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La marca de la bestia

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«El mundo es Mío…Yo lo he creado; las metas alcanzadas son sólo una paja,… Vuestro cerebro asemeja a un grano de vuestra arena que hay alrededor de los mares…verá entonces vuestra soberbia que está bien llevar “la marca en la frente o en la mano”» (Conchiglia, 2 de junio del 2000).

El dueño del hombre es Dios, que lo ha creado a su imagen y a su semejanza. El fin de toda la Creación es dar gloria a Dios. Y sólo el hombre es incapaz de ofrecer esta gloria a Dios. Su soberbia se lo impide.

El hombre no es libre para ser, no elige lo que es, sino quién va ser, qué va hacer con su vida. Su plan de vida.

Se nace hombre; no se nace animal o espíritu o Dios o una planta. No se elige nacer en una esencia determinada. No se es libre para ser, para venir a la existencia.

Se nace varón o hembra. Y nadie puede cambiar eso. Por eso, todo hombre depende absolutamente de Dios. La única cosa que el hombre no puede quitar de su vida es su creación. El hombre puede vivir alejado de Dios totalmente, con una vida en la cual Dios no aparezca por ninguna parte. Pero el hombre no puede quitar de su misma naturaleza humana el acto creador de Dios. Desde el primer instante de su ser, de su existencia humana, el hombre conoce lo que es, aunque no lo recuerde. Guardamos memoria, en nuestro ADN, de nuestro primer día de vida. De ese día en el cual Dios obró nuestra existencia humana. Nos unió a un cuerpo para que nuestra alma lo informara. Y esa unión del alma con su cuerpo queda grabada en nuestro ADN.

Cuando somos engendrados en el vientre de nuestra madre, no somos un conjunto de células que se unen para adquirir un destino, una forma, una vida. Somos una creación divina. Y eso es lo ningún hombre puede quitar de sí. Puede no recordarlo. Puede vivir sin profundizar en este misterio de la vida. Pero está ahí. Y la misma naturaleza humana se lo recuerda.

Dios ha creado al hombre como es, con su naturaleza humana. Y ningún hombre puede cambiar eso, pero sí puede introducir en esa naturaleza humana otro tipo de existencia, de vida, la cual puede anular la esencia humana.

El homosexual elige un proyecto de vida que suplanta la vida humana por otra cosa: quiere ser lo que no puede ser. Dios lo ha creado varón, pero no acepta la obra de Dios en él: no acepta ser varón para unirse a una mujer. Y quiere vivir su vida para ser mujer, para comportarse como una mujer.

El homosexual no es libre para ser mujer: no tiene derechos naturales para ejercer esa existencia humana. No los tiene inscritos en su naturaleza humana. Su esencia humana no le exige ser mujer, no está dispuesta para ser mujer. Dios lo creó varón, y varón será siempre.

Pero el homosexual es libre para optar por el pecado de homosexualidad, con el cual obra una vida que no es humana, que no es propia de su naturaleza humana, que es una aberración, una abominación. No es su vida; no es la vida de un varón. No es la vida a la cual Dios le puso en la existencia humana. Y si no se arrepiente de su pecado, entonces anula su esencia humana, no física, sino espiritualmente. Vive un contrasentido, un absurdo, que impide a su alma salvarse y redimir a su cuerpo. Comete el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo.

Toda alma es para un cuerpo. Así un alma masculina exige un cuerpo masculino. Y un alma femenina exige un cuerpo femenino.

Ser varón o hembra pertenece, no sólo al cuerpo, sino también al alma. No es una cuestión orgánica, sino vital, propia de la persona humana, de la existencia del hombre.

Un varón está llamado por Dios a ser hombre porque su alma ha sido creada para ser eso: varón. Su alma no puede elegir no ser varón. No puede elegir ser hembra. No puede elegir estar en un cuerpo de mujer. El alma no tiene esa libertad. No se es libre para ser, sino para hacer, para realizar una vida en la naturaleza humana.

Por eso, el pecado de orgullo es lo que manifiesta todo hombre que no acepta el ser que Dios le ha dado.

Lucifer no aceptó ser como Dios lo había creado: no quiso ser ángel de luz. Por su pecado de orgullo se convirtió en un demonio, se transformó en otra cosa, anuló su esencia angélica para vivir en una esencia que no es la suya. Por eso, Lucifer, que es espíritu puro, combate en el hombre lo que Dios ha hecho. Y su sólo propósito es anular la humanidad que Dios ha creado. Anular la obra de la creación del hombre, creación divina. Porque su pecado de orgullo le lleva a ser como Dios, a actuar como Dios, a realizar las mismas obras de Dios.

Lucifer tiene que crear su humanidad. Y ser el dueño de esa humanidad. Y la crea sólo para anular la humanidad que Dios ha creado. La crea para anular el dominio que Dios tiene sobre toda la Creación.

Lucifer tiene que crear su universo. Y lo hace anulando la Creación de Dios.

Por eso, el demonio no descansa en este trabajo. Lleva siglos y siglos intentando esto, y por muchas maneras, por muchos caminos. El hombre no conoce las obras del demonio desde el momento en que pecó. Y no sabe medir qué puede o no puede el demonio. ¿Hasta dónde llega su poder en la Creación Divina? ¿Qué cosas ha creado el demonio, ha puesto en esa Creación de Dios, para estorbarla, anularla y así combatirla?

El demonio quiere quitar al hombre de la Creación Divina. Por eso, tiene que inventarse una plaga.

«…e hizo que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos, se les imprimiese una marca en la mano derecha y en la frente, y que nadie pudiese comprar o vender sino el que tuviera esa marca, el nombre de la Bestia o el número de su nombre» (Ap 13, 18-17).

La marca de la Bestia «traerá consigo la muerte – la muerte del alma y la muerte por una terrible enfermedad» (29 de julio de 2013).

Esa marca es un virus que mata dos cosas: el cuerpo y el alma.

Por tanto, no es sólo un virus: no es una enfermedad natural. Es algo inventado por los hombres para matar el cuerpo. Y, al mismo tiempo, mata el alma. Se produce la muerte espiritual, es decir, la condenación. Ese virus lleva a la persona al infierno: le es imposible salvarse. Vive condenada. En otras palabras, aceptando esa marca el hombre comete el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo, el cual no tienen perdón.

Y habrá muchos hombres, que en sus soberbias, vean como bueno la marca de la bestia. ¿Qué es la mente del hombre? Un grano de arena. Nada. El hombre nunca comprende la verdad de las cosas. Siempre es complicado para aceptar la verdad.

«Los Potentes del mundo son todos corruptos…Están acumulando provisiones de cada género. ¡Están a punto de imponerles la marca de la bestia!» (Conchiglia, 22 de agosto del 2005).

Toda alma tiene que ser «valiente para rechazar su venenosa marca» (2 de junio del 2012). La venenosa marca de los grandes del mundo. Esa marca es un veneno. Y un veneno mortal.

«Una vez implantado va a envenenar, no sólo su mente y su alma, sino su cuerpo también. Porque ésta causará una plaga ideada para eliminar a gran parte de la población mundial» (1 de junio del 2012).

Se quiere liquidar a la humanidad que Dios ha creado. Esa humanidad no les sirve a los grandes del mundo. Ellos están en su proyecto de vida, totalmente satánico.

Sólo las almas que están en gracia, que luchan por no ponerse la marca, pero que forzadamente se les imprime, se salvan: «De esas almas inocentes se salvarán quienes estén en estado de gracia en el momento de ser forzados a aceptar el chip» (1 de junio del 2012). No cometen pecado, porque con su voluntad eligen no querer el chip. Pero son obligadas. Y cuando el hombre hace una cosa obligado, sin posibilidad física de hacer otra cosa, no peca nunca.

Pero las almas que no están gracia, pero se resisten al chip, entonces podrán salvarse, pero será muy difícil: «Satán usará el poder de la posesión en aquellas almas que lleven la Marca y será muy difícil salvarlas» (20 de julio del 2012). Difícil, porque en ellos estará la posesión del demonio que les impedirá el arrepentimiento.

Las almas que reciban el chip en gracia, quedarán poseídas por el demonio, pero podrán salvarse: la puerta del arrepentimiento estará abierta. No será una posesión perfecta. Y podrán liberarse de esa posesión con un exorcismo que un sacerdote les haga.

La marca de la Bestia trae consigo una posesión demoniaca: Satán usará el poder de la posesión. No es una obsesión demoniaca. No es una presencia del demonio en el cuerpo del hombre. Es poseer la mente y el cuerpo de la persona.

«No acepten la marca porque si lo hacen estarán bajo su influencia hipnótica» (15 de noviembre del 2010).

Esta posesión es una influencia hipnótica del demonio en el cuerpo y en el alma de la persona. Mediante esa hipnosis, la persona se halla maniatada totalmente por el demonio; y sólo puede pensar lo que el demonio le pone en la mente, y sólo puede obrar lo que el demonio quiere que obre.

En esa posesión demoniaca, la persona no es libre para elegir, porque ha abierto al demonio su voluntad humana: se la ha dado completamente. La persona sólo tiene un dueño: el demonio. Y obra con la voluntad de su dueño. No puede obrar con su propia voluntad humana. No es libre para elegir un camino fuera del demonio. Sólo puede vivir aquello que el demonio quiere.

Es una posesión en la mente y en la voluntad de la persona humana. Y es perfecta. El hombre no puede arrepentirse de haberse dado al demonio. No encuentra una idea de arrepentimiento. No encuentra un deseo de arrepentimiento. Es la cima del pecado de orgullo en el hombre lo que se obra en esa posesión.

Para que se dé esta marca, es necesario presentarla en forma de una idea religiosa:

«De repente, a todos se les pedirá que acepten la “marca de la lealtad”, la “marca de fidelidad”. Un mundo unido, en el cual todos los hombres tendrán que participar. Ésta controlará su dinero, su acceso al alimento y su forma de vivir» (1 de junio del 2012).

La marca de la Bestia es la marca de la lealtad, de la fidelidad. Es la marca de una idea filosófica, que viene por la implantación de un gobierno mundial. Hay que ser fieles, leales a ese gobierno. Hay que obedecer la mentalidad dominante. Hay que seguir la masa, la idea de la masa, el lenguaje de la masa. Esa idea lleva a dar el control de la vida a ese gobierno. Que los grandes del mundo sean los dueños de la vida de cada hombre.

«La mayoría de la población mundial pertenece a la masonería, que la ha devuelto esclava como los fueron los esclavos de Egipto… Lo que veo es una población que alejándose de las leyes de Dios, es esclava por las leyes humanas entrelazadas por los señores del Poder. Digo -con razón- entrelazadas… más bien enredadas… ya que las leyes humanas son retorcidas y equivocadas… Lo que veo es completa desolación… una manada enorme de hombres que siguen a otros hombres, que yerran sin pensar y meditar sobre la misma condición de esclavos. Lo que veo es una población obtusa, que harta y saciada de sus palabras… está llena de conceptos vacíos e inmoralidad… y vacía de Dios. Lo que veo es una población que habiendo dado escucha y consentimiento a los malos maestros, por ellos es sometida… y maltratada… y apaleada… y matada en el cuerpo… en la mente y en el espíritu. Lo que veo es un gallinero… gallinas estúpidas… que tragan cualquier cosa digan o hagan los señores del Poder; y pollos… que son saciados aquel tanto que basta… para ser eliminados al momento oportuno» (Conchiglia, 25 de octubre del 2008).

Cuando el hombre ha perdido la fe, entonces el hombre es manejado por el mismo hombre. Se vuelve un veleta del pensamiento humano, un juego de los grandes del mundo. Y ese hombre sabe que están jugando con él, pero se somete a ese juego, queda atrapado en ese juego. Y vive para el dueño que lo somete.

«Lo que veo es una población que bajo el látigo del poder masónico todavía construye hoy ladrillos de paja, estiércol y barro, para construir los castillos de los patrones, para construir sus riquezas desmedidas, para construir la muerte por las armas atómicas y químicas, por el aborto y por todo lo que es mal» (Ib).

Y este hombre sin fe no puede levantar su cabeza ante ese dueño. No puede rebelarse ante el mal.

«Lo que veo es una población que si levanta la cabeza para rebelarse a sus patrones, sedientos de dinero y de poder, en vez de ser escuchados por ellos, son vueltos aun más esclavos, y también son privados de los necesario para existir» (Ib).

Vive en un círculo vicioso, que no sabe romper porque ha perdido la fe.

«Uno sobre mil y uno sobre diez mil apenas logrará huir del sistema de control que han preparado desde hace tiempo en previsión de la rebelión de los pueblos» (Ib).

Los grandes de la tierra quieren tenerlo todo bajo sus pies. Quieren liquidar la raza humana. Y ella misma, los mismos hombres quieren ir al matadero. Se han hecho ovejas dóciles a los potentes del mundo.

En esa humanidad ya no vive la verdad, ya no se ama la verdad, ya no se lucha por la verdad. Porque no saben lo que es la verdad.

