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La bula del jubileo de la misericordia es una burla para toda la Iglesia

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«He escogido la fecha del 8 de diciembre por su gran significado en la historia reciente de la Iglesia. En efecto, abriré la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II» ( ver texto, n.4)

Sólo un masón, como lo es Bergoglio, realiza un año sobre su falsa misericordia fundamentado en un Concilio. Oculta a la Inmaculada para poner su idea masónica. Profana la Pureza de la Virgen María con un acto blasfemo.

El Concilio Vaticano II ha traído tanta división a la Iglesia que es una burla decir: «La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento» (Ib). ¿La Iglesia tiene necesidad de recordar tanta división, tanta apostasía de la fe, tanto cisma que ha producido este Concilio?

La ideología masónica entró dentro de la Iglesia bajo el Concilio Vaticano II. Y ese Concilio, por la mala vida de muchos sacerdotes y Obispos –por culpa de tanta Jerarquía que ha olvidado la oración y la penitencia-, por no saber discernir e interpretar su doctrina a la luz de la fe, a la luz de la Tradición y bajo el magisterio auténtico e infalible de la Iglesia, ha sido la inspiración para que tantos sacerdotes y Obispos se rebelaran contra el Papa y el Papado, y abandonaran la Tradición católica, constituyéndose en guías ciegos de muchas almas que han arrastrado –y continúan arrastrando- a la condenación eterna.

¡Cómo se burla de todos los católicos el bufón del Anticristo, Bergoglio!

Los masones predican los mismos escritos del Concilio Vaticano II. ¿Es un año para recordar esto? ¿Hay necesidad de mantener vivo este evento? ¡Qué gran burla!

El Concilio Vaticano II no es magisterio infalible ni auténtico de la Iglesia. Y esto lo sabe muy bien Bergoglio. Y, muchos, como lo hace este falsario, dogmatizan el Concilio para su conveniencia personal, para su negocio privado en la Iglesia.

«Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia» (Ib): los masones pusieron falsos papas desde 1972 hasta el 2013, en que consiguieron poner al falsario Bergoglio, al que hoy llaman papa –y no lo es-, porque es sólo un juguete de la masonería.

Sí, se iniciaba un  nuevo período, pero no el de la Iglesia Católica, sino del demonio dentro de la Iglesia. Dios ha llevado a Su Iglesia por otros caminos fuera de la idea masónica imperante en el Concilio. Y, por eso, durante cincuenta años se ha visto la gran división en toda la Iglesia, pero Dios no ha roto nada, no ha separado el trigo de la cizaña, porque había una Cabeza legítima y verdadera que sostenía la Iglesia en la Verdad.

Pero, una vez que los masones, trabajando dentro de la Iglesia, con su Jerarquía infiltrada, la cual son muchos –y por sus obras se los conoce-, han quitado la Cabeza visible de la Iglesia y han puesto a un loco, vestido de papa, entonces ha comenzado el cisma dentro de la Iglesia: el gran cisma.

Y un cisma querido por Dios, para separar el trigo de la cizaña.

Dos Papas en Roma, como está profetizado: uno verdadero y otro falso.

Uno que ha mantenido la fe católica hasta el final. Pero no le dejaron seguir. Le obligaron a renunciar. Con bonitas palabras, pero obligado.

Y otro que está destruyendo lo poco que queda en pie en la Iglesia. Y al que muchos, al ser tibios y pervertidos en su vida espiritual, lo llaman santo. Y Bergoglio no tiene un pelo de santidad. Sino que  está lleno de abominación, tanto en su mente, como en su palabra y en sus obras malditas.

El Concilio Vaticano II no es un punto de partida para alejarse de la verdad del dogma, de la tradición, de la doctrina de Cristo. Muchos lo ven así: como punto de partida.

Bergoglio lo anuncia: «Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo» (Ib). Derrumbadas las murallas: punto de partida. La Iglesia ya no es una ciudadela privilegiada: punto de partida. Tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo: punto de partida.

El Concilio es continuidad. No es algo nuevo, no es el Evangelio narrado según la novedad de la mente del hombre. No hay que contar fábulas a la gente con un lenguaje bello, atractivo, con garra. No hay una Iglesia antes del Concilio ni hay una Iglesia después del Concilio. No hay un antes ni un después. Está la misma Iglesia de siempre: Santa, Inmaculada, Intocable, Inmortal. Lo que varía son los hombres, sus miembros, que no son ni santos, ni inmaculados, ni intocables, ni inmortales. Son lo que son.

Y ese Concilio fue para toda la Iglesia, no para el mundo, no para los hombres. Pero, cada uno lo tomó para su gran negocio: unos lo negaron, otros lo dogmatizaron. Y muy pocos lo pusieron en su sitio. El Papa Pablo VI lo salvó de la herejía.

El Concilio no se hizo para introducir división alguna en el tiempo histórico de la Iglesia. Fue la misma Jerarquía la que produjo esa división dentro de la Iglesia. Fueron los mismos fieles de la Iglesia lo que llevaron a esa división. Es decir, fue el pecado de unos y de otros.

Errores –pero no herejías- tiene ese Concilio por ser un magisterio abierto y espiritual. Y esto no tiene que causar asombro, porque en este magisterio abierto siempre está el error. En un magisterio dogmático no hay error. Pero no es dogmático, no define nada nuevo, sino que es espiritual, es decir, trata muchas cosas con un lenguaje espiritual.

Y, por eso, hay que tener vida espiritual para saber interpretar ese magisterio. Y este ha sido el gravísimo problema de mucha jerarquía y de muchos fieles: no tienen vida espiritual. Muchos católicos, en estos años, se han abierto sin filtros ni freno al mundo. ¡Han caído! Y la culpa no es del Concilio. Sino de esos católicos que no han sabido sostener la base de su identidad católica, la cual no se puede poner en discusión, con la apertura, con el diálogo con el mundo.

Quien tiene las ideas claras sobre su fe, no teme dialogar con nadie en el mundo. Pero no dialoga para quedar atrapado en las ideas de los hombres; no se abre al mundo para hacer las obras del mundo. Se habla para convertir al otro a la Verdad. Se come con pecadores para convertir sus almas. Pero, muchos interpretaron mal ese magisterio espiritual por no tener vida espiritual. Ahora, por supuesto, no pueden creer que Bergoglio no es papa. No les entra en la cabeza. ¡Han perdido su fe católica!

Cuando la persona se abre al mundo y a su cultura y se interroga sobre las bases mismas del depósito de la fe, es que ha comenzado en ella la apostasía de la fe.

El verdadero católico no se opone al mundo, sino que vive en el mundo pero sin el espíritu del mundo. Vivir en el mundo no es amar el mundo, no es comulgar con el mundo. Es poner en el mundo lo que éste no tiene: la verdad revelada.

Es el mundo el que se opone a la Verdad, a la Iglesia Católica, a los verdaderos católicos. Porque los que son del mundo no quieren vivir en la Iglesia, sino que la combaten totalmente.

El mundo se rebela siempre que se le dice la verdad. Cuando se habla del pecado, el mundo se tapa los oídos y alza su rebelión. Cuando a las cosas se les llama por su nombre, entonces el mundo ataca a la Iglesia por los cuatro frentes.

¿Qué es lo que predica Bergoglio?

Su gran negocio: Dios lo perdona todo, Dios te ama, Dios es muy tierno con todos. Todos los hombres son santos y justos.

¡Este es el resumen de esta burla, que es su falso jubileo de su falsa misericordia!

Bergoglio anula la Justicia de Dios y sólo pone como el fundamento de la vida espiritual, su falsa misericordia.

Este hombre se llena la boca de un sentimentalismo podrido. Todo es dar vueltas a la palabra misericordia. No es capaz de definir la Justicia de Dios, el pecado, el decreto del pecado, el decreto de la Encarnación y la Obra Redentora de Cristo en la Iglesia. Cuando habla del perdón habla de una blasfemia contra el Espíritu Santo.

«No juzgar y no condenar significa, en positivo, saber percibir lo que de bueno hay en cada persona y no permitir que deba sufrir por nuestro juicio parcial y por nuestra presunción de saberlo todo» (Ib, n 14): aquí tienen la locura de esta mente diabólica.

Si no juzgas entonces percibes lo bueno en la otra persona.

Si juzgas, entonces eres presuntuoso. Ya ha sido juzgado por Bergoglio.

Este hombre no sabe discernir entre juicio espiritual y juicio moral.

Todo hombre juzga de manera necesaria, porque su razón sólo sabe hacer juicios. Esto es el abc de la filosofía. Es el juicio humano o natural.

No hay hombre que no haga juicios. No hay hombre que no juzgue.

Es necesario y conveniente juzgar.

Y ante las palabras y los pensamientos y las obras del otro, sea quien sea, hay que juzgar.

Lo que prohíbe Jesús, en Su Evangelio, es hacer un juicio moral de la persona. Es decir, juzgar su intención. Nadie conoce la intención del otro. Se ven sus obras, se ve su vida, pero no el motor, no la razón oculta por la cual se vive o se obra todo eso.

Pero lo que nunca prohíbe Jesús es hacer el juicio espiritual, tanto de las palabras, como de la mente, como de la vida y obras del otro.

Y como Bergoglio no sabe distinguir estos dos juicios, por eso, no sabe decir lo que es pecado y lo que no es pecado. Lo que hay que perdonar y lo que no hay que perdonar.

Este el punto de su falsa espiritualidad. Bergoglio tiene una fe humana. Es decir, creer significa, para él, negarse a sí mismo.

La fe divina significa obedecer a un mandamiento de Dios. Quien cree obedece.

Para Bergoglio, no es así: «creer quiere decir renunciar a uno mismo, salir de la comodidad y rigidez del propio yo para centrar nuestra vida en Jesucristo» (ver texto).

Para Bergoglio, creer es salir del propio yo, pero nunca es una obediencia a un plan de Dios. Es negarte a ti mismo: niega, renuncia a tus juicios humanos para poder percibir lo bueno que tiene el otro.

El hombre no tiene que renunciar a nada. Sólo tiene que obedecer a Dios. Esa obediencia significa negar el propio pensamiento humano, que vive en  la soberbia por nacer el hombre en el pecado original. Si el hombre sigue su juicio, ya no obedece el juicio de Dios. Y peca. Para no seguir su juicio, el hombre no tiene que salir de su yo, ni de su vida cómoda. Sólo tiene que someter su inteligencia humana al mandamiento de Dios. Y esto es sólo la fe verdadera. Después, como el hombre peca, necesita la penitencia: ayunos, mortificaciones, desprendimientos, sacrificios. Que le ayudan a vencer el principal pecado que tiene todo hombre: su soberbia.

Bergoglio está en su falsa espiritualidad, que es un falso misticismo: «la vocación cristiana es sobre todo una llamada de amor que atrae y que se refiere a algo más allá de uno mismo, descentra a la persona, inicia un ”camino permanente, como un salir del yo cerrado en sí mismo hacia su liberación en la entrega de sí y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, más aún, hacia el descubrimiento de Dios”» (Ib)

La vocación cristiana no descentra a la persona. ¡Qué absurdo! La vocación divina transforma a la persona humana.

La persona no está encerrada en su yo, no vive existencialmente encerrada en ella misma: esta forma de hablar es propia del idealismo. El hombre está metido en sus ideas, construye la vida con sus ideas. Hay que sacarlo de sus ideas, tiene que salir de su yo cerrado en sí mismo. Tiene que salir de su humanidad. Y quien habla así tiene que imponer su visión de ser hombre a los demás: esto es lo que hacen todos los dictadores. Atacan al hombre, niegan al hombre, para imponer su hombre, su estilo de vida humana a los demás. Así Hitler buscó su pueblo perfecto, quitando de en medio a la escoria, a lo que él consideraba miseria humana. Es el idealismo, que da culto a la mente del hombre.

Hablan de esta forma porque han negado el pecado de soberbia y de orgullo, que es el que cierra a los hombres en el juicio propio, en su yo orgulloso. Pero la persona no vive encerrada en ella: es la soberbia la que obra esta cerrazón. Pero es una cerrazón espiritual; no es moral, ni psicológica, ni humana, ni existencial.

Entonces, Bergoglio batalla constantemente contra todo el mundo. Cada hombre vive encerrado en sus ideas, en su yo encerrado. ¿Cómo se sale? ¡No juzgues al otro! Dale un camino para sus ideas. Si juzgas al otro entonces no vas a percibir sus ideas, su mundo interior y lo vas a hacer sufrir. Y encima eres presuntuoso.

Esto es todo en la falsa espiritualidad que enseña este hombre.

Si no juzgas, entonces vas saber perdonar y dar: «Jesús pide también perdonar y dar» (Bula, n. 14).

Y, entonces, es cuando pone su programa comunista:

«En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos» (Bula, n 15).

Los de la periferia existencial: la culpa de vivir así: el mundo moderno. ¡Lucha de clases!

Gente pobre, que sufre, que no tienen voz: la culpa de todo esto: los pueblos ricos. ¡Lucha de clases!

¿Para qué hace este falso jubileo? Para atacar a las clases ricas, pudientes, altas.

Bergoglio es la voz de los pobres, no de los ricos. ¡Voz comunista!

Y vean la charlatanería de este bufón, de este loco:

«En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención» (Ib): consuela a los pobres, a los de la periferia existencial, dales un poco de solidaridad humana, atiéndeles en sus necesidades humanas, materiales, carnales. Para eso va a hacer este falso jubileo. No para quitar pecados. No para expiar los pecados ni de los pobres ni de los ricos. Lo va a hacer para hablar mal de los ricos – para juzgarlos (él que no juzga a nadie)- y para llenar estómagos de los pobres. Eso es todo.

Y, ahora, muestra su vena llorona:

«No caigamos en la indiferencia que humilla, en la habitualidad que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad, en el cinismo que destruye. Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo» (Ib).

¿Ven su sentimentalismo podrido?

La indiferencia humilla; lo habitual anestesia. Tienes que vivir concentrado en los problemas del otro, pero no en su conversión. No puedes juzgar  su vida de pecado. Tienes que aceptarla, pero debes preocuparte por su vida de pecado para no humillar al otro. No seas juez del otro diciéndole que su homosexualidad es pecado. Acepta su homosexualidad, preocúpate de ella para no lastimar al otro. Sé tierno con el otro. Sé compasivo con el otro. Sé misericordioso, como Dios es misericordioso.

¿Ven qué podrido está Bergoglio?

¿Ven cómo todo es llorar por los hombres, que viven en sus malditos pecados, y justificarlos de muchas maneras?

No guardes el depósito de la fe, que es lo habitual que todo católico tiene que hacer si vive en el mundo, porque eso es impedimento para poder descubrir la novedad en tu hermano que vive en su herejía.

¡Es todo justificar al pecador y su pecado!

Tienes que abrir tus ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tanta gente que no tiene dignidad: ya no abras tus ojos para mirar que la gente está viviendo en su pecado, y que es necesario la oración y la penitencia para sacarlos de su pecado.

¡Hay mucha gente sin dignidad humana! ¡Dales dignidad! ¡Dales solidaridad! ¡Dales dinero! Dales un poco de fama mundial! ¡Hagamos un mundo con personas con dignidad! ¡Comunismo y masonismo!

¡Qué pena de tantos católicos que se van a condenar por seguir a Bergoglio!

Las prostitutas tienen más claro el camino de salvación que muchos católicos que tienen a Bergoglio como su papa.

¡Es más fácil que se salve una prostituta que un católico que obedezca a Bergoglio!

Bergoglio te predica el beso y el abrazo: «Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad» (Ib). Pura idea masónica. Abraza al prójimo aunque sea el mayor hereje de la historia, aunque sea un ateo que blasfema contra Dios, aunque sea un musulmán que corta cabezas por cortarlas. Dales un abrazo. Se lo merecen. Dales un signo de fraternidad natural.

¡Qué locura de bula!

¡Qué burla esta bula de la falsa misericordia!

Ni una palabra sobre el pecado, que es el mal de este mundo. Ni una palabra. Todo es dar vueltas a lo mismo:

«Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (Ib): no tienes una conciencia despierta ante la pobreza; no miras a los pobres que son los privilegiados de esta falsa misericordia.

Es siempre lo mismo: los pobres, los pobres, los pobres. Bergoglio ha puesto a los pobres por encima de Dios. Su claro comunismo. ¡Cómo apesta este hombre a humanismo! ¡Es su herejía favorita!

Y, por supuesto, dice su gran blasfemia:

«Ser confesores no se improvisa. Se llega a serlo cuando, ante todo, nos hacemos nosotros penitentes en busca de perdón. Nunca olvidemos que ser confesores significa participar de la misma misión de Jesús y ser signo concreto de la continuidad de un amor divino que perdona y que salva. Cada uno de nosotros ha recibido el don del Espíritu Santo para el perdón de los pecados, de esto somos responsables» (Ib): como no tienes que juzgar al otro, entonces a perdonar sin límites. Y la gran blasfemia es que el Sacramento se ha dado tanto para atar como para desatar. No se nos ha dado el Espíritu Santo para perdonar pecados, sino para hacer un juicio tanto al pecador como a su pecado.

¡Pobres sacerdotes, lo que les espera en ese año de maldad como se atrevan a negar el Sacramento a un pecador!

Bergoglio sólo coge la palabra misericordia y la repite sin cesar en toda esta bula. Es una palabra vacía, acomodada a la mala interpretación que hace de todos los textos de la Sagrada Escritura y de los Papas.

Le sale un documento que es una burla de la Justica y de la Misericordia Divinas. ¡Una auténtica burla!

¡Qué pocos saben ya enfrentar a Bergoglio como lo que es en la realidad!

¡Ahora, todos temen ya lo que va a suceder después de Octubre! Todos lo palpan.

Pero todos son culpables porque tiempo han tenido de llamar a las cosas por su nombre. Y sólo por agradar a un hombre, a este falsario, todos entran en el castigo que viene para toda la Iglesia, que se manifestará en el mundo entero.

Castigo divino: todos encerrados en una gran oscuridad, de la cual nadie puede ver. Es la oscuridad del demonio: su tiniebla. Y, en esa tiniebla espiritual, la condenación de muchos, fieles y Jerarquía, que a pesar de su gran inteligencia, se merecen el infierno.

No salvan las teologías. Sólo salva poner la cabeza en el suelo y pedir a Dios misericordia. Pero el gran pecado de muchos en la Iglesia es que se creen salvados y santificados por su teología, porque han sabido interpretar a su manera el Concilio.

Y para no apartarse de la enseñanza espiritual del Concilio, el alma no tiene que apartarse de la Voluntad de Dios en la Iglesia, que es en lo que muchos han caído. Por querer sus tradiciones, sus liturgias, sus magisterios, se han alejado de la Voluntad de Dios en una Cabeza Visible. Y vemos la gran división que todo eso ha traído.

Ahora, todos siguen a un ignorante de la Verdad. Y a pesar de ver sus grandes herejías, sus claras obras de apostasía y su obra cismática en su gobierno, se someten a su mente humana. No tienen las agallas de levantarse contra ese hombre. En sus teologías no lo ven claro.

No salvan las teologías, sino la fe de los sencillos.

¡Cuánta gente sin inteligencia sabe lo que es Bergoglio!

¡Cuánta Jerarquía con años de teología y todavía no creen que Bergoglio no es papa! Se van a condenar.

En este tiempo de Justicia, sólo las almas sencillas se salvarán. Los demás, les espera una gran condenación. Y sólo porque ellos la han buscado en sus grandes teologías.

Esta bula del jubileo de la misericordia es una burla a la Misericordia de Dios. No es un año de bendición divina, sino de maldición. Y esa maldición la obra el demonio dentro de la Iglesia.

El complot de la masonería en el Papado

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Original: Noticias del 25 de Noviembre del 2014
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«Sobre el programa, en cambio, sigo el que los cardenales pidieron durante las congregaciones generales antes del cónclave. Voy en esa dirección. El Consejo de los ocho cardenales, un organismo externo, nace de ahí. Había sido pedido para que ayudase a reformar la curia… Mis decisiones son el fruto de las reuniones precónclave. No he hecho nada yo solo» (Bergoglio en la entrevista al “Il Messaggero” – 9 de junio del 2014).

Bergoglio es sólo el juguete de la masonería: fue elevado por los Cardenales masones para poner un nuevo fundamento: el gobierno horizontal.

Y este fundamento anula el que tiene la Iglesia, y que nadie puede tocarlo:

«…yo, como sabio arquitecto, puse los cimientos, otro edifica encima. Cada uno mire cómo edifica, que cuanto al fundamento, nadie puede poner otro sino el que está puesto, que es Jesucristo» (1 Cor 3, 11).

Los Cardenales pidieron un organismo externo: una nueva estructura. Eso significa que la renuncia del Papa Benedicto XVI tiene que ver con este pedido de los Cardenales.

«Es difícil creer que el Papa Benedicto XVI libremente haya renunciado a su ministerio como sucesor de Pedro. El papa Benedicto XVI era la cabeza de la Iglesia; su entorno, sin embargo, apenas sí traducía sus enseñanzas en una forma de vida, silenciaba o bien obstruía sus iniciativas de una reforma auténtica de la Iglesia, de la liturgia y de la manera de administrar la Sagrada Comunión. En vista del gran secretismo que domina en el Vaticano, para muchos obispos era realmente imposible ayudar al papa en su deber como cabeza y jefe de la Iglesia toda». (Carta abierta de Monseñor Jan Pawel Lenga)

Ya nadie cree que el Papa Benedicto XVI renunció por disminución de fuerzas. Su entorno se lo impedía. Sus Cardenales, sus Obispos, sus sacerdotes obstaculizaban su gobierno.

Es el complot contra la Cabeza Visible de la Iglesia.

Un complot que viene de lejos. Siempre el poder es la manzana prohibida a la Jerarquía. Es la tentación para toda la Jerarquía.

La Jerarquía no gobierna la Iglesia. Es Cristo, en Su Papa, en Su Vicario, el que la gobierna.

La Jerarquía gobierna en Pedro, sujetándose a Pedro. Y es esta obediencia lo que hace saltar la soberbia de muchos prelados, de gente que se autodenomina Obispo o Cardenal, pero que no poseen el Espíritu de Cristo. Son lobos. Son claramente hombres sin Cristo y sin Iglesia.

«Mis decisiones son el fruto de las reuniones precónclave»: es claro el pensamiento de Bergoglio, falso Papa. Decisiones humanas; caminos humanos, obras humanas. Dios no cuenta para nada. Dios es sólo un concepto para estos hombres. Un concepto bello, pero sin sustancia, sin una obra real ni en los corazones ni en la vida eclesial.

Antes del cónclave existían reuniones para poner al hombre que tenía que colocar el nuevo fundamento.

Existían reuniones: gente que pedía el voto.

El Cardenal Theodore McCarrick, el 11 Octubre el 2013, durante una charla dada en la Universidad de Villanova, confesó que había sido presionado para apoyar a Bergoglio.

