Europa tienen diferentes culturas: esto enriquece en sí mismo. Pero es inútil dividir una nación”. Los hombres que sigue a Jesús son hombres espirituales que no están lamiendo a otros hombres en la sociedad y que se preocupan en absoluto de la política y de las clases obreras. Los hombres que siguen a Jesús les trae sin cuidado lo que los gobierno enseñan sobre la vida humana. Y, por eso, los hombres que siguen el Espíritu de Cristo no tienen que superar nada. Es que ni les va ni les viene lo que dice Muller aquí. Lo que no sirve para la vida espiritual, como es la vida social simplemente se deja a un lado, porque la fe no se nutre de lo cultural, de los social, de las circunstancias de la vida, de los problemas de la vida, de las luchas políticas. Le fe sólo se alimenta de la Palabra de Dios y obra esa Palabra Divina sin hacer caso a ningún hombre ni en la Iglesia ni en el mundo. Que esto lo que no soporta Muller. Esta libertad del espíritu que tienen los que creen en la Palabra. Y, por tanto, no están mirando cómo otros se matan por una idea política y religiosa en el mundo y en la Iglesia. Esto lo dice Muller porque contempla su nueva iglesia, que es sólo una lucha por el poder en el gobierno y por tener dinero en el bolsillo.

7. “Creemos en Pentecostés, todos los hombres de diferentes culturas y lenguas…”: Muller no ha entendido lo que es Pentecostés. No tiene ni la remota idea de lo que está hablando. Y, por eso, habla así sin sentido de la verdad. Pentecostés es sólo la obra del Espíritu para dar a conocer la Palabra de Dios y, por tano, para convertir a las almas a Dios. Pentecostés no es la reunión de hombres diversos, con diferentes lenguas para hacer una Iglesia, que es esto lo que propone Muller. Y, por tanto, la Iglesia, para Muller, es sólo una reunión de hombres en un Espíritu. Y nada más. Y no quiere dar a la Iglesia la forma de Cuerpo Místico porque no cree en el Espíritu.

8. “Como Iglesia tenemos que ser ejemplos, modelo de esta forma de vivir de los hombres juntos a pesar de las diferencias en todas las dimensiones de la vida humana. Estas diferencias son adecuadas a la voluntad de Dios, y tenemos que vivir juntos. Un cuerpo en Jesucristo. Muchos carismas del Espíritu Santo”: Aquí está el pensamiento de Muller sobre la Iglesia: un conjunto de hombres distintos en sus pensamientos, en sus culturas, en sus vidas humanas que se reúnen porque tienen carisma y dones de Dios. Y eso les urge a vivir juntos, a formar una comunidad, una familia de Dios. Sus diferencias son adecuadas a la Voluntad de Dios. Las quiere Dios. Sirven para formar la Iglesia. Con este pensamiento, Muller destruye la Iglesia y pone como centro de la Iglesia el pensamiento del hombre, con el cual hay que hacer de la Iglesia lo que piensan sólo los hombres.

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