«Todavía son esclavos de un sistema que aún quieren perfeccionar más, imponiéndoles de hecho un sistema de control cada vez más sofisticado, para que no puedan huir, ni siquiera al más mínimo control. Les han robado y todavía más les robarán la libertad, para llegar a robarles la vida, y sobre todo el alma» (Conchiglia, 29 de diciembre del 2011).

Si no se conoce lo que es la verdad, no se tiene libertad. La verdad es lo que hace libre al hombre. Vivir la verdad, obrarla es dar al hombre el camino de la verdadera libertad. Pero vivir sujetos al error, a la mentira, al lenguaje humano, es esclavizarse para morir esclavos.

Ese chip aniquilará el ADN del hombre, en su cuerpo, lo transformará, y el alma estará viviendo en un cuerpo que no pertenece a la esencia humana. Ese chip es un virus que destroza el ADN, lo envenena,  y el cuerpo pierde su esencia. El alma vive en un cuerpo que ha sido destrozado completamente. Y, por eso, no puede salvarse en ese cuerpo. El alma humana está en cuerpo que ha sido adulterado en su esencia. Y eso supone la condenación del alma. Por eso, aceptar el chip es condenarse. Es aceptar no ser más un hombre de la naturaleza humana que Dios ha creado. Sino aceptar ser un hombre de lo que el demonio ha creado, ha metido,  en el cuerpo. Un cuerpo transformado en un ser demoniaco. De esta manera, Lucifer pone en el hombre creado por Dios su mismo pecado de orgullo, que transforma su esencia angélica en una esencia demoniaca. Dios tuvo que irse de Lucifer en su pecado, de su naturaleza angélica. Tuvo que echarlo fuera. Así hará con los hombres que acepten la marca de la bestia.

«Esa marca, la marca de la bestia, será su caída. No es lo que parece. Al aceptar, serán removidos lejos, muy lejos» (15 de noviembre del 2010).

Dios se retira de la naturaleza humana, al igual que se retiró de la naturaleza angélica de Lucifer.

Por eso, esa posesión del demonio es perfecta, es el culmen del pecado de orgullo en el hombre.

Lucifer buscó separarse de Dios en la esencia. Pero no podía borrar lo que Dios había puesto en su creación. Sólo podía inventarse, con su entendimiento angélico, una forma de vida para ser como Dios, para vivir como Dios, para pensar como Dios.

Para eso, el chip. Es el paso del demonio para ir a la creación demoníaca del hombre.

Todos los experimentos que se han ido realizando con el semen y el óvulo es sólo esto: que el demonio pueda crear al hombre, una nueva humanidad, a través del mismo hombre.

Es renovar el pecado de Adán en el Paraíso, pero ahora por medio de la ciencia y de la técnica. Es decir, por medio de la inteligencia humana.

Con Adán, el demonio creó una humanidad para él. Pero se le acabó su obra. Jesús puso un camino al hombre para poder salvarse: el camino de la gracia.

Ahora, con la inteligencia humana, el demonio está creando hombres sin almas en los tubos de ensayos. Una nueva humanidad, controlada en todo por el demonio, que nace de las manos del mismo hombre.

Todo lo que el hombre crea en una probeta lleva el sello del demonio, lleva una posesión demoniaca.

Pero es necesaria consolidarla: darle la fuerza de lo religioso. Apoyarla con una iglesia universal en que se facilite –en un gobierno mundial- lo que ya se viene haciendo en muchas partes del mundo. Y con esa fuerza de lo espiritual, acabar con la humanidad que Dios ha creado, con un chip, con un virus, para así tener –en la tierra- sólo la humanidad que el demonio ha creado.

Es la obra de Lucifer. Es una batalla espiritual contra Dios. Por eso, los tiempos son apocalípticos.

Los días están contados. Hay que huir, no sólo de la Iglesia, sino del mundo. El mundo se ha vuelto loco. El hombre se cree Dios y no puede salir de ese pensamiento. En muchas mentes humanas trabaja ya la posesión del demonio. Y lo que queda por ver es la perfección de esa posesión.

Sacerdotes y Obispos poseídos por la mente del demonio

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«Cogió al Dragón, la serpiente antigua, que es el diablo, y Satanás, y lo encadenó por mil años» (Ap 20, 2).

El Dragón es la serpiente antigua, la que apareció en el Paraíso, enemiga de la Mujer y del linaje de la Mujer (cf. Gn 3, 15).

La serpiente no es un mito o un ser fantástico, no es el diablo en forma de serpiente, sino una verdadera serpiente:

«la más astuta de cuantas bestias del campo hiciera Yavé Dios» (Gn 3, 1).

Dios creó a la serpiente, pero el demonio la poseyó.

La serpiente es un animal, pero poseído por el diablo: «El Misterio de iniquidad está ya en acción» (2 Ts 2, 7)….en el Paraíso; y se mostrará hasta el fin del mundo en que «el diablo, que los extraviaba, será arrojado en el estanque de fuego y azufre» (Ap 20, 10).

Este Misterio del Mal vive en la Creación de Dios.

Dios crea al hombre y a la mujer para una obra en la carne. El demonio posee una carne animal para imitar la obra de Dios en la naturaleza humana.

Un animal, creado por Dios, pero poseído por el diablo. Esto supone que en el Paraíso hay un ser dominado por el pecado de Lucifer, pero que no ha recibido la sentencia de Dios.  Un ser, que siendo animal, es más astuto que el hombre, más sagaz, más inteligente.

El diablo posee un animal con una sola intención: seducir a Adán y a Eva.

El diablo se encarna en un animal: es una encarnación espiritual, no real. Es una encarnación que quiere imitar la Encarnación del Verbo, que Lucifer conocía en Dios. Es una encarnación que es una posesión.

El primer paso es tomar una bestia para anular la obra de Dios en Adán: la naturaleza humana perfecta en Dios; el segundo paso es tomar un hombre para anular la obra de Dios en el nuevo Adán, Jesús: la naturaleza espiritual y divina en el hombre. Y el tercer paso es tomar a un hombre glorioso para anular toda la obra de Dios en Cristo:

«Cuando se hubiese acabado los mil años, será satanás soltado de su prisión y saldrá a extraviar a las naciones…y reunirlos para la guerra…Subirán sobre la anchura de la tierra y cercarán el campamento de los santos y la ciudad amada» (Ap 20, 8).

Sale el diablo a extraviar a un mundo transformado: «No todos moriremos, pero todos seremos transformados» (1 Cor 15, 51). Si no se muere, no se puede ver a Dios; sino que se sigue viviendo en peregrinación. Pero se vive con un cuerpo transformado, espiritualizado, glorioso, pero no con la plenitud de gloria que se tiene en el cielo. Es el Misterio del Reino glorioso en la tierra. El Misterio de los mil años, en que nadie cree.

Tres batallas el demonio pone a Dios:

1. En la primera, en el Paraíso, el demonio conquista al hombre y crea su linaje: hombres con un cuerpo, con un alma, pero sellados por el espíritu del diablo. De Caín nació todo ese linaje maldito:

a. «andarás maldito…Cuando labres la tierra, ella no te dará más su fruto; fugitivo, errante, vivirás sobre la tierra» (Gn 4, 12): El pecado de Caín no tiene ya remedio: es una maldición que no se puede suprimir con los buenos frutos humanos. Ni siquiera el bien de la tierra será alivió para el alma de Caín. Caín es el primer hombre que no espera el perdón. No puede esperarlo, porque Caín fue engendrado para condenarse: ese fue el pecado de Adán en Eva. Este es el Misterio de la iniquidad que se puso en acto en el Paraíso. Y que pasa a todos los hombres, de generación en generación; es decir, pasa vía acto sexual. Por eso, el Anticristo viene de una generación: de un Obispo y de una mujer hebrea dada a las artes de Satanás: . «Durante este tiempo nacerá el anticristo, de una religiosa hebrea, de una falsa Virgen, que tendrá comunicación con la antigua serpiente, maestra de impureza. Su padre será Obispo» (Profecía de la Salette). El Anticristo es un hombre poseído por el diablo, con una posesión perfecta, irrompible, que lleva al alma a obrar sólo la mente del demonio. El Anticristo no puede obrar su mente humana: no es libre. Está poseído en todo por la mente de satanás para una obra del demonio.

b. «cualquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces. Y puso Yavé una señal a Caín para que no lo matara quien lo hallase» (Gn 4, 15): Caín no será víctima de la venganza humana, sino que el mismo Dios se reserva su castigo y el de su linaje. Ningún ser humano puede acabar con todos los males que el linaje del demonio produce en la Creación. Sólo Dios puede aniquilar esa raza maldita de hombres, que viven poseídos por Satanás y que combaten, día y noche, contra los hijos de Dios, que es el linaje de la Mujer.

El demonio hace su obra poseyendo un animal, una bestia. Así engaña al hombre. Así de fácil. La inteligencia del demonio es superior a la inteligencia del hombre. Su astucia es su poder: «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Cor 11, 14). Sabe presentar su conocimiento mentiroso como si fuese una verdad que debe ser seguida. Es lo que hacen los falsos profetas, los falsos apóstoles, los falsos sacerdotes y Obispos. Y es lo que hace, continuamente, el maestro del error, Bergoglio, que ocupa el lugar que nunca debería haber sido suyo. Pero toda su vida ha sido un satanás disfrazado de bondad, humildad, pobreza inmaculada. Bergoglio pertenece al linaje del Anticristo: ha nacido para combatir contra Cristo y Su Iglesia. Y lo hace revistiéndose exteriormente de Cristo, como los fariseos que buscan llamar la atención con las palabras y las obras exteriores, que siempre son conformes a los pensamientos y obras humanas.

Si a Adán y a Eva, teniendo todos los dones de la gracia, dones preternaturales, una bestia poseída por el demonio los engañó, ¿se llevan las manos a la cabeza al contemplar cómo son engañados todos los católicos por un hombre poseído por Satanás? ¿Por un Bergoglio que no tiene inteligencia, que habla con un lenguaje de pueblo, que sus discursos son sin sentido común, carente de toda verdad, sólo dichos para impresionar, para captar el sentimiento, el afecto del que escucha? Pues este hombre, que es un animal poseído por el demonio en su inteligencia, ha engañado a toda la Iglesia, a todos los católicos.

¡Qué fácil es engañar a los hombres!

¡Y muchos católicos continúan en el engaño!

¡Nadie cree en el demonio; nadie cree en el misterio del mal!

Si Satanás pudo engañar a un hombre con un animal que no tiene razón, inteligencia, entonces es más fácil engañar a los hombres con hombres que poseen una inteligencia. Porque Satanás es el maestro de la mente humana. Es el que habla a la mente. Es el que conduce al hombre a través de su mente, de sus ideas humanas.

Si Adán lo tenía todo y fue engañado por un animal, los católicos, que no tienen toda la gracia, entonces son engañados por un loco. Un loco que los hace creer que todos somos santos y justos a los ojos de Dios: «Dios quiere a todos sus hijos, estén como estén, y tú eres hijo de Dios y por eso la Iglesia te quiere y te acepta como eres».

amabominacio

¡Cómo está el patio!

Ya nadie cree ni en la ley natural, ni en la ley divina ni en la ley de la gracia. Ahora todos creen en la ley de la gradualidad: Dios nos ama a todos, todos somos hermanos, todos somos hijos de Dios; cada uno va gradualmente a Dios, según la evolución de su idea humana de la vida, de la iglesia, de Dios, de Jesús, etc… Cada cultura tiene su momento: ahora estamos en la cultura del encuentro, en que hay que unir las mentes de los hombres, porque la felicidad sólo está en cada hombre, en cada mente, en cada obra del hombre. Todos aportan al bien de la humanidad su granito, su valor, su dignidad, su respeto. No hay verdades absolutas, sólo hay verdades como el hombre se las invente: el relativismo universal de toda idea humana.