Un interesante y muy influyente hombre italiano le dijo: «Haz campaña por Bergoglio» (“Push Bergoglio” = “Vota, puja por Bergoglio; promueve a Bergoglio”) (m. 23.09). El verbo inglés push, que usa el Cardenal, indica coacción, presión, hacer algo sin libertad. Si se obliga a seguir a un hombre como el candidato a Papa, esa elección es nula. No hay libertad en ninguno que forman la asamblea de electores. Todo estaba amañado de antemano. Todo atado y bien atado.

En el minuto 18.50, hablando acerca de la espontaneidad de la elección de Bergoglio, deja caer que un hombre le pregunta: «Y qué hay acerca de Bergoglio? ¿Él tiene alguna oportunidad». El Cardenal contesta: «nadie está mencionando su nombre». Cosa de extrañar estas palabras, porque Bergoglio partía como favorito al quedar en el segundo en el anterior Cónclave. Y si Bergoglio no pudo ser Papa anteriormente, es un sueño no ver la oportunidad que se le presentaba. Absurdo es decir que nadie mencionaba a Bergoglio como Papa.. Pero el Cardenal trata de convencer a la gente de que crea que esa elección papal, de alguna manera, salió de la nada. Que era cosa del Espíritu Santo.

Ese hombre misterioso le dice algo escalofriante: «Él podría reformar la Iglesia… En cinco años puede hacer la Iglesia de nuevo» (m. 19.14). Los cambios en la Iglesia están planeados en cinco años. Todo nuevo, todo reformado. Ya no será la Iglesia de Cristo. Va a poner todo patas arriba. Y al Cardenal le pareció interesante cosa.

Cosa interesante es destrozar la Iglesia.

Es el mensaje que ha transmitido el Cardenal Óscar Madariaga:

«Caminamos como Iglesia hacia una renovación profunda y global…Los misioneros, los evangelizadores de los “márgenes” de la Iglesia, son los primeros en darse cuenta de lo insuficiente que son las formas de acción “tradicionales”…. Cualquier cambio en la Iglesia requiere considerar la renovación de las motivaciones que inspiran las nuevas opciones…. El papa quiere llevar la renovación de la Iglesia a un punto de no retorno. El viento que empuja la nave de la Iglesia hacia el mar abierto de su profunda y total renovación es la Misericordia» (ver texto)

Cambio profundo y global: se va hacia una nueva iglesia ecuménica, que es el apoyo del nuevo gobierno mundial. Un líder político del mundo entero sin una espiritualidad global no sirve para gobernar el mundo en su totalidad. Tiene que tener una estructura eclesial para que nadie se le oponga. Esa renovación global de la Iglesia es una auténtica dictadura. Y se pone a los pobres, a los que están en los márgenes, en las periferias de la Iglesia, como el centro de ese falso evangelio, de esa falsa iglesia.

«La pobreza está en el centro del Evangelio. No se puede entender el Evangelio sin comprender la pobreza real» (Bergoglio en la entrevista al “Il Messaggero” – 9 de junio del 2014).

La Verdad, -no la pobreza-, es la que está en el centro del Evangelio. Y para poder comprender el Evangelio hay que aceptar la Verdad, es decir, hay que poner la mente humana en el suelo, cosa que nunca hará Bergoglio ni sus matones. Él, como Madariaga, ha puesto la Misericordia por encima de la ley, de la justicia de Dios, de la verdad.

No se renueva la Iglesia con la Misericordia, sino con la verdad. Es lo que libera al alma: «Y la verdad os hará libres». No es la Misericordia la Obra Redentora de Jesús. Jesús viene a hacer una Justicia: quitar el pecado del mundo. Y eso no se quita con besitos ni cariñitos, ni con soluciones sociales a los problemas de los hombres. Eso se quita con la oración y con la penitencia, que ninguno de la Jerarquía actual hace en la Iglesia. Esto es cosa del pasado. Ahora, es necesario estar en la lógica del Espíritu: el cambio global.

En cinco años, habrá un punto de no retorno. No esperen a que las cosas se pongan mal. Vayan saliendo de las parroquias, de las capillas, de los lugares en que ya se enseñe, claramente, la herejía como verdad. Vayan saliendo.

El team Bergoglio es el juego de la masonería en la Iglesia. Han puesto al hombre.

Ese hombre es Bergoglio; pero no es el importante en este juego. Bergoglio es sólo el charlatán de turno: el que entretiene a toda la masa de gente hipócrita, que comulga todos los días y que llama a Bergoglio como Papa. Bergoglio es para ellos: para que no se den cuenta de lo que los Cardenales, el grupo de Jerarquía masónica, está realizando en toda la Iglesia. Lo hacen por debajo, mientras no tengan las leyes, los documentos necesarios para hacerlo abiertamente. Pero en cinco años, todo será patente. Y ¡ay! de aquellos que continúen dormidos cuando se quiten las caretas de verdad.

El “team Bergoglio” es un complot herético con el fin de destruir la Iglesia de Cristo.

Un complot que nació hace años, pero que tiene su cumplimiento ahora, en la persona de un hombre que no es Papa, que ha sido puesto por ellos, por la Jerarquía masónica, con el solo fin de levantar una nueva iglesia.

Los ocho miembros del complot son nombrados por Ivereigh en su libro: Jorge Mario Bergoglio, Cormac Murphy-O’Connor, Godfreid Danneels, Karl Lehman, Walter Kasper, André Armand Vingt-Trois, Santos Abril y Castelló, y Christoph Schönborn. Todos ellos Cardenales. Y uno de ellos, fue elevado a ser falso papa de la Iglesia.

El cardenal Danneels ha confirmado públicamente que apoyó la candidatura de Bergoglio durante el cónclave:

«Si el cónclave es corto, Bergoglio será elegido papa. Usted puede estar seguro de eso» (verTraducción al inglés).

Sólo se habla así porque se sabe el resultado de antemano, Todo estaba preparado.

Estas palabras fueron dichas por el Cardenal justo antes del comienzo del cónclave. Estaba hablando con Austin Ivereigh.

Según el autor del libro, el “team”, el equipo de los masones, no sólo ejerció su poder para Bergoglio en el 2013, sino que también en el 2005.

El Cardenal Murphy-O´Connor, en una entrevista en el Catholic Herald, el 12 de septiembre del 2013, confesó ser el líder del team Bergoglio:

«El Cardenal también reveló que había hablado con el futuro Papa de la Missa pro eligendo Romano Pontífice, la misa final, antes que el cónclave comenzara… Él estaba en calma. Él era consciente de que probablemente iba a ser el candidato que iba a salir. ¿Conocía que iba a ser Papa? No. Había otros candidatos. Pero yo conocía que el sería uno de los principales».

Bergoglio conocía el liderazgo del Cardenal en el “Team Bergoglio”: «Es tu culpa. ¿Qué has hecho conmigo?», le dijo al Cardenal en el Salón de Bendiciones, dos días después de la elección. (ver)

No hay Verdad en Roma. La Iglesia que ellos quieren levantar es en la mentira de la palabra humana. No quieren un Papa para la Iglesia Católica. Quieren un Papa para el mundo.

«El Papa no es la Iglesia. La Iglesia es más que el Papa» (Cardenal Marx)

Para este falso Cardenal, que gobierna con Bergoglio la Iglesia, todo debe evolucionar hacia una nueva perspectiva de Iglesia y del mundo.

Si la Iglesia es más que el Papa, entonces se pone el esfuerzo en complacer al mundo, a los hombres, pero no a Cristo.

«Un rabí me dijo: “Dice el Papa que nos va a ayudar, porque él potencia todas las religiones, no sólo la Iglesia Católica”. Así que hay un nuevo movimiento».

Bergoglio potencia todas las religiones: es la orden del team Bergoglio. Hay que abrir la Iglesia porque ya tenemos un gobierno en lo horizontal, tal como le gusta al mundo.

Se ha levantado, en el Vaticano, con el gobierno horizontal que ha impuesto Bergoglio a toda la Iglesia, una nueva estructura de iglesia, de religión. Un nuevo movimiento que abarca a todas las religiones, que fortalece a cualquier creencia, que quiere aunar a todos los hombres en un mismo pensamiento y obra.

Y, por eso, están cambiando el fundamento del Papado:

«En el consejo de los cardenales tenemos la tarea principal de crear una nueva constitución para la Curia Romana, para reformar el Banco Vaticano y discutir muchos otras cosas con el papa…Usted tiene que ver este pontificado, en esta forma, como una nueva y más amplia etapa».

Con Bergoglio no hay continuidad en el Papado: es un nuevo y falso papado. El propio que necesita la falsa iglesia. Es el team Bergoglio trabajando en el gobierno horizontal. La Iglesia la maneja la masonería, no Bergoglio. Y ellos piden obediencia a Bergoglio

Este es el punto esencial que no se discute. Todos dan obediencia a Bergoglio en la Iglesia como Papa. La Jerarquía verdadera ha quedado atrapada en ese gobierno de hombres. Ven la herejía, pero tienen que callar. Ellos son más fuertes: tienen el poder.

Para seguir siendo la Iglesia de Cristo, es obligación de los católicos no dar obediencia a Bergoglio como Papa. Eso significa: batallar contra él. Contra su doctrina, sus obras, su pensamiento, su jerarquía falsa que ha impuesto, de manera dictatorial, a todos.

Es una obligación moral: la salvación o la condenación parten de esta obediencia.

¡Qué pocos ven así, de esta manera, la Iglesia en la actualidad!

Por eso, hay que quedarse solos ante esta realidad eclesial. No hay que esperar que ellos cambien, que ellos vean su maldad. No hay que ser ilusos y creer que -con Bergoglio y todos sus matones- en la Iglesia hay un camino para la verdad.

Ya no existe ese camino. Para encontrarlo, para seguir siendo de Cristo, hay que salir de las estructuras de la Iglesia.

La Iglesia no es una estructura humana, material, carnal, social, económica, etc…

La Iglesia es un organismo vivo, es una realidad espiritual que se ve en los hombres.

En el Vaticano no se ve la Iglesia, porque no existe esa realidad espiritual en la Jerarquía que gobierna la Iglesia. Son todos unos herejes, unos apóstatas de la fe, unos cismáticos.

Y donde hay herejía no hay Iglesia.

Esta es la verdad que nadie atiende: un hereje no puede ser Papa. Luego, si lo ponen como Papa –falso Papa- la Iglesia que gobierna no es la de Cristo. Y lo que los hombres ven, en las formas exteriores, no es la Iglesia verdadera. Es otra cosa: un nuevo movimiento eclesial, que no tiene nada que ver con el fundamento que Cristo puso en Pedro.

«Francisco utiliza una imagen fuerte: “Yo prefiero una iglesia que es magullado, perjudicando y sucios, porque ha estado fuera en las calles”, en lugar de una iglesia que está muy limpio y tiene la verdad y todo lo que sea necesario».

Ni Bergoglio quiere una Iglesia apoyada en la Verdad, que tenga la verdad, ni el team Bergoglio va a dejar el gobierno de la Iglesia.

Son dos cosas distintas: Bergoglio y el team.

Unos Cardenales han puesto a un hombre, que es ya un viejo, que pronto tiene que morir. Y lo único que les interesa de ese hombre, de Bergoglio, es lo que ha hecho: poner el gobierno horizontal. Ellos pueden trabajar en lo oculto, haciendo los nuevos libros, los nuevos documentos, las nuevas leyes, para presentarlas de golpe y así imponer su doctrina, su ley de la gradualidad, su evangelio.

Mientras tanto, Bergoglio, como charlatán que es, entretiene a todo el mundo, que es lo único que sabe hacer: es el bufón del Anticristo.

Cuando no sirva este hombre, ponen a otro. Y es necesario que sea inteligente: un Kasper. Bergoglio es el sentimental del equipo. Y como buen sentimental sólo sirve para llorar por los hombres, pero tiene a toda la Iglesia enfrentada, porque no tiene prudencia cuando habla. No sabe hablar. Sólo sabe parlar lo que le viene a su estúpida mente.

Y hay que saber tratar a Bergoglio: no le den publicidad. Es lo que más le molesta. Cuando hablen de él, lo critican, lo juzgan y lo condenan. No se merece otra cosa.

Y sabiendo que quien gobierna toda la Iglesia son hombres ocultos. Ese team Bergoglio también es un juguete de otros. Ha sido puesto para hacer ruido y meter en la Iglesia lo que quería la masonería: el control total del Papado, para poder levantar su nuevo y falso papado.

Nadie puede poner otro fundamento que Cristo: la Verdad. Esa Verdad Absoluta, que ya nadie cree en Ella.

La Iglesia abandonada a la perversión de la mente de los hombres

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«La Iglesia abandonada estará sin su suprema Cabeza, que la gobierna y dirige. Por un tiempo bastante largo, la Iglesia será privada de todas las oraciones y de todas las funciones; desterrada de Dios y de los Santos. Ellos intentarán remover todos los Crucifijos y estatuas de los Santos de todos los sepulcros y los arrojarán en un lugar profano para destrozarlos con alegría» (Marie Julie Jahenny  – 29 de marzo de 1879).

El tiempo para que las profecías se cumplan está a la mano.

La Profecía no es una Palabra de Dios inútil, sin ningún valor, a la cual no hay que creer.

La Profecía es la Palabra de Dios, la Mente Divina.

Dios nunca calla, nunca está en silencio. Dios es Revelación: es una Palabra que manifiesta la Verdad al hombre.

Y, por eso, ninguna profecía puede ser echada a un lado, ignorada, anulada, sometida a la interpretación de las mentes humanas.

Todos tienen la obligación moral de conocer a los profetas de Dios, de creer en ellos y de seguir sus profecías. Todos: Jerarquía y fieles de la Iglesia Católica.

La gran soberbia de la Jerarquía es combatir a los profetas de Dios. Y por eso, Dios castiga al sacerdote o al Obispo que no cree en los profetas. Tienen luz para discernir una profecía, y no lo hacen, sólo por su maldita soberbia. Y no por otra cosa.

Cada sacerdote, cada Obispo es un profeta. Pero, ¡qué mal uso se hace – entre la Jerarquía- de la gracia de la Profecía! Se convierten, entonces, en falsos profetas.

Una Iglesia sin Cabeza. Eso comenzó ya con la subida de Bergoglio al poder. Este hombre es sólo un político, que pertenece al bando de los comunistas:

«Yo anuncio un terrible castigo por aquellos que se han vestido con vestiduras sagradas y han sido colmados de gracia…Ellos persiguen Mi Iglesia…Ellos son muy culpables, no todos de ellos, pero muchos, un gran número… Conozco sus intenciones, conozco sus pensamientos… Veo la debilidad tomando cuerpo de mis sacerdotes para extenderse de manera espantosa…, la gran parte no está en el camino monárquico, ellos son de aquellos que plantan en este pobre país la bandera que es el color de la sangre y el terror…» (Marie Julie Jahenny  – 25 de octubre 1881).

Terrible castigo es Bergoglio para toda la Iglesia. Fue colmado de gracia y ha respondido -a esa plenitud de gracia- con la plenitud de su maldad.

¡Bergoglio: perseguidor de la Iglesia de Cristo!

¡Bergoglio de la bandera de color de sangre y terror! ¡Bandera comunista!

«La compasión lleva a Jesús a actuar concretamente: a reintegrar al marginado» (15 de febrero del 2015): esto es pura teología de la liberación. Puro marxismo. Puro comunismo. Es la enseñanza de este falso papa a sus falsos cardenales.

Reintegrar al marginado: hay que meter en la Iglesia al marginado homosexual, al marginado divorciado, a la marginada mujer, etc… Jesús salva almas, no reintegra en la sociedad. Jesús lleva almas al Cielo, no abre una sucursal del pecado en la tierra.

Integración, liberación, socialización: «la compasión de Jesús ante la marginación y su voluntad de integración» (Ib).

Esta homilía es el vómito comunista de Bergoglio.

¡Y cuántos se lo comen, se alimentan de esta basura ideológica!

Este hombre ha cogido la ley de Moisés y la ha torcido: el resultado lo que ha predicado, su evangelio de la marginación.

«El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre» (Ib): no condenes, no juzgues. Lo dice Bergoglio. No hay Justicia de Dios para Bergoglio. Sólo hay pura misericordia. Y pura significa: que todos se salvan. No hay ninguno que se condene.

Es una misericordia basada en una caridad masónica:

«La caridad es creativa en la búsqueda del lenguaje adecuado para comunicar con aquellos que son considerados incurables y, por lo tanto, intocables. Encontrar el lenguaje justo…» (Ib): que la inteligencia del hombre no vaya en busca de la verdad absoluta. ¡No existe! Que la inteligencia del hombre se pervierta buscando el lenguaje que gusta a todo hombre: la bandeja de plata, la palabra melosa, la idea brillante, creativa. Hay que escoger la palabra para dirigirse al hombre….La Verdad ya no vale para enseñar, para gobernar, para salvar. Ya lo que Jesús ha predicado es inservible para alimentar a las almas. Ahora hay que darle a la gente melodía mental, lenguaje programático, ideas masónicas, obras protestantes, negocio comunista.

La caridad es creativa: ¿en qué lugar de la Sagrada Escritura se enseña eso? ¡En ningún lugar! Eso se enseña en el evangelio de la marginación del falso Papa Bergoglio. Falso evangelio para una falsa iglesia. Un hombre sin mente: un loco de atar es Bergoglio.

¡Cómo huele a marxismo!: «Invoquemos la intercesión de María, Madre de la Iglesia, que sufrió en primera persona la marginación causada por las calumnias y el exilio…». La Virgen María no es la que sufrió por los pecados de los hombres, sino la que sufrió la injustica social de las calumnias y del exilio. ¡Qué vomito de comunismo!

Este hombre ha iniciado, hace ya dos años, la ocultación de la Verdad en toda la Iglesia: habla como un maldito, comiendo su error en cada palabra que predica, que escribe.

Y otro lo va a continuar, porque él no sabe gobernar la iglesia de los masones. Él está con sus malditos pobres. Él es sólo el llorón de la vida de los hombres. Él levanta la iglesia de la reintegración social.

«os exhorto a servir a la Iglesia, en modo tal que los cristianos – edificados por nuestro testimonio – no tengan la tentación de estar con Jesús sin querer estar con los marginados, aislándose en una casta que nada tiene de auténticamente eclesial»: ¿quién puede seguir esta exhortación sin crucificar de nuevo a Cristo? ¿Quién puede hacer caso a este imberbe de la gracia, sin poner en riesgo la salvación de su propia alma?

¡Huyan de Bergoglio como de la peste!

Sólo tiene inteligencia para vivir su pecado y hacer que otros lo vivan: «edificados por nuestro testimonio»  ¡Maldito testimonio el que da Bergoglio a toda la Iglesia! ¡Maldito seas, Bergoglio!

Tu testimonio, como Obispo que eres, tiene que ser el de Cristo, la Mente de Cristo, la Mente de la Verdad. Y sólo das testimonio de la perversidad de tu mente humana ¡Maldita sea tu mente, hecha a la medida de tu padre, Satanás!

«No tengan la tentación de estar con Jesús sin querer estar con los marginados»: sé un homosexual con los homosexuales; aborta con los que abortan; peca con los que quieren pecar… No margines con tus ideas dogmáticas, con tus tradiciones:

«Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios… abriendo nuevos horizontes para la humanidad y revelando plenamente la lógica de Dios…Para Jesús lo que cuenta… es alcanzar y salvar a los lejanos, curar las heridas de los enfermos, reintegrar a todos en la familia de Dios. Y eso escandaliza a algunos».

Escandalizado está Bergoglio con aquellos que aman la Verdad Absoluta, que les hace excluir, marginar de la Iglesia a muchos hombres, a sus malditos pobres. No los puede ni ver.

¡Cómo les gusta a los modernistas las palabras: revolucionario, libertad, reintegración!

¡Están en su salsa! El bien común. Atender el cuerpo de las personas, pero no sus almas.

Para Jesús lo que cuenta son las almas: salvar las almas. Y eso es todo.

Para Bergoglio, que ataca a Jesús, lo que cuenta es la gloria del hombre, el aplauso, la fama: que le digan: qué bien que predicaste.

«No descubrimos al Señor, si no acogemos auténticamente al marginado»: si no amas al homosexual, eres un pervertido para este hombre.

«…sobre el evangelio de los marginados, se juega y se descubre y se revela nuestra credibilidad»: eres creíble como Iglesia si eres comunista, si eres del pueblo, si das un gusto a la gente, si les hablas bien, si les das un beso y un abrazo, si les dices que Dios ama a todo el mundo…No quites tus mentiras de tu mente: Dios te ama porque eres un gran mentiroso, porque obras una gran mentira, porque predicas la mentira como verdad….

La Iglesia ha sido abandonada a la mente y a las obras de un comunista, de uno que predica para agradar a los hombres, para darles un gusto, un entretenimiento en sus vidas.

Abandonada está toda la Iglesia: todo el Rebaño disperso, sin un norte, sin una luz, sin un camino, sin una vida, sin una verdad.

Todo es muerte alrededor del Vaticano. Muerte. Muerte de la gracia, muerte del Espíritu. Muerte de la verdad: la Iglesia, en Bergoglio, se halla privada de la Verdad: de la oración que salva; de la penitencia que purifica el corazón, del poder del amor que obra la verdad en la vida.

Hay que desterrar a la Iglesia de todo lo santo, de todo lo sagrado, y hay que meterla en el sepulcro:

«San Miguel dijo que Satanás tomará posesión de todo por algún tiempo, y que reinará completamente sobre todas las cosas; que toda la bondad, la Fe, la Religión serán enterradas en el sepulcro… Satanás y los suyos triunfarán con alegría, pero después de este triunfo, el Señor volverá a coger su propio pueblo, y reinará y triunfará sobre el demonio, y levantará desde la tumba la Iglesia enterrada, y la postrada Cruz…» (Marie Julie Jahenny  – 19 de Marzo de 1878).

¡Qué pocos creen en estas profecías!

¡Qué pocos siguen creyendo a pesar de ver lo que ven en el Vaticano!

¡Qué pocos son los que buscan la verdad con sus inteligencias!

¡Muchos son los que viven una fe muerta: la fe oficial del Vaticano!

«…Ellos han hecho poco caso de lo que Yo he revelado… ¡Ellos no han querido la luz!… He sufrido mucho por todo esto. El dolor oprime Mi Corazón en este momento… cuando recuerdo la dura recepción de Mis Palabrasno hicieron caso…»1.

Esta es una Madre en el Dolor de Su Corazón. Los hombres de la Iglesia, sus sacerdotes, sus Obispos, no hacen caso de las palabas de Su Madre, como si estas no tuvieran ninguna importancia para la Iglesia; como si la Iglesia se hiciera sólo con el pensamiento de los hombres, con su palabra humana.

La Iglesia es Divina y, por tanto, necesita de la Palabra Divina: la Palabra de la Virgen y la Palabra de Jesús, que siguen hablando a sus almas, aunque les pese a la mayoría de la Jerarquía y de los fieles.