2. En la segunda, en el Calvario, el demonio conquista a los hombres que no creen en Cristo Crucificado: son los nuevos anticristos que marcan la venida del Anticristo. Así como el demonio se formó un linaje humano, carnal, para su obra en la Creación; así el demonio, en la Iglesia, se forma su jerarquía, su linaje espiritual, que combate al linaje de Cristo y de María.

a. «antes ha de manifestarse el hombre de la iniquidad, el hijo de la perdición» (2 ts 2, 3): el Anticristo de nuestros días es posible porque hubo un Caín en el Rebaño de Cristo: el demonio poseyó el alma de Judas. Él derramó sangre inocente, como Caín; él mató al Justo, como lo hizo Caín con su hermano Abel; y él creyó que su pecado fue demasiado grande para obtener la misericordia divina, como así lo declaró Caín: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla» (Gn 4, 13). Judas «fue y se ahorcó» (Mt 27, 5) para que se cumpliese la Escritura: «Asoladas sean sus moradas y no haya quien habite sus tiendas» (Sal 69, 26), pero «sucédale otro en su ministerio» (Sal 109, 8). El pecado de Caín se sucede en el pecado de Judas; y se sigue sucediendo en toda la Jerarquía que imita el pecado de Judas. Por más que muera un Judas, siempre habrá otro. Y esto hasta el fin del mundo. Y, por eso, en la Iglesia hay que saber discernir a toda la Jerarquía: unos son de Cristo; otro son del Anticristo. Y hay que llamarlos a cada uno por su nombre, que es lo que muchos católicos no saben hacer, ni con Bergoglio, ni con la demás jerarquía que lo sigue y que le obedece.

b. «muchos se han hecho anticristos» (1 Jn 2, 18): se sabe que es la última hora sólo por una cosa: abunda una jerarquía en la Iglesia que es del demonio, que está poseída por Satanás, con la posesión más perfecta, que no es en el cuerpo, sino en la inteligencia, en la mente del hombre. Abunda: son mayoría. Han escalado los puestos más altos para conquistar toda la Iglesia, para hacer una iglesia según la entienden los hombres. Sacerdotes y Obispos tan soberbios en sus mentes que serán capaces de poner al Anticristo como jefe de la Iglesia: el Anticristo se sentará «en el templo de Dios y se proclamará dios a sí mismo» (2 Ts 2, 4). Y esto lo hará la misma Jerarquía de la Iglesia Católica, la que una vez fueron católicos, pero ya no lo son. Si van a llegar a eso, lo de poner a Bergoglio como un falso papa es sólo el camino, el inicio de esta gran abominación; es algo tan sencillo porque la maldad es más astuta que los hombres de bien.

«Cortos de días» (Sal 109, 8) es el falso pontificado de Bergoglio, pero una gran brecha ha puesto ese hombre en el interior de la Iglesia. Brecha que ya no se puede cerrar. División que sólo la palpan los que creen con sencillez. Todos los demás, a pesar de que ven el destrozo de ese hombre en el gobierno de la Iglesia, lo siguen llamando Papa, y siguen esperando algo de él (vean la solicitud que se hace a ese energúmeno): no creen en el misterio de la iniquidad. No creen en Bergoglio como falso papa, como un hombre poseído por el demonio. No ven en Bergoglio el misterio del mal; sino que lo ven como papa verdadero, y quieren hacerle una súplica filial, como si ese hombre amara la Iglesia de Cristo y a los católicos fieles a la doctrina de Cristo. ¿No ha dado ya, durante dos años, muestras palpables de su odio a Cristo y a la Iglesia?

Esta es la ceguera de toda la Iglesia: y están ciegos por su falta de fe. ¿De qué le sirven los dogmas? De nada. No creen en el dogma del Papado: no lo practican con Bergoglio. Para muchos, mientras oficialmente no pongan una ley que apruebe el pecado, siguen llamando a Bergoglio como Papa, a pesar de su manifiesta herejía. Entonces, toda esta gente ¿en qué cree? No creen en un Papa que tenga en su corazón la verdad, sino que creen en un hombre que sólo tiene en su mente su idea de la iglesia. Sólo creen en su lenguaje humano, en su visión humana de la vida, en su pensamiento de hombre. Después del Sínodo, verán su error, pero ya será tarde para muchos. Quien sigue a Bergoglio como Papa acaba pensando como él. Hay que combatir a Bergoglio y a toda la Jerarquía para seguir siendo la familia que Dios quiere. No hay que crear un ambiente favorable para decirse a sí mismos: aquí no pasa nada; en la Iglesia todos somos santos, todos aportamos un granito de arena en esta gran confusión que reina en todas partes. Este es el conformismo de muchos que no saben batallar contra el demonio, ni en sus vidas, ni en la Iglesia.

¿No vino Cristo «para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3, 8)? Entonces, ¿qué hacen los católicos que no cogen las armas del Espíritu para combatir a Bergoglio y a todos los que le siguen? ¿Para qué se creen que están en la Iglesia: para firmar una solicitud y así procurar que Bergoglio no haga el daño que va a hacer?

¡Destruyan las obras del diablo en Bergoglio! ¡Eso es ser de Cristo! ¡Eso es ser Iglesia!

¡Cuántos católicos falsos, sólo de nombre, solo de boquilla!

«Que no es nuestra lucha contra la sangre y la carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malos de los aires» (Ef 6, 12), que están en Bergoglio, en su alma y en su corazón, y que están en toda la Jerarquía.

Todo el Vaticano está infestado de demonios: «Los jefes, los conductores del Pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias, se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer» (Profecía de la Salette).

Estrellas errantes: eso son Bergoglio y todos los suyos. Hombres sin oración ni penitencia. Hombres para el mundo, para la sociedad, para el aplauso de los tibios y pervertidos.

Como no se cree en el demonio, tampoco se cree en las obras del demonio en cada alma. Tampoco se ve que Roma ha perdido ya la fe. Se está ya prostituyendo con todos los gobiernos de la tierra, para aparecer, ante todos los hombres, como la Gran Ramera. Y, como toda prostituta, se engalana de sus pecados, de sus fechorías, de sus maldades, para enriquecerse a costa de otros.

El demonio hace su obra poseyendo hombres sagrados: sacerdotes, Obispos. Y así engaña a todo hombre, a todo católico, a toda la Iglesia. Así de sencillo. Así ha penetrado en toda la Iglesia y ha escalado puestos hasta llegar a la cima, al vértice tan deseado.

3. En la tercera, el demonio irá, no sólo contra todo lo sagrado, sino contra la ciudad gloriosa, santa, la Nueva Jerusalén que baja del cielo, que «tenía la gloria de Dios» (Ap 20, 10). Pero esto nadie se lo cree porque no creen en los mil años. Nadie en la Jerarquía les va a predicar del milenio, porque no creen.

Ya nadie cree que las Escrituras han sido inspiradas por Dios. Todo el mundo quita palabras que no les gusta, frases que incomodan o interpretan la Escritura según la mente de cada cual, según la cultura, la ciencia, los avances científicos, etc… Y nadie sabe ver los Signos de los Tiempos. A nadie le interesa eso.

Nadie comprende cómo atando al demonio, puede haber un reino glorioso en la tierra si después va a ser desatado y va a extraviar a muchos hombres. ¡Este es el Misterio! No puede haber una gloria si hay un pecado, si el demonio puede seguir tentando a los hombres y conquistando almas.

Por eso, mucha Jerarquía acaba negando el Apocalipsis y se mete en una vida mundana y humana, buscando un fin en este mundo: un bien común universal, un gobierno mundial, una iglesia para todos.

Al no creer en la Palabra de Dios, tienen que negar los misterios que su mente no puede comprender ni aceptar, y pasan sus vidas condenando a las almas dentro de la Iglesia.

Y a eso sólo se dedican, a destruir la Iglesia:

El Cardenal Baldisseri ha dicho que nadie «debería estar sorprendido por los teólogos que contradicen la enseñanza de la Iglesia». Porque «los dogmas pueden evolucionar». Por lo tanto, «no habría ningún punto en celebrar un Sínodo si fuéramos simplemente a repetir lo que siempre se ha dicho». Expresó que «sólo porque una particular comprensión se haya sostenido por 2000 años, eso no quiere decir que no pueda ser cuestionada» (ver texto).

Este Cardenal claramente es un anticristo. Peor nadie se atreve a llamarlo así.

Nadie se sorprenda de que haya herejes, como Kasper, como Bergoglio, como Baldisseri, y que el vaticano no diga nada, sino que lo apruebe. Si contradices la enseñanza de la Iglesia es que vas bien en la Iglesia. ¿Para qué sirve, entonces, el magisterio infalible de la Iglesia, si se puede cambiar? ¿Para qué los dogmas si pueden evolucionar? ¿Para qué la Palabra de Dios si ya no le sirve al lenguaje de la época? ¿Para qué creer en Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre?

Si los dogmas evolucionan estamos hablando de la ley de la gradualidad: se anula la ley Eterna. Se acabó la ley natural. Y, por lo tanto, hay que casar a los homosexuales. Se acabó la ley divina. En consecuencia, los malcasados pueden comulgar con toda tranquilidad de conciencia. Se acabó la ley de la gracia. ¿Por qué no las mujeres al sacerdocio, o como Obispas o que sean Papas? Se acabó la ley del Espíritu: la Iglesia no es la obra del Espíritu; los dones y carismas no pertenecen a Dios; la gracia es un ser creado por el hombre para sentirse bien en su vida humana, para tener sus conocimientos y compartirlos con todos.

Van a hacer el próximo Sínodo para empezar a destruirlo todo: no van a repetir el fracaso del pasado Sínodo. No están dispuestos a otro fracaso, a otra humillación. Ahora van a humillar a todos esos que juzgan a Kasper, a Bergoglio, y a tantos teólogos que son del demonio.

Nadie quiere la Verdad en el Vaticano: ya han puesto sus gentes en lo más alto del gobierno en la Iglesia. Todo el mundo piensa lo mismo: lo que se ha sostenido durante siglos hay que cuestionarlo. Jesús se equivocó en su enseñanza a los discípulos. Todos los Papas han errados en la Iglesia. Ningún Concilio ha dado la verdad a la Iglesia. Ahora, es el tiempo de clarificar las cosas. Ahora están en la Iglesia las superinteligencias del demonio que van a enseñar a todo el mundo sus grandes locuras. Y la mayoría de los católicos va a asentir con sus mentes a esas locuras, porque andan detrás de los hombres, pero no de Cristo.

El diablo anda suelto por todas partes, pero ya nadie cree en él. Y, por eso, se acerca el tiempo de la gran justicia. Y los primeros: la Iglesia. No queréis combatir al demonio en la Jerarquía; entonces los demonios, a través de esa jerarquía, os van a hacer la vida imposible a todos los que se dicen católicos. Y ¡ay! de quien se atreva a levantar su voz ante el linaje del demonio: quedará excomulgado, porque no besa el trasero de tantos hombres que sólo viven para agradarse a sí mismos, con sus palabras baratas y blasfemas.

Bergoglio es un anticristo, pero no es el Anticristo. Tiene, como todo anticristo, el espíritu del Falso Profeta. Pero no es el Falso Profeta. Es un gran charlatán, embaucador, que sólo vive buscando la gloria humana. Y su magisterio, no sólo está lleno de herejías manifiestas, sino que reluce en él la mente de Lucifer. Una mente rota en la inteligencia que sólo puede obrar una vida para los sentidos.

El diablo es una trinidad de personas demoníacas: Lucifer, Satanás y Belzebub. Lucifer, el que porta la luz de la maldad (= una luz rota, un conocimiento loco), representa el orgullo de la vida; Satanás, el rayo de la inteligencia, la soberbia de la mente; y Belcebub, el señor del estiércol, las obras de la lujuria.

Bergoglio es orgullo y, por lo tanto, su mente está rota: su magisterio no tiene ni pies ni cabeza: coge de aquí, de allá, e hilvana frases sólo para decir su mensaje, que es su obra: vivan como quieran. Es la obra de Belcebub. Bergoglio no tiene inteligencia para romper el dogma, pero sí es voluntad para arrastrar hacia el pecado. Vive su pecado y eso es lo que muestra a todo el mundo. Y no se le cae la cara de vergüenza. Vive convencido de que eso es la verdad. Ha llamado al pecado como un valor en la vida, como un bien para la inteligencia del hombre. Él ensalza su propio pecado; él lo justifica. Y muchos otros se encargan de aplaudirlo. Esto es siempre una persona orgullosa. Por eso, Bergoglio no sabe gobernar nada. Sus gobiernos son siempre un desastre para todo el mundo. Bergoglio sólo sabe vivir su vida. Y nada más. Los demás, que arreen: le importa nada la vida de los otros.

¡Qué pocos han sabido ver lo que es Bergoglio! Y, por eso, siguen y seguirán confundidos. Porque si a la persona orgullosa no se la encara, entonces el hombre tiene miedo de ella y termina convirtiéndose en un juego del orgulloso.

Bergoglio está jugando con toda la Iglesia. Y nadie se ha dado cuenta.

Las payasadas de Bergoglio a los jóvenes

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«La gran pregunta para todos» (ver texto):

¿Qué hace este usurpador en el Trono de Pedro?

¿A qué se dedica? ¿A entretener a las masa tibia y pervertida de los católicos?

«La gran pregunta para todos»:

¿Han caído en la cuenta que este hombre sólo está sediento de gloria humana?

¿De que sólo habla para que lo amen los hombres, para que lo idolatren?

¿Van a despertar los católicos o van a seguir llorando por este hombre?

¿No es su predicación, y su gran actuación, la conquista de la vanidad y el orgullo?

¿No conduce a los hombres a la vanidad de la vida?

¿No señala al hombre el orgullo de la vida?

«La gran pregunta para todos: ¿Por qué sufren los niños? ¿por qué sufren los niños?».

Única respuesta: porque existe el pecado como ofensa a Dios en todos los hombres.

Y no hay otra respuesta. No puede haberla.

Los niños sufren porque los niños pecan.

Los niños sufren porque los hombres pecan contra ellos.

Los niños sufren porque ni los niños ni los hombres aprenden a reparar sus malditos pecados.