La Jerarquía actual de la Iglesia habla que el hombre está marginado, y lo único que hace es –con eso- marginar ellos a toda la Iglesia, a toda la verdad en la Iglesia. A todas las almas que siguen la Verdad en la Iglesia. Y eso trae un castigo del cielo.

Porque se rechaza la palabra de los profetas, de los verdaderos católicos, por eso, viene el castigo para toda la Iglesia:

«Mi Hijo Divino… que vio el desprecio de Mis Promesas, ha hecho los preparativos en el Cielo para dar una medida de severidad a todos aquellos que se negaron a dar a conocer Mi Palabra a mis hijos, como una  luz brillante, verdadera y justa…»2.

La Iglesia no ha creído ni en La Salette ni en Fátima. Ha dado sólo su burda interpretación de esas profecías, y las ha dejado en el olvido.

Esa Jerarquía, que tiene la plenitud del sacerdocio, y no es capaz de discernir una profecía. No es capaz de penetrar en la verdad absoluta que allí se manifiesta, y no es capaz de enseñar al Rebaño el camino que Dios quiere de Su Iglesia.

¿Qué enseñan? El falso evangelio de la marginación.

El camino de la Iglesia no lo hacen los Jerarcas; no lo hace Bergoglio, sino Cristo con Su Cruz. El camino es siempre Cristo, no los hombres. Nunca los hombres. Ya ellos, los que gobiernan en la Iglesia, no son humildes:

«El sacerdote ya no es más humilde; no es más respetuoso; él es frívolo y frío en el servicio sagrado. Piensa en la fortaleza de su cuerpo cuando permite que las almas giman sin consolación…»3.

La Jerarquía sólo vive para una vida humana, una vida en el cuerpo, y poco o nada le interesa la vida del Espíritu: alimentar a  las almas con el Pan del Cielo. Sólo se les da el alimento comunista, protestante. Y, por eso, se observan ya en muchas parroquias, en muchas capillas, la abominación de la desolación.

Sacerdotes que quieren que la Iglesia sea de otra manera, más acorde al pensamiento de la época. Son ya otros Judas. No tienen vergüenza de hablar de sus pecados y de sus herejías. Y enseñan al Rebaño a pensar como ellos, a vivir como ellos: en el pecado, en el error, en la mentira.

«¡Para salvar la vida de su cuerpo, muchos perderán sus almas!». Esto es lo que ya está pasando en toda la Iglesia.

Para seguir comiendo: no me opongo a Bergoglio.

Para seguir teniendo un trabajo: no me opongo a Bergoglio.

¡Fariseos, hipócritas!¡Hombres de fe muerta!

«…falsos apóstoles, que bajo la apariencia de las palabras melosas y falsas promesas, dicen mentiras prostituyendo a mis queridos hijos, para salvar sus vidas de la tormenta y el peligro de sangre…»4.

No se quiere la Cruz, el sufrimiento, el desprecio de los hombres. Se quiere su abrazo, su interés, su negocio: hay que «ir a buscar a los lejanos en las periferias esenciales de la existencia» (15 de febrero del 2015). ¡Este es el negocio redondo en el Vaticano!

«… ¡huid de la sombra misma de estos hombres que no son otros que los Enemigos de mi Hijo Divino!».

¡Huyan de la sombra de Bergoglio y de todo su clan!

Toda la Jerarquía que gobierna, en la actualidad la Iglesia, es Enemiga de Cristo. Y hay que huir de ellos: huir de Roma. Refugiarse, porque de Roma viene el gran castigo para todo el mundo.

De esos sacerdotes y Obispos que ya no son de Cristo, porque han puesto sus oídos en la mentira, en las palabras mentirosas de los hombres del mundo:

«¡Cuando veo a los enemigos presentando sus promesas…. a muchos de aquellos que son sacerdotes de mi Divino Hijo! Cuando veo aquellas almas dejándose descender hasta el fondo del abismo… ».

¿Qué ha sido este discurso para los nuevos Cardenales? Gente que se ha dejado descender hasta el fondo del abismo.

¿Qué se creen que es toda esa Jerarquía llamada el gobierno horizontal de la Iglesia? Gente que desciende al infierno. Y no es otra cosa. Y, por tanto, arrastran consigo multitud de almas. Muchísimas.

El Rebaño siempre sigue a la Jerarquía. Siempre. Donde va la cabeza, va el cuerpo.

«Dentro de 100 años el cielo cosechará su grano… incluso antes de que acaben los 100 años. Por lo tanto, no está muy lejano…Todos los pecadores, los masones, quieren unir las fuerzas para vengarse ellos mismos en Mi Templo Santo. La corrupción y el veneno propagarán sus hedores y Mi Iglesia Santa experimentará escándalos que hará llorar al cielo y a la tierra…Poco después ellos subirán al poder en todo, y será la liberación del demonio… El sagrado sacerdocio será cubierto de vergüenza… Una queja secreta reina en los corazones de muchos sacerdotes en contra del vínculo de la Fe…Y perpetrarán horribles escándalos y clavarán la espada en el corazón de la Iglesia. La protesta furiosa nunca fue tan grande… Y Satanás añadió: Yo atacaré a la Iglesia. Y derribaré la Cruz, yo diezmaré al pueblo, y pondré una gran debilidad de Fe en los corazones. Durante un tiempo seré el maestro de todas las cosas, todo está bajo mi control, incluso Tu Templo y todos Tus fieles» (Marie Julie Jahenny  – 19 de Marzo de 1878).

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1 «Hoy Mis Ojos todavía tienen un rastro de las lágrimas que derramé el día, cuando Yo quería llevar a mis hijos las buenas noticias si se convertían, pero tristes noticias si continuaban con sus iniquidades… Ellos han hecho poco caso de lo que Yo he revelado… Ahora es el tiempo que esas grandes promesas serán cumplidas, las cuales las Autoridades de la Iglesia han despreciado… ¡Ellos no han querido la luz!He sufrido mucho por todo esto. El dolor oprime Mi Corazón en este momento…. La espada más dolorosa es ver ahora mismo las disposiciones que han tomado y las que están en vías de plantearse… Es ver a los pastores separándose del Vínculo Sagrado que dirige y gobierna la Santa Iglesia… Mis hijos, cuando recuerdo el día que traje Mis Avisos a la Montaña Santa, al mundo amenazado; cuando recuerdo la dura recepción de Mis Palabras… no por todos, pero por muchos. Y aquellos que deberían haber dado a conocerlas a las almas, a los corazones y a los espíritus de los niños con una gran seguridad, con una penetración profunda; no hicieron caso. Ellos los despreciaron y la mayoría de ellos les negaron su confianza» (Marie Julie Jahenny – 19 de septiembre 1901 – Aniversario de la Aparición de La Salette).

2 «Mi Hijo Divino, que lo ve todo en las profundidades de la conciencia … que vio el desprecio de Mis Promesas, ha hecho los preparativos en el Cielo para dar una medida de severidad a todos aquellos que se negaron a dar a conocer Mi Palabra a mis hijos, como una  luz brillante, verdadera y justa… Cuando veo lo que le espera a la tierra, Mis Lágrimas fluyen de nuevo…» (Marie Julie Jahenny – 19 de septiembre 1901 – Aniversario de la Aparición de La Salette).

3 «El sacerdote ya no es más humilde; no es más respetuoso; él es frívolo y frío en el servicio sagrado. Piensa en la fortaleza de su cuerpo cuando permite que las almas giman sin consolación… Las fiestas mundanas serán pagadas terriblemente en la eternidad…En el Día de mi gran sacudida de Mi Ira: muchos negarán al Rey que han servido. Los sacerdotes infieles no tendrán miedo de negar a Su Padre y poner en evidencia su sacerdocio por toda la eternidad, como Judas. Veremos la traición que tendrá lugar el día en que el Terror será generalizado…. ¡Para salvar la vida de su cuerpo, muchos perderán sus almas!» (Marie Julie Jahenny – 19 de septiembre 1896).

4 «…falsos apóstoles, que bajo la apariencia de las palabras melosas y falsas promesas, y mienten prostituyendo a Mis queridos hijos, para salvar sus vidas de la tormenta y el peligro de sangre… Os aseguro: ¡huid de la sombra misma de estos hombres que no son otros que los Enemigos de mi Hijo Divino! Una vez más remito, de nuevo, a esta inmensa tristeza: Veo algunos pastores a la cabeza de la Iglesia Santa… cuando veo este atropello irreparable, el ejemplo mortal de quienes serán un desastre para Mi querido pueblo, cuando veo esta ruptura de vínculos… Mi Dolor es inmenso y el Cielo está grandemente irritado… Oren por aquellos pastores cuya debilidad causará la pérdida de una multitud de almas. ¡Cuando veo a los enemigos presentando sus promesas…. a muchos de aquellos que son sacerdotes de Mi Divino Hijo! Cuando veo aquellas almas dejándose descender hasta el fondo del abismo, te digo esto: Me sorprende, como Madre de Dios Todopoderoso, que Mi Hijo no abra inmediatamente los Cielos para derramar los golpes de su Ira sobre sus enemigos, que insultan y le indignan…» (Marie Julie Jahenny – 19 de septiembre 1901 – Aniversario de la Aparición de La Salette).

Hablemos claro: Bergoglio no enseña ninguna verdad.

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«Hablemos claro» (ver texto).

Así iniciaba su mentira este hombre al cual llaman Papa, alias Francisco.

«Creo que ambos son derechos fundamentales: la libertad religiosa y la libertad de expresión».

Está hablando según Voltaire: defiendo mi derecho a decir lo que pienso, aunque a usted no le guste o esté en contra de lo que usted piensa o dice.

Defender la libertad religiosa o defender la libertad de expresión eso es la modernidad: en la libertad, es decir, en la voluntad libre del hombre reposa todas las libertades públicas y privadas.

Se acabó la ley de Dios. El hombre es el propio fundamento de su libertad, de su pensamiento, de sus palabras, de sus obras.

¡El libre pensamiento! ¡Esta es la soberbia que corroe al mundo y a toda la Iglesia!

¿Cuáles son los derechos fundamentales del hombre?

Si el hombre no viene a este mundo por sí mismo, entonces ¿a qué tiene derecho?

Si el hombre no decide la vida, la existencia, sino que todo eso es un don de Dios, entonces ¿a qué tiene derecho?

El hombre tiene derecho a ser hombre. Eso es lo primero

El hombre tiene una mente y una voluntad humanas, que le constituyen en ser humano.

Pero el hombre no es hombre por sí mismo, sino que Dios lo ha creado. Luego, lo segundo, el derecho fundamental de todo ser humano es ir hacia Dios, vivir para Dios, obrar la Voluntad de Dios. ¡El hombre depende absolutamente de Dios!

Estos son los dos derechos fundamentales de todo ser humano.

Dios ha creado al hombre: le ha dado una naturaleza humana, con una razón, con una voluntad libre. Y Dios quiere que el hombre construya su vida para Dios. Y sólo para Dios. Y, por lo tanto, use su naturaleza humana, su mente y su voluntad humana, su libertad, para Dios, para hacer las obras que Dios quiere.

Por eso, Dios pone en la naturaleza humana, su Ley Eterna. Para que el hombre, con su libertad, tienda hacia este fin, que es el propio de su vida, que es el único en su vida.

Y si el hombre no hace esto, Dios lo castiga.

«No se puede ocultar una verdad: cada persona tiene el derecho de practicar la propia religión sin ofender». Esto no es una verdad. Esto es una mentira.

Cada persona tiene la obligación moral grave de abrazar y de ejercer la verdadera religión. No la propia religión de cada uno; la que cada uno con su mente se fabrica.

Sólo hay una religión positiva verdadera: la que se funda en la naturaleza humana y contiene dogmas, ritos y doctrina revelados por Dios. Y ésta es sola la Iglesia Católica.

Cada persona está obligada a investigar en una religión positiva si ésa es la verdadera, la auténtica. Si ésa es la que Dios ha revelado y ha dado sus leyes para que el hombre dé culto a Dios en ella. Y si no lo es, el hombre está obligado a seguir buscando la verdadera religión.

Pero ninguna persona tiene derecho a inventarse ninguna religión ni a practicarla.

La religión que no se fundamente en la naturaleza humana, es decir, en la ley natural, y que no haga depender al hombre totalmente de Dios, eso no es religión. Eso se llamará lo que el hombre quiera. Hay más de cuarenta mil sectas e iglesias distintas, con sus nombres variados. Toda son un bulo, un engaño.

La religión verdadera es para dar culto verdadero a Dios, con la mente y con la voluntad libre del hombre. El hombre se somete a unos preceptos divinos para realizar ese culto.

Hablemos claro: Bergoglio habla su idealismo.

Como el hombre es el que tiene el concepto del bien y del mal, entonces la obligación moral de buscar a Dios, de dar culto a Dios no procede de Dios, no está en su misma naturaleza humana, no está en lo que Dios revela, sino viene del mismo hombre: de su mente humana. El mismo hombre, en su idea del bien y del mal, busca a Dios, el concepto de Dios; la religión, el concepto de religión; la iglesia, el concepto de iglesia. Consecuencia: cada persona tiene derecho a estar en su religión, en su culto, en su iglesia, pero sin ofender al otro.

¡Sin ofender la libertad de pensamiento!

¡Pero puedes ofender a Dios lo que te dé la gana!

¡Este es el fariseísmo de Bergoglio y de muchos que se dicen católicos!

«Dos: no se puede ofender o hacer la guerra, matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios». Otra gran mentira, con mayúsculas.

La ley del Islam, que castiga con la muerte toda blasfemia contra Alá o su profeta, no fue inventada por los musulmanes, sino promulgada por Dios:

«Saca del campamento al blasfemo; que cuantos le han oído le pongan su mano sobre la cabeza, y que toda la asamblea le lapide. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Quienquiera que maldijere a Su Dios llevará sobre sí su iniquidad; y quien blasfemare el Nombre de Yavhé será castigado con la muerte; toda la asamblea lo lapidará. Extranjero o indígena, quien blasfemare el Nombre de Yavhé morirá» (Lev 24, 15-16).

Hoy, como queremos un Dios de ternuritas, entonces nos pasamos esta Palabra de Dios por la entrepierna. Y entonces, decimos una blasfemia: no se puede matar en nombre de la propia religión, en nombre de Dios.

Bergoglio ha blasfemado contra Dios. Dice que su Palabra es una mentira. Que Dios se equivocó cuando se escribió el levítico.

Dios está mandado matar al blasfemo, y lo manda a Su Pueblo, a través de Moisés.

¿Qué hicieron los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín con Jesús? Aplicaron la Sagrada Escritura: como te haces Hijo de Dios, eres un blasfemo, a la muerte.

Aquellos Sacerdotes, en su fariseísmo, creían en la Palabra de Dios: Dios manda castigar en Su Nombre. Dios manda matar en Su Nombre.

¿Qué le mandó Dios a Abraham? Matar a su hijo.

¿Qué hace San Pedro con Ananías y Safira? Obrar una Justicia Divina.

Toda la Sagrada Escritura está llena de ejemplos en los cuales Dios daba la victoria a su pueblo con las guerras.

No hay que negar la Palabra de Dios para complacer a los hombres.

No hay que negar la Palabra de Dios para callar la maldad de la ley musulmana: ellos no matan porque Dios se lo manda, sino porque el demonio se lo manda. Es una religión del demonio.

Bergoglio, en su fariseísmo, no cree en la Palabra de Dios. Siempre da una vuelta, siempre la reinterpreta a su manera, para acabar diciendo su blasfemia: «Como se comprenderá, también nosotros fuimos pecadores en esto, pero no se puede matar en nombre de Dios, esta es una aberración. Se debe hacer con libertad y sin ofender».

Anula todas las guerras santas que se describen en la Sagrada Escritura, anula todos los mandatos de Dios a almas que vivían la verdad, para decir su estupidez, una vez más.

No se puede matar en nombre de Dios…, y ¿por qué dices que el Corán es un libro de paz?

Estas son las aberraciones de este hombre. Habla sin lógica. Se contradice constantemente. Bergoglio no ataca a los musulmanes, sino a los que tienen una idea fundamentalista.

Los musulmanes tienen «el derecho de practicar la propia religión sin ofender»: los musulmanes están en la verdadera religión. Pero que no ofendan. Que quiten la idea fundamentalista. Tienen que evolucionar en su pensamiento como los católicos ya han evolucionado:

«pero pensemos en nuestra historia: ¡cuántas guerras de religión hemos tenido! Pensemos en la noche de San Bartolomé. Como se comprenderá, también nosotros fuimos pecadores en esto».

También fuimos pecadores en esto…, ahora no los somos: ahora hemos evolucionado el dogma, hemos cambiado la Sagrada Escritura; ahora son otras interpretaciones: las propias de la masonería.

Hoy el hombre está en los suyo, es decir, en la idea del masón: el horror homicida fundamentalista y el fanatismo intolerante. En esta idea, los hombres están dando vueltas para aceptar la blasfemia de Charlie Hebdo y de todos aquellos que se pasan la vida blasfemando contra Dios, apelando a su libre pensamiento, y queriendo no ver la realidad de los musulmanes. No todos son malos. En ellos, como en todas las demás religiones, hay fundamentalistas y fanatismo.

Esto es lo que enseña Bergoglio: hay que reivindicar la tolerancia, la laicidad y la libre expresión, para reaccionar ante todo terrorismo, que es un idea fundamentalista, cerrada en sí misma, obsesiva, enferma, corrupta.

Es hablar al hombre de manera psiquiátrica, no de manera espiritual: no se le dice la verdad revelada, sino la verdad que conviene, que gusta a los hombres. La verdad inventada por la cabeza del hombre.

«En cuanto a la libertad de expresión: cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común».

Tienes derecho a blasfemar: tienes derecho a decir lo que piensas si eso vale para el bien común.

Y la libertad no es una función social: no es para un bien común. La libertad es para cumplir la ley natural: para un bien privado. Y sólo así, cumpliendo lo natural, se puede cumplir, se puede hacer un bien común, un bien social.

Bergoglio habla de su comunismo, en el cual la propiedad privada, el derecho que tiene el hombre a poseer sus bienes es siempre un bien común: el hombre está obligado (no tiene libertad) a hacer un bien común, un bien para el otro. Eso es el idealismo kantiano, que tanto le gusta a Bergoglio, que le hace desembocar en su comunismo, que es la utopía del bien común, del gobierno mundial, de la iglesia para todos.

«Estás obligado a decir lo que piensas»: el hombre no tiene libertad para callar, para poner la otra mejilla, para guardar silencio, para humillarse ante los improperios de los otros. Está obligado a decir algo.

Y, entonces, tiene que ir en contra de la misma Palabra de Dios:

«si el doctor Gasbarri, que es un amigo, dice una grosería contra mi mamá, le espera un puñetazo. No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás»

¿Dónde queda:

«al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra» (Mt 5, 39)?

Esta Palabra de Dios no sirve para resolver el problema. Estas obligado a decir lo que piensas para el bien común, para construir una sociedad justa, armoniosa, redimida.

Si alguien ofende a tu mamá, entonces practica la virtud. Y si no puedes sujetar tu ira, entonces huye de aquel que te tienta en la virtud. Pero si caes en el pecado, una vez que has puesto los medios para no pecar, entonces sólo caes por debilidad, no por malicia. Arrepiéntete por tu pecado.

Pero si no practicas la virtud y te dejas llevar, entonces pecas por malicia. Es más grave tu pecado, pero si te arrepientes, hay perdón de Dios.

Esto es lo que un Papa legítimo tiene que enseñar.

¿Qué enseña Bergoglio? Su idealismo.

«El Papa Benedicto, en un discurso habló de esta mentalidad post-positivista, de la metafísica post-positivista, que llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista. Y esta es una herencia de la Ilustración. Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás».

Primero: ¿qué cosa dijo el Papa Benedicto XVI?

«En el mundo occidental domina ampliamente la opinión de que solamente la razón positivista y las formas de filosofía que de ella derivan son universales. Pero las culturas profundamente religiosas del mundo perciben precisamente en esta exclusión de lo divino de la universalidad de la razón un ataque a las convicciones más íntimas. Una razón que frente a lo divino es sorda y margina la religión al ámbito de las subculturas es incapaz de incluirse en el diálogo entre culturas» (ver texto).

La razón, cuando se cierra a Dios, a la Revelación de Dios, entonces genera lucha de culturas, enfrentamiento entre los hombres. Esto es lo que dice este párrafo.

¿Cuál es la interpretación de Bergoglio?

«llevaba a creer que las religiones o las expresiones religiosas eran una especie de sub-cultura, toleradas, pero poca cosa, no forman parte de la cultura iluminista». Ha torcido el pensamiento del Papa Benedicto XVI: las religiones son una especie de subculturas. Y no tiene nada que ver con lo que dice el Papa, que habla de la relación entre fe y razón.

Bergoglio está en lo suyo:

«Hay mucha gente que habla mal, que se burla de la religión de los demás». No juzgues. Y, entonces cae en una contradicción:

¿No dices, Bergoglio, que

«cada persona no solo tiene la libertad, sino la obligación de decir lo que pienso para apoyar el bien común»?

Entonces, tengo que decir que los musulmanes no son una religión que sirva para el bien común: ni para la familia, ni para la sociedad, ni para la iglesia, ni para nada.

Estoy obligado a decir esto: tengo «la obligación de decir lo que piensa para apoyar el bien común». Por tanto, tengo que juzgar, tengo que hablar mal de los musulmanes, tengo que decir la verdad de los musulmanes, tengo que burlarme de sus ritos y de sus doctrinas porque son un engaño para todos.  No puedo tomarlo como algo verdadero, como algo serio, algo que dé fruto para el alma.

El mismo Bergoglio se contradice porque está en su idealismo: en su idea. Por eso, Bergoglio tiene que chocar con todo el mundo. Bergoglio no quiere que la gente se burle de los pensamientos del otro, pero sí quiere que la gente siga blasfemando contra Dios. Por defender al hombre, ataco a Dios. ¡Qué gran locura!

El mismo Bergoglio dice que es un loco:

«¿sabe usted que yo tengo un defecto? Una buena dosis de inconsciencia». Se está describiendo en lo que es: un loco de su idea humana. Un vividor de su herejía. Un hombre que obra su orgullo, cada día, en la Iglesia y que nadie le dice nada.

Y esto va a ser la ruina de muchas almas: callan ante un loco, cuando tienen la obligación de hablar clarito a las almas.

Hablemos claro: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica. Porque no dice una sola Verdad.

Esto es lo que muchos no creen ni quieren creer: tienen a ese personaje como su papa. Allá ellos. No son de la Iglesia Católica. Porque en la Iglesia Católica se sigue al que enseña la Verdad Absoluta. No se puede seguir al que enseña sus verdades relativas universales.

Hablemos claro: si sigues a Bergoglio te vas a condenar. No puedes obedecer la mente de un hereje. Es un pecado, no sólo grave, sino de blasfemia contra el Espíritu Santo. En Jesús no había ninguna herejía. En Bergoglio están todas las herejías. ¡El que lea entienda! Y si no quiere entender, nos da igual.

Conspiración en la cúpula de la Jerarquía: choque de poderes

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«Y los soldados, tejiendo una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza» (Jn 19, 2).

La Cabeza de Cristo fue tejida de espinas; pero su Divino Corazón fue traspasado por una lanza. La cabeza es la sede de la sabiduría humana, el corazón es el fundamento del amor divino.

El Corazón se abre, en la muerte, para dar al mundo la Vida, el Amor de Dios; pero la Cabeza sufre el tormento de las espinas para señalar la soberbia de la mente del hombre. Cristo sufre por la soberbia de los hombres, pero muere para dar Vida a los hombres.

En la Iglesia, la Cabeza es el Vicario de Cristo. Y sobre Ella ha sido puesto el sufrimiento espiritual que el pecado de soberbia de muchos, en la Jerarquía, ha traído. El Papado sufre por la soberbia del hombre. Y sufre en el Papa legítimo: Benedicto XVI. Que, a pesar de que no gobierna, sigue teniendo el Poder de Dios en su corazón.

La corona de espinas está sobre el Papado y sobre toda la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo: «hay un grito en el Cielo, en este momento, mientras la Corona de Espinas desciende para aplastar Mi Cuerpo, la Iglesia Católica, sobre la tierra» (MDM, 13 de febrero 2013).

Es la Pasión del Cuerpo Místico de Cristo. Son los tiempos de la Pasión y de la Muerte del Cuerpo Místico de Cristo.

Es el sufrimiento que los hombres dan a la Iglesia: sufrimiento, no sólo espiritual, sino también humano y material.

El Papa Benedicto XVI fue forzado a renunciar al gobierno de la Iglesia: una corona de espinas fue puesta en su cabeza.

«Me temo que estas son las mismas áreas que, por las razones usuales de poder y opresión, han traicionado y conspiraron para eliminar al Papa Ratzinger (…), empujándolo a la renuncia» (Avvenire, diario de la CEI (Conferencia Episcopal Italiana) –  ver traducción).

Hubo una conspiración para quitar de en medio al Papa Benedicto XVI: en otras palabras, hubo un choque de poder en la Iglesia. Y ganó el poder de la masonería eclesiástica.

En la élite de la Jerarquía se descubre la corrupción que existe en toda la Iglesia. Si las cabezas de la Iglesia no son humildes a la verdad, no obedecen a un Papa que Dios ha puesto en Su Iglesia, entonces nadie, ningún fiel en la Iglesia, obedece la verdad Revelada, nadie sigue la doctrina que Cristo enseñó a Sus Apóstoles.

Todos, en la Iglesia, buscando su doctrina, su gobierno, su dinero, su negocio, su papa, su ideal en la vida.

Toda esa Jerarquía, que ahora aplaude a Bergoglio como Papa, tejió una corona de espinas sobre el Papado. Fueron ellos: los soldados de la masonería eclesiástica. Ellos que se han metido en la Iglesia por la puerta falsa, para aparentar un falso sacerdocio, y así conseguir el objetivo: poner el papa que quiere el mundo, que es el papa que quiere la masonería.

Bergoglio es el papa que quiere el mundo, no es el Papa elegido por el Espíritu Santo. ¡Nunca Dios elige a un masón para Papa!

«La masonería eclesiástica ha alcanzado ahora el mayor nivel de poder dentro de Mi Santísima Iglesia en la Tierra» (MDM, 30 de septiembre 2013).

El mayor nivel de poder alcanzado por la masonería es el Papado: era su gran objetivo. Es el orgullo de los masones: gobernar como dioses -con un poder eterno– a los hombres.

Durante 20 siglos, los masones han intentado muchas cosas para usurpar el Trono de Dios en la tierra. Y no pudieron, porque no era el tiempo. El tiempo siempre es de Dios, nunca de los hombres. Es cuando Dios lo quiere, no cuando los hombres lo planean.

Ahora es el tiempo de la masonería.

Ahora la masonería eclesiástica ha puesto un cisma dentro de la Iglesia Católica: un gobierno horizontal. Cisma que levanta divisiones entre toda la Jerarquía y todos los fieles de la Iglesia. ¡Y claras divisiones! ¡Claras tempestades!

¡Es la guerra por el poder! ¡Todos quieren mandar, todos quieren ser maestros, todos se las dan de sabios en sus herejías, en sus vidas plagadas de paganismo!

Ese gobierno horizontal despoja a la Iglesia de la Verdad, divide la Verdad del Papado, levantando una nueva estructura religiosa sobre la mentira, – y sobre toda mentira.

Y, por lo tanto, las consecuencias para el mundo entero son claras: el mundo ya no tiene un norte ni un camino para salvarse. Ya en la Iglesia no está la Verdad, no es el faro de la Verdad, sino que en Ella se da la misma mentira que se ofrece en el mundo.

Los hombres, en el mundo, ya ven la Iglesia no como Verdad sino como una mentira más. Y, por lo tanto, ya no combaten a la Iglesia, sino que se unen a Ella para formar una unidad en la diversidad: una nueva estructura de gobierno mundial, en la cual los dos poderes, el temporal y el eterno, sean uno, sean repartidos entre los hombres.

Primero es entrar en una nueva iglesia mundial, para así poder formar el nuevo orden mundial.

Cada uno podrá buscar a Dios de la manera que quiera; cada uno podrá hacerse su ley como le dé la gana; cada uno será el creador de su propia vida humana y espiritual.

Es el negocio que ahora se persigue dentro de la Iglesia Católica: participar en la creación de una nueva estructura religiosa, que favorezca a todas las religiones, para levantar una religión mundial que no se oponga a un poder mundial.

Una nueva jerarquía, un nuevo papado, que sea el fundamento del error que se da en el mundo. Es lo que el mundo necesita: el respaldo de una iglesia, de un poder eterno, para que sus leyes temporales, que son sólo una impiedad, una abominación, tengan valor para todos los hombres, no sólo para la gente del mundo.

El fundamento de la Iglesia Católica es Pedro, el Papado. Este fundamento ha sido aniquilado, aplastado: «Muchos no tienen idea del engaño que se les está presentando. Ni ellos saben que el fundamento de Mi Iglesia, la Iglesia Católica, ha sido aplastado hasta el polvo. En su lugar, se levantará la abominación» (Ib).

El gobierno horizontal, puesto por Bergoglio, es lo que ha aplastado hasta el polvo el Papado. Y, por eso, ya no hay más Papas católicos. Ya no hay que esperar a ningún Papa católico después de la muerte de Benedicto XVI.

¡Y muchos no han caído en cuenta de este gran engaño! Porque están en la Iglesia detrás de un hombre de política, de global economía, de vida social, de acercamiento a todas las maldades que existen en el mundo.

El fundamento, la roca en la que se levanta la Iglesia, Pedro: aplastada hasta el polvo.

Como a los católicos les trae sin cuidado las profecías, las revelaciones privadas, la vida espiritual en la Iglesia, por eso, se engañan, con gran facilidad, con las palabras oficiales de la masonería eclesiástica, que gobierna actualmente en el Vaticano.

Un masón está en el timón de la Iglesia. Bergoglio no es Papa católico, es un masón. Bergoglio no es la voz de la Iglesia Católica: es un juguete de la masonería eclesiástica.

¿Cómo es que los católicos están obedeciendo la mente de un masón como Papa?

¿Cómo es que los católicos llaman a un masón con el nombre de Papa?

¡Qué gran engaño! ¡Qué fácil es engañar a los católicos!

Se les presenta a un hombre con cara de buenos amigos, que viste pobremente y que habla de la ternura de Dios. ¡Y todos caen, de una manera espantosa, en ese gran engaño! ¡Y son ellos –los propios católicos- culpables de su propia caída, de su propio engaño! ¡Se dejan engañar! ¡No viven de fe en la Iglesia sino de política!

Bergoglio está levantando la abominación: una nueva religión mundial, que apoye el nuevo gobierno mundial que, muy pronto, saldrá a la luz. Hasta que no se consiga esa nueva religión mundial, no se ve el gobierno mundial.

Por eso, ahora todos ven las herejías de Bergoglio, pero les interesa hacer mutis, callarse: están en el negocio de levantar una nueva iglesia, un nuevo credo, una nueva doctrina, un falso evangelismo.

¡Quieren ese negocio humano! ¡Y viven sólo de ese negocio humano!

¿Por qué la Jerarquía calla ante las herejías de Bergoglio? Porque Bergoglio les da de comer; porque tienen un puesto en la nueva iglesia.

En el tiempo de la masonería, cuando ésta ha conquistado el poder de la Iglesia, todo está muy bien preparado: nada es al azar. Hay unos objetivos claros que se deben cumplir. Y, por eso, todos los movimientos que se dan en el Vaticano, dentro de ese gobierno horizontal, es sólo para esto.

Tener a Bergoglio como papa es dinero para el Vaticano. ¡Y mucho dinero! Porque hay que levantar la nueva iglesia mundial. Y eso sólo se puede hacer con dinero.

Cristo levantó Su Iglesia sólo con el Espíritu Santo. No necesitaba nada más: murió como un maldito, sin ninguna popularidad. Sólo creían en Él los locos para el mundo.

Bergoglio levanta su nueva estructura religiosa a base de dinero y de fama. Por eso, habla para ganar dinero. Obra para ganar dinero. Viaja para ganar dinero.

Bergoglio no es un papa que enseñe la verdad, sino que es un hombre de negocios: me das dinero, te doy poder en mi nueva iglesia. Así funciona todo, ahora, en el Vaticano.

Bergoglio es dinero. ¡Y sólo dinero! Mueve mucho dinero en el mundo. La gente inventa productos con su nombre porque eso da dinero, eso da un puesto en el nuevo orden mundial. Bergoglio es bueno para los negocios, para salir de la crisis económica. Da de comer a muchos. Pero no sabe enseñar el camino del Cielo a nadie.

«¡Hago un llamado a Mis Cardenales, a Mis Obispos y a Mis siervos sagrados, a unir al rebaño y a permanecer leales a Mis Enseñanzas! ¡Pongan mucha atención a lo que les será pedido predicar, porque esto cambiará! Sus homilías serán diseñadas y concebidas para un mundo secular y no tendrán ninguna sustancia» (Ib).

La Jerarquía de la Iglesia ya no tiene que unirse al papa de turno, sino que tiene que unir al rebaño y permanecer en la Verdad Revelada; sabiendo que el papa de turno es falso: es un papa que pide, que obliga a difundir las obras de la mentira; que gobierna con una mentira, con unas cabezas de herejía. Eso nunca es un Papa en la Iglesia Católica.

¡Cuántos conciben al Papa como un jefe político, terrenal, humano, material!

¡Y nadie quiere ver al Papa como al hombre de Dios, que combate la mentira que los hombres del mundo obran constantemente!

¡Nadie quiere a un Papa que luche en contra del mundo y de los hombres! ¡Que luche en contra de los errores de los hombres!

¡Todos quieren a un papa tierno y misericordioso con todo el mundo! ¡Un papa besucón! ¡Un papa maricón! ¡Un papa ateo!

Por eso, Bergoglio es el papa de los idiotas en la Iglesia. ¡Y no es otra cosa!

¡Quien lo llame su papa es un idiota! ¡Un retrasado mental!

La gente cree que llamar a alguien idiota es insultarle.  El idiota no es el que habla o piensa vulgaridades, sino el que habla o piensa sin inteligencia, sin dos dedos de frente, sin lógica.

Llamar a uno idiota es decirle que es un hombre pagano, ignorante, con un bajo grado de inteligencia, que siempre está dando vueltas a su idea, sin salir de ella. ¡Un loco!

Pedro y Juan eran considerados «hombres sin letras y gente idiota» (ιδιοται)  (Act 4, 13).

En el lenguaje médico, el término idiocia significa: hombres con un estado de insuficiencia mental, intelectual (frenastenia), un retrasado mental.  Es un trastorno profundo de las facultades mentales.

Pedro y Pablo creían en un Resucitado: estaban locos para la gente del mundo. Eran ιδιοται: vivían en una idea estúpida y la defendían por encima de todo lo que la gente normal pensaba.

¿Cómo llamas a un hereje con el nombre de Papa? Ningún Papa es hereje. ¡Eres un idiota!

¿Cómo dudas de que Bergoglio sea Papa y lo sigues llamando tu papa? Si dudas, abstente de afirmar nada hasta quitar la duda. ¡No seas idiota!

Si dices que Bergoglio es Papa, entonces tienes que creer en lo que él cree, en todas sus herejías que ha declarado. Y si haces eso, entonces no eres católico y estás defendiendo en la Iglesia Católica a un hombre que no es católico, que no pertenece a la Iglesia por su manifiesta herejía. ¡Qué gran estupidez y qué gran locura!

¡Cuántos católicos hay que son unos locos, unos idiotas! ¡No tienen inteligencia! ¡Son retrasados mentales!

¡Cuántos han entrado en la Iglesia en una rifa: se ganaron el Bautismo y ahí se quedó el premio! Después, se han dedicado a una vida profana, pagana, mundana, material, humana, natural, carnal, sin importar nada lo que es la fe católica, lo que es un Papa en la Iglesia.

Bergoglio es un hombre que no convierte a nadie, no llama nadie a la conversión, a dejar el maldito pecado: sólo cosecha aplausos de gente que se llama católica, y son sólo juguetes de su propia ignorancia.

Bergoglio, cuando habla, lo hace con doble interpretación, doble lenguaje:

  • uno oculto siempre, que nunca se manifiesta, pero que es contrario a la verdad: dice medias verdades, sin apoyarse nunca en ellas;
  • y otro la suya propia modernista, progresista, inmanentista, que es siempre la que se refleja en sus escritos: sus mentiras para construir su falso cristo y su falsa iglesia.

Bergoglio reprocha a la Iglesia Católica muchas cosas, pero no es para corregir los defectos de Ella, sino para cosechar aplausos en el mundo. Pone a la Jerarquía como si fuese la última piltrafa de la humanidad, la última basura, los acusa de fariseísmo porque cumplen con los mandamientos de Dios, con los dogmas, y eleva a los grandes herejes a un puesto en la Iglesia.

Bergoglio habla de Cristo, no para enseñar su doctrina inmutable, infalible, eterna, sino para quedar bien con todo el mundo, para recibir una alabanza de extraños a la Verdad Evangélica.

La mentira es presentada como Verdad en la Iglesia porque toda la Iglesia está bajo el control del mal. No hay una cabeza, no hay un Papa, no hay una Jerarquía que diga la Verdad. Los buenos sacerdotes son echados a un lado y se les hace callar.

Muchos caen en esa mentira, muchos son engañados en la Iglesia. Y son gente de teología, que conoce la verdad, pero que por no perder el plato de lentejas, prefieren la mentira, el engaño.

Muchos, viendo la herejía, por el falso sentimentalismo a Bergoglio, porque les cae bien Bergoglio como hombre, se dejan engañar. Es el juego de la política.

Todos poniendo parches a las babas de Bergoglio todo el santo día. Esa es su única ocupación. Porque van en busca de un nuevo gobierno mundial, de una nueva sociedad, en la que Dios es cada uno, cada hombre, cada mente humana, cada obra del hombre, cada vida humana.

En la nueva iglesia de Bergoglio todos son santos en sus grandes herejías. Todos se consideran sagrados, justos, perfectos. Se llaman así mismos: maestros de su propia locura.

No te dejes engañar por aquellos que te dictan lo que tienes que creer con palabras baratas y blasfemas.

Sólo Dios es el dueño de tu mente, de tu corazón, de tu espíritu. Que ningún hombre se declare dueño de tu libertad. Muchos se esclavizan a las mentes de los hombres para tener una libertad falsa, fingida, ilusoria, que sólo sirve para condenarlos.

Bergoglio esclaviza al hombre con la mente humana; Cristo lo libera con Su Espíritu. Elige a quien quieres servir: al demonio, en la persona de Bergoglio, o a Dios, en Cristo.

El hombre sólo ha sido creado para dar gloria a Dios, no para cuidar la Creación

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«custodios de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos  que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro…todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos » ( 19 de marzo de 2013).

Estos son los delirios de Bergoglio sobre la Creación de Dios.

  • ¿Es el hombre custodio de la creación? No, no lo es. Veamos qué dice la Palabra de Dios:

«y los bendijo Dios, diciéndoles: “Procread y multiplicaos. Y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» (Gn 1, 28).

El hombre ejerce el dominio sobre la creación. No la custodia, no la cuida, no la conserva. La somete y la domina.

  • El hombre no es guardián del otro ni del medio ambiente.

«¿Soy acaso el guarda de mi hermano?» (Gn 4, 9). Bergoglio cree que cambiando el pensamiento, se quita el mal. Si Caín hubiera pensado: “Sí, soy el guarda de mi hermano”; entonces no hubiera matado a Abel.

Pero Caín mata a Abel porque no cumple con el 5 mandamiento de la ley de Dios: «La voz de la sangre de tu hermano está clamando a Mí desde la tierra» (v. 10). No está en la gramática; no está en pensar de manera positiva; no está en quitar los pensamientos negativos, no está en el lenguaje humano.

Todo está en el hombre: cumple o no cumple con la ley de Dios.

«¿Para qué unir el lobo con el cordero? Pues lo mismo es unir al impío con el justo» (Ecle 13, 21). Amar al enemigo de tu alma no es guardarlo en tu corazón, sino que es odiar su pecado y su persona que ama su pecado.

Es lo que hace el Señor:

«El Altísimo odia a los pecadores y a los impíos les hace experimentar su venganza» (Ecle 12, 6).

El Señor odia al pecador, no sólo a su pecado. ¡Qué difícil de predicar es esto, hoy día!

«No digas: “Grande es Su Misericordia. Él perdonará mis muchos pecados» (Ecle 5, 6).

La vida espiritual no son palabritas bonitas, no es una gramática que hay que aprender, sino una obra de fe: hay que convertirse al Señor, hay que arrepentirse del pecado, hay que luchar contra el hombre y sus pecados, y contra todos los demonios, hay que expiar el pecado, para poder permanecer en la verdad.

«Porque aunque es misericordioso también castiga, y su furor caerá sobre los pecadores» (v. 7). Esto es lo que nadie en la Iglesia se atreve a predicar. Nadie quiere escuchar las Palabras de Dios. Nadie quiere la verdad. Todos quieren las fábulas de los hombres. Dios castiga y, por lo tanto, el hombre no puede amar a otro hombre que Dios castiga. No puede. Bergoglio dice que hay que guardar al otro. Pero el Señor enseña lo contrario. No hay que amarlo, hay que tener misericordia del otro. Y eso es darle, ofrecerle una justicia divina.

El amor al prójimo no significa darle un beso y un abrazo, sino una Voluntad de Dios. De esa manera, se guarda la creación del mal del pecado de muchos. Si los hombres hicieran la Voluntad de Dios en el amor al prójimo, la creación no estaría como está. Pero como se busca al prójimo para ensalzar su persona y su vida de pecado (eso es lo que la Iglesia está haciendo con Bergoglio= ensalza su persona y su obra de pecado; no la odia), entonces los hombres se inventan fábulas para arreglar los malos caminos de los hombres en la Creación (ahora, en Roma se han inventado una nueva iglesia, para terminar de destruir lo poco que queda de la Iglesia).

No se puede unir al hereje con el santo. No vivimos para cuidar el medio ambiente; no vivimos para limpiar las babas de Bergoglio, sino para cuidar nuestras almas de muchos lobos que se visten de sacerdotes y de Obispos, como Bergoglio, y que sólo quieren sus negocios en la Iglesia, hablando herejías todo el día.

  • «La misericordia del hombre es para con su prójimo: la del Señor para con toda carne» (Ecle 17, 12).

No hay que guardar el medio ambiente. Hay que tener misericordia con todos los hombres, porque son unos pecadores. Del medio ambiente se encarga el Señor. De los males que el hombre hace en la creación, ya Dios los usa para un bien para todos. Ya Dios se encarga de eliminarlos en la Creación, porque ningún mal puede destruir la obra de Dios.

Lo creado es para el hombre: para su uso, para su usufructo. Lo creado no es para cuidarlo, no es para levantar una nueva iglesia ni un nuevo orden mundial.

La muerte y la destrucción que se ven en el mundo son sólo por el pecado del hombre. No es porque no se cuida la creación, no es porque no se guarda al hermano.

Dios no puso la creación en las manos del hombre: no hay que cuidarla. Hay que dominarla. La Creación sigue estando en las manos de Dios. Y Dios le dio un mandato específico al hombre, concreto: sométela y domínala.

El problema del hombre es que no ejerce ese dominio en la ley del Señor, sino combatiendo las leyes que el Señor ha puesto en la Creación, es decir, pecando contra la creación misma. Consecuencia, no sabe dominarla, sino que es la naturaleza la que lo domina a él.

La Creación sólo obedece a Dios, nunca a los hombres. La Creación es regida sólo por Dios, nunca por los hombres. La Creación es preservada sólo por Dios, nunca por los hombres.

Si los hombres saben ejercer bien su dominio sobre la creación, entonces la cuidan, la conservan como Dios quiere. Saben hacer el bien al otro sin dañar la Creación.

En lo que Dios ha creado «ninguna obra molesta al otro» (Ecle 16, 28). En la creación no hay hambre ni fatiga, nada interrumpe su trabajo, todos obedecen los mandamientos de Dios, las leyes que Dios ha puesto en Ella. (cf. Ecle 16, 26-29).

Si el hombre pasa hambre es por su pecado en contra de la Voluntad de Dios en la Creación.

Si el hombre se fatiga es por su pecado como ofensa a Dios.

No está el problema en la Creación. Todo el problema está en el hombre, que no sabe obedecer a Dios.

Todo en la creación obedece a Dios, menos el hombre.

Dios ha dado un mandato al hombre: domina la creación. El hombre la quiere cuidar para hacer su jardín, su Paraíso. Eso es desobedecer la Voluntad de Dios. Es lo que predica Bergoglio a todas horas: desobediencia a la Palabra de Dios.

El hombre no es el custodio de la creación, sino que es el que somete la creación.

Todo el problema de Bergoglio es haber anulado el pecado original, por el cual el mal entra en toda la creación y el hombre no comprende para qué sirve la creación.

¿Para qué Dios crea el mundo?

Enseña el Magisterio infalible de la Iglesia:

«Este único Dios verdadero por su bondad… creó de la nada a ambas creaturas, la espiritual y la corporal, y después la humana… no para aumentar su felicidad ni para adquirir ésta, sino para manifestar su perfección mediante los bienes, que distribuye a las creaturas…» (C. Vaticano I (D 1783)).

Dios crea el mundo para manifestar su perfección divina. Y lo hace mediante los bienes que Él ha creado: mediante toda la Creación, que da, que distribuye a todas sus creaturas.