Pero un comunista, es decir, aquel que busca el bien común social y que, por lo tanto, anula la propiedad privada, responde así:

«Solamente cuando Cristo lloró y fue capaz de llorar, entendió nuestros dramas»: Jesús vino a aprender de los hombres lo que es la vida. Y lo aprendió: llorando por los hombres. Y, por eso, levantó una estructura social para resolver las necesidades humanas de todo tipo.

¡Pura teología de la liberación! ¡Puro marxismo! ¡Pura herejía! ¡Pura apostasía de la fe!

Es lo que predica este hombre: un Jesús llorón, sentimental, idiota, del pueblo y para el pueblo, que se acomoda al pecado de los hombres y que vivió su vida para hacer una justicia social. Y los que le mataron hicieron con él una injusticia social. Por lo tanto, hay que bajar al pobre de la cruz, y hay que llorar por los problemas de los hombres para hacer una sola cosa:

«quiero animarles, como cristianos ciudadanos de este país, a que se entreguen con pasión y sinceridad a la gran tarea de la renovación de su sociedad y ayuden a construir un mundo mejor».

Renovar la sociedad: no conviertas tu corazón a Dios: no quites tu maldito pecado de la Presencia de Dios. Con tu mente humana, con tus ideas maravillosas, renueva la sociedad: mete el error en tu familia, en el trabajo, allí donde haya un hombre que viva su pecado: pon el orden de tu cabeza humana.

Un mundo mejor: el paraíso en la tierra.

¡Cómo engaña Bergoglio a los jóvenes! ¡Qué fácil es contarles fábulas a los jóvenes! ¡Cómo se dejan engañar los hombres por la palabra barata y blasfema de un bufón, de un PAYASO!

Este es el mensaje de este hombre llorón:

«Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar».

¡Llora que te llora!

¡Qué gran discurso!

Los hombres lloran, sufren. ¡A llorar se ha dicho!

«no sabemos llorar»: el católico verdadero que llora  por sus malditos pecados personales, no sabe llorar.

El que hace oración y penitencia por sus pecados y por los de los demás: no sabe llorar.

Aquí el único que sabe llorar es Bergoglio. ¡Pero qué hombre! ¡Demos culto a este hombre que ha entendido el misterio del mal! ¡Besémosle su trasero!

¿Por qué los niños lloran? Porque los hombres no saben llorar.

¡Toma ya!

¡Qué inteligencia! ¡Qué hombre! ¡Qué portento de tío!

¡Esta es la herejía de este hombre!

Llora por el hombre, pero no llores tus pecados! ¡No hace falta! ¡Hay muchos marginados, muchos que pasan hambre, muchos inmigrantes, y hay mucha gente rica que no sabe llorar!

¡Justicia social! ¡Derechos humanos!¡Pamplinas comunistas que predica este idiota!

«Si vos no aprendes a llorar, no sos un buen cristiano».

¡Esto es todo para ser un buen cristiano! ¡Ponte a llorar!

¡Qué desgracia de sujeto para todo el mundo!

¿Y este llorón es jefe de una iglesia? ¿Lo llaman Papa porque llora mucho?

¡Es increíble cómo están los católicos ante este sinvergüenza!

¿Cómo se hace un joven sabio?

«el Evangelio nos propone un camino sereno, tranquilo: usar los tres lenguajes, el lenguaje de la mente, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos. Y los tres lenguajes armoniosamente: lo que pensás, lo sentís y lo realizás».

Está hablando de su ley de la gradualidad: su fe masónica.

¿Cuál es el camino que propone el Evangelio para amar, para tener la sabiduría del cielo, para ser un joven sabio? LA CRUZ.

«que nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2, 2).

La sabiduría de la cruz, que no es lo que predica Bergoglio.

Bergoglio predica la sabiduría de los masones: el lenguaje: mente, corazón, manos. Y estas tres cosas en armonía: lo que piensas, si no los sientes, no lo hagas. Tú eres el rey palomo: tú te lo guisas, en tu entendimiento, en tu sentimiento de hombre, y tú te lo comes, tú lo obras.

¡Esto es el orgullo que predica Bergoglio!

¡Vanidad y orgullo!

Vanidad de la vida: tienes que estar en la vida de los demás, resolviendo sus muchos problemas, llorando con los hombres.

Orgullo de la vida: eres libre en tu pensamiento para hacer el bien que te inventas y el mal que creas en tu cabeza.

Y lo hizo repetir a todo el mundo, como un mantra:

«Pensar, sentir, hacer. En voz alta. Y todo esto armoniosamente».

Todo en la armonía de la ley de la gradualidad: según vayas evolucionando en tu pensamiento humano, entonces sentirás más finamente, llorarás más por los problema sociales, y así llegarás a realizar las obras de justicia social que este mundo requiere para ser un Paraíso en la tierra.

¡Hay que bajar al pobre de la cruz!

¡Hay que dar al hombre la felicidad de la resurrección en este mundo!

«El verdadero amor es amar y dejarme amar»: este es el invento del amor en la cabeza de Bergoglio.

¿Qué es amar?

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14, 15).

Amar es cumplir con la ley de Dios; hacer Su Voluntad; darle al otro lo que Dios quiere, en Su Ley.

Por eso, quien ama así no puede pecar. Y es amado del Padre:

«El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama; el que me ama a mí será amado de mi Padre» (Jn 14, 21).

Para dejarse amar por Dios, por el Padre; primero guarda los mandamientos. Si no pecas, Dios te ama; el alma se deja amar por Dios. Es así de sencillo. Lo único difícil es quitar el pecado, luchar contra el pecado.

Pero, ¿cuál es la doctrina de este sinvergüenza, que no sabe lo que es el amor?

«Es más difícil dejarse amar que amar. Por eso es tan difícil llegar al amor perfecto de Dios, porque podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él. El verdadero amor es abrirse a ese amor que está primero y que nos provoca una sorpresa. Si vos tenés sólo toda la información, estás cerrado a las sorpresas. El amor te abre a las sorpresas, el amor siempre es una sorpresa, porque supone un diálogo entre dos: entre el que ama y el que es amado. Y de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa. Dios nos sorprende. Dejémonos sorprender por Dios. Y no tengamos la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

«Es más difícil dejarse amar».

¿Por qué?

Porque tenemos «la psicología de la computadora de creer saberlo todo».

Es más difícil dejarse amar por Dios porque el hombre no quita su pecado. ¡Eso es todo!

Pero Bergoglio está en la ley de la gradualidad, es decir, en el grado de la mente: «podemos amarlo, pero lo importante es dejarnos amar por él».

Podemos amarlo: como amar es: pensar, sentir y obrar; entonces puedes pensar algo y así amas a Dios. Pero si piensas tanto, entonces eres una computadora. Tienes mucha información. Y eso no te sirve. Porque, ¿quién es Dios?

«de Dios decimos que es el Dios de las sorpresas, porque él siempre nos amó primero y nos espera con una sorpresa».

¡Ven el cinismo de este hombre!

¡Cómo engaña!

Dios es el Dios de las sorpresas: hoy te dice una cosa y mañana se sorprende con lo contrario. El Dios de las sorpresas. Dios no es perfecto, no es inmutable, es del color como tu mente se lo invente.

Con este Dios de las sorpresas, toda doctrina cambia: no hay una verdad absoluta, sino que todo es el relativismo universal de la verdad.

¡Es el Dios de las sorpresas! ¡El dios de la ley de la gradualidad! En otras palabras: el culto a la mente del hombre.

«Dios nos amó primero y nos espera con una sorpresa»: ha anulado, ha reinterpretado la Palabra de Dios:

«En esto está la caridad, no en que nosotros hayamos amado a dios, sino en que Él nos amó y envió a Su Hijo, como víctima expiatoria de nuestros pecados». (1 Jn 4, 10).

Bergoglio anula al Hijo y pone su sorpresa.

En este texto de San Juan se formula la definición de Dios como caridad y como divina misericordia. Esta es la verdadera misericordia de Dios con el hombre: darle a Su Hijo para que expíe los pecados de todos los hombres.

Pero Bergoglio está en su fiesta social, en su verbena, en su gran payasada: las sorpresas de la mente humana en su evolución hacia el grado más perfecto de pensamiento. Ese grado de perfección, da un sentimiento perfecto al hombre y, por tanto, una obra justa, redimida, que es siempre a favor del hombre, del bien común, para hacer un nuevo gobierno mundial.

¡Qué pocos saben leer el pensamiento de Bergoglio! Todos se quedan con la boca abierta con su lenguaje barato y blasfemo!

«Pensemos en san Mateo. Era un buen comerciante. Además, traicionaba a su patria porque le cobraba los impuestos a los judíos para pagárselos a los romanos. Estaba lleno de plata y cobraba los impuestos».

¡Cómo calumnia a San Mateo!

«traicionaba a su patria»: el pecado social. Era un rico que no entendía a los pobres, que no lloraba por los pobres. Y además, robaba a su patria.

¿Dónde está el pecado de avaricia, de usura? No existe. Hay que reinterpretarlo. Es lo propio del comunismo, de la teología de la liberación. ¡No robes a tu patria! ¡Y menos no cobres impuestos a los judíos para dárselos a los romanos! ¡Lucha de clases! ¡Comunismo! ¡Bergoglio comunista! ¡Bergoglio marxista!

Mateo; un hombre lleno de plata y que cobraba impuestos. ¡Qué delito social! ¡Pobres los católicos ricos que sigan, que obedezcan a Bergoglio! ¡Los va a despellejar de su riqueza! ¡Bergoglio está obsesionado por la bolsa del dinero!

¿Cómo se convierte Mateo?

«la sorpresa de ser amado lo vence y sigue a Jesús».

Nunca Mateo contempló su pecado de avaricia; nunca se arrepintió de su pecado de avaricia. ¡Fue una sorpresa! ¡Anda, mi madre!

«Esa mañana, cuando Mateo fue al trabajo y se despidió de su mujer, nunca pensó que iba volver sin el dinero y apurado para decirle a su mujer que preparara un banquete. El banquete para aquel que lo había amado primero, que lo había sorprendido con algo muy importante, más importante que toda la plata que tenía».

¿No ven la fábula que cuenta para indicar que el amor de Dios es una sorpresa?

¿En dónde está la verdad en este cuento?

¿Qué moraleja tiene este cuento?

No dice nada. Jesús le dio una sorpresa y Mateo ya no tenía dinero ni para un banquete. ¡Qué cuento más malo! ¡Qué predicación más bochornosa!

¿Y los jóvenes aplaudiendo esta predicación?

¿A qué fueron los jóvenes a ese encuentro?

¿A escuchar la verdad? No.

A IDOLATRAR A UN HOMBRE VESTIDO DEL ROPAJE EXTERIOR DE UN PAPA.

Los hombres ya no quieren escuchar la verdad: se conforman con las fábulas que los payasos, como Bergoglio, les cuentan.

«Cada uno de nosotros escuchemos en silencio esta palabra de Jesús: Sólo te falta una cosa. ¿Qué cosa me falta? Para todos los que Jesús ama tanto porque dan tanto a los demás, yo les pregunto: ¿Vos dejás que los otros te den de esa otra riqueza que no tenés?».

¡Cómo tuerce la Palabra de Dios este hombre para su negocio comunista!

¡Es el negociante de la Verdad!

¡Es el destructor de la Verdad!

¡Es el que maquilla la Verdad con las ideas maquiavélicas de su cabeza, dominada  en todo, por el demonio. Bergoglio es un hombre poseído, en su mente humana, por el demonio. ¡Es un satanás!

Satanás es el demonio de la mente. Donde está la soberbia, allí está Satanás. Donde está el orgullo, allí está Lucifer. Donde está la lujuria, allí está Belcebú.

En la boca de Bergoglio: la palabra de Satanás;

En la vida de Bergoglio: la lujuria de Belcebú;

En las obras de Bergoglio: el orgullo de Lucifer.

¿Qué le dice Jesús al joven rico?

«vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme» (Mc 10, 21).

Cuando el alma, en su pecado de avaricia, se apega demasiado a sus bienes materiales, entonces tiene que hacer penitencia, expiar su pecado dando limosnas. Y no cualquier limosna, porque está apegado al dinero, al bien material. Y para quitar ese apego, el único remedio, desprenderse de lo material. Pero con un fín: la salvación del alma. No con un fin humano: no para dar de comer al que tiene hambre; o para hacer feliz al que no tiene en lo material. Es para un fin divino: seguir a Jesús. Porque:

«¿Qué aprovecha al hombre ganar el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?» (Mt 16, 26).

¿Qué enseña este pendejo?

«Los saduceos, los doctores de la ley de la época de Jesús daban mucho al pueblo: le daban la ley, le enseñaban, pero nunca dejaron que el pueblo les diera algo. Tuvo que venir Jesús para dejarse conmover por el pueblo ¡Cuántos jóvenes, no lo digo de vos, pero cuántos jóvenes como vos que hay aquí saben dar, pero todavía no aprendieron a recibir! Sólo te falta una cosa. Hazte mendigo. Esto es lo que nos falta: aprender a mendigar de aquellos a quienes damos. Esto no es fácil de entender».