Dios no crea el mundo para que el hombre haga un jardín de él: no lo ha creado para que el hombre adquiera una felicidad. Este es el pensamiento de Bergoglio:

«Quisiera invitar a todos a reflexionar sobre… el vigoroso llamamiento al respeto y la custodia de toda la creación, que Dios ha confiado al hombre, no para explotarla salvajemente, sino para que la convierta en un jardín» (27 de julio del 2013).

Lo creado es para el hombre: dado, comunicado por Dios, para los hombres.

Dominando lo creado, en la voluntad de Dios, el hombre manifiesta la perfección divina.

Dios crea el mundo, movido sólo por su bondad divina para manifestar y comunicar su perfección divina, es decir, para Su Gloria:

«Si alguno… negara que el mundo ha sido creado para la gloria de Dios: sea anatema» (D 1805).

Esto que enseña el Concilio es un dogma de fe: está contenido en la Sagrada Escritura y enseñado en la Iglesia para ser creído.

El mundo ha sido creado por Dios, a causa de Dios, como fin, no por necesidad, no para darle al hombre una gloria humana, no para que el hombre haga un Paraíso en él, no para que el hombre sea feliz en su vida humana (no para disfrutar la creación), sino por la bondad de Dios, el cual ha querido manifestar su Perfección en orden a su Gloria.

El mundo es para manifestar la gloria de Dios. Este es el fin de la Creación.

Dios es el fin del mundo:

«Yo soy el alfa y el omega…el principio y el fin» (Ap. 22, 13).

«¿Quién le vio primero, que tenga derecho a la recompensa? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos» (Rom 11, 36).

No es el hombre el fin del mundo: todo lo que hace el hombre en el mundo debería ser para dar gloria a Dios, no para darse gloria a sí mismo. No para hacer un jardín. Así viven muchos hombres: usando la creación para su gloria humana. Y, de esta manera, opacan, ocultan la gloria de Dios. Usan lo creado en contra de la Voluntad Divina, para su negocio humano, para su nueva iglesia ecuménica, para un nuevo orden mundial.

Lo creado es para el hombre: para que el hombre lo use manifestando las perfecciones de Dios. Por eso, es necesario usar lo creado en la Ley del Señor, no en contra de Su Ley.

Dios crea, no porque necesita la creación, no porque las creaturas sean útiles:

«¿Tiene algún interés Dios por tu justicia? ¿Gana algo con que seas intachable?» (Job 22, 3).

A Dios no le interesan ni los pensamientos ni las obras de los hombres. Dios no ha creado al hombre para que el hombre continúe la obra de la creación, sino para que el hombre manifieste, en toda su vida humana, la gloria de Dios, la santidad, la perfección de Dios.

Pero así no viven los hombres. Los hombres viven buscando la evolución de sus pensamientos humanos para construirse un Paraíso en la tierra.

«Dije al Señor: “Tú eres Mi Dios puesto que no necesita de mis bienes”» (Is 1, 11).

Dios no necesita que los hombres cuiden la creación, cuiden los bienes creados por Dios.

Dios no necesita las obras humanas que los hombres realizan en la Creación para cuidarla de alguna manera.

Tú eres Mi Dios porque eres todo para mí, no porque te doy algo. Dios no quiere tus ideas, ni tus obras, ni tu vida, ni tu ciencia, ni tu progreso, ni tus sueños, ni tus utopías, ni nada de nada.

Dios no quiere que cuides a los otros ni al medio ambiente. No te ha creado para eso.

Lo creado es para el hombre; el hombre es para Su Creador.

Dios quiere que domines al hombre y a su Creación. Sólo así das gloria a Dios en la Creación.

Para eso es la Jerarquía de la Iglesia, para eso es el gobierno de Dios, para eso es la Iglesia: para que domine al mundo, para que someta a los hombres a la verdad Revelada. Dios no ha levantado una iglesia para que el mundo la domine, para que se someta a las mentes y obras de la gente mundana. Dios no quiere una Iglesia para el mundo, que abarque a todo el mundo. Eso no existe.

Dios quiere una Iglesia para Su Hijo, porque la Iglesia es Cristo. Y Cristo no es el mundo. Cristo es el que combate el pecado del mundo, el que quita el pecado del mundo.

Hay una sola verdad que hay que obrarla en lo que Dios ha creado.

Toda la obra del demonio es destruir la obra de la Verdad en la creación. El hombre, que sigue a Dios, es el encargado de poner esta obra de la verdad. Y, para eso, tiene que ejercer el dominio sobre la mentira, sobre los hombres pecadores que viven en sus pecados y que no quieren someterse a la Verdad. Ejercer el dominio. No dar un beso y un abrazo a un maricón.

No hay que guardar a los hombres, al prójimo. Hay que dominarlos, hay que someterlos a la verdad, hay que juzgarlos: hay que darles una Voluntad Divina. Así se ejerce el dominio, el gobierno. Y así se cuida toda la creación: enseñando, gobernando y poniendo el camino de la verdad a los hombres.

Hay que salvar almas; lo demás, Dios se encarga de cuidar la creación, de que los hombres tengan para comer, para vestirse, de que el demonio no destruya lo que Él ha creado.

Pero los hombres prefieren su vida de pecado y convertir su existencia humana en un proyecto diabólico: la ecología.

«Dios…, que es el Señor del cielo y de la tierra, no habita en santuarios fabricados por mano de los hombres; ni es servido por manos humanas, como si de algo estuviera necesitado, el que a todos da la vida, el alimento y todas las cosas» (Hchs 17,24s).

Dios sólo habita en un corazón despojado de todo: un corazón humilde que sólo está pronto para hacer Su Voluntad. Dios no necesita de otra cosa del hombre. Dios no quiere ningún progreso del hombre. A Dios no se le sirve con manos humanas, con obras humanas, con vidas humanas, con filosofías humanas, con teologías humanas.

Dios no quiere un nuevo orden mundial, ni una iglesia que sirva para todo el mundo, para todas las inteligencias de los hombres. Dios no quiere el ecumenismo barato que predica Bergoglio y los suyos. En ese ecumenismo, la Iglesia es dominada por la mentira, por el error, por la herejía. En ese falso ecumenismo, la Iglesia no somete ni domina con la verdad Revelada.

«¿A mí qué, tanto sacrificio vuestro? – dice Yahvé. Harto estoy de holocaustos de carneros…» (Is 1,11).

¿A mí que me importa vuestro ecologismo?

¿Es el número de los hombres en el planeta el gran problema de la humanidad?¿O son los estómagos de los que pasan hambre el causante de las crisis económicas?

¿Se va a acabar el alimento porque son muchos los hombres o porque los hombres derrochan sus dineros?

¿O todo está en el problema de la contaminación?

¿Un mundo finito sólo puede sostener a una población finita?

¿Hay que hacer menos hijos para preservar el medio ambiente y permitir la vida del hombre, y así no contaminar la creación?

¿Puso Dios límites a su Palabra: «procread y multiplicaos»?

¿De qué manera quiere el hombre limitar la Palabra de Dios para vivir cuidando el medio ambiente? ¿Hay que cuidar el cuerpo antes que el alma? ¿Vale más un trozo de pan que la verdad para la mente y el corazón del hombre?

¿Si son pocos los hombres entonces todos tendremos para comer? ¿Entonces ya no habrá más contaminación del medio ambiente? ¿Entonces se resolverán los problemas económicos? ¿Ya se acabarán las esclavitudes, las guerras, las matanzas, el hambre?

¿Es necesario un nuevo gobierno mundial para que unos pocos consigan este jardín ideal para todos?

¿Es necesario una nueva iglesia ecuménica en la que el dogma no discrimine a los hombres, y así todos puedan participar de este Paraíso?

¿Es más importante en la vida el medio ambiente que los hijos, que la Palabra de Dios que manda, que obliga a hacer hijos?

Si Dios manda hacer hijos, ¿no va a dar, no va a proveer al hombre, en ese mandato, con todo lo necesario para la vida material, humana, natural, de esos hijos?

El hombre ha dejado de creer en el dogma de la Providencia Divina. El hombre quiere ser él mismo la providencia para sí mismo.

Pero, ¿qué se creen que es Dios?

¿Qué creen que es la Creación de Dios?

¿Un juego de Dios? ¿Un pensamiento del hombre? ¿Una gramática bien dicha? ¿Una ley de la gradualidad?

«La fe, además, revelándonos el amor de Dios, nos hace respetar más la naturaleza, pues nos hace reconocer en ella una gramática escrita por él y una morada que nos ha confiado para cultivarla y salvaguardarla» (LF, n. 55).

Esto es el «designio de Dios inscrito en la naturaleza», que dice Bergoglio: una gramática escrita por Dios.

No es la Ley Eterna lo que está inscrito en la naturaleza. No es una vida divina, una norma de moralidad. Es una gramática, un lenguaje humano que el hombre tiene que desarrollar, tiene que ir evolucionando para que se pueda poner en obra la felicidad para todos los hombres, el jardín que tanto predica Bergoglio. Esa gramática es la ley de la gradualidad. Esta es su memoria fundante, es decir, su fe masónica.

Por eso, Bergoglio habla de cuidar la creación: hay que cuidar esta gramática.

Los teólogos ecologistas, por la boca de ese blasfemo de Boff, lo dirán de esta forma:

«Por último, tal concepto de ley natural no deja espacio suficiente a la libertad humana querida por Dios. Mediante ella el ser humano prolonga el acto creador de Dios, administrando la naturaleza y trascendiéndola. El ser humano pasa de modo continuo de una situación existencial dada por su nacimiento y por la cultura ambiente (por naturaleza) a una situación que él crea con su libertad, mediante la cual él se define a sí mismo y plasma el mundo. Solamente en esa libertad el ser humano se torna él mismo. Además de eso, hay que considerar que la naturaleza está siempre en proceso. Nunca está acabada. Está abierta al futuro de Dios y a los enriquecimientos de la evolución. Bíblicamente la verdad de la naturaleza no es tanto el que ella exista, cuanto aquello a lo que ella está llamada a ser en el plano de Dios, que progresivamente se va realizando en la historia por su propia fuerza interna y por las intervenciones del ser humano». (Boff, La dignidad de la tierra).

Este es el pensamiento de Bergoglio. Su escrito sobre la ecología está tomado de Boff.

  1. La ley natural no es inmutable;
  2. La libertad del hombre está por encima de la ley natural;
  3. El hombre, con su libertad, crea como Dios crea: continúa la obra inacabada de Dios;
  4. Por tanto, la obra de la creación no está cerrada, sino abierta a las sorpresas de Dios;
  5. Todo está en la evolución de la creación. Nada es dogma; nada es inmutable. Dios no creó de la nada, sino de él mismo: la persona humana es sagrada y, por tanto, todos somos hijos de Dios y hermanos entre sí.
  6. La verdad de la creación no está en ella, sino en lo que obra el hombre, en la evolución del pensamiento, en la ley de la gradualidad;
  7. Todo está en las fuerzas de la naturaleza, en la energía de la mente (piensa en positivo: sé el guardián de tu hermano, no lo juzgues), en la frenética actividad de los hombres.

La Creación es una obra divina donde se realza sólo la Gloria de Dios. No es una obra humana. El hombre no continúa la obra de Dios. Dios acabó su obra cuando la creó. El demonio metió su pata: puso un desorden en la creación. Dios sigue obrando en lo creado y nadie lo detiene, ni siquiera la mala pata del demonio. Dios lleva la creación hacia donde Él quiere: no hacia donde el hombre piensa o el demonio obra dentro de Ella.

El hombre vive en una opción, en una selección: o el hombre o la naturaleza. O seleccionamos las especies útiles y los fenómenos naturales adecuados para que la naturaleza permanezca en su equilibrio o dejamos que el hombre intervenga en toda la creación alterando la armonía de ésta.

Este es el pensamiento de muchos. Un pensamiento contrario al dogma católico.

O hacemos aquí un jardín, un paraíso, o se acaba el mundo por el hombre. Y, para hacer un paraíso, es necesario un nuevo orden mundial, una nueva iglesia ecuménica. Por aquí va el ecologismo.

Es lo que predica Bergoglio:

«Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos […] Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la “custodiamos”, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar. Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación» (5 de junio de 2013).

«no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar»: Bergoglio, ¡que siempre metes la pata cuando hablas!

La creación es un don gratuito de Dios que hay que dominar: «sometedla y dominad». No es un don para cuidar. El hombre tiene que cuidar su alma del pecado. No tiene que cuidar una creación maldita por el pecado.

«Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación»: escucha la voz de la naturaleza. Esto es el budismo, el tantra, la nueva era….el culto a la naturaleza.

El católico escucha la voz de Dios y se deja de tanta tontería de Bergoglio, que sólo habla para esto:

«que todos asumiéramos el grave compromiso de respetar y custodiar la creación, de estar atentos a cada persona, de contrarrestar la cultura del desperdicio y del descarte, para promover una cultura de la solidaridad y del encuentro» (5 de junio de 2013).

Su nuevo escrito sobre la ecología es eso: para promover la cultura de la solidaridad (la fraternidad, el amor al prójimo por encima del amor divino) y la cultura del encuentro (sé el guardián de tu hermano maricón, del ateo, del hereje, del cismático, del que te roba, del que te difama, del que te pone la zancadilla. Tienes que encontrarte con la creación, no con Dios).

La naturaleza refleja la Gloria de Dios, no las fraternidades ni los encuentros de los hombres

«Los cielos pregonan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos» (Sal 19, 2).

No necesitamos las estupideces de Bergoglio para ser Iglesia. Nos basta la Palabra de Dios. No necesitamos a Bergoglio para pertenecer a la Iglesia verdadera. Bergoglio no define el camino de la Iglesia, sino que está levantando una nueva ignominia a Dios, en la que todos aplauden a un maldito como su salvador.

Que el Señor trate a Bergoglio y a todos los que le obedecen «conforme a sus obras, conforme a la malicia de sus acciones; que les retribuya conforme a la obra de sus manos, dándoles su merecido. Porque no atienden a las obras del Señor, a la obra de sus manos. ¡Derríbalos y no los edifiques!» (Sal 28, 4-5).

La Justicia de Dios, muy pronto, se verá; primero en Roma, y después, en todas las parroquias del mundo. Todo empieza en la Iglesia y termina en el mundo. Primero, la guerra en la Iglesia; después el inicio de la tercera guerra mundial. La nueva iglesia, que Bergoglio está levantando, será derribada por la mano del Señor muy pronto.

Las batallitas de Bergoglio en la ONU (I)

San_Benito_(El_Greco)

Bergoglio ha ido a la ONU a contar sus batallitas a los hombres que quieren escuchar algo para dormirse pronto. Es de esta manera, cómo hay que calibrar este discurso. Un discurso de un viejo con ideas viejas, que ya en la ONU nadie sigue, a nadie le interesa, porque ellos se mueven por la idea masónica del poder, no por la idea comunista del hombre.

Bergoglio no se apoya ni en el Magisterio de la Iglesia, ni en el Evangelio ni en la Tradición católica, sino sólo en su mente, que es el de un hombre desquiciado.

Bergoglio hace referencia al «espíritu de sus Padres fundadores», da un «mensaje de aliento para volver a la firme convicción de los Padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban un futuro basado en la capacidad de trabajar juntos para superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos del Continente» (ver texto). El Patrono de Europa es San Benito, olvidado por este demonio. San Benito es el pasado de la cristiandad que ya no cuenta para la Europa masónica. San Benito deseaba que la verdad del Evangelio fuera obedecido por los hombres. Para eso puso su regla monástica, para que los hombres la copiaran, la imitaran en sus vidas humanas.

«Es necesario recordar una vez más aquel principio peculiar de la doctrina cristiana: los bienes de este mundo están originariamente destinados a todos. El derecho a la propiedad privada es válido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, sobre ella grava una hipoteca social, es decir, posee como cualidad intrínseca, una función social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes» (Juan Pablo II – Sollicitudo rei sociales).

Esto es lo que enseña un auténtico Papa sobre la economía.

El hombre tiene derecho a la propiedad privada, pero este derecho no es absoluto, porque los bienes de este mundo son del Creador. No son de los hombres.

Muchos luchan por lo bienes comunes como algo propio al hombre. Y es una mentira. No hay que buscar los bienes comunes: hay que usar los bienes creados en la Voluntad de Dios. Y sólo de esa manera, el bien común llega a todos los hombres.

Siempre el problema del bien común es porque los hombres se apegan a los bienes que no son suyos, que son de Dios.

Por eso, nace el capitalismo y el marxismo: un capitalismo sin normas éticas ni morales; y un marxismo sin la verdad del Evangelio, que lucha sólo por los bienes comunes como si fuera propios del hombre y que otros se han apoderado.

Unos se acaparan las riquezas de este mundo, que no les pertenece: es el culto al dinero;

Otros luchan por las riquezas que otros se acaparan, y que tampoco les pertenece: es el culto al hombre.

Pero ninguno se desprende de los bienes creados para usarlos convenientemente, según la ley de Dios: ninguno de ellos da culto a Dios, quitando el pecado y los apegos a la vida.

Y, por eso, los dos sistemas producen muchos males en la sociedad.

Así habla un marxista, como Bergoglio: «cada ser humano está unido a un contexto social, en el cual sus derechos y deberes están conectados a los de los demás y al bien común de la sociedad misma» (ver texto).

El hombre está unido a una sociedad, a una forma de vida social. En consecuencia, tiene derechos y deberes con los demás.

En este planteamiento marxista, en esta ideología, es el hombre el centro del problema, de la vida, de las obras, de las ideas humanas.

Y su error es éste: ningún hombre está unido a otro por su contexto social. Esto es sólo una frase bella, pero vacía de contenido, vacía de verdad.

Dios no crea al alma para que viva unida a los hombres. Dios crea al alma para que se una a Él. Y sin está unión, si el alma no busca en su vida la unión con Dios, entonces cuando se une a los hombres, de cualquier manera que se obre esta unión, es siempre falsedad, un error, una división en su vida.

Ningún hombre se une a un contexto social: el hombre vive en una familia, en una sociedad, en un grupo social. Vive, pero puede unirse o no a ese ambiente social.

Hay que estar en el mundo, pero no ser del mundo: hay que vivir en el mundo, pero no unido al mundo, no unido a un contexto social. Quien lo haga, peca contra Dios y contra los hombres. No se peca cuando se da a los hombres, en la sociedad, en la familia, en el grupo social, la Voluntad de Dios.

Por eso, Bergoglio lucha por su ideología marxista, pero no lucha por la verdad del Evangelio, no lucha por Cristo, sólo lucha por sus pobres, por el hombre, por el “evangelio” que hace feliz a los hombres, que da alegría a los cuerpos humanos, a sus vidas. Bergoglio propone el camino ancho, en la vida humana, que lleva al infierno al alma. Bergoglio va buscando la cultura del hombre, de los derechos del hombre, pero no busca la Voluntad de Dios en la sociedad humana. No pone la ley Eterna en el contexto social, en la familia, sino su idea marxista:

«Considero por esto que es vital profundizar hoy en una cultura de los derechos humanos que pueda unir sabiamente la dimensión individual, o mejor, personal, con la del bien común, con ese «todos nosotros» formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social. En efecto, si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande, termina por concebirse sin limitaciones y, consecuentemente, se transforma en fuente de conflictos y de violencias».

El hombre busca una unión entre lo individual y lo comunitario; pero lo busca al margen del Evangelio, al margen de la doctrina social de la Iglesia. Bergoglio impulsa que el derecho de cada uno se ordene al bien de todos. Y esto es una barbaridad: «si el derecho de cada uno no está armónicamente ordenado al bien más grande».

El fin del hombre es ordenarse a Dios. Y sólo a Dios. Pero el fin del hombre no es unirse a los bienes de Dios, a los bienes de la Creación, aunque sea el más grande bien para toda la humanidad. Cristo no murió por el bien más grande del hombre, del mundo, de la creación. Cristo murió por el bien de la Voluntad de Dios sobre el mundo, sobre el hombre y sobre la creación.

Bergoglio ya no recuerda que, al ser el fin del hombre la unión con Dios, entonces el hombre tiene que usar los bienes creados convenientemente, sin el pecado, sin los apegos, para llegar a ese fin. Esto es lo que anula Bergoglio en todo su discurso.

Para Bergoglio sólo hay un pecado: el social, el de la mente del hombre: como los hombres no piensan bien las cosas para poner sus derechos individuales en servicio a los demás, en armonía con los derechos de los demás, entonces vienen los conflictos, las violencias. Esto es lo que llaman la conciencia de la humanidad, que los falsos profetas, como Luz de María, predican constantemente. Es la conciencia “crística”, que es buscar esta armonía que dice aquí este demonio encarnado.

Y, entonces Bergoglio comienza a contar sus batallitas:

«Una de las enfermedades que veo más extendidas hoy en Europa es la soledad, propia de quien no tiene lazo alguno. Se ve particularmente en los ancianos, a menudo abandonados a su destino, como también en los jóvenes sin puntos de referencia y de oportunidades para el futuro; se ve igualmente en los numerosos pobres que pueblan nuestras ciudades y en los ojos perdidos de los inmigrantes que han venido aquí en busca de un futuro mejor».

Bergoglio comienza a llorar por sus ancianos, que están tan solos, tan abandonados…; derrama lágrimas por los jóvenes que no tienen trabajo, que han perdida el punto de referencia, pero no las ganas de pasárselo bien en la vida; este punto lo calla Bergoglio…Y hay que conseguir que todo el mundo tenga dinero para que la vida sea felicidad para todos…; clama por sus malditos pobres, que tienen los estómagos vacíos de comida, y sus almas negras para el infierno…; y es un político más que quiere resolver los problemas de la inmigración…El futuro del hombre: el Paraíso en la tierra, el nuevo orden mundial…

¡Qué llorón es este hombre por la vida de los hombres! Y no sabe decir, como todos los Paaas han proclamado:

«la Iglesia no propone sistemas o programas económicos y políticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal de que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo». ((Juan Pablo II- Centesimus annus, n. 43)

Bergoglio: ¿a qué vas a la ONU? ¿A proponer tu sistema comunista?

¿Para qué dices? «Al dirigirme hoy a ustedes desde mi vocación de Pastor». Esto es una gran mentira, porque no hablas como Pastor de las ovejas, no hablas como Vicario de Cristo, no eres la Voz de la Verdad en un mundo sin Verdad, sino que hablas como un lobo que destrozas la vida espiritual de las ovejas con tu inútil verborrea humana, hablas como un loco, que ha perdido el juicio, porque no luchas por la gloria de Dios en este mundo, sino por la gloria de los hombres.

Es necesario escuchar las palabras de un Papa con una cabeza bien puesta:

«La Iglesia no tiene modelos para proponer. Los modelos reales y verdaderamente eficaces pueden nacer solamente de las diversas situaciones históricas, gracias al esfuerzo de todos los responsables que afronten los problemas concretos en todos sus aspectos sociales, económicos, políticos y culturales que se relacionan entre sí. Para este objetivo la Iglesia ofrece, como orientación ideal e indispensable, la propia doctrina social, la cual —como queda dicho— reconoce la positividad del mercado y de la empresa, pero al mismo tiempo indica que éstos han de estar orientados hacia el bien común. Esta doctrina reconoce también la legitimidad de los esfuerzos de los trabajadores por conseguir el pleno respeto de su dignidad y espacios más amplios de participación en la vida de la empresa, de manera que, aun trabajando juntamente con otros y bajo la dirección de otros, puedan considerar en cierto sentido que «trabajan en algo propio», al ejercitar su inteligencia y libertad». (Juan Pablo II- Centesimus annus, n. 43)

La Iglesia no propone modelos, no llora por los hombres, sino que se dedica a salvar almas, a poner un camino de salvación y de santificación a todo el mundo. Pero Bergoglio no está por esta labor.

Una vez que ha llorado por su maldita humanidad, viene la lucha de clases:

«Esta soledad se ha agudizado por la crisis económica, cuyos efectos perduran todavía con consecuencias dramáticas desde el punto de vista social. Se puede constatar que, en el curso de los últimos años, junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas».

Hay grupos sociales que establecen reglas que van en contra de los pobres, de los ancianos, de los inmigrantes. Es clara su teología de la liberación: siempre en contra de las reglas por vivir sólo en la opción de los pobres, en el culto a la vida de los hombres.

Y hay que recordar a Bergoglio lo que dijo Juan Pablo II:

«¿Se puede decir quizá, que después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que traten de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del progreso económico y civil?» (Juan Pablo II- Centesimus annus, n. 42)

Y el Papa respondía:

«Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de empresa», «economía de mercado», o simplemente de «economía libre»» (Ib.)

Juan Pablo II dijo sí al capitalismo, pero era contrario a un capitalismo sin reglas; pero Bergoglio es contrario a todo aquel que ponga reglas y que no beneficie a sus pobres.: es un no al capitalismo y un sí al marxismo.

Y Juan Pablo II enseña: «La solución marxista ha fracasado» (Ib.); pero Bergoglio no sigue el Magisterio de la Iglesia, la doctrina social de los Papas, sino su ideología marxista:

«los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones. A eso se asocian algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres. Se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica. El ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que – lamentablemente lo percibimos a menudo –, cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer».

Es siempre su lenguaje: el descarte, la cultura del descarte. Palabras tan maravillosas como huecas. Es su lucha de clases. A Bergoglio no le interesa decir que el capitalismo es malo porque tiene malas reglas y, por tanto, tiene que cambiar sus reglas. Esto no lo puede decir; y tampoco lo sabe decir.

Bergoglio contraataca a esos estilos de vida, opulentos, egoístas, porque no aman a los pobres. Éste es el punto de su comunismo.

Hay que atacar al capitalista porque no ama a Dios en su economía. Y, entonces, se le hace un bien al capitalismo, se le da luz sobre su equivocación.

Pero Bergoglio contrapone al sistema capitalista su sistema marxista, que también ya ha fracasado.

El dinero no es malo porque se niega a los pobres. El dinero es malo porque no se usa en la Voluntad de Dios, se usa en el pecado, en el apego a la vida, en el orgullo de la razón humana.

La ciencia y la técnica es mala por lo mismo: no porque no se ponga en servicio de los ancianos, niños, etc., se hace buena, sino porque el hombre la usa en contra de la Voluntad de Dios. Esta es la maldad de la ciencia humana, de su técnica: el pecado del hombre en el uso de la ciencia. Es el hombre el que peca; es el hombre el que lleva al pecado cuando usa la ciencia para su pecado, en su provecho.

En el discurso de Bergoglio, Dios, la Voluntad de Dios, el pecado de los hombres, sus apegos a la vida, no aparecen nunca. Sólo aparece su opción por los pobres, su ideología marxista. Y ahí se queda, dando vueltas y vueltas, siempre a lo mismo: su mismo cuento, su misma fábula, su misma batallita. Y esa batallita ya es vieja, es la del marxismo de los años 60. Hoy el nuevo marxista no va por ese camino, sino por el dominio de los pueblos.

Bergoglio es un viejo que sólo cuenta sus batallas. Y ya cansa a todo el mundo. Ya apesta Bergoglio cuando habla:

«Ustedes, en su vocación de parlamentarios, están llamados también a una gran misión, aunque pueda parecer inútil: Preocuparse de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la «cultura del descarte». Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad».

Este es el tufillo comunista de este hombre.

Los pueblos no son frágiles, ni tampoco las personas. No hay que besar a los hombres, no hay que darles un abrazo, un cariño, una oportunidad en la vida. Hay que marcarles el camino de la santidad, de la Voluntad de Dios. Hay que enseñar a los hombres a formar su conciencia moral, no hablar de conciencia de la humanidad, de la preocupación por la vida de los hombres.

Bergoglio sólo está en su falsa misericordia: todos somos buenos. Hay que ayudarnos unos a otros, hay que respetarnos, hay que ser felices haciendo el bien, para no producir la cultura del descarte. Palabras tan bonitas y tan cursis. Tan del demonio. No es el bien humano lo que impide el pecado entre los hombres. No son las obras de los hombres lo que salvan de la ruina a las sociedades. Es el obrar lo divino en lo humano lo que da valor a la sociedad, a las familias, al mundo entero. Obrar lo divino, que sólo se puede hacer de la mano de Dios, en el Camino, que es Cristo mismo.

Pero Bergoglio da vueltas a su ideología: es que este mundo vive en el «modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la “cultura del descarte”». Es siempre lo mismo: opción por los pobres, lucha de clases, fuera la propiedad privada, viva el bien común…

Y hace gala de su acto de fe, su memoria fundante: hay que« proteger la memoria…hacerse cargo del presente….ser capaz de dotarlo de dignidad». Esta es su herejía, que ya expuso en su “lumen fidei”, un escrito para quemar, para olvidar, eje de su pensamiento maquiavélico.

Después de llorar por la humanidad, ahora viene su ídolo:

«deseo afirmar la centralidad de la persona humana, que de otro modo estaría en manos de las modas y poderes del momento»: el hombre, el centro del Universo, de la historia, de los problemas.

«El hombre es el rey del universo»: esto ya lo predicó en su nueva iglesia. Es su idea eje; es su culto, es su adoración: ser hombre, vivir como hombre, obrar como hombre, pensar como hombre, mirar al hombre. Pone su imagen:

«Uno de los más célebres frescos de Rafael que se encuentra en el Vaticano representa la Escuela de Atenas. En el centro están Platón y Aristóteles. El primero con el dedo apunta hacia lo alto, hacia el mundo de las ideas, podríamos decir hacia el cielo; el segundo tiende la mano hacia delante, hacia el observador, hacia la tierra, la realidad concreta». El mundo de las ideas platónicas y el mundo de las obras humanas.

Para Bergoglio, Dios es sólo una idea transcendente, pero no una realidad: «el cielo indica la apertura a lo trascendente, a Dios… Una Europa que no es capaz de abrirse a la dimensión trascendente de la vida…». Es sólo el lenguaje de Bergoglio: el cielo como apertura a lo trascendente; los pueblos como capacidad de abrirse a lo transcendente. Es un lenguaje florido, ero vacío de la verdad. Porque el cielo es el mismo Dios y el hombre vive siempre para Dios, para el cielo, para lo transcendente, para lo que no es de este mundo. Si el hombre no vive para Dios, entonces los pueblos no viven para Dios, sino sólo para sus ideas de lo transcendente, de lo divino, de lo espiritual, de lo sagrado.

Si los pueblos no viven cumpliendo los mandamientos de Dios, los pueblos buscan sólo el lenguaje de lo transcendente, que es de muchas maneras, porque los camino del demonio, que son todos espirituales, ofrecen a los hombres muchas maneras de vivir en lo “transcendente”. Esta es la falsa espiritualidad de este hombre, su falso misticismo, que agrada a muchos. ¡Qué bonita predicación la de este hombre, dicen muchos! ¡Qué vacía predicación la que tiene este hombre todos los días! ¡Cómo engaña a muchos!

Bergoglio pone la Creación en el hombre, no pone la Creación para ser administrada por el hombre. El hombre no administra; el hombre es dueño de la Creación. Esta es su herejía principal, al negar el dogma del pecado original y a Dios como Creador. La creación, para Bergoglio, es un asunto de la evolución, no de Dios.

Es el hombre el que crea; es la materia la que evoluciona, son las fuerzas cósmicas las que siempre permanecen, las que son poderosas para llevar lo creado hacia su fin, que es un objetivo humano.

El centro: la persona humana. Comienza su idea masónica. Él está hablando a masones.

Lo principal, para Bergoglio, lo que ha hecho el hombre, no el cristianismo. Aquí se carga la Tradición católica:

«En este sentido, considero fundamental no sólo el patrimonio que el cristianismo ha dejado en el pasado para la formación cultural del continente, sino, sobre todo, la contribución que pretende dar hoy y en el futuro para su crecimiento. Dicha contribución no constituye un peligro para la laicidad de los Estados y para la independencia de las instituciones de la Unión, sino que es un enriquecimiento. Nos lo indican los ideales que la han formado desde el principio, como son: la paz, la subsidiariedad, la solidaridad recíproca y un humanismo centrado sobre el respeto de la dignidad de la persona».

El patrimonio cristiano del pasado es eso: pasado. Ahora, ha evolucionado a una cosa mejor: las ideas de paz, de solidaridad, de tolerancia, de dignidad humana. Esto es lo máximo para este loco. El lenguaje humano, la conquista de los hombres con sus pensamientos, su ley de la gradualidad, que «no constituye un peligro para la laicidad de los Estados». Todo el desastre que vemos en los gobiernos de todo el mundo, por poner leyes en contra de la Voluntad de Dios, de la ley Eterna, eso no es nada, eso no es un peligro. Esto es una locura de este hombre. Todas esas leyes inicuas son «un enriquecimiento». Y además dice que lo que vemos son «los ideales que la han formado desde el principio». San Benito: anulado. Sus leyes, sus reglas, que por eso es el patrono de Europa, anulado por el bello lenguaje de este hombre.

Los Estados son sagrados en su laicidad y, por eso, «quisiera renovar la disponibilidad de la Santa Sede y de la Iglesia Católica, a través de la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas (COMECE), para mantener un diálogo provechoso, abierto y trasparente con las instituciones de la Unión Europea».

Y nos preguntamos: ¿qué saldrá del dialogo entre los comunistas y los masones? Los comunistas: la Santa Sede, que ya no es Santa; la Iglesia católica, que ya no es católica: es decir, la nueva falsa iglesia que se levanta en el Vaticano. Y esta bazofia de gente habla con los demonios encarnados de la ONU: tiene que salir un nuevo orden mundial y una nueva iglesia ecuménica para todos.

(Continuará)

Bergoglio: semejante a un sepulcro blanqueado

modernismo

«(…) hoy, Roma, tu alma se ha vuelto el reflejo de la Bestia» (Vassula, 1/12/1994, “Hoy, Roma, tu alma se ha vuelto el reflejo de la Bestia”).

El reflejo de la Bestia es el rostro de la masonería.

Cuando la masonería alcanza el poder en la Iglesia, es que alcanzó antes a la casi totalidad de sus miembros. Y eso significa que ya la Iglesia no es católica, sino una camada masónica.

La masonería vive entre los miembros sin frenos religiosos que han hecho de su fe un falso ecumenismo, una apertura sin condiciones, absoluta, a cualquier credo, culto, rito religioso; ella misma se nutre de los renegados, ateos, disidentes, estafadores, malcasados, libertinos, y todos los católicos pervertidos y tarados de la Iglesia, que la convierten en una canallería suelta.

La masonería es un producto liberal que existe con toda actividad del hombre, que quiere abarcar todas las mentes de todos los hombres, que quiere aunar -en ella- todas las obras y todas las vidas de los hombres.

No se puede ya ser sacerdote, ni Obispo, ni Cardenal, ni Papa, sin ser antes masón, si no se pertenece, de hecho o de pensamiento, a la organización masónica.

En Roma, se piensa como piensa el demonio: en el lenguaje de la mentira; en Roma, se obra como lo hace el demonio: en el pecado. En Roma se negocia como lo hace la masonería: en lo oculto de las miradas de los hombres. En Roma se gobierna con el báculo de la masonería.

No hay sabiduría divina en Roma y, por eso: «contra ti enviaré a la más bárbara de las naciones para que te sitie». Roma, ¿quieres comunismo? Tendrás comunismo. Sitiada serás por Rusia y, en la maldad, serás destruida: «Yo haré bajar a tu desierto un fuego de furor, con una nube que cubrirá tus ciudades. Así, tu época de oscuridad llegará a su fin…».

Oscuridad vive Roma desde hace más de 50 años. Oscuridad que tiene tres efectos: pecado de herejía, pecado de apostasía de la fe y pecado de cisma.

La oscuridad es la ceguera de la mente: el entendimiento humano no es capaz de ver las realidades divinas. Sólo está pendiente de lo humano. Y, por tanto, vive sin fe divina, obra sin amor divino, espera sin Dios.

Roma sólo espera en las palabras y en las obras de los hombres: ha dejado de esperar en Dios.

El Papa Benedicto XVI frenaba el cisma en la Iglesia: «aquel que frena esta Rebelión en Mi Casa»; y así Dios no destruía con Su Justicia las obras de los hombres sin fe: «Yo Me niego a destruirlos a todos; pero ¡pobre de las manos manchadas de sangre!». Una vez apartado, el camino está abierto para todo mal en toda la Iglesia. ¡Abierto! El tiempo de la Justicia ha llegado a toda la Iglesia, porque se ha vuelto herética: Roma anula las verdades reveladas, para enseñar las mentiras, que salen de las bocas de mucha gente que ya no es católica.

No eres católico porque lo digas con tu boquita, o porque reces el Rosario o comulgues y te confieses todos los días.

Eres católico porque obedeces la Verdad –y sólo la Verdad- ; ésa que nadie quiere obedecer, porque no gusta al entendimiento de los hombres.

Hoy la Jerarquía de la Iglesia se fabrica sus fábulas. Y hay que llamarlas fábulas: cuentos para no dormir. Cuentos para entretener a la masa de gente, que se dice a sí misma católica, pero que ya no es católica. Y, con esas fábulas, se llena diariamente las webs de mucha gente que se dice católica.

La implantación de la masonería en el gobierno de la Iglesia coincide con su decadencia. El Papado ha sido anulado en Bergoglio. Y de una manera absoluta al poner su gobierno horizontal, que es el sello de la decadencia del Papado. Un hombre que no gobierna, sino que deja a los demás decidir, opinar, obrar desde el gobierno.

La Iglesia está sin timón: «Hay una fuerte sensación de que la Iglesia está como una nave sin timón» (Raymond Leo Burke – ver texto). Un Cardenal ciego para la Verdad, que ha perdido el sentido común en el gobierno de la Iglesia: «Tengo todo el respeto al ministerio petrino y no quiero que parezca que soy una voz contraria al Papa». Si como Cardenal de la Iglesia Católica, obedece a un hereje, automáticamente, se hace hereje.

«El que, por obediencia, se somete al mal, está adherido a la rebelión contra Dios y no a la sumisión debida a Él» (San Bernardo).

Si el Cardenal Burke no quiere ser una voz contraria a Bergoglio, entonces es una voz que se adhiere a la rebelión contra Dios que predica Bergoglio.

El respeto al ministerio petrino no es el respeto a Bergoglio como hombre. Es el respeto a la verdad que un Papa verdadero, legítimo, proclama en la Iglesia. Bergoglio no respeta el ministerio petrino, porque no es Papa; luego, no hay que caer en la falsa obediencia y en el falso respeto a uno que sólo lo llaman Papa sin serlo.

«El hereje que niega un solo artículo no tiene fe respecto a los demás, sino solamente opinión que depende de su propia voluntad» (Sto. Tomás de Aquino – Parte II-II-q5-a3).

En la Iglesia, la gente vive de sus opiniones, pero no obedece la Verdad: no quiere ni lo desea. La verdad se ha vuelto extraña para muchos católicos. La verdad del ministerio petrino se ha vuelto extraña para este Cardenal, que dice una verdad: no hay timón en la Iglesia; pero que obra obedeciendo al que tiene el timón en Ella: ¡esto sí que es extraño! ¡Esto sí que es un absurdo!

Y, sin embargo, esto es lo que observamos en toda la Jerarquía de la Iglesia: vive este absurdo.

Bergoglio ha negado muchos artículos de fe, muchos dogmas: «Jesús no es un Espíritu, sino una persona humana»; «No creo en un Dios católico»; «Dios no existe»; «Dios no puede hacer todas las cosas»; «el pecado no es una mancha en el alma»; «El Espíritu Santo une en la diversidad»; etc…

Bergoglio es un hombre que niega la Verdad: es un hereje;

Bergoglio es un hombre que vive sin fe, vive negando la verdad, vive en su herejía, en su idea humana de la verdad: es un apóstata de la fe;

Bergoglio es un hombre que obra en contra del Espíritu Santo en la Iglesia, obra la mentira: es un blasfemo contra el Espíritu Santo;

Bergoglio es un hombre que se ha apartado de la Cabeza de la Iglesia, Jesucristo: es un cismático.

¿Por qué siguen a Bergoglio?

¿Por qué lo llaman Papa?

¿Por qué le siguen dando obediencia?

¿Por qué siguen dudando de Bergoglio?

¿Por qué no lo atacan, no se oponen a él?

¿Por qué no quieren ser voces contrarias al falso Papa?

¿Por qué?

Porque ustedes no son católicos. Ustedes son rebeldes a la Verdad, porque se someten a un hombre cuya mente la domina el demonio. Un hombre que no ha dado su asentimiento a la verdad Revelada. Un hombre sin fe, rebelde a Dios, que vive su vida deambulando por la Iglesia con su orgullo: «reza por mí; la derecha eclesial me está despellejando. Me acusan de desacralizar el papado». (Obispo anónimo).

Esta es la soberbia pura: un hombre que no ve su pecado en la Iglesia y que acusa a los demás de los problemas de la Iglesia. Son ellos, la derecha eclesial; ellos, los políticos que no quieren la ideología masónica, ellos son los que me acusan.

Un hombre humilde calla la boca y deja que Dios salga en su defensa. Un arrogante, un orgulloso, un soberbio, como Bergoglio, él mismo se defiende: está defendiendo sus intereses en la Iglesia; lo suyo, lo que ha trabajado –durante muchos años- para conquistarlo. Y, ahora, le duele dejarlo. ¡Porque se le obliga a dejarlo!

No es que Bergoglio haya desacralizado el Papado, sino que lo ha anulado.

Y, por eso, quien tenga a Bergoglio como Papa es un rebelde a Dios.

«Quien en un solo punto rehúsa su asentimiento a las verdades divinamente reveladas, realmente abdica de toda la fe, pues rehúsa someterse a Dios en cuanto que es la soberana verdad y el motivo propio de la fe» (León XIII – Satis Cognitum)

Para un católico es clara la FE: asentir a la Verdad Divina: someter el entendimiento humano a lo que Dios revela, a lo que la Iglesia, durante años, ha enseñado como Revelación de Dios.

El objeto de la fe es la verdad divina: verdad inmutable en sí misma, que nadie puede cambiar con su grandioso entendimiento humano. El dogma no se desarrolla, sino que se cree sin más. Y el que cree puede penetrar los misterios de Dios sin su cabeza humana.

Por tanto, quien asiente a la Verdad, rechaza la mentira. Tiene que rechazar, de manera absoluta, a cualquier hombre que anule la Verdad, que viva en la Iglesia obrando su mentira.

Hay que poner a un lado a Bergoglio porque ha abdicado de toda la fe. Y eso significa poner a un lado a mucha gente: Jerarquía y fieles que siguen a un hereje. Si quieres salvarte tienes que ir en contra de Bergoglio y de todo su clan en la Iglesia. Es la única manera de mantenerse en la fe católica.

«Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre» (Símbolo de San Atanasio, D 75).

Oponerse a Bergoglio significa un escándalo: «Más vale causar escándalo que esconder la verdad» (San Gregorio Magno). Muchos esconden la verdad de lo que es Bergoglio para escandalizar a todo el Rebaño, enseñando una doctrina que no se puede seguir. Otros se escandalizan porque se critica y se juzga a Bergoglio. Y otros esconden la verdad: Bergoglio no es Papa, porque no quieren perder el plato de lentejas todos los días en sus vidas. Son pocos los que causan escándalo: no sigas a Bergoglio, no es Papa. ¿Quién oye esto de la Jerarquía de la Iglesia? Nadie; porque ninguno de ellos se atreve a causar este escándalo.

Poner a un lado a Bergoglio significa llamarlo hipócrita, sabandija, demonio: te vistes de Papa y no obras como Papa. Hipócrita. No tienes ni puedes tener el Espíritu de Pedro.

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas, pues son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!» (Mt 23, 26).

¿Por qué no llaman a Bergoglio como un sepulcro blanqueado, como lo hace Jesús de los hipócritas, y continúan dorándole la píldora (de su mente humana) a un hombre que es un demonio, que posee una mente demoníaca?

Porque ustedes no son católicos.

Ustedes lloran por su humanismo como lo hace el mismo Bergoglio: «es que la derecha eclesial me está despellejando». ¡Qué bueno que Bergoglio se lamente de su triste vida en la Iglesia. ¡Qué alegría! Es señal de que lo están dejando solo, como han hecho con todos los Papas anteriores. Pero ahora lo dejan solo porque es un inútil para todo.

La Jerarquía de la Iglesia está hecha así: se sabe la teología, hablan de cosas de Dios, hacen muchas obras apostólicas humanas y acaban juzgándolo todo.

Se sabe la Verdad, pero juzga con la mentira: no juzga con el Espíritu de la Verdad, sino con su espíritu mundano, humano, materialista, natural, carnal, sentimental, el cual se ufana de conocer la verdad.

Así se enseña a un sacerdote, a un Obispo, a un Cardenal: conoce con tu mente humana y juzga todo y a todos. Tienes poder para ello. Y no pueden salir de este esquema mental. No son capaces de dejar su gran sabiduría humana, sus recursos teológicos, filosóficos, doctrinales, lingüísticos, para dejar paso al Espíritu de Cristo en ellos. Esto no se les enseña. Están cerrados a la obra del Espíritu en la Iglesia. Por tanto, están abiertos a la obra de los hombres en Ella. Así salen del seminario, y así se quedan toda su inútil vida de sacerdotes.

Mucha Jerarquía sólo se dedica en su vida de sacerdotes a medir las obras del Espíritu, la manifestación del Espíritu en las almas, con sus cabezas humanas. Ni saben lo que significa discernir en el Espíritu. Esto es chino para mucha Jerarquía. Se creen que porque han recibido el Sacramento del Orden ya se lo conocen todo en la Iglesia, ya lo pueden todo en la Iglesia.

Ellos representan a Cristo, pero la gente, las almas, el Pueblo de Dios no logra ver en ellos a Cristo. Sólo ven sus grandiosas mentes humanas, sus maravillosas ideas humanas, con las cuales se lo saben todo y lo juzgan todo.