Encima dice: «esto es no es fácil de entender».

¿Cómo va a ser fácil de entender tu idea masónica si el Evangelio es claro?

¡Jesús no le dice al joven rico: hazte mendigo!

¡Dios mío!

¿Acaso están ciegos los católicos para no ver el comunismo, la teología de la liberación de este insensato?

¿Qué cosa más tiene que hablar este ignorante de la Sagrada Escritura para que los católicos abran sus ojos a la verdad!

¡Bergoglio no es Papa! ¡No habla como un Papa! ¡No es la Voz de Cristo en la Iglesia! ¡No es capaz de enseñar la verdad que Jesús enseñó al joven rico! ¡Ha cambiado la doctrina de Cristo!

¡Bergoglio dice: hazte mendigo!

Y Jesús dice:

«¡El que quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz y sígame!» (Mt 16, 24)

Pero, ¿quién se cree que es Bergoglio para cambiar el Evangelio de Cristo?

«Aprender a mendigar de aquello a quienes damos».

¿Caen en la cuenta de la gravísima herejía?

Le doy dinero a un pobre; entonces tengo que mendigar de él una idea para mi vida.

¡Esto es el panenteísmo! ¡Todos estamos en Dios! Luego, todos nos necesitamos unos a otros para formar la armonía de la creación, el orden ideal, en donde haya paz, ternura para todos y pan para los estómagos. Que haya una justicia social en donde no se vea ninguna maldad social entre los hombres. Para eso, doy al que no tiene, y recibo algo de él, para poder comprender su vida y así ayudarle en su vida.

«Aprender a recibir de la humildad de los que ayudamos. Aprender a ser evangelizados por los pobres. Las personas a quienes ayudamos, pobres, enfermos, huérfanos, tienen mucho que darnos».

Al negar el pecado como ofensa a Dios, sólo queda el pecado social. Por lo tanto, hay que resolver los problemas de los demás: ayudando; evangelizando el evangelio de la alegría.

Pero no hay que decirle al pobre, al hombre que quite su pecado, que se convierta. No existe el pecado. Sólo el pecado social. Una vez que ayudo materialmente al otro, hace falta algo más para construir una sociedad perfecta: entonces escucha lo que el otro tiene que decirte para tu vida. Tolera su vida, su error, su idea y permite que no esté en la clase social baja. Súbelo de categoría. Porque la propiedad privada es una función social: es para hacer esto.

¡Ven: qué maestro en engañar es Bergoglio!

Es la idea masónica:

«¿Me hago mendigo y pido también eso? ¿O soy suficiente y solamente voy a dar? Vos que vivís dando siempre y crees que no tenés necesidad de nada, ¿sabés que sos un pobre tipo? ¿sabés que tenés mucha pobreza y necesitás que te den? ¿Te dejás evangelizar por los pobres, por los enfermos, por aquellos que ayudás?».

La realidad es una cosa: Bergoglio no es el Papa de la Iglesia Católica, sino un falsario.

Falsea el Evangelio de Cristo; falsea el Papado de la Iglesia; falsea la vida eclesial de los fieles.

Es un lobo que se viste de Papa para condenar a muchas almas.

Hay que dejarlo que siga en su pecado, porque es libre de pecar y de condenarse.

Pero no hay que seguirlo en nada. Hay que combatirlo totalmente, poniendo en ridículo su falsa doctrina, que es sólo para aquellos que se dejan engañar por sus palabras.

La Verdad, por sí misma, se revela, se descubre. No haría falta hacer todo esto; pero los hombres siempre necesitan de una palabra de verdad. Y, por eso, se hacen estos escritos: no para convertir a nadie, sino para dar testimonio de la Verdad, duela a quien duela.

Como todos tienen miedo de hablar claro: Bergoglio no es Papa; entonces, se da testimonio de esta verdad. Y esto es ser de Cristo. Esto es construir la Iglesia. Callar, someterse a Bergoglio es destruir la Iglesia.

Sólo te hace falta una cosa: imitar a Cristo. Ser otro Cristo. Y Cristo sólo nació y vino para una cosa:

«Yo para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la Verdad; todo el que es de la Verdad oye Mi Voz» (Jn 18, 17).

Muchos, al leer estos escritos, dirán, como Pilato: «¿Y qué es la verdad?». Y seguirán sus vidas, sin comprender que la verdad de la Iglesia está, en la actualidad, en no seguir a Bergoglio, en no tenerlo como Papa.

Quien siga esta verdad, que es absoluta, entonces sabe cómo caminar en la Iglesia en medio de lobos, que son toda esa Jerarquía que apesta, porque están obedeciendo a un hombre sin fe y sin verdad en su corazón.

La raíz espiritual de las guerras entre los hombres

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El mundo de los hombres tiene su reflejo por la batalla espiritual entre ángeles y demonios. Esa lucha se inicia en la Creación, cuando Dios crea a los espíritus. Hubo una división, un cisma, que hizo que dos mundos espirituales se opongan siempre.

El misterio del pecado de Lucifer no se puede comprender desde lo humano, sino que es necesario meterse en ese mundo invisible, y entender cómo vive un espíritu y cuál es el fin de su existencia.

La vida de un espíritu y su fin son totalmente diferentes a la vida de un hombre y el fin que Dios le ha puesto.

El espíritu es para Dios, no para los hombres. Dios es Espíritu, no es carne, no es algo material. Y crea ángeles para una obra sólo espiritual. El ángel no es para una obra humana. El hombre es para algo humano. Pero el ángel sirve al hombre para que éste encuentre el sentido de su vida, no sólo humana, sino espiritual.

Cuando Dios crea al hombre, le da un espíritu. Y ese espíritu humano sólo pertenece a Dios; no es del hombre. Es un don de Dios a la naturaleza humana para que pueda entrar en el mundo espiritual. Sin el espíritu humano, el hombre sólo vive para lo humano, pero es incapaz de amar a Dios, que es Espíritu. Sólo se puede amar a Dios con Su Espíritu, en Su Espíritu, desde Su Espíritu.

El hombre es alma, cuerpo y espíritu; es decir, es un ser espiritual. No es sólo un ser racional: no sólo posee una mente, una razón, una luz natural. Posee la inteligencia del Espíritu, que es la Mente de Dios. Posee una luz espiritual.

Pero, en esta naturaleza espiritual, el hombre necesita, no sólo tener un espíritu, sino ser hijo de Dios. Dios crea a los ángeles y a los hombres, pero no son hijos de Dios. Son seres que Dios crea, con una naturaleza propia y dependientes de Dios. Para que los ángeles y los hombres sean hijos de Dios, es necesario la Gracia. La gracia es la misma vida de Dios en la criatura dependiente de Él. Esa vida divina es distinta a la vida del Espíritu. Dios es Espíritu, pero su Vida son Tres Personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La Vida Divina es la Vida del Padre, que engendra a Su Hijo en el Espíritu. Es la relación entre estas Tres Personas Divinas. Es el Amor de los Tres. Es la Obra de los Tres. Es la Vida de los Tres.

«Era la Virgen santa en el cuerpo y en el espíritu, y podía decir con especialidad: Nuestro trato es en el cielo. Santa era, repito, en el cuerpo y en el espíritu, para que nada dudes acerca de este acueducto. Sublime es en gran manera, pero no menos permanece enterísimo. Huerto cerrado es, fuente sellada, templo del Señor, sagrario del Espíritu Santo. No era virgen fatua, pues no sólo tenía su lámpara llena de aceite, sino que guardaba en su vasija la plenitud de él» (San Bernardo, En la Natividad de la Bienaventurada Virgen María -Sermón llamado “Del Acueducto” (8 de septiembre)).

Dios crea al hombre con tres cosas: alma, cuerpo y espíritu. Pero también le da la Gracia. Adán fue creado en Gracia, pero no tenía toda la Gracia. La Virgen María fue creada en Gracia, pero en toda la Gracia.

Son dos creaciones distintas en Dios. Dios creó a Adán del polvo de la tierra; pero la Virgen María fue creada del Espíritu Divino. Adán, por ser polvo, puede pecar. El polvo significa no tener toda la Gracia: creado sin la Gracia Plena. La Virgen María, creada del Espíritu, es Inmaculada: no puede pecar. Dios obró en sus padres y realizó el milagro del Espíritu: crear un ser no sólo espiritual sino divino. Ese ser es una Mujer. Ya no es el hombre Adán. Adán fue creado con la capacidad de pecar; la Virgen fue creada sin la capacidad de pecar. Es la mujer la que no puede pecar. La mujer es más importante que el hombre. El hombre, al poder pecar, no es camino. La mujer, al no poder pecar, es camino. La Virgen María es el camino para encontrar a Dios. Sin Ella, no hay salvación, no hay santidad. Sin la Mujer, el Verbo no se hubiera encarnado.

El milagro del Espíritu consiste en poner en esa creación toda la Gracia, toda la Vida de Dios, esa Vida de las Tres Personas, en donde no es posible el pecado.

Este milagro, Dios no lo hizo cuando creó a Adán: lo creó de la nada, pero no con toda la Gracia. Y este misterio divino en la creación de Adán es diferente al misterio divino en la creación de la Virgen María.

Por un hombre, Adán, vino el pecado en el mundo; por una mujer, la Virgen María, el hombre se encontró con la Verdad de su existencia humana: una vida para no pecar. La Virgen nos dio a Jesús, que es más que un hombre: es Dios y Hombre verdadero. Jesús no es un hombre como todos los demás. Jesús es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se muestra en una carne humana, pero que no es un mero hombre, no es una persona humana. Y, por tanto, Jesús no necesitaba una vida humana como la entienden los hombres. Y su misión como Hombre era sólo realizar la Obra Redentora, que el Padre quería para salvar al hombre de Lucifer.

arcangel San Miguel

Dios creó a los espíritus, pero uno de ellos, Lucifer, se rebeló. Lucifer, que es espíritu puro, es decir, no tiene materia, no es creado de la materia, pecó: eso quiere decir, que cuando Dios lo creó no puso en él toda la Gracia. Lucifer tenía la capacidad para pecar. Por eso, no se mantuvo en la verdad de su ser, sino que se rebeló contra esa verdad. Y, a partir de ahí, comienza la batalla espiritual, en el Cielo, entre los ángeles que no pecaron y los que pecaron: ángeles y demonios.

El Misterio del pecado en los ángeles no se puede comprender. Si Lucifer pecó, porque no tenía toda la Gracia, entonces los demás ángeles que se mantuvieron en la gracia ¿por qué se mantuvieron? ¿Tenían todos toda la gracia para no pecar? Si el ángel más bello en la creación espiritual de Dios fue Lucifer, y éste no tenía toda la gracia, entonces lo demás tampoco, y ¿por qué unos pecaron y otros no?

El Misterio del pecado es algo que no se resuelve en este mundo. El mal siempre va a estar ahí, de una manera u otra, porque también estuvo al principio de la Creación espiritual de Dios.

Cuando Dios crea a Adán, el demonio está presente: siempre el Mal acompaña a una acción divina. Siempre el Mal imita la misma obra de Dios. Allí donde Dios está, también está el demonio.

Adán peca por el demonio, no por sí mismo. Adán no se mantuvo en la verdad, que Dios le dio en el Paraíso, sólo por la obra del demonio en Eva. El demonio trabajó en Eva para hacer caer a Adán en el pecado. El pecado es siempre la obra de Lucifer. Lucifer, en su caída, arrastró a muchos ángeles a su obra luciferina. Quien tienta a Eva, en el Paraíso, es Satanás, no Lucifer. Lucifer es el orgullo; Satanás es la soberbia. Satanás habla a Eva: le da razones para pecar. Eso es la obra de la soberbia. La obra del orgullo es levantarse sin más, aunque no se posea una razón. El orgulloso no mira razones, verdades, ideas. El orgulloso sólo se mira a sí mismo: quiere estar arriba, elevado, porque se ama sólo a sí mismo. Y, aunque encuentre una razón para no enorgullecerse, la deja siempre a un lado; nunca hace caso del razonamiento, ni siquiera lógico.

La obra de Satanás en Adán es crear una humanidad que batalle contra la humanidad que crea Dios: es la lucha entre los hijos de Dios y los hijos de los hombres.

Adán fue el padre del pecado: en él, todo hombre peca. Es decir, todo hombre nace como un demonio, como hijo de hombre. No nace como hijo de Dios. No nace en Gracia. Adán fue creado en Gracia; los hombres, por el pecado de Adán, nacen todos en desgracia; es decir, sin la gracia. Nacen con un espíritu, pero no poseen la vida de la gracia.

Desde el pecado de Adán, la humanidad se divide en dos siempre: los hijos de Dios y los hijos de los hombres: los que están en gracia y los que viven en su pecado. Y, por eso, desde Adán, siempre hay guerras. Y no puede no haberlas. Es necesario que los hombres se maten. Es una ilusión, es una fábula, tener un mundo de paz. Sólo es posible la paz cuando no se da el pecado. Pero siempre que hay un pecado, hay una guerra.