Esta gente que se cree sabia porque pone a Cristo en el Altar; esta gente que se muestra perfecta ante el mundo para decirse a sí misma: qué bien lo hago; son gente que vive para sí misma; que simula vivir para los demás; que exterioriza un amor al prójimo falso, lleno de palabritas sentimentales, bellas, bonitas, grandiosas, para obrar el vacío de su verdad, que es la mentira que viven; gente muy ocupada en sus cosas humanas, que las valoran por encima de las cosas divinas, pero totalmente desocupadas de la Voluntad de Dios en la Iglesia. Llaman voluntad divina a lo que encuentran con sus mentes hipócritas y llenas de fariseísmo.

Esta gente cubre sus pecados con sus hábitos costosos; son maestros en estampar sobre sus rostros una sonrisa engañosa e irónica.

Gente que habla de Dios y son sólo palabras huecas, que se las lleva el viento; gente que va a la Iglesia para celebrar una misa y es sólo su gran obra de teatro cada día; gente que se reviste de humildad, de pobreza, de respeto al ser humano, pero que después son una clara demagogia entre los hombres: quieren ser justos con todos, quieren amar la justicia y la paz, y son sólo constructores de la guerra, iniciadores de cualquier mal en el mundo.

Bergoglio es esta gente: es un sepulcro blanqueado.

Kasper, Muller, Pell…y todos esos herejes son esta gente: son sepulcros blanqueados.

Mucha gente habla sobre lo que ha pasado en el Sínodo y no ven el juego sucio de toda esa Jerarquía herética y cismática. Un Muller es hereje: ¿por qué lo ponen como si hubiera hecho algo por la Iglesia en el Sínodo? ¿Por qué lo elogian? No ha hecho nada por la Iglesia, sino por sus intereses personales.

En la Iglesia hay pecadores, pero no herejes. El que cae en la herejía: el que niega un solo dogma de fe no pertenece a la Iglesia. No hace falta negar todos los dogmas. Uno sólo hace a la persona hereje, lo saca de la Iglesia. Y lo que obra es para él mismo, no para la Iglesia.

El Cardenal Pell niega el pecado original, ¿por qué lo quieren destacar en el Sínodo si es un hereje?

¿Hay que agradecerles a estos herejes el que en el Sínodo la cosa no hubiera ido a más? No. Bergoglio y los suyos fracasaron en el Sínodo no por la lucha de los Cardenales, sino por la oración del verdadero Papa Benedicto XVI. Un hereje no puede luchar por la Iglesia, por los intereses de Dios en la Iglesia. Sólo lucha por sus intereses personales. Sólo el Papa legítimo es el que sabe luchar por la Iglesia, porque es su Iglesia. Los demás, ya buenos o malos, que asistieron al Sínodo, ninguno de ellos luchó por la verdad de la Iglesia. ¡Ninguno!

El Sínodo fue una trampa para todos. Y todos cayeron: incluido Bergoglio, ese gran idiota al que todos intentan sacar las castañas del fuego, justificándole su gran pecado.

¿Cómo es todavía que no reconocen el pensamiento de Bergoglio?

¿Se los tiene que descubrir un masón?

«Nuestros caminos son paralelos: de hecho pensamos como usted en relación con todos los problemas que aquejan a la sociedad contemporánea; como usted, que anhelamos un mundo de paz con el respeto a cada ser humano, sin distinción de ningún tipo; y absoluto respeto a todas las religiones». (ver texto)

El Gran Maestro de la Gran Logia de Italia, después de 6 meses, el 9 de septiembre del 2013, midió la cabeza de Bergoglio y estuvo de acuerdo con ella.

Los católicos, después de 6 meses, seguían embobados con las palabras baratas y blasfemas de un hombre sin fe.

Bergoglio un hombre para la sociedad masónica, pero no para Dios: «Apelo a usted, Santidad, un hombre de cualidades humanas extraordinarias, para poner fin a esta injusticia que durante siglos ha penalizado a millones de masones de todo el mundo» (Ib).

Los masones quieren a Bergoglio para anular la Iglesia. Es una injusticia lo que la Iglesia ha hecho con ellos. Este Gran Maestre cae en el pecado de siempre:

«Llenos de ira con esto sus secuaces, juzgando evadir, o debilitar a lo menos, parte con el desprecio, parte con las calumnias, la fuerza de estas sentencias, culparon a los Sumos Pontífices que las decretaron de haberlo hecho injustamente o de haberse excedido en el modo» (Leon XIII – Encíclica Humanum Genus, párrafo 5). Lleno de ira ataca a la Iglesia apelando a un hombre que no es Papa, pero que obra como Papa. Esta es la gran jugada de los masones.

Bergoglio es un hombre para resolver los problemas de la masa de la gente, para buscar el orden mundial que quiere la masonería; pero Bergoglio no es un hombre para resolver los problemas de las almas, de cada alma. No es un hombre para la Iglesia, es un hombre para la vida de los hombres. Y, por tanto, es un hombre que destruye las almas, sus vidas espirituales: las lleva por el camino de la perdición eterna.

Bergoglio es un hombre que busca un mundo de paz, que es una utopía, porque lo busca en el respeto al hombre, en el absoluto respeto a todas las religiones; pero se olvida del respeto a Dios, a la mente de Dios, al Creador.

Bergoglio vive la herejía del humanismo, que es la propia de la masonería.

Por esta herejía, este Gran Maestro no duda en decir esto:

«Me gustaría decirle a usted, Santidad, que no somos una organización adversa a la Iglesia Católica, dignamente representada por usted, sino más bien al contrario».

Enseñanza lo más contraria a lo que la Iglesia enseña en Su Magisterio infalible:

«esta Sede Apostólica denunció y proclamó abiertamente que la secta masónica, constituida contra todo derecho y conveniencia, era no menos perniciosa al Estado que a la religión cristiana, y amenazando con las más graves penas que suele emplear la Iglesia contra los delincuentes, prohibió terminantemente a todos inscribirse en esta sociedad» (Leon XIII – Encíclica Humanum Genus, párrafo 5).

Bergoglio nunca ha obedecido a los Papas y, por eso, se inscribió en esa sociedad masónica. Y sólo por eso, Bergoglio no es de la Iglesia Católica. Sólo por esto. No es nada en la Iglesia Católica: no es ni Obispo ni Papa. ¿Todavía no comprenden este punto?

¿No saben que la masonería es intrínsecamente mala?

«Los frutos de la masonería son frutos venenosos y llenos de amargura. Porque de los certísimos indicios que antes hemos mencionado, brota el último y principal de los intentos masónicos; a saber: la destrucción radical de todo el orden religioso y civil establecido por el cristianismo, y la creación, a su arbitrio, de otro orden nuevo con fundamentos y leyes tomados de la entraña misma del naturalismo» (Ib, párraf. 8).

El naturalismo es poner la naturaleza humana y la razón natural como maestras y sobernas absolutas: hacer del hombre un dios. Y esto es intrínsecamente perverso, porque es anular toda ley natural, divina, de la gracia y del Espíritu. Es poner los hombres sus leyes: la ley de la gradualidad.

La masonería nunca ha rectificado en lo más mínimo sus doctrinas malévolas, sino todo lo contrario, las ha reforzado y crece en insidia y en maldad, aprovechando el ambiente que ella misma fomenta y que tanto hoy les favorece.

La masonería ha puesto a su hombre en la Silla de Pedro: esto lo aprovechan los masones, como este Gran Maestro. Y esto lo fomentan lo masones. Por eso, el Sínodo; una encrucijada masónica para todo el mundo.

¿Todavía no reconocen lo que es Bergoglio para un masón?

¿En qué mundo de ilusiones viven ustedes en la Iglesia?

¿Qué esperan ustedes de Bergoglio si es un masón en la Iglesia?

¿Es que no saben que la Iglesia se va a convertir en esto?:

«Transformar nuestros “templos” en Templos de la Paz, casas de encuentro, lugares de testimonio de los sentimientos más elevados de solidaridad y de fraternidad; y un admirable ejemplo de excepcional abnegación para usted: con ciertas y probadas virtudes religiosas, espirituales y culturales, practicadas por la fe Católica, Apostólica y Romana y  (por medio de nuestro bautismo) por todos nosotros» (ver texto).

Los caminos de la masonería y de Roma son iguales. Lo que hay en el Vaticano son sepulcros blanqueados. Y hay que salir de ellos, de tantas parroquias porque ya se enseña a seguir a un hereje y a obedecer sus escritos, sus palabras, sus ideas maravillosas.

Ya la Iglesia no es católica porque sus miembros no son católicos: son sepulcros blanqueados. Se blanquean sus vidas de pecado para que queden preciosas para los demás, para que todos imiten el pecado de su prójimo. Para que todos justifiquen el pecado de su prójimo. Para que nadie juzgue al otro, sino que todos se acomoden a la vida fácil: a besar el trasero de toda la Jerarquía herética.

La obra maestra de la jerarquía masónica en el Sínodo

blasfemia

Lo que ocurre en el Sínodo es ya irreversible. Es una jugada maestra de la jerarquía masónica: sacar un documento, la “Relatio post disceptationem”, que no admite correcciones, porque es la voz de la Iglesia. Es lo que la Iglesia ha dicho: es lo que queda en el ambiente, es lo que transmiten todos. Y cuando la Iglesia habla oficialmente, entonces no hay correcciones, no hay vuelta atrás. Puede haber el intentar limitar los daños, que es lo que van a hacer con el documento definitivo que van a sacar. Será lo mismo, pero lo único que va a variar es el lenguaje: darán la vuelta con mil razones, para dejar lo esencial: que los malcasados puedan comulgar y aprobar el divorcio, y que los homosexuales tengan derechos en la iglesia.

«La Secretaría General del Sínodo, tras las reacciones y discusiones originadas por la publicación de la Relatio post disceptationem, y al hecho de que se le haya atribuido un valor que no corresponde a su naturaleza, reitera que dicho texto es un documento de trabajo, que resume las intervenciones y el debate de la primera semana, y que ahora se propondrá a la discusión de los miembros del Sínodo reunidos en los Círculos menores, según lo previsto por el mismo reglamento del Sínodo» (Declaración del Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede en nombre de la Secretaría General del Sínodo – Ciudad del Vaticano, 14 octubre 2014) : esto es mentir descaradamente a todos. Ese documento no refleja las intervenciones en el Sínodo, sino que ya había sido preparado con antelación.

Ese documento se pondrá a votación: cambiarán sólo el lenguaje, pero no el contenido de ese lenguaje. Todos están en la herejía del lenguaje. Este documento es herejía pura. No se sostiene en ninguna verdad revelada, sino que se apoya en la mente masónica que guía a la Iglesia con su poder horizontal, que Bergoglio ha puesto en Roma.

Los que esperan que Bergoglio se defina, no han comprendido lo que él mismo ha dicho el 28 de julio de 2013, en la rueda de prensa que dio en el avión:

«Si una persona es homosexual y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?».

«…los ortodoxos siguen la teología de la economía, como la llaman, y dan una segunda posibilidad, lo permiten. Creo que este problema, se debe estudiar en el marco de la pastoral matrimonial».

Bergoglio ya se ha definido y no se va a echar para atrás. No; porque un masón siempre tiene que ir hacia adelante en el progreso de su inteligencia.

Bergoglio ha montado, durante todo este año, su política: Kasper. Este hombre es la mente de Bergoglio, es la inteligencia, es el que rompe el dogma. Para eso, Bergoglio lo ha puesto como modelo de los hombres heréticos y que viven la apostasía de la fe. Y lo puso desde el inicio de su falso pontificado. Y este hombre es el que ha puesto la división en la cuestión del matrimonio en el Consistorio de los Obispo del 20 y el 21 de febrero, que se celebró a puertas cerradas.

Bergoglio apoyó y aprobó la tesis de Kasper. Bergoglio no hizo que Kasper callará su herejía, sino que la lanzó como una verdad que es necesario seguir en toda la Iglesia. Y no importan las críticas severas que Kasper ha tenido de todo el mundo. Es la mano derecha de Bergoglio en el gobierno de Roma. La mano derecha: es el que lo mueve todo, todos los hilos, para conseguir poner lo que Bergoglio quiere en su iglesia.

La “Relatio” del Sínodo es la obra de la mente de Kasper: es poner la teología de Kasper en este panfleto y darla como voz de la Iglesia, voz de los Obispos, voz del Papa.

Esta es la jugada maestra. Pocos han entendido todavía esta jugada y están esperando un comunicado de Bergoglio en que retire a Kasper y se saque una “Relatio” adecuada a la Iglesia Católica. Esperan en vano, porque siguen tendiendo, siguen viendo a Bergoglio como Papa. Es el castigo de muchos.

¿Por qué la Jerarquía de la Iglesia no puede ver lo que las almas sencillas ven: Bergoglio no es Papa? ¿Por qué?

Porque el que vive la herejía queda ciego para siempre en su vida.

Los Obispos de la Iglesia Católica tienen la plenitud del sacerdocio de Cristo; es decir, tienen toda la Verdad: el Espíritu de Cristo los lleva a conocer toda la Verdad. No hay nada que esconda Dios a sus sacerdotes. Nada. El sacerdote es el que tiene el poder para penetrar todos los Misterios Divinos. Pero el sacerdote tiene que ser muy humilde en su vida eclesial. Si no hay humildad, entonces al sacerdote se le niegan cualquier verdad.

Todos los Obispos poseen el Espíritu de la Verdad para conocer que Bergoglio no es Papa. Todos. ¿Cómo es que nadie dice nada? ¿Cómo es que todos obedecen a uno que no es Papa? ¿Cómo es que no pueden ver las herejías que Bergoglio ha dicho durante 19 meses? ¿Cómo es que no disciernen la trayectoria herética de Bergoglio en la Iglesia antes de subir al poder? ¿Para qué les sirve tanta filosofía y teología? ¿Para qué?

Para cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Quien tiene todo el Espíritu, si no es fiel a Él, entonces con gran facilidad termina cometiendo esta blasfemia, de la cual no hay perdón.

Pocos conocen lo que es este pecado y lo fácil que es cometerlo. Muy pocos.

La Iglesia Católica tiene toda la Verdad porque posee el Espíritu de la Verdad, que lleva a todos, a los fieles y a la Jerarquía, hacia la plenitud de la Verdad.

Por tanto, es un deber, es una obligación moral, obrar la Verdad en la Iglesia. No se puede obrar la mentira porque en la Iglesia sólo está la Verdad. Y toda la Verdad, no sólo una parte.

Aquel fiel, aquella Jerarquía que no trabaja para tener en su corazón toda la Verdad, entonces comete este pecado.

En la Iglesia Católica tenemos la Gracia de Cristo y el Espíritu de la Verdad. Son dos cosas, que cada alma tiene que saber vivir en la Iglesia.

La vida de la gracia, que se da en los Sacramentos: y sólo en los Sacramentos. La vida del Espíritu que se da en todo lo demás: es el Espíritu el que enseña a cada alma la vida de la gracia. Sin el Espíritu no se puede vivir lo divino, obrar lo divino, ser santo, hacer la Voluntad de Dios, tener la Mente de Cristo.

La Gracia es la Vida Divina. Para poder vivir esa vida, es necesario el Espíritu. Por eso, el Señor mandó a Sus Apóstoles que no hicieran nada sin el Espíritu, porque la Iglesia es la obra del Espíritu, no es la obra de la mente de los hombres. Es el Espíritu el que enseña a los hombres cómo usar la gracia de cada Sacramento para poder vivir la vida divina que cada Sacramento da al alma y a la Iglesia.

¿Por qué la Jerarquía que tiene la plenitud del Espíritu para poder conocer si un Papa es o no es legítimo, calla, no dice nada, se conforma con lo que tiene, obedece a un hereje?

Porque han blasfemado contra el Espíritu Santo en sus vidas sacerdotales: «No importa cuánto conocimiento teórico tengan de la doctrina y los dogmas que mi Hijo les legó. Yo ya imprimí, en todos sus corazones, el conocimiento de la Apostasía, y quien lo siga será tan apóstata como Francisco Bergoglio y su clan de abominación» (Mensaje de Dios Padre a un alma – 19/9/2014).

Tenéis toda la Verdad que Cristo ha dado a Su Iglesia y preferís la mentira de un hereje, de un cismático, de uno que lleva a toda la Iglesia hacia el protestantismo, hacia la masonería y hacia el comunismo. ¿Y pretendéis ser salvados y justificados por esto?

Están cometiendo el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo. Es el momento de que los Obispos se levanten en el Sínodo y se vayan: sólo así no cometen ese pecado. Ellos tienen que hacer un acto público en contra de Bergoglio porque públicamente han aceptado un Sínodo maldito, un Sínodo que no pertenece a la Iglesia Católica, sino que ha sido promovido por la nueva iglesia del Vaticano. ¡Qué difícil es entender esto para muchos católicos!

La Iglesia es la obra del Espíritu, no es un juego de los hombres, no es la lectura que los hombres hacen, con sus lenguajes, de lo que debe obrarse y vivirse en la Iglesia.

Quien no sea humilde al Espíritu no va a poder salvarse en este tiempo tan oscuro en que no hay una cabeza que guíe hacia la Verdad, que una en la Verdad, que se apoye en la Verdad. No existe esa cabeza en la Jerarquía de la Iglesia. No existe. Ni siquiera el Papa Benedicto XVI puede hacer algo por la Iglesia. Ya no puede, porque no tiene las llaves del Reino. Tiene el Primado, pero no puede atar y desatar: no puede decidir nada en la Iglesia Católica. Todos los cambios que se den ahora, a partir de este Sínodo, sólo pertenecen a la nueva iglesia de Bergoglio.

Si esto no lo tienen claro, es que no han comprendido lo que pasa en el Vaticano.

Hay que alejarse de Roma y ver su destrucción a manos del enemigo, que es la Jerarquía masónica. Jerarquía que no es la verdadera Jerarquía de la Iglesia. Son unos falsificadores de Cristo y de Su Iglesia. Todo es falso en ellos. Todo.

La Iglesia, ahora, está en cada corazón fiel al Espíritu. Y guía a cada uno según la mente del Espíritu, no según la mente de ningún hombre, de ninguna Jerarquía. Ya no puede darse la obediencia, en la Iglesia, a un hombre. Ya no puede darse la obediencia a ningún documento que la nueva iglesia saque y diga que es magisterio católico, ordinario, que todos tienen que aceptar. Quien acepte el documento que va a sacar el Sínodo, se condena sin más. ¡Es muy fácil cometer el pecado contra el Espíritu Santo! Y quien lo comete es aquel que ya vive su herejía como algo normal en su vida.

¡Cuántos católicos van a San Pedro a escuchar a un hereje, a aplaudirle, a vitorearle, sabiendo lo que ese hombre habla! ¿Tienen excusa de su pecado? ¿Pueden salvarse haciendo unidad con un hereje? Quien se una al falso Papa, se une a su vida de herejía y, por tanto, está en comunión con la nueva iglesia ecuménica, la cual no es la Iglesia Católica. Y fuera de la Iglesia Católica no hay salvación.

¡Qué jugada maestra la del demonio! ¡Ponerse como Papa para condenar muchísimas almas al infierno! El demonio conoce la Verdad. Y la conoce toda. Y se puso por encima de toda esa Verdad y, por eso, se condenó sin más, con gran facilidad.

La Jerarquía de la Iglesia conoce la verdad. Y toda la Verdad. Y se ha puesto por encima de Ella. Conclusión: se condena sin más. Es muy fácil cometer el pecado contra el Espíritu Santo. Es el mismo pecado que hizo Lucifer: orgullo. En su mente estaba la verdad, pero su persona se pone por encima de ella. Eso es el orgullo, el cual no tiene perdón, porque se va, con la persona, en contra de toda la Verdad: yo soy, mi persona dice lo que es verdad o no.

Dios ha dado luz a toda la Jerarquía para que conozca la Verdad: Bergoglio no es Papa. La Jerarquía se pone por encima de esa verdad. Es el orgullo de cada miembro de esa Jerarquía. Es cada persona la que se pone por encima de la verdad. Y es una verdad clave en la Iglesia Católica, porque allí donde está Pedro, el Papa legítimo, allí está la Iglesia, se es Iglesia, se pertenece a la Iglesia. Luego, allí donde está un falso Pedro, está una falsa iglesia y a ella se pertenece. ¡Condenación fácil!

¡Qué difícil es entender esto para toda la Iglesia Católica! ¡Qué difícil! Los hombres están metidos en sus cariños, afectos, sensiblerías humanas. No son capaces de dejar a un lado eso y ver la vida de manera valiente, con la fortaleza que da el Espíritu al alma para poder enfrentar a los muchos enemigos que tiene el alma. Y uno de ellos: la falsa Jerarquía.

Pero los católicos en la Iglesia han hecho una idolatría de la Jerarquía, no sólo una papolatría. Tienen a los sacerdotes y Obispos como santos, inmaculados, intachables. Y somos como todo el mundo: hombres. Hombres que si no seguimos al Espíritu en nuestro sacerdocio, entonces nos convertimos en maestros del error, en guías de ciegos, en conductores hacia un falso misticismo, una falsa santidad, una falsa espiritualidad. Nos convertimos en enemigos de Cristo y de Su Iglesia. Nos dedicamos a condenar almas en la misma Iglesia de Pedro, con los mismos instrumentos del Espíritu, con las mismas obras de Cristo.

¡Cuántos sacerdotes celebran su misa para condenar a las almas! ¡Muchos! Y las almas, por no saber discernir lo que es un sacerdote, siguen sus enseñanzas heréticas y se condenan sin más, con mucha facilidad.

Lo que se ve en el Vaticano es la obra maestra de la masonería: buscar la unidad en la diversidad. Y esa búsqueda supone destruir la verdad que da el Espíritu a la Iglesia. Destruirla con un lenguaje apropiado: el de Babel. Arruinarla con una ley del hombre: la gradualidad. Obrar la mentira, para ocultarla, con una falsa doctrina: la misericordia sin justicia, sin verdad, sin orden divino.

Por eso, sean valientes en decir no a Bergoglio y todo su clan. Valientes en decir no a Roma, a sus parroquias, a sus sacerdotes que comulgan con un traidor, y que se hacen traidores con él. Sean valientes en ser de Cristo, no de los hombres.

Cristo no quiere, en Su Iglesia, hombres: no los necesita. Ha dado el Espíritu de filiación para que el hombre sólo sea hijo de Dios. A Cristo no le interesa el lenguaje humano, ni las ideas de los hombres, ni sus obras, ni sus vidas. No ha levantado una Iglesia para recaudar dinero, para llenar estómagos de la gente, para solucionar problemas sociales, para aprobar la vida de pecado de muchos.

Cristo no necesita a ninguna de la Jerarquía que está en el Sínodo, a nadie, para seguir gobernando Su Iglesia. Él lo hace solo, con Su Espíritu. Toda la Jerarquía ha traicionado a Cristo como Cabeza Invisible de la Iglesia. Nadie sigue a Cristo, Su Mente, en la Iglesia. ¿Acaso se van a salvar porque sean Jerarquía? ¿Acaso Cristo salva a sus sacerdotes porque son sacerdotes? Cristo salva a sus sacerdotes porque obran las mismas obras de Cristo en Su Iglesia. Y si no hacen esto, esos sacerdotes se condenan por ser sacerdotes.