Todas las guerras que se dan entre los hombres son porque entre ángeles y demonios hay una lucha. La lucha entre los hombres es por una lucha entre los espíritus.

La primera y segunda guerra mundial es un asunto espiritual, no humano. En lo humano, venció el comunismo en la primera guerra; en la segunda, el sionismo.

Caín mató a Abel: venció el demonio de Caín al ángel bueno en Abel. Los demonios toman posiciones en la lucha espiritual con los ángeles. Esas posiciones son en los hombres: poseen a los hombres, los obsesionan, los llevan a estados de pecado. Caín es hijo del hombre: no tiene gracia. Abel es hijo de Dios: tiene la gracia. Cuando Caín mata a Abel, Caín queda poseído de un demonio para siempre. El demonio tomó posición en los hombres. Y llevó a toda la generación de Caín a batallar contra los hijos de Dios.

En la primera guerra mundial, vence el comunismo y entonces hay una posesión demoniaca en todo el país de Rusia. Por eso, la Virgen pide la consagración de Rusia: es la única manera de quitar esa posesión. A partir de esa guerra, el comunismo se va afianzando, consolidando, siendo una fuera política, económica y humana-militar.

En la segunda guerra mundial, vence el sionismo: los judíos, el estado de Israel. Y vence, precisamente, luchando contra el fascismo, el nazismo, que es la fuerza demoniaca para anular al pueblo judío. Pero este pueblo judío es otra fuerza del demonio. Son dos fuerzas espirituales, en el mismo bando, es decir, son demonios los que luchan entre sí y mueven a los hombres a luchar, para conseguir entre los hombres un fin: poner el estado de Israel.

Ninguna de las dos guerras mundiales fue justa: es decir, nunca intervino Dios en ellas. Fueron guerras provocadas por los mismos demonios, por los mismos hijos de los hombres. Los hijos de Dios sufrieron en esas guerras. Unos actuaron matando hombres. Otros no. Sólo a Dios le compete juzgar la actuación de los hijos de Dios en esas guerras. Pero el fin de las guerras lo llevaron a cabo los hijos de los hombres, no los hijos de Dios.

Entre Caín y Abel, la guerra espiritual fue entre el demonio y el ángel bueno. Venció el demonio en esa batalla.

Pero en estas dos guerras, fueron los demonios, no los ángeles. Y no hubo vencidos entre los demonios, sino sólo entre los hombres: vencieron todos los demonios, porque consiguieron en los hombres lo que se proponían.

Cuando Dios no se mete en una guerra, entonces siempre el agresor es injusto. Y lo es de ambos lados. Y cuando ambos lados son injustos, entonces no hay que meterse a solucionar nada, porque no se lucha por una Justicia, sino por una injusticia.

Al agresor injusto sólo se le ataca en la justicia, no en la injusticia. Porque, en la injustica, el agresor no atiende a razones. Por eso, hay muy pocas guerras justas, santas, que Dios quiera. En el AT, hay ejemplos de esas guerras. En nuestros días, ninguna guerra es justa. Todas están llenas de intrigas, malas intenciones, intereses creados, etc.

Lo que hace ISIS es claramente demoniaco: son los musulmanes que se levantan contra el sionismo. Son los mismos demonios quienes provocan esta matanza. Y lo que tiene que hacer el hombre en esto es no involucrarse, sino dejar que ellos mismos acaben su pelea. En el momento en que otras naciones quieren tomar parte en esta guerra sectaria, viene todo el problema.

La idea del demonio es siempre que el hombre atienda a la obra del pecado. El demonio levanta a un grupo, ISIS, bien armado y patrocinado, con cifras de 2 billones de dólares a su disposición, que está operando en Irak y estableciéndose por toda Siria y Jordania, para un plan concebido desde antiguo. Es el inicio del plan para crear un enorme conflicto de dividir y vencer, entre los musulmanes chiitas y los sunitas. Es una guerra sectaria, entre ellos. Y, por supuesto, no para ellos, sino para involucrar a todo el mundo.

Si los hombres tuvieran fe verdadera en Dios, si vivieran en la Gracia Divina, con la oración y con la penitencia, se acaban todas las guerras. Sólo con la fuerza espiritual, los hijos de Dios vencen a los hijos de los hombres. No se vencen con armas, con planes militares.

Pero como los hombres no viven en Gracia, entonces ante lo que hace ISIS entran en el juego de los demonios.

La primera y segunda guerra mundial es un plan demoniaco en la humanidad: un plan fabricado por el mismo demonio para poner el Anticristo. Ese plan nació cuando el demonio pidió permiso a Dios para destruir la Iglesia (cf. visión de León XIII). En ese plan del demonio, está la tercera guerra mundial.

Una vez que ha conseguido poner el comunismo y el sionismo, que son las dos fuerzas claves para su gobierno mundial, tiene que crear una destrucción que atraiga la atención de todo el mundo. Para eso, coge la fuerza militar del islam, que nació para destruir toda la Cristiandad. Y esa fuerza militar la pone en contra del sionismo, sólo para captar la atención, para crear un vórtice y hacer que todo el mundo se involucre. Y, claro, en la medida que cortan cabezas de gente de todos los países, no sólo de sacerdotes, sino de civiles…, las distintas naciones se irán armando contra ISIS.

No hay que caer en el juego del demonio: ver eso como una agresión injusta que pide defenderse con las mismas armas. Es todo injusto en eso. ISIS es sólo un montaje de los Illuminati para poner el desorden que el mundo necesita para establecer el nuevo orden mundial. Sólo se para a ISIS con oración y penitencia.

Pero, he aquí el problema, el grave problema: en la Iglesia no hay una cabeza espiritual, que haga oración y penitencia por los pecados. Quien guía a la Iglesia, en la práctica, es un masón, que ha quedado engañado por el mismo juego político de los hombres, y que apoya la intervención militar contra ISIS. Un masón que proclama que todos los hombres son hermanos y que, por tanto, desconoce la realidad del islamismo. El islamismo nació para aniquilar a los hombres. Y es lo que contemplamos: están cortando cabezas. Porque ellos no ven a los hombres como hermanos, sino como enemigos.

Lo grave es que, aunque se pida oración y, aunque las almas oren y hagan penitencia, no hay una fuerza espiritual para vencer a los demonios.

Si la cabeza legítima no gobierna la Iglesia, el demonio vence en todas las partes del mundo porque no encuentra oposición, sino una aceptación de su juego. El plan del demonio es involucrar a todo el mundo en su juego, para crear un desorden mundial en todas partes, porque lo que se trata es de formar un estado global, con un gobierno global y un ejército global, que rija a toda la población mundial. Para eso se necesita un problema mundial.

ISIS es la pieza clave para dar paso a lo que bien podría ser el desencadenamiento de la Tercera Guerra Mundial: es el problema mundial para poner una solución mundial.

El demonio es muy astuto. Y estamos en el tiempo del Anticristo. Y, por tanto, tiene que verse la tercera guerra mundial. Hay que sufrir esa guerra, ese desorden en todas partes.

Cuanto más se vayan involucrando las naciones en el problema creado por ISIS, más cerca está la tercera guerra mundial. Si los hombres, de verdad tuvieran fe en Cristo, todo esto no hubiera pasado.

Si la Jerarquía de la Iglesia hubiera obedecido a la Virgen consagrando a Rusia, las cosas serían de otra manera. Pero nadie hizo caso a la Virgen cuando pidió la consagración. Nadie hizo caso cuando fue leído el tercer secreto de Fátima: la Jerarquía se metió en un Concilio que Dios no quería, que abría el campo para la desunión en toda la Jerarquía de la Iglesia.

Nadie ha hecho caso a los diversos profetas que el Señor ha puesto en estos años para que la Jerarquía viera los errores en que estaba metida. Y, de esa manera, la Jerarquía infiltrada –la masonería- se ha hecho con el poder de la Iglesia.

Y ahora tenemos una Jerarquía Apóstata de la fe, que juega con el demonio y lleva a todo el Rebaño fuera de la Iglesia que ha fundado Cristo en Pedro. Han construido un falso Cristo: el Cristo cósmico; y una falsa Iglesia: universal, donde entran todos. Y eso ya se puede percibir. Y eso está en unión con la tercera guerra mundial.

Porque hay que provocar un cataclismo social en que la gente ya no crea en los hombres espirituales: que la gente se desilusione de tantos sacerdotes, obispos, cardenales, que viven como uno de tantos; que la gente vea que ya la Iglesia Católica es como todas las demás y, por tanto, ya no es seria; que la gente entienda que cualquier espiritualidad vale para salvarse.

Como los hombres siempre están ansiosos de creer en algo, de buscar una espiritualidad, una religión, entonces ante el desastre que ven, sin una Verdad, sin una guía, sin una luz verdadera en la fe, aparece el Anticristo con su doctrina, que es la misma que la de Lucifer: el orgullo de vivir, aunque la mente esté pervertida por muchas ideas, filosofías, teologías, errores, mentiras, falsedades, engaños… No importa la idea; lo que interesa es vivir la vida en paz y, por tanto, alzarse contra el que no quiera esa doctrina luciferina.

Bergoglio ya lanzó esa idea: vive y deja vivir. Eso es Lucifer. Vive su rebelión contra Dios, independientemente de cualquier idea.

Por eso, en la Iglesia se ha iniciado la división de la Verdad, que es triturar toda la verdad para que no quede nada de ella. Y los hombres vivan de cualquier manera buscando sólo su orgullo.

Cuando no hay una norma de moralidad entre los hombres, entonces las guerras se hacen justas y santas. Es lo que quiere el demonio con ISIS: que todos vean la necesidad de entrar en batalla y parar eso.

Es todo un montaje de los hombres. Por supuesto, de esos hombres que nadie conoce, pero que mueven todos los hilos de todos los gobiernos en el mundo.

Evangelizar sin Espíritu

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El anticristo Francisco presenta a la Iglesia, en el documento Evangelii gaudium, una Evangelización sin Espíritu.

En este documento trata a la Iglesia como un conjunto de hombres que buscan la cultura de los hombres para ser Iglesia.

Trata a la Palabra de Dios como la que debe estar embebida (encarnada es la palabra herética que usa) en las culturas de las hombres para poder darse a los demás.

La cultura del hombre es la cultura del mundo. Y, por tanto, este documento abre a la Iglesia a la conquista del mundo. Es la razón de este documento y es la única finalidad en este documento.

Unos escritos llenos de ideas humanas que sólo sirven para una cosa: hacer que los que no tienen fe se queden sin fe en la Palabra de Dios y sin capacidad para adorar a Dios en Espíritu y en Verdad. Y pierdan la fe en la Iglesia.

Es un documento muy grave para la Iglesia porque la desprende de la fe. Y es un documento que las almas que ya piensan como este anticristo lo acogen de forma favorable, porque habla para estas almas. Y estas almas en la Iglesia son muchísimas, porque es la consecuencia de 50 años de lo mismo. Es la síntesis de esos 50 años en que la Iglesia, poco a poco, ha ido perdiendo la fe, el norte de la Verdad, la obra del Amor Divino en la Iglesia.

No es de extrañar que nadie haya discernido nada en este documento, porque los hombres viven para que les digan una palabra hermosa sobre Dios. Pero no viven para la radicalidad de la Palabra Divina que, si no se hace fuerte en el corazón del alma, la persona se conforma con sentimentalismos como los que se dan en este documento.

Es un documento grave porque se anula a la Iglesia. Pero es la consecuencia del pecado de este anticristo.

El anticristo Francisco ha anulado a Pedro en la Iglesia. Él simboliza la degeneración de un poder que ya no se puede dar en la Iglesia. Él no es Pedro, ni puede serlo por más que quiera llamarse Papa u Obispo de Roma, o porque los demás lo llaman así por no discernir nada.

El anticristo Francisco simboliza una cabeza sin trono, sin poder, sin capacidad de decisión en la Iglesia, sin miras hacia lo alto, sin poner la visión del mundo fuera de los recintos de la Iglesia. Y, por tanto, el fruto de esta decadente cabeza, que no gobierna nada en la Iglesia, es anular a la Iglesia en su raíz. Anulación que produce que todo se vea sin el Espíritu que debe acompañarlo.

Si se quita a Pedro, se quita el Espíritu en la Iglesia. Y queda una estructura de hombres que piensan y obran como hombres. Queda un pueblo de hombres que ya no tienen el Espíritu de ser hijos de Dios. Ya no es el Pueblo de Dios, el del Antiguo Testamento, es un nuevo pueblo, una nueva comunidad de hombres, que hablan cosas de Dios, pero sin Espíritu.

Esta es la consecuencia de la anulación de Pedro en la Iglesia: queda un pueblo dedicado a las cosas del mundo. Y no más.

Y, para ser Iglesia, para formar la Iglesia, hay que salir de ese negocio que en Roma se ha creado ya. Es de vital importancia, y es lo que muchos no acaban de comprender, porque están en la Iglesia para un acto social, para una obra social, para conquistar el mundo y a los hombres del mundo.

Este documento es clarísimo para las almas que viven de la fe: es un documento que señala el fin de la Iglesia y que abre el tiempo para salir de Roma.

Todos los herejes van a aplaudir este documento. Todos, sin excepción, porque en él se da el culto al hombre, a su pensamiento y a sus obras en el mundo. En él no hay sitio para la Verdad que trae el Espíritu a la Iglesia. Sólo cabe la mentira que cada uno fabrique con su mente humana.

Por eso, es un documento frío para el que ama a la Iglesia y caluroso para el que odia a la Iglesia.

El anticristo Francisco odia a la Iglesia. La odia con su boca y con sus obras. Los que se unen a él, hacen el esfuerzo por aparentar que siguen amando a la Iglesia, porque todavía no pueden odiarla como la odia ese anticristo.

Quien no se oponga a este anticristo acabará odiando a la Iglesia como él. El odio nace del corazón cerrado a la Verdad. Y quien no se pone en la Verdad, odia a Cristo y a Su Iglesia. Y, aunque haga oración y reciba los sacramentos o tenga un servicio en la Iglesia, no podrá amarla si continúa sirviendo al anticristo Francisco en la Iglesia.

Muchos no han comprendido esta Verdad: quien se une a un anticristo deja de ser Cristo en la Iglesia, deja de obrar las obras de Cristo en la Iglesia, deja de imitar a Cristo en la Iglesia.

Porque la Iglesia es Pedro y para amar a Cristo, en la Iglesia, hay que unirse a Pedro. Si se quita a Pedro, queda la impostura, la mentira, la soberbia y el odio. Quien se una a un impostor, por ser cabeza visible, recibe el mismo espíritu que anima a esa cabeza: el espíritu del anticristo.

Es muy grave lo que se hizo después de la renuncia de Benedicto XVI. Gravísimo, y nadie lo ha comprendido. Se puso un anticristo como cabeza y, automáticamente, toda la Iglesia recibió el mismo espíritu del anticristo. Y lo pudo recibir porque el Espíritu de la Iglesia huyó de Pedro en su renuncia, huyó de la Cabeza Visible.

Esta gravedad trae la consecuencia obvia: hay que hacer una nueva iglesia, una nueva Roma, un nuevo pueblo: el del anticristo. Y, por eso, este anticristo Francisco habla a las almas de la Iglesia con un lenguaje sentimental, confuso, engañador, malintencionado, sólo con el fin de que las almas se queden donde están para formar este nueva estructura de iglesia.

Y se presenta este documento para sellar a las almas y que vivan el gozo de la evangelización sin la fuerza del Espíritu, sólo en la seducción del espíritu del anticristo, que está contenido en todo este documento.

Por eso, este documento mata la fe, mata la gracia en las almas, mata la esperanza de la salvación y de la santidad en la Iglesia. Del demonio no se puede esperar nada bueno. El demonio siempre hace su juego: da lo que le gusta al hombre y, después, lo mata.

Es lo que hace este anticristo en su documento: habla un lenguaje que agrada a los hombres para aniquilar su fe. Y quien no quiera verlo así, el tiempo se lo dirá. Si no han aprendido a discernir estos 50 años, comiencen a hacerlo ya porque los tiempos son muy graves para todos.

Comienza la ruina de la Iglesia en Roma. Se ha anulado el Papado. Ahora todo se descentraliza y cada diócesis va a hacer lo que le dé la gana en la Iglesia. El que esté como cabeza será sólo para coordinar las cosas en la iglesia, pero no es el que habla lo definitivo, la verdad, no es el que une a todos en el Espíritu de la Verdad, sino que será el que seduce a todos en el espíritu del anticristo.

Los hombres temen ver esta Verdad en la Iglesia y en Roma. Pero ya llevamos nueve meses cogidos en el espíritu del anticristo en la Iglesia y nadie ha luchado contra ese espíritu, porque ya no se cree en nada.

Desde la renuncia de Benedicto XVI, en Roma hay un espíritu muy fuerte que se opone a toda Verdad y que desestabiliza al mundo entero, no sólo a la Iglesia. Porque es el mismo espíritu que está en el mundo. El mismo. El mundo se ha apoderado de la Iglesia. Y eso se ha contemplado en el gobierno de esta cabeza inútil para todos, no sólo para la Iglesia.

Una cabeza degradada que se ha destacado por abrirse a todo el mundo sin importar la Verdad en la Iglesia. Y el mundo lo reconoce suyo, porque piensa lo mismo que se piensa en el mundo. Y esto es lo más grave que le ha podido pasar a la Iglesia: no enfrentarse al mundo. Luego, queda cogida, atrapada, por el mismo espíritu que está en el mundo, que es el espíritu de tres cabezas: Lucifer, Satanás y Belcebú. Es el espíritu del anticristo.

Y la primera batalla contra este espíritu muy pocos lo han hecho. Y tendrán que hacerla en la siguiente ronda de este combate, porque pronto se acerca el Idiota a Roma, el que impone su mente a todos, el que es el fariseo propio para anular con documentos oficiales todo el dogma en la Iglesia.

El anticristo Francisco es el Orgulloso, representa la cabeza de Lucifer, porque gobierna como él: con dictaduras, con arrogancia, sin inteligencia en ninguna verdad. Y habla como él: con la emoción de la palabra, con el sentimiento de la palabra, con la sensiblería de la palabra.

Y, ahora en la Iglesia, le corresponde el turno a Satanás, que es el filósofo de la palabra, es el que pone los pensamientos en las almas, es el que hace que las almas estén en sus vidas preocupadas por todo lo humano, dando vueltas en sus cabezas a toda su vida humana. Es el ideal para romper la Iglesia, dividir toda Verdad en la Iglesia.

En el demonio, el primero en manifestarse siempre es Lucifer. Y su reinado en el alma es corto, porque habla con emociones que con el tiempo se van. Por eso, en la Iglesia la gente ha despertado, porque no se vive de sentimientos, de sensiblerías, de afectos. Y, por eso, debe caer el anticristo Francisco para poner una cabeza pensante, que siga en todo a Satanás y que cumpla la segunda división en la Iglesia, la división del amor. Se rompe el amor y sólo queda el odio en todas las almas. Y con el odio el demonio trabaja para conquistar en la Iglesia lo que le interesa: que es su destrucción total.

Por eso, en la segunda batalla, hay que salir de Roma, porque ya no se puede luchar de igual manera que con el orgulloso. Con el anticristo Francisco, como es orgulloso, le trae sin cuidado las críticas que se hacen contra él. Le resbalan porque vive su orgullo. Y lo vive a pesar de todas las razones y juicios en contra de él. Por eso, se puede hablar en contra de él y no pasa nada, porque es un necio que sólo vive para su vida. Y deja que los demás vivan sus vidas. Ha sido el ideal para abrirse al mundo, donde cada uno vive su vida como quiere.

Pero con una cabeza pensante, la cosa es distinta, porque todo aquel que piensa pone su fuerza, impone su pensamiento con la fuerza al otro para que se haga. Y, por eso, para atacarlo hay que salir de Roma y enfrentarse a él, para no ser cogidos por esa imposición, por esa fuerza bruta que se va emplear en Roma un vez quiten los dogmas de la Iglesia.

Hay que ir saliendo de un lugar en donde sólo se sienta el Anticristo.

Evangelii gaudium: las fábulas del anticristo Francisco

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“Pero he renunciado a tratar detenidamente esas múltiples cuestiones que deben ser objeto de estudio y cuidadosa profundización. Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo. No es conveniente que el Papa reemplace a los episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, percibo la necesidad de avanzar en una saludable «descentralización” (Evangelii gaudium).

Con sólo leer estas frases, ya se entiende de qué va esta basura que da el anticristo Francisco a sus seguidores en Roma. Basura llena de fábulas, de cuentos para entretener a los hombres y dejarle un sueño en sus vidas.

Como él ha anulado el Papado, lo que escribe aquí es sólo su opinión y la de otros Obispos sobre lo que hay que hacer en la Iglesia.

Para el anticristo Francisco quien esté como Papa no da la Verdad a la Iglesia, no es Infalible, no tiene la garantía de dirigir la Iglesia hacia su fin último: “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo”. El Papa no es lo definitivo en la Iglesia. Luego, se acabó el Papa y el Papado.

Esta es su herejía. Y, como consecuencia, quien tiene la Verdad en la Iglesia son los episcopados locales. Es decir, que el anticristo Francisco otorga el poder que tiene el Papa en los Obispos de cada región. Los que deciden los destinos de la Iglesia, el colegio de los Obispos, los Obispos en cada lugar del mundo. Y, en cada lugar, habrá una Iglesia diferente a la que está en Roma. Se acabó la universalidad de la Iglesia, porque se anula la Verdad.

El católico es universal porque vive la unidad de la Verdad. El católico deja de ser universal cuando vive las diferencias de cada persona y se une a esas diferencias para formar una unidad imposible: una diversidad. Y a ese monstruo lo llaman universal.

Si quieren seguir a este anticristo, síganlo y vayan hacia el error y hacia la mentira que describe en todo este documento, lleno de fábulas, no de otra cosa. No se enseña ninguna verdad.

Aquí se ve más claro, para aquellos que no lo habían captado, que en la Iglesia en Roma se siguen a los hombres en sus pensamientos, pero no se sigue la Mente de Cristo. No siguen la Verdad del Espíritu, sino la mentira de las cabezas humanas.

Es claro en este párrafo totalmente herético. Y quien no vea su herejía es que permanece ciego por su pecado.

Francisco no es Papa y, por eso, las palabras contenidas en este documento no corresponden a un Papa sino a un anticristo.

Y estas palabras deben ser leídas como la enseñanza de un anticristo en la Iglesia. Y sólo así se puede entender este documento.

Quien quiera leer este escrito como las palabras de un Papa, se equivoca y se une al anticristo Francisco. Un Papa nunca escribiría este documento. Nunca, porque está plagado de errores y de herejías desde el principio hasta el fin.

Un anticristo nunca enseña la Verdad en la Iglesia, sino sólo la mentira.

Nada más se ve en las primeras frases de este escrito: “El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.”.

El anticristo Francisco no cambia, está en su obsesión: lo que pasa en el mundo es por el dinero. Punto y final. Y, entonces, para no tener una conciencia aislada, que todos pongan su dinero en manos del anticristo Francisco. Eso es todo. Y no hay más en este escrito.

El anticristo Francisco no ha caído en la cuenta de que el mundo está como está porque su Príncipe es el demonio. Y, porque él no cree en el demonio, entonces quiere solucionar los problemas a base de igualar a todos los hombres en la riqueza del mundo: esa es la doctrina marxista, que él sigue en su teología de la liberación y en su teología de los pobres, que es lo mismo, pero quitándole las frases que molestan del marxismo. Sólo un comunista habla como lo hace el anticristo Francisco en este documento.

Ni una sola vez Francisco habla de la Gracia y del valor de la Gracia, y de lo que significa estar en Gracia, que eso debe ser la alegría en la Iglesia. Y, por tanto, aquel que lucha contra el pecado, el demonio y el mundo, arregla el mundo y sus problemas. Pero esto nunca lo va a predicar el anticristo Francisco.

No van a encontrar en este documento una sola Verdad. Es que no la hay. Son solo las palabras acomodadas del Evangelio siguiendo el discurso humano que tiene el anticristo Francisco en su cabeza.

Es un documento para tirarlo a la papelera. Ni se molesten en leerlo, porque es lo mismo de siempre, con otra claridad, ahondando en su herejía favorita: su humanismo.

Es un documento lleno de palabras vacías, propias de herejes que han perdido su conciencia sobre el bien y el mal. Y que a todo lo llaman bueno, a lo que cada uno concibe en su negro intelecto.

Es un documento para los herejes, no para los que tienen fe. Los que creen en la Palabra de Dios saben que lo que en este documento se dice es basura de herejes, de apóstatas de la fe que guían a la Iglesia hacia lo que sus lujurias en la vida desean: poder y dinero en el mundo.

Nadie que lea este documento con ojos de fe puede hacerle caso ni siquiera en una palabra, en una frase, porque todas están contaminadas por las mentiras del anticristo Francisco.

Para el que ha discernido al anticristo Francisco, este documento es sólo la confirmación de su discernimiento. No otra cosa. Este documento no salva a Francisco de ser un anticristo, y de oponer en todo a Cristo y a Su Obra, la Iglesia.

En este documento el anticristo Francisco se opone en todo a la Verdad, que es Cristo. Se opone a la doctrina de Cristo. Se opone al magisterio de la Iglesia. Se opone a todos los dogmas en la Iglesia.

No pierdan el tiempo ya con el anticristo Francisco. Este su legado a los bobos que hay en Roma y a los herejes que se unen a él. Todos piensan lo mismo. Luego todos tiene el mismo plan: aniquilar la Iglesia en sus cimientos. Lo demás, son palabras huecas, vacías, hermosas para aquellos que les gusta oír lo humano, lo bello de la vida, pero totalmente asquerosas para aquellos que viven la fe católica y la fe en la Palabra de Dios.