Cristo no salva a nadie por su cara bonita. Cristo salva a las almas porque ve en ellas humildad, sencillez, disponibilidad a Su Espíritu. Es el Espíritu el que lleva a vivir la vida de la gracia. Es sólo el Espíritu. Y sólo se exige al alma: humildad. Poner la mente en el suelo, pisotear sus grandes pensamientos sobre su vida humana. Y, entonces, el alma conoce la Verdad y la obra sin más. Y eso es signo de salvación.

Quien no obra la Verdad está demostrando que quiere condenarse.

Eso es toda la Jerarquía en el Sínodo: demuestran que han cometido el pecado contra el Espíritu. ¡Y muchos estas palabras todavía no acaban de comprenderlas!

Bergoglio gobierna la Iglesia con sus delirios de grandeza

sanroberto

«para alcanzar la linfa espiritual del Evangelio, es necesario imaginar y experimentar una nueva cultura en todos los campos de la vida social: desde la familia a la política y a la economía. Es decir, la cultura de las relaciones. El principio de la sabiduría es el sincero deseo de instruirse, la instrucción es amor» (ver texto).

Esta es la boca de un masón. Y no de cualquier masón, sino de un hombre que está sentado en el Trono de la Bestia. Un hombre con delirios de grandeza.

Él habla la palabra de la fraternidad, que es su evangelio: «la ciudadela fundada por Chiara Lubich, que está inspirada en el Evangelio de la fraternidad – esa fraternidad universal-» (Ib). El movimiento de esta persona no se inspira en el Evangelio de Jesús, sino en la carne y la sangre, en la amistad entre los hombres, en la mente de cada hombre que quiera formar una unidad en la mentira.

«no de la sangre, ni de la voluntad carnal, ni de la voluntad de varón, sino de Dios son nacidos» (Jn 1, 13) los que creen en el Nombre de Jesús. El poder de ser hijos de Dios lo da la Palabra de Dios, el Evangelio de Jesús, aceptado, obedecido, por la mente del hombre. No se es hijo de Dios por el evangelio de la fraternidad, por ninguna palabra humana, por ningún afecto humano.

El hombre tiene que unirse a la Verdad de la Palabra de Dios para ser Iglesia, para ser de Cristo. No tiene que unirse a Cristo, sino a la Verdad que enseña Cristo, a su doctrina inmutable, para ser de Él. Aquel hombre que, con su mente, se une a la mentira que nace de la palabra de todo hombre, no es Iglesia, no está unido a Cristo, aunque tenga un Bautismo, aunque sea sacerdote, aunque se siente en la Silla de Pedro. Bergoglio no está unido a Cristo, porque su mente no acepta la verdad que nace de la mente de Cristo.

Someterse al Evangelio de Jesús, a las enseñanzas que Cristo dio a Sus Apóstoles, que nadie puede cambiar, y que la Iglesia ha enseñado siempre, eso es pertenecer a la Iglesia Católica, ser Iglesia, que muy pocos lo comprenden. Muy pocos han comprendido que Chiara Lubich no es de la Iglesia Católica. Y el mismo Bergoglio lo confirma al poner la inspiración de ese movimiento en un evangelio falso, que es anatema en la Iglesia Católica: el evangelio de la fraternidad. Bergoglio habla para los suyos: para la gente masónica que está dentro de la Iglesia Católica. Pocos entienden que Bergoglio no es de la Iglesia Católica.

Bergoglio predica como un masón: la palabra del humanismo, de la fraternidad universal, del amor en la que toda idea humana tiene valor, porque simboliza que los hombres son hermanos. Es el ideal del masón. La fraternidad es «uno de los lemas de la Orden. Es la palabra secreta de muchos grados masónicos. Es el título de muchas logias (…)» (Diccionario de la masonería – Frau Abrines Lorenzo, Tomo 1, pag 320).

Bergoglio no es católico, sino que pertenece a la religión de la masonería: «Cada Logia Masónica es un templo de la religión; y sus enseñanzas son instrucciones en religión» (Albert Pike, Morals and Dogma, pag. 213 – 13° Cavaliere dell’Arco Reale di Salomone – ver texto). La masonería no es un grupo de amigos que se reúnen para tratar diversos temas, sino que es la Iglesia del Anticristo, es una religión de orden mundial, en la que se engloba a todo el mundo, a todas las creencias, a todas las mentes de los hombres. Esa iglesia, que el demonio ha ido manteniendo durante siglos, para oponerse a la Iglesia de Pedro, que es la auténtica Iglesia de Cristo.

Para el masón, toda la Palabra de Dios es un símbolo: «la Biblia es usada entre los masones como símbolo de la voluntad de Dios, en cualquier modo que ésta pueda expresarse» ( Albert G. Mackey en su “Lessico della Massoneria” bajo el término ‘Biblia’- ver texto). Por lo tanto, nunca Bergolgio va a dar la Voluntad de Dios cuando habla o cuando escribe. Sino que va a dar el símbolo de esa Voluntad de Dios: va a dar su interpretación, su visión humana, su idea que concibe en su mente. A todos aquellos que esperan que Bergolgio diga algo del Sínodo, que quite ese cisma que se ha levantado, y que ponga las cosas en su sitio, es que no han comprendido el juego del lenguaje de un masón.

Un masón nunca puede hablar como un católico, con una fe católica: nunca va a decir, Bergoglio, la verdad católica, lo que quiere escuchar todo católico que se precie: la Verdad como es, como está en el Evangelio, como la Iglesia siempre la ha enseñado. Esto no lo puede hacer Bergoglio, porque pertenece a la iglesia del Anticristo, que es la iglesia de la masonería. Y se dedica a jugar con las palabras, con las verdades reveladas, con los dogmas. A jugar: a dar vueltas a la tortilla para que sólo se vea su mentira como una verdad que todos tienen que seguir. Sólo resalta lo que él quiere explicar, lo que la gente quiere oír.

Bergoglio no cree en Dios, sino en su concepto, que en su mente tiene, de Dios. Es el símbolo que él ha sacado de la sagrada Escritura. Es su símbolo, su interpretación. Por eso, “Dios no existe”; “Jesús no es un espíritu”, etc… Sólo un hombre masón, arrogante, que tiene un delirio de grandeza, se atreve a decir tantas herejías desde la Silla de Pedro y quedarse tan tranquilo, como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera dicho nada. Sólo un hombre que tiene delirios de grandeza puede hacer esto.

Muchos sacerdotes, piensan lo mismo, pero lo callan. Ocultamente obran su pecado, porque saben lo que es la dignidad del Sacramento del Orden en la Iglesia. Saben lo que es ser sacerdote, aunque ellos vivan otra cosa. Pero ya se ve, desde el Vaticano, la Jerarquía propia de la masonería, la jerarquía bergogliana, la propia que vive y obra su delirio de grandeza, la cual no le interesa el sacerdocio de Cristo para nada, ni Su Iglesia, sino que sólo viven para un plan masónico.

Bergoglio ha iniciado una nueva iglesia, con un nuevo gobierno, con un nuevo evangelio, comandado por su delirio de grandeza; y que es la misma iglesia del Anticristo. Él está sentado en el Trono de la Bestia. Es ya su Trono (no es el Trono de Pedro), porque Bergoglio ha puesto en el Vaticano el gobierno de la Bestia: su gobierno horizontal. La masonería ha tomado posesión oficial del Vaticano en la persona misma de Bergoglio, en la obra misma que este hombre se ha dedicado a hacer en su tiempo de gobierno en la Iglesia. Obra masónica y, por tanto, obra demoniaca, obra que pertenece al Anticristo, unido a esa mente, a esas intenciones maquiavélicas.

Bergoglio se ve a sí mismo con centro del mundo: «Estaremos siempre con el Señor» (ver texto). Bergoglio hizo que la gente coreara esto tres veces. Esto es lo propio de un líder de masas, no de un pastor de almas, que se cree el centro de todos. Bergoglio lleva a las masas al juego de su lenguaje humano, de su obra humana en la Iglesia. Entretiene a las masas con el lenguaje de su simbolismo, ocultándoles la verdad, para que todos hablen de él, para bien o para mal. Pero que hablen de él, que es lo que quiere: está sediento de la gloria del mundo.

Todo tiene un sentido para Bergoglio, menos para los demás. Lo que piensen los otros, eso no le interesa. Sólo busca su sentido masónico, que es una interpretación simbólica, en su gobierno: una ética humanista, fraternal, globalizante. Y, por eso, Bergoglio es un hombre que genera muchas reacciones cada día. Y, muchas de ellas, agresivas y violentas.

Cada día el mundo se despierta con una frase que este hombre ha dicho; con una entrevista nueva; con una herejía, la cual se va añadiendo a su lista como lo único que puede hablar este hombre a la Iglesia.

Bergoglio no puede decir una verdad católica, porque él está metido en su idea fija de lo que debe ser la Iglesia. Esa idea, que le obsesiona, es el nexo que usa para ser social, para estar en la realidad de la vida. Es una idea que forma parte de su vida de manera esencial: si la quita, su vida ya no tiene sentido. Esa idea, carente de toda verdad, es el centro de su existir. Por eso, este hombre no puede convertirse: está atrapado en su mente. Una mente pragmática, pero incurable. La vida le ha hecho un eterno demonio: su forma de vivir, su manera de poner su idea obsesiva como obra, como acto en su existencia. Todo son sus pobres, su comunismo, su libertad, su diálogo, su fraternidad. Pero no le interesa la Iglesia Católica. ¡Le trae sin cuidado!

«La cultura de las relaciones»: Para ser Iglesia hay que fantasear con una nueva cultura. Bergoglio es el nuevo Kant, pero en moderno. Kant, en su herejía, era lógico en la mente. Bergoglio, en su idea loca, es precisamente, un hombre que desvaría.

A Bergoglio no le gusta la teología, el orden del pensamiento: coge de aquí, de este filósofo; coge de allá, de aquel teólogo, y cocina su idea. Una idea sin el orden de la lógica, pero con un fin en el pensamiento. Un fin oscuro, secreto, que sólo él comprende, le da sentido. Los demás, no comprenden por qué se dedica a decir herejías todo el día. Y menos comprenden a la Jerarquía de la Iglesia que calla ante esas herejías.

Bergoglio habla la moderna herejía, que tiene que abarcar todas las verdades fundamentales, absolutas, dogmáticas, para ocultarlas con ideas mentirosas, pero fabricadas con un lenguaje de salón, puestas en una bandeja de plata: el lenguaje del simbolismo. De esa manera, quien lee, quien escucha, queda agradado por el lenguaje, sin ver el contenido de la mente, de lo que se está diciendo, que es todo una mentira.

Todo es relación en la creación y en las criaturas. Las Personas Divinas se comunican según una relación real, que no puede ser comprendida por la mente del hombre.

Los hombres, en sus vidas, buscan la relación, de muchas maneras, para darse uno al otro.

La relación es algo que está ahí, es real, pero nadie piensa en ella: se da sin más. Se da en la vida diaria, sin necesidad de hacer un acto mental para tener una relación. Se piensan las cosas, se obran y surgen las relaciones.

Pero para Kant, la relación es un ser mental, una idea. No es algo real. Para Kant, como para Bergoglio, no existe la Verdad: la verdad sólo está en la mente del hombre. No está fuera de ella. Entonces, el hombre, para vivir su vida, tiene que crearse, él mismo, con su mente, las relaciones con los demás, que significa crearse una ley para poder obrar en la vida: es la ley de la gradualidad.

Hay que crear «la cultura de las relaciones»: de las múltiples relaciones que el hombre tiene en su vida: familiar, social, económica, sexual, política, etc… De estas muchas relaciones, hacer un común; juntarlas todas en una cultura, que defina la vida de todos los hombres. En esa cultura de las relaciones, se da la ley de la gradualidad: los grados distintos, en las diversas facetas de la vida, para constituir una comunidad armónica, ordenada, fraternal, liberal, pragmática, movida por una caridad ficticia: «una ciudadela que es testimonio vivo y eficaz de comunión entre personas de distintas naciones, culturas y vocaciones, prestando atención sobre todo al vivir cotidiano, manteniendo entre ustedes la mutua y continua caridad» (Ib).

La comunión entre distintos credos, culturas, naciones, vocaciones: unir las múltiples mentes de los hombres, con sus diversas ideas, filosofías, en un lenguaje que sirva para todos. Un lenguaje que gobierne todas las mentes, en que todos se pueden apoyar para construir esa ciudad, ese mundo de todos y para todos.

«Esto significa que la Iglesia, además de esposa, está llamada a convertirse en una ciudad, un símbolo por excelencia de la convivencia y la relación humana» (ver texto). La Nueva Jerusalén es un símbolo, pero no una realidad divina. Esa Nueva Jerusalén hay que entenderla como una ciudad del mundo, en donde se dé lo humano: «la convivencia y la relación humana». La Iglesia está llamada a ser ciudad del mundo, a ser del mundo.

No hay nada divino en esa ciudad, porque es un símbolo de la Voluntad de Dios: «¡Qué bien, entonces, poder contemplar ya, según otra imagen muy sugerente del Apocalipsis, todos los pueblos y todas las naciones agrupados en esta ciudad, como en una tienda de campaña, será ”la tienda de Dios” .Y en este marco glorioso no habrá más aislamiento, ni intimidaciones ni discriminaciones de cualquier tipo – social, étnica o religiosa – porque todos seremos uno en Cristo» (Ib.). Todo es un símbolo, una imagen del Evangelio, que hay que ponerla en la realidad de la vida actual, según lo que pide el mundo. Así habla un hombre que tiene delirios de grandeza, que busca el nuevo orden mundial, la nueva iglesia para todos: «qué bien poder contemplar todas la naciones, todos los pueblos, todos los hombres…agrupados en esta ciudad….todos seremos uno en Cristo». Para Bergoglio es el vocablo humano: todos, sin excluir a nadie. Todos: santos y demonios. Todos: justos y pecadores. Todos. La comunión con todos: la cultura de las relaciones, la ley de la gradualidad, la ciudadela de todos los pueblos.

Para el Evangelio de Jesús no son todos, porque: «los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicadores, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el estanque, que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte» (Ap 21, 8). Este pasaje, tan importante para poder comprender qué es la Nueva Jerusalén, Bergoglio lo tiene que callar, porque va en contra de la idea masónica, que él sigue a ciegas: «La masonería es el adelanto hacia la luz en todas las líneas del progreso, moral, intelectual y espiritual» (Albert Pike – Diccionario de la masonería, pag 318). Y, entonces, la idea católica del infierno hay que superarla, hay que llevarla hacia adelante e interpretarla como otro símbolo, no como una palabra real, dogmática, absoluta. Hay que desarrollarla en el lenguaje positivo de la vida: la ley de la gradualidad.

El infierno es un grado del intelecto del hombre: una idea que el hombre ha concebido, que es una proporción, una relación entre su vida religiosa y su vida humana de su tiempo. En este tiempo actual, hay que hablar a la Iglesia en positivo, avanzando de esos grados negativos a los grados positivos, que pertenecen al pasado, y que hay verlos y entenderlos de otra manera, simbólicamente. No son realidades, son sólo una manera de pensar antigua, propia de un grado de perfección intelectual, que ya no tiene valor para el mundo actual.

Bergoglio usa un lenguaje que dice: «para alcanzar la linfa espiritual del Evangelio, es necesario imaginar y experimentar una nueva cultura en todos los campos de la vida social» (ver texto). La linfa espiritual del Evangelio es la santidad. Pues bien, para ser santos hay que imaginar, hay que fantasear, hay que experimentar la cultura. Es el lenguaje del símbolo. Es la interpretación de la Sagrada Escritura según la mente del hombre, según su cultura, según los tiempos que vive, según lo que pide y exige el mundo actual.

¿Qué es la cultura? Es cultivar (= labrar, cuidar) la inteligencia en productos, en obras, en servicios para el hombre. Y una cultura que integre todos los campos de la vida social, humana, significa: crear el habitante del mundo. Crear el nuevo orden mundial. Crear una nueva religión mundial. Crearlo todo según la mente del hombre, según su ley de la gradualidad.

Bergoglio está hablando del nuevo orden mundial, que es la idea eje del masón. Todo es llevar al hombre a vestirse de lo humano, a presentarse ante los demás con la educación de un hombre que acepta a los demás, que lo tolera todo, que lo abarca todo, no por la verdad que cree el hombre, sino por la mentira que obra.

Para el masón, sólo existe la verdad que se encuentra en su mente. Fuera de ella, todo es mentira. Todo. Todos son grados del intelecto, pero no la verdad. En el progreso de todas las líneas humanas, se alcanza la verdad. En el progreso, en la gradualidad, en ver la vida como una proporción entre lo espiritual y lo humano.

Por tanto, el masón busca la mentira en todos los hombres. No puede buscar la verdad, porque ésta es una gradación, un desarrollo de toda idea humana. Busca todos los simbolismos para unirlos, para tolerarlos, para acogerlos, para formar una gradación de la mente del hombre, una perfección en su inteligencia. Perfección que no es la verdad. Es sólo un símbolo, pero no la verdad: «los símbolos se inventan con el fin de ocultarla (la verdad), y no de proclamarla» (Albert Pike – Diccionario de la masonería, pag 318). Nunca Bergoglio puede proclamar la verdad. Nunca. Siempre la oculta, para que se vea su mentira. Esto es el delirio de grandeza.

El masón quiere todas las obras de los hombres, quiere todas las ideas que han concebido los hombres, a lo largo de toda su historia, y ponerlas en grados, para aunarlas, para ocultarlas, en una mente humana modelo, maestra de todas, que tiene el grado mayor, que sólo uno puede poseer, el Anticristo. Quiere llevar a todos los hombres hacia el Uno: hacia una unidad mental, no real. Una unidad impuesta por una cabeza humana, que es una cabeza demoniaca, que contempla en ella misma todas las ideas de los hombres, las abarca todas.

La ley de la gradualidad es la propia de los masones. Todo en la masonería se concibe en los grados. Pero no se puede comprender la masonería en los grados, porque son sólo éstos símbolos que ocultan otras cosas. La masonería sólo se puede comprender en la mente del Anticristo. Los demás, trabajan para esta mente diabólica. Bergoglio trabaja para la mente del Anticristo.

El Anticristo es maestro en unir mentes humanas, todas con sus ideas, todas son mentiras, son símbolos que ocultan la verdad, porque sólo existe una mente verdadera: la de Él.

Bergoglio predica que hay que experimentar el nuevo orden mundial: «una nueva cultura en todos los campos de la vida social». En esa nueva cultura estarán todas las mentes de los hombres, en una ley de gradación, unidas en una mente maestra, en un arquitecto del mundo, que es el Anticristo.

Bergolgio sólo atiende a su lenguaje simbólico: «El principio de la sabiduría es el sincero deseo de instruirse, la instrucción es amor» (ver texto). Ser sabio es una gradación en la mente del hombre: hay que instruirse, hay que estudiar, hay que filosofar, hay que pensar… La fe es un acto de la mente del hombre para Bergoglio… La perfección del hombre es un acto de la mente del hombre, es una obra de la ley de la gradualidad.

Pensamiento que es totalmente contrario a la Palabra de Dios: «El principio de la sabiduría es el temor del Señor, y son necios los que desprecian la sabiduría y la disciplina» (Prov 1, 7). No pecar, no ofender a Dios es el comienzo de la vedad divina. Es la verdadera instrucción, enseñanza. Pero el masón ha quitado la ley del pecado. Luego, ya no hay temor de Dios. Este pasaje de la Sagrada Escritura, sólo hay que entenderlo de manera simbólica, no real.

Si no existe este comienzo, si los hombres no aprenden esta sabiduría (= quitar sus pecados, mirarlos, arrepentirse de ellos), que es una disciplina para todo el hombre, para dominar su cuerpo y sus pasiones desenfrenadas, entonces el hombre habla, piensa y obra como un necio. Esto es lo que es Bergoglio: un necio, que vive de su lenguaje humano, en el cual no es posible hallar una verdad.

En el lenguaje humano que buscan en el Sínodo se quiere poner la ley de la gradualidad: el grado homosexual, el grado de los malcasados, el grado del Papa emérito, el grado de los sacerdotes que se casan, el grado de las uniones libres….Todo es un grado en la mente del hombre… Todo es un grado en la masonería.

La ley de la gradualidad es dividir la verdad absoluta en muchas partes, en muchas medidas, y seguir avanzando hasta conseguir el grado mayor, la cima en el grado, que sólo uno puede tener: el Anticristo. Y todos haciendo un común en esa mente, atados por una lenguaje humano, que se rige por una ley: la ley de la gradualidad.

¿Entienden por qué en el Sínodo en la primera semana sólo se han dedicado a esto: lenguaje humano, ley de la gradualidad, acompañar a todos en sus vidas de pecado? Estamos ante la religión del Anticristo, ante su iglesia, ante su trono en el Vaticano.

A mucha gente todavía le cuesta entender este punto, porque sólo se queda en el exterior del hombre Bergoglio, pero no sabe penetrar lo que hay en él. Él lo sabe esconder de manera maravillosa, porque es maestro de su propio lenguaje. Y todos quieren aprender de ese lenguaje, que es barato y blasfemo. Y nadie quiere aprender de la Palabra de Dios, que sale de la boca de los humildes, de los sencillos, de los disponibles a la Voluntad de Dios. Por eso, hay tantos falsos profetas por todas partes; tantos falsos doctores de la ley; tanto intelectual del demonio, que sólo habla doctrinas del demonio. Pero nadie quiere dar la Verdad como es.

Bergoglio tiene delirios de grandeza sólo por esto: desde la Sede de Pedro, siendo un sacerdote, siendo un Obispo, no se puede predicar la cultura de las relaciones, el evangelio de la fraternidad, el nuevo orden mundial, la iglesia ecuménica, en la que todos se salvan…. porque esto no es la Mente de Cristo. Esto no es lo que ha enseñado la Iglesia. Esto no es lo que está en el Evangelio. Todos han perdido el juicio en la Iglesia si callan ante las locuras de un hombre que sólo habla para él mismo, pero no para la Iglesia.

Es necesario no dar la obediencia a un hombre que sufre delirios de grandeza y que no sabe ver su pecado en la Iglesia. No se puede obedecer la mente de un hombre que no se arrepiente públicamente de las muchas herejías que ha dicho durante más de 18 meses en la Iglesia. No se puede. Hay que enfrentarlo y hay que invitarlo a que deje ese cargo para que su alma pueda salvarse. Pero él no va a escuchar esto, porque vive centrado en su delirio: ser grande entre los hombres; alcanzar el grado mayor entre ellos; ir a la profundidad de la inteligencia sin la verdad del amor. Sólo con el odio de su mentira.

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