¡Da asco este documento del anticristo Francisco! ¡Da asco su persona y da asco lo que está haciendo en Roma!

Y quien quiera poner al anticristo Francisco como un pensador moderno, se equivoca completamente.

Lean el documento y verán lo fácil que es derribar este pensamiento de Francisco, porque está hecho a base de sentimientos humanos. Quiere que todo el mundo esté contento en la vida y da sus discursitos bellos a todos para que le aplaudan a él.

El anticristo Francisco escribe este documento para recibir sólo la aprobación de los herejes en Roma. Para que los hombres le tengan en cuenta y no le dejen sin poder y sin dinero en la Iglesia.

En este documento se refleja la nulidad en la devoción que tiene este anticristo por las cosas de la Iglesia y sus Tradiciones. Habla sin espíritu, habla según lo humano, cambiando las Palabras del Evangelio, las citas de los Santos y de los diferentes Papas, según su idea humana, que es lo principal en su discurso.

Su discurso es para el hombre, para tratar los asuntos del hombre, para indicar las obras que hay que hacer en el mundo y en la Iglesia por los hombres. Pero su discurso nunca es para llevar al hombre al Cielo. Nunca. El anticristo Francisco deja al hombre en el hombre, en el mundo. Y ahí hace la Iglesia.

Cuando hace referencia a la Jerusalén Celestial es para marcar el trabajo de los hombres en cada ciudad del mundo. El anticristo Francisco es siempre lo mismo: el hombre, el mundo, las obras de los hombres, las vidas de los hombres, las ideas de los hombres, los caprichos de los hombres y no sale de ahí. No puede. Todo su discurso gira en torno al hombre.

Si habla de los laicos, es para resaltar su trabajo humano en el mundo, para dirigirles hacia el mundo y que lo llenen de obras buenas humanas.

Si trata de la predicación es para que los sacerdotes hablen para el mundo y hablen al hombre de sus problemas en el mundo y cómo solucionarlos por caminos humanos.

El anticristo Francisco habla de la mundanidad espiritual, ¡como si el mundo fuera espiritual! Y da sus herejías en ese punto sin caer en la cuenta de que él mismo es un mundano espiritual en lo que obra en la Iglesia. Es un fariseo, que eso es lo que significa para el anticristo Francisco la mundanidad espiritual. Y él mismo se señala como fariseo en su documento. Él da la razón de por qué es fariseo en este documento: su gnosticismo, que es el eje de este escrito.

Este escrito es gnóstico, es decir, está hecho de la idea religiosa que tiene un hombre sobre la Iglesia, sobre el valor de la evangelización, sobre lo que es el mundo y lo que debe ser el hombre.

En esta idea gnóstica, Dios es sólo un concepto del hombre. Por eso, habla de la memoria de la Eucaristía. La Eucaristía no es la Adoración a Dios en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo sobre el Altar, sino una memoria, un concepto gnóstico que todos tiene, todos poseen y todos puede llevar a la práctica de muchas maneras en sus vidas.

Por eso, este documento es sólo para el fuego del infierno. No tiene otro valor. Y no hay que darle otro valor. Los que quieran enfrentar al anticristo Francisco lo tienen muy claro en este documento, porque aquí este anticristo se explaya en sus herejías. Las dice de nuevo, pero con otras palabras más claras para todos.

Es hora de oponerse al anticristo Francisco con sus mismas palabras, que no son las de Cristo.

Es hora de negar a este anticristo la posibilidad de encontrar con él, en la Iglesia, un camino para la salvación y para la santidad. Con este anticristo nadie en la Iglesia se puede salvar, porque todos buscan lo humano, lo mundano, lo material, la añadidura propia de los herejes que ya no buscan el Reino de Dios.

Que nadie se engañe con este documento. Ahí tienen para combatir a Francisco como es: un anticristo. Ahí tienen para hacerle caer en la cuenta de lo estúpido que es un Obispo que ha renunciado a ser sal de los corazones porque su palabra se ha vuelto sosa, y es sólo el alimento para los bobos y para los herejes, como él.

Este documento es un conjunto de fábulas y de cuentos que sólo los que tienen una venda en sus ojos lo pueden seguir. Para los demás es una señal de que muy pronto hay que salir de Roma para no contaminarse con las herejías que ya vienen para toda la Iglesia.

En este documento se ha equivocado totalmente el anticristo Francisco: será su derrota en la Iglesia.

Tiempos para discernir

Dios crea el Universo en seis días y en el séptimo descansa (cf. Gn 2, 2). Son siete días en Dios, siete tiempos, siete años, siete siglos, siete milenios.

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Y Dios señala al hombre la forma de contar el tiempo: “Contarás siete semanas de años, siete veces siete años, viniendo a ser el tiempo de las siete semanas de cuarenta y nueve años…El año cincuenta será para vosotros jubileo” (Lv 25, 8.11).

Por tanto, Dios cuenta los tiempos de esta manera. Y también el demonio, porque el demonio va detrás de Dios.

Y, entonces, los hombres tenemos fechas importantes para discernir los Tiempos que vivimos.

La Virgen, en la Salette, dice que en el año 1864 Lucifer fue soltado del infierno.

Este es dato es muy importante, porque se trata de soltar al jefe de los demonio, que es Lucifer, que representa el orgullo, el que se pone por encima de Dios.

Así que Lucifer fue soltado en ese año y empezó su obra en la Iglesia y en el mundo. Y ¿cuánto tiempo estuvo obrando? 49 años y un año de maldición en el mundo y en la Iglesia.

Sumando 1864 y 49 años, nos dan el año 1913 y el 1914 como maldición del demonio.

Sólo es ver lo que pasó en la Iglesia y en el mundo en esos años y se comprobará la obra de Lucifer, que es la obra del orgullo.

La maldición de Lucifer al mundo y a la Iglesia fue la primera guerra mundial, de la que nació Rusia comunista, fruto de las herejía de Marx en 1864, cuando fundó su filosofía marxista en la asociación internacional de los trabajadores. Y durante esos años, en el mundo y en la Iglesia Napoleón quería ponerse como Rey y Emperador, que es el signo de Lucifer. Dios puso en Su Iglesia dos Papas para contrarrestar esta obra de Lucifer: Pio IX y San Pío X, que macharon la cabeza de Lucifer.

Pero a Lucifer le sigue, en esa obra, Satanás. Son demonios distintos, pero unidos en la cabeza del infierno. Lucifer representa el orgullo; Satanás representa la soberbia. Acaba uno con su obra y su maldción y comienza otro con su obra y con su maldición.

De 1914 hay que contar, de nuevo, 49 años más uno de maldición. Y eso nos da los años 1963 y 1964. En el 1963 se produce el Concilio Vaticano II, no querido por Dios, sino sólo por los hombres soberbios de la Jerarquía Eclesiástica, los cuales fueron guiados por Satanás en sus inteligencias humanas. Es la obra de la soberbia del demonio en el hombre. No es la obra del orgullo. Lucifer, en ese tiempo dado a Satanás, sigue obrando, pero de otra manera, poniendo guerras, revoluciones, independencias, propias de su orgullo en todo el mundo. Y, por eso, puso a Hitler, que es lo mismo que Napoleón en su orgullo.

Pero la obra de Satanás es en la mente, sobre todo, de la Jerarquía Eclesiástica y de Rusia comunista, en sus jefes políticos.

Y en el 1964 se da la maldición de Satanás en la Iglesia: las reformas litúrgicas que llevan a la Iglesia a alimentarse de toda la doctrina comunista, con la teología de la liberación. Se da el marxismo en la Iglesia, metido en toda la Iglesia, en todos sus sacerdotes y Obispos.

De 1964 hay que contar, igualmente, otros 49 años y un año de maldición. Y eso da los años 2013 y 2014.

En estos años ha trabajado en el mundo y en la Iglesia, Belcebú, que representa la lujuria, tanto espiritual como carnal, material, de la vida.

Lucifer y Satanás han seguido trabajando con guerras y con filosofías extrañas a la doctrina católica, pero lo que se ha impuesto es la lujuria de Belcebú en toda la Iglesia y en el mundo: es decir, las almas viven acomodadas a todo lo humano, a todo lo carnal, a todo lo natural, a todo lo profano, dejando en sus vidas a un lado lo sagrado, lo divino, lo santo, lo celestial.

Eso se ve claramente mirando cómo está el mundo y la Iglesia. Y eso ha dado lugar a que el Espíritu de la Iglesia se vaya de la Iglesia en Roma.

El 2 de abril del 2005 es una fecha clave para todos. En la muerte de Juan Pablo II se da la muerte de la Verdad en la Iglesia. Ahí comienza el Calvario para la Iglesia.

Juan Pablo II acabó con el comunismo. Y el comunismo tuvo que disfrazarse de otra manera para seguir combatiendo a la Iglesia. Por eso, dice el Apocalipsis: “Y vi una de sus cabezas como herida mortalmente, y su herida de muerte había sido curada” (Ap 13, 3).

Juan Pablo II hirió al Dragón, pero no lo mató, porque en Dios son sólo heridas espirituales, no mortales. El demonio no muere, pero sigue en su pecado. Lo mismo el Dragón Rojo: no muere, pero se transforma en otra cosa.

El 19 de abril del 2005 se da en la Iglesia la elección del último Papa. Y es el último por la renuncia que hizo este Papa el 11 de febrero del 2013.

En esta fecha se produce, en la renuncia, la huida del Espíritu de la Iglesia en Roma. La Iglesia en Roma se queda sin Espíritu porque la Iglesia en Roma se queda sin Papa. Y la Iglesia sólo se funda en el Papa. Por eso, la renuncia de Benedicto XVI es muy grave en la Iglesia. La Iglesia en Roma es sólo un cadáver en descomposición. El Espíritu de la Iglesia está fuera de Roma, haciendo la Iglesia verdadera, pero no en Roma, sino en los corazones que disciernen los Signos de los Tiempos. Por eso, hay que salir de Roma para encontrar al Espíritu de la Iglesia y para caminar con la Iglesia, ya fuera de Roma.

Pero aunque el Espíritu de la Iglesia huyó de Roma, Dios sabe esperar a las almas, porque entiende cómo son las almas, que le cuesta discernir los espíritus, discernir los tiempos, discernir las obras de los hombres en la Iglesia.

El 12 de marzo del 2013 se da la elección del demonio en la Iglesia, es decir, comienza en la Iglesia los nuevos jefes de la Iglesia puestos por los hombres, no por Dios. Obispos que se hacen llamar Papas sin serlo.

Y el 13 de marzo del 2013, con la elección de Francisco se da la imposición de la mente del demonio en toda la Iglesia.

Y las almas tiene que discernir todo esto para una cosa: salir de Roma, porque ya no hay Espíritu en Roma. Y se sale de Roma según los hombres en Roma vayan decidiendo, porque así Dios va mostrando su luz a las almas, ya que las almas son humanas y se rigen por las cosas humanas.

Y, por tanto, el 13 de abril del 2013 es una fecha clave para discernir lo que pasa en la Iglesia. Francisco anuncia el gobierno horizontal. En ese momento se da la anulación del Papado, aunque todavía no se obra hasta el 28 de septiembre de 2013, en que hay un documento escrito por el anticristo, documento humano. Y ese documento es un señal de Dios para toda la Iglesia de que ya no existe el Papado en la Iglesia. No está Pedro. Y si no está Pedro no hay Iglesia.

Pero a las almas les cuesta esta verdad. Y, por eso, Dios sigue teniendo paciencia y dando luz a las almas para que salgan de Roma y busquen el Espíritu de la Iglesia, para seguir siendo Iglesia.

Muchos esperan la anulación de la Eucaristía para salir. Y esperan bien porque todavía no ven con claridad qué pasa en Roma. Pero quien vea, no tiene que esperar a otro documento para dejar de mirar a Roma.

Y el año 2014 es la maldición de Belcebú, es decir, en ese año, que ya está a las puertas, se da la nueva iglesia en Roma para un fin: crear la Iglesia del Anticristo.

Estamos muy cerca de muchas realidades proféticas. Y los hombres de la Iglesia viven como si nada pasara, como si el tiempo fuera el de antes.

No se cree que estamos en el tiempo del Apocalipsis, de los últimos Tiempos. Nadie cree, porque todos viven para sus vidas humanas y para sus obras humanas, pero nadie vive para la Palabra de Dios, para la Obra de Dios ni en su vida ni en la Iglesia.

Disciernan los tiempos y elijan aquello que más les conviene para su vida, porque ahora no hay camino para nadie ni en el mundo ni en la Iglesia.

Una vez que las almas salgan de Roma, el Espíritu de la Iglesia marcará el camino de la Iglesia.

Ahora Dios espera a las almas a que se decidan: Roma o el Espíritu de la Iglesia. Y da su tiempo para discernir, pero es un tiempo corto. Muchos se perderán por estar viviendo para el mundo y para todo lo humano.

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